Arnaud, P: “El Estado nacional en América Latina: una derivación capital”
Se respetan dos principios tradicionales: en primer lugar, la dinámica de una
formación socioeconómica descansaría fundamentalmente sobre la lógica de
reproducción de las relaciones de producción que caracterizan. Por otro lado, lo
económico sería determinante en última instancia, con la reducción del
concepto de relación de producción a su dimensión estrictamente económica.
Se trata aquí de proponer una interpretación diferente de estos procesos.
I. Las formaciones socioeconómicas de medio siglo
Después de la independencia política, empezó el derrumbe de los sistemas
coloniales, más conflictivos en el caso de las regiones españolas. Sin embargo,
en los dos casos, aconteció una regionalización de la estructura
socioeconómica, a pesar de las tentativas para conservar la anterior unidad
política.
La mutación de la actividad económica descansó fundamentalmente sobre la
redefinición de la explotación de la tierra, única actividad susceptible de
convertirse en actividad de subsistencia.
Las guerras civiles, las luchas interregionales, los conflictos con países
extranjeros, europeos o no, favorecieron la diversificación de la estructura de
las explotaciones y la constitución de sociedades locales, que abarcaban todo
aspecto de la vida socioeconómica, como policía, justicia, religión, defensa, en
función de la relación de producción progresivamente definida en el campo.
La consecuencia fue el surgimiento de la clase de los propietarios de la tierra
con la implantación de nuevas relaciones de producción en la actividad
agropecuaria: las oligarquías terratenientes.
La reestructuración tuvo así, dos dimensiones, que se expresaban en el control
de la actividad productiva básica y en el control del contacto con los mercados
extranjeros. Así, durante la primera mitad del siglo XIX, la articulación con el
exterior, es decir, con los países capitalistas, fue un sustento crucial para las
oligarquías latinoamericanas.
Se habían reproducido ciertos rasgos de la estructura colonial, como el
monopolio sobre el trabajo y la tierra. Pero con la definición de nuevas
relaciones de producción en la explotación de la tierra, se había sustituido la
forma difusa de captación del excedente, imperante hasta la independencia, en
América española sobre todo, por una forma semejante a la vigente en una
economía capitalista.
II. La necesidad de la introducción del capital.
La característica del Modo de Producción Capitalista es la acumulación
ampliada de capital que significa la necesidad de mercados sin cesar
crecientes. A partir de los años 1860 empezó la fase imperialista. La diferencia
con la fase anterior consistía en la exportación de capital.
Es indispensable tomar en cuenta las condiciones concretas de la acumulación
para poder diferenciar su curso entre la primera y la segunda mitad del siglo
XIX.
Las relaciones con el exterior capitalista se diversificaron después de ciertas
modificaciones en las técnicas capitalistas, de financiamiento, de transporte y
de producción. Conocieron los transportes importantes adelantos técnicos; el
uso de la máquina de vapor y del hierro en la construcción y el desplazamiento
de los vehículos acarreó una verdadera revolución en las relaciones.
La introducción de técnicas capitalistas cambiaba la rentabilidad relativa de
cada región, a nivel mundial.
Con esa perspectiva se pueden entender por qué el interés en los bienes de
capital no era unilateral, fuera de los grupos capitalistas de los países
productores de estos bienes existían grupos en las mismas regiones no-
capitalistas decididos a conseguirlos y usarlos; el papel de esas regiones en la
extensión de la lógica del capital a nivel mundial no fue sólo pasivo.
La explotación de recursos naturales de todos los continentes fue convertida
aceleradamente en función de las exigencias capitalistas.
La reconversión de la explotación de los recursos naturales en vista de los
mercados capitalistas exigía el uso de bienes de capital. Así la diversificación
de las relaciones de las regiones no-capitalistas con los países capitalistas,
significaba la generalización de la dominación del capital.
La adaptación de las estructuras tradicionales a las reglas de funcionamiento
de una economía capitalista resultaba del tipo de sumisión a los imperativos de
los países capitalistas.
III. El estado nacional, emanación del capital.
¿Qué significa la integración nacional y la transición al capitalismo? Se podría
definir como la homogeneización de las estructuras y formas socioeconómicas,
dentro de cada espacio geopolítico, en vista de su conformación a la lógica de
la valoración del capital.
Las modalidades de transición se relacionaban con las inevitables incidencias
de la introducción de capital sobre la tradicional reproducción socioeconómica.
Según la manera de concebir y realizar la introducción de capital y tomar en
cuenta los costos sociales que engendraría, iría conformándose una nueva
estructura socioeconómica en sustitución de las anteriores. El problema tenía
dos dimensiones: la consideración para las actividades y los grupos
amenazados y desplazados por la introducción de capital, como la distribución
de los beneficios del uso de esos bienes de capital y de la reorganización y su
extensión de la explotación de los recursos naturales que originaría.
El circuito era simple: la valorización de los recursos naturales requería capital,
así se podría competir en los mercados internacionales. Pero el financiamiento
del capital era posible únicamente a partir de los ingresos de exportación, es
decir que la explotación de los recursos naturales por lo menos durante una
primera fase. El problema era desencadenar el movimiento.
El papel del Estado fue el de asegurar la rentabilidad y la seguridad de las
inversiones, cuya realización originaba disturbios en la reproducción tradicional
de las formaciones socio-económicas regionales. Defender el orden a partir de
un medio, el capital fuente de los ingresos públicos, que creaba desorden, tal
era la paradójica tarea del Estado nacional en América Latina desde su
surgimiento, a partir de los años 1860 hasta fines de siglo, según los países.
El papel del Mercado era esencial en el proceso de redefinición de la división
internacional del trabajo; por lo tanto se pudo creer en la determinación sólo
externa de la evolución económica de América Latina, al momento del
surgimiento de los modelos de exportación.