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CUANDO LA TEORÍA GEOGRÁFICA AYUDA A COMPRENDER LA

REALIDAD.
GENERALIDADES EN LA URBANIZACIÓN LATINOAMERICANA
Daniel Garza

“Muchas áreas de la ciudad tienen etiquetas que constituyen estigmas que se tienen en cuenta a la hora
de elegir residencia o valorar las personas que residen en esas áreas (…)”
ESTÉBANEZ, J; MENDEZ, R; PUYOL; R. “Geografía Humana”. ED. Cátedra.

Supuestos teóricos desde los que partiremos…

La geografía radical, crítica o neomarxista surge en Norteamérica, allá por los años
’70, en contraposición con su rival, la geografía cuantitativa –producto del
neopositivismo- de los años ’50. Numerosos críticas recibió ésta última, entre ellas;
que estaba enceguecida con el fantástico mundo matemático, obsesionada con la
cuantificación, por la geometría, y la modelística; pero… ¿qué pasaba con la pobreza y
las dualidades socio-territoriales? ¿Quién se hacía cargo de denunciar socialmente los
fenómenos de discriminación “racial-espacial” (barrios de negros y las indignas
condiciones que al día de hoy deben soportar)? ¿Y de la contaminación? ¿Quién se
encomendaría a sus espaldas estas responsabilidades? Es así como surge la
geografía radical, que al día de hoy existe y toma vigor frente a las injusticias socio-
territoriales en la cotidianeidad.

Ésta corriente de pensamiento geográfica; junto a la de la percepción y el


comportamiento, emergida una década antes –considerada “puente” entre la geografía
cuantitativa y radical- cuya máxima característica es valorar los aspectos subjetivos de
la percepción individual y social, y cómo estas visiones del espacio influyen, modifican
y condicionan su comportamiento en el mismo; serán los dos supuestos teóricos
desde los que partiremos para encarar un breve análisis sobre la realidad urbana del
subcontinente latinoamericano contemporáneo.

Nuevas realidades urbanas

Nuevas tendencias se manifiestan espacialmente en la organización de las ciudades


contemporáneas. Una de ellas es la planificación de barrios privados; otra, en relación
a la anterior, es la coexistencia en un mismo espacio –en las afueras de la ciudad- de
dos clases sociales totalmente antagónicas, manifestándose así una configuración
especial de clases ricas (en barios “organizados” y privados) y clases pobres (en
barrios desorganizados y desatendidos desde la esfera política). Esta es una
tendencia latinoamericana que, por su puesto, como toda tendencia, asume
excepciones ya que no es ley.

En la actualidad no es extraño encontrarnos sorpresivamente en congresos


-relacionados a la temática del urbanismo-, con la presentación de trabajos fr
investigación de este tipo, sobre la formación de barrios privados y sus alrededores,
preponderando la vertiente social del problema; es decir la sociedad excluida de estas
nuevas urbanizaciones.

“No se desconoce la importancia y el valor de los numerosos trabajos que desde


distintos ángulos del campo ideológico como temático han analizado y descrito el
fenómeno urbano-territorial (...) partiendo de una visión comparativa con otros
conglomerados urbanos en América Latina, especialmente en áreas metropolitanas
donde el proceso globalizador ha impactado sobre las estructuras urbanas existentes
generando nuevos espacios que contribuyen a diseñar nuevos territorios conflictivos
(Goldwaser y Soria. 2007)1

Estos trabajos, precedentemente anunciados, presentan a las urbanizaciones cerradas


(UC) y zonas aledañas como “Territorios conflictivos”. ¿Será para tanto? ¿de qué
manera las personas y familias pobres que viven en estos barrios populares se sienten
perjudicados o no por la construcción de las UC. Hasta dónde se sienten segregados
espacialmente y/o socialmente; ¿cuál es la percepción de estas familias o los
individuos y cuáles son sus sentimientos y subjetividades frente a este fenómeno?
Son algunas de las inquietudes preeliminares que se plantean dos geógrafas
investigadoras de la Universidad Nacional de Luján, citadas anteriormente.

¿Efecto derrame o derrame de efectos?

Un interrogante que se plantean varios especialistas en esta nueva tendencia urbana


es: ¿Puede llegar a percibirse en un fututo el “efecto derrame”, o por el contrario un
“derrame de efectos”?

Se hace necesario, ante posibles dudas, explicar qué entendemos por “efecto
derrame”. Esta expresión surge de la “Teoría del derrame”. Esta sostenía que para que
se lleve a cabo el desarrollo territorial, era necesario, precedentemente, el crecimiento
económico. Algo así como: si no se produce el crecimiento económico, en primer lugar,
es imposible que posteriormente se promueva el desarrollo. Ahora, ¿dónde reside la
diferencia entre crecimiento económico y desarrollo?

Crecimiento y desarrollo

Por un lado el crecimiento económico es una concepción que hace alusión a la


acumulación de capital (ya sea monetario o físico) en manos de una persona o varias
(un grupo económico, por ejemplo), a través de una actividad económica, ya sea en la
producción de bienes o servicios. Allí finaliza el objeto del crecimiento económico.
Acumular y acrecentar ganancias y desarrollar la capacidad de reproducirlas en el
tiempo.

Por el contrario, el desarrollo territorial (y humano) se propone re-invertir (volcando al


territorio) esa acumulación en progreso social; como salud, educación, seguridad,
incursión social, mantenimiento digno de los espacios, etc.

Es por todos sabido que esta teoría es nefasta. No es certera. De ilógica tiene poco,
pero ¿en cuántas oportunidades se ha dado el crecimiento económico y luego el
desarrollo como efecto derramado? Respuesta: En pocas.

¿Por qué efecto derrame o derrame de efectos?

Esta inquietud se debe, a que una de las primeras hipótesis que podemos formular, es
que en donde se emplace una urbanización cerrada se propulsará, a sus alrededores,
un desarrollo canalizado en más urbanizaciones de este tipo, o en formaciones de
barrios abiertos-no privados pero de un cierto “estatus” social, mayor accesibilidad en
caminos dignos o en la mejora de los mismos (considerando que las UC, tendencia
latinoamericana, se emplazan en la periferia o a en las “afueras de la ciudad”), etc.
“(…) es de interés conocer y cuantificar si se produjo o se produce una dinámica de
cambio –crecimiento, decrecimiento- al interior de los barrios pobres, o un crecimiento
por agregación de otros barrios populares en la misma zona, considerando que existe
una problemática de organización del territorio a partir de diferentes decisiones que
toman los municipios(…)” (GOLDWASER y SORIA. 2007).

Por lo planteado anteriormente, aún a modo de interrogante abierto, se piensa en un


posible “efecto derrame”. ¿Pero si ocurre lo contrario?, es decir un derrame de efectos.
¿Qué entendemos por derrame de efectos?

Se trata de efectos no esperados. Movimientos vecinalistas manifestándose por las


diferencias en calidad de vida, en infraestructura, en la calidad de los caminos y calles
para llegar a un barrio privado o a un barrio periférico, la desigual extensión y alcance
de servicios, etc.

Un fenómeno espacial que amenaza al cambio...

“La segregación residencial a gran escala ha sido el sello del patrón tradicional
latinoamericano. A lo largo del siglo XX las familias de las elites se fueron
concentrando por lo general en una sola zona de crecimiento que, en la forma de un
cono, une el Centro histórico con la periferia en una dirección geográfica definida. En
el otro extremo de la escala social los grupos más pobres, que “grosso” modo
representan entre una cuarta parte y más de la mitad de la población, tendieron a
aglomerarse en extensas zonas de pobreza, especialmente en la periferia más lejana
y peor equipada.”2 Este fenómeno espacial es indiscutible, y de hecho, percibido de
generación en generación. Pero actualmente, ¿no hay un cambio en este patrón?

Como se adelantó en las primeras líneas del artículo “nuevas tendencias se


manifiestan espacialmente en la organización de las ciudades contemporáneas” y una
de ellas es el compartir un mismo espacio, las afueras de la ciudad, por dos clases
sociales totalmente antagónicas. ¿No lo vemos en la ciudad de Rosario, por ejemplo?
Las villas de emergencia están separadas por murales o alambrados que son los
límites propios de urbanizaciones cerradas, o “islas de riqueza” como las saben llamar
ciertos autores. ¿Cuál será la tendencia en nuestra ciudad? Por el momento sólo
tenemos un barrio privado y, podríamos decir, relativamente nuevo.

Segregación geográfica vs. Segregación social

“En el estudio de la movilidad social, sociólogos, antropólogos y otros científicos


sociales evalúan el papel que juega la segregación espacial en la formación de grupos
e identidades.” (GOLDWASER y SORIA. 2007). Algo que debemos no confundir:
"segregación geográfica" con "segregación sociológica".
Evidentemente para una clase social que se siente segregada (Del lat., segregare-
“separar o apartar una cosa de otra”) sociológicamente, es un proceso doloroso, que
va generando un auto-condicionamiento en el grupo, que lo condiciona a auto-
apartarse de los demás estratos sociales (término anticuado éste último, por cierto)
generando así problemáticas crónicas y más complejas como la marginación. La
segregación geográfica, o locacional; por el contrario, habla sobre el sentimiento de
las desventajas (y ventajas) de no vivir en esas urbanizaciones cerradas. No todo el
mundo percibe como una segregación negativa el no habitar esa “islas de riquezas”,
muchas, por el contrario marcan las ventajas de no vivir en ellas, y lo demuestran
empíricamente (digamos, materialmente, en los hechos) construyendo un hermoso
Chalet, de estilos contries, en la ciudad.

Por último vale citar algo muy interesante para pensar…

Lidia Soria y Beatriz Goldwaser (investigadoras sociales de la Universidad Nacional de


Luján) nos dicen: “la segregación espacial opera como una suerte de "comodín" o
recurso complementario al que recurren los grupos sociales para mantener sus
identidades sociales en formación o en riesgo.”

* Estudiante avanzado del Profesorado y Licenciatura en Geografía, Dpto. de


Geografía; Facultad de Ciencias Humanas; Universidad Nacional de Río Cuarto.
Ayudante-alumno en la cátedra de Introducción a la Geografía.

Notas bibliográficas
1 GOLDWASER, B. SORIA, L. 2007. “Situación y percepción de los habitantes de los barrios
populares adyacentes a las urbanizaciones cerradas de la región metropolitana de Buenos
Aires ¿Efecto derrame o derrame de efectos?”. Universidad Nacional de Luján – Departamento
de Ciencias Sociales Divisiones Geografía y A.SE.C. - Buenos Aires – Argentina- Ponencia
presentada en IX Encuentro Internacional Humboldt. Juiz de Fora, Minas Gerais, Brasil. 17-21
de Septiembre del 2007.

2 SABATINI, F; CÁSERES, G; y CERDA, J. (2007). “Segregación residencial en las principales


ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción”.
Pontificia Universidad Católica de Chile. Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos.
Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales. En: EURE (Santiago) ISSN 0250-7161 versión
impresa.

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