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t mb ·é compará o
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u m al meno para e a
. l menor · Es líe "to scoge
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. yor? No hay duda que uno puede escoger un ma
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f's~co meno , como la amputación de un miembro para
al va a v ·da de un enfermo. Pero, ¿se puede escoger un
t""

mal menor mooral?

Algunos teólogos responden afi;·;nativamente porque,
dicen, el mal :m enor, en comparac1on del mayor que se
ha de evitar, r eviste la razón de bien, induit rationem
boni. La cons ideración relativ·a del mal menor, comparada
con la del m al m.a yor que hay que evitar, pr€valecería sobre
la consideració.n absolru;t a del mal menor tómado en sí
mism~o. Esta superioridad de la consid·e ración relativa
conduciría en seguida a c ierto rigorismo por la confusión
del menor bien con el mal, de la imperf·e:cción con el pecado
venial; ahora conduce a un.a 's uerte de ''laxismo'' por la,
confusión del mal .m enor 1con el bien. ¿No es un signo de
relativismo, cuya inconsistencia se manifiesta por la fluctuación entre los ·extr.e mos? La ver·d adera respuesta ..IL.1L-parece que está enunciada por S. Tomás .a propósito
Ja ment ira : ¿es siempre un pecado? 11-11, q. 110, a_.W'l
Se objeta: E:s nece'Sario escoger un mal menor para
tar uno mayor como el médico aJnputa un miembro P
salvar el cuerp'o · ahora bien, la mentira, al causarra
'
·
d ,. , menos g
er;ror en el espíritu de otro produce un ano
r•....:.

102

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1• -

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to T m' s r pon , ib · .

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ol mente un pe.c a.do por 1 mal q .

l p 'jim.o, sino también por el desoi den e enc1
ll r con igo (pues nuest a palabra €Stá hecha, po
u natural za, paia expresar nuestro pensamiento, COJn.?
nue~tr a inteligencia para conocer la verdad) . Mas, no esta
permitido recurri ~ a una cosa ilícita, intrínsecamente
esordenada., para impedir un mal . . . Ta mpoco está permitido mentir para librar a alguno de cualquier pelig1..0.
Está permitido solamente ocultar la verdad'', porque ocultarla no es. hablar cont?~a ella. Y ·de he.cho, cuando los
santos se hallan en estos casos difíciles, como están habitualmente unidos a Dios, rec.iben del Espíritu Santo por
el don d·e consejo una inspiración, que viene a suplir la
imperfección de Stl pru~dencia y les hac·e evitar la Inentira,
guardando c<>:mpleto silencio; 'Si es absolutamente necesario guardarlo.
Nuestr:o Señor ·d ijo a sus ·discíp~ulos: ''Cuando se os
haga compare·c er (ante los jueces) no penséis ni cóm.o ni
qué habéis de decir: porque se os dará entonces lo que
habéis de hablar''. (Matth. 10,19).
Se sigue de e's ta respuesta de Santo Tomás, que no se
puede querer una cosa intrínsecamente .m ala, para evitar
otra mayor. Los actos humanos están especificados, en
efecto, por su objeto, y si éste es esencialmente malo bajo
el punto de vista moral, el acto por él especificado es ·moralmente malo. Pero ·s i en una cosa o persona (por ejemplo en un candidato de elecciones) hay todavía un aspecto
suficientemente bueno como para que se pueda no escoger
positivamente, sino tolerar el mal que en ella hay, se puede tener. así u~ recu~so para evitar un mal mayor, siempre
que sea ~mrpos~ble ev~tarlO' por otros medios. Pero uno debe
esforzarse en buscar esos otros medios o en hacerlos aparecer, para que no se prolongue esa situación crítica, con la
que podemos cooperar al desorden. Por ejemplo, se deb

103

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Los actos so11 especificados por s u obJeto: SI el objeto
e in ínsecam nte malo, aunque menos malo que otro,
Ja acción or él especificada .e s mala. Si el ob ·eto es bueno, , que menos bueno que otro, la elección por él especi
icada es todavía buena.

La conformidad con la v oluntad div-ina
H agamos resaltar, en fin, la diferencia que existe respecto de la conformidad con la voluntad de Dio·s, entre
la tierra y el cielo, ent1·e el destierro y la patria. Aqu
abajo, durante nuestro viaje hacia la eternidad, estamo
obligados a conformar nuestra volunta·d con la voluntad
divina, queriendo todas las cosas por el mismo motivo que
el misn1o Dios, in volito fo rmali, para el bien y para la
gloria divina; pero no estamos obligados, cuando no hay
precepto, a querer· todas las cosas (v·o litum materiale) que

Dios quiere, por ejemplo la muerte de nuestro padre,
cuando llegue. Lo cual, en efecto, dice S. Tomás (1), es
un bien bajo el punto de vista universal de la Providencia, puede no serlo bajo el punto de vista particular e~ que
se debe colocar tal cristiano o tal familia. Es la mtsrna
piedad filial quien nos hace afligir de la muerte de un
() 1 Cf. 1' Iae., q. 19 a. 10 .
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