DE LA VISIÓN ICÓNICA DE LA ARQUITECTURA

AL URBANISMO CRÍTICO
Análisis e intervención urbanística en Madrid tras la Transición a la democracia

IMAGEN: Ramón López de Lucio. Fuente: http://www.paisajetransversal.org/

Entrevista con Ramón López de Lucio
Ramón López de Lucio es arquitecto-urbanista, con una extensa trayectoria académica y
práctica profesional en el campo del planeamiento urbano. En las siguientes líneas presenta
algunas claves en la conformación de su perspectiva analítica, como la participación en la
Escuela Crítica de Ciencias Sociales, una etapa clave en el inicio de su trayectoria profesional
y en la conformación de una toda una generación de urbanistas críticos, también hablamos
sobre el contexto sociourbanístico de la ciudad de Madrid y su periferia, así como del salto
de los análisis a las propuestas urbanísticas a partir de la Transición a la democracia. En
este sentido, también señala su experiencia como asesor urbanístico de la Asociación de
Vecinos del Pozo del Tío Raimundo (desde 1972 hasta 1981), un proceso que analiza y
describe en el artículo “Génesis y remodelación de una parcelación marginal madrileña. El
Pozo del Tío Raimundo (Vallecas)” (1988), en la que pudo intervenir en uno de los procesos
de transformación urbana más interesantes que se han dado en la ciudad de Madrid: la
operación de Remodelación de Barrios.

David [D]: En tu formación como urbanista, parece clave la participación en el Seminario de
Sociología Urbana, dirigido por el Sociólogo Mario Gaviria y el Arquitecto Fernando de Terán en
la Escuela Crítica de Ciencias Sociales (CEISA). Para empezar, sería interesante que nos hablaras
de cómo llegas al CEISA...

Ramón López de Lucio [RLL]: En aquel momento nosotros éramos estudiantes de la Escuela de Arquitectura,
estábamos hartos de la Escuela y nos encontrarnos con CEISA. El encuentro fue, de alguna manera, una
casualidad. Como pasan tantas cosas en la vida, una casualidad que te determina y lleva por un camino”.
Eran años muy especiales, alrededor de 1967 y 1968. Cuando hicimos el estudio sobre el Gran San Blas, corría
el mítico año 68. Estábamos en los años finales del franquismo y por aquel entonces ya no había miedo, no
había miedo. Quizá entre obreros o activistas muy comprometidos todavía permanecía esa sensación, pero
entre los hijos de la burguesía que estudiábamos en la Universidad te puedo asegurar que no teníamos ningún
miedo. Todo el mundo estaba encuadrado en partidos de izquierda o era cercano a sus postulados. Yo no,
siempre he ido por libre, pero alrededor, todo el mundo se pasaba el tiempo haciendo reuniones, haciendo
propaganda, haciendo panfletos, y nadie tenía miedo.
Y, bueno, pues en ese ambiente, lo que nos contaban en la Escuela, acerca de proyectos maravillosos, de casas
de lujo, de Palacios de Congresos... no nos interesaban nada. Considerábamos la Escuela de Arquitectura
un lugar elitista donde se hacían proyectos para ricos sin ningún interés. Por ejemplo, en los cinco años de
carrera yo no hice un sólo ejercicio sobre el tema de la Vivienda Popular. Y, en gran medida sigue pasando
eso, no ha cambiado tanto. La Escuela de Arquitectura es muy fiel a sus principios.
En esa época nos pasábamos la vida en el bar, conspirando y en manifestaciones, etc... Pero en aquel
momento aún no teníamos conocimientos sobre el urbanismo crítico. Ni la expresión existía en nuestro
vocabulario como concepto, ni sabíamos como hincarle el diente a este tema. Hay que tener en cuenta que
los libros llegaban muy mal a España, no existía toda esta riqueza de publicaciones que existe actualmente.
Prácticamente no había nada.
En la Escuela de Arquitectura había dos personas encargadas de impartir las asignaturas de Urbanismo.
Por un lado, José López Zanón, que no nos interesaba demasiado. Era buena persona pero no atraía nuestro
interés. Por otro lado, un funcionario de Zaragoza, Emilio Larrodera López. Una persona muy ligada a la
Administración franquista que había hecho planeamiento de forma profesional. Daba clases interesantes,
pero no se puede decir que fuese urbanismo crítico, sino más bien histórico, descriptivo y en parte normativo.
Sin embargo de alguna manera te metía el gusanillo por la ciudad, el interés por la ciudad. Hablaba de cómo
las ciudades se adaptan al territorio y al paisaje, como se habían formado a lo largo de la historia.
En ese momento apareció un cartel en la Escuela. En aquel cartel decía que en una llamada Escuela Crítica
de Sociología —que no conocíamos nadie— un tal Mario Gaviria —al cuál no conocíamos— y Fernando de
Terán, —que era por aquel entonces un Arquitecto Urbanista de cierto prestigio— iban a dar un curso sobre
Sociología Urbana. Entonces, un grupo de gente inquieta, todos amigos de clase, fuimos allí y nos encontramos
con CEISA, claro.
El Centro de Estudios e Investigación, Sociedad Anónima (CEISA), que José (Pepín) Vidal Beneyto había
planteado como una Sociedad Anónima para sortear los problemas propios de la época. Por supuesto si se
planteaba el proyecto como una Universidad Libre se lo hubiesen prohibido de antemano. Con la Ley de
Sociedades Anónimas, y con un Patronato de personas relevantes se buscaron las vueltas para establecer

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aquello. El mismo era un hombre rico, un naranjero valenciano propietario; con otros amigos acomodados
de ideología de izquierdas.
CEISA estuvo primero por el barrio de Goya y más tarde en Zurbano. Nosotros llegamos allí, para asistir a un
curso de Sociología Urbana como unos pardillos. En principio, según se anunciaba, tampoco era Sociología
Crítica. Estuvimos unos meses dando clase con Mario Gaviria, con Fernando de Terán y también con otro
arquitecto que se llamaba Jose Antonio Alonso Velasco. Con la distancia ya no recuerdo con exactitud el
contenido de las clases pero incluían una parte de urbanismo crítico, la relación de la ciudad con los grupos
sociales, las clases y los intereses de grupo, etcétera. Pero, la verdad, lo que nos marcó a nosotros fue la
posibilidad de hacer trabajo práctico, de pisar la calle.

IMAGEN: Alumnos en CEISA.
Fuente: ˝La Sociología imposible", en Triunfo
nº 408, 1970.

En aquel momento a Mario Gaviria le habían dado una subvención de la revista Arquitectura (del Colegio de
Arquitectos) para hacer un estudio sobre el barrio del Gran San Blas, la mayor actuación en los años 50’ de
la Obra Sindical del Hogar y la Arquitectura (O.S.H.). Gaviria había dirigido anteriormente un estudio sobre
la Ampliación del Barrio de la Concepción (1966), en el que también participó el sociólogo Enrique Grilló.
Nosotros no llegamos a participar en esa primera aproximación. Pero si pudimos participar en el estudio
sobre el Gran San Blas (1968). La verdad es que aquel estudio determinó la vida de, al menos, 15 personas.
Nos metimos a trabajar con Mario, una persona entusiasta, simpática y muy generosa. Nosotros éramos
estudiantes, y como es lógico siempre pelaos de pasta, y él siempre nos invitaba a cerveza, a gambas... y nos
quedábamos tan contentos. Estuvimos cerca de un año trabajando en el Gran San Blas haciendo de todo,
desde entrevistas en profundidad, fotografías, análisis de la localización del comercio, de los desplazamientos
de la población,...
D: Y, a partir de esta primera inmersión en el trabajo práctico que os proporcionó la Escuela
Crítica de Ciencias Sociales, ¿Cuál crees que fueron las aportaciones de esta perspectiva desde la
calle, la conversación y las entrevistas más típico de la Sociología y del Urbanismo crítico frente
al modelo de formación existente en la Escuela de Arquitectura?

RLL: Creo que el mayor aporte fue el entrar en contacto con la ciudad real, la ciudad donde vivía la gente. Tu
eres sociólogo, pero estoy seguro de que entiendes que la visión de la ciudad en las Escuelas de Arquitectura

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es una visión muy objetual. Centrada en proyectos concretos. De un rascacielos, de una escuela en un solar
de un barrio concreto, etc. Desde esta perspectiva ves las cosas como objetos singulares en lugares singulares.
Nunca, en ninguna clase de proyectos yo recuerdo que se nos aconsejase hacer una aproximación al espacio
en el que se insertan los proyectos: visitar el barrio, ver qué tipo de barrio es, cómo son sus calles, cómo
funcionan sus dinámicas sociales, cómo funciona el comercio, cuáles son los desplazamientos cotidianos, el
paisaje del barrio... No se favorecía un encuadre de situación a través del cual se pueda tomar conciencia del
significado que tiene la parcela en la que se va a intervenir, su relación con el contexto donde se inserta. Por
supuesto, si querías lo podías hacer, pero nadie te conducía en esta dirección. Y, como te decía, las Escuelas
de Arquitectura ha cambiado muy poco. Siguen empeñadas (mayoritariamente) en la visión objetual e icónica
de los edificios, aislados de su entorno.
Existe una gran diferencia entre un urbanista y un arquitecto cuando visita la ciudad o conduce a otras
personas en una visita por la ciudad. Los arquitectos van de edificio en edificio, haciendo paradas concretas,
siguiendo a un guía y fijándose en los detalles y en datos concretos (autores, año de construcción, estilo...). Sin
embargo nosotros, Mario Gaviria, o cualquiera de nosotros cuando hemos sido profesores, lo que hacemos
es llegar a un barrio y bajarnos del autobús. Andar por el barrio. Andando es como se ve y se comprende un
espacio urbano: cuáles son las calles animadas y cuáles las calles tranquilas. Las cosas que funcionan bien y
las que funcionan mal.
Por ejemplo, en la Guía de Urbanismo Madrid siglo XX (publicada en 2004 por el Ayuntamiento de Madrid, y
preparada por Ramón López de Lucio en colaboración con José Javier Bataller, Darío Rivera y Javier Tejera),
se presenta bien esa diferencia. Analizar los tejidos urbanos es algo más que desplegar un catálogo de edificios
singulares.
Apenas hay Guías de urbanismo. Las Guías de arquitectura se limitan a clasificar los edificios por fechas. ¡Por
fechas!, desde los más antiguos hasta los más recientes; no organizan las referencias del plano en relación
a los barrios, ni se da importancia a este enfoque. En las Guías turísticas también se presentan las ciudades
históricas como un conjunto de monumentos, pero al menos te cuentan algo de los barrios. El objetivo es
ver unos edificios pero, como se supone que los turistas andan, te describen un poco el barrio que atraviesas.
Sin embargo una Guía de urbanismo trata de presentar y describir gráficamente un barrio y a partir de ahí
ya puedes hablar de arquitectura. Aunque, por ejemplo, hay promociones, como el Barrio del Pilar, en el que
todos los bloques son iguales.
D: Aunque sé que me salgo del tema, ahora que mencionas la conformación del tejido urbano
del Barrio del Pilar, promovido por Banús, al igual que el Barrio de la Concepción que habían
analizado Mario Gaviria y compañía. Por entrar un poco en el contexto sociourbanístico en el
que se insertan aquellos inicios en el urbanismo crítico, ¿Cuál crees que fue el papel de los agentes
inmobiliarios, más allá de los planes concretos, en los desarrollos de Madrid?

RLL: Si, es un tema completamente distinto. Podría ser casi una clase de urbanismo general. La ciudad se
hizo, como se hacía en España hasta los primeros años cincuenta o finales de los años cuarenta, edificio por
edificio. Históricamente, había dos formas de hacer ciudad: la ciudad formal y la ciudad informal.
La ciudad formal se hacía en función del plano definido por el Ayuntamiento (Plan Castro, Plan Cerdá...).
Normalmente una retícula que definía las manzanas, que a su vez se dividían en parcelas en las que se
construía cada edificio de forma independiente. El Ayuntamiento hacía el plano, compraba el espacio de las

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calles a sus propietarios privados y las urbanizaba y dejaba las manzanas preparadas. La parcelación era un
proceso que no dependía del Ayuntamiento sino de los propietarios del suelo.
La ciudad informal se desarrolló a partir de lo que he llamado Parcelaciones Periféricas. En un artículo de
1976, “En torno a los procesos reales de desarrollo urbano: las tipologías de crecimiento en la formación de la
periferia de Madrid”, publicado en la revista Ciudad y Territorio, describo de forma muy clara estos procesos.
En estos espacios no existía ningún tipo de plan del Ayuntamiento. Los propietarios rústicos diseñaban una
estructura de calles mínimas para dar acceso a las parcelas y vendían las parcelitas (por ejemplo en Tetúan,
Puente de Vallecas, La Guindalera, Marcelo Usera., etc). En estas parcelaciones, de calles muy estrechas,
vendían las parcelas a inmigrantes procedentes de Andalucía, de Extremadura, de Castilla La Nueva... que se
autoconstruían una casita de forma no muy diferente a como se construyen ahora las inmensas periferias de
México DF, de Sao Paulo en Brasil, en Bolivia, o en las grandes ciudades africanas.
Como ves, esas dos formas de hacer ciudad están basadas en el edificio. En la ciudad formal partiendo de un
plano de conjunto y una urbanización formalizada y en la ciudad informal simplemente no se urbanizaban
(no había agua corriente, ni alcantarillado, ni nada de nada...). Estas parcelaciones han tenido agua y
alcantarillado cuarenta o cincuenta años después de haberse construido.

IMAGEN: Plano del Barrio del
Pilar. En: Madrid siglo XX. Guía de
Urbanismo, 2004.

Volviendo a la ciudad formal, la promoción inmobiliaria se basaba en la inversión de capitalistas particulares
que no tenían la capacidad para hacer ciudad ellos solos, necesitaban del Ayuntamiento que definiera la
red de calles y urbanizara. Ellos compraban solares, hacían un edificio en función de lo que permitiera la
Ordenanza y construían viviendas para poner en alquiler.
Cuando madura el capitalismo empiezan a aparecer grupos que se dedican a la promoción de vivienda pero a
mayor escala, el la que promueven paquetes enteros en los que ellos definen ya la red de calles, las aceras y la
situación de los bloques, además de construirlos y ponerlos a la venta. Normalmente este tipo de promoción
capitalista está unida a la aparición de la vivienda en renta. Ahí la función de la Administración es más

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limitada. El Plan General se limita a decir cuales son las zonas urbanizables y la densidad que se permite. Ya
no se definen las calles, son planes más bien de manchas y algunos ejes importantes. Hay un salto de escala.
En pocas palabras, sería el paso de la “producción artesanal” a la “producción industrial”.
D: Esta pequeña clase de urbanismo me sugiere dos preguntas que, volviendo al tema principal
que nos ocupa, remiten al urbanismo crítico. ¿Cómo se interviene en estas promociones de gran
escala, como sucederá más tarde en la Operación Remodelación de Barrios? ¿Qué aporta la
perspectiva crítica para la transformación de estos tejidos?

RLL: De nuevo planteas un salto muy fuerte. Inicialmente el urbanismo crítico que hacemos se limita al
análisis. No pasa de la etapa analítica en la que se estudian las condiciones de vida, las características de los
barrios populares, las tipologías de vivienda, las deficiencias... Por ejemplo, si revisas el estudio sobre El Gran
San Blas (1968) no hay apenas propuestas y las pocas que hay plantean aspectos muy genéricos «¿Dónde
localizaría usted una fuente?», «¿Dónde localizaría usted una parada de autobús?». Aspectos que tienen que
ver con el funcionamiento cotidiano o la simbolización del espacio, pero no hay propuestas concretas, solo
visiones analíticas.

IMAGEN: Plano sintético del análisis en
El Gran San Blas (1968)

En los años sesenta hacemos análisis de la realidad (principalmente barrios populares) y por otra parte
empezamos a leer a Lefebvre. Que era el maestro de nuestro maestro. Lefebvre era, en cierta medida nuestro
abuelo. Además generacionalmente lo era. Nosotros teníamos cerca de veinte, Mario rondaba los treinta
y Lefebvre tendría cerca de sesenta años, en esa época ya era para nosotros un señor mayor. También
empezamos a leer a Jane Jacobs o Lewis Mumford, que era historiador pero con una veta sociologista;
un poco más tarde a Christopher Alexander. Leíamos lo que había, no nos llegaban muchas más cosas. La
experiencia práctica era analítica y la lectura y la reflexión teórica la hacíamos en base a estos textos que
teníamos. Comenzábamos a plantearnos no sólo «¿Qué es eso de la ciudad?» sino también «¿Qué es eso del
Derecho a la Ciudad?». Empezábamos a hablar de cosas como la segregación o la caracterización social del
espacio. En cuanto pensaba un poco, cualquier joven se daba cuenta que había una ciudad de pobres y una
ciudad de ricos. Nosotros en aquel momento, los arquitectos, lo que hacíamos era caracterizar las formas
físicas de crecimiento y las formas espaciales en función de características de clase. Por ejemplo en Madrid,

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se plasma en una línea divisoria que va desde el Noreste hasta el Suroeste. El Norte-Noroeste es rico, el SurSureste es pobre. Históricamente ha sido así, y lo sigue siendo.
D: ¿Y en qué momento se da el salto de la fase analítica a las propuestas urbanísticas?

RLL: En aquel momento es más bien una fase analítica a nivel de barrios y a nivel de ciudad, en la que
empezamos a conceptualizar lo que los sociólogos habéis llamado la División Social del Espacio. Desde
la Sociología se hace desde una perspectiva más teórica y nosotros lo hacíamos referido a formas físicas
concretas. Por ejemplo, la caracterización de las urbanizaciones de vivienda unifamiliar como una forma de
desarrollo típica de los barrios ricos. Mientras que las parcelaciones periféricas de viviendas unifamiliares
auto-construidas, al igual que las promociones de bloque abierto de bajo coste, como pueden ser el Gran San
Blas, Caño Roto o incluso el Barrio de la Concepción, evidentemente, se corresponden con los barrios pobres.
Haciendo memoria, yo creo que la aproximación sigue ese orden: análisis de barrios, lecturas teóricas y
conceptualizaciones en torno a la estructura urbana y la relación de la sociedad de clases con el espacio,
pero sin intervenir en la ciudad. El salto a la propuesta creo que se produce bastante más tarde, ya con la
Democracia. Es este momento el que abre las posibilidades de actuar.
Hasta entonces era más bien una visión crítica o una visión analítica, pero no teníamos ningún poder efectivo,
ningún instrumento de poder; empezando porque los Ayuntamientos no eran electivos. Acuérdate que las
primeras elecciones municipales son en el año 1979. En el tardofranquismo la intervención política era más
directa (apoyo a las huelgas obreras, manifestaciones contra la represión, contra sentencias del Tribunal de
Orden Público, manifestaciones contra las ejecuciones que se producen hasta Septiembre del 75...).

IMAGEN: Luchas por la vivienda en
Vallecas. Años setenta.

La actividad propositiva es más bien a la defensiva. Ni había instrumentos para intervenir en la ciudad, ni
era la prioridad. Eso se empieza a plantear con la Democracia. El Régimen del 78 que ahora denostáis los
jóvenes. Se empieza a plantear con los primeros Ayuntamientos democráticos, y sobre todo en los primeros
ochenta porque, fíjate, ahora el urbanismo está muy desacreditado, pero entonces (el primer cuatrienio
Ayuntamientos democráticos es de 1979 a 1983) es cuando se plantean hacer un nuevo Plan General de
un tipo muy diferente: preocupado por la gente, preocupado por los problemas de los barrios, preocupado
por el equilibrio de la ciudad, el reequilibrio de la ciudad, preocupado por el reequipamiento de los barrios,
preocupado por la vivienda y la reconstrucción, preocupado el reverdecimiento de la ciudad y de los barrios.
Hay que tener en cuenta que en Madrid en el año 82 no había más parques que el del Retiro, la Dehesa de la
Villa y el Parque del Oeste. En los barrios, especialmente cruzando el río, no había un solo parque. Cosas que,
supongo, ahora las dais como que han existido siempre, toman forma entonces.

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D: También, además del Plan General, ¿un instrumento muy importante fueron los PAIs no?

RLL: Claro, los PAIs fueron un instrumento de apoyo al Plan General. Yo trabajé en varios PAIs. Se hizo un
diagnóstico de los diferentes distritos. Además de contar un poco la historia de los distritos, eran básicamente
un Programa de Actuaciones Inmediatas. PAI quiere decir eso. Eran un catálogo de actuaciones; ¿Qué
calles están sin asfaltar?¿Qué parques hay que hacer? ¿Qué zonas de infravivienda hay que rehabilitar?
¿Qué escuelas? Etcétera. Fue un trabajo increíble, probablemente fue el trabajo más interesante y más
comprometido que promovió Fernando de Terán, como director de la COPLACO (Comisión de Planeamiento
y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid). Los PAIS fueron la apoyatura, el arma analítica, del Plan
general de Madrid de 1985. Partiendo de esa base, el Plan no tuvo que hacer grandes esfuerzos analíticos. Ahí
tiene razón Terán cuando se queja de lo que le han ninguneado desde la izquierda, pese a que la mayor parte
de la base informativa para actuar en el Plan General vino de ahí”.
Además de los PAIs, la otra línea fue la Remodelación de Barrios. Una línea muy madrileña, no pasó en otras
ciudades españolas. Es una de las quejas de los catalanes por ejemplo. En Madrid se hizo una operación
muy especial en la que se tomaron 28 barrios (38.792 viviendas), unos de chabolas o de casitas bajas, otros
de viviendas de promoción pública en muy mal estado (problemas de estructura, etc...), y otros nuevos
(viviendas y urbanización nueva). Además, estas viviendas se ofrecían a precios muy baratos, ya que en las
parcelaciones periféricas se compraba el suelo y se les pagaba por la expropiación de la vivienda vieja (aunque
fuera una chabolita, una casa de ladrillo o de chapa auto-construida). También había una cantidad a fondo
perdido, y el resto con unos intereses muy bajos. Yo intervine en El Pozo del Tío Raimundo, y recuerdo que
las casas salían alrededor de 150.000 pesetas, que no era nada. Un piso de 90 metros cuadrados, con dos
baños, 3 dormitorios, un salón con terraza, y fachada de ladrillo visto y dos o tres ascensores por edificio, o sea
viviendas de clase media. Siguen siendo viviendas de clase media, viviendas a las que vosotros los jóvenes no
podéis acceder ni locos. Se ha llegado a decir que eso fue una especie de pago de la “deuda social” contraída
por tantos años de dictadura.
D: Ahora que mencionas tu participación en la Asociación de Vecinos del Pozo del Tío Raimundo,
sería interesante finalizar comentando el papel del arquitecto en este proceso.

RLL: Al principio, en los primeros setenta, se luchó para rehabilitar el Pozo histórico: las calles eran de tierra,
no había ni agua corriente ni alcantarillado. Inicialmente se trató de conseguir mejoras materiales para los
barrios (pavimentación, agua, alcantarillado...).
En el Pozo también había un problema concreto: la amenaza de la Red Arterial del Plan General de 1963, les
habían metido un nudo de autopistas encima, la conexión de lo que luego ha sido la M-40 con la Avenida de
Entrevías. Este nudo liquidaba dos terceras partes del Pozo. Para resolver este problema, alrededor del año
1977, hacemos al Ayuntamiento una propuesta de un Plan Parcial que remodela el Barrio, y que libera una
tercera parte. Dimensionamos el nudo de manera más modesta y lo desplazamos hacia fuera de manera que
nos quedan dos terceras partes del barrio libres para el Plan. Esto implicaba remodelar el barrio completo.
Se planteó como una especie de transacción. El barrio se compromete a no plantear problemas para despejar
un tercio del suelo, y a cambio se aprueba un Plan Parcial y la Administración costea una parte significativa
del Proyecto. Estando ya en este proceso apareció la famosa Orden Comunicada del Ministerio de la Vivienda,
en la que se lanzaba el Programa de Remodelación de Barrios, con lo cuál se abrió la espita al dinero y se
aprobó de inmediato el Plan Parcial. Nuestro documento, dibujado sobre una mesa camilla más o menos, lo

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recogió la Gerencia Municipal de Urbanismo y lo aprobó como un documento legal. Sobre ese Plan Parcial
nos contratan a los arquitectos, a mi como arquitecto de la Asociación y a otro estudio de arquitectos (Adiego
y Vizmanos), para que hagamos un proyecto de reconstrucción del barrio por fases. El estudio de Detalle de
la primera fase en 1978, y la modificación del Plan Parcial, que contenía a su vez el Estudio de Detalle de la
segunda fase en 1980/81.

IMAGEN: Plano del Pozo del Tío
Raimundo. Atlas de Madrid (1966).

Para el diseño de estos proyectos, ya volvemos al mecanismo que te contaba antes, la actuación por paquetes
completos. Se diseña al mismo tiempo el viario, la localización de todos los elementos y la arquitectura de
los bloques. Participamos en este proceso hasta el final. Fue un proceso curioso, impulsado por la Asociación
sobre todo, pero en el que nosotros participamos, en el que de forma asamblearia se deciden cosas como
dónde se va a localizar a la gente. Se ofreció la posibilidad de vivir en una torre, de vivir en un piso bajo sin
ascensor, o vivir en una vivienda unifamiliar con un pequeño patio. Opinó todo el barrio y generalmente se
respetaron las preferencias. Supongo que habría discrepancias, quizá más gente querría la casita baja, aunque
no te creas que tantos, porque la casita baja estaba ligada a la chabola y el piso estaba ligado a la modernidad.

D: Creo que eso pasó en más barrios si, creo que lo describían en Retrato de un chabolista con
piso, que la gente quería “tener un piso como los demás, que la gente quería “tener un piso como
los demás”.

RLL: Es muy bonito ese título, muy expresivo, «chabolista con piso». Pues en El Pozo había mucha gente que
decía “no, no yo quiero un sexto...”. O sea, que la elección del tipo de vivienda fue participada. Es un barrio desde
el punto de vista profesional muy interesante. No es un Barrio como el Barrio del Pilar con todos los bloques
iguales sino que hay muchas formas de vivienda (hay torres, hay bloques de cuatro plantas, hay unifamiliares
adosadas y hay un tipo muy curioso que es una unifamiliar con jardín abajo y otra unifamiliar arriba con una
terraza, o sea una especie de unifamiliares superpuestas. Había muchas posibilidades de elección. Luego,

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la Asociación decidió también de forma participada un tema muy espinoso y que ha funcionado muy bien:
la distribución de la población gitana. Se decidió dispersar en distintos bloques y la población gitana esta
de acuerdo en no hacer ghettos. Aunque en ese proceso intervenimos poco los arquitectos. Nuestro papel
fue primero rehabilitar el barrio y luego reconstruirlo por fases, in situ, porque no hubo desplazamientos
temporales, primero se construía una torre en un solar, y se trasladaba la población de una manzana entera
de casitas bajas a ese bloque... y así hasta terminar el proceso.

David Prieto Serrano

Ramón López de Lucio es autor de una abundante bibliografía, dentro de la cuál se pueden destacar
libros como Los nuevos ensanches de Madrid: la morfología residencial en la periferia reciente, 1985-1993
(en colaboración con Agustín Hernández Aja, 1995), Madrid 1979-99. La transformación de la ciudad
en 20 años de ayuntamientos democráticos (1999, coautor y editor), Madrid siglo XX. Guía de Urbanismo
(2004, en colaboración con J.J. Bataller, D. Rivera y J. Tejera), Construir Ciudad en la Periferia (2007),
Ordenar el Territorio, Proyectar la Ciudad, Rehabilitar los Tejidos Existentes. La relevancia del Planeamiento
a través de los Premios Nacionales de Urbanismo (2009) o Vivienda Colectiva, espacio público y ciudad
(2013). Cuenta también con una extensa práctica profesional en el campo del planeamiento y el
diseño urbano en Madrid, Galicia o País Vasco.

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