CUESTIÓN III

El derecho del sufragio.—Los tributos

SÍNTESIS DE LA CUESTIÓN
88.

S u O P O R T U N I D A D Y SU PROPIO

LUGAR.—Aun-

que estamos tratando aún de los principios generales, hemos creído oportuno poner aquí la presente
ouestión, compuesta de dos partes; pues si bien es
bastante particular, está muy relacionada con los
principios expuestos de la justicia legal y distributiva, y en adelante ya no hemos de ocuparnos de
propósito en ella. Por lo demás, encaja plenamente
en el plan de este libro, porque es de las que hoy
traen suspensos y divididos los ánimos.
84. PLAN.—Vamos á exponer en breve el plan
que hemos de seguir:
a) No tratamos de examinar qué exigen las presentes circunstancias, y, conforme á ellas, qué sistema hay que llevar á las leyes sobre el sufragio y
los tributos, pues esto sería meternos en cuestiones
políticas, del todo ajenas á nuestro propósito.
h) Tampoco repetiremos aquellos puntos filoso-

134

CUESTIONES AOIäRÖA DB LA J U S T I C I A

fieos que todos los católicos generalmente admiten:
nuestro principal objeto es tratar de las cuestiones
hoy debatidas.
c) Trataremos, pues, de averiguar el verdadero
concepto del derecho del sufragio y de la obligación
de pagar los tributos; luego, qué relación tienen
ambas cosas con la justicia, y de qué modo, conforme á los principios absolutos, hay que regular el
derecho del sufragio y la exacción de los tributos.

CAPÍTULO I

SI derecho del sufragio (1).
A R T Í C U L O

I

Preámbulos.
85.
O B J E T O PRECISO D E E S T E C A P Í T U L O . — a )
Sólo
tratamos de] derecho del sufragio, por el que el pueblo elige á sus gobernantes, sobre todo á los diputados á Cortes.
b) Y examinaremos estos dos puntos:
«) Cuál es la verdadera naturaleza de este derecho.
p) Por qué principios hay que regular debidamente su ejercicio.
86.
O P I N I Ó N D E LOS D O C T O R E S . — a )
Casi todos
los doctores escolásticos omiten esta cuestión; razón por la cual casi no podemos servirnos de ellos.
Hay que exceptuar á Santo Tomás, del que tomamos lo siguiente:
«) Aunque de las tres formas de gobierno, monárquica, aristocrática y democrática (2), ninguna

(1) S a n t o T o m á s , 1, 2, q. 105, a. 1.—Waffelaert, ob. cit., t . 2, n ú m e ros 406-413. —E. de Parieii, Principes de la, science politique,
(2) N o l i a y que e x t r a ñ a r que S a n t o Tomás, en otro lugar (De vegimine prmcipum), defina con p a l a b r a s nn t a n t o duras l a democracia,,
porque e s t a palabra, en boca de Aristóteles, significa la corrupción

136

CUESTIONES AOIäRÖA D B LA JUSTICIA

es buena ni mala, absolutamente hablando, de suyo
es preferible un régimen compuesto en algún modo
de estas tres formas. Dice así (1, 2, q. 105, a. 1, c):
«El mejor (1) sistema político está formado por la
sabia combinación del reino, en cuanto preside uno
solo; de la aristocracia, por cuanto los más virtuosos son elegidos para los más altos cargos del gobierno; y de la democracia, ó sea de la potestad del
pueblo, en cuanto los príncipes pueden ser elegidos
de entre el pueblo, y es el pueblo el que hace 3a
elección» (2).
¡3) Conviene que éste no sea' indigno del derecho
que se le concede. (Véase 1, 2, q. 97, a, 1.) «Si poco
á poco el pueblo depravado hace venal su voto y
elige á hombres malos y revoltosos para el gobierno
de la sociedad, se le puede quitar justamente el
poder de conferir esos puestos honrosos, y volverlo
á poner en manos de pocos ciudadanos honrados.»
De estos principios se pudiera colegir tal ve» que
Santo Tomás no hubiera reprobado esta teoría de
Ahrens (3): «La combinación (de las formas polítidel r é g i m e n p o p u l a r , al m o d o que l a t i r a n í a se o p o n e á. l a m o n a r q u í a
y l a o l i g a r q u í a á. l a a r i s t o c r a c i a . M c i t a d o filósofo l l a m a policía â l a
v e r d a d e r a y g e m i i n a d e m o c r a c i a (ofr. III Polit., c. 5), Y a lo a d v i e r t e
a s í M o l i n a , d. 23, n û m . 13.
(1) U n o s leen: *Talis e n i m est ó p t i m a politia.» Y otros: <Talis v e r o
e s t omnifl.»
(2) E n 6Bto S a n t o T o m á s s i g n o l a c o n s t a n t e t r a d i c i ó n de l o s m o derados. A s í o p i n ó A r i s t ó t e l e s , y t a m b i é n Cicerón; e s t e ú l t i m o d i c e :
»Hay u n a c u a r t a f o r m a de r e p ú b l i c a que m e r e c e l a p r e f e r e n c i a , y
que c o n s i s t e e n l a m e z c l a de laa t r e s f o r m a s qne a c a b o de enumerar.»
(Be República, 1,29; v é a s e 1, 45.) T a l v i e n e á ser l a o p i n i ó n d e los
m o d e r n o s ; p a r e c e , p u e s , q u e e s t a forma, m o d e r a d a se a d a p t a & IÜB
c o n d i c i o n e s m á s u n i v e r s a l e s de l o s h o m b r e s .
(8) Cours de droit naturel, p á g . 886, A h r e n s era profesor e n E r a s e l a s .

E L DHRBCHO DHiL SUFRAGIO. — LOS TRIBUTOS

137

cas), para ser justa, debe ser tal que permita el
desarrollo progresivo del elemento democrático á
medida que la civilización se va extendiendo más y
más en la sociedad.»
b) Opinión de los modernos:
«) Los moralistas consideran el derecho del sufragio como un privilegio cuyo uso no es obligatorio en virtud de la justicia conmutativa. (Véase
limo. Waffelaert, DejustiUa etjure, t. 2, núm. 406;
G-enicot, Theol. mor,, t. 1, 359.)
3) Otros, dedicados á los estudios políticos, siguen dos tendencias principales. Para los racionalistas el derecho del sufragio es un derecho natural ó innato del pueblo, por cuyo medio los gobernantes reciben la delegación del pueblo, indispensable para que puedan gobernar legítimamente. Y
sólo de esta manera el individuo se despoja de su
libertad ó independencia ingénita y transfiere á la
comunidad su autonomía. Esta renuncia es absoluta; de suerte que todo el derecho y autonomía de
los individuos pertenece ya completamente á la sociedad.
De este error emanan necesariamente estos dos
corolarios:
a) El derecho del sufragio es estrictamente universal, igual para todos, puesto que todos los individuos son iguales,
b) Una vez emitido el voto, el ciudadano queda
convertido en un esclavo, bajo la omnipotencia del
Estado, sin otro derecho quizás que el de la revolución.
Dejando á un lado á los racionalistas, los demás

138

CUESTIONES AOIäRÖA D B LA JUSTICIA

políticos vienen á admitir que el sufragio es para
los ciudadanos una función que deben desempeñar.
Muchos, sin embargo, conceden que es imperfecta la naturaleza de esta función (1), y vienen a
coincidir poco más ó menos con la opinión general
de los teólogos moralistas.
Ahora, ©1 derecho del sufragio ¿cómo se ha de
ejercitar? Algunos admiten ó rechazan absolutamente éstos ó los otros sistemas. Así aconteció recientemente en Bélgica con el sistema de la representación proporcional, pues mientras unos sostenían que sin él el régimen representativo era una
mentira, otros afirmaban que carecía de verdad y
traía el escepticismo político.

ARTÍCULO II
Enunciado y pruebas de la tesis.

TESIS VI
El derecho de sufragio es una facultad legal y
onerosa de designar los funcionarios que} al menos
parcialmente, han de gobernar la sociedad.
Por lo tanto, en su reglamentación primero hay
que atender al bien común} y luego á la distribución
equitativa del derecho.
(1) A s í o p i n a D. M, B l o c k , Petit dictionnaire politique et social; Paria,
P e r r i n , 1896; a. m lector at: « L ' é l e c t o r a l p e n t ê t r e c o n ç n c o m m e é t a n t ,
à. u n c e r t a i n degré, u n e f o n c t i o n . » A s i m i s m o , e n e l P a r l a m e n t o da
B é l g i c a , h a b i e n d o d i c h o Beemaerfc (Annales
de la Chambre, 1893,

EL, DERECHO DBL SUFRAGIO, — UOS TRIBUTOS

139

I.—ESTADO DE LA CUESTIÓN
87. 1.° O B J E T O D E L A TESIS.—Dividimos ia
tesis en dos partes. E n la primera determinamos ia
naturaleza y el objeto del derecho del sufragio: su
naturaleza> cuando decimos que se concede como
un privilegio oneroso; y de esta manera nos adherimos al común sentir de los teólogos y á la opinión
de los que consideran este derecho como un cargo
ó función imperfecta; su objeto, cuando añadimos
que este privilegio es para designar los funcionarios que han de regir la sociedad. Por estas palabras excluímos la opinión falsa de los que ven en
el derecho del sufragio el modo como el pueblo gobierna por medio de mandatarios propiamente tales.
En la segunda parte, á modo de corolario, ponemos las reglas para el perfecto ejercicio de este derecho y explicamos la relación que tiene con la
justicia.
II.—EXPLICACIÓN DE LOS TÉRMINOS
El derecho de sufragio; popular, por el que se
hacen principalmente las elecciones de diputados.
Es una facultad. Por esta expresión excluímos
p á g i n a 812): «Le droit de v o t e e s t une f o n c t i o n d o n t l a s o e i é t é i n v e s t i t c e u x qu'elle e s t i m e e n é t a t de l a remplir», W o e a t e ( i b í d . , pág i n a 898) ropnao que e s t a o b l i g a c i ó n era de o t r a e s p e c i e que l a s dem á s : «Antre c h o s e e s t u n e f o n c t i o n a c c e p t é e , a u t r e c h o s e est u n e
f o n c t i o n conférée; l e droit de s u f f r a g e e s t u n e f o n c t i o n c o n f é r é e , e t
n o n une f o n c t i o n a-ociopfcéo.»

340

CUBSTIONI58 ACERCA DE LA JUSTICIA

del derecho del sufragio el concepto de cargo ó función propiamente tal, pues facultad directamente
significa beneficio, honor, ventaja propia de una
persona privilegiada.
Legal, porque emana de la ley, y sólo se extiende
á los individuos que la ley cree que deben poseer
tal facultad, y no es un derecho natural de cada uno.
Onerosa, porque engendra obligaciones.
De designar los funcionarios que... han de gobernar la sociedad. En estas palabras afirmamos que
los elegidos tienen verdadera autoridad sobre la
sociedad, que la gobiernan en su propio nombre
y según su propio dictamen, y que no son meros
mandatarios que hayan de limitar sus funciones á
lo que sus electores les quieran determinar. Rechazamos, pues, los mandatos llamados imperativos.
Esto no obstante, pueden los electores buscar candidatos de sus ideas ó imponerles algunas condiciones. Be ahí el que los candidatos manifiesten su
programa, y que, según lo pide la equidad, hagan
dimisión de su cargo si en algún punto importante
disienten de sus electores.
La designación ó elección no siempre es inmediata, pues á veces, al menos en las elecciones de
senadores, el pueblo designa los electores, y éstos
son los que eligen á los senadores.
Los funcionarios. Estos suelen ser, como dejamos
dicho, los legisladores, á saber: los diputados y senadores. Puede ser que se elijan también otros cargos por sufragio popular, como los jueces ó magistrados en los Estados Unidos de Norteamérica, en
Inglaterra los que distribuyen entre los pobres las

AT DFLREGHO DRIJ SUFRAGIO.—LOS TRIBUTOS

141

contribuciones destinadas á ese objeto, etc. Como
se deja entender, los mismos principios hay qu©
aplicar á estas elecciones que á las anteriores.
Á lo menos en parte, añadimos, porque en un régimen mixto no todos los gobernantes llegan al poder por el sufragio popular, sino también por otros
títulos.
Por lo tanto, en el ejercicio ordenado de este derecho primero hay que atender al bien común. Esto
es á lo que directa y principalmente han de mirar
los legisladores al reglamentar mediante las leyes
el sufragio popular: de qué manera ha de contribuir
mejor al buen gobierno de la sociedad, conforme á
las cualidades que han de tener los gobernantes:
deseo del bien común, prudencia, eficacia en el
obrar, etc.
En manera alguna se puede consentir que se ordene el ejercicio del sufragio con subordinación, no
á los principios ciertos, sino á las teorías excogitadas por unos pocos (1).
Y luego á la distribución equitativa del derecho.
Aunque debe darse la preferencia al bien común,
no hay que desatender lo que pide la justicia distributiva, Por lo tanto, en cuanto lo permita el bien
común, se ha de procurar que el valor del vobo sea
(1) H o y , s i n embargo, ea e s t o c o s a corriente. Y, lo que es peor,
m i e n t r a s se d e s p r e c i a n lo» principios de l a verdadera religión, s e
a d m i t e n como i n c o n c u s o s los v a n o s d o g m a s de u n a f a l s a libertad,
y sin escrúpulo se i n v e n t a n derechos y libertades, sin qne, s e g ú n BUS
autores, sea l i c i t o c o n t r a v e n i r & e s t a idea suprema. E s t o ge ve, sobre
todo, e n F r a n c i a respecto de l a s <leyes intangibles» de l a república,
i m p í a ; lo m i s m o s u c e d e en I t a l i a t o c a n t e a l modo de entender l a
unidad p o l l t i o a del reino.

142

,

CUESTIONES ACERCA DX1 t,A JUSTICIA

igual para todos los que tengan idéntico título, y
que la facultad de votar la tengan en el mismo grado todos cuantos puedan contribuir de igual manera al bien público.
XII.—DEMOSTRACIÓN
88.

PRIMERA

PARTE.—A)

gio es una facultad

El derecho de sufra-

legal.

P R I M E R A R G U M E N T O . — E l derecho de sufragio ó
es un derecho innato de los ciudadanos (1), ó emana de la ley como un cargo propiamente dicho ó
como una facultad.
Esto es manifiesto; es decir, que no es posible
discurrir más que los tres miembros dichos, ni asignan otro los partidarios de las opiniones que hemos
citado.
Ahora bien:
a) Ese derecho no es innato. Porque
«) Solamente lo admiten los que equiparan la
sociedad perfecta á una sociedad privada cuyo
comienzo y disolución no tienen otro origen que la
libre voluntad y el consentimiento de los socios. E n
este caso el derecho del sufragio se reduce á renunciar á la propia autonomía ó á admitir la forma de
gobierno de la sociedad.
Pero la sociedad civil es una institución natural,
y, por lo mismo, de la naturaleza le viene el dere-

(1) A s í lo afirmó J a n BOU e n l a C á m a r a fie d e n t a d o s de B é l g i c a
(1893, pág.-92í).

EL, DERECHO DBL SUFRAGIO, — UOS TRIBUTOS

12

cho de existir y de tener los medios de gobierno necesarios para el bien común. Para esto ao se necesita el consentimiento de cada uno; ni puede tampoco nadie prestar su consentimiento á la sociedad
con la condición de tomar parte en el gobierno mediante el derecho del sufragio.
p) De aquí se seguiría con toda lógica el derecho del sufragio universal para las mujeres y para
todo el que tenga expedito el uso de la razón. Y aun
son muy pocos los que lo defienden (1).
b) Tampoco se puede admitir el derecho del sufragio impuesto por la ley como una estricta función cívica. Porque
«) Un cargo propiamente tal hay que ejercerlo
por justicia conmutativa fundada en un casi contrato. Y el contrato estriba en el consentimiento
mutuo de las partes, y especialmente en el de quien
toma sobre sí las obligaciones. Por eso únicamente
en casos extremos, como al ocaso del Imperio romano, se obligó á algunos ciudadanos á aceptar ciertos
cargos públicos. Ahora bien; el derecho del sufragio no solamente lo tienen los que lo piden ó no lo
rehusan, sino todos los que reúnen las condiciones
legales. Luego si fuera un cargo, casi todos los ciudadanos estarían sujetos á un cargo perpetuamente
y sin su consentimiento.
p) Además, el objeto de un verdadero cargo ó
función pública es únicamente aquello que es necesario para el régimen de la sociedad, como dar
leyes, hacer justicia, etc. Y aquí se trata de la elec(1

V é a s e l o q u e m á s a d e l a n t e d i r e m o s sofcre e s t a c u e s t i ó n .

144

,

CUESTIONES ACERCA DX1 t,A JUSTICIA

ción de gobernantes; y esta manera de designarlos
no es esencial á la sociedad.
y) Con nuestra opinión concuerda la doctrina de
los moralistas (1) y el común sentir de los hombres,
pues nadie hay que se crea obligado en justicia á
votar, como si en ello desempeñase un cargo. Es
más, muy pocas son las naciones en que la ley obliga á los ciudadanos á ir á las urnas (2).
S E G U N D O ABGTOMENTO . — N u e s t r a tesis se confirma
también con la razón que en favor del sufragio dan
sus apologistas, ensalzándolo como libertad política, prerrogativa del pueblo libre, etc., con lo cual
dan á entender que es una facultad, y no un cargo
propiamente dicho.
B) Es una facultad
onerosa.
a) Por el derecho del sufragio los ciudadanos
electores pueden influir algo para que se confíe el
gobierno de la nación á personas dignas; y esto ya
se ve que es de grande interés para el bien común.
Más aun, la Iglesia misma y su paz ó incolumidad
están grandemente interesadas en que haya buenos
gobernantes, como es evidente. Ahora bien; los
electores, como ciudadanos y como hijos de la Iglegia, están obligados, según su posibilidad, á procurar el bien común en todo lo que es indispensable.
Luego el derecho del sufragio nos impone como ciudadanos y como cristianos una nueva obligación.
b) Además, el que quiera usar de su derecho
no tiene más remedio que sujetarse al derecho es(1) V é a n s e , por e j e m p l o , W a f f e l a e r t , G ó n i c o t , e t c .
(2) V é a s e lo q u e d e e i a W o e s t e e n l a C á m a r a de d i p u t a d o s b e l g a .
(AsxaUsparlamentarios,
10 de Marzo de 189S, p&g. 898.)

EL DERECHO DEL SUFRAGIO.—LOS TRIBUTOS

145

tricto (de justicia conmutativa) que tiene la sociedad para exigir que los cargos públicos estén en manos de personas dignas. Por lo tanto, el ciudadano
sólo puede, en rigurosa justicia conmutativa,/ votar
al candidato que absoluta ó relativamente sea digno; por lo menos, en el caso de que su voto sea
eficaz (1). Entendemos por relativamente digno al
candidato cuya elección ha de ser menos perjudicial al bien común que la de su'adversario (2); de
suerte que, por lo menos para impedir el triunfo
del peor, se pueda favorecer al menos malo.
C) Es la facultad de designar los funcionarios
que han de regir la sociedad, al menos parcialmente.
Esta es la explicación más obvia del derecho del
sufragio, pues las mismas leyes que lo conceden al
pueblo, no le dan á él, sino á los diputados (colectivamente considerados), el derecho de legislar. Podemos corroborar esta opinión con el hecho de que
al hacerse las elecciones ignora el pueblo.la mayor
parte de los asuntos que se han de ventilar en las
Cámaras. Y jamás se considera el diputado reo de
injusticia estricta para con sus electores por votar
unas leyes en vez de otras. Además, si el elegido
fuese un mero mandatario, solamente lo sería de
los que le eligieron; y no sería diputado si se extralimitase en sus atribuciones de mandatario. Y, sin
(1) L l a m a m o s oñeaz el v o t o que probablemente ha de decidir el
triunfo en favor de uno ó de otro candidato.
(2) De i n t e n t o u s a m o s de estas palabras. Pues puede m u y bion
suceder que la elección de u n a persona de suyo peor (por ejemplo, de
un s o c i a l i s t a ) sea menos perjudicial que la de otra afiliada á un partido liberal moderado. Y como iiay que medir esto por ol bien com ú u , en t a l oaso el candidato de suyo peor os el menos indigno.
TOMO I .

LO

146

,

CUESTIONES ACERCA DX1 t,A JUSTICIA

embargo, en realidad cada diputado es elegido por
un distrito y representa á toda la nación, sin que
sus atribuciones se consideren limitadas por ningún mandato. Esto está fuera de controversia; y es
lo que quiere decir Santo Tomás cuando afirma que
en el régimen mixto entra el elemento democrático
en cuanto el pueblo elige & los príncipes (1). Porque príncipes son los que de hecho mandan.
89. S E G U N D A P A S T E . — Reglas á que ha ele ajustarse el ejercicio del derecho de sufragio. Demostración:
A) Por lo tanto, para regular el derecho del sufragio, primero hay que atender al bien común.
La facultad ó prerrogativa que procede de una
causa pública debe regularse primeramente en orden al bien común. Ahora bien; éste es el caso del
derecho del sufragio. Porque cuando vemos que en
una sociedad donde todos los ciudadanos son iguales
se concede una facultad á unos, y á otros no, tal diferencia, para ser justa, sólo puede provenir de una
causa de carácter público.
Además, por su objeto, este derecho se ordena á
designar los gobernantes. Y teniendo derecho estricto la sociedad á ser regida por hombres dignos,
hay que regular de tal manera el sufragio que por
él se consiga la elección de los más dignos. Luego,
según esto, hay que someter el ejercicio del derecho
del sufragio al bien común ante todo.
B) En segundo lugar hay que atender á la distribución igual del derecho.
(1) 1, 2, q. 105, a. 1, c. V é a s e lo d i c h o e n el n ú m e r o 86.

EL, DERECHO DBL SUFRAGIO, — UOS TRIBUTOS

147

Esto es manifiesto, puesto que el derecho del sufragio es un bien, un privilegio ó prerrogativa de
la comunidad. ("Véase la tesis anterior.)

IV.~

DIFICULTADES

90. Dejaremos á un lado las dificultades que provienen
de los errores sobre la naturaleza de la sociedad civil (para
éstas remitimos al lector á los tratados de derecho natural), y solamente examinaremos una relativa á la ley, que
en algunas naciones (como en Bélgica y en España) obliga
á los ciudadanos á tomar parte en las elecciones.

El derecho del sufragio es de tal naturaleza que
los ciudadanos pueden ser obligados por la ley á
ejercitarlo. Luego en nada se diferencia de un cargo que hay que desempeñar.
RESPUESTA.—Existe u n a d i f e r e n c i a , y es q u e l a

obligación de votar proviene únicamente de una ley
penal, y las obligaciones de un cargo hay que cumplirlas por virtud de la justicia conmutativa.
La razón misma de la ley y el común sentir de
todos (1) inducen á creer que no es más que penal
la obligación de votar en este caso; pues si la ley
lo manda, es porque de otra suerte muchos se retraerían de hacerlo, con menoscabo del bien común;
tanto más, cuanto ese retraimiento cunde principalmente entre los ciudadanos más amantes de la
paz civil. También pretende la ley asegurar la libertad de los ciudadanos de humilde condición, so(1) V é a s e G-óniooi, t o m o I, p&g. 359.

148

CUKSTíONES ACERCA B E LA JUSTICIA

bre los cuales pudieran ejercer coacción los poderosos para impedirles votar. Ahora bien; para la consecución de estos fines basta la sanción penal.
También se puede apoyar esta opinión en el
hecho de que no quebranta la ley quien da un
voto nulo.

ARTÍCULO III
Corolarios y anotaciones.
I.

—COROLARIOS

91.
D E LA O B L I O A C I Ó N D E C O N C I E N C I A . — L a obligación que hay en conciencia de votar no procede
precisamente del derecho del sufragio, sino de la
obligación general de la justicia legal, que nos obliga para con el Estado y para con la Iglesia (1).
Por consiguiente, el que meramente se abstiene
de votar nunca peca contra la justicia conmutativa,
aunque prevea que los elegidos han de causar daños
á la sociedad.
Ahora, si emite su voto, debe recordar que la sociedad tiene derecho de estricta justicia conmutativa á ser gobernada por hombres dignos, y que, por
lo tanto, dar el voto á un candidato indigno es hacer á la sociedad una injuria de suyo perjudicial,
que obliga á la restitución á proporción de la efica-

(1) A v e c e s los deberos de c a t ó l i c o p u e d e n prohibir á, un c i u d a d a n o el v o t a r , c o m o s u c e d o e n I t a l i a .

EL, DERECHO DBL SUFRAGIO, — UOS TRIBUTOS

149

cía del voto y del daño que se hubiere seguido, según los principios generales de justicia (1).
Es intrínsecamente malo ser causa eficaz de la
elección del indigno sobre el que es digno.
Además, ese voto dado al candidato indigno es
un acto de cooperación á todas las injusticias que
se prevé ha de hacer, una vez obtenido el cargo,
al Estado, á la Iglesia ó á los particulares.
Esta cooperación puede ser formal, como si uno
da el voto con el fin de obtener un decreto injusto.
Si no, será solamente material.
Digamos algo sobre esta cooperación material.
No es la cooperación de quien da un mandato, pues
por ella el elector sólo confía al candidato el cargo
de gobernar bien la sociedad; tampoco es la cooperación de quien consiente (tomando esta expresión
en el sentido que le dan los moralistas al tratar de
la cooperación), puesto que el voto es, 110 para dar
una ley, sino para elegir una persona. Es, pues, la
cooperación propia del participante mediato (mediate particip antis) muy semejante á la del vendedor que entrega un arma sabiendo que el comprador tiene intención de usar mal de ella. Este género
de cooperación puede, con causa proporcionada,
excusarse. Sobre este punto véase el limo. Waffe-

(i) De i n t e n t o a ñ a d i m o s e s t o ú l t i m o , p a r a i n d i c a r que h a y que
proceder c o n p m i d e n c i a al a p l i c a r & e s t e c a s o l o r e l a t i v o á, l a oblig a c i ó n de r e s t i t u i r , a t e n d i d a l a c u l p a b i l i d a d , el influjo e n el d a ñ o
c a u s a d o y d e m á s c i r c u n s t a n c i a s que e s t u d i a n l o s m o r a l i s t a s , s i n
olvidar las causas excusantes. H a y en esto m u c h a variedad de casos
que no n o s t o c a estudiar, y sobre l o s c u a l e s r e m i t i m o s al l e c t o r k l o s
moralistas.

150

CUIïSTIONGS ACKRCA DIO I.A JUSTICIA

laerfc, Nouvelle Revue Théologique, tomo XIV, página 490.
92.

A L G U N O S TESTIMONIOS DIGNOS

DE

APROBACIÓN:

a ) Con razón Santo Tomás (1, 2, q. 105, a, 1) aconseja
que tenga el pueblo alguna parte en el gobierno de la sociedad, para conservar la paz y para que le sea más acepto
todo el régimen. Y con la misma razón (resp. ad 2) señala
6Q la monarquía absoluta el peligro de la tiranía,
b) Acertadamente también han expuesto en la Cámara
belga algunos diputados la naturaleza del sufragio popular (1).
93.

C R I T E R I O PARA JUZGAR UN SISTEMA DE R E G U -

POPULAR.—Por lo dicho podemos
concluir lo siguiente: Para juzgar con recto criterio los diversos sistemas de regular el sufragio hay
que tener presentes varias circunstancias; y antes
que nada, ver cuál de todos los procedimientos dará
más fundadas esperanzas de una buena administración. Una vez asegurado el bien común, se debe
LAR

EL SUFRAGIO

(1) H e aqui a l g u n o s t e s t i m o n i o a :
«L'éleotion l é g i s l a t i v e n'est p a s u n m a n d a t , c'est un choix..,, le
o h o i x de l ' h o m m e que l'on e s t i m e le p l u s o n p a b l e de bien r e m p l i r
l e s f o n c t i o n s de l é g i s l a t e u r e t au b e s o i n colles de g o u v e r n a n t . . . Cet
h o m m e n'est p a s l i é à l ' é l e c t e u r par u n c o n t r a t qui l e s u b o r d o n n e h
celui-ci; l ' é l e c t e u r l e d é s i g n e , m a i s c'est l a loi qui l e n o m m e e t l'inv e s t i t de l a f o n c t i o n s o u v e r a i n e d a n s l ' i n t é r ê t de t o u s s e s c o n c i t o y e n s , q u e l l e que s o i t leur o p i n i o n p o l i t i q u e o u l a r é g i o n qu'ils hab i t e n t . » (De S m e t d e N a e y e r , 4 do M a y o de 1892; Annales, p â g . 1148.)
»L'objet de l ' é l e c t i o n c o n s i s t e à a p p e l e r a u x a f f a i r e s l e s plus c a p a bles, les p l u s a c c r é d i t é s , e n vue de o o n s t i t u o r l o m e i l l e u r g o u v e r n e m e n t possible.» (De B r o c q u e v i l l o , 12 de S e p t i e m b r e d e 1899; Annales,
p&gina 2552.)
iLo droit de v o t e n e s'exerce p a s d a n s l ' i n t é r ê t de l ' é l e c t e u r , m a i s
d a n s o e l u i d e l a s o c i é t é , qui peut, par c e l a m ê m e , e n s u b o r d o n n e r
l'exeroioe a u x c o n d i t i o n s qu'elle j u g e o p p o r t u n e s . E t ces c o n d i t i o n s

Eh DJLRBOHO DEL SUFRAGIO.—-LOS TRIBUTOS

161

preferir el procedimiento que con más perfecta
igualdad distribuya entre los ciudadanos la autoridad política encerrada en el sufragio.
No discutiremos si es preferible el sistema llamado de representación proporcional, ó el uninominal de dividir la nación en distritos iguales y dar
á cada uno uno ó varios diputados.
Respecto del sistema de representación
proporcional, pretenden algunos que es el único verdaderamente representativo; otros, en cambio, sostienen
que es contrario á los principios católicos sobre el
derecho de la verdad contra el error, y que además
adolece de escepticismo político (1).
Ambos extremos creemos que son falsos.
El primero porque, como hemos probado, por el
derecho del sufragio no se busca que los diputados
procedan del mismo modo que lo haría el pueblo ó
los electores si tuvieran que legislar.
Además, si no es incompatible con el genuiuo
sistema representativo que muchos ciudadanos carezcan de voto—como sucedió largo tiempo en Béla o n t n e c e s a a i r e m e n t v a r i a b l e s ot c o n t i n g e n t e s : e l l e s d ó p e n d e n t dea
circo e s t a n c o 9, e l l e s d é p e n d e u t des m i l i e u x , ellea n'ont, e l l e s no peuv e n t avoiv de c a r a c t é r e absolví.
• Tello e s t b i e n l a v r a í e n o t i o u dtt droit é l e c t o r a l . C'eat n n e fonct i o o ; u n d e v o i r , p l n t ó t qu'nn droit.» ( B e e r n a e r t , 28 de F e b r e r o de 1893;
Anuales, p á g . 799.)
Todoa l o s c a t ó l i c o s e s t u v i e r o n de a c u e r d o con l a s i d e a s a n t e r i o r e s ,
á, e x c e p c i ó n de e s t a ú l t i m a , e n que ni orador i n s i s t í a d e m a s i a d o
e a dar c a r á c t e r de cargo «1 deber e l e c t o r a l , lo que di ó l u g a r A l a
a c e r t a d a r e c t i f i c a c i ó n de Woliste, de l a que a n t e s h i c i m o s m e n c i ó n :
e s t o ú l t i m o orador d e m o s t r ó que f a l t a b a l a aceptación p a r a que pudiera t e n e r s e el d e r e c h o d e l s u f r a g i o c o m o u n c a r g o p r o p i a m e n t e
d i c h o y u n casi c o n t r a t o .
(1) E s t o o b j e t a b a en ol P a r l a m e n t o b e l g a Do B r o c q u e v i l l e . (Aúnales Parlamcntaires,
1809, pág. 21551,)

152

,

CUESTIONES ACERCA DX1 t,A JUSTICIA

gica,—tampoco lo ha de ser que sea desigual el
voto de unos y de otros electores, y de distinta autoridad.
Dirá alguno: «Conviene que el Parlamento sea
una fiel representación de los electores.»
R E S P U E S T A . —Si se pretende que esto es absolutamente necesario, es falso; pues, ante todo, hay
que subordinar la constitución y organización del
Parlamento al bien común. Si únicamente se quiere
significar la conveniencia, se puede admitir; pero
concediendo que no es esencial en el régimen representativo .
Y vengamos al segundo extremo. No negamos
que hay ciertas verdades fundamentales que no deberían discutirse en una sociedad bien organizada.
Y aun cuando, como sucede en muchas sociedades
modernas, el gran número de los disidentes no per-,
mite que sean positivamente reconocidos los derechos de la verdadera religión, con todo, en cuanto
se pueda, hay que mantener por lo menos las verdades morales, que son la base de la sociedad humana. Por lo tanto, habría que negar el voto á los
que desean y casi abiertamente procuran la destrucción de todo lo existente.
De grado concedemos todo esto. Tampoco negamos que al defender de cierto modo el sistema de
representación proporcional> hay peligro de acercarse á la herejía y al escepticismo político. Pero
a) No es ésta la única forma de defenderlo.
Porque si en las elecciones se designan las personas, sin determinar los programas políticos, de suyo
no tendrán lugar las cuestiones del derecho de la

EL, DERECHO DBL SUFRAGIO, — UOS TRIBUTOS

153

verdad y de la intrusión del error. Pues muy bien
puede suceder, y sucede á menudo, que los dos partidos contendientes sean católicos y apoyen candidatos dignos (1).
b) Donde, sin hacer cuenta de las opiniones, se
concede á todos igualmente, lo mismo al socialista
que al católico, el derecho del sufragio, de suerte
que todos tengan la puerta abierta para poder
triunfar en el terreno polítioo, allí quizás hay menos peligro de incurrir en el escepticismo político.
E n este caso la cuestión se reduce á distribuir
convenientemente los derechos legales ya concedidos, y á ver qué es más conveniente, según las circunstancias (2).

II.—ANOTACIONES

94. - E L S U F B A & I O UNIVERSAL.—Vamos á decir en
dos palabras qué hay que opinar sobre él.
l.° Razonablemente se puede aprobar el sufragio universal cuando el objeto de la elección está
al alcance de la generalidad dé los ciudadanos, dado
el grado de cultura á que ha llegado la sociedad;
ó, por lo menos, cuando los más ignorantes están
dispuestos á seguir el consejo de personas ilustra(1) S i » e m b a r g o , el s i s t e m a e l e c t o r a l que r e c i e n t e m e n t e s e lia.
i n t r o d u c i d o en B é l g i c a , que q u i t a casi por c o m p l e t o á l o s e l e c t o r e s ,
individualmente
c o n s i d e r a d o s , l a o p c i ó n d e v o t a r A e s t e ó a l otroc a n d i d a t o , es c a u s a de que l a l u c h a e l e c t o r a l sea n e c e s a r i a m e n t e luc h a d e ideas.
<2) E s t o v i e n e á, decir V a n den H e n v e l . (Anuales Parlementaires
de
Belgique, 1899, p&g. 2666.)

154

,

CUESTIONES ACERCA DX1 t,A JUSTICIA

das y dignas de fe. Con estas condiciones tiene sus
ventajas este sistema, porque ai pueblo le halaga
tener alguna parte en el gobierno, y los gobernantes se ven más constreñidos á procurar el bien del
pueblo y atender sus reclamaciones.
Contra este sistema se oponen dos inconvenientes principales:
a) En las elecciones casi exclusivamente se
atiende al número, prescindiendo de los intereses
peculiares de las diversas clases de ciudadanos. Por
eso prefieren muchos la representación de intereses
ó de gremios á la representación individual. (Véase
Cathrein, Philosophia moralis, núm. 624.)
b) La mayoría fácilmente puede oprimir ó vejar
á la minoría, aunque la diferencia de votos sea pequeña.
Hay dos medios de atenuar estos inconvenientes;
a) El voto plural, por el cual á los que sobresalen por su ciencia ó por su probidad se concede más
de un voto. Objetan algunos que la preponderancia
que por este medio se quiere dar á los ciudadanos
más principales ya la tienen de su}7o, por la autoridad que les da ante los demás electores su ciencia,
su virtud y sus riquezas. Pero, esto no obstante, hay
que confesar que los que arrastran al pueblo suelen
ser los que se valen de malas artes ó los más atrevidos.
b) El derecho de las minorías á elegir algunos
diputados. A esto replican no pocos que por estas
concesiones que se hacen á las minorías se debilita
el gobierno de la sociedad y pierde el vigor que
necesita para procurar el bien común.

EL DRUECílO DEL SUFKAGIO.—LOS TRIBUTOS

155

Dejando á un lado estas controversias, no se
puede negar que es más conforme á la naturaleza,
que dio á los hombres distintas cualidades, conceder mayor número de votos al que es más entendido y prudente en los asuntos políticos, y al que
por tener más riquezas está más interesado en el
buen gobierno de la sociedad. En particular hay
que reconocer en el padre de familia la prerrogativa de tener dos ó tres votos.
Porque, en primer lugar, el padre de familia de
suyo se ha de interesar más por el bien común que
los jóvenes y los solteros; y además, mirando sólo
á la igualdad, el voto del padre viene á ser el voto
de la familia, es decir, de varias personas: luego
debe tener más valor que el voto de un hombre solo.
95.

¿ P O R Q U É E N LOS A C U E R D O S QUE S E TOMAN P O S

VOTACIÓN

SUELE

SEGUIRSE EL

VOTO D E

LA

MAYORÍA

NUMÉRICA?

Dos razones se pueden dar:
1. a Porque no constando quién es más perito, y
suponiéndose á todos competentes en el asunto de
que se trata, hay presunción en favor del dictamen
de los más, como mejor y más acertado.
2. a Donde no puede haber unanimidad de pareceres, la mayoría se acerca más á esta unanimidad;
y así, en cuanto es posible, se sigue el parecer de la
totalidad (1).
96. ¿Poa Q U É H A Y Q U E S U P O N E R Q U E E L P U E B L O ,
AL E L E G I R

LOS G O B E R N A N T E S , D I S P O N E D E U N A

COSA

(1) V é a s e otra eoluoiôn que <ia de e s t e punfco A. F o u i l l é e , La philosophie du suffrage universel (Revue des Deux Mondes, t. 65, pàga. 111-118},

156
SUYA

,

CUESTIONES ACERCA DX1 t,A JUSTICIA

CON M Á S P R O P I E D A D

Q U E OTROS

ELECTORES

AL

C O N F E R I R OTROS CARGOS?

Con esta razón hemos probado en el número 74
que el pueblo 110 está sujeto á la justicia conmutativa en la elección de los funcionarios públicos.
RESPUESTA.—Porque en el régimen democrático
el pueblo es considerado en algún modo como el
primer sujeto en que radica la autoridad, la cual se
entrega después á otros para que la ejerzan por
consentimiento y en nombre del pueblo, toda vez
que éste no puede gobernar por sí mismo (1).
O, si se quiere, se puede explicar así: hácese una
primera distribución de todos los cargos electivos, y
se ponen á disposición del pueblo en la forma que lo
permite el bien común; esta forma es que dichos
cargos sean ejercidos por personas aceptas al pueblo, con tal que sean dignas.

(1) E l bien c o m ú n , que e x i g e q u e l a s o c i e d a d s e a r e g i d a por p o c o s ,
e x i g e t a m b i é n que, d e n t r o de loe l í m i t e s de l a p o t e s t a d que h a n recib i d o , n o e s t é n l o s g o b e r n a n t e s s u j e t o s al arbitrio d e l p u e b l o . N o puede, pues, el p u e b l o r e c l a m a r el poder que dió al r e y y á. sus l e g i t i m o »
s u c e s o r e s , s i n o que e s t á s u j e t o A u n p a c t o f o r m a l ó v i r t u a l irrevocable.

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