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XI ENCUENTRO UNIVERSITARIO DE ACTUALIZACION DOCENTE

(Internacional)

Pedagogía Crítica y Competencias Educativas


Ciudad Universitaria, Morelia, Michoacán.
Del 10 al 14 de Agosto, 2009

Formadores en formación, para pronunciar el mundo.


Gabriela Franco Pérez

“Los indios shuar, los llamados jíbaros, cortan la cabeza del vencido. La
cortan y la reducen, hasta que cabe en un puño, para que el vencido no
resucite. Pero el vencido no está del todo vencido hasta que le cierran la
boca. Por eso le cosen los labios con una fibra que jamás se pudre”
(Galeano, 2007)

El mundo en que vivimos se caracteriza principalmente por un acelerado y potente desarrollo


científico y tecnológico, en el que el acceso a la información se da prácticamente de forma
inmediata.

Con el desarrollo del internet se pone “al alcance de la mano” un gran acervo de datos,
accesible en “cualquier momento” y “desde cualquier lugar” para consulta de millones y
millones de usuarios en todo el mundo.

En esta nueva tendencia de la sociedad del conocimiento, en que lo importante se ha


reducido a tres palabras: tecnología, información y telecomunicación, cabe preguntarnos cuál
es el sentido más amplio de la educación y la forma como puede transformarse.

Una vez contextualizado un nuevo concepto de educación, como instrumento político


reflexionemos sobre el significado del docente, su quehacer y la dirección, que como
consecuencia debe tomar su formación.

Partiendo de lo anterior, podemos re-pensar nuestro papel como educadores en la


transformación del mundo actual, para dar lugar a uno nuevo, diferente... posible.
I. EL SENTIDO DE LA EDUCACIÓN EN EL MUNDO ACTUAL

En las últimas décadas, nuestro mundo “globalizado” ha transitado a pasos agigantados hacia
un impresionante desarrollo científico y tecnológico, con un increíble sistema de
telecomunicaciones, con el que se puede acceder “libre y oportunamente” a la información,
pero simultáneamente, presenciamos como nunca antes, una creciente deshumanización y
devastación ambiental.

Muchos autores latinoamericanos y de todo el mundo, hablan del sistema actual de


organización social y la “globalización” y nos alertan de sus consecuencias negativas, tales
como la guerra, la explotación, la pobreza, la marginación, la violencia, la discriminación, las
invasiones y ocupaciones militares, los desplazamientos masivos, etc. que no son más que
diferentes expresiones de opresión y nos advierten de la forma como la vida se ve
amenazada.

“La relación mercantil, hoy totalizada, produce distorsiones [...] que amenazan esta vida, [...] la
relación mercantil totalizadora [...] es una gran máquina aplanadora, [...] pasa por encima de la
vida humana y la naturaleza sin ningún criterio, salvándose sólo quien logra quitarse de su
paso.”(Hinkelammert, 2005)

Además de la devastación ambiental, las personas han visto como los derechos humanos: la
alimentación, la salud, la vivienda, la educación, la justicia, el acceso a la cultura, etc. se han
transformado en mercancías, siendo injustamente, el poder adquisitivo, lo que permite o
impide ejercerlos.

En la declaración universal de los derechos humanos se dicta que todo ser humano, sin
importar su edad, religión, sexo o condición social, puede gozar de ellos, sin embargo, cada
día se incrementa el número de personas en el mundo que son despojadas, oprimidas,
violentadas y reducidas a “objetos”… son deshumanizadas y por tanto nulificado su acceso a
lo que por derecho les corresponde… incluso al derecho fundamental de todos los hombres y
mujeres de decir su palabra. (Freire, 1970)

El sociólogo mexicano Pablo González Casanova afirma que las tecno-ciencias, las ciencias
de la comunicación, de la información, de la organización, han avanzado con los sistemas
“complejos”, capaces de mejorar políticas en condiciones inciertas de crisis y turbulencias y
nos dice también que el capitalismo hegemónico no sólo ha perfeccionado a grados
inimaginables sus tecnologías militares, sino también sus estrategias y organizaciones para
una “guerra contrainsurgente” y “contra-revolucionaria”, para una guerra de ocupación integral
de nuevos recursos y territorios.

Argumenta, así mismo que los círculos gobernantes del mundo están decididos a dar una
“guerra de exterminio” que los deshaga de la “humanidad sobrante”, simulando guerras reales
y virtuales, con ejercicios militares y navales y en los últimos años, los propios jefes de Estado
del “Grupo de los Siete” han fortalecido esta decisión, declarado que la política neoliberal no
es negociable, que para aplicar medidas de privatización, desnacionalización o eliminación de
derechos laborales, sociales y nacionales esperan a que sus oponentes se encuentren más
debilitados y mientras tanto, usan con ellos las políticas de la “zanahoria y el garrote”, de la
cooptación, la corrupción y la represión.

Y concluye que el capitalismo ya no sólo representa un mal para los excluidos, para los
pueblos y los trabajadores proletarios, sino que se ha convertido en un inmenso peligro,
comprobado por miles de científicos, que amenaza al conjunto de la humanidad. (González
Casanova, 2008)

En el proceso de deshumanización, la tecnología cobra fuerza y se torna más importante que


el hombre mismo; la información desplaza a la construcción del conocimiento, minimizándose
la sabiduría y la telecomunicación se antepone al diálogo.

La deshumanización, como dice Freire, es un hecho concreto en la historia, resultado de un


orden injusto que genera la violencia de los opresores para que los oprimidos sean menos.
“Decir que los hombres son personas, y como personas son libres, y no hacer nada para
lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa”. (Freire, 1970)

Necesitamos, como seres humanos, vivir en un mundo diferente, en el que prevalezca el amor
a la vida... un mundo con vida digna... humanizado.

Para la gestación de una nueva sociedad, es necesario que un nuevo hombre renazca.
Todo acto pedagógico se fundamenta en un concepto de ser humano, de sociedad y por
supuesto de educación.

Compartiendo la perspectiva y propuesta pedagógica de Paulo Freire, planteada en su obra:


pedagogía del oprimido (1970), un ser humano es un SUJETO, inconcluso, que tiende al
perfeccionamiento; con su propia actividad, compromiso y decisión. Es una persona capaz de
tomar conciencia sobre sí misma, sobre el mundo, sobre los demás y sobre su devenir en el
mundo y en la historia con los demás, a partir de un acto reflexivo que lo conlleva a la acción y
tridimensionaliza el tiempo en pasado, presente y futuro.

El ser humano da significado a su actuar y lo trasciende más allá de sí mismo; es un ser que
se compromete; toma decisiones; corre riesgos; se problematiza; es simbólico; significativo;
vive desafíos; construye y transforma. El ser humano se plantea y propone finalidades en toda
actividad; da sentido al mundo; es histórico e impregna al universo con su presencia creadora;
dando lugar a la cultura.

Desde esta concepción de ser humano, los hombres y las mujeres, a diferencia de los
animales, somos seres de la PRÁXIS, que es acción y reflexión, y se define por la palabra,
que es creación, transformación. “Lo que se crea se nombra”.

Parafraseando a Freire “Mi presencia en el mundo no es la de quien se adapta a él, sino la de


quien se inserta en él. Es la de quien lucha para no ser tan sólo un objeto, sino un sujeto de la
Historia. Me gusta ser persona porque, aun sabiendo que las condiciones materiales,
económicas, sociales, políticas, culturales e ideológicas en que nos encontramos, generan
casi siempre barreras de difícil superación para la realización de nuestra tarea histórica de
cambiar el mundo, también sé que los obstáculos no se eternizan.” (Freire, 1997)

Los seres humanos devenimos sujetos históricos por la forma de estar en el y con el mundo y
somos potencialmente creadores, pero muchos hemos sido “minimizados”, oprimidos,
deshumanizados, transformados en meros objetos incapaces de crear, de transformar, de
“ser” en libertad. “El orden social injusto es la fuente generadora, permanente de la opresión
que se nutre de la muerte, del desaliento y de la miseria. (Freire, 1970)
Para revertir la metamorfosis del sujeto en objeto y de humnanización a “cosificación”, el
primer paso es restituir la educación. Reemplazar la educación bancaria –autoritaria,
opresora, anti dialógica- por la educación liberadora.

La educación verdadera promueve la integración del hombre a su contexto, no la adaptación o


acomodamiento a él y por tanto debe basarse en el diálogo entre sujetos, pues solo con
reflexión y acción, el hombre puede transformarse y transformar el mundo.

La educación es praxis, que significa reflexión y acción y se manifiesta en la palabra, en la


pronunciación del mundo.

Nadie dice la palabra solo. Decirla significa decirla para los otros, decirla significa
necesariamente un encuentro de los hombres, los hombres no se hacen en el silencio, sino en
la palabra, sino en el trabajo, en la reflexión y en la acción.

Decir la palabra implica necesariamente transformar la realidad, es ejercer el derecho de


denunciar, para trasformar la sociedad oprimida, en una sociedad equitativa, organizada,
democrática, libre de injusticias sociales, en la que los hombres y las mujeres sean
reconocidos y valorados como sujetos, en la que sus derechos estén garantizados, en la que
puedan SER MÁS, de ahí que es imperiosa “una educación para la decisión, la
responsabilidad social y política” (Freire, 1986).

En pro de la humanización, la educación crítica (concientizadora), dialógica, creadora,


liberadora, mediante una pedagogía problematizadora, encaminada a la humanización y por
ende, a la transformación social, promoverá la creación, recreación y decisión del hombre.

La educación entonces, como proceso político, puede someter o liberar. Para la gestación del
nuevo mundo, la educación debe promover que los hombres y mujeres nombren, transformen,
y se liberen en comunión con otros hombres.

“Nadie educa a nadie, nadie se educa sólo, los hombres se educan en sociedad.” (Freire,
1970)
II. EL DOCENTE, SU QUEHACER Y SU FORMACIÓN

Así como la época actual se caracteriza por procesos que la definen como la era de la
complejidad, el desempeño docente, frente a los problemas de aprendizaje, también se
encuentra caracterizado por esta situación.

“Cada docente debe construir su propio modelo o estilo pedagógico y desarrollar estrategias
de aprendizaje, al mismo tiempo que se le exigen resultados vinculados con las calificaciones
que obtengan sus alumnos, en pruebas estandarizadas nacionales e incluso internacionales”.
(Díaz Barriga, 2005)

Con tanta información a su disposición, el docente se encuentra tambaleante, en el lindero de


su propia praxis educativa, “ante un mar de posibilidades” para desempeñar su quehacer,
carece de decisión en torno al camino que debe seguir su propia “formación”

En la disyuntiva, se enfrenta tanto a las exigencias de una “actualización de su saber


disciplinario”, como a la necesidad de una “instrucción técnica docente” que le permita aplicar
estrategias de enseñanza-aprendizaje en el aula y más aún, el enfoque de competencias
educativas, le impone el desarrollo de habilidades que le permitan responder con eficiencia y
calidad, a las demandas del mercado.

Hace más de 10 años, Greybeck afirmaba que con frecuencia los cursos de capacitación,
tendientes a desarrollar competencias para la aplicación de nuevas técnicas y métodos de
enseñanza, no siempre impactan la intencionalidad pedagógica, aunque logran que el
profesor se apropie de una terminología de moda, que difícilmente entiende y hasta cierto
punto, se ve obligado a utilizar ignorando muchas veces las bases teóricas que la sustentan.
(Greybeck et al, 1998)

El educador debe construir su propio estilo, buscando en la balanza el punto de equilibrio,


pero ante la gama de exigencias que se le impone, desde una concepción de educación
eminentemente bancaria, los programas de formación de profesores, normalmente evitan la
reflexión y acción sobre el “ser y quehacer docente”.
El discurso impuesto, con el estandarte de calidad y evaluación del desempeño docente,
impone al formador un deber ser, mientras que una serie de limitaciones socio-políticas,
económicas y laborales merman su actividad y acallan su voz.

Un docente sin reflexión, ni acción, carece de palabra... no “pronuncia su mundo” y no


permite, la pronunciación del mundo del alumno... es incapaz de dialogar.

Sólo cuando él recupera su palabra, puede transformar, crear y para la recuperación de su


palabra, precisa una formación crítica en la que pueda reencontrarse; conocerse; asumirse,
como dice Freire, como ser un ser social e histórico, pensante, comunicante, creador,
transformador, realizador de sueños y capaz de amar, dado que «la educación es
eminentemente problematizadora, fundamentalmente crítica, virtualmente liberadora» (Freire,
1986)

La formación docente que acorde con este principio, promueva en los docentes la reflexión
permanente sobre su propia praxis, romperá con la cultura del silencio que inmoviliza, que
impide el cambio.

Francisco Gutiérrez plantea que obstaculizar la comunicación equivale a transformar a los


hombres en objetos y afirma que la “transformación del mundo es consecuencia de la
dialogicidad. Y no puede haber dialogicidad si cada hombre no dice ´su palabra´. Solamente el
diálogo que implica pensar crítico, es capaz de generarlo. Sin él no hay comunicación y sin
ésta no hay verdadera educación” La comunicación exige comunitariedad de intereses y
aspiraciones. (Gutiérrez, 1972)

Por eso, pese a las cargas de trabajo cotidiano, es necesario que los docentes cuenten con
espacios de encuentro para la reflexión y consideración de aspectos que cotidianamente
viven. Sólo en comunión con otros docentes, mediante el diálogo, lo que no se había
mencionado, puede nombrarse, criticarse y transformarse.

“Todos han de tener la posibilidad y libertad de expresar el mundo y su mundo, porque con el
lenguaje uno se crea a sí mismo y se hace ser, crea al mundo y se constituye en él; dialoga
con los otros y comparte su ser... Construir la palabra es liberarse” (Gutiérrez, 1972)
Con todo lo anteriormente manifestado, la formación docente debe encaminarse a la
concientización y liberación de los profesores, partiendo de un concepto de la educación como
práctica de la libertad, en la que transferir o transmitir información se sustituya por la
producción y/o construcción del conocimiento y en la que al enseñar, se aprenda y al
aprender, se enseñe.

Ser docente es todo un desafío. El maestro es el protagonista del acto educativo y el auténtico
proceso de enseñanza aprendizaje es una experiencia total, directiva, política, ideológica,
gnoseológica, pedagógica, estética y ética, en la cual la belleza debe estar de acuerdo con la
decencia y la seriedad.

En su obra: Pedagogía de la autonomía, Freire (2003) comparte una serie de saberes


necesarios para la práctica educativa y que son primordiales en toda formación docente.

Enseñar exige rigor metódico para aproximarse a los objetos conocibles, aprender
críticamente exige de los sujetos que sean creadores, investigadores inquietos, rigurosos,
curiosos, persistentes y humildes.

La labor docente da un gran valor al acto educativo si promueve con rectitud ética: la
comunicación, la curiosidad, la creatividad, el análisis y la reflexión, así como el amor a sí
mismo, a los demás y al mundo.

Si no amo el mundo, si no amo al ser humano, no me es posible el diálogo. El amor es el


fundamento del diálogo. El amor es un acto de valentía y un compromiso con el ser humano.
Es un acto de libertad que genera otros actos de libertad. En él no cabe la dominación. No hay
diálogo sin humildad. (Freire; 1970)

“La educación reconoce un papel altamente formador en la rabia justa, que protesta contra las
injusticias, contra la deslealtad, el desamor, la explotación y la violencia.” (Freire, 1997)
III PALABRAS FINALES

A pesar de la amplitud con que se ha abordado el tema de la formación docente durante las
últimas décadas, es importante seguir participando en su debate, sobre todo en el marco de la
calidad y la eficiencia demandada por el mercado laboral que se ha antepuesto a la
humanidad.

“La calidad no se adquiere únicamente a través de instrumentos, implica además


una formación científica y humanista, que propicie en los estudiantes el análisis, la
reflexión, la creatividad y que se les forme para que lleguen a ser constructores y
re-constructores del conocimiento. Lograr esto requiere que los docentes se formen
desde una perspectiva que considere a los participantes del proceso enseñanza-
aprendizaje como capaces e iguales, que valoren la riqueza de interaccionar con el
otro, de dialogar, de expresarse, de aprender y enseñar al mismo tiempo.

Se requieren docentes conscientes de su labor, que sean investigadores en y de su


propia práctica, que se cuestionen y cuestionen constantemente la realidad, que
observen, que reflexionen sobre su entorno inmediato y que generen alternativas a
las situaciones de la realidad que así lo requieran.

En la actualidad se necesita de un docente más protagónico que pueda ejercer un


papel realmente profesional, un docente autónomo que, en lugar de tener siempre
que acatar y ejecutar órdenes, tenga espacio para tomar decisiones con base en
las características específicas del proceso de enseñanza” (Chehaybar, 2007)

El docente es ante todo un ser humano y su formación es un acto que compete a todos los
involucrados en el proceso educativo y debe tender fundamentalmente a la recuperación de
su palabra, para que como actor principal de la práctica educativa, como ejecutor principal del
cambio, promueva la liberación del hombre.

Es importante que los profesores se actualicen permanentemente en cuanto al saber


disciplinario y que cuenten con elementos didácticos, instrumentales que día a día les permita
mejorar su práctica, pero ¿de qué vale formar docentes competentes en la definición de
objetivos y en la selección de contenidos; competentes para la planeación y programación
cotidiana; competentes en la aplicación de técnicas y estrategias de aprendizaje, si carece de
aquellos principios fundamentales que lo conlleven a ejercer su práctica hacia la liberación del
ser humano... de qué vale, sí como protagonista del acto educativo, no puede fomentar en sus
alumnos la capacidad de compartir su ser, porque él mismo ha sido acallado?

“Existir humanamente es pronunciar el mundo, es transformarlo. El mundo pronunciado, a su


vez, retorna problematizado a los sujetos pronunciantes, exigiendo de ellos un nuevo
pronunciamiento.” (Freire, 1970)

Tengamos presente que nuestro potencial de cambio, está en el acto educativo y como
docentes, cotidianamente podemos contribuir a sanar y renovar el mundo, porque sabemos
que la humanización es posible.

III BIBLIOGRAFIA

Freire, Paulo (1970) La pedagogía del oprimido, s. XXI, México.


Freire, Paulo (1986) La educación como práctica de la libertad, s. XXI, México.
Freire, Paulo (1999) La pedagogía de la esperanza. Reencuentro con la pedagogía del oprimido, s.
XXI, México.
Freire, Paulo (1997) Pedagogía de la autonomía, s. XXI, México
Galeano, Eduardo (2007) El libro de los abrazos, s. XXI, México.
González Casanova (2008) El capitalismo del siglo XXI, Inédito, México.
Gutiérrez Pérez, Francisco (1972) El lenguaje total. Una pedagogía de los Medios de Comunicación,
Bogotá
Hinkelammert, Franz (2005) Solidaridad y suicidio colectivo, Universidad de Granada, España.
Chehaybar, Edith (2007) “Reflexiones sobre el papel del docente en la actualidad educativa” En
Reencuentro, Dic. No. 50, UAM-Xochimilco, México.
Diaz Barriga, Ángel (2005) El profesor de educación superior frente a las demandas de los nuevos
debates educativos. En Perfiles educativos [online]. 2005, vol. 27, no. 108 [cited 2009-05-31]
Bárbara Greybeck Daniels, María Guadalupe Moreno Bayardo y María Alicia Peredo, Merlo (2005)
Reflexiones acerca de la Formación de Docentes. En Educar, Jalisco.