Rev. psicol.

Arequipa 2015, 5(2), 147-157 / Recibido: 07-04-15 / Aceptado: 17-06-15
ISSN 2221-786X versión impresa / ISSN 2307-4159 versión electrónica

LA PROMOCIÓN DEL COMPORTAMIENTO
SEXUAL SALUDABLE: UN PUNTO DE VISTA
CONDUCTUAL
William Montgomery Urday
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú
RESUMEN
Ante los diversos tipos de riesgos ligados a la actividad sexual (enfermedades, trastornos, problemas derivados), se necesita no solo una
estrategia de promoción del comportamiento sexual saludable, sino
también un enfoque pragmático y sistemático que la aborde con sustento científico y evidencia empírica. Se argumenta que la ingeniería
del comportamiento sexual saludable proporciona dicho enfoque teniendo en cuenta los focos de atención para concretar las estrategias
de intervención: prevención de acontecimientos o comportamientos
de riesgo, capacitación de las personas y fortalecimiento de contextos,
articulándolas en un análisis de contingencia.
Palabras clave: Comportamiento sexual, promoción de salud sexual,
ingeniería del comportamiento, análisis conductual.

ABSTRACT
PROMOTION OF HEALTHY SEXUAL BEHAVIOR: A BEHAVIORIST STANDPOINT
Given the various types of risks associated with sexual activity (diseases, disorders, arising problems), not just a strategy to promote healthy sexual behavior, but also a pragmatic and systematic approach is
needed develops that address science-based and empirical evidence.
It is indicated that engineering healthy sexual behavior provides such
an approach given the narrow focus of attention for intervention strategies: prevention events or risk behavior, empowering people and
strengthening of contexts, articulating a contingency analysis.
Key words: Sexual behavior, sexual health promotion, behavioral engineering, behavioral analysis.

Correspondencia: avidolector@yahoo.es

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La promoción del comportamiento sexual saludable / William Montgomery

INTRODUCCIÓN
El conocimiento científico sobre la conducta sexual humana es relativamente reciente. Se inició durante la década de 1940 a partir de las investigaciones del biólogo Alfred Kinsey, quien, junto con sus colaboradores,
realizó la primera encuesta a gran escala sobre las prácticas sexuales en
Norteamérica. A pesar de sus deficiencias, harto señaladas por los metodólogos sociales, fue un modelo de indagación que ha servido para otras
más variadas e internacionales, en las cuales se han encontrado hallazgos
de singular importancia1. Los datos también dan cuenta de la dificultad
para distinguir entre comportamiento sexual “normal” y “anormal”, determinándose que, generalmente, tales diferencias están señaladas por los
juicios morales, legales y estadísticos de la mayoría de habitantes de una
cultura, en un momento particular2. La dificultad para precisar lo normal
y lo anormal aumenta cuando se comparan las culturas occidental y oriental, por lo que los especialistas han adoptado el criterio de considerar como
“conducta sexual desviada” aquella que “constituye una amenaza para la
sociedad, causa angustia a los participantes o perjudica el comportamiento social u ocupacional” (Sue, Wing y Sue, 2010, p. 266), apresurándose
a indicar que no todas las prácticas actualmente comprendidas entre los
trastornos de la actividad sexual cumplen con tales requisitos.
El caso es que la investigación permite cerciorarse de que hay una
alta complejidad de situaciones sexuales posibles, y que la vida moderna, sobrecargada de señales y ofertas sexuales ocasionales, y expuesta a
múltiples circunstancias de responder conforme a ellas, ofrece un marco
altamente riesgoso para el accionar de las personas. Esto debido a que
la promiscuidad sexual está ligada, por un lado, a la mayor vulnerabilidad a contaminación de infecciones; por otro lado a la diversificación
de prácticas consideradas disfuncionales; y, por otro lado aún, a los problemas psicológicos, familiares, de pareja y legales consiguientes. En la
Tabla 1 se enlistan las modalidades de cada tipo de riesgos (véase Hyde
y DeLamater, 2006, para una profundización de los contenidos en las dos
primeras columnas).
1

2

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Entre ellos, que las personas de género masculino tienen una tendencia a desear,
y buscar, sexo ocasional comparativamente mayor a la del género femenino (Kassin, Fein y Marcus, 2010), que las mujeres muestran una concordancia entre mente
y genitales menor que la de los hombres, y que, salvo la eyaculación precoz, no
hay diferencias significativas entre gente con disfunciones sexuales de origen estadounidense y latinoamericano (Estupinyá, 2013).
Por ejemplo, como lo puntualizan Sue, Wing y Sue (2010), en el Estado de California el sexo oral genital era considerado una “perversión” penada hasta 1976.
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Tabla 1.
Modalidades de riesgo vinculadas a la actividad sexual
Enfermedades de
transmisión sexual
• Clamidia
• Virus del papiloma
• Herpes genital
• Virus de
inmunodeficiencia
• Síndrome de
inmunodeficiencia
(SIDA)
• Gonorrea
• Sífilis
• Hepatitis viral
• Tricomoniasis
• Piojos púbicos
• Vaginitis
• Monilla
• Cistitis
• Prostatitis

Trastornos sexuales
• Disfunciones

Hipoactividad

Aversión

Incapacidad erectiva

Incapacidad excitativa

Incapacidad orgásmica

Eyaculación precoz

Dispareunia

Vaginismo
• Parafilias

Fetichismo

Fetichismo trasvestista

Exhibicionismo

Voyeurismo

Froteurismo

Pedofilia

Sadismo

Masoquismo
• Conflicto de identidad
Homosexualidad

Bisexualidad

Problemas psicológicos,
familiares y de pareja
vinculados a la actividad
sexual
• Traumas
• Sentimiento de culpa
• Ansiedad
• Depresión
• Frustración
• Conflictos
• Agresividad
• Baja autoestima
• Vergüenza
• Hostilidad
• Esterilidad
• Separación y/o divorcio
• Infidelidad
• Adicciones
• Otros

Técnicamente, en todos esos problemas se encuentra conducta inapropiada, puesto que el individuo no aprendió los repertorios operantes
requeridos para ajustarse a las exigencias del mantenimiento de la salud,
o adquirió repertorios que impidieron dicho aprendizaje. En este contexto,
es importante para el psicólogo comportamental llevar a cabo una sostenida promoción de conductas preventivas de tipo primario, secundario
y terciario en el plano sexual; lo cual es coherente con las guías para el
despliegue de estrategias de educación y promoción establecidas por las
convenciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en diversos
lugares y momentos históricos, que relievan la participación comunitaria,
el intercambio de experiencias y la trascendencia de servicios que excedan
la clínica y la medicina (OMS, 2014). A semejante labor se le puede llamar
“promover comportamiento sexual saludable”, dentro de los criterios que
la misma OMS (2000) elaboró en un informe técnico: “La salud sexual es
la experiencia del proceso permanente de consecución de bienestar físico,
psicológico y sociocultural relacionado con la sexualidad”. La salud sexual se observa en las expresiones libres y responsables de las capacidades
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sexuales que propician un bienestar armonioso personal y social, enriqueciendo de esta manera la vida individual y social. No se trata simplemente
de la ausencia de disfunción o enfermedad o de ambos. Para que la salud
sexual se logre es necesario que los derechos sexuales de las personas se
reconozcan y garanticen”. (p. 6). Estos propósitos pueden difundirse de
manera eficiente en el marco del activismo para proyectos macrosociales
(Cáceres, Mogollón, Pérez-Luna y Olivos, 2011), pero, en opinión del autor
de este artículo, serán eficientes siempre y cuando se lleven a cabo con una
adecuada conceptualización teórica y empírica3 de alcance concreto en los
términos explicitados en los siguientes parágrafos.
EL COMPORTAMIENTO SEXUAL SALUDABLE
Y SU PROMOCIÓN EN TÉRMINOS CONCRETOS
Al presente, como se ve a través de la definición de la OMS (2000), el
concepto general de salud sexual es integral. En este sentido, se privilegia
por encima del estado de “ausencia de enfermedad” el sentimiento íntimo
de bienestar, capacidad de adaptación, tolerancia al estrés y posibilidad de
producción en todos los órdenes de la vida, como la característica definitoria de una persona “sana”. Alfredo Fierro (2000, 2004) señala que las dimensiones relevantes aquí son el bienestar personal y la adaptación social.
Así, la autorregulación, el cuidado y la gestión de la propia vida cooperan
a una experiencia vital satisfactoria.
De acuerdo con esta concepción pragmática, el comportamiento sexual saludable es el conjunto de medidas proactivas que el individuo gestiona en sí mismo y en su entorno para prevenir o superar enfermedades,
disfunciones o problemas psicológicos relacionados con la actividad sexual. Las respuestas instrumentales ligadas a dicho comportamiento involucran acciones de conocer, evitar, escapar de o afrontar eventos, personas
u objetos potencialmente riesgosos, que, en el sentido explicitado por Ribes (1990), son.
• Saber qué se tiene que hacer, en qué circunstancias, cómo decirlo
y cómo reconocerlo.
• Saber cómo hacerlo, haberlo practicado o hecho antes.
• Saber por qué se tiene que hacerlo o no, y reconocer si se tiende o
no a hacerlo.
3

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Como señala Musso (1985), la atribución de respaldo teórico para la tecnología
dirigida a la intervención sexual por parte de los especialistas interdisciplinarios
es confusa. En el caso más explícito, Helen Kaplan parece considerar una mezcla
de técnicas conductuales y concepción psicoanalítica.
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• Saber cómo reconocer la oportunidad de hacerlo o no.
• Saber hacer otras cosas en dicha circunstancia, o saber hacer lo
mismo de otra manera.
Como se puede ver, desde esta concepción el comportamiento sexual
saludable implica no solo una tarea promocional informativa, sino sobre
todo una estrategia de enseñanza-aprendizaje orientada a la adquisición y
mantenimiento instrumental de estilos de vida saludables, así como prevenir o cambiar los estilos de vida riesgosos, empoderando a los usuarios
del servicio psicológico de las competencias necesarias para ello (Costa y
López, 2009). La atención psicológica se lleva a cabo individualmente o en
grupo, con personas que estén sujetas a regímenes asistenciales, o simplemente que demanden ayuda. En este último caso, el trabajo requiere programas de atención clínica o educativa en ambientes adecuados, utilizando las técnicas y procedimientos conductuales que se consideren efectivos
para el problema a solucionar.
En cuanto a la promoción de comportamiento sexual saludable en
nuestro país, el Ministerio de Salud (MINSA, 2005) prioriza determinados
“ejes temáticos” a desarrollar en diferentes escenarios –vivienda, centro
laboral, escuela y centro de salud– para mejorar las condiciones de la población. Uno de esos ejes es la “salud sexual y reproductiva”, siendo sujetos de la intervención los individuos, la familia y la comunidad; complementados por algunos enfoques transversales, como la equidad de género.
Todo tiene una razón de ser. Evidentemente, la familia es un entorno
socializador donde se aprenden valores, percepciones y modos de conducta, influyendo en la adopción de hábitos, estilos y comportamientos tempranos relevantes para la salud y bienestar sexuales. Igualmente, las redes
comunitarias son nexos de interrelación entre los individuos o grupos organizados que facilitan cambios positivos en la calidad de vida y desarrollo social. Asimismo, la institución educativa es un escenario promocional
de una cultura de la salud, proyectada hacia la comunidad en su conjunto.
Los focos de atención generales para viabilizar las estrategias para
operativizar este eje son tres (Costa y López, 2008): 1) prevención de acontecimientos o comportamientos de riesgo, 2) capacitación de las personas
y 3) fortalecimiento de contextos. Ellas no marchan separadas sino que se
complementan entre sí.
Prevenir acontecimientos o comportamientos de riesgo requiere identificar
circunstancias y comportamientos potencialmente peligrosos o indeseables para la salud sexual del individuo o de la comunidad antes que ocurran tratando de prevenirlos; cuando están ocurriendo para controlarlos; o
después de que han ocurrido para evitar que vuelvan ocurrir.
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Capacitar individuos es desarrollar en los sujetos de la intervención las
competencias personales que necesitan para afrontar circunstancias difíciles, mejorar sus habilidades sociales, cambiar su entorno de manera efectiva, tomar decisiones y facilitar su acceso a los recursos y oportunidades
formativas.
Fortalecer contextos se refiere a promover o mejorar aspectos familiares, educativos, laborales, sanitarios y comunitarios positivos, en el sentido de su cohesión e interdependencia, adaptando los entornos a las personas tanto como estas a aquellos.
INGENIERÍA DEL COMPORTAMIENTO SEXUAL SALUDABLE
Al autor del presente artículo le parece relevante utilizar el término
“ingeniería del comportamiento saludable” para designar los procedimientos científico-tecnológicos comprendidos y desarrollados por el análisis conductual en sus diferentes variantes, aplicados a problemas prácticos
(Montgomery, 2014a, 2014b), en este caso en el campo de la salud sexual
y reproductiva.
La ingeniería del comportamiento sexual saludable emplea el análisis funcional contingencial, una forma de evaluación de los antecedentes
y consecuencias de la acción como determinantes de su ocurrencia; proporcionando información sistemática para su cambio viable mediante la
tecnología conductual disponible. La Tabla 2 resume tales variables de
manera genérica y no exhaustiva, teniendo en cuenta los focos de atención
para concretar las estrategias de intervención ya citadas ut supra: prevención de acontecimientos o comportamientos de riesgo, capacitación de las
personas y fortalecimiento de contextos, articulándolas en un análisis de
contingencia (Costa y López, 2008).
La prevención comienza por organizar los eventos antecedentes, para
modificar las disposiciones (creencias, actitudes) exponiendo al individuo
a mensajes persuasivos que sitúen los comportamientos sexuales no saludables como algo peligroso (una estrategia es aumentar la sensibilización
mostrando imágenes impactantes de daños vinculados al mal ejercicio
sexual), y, por contraposición, las ventajas de conducirse correctamente.
Los medios de comunicación masiva pueden potenciar esto a nivel comunitario. Igualmente, se trata de clarificar valores (derechos, obligaciones,
responsabilidades, metas, etcétera) para hacer más consciente al individuo acerca de las opciones y decisiones personales y familiares que puede
tomar. Otra posibilidad es recurrir al modelado vinculando las prácticas
positivas de salud sexual a personas prestigiosas para que sirvan de ejemplo a los individuos en formación (un ejemplo podría ser de cómo utilizar
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preservativos adecuadamente). También es operativo implantar reglas
discriminativas cuya presencia facilite o evoque la aparición de conducta
sexual saludable, mientras que se extinguen o atenúan aquellos estímulos
que funcionen en contrario. El fomento de la disponibilidad de servicios
profesionales especializados y contextos apropiados para favorecer los
cambios (por ejemplo acceso a servicios básicos, consultorios, gimnasios,
lugares de entretenimiento sano, etcétera), es muy importante; así como
el uso de tecnología terapéutica con evidencia empírica por parte de los
profesionales médicos y psicólogos.
Tabla 2.
Análisis de contingencia del comportamiento sexual saludable.
Eventos antecedentes
• Exposición de mensajes
persuasivos.
• Clarificación de valores.
• Modelos de salud.
• Señales discriminativas.
• Accesibilidad a ayuda
para el cambio.
• Tratamientos con
evidencia empírica.

Conducta sexual
saludable
• Prevención de
infecciones.
Por transmisión
sanguínea.
Por transmisión
perinatal.
Uso correcto de
preservativos y
fármacos.
Autocuidado e higiene
personal.
• Seguimiento y/o
cumplimiento
de instrucciones
especializadas en el
marco de tratamientos
médicos y psicológicos.
• Administración de
métodos anticonceptivos.
• Reproducción
responsable.
• Planificación familiar.
• Reconocimiento de
derechos propios y
ajenos.
• Manejo del estrés.
• Habilidades sociales.
• Hábitos de descanso y de
ejercicio físico regular.

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Eventos consecuentes
• Fortalecimiento de
conductas saludables.
• Autorrefuerzo
• Práctica reforzada a
través de las mejoras de
salud y bienestar.
• Entorno social
aprobatorio.

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Todo lo anterior tiene como fin hacer más probables los desempeños
de conducta sexual saludable, además de la capacitación, que tienen como
meta final el autogobierno de los individuos, con creatividad y eficacia
personales, tales como la prevención de infecciones, el seguimiento y/o
cumplimiento de instrucciones especializadas en el marco de tratamientos
médicos y psicológicos, la administración de métodos anticonceptivos, la
reproducción responsable, la planificación familiar, el reconocimiento de
derechos sexuales propios y ajenos, el manejo del estrés, el ejercicio de
habilidades sociales, la práctica de hábitos de descanso y de ejercicio físico
regular; así como otros comportamientos positivos.
Los eventos subsiguientes al comportamiento sexual saludable regulan su ocurrencia futura, de modo que las consecuencias que se obtienen
de él cumplen el papel de afianzamiento de la modificación, seleccionando
aquellas respuestas consideradas saludables o parte de un repertorio positivo. Para ello es necesario reforzar los desempeños de diversas maneras.
Una es utilizar el reforzamiento diferencial para fortalecer respuestas sexuales saludables alternativas a las no saludables, al par que se extinguen
o castigan las demás; otra es planificar y reforzar la percepción de eventos
gratificantes vinculados a la salud sexual mediante el moldeamiento de
la conducta verbal operante como discurso interno (autorrefuerzo); por
último, la práctica misma de los desempeños que llevan a mejoras de salud
y bienestar sexual, y la aprobación social resultante, son reforzantes como
retroalimentación.
Un ejemplo de aplicación de procedimientos que siguen las pautas
señaladas es el de la Figura 1, extraída de Montgomery (2014a, p. 74). En
este caso, la conducta de prevención sexual.

ANTECEDENTES
• Valores acerca del sexo.
• Mensajes mediáticos sobre
prevención sexual.
• Anticipación de efectos negativos
mediante sensibilización.
• Destreza en solución de problemas..
• Contextos accesibles a la
adquisición de preservativos.

CONDUCTA

Conseguir preservativos.
Usar preservativo en el
momento adecuado.
Proponerle usarlo

CONSECUENCIAS

Satisfacción
personal.
• Autoelogio.
• Satisfacción de la pareja.
• Evitación de
situaciones futuras
incómodas
(embarazo,aborto,
contagio, etc.).

Figura 1.
Secuencia contingencial de la conducta de prevención sexual

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La tecnología conductual disponible para llevar a cabo la ingeniería
de salud sexual es amplia. Por un lado se tiene a disposición el conocimiento de los principios del aprendizaje para evocar o cambiar actitudes,
y, por otro, la metodología de ensayo conductual, que permite una práctica reforzada en el entrenamiento guiado para la adquisición de las habilidades y competencias requeridas. Un ejemplo (en el caso de adolescentes)
es el programa de aprendizaje estructurado de Goldstein, Sprafkin, Gershaw y Klein (1989). A nivel terapéutico, en el tratamiento de los trastornos
sexuales, se cuenta con el aval de la evidencia empírica (Labrador y Crespo, 2003; Labrador y Roa, 2012). A este respecto, por razones obvias, el
aspecto preferencial referente a la conducta sexual humana es la intervención terapéutica sobre sus disfunciones, caracterizadas “por una alteración
en alguna de las fases de la respuesta sexual humana (deseo, excitación,
orgasmo y resolución). Frecuentemente, la dificultad o imposibilidad de
alcanzar alguna de estas fases se acompaña de la ausencia de sensaciones
subjetivas placenteras y de la imposibilidad de disfrutar de las actividades
sexuales” (Sierra, 1996, p. 337). En la obra Sexualidad Humana de Hyde y
DeLamater (2006) –uno de los textos más difundidos del ramo–, se resume
que las causas psicológicas de los trastornos sexuales “se categorizan en
causas inmediatas como ansiedad o interferencia cognitiva; aprendizaje
previo; factores emocionales y factores conductuales o de estilo de vida.
Los factores interpersonales incluyen conflicto en la relación con la propia
pareja y problemas de intimidad” (p. 482).
La ingeniería del comportamiento se distingue particularmente en la
intervención efectiva sobre estos asuntos. Algo resaltante es que, como lo
reconocen los mismos Hyde y DeLamater (2006, p. 471), la terapia sexual
de Masters y Johnson –que desde los años 70 es prácticamente la más aceptada y cubre casi todo el espectro de disfunciones–, está enteramente compuesta de técnicas conductuales. El análisis realizado por Musso (1985),
es esclarecedor al respecto. Así, en la lista de tratamientos psicológicos
empíricamente validados que la APA difunde desde hace algunos años
(Chambless y Ollendick, 2001), figuran:
• Para la disfunción eréctil: terapia conductual y terapia cognitivo-conductual orientadas a reducir la ansiedad sexual y mejorar
la comunicación.
• Para el trastorno o disfunción orgásmica femenina: terapia marital
conductual más terapia de Masters y Johnson, terapia sexual de
Masters y Johnson, y entrenamiento en habilidades sexuales.
• Para la eyaculación precoz: terapia conductual.

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La promoción del comportamiento sexual saludable / William Montgomery

• Para el vaginismo: terapia conductual basada en la exposición.
• Para discordia marital: terapia marital conductual y terapia cognitiva.
• Para casos de parafilias/abusadores sexuales: terapia conductual
y terapia cognitivo-conductual.
CONCLUSIÓN
Dado el contexto de riesgo en cuanto a prácticas sexuales en la vida
moderna, es importante promover sostenidamente conductas preventivas de tipo primario, secundario y terciario en concordancia con las
guías establecidas por las convenciones de la OMS. En consecuencia, las
prestaciones sanitarias requieren de seriedad, pragmatismo y sistematicidad para la articulación y seguimiento de estrategias coordinadas a nivel
individual, educativo, familiar y comunitario, a fin de elevar los índices
de comportamiento sexual saludable en nuestro medio. La ingeniería del
comportamiento sexual saludable tiene una amplia data de investigación
y que sustenta la efectividad de sus intervenciones, tanto en el campo preventivo como en la capacitación de habilidades y competencias, y en el
fortalecimiento de contextos.
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