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Libro de Justicia Indigena en El Ecuador- Carlos Perez Guartambel

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De las defniciones anotadas se puede extraer algunas características de la

institución denominada encomienda:

1. Es un derecho exclusivo de la corona española, no podía nadie más que
el rey concesionar este derecho por el mero hecho de ser conquistadores o

nuevos dueños de los inmensos territorios indios.
2. Esta concesión otorgada por la corona española solo podía hacerse a

favor de españoles que habitaban en América, no podía extenderse esta

concesión a favor de indios porque precisamente los indios no eran sujetos,
no contaban como ciudadanos sino contaban para la tributación, por

ello fueron tratados como objetos útiles para producir y rendir tributos.
Tampoco podían ser concesionarios de la encomienda extranjeros que no

fueren españoles.
3. La encomienda era una especie de contrato o convención entre el

rey y el español habitante en tierras de América, mediante el cual el

Justicia Indígena

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encomendero tenía la facultad legal de percibir o cobrar los tributos a

los indios presentes y futuros, es decir conforme la ley de sucesión, el

derecho se trasmitía a favor del encomendero para seguir tributando al

heredero o descendiente del indio que tributaba y consecuentemente la
obligación de tributar del indio se extendía también hasta uno de sus

herederos postmorten.

Hemos hablado de un contrato o convención porque al extender la corona
este derecho de encomienda, el español benefciario debía realizar un

juramento o compromiso formal para su cumplimiento.
4. El contrato de encomienda conlleva dos condiciones que el español

benefciario tiene que cumplirlos:

a)

Preparar espiritualmente al indio para que se convierta a la fe

católica, adoctrinando y extrayendo la salvajidad de su ser para que
ingrese a la civilización. Labor que debía hacerlo con el apoyo de los
curas y cuando no entiendan por medio de la razón había que recurrir al
tizón y la fuerza.

b)

La otra condición que se estipula en la encomienda es la

obligatoriedad del español benefciario en habitar, vivir y permanecer
en estos territorios a fn de defender de posibles invasiones sobre la

jurisdicción española.

La encomienda como anotamos benefcia directamente al español

encomendero con los tributos de los indios que percibe anualmente,

constituyéndose en un protector remunerado con el tributo, un protector
que asumía la representación del mismo Rey, a quien retornaban ellas
y el tributo cuando terminaba la encomienda. Además la encomienda

permitía a la corona española ganar por doble vía:

Primera: En una sociedad de imposiciones, arbitrariedades y violencia
engendrada por la conquista española, había que inventarse algún

mecanismo para contrarrestar o incluso evitar desde un inicio posibles

sublevaciones de los indios. Y una forma de mantener la dominación

era a través de la sumisión ideológica, bien dirigida por la iglesia que
difundía el conformismo, la paciencia e incluso el sufrimiento terrenal,
como mérito para alcanzar la felicidad eterna en ultratumba. Para
cumplir con este propósito la corona española envió una gran cantidad

de curas, obispos y más religiosos para implantar un proceso intensivo

de adoctrinamiento a las poblaciones indígenas.

Segunda: Los confictos generados por la actitud expansionista de
la corona en más territorios de América, sus recursos minerales y

Carlos Pérez Guartambel

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poblaciones indias para el trabajo fue evidente entre España y Portugal,
sin considerar a otras naciones europeas que también ansiaban expandirse
por el nuevo mundo, fue necesario prevenir a los conquistadores y

colonizadores en la defensa de sus territorios con los indios como carne
de cañón.
La iglesia católica aprendió rápidamente los vicios del Estado en la

expansión del Cristianismo, más que en ganar nuevos pueblos para la
fe de Cristo y constituirse en una religión ecuménica, fue su interés

incorporar nuevos territorios a su administración para generar riqueza

y poder.

Así la suerte estuvo echada para los indios. La astucia e insaciable

ambición no se hizo esperar, españoles provistos de rudeza y rapacidad
de toda laya vinieron a América, con instrucciones precisas de expansión
totalitaria; y, sus actuaciones estuvieron en unos casos fuera de la ley y
aún en contra de la ley, en las instituciones costeadas por las espaldas
golpeadas de los pueblos indígenas, como la mentada encomienda; los
concertajes, que los “naturales” proveían a los españoles de un número
determinado de individuos que ejecutasen el trabajo en las minas y, por
último, la de los indios sujetos al tributo, “como prenda de seguridad y
defensa que les prometían los conquistadores”
a decir de Diego Luis
Molinari.

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