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Efectos Negativos de Gritar a los Niños

Gritar a los niños tiene efectos negativos en su cerebro, generando estrés y desregulación emocional, lo que puede llevar a una normalización de la violencia verbal. Las comparaciones entre niños pueden dañar su autoestima y fomentar celos, mientras que fomentar la autonomía y el respeto en la comunicación es esencial para su desarrollo. Cumplir promesas es crucial para establecer un vínculo de confianza y seguridad en el entorno familiar.
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Efectos Negativos de Gritar a los Niños

Gritar a los niños tiene efectos negativos en su cerebro, generando estrés y desregulación emocional, lo que puede llevar a una normalización de la violencia verbal. Las comparaciones entre niños pueden dañar su autoestima y fomentar celos, mientras que fomentar la autonomía y el respeto en la comunicación es esencial para su desarrollo. Cumplir promesas es crucial para establecer un vínculo de confianza y seguridad en el entorno familiar.
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GRITAR A LOS NIÑOS

https://elpais.com/mamas-papas/2020-12-08/gritar-a-los-ninos-de-forma-
continuada-tiene-un-efecto-en-su-cerebro-similar-a-la-violencia-fisica.html

Los gritos implican una falta de respeto y además generan una señal de
alarma en su cerebro. Normalmente, gritamos para advertir de un peligro, y
nuestro cerebro actúa en consecuencia. Nos pone en estado de alerta para
responder a ese peligro. El cerebro segrega cortisol (hormona del estrés)y se
bloquea prestando atención al estímulo que ha generado la alarma. ¿Qué
implicaciones tiene:?
Se produce una desregulación emocional en cuanto a que se encuentra en
una situación en la que siente miedo hacia su figura de referencia, si los gritos
son continuos, se habitúan a ellos, lo que hace que cada vez tengas que gritar
más fuerte para que te hagan caso y normalizamos la violencia verbal (pedir
que no me grites gritando”).
Por tanto, aumenta el nivel de estrés, ansiedad y disminuye la autoestima
(falta de respeto hacia mi persona).
Gritar es un obstáculo en la comunicación, no ayuda a crear un clima de confianza y
seguridad, tan necesario para el diálogo y potenciar la escucha.

No es una opción gritar al niño


Nuria Vergara apunta una serie de pautas alternativas al uso del grito con los niños,
“salvo en situaciones que supongan un peligro para él”, apostilla:

1. Intentar averiguar el adulto, qué situaciones le llevan a desarrollar esa conducta,


para procurar anteponerse a ella.
2. Utilizar técnicas de relajación, deportes o actividades placenteras para reducir el
estrés y la ansiedad.
3. Buscar alguna técnica de autocontrol y gestión emocional. Por ejemplo, alejarse
del lugar del conflicto y respirar pausadamente unos minutos. Se puede
acompañar la respiración con la visualización de una imagen que inspire
tranquilidad y paz.
4. Dialogar: Aprender a comunicarse de una forma asertiva, expresando los deseos,
mostrando las opiniones…, de un modo respetuoso.
5. Mantener con el niño el contacto visual y procurar utilizar un tono de voz
sosegado.
6. Tener normas y límites bien definidos.
7. Utilizar el refuerzo positivo para premiar conductas positivas y convenientes. No
humillar ni insultar para reprender otras.
8. Muy importante: No pretender que un niño se comporte como un adulto.
9. Y por supuesto, amar y respetar al niño y su forma de ser.

MENTIRAS
Generan desconfianza hacia sus padres y puede trasladarse hacia los demás. No
es necesario mentir, podemos adaptar el relato a su edad y a su persona. Hay
que valorar la decepción que van a sentir cuando conozcan la verdad y las
razones por las que se le ha mentido. Es mejor siempre que conozcan las
situaciones reales de cómo estamos o qué nos ocurre a fingir que no pasa nada.
https://www.mujerhoy.com/vivir/protagonistas/201902/18/consecuencias-padres-
mienten-hijos-rev-20190215171403.html

COMPARACIONES
https://elpais.com/elpais/2019/05/31/mamas_papas/
1559300816_747485.html#:~:text=Las%20comparaciones%20entre%20ni%C3%B1os
%20pueden,o%20basada%20en%20el%20castigo.

Riesgos de comparar unos niños con otros


Las comparaciones provocan baja autoestima, generan rabia interna - ira,
además de celos o envidia hacia la persona con la que se les compara. Esto
puede generar formas violentas de resolver conflictos y la negación de su
identidad (se rechazan a sí mismos porque no son como la persona con la
que se les compara).

La comparación entre hermanos, además de poner en riesgo la autoestima


de los niños, tiene el inconveniente añadido de crear envidias y rivalidades
porque se genera la percepción de que los padres tienen más preferencia por
un hermano que por otro. “El niño puede interiorizar la tendencia a
compararse con los demás y salir mal parado al desplazar los celos y
rivalidades hacia otros niños, como sus amigos o primos. Esto podría tener
consecuencias negativas sobre su autoestima, generar falta de aceptación de
sí mismo e inseguridad”, explica Carla Valverde.

Consecuencias que acarrea para el niño el ser comparado


Las comparaciones entre niños pueden resultar perjudiciales para la
autoestima del niño, generar celos con respecto a otras personas de su
entorno y hacer aflorar una manera de resolver los conflictos, violenta,
agresiva y punitiva o basada en el castigo. “Cuando se compara a los niños
sienten que tienen que ser de manera diferente para ser amados y queridos
por lo que no se aceptan, no sabe quiénes son, no consiguen conocerse a sí
mismos. Quieren imitar a otras personas, por lo que se genera una rabia
interior al no sentirse amados por lo que se es, sino por lo que se hace. El
amor debe ser incondicional, sin importar si los niños se equivocan o
aciertan”, afirma María José Lladó. Las comparaciones con otras personas
tienen que ver con la negación de la identidad y pueden crear trastornos
emocionales severos, que generen personas tristes e infelices.

Forma de motivar a los niños sin compararles


La motivación alternativa a la comparación pasa por mostrar en casa un
modelo de comportamiento adecuado con la que el niño desee identificarse.
Si el ejemplo que mencionan al niño los progenitores es ajeno a la familia,
como en el caso de un famoso deportista, se puede hacer hincapié en valores
como el esfuerzo, el trabajo o la perseverancia.

Una cuestión clave es hacer comprender al niño que se le quiere tal y como
es, se confía en él y se le apoya en todos los retos que se le presenten. Las
exigencias y expectativas demasiado altas para la edad del niño pueden
generar frustraciones. Es más aconsejable plantear pequeños objetivos que
puedan conseguir para que ganen confianza y seguridad en sí mismos.

El aprendizaje de los niños, aunque se realiza por comparación e imitación,


“debe ser guiado por los padres para no caer en la competitividad insana,
sino en el conocimiento y crecimiento interno de los niños. Se puede
aprovechar la cualidad humana de aprender a través de la superación de
retos, pero desde la perspectiva de que cada niño tiene sus propias destrezas
y peculiaridades y todo suma. La competitividad puede ser reenfocada en
positivo, porque a todos nos gusta ganar, pero también los niños pueden
entender, porque les resultará más enriquecedor, que también se puede
perder y así también aprender muchas cosas y dejar espacio a otros. Es
aconsejable redirigir la competitividad hacia la competencia interna de valores
y el liderazgo en positivo”, comenta María José Lladó, psicopedagoga.

Las comparaciones hieren con facilidad sensibilidades. En estos casos


“conviene que los adultos hablen con el niño para que exprese por qué se
siente mal, de forma que pueda redirigir esas emociones y entienda que las
comparaciones solo son opiniones de terceras personas y que es él quien
decide si asume esa comparación o no se siente identificado y le resta
importancia”, aclara la psicopedagoga María José Lladó.

AUTONOMÍA
https://educrea.cl/fomentar-la-autonomia-los-ninos/Fomentar la autonomía
desde los primeros años de vida es la base del aprendizaje. Hace que los niños se
muestren más seguros de sí mismos y de sus capacidades a la vez que aprenden a
asumir riesgos y a valorar sus posibilidades de éxito. El sentimiento de autonomía
es que el niño debe sentirse capaz de explorar de forma libre dentro de unos
límites de seguridad establecidos

Actividades de autonomía en la niñez (6-12 años)

● Organizar su tiempo: tareas cotidianas, tiempo de estudio y tiempo libre.


● Organizar su espacio personal: su cuarto, elegir su ropa.
● Otros espacios: otras casas, la calle y el centro escolar.
● Rutinas compartidas: “El encargado de…” la lista de la compra, regar las plantas,
las mascotas, poner la mesa…

La mayoría de los niños funcionan muy bien con rutinas, luego lo ideal será conseguir
que esos hábitos se conviertan en rutinarios. Con una práctica adecuada, los hábitos se
adquieren de 20 a 30 días.

ORDENES

https://www-bebesymas-com.cdn.ampproject.org/v/s/
www.bebesymas.com/consejos/no-ordenes-a-tus-hijos-obedezcan-
involucralos/amp?
amp_js_v=a6&amp_gsa=1&usqp=mq331AQHKAFQArABIA%3D
%3D#aoh=16164407387628&csi=1&referrer=https%3A%2F
%2Fwww.google.com&amp_tf=De%20%251%24s&ampshare=https%3A
%2F%2Fwww.bebesymas.com%2Fconsejos%2Fno-ordenes-a-tus-hijos-
obedezcan-involucralos

Pedir implica que se tiene en cuenta a la persona, que valoras que tenga
sus propios gustos, la respetas cómo es. En cambio, las órdenes, implican
una desigualdad en la relación, estás anulando las necesidades de esa
persona en ese momento para que cumpla lo que tú deseas.

la no obediencia ante los órdenes implica una llamada de atención por


parte de los hijos, no voy a hacer lo que me pides porque en este momento
necesito hacer otra cosa, o me siento mal y no puedo hacerlo y no me
estás teniendo en cuenta.

Los niños necesitan sentir que 'pertenecen' a su grupo familiar; es decir,


que hay alguien cerca que se interesa por ellos y que va a garantizar su
supervivencia. Pero además de pertenecer, el niño necesita sentirse útil e
imprescindible y que sus aportaciones son escuchadas, válidas y tenidas
en cuenta.

Ejemplo: ¿cómo nos gusta sentirnos en nuestro trabajo?:

● ¿Qué sentimos cuando los compañeros o los jefes valoran nuestro


esfuerzo y reconocen lo que hacemos?
● ¿Nos sentimos útiles y motivados cuando nos piden nuestra ayuda u
opinión?
● Por el contrario, ¿qué sentimos cuando en una reunión nos ignoran,
cuando nuestro trabajo no es tenido en consideración o cuando
parecemos ser invisibles a ojos de los demás?

Probablemente, preguntes a quien preguntes la respuesta será siempre la misma:


a todos nos gusta que nos quieran, nos valoren y nos tengan en
cuenta. Cuando esto ocurre nos sentimos especialmente motivados en seguir
trabajando para poder ayudar y contribuir. Pues a los niños les ocurre exactamente
lo mismo.

El niño que se limita a acatar órdenes del adulto, sin darle la oportunidad de opinar
o aportar su visión, no estará desarrollando habilidades tan importante para la vida
como la toma de decisiones, el pensamiento crítico o la resolución de conflictos.
Tampoco le estaremos dando la oportunidad de fortalecer su autoestima y
confianza en sí mismo.

Por ejemplo: en lugar de ordenarle "recoge tus juguetes", cambiemos el


mensaje por algo así como: "me vendría fenomenal tu colaboración en estos
momentos para recoger los juguetes", o "¿se te ocurre algún sistema que
nos permita ordenar tus juguetes de manera rápida y práctica?".

CAMBIOS DE OPINIÓN

Los límites son fundamentales para que los niños aprendan hasta dónde pueden
llegar con las figuras de autoridad: padres, cuidadores, abuelos... y suponen un
entrenamiento en el manejo de la frustración: pretendemos es que se acostumbre a
la frustración de no conseguir lo que quiere y ser capaz de controlar el enfado que
siente y manifestarlo adecuadamente. Ellos desarrollan su personalidad mientras
ensayan y comprueban estos límites. La ausencia de límites tiene consecuencias
negativas en los pequeños que crecen sin la sensación de seguridad necesaria para
un desarrollo óptimo del niño.
Los límites o normas deben ser consensuados con la pareja, es decir, ambos
progenitores deben estar de acuerdo, y se debe informar de ellos al resto de
personas que convivan con el niño o cuiden de él, para que todos los hagan cumplir.
Para poner límites y normas se debe tener en cuenta el niño, es decir, sus
capacidades según la edad y la situación familiar.
Los límites que establezcamos a nuestros hijos en cuanto a su comportamiento
deben ser claros y concretos, de manera que puedan ser entendidos por ellos y les
den seguridad.
No podemos decir a un niño que no puede ver la tv a partir de las 20.00 y luego
dejarle ver la tv un ratito después de esa hora( por ejemplo). ¿Por qué? Porque le
estamos dando a entender que nuestras palabras no tienen valor, le transmitimos
inseguridad en nuestras decisiones, y eso hace que no las perciban como límites
que no pueden traspasar y por tanto, no las respetan.
Si creemos que no vamos a poder hacer que cumpla el límite porque tiene ciertas
implicaciones para nosotros que no queremos asumir, cambiemos por otro,
pensemos en uno que sí vayamos a poder cumplir pero una vez expuesto al niño,
debe realizarse.
No podemos obligar a un niño a comer verdura, si luego nosotros no la comemos, sí
podemos aceptar que no le guste el brocolí, y le demos otra opción.

¿Cómo deberían ser los límites?

Deben ser mensajes concretos. No vale con decir “pórtate bien”, sino explicar qué
conductas son esas que queremos que tenga (los pies fuera del sofá, hablar sin
gritar, mantener la habitación ordenada…). Lo mismo sirve para el “siéntate bien” o
“habla bien” y parecidos. Necesitamos explicar primero qué significa eso de “bien”.
Mejor en frases positivas. Los niños responden mejor a normas y límites que se
expresan de forma afirmativa en lugar de negativa. En vez de decirles que 'no
chillen', podemos pedirles que hablen en voz más baja o más tranquila, en lugar de
explicarles únicamente que no se debe pegar, podemos hablarles de que hay que
tratar con respeto y cariño al resto de niños.
De forma firme y tranquila. Se debe elegir el momento adecuado para explicarles las
normas por las que no están actuando conforme a lo que queremos. Es mejor
hacerlo de forma tranquila, pero estableciendo un tono algo serio y no negociable.
¡Un buen truco! Podemos dibujar las normas o poner fotos (si el niño es demasiado
pequeño para saber leer) o escribirlas (mejor dejar siempre que las escriban o
dibujen ellos, para que se involucren en la importancia de las normas de la casa). La
parte difícil es recordarles las normas de forma tranquila cuando las están
incumpliendo, pero si nos alteramos es muy posible que ellos se contagien y
terminen actuando peor.
No ceder. Este el otro momento complicado, porque se trata de mantenerse firme en
el NO ante sus peticiones, ruegos, llantos o incluso agresiones. Si hemos
establecido una regla que creemos esencial y que consideramos que el niño puede
cumplir, lo mantenemos pase lo que pase. Si cedemos lo acostumbramos a que
puede cambiar lo que no le gusta mediante agresiones o llantos y lo que
pretendemos es que se acostumbre a la frustración de no conseguir lo que quiere y
ser capaz de controlar el enfado que siente y manifestarlo adecuadamente.
Dar alternativas. A pesar de que no debemos ceder, sí podemos proponer
alternativas a lo que pide, o incluso negociar dentro de lo que consideremos que nos
parece bien o estamos dispuestos a ser flexibles, aunque siempre que lo pida bien y
no haya un mal comportamiento por medio.

PROMESAS

https://eresmama.com/haces-una-promesa-nino-cumplela/

el cumplimiento de una promesa tiene mayor relevancia en la mente infantil que en


la adulta.

Si haces una promesa a un niño, cúmplela. Jamás prometas algo solo para animar
el momento, para arrancarles una sonrisa momentánea. Porque si ilusionas pero no
cumples, estarás hiriendo el vínculo que tienes con tu hijo.

Los niños necesitan desarrollarse en un entorno de certezas y no de incertidumbres.


Algo que se propone y no se cumple confunde, crea falsas expectativas y
desilusiona..
sino que a ojos de nuestros hijos apareceremos como personas con baja
credibilidad en quienes no pueden confiar.

¿Qué tipo de crianza y educación les podemos dar a nuestros pequeños si en un


momento dado dejan de confiar en nosotros?
Si cumples la promesa que haces a tus hijos “modelarás” su integridad personal
(Aprendizaje basado en modelos).

Ellos, solo perciben la ausencia. De ahí, que el mejor modo de que nuestros hijos se
sientan amados es conseguir que se sientan “importantes” siempre que nos sea
posible.
Les enseñas cómo se construyen las relaciones de calidad
Las relaciones más felices y satisfactorias se basan en la confianza, en la
autenticidad y en la seguridad.
Al modelar a tus hijos a través de las promesas cumplidas, les enseñas que pocas
cosas pueden ser tan gratificantes como sentir que quienes nos quieren son
personas en las que confiar, personas que no mienten y que además, son nuestros
pilares en el día a día.
De este modo, también ellos construirán amistades más sólidas y relaciones
afectivas más maduras el día de mañana. Como ves, lo que estás haciendo en
realidad es “entrenarles para la vida”
Si cumples con tus promesas tus hijos te respetarán
Pocas cosas pueden ser más problemáticas en una dinámica familiar que el tener a
un cónyuge, una madre o un padre que practique ese arte, el de olvidar lo que se
promete, el de apagar ilusiones, el de romper las palabras dadas…

Con ello, lo que se consigue es que el resto de miembros de esa unidad familiar le
pierdan el respeto. Si un niño ve la falta de integridad en el papá o la mamá se
sentirá decepcionado, molesto o incluso enfadado. Poco a poco el vínculo se
erosionará.

Por tanto, nada es tan importante a lo largo de la infancia y adolescencia de un niño


que tener una familia maravillosa que cumple cada promesa, grande o pequeña,
que ofrece certezas, seguridades y esa confianza en la que verse arropado. El día de
mañana se convertirá en un adulto más responsable y sin duda… más feliz.

VALIDAR SUS PROBLEMAS, EMOCIONES,


PREOCUPACIONES..Intentar comprenderlo poniéndonos en su lugar
cómo niños.

APRENDO MÁS DE LO QUE VEO EN TI QUE DE LO QUE ME DICES.

Intentemos que nuestros comportamientos acompañen a nuestras


palabras y enseñanzas.

NO DAR TODO LO QUE PIDE (LÍMITES)

AMOR INCONDICIONAL (Te quiero incluso cuando tienes un mal


comportamiento). Reforzar todo lo bueno que vemos en ellos es
esencial para su autoestima, así cómo demostrarles todo nuestro
amor.

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