Otoniel Natarén

Selección de su poemario La piel de la ternera

D.R. Guancasco Editorial
Colección: Cuadernillos
D.R. Otoniel Natarén
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www.guancascoeditorial.com
© Primera edición: Guancasco Editorial
San Pedro Sula, Honduras, C.A.
Diseño de cubierta: Guancasco Editorial
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Índice
1 7
Ahora, aquel retrato de aquella adolescencia

9

Donde se sientan las varonas

11

La visita breve

14

Lauretta 16
Mentira sobre los galeotes

18

“Los zapatos de la bailarina”

20

El gran mórbido

22

Sara 24
Ella 26
Los pájaros

28

La piel de la ternera

30

Fin del camino

32

.

Debutó como poeta en la colección de poemas “Los novísimos” en San Pedro Sula en el año 2002. Estudia Literatura en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula.Biografía Otoniel Natarén (El Progreso. 1975). Ha publicado La piel de la ternera (2009). Sus trabajos han sido publicados en revistas de la zona norte del país y en revistas digitales del extranjero. . y la muestra de poetas hondureños y cubanos Cuarta dimensión de la tarde (2011). En la actualidad tiene preparados dos poemarios de pronta publicación. Es fotógrafo y pintor. Yoro.

Otoniel Natarén 6 .

Estos son los motivos.Selección de su poemario La piel de la ternera 1 Cada cual intuyó un motivo: la lengua. el alazo. y contemplarlas hasta el fin. amado canallamente. Este es el vestido en la orilla del río. la rabia. Luego. luego. amarlas hasta el fin. sus garfios. desprendidamente amado como a la tierra amada. el beso. las danzas. las suaves manos. sus extremidades asidas con terneza. y en cada cual. modestos. de la pura piedad. Nos encargaron vivir estas vidas. cada cual los ignora. y como tierra. besado. vislumbradas las bodas. 7 . tomar las bocas de nuestras mujeres. las bocas.

entonces busca en todas las asas el consuelo.Otoniel Natarén Ahí quedó el vaso. 8 . la mujer besada. el hombre y su martillo. su coyuntura. en aquellos mesones. la mujer abrazada. el lápiz sobre la madera rojiza. lo único que tenía.

¿En dónde está ahora su rostro caliginoso! 9 . alejaría las mocedades.Selección de su poemario La piel de la ternera Ahora. Oprimí su bondad contra las paredes pero se desdecía con la tenaza de sus piernas. entonces. para no demostrarle miedo. con su brocha. y los silencios caían de su melena rala. para explicarte. Me dijo. Era incapaz. Yo fui para besar sus ojos silenciosos. La sacudió. otra vez la inquietud de los oídos. aquel retrato de aquella adolescencia En su frente también estaban escritos los noses. Tomás. Su lengua suda una pintura de corales ciegos y canciones lejanas. ¡Que hable. la blancura. para colgar en la pared una queja! Se bebió las palabras. Otra vez la pasividad de la dulzaina. ¡ven acá!. Después. de sentir lo que sentía. con sus pieles.

y este corazón escupe tu mezquino sueño! Pero después del paseo. para reír después.Otoniel Natarén Ella se fue al igual que su silbido. solamente. dormirás conmigo. no había en sus costumbres lo que nunca había aprendido. Su sueño de fósil era también de descontentos. Yo se que dijo. con el día postrero. en el pasto. 10 . cosas dichas sobre la noche y de quienes la buscan: ni un sólo temblor en sus neblinas. no. porque no le importaba nadie. ¡Este corazón te aborrece. en la hondura. yo fui para besarla. Yo escondí las flores ante su penosa obscuridad. para no demostrarle miedo. más loba sobre la tierra de ardientes lobos que pájaro en el cielo de ardientes pájaros. entre la fresca tierra.

¿Cómo se llega a lo inevitable. y. rara. el muérdago. nadie te recorre. incrédula. 11 . varona? ¿Cómo se llega con esa pupila de rostro desencajado quien te visita desde sus uñas. como si probaran de ti el color salado. Aquí está la semilla que rechazaron las aves. Este es el presente dado a la escarcha: el descanso de la olvidada. como si el viento ocultara secretos duraderos mientras se disipa el aire que alivió nuestros fuegos. desconocida. porque no la conoce nadie. viene con la mano de las dudas a tocar su cuerpo en tus plumas. porque no cree en las edades y en las desgracias.Selección de su poemario La piel de la ternera Donde se sientan las varonas Nadie te observa. ¿cómo pudo pasar? ¡Qué hiciste! Entró su cigarro nervioso. ¡Y pasó esto!. para quienes observan los troncos y las ramas.

la adhesión excedida. ¿Dónde queda el abismo. Allí se vive enroscado a los rieles. y quien compró a este Señor los lagartos. y todas las hambres se pudieran calmar. tanta multitud dispersa por estas temperaturas. y subió la pendiente. la monotonía. el estuario. hija de toda la nieve. y estos restos y estos caminos donde todo se olvida. 12 . También fue harapienta y también fue perfumada con la noche. las luces. sonríe: para ninguno fue creado el descontento. Nada hay. por los viajes rutinarios. y otro. pero nadie sabe recordar la copla solitaria de tu boca. y por algún resquicio. Cruza la hoja palmeada. Todos los riesgos los traía el hambre. por herrumbre. ese sabor a pan de la humareda golpeando en la alfombra de los autos. el olor aceitoso de alguna rememoración. la silenciosa Eva. abreviado. Hay quien murió engañado. y quien se llevó uno de tus vestidos. la visión cansada. reinas de vidrio en las ventanas. Allí aparecen las torres. que no pueda influir en el instante. se tirita en ese seno duro. vino a palparlo todo. el ocaso: sobre todo la obscuridad. Por allí las cáscaras. tanta rueda.Otoniel Natarén entró a preparar café. y conserva un rumor parecido? Por aquí se padece. tu brazalete. las refinerías. Debió ser tanta profundidad.

¡Basta. y también era de nadie. se transcurre. vayamos a ver y tocar! Por allí. de hablar con culpa en los comedores! ¡Basta de señalar con culpa desde la estación de espera! ¡Vayamos a ver lo nefasto. Ella era de todos. en cada vagón oxidado. entonces.Selección de su poemario La piel de la ternera se habla a la hojarasca. se encuentra el osario. como si retrocedieran aquellos días a su escondrijo. 13 . en los bordes. Abrazamos sus pasiones y sus besos desdichados. con la misma penumbra. En ella había una caricia que nos hacía falta.

pero es Ella quien viene solitaria. ni inquietud de olas. extendidas sus patas. la entrega de un ayer cálido derramado en las manos. La visión te nombra. ¿Quién vuelve por ese horizonte tibio reconociéndote? Ayer te tomaba con la sangre brutal. 14 . el pecho descubierto. no había recuerdo en las miradas plateadas de los faros. Yo te quería sobre esas bocas y allí no había sonido. El horizonte como un cachorro nublado. parecidas a dos fantasmas. pero es Ella quien espera solitaria y se lleva la fortuna. bajo la lluvia. y allí aparecen dos estatuas azuladas. la visión te la dio el anhelo en un aullido.Otoniel Natarén La visita breve El horizonte busca las bocas.

te llamaron sin cesar. quien busca entre quienes buscan las ternuras olvidadas. las luces distendidas. esperando.Selección de su poemario La piel de la ternera Como en otros espacios. las que alguien vende o deja. y la obscura Beatriz parece surgir al fin desde el humo. 15 . alguien. quien también yace recostado. el frío de las manos. con un zarpazo. la tormenta. Te llamaron los faros. la inquietud y sus sonidos. otras caras anochecidas.

Todos se encargaron de matarla por cuanto ella pudiere haber matado desde sus barandas. les sacudió el polvo. hasta la cocina. diciendo. ella rompió los calderos y lanzó los guisos por la ventana. y se instaló. Le dijo. Ella elevó a todos en el humillo de su marihuana. aquí estoy. esta es mi casa.Otoniel Natarén Lauretta Para escuchar esas canciones fue que ella subió. ella gritaba a todos desde el balcón. en la noche. con las cortinas blancas. ¡adiós!. Después llevó sus muebles. Todo el apasionamiento se grabó en las escaleras y los vitrales.. ella hizo la cena. y mostraba complacida sus prodigiosos pasteles. para esperarlo. 16 . la sala toda.. él se demoraba. para ver los techos de la ciudad.

y volverá el hambre. 17 . Todos se prometieron cantearla.Selección de su poemario La piel de la ternera Mañana volverá a levantarse. (Ella creyó en las luces). La ciudad callaba… mientras amontonaba las piedras. toda la obsesión desprendida de los vitrales. (Para aprenderse aquellas canciones fue que ella subió).

rodeado de palmas. sin todas nuestras manchas. y queda la desolación. Allí. príncipes y enfermos. amanecido golfo. ambos. en el desembarcadero. Vayamos los dos. el erial. amanecido frío. Una noche que fue sequedad. desnudos. sobre el puerto.Otoniel Natarén Mentira sobre los galeotes Amanecido bahía. el llanto liviano. Un pensamiento que fue saboreado sólo en pensamiento. ambos. esperando las redes. Vayamos los dos a una cama. allí. 18 . sobre el puerto. claros y pobres.

Yo soñé que habían partido los remos. Con mi mujer. y para todos. un mundo abundante. yo soñé que estaba solo. saturados. 19 .Selección de su poemario La piel de la ternera Fue para todos. el mundo mezquino. visiones de los meseros y las meseras. amanecía. sirviéndose el café blanco en la leche negra. en los archipiélagos. Muchas ilusiones despertaron en los restaurantes Caravelles. Yo soñé que amanecía. profundamente mezclados. repartido al llano azul.

¡Sí. el arabesco. en el ojo azorado. su drama. con pasmo. resonaba en los cadalsos su zapateado! La veía el soldado desnudo. En la barra se forma el arco de su silueta silenciosa. salía ella. y de algún modo. De ella se desprende el follaje que sostenía del brazo. de un salto. ella gira en los escenarios y las miradas comen sus cutículas pálidas. con sudor. el ojo del venado! Salía un trazo frío con las flores de aluminio. ¡Sí. y poco a poco se elevaba en la espiral. la cofia. 20 . Sus brazos llamaban a una culebra de viento. el mundo. descarnada: la luminosidad fue recorriendo sus piernas. De los óvalos crecen líneas pesarosas. En sus piernas nacía el mundo.Otoniel Natarén “Los zapatos de la bailarina” El ojo del venado.

Selección de su poemario La piel de la ternera Días hay en que sucede cuanto se oye decir. su espíritu estacionado en el para siempre instante del éter. como un temblor de plata en la frente. donde caen los aplausos. observa. 21 . ¿qué es aquello que resplandece en lo alto? Sus pies pulsan las teclas de un piano sin nombre. Un faro le destrozó el vestido. y corren todos a ver el ave fulminada. Algo como el granizo. decir. enfermera.

dulcificado. 22 . enajenado.Otoniel Natarén El gran mórbido Sentado sobre los maderos esta el sombrío. Yo la hice más hermosa con mis manos. Después del abrazo. Le habría prodigado el viento un vislumbramiento. con las sábanas rojas. con el secreto de Ácises entre las manos. velludo ante las Galateas. que soñaré contigo. rabioso y de algún modo. María! Mastica sobre aquel monte los pezones duros. después surge el Gran Mórbido sobre las tablas del tejado. el bienaventurado. después de todo se vuelve profundo y luminoso. el hervido en las aguas. ¡Te prometo sobre estas hojas. sostenido de los talones.

en mi orgullo mismo. 23 . extasiado. se contemplan en la gran mentira. por estas ramas: allí se fundamenta todo su orgullo. sin embargo. fatuas Galateas. vanos. exquisito. el Mórbido. Fatuos Ácises.Selección de su poemario La piel de la ternera con frutos dados aquí.

con la sola pluma disponible. fui todas esas pieles. todas las hijas multiplicadas: sus sombras heridas. de vestigios insondables. cinturas heridas. y soy la fiera. ¿Quién podrá explicar quién vino a despertarme del aullido! Sola.Otoniel Natarén Sara Las pueden ver. el beso profundo. con la sola pena. heridas. las pueden tocar. con las luces. desde las piedras. 24 . el vestido derramado en las escalinatas. Pero hablan las ruinas sobre mí.

solamente la piel. el Reproductor. esperando ser tomada. 25 . el Obstinado. la piel.Selección de su poemario La piel de la ternera Sola. Soy el pecho. sola y enclaustrada. sola. unos labios esperando. y el jaguar en los campos. siempre repetido. el Magno. con la sola pena.

se acuesta. y todos la toman. y no se quisiera concluir la noche. y también despierta la serpiente. responde a cierta sintonía. responde blanda. 26 . se funde a las paredes o se sostiene de los muros. viene la hora. pero. Está allí y observa. y no se quisiera despedir ninguno. los astros. allí vienen todos los relojes con la hora imprecisa. y el reposo la desgarra. dormida. Sale a la luz esa mujer. despierta!. la misma intensidad. con la piel nueva. ¡Despierta.Otoniel Natarén Ella ¡Cuántas veces la mozuela besa y se reparte en el mundo su sonido! La mujer se repite. extiende todas sus manos y consulta los relojes. Su boca espera.

dicen todos. Ven a ver cómo se marcha. Es el rompimiento. 27 .Selección de su poemario La piel de la ternera Se aleja y vuelve. ¡debiera retirarse!. Ya no se fundirá al granito. y pudiera esperar y pudiera besar infinitamente. Ven a ver una bandera tragada por las olas. Los diluvios vinieron a destruirla. y se despedaza llorando. y vuelve a desprenderse. a impedir el sueño. y.

el mismo resplandor y la misma agonía. su nubarrón —las palmas sobre el pecho calculan los latidos. estremecidos por las horas. de substancias y luces derramadas. de manos. te codicia desde su luna. desatada. elevados de cuerpo. de pies. los abismos y la fiebre de los crispados dedos. Te mueve el artesano de plata. esta floración y pérdida de rayos húmedos. 28 . la medianoche incendiada.Otoniel Natarén Los pájaros Tomarte con vestido. desatado. tomados del polvo naranja de la danza. ¡Que algo nos conmovía!. derribados. beso o salivazo. Somos los llevados de las variaciones. velludos. por cintura. desde el olíbano.

juntos hemos tomado la música de su oído. nos duerme y acomoda a su diestra de caracolas. 29 . y juntos. este sueño.Selección de su poemario La piel de la ternera Nos distrae esta rasgadura. Nos recorre el reloj de las palpitaciones. Sus luces responden a nuestras alas en movimiento. intensamente amados. retornado a los precipicios. nos descubre. Nos contempla.

los crápulas. el mismo deseo. los llamados de la piel. de aquella mujer. Dios nos ampare a todos. donde desbocan los caballos. Vayamos todos los demolidos. con las ventanas abiertas de nuestras almas libertinas. cual si la bestia es. a reconocernos en nuestros cerrojos. cual si la bestia fuera.Otoniel Natarén La piel de la ternera Aquí comienza el libro. 30 . de aquel encierro. Vayamos a ser verdaderamente hipócritas puesto que nada nos conmueve. Dios se apiade cuando se frunza nuestra madera y sólo el libro sobreviva. el mismo encadenamiento.

porque algo nos conmovía. 31 . para tocar sus trompetas. a ella carnal. arrojados del seno. Pero. algo nos llenaba de las ternuras. con nuestras supremas pieles en los supremos pabellones. y aunque. alguna verdad se nos presentó amable. sufriente. algo guardamos del abandono.Selección de su poemario La piel de la ternera y trotamos el mundo. para cumplir los días. blanca y verdadera. corruptible. fementidos y rufianes. cuando la voz le cante.

nos llevó al silencio de sus dormitorios sobre la historia de las paredes. y. y. caminaba y tomaba nuestros dedos: mordía nuestros dedos. nuestra terrible soledad. pensamos en su boca. y desde el tacto. la necesidad antigua. Guardaba entre sus manos la suavidad y el secreto. a sus sonidos y orificios. en volver a su boca. 32 . la luminosidad de otra existencia: un recuerdo desde otra existencia.Otoniel Natarén Fin del camino Caminaba lenta con la lámpara y la romana. con nuestra desnudez descubrió nuestra soledad. todo había terminado. Nos dio también su boca para mostrarnos la noche. Allí tendió sus brazos y su vientre. Cuando crecimos.

compadre. 33 . el mundo que nos enseñaron. Es aquí donde todo se detiene.Selección de su poemario La piel de la ternera porque nos dio juntamente las palabras.

Otoniel Natarén 34 .

No comerciable.Selección de su poemario La piel de la ternera Edición digital. 35 .

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