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IMPLÍCITOS, SOBREENTENDIDOS Y CONTEXTOS

La información implícita

Como queda visto en los titulares analizados, no todos los sentidos transpor- tados por los enunciados están afirmados en su estructura lingüística. Es decir, hay contenidos de los titulares que no se cristalizan a través de expresiones explícitas, sino que los mecanismos lingüísticos empleados están repletos de información implícita para cuyo análisis correcto son necesarios algunos cono- cimientos lingüísticos, pragmáticos y sobre el mundo que permitan desentra- ñar sus complejidades.

La distinción entre contenidos afirmados y contenidos implícitos que realiza Ducrot (1986: 28-31), entre otros, tiene como base el hecho de que en nues- tros intercambios comunicativos sólo codificamos una parte de la información que queremos transmitir 1 . Dicho de otro modo, un implícito es un tipo de in- formación que comunicamos pero que no codificamos. Para Ducrot, a la vez que puede distinguirse el enunciado explícito y el implícito, este último se lo- gra mediante presuposiciones o mediante inferencias. Lo implícito de un enunciado puede ser presuposición si es parte integrante del sentido del enun- ciado; o inferencia, si concierne al modo como este sentido ha de ser descifra- do por el destinatario. La inferencia, por tanto, pertenece a la interpretación. No hay texto sin interpretación; el receptor acaba el texto y lo resuelve al darle significado y sentidos. El concepto de implícito es fundamental: muchas claves de lectura y de interpretación de un texto vienen dados más por las presuposi- ciones y las inferencias implícitas que por la información o los datos explícitos.

Para sistematizar los conceptos en relación con la información implícita que puede transportar un enunciado, tomaremos la síntesis de la perspectiva pragmática realizada por Frías Conde (2001: 6-8), quien distingue entre presu- posiciones, implicaturas y sobreentendidos:

1 Para Ducrot, no existe “le dit” sin “le vouloir dire”, lo que se desea comunicar; así pues, el sentido de un texto está enraizado en las intenciones ilocutorias del hablante.

a. presuposiciones

implicaturas

Implícitos b.

c. sobreentendidos

a. La presuposición es un tipo de inferencia pragmática unida estrechamente

con la estructura lingüística de las oraciones. Aunque las presuposiciones no pueden considerarse como semánticas, en sentido estricto, sus significados están implícitos en las expresiones. El reconocimiento de las presuposiciones por parte del lector, en el caso del periodismo gráfico, dependen básicamente de su conocimiento de la lengua, o sea, de su competencia lingüística. Por ejemplo, en los siguientes titulares:

I.

EL NUEVO DECRETO CERRARÍA SÓLO UN ROUND DE LA PELEA DE FONDO:

a partir del uso de sólo, manifiesta la existencia futura, real o hipotéti- ca, de otros roundsen la pelea.

II.

LA CHECHU VUELVE A ENSEÑAR SU CUERPO DOCENTE: el uso del verbo volverlleva implícito, presupuesto, el sentido de que algo ya se ha he- cho con anterioridad.

III.

BCRA: LAVAGNA JUEGA OTRA FICHA: este titular tiene como presupuesto que anteriormente ya se han jugado fichas, por el uso del adjetivo otra.

b.

La implicatura, por su parte, es un tipo especial de inferencia pragmática

que no puede considerarse como una inferencia semántica ya que no tiene que ver con los significados de las palabras, frases u oraciones, sino más bien con ciertas presunciones contextuales vinculadas con la cooperaciónde los participantes en una conversación. La noción de implicatura (Grice, 1975) se basa en la distinción entre lo que se dice y lo que se implica al decir lo que se dice, o lo que no se dice. Grice distingue dos tipos de implicaturas: convencio- nales y conversacionales, aunque la diferencia no siempre es nítida. En princi- pio, la implicatura convencional dependería de algo adicional al significado normal de las palabras, en tanto que la implicatura conversacional se deriva de condiciones más generales que determinan la conducta adecuada en la con-

versación.

Grice (1975: 41-48) identifica cuatro máximas de conversación, que, según él, son los principios subyacentes sobre los cuales se basa el uso cooperativo efi- ciente de la lengua. Estas máximas expresan el PRINCIPIO COOPERATIVO y son las siguientes:

a. Calidad: trate de que su contribución sea verdadera. Específicamente:

1. no diga aquello que usted cree que es falso;

2. no diga aquello para lo cual usted carece de la evidencia ade- cuada.

b. Cantidad:

1. haga que su contribución sea lo más informativa posible en cuanto se requiera para los propósitos del intercambio;

2. no haga su contribución más informativa de lo que se requie- re.

c. Relevancia:

1. haga que su contribución sea relevante

d. Modo:

1.

evite la oscuridad:

2.

evite la ambigüedad;

3.

sea breve;

4.

sea ordenado.

De este modo, las implicaturas no dependen tanto del conocimiento de la lengua, como de la competencia retórico-pragmática (leyes del discurso, má- ximas conversacionales, etc.).

Como tienen que ver con las máximas conversacionales, en sentido general podríamos sintetizar que las implicaturas suponen que el hablante dice lo que quiere decir de manera que el receptor entienda eso que quiere decir. Es de- cir, que el hablante apunta a ser entendido, a lograr una comunicación eficien- te.

En el texto periodístico, particularmente, las máximas elaboradas por Grice tienen una especial importancia. En cuanto a la máxima de calidad (trate de que su contribución sea verdadera), ésta constituye uno de los pilares de la

construcción de la prensa escrita como medio objetivode información: en el periodismo, la veracidad y la proporción de evidencia son elementos constitu- tivos del proceso de producción de la noticia.

Por otra parte, es la máxima de cantidad la que prevalece en la construcción de los titulares, en la medida que éstos deben ser informativos a la vez que breves. De allí que en su construcción deba apelarse a muchas implicaturas, puesto que en su brevedad deben ser entendidos por el lector como expresión de la macroestructura de la noticia.

De más está decir que la máxima de relevancia se corresponde con la noción de hecho noticiable, es decir, todo hecho cuya importancia para la sociedad lo hacen susceptible de ser textualizado, convertido en noticia.

Y finalmente, la objetividadde los medios supone la construcción de un esti-

lo lingüístico caracterizado por la concisión, la precisión y la claridad, de mane- ra que la máxima de modo rige en cuanto a estos aspectos.

Por ejemplo, en el siguiente titular: HAY PIQUETEROS PARA TODOS LOS GUS- TOS. Algunas de las implicaturas que el periódico pone en juego son el enten- dimiento de los términos piqueterosy gustopor parte del lector, puesto que el reconocimiento de estos significados será luego importante para re- construir el significado de la desautomatización.

Ahora bien, ya en cuanto a la desautomatización fraseológica, una de las prin- cipales implicaturas puestas en juego es el reconocimiento de la UF base y su sentido unitario. Es decir, no puede desautomatizarse un elemento lingüístico cuyo reconocimiento no es automático por parte del lector. En el ejemplo señalado, se trata de que el sentido de la locución adverbial para todos los

gustossea reconocido, en primer término, como sinónimo parcial de varie- dad. Atendiendo a las máximas de Grice, puede decirse que en la interpreta- ción de un titular que presenta desautomatización fraseológica, el lector apela

a una serie de implicaturas:

1. que el diario resume la noticia en ese titular, es decir, expresa la macroes- tructura semántica.

2. que el periódico conoce la estructura de la UF que utiliza, su significado unitario y las situaciones en las que ésta debe utilizarse.

3. que si produce una modificación en su estructura (modificación interna) y/o en la situación de uso (modificación externa), esto se debe a una elec- ción consciente y no a un “error”, y

4. por lo tanto, que tal modificación debe ser interpretada semánticamente, debe desautomatizarse su recepción para comprender el uso que de ella hace el diario.

Todo esto, teniendo en cuenta que el lector confía en que el medio viola la máxima de modo (no evita la ambigüedad) para reforzar otras máximas como las de calidad y cantidad. Es decir, que la ruptura de la estructura de una UF o su modificación externa deben tener su explicación en los sentidos que con ello se consigue despertar.

c. Los sobreentendidos, por fin, son las informaciones implícitas que son sus-

ceptibles de ser vehiculizadas por un enunciado dado, según el contexto enun- ciativo. Se trata de valores inestables, fluctuantes, cuya descripción implica un cálculo interpretativo; como no están inscriptos en el enunciado, no depen- den exclusivamente del conocimiento de la lengua, sino que para entenderlos se exige la intervención también de las competencias enciclopédica y sociocul-

tural.

A los sobreentendidos se llega a través de un proceso de tipo inferencial y no a través de la pura decodificación, por lo tanto, son responsabilidad del oyente y de índole fundamentalmente pragmática.

En el caso del periodismo escrito, el sobreentendido general o básico es que cada periódico, al decir algo, da por supuestas una serie de cosas que no dice, que no necesita decir porque sus lectores habituales las captan inmediata- mente. En tal sentido, analizar el discurso periodístico, y particularmente sus titulares, consiste en reconstruir, a partir de las marcas presentes en los tex- tos, las operaciones y las estrategias mediante las que una práctica discursiva confiere sentido a un fenómeno, situación o problema social.

En este sentido, se trata de defender la contextualización como elemento fun- damental e imprescindible en el análisis, a partir de presuposiciones. De modo que en la recepción y elaboración de la información hay un proceso interpreta- tivo.

La inferencia

La inferencia es una operación mental por la que los participantes en una con- versación evalúan las intenciones de los demás. Esta operación mental se ve afectada por una gran cantidad de factores contextuales, incluida la idiosincra- sia socio-cultural de la comunidad a la que pertenecen los participantes en la conversación:

Para ser un usuario competente de un lenguaje natural no basta con co- nocer un conjunto de reglas de construcción gramatical, asignación se- mántica y fonológica, etc., sino que es preciso también emplear un am- plio conjunto de conocimientos ‘de sentido común’ y de inferencias y principios acerca del mundo interno e intencional de las personas (Be- linchón et al. 1992: 184).

Es decir, este proceso de contextualizaciónestá íntimamente relacionado con las experiencias interactivas previas de emisor y receptor, y forman parte de su conocimiento lingüístico habitual. Toda contextualización es, en general, una evaluación hipotética basada en las presuposiciones que el oyente genera en la interpretación de las intenciones de los enunciados. De hecho, para Sperber y Wilson, siempre que haya alguna forma de reconocer las intenciones del emisor, la comunicación es posible. La inferencia vendría, de este modo, a llenar el vacío que existe entre la representación semántica del enunciado y lo que de hecho comunica dicho enunciado(Sperber y Wilson, 1994: 697). Además, la gestación de las suposiciones sobre qué sentido porta un enuncia- do posee un claro matiz social y está restringida por la secuenciación, la nego- ciación y el control de la interacción conversacional.

Todo esto apoya la idea de que la comunicación está en gran parte basada en el proceso de recepción, en el papel del destinatario cuando infiere la inten- ción informativa y la intención comunicativa del enunciado de su interlocutor, es decir, cuando genera diferentes hipótesis sobre el propósito conversacional que posee un enunciado dado.

En este caso, la perspectiva que hemos asumido distinguiendo la modificación (situada en el emisor) de la desautomatización (que corresponde al proceso de recepción), sigue las ideas centrales de la perspectiva pragmática acerca de la necesidad de las inferencias para la (re)construcción del sentido de los titula- res del periodismo escrito en los que se produce una modificación creativa de las UFs y, por lo tanto, se desautomatiza su recepción.

El problema del contexto

A lo largo de este trabajo hemos hecho mención de la importancia del contex-

to para la comprensión del titular periodístico y, sobre todo, de las UFDs pre-

sentes en él. Vale entonces hacer aquí algunas consideraciones respecto a dicha noción.

En primer lugar, debemos aclarar que con la palabra contexto se hace referen- cia a diferentes niveles:

1. Primero, se refiere a lo social, entendido como marco de referencia global

(político, económico, ideológico, etc.) dentro del cual se inscribe un texto de-

terminado (en este caso, la noticia) como discurso significante. Este contexto social lo hemos descrito brevemente en la presentación, al hacer referencia a

la

crisis política, económica e institucional dominantes en los ámbitos nacional

e

internacional en el periodo en el que se obtuvo el corpus.

2.

En segundo lugar, este concepto engloba la situación comunicativa, el

llamado contexto situacional: aquel que pertenece a un aquí-ahoraque comparten emisor y receptor. Sobre este marco situacional ha girado el capí- tulo dos, dedicado a la noticia como discurso. Allí hemos observado la situa-

ción de distancia que implica el periodismo gráfico en tanto modo de comuni- cación masiva.

3. Finalmente, nos referimos también al contexto lingüístico o co-texto, aquel

conformado por el material lingüístico que acompaña, precede o sigue a un

enunciado.

Por supuesto, esta distinción es un constructo teórico que permite describir las circunstancias globales que acompañan a un texto, pero de ninguna manera

pueden entenderse como polos separados, sino más bien como una trama, un tejido dentro del cual el texto, la noticia, adquiere su significación plena. Al referirnos a la desautomatización fraseológica, por ejemplo, hemos visto que

la clara identificación de la modificación no basta para la interpretación de un

titular; es necesario recurrir a los conocimientos contextuales para descubrir la modalización de los enunciados que estas modificaciones producen, y allí se produce la desautomatización.

En ocasiones, el co-texto (volanta, copete, cuerpo, noticias anteriores) es el que brinda al lector los elementos requeridos para la cabal comprensión, pero en otras éste debe recurrir a su conocimiento del medio gráfico, su posición ideológico-discursiva respecto a los asuntos de política y economía. Y final-

mente, es su conocimiento de los sucesos el que completa la percepción del sentido del titular. Así, el titular periodístico está condicionado para su inter- pretación por los contextos espacio-temporales y por su co-textos, con los cuales construye series dialógicas.

Desde esta perspectiva, el análisis de las UFDs en los titulares es un campo donde se encuentran la gramática, la pragmática y la sociolingüística.

A riesgo de simplificar demasiado, diremos que en realidad lo que se pone en

juego en el acto comunicativo de la prensa gráfica no son los diferentes con- textos en sí mismos, sino las nociones, los conocimientos, que tienen emisor

(el diario) y receptor (el lector) de dichos contextos. Por ello, podemos afirmar

a priori que el papel central, englobador de los antes detallados, lo cumple el contexto cognoscitivo. De tal manera, lo que está marcando las instancias de producción y comprensión de la noticia tiene dos aspectos:

- un aspecto individual, que se refiere a la experiencia común de los interlo- cutores y sus conocimientos comunes; y

- un aspecto general, que integra conocimientos socioculturales (como las

tradiciones discursivas) y conocimientos universales (como la relación causa-

consecuencia, por ejemplo).

Para comprender esto último, podemos citar un caso de confusiónen Jujuy respecto a una nota aparecida en Página/12 el día 06 de julio de 1998, un día después de la derrota de la selección argentina de fútbol en manos de Holanda

y su consecuente descalificación de la competencia mundial. En su texto, la

nota (titulada “Ortega, frente al juicio ‘penal’ de la historia) señalaba al juga- dor jujeño Ariel Ortega como culpable de la descalificación de la selección del mundial de fútbol de Francia. Esto, lo hacía remitiéndose a sus orígenes hu- mildes, su formación futbolística en los potreros y, en general, a su hambrey falta de cultura, lo que, según el texto, había dado origen a su apodo de “burri- to”, y no sus piernas cortas, como se había creído hasta ese momento. La nota

causó conmoción en gran parte de la sociedad jujeña y ocasionó un pedido de rectificación por parte del gobierno provincial. El público, no habituado al me- dio (que en Jujuy no tiene mucha circulación) no había entendido la ironía.

En este caso se manifiesta claramente que los lectores de la provincia no te- nían una experiencia común con el periódico. O sea, su poca circulación (cual- quiera sea la causa de ella) imposibilitó el conocimiento de sus características discursivas propias. Cualquier lector más o menos asiduo de Página/12 inme-

diatamente comprendía que éste no podía realizar las afirmaciones literales que contemplaba el texto, sino exactamente lo contrario. Es decir, hubo en el plano individual, un desconocimiento del medio, su ideología y su modo de redacción propios.

Además, se desestimó que el significado literal de la noticia fue efectivamente afirmado por distintas personas entrevistadas en días anteriores por canales de televisión, cuestión que precisamente era lo que Página/12, mediante la ironía, quería denunciar. Esta tradición discursiva reduccionista, inculpadora, fue aparentemente desconocida para muchos de los jujeños (aunque era bien conocida para el medio) por lo cual no fue posible la (re)construcción del con- tra-discurso irónico.

Esto último nos pone frente a una característica propia de la noticia, y que retomaremos al hablar de la ironía y la polifonía: el contexto al que el titular remite es, en muchas ocasiones, de carácter discursivo, pues tiene que ver con declaraciones, reales o hipotéticas, atribuidas a algún agente, individual o co- lectivo, de la realidad política y/o económica, como pueden ser funcionarios, partidos políticos, organismos internacionales, etc.

Así las cosas, queda claro que en el periodismo gráfico y su interpretación se ponen en juego conocimientos, creencias, posturas, sensibilidades, en fin, el contexto cognoscitivo del emisor y del receptor.

Finalmente, todos los contextos mencionados tienen carácter analógico, es decir, forman una unidad contextual global que, en cada caso particular, influ- ye en la producción del discurso y contribuye a la intelección del sentido de la enunciación. Es decir, sólo en la inmediatez comunicativa operan todos los contextos posibles. Por ello, en la distancia comunicativa es forzoso suplir o compensar la carencia de estos contextos por medio de la elaboración siste- mática del co-texto o la apelación de los conocimientos comunes. Esta suplen- cia de los contextos se ve reforzada, además, con la creación de una situación de conversación, como se verá posteriormente, en la que se busca integrar al lector como constructor de sentido.