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Concepciones del Mal en el Siglo XXI

El artículo de Teresa Arrieta explora el concepto del mal en el siglo XXI, analizando diversas concepciones filosóficas y biosociológicas que intentan explicar la naturaleza humana y su tendencia hacia el bien y el mal. Se discuten las causas internas y externas de la maldad, así como su manifestación en la actualidad a través de fenómenos como la corrupción y la violencia. Las conclusiones sugieren que el mal es resultado de una combinación de factores biológicos y culturales, y abogan por la creación de entornos que fomenten el desarrollo humano positivo.
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Concepciones del Mal en el Siglo XXI

El artículo de Teresa Arrieta explora el concepto del mal en el siglo XXI, analizando diversas concepciones filosóficas y biosociológicas que intentan explicar la naturaleza humana y su tendencia hacia el bien y el mal. Se discuten las causas internas y externas de la maldad, así como su manifestación en la actualidad a través de fenómenos como la corrupción y la violencia. Las conclusiones sugieren que el mal es resultado de una combinación de factores biológicos y culturales, y abogan por la creación de entornos que fomenten el desarrollo humano positivo.
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EN TORNO AL MAL

Teresa Arrieta

Hablar del mal en el siglo XXI resulta problemático, ya que, por una parte,
pareciera ser algo fuera de lugar por la relativización que impera en todos los
conceptos, incluido el del mal y, por otra parte, es como si su presencia fuera
casi palpable: guerras, genocidios, violencia, delincuencia, pobreza extrema,
destrucción del ambiente, etc
En este artículo, abordaremos el tema presentando algunas
concepciones del mal dentro del pensamiento occidental, a fin de observar
diferentes aristas y tratar de construir una imagen que nos acerque a la
comprensión de este aspecto de la realidad (Sección I); analizando luego
algunas explicaciones de índole biosociológicas para explicar la naturaleza
humana y su tendencia al bien y al mal (Sección II); finalizando con algunas
conclusiones sobre la situación actual y lo que podría hacerse para superar la
presente etapa en la que -a pesar de avances indudables en cuanto a épocas
anteriores en el “control del mal”, surgen amenazas que incitan a calificar
nuestros tiempos de verdaderamente “apocalípticos” (Giusti, 2023).

Palabras clave: mal – bien – sociobiología – oxitocina - corrupción

SECCIÓN I

En los Poemas Homéricos, se menciona hubris –el orgullo


desmedido– es el pecado de transgredir el orden moral del universo. Némesis
castigará a quien lo cometa. No hay una distinción rigurosa entre el orden
natural y el moral (Arrieta, 2020, p. 53.s).
Para Platón el bien es la causa de todo lo recto y hermoso que existe
en el mundo. En el mundo visible ha producido la luz y el sol y en el mundo
inteligible, la verdad y el puro conocimiento; así, podemos inferir que el mal
tiene que ver con la oscuridad, la falsedad, la falta de conocimiento; el mal
surge por emociones y deseos incontrolados que impiden la búsqueda del
bien. Ahora bien, el conocimiento se adquiere por medio de recordar los
arquetipos, los seres perfectos que conoció el alma cuando habitó el topos
supra uranios, lugar del que fue expulsado (Platón, 1966). Todo lo cual
coincide con la doctrina socrática que sostiene que la felicidad se obtiene con
la virtud y ésta con la sabiduría; de manera que la maldad es ignorancia.
Con el advenimiento del cristianismo, deviene en problemática la
explicación de la existencia del mal. En una sociedad politeísta, cuyos dioses
muestran superlativamente las virtudes y los defectos humanos, que exista el
mal es natural, no así dentro de una religión monoteísta, que postula un Dios
infinitamente bondadoso, sabio y poderoso; de ahí que Agustín de Hipona
proponga su clásica definición de mal, insistiendo en su carácter privativo:
“Pues ¿qué otra cosa es el mal, sino la privación del bien?” (s.a., p. 477).
Surge “cuando la voluntad abandonando lo superior se convierte a las cosas
inferiores” (1964, L.I, XII 6).
En el Renacimiento, Lutero privilegia la fe por sobre cualquier otra
cosa y considera que el hombre tiende al mal por el pecado original, de
manera que requiere una represión constante para lograr una conducta
aceptable. Por lo demás, el bien y el mal dependen enteramente de Dios: las
cosas son buenas o malas no en sí, sino porque Él las decreta como buenas o
malas, esto es, dependen de su voluntad.
En la Edad Moderna, Leibnitz asume que es Dios quien ha diseñado
intencionalmente el orden moralmente bueno que gobierna el mundo y este
diseño produce el mayor bien posible y la menor maldad posible para la clase
de criaturas imperfectas que somos (Kekes, 2005). Rousseau (2000) inicia
su Emilio afirmando: “Todo está bien al salir de manos del autor de la
naturaleza; todo degenera en manos del hombre” (p. 8). Y en Sobre el
contrato social indica que “El hombre ha nacido libre, y en todas partes está
en cadenas” (1987, p. 141); así, el mal sería una degeneración del estado
natural, de manera que la solución consiste en volver a ese estado natural,
libre de artificios. En contraste, Hobbes (1962) piensa que el hombre es,
intrínsecamente, un ser egoísta y belicoso, no merecedor de confianza
excepto bajo un sistema socio-político en el cual se haya establecido un
poder capaz de forzar el respeto mutuo de los derechos del hombre mediante
la imposición de la ley o la práctica de la guerra, dentro o fuera,
respectivamente del mencionado sistema.
Kant (1964) considera que la buena voluntad es la única cosa buena
sin calificación o limitación; ella tiene como fuente la razón y se muestra en
el ejercicio del deber, que se expresa en un imperativo categórico, esto es,
un mandato que no está condicionado. Este imperativo adopta diversas
formulaciones, de las cuales mencionaremos las más conocidas: “Actúa
como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley
universal de la naturaleza” (p. 52) y “Actúa en forma tal que siempre trates
a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, nunca
simplemente como medio, sino siempre al mismo tiempo como un fin” (pp.
66s.). Así, el mal consistiría en actuar en desacuerdo con el imperativo
categórico: la máxima, que es la ley que yo me doy a mí mismo, debe ser
universalizable, i.e., servir para todos y, efectivamente, el mal consiste en
considerarme yo -sin ningún derecho- una excepción; igualmente, considerar
a otro como un medio y no como un fin en sí mismo, implica que le estoy
quitando su dignidad al manipularlo como si fuera una cosa en vez de una
persona.
En el Siglo XX, encontramos que Philippa Foot considera al mal como
un defecto natural que conduce a los malvados a actuar en contra del bien
humano, en contra de la vida. Lo que es bueno está determinado por los
hechos de la naturaleza humana y del bien que sigue a los requerimientos de
la razón. Las acciones malvadas son contrarias a la naturaleza y a la razón.
Foot supone que muchas características buenas para los seres humanos como
especie, i.e., colectivamente, son buenas para cada individuo que compone
la especie; aún más, las características que son buenas para la especie
colectivamente determinan lo que es bueno para los miembros individuales
de ella: “La idea de una buena vida para un ser humano… es…
profundamente problemática… Sin embargo, con toda la diversidad de la
vida humana, es posible dar alguna explicación completamente general de
las necesidades humanas, esto es, de aquello que en forma completamente
general es necesario para el bien humano.” (2001, p. 43).
Hanna Arendt, postula dos clases de maldad: el mal limitado y el mal
radical. “El asesinato es solamente mal limitado. El asesino que mata a un
hombre… aún se mueve dentro del reino de la vida y la muerte familiar a
nosotros” (1968, 442). En contraste, “el horror real de los campos de
concentración y exterminio descansa en el hecho de que … aquí el asesinato
es tan impersonal como aplastar a un mosquito… no hay estándares políticos
ni históricos, ni simplemente morales… (Esto) es la apariencia del mal
radical” (1968, 443). El mal limitado sirve a los propósitos de un individuo;
en cambio, el mal radical, lo que hace es crear una atmósfera de locura e
irrealidad, en la que todo puede ocurrir, destruyendo la posibilidad de la vida
civilizada. Lo sorprendente es que Adolf Eichmann quien tuvo a su cargo la
Solución Final (el exterminio de los judíos), resultó ser un burócrata bastante
común, aunque su diligencia por cumplir sus tareas era extraordinaria, que
una de ellas significara la matanza de millones de personas no mereció su
reflexión y una y otra vez en el juicio que se le hizo afirmó que él había
cumplido con su deber, que obedecía la ley. Para Arendt es imposible
conectar el extremo horror de la matanza judía y la absoluta falta de reflexión
de quien la perpetró, así como su falta de motivos para hacerlo, salvo su
avance personal, lo que la lleva al reconocimiento de “la banalidad del mal”:
una especie de mezcla de alejamiento de la realidad e irreflexión capaz de
causar daños indecibles.

SECCIÓN II

En general, los conceptos del mal que sucintamente hemos presentado,


nos muestran diferentes aristas de este concepto, pero creo que, finalmente,
tienen que ver con: i) el egoísmo, que coloca los intereses propios por encima
de cualquier otra consideración, ii) una falta de empatía que impide imaginar
el sufrimiento del otro, iii) ciertas circunstancias externas que inducen a que
estas características afloren y se concrete en un acto malo, definido éste
como el causar sufrimiento que en nada beneficia al otro, hiriendo su cuerpo
o sus emociones, a fin de que prevalezca, simplemente mi poder.
Naturalmente, la magnitud del daño implica el grado de maldad en
juego, que va desde una simple mentira que puede causar un daño leve hasta
las acciones calificadas por Arendt como “mal radical”.
Ahora bien ¿por qué los “malvados” realizan el mal? En las
definiciones dadas podemos ver que, en términos generales la maldad se
atribuye a:
i) la constitución intrínseca del hombre
ii) condiciones fuera de él
iii) la concurrencia de ambas.
Platón, Agustín, Lutero, Hobbes y Kant consideran que el mal:
ignorancia, pérdida del ser, el pecado original, el afán incesante de poder, la
falta de buena voluntad para cumplir con el deber, respectivamente, están
dentro del hombre. Igualmente, el malfuncionamiento al que alude Foot,
sería una causa interna.
Leibniz y Rousseau, en cambio, sostienen que el mal tiene causas
externas: Dios, que lo ha previsto mínimamente para que nuestro mundo sea
el mejor de los mundos posibles; o la sociedad que irremediablemente
pervierte al buen salvaje.
Las clases de mal que plantea Hanna Arendt, aceptarían motivos
internos como el del asesino que actúa por móviles de su interés o la extrema
búsqueda de avance personal no importando qué; así como factores externos
que coadyuvan a la realización del mal que tienen que ver con el ambiente
del malhechor (pobreza, fanatismo, sociedades totalitarias, etc.).
Las investigaciones que se vienen haciendo sobre el comportamiento
humano parecen corroborar que las acciones malas tienen condiciones tanto
internas como externas: “genes, neuronas y hormonas son responsables para
la función del cerebro donde las ideas morales son generadas a través de
procesos emocionales y racionales. Pero los valores morales que adoptamos
están condicionados por otras fuerzas fuera del cerebro”, en el ambiente
(Moseley, 2019, p. 175s.), lo que ha sido comprobado con estudios de niños
mayores y adultos, los cuales muestran una considerable maleabilidad en las
actitudes y conductas sociales en respuesta a las circunstancias ambientales.
Entre las hormonas, la neurofilósofa Patricia Churchland (2011) presta
especial atención a la oxitocina, también llamada “la hormona de la
confianza o del amor”, la cual es importante para promover la conducta
social humana. Se realizaron experimentos con ratones de campo y ratones
de montaña. Los primeros tenían mayor nivel de oxitocina que los últimos
y su conducta era más social. Al bajarles el nivel de esta hormona a los
ratones de campo y aumentárselos a los ratones de montaña, sus conductas
se intercambiaron. Con todo, experimentos realizados por Carsten de Dreu
de la Universidad de Holanda, muestran que la prosociabilidad es con los
que se consideran “nuestros”, no así con los que se considera ajenos,
pudiendo aumentar la agresividad en estos casos (Sapolsky, 2017); sea como
fuere, lo que es innegable es la influencia de esta hormona en la conducta
social.
Otras hormonas como la dopamina, la serotonina y las hormonas
suprarrenales ayudan a mantener normal el equilibrio mental y social. Las
enfermedades, frecuentemente de origen genético, que envuelven estos
agentes químicos tienen efectos serios, muchas veces trágicos en la habilidad
de hacer frente a las normas sociales que son las ideas morales en acción y
que, justamente, impiden las acciones malvadas.
Finalmente, Sapolsky (2018) reconoce que “los genes tienen mucho
que hacer con la conducta. Aún más apropiadamente, todos los rasgos
conductuales son afectados en algún grado por la variabilidad genética…(sin
embargo) los genes no tienen que ver con la inevitabilidad. Por el contrario,
tienen que ver con tendencias, propensiones, potenciales y vulnerabilidades
dependientes del contexto” (pp. 264 s.).

CONCLUSIONES
 Las causas de las acciones malas son tanto externas como internas. Los
genes no implican un determinismo absoluto, sólo tendencias dentro de
un complejo tejido de múltiples factores biológicos y culturales.
 Si bien se ha avanzado enormemente en la comprensión de los factores
internos que provocan conductas antisociales, estamos lejos de
conocerlos plenamente, por lo que conviene prudencia en sus
aplicaciones.
 En cuanto a los factores externos la reflexión sobre estos temas habría de
llevarnos a exigir a los gobernantes ambientes saludables que ayuden al
desarrollo de personalidades que promuevan la vida y las potencialidades
humanas positivas
 El avance de la tecnociencia probablemente está llevando al hombre al
ejercicio de la hubris, buscando un “progreso” que si bien podría acabar
con muchos de los males que aquejan al hombre, pareciera que se va
orientando a objetivos que lejos de proteger la vida, atentan contra ella.
 Las guerras son, justamente, los escenarios de mayor mortalidad. En la
actualidad, Ucrania y más aún la Franja de Gaza son escenarios dantescos
próximos al mal radical arendtiano.
 En Sudamérica, la corrupción ha invadido los espacios políticos y si bien
algunos países la están enfrentando, en nuestra patria el panorama es
completamente sombrío porque lamentablemente en los tres poderes del
Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial no se cumple con la esencia de
la democracia, definida por Lincoln como el gobierno del pueblo, por el
pueblo y para el pueblo, ya que se gobierna a espaldas de las grandes
mayorías y sus intereses se han olvidado para ser reemplazados por los
de quienes detentan el poder.
 La corrupción no es un “crimen blanco” porque verdaderamente atenta
contra los derechos humanos, ya que la pérdida de los miles de millones
que significa, incide en la falta total o inadecuación de los servicios de
salud y educación para un enorme sector de peruanos.
 Sólo podremos salir de esta situación superando los radicalismos de
izquierda y derecha y podamos ser como quería Platón, un país en donde
no se piense en lo mío, ni en lo tuyo, sino en lo nuestro.

Referencias bibliográficas

Arrieta, T. 2020. Historia de la ética. Arequipa: Editorial UNSA


Agustín. 1964. La ciudad de Dios. Madrid: Biblioteca de Autores
Cristianos
Arendt, H. 1968. The Origins of Totalitarism. New York: Harcourt.
Churchland, P. (2019). Conscience. The Origins of Moral Intuition. New
York: W. W. Norton & Company.
Foot, P. 2001. Natural Goodness. Oxford: Clarendon Press
Giusti, M. 2023. “Tiempos apocalípticos”. En Pulsión. Agosto/Setiembre.
No. 1
Hobbes, T. 1962. Leviathan. New York: Collier Macmillan Publishers.
Kant. I. 1964. Groundwork of the Metaphysic of Morals. New York: Harper
Torchbooks,
Kekes, J. 2005. The Roots of Evil. New York: Cornell University Press.
Moseley R., (2019). Morality. A Natural history. Victoria: FriesenPress.
Platón. 1966. Menón o de la virtud. Madrid: Aguilar.
Rousseau, J. 1987. The Basic Political Writings. Indianápolis: Hackett
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Sapolski, R. (2018). Behave. The Biology of Humans at Our Best and
Worst. New York: Penguin Books.

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