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Magueta: RAG Jerpbnigh eete Dure se genes, 1+ edie: 1985 2 edicibn: 1998 3. edicidn: 2001 © Ediciones Akal S.A. 199982001 ‘Sector Forest, 1 28760 Tees Canes Madrid = Espans Tels 91 806 19 96 Fax: 91 808 4 Depésito legal: M-40.5 Timpreso en Materprin, SL Colmenar Viejo (Mae) PIERRE BOURDIEU {QUE SIGNIFICA HABLAR? 465448 L mL, INTRODUCCION INDICE ECONOMIA DE LOS INTERCAMBIOS LINGUISTI- COS... I. La produccién y reproduccién de ia lengua lesitima 2. La formacién de precios y la prevision de beneficios LENGUAJE Y PODER SIMBOLICO 1. Ellenguaje auiorizado: las condiciones sociales de 1a eficacia del discurso ritual Deveeseee Los rritos de institucién La fuerza de ‘a representacion Describir y prescribir: las condiciones de posibilidad y los limites de fa eficacia politica ANALISIS DE DISCURSOS . 1, Censura y formalizacion 2. Elddiscurso «importante»: algunas reflexiones socio légicas sobre «Algunas observaciones criticas en tor- no a “Leer el Capital””» 3. La retorica del cientifismo: coniribucién a un andl sis del efecto Montesquieu 105 134 152 INTRODUCCION Enel ensayo para introduciren Filosofia el concepto de magnitud negativa, Kant imagina un hombre de diez grados de avaricia que se ésfuerza en doce grados en amar a su préjimo mientras que otro, avaro de tres grados, y capaz de una intencién similar de siete grados, pro- duce una accidn generosa de cuatro grados; para concluir que él pri- mero es moralmente superior al segundo aunque, medido por el acto dos grados contra cuatro—, sea indiscutiblemente inferior. Quizd deberiamos someter a un analsis aritmético semejante los méritos para juzgar los trabajos cientificos... Las ciencias sociales, sin lugar a du- das, estin al lado del avaro de diez grados y seguramente se tendria luna apreciacién mas justa de us méritos si se supiera tomar en cuen- ta, como Kant, las fuerzas sociales sobre las que deben triunfer. Lo ue nunca es tan cierto como cuando se trata del objeto de esa disc!- plina cuyo imperio se ejerce sabre el conjunto de las ciencis sociales, esa lengua una e indivisible, fandada, segtin Saussure, en la exclusion, de toda variacion social inherente, o, segiin Chomsky, sobre el privi- legio concedido a las propiedades formales de la gramatica en detri- mento de las coerciones funcionales, Por haber emprendido, un poco antes del acmé de la moda, un trabajo académico —que’afortunadamente no lleg6 a publicarse nunca donde me apoyaba en una «lectura» metédica del curso de Linguistica general para intentar fundar una «teoria general de [a cul- turap, he sido quizas mds sensible que otros a los efectos ms visibles del dominio ejercido por esa cisciplina soberana, tratese de transcrip- ciones literales de escritosteéricos, de transmisibnes mecdnicas de con- ceptos tomados en su valor parcial o de simples imitaciones que, al disociar el opus operatum del modus operandi, conducen a reinier- pretaciones inesperadas, a veces estrafalarias. Pero esta resistencia a las modas mundanas no tiene nada que ver con una negativa que pue- da autorizar la ignorancia: siempre he crefdo que la obra de Saussu- Fe, y, posteriormente, cuando para mi resulté manifesta la insuficien- 6 cia del modelo de la palabra (y de la practica) como ejecucién, Ia de ‘Chomsky, que reconoce un determinado rango a las disposiciones ge- neradoras, plantean a la Sociologia cuestiones fundamentales. Lo qué no es dbice para que todas esas cuestiones s6lo alcancen sus maximas potencialidades a condicién de salir de lo limites inscri- tos en la propia intencidn de la lingiistica estructural como teoria pu- ra. En efecto, todo el destino de la lingifstica moderna se decide en el acto de fuerza inaugural por el cual Saussure separa la «linguistica externa de la «lingiifstica interna», y, reservando a esta tltima el tulo de linguistica, excluye de esta disciplina todas las investigaciones {que relacionan la iengua con la etnologia, excluye la historia politica de los que la hablan o incluso la geografia del ambito en que se habla, ya que no aportaria nada al conocimiento de la lengua considerada én si misma. Nacida de la autonomizacién de la lengua con relacién a sus condiciones sociales de produccién, de reproduccién y de uti zacién, la lingiistica estructural, al convertirse en la ciencia dominante en las ciencias sociales, necesariamente tenia que ejercer un efecto ideo- légico, dando apariencias de cientificidad a la naturalizacion de esos productos de la historia que son los objetos simbélicos: la transmi- sidn del modelo fonolégico fuera del campo de la lingiistica tiene por efecto generalizar al conjunto de los productos simbélicos, taxinomias de parentesco, sistemas miticos u obras de arte, esa operacién inau- gural que ha hecho de esta ciencia la mds natural de las ciencias socia- les separando el instrumento lingiiistico de sus condiciones sociales de produccién y de utilizacién. Es obvio que las diferentes ciencias estaban desigualmente predis- puesta a recibir este caballo de Troya. La relacién particular que une al etndlogo con su objeto, la neutralidad de wespectador imparcial» ‘que confiere el estatuto de observador ajeno, convertian a la etnolo- sia en victima clegida. Por supuesto, con la tradicidn de la historia del arte o de la literatura: en este caso, la importacién de un método de andlisis que implica la neutralizacién de las funciones no hacia mds ue sancionar el modo de aprehensidn de la obra de arte que desde siempre viene exigiendo el experto, es decir, la disposicién «pura» y puramente «interna» con exclusion de toda referencia «reductora» @ ‘«lo externon; asi como el oficio religioso, pero en otro ambito, la se- miologia literaria ha elevado el culto de’la obra de arte a un grado de racionalidad superior sin modificar sus funciones. Fn todo caso! Ja puesta entre paréntesis de Jo social que permite tratar la lengua u tro objeto simbélico como finalidad sin fin, ha contribuido no poco al éxito de la lingiistica estructuralista, otorgando el encanto de un juego intrascendente a los ejercicios «puros» de un andlisis puramen- te interno y formal. Por tanto, el hecho —tan cuidadosamente rechazado por los lin- uistas y sus imitadores— de que «la naturaleza social de la lengua» sea «uno de sus caracteres internos», y de que la heterogeneidad sea inseparable de ella, es algo de lo que debemos sacar todas sus conse- ‘cuencias con perfecta conciencia de los riesgos que semejante empre- 7 ‘sa entrana, entre otros esa apariencia de tosquedad que afecta a los mas sutles y rigurosos analisis capaces —y culpables— de laborar por la vuelta de lo reprimido, peligro que no es precisamente el menor de todos; en suma, hay que escoger el pagar por la verdad un precio més elevado con un beneficio de distincién més pequefto* | 1 BIOS {A DE LOS INTERCAM! ECONOMIA TNGUISTICOS * La epunda pare de estibeo rege e fem miso menos profundamente mad fica dversos textos apareidos va: pare el capi | El Lenguaje Autoteado, Nota | fen sciences sociales, 6, noviernbre de 197S, pags. 183.190; para el capitulo 2. Los | fos de esctucion, Aces de la echerohe en sciences seas, £3, jie de 1982 des, | 563 (vanserpcib de una comunicacion presenta en el cole sobre sles os fepaso hoy» de Nevchitl en octubre de 981: paral capalo& Desetey preset tie ea eherce nace soci 38 de mayo e198 O34 ‘observaciones critias especto a wAlgunas observaciones criticas en torn a lect el Cx Be ee ae ecece once sit ceri 9 gh. 6579, bara el capitulo 3 El norte a Medion. Contibucion un ais del feta Mon: {esque Actes dela fecherdhe en cence soca, 3, noviembre 1980, paps. 2125. 8 La Sociologia sélo puede liberarse de las formas de dominacién que la Linguistica y sus conceptos ejercen todavia hoy sobre las cien- cias sociales a condicién de hacer patentes las operaciones de cons- truccién del objeto en que este ciencia se ha fundado, y las condicio- nes sociales de produccién y circulacién de sus conceptos fundamen- tales. Si el modelo lingifstico se ha transportado tan fécilmente al te- rreno de la etnologia y de la sociologfa, ello se ha debido a una consi- deracién esencialista de la linguistica, es decir, a la filosofiaintelec- tualista que hace del lenguaje, més que un instrumento de accién y de poder, un objeto de inteleccién. Aceptar el modelo saussuriano y sus presupuestos, es tratar el mundo social como un universo de in- tercambios simbélicos y reducir Ia accién aun acto de comunicacién ‘que, como la palabra de Saussare, esta destinado a ser descifrado por medio de una cifra o de un abdigo, lengua o cultura! Para romper con esta filosofia social, hay que mostrar que, por legitimo que sea tratar las relaciones sociales —y las propias relacio- nes de dominacién— como interacciones simbélicas, es decir, como telaciones de comunicacién que implican el conocimiento y el reco- nocimiento, no hay que olvider que esas relaciones de comunicacién’ excelencia que son los intezcambios lingiisticos son tambien rela- ciones de poder simbélico done se actualizan las relacionesa de Fucr- a entre los locutores y sus respectivos grupos. En suma, hay que st Berar la alternativa corriente entre el economismo y el culturalismo, para intentar elaborar una economia de los intercambios simbdlicos. Todo acto de palabra y, mas generalmente, toda accién, es una ! En otro libro he intentado analar el inconsciente epstemologico del estruct ralismo, es deci, los pesupuestos an hdamente introducids por Saussure en la cons "tucsion del objeto propio dela Linguistica, pero que han sido Olvidados 0 rechavados or los utlizadoresposteriores del modelo saussuriano (ver P. Bourdieu, Le sens pra ‘que, Paris, Editions de Minuit, 1960, Paris, PP. Sty siguientes) n coyuntura, un encuentro de series causales ind 2 lependientes: por un lx do, las disposiciones, socialmente modeladas, del habitus linguisties '2 propension a hablar y decir determinadas co. ico; por otro, las estruc. a se impanen como un siene de clones y censuras especificas. sstema desan- Este modelo simple de produccién y de circulacién lingui mmo ete modelo simple de p ¥ de circulacién lingiistico co- en sus productos no ti lisis propiamente lingiiistico del errores y fracasos a que la lingif | Propuesto pueden estar mas o menos ale sjados de los que han orienta- ctos, inevitables, el mercado \bélico sino también el sentido {do la produceion. A través de exon ef contribuye a crear no s6lo el valor si del discurso. ven La cuestién del estilo s c estilo se podria considerar desde esta pers Gistincnaen Patticular que tiende a conferir al discurso propiedad peraieinat un ser pecibido que solo existe en relacign con sajece + dotados de esas disposiciones diacriticas que peroitog 12 dal fiscrisa pad cer distinciones entre formas de decir diferentes, entre artes de ha- Gomparada con la prosa o de la diecién de una clase (Social, sexual S generacional) comparada con la de otra clase, solo existe en rela- Cidn a agentes dotados de esquemas de percepcién y de apreciacién {gue permiten constituirlo como conjunto de diferencias sistematicas, Gineréticamente aprehendidss. Lo que circula en el mercado lingiisti- Go no es «la lengua», sino discursos estlisticamente caracterizados, “iseursos que se colocan a le vez. del lado de la produccién, en la me- dia en que cada locutor se hace un idfolecto con Ta lengua comin, <—at J del lado de la recepcidn, en la medida en Gue cada receptor contri. buye a producir el mensaje que percibe introduciendo en él todo lo ‘que constituye su experiencia singular y colectiva. Lo que en princi- pio sélo se afirma del discurso poético, es decir, su cualidad —cuando esta conseguido— de elevar al maximo grado la posibilidad de provo- car experiencias variables segtin los diferentes individuos, serfa exten- sible a cualquier tipo de discurso. A diferencia de la denotacién, que representa «la parte estable comiin a todos los locutores»*, la'con- notacién reenvia a la singularidad de las experiencias individuates, to ‘que quiere decir que ésta se constituye en una relacidn socialmetne caracterizada donde los receptores ponen en juego la diversidad de sus instrumentos de apropiacién simbdlica. La paradoja de la comu-/ nicacién consiste en que, aunque implica un medio comin, s6lo se produce —y esto puede verse claramente en el caso limite en que se trata de transmitir emociones como suele ocurrir con la poesia, susci- tando y resucitando experiencias singulares, es decir, socialmente ca- racterizadas. Producto de laneutralizacidn de las relaciones practicas en que funciona, la palabra de los diccionarios no tiene ninguna exis- tencia social: en ia practica, slo existe sumergida en situaciones, hasta el punto de que el niicleo de sentido que se mantiene relativamente invariante a través de la diversidad de los mercados puede pasar inadvertido >. Como observaba Vendryes, si las palabras recibieran siempre todo su sentido a la vez, el discurso serfa un juego continuo de palabras; mas si, como en el caso de alquilar —locare— y de ala- 2 Yer G. Mounin, La communication poetique, precede de Avee-vous i Char?, "is, Gallimard, 1969, PP. 21-26. 7 a aptitud para captar simultineamente los diferentes sentidos de una misma pa- !abra (aptitud que suelen medi los est llamados de inteligencia) y, @fortior, la apt {ud Dara manipolarlos pricticamerte (por ejemplo, reativando la significacién ordi- Daria de las palabras corrientes, como les gusta hacer alos fldsofes) constituyen una ‘buena medida dea aptitudtpicamente culta de salirse dea situacién 9 romper larela~ {6m prctica que une una palabra aun contexto préctico, encerrdadola en tno de ss futidos, para considera la palabra ens misma y por si misma, es decir, como el lugar Beométrico de todas ls poses relaciones con stuacione tratadas as como otros tantcs {i808 Particulars de lo posibley-Si esta apitud para manejar diferentes variedades inguisticas, sucesva y sobre todo simultaneamente, es sin duda una de las mis des- ‘Eualmenterepartidas, eso quiere decir que el dominio de la diferentes variedades lin- ‘bisticasy sobre todo la relacion con el lenguaje que implica solo pueden adqui | \ eT bar —/audare—, todos los sentidos que pudiera recibir fueran com- pletamente independientes, cualquier juego de palabras (en particle lar los ideolégicos) resultaria imposible *. Los diferentes sentidos de una palabra se definen en relacin entre el micleo invariante y la ld ca especifica de los diferentes mercados, éstos objetivamente situa. dos con relacién al mercado en que se define el sentido mas comin, ‘Soto existen simulténeamente por la conciencia culta que les hace surgir rompiendo la solidaridad orgadnica entre la competencia y el mercado. Los mayores efectos ideolégicos de la religién y la politica se deri. van de las posibilidades que encierra la polisemia inherente a la ubi- cuidad social de la lengua legitima. En una sociedad diferenciada, los nombres llamados comunes, trabajo, familia, madre, amor, reciben en realidad diferentes significaciones, significaciones incluso antag6- nicas, debido a que los miembros de la misma «comunidad lingiiisti- ca» utilizan, mejor o peor, la misma lengua y no varias lenguas dife- rentes —Ia unificacién del mercado linguistico es asi causa de que ca- da vez haya mas significaciones para los mismos signos *. Bakhatine * recuerda que, en las situaciones revolucionarias, las palabras corrien- tes reciben sentidos opuestos. De hecho, no hay palabras neutras: la investigacion, muestra, por ejemplo, que los adjetivos mas corriente- mente utilizados para expresar los gustos suelen revestir sentidos di- ferentes, incluso opuestos, segtin las diferentes clases: la palabra «es- merado» elegida por los pequeitos burgueses, se ve rechazada por los intelectuales para quienes, justamente, utilizar esa palabra resulta pe Quefio burgués, pobre, mezquino. La polisemia del lenguaje religioso y el efecto ideoldgico de unificacién de los contrarios o de negacién de las divisiones que produce sélo se mantiene a costa de las reinter- pretaciones que implican la produccién y recepcién del lenguaje co- miin por locutores que ocupan posiciones diferentes en el espacio so- Cial, locutores, por tanto, con intenciones ¢ intereses diferentes. Su- cede asi que ese lenguaje pueda hablar a todos los grupos y que todos los grupos puedan hablarle, contrariamente a lo que ocurre con el len- Buaje matematico que sélo puede asegurar el cardcter univoco de la palabra grupo controlando estrictamente la homogeneidad del grupo de los matematicos. Las religiones que llamamos wniversales no lo son en el mismo sentido y en las mismas condiciones que la ciencia, EI recurso a un lenguaje neutralizado se impone siempre que se trate de establecer un consenso practico entre agentes 0 grupos de agen- én clettas condiciones de exstenciacapaces de sutrizar una clan sepraday gra tuita con el lenguaje (ver en P. Bourdie ieny J.C. Pasteron, Repport ue com ‘munication, elandlisis delas variaciones spinel orgen soe dele amped tel ot, tro tingistio, ex decir, en qué grado son dominadas Tas diferente, varedeces Hogue. 4 Vendeves, Le langage. Introduction linguistique Hite. P hel, 1950 P. 38 5 Los imperatvos dela produscn,e incluso de la dominacion, no de comunicacin entre as clases 9, {por ciempl, tos inmigrados)'« una eh 4 is, Albin Mi Imponen un mi- or tanto, el acceso de los mis desprovisios sie de minimo vital inguistico, interes tes dotados de nt ane todo dea lucha politica legtima, pero ‘Srementes as interacciones de la vida cotidia~ tambien en Is trancacions oo. en las sonedades colonials 0 vasieacion entre CASES (0, niles 0 tenia nia) representa siempre una situacion crt semicoloniales, 07 Ga, cualguiera que esta sea. En efecto, tiende a a a eae aido mus abiertamente cargado de conno- provocar un reror"cuando se pronuncia Ia palabra campesino ante al tactones socials: “Spandonar el campo, nunca se sabe como esa per- guien que acaba ry, Consideradas asi las cosas, no hay ya palabras sona va 2 ora ecto objetivo de desvelamiento rompe la aparente imogentes, Fete ce corriente. Cada palabra, cada Tocucién puede re- unidad de ere antagonicos segun la manera en que el emisor y estt dos sea tomarla. La ldgica de los automatismos verbales el recepto: 124 fe acompafa a la lengua en su utlizacion corrien- que solani valores y prejuicios apegados a este tréfico, encierra se osrermanente de la «metedura de pata, capaz de volatilizar core ere pate un consenso sensatamente mantenido a costa de preca- Fi eae Comprenderiacabalmente la efcaci simbdlica de los, Jenguajes pollcos 0 religiosos ss a redujera al efecto de malenten- {ids produeidos por individuos totalmente opuestos a reconocerse en el nismo mensaje. La efiacia de los dscursos eultos:procede fnozutacorrespondencia ene la estructura del espacio socal en que se procen campo politic, campo religoso, campo atisticoo cam po'tlosético— y la estructura del campo de las clases sociales en q fe stan los receptores y con relacign ala cual interpreta el mensaje {Ee homologia entre las oposciones constitutivas de os campos espe Gatizados ye campo dels clases sociales origina una anibolona esencial que puede verse especialmente cuando, al difundirse fuera del Campo limitado, los dscursos estéricosexperimentan una especie Uniersalizacion automaticay dejan de ser exclusvamente palabras de domninantes o de dominados en el interior de un campo especifico Para converse en palabras vidas para todos los dominantes 0 to- dos tos dominados. Lo que no obsta para que la cienia deba tomar nota de la autonomia de la lengua, de su l6gica especifica, de sus sla propias de fneionamiento, En particular no se pueden compren- ios electossimbolico del lenguaje sn tener en cuenta el hecho, mil veces atestiguado, de que el Ienguaje es el primer mecarismo for mal cuyas capacidades generativas no tienen limites. No hay nada que no pueda detirse y puede decirse Ia nada. En la lengua, es dei, en Jos limites de la gramaticalidad, se puede enunciar todo. Desde Frege sabemos que ls palabras pueden tener un sentido sin efrirse ana, da. Lo que es tanto camo decir que el rigor formal puede oculta despegue seméntico. Todas las teologias religiosas y todas las teogi- cidn eoertido de Durkheim, presenta cierta afinidad con la filosofia ore aenso de esc autor, atestiguada por lo demds con el corrniente cecpa transferido la palabra cédigo del derecho a la linguistica: el 325 he lene sentido decifra, que rige la lengua eseita, y que se iden cate ia lengua correc en oposiciOn a la lengua hablada (conversa dca a page), considerada implictamente corn inferior, adquie- torgarea de ley ony pet el sistema de ensefanca ", El sistema sen ‘enanza, cuya accidn va ganando en extensién e intensidad a to% oo taruo del siglo XIX", contrbuye sin duda directamente a la evalua Eee de los modos de expresion populares, rechazados al estado de jerea y «jevigonzay (como dicen las anotaciones marginales de los ethos), ya la imposicion del reconocimiento de la lengua leet ta, No obante pane! mas importante ef evalu dfx Ginlectos.y Ta implantacion ‘de Ta nueva erarauia de sos lnguisicos™ corespende sin dua ala reli data entre la cia elmetcado detrabaj 0, mis presament, ent ln unica cin del mercado escolar (y linaistico), vincula st isn con vor nana espn al mens ofiilmente— de as propiedades sociales 0 reionales de Sus porta- ‘ores, y la unificacién del mercado de trabajo (que conlleva, ie elena penta cemteersetteaes nee tea ea fudo on el stbo Reon en bj de eo lo dae a rans dos tapers soieh anata tte Te tor Semple an, apart de 816, desi mh amen i of cializacion de la obligacién escolar, e! nimero de escuelas, dé nifios eolarizados 7, Setanta ee cen ferenesrepiones del slo XIX conpcon a apa fan pie en espn a sigan Teva sab por fiaor Dury on 1860, iban ene eon de ao gar so aban er eb dee pera mad ea 23 otras cosas, el desarrollo de la administraci6n y de los cuerpos de fun- cionarios). Para obtener poseedores de competencias lingtiisticas do- inadas que colaboren ala destruccidn de sus instrumentos de expre- Sién, esforzindose por ejemplo en hablar francés «ante sus hijos» 0 Soran pe naolen frances» en farsa een hese mas o menos explicita de aumentar su valor en el mercado escolar, Fue preciso que el Estado se considerara como el principal medio de acceso, incluso el nico, para puestos administrativos tanto més bus. cados cuanto menor era la industrializacién. Conjuncién que se reali- 26 mas en las comatcas con «dialecto» e «idioma —a excepcion de las regiones del Este— que en las regiones de «patois» de la mitad norte de Francia LA UNIFICACION DEL MERCADO Y LA DOMINACION SIMBOLICA De hecho, no hay que olvidar la contribucién que la intencién po- litica de unificacién (visible también en otros ambitos, como el del derecho) aporta a la fabricacidn de la lengua que los lingiifstas acep- tan como un dato natural ni imputarle toda la responsabilidad de la generalizacién del uso de la lengua dominante —dimensién de la uni ficacin del mercado de bienes simbélicos que acompafia a la unifica- cidn de la economia—- y a la produecién y circulacién culturales, Es. to se ve claramente en él caso del mercado de intercambios matrimo- hiales, donde los productos hasta ese momento condenados a circu. lar en el recinto protegido de los mercados locales, obedeciendo a sus propias leyes de formacion de precios, se devaltian brucamente por la generalizacion de los criterios dominantes de evaluacién y el des- crédito de los «valores campesinos», que implican el hundimiento del valor de los campesinos, frecuentemente condenados al celibato, Vi- sible en todos los terrenos de la préctica (deporte, cancién, vestido, habitat, etc.), el proceso de unificacién y produccién y el proceso de la circulacién de bienes econémicos y culturales implica la obsoles- cencia progresiva del antiguo modo de produccién de los habitus y de sus productos. Asi se comprende, como tantas veces han observa- do los sociolinguistas, que sean las mujeres quienes antes adoptan la lengua o la pronunciacidn leeitima: condenadas a la docilidad respec {0 a los usos sociales dominantes por la divisin del trabajo entre los sexos, y condicionadas por la légica del matrimonio, via principal para ellas, si no exclusiva, del ascenso social, las mujeres estan siempre pre- dispuestas a aceptar —ya desde la escuela— las nuevas exigencias del mercado de bienes simbélicos. . Asi, los efectos de dominacién correlativos a la unificacién del mer- cado solo se eercen a través de un conjunto de instituciones y meca- hismos especificos entre los cuales la politica propiamente linglistica € incluso las intervenciones expresas de los grupos de presidn sélo re- presentan el aspecto mas superficial. Y el hecho de que presupongan 'a unificaci6n politica o econémica que contribuyen de rechazo a te- 24 im absoluto que el progreso de la lengua oficial ha- forrat tario ala eicaia directa de coercionesjurdicas 0 cus Gicas (queen el mejcr de os casos pueden imponer la adquisici, suites uzacion generalizda ni, por tanto, la reproduccin auto ren, toda dominacién simbélica implica una forma de complicidad re no es ni sumisién pasiva a una coercién exterior, ni adhesion li- fea los valores. El recenocimiento de la legitimidad de la lengua ofi- cial no tiene nada que ver con uita creencia expresamente profesada, Ueliberada y revocable, ni con un acto intencional de aceptacién de tuna «norma»; en la préctica, se inscribe en las disposiciones que se inculcan insensiblemente, a través de un largo y lento proceso de ad- quisicin, por medio delas acciones del mercado lingiistico. Dispos Giones que se ajustan, pues, independientemente de todo calulo cii co y de toda coercién conscientemente sentida, a las oportunidades de beneficio material y simbélico que las leyes caracteristicas de for- macién de precios en un cierto mercado brindan objetivamente a los poseedores de un cierto capital lingtifstico ". Lo propio de la dominacién simbdlica consiste precisamente en que, por parte de quien la sufre, implica una actitud que desafia la alternativa corriente de libertad - coercién: las «elecciones» de habi- ius (Por ejemplo, la que consiste en corregir la R en presencia de lo- cutores legitimos) se realizan, inconscientemente y sin ninguna coer- cidn, en virtud de disposiciones que, aunque sean indiscutiblemente producto de determinismos sociales, se constituyen al margen de to- da intencién consciente 0 coaccién. La propensién a reducir la inves- tigacién de las causas a una investigaci6n de las responsabilidades im- pide percibir que la intmidacién, violencia simbélica que se ignora como tal (en 1a medida en que no necesariamente implica un acto de intimidacién), sélo se puede ejercer sobre una persona predispuesta {en su habitus) a sufrirla, en tanto que otros la ignoran. No es ya tan falso decir que la causa de la timidez reside en la relacion entre la si- tuacién o a persona intimidante (que puede negar la conminacion que dirige) y la persona intimidada; mas exactamente, entre las condicio- nes sociales de produccién de ambas. Lo que acaba remitiendo a toda la estructura social. Todo hace suponer que las instrucciones més determinantes para Ja construccién det habitus se transmiten sin pasar por el lenguaje y la conciencia, a través de sugestiones inscritas en los aspectos aparen- temente més insignificantes de las cosas, de las situaciones o de las Précticas de la existencia comin: asi, la modalidad de las prdcticas, Jas maneras de mirar, de comportarse, de guardar silencio e incluso de hablar («miradas desaprobadoras», «tonos» o «aires de reproche, yaque © Lo que significa que las ecostumbreslingistcasy no se pueden modificar por dssretos come silence ot partdaroe de una politica volumarista de cdfensa de la eogua 25 tan rani cargadas de conminaciones. Conminaciones que si resui. adnan ePOderOsasy dificile de revocar, es precisanenes Por ser silen. que ang sidiosas, insistentes e insinuantes (tal oat cédigo secrete que aparece explicitamente durante las erielg caracteristicas de la uni. dad doméstica, de la adolescencia o de ia Pareja: la aparente despro. proces quire la violencia de la rebelicn y las soucae que la suscitan, roca g 3€ ate las acciones o palabras més ancdises se perciben en. fonces en su verdad de conminacién, de intimidacion, de requerimien. tayaig Amonestaciones, de amenazas denuncindee como tales con tan. ciency enela cuanto que continian actuando son alld de la con. que se ences PrOPia revuelta que suscitan), El pan sugestién al nino eee & través de las cosas y de las persone ¥ que diciendo init no to que tiene que hacer, como icy Ordenes, sino lo que es, {ceva a convertirse permanentemente ca cs que tiene que ser, consti. Gus paecotiicién de eficacia de todos los tines ie oder simbélicg Higladan elercerse mas tarde sobre un habeas redispuesto a su- {ttlos. La relacién entre dos personas puede fal que basta con que Frente o igesPetado esfuerzo hacia la correccion, fevae cabo, cons: pron’ © inconscientemente, sobre los aspecion estigmatizados de su Pde su aguiSts de su téxico —con todas las format te eufemismo— indoles cae 18 angustia que les hace «perder ine nervios» neapaciténdoles para «encontrar las palates, como si sibitamente Se vieran desposeidos de su propia lengua SEPARACIONES DISTINTAS ¥ VALOR SOCIAL lentemente lo que es objetivamente te, lativo, y, en este sentido, arbitrario, ee decirel uso dominante, o evi. ‘ar esta forma de fetichismo s6lo para cast sa ly esencial ingenuidad inna of tai edesntegradon gue registra a ences entre Tocutores de e ‘es domingdas es producto de a relacton een 26 sca el fundamento det vom cto. El primes caso e busca funda de rergconocido del lenguaje solo y glnivamente en propiedas YAR de a lengua como ia complejdad de su estructura sagt set comet attegaaier nae Elin arbitrara del uso dominantey sciamentereconocido como eg ion ayo solamente pr los dominantes savas ete ee timo, ym genua no es relativista. a eee lel «cOdigo elaborado» sin relacionar ese producto soci: ac on ie sa vnculalo, como pods seeerans cea eauccon. sociologia y se rr a ss ieee utnitctta eed elegance git odos los micmbrox de una mina cebiaunidon lntistay ny pata iti imposicién de una lengua a unificacién politica y la correlativa imposici6 a ae naire aces dlfieren totalmente de relaciones tedricas (como la re acon entre mou ‘on y sheep sefialada por Saussure para fundamentar lo biraro dl signo) entre lenguas diferentes, habladas or srupospoltisos y 20- nomicamente independientes: todas las practicas ngusticas se val- Tan con arreglo al patrén de las précticas Heltimas, las prctcas de 10s dominantes. Por eso, el valor probable que obje cht care: onda a las producciones ligiisticas de los diferentes peutres, a como la relacién que cada uno de ellos puede mantener on a lengua Get POF tanto, con su propia produccién—, se define des le deat Gel sistema de variables prdcticamente competitivas ue se insiuye Gi Vez que existen las convieciones extralinguifsticas de cor de un mercado lingiiistico lo sib. Asi por ejemplo, as erencias ogists que sparan alos sib ditos de las diferentes regiones dejan de ser partcularism inconmen Sbrables: referidas de hecho al patrén tinico de la lengua «comin», Sen rechazadas al infierno de los repinalsmas, de as cexpresones iciadas y de las faltas de pronunciaciénn que los mac 2 sigan" Reduces a stata de jeg ileal ovulears, in, Prova ambien para as ocasiones is fs uss pap Erg fil experiment une devsuncion tema eae Peiinntes ue no een nada de comin con eat eae nes lingiiisticas pertinentes lingilisticamente. Dicho con otras palabras, las diferencias reveladas Por la confrontacién de las hablas no se re. cena las que linguist constrave en funeonde cee ee de pertinencia: por grande que sea la parte de funcionamiento de la lengua ae ecapa ala vavaciones, en el onlen de oes oe del léxico e incluso de la gramatica, existe todo un conjunto de dife- rencias significativamente asociadas a diferencias sociales que, sin im- Portancia para el lingdista, son pertinentes desde el punto de vista del socilogo puesto que entrant en tm sistema de gpoateene eat Fencias lngaaedeto la relacién que une sistemas estructuradas de difo. rencias lingisticas soclgicamente pertinentesy sistemas lamibuén ns tructurados de diferencias sociales gs usos sociales de la lengua deben su valor propiamente social al hecho de que tales usos tienden a organizarse en stemar de ae Frarguteaisllos, sistemas de diferencias casiicados clasficarnes, pian 1, 2a Y Jerarquizantes, dejan su huella en quienes se los apo: eae adcaastlistica espontanea, provista de un sentido practice de loc CAuivalencias entre ambas érdenes de diferencias, express clave a Giales a través de las clases de indices estilisticos ya's invrs, cuando un lengua hasta entoncesdominada accede l estat de dares 1 aj Ageenta una revelorisacon que ene por sieve Modine ddamente la relacion que sus usta confMitos Hamados linguisticos no son tan iereatistase 28 ite condicionada de realizar con la manera socialmente co de realiar ra ident ural, que presenta ‘antes varedades como cond a en ce dnc wre product Fass SSE en eee oduct rerSente para producir frases suscepti ha en nse pare set reconocidas como de rei en od ls es gnes donde se hale. Una vez ms, la aeepabidad socal no sg en eve cso inicament a pramatcadad. De hecho, se reduce e” ovistos de la competencia legitima quedan exciuidos locutore eos sociales en que éta se exige 0 condenads a seco. feMo'no o>, pus, capaidad de habla, que por esta insert Lo sare mononio bioldgico es universal, ¥, por tanto, ( en el patina rcmmpetencia necearia para hablar la lengua ee connec andr cpanel pres is dances soi ea ica prpiamentesimbdlce de as separacion 1a dionfonstitucién de un mercado lingistco crea las condiciones de 1 alidad objetivaen la cual y por la cual la competencia le ima an a ee ee ean capital lingustico que produce, en cada inter. cionar como capital lingistico a iner- eto on i jin. Como-en parte s jal, un benefiio de distinc be ia voreza de Ios productos (y de las correspondiente competen a), or feactiio no corresponde exclusivamente al costo.de formacién. asciplinas-— gasto fen sobrepasar ampliamente el minimo «téenica- Se ee ena pone Suhel gta ater saremo del costo econémico de la formacién) tiende a val ae Poe SSRs aes te rere tincin, Como muestra Pie: 3 Se fcr pd alga eos de dict, Como muta Pe Ene ‘Teaso de conexiones categorieas, que todos pu servarconstan: tent, cofnprenas as des populates, no hay Tar ara el juego. Cuando as itl entre des neu queda opens, as "i a ENS Sha nis rare) que hacen eit iene dpi nts condi det auc de a caaied Sie cent ingen aang es Rosia: baer en sft ccn que nos iat alec co qv prose na simple maduracion para Fee nat nse ean 29 las précticas, es decir, en la manera de realizar los actos téenicas ¥ poner en practica esa competencia, puede aparecer como indisociable de la lentitud ge Ja adquisicion, puesto que los estudios cortos o acelerados son siempre soe pechosos de dejar sobre sus productos los vestigios de lo hecho a marcha forzadas o los estigmas de la recuperacién del tiempo perdido, Este consume ‘ostentoso de aprendizaje (es decir, de tiempo), aparente derroche téenico que ‘cumple las funciones sociales de Tegitimacion, se incluye en el valor social ‘mente atribuido a una competencia socialmente garantizada (es decir, hoy «cer. tificada» por el sistema escolar). Dado que el beneficio de distincién se debe de hecho a que la oferta de producto (0 de locutores) correspondiente a un determinado nive| de cualificacién lingiistica (0, mas corrientemente, cultural) es infe. F a lo que seria si todos los locutores se beneficarian de iguales con. diciones de adquisicién de la competencia legitima que las que disfru- tan los poseedores de una competencia excepcional, * ese beneficio, se distribuye logicamente en funcién de las posibilidades de acceso a estas condiciones, es decir, en funcién de la posicién ocupada en la estructura social. ‘A pesar de lo que podria parecer, estamos aqui Iejisimos del modelo saus- suriano del homo linguisticus que, al igual que el sujeto eeondmico de la tra- dicion walrasiana, ¢s formalmente libre en sus producciones verbales (libre, Por ejemplo, para decir cen en lugar de tren, como digen lo nifios), pero s6lo puede ser comprendido, s6lo puede intercambiar y comunicar a condicién de ajustarse a las reglas del c6digo comiin. Este mercado, donde la competitivi- ddad pura y perfecta sélo se produce entre agentes tan intercambiables como los productos que estos agentes cambian y como las «situaciones» en que los cambian, y todos sometidos idénticamente al principio de la maximizacin del rendimiento (y al principio, también, de la maximizacién de las utilida- des), esta tan alejado del mercado lingiifstico real como el mercado «puro» lo esté del mercado econémico real, con sus monapolios y oligopolios. Vere ‘mos esto mds claramente en las paginas siguientes, Al propio efecto de la rareza distintiva viene a afladirse el hecho de que, debido a la relacién que une el sistema de diferencias lingiiis- ticas y el sistema de diferencias econémicas y sociales, nos encontra- ‘mos no con un universo relativista de diferencias capaces de relativi zarse mutuamente, sino con un universo jerarquizada de separacio. nes en relacion a una forma de discurso mas o menos universalmente reconocide como legitimo, es decir, como el patrén de valor de los productos lingtisticos. La competencia dominante slo funciona co- ‘mo un capital lingiiistico que asegura un beneficio de distincién en su relacién con las otras competencias en tanto en cuanto se cumplan permanentemente las necesarias condiciones (es decir, la unificacién del mercado y la desigual distribucién de posibilidades de acceso a ® La hipdtesis de ta iguaad de posibilidades de acceso & las condiciones de ad- auisisién de la competencia lingtistica legitima es una simple expermentacion mental ‘que tiene por funcion revelar los efectos estructurales de la desigualda 30 ie produccién de la competer ia ay alos i vm ny rae os rap gue datan oA & ynerla como la unica legitima ihnes emoreau) 96h 1a my ymetidos *- do, como ocurre hoy en san defender un capital linglistico amenaza- rani one conosmiento de ss ents tdosa una lucha total: slo se puede salvar as, etan conden eondicin de salvar el mercado, es decir salar d¢ 18 co ones polticas y sociales de produccién de el conjunto de /25 cor dores. Los defensores del latin 0, en otros con- tos productores co del arabe, suclenactuar como sila lengua de su textos, del francés © fn valor con independencia del mercado, es preferencia tuviers SIF rinsecas (como las cualidades «lgicasy); pe- cir, por sus sintudes “fienden el mercado. Si el puesto que el sistema xo, en 1a Dractie (aa las diferentes lenguas (0 a los diferentes conte- de ensefanzs ser tan importante ello se debe a que eta insttucién nidos cultwraspolio dela. produccién masiva de productores: Hie eae ror consiguent, dela eproduccién del mercado del consi vende el valor social de la competencia lingtistica, su capaci- ae ser funcionar como capital lingistico.. ania [EL CAMPO LITERARIO Y LA LUCHA POR LA AUTORIDAD LINGUISTICA Asi, através de la estructura del campo lingtistico como sistema de celaciones de fuerza propiamente linguistics fundadas en Ia des\- gual cistribucion del capital lingbtstico (o, ise prefiee, en as pos Eilidades de incorporar los recursos lingisticos objetivados), 1a ts teyetura del espacio dels silos express reproduce orden ructura de las diferencias que objetivamente separ: Cones de nsteni. Para comprenderatalmentelacsractrade ste campo, y en especial la existencia, dentro del campo de produccién Fingustiga, de un subeampo de produccin rstringido cuyas propie- dages fundamentales se eriginan en el hecho de au los productores producen ali priortariamente para otros productores, hay que dis: {inguirel capital necesario para la simple produccién de wi 21 Las situaciones en que las producciones lingilisticas guedan capresamenie sor story ee aha cp he ier ite cttye pene yi 31 Ton (que ac senos lestima y el capital de instrumentos de en sion (auc suponen la apropiacién de los recursos deposiiadae objet, yamente en las bibliotecas, los libros, y en especial Ine «clasicos», | Bramiéticas y los diccionarios) necesatio para la produces un dis, duceidn de instance St Publicado, es decir, oficilizado, Estaye ucei6n de instrumentos de produccién tales core ine figuras grama, estilos legit ia.de expresion legtimo, puede asegurar la permanenn dela lengua {Geitima y de su valor, es decir, del econosiinienea que se le concede Ua de las propiedades genéricas de los campos consiste en que la lu cha Por ese monopolio especifico disimula le echerae objetiva res- Muang erineipios del juego: y, més concretamente, eocgs conti- natidos, pero no solamente entre ellos, la adhesion ae faeee y de sus apuesias que define el reconoeimionas de fa legiti mad. ¢Queé sucederia, en efecto, con la vide Herne gs se llegara i disputar no sobre lo que vale el estilo de tal end autor, sino sobre to aue valen las disputas sobre el estilo? Cuando ang comienza a pre- £0. Por ono iteg0 vale lo que que en él se apuesta es el ina jue- 80: or st propia existencia, las luchas que oporen's woe escritores ications, dear, de escribir legitimo contribuyen a products [5 Tengua legitima, definida por a distancia que la separa die Tengua «comin», ¥ la creencia en su legitimidad. No se trata del poder simbdlico que los escritor 0s puedan ejercer sobre la lengua a dad mucho més limitado que el que plo, imponiendo una nueva definicion {tansformar la wsituacion del mercado»), coma ict toda bilsqueda intencional dela dstinaon oe roduccién, Tectiva que se region de una lengua dstntaydistintva, Eno ogee [etx Que se realiza através de las chat poral con et jus et norma {Gavendi del que hablaba Horacio, ls esertoress a ie ‘menos auto- dea ete® que contar con los gramaticos detemenkns ‘monopolio ieeinnsatsa8actn y de Ia canonivacin de ls essing eserituras ziimas, que contribuyen ala construcion de i one legitima seleccio. sagradornt 108 Productos ofrecids, los queen su consign oe ser con. “erados cincorporados ala competencialesitina fer a merges escolar 32 eS, sramaticos 0 pedago- Uitwlo individual, que es con toda segust siendoles Pa ate maleablesy, deena forma, tacimentereprogi: ‘Stfacerles conscien \eden encontrar aliados entre los escrit a aces BrAMAticos, qUE PU tos see ‘Mee ee Oy Fla nSoaos te tain agus gos dears lars lan jen recip On rol indirecto, como el mercado esc« Pit Sonoita dln Las varigvire las autoridades que continuamente se en frentan en el campo {es; no Pec historieas, imponen a los protagonistas el curso a las mismas ees fle tines nay eum cca siete eng cence es ters ae fo ir, el «sentido de la lengua» que confiere ocimiento de Jos tise de crazSan 9 de weston consiaivos dee samc. En aan Pie cerivores, cuy yretensiones se afirman sobre odo con el romant iPad Teer ga os imabeathemenelos jidos en las luchas li- Ce ninguno de los actores comprometi ant ls habs populares. Lo que no mpide que al desposesion ext rela Safire ats aa: ‘nes de clases y en las luchas que les oponen ene imbito de ti a lengua. YY que se relaciona también con la existencia de ur stitucion come pation “2 Melon sta el infinito las citas de escritores o Br - fe ee alas ‘s\campo engues en 180 particular, se producen, nos limitaremos remit sosethehteianear ah nae aes rane. Cae is inden tee iol te Bp a bistica del noruego tal como lo describe Haugen permite observ na dvs 2 Nicard UnvatyPrav 16 re taco PP. 396 sien). 33, plicita que contrapesa los efectos de las leyes d in gran medida a i eds evolu i seen gran medida a constituir como tales ls usos dommagee lengua consagrando el uso dominante como unico eae existencia de una lengua lit craria, seria olvid i aventuran en el ca i ibuven na aventura sven iteraro Sélo contribuyen ala domingiene Dil en a c los efectos de su posicion en exe ea! "ests que €50 posicién les induce a perce Cs oH ir ocultan sien comuness crema con relacién a los usos mas frecuentes, 720, con relacin al uso mis entendide: gece «selecto», «noble, «selecton, «noble», «elevadon, «tet Contiene una eer ClevAdo>, ereinadon, «preclaron adi gontiene ria negativa (las propi para desgnar. doo, areata leneuaie «comin, «conenten, condineas ena dad alin 0, ncuso, «popular, aerudo, ren te limattass 0 ajccen a vulear>, sin hablar deo innominable see dees nc ARR, Bb» 0 segonsay Lan ope areal a as ul ndra esta serie, oposic las ua legtima, se organiza odevsta de lode minanentt#leetima, se organizan desde el punto dea Ss, pusde reduce dose opin ees ese dc on entre «distinguido» mal», ¥ la oposiion entre stgureee oo tay et deri la cconomia ia también, pero determinada 4 los binessimbdicos; come peat coetlones expecta de impr 34 mente preparadas para este fin ya [os locutores sin- ciate rrucoss ue ijn ¥codiican el us le fe imponen e inculean por innumerables ac- Fino y de Sus ee esta materia como en otras, el sistema esco- 8 cores ia necesidadl de sus propios servicios y de sus pro- 2 roe gu propio trabajo y de sus propos instrumentos pos productos; {fava perdurabilidad en el siempo (y en el e5- de corression a leitima Se debe al hecho de estar siempre protegi- cio) a propension aun economia de esfuerzo y de rigor que da frente Smplificacion analogica (por ejemplo, eabo por quepo o induce jo pot contradicho). Més ain, la expresidn correcta, es contradesieC sa, debe sux propiedades sociales esenciales al hecho de deci or pueda produce por locutore que poseen el dominio prac sae Dreplascultas,explicitamente consttuidas por un trabajo co deacon y expresamente inculcadas por un trabajo pedagéai- de coats en efecto, la paradoja de toda pedagogia insttucionaliza- ra cola es instituir como esquemas prdcticos reglas que el trabajo da: sy Mematicos recoge de la prdctica de los profesionales dela ex- dees esrita (del pasado) mediante una labor de explcitacin y co- presen retrospectiva. El «buen uso» es producto de una compe- (aise que constituye una gramdtica incorporada, tomando expresa- ‘Sonte la palabra gramética (y no técitamente como entre los lingtis- tay) en su verdadero sentido de sistema de reglas cultas, derivadas delex post del discurso efectuado e insituidas como normas impera- tivas del disourso a efectuar. De donde se deduce que s6lo puede dar- se eabalmente razén de las propiedades y de los efectos sociales de ia lengua legtima a condicign de tener en cuenta no s6lo las condicio- nes sociales de produccin de la lengua literaria y de su gramtica si- in las condiciones sociales de imposicion e inculeacién de ese mn y de valoracién de la nes ese situcio ra través gular de sus MaestTOS, no tamt cédigo culto como principio de produce palabra®. 2 Etre los errores que acarea la utilizacién de conceptas como los de waparato» ‘ode wideologia,euyo ingénuo finalismo se eleva ala segunda potencia con los «apara- tos deologicos de Estadon, no es el menor el desconocimiento de la economia de las Institusionss de produceiot de Dienesculturales basta con pensar, por empl es Ia Inductria cultural orientada hacia la producciGn de servicios y de instrumentos de co- rMescidn lingistic (entte otro, la edicin de manuales,gramticas, dccionaros,«gulas de correspondencian, acompendios de discursos modelos», libros para nis, e.. ¥ los millares de agentes de sevores publico o privado cuyos ms vitales intreses mate Fines ysimbéligos se inverter en el juego de competencia que les arrastra a contribu or ahadidura, 9 frecuentemnente a su costa, @ la defensae ilustracin de la lengua legitima, 33 Hay otra propiedad de la lengua leitima debida a ls condiciones sociales de produecign y de reproducsi: [a autonomia con relaciOn a la funciones précticas ©, ‘ds concretamente a relaccn nevtraizada y neutalizant con la esituacion», con et ‘objeto del discuso o e interlocutor, impliciamente exigida en todas las ocasones et Tas que se apela por su solerinidad a un vso controlado y tenso de la lengua. El uso hablado de fa «lengua escrta» solo se adquiere en condiciones en que objetivamente ‘ie uso se inscribe en la situacin en forma de liberiades, facades y, sobre todo, 35 Dado que ; sine ence ima ann ee wale les eran cae atimarqueiecomm elt mensiones del capital caer anes depend, Jos titulos social ade a cscs tings = les i Tengu log ltles¥ de la trayectoria social te Puede adquirirs Ede une expec eee guise por la fami insmisiOn del c: ira. ida de la lengua legit win en 3s, Tos pan es decir, a diferes mas de combo i ‘ presi s de modos de . es formas de combinseionenttelosdos soe ee e los Principal itima, la familia y el ‘ie er re, como ne ela gue een touaene 36 que burgusia» espesiaimente su tendencia a Niet: cas dl peuee Gr particlarmente tipica de una buena voluniad cei, xe neon de rin, ak attra ate ee el principal factor de cambio linguistico, eso saree erenciageneradora de tension y de pretensiGn, Eire SE pro yelrevnocimisnt, entre as aspraciones los enrol cone cela, alcrvan st grado maximo en las fegiones n- medias Je saa eo social. Esta pretension, reconocimiento de la reeling Sens wanna exo esuerz min par nears sora sinsén 6, produce el campo de competenci una presién paandve 0 Gue sho puede sussitar nuevas etrategas de stincion pean dodores de as mares socakmente dstinvas qe fe ent os Pg stings a hipercorecidn peso Durguesa que conose close isturrentos de coreztin de acuerdo con fs busca Prados abitos del us legitimo, académica, graméticos, i oa ge define como reacion subjetivay objetva con Ia «tle sroleoy poplar ¥ con a wdstincion> burguesa. De suerte ue con, garidady ro ete esfuerzo de asimilacion (con las clases burguesas) touchy Tempo que de disimilacion (con relaci6n alas eases popu: atta a cambio lingcitico es simplemente mas visible que as aes eg de disimilacin que suscita de rechazo por parte de los po- sarge una competencia mds escasa. El evitar consciente 0 see elas mareas mas vsbles de la tensin y de la rigidezlingis- conse etes pequehos burgueses (por ejemplo, la tilizacion de for- tic ona da imagen de «viejo maestron) puede inducir a los Far edge ointelectuales hava la hipocorrecciSn controlada que as0- aang eneion linguistic la soberana ignorancia de ls regs pun- Slice nla exhibieion de desenvoltura en Ios més peligrosos [aloes 3, [Producir la rigidez ahi donde el comiin de las gentes ce- Tree sitension, ta facilicad ahi donde se muestra el esfuerzo y I decenvoltura en la tensidn 25 10 que consttuye Ia diferencia con las formas pequefio-burguesas 0 populares de rigidez y de desenvoltura, Sire tanta strategis -frecuentemente inconscientes— de distincion Que dan lugar @ infinitas pujas, con incesantes vuelcos a favor 0 en SMhura hevios para desalentar Ia bisqueda de propiedades no relacio- hales de los estilos inguistcos. [Asi, para dar razén de la nueva forma de hablar de fos intelectuales, un poco vaellante, incluso titubeante,interrogativa («,n0?») y entrecortado, que 3 No es, pues, una easualided, como observa Troubetzkoy el hecho de que, sla artgulncbe indelenten constituya tuna de fas formas més universaimente observades de carsetervar I dstincion (N.S. Troubetzkoy, Prinipes de phonologe, Paris, Kine tsisck 1957, P22) En realidad, como Pierre Encrevé me ha hecho observat,¢ el sash ic eatatézico dela tension solo excepeionalmenteafecta al nivel fonético, As Haisiance falsamente egada ccntinia sebalandoseen la pronunciacion. V yas s2 Uo tao los efectos que los esctitores —Raymond Queneau, por ejemplo han pod {do catrar de uso sistematio de semejantes desnivelaciones entre los diferentes aspec tos del discurs, 37 pentegnte: Por una parte, el antiguo uso profesoral fa forma mixta entre la tensidn y la desesueh la nueva pequena burguesia, ‘efinada inmediatamente devaluada per eat <1 constituye ta marca de la pequena burg El hecho de que estas practicas distintivas S6lo puedan compren, detse en relacién al universo de las prac ue haya que buscar su origen en un dese . odo permite suponer que tales préctions arraigan en un sentido em, Pde ogy Se8862 de marcas distintivas (netics © de otro tipo) 3 de su evolucion en el tiempo: las palata ‘ue se divulgan pierden pode discriminante y tienden por esters oo ercibidas como in, Lwinsecamente triviales, comunes, por lo. tanto faciles 0 gastadas, puesto due la difusién esta ligada al tiempo. Sin duda, el origen de los desi orgntos inconscientes hacia rasgos estilisticns Que dan mas «clase © hacia usos mas raros de raseos divulgados, hay que verlo en la eo. rrelativa Iaxitud de la expresion tepetiia asociada al sentido de la iach las diferencias distintivas son causa activa del incesante mo- (por ung Aue destinado a anularlas,tiende de hecho’ reproducirlas {Por -una paradoja que slo sorprende cusses se ignora que la cons. fancia puede suponer el cambio), Las estrategias de asimilacién y de disimilacin que originan los cambios de hee diferentes usos de la len- Fentes wagamenteafectan a la estructura de distibaesoe de esos dife- (los iS8 ¥ al mismo tiempo, al sistema ce diferencias distintivas tego NOtor del cambio no es otro que el conjures del campo lingiiis- dae mis concretamente, ef conjunts de Ie acciones y reacciones petiavae gendran continuamente en el universe dei relaciones com- Fesitivas del campo, el centro de este moviniear erfecto esta en to- as partes y en ninguna, ante la gran desesperanza de quienes, ence. {fatgs En una filosofia dela uitusion fundade se imagen de la «man. cha de aceite» (segin el demasiado famors modelo del two-step flow) 2.84) schorteon (trickle-down), se obstinene situar el principio del Saneio en un lugar determinado del camne lingitistico. Lo que se des- Gribe como un fendmeno de difusin nee ‘mis,que el proceso resul: de inna Situacién competitiva que conduce seg agente, a través ic innumerables estrategias de astmilacen ¥ de disimilacion (con re. faci6n a los que est situados antes y denn a élen el espacio social jon el tiempo), a cambiar constantemente de Propiedades sustancia- les (pronunciaciones, léxicos, giros intdcticos, etc.) conservando, por 'a competencia misma, la diferencia que Ig origina. Esta constancia 38 itima es Ja lengua legitima e de los usos de de las estra- valores sodas de los usos de Tens de eniendo en cuenta que I Topica y 1s fines de estructu structure seniendo Crcara estan dirs spe eaiza, Alno it mds ims situacion en ell de quien tos reafiza. Al no it ms tei gues de I SILEEIO ones sista» no puede descubrit ae eae se interaccionsta agentes dependen es- ha de tas Visible sticas de los cis de dbo del ap strates posicion en la estructura wés de la estructura de las ae i ente de SU Fal linguistico que, aaa ende au ver de fa te Un elena cer, depends ver de portunidaes d relaciones de clase. Asimismo, oo os cam ira de Las jnismos Pro “eign de la estruct estrus cOnOCET es a guar la reproducsion de es acion thos de super is cotencia rara, ¥, por tanto, distintiva, dean diere esion de una come ssociada ‘ met fe sikh owen amd sone | aa CAPITULO I] LA FORMA .CION DE ERECIOS Y LA PREVis, ntendidas a la ver como capacidad de produccién y capacidad IEF} I ores entendiny de apreciacidn o, en otras palabras, como la capaci- TClOs FON np Saproriacion AF rents agentes que actin en el intereambio para “«Quizés de areiene ue tues jad au ene" eros de apreciacion ms favorabls a sus productos. 40, la calm imponet 10s oir se determina s6lo desde el punto de vista Lingisti- .: mite al interloeu xa cares ie la elacion entre las competencias Iingistcas “ave también para ha co. Cette ai packdades ce produccién socialmente clasiticadas ca- 4 pesar de los gr ental ides de production lingbstica también socialmente cla- ule le exponta tacteig yeh canto que sapacidades de apropiacion y de aprecia- Se Fond sien gn mereados,asimismo socialmente clasificados conte. " 1o— en una gi clone Sdeterminar la ley de formacién de precios que se impone para : uve So particular. En cualquier caso, la telacion de fuerza lings un atta excusivamente determinada por las fuerza lingisticas ti Mencia. A través de las lenguas habladas, los locutores que las 4 comunicaci idlan y los grupos definidos por la posesiOn de la correspondiente la en la transeri icpcion ent batipetencia, es (oda la estructura social lo que est presente en cada commaccion (J, asi, en el discurso). Esto es lo que justamente ignora, in'Sscripeidn interaccionista que trata la interaccién como un impe- Ho en un imperio, olvidando que la forma particular que reviste lo fue ocurre entre dos personas —entre una patrona y su doméstica, Si ratandose de una situacién colonial, entre un franc6fono o un ara- éfono o incluso, en una situacién post-colonial, entre dos miembros de la nacién antiguamente colonizada, arabéfono el uno, francéfono pcionalmente) 0 Son también sey STotro- se debe a la relacién objetiva entre las lenguas 0 los corres- apreciados y signos de aenonidi ( Sondientesusos,es decir, ala relacion objetiva entre los grupos que os. Independientemente de ao, Pabtan esas lenguas. Paramostrar hasta qué punto ese esmero en vol~ 10 t80s Posticos— del lenguaje, en ny iteeatios ver a'las cosas mismas» y ceirse al maximo a «la realidad> que sue- {lengua funcione séio coma suce 2 Vide ordinari especialmente de Ie inspirar la intencién «microsociol6gican, puede conducir a la fuga tisqueda de la maximizarion ie anstrumento ees Muy raro que pura y simple de lo «real», algo que no se entrega a la intuicién inme- Cepcionaimente eel ni te ensimiento informa so Biata en cuanto que reside en estructuras transcendentes a la interac- Puramente instrumey de la produccion linger oo ccidn de que estas estructuras informan, no hay mejor ejemplo que el tradieeion con imental del lenguaje que inglistica i con la buisqu tie ue implica suctew Y el uso de las estrategias de condescendencia. Asi, a propésito del alcalde de bea, Si esto es ash earns eu Inconscicnte, del beeen oo Pau, que durante una ceremonia en honor de un poeta bearnés se di 2 inaunds de la informacion declarade Me? Si™ rigié al publico en bearnés, un periddico en lengua francesa publica- ‘ablemente una informactee 2 Practica do en Bearn (provincia del sur de Francia) escribe: «Este detalle con- iacién sobre la ma movié mucho a los asistentes» !. Para que tal asistencia compuesta ci 1 La eelebractn oficial del centenario del nacimiento de un poeta de lengua beat octal “ ° Yuna eficacia ssa, Simin aay ca br ong, oa ar pre emia ai ‘APITAl . i Yorma como ce los tetas por literatura francesa cea una situacin ings L, MERCADO Y PRECIO Complctanen insoita, No soaments ls guardanestitulados del bearnés, sno tan Los discursos 54 biznes propas autoridades adminstraivastansereden Ia rela no escrita sepia Ia un mora tt308 6l0 cobran su valor (y ll acs ea. gr an ean ae, sae od chose 2de, earacterizado por una eo poe semtido) 5 ios oficiales Devaht a sbservacion del petioaista (que sin dda expresaba muy fick ose val dele a PO Una partiulan ee asin con tos ofiles, De a oral a iervencion sas sesla correspond de (0 tablece coneretanescut80 depend dela relacion fo ormacin de pre- {as Tones alprctect de fos Prineos Atlntices, M. Monfrai, que dirgindose ala Fe entre las comperen ne ion Ae fuerzas que se e {Sisionca en un excelente bert (..). M. Labar‘ere(alcace de Po) respondid a Mile « cas lingdisticas dese Se ‘Bamazou-Betbeder, presidente dela csvela, en un bearnés de calidad, Esta atencion los locu- dest mucho ls astenen que aplaiolargamente (La République des Pyrénées, 9 de septiembre de 1974). 4 de gemtescuya ten 4 ‘a lengua materna es e| pearnés sient odor detalley él hecho de que un acalde beart amnés, es preciso que recov jtam: oo ea tacilamentene Gita een eco tapos ome Sas no sera SUCKS ds situacons ofa, a see on ret Penefctarse de 1a reac de hee &¢ con 788 obicin entre las lenguas a due en la practica se enfrer ir do, si el francés, esta sae entenian fea mba mente esa relacion, es ta como un «con, entre sus propiedades toy Bor todos eaceaaes Sociales) es bastante conoeigen ? especie Parfcular Por quienes estan presentes, iajeraand ta "7 la interacion) para que la negacion simbélicg 2 a (la que consiste, Por ¢j lo, en me ur vit de negacton et 10 beneticis vinculados ella ye MPIO) per neeacion completamente simbo sta Jerarquia, empezand a letamente simbdlica de o ia, emp . , lo io, un francés «de calidad). dad», alabado cor idriz aoa dria ningtin valor'y resultari i situacion ofial hoe, 19 dems, sociolggicamente ingens en us ca haba de OF Un campesind omo el qe: ets haber oben ; a pensado en ser alcaide de su ciudad a rie se suber ieuer® de votos, deeia (en francés) ant sabia hablar» (se lar» (se subentiende ef francés), e0 nombre de una m0 tal, no tendria ningin Valor, No te «a falta de otra cosan Las relaciones de nes de fuerzas que aparecen en el mercado lingitistico ines se dirija a ella" variaciones determisan las variaciones del precio que un mis- y cuyee urso puede recibir en diferentes mercados se manifiestan y rea. mm Sct oe cevtos agentes no can encondieene de he lizat troductos lingisticos ofrecidos, por ellos mismos o por los de- 10S fos eriterios de apreciacién mas favorables para sus propios pro imitios Este efecto de impasicion de legitimidad es tanto mayor — 32-8, nuit, 1982, P. Peat es emenca performatis Pais, B.D. © F. Recanai, op. cif P. 195. a del insulto. Cualquiera puede gritar en la plaza publica: «decreto la movilizacién general». Como, al faltar la autoridad requerida, westas palabras no pueden ser acfo, no son més que palabras; se reducen a un clamor inane, infantil o demente’». El ejercicio légico que eon- siste en disociar el acto de palabra de las condiciones de su efectua cién pone de manifiesto, por los absurdos que esta abstraccién per. mite concebir, que el enunciado performativo como acto de institu ci6n s6lo puede existir socio-logicamente con independencia de la ins- titucién que le confiere su razén de ser y que, si a pesar de todo se produjera, socialmente estaria desprovisto de sentido*. Puesto que lun orden o incluso una consigna, sélo puede ser a favor del orden de las cosas y puesto que su realizacién depende de todas las relacio- nes de orden que definen el orden social, como he dicho antes, habria que estar loco para concebir y preferir una orden cuyas condiciones de felicidad no se cumplan. Las condiciones de felicidad anticipadas contribuyen a determinar el enunciado y permiten pensarlo y vivirlo como razonable o realista. Sélo un imposible soldado (o un lingiiista puro») puede concebir como posible el dar una orden a su capitan. El enunciado performativo encierra «una pretensién exhibida en po- seer tal 0 cual poder», pretensién més 0 menos reconocida, ¥, por fanto, mas o menos sancionada socialmente. Esta pretensi6n de ac- tuar sobre el mundo social a través de las palabras, es decir, mdgica- ‘mente, resulta més 0 menos insensato 0 razonable segiin esté mas 0 ‘menos fundada en la objetividad de ese mundo social ": asf, el insul- to (atu no eres mas qye un profesor») que, por no ser autorizado, puede volverse contra su propio autor, y el nombramiento oficial («yo le nombro profesor»), investido con toda la autoridad del grupo y ca- paz de instituir una identidad legitima, —es decir, universalmente Teconocida—, pueden oponerse como dos actos de nominacién magi ca muy desigualmente garantizados socialmente. El limite hacia el que tiende el enunciado performativo es el acto juridico que, cuando es Pronunciado por quien esté habilitado para ello en forma, es de- 2 E. Benveniste, Problémes de lingistique générale, Pats, Gallimard, 1966, P.273 § Entre los linguistas, Alain Berremdonncr es seguramente quien mejor reeonoce ¢nexo entre lo performativo yo social, o to ye llama sla instituiony, e dest, sa existencia de un poder normativo que somete alos individuos a certs précticas, $0 «pena de sancionesm: was pues, la sustitucion de un decir por un hacer solo pucde set practicable si existe en otra parce alguna garantia de que la cmunciacion-sats sera. en cualquier caso seguida de un efecto» A. Berrendonnct, Elemenis de pragmarigue Uinguistique, Patis, Ed. de Minuit, 1981, p. 9). £0. Ducro, willocutorio y performativon Linguistique et sémialogie, 4.1977, pp 1758 '© Insulto, bendicién, maldicién, todos los actos de nomingcién soa, propiamente hablando, profecias ue pretenden producir ss propia verificacion: en tanto que snc Fe una pretensin mas o menos fundada socialmenteaejercer un acto migice de nat tucign capes de crear una nueva realidad, el enunciado performative realiza en el pre sente de las palabras un efecto futuro "eos actos de autoridad son en primer lugar y siempre enunciaciones prefer 5 por aquellos a quienes pertenece el derecho de ennciarlos»(E. Benveniste bid) 48 te que actia en nombre de todo el grupo, puede susti- eaeeeiso unk deci al que seguiré un efecto: el Juez puede con- tito Bae decir «yo Te condeno» porque existe un conjunto de agen- tentarse rjciones que garantizan la ejecucin de su sentencia. La bis- tes ciel principio propiamente linglistico de la «fuerza» ilocucio- queda discurso es sustituida por la biisqueda propiamente sociol6- naria tas condiciones en que tn agente singular puede aparecer in- sicd io, y con él su palabra, de una fuerza tal. El verdadero principio seesyasia de los enunciados performativos reside en el misterio del de me decir, el miniterio de la delegacin, Una delegacion a rade la cual un agente singular, rey, sacerdote, portavoz, recibe trav ndato para hablar y actuar en nombre del grupo, constituido itn ly por é1'%; mas precisamente, en las condiciones sociales de iguasetucion dl minstetio que encarna at mandatarolegtimo, me- amen el grupo y él mismo, en tanto que agente capaz de atuar Jor las palabras sobre el mundo soa. Lo qu leva cabo, entre o Formas, proporcondndoe snes cisignis destinados a recordar que no actia personalmente en su nombre ni con su propia autorida cit, Por x smblco in una simbtca del poder sabe sin- sug ete hen ne ae Gc anigrne Coon una manta Xn plblion, por eso na ofcalizacin de ona de dlegacin: o a- city ag eh gen eo a masa ee aunt feat eso min gu y mposta sn en nan afm cos sparncas™ eps. La compe do de tenn ai afar nics dearanoo fn cocina planes ge na elas pan feseconc dela competenia cra etl ages alate apse or pata, Caer sede tcontmaqu ce nescence Fae ide de Sasa on alo al cule eng en Cee saponer a sepreentacion de propia importa , s6lo puede registrar en sus éntrevistas o un francés muy corregido o el silencio. ¥ sila utilizaciOn del bearnés es capaz indudablemen- te de aliviar la tensién del mercado, lo quiera él 0 no, sigue siendo una estra- tegia de condeseendencia propia para crear una situacién no menos artificial aque la relacién inicial El conocimiento y reconocimiento pricticos de las kyes inmanen- tes de un mercado y de las sanciones en que esas leyes se manifiestan, determinan las modificaciones estratégicas del discurso, trdtese del es- fuerzo por «corregir una pronunciacién devaluada» en presencia de representantes de la pronunciacién legitima —normalmente suelen ser correcciones que tienden a valorizar la produccién lingiistica por una movilizacién més intensa de los recursos disponibles— 0, a la inver- sa, de la tendencia a recurrir a una sintaxis menos compleja, a ese po de frases mas cortas observadas por los socidlogos en los adultos cuando se dirigen a ninos. En algin modo, los discursos son siempre eufemismos inspirados en la preocupacién por el «bien decir», por el chablar como es debido» como si se tratara de fabricar productos de acuerdo con las exigencias de un determinado mercado, de forma- ciones de compromiso, resultado de una transaccién entre el interés cexpresivo (lo que hay que decir) y la censura inherente a las particula- res relaciones de produccidn linguistica —tratese de la estructura de interaccin lingiifstica o de la estructura de un campo especializado— impuesta a un locutor dotado de una cierta competencia social, es de- cir, de un poder simbélico mas 0 menos importante sobre esas rela- ciones de fuerzas simbélicas ”. . 5 ‘Se puede ast clasifcar como eutemismos todos los tipos de dob sentido, parti- cgularmente frecuentes en ldiscursoreliioso, que peraten dir la censura nombrando Joinombrable en forma tal que no se le nombra (ver, mas adelante, en la tereera parte, capitulo 1, censura y formalizacin),y todas las formas también de la iron que, ne 52 ‘Asi, las variaciones de la forma del discurso, y mas concretamen- eel grado en que esa forma aparece controlada, vigilada o refinada, dependen, por una parte, de la tension objetiva del mercado, es de- tir, del grado de oficialidad de la situacién y —en el caso de una {fnteraccién— de la amplitud de la distancia social (en la estructura de la distribucidn del capital lingtifstico y de las demas especies de ca- pital) entre el emisor y el receptor, 0 sus grupos de pertenencia; y, por otra, de la «sensibilidad» del locutor a esta tensién y a la censura que implica, y de la aptitud, estrechamente vinculada a ese locutor, para responder a un alto grado de tensién con una expresién fuerte- fente controlada, y, por tanto, fuertemente eufemistica. En otras pa- Iabras: la forma y contenido del discurso dependen de la relacién en- tre un habitus (cl mismo producto de las sanciones de un mercado ‘aun nivel determinado de tensién) y un mercado definido por un ni- vel de tensién més o menos elevado, definido, pues, por el grado de rigor de las sanciones que inflinge a quienes carecen de esa «correc cidn» y de la «formalizacién» que implica el uso oficial (formal). Asi, por ejemplo, dificilmente podrian comprenderse las variaciones esti- listicas si no es relaciondndolas con las variaciones de la tensidn del mercado. Bally ofrece una buena muestra de esas vatiaciones con esta serie de expresiones aparentemente intercambiables, puesto que todas se orientan hacia el mismo resultado practico: «;Venga!», {Quire venir!», «{No quiere usted venir?», «gVendra usted, no?>», ‘«jDigame que vendrél», «2Y si viniera usted?», «jDeberia usted ve- nir!», «;Venga aquil, «Aqui» y a las cuales podrian aftadirse «2 Vie- ne usted?» «j«eVendra usted!», «Haga el favor de venir!» «Concé- dame el honor de venir...», «Sea amable, venga...., «jLe rego que venga!», «;Venga se lo ruego!», «Espero que venga usted...», «Cuento con usted», y asi hasta el infinito. Estas formulas, tedricamente equi- valentes, no lo son: en la practica, cada una de ellas, cuando se em- plea expresamente, realiza la forma éptima del compromiso entre la intencidn expresiva —en este caso la insistencia, que puede aparecer como una intrusién abusiva 0 como una inadmisible presign— y la censura inherente a una relacién social més 0 menos disimétrica, sa- ‘cando al maximo partido de los recursos disponibles, estén estos ya objetivados y codificados, como en las férmulas de educacién, 0 lo estén sélo virtualmente, Fs oda la insistencia que «uno puede permi- tirsen, a condicion de «guardar las formas». Alli donde el «concéda- me el honor de venir» convenga, sustituiré al «jdebe usted venir!», excesivamente desenvuelto, y al «ZQuiere usted venir?» realmente agroseton. En el formalismo social, como en el formalismo mégico, en cada caso s6lo hay una férmula que «actiian. Y toda la labor de fando lo enunciado por el modo de enunciacin, producen casi un efesto de doble sen fido—y con doble juego, que permite escapar alas sanciones de un campo (respecto ‘la iniencidn defensiva dela iroma, puede verse A. Berrendonner, Elémenis de prax- ‘matigue lingustique, Paris, Ed, de Minuit, 1981, sobre todo pp. 238-239). WC. H. Bally, Le langage eta vie, Ginebra, Droz, 1965, p. 21. 33 la cortesia se encamina a aproximarse lo mas posible a la fSrmula per- fecta que se impondria inmediatamente si se tuviera un perfecto do. minio de la situacién del mercado. La forma, y la informacion que Ja forma informa, condensan y simbolizan toda la estructura de la realizacion social a la que deben su existencia y su eficiencia (la famo- sa ilocutionary force) lo que se llama tacto consiste en el arte de captar la posicidn relativa del emisor y del receptor en la jerarquia de las di- ferentes especies de capital, pero también del sexo y de la edad, y de los limites inscritos en esta relacién. Limites que, si llega el caso, se transgrediran, gracias al trabajo de eufemizacin. Eufemizacion que no existe en los casos de «Aqui», «Venga» o «Venga aqui, mientras que la atenuacién de la coercién aparece més sefialada en el «Haga- me el favor de venir». La forma empleada para neutralizar la «inco- rreccién» puede ser bien la interrogacién simple («;Quiere usted ve- nir?>) 0 la reforzada por la negacién («No quiere usted venir?»), que reconoce al interlocutor la posibilidad de la negativa, o bien una f6r- mula de insistencia que se niega declarando la posibilidad de negativa y el valor reconocido a la aceptacién y que puede revestir una forma familiar, apropiada entre iguales («Se amable venga»), «almibaraday (cHagame el favor de venir») ¢ incluso obsequiosa («Concédame el honor de venir). O, en fin, una interrogacién metalingiifstica respecto a la legitimidad misma del asunto («;Puedo pedirle que venga?» «zPuedo permitirme pedirle que venga?»). Lo que el sentido social descubre en una forma que constituye una especie de expresion simbélica que todos los rasgos socioldgicos per- tinentes de la situacién del mercado, es también lo que orienta la pro- duccién del discurso, es decir, el conjunto de caracteristicas de la re- lacién social entre los interlocutores y las capacidades expresivas que el locutor pudiera invertir en el trabajo de eufemizacién. La interde- pendencia entre la forma lingifstica y la estructura de la relacién so- cial en la cual y por la cual esa forma se produce aparece claramente cen las oscilaciones entre el usted y el ti. Estas se producen a veces cuando la estructura objetiva de la relacién entre los locutores (por ejemplo, la desigualdad de edad y de status social) entra en contflicto con la antigiedad, y la continuidad, por tanto con la intimidad y fa miliaridad de la interaccién: parece entonces como si el nuevo ajuste del modo de expresion con la relacién social se buscara a través de lapsus espontineos o calculados y de progresivos deslizamientos que suelen concluir por una especie de contrato lingiiistico destinado a ins. taurar oficialmente el nuevo orden expresivo: «;Y si nos tutedramos?», Pero la subordinacién de la forma del discurso a la forma de relacién social en la que ese discurso se emplea estalla en las situaciones de colisién estilistica, es decir, cuando el locutor se enfrenta con un audi torio socialmente muy heterogéneo. O, también, en el caso de dos in terlocutores tan alejados social y culturalmente que los modos de ex- bresidn socioldgicamente exclusivos de que se sirven, modos que nor- ‘malmente se realizan, mediante un ajuste més 0 menos consciente, en espacios sociales separados, no pueden producirse simulténeamente, 34 sue orienta la produccién lingiistica, noes el grado de tensién tris nrtersmi ot de mcriza~- definido en abstracto por un locutor, sino la relacién caraetin grado de tension objetiva «median y un habitus lngtistico ambien caracterizado por um ea particular de wsensibilidadn ala ont del mereado; o, lo que viene a ser lo mismo, la anticipac «erneticios, que dificilmente puede llamarse subjetiva, puesto que ge esacto dela confluencia entre una objetividad, las posbilidades tmedias, yuna objetivdad inorporada, la dsposicin a apreciar ms B menos estrictamente esas posibilidades ®. La. ancipcion de ls Sancionesanunciadas sun sentido préctico, eas corpora, dela er- Gd de ia relacion objtive entre una detenminada competencia lin guistic y social yun deterinado mercado através del cual se realiza Ssarelaiény que puede ir desde la ceteza de a sanciGn posit, que funda Is certtndo Sua seguridad, hasta la certeza de sancion ne- fativa, que condena a la dvisin y al silencio, pasando por formas de la inseguridad y timidez. EL HABITUS LINGUISTICO ¥ LA HEXIS CORPORAL definicién de la aceptabilidad no hay que buscarla en Ta situa- cinsno onl lain ete un meseado yum abs, Que oa bign el producto de toda I historia de la relacin con mereados: En efecto el habitus etd vineulado al mercado tanto por sus condicio- nes de adguisicién como por sus condiciones de tiizacién, No s aprende a hablar escuchando un cierto habla, sino también hablan- db, y por tanto presentando un habla determinada en un mercado de- terminado. Es decir, mediante intercambios dentro de una familia que ocupa una posicidn particular en el espacio social y propone asi ala mimesis practica de los auevos miembros modelos y sancione smas © menos alejados del uso legitimo ®. Sabemos ya el valor que rec ben en otros mercados (como en el de la Escuela) los productos ofre: Cidos, con toda la autoridad aferente en el mercado originario. Ast el sistema de refuerzos 0 de desmentidos sucesivos constituye para cs tales como I acid dt 1 Fae anpacén se basa.enanifetacons vsbles et aot et Sr ae cls Senco a) dears tan segn acd dt experiment, des, se Sia de refs slestve sue space ee a Ect a css dane ings 9 sige Serre mes Fase eee de fe ‘ocaron piltcn sitar plibrases elec de qu, wineuladas aura postr or toss wads seta rane na edn ed, mh sada ogo atc al slengus terns tne palabras Souk pee cons encertaran un senate de snidon 55 tuno de nosotros una especie de sentido del valor so mercados, sentido que organiza todas las percepeiones posterior los productos inguisticos, lo que tiende a asegurarle una gran cease lidad. (Ya es sabido que, en términos generales, los efectos que aoa heva experiencia puede ejercer sobre cl habitus dopemncr acta oe cin de «compatibilidad» practica entre esta experiencia y lav ewe, riencias ya integradas en ese habitus en forma de esquenias de phe, duccidn y de apreciacién y que, en el proceso de reinterpretacn oe, lectiva resultante de esta dialéctica, la eficacia informadors de toa, hnueva experiencia tiende continuamente a disminuir.) Este wsenoas, minado campo impone en la produccién del discurso, vbligendig at silencio o a un lenguaje hipertrofiado a unos y dejando a ie aera tas libertades de un lenguaje garantizado. Lo que quiere decir geste competencia, que se adquiere por la practica, implica inseparablenncers ¢l dominio practico de un uso de la lengua y el dominio pricierns las situaciones en las que ese uso de la lengua es socialmente aves ble. El sentido del valor de los propios productos linguisticor eee, dimensién fundamental del sentido del lugar oeupade on a eens social: indudablemente la relaciOn originaria con los diferemaenne cados y la experiencia de las sanciones impartidas a las propien mea, ducciones constituyen, juntamente con la experiencia del rons eo cedido al propio cuerpo, una de las mediaciones a través de lex easton Se constituye esa especie de sentido personal del propio valor seciey gu rezule la lain préctica com os diferentes merados (niger, voltura, ete.) y, mas generalmente, manera de . tarse en el mundo soctal, ‘ees a manera de sompor- Si todos los locutores son ala vez productores y consu sus propias produccioneslingusticas, no todos esa ch eens ¥a lo hemos visto, de aplicar a sus propios productores los esquemay con arreglo a los cuales los haa producido. La infortunada risera aque los pequeitos burgueses mantienen con sus propios productos (y Particularmente con su pronunciaciOn, juzgada por ellos, como ha mostrado Labov, con particular severidad) se debe al divorcio entra los esquemas de produeign y fos eauemas de apreciacion: en agua medida divididos en si mismos, 10s Pequenos burgueses sow ae los mis «conscientes» de la vera objetiva de ous Produces cee S¢ define n la hipdtesisculta del mercado perfectamente unitcades ¥ los mas encarnizados en impugnarla, en negarla, en desmemiria a sus esfuerzos, Asi debe juzgarse su Sensibilidad especialmente siege la tensiGn del mercado y, por 650, a la correccion linguisticn = correccién para si mismo y paralos otros —que les empuje a hi ® Dite ci fs social segiin la pronunciacién. nese 56 correccién, su inseguridad que llega al paroxismo en las ocasiones Priciales creando «incorrecciones» por hipercorreccién 0, en fin las Sngustiadas audacias de la forzada desenvoltura. Como puede verse, fo que se expresa a través del habitus lingiiistico, es todo el habitus declase al que él pertenece, es decir, de hecho, la posicién que se ocu- fa, sincrOnica y diacrénicamente en la estructura social. Como he- os visto, la hipercorreccién se inscribe en la ldgica de la pretensién Que induce a los pequefios burgueses a intentar apropiarse anticipa~ damente, a costa de una permanente tensiGn, las propiedades de los dominantes. La intensidad particular de la inseguridad y de la ansie- dad en materia linguistica (como en materia de cosmética o de esteti ca) entre las mujeres de la pequefia burguesia hay que comprenderla también dentro de la misma légica: condenadas por la division del trabajo entre los sexos a esperar el ascenso social de sus capacidades de produccién y de consumo simbélicos, estas mujeres tienden atin més a invertir en la adquisicién de competencias legitimas. Es l6gico ue las practicas lingifsticas de la pequefia burguesia impresionaran ‘a quienes, como laboy, las observaban en los mercados particularmente tensos que crea la situacién de encuesta: situados en el punto maximo de la tensién subjetiva, por su particular sensibilidad a la tensién ob- jetiva —efecto de una separacién especialmente neta entre el recono- cimiento y el conocimiento—, los pequeiios burgueses se diferencian de los miembros de las clases populares que, como no estén en condi- ciones de imponer las libertades del habla llana, reservadas para su uso interno, no tienen otros recurso que las formas descompuestas de un lenguaje copiado o la huida en la abstencidn y el silencio; pero, asimismo, se diferencian también de los miembros de la calse domi- ante cuyo habitus lingiiistico —sobre todo cuando han surgido de esta clase— es la norma realizada, y que pueden manifestar una ab- soluta seguridad asociada « la perfecta conciencia de los principios de apreciacién y los principios de produccién *. En este caso, como en el caso opuesto del habla popular en el mer- cado popular, s¢ produce ura coincidencia total entre la necesidad del ‘mercado y las disposiciones del habitus: la ley del mercado no necesi- ta imponerse a través de la coercién o de una censura externa puesto 4que se realiza a través de una relacidn con el mercado que constituye su forma ineorporada. Cusndo las estructuras objetivas con que se enfrenta coinciden con aquellas de que es producto, el habitus sobre- 2 Habria que profundizar mas estos andlisis, por una parte, examinando ms com- pletamente esas propledades de ls pequenos burgueses pertinentes cuanto se trata de ‘omprender disposiciones linguistics, propiedades como su trayectoria(ascendente 0 descendente) que, al dares experiencias de medios diferente, ls inclina, sobre todo cuando estén obligados a cumplir ana funciOn de intermediarios entre las cases, a una fotma de conciencia cal sociol6gca; y, por otra, examinando las variaciones dee propiedades segn variables secundarias tales como Ia poscion en el esapcio de las cl Ses medias y su tayectoriaanterier (ver La distincidn, 3.> pate, capitulo 6). ASimis- ‘mo habia que distingue,en el interior dela clase dominante, diferentes relaciones con el lenguaje. 0 pasa las exigencias objetivas del campo. Tal es el fundamento de la forma mas frecuente y mejor disimulada de la censura, la que consis. te en colocar en posiciones que implican el derecho a la palabra a agen. tes dotados de disposiciones expresivas censuradas «de antemano», puesto que coinciden con las exigencias inscritas en esas posiciones, Principio de todos los rasgos distintivos del modo de expresién domi. ante, la distensin de Ja tensién es la expresion de una relacién con el mercado que s6lo se adquiere en la frecuentacién precoz y constan- te de mercados caracterizados, hasta en las ocasiones corrientes, por tun alto nivel de tensién y por una atencién constantemente sostenida hacia la forma y las formas que definen la estilizacién de la vida. Cierto que a medida que las personas se elevan en la jerarquia social, el gra. do de censura y, correlativamente, de formalizacién y de eufemiza. cién se incrementa constantemente, y esto no sélo en las ocasiones iiblicas u oficiales (como es el caso de las clases populares y sobre todo en la pequefia burguesia, que llevan a cabo una neta oposicién entre lo cotidiano y lo extra-cotidiano), sino en las rutinas de la exis- tencia cotidiana. Lo que puede apreciarse no sélo en la manera de vestirse o de comer sino también en la manera de hablar, que tiende ‘aexcluir toda espontaneidad, libertad o licencia, algo que esas perso- nas s6lo se conceden cuando estan «entre ellasn. Esto es lo que inc ectamente sefiala Labov cuando observa que esa conducta consistente n preguntar abiertamente, en casa de los amigos, el precio de un ob- Jeto («Hey, that’s a nice rug. What did it cost?» — Qué bonita al- fombra {Cuénto te ha costado?), algo que seria aceptable en los me- s populares (donde incluso podria aparecer como un cumplido), en la burguesia se «sustituiria» o revestirfa una forma atenuada («May Task you what that rug cost?» — ;Puedo preguntarte cudnto te ha costado esta alfombra?)®. Sucede que, cuanto mayor es el grado de Censura, mayor es también la exigencia permanente del mas alto gra- do de eufemizacién, del constante esfuerzo por «las formas». Esfuer- 20 relacionado con el hecho de que el dominio practico de los instru- mentos de eufemizacién objetivamente exigidos en los mercados de mayor tensién, como lo son la escuela o el mercado mundano, aumenta a medida que se eleva la jerarquia social, es decir, a medida que se incrementa la frecuencia de las ocasiones sociales donde se plantean sas exigencias y a medida, pues, que se va adquiriendo practicamen- te los medios de satisfacerlas. Asi, el uso burgués se caracteriza segiin ® Contratiamente alo que dice Lakoff, la forma puramente gramatical dela at ‘uacién puede recibir todo un conjunto de susitutos, coma tlementos de un ritual simbélico. Cualquiera que haya dirigido una entrevista sabe que una pregunta «dif cilv se prepara de antemano y que el medio mas seguro de whacerla pasar» no consiste en rodcarla de cizcunloguios y atenvaciones verbales —lo que, por el contrary tet dria por efecto atrar la atencion sobre ella, sino crear un cima de complicidad 9 ar a a entrevista, a través de bromas, sonrsas y gestos, en stma, a traves de tod luna simbolica cuya forma puramente ingustica es s6l0 un elemento, un ton global due ejerza un efecto euforizante y eufemizante 38 1 1a utiizacién de o que lama hedges, tales como sort of, Lakott po athen speaking, technical, rear, par excellence, elt), tein Labov, por el recurso intensive a filler phrases, locucio~ te NyeNelleno como such a thing as, something like that, nes ularly. No basta con decir, como hace Laboy, preocupado ie abilitar ef lenguaje popular hasta el punto de invertir simple- vite la abla de valores, que esas locuciones son responsables de la meipreria (verbosity) y de la inflacion verbal del discurso burgués. palafluas 9 ociosas desde e! punto de vista de una estricta economia Sune pmmunieacion, cumplen una importante funcin en la determi- «don del valor de una manera de comunicar: aparte de que su pro- pacperabundancia e inutilidad atestiguan la amplitud de los recur- es disponibles y la desnteresada relacin con eos recursos, funcio- sin como elementos de un mevalenguaj préctico, como marchamo: tela ditonca neuiralzane que conse una de as caracteristicas {fa relacion burguesa con la lengua y con el mundo social: dado que fenen por efecto, segin Lakol celevar los valores intermedi y re bajar los valores extremes» y, spin Laboy wevitar cualquier er txaperacon>, tales locuciones consituyen una afirmacion de l ca Guetdad de mantener distansias respecto a las propias palabras — Fropios inteeses, por tanto y, por eso mismo, respecto a todos aque- Hos que no saber manterr esas distancia, se dejan llevar por sus palabras, abandondndose a si mismos sin retencién ni censura a la pulsgn expresva, Semejane modo de expreson, produido por y para Hfatos que exgen la eneutalidad axioogicay, y no solamente en Uso del lenguaj, se ajusta también de antemano a esa ora forma de neutralizacion y de distanciamiento de la realidad (y de las otras cla- Ses inmersas en ella) que es a estlizacion de la vida, esa formaliza- Gin de practicas que privilegia en todo la manera, el estilo, la forma fn detrimento de la funcién; y resulta apropiado también para todos Tos mercados oficiales yritos sociales donde la necesidad de formal zary de introducir formas que define al lenguaje oficial forma) se impone con absolut rigor, en detriment de lafoncin comunicat- va que puede resultar anulada siempre que funcione la logica perfor- mativa de la dominacion simbélica ; ‘No es casual que la distincién burguesa ponga en su relacién con el lenguaje la misma intencion que artima su relacion con el cuerpo. El sentido de la aceptabilidad que orienta las practicas lin ; inseribe en lo més profundo de las disposiciones corporales: ¢s todo eleerpo lo que responde con su posta pero también por sus reac cones internas o, mas espeicicamtente articulatorias, ala tensin de trato. El Ienguaje es una tSenica corporal y la competencia propia- mente linguistica, y muy especialmnete fonoldgica, es una dimension fe California, Mimeo % G, Lakoff, Interview with Herman Parrett (Universidad de Ci . Mineo ‘oct. 1973, p, 38) W. Labor, Langaage inthe Inner City, Filadtfia, University of Pen solvania Press, p, 219 59 dela hexis corporal donde se expresan toda la relacién del mundo so- cial y toda la relaciéa socialmente instruida con el mundo. Todo per- mite suponer que, a través de lo que Pierre Guiraud llama el «estilo articulatorion, el esquema corporal caracteristico de una clase deter- ‘mina el sistema de los rasgos fonol6gicos caracteristicos de una pro- nunciacién de clase: la posicidn articulatoria mas frecuente es un ele- mento de un estilo global de las utilizaciones de la boca (en el hablar, pero también en el comer, el beber, el reir, etc.), por tanto de la hexis corporal, que implica una informacién sistemdtica de todo el aspecto fonoldgico del discurso. Este «estilo articulatorion, estilo de vida cor- poreizado, como toca hexis corporal, constituye los rasgos fonologi- cos, a menudo estudiados aisladamente relacionando cada uno de ellos con su equivalente en otras pronunciaciones de clase, en una totali- dad indivisible que debe ser aprehendida como tal ‘Asi, en el caso de las clases populares, participa de manera evi- dente en una relacién con el cuerpo dominada por el rechazo de los «melindres» 0 «remilgos» (es decir, de la estilizacion y de la formali- zacidn) y por la valorizacién de la virilidad, dimensién de una dispo- sicién mas general para apreciar lo que es «natural»: y Labov segura- ‘mente tiene raz6n en explicar la resistencia de los locutores masculi- nos de Nueva York a asumir la imposicién de la lengua legitima co- ‘mo consecuencia de que éstos asocian la idea de virilidad con su ma- nera de hablar 0, mas atin, de utilizar la boca y la garganta hablando. Seguramente no es casual que el uso popular resuma la oposicidn en- tre la relacién burguesa y la relacién popular con la lengua en la opo sicidn, sexualmente sobredeterminada, entre la boca mas bien cerra- da, fruncida, es decir, tensa y censurada, y por eso femenina, y el mo- ro, amplia y francamente abierto, chendido», es decir, distendido y libre, y pot eso masculino®. La visidn, mas bien popular, de las Aisposiciones burguesas 0, en su forma caricaturesca, pequehoburgue- sas, identifica en las posturas fisicas de tensién y contencién («boca fruncida», «labios fruncidos», «apretados», «sin mover los labios») los indices corporales de disposiciones muy generales respecto a los otros y respecto al mundo (y particularmente, tratandose de la boca, Fespecto a los alimentos) como la altivez y el desdén («torcer la bo- a>). Por el contraria, el «motto» —o la «jetar, 0 el «hocicon— se asocia con las disposiciones viriles que, segtin el ideal popular, se ba~ san en la tranquila certeza de la fuerza que excluye las censuras, es decir, las prudencias y disimulos tanto como los «remilgos», y que permite mostrarse «natural» (el «morro» pertenece al mundo de la naturaleza), actuar sin «remilgosn, «no tener pelos en la lengua» o, simplemente, «ponerse de morros»; designa la aptitiid verbal identi- ficada con la fuerza puramente sonora del discurso, por tanto con la % Casi nos necesario recordar que la censura primordial, la que atate a las co sas sexuales ~y mis generalmente corporales, seimpone con especial igor la jeres (0, buen ejemplo del efecto de mercado, en presencia de las meres). 60 yozy con la violencia fisica que vehicula, especialmente en la injuria (aromper los morros», «un pufietazo en'los morros»). Asf, a través de tales términos, concebidos como «asiento» de la persona («buena jeta» o «mala jetay), como su categoria esencial, y a la vez como lu- {gar privilegiado de su afirmacién, se alude al interlocutor en el prin- cipio mismo de su identidad social y de su propia imagen. Por una parte, el lnguaje domesticado, censura naturalizada, que proscribe las palabras «gruesas», los chistes «groseros» y los acentos cordinarios», va a la par con la domesticacién del cuerpo que excluye ‘cualquier manifestacién excesiva de los apetitos o de los sentimientos (Canto los gritos como las légrimas 0 las gesticulaciones) y que le so- mete a todo tipo de disciplinas y de censuras con objeto de desnatura- Iizarlo; por otra, la «relajacién de la tensidn articulatorian (que segu- ramente no es tanto un efecto de «despreocupacién»” como expre- sion de un rechazo a «pasarse», 0 a conformarse demasiado estricta- ‘mente con los puntos més estrictamente exigidos por el cédigo domi- nante, ain a costa de otro esfuerzo), se asocia al rechazo de las cen- suras impuestas por el decoro, sobre todo las censuras sobre partes tabii del cuerpo, y al hablar Ilano, cuyas audacias son menos inocen- tes de lo que pudiera parecer toda vez que, al rebajar la humildad a la comin naturaleza —vientre, culo y sexo, tripas, manduca y mierda—tiende a poner patas arriba el mundo social. En efecto, tal ‘como la describe Bakhtine, la fiesta popular y sobre todo la crisis re- volucionaria, por la expresién verbal que favorecen, recuerdan la pre- sion y represiOn que el orden ordinario impone —esencialmente so- bre los dominados— a través de las coerciones y controles aparente- ‘mente insignificantes de la «buena educacién. Buena educacién que, por medio de variaciones estilisticas de las maneras de hablar (Ias f6r- mulas de cortesia) o de as maneras corporales en funcién del grado de tensién objetiva del mercado, impone el reconocimiento de las je- rarguias entre las clases, sexos y edades. Es comprensible que desde el punto de vista de las clases domina~ das la adopcién del estilo dominante aparezca como una negacién de la identidad social y de la identidad sexual, un repudio de los valores viriles constitutivos de la pertenencia de clase; de ahi que las mujeres ‘puedan identificarse con la cultura dominante sin aislarse tan radical- mente de su clase como los hombres. Para éstos, adoptar el estilo do- 2 La telacion intuitivamente percibida entree cestilo atiulatorion y el estilo de ida, relacidn que convierte el wacenton en un tan poderoso indicio de la posicién so ‘ial, impone los raros analistas que se han dignado examinarla, como Pierre Gut tau, is de valor in equivocon ct "ach eh zapals, apace y march {p; wel acento goto" sel del ipo que escupe las palabras por el extrem dela boca ent la eoillay a comisura de los labios»; «esta consistenca blanda, borrosa y, en sus formas mis bajas, deTormads einnoble», (P- Guiraud, Le francais populaire, Par "s, PUF, 1965, pp. 111-116). Como todas as manifesaciones del habitus, historia con- tia ch natures, la promanclacin y, mas geeralment, a lain onl eng, ie, para la percepeién corriente constituyen revelaciones de la persona en su verda natural: el racismo de clase encuentra en las propiedades incorporadas la justficacion or excelencia dela propension a naturaliar las diferencias Sociales. 6 rminante, y en particular un rasgo tan caracteristico como la pronun- ciaci6n legitima, esen alguna medida renegar doblemente de su vi nn impuesta a 1a mujer por la divisiOn sexual del trabajo (y por ién del trakajo sexual), y puesto que esa docilidad inclina a disposiciones percibidas también como afeminadas. Llamando la atencién sobre los rasgos articulatorios que, como la apertura, la sonoridad y el ritmo expresan perfectamente en su I6- gica las disposiciones profundas del habitus y, mds concretamente, del hexis corporal, la sociolingiistica espontanea muestra que una fo- nologia diferencial deberia tener siempre presente los rasgos articula- torios caracteristicas de la clase o de la fraccién de clase de que se trate, tanto en su seleccién como en su interpretacién, en relacién a la vez con los otros sistemas con referencia a los cuales otros rasgos cobran su valor distintivo, por tanto su valor social, y con la unidad originariamente sintética de la hexis corporal de donde nacen y por la que representan la expresiGn ética o estética de la necesidad inscrita en una condicién social El lingiista ejercitado en una percepcién anormalmente aguda — particularmente al nivel fonoldgico—, puede percibir diferencias alli donde agente corriente no ‘as ve. Ademés, obligado a referirse, por las necesidades de la medida estadistca, a criterios discretos, tiende a una percepcién analiti- cca muy diferente en su ldgica a aquella que, en la existencia corriente, funda los juicios clasificatorios y la delimitacién de grupos homogéneos: a parte de {que los rasgos linguisticos no aparecen nunca claramente autonomizados con relacidn al conjunto de las propiedades sociales del locutor (hexis corporal, fisonomia, cosmétice, vestido, etc.), os rasgos fonolégicos (léxicos u otros) 1no son nunca independientes con relacién a los demas niveles del lenguaje yeel juicio que clasifica un lenguaje como «popular» o una persona como «vul- ‘Bar, como toda predicacién préctica, se apoya en conjuntos de indices que no afloran en tanto que tales a la conciencia, incluso en el caso de aquellos esteorotipos que tieren un peso més importante. A través sobre todo de la disciplinas y de las censuras corporales y lingiisticas que suelen implicar una regla temporal, los grupos in- cculcan esas virtudes que constituyen la forma transfigurada de su ne- cesidad e incorporan las elecciones constitutivas de una relacién con cl mundo econémico y social en forma de constantes montajes par- cialmente sustraidos al control de la conciencia y de la voluntad*. De ahi, la estrecha correspondencia entre las utilizaciones del cuerpo, de la lengua y seguramente también del tiempo. Verano 1980 25 No se trata, pues, de una casualidad que un sistema escolar, como el de la Es- cuela republicana concebido durante la Revolucién y realizado durante la Tercera Re piibica,cuya intencidnes modelar completamente los habitus de las clases populares, ‘Se organice alrededor de la inculeacin de una relacion con el lenguaje (con la aboli- cin de las lenguasrepionales, etc), de una relacin con el cuerpo (dscplinas de higie rhe, de consumo —so>riedad—, etc.) y una relacion con el tiempo (calculo.— ‘econdémico—, ahorto, st.) e IL LENGUAJE Y PODER SIMBOLICO La ciencia social tiene que vérselas con realidades que han sido ya nombradas, clasificadas, realidades que tienen nombres propios y nombres comunes, titulos, signos, siglas. Asf, so pena de asumir ac- tos cuya ldgica y necesidad ignora, debe de tomar como objeto las operaciones sociales de nominacién y los ritos de institucién a través de los cuales esas realidades se cumplen. Pero, mds profundamente, es preciso examinar la parte que corresponde alas palabras en la cons- truecién de las cosas sociales, y la contribucién que la lucha de las clasificaciones, dimensién de toda lucha de clases, aporta a la consti- tucién de clases, clases de edad, clases sexuales 0 clases sociales, pero también, clanes, tribus, etnias o naciones. Tratandose del mundo social, Ia teoria neo-kantiana que confiere cl Ienguaje y en general a las representaciones, una eficacia propia mente simbélica de construccién de la realidad, est4 perfectamente Justificada: al estructurar la percepcion que los agentes sociales tie- nen del mundo social, la nominacién contribuye a construir la estruc- tura de ese mundo, tanto mas profundamente cuanto mas ampliamente sea reconocida, es decir, autorizada. en la medida de sus medios, no hay agente social que no desee tener ese poder de nombrar y de hacer el mundo nombrandolo: chismes, calumnias, maledicencias, insultos, clogios, acusaciones, criticas, polémicas, alabanzas son sdlo el pan ‘Auestro de cada dia de los actos solemnes y colectivos de nominacién, celebraciones o condenas, que incumben a las autoridades universal- ‘mente reconocidas. Al revés de lo que ocurre con los nombres comu- nes, que tienen un sentido comtin —el consensus, el homologein de ‘un grupo, en suma, todo lo que implica el acto oficial de nominacién mediante el cual un mandatario reconocido discierne un titulo oficial (Como el titulo escolar) —los «nombres cualitativos» («idiota», «ca- brén») al que recurre el insulto tienen una eficacia simbélica muy re- ducida, en tanto que idios logos, que sdlo compromete a su autor’. " Sobre la discusién lingaistica respecto al insulto, puede leerse N, Ruwet, Gram- 65 Coinciden con aquellos en que ambos tienen una intencidn que po- dria llamarse performativa 0, mds simplemente, médgica: el insulto, como la nominacién, pertenecen a la clase de actos de institucidn » de destitucién mas 0 menos fundados socialmente por medio de los ‘cuales un individuo, actuando en su propio nombre 0 en nombre de un grupo mds o menos importante numérica y socilamente, manifies- ta a alguien que tiene tal o cual propiedad haciéndole saber, al tiem- 0, que se comporta de acuerdo con la esencia social que le es asi asignada, ‘En suma, la ciencia social debe englobar en ta teoria del mundo ‘social una teoria del efecto tedrico que, contribuyendo a imponer una ‘manera mds 0 menos autorizada de ver el mundo social, contribuye «hacer la realidad de este mundo: la palabra 0, a formatiori, el re- fran, el proverbio y todas las formas de expresién estereotipadas o rituales son programas de percepciOn y diferentes estrategias, mas 0 ‘menos ritualizacas, de la lucha simbélica diaria, de la misma manera ue los grandes rituales colectivos de nominacién 0, mas claramente atin, los enfrentamientos de visiones y previsiones de la lucha propia- mente politica, contienen una cierta pretension de la autoridad sim- bélica en tanto que poder socialmente reconocido a imponer una cierta visiGn del mundo social, es decir, a imponer divisiones del mundo so- cial. En la lucha por la imposicién de la visién legitima, en que la pro- pia ciencia esta inevitablemente empenada, los agentes detentan un poder proporcionado a su capital simbélico, es decir, al reconocimiento gue reciben de un grupo: la autoridad que funda la eficacia perfor- mativa del discurso es un percipi, un ser conocido y reconocido, que permite impones un percipere, 0, mejor ain, que permite imponerse ficialmente como imponente, es decir, frente a todos y en nombre de todos, del consenso respecto al sentido del mundo social que fun da el sentido comin. Asi, el misterio de la magia performativa se resuelve en el misterio del ministerio (seatin ese juego de palabras tan caro a los canonistas), es decir, en Ia alquimia de la representacién (en los diferentes senti- dos del término) a través de la cual el representante constituye el eru- po que le constituye a él: el portavoz dotado del poder de hablar y actuar en nombre del grupo, y en primer lugar sobre el grupo que existe tinica y exclusivamente por esta delegacién. Grupo hecho nombre, per- sonifica una persona ficticia, a la que arranca del estado del simple agregado de individuos separados permitiéndole actuar y hablar, a tra- vés de él, «como un solo hombre». A cambio, recibe el derecho de hablar y actuar en nombre del grupo, de «tomarse por» el grupo que encarna, de identificarse con una funcién a la cual «se entrega en cuet~ po y alman, dando asi un cuerpo biolégico a un cuerpo constituido. Status est magistratus, «el estado, soy yor. , lo que equivale a lo mismo, el mundo es mi representacién. ‘maire de insultes et sures études, Pari, Le Seuil, 1982; J.C. Milner, Arguments lit sauistiques, Paris, Mame, 1973, 66 CAPITULO I EL LENGUAJE AUTORIZADO: LAS CONDICIONES SOCIALES DE LA EFICACIA DEL DISCURSO RITUAL « cimanentes una componente esencial de a operacion social de inst Ficion, no he hecho mas que dar su sentido pleno a esta palabra.) ‘Después de haber reco-dado, con Poincaré, la importancia de la clesciom de ins palabras, ao me parece itil indiar que basta con routs diferentes sets de insituerey de isto para obter Ia idea de un acto inaugural de constitueida, de fundacién, incluso de invencion que através ce la educacidn desemboca en disposiciones permanentes, habitos, usos. La estrategia universalmente adoptada para rechazar permanentemente la tentacién de derogar consiste en haturalizar la diferencia, en hacer de ella una segunda naturaleza me- Giant so mcucacin e icorporacion en forma de habitus. Asi se ex plicaef papel que se imparte als practicas sociales, incluso al sufi Iniento corporal en todos los ritos negatives, destinados, como dice Durkheim, a producit gentes fuera de lo comiin, gentes distinguidas, en una palabra, y el que cotresponde también a todos los aprendiza ‘jeS universalmente impuestos a los futuros miembros de la tte (aprendizaje de lenguas muertas, que se prolonga constantemente, te). Todos los grupos eonfian ai cuerpo, tratado como una memo- fla, sus mas preciosbs depdsitos. Y cuando se sabe, como numerosas experiencias pscoldgicas han mostrado, que las genes se adhieren tan- tormds frmementea una isitucign cuanto més severosy dalorosos sean los ritosiniidticos que esa institucidn les impone, se comprende Fécilmente la utilizacién que los ritos de iniciacin hacen, en todas las sociedades, del surimiento que se iilinge al cuerpo. trabajo de nculacion mediante e cual se ealza la cosnstanteimposiion de lite arbitraro puede texer como objeto naturlizat los cores dec sivos constitutives de lo arbitrario cultural) los que se expresan en las, parejas de oposicion fundamentales, masculino-femenino, etc.— en forma de sentido de fs limites que induce a unos a mantener su ran- 209 guardar las distancis y, a los otros, a conservarsu puesto ¥ con tentatse con lo que son, en ser To que tiene que set, privindoles ast de fa propia privacion. ¥ puede, también tender a ia ineuleacion de Aisposictonespermanentes como los gusts de clase que, en principio ‘cleccigny de los signos exteriores en que se expresa Ia posicion 83 cial, como el vestido, pero también la hexis corporal o el lenguaje, acaban incitando a todos los agentes sociales a llevar signos diferen. ciadores entre los cuales los signos de distincién son solo una subcla. se, apropiados para reunir y separar tan firmemente como las barre. ras y los interdictos explicitos —pienso en la homogamia de clase— Mas auin que los signos externos al cuerpo, como las decoraciones, los uniformes, los galones, las insignias, etc., los signos incorpora. dos, como todo eso que se llama forma o maneras de hablar —los acentos—, formas de caminar, de estar —el andar, los modales, e1 porte—, formas de comer, etc., y el gusto, como principio de pro- duccién de todas las practicas destinadas intencionadamente 0 no a significar la posicién social mediante el juego de las diferencias dis- tintivas, estén destinadas a funcionar como otras tantas llamadas al orden mediante las cuales se recuerda a quienes las olvidan que, al olvidarlas, olvidan también el lugar que les ha asignado la institucion. La fuerza del juicio categ6rico de atribucién que realiza la institu. Ferentes» de ls wtegiones» arabéfonas como para susitar por parte del colonirador Aiferentes razamientos (por ejemplo, en materia de escolarizacion),propios pues para Feforzat ls diferencias que ls habian servido de pretexto y producir otras nuevas (as 89 fundados en la realidad, los de mayor fundamento en lo real, debe de tener siempre bien presente que en realidad sélo registra un estado de la lucha de las clasificaciones. Es decir, un estado de la relacién de fuerzas materiales o simbélicas entre quienes tienen que habérse- las con uno u otro modo de clasificacién, grupos que suclen invocar la autoridad cientifica para fundar en realidad y en razdn el reparto arbitrario que desean imponer. El discurso regionalista es un discurso performativo, que preten- de imponer como legitima una nueva definicién de las fronteras y ha- cer conocer y reconocer la regidn asi delimitada frente a la definicién dominante y desconocida como tal —por tant, reconocida y legitima—, que la ignora. El acto de categorizacién, cuando consigue hhacerse reconocer 0 es ejercido por una autoridad reconocida, ejerce por si mismo un poder: como las categorias de parentesco, las cate- gorias «étnicas» 0 «regionales» instituyen una realidad utilizando el poder de revelacién y de construccidn ejercido por la objetivacién en el.discurso. El acto de llamar «occitana»’ la lengua que hablan aque- Hos a quienes se llaman «occitanos» porque hablan esa lengua —que en rigor nadie habla puesto que no es més que la suma de un gran numero de hablas diferentes— y de denominar «ccitaniay — pretendiendo asi hacerla existir como «regién» o «nacidn» con todas las implicaciones historicamente constituidas que estas nociones en- cierran en un momento determinado— a la regién (en el sentido de espacio fisico) en que esta lengua se habla, no puede decirse que sea una ficcién sin efectos, El acto de magia social consistente en inten- tar producir la existencia de la cosa nombrada puede tener éxito si quien la lleva a cabo es capaz de conseguir que se reconozca a su pa- labra el poder que ella se arroga por una usurpacién provisional o definitiva, la de imponer una nueva visidn y una nueva divisién del mundo social: regere fines, regere sacra, consagrar un nuevo limite. La eficacia del discurso performativo que pretende el advenimiento de lo que enuncia en el acto mismo de enunciar es proporcional a la autoridad de quien lo enuncia: la formula «yo le autorizo a partir vinculadas a la emigracin hacia Francia, por ejemplo) yas sucsivamente. Ni incluso Jos apaissies» o fos usuelos». tan queridgs por los gedgtafos, tom herencias, ot deci, oducts histricos de determinantes sociales (ver C. Reboul,wdeterminantes sociales ea fertildad de los suclos», Actos de la récherche en sciences sociales, 17-18, 108 1977, pp. 85-112. Dentro de la misma logica y contra el uso ingénvamente wnaturale- ta» dela nocion de «paisajen, habefa que analiza la contebucion de ls factores soci Jes en los process de udeseriicactn»). 5Bl adjetivo «occitanom y, @fortior,elsustantivo «Occitania» son palabras cul: ‘as y recientes (Torjadas por la latinizacion de la lengua de Oc en lengua ovcitana), des- tinadas a designar realidad cults que, al menos por el momento, sso existen sobre papel 4 De hecho, esa lengua es en sf misma un artefacto socal, nventado a costa de tuna indiferencia decsoria por las diferencias, que reproduce el nivel dela aregion™ | imposicion arbitraria de una norma unica contra la que se alza el regionalismo ‘que slo podria convertitse en el principio real de las rdcticas inguistias a costa de una inculeacionsisiematica andloga a la que impone el uso generalizado del francés 90 20 ipso es s6lo una autorizacién cuando quien la pronuncia esta auto- rizado a autorizar, tiene autoridad para autorizar. Pero el efecto de conocimiento que ejerce el hecho de la objetivacién en el discurso no depende s6lo del reconocimiento concebido a quien lo tiene; depende también de en qué medida el discurso que anuncia al grupo su identi- dad se funda en la objetividad del grupo al que se ditige, es decir, en el reconocimiento y la credibilidad que le conceden los miembros de ese grupo tanto como en las propiedades econémicas o culturales que tengan en comtin, puesto que sélo en funcién de un determinado principio de pertinencia puede aparecer la relacién entre esas propie~ dades. El poder sobre el grupo que se trata de hacer existir en tanto {que grupo es inseparablemente un poder de hacer el grupo imponién- dole principios de visidn y de divisién comunes, por tanto, una visién ‘inica de su identidad y una vision idéntica de su unidad’. El hecho de que en las luchas por la identidad, ese ser percibido que existe fun- damentalmente por el reconocimiento de los otros, se ventile la impo- sicién de percepciones y de categorias de percepcisn explica el lugar determinante que, como la estrategia del manifiesto en los movimien- {os attisticos, tiene la dialéctica de la manifestacién en todos los mo- vimientos regionalistas 0 nacionalistas': el poder casi magico de las palabras procede de que la objetivacién y oficializacién que de hecho Teva a cabo la nominacién piiblica frente a todos, tiene por efecto arrancar la particularidad originaria del particularismo de lo imper sado, incluso de lo impensable (tales el caso cuando el dialecto regio- nal innombrable se afirma como lengua susceptible de ser hablada pu- blicamente). Y Ia oficializacién se cumple en la manifestacién, acto tipicamente magico (lo que no quiere decir desprovisto de eficacia) por el cual el grupo préctico, virtual, ignorado, negado, rechazado se hace visible, manifiesto, para los demds grupos y para él mismo, y atestigua su existencia en tanto que grupo conocido y reconocido, pretendiente a la institucionalizacién. El mundo social es también re- presentacién y voluntad y existir socialmente, es también ser percibi- do, y percibido como diferente. De hecho, no cabe elegir entre el arbitrario objetivista, que mide las representaciones (en todos los sentidos del término) de la «reali- dad» olvidando que esas representaciones pueden provocar el adve- nimiento en la realidad, por la eficacia propia de la evocacion, de lo que ellas representan, y la actitud subjetivista que, privilegiando la Tos fundadors del Escusa republican se fijaban expistamente como fn in culear, ete otras sosts, mediante la imponion dea lengua «nacional, el sitema om de cateporias de peeepein y de apreciacioncapazdefundar muna visios un {ann del mundo soil ® La relacdn,sexiguada por todas pares, entre los movimientos regionals y tos movimientos feminist (y tambien ecole) se origina porque ambos, dieidoe Cinta en de namiain abla, ma Spoons cas competi Scitraice (ibe on as ewatepasempendas) qe apaecen ms bien enfant Sena) en a pega nucra Duravens (ver. Bourdea, Le dstncion, Pare fe Minuit, 197, spt. pp. 40531. 1 representacién, ratifica en el terreno de la ciencia lo falso en la esert- tura sociolbgica y mediante la cual los militantes pasan de la repre- sentacién de la realidad a la realidad de la representacién. Alternati va a la que se puede escapar toméndola en si misma como objeto o, més precisamente, tomando en cuenta, en la ciencia del objeto, los fundamentos objetivos de la alternativa del objetivismo y del subjeti- vismo; altemativa que divide la ciencia, impidiéndola aprehender la logica especifica del mundo social, esa «realidad» donde se desarro- lla una lucha permanente para definir la «realidad». Captar a la vez 4o que estd instituido sin olvidar que se trata solamente de la resultan- fe, en un momento dado del tiempo, de la lucha para hacer existir 0 «inexistir» lo que existe, y las representaciones, enunciados perfor- mativos que pretenden el acaecimiento de lo que enuncian; restituir a la vez las estructuras objetivas y larelacién con esas estructuras em- pezando por la pretensién de transformarlas, es proveerse del medio de comprender més cabalmente la «realidad», y comprender y pre- ver, pues, mas exactamente las posibilidades que encierra o, mas con- ctetamente, las posibilidades que ofrece objetivamente a las diferen- tes pretensiones subjetivas, Cuando es reintegrado en las luchas de clasificaciones que se es- fuerza en objetivar —y es dificil impedir este uso, como no sea prohi- biendo divulgacién—, el discurso cientifico se pone de nuevo a fun- cionar en la realidad de esas luchas de clasificacién: esté condenado @ aparecer como critico 0 como cémplice segin la relacién cémplice © critica que el lector mantenga con la realidad escrita. Asi, el simple hecho de mostrar puede funcionar como una manera de mostrar con el dedo, de poner en el indice, de acusar (Kategoresthai) 0, ala inver- sa, como una manera de hacer ver y de hacer valer. Lo que vale tanto para la clasificacién en clases sociales como para la clasificacién en ««regionesn 0 «etnias». De ahi la necesidad de explicitar completamente la relacién entre las luchas por el principio de divisiOn legitima que se desarrolian en el campo cientifico y las que se sitiian en el campo social (y que, por su légica especifica, conceden un lugar preponde- rante a los intelectuales). Toda toma de posicion que pretenda ser «ob- jetiva» sobre la existencia actual y potencial, real o previsible de una regién, de una etnia o de una clase social y, al mismo tiempo, sobre la pretensién ala insttucin que se afixia en las representaciones «ni litantes», constituye una patente de realismo 0 un veredicto de uto- pismo que contribuye a determinar las posibilidades objetivas que tal entidad social tiene de acceder a su existencia®. El efecto simbélico * Sélo asi puede comprenderse tantas afirmaciones compulsivas sobre la preten- sina la ouetoritas magica dl censor dumeziiano inserts en la ambicion del soci6lo- 20, las obligadas recitacones de los textos candnicos sabre las clases sociales (ritual mente enfrentadas al census estadstico) 0, en un grado de ambicion superior y en in estilo menos elésico, las profecias anunciadoras de las wnuevas clases y de las anuevas Tachas» (o del inevitable decive de las wantiguasclasesny de las wviejas luchas»), dos séneros que ocupan un gran lugar en la produccion Hamada sociologica, 2 que el discurso cientifico ejerce sancionando con él un estado de di dones ¥ de la visién de esas divisiones, es tanto més inevitable cuanto Gque, en las luchas simbdlicas por el conocimiento y el reconocimien- fo, los criterios llamados «objetivos», los eriterios mismos que asu- ten 10s estamentos cultos, son utilizados como armas: designan los rasgos en que se puede fundar la accién simbélica de movilizacion para producir la unidad o la ereencia en la unidad (tanto en el interior del propio grupo como en los demas) que, al final, y en particular a tra- ‘vés de las acciones de imposicién y de inculcacién de identidad legiti- ma (como las que se ejercen en la escuela o en el ejército), tiende a engendrar Ja unidad real. En suma, los veredictos més «neutros» de fa ciencia contribuyen a modificar él objeto de la ciencia: a partir del ‘momento en que la cuestién regional o nacional se plantea objetiva- mente en la realidad social, aunque sélo sea por una minoria actuan- te (minoria que puede sacar partido de su debitidad incluso mediante la estrategia propiamente simbolica de la provocacién y del testimo- rnio para arrancar respuestas, simbélicas 0 no, que impliquen un re- condcimiento), todo enunciado sobre la regién funciona como un ar- ‘gumento que contribuye a favorecer 0 desfavorecer el acceso de la re- gidn al reconocimiento y, a través de ese reconocimiento, a la existencia. ‘Nada ¢s menos inocente que la cuestién, cuestién que divide al mundo culto, de saber si deberian introducirse en el sistema de los ctiterios pertinentes no s6lolas propiedades Ilamadas «objetivas» (co- mo la ascendencia, el territori, la lengua, la religién, la actividad eco- rnémica, etc.) sino también 'as propiedades Ilamadas «subjetivas» (co- mo el sentimiento de pertenencia, etc.) es decir, las representaciones que los agentes sociales se hacen de las divisiones de la realidad y que contribuyen a la realidad de las divisiones ". A partir del momento fen que los investigadores quieren instaurarse en jueces de todos los juicios y en eriticos de todos los criterios, algo a fo que se sienten in- “linados por su formacién y sus intereses especificos, quedan imposi- bilitados para captar la l6gica propia de una lucha donde la fuerza social de las representaciones no es necesariamente proporcional a su valor de verdad (medida por el grado en que se expresan el estado de relacidn de las fuerzas materiales en el momento considerado): en efee- 1 Las zones dela repugnandia espontdnea de los «cultos» hacia los criterios wsub- Jetivos» merecerian un largo ands: hay el realsmo ingénuo que lleva a ignorar todo To que no puede mostrarse o tocar con los dedos; hay el economismo que leva a.n0 econoceroitos determinantes de a accion socal que los que estén visiblementeinscri- {os en las condiciones materiales de existencia hay ls intereses vinculados a las apa~ ‘leneias dela wneutraidad axiologica> que, en mis de un caso, instituyen la diferencia entree culfo» yel militant y prohen I intreducei6n en el discurso wculto» de cues- fionesy nociones eontrarias al decoro:y, enfin, hay sobre todo el pundoner cienifico {Que lleva a los observadores —e iadudablemente con tanta fuerza cuanto menos segu- fos estin de su cienciay de su rango— 2 multiplicar los signos de la ruptura con las Fepresentaciones del sentido comin que es condena a un objetivismo reductes riguro- Samente incapaz de integrarlareaidad de as representaciones comunes en la represen= tacion clentfica de la realidad, 93 to, en tanto que pre-visiones, esas mitologias «cientificas» pueden pro- ducir su propia verificacién siempre y cuando consigan imponerse a a creencia colectiva y crear, por su virtud movilizadora, las condicio- nes de su propia reaiizacién. Pero no otra cosa hacen esos investiga- dores cuando, abcicando de la distancia del observador, reintegran las representaciones de los agentes en un discurso que, como no pue- de proveerse de los medios de decribir el juego en el que esta repre- sentacién y la creencia que la funda se producen, no es mas que una contribucidn entre otras a la produccién de la creencia cuyos funda- mentos y efectos sociales se trataria de describir. Cabe admitir que, mientras no sometan su practica a la critica so- ciolégica, las orientaciones de los socidlogos se determinan hacia uno u otro polo, objetivista o subjetivista, del universo de las posibles re- laciones con el objeto, por factores sociales tales como la posicién en la jerarquia social de su disciplina (es decir, su nivel de competencia estatutaria, nivel que, en un espacio geografico socialmente jerarqui zado, suele coincidir con su posicién central o local, factor particu- larmente importante cuando se trata de regién o de regionalismo) y en la jerarquia técnica: asi estrategias «epistemoldgicas» tan opues- tas como el dogmatismo de los guardianes de la ortodoxia tedrica y el espontaneismo de los apéstoles de la participacién en el movimien- to podrian tener en comtin el hecho de que ambas constituyen una manera de escapara las exigencias del trabajo cientifico’sin renunciar a la pretension de la auctoritas. Aigo que resulta funcional cuando no se puede 0 no se quiere satisfacer esas exigencias, siquiera las mas aparentes de ellas, es decir, las mas académicas (como la frecuenta- cin de los textos candnicos). Pero dado que aceptan la problematia objetiva, es decir, la propia estructura del campo de lucha en que es- ‘an en juego la regidn y el regionalism, esos sociélogos pueden tam- bién oscilar, segiin a relacidn directamente experimentada con el ob- jeto, entre el objetivismo y el subjetivismo, la censura y el clogio, la ‘complicidad mistificada y mistificadora y la desmitificacién reducto- ra. ¥ ello porque entran en el debate respecto a los criterios que per- mitirian decir el sentido del movimiento regionalista o predecir su por- venir sin pregunta:se sobre la ldgica de una lucha que recae precisa- ‘mente en la determinacién del sentido del movimiento (sea regional © nacional, progresivo 0 regresivo, de derecha o de izquierda, etc.) y sobre los criterios capaces de determinar ese sentido. En suma, aqui como en otros casos, se trata de escapar a la alter- nativa entre «desmitificacién» y mitificacién: la «desmitificacién» de los criterios objetivos y la ratificacién mitificada y mitificadora de las representaciones y de las voluntades. Para ello hay que considerar en. conjunto lo que enlla realidad se produce inseparablemente: las clasi- ficaciones objetivas, es decir, incorporadas u objetivadas, a veces en forma de institucién (como las fronteras juridicas), y la relacién prac- tica, actuada o representadda, con esas clasificaciones, particularmente las estrategias individuales 0 colectivas (como las reivindicaciones re- sgionalistas) mediante las cuales los agentes pretenden ponerlas al ser- 94 vicio de sus intereses, materiales 0 simbélicos, o transformarlas y con- servarlas; o incluso las relaciones de fuerza objetivas, materiales y sim- bolicas, ¥ los esquemas practicos (es decir, implicitos, confusos y mas ‘9 menos contradictorios) mediante los cuales los agentes clasifican a Jos otros agentes y aprecian tanto su posicién en esas relaciones obj tivas como las estrategias simbélicas de presentacidn y representacién de si mismos que se oponen a las clasificaciones y representaciones (de ellos mismos) que los otros les imponen ". . En definitiva, s6lo a condicién de exorcizar el suefo de la «cien- cia real» investida del derecho regaliano de regere fines y de regere sacra, del poder nomotético de decretar la unién y la separacién, puede Ja ciencia objetivar el juego mismo en que se disputa el poder de regir las fronteras sagradas, es decir, el poder casi divino sobre la vision del mundo y donde no hay otra elecci6n, para quien pretenda ejercer- lo (y no sufrido), que la de mitificar © desmitificar. erat 7 © tune Goose! e at Nee BNO ata f pers fw bea io th Las investigaciones marxstas sobre la cussion nacional orepfonal se han visto blogueadas y sin duda desde el principio, por el eTecto conjugado del utopismo inter- nacionalista (apoyado por un ingénuo evolucionisma) y del economismo, sin hablar dle tos efectos de las preveupacinnes estratégieas del momento que ha menudo han Dredeterminado los veredicios de una aciencia»inelinada hacia fa préctca (y despro- sta de una clencia verdadera y dele ciency de las rlaciones entre Is pracicay la Ciencia) Indudablemente la elicacia del conjunto de esos factores aparece particulat~ ‘mente cara ena tess tipicamente performativa, sin embargo tan frecuentemente des- ‘mentida por los hechos, del primado de as solidaridades de clase sobre las solidarida des wétnieasn o nacionales, Pero la incapacidad de hivorizar este problema (que, Pot In misma razon gue et problema de la primacia de las rlaciones espacales © de las ‘eaciones sociales y genealdgicas, se ha palnteado y zanjado en la historia) y la preten- ‘in teorcista,constantementeafirmada, de designar las «naciones viables»o de pro- ‘duce los crterios clentiicamentc vidos de dentidad nacional (ver G. Haupt, M. Lowy, C. Weill, Les marsstes etl question nationale, Paris, Masper6, 1974) parecen depen= der direceamente de en qué medida la intenciGn reglista de regiry digit orienta la ‘ienca real de las fronteras y de los limites: no es una casualidad qué Stalin sea el autor de la wdefinicidn» mas dogmatica y mas esencialista de la nacin. 95 CAPITULO IV DESCRIBIR Y PRESCRIBIR: LAS CONDICIONES DE POSIBILIDAD Y LOS LIMITES DE LA EFICACIA POLITICA Laaccién propiamente politica es posible porque los agentes, que forman parte del mundo social, tienen un conocimiento (mds 0 me- nos adecuado) de ese mundo y saben que se puede actuar sobre él ac- tuando sobre el conocimiento que de él se tiene. Esta accién pretende producir e imponer representaciones (mentales, verbales, graficas 0 teatrales) del mundo social capaces de actuar sobre él actuando sobre la representacién que de él se hacen los agentes. O, mas concretamen- te, pretende hacer 0 deshacer los grupos —y, al mismo tiempo, las acciones colectivas que esos grupos puedan emprender para transfor- mar el mundo social de acuerdo con sus intereses—, produciendo, re- produciendo o destruyendo las representaciones que corporeizan ¢s0s ‘grupos y les hacen visibles para los demas. Objeto de conocimiento para los agentes que lo habitan, el mun- do econdmico y social ejerce una accién que reviste la forma no de uuna determinacién mecdnica, sino de un efecto de conocimiento. Es claro que, al menos en el caso de los dominados, este efecto no tiende a favorecer la accién politica. Ya es sabido, en efecto, que el orden social debe en parte su permanencia a la imposicién de esquemas de clasificacion que, ajustados a las clasificaciones objetivas, producen una forma de reconocimiento de este orden, forma que implica cl des- conocimiento de la arbitrariedad de sus fundamentos: la correspon- dencia entre las divisiones objetivas y los esquemas clasificatorios, entre las estructuras objetivas y las estructuras mentales constituye el fun- damento de una especie de adhesién originaria al orden establecido. Hablando propiamente, la politica comienza con la'denuncia de este contrato técito de adhesién al orden establecido que define la doxa originaria; dicho de otra forma, la subversion politica presupone una subyersién cognitiva, una reconversién de la visién del mundo. Pero la ruptura herética con el orden establecido y con las dispo- siciones y representaciones que ese orden engendra entre los agentes modelados segtin sus estructuras supone en si misma una coinciden- 96 cia entre el discurso critico y una crisis objetiva, capaz de romper la concordancia inmediata entre las estructuras incorporadas y las es- tructuras objetivas de las que esas disposiciones y representaciones son productos ¢ instituir una especie de époche practico, de suspension temporal de la adhesién original al orden establecido. La subversién herética explota la posibilidad de cambiar el mun- do social cambiando la representacién de ese mundo que contribuye su realidad 0, mas concretamente, oponiendo una pre-vision para- déjica, utopia, proyecto o programa a la visién ordinaria, que apre- hende el mundo social como un mundo natural: enunciado perfor- ‘mativo, la pre-visién politicaes, en si misma, una pre-diccion que pre- tende el acaecimiento de lo que enuncia. Asi, contribuye practicamente a la realidad de lo que enuncia por el hecho de anunciarla, de pre- verla y de hacerla pre-ver, de hacerla concebible y, sobre todo, crei- ble y crear de esta forma la representacion y la voluntad colectivas ‘que pueden contribuir a producirla. Toda teoria, la palabra lo dice, es un programa de percepcién; nunca es tan cierto como en el caso de las teorias del mundo social. Pocos casos como éste, sin duda, en ‘que el poder estructurante de las palabras, su capacidad de prescribir bajo la apariencia de deseribir 0 de denunciar bajo la apariencia de ‘enunciar, sean tan indiscutibles. Hay numerosos «debates de ideas» que resultan menos idealistas de lo que podria parecer cuando se sabe en qué medida pueden modificar la realidad social modificando la re- presentacién que se hacen de esa realidad sus agentes. La realidad so- cial, por ejemplo, de una prictica como el alcoholismo (y lo mismo podria decirse del aborto, del consumo de la droga o de la eutanasia) es muy distinta segtin sea percibida y pensada como una tara heredi- taria, una decadencia moral, una tradicién cultural o una conducta de compensacién. Una palabra como la de paternalismo causa verda- deros estragos introduciendo en todo lo que seduce la sospecha de re- lacién, de dominacién por una impugnacién permanente del céleulo. Como ocurre con las relaciones jerérquicas organizadas bajo ese mo- delo de relaciones de fascinacién cuyo espacio por excelencia es el gru- po doméstico, todas las formas de capital simbdlico, prestigio, caris- ma, encanto, y todas las relaciones de cambio mediante las cuales se acumula ese capital, intercambio de servicios, dones, atenciones, cui- dados, son particularmente vulncrables a la accién destructura de las, palabras que desvelan y desencantan, Mas el poder constituyente de! lenguaje (religioso 0 politico) y de los esquemas de percepcion y de pensamiento que procura nunca estan tan claros como en las situa- ciones de crisis: esas situaciones paraddjicas extra-ordinarias, recu- ren a un discurso extra-ordinario, capaz de elevar al nivel de princi- pios explicitos, generadores de respuestas (casi sistematicas, los prin- ios prdcticos del ethos y de expresar todo lo que pueda tener de inaudito, de inefable la situacién creada por la crisis, El discurso herético no s6lo debe contribuir a romper la adhesién al mundo del sentido comiin profesando piblicamente la ruptura con el orden ordinario, sino que debe también producir un nuevo sentido 7 comin ¢ integrar en él, investidos con la legitimidad que confieren la manifestacién piiblica y el reconocimiento colectivo, las practicas, yy experiencias hasta ese momento técitas 0 rechazadas por todo un grupo. En efecto, dado que todo lenguaje que se hace escuchar por ‘un grupo es un lenguaje autorizado, investido de la autoridad de ese grupo, autoriza lo que designa al mismo tiempo que lo expresa, fun- dando su legitimidad en el grupo sobre el cual ejerce su autoridad y al que contribuye a producir como tal ofreciéndole una expresién uni- taria de sus experiencias. La eficacia del discurso herético reside no cen la magia de una fuerza inmanente al lenguaje, tal como la illocu- tionary force de Austin, 0 en la persona de su autor, como el carisma de Weber —dos conceptos pantallas que impiden preguntarse sobre las razones de unos efectos que no hacen mas que designar sino en la dialéctica entre el lenguaje autorizante y autotizado y las disposi- ciones de grupo que le autoriza y se autoriza autorizéndole. En cada uno de los agentes concernidos, y en primer lugar, en el productor del discurso herético, ese proceso dialéctico se realiza en el trabajo de enunciacidn necesario para exteriorizar la interioridad, para nom- brar lo innombrabie, para dar a disposiciones pre-verbales y pre- reflexivas y a experiencias inefables o inobservables un principio de objetivacién en palabras que, por su naturaleza, les hacen a la vez ‘comunes y comunicables, por consiguiente, sensatas y socialmente san- cionadas. Lo que puede también suceder en la dramatizacién, parti- cularmente visible en la profecia ejemplar, Ginico procedimiento ca- paz de desacreditar las evidencias de la doxa, y en la transgresién in- dispensable para nombrar lo innombrable, para forzar las censuras, institucionalizadas o interiorizadas, que prohiben la vuelta de lo re~ chazado, en primer lugar, en el propio heresiaco. Pero es en la constitucién de los grupos donde mejor puede verse la eficacia de las representaciones y, en particular, de las palabras, de las consignas, de las teorias que contribuyen a constituir el orden social imponiendo en él los principios de di-visidn y, mas ampliamen- te, el poder simbdlico de todo el teatro politico que realiza y oficiali- za las Visiones del mundo y las divisiones politicas. El trabajo politico de representacién (en palabras o en teorias, pero también en manifes- taciones, ceremonias 0 cualquier otra forma de simbolizacién de las divisiones 0 de las oposiciones) eleva a la objetividad de discurso pi- blico o de practica ejemplar una manera de ver y de vivir el mundo social hasta ese momento relegada al estado de disposicién practica ode experiencia técita y a menudo confusa (malestar, revuelta, etc.); yy permite asi que los agentes descubran sus propiedades comunes mas, alld de la diversidad de las situaciones particulares que aislan, dividen y desmovilizan, y construyan su identidad social en base a rasgos 0 experiencias que parecerian incomparables sin el principio de pert nencia propio para constituirlos como indices de pertenencia a una misma clase. El paso del estado de grupo practico al estado de grupo instituido (clase, nacién, etc.) supone la construccién del principio de clasifica- 98 én capaz de producir el conjunto de propiedades distintivas carac- teristicas del conjunto de los miembros de ese grupo y de anular al mismo tiempo el conjunto de las propiedades no pertinentes que una parte 0 la totalidad de sus miembros posce por otras razones (por ejem- plo, las propiedades de nacionalidad, de edad o de sexo) y que po- drian servir de base a otras condiciones. Asi pues, la lucha se funda cen la construccién de la clase (social, étnica, sexual, etc.): no hay gru- [po que no sea campo de una lucha’ para Ia imposicién del principio legitimo de constitucién de los grupos y no hay distribucién de pro- piedades, tratese del sexo o de la edad, de la instruccién o de la rique- za, que no pueda servir de base a divisiones y a lucha propiamente politicas. La construccién de grupos dominados sobre la base de tal © cual diferencia es inseparable de la de construccidn de grupos esta- blecidos en base a propiedades o cualidades genéricas (los hombres, los viejos, los franceses, los parisinos, los ciudadanos, los patriotas, etc.) que, en otro estado de las relaciones de fuerza simbdlicas, defi- nian la identidad social, a veces incluso la identidad legal, de los agentes concernidos. En efecto, toda tentativa para instituir una nueva divi sidn tiene que contar con la resistencia de quienes, ocupando la posi cién dominante en el espacio asi dividido, tienen interés en la perpe- tuacién de una relacién déxica con el mundo social que lleva a acep- tar como naturales las divisiones establecidas 0 a negarlas simbdlica- ‘mente por la afirmacién de una unidad (nacional, familiar, etc.) de ‘mayor rango'. Dicho con otras palabras, los dominantes se unen en- tre sicon el consenso, acuerdo fundamental sobre el sentido del mun- do social convertido asi en mundo natural, déxico fundado en el acuer- do sobre los principios de divisién. Al trabajo motor de la critica herética responde el trabajo resis- tente de la ortodoxia. Los dominados forman parte del discurso y la conciencia, incluso de la ciencia, puesto aue sélo pueden constituirse en grupo separado, movilizarse y movilizar la fuerza que detentan en estado potencial a condicién de poner en tela de juicio las categorias de percepcidn del orden social que, siendo producto de ese orden, les imponen una actitud de reconocimiento hacia él, es decir, la sumisi6n. Los dominados son tanto menos aptos para llevar a cabo la revolucion simbélica que constituye la condicién de la reapropiacién de la identidad so- cial de que se let desporee —dexposesin incluso subjetiva através dela acep tacién de las taxinomias dominantes— cuanto mds reducida sea la fuerza de subversién y la competencia critica acumulada durante las luchas anteriores ¥y més debil, por tanto, la conciencia ¢e las propiedades positivas 0, més pro- bablemente, negativas, que les definen: desposeidos de las condiciones eco- ‘ndmicas y culturales de la toma de conciencia de su propia desposesién y en- cerrados en los limites del conocimiento permitido por sus instrumentos de As se expican todas esas condenas dela upoitica»,identificads con Is lucha de partidos y de facciones, que los conservadores han lanzado constantemente, a todo 10 largo de la historia, desde Napoledn Il] a Petain (ver M. Marcel, «lnventario de los politicismos en Francian, en: Asociacion francesa de ciencia politica, ;La depolisa- Hon, mye ou realite? Pats, Armande Colin, 1982, pp. 49-5). 99