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Clown (KookV)

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Preludio

—Damas y caballeros, es un placer para mí, presentarles a nuestra mayor


estrella, el más temído y amado por todos. Con ustedes, el payaso, Jungkook.
—El presentador del circo sonrió en grande, haciéndose a un lado para dejar
ver a la persona que acababa de mencionar, mientras que el público aplaudía
y celebraba su presencia.

El hombre hizo una reverencia, para luego acomodarse correctamente y


sonreír al público, una sonrisa de superioridad, creyéndose el mejor de todo
el circo, el mejor entre todos los presentes.

Taehyung observaba curioso a aquel payaso, no estaba con la típica peluca,


su rostro no estaba completamente maquillado, solo tenía una pequeña línea
roja pintada por debajo de su ojo derecho. Esa persona no parecía un payaso
en absoluto, pero el castaño esperaba que por lo menos sea divertido.

Y vaya que sería divertido.

Estaba un poco lejos de donde estaba el payaso, por lo que no podía ver muy
bien su rostro, pero al parecer el hombre buscaba a alguien con la mirada, y
cuando finalmente lo encontró, sonrió, apuntando a la persona que al parecer
buscaba.

—Parece que Jungkook eligió a su primer espectáculo de la noche. —El


presentador sonrió y todos volvieron a aplaudir y dar gritos de aprobación.

¿Su primer espectáculo? Taehyung no entendía a que se refería con eso, pero
solo se limitó al ver como la persona que había "elegido" Jungkook bajaba
del lugar donde estaba sentado, su rostro estaba serio, como si le diera igual
el ser elegido para un espectáculo. Lo que más llamó la atención de el
castaño, fue que el hombre que bajaba estaba a unos asientos de su lugar, así
que se preguntó por unos segundos, ¿Él sería parte del siguiente espectáculo?

—Bien, chico, ¿Cómo te llamas?—Preguntó el presentador cuando el hombre


terminó de bajar y estaba en medio de Jungkook y él. Le acercó el micrófono,
esperando una respuesta.

—Park Bogum... —Respondió sin ganas, con su mirada perdida.

—¡Amigos, Bogum hará un sacrificio para nuestra diversión esta noche,


démosle las gracias!—Gritó con cierta emoción el tipo de cabello negro,
empujandolo levemente hacia Jungkook.

Las personas aplaudieron y empezaron a gritar el nombre de Bogum, como si


lo estuvieran animando. En lo que eso sucedía, Jungkook hizo una señal con
la mano, y rápidamente dos chicos trajeron algo así como una cama hasta el
medio del lugar.

Uno de los chicos dió pequeños saltitos hasta llegar a Bogum, sus labios
estaban pintados de violeta, su rostro tenía diferentes partes pintadas de
blanco, negro y lila, su ropa era de los mismos colores, su cabello era rubio,
era de baja estatura, y sonreía de forma coqueta.

Jungkook movió un poco su cabeza, en dirección a Bogum, y el rubio sonrió


en grande. El otro chico que trajo la cama desapareció del lugar, Taehyung no
lo había notado.

—Jungkook quiere que Kitty decida sobre que hará en el espectáculo. ¿Están
de acuerdo? —Preguntó el presentador, a lo que todos dieron una respuesta
que dejaba en claro que a nadie del público le molestaba esa decisión.

El rubio jugó un poco con el cabello de Bogum, sin quitar su sonrisa, al


parecer estaba pensando en algo. Y el otro chico solo se dejaba tocar sin
protestar, ni siquiera veía al rubio.

Kitty caminó nuevamente dando brinquitos de forma infantil, hasta llegar a


Jungkook y susurrarle algo al oído.

Taehyung elevó una ceja, no estaba entendiendo nada, y terminó frunciendo


el ceño al ver como recostaban a Bogum en la cama y lo amarraban en la
misma. Las personas celebraban y gritaban, otras solo observaban en silencio,
mientras que el chico que estaba acostado en la cama solo cerraba los ojos.

Y el castaño se alarmó al ver a Jungkook con un hacha en mano, sonriendole


al público, mientras caminaba hasta la cama.

Y ahí Taehyung entendió una cosa, mientras veía como Jungkook levantaba
ambos brazos con el hacha en mano, listo para hacer algún daño, entendió
que ese circo era totalmente diferente al resto.
01

Su tarde estaba siendo demasiado aburrida, su teléfono no tenía batería y ya


se había cansado de ver las mismas películas una y otra vez en la televisión.
Taehyung estaba cansado y aburrido, quería salir pero no tenía idea de a
donde ir.

Su padre le había dicho que debía quedarse en la cabaña en lo que él volvía, y


eso a el castaño no le agradó en lo absoluto, pero no iba a discutir con el
adulto. Después de todo lo había llevado hasta ahí con la intención de pasar
más tiempo juntos, aunque Taehyung no entendía porque decidió llevarlo a el
bosque, una de sus ideas fue que su padre quería practicar cosas como la
cacería, cosa que él no haría, así que iba a ser una perdida de tiempo para
ambos.

Otra de sus ideas fue que quizás acamparían, pero ahí estaban, en una cabaña.
Era totalmente ridículo, no sabía que hacía ahí, pero era aburrido y no quería
esperar más a su progenitor. Tomó un abrigo y salió de ahí, buscando con que
entretenerse.

Se decepcionó un poco al ver que solo estaba rodeado de árboles, pero


rápidamente tuvo una idea y sonrió, buscando su cámara, el día estaba
hermoso como para sacar unas buenas fotos, y de paso, matar el
aburrimiento.

Una vez con su cámara en mano, empezó a caminar por el bosque, tratando
de no alejarse para no perderse. Le tomaba fotos a los árboles que eran
hermosamente iluminados por el sol, Taehyung sonreía debido a las fotos
bonitas que sacaba, o cuando encontraba algo que merecía una fotografía.

Un pequeño ruido entre los arbustos llamó su atención, dudoso caminó hasta
el mismo, preguntándose si se trataba de algún animal salvaje, pero el arbusto
era pequeño, así que no pensó que podría ser algún tipo de amenaza si se
trataba de un animal.

Y sus dudas se aclararon al ver la cabeza de un pequeño conejito asomarse


por el medio de los arbustos, su pelaje era blanco y se encontraba moviendo
tiernamente su nariz mientras comía algo que ante la vista de Taehyung
parecía una fruta, de la cuál desconocía su nombre.

—Hola pequeñito. ¿Me dejas tomarte una foto?—Preguntó Taehyung, con


delicadeza en su tono de voz, sonriendo ante la ternura que le causaba el
pequeño animal.

El conejito lo vió por unos segundos, y segundos después empezó a brincar


rápidamente, alejándose de Taehyung, el mismo abrió sus ojos sorprendido
ante la repentina acción, sin embargo tomó la cámara y siguió al animalito.
Necesitaba una foto de el conejo, nunca había visto uno de cerca y tener una
buena fotografía de éste le alegraría mucho.

No se dió cuenta de que el conejo iba cada vez más rápido y giraba en varias
partes, dando así diferentes caminos, hasta que Taehyung se dió cuenta de
que se había alejado de más, había perdido de vista la cabaña. Maldijo por lo
bajo, se había perdido, y ni siquiera tenía como consuelo una foto del animal.

—A ver, señor conejo, quise ser amable, pero usted me dejará tomarle una
foto, ¿Entendido? —Taehyung frunciendo levemente el ceño con molestia,
sintiéndose tonto por hablar con un conejo, pero le daba igual en ese
momento.

El animalito pasó una de sus patitas por su rostro, quedándose quieto, mientas
movía su nariz y su colita, el castaño aprovechó y tomó una foto. Pero hizo
una mueca de frustración al ver que la cámara no enfocó bien, y para su mala
suerte, el conejo volvió a brincar, alejándose de él.

Taehyung decidió seguirlo, hasta que el conejito brincó con velocidad y se


metió por debajo de una carpa, una carpa demasiado enorme. El castaño
levantó la mirada al ver de que se trataba, un circo, un gran circo. El mismo
tenía la entrada custodiada por dos tipos, a los cuales Taehyung les restó
importancia, si algo había aprendido de sus amigos, es que podía meterse sin
siquiera pagar la entrada a lugares que sean carpas, tranquilamente podía
levantar una parte y pasar por allí.

Y eso hizo, se metió por el mismo lugar que el conejito, el que ahora no
lograba encontrar, al levantarse, se dió cuenta de que estaba cerca de los
asientos, y al parecer, el circo acaba de empezar sus espectáculos. Curioso, se
escabulló entre las personas y se sentó en un lugar algo alto.

—Buenas tardes, señoras y señores. Es un gusto tenerlos nuevamente, en otro


maravilloso día en nuestro circo. Como la mayoría de ustedes ya saben, soy
su presentador, Kim Namjoon —se presentó el hombre de cabello negro,
haciendo una reverencia mientras recibía varios aplausos, acercó el
micrófono a su boca y siguió hablando—. Nuestro circo es el más entretenido
de todo el mundo, creo que ustedes lo saben. ¿No es cierto?

Todas las personas gritaron en afirmación, excepto las que estaban en el lugar
donde estaba sentado Taehyung, eso le llamó la atención, pero decidió
restarle importancia.

—Amigos míos, déjenme hacerles una pregunta. ¿Qué prefieren, qué venga
nuestro payaso favorito o nuestro gran mago?

Al terminar de hacer la pregunta todos empezaron a gritar que querían que


venga el payaso, y el castaño observaba a todos con curiosidad. En su
momento de inocencia pensó que tal vez el señor era muy chistoso y por eso
era tan reclamado por el público.

—Veo que quieren al payaso, muy bien —Namjoon sonrió—. Lo tendrán en


unos minutos, sean pacientes.

Taehyung observó a las personas del lugar, sorprendiendose al ver que la


mayoría parecía tener bastante dinero por sus prendas de marca, o había
varias que se les podía notar ciertas operaciones. Otras personas parecían
normales, mientras que las que estaban sentadas cerca suyo parecían pobres y
tristes, eso lo confundió.

Parecía que estaban divididos por clases, como si-


—¿Ustedes ven lo qué yo estoy viendo? —la voz de Namjoon lo sacó de sus
pensamientos, y se fijó en el hombre—Nuestro payaso viene hacía nosostros,
señores.

Taehyung no tenía idea de como sería el payaso, tampoco tenía idea de que
fue como Alicia al perseguir al conejito, y que su país de las maravillas, sería
el circo.
02

Namjoon sonrió al ver a la persona que todos estaban esperando que


apareciera, y rápidamente se apresuró en presentarlo.

Acercó el micrófono a su boca, con una gran sonrisa. Mientras que Taehyung
intentaba ver al payaso.

—Damas y caballeros, es un placer para mí, presentarles a nuestra mayor


estrella, el más temído y amado por todos. Con ustedes, el payaso, Jungkook.
—El presentador del circo sonrió en grande, haciéndose a un lado para dejar
ver a la persona que acababa de mencionar, mientras que el público aplaudía
y celebraba su presencia.

El hombre hizo una reverencia, para luego acomodarse correctamente y


sonreír al público, una sonrisa de superioridad, creyéndose el mejor de todo
el circo, el mejor entre todos los presentes.

Taehyung observaba curioso a aquel payaso, no estaba con la típica peluca,


su rostro no estaba completamente maquillado, solo tenía una pequeña línea
roja pintada por debajo de su ojo derecho. Esa persona no parecía un payaso
en lo absoluto, pero el castaño esperaba que por lo menos sea divertido.

Y vaya que sería divertido.

Estaba un poco lejos de donde estaba el payaso, por lo que no podía ver muy
bien su rostro, pero al parecer el hombre buscaba a alguien con la mirada, y
cuando finalmente lo encontró, sonrió, apuntando a la persona que al parecer
buscaba.

—Parece que Jungkook eligió a su primer espectáculo de la noche. —El


presentador sonrió y todos volvieron a aplaudir y dar gritos de aprobación.
¿Su primer espectáculo? Taehyung no entendía a que se refería con eso, pero
solo se limitó al ver como la persona que había "elegido" Jungkook bajaba
del lugar donde estaba sentado, su rostro estaba serio, como si le diera igual
el ser elegido para un espectáculo. Lo que más llamó la atención de el
castaño, fue que el hombre que bajaba estaba a unos asientos de su lugar, así
que se preguntó por unos segundos, ¿Él sería parte del siguiente espectáculo?

—Bien, chico, ¿Cómo te llamas?—Preguntó el presentador cuando el hombre


terminó de bajar y estaba en medio de Jungkook y él. Le acercó el micrófono,
esperando una respuesta.

—Park Bogum... —Respondió sin ganas, con su mirada perdida.

—¡Amigos, Bogum hará un sacrificio para nuestra diversión esta noche,


démosle las gracias!—Gritó con cierta emoción el tipo de cabello negro,
empujandolo levemente hacia Jungkook.

Las personas aplaudieron y empezaron a gritar el nombre de Bogum, como si


lo estuvieran animando. En lo que eso sucedía, Jungkook hizo una seña con
la mano, y rápidamente dos chicos trajeron algo así como una cama hasta el
medio del lugar.

Uno de los chicos dió pequeños saltitos hasta llegar a Bogum, sus labios
estaban pintados de violeta, su rostro tenía diferentes partes pintadas de
blanco, negro y lila, su ropa era de los mismos colores, su cabello era rubio,
era de baja estatura, y sonreía de forma coqueta.

Jungkook movió un poco su cabeza, en dirección a Bogum, y el rubio sonrió


en grande. El otro chico que trajo la cama desapareció del lugar, Taehyung no
lo había notado.

—Jungkook quiere que Kitty decida sobre que hará en el espectáculo. ¿Están
de acuerdo?—Preguntó el presentador, a lo que todos dieron una respuesta
que dejaba en claro que a nadie del público le molestaba esa decisión.

El rubio jugó un poco con el cabello de Bogum, sin quitar su sonrisa, al


parecer estaba pensando en algo. Y el otro chico solo se dejaba tocar sin
protestar, ni siquiera veía al rubio.
Kitty caminó nuevamente dando brinquitos de forma infantil, hasta llegar a
Jungkook y susurrarle algo al oído.

Taehyung elevó una ceja, no estaba entendiendo nada, y terminó frunciendo


el ceño al ver como recostaban a Bogum en la cama y lo amarraban en la
misma. Las personas celebraban y gritaban, otras solo observaban en silencio,
mientras que el chico que estaba acostado en la cama solo cerraba los ojos.

Y el castaño se alarmó al ver a Jungkook con un hacha en mano, sonriendole


al público, mientras caminaba hasta la cama.

Y ahí Taehyung entendió una cosa, mientras veía como Jungkook levantaba
ambos brazos con el hacha en mano, listo para hacer algún daño, entendió
que ese circo era totalmente diferente al resto.

El hacha bajó con rapidez, clavándose a un costado de la cama, quedando a


solo centímetros del rostro de Bogum, y Taehyung sintió que su alma había
salido de su cuerpo por unos segundos al presenciar la escena. Jungkook
realmente no pensaba hacerle daño, ¿O sí?

Jungkook tomó nuevamente el hacha, sonriendo un poco, acarició su filo y


miró de reojo a Bogum.

—Joder, mierda. Sí lo hará. —Habló Taehyung para sí mismo, preguntándose


que debía hacer.

Por un lado quería correr y ayudar al chico, pero por el otro no quería que
alguien le cortara la cabeza con un hacha, estaba confundido y asustado. Se
preguntaba cada dos segundos: ¿Qué clase de circo hace estas cosas?

—¡No juegues conmigo, mátame de una puta vez!—Gritó Bogum,


frunciendo su ceño mientras veía a Jungkook.

El hombre elevó una ceja al escuchar como le acababan de gritar, si había


algo que Jungkook detestaba, era que le griten, y ese tipo tendría todo lo
contrario de lo que estaba pidiendo, su muerte sería lenta y dolorosa, ¿Por
qué? Porque a Jungkook se le daba la gana de que sea así, y también, porque
nadie le levantaría el tono de voz, mucho menos enfrente de su público.
Decidió ignorar lo que le pidió Kitty que haga, lo cual era que le clave el
hacha en medio del pecho, él quería hacer algo mejor, algo más entretenido.

Tomó el hacha y cortó la mano derecha de Bogum, haciendo que el mismo


grite de dolor, las personas a su alrededor festejaron su acción, mientras que
Taehyung cubrió su rostro, debía hacer algo, quería hacer algo. Pero su
cuerpo parecía estar paralizado, y el temblor en sus manos se hizo presente.

Jungkook caminó hasta el otro lado de la cama, y sonrió al ver a Bogum


sollozar, volvió a levantar el hacha, y la bajó de golpe, cortando esta vez su
otra mano, la sangre salpicó su rostro, y su sonrisa aumentó más por eso, veía
como chorros de sangre caían al piso, mientras que Bogum se notaba más
débil y adolorido.

Las personas celebraron nuevamente, gritando varias veces el nombre de


Bogum, con apoyo y emoción en su tono de voz.

Taehyung gritó de horror, ganándose la mirada de Namjoon, el cual pasaba


por ahí, el mismo rápidamente elevó una ceja, no había visto a ese chico
nunca, tampoco lo vió en la entrada. Supo que algo no andaba bien, así que
rápidamente le hizo una señal a Kitty y a otro sujeto de cabello color menta,
dándoles a entender que debían acercarse.

El payaso reemplazó su hacha por un cuchillo, y sin siquiera pensarlo, lo


posicionó en la parte izquierda de el pecho de Bogum, empezando a bajar el
cuchillo con delicadeza y lentitud, ejerciendo presión, hasta hacer una gran
herida, el chico aún se mantenía con vida, escupiendo sangre, le quedaban
pocos segundos de vida, y en esos segundos, sintió como Jungkook metía la
mano en su pecho, arrancando sin piedad alguna, su corazón.

El castaño cubrió su boca, reprimiendo un grito, sollozando en silencio, no


podía creer que presenció todo eso sin hacer nada, se sentía una basura de
persona. Pero no era su culpa, él no podía intervenir, lo matarían antes de
siquiera llegar hasta Bogum.

Debía salir de ahí inmediatamente.

Y Taehyung se hubiera largado, si no fuera porque un chico rubio de baja


estatura estaba a sus espaldas, y el mismo lo golpeó en la cabeza con un
objeto, dejándolo inconsciente.

Por otro lado Jungkook observó esa acción, mientras hacía malabares con las
manos y el corazón de Bogum, su rostro llenándose de sangre al igual que sus
manos, entreteniendo al público. Y aunque todas las miradas estén sobre él, él
solo podía pensar en quien diablos era el chico que estaba inconsciente en los
brazos de Kitty.
03

Su cabeza dolía, era el mayor dolor que había experimentado en sus cortos 17
años de vida, su espalda y su cuello también le dolían. Como si hubiera
estado en una pose incómoda por demasiado tiempo.

—¿Qué haremos con él? No podemos hacer un espectáculo extra, no tenemos


tiempo, y los demás se pondrán molestos por posponer su sacrificio. —
Taehyung escuchó susurros cerca suyo, y quiso abrir los ojos, pero
rápidamente se dió cuenta de que estaba con los ojos vendados.

Sus manos estaban amarradas, al igual que sus pies, y tenía cinta en la boca,
quiso gritar, solo logrando hacer ruidos extraños. Empezó a removerse como
gusano, intentando liberarse.

Los hombres que lo rodeaban voltearon a verlo, entre ellos, estaba el


presentador del circo, el cual solo miraba pensativo al adolescente, no tenía
idea de que hacer con el chiquillo, pero debía pensarlo rápido.

—Oww, ternurita, cree que puede escapar. —Un jóven peligris sonrió,
viendo enternecido como Taehyung intentaba liberarse.

—¿Podemos sacarle la venda, Nam? —El castaño escuchó otra voz, la cuál
dijo aquella pregunta con mucha emoción.

—Haz lo que quieras, pero apúrate. El acto de Jungkook está por terminar, y
luego sigues tú. —Sin nada más que decir, Namjoon se retiró de ahí junto con
el peligris.

El rubio asintió repetidas veces, y dió brinquitos hasta llegar a Taehyung, el


cual estaba tirado en el piso, sonrió al ver como el chico intentaba librarse de
las sogas que tenía en sus manos.
—Hola bomboncito, que lindura eres. ¿Alguna vez te lo dijeron? —Kitty rió,
antes de quitarle la venda de los ojos a Taehyung.

Es castaño tuvo que parpadear varias veces para acostumbrarse a la luz, y


cuando eso pasó, se sentó de golpe al ver al rubio enfrente suyo, mareandose
un poco en el proceso, pero terminó en el rincón de la pared.

Observó el lugar en donde se encontraba, y no supo bien que era, estaba en lo


que parecía ser una pequeña cocina, pero era imposible que haya alguna casa
enfrente del circo, el cual se veía, ya que la puerta del lugar estaba abierta.

—¿Te gusta la casa rodante? Todos tenemos una, nos gusta la privacidad,
¿Sabes? Es útil cuando queremos traer personas, y pasar... tiempo a solas, ya
sabes. —El rubio sonrió, se había agachado hasta estar cerca de Taehyung, y
avanzaba con cada palabra que daba, poniendo incómodo a el castaño.

Quiso gritarle al tipo que se alejara, pero aún tenía la cinta en la boca, así que
solo empezó a patalear, no logrando nada al tener sus pies atados.

—Cariño, quédate quieto. —Kitty sonrió, acariciando la mejilla de el chico,


el cual se apartó rápidamente, mirando con el ceño fruncido al contrario.

Taehyung balbuceó algo, haciendo que el otro lo mire curioso. Estaba


asustado e incómodo, no quería estar ahí, mucho menos con aquel tipo tan
raro.

—¿Qué quieres decirme, lindo? —El de estatura baja quitó la cinta de la boca
de Taehyung, con brusquedad y rapidez, haciendo que el castaño se quejara
ante el repentino ardor.

—¡Sueltame, idiota! —Gritó Taehyung, intentando no largarse a llorar, en


realidad estaba asustado, pero todo lo que quería hacer era gritarle a aquel
hombre.

—Auch, pensé que me dirías algo más bonito. ¿Con esa boquita le hablas a tu
mamá? Que maleducado. —Kitty sonrió con burla, mientras acariciaba el
cabello de Taehyung, el cual quería darle un manotazo pero no pudo al tener
sus manos atadas.
—Sueltame ya, te juro que-

Kitty lo interrumpió, acercándose rápidamente hasta su oído, Taehyung se


quedó callado ante el repentino movimiento, y empezó a inquietarse al sentir
la respiración del rubio tan cerca.

—Cielo, me importa un carajo lo que jures, o lo que digas. Solo quiero jugar
y entretenerme con tu lindo cuerpecito, no es necesario que te suelte para
hacer eso. —Rió bajito, y Taehyung sintió todo el miedo ser remplazado por
rabia cuando el chico mordió el lóbulo de su oreja.

—¡Aléjate, imbécil!—Taehyung aprovechó la cercanía, y con su frente


golpeó la nariz del rubio, haciendo que Kitty se aparte, adolorido y un poco
perdido ante el repentino golpe.

Taehyung empezó a arrastrarse hasta la puerta, con dificultad, ya que tenía


sus brazos detrás de su espalda y avanzaba muy lento. El rubio se recuperó un
poco del golpe y gruñó molesto, caminando hasta el castaño y tomándolo con
fuerza del cabello.

—Jodido niño, ¿Quién mierda te crees qué eres? Te haré tu puta vida un
infierno. —Kitty lo miró con enojo, el agarre al cabello de Taehyung era tan
fuerte que éste jadeó adolorido.

—¡Jimin, en unos minutos es tu turno! ¡Ya deja al chiquillo! —Gritó el


peligris de antes, viendo a el rubio, el cual también lo miró y luego regresó su
vista a Taehyung.

Se pensó unos segundos en qué debería hacer con el castaño, no tenía mucho
tiempo, ya que Jungkook acabaría pronto su espectáculo y...

Automáticamente sintió que una pequeña lamparita se encendía sobre su


cabeza, y sonrió en grande, vió a Taehyung y sin soltar su cabello, empezó a
jalarlo fuera de la casa rodante, escuchando los gritos y quejas del chico, pero
poco le importaba. Estaban en medio del bosque, nadie escucharía al
adolescente, así que Jimin se despreocupó por ese tema.

—¡Ahhh, mierda, sueltame!—Taehyung sentía como la mano de Jimin lo


agarraba con tanta fuerza que llegó a arrancar alguno de sus cabellos,
causando un gran ardor y dolor a su cabeza.

—¡Cierra la boca! —Jimin siguió arrastrándolo, hasta llegar a otra pequeña


casa rodante, la cual en la puerta tenía una estrella dorada, al parecer tenía el
nombre de alguien ahí pero Taehyung no alcanzó a leer, ya que el otro abrió
la puerta y lo terminó arrojando ahí adentro, el rubio lo miró con una sonrisa
—. Dudo que a mi querido amigo le guste tener visitas.

Y sin más que decir, le cerró la puerta en la cara, Taehyung quiso arrastrarse
e intentar abrir la puerta, pero su cuerpo dolía. Al ser arrastrado terminó con
las piernas raspadas y algunas partes de su cuerpo, le dolía, al igual que sus
muñecas, ya que hizo demasiado esfuerzo por liberarse, y su cabeza seguía
doliendo por el golpe que recibió y por todo lo que le jalaron el cabello.

Se sentía tan inútil, tan indefenso, y tan patético.

Se hizo bolita en su sitio, empezando a sollozar en silencio, lamentándose y


pensando que era una idiota, se arrepentía por no obedecer a su padre, si tan
solo le hubiera hecho caso, solo tendría una tarde aburrida y ya, pero no, él
quiso hacer otra cosa, y terminó persiguiendo a un conejo para después estar
en manos de unos lunáticos.

El conejo, lo recordó, recordó que el conejito se había metido al circo, su


corazón se aceleró al pensar si el animalito estaría igual o peor que él. Es
decir, imaginó como aquellos hombres sin corazón podrían llegar a usarlo
para sus "espectáculos" o quien sabe que más.

Siguió llorando, apretando sus ojos con fuerza.

Un pequeño animal dió brinquitos hasta él, y Taehyung al notar una


presencia, abrió sus ojos, viendo algo borroso debido a las lágrimas.

Dejó de lado sus antiguas dudas al ver al mismo conejo que había perseguido
aquella tarde, estaba igual que cuando lo encontró, no parecía herido, o algo
así, es más, el animalito se encontraba comiendo felizmente una zanahoria,
mientras observaba curioso al humano.
—Señor conejo, está bien —Taehyung sonrió un poco, pero después su
sonrisa desapareció—. Todo esto es por su culpa, si me hubiera dejado
sacarle una foto, estaría en la cabaña. Pero no, usted todo rebelde no me dejó,
y aquí estoy.

No lo decía en serio, sabía que había sido su decisión seguir al pequeño, pero
le daba igual, quería distraerse y tratar de olvidar en donde se encontraba, y el
conejo era la única compañía que tenía en ese momento.

O al menos eso creía él.

El conejito ladeó su cabeza y terminó de comer su zanahoria, después de eso


empezó a mover su colita, y dando un brinquito terminó acomodándose a un
lado de el estómago de Taehyung, frotó su cabeza con el estómago de el
castaño, buscando caricias, las cuales Taehyung no le dió por obvias razones.

—¿Se piensa que lo perdonaré tan fácil?—Taehyung bajó su mirada hasta el


conejo, y sonrió un poco, sin mostrar sus dientes.

El conejo se subió sobre Taehyung, y de un momento a otro estaba moviendo


su naricita cerca de la mejilla de el mismo, haciéndole cosquillas al chico.

El castaño rió bajito ante la sensación y movió un poco su cara, intentando


apartarse.

—Está bien, lo perdono, pero ya pare.

Y como si el animal lo hubiera entendido, paró de mover su nariz, y se alejó


del rostro de Taehyung, para después mirar hacia otra dirección y dar un
brinco.

—Luego dicen que el loco soy yo, me parece un poco irónico.

Taehyung se paralizó al sentir una voz a sus espaldas, y quiso voltear, pero
no tenía el valor para hacerlo.

—Aunque no estás tan desquiciado, algunas personas hablan con animales, o


que sé yo. Pero culpar a un animal de tus desgracias es otro nivel, ¿No crees?
Después de eso, escuchó una risa, y no esperó más, volteó, y empezó a
temblar del miedo al ver a el hombre que había matado sin piedad alguna a
una persona.

Jungkook estaba ahí, sonriente, entre sus manos tenía a el conejo, al cual
acariciaba con sus manos aún llenas de sangre, manchando así el pelaje
blanco del animal, el cual en realidad, era su mascota.
04

Inconscientemente, su cuerpo empezó a temblar, siendo preso del miedo,


Taehyung no sabía que decir, ni siquiera sabía como reaccionar, quería llorar,
pero solo se mantuvo ahí, quieto, mientras era observado por el hombre.

—No hablas mucho, por lo que veo —Jungkook acarició suavemente a el


conejito, el cual tenía sus ojitos cerrados, disfrutando de las caricias de su
dueño—. ¿Puedo saber quién carajos te trajo?

El tipo parecía muy calmado, su tono de voz era tranquilo y suave, y eso solo
lograba incomodar más a Taehyung, el cual no estaba seguro de si responder
o no.

—S-se llama... ¿Kitty?—Respondió finalmente, con cierto miedo en su tono


de voz.

—Jimin desgraciado. —Susurró Jungkook por lo bajo, aunque el castaño


llegó a escucharlo. Frunció el ceño y miró nuevamente al adolescente que
tenía enfrente.

—No me hagas nada. —Pidió Taehyung, recordando la horrible experiencia


que tuvo con el tal Jimin hace unos minutos.

Jungkook rió, y a paso lento, se acercó hasta el castaño, analizandolo con la


mirada. Sonrió un poco y bajó su vista hasta su mascota, aumentando más su
sonrisa al ver el pelaje del conejo totalmente manchado de sangre, el
animalito ni se inmutó ante eso, estando acostumbrado a aquella sensación al
momento de las caricias del hombre.

—Niño, yo hago lo que se me dé la gana, hasta podría hacer un espectáculo


para mí mismo con tu cuerpo en este preciso momento —Jungkook sonrió al
ver el rostro de Taehyung asustado, y siguió hablando—. Pero, estoy
cansado, sucio, y con pocas ganas de soportar tus gritos. Así que tal vez lo
haga luego.

Sin más que decir, Jungkook acomodó su cabello negro hacia atrás, el mismo
estaba algo largo y no le permitía ver correctamente al tenerlo en la cara.
Dejó a su conejo en el piso y luego se fue a lo que parecía ser una habitación.

Taehyung empezó a removerse, luchando nuevamente por liberarse. El


conejito dió un brinco hasta un pequeño sofá y se quedó mirando al humano.

—Señor conejo, no se quede mirando, ayude. —Dijo el castaño, sabiendo que


eso era una idiotez, pero le daba igual.

Sus muñecas empezaron a arder y hizo una mueca de dolor ante eso. Quería
liberarse e irse sin que nadie lo viera, estar en un lugar con ese tipo a solas era
horrible, no sabía que intenciones tenía Jungkook, pero tampoco quería
saberlo, tal vez era igual a Jimin.

El pelinegro, por otro lado, salió de la habitación con ropa en sus manos, y un
pequeño peine, estaba dispuesto a caminar hasta el baño, hasta que vió como
el castaño intentaba de forma inútil deshacer el nudo de sus sogas, sonrió.

—Yo que tú, dejo de hacer eso si no quiero tener marcas de por vida, o un
jodido dolor que durará días, es solo un consejo. —Habló Jungkook, pasando
por encima de Taehyung, el cual seguía en el piso.

—Déjame ir, por favor. —Pidió Taehyung, viendo suplicante al hombre que
tenía enfrente.

El chico giró sobre sus talones, y lo miró fijo por unos segundos, le parecía
raro, siempre que veía la oportunidad de matar a alguien, lo hacía, pero ahora
mismo, teniendo a el castaño a su merced, amarrado y suplicando por su
libertad, no hacía nada. La escena que tenía ante sus ojos le parecía graciosa e
incluso, algo tierna. La mirada de terror que tenía Taehyung, ante sus ojos, se
veía como la mirada tierna de cualquier niño inocente, simplemente,
hermoso.
—Dejarte ir no es mi decisión, y dudo que sea la decisión de Namjoon —
Jungkook se arrodilló, quedando más cerca del rostro de Taehyung—. Te diré
algo. Ahora mismo, no me dan las putas ganas de hacerte daño, y creo que
eso seguirá, mientras no me grites, no insultes, y en especial, no toques a mi
puto conejo. Solo son tres reglas, que tu mente de chiquillo se lo grabe bien.
¿Entendido?

Taehyung parpadeó varias veces, confundido ante la actitud de el pelinegro,


cuando le arrancó el corazón a Bogum, Jungkook estaba sonriendo en grande,
orgulloso de lo que había hecho, pero ahora, parecía un tipo normal y
tranquilo, pero el castaño sabía que las apariencias engañan. Asintió ante la
pregunta que le había hecho el chico, con algo de duda.

Jungkook se paró, tomó a su conejo, y caminó hasta el baño, preocupándose


poco por el menor. Sabía perfectamente que el nudo de las cuerdas era casi
imposible de desatar, Hoseok, uno de sus pocos amigos, las había hecho, y
cuando Hoseok ataba a alguien, solo él podría desatarlo.

El castaño se quedó en el suelo, su mente haciendo miles de preguntas, cosas


como "¿Ese tipo será bipolar?", "¿Por qué actúa tan tranquilo después de
arrancarle el corazón a una persona qué seguía con vida?", "¡¿A qué venía
eso de las reglas?!" Estaba confundido, pero a la vez, un poco tranquilo,
porque sabía que si seguía las reglas del hombre, estaría bien, por el
momento.

—Ah, y otra cosa. ¡No quiero lloriqueos ni nada de esas mierdas, puedes
ahogarte con tus putas lágrimas, pero antes te cortaré la garganta! —Gritó
Jungkook desde el baño, y Taehyung abrió los ojos con miedo.

No estaba seguro, no del todo. Pero nadie podría estar a salvo en manos de
Jungkook, absolutamente nadie.
05

No supo cuanto tiempo había pasado, pero estaba incómodo y adolorido, sus
piernas y muñecas aún ardían, sin mencionar que debido al golpe que le dió a
Jimin, su frente dolía levemente, aunque sabía que a ese idiota le dolería peor
que a él luego.

El piso estaba frío, y él estaba boca abajo, apoyando su cara ahí, se la pasó
llorando en silencio minutos después de que el pelinegro había entrado al
baño, sus ojos estaban hinchados y rojos, y su nariz estaba tapada.

—Lindo río te estás haciendo con las lágrimas —escuchó una voz burlona a
sus espaldas, y le restó importancia, solo quería ignorarlo. Pero Jungkook no
era de esas personas que les guste no llamar la atención—. Por lo menos
lloras en silencio, bien.

Pasó al lado de Taehyung, y el mismo lo miró por unos segundos, el


pelinegro aparentemente acababa de salir de bañarse, su cabello largo estaba
húmedo, tenía unos jeans negros, zapatillas del mismo color, y una camisa
blanca algo grande para su cuerpo. Sin mencionar que tenía al pequeño
conejo en brazos, el animalito estaba mojado, pero Jungkook lo tenía con una
toalla.

El hombre observó a Taehyung de reojo, viendo como los ojos de éste


estaban fijos en su mascota, le dió la espalda y dejó a su conejito sobre una
pequeña mesa, empezando a pasar la toalla por todo su cuerpo, secándolo.

Sin embargo, aún podía sentir la mirada del chiquillo encima suyo, le
empezaba a fastidiar, siempre sentía las miradas de su público sobre él, pero
la mirada del adolescente, le molestaba, e incluso, le incomodaba levemente.

—¿Qué tanto miras?—Preguntó, volteandose, y el castaño bajó la mirada


rápidamente.

—¿Por qué...? ¿Por qué el conejo está mojado? —Cuestionó, pensando en


que el tipo le podría hacer algo malo al animal, en su mente, personas como
él no podían tener una mascota, porque los mismos dueños podrían maltratar
a al animal.

Jungkook frunció su ceño, entendiendo el porque de su pregunta. Sin


embargo, forzó una sonrisa, y miró al chico.

—Estuve a punto de ahogarlo —dijo, como si estuviera hablando del clima,


con su voz calmada y normal—. Pero a último momento, me arrepentí.

Taehyung abrió sus ojos con asombro, preocupado por el bienestar del
conejo, lo buscó con la mirada, y al verlo, se asustó. El animalito tenía los
ojos cerrados.

—E-eres un monstruo... —Bajó la mirada, sintiendo unas ganas inmensas de


llorar, no podía creer que el hombre sea tan cruel.

El pelinegro rodó los ojos ante lo dicho por el adolescente, y tomó a su


pequeño conejo en brazos, caminó hasta Taehyung y le dió una leve patada
en la pierna.

—Baboso, te crees todo —mostró a su conejo, el cual seguía con sus ojitos
cerrados—. Está durmiendo, le dí un baño.

El castaño suspiró con alivio, y Jungkook empezó a secar a su conejito,


haciendo que el mismo se despierte.

—Escucha una cosa, puedo ser un hijo de puta, pero, si llegas a decir que le
hice daño a Byul una vez más, te golpearé la maldita cabeza, no soy alguien
que maltrate animales. —Soltó Jungkook, mientras acariciaba la cabeza de el
conejo.

Taehyung lo miró atento, al parecer el tipo tenía un poco de corazón.

El corazón que Bogum, literalmente, no tenía, gracias al hombre.


Un escalofrío recorrió su espada al recordar la escena, y se sintió estúpido por
pensar que Jungkook no era tan mala persona.

—El que maltrata animales es Jimin. —Volvió a hablar Jungkook, dejando al


conejo totalmente seco, en el piso.

El adolescente frunció el ceño, como odiaba a Jimin, lo vió una sola vez, y
automáticamente ya lo odiaba, o por lo menos, le caía muy mal.

Byul, el conejito, dió brinquitos hasta llegar al sofá, y se acomodó ahí,


dispuesto a seguir durmiendo.

—¡Jungkook! ¡¿El mocoso está contigo?!—Namjoon entró a la casa rodante,


entre jadeos y un rostro que reflejaba preocupación.

—Está ahí. —Jungkook apuntó a Taehyung, restándole importancia a la


presencia del presentador del circo.

—La putísima madre, pensé que se escapó. ¡¿Quién mierda te dió permiso de
traerlo aquí?!

Namjoon cubrió su boca apenas terminó de hablar, dándose cuenta muy tarde
de su error. Jungkook lo miró por unos segundos, y luego caminó
tranquilamente hasta él, sonrió levemente y rodeó la nuca del chico con su
brazo, en un acto cariñoso.

—Namjoonie, mi buen amigo... —Sonrió de forma tierna, dejando ver las


arruguitas que se formaban a los costados de sus ojos, y en especial, su
sonrisa de conejo, la cual Taehyung notó, estaba viendo la escena.

Jungkook dió palmaditas en el hombro de Namjoon, sin borrar su sonrisa,


tomó aire y lo miró a los ojos. El presentador solo lo miró con miedo.

—¡¿Quién putas mierdas te crees que eres para gritarme, hijo de puta?! —le
dió un puñetazo en la mejilla izquierda, haciendo que Namjoon pierda el
equilibrio y caiga al suelo—. ¡Fue el maldito Park imbécil Jimin quien me lo
dejó aquí, así que me estás gritando sin motivo! —Lo agarró de la ropa,
levantandolo, para después darle otro puñetazo.
Taehyung miró con miedo la reacción del hombre, Jungkook había soltado a
Namjoon, y después de eso, empezó a darle fuertes patadas en el estómago,
repetidas veces, hasta que el presentador solo podía pedir piedad mientras
perdía poco a poco el aire.

—¡Además, si yo quería traer al estúpido mocoso, lo hacía sin tu perra


bendición! —se agachó y jaló los cabellos de Namjoon, haciendo que éste
levante la cabeza de forma obligatoria—. ¡¿Me entendiste?! —Y sin nada
más que decir, golpeó el rostro de Namjoon contra el suelo, y Taehyung
podría jurar que escuchó como algo se rompía.

El castaño cerró sus ojos con miedo, al ver el rostro de Namjoon, su nariz
estaba rota y sangraba demasiado, tenía tanto miedo, solo se dedicó a llorar
en silencio.

—¡Ahora vete de aquí, idiota! —Jungkook agarró a Namjoon, lo arrastró


hasta la puerta, y antes de que éste pueda salir, le dió una patada en el trasero,
haciendo que Namjoon caiga de rodillas al suelo.

El pelinegro cerró la puerta con rabia, para después irse hasta su habitación
con Byul en brazos, dejando a un adolescente asustado en el piso, y a un
presentador con la nariz rota y un dolor de estómago infernal afuera de la
casa rodante.

Taehyung solo pudo quedarse en silencio, y al pasar de unos minutos en los


que se había calmado, pensando que, estaba totalmente prohibido gritarle a
ese hombre de ahora en adelante.
06

Sus rodillas golpearon con fuerza el suelo, logrando que las mismas sientan
un gran dolor, pero no era tan grande como el dolor que sentía en su nariz y
su estómago.

Tocó su nariz, haciendo una mueca de dolor mientras sentía como la sangre
cubría su mano y parte de su boca. Y con algo de dificultad, se levantó del
suelo, colocando su otra mano en el estómago, donde Jungkook lo había
pateado.

Namjoon caminó, adolorido, hasta la otra casa rodante que estaba a unos
metros de la que lo acababan de sacar. Impaciente tocó la puerta de la misma,
siendo recibido por un peligris, mejor conocido como Jin, el mago del circo.

El jóven lo agarró del brazo al ver su estado, y prácticamente lo arrastró hasta


una silla que estaba adentro de la casa rodante, sentándolo ahí, y luego
caminó rápidamente en busca de un botiquín.

—¿Qué carajos te pasó? —Preguntó, sacando las cosas necesarias para sanar
la herida.

—Jungkook. —Respondió el pelinegro, mientras levantaba su cabeza y


tomaba su nariz, en un intento inútil de detener el sangrado.

—¿Otra vez? —Jin frunció el ceño—. Primero fue Jimin, y ahora tú. Debes
ponerlo en su lugar, Namjoon.

—Sabes que no puedo. —Jadeó adolorido al sentir como el chico que tenía
enfrente ponía alcohol a su herida.

—¿Sabes por qué te pasan estas cosas?Por trabajar con tipos que no son
como tú, idiota. —Y sin importarle que el pelinegro esté herido, lo golpeó en
la nuca después de regañarlo.

Namjoon se quejó por el golpe, y terminó suspirando segundos después ya


que Seokjin tenía razón. Había decidido ser el presentador de un circo donde
trabajaban psicópatas, asesinos, personas sin corazón. Mientras él
simplemente se consideraba un espectador, él no servía para matar, solo le
interesaba ver los asesinatos.

—Dejando de lado tu estupidez. ¿Qué haremos con el niño? —Preguntó, una


vez que terminó de detener el sangrado de la nariz del pelinegro.

—No lo sé, Jin.

Namjoon se quedó pensando por unos segundos, no podían matarlo ahí


mismo, ya que todas las personas que se sacrificaban tenían a alguien
contratado para que se lleven su cuerpo. Pero con Taehyung la cosa era
distinta, no tenían a nadie y era peligroso ir con el cuerpo del adolescente en
la casa rodante sabiendo que debían viajar bastante.

Tampoco podían buscar a alguien para que haga el trabajo de llevárselo,


debían irse al día siguiente, así que no tenían tiempo.

Bufó, sin saber que hacer, y como si el peligris fuera adivino, se apresuró a
darle un consejo.

—Deberíamos llevarlo, hasta que lleguemos a Daegu. Ahí seguramente habrá


un buen lugar donde dejarlo, podríamos hacer que parezca un suicidio, o un
accidente.

—¿Y qué haremos si nos detiene la policía? —Preguntó, recordando como


eso había ocurrido una vez.

—Lo mismo que la vez pasada, solo que tendremos un mocoso escondido, no
te hagas tanto problema.

—Jin...

—¿Qué?
—Jungkook tiene al chiquillo.

—¿Y?

El pelinegro levantó la mirada, viendo directo a los ojos de Jin.

—Tú y yo sabemos, que lo que entra a la casa de Jungkook, no sale de ahí.

•••

—Byul, Byul, ven aquí. —Jungkook palmeó su muslo, tratando de llamar la


atención del conejo, el cual solo se dedicaba a dar brinquitos alrededor de
Taehyung, el mismo estaba durmiendo.

Frunció su ceño al ver que su mascota ni siquiera lo miraba, así que optó por
el plan B.

—Byul, tengo zanahorias. —Dijo, mostrando un pequeño trozo del vegetal.

El animalito levantó su cabeza, viendo hacia la dirección de Jungkook, movió


su naricita y su colita, y en menos de dos segundos, ya estaba dando
brinquitos hasta su dueño, el cual lo cargó en su regazo y le entregó la
zanahoria.

—Conejo interesado. —Gruñó pero aún así acarició la cabeza del animal, el
cual apoyó su cabeza en el estómago del chico, recibiendo tranquilamente las
caricias.

El pelinegro levantó la mirada al escuchar balbuceos desde donde estaba


Taehyung. Frunció el ceño con confusión al verlo, el castaño se removía
entre sueños, con su ceño levemente fruncido, mientras decía cosas que
Jungkook no lograba escuchar.

Decidió restarle importancia, tal vez de trataba de una pesadilla o algo así, no
le importaba realmente. Así que solo se centró en darle de comer a su
mascota.

Byul observó a Taehyung, curioso por lo que le pasaba al humano, abandonó


el regazo de su dueño, y se fue dando brinquitos, aún con su zanahoria en la
boca. Y se quedó enfrente del rostro de el castaño, el cual seguía diciendo
cosas en susurros. Movió su naricita y nuevamente miró a su dueño.

—Byul, ¿Por qué andas tan traicionero? —Jungkook se levantó de su asiento


y caminó hasta el animal, y cuando quiso tomarlo, el pequeño dió un brinco,
quedando en el pecho de Taehyung, cerca del cuello, sin quitar su mirada de
el pelinegro—. ¡Byul!

Taehyung se levantó de golpe, dando un grito, haciendo que Jungkook diera


un paso para atrás, y que el conejo prácticamente salga volando de su pecho
hasta caer en el piso.

El castaño respiraba con dificultad, tuvo una pesadilla horrible, y su corazón


latía con rapidez, estaba sudando y se notaba en su rostro que estaba
asustado.

Luego de unos segundos el adolescente empezó a sollozar debido a su


pesadilla, mientras se volvía a recostar en el piso, y cerraba sus ojos con
fuerza.

Jungkook solo se quedó mirando a un punto fijo, sin expresión alguna, solo
podía ver a su conejito chillando porque al parecer se había lastimado por el
golpe. Sentía que le agarraría algún tic en el ojo en cualquier momento.

Y aún escuchando los pequeños chillidos del animal, volteó con delicadeza
su rostro, para ver al causante del dolor de su mascota.

Kim Taehyung estaba jodido, muy jodido.


07

Jungkook se quedó mirando fijo a Taehyung durante varios segundos, los


cuales para el castaño fueron minutos, horas, días. La mirada de el pelinegro
sobre él se sentía horrible, hasta podría jurar que lo estaba matando con ella.

Taehyung miró a Jungkook y luego a Byul, sin saber que hacer, o decir, se
estaba cuestionando seriamente si siquiera podía respirar, porque el tipo que
tenía enfrente estaba apunto de estallar en cualquier momento.

El pelinegro se acercó, con su rostro serio pero tranquilo, tomó a Byul entre
sus brazos mientras el conejito chillaba bajito, una de sus patas se había
doblado y le causó un fuerte dolor, el animal se removía entre los brazos de
su dueño, haciendo que Jungkook termine de procesar lo que acababa de
pasar.

Dejó al animal en uno de los sillones pequeños, y a paso lento, caminó hasta
Taehyung, el cual intentó alejarse, pero le fue inútil al tener sus manos y pies
atados. Jungkook se agachó un poco, y tomó con fuerza el cuello del castaño,
obligándolo a que lo mirara.

Taehyung abrió sus ojos de más, con miedo, mientras sentía el fuerte agarre
el su cuello, Jungkook tenía su ceño levemente fruncido, un poco de su
cabello caía sobre su rostro, y su agarre, aunque sea fuerte, no lograba hacer
que al castaño le faltara el aire.

—¿Qué fue lo qué te dije? —Preguntó, su voz sonando más ronca de lo


normal, mientras miraba a los ojos a Taehyung, el cual tragó saliva con cierta
dificultad.

Se quedó en silencio, sintiendo aún más miedo. Quería hablar, pero no sabía
que decir, o como reaccionaría Jungkook.
—¡¿Qué mierda fue lo qué te dije?! —Gritó Jungkook, soltando su cuello e
inmediatamente agarrando el cabello de Taehyung, jalandolo con fuerza.

El chico hizo una mueca de dolor cuando Jungkook movió su cabeza de un


lado a otro debido al agarre que tenía en su cabello, jalaba el mismo hasta un
punto que llegaba a doler demasiado.

—Q-Que no t-toque a tu conejo... —Susurró, tan bajo que Jungkook a penas


pudo escucharlo.

—¡¿Y qué fue lo qué acabas de hacer?! —Cuestionó, sacudiendolo


nuevamente, haciendo que Taehyung jadeara de dolor.

—Fue un accidente...

—¡Tu maldito nacimiento fue un accidente, hijo de puta! —gritó, furioso ante
lo dicho por el chico, y jalando con más fuerza su cabello, golpeó su cabeza
contra el piso, haciendo que Taehyung soltara un grito de dolor, para después
empezar a llorar—. ¡Mi estúpido conejo tiene una pata lastimada por tu
jodida culpa!

Byul levantó la cabeza, y movió un poco su naricita al ver a su dueño gritar


tanto, pero en especial, vió como aquel castaño sollozaba.

—¡Eres un idiota, imbécil, una puta mierda, mocoso insolente! —Decía


Jungkook, y en cada insulto movía a Taehyung de un lado a otro, jalando con
fuerza su cabello.

—¡Y-ya para, lo siento, lo siento, por favor para!

El conejito bajó del pequeño sofá, y soltó un pequeño chillido al apoyar su


pata lastimada en el suelo, aún así, dió varios brinquitos con dificultad hasta
llegar a Taehyung.

Jungkook paró de maltratar a Taehyung cuando vió a la pequeña bolita de


pelos al lado del rostro del mismo, su mano se quedó quieta, sin soltar el
cabello de el chico, mientras miraba fijamente a Byul.

Taehyung seguía sollozando, mientras cerraba sus ojos con fuerza, estaba tan
aterrado y adolorido que lo único en lo que podía pensar era en llorar hasta
quedarse seco, si es que eso era posible.

El animalito frotó su cabeza contra el rostro de Taehyung, haciendo que éste


abra sus ojitos lentamente, se lo quedó mirando con temor, pensando que tal
vez Jungkook se desquitaría con él por estar cerca del conejo.

El pelinegro solo se lo quedó mirando por unos segundos, los recuerdos


llegaron a su mente con rapidez, su rostro se relajó y el agarre que tenía en el
cabello de Taehyung se aflojó.

Extrañado, Taehyung vió como Jungkook se levantaba de golpe, parecía estar


asustado y confundido, el castaño no sabía que era lo que le pasaba.

Sin delicadeza alguna, y sin medir su fuerza, Jungkook tomó a Byul entre sus
manos, sacándole un chillido al animal, le había tocado su pata, rápidamente
intentó librarse del agarre de su dueño, el cual negó levemente con la cabeza
y caminó a paso rápido hasta lo que parecía ser su habitación.

Iba a irse y dejar solo al adolescente, pero se quedó quieto en su lugar al


escuchar como tocaban la puerta de su casa rodante, con pereza, enojo, y
cierta confusión, caminó hasta la misma.

Taehyung solo siguió llorando, se dió la vuelta, dejando su rostro en el piso, y


trató de dormir, pensando que si dormía, su dolor de cabeza disminuiría
cuando despertara.

Jungkook abrió la puerta, Kitty estaba ahí, con una sonrisa de oreja a oreja,
aún con su traje que usaba en sus espectáculos, y eso llamó la atención de
Jungkook por unos segundos, hasta que recordó algo importante.

—¡Tú, hijo de tu perra madre! ¡¿Se puede saber por qué demonios me dejas
al mocoso aquí?! —Gritó, totalmente histérico.

El rubio acomodó su cabello, restándole importancia a las palabras del chico,


el cual estaba a nada de darle un puñetazo por su falta de interés.

—Es que como somos buenos amiguis, bros, compañeros de toda la vida,
quise dejarte un regalito. ¿No te gusta?, porque a mí sí. —Buscó con la
mirada a Taehyung en el interior de la casa, pero Jungkook se le puso
enfrente, impidiendo que siga viendo.

—No somos ni amigos, ni bros, ni nada de esas mierdas, así que cierra el
puto hocico, gata en celo. —Gruñó molesto.

Jimin abrió su boca y llevó una mano a su pecho, fingiendo indignación.

—Uy, pues, payasito de McDonald's, dejame decirte que si no te gusta mi


regalo, con gusto me lo llevo.

Jungkook frunció su ceño, le hubiera dado un golpe apenas le dijo "Payasito


de McDonald's" Si no fuera porque tenía a Byul en brazos. Sin embargo,
forzó una sonrisa.

—Jimin.

—¿Sí?

—Lo que se regala, no se devuelve —sonrió en grande, viendo como Jimin


fruncía su ceño—. Ah, y también, vete a la mierda. —Y sin nada más que
decir, le cerró la puerta en la cara.

—¡Jungkook! —Chilló el rubio desde afuera, notablemente molesto.

—Ya vete, jodido idiota. —Movió su mano con desinterés, esperando que
Jimin se vaya de una vez.

Sin embargo, el de baja estatura se quedó allí, reteniendo las ganas de insultar
a su compañero de trabajo.

—Este jodido idiota, te venía a informar que Namjoon decidió hacer los
espectáculos nocturnos hoy, y que, dentro de 20 minutos es tu turno. —Dijo
Jimin, mientras miraba sus uñas.

—¿Ese infeliz se piensa qué tendré menos tiempo para dormir por sus
mierdas? —Soltó con enfado, mientras fruncía su ceño.
—Kook, tienes que pensar que con ese dinero podremos sobornar a los
policías en caso de que nos sorprendan con el chiquillo, además, está en tu
casa rodante, y no se moverá de ahí, ¿Verdad?—Cuestionó Jimin, sonriendo.

Jungkook gruñó ante lo dicho por el rubio, y terminó por rodar los ojos con
fastidio.

—Está bien, iré en unos minutos. —Dijo con desinterés.

—Oye, ¿Y qué hacemos con el mocoso?, no podemos dejarlo solo. Si


quieres, yo lo vigilo mientras haces tus cosas.

El pelinegro observó a Taehyung, el mismo estaba durmiendo, mientras tenía


la boca levemente abierta en busca de aire, su nariz estaba roja y tapada
debido al llanto, y sus ojos estaban hinchados.

Una sonrisita apareció en los labios de Jungkook, y observó la puerta, antes


de hablar.

—No, déjalo, no se quedará aquí. —Acarició el pelaje de Byul, el animalito


ya estaba más tranquilo, y cerró sus ojitos cuando su dueño acarició su patita
lastimada con delicadeza.

—¿Eh? Pero no puedes sacarlo tampoco, escapará. ¿Qué demonios planeas?

Jungkook caminó hasta Taehyung, y se agachó un poco, hasta quedar cerca


de su oído, y en un susurro, dijo lo siguiente:

—Hey, adivina quien visitará de nuevo mi amado circo...


08

Jungkook terminó de prepararse para su espectáculo, y mientras esperaba que


Jin terminara de hacer el suyo, solo disfrutaba del acto, y de vez en cuando,
observaba a Taehyung.

El chico estaba amarrado en una silla, aún permanecía dormido, una cinta
cubría su boca, mientras estaba sentado, prácticamente, en primera fila, donde
se podía ver todo el espectáculo perfectamente. Sus manos seguían
amarradas, al igual que sus pies.

Los gritos llenaron el lugar de repente, emocionados por el nuevo espectáculo


que se presentaría, el ruido fue tan grande que terminó por despertar de golpe
a aquel castaño.

Su vista estaba algo borrosa, y los gritos lo habían asustado, así que apenas se
despertó por completo empezó a mover su cabeza de un lado a otro, fijándose
en donde estaba y qué estaba ocurriendo.

Sus ojos se abrieron en grande al verse sentado nuevamente en aquellos


asientos del circo, esta vez, mucho más cerca de el lugar donde hacían los
actos.

—¿No creen qué es un excelente mago? —escuchó la voz de Namjoon, el


cual tenía vendada su nariz, mientras señalaba a Seokjin—. ¿Quién quiere ser
el próximo voluntario?

Taehyung sintió ganas de llorar al ver a el peligris, sus manos estaban


cubiertas de sangre, su rostro tenía leves gotas de la misma, y su ropa estaba
totalmente llena de sangre aunque al ser negra no se notaba.

Un hombre elevó la mano, con total desinterés y con su rostro serio, bajó de
los asientos, los cuales estaban en la parte alta, y llegó hasta Namjoon y Jin,
los cuales lo veían con una gran sonrisa.

El castaño quiso gritar, decirle a aquel tipo que no vaya, que tenía que correr
y alejarse, realmente no entendía como es que se podía ofrecer a tal cosa.

Mientras ponían al hombre en lo que parecía ser una cama bastante vieja,
Taehyung miró hacia otro lado, sintiendo sus ganas de llorar aumentar al ver
a el pelinegro que lo había maltratado minutos antes.

Jungkook estaba ahí, algo lejos de Namjoon y Seokjin, con una sonrisa
escalofriante, seguramente disfrutando del sufrimiento de Taehyung.

Su cabello caía levemente sobre su rostro, tenía una gran sonrisa psicópata,
nuevamente tenía aquella línea roja pintada por debajo de su ojo, y esta vez,
tenía los bordes de su boca pintados con rojo, formando una espeluznante
sonrisa que parecía ser una herida desde lejos, daba la impresión de que sus
mejillas habían sido cortadas hasta formar una gran sonrisa completamente
sangrienta. Su ropa consistía en un traje negro, su camisa era del mismo color
al igual que su corbata y sus zapatos, no había nada de otro color, excepto
aquellas líneas, y en sus manos, tenía unas pelotitas rojas.

Taehyung solo se limitó a llorar, estaba tan asustado, y ni siquiera podía


pensar en ver lo que iba a ocurrir en tan solo minutos con aquel tipo que
estaba en manos de Seokjin.

El peligris tomó el micrófono de las manos de Namjoon, y con una sonrisa, lo


acercó hasta sus gruesos labios.

—¿Cómo te llamas? —Le preguntó al hombre, para después acercar el


micrófono a la boca de éste.

—Suk... —Contestó en un susurro aquel hombre de aproximadamente, 42


años.

—Y dime, Suk, ¿Te gusta la magia?—Sonrió, y sin esperar respuesta, le dió


la espalda, mientras buscaba el aparato que usaría para su espectáculo.
El hombre cerró sus ojos con fuerza al ver al peligris voltear con una
motosierra en mano, pero no se movió de su lugar.

—¡Mmm, mmm! —Taehyung intentaba gritar, solo logrando hacer varios


balbuceos por culpa de la cinta que tenía en la boca.

—Damas y caballeros, ¿Nunca se han preguntando, qué sería de un acto de


magia, si sale mal? —preguntó Namjoon, ganándose varios gritos de
aprobación por parte del público, sacándole una sonrisa—. Pues, déjenme
decirles, que esto es lo que ocurre, cuando las cosas no salen como uno
quiere. —Vió a Jin y asintió con la cabeza, dándole permiso al peligris para
continuar.

Otras dos personas llegaron hasta el hombre y pusieron algo parecido a dos
cajas sobre su cuerpo, cubriéndolo, dejando un pequeño espacio en medio de
su cuerpo.

Jin observó con una sonrisa aquellas cajas pintadas de amarillo con detalles
rojos, y encendió la motosierra, sus ojos brillando y una sonrisa escalofriante
en su rostro.

Taehyung empezó a removerse en la silla, no quería ver eso, no otra vez, no


podía presenciar otra muerte.

Jungkook sonrió una vez más, viendo los inútiles intentos del chico por
liberarse, él realmente estaba disfrutando de la vista y del horror que reflejaba
el rostro de el castaño.

Era tan divertido.

El peligris empezó a bajar la motosierra, recibiendo varios gritos de


aprobación por parte de la mayoría de los presentes, el aparato empezó a
cortar la piel del hombre, justo en la zona de el estómago, haciendo que el
mismo suelte un fuerte grito de dolor.

—¡Ahhhhh! —Gritó, sintiendo como su estómago era cortado sin piedad, tan
lentamente que cada segundo que pasaba, era una tortura.
El aparato bajaba con lentitud, pero aún así causando un gran daño, la sangre
no tardó en empezar a derramarse y salpicar por todos lados, dejando el
rostro de Seokjin totalmente cubierto de aquel líquido rojo, al igual que sus
manos.

Jin no paraba de reír, aquella situación le parecía tan divertida, la adrenalina


se sentía en cada parte de su cuerpo, mientras recibía aplausos y gritos de
apoyo por parte del público.

Mientras el hombre no dejaba de gritar, Jin decidió apresurar aquello, y en


cuestión de segundos, terminó de cortar por completo al hombre, terminando
con su sufrimiento.

Taehyung solo pudo ver como el suelo era llenado de sangre, y ésta se
desplazaba de la cama en la que estaba el, ahora, cadáver. Su cuerpo estaba
temblando y no podía apartar la vista, era como si estuviera totalmente
hipnotizado. Pero no era eso, lo que sucedía era que estaba tan asustado y a la
vez sorprendido, que ni siquiera se permitía parpadear.

El peligris recibió aplausos y gritos de aprobación nuevamente, y en ese


momento, con ayuda de Namjoon, mostró el interior de el hombre, alejando
un poco una parte de su cuerpo de la otra. Las entrañas del sujeto cayeron de
repente al suelo, y Taehyung no soportó más.

Quería vomitar, y no ayudaba en nada tener la cinta en la boca. Empezó a


removerse nuevamente, intentando liberarse, haciendo tanto esfuerzo que
empezó a sudar y sentía como sus muñecas ardían hasta un punto en el que
pensó que se contarían por las sogas.

Taehyung estaba entrando en pánico, empezó a respirar con dificultad, y sus


ojos se llenaron de lágrimas que no parecían querer salir. Era demasiado para
él, no quería ver más, no quería oír absolutamente nada más de lo que dijeran
esos hombres.

Empezó a sollozar, sintiéndose tan arrepentido de seguir a Byul hasta el circo.

Él solo quería estar en la cabaña con su papá. Con su extraño, tonto, cariñoso,
y molesto padre.
Pero eso no sucedería, las probabilidades de volver a su padre eran de una en
un millón, prácticamente imposible si seguía en manos de esas personas. Y
cuando se dió cuenta de ello, justo en ese momento, pareció que su mundo se
derrumbó. Su amado mundo donde él estaba con sus amigos cada fin de
semana, su mundo donde su querida madre dejaba un beso en su frente cada
mañana cuando desayunaba, su mundo donde él recibía gran cariño y aprecio,
se había derrumbado. El mundo de Kim Taehyung ya no existía.

¿Y dónde estaba ahora?

Un mundo nuevo, destructivo, totalmente desquiciado. Un mundo donde las


personas se sacrifican, uno en donde la violencia es el reemplazo de los
cariños que él recibía, un mundo donde la sangre es el centro de
entretenimiento, los gritos eran los "buenos días" de cada mañana. Donde las
personas pueden encontrar gracia en tragedias, y las mascotas son manchadas
de sangre por las manos de sus amos.

Él estaba en el mundo de Jeon Jungkook.

—Oh, bebé, deberías verte en este momento —salió de su trance al escuchar


aquella voz tan fastidiosa cerca suyo—. Pareces un lindo cachorro asustado.

Jimin estaba ahí, sonriendo en grande mientras se sentaba en un asiento al


lado de él, una sonrisa coqueta y divertida, como si hubiera olvidado el hecho
de que gracias a aquel castaño, tenía un gran golpe en la nariz que se había
hinchado y a duras penas pudo ocultar.

Taehyung solo se limitó a ignorarlo mientras lloraba, aún con sus ojos llenos
de lágrimas, pudo ver como Jin agradecía al público con una reverencia y
luego lanzaba varios besos antes de retirarse, lanzó algo que Taehyung no
pudo ver, lo tiró al suelo y apareció una gran cantidad de humo, segundos
después, Jin desapareció. Dejando algo en el suelo, y el castaño sintió que
dejó de respirar por un segundo al ver lo que era, un maldito corazón humano
estaba ahí, manchando todo el piso con sangre nuevamente. El público
celebró aquel truco.

Dos chicos aparecieron y se llevaron la cama que tenía encima el cuerpo sin
vida de Suk.
—¿Sabes? Me pone un poco verte tan asustado —volvió a hablar nuevamente
Jimin, ganándose una mirada de desprecio por parte de Taehyung. Realmente
detestaba a aquel tipo—. Es una lástima que Jungkook te haya dejado vivo,
de otra forma, me estaría follando tu cadáver.

¿Qué mierda acababa de decir? Taehyung pensó que había escuchado mal, y
si no había sido así, el rubio era la persona más enferma de la historia ante
sus pensamientos. Su estómago se revolvió ante la escena que imaginó, se
estaba sintiendo tan mal y asqueado ante la simple idea de ser tocado por el
de baja estatura.

Jimin se levantó de su asiento y acarició la mejilla de el castaño con sus


pequeñas manos, aún con aquella sonrisa tan común en él. Y luego, quitó la
cinta de la boca de Taehyung.

—¿Qué vas a decir, bonit-

El rubio se interrumpió a sí mismo cuando Taehyung se movió de repente


hacia adelante, se esperó de todo, menos que aquel chico le vomitara encima.

—¡¿Pero qué mierda te sucede?! —Dió un salto hacia atrás, sintiendo como
aquel asqueroso y espeso líquido bajaba por su camisa violeta.

El castaño se recuperó un poco luego de haber vomitado, y aunque le


desagradaba en demasía el mal sabor que le quedó en la boca, contestó.

—¿Qué, no quieres meter la polla en mi vómito también? Es igual que en un


cadáver, viscoso, y si lo dejas por un tiempo, frío. —Taehyung sonrió un
poco al ver la mirada de fastidio de el contrario, el cual estaba apunto de
golpearlo en cualquier momento.

Jimin cerró con tanto enojo sus manos, que sus nudillos se vieron blancos por
ello. Nunca se había enojado tanto, jamás. Y de la nada llegaba un mocoso
cualquiera a vomitarle encima, y además, se burlaba. Quería partirle la cara
de un puñetazo.

Y lo hubiera hecho, si no fuera porque fue interrumpido por una tercera voz.
—Jimin, Jin quiere hablar contigo —Dijo un chico pálido, de cabellera rosa.
Mientras hablaba decía cada palabra con pereza y desinterés—. Te espera en
su casa rodante.

El pelirosa bostezó, y Jimin solo lo miró con fastidio, antes de darle una
última mirada de odio a Taehyung. Se fue, empujando a el pálido en el
proceso.

Taehyung volvió a centrar su atención en Namjoon, el cual carraspeó antes de


volver a hablar.

Namjoon llevó el micrófono hasta su boca. Sonrió cuando notó que sus
manos habían sido salpicadas por la sangre de el sujeto que mató Jin, aunque
luego lo ignoró y se concentró en presentar a la siguiente persona.

—Sin dudas fue un excelente espectáculo —mostró una bonita sonrisa,


enseñando sus hoyuelos—. Pero ahora, recibiremos el último acto de la
noche. Damas y caballeros, con ustedes, nuestro payaso favorito, Jungkook.

Y el castaño sintió un gran terror, al ver a Jungkook aparecer con una gran
sonrisa, recibiendo miles de aplausos, gritos, y silbidos ante su presencia. El
público estaba realmente emocionado por la aparición de el pelinegro, y eso a
Taehyung le dió un mal presentimiento.

Si Jungkook era el payaso favorito, y el público lo amaba tanto. Solo


significaba que él debía ser el peor de todos, es decir, el más entretenido.
Dispuesto a darlo todo por su público, a darlo todo por los aplausos y gritos.

Taehyung tenía miedo, demasiado miedo. Estaba por presenciar otra muerte,
una muerte más causada por aquel pelinegro tan extraño y violento.

Mientras tanto, Jungkook no miraba a el público, él solo podía fijarse en


aquel castaño que estaba temblando, asustado, en aquella silla.

Definitivamente, Jungkook se encargaría de que a aquel mocoso se le quede


grabado en la mente su nombre, su espectáculo, y en especial, lo fantástico
que era su circo.
09

Cuando Taehyung vió a Jungkook, el terror invadió cada parte de su cuerpo.


La sola presencia de el pelinegro era suficiente como para ponerlo nervioso e
inquieto.

Solo quería escapar de una buena vez.

—Jungkook decidirá quien es el afortunado de esta noche. —Namjoon


sonrió, mientras retrocedía un poco para que Jungkook quede en medio de el
escenario, el público mirando atento, esperando a que el pelinegro escoja a
alguien.

Jungkook buscó con la mirada entre una parte de el público, una en


específico, ya que el resto del público estaba prohibido, y no eran opciones.

Levantó su mano y señaló con su dedo a una mujer rubia, una chica de
apróximadamente 26 años, la cual solo estaba concentrada mientras miraba al
escenario. Se removió incómoda en su lugar al ser elegida, pero nunca se
quejó, solo bajó a paso lento hasta el escenario, sabiendo que aquellos pasos,
serían los últimos que daría en su vida.

El pelinegro hizo un gesto con su mano hacia el chico pálido que había visto
Taehyung, y el mismo se apresuró a buscar algo en lo que la mujer llegaba
hasta Jungkook.

—¿Cómo se llama, señorita? —Preguntó el presentador, acercando el


micrófono hasta la boca de la rubia, la cual lo miró con cierto miedo, pero
aún así se quedó en su lugar.

Después de todo, ella tenía un motivo para estar ahí, y no se echaría atrás
ahora.
—Haneul. —Contestó, en voz baja, mientras varías lágrimas traicioneras
bajaban de sus ojos hasta su mentón.

—Muy bien, señorita Haneul, este aplauso es para usted gracias a su


sacrificio —Namjoon hizo un gesto con su mano para que todo el público
empiece a aplaudir, y así lo hicieron, llenando el lugar de ruido de puros
festejos y aplausos—. Ahora, necesito que me acompañe.

Extendió su mano, fingiendo ser caballeroso, Haneul tomó su mano y agachó


la cabeza, siguiéndole el paso.

El chico pálido volvió hacia Jungkook, con algo en mano, un monociclo. El


cual le entregó a el pelinegro.

Haneul había sido subida, con ayuda, hasta un montón de sillas apiladas, en
una altura alta, tan así que se tenían que extender los brazos para poder tocar
la muñeca de la rubia, la cual sollozaba en silencio. Fue amarrada a la última
silla, mientras esperaba por su fin.

Jungkook se subió al monociclo, ante la atenta mirada de todos, en especial la


de el castaño. Y mientras empezó a andar alrededor de ella, comenzó a hacer
malabares con las pelotitas rojas que había visto Taehyung.

Bueno, él creía que eran pelotitas.

—¡Aplausos para Jungkook, damas y caballeros! —Dijo Namjoon, mientras


apuntaba con su mano a el mencionado.

Jungkook daba vueltas alrededor de la mujer, sonriendo en grande cuando el


público empezó a aplaudir y animarlo a seguir.

Taehyung tenía miedo, aquello era demasiado sencillo comparado con el acto
de la hacha o el de la motosierra.

Todo estaba demasiado calmado y no sabía que esperar.

Hasta que se percató de algo, forzó su vista, intentando ver mejor que era lo
que tenía Jungkook en mano, y casi grita cuando al fin se dió cuenta.
No eran ningunas pelotitas, eran dos piedras y una granada pintadas de rojo,
¿Qué mierda pensaba hacer el pelinegro con eso?

—¡Hazlo de una maldita vez! —Gritó Haneul de repente, y solo con eso
bastó para que Jungkook empiece con su acto, con fastidio ante el grito que
pegó la rubia.

La primera piedra fue lanzada con total enojo, Jungkook tomó impulso con la
mano y cuando calculó bien donde y cuando tirarla, la soltó, y la piedra
impactó en cuestión de segundos.

Taehyung quería vomitar nuevamente.

La piedra dió justo en medio de la nariz de la rubia, partiendola de forma


instantánea.

Recordó la vez que uno de sus amigos lo había golpeado por accidente ahí, y
si eso le pareció demasiado doloroso, no quería imaginar lo que se sentía
aquello.

El público gritó emocionado, algunos totalmente felices con lo que vieron, y


algunos pocos tocándose la nariz con una expresión de dolor.

La sola imágen de Haneul dolía.

Se podía ver como la nariz de la rubia comenzaba a sangrar, mientras ella


quedó totalmente aturdida y adolorida ante el golpe, había sido tan fuerte que
pudo escuchar el momento exacto donde su nariz se rompió, el dolor era
tanto que solo se limitó a cerrar los ojos y gritar fuertemente, mientras se
removía en la silla. La sangre caía hasta por debajo de su boca, se notaba su
nariz roja y fuera de lugar.

Jungkook, siguió dando vueltas, aún haciendo malabares con la piedra y la


granada, con una leve sonrisa al ver el sufrimiento de la mujer.

Dió exactamente, tres vueltas más, antes de prepararse para lanzar la otra
roca.

—¡Basta, Jungkook, no lo hagas! —Se atrevió a gritar Taehyung, sintiéndose


desesperado al estar amarrado y no poder hacer nada. También tenía bastante
miedo, pero no estaba pensando claramente en ese momento.

Aunque, el pelinegro no lo escuchó, y siguió en lo suyo. Preparó su mano


mientras sujetaba la piedra, tomando impulso, y cuando tuvo a Haneul de
espaldas, la soltó.

La roca había impactado por arriba de la nuca de la rubia, la cual se sintió con
la vista borrosa, su cuerpo más débil, podía caerse en cualquier momento si
no estuviera atada.

La sangre empezó a caer, se había hecho una herida donde impactó la piedra.
El líquido empezó a bajar hasta la nuca de la mujer.

Y ahí Jungkook, se apresuró a terminar con su acto.

En un movimiento rápido, sacó una navaja de su pantalón, y aceleró en su


monociclo, hasta Haneul.

Cortó una de las cuerdas que la tenían atada, y la rubia estaba tan adolorida
que lo único que hizo, fue mover levemente su mano hasta su nariz, sintiendo
sus dedos llenarse de sangre de inmediato.

Jungkook siguió con su vuelta, y esta vez, cortó la otra soga.

Taehyung observaba todo sin saber que hacer, sus muñecas ya estaban
demasiado adoloridas como para intentar liberarse otra vez, y su llanto se
hizo presente al verse en esa situación.

Otra persona iba a morir, y él no haría nada para impedirlo.

Haneul empezó a balancearse, aún sintiendo el fuerte dolor invadiendola, su


cuerpo comenzó a hacerse para adelante. Se iba a caer.

Y Jungkook, que observaba todo, se apresuró aún más, todo debía salir
perfecto o sería un completo desastre.

Quitó el pequeño metal que hacía que la granada no explotara, y cuando vió
que Haneul se cayó de la silla, la tiró rápidamente hasta el lugar donde ella
iba a caer.

La rubia impactó contra el suelo, con la granada en su estómago. Todos la


miraron atentamente y con emoción, menos Taehyung, el cual solo cerraba
sus ojos con fuerza y se negaba a ver aquello.

La granada explotó, solo dañando el cuerpo de la rubia. Y toda la sangre y


pedazos de el cuerpo invadieron el lugar, las personas que estaban cerca
quedaron cubiertas de sangre y algunas partes humanas.

Entre esas personas, estaba Taehyung.

Una parte de rostro estaba completamente húmedo, así que abrió los ojos y se
arrepintió de hacerlo. Se vió a sí mismo cubierto de sangre, la sangre de ella.

El líquido rojo cubría una pequeña parte de su rostro, al estar en primera fila,
estaba lo suficientemente cerca como para que eso ocurriera.

Y ni hablemos de como estaba Jungkook.

Su traje era negro, por lo que no se notaba demasiado, pero sus manos, su
rostro y un poco de su cabello eran un completo desastre.

Y él, ante eso, solo se mantenía con una linda sonrisa, que transmitía total
inocencia, como si no fuera el causante de aquel asesinato.

El público gritó de emoción nuevamente, Jungkook bajó de el monociclo y


hizo una reverencia, mientras observaba el cuerpo de la mujer.

Tenía un enorme agujero en el estómago, la nariz y la cabeza rota. Sin dudas


Jungkook se sentía orgulloso de su trabajo.

Al levantar la mirada, se encontró con los ojos de Taehyung.

El castaño tenía los ojos bien abiertos, totalmente shockeado, fuera de sí. Ni
siquiera se permitía parpadear. Estaba tan aterrorizado que no podía procesar
todo lo que acababa de ocurrir.

Y Jungkook volvió a sonreír por eso, ya que él lo causó, él causó que el


rostro de Taehyung esté repleto de sangre y también aquella expresión en el
menor. Él estaba causando un gran trauma en el castaño, y eso le encantaba.

Se despidió de su público, y se retiró de el lugar. Los espectáculos de aquel


día habían terminado, y todos empezaron a irse.

El castaño seguía ahí, llorando, pero sin quitar su mirada de el cuerpo de la


mujer, realmente no podía terminar de procesar lo que había presenciado.

—Hey, ¿Te gustó el show? —Se escuchó a sus espaldas, y el castaño siguió
con su mirada fija en Haneul—. Yo creo que te fascinó.

Jungkook era un hijo de puta, se atrevía a burlarse sin importarle un poco la


salud mental de Taehyung.

—Sácame de aquí... —Fue lo primero que dijo el castaño, en un susurro,


mientras bajaba la cabeza y soltaba varias lágrimas.

El pelinegro se lo quedó mirando por unos segundos, viendo su rostro y cada


detalle de éste.

Los labios de Taehyung, se veían más bonitos cubiertos de sangre, su


hermosa piel se veía más apetitosa ante los ojos de Jungkook al verla algo
manchada por el líquido rojo, y ni hablemos de sus ojos, estaban tan
brillantes, hinchados, y rojos debido al llanto, que se podía notar desde lejos.

Esa fue la primera vez que Jungkook vió a Taehyung como alguien
jodidamente hermoso.

—Por favor sácame de aquí —Volvió a decir Taehyung—. N-no quiero ver
más, ya no más...

—Te sacaré porque no te dejo solo ni de chiste, pero, olvídate eso de que esto
será lo último que verás —Jungkook liberó una de las manos de Taehyung,
aunque inmediatamente sostuvo su muñeca con demasiada fuerza,
impidiendo que haga algo—. Aún faltan muchos actos, niño, y tú verás cada
uno de ellos, y en primera fila. Siéntete afortunado.

Liberó la otra mano, y cuando Taehyung quiso dejar de lado sus


pensamientos e intentar escapar, se preparó para dar un golpe. Pero a penas
alzó su puño, Jungkook se adelantó.

La navaja que utilizó para cortar las sogas de Haneul, fue directamente hasta
su cuello, sin ser clavada, eso solo era una advertencia.

Taehyung sintió la punta de la navaja en su manzana de Adán, y tragó con


temor, viendo a los ojos de aquel payaso enfermizo.

—Otro movimiento de esos, y esta navaja terminará en el fondo de tu maldita


garganta —amenazó—. ¿Me haz entendido?

El castaño asintió levemente, totalmente asustado.

Jungkook lo tomó del cabello y lo obligó que se levantara de la silla. Cuando


Taehyung estuvo de pie, no tardó en apoyar la navaja en su espalda baja,
susurrandole nuevamente que se quede quieto y no haga nada, a lo que el
menor solo obedeció.

Salieron del circo en completo silencio. Taehyung solo podía tener su mirada
en el piso mientras Jungkook lo llevaba hasta su casa rodante, la cual no
estaba tan lejos de ahí.

—¡Kookie! ¡Amigazo! Que buen espectáculo. —El pelinegro rodó los ojos al
escuchar nuevamente esa voz, ya estaba harto de Jimin.

Y ni hablemos de Taehyung, estaba apunto de darle un puñetazo ante lo


irritante que era con solo su presencia.

—Primero que nada, me vuelves a decir "Kookie" y será lo último que diga
tu usada y estúpida boca —dijo Jungkook, mientras fruncía el ceño con total
fastidio—. Segundo, no soy tu imbécil amigo, entiendelo de una jodida vez.
Y por último, gracias, sé que mis espectáculos hacen explotar tu pequeño
cerebro de maní.

Jimin abrió su boca, totalmente ofendido ante lo dicho por Jungkook, pero
aún así, sonrió como solo él sabía hacerlo, su típica sonrisa coqueta.

—Oh, pero cuando me follabas no importaba como te llamaba —dijo el


rubio, atreviendose a acariciar el cabello de el pelinegro—. ¿O se te olvida?

Taehyung solo miraba sus pies, ni siquiera estaba escuchando la


conversación, él solo se limitaba a pensar por todo lo que tendría que pasar,
pensaba en como él probablemente termine igual que el resto. Como un
estúpido y extraño espectáculo.

Jungkook gruñó con fastidio, y sin previo aviso, alejó la navaja de Taehyung
y en un movimiento rápido, hizo un corte en la mano de Jimin, la cual aún
estaba en su cabello.

El rubio jadeó adolorido y retiró con rapidez su mano, notando como varias
gotas de sangre bajaban hasta el piso.

Taehyung salió de sus pensamientos al escuchar a Jimin y volteó un poco su


cabeza para verlo, pero Jungkook solo jaló sus cabellos con fuerza para que
siga caminando, y así lo hizo, con algunos tropezones de por medio.

—El único motivo por el que follamos, fue porque me drogaste, jodido
infeliz. ¿Quieres qué te corte la maldita garganta aquí y ahora?—Amenazó
Jungkook, cuando Jimin volvió a tocarlo.

—Pero bien que te encantó, cielo. Así como a mí me encanta todo de tí,
incluso tus cortes... —Taehyung observó, totalmente perturbado, como Jimin
pasaba su lengua por la herida de su mano, con una gran sonrisa en su rostro
—. Incluso también, el pequeño mocoso que tienes ahí.

—Me estás cansando —soltó Jungkook, en advertencia—. Déjame de joder,


y ve a darte un puto baño, tu olor es asqueroso. —Hizo una mueca de asco y
caminó hasta su casa rodante.

Jimin se sintió algo humillado, había olvidado por completo que ahora tenía
un olor realmente horrendo gracias al vómito que tenía encima.

Detestaba a Taehyung, pero a la vez, le encantaba esa carita bonita.

—Muy bien, niño, siéntate en aquel rincón. —Fue lo primero que dijo
Jungkook, cuando al fin estaban dentro de la casa rodante. Apuntó a un lugar
de ésta, y Taehyung solo obedeció, caminando a paso lento.

Cuando estuvo sentado, Jungkook caminó hasta él con dos sogas, y Taehyung
tragó saliva.

Bajó su mirada hacia sus muñecas, estaban rojas y maltratadas, le ardían.


Pero eso no pareció importarle al pelinegro, que no tardó en amarrarlo
nuevamente.

—Listo —Jungkook sonrió, satisfecho con los nudos que había hecho para
que Taehyung no se los quite tan fácilmente, y luego caminó hasta un
pequeño sillón verde, buscando con la mirada algo—. ¿Byul? ¿Dónde estás,
amor?

Y como si lo hubiera invocado con solo su nombre, el conejito salió de la


habitación de Jungkook entre brinquitos, los cuales daba con algo de
dificultad, aún le dolía su patita, y su dueño lo notó.

Byul llegó hasta Jungkook y lo miró, como si estuviera esperando que lo


tomara en brazos. Y así lo hizo el pelinegro, lo tomó y lo acurrucó en su
pecho, empezando a acariciar su patita lastimada, haciendo círculos invisibles
con sus dedos.

Taehyung apoyó la cabeza en la pared, mirando fijo a Jungkook, o más bien,


viendo fijo a sus manos. Estaban llenas de sangre, y nuevamente estaba
manchando el pelaje de Byul.

La imágen sería tierna, si no fuera porque el pelinegro estaba lleno de sangre.

—¿Por qué...? ¿Por qué hacen todo esto?—Preguntó Taehyung, en un


pequeño susurro, el cual Jungkook apenas pudo escuchar.

El mayor dejó de mirar a Byul y observó a Taehyung antes de sonreír, una


sonrisa llena de orgullo.

—Un circo sangriento es más entretenido que uno común, ¿No lo crees?

Taehyung no supo que decir, solo se mantuvo en silencio, repitiendo aquella


respuesta una y otra vez en su mente.
No tenía sentido, nada en aquel lugar tenía sentido. Mucho menos que
aquellas personas se ofrezcan para los espectáculos.

Eso le dió otra cosa para preguntar.

—La gente, ¿Por qué hace eso?

Jungkook volvió a sonreír y se sentó enfrente de Taehyung, apoyando a Byul


en su regazo.

—No sé porque mierda te voy a explicar esto, pero supongo que no importará
mucho.

Claro que no importaba, Taehyung sabía que él no saldría con vida de ahí.
Supuso que por eso Jungkook le iba a decir la respuesta.

—Las personas esas, vienen por voluntad propia, o por lo menos la mayoría,
otros simplemente son personas que no pagaron sus deudas relacionadas con
la mafia —empezó a explicar Jungkook—. Quitando a las personas de las
deudas, el resto, son gente que está cansada de vivir, o que no tienen motivos
para seguir con vida, simplemente, son suicidas cobardes que no se atreven a
matarse por sí mismos.

Taehyung procesó la información, y asintió levemente, antes de hablar.

—¿Realmente la mafia sabe de esto?

—Claro que sí, todo está conectado. Mocoso, si alguien no les paga, las
personas esas amenazan con acabar con su familia si no viene aquí y se
ofrece. Por eso mismo, los llamamos sacrificios —Jungkook se levantó de el
suelo, y caminó hasta su habitación, con Byul en brazos—. Y tú, niño bonito,
no eres más que un futuro sacrificio.
10

Tres días. Tres días habían pasado desde que Taehyung presenció el
espectáculo de Jin y Jungkook.

Tres días en los que la casa rodante en la que estaba encerrado permanecía en
completo silencio. El pelinegro ya no salía, solo se limitaba a alimentar a
Byul y dejarle una mísera comida a Taehyung como si fuera un animal que le
importaba realmente poco comparado con su mascota. Mientras el conejito
comía frutas y verduras en buen estado y lavadas, el castaño a duras penas
conseguía que Jungkook le diera algo que sea comestible.

En aquellos días, Taehyung no sabía que estaba ocurriendo a su alrededor.


Jungkook conducía la casa rodante y aparentemente el resto del circo hacia lo
mismo. No tenía idea de a donde iban, pero tampoco quería saberlo.

Actualmente, se encontraba tumbado en el piso, con su mejilla izquierda


apoyada en el suelo. Sin pensar en algo realmente, solo podía concentrarse en
la música que sonaba en una pequeña radio que había encendido el pelinegro.

Las canciones se escuchaban bajito, pero el silencio ayudaba a que se puedan


escuchar. Y si Taehyung no estuviera en esa situación, lo más probable es
que se habría puesto a cantar o a tararear las mismas. Pero para su mala
suerte, las cosas no eran así.

Unos golpecitos en el suelo llamaron su atención, y elevó un poco su mirada


para ver de donde venía el pequeño ruido.

Byul estaba golpeando repetidas veces el piso con una de sus patitas traseras,
mientras mantenía su mirada fija en Taehyung, como si quisiera llamar su
atención. Lo cual logró, obviamente.
Cuando obtuvo la atención de el castaño, dió un par de brinquitos hasta él, su
pata ya se había curado y el conejo podía dar brincos sin dificultad.

Se puso cerca de su rostro y empezó a frotar su cabecita contra la mejilla


derecha de Taehyung, en busca de caricias, pero el castaño tenía sus manos
atadas por detrás de su espalda, por lo que no pudo dárselas.

—Señor Byul, basta. —Taehyung movió un poco su cabeza, intentando alejar


al conejo de su rostro. Ya que desde que lo lastimó por accidente entendió
que realmente era un peligro para él estar cerca del animal, su dueño se lo
dejó bastante claro.

El conejo, lejos de entender algo, se acomodó cerca del pecho de Taehyung,


dispuesto a dormir ahí. Y el castaño no hizo más que suspirar, rendido ante la
actitud del animal.

Cerró sus ojos, pensando que lo único que podía hacer para olvidar el hambre
que tenía en ese momento era dormir, además de que se sentía realmente
cansado, no dormía para nada bien debido a las pesadillas que tenía.

En sus sueños, aparecían varias escenas que incluían sangre, cuchillos, la


sonrisa de Jungkook en sus espectáculos, y de vez en cuando, soñaba con
Bogum y Haneul.

Y creyó que la peor pesadilla fue la que tuvo el día anterior, ya que se vió a sí
mismo siendo torturado por las manos de Jeon, un sueño totalmente
escalofriante.

Recordando eso, se quedó dormido con el conejito dándole un poco de calor.

•••

Jungkook detuvo la casa rodante, suspirando con cansancio, estuvo


manejando durante horas y se sentía agotado por ello. Aunque estaba algo
contento porque después de mucho tiempo, al fin habían llegado a su destino
final.

Se levantó de su asiento, y apenas estuvo de pie, movió a un lado su cabeza,


escuchando como los huesos de su cuello sonaban al igual que los de su
espalda cuando se estiró.

Miró la hora en el reloj que tenía en la muñeca, y se sorprendió al ver que


habían pasado más horas de las que pensó, había empezado a manejar a las
doce de la mañana y actualmente, eran las cuatro de la tarde.

—Mierda. —Dijo cuando se percató de que no había alimentado a Byul.

Ah, y tampoco a Taehyung.

Hasta su propio estómago estaba reclamando comida, y eso que él había


comido la noche anterior. Taehyung, en cambio, no comió nada por
responderle mal a Jungkook.

El pelinegro caminó hasta la pequeña cocina, buscando algo que comer, y


optó por preparar un sándwich para él, y un par de frutas para Byul.

Por un milisegundo, pensó en preparar algo para Taehyung también, pero no


lo hizo porque no le daría de comer algo decente después de que le faltó el
respeto, y en especial y siendo sincero consigo mismo, le daba demasiada
pereza.

Con su sándwich en mano y un platito con frutas en la otra, caminó hasta su


habitación, buscando a Byul con la mirada.

—Byul —Llamó a su mascota, fijándose si estaba en su cama, pero al no


verlo ahí, frunció el ceño—. Byul, ven aquí.

Al no ver a su mascota, dejó el plato en la cama junto con su comida y


empezó a buscar debajo de la cama y por los rincones de la habitación, algo
confundido ya que su conejo casi siempre estaba ahí.

Volviendo a agarrar las cosas, caminó hasta donde estaba Taehyung para
verificar si estaba por ahí, y supo que era así cuando lo primero que tuvo ante
sus ojos fue la escena de su conejito durmiendo tranquilamente en el piso.

Se tranquilizó, hasta que terminó de ver por completo el lugar donde estaba
su conejito blanco.
Apretó levemente su mandíbula al igual que sus manos, tomando con algo
más de fuerza el plato cuando vió a Byul junto al mocoso maleducado,
durmiendo tranquilamente apoyado en el pecho del chico.

Odiaba con toda su alma que alguien esté cerca de su mascota, sin dudas eso
era peor que el hecho de que le griten o lo insulten.

Dejó el plato en el piso y su sándwich en una pequeña mesa que había al lado
de un sillón, y con pasos rápidos, se dispuso a agarrar a su mascota y alejarlo
de Taehyung. Pero apenas acercó sus manos hasta Byul, su mirada cayó en el
castaño.

Unas notorias ojeras se notaban en su rostro, sus labios resecos y tenía


algunas lágrimas aún notorias por su cara, pero quitando eso, Jungkook vió
cada detalle, sus largas pestañas, sus finos labios, y el adorable lunarcito que
tenía en la nariz.

Hermoso, fue lo único que pensó.

Luego miró, ahora más calmado, al conejo que dormía cómodamente en el


pecho de Taehyung.

No lo entendía, no lo entendía para nada. Su mascota nunca fue de los


animales que les guste recibir caricias o atención de muchas personas, era un
conejito muy escurridizo, si le causaban algún tipo de incomodidad o eran
muy pesados con él, Byul se alejaba de inmediato e iba hasta su dueño, nunca
permitía que lo acaricien a no ser que sea Jungkook o una persona que sea a
elección del conejo.

Y ahora estaba ahí, durmiendo con Taehyung como si fuera Jungkook, sin
preocuparse por el hecho de que el castañito había sido el causante de su
patita lastimada.

Solo cuatro personas tuvieron el privilegio de poder darle caricias a Byul,


Jungkook sabía eso, y por aquello era que ahora mismo estaba jodidamente
incómodo y molesto.
Intentó agarrar a su conejo, pero éste, cuando sintió las manos de su dueño
sobre sí, empezó a removerse para que Jungkook lo soltara, el pelinegro lo
hizo, y el animalito volvió a acomodarse en el pecho de Taehyung.

—Byul, te juro que no te soporto ahora mismo. —Susurró con cierta


molestia, para después agarrar el platito y dejarlo en una esquina del lugar,
luego de eso, volvió a mirar a Taehyung.

Mierda, en serio era demasiado lindo. ¿Cómo es qué no se había dado cuenta
antes?

—A tí tampoco te soporto. —Volvió a decir, tomando de mala gana su


sándwich para después caminar hasta su cocina y buscar un plato, lo dejó ahí
y nuevamente fue hasta donde estaba Taehyung.

Al ver que el chico no pensaba despertarse, empezó a moverlo con su pie


derecho, pisando un poco el brazo de el castaño, el cual empezó a abrir sus
ojos poco a poco.

Jungkook elevó una ceja al ver los ojitos de el menor, le parecía


ridículamente adorable lo distinto que se veía cuando recién despertaba,
también algo chistoso. Aunque se mantuvo serio y dejó el plato en el piso,
justo al lado de Taehyung.

Y Taehyung, que apenas recordaba su nombre cuando apenas se despertaba,


lo miró entre curioso y extrañado, y cuando quiso abrir la boca para decir
algo, el pelinegro se adelantó.

—Cállate y come antes de que me arrepienta. —Soltó, dando media vuelta


cuando vió que Byul al fin se había alejado de Taehyung para comer. Se
sentó en un pequeño sillón que había por ahí y apoyó su codo en su pierna y
su mejilla en su mano, mirando fijamente al castaño con mala cara.

Taehyung se sentó, y aprovechando que sus muñecas estaban amarradas pero


para adelante, tomó el sándwich y empezó a comer rápidamente, y Jungkook
pudo jurar que le llevó menos de tres segundos terminarlo por completo.

—¿Tenías hambre? —Cuestionó, con cierto tono de burla, viendo como el


castaño apartaba la mirada y fruncía levemente el ceño.

—Tengo sed... —Informó, acomodandose mejor en el frío suelo.

—Que novedad. —Dijo Jungkook, mientras miraba desinteresado sus uñas.

Taehyung frunció aún más el ceño ante su falta de atención, y se sentó como
indio, para después aclararse la garganta.

—¿Podrías darme agua?

Jungkook bostezó, para después mirar con el mismo desinterés al castañito.

—¿Y las palabras mágicas?—Cuestionó el pelinegro, con una pequeña


sonrisa.

—Por favor... —Contestó con cierto fastidio, tratando de no rodar los ojos.

Jungkook asintió y fue en busca de un poco de agua.

El castaño suspiró y vió a solo unos pasos de distancia, al conejito del


payaso, éste comía tranquilamente lo que parecían ser frutas, y a Taehyung de
le hizo muy tierno lo lindo que se veía Byul.

Sacándolo de sus pensamientos con algo de brusquedad, el sonido de la


puerta siendo golpeada llamó su atención. Al parecer alguien estaba tocando,
pero el pelinegro aún no regresaba.

Se quedó en su lugar, viendo fijamente la puerta, como si ésta pudiera abrirse


con tan solo su mirada, y se sorprendió un poco al ver que empezaba a abrirse
lentamente.

Por un momento se hubiera sentido con algún poder o algo así si no fuera
porque vió como una cabellera rubia se asomada por ahí.

—Carajo. —Susurró, viendo como cierto chico de baja estatura ingresaba al


lugar con una sonrisa de oreja a oreja.

—Hola, amorcito —dijo Jimin, con una voz realmente chillona, a tal punto
que llegó a irritar aún más a Taehyung—. ¿Me extrañaste?

—No. —Respondió de forma contante, mientras fruncía el ceño.

Jimin hizo un puchero, para después fingir que lloriqueaba.

—Pero bebé, yo sí te extrañé.

Taehyung rodó los ojos y después observó al chico, notando que tenía una
mano detrás de su espalda, como si estuviera ocultando algo, y el castaño no
tardó nada en empezar a desconfiar y tener un mal presentimiento.

Su otra mano estaba vendada, la misma que Jungkook había cortado, y en su


interior, el castaño se alegró un poco por ello.

—Lindo, me quedé pensando mucho en lo del otro día —volvió a hablar


Jimin, y Taehyung frunció el ceño con algo de confusión, ¿De qué mierda
estaba hablando?—, y pensé...

El rubio empezó a caminar hasta él, y Taehyung retrocedió como pudo, hasta
quedar contra un sillón.

Jimin sonrió, quedando cara a cara con Taehyung, tan cerca que el castaño
podía sentir sus narices rozandose, empezaba a sentirse asqueado.

—Ojo por ojo... —Susurró, con una sonrisa enorme, para después mostrar lo
que tenía en la mano que no tenía vendada.

Taehyung ni siquiera pudo reaccionar, fueron cuestión de segundos para


después sentir una tela contra su rostro, pero eso no importó, lo que importó,
fue que ésta, estaba repleta de vómito que solo Dios y Jimin sabrán de donde
salió.

Era la sensación más asquerosa que alguna vez sintió, el horrible olor, más la
risa de Jimin y el espantoso líquido bajando por su rostro, eran sin duda lo
peor.

Jimin empezó a reír como si le hubieran contado el mejor chiste del mundo,
pero al escuchar unos pasos acercándose, se apresuró en irse, prácticamente
salió corriendo del lugar, dejando a Taehyung ahí, solo, repleto de vómito, y
llorando.

—¿Pero qué mierda...? —Jungkook, quien había vuelto, miró con extrema
confusión como su rehén estaba tirado en el suelo, con el rostro lleno de
vómito y sus lágrimas cayendo como si de un pequeño río se tratara, también
observó como la puerta de su casa rodante estaba abierta.

Y al lado de Taehyung, había una camisa, la cual reconoció de inmediato.

Por un motivo desconocido, Jungkook tenía unas ganas inmensas de matar al


dueño de la prenda por lo que había hecho, y cuando Jungkook tenía ganas,
era muy imposible que lo que quería no ocurra.

Jimin se las pagaría.


11

Con rabia, Jungkook tomó a Taehyung y prácticamente lo arrastró hasta una


esquina de su casa rodante, luciendo tan enojado que su rostro estaba rojo
debido a eso, sus manos sosteniendo con fuerza los hombros del castaño y su
mandíbula siendo apretada a tal punto que llegaba a doler.

—Te mueves dos putos centímetros y no volverás a ver la luz del día. —
Amenazó, caminando rápidamente hasta la prenda que yacía en el suelo, la
tomó y salió de la casa rodante, dando un fuerte portazo.

Taehyung solo se quedó ahí, llorando por todo el enojo que tenía retenido
más la humillación que acababa de vivir, sintiéndose tan asqueado que solo
pudo limpiarse con enojo el rostro, complicandose al estar sus manos atadas.
Nunca se había sentido así, pero era un asco.

El pelinegro, dando rápidos y fuertes pasos, caminó hasta un chico pelirosa


que pasaba por ahí, lo tomó del cuello de la camisa, tomándolo
completamente desprevenido. Y el tipo se cubrió el rostro, pensando que
Jungkook le haría algo.

Sin embargo, el payaso tenía otros planes.

—¡Ve hasta mi casa rodante y asegúrate de que el mocoso no escape! —


Gritó, para después soltar bruscamente al pelirosa, el cual asintió
frenéticamente y fue prácticamente corriendo hasta el lugar.

Cuando estuvo solo, buscó con la mirada al causante de su enojo, y rodó los
ojos al ver que estaba entre medio de toda una pequeña multitud, la cual
rodeaba a Namjoon mientras éste hablaba sobre los cambios de horarios, las
presentaciones, y demás. A Jungkook no podría importarle menos en ese
momento.
—Ya llegamos a Daegu, pero aún debemos asegurarnos de viajar un par de
horas más para buscar un buen lugar donde hacer nuestro circo, la vez
anterior no nos fue de lo mejor por eso mismo... —Escuchó la voz del
presentador, pero dejó de prestarle atención y empezó a empujar a todos,
acercándose peligrosamente al rubio que solo lo miraba de reojo, con su
típica sonrisa estúpida.

—¡HIJO DE TU PERRA MADRE! —gritó, cuando al fin lo tuvo de frente.


Se tiró sobre él y ambos cayeron al piso, haciendo un gran sonido en seco—.
¿¡QUIÉN MIERDA TE DIÓ PERMISO DE ENTRAR A MÍ CASA,
ENFERMO MENTAL!? —Volvió a gritar, sacudiendo a Jimin de un lado al
otro.

El rubio no dejaba de sonreír, realmente parecía que esa situación le parecía


divertida.

Jungkook le dió un puñetazo, apretando con enojo la camisa que tenía en la


mano contraria. Jimin sintió el dolor en su mejilla y en una parte de su ojo, y
jadeó adolorido ante ello.

Si hubiera personas normales alrededor de ellos, lo más probable es que


alguno ya se hubiera metido para separarlos, pero vamos, los malditos
estaban disfrutando el pequeño espectáculo.

Namjoon suspiró, pasando la palma de su mano por su rostro con cierto


cansancio, siempre era lo mismo con aquellos dos.

—¡TE JURO QUE TE MATARÉ, INFELIZ! —Jeon puso su mano en el


cuello de Jimin, ejerciendo presión ahí, y el rubio sintió como el aire
empezaba a faltarle—. ¡TE ENSEÑARÉ A ALEJARTE DE MÍ DE UNA
PUTA VEZ!

Clavando sus uñas en el cuello de el más bajo, subió su mano hasta sus
mejillas, apretandolas hasta que vió como Jimin abrió su boca de forma
involuntaria.

—¡TRAGATELO! —Gritó, mientras de forma brusca llevaba la camisa hasta


la boca de Jimin y empezaba a meterla, el rubio empezó a ahogarse, sintiendo
el asqueroso sabor del vómito en su boca, sus ojos se notaban llenos de
lágrimas debido a la falta de aire, y Namjoon en ese momento decidió que era
momento de separarlos.

—¡No dejen que sigan!—Ordenó, y las personas que observaban


tranquilamente la escena, bufaron y dos de ellos tomaron a Jungkook de los
brazos, alejandolo de Jimin, el cual se sentó en el piso y empezó a toser.

Jungkook empezó a removerse, intentando liberarse, totalmente fuera de sí. Y


el presentador, pasando entre los presentes, llegó hasta él, con el ceño
fruncido y los brazos cruzados.

—Jungkook, detente.

—¡Ese hijo de puta se metió en mi casa rodante y dejó sus porquerías


asquerosas ahí! —gritó, para después gruñir con molestia—. ¡Tú limpiarás
esa mierda, imbécil! —Le dijo esta vez a Jimin.

—Kook, basta. Ya fue suficiente, conoces las reglas de éste lugar. —


Recordó.

El circo tenía varias reglas de convivencia y otras cosas, entre ellas, estaba la
principal y al parecer, la más importante: Los trabajadores del circo, no
pueden matarse entre sí, tampoco pueden ocasionar un daño realmente
grave.

—¡Me paso las putas reglas por el culo! ¡Voy a matar a esa perra rubia!

—Jungkook, si sigues así, no tendré otra opción que darte menos dinero del
que te corresponde.

El pelinegro volvió a gruñir, sintiendo como los dos tipos aún lo sostenían,
miró con rabia a Jimin y luego a Namjoon. No podía controlar el enojo que
sentía ahora mismo, quería partirles la cara de un buen puñetazo a ambos.

—Como sea, pudrete. —Soltó con molestia, para después escupir en los
zapatos de Namjoon, el cual frunció el ceño.

Jungkook se soltó del agarre de ambos sujetos y se fue de ahí, alejando a todo
aquel que esté cerca suyo. Sus pasos eran rápidos, sus manos se cerraban con
fuerza a tal punto que sus nudillos se notaban blancos y su ceño se mantenía
fruncido.

Cuando estuvo nuevamente cerca de la casa rodante, el pelirosa lo vió a lo


lejos, y se encogió en su lugar al ver como el payaso le apuntaba a otra
dirección con rapidez, como si estuviera diciéndole que se largaba, y él, sin
quejarse ni nada, se fue de ahí.

Jungkook entró nuevamente a la casa rodante, respirando algo agitado y con


su cabello desordenado. Al haberse tirado al suelo junto con Jimin, su ropa
había quedado un poco sucia, pero no le importaba mucho.

En la esquina donde lo dejó, Taehyung estaba ahí, quieto y sin ninguna


expresión, solo se permanecía mirando un punto fijo mientras tenía su cabeza
agachada, sus manos apretandose con fuerza sobre sus rodillas, las cuales
estaba apoyadas en su pecho.

Lo primero que sintió Jungkook al llegar, fue el asqueroso olor del vómito,
así que, ante eso, formó una mueca con desagrado y clavó su vista en el
menor, notando como aún poseía aquel líquido sobre su rostro.

A paso lento, se acercó hasta él, y Taehyung retrocedió un poco. Jungkook se


agachó hasta que pudo ver mejor el rostro de el castaño.

Sus mejillas estaban mojadas, y su mirada permanecía fija en el suelo, sus


ojos aún soltaban varias lágrimas y su cabello estaba desordenado y cubierto
de algo de vómito al igual que su cara.

A Jungkook no le gustó verlo así.

Pero no era que le daba compasión o tristeza verlo así, para nada. Jungkook
estaba molesto, porque esas lágrimas no fueron obra suya.

Guió su mano derecha hasta el cabello del castaño, jalandolo un poco hasta
que el chico se vió obligado a levantar la mirada. Y Jungkook se lo quedó
mirando por unos segundos, podría jurar que vió toda la tristeza y miedo que
estaba sintiendo a través de sus ojos, la mirada del menor decía muchas
cosas, y el pelinegro fue consciente de ello.

—Levántate. —Ordenó, levantándose sin soltar los cabellos de Taehyung.

El castaño obedeció a duras penas, levantándose con cierta dificultad. Podía


sentir un leve dolor en su cabeza debido al agarre que mantenía Jungkook en
su pelo, sus piernas con calambres y su dignidad por el piso.

—¿Qué vas a hacer?—Preguntó en un susurro, viendo como el chico lo


guiaba a una parte que desconocía de la casa rodante.

No obtuvo respuesta, en vez de eso, el hombre lo obligó a bajar un poco su


cabeza e ingresaron a lo que parecía ser el baño. Taehyung ni siquiera pudo
verlo bien, ya que sin siquiera dejarlo reaccionar, Jungkook lo tomó del brazo
con fuerza y lo puso contra la pared del lugar, tomándolo desprevenido.

El castaño quiso protestar, o por lo menos decir algo, pero todo lo que quiso
decir quedó atascado en su garganta al sentir como las manos del payaso
tomaban con brusquedad su cintura, haciendo que el chico se ponga
totalmente pálido. Las manos de Jungkook lo sostenían con firmeza, sus ojos
solo mostraban la rabia que sentía, y su ceño fruncido solo hacía que
Taehyung se empiece a preocupar y asustar.

Cuando menos se lo esperó, el chico sacó una navaja de el bolsillo trasero de


su pantalón, y con facilidad cortó las sogas que mantenían presas las muñecas
de Taehyung, sorprendiendo al mencionado.

—No te muevas. —Ordenó, girando un poco su cuerpo para después ponerle


seguro a la puerta del baño.

Taehyung se lo quedó mirando fijamente sin saber que hacer, sus piernas aún
estaban acalambradas y su mente parecía jugarle en contra porque no podía
pensar ni una sola manera de escapar en ese momento. Todos los escenarios
que se había armado los últimos días para escapar de el payaso parecían
haber desaparecido de su mente. Estaba en blanco, asustado y frustado ante la
situación.

Jungkook volvió a mirarlo, y se acercó a él de una forma que Taehyung


describiría como intimidante, sus pasos eran seguros y firmes, y su rostro
gritaba un "No me digas ni una puta palabra"

—Levanta los brazos. —Volvió a ordenar.

El castaño dudó un poco, muerto del miedo. Pero al ver que Jungkook no
estaba precisamente de buen humor y que lo estaba mirando como si
estuviera a punto de matarlo, no le dió muchas vueltas al asunto y se resignó
en obedecer, levantando sus brazos como había dicho el pelinegro.

Ni siquiera pudo reaccionar, no supo como ni cuando pasó, pero las manos de
Jungkook fueron hasta su cintura nuevamente, bajando con rapidez hasta
tomar el borde de su camiseta blanca (ahora con un color algo gris debido a la
suciedad del piso en el que dormía). La prenda fue despojada con brusquedad
y rapidez, sorprendiendo a Taehyung de inmediato. El chico guió sus manos
hasta su pecho y se movió a un lado, intentando alejarse lo máximo que podía
de Jungkook.

—¿Q-qué se supone qué haces?—Preguntó, tratando de no gritarle a aquel


idiota que le estaba quitando la ropa.

Jungkook lo miró indiferente, como si hiciera eso todos los días. Y


simplemente jaló del brazo del castaño para tenerlo de frente, sus rostros
quedando cerca. Taehyung pudo apreciar mejor el ceño fruncido que
mantenía el pelinegro y sus ojos llenos de desinterés y cansancio.

—Hueles como una zorra barata de ciudad, necesitas un puto baño, ya —


Dijo, resaltando la última palabra con cierta molestia—. ¿O es qué acaso te
consideras una zorrita, hum?—Cuestionó, elevando una ceja.

—No —respondió Taehyung, negando con la cabeza—. Pero yo puedo


quitarme la ropa solo.

—A mí eso no me interesa. —Rodó los ojos y se dispuso a quitarle el resto de


las prendas al chico, pero Taehyung retrocedió, dándole un manotazo en las
manos.

—¡No! —negó frenéticamente con la cabeza—. Por favor, no.


Jungkook se lo quedó mirando fijamente, procesando lo que acababa de
pasar.

Le gritó, y encima, se tomó la libertad de golpearlo.

Pero que niñito estúpido.

—Te diré algo —soltó el pelinegro, con calma—, o te sacas la ropa en menos
de diez segundos, o te meto ese shampoo por la boca hasta que salga por tu
nariz. —Apuntó el pequeño pote de shampoo que había en el rincón del baño,
con total tranquilidad y sus ojos ahora más calmados, aunque algo perdidos.

El payaso bajó la tapa del retrete y se sentó ahí, mirando al adolescente


mientras golpeaba su mejilla interna con la punta de su lengua, viéndose
molesto y fastidiado.

—Diez... Nueve... Ocho... —Empezó a contar, viendo que Taehyung ni


siquiera había terminado de procesar lo que acababa de decir.

El castañito se alteró, sacándose de inmediato sus zapatos entre tropiezos y


muecas de dolor debido al calambre de sus piernas y sus pies, sintiendo el
molesto hormigueo por sus extremidades.

—Siete... Seis... Cinco...

Taehyung intentó sacarse su pantalón rápidamente, maldiciendo entre dientes


cada segundo que pasaba, y cuando lo consiguió, notó que aún faltaban sus
bóxers.

Pero que idiota. Pensó el castaño, mientras mandaba a la mierda la vergüenza


que sentía e intentaba sacarse los bóxers a tiempo, los bajó y se sintió
extremadamente aliviado al sacarselos justo cuando Jungkook terminó de
contar.

Jungkook lo miró fijamente, pasando sus ojos por el largo cuello del chico,
sus bonitas clavículas, su pancita, sus muslos, sus piernas y finalmente...

Sus pies, los cuales aún conservaban sus calcetines, por cierto.
La sonrisa de Jungkook en ese momento, fue tan escalofriante que Taehyung
se quedó perplejo durante unos segundos, notando muy tarde las prendas que
aún le quedaban.

Tragó en seco, haciendo que su manzana de Adán se mueva levemente. Sus


ojos permanecían sobre los de Jungkook, esperando que el mencionado haga
algo, o por lo menos, que diga algo.

Jungkook se levantó y caminó hasta el chico, haciendo que Taehyung


retroceda y su espalda termine apoyándose en la helada pared, causándole un
enorme escalofrío al castaño.

El payaso se agachó y tomó la pierna del más jóven, obligándolo a levantar el


pie. Le quitó los calcetines en cada pie y Taehyung solo se limitaba a mirarlo
con miedo, lucía tan tranquilo que lo incomodaba y lo ponía inquieto, no
tenía ni idea de lo que le esperaba.

Sin previo aviso, sintió como su cabello era mojado, el agua sintiéndose fría y
poniéndolo aún más nervioso. Jungkook había prendido la ducha.

Las gotas bajaban por todo su cabello, y aunque quiso lavarse de una buena
vez el rostro, aún permanecía perplejo, el hombre que tenía adelante suyo
solo lo miraba con calma, con sus brazos cruzados y sus ojos analizando cada
parte de su cuerpo. Como si estuviera escaneandolo, pensando en muchas
cosas.

Pensando en todas las cosas que podría hacerle a aquel mocoso.

Jungkook caminó hasta donde estaba el shampoo y abrió la botellita que


contenía aquello, dejando un poco en su mano. En ese momento se acercó
hasta Taehyung y el castaño cerró sus ojos con miedo al ver como el sujeto
levantaba su mano, esperando algún golpe o algo así.

En cambio, solo sintió como las manos del payaso pasaban por todo su
cabello, limpiando éste mientras empezaba a formarse espuma. El castaño lo
miró con desconfianza pero se dejó hacer, sintiéndose tan jodidamente bien
ante el toque del hombre. Los dedos de Jungkook acariciaban con cuidado y
tranquilidad la cabellera del chico, siendo así un toque suave y reconfortante
para Taehyung.

Con su mano derecha, Jungkook limpió el rostro de el chico, asegurándose de


terminar con cualquier rastro de suciedad. Y cuando notó que el castaño
parecía más calmado, con sus ojos cerrados ante sus toques y su respiración
calmada, decidió que era momento de actuar.

Y Taehyung, que estaba tan concentrado en las caricias de el hombre, nunca


notó el momento en el que Jungkook volvió a sacar la navaja de su bolsillo.

Su tranquilidad duró poco, ya que de la nada, sintió como el filo de algo


pasaba por su hombro derecho, dejando un fino corte ahí. Taehyung al sentir
aquello, retrocedió de forma brusca y llevó su mano hasta la zona afectada,
jadeando de dolor y viendo con sorpresa a el payaso.

Jungkook sonrió en grande, con notable orgullo por su corte, el primero de


muchos.

Y Taehyung solo se lo quedó mirando perplejo nuevamente, al notar aquello.


La sonrisa, la sonrisa de Jungkook, era igual a la sonrisa que daba en sus
espectáculos.

El cuerpo de Taehyung empezó a temblar de forma involuntaria, siendo preso


del miedo. Unas enormes ganas de llorar inundaron su ser y solo quería
correr y alejarse de aquel lunático, pero su mente estaba en blanco y su
cuerpo parecía no querer reaccionar.

Jungkook se acercó nuevamente hasta él y lo tomó por la nuca, acercandolo


hasta él lo suficiente como para que sus narices se toquen levemente.

—Eres un sucio, como una zorra, estás sucio, niño. Demasiado sucio —habló
el payaso, sin borrar aquella sonrisa de su rostro—. Cada centímetro de tu
cuerpo y de tu boca está lleno de basura, y yo, Jeon Jungkook, me encargaré
de limpiarte. —Susurró, notando como los ojos de Taehyung se llenaban de
lágrimas que amenazaban con salir.

Cuando terminó de hablar, otro corte se hizo presente en la piel de Taehyung,


sacándole nuevamente un grito al sentir como su estómago era cortado. Un
corte fino y rápido. El castaño se quedó mirando fijamente la herida, viendo
como la sangre era limpiada por el agua que aún caía pero aún así no dejaba
de salir un poco.

Miró a Jungkook con ojos llorosos, soltando varias lágrimas que eran
limpiadas por la ducha, y el pelinegro solo siguió en lo suyo, importandole
poco los sollozos, súplicas y gritos que soltaba el chico.

Jungkook dejó varios cortes, dos en cada brazo, uno en su muslo derecho, en
su espalda baja, en su otro hombro y finalmente dejó dos más en cada pierna.

Taehyung lloraba, pidiéndole que deje de lastimarlo, pero Jungkook hizo


oídos sordos y tomó su mano derecha, haciendo un corte en su palma, para
después repetir lo mismo con la otra mano.

—D-Detente, por favor...

Todos los cortes no llegaban a ser muy profundos, pero aún así eran
dolorosos para el castaño, el cual se mantenía llorando y temblando bajo la
ducha, suplicandole a Jungkook que pare de una buena vez.

Y cuando el payaso pensó que era suficiente, buscó el shampoo nuevamente


y se puso una cantidad considerable en la mano, jalando con la que no tenía
ocupada a Taehyung, haciendo que este quede fuera de la ducha y que sus
heridas empiecen a sangrar sin ser limpiadas por el agua.

El castaño estaba sollozando debido al dolor, pero a Jungkook no podía


importarle menos. De hecho, esa imágen era la que más le gustaba de el
adolescente.

—Estás sucio, zorrita, demasiado. —Dijo con burla, pasando el líquido que
tenía en mano por las heridas de Taehyung. El chico jadeó adolorido ante el
ardor que sintió e intentó detener al hombre, pero Jungkook agarró ambas
muñecas con fuerza y siguió pasando el shampoo por cada herida, con
brusquedad. La espuma empezó a notarse de un tono algo rojo tirando a rosa
debido a la sangre que se mezclaba con ello.

Taehyung se removía ante lo que estaba haciendo Jungkook, sintiendo el


ardor en su cuerpo y también en sus muñecas debido al agarre que mantenía
Jungkook en éstas. Mordía con fuerza su labio, tratando de callar todos sus
chillidos y jadeos.

El payaso tomó las manos del chico y empezó a frotarlas entre sí con fuerza.
Taehyung jadeó de dolor nuevamente, sintiendo el ardor en sus palmas y
como las mismas temblaban.

Jungkook soltó a Taehyung y tomó nuevamente el pote de shampoo,


apresurandose en tomar las mejillas del chico y ejercer presión ahí. Y tal cual
como lo hizo Jimin, el castaño abrió su boca por obligación.

El pelinegro metió una buena cantidad del líquido en la boca de Taehyung y


éste quiso escupirlo, pero Jungkook lo empujó con fuerza hasta que su cuerpo
chocó contra la pared, cayó al suelo y nuevamente estaba en la ducha, sus
heridas empezaron a limpiarse. Escupió el shampoo que tenía en la boca y
volvió a mirar a Jungkook.

—Limpiate la boca antes de volver a gritarme, y limpiate las manos antes de


ponerme un dedo encima. —Habló el payaso, tirando la botella de shampoo
al suelo.

El castaño lo miró con odio, con unas enormes ganas de empezar a insultarlo
y golpearlo en ese momento. Pero su cuerpo estaba débil, y él era un desastre
total, ahogado en llanto. Lo habían humillado, ensuciado, insultado e incluso
maltratado en un solo día, no podía soportar algo más justo ahora.

Jungkook se acercó y apagó la ducha, tomando del brazo al chico para que se
ponga de pie. Cuando Taehyung estuvo parado, el pelinegro le lanzó una
toalla y lo miró por unos segundos.

Taehyung estaba a punto de secarse, pero se detuvo al notar como el hombre


miraba algo, fijamente y sin siquiera parpadear.

Sus labios.

Mojados, mordidos por Taehyung hasta que quedaron rojizos, finos y


totalmente apetitosos. Jungkook los miraba fijamente y sintió que se le
prendió la lamparita.

Tomó la navaja nuevamente, haciendo que el castaño se encogiera en su


lugar. Pero sin darle tiempo de decir nada, llevó su mano hasta los labios del
chico, haciendo un corte ahí, del cual inmediatamente empezó a salir sangre.

Taehyung volvió a quejarse y quiso llevar una mano a su labio para tocarlo,
pero Jungkook la tomó y cuando menos se lo esperó, todo se volvió confuso
para él.

El hombre llevó su mano derecha hasta su cintura, acercando su cuerpo


desnudo hasta él, y con su otra mano, lo agarró por la nuca, acercandolo aún
más hasta que sus labios se unieron.

No podía estar más confundido y sorprendido en ese momento. Taehyung


abrió sus ojos con sorpresa y quiso alejarlo, pero estaba totalmente pasmado,
su cuerpo aún no reaccionaba por completo, y tener a ese payaso
prácticamente comiendole la boca no lo dejaba pensar con claridad.

El beso fue rápido, Taehyung nunca supo en que momento pero le había
seguido el juego, podían sentir el sabor de la sangre entre medio del beso y al
parecer no era de mucha importancia.

Jungkook se separó, y le dió una rápida mirada a Taehyung.

Su cara era digna de una foto, realmente se le hizo chistoso. Sus ojos estaban
extremadamente abiertos debido a la sorpresa, su boca levemente abierta y se
notaba algo pálido, su cabello mojado estando algo desordenado y
simplemente se notaba pasmado.

El payaso tomó la toalla y empezó a secar el cuerpo de Taehyung al ver que


éste aún no salía de su trance, asegurándose de secar cada parte.

Por otro lado, el castaño observaba totalmente perdido como aquel sujeto
permanecía tranquilo, como si nada hubiera pasado, secando su cuerpo con
delicadeza y despreocupación, como si no hubiera estado torturandolo hace
menos de unos minutos. Sintió el sabor de la sangre en sus labios, y debido a
ello no podía dejar de repetir la escena en su cabeza.
¿Qué carajos había sido eso?
12

Las luces apuntaban al hombre, todos viéndolo con notable respeto y


emoción, los gritos no faltaban en el lugar. La mayoría de las personas
gritaban en señal de apoyo mientras que otros no tenían esa suerte.

El circo estaba lleno, totalmente lleno, la gente viajaba desde lugares muy
lejanos solamente para ver el espectáculo de aquel hombre con sonrisa
encantadora.

Todos lo adoraban, todos pedían por él, incluso sus víctimas querían ser un
simple espectáculo para dar si el pelinegro era quien lo hacía. Porque sí,
aparentemente él lograba ganarse el apoyo por parte de su público como
nunca antes se había visto.

Una estrella, eso era. La estrella del circo.

Los aplausos no tardaron en llegar, llenando por completo la carpa. Y él


sonrió aún más, con su víctima enfrente suyo, con los ojos cerrados y sus
manos cerrándose con fuerza, esperando su fin.

El tipo no se hizo de esperar, y empezó con su acto. Tomando un cuchillo


mientras se acercaba a la persona que yacía atada a la cama que habían
llevado al medio del escenario.

—Hazlo rápido, por favor. —Suplicó la mujer que se sacrificaría, entre


sollozos.

Él solo sonrió, sonrió tan bonito e inocente. Como si no estuviera a tan solo
segundos de clavarle ese cuchillo, como si no estuviera por hacerla gritar
como nunca, como si realmente fuera a obedecer.

—Haré lo que pueda. —Respondió con simpleza, jugando con el cuchillo que
tenía en mano, pasándoselo a sí mismo en cada mano. Aparentaba estar
pensando, pero él tenía muy claro lo que iba a hacer.

Tomó el objeto firmemente en su mano derecha, y con rapidez y sin siquiera


parpadear, lo pasó por el estómago descubierto de aquella pelirroja, la cual
no tardó nada en empezar a removerse de un lado a otro, entre gritos
desgarradores y nuevas súplicas que a duras penas podía gritar gracias al
dolor.

Cortó desde por debajo de sus pechos hasta su vientre, un corte profundo
pero que solo había conseguido contar su piel, tal como él quería.

Volvió a sonreír, dejando el cuchillo a un lado mientras abría poco a poco el


estómago de la mujer. La misma siguió gritando, lastimandose las cuerdas
vocales, aún seguía viva. Con su estómago sangrando y los dedos de ese
hombre manoseando sus órganos, pero ella todavía seguía viva.

No sabía que le habían dado antes del espectáculo, pero gracias a ello su
cuerpo seguía activo ante todo, sintiendo cada toque en su cuerpo aún
cuando probablemente debería desmayarse. No era así, no podía
simplemente desmayarse o morir de una vez, y eso era desesperante.

—¿Les gustan los malabares? —Cuestionó el pelinegro, con una sonrisa


hacia su público, los cuales no dudaron en contestar de forma afirmativa.
Sus manos aún seguían en el interior del estómago de la chica, siendo
totalmente manchadas.

Empezó a arrancar varias cosas, estaba quitando todo de su interior y la


mujer aún lo sentía, pero no por mucho tiempo. Ya que de un momento al
otro, el hombre decidió cambiar de lugar y hacer otro corte, uno que hizo
que todos abran su boca con emoción al saber lo que vendría.

Un corte directo en la parte del corazón, el cual fue arrancado con éxito por
las manos del adulto.

—¡Pero que emocionante es nuestro payaso favorito! ¿Verdad? —Cuestionó


el presentador, con una hermosa sonrisa de hoyuelos adornando su rostro.
Las personas volvieron a responder de forma afirmativa y el payaso siguió
en lo suyo, clavó el cuchillo en los ojos de la mujer y no dudó en sacarselos,
sonriendo al notar toda la sangre que manchaba el cuerpo de la pelirroja, la
cama, y el piso. Pero sonrió más al ver sus manos totalmente
ensangrentadas.

Como amaba su querido y típico espectáculo. Era simplemente liberador.

Tomó el monociclo que estaba a solo unos cuantos pasos de él y se subió ahí,
empezando a ir de un lado a otro, dando círculos en lo que la gente le
aplaudía, emocionados por el acto, y también, porque el corazón y los ojos
de la chica eran utilizados para hacer malabares.

—¡SJ, SJ, SJ! —La multitud gritaba su apodo, y con eso fue suficiente para
que vuelva a sonreír en grande.

Las luces se apagaron, el acto terminó.

Suspiró con algo de cansancio por su trabajo y bajó del monociclo,


caminando hasta perderse de la vista del público. Y cuando al fin estuvo
fuera del escenario, un pequeño niño pelinegro corrió a sus brazos,
sonriendo tiernamente y con emoción.

—¡Estuviste genial, papi! —Dijo el pequeño, mostrando su sonrisita de


conejo tan parecida a la de su padre.

—¿Sí? ¿Te gustó? —cuestionó el hombre, sosteniendo entre sus brazos al


niño de tan solo siete años, el cual no dudó en asentir emocionado ante la
pregunta de su padre—. Me alegro que así sea, porque te traje esto. —Bajó
al pequeño para mostrarle lo que tenía en manos.

Al pelinegro le brillaron los ojitos y una sonrisa apareció en su rostro de


inmediato, para después empezar a dar saltitos en su lugar.

—¡Gracias, papá! —El pequeño tomó entre sus manos el obsequio de su


mayor, no sin antes aferrarse a su pierna en un corto abrazo.

Cuando se separó, observó sus manitas, manchadas con sangre y con una
sensación rara en ellas, pero no le importó. El pelinegro amaba los ojitos
que le había regalado su papá, amaba que los ojitos que su papi usó para su
espectáculo ahora sean suyos.

—Son muy bonitos, papi. ¿Cuándo podré tomar unos por mi cuenta? —
Preguntó el menor, con un adorable puchero y ojos suplicantes viendo al
adulto.

El hombre lo miró incrédulo por unos segundos, pero después sonrió


tiernamente, acariciando los cabellos de su hijo hasta despeinarlo por
completo.

—Pronto, campeón. Serás un gran payaso algún día.

El pelinegro solo se limitó a asentir, viendo con admiración al adulto que


tenía enfrente y luego a los ojos en sus manos. Sonriendo otra vez, porque él
realmente quería ser como su papá.

Jungkook quería ser un gran payaso, tal y como su papá.

—Jungkook, te estoy hablando, joder. —El nombrado salió de sus


pensamientos al escuchar la voz de Namjoon a tan solo centímetros suyo,
ganándose finalmente su atención.

—Lo siento. —Contestó, viendo un punto fijo en el suelo con cierto fastidio.

Namjoon lo había llamado para que vaya hasta su casa rodante, para arreglar
unos asuntos pendientes y demás. Pero cuando el hombre de hoyuelos
empezó a hablar, Jungkook empezó a soñar despierto, su cabeza solamente
pensando en recuerdos del pasado.

Odiaba cuando le pasaba eso.

El presentador suspiró con cierto cansancio y acomodó su cabello negro hacia


atrás, buscando las palabras adecuadas para lo que iba a decir a continuación.

—Antes de que te metas en tu nube, te estaba hablando de algo importante —


dijo, alejándose de repente del menor para verlo de frente—. Es sobre tus
horarios y tus presentaciones.
Jungkook levantó su mirada con confusión, para después fruncir el ceño y
levantarse de su asiento. Anteriormente Namjoon y él estaban sentados el uno
al lado del otro en un sillón del lugar, pero ahora estaban frente a frente, sin
dejar de mirarse entre sí.

—¿Para eso me llamaste? Tenía cosas más importantes que hacer. —Y no


mentía, porque después de besar a Taehyung, varias ideas llegaron a su mente
con rapidez, pero lo dejó todo de lado cuando apareció Jin diciendo que
Namjoon quería verlo lo antes posible.

Si no fuera por eso, podría jurar que seguiría besando a ese mocoso.

Y es que la sensación de los labios de Taehyung sobre los suyos fue


totalmente agradable, casi adictiva para él. Tener al chico totalmente desnudo
frente a él, con cortadas por todo su cuerpo y también en sus labios, los
cuales besó con ganas, había sido suficiente para que Jungkook quiera utilizar
como un juguete a el castaño.

El payaso no lo supo, pero el deseo que estaba experimentando de repente no


iba a traer cosas buenas para nadie, absolutamente nadie.

—Ya sé como son mis horarios, siempre son los mismos —siguió diciendo
Jungkook, restándole importancia a las palabras del presentador—. Soy el
acto principal o para terminar, todos lo saben.

Siempre había sido así, ya que Jungkook era el más pedido por el público,
siempre lo dejaban para lo último, ya que según Namjoon, lo mejor iba a lo
último. Aunque, también, cuando el público se mostraba demasiado
impaciente, se veían obligados a empezar por el payaso para mantener a su
público contento.

Y el payaso amaba saber que era tan pedido por la multitud, por eso mismo
es que a veces el ego podía más que él. Se creía el mejor del circo, como
siempre había deseado, y estaba orgulloso de eso.

Podría jurar que su padre también lo estaría.


—Por eso mismo, Jungkook. Va a haber un cambio de planes.

Muy bien, ya no le gustaba por donde iba la conversación. El pelinegro se


cruzó de brazos y frunció su ceño, viendo con confusión y fastidio a su
mayor.

—¿Cambio de planes? ¿Qué mierda dices? —Cuestionó Jungkook.

—Dongyul —dijo simplemente Namjoon, solo consiguiendo que los ojos de


Jungkook pierdan el brillo y su mandíbula se apriete—. Es muy pedido en
Daegu, así que lo mejor será que él vaya primero.

Dongyul, aquel rubio insoportable que le hacía la vida imposible a Jungkook,


siempre siendo tan molesto, chillón, vulgar y como si no pudiera ser peor, era
el mejor amigo de Jimin.

El pelinegro odiaba a Jimin, pero con Dongyul las cosas eran mucho peor.

—De ninguna manera —el pelinegro negó con la cabeza rápidamente. Jamás
permitiría que aquel idiota tome su lugar—. No irá primero.

—Esa no es tu decisión.

Jungkook apretó sus puños con fastidio, intentando no partirle la cara a


Namjoon de un puñetazo. Debía controlarse o las cosas se le complicarían
aún más.

—He dicho que no, Dongyul hace espectáculos de mierda, es un infeliz,


desgraciado, un hijo de puta. ¡No lo merece! —siguió quejándose—. Yo soy
la estrella de éste circo, soy el mejor payaso. —Trató de no gritar, pero su
enojo podía más que él.

—Jungkook —el mayor lo miró con seriedad, cortando con las palabras del
payaso que ante su vista era simplemente un berrinche—. Las estrellas se
apagan... —sonrió con superioridad, haciendo que Jungkook gruña por lo
bajo—. Y los payasos pierden la gracia.

El pelinegro sonrió por un momento, con irritación y sus dientes apretandose.


—¿Y sabes qué les pasa a los presentadores? —preguntó, haciendo que el
mayor simplemente lo mire fijamente—. Son abandonados o traicionados por
sus estrellas apagadas.

—¿Es una amenaza?

—Tómalo como quieras. —Soltó, antes de abandonar el lugar, dando un


fuerte portazo a la puerta de la casa rodante.

Estaba realmente molesto, no podía creer lo que acababa de pasar. Era


absurdo, totalmente absurdo. Namjoon no podía estar hablando en serio.

Desde que tenía memoria, desde que él empezó con sus espectáculos en el
circo, siempre fue la estrella, siempre fue el más pedido por todos. Era el más
respetado del circo cuando había empezado y eso siguió hasta ahora.

Por eso mismo, es que no podía aceptar que alguien llegue y le robe su puesto
así como así.

—¿Ya escuchaste la noticia? —Se escuchó una voz a sus espaldas, la cual
reconoció perfectamente.

—Cierra la boca, hijo de puta —dijo con rabia, dispuesto a seguir con su
paso, pero el rubio que tenía a sus espaldas le siguió el paso y se puso
enfrente de él—. Dongyul, si no quieres que te dé una maldita paliza, aléjate
de mi vista.

—Inténtalo, veremos cómo reacciona Namjoon al ver a su estrella favorita


siendo golpeada por un idiota olvidado.

Jungkook rodó los ojos, intentando no tirarse encima de ese sujeto y


ahorcarlo ahí mismo. Debía controlarse, debía ignorarlo y seguir en lo suyo.

—Eso pensé —siguió el rubio, cuando vió como Jungkook no había hecho
nada—, siempre fuiste el perrito faldero de Namjoon, por eso seguramente
fue que te seguía consintiendo —soltó, jugando con su cabello de repente—.
Tal vez eras su puta, quizá.

A la mierda todo, mataría a ese infeliz.


Lo tomó por el cuello de la camisa y Dongyul sonrió divertido, haciendo que
Jungkook lo mire con fastidio. Era tan parecido a Jimin en cuanto a su
personalidad y eso le parecía repugnante, pero no del todo, ya que sabía que
Dongyul era aún más hijo de puta que Jimin.

—La única puta aquí, eres tú, pedazo de inútil. ¿A cuántos les haz regalado el
culo para llegar hasta aquí? Solo andas por un estúpido trapecio y agarras a
alguien para después tirarlo, ¿Eso qué mierda tiene de interesante? —rió con
burla—. Ni te manchas las manos con sangre. ¿Eso realmente te parece un
espectáculo, hm? —Elevó una ceja, notando como el rubio lo veía con
indignación.

Sonrió, había logrado lo que quería.

—No eres nada, no eres nadie, solo un prostituto que piensa que es
importante. Pero no, Dongyul. Tú solo eres un inútil que cree su propia
mentira. Y déjame decirte, que tú no tomarás mi lugar por más que chupes el
pene o la vagina de cada persona de éste circo —lo soltó con brusquedad,
empujando al chico—. Eres una mentira que no dejaré siquiera empezar,
porque éste circo es y siempre será mi hogar, pero también, será mi sombra.

Sonrió una última vez y se fue a paso lento, dejando totalmente fastidiado al
rubio.

Jungkook, por otro lado, pensaba en como podría dejar todas sus penas en el
cuerpo de cierto castaño que estaba atado en un rincón de su casa rodante.
13

Cuando Jungkook tenía siete años, no estaba totalmente informado sobre las
cosas que sucedían en su hogar, o sea, el circo. Siempre veía como su papá
trabajaba, pero nunca le dijeron quienes eran esas personas que iban para que
su padre las matara o que hacían los demás observando el show de su
progenitor. Pero las dudas no le importaban mucho, él admiraba a su padre,
mucho. Y nadie podría cambiar ese pensamiento por más que intenten de
decirle que lo que hacía estaba mal.

Todavía recuerda aquella vez cuando personas extrañas aparecieron en su


hogar, intentando llevárselo diciendo que estaba en peligro, que él era muy
pequeño para estar ahí, y que ellos solo querían ayudarlo.

Tonterías. Pensaba él.

Estaba bien, nadie le hacía daño, y era pequeño, sí. Pero no cualquier
pequeño tiene una colección de ojitos de vidrio que le regalaba su papá o
alguno que otro cuchillo, cortesía del mismo. Y también, ¿Para qué querían
ayudarlo? Los que deberían buscar ayuda serían ellos por entrar al circo sin
permiso.

Y Jungkook no sabía, no sabía quienes eran esos tipos. No sabía que eran
policías que pasaban por aquella zona apartada, que se habían perdido y no
tenían ningún tipo de comunicación con sus compañeros de trabajo. No sabía
nada.

Recuerda como él estaba jugando tranquilamente con la bonita navaja que le


dió su papá, viendo como se utilizaba por sí mismo. Estaba sentado
tranquilamente fuera de la casa rodante, en el césped, esperando que su papá
termine con su show de la mañana para que puedan desayunar juntos. Pero en
vez de eso, dos tipos con uniforme aparecieron enfrente suyo, luciendo
agitados y realmente asustados.

—N-Niño, ¿Qué haces ahí? —Preguntó uno de los hombres, con su cabello
castaño cubriendo un poco su rostro y su cara llena de sudor, aparentemente
había corrido, al igual que el otro.

El niño los miró curioso pero no contestó, viendolos raro. Nunca los había
visto y a Jungkook no le gustaba hablar con muchas personas.

—¿Vives aquí? —Preguntó el otro, luciendo preocupado mientras se


agachaba para quedar a la altura del pelinegro que aún yacía sentado.

Jungkook se mostró indiferente, observando la navaja que tenía en mano


como si fuera lo más interesante del mundo, notando el brillo que se notaba
gracias al sol en ésta. Desde lejos se escuchaba la típica música del circo,
pero eso no llamó su atención, sinó que desde adentro, el grito desgarrador de
un tipo se escuchó perfectamente, haciendo al niño sonreír de forma
inconsciente.

Los dos adultos voltearon hacia donde se había escuchado el grito y ambos se
tensaron en su lugar, sin saber que hacer. Estaban empezando a desesperarse
y no podían creer que aquella locura estuviera pasando.

Se habían alejado un poco de su patrulla y de repente encontraron aquel


circo, les pareció curioso ya que estaba muy alejado y quisieron ver como era
por dentro, pero cuando estuvieron un poco cerca de la entrada, notaron como
un tipo sacaba una cama con un cadáver ahí, y luego otro, y otro y otro.
Varios cadáveres siendo sacados de allí por distintas personas mientras que
gritos de emoción se escuchaban al igual que gritos de auxilio. Obviamente
ambos se asustaron y corrieron hasta donde les pareció seguro.
Encontrándose finalmente con aquel adorable niñito que ni siquiera les dirigía
la mirada por completo.

—Debemos irnos, debemos irnos, joder —repetía el castaño, moviéndose de


un lado a otro en su lugar. Le echó una rápida mirada a su compañero y luego
a Jungkook—. Kwan, toma al niño, hay que irnos y no pienso dejarlo solo. —
Se dirigió hacia el otro sujeto de cabello gris, y éste asintió frenéticamente
antes de dar un paso hacia Jungkook.
El pequeño se levantó de inmediato, dándole un manotazo a ambas manos del
sujeto, retrocediendo con su ceño fruncido y su navaja cerca de su pecho.

—¡No me toque! —Gritó el menor, observando mal a Kwan que había


retrocedido ante el pequeño golpe en sus manos.

—Solo queremos ayudarte, es peligroso estar aquí. Eres muy pequeño para
entender. —Trató de convencerlo el castaño, pero Jungkook negó
rápidamente con su cabeza.

—No, no, no quiero. ¡Y soy un niño grande! —Dijo en protesta ante las
palabras del adulto que estaba empezando a desesperarse.

—Muy bien, niño grande, entonces si realmente eres grande nos acompañaras
así estarás a salvo. —El castaño siguió tratando de convencer a Jungkook,
dando otro paso al frente para tomarlo entre sus brazos, o por lo menos su
mano, pero el menor era muy rápido y en menos de unos segundos ya se
había alejado.

—¡Papá dice que soy grande, no tengo que hacerte caso! —lo señaló con el
dedo, mientras volvía a fruncir el ceño—No me iré con ustedes, señores
raros.

Jungkook miró a su alrededor, esperando que alguien se dignara en aparecer,


quería que su papá se acercara o su hermano, pero ya no quería seguir con
aquellos sujetos.

—Es por tu bien, pequeño —volvió a decir el castaño, ya dejando de lado las
boberías. Estaba apurado y no podía dejar solo al niño, así que se acercó,
tomando su brazo mientras el menor se quejaba y se removía, intentando
darle patadas o puñetazos—. ¡Deja de moverte, solo quiero ayudarte! —gritó
el policía, sacudiendo un poco al pelinegro—Y dame eso, es peligroso para tí.
—Volvió a hablar, refiriéndose a la navaja que Jungkook tenía en mano.

Y en ese momento, el pequeño recordó el arma que tenía en mano, y supo de


inmediato lo que tenía que hacer.

Cuando el castaño intentó quitársela, se movió de repente, clavándola en el


primer lugar que tuvo cerca y le pareció más sencillo. Ganándose
rápidamente la liberación de su brazo y el repentino jadeo del adulto que
anteriormente lo agarraba.

La navaja yacía clavada en el estómago del castaño, el cual trataba de decir


algo, de moverse o algo así, pero no podía, el dolor era muy fuerte para él. La
sangre bajaba y no podía decir absolutamente nada. Fue cuando se cayó
finalmente al suelo cuando Jungkook suspiró con alivio.

Mientras tanto, el otro policía lo miraba estupefacto, sin saber que hacer. Su
cuerpo no reaccionaba y la cara de terror era notoria.

Jungkook se acercó hasta el policía que aún permanecía desangrándose, aún


no moría, estaba agonizando, y eso se ganó otra sonrisita suya. Cuando dejó
de mirarlo sus manitas tomaron la navaja y la sacaron con algo de dificultad,
para después fijarse nuevamente en el sujeto de cabello gris.

—Señor, ¿Le gustan los malabares? —Cuestionó de repente el pequeño, con


sus manos ahora manchadas de sangre.

El hombre lo miró con horror y Jungkook rió tiernamente.

•••

Seung suspiró, agotado. Tuvo mucho trabajo últimamente y eso ya empezaba


a cansarlo, pero aún así seguía cumpliendo cada capricho del presentador del
circo. Todo sea por la fama y el respeto en el circo.

Y también, lo hacía para ver la sonrisa hermosa de uno de sus hijos, el cual
siempre lo miraba con admiración y cariño.

Jungkook era un niño especial, siempre pensó eso de su hijo menor.

—Buen trabajo, Jeon, cada vez me sorprendes más. —Dijo una de sus
compañeras de trabajo, dándole una palmadita en la espalda. Él solo asintió
levemente y siguió en lo suyo, caminando hasta su casa rodante para
desayunar con sus hijos y finalmente dormir una buena siesta hasta el
próximo espectáculo.
Sin embargo, nunca esperó recibir tal bienvenida por parte de su pequeño de
cabello negro.

—¡Papi, papi! ¡No vas a creerlo! —Decía el menor con emoción, corriendo
hasta su padre. El cual abrió sus ojos con asombro al ver a su hijo totalmente
lleno de sangre, su ropita, su rostro, sus manos, todo estaba repleto de sangre.
Pero también notó, como el corazón de una persona estaba entre sus manos.

—¿Qué-

Fue interrumpido por su hijo, el cual lo tomó del brazo y corrió hasta un lado
de la casa rodante, arrastrando a su padre para que vea su "trabajo"

El señor Jeon estaba que no salía del asombro, ver a aquellos dos cuerpos
tirados en el césped, ambos sin ojos y uno con un corte en su estómago y en
la parte de su corazón, fue algo que lo desconcertó por completo. Pero en
especial, le sorprendía mucho ya que se trataba de policías.

—Esos señores trataron de llevarme, papi —trató de justificarse Jungkook,


pensando que su papá se había enojado ya que él nunca vió esa reacción de
asombro por parte del adulto al ver unos cuerpos—. Y yo no quería, me
decían que estaba en peligro y que solo querían ayudarme. Pero yo no quiero
irme.

El adulto solo asintió, observando los cadáveres y luego a su pequeño


repetidas veces, tratando de entender como es que su hijo había logrado eso a
tan temprana edad.

—Entonces tomé la navaja que me diste porque ese feo señor intentó
llevarme a la fuerza —hizo una mueca de fastidio mientras apuntaba al
castaño—. Y bueno, pensé en darte yo un regalito. —Finalizó, ofreciendo el
corazón que tenía en mano al adulto que estaba a su lado.

Seung parpadó dos veces y finalmente sonrió un poco, tomando el obsequio


entre sus manos mientras le agradecía por lo bajo a su hijo. El cual sonrió
emocionado.

—Muy bien, mi niño, muy bien —dijo el adulto, asintiendo para sí mismo—.
Está bien.

—Papá... Ese señor me gritó —volvió a decir Jungkook, mirando con


resentimiento el cadáver del sujeto—, y ayer Namjoon me dijo bobo. —
Volvió a contar con enojo, cruzándose de brazos y haciendo un puchero en
señal de berrinche.

El pelinegro mayor se agachó ante su hijo y miró de reojo a los cadáveres,


pensando sus palabras antes de hablar.

—Hijo, nunca permitas que hagan eso —empezó, logrando llamar la atención
del pequeño—. Jamás dejes que te insulten o te griten, jamás.

—Pero... ¿Y si lo hacen igual?

El mayor sonrió con ternura y despeinó a su hijo, el cual se quejó por lo bajo
y siguió con su berrinche.

—Papá les dará una lección —contestó, seguro—. Pero, cuando papá no esté,
tú debes darles una lección. ¿Sí, mi campeón?

Jungkook procesó las palabras, y finalmente asintió, sonriendole a su


progenitor. El cual nunca supo que aquellas palabras serían realmente
importantes en el futuro de su hijo. Y Jungkook, Jungkook nunca supo que
había salvado el circo al matar a aquellos dos policías. Ya que si no lo hacía,
el circo sería descubierto.

El menor estaba muy contento con la respuesta de su padre. Aunque luego


otro pensamiento llegó a su cabeza y miró curioso al adulto.

—Papi, ¿Crees qué a Yoongi le gustarán los ojitos que guardé para él?

—A tu hermano le encantarán, Kookie.

•••

Cuando Jungkook cumplió los quince años, su trabajo únicamente era ser
ayudante del circo. Llevaba cosas que utilizarían sus mayores en sus
espectáculos, cosas como espadas, líquido inflamable, granadas, cuchillos,
motosierras, y muchas otras cosas más que eran pedidas por los trabajadores.

Y él, aunque disfrutaba ayudando, quería ser alguien importante. Alguien que
se robe la atención de todos con solo su presencia, alguien que sea admirado
y respetado.

Una vez más, deseaba ser como su progenitor.

El hombre ya tenía cuarenta y cinco años de edad, y por más que él deseara
seguir con sus actos, la edad no era de mucha ayuda. Sus espectáculos eran
sencillos pero no dejaban de ser grandiosos ante la vista de Jungkook, el
pelinegro siempre admiraría a su padre aunque tenga las peores
presentaciones de la historia.

—SJ —se escuchó por el circo, cuando el presentador habló por el micrófono
—, nuestro payaso favorito. —Terminó de anunciar, para finalmente dejar
ver a el nombrado.

SJ. Jungkook sonrió al escucharlo, siempre era lo mismo cuando escuchaba el


apodo de su padre, ya que él mismo se lo había otorgado junto con su
hermano Yoongi.

—¿Papá, por qué no tienes un nombre artístico? —Cuestionó el pequeño


niño pálido, observando curioso al adulto.

—¿Nombre artístico? —repitió el hombre con duda, viendo a sus dos hijos
sentados enfrente de él—. No lo sé, no pensé ninguno. ¿Cuál estaría bien
para ustedes?

El pálido pareció pensárselo, llevando su manita hasta su barbilla mientras


buscaba un buen nombre u apodo para su padre, y Jungkook lo miró por
unos segundos para después imitar su acción.

—¡El increíble Jeon Seung, el mejor payaso del mundo! —Dijo de repente el
pequeño pelinegro, con emoción y orgullo ante lo que propuso.

Yoongi hizo una mueca con disgusto y negó con su cabeza. Al niño de ocho
años no le había agradado en lo absoluto.
—Muy largo. —Soltó el pálido, volviendo a negar.

Jungkook asintió y siguió pensando en como podrían decirle a su padre,


hasta que el mismo volvió a hablar.

—¿Qué les parece YJ? —Propuso el adulto, sonriendo divertido ante las
caras pensativas de sus hijos.

Ambos menores lo miraron curiosos y Yoongi frunció el ceño con confusión.

—¿YJ? ¿Por qué? —Cuestionó, mientras se cruzaba de brazos.

—Y por Yoongi, J por Jungkook. —Explicó el hombre, sonriendo al final.

Jungkook asintió con emoción y aplaudió repetidas veces ante ello, pero por
otro lado, Yoongi volvió a negar.

—¿Por qué no? —Preguntó, o más bien se quejó el pelinegro. Frunciendo el


ceño mientras veía a su hermano mayor.

—No me gusta Yoongi, algún día me cambiaré el nombre —asintió para sí


mismo mientras fruncía el ceño igualmente—. O sinó, usaré un apodo.
¡Algún día me conocerán como Suga, el mejor del circo!

—¿Suga? —repitió Jungkook, y Yoongi simplemente asintió—. Entonces,


papi debería llamarse SJ, por Suga, ¿No?—Preguntó, observando a su padre
en busca de aprobación.

El adulto sonrió y despeinó a sus hijos con ambas manos, haciendo que estos
se quejen. Su progenitor siempre hacía lo mismo.

—S por Suga, y J por Jungkook será.

Y hasta el día de hoy, el apodo sigue presente en el hombre, el cual aún no


salía a presentarse ante su llamado, por cierto.

Jungkook observó curioso y confundido hacía donde estaba el escenario, su


papá aún no salía y eso no le daba un buen presentimiento. Pero se relajó
cuando vió como el hombre salía finalmente ante su público.
Sin embargo, su papá no tenía armas o algo por el estilo como siempre traía,
no lucía su típico traje, ni nada. Solo estaba ahí, vestido de la misma forma
que lo había visto antes de ir a trabajar, con una pequeña sonrisa en su rostro
y su expresión tranquila, sin importarle las miradas confusas por parte de
todos.

Seung caminó hasta el presentador, y tomó el micrófono entre sus manos,


antes de hablar.

—Mi querido público, es un placer para mí estar enfrente de ustedes, y que


ustedes estén aquí para el siguiente espectáculo. Pero, me temo que no voy a
poder cumplirlo —soltó de repente, haciendo que Jungkook abra su boca con
asombro—. No puedo, ya no es lo mismo, los años pasan y mi cuerpo ya no
está funcionando como debería, el cansancio me gana, los horarios no son los
mejores para mí y lamentablemente mis espectáculos ya no son los mismos
de antes —suspiró, antes de continuar—. Es por eso, que anuncio que éste
será mi último acto en el circo.

Las quejas se hicieron presentes por parte del público, y Jungkook no podía
creer lo que estaba pasando. ¿Su padre renunciaría? ¿Ya no más actos? ¿Eso
realmente iba a pasar en algún momento? Nunca había pensando que ese día
llegaría.

Observó a su padre, y éste hizo lo mismo antes de sonreírle y hacerle una


señal para que se acerque, pero Jungkook solo lo miró con confusión y
permaneció en su lugar.

—Sí, mi último día —repitió el hombre—, pero el final de un gran payaso, le


da paso a otro. Y es por eso, que mi último acto lo haré junto a mi hijo, su
futuro payaso, mi hijo Jungkook. —Volvió a llamar al chico, y el pelinegro
parpadeó dos veces sin creérselo.

Caminó, inseguro, hasta su progenitor, sintiendo como una de las luces lo


apuntaba, llamando así la atención de los presentes en el circo. Tragó saliva
con ciertos nervios y finalmente quedó al lado de Seung. El hombre le sonrió
y lo acercó a él, apoyando su mano en el hombro del chico.

—Jungkook, elige. —Dijo el hombre, y Jungkook entendió de inmediato,


buscando con la mirada alguna persona que llame su interés.

Observó a casi todos los que estaban apartados, y finalmente apuntó con su
dedo a un hombre de unos cincuenta años aproximadamente, el cual sin queja
alguna se acercó hasta ellos.

El hombre fue atado a una cama y Jungkook observó a su padre como si


estuviera preguntándole que hacer. El adulto comprendió y simplemente le
dejó un espacio a su hijo.

—Haz lo que desees, Jungkook. Él está de acuerdo. —Recordó, refiriéndose


al sujeto que permanecía atado. Jungkook asintió, un poco más tranquilo, y
en ese momento dos chicos llevaron una pequeña mesa que tenía encima
varias armas.

Ese día aquel hombre quedó sin lengua, sin piernas, con los órganos
expuestos y la piel de su rostro retirada. Todo eso por las manos de padre e
hijo que hacían ello como cualquier actividad común, ambos felices y
tranquilos ante los gritos, la sangre, y el dolor ajeno.

Porque para ellos era normal, y estaba bien.

En la actualidad, Jungkook ya tiene 23 años, cumplidos hace poco. Pasó por


varias cosas a lo largo de su vida y hasta este momento sigue recordando todo
lo ocurrido en el pasado, pero también, en el presente.

Sigue echando humo porque un infeliz tomaría el lugar en el que tanto le


había gustado estar. Era inaceptable.

Solo quería dejar de recordar un poco a su padre, a su hermano, y


concentrarse en lo que está por hacer.

Quiere dejar de pensar en el sujeto que mató en su primer espectáculo, y


concentrarse en el adolescente que tiene enfrente suyo, en un rincón de su
casa rodante.

—Levántate. —Ordenó, al castaño que aún no había notado su presencia.

Taehyung alzó su mirada y la apartó rápidamente, negándose a obedecer.


Jungkook frunció el ceño y dió un paso al frente, no estaba de humor para
eso.

—¿Quieres qué te siga tratando como una zorra sin valor? Porque si eso
quieres incluso te puedo llamar así hasta que te pudras bajo una tumba.

El adolescente lo miró con fastidio y apretó sus manos con cierto enojo.

—Escucha, me llamo Taehyung. Taehyung —repitió—, no zorra. —Dijo,


importandole poco lo que podría pasar luego.

Jungkook sonrió y simplemente asintió, para después observar mejor al


chico.

Luego de haberlo sacado del baño, aprovechó que Taehyung estaba en un


pequeño estado de shock ante el repentino beso, y lo secó rápidamente para
después ponerle ropa que le pertenecía y desechar las prendas de Taehyung a
la basura.

Ahora, el castaño aún tenía su cabello algo mojado, una remera blanca que le
pertenecía al payaso y un short negro. La ropa le quedaba algo grande pero
nada importante.

El pelinegro dejó de mirar su ropa y finalmente se acercó hasta el


adolescente, poniéndose enfrente suyo mientras que el chico seguía sin
levantarse del piso.

—Muy bien, zorra llamada Taehyung —volvió a sonreír—. Levántate porque


no estoy de humor para juegos.

Taehyung apartó la mirada y siguió sin obedecer, sus heridas dolían y no


quería pasar por otra cosa parecida a la escena del baño. Realmente no quería,
pero tampoco quería obedecer al irritante payaso que estaba enfrente suyo.

—Taehyung —repitió Jungkook, en advertencia—. Levanta el puto culo, ya.

Suspiró con cansancio y se limitó a obedecer finalmente, levantándose con


cierta dificultad gracias al dolor de las heridas, en especial por las que tenía
en las piernas. Hizo una mueca de dolor pero se mantuvo de pie.
—Ven aquí. —Volvió a decir Jungkook, para después sentarse en un sillón
individual.

El castaño lo miró sin entender, hasta que Jungkook palmeó su regazo con
ambas manos. Frunció el ceño y negó con la cabeza.

—No.

Jungkook rodó los ojos y tomó la muñeca derecha del chico, acercandolo a su
cuerpo mientras Taehyung se quejaba por lo bajo.

—¿Realmente crees qué estás en posición de decidir? —Cuestionó, con


fastidio, para después alzar una ceja.

—No quiero —Taehyung negó con la cabeza nuevamente—. Por favor, no.
Ya bastante tuve por hoy. —Dijo, y Jungkook pudo ver como sus ojos
empezaban a cristalizarse.

Taehyung tenía miedo, no quería estar cerca del payaso y que le pida algo
como eso solo lograba asustarlo más, no sabía hasta donde era capaz de llegar
el tipo y de solo pensar que podría llegar a tocarlo de manera indecente hacía
que su pecho empiece a doler ante una terrible sensación.

Jungkook no dijo nada, simplemente acercó al chico que había empezado a


llorar y lo sentó finalmente en su regazo, las piernas de Taehyung se
apoyaron alrededor de él y el pelinegro pudo ver varias de las heridas que
había hecho hace tan solo unas horas, como la de su labio, por ejemplo.

El castaño al sentir los muslos de Jungkook debajo suyo se puso a llorar más,
llevando de inmediato sus manos hacia su rostro, intentando controlar su
llanto o simplemente cubrirse la cara.

—No te haré daño, ya basta de tu llanto dramático. —Jungkook rodó los ojos
con fastidio, pensando que el adolescente era demasiado sensible, según él.
Pero al ver que el castaño no obedecía llevó sus manos hasta las contrarias,
apartandolas de su rostro.

El rostro de Taehyung estaba rojo, y sus ojos igual, su labio temblaba y él


permanecía mirando hacia abajo. Soltando varias lágrimas que no parecían
querer dejar de salir.

Jungkook analizó su rostro y sonrió un poco, posicionando sus manos en la


cintura ajena. El adolescente brincó un poco ante la sorpresa e intentó
soltarse, pero el agarre de el pelinegro era firme.

Y no es como que Taehyung podía hacer mucho si tenía sus muñecas atadas,
su cuerpo adolorido y a ese tipo armado, porque estaba seguro que no soltaba
aquella navaja que usó en su cuerpo jamás.

—¿Q-qué vas a hacer?—Exigió saber el menor, mientras sorbía por la nariz y


fruncía el ceño.

—Nada realmente importante. —Contestó simplemente Jungkook, antes de


tomar por sorpresa al chico una vez más.

Lo estaba besando, de nuevo.

Taehyung cerró los ojos con fastidio y se vió obligado a corresponder cuando
sintió un objeto filoso en su espalda baja. La navaja de Jungkook estaba por
debajo de la remera blanca, teniendo contacto con la piel de el adolescente.

El beso era tranquilo, no era demandante como el que se habían dado en el


baño. Solo era una presión de labios y poco movimiento realmente, no duró
mucho.

Cuando se separaron, Taehyung siguió mirando con mala cara al payaso, y


cuando estuvo por quejarse o preguntar que carajo era lo que pretendía,
Jungkook volvió a unir sus labios para callarlo.

El enojo había desaparecido en el mayor, simplemente se concentraba en


besar al bonito adolescente que tenía en su regazo y ningún otro pensamiento
aparecía en su mente.

Ya no estaba su papá, su hermano, o incluso Dongyul llamándole puta. Todo


lo que estaba ahora mismo en su mente era seguir besando a Taehyung hasta
que se cansara.
Y Taehyung no se había dado cuenta, pero de un momento a otro la navaja de
Jungkook no estaba presente en su piel y él seguía correspondiendo cada beso
que se daban al pasar unos cuantos minutos. No había notado que besar a
Jungkook estaba siendo una distracción de todos los pensamientos en su
mente al igual que el pelinegro.

Pero, también, ninguno supo el caos que se había creado en el circo mientras
ellos estaban en su mundo.
14

Mientras los dos chicos seguían besándose con calma de vez en cuando, una
persona se dirigía con todo el enojo posible en su sistema, sus manos
apretandose con fuerza hasta el punto que sus nudillos se volvían blancos y
su rostro estaba rojo debido a la rabia. Y todo aquel que pase por su camino
era empujado con brusquedad, el rubio no podía estar más enojado en ese
momento.

Jungkook mordió el labio de Taehyung, la herida que tenía ahí empezó a


sangrar pero eso no le impidió seguir besandolo con ganas, sin importarle el
hecho de que poco a poco se iban quedando sin aire y que el castaño en su
regazo correspondía muy pocas veces a estas alturas. Al principio,
correspondía por obligación, hasta que Jungkook se dió cuenta de que los
besos seguían sin la necesidad de su navaja, así que la alejó. Pero ahora,
cuando habían pasado un par de minutos, parecía que el adolescente
finalmente se dió cuenta de lo que estaba sucediendo y solo se mantuvo
quieto en su lugar, mirando fijamente al payaso.

—Detente. —Pidió Taehyung, empujando con suavidad a Jungkook para no


alterarlo. Sus manos se posaron sobre el pecho del pelinegro al momento de
darle el empujón.

Jungkook gruñó por lo bajo y agarró con más fuerza la cintura del castaño,
pegándolo aún más a él, sus ojos recorrían por completo el rostro de el
menor. Y por más que lo intentara, no podía soltarlo si se veía así luego de un
par de besos.

El cabello castaño del chico estaba desordenado, sus labios rojos e hinchados
mientras que sus mejillas tenían restos de lágrimas secas, y además, un
pequeño hilo de sangre salía desde la herida de su labio.
Jungkook no quería soltarlo, claro que no. Así que ignorando por completo al
menor, lo tomó por la nuca y lo acercó a él, pegando sus labios nuevamente
mientras que conseguía unos par de golpecitos de protesta en su pecho,
Taehyung mantenía su ceño fruncido, sus manos golpeaban sin mucha fuerza
al mayor en un inútil intento por soltarse.

Se sentía débil, adolorido, y usado. No sabía que pretendía el hombre que


tenía enfrente suyo, pero no quería que las cosas vayan más lejos, la simple
idea le parecía repugnante y sería demasiado para él. Pensar que ese hombre
podría tocarlo de más hacía que su estómago se revuelva, sus ojos se llenen
de lágrimas, y su pecho empiece a doler.

No quería, no quería que eso pasara. Ni hoy, ni nunca.

Así que con nuevas lágrimas en sus ojos, se preparó para arriesgarse. Se
separaría de aquel sujeto aunque se gane unas nuevas heridas por ello, no le
importaba nada, no pensaba que podría haber peor cosa que sufrir de una
violación.

Apretó la camisa de Jungkook con sus manos, y cuando estuvo a punto de


empujarlo con brusquedad, la puerta de la casa rodante se abrió, chocando
contra la pared hasta hacer un sonoro ruido que se escuchó por todo el lugar.

Taehyung ni siquiera pudo reaccionar, solo supo que de un momento a otro lo


agarraron por la parte trasera de su remera y lo tiraron al suelo de forma
brusca, su cuerpo cayendo hasta rasparse, haciendo que sus heridas vuelvan a
doler con intensidad y sus ojos se cierren con fuerza ante la sensación.

Pero eso no importó, lo que importaba era que ahora mismo no entendía que
hacía Jimin ahí, apareciendo hecho una fiera. El rubio lucía furioso, y en un
parpadeo ya se había tirado sobre Jungkook, el cual estaba igual o más
perdido que Taehyung ante la situación.

—¿¡PERO QUÉ MIERDA HICISTE, HIJO DE PUTA!?—Gritó el rubio


bajito, tirándose junto a Jungkook al suelo, solo que él permanecía encima
del pelinegro, sus manos tomando con fuerza el cuello de la camisa del
payaso mientras lo movía de un lado a otro—¡INFELIZ, ARRUINASTE SU
VIDA!—Volvió a gritar, dándole un puñetazo a Jungkook en la mejilla
derecha.

El pelinegro no se quedó atrás y devolvió el golpe, desatando así una pelea.


Los golpes no faltaron, al igual que las mordidas y uno que otro mechón de
cabello arrancado, los gritos de los hombres se escuchan por todo el lugar,
uno maldiciendo a Jungkook mientras que éste solo preguntaba que carajos le
pasaba al rubio.

Taehyung retrocedió al ver la pelea y su espalda chocó contra la pared,


permanecía sentado en el piso, a tan solo centímetros del sillón del cual había
sido tirado. Sus ojos reflejaban el miedo que sentía en ese momento y sus
brazos abrazaban sus piernas que tocaban su pecho.

—¿¡Qué mierda te sucede!?—Volvió a preguntar Jungkook como por cuarta


vez durante toda la pelea, solo recibiendo un gruñido casi animal por parte
del rubio que ahora estaba debajo suyo. El payaso guió su mano hasta el
cuello de Jimin y ejerció presión, apretando sus dientes con rabia y su ceño
fruncido—¡No sé quién mierda te crees, pero juro por mi vida que te mataré
por entrar así y hacer esto!—Apretó con más fuerza, viendo como Jimin se
retorcía abajo suyo, pero no le importó en lo absoluto. Su otra mano buscó su
navaja en el bolsillo derecho de su pantalón, y se sorprendió al no sentirla
ahí, no estaba.

El castaño miró como el payaso buscaba con la mirada algo por el suelo y
entendió de inmediato que era lo que buscaba. Sus ojos se fijaron
rápidamente en el sillón en el que estaban ambos y pudo ver perfectamente la
navaja que pertenecía a Jungkook, el mismo aún parecía desconcertado al no
tener su navaja guardada, y Jimin aprovechó eso para darle otro puñetazo. El
pelinegro jadeó de dolor y en menos de unos segundos ya estaban rodando
por el piso nuevamente mientras se golpeaban.

Taehyung miró la navaja una vez más, luego a los dos hombres que
prácticamente se estaban matando entre sí, y finalmente, la puerta abierta.

Era su oportunidad.

Con rapidez y tratando de no ser visto, se subió al sofá y tomó con discreción
la navaja. Sus manos temblaban mientras sentía la adrenalina del momento
mezclada con el miedo, pero no importó, aunque sus manos temblaban y los
gritos de los otros dos lo estaban aturdiendo, cortó las sogas que ataban sus
piernas y luego hizo lo mismo con la de sus manos, aunque con algo de
dificultad.

Una vez libre, por así decirlo, observó la puerta. Solo se veía lo que parecía
ser un bosque y no había muchas luces alrededor, por lo que supuso que no
había muchas personas cerca.

Estaba a punto de correr, pero el grito de dolor que soltó Jungkook hizo que
su corazón empiece a latir aún con más fuerza y sus ojos se fijaron en él de
forma involuntaria.

Jimin estaba mordiendo a Jungkook en el hombro, con fuerza, hasta tal punto
que empezó a salir sangre de ahí. Taehyung abrió sus ojos con asombro y
pudo jurar que en cualquier momento el rubio le arrancaría una parte del
hombro al payaso, pero éste, a pesar de su dolor, logró separar a Jimin y se
subió arriba suyo una vez más, sus ojos mostrando la rabia y el odio que
sentía hacia el rubio, el cual lo miraba de la misma manera.

Taehyung tomó aire y no esperó más, corrió hasta la puerta con algo de
torpeza ya que una de sus piernas estaba dormida, y además, sus heridas aún
dolían. Pero eso no fue importante, no cuando finalmente estuvo fuera y
sintió sus pies tocando el césped, nada importó, ni siquiera los gritos que se
escucharon desde la casa rodante cuando ya estuvo un poco lejos.

Sentía su corazón latir con fuerza como nunca antes, su respiración agitada y
sus brazos y piernas adoloridos pero no podía importarle menos. Se sentía
libre, parecía irreal, un sueño. Después de todo el tiempo que estuvo al lado
de ese sujeto, finalmente pudo escapar.

Pero como todo buen sueño, debía terminar.

Cuando volteó su cabeza para verificar que nadie lo estuviera persiguiendo,


todo pareció ir en su contra. Porque cuando se fijó, una mano lo agarró con
fuerza por el brazo y en menos de unos segundos esa persona lo tenía
prisionero entre sus brazos, apuntandolo con lo que parecía ser una pistola.
Su respiración se detuvo y sus ojos se abrieron demasiado, sintiendo como el
miedo aumentaba segundo a segundo.

La persona estaba prácticamente respirandole en la nuca, sus labios rozando


con la misma. Y si Taehyung no estuviera tan asustado y perdido, hubiera
notado que el sujeto de cabello color negro estaba sonriendo.

—¿A dónde crees qué vas?—Cuestionó el hombre con tono burlón,


apretando con fuerza al chico contra su pecho mientras que la pistola
apuntaba fijamente a su cabeza.

Maldiciendo a todo los seres existentes en el mundo, tragó con dificultad y


respiró de la misma forma, sus ojos cerrándose en el proceso. Taehyung
había reconocido aquella voz perfectamente.

El jodido presentador del circo lo había atrapado.

—Pequeño imbécil. He dicho, ¿¡A dónde crees qué vas!?—Gritó Namjoon,


empezando a caminar hasta la casa rodante de Jungkook de una buena vez,
mientras apuntaba al muchacho que tenía en brazos—. Creo que no
necesitarás esto. —Dijo, percatándose de la navaja que tenía el castaño en la
mano, se la sacó de inmediato.

—¡Sueltame!—Gritó Taehyung, tratando de liberarse, pero al sentir el frío


que otorgaba la pistola apoyada en su cabeza no podía hacer mucho.

El castaño observó, con miedo, como el payaso salía de su casa rodante con
rapidez, su ceño fruncido y su rostro rojo debido a la rabia y también herido,
su labio estaba partido y se ve que los anillos que tenía Jimin en la mano
habían sido los causantes de los múltiples pero pequeños cortes que tenía en
la cara, uno de ellos parecía más profundo, estaba en una de las mejillas del
pelinegro.

Y cuando el chico bajito salió, Taehyung supo de inmediato quien había


ganado la pelea. Jimin estaba hecho un desastre, su labio sangraba al igual
que su nariz, uno de sus ojos ya estaba inflamado y su cuello aún tenía
marcado los dedos de Jungkook.

—¡VEN AQUÍ, ESTÚPIDO!—Fue lo primero que escuchó Taehyung, antes


de ser tomado con brusquedad por Jungkook. El hombre lo miraba furioso y
agarraba el brazo de Taehyung con fuerza, hasta el punto que lo hizo chillar
de dolor—¿¡A DÓNDE PENSABAS IR, EH!? ¿¡ERES IDIOTA O QUÉ!?—
Gritaba el pelinegro, prácticamente en el oído de el castaño, mientras lo
sacudía de un lado a otro. El adolescente no pudo contenerse y en menos de
unos segundos ya estaba llorando al sentir su brazo adolorido al igual que sus
heridas y como éstas empezaban a sangrar ante la brusquedad con la que era
tocado—¿¡AHORA VAS A LLORAR, INÚTIL!? ¡MALDITO MOCOSO
LLORÓN, ENTRA AHÍ!—Volvió a gritar el hombre, empujandolo hacia el
interior de la casa rodante. Taehyung cayó al suelo de forma brusca y en
menos de dos segundos el payaso le había cerrado la puerta en la cara.

No se pudo resistir, no pudo evitar que las lágrimas empiecen a salir una tras
otra. Su cabeza estaba hecha un lío y su cuerpo dolía como nunca antes, se
sentía totalmente inútil, un estúpido que no servía para nada.

Tuvo la oportunidad, y no supo aprovecharla.

Nunca se había sentido así, nunca había sentido que era un completo inútil.
En ese momento no estaba llorando por tristeza o por el dolor de sus heridas,
estaba llorando porque se sentía un idiota, se sentía enojado consigo mismo y
totalmente frustrado.

Las lágrimas de enojo eran las peores, más aún si eran acompañadas con las
de frustración.

Taehyung gateó entre sollozos hasta quedar nuevamente cerca del sillón, se
apoyó ahí y se permitió llorar, abrazando sus piernas mientras escondía su
rostro ahí. Se sentía fatal, tanto física como mentalmente, la presión en su
pecho no dejaba de fastidiarlo y su mente solo repetía que todo lo ocurrido
era su culpa.

Miserable. Así se sentía.

Relajó su llanto solo cuando sintió como algo peludo rozaba su mano, para
finalmente rozarla repetidas veces. Taehyung lo hubiera ignorado, si no fuera
porque un sonido en el piso finalmente llamó su atención.
Byul, tenía que ser Byul.

El conejo lo miraba curioso, como si hubiera aparecido solo para ver como
estaba el humano, y cuando al fin consiguió la mirada de Taehyung, dió un
repentino salto hasta el sillón y se sentó ahí, no sin antes frotar su cabeza
contra el rostro de Taehyung en un intento de buscar caricias.

Taehyung sorbió por la nariz y sus ojos se llenaron de lágrimas una vez más,
pero eso no impidió que tome al conejo entre sus manos, notando como éste
cabía perfectamente entre ellas, solo era un poco más grande. Byul ladeó su
cabeza y una de sus orejas se mantenía parada mientras que otra caía solo por
la mitad hacia el frente.

El adolescente empezó a darle caricias al animal, tratando de distraerse de


todo el dolor que sentía, y a la vez, tratando de no pensar en todo lo que le
haría Jungkook por escapar.

Por otro lado, las otras tres personas que estaban fuera de la casa rodante se
miraba entre sí, dos con odio mutuo en sus miradas y otro simplemente
fastidiado.

—Tú —Namjoon apuntó a Jungkook con el arma, aunque no con las


intenciones de dispararle, sinó para hacerle saber que hablaba de él—, estás
en graves problemas.

El pelinegro frunció el ceño con confusión e indignación, incrédulo ante las


palabras del otro.

—¿Yo? ¡Éste imbécil apareció de repente y empezó a golpearme porque sí!


¿¡Y ahora por qué mierda yo soy el qué tiene problemas!?—Exigió saber,
mientras apuntaba a Jimin. Y su rabia aumentó más al ver que Namjoon tenía
su navaja.

—¿¡Todavía lo preguntas, bastardo!?—Gritó el rubio, a punto de lanzarse


sobre Jungkook una vez más. Pero Namjoon se lo impidió.

—Basta —Dijo serio el presentador del circo—. ¿En serio me estás


preguntando qué que hiciste?—Preguntó, mirando sin expresión alguna al
pelinegro—Déjame mostrarte, entonces. —Giró un poco su cuerpo y aclaró
su garganta—¡Hoseok, trae a Dongyul!—Gritó a aquel pelinaranja que justo
pasaba por ahí con una camilla. Los ojos de Jungkook se abrieron con
asombro al ver quien estaba ahí.

Dongyul, uno de sus enemigos más grandes, estaba en la camilla, gritando y


quejándose del dolor. Su expresión mostraba que estaba sufriendo, su rostro
estaba lleno de lágrimas. Pero eso no importaba.

Su brazo derecho estaba roto, la sangre manchaba la camilla, sus huesos


incluso se veían.

¿Estaba mal sentirse tan jodidamente feliz ante la imágen? Jungkook no lo


sabía, pero le importaba muy poco la respuesta.

Jimin corrió de inmediato hasta la camilla, mirando con tristeza y


preocupación a su mejor amigo. Dongyul no le prestó mucha atención, no
cuando sus ojos notaron al supuesto culpable de su brazo roto.

—¡HIJO DE PUTA, TÚ ME HICISTE ESTO, FUISTE TÚ!—Gritó, tan


fuerte que su garganta llegó a doler—¡ARRUINASTE TODO, INFELIZ! ¡TE
ODIO, MERECES LA MUERTE! ¡TE VOY A MATAR!—Amenazaba el
rubio en la camilla, sin importarle que Hoseok decidió seguir llevándolo—
¡ERES UN MALDITO HIJO DE PERRA!

Jungkook reprimió una sonrisa, viendo como finalmente se llevaban al rubio


hasta quien sabe donde, lejos de su vista. Hasta que finalmente procesó todo
lo que acababa de ocurrir, su ceño se frunció ante eso, y cuando quiso decir
algo, Namjoon se adelantó.

—Recuerdo perfectamente como me amenazaste antes del espectáculo que se


haría con Dongyul —Dijo de repente—. ¿No te parece curioso que después
de eso, justo por arte de magia, el trapecio de Dongyul se rompió así como
así?—Miró con seriedad al payaso.

Jungkook frunció su ceño y retuvo las ganas de darle un puñetazo. Él no


había hecho absolutamente nada más que besar a ese mocoso durante varios
minutos después de hablar con Dongyul.
—Se rompió el trapecio —Repitió Namjoon—. Y Dongyul cayó al suelo, la
verdad no sé ni como sigue vivo —Hizo una mueca con disgusto—. Y
aunque al público le gustó ¡Acabas de hacer que uno de mis espectáculos se
arruine, él no podrá volver a su trabajo en un largo tiempo!—Gritó, con
fastidio, apuntando a Jungkook con el arma cuando notó como el payaso
pretendía acercarse—Y no me vengas con tus mierdas de "No me grites, soy
el mejor payaso, no me insultes." Porque ahora mismo no eres nada. ¿Sabes
qué ahora tendré qué esperar que Dongyul se recupere y tenerlo como una
carga aquí en el circo? No trabajará una mierda después de esto, y todo por tu
jodida culpa.

—¡Yo no hice eso, maldito idiota! ¡Estuve todo el tiempo aquí!—Se defendió
el payaso, soltando cada palabra con rabia—¡Incluso hablé con Dongyul
antes de venir! Jimin vino también cuando estaba aquí, ¿¡En qué momento
pude haber hecho yo algo!?

Namjoon lo miró con la misma seriedad de antes, y bajó con lentitud su arma.

—No lo sé, y no me importa —Chasqueó la lengua—. Solo sé que eres el


único sospechoso en toda ésta mierda, y me importa muy poco tus excusas o
explicaciones —Tiró la navaja de Jungkook al suelo e ignoró como éste
prácticamente lo asesinó con la mirada—. A partir de hoy, tendrás horas
extras en el circo.

—¿Qué-

—Sin paga —Agregó con brusquedad el presentador del circo, haciendo que
Jungkook lo mire incrédulo y con rabia—. Por lo de Dongyul y Jimin —Alzó
dos dedos, contando cada persona—, tendrás que hacer dos espectáculos
extra cuando a mí me dé la gana, pero tu paga será la misma.

—¿¡Me estás jodiendo!?—Gritó Jungkook, agarrando con rapidez la navaja


en el suelo, pero aunque quiso hacer algo, Namjoon ya lo estaba apuntando
con la pistola.

—Me estás causando muchos problemas, Jungkook. Si sigues así, no dudaré


en despedirte —Sonrió con superioridad, y Jungkook apretó su mandíbula
con enojo—. Buenas noches. —Dijo, antes de retirarse finalmente.
Por otro lado, el pelinegro se quedó mirando su navaja, notando como había
restos de sangre ahí. Pero no estaba del todo concentrado.

El payaso solo sabía dos cosas, la primera, era que iba a encontrar al hijo de
puta que había hecho que el trapecio de Dongyul se rompa. Y la segunda, era
que el mocoso que quiso escapar de sus manos pagaría muy caro por ello.

Volteó y observó la puerta de su casa rodante, antes de abrir con brusquedad


y fruncir su ceño con enojo.

Taehyung estaba llorando en el piso, mientras tenía en brazos a Byul. Y eso a


Jungkook solo lo puso peor, tenía tantas ganas de matarlo en ese momento.
Pero no lo hizo, solo caminó a paso rápido hasta el adolescente y lo agarró
por el brazo, levantandolo sin delicadeza alguna.

Byul cayó al suelo y salió corriendo, lejos de su dueño y del chico. Pero eso a
Jungkook no pudo importarle menos, sus ojos estaban fijos en el castaño, el
cual solo evitaba su mirada a toda costa, estaba demasiado ocupado llorando.

—¿Sabes lo qué pasará ahora?—Cuestionó Jungkook, apretando con fuerza


el brazo de Taehyung. El mismo soltó un quejido ante eso—¿Tienes idea de
lo qué acabas de hacer?

El adolescente no dijo nada, solo sorbió por la nariz y miró finalmente al


payaso, sus ojos viéndose rojos y sus mejillas mojadas, pero en especial, su
mirada dejaba ver todo el miedo que sentía.

—Vas a sufrir, hijo de puta. ¿Me entendiste?—Siguió el pelinegro, apretando


sus dientes debido a la rabia—. Te mataría, en serio lo haría. Pero eso sería
dejarte libre, y yo no quiero eso.

Taehyung mordió su labio, intentando callar su llanto. Pero finalmente


Jungkook lo empezó a arrastrar, sacándolo de la casa rodante sin decir ni una
sola palabra.

—¿Q-Qué vas a hacer? ¿A dónde vamos?—Preguntó el menor, alterado. Su


miedo aumentando más al ver que el hombre no pensaba responderle.
Jungkook solo se limitó a ignorarlo, viendo con rapidez el reloj que tenía en
la muñeca. Y sonrió, sonrió porque el show aún no terminaba.

Sonrió porque Taehyung podría presenciar un acto que recién había


comenzado.

Y el castaño, viendo que se dirigían al circo, empezó a forcejear, tratando de


librarse del agarre de Jungkook. Pero por más que intentó, el hombre lo tomó
entre sus brazos al igual que Namjoon, la única diferencia es que él no tenía
una pistola, tenía su típica navaja.

—¿Te gustan tus ojos, Taehyung?—Preguntó Jungkook de repente, guiando


su navaja hasta el ojo derecho del adolescente, el cual cerró ambos con fuerza
—. Pues si te gustan y quieres conservarlos, quédate quieto. —Soltó,
diciendo lo último con más fuerza.

—Por favor, basta —Suplicó Taehyung, abriendo sus ojos con terror al ver
como ingresaban finalmente al circo, los gritos del público escuchandose en
cuestión de segundos—. ¡Basta, lo siento! ¡Por favor no!

—Cállate.

—¡T-Te juro que no intentaré nada más, pero por favor no me traigas aquí!—
Volvió a pedir, sus ojos llenándose de lágrimas una vez más.

Jungkook solo le tapó la boca y siguió arrastrandolo hasta los asientos,


logrando que Taehyung empiece a patalear en protesta. Aunque no le prestó
atención, le gritó a un par de chicos que trabajaban en el lugar para que vayan
a buscar unas sogas y éstos obedecieron rápidamente. El pelinegro no esperó
más y sentó de forma brusca a Taehyung, haciendo que la espalda y el trasero
del mismo empiecen a doler ante el impacto.

Uno de los trabajadores del circo llegó junto con otro y amarraron a
Taehyung al asiento, a ninguna de las personas del lugar parecía importarle el
hecho de que el chico gritaba, pidiendo ser liberado.

Una vez atado, Taehyung seguía suplicando ser liberado, su garganta dolía de
tanto gritar y sus ojos llenos de lágrimas no le permitían ver bien.
Jungkook tomó los cabellos del chico, jalandolo hasta que obligó al
adolescente a levantar la mirada. Sus ojos se encontraron, y el pelinegro solo
lo miraba con fastidio, mientras que Taehyung, por otro lado, solo lo miraba
como si estuviera suplicandole con tan solo la mirada.

—¿Qué prefieres, ver un show del circo completo, o que te corte ambas
piernas para qué no escapes?—Soltó el cabello castaño con brusquedad. Y
Taehyung abrió sus ojos con asombro ante lo que dijo, pero no contestó, no
sabía que decir—. Eso pensé —Asintió con una pequeña sonrisa, llena de
malicia—. Adivina que, si cierras los ojos, gritas, o intentas algo, te sacaré de
aquí. Pero —Alzó su dedo índice, advirtiéndole— te quedarás sin piernas.

Taehyung sollozó aún más, pero nuevamente, no contestó. Mordía su labio


mientras varias lágrimas bajaban, mojando sus mejillas, y él solo trataba de
dejar de llorar.

El payaso volvió a sonreír ante su reacción, y siguió hablando.

—Y si ves los cinco espectáculos completos, me pensaré eso de no hacerte


nada —Finalizó, observando como el adolescente terminaba de procesar la
información. Taehyung elevó la mirada, encontrándose con la sonrisa de
Jungkook, una sonrisa escalofriante ante sus ojos en ese momento—. Es tu
decisión, Taehyung. ¿Crees poder soportar?—Soltó lo último con burla,
aunque se sorprendió un poco cuando vió que después de unos segundos, el
chico asentía ante su pregunta, tratando de verse decidido. Jungkook sonrió
en grande una vez más—. Entonces, bonito, prepárate, porque el show está a
punto de empezar.

Jungkook olvidó por completo su enojo, solo por ese momento, porque ver a
ese mocoso intentando no gritar, sería suficientemente divertido como para
distraerlo. Y realmente, no sabía que era lo mejor, que Taehyung se quería
hacer el valiente con él, o que en verdad piense que no le hará nada por
escapar.

Taehyung era un iluso ante los ojos del payaso. Porque cuando a Jungkook le
jodía algo, las cosas no se resolvían tan fácil.

—Damas y caballeros, démosle la bienvenida a Yeonjun y Lisa, los


tragasables...

Pero quería dejar de pensar en eso, después de todo, uno de sus espectáculos
favoritos había comenzado.
15

La música del circo sonaba por todo el lugar, la típica melodía taladrando los
oídos de Taehyung hasta el punto que el castaño sintió repulsión ante la
misma. Sin dudas el circo no sería lo mismo para él jamás, si es que en algún
momento lograba liberarse. Aunque eso era muy poco probable si tenía a
Jungkook a solo centímetros suyo, observandolo como un salvaje animal a su
presa.

El pelinegro había tomado asiento junto a él, observandolo con detalle. Y


Taehyung se hubiera sentido incómodo si no fuera porque ahora mismo de
estaba muriendo del miedo, las personas del público no dejaban de gritar,
pidiendo que los trabajadores del circo que mencionó Namjoon salgan de una
buena vez.

Y en cuestión de segundos, así fue. Las luces se apagaron por completo,


quedando el circo a oscuras, logrando que con tan solo ese detalle el corazón
de Taehyung empiece a latir con mayor velocidad y sus labios empiecen a
doler ya que se los mordía debido a los nervios, sus ojos miraban
desesperadamente de un lado a otro en busca de algo que ni él mismo sabía y
su cabeza dolía gracias a que los gritos aumentaron aún más.

Una luz se encendió, iluminando el escenario, y en medio de el yacía un


chico que aparentaba la edad de Taehyung, su cabello era azul y una gran
sonrisa apareció en su rostro al ser iluminado. En ambas manos sostenía dos
espadas, dejándolas ante la vista del público, el cual no dudó en empezar a
animar al chico para que empiece con el espectáculo.

Otra luz acompañó a la anterior, apuntando a una chica rubia, su cabello le


llegaba hasta los hombros, y al igual que el peliazul, sonreía con diversión,
saludando a el público con entusiasmo con tan solo su mano derecha.
—Yeonjun, nuestro trabajador más joven aquí, junto con Lisa han fascinado a
más de una persona en casi toda Corea del Sur —Se escuchó la voz de
Namjoon por el micrófono, aunque el pelinegro no se veía ante toda la
oscuridad del lugar—. Teniendo tan solo dieciocho y diecinueve años, son los
más conocidos por nuestro público hoy en día. —Informó, y las personas del
público aplaudieron ante aquello, recibiendo una sonrisa por parte de la rubia
y el peliazul.

Yeonjun sonrió con superioridad, para después ofrecer una de las espadas que
tenía en mano a su compañera. Y Lisa no dudó en aceptar el objeto,
sosteniendolo entre sus manos para después mirar a Namjoon, como si
estuviera pidiendo su autorización para empezar.

El presentador del circo asintió levemente antes de anunciar el comienzo del


espectáculo al público, entre todas esas personas emocionadas Taehyung la
estaba pasando realmente mal, ni siquiera sabía que cosas horribles harían
Yeonjun y Lisa, pero tampoco quería descubrirlo. Así que, cuando vió como
la rubia guiaba la espada hasta su boca se resistió a cerrar los ojos, sabiendo
las consecuencias que tendría aquello.

Por otro lado, Jungkook estaba disfrutando mucho de la situación. Una gran
sonrisa estaba en su rostro mientras dudaba si mirar el espectáculo que tanto
le gustaba o al chico castaño que prácticamente estaba temblando en su
asiento, pero en cuestión de unos cuantos segundos optó por la segunda
opción.

No entendía porqué, pero ver al castaño muriéndose del miedo le parecía más
entretenido que cualquier otro espectáculo, mucho más divertido. Verlo ahí
con sus ojos cristalizados, su respiración agitada y su cuerpo temblando al
mismo tiempo que empezaba a sudar debido a los nervios o el susto
probablemente, era una imágen que a Jungkook lo entretenía en demasía.

Y ni hablar de lo mucho que disfrutó dejar cortes en varias partes de su


cuerpo, viendo el rostro rojo del chico debido al llanto, mientras suplicaba,
mientras lloraba y sus ojos cada vez se veían más rojos, siempre sufriendo
ante su toque.

Y el payaso no se dió cuenta en ese momento, pero que Taehyung le parezca


más entretenido que su amado circo había sido el inicio de todo, el inicio de
tan enfermiza historia que empezaría por solo verlo llorar y pedir piedad, tan
solo por eso.

Quien pensaría que el llanto de un adolescente tan débil como Taehyung


había logrado tal cosa como la que logró con Jungkook. Aquella necesidad
que estaba experimentando por querer recorrer cada parte de su cuerpo,
maltratar cada una y finalmente arreglarlo para después volver a lastimarlo.
Incluso podía sentir sus manos removerse inquietas al no estar tocandolo
como lo hizo antes de que Jimin aparezca en su casa rodante para empezar
una pelea.

¿Quién pensaría que un adolescente indefenso logró meterse en la mente de


un hombre como Jungkook? Una mente llena de cosas que la mayoría de las
personas no lograrían entender, que resultaría repugnante e incluso horroroso.

Taehyung se había metido en la cabeza de Jungkook aquella noche, siendo


así el inicio del caos tanto para él como para el resto de las personas del circo.

Porque ahora que estaba ahí, no podría salir de ninguna forma.

—¡Pero que impresionante!—Exclamó Namjoon con notable exageración,


sacando a Jungkook de sus pensamientos. El pelinegro observó el escenario,
viendo como Lisa había metido toda la espada dentro de su boca dejando solo
una parte expuesta sin lastimarse ni un poco, y a su izquierda, Yeonjun estaba
igual—Damas y caballeros, ésto ya de por sí impresiona —Siguió hablando,
recibiendo la aprobación del público—, pero ahora es cuando realmente
comienza el espectáculo —Sonrió con malicia, y Taehyung pudo sentir como
un escalofrío recorrió su espalda ante eso—. ¿Algún voluntario?

Taehyung elevó su mirada y buscó a la próxima víctima de los trabajadores


del circo, y por más que miró en cada dirección, en cada asiento y también a
las personas que ni siquiera estaban sentadas, ninguna se ofreció.
Absolutamente nadie habló.

—¿No?—Namjoon observó a su alrededor, mirando como todos se lo


quedaban mirando fijamente. En ese momento solo sonrió levemente y miró
a un niño pelinegro que jugaba tranquilamente entre todo el público, en sus
manos sostenía una pequeña pistola de juguete y se veía bastante entretenido
—Woozi, ¿No quieres ayudar a Yeonjun y Lisa con su espectáculo?

El infante levantó su rostro al escuchar su nombre y simplemente asintió con


lentitud antes de empezar a bajar por los asientos, dando unos cuantos saltitos
cada vez que tenía oportunidad. Justo ahí fue cuando Taehyung lo notó, y su
rostro no podía demostrar más terror en ese mismo instante, su mente se llenó
de tantas preguntas y empezó a sentir náuseas.

Woozi aparentaba unos ocho años como máximo, era pequeño, su cabello
negro estaba algo largo y alborotado, y su sonrisita mostraba tanta felicidad
que logró que Taehyung tenga miedo. ¡Era tan solo un niño!

—¿Qué carajo? ¿En serio van a usar a un niño para sus mierdas?—Preguntó
bruscamente, viendo con el ceño fruncido y cierta desesperación en sus ojos
al payaso que tenía sentado al lado suyo.

Sin embargo, Jungkook no le devolvió la mirada. Tan solo se quedó mirando


a un punto fijo en el escenario, mirando fijamente a Woozi.

El pelinegro se veía tan molesto, que Taehyung pensó que tal vez debería
cerrar la boca, aunque no entendía absolutamente nada de lo que ocurría tanto
con el payaso como con el niño.

Una vez que Woozi estuvo en el escenario, Yeonjun lo tomó por la cintura y
lo subió a sus hombros, sentandolo ahí para que quede más alto. Y Namjoon,
que estaba a su lado, tan solo sonrió y le entregó el micrófono al pequeño.

—Busca a el sacrificio de ésta noche, Woozi. —Ordenó el presentador,


sonriendo con malicia mientras que el infante tan solo obedecía, buscando
con la mirada a cualquier persona que le llame la atención.

Sus pequeños ojos color café vieron a una mujer pelirroja, la cual cubría su
rostro con ambas manos mientras sollozaba, sus prendas estaban sucias y
rotas, y gracias a lo apretadas que eran el niño notó que la mujer tenía
sobrepeso. Miró a Namjoon y apuntó a la pelirroja, sonriendo un poco.

El presentador tan solo asintió y hizo un pequeño movimiento con su mano


hacia unos chicos que había cerca, apuntando a la pelirroja. Los hombres
entendieron de inmediato y fueron en búsqueda de la mujer. Siendo el
público testigo de cómo la misma no puso resistencia y tan solo se dejó llevar
hasta el escenario.

Woozi sonrió un poco, y luego de eso buscó con la mirada a alguien en


específico en el público. Sus manos tomando el micrófono y sus ojos viendo
distintos rostros, algunos serios, otros tristes, y la mayoría felices o
interesados en lo que veían.

Hasta que lo encontró.

—¡Hola Koo!—Saludó con entusiasmo, moviendo su mano y sonriendo en


grande. Sin importarle la mala cara que puso el mencionado ante su saludo—
¡Espero te guste mi espectáculo!

Namjoon tomó otro micrófono y sonrió, viendo a lo lejos al payaso que no


parecía nada feliz ante la situación.

—Que lindo de tu parte saludar a tu hermano, pequeño. Seguro lo harás


incluso mejor que él. —Dijo el hombre, enseñando sus hoyuelos y al mismo
tiempo consiguiendo que Jungkook suelte un gruñido casi animal.

Taehyung abrió sus ojos con asombro ante lo dicho por Namjoon y fijó su
mirada en el pelinegro que tenía al lado suyo, notando de inmediato como el
mismo tenía sus manos cerradas con fuerza, su mejilla interna era golpeada
por la punta de su lengua, y además, tenía el ceño fruncido. Se veía
demasiado molesto.

Y es que el payaso tenía ganas de ir hacia donde estaba Namjoon y darle unos
buenos y merecidos golpes. Ese idiota no le había dicho que su pequeño
hermano participaría en un acto junto a Yeonjun y Lisa, y él estaba en total
desacuerdo. Por más que quería que Woozi fuera exitoso en el circo, eso no
quería decir que debía hacerlo a tan temprana edad, en especial porque había
demasiados desgraciados en el público que se atrevían a manosear a los
menores, y aunque ellos fueran parte de un circo totalmente importante y con
poder, saldrían perdiendo.
Mataría a ese estúpido, no tenía dudas de aquello.

—Querida, bienvenida al escenario —Lisa se dirigió hacia la pelirroja que


ahora mismo yacía en el medio del escenario, sentada y atada en una vieja
silla, sus manos y pies amarrados por sogas—. ¿Cómo te llamas?—
Cuestionó, alejando un poco de su cabello con su mano derecha y sonriendo
mientras guiaba el micrófono hacia la boca de la contraria.

Sin embargo, la mujer se mantenía cabizbajo, incapaz de hablar, llorando y


haciendo que su cuerpo tiemble levemente gracias a eso, sus manos cerradas
con fuerza y miles de ojos fijos en ella, esperando que el espectáculo
empiece.

La rubia vió hacia el público y se encogió de hombros al no recibir respuesta,


aún manteniendo su sonrisa. Empezó a dar vueltas alrededor de la pelirroja,
analizandola con la mirada, y Yeonjun se acercó igualmente.

—No nos quiere decir su nombre —Informó, sonriendo con malicia y


observando a Yeonjun—, ¿Deberiamos ponerle uno?

El peliazul tan solo asintió y sonrió con burla, mirando detalladamente a la


persona que se sacrificaría.

—Gordita —Asintió para sí mismo, optando por ese apodo—. Así será.

La mujer que permanecía atada mordió su labio con fuerza ante el apodo,
sollozando aún más sí es que era posible. Ambas personas la rodearon y
Namjoon se encargó de llamar a una persona más con una simple señal. En
cuestión de segundos apareció un hombre dejando una mesa llena de espadas
de todos los tamaños y una más gruesa que la otra a la vez.

—Gordita, ¿Cuál te gusta más, hm?—Preguntó Lisa, sosteniendo firmemente


las mejillas de la contraria hasta levantar su rostro y poder verla mejor—.
¿Con cuál de éstas bellezas quieres morir?

—¡Oh! ¡Yo quiero elegir, yo quiero elegir!—Pidió Woozi, rebotando como si


de una pelota se tratara en los hombros de Yeonjun mientras alzaba una
mano.
—Aw, que ternurita —Escuchó Jungkook cerca suyo la voz de un hombre, y
cerró sus ojos con enojo al escuchar el tono de voz con la que dijeron aquella
oración. Tan repugnante—. Tal vez deberíamos pagar por algo más que éste
tonto espectáculo...—Decía el hombre entre susurros, hablándole a otro
adulto que estaba sentado al lado suyo. El payaso los miró con odio y
desprecio, sintiendo como poco a poco la rabia se iba apoderando de su
cuerpo—. ¿Cuánto cobrarán por ese niñito?

Jungkook apretó con fuerza sus manos hasta formar puños, dejando blanco
sus nudillos. Y encaró al hombre que tenía cerca.

—¿Sabés cuánto cuesta?—Cuestionó con brusquedad, ganándose la atención


de aquel tipo que rozaba los sesenta años—. Para que te lo dén solo debes
darnos la puta cabeza de cada uno de tus familiares, tu pene y corazón
mutilados, hijo de puta —sonrió con amargura, deleitandose con la mirada de
desprecio que le otorgó el hombre—. ¿Quieres qué yo mismo te cobre?

—Pudrete, idiota. —Contestó el mayor, frunciendo el ceño.

El pelinegro empezó a reír como si le hubieran contado el mejor chiste del


mundo, sosteniéndose el estómago al ver que las risas no paraban. Taehyung
lo miró totalmente perplejo, sin saber cómo reaccionar. Y aprovechó la
distracción de Jungkook para empezar a removerse en un inútil intento por
liberarse, sus ojos viajando de un lugar a otro mientras buscaba una salida.

Pero no podía concentrarse del todo al ver como poco a poco bajaban a
Woozi de los hombros de Yeonjun y le daban una espada y traían un pequeño
balde repleto de un líquido que no sabía que era.

Las risas de Jungkook cesaron, y el mismo sonrió como si nada hubiera


sucedido. Mostrándose tan tranquilo e inocente, que el castaño sintió
escalofríos ante la escena. Jungkook parecía tan relajado, tan sereno.

Tan relajado como la vez que le dió una paliza a Namjoon y terminó
rompiéndole la nariz contra el suelo.

—¿Dices qué me pudra, maldita mierda?—Sonrió en grande, sus pupilas


dilantandose a la vez que poco a poco guiaba una de sus manos hasta el
bolsillo de su pantalón.

El hombre ni siquiera pudo reaccionar, nadie pudo reaccionar realmente.


Jungkook era rápido, demasiado. Así que para todos fue una sorpresa cuando
se levantó con rapidez de su asiento, alzando en alto su mano mientras su
navaja estaba sostenida con fuerza, su sonrisa permaneciendo en su rostro y
el rostro asustando del tipo poniéndose en el segundo lugar de las mejores
cosas que vió durante el día.

El primer lugar lo tenía Taehyung, claro.

Y sucedió. Bajó su mano con brusquedad y precisión, dando justo en el lugar


que quería y disfrutando de los gritos que pegó el hombre al instante.

Le había clavado la navaja en la entrepierna.

Taehyung abrió sus ojos con asombro e inmediatamente empezó a removerse


con insistencia en su lugar, notando como todos en el circo se pusieron a ver
la escena y Jungkook tan solo clavaba la navaja una y otra vez en el mismo
lugar, con odio, con rabia, pero siempre manteniendo su sonrisa. Era tan
escalofriante y a la vez lo desesperaba, quería salir corriendo.

Pero la diversión de Jungkook no duró mucho, ya que Namjoon no tardó


prácticamente nada en mandar a dos hombres a que lo alejen de el sujeto. Y
así fue, el pelinegro fue agarrado por los brazos para después ser arrastrado
por el circo, sacándolo de ahí. Mientras que otros tipos atendían al herido.

—¡¿TE GUSTÓ EL MALDITO PRECIO, HIJO DE PUTA?! ¡AHORA VOY


A IR POR TU FAMILIA!—Aseguró Jungkook entre gritos, totalmente fuera
de sí.

Los demás se llevaron al tipo que fue herido y Namjoon se acercó a paso
rápido hasta Jungkook, y todo el circo permaneció en silencio cuando una
enorme cachetada se dió en la mejilla del payaso.

—¡Controlate!—Ordenó Namjoon, totalmente molesto.

El pelinegro observó al presentador del circo perplejo, sin creerse lo que


había sucedido. Su ceño se frunció y no tardó nada en alzar una de sus
piernas y golpear con fuerza el estómago del hombre, haciendo que se incline
al instante mientras las personas que lo sujetaban seguían arrastrandolo.

Taehyung observó como se llevaban a Jungkook, sacándolo del circo. Y por


un momento el lugar permaneció en silencio, mientras él seguía buscando
alguna forma de escapar ahora que ya no estaba bajo la atenta mirada del
payaso. Sus manos sudaban y su corazón latía como loco, y eso pareció
aumentar cuando escuchó como Namjoon carraspeaba y caminaba hasta el
centro del escenario una vez más.

—Damas y caballeros, me disculpo por eso —Dijo, acomodandose su cabello


mientras observaba al público. Luego de eso miró a Yeonjun, Lisa y Woozi
—. Debido a éste pequeño percance, lo mejor será cancelar el resto de
espectáculos hasta mañana, pero aún así podrán disfrutar de éste —aseguró,
ignorando las miles de quejas que escuchó—, una vez más, me disculpo. —
Hizo una reverencia y se retiró, dejando nuevamente solos a los trabajores del
circo y a su sacrificio.

Lisa miró a Yeonjun y se encogió de hombros, tomando un micrófono


mientras sonreía al público.

—Woozi, eso que tienes ahí es ácido —Informó, y el pequeño asintió


mientras miraba el balde y luego la espada que tenía en sus manos—. Moja la
espada ahí y luego Yeonjun te ayudará.

El menor asintió con lentitud e hizo lo que se le ordenó, mojando la espada


en el ácido y viendo como las gotas que caían dejaban un pequeño camino en
el suelo. Con curiosidad, guió la espada hacia donde estaba una de las piernas
de la mujer y dejó que una gota caiga, escuchando al instante como la mujer
soltó un grito desgarrador, sintiendo como le quemaba la piel. Woozi sonrió
con entusiasmo mojó la espada una vez más para después ser agarrado por
Yeonjun, el mismo lo alzó nuevamente y lo puso en una silla, hasta que pudo
estar un poco más alto que la pelirroja.

—Haz lo que yo, ¿Sí?—Dijo el peliazul, viendo fijamente al infante el cual


asintió una vez más. Ambos agarraron la espada y el público empezó a
aplaudir mientras veían como poco a poco guiaban la espada hasta la boca de
la mujer, Lisa se encargaba de sostenerla para que se mantuviera con la boca
abierta, apretando con insistencia sus mejillas.

Taehyung empezó a sudar y a ver de un lugar al otro, tratando de distraerse y


no ver lo que iba a suceder. Pero le era imposible.

Y cuando el segundo grito llegó, no pudo evitar ver hacia donde estaba la
mujer.

La espada ya estaba metida hasta la mitad de su garganta, no era muy larga,


pero sí gruesa. Sumado al ácido que tenía, de la boca de la mujer empezaron
a salir gritos desgarradores que poco a poco fueron callados por la espada y
por su propia sangre que salía ante el corte que dejaba la espada y la
quemadura que causaba el ácido, sintiendo el ardor y el dolor aumentando
cada vez más hasta resultar insoportable.

El castaño cerró sus ojos con fuerza, hasta que los gritos cesaron y tan solo
quedó el cadáver de la mujer en el escenario.

Los aplausos llenaron el lugar y Yeonjun, Lisa y Woozi hicieron una


reverencia. Alejándose del escenario. Las luces se apagaron una vez más
cuando desaparecieron y las personas del circo empezaron a irse de a poco,
hasta que Taehyung se quedó solo.

Su respiración estaba acelerada, mientras mordía con insistencia su labio y


trataba de calmarse. Pensando en que sucedería con él ahora que estaba solo,
no sabía que hacer y huir no era una opción ya que no tenía formas de
hacerlo.

—Usted es el señor que estaba con mi hermano, ¿No? —Escuchó de repente,


y bajó su mirada para encontrarse con nada más y nada menos que Woozi. El
infante sostenía una espada pequeña en su mano derecha, mientras lo veía de
arriba a abajo, analizandolo—. Namjoon me dijo que debía llevarlo con Koo,
señor, así que colabore si no quiere salir lastimado.

El adolescente alzó una ceja, viendo incrédulo al menor. ¿Lo estaba


amenazando? ¡Le llevaba 9 años al niño y éste lo amenazaba! Que ridículo.
—Niño, no digas cosas tontas, ¡Sueltame ahora mismo!—Exigió Taehyung,
removiendose como gusano en su lugar mientras el niño tan solo lo miraba
con aburrimiento.

Woozi bostezó, tapando su boca con su mano mientras lo hacía. Y en pocos


segundos logró liberar a Taehyung, el mismo no tardó nada en levantarse,
con las intenciones de correr y finalmente huir.

Pero cuando dió el primer paso, un corte fue hecho en su muslo derecho,
cayendo al piso al instante mientras dejaba salir un fuerte grito. Miró hacia
atrás, donde estaba el pequeño, y el mismo sonreía en grande.

Su sonrisa era la misma que Jungkook, tan inocente en momentos como esos.

Taehyung sintió el ácido en aquella zona en la que se hizo el corte y siguió


gritando con fuerza mientras sostenía su herida, sintiendo como le quemaba y
el dolor era insoportable.

—Señor, le dije que debía cooperar... Ahora acompañeme, Koo debe estar
esperándonos.

•••

Jungkook no podía estar más molesto. Realmente no podía. Su mente no


dejaba de pensar una y otra vez en aquel desgraciado que habló así sobre su
pequeño hermano, y mucho menos podía dejar de pensar en el hecho de que
Namjoon había sido tan hijo de puta como para dejar a Woozi en el escenario
sin su consentimiento.

Estaba hecho una furia, quería darle una buena paliza a ese infeliz.

El sonido de la puerta de la casa rodante abriéndose llegó hasta sus oídos,


causando que detuviera sus pasos. Había estado caminando de un lado a otro
mientras intentaba calmarse pero no pudo hacerlo, por lo que el sonido fue
suficiente para distraerlo.

Taehyung estaba ahí, cabizbajo, mientras lloraba y mantenía sus manos


apretadas con fuerza hasta el punto que sus nudillos quedaron blancos, y
Jungkook pensó que el mocoso tan solo sollozaba por miedo, o alguna de
esas cosas.

Pero no, el castaño lloraba por pura rabia, sintiendo tanto rencor hacia el
pequeño niño que tenía al lado. Woozi sostenía su muñeca izquierda,
entrando a la casa rodante mientras daba algunos saltitos, sonriendo con
fingida inocencia.

Y es que el adolescente no podía creerlo, un infante, un mocoso, había sido


capaz de someterlo de tal manera. Era tan humillante.

El niño pelinegro sonrió al ver a su hermano, jalando a Taehyung para que lo


siga y rápidamente cerró la puerta. Para después correr hasta Jungkook y
abrazarlo por la cintura, con notable emoción.

—¡Koo, me fue genial! —Contaba el menor, ajeno a la expresión seria que


cargaba su hermano—. ¡Yeonjun y Lisa son los mejores!

Jungkook miró hacia abajo, observando la alborotada cabellera de su


hermanito, para después sostener el cabello ajeno con fuerza, separando al
infante de su cuerpo. Su ceño se frunció y apretó su mandíbula, sin importarle
ni un poco el chillido de Woozi.

Se agachó hasta quedar a su altura, haciendo que el menor finalmente notara


su enojo.

—¿Los mejores, Woozi? —Cuestionó con una sonrisa llena de incredulidad,


alzando una ceja—. ¿Los hijos de puta qué te dejaron expuesto ante miles de
pervertidos son los mejores? —Soltó, sin importarle en lo más mínimo que
esté hablando con un niño pequeño, él quería hacerle entender a su hermano
en lo que se había metido.

—K-Koo me lastimas... —Woozi cerró sus ojos con fuerza, sintiendo como
Jungkook jalaba su cabello.

—¿Qué te lastimo dices? ¿¡Te estoy lastimando, pequeño idiota!?—Lo alejó


con brusquedad, haciendo que el menor cayera al suelo, golpeando su trasero
contra el piso. Al mismo tiempo empezó a llorar, sintiéndose asustado—.
¡Woozi, no entiendes ni una mierda, joder! ¿¡Sabes cuántos tipos de los qué
te vieron serían capaces de hacerte algo!? ¡¿Tienes alguna puta idea!? —
Preguntó, alterado.

El menor tembló en su sitio, bajando la mirada.

—Y-Yo... Solo quería hacerte sentir orgulloso, Koo... —Confesó el pelinegro


en un susurro, sintiendo como los ojos llenos de desaprobación de su
hermano lo miraban fijamente—. Yo solo quiero ser como tú, como papá
también.

La expresión de Jungkook no se suavizó, al contrario, al escuchar lo último


que dijo el menor, gruñó con total rabia. Tomándose el atrevimiento de tomar
a su hermano por el brazo y levantarlo con rapidez del suelo, haciendo que
finalmente lo mire a la cara.

—Papá no está, Woozi. Ese hijo de puta no existe, ¿Me haz entendido? Él
murió, se esfumó. Comprende eso, maldita sea —Soltó cada palabra con
brusquedad, importandole muy poco como el más pequeño temblaba y
sollozaba bajito—. Yo soy el que está a cargo de ti, ¿Ok? Yo soy el jodido
responsable aquí, no papá, él no cuenta aquí. Así que deja tus caprichitos,
porque no, hermanito, no me enorgullecerás entrando al circo así como así,
desobedeciendome, saludandome como si no estuvieras haciendo nada malo.
Como si no supieras el peligro en el que te pones al hacerlo —lo soltó,
tratando de calmarse—. Y no pienses que por hacer esto soy un hijo de puta,
¿Entendido? Yo solo quiero tu bien, y te aseguro que te sucederá mucha
mierda si vuelves a dar la cara en el circo otra vez. Te lo dije, a los quince,
haz lo que te dé la puta gana, pero por ahora, lo máximo que harás será
limpiar la sangre que quede en el escenario por la muerte de cada uno de esos
bastardos, como siempre. ¿Está bien?

El infante asintió, masajeando su brazo al sentir como aún le dolía por la


brusquedad con la que lo sujetó Jungkook.

En ese momento, el mayor suspiró y cerró sus ojos por un momento, para
después abrirlos y clavar su mirada en el adolescente que aún permanecía en
su lugar, sosteniendo con sus manos temblorosas una zona de su muslo. Y
Jungkook alzó una ceja al notar como sangre salía de aquel lugar, manchando
las manos del castaño y su pierna.

Observó a Woozi con el ceño fruncido, y éste, notando porqué lo miraba así,
se encogió de hombros con inocencia.

—Él quiso escaparse, Koo —Trató de justificarse el infante—. Yo solo hice


lo que debía.

El payaso sostuvo el puente de su nariz con frustración, cerrando sus ojos y


tomando aire. Buscando tranquilizarse con eso.

—Woozi.

—¿Sí, Kookito?

—Lárgate sí no quieres que te patee el culo.

El menor asintió frenéticamente y corrió con rapidez, largándose lo más


rápido que pudo.

Jungkook suspiró con cansancio y volvió a mirar a Taehyung, notando como


éste temblaba en su sitio mientras veía fijamente su herida, sollozando en
silencio.

El pelinegro caminó lentamente hacia él, sosteniendolo por la muñeca.


Taehyung no dijo nada, tan solo se dejó guiar por el payaso hacia el sillón,
donde se sentó con dificultad, haciendo una mueca de dolor en el proceso.

Analizando su rostro, Jungkook se quedó en silencio por un segundo.


Observando detalladamente los ojos rojos del mocoso que tenía cerca, sus
pestañas, mejillas, y cuello mojados debido a las lágrimas, además de su labio
que era mordido para que dejara de temblar.

Y Taehyung no sabía cómo sentirse, no sabía cómo reaccionar. Tan solo


lloraba, esperando que todo lo que había vivido hasta el momento fuera una
horrenda y terrible pesadilla de la cual despertaría pronto, encontrándose a sí
mismo en la cama de su hogar, rodeado de gente que cuidaba de él.

Pero debía dejar de soñar despierto, porque las cosas no serían así jamás.
En ese momento donde se perdió en sus pensamientos, ni siquiera notó
cuando Jungkook ya no estaba a su lado. Se dió cuenta unos minutos después
cuando lo vió volver con una pequeño botiquín entre sus manos, notando de
inmediato como el payaso lo miraba fijamente.

—Odio que toquen lo que es mío —dijo de la nada, sentándose al lado del
adolescente como si nada, colocando el botiquín en su regazo—. Así que
simplemente te curaré porque las heridas de otras personas jamás te deberán
hacer sufrir como las mías. —Habló con tranquilidad, como si estuviera
hablando del clima o algo parecido.

Taehyung sintió un escalofrío al escucharlo, sintiendo como su estómago se


removía, indicando que quería vomitar. Pero aún así no ocurrió.

—Yo no soy tuyo. —Habló bajito, pero firme. Alzando su mirada, desafiando
con ésta al mayor que había empezado a sacar distintas cosas del botiquín.

Jungkook rió con sorna, observando a el castaño mientras mantenía una


sonrisa llena de burla.

—Haz sido mío desde que pusiste un puto pie aquí adentro —sentenció—.
Así que mejor cierra la boca sí no quieres que deje que tu herida se infecte y
se te termine pudriendo la pierna.

El adolescente no dijo nada, pero frunció su ceño con fastidio. Apartando la


mirada y dejándose hacer cuando el payaso empezó a ver su herida
detalladamente, notando que no había sido un corte realmente serio.

—¿Qué te hizo?—Preguntó después de unos segundos.

—Me cortó, ¿Es qué no ves? —Taehyung lo miró con obviedad,


importandole poco la mirada de enojo que le brindó el otro—. Y para colmo,
esa cosa tenía ácido.

Jungkook asintió con lentitud, dejando las cosas en el sillón mientras se


levantaba. El castaño lo miró con curiosidad y desconfianza, para después
alterarse un poco cuando notó como el payaso se inclinaba y lo sostenía de la
cintura, levantándolo del sillón.
—¿Qué mierda haces ahora, payaso loco?—Cuestionó Taehyung con
alteración, preocupándose cuando Jungkook lo alzó al estilo princesa,
sosteniendo sus piernas mientras que con la otra mano agarraba su cintura
para después caminar al baño.

—Vamos a limpiar la herida, mocoso loco. —Soltó Jungkook con burla,


ingresando al baño.

Taehyung fue sentado en el retrete después de que bajaron la tapa del mismo,
su herida fue limpiada por el payaso mientras éste de vez en cuando sostenía
su pierna para ver mejor que tan profundo había sido el corte. El castaño se
sentía incómodo, pero tampoco es como que podía hacer algo, después de
todo, el hombre tan solo estaba curándolo.

Jungkook salió del baño por un segundo, buscando nuevamente el botiquín


para después volver. Se agachó y empezó a curar la herida, bajo la atenta
mirada del adolescente que se mantenía alerta.

Y por un momento, Taehyung se sintió tan confuso. El hombre se veía tan


pacífico mientras lo curaba, tan tranquilo, mientras tarareaba una canción que
él desconocía y limpiaba y tocaba la herida con cuidado.

No parecía en lo absoluto una persona capaz de hacer daño. Pero Taehyung


más que nadie sabía que las apariencias engañan.

Varias dudas aparecieron en su cabeza mientras el tiempo pasaba, y él no iba


a quedarse callado. No cuando sabía, o pensaba, que en cualquier momento
igualmente se encargarían de matarlo. Él más que nadie sabía que no podría
salir vivo de ahí, y es por eso mismo que tomaría riesgos.

Si iba a morir, quería hacerlo antes de sufrir aún más.

—¿Cómo es posible qué un niño trabaje aquí?—Cuestionó de repente, viendo


como Jungkook vendaba su herida.

El payaso alzó la mirada, y al contrario de lo que pensó el adolescente, no se


veía molesto o incómodo con su pregunta.
—Aquí es normal, aunque mayormente trabajan a los dieciséis, quince como
mínimo. —Explicó Jungkook, concentrándose más en vendarle la zona herida
a Taehyung.

—Ya veo —El menor asintió con lentitud, procesando la información—, ¿En
serio es tu hermano?

Jungkook se tensó ante la pregunta, pero asintió.

—¿Y tus padres? ¿Trabajan aquí? O qu-

—¿No te parece qué estás abusando de mi tranquilidad? —Lo cortó


Jungkook con brusquedad, frunciendo el ceño mientras lo miraba. Taehyung
permaneció callado y desvío su mirada hacia otro lado. Segundos después,
Jungkook suspiró con cansancio e intentó volver a calmarse, finalizando con
el vendaje, pero aún así, no se levantó de donde estaba—. Mi padre huyó. —
Confesó de repente, fijando su mirada en sus manos.

Taehyung lo miró atento, esperando que siguiera hablando.

—Tenía quince años, había empezado a trabajar hace poco —siguió hablando
Jungkook, tratando de ignorar la mirada fija del adolescente sobre sí—, mi
papá en ese entonces se había obsesionado con una prostituta —Sonrió con
amargura, negando con la cabeza—. La puta se quedó embarazada después
de múltiples abusos, ella misma me lo dijo —Hizo puños sus manos—. Mi
padre no me dejaba verla muy seguido, se ponía como loco si alguien
simplemente se atrevía a tocarla. Solo la volví a ver nueve meses después, al
lado de el sillón en el que estábamos recién, estaba ahí la muy sucia, con su
brazo cortado y un bebé en el sillón, recién nacido —Con cada palabra que
decía, Taehyung imaginaba la escena, sintiendo rechazo y un escalofrío al
saber que estuvo sentado cerca de donde alguien había muerto—. La zorra se
suicidó, mi papá escapó, mi hermano mayor se había ido ese mismo año del
circo —Su tono de voz cada vez se alzaba más, tenía tanto rencor acumulado
—. Me quedé solo y con un niño por cuidar. —Finalizó, levantándose de
golpe del suelo, logrando alterar a Taehyung.

—D-Debió ser difícil... —Susurró Taehyung, asustado y sin saber que decir.
Los ojos del payaso fijos en él.
—Fue una mierda, pero bueno —Lo tomó del brazo, levantándolo—,
¿Querías saber de mi patética vida? Pues ahí tienes. Ahora mueve el culo
hasta el sillón y duermete, no quiero soportarte más hasta mañana. —Ordenó,
prácticamente arrastrandolo hasta el sillón, donde lo obligó a acostarse.

Taehyung esa noche, a pesar de temblar gracias al frío, acostarse en una


posición incómoda para dormir gracias a su herida, dormir en un lugar donde
había muerto la mujer que dijo Jungkook, había agradecido internamente por
lo menos dormir en el sillón y no en el sucio piso.

Y, además, empezó a entender el comportamiento de Jungkook aquella


noche.

No sabía cómo sentirse una vez más, estaba confuso. Porque por un lado, le
daba lástima la historia del payaso. Pero por el otro, no dejaba de recordar las
heridas que le hizo, las amenazas, los gritos, el maltrato, los besos que le
obligó a dar.

Con el resentimiento ganándole, Taehyung se durmió aquella noche.


Repitiéndose una y otra vez que jamás debería tener lástima ni piedad por un
hombre como Jungkook.

Y él no se había dado cuenta, pero quizá lo había repetido demasiado,


intentando convencerse

Y mientras él intentaba convercerse, en otro lado, más de una persona


intentaba converser al presentador del circo de que ya era momento de
librarse del mocoso que había ingresado al circo.
16

Jungkook, normalmente, solía despertarse por las múltiples alarmas que


ponía. Su sueño era algo pesado, además de que solía ignorar las dichas
alarmas y seguía durmiendo por otro rato hasta que sonaba nuevamente su
teléfono. Siempre fue así.

O por lo menos, así era hasta aquella mañana, cuando el bullicio que se
escuchaba por afuera de su casa rodante fue tanto que terminó por
despertarlo, escuchando como golpeaban con insistencia su puerta y el
vehículo se movía levemente.

Desconcertado, molesto y adormilado, se levantó de su cama rápidamente.


Mareandose un poco y gruñendo por lo bajo cuando sentía que poco a poco
los ruidos se hacían más fuertes, causándole un dolor de cabeza.

A su lado, Byul seguía a su dueño, alterado igualmente por el sonido de


distintas voces por fuera de la casa rodante, e igualmente por los golpes que
se escuchaban.

El pelinegro asomó su cabeza para ver hacia la pequeña sala donde estaba
Taehyung, donde se encontraba la puerta que era golpeaba. Frotó sus ojos por
el sueño, intentando despertarse por completo, y detuvo su mirada un
momento en el adolescente que se encontraba actualmente despierto.

Taehyung se mantenía sentado en el sillón, abrazándose a sí mismo mientras


miraba fijamente una de las pequeñas ventanas de la casa rodante, sus ojos
abriéndose en demasía mientras que de los mismos varias lágrimas caían,
temblaba en su lugar. Notándose realmente asustado y tenso.

Jungkook frunció el ceño, y miró hacia el mismo lugar. Viendo finalmente la


causa del llanto de su rehén.
En la ventana, varias personas golpeaban con insistencia, maquilladas de
distintas formas, algunos como payasos, otros como animales, algunos
simplemente con sangre encima suyo. Todos portaban cuchillos en sus manos
o alguna que otra pistola. Sonreían mientras miraban fijamente a Taehyung,
intimidandolo, alterandolo, y sobretodo, asustandolo.

—¿¡Qué mierda hacen!?—Gritó Jungkook con rabia, golpeando el vidrio de


la ventana para alejarlos, y segundos después corrió la cortina para que dejen
de ver al interior de su hogar.

—¡Jungkook, sal de ahí!—Se escuchó por el otro lado de la puerta, siendo


golpeada unas cuantas veces más. El pelinegro reconoció la voz de Namjoon
entre todo el bullicio y se acercó hacia la puerta a paso rápido, preparándose
mentalmente para darle un golpe en medio de la nariz por interrumpir así su
sueño, y además, asustar así al mocoso que tan tranquilo había estado desde
la noche anterior.

Abrió la puerta con enojo, asesinando a prácticamente todos con la mirada, y


causando así que todos, absolutamente todos, permanecieran en silencio.

Se extrañó al notar como básicamente todos los trabajadores del circo estaban
enfrente de su casa, observandolo como si de alguno de sus espectáculos se
tratara. Y tal vez, no estaba tan lejos de ser así.

Enfocó su mirada en Namjoon, cuestionandole con la misma que mierda era


lo que estaba sucediendo. Y al parecer, el presentador del circo entendió, ya
que sonrió en grande y acercó su rostro hacia el de Jungkook, rozando sus
narices.

—Buenos días, Jungkook —dijo el pelinegro mayor, sonriendo con


socarronería, y haciendo que el payaso frunciera el ceño al tenerlo tan cerca
—. ¿O debería decir buenas tardes? —Cuestionó, borrando su sonrisa para
después fruncir el ceño—. Estuvimos llamandote desde las once de la
mañana, Kook, es la una de la tarde. —Acusó con seriedad.

Jungkook se llevó una mano hasta su rostro, cubriendo su nariz con disgusto
al sentir el aliento del mayor cerca suyo.
—Primero que nada, deberías eliminar el aliento mañanero antes de
hablarme, gracias —empujó al contrario con un poco de fuerza, apartándolo y
haciendo que varios de sus compañeros de trabajo rieran bajito. Y a la vez,
deleitandose con la mirada de indignación que le otorgó Namjoon—.
Segundo, ¿Qué mierda haces? ¿Te piensas qué puedes despertarme con tus
porquerías de ésta forma?

—Sucede que ya hablé con la mayoría de los trabajadores del circo, y todos
estamos de acuerdo en que ya es momento de deshacernos de él. —Alzó una
poco su barbilla, apuntando sin discreción alguna hacia el interior de la casa
rodante, donde estaba Taehyung.

El payaso volteó un poco su cabeza para ver al adolescente, mirándolo


fijamente de arriba a abajo, analizandolo.

Taehyung aún mantenía su mirada en la ventana, donde los golpes no habían


cesado, las personas se divertían haciendo asustar al chico. Él temblaba en su
sitio, tratando de protegerse a sí mismo con sus brazos, abrazándose y
manteniendo sus rodillas cerca de su pecho aunque aquello le causaba dolor
en su muslo herido.

Y Jungkook, en esos cinco segundos en los que se lo quedó mirando, analizó


absolutamente todo. Observó sus ojos, reflejando tanto miedo, tanto horror,
los mismos cristalizados mientras las lágrimas no cesaban, sus manos
sosteniendo con firmeza ambos brazos mientras temblaban, su labio imitando
aquella acción aunque no se notaba del todo ya que el castaño lo mordía con
fuerza, lastimandose, abriendo la herida que pensó que se había curado.

Y en ese mismo instante, una sonrisa quiso hacerse presente. El adolescente


se veía tan bien de aquella manera, tan asustado y débil ante los demás, algo
tan simple pero a la vez tan magnífico ante el payaso.

Lo único que pasó por su mente, fue que aquel chiquillo debía permanecer
entre sus brazos, así, llorando, sufriendo, simplemente pasandola tan mal.
Quería que sienta tanto arrepentimiento por poner tan solo un pie dentro del
circo, quería hacerlo gritar, tocarlo.

Su cerebro pareció hacer una especie de "click" al momento de pensarlo


detalladamente, después de mirar cada facción del rostro de Taehyung, y
también después de pensar en el instante donde lo vió por primera vez.

En el piso de su casa rodante, hablando con su conejo, notándose tan asustado


al verlo y causándole una gran satisfacción por ello. Kim Taehyung había
sido desechado en su hogar como si fuera basura, por lo tanto, Jungkook supo
que desde ese momento, el mocoso era suyo.

Porque todo lo que le gustara a Jungkook y estuviera en sus manos, ya le


pertenecía por completo.

—Así que sí no es mucha molestia —la voz de Namjoon llegó hasta sus
oídos una vez más, sacándolo de su mundo. Ni siquiera había notado que el
mayor había seguido hablando anteriormente—, entregalo. —Ordenó, dando
un paso mientras que con su mano empujaba un poco el pecho de Jungkook,
esperando que lo dejara pasar.

Sin embargo, Jungkook dejó de mirar al adolescente y se puso tenso en su


lugar, observando ésta vez al presentador, se puso firme y dió un paso al
frente, sin permitirle ingresar.

—No. —Se negó firmemente, mirando desafiante al hombre que tenía


enfrente suyo.

Namjoon alzó una ceja, viéndose incrédulo ante lo que escuchó.

—¿No? —Repitió, sonriendo con burla—. ¿Cómo qué no? Aquí las órdenes
no las dás tú —negó con la cabeza, volviendo a empujar a Jungkook—.
Muévete.

—Te he dicho que no, desgraciado. El mocoso se queda conmigo —


Jungkook gruñó, sosteniendo el marco de la puerta con ambas manos,
agarrándose con fuerza. Sin darle oportunidad alguna a Namjoon para que
entre a su casa—. Y me vale una mierda lo que ordenes.

Taehyung observó lo que estaba sucediendo y se encogió en su lugar,


buscando protección en sí mismo mientras veía como el payaso impedía el
paso del otro hombre. Estaba asustado, no sabía que hacer y lo único que sus
ojos pudieron ver a parte de Jungkook enfrente de Namjoon, fue a Byul
corriendo para esconderse detrás del sillón, seguramente asustado por el
escándalo que hacían los demás trabajadores del circo.

Namjoon alzó una ceja ante lo dicho por Jungkook y observó al resto de sus
trabajadores por unos cuantos segundos, se encogió de hombros y apuntó con
su cabeza hacia la puerta de la casa rodante.

—Entren. —Ordenó, sonriendo levemente. Y cuando aquella simple palabra


salió de su boca, los trabajadores obedecieron, empezando a soltar varias
risas mientras corrían hacia la entrada, sosteniendo firmemente sus armas y
sonriendo y riendo con diversión, como si estuvieran jugando su juego
favorito.

El payaso se alteró al ver la gran cantidad de personas, y cuando el primer


chico se acercó hasta él no dudó en darle un puñetazo, repitiendo aquella
acción con todos los que se le acercaban. Luchó, rasguñando, mordiendo, y
golpeando a todo aquel que se le acerque, pero nada dió resultado, ya que
después de todo, le ganaban al ser más de treinta personas.

Dos sujetos lo mantenían agarrado firmemente de los brazos, sosteniendolo


con fuerza mientras él pataleaba y gritaba lo más fuerte que podía, hecho una
furia. Su rostro estaba rojo debido a la rabia y varias venas de su cuello se
notaban al ver como poco a poco varias personas ingresaban a su hogar,
sosteniendo al adolescente en cuestión de segundos.

Jungkook gritó varios insultos hacia aquellas personas cuando vió como
sacaban a su mocoso de aquella sala, agarrandolo sin cuidado alguno
mientras Taehyung lloraba y se removía entre los brazos ajenos, luchando por
ser liberado.

El pelinegro no podía permitir aquello, no podía dejar que mataran al chico


siendo que éste aún debía soportar todo lo que él deseaba hacerle. Ese era el
único motivo por el cual peleaba con los demás, quería verlo destrozado
aunque sea una vez más, ver aquellos ojos rojos debido al llanto, escuchar
sus súplicas.

Jungkook quería tantas cosas, en realidad. Y definitivamente obtendría lo que


quería, aunque le cueste demasiado.

—¡No, no! ¡Dejenme, maldita sea, sueltenme! —gritó Taehyung,


removiendose.

—¡NAMJOON, NO HAGAS ÉSTO HIJO DE PUTA! —Gritaba Jungkook,


mientras Jimin sostenía su brazo derecho con fuerza, arañandolo,
lastimandolo. Pero eso no era importante—. ¡NAMJOON! —Volvió a gritar
al ser ignorado por el hombre, que tan solo permanecía mirando fijo a
Taehyung.

Y el castaño, por su parte, sentía que estaba a punto de entrar en pánico,


empezó a hiperventilar al ver como todas las personas lo rodeaban, riéndose,
tocandolo, siendo pasado de un extraño a otro como si de algún objeto se
tratara. Todos reían al unísono, disfrutando del terror ajeno, mientras el
adolescente tan solo observaba los rostros pintados de los payasos, se reían,
lo rozaban con sus armas, tocaban con descaro su piel, y pareció ignorar el
hecho de que había distintas personas pintadas de varias formas. Él solo veía
payasos, payasos, y más payasos.

Puros payasos tocandolo y riéndose de él.

—¡SUELTENLO YA MISMO, HIJOS DE PERRA! ¡SON UNOS


MALDITOS BASTARDOS! —Seguía gritando Jeon, apretando sus manos
con fuerza, enterrando sus uñas en su palma—. ¡IMBÉCILES, MALDITOS
VIEJOS MAQUILLADOS, GATAS EN CELO HIJAS DE PUTA! —Soltaba
múltiples insultos hacia sus compañeros de trabajo, dirigiéndose más que
nada hacia los payasos y chicas que tenían su rostro pintado de animales.

Después de eso, sintió como alguien le respiró cerca de su cuello, y se tensó


al sentir como segundos después, la lengua de Jimin pasó por su cuello.
Aumentando aún más la rabia que sentía.

—¿Lo quieres? —cuestionó el rubio en un susurro, sonriendo contra el cuello


del pelinegro—. Pues ve por él. —Dicho ésto, le dió un fuerte empujón hacia
la multitud, haciendo que Jungkook ingrese y que de inmediato empiece a ser
agarrado por los demás, siendo tocado de la misma manera, pero nunca
recibiendo una herida realmente grave.
Jungkook empezó a empujar a todo aquel que se cruce en su camino, tratando
de llegar hasta Taehyung. Acercándose poco a poco hasta el castaño que aún
era manoseado por distintas manos que tocaban todo lo que esté a su alcance.

El castaño, lleno de terror, observó a Jungkook cerca suyo, y entre lágrimas


quiso correr hacia él, ya que era su único refugio en ese momento. Pero no
pudo, las personas lo retenían, y además de eso, la herida de la noche anterior
había empezado a sangrar considerablemente, causándole dolor.

Cuando el pelinegro se acercó aún más, estiró su mano, esperando que


Taehyung la tomara. Y el adolescente entre sollozos, empezó a empujar a las
personas que tenía alrededor con cierta dificultad al ser demasiados,
intentando llegar hacia aquel hombre tan peligroso que de forma tan irónica
estaba intentando "salvarlo".

Finalmente, logró tomar la mano ajena, siendo jalado por el payaso hasta
quedar finalmente en sus brazos, Jungkook lo agarró por la cintura y se
mantuvo detrás de él, alerta a cualquiera que quisiera tocarlo. Buscaba con la
mirada desesperadamente una forma de defenderse, hasta que logró ver cerca
suyo a Baekhyun, uno de sus compañeros, estaba totalmente distraído
mientras sostenía en su mano izquierda una pistola de color rosa.

Pistola que Jungkook no dudó en tomar, arrebatandola de inmediato y


sosteniendo al mismo tiempo a Baekhyun entre sus brazos, apuntándole en la
cabeza y haciendo que todos permanecieran en silencio de inmediato,
quedándose inmóviles en su lugar.

Segundos después, sintió como más de una persona sacaba una pistola y lo
apuntaba igualmente, esperando alguna orden por parte de Namjoon que tan
solo había permanecido observando la escena como si fuera la mejor película
del mundo.

Taehyung, sintiéndose nuevamente asustado al estar cerca de los demás, se


acercó a paso rápido hasta Jungkook y se quedó a su lado, temblando en su
sitio.

—Jungkook, sueltalo. —Ordenó Namjoon, observando con seriedad al


payaso.
—Solo si el mocoso se queda. —Dijo amenazante, sacándole el seguro al
arma mientras sostenía firmemente a Baekhyun por el cuello, asfixiandolo un
poco al ejercer tanta fuerza.

—No —el mayor negó, molesto—. Esto no es negociable, Jungkook. Sabes


perfectamente que tener a éste chiquillo aquí pone en peligro a todo el circo,
¿Y si escapa, qué harás, hm? ¿Dirás un "jaja me equivoqué, perdón, jaja"? —
Cuestionó, frunciendo el ceño.

—Parece que tú no pensaste en eso cuando te quedaste con Jin. —Atacó el


payaso, igualmente enojado, sonriendo de forma socarrona cuando notó como
Namjoon se tensó en su lugar.

Taehyung abrió sus ojos en grande ante lo que escuchó y buscó rápidamente
a aquel mago por doquier, hasta que finalmente lo vió a lo lejos, notándose
tranquilo ante la situación. Y el adolescente no entendió nada en lo absoluto,
¿Namjoon se había quedado con Jin? ¿Eso qué diablos significaba?

—Eso es totalmente diferente. —Trató de justificarse Namjoon, luego de


haber carraspeado con incomodidad.

—No, hijo de puta, no es diferente. Jin también fue un rehén y tú no dudaste


en hacerle ojitos y hacerlo tu puta pareja, ¿Verdad, infeliz? —Jungkook
soltaba cada palabra con burla, sonriendo satisfecho al ver como el
presentador miraba de un lugar al otro, tratando de buscar alguna
justificación. Sin embargo, no la había.

El castaño se alteró ante lo dicho por Jungkook y volvió a mirar una vez más
a Jin, notándose realmente sorprendido y aterrado. El peligris había sido un
rehén, había pasado por lo mismo que él.

Y ahí estaba actualmente, trabajando para esos bastardos como si


perteneciera ahí desde hace tiempo, siendo uno más del montón, y además de
eso, siendo pareja de uno.

No lo podía creer.

—Así que si tú tienes esos privilegios, ¿Por qué yo no? —siguió hablando el
payaso—. Éste mocoso ha sido mío desde que entró a mi puta casa, así que
no me jodas con tus mierdas sobre que se va a escapar ni nada de eso, porque
tú no eres precisamente el más adecuado para regañarme por conservarlo,
eres un completo estúpido, un hipócrita.

Todos permanecieron en silencio, esperando respuesta por parte de Namjoon


que ahora mismo estaba cabizbajo.

El presentador carraspeó una vez más y acomodó un poco sus vestimentas,


sonriendo de forma forzada.

—Señores, a trabajar. Aquí nada pasó —aseguró, caminando hacia los demás
—, vayan a arreglarse, el público no tardará en llegar.

Jungkook sonrió victorioso y soltó a Baekhyun, entregándole el arma como si


nada hubiera sucedido. Y el chico de cabello color cereza tomó la pistola,
mirando con enojo a el pelinegro antes de darle un empujón e irse totalmente
molesto, insultando a Jungkook múltiples veces.

Poco a poco las personas se fueron alejando, caminando hasta sus casas
rodantes o hacia el circo, para prepararse.

Una vez que todos se fueron, tan solo quedaron Namjoon, Jin, Taehyung y
Jungkook.

El presentador del circo se acercó hasta el payaso, observandolo fijamente,


una mirada de advertencia.

—No dejes que escape, o créeme que los mataré a los dos si eso ocurre. —
Amenazó, suspirando con cansancio.

Jungkook se acercó hasta el rostro de Namjoon, tal y como lo hizo él cuando


le abrió la puerta de su casa, y sonrió en grande.

—Digo lo mismo. —Permaneció con su sonrisa, mirando de reojo a Jin.

Namjoon se apartó y miró a el adolescente y a el pelinegro.

—Ve a prepararte para tu espectáculo, irás primero —Ordenó, y Jungkook


asintió levemente. Segundos después, el mayor observó a su pareja—. Jin,
hoy tienes el día libre, cuida a... —Observó a Taehyung, sin saber realmente
su nombre—. Este chico.

Taehyung en ese momento estaba muy ocupado llorando en su sitio, mientras


apretaba con fuerza la herida que no parecía querer dejar de sangrar.
Jungkook notó ésto, y con su mano derecha sostuvo la muñeca de Taehyung,
acercandolo hacia donde estaba Namjoon.

—Se llama Taehyung —dijo simplemente, observando aún la herida del


adolescente—. Namjo-

—Sí, sí, la herida —el pelinegro mayor asintió, restándole importancia al


asunto—. Jin se encargará de eso, cuidará de Taehyung hasta que termine tu
show.

Jungkook asintió, confiando en el peligris. Su relación con Jin era extraña,


pero no era mala, y podía confiar en el mayor. Le entregó a Taehyung y vió
como el mago se lo llevaba con tranquilidad hacia su casa rodante.

El payaso suspiró, y se dirigió hacia el circo con el fin de terminar su


espectáculo lo más rápido posible.

•••

La venda que pasaba Jin por su muslo le apretaba un poco más que la
anterior, asegurándose de colocarla correctamente y con cuidado, mientras él
tan solo observaba en silencio, analizando al chico que estaba agachado
mientras lo curaba.

La casa rodante de el hombre era totalmente distinta a la de Jungkook, ya que


mientras el payaso tenía el lugar con colores oscuros, en la casa de Jin el
color rosa era el protagonista, incluso los muebles eran de aquel color, a pesar
de que el mago siempre vestía con ropa negra con detalles rojos.

Y Jin se veía calmado, ajeno a todo lo que sentía Taehyung en ese momento.

El adolescente estaba totalmente confuso, asustado y alterado. El simple


hecho de pensar que la persona que más lo había maltratado ahí lo había
salvado le producía un malestar en su estómago. Aunque, eso era lo de
menos.

Aún no podía creer que la persona que tenía enfrente había pasado lo mismo
que él, había sido rehén de toda esa gente, maltratado y humillado delante de
todos, usado como un juguete entre todos esos locos. Había sufrido al igual
que él, y no sabía que cosas le habían sucedido, pero si observabas con
detalle, se notaban cicatrices en su rostro, y en sus manos, incluso en su
cuello.

Jin tenía marcas por doquier.

—Ya está —dijo el peligris, levantándose finalmente y sacudiendo su ropa en


la zona de las rodillas, para después observar a Taehyung por unos segundos.
Y finalmente sonreír—. Tienes un lindo cabello. —Soltó de repente,
sosteniendo un mechón del cabello ajeno, y tan solo consiguiendo que el
adolescente se aparte de forma brusca.

El mayor rió ante aquella acción y tomó la silla en la que estaba sentado
Taehyung, para después girar la misma y hacer que el castaño se vea en un
enorme espejo que tenía ahí. Ambos mirándose fijamente a través de éste.

Taehyung se vió a si mismo, su cabello maltratado, su labio partido, la ropa


que ni siquiera le pertenecía totalmente sucia y con pedazos de tela rotos
debido a todo lo que lo habían tocado en aquella multitud. Estaba hecho un
desastre, y aquella simple imágen fue demasiado para él, ya que sintió una
presión en el pecho y varias lágrimas no tardaron en salir y mojar sus
mejillas.

—Shh... No te sientas mal —decía suavemente el mago, acariciando con una


mano el cabello de Taehyung como si quisiera consolarlo, no teniendo mucho
éxito en eso—, ya te acostumbrarás a todo esto. —Aseguró, pasando su mano
ésta vez por el hombro derecho del chico.

—Y-Yo no quiero acostumbrarme... —Taehyung llevó ambas manos hacia su


rostro, cubriéndose mientras sentía como todo su cuerpo temblaba debido a
su llanto—. S-Solo q-quiero irme de aquí...
—Aww ternurita... —Jin hablaba con suavidad, mirando con ternura al
adolescente que lloraba sin consuelo alguno—. Ya todo pasará, te lo aseguro,
todo va a estar bien. —Masajeó levemente los hombros ajenos, acercándose
un poco hacia el rostro de Taehyung.

Sin embargo, el adolescente no sentía consuelo en sus palabras, se sentía tan


extraño, tan falso y forzado. Una simple mentira para transmitir calma.

—¿Cómo llegaste aquí? ¿Por qué haces esto? —Preguntó el castaño cuando
finalmente se tranquilizó, limpiando sus lágrimas con ambas manos.

Logró ver como Jin se tensó en su lugar y tan solo apartó la mirada, incapaz
de decir algo. Para después sonreír de repente y volver a sostener el cabello
de Taehyung.

—¿Alguna vez pensaste en teñirlo? Te verías bien de rubio. —Dijo de la


nada, asintiendo para sí mismo mientras caminaba con rapidez hasta quien
sabe dónde, buscando algo.

Taehyung observó como el mayor se iba, y tan solo se sostuvo con fuerza de
donde estaba la silla, pensando en lo que había sucedido hace tan solo
segundos. Jin se vió incómodo, incluso asustado ante su pregunta, y tan solo
escapó de donde él estaba, cambiando de tema de una forma brusca.

Y el adolescente realmente pensó que no se quedaría callado, no cuando una


persona que fue rehén del circo sabía tantas cosas, le habían sucedido tantas
cosas, para finalmente formar parte de todo eso. Taehyung quería saber,
quería saber por todo lo que pasaría de ahora en adelante.

Y supo que si quería obtener respuestas, debía persuadir al peligris, seguirle


el juego, como si nada estuviera pasando.

Jin llegó pocos segundos después, con varias cosas en su mano y una sonrisa
que mostraba lo emocionado que estaba. Taehyung lo observó curioso, hasta
que notó que el mayor tenía varias cosas para el cabello, todo lo necesario
para teñirlo.

Tragó en seco, sintiéndose nervioso. Él amaba su cabello tal y como estaba,


no quería teñirlo, eso nunca estuvo en sus planes.

Pero se mantuvo en silencio, esperando que el mago sea el primero en hablar.

—¿Te gustaría teñirte? ¡Te prometo que te quedará hermoso! —Jin dejó cada
una de sus cosas en una pequeña mesa, observando a Taehyung en busca de
su aprobación. Aunque el castaño sabía perfectamente que su respuesta no
importaba, el mayor podría hacer lo que quiera con él, y no habría forma de
negarse.

Sabiendo que no tenía opción, y que eso ayudaría un poco para recibir las
respuestas que quería, asintió con lentitud, tomando aire en cuanto vió que el
mayor aplaudía con emoción, para después empezar a preparar todo.

Suspiró, sintiendo como su cabello era tomado con delicadeza y el peligris


empezaba a sonreír, observando fijamente el reflejo de ambos.

•••

Jungkook salió del circo, limpiando su frente donde una capa de sudor se
hacía presente. Acomodó sus sucias prendas manchadas de sangre y se
apresuró en ir hacia la casa de Jin. En todo su espectáculo había permanecido
inquieto, todo por querer apurarse e ir a buscar a su mocoso, y ahora eso era
exactamente lo que iba a hacer.

Lo peor de todo fue que al final no había sido el primero en presentarse, fue
el tercero. Estuvo esperando varias horas hasta que finalmente lo dejaron dar
su show, Jungkook realmente quiso matar a alguien por hacerlo esperar de
aquella manera, y no dudó en desquitarse con los tres sujetos que mató sin
piedad.

Sus manos aún estaban llenas de sangre, dejando caer varias gotas de la
misma al suelo, manchando así el césped que había al igual que alguna que
otra piedra que se encontraba en el camino, su cabello negro cubría un poco
su rostro, pegado a su frente debido al sudor y su traje negro se sentía
húmedo debido al líquido rojo. Pero no podía importarle menos, solo quería
tomar a su chico e irse hacia su casa, encerrar a Taehyung y darse un buen
baño.
Finalmente llegó hacia donde estaban el peligris y el adolescente. Ni siquiera
tocó la puerta, tan solo entró y fue directo hacia donde suponía estaban ambas
personas, sintiéndose tan inquieto y cansado que ya no le importaba nada en
lo absoluto.

Escuchó la risa de Jin a lo lejos, por lo que se puso alerta. Tratando de saber
de donde diablos había sonado aquella carcajada. Hasta que se dió cuenta de
que provenía de una habitación.

Ensuciando un poco la casa ajena, abrió la puerta y apoyó una de sus manos
en el marco de la puerta cuando se asomó para ver al mago, encontrándolo
sentado en una cama algo pequeña, dándole la espalda.

—Jin, ¿Y mi mocoso? —Fue lo primero que dijo, entrando finalmente a la


habitación y ganándose así la atención del peligris.

Jungkook se quedó perplejo en su lugar al ver como Taehyung estaba entre


medio de las piernas de Jin, dándole la espalda, apoyando la misma en el
pecho ajeno mientras dormía, sus mejillas tenían restos de lágrimas secas y
pudo detectar varios cortes en sus brazos, ninguno era realmente grave, era
como si lo hubieran rozado con algún cuchillo o algo así. Miró con enojo a el
mago, y éste no tardó en levantar sus manos, dándole a entender que él no
había hecho nada.

—Él ya llegó así cuando me lo diste —se defendió el mayor, sonriendo


levemente al ver como Jungkook se calmaba, confiando en su palabra—. Por
cierto, ¿Te gusta su nuevo look?

El pelinegro alzó una ceja sin comprender, hasta que volvió a mirar a el
menor, abriendo un poco sus ojos, sorprendido al ver a su pequeño con el
cabello rubio. El mismo se veía reluciente, brillante, y en especial, suave.
Viéndose tan bien en Taehyung que el payaso por un segundo se sintió
hipnotizado, atrapado por la belleza ajena.

—Ya, veo que sí te gustó —Jin lo miró con burla, sacando al otro de su
mundo—. Ven y tómalo, que no voy a estar de niñero todo mi día libre.

Jungkook asintió con lentitud y se acercó hasta Jin, tomando al adolescente


entre sus brazos mientras intentaba no despertarlo. Ni siquiera se tomó el
tiempo de despedirse de su mayor cuando ya estaba saliendo de la casa con
Taehyung, sintiendo como el ahora rubio se movía levemente entre sus
brazos.

Sus manos llenas de sangre ensuciaron al menor, y Jungkook cada vez podía
sentir más como era que poco a poco el adolescente se despertaba, por lo que
apresuró el paso y en pocos minutos finalmente estaba en su casa rodante.

Dejó a Taehyung en el sillón y volteó para cerrar correctamente la puerta,


frunciendo un poco el ceño al notar que los idiotas de sus compañeros de
trabajo la habían dañado un poco. Pero no le tomó mucha importancia, no
cuando lo único que quería era darse una ducha y dormir un buen rato.

Sintió algo peludo caminar entre sus piernas y bajó la mirada, encontrándose
con Byul. El animal lo miraba fijamente, en busca de caricias, o mejor dicho,
en busca de comida.

Jungkook notó las intenciones de su mascota y tan solo suspiró con


cansancio, caminando hasta la cocina donde guardaba un poco de comida
para su conejito y siendo seguido por el mismo.

No supo cuanto había tardado, pero en aquellos minutos, el adolescente que


dormía incómodamente en el sillón empezó a despertar de a poco, siendo
víctima de horribles pesadillas que no lo dejaban descansar como debía,
alterandolo hasta el punto que lágrimas amenazaban con salir.

Taehyung se despertó tan asustado. Había soñado nuevamente con los


espectáculos del circo, pero todo era tan confuso, habían demasiadas
personas, todos lo rodeaban y se preparaban para verlo, se preparaban para
verlo morir, además de que las mismas personas gritaban con emoción,
aplaudiendo y exigiendo sangre.

Pero al verse acostado en aquel viejo sillón nuevamente, logró calmarlo


bastante, cuando en realidad, debería sentirse de tantas formas pero jamás
calmado. Estaba otra vez en manos de Jeon Jungkook, y eso no debería
transmitir tranquilidad.
Sus manos inmediatamente fueron hasta su cuerpo, verificando si no habían
alguna herida en el mismo. Y Taehyung suspiró al ver que no había ninguna
nueva, ignorando por completo las que tenía desde antes o las que habían
sido hechas aquel día, como los pequeños cortes que tenía en sus brazos, no
le parecían realmente importantes. El dolor no era insoportable.

Luego, notó nuevas manchas en su ropa, manchas rojas. Manchas de manos


por varias partes de su cuerpo.

Sintió escalofríos al recordar, lo único que vino a su mente fue la escena de


todos esos payasos y demás personas cubiertas de sangre mientras lo pasaban
de un lado a otro como si se tratara de el juguete favorito de todos.

Mordió su labio, reteniendo sus ganas de sollozar, no quería largarse a llorar


otra vez.

—Mocoso, despertaste. —Escuchó cerca suyo, y sus ojos se fijaron en


Jungkook, el cual estaba parado en la puerta que daba hacia la cocina, con un
pequeño plato con la comida para Byul.

Taehyung retrocedió, sentándose en la cama y abrazando sus piernas,


encogiendose en su lugar mientras evitaba la mirada de el payaso. No estaba
de humor para eso, tan solo quería desaparecer por un momento y quedarse
totalmente tranquilo, que absolutamente nadie sea capaz de hacerle daño una
vez más.

Fue en ese instante donde un mechón de su cabello cubrió un poco su vista y


el adolescente recordó la conversación que tuvo con Seokjin, apareciendo
como pequeños flashbacks en su mente.

—¿P-Puedo saber cómo llegaste aquí? —Había preguntado Taehyung,


mirando con ciertos nervios como el peligris pasaba un peine por su cabello.

Jin se mantuvo en silencio, concentrado aún en lo que hacía, pero al verse


más calmado que antes, contestó a la pregunta de el menor.

—Me trajeron aquí porque ví algo que no debí —fue lo único que contestó—.
Me mantuvieron como rehén como por unos ocho o nueve meses, la verdad
no estoy muy seguro.

El castaño asintió, sintiendo como poco a poco Jin empezaba a poner un


producto en su cabello.

—Y... ¿No te lastimaban? —Cuestionó, casi en un susurro.

Silencio fue lo único que recibió durante un par de minutos. No parecía que
el peligris quisiera hablar sobre eso.

—Él me lastimaba...

El adolecente rápidamente prestó aún más atención hacia su mayor,


observandolo a través del espejo.

—¿Namjoon?

Un asentimiento, y un suspiro por parte de Jin fue la respuesta. Y su


curiosidad tan solo aumentó.

—¿Entonces por qué estás con él?

Jin no contestó y Taehyung supo que ya lo había incomodado con tantas


preguntas, no debía actuar así. Debía generar aunque sea un poco de
confianza para que el peligris se sintiera cómodo, lo sabía.

—Creo... Creo que se me verá bonito el rubio... —Dijo de repente, sin saber
que decir.

—¿Verdad qué sí? ¡Jungkook no te querrá soltar después de esto!

El menor sintió una sensación desagradable en su estómago, acompañada de


una presión en el pecho. Ese payaso, él no quería seguir cerca de ese payaso.

Pero a la vez, era el único que parecía "protegerlo" en aquel lugar. Lo había
salvado de ser asesinado, pero Taehyung sabía que eso no cambiaría nada,
seguiría sufriendo de todos modos. El mismo sujeto que lo salvó sería el que
lo lastimara más tarde, estaba seguro de eso.
El rubio estaba tan metido en sus pensamientos, que no notó cuando
Jungkook había tomado asiento al lado suyo, observandolo con el ceño
fruncido, ya que le había estado hablando desde hace minutos.

—Ok, si no quieres comer es problema tuyo, idiota. —Dijo Jungkook cuando


ya se hartó de sostener el plato con la comida que había preparado para el
adolescente ya que hace tiempo no comía como debía. Se levantó, dispuesto a
irse.

En ese momento Taehyung reaccionó y tomó la muñeca ajena, haciendo que


el contrario detuviera su paso y observara al menor, como si estuviera
esperando que hablara o algo así.

Y Taehyung, por su lado, no sabía porqué había hecho eso. Él ni siquiera


tenía hambre, el apetito de cualquiera se iría si pasaba por lo mismo que él.
Pero ahí estaba, reteniendo al hombre que tanto lo había lastimado y
molestado en ese poco tiempo que para él era eterno.

—¿Vas a comer sí o no? —Cuestionó Jungkook al notar que el adolescente


no pensaba emitir palabra alguna.

El chico negó con la cabeza levemente, para después soltar la muñeca de el


mayor. Jungkook suspiró ante eso y retuvo las ganas de obligarlo a comer,
estaba demasiado cansado como para tener que lidiar con el mocoso, así que
no insistiría.

—Entonces, camina hasta el baño. Anda, que ya necesitas bañarte.

Si Taehyung no estuviera tan sensible en ese momento, lo más probable es


que hubiera alzado una ceja ante lo dicho por el payaso. Él simplemente tenía
tierra por doquier y unas cuantas manchas de sangre, pero el hombre enfrente
suyo tenía hasta el cuello repleto del líquido rojo y restos de sudor por todos
lados. No sabía a cual de ellos dos le hacía más falta un baño, pero no se
quejó.

Obedeciendo al mayor, se levantó con cierta dificultad de el sillón, haciendo


una mueca de dolor al sentir como el dolor llegaba de golpe en la zona de su
muslo herido. Pero no se detuvo por eso, siguió caminando con lentitud,
como si eso fuera a lastimarlo aún más, siendo seguido por el payaso.

Una vez que ambos estuvieron adentro de el baño, Jungkook habló.

—Quédate aquí, y sacate la ropa. —Ordenó, apuntándolo con su dedo índice,


tratando de verse intimidante. Pero no pudo lograrlo ya que sus ojos
reflejaban lo cansado que se sentía.

Taehyung no dijo nada y el mayor abandonó el baño, dejándolo solo.

Mientras el adolescente dudaba si sacarse la ropa o no, otro recuerdo llegó a


su mente.

—Niño, ya deja las preguntas, me estás empezando a cansar —Jin suspiró,


frustrado ante lo curioso y molesto que le resultaba Taehyung—. No te
incumbe lo que me sucedió, ya cállate.

Taehyung frunció el ceño, y se cruzó de brazos, molesto ante la poca


colaboración por parte de el peligris. No había logrado que conteste todas
sus preguntas.

—Estoy pasando por la misma situación que pasaste tú, creo que por lo
menos necesito saber cómo hacer para que éstos lunáticos no me maten o me
sigan tocando, maldita sea. Por favor, no estoy pidiendo que me sueltes, solo
que me ayudes a entender como diablos son las cosas en ésta mierda de
lugar. —El chico estaba cansado, quería respuestas, no quería pasar por
más cosas que lo hicieran sufrir.

Jin volvió a suspirar, pero aún así se notó más tranquilo.

—¿Quieres qué te diga lo qué debes hacer, niño bonito? Pues bien, te diré
que jodida mierda tienes que hacer —el peligris dejó a un lado el cabello de
Taehyung, para después mirarlo a través del espejo y sostenerlo por los
hombros—. Obedece absolutamente todo lo que te pidan, haz todo —aquellas
palabras confundieron y alarmaron un poco al adolescente, pero aún así no
dijo nada—. Jungkook es el que está a cargo de tí, no creo que alguien más
sea capaz de ponerte un dedo encima si eres de la propiedad de Jeon, porqu-
—Yo no soy propiedad de nadie. —Interrumpió Taehyung rápidamente,
frunciendo su ceño.

El peligris sonrió con diversión, o más bien, con burla. Y ni siquiera se


esforzó en tratar de retener la carcajada que soltó.

—Ay, que bebé que eres, todo inocente —el mayor negó levemente con la
cabeza—. Pequeño, no importa lo que digas, aquí todos los que entran como
tú y yo no son más que un trozo de carne, y ellos, en este caso, son como un
León hambriento —explicó, y Taehyung pudo notar cierta tristeza en su
sonrisa—. No somos más que eso... —susurró—. Y ellos se pelean entre sí
por ver quien disfrutará de el nuevo juguete o como quieras decirle, nos
convertimos en objetos de ésta gente.

Taehyung negó con la cabeza, incapaz de aceptar aquello.

—Pero no somos objetos, somos unas jodidas personas, por Dios.

—Y eso no importa aquí, no, aquí somos mercancía. O juguetes de alguno de


los trabajadores, y créeme, es preferible ser el objeto de alguien a ser el
espectáculo de miles de enfermos.

—Pero si tú eres uno de ellos. —Susurró Taehyung, mirando extrañado al


contrario.

Jin se mantuvo en silencio durante unos segundos, para después soltar una
carcajada algo escandalosa, empezó a reírse como si le hubiera contado el
mejor chiste del mundo, y Taehyung se removió incómodo ante eso, algo
asustado.

Taehyung sabía que habían jodido a Seokjin a tal punto en el que su mente se
había destrozado por completo, se preguntaba por cuantas mierdas había
pasado ese chico como para terminar de aquella forma, tan corrompido.

El circo lo había vuelto lo que era ahora, y Taehyung tenía miedo de


terminar igual que él, con tantas cosas traumáticas en su cabeza hasta el
punto en el que la locura se apodere de él y termine siendo uno más de el
montón de desquiciados en aquel enfermizo lugar.
Cuando la risa de el peligris cesó, el mismo volvió a hablar.

—Recuerda, niñito. Si quieres sobrevivir con Jungkook como tu dueño,


deberás seguir sus reglas, sus órdenes. Créeme que si obedeces, estarás bien.
Sé un buen chico...

Cuando Taehyung dejó de lado sus pensamientos, se dió cuenta de que ya


estaba completamente desnudo, con sus prendas en la mano derecha y su
mirada algo perdida, sin saber que hacer luego de eso.

Tiró la ropa al suelo y se apoyó en la pared, observando su cuerpo.

Los cortes que le había hecho Jungkook ya no le dolían tanto, podía soportar
eso. Aunque tanto su espalda como su trasero dolían levemente al ser
empujado tantas veces hacía el suelo, como la vez en la que Jimin lo agarró
de la ropa y lo tiró de forma tan brusca, se podía notar en su piel alguno que
otro golpe gracias a el color que adquirió la misma.

Y finalmente estaba su muslo, su muslo dolía demasiado, pero intentaría


soportarlo.

Taehyung se abrazó a sí mismo, frotando sus brazos como si estuviera


tratando de sentirse mejor con ello. Su mirada simplemente se mantuvo en
uno de los rincones del baño mientras pensaba.

Aquel día en el que Jungkook decidió que Taehyung sería suyo, el rubio
entendió algo importante.

Entendió que debía dejar de llorar, dejar de desobedecer. Tenía que empezar
a actuar en vez de lamentarse por todo lo que le había ocurrido, ya que eso no
lo ayudaría a escapar.

Si seguía actuando de la misma manera por más tiempo, no saldría vivo de


ahí.

Tal y como le había dicho Seokjin, debía obedecer a todo lo que ordene
Jungkook.

La puerta de el baño se abrió, dejando ver a Jungkook con una remera gris y
un pantalón negro holgado en sus manos. El payaso alzó una ceja al ver al
adolescente en su mundo, ni siquiera se había tomado el tiempo de mirarlo
cuando entró. Cerró la puerta detrás de sí y dejó la ropa a un lado para
después tomar el brazo de el rubio, haciendo que se sobresalte y lo mire con
los ojos bien abiertos, asustado.

—Hey, tranquilo, pequeño inútil. Solo iba a encender la ducha. —Jungkook


lo jaló hacía un lado para poder encender la ducha, y ni siquiera se tomó la
molestia de fijarse sí el agua estaba fría o no, tan solo puso a el adolescente
bajo el agua y sonrió al ver como el mismo se quejaba ante eso.

Taehyung sintió el agua fría recorrer su espalda y un escalofrío se hizo


presente, apretó sus dientes con molestia hacia Jungkook, mirándolo. Pero
aún así no dijo nada y empezó a bañarse, tratando de ignorar la mirada de el
hombre sobre sí.

El pelinegro fijó sus ojos en el cuerpo de Taehyung, analizando


absolutamente todo. Lo miró de pies a cabeza, perdiéndose en el color de su
piel, en su pequeña cintura y en especial en todas las heridas que poseía su
cuerpo. Y no evitó morderse el labio ante la vista, disfrutando cada segundo.

Hasta que notó que la venda que cubría el muslo de el chico no había sido
retirada, mojandose por completo mientras Taehyung solamente se centraba
en bañarse con rapidez para escapar de la intensa mirada de el payaso.

Jungkook se agachó un poco, intentando quitar la venda. Pero cuando sus


dedos rozaron el muslo ajeno, el rubio se alejó con rapidez, llevando ambas
manos hacia su pecho a la vez que negaba frenéticamente con la cabeza. El
mayor pudo notar el terror en sus ojos.

—No me toques... Por favor, no me toques... —Susurró, sin dejar de negar


con la cabeza, ahora más despacio.

Al ver que Jungkook alejó su mano, suspiró, pero el hombre no dejó de


mirarlo. Al contrario de lo que pensó, el pelinegro se enderezó y dió un paso
hacia él, causando que Taehyung dé un paso hacia atrás.

—Solo quiero ver como está la herida, no seas dramático —el mayor rodó los
ojos, aburrido ante el miedo que presentaba el chico ante algo tan simple—.
A ver, acércate.

Pero Taehyung negó. No quería ser tocado de nuevo, por ninguna persona, en
ese momento absolutamente todo le recordaba a lo que vivió aquella tarde
entre todas esas personas que lo empujaban y maltrataban, no quería
recordarlo una vez más.

Jungkook frunció el ceño ante la respuesta de el adolescente y se cruzó de


brazos, volviendo a dar un paso al frente y logrando que su cabello se mojada
al estar en contacto con el agua, los dos quedaron bajo la ducha.

—No te cansas de desobedecerme, ¿No es así? —cuestionó Jungkook,


mirándose intimidante ante Taehyung—. Déjame preguntarte algo, pedazo de
inútil. ¿Sabes lo afortunado qué eres de estar aquí, en mis manos? ¿Tienes
alguna puta idea? —Dijo de repente, acercándose aún más hacia el rubio,
hasta que sus narices se rozaron.

Taehyung cerró los ojos con fuerza, y Jungkook siguió hablando, ignorando
por completo la fría agua que caía sobre su espalda.

—Algunas personas secuestradas, no comen durante varios días —empezó a


decir, sonriendo con malicia—. No se bañan, quedan abandonados como
animales hasta que mueran de hambre o hasta que su jodido culo sea
manoseado por su secuestrador y el mismo lo mate como la sucia porquería
que es —siguió hablando entre dientes, notándose molesto al ver como el
menor no le dirigía la mirada—. Y mírate, mocoso, ¿Te he dejado morir de
hambre, hm?

El rubio no contestó, se sentía incapaz en ese momento. Abrió los ojos y


apartó la mirada, sintiendo como la mirada sobre sí y como la misma
mostraba pura rabia.

Jungkook sintió aún más molestia al no recibir respuesta, y agarró de forma


brusca el rostro de el adolescente, sosteniendolo por las mejillas y obligando
a Taehyung a mirarlo.

—¿Te he dejado morir de hambre, Taehyung? —Volvió a preguntar.


Después de unos cuantos segundos, Taehyung negó levemente con la cabeza,
volviendo a apartar la mirada.

A pesar de que no comía tan seguido, debía reconocer que Jungkook lo


alimentaba por lo menos una vez al día. No era suficiente, pero algo era algo
después de todo. Y cuando quería, el payaso le daba más comida.

—Exacto, no mueres de hambre —Jungkook sonrió un poco—. Y puede que


no te bañes todos los días, pero creo que ninguna persona secuestrada se baña
tan seguido como tú, éste es tu segundo baño y llevas a penas más de una
semana aquí, casi dos —el pelinegro ladeó la cabeza—. ¿Sabes a dónde
quiero llegar con todo esto?

Taehyung volvió a negar.

—A que me desobedeces incluso cuando tienes más de lo que deberías tener.


Eres un rehén, idiota. Puedo tratarte como a una puta basura si quiero y no lo
he hecho, podría dejarte en manos de gente muy jodida a ver si así sigues
siendo tan desobediente, maldita sea —el payaso frunció el ceño—. Hay
personas muy enfermas ahí afuera, lo sabes —apuntó hacia algún lado del
baño, refiriéndose a las personas que estaban fuera de la casa rodante—.
¿Sabes cómo te tratarían ellos?

—M-Me lastimarían... —Susurró el rubio.

—Exacto. —Jungkook sonrió, complacido ante la respuesta.

—Pero tú también me lastimas...

El payaso alzó una ceja, para después soltar una pequeña carcajada y negar
levemente con la cabeza. Taehyung notó la diversión en su rostro al momento
de verlo nuevamente, y eso le dió un mal presentimiento.

—¿Realmente piensas qué te lastimo? —cuestionó con burla—. Tú en serio


no sabes lo que te puedo llegar a hacer para lastimarte de verdad. Lo máximo
que te hice fueron unos cortes que te aseguro sanarán pronto. No seas un
maldito llorón, niño.
El rubio se mantuvo en silencio, y Jungkook apoyó su frente contra la suya.

—Dejemos algo en claro, Taehyung, yo no te lastimé como realmente


hubiera deseado hacerlo y no creas que no soy capaz de realizarlo ahora
mismo. Te alimento, te dejo que te mantengas sin esposas o sogas siendo que
casi te escapas como el estúpido que eres, te dejo bañarte para que no
parezcas un puto animal y hasta te salvé de ser asesinado ahí afuera. Tienes
tantos privilegios que realmente no te mereces y solo hay un puto motivo
para que los tengas.

—¿Q-Qué motivo?

El payaso alzó su mirada, mirándolo a los ojos y sonriendo una vez más.

—¿Recuerdas mis tres reglas? —Cuestionó, ignorando la pregunta de


Taehyung.

—Sí.

—Pues, las reglas cambiaron, Taehyung. Presta atención —dijo, y al ver que
tenía la atención de el rubio sobre sí, siguió hablando—. No debes
desobedecerme, es la única maldita regla.

—¿Por qué solo una?

Jungkook sonrió aún más, acercándose solo un poco más hasta que sus labios
se rozaron.

—Eso no importa, mocoso. ¿Sabes lo qué realmente importa? Que dejaste de


ser un rehén en éste mismo instante y pasaste a ser algo aún peor...

—¿A qué te refieres? ¿Qué cosas dices? —Taehyung intentó alejarlo,


poniendo ambas manos en su pecho, nervioso ante la cercanía.

El payaso tomó las muñecas de el chico, empujandolo con su cuerpo hasta


que la espalda de Taehyung tocó la pared. Sintió como el adolescente se
ponía tenso al instante, pero no pareció importarle, su abdomen chocaba
contra el del menor, presionandolo aún más contra la pared.
Taehyung cerró sus ojos, regañandose una y otra vez por no poder cumplir
con una simple tarea que se había propuesto en la casa de Seokjin, una tarea
tan pero simple que para él parecía imposible, obedecer. Si tan solo hubiera
dejado que el payaso quitara aquella estúpida venda no estaría en esa
situación, y se lamentaba por ello.

Jungkook se quedó mirando por algunos segundos los labios ajenos,


relamiendo los propios. Y sonrió un poco antes de besar con cierta
brusquedad a el rubio, sosteniendo firmemente las muñecas de Taehyung
sobre su cabeza y moviendo sus labios con exigencia, sin importale no ser
correspondido por el adolescente.

El rubio cerró sus ojos, intentando reprimir las lágrimas que se formaron en
sus ojos y tratando de calmar la presión en el pecho que sentía. Estaba
asustado y no sabía cómo reaccionar ante los toques del hombre.

Cuando Jungkook se separó, sus labios se guiaron hasta la oreja de el menor,


dejando un pequeño beso por debajo de ésta para después susurrar con calma.

—Ya no eres un rehén, Taehyung. Ahora eres de mi propiedad, mi juguete —


susurró, y Taehyung pudo jurar que sintió la sonrisa de el mayor sobre su piel
—. Y si mi juguete no me complace como debe, no dudaré en romperlo.

Y cuando Jungkook se sintió satisfecho ante sus propias palabras,


manteniéndose contra el cuello de el menor mientras pensaba que podía
haberlo intimidado aún más. Taehyung abrió los ojos y se mantuvo pensando
por algunos segundos, hasta que quiso sonreír ante la idea que había tenido
en ese mismo instante.

Ser el juguete de Jungkook...

Taehyung entendió lo que sucedía y ciertamente él se veía beneficiado ante


eso. Jungkook se veía demasiado interesado en tenerlo como si fuera suyo, un
objeto. El payaso casi siempre mantenía sus ojos fijos en él y el rubio sabía
eso, sabía que el hombre tenía cierto interés hacia él y que haría cualquier
locura con tal de tenerlo a su lado, se lo había demostrado en el momento en
el que peleó de tal manera entre toda esa gente para tomarlo entre sus brazos
y llevárselo.
El rubio había ideado un plan, y en ese plan únicamente estaba la idea de
utilizar el interés de Jungkook a su favor.
17

Una vez que Taehyung terminó de bañarse, Jungkook se encargó de analizar


sus heridas, curandolas si era necesario, y cambiando la venda de el muslo
herido. El payaso se había encargado de ponerle la ropa y secar su cuerpo, y
el rubio no se quejó, tan solo permaneció en silencio, atento a los
movimientos de el mayor. Desconfiaba de toda esa calma tan repentina y por
eso mismo se mantenía alerta.

—Listo. —Dijo Jungkook al ver a el adolescente totalmente limpio y vestido,


suspiró y abrió la puerta de el baño, sosteniendo la muñeca de el menor y
logrando así que el mismo se ponga algo tenso. Pero aún así Taehyung le
siguió el paso.

El pelinegro lo sujetaba con firmeza, siendo así un toque algo brusco. Pero
sus pasos eran tranquilos y su expresión no mostraba ningún rastro de
fastidio, por lo que Taehyung se relajó un poco, dejándose hacer y siendo
guiado por el payaso hasta lo que él pensaba sería aquel lugar donde estaba el
viejo sillón.

Los escalofríos se hicieron presentes por un segundo, recordando la horrible


sensación que sintió al despertar y ver a aquellas personas que lo observaban
por la ventana, golpeando la misma y divirtiéndose ante el miedo que él tenía
en ese momento, cuando estaba sentado en aquel sillón.

Cerró los ojos, tomando aire e intentando calmarse. Él no quería volver a


dormir ahí, realmente no quería, pero sabía que si se resistía tan solo lograría
poner malhumorado a Jungkook y él no quería eso. No ahora que debía
empezar a actuar y usar a el hombre para lo que él quería.

Taehyung sabía que si quería llevar a cabo su plan, debía ser obediente,
comportarse y dejarse manipular por el payaso. Debía causar la impresión de
que era alguien sumiso ante él, que obedecería por completo sus órdenes sin
importar nada.

Él sabía que Jungkook era una persona impulsiva, el hombre no pensaba dos
veces antes de actuar, tan solo lo hacía y ya. No se ponía a pensar en lo que
podría llegar a suceder en un futuro, solo se centraba en el presente y en lo
que quería. Taehyung estaba seguro de que lo que quería en la actualidad era
a él, tenerlo como si fuera su mascota para usarlo a su gusto y aprovecharse
de todas las formas posibles, tratándolo como si fuerza su juguete y no un ser
humano.

Y si sabía eso, estaba seguro de que si se comportaba, estaría seguro,


Jungkook no le haría daño a no ser que desobedeciera. Y gracias a lo que
vivió hace poco, estaba bastante seguro de que el payaso no dejaría que
absolutamente nadie le ponga un dedo encima, que nadie le hiciera algún tipo
de daño. Porque el hombre era tan egoísta que el único daño hacia él podría
ser causado por sus propias manos.

Jungkook era alguien demasiado impulsivo, y eso también sería utilizado a


favor de Taehyung.

Su plan parecía fácil, aunque realmente no lo era. Debía dejarse dominar por
un tiempo, tiempo en el cual intentaría ganarse la confianza de el mayor,
poniéndolo en contra de absolutamente todos los que tan solo estén cerca de
él, le jodería tanto la cabeza hasta el punto en el que Jungkook ya no sepa en
quien confiar y termine otorgándole toda su confianza.

Y en el momento en el que tenga oportunidad, en el momento en el que


Jungkook lo descuide por tan solo un segundo, huiría.

Parpadeó varias veces cuando notó que el camino no era el mismo que el que
tomaban para ir hasta la pequeña sala, y alzó una ceja al ver como el hombre
abría una puerta, casi empujandolo adentro cuando la abrió por completo. Y
su corazón empezó a latir con rapidez al ver que se trataba de una habitación,
donde había una cama matrimonial y varias maletas en los costados de la
misma. Una diminuta mesa siendo utilizada para apoyar varios libros y un
vaso que en ese momento estaba vacío.
Ni siquiera pudo preguntar que diablos sucedía cuando Jungkook ya lo había
empujado hacia la cama, sobresaltandolo en el momento en el que se puso
entre medio de sus piernas, sujetando su cuerpo con firmeza y acercando su
rostro hasta que sintió como sus narices se rozaban.

Taehyung se tensó al instante, llevando ambas manos hacia el pecho del


hombre y ejerciendo un poco de fuerza en aquella zona cuando quiso
empujarlo.

"No, Taehyung. No te muevas." Pensó, tratando de calmarse y permanecer


quieto debajo de el mayor quien tan solo lo observaba fijamente, sin
importarle la fuerza con la que estaba sosteniendo la cadera ajena y el como
el chico lo veía asustado.

Jungkook sonrió levemente, con malicia, ladeando su cabeza y dejando caer


su cabello en su rostro y causando así que sus ojos se tapen un poco, pero aún
así no dejó de ver a el adolescente, sintiendolo tenso debajo suyo y a la vez
sintiendo como las manos ajenas sujetaban de forma delicada su traje, como
si Taehyung estuviera dispuesto a alejarlo en algún momento.

La sangre que aún permanecía encima suyo ya estaba seca, por lo que no
logró ensuciar nuevamente a Taehyung, su sudor ya se sentía frío gracias al
viento que entraba por la pequeña ventana de su cuarto y su cabello seguía
hecho un desastre. Pero en lo único que podía pensar en ese mismo instante
era en lo bonito que se veía el rubio debajo suyo, mirándolo fijamente, atento
a cada uno de sus movimientos.

Se movió un poco, acomodandose mejor. Y dejó salir una carcajada al notar


la mirada aterrada que recibió por parte de el menor ante su leve movimiento.
Taehyung sostuvo con firmeza la camisa de su traje y sus ojos se abrieron un
poco más de lo normal, tragando con nerviosismo cuando Jungkook alzó un
poco su rostro para apoyar su nariz en el cabello rubio de el menor y oler el
leve aroma que tenía gracias al shampoo.

—¿Te pongo nervioso, muñeco? —preguntó con burla, alejándose solo un


poco y mirando los ojos ajenos—. ¿Tienes miedo?

Taehyung cerró los ojos, tomando aire y tratando de calmar los latidos de su
corazón y las ganas que tenía de empujar a el mayor de encima suyo. La
posición en la que estaban lo ponía totalmente nervioso al saber las
intenciones del hombre y la manera en la que lo miraba no ayudaba para
nada.

Ignoró sus pensamientos, negando finalmente ante la pregunta de Jungkook


unos cuantos segundos después.

—No te tengo miedo. —Aseguró, pero su voz salió en un susurro.

El pelinegro alzó una ceja, sonriendo de forma socarrona antes de alejarse un


poco más y así poder admirar por completo el rostro de Taehyung.

—¿No? —la manera en la que sonreía hacía que Taehyung se sintiera


pequeño—. Entonces, ¿Por qué estás temblando? —Preguntó, subiendo sus
manos con lentitud, aún apoyandolas en la cintura de el chico mientras
levantaba poco a poco la camisa de el mismo, tocando su piel y sintiendolo
temblar ante su toque.

El silencio se hizo presente. Taehyung no quiso responder, tan solo cerró sus
ojos con más fuerza y de forma inconciente ya se encontraba sujetando las
muñecas de el mayor para que sus manos dejen de tocarlo.

Jungkook sonrió aún más ante la acción del adolescente y se acercó


nuevamente hasta él, solo que ésta vez en vez de rozar sus narices, sus labios
rozaron el cuello de Taehyung en el momento en el que se soltó de el agarre
de el chico y sostuvo las muñecas de el mismo, sujetandolo con fuerza.

—Precioso, si vas a mentir, asegúrate de hacerlo bien. —Dijo Jungkook en


un susurro, dejando un rápido beso en el cuello ajeno y separándose de su
cuerpo pocos segundos después, levantándose de la cama y manteniéndose
parado al borde de la misma.

El menor se sentó en la cama, alejándose un poco de el hombre cuando


estuvo libre y observandolo fijamente, atento a todo lo que hacía Jungkook.

—Iré a darme un baño. Dormirás aquí de ahora en adelante —informó,


dándose la vuelta y abriendo la puerta una vez más. Pero detuvo su paso y
miró a Taehyung antes de salir por completo—. Ah, y por si intentas huir,
estará cerrado. —Y dicho ésto, abandonó la habitación.

Taehyung suspiró con alivio al estar solo, calmandose.

Guió sus piernas hacia sí, apoyando sus manos en sus rodillas y haciendo una
pequeña mueca al sentir un leve dolor en su muslo ante su acción. Pero
decidió ignorarlo y aún así sostener sus piernas, escondiendo su rostro ahí y
tratando de permanecer calmado. El miedo que sintió al estar en aquella
posición con el pelinegro había sido más horroroso de lo que pensó, la simple
cercanía de Jungkook lo hacía poner nervioso y sus manos tocando
descaradamente su cuerpo no habían sido de ayuda para que deje de estar
alterado.

Tenía miedo aún.

Taehyung comprendía que él no estaba en posición de negarse, que aquel


payaso podría hacer lo que deseara con él, podría tocarlo como deseara y no
podía poner resistencia porque las cosas tan solo serían peores. Pero eso no
quitaba el hecho de que sienta rechazo hacia las caricias de el hombre y que
el miedo empiece a aparecer con tan solo un roce.

Un suspiro abandonó sus labios, cuando ya se sentía más tranquilo.

Sus ojos empezaron a ver a su alrededor, mirando cada detalle de el cuarto e


incluso la ventana que era demasiado pequeña, como si solo sirviera para
dejar entrar un poco de aire.

Las maletas en el suelo llamaron su atención.

Se levantó de la cama con delicadeza, tratando de no sentir dolor al mover


mucho su pierna derecha, y se acercó hasta las maletas al notar que varias
estaban abiertas, pero una en especial tenía un candado, uno que se abría
poniendo una clave.

Alzó una ceja, la curiosidad llegando de golpe. En las maletas que estaban
abiertas se podía ver solo ropa, por lo que Taehyung sintió demasiada
curiosidad por saber que era lo que tenía adentro aquella enorme maleta de
color negro.

Pero no quiso tocar nada, tan solo siguió observando la habitación. Jungkook
tenía libros por doquier y eso había sido curioso para él, ya que hasta los
tenía en una mesita que había a su lado.

Agarró uno de los libros, mirando cada uno de ellos sin tomarse el tiempo de
leer más que los títulos o la parte trasera de la tapa. Algunos aparentaban ser
historias de terror, otros eran cuentos enfermizos y llenos de suspenso y cosas
así, lo único que había llamado su atención entre todo eso fue que en uno de
los libros, había un papel que sobresalía.

Taehyung frunció levemente el ceño, curioso. Dejando los demás libros a un


lado y enfocando su mirada únicamente en el gran libro que permanecía
cerrado con aquel papel rojo sobresaliendo, atrapado entre las páginas que
daban fin a la historia del libro. Y sus manos parecieron moverse por sí solas
cuando ya se encontraba rozando la tapa del libro con sus dedos.

Y cuando su dedo índice tocó levemente el papel, se detuvo.

La sensación que sintió en sus piernas había sido suficiente como para
distraerlo, como si algo peludo hubiera chocado contra él, solo que parecía
que estuviera frotándose. El rubio miró hacia abajo con confusión al sentir
aquello, buscando con la mirada alguna explicación.

Hasta que finalmente notó como Byul caminaba entre sus piernas, el animal
lo miraba con curiosidad, ladeando su cabeza mientras que con sus patas
tocaba a penas el pie izquierdo de el humano, distrayendolo y así logrando
que deje a un lado el libro de Jungkook.

Taehyung sonrió levemente, agachandose un poco y tomando al conejo entre


sus manos para después acariciar la cabeza de el mismo con delicadeza y
cuidado.

—Hey, Byul —susurró, como si tuviera miedo de ser descubierto en algún


momento. Sabía que no debía tocar mucho a ese animal, su dueño se lo había
dejado claro, pero le resultaba imposible siendo que el conejo siempre estaba
cerca suyo—. ¿Cómo estás, pequeñito?
El conejo blanco se quedó quieto ante sus caricias, acomodandose mejor
entre los brazos de el adolescente y cerrando sus ojos, preparándose para
dormir.

La sonrisa de el rubio duró unos cuantos segundos más, antes de caminar


hacia la cama y acostarse con cuidado de no lastimar a Byul. Sus brazos
rodeandolo como si lo estuviera abrazando pero no apretandolo para no
causarle ningún tipo de daño. Él también estaba cansado, su día había sido
agotador y el dolor que sentía en su cuerpo no era algo que le gustara sentir,
por lo que prefirió dormirse en lo que Jungkook se bañaba. Y también,
porque no quería tener que lidiar con el hombre cuando volviera.

Sus ojos se cerraron con lentitud, y el rubio realmente ansiaba quedarse


dormido lo más rápido posible. Porque en sus sueños él era libre, y Taehyung
quería sentirse así aunque sea tan solo en un sueño.

•••

Las gotas de agua que caían por su cabello mojaban su espalda, hombros, y
parte de su pecho. Todo su cuerpo se sentía helado ante lo fría que estaba el
agua, pero él no se quejaba, tan solo se limitaba a bañarse lo más rápido que
podía entre algunas quejas que susurraba, algo frustrado.

Debió pensarlo dos veces antes de dejar que el mocoso se acabara toda el
agua caliente bañandose, maldita sea.

Un suspiro abandonó sus labios cuando finalmente acabó, apagando la ducha


de inmediato y tomando la toalla que tenía cerca, empezando a secarse en
silencio mientras se veía en el pequeño espejo que había en el baño,
analizando su rostro y parte de su pecho.

En ese momento se dió cuenta de que tenía varios cortes por todo el cuerpo,
en especial en los brazos y en la zona de la cintura. Una de sus cejas se alzó
ante eso, mirando las leves heridas con confusión, no recordaba como se las
había hecho.

Hasta que recordó el suceso de aquella tarde, cuando estuvo entre medio de
toda aquella multitud armada que se mantenía eufórica, esperando poder
asesinar a su mocoso. Todas las personas que estaban ahí portaban armas, y
seguramente lo habían lastimado mientras las empujaba, insultaba e incluso
golpeaba. Jungkook no se había dado cuenta porque en ese momento la rabia
y desesperación que sentía era algo más importante que los cortes que habían
hecho en su cuerpo y a él no podía importarle menos, no era nada grave
después de todo.

Luego de percatarse de sus heridas en esas zonas, sus ojos oscuros se fijaron
en su hombro, observando las marcas que habían dejado los dientes de Jimin
cuando éste lo mordió como si de un animal se tratara. La herida aún no
cicatrizaba, y estaba seguro de que eso dejaría una gran marca.

Frunció el ceño ante eso, sin dudas Jimin se las pagaría en algún momento.

Y finalmente, notó una pequeña cicatriz en una de sus mejillas, producto de


otra pelea con el mismo rubio.

—Ah, que hijo de puta —susurró con fastidio y cansancio, tocando su mejilla
—. Bastardo, infeliz, pendejo, culo operado. —Siguió soltando insultos a la
nada, negando levemente con la cabeza mientras empezaba a vestirse, las
ganas de golpear a Jimin aumentando cada vez más.

Incluso llegó a hacer una mueca de desagrado cuando recordó como el chico
de labios gruesos había pasado su asquerosa lengua por su cuello. Jungkook
no podía creer que no le había dado un puñetazo en ese momento.

Una vez que se terminó de cambiar, tomó la ropa sucia y la dejó en un


canasto que tenía por ahí. Se encargaría de limpiarla luego, ya que en ese
instante estaba demasiado cansado y anhelaba dormirse como mínimo una
diez horas.

Se dirigió hacia su habitación, sacando una de sus llaves y así abriendo la


puerta. La luz estaba apagada y él no hizo más que volver a cerrar la puerta
detrás de sí con llave antes de caminar hasta su cama, la luz de la luna
entrando un poco a través de la ventana que había.

Sus ojos se fijaron en Taehyung, observando como el rubio dormía


tranquilamente en su cama, su rostro dando un aspecto calmado, sereno. Sus
largas pestañas adornando sus ojos y su boca levemente entreabierta era lo
único que pudo ver Jungkook gracias a la poca luz que había, pero aún así
supo que su pequeño se veía hermoso incluso cuando se dormía. Una leve
sonrisa se hizo presente al darse cuenta de eso.

Sonrisa que se borró por completo al notar algo peludo entre los brazos de el
rubio.

Contó mentalmente hasta 10, tratando de calmarse. Estaba haciendo un gran


esfuerzo para no volverse loco ahí mismo y romper todo a su alcance, porque
la simple imágen de alguien cerca de su mascota era algo que tenía un gran
efecto en él, y sin dudas no era un efecto bueno.

Empezó contando hasta diez, pero con cada minuto que pasaba fue llegando
hasta cien, hasta doscientos. La calma aún no llegaba y Jungkook sentía sus
ojos llenarse de lágrimas ante la rabia e impotencia que sentía.

Su respiración empezó a acelerarse, y su frustración hizo aparición porque no


podía creer que no era capaz de mantener la compostura, quería gritar.

Retrocedió un paso, y luego otro, hasta que finalmente salió de la habitación


una vez más. Caminando hasta la pequeña sala, donde yacía el sillón.

—Cálmate, cálmate, joder. —Repetía entre susurros, limpiando sus lágrimas


con rabia antes de dejarse caer en el sillón, sentándose y sosteniendo su rostro
entre sus manos.

No podía creer que de nuevo estaba sucediendo.

No... Él no quería, no otra vez...

—Basta, no quiero. No va a pasar, no... —Trataba de convencerse, los


recuerdos apareciendo uno tras otro y su mente dando miles de vueltas, sus
ojos se guiaban de un lugar a otro mientras una de sus manos sostenía su
cabello.

Su papá, Yugyeom, la prostituta, Yoongi, ellos...

Simplemente, no.
Negó con la cabeza, inhalando y exhalando una y otra vez hasta que se sintió
tranquilo. Su respiración volviendo a la normalidad y sus lágrimas
deteniéndose de a poco después de varios minutos.

Estuvo en silencio aproximadamente unos treinta minutos, en los cuales se


mantuvo en la misma posición.

Se levantó del sillón, limpiando las palmas de sus manos con su pantalón
cuando notó que las tenía húmedas debido al sudor, y mordiendo su labio
levemente antes de tomar aire e ir nuevamente hasta la habitación.

Lo primero que hizo cuando estuvo nuevamente en el lugar, fue tomar a Byul
entre sus brazos, quitándoselo a Taehyung y empujandolo un poco para que
le deje lugar en la cama.

Se acostó a su lado, dándole la espalda y sosteniendo a el conejo firmemente


contra su pecho, aunque no llegaba a hacerle daño, y el animal tan solo se
dejó hacer, acurrucandose contra el pecho de su dueño.

El pelinegro suspiró, sintiéndose calmado ante la suavidad que otorgaba el


pelaje de Byul y los leves toques que hacía la nariz del mismo en uno de sus
pectorales. Se sentía mucho más tranquilo, pero aún podía sentir una presión
en su pecho, dificultandole así poder dormir.

—Byul... No quiero que vuelva a pasar, ya no quiero... —Susurró sintiendo


como los ojos de su mascota lo miraban, como si le entendiera o solo le
estuviera prestando atención.

Jungkook volteó un poco su rostro, observando de reojo a Taehyung antes de


volver a susurrar.

—No quiero volver a pasar por eso...

Y con esas palabras, sus ojos se cerraron, y el sueño se apoderó de él.


18

Sus pies estaban llenos de sangre.

Sus manitas se cerraban y abrían repetidas veces, mientras que él observaba


el líquido rojo en las mismas, sintiendo como poco a poco sus brazos se
mojaban a penas gracias a que una línea de sangre bajaba hasta allí.

Jungkook ladeó su cabeza con una mueca de dolor en su pequeño rostro, la


sangre impropia mezclándose con la suya mientras cerraba su mano derecha,
donde tenía un corte causado por el vidrio que anteriormente sostenía antes
de cortarle el cuello a el tipo que permanecía muerto en el piso, a su lado.

Tenía diez años, y aquel sujeto se había pasado de listo con él.

—Ve a tocarle sus cositas a otro niño, bastardo. —Soltó con fastidio hacia el
cadáver, diciendo la palabra que había aprendido de su hermano mayor. Su
ceño fruncido y sus manos repletas de sangre apretandose con fuerza hasta
formar puños, estaba molesto, se sentía asqueado y molesto. Ese hombre
quiso tocar sus "cositas"

El charco de sangre que había debajo suyo fue creciendo cada vez más, ya
que el sujeto aún seguía perdiendo sangre. Y a Jungkook no pareció
importarle, tan solo se alejó, dejando al hombre solo en la que alguna vez fue
su casa rodante, donde había llevado al niño ya que tenía que mostrarle algo
"divertido" según él.

No contaba con que el chiquillo se sabía defender, mucho menos que sea más
ágil que él y mucho más rápido. Jungkook podía ser incrédulo, podía no saber
muchas cosas y no entendía algunas cosas a su alrededor, pero sabía como
defenderse y como causar daño. Era algo que su padre siempre le había
enseñado, prácticamente nació para ser así, lo habían criado así.
Y por eso mismo es que el niño no sentía culpa alguna, él no era como los
demás niños. Él no se había criado en el mismo ambiente que cualquier
infante, mientras los pequeños de su edad correteaban por ahí jugando y
haciendo tonterías como aprender a andar en bicicleta o cosas así, Jungkook
había sido espectador de los actos más crueles desde que tiene memoria, le
habían enseñado cada punto débil de las personas, cada zona en el cuerpo
humano que era capaz de llevarte al mismísimo infierno si era herida o
torturada de la peor manera. Su padre era un tipo que se crió al igual que él,
solo que Seung había empezado a presenciar asesinatos a los dieciséis, y él,
en cambio, había estado presente desde que nació. Los brazos de el tío de
Namjoon lo sostenían cuando era un bebé, entre el público, mientras su papá
hacía los espectáculos más enfermizos y sádicos que pudieran haber existido.

Y puede que los gritos llenos de entusiasmo, silbidos, gritos de horror y dolor
no sean el mejor ambiente para un bebé. Pero con el tiempo, Jungkook se
había acostumbrado a eso siendo un pequeño bebé recién nacido, su papá
incluso le había dicho que podía dormir tranquilamente entre tanto griterío
sin siquiera inmutarse.

Jeon Jungkook teniendo diez años, no conocía lo que era sentir culpa. Jamás
había entendido siquiera porqué existía aquella sensación, y probablemente,
jamás lo entendería.

Lo más cercano que podía sentir respecto al amor, era lo que sentía hacia su
familia. Y como él no comprendía las cosas básicas de los sentimientos,
nunca pudo decir realmente si los amaba o tan solo sentía admiración.

Porque, ¿Quién no admitaría a su papá Seung? Solo un tonto.

O eso era lo que él pensaba.

Jungkook tal vez no entendía lo que era amar, lo que era querer. Pero un niño
como él no sería capaz de entenderlo por completo, y si en algún momento lo
sintiera, seguramente no actuaría de la forma correcta, porque él al no
conocer varias cosas, actuaba de la forma en la que él pensaba estaba bien.

—¡Jungkook! ¡Jeon Jungkook! —escuchó gritos a lo lejos, y una sonrisita


apareció en sus labios, dejando a la vista sus dientes que le daban la
apariencia de un conejito. Era su hermano Yoongi—. ¡Mocoso, aparece!
¡Papá me cortará los huevos si sabe que no estás conmigo!

—¡Yoonie! ¡Yoon! —Gritó de forma animada, corriendo entre el lugar,


pasando al lado de varias casas rodantes que permanecían estacionadas hasta
nuevo aviso de el presentador de el circo—. ¡Aquí estoy!

Tardó varios minutos en encontrar a su hermano, hasta que lo pudo ver a lo


lejos, su cabellera azul logrando llamar la atención del niño y haciendo que
éste empiece a correr hacia su dirección. Yoongi le estaba dando la espalda,
por lo que no notó el momento en el que Jungkook llegó, pero sí sintió las
pequeñas manos que abrazaban firmemente su cintura.

Ah, y la sangre manchando su ropa también fue algo imposible de ignorar.

Se volteó, no tardando nada en cruzarse de brazos y alzar una ceja ante el


infante. Quien al notar la mirada de su mayor, observó sus manitos por un
segundo y rápidamente las ocultó detrás de su espalda, sonriendo con fingida
inocencia.

—¿Qué hiciste ahora, mocoso malcriado? —Cuestionó Yoongi.

Jungkook hizo un leve puchero antes de apuntar en la dirección en la que


estaba la casa de aquel tipo que había asesinado minutos atrás.

—¡Él empezó! —Fue lo único que dijo.

El peliazul suspiró, antes de asentir y tomar la mano de su hermanito, sin


importarle demasiado si se ensuciaba o no.

—Vamos a ver que hiciste ahora, Koo.

Y con esas palabras y un pequeño asentimiento por parte de Jungkook, ambos


hermanos fueron a ver el desastre causado por las manos de el menor.

•••

Una botella de vidrio rota estaba en el suelo, acompañada por varios cristales
de la misma y un líquido rojo que estaba esparcido por doquier. El cuerpo de
el sujeto permanecía desplomado allí, con sus ojos aún abiertos y su boca
completamente llena de sangre al haberla estado escupiendo gracias a la
herida que le habían hecho en el cuello, la cremallera de su pantalón estaba
abierta y Yoongi frunció el ceño ante eso, aunque no dijo nada y tan solo se
limitó a observar todo el caos que había hecho el pequeño pelinegro que tenía
a su lado.

—¡Él quiso tocar mis cositas, Yoon! Se lo merecía... —dijo Jungkook,


mirando a su hermano y tratando de justificarse—. ¿Verdad?

El pálido parpadeó dos veces antes de mirar hacia abajo, observando a


Jungkook y asintiendo levemente antes de sonreír a penas, mientras guiaba
una de sus manos hacia el cabello de el infante y depositaba un par de
caricias.

—Sí, se lo tenía merecido, Kook. Bien hecho. —Felicitó, sonriendole a su


menor.

Pero Jungkook no veía la sonrisa alegre que siempre tenía su hermano, ni


siquiera mostraba sus encías, y eso se le hizo extraño. Parecía más una
sonrisa... triste.

—¿Pasa algo, Yoon? —Preguntó el pelinegro, ladeando su cabeza.

Yoongi negó con la cabeza suavemente, observando una vez más el cuerpo
en el piso.

—Tan solo... Me gustaría ser como tú... —Susurró, siendo unas palabras que
el menor jamás escuchó.

Y siendo unas palabras que lo habían llevado a tomar una decisión en un


futuro.

•••

—¡Yugyeom, esperame, hijo de puta! —gritó el pelinegro, riéndose con


ganas mientras corría detrás de aquel chico de cabello castaño que se reía
igualmente, alejándose de él—. ¡Yugyeom! —Soltó nuevamente, sonando
como una queja.

El chico menor le sonrió a penas cuando se detuvo. Ambos adolescentes


permanecieron quietos en sus lugares mientras sonreían y trataban de
recuperar el aire perdido debido a la reciente carrera, mirándose antes de que
Jungkook le diera un leve empujón a Yugyeom.

—No me vuelvas a hacer eso, sabes que odio las carreras. —Se quejó el
pelinegro de catorce años, frunciendo el ceño mientras veía a su mejor amigo,
pero aún así sonreía.

—No te preocupes, jamás volveré a hacerte correr para que veas la sorpresa
que te trajo el señor Jeon, tranquilo. —Dijo el castaño con una sonrisa,
cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado antes de observar de reojo la
reacción de Jungkook, quien tan solo abrió la boca y la volvió a cerrar varias
veces, sin saber que decir realmente, hasta que su ceño se frunció un poco.

—¿Sorpresa? —Repitió con confusión.

Yugyeom asintió simplemente, mirando sus uñas con desinterés segundos


después.

—Pero seguro no te gustará, está lejos y tenemos que correr para que puedas
verla pronto. Que pena —el menor se encogió de hombros, dándose la vuelta
y empezando a caminar en dirección opuesta a Jungkook—. Nos vemos,
Kook. Es una pena lo de tu sorpre-

—Oh, cierra la boca —dijo Jungkook después de rodar los ojos con diversión
y sostener a su mejor amigo por la parte trasera de su camisa, haciendo que el
otro detuviera sus pasos—. Mueve el culo, y dime donde está.

Una sonrisa de satisfacción apareció en los labios de Yugyeom antes de que


el mismo asintiera levemente, tomando la muñeca de su amigo y empezando
a correr lo más rápido que podía, perdiéndose entre medio de toda la gente
que caminaba por ahí, entre tantas casas rodantes, pequeños sitios donde
había varias personas maquillandose y otros llevando vestuarios y armas. El
ambiente siendo tan familiar para ellos.
La enorme carpa que había a un lado de todo eso era lo que más llamaba la
atención, pero los dos jóvenes estaban concentrados en otra cosa en ese
momento, demasiado ocupados corriendo hacia quien sabe dónde y
esquivando a todas esas personas que les resultaban un estorbo en su camino.

Los ojos de Jungkook se fijaron en Yugyeom cuando finalmente llegaron a su


destino. Ambos estaban parados enfrente de la casa rodante que compartía
con su padre tiempo atrás, ya que últimamente el hombre había estado
extraño, y de un momento a otro lo había mandado a ir a la casa de el castaño
que tenía a su lado. Las cosas empezaban a ponerse extrañas, pero Jungkook
en ese momento no quiso darle demasiada importancia, tal vez su papá solo
quería más privacidad, o algo así. Tan solo pensó que eran cosas absurdas de
adultos.

—Me supongo que no será una de tus bromas. ¿Verdad? —Cuestionó el


pelinegro, entrecerrando sus ojos con desconfianza.

—Te juro que no es una de mis bromas —aseguró el menor, sonriendo—.


Aunque, si fuera así, deberías sentirte afortunado de ser víctima de mis
geniales bromas. —Soltó de repente, sonriendo con orgullo.

—Tus bromas no son geniales, Yugyeom.

El castaño alzó una ceja, viéndose incrédulo y algo ofendido ante las palabras
de su mejor amigo, quien después de unos segundos de silencio, sonrió con
resignación.

—Está bien, debo admitir que la vez que dejaste calvo a Namjoon estuvo
bien. —Jungkook soltó una carcajada, llevando una mano hasta su boca y
tapando su sonrisa mientras que Yugyeom rió bajito igualmente antes de que
ambos ingresaran a la casa rodante.

Lo primero que vieron al entrar a el lugar, fue algo que logró confundir a
Jungkook, aunque no le había sorprendido en lo absoluto.

No era normal encontrar a una mujer amarrada a un costado de el sillón, pero


para él no era la gran cosa considerando que su padre siempre traía alguna
que otra víctima que utilizaría en un espectáculo para hacerle sentir terror
antes de que llegue el momento. Era una especie de costumbre extraña que
tenía Seung, y a Jungkook jamás le había interesado. Eran cosas de su padre,
después de todo.

No se imaginaba que ésta vez sería diferente.

El señor Jeon no había tardado en aparecer, poniéndose enfrente de su hijo y


sonriendole en grande. Sus manos escondidas detrás de su espalda y los ojos
de Jungkook fijos en él.

—Hola pa-

—Ten, Jungkook. —Interrumpió Seung, impaciente. Mostrando sus manos


hacia el pelinegro, quien abrió mucho sus ojos al ver lo que tenía su padre.

Un conejo.

Los ojos de Jungkook parecieron brillar en el momento en el que tomó entre


sus manos al pequeño animal, sintiendolo diminuto entre sus manos. Lo
observaba con detalle, era totalmente blanco excepto por una pequeña parte
que tenía una mancha negra en su pata izquierda, sus ojos parecían brillar
tanto que el pelinegro terminó comparándolo con las estrellas, y su nariz se
movía levemente, olfateando al humano como si lo estuviera analizandolo.

Y después de varios minutos en los que estuvo olfateando a su nuevo dueño,


el conejo se acomodó entre las manos de Jungkook, observando al mismo.

—Aww, es demasiado lindo. —Yugyeom acarició la cabeza de el animal,


sonriendo al ver como el conejo recibía gustoso sus caricias.

Seung le sonrió a su hijo al notar la confusión que presentaba ante aquel


repentino regalo, y sus manos se dirigieron hacia el conejo igualmente,
acariciando a penas una de sus orejas. El animal no se había alejado ante su
acción.

—El otro día escuché como el estúpido de Kim presumía a todos que su hijo
era el más responsable del mundo cuidando a su mascota en su casa... Que ni
mi hijo podría ser así de responsable... —contó—. El cabrón ya me tenía
cansado con eso, así que le dí dos bolas de carne para que el animal coma
algo, aunque creo que esa será su última cena —sonrió al ver como Jungkook
alzaba una ceja—. Y decidí traerte a éste pequeño porque, nadie es mejor que
mi hijo, y porque le hacía falta un hogar. Una de las chicas de aquí no sabía a
quien dárselo y ella no lo quería, y justamente mi querido hijo es lo
suficientemente responsable como para tener una mascota. Además de que
todos estos años me estuviste pidiendo un perro, y aunque lógicamente no es
un perro, algo es algo.

Jungkook permaneció en silencio por algunos segundos, hasta que frunció


levemente el ceño.

—¿Un perro? ¿Quién necesita un perro? ¡Mira a ésta pequeña cosa! —miró
con adoración a su nueva mascota, sonriendo con emoción—. Gracias, papá.

—No hay de qué, Kook —Seung palmeó dos veces el hombro de el menor,
siendo algo ignorado pues Jungkook seguía observando como el animal
empezaba a dormirse entre sus manos—. ¿Cómo lo llamarás? —Preguntó
tranquilamente, con una gran sensación de calma al saber que a su hijo le
había gustado el regalo.

Ignorando el hecho de que tenía una mujer embarazada a sus espaldas,


quien lloraba en silencio.

El pelinegro pareció pensar su respuesta por varios segundos, analizando a su


mascota y tratando de buscar el nombre ideal para él. Su mente pensando en
su brillante y sedoso pelaje e igualmente pensando también en sus brillosos
ojos, pero no estaba del todo seguro. Tan solo se limitó a decir el nombre que
más le había gustado entre todos.

—Byul —se decidió finalmente, sosteniendo al conejo entre sus manos y


acercandolo hacia sí, hasta que pudo ver el pequeño rostro del animal—. Se
llamará Byul.

•••

Su mascota era extraña.


Ya habían pasado varios meses desde que sus manos sostuvieron por primera
vez a Byul, desde que el pequeño animal lo había aceptado al instante como
dueño. El conejo siempre se dejaba acariciar por él, buscaba mimos, atención,
y se notaba decaído cuando no recibía aquello.

Pero eso nunca pasaba con otras personas.

Byul solamente se dejaba acariciar por, exactamente, cinco personas. Y


cuando alguien más intentaba siquiera tocarlo, el animal se ponía alerta, se
alejaba prácticamente corriendo como si aquella persona fuera alguna
amenaza. Pero no se notaba asustado en lo absoluto, simplemente mostraba
rechazo y se iba hacia su dueño para que lo tome en brazos y lo aparte.

Era como si escogiera quien era digno de tocarlo, o algo por el estilo.

Jungkook no le había dado importancia. Porque después de todo, no era como


que le gustara que cualquiera ponga sus sucias manos en su mascota, Byul
era como su pequeño tesoro, y lo cuidaba más que nada, por lo que no era un
inconveniente que el animal se mostrara así ante otras personas.

En ese momento no le había importado.

Actualmente, él se encontraba caminando hacia la casa rodante de su padre.


Debía decirle algo importante y no lo encontraba por ningún lado, así que no
le quedó más remedio que ir hacia allí por más que el adulto se molestara por
eso.

Y realmente, Jungkook no entendía porque Seung se ponía tan molesto por su


simple presencia en aquella casa en la que se había criado. El hombre se lo
había explicado, pero él aún así no entendía, para el pelinegro las cosas que
explicó su papá no tenían sentido.

Solo sabía que todo era debido a ella.

Abrió la puerta de la casa, ingresando con Byul entre sus brazos mientras el
pequeño conejo comía un trozo de zanahoria que le había dado su dueño,
totalmente tranquilo. Y lo primero que vió Jungkook al ingresar, fue a la
mujer que tenía tan mal a su padre, acostada en el sillón, su enorme estómago
notándose más de lo que recordaba y su respiración viéndose más acelerada
de lo normal.

Jungkook alzó una ceja al notar su estado, mas no dijo nada. Tan solo se
limitó a cerrar la puerta y dejar a Byul en el piso, buscando a su papá con la
mirada.

—Él no está... —Escuchó un susurro, e inmediatamente vió hacia la fémina


que tenía sus ojos fijos en él. Sonaba débil, su voz era ronca, como si no
hubiera bebido absolutamente nada en un buen tiempo. Cosa que Jungkook
notó.

El menor asintió ante las palabras de la mujer, yendo hacia la cocina y


llenando un vaso con agua, siendo seguido por su mascota que daba pequeños
saltitos al caminar, rodeaba a el pelinegro y no lo dejaba caminar tranquilo,
por lo que el futuro payaso frunció levemente el ceño.

—Byul, acabas de comer —regañó, notando las intenciones de su mascota,


quien tan solo lo ignoró. Jungkook rodó los ojos—. Está bien, toma. —Sacó
otro pedazo de zanahoria de el bolsillo de su pantalón, asegurándose de que
no tuviera alguna pelusa o algo por el estilo antes de dárselo al conejo que de
inmediato se quedó quieto, empezando a comer.

Jungkook sonrió levemente al mirarlo, para después caminar nuevamente


hacia la mujer, ofreciéndole el vaso de agua.

La pelinegra se sentó con cierta dificultad, sosteniendose del sillón antes de


tomar aire. Lucía cansada, no se veía precisamente bien, sus ojeras eran muy
notorias, sus labios estaban secos, y su respiración sonaba agitada. Su salud
parecía empeorar de un momento a otro, y Jungkook empezó a ponerse algo
molesto.

Molesto con su padre, porque estaba tan jodidamente obsesionado con


aquella prostituta pero ni siquiera se dignaba en darle un mísero vaso de
agua, siendo que la mujer estaba embarazada también. Necesitaba ciertos
cuidados, y si su papá no se los daba, él lo haría.

Y no era por ella, ella no era la gran cosa. No le causaba nada, Jungkook tan
solo se preocupaba por su hermano, por aquel niño que iba a tener la mujer.

El vaso quedó totalmente vacío en cuestión de segundos, y el menor escuchó


un débil agradecimiento que sonó en susurro.

—¿Traigo más? —Cuestionó, alejándose un poco cuando sus manos


volvieron a sostener el vaso, y recibiendo un asentimiento por parte de la
pelinegra.

Luego de que le haya entregado el vaso por segunda vez, se sentó a un lado
de la mayor, viendo su estómago y sonriendo levemente al recordar que ya
faltaban pocos meses para que su hermano naciera.

Y aunque él no supiera realmente si iba a ser niño o niña, deseaba que fuera
un varón. Por lo que siempre que hablaba de el embarazo, lo nombraba como
si fuera un niño.

Su mano se guió hacia el estómago impropio, sin siquiera pedir permiso. Y se


posó allí, esperando poder sentir aunque sea una leve patadita por parte de el
bebé.

Irene se dejó hacer ante el adolescente, manteniéndose callada mientras éste


esperaba pacientemente que ocurriera algo, o tan solo se limitaba a observar
su estómago que era cubierto por una larga camisa que estaba totalmente
sucia. Hace tiempo no se duchaba, el hombre que la mantenía secuestrada no
se lo permitía.

Ella trabajaba como prostituta, cerca de un viejo bar que había en su ciudad,
la paga no era precisamente la mejor, y a penas podía comprar algo para
comer. Sus días parecían eternos, los manoseos, insultos, y golpes que recibía
eran cosas a las que se había acostumbrado con el tiempo, su vida era así y no
había nada que pudiera hacer al respecto, o por lo menos, era lo que ella
pensaba. Sentía que no tenía escapatoria.

Por lo que, cuando Seung apareció en su vida, tratandola como una joya
preciosa aquella noche en la que se conocieron, se sintió bien. No la había
maltratado, le hablaba como si fuera lo más valioso del mundo, con
adoración, teniendola cada vez más a su merced con sus palabras bonitas y
sonrisas encantadoras, toques gentiles y miradas llenas de aprecio.

Así fue hasta que la guió hasta su casa, de la cual jamás volvió a salir.

El hombre había desarrollado una gran obsesión hacia ella, desde que la vió.
Pensaba que era la cosa más preciosa del mundo, algo tan precioso tenía que
ser destruido.

Seung solo quiso tenerla por un tiempo, hacerle daño, hacerla sufrir como
nunca antes había sufrido. Pero él no sabía que aquella mujer había pasado
por más cosas horrorosas que las que le hacía, los golpes no parecían causarle
nada, ella seguía luciendo igual de perfecta ante sus ojos.

Mientras tanto Irene, Irene estaba destruida. Porque cada día que pasaba al
lado de Seung, las cosas empeoraban, la obsesión aumentaba, los ojos
maniáticos de él siempre la estaban observando como si fueran a atravesar su
piel, sus toques eran bruscos, se alteraba ante lo más mínimo. La sola
presencia de alguien más cerca de su mujer desataban una furia que no
debería existir, una rabia incontrolable.

Salió de sus pensamientos al sentir una patada por parte de su bebé, y al


mismo tiempo, sintió como algo peludo caía en sus piernas, llamando su
atención.

Ah, era la mascota de aquel chico que tenía al lado.

Jungkook estaba más concentrado en la pequeña patada que sintió en su


mano que en Byul, por lo que no le prestó mucha atención. Tan solo sonrió
un poco antes de alejar su mano y después apoyarse en el sillón, observando a
su mascota y luego a Irene, quien había empezado a acariciar las orejas de el
animal.

El menor permaneció pensativo, entrecerrando sus ojos. Empezando a pensar


en lo extraño que era Byul a veces.

Aún no entendía porque el conejo solo se dejaba acariciar por su papá,


Yugyeom, Yoongi, Irene y él.
Pero nuevamente, decidió ignorarlo.

Sus ojos se fijaron en Irene, viendola con curiosidad cuando ella hizo una
pequeña mueca, llevando una mano hacia su vientre.

—Está pateando. —Informó la pelinegra, y Jungkook de inmediato sonrió,


llevando su mano otra vez hacia el estómago ajeno.

Sin embargo, la mayor se veía algo inquieta. Estaba alerta y levemente


preocupada porque en cualquier momento llegaría Seung y si encontraba a su
hijo ahí, no pasarían cosas buenas, ella lo sabía. Y Jungkook no estaba
consciente de ello porque hace exactamente dos meses que no había pisado
aquella casa.

Él no sabía que la obsesión de su padre había aumentado aún más,


empezando a rozar aún más su lado enfermo, su lado posesivo.

Fue por eso que cuando la puerta de la casa se abrió, Irene cerró sus ojos con
fuerza, y contuvo la respiración.

Jungkook aún seguía con su mano posada en su estómago, por lo que tan solo
empezó a rezar para que nada malo le ocurriera al adolescente.

Claro, ella no sabía las cosas que hacía Jungkook con otras personas, no sabía
lo espeluznante que podía llegar a ser. Pero él la cuidaba cada vez que podía,
y antes sus ojos era un niño, por lo que no quería que aquel lunático le haga
daño por su culpa.

Porque ella pensaba que todo era su culpa, absolutamente todo.

Seung observó a su hijo, a la mujer, y luego a la mano de Jungkook en el


vientre de Irene.

Y eso fue suficiente como para que se acercara hecho una furia, alzando su
mano derecha.

Jungkook ni siquiera pudo reaccionar, cuando una fuerte cachetada había sido
dada en su mejilla, logrando que gire levemente el rostro. El ardor llegando
rápidamente a aquella zona, haciéndolo sentir dolor.
Sus ojos se abrieron en demasía, observando a su padre quien en ese
momento estaba rojo debido a la rabia inexplicable que sentía, era como si
otra persona hubiera aparecido, porque Jungkook no creía que el sujeto que
tenía enfrente sea su progenitor. Su papá jamás lo había golpeado, y pensó
que jamás lo haría.

Pero a veces, las personas cometen las peores locuras que se podrían
imaginar tan solo por un simple capricho. Pero éste caso, las cosas eran
peores, porque para Seung, Irene no era un simple capricho, ella era mucho
más. Ella era demasiado.

Por lo que no lo pensó dos veces antes de volver a alzar su mano,


amenazando con dar otro golpe.

Pero Jungkook no se iba a dejar golpear, él ya no se consideraba un niño. Por


lo que se levantó, esquivando a su padre y agarrando a Byul entre sus brazos
antes de salir corriendo antes de que su progenitor hiciera alguna otra cosa.
No se iba a dejar golpear, pero tampoco lucharía con el hombre, porque
después de todo, sabía que estaba totalmente fuera de sí, y todo porque él
había tocado algo que le pertenecía.

Y en ese momento en el que acarició levemente la mejilla que había sido


golpeada, Jungkook entendió algo.

Entendió que jamás debía permitir que toquen lo que era suyo. Tal vez así,
no terminaría en la misma situación que su papá.

•••

Su papá había desaparecido.

No lo encontraba por ningún lado, nadie sabía de él. Meses después de que
había recibido aquella cachetada por parte de el hombre, Jungkook se había
mantenido algo alejado, no creía que fuera seguro estar cerca de su papá. O
estar cerca de su casa. No se acercaría hasta que Irene finalmente tuviera a su
hermanito, tal vez así Seung estuviera más calmado, aunque lo dudaba.
Pero a pesar de todo, el pelinegro seguía sintiendo admiración hacia el adulto,
seguía siendo respetuoso. Y se lo hizo saber cuando había aceptado tomar su
lugar en el circo, cuando su papá renunció.

Eso le recordaba, que después de eso, ya no veía tan seguido a Yoongi.


Incluso llegó a pensar que su hermano lo ignoraba.

Pero, ¿Por qué? ¿Él había hecho algo malo?

Jungkook detuvo su paso, analizando la situación y empezando a darse


cuenta de varias cosas mientras las personas a su alrededor seguían
caminando, llevando de un lugar al otro distintas cosas que se utilizarían para
el circo.

Esos últimos meses, el adolescente de ahora quince años había estado


demasiado ocupado, se concentraba en otras cosas y se mantenía totalmente
ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Sus espectáculos eran su única
prioridad, ni su progenitor le llamaba demasiado la atención en esos
momentos, ni su mejor amigo, mucho menos su hermano.

Los gritos de dolor combinados con los de entusiasmo le parecían más


importantes que ellos.

Pero ahora que se ponía a pensar detalladamente, hace tiempo que no veía a
su papá, que no veía a Yugyeom...

Alzó su mirada, frunciendo el ceño y empezando a caminar en dirección


hacia el presentador del circo. El señor Kim, el tío de Namjoon. Quien en ese
momento estaba hablando con varias mujeres que se reían de una forma un
tanto exagerada, logrando que Jungkook haga una pequeña mueca de
disgusto antes de tocar la espalda del hombre para llamar su atención.

El mayor volteó a verlo, y una enorme sonrisa apareció en su rostro,


presumiendo así los hoyuelos de el adulto.

—¡Jungkook! Mi payaso estrella. ¿Qué se te ofrece? —Cuestionó el señor


Kim, apoyando una de sus manos en su cintura.
—Hola, señor Kim —saludó Jungkook luego de haberse aclarado la garganta
—. ¿Sabe dónde está mi papá?

La sonrisa de el mayor desapareció de a poco, antes de que el mismo negara


con la cabeza.

—No lo he visto en varios días, lo siento.

El adolescente asintió, frunciendo el ceño.

—¿Y a Yugyeom?

—Tampoco sé nada de él, podría decirse que desde el viernes que no lo veo.
También miré a Seung por última vez el mismo día. —Contó el presentador
del circo, encogiendose de hombros.

Jungkook frunció aún más el ceño, confundido.

¿Desde el viernes? Pero si ya estaban en día jueves...

Hace casi una semana que el señor Kim no veía a su papá. Jungkook tenía un
mal presentimiento.

—¿No sabe nada de Yoongi? —Quiso saber, empezando a preocuparse.

Vió como el adulto lo observó con confusión, cruzándose de brazos.

—¿No te haz enterado? —Dijo de la nada el hombre de cabello castaño,


alzando una ceja.

—¿Enterarme de qué?

—Jungkook, Yoongi se ha ido ésta mañana...

Los ojos de Jungkook se abrieron en demasía, antes de que el mismo empiece


a correr hacia la casa rodante de su padre. Miles de pensamientos llegando de
un momento a otro, sintiendo una presión en el pecho y su corazón latiendo
como loco en lo que esquivaba a varias personas.
Su papá no estaba, Yoongi tampoco, Yugyeom... ¿Por qué no estaban? ¿Se
habían ido? ¿Por qué lo habían dejado?

La sensación de abandono que sentía Jungkook era inexplicable. Toda su


vida se había criado con aquellas tres personas a su alrededor, no podía
simplemente creer que de la noche a la mañana esas mismas personas se irían
de su vida, no le parecía posible. Pero supo que las cosas que sucedían eran
verdaderas cuando notó que la casa donde vivía Yugyeom no estaba, pudo
verlo mientras corría entre toda esa gente, al igual que pudo ver que alguien
más ocupaba la casa rodante que anteriormente le pertenecía a Yoongi.

Él había empezado a vivir en otro lado cuando empezó a trabajar, por lo que
no había sido capaz de notar la ausencia de aquellas personas hasta el
momento.

Su pecho le dolía, lágrimas se acumulaban en sus ojos debido a la rabia e


impotencia que sentía. Mientras rogaba entre susurros, siempre pidiendo por
algo, suplicandole a la nada misma que por lo menos su hermanito no lo
hubiera abandonado igualmente.

Temía perder también al bebé, a su hermano. No quería.

Fue después de varios minutos que finalmente había llegado hasta la casa
rodante de su papá, sus piernas dolían al igual que sus pies debido a todo lo
que había corrido, una capa de sudor se podía notar en su frente y su corazón
latía de forma acelerada, se sentía tan cansado y aturdido por todo lo que le
sucedía que en ese momento no se creía capaz de entender todo lo que
sucedía a su alrededor.

Ni siquiera había sido capaz de escuchar los sollozos que se escuchaban


desde adentro de la casa hasta que abrió la puerta.

Sus manos temblaban, un nudo en su garganta estaba presente y sus ojos


buscaron desesperadamente a la mujer al no encontrarla en el sillón donde
siempre permanecía acostada.

Jungkook se había dado el privilegio de volver a respirar cuando el primer


sollozo había sido escuchado, el llanto de un bebé. Y sus ojos se fijaron en el
costado de el sillón, donde yacía Irene.

Estaba muerta.

Sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas cuando finalmente fue capaz de
observar todo con detalle, permitiéndose llorar. Sentía tanta rabia, tanto
enojo, y a la vez alivio, eran demasiadas emociones en un solo momento y
parecía ser demasiado para Jungkook, quien se cubrió el rostro con ambas
manos, apretando con cierta fuerza sus mejillas y lastimandolas en el proceso.

El llanto de el bebé parecía no terminar, por lo que Jungkook alzó la mirada.


Mirando por primera vez a el infante que permanecía acostado en el sillón,
cubierto de distintos líquidos, su rostro estaba rojo debido a todo el griterío
que estaba haciendo. Jungkook se alarmó, su hermano estaba recién nacido,
aparentemente el parto había sido hace poco, y el bebé había permanecido
solo por quien sabe cuanto tiempo, el pelinegro tan solo esperaba que
estuviera totalmente sano.

Con sus manos temblando, agarró una manta que estaba a un lado de su
hermano –porque finalmente si había sido un niño–, envolviendolo con ella
con mucho cuidado y agarrandolo entre sus manos segundos después,
tratando de calmarlo.

—Y-Ya pasó, ya pasó... —Consoló entre susurros, sin saber que hacer. Se
notaba totalmente desesperado, observando el cuerpo de Irene una vez más y
sintiendo unas enormes ganas de llorar nuevamente.

Incluso ella lo había dejado solo, maldita sea.

La pelinegra tenía unas tijeras a un lado, mientras que en su muñeca izquierda


yacía un enorme corte que seguramente había sido causado por las mismas.
Jungkook supo que ella se había suicidado después de haber dado a luz a su
hermano.

—No llores, por favor, para de llorar. —Casi suplicó, mirando al bebé quien
seguía llorando, aunque no gritaba. Empezaba a calmarse con cada
movimiento suave que hacía Jungkook, y eso logró calmar mínimamente a el
pelinegro.
Se mantuvieron en silencio por algunos minutos, en los cuales Jungkook se
dejó caer en el piso, abrazando a su hermanito sin ejercer demasiada fuerza,
sintiendo la respiración de el bebé en su piel y los balbuceos de el mismo de
vez en cuando, seguramente estaba hambriento.

Jungkook notó varias cosas en el piso, varios platos, y envolturas de distintos


snacks, también varias botellas de agua.

Irene había tomado todo lo que pudo de la cocina al notar la ausencia de su


secuestrador, en un intento de no morir de hambre en aquellos días en los que
estuvo sola, débil, y adolorida.

El silencio se rompió cuando la puerta de la casa se abrió, y Jungkook miró


hacía allí de inmediato, con esperanza de que fuera su papá.

Pero no, lo único que vió fue como alguien empujaba a su conejo de forma
brusca hacia la casa, cerrando la puerta nuevamente de forma algo brusca.

—¡Seung, si estás ahí, controla a la mascota de tu mocoso, le mordió la oreja


a mi hijo! —Escuchó un grito de quien sabe quién desde afuera. Y si no
estuviera en tan mal estado, ya hubiera salido para cortarle los huevos a aquel
imbécil que había empujado así a su mascota y, además, le había dicho
mocoso.

Ese estúpido se las pagaría luego.

Byul dió un leve salto, mirando a su dueño cuando estuvo cerca de él. Pero
Jungkook no parecía prestarle atención, estaba muy ocupado llorando en
silencio mientras a acariciaba la mejilla de su hermano, tratando de entender
porqué diablos lo habían dejado solo, porqué los habían abandonado así.
Porque ahora él tendría que cuidar de ese niño, ese bebé era su única
prioridad en ese momento, y la desesperación no se iba porque él ni siquiera
sabía cómo cambiar un pañal o ese tipo de cosas, no sabía nada.

Mientras lloraba, no había notado que Byul ya no estaba a su lado, hasta que
alzó la mirada. Y la escena que presenció fue capaz de causarle escalofríos, y
eso era sumamente extraño en él.
Su conejo estaba saltando en el pequeño charco de sangre que había en el
piso, al lado de Irene. Manchando así su blanco pelaje.

Jungkook en ese momento, había sentido que finalmente sabía la razón de el


extraño abandono.

En su mente, no encontraba otra explicación, no había otra explicación. La


única que tenía podía parecer absurda para muchas personas pero no para él,
no cuando su mente ya estaba jodida desde que era un niño, sus pensamientos
no hicieron más que hacerle creer en su propia teoría, la cual le ponía la piel
de gallina.

Byul jamás se dejaba tocar por otras personas, solo por su papá, Yugyeom,
Irene, Yoongi, y él.

Cada vez que alguna persona que no era él tocaba a su mascota, sentía un mal
presentimiento, una sensación rara que siempre había querido ignorar,
pensando que eran tonterías suyas. Pero la sensación nunca fue agradable, le
hacía pensar que algo malo sucedería.

En su mente, relacionó aquello con lo que le estaba sucediendo actualmente.


Tratando de buscar una explicación, un porqué. Y lo único que pudo pensar
fue que tal vez lo que había ocurrido sea gracias a Byul.

Y era absurdo, pensaba que era absurdo.

Pero no encontraba otra explicación. ¿Por qué su papá lo dejaría? ¿Por que
Yugyeom lo abandonaría así, siendo que le prometió que siempre estaría a su
lado? ¿Por qué Yoongi se iría sin despedirse?

El conejo podía resultar espeluznante de cierta forma, porque siempre le


causaba sensaciones extrañas cuando se dejaba acariciar por alguien más,
sensaciones malas. Sabías que algo malo sucedería cuando Byul se dejaba
tocar, se dejaba mimar. Y el que en ese momento esté saltando felizmente en
la sangre de Irene, no ayudaba.

Incluso parecía que el conejo estaba feliz, y Jungkook no pudo hacer más que
ver eso como una confirmación ante todo lo que pensaba.
La única respuesta que tuvo en ese momento, fue por Byul. No había nada
más.

—Vámonos, Woozi... —susurró el pelinegro, levantándose y mirando a su


hermano. A él siempre le había gustado aquel nombre que había dicho para
su hermanito, por lo que lo llamaría así—. Vamos a darte de comer...

Byul corrió hacia su dueño, esperando que lo agarre, y Jungkook miró hacia
abajo, observandolo.

Puede ser que él creía que todo lo que había sucedido, fue gracias a Byul,
pero... Al verlo, tan solo recordaba los buenos momentos que había pasado
con su mascota, cuando jugaba con él, mientras Yugyeom también se unía a
ellos y se la pasaban entretenidos por un buen tiempo con el animal. Byul era
su tesoro, no podía hacerle daño, era su debilidad, en especial porque había
sido el último regalo que le había dejado su papá antes de desaparecer.

Por lo que, lo tomó entre sus brazos, ensuciando su ropa con sangre.
Prometiéndose a sí mismo que jamás dejaría que nadie vuelva a tocar a su
mascota, para que no tenga que volver a pasar por todo eso nuevamente.

Jamás quería volver a sufrir de aquella manera...

•••

No podía dormir.

Jungkook había intentado volver a dormir como cinco veces en lo que sentía
como Taehyung se removía en la cama, inquieto. El payaso se mantenía boca
arriba, con sus manos apoyadas en su abdomen mientras Byul dormía en su
pecho, escuchando los latidos acelerados de el corazón de su dueño.

Desde que vió a su mascota nuevamente cerca de Taehyung, no se sentía


precisamente bien. Estaba totalmente nervioso, frustrado y molesto. No
quería pensar que todo lo que vivió hace tiempo podría llegar a repetirse.

Él no quería eso.

Observó a Taehyung, analizando su rostro.


El adolescente tenía su boca levemente abierta, su respiración era lenta,
tranquila. Su cabello rubio cubría un poco su rostro, tapando así sus ojos y un
pequeño mechón rozando la punta de la nariz, donde Jungkook notó un lunar.

Bajó su mirada hacia los labios ajenos, relamiendo los propios al ver los
labios de el menor que eran levemente gruesos, se notaban resecos, pero a
Jungkook no pareció importale, para él se seguían viendo igual de apetitosos.

Maldijo por lo bajo, frunciendo el ceño al darse cuenta de que aquel mocoso
que tenía al lado lo hacia pensar cosas estúpidas.

¿Por que demonios tenía que ser tan bonito? Jungkook no sabía la respuesta,
y sinceramente, poco le importaba mientras se mantuviera así. Mientras
Taehyung se mostrara lindo e inofensivo ante sus ojos, el pelinegro lo vería
como lo más precioso del mundo.

El nudo en su garganta empezó a hacerse presente, pensando nuevamente en


su mascota.

No quería que algo le sucediera a ese chico, no lo permitiría. Y tal vez estaba
siendo muy paranoico, pero Jungkook no mentía cuando decía que en serio
sentía cosas extrañas cuando alguien más tocaba a Byul. Presentía que algo
malo ocurriría, y él no quería eso.

Maldita sea, él no quería perder a su mocoso.

No supo en que momento fue en el que se había volteado en la cama,


encarando a Taehyung y haciendo que Byul vaya a dormir en la zona de los
pies. El brazo de Jungkook rodeó la cadera de el menor, atrayendolo hacia sí,
pegando sus cuerpos, como si tuviera miedo de ser separado de el rubio.

No había medido su fuerza, por lo que Taehyung no tardó en abrir los ojos,
parpadeando varias veces, adormilado, mientras fruncía el ceño.

—¿Jungkook? —Susurró, con la voz ronca, bostezando segundos después. El


rostro de el payaso acercándose hacia él, rozando sus narices.

Taehyung tragó saliva con ciertos nervios al despertarse de a poco, siendo los
oscuros ojos de el hombre lo primero que vió. El pelinegro tenía una mirada
penetrante, casi intimidante, lo miraba fijamente y en silencio.

—¿Qué pasa? —Quiso saber, poniendo una de sus manos en el pecho de el


mayor al no saber donde ponerla ante tal cercanía, y mirando hacia otro lado
cuando Jungkook le sonrió a penas.

—No puedo dormir. —Contestó simplemente Jungkook.

—¿Y yo qué tengo que ver?

Jungkook le sonrió con diversión.

—Tú eres el culpable de que yo no pueda dormir, mocoso.

El rubio alzó una ceja, mirando a el payaso a los ojos con cierta confusión.

—¿Debería disculparme?

Un asentimiento fue la única respuesta que recibió, y se resistió para no rodar


los ojos.

—Está bien, lo siento —se disculpó sin ganas, tratando de quitar el brazo de
el mayor de su cintura, mas no teniendo éxito en lo absoluto—. ¿Podrías
soltarme, por favor?

—¿Por qué debería hacerlo? —Preguntó Jungkook con una sonrisa burlona.

Taehyung frunció el ceño.

—Porque dormir así es incómodo, se me dormirá el brazo. —Se excusó,


aunque tenía razón. Si dormía de costado, lo más probable es que después le
duela el brazo, o que no lo sienta por algunos minutos.

—Mmm, está bien. —El pelinegro asintió, sin borrar su sonrisa.

Y cuando Taehyung pensó que lo soltaría, ocurrió todo lo contrario.

Jungkook lo jaló hacia sí, volteandose y quedando así boca arriba, poniendo a
Taehyung encima suyo y sosteniendolo por la cintura, aferrándose a él como
si lo estuviera abrazando.

—¿Qué haces? —Exclamó el rubio, algo alterado, apoyando sus manos en el


pecho de Jungkook y alzando su rostro, el cual se mantenía sonrojado ante la
repentina acción de el payaso. La situación le parecía vergonzosa.

—Así no se te dormirá el brazo, no te quejes.

Taehyung quiso protestar, aunque no dijo nada. Resignandose y repitiéndose


una y otra vez que cada una de sus acciones le serían de ayuda en un futuro,
ya podría empezar a usar cosas en su favor.

Por lo que, tratando de calmarse, se recostó en el pecho de el mayor,


apoyando su mejilla ahí y sintiendo como los brazos de Jungkook lo
rodeaban en un abrazo. Sus piernas estaban a los costados de los muslos de el
hombre y sus manos apoyadas cerca de los hombros de el pelinegro.

Jungkook sonrió levemente al ver como el chico no ponía resistencia y tan


solo se dejaba hacer, se sentía mucho más tranquilo con Taehyung a su lado,
y no sabía a que se debía aquello. Por lo que depositó un pequeño beso en la
cabeza de el rubio antes de cerrar sus ojos, acomodandose mejor en la cama.

El menor no supo como sentirse ante la acción del hombre, por lo que cerró
sus ojos, formando puños con sus manos mientras pensaba. Escuchando los
tranquilos latidos de el corazón ajeno contra su oído, siendo un sonido que
extrañamente lo calmó.

Y ni siquiera pudo pensar en lo extraño que era Jungkook, cuando ya había


vuelto a quedarse dormido.

Al día siguiente, debía empezar a actuar, luego pensaría también en eso...


19

Sentía un peso encima suyo, junto con unas extrañas cosquillas en su nariz.
La mínima luz que entraba por la ventana alumbraba a penas su habitación, y
pudo notar que ya era de día.

Bostezó, frotando con sus manos sus ojos para así tratar de despertarse por
completo, todavía tenía sueño, pero la alarma que sonaba a su lado no hacía
más que recordarle que debía levantarse. Hoy tenía cosas importantes que
hacer en el circo.

Al alejar sus manos de sus ojos y parpadear algunas veces, lo primero que vió
fue una cabellera rubia cerca de su rostro, haciéndole cosquillas en las
mejillas y en la nariz. Se mantenía preso entre los brazos de Taehyung, quien
aún permanecía dormido, inconsciente de sus acciones, abrazando al payaso
y removiendose un poco, incómodo.

Jungkook sonrió levemente, quedándose quieto y posando sus manos en la


cintura de el menor, y escuchando la tranquila respiración de el mismo a
penas.

Su mirada se fijó en el techo por algunos segundos, pensando en varias cosas,


en todo lo que había sucedido últimamente debido a aquel chico que tenía
entre sus brazos. Las peleas cada vez parecían hacerse más presentes, Jimin
no dejaba de joderle la existencia, todo el drama de Dongyul por algo que él
no había hecho, las idioteces de Namjoon. Estaba empezando a cansarse de
esos tres idiotas, y sinceramente, quería desquitarse.

No dudaría en dejar toda su frustración en el cuerpo de quien quiera que sea


la persona que se ofrecería para uno de sus espectáculos aquel día.

Los minutos pasaron, y Jungkook tan solo se mantuvo pensando en todo lo


que podría llegar a hacer en el escenario. Pensando en qué armas podría
utilizar, qué ropa tendría que usar ya que su traje aún seguía sucio, y
especialmente en como haría sufrir a su víctima. Tenía tantas cosas en mente.

Y solamente salió de sus pensamientos cuando escuchó un pequeño sollozo,


el cual llamó su atención. Bajó la mirada, observando a Taehyung, quien
había sido el responsable de aquel sonido. El cuerpo de el rubio temblaba, y
parecía removerse, inquieto. Sus ojos se mantenían cerrados y sus manos
estaban hechas puños, sosteniendo con firmeza la camisa de Jungkook.

El payaso suspiró, con algo de aburrimiento. Taehyung estaba teniendo una


pesadilla.

No fue suave, no fue amable. Tan solo se sentó con cierta dificultad, logrando
que el menor se siente con él. Y cuando estuvo en aquella posición, sostuvo
el rostro de Taehyung entre sus manos, alejandolo de su pecho y dando leves
palmaditas en la mejilla impropia, en un intento por despertarlo.

—Taehyung —llamó, escuchando el llanto de el rubio—. Mocoso, despierta


—Casi ordenó, frunciendo el ceño al no recibir respuesta por parte de
Taehyung.

Jungkook no era una persona paciente con absolutamente nadie, y Taehyung


no iba a ser la excepción en ese momento.

—¡Hey, despierta! —Lo agarró por los hombros, sacudiendolo de forma algo
brusca. Y a pesar de que tal vez fue demasiado bruto al despertar a Taehyung,
por lo menos había resultado. Porque el menor finalmente abrió los ojos,
viéndose asustado ante la acción tan repentina por parte de Jungkook.

Los ojos de Taehyung se fijaron en él, totalmente cristalizados. Las lágrimas


seguían bajando y se notaba asustado, alterado. El adolescente había cerrado
sus ojos, cubriendo su rostro con sus manos, intentando calmarse, inhalando
y exhalando repetidas veces ya que no podía respirar correctamente al tener
su nariz tapada.

El pelinegro rodó los ojos al ver su estado. No podía creer que su mocoso
lloraba por una pesadilla, eso le parecía absolutamente patético.
Pero no dijo nada, lo único que hizo fue agarrar uno de los brazos de
Taehyung, atrayendolo hacia él y rodeandolo con sus brazos, abrazandolo.
Esperando que con eso deje de lloriquear tanto, eso siempre funcionaba con
Woozi, y para él Taehyung era un mocoso igualmente, no debería haber
diferencia, según Jungkook.

Taehyung se tensó ante la acción del payaso, pero se mantuvo quieto,


tratando de calmarse, tratando de respirar correctamente. La pesadilla que
había estado teniendo los últimos días no dejaba de atormentarlo, y él
siempre terminaba en la misma situación, llorando hasta el cansancio. Era
demasiado para él, en especial porque todo en su sueño se veía y se sentía tan
real, lo aterraba.

Su respiración se detuvo por un segundo al sentir como las manos de


Jungkook dejaban leves caricias en su espalda, siendo un intento de consuelo
algo forzado, pero aún así había sentido la calidez de las manos contrarias
contra su cuerpo. La sensación siendo extraña, sumamente extraña, pero no
llegaba a ser desagradable, por lo que decidió ignorarla y seguir en lo suyo,
limpiando las últimas lágrimas que caían y apoyándose en el pecho ajeno
cuando Jungkook lo acercó aún más.

—Ni mi hermanito lloraba tanto cuando tenía pesadillas —se quejó el mayor,
bufando—. ¿Sabes qué un sueño no puede hacerte daño, verdad? ¿O quieres
qué te cante para qué te calmes más también? —Preguntó con sarcasmo, su
humor no era precisamente el mejor por las mañanas y no le agradaba tener
que estar consolando a Taehyung por un tonto sueño.

Ni siquiera tendría que haberlo consolado en realidad, pero ahí estaba él.
Usando su lado menos rudo por los lloriqueos de el menor para que por lo
menos se calle.

—Se sentía real... —Fue lo único que dijo Taehyung, sorbiendo por la nariz.

Jungkook volvió a rodar los ojos.

—Pero no es real, y debes recordar eso al despertar. No llorar como un niño


por esa idiotez, madura un poco. —El payaso no sabía cómo ser amable o
hablar de forma tranquilizadora, no era lo suyo, y jamás lo sería. Sus intentos
de consuelo eran miserables, pero nadie podría culparlo, a él nadie lo había
consolado cuando estaba en uno de sus peores momentos. Jungkook tan solo
sabía abrazar y decir palabras que logren "animar" A su manera, y todo era
porque Woozi antes era un pequeño muy llorón y siempre tenía que andar
consolando a su hermano menor.

Taehyung no dijo nada, no quiso hacerlo. Tan solo se mantuvo en silencio,


escuchando los latidos de el mayor una vez más, eran lentos, suaves. Lo
tranquilizaban por alguna extraña razón, al igual que las leves caricias que
recibía por parte de Jungkook, las manos de el pelinegro jamás se habían
alejado de su espalda.

Cerró sus ojos, su respiración volviéndose tranquila de a poco, y sus lágrimas


disminuyendo. Se sentía mejor, se había calmado.

Se mantuvieron en la misma posición durante algunos minutos, en los cuales


Taehyung jamás había abierto los ojos. Su mente estaba en blanco, no
pensaba en nada, tan solo se mantenía en silencio, cómodo entre los brazos
ajenos.

El célular de Jungkook sonó, llamando la atención de ambos. Y el mayor no


tardó en contestar cuando notó que era una llamada de Namjoon.

—¿Qué quieres ahora, calvito? —preguntó tranquilamente Jungkook, con


aburrimiento y burla en su tono de voz. Definitivamente jamás superaría el
hecho de que en un momento pudo ver a Namjoon totalmente calvo—. ¿Son
dos? Está bien... —se mantuvo en silencio, escuchando las palabras de el
presentador del circo mientras Taehyung escuchaba la conversación—.
Amarralos con fuerza, no hace falta que estén en el público. —Y con esas
palabras, finalizó la llamada.

A penas esas palabras salieron de su boca, sintió como Taehyung se había


puesto tenso entre sus brazos.

El rubio pareció reaccionar finalmente, observando la posición en la que


estaba con el payaso. Su mente pareció quedar en blanco por unos segundos
hasta que finalmente salió de encima de Jungkook de una forma algo brusca,
logrando que el pelinegro lo mire con el ceño fruncido, confundido y algo
molesto.

—Y-Yo... Debo ir al baño. —Se excusó, aunque en cierta parte, era verdad.

Recibió un leve asentimiento en respuesta, antes de que el mayor se levante


de la cama y se estire, haciendo que los huesos de su espalda suenen.
Jungkook fijó su mirada en Byul, quien dormía aún en la cama, antes de
tomarlo entre sus brazos y abrir la puerta de la habitación, dejando salir a
Taehyung.

Y antes de que el rubio pudiera ir hasta el baño, lo agarró por la muñeca.

—Escúchame bien, estaré en la cocina. No intentes nada raro o te juro que te


apuñalaré tantas veces que terminarás pareciendo un colador. ¿Entendido? —
Soltó el payaso, mirándolo amenazante. Y Taehyung tan solo asintió, bajando
la cabeza en sumisión y caminando a paso lento cuando su muñeca fue
liberada.

Cuando finalmente estuvo en el baño, Taehyung se apoyó contra la puerta,


guiando una de sus manos hacia su rostro con frustración mientras cerraba
sus ojos.

¿Realmente se había sentido tranquilo entre los brazos de aquel asesino? ¿Era
una puta broma?

¿Qué Diablos le sucedía? No entendía porque se había mostrado tan tranquilo


ante la situación, ni siquiera tuvo que actuar, se había dejado abrazar y
consolar por aquel sujeto sin ningún tipo de problema. No lo podía creer,
pero lo que le parecía peor, es que por un momento se sintió calmado, y no
debería sentirse así al lado de Jungkook.

¡Un hombre que había hecho malabares con un corazón lo había abrazado y
él estaba tranquilo! Se sentía estúpido de tan solo pensarlo.

Quiso darse un golpe ante su idiotez, pero tan solo tomó aire, suspirando con
pesadez y limitándose únicamente a hacer sus necesidades con rapidez para
que el payaso no empiece a pensar que estaba tardando demasiado allí. Una
vez que terminó, lavó sus manos y pasó agua por su rostro, viéndose al espejo
y notando lo cansado que lucía, sus ojeras eran enormes. Se sentía un
completo asco.

Salió del baño, sin saber que hacer realmente. No sabía si debía volver a la
habitación de Jungkook o ir hacia el sillón y esperarlo. Pero se decidió por la
primera opción ya que no quería estar cerca de la entrada de la casa, temía
que alguien volviera a aparecer cerca de ahí con intenciones de llevárselo y
asesinarlo. Pensaba que era todo un paranoico, pero no podía hacer nada para
cambiar eso.

Se dirigió hacia la habitación, pasando por la pequeña cocina, donde estaba


Jungkook. Quien, al verlo, detuvo lo que estaba haciendo y lo agarró de la
muñeca, asustando un poco a Taehyung pues la acción había sido muy
repentina.

—Ten —el mayor le dió dos sándwiches que se veían algo desprolijos, se
notaba que los había hecho apurado, y también le dió una botella de agua—.
Ponte los zapatos que están al lado de mi cama, y no te tardes.

Taehyung había dejado de prestar atención desde que sus manos tomaron la
comida, mirando ambos sándwiches con sus ojos brillando. Pero aún así
asintió y se dirigió hacia la habitación de el mayor, colocándose los dichosos
zapatos y empezando a comer mientras se dirigía hacia donde estaba
Jungkook nuevamente.

Y realmente no supo como sentirse cuando vió un collar en las manos de el


payaso.

Un collar para perros.

—Bonito, debemos salir, y no quiero que te pierdas. Así que... —Jungkook


alzó un poco el collar, sonriendo a penas.

El menor frunció el ceño, disgustado. Observando después la mano derecha


de el pelinegro, donde sostenía una correa.

No, no. Definitivamente no iba a ser la perra de nadie, mucho menos de aquel
hijo de puta. No podía permitirse humillarse así.
—No me iré a ningún lado, no hace falta que me pongas eso —se negó,
hablando de forma tranquila y segura, aunque en el interior quería gritarle
que él no era ninguna mascota como para que utilizara eso—. No quiero
usarlo.

Jungkook alzó una ceja, antes de volver a sonreír.

—¿No lo usarás? —Cuestionó.

—No. —Contestó Taehyung firmemente.

•••

Y ahí estaba él, el tan respetado Kim Taehyung utilizando un collar para
perros mientras era guiado por el mayor entre todas esas personas. Jungkook
sostenía la correa con una enorme sonrisa en su rostro, burlándose de el
rubio.

De vez en cuando jalaba a propósito a el muchacho hacia sí cuando lo veía


algo lejos, ganándose quejas e insultos por parte de Taehyung al ser
prácticamente ahorcado. Pero él no hacía caso, le parecía divertido.

—¡Hey, Jungkook!

El payaso dejó de molestar a su pequeño cuando escuchó su nombre, alzando


la mirada y sonriendo levemente al ver como Hoseok se acercaba hacia él.
Ambos chocaron los puños en señal de saludo y sonrieron entre sí, con un
muy malhumorado Taehyung de por medio, quien se mantenía con los brazos
cruzados, frunciendo el ceño y sosteniendo la botella de agua que le había
dado Jungkook.

—Hace tiempo no te veía. Escuché lo que pasó ayer —el pelinaranja parecía
ignorar por completo la presencia de Taehyung, y el adolescente no supo sí
sentirse aliviado o aún más molesto—. ¿En serio humillaste así a Namjoon
solo por un niño? —Cuestionó Hoseok con una sonrisa, sonando burlón.

—El muy imbécil me quería quitar algo que era mío, y yo solo defendí lo que
me pertenecía. —Dijo Jungkook simplemente, restándole importacia.
Taehyung estaba prácticamente echando humo por las orejas. Él no era de
Jungkook, no era un maldito objeto que pueda ser llamado suyo o de su
propiedad. No soportaba aquellas palabras y que Jungkook lo dijera tan
seguro tan solo aumentaba su enojo.

—Ya veo —Hoseok sonrió, mirando por primera vez a Taehyung—. Mira
nada más, pequeño. ¿Qué se siente ser el chico que volvió aún más loco a mi
amigo? —Preguntó el pelinaranja, sin borrar su sonrisa.

Un asco. Quiso contestar Taehyung, pero tan solo se mantuvo callado.

Terminó mirando hacia otra dirección, ignorando a Hoseok y frunciendo el


ceño una vez más. Sus ojos empezaron a fijarse en todo lo que tenía a su
alrededor, tratando de distraerse y no escuchar más a aquel sujeto.

Varias personas tenían sus ojos fijos en él. Algunas sonreían, otras tan solo lo
observaban en silencio, sin emoción alguna que pudiera notarse en su rostro,
y el resto, básicamente parecía burlarse de él entre susurros.

Gruñó por lo bajo, sintiéndose irritado. Quería largarse de ahí, hasta preferiría
estar en la casa rodante.

Después de varios minutos en los que estuvo viendo a las personas que
pasaban de un lugar al otro, sintió como Jungkook lo jalaba hacia sí, haciendo
doler levemente su cuello por el molesto collar. Jadeó, sorprendido y aún
malhumorado, mirando mal a el pelinegro. Mientras que el mayor tan solo
sonreía con diversión.

—Te he estado hablando desde hace diez minutos, no te quejes. —Fue lo


único que dijo Jungkook, tirando un poco más de la correa.

—Eres un hijo de puta... —Taehyung guió una de sus manos hacia su cuello,
frunciendo el ceño y acariciando la zona. No quería insultar mucho a aquel
hombre pero cuando lo hacía enojar las palabras salían por sí solas, no podía
contenerse.

El silencio se hizo presente, y bastaron unos segundos para que Taehyung


recuerde lo que había sucedido con Namjoon cuando el mismo le gritó a el
payaso. Sus mirada se alzó, observando a los dos hombres que tenía cerca
algo temeroso. El pelinaranja mantenía su boca levemente abierta, como si
hubiera dicho la mayor atrocidad del mundo. Los ojos del amigo de Jungkook
estaban más abiertos de lo normal, viéndolo incrédulo.

Y es que, absolutamente nadie era capaz de insultar a Jeon Jungkook. Nadie


tenía la suficiente valentía para hacer aquello.

Ninguno de los dos presentes supo como sentirse cuando el pelinegro sonrió
levemente, con tanta tranquilidad que por un segundo su sonrisa se mostró
inofensiva.

Jungkook dió un paso al frente, agarrando a Taehyung por la barbilla,


obligándolo a verlo. Los ojos oscuros de el mayor se fijaron en los de el
adolescente y segundos después en los labios de el mismo.

El rubio tragó saliva con nerviosismo, moviendo levemente su manzana de


Adán y sintiendo sus manos sudar en el momento en el que Jungkook acercó
su rostro hacia sí, nuevamente quedando tan cerca que empezó a sentirse
intimidado e incómodo.

—Mi amor, seré un hijo de puta, pero fijate que no soy la pequeña perra de
nadie. —Soltó el payaso con calma, acariciando con su dedo pulgar la mejilla
de el menor.

Luego de eso, simplemente se limitó a dejar un rápido beso en los labios de


Taehyung. Para después jalar la correa en el momento en el que empezó a
caminar, despidiéndose de Hoseok, el cual había quedado sumamente
confundido ante lo que presenció.

Jungkook caminaba con calma, apretando firmemente la correa entre su mano


derecha en lo que avanzaba, siendo seguido por un temeroso y extrañado Kim
Taehyung que en ese mismo instante no sabía cómo sentirse.

Esperaba un golpe, un grito, incluso un corte. No un besito como aquellos


que se daban los niños pequeños, definitivamente no esperaba eso.

Perdido en sus pensamientos, Taehyung dejó de prestar atención hacia donde


se dirigían, tan solo siguiéndole el paso a Jungkook y escuchando a lo lejos
como otras personas del circo saludaban al payaso, siendo ignoradas
aparentemente pues Jeon no había vuelto a abrir la boca en todo el recorrido
hacia la gran carpa del circo.

La típica música que el rubio solía escuchar de pequeño en los circos al igual
que en las películas en las que se mencionaba alguno empezó a sonar, mucho
más turbia de lo que alguna vez pudo imaginar Taehyung. Sonando tan
lúgubre y odiosa ante su parecer, siendo acompañada por varias personas que
caminaban de un lado a otro, practicando para sus shows, entre tantas armas y
distintos vestuarios, entre tanto maquillaje y risas divertidas que llegaban a
sonar ridículamente molestas. Tan irritante según el adolescente.

Mientras que para Jungkook, eso era totalmente familiar, tan normal. Le
transmitía tranquilidad, y no dejaba de ponerlo nostálgico algunas veces.

—¿A dónde me llevas? —quiso saber Taehyung, tragando con nerviosismo al


ingresar finalmente a la gran carpa, encontrándose con una oscuridad
absoluta, y la música sonando lejana a la vez que avanzaban. Miró al
pelinegro con cierto temor al no recibir respuesta—. Jungkook... —Llamó,
insistente.

—Taehyung. —Dijo Jungkook volteando para verlo, con sus oscuros ojos
fijos en los de el menor.

El adolescente se mantuvo quieto en su lugar, sintiéndose intimidado ante la


fija mirada de el payaso. Y una de sus manos se guió hacía su ropa,
sosteniéndose de ahí, sin saber que hacer y sintiéndose nuevamente nervioso.
Con una sola mirada Jungkook era capaz de alterar todo en su persona.

—No me digas que tendré que a ver de nuevo sus cosas... Por favor, no. —
Casi suplicó, deseando que el payaso no sea tan cruel como para hacerlo
mirar los espantosos espectáculos del circo una vez más.

Jungkook negó levemente con la cabeza, antes de jalar la correa hacia sí y así
tener a Taehyung aún más cerca de él, sorprendiendo al chico ante el
repentino acto.
—Mocoso... —llamó en un susurro, con sus ojos fijándose en la correa que
tenía en la mano y luego en Taehyung—. ¿Sabes qué eres mi cachorrito? —
Preguntó de repente, logrando que el rubio lo mire con confusión.

¿Por qué le preguntaba eso de la nada? Taehyung no estaba seguro, y


tampoco quería saber la respuesta. Tan solo se mantuvo en silencio,
observando al hombre.

Cooperar, seguirle el juego. Eso debía hacer, y eso fue lo que hizo.

Asintió ante la pregunta de Jungkook, inseguro. Y el pelinegro, al verlo,


sonrió con satisfacción.

—¿Eres mi cachorrito, Taehyung? —Repitió, acercándolo aún más y jalando


la correa con fuerza, logrando que el cuello de el rubio comience a doler una
vez más.

Una vez más, Taehyung tragó saliva, sintiéndose asfixiado no sólo por el
collar, sinó también por la intensa mirada de Jungkook. Ya que el pelinegro
parecía tener una obsesión por acercar sus rostros hasta que sus narices estén
casi a punto de tocarse, y de mirarlo fijamente a los ojos en ese mismo
instante. ¿Será qué el mayor notaba su nerviosismo y por eso disfrutaba tanto
haciendo aquello?

—¿Eres mi cachorrito, o más bien mi pequeña perra? —Preguntó Jungkook,


observando con detalle los ojos de el rubio, y el rostro del mismo, casi
perdido en sus pensamientos.

Taehyung se quedó en silencio, incapaz de decir algo. Cerrando sus ojos con
fuerza cuando sintió como el pelinegro juntaba sus frentes y enrollaba la
correa en su mano hasta quedar cerca del collar, el puño del payaso rozaba su
cuello.

—Responde. ¿Eres mi cachorrito o mi pequeña perra, mh? —Insistió


Jungkook, ladeando su cabeza.

El rubio suspiró, sintiendo su dignidad por el piso al momento en el que


pensó la respuesta. ¿Qué se supone que debería decirle? Jungkook parecía
querer verlo perder su orgullo, hacerlo sentir humillado, la mirada del payaso
resultaba ser burlona ante sus ojos y lo único que pudo hacer, fue pensar en
elegir la respuesta más humillante para él. Tal vez así el mayor estaría
satisfecho y lo dejaría en paz.

—Tu p-pequeña perra... —Soltó finalmente, en un susurro.

Escuchó una carcajada por parte de el payaso, y no pudo hacer más que cerrar
sus ojos con aún más fuerza y fruncir levemente el ceño. Sintiendo como su
orgullo recibía un golpe en ese mismo instante, era tan humillante.

—Y al ser mi pequeña perra, debes ser una perrita obediente... ¿Verdad? —


Jungkook estaba disfrutando mucho la situación, mientras que Taehyung
internamente estaba insultando a todos los seres existentes en el mundo,
molesto.

Asintió ante las palabras del mayor, sin saber que decir.

—Entonces, perrita, no te molestará ayudar a tu dueño con un trabajito que le


mandó Namjoon. ¿O sí? —El payaso se alejó un poco, esperando una
respuesta. Y sonrió en grande al ver como Taehyung, después de algunos
segundos, negaba con la cabeza.

El rubio no sabía que mierda era lo que debería hacer. ¿Pero tenía otra opción
además de acceder? No lo creía, y no obtendría cosas buenas al negarse.

En su mente, no dejaba de repetirse que tenía que ser obediente, sumiso. O


por lo menos, dar esa imágen. Ya luego se encargaría de vengarse por cada
una de las cosas que le había hecho y le haría aquel payaso.

Porque Jeon Jungkook se las pagaría. No tenía dudas de ello.

—Sígueme. —Ordenó Jungkook, dándose la vuelta y guiando a Taehyung


hacia el escenario del circo, sin soltar la correa.

Haciéndole caso, el rubio siguió los pasos de su mayor, quedando encima de


el escenario y observando todo a su alrededor, todos aquellos asientos que
dentro de algunas horas, estarían llenos.
Sintió un malestar en su estómago al pensar en todas aquellas personas que
estarían sentadas en una zona en específico, en aquellos asientos grises que
apartaban a los sacrificios de los demás. Toda aquella gente que podría
recibir ayuda y salir adelante, eligiendo aquel destino en su lugar y
ofreciéndose como mercancía para un montón de enfermos totalmente
sádicos, prefiriendo morir de las peores maneras posibles ante las manos de
personas como Jungkook, y siendo humillados al mismo tiempo.

¿Qué tan mal tendrían qué sentirse como para terminar de aquella manera?
Humillado, herido de la peor manera y con personas que disfrutaban viéndote
morir, celebrando por tu muerte.

Taehyung estaba tan metido en sus pensamientos, que tardó en darse cuenta
de que ya se estaban alejando de el escenario y, en su lugar, fueron aún más
lejos, llegando a otra zona aparte de la carpa, detrás del escenario. Donde
había una gran manta negra cubriendo quien sabe qué, y a su lado, una silla y
un látigo repletos de sangre.

No sabía dónde estaba, no sabía si aún estaba en la carpa, pero el lugar se


veía pequeño y tenía una mínima luz que a penas iluminaba y estaba colgada
específicamente sobre la manta, alumbrandola.

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al ver la sangre en la silla de madera, y


aquel largo látigo negro apoyado en la misma. No tenía un buen
presentimiento, y la sonrisa de Jungkook no ayudaba.

Maldita sea, nuevamente podía ver esa sonrisa apareciendo en los labios de el
payaso.

Lo último que supo antes de que Jungkook sacara la manta negra, fue que el
pelinegro le había dado un gran trozo de carne cruda en las manos,
ordenándole que la sostuviera.

Y cuando la tela tocó el piso, juró sentir como se ponía pálido al instante.

Una jaula, una jaula enorme...

Y en su interior, un León.
—Oh, mierda... —Fue lo único que salió de sus labios, observando a
semejante bestia dormir tranquilamente dentro de la jaula, y a Jungkook
sonriendo en grande a un lado de la misma.

—¿Te gusta el pequeño Hope? —preguntó el payaso con una sonrisa,


refiriéndose al León que de pequeño no tenía nada—. Es de Hoseok, el chico
de cabello naranja. Lo usa en sus espectáculos desde que lo robamos de un
viejo y aburrido zoológico que hoy en día no debe ni existir. —Contó con
simpleza, divirtiéndose ante el notorio terror en los ojos de el menor.

Taehyung se quedó perplejo, analizando las palabras de el contrario.

¿Había dicho qué lo usaban para espectáculos? Eso no significaba cosas


buenas, no. Definitivamente no. Y supo que estaba jodido en el momento en
el que observó como el gran León tenía su pelaje manchado, con su hocico
repleto de sangre seca.

—Desde ayer que no come... Namjoon me pidió que lo alimente al igual que
Hoseok, pero, sinceramente... Tenía mucha pereza —el pelinegro sonrió
levemente antes de abrir la jaula en cuestión de segundos, dejando la puertita
abierta y apoyándose a un lado antes de observar a Taehyung con una gran
sonrisa, viéndose tan malditamente inocente—. En fin, dale de comer.

El rubio lo miró, totalmente asustado antes de observar la carne cruda en sus


manos y luego al gran León que seguía durmiendo tranquilamente.

Negó frenéticamente con la cabeza. Mandando a la mierda su plan de


obedecer. ¡Él no quería ser comida de León! Nada bueno sucedería si por
accidente despertaba al animal.

—Vamos, perrita, obedece a tu dueño y dale de comer al León —insistió


Jungkook—. ¿O es qué a caso quieres un castigo?

Taehyung no sabía que hacer. Tenía dos opciones y ninguna parecía ser
buena para él, de cualquier manera terminaría perdiendo.

O alimentaba al León, o se entregaba en bandeja de plata a Jungkook, quien


le haría lo que desee como castigo.
Y no supo porqué, pero la primera opción pareció mucho más tentadora.

Dió un paso al frente, inseguro y temeroso. Con su cuerpo temblando y sus


ojos fijos en el animal mientras que avanzaba.

Observó una vez más a Jungkook, suplicante. Prácticamente rogándole con la


mirada que no lo obligara a darle de comer a la mascota de Hoseok, pero
siendo ignorado, ya que el pelinegro parecía más entretenido viéndolo
arriesgar su vida de aquella manera.

Resignado, terminó dentro de la jaula, observando al gran animal y apretando


con fuerza el trozo de carne en sus manos.

Fue rápido. Soltó el pedazo de carne y se dispuso a salir de ahí con rapidez,
pero en ese momento estaba tan asustado y concentrado, que no había notado
un detalle muy importante hasta que fue muy tarde.

Jungkook había cerrado la jaula.

Al voltear, observó con incredulidad como el payaso le sonreía, con las llaves
de la jaula en la mano, girandolas en su dedo índice y viéndose divertido ante
la situación de Taehyung.

Entrando en pánico casi al instante, sostuvo los barrotes de la jaula,


sacudiendo la parte en la que estaba la puerta y observando a Jungkook con
temor, desesperándose al ver que, efectivamente, estaba cerrado con llave.

Miró al mayor con el ceño fruncido.

Pero que hijo de puta.

—Ups, ¿La cerré? —el pelinegro abrió la boca, fingiendo sorpresa—. Lo


siento... —Se disculpó falsamente, mirando las llaves.

—Abre —ordenó Taehyung con seriedad y firmeza, molesto—. Abre ahora


mismo.

—Por supuesto, bebé. Déjame buscar la llave correcta. —Fue lo único que
dijo Jungkook antes de comenzar a ver llave por llave, desesperando aún más
a Taehyung pues tenía como más de veinte llaves juntas.

Tratando de no hacer ruido para no despertar al animal, Taehyung se limitó a


esperar con impaciencia, observando fijamente al mayor.

Y el rubio sintió que casi se mea encima cuando el payaso movió


repentinamente su mano, chocando "accidentalmente" las llaves contra el
metal de la jaula, causando un fuerte ruido que logró aturdir un poco a
Taehyung.

Y luego, un rugido.

El adolescente abrió sus ojos con terror, volteando poco a poco, con lentitud.
Maldiciendo a todo el jodido circo en el momento en los que sus ojos se
fijaron en el gran León que en ese momento, estaba levantado, devorando el
trozo de carne que le había lanzado anteriormente.

Su mirada se cruzó con la del animal, quien luego de devorar toda la carne en
cuestión de segundos, alzó su rostro, analizando al jóven rubio.

Las piernas de Taehyung temblaron, sus ojos se llenaron de lágrimas y su


corazón comenzó a latir con rapidez en el momento en el que el León se
agachó un poco, dispuesto a atacar, soltando un gran rugido.

—¡Por favor sácame! ¡Sácame, sácame, sácame! —suplicó con desespero,


apoyándose en la jaula y dando golpes en la misma—. ¡Sácame de aquí,
Jungkook!

—En eso estoy. —Dijo el pelinegro, quien seguía observando las distintas
llaves con calma.

Taehyung chilló con fuerza cuando el León dió un salto hacia él, apartándose
de inmediato y corriendo hacia otro lado, esquivándolo. Y así fue repitiendo
aquella acción varias veces, porque el animal seguía persiguiendolo, tratando
de morderlo, de rasguñarlo.

Todo eso, mientras Jungkook silbaba con tranquilidad, creando una pequeña
melodía que se perdía entre los gritos de Taehyung y los rugidos del animal.
Se mostraba totalmente ajeno al sufrimiento impropio mientras buscaba la
llave correcta.

La remera de el rubio fue arrancada por las uñas del León, las cuales
estuvieron a punto de enterrarse en su piel si no fuera porque se había
apartado a tiempo, logrando así que tan solo lo rozaran y quedara una fina
línea de sangre en su cuerpo. Pero no era nada grave, por suerte.

—¡JUNGKOOK, SÁCAME DE AQUÍ, MALDITA SEA! —Gritó una vez


más, desesperado.

Y como si el payaso finalmente se haya decidido ante sus palabras, la jaula se


abrió.

Taehyung prácticamente se tiró hacia la salida, arrojándose hacia los brazos


de Jungkook en el momento en el que salió, asustado, llorando y sintiendo
completo terror mientras observaba al animal y los brazos de el mayor
rodeaban su cintura.

—¡Adentro, Hope! —Gritó el payaso cuando notó las intenciones del León
de querer salir de la jaula, agarrando el látigo que utilizaba Hoseok y
azotandolo con fuerza, logrando que el animal retrocediera y se quedara
quieto, obedeciendo.

Cerró la jaula una vez más, sosteniendo al temeroso chico entre sus brazos
cuando éste comenzó a sollozar con fuerza, totalmente aterrado.

—Bien hecho, precioso. Lo hiciste bien... —Soltó el payaso, acariciando el


cabello de Taehyung con calma, mientras éste se iba agachando de a poco
debido a todas las emociones que estaba sintiendo, dejándose caer al piso al
igual que el pelinegro, quien aún no lo soltaba.

—¿¡Qué te pasa!? ¿¡Por qué hiciste eso!? —gritó Taehyung con rabia,
dándole un leve golpe en el pecho al mayor—. ¡Estaba obedeciendote,
maldita sea! ¡No me merecía eso! —Sollozó, limpiando sus lágrimas con
enojo y sintiendo algo en su interior quemar cuando Jungkook sostuvo su
cabeza y lo obligó a apoyarse en su pecho, haciendo que se calle.
—Fue un accidente —fue lo único que dijo el payaso, aunque ambos sabían
que no había sido así—. Además... En cierta parte te lo merecías por querer
insultarme en público, cachorrito. Tengo una reputación que mantener. —
Jungkook sonrió un poco, recibiendo otro golpe por parte de Taehyung, el
cual no le había dolido en lo absoluto.

—No pienso disculparme por eso. —Soltó el rubio con molestia, frunciendo
el ceño y tratando de alejarse de Jungkook, aunque no lo logró.

—Y no espero que lo hagas, solo que aprendas a mantenerte en silencio


cuando debes hacerlo. —El mayor dejó que el adolescente se alejara un poco
únicamente para observarlo a los ojos, antes de limpiar sus lágrimas con sus
pulgares, acariciando sus mejillas con cierta brusquedad, ignorando la mala
mirada que le estaba dando Taehyung en ese momento. Jungkook no sabía
ser suave ni siquiera para dejar caricias.

Las manos de el pelinegro se sintieron cálidas en su piel, casi como una dulce
caricia aunque levemente más agresiva, más tosca. Algo raro que no ocurría
cuando Jungkook lo tocaba normalmente, ya que el pelinegro siempre solía
ser brusco para esas cosas pero extrañamente ahora mismo tenía una mezcla
entre un toque delicado y rudo. Sumamente raro. Era como si quisiera ser
cuidadoso pero a la vez no le salía, pero el intento estaba ahí.

Y Taehyung pudo sentir el lado delicado de eso más que nada por la tranquila
mirada que le otorgaba Jungkook, ignorando los pulgares en sus mejillas que
apretaban un poco más de lo que debería.

El payaso lo observaba, concentrado en limpiar sus lágrimas con total calma,


sonriendole a penas cuando notó que aquellas gotas saladas habían dejado de
caer de los ojos de el menor y que el mismo, poco a poco dejaba de fruncir el
ceño, cediendo ante su toque.

Jeon alejó un mechón de cabello de los ojos de Taehyung y atrajo al mismo


hacia sí una vez más, agarrandolo por la nuca y haciendo que el adolescente
apoye su rostro contra su hombro, mientras que la otra mano de Jungkook
estaba posada en su cintura, y las manos de Taehyung estaban hechas puños,
apoyadas en el pecho de el pelinegro.
Se mantuvieron en silencio. Taehyung tratando de calmarse para no largarse a
llorar una vez más, y Jungkook simplemente manteniéndose cómodo,
esperando que el menor dejara de temblar.

Suspiró, antes de rodar los ojos. Pensando que Taehyung era demasiado
dramático, no había sufrido ninguna herida realmente grave, tan solo un
rasguño. Entonces, ¿Por qué tanto llanto innecesario? No lo entendía, pero
tampoco le molestaba.

De todos modos, su pequeño se veía lindo cuando lloraba. Así que a Jeon ya
no le causaba tanto fastidio tenerlo llorando entre sus brazos, por lo menos
podía observar el bonito rostro de el rubio y al mismo tiempo tocarlo en un
forzado y algo incómodo abrazo. La verdad es que no se sentía cómodo
dando muchas caricias, pero aquella mañana descubrió que su mocoso
lograba calmarse así, por lo que tal vez debería acostumbrarse.

—¿Sabes? Me dijiste que eras mi pequeña perra, y yo también lo había creído


pero... —el pelinegro apoyó su mentón en el hombro del chico, pensando—.
Eres como un cachorrito, miedoso y pequeño, por lo que eso serás, mocoso.

Taehyung no dijo nada, no quiso hacerlo. Estaba más ocupado observando


fijamente al León, quien lo seguía mirando como si fuera su presa.

Realmente no podía creer que ese maldito de Jeon Jungkook lo había


arrojado ahí sin ningún tipo de problema. ¡Pudo haber sido devorado!

Ah, y tampoco podía creer que él se estaba dejando hacer ante los toques de
Jeon. ¿Es qué acaso era idiota?

"Es solo por el plan, por el plan..." Se repetía una y mil veces en su mente,
cerrando sus ojos y apoyando su frente en el hombro ajeno, buscando sentirse
protegido una vez más. Seguía asustado.

—¿Sigues llorando? —cuestionó Jungkook, alzando un poco su rostro y


tratando de ver al chico a la cara, pero éste insistía en mantenerse oculto entre
su cuello y su hombro. Jungkook sonrió ante eso—. ¿Quieres qué te lleve a
casa?
Sintió como Taehyung asentía a penas y susurraba un débil "sí, por favor".

—Está bien —dijo, pero cuando notó que el rubio tenía intenciones de
levantarse, lo agarró por la muñeca, ganándose una mirada extrañada por
parte de el menor—. Ah, no, no. Falta algo antes de irnos, cachorro.

El rubio frunció levemente el ceño, pero no dijo nada.

Jungkook lo tomó por la correa una vez más, jalandolo hacía sí antes de
agarrar su barbilla y alzar un poco su rostro, haciendo que sus miradas se
encuentren y Taehyung automáticamente empiece a sentir nervios, alterado.

Posó sus manos sobre las muñecas contrarias, alejando un poco su rostro.

—¿Qué haces? —Preguntó, mirando mal a Jungkook.

—¿No es obvio? Voy a besarte. —Dijo el pelinegro con obviedad,


observando a Taehyung como si hubiera dicho algo estúpido.

La boca de el menor se abrió con incredulidad, a la vez que el mismo se


alejaba un poco más de el payaso.

—¿Quieres un beso después de qué casi me convierto en comida de León por


tu culpa? —soltó con molestia y realmente sorprendido—. Tú en serio estás
demente.

Lo único que hizo Jungkook ante sus palabras, fue sonreír, sonreírle con tanta
calma que por un segundo Taehyung se sintió totalmente perdido. No podía
creer que después de lo que había hecho, el pelinegro tenga el descaro de
pedirle un beso.

Ese tipo estaba loco.

Resignandose, soltó un suspiro. Repitiéndose una y otra vez que todo valdría
la pena en un futuro, y que, tal vez, algún día podría joderle tanto la
existencia a Jungkook como él estaba jodiendo la suya.

Observando al chico que tenía enfrente, posó sus manos temblorosas en la


nuca impropia y atrajo al mayor hacia sí, juntando sus labios y cerrando sus
ojos con cierta fuerza antes de comenzar un lento beso, lleno de tanto rencor
de por medio. Sin notar que había tomado desprevenido a el mayor,
Jungkook realmente no esperaba que accediera.

Sintió las manos el pelinegro en su cintura, sosteniendolo y a la vez ladeando


la cabeza para profundizar el beso, mientras que de vez en cuando sus labios
recibían una leve mordida por parte de Jungkook.

Se mantuvieron unos cuantos segundos así, tranquilos y besándose con


calma. Hasta que Taehyung sintió como las manos de el mayor bajaban desde
su cintura hasta sus muslos, donde dió un pequeño apretón que llegó hasta la
zona que tenía herida. Eso le sacó una mueca de dolor y una queja que fue
ignorada, Jungkook había aprovechado que abrió un poco más su boca para
ingresar su lengua y el rubio no hizo más que dejarse hacer, acariciando a
penas el cabello de el mayor.

Al sentir como poco a poco comenzaba a faltarles el aire, se separaron. Y


Taehyung observó a Jungkook con el ceño levemente fruncido al ver la
sonrisa victoriosa que mostraba el pelinegro.

Pocos segundos después, pensó en el reciente beso. No había sido tan malo, y
Taehyung en verdad se estaba preguntando porque mierda no se sentía
disgustado.

Quiso gritar de frustración. ¿Qué carajos le sucedía? ¿Por qué no se sentía


asqueado siendo qué Jungkook prácticamente le había metido la lengua hasta
la garganta?

"Quizá ya me acostumbré a ésta mierda." Fue lo primero que pensó, y se


convenció de que aquel pensamiento era cierto.

Por otro lado, Jungkook dejó un último beso en los labios impropios, antes de
tomar al chico por los muslos y pararse con cierta dificultad al estar cargando
a Taehyung, quien alzó una ceja al ver la acción de el payaso.

—¿Y ahora qué haces, payaso loco? —Quiso saber, sosteniéndose de los
hombros de el pelinegro para no caer.
—Caminas muy lento ahí afuera, más de una vez tuve que tirar de la correa
para que te apures. Y yo ahora mismo, tengo prisa —se excusó—. Así que
quédate quieto y calladito, que yo te llevo rápido. Y más vale que te
comportes mientras no estoy.

Taehyung frunció el ceño. Jungkook le hablaba como si fuera un niño.

—No tengo cinco años para que me hables así. —Se quejó, aunque terminó
apoyando su mejilla derecha en el hombro del mayor, mirando los asientos
del circo mientras Jungkook avanzaba y poco a poco salían de la carpa.

Al salir, pudo observar como varias personas caminaban por los alrededores,
llevando todo tipo de armas y algunos llevando vestuarios. Todos parecían
estar muy ocupados, y es que dentro de algunas horas el público llegaría.

Los ojos de Taehyung se fijaron en un par de niños que jugaban


tranquilamente con una pelota, pasandosela el uno al otro y riendo
alegremente. No pudo evitar sentirse mal por esos niños, seguramente
terminarían siendo igual que el resto de las personas en aquel circo, pasando
de la inocencia pura a algo totalmente enfermizo.

Dejó de mirarlos cuando una mujer se puso enfrente de ellos, pero no miraba
a los infantes, sinó a él.

Taehyung se sintió intimidado ante la fría mirada que daba la mujer, luciendo
un vestido blanco que estaba algo manchado con sangre en el escote y parte
del abdomen.

Apartó la mirada, rodeando con sus brazos el cuello de Jungkook y


escondiendo su rostro entre el hombro y el cuello del mismo, como si
estuviera tratando de sentirse protegido.

Y Jeon Jungkook no fue consciente de la enorme sonrisa satisfactoria que


apareció en sus labios ante la acción del chico.

Era irónico, porque Taehyung parecía buscar protección en alguien como él,
la persona que más lo ponía en peligro. Y era incluso más irónico que se
sintiera cómodo entre sus brazos. Porque Jungkook no era tonto, él había
notado que el rubio no estaba incómodo aquella mañana en la que tuvo la
pesadilla, y mucho menos lo estaba ahora mientras lo cargaba.

Taehyung se sentía protegido por Jungkook, y éste se sentía totalmente


satisfecho ante eso porque el rubio podía buscar protección en él a pesar de
que era un completo monstruo cuando quería, a pesar de que podría hacerle
daño en cualquier momento.

Y a pesar de que ninguno de los dos lo supo en ese momento, ese mismo día
los dos habían iniciado algo que luego sería imposible de eliminar, algo que
jamás fueron capaces de controlar y que, en especial, había desatado un
tremendo caos en el circo con el pasar del tiempo.

Porque dos personas como ellos jamás debieron sentirse así el uno al lado del
otro y tardaron demasiado en darse cuenta de eso.
20

Cap dedicado a mi ídola, diosa y ejemplo a seguir: sietealmasuncorazon

No sabía hace cuantas horas se había ido Jungkook, realmente.

El rubio estaba aburrido, hambriento. No dejaba de pasearse de un lado a otro


por la casa rodante en la cual había sido encerrado, y de donde ni siquiera
intentaba escapar porque sabía perfectamente que Jungkook le había
ordenado a dos tipos que lo vigilaran, por lo que las esperanzas de
ingeniárselas y escapar que tuvo en un principio habían desaparecido.

Pero no se había molestado mucho por ello, estaba más concentrado en el


hecho de que tenía frío y en que lo único que había podido comer fue un poco
de ramen que había en la cocina. Los pequeños muebles de la misma estaban
vacíos como para que se pueda hacer otra cosa, y el estómago de Taehyung
aún no estaba lleno.

Ahora mismo, se encontraba tirado en la cama de Jeon. Cubriéndose con las


sábanas en busca de un poco de calor y observando fijamente la ventana de la
habitación, observando el cielo, y las mínimas estrellas que se dejaban ver.
La noche había caído más rápido de lo que pensó, y Jungkook no volvía.

¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde estará? Se preguntaba Taehyung, y por más


que quiso pensar en otra cosa. No podía dejar de responderse a sí mismo las
preguntas que surgían de repente debido al silencio del lugar y también por el
hecho de que se encontraba totalmente solo, solo con sus ideas y sus
preguntas.

¿Cuánto tiempo había pasado? No lo sabía, no sabía hace cuanto era que
estaba en manos de el payaso. Pero para él parecía una eternidad. ¿Será así?
¿Habrá estado durante bastante tiempo en ese lugar?
Se preguntaba como estaría su mamá, su hermana. Si pensarían en él,
también en como habría reaccionado su papá al notar su ausencia. Si sus
amigos lo extrañaban igualmente.

Tantas dudas, y ninguna respuesta.

Soltó un suspiro, lleno de cansancio. Estaba harto de pensar demasiado en


todas las personas que conocía antes de ir hacia ese bosque donde encontró a
Byul, lo hacía sentir mal. No quería ponerse a recordar cada una de esas
cosas y en como lo trataban sus familiares y amigos.

Observó como un pequeño bulto se movía por debajo de las sábanas, y quiso
sonreír. Había olvidado que Byul se había acomodado allí para dormir un
poco, y ahora mismo el conejo estaba tratando de salir.

Taehyung se sentó, quitandose las sábanas y dejando así que el conejo blanco
saliera de la cama, dando un salto, yendo hacia quien sabe dónde.

La fría brisa que pasó no hizo más que chocar contra el pecho desnudo de
Taehyung, poniéndole la piel de gallina en cuestión de segundos. Aún seguía
sin ninguna camisa o algo gracias a que el León había destrozado su ropa y él
no sabía si Jungkook se enojaría por tomar sus cosas sin permiso.

Pero poco le importó eso cuando volvió a sentir frío en todo su cuerpo. Y
restándole importancia a lo que sea que diga Jungkook en un futuro, se
levantó de la cama, caminando hacia las maletas que se encontraban abiertas
en el piso.

Comenzó a buscar entre la ropa del payaso algo que llame su atención y que
lo mantenga abrigado, encontrándose con una sudadera negra algo grande
para él pero que no dudó en usar cuando notó lo abrigada que parecía ser. Le
llegaba hasta los muslos, tal vez un poco más hacia abajo, y las mangas
cubrían casi por completo sus manos. Pero a Taehyung no le tomó
importancia, se sentía cómodo y ya no tenía tanto frío.

Aburrido, comenzó a observar la habitación una vez más. Y ahí fue cuando
notó un enorme espejo detrás de uno de los muebles.
No había visto eso antes.

El rubio realmente no quería verse ahí. Seguramente se vería totalmente


miserable, asqueroso. Con ojeras y quien sabe que más, los golpes serían
notorios en algunas zonas, y él no quería verse a sí mismo tan destruído como
pensaba que estaba, porque de cierta forma, así se sentía y tal vez eso se
notaría en su cuerpo igualmente.

Pero no pasó mucho tiempo para que se encontrara agarrando el espejo,


arrastrandolo a penas para que deje de estar detrás del mueble y así pueda ver
todo su cuerpo, de pies a cabeza.

Su cabello estaba algo desordenado, la sudadera lo hacía ver más pequeño de


lo que en realidad era y el pantalón negro que tenía le quedaba bien a
comparación de la otra prenda, mientras que podía ver sus pies gracias a que
estaba descalzo.

No estaba tan mal como había pensado, pero sabía que si alguien lo veía con
detalle notaría lo cansado que lucía su rostro y las enormes ojeras que
aparecían debajo de sus ojos.

Miró hacia otro lado. No le gustaba su apariencia en esos momentos y no


quería ver su rostro, quiso ignorar su reflejo y volver a poner el espejo en su
lugar, pero las cosas habían resultado de otra manera cuando, al observar
hacia otro lugar, notó el reflejo de los libros de Jungkook a su espalda.

Y ahí lo recordó, recordó aquel papelito rojo que no había podido leer, el cual
estaba entre las páginas de un libro de tapa negra. No tenía título, no tenía
nada, era totalmente negra y eso era lo que más le había llamado la atención a
Taehyung.

Se dió la vuelta, yendo hasta donde estaban los libros. Y en menos de unos
cuantos segundos ya se encontraba abriendo el que llamaba su atención,
curioso.

Frunció el ceño al ver como en la primera página del libro no había ningún
tipo de prólogo o algo parecido. En su lugar, había algo escrito a mano,
aparentemente hace varios años ya que las hojas no se encontraban en el
mejor estado.

El rubio observó con intriga las primeras palabras escritas en el viejo libro
que aparentemente era un diario, siendo éstas el nombre de una persona que
él no conocía.

¿Quién era Jeon Seung y por qué Jungkook tenía su diario?

Taehyung no lo sabía, pero poco le importaba. La curiosidad estaba


matándolo, por lo que pasó un par de hojas y comenzó a leer.

"Sus labios son exquisitos, su simple presencia hace que mis dedos
comiencen a cosquillear, deseosos de tocar su cuerpo, de recorrerlo por
completo. Y sus ojos, luciendo tan malditamente asustados, son peores que
cualquier puta droga, tan malditamente adictiva."

El adolescente hizo una mueca ante las palabras de aquel desconocido, lo


hicieron sentir extraño, y no de una buena manera. Y con cada palabra que
leía, sentía un nudo en la garganta.

"23 de junio.

Finalmente, pude llevarla lejos, tan lejos que nadie pudo interrumpir el
momento en el que sus gritos comenzaron a escucharse por doquier, esa
persona me miraba con tanto espanto, que la excitación tan solo aumentaba
en mí. Y yo sé que aquel bello angelito se habrá sentido así junto a mí
también, por más que intente negarlo, por más que haya querido apartarme.

Oh, mi amor, que mal me haces."

Si Taehyung tuviera que describir lo que sentía en esos momentos con una
simple palabra, la ideal sería: repulsión.

Aquel hombre llamado Seung, hablaba en cada una de las páginas sobre una
persona en específico. Detallando sus ojos, diciendo lo bella que era, y lo
bien que se sentía hacerle daño, verla llorar, suplicar. Todo el diario parecía
hablar de aquella pobre persona que sufría entre las manos de ese tipo, y
Taehyung cada vez comenzó a sentir más impotencia, todo lo escrito en ese
diario le parecía horrible.

Pasó una página, y no tardó nada en observar con curiosidad otra pequeña
notita que estaba escrita en un papel de color celeste, pegada en una de las
hojas.

El rubio quitó la nota, leyendo primero la página del diario.

"Cuando veo su rostro, sus labios, todo de ese hermoso ser, lo único que
quiero es dejar todo atrás. Olvidar todo e irme lejos, totalmente lejos, sin
importar nada ni nadie, solo seríamos nosotros dos y nadie más."

Taehyung observó la notita luego de leer las palabras de Seung, y abrió sus
ojos sorprendido al notar algo.

Esa no era la letra de el mismo hombre, y dudaba que alguien más que
Jungkook haya tenido ese libro en sus manos. ¿Acaso la nota era de
Jungkook?

Ignorando el hecho de que sería brutalmente castigado si el payaso lo


encontraba tocando sus cosas, el rubio leyó lo que había en el papelito
celeste, que era una respuesta a Seung, aparentemente.

"Y lo hiciste, hijo de puta. Te fuiste. Dejando a tus hijos solos, enfermo
mental. Y eres tan jodidamente inútil que ni siquiera haz podido llevarte a tu
puta, como tanto querías."

Taehyung abrió su boca, asombrado ante lo que había leído. ¡O sea que
estaba leyendo el diario del padre de Jungkook!

Oh por Dios, Jeon lo mataría si se enteraba.

Tratando de calmarse ante sus pensamientos negativos donde Jungkook lo


agarraba para darle unos buenos golpes por tocar sus cosas, siguió pasando
un par de páginas, hasta llegar a la que estaba la notita roja, que era la que le
había interesado en un principio. Y se prometió a sí mismo que no leería más
luego de eso, ya que era algo demasiado personal y repugnante de cierta
forma, y no quería arriesgarse a ser visto por Jungkook si éste llegaba justo
cuando estaba con el diario en sus manos.

Tomó la nota roja cuando la tuvo a la vista, y comenzó a leer el diario una
vez más.

"¿Hay algo más suave que sus labios, más dulce qué eso? Porque los besos
de mi bebé, son lo mejor de todo éste maldito mundo. Incluso cuando no me
corresponde, incluso cuando sus labios están salados cuando las lágrimas
llegan por accidente ahí, incluso cuando los corto hasta que la sangre salga,
siguen siendo tan perfectos como siempre."

Fue inevitable para Taehyung no recordar la vez en la que Jungkook cortó su


labio, cuando estaban en el baño y el payaso lo besó luego de haberlo
lastimado tanto.

Se estremeció un poco ante el recuerdo, pero prefirió ignorarlo y leer la nota


de Jungkook.

"Lo creas o no, cabrón. Sí hay algo más malditamente dulce y suave que los
labios de esa puta chupa pollas. Los labios de mí pequeña zorra son mil
veces mejores, porque a pesar de que tiembla, llora, o tiene miedo, trata de
seguirme el beso. Y puedo ver su lindo rostro totalmente sonrojado, jadeando
para mí porque ambos nos quedamos sin aire, y sus labios se ponen rojizos
ante mis besos. Me deja disfrutarlo, y eso fue algo que la puta de Irene jamás
hizo contigo. Que miserable eras, papá. Que ni tratarla bien para que te
corresponda un simple beso pudiste."

Taehyung alzó una ceja ante lo que leyó, pero no hizo más que guardar la
nota donde estaba y dejar el libro en el mismo lugar donde lo encontró. Para
después fijar su mirada en la cama, donde estaba Byul, pensativo.

—¿Pequeña zorra? —repitió lo que leyó en un susurro, algo confundido—.


¿Será qué el payaso loco también le jodió la vida a otra persona antes? —Se
preguntó para sí mismo, sin entender del todo a quien se refería en la nota.

Dudaba que se tratara de él, porque no sabía hace cuanto tiempo Jungkook
había escrito eso.
—Quizá hablaba de una novia o algo así —siguió hablando solo, y después
de unos segundos dejó salir una pequeña risa ante sus propias palabras,
observando a Byul—. ¿Te lo imaginas, Byul? ¿Al demente de Jungkook con
novia?

El conejo tan solo ladeó la cabeza en respuesta.

—Como si ese idiota pudiera tener sentimientos —Taehyung se dejó caer en


la cama, y no tardó nada en sentir como Byul saltaba, quedando sobre su
pecho—. Ya me lo imagino, diciendo: "Hola mi amor, te traje un cuchillo
para que me cortes el pene mientras lo hacemos porque eres igual de enferma
mental que yo" —trató de imitar la voz de Jungkook, burlándose—. "Ah,
Jungkook, que feliz me hace que ambos seamos igual de enfermos, uh" —
Ésta vez trató de imitar un tono femenino, y terminó riéndose de sí mismo.

—¿Estás divirtiéndote?

Taehyung sintió su rostro palidecer al escuchar esa voz, y tragó saliva cuando
notó a Jungkook parado cerca de la puerta, apoyado en el marco de la misma
mientras se cruzaba de brazos y lo observaba fijamente, esperando una
respuesta.

—Y-Yo... —carraspeó, sentándose en la cama y dejando al conejo a un lado


—. ¿Qué tanto escuchaste?

—Desde la parte del pene —informó, empujado su mejilla interna con la


punta de su lengua antes de hablar una vez más—. ¿Tú qué tanto dijiste?

—N-No mucho, en realidad... —el rubio comenzó a retroceder en la cama


cuando el mayor empezó a caminar hacia la cama—. Por favor no comiences
con tus cosas, hoy casi me come un León por tu culpa. Lo siento si te eno-

Taehyung no pudo terminar ya que chilló con fuerza cuando Jungkook lo


tomó por el tobillo, jalandolo hacia sí y haciendo que se acueste de golpe en
la cama, siendo arrastrado hasta que sintió como el mayor quedaba entre
medio de sus piernas. Abrió sus ojos con asombro y pánico, poniendo sus
manos en el pecho ajeno cuando Jungkook se acercó hacia su rostro.
La ropa que llevaba puesta comenzó a ponerse húmeda, y fue ahí cuando el
rubio notó que Jungkook estaba lleno de sangre.

—¿Crees qué todo se resuelve con un simple "lo siento", cachorrito? —


cuestionó Jeon, sonriendo levemente—. Estás muy equivocado, y parece que
nunca aprendes —negó con la cabeza—. ¿No te parece un poco ridículo
andar burlandote de mí cuando no estoy, y qué cuando me tengas aquí, de
frente, lo único qué hagas sea temblar? Porque en mi opinión, lo es. Y
también eres patético por eso, precioso.

El rubio no dijo nada, tan solo apartó la mirada, sintiéndose totalmente inútil.
Jungkook tenía razón, ni siquiera se atrevía a mirarlo a la cara como para
enfrentarlo en ese momento.

Se veía y se sentía patético en ese mismo instante, esa era la verdad.

—Sin embargo, es algo que me gusta de tí —las palabras de Jungkook


hicieron que Taehyung lo mire, prestándole atención—. Porque hay veces
que quieres enfrentarme, y otras que te pones así de miedoso y sumiso
conmigo. Es algo que me parece curioso, cachorro. Porque eres alguien que
me faltó el respeto más de una vez y aún así no aprende, y parece que la
única forma de que te mantengas callado es agarrandote así —dijo,
refiriéndose a la posición en la que se encontraban—. Y créeme que para mí
no es ningún problema agarrarte y ponerte así cada vez que me digas algo
que me disguste.

Taehyung tragó saliva, sin saber que decir y sintiéndose aún más nervioso
cuando una de las manos de Jungkook soltó su tobillo únicamente para
pasearse por su muslo, hasta pasar por debajo de la sudadera y así llegar hasta
la cintura, donde sujeto con ligera fuerza.

—Jungkook... —susurró con nerviosismo, apretando a penas la camisa blanca


que llevaba el pelinegro, la cual estaba manchada de sangre—. Sueltame, por
favor.

El payaso sonrió ante lo dicho por el adolescente, negando con la cabeza.

—¿Y por qué debería hacerlo? —cuestionó, con sus ojos fijos en los del
menor—. ¿Por qué debería dejarte tranquilo siendo qué te crees muy chistoso
hablando de lo enfermo que soy a mis espaldas, hm? —Con la mano que no
estaba en la cintura de Taehyung, sostuvo el muslo del mismo, acercandolo
aún más y haciendo así que sus cuerpos se toquen.

—Yo- lo siento, en verdad lo siento. —El rubio observó hacia los costados,
tratando de pensar en alguna forma de escapar de aquella situación. Pero su
mente estaba en blanco y la fija mirada de Jungkook sobre él no ayudaba en
lo absoluto.

—Eso no me basta, precioso. Y lo sabes —Jungkook apretó un poco más la


piel del chico, sonriendo al ver como Taehyung simplemente se dejaba hacer,
viéndolo con temor—. Quiero ver si eres tan valiente como para decirme lo
enfermo que soy a la cara.

—¿Q-Qué-

—Ya me oíste. Dime lo enfermo que te parezco, anda —insistió—. ¿O es qué


solamente eres valiente y chistosito cuando tu puto culo no está en peligro,
mocoso? —preguntó, y el rubio que estaba debajo suyo no hizo más que
apretar un poco más el agarre en su camisa—. ¡Anda, cachorro miedoso,
dime que tan enfermo soy para tí! ¡Dime la basura que soy si tienes tantos
huevos!

Taehyung tomó aire, cerrando sus ojos y tratando de calmarse. Estaba


comenzando a molestarse y realmente no quería ver a ese tipo a la cara,
porque estaba seguro de que realmente le gritaría todo lo que estuvo
guardandose hasta el momento. Y eso no sería bueno para él, lo sabía.

Sin embargo, no era muy fácil mantener la calma al lado de una persona
como Jungkook, tan insistente y fastidiosa en momentos como esos.

Y después de unos cuantos minutos en los que Jungkook estuvo gritándole,


Taehyung se cansó.

—¡Niñato! ¡¿Siquiera me estás escuchando?! —Gritó Jeon, ya harto de ser


ignorado por el menor.
—¡Sí, joder! ¡Sí te estoy escuchando! —dijo el rubio, jalando a Jungkook
hacia sí y haciendo que el payaso por fin se calle cuando sus rostros
estuvieron cerca—. ¡Deja de gritarme!

Jungkook se mantuvo en silencio ante el repentino grito de el menor, atento a


lo que diría, mientras observaba su rostro con detalle. En espera de algo, en
espera de que ese mocoso explotara finalmente y dejara de comportarse como
un chico obediente ante él, siendo que Taehyung quería ser todo menos eso.
Kim Taehyung nunca sabría seguir sus reglas.

El rubio respiró algo agitado, sintiendo su corazón latir con fuerza en su


pecho antes de abrir los ojos y así encarar a Jungkook, observando los ojos
oscuros del mismo.

—¡Eres un maldito enfermo, Jungkook! —gritó con fuerza—. ¡¿Estás feliz?!


¡Ya te lo dije, hijo de puta! ¡Eres alguien totalmente despreciable, cretino!
¡No entiendo como es que hay gente que te soporta a su lado! ¡Tú en serio-

Una mano algo pálida impactando con fuerza sobre su mejilla fue lo que lo
hizo callarse. Dejando así su rostro hacia un lado y con un ardor insoportable
en la zona afectada.

Taehyung frunció el ceño y cerró los ojos con fuerza, mientras que los
mismos eran tapados por algunos mechones de cabello.

Silencio, simplemente se quedaron en silencio por algunos minutos. En los


cuales Jungkook lo único que hizo fue observar al chico, expectante, como si
estuviera asegurándose de que el mocoso no volvería a abrir la boca.

Y cuando estuvo seguro de que Taehyung no diría más, quiso levantarse.

Las manos de el rubio jalando hacia sí otra vez fueron lo único que se lo
impidieron.

—Eres una basura —susurró Taehyung sin abrir sus ojos, y el pelinegro alzó
una ceja—. Toda tu jodida persona es un montón de basura.

Jeon volvió a impactar su mano contra la mejilla impropia, tal vez con más
fuerza que la anterior. Pero no consiguió lo que quería, porque Taehyung aún
no soltaba ninguna lágrima y eso era inusual.

Sonrió al verlo, y el rubio pareció tragarse su dolor porque no hizo más que
acercar aún más a el payaso, sosteniendo con tanta fuerza la camisa que sus
nudillos comenzaron a verse de un color blanco.

—Te crees el rey del mundo, siendo que no es así —siguió el menor,
ganándose otra cachetada. Pero no impidió que siga hablando—. Todos te
temen, pero nadie te respeta, y eso es lo más lamentable —otro golpe—. Me
das pena, Jungkook. Porque crees tener todo lo bueno del mundo siendo que
si ésta porquería de circo desaparece, tú no serías nadie importante realmente.
—El quinto golpe fue aún peor, porque Taehyung sintió como uno de los
anillos que Jungkook tenía impactaba contra su labio, rompiendolo y
haciendo que un fino hilo de sangre bajara a penas.

El rubio se quedó en silencio, ya no tenía nada más que decir. Y solo se


limitó a concentrarse en el dolor que sentía en su mejilla y en nada más.
Incluso no se tomó el tiempo de ver el rostro de Jungkook, quien lo veía con
una pequeña sonrisa y cierta sorpresa.

Jungkook relamió sus labios antes de hablar, observando el rostro ajeno y


tomando con una de sus manos la barbilla de el adolescente, obligándolo a
verlo.

—Ay, mocoso —suspiró, subiendo un poco su mano para apretar las mejillas
del chico, quien se quejó por lo bajo—. No puedo creer lo malagradecido que
eres, de verdad —dijo de repente, y Taehyung frunció el ceño—. ¿Soy una
basura, mi amor? ¿Después de qué salvé tu jodido culo de más de treinta
personas qué querían matarte, soy eso? —soltó una carcajada llena de
sarcasmo e ironía, negando con la cabeza—. ¿Después de qué limpié tus
heridas a pesar de qué tranquilamente podía dejar qué se infecten, me hablas
así?

El rubio permaneció en silencio, con su mente quedando en blanco ante las


cosas que estaba diciendo Jungkook. El payaso lo estaba tratando de
manipular para que se retracte, pero no caería tan fácil en esa porquería.
—Podría contar las cosas "buenas" que hiciste por mí con tan solo una mano,
payaso loco. Y todas las cosas malas superan lo demás. —Entrecerró los ojos,
negándose a ceder ante el discursito de Jeon donde el otro trataba de que se
sienta culpable por insultarlo tanto.

Jungkook alzó una ceja, sin dejar de sonreír.

—¿Ah, sí? ¿Y qué fueron esas cosas tan malas qué te hice? —Quiso saber,
divirtiéndose ante la expresión incrédula que le otorgó el menor.

—¡Encima preguntas! —Soltó, indignado.

Taehyung comenzó a sentirse más tranquilo cuando el agarre en sus mejillas


y en su muslo ya no le resultó tan brusco, observando que el mayor no se
notaba realmente molesto. Hasta podría decir que estaba divertido ante la
situación, y solo por eso fue que se atrevió a contestar la pregunta que había
hecho el pelinegro.

—Casi me golpeas como un animal simplemente porque accidentalmente le


hice daño a Byul, me cortaste varias partes del cuerpo, me hiciste ver
espectáculos enfermizos en su mugroso circo —enumeró, sin dejar de ver los
ojos impropios, asegurándose de que Jungkook no se alterara—, más de una
vez me dejaste sin comer porque dije algo que te molestó. Y oh, espera, que
más me falta... —fingió pensar, antes de fruncir el ceño y sostener con algo
de fuerza la camisa impropia—. ¡Ah, cierto! ¡Me pusiste un collar como si
fuera tu mascota y me metiste a una estúpida jaula con un maldito León!

El mayor asintió ante las palabras de Taehyung, algo aburrido. Estaba más
concentrado en jugar con las mejillas ajenas, apretando a gusto y haciendo
que los labios del rubio se abulten levemente.

—¿Y de todo eso, no piensas en lo bueno? —habló, soltando las mejillas de


Taehyung para acomodarle un poco el cabello ya que aún tenía algunos
mechones sobre sus ojos—. ¿No piensas en qué, si no fuera por mí, estarías
siendo abusado sexualmente por más de veinte asquerosos viejos qué de
seguro ni se preocuparian porque seas un chico, porque aquí agarran todo?
¿En qué después de usarte, te cortarían en pedazos para darte como regalo a
alguno qué otro espectador de algún show? —preguntó, y una sonrisa
satisfactoria apareció en sus labios al ver la expresión aterrada de Taehyung,
seguramente imaginando tal escena—. Piensa un poco, cariño. Aquí conmigo
es el mejor lugar donde podrías estar en éste circo, es donde menos maltrato
podrías llegar a recibir —aseguró—. ¿Te imaginas lo qué hubiera sido si
Jimin te llevaba con él?

Taehyung no quiso ni siquiera imaginarselo. Sabía que sería el mismísimo


infierno.

Aunque no sabía que tenía al hombre que lo podría llevar a algún lugar
incluso peor que el infierno justo encima suyo, observandolo en silencio y
con una leve sonrisa en su rostro.

—Escucha, cachorro. Yo te doy de comer, aunque sea tan solo una vez al día
a veces, mientras que allá afuera te dejarían morir de hambre luego de usarte
como su juguete sexual —apuntó hacia afuera, disfrutando de el como
Taehyung le estaba poniendo bastante atención. Estaba analizando sus
palabras, quizá empezando a darle la razón—. Allá, te usarían para que
limpies cada lugar del circo luego de un espectáculo, agarrarías los cuerpos,
guardarías las tripas, sostendrías las cabezas —siguió explicando—. En
cambio yo, te dejo aquí, limpiecito y bien alimentado, dejando que no te
tomes la molestia de hacer algo tan "horroroso" según tú... Mira que hasta
limpio el desastre que hago con tu lindo cuerpo, porque si fuera por alguien
más, los cortes que te hice se hubieran infectado y créeme que tu muslo
estaría mil veces peor. Sin mencionar que tendrías muchísimas heridas más.

—P-Pero... —El rubio trató de decir algo, de echarle en cara alguna otra cosa
y así hacer que se calle, lo estaba haciendo sentir inseguro y ninguna palabra
lograba salir de su boca. Estaba comenzando a frustrarse.

—Sin peros, cachorro. Yo solo digo la verdad —Jeon sonrió con satisfacción,
sintiendo que ganó aquella discusión—. Eres un malagradecido que no
aprecia lo que tiene... Debería dejarte con Jimin o con algún otro infeliz para
que se ocupe de tí —el rubio abrió sus ojos con preocupación ante lo dicho
por el mayor, y Jungkook reprimió una sonrisa—, tal vez así aprendas lo que
es realmente una persona que es completamente una basura y alguien
totalmente enfermo. —Sentenció, y quiso levantarse, fingiendo desinterés.
Pero nuevamente las manos de Taehyung se lo impidieron.
Jungkook realmente se estaba esforzando mucho para no sonreír en ese
mismo instante. Había logrado lo que quería.

—¡No! —se negó rápidamente el adolescente, y el pelinegro alzó una ceja al


escuchar el pequeño grito. Taehyung carraspeó al darse cuenta de la
desesperación que estaba dejando notar y segundos después volvió a hablar
—. No lo hagas, por favor. No quiero ir con ese bastardo. —Pidió casi en un
susurro, removiendose incómodo ante la intensa mirada de el hombre sobre
sí.

—¿No qué yo era una basura, un enfermo mental totalmente despreciable? —


recordó, burlándose—. ¿Y ahora te quieres quedar conmigo? No eres muy
bueno defendiendo tus palabras por mucho tiempo, al parecer.

—Yo... Solo... —apartó la mirada, dejando de lado su orgullo, otra vez—. Lo


siento, ¿Ok? No quise decir eso. —Oh, pero claro que quiso hacerlo. Y no
estaba realmente arrepentido, en absoluto.

Pero Jungkook decidió dejarlo pasar, estaba demasiado cansado como para
seguir con aquella discusión. Tuvo un día realmente largo en el circo, había
estado desde la mañana allí, ayudando en algunos espectáculos, buscando su
vestuario y llevando de paso también el de otros trabajadores que estaban
cerca suyo, tuvo que ayudar a Woozi a llevar algunas cosas que eran
demasiado pesadas para el pequeño –como cajas con armas, y cosas así–, y
finalmente, tuvo que matar a no sólo dos, sinó tres personas en su
espectáculo. Estaba exhausto.

Aunque no pensaba dejar las cosas que le dijo Taehyung en el olvido. Por
supuesto que el rubio tendría que pagar por ello más tarde.

Dejó un casto beso en los labios del menor antes de levantarse, sacudiendo su
ropa con sus manos y llenando las mismas con aún más sangre gracias a ello.
Y luego, observó al adolescente.

—Tus disculpas no son aceptadas, mocoso —soltó—. Pero descuida, que


ningún hijo de puta te hará daño además de mí, así que no te dejaré con
Jimin... Además de que me cae mal —dijo, haciendo una mueca y dándole la
espalda a el rubio—. Iré a bañarme, por favor trata de no hablar de mi pene
cortado con un cuchillo mientras no estoy. Te dejé un poco de pizza en la
mesa. —Finalizó, yéndose sin esperar respuesta.

Taehyung se quedó solo, aturdido y extremadamente desconfiado ante la


calma que mostró Jungkook. Era tan extraño, tan pero tan raro. Un día lo veía
golpeando a alguien hasta romperle la nariz por simplemente gritarle y al otro
tan solo habla con tranquilidad después de escuchar como se burlan de él a
sus espaldas.

Aunque segundos después de pensar en ello, supo que estaba jodido. Ya que
al parecer, Jungkook siempre se muestra calmado antes de cometer alguna
locura, incluso se comportó "amable" con Namjoon antes de darle un
puñetazo y tirarlo al piso. Siempre actuaba así.

Y siendo consciente de ello, Taehyung supo que sufriría a penas Jungkook


despierte la mañana siguiente.

Suspiró, resignado. Y no hizo más que levantarse para ir a buscar la pizza que
le había dejado Jeon y volver a la cama con la caja que tenía la comida en sus
manos, comenzando a comer en silencio mientras pensaba.

No podía dejar de pensar en lo que le esperaría. La había cagado, y en


grande. Jungkook no tendría piedad con él, y era tan jodidamente estúpido
que ni siquiera podía seguir su plan como había pensado. Estaba arruinando
todo y no llegaría a ningún lado si seguía actuando así.

Pero es que, realmente estaba molesto en el momento en el que Jungkook


comenzó a gritarle. Y era demasiado difícil quedarse callado en una situación
como esa.

No supo en que momento había sucedido, pero de repente ya solo quedaba


una porción de pizza de las cuatro que había anteriormente y Jungkook había
abierto la puerta de la habitación, con tan solo una toalla en su cintura y el
cabello aún mojado, dejando caer algunas gotas en su pecho y espalda.

El payaso lo observó y él no hizo más que apartar la mirada, ignorando la


pequeña sonrisa que apareció en los labios de Jungkook ante su acción.
Y al parecer a Jungkook no pareció importarle su presencia, porque comenzó
a cambiarse en silencio, colocándose unos bóxers negros y un pantalón gris
simplemente, junto con una camisa del mismo color. Todo eso mientras
Taehyung sentía sus nervios aumentar cada vez más y sus manos
comenzando a sudar.

Una vez que finalizó y dejó la toalla en otra parte, Jungkook se metió a la
cama y se cruzó de brazos, observando fijamente a el rubio, en silencio.
Como si estuviera esperando algo por parte de el menor.

—¿Qué sucede? —Cuestionó Taehyung, mirando a el pelinegro cuando éste


carraspeó.

Lo único que hizo Jeon fue mirar hacia Taehyung y luego hacia su regazo,
como si estuviera apuntándolo. Y a pesar de que el menor tardó un poco en
comprender, cumplió con el capricho de Jungkook, sentándose en su regazo y
quedándose en silencio, con la mirada fija en sus manos mientras jugaba con
sus dedos, nervioso.

Segundos después, sintió como los brazos de Jungkook rodeaban su cintura,


atrayendolo hacia sí y haciendo que se recueste en su pecho. Y aunque se
tensó al principio, tan solo se dejó hacer, acomodandose lo mejor que podía
mientras una de sus mejillas se apoyaba contra la clavícula del mayor.

La desconfianza era demasiada, pero los dedos de Jungkook acariciando su


espalda baja levemente fueron suficiente como para que bajara la guardia y
tan solo permaneciera quieto y en silencio, extrañado ante la repentina acción
del hombre.

—Pensé que no aceptabas mis disculpas. —Dijo, alzando un poco su rostro


para mirar los ojos del contrario.

Jungkook sonrió levemente.

—No te confundas, precioso. Jamás dije que estaba todo bien —sus labios se
posaron sobre el cuello impropio, sintiendo a el menor encima suyo temblar
un poquito—. Es solo que estoy cansado como para lidiar contigo, así que
mejor cállate y duerme.
—Pero-

—Nada, Taehyung. Solo duermete. —Jungkook lo mandó a callar de


inmediato, abrazandolo aún más y apoyando su frente en el hombro del
chico, dispuesto a dormir de una buena vez.

Y aunque Taehyung no quiso obedecer a Jungkook, terminó durmiendose


entre sus brazos, sintiéndose cómodo allí.

•••

A la mañana siguiente, lo primero que sintió Taehyung al abrir sus ojos fue
frío, frío en cada parte de su cuerpo, junto con unos extraños calambres en
sus piernas y en sus brazos.

Sus ojos no parecían querer abrirse, tal vez porque había dormido demasiado.
No lo sabía realmente, pero poco le importaba en ese momento.

Poco le importaba, porque pasó de sentirse cómodo y cálido entre los brazos
de Jungkook a sentir frío e incomodidad en todo su cuerpo. Sus extremidades
dolían y de su boca tan solo salían incoherencias debido a que recién se
despertaba y no sabía lo que ocurría. No entendía nada y únicamente se
despertó por un fuerte ruido que había escuchado a su lado, además de que
sintió a alguien tocándolo.

—¿Jungkook? —Balbuceó un poco, parpadeando varias veces hasta que


comenzó a notar lo que ocurría, observando a su alrededor.

Y no supo como sentirse cuando se vió a sí mismo totalmente desnudo y


amarrado a la cama. Sus muñecas estaban atadas con fuerza al igual que sus
pies, estaba totalmente expuesto y el pánico no tardó en invadirlo al igual que
la sorpresa.

De inmediato comenzó a tratar de liberarse, removiendose en la cama con


insistencia, sin importarle demasiado si se lastimaba las muñecas y los
tobillos una vez más. Estaba asustado, sabía quien había hecho eso y tenía
muy claro que nada bueno sucedería si no trataba de soltarse de aquellas
sogas.
Sin embargo, luego de pasar unos cuantos minutos de la misma manera sin
obtener resultados, soltó un pequeño grito de frustración y se rindió,
quedándose quieto y observando al techo de la habitación, mientras su cuerpo
temblaba gracias al frío.

—¿Terminaste? —Escuchó a su lado, y fue ahí cuando notó la presencia de


Jungkook, quien estaba a su derecha.

El payaso sonreía con burla, mientras que en sus manos sostenía una pequeña
toalla blanca, un cuchillo y una jarra llena de agua.

—¿¡Qué demonios haces, Jungkook!? —gritó a penas fijó sus ojos en él,
removiendose—. ¡Sueltame ahora mismo!

—Primero que nada, buenos días. —Jungkook ignoró sus gritos, dejando la
jarra apoyada en una mesita que tenía a un lado de su cama y apoyando la
toalla en el estómago del chico para sacar un encendedor de el bolsillo de su
pantalón.

—¡Jungkook, te estoy hablando! —Taehyung comenzó a desesperarse aún


más cuando el payaso lo miró desde los pies a la cabeza, mientras jugaba con
el cuchillo que tenía en su mano derecha—. Sueltame, por favor.

—¿Por qué debería soltarte, mi amor? A ver, dime —la sonrisa de el


pelinegro transmitía tanta inocencia en ese momento a pesar de que
obviamente se estaba burlando, y Taehyung no hizo más que fruncir el ceño
en respuesta ante eso—. ¿Por qué debería soltar a quién habla de mi pene
cortado a mis espaldas, asegurando que soy un enfermo mental, un cretino, y
un ser totalmente despreciable, mh? —Cuestionó, acercándose un poco hacia
la cama.

—Ya me disculpé, te pedí disculpas, Jungkook. No me hagas ésto, por favor.


—Casi rogó, mirándolo suplicante. Tratando de convencer a Jungkook con
tan solo su mirada.

Pero Jungkook jamás tuvo piedad, y en ese momento estaba demasiado


decidido. No haría excepciones ni siquiera con su mocoso, a pesar de que el
menor tenía más privilegios de los que debería, en realidad, pero ninguno de
ellos se metía en los momentos en los que Jungkook comenzaba a perder aún
más la cabeza, si es que fuera posible.

—Pero si ni siquiera sabes lo que te voy a hacer, cariño —el mayor prendió
el encendedor, observando la llama por algunos segundos, pensando—. ¿Pero
de todos modos qué importa? Si lo único que estoy haciendo es darte tu
merecido.

—Jung-

—Te gusta faltarme el respeto —interrumpió, caminando y rodeando la cama


mientras posaba el cuchillo sobre la llama del encendedor, comenzando a
calentar el metal sobre una parte en específico, una parte del cuchillo donde
tenía grabado "JK", casi en la punta—, te gusta gritarme y tratar de hacerte el
fuerte porque eres demasiado orgulloso, cachorro. Y luego quieres que te
trate como si nada sucediera y me quede callado, pero las cosas no son así —
observó a Taehyung, apagando el encendedor cuando notó como el cuchillo
comenzaba a calentarse demasiado en aquella zona—. ¿Qué esperabas,
mocoso? ¿Qué me deje insultar por un niñito llorón con ojitos bonitos? —
preguntó, negando con la cabeza segundos después y acercándose hasta
Taehyung una vez más—. Lo lamento, pero no puedo quedarme tranquilo y
callado después de que me dijiste que era una basura... —Y con aquellas
palabras, posó el cuchillo sobre el abdomen del chico, quemando su piel y
sacándole un fuerte grito a Taehyung.

El dolor que sintió el rubio fue demasiado, el ardor igualmente, y su garganta


llegó a doler ante su grito. Jungkook no se había alejado ni un solo segundo,
dejando el cuchillo apoyado ahí por unos cuantos segundos que se sintieron
horas para Taehyung.

Y cuando finalmente se alejó un poco, formó una gran sonrisa cuando notó
que con el pasar de los minutos, la piel del chico comenzaba a notarse más
roja en la zona que apoyó el cuchillo y en la marca que quedaba, se notaba a
penas sus iniciales.

Sus pupilas se dilataron, y sintió sus dedos cosquillear ante el deseo que tenía
de tocar a el rubio justo en donde lo había lastimado.
Sin embargo, se controló. Observando los ojos de el menor segundos
después, notando que estaban hinchados debido a que se había despertado
hace poco y también totalmente cristalizados. Taehyung había empezado a
llorar una vez más y Jungkook se sentía totalmente satisfecho ante la vista.

Su mocoso, su pequeño, su cachorro, totalmente desnudo, vulnerable, con sus


ojos llenos de lágrimas, las marcas que él había hecho al descubierto y con su
labio temblando levemente era sin dudas lo mejor que había visto Jeon en
toda su vida. O por lo menos, así lo creía él.

—Déjame en paz, por favor. Ya sueltame, lo siento... —Suplicó Taehyung,


sintiendo las lágrimas bajar sin parar.

Jungkook no se tomó el tiempo de escucharlo, tan solo siguió en lo suyo,


volviendo a poner el cuchillo sobre la llama de el encendedor, esperando a
que se volviera a calentar.

Y cuando estuvo listo una vez más, apoyó el cuchillo por debajo de el pezón
izquierdo de Taehyung, sacándole otro grito al mismo y ejerciendo presión
ahí, sin siquiera moverse.

—¡Ya basta, para!

Jungkook ignoró sus gritos y tan solo soltó el cuchillo, dejándolo apoyado en
el pecho de el chico, aún posado por debajo del pezón. Y segundos después,
tomó la toalla y la jarra de agua.

—Jungkook-

El rubio se interrumpió a sí mismo cuando sintió como la toalla que tenía


Jungkook en sus manos era puesta sobre su cara, impidiéndole así verlo. Y
aunque quiso decir algo, gritar, y quejarse, no pudo.

La sensación del agua caliente cayendo sobre su rostro impidieron que


pudiera hablar.

Sentía que le quemaba la cara, a pesar de que no estaba hirviendo, el agua se


metía por sus fosas nasales, y parte de su boca. Y Taehyung no podía
encontrarse más desesperado de lo que estaba en ese momento, gritó, gritó
tanto como pudo, porque mientras el agua era tirada sobre su rostro,
Jungkook comenzó a mover el cuchillo, que se había pegado a su piel.

El aire cada vez era menos, y sus gritos no paraban, el agua se metía en su
boca y a pesar de que movía la cara de un lado a otro para tratar de quitarse la
toalla, todo parecía inútil.

Jungkook, por otro lado, se mostraba tranquilo ante los gritos ajenos,
mientras movía de izquierda a derecha el cuchillo, jugando. La piel de
Taehyung estaba adherida a la punta del cuchillo, y eso además de dejar una
marca notoria, probablemente le arranque un poco de piel.

Y solo por eso fue que Jungkook jaló el cuchillo hacia sí con fuerza,
sacándole otro grito al menor y provocando que el mismo comience a toser
con insistencia debido a la cantidad de agua que se metió por su boca.

—¿Ahora sí me respetas, mh? ¿Ya dejarás de hablar de mí a mis espaldas, mi


amor? —Preguntó Jeon, sonriendo al ver un poco de sangre en el pecho de
Taehyung.

Le quitó la toalla de el rostro al adolescente, el cual se encontraba levemente


rojo debido a la temperatura del agua y también por la falta de aire que
presentaba. Lo único bueno de la situación, según Jungkook, es que su
mocoso no tendría marcas en su lindo rostro.

Taehyung no dejó de toser por algunos cuantos minutos, sentía su nariz picar
al igual que su garganta, sus ojos estaban rojos debido al llanto y sus
recientes quemaduras dolían demasiado. Sentía que se moriría ahí mismo, el
aire no pasaba, y cada segundo parecía ser peor al anterior.

Jungkook alzó una ceja ante el estado del chico, y no hizo más que sentarse
en la cama, a un lado suyo, mientras volvía a prender el encendedor y
colocaba la punta del cuchillo una vez más sobre la llama.

—¿Qué se siente ser tan maltratado por un tipo tan cretino, cachorro? —
Cuestionó Jungkook, sonriendo levemente cuando Taehyung dejó de toser y
comenzó a recuperar el aire, mirándolo con desesperación.
—J-Jungkook... —sollozó el menor—. Basta... Detente.

Y por más que Taehyung suplicó, lloró, y gritó, no fue escuchado. Porque
Jungkook tan solo sonrió, sonrió antes de posar el cuchillo en cerca de la
clavícula, sonrió luego de quemarlo igualmente con el cuchillo en la muñeca
derecha.

Y mientras los gritos y el dolor tan solo aumentaban, Taehyung ese día
recibió diez marcas en total. Una por debajo del pezón, otra cerca del cuello,
en su abdomen, ambas muñecas, en ambos muslos e incluso en sus tobillos.

La última había sido la peor.

—Mocoso, no tienes idea de lo bonito que te ves ahora mismo —había dicho
Jungkook, observandolo—. Tus ojitos así, tan hinchados y rojos, y tus lindas
mejillas llenas de lágrimas —su sonrisa se agrandó—. ¿Qué te parece si
hacemos tu carita aún más preciosa?

Y con aquellas palabras, fue que Jungkook apoyó el cuchillo caliente sobre la
mejilla derecha de Taehyung, quemandolo y sacándole el mayor grito de
dolor que le hizo lastimarse la garganta. Las iniciales de Jungkook habían
quedado grabadas en su piel.

Taehyung lloró tanto, sufrió tanto. Y a pesar de eso, Jungkook no hizo nada
en ese momento, tan solo sonrió con satisfacción una vez que terminó y se
alejó de él, tomando todo lo que había llevado y dejando sólo al adolescente
en la habitación.

El rubio no sabía que una persona podría ser tan cruel, jamás pensó que
podría sentirse así de humillado, no sabía que podrían llegar a lastimarlo
tanto.

Y para su mala suerte, Kim Taehyung no sabía que el sufrimiento a penas


estaba comenzando.

Mucho menos sabía que Jeon no sería la única persona en hacerlo sentir tan
miserable en aquel horroroso lugar.
(◌ूू❁)

Tengo solo una cosa que decir: perdón, ah.

Me re costó escribir éste cap porque no tenía mucha imaginación y estaba


re bloqueada, así que perdón por tardar tanto. Solo espero que les haya
gustado.

Y nada, eso. No olviden votar y comentar, se los ama.♡


21

Ver el yeso en su brazo ya se había vuelto una costumbre, al igual que


sumergirse en sus pensamientos un millón de veces por, simplemente,
observar su brazo fracturado.

Y todos y cada uno de sus pensamientos siempre eran los mismos.

Jeon Jungkook, mataría a Jeon Jungkook. Lo haría sufrir, tanto, tanto,


tanto...

Descuartizaría a Jeon Jungkook y le escupiría en la cara. Para después


comerse los restos de aquel infeliz.

Todos los pensamientos de Dongyul giraban alrededor de Jungkook desde


hace varias semanas, cada vez volviéndose más violentos, más sádicos, más
deseosos de venganza.

Porque él no tenía dudas, aquel maldito imbécil había sido el responsable de


su accidente. ¡Él había sido el culpable y nadie lo haría cambiar de opinión!

Por culpa de Jungkook, él había pasado a segundo plano, ya no sería la


estrella, e incluso corría riesgo de dejar de actuar en el circo por su accidente.
Todo se había ido a la mierda, y todo por el trapecio que estaba "en mal
estado" según Namjoon.

Dongyul no creía esa porquería, él estaba totalmente seguro de que Jungkook


había tenido algo que ver. ¿Y por qué no? Si ese tipo era tan egoísta y
egocéntrico, que de seguro no dudaría en arruinar su espectáculo para seguir
siendo el favorito, el centro de atención.

El rubio no había dejado de sentir rabia desde aquel día, aquel día donde su
brazo se rompió en frente de miles de personas que celebraron su fracaso,
miles de personas que lo vieron caer desde lo más alto y hasta el día de hoy
se burlaban de su desgracia.

—Hey, amigo, vamos... Deja de atormentarte tanto, no te hace bien —


escuchó a sus espaldas, y lo único que hizo fue negar con la cabeza
levemente, concentrándose más en el vaso que tenía en su mano que en otra
cosa—. Ven conmigo, ¿sí? Te prometo que te haré olvidarte de eso por un
momento, la pasaremos bien. —Insistió el menor, tratando de sonreír.

Pero la única respuesta que recibió, fue una risa llena de amargura.

—¿Divertirme, dices? —el rubio giró sobre su silla, observando al contrario


como si hubiera dicho la mayor estupidez de todo el mundo—. ¿Cómo
mierda quieres que me divierta, hm? Dime, a ver. Quiero ver como mierda
puedo divertirme siendo la burla de todos ahí afuera.

El chico de labios gruesos se quedó en silencio durante un par de segundos,


pensando en qué decir. Aunque su mente estaba en blanco y, por más que
quisiera, no encontraba forma de consolar y animar a su mejor amigo.

—Harán una feria dentro de poco, tal vez podríamos ir, te encantan ese tipo
de co-

—Oh, cierra la puta boca, Jimin. Mejor lárgate. —El rubio chasqueó la
lengua con fastidio, demasiado estresado como para lidiar con Park en ese
momento.

Jimin frunció el ceño ante su respuesta, molesto.

—¿Sabes? No tendrías que tratarme como si fuera una basura. No es mi culpa


lo que te sucedió, ¡Incluso te defendí, maldita sea! ¡Le partí la estúpida cara a
puñetazos! ¿¡Qué más quieres de mí!? —Cuestionó con frustración,
agarrando con fuerza mechones de su cabello y jalandolo. Comenzaba a
desesperarse, había estado tratando de animar a Dongyul desde hace tiempo,
pero el mayor era tan terco que jamás cedía ante sus palabras. Jimin estaba
enojado y frustrado, ya no sabía que hacer.

Y Dongyul al escuchar sus reclamos, no hizo más que sonreír con arrogancia
e ironía, antes de reírse en la cara de su mejor amigo, haciendo que Jimin
apriete sus manos hasta formar puños y lo mire con aún más rabia.

—¿Le partiste la cara, hm? ¡Pero por favor, Kitty! ¿A eso le llamas partirle la
cara a alguien? —el desprecio era notorio en su tono de voz, y Jimin tan solo
quería darle un golpe en el rostro—. Saliste más lastimado tú que él, no seas
idiota. Mientras tú tienes que seguir maquillando aún las heridas que no se
curan, él está ahí, sonriendo como si fuera la gran cosa. ¿Sabes qué tan herido
quedó por tus golpes, Jimin? ¡Porque ayer lo he visto totalmente perfecto,
mientras cargaba a su mocosito y sonreía como el maldito hijo de puta que
es! —Gritó con rabia, tirando el vaso de vidrio al suelo y provocando que
éste se rompiera en miles de pedazos.

Pocos segundos después, cubrió su rostro con su mano izquierda, tratando de


controlarse, a pesar de que sentía la necesidad de arañar sus brazos con
insistencia, al igual que tenía una gran necesidad por buscar a Jungkook y
vengarse de una buena vez. Él quería eso, necesitaba eso, anhelaba joderle la
vida a Jeon.

Y eso haría, sin duda alguna. Tan solo era cuestión de esperar.

—Dongyul... Ya hablamos de ésto, Namjoon dijo que Jungkook es


prácticamente intocable, no podemos hacer nada. Y aunque no lo creas, peleé
como un hijo de puta hasta lastimarlo lo máximo posible. Y si dejé de
hacerlo, fue simplemente porque el lindo bomboncito que está con Jungkook
casi escapó.

Ante sus palabras, Dongyul alzó la mirada, pensando.

—Tú no entiendes por todo lo que pasé, Jimin... Ya no me interesa, ¿Sabes?


Si mato al idiota de Jungkook, estaré bien. Incluso si eso significa que me
matarán, no me molesta. Yo perdí mis razones para vivir desde el momento
en el que caí, cuando mi brazo se hizo mierda, y mis sueños se vieron
pisoteados por un imbécil egocéntrico que no hace más que pensar en sí
mismo... —suspiró con pesar, decidido ante todo lo que estaba diciendo—.
N-No tienes idea de lo que es tener que entregar tu culo a medio puto circo
simplemente para recibir un poco de atención... —casi balbuceó—. Y que
cuando lo logres, alguien venga a joderte la vida simplemente porque es tan
egoísta como para no querer dejar de ser el centro de atención...

Jimin se vió incapaz de decir algo, por lo que tan solo mordió su labio y
permaneció en silencio, dejando a su mejor amigo desahogarse.

—No me interesa cómo, no me interesa cuando... Pero que quede claro una
cosa, Jimin —apartó la mirada, observando la pared como si fuera lo más
interesante del mundo—. Jungkook sufrirá, incluso si no puedo tocarlo, hay
otras cosas que sin dudas lo harían sufrir como un infeliz. Primero empezaré
con las cosas que le importan, y si sigo con vida luego de eso, lo mataré.

•••

Si las miradas mataran, en ese momento Jeon Jungkook se encontraría cinco


metros bajo tierra.

Su mocoso, lo observaba fijamente, con el ceño fruncido y miles de


sentimientos negativos notándose a través de sus ojos. Taehyung no
disimulaba para nada el odio y la rabia que sentía en ese preciso momento.
Porque después de dejarlo solo, desnudo, y lastimado en aquella habitación,
el payaso había tenido el descaro de sonreírle al regresar.

Había ingresado a la habitación con una gran sonrisa, y un pequeño frasco


lleno de crema en las manos. Viéndose tan inocente con aquella sonrisa que
dejaba a la vista sus dientes, y sus ojos observando al menor como si él no
hubiera sido el responsable de aquellas heridas que tenía.

—Te odio. —Fue lo primero que dijo Taehyung al verlo, entrecerrando sus
ojos y frunciendo el ceño.

Jeon solo dejó salir una pequeña risa, antes de sentarse a un lado de la cama,
observando los ojos del rubio.

—Yo también te quiero, bebé. —Soltó con burla, antes de abrir el pequeño
frasco que había llevado y llenar su dedo índice y medio con la crema.

—¿Qué es eso? —Preguntó Taehyung con desconfianza al ver como


Jungkook guiaba sus dedos hacia su abdomen, tratando de alejarse y
provocando que sus muñecas comenzaran a doler debido al agarre que tenían
por las sogas que no se habían aflojado en absoluto.

—Es para las quemaduras, quédate quieto. —Casi gruñó Jungkook, dejando
el frasco a un lado y usando su mano libre para sostener la cintura del menor
y mantenerlo inmóvil.

El rubio se mantuvo desconfiado por algunos segundos, pero terminó


cediendo ante el toque de Jungkook, quedándose quieto y esperando para que
ponga aquella crema sobre sus quemaduras.

Y no dudó en maldecir a el pelinegro cuando éste ejerció más fuerza de la


necesaria al momento de tocar la quemadura de su abdomen, hundiendo sus
dedos como si quisiera empeorar las cosas.

—¡Hey, hazlo más despacio! —Se quejó, removiendose y cerrando sus ojos
con fuerza.

Jungkook rodó los ojos y simplemente hizo un pequeño sonido con la


garganta como afirmación, para que el chico vuelva a quedarse quieto, y una
vez que Taehyung se mantuvo en silencio y totalmente inmóvil, el payaso
comenzó a esparcir la crema por la quemadura con más delicadeza.

El adolescente observó fijamente a Jungkook, analizando cada uno de sus


movimientos, y la manera en la que se mantenía tan calmado ante la
situación. Aún no podía creer lo que le había hecho, y tan solo podía mirarlo
con rencor, a pesar de que a Jungkook no parecía afectarle para nada.

Y Taehyung estaba frustrado, porque aún estaba atado y desnudo ante ese
tipo, y ni siquiera podía ponerse la estúpida crema por sí mismo.

Patético.

—¿Podrías soltarme, por lo menos? —Pidió, mordiendo su labio al sentir


nuevamente los dedos de Jungkook hundirse en su sensible piel.

Jungkook no respondió, y el rubio bufó con cansancio, resignandose y


manteniéndose quieto, esperando que termine de pasar la crema por sus
heridas.

Y segundos después, sintió como una pequeña parte de la cama se hundía a


su lado, llamando su atención de inmediato.

Byul estaba ahí, mirando a su dueño mientras comía un pequeño trozo de


mandarina. Su pelaje estaba levemente mojado gracias a la fruta, al igual que
sus patas, y tan solo se mantenía quieto mientras observaba a los humanos.

Y al terminar de comer, parecía que quisiera empeorar la situación, porque


comenzó a frotar su rostro contra la mejilla de Taehyung, en busca de su
atención y caricias.

A el menor no le sorprendió ver como Jungkook se tensaba una vez más ante
el simple contacto que tenía con su mascota, y Taehyung no sabía que hacer.
No había sido su culpa, después de todo.

—Byul. —Llamó, tratando de no alzar la voz y perder la cabeza en ese


mismo instante. Realmente no podía observar a su mascota cerca de otra
persona, eso le traía demasiados recuerdos, y ninguno de ellos era bueno.

Cerró sus ojos con fuerza y contó mentalmente hasta diez, en un intento
desesperado por mantener la calma. Y terminó suspirando cuando sintió
como el conejo prestaba atención a su llamado, saltando hacia él y
acurrucandose a su lado, permaneciendo quieto junto a la pierna izquierda de
Jungkook.

Para Taehyung no pasó desapercibido como se comportaba el pelinegro, le


parecía curioso. Sin dudas Jungkook era un hombre que había pasado por
muchas cosas, pero Taehyung jamás podría imaginarse lo que le sucedió en el
pasado como para ser así de posesivo con su mascota, mucho menos podría
pensar en porqué se ponía tan jodidamente mal por ver al conejo cerca suyo,
o de cualquier otra persona.

Y siendo un adolescente demasiado curioso, Taehyung no estaba dispuesto a


mantenerse callado ante las preguntas que se estaba haciendo en ese
momento.
—Jungkook —llamó, viendo como el mayor pasaba sus dedos por debajo de
su pezón, y pocos segundos después elevaba la mirada, prestándole atención
—, ¿Por qué nunca me dejas estar cerca de Byul?

El payaso frunció levemente el ceño y dejó de mover sus dedos, quedándose


quieto y observando con seriedad a Taehyung. El rubio no tardó en sentirse
intimidado por el desprecio que dejaba notar Jungkook, pero no quiso apartar
la mirada, tan solo se mantuvo así, mirando los ojos ajenos en espera de una
buena respuesta.

—Mocoso, acabo de dejarte hecho mierda, te dejé mis jodidas iniciales en


todo tu cuerpo y casi te ahogas. ¿Y me vienes a preguntar por los putos
problemas qué tengo con mi mascota? —preguntó con cierto enojo,
disgustado al tener que hablar sobre ese tema—. ¿Es qué tú te caíste de la
cuna cuando eras pequeño o te tiraste? Porque no me sorprendería que te
hayas tirado de cabeza.

—¿Sabes por qué lo pregunto? —cuestionó Taehyung, después de fruncir el


ceño—. Porque prefiero hablar sobre tu patética vida en vez de insultarte
hasta que me duela la garganta para que después me castigues por,
simplemente, decirte todo lo que pienso de tí.

Jungkook sonrió con socarronería, alzando una ceja.

—¿Mi vida es patética, cariño? —preguntó, sin borrar su sonrisa y ejerciendo


presión sobre la quemadura que estaba por debajo del pezón de Taehyung,
haciendo que el mismo abra la boca y deje salir un jadeo—. Porque no soy yo
el que está atado y desnudo frente a alguien más, después de llorar y gritar
suplicando que lo deje en paz.

—P-pero... Sí estás tratando de ponerte sobre un chico de diecisiete años que


tiene aún más personas que lo respetan a comparación de tí, que con no sé
cuantos años ni siquiera puede superar ese trauma que tiene con su mascota,
ni puede superar el hecho de que su papá lo abandonó y-

El filo del cuchillo de Jungkook sobre su pecho le hizo cerrar la boca,


permaneciendo inmóvil y observando la mirada amenazante de el pelinegro.
—¡Cierra la boca, mocoso! ¡Cierra la puta boca si no quieres que te apuñale
aquí mismo! —gritó, alterado—. ¿Me vas a decir qué en verdad hay gente
que te respeta? A tí, a quien nadie le interesó su desaparición, a quien nadie
vino a buscarlo, a q-quien... —Su voz se quebró, y por más que quiso pasar
desapercibido, no pudo.

Taehyung miró totalmente sorprendido a Jungkook, sus ojos estaban


cristalizados.

—¿Jungkook? —Susurró, viendo como la mano que sostenía el cuchillo


temblaba y segundos después se apartaba, dejando de amenazarlo.

Y no supo como sentirse cuando sus manos fueron soltadas, al igual que sus
pies, no sabía que era lo que sucedería a continuación, pero los ojos llenos de
lágrimas de Jungkook le decían que aquello no terminaría bien, o por lo
menos, no terminaría bien para él.

—Vistete. —Ordenó el mayor.

—Pero... A-aún no terminaste de-

—¡Que te vistas ahora mismo! —Gritó, lanzándole la ropa en el rostro y


levantándose de la cama.

Taehyung obedeció, colocándose la ropa lo más rápido que pudo ante la


atenta y molesta mirada de Jungkook, quien estaba con sus manos hechas
puños mientras esperaba que el adolescente terminara de cambiarse.

Una vez listo, fue agarrado bruscamente por la muñeca, y a Jungkook no


pareció importarle el hecho de que acababa de lastimarlo hace unos cuantos
minutos, porque lo jaló hacia sí hasta terminar ambos en la cama, con
Taehyung encima de él.

—¡Ahh! ¡Maldita sea, Jungkook! —se quejó el rubio ante lo brusco que había
sido el mayor, sus ojos picaron y se llenaron de lágrimas gracias al dolor de
las recientes quemaduras—. Hijo de puta... —Susurró por lo bajo, adolorido,
mientras intentaba levantarse del cuerpo ajeno.
Mas el payaso sostuvo con fuerza su cuello, inmovilizandolo y ejerciendo
presión ahí hasta sacarle el aire.

El rubio abrió los ojos gracias al asombro y se mantuvo quieto, sosteniendo la


muñeca de Jungkook para tratar de soltarse, pero era inútil, el contrario tenía
demasiada fuerza. Y si no fuera porque al pasar de los segundos el mayor
aflojó el agarre, seguramente hubiera comenzado a asfixiarse.

Ambos se miraron, uno alterado gracias a la acción de Jungkook, y el otro


simplemente estaba demasiado roto como para pensar con claridad. Era
demasiado para Jungkook, ese tema era demasiado para él, y Taehyung lo
sacaba así de la nada para atacarlo.

Pero el mocoso no sabía nada, y tal vez él debía enseñarle que con aquellos
temas, no se juegan.

—¿Querías saber por qué mierda no puedes tocar a mi conejo, hijito de puta?
¿Querías saber eso? —preguntó, lleno de amargura—. Pues te diré eso y
mucho más, maldita escoria. —Dijo, subiendo su mano desde el cuello de
Taehyung hasta aquel cabello rubio, jalandolo y acercando aún más a el
menor hacia sí.

—Jungk-

—En mi niñez, mi papá, Jeon Seung, fue un total ídolo —comenzó,


importandole realmente poco que el mocoso encima suyo se estaba
retorciendo del dolor gracias a que todas sus quemaduras estaban siendo
tocadas por la tela de la ropa, al igual por sus manos—. Ese cabrón
desgraciado, era mi puto ejemplo a seguir y yo con catorce años juraba que
daría mi vida por él y mi hermano mayor. En verdad, decía que daría todo por
ellos, a pesar de que mi papá era un violador, enfermo, sádico y jodido
payaso, yo lo admiraba, y a mí jamás me había puesto una mano encima... —
apartó la mirada, aflojando el agarre que tenía en el cabello de Taehyung y
permaneciendo en silencio por algunos segundos—. O por lo menos no me
ponía una mano encima hasta que tocaba lo que era suyo —sonrió con
amargura, negando con la cabeza—. Ese viejo decrépito, era mi todo, y ese
mismo viejo decrépito me dió a Byul, me dió al único compañero que tengo
en toda esta jodida basura.
Taehyung permaneció en silencio, tragandose todo el dolor que estaba
sintiendo gracias a sus heridas y abriendo las piernas para acomodarse en el
cuerpo de Jungkook, sentándose al igual que el payaso y permaneciendo
ambos con la mirada fija el uno en el otro.

Se acomodó en su regazo, y Jungkook se apoyó contra el respaldar de la


cama, sosteniendo la cintura de Taehyung.

—¿Es por eso qué no puedo tocarlo? ¿Por qué te lo dió tu papá? —Preguntó
después de algunos segundos de silencio, dudoso de si debía decir algo o no.

—No, mocoso, aún no terminé —Jungkook negó con la cabeza—. Después


de eso, quedé demasiado emocionado por cuidar de Byul, lo alimentaba,
jugaba con él, e incluso lo llevaba al circo conmigo porque quería estar todo
el tiempo con él y que nadie le hiciera daño —contó, y el rubio notó cierto
brillo en sus ojos—. Pero se me hacía raro que Byul solo se llevara bien
conmigo, porque solo aceptaba mis caricias, y las de mi papá, mi mejor
amigo, mi hermano y la... —carraspeó, nuevamente, disgustado. En serio
odiaba hablar sobre el pasado, en especial sobre aquellos temas—. La
prostituta que era abusada por mi padre.

El rubio sintió un nudo en la garganta, pero asintió, esperando que el payaso


siguiera hablando. Y a la vez, tratando de no nombrar a aquella mujer de la
que tanto había leído, porque no tenía dudas de lo que todo lo que había leído
en el diario del padre de Jungkook quizás hacía referencia a todo lo que
sufrió aquella chica.

Solo quizás.

—Tiempo después, Byul seguía igual con los demás, no podía estar en las
manos de alguien más que no seamos nosotros, siempre huía y venía
conmigo, y yo lo prefería así pero... —sus ojos se llenaron de lágrimas
nuevamente, y Taehyung no supo que hacer, por lo que solo lo observó con
seriedad. No debía sentir pena por él, después de todo. Pero eso no quitaba el
hecho de que sentía una presión en el pecho—. Mi papá desapareció poco
tiempo después, nos abandonó a mí y a mi hermano Woozi, porque había
dejado embarazada a su puta y ni siquiera quiso cuidar de ella y el bebé —
contó—. ¿Mi hermano mayor? Desapareció el mismo año, al igual que mi
mejor amigo. Todos me habían dejado solo, porque la prostituta igualmente
se había ido, solo que ella se había matado para alejarse también —sus ojos
picaban, pero él no se permitiría llorar, era demasiado orgulloso como para
llorar por aquellas estupideces—. Todo eso sucedió el mismo año en el que
me habían regalado a Byul, con todas las personas que estaban con él, todas
desaparecieron, menos yo.

Taehyung se quedó en silencio, analizando cada una de sus palabras.

¿O sea qué...? No, Jungkook no podía creer realmente que eso era posible.

Todas las teorías que armaba Taehyung en su cabeza, terminaban en lo


mismo. Y en serio, no podía creer que no podía tocar a la mascota de
Jungkook por algo tan absurdo –aunque no era realmente absurdo por todos
los problemas de los que estaba hablando el payaso–, era simplemente,
imposible.

—¿O sea qué, no quieres qué toque a tu conejo, por qué según tú, también me
iré? —Preguntó, totalmente confundido e incrédulo.

Y el nudo en su garganta empeoró cuando Jungkook asintió levemente.

—Jungkook... —comenzó, tratando de buscar las palabras correctas para no


ser apuñalado en ese mismo instante por el payaso—. No es para que te
enojes o entres en algún tipo de crísis pero... No creo que ellos se hayan ido
por culpa de Byul...

El pelinegro negó frenéticamente con la cabeza, totalmente negado a


escuchar algún tipo de explicación ante lo que le había sucedido. Ellos no
tenían motivos para dejarlo, no era así, no fue así.

O por lo menos, él quería convencerse a sí mismo de que no era así.

—F-fue por Byul... Sé que fue así, él incluso comenzó a jugar saltando sobre
la sangre de Irene c-cuando ella se suicidó...

—No, Jungkook, escucha-

—No, mocoso, déjame —casi gruñó, sosteniendo las muñecas de Taehyung y


jalandolo hasta acostarlo sobre sí, haciendo que el rubio apoye su rostro en su
hombro, y pocos segundos después, se aferró a la cintura del adolescente,
abrazandolo como si tuviera miedo de perderlo—. T-tú no puedes tocar a
Byul porque sinó te irás, me dejarás, me dejarás solo... —dijo, sonando
alterado y dejando salir un par de lágrimas gracias a los nervios que estaba
sintiendo, realmente debería calmarse o aquello no terminaría bien—. Me
dejarás y no puedes porque eres mío, totalmente mío, Taehyung. ¿Lo haz
entendido? —Quiso hacer entrar en razón al rubio, siendo que el que tenía
que entrar en razón era él.

Y Taehyung al notar el estado en el que se encontraba Jungkook, no dudó en


alejarse un poco y tomar su rostro entre sus manos, debía tranquilizarlo,
estaba demasiado alterado y eso no estaba bien, nada terminaría bien si
seguía así.

—Jungkook. Escuchame, Jungkook —quiso calmarlo, obligando al mayor a


que lo mire a los ojos—. Debes tranquilizarte, ¿sí? No estás bien, debes
respirar un poco y calmarte. Ni tú ni yo saldremos bien de aquí si estás así,
así que por favor toma un poco de aire e intenta tranquilizarte.

—P-pero no quiero que me dejes, no quiero estar solo, por favor Taehyung,
no me dejes —repetía una y otra vez, no siendo consciente de todo lo que
estaba diciendo, los recuerdos eran demasiados y él aún no estaba listo para
superar todo aquello. Hablar de todo con Taehyung tan solo había empeorado
las cosas, él no estaba en el mejor momento para hablar sobre ese tema—.
Me dejarás como me dejó mi familia, y tú me perteneces, no puedes irte.

El rubio no sabía que hacer, y lo único que se le ocurrió, fue seguirle la


corriente. Tal vez así se calmaría.

—Sí, Jungkook, ya lo sé. No me iré a ningún lado, pero por favor cálmate,
¿sí? —Trató una vez más, acariciando las mejillas ajenas como si eso ayudara
a tranquilizarlo aún más.

—¿Realmente no te irás? ¿Serás mío? —Jungkook seguía en su mundo,


demasiados pensamientos llegando a su mente a la vez, sentía que en
cualquier momento explotaría.
—S-sí, no me iré, y seré tuyo. Pero para eso debes calmarte, por favor, te va a
hacer mal seguir así. Y no quiero quedarme encerrado en una habitación con
un loco que no puede ni siquiera decir algo coherente. —Taehyung frunció el
ceño, y terminó suspirando cuando Jungkook asintió levemente, tomando aire
y tratando de controlarse.

El rubio fue abrazado con fuerza, y no hizo más que corresponder el abrazo,
por más que sus heridas dolían. No podía hacer mucho, y no tenía opción,
debía tratar de seguirle la corriente a Jungkook para que se calmara, y eso
estaba haciendo.

Apoyó su mejilla contra el hombro ajeno, y Jungkook se relajó al sentir la


respiración de Taehyung contra su cuello.

—Eres mío, Taehyung. —Dijo una vez más, suspirando.

El menor tragó saliva, y terminó asintiendo.

—Soy tuyo, Jungkook.

Se quedaron en silencio por algunos segundos, y cuando el pelinegro pareció


calmarse por completo, volvió a hablar.

—¿Sabes? Cuando pensé que Byul había sido el responsable de todo eso,
quise matarlo, porque tan solo me recordaba todo el dolor que sentía...

—Jungkook, basta. No tienes que hablar si no quie-

—No —interrumpió, negando con la cabeza—, quiero hablar de esto. Estoy


cansado de vivir con toda esta basura sin poder decirla, es una mierda. —Se
quejó, frunciendo el ceño. Y Taehyung solo permaneció en silencio, atento.

—Está bien... —asintió el rubio, pensando—. ¿Y por qué no lo mataste? —


Preguntó, para que Jungkook siguiera hablando.

—Porque a pesar de que me recordaba todo lo malo que había pasado,


también tenía buenos recuerdos, como cuando mi papá me lo dió, o cuando
jugaba con él mientras mi mejor amigo quería sostenerlo —una sonrisa que
duró tan solo un segundo apareció en sus labios—. Y me acompañó durante
todo el crecimiento de Woozi.

Taehyung asintió una vez más, comprendiendo.

—Hasta llegué a buscarme otra mascota para reemplazarlo, para ver si tenía
el mismo cariño, pero jamás ocurrió, y de todos modos, la terminaron
matando en tan solo dos semanas. —Contó como si nada.

—E-es difícil perder a una mascota... —Fue lo único que pudo decir el rubio,
ya que realmente no sabía que decir ante todo lo que le estaba contando el
mayor.

—Ni tanto, era una coneja de lo más aburrida, jamás me llamó la atención —
le restó importancia, aunque segundos después, observó hacia abajo, tratando
de ver el rostro de Taehyung—. ¿Por qué lo dices? ¿Alguna de tus mascotas
estiró la pata? —Soltó sin delicadeza alguna, con curiosidad.

El menor frunció el ceño ante las palabras que utilizó, pero terminó
asintiendo.

—Sí, era un perro enorme. Un día mi papá llegó como si nada y me dijo que
mi perrito había muerto porque le habían dado de comer algo que tenía algo
extraño. —Contó, y suspiró al final.

—Ya veo... —Jungkook permaneció en silencio, pensando por algunos


segundos ante lo que le había contado el chico, y frunció el ceño cuando un
pensamiento vino a su mente—. Taehyung.

—¿Um?

—¿Cómo es tu nombre?

Taehyung frunció el ceño con confusión antes de alzar la mirada y observar a


Jungkook, totalmente perdido ante aquella pregunta.

—Taehyung. —Contestó dudoso, sin saber a que venía esa pregunta.

Y terminó chillando cuando Jungkook le dió un manotazo en la cabeza, en


forma de regaño.
—Tu nombre completo, estúpido.

—Ah —el rubio frotó la zona en la que fue golpeado y frunció el ceño antes
de responder—. Kim Taehyung, estúpido. —Contestó de igual manera, aún
sin entender porque Jungkook le preguntaba eso.

Lo único que vió después, fue como Jeon abrió mucho sus ojos y pareció
quedarse en shock por algunos segundos.

—¿Estás bien...? —Preguntó, al ver que el mayor no salía de su trance.

Y a pesar de que dudó, Jungkook terminó asintiendo, negando con la cabeza


para alejar los pensamientos que tenía en ese momento.

Seguramente tan solo eran coincidencias.

—Estoy bien, mocoso, estoy perfecto —aseguró, sonriendo un poco—. Pero


ahora cierra la boca y acuestate, quiero dormir otro rato. —Ordenó, jalando a
Taehyung hacia sí y prácticamente obligándolo a dormir encima suyo.

Y por más que había dicho que quería dormir, no pudo, porque estaba
demasiado perdido en sus pensamientos mientras que su mocoso dormía
encima suyo.

Lo observó, y Taehyung tenía los ojos cerrados y la boca un poco abierta


mientras dejaba salir leves ronquidos de vez en cuando. A Jungkook le
gustaba mirarlo, pero en ese momento estaba analizandolo por completo,
totalmente perdido en su mundo.

Kim Taehyung...

¿Por qué ese nombre le parecía tan jodidamente familiar?

(◌ूू❁)

Gente, les quiero decir banda de cosas, y la primera es que espero que
hayan notado los detalles importantísimos que hay en este capítulo, hay dos
de ellos.
Y la segunda es que voy a aprovechar este espacio chiquitito para decirles a
cada uno de ustedes que los amo un montón, en verdad. Me re pintó decirlo
ahora pero últimamente me llegan comentarios re lindos y como me da
pena contestar todos se los tengo que poner acá. Aunque no parezca leo
todos los comentarios y conozco a todos mis lectores, desde los que votan
hasta los que comentan así que solo quería decirles que me alegran el día,
son unos solecitos a pesar de las cosas que leen.
22

Jungkook había estado actuando de forma extraña últimamente.

Y eso a Taehyung no le gustaba, ya que era demasiado raro para él ver como
de un momento al otro el payaso había cambiado casi por completo su actitud
con él, ya no lo lastimaba, ya no estaba pendiente de él cada cinco segundos
para hacerlo llorar. Tan solo parecía haberse calmado de la noche a la
mañana, permaneciendo tranquilo y sin tener algún indicio de querer causarle
más daño.

Pero eso no era lo que le preocupaba a Taehyung, ya que él comprendía que


estaba a salvo porque no había vuelto a enfrentarlo, mucho menos a gritarle e
insultarlo como lo había hecho anteriormente. No quería hacerlo, o por lo
menos, no hasta que sus heridas se curaran por completo.

Lo que le preocupaba al rubio, era que Jungkook últimamente había estado


demasiado pegado a él, más de lo normal, y le hacía peticiones un tanto...
Extrañas.

Como en ese mismo instante, en el que Jungkook estaba mirándolo fijamente


en espera de que cumpliera con lo que se le había pedido.

—¿Qué quieres que haga qué? —Preguntó con confusión, sosteniendo en su


mano derecha la hamburguesa que le había hecho anteriormente el pelinegro.

Ambos estaban sentados en el sillón de la casa rodante, el uno al lado del otro
a pesar de que el sillón era lo suficientemente grande como para que cada uno
tenga su espacio. Jungkook lo había llevado hasta ahí para que ambos
comieran, ya que estaba harto de que Taehyung ensuciara su cama cada vez
que comía en su habitación.
El mayor rodó los ojos ante la confusión e incredulidad del chico, frunciendo
el ceño segundos después.

—Que me abraces, niñato. No es mucha ciencia. —Contestó de mala gana,


malhumorado.

Taehyung parpadeó dos veces, antes de tragar la comida que tenía en la boca
y volver a mirarlo con confusión. Realmente no podía comprender porque
Jungkook le pedía cosas como esa, lo había estado haciendo los últimos días
y él aún no lograba entender.

Y al ver que el menor no cedía, el pelinegro bufó.

—No te estoy pidiendo que me hagas una mamada, cachorro. Es un simple


abrazo. —Dijo Jungkook con cierto enojo, impaciente.

El rubio suspiró y asintió levemente, dejando la hamburguesa a un lado. Y


segundos después se acercó un poco más hacia Jungkook, abriendo un poco
sus piernas y sentándose sobre su regazo para después abrazarlo, pasando sus
manos por detrás de la espalda de Jungkook y agarrando sus propias manos,
acomodandose.

A el payaso le gustaba que lo abrazara de aquella manera, y él no podía


negarse demasiado a hacerlo, después de todo.

Sintió las manos de Jungkook tocar su cadera por algunos segundos, y luego
de eso el pelinegro lo abrazó por la cintura, acercándolo aún más y
escondiendo su rostro entre el cuello y el hombro del chico, aspirando el olor
a jabón que tenía Taehyung ya que se había bañado hace poco.

—¿Por qué estás tan cariñoso últimamente, maldito loco? —Preguntó


Taehyung, extrañado y a la vez sintiendo su corazón acelerarse de una forma
peligrosa cuando Jungkook comenzó a dejar varios besos en su cuello y en su
hombro.

Ahí estaba el motivo por el cual no le gustaba la manera en la que se


comportaba Jungkook. Lo hacía poner nervioso y su pobre corazón no
soportaba tanto, no podía simplemente permanecer tranquilo cuando en los
últimos días el mayor tan solo se dedicaba a pedirle abrazos y besos, era
demasiado para él y su salud mental.

El pelinegro alzó un poco su rostro para observar a Taehyung, analizandolo


por algunos segundos antes de negar con la cabeza y aflojar el agarre en la
cintura ajena.

—Mocoso, hoy no nos quedaremos aquí. —Soltó de repente, ignorando por


completo la pregunta de Taehyung y dejándole dos palmaditas en su espalda
baja.

—¿A qué te refieres? —Preguntó, frunciendo levemente el ceño y alejándose


un poco. Y aunque quiso soltar a Jungkook, éste lo agarró por la nuca,
acercandolo nuevamente hacia él y obligándolo a apoyar su rostro en el
hombro ajeno—. Jungkook. —Se quejó en voz baja, golpeando despacio la
espalda del mayor con su mano derecha.

—Hace unas cuantas semanas, el imbécil de Namjoon, dijo que haríamos una
feria para todos nuestros queridos espectadores —contó con calma, dando
caricias en la espalda baja de Taehyung y metiendo su mano por debajo de la
camisa del mismo hasta tocar su piel—. Se hace cada dos años, y hoy llegó el
día. No pienso dejarte solo aquí, o por lo menos, no te dejaré solo hoy.

Taehyung tragó saliva, sintiendo la cálida mano de Jungkook moviéndose en


círculos en su espalda, formando suaves caricias que por poco lo hacen dejar
de prestar atención a lo que decía el pelinegro.

—¿C-cómo qué una feria? —cuestionó, tratando de esconder su rostro entre


el hombro y el cuello de Jungkook, quien sonrió con cierta burla—. ¿Por qué
no puedo estar solo? No quiero ir.

—Una feria, cachorro. Una puta feria, igual que todas las demás... O bueno,
casi igual —dejó salir una pequeña risa, negando con la cabeza—. Te
aseguro que será divertido, mi amor... ¿No quieres salir conmigo, mh?

—Jungkook, si fuera por mí, ni siquiera te estaría abrazando. Así que no me


preguntes esa estupidez. —Contestó con cierta molestia el rubio, apretando
levemente el agarre que tenía en la ropa contraria.
—Auch, bebé —fingió dolor, sonriendo con ironía—. ¿Por qué tan rudo?
¿Qué te he hecho? Me porté bien estos últimos días, y tú solo sigues
atacandome... —suspiró con fingido pesar—. Y pensar que tenía planeado
empezar a mimarte en vez de golpearte hasta que me canse, hijito de puta.

—No es cierto... —susurró Taehyung, negando con la cabeza—. Tú no me


dejarás de hacer daño, no es cierto...

—Por supuesto que es cierto, mi amor. Yo puedo controlarme cuando se me


dé la puta gana para no golpearte.

Ante sus palabras, Taehyung se separó un poco y alzó una ceja, observando
al payaso. Y al notar su mirada, Jungkook sonrió con inocencia.

—Está bien, está bien. A veces puedo controlarme, mi vida... —dejó un casto
beso en los labios ajenos, sonriendo—. Pero eso solo pasa cuando no eres un
jodido dolor de huevos, ¿comprendes?

—Ajá... —Taehyung entrecerró los ojos, suspirando al final y volviendo a su


posición anterior, sintiendo los brazos de Jungkook en su cintura
nuevamente, apretandolo a penas.

El pelinegro volvió a poner su rostro entre el hombro y el cuello del chico,


aspirando su aroma y sintiendo algunos mechones del cabello de Taehyung
en su rostro, pero no le importó. Lo único que hizo fue aferrarse al rubio
como si tuviera miedo de que lo separaran de su lado, y cerrar sus ojos con
calma, permaneciendo en silencio.

Pasaron algunos segundos y él solo... Se sentía en paz. Sentía paz y completa


tranquilidad en todo su ser, como si Taehyung fuera algún tipo de droga,
sumamente adictiva, pero en vez de acelerar su corazón de una forma
peligrosa y hacerle sentir millones de cosas, tan solo le transmitía calor y
tranquilidad, algo que muy pocas veces podía sentir viviendo en un lugar
como el circo donde lo criaron.

Aunque claro, el rubio podía hacerle sentir miles de cosas más cuando se
ponía enfrente suyo, llorando, suplicando, y gritando hasta que su garganta
empiece a doler. Eran tantas cosas que le hacía sentir a Jungkook, que el
payaso comenzaba a pensar que era de cierto modo, peligroso.

Taehyung era un peligro para él, porque podía hacerle sentir un montón de
cosas en distintas situaciones.

Y a Jungkook, en ese momento, no le importaría ser víctima del peligro que


representaba ese chico, si podía seguir teniéndolo entre sus brazos como en
aquel mismo instante.

—Taehyung... —susurró, sintiendo su corazón latir con calma—. Maldito


mocoso, ¿Por qué me haces sentir así? —Preguntó más para sí mismo que
para el adolescente, quien tan solo tragó saliva y se acurrucó aún más contra
Jungkook.

Y de repente, cuando las manos de Jungkook encontraron lugar en la cintura


de Taehyung, una pequeña voz vino a su mente.

"Jungkook... ¿Puedo decirte Jungkookie?" Eso, junto con una risita infantil,
llena de alegría.

"No." Y luego, su voz firme y fría ante quien sabe que infante que se
encontraba con él en ese momento.

Jungkook sintió su garganta seca, y poco a poco, varias escenas llegaban a su


mente. Escenas ya bastante viejas, que creía olvidadas.

El cabello rizado de un niño pequeño, un pequeño llorón y miedoso que


buscaba consuelo en él, que corría hacia él y pedía ayuda casi a los gritos.

"¡Tengo miedo, Jungkookie! ¡Le están haciendo algo a papá!" Sollozaba el


infante.

"No es a tu papá a quien le están haciendo eso, ya cálmate."

—Jungkook, hey. Te estoy hablando. —Y la voz de su Taehyung lo hizo salir


de sus pensamientos.

Algo alarmado, Jungkook dió un ligero salto en su lugar, asustando de igual


manera al rubio y haciendo que se aferre a él para no caerse de su regazo.
—¿Qué? ¿Qué sucede? —Preguntó totalmente desconcertado el mayor,
observando a Taehyung.

Y después de quejarse un poco ante lo brusco que había sido el payaso, el


rubio contestó.

—Que no me contestaste porque no me puedo quedar solo. —Dijo,


cruzándose de brazos y sentándose un poco más atrás en las piernas de el
pelinegro.

—¿En serio hace falta qué te conteste siendo qué eres un rehén qué no podrá
ser vigilado por qué todos estaremos ocupados hoy? Incluso los gorilas que te
vigilan cuando no estoy tienen trabajo más importante que andar de niñera,
cachorro. No seas imbécil —contestó con obviedad, y terminó sonriendo en
grande cuando el menor frunció el ceño y se quejó por lo bajo—. No estés
molesto, cariño. Estarás conmigo y nadie te hará daño, si eso es lo que te
preocupa. Y hasta incluso podrías llegar a divertirte.

—Lo dudo mucho... —Susurró Taehyung, malhumorado.

—¿Qué dijiste?

—Que dejes de decir idioteces y me dejes terminar mi hamburguesa, payaso


estúpido. —Contestó con cierto fastidio, tratando de verse intimidante al
tener los brazos cruzados y el ceño fruncido.

Y su orgullo recibió un golpe bajo cuando la única respuesta que recibió por
parte de Jeon, fue una sonrisa, una sonrisa que marcó algo dentro de
Taehyung y ni él mismo sabía que carajos era.

El hijo de puta le sonreía con ternura.

—Mi cachorro —soltó, sin borrar su sonrisa y ladeando la cabeza—. Te ves


tan patético queriendo verte intimidante, de verdad, cariño. Luces como un
perrito enojado —se rió bajito, y eso solo logró que Taehyung se enojara más
—. ¿Quién es mi bebé enojado, mh? ¿Quién es? —Se burló.

El rubio abrió su boca, totalmente ofendido. Antes de dar un manotazo en el


pecho ajeno, y solo lograr que Jungkook empiece a reírse con ganas.

—¡No soy tu maldita mascota para que me hables así, imbécil! —se quejó,
sintiéndose sumamente avergonzado al notar como las risas de Jeon no
paraban—. ¡Jungkook!

Abochornado, y sin saber que hacer, Taehyung recurrió a su método más


confiable para hacer que el mayor cerrara la boca. Lo había estado utilizando
las últimas semanas, y siempre funcionaba, a pesar de que no le gustaba del
todo hacerlo.

Agarró con cierta fuerza la camisa de Jungkook, jalandolo hacia sí y haciendo


que el pelinegro dejara de reírse para prestar atención a lo que estaba
haciendo el adolescente. Y ni siquiera pudo decir algo, cuando ya se
encontraba con los labios de Taehyung contra los suyos, moviendolos de
forma lenta y totalmente tranquila.

Cerró sus ojos, correspondiendo el beso y agarrando la nuca del menor para
mantenerlo cerca, comenzando a morder sus labios levemente cada vez que
tenía oportunidad y sonriendo en medio del beso, sintiendo a Taehyung más
relajado ante su toque. Quizá ya se había acostumbrado por completo.

La cercanía que mantenían no duró mucho, porque el rubio se alejó poco a


poco, dejando de lado los labios de Jungkook y simplemente observando los
ojos ajenos mientras el pelinegro juntaba sus frentes, sin permitirle alejarse.

—No tienes idea de todo lo que te detesto. —Susurró con fastidio.

Jungkook sonrió con diversión.

—Dímelo algún día en el que no me agarres como un animal para besarme,


bonito. —Le guiñó un ojo y lo soltó, sin dejar de burlarse de él con su
mirada, y sintiendo el enojo de Taehyung a través de los ojos del mismo.

—Lo hice para que te callaras. —Justificó el rubio, saliendo del regazo ajeno
y sentándose nuevamente en el sofá.

—Como digas, mi amor, como digas —se levantó de su asiento, poniendo


ambas manos en su cintura—. Ahora, termina eso rápido y ponte más bonito
de lo que eres, porque saldrás conmigo quieras o no, y no me importa tener
que pegarte una patada en el culo para que te muevas de aquí. —Soltó,
buscando entre una caja que tenía a un lado del sofá quien sabe que, y
segundos después, tirándoselo al rubio.

Taehyung a penas pudo reaccionar, sosteniendo lo que se le había dado entre


sus manos y frunciendo el ceño levemente al notar lo que era.

El mismo maldito collar que le había puesto Jungkook la otra vez.

—¡Oh, no! ¡Ni creas que yo-

Se interrumpió a sí mismo cuando se dió cuenta de que estaba hablando solo,


quizá porque se había quedado medio en shock observando el objeto por
mucho tiempo. Pero Jungkook ya lo había dejado solo y se había ido a bañar,
abandonándolo en la sala.

Taehyung suspiró y observó el collar y la ropa que tenía puesta, que le


pertenecía a Jungkook. Se trataba de una camisa azul y unos pantalones
negros, junto con unos zapatos del mismo color. Para él estaba bien salir así,
ya que no le interesaba en lo más mínimo verse bien para un montón de gente
demente, mucho menos para Jungkook.

Dejó el collar a un lado, cruzándose de brazos y apoyando su espalda contra


el sofá, mientras observaba el techo de la casa rodante, pensativo.

Tan solo esperaba que la supuesta feria no sea tan espantosa como lo era el
circo...

•••

Si en algún momento Kim Taehyung tuvo esperanzas de que algo sea normal
en todo aquel lugar, aquellas esperanzas habían sido enterradas bajo tierra
desde el momento en el que puso un pie fuera de la casa rodante.

Lo primero que vió al salir, fue a un par de niños jugando fútbol con la
cabeza de un tipo. Aún tenía sangre, y los infantes no dejaban de sonreír
mientras corrían entre todas las personas y seguían pateando aquella cabeza
como si fuera una pelota, sin importarles ver la cara deformada del hombre
debido a todo lo que la habían pateado, con su nariz partida y su boca llena de
sangre seca que le llegaba hasta la barbilla.

Y fue perturbador ver eso, realmente lo fue. Pero lo único que hizo Taehyung
al verlo, fue sostener la camisa de Jungkook –quien se encontraba enfrente
suyo caminando– y cerrar sus ojos, para después acercarse un poco más al
pelinegro, casi aferrándose a él.

Hace algunas semanas, probablemente se encontraría llorando y gritando,


suplicandole a Jungkook que volvieran a la casa rodante. Pero ahora las cosas
eran distintas, porque así como el payaso se había calmado, también había
comenzado a llevarlo al circo con frecuencia, prácticamente todos los días
después de aquella charla donde Jungkook lloró, y la excusa que tenía el
mayor para hacer aquello, era que no quería dejarlo solo. Ya que tanto los
tipos que lo vigilaban como Seokjin –quien era el único en el que confiaba
Jungkook realmente– estaban ocupados en el circo.

Y Taehyung se negó rotundamente a obedecer en un principio, obviamente lo


hizo. Ya que no quería ver asesinatos una vez más. Pero Jungkook se las
arregló para que el rubio hiciera caso, con algunas cachetadas de por medio.

En las últimas semanas, Taehyung ya había visto a Park Jimin arrojar a una
persona desde lo más alto mientras él estaba en un trapecio y la sostenía por
los tobillos, a Jin clavándole espadas a una mujer que había metido en una
caja, desapareciendo a la misma después de mostrar su cadáver, y a Hoseok
controlando a su León para que se coma el cuerpo de un voluntario, haciendo
que el animal se lance sobre él sin dudarlo.

Habían sido demasiadas cosas como para contarlas, pero cada show resultaba
ser más espantoso que el anterior, alterando así la mente de Taehyung. Quien
dejó de llorar desde el quinto día observando los asesinatos, tan solo
permaneciendo callado y con cierta ansiedad, lastimandose los labios de tanto
morderlos y rasguñando sus manos de vez en cuando debido a que se ponía
nervioso por no poder hacer nada por esas personas.

Tomó aire por un segundo, sintiéndose mejor y abriendo sus ojos. Y


rápidamente se arrepintió de aquello, porque notó como varias personas
estaban amontonadas en el lugar, caminando por algo así como un pasillo que
a sus costados tenía distintos puestos de la feria, con varios juegos y algunos
eran solo lugares donde vendían comida.

Taehyung se sintió nervioso y asustado de repente al notar la cantidad de


gente que había en el lugar. Eso le traía malos recuerdos, recuerdos
demasiado horribles.

Él aún no podía superar el día en el que lo sacaron de la casa rodante e


intentaron matarlo, por lo que ver esa gran cantidad de personas lo había
alterado de inmediato.

—Jungkook... —susurró, caminando detrás de él mientras el contrario


sostenía la correa que estaba unida al collar para perros, ya que lo había
obligado a ponérselo—. Jungkook. —Llamó una vez más al ser ignorado.

—¿Qué pasa, mocoso? —Cuestionó el pelinegro, girando levemente para ver


el rostro del menor, y éste tragó saliva.

El rubio, sin saber como explicarse, mordió su labio con nerviosismo y


comenzó a observar hacia sus costados. Como si estuviera buscando una
salida para alejarse de ahí, sintiéndose sumamente nervioso ante el bullicio y
ante la atenta mirada del payaso.

Y Jungkook tan solo pudo fruncir el ceño ante el estado del menor, sin
comprender lo que le sucedía.

—¿Taehyung? —jaló la correa, tratando de que el chico hablara de una vez


—. ¿Qué te pasa?

—Y-yo... No me siento bie- ¡ah! —Chilló cuando sintió como alguien lo


tomaba por el hombro, siendo éste el amigo pelinaranja de Jungkook.

Tanto el pelinegro como Hoseok dieron un salto ante el repentino grito de


Taehyung, notándose sumamente confundidos ante eso. Pero lo que más les
llamó la atención a ambos, fue que la primera reacción que tuvo Taehyung,
fue aferrarse a Jungkook, tomándolo del brazo y apoyando su cabeza en el
hombro del mismo, buscando protección.

—¿Cachorro? —Jungkook alzó una ceja, observando al adolescente después


de susurrar y luego a Hoseok como si estuviera tratando de comprender lo
que sucedía. Molestandose de inmediato al pensar que su amigo le había
hecho algo a su pequeño.

Y el pelinaranja, al notar la mirada asesina de su amigo sobre sí,


inmediatamente alzó sus manos, dando a entender que él no había hecho
nada.

—Te juro que solo lo toqué. —Se apresuró a decir.

—Ni siquiera eso debes hacer —Jungkook entrecerró los ojos, y segundos
después observó al asustado chico que aún trataba de esconder su rostro en su
hombro—. Y tú, ¿Podrías decirme de una vez qué carajos te pasa? —
Cuestionó, tratando de no enojarse.

Y su intento de permanecer calmado quedó totalmente en el olvido cuando


Taehyung tan solo guardó silencio, sin siquiera verlo a la cara.

Frustrado, Jungkook bufó, sosteniendo la correa con su mano izquierda


mientras que con la derecha sostenía la cintura de Taehyung, acercandolo a
su cuerpo para que se calme. Ofreciéndole así un leve abrazo que el rubio
correspondió al no encontrarse en el mejor estado.

—Tu mocoso es muy llorón —fue lo primero que dijo Hoseok después de
que Jungkook dejara de mirarlo, sonando como una queja—. Si se pone así
porque a penas lo toqué no me quiero imaginar como se pone cuando foll-

—Shh —el pelinegro frunció el ceño—. Cállate —ordenó, dejando leves


caricias en la cintura de Taehyung—. Y vete de aquí, que pones nervioso a
mi cacho- mi mocoso. —Se corrigió rápidamente, sin querer decirle a su
amigo el absurdo apodo que le había puesto a su chico.

Hoseok abrió su boca con fingida indignación.

—Me dejas de lado por un puberto —señaló a el rubio, quien frunció el ceño
ante sus palabras, pero no se apartó de Jungkook—. Me parece una falta de
respeto, Jeon Jungkook. Después de tantos años de esta bonita relación. —
Dramatizó.

—¿De qué hablas? —el payaso frunció el ceño con confusión, sonriendo a
penas, arrugando levemente la nariz y dejando a la vista sus dientes
delanteros—. Estás enfermo, Jung.

—Estamos —corrigió Hoseok, sonriendo en grande—. Pero está bien,


aceptaré el divorcio, solo debes darme el sesenta por ciento de tu salario y
compartirme al niño los fines de semana —bromeó, refiriéndose a Taehyung
a lo último, y haciendo que Jungkook de inmediato perdiera su sonrisa—.
Hombre, era broma, no me mires como si me hubiera follado a tu madre.

—Ya cállate y vete antes de que te patee las pelotas. —Amenazó Jungkook,
haciendo reír a Hoseok.

—Está bien, está bien —asintió—. Solo venía a decirte que este año
renovaron tu juego favorito, así que deberías apresurarte e ir caminando
rápido porque está casi a lo último, y la fila es bastante larga. —Avisó.

Jungkook abrió su boca con incredulidad, sin notar que el rubio en su hombro
se había acomodado ahí, observando su rostro.

—Perfecto —sonrió con alegría—. Iré en un rato.

—Te veo allá —Hoseok ofreció una última sonrisa antes de dar media vuelta,
dispuesto a irse—. Nos vemos, no quiero que tu mocoso se largue a llorar
simplemente porque le respiré al lado ésta vez. —Y con esas palabras, se
marchó.

Jungkook suspiró, viendo a su amigo alejarse. Y segundos después volteó


levemente su rostro para ver a Taehyung, haciendo que el rubio levante un
poco la cara.

Se miraron a los ojos, y lo primero que hizo el pelinegro, fue alzar una ceja y
levantar a penas su rostro, preguntándole con eso a Taehyung que había
sucedido anteriormente.
Y a pesar de que ambos se quedaron en silencio por algunos segundos,
Jungkook finalmente pareció comprender lo que pasaba cuando un grupo de
amigos pasó por detrás de Taehyung, uno de ellos chocando su brazo con la
espalda de el rubio por accidente, haciendo que el mismo se encogiera en su
lugar y diera un paso más hacia él, apretando un poco su brazo.

—Estás asustado —trató de adivinar, ladeando un poco su cabeza para ver a


Taehyung, ya que el mismo estaba tratando de ocultar su rostro entre su
cuello y su hombro y él no se lo permitía—. ¿Es eso, mi amor? —Preguntó.

Sin embargo, Taehyung negó con la cabeza.

—¿Y eso? —Jungkook frunció el ceño con confusión—. ¿Entonces?

—L-las personas... Son muchas —el rubio trató de explicarse—. No me


gusta, me recuerda cosas feas.

Oh, así que era eso.

—Ah. —Fue lo único que pudo decir el mayor, observando hacia otro lado y
tratando de buscar una solución ante el problema del chico, ya que sabía –por
experiencia– que Taehyung podía ser demasiado insoportable cuando se
sentía asustado o nervioso, y que no dejaría de actuar así hasta que su
problema haya sido resuelto.

Y después de estar pensando por algunos segundos, lo único que pudo hacer
Jungkook fue sostener la mano de el menor y mirarlo fijamente antes de
suspirar.

—Ven aquí, mocoso llorón —ordenó, haciendo que Taehyung se gire un


poco hasta quedar a un lado de él, a su izquierda, y segundos después posó su
mano en la cintura el rubio, manteniéndolo a su lado—. De este lado no pasa
casi nadie, así que estarás bien. —Informó, comenzando a caminar a un lado
de los puestos que se encontraban a la izquierda de Taehyung, pasando
prácticamente pegados a ellos para que el menor no tuviera que chocar con
nadie. Y Jungkook se encargaba de poner a Taehyung enfrente suyo cuando
tenían que pasar junto a varias personas sí o sí, logrando calmar así al rubio.
Pasaron unos cuantos minutos caminando, hasta que la multitud fue
disminuyendo, las personas dispersándose al encontrar juegos que llamen su
atención o lugares con buena comida. El público del circo parecía estar
bastante entretenido, por lo que Taehyung pasó desapercibido, nadie se había
tomado el tiempo de mirarlo siquiera, y él estaba profundamente agradecido
con eso.

Pasaron unos cuantos minutos caminando por ahí, y Taehyung tan solo podía
observar a su alrededor con curiosidad, mirando detalladamente cada puesto
que veía cerca, y sosteniéndose disimuladamente de Jungkook cuando alguno
lo perturbaba un poco, a pesar de ser realmente espantoso.

Habían pasado junto a un puesto donde los infantes se maquillaban de


payasos, los maquillajes resultaban ser turbios ante la vista de Taehyung,
dibujandoles sonrisas escalofriantes a los menores en la piel, mientras que los
mismos reían y disfrutaban de su apariencia.

Y además de eso, también había visto que los juegos estaban llenos de las
víctimas que se ofrecían en el circo, o mejor dicho, estaba lleno de
"sacrificios" como les decían en el circo. Todas las víctimas permanecían en
varios puestos, aunque Taehyung hasta ahora no había llegado a ver nada ya
que solo estaban pasando rápidamente. Pero aún así él sabía que nada bueno
sucedería en aquella feria, los juegos serían tan macabros como el resto del
lugar.

El rubio estaba tan metido en sus pensamientos y observando a su alrededor,


que no notó que Jungkook le había estado hablando desde hace rato, o por lo
menos no lo había notado hasta que sintió un fuerte tirón en su cuello, gracias
a que el mayor había jalado la correa.

Se quejó por lo bajo, frunciendo el ceño y observando a el pelinegro,


cuestionandole con la mirada que diablos le sucedía.

—Ven, apresurate. —Exigió Jungkook, jalando una vez más y soltando su


cintura, haciendo que Taehyung abra mucho sus ojos ya que el mayor
comenzó a caminar con rapidez, llevándoselo entre la gente mientras lo hacía
acelerar el paso.
—J-Jungkook, ve más despacio —pidió, sintiendo su nuca doler debido al
collar que aún era jalado con exigencia por la correa—. ¡Jeon Jungkook! —
Se quejó, acelerando sus pasos cuando el mayor lo hizo, y maldiciendo
porque el muy maldito lo estaba haciendo a propósito.

Segundos después, escuchó la risa juguetona de Jeon, quien miraba para atrás
tan solo para verlo tan enojado y frustrado ante lo que estaba haciendo, y
Taehyung lo único que hizo fue fruncir el ceño con fastidio. Jungkook
realmente era muy molesto.

—Vamos, cachorro. No me digas que ya te cansaste. —Se burló Jungkook,


empujando con su hombro a algunas personas para que le dejen espacio
mientras observaba a Taehyung y lo llevaba con él.

—N-no es eso, me estás lastimando. —Se quejó una vez más Taehyung,
sosteniendo con sus dos manos la correa e intentando detener al mayor.

Jungkook, al notar el mal humor del chico, tan solo pudo reír un poco más y
aflojar su agarre en la correa, mientras caminaba más despacio, esperando
que Taehyung llegara a su lado.

Y cuando eso sucedió, ni siquiera le dió tiempo a Taehyung de insultarlo,


porque rápidamente tomó la mano ajena y comenzó a correr nuevamente,
dejando en el olvido la correa y llevándose a el rubio una vez más con él,
haciéndolo correr.

Taehyung soltó un pequeño sonido de frustración, pero se dejó hacer,


observando su mano sostenida a la de Jungkook mientras el mismo lo llevaba
hacia quien sabe dónde, prácticamente arrastrandolo.

Y bastaron unos cuantos segundos corriendo, para que ambos se detuvieran,


quedando así enfrente de un hombre que tenía un pequeño puesto de helados,
donde había distintos tamaños de potecitos de plástico donde los servía junto
con un refrigerador donde guardaba los helados.

Taehyung abrió su boca, tomando aire ante lo que habían corrido –lo cual
realmente no había sido mucho, pero el rubio no estaba acostumbrado a hacer
ejercicio como para correr tan rápido de la nada– y observando a Jungkook
con cierta incredulidad. ¿Lo había hecho correr como un maniático,
simplemente por un puesto de helados? ¿Cuántos años se suponía que tenía
este tipo realmente?

—De chocolate y fresa, por favor —pidió Jungkook, antes de observar al


adolescente que se encontraba agitado como si hubiera corrido una maratón
—. Oh, cariño, te ves muy mal. —Dijo lo obvio, sin tacto alguno.

Taehyung dejó salir una risa sarcástica antes de responder.

—Gracias, Jungkook. Tú también te ves muy bonito ante la luz de la Luna.


—Soltó con notable sarcasmo, sacándole una sonrisa al payaso.

—¿Te parezco atractivo, muñeco? —soltó con burla, bromeando. Y


Taehyung tan solo frunció el ceño, mirándolo con fastidio—. Yo sé que sí,
todos lo dicen —siguió en lo suyo, para después observar al hombre que les
servía a ambos su helado en un pote para los dos—. Cachorro, elige los dos
sabores que faltan.

Taehyung alzó una ceja, observando el helado que estaba siendo servido con
desconfianza. Nada que venga de Jungkook con tanta amabilidad podía ser
bueno, y él lo sabía.

Pero después de pensarlo por un momento, terminó resignandose y pensando


en los sabores que diría. Porque después de todo, ¿Qué cosa espantosa
podrían hacer con un simple helado?

—Vainilla y Limón. —Pidió lo primero que se le vino a la cabeza, sin tener


real interés. No pensaba comer eso, de todos modos.

El hombre que los atendía asintió y sirvió los gustos que se le había indicado,
antes de sonreír hacia Jungkook de una forma que hizo poner a Taehyung
incómodo.

—¿Desean alguna salsa en especial? —Preguntó el hombre, aún con aquella


sonrisa que le generaba un mal presentimiento al adolescente.

Y todo pareció empeorar cuando notó la misma sonrisa en Jungkook, tan


sospechosa y extraña. No se parecía en nada a la sonrisa que le daba después
de unos cuantos besos, Taehyung había aprendido a notar la diferencia.

—De chocolate estaría bien. —Dijo el payaso. Y el hombre obedeció,


tomando una pequeña botella de la salsa de chocolate antes de tirarla sobre el
helado, entregándoles el pote segundos después junto con dos cucharas de
plástico.

Jungkook agradeció y pagó el helado antes de alejarse junto a Taehyung,


colocando el pote entre medio de ellos y llevando la primera cucharada de
helado hacia su boca, totalmente tranquilo.

—Ten, Taehyung —ofreció, moviendo a penas el pote en su mano, y el rubio


lo miró con desconfianza—. Oh, vamos, no tiene nada malo. Está muy bueno.
—Aseguró.

Taehyung desconfío de esas palabras, en especial porque lo había llamado


por su nombre, y no por uno de sus absurdos apodos. No sabía que debía
hacer al respecto, porque Jungkook seguía mirándolo fijamente, en espera de
que probara el helado.

Lo analizó por algunos segundos. ¿Y si tenía alguna droga, o algo por el


estilo? ¿O si tenía pequeños pedazos de vidrio y le hacían daño las entrañas?
¿Y si-

—Oye, hasta que te decidas ya me lo habré comido yo. —Soltó Jungkook,


impaciente.

El rubio parpadeó, antes de suspirar y tomar la cuchara de plástico, para


después observar una vez más al payaso, vacilando.

—Te juro que no tiene nada malo, si no fuera así, no lo estaría comiendo. —
Dijo el payaso con obviedad, mirándolo como si fuera un tonto.

Y con aquellas palabras, logró convencer a Taehyung, haciendo que el mismo


lleve un poco de helado a su boca junto con aquella salsa de chocolate.

Jungkook observó detalladamente su reacción, sonriendo con satisfacción al


ver como el rubio abría un poquito grande sus ojos, mientras saboreaba el
postre con calma, tratando de disimular lo mejor posible que realmente le
había gustado, pero para el pelinegro, el menor era muy obvio.

—Está... Bien. —Fue lo único que dijo, sin querer admitir que lo había
disfrutado realmente, y segundos después llevó otra cucharada a su boca,
empezando a comer junto al mayor mientras volvían a caminar.

Ambos parecían haber ignorado el leve sabor metálico que tenía el helado, en
especial Taehyung, estando demasiado concentrado en lo bien que sabía
aquella salsa, de donde salía aquel sabor en especial.

Y Jungkook sonrió al notar como el menor disfrutaba de la salsa de chocolate


que había sido mezclada con sangre de algunas víctimas, junto con algunas
partes de las mismas. El gusto de aquello se perdía un poco gracias a que el
chocolate lo disfrazaba, pero aún estaba ahí, y por alguna extraña razón, a él
le parecía más sabroso, y se ve que a su chico también.

Taehyung estaba disfrutando de eso, por lo que el mayor no vió importante


comunicarle aquel detalle sobre la salsa.

Pasaron unos cuantos minutos, y Jungkook decidió comenzar a mostrarle


algunos juegos a Taehyung, llevándoselo con él y mostrandole algunos
puestos, y jugando en otros para ganar los pequeños premios que ofrecía el
circo.

Lo había llevado a un puesto donde debía tirar unas pequeñas botellas llenas
de ácido con una bola de béisbol, mientras que una persona estaba recostada
y atada sobre una mesa a un lado de la silla alta que sostenía las botellas. Si
lograba tirar todas y hacer que caigan sobre la víctima, obtenía un premio.

Y a Jungkook no le podría haber importado menos los gritos de el hombre al


que se le habían caído cinco botellas de ácido en la cara y en el pecho, porque
estaba demasiado fastidiado consigo mismo por no poder tirar todas las
botellas –ya que eran siete–, y llevarse tan solo un premio de consuelo, el
cual era un ridículo llavero con la cara de un gatito púrpura.

Tampoco le había importado lo vacía que se encontraba la mirada de


Taehyung al ver tal escena, solo lo había tomado de la mano para llevarlo a
otro puesto.

—No puedo creer que estés enojado por perder en esa porquería. —Soltó
Taehyung cuando ya se habían alejado un poco de aquel puesto. Decidiendo
burlarse del payaso para intentar tranquilizarse un poco y a la vez olvidar lo
espantoso que se había visto el hombre con todo el ácido sobre su rostro.

—No estoy enojado —dijo Jungkook—. Es que el premio real es mil veces
mejor que ésta cosa, mírala —mostró el llavero, con una pequeña mueca de
asco—. Es casi una burla.

Taehyung dejó salir una pequeña risa de forma inconsciente, sonriendo a


penas y logrando que el payaso lo mire con los ojos levemente más abiertos
que antes.

—Es lindo. —Soltó, refiriéndose al llavero mientras lo tocaba a penas con su


dedo índice, sin notar la mirada pesada del hombre sobre sí.

Jungkook por un momento, se sintió hipnotizado ante la sonrisa de Kim


Taehyung, aquella que no había visto ni una sola vez. No recordaba ver a
Taehyung sonreír por otra cosa que no sea Byul, y verlo así fue algo nuevo
para él.

Le gustaba.

Y no le agradó para nada darse cuenta que le gustaba la sonrisa del estúpido
niñito enfrente suyo.

—Ah, mocoso, que mal me tienes —negó con la cabeza, guardando el llavero
en su bolsillo y haciendo que Taehyung lo mire con confusión ante sus
palabras—. Te odio tanto, hijo de puta. No vuelvas a hacer eso. —Volvió a
negar con la cabeza, tomando la correa del chico y comenzando a caminar.

—¿Qué? ¿Qué hice? —preguntó Taehyung, totalmente confundido, mientras


le seguía el paso—. ¿Jungkook?

—Shh, cállate. O te juro que te comeré la boca aquí mismo. —El pelinegro
hizo oídos sordos y siguió en lo suyo.

Taehyung alzó una ceja ante sus palabras, ¿Qué clase de amenaza era esa?
Jungkook realmente era muy extraño.

Siguieron caminando por algunos minutos, mientras Jungkook hablaba de


vez en cuando y Taehyung tan solo escuchaba o murmuraba alguna
respuesta. En todo el camino el payaso solo había jugado en un puesto más
donde debía disparar a distintos corazones humanos que se encontraban
atados en una máquina, la cual los movía en distintas direcciones para evitar
que la bala les diera directo y complicando así el juego. Pero al tener una
buena puntería, Jungkook había ganado, y se había llevado como premio una
pistola de color negro, a la cual se le habían grabado sus iniciales.

Los chorros de sangre que salían de los corazones frescos habían sido
ignorados por él a pesar de que se había manchado la cara con sangre, al
igual que el rostro de Taehyung, que se encontraba manchado con algunas
gotas en la zona donde tenía las marcas de las iniciales de Jungkook en su
mejilla.

—¿Estás bien, cariño? ¿No tienes hambre? —Preguntó el payaso al notar la


mirada perdida de Taehyung, quien se encontraba a su lado, sosteniendo su
mano.

—Créeme que lo menos que tengo en este momento, es apetito, Jungkook. —


Dijo el rubio, haciendo una pequeña mueca de disgusto.

—Está bien, igualmente podemos comer en casa más tarde. —Jungkook le


restó importancia, asintiendo ante las palabras del chico.

"En casa"

Taehyung se había quedado pensando seriamente en aquellas palabras,


porque para él, su casa y su hogar, se encontraba muy lejos de ahí, se
encontraba donde estaba su familia, su mamá y su hermana. No ahí, no con
aquel hombre, ese lugar no era su hogar y no lo sería jamás.

Pero no dijo nada, y solo bajó la cabeza, siguiéndole el paso a Jungkook.


Y estuvieron unos cuantos segundos en silencio, hasta que empezó a escuchar
gritos desesperados cerca, y unas risas llenas de diversión. Se encontraban
cada vez más cerca, y Taehyung sintió los pelos de sus brazos erizarse ante
eso.

—¿A dónde vamos? —Quiso saber.

—¿Recuerdas qué Hoseok habló sobre mi juego favorito? —Cuestionó


Jungkook, sonriendo en grande mientras llevaba a Taehyung hacia uno de los
puestos.

El rubio se mordió el labio con nerviosismo, dejándose hacer por Jungkook y


sosteniéndose del brazo del mismo cuando notó que había varias personas
alrededor de ese puesto. Comenzaba a sentirse ansioso, y los nervios
aumentaban, no le gustaba que haya demasiadas personas, y los gritos no
ayudaban en absoluto.

Se abrieron paso entre la multitud, quedando en el centro de todas aquellas


personas hasta quedar finalmente enfrente del puesto.

Y lo que vió Taehyung, logró hacer que sintiera un nudo en su garganta y una
presión en su pecho.

Una caja de madera, una caja enorme con cinco hoyos algo grandes, donde
yacían las cabezas de personas sobresaliendo. Las personas se encontraban
vivas, pero su rostro estaba lleno de sangre, todo su rostro, y las mismas
personas no dejaban de toser, escupiendo sangre y vomitando sobre la
madera, sin poder salir de la caja y tan solo manteniendo la cabeza afuera
mientras otros sujetos los agarraban por el cabello, impidiéndoles bajar la
cabeza.

Enfrente de Taehyung, se encontraban pistolas de juguete, aquellas mismas


pistolas que estaban conectadas a otra mesa, permitiéndole así moverla de
derecha a izquierda y subirla a penas de vez en cuando.

—¿Q-qué...? —Quiso preguntarle a Jungkook que mierda era esa, pero estaba
perplejo. Las palabras no salían de su boca.
Y el payaso, al notar su estado, sonrió antes de comenzar a explicarle.

—¿Alguna vez viste el juego donde le disparas a la boca de un payaso de


juguete, y éste va llenando un globo de agua hasta que explote? —cuestionó,
tratando de explicarse lo mejor posible, y ganándose una mirada llena de
incredulidad por parte de el menor—. Pues, esto es prácticamente lo mismo,
solo que aquí no se juega por ver quien explota el globo primero, sinó por ver
quien logra acabar con una víctima primero —y sonrió, sonrió en grande,
haciendo que Taehyung sintiera ganas de vomitar. No podía ser cierto—.
Increíble, ¿no?

—No, no es increíble. —Susurró, mirándolo aún con notable sorpresa.

Jeon alzó una ceja ante sus palabras, pero no pudo decir nada. Porque alguien
se puso enfrente suyo, era el tipo que estaba a cargo del puesto donde
estaban. Y el mismo tipo había logrado que Jungkook lo mire con sorpresa.

Era el tío de Namjoon, el antiguo presentador del circo, Kim Jiyung.

—Jeon Jungkook —dijo el hombre, sonriendo al recibirlo—. Tanto tiempo,


niño. ¿Cómo te ha ido mientras no estaba aquí?

—Oh, señor —Jungkook abrió su boca con cierto asombro—. Hace mucho
que no lo veía, creía que se había retirado —frunció el ceño con confusión—.
Me ha ido bien...

—En efecto, me retiré hace tiempo. Pero quise venir a ver como manejaba
Namjoon todo esto —Jiyung le restó importancia, y segundos después se
enfocó únicamente en Taehyung, observandolo fijamente y con detalle,
haciendo que el rubio se sienta incómodo—. ¿Y éste muchachito? ¿Viene
contigo?

Jungkook observó a Taehyung, y éste lo miró igualmente, antes de acercarse


un poquito más a él y tratar de esconderse detrás suyo. Un detalle que el
mayor notó, detectando inmediatamente la incomodidad de Taehyung.

El payaso carraspeó, evitando el tema.


—Pagaré para dos oportunidades, señor Kim. —Fue lo único que dijo
Jungkook, refiriéndose al juego y poniéndose aún más enfrente de Taehyung
para que el adulto deje de mirarlo tan intensamente.

Y al parecer, funcionó. Porque Jiyung asintió y recibió el dinero, junto con el


de otros clientes que esperaban que dejaran la charla aquellos dos para
comenzar a jugar.

Y una vez que el juego comenzó, Taehyung se aferró a el cuerpo de


Jungkook ante el bullicio, escuchando el grito de las personas alentando a
Jeon al igual que a otros chicos. Sus manos apretaban con fuerza la camisa
ajena, arrugandola mientras sus brazos rodeaban la cintura de Jungkook,
aunque al mayor parecía no importarle.

Se atrevió a alzar levemente su rostro por encima del hombro de Jungkook.

Y lo que terminó viendo, fue como de las pistolas salían chorros y chorros de
sangre, cayendo directo en la boca de las personas que estaban en la caja al
igual que en su rostro. Las mismas lloraban, quedandose sin aire, tosiendo,
sintiendo el gusto metálico en toda su boca mientras que el sabor les
provocaba arcadas.

Jungkook reía con diversión, mientras seguía apuntando fijamente a la boca


de un tipo mientras disparaba la sangre directo en la boca ajena.

—Deberías probar esto, Taehyung. —Soltó una vez que el juego terminó,
observando a un pálido Taehyung que tenía su típica mirada vacía de
siempre.

El juego había acabado, y había ganado otro sujeto. Pero a Jungkook no


pareció importarle, estaba demasiado concentrado en molestar a Taehyung.
Había pagado para jugar dos veces, y realmente sentía la necesidad de ver a
Taehyung intentando hacer lo mismo.

—Vamos, cachorro, puedes hacer esto. —Siguió diciendo, jugando. Mientras


ponía a Taehyung enfrente suyo, prácticamente pegado a la pistola que había
soltado.
No creía que lo iba a hacer, lo dudaba mucho. Pero a Jungkook le gustaba ser
pesado con el rubio, le gustaba hacerlo enojar.

—¡¿Q-qué?! ¡Por supuesto que no! —Trató de susurrar Taehyung, alterado.

—Puedes hacerlo, mi amor. ¿Quieres qué te ayude? —propuso Jungkook con


fingida amabilidad—. Vamos, sostén la pistola, y hazle un favor a éste tipo.
—Dijo, refiriéndose al hombre moribundo que ya estaba medio muerto, con
su rostro lleno de sangre mientras trataba de recuperar el aire. Mismo hombre
que había sido llenado de sangre por Jungkook.

—N-no... No quiero, no quiero hacerlo. —Se negó, tratando de alejarse de la


pistola.

—Vamos, cariño. Yo sé que puedes, solo tienes que sostener la-

—¡Que no quiero! —Gritó, alterado. Sin darse cuenta que había llamado la
atención de todos los presentes.

Todos se quedaron en silencio ante el grito del adolescente, observando al


mismo fijamente como si fuera un bicho raro.

Jungkook, al notar la fija mirada de Jiyung sobre ellos, sonrió forzadamente y


sostuvo a Taehyung por la cintura antes de acercarse y susurrar en su oído.

—Hazlo. —Ordenó firmemente entre dientes.

—N-no puedo... No puedo hacerlo, no me hagas hacer esto... —Pidió


Taehyung en un susurro, sintiendo ganas de llorar nuevamente después de
mucho tiempo.

—No entiendes. Estaba jugando contigo, pero ahora no. Debes hacerlo,
Taehyung —volvió a decir, y el rubio se confundió en demasía—. Éste tipo
de aquí, no reaccionará bien al saber que eres un rehén, y nos hará cosas
malas a ambos por ello —informó—. Así que deja de lado la jodida
sensibilidad por la humanidad y aprieta el puto gatillo de esa mierda.

—P-pero... Pero yo-


—Taehyung —volvió a susurrar—. Puedes hacerlo, cariño, tú puedes. Solo
piensa que éste tipo vino aquí para eso, para morir, él quiere morir. No
soporta más su miserable vida, le estás haciendo un favor, mi amor. —Trató
de convencer, dejando caricias en la cintura del chico, tratando de
persuadirlo.

El rubio no supo que hacer.

Observó a Jiyung, a Jungkook, y finalmente al tipo al que debía disparar


hasta ahogarlo. Todos lo estaban mirando, en espera de que hiciera algo, y los
nervios aumentaban con cada segundo que pasaba.

Dudó, tratando de sostener la gran pistola de juguete, mientras sus manos


temblaban y sus ojos se llenaban de lágrimas. No sabía que hacer, quería huir
y tenía miedo. No quería hacerlo.

—Tú puedes, bebé. —Volvió a decirle Jungkook, tratando de ayudarlo y


sosteniendo la pistola con él.

Taehyung tomó aire, antes de observar una vez más al pobre hombre que
estaba entre la vida y la muerte.

Y supo que todo estaría bien, cuando el mismo sujeto asintió levemente con
la cabeza mientras lo miraba directamente a los ojos. Como si le estuviera
dando permiso para cometer tal acto.

Y apretó el gatillo.

•••

—¿Señor? ¿Hola? —La voz grave del hombre se escuchó por toda la
pequeña habitación en la que se encontraba, mientras el mismo sostenía un
cigarrillo en su mano izquierda y en la derecha su teléfono.

—Cuanto tiempo, Jiyung... —y luego, una voz rasposa, seguido de una leve
tos—. ¿Qué noticias tienes para mí?

—Él, él está aquí, señor —informó el hombre, liberando el humo por su nariz
al igual que por su boca de a poco—. Y está muy cambiando, déjeme decirle.
—Ya veo. Así que sí se encontraba ahí. —El hombre dejó salir una pequeña
risa.

—Así es. ¿Desea qué se lo llevemos o usted viene a buscarlo, jefe? El tipo se
ve muy perturbado, se debe estar volviendo aún más loco si es que ya no lo
está por completo.

—No, dejenlo ahí.

—¿Qué? Pero señor-

—Que lo dejes ahí, Jiyung —ordenó el hombre, sin querer siquiera pensarlo
—. Y no quiero que nadie se entere de esto, ni siquiera Namjoon debe saber
que él está ahí, quien es él. ¿Entendido? —cuestionó con seriedad, y su voz
subió de tono al no recibir respuesta—. Dije: ¿Entendido?

—S-sí, señor. Entendido...

—Perfecto.

—Aún así no entiendo porque no quiere que se lo llevemos, señor Kim.


Usted-

—No quiero que me lo traigan porque esta es la mejor manera para que se
acostumbre a aquel ambiente, hombre. Está todos los días ahí, así aprenderá
sin que le tenga que explicar luego.

—P-pero, su familia, él-

—Sé lo que estoy haciendo. Así que guarda silencio —el hombre sonaba
molesto—. Así llevará bien el negocio, lo hará incluso mejor que yo.

—Entiendo...

—Deja a que mi hijo se quede con aquel loco, Jiyung. Jungkook lo cuidará
bien —nuevamente se escuchó una risa—. Y para cuando yo vuelva, mi
pequeño Taehyung será todo un hombre, y será el mejor dueño del circo
Stigma de toda la historia... Tal y como yo, su papá...
(◌ू❁)

No debería dejar notita ahora pero- les quería decir que subí otra historia
casi tan turbia como ésta, es un Os y se llama "Dear Taehyung" Por si les
llama la atención, ah. (?

Y nada, eso. Recuerden que se los ama mucho.♡


23

La sonrisa que estaba mostrando Jeon Jungkook en ese mismo instante, no


era precisamente normal.

Ninguna de sus sonrisas lo eran, de hecho. Pero ésta había superado a todas
las anteriores, durando en su rostro durante bastante tiempo.

Había sonreído al ver a su mocoso acabar con ese tipo, había sonreído
igualmente cuando vió como minutos después, su cachorro corría lejos de
absolutamente todos al darse cuenta de lo que había hecho, solamente
deteniéndose para sostener la muñeca del payaso y correr entre toda la gente,
buscando desesperadamente la casa rodante para llegar ahí.

Y Jungkook, aún seguía con aquella pequeña sonrisa que no dejaba ver sus
dientes, al observar como Taehyung se encontraba totalmente perturbado
cuando habían llegado finalmente a la casa, después de cerrar la puerta con
seguro.

Su mocoso lloraba, totalmente desconsolado, sintiéndose sumamente


culpable, asustado, y sorprendido de sí mismo. Eran tantas las emociones que
sentía, que creía que en cualquier momento se rompería ahí mismo,
derrumbando todas las barreras que había tratado de poner entre el payaso y
él para no dejarse influenciar.

Taehyung no sabía que hacer. Sus manos temblaban, y sus ojos no dejaban de
soltar pequeñas gotas saladas que mojaban sus mejillas hasta llegar hacia su
barbilla. Su corazón latía con frenesí, y respiraba de forma acelerada entre
sollozos.

—J-Jungkook... —balbuceó, cubriendo su rostro con su brazo derecho y


girando su cuerpo hacia el pelinegro a pesar de que no iba a verlo a la cara—.
L-lo maté... —se lamentó—. ¡Lo maté, Jungkook!

El payaso tan solo asintió ante sus palabras, relamiendo sus labios y
observando expectante al chico. Sintiendo aún sus ligeras ganas de sonreír,
que ni él mismo comprendía porque se encontraban ahí.

Quizá era por el hecho de que ver a su mocoso reaccionando así ante tal
estupidez le resultaba divertido. Al igual que sus contantes lamentos por algo
que no había sido malo, según él.

Jungkook no podía decirle palabras de apoyo, no podía decirle que todo iba a
estar bien. Porque para él todo seguiría normal y no sería tan hipócrita como
para querer consolar a un chico sin siquiera comprender porqué se sentía así
por asesinar a alguien. Él no comprendía y por eso mismo no podía hacer
nada al respecto.

Para Jeon Jungkook, era totalmente normal hacer eso, por lo que no podía
intentar ponerse en el lugar de Taehyung para buscar una manera de
calmarlo.

Y aunque Taehyung sabía perfectamente todo eso, lo primero que había


hecho después de limpiarse un poco las lágrimas, fue ir hacia Jungkook con
pasos acelerados. Para después abrazarlo con fuerza, en busca de consuelo,
de protección. Quería sentirse protegido por el pelinegro.

Lo necesitaba.

—Y-yo no quería hacerlo... —sollozó—. ¿P-por qué m-me obligaste? —


cuestionó, a pesar de que sabía la respuesta—. No quería, yo no quería...

Jungkook se permitió sonreír una vez más, alzando un poco su rostro para ver
al techo. Y reprimió una risa, sintiéndose divertido ante la situación por algún
extraño motivo. No podía tomarse eso en serio, por más que quisiera, él no
podía entender lo que sentía Taehyung y tan solo tenía ganas de reírse.
Porque para él aquel juego había sido divertido, en especial la cara que había
puesto el rubio al notar que había matado al tipo.

—Soy un asesino, no puedo creerlo —Taehyung sorbió por la nariz, negando


con la cabeza mientras escondía su rostro entre el cuello y el hombro del
mayor—. Maté a alguien y soy un maldito asesino... —Susurró con espanto,
sin querer aceptarlo.

Y todo empeoró cuando escuchó finalmente una risa por parte de Jungkook,
quien no pudo resistirse más.

Taehyung quiso separarse del cuerpo del hombre, pero éste lo sostuvo
firmemente de la cintura, impidiéndole siquiera moverse mientras lo
observaba fijamente a los ojos, con cierta burla.

—¿Un asesino, cachorrito? —cuestionó, sonriendo para el rubio, burlándose


—. ¿Sabes lo qué es realmente un asesino? —Dejó salir otra risa, logrando
así alterar aún más a Taehyung.

El adolescente no se encontraba bien, no estaba pensando con claridad. La


culpa y la adrenalina que estaba sintiendo no estaban causando buenas
sensaciones en su persona, y que Jungkook se burle de él no ayudaba en
absoluto.

Jungkook agarró su barbilla con su mano derecha, obligándolo a mirarlo a la


cara mientras que con su otra mano le impedía a el menor liberarse. Sus ojos
estaban fijos en los de Taehyung mientras se acercaba poco a poco, hasta que
sus narices se rozaron.

—N-no... —susurró el rubio, negando con la cabeza e intentando alejarse—.


No quiero besarte. No quiero.

—¿Mh? ¿Desde cuándo te niegas a mis besos, cariño? —El payaso seguía
usando aquel tono burlón, haciendo que Taehyung comenzara a frustrarse.

—Desde que me obligaste a matar a alguien —soltó sin siquiera pensarlo,


frunciendo el ceño y dejando caer nuevas lágrimas—. Todo e-esto es tu
culpa... —Volvió a balbucear, haciendo que sea casi imposible entenderle.

—Oh. Así que según tú, es mi culpa que tú seas un maldito gritón que no
sabe cerrar la boca —Jungkook alzó una ceja, sonriendo con ironía—. No es
mi culpa que tú hayas llamado la atención de todos, Taehyung. Si hubieras
cerrado la boca, yo me hubiera encargado de ese tipo.

—C-cállate... —Trató de liberarse una vez más, pero Jungkook se lo impidió.

—¿A dónde quieres ir, mocoso? —una pequeña risa se escuchó por parte del
pelinegro, antes de que el mismo sostuviera con fuerza la cintura ajena—.
¿Tanto te duele oír qué te convertiste en asesino por tu culpa?

—No digas eso, no fue así —el rubio negó frenéticamente con la cabeza—.
No es mi culpa...

—Claro que lo es —Jungkook asintió—. Yo solo estaba jugando contigo, y


tú fuiste el que gritó como un estúpido llamando la atención de todos. Así que
no me quieras echar la culpa a mí por tu propia estupidez.

—¡Basta! ¡Cállate, no quiero escucharte! —Comenzó a forcejear con el


mayor, en un inútil intento por liberarse.

—¡Quieto! —ordenó el payaso, sosteniendo con tanta fuerza la cintura de


Taehyung, que el mismo dejó salir un jadeo de dolor—. ¡No te pongas loco,
maldito mocoso! ¡Eso no cambiará el hecho de que ahora eres la misma
basura que yo y todos los demás aquí! —gritó, haciendo que el rubio abriera
los ojos con horror ante sus palabras—. Eres un asesino, tal y como yo, mi
amor...

No, no, no. Él no podía ser igual a Jungkook.

Totalmente aterrado ante las palabras del payaso, no supo controlarse y


terminó por agarrar la pistola que se encontraba guardada en la parte de la
cintura de Jungkook, casi en su espalda. Para después empujar al hombre
lejos de sí y alzar el arma enfrente de él, amenazándolo.

Esa pistola era la misma que Jungkook se había ganado en la feria, tenía sus
iniciales y se encontraba cargada. Taehyung lo sabía porque había visto como
cargaban el arma y también había visto donde se la había guardado el
pelinegro.

Y ahora estaba usando todo a su favor por un descuido de Jungkook.


Al notar un paso por parte de el payaso, no dudó en quitar el seguro e intentar
apuntarle directamente en la cabeza.

Sí, "intentar" porque sus manos temblaban como nunca antes, al igual que su
cuerpo.

—¿Qué crees qué haces, cachorro? —Preguntó el mayor con total calma,
como si ser amenazado con una pistola fuera algo de todos los días.

—¡Cállate! —volvió a decir Taehyung—. ¡N-no te me acerques, o te juro que


disparo! —Gritó, alterado al ver como Jungkook daba otro paso hacia él.

—¿Ah, sí? —Jungkook sonrió levemente—. ¿Y dónde me dispararás? Si se


puede saber.

—Jungkook, no estoy jugando. Cierra la puta boca.

—Oh, pues parece que estás jugando a que la pistola es un jodido vibrador o
algo por el estilo porque no dejas de temblar. —Se burló, alzando una ceja.

—¡Agh, Jungkook! ¡¿Puedes cerrar la boca de una maldita vez?! —Volvió a


gritar, llenando accidentalmente su boca con algo de saliva y sintiendo las
lágrimas aún bajar por sus mejillas.

—¿O qué? —Preguntó el mayor, cruzándose de brazos.

—O te dispararé en la entrepierna. —Amenazó, tratando de apuntar dicha


zona.

—Mh, me gusta tu estilo, amorcito —Jeon se mostró totalmente tranquilo—.


Ahora falta que tengas los huevos para hacerlo, porque para mí te estás
viendo como un puto mocoso que no sabe lo que hace y solo quiere tener la
razón.

—¡Es que tengo razón! —gritó Taehyung con frustración—. ¡No fue mi
culpa lo que sucedió!

Jungkook ladeó la cabeza, volviendo a sonreírle con ternura. Y logrando así


distraer a el rubio.
—¿Seguro? —Preguntó, sin borrar su sonrisa.

Y al ver como Taehyung vacilaba ante sus palabras, no dudó en aprovechar


su distracción y prácticamente lanzarse sobre él, dándole un fuerte golpe en el
brazo derecho para que libere la pistola.

Taehyung abrió sus ojos en demasía, sintiendo como la pistola caía de sus
manos y acto seguido se escuchaba un disparo. Pero aquello no había
importado, porque Jungkook no había sido herido en absoluto, y en cambio
se había aprovechado una vez más del shock del chico para agacharse
levemente y tomar de forma brusca los muslos ajenos, apretandolos hasta
causar dolor.

Todo había pasado demasiado rápido, porque el rubio de un momento a otro


había sido alzado sin ningún tipo de delicadeza, para después sentir su
espalda ser golpeada con fuerza contra la pared de la casa rodante.

Jadeó de dolor, cerrando sus ojos con fuerza y tratando de empujar a


Jungkook. Pero éste era demasiado fuerte, y se le notaba enojado mientras
guiaba una de sus manos hasta su cabello rubio, donde jaló con fuerza,
haciéndolo alzar un poco la cabeza.

La mano izquierda de Jungkook sostenía firmemente uno de sus muslos,


mientras que su cuerpo se encargaba de presionarlo contra la pared para no
dejarlo caer, y su mano derecha sostenía con exigencia el cabello ajeno,
llegando a arrancar algunos mechones accidentalmente.

—¿Qué planeabas hacer, cachorro? —cuestionó el pelinegro con una


pequeña sonrisa en sus labios, alzando una ceja—. ¡Dime que mierda
planeabas hacer! —Tiró de su cabello, moviendo a penas su cabeza antes de
golpearlo contra la pared. Logrando así aturdirlo un poco.

Las lágrimas de Taehyung se multiplicaron, y al payaso no pareció importarle


ni un poco, porque seguía siendo brusco y mirando al chico en espera de una
respuesta. Comenzaba a fastidiarse, y su mandíbula tensa y sus ojos más
oscuros de lo normal eran la prueba de aquello.

Enojado, Jungkook se separó un poco de la pared, para después volver a


golpear la espalda del chico contra ésta como hace tan solo unos segundos.
Con la intensión de lastimarlo aún más. A Taehyung seguramente le
quedarían marcas, pero a él no le interesaba eso.

—¡Ah! —el rubio se quejó, tomando aire entre dientes debido al dolor que
sentía—. J-Jungkook...

—¿"Jungkook", qué? Maldita escoria. ¡¿Qué mierda vas a decir ahora?! —


gritó, volviendo a alejarse de la pared para repetir la misma acción y chocar a
Taehyung contra allí—. ¡¿Cuál es tu puta excusa ahora?! —otro golpe, y el
rubio comenzó a sollozar con desespero—. ¡Te trato bien, te cuido, trato de
protegerte! —tres golpes más—. ¡Y tú solo sigues con tus mierdas por algo
ridículamente normal! —otro golpe—. ¡¿Es qué acaso jamás entiendes?!

Y así siguieron los constantes golpes contra la pared, logrando así que la
espalda de Taehyung comenzara a doler como nunca antes. Mientras el
adolescente tan solo lloraba y pedía en susurros que lo dejara en paz.

Siguieron así durante algunos minutos, hasta que el pelinegro comenzó a


sentir como su brazo se cansaba y su cuerpo comenzaba a sentirse más
pesado.

Jungkook detuvo sus movimientos por un momento, jadeando. Y lo único


que hizo fue apoyar su rostro contra el hombro del menor, respirando de
forma pesada. Estaba cansado y totalmente enojado, su mocoso comenzaba a
hartarlo debido a todas las estupideces que hacía o decía.

—Y-yo... —Taehyung sorbió por la nariz, tratando de recuperar un poco de


aire—. Lo siento...

—Cierra la boca —ordenó Jungkook, después de gruñir levemente—. Estoy


harto de tí.

El rubio no supo porqué, pero lloró aún más fuerte ante las palabras de
Jungkook. Cubriendo su rostro con ambas manos mientras sentía su corazón
oprimirse sin piedad alguna. Se sentía roto, roto por lo que había hecho, por
todo lo que se había dejado hacer por el payaso.
Taehyung tan solo tenía un pensamiento en su cabeza después de todo lo que
había pasado. Y ese pensamiento era que él quería morir.

Quería morirse.

—Y-ya no soporto ésto... —negó levemente con la cabeza, sin importarle que
el mayor lo mire llorar de forma tan patética—. No aguanto más, Jungkook...
—sollozó, antes de que el contrario levante un poco el rostro para verlo
fijamente a los ojos, curioso—. No quiero seguir así... Mátame, por favor.
Mátame. —Pidió, tratando de limpiar las lágrimas de su rostro mientras
tragaba saliva.

Jungkook alzó un poco sus cejas debido a que el chico lo había tomado por
sorpresa. No se esperaba para nada que Taehyung le dijera eso.

Miró sus ojos, los cuales se encontraban algo rojos debido al llanto al igual
que su nariz. Y lo que sintió al verlo no le gustó para nada.

Una presión en su pecho, y un vago recuerdo de unos ojos del mismo color
que los de su mocoso mirándolo fijamente con el mismo dolor que tenía
Taehyung en ese momento.

Jungkook se asustó ante eso, realmente lo hizo. Por lo que negó


frenéticamente con la cabeza y tiró sin delicadeza alguna al adolescente al
piso, haciendo que el rubio se golpeara la cadera y suelte un pequeño chillido
de dolor.

El pelinegro no dudó ni un solo segundo en tomar la pistola que se


encontraba en el piso y volver a colocarle el seguro, antes de voltear hacia
donde estaba su mocoso, quien lo miraba fijamente mientras trataba de
levantarse del piso.

—No —negó rápidamente Jungkook al notar las intenciones del menor—.


Aquí, de rodillas. —Ordenó, apuntando con la pistola enfrente suyo para que
Taehyung esté cerca.

Taehyung no se quejó, tan solo obedeció, gateando hacia donde se le había


indicado y sentándose de tal forma que sus piernas quedaron algo abiertas
mientras sus glúteos tocaban sus talones. Y acto seguido tan solo agachó la
cabeza, haciendo que sus mechones rubios cubrieran a penas sus ojos.

—Mírame. —Ordenó el mayor, hablando entre dientes.

Y a pesar de que Jungkook estaba enojado, Taehyung no obedeció a sus


palabras, tan solo siguió ahí, mirando sus manos y sollozando. Las lágrimas
que caían mojaban sus muslos y parte de sus manos.

—Te dije que me mires —volvió a ordenar Jeon, utilizando su pistola para
alzar la barbilla del chico, obligándolo a verlo—. ¿Me amenazas y después te
pones así de sumiso, mocoso? ¿No puedes ser más patético?

—Lo siento... —Se disculpó, sorbiendo por la nariz y apartando la mirada.


Mas no volvió a agachar su cabeza.

—¿Quieres qué te mate? —Cuestionó Jungkook de repente, ignorando por


completo su disculpa.

Y fingió no sentir decepción ante el pequeño asentimiento que recibió por


parte de Taehyung.

—¿Por qué? —Quiso saber, ejerciendo un poco de presión en la barbilla


ajena con la pistola.

El rubio dejó salir una risa sarcástica entre medio del llanto, observando hacia
el techo con ironía. En serio no podía creer que Jungkook le había preguntado
eso.

—¿Te parece poco el hecho de qué soy un puto rehén en toda ésta mierda? —
preguntó, aunque no esperó respuesta alguna y siguió hablando—. Me
golpean, me humillan, me hacen llorar, y yo no hice nada para merecerme
eso. Solo vine porque pensé que era un circo normal. Jamás hubiera dicho
nada de éste lugar y simplemente me hubiera ido. Pero en cambio, estoy aquí
siendo golpeado todas las veces que tú desees, dejándome tocar por tí y
dejando que me hagas sentir el peor ser humano de todo el maldito mundo —
sonrió sin gracia alguna—. Y a-ahora... —su voz comenzó a quebrarse—. M-
me hiciste matar a alguien... ¿Cómo quieres qué me sienta, Jungkook?
¿Quieres qué siga aquí soportando todo ésto hasta que solo sea un muñeco
inexpresivo qué se deja hacer de todo por tí? Porque yo ya estoy harto, y solo
quiero estar en paz. Así que mátame de una maldita vez. —Casi suplicó,
cerrando sus ojos.

Y segundos después, tomó con manos temblorosas una parte de la pistola,


colocándosela en la zona del cuello mientras volvía a abrir los ojos y miraba
fijamente a Jungkook. En espera de que acabe con su sufrimiento.

La pistola apuntaba a su manzana de Adán, y sus ojos se mostraban


suplicantes ante Jungkook.

El pelinegro suspiró, asintiendo ante las palabras del chico con algo de
aburrimiento.

—Abre la boca. —Ordenó.

Taehyung no dijo nada al respecto, y simplemente obedeció. Abriendo su


boca y cerrando sus ojos con fuerza. Y trató de no largarse a llorar aún más –
si es que era posible– cuando sintió como Jungkook metía solo un poco de la
pistola en su boca.

—Eres un estúpido, mocoso. —Fue lo único que dijo el pelinegro antes de


sacar el seguro.

Los segundos pasaban, convirtiéndose así en minutos. La tensión se sentía en


el aire, y lo único que podía hacer Taehyung ante la situación, era sentir como
su cuerpo temblaba mientras pensaba en todas las personas que había
abandonado gracias al circo.

Pensaba en su mamá, en lo mal que debería estar por su desaparición, en su


hermana. Pensaba en sus amigos, en lo preocupados que debían estar.

Y su papá... Ni siquiera quería imaginar cómo debía estar él, seguramente


estaría destrozado.

Y sintiéndose aún más roto que antes ante sus recuerdos, fue que escuchó un
disparo.
Veía borroso, totalmente aturdido, mientras que su corazón latía con ímpetu y
sus ojos se abrían en demasía debido al susto que se había llevado.
Mostrándose totalmente asustado antes de empezar a buscar por todo su
cuerpo algún disparo.

Pero no había nada, no había sangre, ni dolor. Porque Jungkook había quitado
la pistola de su boca y había disparado al lado suyo. Perforando así una parte
de la pared.

El payaso no pudo evitar sonreír con diversión al ver la mirada incrédula y


asustada que le ofrecía el chico que se encontraba arrodillado ante él,
mientras el mismo respiraba con agitación.

Y Jungkook, al notar la confusión del chico, guió una vez más la pistola hacia
la barbilla ajena, obligándolo a alzar la cara.

Sus ojos se encontraron, y el mayor alzó una ceja antes de sonreír con
socarronería.

—Mocoso, no te mataré —negó con la cabeza—. Estás asustado, y no


piensas con claridad las estupideces que estás diciendo. Por lo que, ¿Sabes
qué es lo qué haremos ahora?

Taehyung negó, aún con sus ojos abiertos de forma exagerada debido a la
impresión que sentía. Su corazón no dejaba de latir con fuerza y velocidad.

—Irás hacia el baño, te darás una ducha fría y tratarás de calmarte, mi amor.
¿Sí? —cuestionó—. Después irás hacia nuestra habitación y hablaremos
sobre ésta porquería —sentenció con seguridad, dejando dos palmaditas con
la pistola en la mejilla ajena—. ¿Entendiste?

El rubio no respondió, pero aún así se levantó del piso, sacudiendo a penas su
ropa para quitarse la tierra de encima. Y asintió levemente ante las palabras
de Jungkook, rindiéndose.

—Perfecto, cariño. Ve al baño, que yo te busco la ropa. —Volvió a ordenar


Jungkook, dejando un casto beso en la frente del chico antes de ir hacia su
habitación, como si nada hubiera sucedido.
Y mientras buscaba la ropa que utilizaría Taehyung, Jungkook supo que
debía hablar seriamente con el chico. En especial por la extraña sensación
que sentía en su interior, como si lo conociera desde antes...

•••

Cuando salió de la ducha, lo primero que vió Taehyung al entrar a la


habitación de Jungkook, fue al mismo comiendo un poco de ramen en el
medio de la cama, mientras leía desinteresadamente uno de sus libros,
aquellos que Taehyung solía leer cuando el payaso lo dejaba solo.

Incómodo, trató de jalar más hacia abajo la gran camisa que tenía puesta. Ya
que Jungkook tan solo le había dado aquella prenda de color negro junto con
unos bóxers del mismo color.

La camisa le llegaba hasta los muslos, y Taehyung estaba tratando de que no


se vea mucho de sus glúteos. Se sentía avergonzado y nervioso.

—Mocoso, ven. —Ordenó Jungkook, aún sin quitar la mirada de su libro.

Taehyung vaciló un poco. Pero no tenía opción alguna como para negarse,
por lo que terminó subiéndose a la cama, quedado sentado junto a Jungkook.

El payaso dejó el libro a un lado y tomó asiento, apoyando su espalda contra


el respaldar de la cama mientras observaba fijamente al rubio, expectante.

Ni siquiera hizo falta decir algo, porque Taehyung había entendido el


mensaje de inmediato. Acercándose hacia él para después abrir sus piernas y
sentarse en su regazo, mientras se sostenía de los hombros ajenos.

Jungkook tarareó tranquilamente una canción que el menor desconocía,


mientras agarraba entre sus manos lo que estaba comiendo antes y sostenía
un poco de comida con sus palillos, soplando a penas antes de acercarle el
bocado a Taehyung.

Dejándose hacer ante el pelinegro, el adolescente abrió la boca y comenzó a


comer tranquilamente el ramen que se le ofrecía, mientras el payaso lo
miraba fijamente, esperando que termine para así poder darle un poco más.
Pasaron unos cuantos minutos así, hasta que el ramen se acabó y el rubio se
sintió lleno. Jungkook había dejado todo de lado, mientras se concentraba
únicamente en dejar caricias en la cintura del menor, siendo lo más suave que
podía.

Taehyung se sintió algo abrumado. No podía entender lo que estaba


sucediendo. Ya que si bien Jungkook había estado actuando de forma extraña
las últimas semanas, jamás lo había tratado así mientras se encontraba
enojado. Puede que veces anteriores lo mimara un poco, pero eso era después
de hacerle mucho daño y desquitar su enojo.

Pero el rubio sabía que Jungkook aún estaba molesto, o por lo menos eso era
lo que creía. Por lo que era raro que lo esté tratando así.

Ya le había hecho daño, pero no se había desquitado del todo. Y Taehyung se


sentía algo asustado por eso mismo. No sabía que esperar de Jungkook.

Salió de sus pensamientos al sentir como la mano de el pelinegro acomodaba


a penas su rebelde cabello, aquel que se encontraba levemente ondulado. Y
no tardó en ver hacia los ojos impropios, en espera de alguna explicación, o
por lo menos en espera de que Jungkook diga algo.

—No fue tu culpa. —Comenzó a decir el mayor, con total calma, mientras
acariciaba el cabello del rubio.

Taehyung sintió sus ojos llenarse de lágrimas una vez más. Y no pudo evitar
inclinarse un poco para así poder abrazar a Jungkook.

Ésto era lo que él quería desde el inicio. Quería que Jungkook le dijera que
no había sido su culpa, quería consuelo, quería su protección. Necesitaba
sentirse seguro con él una vez más.

—Pero tampoco fue mi culpa —siguió diciendo Jungkook—. Y si te pones a


pensar, mi amor. Le hiciste un favor a ese hombre...

—No es cierto... —Taehyung negó, escondiendo su rostro entre el hombro y


el cuello del payaso—. Él necesitaba ayuda para salir adelante, no eso que
hice.
Jungkook dejó salir una pequeña risa, y el menor tuvo algo de miedo al
pensar que probablemente aquella conversación pueda salir mal como la
anterior, por lo que quiso alejarse.

Pero no pudo hacerlo, porque el pelinegro lo sostuvo por la cintura. No de la


misma forma brusca de antes, sinó que comenzó a acariciarlo, pasando sus
manos de arriba a abajo, acariciando desde su espalda hacia más abajo y hasta
llegar a su cintura.

Dió un pequeño salto al sentir como ambas manos del hombre querían ir más
allá, amenazando con tocar su trasero.

—J-Jungkook... No. —Se negó. O más bien, pidió. No estaba de humor para
lidiar con eso ahora, no hoy.

—No te haré nada. —Aseguró Jungkook, ignorado sus palabras y


simplemente tomando las nalgas del menor, sin apretar, simplemente
apoyandolas ahí mientras Taehyung volvía a sentarse correctamente, con las
manos del pelinegro como asiento.

—Te odio... —Susurró el menor con cansancio. No se sentía asqueado, y


mucho menos asustado. Pero estaba cansado y solo quería abrazar a
Jungkook hasta dormirse, como lo hacían todos los días.

—También te quiero, bebé. —Jungkook dejó un pequeño beso en el cuello


del chico, sonriendo a penas.

Taehyung no respondió ante las palabras de Jungkook, tan solo cerró sus ojos
y se aferró al cuerpo de el mayor con fuerza, acomodandose lo mejor que
podía mientras sus ojos se cerraban. Se sentía terrible, y el calor que le
otorgaba Jungkook era lo único que lo estaba manteniendo cuerdo.

—Cariño —llamó el pelinegro contra su oído, haciéndolo estremecer—. ¿Te


cuento algo?

—¿Qué cosa? —Preguntó bajito, algo desanimado.

—El tipo que mataste, vino aquí para morir desde hace aproximadamente un
mes, más o menos —contó con calma, empezando a repartir besos por el
cuello de Taehyung cuando notó como el mismo se había tensado un poco
ante la mención de aquel hombre—. Todos los días desde que esperaba
pacientemente su turno, nosotros le preguntábamos que si estaba seguro de lo
que iba a hacer. Y todos y cada uno de esos días, el hombre decía que sí, cada
vez viéndose más mediocre y destruido que antes.

—¿Por qué...? —Taehyung se aclaró la garganta. Inseguro de si debía decir


algo o no—. ¿Por qué quería hacerlo?

—Mató a toda su familia. —Soltó sin delicadeza alguna.

Taehyung abrió sus ojos con asombro, mientras que al mismo tiempo se
alejaba un poco de Jungkook, solo para verlo a los ojos, tratando de adivinar
si eso era una maldita broma para hacerlo sentir menos hijo de puta ante lo
que había hecho.

Pero la mirada de Jungkook mostraba completa sinceridad y desinterés ante


el tema. Por lo que el rubio supo que no mentía.

—Mató a dos niños, eran gemelos y tenían cinco años —siguió hablando el
payaso, sin importarle la mirada incrédula de Taehyung sobre sí—. Y a su
esposa, después de abusar de ella —dejó una pequeña caricia en el rostro
ajeno, como si estuviera tratando de calmar con eso al rubio, aunque sabía
perfectamente que eso no funcionaba. O por lo menos, no funcionaría en ese
momento—. Vino aquí el mismo día, diciendo que era una basura. Que
merecía lo peor, pidió que busquemos la muerte más lenta y dolorosa de todo
el circo, y eso hicimos. Porque nosotros solo le estamos haciendo un favor.

—P-pero... Él... —el rubio no encontraba palabras ante todo lo que quería
decir—. No puede ser...

—¿Y sabes qué es lo mejor, mi amorcito? —preguntó con una sonrisa en su


rostro, logrando así distraer un poco al adolescente—. Que tú ayudaste con
eso, lo ayudaste a morir de la forma en la que él quería. Porque él sabía que
merecía morir así por todo lo que hizo —dejó un casto beso en los labios de
Taehyung—. Le ayudaste a arrepentirse aún más, y ahora está descansando
en paz, como siempre quiso.
—No... No, no me digas eso —el menor negó con la cabeza, luchando
internamente por no aferrarse a aquellas palabras para sentirse menos
culpable—. Él actuó mal, pero con unos años de cárcel hubiera aprendido a
superarlo de a poco...

—¿Tú superarías el hecho de haber asesinado a toda tu familia? —Preguntó


Jungkook, alzando una ceja.

Taehyung lo pensó, realmente lo hizo. Pero la simple imágen de él haciendo


eso ya le resultaba bastante traumática, por lo que se apresuró a negar con la
cabeza.

—Entonces deja de lloriquear tanto y date cuenta, mi amor. Acabaste con el


sufrimiento de ese tipo, y eso está bien —consoló a penas Jungkook, cuando
notó como varias lágrimas amenazaban con salir por los ojos del menor—.
Lo hiciste bien... Realmente estuviste bien, cariño. No estés triste por eso.

—Pero Jungkook... —Taehyung volvió a balbucear. No sabía que hacer, que


creer.

—Nada, bebé. Él estuvo de acuerdo con eso, él te dió permiso para hacerlo,
yo ví eso. Y estoy completamente seguro de que estará agradeciendote en
donde sea que esté. Aunque dudo que sea el cielo, si es que esa mierda existe.
—Jungkook dejó salir una pequeña risa.

El rubio no dijo nada, tan solo se mantuvo en silencio, mientras procesaba las
palabras que le había dicho el mayor y analizaba bien cada oración. No sabía
cómo sentirse, y mucho menos sabía en que debía creer a éstas alturas. Sentía
como poco a poco su mente comenzaba a joderse cada vez más.

—Jungkook... —susurró cuando finalmente se rindió ante su pequeño debate


interno sobre lo que debía hacer. Y se sintió más tranquilo al oír como el
pelinegro hacía un sonido con la garganta, dándole a entender que lo
escuchaba—. ¿Qué hubiera pasado si no lo mataba?

—Te hubieran agarrado y llevado a otro lado para acabar contigo. Al público
no le gusta saber que hay alguien con gustos diferentes a los suyos aquí. Si no
te agrada ver asesinatos como a ellos, entonces estás muerto —explicó—. Y a
mí, me hubieran dado unos cuantos golpes por no saber controlarte.

Taehyung asintió. Sin saber que decir realmente.

—¿Y hubieras dejado que hagan eso...? —Ni él mismo sabía porqué había
preguntado eso. La pregunta simplemente había abandonado sus labios sin
que él se dé cuenta. Porque en un principio tan solo lo había pensado, sin
darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.

Jungkook le sonrió con cierta burla y diversión, haciendo que sus mejillas se
sintieran arder. Estaba avergonzado ante las preguntas estúpidas que hacía.

—Mientras yo esté aquí, nadie te hará daño. —Aseguró.

—¿Y cómo sé qué no me estás mintiendo? —Cuestionó Taehyung,


frunciendo un poco el ceño.

—Porque es una promesa, cariño —Jungkook apoyó su frente contra la de


Taehyung—. Te prometo que te cuidaré, y nadie te hará daño... —sintió
como el rubio volvía a acomodarse en su hombro, aparentemente más
relajado ante sus palabras—. O por lo menos, nadie más que yo te hará daño.
—Susurró, dejando un beso en el hombro de Taehyung antes de cerrar sus
ojos y volver a colocar sus manos en la cintura ajena, soltando por fin las
nalgas del menor.

Y probablemente se hubiera dormido al instante, si no fuera porque aquella


posición en la que se encontraban, nuevamente había traído recuerdos hacía
él.

Y mientras trataba de mantenerse despierto, sintió como todos los recuerdos


luchaban por volver a la vez.

—Recuerda, Jungkook. Debes comportarte, ese niño que veremos no es igual


que tú. Por lo que debes ser delicado, y no hablar sobre lo que pasa aquí —
le había dicho Seung, mientras acomodaba tranquilamente su ropa frente a un
gran espejo, observando al adolescente por el reflejo—. Sabes lo fastidioso
que se pone Kim cuando habla sobre su hijo, así que trata de no acercarte
mucho a él.
—Sí, papá... —el pelinegro asintió con desinterés, mientras buscaba a su
hermano mayor con la mirada—. ¿Dónde está Yoon?

—Él no irá. —Seung le restó importancia. Y Jungkook frunció el ceño.

—No me gusta que se quede solo aquí, si él no va, me quiero quedar con él.
—Dijo, levantándose de la silla en la que se encontraba sentado mientras su
papá seguía preparándose.

—Se quedará con los Park. No seas dramático.

El adolescente abrió su boca con notable indignación. Él odiaba al hijo de esa


familia, Park Jimin. Era tan molesto, y siempre andaba detrás de su hermano.
Además de que no le generaban confianza ya que habían llegado hace poco al
circo.

—¡Pero él no puede estar junto a ese imbé-

—Jungkook, cállate. Ya nos tenemos que ir. —Ordenó Seung, cansado.

El pelinegro frunció el ceño, pero no dijo nada al respecto. Se mantuvo dócil


ante las órdenes de su padre, y lo único que hizo fue seguirle el paso mientras
caminaban hacía un auto que los llevaría a la casa del dueño del circo, el
señor Kim Kyungsoo.

Por lo que sabía, el jefe había llamado a su papá ya que tenía que
"encargarse" de un hombre en su hogar –ya que el señor Kim parecía estar
muy ocupado como para llevarlo hacia el circo–, y Seung tenía que obedecer
por más que detestara a su jefe. Y decidió de paso llevarse a Jungkook con él
para que se encargue de distraer al hijo menor de Kyungsoo, ya que el
chiquillo sería el único en la casa que no estaría enterado de lo que iba a
suceder.

Durante todo el camino, Jungkook no hizo más que quejarse internamente.


Odiando todo a su alrededor. No le gustaba salir de casa, no le gustaba dejar
solo a Yoongi desde aquella vez en la que un tipo quiso tocarlo –a pesar de
que era pequeño, se acordaba perfectamente de aquello–, y mucho menos le
gustaba dejar a su hermano mayor con Jimin simplemente por cuidar de un
mocoso que él ni siquiera conocía.

Y cuando finalmente llegaron, él no se preocupó en disimular su mal humor.


Tan solo había mantenido silencio ante el saludo de el jefe al llegar a la casa
del mismo, ignorandolo por completo mientras ingresaba a la casa como si
fuera suya, dejando a los dos hombres adultos hablando a sus espaldas.

Observó la sala en la que se encontraba, había dos sillones individuales y uno


más grande a otro lado, mientras que en el medio había una pequeña mesa de
madera. Misma mesa en la que un niño se encontraba dibujando
tranquilamente con unos cuantos crayones.

Alzó una ceja al ver al niño, su cabello era castaño y ondulado, sus pequeños
labios eran algo gruesos y tenían forma de corazón, y su ceño se encontraba
fruncido debido a la concentración que mantenía por mantener el dibujo
perfecto.

Quiso decir algo, por lo menos hacerle notar al infante su presencia. Pero no
pudo, ya que no encontraba las palabras correctas que decir, y ni siquiera se
animaba a decir un simple "hola".

Bufó, rindiéndose de inmediato ante la idea de distraer a ese castañito. Ya


había descubierto que él no era bueno con los niños, aparentemente.

Y al escucharlo, el niño de siete años alzó un poco su rostro, para así poder
ver al adolescente que en ese momento se encontraba con cara de pocos
amigos.

—Oh, hola —saludó amablemente el menor, sonriendo a penas—. ¿Eres el


niño del qué me habló papá? —preguntó con curiosidad, analizando a
Jungkook mientras lo miraba de arriba a abajo—. No eres tan pequeño como
pensé...

Jungkook no supo que responder ante eso, por lo que simplemente se limitó a
asentir levemente, mientras ponía sus manos en los bolsillos de su pantalón.

—¿Quieres dibujar conmigo? —preguntó el infante, alzando un poco la hoja


en la que se encontraba dibujando junto con sus crayones—. Estaba
dibujando a mi perrito, me lo dieron hace poco. —Contó con alegría.

—Am... —Jungkook estaba tratando de buscar una excusa, alguna salida para
no contestarle al menor. Pero al ver como los dos adultos comenzaban a
escabullirse hacia el sótano, supo que estaba jodido—. Está bien. —Accedió,
después de suspirar con resignación.

Se acercó hacia donde estaba el castaño, y éste no dudó en ofrecerle con total
tranquilidad y alegría uno de sus crayones junto con una hoja totalmente en
blanco, mientras que al mismo tiempo le dejaba espacio al mayor para que se
siente a su lado en el suelo.

Y Jungkook simplemente le siguió la corriente, sentándose a su lado algo


incómodo. Los ojos del infante lo miraban fijamente y con curiosidad, y él no
sabía cómo diablos pretendía que se concentrara en dibujar siendo que lo
estaba observando de aquella manera.

Y a pesar de que quiso ignorarlo y mantener la calma. Realmente no pudo al


ver que pasaban varios minutos en los que casi termina su dibujo y el niño lo
seguía mirando mientras tenía sus codos apoyados en la mesa y su pequeña
cara entre sus manos, expectante.

—¿Tengo algo en la cara o qué? —cuestionó con algo de molestia, alzando


una ceja ante el menor, quien se apresuró en negar con la cabeza—.
¿Entonces?

—Eres bonito —soltó de la nada el castaño, con total calma—. ¿Puedo


dibujarte a tí?

—Oh... —Jungkook jamás había sido alguien que se quedaba sin palabras,
pero ese mocoso aparentemente tenía algo que lo dejaba sin habla—. Mh,
supongo que sí.

—¡Bien! —el menor festejó, alzando sus pequeños brazos y sonriendo


mientras comenzaba a buscar los crayones indicados—. Por cierto, ¿cómo te
llamas?

—Jungkook. —Contestó sin real interés, concentrado en hacer un barco de


papel con una hoja que le había quitado al menor, tratando de distraerse.

—Jungkook... ¿Puedo decirte Jungkookie? —Cuestionó, soltando una


pequeña risita infantil llena de alegría ante el adolescente.

Sin embargo, la felicidad no duró demasiado.

—No. —Contestó fríamente el mayor, sin tomarle importancia al puchero


que se hizo presente en los labios del castañito.

—Uh... Yo soy Taehyung —se presentó, sonriendo en grande—. Pero mis


amigos me dicen TaeTae.

Jungkook quiso decir algo estúpido, como que sus amigos eran unos tontos.
Pero no pudo siquiera pensar en hacerlo, cuando un fuerte grito se escuchó
por toda la casa, logrando alterarlo tanto a él como al infante, quien soltó sus
crayones debido al susto.

Y el pelinegro no dudó en ponerse alerta cuando notó como algo comenzaba


a arrastrarse por el pasillo, dejando ver sus manos llenas de sangre al igual
que sus brazos.

Sostuvo a Taehyung del brazo, alejandolo de ahí antes de que llegara a verlo
y cubriendo los ojos del castaño mientras esperaba que su padre y el señor
Kim volvieran a agarrar al sujeto que de seguro había escapado del sótano.

Pocos segundos después, escuchó un nuevo grito y el sujeto que se estaba


arrastrando por el piso había sido jalado nuevamente hacia el sótano, siendo
Seung quien lo arrastraba por todo el pasillo.

Jungkook suspiró y dejó de taparle los ojos al menor. Mientras caminaba


hacia la mesita con la intención de seguir dibujando con Taehyung o hacer
alguna de esas idioteces que hacían los niños.

Sin embargo, no estaba en sus planes encontrarse con la imágen de un niño


con los ojos llenos de lágrimas y su labio temblando al igual que sus
pequeñas manos.

¿Qué carajos le pasaba? Jungkook sintió que podría entrar en pánico ahí
mismo, él no solía ver niños llorar, por lo que no sabía que hacer.

—¿Taehyung? ¿Qué te pasa? —Preguntó, caminando hacia el menor una vez


más.

Taehyung lo miró fijamente, mientras varias lágrimas comenzaban a salir,


mojando sus mejillas.

—¿E-ese era papá? —Cuestionó inocentemente el infante.

El pelinegro no supo que decirle. No se suponía que debía explicarle lo que


estaba sucediendo, por lo que no hizo más que morderse la lengua, mientras
trataba de buscar alguna mentira que sea creíble para el niño.

Pero ante la falta de respuesta, Taehyung se alteró aún más.

—¡Papá! —llamó, dispuesto a correr hacia donde había escuchado el grito.


Aunque Jungkook no se lo permitió—. ¡Papá! ¡¿Estás bien?! —Preguntó el
castaño, notablemente preocupado.

Y sus pensamientos negativos se multiplicaron cuando un nuevo grito llego


hasta sus pequeños oídos.

Trató de soltarse del agarre que mantenía Jungkook en su brazo. Necesitaba


correr y ver si su papá estaba bien, no quería que nadie le haga daño.

—¡Tengo miedo, Jungkookie! ¡Le están haciendo algo a papá! —Sollozó,


asustado.

—No es a tu papá al que le están haciendo eso, ya cálmate. —Trató de


tranquilizar Jungkook.

—¡Claro que sí, los monstruos se quieren llevar a papá! —Gritó, alarmado.
Mientras intentaba soltarse una vez más del agarre.

—¿Qué? ¿De qué monstruos hablas? —Preguntó el adolescente con total


confusión.

Por Dios, él no servía para cuidar niños. ¿Por qué siquiera su papá pensó que
sería buena idea?

—L-los monstruos... Los amigos de papá, siempre que vienen me dicen que
me harán daño, y que no le diga nada a papi porque sinó le harán daño a él
—confesó Taehyung, y Jungkook frunció el ceño ante sus palabras y también
al sentir como el menor temblaba—. P-pero yo no dije nada, Jungkookie...
¡No quiero que le hagan daño!

—Taehyung, mírame y escúchame. —Ordenó Jungkook, mientras jalaba al


menor hacia sí al momento en el que tomó asiento en uno de los sillones
individuales, teniendo al castaño así enfrente suyo.

Y a pesar de que Taehyung quería obedecer, estaba demasiado ocupado


llorando por pensar en que le estaban haciendo daño a su papá por su culpa.

—Taehyung, mírame —volvió a pedir el pelinegro, y terminó frustrandose al


no recibir respuesta alguna—. TaeTae, ¿Podrías escucharme? —intentó
decir aquel estúpido apodo que le dijo el infante para llamar su atención. Y
funcionó al instante, porque el castaño dejó de cubrir sus ojos y lo miró—.
No es a tu papá a quien le están haciendo eso, así que no te pongas así.
—Trató de explicar.

—¿Entonces quién está gritando? —Preguntó Taehyung mientras se quitaba


las lágrimas de sus mejillas.

—Es... —Jungkook dudó un poco—. ¡Mi papá! Sí... Está muy mal de la
espalda y por un simple movimiento ya le duele mucho. Y tu papá le está
haciendo un masaje para que no le duela tanto. —Mintió, tratando de
sonreírle al menor para verse más creíble.

Taehyung entrecerró los ojos, y Jungkook solo se encogió de hombros,


restándole importancia.

Y no pudo evitar suspirar con alivio cuando el menor asintió ante sus
palabras después de unos cuantos segundos en los que ya no se escuchaban
más ruidos.

—Pobre señor Jeon... —fue lo único que dijo Taehyung, ya mucho más
tranquilo—. Si grita muy feo es porque le duele mucho.

—Mh, sí... —el pelinegro asintió, viendo como poco a poco Taehyung
buscaba nuevamente sus crayones para acomodarlos—. Taehyung, que-

—TaeTae. —Corrigió rápidamente el castaño.

—TaeTae —Jungkook asintió antes de rodar los ojos, y el castañito sonrió


feliz al ser llamado así—. ¿Quienes son los monstruos?

La sonrisa de Taehyung se fue haciendo cada vez más débil, hasta que solo
quedaron sus labios presionandose levemente. No le gustaba hablar de eso.

—Los amigos de papá.

—Ellos... ¿Te hacen algo? —Quiso saber Jungkook, cruzándose de brazos.

—E-ellos... Uhm... —el menor comenzó a jugar de forma nerviosa con el


borde de su camisa, y Jungkook supo que algo no andaba bien—. Me dicen
que me harán daño cuando papi no los vea.

—Tae, ven aquí —ordenó, señalando enfrente suyo. Y el menor de los Kim
asintió antes de obedecer, poniéndose enfrente de el pelinegro—. ¿Te tocan?

—¿Qué cosa, Jungkookie? —Preguntó inocentemente y con cierto


nerviosismo ante el tema.

—Tu... —el pelinegro no sabía cómo explicarle, y dudaba que Taehyung se


refiera a sus partes como "cositas" como él lo hacía en la infancia. Por lo que
simplemente se limitó a apuntar la entrepierna ajena, sin tocar—. Eso.

Taehyung se cubrió rápidamente la zona mencionada y negó levemente con


la cabeza.

—N-no, pero ellos me golpean, y me dicen cosas feas... —explicó—. Dicen


que soy un niño tonto y que mi papá no me quiere por eso —sus ojos se
llenaron se lágrimas una vez más—. Me hacen soñar cosas feas, Jungkookie.
Siempre que cierro los ojitos para dormir, ellos están en mi cuarto,
golpeándome.
A Jungkook no debería interesarle en lo más mínimo los problemas del niño,
realmente no deberían importarle ni un poco siendo él totalmente ajeno al
asunto. Pero era el hijo de su jefe, y sentía la obligación de decírselo. Además
de que el niño le recordaba momento asquerosos de su infancia, lo hacía ver
reflejado en él y por eso mismo era que terminó haciendo cosas que
normalmente no haría.

—No volverás a tener pesadillas con los monstruos, Tae —aseguró, llamando
así la atención del castaño—. Yo me encargaré de que no sea así.

—¿Qué? ¿Vas a cuidarme, Jungkookie? —Preguntó Taehyung con una


pequeña sonrisa.

—Mh, algo así.

—¿En serio harás que los monstruos se vayan?

—Sí.

El infante no pudo reprimir su emoción, por lo que terminó prácticamente


lanzándose sobre Jungkook, subiéndose al sillón y abriendo sus pequeñas
piernas para después sentarse sobre las piernas de Jungkook y abrazar al
mismo con fuerza.

—¡Gracias, Jungkookie! —Agradeció, sonriendo.

—Veo que agarras confianza demasiado rápido, eh. —El mayor dejó salir
una pequeña risa debido a la incomodidad que sentía, pero aún así no alejó al
infante.

—Sí, porque Jungkookie me da confianza —canturreó, acomodandose en el


pecho del adolescente sin un poco de vergüenza—. Jungkookie me cuida.

—Sí, sí. Lo que digas, Taehyung. —El pelinegro sonrió a penas, rodando los
ojos mientras dejaba dos palmaditas en la espalda ajena.

—Jungkookie, ¿me cuidarías siempre? —preguntó de la nada Taehyung, y


Jungkook frunció el ceño con confusión—. De los monstruos, Kookie.
—Oh, claro.

—¿Lo prometes? —Alzó un poco su rostro, para ver a el pelinegro con ojos
suplicantes y brillantes.

Jungkook volvió a fruncir el ceño. Él jamás hacía promesas, ya que le


parecían totalmente vacías y sabía de antemano que ninguna se cumplía. A él
no le gustaba hacer promesas en vano, por lo que no sabía que hacer en ese
momento.

Pero no pudo pensarlo demasiado, porque Taehyung con aquellos ojos


suplicantes convencía a cualquiera.

—Ah, niñito. Que molesto eres —sonrió a penas—. Pero sí. Es más, prometo
que nadie te hará daño mientras yo esté en este mundo.

Y bastó con ver la gran sonrisa de Taehyung, para que Jungkook sepa que iba
a cumplir su promesa. O por lo menos una parte de ella. Porque sí se había
encargado de los "monstruos" De los que hablaba el castañito.

Antes de irse a su casa junto con Seung, Jungkook habló con Kyungsoo a
solas, diciéndole todo lo que le había dicho su hijo. Y su jefe se notó
totalmente molesto, mientras llamaba a quien sabe quien. Y unos cuantos
minutos después, ya tenía a todos sus supuestos "amigos" en la puerta de su
hogar, mismos amigos que molestaban de esa manera a su hijo.

Y Seung tuvo mucho más trabajo, porque tuvo que quedarse en la casa un
poco más por órdenes de su jefe y acabar con aquellos tipos. Los cuales eran
cuatro. Mientras que su hijo se encargaba de "cuidar" a Taehyung.

Y en todo ese tiempo, el infante le contaba todo lo que le hacían los amigos
de su papá a Jungkook, llorando de vez en cuando y aferrándose a su cuerpo
sin intención de soltarse, buscando su protección. Y el pelinegro no se negaba
a devolverle los abrazos, por más que se encontraba algo incómodo y tenso al
darlos.

Habían estado en la misma posición durante bastante tiempo en los que sus
papás estaban ocupados, hasta que Taehyung se durmió sobre el adolescente
y éste hizo lo mismo, acostándose en el sillón mientras acomodaba
correctamente a Taehyung en sus brazos.

Ese mismo día, las pesadillas de Taehyung se habían acabado gracias a


Jungkook. Ya que después de que el mismo se haya ido, su papá le contó que
sus cuatro amigos habían fallecido en un "accidente". Aunque el castaño no
lo había creído del todo, él pensaba que finalmente podría dormir tranquilo
gracias a Jungkook.

Y ahora después de tantos años, Jungkook recordó finalmente a aquel


inocente niño que le hablaba sin parar sobre sus pesadillas, sobre lo horrible
que eran esos hombres. Y de vez en cuando, le sonreía bonito y le decía que
era muy bueno con él.

Abrió los ojos, observando al rubio que dormía tranquilamente en su hombro,


con sus labios cerca de su cuello y sus brazos rodeando su cintura. Viéndose
como el mismo infante que buscaba su consuelo y su calor.

Nada había cambiado, o por lo menos, no del todo. Y Jungkook sonrió ante
eso, antes de dejar un pequeño beso en la mejilla ajena.

Su niñito estaba con él nuevamente. Y él se encargaría de cumplir su promesa


por más que le haga daño a Taehyung de vez en cuando.

Porque él prometió cuidarlo de todos, pero jamás de él.


24

Había pasado una semana desde el incidente de la feria, y Taehyung no había


querido soltar a Jungkook durante todo ese tiempo. Buscaba constantemente
al payaso para sentirse menos culpable por lo que había hecho, y ni él mismo
se había dado cuenta de lo que estaba haciendo, simplemente sucedía.

Los primeros días, las pesadillas no lo habían dejado dormir tranquilo,


siempre se despertaba en medio de la noche, totalmente agitado mientras
lloraba en silencio. Y a pesar de que él no hacía escándalo por sus pesadillas,
Jungkook se despertaba siempre que el chico lloraba, y tenía que consolarlo
constantemente hasta que ambos volvían a dormirse.

El consuelo de Jungkook no era precisamente el más sano, porque todos los


días en los que el chico se despertaba alarmado por una pesadilla, el mayor
solo se encargaba de decirle que estaba bien, que era algo que ya había hecho
y de lo cual no podría arrepentirse, tan solo debía superarlo. Taehyung
siempre soñaba con el hombre que había asesinado, por lo que Jungkook
seguía repitiendo las mismas palabras hasta que el rubio volviera a dormirse
de a poco entre sus brazos.

Y el adolescente no le había tomado demasiada importancia a las palabras de


Jungkook, porque a él solo le interesaba escuchar la voz del mismo hasta que
se durmiera nuevamente. No creía que esas palabras tendrían efecto en él,
pero la verdad era que poco a poco sus sueños iban afectandole cada vez
menos, hasta que llegó un punto en el que las pesadillas se volvían peores, y
él no dejaba caer ni una sola lágrima.

Él no lo sabía, pero se había dejado llevar por las palabras de Jungkook, y la


culpa iba desapareciendo de a poco.

Y eso no era bueno.


—Amor —el rubio alzó la mirada al escuchar a Jungkook, quien caminaba
tranquilamente hacia él—, apresurate y termina eso pronto, porque vendrá
alguien en unos minutos y yo estoy muy ocupado como para vigilarte ahora
—informó, mirando a Taehyung mientras el mismo tomaba un vaso de leche
—. Ve a la habitación a penas termines, ¿sí?

Taehyung asintió ante las palabras del hombre, obediente. Y solo se limitó a
ver como el mayor volvía hacia la cocina, donde estaba haciendo quien sabe
qué. El adolescente no sabía lo que estaba haciendo Jungkook, porque el
mismo no lo dejaba siquiera acercarse hacia la cocina.

Y aunque parezca sorprendente, el chico no estaba dispuesto a andar de


curioso para saber lo que hacía Jeon. Las malas experiencias le habían dejado
pequeñas enseñanzas, y una de ellas era que ser curioso no le traería cosas
buenas, jamás.

Perdido en sus pensamientos, siguió comiendo un par de galletas que le había


dado Jungkook mientras tomaba poco a poco la leche, la cual ni siquiera tenía
azúcar. Era algo aburrido su desayuno, pero no podía quejarse de todas
formas, él estaba más que satisfecho. No solía comer en la mañana, por lo
que apreciaba lo poco que le había dado el mayor.

Pocos minutos después, escuchó como la puerta de la casa rodante se abría, y


se puso alerta casi al instante, alzando la mirada y paralizandose de inmediato
al notar que había pasado demasiado tiempo distraído como para cumplir con
las órdenes de Jungkook.

Se levantó de un salto, sosteniendo su vaso y su paquete de galletas,


dispuesto a salir de ahí e ir hacia la habitación como se le había ordenado.

Pero no pudo hacerlo, porque en un torpe descuido, terminó tropezando y


tirando casi todo el contenido del vaso al suelo.

Abrió sus ojos en demasía, mientras que al mismo tiempo escuchaba los
pasos de quien sea que haya entrado a la casa rodante cada vez más cerca
suyo. ¿Qué se supone qué debía hacer? Jungkook se enojaría con él por
ensuciar, pero se enojaría aún más porque no había hecho lo que le dijo.
—Jungkook... —Casi balbuceó, pidiéndole a la nada misma que Jungkook le
prestara atención.

Sin embargo, el mayor no le respondió. Ya que Taehyung había hablado


demasiado bajito como para que Jungkook pueda escucharlo.

—¡Hey, Jeon! —Taehyung dió un pequeño salto al escuchar el fuerte grito


del sujeto que se encontraba a sus espaldas, y no hizo más que mantenerse
inmóvil, sin atreverse siquiera a mirarlo—. ¡Te traje tu vestuario! ¿Dónde lo
dejo?

—¡Puedes dejarlo ahí, no interesa! —contestó el pelinegro, mientras


guardaba un gran trozo de carne en una bolsa, junto con otros pedazos de
carne y algo de sangre que se acumulaba en la bolsa—. En un momento
termino la porquería ésta y se la llevas a Hoseok. —Informó, cortando otro
trozo con un cuchillo afilado y algo grande.

—Está bien. —El hombre accedió, mientras dejaba a un lado una gran caja de
color negro, donde yacían los distintos vestuarios que acostumbraba usar
Jungkook.

Taehyung no sabía que hacer realmente, y no sabía cómo reaccionar. Podría


simplemente irse, pero su cuerpo no reaccionaba, sentía como si todo el peso
de su cuerpo hubiera pasado simplemente a sus piernas y las mismas no lo
dejaban caminar precisamente por eso.

Deseaba ir hacia donde estaba Jungkook e informale sobre su pequeño


accidente con la leche para después irse a la habitación, pero no podía hacerlo
porque el mayor le había dicho que no lo quería cerca de la cocina hasta que
él terminara de hacer lo que sea que estaba haciendo en ese momento.

Bufó por lo bajo, cruzándose de brazos y girando levemente su cuerpo para


ver finalmente al sujeto que se encontraba a a sus espaldas, el cual estaba
mirándolo fijamente, analizandolo por completo.

Taehyung no se sintió intimidado, ya que era un chico "normal", según él.


Eran de la misma estatura, su cuerpo era delgado, y su rostro delicado. No
parecía una amenaza para él.
Fue por eso que se permitió alzar una ceja al ver como el tipo se mordía el
labio al verlo de una forma que pondría incómodo a cualquiera. Lo miraba
como si fuera un pedazo de carne y él un depredador hambriento.

—¿Tú eres el muchachito por el qué Jeon anda babeando? —Se atrevió a
preguntar el hombre de cabellera castaña, mirando finalmente a Taehyung a
la cara.

El menor no respondió, simplemente se mantuvo callado mientras fruncía


levemente el ceño y daba un paso hacia atrás, para después volver a girar su
cuerpo, dispuesto a irse de ahí.

—Hey —escuchó una risa divertida por parte del sujeto ante su acción,
mientras que el mismo lo sostenía por la muñeca, impidiendo que se vaya—,
te estoy hablando.

Taehyung rápidamente alejó su mano como si el simple toque de aquel


hombre le causara daño, frunciendo aún más el ceño con disgusto. Quería
largarse, no quería tener problemas con Jungkook y mucho menos convivir
con alguien más de ese horrible lugar al que llamaban "circo".

—No eres tan social, eh —volvió a hablar el mayor, ladeando la cabeza con
una sonrisa burlona—. Eso es lindo, muñeco. —Guió su mano hacia el
cabello ajeno, con intensión de acariciarlo.

Sin embargo, el adolescente le dió un manotazo en la mano, alejandolo y


negando con la cabeza. Comenzó a alejarse de a poco, ya que el castaño le
seguía el paso, y al contrario de lo que pensó, no se veía molesto por sus
acciones, sino que las tomaba con gracia.

Por cada toque que quería dar, Taehyung lo rechazaba, golpeando


suavemente para no alterarlo y alejandolo cuando invadía aún más su espacio
personal. El castaño hablaba, pero el menor no escuchaba nada de lo que
decía porque estaba comenzando a asustarse por la situación.

No había obedecido a Jungkook, y ahora tenía a un hombre acercándose a él


de una forma bastante peligrosa ante su punto de vista.
Y no sabía qué le aterraba más en ese momento, la insistencia de aquel sujeto
o el posible castigo que recibiría por parte del payaso por no hacer lo que se
le había ordenado.

Llegó un momento en el que Taehyung comenzó a respirar de forma


acelerada al pensar en eso, mientras su mirada se perdía en algún rincón de la
casa rodante, su pecho subía y bajaba con frenesí debido a que le costaba
respirar, y por un momento su mente quedó en blanco y sintió que
comenzaba a ver borroso. No se sentía bien, y la figura del hombre que le
hablaba aún estaba enfrente suyo, demasiado cerca.

Tan cerca, que lo terminó acorralando contra una de las paredes, sin
importarle en lo más mínimo el estado del adolescente.

"¿Ya me respetas, mi amor?" Escuchó el rubio en su mente, mientras


recordaba uno de los castigos de Jungkook al burlarse de él a sus espaldas.

"¡Jungkook, sácame de aquí!" Y luego, otro recuerdo. Donde estaba


encerrado con aquel León que hacían llamar Hope. Aún podía sentir la
desesperación del momento con solo recordarlo, y por eso mismo estaba
comenzando a entrar en pánico de a poco. No quería que otra situación así
volviera a suceder, y si seguía siendo tocado por aquel hombre, estaba seguro
de que lo que le haría vivir Jungkook sería incluso peor que todo lo anterior.

Tomó aire con dificultad, tratando de calmarse por sí mismo. Y después de


parpadear un par de veces con insistencia, fue consciente de lo que estaba
sucediendo a su alrededor una vez más.

El sujeto de cabello castaño le estaba acariciando el pelo, mientras seguía con


aquella sonrisa llena de diversión.

Taehyung quiso hacer algo, quiso reaccionar por fin y empujarlo. No le había
hecho nada malo –aún–, pero le desagradaba demasiado su simple presencia.
No lo quería cerca, y mucho menos tocándole el cabello con fingido cariño.

Y aunque él en verdad quiso hacer eso, no fue necesario. Ya que Jungkook


había aparecido pocos minutos después al escuchar a el hombre castaño
hablando tanto tiempo solo –o eso había pensado él, ya que Taehyung no le
había contestado nada–, observando todo en silencio, apoyado en el marco de
la puerta.

Todo quedó en silencio a partir de el momento en el que el adolescente y el


castaño notaron la presencia de Jeon, dejando un ambiente tenso para el rubio
y Jungkook, ya que se terminaron viendo a los ojos casi al instante.

Taehyung tragó saliva con dificultad, sin haberse percatado de que la otra
mano del hombre estaba en su cuello, sin ejercer presión, pero ahí estaba,
tocandolo y pasando sus dedos a gusto.

Las pupilas de Jungkook se encontraban levemente más pequeñas de lo


normal, su mandíbula se encontraba tensa, y se mantenía cruzado de brazos
mientras que los mismos estaban manchados de sangre al igual que el enorme
cuchillo que sostenía en su mano izquierda. Había observado todo con la
misma expresión, a pesar de que apretaba el cuchillo con tanta fuerza que sus
nudillos se notaban levemente blancos.

—J-Jungkook... —susurró el adolescente, sin saber que hacer, mientras


trataba de pedirle ayuda con la mirada al mayor ya que el castaño aún no lo
soltaba—. Y-yo solo-

—Cállate, infeliz. No debes hablar si Jungkook no te lo dice. —Lo mandó a


callar el hombre que tenía enfrente.

Taehyung abrió sus ojos en demasía al sentir como el castaño ejercía presión
en su cuello, con intención de lastimarlo.

Sin embargo, el dolor no duró demasiado. Ya que en un abrir y cerrar de ojos


Jungkook se había acercado hacia ellos, empujando al hombre y al mismo
tiempo usando su cuchillo para hacer un corte en su mejilla.

—¡No vuelvas a tocarlo, bastardo! —gritó el pelinegro, totalmente fuera de sí


debido a la rabia que estaba sintiendo—. ¡Te meteré tus sucias manos por el
culo por agarrarlo así!

El adolescente se alejó de Jungkook, tocándose el cuello con miedo, para


después jadear de la impresión al ver como el payaso respiraba de forma
acelerada, apretando sus dientes y observando a quien lo había atacado con
un odio profundo notándose en sus ojos. Taehyung jamás había visto a
Jungkook así, ni siquiera cuando había lastimado a Byul por accidente.

Jeon parecía otra persona. Estaba totalmente cegado por la rabia, y lo único
en lo que pensaba era en hacerle daño a quien tocó lo que era suyo, a quien
tuvo intenciones de lastimar a su mocoso.

La mejilla del sujeto sangraba demasiado debido a que el corte había sido
profundo, y el mismo miraba totalmente sorprendido y asustado a Jungkook,
mientras trataba de retroceder a duras penas ya que por el empujón se había
caído al piso.

Y Jungkook, al notar sus intenciones, no dudó en tirarse sobre él, hasta


sentarse en su regazo. Y segundos después fue que comenzó a dar puñetazo
tras puñetazo, desquitando todo el odio que sentía. Puede que el hombre no
haya lastimado realmente a Taehyung, pero para el pelinegro, el simple hecho
de que lo haya tocado era una de las peores traiciones que podrían existir.

A Taehyung nadie lo tocaba, nadie que no fuera él. Así debía ser.

—¡Hey, detente! —pidió el sujeto, recibiendo golpe tras golpe mientras


intentaba escapar de Jungkook—. ¡¿Qué diablos?!

—¡Cierra la boca! —gritó el payaso, dándole un golpe justo en la nariz,


haciendo así que el tipo cierre sus ojos con fuerza y segundos después
comenzara a llorar por el dolor—. ¡¿Quién te dijo qué podías tocar a mi
mocoso?! —cuestionó, utilizando su cuchillo para dejar un corte en el cuello
del hombre—. ¡Nadie puede ponerle un puto dedo encima! ¡Solo yo! —
volvió a dejar otro corte, furioso—. ¡Yo, yo, yo y solo yo! ¡Maldito imbécil!

Taehyung no sabía que hacer, estaba presenciando todo pero permanecía


inmóvil. No estaba asustado, pero sí algo alarmado. Sabía que no podían
matarse entre los trabajadores del circo –lo había descubierto una vez que fue
al circo–, y si Jungkook seguía así, mataría al sujeto y le terminarían
haciendo daño.

Y no es que a el rubio le importara que golpearan a Jungkook. Pero algo le


decía que no serían solo golpes, sino que lo matarían. Y si mataban a el
payaso, él se quedaba solo, a merced de otro loco que sí le haría más daño
que Jungkook.

Alterado ante ese pensamiento, intentó meterse entre medio del pleito,
corriendo hacia Jungkook y sosteniendolo de los brazos en un inútil intento
por alejarlo del tipo.

—¡Jungkook, basta! —gritó—. ¡Te matarán si lo matas, ya detente!

—¡Sueltame, Taehyung! —soltó el pelinegro con rabia, removiendose entre


los brazos ajenos—. ¡Le haré entender que nadie se mete con lo que es mío!

—¡Hey! —el rubio volvió a gritar, esta vez comenzando a enojarse. Y


terminó agarrando al mayor por la barbilla, obligándolo a mirarlo a pesar de
que Jeon aún no salía del regazo del tipo que ya se encontraba más muerto
que vivo—. Detente, por favor. No quiero que te terminen matando ahí
afuera.

Jungkook frunció el ceño, observando directamente los ojos del menor por
unos segundos que parecieron largos minutos, respirando de forma acelerada
mientras su rostro se encontraba rojo debido a la rabia, tratando de calmarse.
Todo eso mientras el menor le ofrecía una leve caricia en la barbilla, como si
eso pudiera tranquilizarlo.

Y cuando Taehyung pensó que el pelinegro iba a hacerle caso, todo terminó
siendo lo contrario.

Aún mirándolo directo a los ojos, el mayor volvió a fruncir el ceño al


recordar como estaba siendo tocado Taehyung por el tipo que tenía abajo
suyo, y terminó agarrando su cuchillo con fuerza, cortando la yugular del
mismo con el mismo odio de antes.

El rubio abrió mucho los ojos y se alejó de Jungkook al sentir como un poco
de sangre llegaba hasta él, ensuciando sus piernas ya que salía en grandes
chorros, y terminó tapándose la boca con impresión ante lo que había
sucedido.
Matarían a Jungkook, no había duda alguna.

Comenzó a negar con la cabeza ante ese pensamiento, totalmente asustado.


¿Qué se supone qué haría ahora? ¿Con quién lo dejarían y qué clase de cosas
le harían? ¿Qué le harían a Jungkook?

Siguió haciéndose miles de preguntas, mientras daba vueltas en su lugar. Sin


percatarse de que el pelinegro estaba totalmente tranquilo, sentado en el suelo
con sus piernas cruzadas y sus manos sobre su regazo, relajado al liberar todo
el odio que sentía por el sujeto anteriormente.

—No puedes ser tan estúpido, por Dios —soltó el rubio, regañando a
Jungkook sin siquiera importarle si se enojaba con él por insultarlo, estaba
molesto—. ¿Qué harás ahora, hm? ¿No qué querías cuidarme? Porque ahora
te matarán por andar de impulsivo y ya no estaré contigo —acomodó su
cabello con frustración, mientras que el payaso tan solo sonreía levemente—.
¿Por qué me miras así? ¡Esto es serio, payaso loco! ¡Te harán daño! ¿Ni
siquiera te importa?

—Yo-

—No, cállate —interrumpió Taehyung, alzando su dedo índice y apuntando


al contrario—. Es increíble que ni siquiera me hayas escuchado. ¡No había
llegado a lastimarme! Podrías haber sido un poco más suave por lo menos,
golpearlo sin llegar a matarlo. —El rubio ya ni sabía que estaba diciendo,
estaba demasiado nervioso y frustrado.

—Taehyung-

—¡Estoy perdido, joder!

—¡Hey! —Gritó Jungkook al ser ignorado, ya cansandose.

—¡¿Qué?! —Gritó igualmente Taehyung, alterado.

—Ya cierra la boca, y ven aquí. —Ordenó el mayor, palmeando su regazo y


observando fijamente al rubio.

Taehyung no dijo nada, tan solo bufó antes de obedecer. Acercándose a paso
lento y sentándose en el regazo ajeno, apoyando sus manos en los hombros
de Jungkook mientras miraba al mismo con cierta preocupación.

—Te harán mucho daño, Jungkook... No quiero quedarme solo, tengo miedo.
—Sinceró, apartando la mirada.

—Si me hubieras dejado hablar, ya no tendrías miedo —soltó el mayor con


calma, mientras posaba ambas manos en la cintura ajena y miraba como
Taehyung lo observaba confundido—. Porque te hubiera explicado que la ley
de matarse entre los trabajadores del circo, solo se aplica en quienes dan los
espectáculos. —Explicó, dejando totalmente perplejo a el rubio.

—¿Q-qué? Pero...

—Tipos como él —apuntó el cadáver a su lado—, que solo sirven para


buscar vestuario o armas, no son importantes. Y tranquilamente podemos
matarlos si nos parecen un fastidio —terminó de explicar, divirtiéndose ante
la mirada de Taehyung—. ¿Qué decías antes, mocoso? ¿Qué yo era un
estúpido impulsivo?

Taehyung abrió su boca en una perfecta "o" Al recordar eso, poniéndose


nervioso de inmediato.

—E-eh... Yo lo siento mucho, te juro que fue la adrenalina del momento, yo


no quise-

Fue interrumpido por la pequeña carcajada que soltó Jungkook, quien negó
con la cabeza segundos después, concentrándose en arreglar el cabello del
menor con su mano derecha.

—Olvidalo, mocoso. Estaba bromeando contigo. —Soltó con calma, sin tener
intenciones de lastimar a Taehyung a pesar de que el mismo lo había
insultado. No sentía la necesidad de hacerlo.

Observó los ojos del menor, antes de sonreír levemente y bajar su mano hacia
la mejilla de Taehyung, acariciando la misma. Y al adolescente no parecía
importarle el hecho de que Jungkook le esté ensuciando el rostro y el cabello
con la sangre que tenía en la mano, porque tan solo se dejaba hacer.
Y pocos segundos después, el payaso se acercó hacia Taehyung, juntando sus
labios y cerrando sus ojos, disfrutando de los suaves labios de el rubio, quien
correspondió el beso, guiando ambas manos hacia la nuca del mayor y
sujetándose de ahí.

Taehyung ya estaba acostumbrado a recibir varios besos por parte de


Jungkook, y a estas alturas ya no le incomodaban, y jamás habían llegado a
asquearlo. Por lo que estaba tranquilo, dejando hacer a Jungkook lo que
quisiera con él en medio del beso, aunque todo tenía un límite.

Y ese límite llegó cuando sintió como las manos de el pelinegro amenazaban
con ir más abajo, dejando de lado su cintura.

Mordió el labio ajeno al sentir eso, alejándose segundos después y negando


con la cabeza ante Jungkook.

Sabía que el mayor no iba a hacerle nada, e incluso ya lo había besado varias
veces mientras agarraba sus glúteos sin llegar más lejos. Pero aún le
incómodaba, y le daba cierto miedo que sucediera algo luego de eso.

Jungkook no hizo más que sonreír, asintiendo a penas y dejando al chico en


paz, volviendo a colocar sus manos en la cintura del menor.

—Amor, hoy te quedarás con Jin —informó de la nada—. En unas horas me


tengo que ir a trabajar, y aprovechando que él tiene el día libre, te cuidará.

—Oh, está bien. —Taehyung asintió, totalmente tranquilo. Como si no


hubiera un cadáver al lado suyo que aún soltaba sangre.

—A no ser que quieras acompañarme al circo —soltó Jungkook, sonriendo


con burla. Y terminó riéndose al ver como el menor negaba frenéticamente
con la cabeza—. Eso pensé —dejó un casto beso en los labios ajenos, antes
de dejar dos palmadas en la espalda del rubio—. Ahora arriba, que debo
bañarme. Y luego sigues tú. —Ordenó al ver como el chico estaba lleno de
sangre igualmente.

Taehyung obedeció, levantándose de su regazo y observando como Jungkook


se marchaba pocos segundos después, dejándolo solo con el cadáver del tipo.
El rubio miró hacia donde estaba el difunto, y solo pudo hacer una pequeña
mueca de asco al ver como la sangre llegaba hacia donde estaban sus pies,
ensuciandolo.

—Te pasa por baboso... —Le habló al cadáver, sin siquiera percatarse de lo
que había dicho. No estaba pensando con claridad y solo tenía su mente en
blanco, demasiado tranquilo a comparación de las veces anteriores en las que
veía los cadáveres que había en el circo.

Pocos segundos después, sintió una cosa peluda entre sus pies, y terminó
sonriendo al ver a Byul, agarrandolo entre sus manos de inmediato.

Y a pesar de que Taehyung se sentía como siempre, no era consciente de que


él no debería estar tan tranquilo ante una escena tan morbosa como lo era el
cadáver de un hombre liberando sangre por el cuello, mucho menos que no
debería estar sonriendo por un conejo a pesar de tener al mismo hombre a tan
solo centímetros.

No se estaba dando cuenta de que poco a poco, iba dejando de sentir empatía
y pena por quienes sufrían o morían a su alrededor.

•••

Como Jungkook había dicho, ambos se habían duchado, cambiándose


tranquilamente –cada uno por separado en la habitación– y saliendo pocos
minutos después de haber dejado a Byul en la habitación con comida y agua.

Taehyung llevaba puesto un pantalón gris holgado, junto con una camiseta
blanca y un abrigo negro ya que hacía algo de frío, además de llevar puesto el
collar para perros. Y Jungkook, quien estaba a su lado, parecía salido de una
revista de moda, llevando un traje negro junto con una camisa del mismo
color, sin corbata.

El rubio aún no comprendía porque Jungkook no se vestía como payaso para


sus espectáculos si supuestamente era uno, no le encontraba lógica alguna,
pero el pelinegro se veía feliz vistiendo eso, además de que siempre llevaba la
característica línea roja pintada por debajo de uno de sus ojos.
Jungkook sostenía su correa con su mano derecha, mientras que con la otra
llevaba una bolsa con lo que parecía ser carne.

—¿Para qué es eso? —Preguntó Taehyung con curiosidad, refiriéndose a la


bolsa.

—Para tu querido amigo Hope —contestó con cierta burla Jungkook,


divertido—. ¿Lo recuerdas? ¿A tu lindo amigo el Leoncito?

—No te burles de mí, payaso estúpido. —El rubio frunció el ceño, mientras
ponía ambas manos en los bolsillos de su abrigo.

—No te enojes, bebé. Solo juego contigo —Jungkook le restó importancia al


asunto—. Pero bueno, es para Hope y para Hoseok, ambos comen el mismo
tipo de carne.

Taehyung frunció aún más el ceño, confundido.

—¿No se supone qué el León solo come carne humana...? —Cuestionó,


observando a Jungkook.

—Efectivamente, amor. —El pelinegro asintió, sonriendo a penas.

El menor hizo una mueca de asco, pero no dijo nada. Anteriormente


probablemente eso le hubiera parecido horroroso, pero ahora comprendía que
podría esperarse de todo en aquel lugar. Ya nada lo tomaba por sorpresa.

—Cachorro —llamó Jungkook, deteniendo su paso—, debo ir con Hoseok,


pero por allá hay mucha gente y ya sé cómo te pones por eso —bufó, tratando
de no rodar los ojos—. Así que te dejaré aquí y-

—¡No! —lo interrumpió inmediatamente Taehyung—. No hagas eso, no


puedes hacer eso.

—No seas tan dramático —el mayor frunció el ceño—. Estaré aquí cerca,
vendré de inmediato, te lo prometo. Además allá hay puros tipos
maquillandose de payaso, y no quiero que entres en una crísis en medio de
todo eso porque estoy apurado. No tengo tiempo para eso.
—Pero... ¿Y si viene alguien y me hace daño? —Cuestionó Taehyung,
negándose rotundamente a quedarse solo entre medio de locos.

Jungkook rodó los ojos, negando con la cabeza antes de soltar la correa y
sacar del bolsillo de su traje una navaja, la que usaba siempre.

—Sostén esto —ordenó, entregándole la bolsa con la carne a Taehyung,


quien frunció el ceño pero terminó obedeciendo—. Y dame tu brazo.

—¿Qué harás? —Preguntó el menor, desconfiado.

—¿Quieres qué nadie te toque o no? —Dijo Jungkook con cansancio,


alzando una ceja.

—Sí pero-

—Entonces cállate y dame el brazo.

Taehyung terminó resignandose, y alzó su brazo, haciendo que Jungkook lo


sostenga por la muñeca.

Y se esperó de todo, menos que el mayor comenzara a cortar su piel.

—¡Hey! —chilló alarmado, ganándose algunas miradas—. ¡¿Qué haces?!

—Quédate quieto o te quedará peor. —Informó Jungkook, aunque sonó más


como una amenaza.

—¡Me duele, ya para! —Exigió, asustandose al ver como la sangre


comenzaba a bajar de a poco.

Jungkook no estaba cortando profundo, pero sí lo suficiente como para que


algunas gotas comenzaran a salir lentamente.

El menor lloriqueó, adolorido, maldiciendo a Jungkook cada vez que podía, y


mordiendose el labio como si eso calmara su dolor.

Y después de unos segundos, Jungkook soltó su brazo.


—Listo —fue lo único que dijo, guardando su navaja—, si alguien se te
acerca a molestarte, enséñale eso y dile: "Escucha, cabrón, soy el puto niñito
de Jeon Jungkook. Así que vete de aquí o él te meterá una navaja por el
culo." —Soltó, haciendo su voz más grave para imitar a Taehyung,
burlándose.

Taehyung frunció el ceño, para después observar su brazo con confusión.

Y no pudo hacer más que bufar con frustración al leer "Jungkook" escrito en
el mismo.

Otras cicatrices acompañarían a las anteriores.

—Te traeré vendas para eso cuando vuelva, cachorro —dijo Jungkook, para
después tomar la correa y comenzar a enredarla en un pequeño árbol que
tenía cerca suyo, ganándose una mirada confusa por parte de Taehyung—.
Por si intentas escapar. —Explicó con simpleza.

—¿Y dónde quieres que vaya? —Preguntó Taehyung con seriedad,


observando a su alrededor. Era prácticamente imposible que escapara siendo
que no estaba solo.

Jungkook se encogió de hombros, antes de acercarse hacia él y darle un corto


beso, tomando la bolsa y acomodando su cabello pocos segundos después.

—Vendré rápido, amor. Espera ahí.

Taehyung asintió, y luego de eso, Jungkook salió corriendo. Tratando de


apresurarse porque así se lo había dicho al rubio y también porque llegaría
tarde a su trabajo sino.

El rubio se mantuvo quieto en su lugar, tratando de no ponerse paranoico al


ver como varias personas pasaban a su alrededor. Pero a lo contrario de lo
que pensó, nadie le prestaba atención, la mayoría porque sabía que él le
"pertenecía" A Jungkook, y otros porque notaban la reciente herida en su
brazo con el nombre del payaso. Nadie se animaba siquiera a ver por varios
minutos al chico.
Observó hacia el árbol donde se encontraba atada la correa, y por un segundo
pensó en liberarse de eso a pesar de que no podría irse a ningún lado. Pero
sabía que era una mala idea, por lo que bufó y se cruzó de brazos,
olvidándose por un segundo de que tenía heridas en su brazo derecho.

Frunció el ceño ante el dolor, y observó su brazo con cierto fastidio.


Distrayendose con eso, sin notar que poco a poco alguien iba acercándose
hacia él.

Y terminó asustandose cuando, al alzar la mirada, lo primero que se encontró


fue a una mujer a tan solo centímetros suyo.

La misma mujer que lo había intimidado con la mirada hace semanas, aún la
recordaba. Recordaba también su vestido manchado con sangre.

La miró a los ojos, y de inmediato se sintió pequeño a pesar de que él era


mucho más alto que ella, se veía tan amenazante, sus grandes ojos se
encontraban fijos en él, casi analizando lo más profundo de su ser.

—Así que esto fue con lo que se conformó Jungkook —soltó de la nada la
mujer pelinegra, cruzándose de brazos—. Es tan decepcionante.

—¿Perdón? —Taehyung alzó una ceja.

—Si no fue suficiente causar el accidente de ese chico del trapecio para que
Jungkook se largue de aquí, me encargaré de que contigo si se vaya a la ruina
—siguió diciendo la fémina, ignorandolo por completo como si él no
estuviera ahí—. No sería una sorpresa que abandone todo por algo tan
miserable como tú.

Taehyung frunció el ceño, sumamente confundido. ¿Accidente del chico del


trapecio? ¿De qué diablos hablaba esa mujer?

—Señora, será mejor que se vaya porque sino Jungkook la hará pasar un mal
momento. —Quiso verse amenazante, mostrando a penas su reciente herida
como si eso ayudara.

Y a pesar de que creyó que con eso la pelinegra se iría, tan solo logró que la
misma observara su herida y pocos segundos después comenzara a reírse a
carcajadas.

—¿Qué dices, niño? —se rió con burla—. Me muestras eso como si fuera
algo de lo que deberías enorgullecerte. Jungkook te ha marcado y tú lo usas
como algo para verte amenazante. Siendo que es patético al igual que tu
dueño.

Taehyung abrió su boca, sin saber que decir y sintiendo sus mejillas calientes
debido a la vergüenza.

—Sin dudas será divertido ver como Jungkook sufre por un mocoso igual de
inservible que él. —Sonrió con burla, disfrutando de como el chico se
encogia en su lugar.

—¡Cachorro, ya vol-

Jungkook se detuvo de golpe, observando como su cachorro estaba cabizbajo


enfrente de aquella mujer pelinegra, y no dudó en fruncir el ceño y darle un
leve empujón a la fémina para que se aparte.

—¿Qué haces aquí? Lárgate. —Ordenó, mostrándose fastidiado ante la


presencia de la mujer.

—No me hables así, Jungkook —la pelinegra se cruzó de brazos, observando


como Jeon rápidamente desataba la correa de el adolescente y se disponía a
salir de ahí, alejándose de ella—. ¡Eres un completo inútil, Jungkook!
¡Espero que aún lo sepas! —Gritó, antes de que el chico se vaya de ahí junto
con el rubio.

—¿Quién era esa loca? —Preguntó Taehyung, agitado ya que Jungkook


caminaba rápidamente.

—Eso a tí no te interesa. —Fue lo único que dijo el mayor, frunciendo el


ceño sin mirar atrás.

—¡Claro que sí! ¡Me dijo cosas muy raras!

—¡No interesa, está demente!


—Pero Jungkook-

El payaso se detuvo de golpe, girando su rostro para ver al menor con el ceño
fruncido, totalmente fastidiado.

—Es la puta que me parió —explicó con enojo—. La perra que me tuvo
nueve meses en el vientre. Ya, ¿contento?

Y con aquellas palabras, volvió a caminar rápidamente.

Sin siquiera importarle haber dejado a un Taehyung totalmente perplejo ante


aquella información, y sin siquiera importarle el hecho de que dos rubios
observaban como ambos pasaban por ahí, uno de ellos con un yeso en su
brazo.

•••

Taehyung actualmente, se encontraba sentado en la cama de Seokjin,


mientras el mismo estaba en el baño dándose una ducha rápida.

Después de que Jungkook le haya dicho quien era esa loca mujer, habían
caminado en silencio durante todo el camino hacia la casa del peligris.
Ninguno tenía nada para decir, y mucho menos el mayor quien en ese
momento estaba echando humo por las orejas, totalmente furioso.

Y a pesar de que realmente haya estado enojado todo el camino, eso no


impidió que le deje unas vendas a Taehyung para su herida y le dé un beso
antes de irse, despidiéndose de él cuando llegaron a la casa de Jin.

El rubio aún estaba procesando lo que había pasado, mientras acariciaba su


herida por encima de las vendas que tenía en su brazo, pensativo. No podía
creer que realmente aquella mujer era la mamá de Jungkook, quien le había
dado la vida.

¿Qué clase de mujer hablaba así de su propio hijo?

No entendía nada, y en verdad estaba muy confundido. Y a pesar de que


quería preguntarle a Jungkook sobre ese tema, no se había animado porque
no era asunto suyo, además de que el payaso en ese momento parecía que
quería matar al primero que se le cruce en su camino.

—Hey, bonito —escuchó la voz de Seokjin, haciendo que salga de sus


pensamientos. Y de inmediato alzó la mirada, encontrándose con el mayor
vestido con una pijama rosa a pesar de que aún era de día, y su cabello
mojado—. Tienes el cabello muy feo, hay que teñirlo de nuevo —informó, y
sin esperar respuesta, comenzó a buscar lo necesario para teñirlo—. Ya
mismo me encargo de eso.

Taehyung asintió, a pesar de que sabía que no hacía falta que respondiera
algo, de todas formas el peligris no tomaría en cuenta su respuesta.

—Puedes mirar la televisión mientras busco lo necesario, o que sé yo. —Dijo


el mago, demasiado distraído.

—Está bien. —Taehyung buscó el control de la televisión, y una vez que lo


encontró encendió la misma, buscando con desinterés alguna película o algo
que le llamara la atención.

Terminó viendo las noticias por algunos minutos, y se sintió algo dolido al
ver que no pasaban nada sobre él, sobre que estaba desaparecido. Siempre era
lo mismo, siempre que iba con Jin ya que Jungkook debía trabajar, se
ignoraba completamente el hecho de que él estaba desaparecido. ¿Siquiera
sus padres habían hecho algo? ¿Lo estaban buscando?

Frustrado ante la situación, quiso lanzar el control en la cama. Pero terminó


tirándolo al suelo por accidente.

Cubrió su boca con su mano al ver lo que había hecho, y pidió internamente
que no se haya roto nada y que Seokjin ni lo haya escuchado.

Se giró sobre la cama, bajando solo su cabeza para buscar el control, y lo


encontró en perfecto estado debajo de la cama.

Aunque a su lado, algo llamó más su atención. Era un libro pequeño, de


varias páginas pero seguía siendo pequeño.
Curioso, tomó el control y el libro, el cual se encontraba totalmente lleno de
polvo, probablemente olvidado allí.

Quitó la suciedad con su mano, tratando de ver de que trataba aquel libro, y
terminó frunciendo el ceño con aún más curiosidad al leer la parte de atrás.

Era un libro sobre hipnosis, donde se encontraban distintas formas para


hipnotizar a alguien.

Taehyung no supo porque, pero se encontraba totalmente curioso ante ese


libro, con muchísimas ganas de leerlo.

Y tampoco supo porque terminó guardandolo en el bolsillo de su abrigo,


haciéndose el inocente al ver como Jin volvía pocos segundos.

Y sin duda alguna, mucho menos se imaginó que ese mismo libro sería otro
paso que lo guiaría hacia su propia perdición.
25

Taehyung ya había perdido la cuenta de cuantas horas había estado en la casa


rodante de Seokjin. Jungkook tan solo se había levantado aquella mañana y a
los pocos segundos ya lo había mandado hacia donde estaba el peligris –
quien sorprendió al adolescente con un nuevo color de cabello, siendo éste de
color azul–, quien tampoco se quejó demasiado por su visita.

Las semanas habían pasado demasiado rápido ante el punto de vista del rubio,
y el mismo había aprovechado todo ese tiempo para leer sin parar el libro que
había robado. Siempre que tenía oportunidad se ponía a leer a escondidas,
cuando Jungkook no estaba o el mismo dormía una siesta a su lado,
demasiado cansado como para vigilarlo. Y Taehyung realmente había
aprendido mucho, quizá demasiado.

En el libro, se encontraban los métodos más antiguos para hipnotizar a


alguien, los desconocidos y los más comunes, era simplemente una
sobredosis de información que había atrapado por completo al chico. No
sabía porque, pero simplemente le parecía sumamente interesante todo lo que
se encontraba en el libro, a pesar de que no lo encontraba como algo útil ya
que no le ayudaría en nada ante la situación que estaba viviendo.

Además de andar leyendo como un loco cada cinco segundos, los días que
habían pasado fueron de ayuda para que Jungkook le tenga más confianza. El
adolescente no necesitaba hacer nada, simplemente estar a su lado y dejarse
besar por él. No era la gran cosa, pero simplemente con eso fue capaz de
sacarle información a Jungkook sobre algunas cosas, incluso logró saber
porque la madre de Jeon trataba de esa manera a su hijo.

Según Jungkook, su madre lo odiaba porque ella jamás quiso tener hijos. Él
fue un accidente que tuvo con Seung, y simplemente lo tuvo por petición del
hombre.
Ella nunca había sido cariñosa con él, mucho menos con su hermano mayor –
quien no era su hijo, porque la mamá de Yoongi había fallecido antes de que
él naciera–. Yang Mi aborrecía todo lo relacionado con los menores, y les
decía de todo cuando Seung no estaba con ellos.

Y todo empeoró cuando Jungkook cumplió cuatro años, porque su papá se


aburrió de la mujer y la dejó en el olvido, haciendo que la misma se desquite
con sus hijos.

Jungkook puede jurar que recuerda perfectamente como él siendo tan solo un
niño de cuatro años, estaba intentando jugar –ya que al ser pequeño no
entendía muy bien el juego– con Yoongi a piedra, papel o tijera. Y en ese
mismo instante de tranquilidad llegó su "madre", gritando que por culpa suya
ella había perdido su figura y por eso mismo su padre ya no la deseaba. Y
acto seguido intentó golpearlo.

Yoongi no había permitido eso, y a pesar de ser un niño igualmente, intentó


defender a su hermano. Siendo él quien recibía los golpes.

Y Seung, después de enterarse de lo que había sucedido, cortó todo tipo de


conexión entre Yang Mi y él, sin permitirle ver a sus hijos.

—Taehyung, ¿Me estás escuchando? —el mencionado salió de sus


pensamientos al escuchar la voz del peliazul a su lado, alzando la mirada—.
Veo que no.

—Disculpa, estaba recordando algo. —Explicó con simpleza.

Seokjin asintió levemente, comprendiendo. Y solo se limitó a acomodar un


poco su vestimenta de mago frente al espejo. Pronto debía salir a su trabajo y
dejar a Taehyung en la casa de Jungkook.

—Te estaba preguntando que si por casualidad habías visto un libro por aquí.
Es pequeño y tiene una tapa de color azul, no lo encuentro por ningún lado y
por casualidades de la vida desapareció justo el día en el que viniste conmigo
—empezó a decir, y no pudo evitar sonreír con cierta diversión al ver como el
chico se ponía perplejo casi al instante, viéndolo a través del reflejo del
espejo—. Eso pensé.
—Yo... Lo siento en verdad —inmediatamente se disculpó, sintiéndose algo
avergonzado y a la vez alterado—. Me dió curiosidad y lo tomé, lo siento. Te
lo devolveré en cuanto pueda.

Jin dejó salir una pequeña risa, negando con la cabeza.

—No es necesario, ya no lo uso. Pero la próxima vez pide permiso antes de


tomar mis cosas. —Soltó sin tomarle demasiada importancia.

Taehyung lo miró con curiosidad. Las veces que había ido a la casa de
Seokjin, el mismo siempre platicaba con él, haciendo que se volvieran algo
así como amigos, y en ningún momento el peliazul había mencionado que
sabía hipnotizar.

—¿Alguna vez dió resultado? —cuestionó el rubio, sintiéndose


repentinamente algo entusiasmado—. ¿Lograste hipnotizar a alguien?

—Claro que logré hacerlo, no es tan difícil si te concentras —el mayor le


restó importancia—. Lo hacía en algunos espectáculos antes, pero con el
pasar del tiempo al público y a mí nos aburrió aquella rutina.

El rubio asintió, mientras observaba fijamente al hombre. Y al mismo tiempo


comenzó a perderse en su mundo nuevamente, recordando alguno de los
métodos que había aprendido para manipular a alguien.

No sabía si funcionaban, porque no tenía con quien practicar, y ante las


palabras de Seokjin solo pudo sentirse algo molesto porque él en verdad
quería ver si funcionaba. Quería ser él quien lograra tener el control total
sobre otra persona, ver como reaccionaba, y demás.

Y quizá pensó demasiado en eso, porque no terminó de procesar las palabras


que salieron de su boca segundos después.

—¿Puedo practicar contigo? —Cuestionó de la nada. Ganándose una mirada


confusa por parte de Seokjin.

—¿Perdón? —El mayor alzó una ceja.

Taehyung sonrió levemente, acomodandose mejor en la cama del peliazul


antes de cruzarse de brazos.

—Que me dejes practicar contigo. He estado leyendo el libro durante las


últimas cuatro semanas, y siempre vuelvo a leerlo cuando no recuerdo algo.
Pero no tengo con quien poner en práctica lo que sé.

—Ah, y tú piensas que yo soy un estúpido que se dejará hipnotizar por un


rehén que de seguro se escapa y luego toda la furia de Namjoon y Jungkook
caerá sobre él. Mira tú. —El mayor inmediatamente se negó, ignorando a
Taehyung y acomodando otra parte de su traje.

—Seokjin —se quejó el menor en forma de berrinche—, no puedo escapar si


todos están ahí afuera. Sé que estamos prácticamente solos porque la mayoría
está en el circo pero también hay gente vigilando el lugar.

—He dicho no, niño. No insistas.

—Por favor.

—Ni en tus sueños.

—Te lo suplico.

—Suplica en tus sueños igualmente.

—Te daré algo a cambio. —Siguió insistiendo, acercándose hacia el mayor.

—No hay nada que me interese obtener de tí. —El de cabello azul suspiró,
levemente cansado.

—¿Ni siquiera si te digo qué te permitiré hacerme un cambio de look? Sé que


te gusta eso, te dejaré hacerme lo que quieras. —Ofreció Taehyung,
sonriendo con ciertas esperanzas.

Y supo que acertó con su propuesta cuando la expresión de Jin cambió por
completo y una sonrisa se hizo presente en sus labios, dejando a la vista sus
dientes.

Taehyung sabía la obsesión que tenía Seokjin por arreglarlo, siempre que iba
a su casa volvía con Jungkook con un peinado distinto y distinta ropa, aunque
siempre se negaba a usar ciertas cosas. Por lo que ésta era una gran
oportunidad para el mayor.

—Vestido y peinado nuevo. —Dijo inmediatamente Seokjin, volteando a ver


al chico. Esperando una respuesta ante lo que había dicho, y si se negaba, sin
duda alguna seguiría en lo suyo y se iría al circo ya que debía trabajar en
algunas horas.

El rubio hizo una pequeña mueca de disgusto, pero aún así suspiró y asintió
levemente. Resignado.

—Hecho.

•••

Taehyung en serio se estaba arrepintiendo de dejar a Seokjin jugar con él de


aquella manera. Se sentía como un muñeco al cual una niña emocionada y
chillona peinaba y arreglaba cada cinco segundos.

Llevaba probandose alrededor de seis vestidos, los cuales eran todos iguales
para él. Pero para Seokjin tenían cosas que los diferenciaban por completo.

También había sido maquillado, su cabello fue lavado y arreglado, quedando


levemente ondulado gracias a Seokjin –quien aparentemente se había
olvidado que debía ir a trabajar–, e incluso le habían pintado las uñas.

Seokjin parecía estar tan emocionado con la idea de que se vea perfecto, que
incluso lo obligó a ir al baño y depilarse las piernas. Y a pesar de que
Taehyung se quejó como nunca antes, tuvo que obedecer.

Era humillante sin duda alguna, así lo sentía él.

—Parezco una Barbie, maldita sea. —Se quejó el rubio al verse al espejo,
levemente molesto.

—Cállate, estás precioso ternurita mía —el peliazul sonrió sumamente


satisfecho—. Con esto, Jungkook estará a tus pies, créeme.
Taehyung frunció el ceño, sintiéndose avergonzado de repente.

—A mí no me interesa que ese payaso estúpido quede a mis pies, Jin. —


Soltó, negando con la cabeza.

El peliazul sonrió en grande, riéndose del muchacho, quien lo miró con cierto
enojo.

Realmente no se imaginaba que esa risa era para disfrazar el malestar que
sintió Seokjin en su pecho ante la conversación.

—Jungkook de todos modos está aún más enfermo por tí. —Dijo el mago,
alejándose un poco de Taehyung para observar detalladamente su apariencia
una vez más.

Taehyung vestía un vestido negro, algo corto, de mangas largas. Su cabello


rubio se encontraba ondulado, y tenía un poquito de maquillaje en su rostro,
siendo a penas un poco de labial rosado que no se notaba demasiado y otras
cosas sin importancia. Además de eso, las uñas de ambas manos estaban
pintadas de negro, exceptuando en el dedo anular, ya que ahí Seokjin había
pintado de blanco. Y seguía utilizando las mismos zapatos negros que había
llevado porque Jin no pudo encontrar nada que combinara con el atuendo más
que eso.

Para Taehyung, se veía patético. Y para Seokjin, era el ser más bonito que
había visto, sin duda alguna estaba orgulloso de lo que había creado.

—Bien, ya te divertiste. Ahora es mi turno. —El rubio volteó hacia el mayor,


cruzándose de brazos.

Seokjin alzó ambas manos al ver la mirada amenazante del chico, y asintió
con calma, sentándose en la cama y quedando así Taehyung enfrente de él.

—Solo te recuerdo que si intentas escapar, te perseguirá todo el circo. —Fue


lo único que dijo el peliazul, cruzándose de brazos.

—Ya te dije que no intentaré escapar, por Dios —Taehyung suspiró, siendo
honesto—. Ahora quédate quiero y observa mi dedo índice. —Ordenó,
alzando su mano derecha y mostrando dicho dedo, ganándose la mirada de
Seokjin.

Movió a penas su mano, y a los pocos segundos el peliazul lo sostuvo del


brazo.

—Lo estás haciendo mal. Es más despacio. —Explicó el mago, regañando


con la mirada al chico.

—Sí, sí. Lo siento. —Taehyung rodó los ojos, soltandose del agarre y
obedeciendo.

Por lo que había leído, una de las formas desconocidas o más difíciles para
hipnotizar a alguien, era obligándolo a ver tu dedo índice y moverlo
levemente, despacio, mientras le hablabas a la persona con calma, siendo
suave. No funcionaba la mayoría de las veces, pero Taehyung no tenía otro
tipo de material con el cual practicar en ese momento, y esa era la técnica que
más recordaba.

Después de estar unos cuantos minutos con Seokjin siguiendo su dedo con la
mirada, comenzó a hablar, siendo suave, logrando calmar de alguna manera
al mayor y haciendo que el mismo se pierda levemente por un momento, tan
solo concentrándose en su voz mientras seguía observando al mismo lugar.

Y Taehyung no supo en que momento fue en el que chasqueó sus dedos, y el


mayor quedó mirando a un punto fijo.

—¿Seokjin? —Taehyung movió su mano enfrente del rostro del hombre,


fijándose si mostraba algún tipo de reacción. Pero no fue así, el peliazul
seguía mirando fijamente hacia el frente.

Emocionado, el rubio retuvo un pequeño grito, lo había logrado en su primer


intento. No podía creerlo.

Y sin duda alguna se aprovecharía de la situación al máximo.

Sentándose a un lado de el peliazul, comenzó a hacerle preguntas, hablando


con el mismo tono suave de antes. Le preguntó si tenía familia fuera del
circo, a lo que Jin contestó que tenía una madre y una hermana pequeña.
También preguntó que como había llegado al circo, y la respuesta del peliazul
fue que llegó en una patrulla, lo cual llamó la atención del menor.

—¿Qué hacías en la patrulla? —Cuestionó.

—Era policía... —Contestó bajito el mayor, observando la pared.

—¿Por qué te agarraron los del circo?

—Yo... No recuerdo...

Taehyung apretó los labios, sin sentirse satisfecho ante aquella respuesta.

—¿Qué fue lo último que viste antes de llegar al circo?

—Un chico corriendo en la carretera, y un tipo con una pistola detrás de él.

—¿Qué sucedió después de eso?

—Mataron al chico, y me vieron...

—Oh... —el rubio relamió sus labios, entendiendo la situación—. ¿A qué le


tienes miedo?

—A Namjoon.

Taehyung se encontraba sorprendido ante las respuestas del hombre. ¿Por qué
le tendría miedo a quién supuestamente es su pareja?

—¿Por qué le tienes miedo a Namjoon?

—Él... Marcas, dejó muchas marcas —soltó el peliazul—. Me hizo daño.

—¿Y por qué estás con él si te hace daño?

—Yo... Tengo miedo...

El rubio se mantuvo en silencio, procesando la información y pensando en la


situación de Seokjin. Había pasado por lo mismo que él, y a pesar de ser
considerado un enfermo al igual que el resto a estás alturas, seguía teniendo
miedo.

Aparentemente jamás podría llegar a superar algo como eso. Si Seokjin,


quien era un asesino sin piedad, no pudo hacerlo. Mucho menos él, que era
demasiado sensible y llorón.

Estaba perdido, sin duda alguna.

Salió de sus pensamientos al escuchar un golpe brusco contra la puerta de la


casa rodante, lo cual logró que diera un pequeño salto en su lugar.

¿Qué diablos sucedía ahora?

Otro golpe fue dado, seguido de otro, y así sucesivamente. Taehyung estaba
comenzando a asustarse, y de inmediato se acercó a el mayor, tratando de
sacarlo de su trance, pero no había ningún tipo de resultado.

Chasqueó sus dedos repetidas veces, alterado. Pero no pudo lograr que
Seokjin volviera en sí, mucho menos podía hablar con tranquilidad siendo
que estaba asustado.

Cinco golpes más, y la puerta cayó abajo.

Para Taehyung todo fue tan rápido, tan confuso. De un momento a otro tenía
a dos chicos de cabellera rubia sosteniendolo por los brazos, sujetandolo con
fuerza y arrastrandolo por el piso ya que él ponía resistencia. Estaba tan
asustado, y solo podía gritar por ayuda, pidiéndole a Seokjin que le ayude a
pesar de que el mismo no podía siquiera reaccionar.

No sabía quien era el sujeto que lo sostenía por la derecha, quien traía en
yeso en su brazo. Pero sí podía reconocer fácilmente a quien tenía a su
izquierda.

Park Jimin había vuelto, mucho más violento de lo que lo recordaba y


acompañado.

Taehyung estaba entrando en pánico, no había nadie a su alrededor. Todos


estaban en el circo en ese momento, y quienes no se encontraban ahí estaban
descansando en sus casas rodantes, durmiendo sin siquiera prestarle atención
al exterior.

Aunque dudaba que alguien quisiera ayudarlo.

Lo único que podía hacer era gritar y removerse, siendo arrastrado por la
calle de tierra hacia quien sabe dónde, no sabía que diablos harían con él,
pero estaba desesperado.

Jungkook, necesitaba a Jungkook. Quería que Jungkook apareciera.

Insultando como nunca antes a ambos chicos, trató de zafarse del agarre de
ambos. Pero le era imposible siendo que ellos eran mucho más fuertes que un
adolescente que ni siquiera se alimentaba como correspondía.

Taehyung vió como intentaban llevarlo hacia una de las casas, y el pánico
aumentó aún más al recordar las palabras de Jimin el primer día que llegó al
circo. Cuando insinuó algo de que les gustaba tener privacidad en las casas
rodantes para hacer ciertas cosas, cosas en las cuales él no quería ser incluído.

Y antes de ser metido a la fuerza en el lugar, logró observar a un infante, algo


cerca de donde estaba él.

El hermanito de Jungkook, Woozi, había presenciado todo. Y sus ojos se


habían encontrado con los de Taehyung antes de que la puerta de la casa
rodante fuera cerrada con brusquedad, encerrando al rubio.

Fue arrojado al piso, sin ningún tipo de delicadeza, y al caer de espaldas, no


solo sintió como se le subió el vestido, sino también como Jimin se subía a su
espalda y agarraba rápidamente sus brazos, guiandolos hacia atrás y
amarrandolo con fuerza.

—¡Quítate! ¡Déjame, maldito enfermo! —Gritó Taehyung con enojo,


removiendose y tratando de librarse de aquellas sogas que mantenían unidas
sus muñecas.

—Shhh, cariño. Quédate quieto. —Susurró Jimin contra su oído, sonriendo


antes de darse la vuelta y amarrar los pies del adolescente, haciéndole casi
imposible mover sus extremidades.

Taehyung gritó de frustración y volvió a moverse, luchando por liberarse.


Pero era inútil, y solo estaba logrando lastimarse con las sogas.

Jimin salió de encima suyo, e inmediatamente volteó, quedando boca arriba y


sentándose con fastidio. Mirando con total odio a ambos hombres.

—Listo, ya lo amarre para que no sigas llorando por un payasito de mierda.


—Soltó Jimin, mirando a Dongyul con cierta burla y haciendo que el mismo
lo mire con enojo, aunque no dijo nada y solo se mantuvo serio.

Pocos segundos después, Jimin se alejó, dejándole espacio al otro rubio para
que se quede enfrente del adolescente.

—Vaya, pero mira nomás como nos encontramos al mocosito de Jeon.


Vestido perfecto para la ocasión —se burló—. Sin duda alguna es adorable
verte así, seguro ya sabías con quien te encontrarías hoy, con alguien
sumamente importante. —Soltó, refiriéndose a sí mismo, y a la vez
ignorando como Jimin rodó los ojos ante sus palabras.

—Ni siquiera sé quién eres, así que dudo que seas importante. —Taehyung
frunció el ceño, confundido ante la actitud de aquel hombre que ni siquiera
conocía.

Dongyul abrió su boca, ofendido al saber que efectivamente el adolescente no


sabía ni quien era, y terminó enojandose cuando escuchó la risa de su mejor
amigo a sus espaldas.

—¿No sabes quién soy, pedazo de inútil? ¡Soy Kim Dongyul, el mejor
trapecista en todo este basurero! —soltó con brusquedad—. Mis espectáculos
son los mejores, incluso más entretenidos que los de tu estúpido e infeliz
dueño.

Taehyung dejó salir una risa sarcástica, reemplazando el miedo que sentía
anteriormente por puro desprecio. El hombre que tenía enfrente suyo le
parecía patético, no le generaba pánico como hace unos cuantos minutos.
—Lo dudo. Mientras que Jungkook está allá ganándose el grito de miles de
enfermos, tú estás tratando de verte importante ante un chico que ni siquiera
sabía de tu existencia hasta ahora. —Taehyung alzó una ceja, burlándose
descaradamente.

Dongyul frunció el ceño, furioso. Y Jimin, quien se estaba riendo bajito, solo
se cruzó de brazos, sin meterse en la situación.

—¿Pues sabes qué? Mientras tu payasito está recibiendo miles de aplausos,


yo estaré follandome a su niñito.

Taehyung abrió mucho sus ojos, antes de intentar retroceder cuando el rubio
se acercó con velocidad hacia él, agarrandolo por los tobillos y arrastrandolo
de tal forma que quedó nuevamente acostado a la fuerza, golpeándose la
cabeza en el proceso. Y terminó gritando cuando sintió como la mano del
hombre se metía por debajo de su vestido, intentando quitarle la ropa interior.

—¡SUELTAME! —exigió Taehyung, alterado—. ¡SUELTAME AHORA


MISMO!

—Cállate. Si quieres reclamarle a alguien, reclamale a Jungkook por meterse


con quien no debía. —Fue lo único que dijo Dongyul, subiéndose sobre
Taehyung y a la vez ordenándole a Jimin que lo sostenga por los pies.

Como pudo –ya que con el yeso era algo difícil– el rubio rompió la ropa
interior del menor, para después tirarla a otro lado. Y Taehyung
inmediatamente comenzó a gritarle aún más, sintiendo sus ojos cristalizarse
debido al pánico.

—¡Jungkook te matará cuando se entere! —siguió gritando el menor,


sintiendo como las manos ajenas recorrían su cuerpo, sintiéndose sumamente
asqueado—. ¡Le contaré todo y acabará contigo, maldito infeliz asqueroso!

—¿Y quién dijo qué yo te dejaré con vida? Niño patético. —Dongyul dejó
salir una risa, antes de tocar el miembro de Taehyung por sobre el vestido.

Y el menor, asustandose y enojandose, terminó frunciendo el ceño antes de


recordar lo que se debía hacer en una situación como ésta.
Se orinó encima, haciendo que Dongyul de inmediato aparte la mano,
asqueado.

—¡Agh, mocoso estúpido! —Se puso de pie, moviendo su mano e intentando


quitarse el líquido de encima, frunciendo el ceño con enojo.

Y la rabia aumentó cuando Jimin comenzó a reírse a carcajadas, burlándose


de su amigo mientras observaba la escena.

—¡¿Qué diablos te pasa, imbécil?! —Cuestionó enfurecido, dándole un


empujón a Jimin y haciendo que el mismo deje de reír para levantarse de
inmediato, soltando a Taehyung.

—Pasa que eres un inútil. ¿Cómo no te diste cuenta qué haría eso? Debías
voltearlo. Éste bomboncito es muy difícil de domar, deberías pensar un poco
más antes de hacer otra cosa. —El chico sonrió con burla, cruzándose de
brazos.

—Habló el infeliz al que le vomitaron encima por un descuido. —Atacó


Dongyul.

Jimin frunció el ceño, y segundos después Taehyung comenzó a escuchar


gritos. Ambos amigos comenzaron a pelear entre sí, alejándose del
adolescente ya que empezaron a empujarse o intentar golpearse
constantemente.

Él no les prestó atención, estaba más concentrado en llorar en silencio


mientras se sentaba y retrocedía, alejándose de ellos y apoyándose en la pared
mientras guiaba ambas piernas hacia sí.

Dongyul y Jimin se fueron a discutir a otra habitación, y él se quedó solo,


sintiendo una presión en el pecho y a la vez sintiendo como le costaba
respirar debido al pánico. Eso había sido demasiado para él, odiaba que lo
tocaran desde pequeño, y ahora el odio se había multiplicado por la forma tan
asquerosa en la que Dongyul había tocado su cuerpo. Era simplemente,
repugnante.

Los gritos aún seguían escuchandose, y lo único que pudo hacer Taehyung
fue quedarse callado e intentar liberarse de aquellas sogas. Pero parecía
imposible.

Y con el pasar de los minutos, comenzaba a pensar que quizá debería


rendirse. No tenía a nadie cerca suyo que lo ayudara, tampoco podía
liberarse, y lo más probable es que lo encuentren rápidamente si logra
escapar.

Estaba asustado, no sabía que hacer.

—Hey, señor, le estoy hablando desde hace diez minutos. —Escuchó de


repente una voz al lado suyo, haciendo que dé un salto en su lugar,
alterandose.

Sumamente confundido, alzó la mirada. Encontrándose con Woozi, el mismo


había abierto la puerta y él ni siquiera se había enterado.

—¿Qué diablos haces aquí? —preguntó Taehyung, alterado, intentando


susurrar—. ¿Dónde está Jungkook?

—Koo está trabajando, fuí a su casa para buscar su navaja y ayudarlo. —


Explicó con simpleza el infante, acercándose hacia Taehyung y cortando con
facilidad las sogas que mantenían inmóviles sus brazos. Y acto seguido hizo
lo mismo con las sogas que tenía en los pies.

Taehyung se levantó de inmediato, y aprovechando que los otros dos estaban


demasiado ocupados discutiendo entre sí, tomó al niño en brazos y salió
rápidamente, cerrando la puerta y comenzando a correr rápidamente hacia
quien sabe dónde. Solo quería alejarse, buscar a Jungkook y sentirse seguro.

Él realmente sentía la necesidad de encontrar a Jungkook.

—Dime donde está tu hermano, por favor. —Le pidió al menor, quien se
mantenía con el ceño levemente fruncido al ser cargado por el adolescente.

—Primero bajeme, no soy un bebé. —Ordenó el niño, con total seriedad.

Taehyung asintió, sin quejarse. Y bajó al infante, dejándolo en el piso.


—Koo está dando un espectáculo por aquí cerca, venga conmigo. —Explicó
Woozi, antes de tomar la mano del mayor y comenzar a guiarlo, caminando a
un lado de las casas rodantes.

El rubio solo obedeció, siguiendo al niño pelinegro mientras que al mismo


tiempo intentaba calmarse por lo que había sucedido recientemente.

Tanto Jimin como el tal Dongyul habían ignorado por completo el hecho de
que él era "propiedad" –obviamente no lo era, pero para Jungkook y los
demás sí– del payaso más loco del circo. Todos los trabajadores del circo ni
siquiera se habían atrevido a tocarlo al saber que Jungkook estaba con él, y
que esos dos tipos lo hayan agarrado a la fuerza de aquella manera solo le
daba a entender que no les importaba en absoluto las consecuencias.

Y tranquilamente podrían volver a buscarlo.

Dejó salir unas cuantas lágrimas, mientras sentía como su cuerpo temblaba
levemente.

Ya no soportaba más, había tenido suficiente con Jungkook y su constante


maltrato –a pesar de que las últimas semanas no le había hecho nada– como
para soportar a dos tipos más detrás de él. Taehyung estaba harto, y no estaba
dispuesto a dejarse humillar una vez más por un tipo que ni siquiera conocía,
mucho menos a dejarse tocar por el mismo. En verdad sería demasiado para
él, ya no quería seguir.

Él intentaría irse de ese circo, ya no le interesaba el hecho de que podría


morir si cometía un error. Le daba igual, porque ya había sufrido bastante.

Encontraría alguna manera para manipular a Jungkook de tal forma que lo


deje irse.

—Llegamos. —Anunció Woozi, observando tranquilamente la escena que


tenía enfrente suyo.

Y Taehyung, después de parpadear un par de veces, terminó quedándose con


la misma mirada sin brillo que tenía cada vez que veía un nuevo asesinato.
Quedándose totalmente quieto mientras observaba en silencio, y su mente se
iba jodiendo un poco más.

Estaban en la carpa del circo, detrás del escenario. Se podía ver todos los
asientos, y también al hombre que en ese momento se encontraba haciendo su
espectáculo.

Jungkook estaba ahí, riéndose, totalmente lleno de sangre, en medio de un


círculo de cadáveres mientras que tenía a un chico entre sus brazos, jalandole
la piel del rostro que había sido cortada.

El chico estaba muerto, su rostro estaba maquillado de tal forma que parecía
un payaso más del circo, y la piel del mismo estaba siendo retirada por
Jungkook con un pequeño cuchillo.

Taehyung tragó saliva, antes de observar como Jungkook terminaba de


quitarle la piel al cadáver, y pocos segundos después la colocaba sobre su
propio rostro. Simulando así la máscara de un payaso. Y a la vez, ganándose
el aplauso de casi todos los presentes.

El rubio no supo porque, pero por primera vez en mucho tiempo volvió a
apartar la mirada ante una escena así de sangrienta, y terminó yéndose de ahí.
Pidiéndole al hermanito de Jungkook que lo llevara hasta la casa de el
mismo.

Mucho menos supo porque sintió algo de decepción al saber que el hombre
que había estado siendo más agradable y cariñoso con él, no había cambiado
en absoluto.

Jamás cambiaría, y él debía entender eso.

•••

Silencio, había puro silencio en la casa rodante desde que había llegado ahí.

Después de ir hacia donde estaba Seokjin y sacarlo finalmente de su trance, le


explicó lo que había sucedido. Y ni siquiera le permitió decir algo cuando ya
se había marchado nuevamente, no estaba de humor para hablar con nadie en
ese momento. Se sentía tan sucio, y tan enfermo.
Sucio, por como lo habían tocado. Y enfermo, porque se dió cuenta de que
por un momento había tenido esperanzas de que Jungkook cambiara.

No quería que cambiara para que ellos tuvieran algún tipo de relación, por
supuesto que no. Sino que había pensado en eso gracias a que Jungkook ya
no había vuelto a hacerle daño, e incluso le hablaba más sobre su pasado,
parecía tenerle confianza. No era el mismo Jungkook que él había conocido
ante su punto de vista.

En verdad se sentía estúpido.

Se dirigió hacia el baño de la casa rodante, cerrando la puerta con rapidez


antes de meterse bajo la ducha y comenzar a sacarse el vestido con velocidad,
casi con frustración. Se sentía tan asqueroso, y odiaba por completo la
sensación.

Una vez desnudo, encendió la ducha y empezó a limpiar su cuerpo con la


misma frustración y enojo que antes, pasando una pequeña esponja por sus
brazos, su pecho, sus piernas, logrando así irritar un poco su piel. Pero no le
interesaba, no cuando aún se seguía sintiendo de la misma manera.

Lloró durante todo el tiempo en el que estuvo bañandose.

Solo salió del baño cuando se sintió mínimamente más limpio que antes. Su
piel quedó sensible, de un leve tono rosado, pero a él no le había importado.

Buscando entre las cosas de Jungkook, se puso unos bóxers negros y una
camisa grande de color azul, la cual había estado utilizando Jungkook en la
mañana. Sentía el perfume del payaso en ella, y como eso lo tranquilizaba por
alguna extraña razón, decidió usarla.

Luego de eso lo único que hizo fue subirse a la cama y cubrirse con las
sábanas hasta la cabeza, sintiendo su cuerpo temblar aún. En verdad estaba
demasiado alterado, quería dormirse, necesitaba calmarse. Odiaba sentirse
así.

Y como si sus pensamientos hubieran sido escuchados, la puerta de la casa


rodante se abrió. Y Taehyung, a pesar de asustarse al principio, solo se
mantuvo en silencio, quieto, mientras respiraba de forma algo pesada.

La estaba pasando mal. Lo que estaba sintiendo era incluso peor que lo que
sentía después de ser torturado por Jungkook.

Y antes de que pudiera comenzar a llorar una vez más, sintió un peso sobre la
cama, y segundos después, unos brazos rodeando su cuerpo, con un poquito
de fuerza.

—Hola, amor —y finalmente, escuchó la voz de Jungkook—. ¿Me


extrañaste? ¿Hace cuánto estás aquí solo?

Taehyung no dijo nada, solo mordió su labio, sintiendo como sus ojos se
cristalizaban.

—¿Bebé? ¿Me estás escuchando? —siguió hablando Jeon, intentando quitar


la sábana que cubría el rostro del menor—. Taehyung, despierta. En unas
horas debo volver al circo y quería almorzar contigo, mocoso.

Y ante aquellas palabras, Taehyung se quebró por completo. Soltando un


sollozo mientras que intentaba librarse del agarre de Jungkook.

El pelinegro frunció el ceño con notable confusión ante la reacción del


menor, y de inmediato trató de preguntarle que le sucedía.

Pero no fue necesario, porque Taehyung volteó, dejando a la vista su rostro,


sus ojos hinchados debido al llanto y sus labios levemente rojos debido a todo
lo que los había estado mordiendo. Se notaba totalmente destruido.

—J-Jungkook... —Balbuceó Taehyung, antes de sentarse en la cama y


prácticamente lanzarse sobre Jungkook, abriendo sus piernas y aprisionando
al payaso entre éstas, mientras que con sus brazos se sostenía del cuello
ajeno, ocultando su rostro en el mismo.

Jungkook no entendía nada, pero aún así correspondió el abrazo del chico que
se encontraba sobre su regazo.

—N-no me sueltes, por favor... —Pidió el adolescente, cerrando sus ojos con
fuerza.
Sabía que estaba siendo patético, sabía que eso no era parte del plan. ¿Pero
cómo podría centrarse en lo qué debía hacer después de todo lo que había
vivido? Taehyung necesitaba consuelo, sentirse mínimamente querido a pesar
de que ese sentimiento que tenía Jungkook hacia él ni siquiera se acercaba a
ser algo sano. Él necesitaba recuperarse aunque sea un poco antes de hacer lo
que tenía planeado, porque sino sería totalmente inútil.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? —preguntó Jungkook, frunciendo el ceño


mientras acariciaba la espalda del menor—. Estás temblando, maldita sea.
Dime que te sucede.

—No... —negó con la cabeza—. No hables, solo no me sueltes. —Pidió,


negándose rotundamente a hablar sobre el tema.

—Pero tú-

Fue interrumpido por un pequeño beso por parte del chico, quien lo miró de
forma suplicante.

Jungkook realmente no entendía absolutamente nada de lo que estaba


sucediendo, pero no se podía negar a la petición del menor si recibía
pequeños besos por parte del mismo. Taehyung casi nunca iniciaba un beso,
por lo que Jungkook se estaba aprovechando de la situación.

—Está bien, está bien —accedió, aunque no estaba para nada tranquilo—.
Pero dame otro beso, ¿quieres?

Taehyung no se quejó, solo asintió antes de dejar un casto beso en los labios
ajenos. Y no le importó recibir un pequeño gruñido por parte de Jungkook ya
que el beso no había sido como él esperaba.

Se mantuvieron en silencio. Jungkook acariciando la espalda del chico y sus


muslos mientras que Taehyung trataba de calmarse y a la vez respirar
profundamente para después exhalar.

Y una vez que se sintió mejor, solo pudo acomodarse en los brazos de
Jungkook mientras apoyaba su mejilla derecha sobre el hombro del pelinegro,
quedando así sus labios rozando el cuello del mismo.

—¿Estás mejor? —Cuestionó Jungkook, moviendo a penas su rostro e


intentando ver a Taehyung.

—Sí...

—Me alegro. Aunque ni creas que no hablaremos de ésto en la noche, tú me


dirás lo que pasó o dejo de llamarme Jeon Jungkook. —Sentenció Jungkook,
con seriedad.

—Está bien. —Taehyung accedió, sin tomarle importancia.

Ni siquiera sabía si seguiría con Jungkook para cuando llegue la noche.

—Iré a preparar algo para comer, amor. Así que levántate, por favor. —Pidió
Jungkook, palmeando los muslos del menor.

Y aparentemente no se dió cuenta de lo sobresaltado que se vió el chico ante


aquella acción.

—Yo te ayudo. —Soltó de la nada Taehyung, casi asustando a Jungkook


gracias a que por poco gritaba aquello.

El pelinegro lo miró extrañado. ¿Desde cuándo su mocoso quería ayudarlo a


cocinar?

Tocó la frente del mismo para asegurarse de que no tenía fiebre, por las
dudas. Quizá se sentía mal y por eso andaba tan chillón y extraño.

—Puedo hacerlo solo, pero aprecio la intención, bonito. —El payaso negó
con la cabeza, tratando de sacarse al menor de encima.

Sin embargo, Taehyung no se lo permitió.

—Por favor, estoy aburrido. Y siempre comemos lo mismo, déjame ayudarte.


—Insistió el rubio.

—Oh, te aburres después de llorarte la vida entera en mi hombro. Veo que


superas muy rápido las cosas. —Jungkook alzó una ceja.

—No es eso... —el menor negó—. Solo déjame hacerlo, ¿por favor? —
Intentó una vez más.

Y al ver como el mayor dudaba, solo pudo recurrir al plan B. Acercándose


hacia el payaso de forma peligrosa y volviendo a poner sus brazos alrededor
del cuello del mismo, mirándolo suplicante una vez más.

—Por favor, Jungkookie...

Si Jungkook era débil ante su mocoso anteriormente, terminó totalmente en


sus manos al escuchar aquel apodo. Sonrió como un estúpido, antes de asentir
finalmente y tomar una vez más los labios del rubio, mordiendolos de vez en
cuando.

Y Taehyung sonrió en medio del beso. Porque su plan se había facilitado con
algo tan simple como lo era ayudar a Jungkook a cocinar.

Ambos se separaron luego de eso, levantándose de la cama para después ir a


la cocina.

Habían decidido hacer pasta, y Taehyung se había encargado de dividir las


tareas para ambos. Él haría la salsa y Jungkook se encargaría de los fideos.
Querían hacer algo rápido.

Y mientras Taehyung estaba cortando cebolla, observó a Jungkook, quien


estaba mirándolo fijamente.

—Jungkook.

—¿Hm?

—¿Puedes traerme un pantalón? Tengo frío en las piernas. —Pidió,


esperando que la respuesta fuera positiva.

Y tuvo que retener un suspiro de alivio al ver como Jungkook asentía


tranquilamente, yendo hacia la habitación y dejándolo solo.
Taehyung tomó aire, observando el cuchillo que tenía en su mano derecha.

Y ni siquiera dudó al momento de hacer un corte profundo en el dedo índice


de su otra mano, tomando aire entre dientes debido al dolor, pero no se quejó.
Y solo llamó a Jungkook, sonando algo dolido.

—¿Qué pasa? —fue lo primero que dijo Jeon cuando volvió–. ¿Y ahora que
hiciste? Me fuí literalmente dos segundos, mocoso. Y ya casi te quedas sin
dedo. —Soltó cuando vió lo que había sucedido, suspirando.

—Me distraje viendo a Byul, perdón —soltó, a pesar de que Byul ni siquiera
estaba cerca suyo—. ¿Es muy profundo? Me duele... —Mostró su dedo,
mientras que poco a poco iba moviendo sutilmente –según Taehyung– el
mismo, ganándose así la atención de Jungkook.

—¿Cómo se supone qué quieres que vea si aparentemente te agarró


Parkinson a último momento? —Jungkook alzó una ceja, observando como la
sangre bajaba por el dedo del menor—. Deja la mano quieta, joder.

—Es que... Me siento algo mareado... —Habló de forma suave, haciéndose el


tonto.

—¿Mareado? ¿Estás enfermo y no me dices nada, cachorro?

—No estoy enfermo. Será porque no comí ayer a la noche y en la mañana. —


Trató de explicar, aunque obviamente era una mentira. Él se encontraba en
perfecto estado.

Jungkook siguió observando como la sangre seguía bajando, y Taehyung


sonrió levemente ante eso.

Estaba funcionando.

El payaso parecía tener su mirada pérdida por un segundo, y Taehyung


esperó un poco antes de chasquear sus dedos.

La misma reacción que había tenido Seokjin, la tuvo Jungkook.

Su mirada se encontraba hacia el frente, pérdida y casi sin brillo. Y se


encontraba totalmente quieto, como si no tuviera ningún tipo de emoción.

Taehyung mordió su labio, sonriendo con emoción. Aparentemente lo había


logrado, había hipnotizado a Jungkook.

Apagó la cocina, dejando en el olvido la salsa y se puso enfrente de


Jungkook, observando su rostro con detalle.

—Finalmente podré irme de aquí, payaso loco —habló, sonriendo—. Y lo


peor es que tú serás el que me deje ir. Estás tan obsesionado conmigo, que de
seguro quedarás destrozado. Pero eso sería lo justo para ambos considerando
todo lo que me hiciste. —Se cruzó de brazos, orgulloso de sí mismo por
primera vez en mucho tiempo.

Sintió, nuevamente, algo peludo entre sus piernas. Y ni siquiera hizo falta
bajar la mirada para saber que se trataba de Byul. Por lo que Taehyung
sonrió.

—Solo espero que no andes llorando otra vez por la idea tonta que tienes
sobre que tu mascota es la culpable de que se alejen de tí. Eso no tiene
sentido —mordió su labio, pensando un poco antes de acercar su mano llena
de sangre hasta el rostro ajeno—. También, no le harás daño luego de que yo
me vaya. —Aquello fue una órden, y Taehyung esperaba que Jungkook le
hiciera caso luego de que reaccionara.

Taehyung pasó su dedo índice por la mejilla de Jungkook, manchandolo a


penas con sangre.

—Ahora, ve al volante y conduce lejos de aquí, aléjate lo más posible del


circo. —Ordenó el menor firmemente, decidido.

Y a pesar de que para él sonó bastante bien su voz, Jungkook no obedeció.

—Hey, Jungkook. Ve al volante y conduce lejos del circo. —Volvió a


intentar.

Nuevamente no obtuvo respuesta.

—¿Qué pasa? —Se preguntó a sí mismo, tratando de alejarse del cuerpo


ajeno.

Y se esperó de todo, menos que Jungkook lo agarrara por la muñeca de


golpe.

Mucho menos se esperó ser empujado hacia la pared, quedando acorralado a


merced del payaso que lo miraba fijamente a los ojos, sonriendo con
diversión.

—Pasa que no soy tan idiota como para no darme cuenta de lo que estabas
intentando hacer. En especial porque el que le dió el librito que estuviste
leyendo todas las putas noches a Seokjin, fuí yo. Mi amor... —soltó
Jungkook, burlándose—. ¿Te parece suficiente mi explicación?

Taehyung, una vez más, no sabía que hacer. Estaba pálido, impresionado y a
la vez asustado.

Nuevamente, estaba perdido y a merced de Jeon Jungkook.

(◌ू❁)

Holaa, paso a recordarles que si me borran la historia o la cuenta me


pueden encontrar en Sweek con el mismo nombre de usuario, Clown está
publicado ahí igualmente. Aviso por las dudas.

Y de paso les agradezco por todo el apoyo que está recibiendo la historia.
Tanto la cuenta como el fanfic crecieron demasiado y todavía no puedo
creerlo, mil gracias. Se los ama.♡♡♡
26

—¿No dirás nada, mocoso? —cuestionó Jungkook, sujetando con fuerza el


cuerpo del chico contra la pared—. ¿Te quedarás callado después de la
estupidez qué hiciste?

El rubio no supo que decir, estaba totalmente perplejo. Sentía su corazón latir
frenéticamente y el miedo apoderarse por completo de él. Estaba acabado, y
lo sabía.

—Dime algo, amor —siguió hablando el mayor al no recibir respuesta,


ladeando su cabeza—. ¿En serio pensabas qué iba a ser tan estúpido como
para caer tan fácil ante tí? No era muy difícil darse cuenta de que no dormías
en la noche por andar leyendo eso, y no te había dicho nada porque pensé que
no serías tan imbécil como para querer hacer algo con eso —lo miró directo a
los ojos, con burla—. Pero veo que me equivoqué, sí eres tan imbécil como
para hacer eso.

—Yo-

—Cállate —interrumpió inmediatamente Jungkook—. Cierra la boca, y


quédate quieto. Tú me vas a escuchar quieras o no, y no quiero que digas ni
una puta palabra. ¿Entendido? —Soltó de forma amenazante, alzando una
ceja.

Y Taehyung lo único que pudo hacer ante el miedo que estaba sintiendo, fue
asentir, obediente. Ya había arruinado bastante las cosas como para empeorar
la situación al desobedecer.

—Perfecto —Jungkook suspiró, tratando de calmarse un poco antes de


observar una vez más a Taehyung, con la misma intensidad de antes—.
Primero hablemos de tu plan, de tu muy absurdo plan —pasó la punta de su
lengua contra su mejilla interna—. ¿Realmente creías qué sería buena idea
mandarme a llevarte lejos del circo, siendo que ni siquiera sabes donde estás?
Ya no estamos en Busán, Taehyung. Mucho menos en Daegu. Nos movemos
constantemente y no tienes ni la más mínima idea de donde terminarías, tu
plan hubiera sido en vano. Y, además de eso, en cualquier zona a la que
vayamos, no hay policías. Ya sea por sobornos, amenazas, o contratos de
Namjoon con los mismos. Ningún policía tomaría tu denuncia contra
nosotros, y nuestro caso se iría a la mierda porque nadie le prestaría atención
—explicó, casi burlándose de la mirada sorprendida del adolescente—. Oh, y
ni hablar de lo que sería tu vida luego de esto. Simplemente, una miseria.

—¿Qué quieres decir? —Susurró Taehyung, encogiendose en su lugar ante la


mirada penetrante de Jungkook sobre sí.

—¿Que qué quiero decir, cachorro? ¿No te habías puesto a pensar en como te
tratarían tus conocidos después de esto? Imagínate la situación. Vuelves a tu
casa, todo marcado, traumatizado, sensible y llorón. Tienes muchas pesadillas
y hay cosas que no puedes superar. ¿Qué sentiría tu madre? ¿Y tus amigos?
No serías algo más que solo genera lástima y de cierta forma, rechazo. Hay
quienes estarán a tu lado para que lo superes, pero dudo que puedas superar
todo esto en menos de dos años. La gente se cansará de eso, y se irá. Así es
como funciona.

—N-no...

—Sí, amor. Las personas son crueles, piensan solo en sí mismos, y no estarán
detrás de tí para cuando tú estés sufriendo. ¿Dónde están ahora, por ejemplo?
No he visto ni una sola noticia con tu rostro durante todos los meses que
estuviste aquí. Nadie se tomó el tiempo de buscarte, Taehyung. ¿Por qué
querrían lidiar con tus problemas cuando vuelvas, si ni siquiera les interesó
que desaparecieras en primer lugar? —cuestionó—. ¿Realmente quieres
volver a tu casa y qué cada vez que te vean, lo único que sientan es lástima?
Nadie te volverá a ver como la misma persona que eras antes. Porque tú y yo
sabemos que cambiaste, Taehyung. No eres el mismo, y eso también puede
generar rechazo en quienes conocías antes.

—Basta, no sigas... —Taehyung negó con la cabeza, negándose a aferrarse a


aquellas palabras que le estaban haciendo daño.
—¿Y cómo crees qué reaccionaría alguien nuevo en tu vida al ver tus
marcas? ¿Cómo reaccionaría esa persona al saber que tienes que ir
constantemente a terapia por tus problemas? ¿Qué te diría cuando en medio
de la noche te despiertes por una pesadilla, con todo lo que te perturbó?

El rubio mordió su labio al sentir como el mismo temblaba, reteniendo un


sollozo.

—Nada será lo mismo si te vas de mi lado, Taehyung. Absolutamente nada


—Jungkook sonrió—. Pero si te quedas a mi lado, no tendrías que
preocuparte por eso. Porque yo te cuido, yo estoy a tu lado, yo adoro cada
jodida marca que tienes. A mí me encanta todo de tí, y jamás te dejaría de
lado, Taehyung... —Susurró, antes de agrandar su sonrisa, viéndose algo
perversa.

Taehyung sabía, sabía perfectamente que estaba siendo manipulado como


nunca antes por Jungkook. Lo sabía muy bien. Pero eso no quitaba el hecho
de que las palabras del pelinegro le estaban afectando, lo confundían tanto.

—Yo no te puedo prometer que te amaré. Porque no sé lo que es eso, y


probablemente jamás lo sepa —sinceró Jungkook—. Dicen que tipos como
yo no son capaces de amar, y no sé si es así o no porque yo no decidí ser así.
Me crié de esta forma, y expresar o sentir cariño por alguien es bastante
complicado para alguien como yo. No sé lo que se siente amar, y mucho
menos sé cómo actuar si me llego a "enamorar" —apartó la mirada, pensando
—. Pero lo que sí sé, es que estoy obsesionado contigo. Y a veces la obsesión
puede ser algo mucho más poderoso que aquella mierda del amor. Los
sentimientos cambian, el amor se va o llega alguien a reemplazar el lugar de
la persona que amabas. Y la obsesión, en cambio, es algo mucho más
intenso... —apoyó su frente contra la de Taehyung, mirando sus ojos una vez
más—. Mientras las personas se enamoran de alguien más y olvidan a quien
amaban hace unas semanas, yo no puedo dejar de pensar en tí. Yo te necesito,
dependo de tí, y tú igual dependes de mí. Es tóxico, es retorcido, y todo en
éste circo es así. Pero por lo menos puedo asegurarte con eso, que nadie
podría tomar tu lugar jamás.

—Cállate, estás diciendo incoherencias. Detente de una vez. —Exigió el


rubio. No estaba dispuesto a seguir escuchando al mayor.
—Quédate conmigo, cachorro... —siguió hablando Jungkook, en un susurro
—. ¿O es qué en verdad quieres recibir miles de miradas llenas de rechazo?
¿En serio quieres ver como tu futura pareja mira con asco todas tus marcas?
No le parecerá atractivo, amor...

Jungkook hablaba tan suave, de forma tan seductora. Todas sus palabras eran
soltadas de tal forma que podrían meterse en lo más profundo de la mente de
cualquiera, y eso estaba pasando con Taehyung. La manipulación era algo
con lo que Jungkook vivía a diario, por lo que le era sumamente fácil
encontrar las palabras correctas ante situaciones como esta.

Él simplemente sabía lo que tenía que decir para hacer dudar a Taehyung de
tal forma, que finalmente terminaría perdiéndose en sus pensamientos,
pensando si tenía razón o no.

—Déjame. Sueltame, Jungkook. —Pidió inútilmente el rubio, sintiendo


nuevamente las lágrimas bajando por sus mejillas.

Le dolía, a Taehyung realmente le dolía todo lo que había dicho Jungkook.


Comenzaba a pensar que quizá tenía razón, y no quería eso.

—Solo te estoy diciendo la verdad, Taehyung. Por más que te duela, las cosas
son así. Nadie estará a tu lado cuando regreses.

Sus duras palabras se sintieron como un puñal en el corazón para el menor.


No podía soportarlo, ya no quería escucharlo.

Lo empujó lejos de sí, sollozando con notable frustración.

—¡¿Crees qué no lo sé?! —gritó, dolido—. ¡¿En verdad crees qué no sé todo
lo que pasará?! —dió un paso hacia Jungkook, sin miedo—. ¡Ya sé que me
tratarán como un maldito imbécil que solo sabe dar lastima! ¡Sé que solo seré
una carga! Pero estoy tan jodidamente harto de todo lo que sucede, no puedo
soportar un solo segundo más en este lugar. Me da igual si me matas ahora
mismo, porque en serio ya no aguanto. ¿Qué necesidad tienes de decirme
todo esto si al final me terminarás matando por no hacer lo que me pides? —
cuestionó, sin comprender realmente—. Te crees tan temido, valiente y
respetado por todos, pero ni siquiera eres capaz de matarme. ¿Por qué no
puedes hacerlo de una vez y ya? ¡Acaba conmigo y deja de llenarme la
cabeza, joder! —Volvió a empujarlo, sin pensar en sus acciones. Sentía que
había explotado, y ya no podía retener ni una sola palabra.

Jungkook, en cambio, se mantenía totalmente sereno ante las acciones del


menor. Estaba totalmente serio, y no sentía rabia como las veces anteriores.
Se sentía sumamente tranquilo, y ni él mismo sabía que le sucedía, pero
tampoco se quejaba.

Taehyung cubrió su rostro, sollozando y sintiendo como su cuerpo temblaba


gracias a eso. Sus manos se llenaron de lágrimas y sentía un profundo pesar
en su pecho, de tal forma que incluso llegó a sentir que le dolía.

El pelinegro guió una de sus manos hacia el brazo izquierdo del menor,
tomándolo y obligándolo a apartarlo de su rostro.

—Llorando no resuelves nada, amor —suspiró—. Cálmate y deja de hacer un


escándalo.

—¿Cómo diablos quieres que me calme? —Soltó a la defensiva, molesto.

—No lo sé, no soy un psicólogo como para ayudarte con tus problemas.
Simplemente toma aire, cierra la boca y ven aquí. —Ordenó, y ni siquiera
esperó respuesta alguna por parte de Taehyung, solo tomó ambos brazos de el
adolescente y lo guió hacia sí, abrazandolo por la cintura.

El menor obviamente puso resistencia, tratando de librarse de su agarre


mientras lo insultaba por lo bajo. Pero Jungkook no parecía estar dispuesto a
soltarlo, por lo que se resignó y se quedó quieto, aún cubriendo su rostro.

Se mantuvieron en silencio, mientras Taehyung trataba de calmarse, sintiendo


su respiración acelerada al igual que los latidos de su corazón, debido al
llanto su nariz se había tapado y le costaba respirar un poco. Pero poco le
importó, y solo apretó levemente sus ojos con sus manos, en un intento por
librarse de aquellas lágrimas que no dejaban de salir.

Jungkook apoyó su mentón contra el hombro del chico, acariciando la


espalda del mismo mientras Taehyung temblaba entre sus brazos.
Y después de estar pensando por algunos minutos, terminó soltando un
suspiro, alejando levemente al rubio de su cuerpo y quitandole las manos del
rostro, obligándolo a mirarlo.

—Te dejaré hipnotizarme. —Soltó de repente, mirando fijamente los ojos


ajenos.

Taehyung abrió sus ojos en demasía y se alejó por completo de Jungkook,


extrañado.

—¿Q-qué dijiste? —Preguntó, incrédulo. Creía que había sido imaginación


suya, quizá ya se había vuelto loco o algo por el estilo.

—Que te dejaré seguir con tu tonto plan, cachorrito —sonrió con leve burla
ante la mirada que le ofrecía el menor, sumamente confundido—. Si te vas,
me matarán. Y siendo sincero, me da igual considerando el hecho de que
tendré que soportar otra pérdida. Me da lo mismo.

—Pero... Tú... —Taehyung no entendía nada. ¿Qué pretendía Jungkook


haciendo eso?

—Escucha, amor. No te estoy dejando hacer esto porque me des lástima, o


algo por el estilo. Simplemente lo hago porque yo estoy seguro de que
volverás a mi lado en algún momento —volvió a sonreír, sin decirle el
porque de sus palabras al rubio—. Sé que pensarás en lo que dije y volverás a
mí. Y si no es así, me importa realmente poco porque de todas formas moriré
y dejaré de preocuparme por eso. No tengo nada que perder realmente. No
hay nada por lo que vivir si no estás conmigo.

—Otra vez estás diciendo incoherencias —Taehyung frunció el ceño—. ¿Qué


hay de Woozi?

—Woozi estará bien, es un niño fuerte y podrá seguir adelante sin mí. Así
como yo seguí con mi vida, él puede hacer lo mismo. Además estoy seguro
de que Seokjin lo cuidará por mí —trató de restarle importancia, aunque en
verdad sentía cierta molestia en su pecho—. Y ya vió morir a bastantes
personas, una más no le causará nada, créeme.
Taehyung estaba tan confundido. No comprendía porque Jungkook hacia eso.
Pero debía aprovechar la oportunidad.

—Está bien... —Soltó, dudoso, antes de volver a alzar su dedo índice, el cual
estaba manchado aún con la sangre que ya se encontraba seca.

Jungkook observó por un segundo el dedo del menor, antes de sonreírle al


mismo.

—Recuerda que terminarás volviendo a mí, amor. Te quiero. —Soltó, y acto


seguido volvió a concentrase en la mano del adolescente, siguiendo su dedo
con la mirada.

Taehyung no dijo nada, solo siguió en lo suyo, sintiendo una sensación


molesta en el estómago. No sabía porque el pelinegro había accedido, mucho
menos porque el mismo sonreía con tanta diversión y tranquilidad.

Si tan solo supiera que Jungkook estaba sonriendo porque él sabía que en
verdad Taehyung jamás podría irse de su lado.

Jeon sabía que el menor era hijo de su jefe, por lo que no podrían matarlo si
se escapaba. De alguna u otra forma Taehyung volvería al circo gracias a su
progenitor, y Jungkook sería el primero que lo recibiría.

La única razón por la que accedió, fue porque sentía la necesidad de ver
como Taehyung se resignaba ante todo lo que había dicho y se quedaba con
él. Jungkook no era ningún tonto y sabía perfectamente que el rubio dudaría
seriamente de lo que estaba haciendo durante todo el viaje en el cual salían
del circo.

Jungkook no perdía nada, él seguiría teniendo a su mocoso. Y solo tuvo que


llenarle la cabeza con frases como "No hay nada por lo que vivir si no estás
conmigo."

Era un maldito manipulador de primera, y él lo sabía perfectamente. ¿Pero le


importaba, acaso? Por supuesto que no. Ser así le ayudaba bastante a obtener
lo que quería.
Y él lo único que quería en ese momento, era tener a Taehyung a su lado.

No supo en que momento fue en el que el menor chasqueó los dedos, y


terminó entrando en un pequeño trance.

Taehyung tomó aire, alejando su mano de Jungkook y observando al mismo


con inseguridad. ¿Qué se supone qué debía decir ahora?

—Hm... —carraspeó, intentando verse seguro ante lo que estaba haciendo—.


Jungkook, ve al volante y conduce lo más lejos que puedas del circo. —
Ordenó.

Y esta vez, el hombre terminó obedeciendo, caminando hacia el frente hasta


llegar al volante, tomó asiento y encendió la casa rodante.

Todos en el circo estaban ocupados, por lo que nadie notaría si se largaban en


ese mismo instante.

Taehyung lo siguió en silencio, sentándose en el asiento de copiloto y


mirando con desconfianza al payaso. No podía creer realmente que lo había
hipnotizado, por lo que se mantenía alerta, analizando todos sus
movimientos.

Una pequeña bola de pelos apareció en el lugar cuando Jungkook comenzó a


manejar la casa rodante, pasando por entre las demás y saliendo poco a poco
de ahí. Byul observaba a su dueño fijamente, para después saltar sobre él,
acomodandose en su regazo.

El rubio miró como el conejo olfateaba a su dueño, antes de acurrucarse


contra su estómago, en busca de caricias. Aunque Jungkook no pudo dárselas
por obvias razones.

Suspiró y miró al frente, observando un camino de tierra que lo guiaba hacia


quien sabe dónde, seguido de un montón de árboles que había alrededor del
camino. Todo era tan silencioso, y el circo iba quedando detrás de ellos,
haciéndose cada vez más pequeño ante el punto de vista de Taehyung.

El adolescente sentía su corazón latir frenéticamente contra su pecho, sin


poder creerse lo que estaba sucediendo. Tenía a su secuestrador, a quien lo
torturó tanto, sacándolo del circo porque se había dejado hipnotizar por él.

Le parecía sumamente irreal, pero no hizo nada más que acomodarse en el


asiento con ciertos nervios, tratando de mantenerse calmado mientras
observaba el camino.

Aunque, el silencio no era de ayuda para él. Porque gracias a eso terminó
pensando en demasiadas cosas, desde que llegó al circo hasta ese mismo
momento. Se había puesto a recordar todo.

Había recordado todas las veces que lloró, que sufrió ahí, todo lo que había
visto y había sentido en su cuerpo.

Y quizá no quiso admitirlo, pero terminó recordando igualmente todo lo que


vivió al lado de Jungkook, desde las torturas hasta los extraños momentos
donde el payaso llegaba del trabajo pidiéndole abrazos y besos, o
simplemente, pidiendo su atención.

No quería concentrarse en eso, en lo único que tenía que pensar en ese


momento, era en que volvería con su familia.

Volvería a casa con su madre, y la misma lo abrazaría diciéndole que lo


extraño demasiado, probablemente llorando. Su hermana haría lo mismo y lo
recibirían con todo el amor que no había obtenido durante todos esos meses
que estuvo en el circo.

Y, por supuesto, su padre estaría sumamente aliviado, mientras lo abrazaba


con fuerza. Como hacia casi siempre.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios al imaginar aquella escena, y


terminó mirando a Jungkook una vez más.

Analizó su rostro, el como sus ojos habían perdido el brillo y se encontraba


totalmente serio, observando el camino.

Y, suspirando una vez mucho más calmado, terminó mirando un pequeño


espejo que se encontraba enfrente suyo, apoyado cerca del volante.
Tranquilo, agarró dicho espejo y se observó a sí mismo, algo que no había
hecho desde hace mucho tiempo.

Y la sonrisa que tenía anteriormente, se borró por completo al ver la marca en


su mejilla, donde se podía ver perfectamente las iniciales del hombre que
tenía a su lado.

Inseguridad, eso fue lo que sintió Taehyung. Junto con el vago recuerdo de
las palabras que Jungkook había dicho anteriormente.

"¿En serio quieres ver como tu futura pareja mira con asco todas tus
marcas? No le parecerá atractivo, amor..."

Sintió una sensación amarga en su garganta al recordar eso, y se miró una vez
más en el espejo, acariciando la marca con cierto miedo.

Se miró durante varios segundos, analizando sus notables ojeras, su


desordenado cabello y sus labios resecos. Estaba hecho un asco, o por lo
menos, eso creía él.

No supo en que momento fue en el que se levantó lentamente de su asiento,


dudoso, antes de abandonar el espejo en el asiento y caminar hacia la
habitación. Sin notar que había sido seguido por Byul.

Nuevamente agarró el espejo enorme que había en la habitación de Jungkook,


y lo apartó para ver su cuerpo completamente, sintiendo la molesta sensación
que le causaba estar inseguro ante las palabras del mayor.

Se quitó la camisa, poniéndose enfrente del espejo y analizando así su


abdomen y pecho.

Sus huesos se podían notar levemente gracias a que no comía como se debía,
las iniciales de Jungkook parecían estar por doquier, al igual que las marcas
de los cortes que le había hecho aquella vez en el baño cuando lo besó por
primera vez. Por debajo de uno de sus pezones se encontraba la misma marca
de las iniciales del payaso mucho más notoria que todas las demás.

Asco. Taehyung sentía asco.


Negó con la cabeza al sentirse así, antes de alzar un poco el bóxer por una de
sus piernas y ver así la enorme marca que tenía gracias a Woozi, quien lo
había cortado con la espada anteriormente. Se notaba demasiado, era grande,
una cicatriz que no podría disimularse para nada.

Y Taehyung, al observar aquello, sintió como la realidad caía encima suyo


como un balde de agua fría.

¿Por qué lo abrazaría su madre al verlo? ¿Por qué querría tocar a alguien tan
horrible como él? A alguien que ya ni siquiera parecía ser su hijo por todo lo
que había pasado en el circo.

¿Y por qué querría hablar con él su hermana cuando vuelva? ¿Por qué
volvería a contarle sus problemas si Taehyung ni siquiera podía lidiar con los
suyos? En el circo había dejado de sentir empatía, y seguramente tomaría
como idioteces las cosas que le sucedían a la adolescente de 16 años.

¿Y su papá? ¿Por qué diablos se sentiría aliviado por verlo de nuevo si ni


siquiera se había tomado el tiempo de buscarlo?

¿Por qué de repente, se sentía tan inseguro y con ganas de correr hacia
Jungkook?

Y sin duda alguna, la pregunta más importante que tenía en ese momento era:
¿Por qué poco a poco iba pensando que Jungkook tenía razón?

Asustado al sentirse así, Taehyung se alejó del espejo y volvió a ponerse la


camisa. No podía caer ante las palabras del mayor, no podía permitirse
dejarse manipular de aquella manera.

Pero era difícil. Todo le parecía sumamente difícil al verse a sí mismo con
aquella apariencia tan miserable.

Volteó, encontrándose con Byul acostado en el piso, prácticamente al lado


suyo. Y no dudó en tomarlo entre sus brazos en un inútil intento por
distraerse.

Y el conejo simplemente se dejó hacer ante el humano, cediendo ante sus


caricias.

Taehyung se mantuvo bastante inquieto a partir de ese momento, caminando


de un lado a otro durante todo el camino mientras usaba al pobre animal para
calmarse. Y a lo contrario de lo que pensó, Byul no se alejó y solo se durmió
en sus brazos cuando ya se cansó de las constantes caricias del chico,
ignorando por completo su presencia y sus manos acariciando su suave
pelaje.

El menor no sabía cuantos minutos habían pasado, pero cada vez el viaje le
parecía más largo y totalmente horrible, su mente estaba jugando en su contra
y la inseguridad aumentaba con cada minuto que pasaba.

No sabía que hacer.

Las palabras de Jungkook seguían repitiéndose en su mente, una y otra vez.


El tiempo pasaba y Taehyung sentía que iba a enloquecer, no podía seguir
así. Detestaba todas las sensaciones que estaba sintiendo.

Frustrado, dejó al conejo en la cama de Jungkook y camino hacia donde se


encontraba el mismo.

Y se sorprendió al ver que el pelinegro ya había dejado de conducir,


deteniéndose en el final del camino de tierra que era a penas cubierto por
algunos árboles, mientras que en la salida se veía a lo lejos unas cuantas
personas.

Taehyung no sabía cuanto tiempo había estado pensando como para no darse
cuenta de que Jungkook ya había acabado con el viaje.

Observó al payaso por algunos segundos, antes de volver a mirar al frente,


donde podía ver la escena de unos pequeños niños jugando a lo lejos, cerca
de dos personas que parecían ser sus padres.

La inseguridad atacó nuevamente a el menor. Sintiendo aquello como un


duro golpe en su pecho. Se preguntaba de que forma reaccionarían aquellos
desconocidos al ver el estado en el que estaba, todo marcado, casi desnutrido
y con su rostro dejando ver ojeras horrorosas.
Lástima, lo único que podrían sentir hacia él sería pura lástima.

No importaba que persona llegara a su vida porque todos lo mirarían de la


misma forma al saber lo que le sucedió en el circo. Haciéndolo sentir aún más
miserable.

La gente hacia miles de preguntas, todos eran de cierta forma unos


chismosos. Y sabía perfectamente que por más que él no quiera dar
explicaciones, de alguna manera se terminarían enterando de todo. Su vida
cambiaría totalmente, todos sus conocidos sabrían en algún momento por
todo lo que pasó.

¿Y qué podría decirles él? ¿Cómo se supone que le diría a su padre que se
dejó manipular y tocar múltiples veces por un hombre? Su progenitor quería
un hijo valiente, fuerte y sumamente intimidante. Un hijo que sea un
verdadero hombre ante su punto de vista.

Un verdadero hombre, según su papá, no lloraría cada cinco segundos, no se


dejaría manipular y mucho menos se dejaría besar por otro tipo.

Rechazo. Solo se ganaría rechazo por parte de su papá.

Rasguñó sus brazos al sentir ansiedad, mientras mordía nuevamente su labio.


Estaba entrando en pánico de tan solo pensar en como sería tratado.

Él no quería dar lástima, no quería que lo miraran con rechazo, no quería


explicar lo que le sucedió y mucho menos quería que alguien viera todas las
marcas que tenía en su cuerpo, para después decirle que era asqueroso.

Volvió a mirar al payaso, antes de pensar en algo que lo hizo frustrar y


enojarse mucho más.

Pensó que Jungkook jamás lo miraría así, que en verdad jamás lo abandonaría
y lo cuidaría. El pelinegro lo trataba así, y últimamente ya no le hacia daño,
Taehyung se había acostumbrado a aquella nueva imágen en Jungkook,
donde se veía inofensivo la mayoría del tiempo.

—¡Agh! —gritó, frustrado, antes de golpear el asiento de copiloto—. ¡Hijo


de puta, te odio tanto! —le gritó a Jungkook, a pesar de que el mismo seguía
en su trance, mirando al frente—. ¡¿Cómo es posible qué te metas en mi
cabeza incluso cuando no dices nada?! —cuestionó, mientras sostenía su
cabello con frustración—. Te odio, juro que te odio... —Soltó con repulsión,
molesto consigo mismo por pensar aquellas "estupideces" sobre Jungkook.

Al darse cuenta de que no quería vivir de aquella manera en la que había


pensado, Taehyung caminó hacia la cocina, sintiendo como sus ojos se
volvían a llenar de lágrimas debido al enojo, la frustración y la tristeza. El
molesto dolor en su pecho había regresado, y detestaba aquella sensación.

Tomó el cuchillo con el cual estaba cortando cebolla anteriormente,


mirándolo fijamente y algo dudoso.

¿Debía hacerlo? ¿Debía acabar de una vez por todas aquella porquería y
simplemente morir?

No le interesaba la respuesta y tampoco estaba demasiado tranquilo como


para pensarla detalladamente. Por lo que guió aquel filoso cuchillo hacia su
muñeca izquierda, rozando el material contra su piel.

Llorando, sintiéndose miserable, una cosa asquerosa e inútil, Taehyung


ejerció levemente presión sobre su muñeca. Mientras la molesta presión en su
pecho aumentaba.

Quería morirse, quería acabar con todo.

Pero así como Taehyung sabía que su vida sería miserable, también sabía que
él era un maldito cobarde. Por lo que terminó apartando el cuchillo al pasar
de unos cuantos minutos.

Jamás se animaría a suicidarse. Y eso lo hacía sentir aún más patético.

—Ni para eso sirvo... —Murmuró para sí mismo, molesto.

Golpeó levemente la pequeña isla de la cocina con el cuchillo, creando así un


constante sonido mientras pensaba en que diablos debía hacer ahora.

Y la solución que encontró no le agradó en absoluto.


Decidido, volvió hacia donde se encontraba Jungkook, parandose a un lado
de él.

—Escucha, payaso inútil —comenzó a decir, a pesar de que sabía que


Jungkook no sería consciente de lo que dijo más tarde—, me quedaré
contigo...

Suspiró, antes de subirse al regazo ajeno como ya se le había hecho


costumbre y mirar fijamente el rostro de Jungkook.

—Pero no creas que dejaré pasar todo lo que me hiciste —entrecerró los ojos,
sintiendo aún rencor—. Tienes que sufrir aunque sea un poco de lo que sufrí
yo —miró los ojos oscuros del mayor, antes de poner el cuchillo en las manos
impropias—. Jungkook, cortarte la mejilla, dibujando mis iniciales con el
cuchillo. —Ordenó firmemente, para después cruzarse de brazos.

Jungkook obedeció, guiando la punta del cuchillo hacia su mejilla derecha,


donde comenzó a cortar. El corte no era profundo, pero sí lo suficiente como
para que las marcas después fueran notorias.

Y Taehyung terminó sintiéndose un enfermo más cuando se sintió satisfecho


al ver como se podía leer "TH" en la mejilla del payaso, mientras la sangre
bajaba lentamente hasta su barbilla.

El rubio sonrió levemente, algo triste pues en verdad no podría escapar jamás
del circo ya que no se sentiría cómodo viviendo solamente para generar
lástima. Y terminó chasqueando sus dedos enfrente del rostro de Jungkook.

Parpadeando dos veces, Jungkook observó a su alrededor, totalmente perdido


pues no recordaba absolutamente nada. Y terminó sonriendo en grande al ver
como su mocoso estaba encima suyo, mirándolo fijamente.

Aunque su sonrisa se borró al sentir cierto dolor en una de sus mejillas.

—¿Qué me hiciste? —Quiso saber, tratando de tocar aquella zona que le


dolía.

Pero Taehyung, tratando de distraer a Jungkook, tomó sus manos,


impidiéndole tocarse el rostro y llamando así su atención.

—Nada importante. —Le restó importancia, negando con la cabeza.

Jungkook lo miró con notable desconfianza, pero asintió, tratando de no


prestarle demasiada atención.

Y Taehyung aprovechó que el mayor estaba demasiado distraído mirándolo a


los ojos para correr el cuchillo y tirarlo al suelo. No quería que viera las
marcas aún.

—¿No era qué te querías ir, hm? —Cuestionó Jungkook de forma burlona,
sonriendo mientras agarraba la cintura de Taehyung.

—No hagas que me arrepienta, payaso estúpido. —El rubio frunció el ceño, y
el mayor solo rió con gracia.

—Trataré de no hacerlo. —Soltó, asintiendo.

—Ahora regresa. Te cortarán las bolas si ven que no estás. —Dijo Taehyung,
antes de acomodarse en el regazo de Jungkook y acostarse sobre él, apoyando
su mejilla en el hombro impropio. Buscando de aquella manera sentirse más
cómodo y tranquilo.

Jungkook lo hacía sentir seguro, por alguna extraña razón. Y jamás


entendería eso.

—Tenemos una cama, por si no sabías. —Se burló el pelinegro al ver al


menor tan cómodo, antes de volver a encender la casa rodante.

—Cierra la boca. —Ordenó Taehyung, acomodandose nuevamente a


propósito.

—Como digas, bebé. —Jungkook sonrió sinceramente, mientras conducía,


alejándose de ahí.

Se mantuvieron en silencio por algunos segundos, mientras Taehyung


abrazaba a Jungkook por la cintura ya que de aquella manera se sentía más
cómodo, y a la vez más relajado. Era como si el payaso pudiera transmitirle
su tranquilidad de alguna forma. Sumamente extraño para Taehyung.

—Amor, ¿Dónde está Byul? —Quiso saber Jeon en medio del viaje,
buscando con la mirada al conejo ya que no había nada en el camino con lo
que pudiera chocar en ese momento.

—Está durmiendo en la cama. —Explicó el rubio con simpleza, bostezando.

—Ya veo —Jungkook asintió, mientras que intentaba ver el rostro de Kim,
pero el mismo solo se escondía entre su hombro y su cuello—. Cachorro, deja
de ocultarte. Quiero verte.

—¿Por qué querrías verme? —Preguntó el menor a la defensiva nuevamente,


frunciendo el ceño.

Jungkook no dijo nada, y solo siguió manejando la casa rodante hasta que
volvieron al lugar donde se encontraban anteriormente, entre todas las demás
casas rodantes que estaban cerca del circo.

Y una vez que se detuvo, alejó un poco a Taehyung de su cuerpo.

—Quiero verte porque eres hermoso, amor. Así de simple. —Acarició la


mejilla de Taehyung, donde se encontraban sus iniciales.

El rubio se estremeció ante el toque, y de inmediato apartó la mirada, sin


creer en las palabras del hombre.

—Deja de llenarme la cabeza, ya me quedé contigo. No hace falta que sigas


intentando manipularme con cursilerías. —Apartó la mano del pelinegro de
su rostro.

—No es por eso. En verdad eres hermoso ante mi punto de vista, Taehyung
—Jungkook sonrió—. Tus marcas son bonitas, tus ojos, todo de tí. Son mis
gustos y quizá a tí no te guste, pero a mí sí porque se trata de tí. —Su sonrisa
estaba llena de diversión, y Taehyung se sintió asustado al ser consciente del
como su corazón se aceleró de forma peligrosa ante las palabras del hombre.

No le estaba gustando hacia donde iba la conversación, mucho menos le


estaba gustando lo que estaba sintiendo. Lo tomó como una señal de alerta y
de inmediato salió del regazo ajeno, alejándose de Jungkook, quien lo miró
desconcertado.

—Iré a dormir una siesta, ni se te ocurra molestar. —Advirtió,


repentinamente malhumorado, antes de largarse hacia la habitación que
compartía con Jungkook.

El mayor no dijo nada y solo lo miró extrañado, asintiendo.

Jungkook se levantó del asiento y caminó hacia la cocina, donde había


quedado olvidado el almuerzo de ambos. Y se quejó por lo bajo pues ya no
tenía tiempo para cocinar, debía ir al circo en algunos minutos.

Abrió la puerta de la casa rodante, dispuesto a ir a comprar alguna bebida y


ramen. Pero terminó retrocediendo en su lugar al ver como Hoseok estaba
prácticamente rozando sus narices, aparentemente estaba a punto de golpear
la puerta antes de que abriera.

—¿A dónde te fuiste, payaso sin cerebro? —cuestionó alterado el pelinaranja


—. ¡No tienes idea de lo preocupado que estaba! Vengo a buscar comida para
Hope y me encuentro con que tu casa no está. ¿Sabes el escándalo que
hubiera hecho Namjoon si no lo distraía cuando venía para acá? Te hubiera
colgado de las pelotas, Jungkook. —Soltó Hoseok, frunciendo el ceño.

—Fuí a mostrarle un lugar al mocoso, no es para tanto. —Mintió, restándole


importancia.

—Oh, disculpa señorito. No quería amargarte el día después de una cita con
tu amorcito —guió una mano hacia su pecho, mientras hablaba con fingido
pesar—. ¡¿Pero comprendes que te hubieran metido hasta un palo por el culo
por salir sin avisar?!

—Sí, sí. —Jungkook movió su mano, sin prestarle atención a su amigo. Y


cuando estaba dispuesto a rodear al mayor, el mismo alzó una ceja.

—¿Qué te pasó? —Preguntó Hoseok, sumamente extrañado.

El pelinegro lo miró sin entender.


—En la mejilla. ¿Qué mierda te pasó? —Volvió a preguntar, apuntando dicho
lugar.

Jungkook frunció el ceño, antes de tocar su rostro y sentir un leve dolor en la


mejilla. Y cuando apartó la mano notó que tenía un poco de sangre en la
misma.

Alzó una ceja con confusión, antes de volver a entrar a su casa, dejando con
la palabra en la boca a su amigo, quien jadeó ofendido al ser ignorado.

Jungkook buscó el espejo que tenía cerca del volante de la casa, y terminó
encontrándolo en el asiento de copiloto. Lo tomó y observó finalmente la
herida que se había hecho hace poco.

Y juró que pudo ver como sus ojos se volvían de un tono más oscuro al ver
marcado "TH" en la mejilla derecha, con gotas de sangre seca que llegan
hasta su barbilla.

Y el rubio, que se encontraba sumamente tranquilo entre las sábanas de la


cama, sintió como Jungkook se lanzaba sobre él de repente en su momento de
tranquilidad, logrando asustarlo.

Chilló al ser destapado, y miró mal al payaso que tenía encima suyo,
agarrandolo por las muñecas.

—¿Se puede saber qué mierda me hiciste en el rostro? —preguntó Jungkook


con molestia—. Mocoso inútil.

Taehyung no hizo más que sonreír con fingida inocencia, haciéndose el tonto.

—¿Yo?

—¡Sí, tú! ¡No te hagas el idiota!

—Tengo tus iniciales casi hasta en el culo, Jungkook. No te quejes —el


adolescente frunció levemente el ceño—. Así como yo no me morí por tener
tus estúpidas marcas encima, no te morirás por tener la mía. Así de sencillo.

Jungkook no supo que decir, y tan solo pudo fruncir aún más el ceño.
—¿Te crees muy listo, cachorro? —alzó una ceja—. Te puedo marcar lo que
me falta si sigues así, eh.

—Que miedo tengo. —Soltó de forma sarcástica, fingiendo temblar.

—No me hables así. —La voz de Jungkook sonó amenazante, pero Taehyung
lo ignoró.

—Ya deja de quejarte por eso, no es como si te hubiera quemado con un


cuchillo como lo hiciste tú —el rubio suspiró—. Además después hasta se te
olvidará.

—¿Cómo crees qué lo olvidaré, mocoso?

—Porque siempre te concentras en cosas estúpidas y olvidas lo anterior casi


siempre. —Explicó con simpleza.

—¿Y qué cosa estúpida me hará olvidar lo qué hiciste? —Preguntó con leve
diversión, dejando de lado el dolor en su mejilla. Sabía perfectamente a que
se refería Taehyung.

El adolescente rodó los ojos, antes de guiar sus manos hacia el cuello del
mayor y atraerlo hacia sí, uniendo sus labios en un tranquilo beso.

Jungkook sonrió, complacido. Y terminó alejándose del chico unos cuantos


segundos después.

—Tienes razón, ya lo olvidé.

Taehyung sonrió con burla ante las palabras del mayor, sintiéndose
sumamente tranquilo en ese momento, protegido. Como si Jungkook fuera su
lugar seguro en ese momento.

Por un segundo, olvidó el como lo habían tocado aquel día, y se dejó hacer
por Jungkook cuando el mismo volvió a besarlo. Logrando así distraerlo de
todo el mal que le había sucedido aquel día, de todas las inseguridades que
había sentido y todo el dolor.

Por unos minutos, se sintió mejor.


El pelinegro profundizó el beso, metiendo su lengua, y Taehyung no se quejó,
solo siguió correspondiendo. Aunque debía admitir que se sintió incómodo al
sentir las manos de Jungkook acariciando su cintura.

La escena de Dongyul tocandolo llegó de golpe, y eso hizo que agarrara las
manos del mayor, alejandolas de su cintura para entrelazarlas con las suyas.
Se sentía mejor así.

Jungkook no hizo nada para volver a tocarlo ahí, quizá porque había notado
su incomodidad o porque simplemente estaba más concentrado en el beso.
No lo sabía, y tampoco le interesaba del todo.

Una vez que se separaron, el pelinegro dejó un casto beso en sus labios,
sonriendo. Y pocos segundos después cambió la posición en la que se
encontraban, quedando él boca arriba mientras tenía a Taehyung acostado
encima suyo.

Acariciando el cabello del rubio, el mismo lo miró con cierta curiosidad.

Durante todo el tiempo que estuvo con Jungkook, el mismo jamás se había
tomado el tiempo de tocarlo de más, jamás tuvo intenciones de abusar de él.
Y Taehyung se quedó pensando en eso en ese momento ya que el beso había
sido bastante intenso y Jungkook seguía igual de tranquilo, el hombre nunca
parecía querer sobrepasarse con él y eso le generaba curiosidad.

No porque quisiera que lo tocara, sino porque era extraño.

—Jungkook —llamó, y el mayor hizo un pequeño ruido con la garganta para


hacerle saber que lo escuchaba—. ¿Por qué nunca abusaste de mí si siempre
tuviste la oportunidad? —Cuestionó finalmente, apoyando su barbilla en el
pecho del hombre.

Jungkook alzó una ceja.

—¿Qué? —preguntó desconcertado—. ¿Acaso quieres qué te toque? —


Preguntó burlón, intentando desviar aquella conversación.

—¡Por supuesto que no! —el rubio inmediatamente negó, avergonzado—.


Pero es extraño. Tú eres demasiado raro.

El mayor se encogió de hombros.

—De cierta forma sí abuse de tí porque te obligaba a besarme y te tocaba a


penas —se quedó pensando por algunos segundos, dudando de si hablar o no
—. Pero en verdad no lo hice porque el sexo nunca fue algo que me llame la
atención, las pocas veces que lo hice fueron sumamente olvidadas y por eso
mismo me da igual follar con alguien o no. Las experiencias que tuve fueron
"buenas", pero no lo suficiente como para sentir la necesidad de andar
follando cada cinco segundos —explicó—. Además... —carraspeó—. Sentía
que, si hacia eso contigo, terminaría de convertirme en mi padre, y es lo
último que quiero. —Apartó la mirada, incómodo.

—Oh... —Taehyung asintió—. Comprendo.

—No lo haces —el pelinegro sonrió, negando con la cabeza—. Pero mejor
cállate y bésame, no me gusta hablar de estas estupideces. —Soltó, aún
sonriendo. Y el rubio no se quejó ante su petición.

Se acercó hacia el payaso, dispuesto a besarlo nuevamente. Pero se vieron


interrumpidos ya que el bullicio de afuera logró distraerlos. La gente hablaba
por doquier, parecían moverse de un lado a otro, el escándalo era demasiado.

Jungkook y Taehyung se miraron extrañados, antes de levantarse de la cama


para ver que era lo que estaba sucediendo.

Y cuando el pelinegro abrió la puerta de la casa rodante, terminó cerrandola


casi al instante, apoyándose en la misma como si hubiera visto un fantasma.

Taehyung alzó una ceja ante su comportamiento, preguntándole con la


mirada que diablos le sucedía. Y terminó sintiendo como su rostro se ponía
pálido al mirar por la pequeña ventana de la casa, reconociendo entre todas
esas personas la cabellera de uno de los tipos, que pasaba entre medio de
todos.

—¿Ese es...? —su voz comenzó a quebrarse de a poco, mientras se apoyaba


en la ventana y golpeaba la misma, tratando de llamar la atención del hombre
que estaba mirando—. ¡Papá!

(◌ू❁)

Holaa, el otro día me olvidé de decir que también tengo cuenta secundaria
por si le pasa algo a esta, es TAEK00KINGS ahí también podría subir
Clown si la borran.

Espero que les haya gustado el capítulo, no olviden votar y comentar. Se los
quiere.♡
27

Taehyung no dejaba de moverse de un lado al otro, sin saber cómo


reaccionar. Su corazón latía con frenesí y sus manos golpeaban con
insistencia la ventana, tratando de llamar la atención de su progenitor.

Kyungsoo, en cambio, solo caminaba por entre todos aquellos locos, siendo
el centro de atención. Todos lo miraban con respeto o simplemente se
mantenían callados, asistiendo al hombre y cumpliendo con todas sus
órdenes.

—¡Jungkook, el que está afuera es mi papá! —Gritó el rubio, mirando a su


derecha para poder ver a Jungkook. Quien se mantenía sumamente quieto en
su lugar, cabizbajo.

Miles de pensamientos llegaban a la mente de Jungkook en ese momento, y


cada uno de ellos era sumamente doloroso. Sentía un sabor amargo en su
boca y un dolor en el pecho al entender perfectamente lo que estaba
sucediendo.

Su jefe había regresado para llevarse a Taehyung con él.

Se llevarían a Taehyung.

Apoyando su espalda contra la puerta con fuerza, negó con la cabeza y


respiró con cierta dificultad. Había pasado bastante tiempo desde que no
sentía aquella sensación, aquel malestar en su pecho que le hacía doler y a la
vez le atormentaba.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se sintió tan mal y con
miedo a ser abandonado.

Jungkook sentía aquella molestia en su pecho y a la vez miles de recuerdos


llegaban a su mente. Demasiados como para poder controlarse.

Estaba entrando en pánico.

"¡Algún día seré conocido como Suga, Kook! Y dirás que soy tu ejemplo a
seguir." La voz de Yoongi llegó a sus oídos, y ante eso se encogió levemente
en su lugar.

"Serás un gran payaso, campeón." Las palabras de su papá acompañaron a


las de Yoongi, y Jungkook cubrió sus oídos con ambas manos, como si eso
fuera de ayuda para dejar de escucharlos.

"¡Mira Jungkook, Byul se durmió en mis manos!" Yugyeom.

"Gracias por cuidarme, eres un niño muy dulce..." Y ahora, Irene se les unía.

El impacto que le estaba causando la situación junto con las voces de todos
aquellos que lo habían abandonado era demasiado para Jungkook. Tan así
que ni siquiera podía reaccionar a los gritos de el adolescente que
actualmente se encontraba enfrente suyo, intentando apartarlo.

La mente de Jungkook era un caos.

—¡Jungkook, reacciona maldita sea! —Taehyung sacudió levemente al


payaso, tomándolo por los hombros y logrando que finalmente lo mire a la
cara—. ¡Muévete, le harán daño a mi papá! —Gritó, preocupado.

Si no estuviera a punto de caerse al piso debido a que su mente no dejaba de


joderlo aún más con las voces gritando de todos los que lo abandonaron y el
impacto que le causaban las mismas, Jungkook podría jurar que hubiera reído
ante la incredulidad del menor.

Taehyung obviamente no estaba pensando detalladamente en la situación. No


estaba pensando en porque su papá estaba ahí. Él solo podía pensar en que el
hombre estaba rodeado de enfermos, mismos enfermos que habían matado a
miles de personas ante los ojos del rubio. El chico no podía pensar con
claridad si su mente tan solo le hacia entender que su progenitor estaba en
peligro por todo lo que él había vivido.
—Muévete, por Dios. ¡Van a lastimarlo, joder! —Taehyung protestó cuando
Jungkook lo apartó, volviendo a ponerse enfrente de la puerta—. ¿Qué
diablos te sucede, payaso loco? ¡Solo quiero ir a ver si está bien! —Empujó
levemente al hombre, a pesar de que al mismo ni siquiera pareció importarle.

—N-no puedes salir... —el pelinegro negó frenéticamente con la cabeza,


sintiendo como sus manos temblaban levemente al apoyarse sobre la puerta,
mojando a penas la misma con sudor—. No puedes...

—¿Cómo que no puedo? Si es porque según tú escaparé, te dije que me


quedaré contigo. Solo quiero asegurarme de que no le hagan nada mi padre
—explicó Taehyung, nervioso pues ya no podía ver al hombre por la ventana
como antes—. ¡Abre la puerta, necesito salir!

—¡No! —Jungkook se negaba rotundamente, no podía permitirlo. No dejaría


que lo vuelvan a abandonar—. N-ni siquiera sabes porque está aquí... Yo
solo estoy pensando en lo mejor para tí. Por tu bien, no te conviene salir,
Taehyung... —volvió a negar con la cabeza—. ¿Por qué tu papá viajaría hasta
aquí y entraría solo a un circo de enfermos? Es más, ¿Por qué vendría sin
policías si se supone que estaba buscando a su hijo? —Cuestionó, intentando
manipular de alguna manera a Taehyung para facilitarle las cosas y así tener
un poco más de tiempo para pensar en como hacer que no se lo lleven.

Pero ninguno de ellos estaba lo suficientemente calmado como para pensar en


las palabras de Jungkook. El payaso estaba alterado, pensando en como
mantener a Taehyung junto a él, mientras que el rubio ignoraba rotundamente
sus palabras por el simple hecho de que estaba preocupado por el hombre que
lo había criado junto a su madre.

—No me quieras llenar la cabeza ahora, Jungkook. ¡Necesito ir con él! —


Taehyung frunció el ceño, tratando de apartar a Jungkook de la puerta una
vez más.

—¡Te abandonó por más de siete meses, no tiene sentido que venga a
buscarte ahora! —Protestó el mayor, frunciendo el ceño y mirando desafiante
al chico cuando notó como el mismo se cruzaba de brazos. A Taehyung se le
había acabado la paciencia.
—Escucha una cosa, infeliz. Yo no tengo la culpa de que tu papá no te haya
querido y te termine abandonando como para que me quieras apartar de mi
padre. Así que muévete porque no estoy para berrinches tuyos. —Dijo
Taehyung sin ningún tipo de delicadeza, antes de utilizar la mayor fuerza
posible y sostener a Jungkook de la ropa, alejandolo de la puerta y abriendo
la misma.

El payaso terminó en el piso ante el empujón de Taehyung, pero no se quejó.


Ni siquiera sintió el dolor.

Sus ojos solo se fijaron en el piso, mientras sentía la presión en el pecho


aumentándose cada vez más, llegando a un punto en el que sentía que el dolor
llegaba hasta lo más profundo de su corazón.

No fue detrás de Taehyung, no quiso detenerlo. El impacto que sintió ante las
palabras del chico había sido tanto que terminó quedándose sin palabras,
sumamente dolido y con su respiración acelerándose nuevamente.

No supo cuanto tiempo le había costado recuperarse un poco como para


levantarse del suelo y caminar con cierta dificultad hacia la puerta, para
después encontrarse con una escena que logró aumentar aún más el sabor
amargo que recorría toda su garganta. Llenandolo de pura repulsión.

Su mocoso abrazando a su jefe, quien había estado cerca de la puerta durante


todo el tiempo en el que estuvieron hablando.

Taehyung lloraba, aferrándose a su padre. Sus manos se encontraban


entrelazadas por detrás de los hombros de Kyungsoo mientras que sus piernas
se encontraban en la cintura del adulto y el mismo lo sostenía por los muslos
para no dejarlo caer.

Jungkook se encontraba sumamente asqueado ante la escena y la mirada


aburrida que ofrecía el hombre ante el llanto de su hijo. Siendo tan hipócrita
al aceptar aquel abrazo del chico que en ese momento se encontraba
mínimamente feliz por volver a ver a su padre y encontrarlo sin ninguna
herida.

—P-papá... —balbuceó el rubio, limpiando sus lágrimas—. Estás bien...


—¿Por qué no lo estaría? —fue lo único que contestó el hombre de cabello
castaño—. Si finalmente puedo volver a ver mi querido hijo. —Soltó,
sonriendo y siendo tan hipócrita en ese momento. Pero Taehyung aún no
podía notar la burla que había en la mirada del hombre.

Casi todos los presentes comenzaron a susurrarse cosas entre sí ante lo dicho
por Kyungsoo, pues ninguno sabía que el hijo del jefe era aquel chico que
habían mantenido como rehén durante tanto tiempo. Nadie se había enterado
de aquello.

Y Namjoon, quien también estaba mirando la escena, tan solo se mantenía


con los brazos cruzados. El dueño del circo le había explicado todo al llegar
al circo y él no pudo hacer más que guiarlo hacia donde se encontraba el
adolescente, sumamente fastidiado pues odiaba no estar al tanto de lo que
sucedía en el lugar donde trabajaba.

—¿Cómo está mamá? —preguntó Taehyung en un susurro, ocultando su


rostro en el cuello de su padre—. ¿Y Minah? —Volvió a preguntar,
refiriéndose esta vez a su hermana menor.

Sin embargo, su papá no respondió.

—¿Papá? —Elevó a penas su rostro al no recibir respuesta, encontrándose


con la fría mirada que le ofrecía el adulto, mirándolo con tanta seriedad que
Taehyung se sintió extraño.

Y al sentir como Jungkook se ponía detrás de él, tocándole la espalda para


que finalmente se aparte de Kyungsoo, el rubio observó a su alrededor,
percatándose finalmente del silencio que había en el lugar.

Todos, absolutamente todos los miraban en silencio, nadie se atrevía a hablar


y ninguno de ellos estaba armado, por lo que Taehyung comprendió que su
papá no estaba en peligro para cuando él llegó.

Frunciendo levemente el ceño, confundido, volvió a observar a su progenitor.

—Papá, ¿Cómo están ellas? —Volvió a preguntar, con su tono de voz


escuchandose más alto, en un intento por mostrar mayor autoridad.
Pero una vez más, el castaño se quedó callado y aflojó el agarre en los muslos
de su hijo, casi dejándolo caer.

Taehyung se puso alerta de inmediato, y las palabras de Jungkook haciéndole


dudar de su papá hicieron aparición en su mente, logrando así que se aparte
poco a poco del adulto, extrañado ante su comportamiento ya que su papá
jamás lo había tratado así, con un abrazo tan frío y aquella extraña mirada.

—¿Cómo...? —retrocedió otro paso al ver como Kyungsoo se acercaba a él,


con intenciones de tocarlo—. ¿Cómo llegaste aquí? —Quiso saber.

—Oh, eso no es importante —el hombre sonrió, fingiendo estar


completamente despreocupado ante la situación mientras volvía a abrir sus
brazos—. Lo que importa es que finalmente volverás a casa, hijo. ¿No te
parece emocionante?

—¿Cómo llegaste? —volvió a preguntar el menor, acercándose a Jungkook y


poniéndose a su lado al ver como nuevamente el adulto pretendía agarrarlo
entre sus brazos—. Ni siquiera me estaban buscando, y ha pasado mucho
tiempo. ¿Cómo me encontraste?

—Tae... —el castaño sonrió—. Vámonos a casa, ahí te explicaré todo.

—No, no me iré de aquí hasta que me respondas —Taehyung se negó


rotundamente, agarrando el brazo de Jungkook como si eso lograra
tranquilizarlo, y el payaso tan solo se dejó hacer—. No es precisamente
normal que tú entres aquí solo y sigas con vida, mucho menos que estés tan
tranquilo. Quiero saber lo que está pasando, ahora. —Declaró, frunciendo el
ceño.

—Solo hablé con este amable sujeto y le dije que lo que ocurrió fue un mal
entendido, con algunos billetes de por medio obviamente. —Mintió
descaradamente Kyungsoo, mientras apuntaba con su cabeza a Namjoon.

Pero el rubio, al notar como el presentador del circo se encontraba totalmente


serio ante la situación, no creyó en las palabras del adulto.

—No te creo, dime que está sucediendo. Estoy harto de que siempre me
mientan, ni siquiera me dijiste porque fuimos al bosque aquel día, siempre
me mientes en la cara o me ocultas algo. —Se quejó el adolescente,
empezando a enojarse al no obtener respuestas y a la vez ver como el adulto
le mentía sin ningún tipo de problema.

—Taehyung, ya es suficiente. Te dije que te explicaré todo luego, ahora


tenemos que irnos. —Ordenó el hombre, tratando de agarrar a su hijo.

Pero Jungkook, quien se encontraba con los brazos cruzados y el ceño


fruncido, dió un paso al frente, quedando así enfrente de Taehyung e
impidiéndole el paso al adulto.

—No se atreva a tocarlo, señor Kim. —Soltó el pelinegro con seriedad, sin
preocuparse en lo más mínimo por desafiar de tal manera al dueño del circo.

—Jungkook, muévete. Realmente estoy ocupado y no tengo tiempo para los


berrinches de este niño. —Habló Kyungsoo, igualmente serio.

Y se arrepintió de sus palabras cuando Taehyung abrió sus ojos en demasía,


empujando a el payaso y quedando nuevamente cara a cara con el adulto.

—¿Cómo diablos sabes su nombre? —preguntó alterado el adolescente—.


¡En ningún momento te lo dijo, explícame de una vez lo que está sucediendo!

Jungkook suspiró ante la inocencia del chico. Cruzándose de brazos una vez
más y manteniéndose alerta ante los movimientos de Kyungsoo,
observandolo fijamente por si las dudas ya que no quería que tocara a su
mocoso.

Un tipo tan repugnante como él no merecía siquiera estar en el mismo


mundo que Taehyung. Ese era el pensamiento de Jungkook, y quizá era así
porque el hombre le recordaba de cierta forma a su padre, abandonando de
forma tan cruel a su hijo.

Y al notar el silencio que había en el lugar ante las palabras del adolescente,
el payaso quiso acabar con todo de una buena vez y explicarle finalmente a
Taehyung lo que estaba pasando y quien era su padre en realidad.
Pero no fue necesario, porque mientras el adolescente miraba a su papá en
busca de una explicación, Woozi apareció entre medio de todas las personas,
corriendo torpemente hasta Kyungsoo y ofreciéndole un vaso con agua que
había pedido anteriormente el adulto.

—¡Aquí tiene, jefe! —Soltó tranquilamente el infante, sin percatarse de toda


la tensión que había en el lugar y entregando finalmente el vaso.

Los ojos de Taehyung volvieron a abrirse en demasía, y su cuerpo entero se


tensó. No podía hacer nada, y parecía que no podría terminar de procesar la
nueva información que había recibido.

—¿"Jefe"? —Susurró, sin comprender.

Woozi tan solo lo miró curioso, y sin tener malas intenciones ni notar
realmente el como el adulto a su lado lo miraba con odio, sonrió levemente al
ver a aquel chico que había salvado de aquellos dos hombres que le caían mal
a su hermano Jungkook.

Mismos hombres que se retiraban lentamente de la multitud al enterarse de


quien era en verdad Kim Taehyung.

—Ah, hola. Es usted de nuevo —el pequeño pelinegro saludó con su mano
—. ¿No lo sabe? Él es Kim Kyungsoo, nuestro jefecito —explicó, y si
hubiera prestado atención, hubiera notado como el rubio negaba a penas con
la cabeza y tragaba saliva—. Kookie me explicó que él es el dueño del circo y
que-

—¡Cállate! —Gritó Kyungsoo al ser expuesto por el infante, tirando a un


lado el vaso de vidrio y alzando su mano con intención de golpear al menor.

Pero Jungkook, sin llegar siquiera a procesar del todo lo que estaba pasando,
corrió hacia su hermano y empujó al adulto lejos del mismo, sosteniendo a
Woozi entre sus brazos y apoyándolo en su pecho en un intento por
protegerlo.

—¡Ni se te ocurra ponerle un dedo encima a mi hermano! —Gritó el payaso,


alterado. Perdiendo todo el respeto que sentía anteriormente por el hombre en
tan solo segundos.

El niño ni siquiera se movió ante la forma tan brusca en la que su hermano lo


había agarrado, tan solo alzó sus brazos, rodeando con estos el cuello del
payaso y acomodandose en su hombro, abrazandolo y mirando mal a
Kyungsoo.

Sintiendo la rabia aumentar cada vez más ante la situación, Jungkook miró
con repulsión al hombre, y se apartó de su lado, posicionándose a un lado de
Taehyung una vez más, ignorando totalmente la mirada de todos sus
compañeros de trabajo, que lo miraban sorprendidos ante lo que había hecho
y algunos solo se reían bajito al ver al jefe en el piso ante el empujón de Jeon.

Nadie se había tomado el tiempo de ver como Taehyung se mantenía con los
ojos sumamente abiertos, observando un punto fijo y sintiendo como el
conocido dolor en su pecho volvía. Sentía que no podía moverse, totalmente
perdido en su mundo.

Podía hablar, pero no tenía nada que decir. Su mente se llenaba de miles de
pensamientos en tan solo minutos y a pesar de verse totalmente tranquilo por
fuera, el verdadero problema estaba en su interior.

Recordaba los gritos de dolor, los escenarios sangrientos, la sonrisa burlona


de Jungkook en cada uno de esos actos cuando se reía de su patético llanto,
toda la sangre. El sufrimiento, las heridas, toda la tortura y el maltrato.

Sentía como todo el sufrimiento se unía en ese mismo instante, como si sus
heridas estuvieran recién hechas a pesar de que ya se habían curado hace
tiempo. La mente de Taehyung estaba jugando en su contra y todo lo que
había experimentado había aparecido entre los miles de pensamientos.

"Miren al niñito patético, llorando como un inútil porque su papito no lo


quiere." Escuchó, y se sintió mil veces peor al reconocer la voz de aquel
sujeto. Siendo éste uno de los amigos de su padre que lo maltrataba cuando
era a penas un infante.

"Tu padre siempre habla mal de tí porque eres débil y llorón. No te quiere,
eres totalmente inútil para él." Otra voz, y la risa escandalosa de uno de los
tipos.

"¡Mi papá me quiere, él me quiere!" Y luego, los sollozos de un infante.

"Este lindo bomboncito es muy difícil de domar." Jimin apareció en sus


pensamientos, y Taehyung sintió ganas de rasguñar sus brazos con ansiedad,
aunque no pudo moverse en absoluto.

"¿Eres mi cachorro o más bien mi pequeña perra?" visualizó la sonrisa


burlona de Jungkook "Vamos, perrita, obedece a tu dueño."

Sintió las manos de Dongyul recorrer su cuerpo, a pesar de que el mismo no


estaba ahí, y a la vez las voces de todos quienes lo habían lastimado se
unieron, logrando así aturdirlo y hacerle doler la cabeza.

"Tu padre está decepcionado de tí porque no sirves." Y con esas palabras, en


su mente se escuchó el grito desgarrador de un niño.

Y Kim Taehyung terminó de romperse por completo, al recordar su vida


antes del circo.

Pasó de estar entre los brazos de su madre, a estar en los brazos de un asesino
que tan solo sabía manipularlo y llenarle la cabeza día y noche.

Pasó de estar escuchando hablar a su hermana sin parar, a estar escuchando


los disparates de Seokjin cada vez que lo utilizaba como algún tipo de
muñeco al cual podía cambiar de ropa a su gusto.

Y pasó de estar con sus amigos saliendo todos los fines de semana, a salir
constantemente a ver como asesinaban a un montón de personas enfrente de
sus ojos.

Y todo había sido por culpa de aquel hombre que se hacía llamar su padre.
Quien ni siquiera se había tomado el tiempo de irlo a buscar siendo que sabía
por todo lo que estaba pasando.

El dolor fue tanto, que Taehyung dió un paso atrás, y su cuerpo actuó por sí
solo cuando terminó apoyando su frente contra el hombro de Jungkook, aún
sintiendo un intenso dolor de cabeza con distintos gritos que se metían en lo
más profundo de su mente, siendo éstos los gritos de desconocidos que había
visto morir e incluyendo de vez en cuando los suyos.

Las ganas que tenía de rasguñar sus brazos y largarse a llorar aumentaban
cada vez más, pero no pudo hacerlo. No se lo permitía, estaba tan
sorprendido, tan decepcionado y a la vez tan dolido. Las emociones eran
tantas que Taehyung sentía que en cualquier momento se rompería aún más,
como si fuera un débil vidrio al cual habían tirado al piso sin piedad.

Las voces gritaban, el dolor era intenso, los pensamientos eran más de
cincuenta por tan solo segundos y sus ojos aún seguían abiertos, ni siquiera se
había permitido parpadear.

Y entre medio de todo el dolor y las miradas de las personas que lo juzgaban
a su alrededor, recordó algo que logró hacerlo reaccionar finalmente.

Y ante eso, de lo más profundo de su garganta, salió una suave risa sarcástica
que no llegó a escucharse del todo. Ganándose así una mirada extrañada por
parte su padre.

—Jungkook... —Susurró, sin separarse del mayor.

—¿Qué pasa? —Cuestionó el payaso, sin sorprenderse en lo más mínimo por


el estado en el que se encontraba el chico. Era de esperarse, después de todo.

—¿Qué día es hoy? —Quiso saber, sin importarle como lo estaban mirando
todos en ese momento.

—Lunes, 2 de enero —soltó Jeon, acomodando mejor a Woozi entre sus


brazos—. ¿Por qué?

Taehyung sonrió sin ganas al escuchar eso, girando levemente su rostro para
así poder ver a su padre una vez más. Su sonrisa viéndose totalmente burlona
ante el adulto.

Kyungsoo lo miró extrañado, antes de cruzarse de brazos.

—¿Qué te sucede? —Preguntó el hombre, sin comprender porque su hijo


actuaba así.
Y la única respuesta que recibió, fue la sonrisa del rubio agrandandose,
dejando expuestos sus dientes y a la vez mostrando cierta maldad en la
misma. Una sonrisa que jamás había visto en el adolescente.

—¿Ya lo olvidaste, padre? —cuestionó el chico, burlándose—. ¿Olvidaste el


cumpleaños de tu hijo?

El rostro de el castaño se puso pálido al instante, e inmediatamente comenzó


a negar con la cabeza.

Namjoon lo vió curioso ante eso, al igual que Jungkook, pero ninguno dijo
nada y tan solo se mantuvieron en silencio.

—¡No, no, papá! ¡Debes felicitar a tu hijo por cumplir dieciocho! —siguió
diciendo Taehyung—. ¡La edad tan esperada para tí! ¿Lo recuerdas?

—Cállate, Taehyung. No estás listo para est-

—¡Pero que importa la celebración! —interrumpió bruscamente el rubio, sin


siquiera escuchar a su padre—. ¡Que importa, si según tú había que celebrar
más porque a los dieciocho tu querido hijo trabajaría por tí! Sería el heredero.
¿No es cierto?

—Taehyung. —Jungkook trató de sostener al adolescente cuando notó como


este perdía el equilibrio al intentar caminar hacia su progenitor.
Sosteniendolo del brazo y bajando a Woozi, quien se sostuvo de la cintura de
su hermano.

—¡Tengo dieciocho, papá! —siguió diciendo el chico, totalmente fuera de sí


mientras sonreía como un maniático—. ¡Soy el nuevo dueño del circo!

—Hey, cálmate. Taehyung, maldita sea. —Siguió quejándose el pelinegro al


ver como el chico trataba de liberarse de su agarre, queriendo lanzarse sobre
el adulto. Y Jungkook no tuvo otra opción más que atraerlo hacia sí,
aprisionandolo entre sus brazos.

—No, Jungkookie, está bien —Taehyung acomodó su cabello hacia atrás


cuando el mismo le cubrió los ojos, girando a penas su rostro para ver a
Jungkook a la cara—. Solo quiero festejar con mi papá porque ya se retirará
de su trabajo. ¿No es increíble?

Jungkook suspiró, sin entender absolutamente nada de lo que decía el menor.


Pero aún así no lo soltó y solo se limitó a susurrar en su oído, tratando de
calmarlo de alguna manera, pero parecía imposible.

Mientras tanto, los trabajadores del circo comenzaron a susurrarse cosas entre
sí ante las palabras del adolescente. Nadie entendía porque decía aquello y
Kyungsoo aún se mantenía quieto en su lugar, notándose impresionando ante
los demás.

—Deja de decir estupideces, Kim Taehyung —ordenó el hombre, frunciendo


el ceño después de unos cuantos segundos—. Yo no me retiraré.

—Oh, por supuesto que lo harás —se apresuró a decir el rubio—. Debes
hacerlo, en realidad. Era un acuerdo entre ambos.

—A ver —Namjoon se metió en la conversación, ya cansandose de no


entender absolutamente nada—, señor Kim. ¿Podría explicarme de qué
diablos está hablando su hijo?

—De nada importante, Namjoon. Será mejor que cierres la bo-

—¡Con gusto te lo digo yo! —Taehyung volvió a interrumpir bruscamente a


su padre, observando fijamente al presentador—. Hace tiempo, estaba en mi
casa, solo con papá. Y estaba apresurado porque me tenía que ir con mis
amigos —explicó, casi aturdiendo al hombre porque hablaba demasiado
rápido—. Pero él no me dejó ir hasta que firmé unos papeles, que ni siquiera
llegué a leer porque llegaría tarde. Lo único que me explicó papá, fue que en
esos papeles yo estaba aceptando manejar el lugar en el que él trabajaba
cuando cumpliera dieciocho. Y solo acepté porque no me interesaba el
trabajo mientras pueda obtener tanto dinero como lo tenía mi padre, sería de
ayuda —sonrió levemente una vez más, perturbando un poco a Namjoon—.
¿Y qué crees? Mi cumpleaños ya pasó...

Jungkook abrió mucho sus ojos, sorprendido ante las palabras de Taehyung.
Pero no pudo decir nada, porque el adolescente había empezado a gritarle a
Kyungsoo cuando el mismo lo mandó a callar, desatando así una pelea.

Y Namjoon, entre medio de todo el caos, tan solo pudo susurrarle a Seokjin –
quien había llegado hace poco–, que fuera a buscar los dichosos papeles que
había mencionado el adolescente, de seguro estaban por su casa rodante ya
que él se encargaba de esas cosas.

—¡No puedes tomar el control del circo, sigues siendo un completo inútil que
no hace más que llorar! —Gritó el jefe, sin siquiera importarle el estado en el
que se encontraba su hijo.

—¡Y tú no eres más que un cobarde que dejó abandonado a su hijo por todas
sus mierdas! —Atacó igualmente el rubio, mordiendose el labio con rabia al
sentir ganas de llorar.

Pero no se permitiría soltar ni una sola lágrima. Ya no más, no quería verse


vulnerable ante alguien nunca más.

—¡Es el trabajo familiar, algún día te ibas a enterar! —siguió gritando el


adulto—. ¡Y será mejor que dejes de gritarme porque yo soy quien tiene
autoridad aquí, y fácilmente me puedo deshacer de ese estúpido contrato!

Taehyung gritó con frustración, tratando de librarse del agarre de Jungkook


una vez más. Las palabras del hombre le dolían, y su mente aún seguía
jugando en su contra al estar recordándole las voces y gritos de las personas
que lo habían hecho sufrir de tal manera. Tan solo tenía ganas de desquitarse
con algo, o más bien, con alguien.

Tenía ganas de lanzarse sobre su padre y golpearlo. No podía pensar con


claridad, el dolor no se lo permitía, en ese momento hacía de todo menos
razonar.

Fue por eso que terminó golpeando con su codo el estómago del payaso,
haciendo que el mismo se quede sin aire por un segundo y finalmente lo
libere.

Y como si alguien más hubiera tomado lugar en el cuerpo de Taehyung, el


mismo tiró a su padre al piso, poniéndose encima de él mientras intentaba
atacarlo de todas las maneras posibles. Buscando causarle aunque sea un
poco de todo el dolor que él había vivido por su culpa.

Pero no pudo lograr su cometido, ya que después de forcejear por algunos


minutos unos tipos que trabajan para su padre lo agarraron por detrás y lo
separaron del adulto. Mientras que Kyungsoo se levantaba rápidamente del
suelo, con su labio sangrando gracias a uno de los golpes que le había dado el
menor.

Y después de aquel escándalo, Seokjin finalmente llegó, corriendo entre


medio de todos con el contrato que había mencionado anteriormente el
adolescente.

Namjoon tomó el contrato, y después de leerlo detalladamente entre tanto


griterío, una sonrisa apareció entre sus labios. Y no le importó en lo más
mínimo que Jungkook esté insultando como nunca antes a los hombres que
agarraron a Taehyung, mucho menos que el último mencionado esté gritando
igualmente pero a su jefe.

Carraspeó, poniéndose entre medio de Taehyung y Kyungsoo,


interrumpiendo la discusión.

—Lamento interrumpirlos, pero —comenzó a decir—, me temo que su hijo


tiene razón. Aquí dice que al cumplir los dieciocho, él toma por completo el
control del circo. Usted no figura en ningún lado, señor Kim. —Sonrió con
arrogancia, casi burlándose del hombre.

—¿Y eso qué? Tranquilamente puedo cancelar el contrato. —El hombre


quiso quitarle los papeles de la mano al presentador, pero el mismo
inmediatamente se apartó.

—No, no puede hacerlo —Namjoon negó—. Ya se lo dije, usted no figura en


ningún lado. Su hijo es el nuevo dueño.

—Namjoon, dame eso en este mismo instante. —Ordenó Kyungsoo, furioso.

—Yo ya no tengo porque obedecerle, señor Kim. Usted dejó de ser mi jefe
desde hace poco —esta vez, sí se permitió sonreír con total burla,
divirtiéndose ante la cara de indignación del hombre—. Chicos, sueltenlo. —
Soltó al final, mirando a ambos hombres que aún sostenían a Taehyung.

Y al ser liberado, el rubio miró con enojo a ambos tipos, mas no dijo nada y
observó fijamente a Namjoon cuando el mismo se puso enfrente suyo,
entregándole los papeles.

—Sea oficialmente bienvenido al circo Stigma, señor —comenzó a decir


Namjoon, como si nunca hubiera visto al chico—. ¿Se le ofrece algo?

Taehyung miró con rechazo a Namjoon ante la sonrisa falsa que le ofrecía el
mismo, pero se mantuvo en silencio una vez más antes de observar a su padre
y pensar seriamente en lo que podría pedir.

Y se sorprendió a sí mismo al ver que ni siquiera dudó en el momento en el


que la primera idea llegó a su mente, saliendo rápidamente de su boca, con su
voz sonando firme y decidida.

—Matenlo. —Ordenó, sin piedad ante la mirada que le dió el hombre que
alguna vez consideró su padre.

Jungkook se cruzó de brazos ante lo que había dicho Taehyung, observandolo


fijamente mientras que sentía como Woozi apoyaba su rostro en su espalda al
estar abrazandolo aún. Y a pesar de que le sorprendió un poco la petición del
chico, no dijo nada porque se encontraba sumamente malhumorado por el
comportamiento de Taehyung.

Todos los presentes miraron a Namjoon, dudando de si obedecer o no las


órdenes de aquel adolescente.

Y Namjoon, lo único que pudo hacer, fue asentir con una gran sonrisa en su
rostro, disfrutando de la mirada llena de horror de Kyungsoo.

Las personas obedecieron inmediatamente al ver como el presentador del


circo había dado una respuesta positiva, caminando hacia el antiguo jefe y
formando así un círculo alrededor del mismo, acorralandolo.

Y Taehyung, quien observaba todo en silencio, tan solo se cruzó de brazos,


sin arrepentirse de su decisión.

"Se lo merece." Pensaba una y otra vez, sintiendo rencor y odio hacia el
hombre.

—¡No! ¿¡Qué hacen!? —gritó Kyungsoo, tratando de soltarse del agarre de


algunos tipos—. ¡Esperen, esperen! ¡No pueden matarme! ¡No puedes
matarme, Taehyung!

—¿Y por qué no? —cuestionó el rubio, totalmente serio, mientras el dolor de
su cabeza se hacía cada vez más intenso—. Sí tu fuiste tan cruel como para
abandonar a tu hijo entre un montón de locos, ¿Por qué yo no puedo
ordenarles qué te maten?

El castaño gritó en protesta, siendo arrastrado mientras las personas que


anteriormente trabajaban para él lo tocaban por todos lados, arrancando parte
de su ropa y haciendola pedazos.

Y después de unos cuantos minutos en los que forcejeó, Kyungsoo gritó algo
que logró causar aún más malestar en Taehyung.

—¡No puedes matarme porque si lo haces jamás volverás a ver a tu madre y a


tu hermana!

Frunciendo el ceño, el rubio caminó lentamente hacia donde se encontraba su


progenitor, haciendo que los demás se aparten y le dejen espacio, sosteniendo
al adulto aún. Y una vez que estuvo cara a cara con el hombre, lo miró desde
lo alto –ya que habían arrojado al mayor al piso–, con una mirada totalmente
fría y sus brazos cruzados, demostrando así autoridad.

—¿Qué dijiste? —Quiso saber, tratando de no tartamudear ante la mención


de su madre y su hermana, en verdad las extrañaba y no sabía nada de ellas.

—Lo que oíste. Al venir al circo, tu madre sospechó de que estaba haciendo
algo extraño por no andar buscandote como debía, y me terminó siguiendo
junto con tu hermana hasta aquí. Se enteraron de todo —contó, sonriendo con
socarronería al ver como el chico enfrente suyo mordía su labio inferior con
impotencia—. Obviamente las tuve que mandar a otro lado para que no
compliquen las cosas... Es algo muy-

—¿Dónde están? —Interrumpió bruscamente, alzando el tono de voz.

—Liberame y te lo digo. —Kyungsoo siguió sonriendo, tratando de persuadir


a su hijo.

—No. Dime donde están —volvió a exigir el rubio—. ¿¡Qué mierda te


sucede!? ¡Entregaste a tu esposa y a tu hija como si fueran un objeto que ya
no usabas! ¿¡Tan mal estás de la cabeza!? —gritó, nuevamente alterado al ver
como su papá solo sonreía ante la situación—. ¡Si no me dices ahora mismo
donde están te juro que te entregaré como comida para el León!

El adulto negó con la cabeza, tratando de levantarse, pero terminó cayéndose


al piso una vez más cuando uno de los hombres que lo sostenía le golpeó la
cabeza, aplastando la espalda ajena con su pie al ver a Kyungsoo en el suelo e
impidiendo así que pudiera moverse.

—Dime donde están o en verdad te tiraré a la jaula del León. —Volvió a


amenazar Taehyung, comenzando a frustrarse al no obtener la información
que quería.

—No tienes el valor para hacer eso, sigues siendo débil, Taehyung. De
seguro a los dos segundos estás abriendo la jaula y llorando para después
pedirme perdón. —Siguió burlándose descaradamente el castaño.

Y con aquellas palabras, fue que el menor gruñó entre dientes, antes de guiar
su mano hacia uno de los trabajadores que en ese momento estaba cargando
una pistola. Y el mismo, al ver como el nuevo jefe hacía aquello, le entregó el
arma sin ningún tipo de problema.

Quitándole el seguro, Taehyung sostuvo la pistola firmemente. Y a diferencia


de la última vez que había agarrado una, sus manos no temblaban, sus ojos no
estaban cristalizados, y mucho menos sentía aquella dolorosa tristeza en lo
más profundo de sí.

Lo único que sentía Taehyung en ese momento, era odio. Odio y rencor.
Le apuntó directamente en la cabeza a su padre, logrando sorprender al
mismo. Y antes de que Kyungsoo pudiera decir algo, el rubio volvió a alzar
el tono de voz.

—¿¡Esto te parece débil, papá!? —presionó la pistola contra la sien de su


padre, amenazándolo—. ¡Porque si es así no me interesa acabar contigo ahora
mismo! ¡Dime de una vez donde están!

—No lo haré hasta que me sueltes. Nada saldrá de mi boca hasta que me
dejes ir, es así de sencillo, hijo...

Taehyung lo miró con total odio, antes de negar con la cabeza frenéticamente
y alejarse del adulto. Apuntando esta vez hacia el brazo derecho del mismo,
mordiendose el labio con fuerza.

—Esta no es una conversación en la que se puede negociar, papá —murmuró,


bajito y suave, sintiendo la adrenalina corriendo por todo su cuerpo al igual
que el odio y el rechazo que sentía hacia el hombre—. Así que dime de una
vez donde mierda está mi hermana, donde está mamá...

Y a pesar de sus palabras, Kyungsoo siguió diciendo lo mismo. Que no diría


nada hasta que lo liberen.

Y entre medio de todas las emociones que estaba sintiendo, Taehyung sintió
como Jungkook se ponía detrás de él, tocando su hombro y acercándose a su
oreja para susurrar algo que lo dejó pensando.

—Ni siquiera pienses en soltarlo, está jugando contigo —soltó Jeon,


masajeando a penas el hombro del menor, quien se encontraba tenso en su
lugar—. Las personas como tu madre y tu hermana, que no quieren morir ni
nada por el estilo, son normalmente personas que nosotros damos como
regalo a un circo enemigo cuando estamos en el mismo territorio y no
queremos problemas, algo así como un tratado de paz entre ambos. Si es
verdad lo que él dice, ese circo ya se marchó y absolutamente nadie sabe
hacia donde va después de esto... Está mintiendote, no tiene ni puta idea de
donde están.

Taehyung apretó la pistola entre sus manos ante las palabras de Jungkook,
con rabia. Y ante el enojo, terminó apretando el gatillo, dando justo en el
brazo de su padre y haciendo que el mismo grite con fuerza, adolorido
mientras la sangre bajaba.

—¡N-no sabrás donde están nunca porque eres tan imbécil que ni pensar bien
puedes! —Gritó su progenitor, presionando la herida en su brazo con su
mano.

—¡Cállate, lo único que quieres hacer es manipularme! —el rubio volvió a


apuntar hacia Kyungsoo, directo en la cabeza—. ¡No permitiré que otro
infeliz quiera venir a manipularme para que después todo sea en vano! Tú no
sabes nada, y solo quieres ganar tiempo... —soltó con odio, negando con la
cabeza—. No me interesa si te mueres con tu falsa información, porque me
encargaré de buscarlas yo solo —sentenció, seguro, para después observar a
ambos hombres que sostenían a su padre—. Encierrenlo.

Los hombres obedecieron, arrastrando a Kyungsoo por el piso una vez más e
ignorando los gritos del mismo, quien gritaba con odio hacia su hijo.

Y después de eso, Taehyung le ordenó a todos que vayan hacia sus


respectivas casas, no quería soportar a nadie más en ese momento.

Tomó aire al ver como solo habían quedado Jungkook, Namjoon, Woozi,
Seokjin y él.

—Que intenso... —Comentó de la nada el peliazul, sin ningún tipo de


delicadeza a pesar de que habían pasado tan solo segundos después del
escándalo.

—Seokjin, guarda silencio, por favor. —Pidió Taehyung, llevando una de sus
manos hacia su cabeza al sentir aún el dolor, que poco a poco iba
desapareciendo, de forma muy lenta.

Todos se quedaron en silencio, y lo único que podía escucharse era el


golpeteo inquieto de uno de los pies de Woozi contra el piso, ya que el
mismo se sentía algo ansioso ante todo lo que había presenciado y lo único
que quería hacer era marcharse con su hermano de ahí.
—Bueno... —Namjoon carraspeó, llamando la atención de todos, a pesar de
que el rubio ni siquiera se había tomado la molestia de mirarlo—. Luego
tendré que pasar por Taehyung para explicarle algunas cosas básicas sobre el
circo y como debe manejarlo, pero eso lo dejaremos para otro día porque
ahora por obvias razones, no es un buen momento. —Soltó con total
naturalidad, acomodando su camisa y pasando sus manos por la misma como
si se hubiera ensuciando, a pesar de que estaba totalmente limpia.

Jungkook asintió, acariciando el cabello de su hermano cuando el mismo se


aferró aún más a su cuerpo cuando Taehyung alzó la mirada, observando
fijamente al presentador.

—Quiero que busquen a mi madre y a mi hermana. —Ordenó firmemente,


ignorando por completo lo que se le había dicho antes.

Y Namjoon, tan solo asintió, sin quejarse.

—Haremos todo lo posible para encontrarlas —aseguró, antes de girar


levemente su rostro y así mirar a Seokjin—. Si nos disculpan, debemos irnos.
Tenemos cosas que hacer para hoy.

El rubio asintió, desinteresado. Y no se molestó en mirar a ambos hombres


cuando los mismos se retiraron a paso lento.

Y Jungkook, al quedarse solo con su hermano y Taehyung, caminó hacia su


casa rodante, abriendo la puerta de la misma. Y antes de entrar, se agachó
hasta quedar a la altura de Woozi, buscando algo en su bolsillo.

Sacó su navaja, dejándola enfrente del rostro del infante, y el mismo sonrió
levemente, para después tomarla entre sus manos.

—Ve rápido a casa de Yeonjun, Woozi —ordenó Jungkook—. No hables con


nadie, no mires a nadie, y si alguien se mete contigo. ¿Qué es lo que debes
hacer?

—Primero al estómago y luego a la yugular. —Soltó el infante, moviendo la


navaja como si estuviera tocando dichos lugares.
—¿Y si no funciona?

—Muchos golpes en sus cositas y correr hacia aquí. —Sentenció el niño.

—Perfecto. —Jungkook sonrió sin muchas ganas, antes de volver a acariciar


el cabello de su hermano y finalmente dejarlo ir.

La casa de Yeonjun quedaba realmente cerca, por lo que Jungkook no vió


necesario acompañar a su hermano. Pero siempre sentía la necesidad de
recordarle como defenderse al menor. Incluso en ese momento en el que
estaba tan malhumorado, odiando a todos a su alrededor.

Y cuando finalmente quiso meterse en su casa, se sorprendió al ver como


Taehyung se adelantaba, entrando y caminando directamente hacia el sofá,
sentándose ahí y mirando un punto fijo.

Jungkook no sabía como actuar ante la situación. Él creía que después de


enterarse de todo, Taehyung se iría de su lado e incluso ordenaría a los demás
que lo mataran. Pero no, el chico solo había vuelto hacia el interior de la casa,
totalmente afectado por lo que había pasado.

Y Taehyung en ese momento, se encontraba tan dolido y tan fastidiado a la


vez. Sentía tanto rechazo hacia su padre, y a la vez se sentía miserable porque
se había dado cuenta de que estaba absolutamente solo, no tenía a nadie, ni
siquiera a su madre y a su hermana.

Se sentía tan solo por el simple hecho de que nadie se había preocupado por
él y las únicas personas que le interesaban ya ni siquiera podían estar a su
lado.

Y al sentirse así, simplemente volvió al mismo lugar donde se sentía seguro


últimamente. E irónicamente ese lugar era junto a Jungkook.

En verdad sentía la necesidad de ir junto al payaso para sentirse mejor. En ese


momento no pensaba en que al ser el nuevo jefe podría tranquilamente
vengarse de Jungkook por todo lo que lo lastimó, no podía pensar en eso si
aquel hombre era la única persona que le quedaba.
—Jungkook... —Llamó, en un susurro, buscando la atención del mayor.

Pero Jungkook no contestó, y solo se marchó hacia la habitación, cruzándose


de brazos y pasando de largo enfrente de Taehyung. Logrando así que el
rubio se sintiera peor, si es que eso era posible.

Y el chico, aún necesitado de atención y aunque sea un poco de "cariño"


siguió al hombre, encontrándose al mismo acostado en la cama, dándole la
espalda.

—J-Jungkook... —volvió a llamar—. Hey...

Sin decir ni una sola palabra, Jungkook se sacó los zapatos e ignoró por
completo al chico, cubriéndose con las sábanas.

—No me ignores, payaso estúpido —se quejó el rubio, intentando destapar al


mayor, pero este no cedía—. L-lo siento por lo que dije... Por favor, ya no me
ignores. —Pidió, demasiado dolido como para pensar en sus palabras.

Él solo quería atención, era lo único que quería. Y sentirse mínimamente


protegido a pesar de que el que lo estuviera haciendo sentir así fuera el
hombre que lo había hecho sufrir tanto anteriormente.

—"Yo no tengo la culpa de que tu papá no te haya querido y te termine


abandonando como para que me quieras apartar de mi padre." —soltó
Jungkook, haciendo su voz más grave para imitar al menor—. "Así que
muévete porque no estoy para berrinches tuyos." —siguió recordando, antes
de voltear a penas y finalmente encarar al chico—. Mocoso, agradece que
ahora seas el jefe, porque te juro que si no fuera así ya estarías llorando y
pidiéndome perdón con cinco dedos menos.

—Lo siento... —Se disculpó Taehyung, apartando la mirada.

—Mh... —Jungkook volvió a darle la espalda al rubio, removiendose a penas.

—Jungkook, no me des la espalda. —Se quejó el chico, mordiendo su labio


al sentir como sus ojos se cristalizaban. En verdad estaba haciendo un gran
esfuerzo por no largarse a llorar por todo lo que había pasado.
—No seas dramático, solo estaba buscando algo. —El payaso le restó
importancia a las palabras del chico, antes de encontrar algo entre las sábanas
de la cama, y al tenerlo en sus manos, sonrió a penas y volteó, quedando así
su rostro cerca del de Taehyung.

—¿Qué haces? —Preguntó el rubio, hablando bajito.

—Cachorro, ¿Recuerdas el juego de la feria? —soltó de repente Jungkook,


llamando la atención del chico, quien asintió a penas—. Pues esta mañana,
después de que te vayas con Jin, vino Hoseok a decirme que no reclamamos
tu premio en la feria y me lo entregó, creo que te va a gustar. —Mencionó
con calma, antes de alzar a penas sus brazos y finalmente dejar expuesto lo
que tenía en sus manos.

Y Taehyung no supo como sentirse cuando observó un osito de peluche entre


las manos del payaso, pero no uno cualquiera. El peluche estaba lleno de
hilos por todos lados, uniendo trozos de algo que le generó desconfianza y
manteniendo así el relleno adentro.

Y a pesar de que le pareció extraño al principio, el rubio lo tomó entre sus


manos, mirándolo detalladamente ya que era bastante lindo y no veía ningún
lugar sospechoso de donde pudiera salir relleno.

Sin embargo, entendió de inmediato que era lo que tenía de "especial" el osito
cuando sus manos tocaron al mismo.

—Es piel humana —aclaró Jungkook al ver el rostro del chico, sonriendo a
penas—. No sé que mierda le ponen para que no se pudra, pero básicamente
es lo mismo que un oso de peluche, no cambiará en nada.

Taehyung no dijo nada ante las palabras del hombre, simplemente asintió. Sin
sorprenderse en lo más mínimo porque ya estaba acostumbrado a las cosas
turbias que podía encontrarse en el circo, ya ni siquiera le importaba estar
tocando restos de quien sabe quién que habían sido reciclados en un oso de
peluche.

Y Jungkook, al notar como el menor no se quejaba por el oso, sonrió aún más
y lo agarró por la cintura, atrayendolo hacia sí. Mientras que el rubio no puso
ningún tipo de resistencia, tan solo dejándose hacer ante el hombre.

—Somos patéticos. ¿No lo crees, amor? —soltó de repente Jungkook, en un


susurro, sintiendo como el rubio se acomodaba en su pecho y lo abrazaba por
la cintura igualmente—. Nos dejan solos, no abandonan y nos
menosprecian... —suspiró, antes de comenzar a acariciar el cabello del chico
—. ¿Y nos merecemos eso, cariño?

Taehyung negó con la cabeza contra el pecho de Jungkook, sin atreverse a


hablar.

—No le hicimos daño a nadie, pero nos dejan solos aún así —siguió
hablando el pelinegro—. Al parecer tenemos mucho en común ahora,
amorcito. Y no sé si eso es bueno o malo, porque parecerse a mí no es algo
que se considere bueno para absolutamente nadie.

—Jungkook, no hables, por favor —pidió Taehyung, cerrando sus ojos con
fuerza ante las palabras del mayor, no quería admitir que en verdad se estaba
pareciendo a él—. No me siento bien, así que mejor cállate...

—Está bien, cachorro. —Jungkook dejó un beso en el cabello del chico,


restándole importancia al asunto.

Aunque no pudo quedarse callado por mucho tiempo.

—Taehyung... —Llamó, logrando que el menor frunciera a penas el ceño.

—¿Qué pasa ahora?

—¿Te quedarás a mi lado? —Preguntó, mientras apoyaba su barbilla contra


la cabeza del chico, quien suspiró luego de algunos segundos.

—Ya te lo dije, me quedaré contigo...

—¿Lo prometes? —Sonrió con gracia, complacido, mientras que sus palabras
se escuchaban con cierta burla.

Sin embargo, Taehyung no le encontró la gracia, y solo se acomodó mejor en


el pecho ajeno.
—Lo prometo, payaso estúpido. —Dijo le rubio con cierto fastidio,
concentrándose más en tratar de dormir que en Jungkook.

Quizá no debió prometer eso, pero él sentía que no importaba en lo más


mínimo porque en verdad no se separaría de Jungkook. Si encontraba a su
madre y a su hermana, no las dejaría vivir junto a él en aquel enfermizo circo,
las dejaría seguir con su vida mientras él se ocupaba de todo y les mandaba
dinero. No importaba hacia donde vaya, porque seguiría siendo el dueño de
aquel lugar y Jungkook seguiría siendo la única persona que lo cuidaría ahí.

Y el mayor, ante las palabras del chico, no hizo más mantener su sonrisa,
mientras el vago recuerdo de la conversación que tuvo con Taehyung cuando
eran pequeños llegaba a su mente.

—¿Y cómo sé que no me estás mintiendo? —Siguió diciendo, recordando las


palabras de el rubio en otra ocasión.

El adolescente, ya cansado de la conversación, alzó la mirada, observando


fijamente a Jungkook.

—Porque mientras tu cumplas tu promesa, yo cumpliré la mía. Así de fácil,


idiota —Taehyung volvió a acomodarse, cansado por el agotador día que
tuvo que soportar—. ¿Ya estás feliz? Ahora déjame dormir.

Jungkook asintió ante las palabras del chico, cerrando la boca.

Y cuando Taehyung finalmente se quedó dormido después de varios


inconvenientes, el payaso lo observó con detalle, analizando su rostro a pesar
de que el rubio se quejaba constantemente entre sueños gracias a que tenía
pesadillas.

—Créeme que estoy más que contento por tenerte, Kim Taehyung... —
Susurró el pelinegro, acariciando el cabello del chico al ver como el mismo
finalmente se quedaba quieto y cerrando sus ojos en el proceso, durmiendose
junto al adolescente.

Ninguno de los dos se había enterado de la discusión que había afuera de la


casa rodante, algo lejos, siendo los protagonistas de esta dos rubios que se
hacían llamar mejores amigos.

(◌ू❁)

Capítulo dedicado a sietealmasuncorazon♡♡♡


28

Si Kim Taehyung tuviera que describir lo que sentía en ese preciso momento,
simplemente diría que el estrés y el rechazo lo estaban consumiendo por
completo mientras seguía al presentador del circo a quien sabe dónde.

Después de todo el escándalo que se había hecho en el circo al tener un nuevo


jefe, Taehyung se la pasó todo el día encerrado en la casa rodante de
Jungkook, sin siquiera pensar por un segundo en salir de allí, no estaba de
humor, seguía sumamente dolido y enojado, desquitándose con todo aquel
que lo moleste en lo más mínimo. Y así siguió hasta que pasaron algunos
días, en los que Namjoon había estado intentando hablar con él.

Pasaron tres días, en los que el circo se mantuvo en movimiento, yendo por
donde había indicado el presentador y buscando así el circo donde yacían los
familiares del jefe, tan solo se detenían un par de horas para descansar y
luego seguían su camino, así lo había ordenado Taehyung.

Al cuarto día, cuando el circo se detuvo finalmente al estar en un territorio


donde podrían estar las mujeres que abandonó el señor Kim, Namjoon
apareció nuevamente en la casa rodante de Jungkook, exigiendo hablar con el
rubio ya que era sumamente importante explicarle algunas cosas.

Y Taehyung, ya cansado ante tanta insistencia, finalmente accedió, dejando


solo a Jungkook en la casa rodante a pesar de que el mismo se había negado
rotundamente a dejarlo solo con Namjoon.

—¿A dónde vamos? —Quiso saber el rubio, detrás del presentador de cabello
negro, siguiéndolo y observando a su alrededor con cansancio. No había
dormido precisamente bien, no podía ante tantas pesadillas.

—A la carpa del circo, ahí estaremos más tranquilos. —Fue lo único que
contestó Namjoon, restándole importancia.

Desconfiado, el rubio se mantuvo alerta, mas no dijo nada. Prefirió quedarse


en silencio mientras miraba a su alrededor y trataba de memorizar el camino,
de vez en cuando observando a los niños que pasaban jugando por ahí.

Y cuando estuvieron finalmente enfrente de la carpa, Taehyung miró la


misma con desprecio ya que los recuerdos de como lo metían a la fuerza al
mismo lugar llegaban de golpe, detestaba siquiera mirar la entrada del circo.

Pero al parecer Namjoon ignoró por completo la expresión del chico y siguió
caminando, guiando al rubio hacia dentro de la carpa, donde estaba casi todo
oscuro, la única luz que había apuntaba directamente al escenario, el cual se
encontraba en el centro.

Caminaron hacia allí, y Namjoon fue el primero en subirse al escenario,


observando al chico desde lo alto, con los brazos cruzados mientras la luz le
apuntaba directamente en el rostro.

—Taehyung —comenzó a decir—, como sabes, en este circo nada es normal.


Tenemos reglas, por más extraño que sea, y las mismas reglas deben ser
respetadas.

El rubio tan solo asintió, guiando ambas manos hacia los bolsillos de el
enorme abrigo negro que tenía puesto, el cual le pertenecía a Jungkook. Su
mirada hacia el presentador no mostraba más que aburrimiento y desinterés,
Namjoon solo le estaba diciendo cosas que ya sabía.

—Algunas de las reglas son las siguientes, y espero que como nuevo dueño
las recuerdes —carraspeó—. Primero que nada, no se pueden asesinar entre
trabajadores del circo que dan los espectáculos, si esto ocurre todo se pone
fuera de control y los demás empiezan a matarse como si nada importara —
soltó—. La otra regla, es que aquí nadie puede renunciar, de lo contrario, los
empleados que quisieron renunciar serán asesinados —acomodó las mangas
de su traje, tratando de recordar más reglas—. La tercera también es sobre
que los empleados no pueden asesinar a nadie que llegue desde fuera del
circo sin tener nuestro permiso, es decir, el permiso del jefe o el presentador.
Taehyung asintió una vez más, golpeando en repetidas ocasiones el suelo con
su pie al sentirse algo ansioso, Namjoon no dejaba de hablar y solo le decía
cosas que le resultaban obvias. Hubiera preferido mil veces quedarse en la
casa rodante en vez de salir para escuchar lo que le tenía que decir el
presentador, además de que comenzaba a fastidiarse al notar que el mismo no
dejaba de hablar, como si estuviera tratando de dejar de lado el verdadero
tema por el cual lo había llamado.

—Los trabajadores de vez en cuando suelen salir del circo únicamente para
buscar vestuarios en lugares cercanos o distintas armas pero siempre tienen
que tener autorización —siguió hablando Namjoon, logrando así cansar al
chico pues había estado hablando durante más de media hora sin parar—.
Luego-

Dando un paso al frente, Taehyung se subió al escenario, caminando con


calma hasta el hombre para quedar finalmente cara a cara, callando de una
vez al pelinegro.

—Escucha, Namjoon —comenzó a decir el rubio—. Todo lo que me dijiste


no son más que las reglas que tú debes memorizar. Todas las reglas son las
que me explicó Jungkook hace unos días, y la mayoría las tienes que saber tú
por el simple hecho de que eres el encargado de manejar todo esto mientras
que yo solo me encargo de contar billetes, todo esto me pertenece y lo único
que necesito hacer es ver que todo está en orden de vez en cuando. Y de no
ser así, la culpa cae sobre tí, y te puedo matar si se me da la gana por ello —
explicó, con una sonrisa cansada—. No hace falta que me llames con tanta
insistencia para decirme tales estupideces, siendo que sabes perfectamente
que Jungkook se encargaría de decirme todo. Me llamaste para otra cosa y
solo estás divagando como un imbécil —frunció levemente el ceño, mirando
como el mayor lo observaba totalmente serio—. Así que lo mejor sería que
me digas lo que en verdad es importante, porque no estoy de humor para
soportar otra estupidez siendo que lo único que me interesa en este momento
es dormir y seguir con nuestro camino hasta encontrar a mi familia.

Se mantuvieron en silencio ante las palabras del menor, mirándose fijamente.


Uno simplemente con cansancio y desprecio, mientras que el otro analizaba
con cierta sorpresa a quien tenía enfrente suyo.
Namjoon en verdad se encontraba levemente sorprendido ante la manera en
la que le había hablado Taehyung. Ya que estaba acostumbrado a aquella
imágen inofensiva del chico, donde el mismo lloraba cada cinco segundos y
gritaba con horror ante el más mínimo corte que se hiciera a alguna víctima.
Aún recordaba perfectamente los ojos llenos de terror del chico mientras sus
empleados daban algún espectáculo, y a la vez se movía con insistencia sobre
el asiento en el que era atado, intentando escapar.

Recordaba perfectamente todo eso, y era extraño de cierta manera ya que en


la actualidad, el Kim Taehyung que tenía enfrente suyo era totalmente
distinto al anterior.

El chico que tenía enfrente ya no reflejaba aquel terror o tristeza en sus ojos,
sino odio y total cansancio. Sus ojos parecían encontrarse levemente sin
brillo mientras que la luz apuntaba directamente a su rostro. El menor lo
miraba con seriedad, logrando así verse intimidante, y ni siquiera parecía
dudar de sus palabras al momento de exigir algo.

Kim Taehyung había cambiado.

—Está bien... —soltó Namjoon luego de analizar al chico, asintiendo—. Te


diré la verdadera razón por la que te llamé. Acompañame. —Ordenó, dando
media vuelta, para después caminar hacia detrás del escenario.

Taehyung bufó con aburrimiento, pero obedeció al mayor y siguió sus pasos,
yendo hacia el mismo lugar que lo había guiado Jungkook aquella vez que lo
encerró en la jaula del León.

La única diferencia, era que en ese momento, no había una sola jaula, sino
dos. Y ambas eran tapadas por mantas negras, siendo alumbradas por una
débil luz amarilla que colgaba, alumbrando lo necesario.

—Taehyung —llamó el presentador, ganándose así la atención del menor—,


¿Sabes dónde está tu padre? —Quiso saber.

El rubio frunció levemente el ceño, negando con la cabeza.

—No, y no me interesa.
Namjoon sonrió con cierta diversión ante las palabras del chico, antes de
sostener la manta negra de la jaula que estaba del lado izquierdo y jalar la
misma, dejando a la vista lo que había ahí.

—Pues creo que deberá importarte ahora. —Dijo el pelinegro, sonriendo y


haciéndose a un lado para mostrarle a Taehyung el interior de la jaula que se
encontraba cerrada con un candado.

Y el rubio, no dijo absolutamente nada al ver a su padre ahí, con la ropa sucia
al igual que su rostro. El hombre dormía, su cuerpo lleno de golpes por
algunas partes mientras que temblaba levemente en su lugar ya que hacía algo
de frío y la ropa que tenía anteriormente había sido arrancada en algunas
partes.

Se veía miserable.

Pero a Taehyung no le interesó.

—Sigo insistiendo en que me digas para que mierda me llamaste. Porque no


me interesa ver a este tipo. —Soltó con frialdad, mirando con rechazo el
rostro de su padre.

El odio que sentía hacia el hombre era tanto, que Taehyung no podía sentir
empatía. En verdad no podía, no le interesaba en lo más mínimo que ese
hombre haya sido quien lo crió, porque al recordar eso inmediatamente su
cerebro prácticamente lo atacaba con todas las imágenes de lo que había
sufrido por la culpa del mismo.

Taehyung no sentía nada por su progenitor más que odio y rencor.

—Pues verás, te llamé porque quería dejarte en claro un pequeño detalle


sobre eso de ser el dueño del circo —contó Namjoon, cruzándose de brazos
una vez más—. Aquí, tu familia creó una tradición a través de los años, la
cual consiste en que el próximo heredero del circo debe hacer un espectáculo
para tomar por completo el control del circo...

El rubio abrió sus ojos con cierta sorpresa, pero solo se mantuvo en su lugar,
mirando de reojo a su padre y luego a Namjoon.
—Lo que quiere decir, que sí, por el contrato eres el dueño. Pero los
trabajadores no te aceptarán como tal hasta que presentes tu primer
espectáculo, es sumamente necesario. El público también necesita saber
quién será el nuevo dueño, así es como funciona.

Taehyung se mantuvo en silencio, sin saber que decir realmente. La noticia


era algo impactante para él, pero debió imaginarlo. Siempre había algo que
lograba joderlo en aquel lugar, nunca podría estar del todo tranquilo.

Lo pensó por algunos segundos, mirando fijamente el piso.

Él no era un asesino, nunca quiso lastimar a alguien, y sabía que


probablemente después de eso la culpa lo consumiría poco a poco hasta
hacerle perder por completo la cordura. Era algo riesgoso para la poca salud
mental que le quedaba.

Pero al ver a su padre una vez más, supo que nada de eso le importaba. Ya
nada importaba siendo que siempre estuvo destinado a ser así, a ser un
enfermo más del montón que solo servía para entretener a personas aún más
enfermas que él.

No había escapatoria, en verdad no había ningún tipo de escapatoria para


Taehyung. Y él al saber eso, no pudo hacer otra cosa más que asentir hacia
Namjoon, resignandose.

Si debía dar un espectáculo, lo haría. Pero él también tenía sus condiciones.

—Lo haré —aseguró, confiado—. Pero primero quiero encontrar a mi familia


—soltó, ganándose así la mirada curiosa del presentador—. Solo quiero hacer
eso primero, en verdad... No puedo perder tiempo haciendo un "espectáculo"
Siendo que les podrían estar haciendo lo mismo a mi madre y a mi hermana.

—Comprendo —Namjoon asintió, sin quejarse—. De todos modos-

—Aún no termino —Taehyung frunció el ceño, interrumpiendo a el mayor, y


antes de que el mismo vuelva a hablar, el rubio apuntó hacia Kyungsoo—. Él
será parte del primer espectáculo. —Sentenció, sin delicadeza alguna
mientras miraba con odio a su padre.
Habían pasado varios días desde que encerró a su padre, pero el gusto amargo
que sentía Taehyung en la garganta al recordar lo que había sucedido seguía
ahí, al igual que la decepción, el odio y el rencor. Su odio era tanto, que lo
único en lo que podía pensar en ese momento era en vengarse de su
progenitor por causarle tanto malestar, tanto rechazo. Odiaba tanto al hombre
que alguna vez fue su héroe, y eso lo llenaba aún más de enojo y tristeza.

Taehyung sabía que si mataba a alguien, al único que podría matar sin sentir
empatía sería a su padre, porque al verlo solo recordaba todo el daño que le
causó.

Namjoon observó con leve sorpresa al chico, aunque no dijo nada y tan solo
asintió, estando de acuerdo con el menor.

—Entendido, así será —sonrió levemente—. Me alegra que aceptes hacer


esto, pensé que dejarías de lado tu responsabilidad. Todo sería más
complicado.

El rubio apretó a penas los labios, sin saber que decir, y el presentador tan
solo siguió hablando un poco más hasta que finalmente fue interrumpido.

Seokjin había ingresado al lugar, acercándose a Namjoon rápidamente pues al


parecer tenía prisa y respiraba algo agitado.

—Namjoon, Baekhyun está tratando de matar a Soobin otra vez, necesito que
vayas a separarlos. —Soltó el peliazul, tratando de recuperar el aire.

Y el mayor ante sus palabras, no hizo más que rodar los ojos con notable
cansancio, antes de tomar el brazo del peliazul y guiarlo hacia el escenario
nuevamente, dejando atrás a Taehyung.

—Esos dos otra vez —se quejó el hombre acelerando el paso y dejando en el
olvido a el rubio—. Deberás regresar solo, Taehyung. Esto es urgente. —Fue
lo único que dijo Namjoon, antes de salir de ahí lo más rápido que podía,
llevándose al peliazul con él a pesar de que el mismo se negaba a que lo
toque.

Taehyung se quedó solo, en medio del escenario, con la luz apuntando hacia
sí. No le había tomado mucha importancia al abandono de Namjoon, solo se
había concentrado en el montón de asientos que había en el lugar, enfrente
del escenario y alrededor.

Lo único que pudo pensar en ese momento, era en que algún día se
encontraría en el mismo escenario asesinando a su padre, enfrente de miles de
enfermos que celebraban aquello, animandolo a seguir causando daño. Ese
mismo día todo en el se destruiría de cierta forma, porque en verdad dejaría
atrás todo lo que alguna vez fue. Dejaría de ser un chico amable, extrovertido
y alegre, y se convertiría en un asesino, dueño de un lugar repleto de
psicópatas y de seguro un manipulador de primera al convivir con gente
como Jungkook.

Suspiró, observando a su alrededor. Y su mente tan solo pudo reproducir la


imágen de los asientos repletos, totalmente llenos de espectadores que
exigían sangre, que gritaban con euforia, e incluso algunos se levantaban de
su asiento para animar aún más.

Y le resultó tan extraño pensar en eso siendo que él anteriormente era una de
esas víctimas que se encontraban atadas entre todos los espectadores, siendo
obligados a ver tal atrocidad de circo.

Observó sus manos, y se las imaginó repletas de sangre, metiéndose en su


propio mundo donde trataba de ver por sí mismo todo lo que sucedería una
vez que encuentre a su madre y a su hermana –si es que aún seguían con
vida–, todo era tan retorcido. Y los gritos del público se escuchaban cada vez
más mientras él veía esa sangre en sus manos, aquella ilusión donde las gotas
caían poco a poco sobre el escenario, ensuciando el mismo y a la vez
dejándole una sensación amarga en la boca.

Sus pensamientos lo estaban consumiendo por completo en ese momento,


mientras que él tan solo se mantenía en silencio, concentrado en imaginar aún
la sangre en su cuerpo, la sangre ajena de aquel hombre que anteriormente
llamaba "padre".

Y al parecer estaba tan perdido en su mundo, que no notó siquiera cuando


Jungkook apareció en el circo, caminando cerca de los asientos mientras lo
observaba fijamente, levemente hacia arriba ya que el escenario era algo alto.
—¿En qué tanto piensas, amor? —Cuestionó el payaso, ladeando su cabeza
mientras sonreía a penas, llamando la atención de chico.

Al notar la presencia del mayor, Taehyung frunció levemente el ceño,


cruzándose de brazos.

—¿Por qué no me dijiste qué había una tradición estúpida sobre hacer
espectáculos? —Quiso saber, algo molesto.

Y la única respuesta que recibió, fue otra sonrisa de Jungkook, antes de que
el mismo se suba al escenario, caminando hacia él con tranquilidad, hasta
tomarlo por la cintura. Y el rubio ante eso no hizo nada más que quedarse
quieto, acostumbrado a que el hombre lo agarre de tal manera.

—El imbécil de Namjoon estuvo tratando de hablar contigo durante más de


tres días para decirte todo lo que yo te dije, no quería que se quede como
idiota viendo que solo te jodió para decirte cosas que ya sabías —rió con
gracia—. Creo que a tí tampoco te gustaría eso, en realidad. ¿Verdad,
cachorro?

—Eres un imbécil —gruñó con fastidio, intentando librarse del agarre del
mayor—. Sueltame, quiero volver. —Soltó, quejándose por lo bajo cuando
Jungkook apretó aún más su cintura, juntando sus cuerpos de tal forma que
ambos pechos se tocaron.

—¿A dónde quieres volver? —Preguntó el pelinegro con cierta diversión,


disfrutando de la mirada molesta de Taehyung sobre sí.

—Ya sabes a donde, déjame ir. —Volvió a exigir el menor, dándole un


pequeño golpe en el brazo al payaso.

—No, no lo sé. Dime —insistió, antes de inclinar a penas su cuerpo, haciendo


que Taehyung se incline levemente hacia atrás—. ¿A dónde quieres ir?

Sosteniéndose de la camisa de Jungkook, el rubio suspiró con fastidio,


apartando la mirada.

—Quiero volver a casa... —dijo finalmente, ganándose una sonrisa llena de


satisfacción por parte del mayor.

—¿Qué casa, amor? ¿La nuestra? —Siguió preguntando Jungkook, jugando


con el chico.

Y al ver como el menor asentía levemente, no pudo hacer más que agrandar
su sonrisa, dejando un casto beso en los labios ajenos, y ganándose así
nuevamente la mirada de Taehyung sobre sí.

—En verdad me gustaría volver a casa contigo, Taehyung. Pero me temo que
no se va a poder —aflojó su agarre, y el chico tan solo lo miró curioso—.
Debemos hacer algo antes.

—¿Qué cosa? —preguntó el rubio, aún sosteniendo la camisa negra de


Jungkook mientras poco a poco se paraba de forma correcta, ya dejando de
estar inclinado—. Si hay algo que debas hacer hazlo rápido, porque necesito
dormir un poco más, no pude dormir en toda la noche, y es aún más difícil
dormir si estoy solo.

—Lo sé, bebé —Jungkook asintió—. Pero esto que vamos a hacer nos
incluye a los dos —sonrió—. O más bien... A los tres. —Miró de reojo hacia
donde se encontraba Hope y Kyungsoo, y al notar aquello, Taehyung frunció
levemente el ceño.

—¿Qué planeas hacer, maldito payaso loco? —cuestionó—. Si me vas a tirar


a la jaula del León una vez más, te recuerdo que ahora sí puedo defenderme y
mandar a que te metan un puto palo por el culo. —Amenazó, tratando de
verse intimidante.

Pero ante los ojos de Jungkook, seguía siendo su niñito indefenso, y eso le
daba cierta gracia.

Dejó salir una carcajada, antes de negar con la cabeza.

—Nadie me meterá algo porque no es a tí a quien le haré daño —aclaró—.


Nosotros le haremos algo a tu padre, en realidad.

Taehyung lo miró con confusión, y ante eso, el payaso bufó con cierto
aburrimiento.

—Mocoso, déjame preguntarte algo. ¿En verdad crees qué al público le


resultará interesante ver como un niñito asustado trata de buscar alguna
manera de matar a su padre en pleno espectáculo? Eres el nuevo dueño, ellos
esperarán lo mejor de tí, lo más innovador —acomodó su cabello hacia atrás,
mientras trataba de explicarse lo mejor que podía—. Quieren ver como haces
sufrir a alguien, como esa persona agoniza. Y tú como buen jefe que eres,
debes darles lo que quieren. Ellos no estarán satisfechos al ver como solo
hipnotizas al viejo y le dices que se mate, eso es considerado aburrido para
ellos. Y tampoco creo que a tí te resulte satisfactorio ver como tu papá se
muere solo porque lo obligaste a matarse cortándose o algo por el estilo. Él
merece algo peor, ¿no lo crees?

El menor se quedó en silencio por algunos segundos, pensando. Y ante eso,


Jungkook no hizo más que sonreír con gracia, volviendo a acercar al chico
hacia sí.

—Tu papá te abandonó en un circo de enfermos, merece algo mucho peor


que simplemente morir desangrándose o algo así. Merece sufrir... —rozó sus
labios con los del menor, mirándolo a los ojos—. Y yo sé, amor, en verdad sé
que tú no tienes idea de lo que puedes hacerle, de todo lo que puedes hacerle
para que sufra —sintió las manos de Taehyung sobre sus hombros, y eso hizo
que se animara aún más a seguir hablando—. Por lo que, estoy dispuesto a
enseñarte, cachorro. —Soltó, sin dejar de sonreír.

—¿Enseñarme? —repitió Taehyung, dudoso—. ¿Qué se supone qué quieres


enseñarme?

—Puedo enseñarte como torturar a alguien, en que partes debes tocar para
llevarlos al mismísimo infierno y tenerlos a tu merced. Todo aquel bastardo
que te joda se puede domar de cierta manera y yo sé cada una de esas
maneras. Es solo cuestión de enseñarte lo mismo a tí para que lo dejes en tu
padre —aclaró Jungkook—. ¿No quieres hacerle todo lo qué te hicieron a tí,
todo el daño que dejó en tí este lugar?

—Casi todo el daño me lo dejaste tú, infeliz. —Protestó el rubio.


—Lo sé, y si te soy sincero, no me arrepiento en lo más mínimo —recibió un
empujón ante sus palabras, pero aún así no soltó al chico—. No me arrepiento
porque si no fuera por todo eso, seguirías siendo el niñito débil que tanto
detesta tu padre, serias tan frágil que en este momento estarías dejándole todo
a tu padre a pesar del contrato, dejando que te maten todos en el circo por el
simple hecho de que sigues siendo un llorón. Si no fuera por mi constante
maltrato, seguirías siendo débil y ni siquiera te hubieras animado en enfrentar
a tu padre así como lo hiciste, mucho menos lo hubieras herido.

—¿Y se supone qué debo agradecerte? —preguntó con sarcasmo—. No me


hiciste ser alguien fuerte, solo me modificaste de la forma en la que quería mi
padre, Namjoon ya me lo dijo todo, él solo quería que me volviera uno más
del montón para que finalmente sea digno de su orgullo, y yo no creo que sea
precisamente bueno que lo hayas logrado.

—¿En verdad, cariño? ¿Y tú piensas qué a tu papá le importará ver como lo


qué quería se hizo realidad? No es lo mismo anhelar un hijo fuerte y enfermo
para verlo asesinar a los demás, que ser la víctima. A tu papá no le interesará
verte con orgullo siendo que el terror estará consumiendolo por completo
dentro de poco, créeme que no. Él no obtuvo lo que quiso, porque en sus
planes nunca estuvo ser asesinado por la bestia que quería crear.

Taehyung se quedó en silencio ante las palabras del payaso, y tan solo
suspiró, apoyando su rostro en el hombro del mismo con resignación. Ya no
quería seguir discutiendo, estaba bastante cansado.

—Olvidalo, ya no importa. —Fue lo único que dijo, algo desanimado.

Y Jungkook, al notar su estado, tan solo lo alejó levemente antes de tomarlo


de la mano y guiarlo hacia donde se encontraba Kyungsoo, alterando así al
chico ya que caminaba con rapidez.

—¡Jungkook! ¡¿Qué diablos haces?! —Trató de susurrar Taehyung para no


despertar al León, alterado.

—Shh, estaremos bien, amor. Solo nos divertiremos un poco. —Fue lo único
que respondió Jungkook, antes de soltar la mano de su pequeño, para después
ir hasta una mesa de metal que había a unos cuantos metros de la jaula donde
se encontraba Kyungsoo.

En la misma mesa, se encontraban las llaves de la jaula, junto con distintas


armas.

—Acércate, Tae. —Ordenó Jungkook, haciéndole una señal con su mano al


menor para que se ponga a su lado.

Taehyung obedeció, algo dudoso, antes de caminar a paso lento hasta llegar
hacia Jungkook, quedándose a un lado de él.

Pocos segundos después, observó la mesa.

Había un látigo negro, con distintos clavos encrustados en la punta, y a su


lado, había distintos cuchillos, todos con tamaños diferentes y algunos con
más filo. Junto a los cuchillos había distintas botellas con líquidos extraños
de diferentes colores, y al borde de la mesa había una pequeña pila de agujas
largas.

—Amor —llamó el payaso, antes de observar al chico con una pequeña


sonrisa—. ¿Qué fue eso qué siempre quisiste hacer, pero tu padre nunca te
dejó?

El menor pensó por algunos segundos su respuesta, hasta que finalmente


recordó lo que quiso hacer hace dos años, pero fue totalmente rechazado por
el hombre.

—Piercings —soltó finalmente—. Siempre quise hacerme de esos.

—¿Dónde? —Preguntó Jungkook, después de asentir ante la respuesta del


chico.

—En la lengua y en el labio.

—Perfecto, eso lo dejaremos para después —el pelinegro asintió para sí


mismo, dejando nuevamente confundido a Taehyung—. ¿Alguna otra cosa?

—Tatuajes, quería hacerme en la espalda y en el abdomen —el rubio apretó


levemente sus labios, sin comprender porque Jungkook le hacia esas
preguntas—. ¿Por qué?

Jungkook sonrió con gracia, antes de tomar un cuchillo filoso en una de sus
manos junto con una de las botellas que contenían aquel líquido extraño,
observando hacia la jaula donde estaba Kyungsoo.

—Porque le haremos un bonito "tatuaje" Al señor Kim.

El rubio abrió sus ojos en demasía, mas no dijo nada, tan solo se quedó quieto
en su lugar mientras veía como el mayor tomaba las llaves de la jaula,
acercándose a la misma.

—No sé si estoy listo para eso... —Comenzó a dudar el menor, algo alterado
al ver como el León se movía a penas en su jaula. En vez de preocuparse por
ver como Jungkook entraba a la jaula donde estaba Kyungsoo, se preocupaba
más por el hecho de que podrían despertar al León.

—Taehyung, ven aquí. —Ordenó Jungkook una vez más, ya dentro de la


jaula, a un lado del cuerpo del padre de Taehyung.

El menor dudó, pero al ver a su padre, quiso hacer el intento. El odio volvía
automáticamente a él con tan solo ver la cara de Kyungsoo, había demasiado
rencor en su corazón como para ignorarlo tan fácilmente.

Podía hacerlo, sea lo que sea que le ordenara Jungkook, él creía que podía
hacerlo si se trataba de lastimar a su padre. Porque después de todo, se lo
merecía. Ese era su pensamiento.

Jungkook se inclinó levemente, tomando entre sus manos una parte de la


camisa de Kyungsoo. Y Taehyung no pudo evitar mirarlo curioso al ver con
el mayor rompía la prenda, arrancando un pedazo de tela.

El señor Kim ni siquiera se inmutó, ya que estaba metido en un profundo


sueño. Totalmente ajeno a lo que sucedía a su alrededor.

Y en un movimiento rápido, Jungkook colocó un trozo de la tela en la boca


ajena, amarrandola rápidamente en lo que Kyungsoo se despertaba de golpe,
tratando de liberarse.
Taehyung se quedó totalmente inmóvil, sin saber cómo reaccionar, y lo único
que pudo hacer al ver como el hombre movía sus brazos sin parar, fue correr
y subirse sobre la espalda del mismo, sujetando sus muñecas y dejándolo
totalmente inmóvil.

Se quedaron en silencio, escuchando únicamente los balbuceos del hombre


que exigía ser liberado.

—Buenas tardes, suegro —soltó Jeon con burla, divertido—. ¿Durmió bien?

Kyungsoo se removió entre los brazos de Taehyung, gruñendo con fastidio.

—Ah, no, no. Señor, no debería hacer escándalo, podría despertar al gatito —
volvió a hablar Jungkook con burla, antes de jalar el cabello del hombre,
alzando así su cabeza y dejándolo a tan solo unos cuantos metros del rostro
del León que yacía dormido en la otra jaula—. Y no creo que quiera perder la
mitad del rostro, ¿no es así?

El castaño balbuceó en respuesta, ya que la tela en su boca no le permitía


hablar, y lo único que podía hacer en ese momento fue moverse con
insistencia mientras fruncía el ceño.

—Quédate quieto —ordenó Jeon, sacudiendo a penas a Kyungsoo mientras


sostenía con fuerza su cabello—, te quedarás callado y ni siquiera te moveras,
porque si despiertas a Hope, serás su almuerzo. —Amenazó, utilizando
finalmente el cuchillo, posicionándolo cerca de la yugular del antiguo jefe.

Taehyung tan solo se mantuvo en silencio, observando como Jungkook


amenazaba a su padre de tal manera. Y en verdad no podía sentirse mal por
él, no sentía absolutamente nada de empatía. Y tan solo miraba todo con
seriedad, agarrando con fuerza los brazos de el mayor, quien después de unos
largos minutos seguía intentando liberarse, hartando a Jungkook.

—Dime una cosa, Kyungsoo —soltó Jeon de la nada, inclinando levemente


su cabeza para mirar al hombre a los ojos—. ¿Te gustaría ser comida de
gatito? ¿O es qué te comportarás y dejarás de moverte como si tuvieras
gusanos en el culo? Porque se me está acabando la paciencia, viejo —gruñó
—. Te quitaré la tela de la boca, pero no quiero que digas ni una puta palabra
porque, nadie vendrá a ayudarte, y terminarás despertando a la linda mascota
de mi amigo. Y no creo que sea una muerte digna, según tú, para morir
siendo alguien tan "importante" —rió con burla—. Sería tan patético que te
mueras solo porque no supiste guardar silencio...

Ante sus palabras, Kyungsoo se resignó, quedándose quieto y mirando con


total odio a Jungkook a pesar de que el mismo se encontraba totalmente
tranquilo.

Jungkook sonrió complacido, antes de guiar su mano hacia la tela que cubría
la boca del hombre y sacar la misma, permitiéndole al mayor hablar.

—No sabes con quien te estás metiendo —susurró Kyungsoo con un tono
amenazante y molesto—. Soy el maldito dueño de este lugar, no tu puto
juguete, Jungkook.

El pelinegro volvió a sonreír con burla, antes de negar con la cabeza. Y


aprovechándose de que el mayor estaba distraído, tomó el pedazo de tela
nuevamente, sosteniendo los brazos de el hombre hasta alzarlos y tomar sus
muñecas, atando las mismas con agilidad, y finalmente inmovilizandolo. Y al
estar sus manos por sobre su cabeza, Kyungsoo dejaba al descubierto su
espalda mientras que sus brazos eran sostenidos con fuerza por Jungkook.

—Te equivocas. No eres nadie en este preciso momento, dejaste de ser


importante desde que le hiciste firmar ese contrato a tu hijo —soltó,
disfrutando de la mirada de odio que le ofrecía el castaño—. Es más, ¿por
qué siquiera pensaste qué sería buena idea dejarle todo a los dieciocho? Era
obvio que se iba a poner en tu contra al saber en lo que lo habías metido, en
especial porque sabría el poder que tendría aquí. En verdad eres patético.

El rubio apoyó sus manos en sus muslos, sin saber que hacer en ese mismo
instante, tan solo se mantenía levemente inquieto, sentado sobre la espalda
baja de su progenitor mientras observaba a Jungkook, como si estuviera
preguntándole que hacer.

Y ante su mirada, Jungkook apuntó con la cabeza hacia el piso, donde se


encontraba el cuchillo y aquella botella.
Taehyung tomó ambas cosas, para después volver a mirar a el payaso, que en
ese momento se encontraba sonriendo con maldad hacia el castaño.

—Tu hijo me dijo que deseaba hacerse tatuajes pero por tu culpa no pudo
hacerlo... —soltó—. Dime una cosa, Kyungsoo. ¿Quién te crees qué eres para
manejar la vida de tu hijo de tal manera? Le dejas como herencia un puto
circo donde le joderan la mente como nunca antes y ni siquiera eres capaz de
cumplir con sus caprichos. Si le ibas a dejar tanta mierda, le hubieras
permitido hasta que se tatue toda la puta cara, quizá eso serviría como
consuelo por todo el daño que le harías en un futuro —frunció levemente el
ceño—. ¿No te parece injusto? Mi niñito se vería muy bien con tatuajes, y
por tu culpa no puede tenerlos... Lo bueno será que tu hijo es tan amable, que
él incluso está dispuesto a hacerte unos por sí mismo —sonrió con malicia,
antes de alzar la mirada para ver a Taehyung—. ¿No es así, amor?

Kyungsoo, totalmente confundido ante los apodos de Jungkook hacia su hijo,


quiso observar hacia atrás, pero cuando lo había intentado, Taehyung
reaccionó de inmediato, tomando entre sus manos su cabello y colocándolo
contra el piso con cierta fuerza, dándole un brusco golpe en la mejilla al
adulto.

Soltando un quejido, Kyungsoo observó de reojo como su hijo lo miraba con


odio y rechazo, agarrando con fuerza su cabello.

—Ni siquiera quiero verte la cara, quédate quieto. —Ordenó, sonando tan
intimidante que incluso Jungkook se sorprendió un poco, aunque solo sonrió
ante eso.

Taehyung en ese momento no se reconocía a sí mismo, la amargura y odio lo


estaban cegando por completo, y tan solo quería largarse de ahí lo más rápido
posible.

Aunque también tenía ganas de borrar aquella sonrisa burlona que se formó
en los labios de su padre.

—Hijo, ¿qué crees qué estás haciendo? —soltó Kyungsoo con burla,
haciendo una mueca de dolor pocos segundos después porque Jungkook
presionó con sus manos las zonas heridas de sus brazos, causándole dolor en
los mismos y una horrible puntada en donde había recibido un balazo—. D-
dile a este imbécil que me suelte... —Ordenó entre dientes.

—Cierra la boca —Taehyung frunció el ceño, incómodo ante la mirada de su


padre sobre sí—. No digas nada o le diré a Jungkook que acabe de una vez
contigo.

El payaso abrió un poco más sus ojos, antes de suspirar y negar con la
cabeza, Taehyung no había entendido aquello, hasta que su progenitor dejó
salir una leve carcajada.

—Tan cobarde... —dijo el castaño, mirando con diversión a su hijo—. Sigues


siendo tan cobarde, no eres capaz de hacer las cosas por tí mismo y tienes que
andar detrás de este idiota para que acabe conmigo. Creí que habías dejado de
ser tan patético, hijo.

El menor se enfureció más ante las palabras del hombre, antes de presionar
con fuerza la cabeza del mismo contra el piso, haciendo que Kyungsoo se
queje por lo bajo.

Taehyung estaba molesto, porque a pesar de todo, su papá tenía el descaro de


burlarse de él, aún cuando lo había dejado en aquel lugar donde sufrió tanto,
seguía siendo tan descarado como para burlarse de lo "cobarde" que era.

Pensó que quizá, debería demostrarle que tan cobarde era en realidad.

Presionando el cuchillo entre sus manos junto con la botella, Taehyung alzó
la mirada, decidido y molesto, antes de observar a Jungkook.

—¿Qué debo hacer? —Quiso saber, dispuesto a hacer lo que sea para borrar
la molesta sonrisa que tenía su padre aún.

El pelinegro sonrió para él, antes de indicarle que abra la botella y moje el
cuchillo con el líquido de la misma. A lo que Taehyung obedeció, abriendo la
botella y tirando el líquido transparente sobre el filoso cuchillo.

Algunas gotas hicieron contacto con el piso, haciendo que pequeñas burbujas
se formen en el mismo, dejando a la vez un fuerte olor nauseabundo que
logró que Taehyung hiciera una pequeña mueca de desagrado.

—Ácido... —Susurró al ver el líquido en el suelo, dejando caer gotas por la


punta del arma.

—Exactamente, precioso. Ácido —repitió Jungkook, sonriendo con gracia—.


¿Que crees qué debes hacer, hm? —cuestionó—. ¿Qué crees qué eres capaz
de hacer con eso?

Taehyung se mantuvo en silencio, ya que realmente no sabía que decir. Su


mente no era la de un asesino, por lo cual no tenía ni la menor idea de lo que
debía hacer con aquel ácido tan peligroso y el objeto filoso que sostenía en su
mano derecha.

Pero al sentir como su padre se removía debajo de él, balbuceando y


gruñendo mientras que le repetía lo inútil y cobarde que era, que lo mejor
sería liberarlo porque él jamás sería un buen jefe en aquel lugar, Taehyung
solo pudo hacerse una pregunta a sí mismo.

Se preguntó a sí mismo: ¿qué era lo que debía hacer para calmar toda la ira y
dolor que estaba sintiendo? Y la única respuesta que obtuvo fue bastante
sencilla a su parecer.

Debía actuar como Jungkook, y no como un cobarde. Porque el sufrimiento


que le había causado Jeon fue de lo peor, y él quería hacerle exactamente lo
mismo a su padre.

—¿En qué tanto piensas, amor? —Preguntó el payaso al ver a Taehyung


mirar fijamente el cuchillo, pensativo.

Y a pesar de que el rubio había estado dispuesto a contestar, no pudo hacerlo


por la molesta risa de su progenitor, que se escuchó levemente alta por todo
el lugar, interrumpiendolo.

—¿"Amor"? —repitió Kyungsoo, con total desprecio, como si estuviera


asqueado mientras se burlaba de aquel apodo—. No me digas que además de
ser una decepción, terminaste dejando que Jungkook te domine de esa
manera. Eres tan patético, hijo. Otro marica del montón, tan débil al igual que
los demás.

—Cierra la boca. —Ordenó Jungkook, presionando con una de sus manos la


herida en uno de los brazos de Kyungsoo, haciendo que el mismo cierre la
boca mientras retenía un grito. La herida que tenía estaba comenzando a
infectarse por la falta de atención, por lo que el dolor resultaba ser
insoportable en aquel momento donde Jungkook enterraba sus dedos sin
piedad en la zona.

Por otro lado, Taehyung se mantenía cabizbajo, apretando el cuchillo con


fuerza mientras seguía dejando caer a penas unas cuantas gotas en el piso,
mordía su labio con algo de fuerza mientras que observaba fijamente la
espalda del adulto, cansado de recibir tantas burlas y críticas por parte del
mismo.

Cegado por la rabia, deseando tan solo desaparecer de aquel lugar y acabar de
una vez con su padre, Taehyung guió el cuchillo hacia la espalda descubierta
del hombre, dejando un corte en la misma mientras que sus manos temblaban
levemente, aunque no le importaba en lo más mínimo.

Jungkook abrió sus ojos con asombro ante la repentina acción de Taehyung,
antes de escuchar como el castaño trataba de retener un grito, removiendose
con insistencia mientras que el ácido hacía su trabajo y quemaba su piel,
abriendo una herida que poco a poco dejaba expuesto a penas los músculos
de la espalda.

Sonriendo pocos segundos después, Jungkook jaló el hombre más hacia sí,
haciendo que Kyungsoo cada vez esté más cerca del rostro del León que
dormía tranquilamente, la jaula siendo lo suficientemente grande como para
dejar salir la cabeza de el mayor por los gruesos barrotes si lo acercaban un
poco más.

Y al estar incómodo en aquella posición, el payaso decidió hacer algo


respecto, atando las muñecas de Kyungsoo por fuera de la jaula,
aprovechando que el hombre seguía retorciendose en su lugar. Sus brazos
seguían extendidos mientras que las manos estaban a completa disposición
del León si es que el mismo despertaba en algún momento, y Kyungsoo no
podía liberarse ya que el nudo chocaba contra la jaula, solo ajustandolo más.
Cuando Jungkook finalmente dejó de sostener al hombre, se levantó del piso,
sonriendo con tanta malicia al ver como Kyungsoo se retorcía, con su herida
dejando al descubiertos sus músculos a penas y dejando caer varias lágrimas
al sentir como esa parte en específico se quemaba. Todo con desesperación al
no poder siquiera gritar.

Caminando hacia Taehyung, Jungkook se puso al lado del mismo antes de


sostener su hombro y sonreírle en grande, como si hubiera hecho algo de lo
que debería estar orgulloso.

Taehyung no dijo nada, tan solo volvió a mojar el cuchillo en ácido, ésta vez
dejando caer gotas sobre la espalda baja del castaño, haciendo que el mismo
suelte un pequeño grito junto con más lágrimas.

—¿Y ahora...? —Se preguntó a sí mismo el rubio, analizando el cuerpo de su


padre sin sentir ni un poco de empatía, mucho menos asco al ver la herida del
mismo.

Jungkook se inclinó levemente, dejando un casto beso en la mejilla del menor


antes de susurrarle al oído.

—Juega con su mente. —Ordenó, divirtiéndose ante la situación.

Y Taehyung quiso fingir que no sonrió a penas ante las palabras del payaso,
una sonrisa llena de amargura pero a la vez llena de tanta satisfacción al ver
lo que estaba haciendo. Era demasiado confuso, pero el rubio no podía pensar
en eso cuando lo único que se le pasaba por la mente era seguir hiriendo a su
padre, dejarle todas las heridas que le hicieron a él pero mil veces peor.

Volvió a pasar el cuchillo, a un lado de la anterior herida, la piel separándose,


quemándose y dejando expuestos los músculos del hombre no le causaban
nada, absolutamente nada más que satisfacción, porque Kyungsoo estaba
sufriendo y Taehyung creía que se lo merecía por completo, todo lo que
estaba haciendo era por venganza. Lo único que quería era dejar a su padre
peor de lo que lo habían dejado a él.

Siguió cortando, múltiples veces, escuchando los sollozos del hombre y los
gritos que trataba de retener. Y a pesar de que Kyungsoo había tratado de no
hacer ruido, el León ya se había acomodado dos veces en su lugar,
amenazando con despertar.

Jungkook tan solo observaba atento cada movimiento de Taehyung,


analizando todas sus acciones con una pequeña sonrisa llena de orgullo hacia
su mocoso, que estaba concentrado en escribir una palabra en la espalda de su
padre.

Y una vez que terminó, Taehyung se levantó del cuerpo de su padre. Mirando
fijamente lo que había hecho.

—¿Ahora estás orgulloso de mí? —cuestionó, alzando la voz—. ¿Ahora estás


orgulloso de tu hijo, desgraciado? —Su voz grave resonó por todo el lugar,
haciendo que Kyungsoo cerrara los ojos con fuerza, sin responderle al menor.

Y cuando Taehyung quiso seguir, Jungkook puso una mano en su pecho,


poniéndose enfrente de él y logrando así confundir al menor.

Sin decir ni una sola palabra, Jungkook sacó de su bolsillo dos inyecciones de
quien sabe qué, vaciando las mismas en la zona de los muslos de Kyungsoo,
quien se removió en protesta.

—Las heridas que le hiciste no fueron tan graves al parecer como para que se
desmaye, pero las que harás luego sí, por lo que tuve que usar adrenalina, lo
mantendrá despierto. —Explicó Jungkook, con simpleza, antes de tomar el
brazo del chico y ponerlo a su lado, a la derecha de el castaño.

Taehyung asintió, mas no dijo nada, y simplemente se limitó a observar como


las heridas que tenía su padre en la espalda formaban una palabra, dejando
expuestos los músculos que parecían palpitar levemente ante la respiración
agitada del hombre, quien lloraba sin parar, con sus manos temblando.

—¿Quieres saber qué te escribió el "maricón" de tu hijo, eh? —preguntó


Jungkook, burlándose—. ¿Quieres saber qué te marcó el maldito niñito
cobarde en la espalda?

—¡C-cállate! —trató de susurrar el hombre, mirando a ambos con odio y


rabia—. M-malditos maricones...
Ante las palabras del hombre, Taehyung dejó relucir una sonrisa sarcástica
junto con una pequeña carcajada, antes de negar con la cabeza y presionar
con su pie la espalda baja del castaño, donde habían caído algunas gotas de
ácido, logrando así sacarle un pequeño grito junto con un insulto.

—Seré un maricón, un cobarde, e incluso un inútil si tú lo dices. Pero fijate


que en este momento yo no estoy siendo sometido de esta manera, ya no más
—habló el rubio con seriedad—. Ya dejé de ser la basura de todos aquí, y tú
tomaste mi lugar... ¿Qué se siente, papá? ¿Qué se siente estar en lo más alto
de todo, para qué después por un tonto error termines aquí? Estás a merced de
un niño asustado que solo quería tu amor y aprobación, y como no supiste
dárselo ahora te lo paga de esta manera por hacerlo sufrir. Todo lo que te está
sucediendo es tu culpa, el que mamá ya no esté, el que mi hermana ya no
esté, el que me hayas jodido tanto la cabeza. ¿Y todo para qué? Para morir
como una basura en manos de tu hijo llorón, el niñito cobarde —se burló con
descaro, mirando con total desprecio al hombre—. ¿Y sabes qué es lo mejor?
Que el mismo niñito acaba de escribirte "cerdo" Con ácido en la puta espalda,
porque eso es lo que eres, un animal al que cuidan en un principio, para
después matarlo sin piedad. Tú ya tuviste tus cuidados al ser el jefe, y pronto
será tu momento de morir, cerdo asqueroso.

Las lágrimas bajaron sin parar por las mejillas de Kyungsoo, mientras que el
mismo se negaba rotundamente a las palabras de su hijo. Pero Taehyung ni
siquiera le prestaba atención, tan solo observaba la espalda de su padre,
donde se podía leer "cerdo" Y abajo había un pequeño dibujo con el rostro
del animal.

El rubio no se sintió del todo satisfecho, ya que el odio que sentía no dejaba
de molestarlo, causándole un dolor en el pecho que exigía ser eliminado. No
podía estar tranquilo siendo que recordaba todo lo que le habían hecho y tan
solo quería transmitirle lo mismo a su padre.

No era suficiente aún.

—Jungkook —llamó, ganándose la atención del payaso, quien ladeó la


cabeza—. Voltealo. —Ordenó firmemente.

El payaso asintió, pero no se movió ni un poco, mirando expectante a


Taehyung, como si estuviera esperando algo. Y el rubio al notar aquello, rodó
los ojos con fastidio antes de dejar un beso en los labios del mayor.

—Por favor, voltealo. —Volvió a decir, malhumorado.

Jungkook sonrió, caminando hacia el cuerpo de Kyungsoo y sosteniendo el


mismo antes de voltearlo con fuerza, dejandolo caer en seco sobre el suelo,
haciendo que las heridas recién hechas toquen con fuerza el piso y el castaño
suelte un grito de dolor, alterando al animal que había en la jaula.

El León se dió media vuelta ante el escándalo, procurando dormir una vez
más. Y Jungkook tan solo siguió burlándose de Kyungsoo, en especial de la
cara de horror que había puesto el mismo al notar que el animal se movía.

Taehyung no perdió el tiempo y se sentó sobre los muslos del mayor,


sosteniendo con fuerza el abdomen del mismo mientras fruncía el ceño,
inmovilizandolo por completo.

—Te pregunté una cosa antes, papá —el rubio soltó esa palabra con tanta
repulsión, con tanto odio, que la tensión aumentó de cierta manera. Mientras
Jungkook tan solo era un espectador de el show que estaba dando el monstruo
que él mismo había creado—. ¿Ya estás orgulloso? ¿Ya estás orgulloso de
mí? ¿Ya me respetas? —Cuestionó, pasando el filo del cuchillo por el
abdomen del castaño, mirándolo a los ojos y fijándose en como las lágrimas
salían sin parar, acabando aún más con la dignidad del adulto.

Taehyung estaba totalmente fuera de sí en ese momento, con tanto odio en su


corazón y tanto rechazo, que ni siquiera se había dado cuenta de que de vez
en cuando decía palabras que Jungkook le había dicho anteriormente, mucho
menos que estaba expresándose casi igual que él. Lo único en lo que se
centraba era en marcar letra por letra en el abdomen del adulto, escribiendo
nuevamente, y mojando el cuchillo en ácido una vez más.

Al separarse la piel, nuevamente quedaban expuestos algunos músculos,


mientras que bajaba la sangre y el olor del ácido lograba asquear a Taehyung,
pero no le importaba, seguía haciendo lo suyo, mientras pasaba el filo del
cuchillo con cada vez más fuerza, ejerciendo más presión, mirando a los ojos
de su padre mientras el mismo trataba de no gritar.
Y una vez que terminó, se levantó a penas, inclinándose pocos segundos
después para sostener el rostro del hombre, apretando sus mejillas con tanta
fuerza que las mismas dolieron y la lengua del castaño salió a la fuerza.

Taehyung sonrió, reflejando el mismo odio en su mirada, y a pesar de que los


ojos de su padre reflejaban terror, el rubio lo ignoró por completo, y tan solo
guió el cuchillo hacia la lengua del mismo, haciendo un pequeño corte y
dejando que el ácido haga contacto con la misma, quemandola y sacándole
finalmente otro grito desgarrador a Kyungsoo.

Alejandolo con fuerza, Taehyung soltó a su padre, dejando que caiga en seco
contra el piso una vez más, con sus brazos cruzados, causándole dolor en la
herida que tenía ahí, con su espalda tocando el frío piso totalmente sucio
mientras que el ácido seguía quemandole, y con una nueva herida en el
abdomen que ardía, torturandolo por completo.

Y ante el ruido, Hope soltó un gruñido, amenazando con levantarse de su


lugar al no poder dormir. Pero bastó solo con que Jungkook le mostrara el
látigo que había por ahí para que se calmara y volviera a su lugar, tratando de
dormir nuevamente.

Taehyung se apoyó en el hombro del pelinegro, antes de que el mismo


observara el desastre que había hecho el chico.

La palabra "cerdo" Se podía leer perfectamente en la espalda de Kyungsoo, el


disparo que le había dado Taehyung en el brazo hace unos días no había sido
atendido solo se debía por lo cual la herida estaba comenzando a infectarse, y
las gotas de líquido sobre la lengua de el castaño no le permitían hablar.

Y al final de todo, en el abdomen del hombre, se podía leer perfectamente a


un costado "Stigma"

—¿Stigma? —cuestionó Jeon, curioso—. ¿Y eso por qué, amor? —Quiso


saber, tratando de ver al chico que en ese momento trataba de esconderse
debajo de su largo cabello rubio que le cubría los ojos.

—No importa... —negó con la cabeza, antes de apoyar la misma en el


hombro de Jungkook—. Él lo sabrá luego...
Jungkook asintió, abriendo la jaula para que ambos salieran, mientras
observaban como Kyungsoo se retorcía en el piso, llorando, insultandolos,
sufriendo mientras que no podía siquiera desmayarse.

—Disfruta de tu siesta, cerdito miserable. Yo iré a dormir con mi bebé, ¿y


quién crees qué es? —habló el payaso con burla, sonriendo—. Por supuesto
que tu hijo, mi niñito, que acaba de humillarte por completo. —Rió con
gracia, antes de sostener la mano de Taehyung y salir de la jaula, cerrando la
misma con llave.

No miraron atrás al momento de avanzar, saliendo de ahí y llegando


nuevamente hacia el escenario, donde Taehyung se quedó completamente
quieto, observando los asientos.

Y Jungkook, al notar como el chico volvía a quedarse pensando, ladeó la


cabeza para que lo mire a la cara, sonriendole a penas.

—¿Qué pasa? —Preguntó, como si nada hubiera sucedido hace tan solo
minutos.

Y ante la pregunta, el rubio tan solo pudo suspirar, observando los ojos del
payaso con cierta seriedad.

—No me siento bien con esto... —Sinceró, observando sus manos llenas de
sangre, casi analizandolas.

Pero no, no las veía con arrepentimiento, la misma mirada sin brillo seguía
ahí, por lo que Jungkook sabía que el chico no estaba arrepentido de lo que
acababa de hacer. Y si fuera así, de seguro ya estaría llorando entre sus
brazos.

—¿A qué te refieres? —Volvió a preguntar, sin comprender.

—No me siento bien con esto, porque no siento remordimiento... —el menor
negó con la cabeza, sin poder aceptar aquello—. ¿Qué me hiciste como para
qué lleguemos a este punto?

Jungkook se encogió de hombros, antes de ofrecerle una pequeña sonrisa al


chico y tomar las manos del mismo, logrando así que lo mire a la cara.

—Solo te preparé para lo peor, y supongo que eso está bien considerando el
hecho de que por eso puedes hacerle pagar a tu padre por todo esto sin sentir
empatía. Él no merece piedad, lo sabes —aclaró, guiando una de sus manos
hacia la mejilla de Taehyung, donde se notaban sus iniciales, acariciando las
mismas—. ¿No es así?

El menor ladeó la cabeza ante el toque de Jungkook, acomodando su rostro


en la mano ajena mientas asentía a penas, perdido en su mundo mientras
observaba los ojos oscuros del hombre que tenía enfrente llenandole aún más
la cabeza, y a pesar de que él sabía lo que estaba sucediendo, ya no hacía
nada para detenerlo.

No tenía sentido tratar de huir o dejar de lado las palabras de Jungkook,


porque tendría que aprender a lidiar con ellas, porque así lo quiso el destino,
y así debía ser al parecer.

Fue por eso que después de asentir, rodeó el cuello del pelinegro con sus
brazos, acercándose hacia el mismo para apoyar su rostro en el hombro de
Jungkook, buscando así que el mayor lo abrace para olvidarse un poco de
todo lo que le estaba sucediendo y simplemente sentir que tiene un poco de
cariño, a pesar de que no sea precisamente sano.

Y solo pudo suspirar al notar como era correspondido, siendo recibido por los
cálidos brazos de Jungkook, que a pesar de estar con las manos sucias con
sangre, lo tomaba por la cintura, ensuciando un poco su ropa.

—No merece piedad... —Repitió Taehyung para sí mismo, estando de


acuerdo con aquellas palabras.

—Nunca, amor. —Asintió Jungkook.

El rubio cerró los ojos, sintiéndose mínimamente tranquilo, a pesar de que


aún seguía sintiéndose molesto, con ganas de volver hacia donde estaba su
padre y desquitarse por completo.

El odio era tanto, quería desquitarse con tantas personas, con Jimin, con
Dongyul, con su padre, con todos aquellos que le habían hecho daño.

Pero debía ser paciente, ya que tanto Dongyul como Jimin seguían
escondidos por ahí, huyendo de él sin siquiera largarse del circo –ya que
Taehyung no estaba dispuesto a contarle a nadie más lo que le había
sucedido, se sentía asqueroso incluso recordarlo–, y simplemente alejándose
cuando el rubio salía aunque sea tan solo unos minutos afuera. El chico los
agarraría más tarde, y acabaría con ellos al igual que con su padre.

Pero por el momento tan solo se conformaría con estar entre los brazos de
Jungkook, sumergiéndose en unas extrañas sensaciones que tan solo lo hacían
confundir más y más, llevándolo a un pozo del cual no podría salir, el mismo
pozo donde había quedado el Kim Taehyung que todos conocían
anteriormente, atrayendo algo peor.

Porque Jungkook era un lugar seguro para él, donde se llenaba de falsas
esperanzas, besos y cariño. Siendo también un lugar donde iba dejando de ser
él mismo y construyendo alguien mucho más fuerte y poderoso.

Jungkook era su perdición más grande, y a pesar de saberlo, no estaba


dispuesto a dejarlo.
29

Caminando con algo de velocidad, dos chicos de cabello rubio se movían por
entre medio de aquella multitud donde sus compañeros de trabajo salían de
sus casas rodantes, algunos estirándose después de tantas horas sentados
conduciendo mientras que otros simplemente bostezaban con cansancio.
Todo el circo había estado viajando por horas y horas, sin poder descansar
demasiado gracias a los constantes reproches del nuevo jefe, que se mantenía
totalmente malhumorado aquella mañana.

Dongyul y Jimin, en ese momento, estaban tratando de evitar encontrarse con


aquel mismo chico, mientas se escondían entre la gente con el único
propósito de llegar hacia quien sabe donde. Jimin desconocía hacia donde lo
estaba guiando su amigo, y el mismo simplemente le había dicho que estarían
bien.

Ambos sabían que estaban en peligro, y lo único que podían hacer era tratar
de esconderse, porque escapar de aquel lugar era imposible, de alguna
manera, alguien siempre se enteraba, y terminaba de la peor manera posible.

Respirando de forma acelerada, Dongyul se desvío del camino de un


momento a otro, llevándose a Jimin con él, ambos caminando por detrás de
un montón de casas rodantes que estaban estacionadas, mientras el alboroto
que hacían todas las personas al hablar se escuchaba desde cerca.

—¿A dónde se supone que vamos? —Quiso saber Jimin, frunciendo el ceño
al ser agarrado bruscamente por el brazo por parte de su amigo.

—Ya te dije que cierres la boca y camines, confía en mí. —Se quejó el
contrario, frunciendo el ceño con fastidio.

—Dejé de confiar en tí desde hace tiempo. —Gruñó, mirandolo con leve


molestia.

—No me interesa, los dos estamos metidos en esta mierda así que muévete.
—Ordenó el chico, jalando a Jimin hacía sí y ganándose una queja por parte
del mismo.

—Todo esto es tu culpa. Ojalá te encuentren. —Bufando, Park cedió ante el


agarre brusco del chico, dejándose guiar mientras seguía recordándole lo
fastidioso que era tenerlo como mejor amigo, a lo que Dongyul simplemente
decía que se callara y siguiera caminando.

Y al llegar hacia donde lo había guiado Dongyul, Jimin formó una mueca de
disgusto, antes de negar con la cabeza y observar incrédulo a su
acompañante.

—Debes estar bromeando —se quejó, con el ceño fruncido—. ¿La vieja loca?
¿En qué nos puede ayudar ella? —Quiso saber, soltandose del agarre del
mayor.

Dongyul no respondió, y tan solo se limitó a golpear tres veces seguidas la


puerta de la vieja casa rodante que tenía enfrente, donde yacía la única
persona que se había dignado en ayudarlos.

Yang Mi, aquella mujer de pelo negro, abrió la puerta de su hogar, usando
uno de sus típicos vestidos blancos con detalles negros, mientras que su
cabello estaba suelto y su rostro se mantenía totalmente serio ante la
presencia de los dos chicos.

Sin siquiera saludar, tan solo se hizo a un lado, dejándoles espacio a ambos
para que entraran a su casa.

Dongyul entró rápidamente, y a pesar de que Jimin dudó, no tuvo otra opción
más que seguirlo. No había escapatoria, mucho menos otro escondite.

—Señora Jeon, cuanto tiempo sin vernos. —Soltó el trapecista, sonriendo en


grande, aparentemente mucho más tranquilo al estar en aquel lugar.

La pelinegra asintió levemente, antes de caminar hacia unos sillones


individuales de color negro, tomando asiento en uno de ellos y esperando que
los dos hombres que la acompañaban imiten su acción.

Ambos mejores amigos se sentaron junto a la mujer, uno de ellos sonriendo


con calma, mientras que el otro tan solo mantenía el ceño fruncido,
desconfiado y malhumorado.

—¿Desde cuándo se conocen ustedes? —Quiso saber Jimin, realmente


confundido ya que jamás había visto algún tipo de interacción entre la madre
de Jungkook y su amigo.

—¿Recuerdas aquella vez en la que vimos que el mocoso de Jungkook le


mostraba el brazo con la marca, y luego apareció Jungkook empujandola? —
soltó Dongyul, observando a su amigo—. Me llamó la atención ver que había
otra persona que aparentemente odiaba a Jeon, por lo que la seguí y
terminamos hablando un poco. Ella en verdad lo detesta. —Contó con gracia,
burlándose de aquella relación de madre e hijo.

Jimin frunció el ceño, mas asintió. Recordaba perfectamente aquella escena,


y a pesar de que ninguno de los dos había escuchado la conversación al estar
lejos, ambos pudieron notar el desprecio que demostraba la mujer ante
Jungkook.

—En fin, lo importante aquí es que ella nos ayudará. —Dongyul se cruzó de
piernas, antes de sonreír levemente.

—¿A escapar? —Cuestionó el menor, imitando la acción del chico a su lado,


para después cruzarse de brazos.

Y al notar el silencio que se creó en aquella sala, supo que Yang Mi no haría
nada para ayudarlos a escapar. Aunque sabía de antemano que aquello era
sumamente difícil, casi imposible.

La pelinegra dejó salir una carcajada ante las palabras de Jimin, burlándose
apenas de el mismo con aquello, ocasionando así que Park frunciera aún más
el ceño, mientras su malhumor aumentaba y miraba con rechazo a la fémina.

—No recordaba que fueras tan ingenuo, Jimin —soltó Yang Mi, dejando
relucir su blanca dentadura, junto con una sonrisa similar a la de su hijo—.
Los tres sabemos que escapar de aquí es prácticamente imposible... Tu
familia nos lo dejó más que claro. —Acomodó su cabello, sin dejar de
sonreír.

Jimin no hizo más que gruñir con fastidio ante sus palabras, y tan solo se
mantuvo en silencio porque sabía que no podía discutir con la mujer que
estaba "ayudándolos" en ese momento.

No podía discutir con la mujer por mencionar a su familia, la cual había sido
asesinada por todo el circo al tratar de huir.

—Pero dejando de lado eso. No, no puedo ayudarlos a escapar —siguió


hablando la pelinegra—. Eso no es más que una simple fantasía, ya que
ambos saben que están jodidos. Todos lo estamos, en realidad. No hay
escapatoria ni siquiera para mí en este momento.

—¿Por qué? ¿Qué hiciste? —Preguntó Jimin.

Yang Mi apartó la mirada, sonriendo con fingida inocencia.

—Cometí algunos errores en el circo que no creo que tarden demasiado en


ser descubiertos. Todo se fue al carajo, y terminará conmigo dentro de poco.
No es realmente importante, en realidad —dijo, restándole importancia—.
Todos moriremos algún día, de todos modos. Así que no me afecta
demasiado.

—Ya veo... —El menor apretó levemente sus gruesos labios, antes de guardar
silencio y simplemente observar a Dongyul, como si le estuviera preguntando
que pretendían ambos en realidad.

—Hoy moriremos, Jimin. —Soltó de repente Dongyul ante el silencio de su


amigo, ganándose una mirada llena de confusión por parte del mismo.

—¿Qué mierda dices? No moriremos, se supone que encontraríamos alguna


manera de sobrevivir. No podemos morir, somos... Importantes para el circo,
sí. Nos necesitan. —Dijo Park, negándose rotundamente a las palabras de el
mayor.
—Jimin...

—Namjoon no lo permitiría, por supuesto que no. Nuestros actos son


inolvidables para el público, tendrían muchos problemas sin nosotros. —
Negó con la cabeza, frunciendo el ceño.

—Kitty, ni siquiera tú te crees eso —la pelinegra negó, suspirando con


aburrimiento—. Namjoon es un tipo que solo piensa en sí mismo, en sus
intereses y en lo que es más conveniente para él. Si Taehyung los ve, va a
ordenar que los maten, y Namjoon no va a poder negarse ante el jefe porque
él podría sufrir las consecuencias. No va a poner las manos en fuego por dos
chicos que solo saben hacer acrobacias, siendo que tiene a más de 20
personas disponibles para sustituirlos. —Asintió para sí misma, con total
calma, mientras que sus ojos estaban fijos en Jimin.

Guardando silencio ante las palabras de Yang Mi, Jimin se quedó pensando
por algunos minutos, procesando la información, hasta que terminó sonriendo
con amargura hacia la mujer, casi con burla.

—¿Sabes? Me recuerdas mucho a Jungkook si hablas así. —Mencionó,


tratando de disfrutar al máximo la mirada llena de odio y desagrado que le
dedicó la fémina ante sus palabras.

—Vuelve a decir eso y te juro que te saco ahí afuera para que te maten ahora
mismo —amenazó Yang Mi—. Jungkook es un miserable, yo no tengo nada
que ver con él.

—Es tu hijo. —Recordó Jimin.

—¡Yo no tengo hijos! ¡Cierra la boca! —Gritó la mayor, alterada.

—Ya dejen de hablar estupideces, no estamos aquí para eso —interrumpió


Dongyul, levantándose de su asiento, para después ponerse entre Yang Mi y
Jimin, observando a la mujer—. Lo único que interesa aquí, es joderle la vida
a Jungkook. Y no tenemos mucho tiempo para hacer eso.

Suspirando con resignación, la pelinegra asintió, dedicándole una última


mirada de reproche a Park antes de levantarse de su asiento, caminando hasta
una pequeña mesa que tenía al lado. En la cual tenía distintos cuchillos de
distintos tamaños.

De ahí, tomó tres, todos siendo del mismo tamaño. Tan pequeños que podían
esconderlos tranquilamente entre su ropa si así lo deseaban. Siendo similares
a la navaja que Jungkook siempre tenía a su disposición.

—¿Qué se supone que haremos? —Preguntó Jimin, confundido al ver como


su amigo y la mujer tomaban armas pequeñas y le entregaban aquel cuchillo.

Dongyul se puso a su lado, sonriendo levemente.

—Le joderemos la vida a Jeon, tomando a lo que más quiere. Y aunque


sabemos que vamos a morir, por lo menos lo dejaremos totalmente hecho
mierda por ser un infeliz... —soltó, colocando su mano en el hombro de
Jimin, mientras mantenía su sonrisa—. Y tú nos ayudarás, amigo. Así que
muévete, porque estamos por hacer sufrir a Jungkook como no tienes idea.

•••

—Taehyung, es la tercera vez que te digo que sueltes a Byul, maldita sea. No
me gusta que lo toques, y lo sabes. —Soltó Jungkook entre dientes,
frunciendo el ceño con fastidio al ver a su mocoso jugando con su mascota
tranquilamente, ambos en el piso, totalmente tranquilos. Como si no tuvieran
un payaso asesino a punto de tirarse encima de ambos por desobedecerlo.

Taehyung había estado toda la mañana afuera de la casa rodante, ya que tuvo
que hablar con el presentador del circo al que habían llegado para ver si su
familia se encontraba ahí. Y después de varias horas en las que estuvieron
investigando, se les había informado que las mujeres no estaban ahí, y tan
solo les dieron una inútil información sobre hacia donde podría haber viajado
aquel circo desconocido en el que estaban ellas. Pero no fue de mucha ayuda,
ya que solo eran suposiciones de aquel presentador.

Y al volver a la casa rodante, se la había pasado jugando con Byul para


distraerse mientras esperaba a que Jungkook termine de cocinar, logrando
irritar al mismo ya que a pesar de ser regañado múltiples veces por tocar al
conejo, seguía sin hacer caso. Y Jungkook no podía hacer mucho por el
simple hecho de que estaba apresurado y debía irse rápido de la casa una vez
que termine de cocinar.

—¡Mocoso, sacale las manos de encima! —gritó el pelinegro con fastidio,


antes de cortar un gran trozo de carne, quizá con algo de fuerza, para después
ponerlo en una bolsa—. Si sigues así, te juro que te daré de comer este trozo
de carne de un viejo decrépito en vez de esa pasta. Ya detente. —Amenazó,
asomándose por la puerta de la cocina para ver al adolescente, quien alzó la
mirada y tan solo frunció levemente el ceño en respuesta.

Levantándose del piso, Taehyung tomó a Byul entre sus manos, antes de
caminar con calma hacia la cocina, donde se encontraba Jungkook cortando
trozos y trozos de carne, mientras que a su lado se preparaba la pasta que
comería el menor.

Tomando aire entre dientes al ver a su conejo ser sostenido por Taehyung, el
payaso apartó la mirada y contó internamente hasta diez, intentando ignorar
el leve temblor en sus manos ante la escena.

Él aún no podía olvidar aquel trauma que tenía, aquella voz en su cabeza que
le gritaba que Byul era una amenaza al estar en brazos de alguien más, una
amenaza que terminaría con la vida de aquella persona.

Jungkook no quería perder a Taehyung, en verdad no quería. Y a pesar de


que el rubio le había repetido un millón de veces que su mascota no tenía
nada de malo, aún no podía creerlo.

—Ya hablamos de esto, Jungkook. Byul no tiene nada, es solo un conejito —


dijo el rubio, ladeando apenas su cabeza para poder ver mejor a Jungkook,
quien se encontraba mirando fijamente la carne que cortaba—. No pasará
nada malo.

El mayor se mantuvo en silencio por algunos segundos, antes de dejar lo que


estaba haciendo para mirar al chico a los ojos.

—Mocoso, si llega a pasar algo malo, no me va a interesar que estés muerto,


porque te patearé el culo y te diré que fue tu culpa por no hacerme caso. —
Informó, apuntando con el cuchillo al rubio antes de volver a cortar la carne,
guardando pedazos grandes en una bolsa.

Taehyung rodó los ojos, pero asintió levemente, antes de sonreír sin muchas
ganas y acariciar la cabeza de Byul.

—Jungkook... —llamó, su tono de voz siendo más bajo—. El presentador del


otro circo me dijo que lo más probable es que las estén usando como sus
juguetes sexuales... O que ya están muertas... —contó, antes de tragar saliva
con nerviosismo—. ¿Tú crees qué llegaremos demasiado tarde? ¿O qué
siquiera las encontraremos?

Jungkook suspiró, antes de cerrar la bolsa en la que estaba la carne, dejándola


a un lado junto con el cuchillo, para después quitarse el delantal blanco que
llevaba y acercarse al menor, limpiando sus manos con un trapo.

—Si quieres que te responda, primero baja a Byul —soltó el payaso,


observando al menor con seriedad, y el mismo bufó antes de obedecer—.
Perfecto. Ahora, hablando de tu familia pues, sinceramente no estoy seguro.
Conociendo este lugar en específico, ya estarían muertas y siendo abusadas
hasta después de morir... —dijo con sinceridad, y tuvo que apresurarse a
seguir hablando al notar la mirada de horror de Taehyung—. Pero eso solo es
aquí. Yo no sé donde están como para decirte como se maneja ese circo en
específico, quizá solo las usan para que limpien el lugar hasta que llegue su
momento de morir, y si es así, tenemos tiempo. Al igual de que las podrían
haber agarrado sujetos que las encontraron atractivas, hay muchas opciones,
y en verdad, no creo que quieras escuchar mucho sobre cuales son.

—No estás ayudando, Jungkook. —Informó Taehyung, frunciendo el ceño


con disgusto ante todas las escenas que le hizo imaginar Jungkook, quedando
mucho más preocupado que antes.

El payaso sonrió levemente, con gracia, antes de acercarse un poco más hacia
el chico y tomarlo por la cintura, juntando sus cuerpos.

—Lo sé, cariño. Pero no soy bueno consolando y mucho menos diciendo
mentiras en momentos en los que la verdad es necesaria. No puedo andar
diciendo "Tranquilo, bebé, tu mami y tu hermana están totalmente bien,
esperándote con la cena en aquel circo donde las tratan como reinas." Porque
te estaría engañando de una forma muy cruel.

El rubio apartó la mirada, sintiendo una leve presión en su pecho ante las
palabras del mayor, quien al parecer notó su malestar y se alejó solo un poco.

—No te sientas mal, amor. Si están muertas, por lo menos te dignaste a


buscarlas. Tú no tienes la culpa de que ellas estén pasando por esto, tú no las
regalaste así como así a un circo cualquiera, recuerda eso. —El pelinegro
dejó un leve toque sobre la cabeza ajena con su dedo índice, sonriendole
apenas a Taehyung antes de apagar la cocina y sacar la olla donde se
encontraba la pasta.

Taehyung asintió, no muy feliz ante el consuelo del mayor, pero no se quejó
y tan solo observó en silencio como el mismo preparaba su comida, dejando
todo en un plato blanco.

—Amor, sabes que debo irme, así que por favor alimenta a Byul más tarde.
Su comida ya está lista, solo debes bajar el plato para que coma. —Dijo
Jungkook, terminando de servir la pasta, para después entregarle el plato al
chico.

—Está bien. —Asintiendo, el rubio tomó su plato y se dió media vuelta,


dispuesto a ir hacia la sala.

—Un momento, mocoso. ¿A dónde crees que vas? —Cuestionó Jeon,


alzando el tono de voz.

—Dios mío —soltó por lo bajo Kim, negando con la cabeza antes de volver
hacia Jungkook y dejar un casto beso sobre los labios ajenos—. Gracias por
la comida, oh, amable y noble secuestrador. ¿Qué sería de mí sin su pasta de
cada día? —dramatizó con notable burla—. ¿Feliz? —preguntó pocos
segundos después, observando a el mayor, quien en ese momento se
encontraba con el ceño fruncido—. No me mires así, no es mi culpa que estés
tan jodidamente obsesionado con los besos.

—Primero que nada, ya no soy tu secuestrador, estás aquí porque tú quieres


—dijo el pelinegro—. Segundo, solo iba a decirte que te olvidabas los
palillos, pero gracias por el beso, amor.
Quedándose sin palabras ante lo dicho por Jungkook, Taehyung apretó
levemente los labios, sintiendo como sus mejillas ardían ante la vergüenza, y
lo único que pudo hacer fue tomar los palillos que le ofrecía el payaso, antes
de marcharse con rapidez de aquella cocina, casi huyendo de la sonrisa
divertida que mostraba el mayor.

Jungkook negó con la cabeza ante la acción de Taehyung, y pocos segundos


después dejó todo de lado para poder ir a su habitación, ya que debía
cambiarse y marcharse lo antes posible. Hoseok le había pedido que le lleve
comida a Hope, y que guardara un poco para él, por lo que Jungkook tenía
que apurarse ya que quería tener el resto del día libre, tranquilo junto a su
mocoso y su mascota.

Una vez listo, saliendo de su habitación con una simple camisa de color gris y
unos pantalones negros con unas zapatillas del mismo color, tomó la bolsa
que había dejado abandonada en la cocina, la cual dejaba caer pequeñas gotas
de sangre debido a la gran cantidad de carne que tenía y el nudo algo flojo
que le había hecho el pelinegro. Aunque el hombre ni siquiera se molestó por
ello y solo caminó con tranquilidad, dispuesto a salir.

Y antes de abandonar la casa rodante, observó al chico rubio que se


encontraba sentado en el sillón, comiendo su pasta. El mismo se encontraba
cabizbajo, en un inútil intento por cubrir sus mejillas levemente rosadas por
la vergüenza que aún no se iba.

—Mocoso —llamó Jungkook, sonriendo apenas—. Cuando se te pase la


pena, dale de comer a Byul, para ese entonces ya estará hambriento. —Soltó,
antes de reír bajito.

Taehyung tan solo asintió, sin animarse a ver al hombre a la cara por el
momento.

El payaso se retiró pocos segundos después, y el chico se recostó en el sillón,


avergonzado. Para después terminar suspirando con leve frustración, sin
prestarle demasiada atención al conejo blanco que en ese momento dió un
salto hacia el sillón, acomodandose a su lado.

—Tu dueño es un desgraciado, Byul. —Soltó, antes de acariciar la cabeza del


animal con delicadeza, tratando de ignorar así la sensación caliente que
mantenían sus mejillas.

Y así fue como logró distraerse un poco, comiendo tranquilo mientras jugaba
con el conejo, el cual simplemente se dejaba acariciar por el humano.

Todo estaba bien, hasta que Taehyung recordó un pequeño detalle al pasar de
los minutos.

Jungkook no le había dicho donde estaba la comida de Byul.

Quejándose por lo bajo, el rubio se levantó de sillón, colocándose


rápidamente sus zapatos para poder buscar a el mayor y preguntarle, ya que
él jamás había alimentado a Byul como para saber donde se encontraba su
alimento, y Jungkook jamás lo dejaba a la vista.

Apresurandose, abrió la puerta de la casa rodante, saliendo de la misma y


observando hacia ambos lados del largo camino que había para ver si el
payaso andaba por ahí. Pero no había absolutamente nadie, ni siquiera otros
trabajadores. Todos estaban ocupados, descansando por el viaje o visitando
aquel circo donde habían investigado hace poco si se encontraba su familia.

Y al salir, de inmediato notó como Byul lo seguía, saliendo de la casa rodante


con rapidez, como si tuviera intenciones de escapar.

—¡Hey, ven aquí! —Dijo Taehyung, antes de agacharse para tomar al conejo
entre sus manos, apoyando al mismo contra su pecho pocos segundos
después.

Una vez con el conejo entre sus brazos, lo único que hizo Taehyung fue
comenzar a quejarse por lo bajo, insultando de vez en cuando a Jungkook por
no decirle donde se encontraba la comida de aquel animal que en ese
momento se removía incómodo entre sus brazos, intentando librarse del
agarre que mantenía el rubio.

—¿A dónde se habrá ido este imbécil? —Se preguntó a sí mismo el chico,
para después cerrar la puerta de la casa rodante, caminando despacio entre
medio de aquellas casas rodantes estacionadas, siendo Byul su única
compañia.

Perdido en sus pensamientos, Taehyung no fue capaz de notar como varios


pasos comenzaban a escucharse entre todo el silencio, mucho menos como la
presencia de más de una persona se iba haciendo notoria, como si alguien
estuviera a tan solo metros de distancia, acechando.

Y cuando pudo darse cuenta de la situación, fue demasiado tarde. Porque


unos brazos agarraron con fuerza los suyos, inmovilizandolo, mientras
guiaban su cuerpo hacia atrás de forma brusca, causándole dolor. El agarre
fue tan repentino, que le fue imposible seguir sosteniendo a Byul.

Y antes de que el conejo tocara el piso, otra persona llegó, agarrandolo entre
sus manos con fuerza, haciendo que el animal chille al sentirse en peligro.

Taehyung ni siquiera pudo reaccionar, todo fue tan repentino, que su mente
no llegaba a procesar por completo lo que estaba sucediendo. De la nada,
sentía como un objeto filoso rozaba su cuello, sus brazos eran sujetados con
fuerza hacia atrás, y enfrente suyo, se encontraba el mismo hombre que había
intentado abusar de él hace tiempo, agarrando a Byul entre sus manos.

Dongyul estaba ahí, observandolo con una sonrisa, mientras que Yang Mi
sostenía su brazo izquierdo con fuerza, doblandolo, y Jimin imitaba aquella
acción con su otro brazo, solo que al mismo tiempo sostenía un cuchillo cerca
de su cuello.

—Lo mejor para tí sería que no te muevas ni un poco, niño. —Soltó Yang
Mi, sonriendo con arrogancia, mientras miraba fijamente el rostro de
Taehyung y la mueca de dolor del mismo.

Tragando saliva, el chico tan solo se mantuvo inmóvil, sin saber cómo
reaccionar ante lo que estaba sucediendo. Y su mente, tan solo le decía una y
otra vez que gritara, que gritara fuerte, llamando a Jungkook.

Pero de su boca no salió ni una sola palabra, y solo se limitó a fruncir el ceño,
observando con un odio profundo a Dongyul.

Y aunque intentó ignorar el miedo que sentía al recordar como el mismo


hombre lo había tocado, no fue para nada fácil. Los recuerdos aún estaban
frescos en su memoria. Él recordaba cada detalle, y eso le llenaba de
impotencia, odio y dolor.

Quedándose quieto, a merced de esos tres locos, Taehyung tomó aire con
dificultad, mirando expectante al rubio que tenía enfrente.

—Así que... Eres nuestro nuevo jefe —Dongyul sonrió con leve burla, antes
de acariciar a Byul, haciendo que el mismo se alterara, intentando huir de su
agarre—. No recordaba que los antiguos dueños del circo fuera tan patéticos,
con carita de muñeca y cuerpo de princesa. ¿Desde cuando los tipos rudos se
ven tan delicados? Porque si te viera en el escenario, estaría esperando que te
apartes para ver al verdadero dueño. No eres más que un tipo fracasado con
cuerpo bonito, niño.

Taehyung se quedó en silencio, mientras que el odio iba consumiendolo de a


poco ante las palabras de Dongyul. No quería ceder ante él y aquellas dos
personas que lo aprisionaban, pero no podía hacer mucho.

—Todo esto es tu culpa, cariño. Si no hubieras puesto resistencia, todo sería


como antes. Tan solo estarías muerto y a nadie le importaría tu desaparición.
Pero como eres un puto mocoso insolente, harás que nosotros terminemos
haciendo algo mucho peor que tan solo tocarte y acabar contigo —Jimin
sonrió levemente, con sus labios rozando contra la mejilla de el menor,
haciendo que el mismo intente alejarse un poco—. Jungkook sufrirá, y todo
es tu culpa.

—No es cierto... —susurró Kim, sonando firme, mientras observaba de reojo


a Jimin—. No es mi culpa que sean unos infelices que no pueden hacer bien
una simple tarea. Todo se irá a la mierda para ustedes, así que dejen de hacer
el ridículo y déjenme ir. Jungkook los matará si me llegan a hacer algo, se los
aseguro. Si yo muero, ustedes mismos acaban con su vida.

Yang Mi, al escuchar las palabras del chico, decidió meterse en la


conversación, tomando antes las mejillas de Taehyung con fuerza,
obligándolo a mirarla a la cara.

—¿Tú en verdad crees qué a nosotros nos interesa vivir, a estas alturas?
Nuestra sentencia estaba desde antes de que tú siquiera aparecieras, no seas
estúpido —habló la fémina, antes de alzar una ceja—. Además, no sé porqué
te crees tan importante. Hay una forma mucho más eficiente para hacer sufrir
a Jungkook, y créeme que no eres tú. —Soltó, para después reír.

Confundido, Taehyung frunció el ceño, comenzando a alterarse ante la


molesta risa de la mujer.

—¿Qué diablos te pasa? Es tu hijo a quien le harás eso. —Comentó con


horror, a pesar de que él no era precisamente el indicado para hablar sobre
aquello.

—Yo no tengo hijos, pedazo de basura. Jungkook no es nada para mí —Yang


Mi negó con la cabeza, casi con desagrado—. Y deberías cerrar la boca,
porque tu papá fue quien te dejó aquí.

Negando con la cabeza, Taehyung trató de huir, pero tan solo logró que Jimin
acercara aún más el cuchillo a su cuello, ejerciendo presión.

—No te pongas nervioso, bonito. No es a tí a quien llevaremos...

Sin comprender, Taehyung miró hacia adelante con confusión, para después
abrir sus ojos en demasía.

Dongyul se estaba alejando rápidamente, con Byul entre sus brazos.

—¡No! —Protestó, intentando librarse una vez más.

Y a pesar de que quiso librarse del agarre de Jimin y Yang Mi, fue inútil.
Porque tan solo consiguió que el chico de labios gruesos hiciera un leve corte
en su cuello, del cual comenzó a salir sangre rápidamente, y pocos segundos
después, ambos lo soltaron, corriendo lejos de él y separándose en el camino.

Taehyung quiso correr, perseguirlos, pero lo único que pudo hacer fue guiar
una mano hacia su cuello, presionando la herida mientras sentía como la
sangre manchaba su mano. El pánico ante la situación no tardó en llegar, y de
su garganta comenzaron a salir varios gritos, pidiendo ayuda, gritando
desesperadamente a pesar de que la sangre no dejaba de salir.
Al parecer el corte no había sido profundo por lo que podía notar tan solo
tocando su cuello, pero aún así salía bastante sangre y eso no hacía más que
asustarlo.

Después de varios gritos donde pedía ayuda, varias personas comenzaron a


salir de sus casas rodantes, alteradas ante el escándalo. Y tan solo se
quedaron mirando fijamente al chico que en ese momento presionaba con
fuerza su cuello, asustado.

Algunos fueron a buscar a algún enfermero, ya que había algunos que


trabajaban en el circo. Y otros tan solo intentaban acercarse a Taehyung,
aunque el mismo no lo permitía.

Todo estaba siendo un desastre, hasta que llegó Namjoon, caminando con
velocidad hacia Taehyung.

—¿Qué sucedió? —Preguntó el hombre, alzando el tono de voz.

—¡Quiero que todo el puto circo busque a Dongyul, Jimin y la mamá de


Jungkook! —exigió, sin dar explicaciones—. ¡Que los encierren!

—Pero dime que pas-

—¡Ya! —Gritó el rubio, alterado. Mientras que la rabia se notaba a través de


sus ojos.

Y Namjoon, tan solo pudo asentir, antes de dar la órden a todos los
trabajadores, llamando la atención de los mismos. Mientras que por otro lado
aparecía Seokjin, con un botiquín, dispuesto a curar a Taehyung.

El circo se volvió un caos al pasar de los minutos, todos estaban alerta,


buscando sin parar a aquel trío que había atacado al jefe. Los trabajadores
estaban por todas partes, buscando sin descansar ni un solo segundo, y todo
parecía empeorar de a poco, ya que no había ni un solo rastro de aquellos
tres.

Y Taehyung, una vez que Seokjin atendió la herida de su cuello, tan solo
pudo observar con preocupación al mismo.
—Jin, por favor busca a Jungkook. Necesito que esté aquí. —Pidió, tomando
apenas el brazo del peliazul cuando el mismo quiso alejarse.

Seokjin asintió levemente, marchándose pocos segundos después. Dejando


así totalmente solo a Taehyung en la casa rodante de Jungkook, sentando en
aquel sillón donde debería haberse quedado anteriormente.

En verdad se arrepentía demasiado por salir a buscar a Jungkook, no debía


salir de la casa rodante solo, en especial cuando no había absolutamente nadie
a su alrededor en ese momento.

Ahora Byul podría estar herido, y eso dejaría aún peor a Jungkook, si es que
eso era posible. Taehyung no tenía duda alguna que el payaso le echaría la
culpa de todo, y quizá ni siquiera le importe que él era el jefe actualmente,
porque le haría daño a pesar de correr el riesgo de morir en sus manos.

Perdiéndose en su mundo una vez más, mientras tocaba por encima de la


venda su herida, Taehyung se mantuvo mirando un punto fijo, dejando pasar
los minutos, en los cuales el alboroto de afuera empeoró, y el ruido de los
trabajadores hablando aumentó de forma considerable, algunos incluso
gritaban al hablar.

Y el rubio comprendió porque el escándalo había empeorado, cuando la


puerta de la casa rodante fue abierta con fuerza, dejando ver a Jungkook.

El payaso caminó con velocidad hacia él, antes de tomarlo por el cuello de la
camisa y levantarlo de su asiento, logrando así alterarlo.

—¿Dónde está? —preguntó, siendo brusco, mientras que sus ojos reflejaban
rabia y odio, totalmente lo opuesto a aquella mirada relajada que le ofrecía
Jungkook cada día durante varios meses—. ¿Dónde está mi puto conejo,
Taehyung?

—Y-yo... Intenté detenerlos, te juro que-

—¡No me interesa si intentaste o no detenerlos, quiero a mi mascota ahora


mismo! —gritó el pelinegro, antes de empujar a el menor—. ¡Una sola cosa
tenías que hacer, alimentarlo! ¡Y terminas saliendo! ¡¿Es qué no te puedes
quedar un solo segundo quieto?! ¡¿Tanto te cuesta hacer bien una sola cosa?!
—Soltó, cegado por la rabia.

Taehyung cayó al piso ante el empujón, y a pesar de que quiso reclamar por
ser tratado de aquella manera, no pudo hacerlo. Se sentía culpable, y aún era
vulnerable ante Jungkook.

—¡Donde le suceda algo a Byul, te juro que te mato! —siguió gritando, sin
siquiera pensar en sus palabras—. Me importa una mierda que seas el jefe, te
mataré.

—Lo siento... —susurró Taehyung, retrocediendo en su lugar al ver como


Jungkook se acercaba hacia él—. Estaba asustado. —Sinceró, guiando una de
sus manos hacia su cuello al sentir dolor.

—¡No me interesa, mocoso estúpido! —gritó Jeon, alterado—. ¡Levanta el


puto culo! ¡Me ayudarás a buscar a Byul, y donde le hayan hecho algo, lo
mismo te haré a tí también! —Declaró, antes de tomar bruscamente a el rubio
por el cuello de su camisa, levantandolo sin delicadeza alguna, para después
abrir la puerta de la casa rodante.

Saliendo de ahí, el payaso tomó su mano, y Taehyung no se quejó ante lo


brusco que estaba siendo, tan solo lo siguió. Caminando entre medio de toda
la gente, alejándose cada vez más mientras se perdía entre todos aquellos
trabajadores que en ese momento se encontraban cansados por buscar por
todos lados.

Y a pesar de que el menor quiso quedarse en silencio al notar el enojo y


estrés de Jungkook, no pudo hacerlo al notar que el mismo lo estaba guiando
a un lugar completamente diferente del circo, casi alejándose por completo de
aquella zona.

—¿A dónde se supone que vamos? El circo está por allá. —Soltó Taehyung,
con notable confusión.

Y el pelinegro, ante su pregunta, no hizo más que reír con amargura,


burlándose.
—¿Eres tan estúpido como para pensar que esos tres hijos de puta van a
esconderse en el lugar más "peligroso" que hay? ¿Dónde todos pueden
encontrarlos si se les da la gana? No les conviene. Son enfermos mentales, no
imbéciles —Jungkook negó con la cabeza—. Si estuvieran escondidos en el
circo, ya los habrían encontrado, ellos debieron buscar otro lugar. Y creo que
sé cual es.

Taehyung frunció el ceño, y antes de que pudiera preguntarle algo a


Jungkook, terminó cerrando la boca al ver en donde se encontraban.

Enfrente del circo "enemigo", al que habían entrado para ver si su familia se
encontraba allí o no. Justo cerca de la entrada.

—No creo que sean tan estúpidos... —Soltó el rubio, dudoso.

—Comienza a creerlo, entonces.

Y sin decir nada más, Jungkook ingresó al circo, casi arrastrando a Taehyung
para que le siga el paso. Ganándose varias quejas por parte del rubio, pero no
le importó en absoluto.

—No creo que estén aquí, Jungkook —volvió a decir Taehyung al ser
agarrado con fuerza por parte del payaso al pasar de los segundos, casi
pegandolo a él para que no tuviera contacto con ninguna persona que pasaba
por ahí, saliendo o entrando al circo—. Deberíamos irnos...

Sintiéndose asfixiado entre los brazos del mayor, Taehyung quiso apartarse
un poco, pero Jungkook lo sostuvo por el cuello, tocando su herida y pegando
así su espalda contra el pecho ajeno.

—Taehyung, en este momento no me importa absolutamente nada de lo que


digas. Así que cierra la puta boca y solo sígueme, todo esto es tu culpa, así
que deja de contradecirme. —Ordenó entre dientes, hablando contra el oído
del chico, quien asintió luego de que sus ojos se hayan llenado de lágrimas
debido al dolor que sentía en su cuello.

Frunciendo el ceño, Jungkook quiso soltar al chico, pero no pudo hacerlo al


sentir una venda entre sus dedos, en el cuello del rubio que había sometido
con facilidad. Y al percatarse de aquello, volteó bruscamente al menor para
que le dé la cara, deteniendo su caminar y quedándose así entre medio de
todo el público que en ese momento esperaba expectante algún espectáculo
de aquel circo, con tan solo una luz que apuntaba al escenario iluminando el
lugar.

Los dedos de Jungkook tocaron la venda de Taehyung, mientras observaba


fijamente la misma, como si estuviera analizandola, y el rubio ante eso no
hizo más que quedarse quieto, sin saber como reaccionar.

Hasta que Taehyung pudo notar como la mandíbula de Jeon se encontraba


más tensa, y sus manos temblando levemente, el odio que anteriormente tenía
aumentando al igual que la rabia en cuestión de segundos.

Habían lastimado a su mocoso.

—¿Quién mierda hizo esto? —Cuestionó, alzando la voz.

Taehyung tan solo tragó saliva, dando un paso atrás al notar como el hombre
se notaba sumamente molesto, fuera de sí, sus manos removiendose inquietas
y sus ojos observando fijamente la herida cubierta en su cuello.

—¡Responde! —volvió a hablar, alterado—. Dime quien fue el maldito que


te puso un dedo encima, ahora mismo. —Ordenó, frunciendo el ceño.

—Fue Jimin... —Susurró por lo bajo, mirando expectante a Jungkook,


mientras que el mismo balbuceaba quien sabe qué con total rabia, sus insultos
pasando desapercibidos ante el bullicio del circo.

—Voy a matarlo. —Declaró, antes de volver a agarrar la mano Taehyung,


dispuesto a seguir caminando por el circo con la única intención de buscar al
presentador del lugar, quien anteriormente estaba cerca del público.

Sin embargo, cuando Jungkook volvió a mirar hacia el público, el


presentador ya no se encontraba allí. Sino que se encontraba en medio del
escenario, con la luz apuntándole directamente en el rostro, dejando relucir
una gran sonrisa.
—Damas y caballeros, es un placer para mi anunciar el espectáculo de dos
asombrosos chicos, los cuales llegaron esta mañana por parte de el circo
Stigma. Un circo con el cual no hemos estado precisamente bien durante
años, pero al tener varias conversaciones con los jefes del lugar, llegamos a
un acuerdo. Y estos dos chicos quieren demostrar el comienzo de nuestra
amistad con un fabuloso espectáculo —anunció, sonriendo—. ¡Démosle la
bienvenida a Park Jimin y Kim Dongyul, trabajadores del circo Stigma!

Apartándose del escenario, el presentador se marchó, dejando a la vista una


mesa pequeña de metal, la cual tenía ruedas en las patas. La misma mesa era
arrastrada por aquellos dos rubios que habían sido presentados ante el
público, ambos sonriendo en grande a pesar de que sabían lo que les
esperaba.

Y en la mesa, se encontraba Byul.

Su ojo izquierdo no estaba, la sangre manchaba el pelaje blanco, y su oreja


derecha estaba cortada a la mitad. El animal estaba herido sobre aquella
mesa, inofensivo ante aquellos dos locos que en ese momento estaban
tocandolo, ambos con cuchillos en sus manos.

El público celebró ante la presencia de ambos chicos, algunos levantándose


de su asiento para apoyarlos.

Mientras que de fondo, Jungkook se encontraba mirando fijamente la escena.

Taehyung fue testigo de como el payaso se quedaba totalmente inmóvil al ver


hacia el escenario, su cuerpo poniéndose tenso mientras que sus ojos se
abrían en demasía, junto con su mano sosteniendo con más fuerza la suya,
casi lastimandolo.

El impacto fue demasiado para el pelinegro, en verdad sentía que no podía


moverse en lo más mínimo, sus ojos solo se encontraban mirando fijamente a
su conejo, a su conejo herido. Los gritos de apoyo del público parecían
taladrar en lo más profundo de su mente, aturdiendolo, abrumandolo aún
más. Todo a su alrededor parecía haberse detenido, él no podía moverse.

Y al escuchar un chillido por parte de Byul, fue que varias lágrimas


comenzaron a acumularse en sus ojos.

Pero sus lágrimas no eran de tristeza, mucho menos de dolor. Sus lágrimas
tan solo eran de rabia, rabia y odio puro. Su corazón latía con frenesí, como
nunca antes. Y él tan solo dejaba salir aquellas lágrimas que salían debido a
las emociones negativas que estaba aculumando.

Mismas emociones que le hicieron soltar un grito desgarrador, un grito lleno


de tanto enojo que terminó viéndose como una persona totalmente diferente
ante los ojos del rubio que tenía al lado.

Él quiso correr, quiso alejar a aquellos dos de su mascota, de su tan adorado


conejo. Quiso detener todo y matarlos de la forma más cruel, hacerles lo
mismo que a Byul.

Pero los brazos de Taehyung lo detuvieron, mientras que él seguía gritando,


insultando, su rostro totalmente rojo debido a la rabia y su garganta doliendo
ante tanto griterío. Pero no le importaba, nada le importaba en ese momento.

Intentó liberarse, luchó hasta cansarse, pero el menor no lo soltaba y él no se


encontraba en el mejor estado como para ganarle al tener más fuerza. Su
cuerpo se sentía débil a pesar de que la adrenalina recorría cada parte de sí.

Y todo pareció empeorar cuando su mirada se cruzó con la de Dongyul, quien


tan solo le sonrió con notable burla antes de pasar el cuchillo cerca del rostro
de Byul.

—¡SUELTAME! —le exigió a Taehyung, removiendose—. ¡VOY A


MATARLOS, HIJOS DE PUTA! ¡DEJENLO! ¡SUELTENLO YA! —Gritó
con desesperación, alterado.

Y ante el escándalo, no tardó en llamar la atención de todo el público, y


también del presentador, quien tuvo que acercarse con velocidad hacia ellos.

—¿Qué diablos le sucede? ¿No se supone que estaríamos en paz? —


Cuestionó el hombre, hablándole a Taehyung.

—¡EN PAZ MIS PELOTAS, AGARREN A ESOS INFELICES! —Gritó


Jungkook, fuera de sí.

—¡Ellos no vienen de parte nuestra, están lastimando a su mascota! —


explicó como pudo el rubio—. ¡Deben detenerlos! —Dijo rápidamente,
mientras sostenía entre sus brazos a aquel hombre que luchaba
desesperadamente por liberarse.

—¡SON UNOS DESGRACIADOS, LES METERÉ ESOS CUCHILLOS


POR EL CULO! —Jungkook sollozó con rabia, gritando, sin siquiera pensar
en calmarse en algún momento—. ¡LOS VOY A MATAR!

Taehyung comenzó a sentir como su agarre se volvía más débil ante el


forcejeo de el payaso, y tan solo pudo abrir sus ojos con horror. Observando
al presentador del circo pocos segundos después, quien se encontraba
perplejo mientras miraba aquella escena.

—¡DETENGANLOS AHORA, MALDITA SEA! —Exigió, haciendo


reaccionar al tipo, quien asintió rápidamente, alejándose de ellos.

—¡Sacalo de aquí! —Escuchó Taehyung pocos segundos después por parte


del mismo hombre, el cual se refería claramente al descontrolado pelinegro
que tenía entre sus brazos.

Y así fue como el rubio luchó por sacar a Jeon del circo, y a pesar de que en
verdad lo intentó, no pudo hacerlo solo. Jungkook estaba tan mal, con tanta
rabia y odio en sí, que no se controlaba en lo más mínimo, él solo quería
hacer daño, soltarse del agarre de Taehyung y hacerles daño a quienes habían
lastimado a su mascota. Estaba tan perdido que varios hombres tuvieron que
agarrarlo para finalmente sacarlo de ahí, arrastrandolo hacia la casa rodante
donde prácticamente lo encerraron junto con Taehyung.

Jungkook cayó al suelo junto con el rubio al ser empujados hacia el interior
de la casa rodante, y la puerta se cerró con fuerza, con varios hombres
sosteniendo la misma para que Jeon no pudiera salir.

El pelinegro se levantó rápidamente, sumamente alterado, corriendo hacia la


puerta y comenzando a golpear la misma con insistencia, llorando con
frustración y enojo. El odio que tenía era tanto, y él tan solo quería salir de
ahí.

Taehyung se levantó pocos segundos después, caminando hacia él para


intentar calmarlo, pero Jungkook ni siquiera quería que lo toque.

Al rozar sus dedos con el brazo del payaso, el menor recibió un golpe en el
mismo, mientras que Jungkook daba un paso atrás y lo miraba con enojo.

—¡NO ME TOQUES, MOCOSO INÚTIL! ¡DILES QUE ABRAN LA


PUTA PUERTA! —Exigió, con su rostro levemente rojo por la rabia que
sentía.

—No puedes salir, tienes que calmarte primero. No estás bi-

El jóven terminó siendo interrumpido cuando el payaso lo tomó de forma


brusca por el brazo, acercándolo a su cuerpo, logrando así que cierre la boca.

—No me digas que me calme siendo que todo esto es tu culpa. ¡¿Quién
carajos te manda a salir, pedazo de idiota?! ¡Byul está lastimado por tu culpa!
—Acusó, apretando el brazo de Taehyung con fuerza, haciendo que el mismo
cierre los ojos con dolor.

—Y-ya dije que lo siento... En verdad yo no sabía lo que podría pasar, solo
salí a buscarte. —Quiso explicar, pero Jungkook no parecía estar dispuesto a
escucharlo.

—¡No me interesa, dejame salir ahora mismo! ¡Voy a matarlos! —Gritó con
enojo, empujando al chico hacia la puerta para que le ordene a los demás
moverse de ahí.

—No puedes... No puedes hacer eso. —Taehyung negó frenéticamente con la


cabeza, intentando alejarse.

Pero Jungkook volvió a agarrarlo, está vez por el cabello, jalando con fuerza
para acercarlo nuevamente hacia sí.

—¿A dónde crees que vas? ¿Y por qué mierda no puedo hacerlo? Voy a
hacerles comer sus putos órganos, así que mejor obedece y dejame salir. —El
pelinegro frunció el ceño, harto de la situación. Su corazón latía intensamente
y sus manos temblaban, ansiosas por lastimar a quienes lo habían jodido de
tal manera.

Jungkook tan solo quería salir y acabar con esos tipos, para después fijarse
como se encontraba su mascota. Y Taehyung no se lo permitía, él en verdad
se encontraba alterado por eso.

—No puedes matarlos —el rubio volvió a negar—. Por favor sueltame. —
Pidió, alzando un poco la voz al sentir otro jalón en su cabello.

—¡No te voy a soltar! ¡O me dejas salir o me explicas que mierda te sucede!


—Jungkook frunció aún más el ceño, molesto—. Lastimaron a Byul, no voy
a dejarlos con vida. ¡Deberias entender!

Taehyung apretó con fuerza sus ojos, tratando de retroceder, pero al notar
aquello, el mayor lo acercó más hacia sí, jalandole el cabello mientras le
gritaba sin parar. Repitiendole que todo lo que había sucedido era su culpa,
que él tenía que matar a Dongyul y Jimin sí o sí, terminando así mucho más
furioso mientras le gritaba al chico a la cara, aturdiendolo levemente.

Hasta que Taehyung dejó salir las primeras lágrimas, cansado de los gritos y
las acusaciones de Jungkook, quien le recordaba constantemente que había
sido su culpa y que, además, era tan miserable como para no dejarlo lastimar
a quienes habían tocado a Byul.

—¡Basta! —el rubio le dió un empujón a Jungkook, sacándoselo de encima


mientras dejaba salir varias lágrimas—. ¡No vuelvas a tocarme así! —Gritó,
alterado.

Retrocedió varios pasos, chocando con la pared y observando alerta al mayor,


quien tan solo lo miraba con enojo, dispuesto a agarrarlo nuevamente.

Pero antes de que eso sucediera, Taehyung cubrió su rostro entre lágrimas,
dejándose caer al piso lentamente debido a todas las emociones que estaban
atacándolo, sin permitirle a Jungkook tocarlo.

—¡Mocoso! —Llamó Jeon, molesto.


—¡No puedes asesinarlos porque también quisieron lastimarme antes! —
soltó el rubio, cubriendo su rostro, el cual se llenaba de lágrimas de a poco—.
No pueden morir, no ahora...

Jungkook se quedó quieto ante las palabras de el menor, parado enfrente suyo
mientras lo observaba fijamente.

—¿Qué quieres decir? —cuestionó, dejando de gritar—. ¿Qué te hicieron? —


Se acercó más hacia Taehyung, en espera de una buena respuesta.

Pero el chico no respondió, tan solo se quedó en silencio, mordiendo su labio


al sentir como el mismo temblaba y apretando apenas sus ojos con sus manos
como si eso pudiera detener su llanto.

—Taehyung —soltó el pelinegro, impaciente—. Dime que te hicieron. —


Ordenó.

Negando con la cabeza, Taehyung quiso levantarse, alejarse de Jungkook.


Pero el payaso no lo permitió, y terminó agarrandolo por la camisa para que
se quedé enfrente suyo, ambos mirándose a la cara.

El menor tragó saliva, tratando de controlarse y dejar de llorar. Pero la rabia e


impotencia que sentía en ese momento le dificultaba aquello, tan solo quería
alejarse y guardar silencio, pero el hombre que tenía enfrente no estaba
dispuesto a soltarlo, mucho menos a dejar aquel tema en el olvido.

Y Taehyung en verdad no quería hablar, ya que la humillación era demasiado


grande. El dolor que sentía al recordar lo que quisieron hacerle era
demasiado, y se sentía sumamente vulnerable al dejar aquel suceso expuesto.
Él en verdad no estaba listo para decirlo.

Pero no tenía opción. Si seguía guardando silencio, Jungkook no lo


entendería y seguiría gritándole, insultandolo, e incluso podría llegar a
golpearlo ya que a él en ese momento no le interesaba en lo más mínimo que
el rubio fuera el dueño del circo actualmente.

Jungkook no dudaría en hacerle daño si seguía en silencio.


Fue por eso que Taehyung apartó la mirada, sosteniendo la muñeca de el
mayor sin fuerza alguna mientras que intentaba calmarse antes de hablar.

—Dongyul intentó abusar de mí... —soltó finalmente, sin atreverse a mirar a


Jungkook a la cara—. Uno de los días en los que me dejaste con Jin, Jimin y
él entraron a la fuerza a su casa rodante —contó, notando como el mayor se
encontraba totalmente tenso gracias al agarre que mantenía en su muñeca—.
Jin no pudo hacer nada porque yo lo había hipnotizado... —evitó el detalle
del vestido, demasiado ridículo en su opinión—. E-ellos... Me llevaron a una
de las casas y me amarraron, Jimin me sostenía mientras Dongyul me
tocaba... —balbuceó apenas, contando lo sucedido con impotencia—. R-
rompió mi ropa y me tocó por unos minutos, hasta que logré que me dejen
por un momento... —de sus ojos caían varias lágrimas, y aún no se animaba a
mirar a Jeon—. Woozi me había visto, y como ellos me dejaron solo por
andar discutiendo, entró a la casa y con tu navaja cortó las sogas, me sacó de
ahí —finalizó, lleno de impotencia y odio—. N-no sabes lo horrible que fue...
Lloré demasiado, me sentí y me siento asqueado. Y cuando tú llegaste de
trabajar, me sentí peor, y-yo solo quería que llegaras cuando me estaban
haciendo eso, tenía miedo... —Sinceró.

Al pasar de los minutos, en los cuales Jungkook no dió respuesta, Taehyung


finalmente se animó a alzar la mirada, sin saber que esperarse.

Y al verlo, el mayor se encontraba soltando lágrima tras lágrima, su llanto era


tan solo por el odio que sentía, el enojo que se hacía cada vez peor.

El payaso estaba mil veces peor que antes.

Alterado, soltó de forma brusca a Taehyung, antes de caminar con velocidad


hasta la habitación que compartían.

Sin saber que hacer, el rubio le siguió el paso lentamente, confundido.

Y terminó abriendo sus ojos en demasía al ver como Jungkook comenzaba a


tirar cosas por toda la habitación, gritando con ira, desquitandose con todo
objeto frágil que se encontrara en aquella habitación. Tirando con enojo
pequeños objetos de vidrio, rompiendo con sus manos papeles sin
importancia, todo aquello que encontraba lo rompía en un inútil intento por
desquitarse.

Y el menor tuvo que interferir al ver como estaba destrozando prácticamente


toda la habitación, llegando incluso a romper el enorme espejo en el que se
veía de vez en cuando.

—¡Jungkook, basta! —Quiso detenerlo, colocándose detrás de él y


rodeandolo con sus brazos, tratando de inmovilizarlo.

—Déjame, sueltame... —pidió Jungkook, cansado debido a todo lo que había


hecho, exhausto ante tanto desastre—. No quiero que me toques, aléjate. —
Ordenó.

—N-no... Detente. —Taehyung retrocedió, llevándose a Jungkook con él,


hasta que el mismo forcejeó, intentando liberarse.

Hasta que al pasar de los minutos, se hartó, se cansó de todo aquello, y


simplemente se dejó hacer ante Taehyung, tratando de calmarse y cayendo
poco a poco al suelo gracias a que el menor intentaba hacer que se siente allí.

Respirando de forma agitada al estar cansado, Jungkook apoyó su rostro en el


pecho del menor, aún sollozando con enojo, demasiado aturdido por toda la
información que había recibido y por lo que había visto.

Taehyung rodeó el cuerpo del payaso con sus brazos, acercándolo hacía sí al
notar su estado, tratando de mantenerlo junto a él para que no haga alguna
otra locura.

—¿Por qué no me dijiste antes? —cuestionó Jungkook, en voz baja—. ¿Por


qué me lo ocultaste? Hubiera acabado con él ese mismo día.

—No podía hacerlo, estaba asustado... —El rubio negó con la cabeza,
escuchando la respiración levemente agitada del hombre, quien se acomodó
mejor en su pecho, rodeando su cintura con sus brazos como si eso lograra
calmarlo y a la vez tomandolo con posesión.

—Lastimaron a Byul... —Susurró, sin poder creerlo. La escena de su conejo


lastimado llegando de repente, haciéndolo sentir furioso y frustrado.
—Él estará bien, seguro ya lo habrán llevado con alguien para que curen sus
heridas —trató de consolar Taehyung, sin saber que hacer, ni siquiera sabía
que decir—. Se va a recuperar, sé que sí...

Jungkook tan solo guardó silencio, con su rostro apoyado en el pecho del
menor mientras escuchaba los latidos acelerados del mismo.

Y Taehyung tan solo pudo alzar su mano para acariciar el cabello negro del
hombre, utilizando aquello para calmarlo levemente.

Hasta que después de varios minutos, quizá media hora en la que se


mantuvieron en la misma posición con Taehyung consolando a el payaso
mientras le decía que Byul de seguro estaba bien, Jungkook dejó salir una
pequeña carcajada que apenas logró escucharse, siendo ésta una carcajada
llena de amargura.

—¿Sabes? Esto es patético —soltó de repente—. El que estés consolandome


de ésta manera mientras me dices que todo estará bien, es patético. —
Declaró, seguro.

—¿Por qué lo dices? —Taehyung alzó una ceja, confundido. Para después
alejar apenas su mano del cabello ajeno.

Jungkook alzó la mirada, apoyando su mentón contra el pecho del chico


mientras lo miraba a los ojos.

—Porque soy quien más te lastimó de cierta manera en este lugar, por lo que
no tiene sentido que hagas esto —sonrió levemente, casi con gracia—.
Además de que, nada estará bien, Taehyung. Y lo sabes perfectamente. ¿O es
qué en verdad crees que te haré caso y me quedaré quieto mientras veo como
simplemente encierras a los hijos de puta que causaron todo esto? —
cuestionó, alzando una ceja—. Voy a matarlos, ni siquiera dudes de eso.

—No lo harás. —El rubio negó con la cabeza.

Ante sus palabras, Jungkook frunció el ceño con fastidio, antes de alejarse del
menor, soltandolo.
—¿Y por qué mierda no lo haría? Tocaron a las únicas dos cosas que me
importan en este lugar, intentaron abusar de tí —soltó, alterado—.
Lastimaron a Byul. ¿Cómo es que quieres dejarlos con vida? ¿Eres estúpido o
qué diablos te pasa?

—Jungkook, cálmate. —Taehyung quiso agarrarlo nuevamente, pero


Jungkook se negó.

—No, no me calmo. ¡No entiendo porque no me dejas salir ahora mismo y


acabar con ellos! ¡Se lo merecen! —Alzó el tono de voz, enojandose
nuevamente en cuestión de segundos.

—¿Puedes dejar de ser un maldito impulsivo de mierda por una vez en tu


vida? —preguntó Taehyung de golpe, frunciendo el ceño ante la actitud del
pelinegro, quien lo miró incrédulo ante sus palabras—. Cierra la boca y ven
aquí ahora mismo. —Ordenó, ya cansado de la situación.

—No eres nadie para darme órdenes. —Soltó Jungkook, molesto.

—Y tú no eres un puto niño de cinco años para hacerme este berrinche.

Jungkook se quedó callado ante las palabras del chico, y tan solo pudo bufar
con fastidio cuando el mismo lo jaló por la camisa, obligándolo a acostarse
nuevamente sobre su pecho.

—Te detesto, cachorro. —Dijo, con el ceño levemente fruncido.

—Yo también te quiero. —Contestó el rubio con notable burla, recordando


todas las veces que Jungkook le decía aquello cuando él se molestaba.

—Sigues sin decirme porque mierda no puedo matarlos ahora mismo. —El
mayor apretó apenas los dedos de sus manos con sus dedos índice y pulgar,
haciendo que suenen uno por uno. Haciendo aquello simplemente para
distraerse.

Taehyung guardó silencio por algunos segundos, para después volver a guiar
su mano hacia el cabello ajeno, acariciando el mismo.

—Porque no eres al único que dañaron —comenzó a explicar—. Me jodieron


dejándome otro trauma a la lista, son unos putos desgraciados y es la segunda
vez que vienen a fastidiar todo —dijo, algo molesto—. Para ser por completo
el jefe, debo dar un espectáculo, en el cual usaré a mi padre... —apartó la
mirada, pensando—. Y ellos no deben morir por ahora simplemente porque
acaban de ofrecerse para mi espectáculo igualmente. Yo me encargaré de
ellos. —Sentenció, seguro.

Pero Jungkook frunció el ceño con disgusto.

—Eres demasiado blando como para hacerles todo lo que yo pienso, Tae. —
El payaso no parecía estar de acuerdo con aquello, y el rubio no hizo más que
sonreírle un poco.

—¿Y quién dijo que yo haré mi espectáculo solo?

Y ante sus palabras, una leve sonrisa se asomó por los labios de Jeon,
complacido. Para después apoyar mismos labios sobre los de su mocoso,
besandolo, mientras que escuchaban el escándalo de afuera de la casa
rodante, los gritos de personas que se llevaban a Dongyul, Jimin, y a Yang
Mi.

Todo aquello, mientras Jungkook tan solo esperaba dos cosas: que su
mascota se encontrara bien, y que pronto pudieran acabar con quienes lo
lastimaron.

Porque aquellos tres se merecían lo peor.


30

Jungkook no sabía exactamente cuanto tiempo había pasado hasta que le


entregaron a su pobre mascota, la cual se encontraba con una venda en la
zona del ojo que perdió al igual que en su oreja herida. Byul estaba
demasiado débil y por lo que le habían dicho, era un milagro que aún se
encontrara con vida.

Él no dijo nada ante la persona que había curado a Byul, tan solo se mantuvo
en silencio, con su mirada fija en su conejo, y después de escuchar a duras
penas las explicaciones de la misma persona sobre como debía cuidarlo
adecuadamente, le pidió en un débil susurro a Taehyung que buscara su
billetera y pagara por él, ya que estaba demasiado cansado como para hacerlo
por sí mismo y en ese momento tan solo tenía ganas de encerrarse en su
habitación con su mascota.

Y eso fue lo que hizo, se marchó, cerrando con seguro la puerta de su


habitación y recostandose en la cama a pesar de que la misma se encontrara
desordenada y con miles de cosas tiradas alrededor por el escándalo que
había hecho Jungkook anteriormente.

Con cuidado, acercó a su conejo hacia sí, poniéndolo contra su pecho. Y a


pesar de que sintió como su mascota temblaba, intentó calmarse y
simplemente acariciarlo en silencio.

Aquella noche Taehyung no se quejó por tener que dormir en el sofá, ya que
comprendía que Jungkook no estaba bien y en ese momento necesitaba su
espacio. Además de que el hombre no parecía estar dispuesto a dejarlo pasar,
quería estar solo.

Semanas habían pasado desde aquello, y a pesar del caos que se había
formado en el circo por las acciones de Dongyul, Jimin y Yang Mi, siguieron
su camino, recorriendo distintos lugares con la intención de encontrar a los
familiares de Taehyung.

Mientras que los culpables del malestar de Jungkook habían sido encerrados
en una jaula, pero esta vez la jaula no se encontraba junto a la del león, se
encontraba afuera, siendo una jaula que podían transportar gracias a las
ruedas que tenía abajo. Ataban a la misma a una de las casas rodantes y así la
llevaban, con aquellas tres personas que se morían de frío por las noches y se
aguantaban el calor insoportable que brindaba el sol durante el día.

Yang Mi, Dongyul y Jimin habían pasado a ser la burla del circo. Siendo
humillados cada vez que se detenían al viajar, les arrojaban comida al piso de
la jaula al alimentarlos, algunas veces tirandoselas en el rostro o en el cuerpo
con la única intención de molestarlos. Los trataban peor que a los animales
del circo, ellos se habían convertido en lo más bajo de aquel lugar y todos se
divertían al humillarlos.

Al pasar de las semanas, Taehyung había visitado varios circos, más de tres
para ser exactos. Y a pesar de que investigaban bastante, no había rastro
alguno de sus familiares, tan solo parecía que habían desaparecido por
completo, no se sabía nada de ellas.

Y que Jungkook esté tan distante, no ayudaba.

Ellos ya no dormían juntos, ni siquiera comían en el mismo lugar. Cada vez


que Taehyung intentaba acercarse el payaso lo evitaba y se largaba de ahí,
llevándose a Byul con él.

Lo único que hacía el pelinegro era cocinar para ambos, para después dejar el
plato de Taehyung por un lado y él marcharse con el suyo hacia otra parte. Ni
siquiera parecía querer hablar con él, estaba sumamente callado.

El rubio intentó, en verdad intentó mantenerse callado y soportar aquello, ya


que sabía que Jungkook no se encontraba precisamente bien y prácticamente
era como una bomba que explotaría en cualquier momento. Ya que el payaso
ni siquiera había reaccionado al tener a Byul nuevamente, tan solo se
mantenía inexpresivo, observando a su mascota tan fijamente que llegaba a
causar escalofríos. Y el menor había tomado eso como una señal de
advertencia al ver como el hombre no hacía nada, quizá reteniendo todo su
dolor e ira.

Pero para Taehyung no estaba siendo fácil todo aquello, el estrés por no
poder encontrar a su familia era en verdad demasiado. Estaba asustado al
mismo tiempo porque él no sabía siquiera si seguían vivas, en verdad
necesitaba aunque sea un poco de atención y "cariño" por parte de Jungkook.
Era la única persona que tenía a su lado, no podía seguir siendo ignorado de
tal manera.

Fue por eso que aquella mañana, en la cual todos sus trabajadores se
encontraban descansando mientras esperaban al otro circo –ya que al parecer
el jefe del circo contrario se había retrasado y no pudo llegar a tiempo con sus
trabajadores al lugar–, Taehyung se levantó del sofá en el que había estado
durmiendo las últimas semanas, exhausto.

Y, decidido, se dirigió hacia la habitación que anteriormente compartía con


Jungkook, alzando su mano para tocar la puerta. Y a pesar de que tocó la
misma con cierta timidez, trataba de seguir lo más serio posible, sin dejarse
intimidar.

Al notar que después de varios segundos no recibía respuesta, tomó aire y


volvió a tocar, tomando el pomo de la puerta y abriendo la misma poco a
poco, encontrándose así con Jeon inclinado haciendo quien sabe que a un
costado de la habitación.

—¿Jungkook? —Llamó, caminando sin prisa alguna hacia el pelinegro.

El mayor no hizo más que mirarlo de reojo y formar un pequeño sonido con
la garganta, dándole a entender que lo escuchaba.

—¿Qué necesitas, Taehyung? —Cuestionó, volviendo a mirar hacia abajo,


ignorando por completo la manera en la que lo miraba Kim, luciendo
desanimado.

Sin responder, el menor se puso a un lado de Jungkook, sentándose en el piso


a un lado de él, cruzando sus piernas y observando expectante lo que hacía el
hombre.
Estaba abriendo una maleta, misma maleta que se abría utilizando una clave.

Taehyung recordaba aquella maleta, la había visto varias veces tirada por el
cuarto, pero jamás había logrado ver el contenido de la misma, y a pesar de
que estaba ahí para hablar con Jungkook, no podía negar que sentía cierta
curiosidad en ese momento.

—Te pregunté algo. —Jungkook dejó lo que estaba haciendo, observando al


rubio en espera de una buena respuesta.

—¿Se supone que tengo que necesitar algo simplemente para venir a la
habitación? —Preguntó entonces el chico, apretando levemente los labios con
cierta inseguridad. Mas no apartó la mirada del rostro de Jungkook,
permaneciendo en silencio.

Negando con la cabeza, el hombre suspiró volviendo a lo suyo y alejándose


apenas del contrario, logrando extrañar a Taehyung.

—Simplemente no quiero que me molestes ahora. Por lo que si no necesitas


nada, mejor lárgate. —Soltó con desinterés, colocando la clave que
necesitaba la maleta y abriendo la misma con calma.

Ignorando por completo las palabras del payaso, Taehyung observó lo que
había en la maleta, casi recostandose sobre el hombro de Jungkook para mirar
mejor lo que había adentro. Pero ni siquiera pudo rozar al mayor, porque el
mismo se alejaba de inmediato.

El rubio no le dió importancia alguna, porque algo en la maleta había llamado


su atención.

Había armas, un peluche viejo a un costado, un par de papeles que parecían


bastante antiguos, y en el centro había un dibujo bastante colorido,
seguramente de un infante que amaba demasiado los crayones porque el
dibujo había sido pintado con los mismos por doquier.

Curioso, el rubio se quedó en silencio al observar el dibujo, ya que al verlo


con detalle podía notar que era un intento de retrato de quien sabe quien,
luciendo como un niño algo grande ante sus ojos, el mismo se encontraba
totalmente serio a pesar de que lo rodeaban los colores y tenía su cabello
negro levemente desordenado.

A el menor le pareció tierno, a pesar de que aquel bonito dibujo se encontraba


entre medio de armas.

—¿Es un dibujo de Woozi? —Preguntó entonces, tratando de acabar con


aquella tensión que se podía sentir en el aire ante la molesta mirada de
Jungkook.

Sin expresión alguna, el payaso se encogió de hombros, tomando una de las


pistolas que se encontraban por debajo del dibujo y guardandola en su
bolsillo, para después cerrar la maleta, sin permitirle a Taehyung seguir
observando la misma.

—Oye —se quejó el menor, cruzándose de brazos—, hazme caso.

—Ya te dije que no te quiero aquí, a no ser que necesites algo. —Jungkook se
alejó nuevamente, rechazando el toque del menor cuando el mismo quiso
acercarse.

—Pues necesito que simplemente me escuches. No te estoy molestando, solo


vine a verte y te pregunté de quien es ese dibujo.

—No es asunto tuyo —respondió, malhumorado—. Volveré más tarde. —


Soltó sin más, dispuesto a levantarse e irse.

A Taehyung aquello lo había tomado por sorpresa, ya que no esperaba que


Jungkook se alejara tan rápido de él. Como mucho esperaba que el mayor lo
echara de la habitación y ya, pero no que lo dejara solo.

Sin pensar en sus actos, el rubio se negó a dejar las cosas así, y terminó
sosteniendo con fuerza la muñeca izquierda de Jungkook, impidiéndole irse.

Rechazando su toque, el pelinegro se liberó de su agarre, retrocediendo y


frunciendo el ceño. Observando expectante y molesto a Kim, quien tan solo
tragó saliva y se levantó del piso, tratando de encontrar las palabras correctas
para que Jungkook no se aparte.
—E-espera, yo... —con los nervios consumiendolo de a poco, el menor trató
de tomar aire—. No puedes irte así.

—¿Qué diablos te sucede? —cuestionó Jeon, con cierta rabia—. ¿No


comprendes que no te quiero cerca?

—P-pero... —sintiéndose pequeño ante la mirada del mayor, Taehyung se


enderezó, tratando de no dejarse intimidar a pesar de estar sumamente
nervioso—. ¿Por qué? No te he hecho nada... —Murmuró, desconcertado.

Permaneciendo en silencio, el pelinegro igualmente trató de calmarse,


manteniendo bastante distancia aún así. No estaba de humor en ese momento,
no había estado bien desde hace varias semanas y el estrés se iba acumulando
cada vez más, sacando lo peor de él.

Él tan solo quería alejarse y estar solo, hasta poder calmarse aunque sea un
poco.

—¿En verdad crees que todo se trata de tí? No tienes que hacer nada para que
yo esté así, es asunto mío, y lo sabes. Sabes porqué estoy así igualmente —se
alejó un poco más—. No quiero estar cerca de tí por ahora, deberías entender.

—Pues en verdad no entiendo, yo no tuve la culpa de lo que pasó, y eso es


algo que deberías entender tú. —Taehyung frunció levemente el ceño.

Jungkook no quiso escuchar, pero a pesar de eso se quedó en su lugar,


observando con frustración al menor que simplemente esperaba una
respuesta, tratando de hacerse respetar por lo menos una vez más ante él.

—Escucha, Jungkook. Sé que lo que pasó te afectó demasiado pero en verdad


yo solo quería-

Negando con la cabeza, Jungkook dió media vuelta, abriendo la puerta para
salir finalmente y dejar de lado a Taehyung nuevamente. Él no quería tener
esa conversación, mucho menos ahora.

Él estaba enfocado en hacer algo más, no quería lidiar con el rubio y sus
berrinches, porque eso era para el mayor lo que estaba haciendo el chico en
ese momento, un simple berrinche. El cual él no estaba dispuesto a soportar.

Sin embargo, el chico reaccionó ante sus acciones y de inmediato intervino,


poniéndose enfrente de la puerta y cerrando la misma con fuerza, apoyando
su espalda ahí y mirando fijamente al hombre una vez que lo tuvo enfrente,
algo molesto al ser ignorado.

—Te estoy hablando. —Soltó entonces, sintiendo la mirada molesta del


hombre sobre sí, pero en ese momento no le importó en absoluto.

—Apartate, no tengo tiempo para esto. —Jungkook quiso apartarlo,


sosteniendo su brazo y jalando el mismo, intentando sacar al menor de ahí.

Pero Taehyung se negó, y se mantuvo firme en su lugar. Él en verdad quería


arreglar las cosas, y a pesar de que aquello no estaba saliendo como él
esperaba, no se marcharía hasta hablar con Jungkook.

—Dije que te apartes. —Volvió a decir, hablando entre dientes, mientras


fruncía el ceño con fastidio.

—Y yo dije que te estoy hablando —el rubio habló de la misma manera que
el mayor, con leve burla—. Quiero hablar contigo y me vas a escuchar.

—No me interesa en lo más mínimo escucharte, así que muevete si no


quieres que te termine apartando yo mismo. —Ordenó, alejándose un poco
para que Taehyung obedeciera y se alejara de la puerta.

Pero seguía sin moverse, y eso tan solo logró frustrarlo aún más.

—¡Tengo cosas que hacer, ya sal de ahí!

—¡No irás a ningún lado hasta escucharme! —Sentenció Kim.

Frustrado, el payaso nuevamente lo agarró, ésta vez por la camisa, jalando la


misma para apartarlo con fuerza, pero Taehyung ponía resistencia y sostenía
los brazos del mayor para que lo suelte.

—Necesito salir, ya detente. —Dijo el hombre, sosteniendo con fuerza la


camisa del menor, quien tan solo se negaba y seguía insistiendo.
—Sueltame. —Taehyung se alejó levemente de Jungkook, dándole un
empujón para soltarse de su agarre y apoyarse contra la puerta, molesto ante
lo terco que podía llegar a ser el mayor.

Y en verdad jamás hubiera pensado que aquella simple acción sería más que
suficiente para enfurecer aún más a Jungkook, a tal punto en el que el mismo
tomó la pistola que se mantenía cerca de su cintura.

Apuntó con la pesada arma hacia el menor, agarrandolo por el cuello de la


camisa al mismo tiempo para después ponerlo contra la pared con fuerza,
inmovilizandolo por completo al poner en contacto la pistola contra su
cadera.

El frío del arma se sentía sobre la piel de Taehyung, ya que su camisa se


había levantado levemente, y sus ojos se mantenían más abiertos de lo normal
ante aquella acción inesperada por parte del hombre. El pánico no tardó en
llegar, y él no pudo hacer más que quedarse quieto, totalmente inmóvil
mientras observaba en silencio a Jungkook.

Y el payaso, tan solo lo miraba indiferente, con su ceño fruncido y sus ojos
reflejando tanto odio que por un segundo, el menor no creyó que ese fuera el
mismo Jeon Jungkook que él había conocido.

—¿No te cansas de llevarme la contraria? —preguntó entonces, presionando


la pistola contra el cuerpo del chico para que hable, mas el mismo no podía
hacerlo aunque quisiera—. Te estoy hablando, amor. ¿No te cansas de
llevarme la contraria? —Repitió, ladeando levemente la cabeza.

—J-Jung- —Taehyung quiso decir algo, en verdad quiso defenderse aunque


sea, pero las palabras no salían y tan solo podía tartamudear, sin siquiera
poder decir el nombre del pelinegro.

—"J-Jung- Jungkoo-" —imitó con burla Jungkook después de unos cuantos


segundos en los que el menor no podía hablar, alzando una ceja—. ¿Qué
pasa, cachorro? ¿Acaso te volviste imbécil?

—N-no... —Negando con la cabeza, el rubio quiso apartarse, pero el mayor


se lo negó, sosteniendolo con fuerza.
—¿A dónde crees que vas? —Cuestionó, agarrandolo por la cintura y
pegandolo a su cuerpo, impidiendole escapar mientras seguía amenazandolo
con la pistola.

—S-sueltame. —Ordenó, tratando de alzar la voz. Pero no era fácil hacer


aquello cuando estaba siendo aprisionado por el hombre que lo había
atormentado tanto, mismo hombre que estaba empezando a ser lo que era
antes, un ser despiadado que haría lo que deseara sin siquiera importarle que
él era el jefe actualmente.

A Jungkook no le importaba absolutamente nada en ese momento, y


Taehyung lo sabía.

El pánico comenzaba a aparecer poco a poco, las escenas que habían


atormentado tanto a el rubio estaban volviendo a su mente al sentirse
amenazado y él se sentía totalmente indefenso, no podía hacer nada.

—¿No me quieres a tu lado, cielo? ¿Ahora sí quieres que me vaya? —


preguntó con cierto fastidio, presionando la pistola contra la cintura del chico
mientras el mismo se sostenía de los brazos del mayor con la intención de
apartarlo—. Mirate, sigues siendo igual de patético, ¿no crees?

—Detente. —Volvió a hablar Taehyung, alzando finalmente el tono de voz y


apretando con cierta fuerza los brazos ajenos al mismo tiempo.

—¿Ya dejaste el juego del tartamudo? —se burló con descaro, sonriendo
levemente—. ¿Ahora te crees alguien valiente? Porque sigo viendote igual de
asustado qué siempre.

—¡Y-ya cállate! —trató de empujarlo, pero Jungkook tan solo lo empujó más
hacia la pared, presionando con brusquedad la pistola contra su piel—. Aleja
eso de mí.

—¿O sino qué, precioso? ¿Lloraras y ordenarás que me maten? —siguió


burlándose de él, tomándolo con fuerza para que no escape—. ¿O acaso
también querrás guardarme para lo último? Sería el colmo considerando que
lo que ocurrió en parte fue culpa tuya. —Soltó con seriedad, observando
fijamente al menor mientras que el mismo negaba rápidamente con la cabeza,
fastidiado.

Mordiendo su labio inferior con fuerza, Taehyung tomó aire antes de alzar el
rostro y encontrarse con los ojos del hombre sobre sí, reflejando tanto
rechazo que por un segundo se sintió peor.

—¿Qué diablos te sucede? —preguntó entonces, casi en un susurro—. ¿Qué


fue lo que te hice? Dímelo, porque si en verdad crees que lo que ocurrió fue
mi culpa eres más estúpido de lo que parece.

—¿En verdad crees eso? —Soltó con una sonrisa llena de fastidio, quitándole
el seguro a la pistola.

Y lo único que pudo hacer Taehyung al oír el ruido del arma fue apoyar
ambas manos en el pecho ajeno, intentando apartarlo. Pero Jungkook no
cedía.

—Sueltame, yo solo quería hablar contigo. —Pidió, tratando de hacer razonar


al hombre, pero el mismo tan solo hacía oídos sordos ante sus palabras,
ignorandolo y haciendo más presión en su cadera, dejando un
posible hematoma.

Sintiéndose abrumado ante la situación, el menor quiso defenderse a pesar de


estar asustado por la actitud de Jungkook y lo único que pasó por su mente
fue intentar tomar la pistola y empujar lejos a el pelinegro, pero por la forma
en la que estaba siendo acorralado aquello no era para nada fácil.

—Quédate quieto. —Ordenó el payaso, sosteniendo con su mano izquierda la


cintura del chico y enterrando sus dedos ahí, causándole dolor al menor,
quien tan solo cerró sus ojos con fuerza y dejó salir una queja por lo bajo.

Jungkook estaba tan molesto, tan perdido en su propio mundo que ni siquiera
podía razonar en ese momento, la rabia estaba dominando su mente por
completo y la frustración que sentía gracias al menor no ayudaba para nada.
Tan solo quería dañar, causar dolor y acabar con todo a su alrededor.

Sentía la necesidad de dañar a alguien.


La mirada molesta y asustada del chico no podía causar nada en él en ese
preciso momento, simplemente porque no estaba pensando en lo que estaba
haciendo, tan solo actuaba según lo que quería. Tan solo se dejaba guiar por
sus deseos, lastimando al menor sin siquiera causar una herida de por medio
por el momento.

Y al estar tan concentrado en sus propias necesidades, no fue capaz de pensar


en el momento en el que sintió un fuerte empujón, mucho menos cuando
sintió como apretaba el gatillo de la pistola con fuerza.

Sus ojos se abrieron en demasía antes de caer sobre el suelo gracias al


empujón que había recibido, y los mismos rápidamente se enfocaron en el
chico menor cuando se dió cuenta de lo que había hecho, buscando heridas en
su cuerpo.

Y enfrente de él, Taehyung se encontraba en shock, tocando su cadera con


notable sorpresa mientras que con ambas manos presionaba la zona, como si
estuviera buscando indicios de dolor.

No estaba herido.

Al parecer al momento del empujón Jungkook corrió la pistola antes de


disparar, dando con la bala en una de las maletas que había por ahí al lado de
ambos.

Incrédulo por lo que acaba de suceder, Taehyung se quedó mirando un punto


fijo por algunos segundos, procesando la información. Y tan solo pudo
reaccionar cuando notó como el hombre intentaba levantarse del piso.

Caminó con velocidad hacia Jungkook, frunciendo el ceño con notable furia
antes de subirse sobre él, en su regazo, inmovilizandolo al sostener sus brazos
y aprovechándose de que había soltado la pistola. El mayor no podría librarse
de él.

—¡¿Qué pretendías hacer?! —gritó con rabia, demasiado abrumado—. ¡¿En


verdad ibas a ser capaz de dispararme, maldito enfermo mental?! —
Cuestionó, antes de sostener la camisa del hombre y alzar levemente al
mismo, acercando su rostro para encararlo.
Y al ver como Jungkook simplemente se quedaba en silencio, observandolo
con seriedad, su enojo se multiplicó.

Con su mandíbula tensa, sus puños siendo apretados con demasiada fuerza y
su labio inferior siendo mordido sin piedad ante lo que acababa de ocurrir,
Taehyung no dudó ni un solo segundo antes de levantar su mano derecha,
depositando así un puñetazo en la mejilla de Jeon, haciendo que el mismo
cerrara los ojos y apartara la cara ante el impacto.

—¡No te quedes en silencio, infeliz! ¡Casi me disparas! ¡¿Comprendes


siquiera eso?! —Volvió a gritar con frustración, enfurecido con el mayor que
no hacía absolutamente nada más que agarrar sus muñecas con fuerza para
que no vuelva a golpearlo, con sus ojos fijos en él.

Frunciendo el ceño con fastidio, Taehyung se soltó del agarre del mayor de
forma brusca, buscando con la mirada la pistola antes de que Jungkook
siquiera pudiera verla. Y al tenerla cerca no dudó en tomarla, sacando el
seguro y apuntando así al pelinegro, quien se quedó totalmente quieto al ser
amenazado por el rubio con el arma.

—En verdad eres tan infeliz, no puedo creerlo... —soltó Taehyung, molesto
—. Y pensar que por un momento llegué a creer que en verdad habías dejado
de ser tan miserable, aunque sea un poco. ¿Qué Diablos te pasó? —preguntó,
alzando una ceja—. Y-yo no te hice nada... No merecía eso- no merezco esto
—corrigió inmediatamente—. Simplemente no merezco convivir con alguien
tan asqueroso como tú. No creo eso... —Negó con la cabeza, apuntando con
la pistola hacia la frente de Jungkook, concentrado en aquella zona mientras
veía los ojos del mayor de vez en cuando, en espera de alguna reacción.

Pero Jungkook no dijo nada, tan solo se quedó callado, observando


expectante al menor.

—¿Sabes? Yo solo quería hablar contigo, era la única mísera porquería que
quería —presionó la pistola, moviendola apenas—. Y terminaste haciendo un
escándalo por no ser capaz de escucharme. ¿Crees en verdad que eso está
bien? ¿Ignorarme por qué se te da la gana? —su ceño se frunció levemente, a
pesar de que él estaba tratando de calmarse—. Solo... Solo quería hablar
contigo porque me sentía mal. Odio esto, no quiero sentirme así y tú no me
ayudas... —tragó saliva, tratando de buscar las palabras correctas para
expresarse mejor—. Pasó más de un mes desde que no puedo conseguir ni un
solo dato del paradero de mi mamá y mi hermana, ¿sabes eso?

El payaso tan solo asintió con calma, sin preocuparse por ser apuntando por
el rubio con aquella vieja pistola.

—¿También sabes qué algunos en el circo comenzaron a burlarse de mí por


preocuparme más por mi familia que por tomar mi puesto, no es verdad? Por
no hacer mi espectáculo ahora justo por andar buscandolas... —cuestionó, y
esta vez, el pelinegro se quedó en silencio porque en verdad no se había
enterado de aquello—. Se ríen a mis espaldas como si no pudiera escucharlos
y hacen comentarios fuera de lugar, estoy harto de eso. Y también estoy harto
de esto.

—Cachorro-

—Cállate —ordenó, alzando la voz y ejerciendo más presión sobre la frente


del hombre, quien obedeció a pesar de observar con enojo al chico—. No
quiero que hables, simplemente escuchame.

Resignándose, Jungkook cedió, dejando ambas manos en los muslos ajenos a


pesar de la mirada molesta que ofrecía Taehyung, sintiendo como el mismo
se encontraba tenso ante su toque.

Y al notar como Jungkook finalmente se rendía, el rubio alejó la pistola, mas


no la soltó, y tan solo se centró en cruzarse de brazos antes de observar
fijamente los ojos de el pelinegro cuando el mismo se sentó, quedando así
cara a cara.

Mirando al chico molesto que tenía encima suyo, el mayor guardó silencio,
esperando a que hablara mientras sentía un molesto dolor en la mejilla gracias
al golpe que le había dado el mismo chico.

—Me sentía solo —comenzó a explicar Taehyung, mirando los ojos del
contrario al momento de decir aquello—. Me sentía mal, por no tener
información de mi familia, por tener que dormir totalmente solo y a la vez ser
tratado como una basura por tí. Eres la única persona que me queda, lo único
con lo que puedo convivir en este mugroso circo, y que te hayas apartado de
mí en un momento como este me hace sentir miserable... —sinceró,
apartando la mirada—. Y-yo sé que crees que fue mi culpa lo que sucedió
con Byul pero en verdad yo s-solo quería ir a buscarte para preguntarte algo
—varias lágrimas cayeron de golpe, pero se encargó de limpiarlas de
inmediato—. Y también sé que tú también lo estás pasando mal pero eso no
te da derecho a tratarme así, ningún tipo de derecho. —Cubrió su rostro,
tratando de calmarse y a la vez ocultar las lágrimas que bajaban sin parar.

Al llorar sentía que se mostraba totalmente vulnerable, y él ya no quería eso.


No quería sentirse así desde que enfrentó a su papá por primera vez, ya era
demasiado.

Jungkook no dijo nada, tan solo apretó sus muslos sin mucha fuerza, mientras
esperaba a que siguiera hablando.

—Estoy cansado de esto... —Fue lo único que pudo decir el menor,


realmente cansado de la situación, también bastante frustrado por no recibir
respuesta alguna.

Y cuando quiso decir algo más al notar el silencio del payaso, un golpe en la
puerta principal de la casa rodante llamó la atención de ambos.

Levantándose del regazo ajeno, Taehyung caminó hacia la pequeña sala que
tenían, siendo seguido por Jungkook. Y una vez que estuvieron ahí el mayor
abrió la puerta.

—Buenas tardes —saludó Namjoon, sonriendo apenas—. ¿Interrumpo? —


Cuestionó, observando a ambos hombres.

—Para nada —Taehyung le restó importancia, tratando de verse tranquilo


ante el presentador—. ¿Qué pasa?

—¿Cómo que qué pasa? ¿No es obvio con el escándalo que hubo afuera hace
rato? Los trabajadores del circo al que iremos ya llegaron, y el jefe quiere
conocerte para poder hablar sobre la situación de tus familiares. —Soltó,
explicando aquello con simpleza y ganándose así toda la atención del rubio.
—Está bien, iré en un momento. —Asintió levemente, antes de ir a la
habitación para cambiarse, dejando así solos a el payaso y el presentador, que
se miraron entre sí con seriedad.

—No creas que no sé lo que acaba de pasar. —Soltó el hombre de hoyuelos


de la nada, logrando que Jungkook alzara una ceja con confusión.

—¿A qué te refieres?

—El disparo, lo escuchamos. No somos idiotas —frunció el ceño—. No te


pases de listo, Jungkook. Sabes que el chico ya no es un simple rehén.

—¿Y cómo sabes que no fue él? —Preguntó, sin tomarle demasiada
importancia.

—Porque el mocoso será idiota pero no cómo para dispararte de la nada


siendo que ya te aguantó varios meses —susurró, para después sonreír con
leve burla—. Aunque en verdad no me sorprendería que uno de estos días se
dispare a sí mismo por tener que aguantarte tanto.

—Pudrete.

Antes de que pudieran seguir discutiendo, Taehyung apareció, llevando una


simple camisa blanca con un pantalón negro y zapatillas del mismo color, y
en su mano derecha llevaba la pistola de Jungkook.

Y al salir de la casa rodante, le entregó aquella pistola a el pelinegro,


mirándolo con el ceño fruncido antes de soltarla.

—No sé que pretendes hacer con eso, pero no vuelvas a involucrarme a mí


porque te juro que donde me lastimes una vez más, mandaré a los demás a
que te lastimen el doble. —Sentenció con frialdad, aún molesto con
Jungkook. Y acto seguido se marchó, siguiendo al presentador del circo.

Jungkook se quedó solo en la casa rodante, siendo acompañado tan solo por
Byul –que dormía en su cama– y sus múltiples pensamientos que no lo
dejaban tranquilo.

Fue a su habitación, buscando su navaja en la pequeña mesa que tenía al lado


de su cama, y antes de irse acarició con delicadeza a Byul, sin querer
despertarlo o tocar alguna de sus heridas por accidente.

Se fue de ahí.

•••

El olor nauseabundo de la jaula los tenía hartos, la comida podrida en el piso


de la misma les generaban ganas de vomitar y el olor de sus propias prendas
ya de por sí era desagadable.

Aquellos tres estaban en lo más bajo, siendo tan humillados día a día y
maltratados, que ya ni siquiera parecían seres humanos. Sino animales,
animales inútiles ante los ojos de cualquier persona que los viera.

Sus vidas estaban en manos de esas personas que los maltrataban


constantemente al tratarlos como basura.

—Esto es un asco. —Declaró Jimin, quejándose al sentir como el calor del


sol le daba directamente en el rostro, y su estómago constantemente hacía
ruido, dando a entender que estaba hambriento al igual que las otras dos
personas con las que compartía la jaula.

Sus manos estaban atadas hacia atrás, y sus pies igualmente se mantenían
atados con unas sogas sumamente resistentes. Yang Mi y Dongyul se
encontraban en la misma condición, ninguno podía liberarse de aquellas
sogas que apretaban con fuerza sus muñecas y tobillos.

—Sería peor si estuvieran los demás por aquí, cierra la boca. —Soltó
Dongyul con desprecio, refiriéndose a los trabajadores del circo que en ese
momento se encontraban descansando o simplemente visitando el otro circo.
Nadie estaba cerca de la jaula y eso lo hacía mucho más tranquilo.

O eso creían ellos.

—¿Por qué no mejor se callan los dos? Ya bastante tengo con esos infelices
como para que ustedes no me dejen dormir siquiera unos cuantos minutos. —
Se quejó esta vez la mujer, cerrando los ojos mientas se apoyaba en la jaula,
demasiado malhumorada.

—¿Quisiste qué nos terminemos básicamente suicidando al entregarnos al


circo tan fácil? Entonces nos aguantas ahora, mujer. —Dijo Jimin,
igualmente de mal humor.

—Ya cierren la boca —Dongyul frunció el ceño, cortando así la discusión


que estaban por tener aquellos dos. Ya estaba harto, todos lo estaban, pero no
podían hacer algo al respecto—. Si me hubiera enterado desde antes que iban
a tardar tanto en matarme hubiera ido directo por Jungkook siquiera.

—¿En verdad? ¿Y qué me hubieras hecho? —Se escuchó de repente,


logrando alterar a las tres personas que se encontraban presos en aquella
jaula.

A su derecha, se encontraba Jeon Jungkook, con los brazos cruzados mientras


observaba expectante a Dongyul, en espera de que siguiera hablando, pero el
mismo no era capaz de decir nada, tan solo podía ofrecerle una mirada de
odio al payaso, demasiado odio y rencor.

—¡¿Tú qué mierda haces aquí?! —cuestionó entonces, lleno de rabia—.


¡Largate!

—Cierra la boca, chupa pollas —Jungkook cortó de inmediato todo tipo de


escándalo que podría llegar a armar Dongyul, alzando la voz—. Cierra la puta
boca.

—¿Qué mierda quieres? —Preguntó Jimin esta vez, frunciendo el ceño.

—¿Que qué mierda quiero, miserable patético? ¿Es una puta broma? —
Jungkook alzó una ceja—. De tantos golpes que te he dado en la cabeza te
quedaste estúpido, al parecer —soltó con desprecio, frunciendo el ceño—. Lo
mismo va para tí, aunque en tu caso los golpes te los daba papá cuando no
eras capaz de alimentarme, ¿lo recuerdas? —Se burló descaradamente,
sonriendo con amargura.

—Cierra la boca. —Yang Mi habló entre dientes, llena de odio hacia su hijo,
quien no hacia más que burlarse de ella.
—Como digas —rodó los ojos, restándole importancia, y acto seguido sacó la
pistola del bolsillo de su pantalón, mostrándosela a los tres—. ¿Saben que es
esto o les tengo que dar una explicación con dibujos para que comprendan de
qué se trata?

Los tres se quedaron en silencio, observando sin comprender al hombre que


en ese momento se encontraba sosteniendo una pistola de hace bastantes años
son una sonrisa maliciosa en su rostro.

—En verdad creo que quieren que me ponga a dibujar —soltó Jeon al ver
como se quedaban en silencio, negando con la cabeza—. Mejor se los
muestro más... De cerca.

Sacando unas llaves de su otro bolsillo, sonrió con diversión, caminando


hasta la entrada de la jaula y buscando la llave de la misma, y al ver esto, las
tres personas se apartaron de allí como pudieron, tratando de alejarse de él.

—¿Cómo conseguiste eso? —Cuestionó Yang Mi, furiosa.

—Son los beneficios de ser amigo de Seokjin, novio del presentador del
circo. Puedo obtener lo que se me de la gana. —Soltó Jungkook con
simpleza, antes de volver a cerrar la jaula y guardar las llaves.

Alzando la pistola, se puso enfrente de aquellos tres, observandolos con tanta


diversión que no parecía enojado en absoluto.

Siendo que, en verdad, la ira estaba consumiendo a Jeon Jungkook poco a


poco, solo que él estaba buscando el momento ideal para librarse de todo
aquello, luciendo tranquilo por el momento.

—Mamá —llamó, haciendo una mueca de asco al igual que su madre ante
esa simple palabra—, ¿recuerdas esto? —Volvió a mostrar la pistola,
moviendola apenas en su mano.

—No. Ya lárgate de aquí. —Ordenó la pelinegra, sin querer seguir en el


mismo lugar que su hijo.

—Hm, no lo recuerdas —asintió para sí mismo—. Entonces dejame


refrescarte la memoria para decirte que con esta pistola, Papá mató al niño
que tú sí querías tener, ¿recuerdas?

Ante sus palabras, Yang Mi frunció el ceño con notable rabia, antes de alzar
el rostro para poder ver a los ojos al pelinegro.

—¡Cállate! ¡Ni siquiera lo menciones! —Gritó, alterada.

—El niño con el que quisiste enredar a papá para que no te deje —siguió
hablando Jungkook, sin siquiera importarle los gritos de su madre—. Te
embarazaste para que él no te deje. ¿No te parece ridículo? Querer atraparlo
de tal manera. Eres la definición de la palabra "patética".

—¡QUE CIERRES LA BOCA!

—¿Y sabes qué es lo peor? Qué fuiste tan inútil qué ni una mentira supiste
manejar. Porque sabías que ese niño no era de Seung, y por eso mismo él lo
mató. Porque quisiste engañarlo.

—¡MALDITA SEA, CÁLLATE!

Jungkook dejó salir una carcajada, lleno de burla. Mientras disfrutaba


humillar de tal manera a su madre, viendola tan vulnerable.

—Recuerdo tan bien ese momento, mamá. A pesar de tener tan solo cinco
años, lo recuerdo perfectamente —soltó con calma, sonriendo—. Recuerdo
como papá te había amenazado con la pistola apuntando hacia tu vientre, ya
cuando estabas por dar a luz. Y ese mismo día tuviste a ese niño que murió en
sus manos al ser asesinado con la misma pistola porque su madre fue una
estúpida.

—¡No tienes idea de cuanto te odio! —Soltó la mayor, llena de rechazo hacia
Jungkook, quien tan solo sonrió en respuesta.

—Creeme que yo te odio mucho más. Hasta el punto en el que me da asco el


simple hecho de mirarte a la cara. —Exclamó con desprecio, para después
sacarle el seguro a la pistola.

El payaso dejó de lado a su madre, simplemente para ponerse enfrente de


Jimin, observando con rechazo al mismo.

—¿Tú sí tienes idea de para qué se utilizó esta pistola igualmente o tengo que
decírtelo? —Cuestionó, moviendo dicho objeto en su mano derecha.

Y al ver como el rubio se quedaba en silencio, se encogió de hombros,


restándole importancia.

—Te lo diré, entonces —empezó, mirando a Jimin directo a los ojos—.


Cuando éramos unos niñitos insoportables que se la pasaban peleando entre
sí, tu familia quiso largarse... ¿Sabías eso, verdad? ¿Qué quisieron
abandonarte así de simple? —cuestionó, con burla—. Quisieron dejar al
pobre niño Park en manos de todos unos enfermos porque él ya no tenía
ningún tipo de posibilidad de ser una persona normal, como tus padres
querían aparentar en otro lado.

Alterado, Jimin trató de patear a Jungkook para que dejara de hablar, pero al
tener sus pies amarrados no logró siquiera llegar hacia donde estaba el
pelinegro, quien se había apartado al notar sus intenciones.

—¡Tú no puedes hablar sobre mi familia! ¡No te metas en eso, Jeon! —Gritó,
molesto.

—¿Jeon? ¿Acaso no era "Kookie"? —se burló una vez más—. Eres un chiste,
Jimin. Mejor guarda silencio porque aún no acabo —frunció el ceño,
apuntando con la pistola hacia el rubio, quien dejó de moverse, tan solo
mirándolo con odio—. Como decía antes, tu familia quiso huir del circo...
Pero como ya saben todos ustedes, eso es prácticamente imposible —soltó,
sonriendo apenas—. Mi papá fue el que mató a tu padre, con esta misma
pistola, mientras los demás en el circo le tiraban piedras, insultandolo y
humillandolo por ser un traidor.

Jimin se mantuvo en silencio, lleno amargura ante las palabras de Jungkook,


mirando con total odio al mismo.

—¿Cómo crees que fue la escena, Jimin? Porque yo puedo imaginarlo


perfectamente, Hoseok me lo había contado con lujo de detalles porque él
estaba presente en ese momento —guió su dedo índice hacia el gatillo de la
pistola, antes de apuntar con la misma hacia la cabeza del chico de labios
gruesos—. Me contó cómo tu papá suplicaba, pidiendo perdón. Rogaba por
su vida y decía que él jamás quiso irse. Él era el único que te trataba bien en
tu familia, ¿no es así? —preguntó, alzando una ceja—. ¿Qué tan vulnerable
crees que se veía mientras le rogaba a mi papá que no lo matara? Gritando
cosas como "¡Por favor, detente!" —exclamó, imitando al padre de Jimin
mientras seguía amenazando al hombre con la pistola—. "¡Detenganse! ¡No
quise traicionarlos!" —siguió, logrando aturdir a el rubio gracias a sus gritos
y al mismo tiempo presionaba la pistola contra su mandíbula—. "¡No soy un
traidor! ¡Se los suplico!" —Gritó nuevamente, haciendo que Jimin cierre sus
ojos con fuerza mientras negaba con la cabeza.

—¡CÁLLATE, JODER! ¡CÁLLATE!

Jungkook comenzó a reír con burla, divertido ante la situación. Mientras


observaba como el rubio prácticamente entraba en pánico, tratando de
callarlo de todas las maneras posibles.

—"Por favor, tengo un hijo. Quiero verlo por última vez." —soltó el
pelinegro, alzando la pistola hasta apuntar directamente en la frente de Jimin,
sonriendo—. Sabes lo qué sucedió después de esas palabras, ¿Verdad, Jimin?

—¡Detente!

—Seung sonrió, mirando a tu miserable padre a la cara y... —presionó apenas


el gatillo, sonriendo con gracia—. Le voló la cabeza. —Apretó el gatillo,
logrando que el rubio abriera los ojos en demasía.

Sin embargo, ninguna bala salió. Y tan solo pudo tomar aire, en un completo
estado de shock donde su corazón latía con frenesí y sus manos temblaban
apenas.

—Pero no estamos aquí para recrear cosas del pasado, ¿no crees? —
Jungkook alzó una ceja—. Haremos algo mucho mejor. —Aseguró,
asintiendo para sí mismo.

Y ante aquellas palabras, un grito lleno de rabia llamó la atención de el


payaso.
—¡Joder, ya lárgate! ¡De todos modos nos matarán, así que sal de aquí y deja
de andar jodiendo! —Soltó Dongyul, frunciendo el ceño.

El pelinegro dejó de sonreír, permaneciendo totalmente serio al momento de


dar media vuelta para poder ver a la cara a Dongyul, quien lo miraba
directamente a los ojos desde abajo, ya que al estar en el piso y no poder
levantarse correctamente tenía que permanecer allí, en la misma posición.

Caminando con lentitud hacia el trapecista, Jungkook volvió a sostener la


pistola, observando la misma por varios segundos, como si estuviera
analizandola.

Y al volver a ver a Dongyul, la guardó en su bolsillo, acercándose un poco


más y alzando la mano derecha para darle un puñetazo en el rostro, logrando
así que caiga de golpe en el piso.

—¡Te he dicho que cierres la puta boca! —gritó, molesto—. Ya bastante


tengo con tus estupideces como que ahora quieras hacerte el valiente
conmigo, hijo de puta. Ni siquiera fuiste capaz de encararme en todo este
tiempo en el que quisiste lastimarme y ahora me hablas como si tuvieras
algún tipo de autoridad. ¿Qué tan ridículo es eso? —cuestionó, lleno de burla
—. Me das asco. —Soltó, antes de escupirle en el rostro al rubio, quien cerró
los ojos con fuerza.

Sintiendo su mejilla doler gracias al golpe, Dongyul quiso levantarse del piso,
pero una fuerte patada en el estómago se lo impidió, al igual que un fuerte
golpe en la cabeza dado por Jungkook con la pistola.

—Tú te quedas ahí —dijo el payaso, con el ceño fruncido—. Donde te


muevas, te juro que te hago comer tus propios órganos —amenazó, apretando
con su pie el estómago del hombre, quien no se atrevió a responder—.
¿Entendiste, infeliz? —Preguntó, presionando aún más, hasta que finalmente
Dongyul asintió apenas.

Dejando de lado al rubio, Jungkook volvió a sacar su pistola, observando a


los tres presentes con total seriedad.

—Vamos a jugar —declaró de repente—. La ruleta rusa siempre fue uno de


mis juegos favoritos. —Asintió para sí mismo, para después mover
levemente la pistola en su mano, bastante seguro.

Dongyul, Yang Mi y Jimin no dijeron nada, simplemente se mantuvieron en


silencio, expectantes ante aquel hombre que los estaba humillando y
maltratando de tal manera. Ninguno sabía que esperarse de Jungkook en ese
momento.

—¿Qué te parece si empezamos contigo, madre? —preguntó, detallando


aquella palabra que tanto la fémina como él detestaban—. Las damas
primero, ¿no es así? —Se burló, antes de caminar hacia la mujer y apuntarle
directo en el vientre, apretando en aquella zona con el arma.

—¡Alejate! —Gritó la pelinegra, intentando apartarse. Pero su hijo se lo


impidió.

—Quédate quieta, Yang Mi —soltó, alzando la voz—. Mira nada más que
miserable regalada haz resultado, entregandote al primero que se te cruce solo
para unirme a tí de la forma más asquerosa posible, con un hijo que ni
siquiera es mío... —Habló, mordiendose el labio inferior al momento de
sonreír al ver los ojos llenos de horror y odio por parte de su madre.

Estaba diciendo lo mismo que su padre le había dicho a la mujer antes de


matar al bebé con el que Yang Mi quiso engañarlo.

—¡No me toques, lárgate! ¡Te odio!

—¡Eres una sucia, una asquerosa inútil que no sirve para nada más que para
andar arrastrándose por la atención de un hombre! ¡Eres patética! —siguió
gritando Jungkook, imitando a su padre—. Eres una basura inservible —
presionó más la pistola contra su vientre, dañandola—. Me generas rechazo.

—¡Detente de una vez! ¡Te juro que voy a matarte!

—¿Matar a otro hijo? ¿No te bastó con causar la muerte de uno de ellos? —
Exclamó Jungkook, burlándose descaradamente.

—¡JUNGKOOK, CALLATE! —Quiso atacarlo, en verdad intentó


levantarse. Pero con un simple empujón por parte de el pelinegro terminó en
el mismo lugar, tirada en una parte de la jaula mientras su vientre era
presionado por la pistola.

—¿Estás cansada de escucharme, Yang Mi? —cuestionó, alzando una ceja—.


¿Quieres dejar de escuchar como te humillo por ser una vieja estúpida e
idiota? —Guió su mano hacia su bolsillo, sacando de ahí su navaja.

Y antes de que la pelinegra pudiera contestar, Jungkook había guardado su


pistola. Para después tomar la oreja derecha de la mujer con su mano,
guiando su navaja hacia allí y clavandola con rapidez, sacándole un fuerte
grito.

—¡¿Quieres dejar de escucharme, eh?! ¡Pues con gusto te ayudo! —Gritó,


sonriendo en grande al momento de mover la navaja, manchadose las manos
con sangre y jalando la oreja de la fémina hasta cortarla poco a poco.

Hasta que finalmente, la cortó por completo, jalando una vez más para
sostenerla en su mano y sonriendo en grande ante los gritos de la mujer,
quien trataba de cubrir aquella herida.

Y para finalizar, volvió a sostener su pistola luego de tirar la oreja de la


pelinegra al suelo, apuntando el vientre de la misma.

—Primer intento. —Soltó, para después guiar su dedo hacia el gatillo,


disfrutando por completo de la mirada llena de horror y odio por parte de
Yang Mi.

Apretó el gatillo, y ninguna bala salió.

—Al parecer tienes suerte, hm... —asintió con calma, para después voltear
levemente hacia Jimin, sonriendo de una manera tan escalofriante que hasta
Park se sintió incómodo—. Tu turno.

Caminó hacia él, y a pesar de que Jimin quiso retroceder, Jungkook lo agarró
por el cuello, presionando allí con fuerza para mantener al rubio quieto,
lastimandolo al mismo tiempo.
—¿Tú qué crees, Jimin? ¿Tendrás el mismo destino que tu infeliz padre y
morirás por un simple disparo? —preguntó con gracia, alzando la pistola en
su mano para ponerla sobre la frente de Jimin, alterando al mismo—. ¿Te
volaré la cabeza como a él?

—Solo hazlo de una puta vez. —Fue lo único que contestó el hombre,
frunciendo el ceño mientras una gota de sudor caía lentamente por su rostro.

—Eso no lo hace tan divertido —Jungkook hizo una mueca, en desacuerdo


con Jimin—. Mejor hagamos ojo por ojo, literalmente. Fuiste tú el que dejó
sin un ojo a Byul, después de todo. —Soltó con seriedad, logrando alterar aún
más al rubio al momento de alejar la pistola y mostrar su navaja una vez más.

Y al comprender lo que pretendía hacer, Jimin intentó apartarse de todas las


maneras posibles, pero bastó con un simple tirón en su cabello para que se
mantenga inmóvil, con el filo de la navaja rozando su ojo izquierdo.

—¡Sueltame! —Exigió, alterado.

—¡Cállate! —Jungkook ni siquiera se tomó el tiempo de escucharlo, tan solo


enterró con crueldad la navaja en el ojo ajeno, sacándole un grito desgarrador
al rubio, quien trató de retroceder. Pero el payaso se lo impidió, y tan solo
comenzó a mover la navaja, clavandola en su ojo con notable rabia.

Y al retirarla con rapidez, Park cayó sobre el suelo, agonizando del dolor,
gritando con desespero y sintiendo como la sangre bajaba por su rostro.

El pelinegro no le prestó atención a su malestar y simplemente volvió a


apuntarlo con la pistola, expectante.

Apretó el gatillo, y nuevamente no salió ninguna bala.

—Segundo intento —declaró—. Eres un imbécil con suerte, aunque no tanta


—se burló, para después voltear hacia Dongyul—. Sigues tú.

Dongyul comenzó a arrastrarse por el suelo, tratando de huir, pero Jungkook


era mucho más rápido que él al no estar atado y débil. Era imposible escapar.

Sintiendo como el pie de Jungkook se posaba en su cintura, pisandolo con


fuerza, el rubio dejó salir un quejido por lo bajo, tratando de apartarlo. Pero el
payaso tan solo se inclinó para jalar su cabello, y segundos después se sentó
sobre él, apretando su estómago al estar sentado en su espalda baja.

Y poco tiempo después, Dongyul sintió la pistola apuntando sobre su sien,


amenazandolo.

—¿Qué pretendías hacer, hm? —cuestionó Jeon, alzando una ceja—. ¿Qué
querías hacer, inútil?

—¡Alejate de mí!

—Tú eras el que debía alejarse de mí en un principio, así que cierra la boca y
soporta las consecuencias de tu estupidez —jaló con fuerza el cabello ajeno,
dañando al trapecista—. ¿En verdad creías que los iban a matar así de simple
después de lo que hicieron? ¿O siquiera pensaron qué en verdad yo me iba a
quedar con los brazos cruzados viendo como tocaban lo que era mío? —
preguntó, sin comprender realmente—. No creas que no sé lo que hiciste. Sé
que tocaste a Taehyung, bastardo asqueroso.

Ante sus palabras, Dongyul se quedó en silencio, para después voltear


levemente el rostro y así ver a Jungkook a los ojos, sonriendo con arrogancia.

—Ese chico no es más que un infeliz al que le gusta que le metan la polla, se
le nota en la cara. Seguro incluso llegó a disfrutarlo, tú eres un imbécil por
pensar que es un simple niño al que no le gustan que lo toquen —declaró,
bastante seguro—. Incluso-

Fue interrumpido cuando su rostro impactó con fuerza sobre el piso, gracias a
que Jungkook lo había jalado del cabello para después golpear su rostro
contra allí, lleno de rabia.

—¡CIERRA LA BOCA ANTES DE HABLAR DE TAEHYUNG, HIJO DE


PUTA! —gritó, totalmente fuera de sí—. ¡TÚ ERES EL MENOS
INDICADO PARA HABLAR SOBRE TIPOS A LOS QUE LES GUSTA
QUE LE METAN LA POLLA!

Cegado por la rabia, Jungkook se levantó tan solo para dar vuelta a Dongyul,
y una vez que estuvo boca arriba se sentó con brusquedad sobre el estómago
del hombre, sacándole el aire y logrando que aplaste sus propias manos con
su espalda al estar atadas hacia atrás.

El dolor intenso sobre uno de sus brazos le resultó insoportable, ya que le


habían quitado el yeso hace poco, y aquel simple apretón fue más que
suficiente para hacerlo gritar con dolor.

Jungkook depositó un golpe sobre su rostro una vez más, callandolo. Y pocos
segundos después lo amenazó con la navaja, acercandola hacia su ojo
derecho.

—Tú más que nadie sabe lo que es que abusen de tí. Le entregaste el culo
literalmente a medio circo simplemente para recibir un poco de
reconocimiento, ¿Y ahora vienes a decir que Taehyung estaba disfrutando ser
tocado por alguien tan asqueroso como tú? Das pena ajena, infeliz —soltó
con desagrado—. Le pusiste las manos encima... —murmuró con rabia,
apretando con fuerza su navaja—. ¿Tienes idea de a quién mierda tocaste,
enfermo mental? ¿Te haces siquiera una idea?

Dongyul se quedó en silencio, observandolo con odio. Y ante esto, Jungkook


no hizo más que rozar la navaja sobre su mejilla, mirándolo fijamente.

—Tocaste a mi mocoso, a mi Taehyung. —declaró, resaltandolo con notable


enojo, demasiado fastidiado—. Y creeme que pagarás por ello, también por
Byul.

El hombre quiso liberarse una vez más, pero Jungkook ni siquiera lo dejó
moverse y guió la navaja hacia su ojo una vez más, clavandola con rapidez.

Un grito desgarrador escapó de los labios de Dongyul, mientras el mismo se


retorcia con insistencia, buscando liberarse.

—Todos te tocaron, bastardo —comenzó a decir Jungkook, burlándose—.


Todo el circo pasó por tí y terminaste siendo la burla de todos, humillado de
la peor manera y siendo torturado por quien odias tanto. ¿No te parece
ridículo? —Exclamó con gracia, disfrutando del dolor ajeno con una gran
sonrisa en su rostro.
—¡ALEJATE! ¡D-DUELE! —Gritó con desespero, intentando alejarse
mientras la sangre bajaba por su rostro y la navaja se movía con insistencia,
dañando aún más su ojo.

—Y va a doler aún peor —declaró Jeon, molesto—. Por tu culpa mi conejo


está herido, Taehyung se sintió horrible y encima por tu culpa terminé
peleandome con él. En verdad eres tan miserable que no mereces morir
simplemente así —sacó su navaja con rapidez, antes de volver a sostener su
pistola—. Mi mocoso está molesto conmigo y todo es tu culpa,
absolutamente todo. —Frunció el ceño, enfurecido, para después apretar el
gatillo con rabia.

Ninguna bala salió, y Dongyul tomó aire al notar aquello.

Sin embargo, Jungkook volvió a apretar el gatillo una vez más, dejando salir
una bala que impactó directo en la mano derecha del rubio, sacándole otro
fuerte grito al mismo.

—¿En verdad creías que te salvarías de eso? ¡Deja de dar tanta pena con
pensamientos ridículos! —Jungkook frunció aún más el ceño—. Por lo
menos así ni siquiera serás capaz de ponerle un dedo encima a Taehyung. —
Declaró, seguro.

Y al ver el desastre que había provocado, sonrió con tanto orgullo, que por un
momento se sintió mínimamente mejor. A pesar de que no estaba del todo
satisfecho, aún tenía muchas cosas que hacer con aquellos tres, pero por el
momento, con hacer aquello le bastaba.

Buscando las llaves, rápidamente abrió la jaula, dejando a Yang Mi, Dongyul
y Jimin desangrándose poco a poco en aquel lugar mientras él tan solo se
encargaba de cerrar la jaula con llave.

Y a pesar de que quería dejarlos morir, no podía hacerlo. Taehyung lo


mataría si se enteraba que habían muerto por su culpa.

Buscó a Seokjin, explicándole la situación rápidamente y entregándole las


llaves de la jaula nuevamente, y a pesar de que el peliazul suspiró con pesar,
le prometió que buscaría enfermeros para que no mueran desangrados allí.
Así fue como Jungkook se marchó hacia su casa rodante, con el único
propósito de tomar un baño, para después buscar a Taehyung, quien aún no
volvía.

•••

Taehyung en verdad no podía creer todo lo que estaba presenciando, el circo


era sumamente enorme, lleno de luces llamativas y espectáculos sumamente
macabros. Tenían muchos efectos especiales y todo tipo de show resultaba
ser totalmente llamativo ante sus ojos a pesar de lo macabros que eran, él
simplemente no podía apartar la mirada.

Había estado esperando durante varios minutos sentado en el público para ver
al dueño del circo, ya que le habían dicho que en ese momento no podría
hablar con él por tener que presentarse. Al parecer estaba sumamente
ocupado y Taehyung no pudo hacer más que sentarse a esperar al sujeto, no
se había molestado demasiado por ello.

En ese momento, un hombre algo bajo de estatura y de cabello gris se


encontraba guiando una botella de líquido inflamable a su boca, metiendo un
poco del mismo allí antes de soplar sobre una gran antorcha, echando fuego
como todo un profesional.

Mismo fuego que llegó hasta una mujer que se encontraba atada en un palo,
con demasiado líquido inflamable sobre sí, y al tener contacto con el mismo
todo su cuerpo ardió en llamas, y los gritos desgarradores de la fémina no
tardaron en llenar el circo, al igual que el grito de celebración de todos los
presentes. Todos festejaban aquella muerte llena de dolor, y Taehyung tan
solo se mantenía en silencio, inexpresivo.

A esas alturas, el rubio ya no sentía empatía, no podía sentir nada aunque los
gritos de la mujer estuvieran prácticamente taladrando en lo más profundo de
su mente.

Demasiado concentrado en aquel acto, viendo como el sujeto de cabello gris


se marchaba, Taehyung no fue capaz de darse cuenta de como un hombre se
había sentado al lado de él, mismo hombre con el que había peleado hace
rato.
Y al notar su presencia, tan solo se cruzó de brazos, apartando la mirada.

—Cachorro... —Llamó Jungkook, tratando de que siquiera lo mirara a la


cara.

—No quiero escucharte, cierra la boca. —Exclamó el rubio, molesto.

Pero el payaso no le hizo caso, y simplemente apretó apenas sus labios antes
de atreverse a hablar una vez más.

—Escucha, sobre lo que pasó, en verdad no quise hacerlo. Estaba molesto. —


Fue la única explicación que dió, y Taehyung en verdad se sintió mucho más
fastidiado.

—Pues la próxima vez que esté molesto igualmente voy a intentar dispararte.
—Soltó, alzando una ceja antes de mirar a Jungkook a los ojos.

—Oye, no. Eso no fue intencional, yo solo-

—¿Tú solo qué, Jungkook? Me dejas de lado por semanas, me tratas como si
fuera basura e incluso me echas la culpa de lo que pasó con Byul siendo que
si no salía de la casa rodante tranquilamente podrían haberme buscado ahí. Te
crees tan listo y poderoso pero ni siquiera fuiste capaz de pensar en eso. ¿Por
qué me tratas como si todo fuera mi culpa? —cuestionó Taehyung,
alternándose poco a poco—. Un simple "estaba molesto" no resuelve nada,
no justifica nada. Tan solo deja de tratarme como si fuera un puto chiste, no
voy a seguir siendo alguien a quien lastimas y vuelve a estar bien contigo
solo por excusas tontas. Esta vez tengo opciones, y creeme que si me sigues
tratando así me alejaré de tí por completo. Estoy harto.

Ante sus palabras, Jungkook guardó silencio, pensativo.

—En verdad no quise disparar, yo solo- yo solo quería irme y tú no me


dejabas. Y sé que me dirás que no justifica nada pero en verdad estaba
demasiado malhumorado, tenía cosas que hacer y tú no me dejabas, tenía que
apartarte.

—¿Y qué eran esas cosas tan importantes qué tenías que hacer? —Preguntó
Taehyung, cruzándose de brazos.

El pelinegro vaciló un poco antes de responder, pero al final decidió ser


sincero con el chico por más de que el mismo podría enojarse aún más.

—Fuí a ver a Yang Mi, Jimin y Dongyul. —Sinceró.

Y ante aquella respuesta, Taehyung frunció el ceño.

—¿Qué les hiciste? —Preguntó, alzando apenas el tono de voz.

—A Yang Mi le corté la oreja, como a Byul. Y a Dongyul y Jimin les saqué


un ojo a cada uno —explicó con simpleza, y antes de que el rubio pudiera
decir algo, se apresuró a seguir hablando—. Los jodí tanto psicológicamente,
deberías haberlo visto. Jimin estaba tan perturbado —sonrió levemente, en
verdad orgulloso—. Pero no te enojes, amor. Mandé a unos enfermeros para
la jaula apenas terminé, no morirán.

—En verdad eres increíble. —Declaró Taehyung con fastidio, sin poder
creerlo.

—No hice mucho, cachorro. Tan solo necesitaba desquitarme con ellos, no
podía seguir así, y lo sabes.

Taehyung negó con la cabeza, frustrado, y decidió permanecer en silencio y


observar hacia el escenario una vez más, intentando evitar a Jungkook.

Pero el payaso no se rindió, y se inclinó apenas hacia el rubio, buscando


llamar su atención.

—Amor —llamó, inquieto—, lo siento... —Soltó, tratando de convencer a el


menor, pero el mismo se mantenía firme, sin querer ceder ante él.

—No lo sientes, cierra la boca.

—Te juro que no quise hacerlo, fue un accidente... —aseguró—. No volverá


a pasar.

—Eso ni siquiera tú te lo crees. Dios mío, simplemente quiero estar tranquilo,


no empieces a molestar.

—Entonces perdóname. —Quiso tomar sus manos, pero Taehyung se negó.

—No me toques.

—¿Y cómo se supones qué quieres que esté a tu lado si ni siquiera me dejas
tocarte? —Cuestionó, alzando una ceja.

—¡Jungkook, dejame en paz! —Alzó el tono de voz, cansado.

—Solo quiero entenderte, me cuesta más de lo que crees. —Exclamó,


frunciendo el ceño.

—¿Tan difícil es para tí comprender que no te quiero cerca por el momento


por el hecho de que casi me disparas? —Preguntó, encarando al payaso.

—Sí, sí es difícil. Recuerda que para mí ciertos actos son muy comunes y
sinceramente lo tuyo lo veo como algo dramático, no pasó nada.

—¿Y si hubiera pasado algo?

Jungkook se mantuvo en silencio, cruzándose de brazos pocos segundos


después. Él también estaba cansado, ya no sabía que hacer para lidiar con
Taehyung y cada vez la conversación se volvía más complicada, él no sabía
como actuar ante este tipo de situaciones.

Por lo que recurrió a lo mismo de siempre, la manipulación.

—Te hubiera llevado a enfermería, mocoso... Sabes que yo siempre curo tus
heridas, siempre lo he hecho —soltó, asintiendo para sí mismo—. Si te
hubiera lastimado realmente, me encargaría de cuidarte, y lo sabes. ¿O acaso
alguna vez te he dejado solo en ese sentido?

—Pues no, pero podrías haberme matado.

—No sería capaz de matarte, amor. Ni siquiera por accidente. —Aseguró con
calma, mirando fijamente a los ojos del menor.
—No te creo. —Negando con la cabeza, el rubio quiso alejarse un poco, pero
Jungkook lo sostuvo por la cintura, acercandolo hacia sí.

—En verdad, cariño, no sería capaz de matarte...

Mirándose ambos a los ojos, se quedaron en silencio. Analizando cada uno la


mirada del otro, encontrando tanto a través de la misma.

Ambos sabían que las palabras de Jungkook no eran más que una vil mentira,
algo de lo que ninguno podría llegar a confiar e incluso sabían que todo era
posible teniéndose uno al otro. Su futuro era incierto, y por eso mismo
palabras como las del payaso eran tan vacías en ese momento, porque no
sabían si en verdad serían capaz de mantenerlas intactas, dejando de hacer
lucir a la misma como una mentira ante sus acciones.

—Sigo sin creerte... —Murmuró Taehyung, inseguro.

Jungkook suspiró, asintiendo. Y acto seguido guió su mano derecha hacia el


rostro del chico, acariciando el mismo a pesar de que Taehyung se mantenía
alerta.

—¿Sabes qué, amor? Está bien si no crees eso, pero lo que sí te puedo
asegurar es que jamás dejaré de protegerte, ya te defendí de Dongyul está
tarde, seré capaz de cuidarte de lo demás. —Aseguró, sonriendo levemente
para sí mismo.

—¿A qué te refieres con Dongyul? —Cuestionó el rubio.

—Lo humillé recordándole su pasado, le hice temblar del miedo, le saqué el


ojo y le disparé en la mano para después decirle que así no sería capaz de
tocarte de nuevo. En verdad se veía patético. —Explicó, agrandando apenas
su sonrisa ante aquel recuerdo.

Y ni siquiera se sorprendió al ver como Taehyung dejaba mostrar una leve


sonrisa, la cual intentaba ocultar.

Jungkook no se dejó guiar por eso, él sabía que su mocoso estaba contento
por lo que le había dicho. Pero prefirió guardar silencio para no hacer enojar
aún más al menor.

Y después de varios segundos, Taehyung finalmente decidió ofrecer un


acuerdo entre ambos.

—Te perdonaré —comenzó a decir, con calma, y antes de que Jungkook


pudiera siquiera reaccionar, siguió hablando—. Pero, eso no significa que
voy a aguantar todos tus abusos. Donde me pongas un solo dedo encima con
la intención de dañarme, me voy y ordeno que te hagan lo mismo que a mí
con el dolor mucho más intenso. ¿Entendido?

Jungkook sonrió en grande, asintiendo rápidamente.

Taehyung le devolvió la sonrisa, un poco más pequeña. Y antes de que


pudiera darse cuenta el pelinegro ya se encontraba sosteniendolo por la
cintura para besarlo, y a pesar de que seguía molesto, no pudo negarse.

Los labios del payaso tocaron los suyos, empezando un tranquilo beso entre
medio de todo el griterío donde un montón de personas exigían sangre, llenos
de euforia. Pero al parecer a ellos no les interesaba aquello en ese momento.

Y al separarse, se miraron nuevamente, Taehyung algo fastidiado aún, y


Jungkook sumamente tranquilo, sin siquiera preocuparse por eso.

Hasta que una persona enfrente de ellos llamó la atención de ambos.

El hombre que había visto Taehyung, aquel hombre de cabello gris se


encontraba enfrente suyo, con un traje negro, camisa blanca y corbata negra
igualmente, luciendo agradable al ofrecer una leve sonrisa para ambos.

Y a pesar de que quiso presentarse, no pudo hacerlo al notar como Jungkook


apretaba con fuerza su cintura. Quizá demasiada fuerza porque podía sentir
como sus dedos se hundían en su piel, lastimandolo.

Volteó apenas su rostro, intentando preguntarle que le sucedía, pero


Jungkook parecía estar totalmente fuera de sí, él no le estaba prestando
atención, sus ojos se encontraban fijos en el hombre de cabello gris.

—Buenas tardes, me alegra recibirlos —exclamó el hombre—. Encantado de


conocerlos, soy Jeon Yoongi, dueño del circo.

(◌ू❁)

Gente; ahora que terminaron el cap me gustaría que leyeran esto porque es
bastante importante. Durante este tiempo he estado recibiendo bastantes
comentarios en los que me exigen una actualización de Clown, necesito
que entiendan dos cosas:

1- La cosa no funciona con que más insisten más rápido actualizaré, eso
sigue dependiendo de mi a pesar de lo mucho que lo pidan.

2- Empecé a escribir y publicar Clown por gusto propio, ya que me distrae y


entretiene el poder compartir lo que escribo, y no quiero que pase a ser una
obligación por la cantidad de insistencia por parte de algunos lectores con
que actualice.

Y hay otro asunto más, hay una o más personas, no estoy segura, que están
esparciendo el rumor y llenando de comentarios en los que señalan la
existencia de "Clown original", uno que supuestamente está terminado, e
insisten en que me estoy copiando de este libro. Esto quiero que sepan que
es completamente FALSO, agradecería si no hacen caso a esos
comentarios y de paso denuncien los perfiles, he estado esforzándome
mucho con este fic como para que vengan personas como esas a
desvalorizar mi trabajo, hay personas que saben de esto y les pueden
asegurar tanto como yo que esta historia es completamente de mi autoría, y
que ese supuesto Clown ya finalizado, no existe.

En fin, creo que es todo lo que tengo para decir hasta el momento, espero
que lo entiendan ya que trato este tema de la forma más amable posible.

También aclaro por las dudas que no soy anti de Jimin ni nada porque ya
veo comentarios donde me dicen eso por cómo es tratado en el fic.
Recuerden que es ficción, nada es real.
31

—Tú... —Se escuchó un susurro por lo bajo, lleno de rabia.

Taehyung en verdad no sabía que le sucedía a Jungkook en ese momento,


pero el mismo se encontraba con la mandíbula tensa, sus dedos básicamente
incrustados en la cintura ajena y su ceño fruncido, demostrando tanto odio a
través de su mirada, tanta impotencia.

Y a pesar de que quiso decir algo, preguntar qué le sucedía. Jungkook actuó,
haciendo algo inesperado para él.

Se lanzó sobre Yoongi, dándole un fuerte puñetazo.

—¡Eres un hijo de puta! —Gritó, llamando la atención de todos mientras caía


sobre el hombre mayor, quien abrió sus ojos con notable confusión, sin
entender nada.

—¡JUNGKOOK! ¡¿QUÉ HACES?! —el rubio guió ambas manos hacia su


boca, sin saber que hacer ante aquella escena donde el payaso golpeaba con
notable enojo a Yoongi, quien intentaba defenderse—. ¡SUELTALO! —
Soltó, intentando acercarse, pero al ver como ambos hombres daban
constantes vueltas en el piso al golpearse entre sí, no pudo intervenir. Y todo
el público se quedó observandolos, ignorando por completo el acto que se
estaba realizando en el escenario.

Todo se volvió un caos en tan solo segundos.

Y las personas alrededor de Yoongi y Jungkook, no ayudaban. Ya que al ver


tal escándalo, tan solo empezaron a animar a cualquiera de ellos a seguir, a
golpear al otro hasta rompele todo el rostro. Tan solo querían ver sangre y el
como alguno de aquellos dos sufría.
Taehyung no supo que hacer, y tan solo pudo observar con desesperación
hacia los costados, buscando a quien pudiera ayudarlo a separarlos.

Y no tuvo mejor idea más que agarrar a Seokjin, quien había entrado al circo
simplemente para buscar a Namjoon porque el mismo lo había mandado a
llamar.

El peliazul se quejó al ser tocado y arrastrado por Taehyung, pero al ver lo


que sucedía comprendió que era lo que quería el rubio, y tan solo cooperó,
tratando de ignorar la horrible sensación de pánico que le dió simplemente
porque le pongan las manos encima.

—¡Ayudame a separarlos! —Ordenó Taehyung, observando al peliazul,


quien asintió antes de acercarse junto con él hacia Yoongi y el payaso.

Dando golpe tras golpe, Jungkook gritó con rabia al sentir como el rubio lo
sostenía por los brazos, intentando apartarlo. No le interesaba en absoluto que
su labio esté roto, mucho menos que su mandíbula duela aún más por los
golpes que recibió. El enojo era tanto, que él en verdad no podía controlarse.

Su hermano, el tipo que lo había abandonado, había aparecido de la nada en


aquel lugar, presentándose ante él como si nada. No podía procesar aquella
información en su mente, era demasiado. Tan solo quería dañarlo, causarle el
mismo daño y dolor que él sintió.

—¡¿Qué mierda te pasa?! —Exclamó Yoongi, sin comprender que sucedía


aún, recibiendo un fuerte golpe en la nariz pocos segundos después ya que
Jungkook había logrado liberarse de Taehyung al empujarlo.

—¡¿Que qué me pasa, bastardo?! ¡Me abandonaste! —gritó, sumamente


abrumado—. ¡¿Ya te olvidaste de mí, de "Jungkookie"!? —Cuestionó,
frunciendo el ceño al ser agarrado nuevamente por el rubio, quien le gritó
para que se detenga.

Y al ser arrastrado por el menor, Jungkook no pudo ver como Yoongi abría
sus ojos en demasía antes de levantarse del piso, observandolo con notable
sorpresa, sin poder creerlo. Su nariz liberaba sangre y uno de sus ojos estaba
levemente hinchado ante los golpes que había recibido, pero el peligris tan
solo podía mantener sus ojos fijos en él mientras lo sacaban a la fuerza del
circo.

Jalando al mayor, Taehyung logró sacarlo del circo por más que Jungkook se
negaba rotundamente. Y tan solo pudo quedarse mínimamente tranquilo
cuando Seokjin llegó corriendo hacia ellos, ayudandolo a llevarse a Jungkook
de ahí.

—¡TE ODIO, OJALÁ TE MUERAS, INFELIZ! —Gritó antes de alejarse por


completo del circo, lo suficientemente fuerte como para que Yoongi lo
escuche.

Taehyung no dijo nada ante el escándalo que estaba haciendo, tan solo lo
guió hacia la casa rodante mientras Jungkook intentaba hacer que lo suelte,
no quería que lo lleve ahí, él quería largarse.

Pero a la vez, se sentía tan débil, que al pasar de los minutos, dejó de luchar.
A pesar de sentir la necesidad de golpear algo en lo más profundo de sí, el
enojo no se iba, mucho menos la impotencia.

Y sin darse cuenta, varias lágrimas cayeron, una tras otra. Todas reflejando el
dolor que sentía, lo molesto que estaba.

La sensación era aún peor que cuando lastimaron a Byul, él no se encontraba


bien.

Recordaba demasiadas cosas mientras lo obligaban a ingresar a la casa


rodante, su mente tan solo se encargaba de empeorar todo, los múltiples
recuerdos con su hermano le generaban tanto rechazo, tanto odio y rencor.

"¡Que inteligente eres, Jungkookie! ¡Estoy muy orgulloso!"

"Algún día serás un niño grande y fuerte, y yo mismo te ayudaré con tus
actos, seremos el orgullo de todos aquí por nuestros espectáculos. ¡La
atracción principal!"

"No le hagas caso a papá, estuviste perfecto al matar a ese tipo por intentar
tocarte. Todo está bien, yo estoy para tí."
"Jamás te dejaré de lado."

Una molesta presión en el pecho, le dió a entender que no podría


simplemente salir de ahí y largarse. El sudor en su frente comenzó a notarse
de a poco, sentía que no podía respirar correctamente, tan solo quería huir y
esconderse, quedarse solo.

La sensación de pánico era asfixiante, y se perdió tanto en la misma que ni


siquiera fue capaz de notar el momento en el que llegaron a su habitación,
donde Taehyung lo obligó a sentarse en su cama.

Y el rubio, al notar su estado, no supo que hacer más que sostenerlo por los
hombros para que no se aparte, sin permitirle alejarse de él.

Jungkook en ese momento se sentía fatal, incluso le costaba respirar


correctamente. Su corazón latía con frenesí y tan solo quería llorar, gritar y
golpear a todos los que se le crucen, los recuerdos estaban matándolo de
cierta manera.

Y entre medio de toda esa sensación de pánico y rabia, sintió como el menor
lo abrazaba con fuerza, tratando de retenerlo ahí y a la vez calmarlo. Y a
pesar de que en verdad quiso apartarlo, sentía tanta impotencia que no pudo
hacer más que corresponder el abrazo, apretando con fuerza el cuerpo del
rubio entre sus manos, sollozando casi con desesperación, con enojo.

—T-tranquilo... —susurró el menor, sin saber que hacer—. ¿Qué pasó?


Dime...

El pelinegro negó suavemente con la cabeza, escondiendo su rostro entre el


hombro y el cuello del chico, negándose a hablar mientras su cuerpo
temblaba ante su llanto, mojando el hombro del menor con sus lágrimas y
apretando la piel del mismo entre sus manos.

—Todo está bien, cálmate... —Trató de consolar, en verdad confundido ante


todo lo que había sucedido. Y no pudo hacer más que acariciar el cabello del
hombre en un inútil intento por consolar al mismo.

—E-ese maldito... —murmuró Jungkook, lleno de rabia—. Lo odio...


—¿Quién es él? ¿Qué te hizo? —Quiso saber, tratando de no alterar
demasiado a el mayor mientras hablaba con tranquilidad, algo nervioso.

—Me abandonó, él lo hizo... —Fue lo único que pudo decir Jungkook,


hablando entre dientes mientras varias lágrimas caían por su rostro,
fastidiandolo por completo.

La presión en su pecho era tan molesta, al igual que la sensación de sus


manos temblando levemente ante las ganas de destruir algo, de tomar algo tan
solo para romperlo. Estaba demasiado molesto, demasiado dolido. Tenía
tantas emociones mezclándose dentro de sí que ya ni siquiera sabía cómo
reaccionar, y tan solo podía llorar, dejando salir todo el odio y rencor a través
de lágrimas por el momento.

Respirando con cierta dificultad, Jungkook se quedó inmóvil cuando


Taehyung lo obligó a acostarse junto con él en la cama, para después ser
abrazado con fuerza una vez más, teniendo a Byul a sus espaldas, algo
apartado.

Escondió su rostro en el pecho del menor, abrazando al mismo por la cintura


con cierta fuerza. Y a pesar de que en verdad estaba siendo realmente brusco
al sostenerlo con tal fuerza, Taehyung se quedó en silencio, sin querer
quejarse por ahora.

—Y-yoongi, es Yoongi —siguió susurrando por lo bajo, con rencor—. Él es


mi hermano... —Volvió a hablar, procesando aquella información con total
odio.

Y Taehyung, al escuchar sus palabras, no pudo hacer más que abrir sus ojos
con sorpresa, sin poder creerlo.

Ahora entendía porqué Jungkook había reaccionado así. Él había encontrado


a su hermano después de ocho años sin verse, de la nada, luego de que el
mismo lo abandonara sin ningún tipo de explicación.

—No puede ser... —murmuró, sumamente sorprendido—. Tranquilo, ya


podremos hablar de esto después, ¿sí? Pero ahora necesitas calmarte un
poco... Busquemos algo con que distraerte, ayudará a que te tranquilices un
poco. —Soltó, buscando a su alrededor algo que sirva para hacer aquello, ya
que cuando él se sentía así de pésimo, solía buscar objetos para describir a los
mismos, logrando distraerse y calmarse de a poco luego de un ataque o luego
de sentirse amenazado. Aquellos meses encerrado en aquel lugar le dejaron
aquel método para calmarse sumamente grabado en la memoria.

—E-el dibujo, dame el dibujo... —Susurró Jungkook, limpiando sus lágrimas


con cierta fuerza, dejando algo irritadas sus mejillas y a la vez tocando
accidentalmente su labio, el cual tenía restos de sangre seca.

—¿Dibujo? —Repitió Taehyung, girando apenas sobre sí para observar la


maleta que habían visto ambos aquella mañana, y al recordar el dibujo que
había en la misma consideró que se trataba de eso.

Levantándose de la cama, el rubio abrió la maleta, recordando la clave. Y de


ahí sacó aquel viejo dibujo, yendo rápidamente a la cama pocos segundos
después y entregándole la hoja a Jeon, quien volvió a agarrarlo por el brazo
para que siga abrazandolo.

Siendo básicamente aprisionado por Jungkook entre sus brazos, Taehyung se


quedó totalmente quieto, observando al mayor y como el mismo murmuraba
por lo bajo, describiendo para sí mismo el dibujo en voz baja, como si él no
estuviera ahí. Y poco a poco su pecho dejó de subir y bajar con intensidad,
dando a entender que se estaba calmando de a poco, a su manera.

Y ante aquel silencio, Taehyung miró el dibujo, una vez más con cierta
curiosidad, ya que de cierta manera le resultaba familiar, pero no sabía
porque.

El dibujo era tan llamativo y tan tierno ante los ojos del rubio, que el mismo
no podía dejar de verlo, además de que sentía cierta conexión con el mismo
de alguna manera, a pesar de no entender por completo porqué se sentía así.

Hasta que lo vió.

Un mensaje al costado del dibujo, casi por debajo del "retrato" de aquel niño
serio entre medio de colores. Se podía ver un mensaje por parte de aquel
infante, dejando en claro que apenas había aprendido a escribir ya que la letra
no era precisamente la más ordenada y bonita.

"Para Jungkookie, por ser muy bonito y protegerme de los monstruos."

Taehyung no supo como reaccionar ante aquello, mucho menos ante los
recuerdos que comenzaron a llegar poco a poco a su mente, dejándole
demasiadas preguntas y dudas. No podía creerlo.

“¡Estoy feliz por tener a alguien que me cuide! Tú me cuidarás muy bien,
Jungkookie."

"Me agradas mucho, eres muy lindo."

"¡Ten esto! Es un regalo para tí, un dibujito y un peluche. Cuidalo por mí,
¿sí?"

Demasiadas escenas en su mente, demasiados recuerdos. Y el único que


recordaba perfectamente Taehyung era uno donde él teniendo tan solo siete
años entregaba uno de sus más preciados peluches, un oso marrón con un
corazón en el pecho.

Mismo oso que estaba en la maleta.

—¿Qué...? —Susurró para sí mismo, totalmente impactado.

Sentándose en la cama, Taehyung observó fijamente la maleta, para después


caminar hacia la misma, ignorando por completo la mirada curiosa de
Jungkook sobre sí.

—Mocoso, vuelve aquí. —Ordenó el pelinegro, limpiando sus lágrimas una


vez más y respirando con cierta calma esta vez a pesar de seguir sumamente
enojado.

Ignorandolo, Taehyung tomó el peluche entre sus manos, encontrando al


mismo totalmente limpio y sin ningún rasguño, tal y como él lo había dejado
antes de entregárselo a Jungkook.

Y al observarlo con detalle, totalmente perdido entre sus recuerdos, no fue


capaz de notar el como el payaso se sentaba sobre la cama, mirándolo
fijamente.

Jungkook se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo, y tan solo quería
tomar aquel peluche y esconderlo lejos de Taehyung, no estaba dispuesto a
soportar otro escándalo en aquel momento, donde el rubio lo llene de
preguntas o reclamos por no decirle varias cosas que habían sucedido en su
pasado.

Y a pesar de que en verdad quiso esconder todo y simplemente largarse de


aquel lugar, no fue necesario. Porque Taehyung al recordar todo lo que había
sucedido, no hizo más que alzar la mirada para verlo directo a los ojos,
abrumado.

Observando al hombre pelinegro que tenía cerca, con el labio liberando un


poco de sangre aún y su mejilla derecha levemente hinchada ante los golpes
que había recibido, el menor vió reflejado a aquel niño de trece años que lo
había cuidado en su infancia, soportando sus relatos y sus llantos desde
pequeño, protegiéndolo de cierta manera.

Y en verdad no supo como sentirse más que confundido e impactado, por lo


que quiso dejar de lado aquella información por el momento con el único
propósito de tratar de entender todo poco a poco. Además de que no quería
alterar aún más a Jungkook, ya habían pasado demasiadas cosas en muy poco
tiempo y él no quería causar más problemas por ahora.

Quizá más tarde buscaría respuestas, pero por el momento prefería guardar
silencio y simplemente caminar nuevamente hacia la cama, con el peluche en
sus manos.

Acostándose en la cama una vez más, Jungkook imitó su acción, acostándose


de lado para poder verlo la cara.

—Ten... —Taehyung ofreció aquel peluche, sin saber que decir.

El pelinegro aceptó aquel objeto entre sus manos, y acto seguido tomó al
menor por la cintura, acercandolo hacia sí.

—Lo sabes, ¿no es así? —Cuestionó, frunciendo levemente el ceño.


Taehyung guardó silencio por algunos segundos, sin saber si debería decirle
la verdad a el mayor, pero al final terminó asintiendo, con calma.

—Hablaremos de eso más tarde. —Declaró, tratando de no verse demasiado


preocupado por ello. Él en verdad no quería empeorar aún más las cosas,
prefería esperar hasta que sea un buen momento para hablar de ello.

Jungkook no se quejó ante eso, tan solo se quedó en silencio, presionando el


cuerpo del menor contra el suyo mientras escondía su rostro en el pecho del
mismo, demasiado frustrado como para pensar siquiera en alguna respuesta.
Y Taehyung no hizo más que corresponder aquel abrazo, tratando de consolar
al hombre mientras que varios recuerdos llegaban de a poco.

—¿Te gusta mi dibujo, Jungkookie? —Había preguntado en aquel entonces,


observando con anhelo y ciertos nervios al niño que tenía enfrente
sosteniendo su dibujo, totalmente inexpresivo mientras lo veía con detalle.

—Podría estar mejor... Pero es muy lindo, mocoso. —Fue lo único que dijo
Jungkook, asintiendo. Y eso fue más que suficiente para que el infante esté
satisfecho y feliz, orgulloso de su dibujo y de que el mismo le haya gustado a
Jungkook.

Taehyung en ese momento estaba recordando tantas cosas, que se sentía


totalmente perdido en ese momento, a pesar de que sentía como las manos de
el pelinegro apretaban con cierta fuerza su cintura y como el mismo
murmuraba cosas para sí mismo, insultando a Yoongi por lo bajo, lleno de
rencor.

—¿Ya te sientes mejor? —Preguntó después de varios minutos, quizá media


hora después en la que no se movieron en absoluto, tan solo permaneciendo
abrazados en la cama, tratando de calmarse por distintas razones entre sí.

—Eso creo, aunque aún quiero partirle la cara a puñetazos. —Declaró


Jungkook, alzando un poco el rostro para ver al rubio, con el ceño fruncido.

—Definitivamente ya estás mejor. De lo contrario no andarías pensando en


partirle la cara. —El menor asintió para sí mismo, sacando su mano izquierda
de la cabellera ajena, ya que había estado acariciando la misma con calma
hace tan solo segundos.

Jungkook suspiró con fastidio, volviendo a apoyar su rostro en el pecho ajeno


y cerrando sus ojos al mismo tiempo, exhausto. No quería hacer nada, tan
solo quería descansar y que nadie además de Taehyung lo moleste, estaba
harto. No quería cruzarse con Yoongi, mucho menos escuchar las tonterías
que seguramente quería decirle, tan solo quería descansar, dormir con su
mocoso entre sus brazos.

Y al notar sus intenciones, el rubio no se quejó, y tan solo cooperó con


Jungkook, cerrando sus ojos al igual que él para poder dormir igualmente. Él
también estaba cansado y sumamente estresado, además de que hace semanas
no dormía en otro lugar que no sea el sillón, extrañaba eso.

Fue así como los dos se durmieron de a poco, tratando de ignorar todas las
dudas que tenían y el dolor que los atormentaba.

•••

El sonido de la puerta siendo golpeada con insistencia durante varios minutos


fue suficiente como para despertar a Taehyung luego de un largo rato, a pesar
de que el mismo se encontraba sumamente cansado aún. Y a pesar de que
quiso seguir durmiendo, no tuvo más remedio que quitarse las manos de
Jungkook de encima para poder levantarse y caminar hacia la puerta
principal, frotando sus ojos en un inútil intento por despertarse por completo.

Jungkook ni siquiera había notado su ausencia, por lo que se sentía mucho


más tranquilo al momento de abrir la puerta. Esperando que quizá se tratara
de Namjoon o Seokjin ya que ellos eran los que más iban a a verlos,
Namjoon para informar sobre lo que sucedía en el circo o detalles sobre su
familia y Seokjin se encargaba de llevar el vestuario de Jungkook y de vez en
cuando se quedaba con Taehyung para hacerle compañia.

Pero ahí afuera no se encontraban ni Namjoon ni Seokjin, sino Yoongi.

Aquel peligris se encontraba allí, con una camiseta negra y un pantalón del
mismo color, cabizbajo y algo alejado de la puerta, luciendo algo perdido
ante los ojos del rubio, como si estuviera pensando en algo.
Y Taehyung al verlo, no pudo hacer más que fruncir el ceño.

—Kim Taehyung —saludó entonces Yoongi, alzando finalmente la mirada y


sonriendo a la vez—. Que manera tan peculiar de conocernos, ¿no lo crees?

Ignorando sus palabras, el rubio se mantuvo firme en su lugar, cruzándose de


brazos y mostrando así el rechazo que le transmitía el hombre. No podía
sentir otra cosa más que fastidio después de ver como se puso Jungkook
gracias a aquel peligris que en ese momento sonreía, como si quisiera calmar
la situación bromeando apenas.

Un silencio incómodo se hizo presente entre ambos, mientras el menor se


mantenía apoyado en el marco de la puerta y el hombre tan solo lo miraba
expectante, en espera de alguna respuesta o algo por el estilo.

Sin embargo, Taehyung no dijo ni una sola palabra, y tan solo cerró la puerta
detrás de sí, saliendo de la casa rodante para quedar cara a cara con Yoongi.

—¿Qué necesitas? —Fue lo único que dijo, mirando los ojos oscuros del
mayor, quien sonrió en grande nuevamente, dejando a la vista sus encías.

—Creo que es bastante obvio lo que necesito, Kim. Tengo que ver a
Jungkook. —Declaró con obviedad, pero aún así seguía manteniendo aquella
sonrisa tan calmada y amable, que la misma comenzó a generarle escalofríos
a Taehyung.

Yoongi se veía demasiado tranquilo a pesar de tener uno de sus ojos


hinchados y su nariz con trozos de algodón para detener el sangrado. Era
demasiado raro, no le generaba confianza al menor.

Algo en el peligris ponía alerta a Taehyung.

—No puedes verlo. —Declaró de inmediato, sin darle vueltas al asunto. Él


sabía perfectamente que aquellos dos no debían verse, o por lo menos, no en
ese preciso momento.

Todo sería un caos si volvían a verse. Taehyung conocía bastante a Jungkook


como para saber que el mismo nuevamente tendría una crisis y recurriría a la
violencia y a otro ataque. No quería que aquella situación se repita una vez
más.

—¿Disculpa? No comprendo... —Yoongi se cruzó de brazos, alzando


levemente una ceja.

—Jungkook está muy mal simplemente por verte de nuevo, no quiero que
pase lo mismo. Por lo que te pediré que te vayas de aquí... No necesito otro
ataque de pánico por parte de Jungkook o algo por el estilo, estamos bastante
ocupados con otras cosas y otros problemas. —Soltó sin más, sin querer darle
demasiadas explicaciones a el peligris.

—Pero él es mi hermano, y al igual que tú, también tengo problemas


pendientes por resolver. Pero preferí venir hasta aquí, arriesgandome a que
me golpee o incluso me mate. No entiendo porqué te metes en esto siendo
que no tienes nada que ver —exclamó con calma, poniéndose serio de
repente—. Esto es algo entre Jungkook y yo, Kim. No encuentro ningún
vínculo entre Jungkook y tú que te dé el derecho de meterte en asuntos
familiares.

Taehyung se quedó en silencio por algunos segundos, analizando las palabras


del mayor con detalle antes de abrir la boca. Y terminó alzando la mirada al
escuchar un leve risa por parte del mayor, una risa burlona.

—¿Pues sabes qué? He estado conviviendo con tu hermanito por más de ocho
o nueve meses, soportando sus ataques de ira, maltrato, abuso y muchas cosas
más. Estoy con él básicamente todo el día y sé cuando algo le afecta
demasiado, y tú le generaste un malestar tan grande que no creo que sea
adecuado que vuelvan a verse, no por ahora —argumentó, frunciendo el ceño
—. Soy la pareja de tu hermano, por lo que creo que tengo derecho de decidir
sobre algo que tenga que ver con su bienestar e incluso con el mío, porque
sus ataques no solo son dañinos para él. —Finalizó, tratando de mantenerse
firme ante Yoongi.

No podía creer que se había llamado a sí mismo la pareja de Jungkook, pero


prefería presentarse así ante el mayor para que lo tome en serio. Además de
que no era del todo mentira.
—Ya veo... —Yoongi asintió para sí mismo, desinteresado—. Pues yo soy su
hermano, lo he soportado por varios años, mucho más que tú. Somos
familiares, y créeme que no me interesa demasiado el que seas su pareja. Yo
solo quiero hablar con él, nada más.

—"Lo he soportado por varios años", ¿en verdad? —preguntó, alzando una
ceja—. ¿Y tanto te hartó como para que lo abandones?

Por primera vez, el peligris frunció el ceño, pero aún así intentó no alzar el
tono de voz.

—Eso no es asunto tuyo, y lo sabes —se quejó, mirando fijamente los ojos
del chico—. Yo no me meto en tus asuntos familiares con tu padre, tú no
tienes porqué meterte en algo que solo nos incluye a Jungkook y a mí,
entiende eso.

El rubio no supo que decir, así que solo se quedó en silencio, frustrado.
Mientras que Yoongi sonreía con algo de orgullo, disfrutando la situación.

—La mayoría de los dueños del circo saben lo que pasó con Kim Kyungsoo,
tu padre. Y dejame decirte que siempre odié a ese viejo, por lo que te
agradecería si lo mataras, en verdad —soltó con naturalidad, relajado—. Pero
a pesar de eso, no vine a recordarte tus problemas con él de la nada siendo
que soy totalmente ajeno a lo que pasó. Que seas el jefe de esto no te da
derecho de darme órdenes precisamente a mí, así que mejor apartate y dejame
ver a mi hermano, niño.

—He dicho que no. —Taehyung negó con la cabeza, apoyándose contra la
puerta mientras observaba fijamente al peligris. No dejaría que entrara, no
estaba dispuesto a soportar otro escándalo.

—Vamos, apartate —volvió a decir Yoongi, intentando acercarse, pero de


inmediato recibió un empujón, el cual le hizo fruncir el ceño con fastidio—.
No me vuelvas a poner un solo dedo encima. —Ordenó, alzando su dedo
índice para apuntar directamente al rostro del menor, quien lo miró con enojo
igualmente.

—¿No entiendes acaso? No quiero que Jungkook vuelva a ponerse así, así
que mejor lárgate. —Casi gruñó, malhumorado.

—Solo quiero hablar con él, en verdad yo no entiendo porque reaccionó así.
Yo solo-

—No puede ser... —Taehyung frunció el ceño, con la rabia apoderandose de


él completamente—. ¿En verdad tienes el descaro de preguntarte por qué
mierda reaccionó así?

—Es que no tiene sentido...

—¿Es una puta broma, verdad? —cuestionó, alterado—. ¡Lo abandonaste de


la nada! ¡Por más de ocho años! —exclamó, medio gritando—. Ni siquiera
intentaste contactarlo o algo por el estilo, lo dejaste totalmente solo y él era
pequeño. ¿No te jode tan solo un poco saber que dejaste a tu hermano solo
entre medio de toda esta mierda o estás tan enfermo como para pensar que es
normal? Porque yo comprendo que para ustedes esto es básicamente su
hogar, pero Jungkook siempre supo que este lugar también era un peligro
para él y su familia. Él estaba y está completamente consciente de eso.

—No tienes idea de lo que estás diciendo.

—¡Por supuesto que sí! —interrumpió bruscamente el rubio—. No eres más


que un tipo cobarde que dejó todo de lado simplemente para marcharse. ¿Qué
pudo ser tan importante como para qué te vayas y dejes todo? Porque sé que
este lugar es una mierda pero a tí no te hacían nada, o por lo menos eso dijo
Jungkook, como para que quieras escapar así.

—Deja de meterte en cosas que no te incumben, puberto inútil.

—Genial, ahora me insultas por herir tus estúpidos sentimientos, si es que


siquiera tienes. ¿Debería disculparme? —se cuestionó a sí mismo el rubio,
con notable burla—. No, no vale la pena. Mejor me voy y dejo de conversar
con idiotas, es una buena idea. —Volvió a hablar, ignorando por completo la
presencia de Yoongi y dando media vuelta, dispuesto a entrar a la casa
rodante.

Sin embargo, al escuchar como quitaban el seguro de una pistola, no pudo


hacer más que quedarse quieto en su lugar.

—Suficiente, me cansaste, mocoso estúpido. También me cansé de actuar


como un imbécil sonriente ante tí, es tan patético —se quejó, tocando con su
mano derecha sus mejillas, las cuales le dolían por sonreír tanto—. Apartate
de la puerta. —Ordenó, apuntando directamente a la cabeza del menor con la
pistola.

Taehyung se dió la vuelta, sintiendo como el frío de la pistola rozaba


levemente su nuca al momento de hacerlo. Y cuando estuvo dándole la
espalda a la casa rodante, observó fijamente a Yoongi y como el mismo le
apuntaba directamente a la manzana de Adán, presionando ahí.

Aquella fue la primera vez en la que Kim Taehyung no tembló ni mucho


menos se sintió amenazado ante una pistola.

—¿No comprendes, feto? He dicho que te muevas, solo quiero hablar con
Jungkook. —Soltó Yoongi, impaciente.

—Claro, seguro le encantará hablar con el tipo que tanto odia. Mismo tipo
que le apuntó con un arma a "su mocoso". —Exclamó Taehyung con ironía,
sonriendo.

—No hablarás sobre esto. —El peligris frunció el ceño, presionando aún más
la pistola contra el cuello del chico, pero el mismo se mantuvo totalmente
serio, intimidandolo.

—Por supuesto que lo haré —Taehyung alzó una ceja—. ¿En verdad crees
que tienes algún tipo de autoridad sobre mí? Conmigo esa mierda ya no va,
ya no más. Ya bastante tengo con Jungkook, no dejaré que ningún otro tipo
quiera dominarme, mucho menos alguien tan miserable como tú —entrecerró
los ojos al sentir como la garganta comenzaba a dolerle, pero siguió
manteniendo contacto visual con el mayor—. Vamos, Yoongi, mátame.
Mátame para que Jungkook termine de odiarte por completo. ¡Hazlo! —
Provocó, alterando al hombre.

—Cállate.
—Acaba con mi vida para que me libres de esta mierda y de paso acabes con
el mínimo cariño que te pudo haber guardado Jungkook, vamos. ¿O es qué
acaso no eres tan valiente como para hacer eso? —preguntó, mientras sonreía
con burla—. Das tanta pena, no comprendo como es que Jungkook pudo
llegar a sentirse mal porque alguien como tú lo deje de lado.

—Jamás lo dejé de lado.

—Por supuesto, y yo estoy en mi casa ahora mismo leyendo y tomandome un


licuado de manzana —exclamó con sarcasmo—. Deja de decir estupideces, y
acepta la realidad. Lo abandonaste, y no puedes hacer nada para ganarte su
perdón. —Declaró, siendo totalmente duro al momento de decirlo, pero no le
importó. No le importaba en absoluto lo que podría llegar a sentir Yoongi.

Ante sus palabras, el peligris presionó levemente el gatillo, siendo cegado por
la rabia y el odio. Pero fue incapaz de disparar, y tan solo pudo tomar aire
con dificultad, tratando de calmarse mientras analizaba las palabras del chico
con detalle.

Y al final, lo sostuvo por el cuello de la camisa, guardando su pistola en la


parte trasera de su pantalón.

—Tienes razón —soltó luego de un largo silencio, en el cual Taehyung tan


solo se encargó de mirarlo como si tuviera alguna enfermedad contagiosa,
sumamente extrañado—, yo no puedo ganarme su perdón. Pero tú puedes
ayudarme a que lo considere.

Incrédulo, el rubio dió un paso atrás, tratando de huir al ver que aquel tipo
estaba más loco de lo que pensó. Pero terminó siendo aprisionado entre los
brazos de Yoongi tan solo unos cuantos segundos después.

—¡Sueltame! —Medio gritó, sin querer despertar a Jungkook al hacer


demasiado ruido. Pero sabía que eso no era algo posible, ya que el pelinegro
tenía el sueño muy pesado.

Golpeando el pecho del mayor con fuerza, Taehyung intentó liberarse, pero
Yoongi parecía ser más fuerte.
—Escúchame y quédate quieto. —Ordenó el peligris, frunciendo el ceño con
frustración al ver como el chico no dejaba de moverse.

—Quieto vas a estar cuando mande a que te coloquen en un ataúd, puto


enfermo. —Se quejó Taehyung, chillando al sentir como las manos del
hombre presionaban su cintura.

—¡Ya deja de moverte!

—¡Ya sueltame!

—Ok, suficiente —sostuvo al chico por las muñecas, inmovilizandolo


rápidamente al ejercer presión ahí—. Escuchame atentamente, niño imbécil.
Sé donde están las mujeres que tanto buscas. —Declaró de repente, haciendo
que Taehyung deje de forcejear.

—¿Qué?

—Que sé donde están. Una mujer de cabello corto castaño, medio bajita, y
una niña de mechones rosados y múltiples pulseras. ¿No son ellas? —Quiso
saber, ladeando la cabeza con leve gracia, con burla.

Taehyung abrió sus ojos en demasía, antes de darle un fuerte golpe en el


estómago al peligris con su rodilla, librándose del agarre y haciendo que
Yoongi cierre los ojos con dolor, guiando una de sus manos hacia la zona
lastimada.

—¡¿Tú las tienes, desgraciado?! —Preguntó, alterado.

—No, yo no tengo nada que ver. —Se quejó, molesto.

—¿Entonces? ¿Dónde están? —Quiso saber, observando con notable fastidio


al peligris que en ese preciso momento se encontraba acariciando su
estómago, mirándolo de la misma manera a él.

—¿Si sabes eso de que nada en esta vida es gratis, no es así? —cuestionó,
alzando una ceja con arrogancia—. Te propongo un trato, Kim... Tú me
llevas a Jungkook hasta mi casa rodante hoy en la noche, y yo te doy la
información que tanto deseas. Es algo justo para los dos, ¿no lo crees?
Taehyung frunció el ceño, disgustado.

—De ninguna manera. Esto no es algo que se pueda negociar, necesito que
me digas lo que sepas. O de lo contrario mandaré a mis trabajadores a que te
maten. —Amenazó, cruzándose de brazos.

—¿En verdad? —alzó ambas cejas con fingida sorpresa—. ¿Matarán al jefe
de un circo con el que supuestamente iban a estar en paz? Estarías declarando
la guerra, Taehyung. Una donde tú saldrías perdiendo al ser el responsable de
todo, el que dió la orden de asesinarme —negó con la cabeza, aburrido—.
Creo que deberías aprender sobre tus límites en este mundo, y recordar que
fuera de este circo, no eres una autoridad para nadie.

El rubio se mantuvo en silencio, inexpresivo. Y sus manos comenzaron a


rasguñar disimuladamente sus piernas cuando comenzó a sentirse algo
ansioso, no sabía muy bien que hacer. Pero en verdad quería la información
que tenía aquel tipo sobre su familia.

No dijo nada, y ante su silencio, Yoongi sonrió con gracia.

—Los espero en la casa rodante que está al lado de la de Namjoon. Si no


aparecen, respetaré la decisión de Jungkook y me iré... —asintió para sí
mismo, observando sus manos y jugando con sus anillos—. Me marcharé con
mi circo y con la información que tanto te importa, Kim... Algo justo —
sonrió, complacido—. Nos vemos. —Se despidió finalmente, dando media
vuelta para alejarse poco a poco de Taehyung.

Con un nuevo problema sumándose a los anteriores, el rubio pasó su mano


derecha por su cara con notable frustración. Sin saber que hacer y mucho
menos que pensar.

Él no podía simplemente ir y utilizar a Jungkook para obtener información


sobre su familia siendo que conocía los traumas del pelinegro y el profundo
malestar que le causaba la presencia de su hermano. Pero tampoco podía
dejar de lado aquella información que sería de ayuda, por lo que no sabía que
hacer.
Sintiendo un intenso dolor de cabeza, ingresó nuevamente hacia la casa
rodante, tratando de ser silencioso. Y con aquellos pasos relajados, fue que se
dirigió al baño, donde tomó un pequeño trozo de algodón junto con una
botellita de alcohol.

Con aquellos objetos entre sus manos, caminó hasta la habitación, donde se
encontró con algo que logró ponerlo totalmente pálido.

Jungkook estaba sentado en la cama, aparentemente se había despertado hace


rato, y tan solo se mantenía sumamente concentrado mientras escribía quien
sabe qué en un viejo libro.

El diario de Seung.

Taehyung tan solo esperaba que el payaso no haya escuchado absolutamente


nada de lo que había pasado afuera, no quería que se peleen, mucho menos si
tenía algo que hacer aún.

No obligaría a Jungkook a interactuar con Yoongi, pero sí intentaría


convencerlo, explicándole correctamente las cosas.

—Jungkook... —llamó, quedándose a un lado de el mencionado al acercarse


—. Hey.

El pelinegro alzó la mirada, quitándose unos auriculares de color negro que


Taehyung no había visto gracias a que el cabello de Jungkook cubría apenas
sus orejas, y los auriculares no tenían cables.

—¿Qué ocurre? —Preguntó, sin mucho interés. Mientras que al mismo


tiempo cerraba el diario y lo dejaba a un lado, sin permitirle a Taehyung leer.

Reteniendo un suspiro de alivio, el rubio sonrió apenas, sentándose a un lado


del mayor, para después alzar las cosas que tenía en sus manos. Dándole a
entender a Jungkook que era lo que pretendía.

El payaso no se quejó, y tan solo observó en silencio como el menor


derramaba un poco de alcohol sobre el algodón, para después pasarlo por su
labio lastimado con delicadeza.
Ardía bastante, pero a Jungkook no pareció importarle. Él estaba totalmente
perdido en su mundo, mientras aún escuchaba música con uno de sus
auriculares puestos. Y, cuando Taehyung terminó con lo que estaba haciendo,
le ofreció el otro auricular, llamando la atención del chico.

Sin embargo, el rubio negó con la cabeza, alejando con suavidad la mano del
hombre.

—Me gustaría hablar contigo.

Algo perdido en su propio mundo, el pelinegro asintió, para después extender


sus brazos hacia el menor, llamándolo para que se ponga encima suyo. Y
Taehyung obedeció, sentándose sobre el regazo del payaso y abrazando al
mismo con calma, sintiendo como los brazos de Jungkook rodeaban su
cintura.

Taehyung guió ambas manos hacia el rostro ajeno al ver como el mayor
parecía sumamente distraído, demasiado perdido entre sus pensamientos. Y al
tocar ambas mejillas, finalmente consiguió que Jungkook lo mirara a los ojos.

—¿Te sientes mejor? —Cuestionó, sin saber que decir realmente.

—Supongo. —Respondió simplemente Jeon, dejando que el chico acaricie


sus mejillas.

—Estás algo raro...

—Solo estoy pensando, mocoso —le restó importancia, mientras que sus
manos subían y bajaban por la cintura impropia con calma, buscando
distraerse—. ¿Crees qué debería cortarle los tobillos, darle veneno y luego
hacer qué se arrastre por un montón de vidrios para conseguir el antídoto o
mejor cortarle el pene para dárselo de comer mientras hago qué una rata se le
meta por el estómago? —Cuestionó de repente, mientras seguía igual de
calmado.

Taehyung alzó una ceja, confundido.

—¿Qué?
—Hablo de lo que le haré a Yoongi.

—No digas eso, tonto. Sabes que no puedes hacerle nada. —Exclamó,
acomodando el cabello del mayor cuando el mismo suspiró con fastidio.

—Igualmente sigue siendo una buena idea... —Soltó, encogiendose de


hombros.

—Seguro. —Taehyung sonrió con gracia, antes de apartar la mirada,


encontrándose así con aquel peluche que anteriormente le pertenecía sobre la
cama, cerca de Jungkook.

Al notar la mirada del chico sobre aquel objeto, el payaso lo tomó entre sus
manos, ofreciéndoselo. Y al ver como Taehyung sostenía el peluche, empezó
a hablar con calma.

—Tenías siete años cuando te ví por primera vez —soltó de repente,


recordando—. Eras un mocoso tan llorón...

El rubio no supo que decir, y tan solo pudo quedarse en silencio, procesando
aquella información mientras tan solo miraba fijamente el peluche, dispuesto
a escuchar a Jungkook.

—Tu papá y mi papá se llevaban pésimo, en verdad. Pero cada vez que tenían
que matar a alguien y tu papá era tan vago como para no levantar al culo y
llevarlo al circo, decidía llamar a mi padre para matar a aquella persona en tu
casa mientras tu hermanita estaba en la casa de algún familiar y tu madre
trabajaba. Y tú siempre estabas ahí porque no te gustaba salir de casa según
Kyungsoo —explicó Jungkook—. Y como no tenía nada que hacer a la edad
de trece años, me agarraron como niñero. Y siempre que tenían que matar a
alguien en la casa de mi suegro, iba para cuidarte y distraerte... Aunque no
recuerdo muy bien cuantas veces te ví, creo que fueron muy pocas, máximo
cinco veces. —Exclamó, inseguro ante sus palabras ya que en verdad no
recordaba algunas cosas.

Taehyung se mantuvo en silencio, observando expectante al hombre e


ignorando por completo que el mismo le había dicho "suegro" a Kyungsoo.
—Cuando eras pequeño te jodian bastante. ¿No recuerdas eso? —quiso saber,
ladeando la cabeza—. Unos hombres, los amigos de tu papá...

Recordando, el rubio entrecerró los ojos, confuso. Para después negar con la
cabeza.

Quizá los traumas fueron tan grandes en su infancia, que su mente reprimía
aquellos recuerdos. Y él mismo se había forzado a olvidar, llevándose incluso
la imágen del chico que lo cuidaba.

Taehyung no recordaba casi nada de su infancia, lo único que se mantenía


presente en su mente era la escena de él entregándole su peluche a Jungkook,
junto con otros momentos donde el mismo chico le sonreía sin muchas ganas,
intentando ser agradable.

Sacándolo de sus pensamientos, Jungkook comenzó a acariciar sus muslos,


haciendo que levante la mirada y lo mire a los ojos.

—Bueno, por lo que veo no lo recuerdas. Pero el punto es que cuando eras
pequeño cuatro hombres estúpidos te hacían la vida imposible, te
amenazaban y te golpeaban —contó, frunciendo el ceño—. Cuando nos
conocimos, me dijiste llorando lo que hacían, y yo se lo dije a tu papá. Ese
mismo día después de que tú te durmieras en mis brazos, escuché gritos en el
sótano de tu casa, y cuando fuí a ver que sucedía, los mismos tipos que te
jodian estaban siendo torturados por ser unos hijos de puta —sonrió
levemente ante el recuerdo, calmado—. Deberías haberlos visto, mi pequeño
amor... Querían pedirte perdón de rodillas, exigían tanto verte para pedirte
perdón ante Kyungsoo, pero todo les fue tan patéticamente inútil que daban
pena ajena.

Sorprendido ante tal confesión, Taehyung volvió a bajar la mirada,


observando el peluche que tenía entre sus manos y pasando sus dedos
pulgares por el estómago suave del mismo.

—Alguna vez... —comenzó a decir el rubio, curioso y medio confundido—.


¿Alguna vez llegué a ver algo de lo que hacían?

—No que yo sepa, cariño. Siempre estabas conmigo, y si escuchas gritos yo


me encargaba de que pienses que fue la televisión o tan solo imaginación
tuya —explicó son simpleza el mayor, para después sonreír—. Recuerdo que
un día empezaste a discutir conmigo afirmando que habías escuchado algo y
yo te trataba de loco, casi te pones a llorar mientras hacías tu berrinche. —
Rió bajito, burlándose.

En silencio, Taehyung asintió, procesando aquella información antes de


acercarse un poco más al hombre y acostarse sobre él, apoyando su mejilla
derecha con el hombro ajeno y escondiendo su rostro cerca del cuello de
Jungkook, mientras sus manos pasaban por detrás de la espalda del mismo.

El payaso correspondió aquel abrazo, curioso al ver que su mocoso no estaba


alterado ante lo que le había dicho. En verdad él esperaba que Taehyung
reaccionara mal al enterarse de todo, pero al parecer el chico estaba tan
cansado de sufrir o quejarse, que simplemente decidió aceptar la realidad.

—¿No estás molesto, cielo? —Quiso saber Jungkook, tratando de ver el


rostro del menor. Pero el mismo se negaba, ocultandose en su cuello.

—No lo estoy —declaró con seguridad, en voz baja—. No me serviría de


nada enojarme siendo que eso fue hace mucho, solo estoy tan confundido...
Mi papá me ocultaba cosas desde pequeño —declaró con amargura,
frunciendo el ceño—. En verdad no lo comprendo, Kook...

—¿Qué cosa?

—No comprendo porque me ocultó todo desde un principio si quería que


termine igual que todos los demás, siendo un puto enfermo mental. Si tanto
me quería traumar y arruinar... ¿Por qué no lo hizo desde un principio? —su
ceño fruncido mostraba su desagrado ante la situación, al igual que sus
manos, que sostenían con leve fuerza la camisa de Jungkook—. Quizá si
hubiera visto todo desde un principio, no hubiera sufrido tanto. No estaría
todo marcado, no estaría tan jodido, no me sentiría tan asqueado porque unos
tipos cualquiera quisieron tocarme y mucho menos me sentiría tan
despreciado por quienes se supone son mis putos empleados... Tan solo
quiero saber que necesidad tenía de hacerme pasar por todo esto ahora.

Permaneciendo en silencio, Jungkook escuchó atentamente cada palabra del


menor, intentando distraerse con eso de sus propios problemas, mientras se
sumergía en su mundo y en la paz que le transmitía Taehyung con tan solo su
presencia y su voz sonando tan calmada cerca de él.

Su niñito era lo único capaz de calmarlo en ese momento, en el que la escena


de su hermano saludandolo como si nada se repetía constantemente en su
cabeza, atormentandolo.

Quizá si no fuera por Taehyung, él ya hubiera matado a ese tipo.

—Jungkook —llamó el rubio de repente, sacándolo de sus pensamientos—,


¿Cómo te llevabas con mi papá antes de todo esto? —Cuestionó de la nada,
logrando confundir al mayor.

—¿Eh? Pues nunca me cayó bien ese viejo —soltó con total sinceridad, sin
darle vueltas al asunto—. Se peleaba mucho con papá, por lo que no me
agradaba. Y ya cuando Seung se fue, lo terminé de odiar porque
constantemente bromeaba sobre mi abandono, y me decía que él podría tomar
su lugar como padre, así tendría un hijo del cual podría estar orgulloso. —
Recordó, frunciendo levemente el ceño.

Pasaron unos cuantos segundos hasta que Jungkook terminó de darse cuenta
de lo que había dicho, y tan solo pudo maldecir por lo bajo al darse cuenta de
que quizá había hecho enojar a el menor. A veces su sinceridad sobrepasaba
los límites y él ni siquiera se daba cuenta hasta que pasaban varios minutos.

Alzando el rostro para ver la reacción del rubio, se encontró con unos bonitos
ojos color marrón, algo grandes y apagados. Los mismos se encontraban
llenos de lágrimas mientras el propietario de ellos se mordía el labio con
intensidad, reteniendo un sollozo.

—Ay, mocoso... Lo siento —se disculpó de inmediato, sintiendo varias


lágrimas mojando su hombro pocos segundos después—. Creo que hablé de
más.

—N-no, está bien —negando con la cabeza, Taehyung tomó aire, intentando
relajarse mientras limpiaba sus lágrimas—. No pasa nada.
Sin saber que hacer para calmar al menor, Jungkook comenzó a dejar
pequeños besos por el rostro del mismo, tomando sus mejillas entre sus
manos y alejandolo de su hombro.

Dejándose hacer, el menor se quedó quieto, sintiendo los labios resecos del
hombre pasando por su barbilla, su nariz, su frente y su boca, tratando de
distraerlo.

Más relajado, salió de encima de Jungkook, acostándose de costado en la


cama y siendo imitado por el mayor, quedando ambos cara a cara mientras el
payaso tomaba su cintura y él acariciaba su cabello negro.

—Si te hace sentir mejor, puedo ir a meterle una espada por el culo al viejo
ese. —Exclamó de repente Jungkook, acercándose un poco más hacia
Taehyung para que sus frentes se toquen, mientras se miraban a los ojos.

—Así estoy bien, pero que detalle de tu parte. —Dijo Taehyung con
sarcasmo, sonriendo sin ganas.

—¿En verdad? Pensaba en darle de comer unas flores con basura también. Ya
sabes, para hacerlo más romántico. —Soltó con el mismo tono del menor,
sonriendo con gracia.

—¿Y las velas?

—Las pondría en los agujeros de sus ojos cuando se los saque, por supuesto.

—¿Y la cena?

—Tu padre sería la mesa, y te prepararía otra cosa de comer porque darte sus
órganos sería lo mismo que darte basura. Una escena romántica de película,
¿no lo crees? —Siguió jugando, dejando un casto beso en los labios ajenos.

—Claro, una escena que se puede ver en cada película. Incluso se puede ver
en familia. —Soltó, para después rodar los ojos.

—No me hagas esa cara, amor. De seguro te encantaría tener una cita así
conmigo.
—Jungkook, de milagro quise quedarme contigo —entrecerró los ojos,
frunciendo el ceño—. Y fue solo porque dependo de tí, imbécil.

—Ya, mocoso insolente. También te quiero. —Ignorando por completo sus


palabras, Jungkook volvió a besarlo, y Taehyung no pudo hacer más que
corresponder.

Ingresando su lengua después de varios segundos, el mayor tomó con


posesión la cintura ajena, manteniéndolo cerca de sí, impidiendo que se aleje
por más que Taehyung no ponía resistencia alguna.

Y al separarse, ambos se quedaron en silencio, observándose. Mientras que


los pensamientos de cada uno eran sumamente distintos, ambos perdidos en
su propio mundo.

Fue el rubio quien rompió el silencio luego de un largo rato, en el que estuvo
pensando en la situación de Yoongi y lo que debería hacer para conseguir
información. Era demasiado complicado, y él aún tenía que hablar con
Jungkook.

Sería difícil.

—Jungkook... —comenzó, apartando la mirada—. ¿Qué piensas hacer con


respecto a Yoongi? —Cuestionó con calma, atento a la reacción del hombre.

Y supo que todo estaría jodido de ahora en adelante desde que la mirada de
Jungkook perdió todo su brillo, viéndose tan intimidante y molesto que por
un momento se sintió pequeño. Aquellos ojos, oscuros y penetrantes estaban
fijos en él, haciendo que se arrepienta de sus palabras de inmediato.

—¿Qué más podría hacer, cachorro? —exclamando aquello con brusquedad,


Jungkook alzó una ceja—. Nos iremos, así de simple. Y no lo veré nunca
más, porque no quiero saber nada de ese tipo.

—Pero... —frunciendo levemente el ceño, el rubio acarició apenas la mejilla


derecha de el mayor, en un intento por calmarlo—. ¿No te gustaría saber por
qué se fue?
—¿Por qué debería importarme esa mierda siendo que el daño ya está? No
voy a decir "¡Oh, Yoongi! ¡Te entiendo tanto, dame un abrazo por la
reconciliación!" —soltó, haciendo su voz más aguda con notable burla y
desagrado—. Esa porquería no sirve, Taehyung.

—Quizá tenía una razón para irse, tal vez-

—Escucha una cosa, precioso —interrumpió bruscamente Jungkook,


haciendo que el menor cierre la boca—. No me interesa, ¿entendido? Nada
que venga de él me interesa. Así como a él no le importó dejarme hace unos
años, a mí no me va a importar saber porqué mierda lo hizo.

—Kook, creo que deberías saber eso. ¿No crees que sería bueno? —
Cuestionó, aún con cierta esperanza de que Jungkook se ponga de acuerdo
con él.

—Cariño, dejame preguntarte algo —con calma, Jungkook alzó levemente


una ceja, mientras su mano presionaba con algo de fuerza la cintura ajena—.
¿Yo en algún momento, me he metido en tus asuntos familiares?

—No...

—¿Te he dicho "Oye, bebé, ¿no crees que deberías escuchar a tu padre sobre
por qué te hizo esto"? —Preguntó, con falsa dulzura al decir aquello sobre
Kyungsoo.

—No. —Volvió a negar el menor, apartando la mirada.

—Pues entonces te agradecería que no te metas en mis asuntos con Yoongi.


No es de tu incumbencia. —Declarando aquello, el pelinegro soltó al chico,
dispuesto a levantarse de la cama.

Sin embargo, Taehyung reaccionó, y un momento de desesperación tomó al


hombre por la camisa, impidiéndole que se vaya. No quería dejarlo ir así de
fácil, él en verdad quería intentar convencerlo. Necesitaba aquella
información de su familia, y debía hacer que Jungkook colabore con él.

Sin saber que hacer, y sintiéndose presionado ante la mirada atenta de el


payaso sobre sí, Taehyung se preguntó que debía hacer, e incluso, que era lo
que haría Jungkook en su lugar.

Y conociendo a Jungkook, el rubio sabía que le diría toda la verdad, por lo


que quiso hacer eso. No quería darle vueltas al asunto, todo sería peor si
hacía eso.

—Por favor, escuchame. —Pidió entonces, haciendo que el hombre se siente


en la cama nuevamente, mientras que el mismo se encontraba alerta, sin saber
que era lo que pretendía el chico.

—¿Qué sucede ahora, mocoso? —Quiso saber, cruzándose de brazos al notar


el nerviosismo de Taehyung y como el mismo apartaba la mirada.

—Hoy, cuando tú estabas durmiendo, hablé con Yoongi. —Declaró, casi en


un susurro, mientras sus manos se encontraban entrelazadas, llenas de una
fina capa de sudor en sus palmas.

Un silencio incómodo se formó en la habitación después de aquellas palabras,


y Taehyung no se animaba a ver a Jungkook a la cara, mucho menos cuando
la tensión básicamente se sentía en el aire, resultando asfixiante.

—¿Y? —Jungkook se apoyó contra el respaldar de la cama, luciendo


fastidiado, mientras esperaba que el chico siguiera hablando.

—Discutimos. Le dije que no lo quería cerca tuyo, porque tú te habías puesto


muy mal —sinceró, mordiendo su labio ante los nervios—. Él se quejó
demasiado, quería verte sí o sí. Pero le seguí diciendo que no, hasta que
empezamos a pelear un poco más y... —con los nervios consumiendolo por
completo, alzó la mirada, encontrándose con la expresión molesta del
pelinegro ante él—. Me dijo que sabe dónde está mi familia, y que sí te
convencía de verlo me lo diría...

Jungkook no dijo nada durante varios minutos, que para Taehyung resultaron
horas. La sensación de pánico que sentía al no saber cómo reaccionaria el
pelinegro lo estaba enloqueciendo y tan solo quería regresar el tiempo y
volver a como estaban antes, sin toda esa tensión de por medio.
Fue cuando el mayor se acomodó en su lugar, que Taehyung se puso alerta,
esperando que dijera algo.

—No sabes si está mintiendo. —Fue lo único que pudo decir Jeon, con el
ceño fruncido.

—No está mintiendo, lo sé porque él las describió. Sabe como eran, las vió.
—Dijo con seguridad el chico, asintiendo varias veces, como si eso
convenciera a Jungkook.

—¿Y si tan solo mandó a buscar fotos suyas y te engaño? Esto no me parece
bueno, Taehyung. Tengo un mal presentimiento.

—No seas tan paranoico, Jungkook. Seguro que serán ellas. Por favor,
ayudame a recibir información de donde están... —Pidió, esperanzado.

Sin embargo, la mirada fría y molesta del hombre le dió a entender, que él no
haría nada para ayudarlo.

—No —declaró con firmeza—. No puedo hacerlo... Le partiré la cara si


vuelvo a verlo, no quiero sentirme así de nuevo.

—Lo sé y lo entiendo pero en verdad necesito saber donde están, estuvimos


buscandolas por mucho tiempo. Quiero saber que pasó con ellas, si siguen
vivas —trató de convencer, pero el mayor volvió a negar con la cabeza—.
Jungkook...

—He dicho que no, y fin de la conversación, mocoso. —Frunciendo el ceño,


Jungkook se levantó de la cama, dispuesto a irse hacia la cocina y dejar de
lado aquel asunto.

Pero el chico que anteriormente tenía como rehén se levantó igualmente,


encarandolo.

—Jungkook, por favor. —Pidió una vez más, tratando de que el pelinegro no
se aleje.

—No empieces de nuevo, Taehyung. Quieres que no te ponga un solo dedo


encima pero a la vez no respetas los momentos en los que quiero estar solo.
Simplemente muévete y dejame en paz, tuve bastante por hoy. —Tomando el
hombro del chico con calma, quiso empujarlo apenas, pero el menor se quejó,
librándose del agarre.

—Estás siendo egoísta. —Fue lo único que pudo soltar el rubio, ya molesto
ante la situación. Ni siquiera pensaba con claridad en lo que decía.

Con una sonrisa burlona e incrédula, Jungkook alzó una ceja al oír aquello,
acercándose peligrosamente al chico hasta que el mismo quedó acorralado
contra la pared, amenazado ante la intensa mirada de el payaso.

—¿En verdad me acabas de decir "egoísta", cariño? —cuestionó, sin


creérselo por completo ante lo estúpido que le parecía—. Yo no soy el puto
niñito que le está insistiendo a alguien para que enfrente uno de sus miles de
traumas solo por personas que ni siquiera conoce.

—Solo estás pensando en tí, no te interesa lo que te estoy diciendo a pesar de


que sabes que es importante para mí encontrarlas —se quejó el rubio,
frunciendo el ceño—. ¿En verdad no me ayudarás, payaso imbécil?

Enojandose al escuchar las palabras de Taehyung, Jungkook se alejó del


chico, mirándolo con notable fastidio e incluso rechazo, perdido en sus
pensamientos donde se hacían presentes miles de insultos y argumentos para
soltar ante su jefe.

Y de todos aquellos argumentos e insultos, Jungkook sacó lo peor.

—¿Y tú en verdad crees que iré a enfrentarme a uno de mis traumas por unas
mujeres qué ni siquiera me interesan? —preguntó, alzando el tono de voz,
mientras los ojos de el menor estaban fijos en él—. De seguro estarán
muertas, violadas, usadas y tiradas en un puto contenedor, Taehyung. Acepta
la asquerosa realidad en la que vives y deja de querer usarme como
herramienta para encontrar unos simples cadáveres en descomposición.

Quedándose ambos en silencio, se miraron fijamente a los ojos. Y mientras


que la mirada de Taehyung demostraba dolor y furia, la de Jungkook tan solo
mostraba simple rabia y rechazo, cegado por el enojo.
Ambos estaban furiosos.

—Vete a la mierda, Jungkook. —Exclamó Taehyung, mientras lágrimas


repletas de odio bajaban por sus mejillas, haciéndole sentir un gusto amargo
en la garganta.

—Eso haré, adiós. —Se despidió con brusquedad, tomando el diario que
había quedado en la cama junto con un lápiz y marchándose de ahí, sin
siquiera mirar a Taehyung y saliendo de la casa rodante pocos segundos
después.

Frustrado, el rubio rasguñó con su mano derecha su brazo, lastimandose


levemente y desquitandose con ello. La ansiedad estaba consumiendolo por
completo al igual que el odio y el enojo. No sabía que hacer, tan solo sabía
que se estaba sintiendo asfixiado en aquel lugar, no quería quedarse ahí.

Tomando la navaja de Jungkook, que había quedado en la mesita del mismo,


se marchó. Cerrando de forma brusca la puerta de la casa y caminando sin
rumbo alguno, aún llorando y con pequeñas gotas de sangre en su brazo.

Tanto Jungkook como Taehyung se habían alejado por completo de su hogar


aquella tarde, buscando cada uno su manera de desquitarse, mientras las
emociones negativas los atacaban y no los dejaban pensar con claridad.

Ambos estaban perdidos, hundidos en la sensación amarga del odio y la


euforia insoportable de la furia. Y cada uno quería librarse de aquellas
emociones cuanto antes.

Más de una persona sería víctima de la rabia de ambos hombres aquella tarde,
donde el sol iba bajando poco a poco y la sed de sangre de cada uno se hacía
presente.

(◌ू❁)

Holaa, no quería poner notita ahorita pero solo paso a avisar que subí una
nueva historia hace poco, igualmente es kookv y su trama va a ser similar a
Clown en cuanto a los asesinatos y esas cosas. Se llama Dark Ceremony y
estoy escribiendo el primer capítulo, así que quizá actualice pronto.
Solo eso, perdón por tardar tanto en actualizar, al no tener Internet se me
complica actualizar seguido. Espero que les haya gustado el capítulo.♡
Hasta pronto, Seung

Viernes, 22 de febrero.

Sinceramente estoy cansado de siempre volver al mismo lugar durante todas


mis crísis. Estoy harto de recurrir siempre a lo mismo y tomar este asqueroso
diario tan solo para desquitarme de una maldita vez.

Juro que odio el simple hecho de tomar entre mis manos algo que te
pertenecía, papá. Y mucho más odio me genera el tener que hablarte para
relajarme, como cuando era un puto niñito llorón que te admiraba tanto, hijo
de puta.

Te odio, y siempre lo haré. Jamás te ganarás mi perdón y espero que lo sepas


donde sea que te encuentres, si es que siquiera sigues vivo. No lo sé y no me
interesa en lo más mínimo, incluso en verdad deseo que estés cinco metros
bajo tierra.

Te aborrezco tanto, y te guardo mucho más rencor que a Mamá. Por más que
jamás me hayas dañado como ella lo hizo físicamente.

Y aún así, cabrón, estoy aquí escribiendo en tu puto diario donde narrabas
todas las asquerosidades que le hiciste a Irene, donde contabas como te
gustaba verla llorar mientras abusabas de ella como el miserable animal
asqueroso e inmundo que eres. Escribiendo solo porque así logro
mantenerme mínimamente tranquilo.

Esta será mi última nota, mi últimas palabras entre tantas hojas llenas de
relatos inmundos, llenos de dolor y llanto e incluso gotas de sangre que tú
derramabas al escribir, luego de tocarla a ella, de lastimarla.

Durante los años, siempre pensé que Irene era una simple prostituta que se
merecía todo lo que le hiciste por el simple hecho de acompañarte a casa, de
mostrar interés en tí. Hasta llegué a pensar que por su culpa te habías
alejado de mí, que me habías apartado.

Pero hoy en día comprendo que en verdad, ella jamás fue la culpable. Todo
siempre fue tu culpa, tú quisiste dejarme, abandonar a tu hijo... A tus hijos,
en realidad. Ella no era más que una simple mujer que hacia su trabajo, una
mujer que no podía salir de eso y se tenía que acostar con tipos tan
horrorosos como tú.

No siento lástima por ella, jamás la sentí. Pero de cierto modo, la entendía.
Ahora entiendo el porqué de su llanto, el porqué se desgarraba tanto entre
sollozos cuando iba a visitarla y tan solo podía ofrecerle la comida rápida
que traía del circo y un vaso de agua hasta que finalmente ni me dejaste
volver a verla hasta que murió.

Hasta que se mató.

Yo lloré ese día en el que la ví ahí sin vida, lloré como un maldito "cobarde",
como me hubieras dicho si me hubieras mirado a la cara. ¿Pero adivina qué,
desgraciado? Mientras yo estaba con un bebé recién nacido entre mis
brazos, tú no estabas. Te esfumaste, desapareciste por completo de mi vida y
a mí no me importó verme como un cobarde en ese entonces porque tan solo
quería contradecirte. Llorar tanto hasta que de alguna manera te enteres, te
enojes y vuelvas para castigarme siquiera. Quería llorar hasta quedarme
seco porque tenía la esperanza de recuperar a mi papá.

Pero nunca te volví a ver, ni siquiera recuerdo tu rostro con claridad.

No fuiste el único que me abandonó en aquel entonces. Yugyeom y Yoongi


igualmente me dejaron solo, mi mejor amigo y mi hermano se fueron al igual
que tú. Sin darme explicaciones. No les importó dejarme en el olvido, a quien
supuestamente apreciaban tanto.

Los tres fueron unos malditos hipócritas.

Con quince años, comprendí que toda la sociedad en sí, es de cierta manera
una bola de hipócritas egoístas. Lo comprendí tan malditamente bien que no
me sentía bien con ello, me parecía injusto. Sentía que no me merecía
aquello, no merecía quedarme solo.

Ahora solo me parece algo normal, ya no hay dolor si otras personas se


alejan de mí, porque yo mismo me aparto, sin querer "encariñarme". Porque
sé que al fin y al cabo, en algún momento se iran, se marcharan y me
olvidarán, así como yo los olvidaré.

Las personas piensan solo en sí mismas, en su propio bienestar. Lo entendí


cuando me enteré que Yoongi desapareció. Porque a él no le importó
dejarme, no le importó olvidar a su hermano al que tanto había apreciado,
con el que tanto había jugado y al que le había prometido tantas cosas. No le
importó porque solo pensó en sí mismo.

Y eso mismo ocurre con todos, piensan de una forma tan patética que me da
gracia. Y no, nadie es diferente al decir que piensa en alguien más y en que
no quiere lastimarlo, porque ese pensamiento sigue siendo egoísta. ¿Y por
qué? Por el simple hecho de que no quiere lastimar a la persona para no
sentirse culpable o mal consigo mismo. Jamás se piensa realmente en el bien
de alguien más, tan solo nos preocupa la incomodidad, molestia, culpa o
dolor que nos podría generar dañar a esa persona.

No quieren causar daño, solo porque no quieren que aquello los afecte
igualmente. Y eso es sumamente patético.

Ya estaba acostumbrado a esa mierda, a alejarme de todos por saber lo


desgraciados que podrían llegar a ser, incluso alejé a Woozi de mí a pesar
de que le tengo cierto apego porque no estoy dispuesto a pasar por lo mismo.
Lo mandé a vivir con Yeonjun, con la excusa de que así aprendería más
rápido los actos que a él tanto le gustan con las espadas.

Lo alejé de mí, como un maldito cobarde.

Y luego, tuve el descaro de tomar a un niñito cualquiera y hacerlo mío, de mi


propiedad. Un mocoso al cual no aparto de ninguna manera, tan solo lo
encierro, lo aprisiono entre mis brazos hasta que se sienta asfixiado y tan
solo quiera alejarme.
Pero no puede hacerlo, no puede, y él lo sabe. Me pertenece, y por más que
suene ridículo, también le pertenezco. Dependo de él tanto como él depende
de mí.

Kim Taehyung es mío.

Aquel niñito llorón, el que no sabe cerrar la boca ni por un puto segundo, me
pertenece por completo, todo de él es considerado mío y por eso mismo nadie
puede tocarlo, ni mirarlo de otra forma. No pueden mirarlo como yo lo hago.

Y solo digo esto, porque me genera rechazo verme reflejado en tí al pensar


así.

No soy tú, y espero jamás serlo. Tú y yo somos diferentes, papá. Y eso es lo


único que me mantiene mínimamente tranquilo en este momento, recordarme
eso. Recordarme que jamás llegaré a ser tú.

Mi única ayuda en mis crisis es simplemente eso, recordarme que por lo


menos, no caeré tan bajo como tú.

Ese mocoso me pertenece, pero no sería capaz de tocarlo sin su


consentimiento. Así como tú hacías con Irene.

No lo golpearía por hablar con alguien más como tú hacías con ella,
directamente me desquitaría con el maldito que quiso hablarle con otras
intenciones.

No le negaría vendas para sus heridas o un baño, a pesar de que ya no es mi


rehén.

Me gusta recordarme a través del diario y Taehyung, que en verdad soy


mejor que tú en todos los sentidos.

No puedo creer que a pesar de ser tan bueno con mi mocoso, el infeliz me
haga sus berrinches cada dos putos segundos. En verdad no lo comprendo.

Quiere que vea a Yoongi, que me junte con él tan solo por una información
para llenarse de ilusión. Una estúpida y vacía ilusión.
Que niñito tan estúpido tengo como jefe.

No quiero verle la cara a Yoongi. Lo detesto tanto, en verdad tanto, que solo
quiero quitarle todos los dientes con una pinza y clavarselos en los ojos.

El rencor hacia él es demasiado grande, a pesar de que no se compara con el


que tengo hacia tí y Kyungsoo, mi infeliz suegro.

Taehyung es orgulloso, es molesto, llorón, terco y sumamente fastidioso. A


veces hay momentos en los que quiero cerrarle la puta boca pero ahí sigue,
charlando hasta hartarme sobre lo mismo.

Es un fastidio viviente cuando trata de hacerme cambiar de opinión sobre


algo, cuando trata de convencerme de hacer cosas que no quiero o
simplemente quiere enfrentarme. Tiene esa maldita costumbre a pesar de que
sabe que con tan solo agarrarlo, ya puedo someterlo como se me dé la gana.

Supongo que sigue haciendo eso porque sabe que luego seré yo quien tiene
que ir detrás de él pidiéndole disculpas. Y eso igualmente es molesto para mí.

No pido disculpas, no soy amable, ni mucho menos agradable con alguien


que no sea Taehyung, y el mocoso lo sabe.

Me dí cuenta de que empecé a tomar ciertas actitudes tan solo por convivir
con él, ya que al notar que se mantenía tranquilo si lo llenaba de apodos
cariñosos o muestras de afecto como abrazarlo o besarlo, empecé a hacerlo
más seguido, hasta que se hizo costumbre.

Al principio era algo incómodo para mí abrazarlo, tratar de demostrarle


cierto cariño a pesar de que sé perfectamente que lo que yo hago no es una
verdadera muestra de afecto, es algo similar, superficial. Pero él parecía
conformarse con ello, y por eso seguí haciéndolo hasta que me acostumbré
por completo.

Y ahora pasamos de aquellas caricias a insultarnos como dos infelices solo


por un idiota como Yoongi, quien tan solo logró perturbar todo.

No necesito excusas suyas en este momento, en verdad no quiero eso. No


quiero complacer a Taehyung con su capricho tan solo para sentirme pésimo
una vez más, con ganas de asesinar a ese tipo y cerrar aquella boca de la
que solo saldrán mentiras y vacías explicaciones que no me servirán de
nada.

No creo en las palabras de Yoongi, en las que le dijo a mi mocoso que sabe
dónde está su familia. No confío en eso, y aquello tan solo me dan más ganas
de golpearlo por intentar convencer a Taehyung de llenarme la cabeza para
verlo.

La señora Kim seguro estará muerta, al igual que la hermana de mi niñito. Y


eso es algo que él debería saber.

Sin embargo, sigue preso de aquella ilusión estúpida. En verdad cree que
puede llegar a encontrarlas a través de Yoongi y eso me genera más rechazo
de lo que debería.

Estoy dudando demasiado sobre si debería ir a golpear a Yoongi para que


suelte toda la puta información y así poder complacer al niño, ignorar la
situación y seguir con lo mío, o hacer las cosas como quieren ambos.

Ignorando todo tan solo conseguiré que el mocoso se enoje e incluso se vaya,
y a pesar de que estaría feliz golpeando a Yoongi, tan solo conseguiría que
su circo se ponga en contra de todos, iniciando así una guerra.

No tengo muchas opciones, estoy harto de todo esto.

No puedo asegurar que hablaré con Yoongi, pero si puedo hacerlo, le sacaré
toda la información posible sobre lo que pasó a través de los años. Y no
porque me interese saber porqué se fue, nada de él me interesa.

Pero cosas tuyas, papá, sí me importan. Quiero saber porque mierda dejaste
todo de lado, que cosa pudo ser más importante que Irene para tí. Quiero
saber si sigues vivo, y si es así, yo mismo te buscaré para matarte y enseñarte
todo el dolor que me causaste de forma psicológica pasandola a física.

Si Yoongi sabe algo de tí, estás jodido, maldito viejo. Tú no tienes un circo
completo que te proteja, o eso creo. Por lo que te haré todo lo que se me dé
la gana si llego a encontrarte.

Y si estás muerto, tus huesos o cenizas iran directamente al culo o a la boca


del viejo Kyungsoo, al hombre que odiabas tanto.

Los primeros años busqué como loco información sobre tí, y al no tener nada
decidí seguir adelante. Pero ahora que tengo una nueva oportunidad para
saber aunque sea algo de tí, estás perdido.

Consideraré esta porquería de hablarle a Yoongi, para que mi mocoso no se


aleje, y de paso, para ver si puedo conseguir información sobre tí.

Y juro por mi vida, papá, que si llego a descubrir algo, te encontraré y te


haré la vida un infierno.

Hasta pronto, Seung. En verdad espero que salga algo bueno de toda esta
porquería y finalmente pueda verte de nuevo.
32

El diario que sostenía Jungkook fue desechado en un gran tacho de basura


cuando el mismo terminó de escribir, quedándose sin hojas y a la vez sin
ganas de seguir escribiendo en aquel viejo libro lleno de relatos escalofriantes
que para él no resultaban tan espantosos.

Era un avance para él, ya que estaba librándose de algo que lograba asquearlo
cada vez que lo tocaba o siquiera leía algún párrafo. Cada palabra de aquel
diario era tan solo una confesión de Seung que aclaraba cuanto ignoraba a sus
hijos en aquel entonces, estando mucho más centrado en una mujer que sufría
día a día entre sus manos.

Desechando igualmente el lápiz con el que escribió su última nota, Jungkook


tomó aire con cansancio. Demasiado perdido entre sus pensamientos, tenía
miles de dudas atacándolo en ese mismo momento, y no podía hacer nada
más que caminar de un lado a otro mientras analizaba cada opción que tenía.

No quería ver a Yoongi, mucho menos tener otro ataque o algo por el estilo.
No quería sentirse así una vez más, pero tampoco quería que Taehyung lo
deje por no cumplir con su "capricho". Jungkook estaba seguro de que si no
hacía lo que le pedía, el menor se iría a otra casa rodante, abandonándolo.

Sin embargo, él no estaba dispuesto a obedecer al menor así de fácil. Él no


tenía porqué hacerle aquel favor, y tan solo lo estaba considerandolo porque
luego de un largo rato en el que estuvo pensando, pudo sacar beneficios para
sí mismo.

Y Taehyung no tendría su ayuda gratis si es que decidía ir a ver a Yoongi.


Aquel mocoso se las pagaría.

Jungkook estaba considerando todo tan solo para su propio beneficio. Al


ayudar a Taehyung, mantenía al mismo a su lado, y a la vez resolvía ciertas
dudas de su pasado.

Seguiría reteniendo al chico, y sacaría provecho de Yoongi, aunque no sabía


si sería capaz de mantener la calma al ver al mismo.

Tan solo quería sacar algo bueno de todo eso, pero el simple hecho de pensar
en ver a su hermano le generaba un irritante malestar, por lo que la situación
comenzaba a abrumarlo por completo. El estrés iba consumiéndolo cada vez
más, y el pelinegro no podía hacer más que caminar sin rumbo alguno por
entre medio de toda la gente que paseaba por los costados de las casas
rodantes, preparándose para el próximo acto del circo Shadow, el circo de
Yoongi.

Metido en un sinfín de dudas en su mente, Jungkook no fue capaz de notar el


momento en el que se encontró con Hoseok entre medio de toda aquella
multitud, mucho menos notó como el mismo se encontraba expectante ante
las extrañas actitudes que estaba presentando.

—Hey, Jk. ¿Te sientes bien? —Quiso saber el pelinaranja, logrando


finalmente que el menor levante la mirada.

Negando lentamente con la cabeza, Jungkook suspiró, frustrado. Y ante esto,


el mayor le sonrió apenas, apoyando una de sus manos en su hombro pocos
segundos después.

—¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta como cuando éramos niños?
Recuerdo que eso te calmaba bastante cuando tenías problemas con Seung.
—Propuso, tratando de que Jungkook siquiera lo mirara a la cara.

Pero el payaso tan solo asintió en silencio, siguiéndole el paso a Hoseok


cuando el mismo empezó a alejarse de la gente, caminando por un gran
pasillo que era formado por las distintas casas rodantes que le pertenecían a
enfermeros, cocineros e incluso maquilladores.

—Escuché lo que pasó con Yoongi —declaró el pelinaranja luego de unos


largos minutos en silencio, cruzándose de brazos—. ¿Es por eso qué andas
así? ¿O es por el mocoso?
—En realidad, es por ambos —habló Jungkook, frunciendo levemente el
ceño—. Son un puto fastidio en este momento.

—¿Y ahora qué hizo Taehyung? —Cuestionó con leve gracia, sonriendo ya
que era algo común que Jungkook se quejara constantemente de los
"berrinches" que hacía el menor.

—Quiere que hable con Yoongi, tan solo para conseguir información de unos
cadáveres —soltó con crueldad, sin darle vueltas al asunto, y haciendo así
que Hoseok lo observe con seriedad—. Supuestamente Yoongi sabe dónde
está su familia, y no le dirá a no ser que yo vaya a hablar con él —explicó,
guiando ambas manos hacia los bolsillos de su pantalón mientras ladeaba la
cabeza, tronando sus huesos ante el estrés—. Estoy muy cansado, Seok... No
confío en él, y no quiero hablarle.

—Oh... —el pelinaranja asintió, comprendiendo—. Pues, que jodido que es


Yoongi por chantajear así a Taehyung sabiendo que está loco por encontrar a
su familia. El niño obviamente está desesperado, y tú no tienes por qué hacer
eso por él si no quieres, aunque estés enamorado de él o algo por el estilo. —
Acomodando su cabello, el mayor se encogió de hombros, sin saber cómo
animar a su amigo.

Sin embargo, terminó alzando una ceja al escuchar una leve risa a su lado,
totalmente llena de gracia e ironía.

—¿Enamorado? ¿Qué idioteces estás diciendo? —Jungkook frunció el ceño,


mientras sonreía apenas, con notable confusión—. Yo no estoy enamorado,
sabes que yo no soy capaz de amar. Al igual que tú.

—¿En verdad? Porque te veo muy cambiado. Sé que no sabes lo que es amar,
yo tampoco lo sé —observando el camino, Hoseok se mantuvo en silencio
por algunos segundos, pensativo—. Han pasado muchos años desde que
encontraste aquel libro de Psicología, ¿Aún lo tienes?

—Sí, sigo leyendolo de vez en cuando —se cruzó de brazos, perdido en sus
pensamientos—. Los sociópatas no son capaces de amar, Hoseok. ¿Sabes qué
es lo que me ocurre a mí? —cuestionó, y al obtener el silencio de su amigo
junto a una mirada curiosa, decidió seguir hablando—. Obsesión, Seok.
Enferma, retorcida, asquerosa y adictiva obsesión. Y como si no fuera
suficiente con eso, dependencia. —Asintió para sí mismo, con calma.

—Que horror.

—Lo sé. —Apartando la mirada, Jungkook se quedó mirando fijamente el


suelo, demasiado perdido entre tantos pensamientos que lo atacaban por
momentos.

—Si estás tan obsesionado con ese niño y a la vez dependes de él, no sería
conveniente para tí negarte a ver a Yoongi, porque solo se alejará. Pero
tampoco me gusta la idea de que vayas así de simple por él, siendo que
puedes joderte aún más la cabeza con solo ver al odioso ese —entrecerrando
los ojos, Hoseok negó con la cabeza—. No, eso no sería lindo.

—Ya estuve pensando en eso, y la verdad siento que en cualquier momento


mi cabeza va a explotar —soltó el pelinegro, fastidiado—. Si fuera por mí
encerraría al mocoso y haría que cierre la boca hasta que Yoongi se largue.
Pero no puedo hacer eso por obvias razones. Y tampoco puedo golpear a
Yoongi hasta que me diga todo lo que sabe porque terminaré con un nuevo
ataque y, de paso, haré que todo un circo se ponga en nuestra contra.

—Si crees que te hará tanto daño verlo, simplemente no lo hagas. No le debes
nada a nadie, Jungkook —el mayor pasó su brazo por detrás de la nuca de
Jungkook, tomándolo por su hombro y dándole varias palmadas en señal de
apoyo—. Tú no eres responsable de nada, y no le debes nada a Taehyung. Por
lo que si fuera tú, no lo pensaría tanto.

—Ya lo sé, pero no es solo la información sobre la familia de Taehyung algo


que podría tener Yoongi, por eso estoy inquieto —admitió—. ¿Y si él sabe
algo sobre Seung...?

Ante aquellas palabras, Hoseok detuvo su paso, siendo imitado por su amigo
mientras ambos se miraban fijamente, uno demasiado frustrado mientras que
el otro alzaba una ceja con incredulidad.

—No me digas que en verdad te sigue interesando Seung. —Exclamó el


mayor, frunciendo apenas el ceño.
Y ante el silencio de Jungkook, soltó un suspiro lleno de resignación.

—Jungkook, pensé que ya habías superado mínimamente eso. Sé que es


difícil para tí, pero no te ayudará en nada encontrar a ese viejo, puedes
sentirte incluso peor que cuando viste a Yoongi. ¿Lo sabes, no es así?

Asintiendo, el payaso volvió a caminar con calma, siendo seguido por


Hoseok, quien miraba expectante sus reacciones.

—Cuando ví a Yoongi, solo sentí rabia y rencor —confesó—. Me dieron


ganas de destruirlo, de transmitirle todo el dolor que me dejó su abandono a
través de los años, de transmitirle todos mis traumas a través de los golpes.
Literalmente, solo quería deformarle todo el rostro hasta que se termine
muriendo —declaró con desagrado, algo molesto al recordar su reencuentro
—. El dolor llegó después, Seok. Era tan asfixiante, todo a mi alrededor era
molesto y solo lloraba de odio puro. ¿Sabes lo jodido que es eso? —
Cuestionó, observando a su amigo, quien asintió en respuesta.

—Claro que lo sé, Kook. Así me sentí yo cuando se comieron enfrente mío a
mi hermanito. —Declaró con total calma, como si no estuviera diciendo algo
sumamente escalofriante y traumático.

—En una semana se cumplen 12 años de eso, ¿verdad? —Preguntó el


pelinegro, ladeando la cabeza.

—Sí, ¿y sabes qué haré yo? —sonrió sin muchas ganas, casi forzado, pero
aún así luciendo encantador y animado ante Jungkook—. Me haré un plato
gourmet en su honor, recordando el sabor de cada trozo de carne que
arranqué con mis dientes del cuello de todos sus agresores.

—¿Y no invitas a tu querido amigo? —Bromeó el payaso, a pesar de que


nunca había probado la carne humana.

—Te he ofrecido mi comida más de una vez, tú eres el delicado —le siguió el
juego, alegrandose de ver a su amigo más relajado—. Algún día te haré un
plato aparte. Comería lo mismo que tú pero ya sabes porque la carne de
animales me da náuseas...
—Los tipos esos, lo sé. —Asintió con calma, comprendiendo.

Hoseok había sido secuestrado junto con toda su familia cuando tenía 14
años, su madre y su padre murieron al intentar huir, y sus cuerpos fueron
descuartizados y utilizados para alimentar a toda la gente de aquella gran
mansión, donde vivían personas de clase alta, con gustos "exóticos" sobre la
comida.

Al vivir en la calle, aquellos ricos los vieron como una buena opción. Los
engañaron con comida exquisita y una casa en la que podrían pasar la noche,
pero al ingresar en la misma tan solo fueron aprisionados, golpeados y tirados
en el sótano.

Pocas semanas después, aquellos adinerados quisieron probar algo nuevo,


una sensación nueva, y a la noche del 28 de febrero, el hermano menor de
Hoseok murió entre sus manos, debido a múltiples mordidas que le
arrancaron varios trozos de carne, provocando que muera en agonía, llanto y
humillación.

Hoseok atacó a aquellos tres hombres que habían acabado con su hermano de
la misma manera que ellos lo hicieron, a través de mordidas y golpes. Todo
aquello mientras lloraba de puro dolor e impotencia, con sed de venganza.
Había sido cegado por la rabia, y ni el hambre que sentía desde hace semanas
o incluso su cuerpo desnutrido, fueron un obstáculo para acabar con aquellos
tres tipos igual de débiles que él.

No le daban comida, tan solo le daban carne en descomposición. Por lo que


cada vez que comía terminaba vomitando, quedándose igualmente con un
horroroso dolor de estómago. Él jamás pudo ver la carne de los animales de
la misma manera.

Luego de acabar con los agresores de su hermano, los ricos que fueron
responsables de todo su dolor dieron la cara, siendo acompañados por un
viejo al que jamás había visto, de traje gris y fastidiosa sonrisa.

Aquel tipo lo miraba con notable sorpresa, incluso con gracia. Y el jóven
chico en ese momento no pudo notarlo demasiado siendo que estaba más
preocupado por las armas que apuntaban directamente a su cabeza.
Aquella noche fue que descubrió que aquel tipo, era Kim Kyungsoo, un
hombre adinerado, dueño de un circo famoso entre gente de la alta sociedad.
Aquel hombre era amigo del dueño de la mansión, y parecía estar bastante
contento con el desastre que había hecho. Tan así, que interrumpió su
ejecución tan solo para ofrecer dinero por él, quería llevárselo.

Los dueños de la mansión no se quejaron en absoluto, preferían mil veces


vender a aquel jóven antes que tener que soportarlo un solo segundo más en
su casa, ya no les servía. Estaba tan desnutrido que ni carne tenía para
ofrecerles.

Kyungsoo se lo llevó de aquella mansión, ofreciéndole una casa, un trabajo, y


un nuevo comienzo. Y Hoseok aceptó, ya que después de todo, no tenía otra
opción.

Doce años después, se encontraba dando espectáculos con su gran león,


siendo uno de los trabajadores más reclamados por el público y el más
carismático, todos sabían quien era él, y su fama era casi tan grande como la
de Jungkook.

—¿Recuerdas cuando robamos a Hope? —Preguntó el pelinegro de la nada,


haciéndolo volver a la realidad, y dejando de lado aquellos molestos
recuerdos.

—Por supuesto que lo recuerdo, aquel día todos los clientes del circo salieron
corriendo al ver que llegábamos con él —rió con gracia, y a pesar de que
Jungkook se notaba más relajados veía algo tenso aún, por lo que el
pelinaranja sonrió levemente—. ¿Sigues pensando en lo otro?

—Sí, es que no me queda mucho tiempo para pensarlo. Supongo que Yoongi
quiere que nos veamos hoy en la noche, porque mañana este circo tiene que
retirarse —exclamó, observando la gran carpa del circo a tan solo unos
cuantos metros de distancia—. Me quedan pocas horas...

—No te atormentes tanto, Kook. Tú sabrás que hacer y qué es lo mejor para
tí. Lo que sea que decidas estará bien, supongo —trató de animar—.
Cualquier cosa, sabes que puedes venir a mi casa cuando quieras.
Asintiendo sin muchas ganas, el payaso apartó la mirada, pensativo. Y ante
esto, Hoseok lo sacudió levemente por el hombro para que le vuelva a prestar
atención.

—Quita esa cara, hombre —se quejó, con un tono juguetón—. ¿Qué te parece
si vienes conmigo al circo? Hace mucho no hacemos una colaboración
juntos, me tienes algo abandonado en ese sentido —fingió ofenderse,
empujando levemente al menor—. Seguro te distraeras si haces un
espectáculo, por lo menos por unos minutos.

Confundido, Jungkook entrecerró los ojos. Ellos no tenían ninguna


presentación pendiente, la carpa de su circo ni siquiera estaba a la vista.

—No me mires así, ya sé que nuestro circo no ofrecerá funciones por hoy —
soltó de inmediato el pelinaranja al ver la expresión de su amigo—. Pero
debido a tu gran demostración cariñosa hacia Yoongi cuando lo viste, donde
le dejaste la nariz medio rota y un ojo hinchado, Namjoon tuvo que
intervenir. El otro dueño del circo estaba molesto, y ya quería jodernos por
hacer un escándalo en su circo —explicó—. Pero Namjoon lo hizo razonar, y
le ofreció un trabajo gratis por parte de uno de sus trabajadores para
recompensarlo. ¿Y a qué idiota crees que eligieron para dar tal acto? —Posó
ambas manos en su cintura, sonriendo con gracia aún.

—¿Y el mismo idiota cree qué me sentiré mejor dando un acto justamente en
el circo que le pertenece a el responsable de uno de mis traumas? —Quiso
saber Jungkook, imitando a su amigo y guiando ambas manos hacia su
cintura mientras forzaba una sonrisa similiar a la de Hoseok, burlándose.

—Oh, no seas tan amargado. Yoongi ni siquiera estará —protestó el mayor,


tratando de persuadir a su amigo—. Aparte, será mejor, ¿No lo crees? Tienen
dos trabajadores totalmente gratis, nos evitamos problemas, y tú te quitas el
estrés de encima por el momento. Yo lo veo bastante conveniente.

—¿Y tú que ganas?

—Una buena dosis de comida. No creas que le haré este favor a Namjoon
totalmente gratis. —Exclamó, sonriendo como si fuera obvio.
Y después de pensarlo varios minutos, Jungkook terminó suspirando con
resignación. Él en verdad tenía ganas de dar un espectáculo con Hoseok, pero
no se sentía tan seguro.

—Está bien, vamos. Pero donde me encuentre a Yoongi, le romperé el cráneo


con tu jodido culo mientras uso tus tripas para ahorcarlo. —Amenazó,
apuntando a su amigo con su dedo índice.

Y Hoseok no pudo hacer más que sonreír con alegría, ignorando por
completo la escalofriante y violenta amenaza.

—¡A trabajar, Jk!

•••

Los hombros de aquel hombre eran bruscamente sostenidos por Jungkook,


mientras que el mismo reía con total gracia y gusto, disfrutando de la
situación. Toda su ropa se encontraba llena de sangre, su cabello desordenado
y atado con un flojo listón rojo algo corto, y sus dedos se encontraban
incrustados en la carne ajena, empujando a aquel tipo hacia la boca de Hope.

La multitud gritaba como nunca antes, apoyando a ambos hombres a acabar


con aquel tipo pelirrojo que luchaba para huir, negándose totalmente a morir.

Hoseok y Jungkook sabían que aquel circo era muy diferente al suyo, porque
en aquel lugar las víctimas no eran suicidas cobardes, eran simples personas
que se encontraban por ahí, vagando. Y la mayoría igualmente eran personas
que tenían deudas con la mafia.

Y a pesar de saber aquello, ambos estaban ignorandolo, regocijandose ante el


dolor ajeno y los gritos, disfrutando de la sangre que manchaba sus manos y
de la mirada aterrorizada del hombre al ver como Hope acercaba su hocico
hacia su brazo, clavando sus dientes sin piedad.

Aquella extremidad fue arrancada en tan solo segundos, separándose con


tanta facilidad del cuerpo del pelirrojo que a Jungkook le resultaba incluso
satisfactorio el sonido de los huesos rompiéndose y la piel desgarrandose,
junto con el leve sonido de las gotas de sangre ensuciando el piso.
Todo era tan perfecto en aquel momento. El payaso se sentía mil veces mejor
al dejar todo su estrés en el cuerpo ajeno, todas sus preocupaciones estaban
desapareciendo temporalmente y eso lograba que hiciera con más esmero su
trabajo, sacudiendo el cuerpo del hombre con brusquedad para que se quede
quieto antes de acercarlo una vez más a la boca del gran animal.

—¡P-por favor no! ¡Te lo ruego! —sollozó aquella víctima, desesperado—.


¡Tengo una esposa e hijos! ¡No me maten! —Suplicó, removiéndose con
debilidad ante la falta de sangre.

—Que lástima por tí. —Fue lo único que dijo Jungkook, con total gracia. Con
una sonrisa tan angelical que al hombre le dieron escalofríos.

Y acto seguido, sintió como unos dientes filosos y grandes se incrustaban en


su rostro. Y luego, un cuerpo sumamente pesado sobre él.

Hope estaba encima suyo, arrancandole la piel del rostro, y quitándole así la
vida.

Mientras que los dos responsables de su muerte sonreían con gracia ante su
desgracia, complacidos.

—¡Buen trabajo, Kook! —felicitó Hoseok, sonriendo en grande antes de


acercarse con cautela hacia su león, quien se sentó con calma al terminar con
el rostro del tipo, con su pelaje empapado en sangre—. Tú igual hiciste un
buen trabajo. —Halagó, acariciando su melena con suavidad, y ante esto, el
animal permaneció inmóvil, sin intenciones de atacar.

Hoseok y Jungkook eran los únicos que podían acercarse a Hope sin terminar
con alguna extremidad arrancada por las fauces del animal.

Celebrando aquella muerte tan desastrosa, el público gritó con emoción,


disfrutando del espectáculo y observando fijamente como ambos hombres
hacían una reverencia antes de salir del escenario.

—¿Cómo te sientes ahora? —quiso saber Hoseok cuando estuvieron


finalmente fuera del circo, con sus prendas llenas de sangre y pelo del león—.
¿Sigues molesto?
—No tanto... —observando sus manos, Jungkook se encogió de hombros,
más calmado—. Igualmente estuve pensando, y al final creo que debo ir a
hablar con Yoongi.

—¿En verdad? ¿Y lo harás por tí o por el mocoso? —Cuestionó, ladeando la


cabeza con curiosidad.

—Por mí —declaró con seguridad—. Me conviene más, puedo sacar


información sobre Seung si es que sabe algo y a la vez mantendré a
Taehyung conmigo. Supongo que es mejor intentar hablar con el estúpido ese
antes de quedarme sin el mocoso insolente ese.

—Si te trae tantos problemas, no sé porque sigues queriendo que esté a tu


lado.

—Hoseok, Taehyung puede ser un niñito estúpido, molesto, incrédulo, e


incluso un jodido imbécil —afirmó Jungkook, frunciendo levemente el ceño
—. Pero él me pertenece y no dejaré que se aleje solo por un capricho
estúpido suyo. Si tanto quiere esa información, le haré el favor. Pero me las
pagará muy caro, porque no lo estoy haciendo por él y debería saberlo muy
bien.

—Entiendo —el pelinaranja sonrió apenas—. Igualmente me alegra que estés


dispuesto a enfrentar algo tan horrible como ese trauma, Jungkook. Lo harás
bien.

Asintiendo, el payaso sonrió apenas, calmado ante las palabras de Hoseok. Y


a la vez, calmandose al pensar en todas las cosas que podría reclamarle a
aquel mocoso simplemente por el favor que iba a hacerle.

—Nos vemos luego, Hoseok. Debo ir a bañarme y luego ir a hablar con el


infeliz. —Se despidió, moviendo apenas su mano y alejándose del
pelinaranja, quien imitó su acción.

—¡Suerte!

Escuchando aquella simple palabra por parte de su amigo, el payaso caminó


hacia su casa rodante. Ignorando por completo los gritos de dolor que salían
de aquel circo aún.

Y a la vez, siendo totalmente ajeno a los gritos que provenían de una vieja
jaula, donde se encontraba el padre de su niñito.

•••

La sangre bajaba con lentitud por el abdomen impropio, bajando en un fino


hilo que recorría poco a poco la cintura del hombre de cabello castaño, y ante
el dolor, el mismo soltó una queja entre sollozos.

—Que delicado que eres, papá... —Exclamó su agresor, sonriendo sin


muchas ganas mientras bajaba la navaja nuevamente por la piel sucia,
abriendo otra herida.

—Y-ya detente, maldita sea. —Ordenó, frustrado.

Pero antes sus palabras, Kim Taehyung tan solo negó con la cabeza, sin ganas
de obedecer, mientras una leve sonrisa burlona se posaba en su cansado y
triste rostro.

—¿Y por qué debería? Solo te estoy mostrando un poco de lo que me


hicieron a mí. Estoy teniendo algo de consideración, ¿sabes? —preguntó con
ironía—. Siempre quisiste que te confíe mis sentimientos, papá. Que te
cuente todos mis lamentos. Y estoy siendo tan buen hijo que incluso te
demuestro todo el dolor que sentí. ¿No estoy siendo considerado, hm?

—Cierra la boca, niño insolente. —Protestó, molesto ante el ardor de sus


heridas.

—Que mal padre eres, en verdad. No me estás prestando atención... —Siguió


en lo suyo, dejando otro corte y sacándole así un grito bajo a el castaño.

—Eres una decepción, jamás debí dejarte a cargo de todo esto.

—Ya lo sé, viejo. Soy una maldita decepción, tan así que te terminé
sometiendo así como así. ¿Que decepcionante, verdad? ¿Derrotar a un tipo
que se creía el mejor de todos en tan solo un día? Muy decepcionante, la
verdad inaceptable...
—E-eres un malagradecido... Te quería dejar todo, y no eres más que un
inmaduro mocoso. —Soltó, furioso. Y al decir aquello, el lugar se quedó en
absoluto silencio por unos largos minutos, haciendo que todo el ambiente se
ponga aún más tenso.

Y ante aquellas palabras por parte de su mayor, Taehyung alzó una ceja con
incredulidad luego de varios segundos, antes de soltar una carcajada en la
cara de su padre, sin poder creérselo. Y ante su risa, una de sus manos
terminó en su boca, tratando de callar sus carcajadas.

—¡E-eres tan jodidamente patético! —exclamó, riéndose por lo bajo,


mientras una amargura insoportable le llegaba a la garganta—. ¡No puedes
ser tan malditamente cínico!

Kyungsoo se quedó totalmente inmóvil al ver al reacción de su hijo. Sus


manos se encontraban esposadas por detrás de su espalda, la cual estaba llena
de vendas al igual que parte de su abdomen, y sus muñecas dolían muchísimo
ya que se encontraba acostado sobre sus brazos, presionando las esposas.

El filo de la navaja sobre su cuello hizo que se quedara en silencio,


observando expectante al rubio.

—¿Malagradecido, dices? —preguntó el menor, sin poder creérselo aún—.


¿Qué debería agradecerte, según tú? Dime —pidió, presionando la navaja en
el cuello ajeno—. Vamos, dime.

Kyungsoo permaneció en silencio, y eso tan solo logró que el chico se


molestara aún más, presionando la navaja con leve brusquedad.

—¡Vamos, dime! ¿¡Qué es lo que debo agradecer!? —dejó un pequeño corte


al hacer presión con el filo de la navaja sobre la piel expuesta, frustrado—.
¿Debería agradecer qué me dejaste abandonado por meses en un lugar donde
me podían asesinar, abusar de mí e incluso comerme, viejo patético? ¿O
quizá debería agradecer que regalaste a nuestra familia como si fuese un
simple juguete que ya no usas? —siguió preguntando, totalmente enojado—.
¡Oh, espera! ¡Ya sé! ¿Debería agradecerte por dejarme en manos de un puto
loco que me reclamó como suyo, me marcó, me traumó y básicamente me
hizo sentir lo suficientemente asqueroso como para creer que solo él llegará a
darme afecto, haciendo que dependa de él? ¡Porque en ese caso te lo
agradezco mucho, desgraciado! —Soltó con notable sarcasmo, clavando la
navaja en el hombro de su padre con fuerza, creando un corte algo profundo y
sacándole un grito al hombre.

Levantándose del regazo ajeno con enojo, Taehyung negó con la cabeza,
guardando la navaja en su bolsillo antes de darle una patada al estómago
ajeno, sacándole el aire a Kyungsoo.

—Te odio —declaró, molesto—. Si no fuese por tí, todo estaría bien en este
momento. Si no fuese por tu asquerosa estupidez, no tendría que estar
buscando a mamá y a Minah, y ya te hubiese matado —siguió hablando, en
verdad cansado y frustrado—. Si no fuese por tí, no pelearía tanto con
Jungkook —acusó, y varias lágrimas bajaron por su rostro, lágrimas llenas de
odio, aunque no le permitió a Kyungsoo verlas—. ¡Todo es tu culpa!
¡Absolutamente todo! —Gritó, volviendo a patear a su padre con enojo.

Taehyung estaba demasiado cansado, tenía demasiadas cosas en la cabeza en


ese momento y tan solo quería desquitarse. Tan solo quería sentirse menos
basura consigo mismo, hasta quería dejar de lado la molesta sensación de
culpa al causar una nueva pelea con Jungkook, incluso si eso significaba
echarle la culpa a alguien más. Él no quería seguir teniendo aquella
sensación, no quería sentirse culpable por algo así.

Jungkook también tenía parte de la culpa, pero aún así Taehyung se sentía de
lo peor.

Observando una última vez a Kyungsoo, el rubio entrecerró los ojos antes de
salir de la jaula, mirando con detalle los múltiples cortes en el abdomen
ajeno, donde se podía leer alrededor de siete veces su nombre.

Y al salir de la jaula, se encontró con la mirada de Namjoon sobre sí, quien lo


había acompañado para no dejarlo solo con Kyungsoo.

—¿Terminaste? —preguntó el presentador, como si no fuera obvio. Y ante


esto, Taehyung asintió con calma—. Perfecto, en tal caso, me retiraré. Tú
deberías ir a descansar o algo por el estilo en vez de hacer esto, te ves muy
mal. —Aconsejó, dándose media vuelta luego de cerrar la jaula con llave y
marchándose con total tranquilidad.

Taehyung ignoró las palabras del hombre, y caminando con lentitud por el
largo camino de casas rodantes –ya que su padre se encontraba expuesto ante
todos los demás, así como Jimin, Dongyul y Yang Mi–, mientras pensaba en
qué debería hacer a partir de ahora.

No sabía que hacer con respecto a Yoongi. Él no contaba con la ayuda de


Jungkook, pero tampoco quería dejar de lado aquella información sobre su
madre y su hermana, no podía dejar ir algo así de útil.

Taehyung quería encontrarlas, ya sea vivas o muertas. Lo único que quería


era saber donde estaban, verlas de nuevo. Y no podía hacer eso simplemente
porque Jungkook no quería colaborar.

El rubio entendía lo difícil que era para Jungkook, en verdad lo entendía.


Pero su desesperación era más grande que su empatía y compresión en ese
momento, no era capaz de pensar por completo en el bienestar de el payaso
siendo que su familia podría estar muerta en algún lugar de Corea. Todo era
muy complicado y él no podía pensar con claridad.

Fue por la misma desesperación, que el chico terminó decidiendo que si no


iba con Jungkook, iría solo. No le interesaba si Yoongi lo amenazaba de
muerte por no cumplir con su parte del "trato", él haría el intento. Intentaría
sacarle aquella información, ya que no tenía otra cosa más que hacer para
convencer al peligris.

No tenía muchas opciones. Y dudaba que al mayor le interesa el dinero como


para querer sobornarlo.

Taehyung estaba frustrado.

La noche cayó más rápido de lo que pensó, todo había sido más rápido desde
su punto de vista. Quizá porque se pasó toda la tarde molestando a su papá,
llenándolo de burlas y heridas.

Y al notar como las estrellas comenzaban a notarse de a poco, sus pasos


fueron guiándolo poco a poco hacia la casa de Yoongi, donde debería ser su
encuentro junto con Jungkook, pero el mismo obviamente no estaba
dispuesto a acompañarlo.

Una vez que estuvo enfrente de aquella casa, sus manos se removieron
inquietas en el bolsillo de su pantalón, mientras mordía levemente su labio
inferior con inseguridad. No sabía muy bien que hacer, pero seguía
convencido de que debería intentar negociar con Yoongi de alguna otra
manera, sin incluir a Jungkook.

Sin embargo, cuando levantó su mano para tocar la puerta, no se esperó ser
apartado bruscamente de la misma, mucho menos ser acorralado en el
costado de la casa. Todo había pasado demasiado rápido a través de un agarre
brusco en su brazo.

Y al alzar la mirada, se encontró con el rostro enfurecido de Jungkook ante


sus ojos.

—¿Qué Diablos planeabas hacer? —Quiso saber el hombre, frunciendo el


ceño mientras ponía una de sus manos al costado de la cabeza de Taehyung,
mientras que con la otra sostenía la cintura del mismo con cierta fuerza.

Sobresaltado, Taehyung posó ambas manos en el pecho ajeno, sin


comprender porqué el pelinegro estaba tan molesto.

—¿No es obvio? Iba a hablar con Yoongi —declaró con naturalidad, antes de
alzar una ceja—. ¿Y tú qué haces aquí? —Cuestionó, a la defensiva.

—¿En verdad ibas a venir a verlo tú solo? Como se nota que no te interesa en
absoluto lo que te digo. Te he dicho que esto me da un mal presentimiento, y
lo primero que haces es venir aquí sin compañia, eres un mocoso totalmente
estúpido. —Soltó Jungkook, ignorando por completo la pregunta del menor.

—¿Y qué se suponía que hiciera? No es mi culpa que seas un jodido


paranoico. Y créeme que tampoco es mi culpa que no hayas querido
acompañarme. ¿En verdad vienes a quejarte siendo que te pedí que me
ayudes con esto?
—Pudiste venir con Namjoon, incluso con Seokjin. Pero jamás vayas a un
lugar solo, Taehyung, jamás —declaró con total seriedad, molesto—. No
puedes ir tan libremente por este lugar, deberías saberlo.

—Está bien, lo entiendo. Pero ya sueltame, me estás lastimando. —Se quejó,


observando la mano del payaso sobre su cintura.

Jungkook no lo soltó, pero si aflojó el agarre, acercando más a Taehyung


hacia sí, y haciendo así que sus rostros queden cerca.

Sin embargo, el rubio empujó apenas al mayor, enojado.

—No te daré ningún beso, sueltame.

—Yo no dije nada.

—Pero te conozco, así que sueltame —ordenó, en verdad frustrado—. No


puedes venir así de tranquilo a querer besarme siendo que no eres capaz de
ayudarme. Además de que dijiste eso sobre mi familia...

—¿Acaso dije alguna mentira? —Jungkook alzó una ceja—. Escucha,


Taehyung. Yo no afirmé que tu familia esté muerta, pero es posible. No lo
niegues tanto porque es una probabilidad y deberías prepararte para eso. Lo
que te dije puede ser real, que te duela el como lo dije ya no es mi problema.

—Eres un payaso estúpido. —Se quejó el rubio, frunciendo el ceño.

—Y tú eres un mocoso terco.

—Sigues sin decirme que haces aquí. —Apartó la mirada, cruzándose de


brazos mientras el mayor sostenía su cintura.

—Vengo a hablar con Yoongi, niño tonto. Pensé que era obvio. —Declaró
con leve gracia, alzando una ceja.

Y ante aquellas palabras, el menor terminó sonriendo con burla, imitando la


acción del hombre y alzando una ceja.

—¿En verdad? En ese caso andas muy dócil, Jungkook. ¿No habías dicho
que no y ya? ¿Qué pasó? —Cuestionó con leve gracia.

Sin embargo, no se esperó recibir una mirada llena de seriedad ante sus
palabras, mucho menos que el agarre en su cintura volviera a ser algo brusco.

—Oh, mocoso, no te pases de listo conmigo —exclamó Jungkook, con un


tono de advertencia—. Vuelve a decirme dócil, y te juro que te romperé esa
linda boquita que tienes. Porque yo no estoy haciendo esto por tí, lo hago por
mí. Y tú me debes un gran favor por esto, no te confundas, precioso —dejó
dos palmaditas en la mejilla ajena, sonriendo con burla ante la mirada del
chico—. Me debes demasiado...

Sintiéndose algo intimidado, Taehyung apartó la mirada, asintiendo apenas.


A veces olvidaba ciertas actitudes que podía tomar Jungkook, por lo que
cuando el mismo lo tomaba desprevenido, su nerviosismo podía más que él, y
se mantenía dócil ante el pelinegro.

Jungkook era el único hombre que seguía siendo capaz de intimidar al chico
y manejarlo a su antojo.

—¿Sabes qué, mocoso? —soltó de la nada el payaso, ganándose la mirada


del rubio—. Deberías incluso agradecerme. Estoy por enfrentarme a uno de
mis traumas para que no te pongas como un niñito caprichoso y te quieras ir.
Creo que me merezco un agradecimiento de tu parte siquiera, ¿no crees? —
Cuestionó, sonriendo de lado.

—No, no lo creo —Taehyung entrecerró los ojos con fastidio—. Te daré las
gracias solo si te mantienes tranquilo y le podemos sacar la información que
necesitamos. —Declaró, seguro.

Y cuando quiso apartar al payaso para finalmente ingresar a la casa rodante,


el mismo lo sostuvo por las mejillas, haciendo que se quede inmóvil mientras
observaba como Jungkook acercaba su rostro hacia el suyo, haciendo que sus
narices se rozaran.

—Creo que merezco un agradecimiento de tu parte, ¿no crees? —Repitió,


alzando levemente la barbilla, dándole entender a Taehyung que dijera lo que
quería.
—Ya basta, sueltame... —Taehyung tomó las muñecas ajenas, intentando
apartar al pelinegro.

—¿Y por qué, mi pequeña obsesión? Solo estoy pidiendo lo que me


corresponde. —Soltó con un tono cariñoso, logrando que las mejillas de el
rubio se encontraran rojas al sentirse intimidado una vez más.

—No diré nada, ya déjame.

—Agradece, Taehyung. —Ordenó, rozando sus labios con los del menor y
disfrutando de ver como el mismo se hacía cada vez más pequeño en su
lugar, mientras sus ojos observaban hacia distintos lugares menos a su cara,
buscando un escape.

—Ya, gracias. Pero sueltame de una vez. —Se quejó, avergonzado.

—No era tan difícil, ¿verdad? —sonrió en grande, complacido—. De nada,


mi pequeño. Ahora solo entremos de una vez antes de que me arrepienta.

Asintiendo, Taehyung suspiró con alivio cuando Jungkook lo dejó libre. Y a


pesar de que pocos segundos después el mismo lo tomó por la cintura,
manteniéndolo a su lado, el rubio no se sintió incómodo. Y tan solo observó
en silencio como el mayor tocaba finalmente la puerta, con algo de duda e
inquietud.

Y al abrirse aquella puerta, Taehyung sintió como el payaso presionaba con


nerviosismo su cintura, dando algunos pasos hacia atrás y terminando
básicamente escondido detrás suyo, a pesar de que seguía notándose al ser
levemente más alto que él. La ansiedad estaba atacando por completo a
Jungkook a último momento, y él tan solo quería marcharse, pero ya no había
vuelta atrás.

Yoongi estaba enfrente de ambos, observandolos con nerviosismo.

—Hola... —saludó a su hermano, y el mismo no hizo más que apretar más la


cintura del chico a su lado, apartando la mirada—. Pasen. —Pidió,
haciéndose a un lado y dejándoles espacio para pasar.
Notando la incomodidad del payaso, Taehyung tomó la mano que se
encontraba en su cintura, dejando leves caricias antes de ingresar a la casa,
con Jungkook siguiéndolo en silencio.

Cerrando la puerta, el peligris sonrió medio forzado, intentando calmarse.


Hace años que no veía a Jungkook, la última vez que lo había visto era tan
solo un niño con rostro angelical, y el hombre que tenía enfrente suyo se veía
con facciones más varoniles, más alto que él e incluso se notaban levemente
sus bíceps con aquella camisa que portaba. Su hermano estaba sumamente
cambiado ante sus ojos.

—No tengo toda la noche para ver como solo te me quedas mirando. ¿Qué
diablos quieres? —Soltó Jungkook con amargura, atacando de inmediato a
Yoongi al notar como básicamente analizaba todo su cuerpo.

Su ceño fruncido mostraba su descontento ante la situación, al igual que su


mandíbula levemente tensa. Y solo Taehyung era capaz de sentir como las
manos de Jungkook temblaban sobre su cintura, y el como su pecho subía y
bajaba con algo de velocidad. El payaso estaba abrazandolo por la cintura
para intentar ocultar su estado, y él tan solo pudo cooperar, acomodando su
espalda en el pecho ajeno.

Alzando la mirada ante las palabras de Jungkook, Yoongi guió ambas manos
hacia sus bolsillos, sin saber como empezar la conversación.

—Iré a traerles algo de beber si gustan, tomen asiento —declaró el peligris,


intentando calmar el ambiente—. Yo en verdad solo quiero aclarar algunas
cosas...

El pelinegro quiso negarse, e incluso insultar a su mayor, pero prefirió cerrar


la boca cuando Taehyung lo guió hacia uno de los sillones de la casa. Había
dos de ellos uno al lado del otro.

Prácticamente obligando al payaso a sentarse en uno de los sillones,


Taehyung igualmente quiso tomar asiento. Pero sus planes se desvanecieron
cuando sintió como unas manos volvían a tomarlo por la cintura, jalandolo
hacia atrás y haciendo que termine encima del regazo de Jungkook.
—¿Qué haces, payaso tonto? —Cuestionó el chico, alzando una ceja.

—Estoy descubriendo la cura contra el cáncer —exclamó el payaso, con


notable sarcasmo—. Obviamente no quiero que te alejes de mí, no me siento
bien. Y le romperé la cara si no me concentro en algo más.

—Está bien... —Suspiró con resignación, acomodandose en las piernas ajenas


de costado y posando una de sus manos en el pecho impropio, mientras que la
otra era sostenida por el pelinegro.

Yoongi regresó pocos segundos después, con una bandeja con tres tazas de
té, la cual apoyó en una pequeña mesa que se encontraba enfrente de ambos
chicos.

Y cuando quiso tomar asiento a un lado de Jungkook, el mismo lo miró con


total odio, en señal de advertencia. Y ante esto, el mayor decidió mover el
sillón para alejarse, quedando cara a cara con el payaso, con la mesa de por
medio.

Un silencio incómodo se formó en la pequeña sala, y ambos hermanos se


encontraban totalmente tensos. Y Taehyung ante esa situación, no podía
hacer más que tomar su té en silencio, en espera de que alguno de los dos se
animara a hablar.

Jungkook apoyó su frente contra el hombro del menor, sin querer mirar la
cara de Yoongi por más tiempo. Su ansiedad estaba consumiéndolo y en
verdad tan solo quería correr y alejarse, no soportaba estar ahí, la sensación
era asfixiante.

Taehyung notó su estado, por lo que dejó la taza nuevamente en la mesa y


acarició con delicadeza su cabello, en un inútil intento por consolarlo. Y sus
ojos, cansados y apagados, se posaron sobre Yoongi al mismo tiempo en el
que fruncía el ceño, comenzando a desesperarse.

—Ya me cansé de esto —declaró entonces, sin dejar de acariciar la cabellera


ajena—. Si no te das cuenta, tu hermano está a punto de colapsar por tu culpa
y tú no eres capaz de decir ni una mísera palabra. No tenemos todo el día,
queremos hacer esto rápido. —Exclamó, sintiendo como Jungkook se
encontraba tenso.

—Te he dicho que no te metas en esto. —Yoongi entrecerró los ojos,


fastidiado y nervioso. Su mente demasiado colapsada por millones de
pensamientos en tan solo unos cuantos segundos. Él en verdad no sabía cómo
empezar su conversación con su hermano, y la irritante presencia de
Taehyung no era de ayuda.

—Si no lo hago te quedarás callado todo el tiempo. Y solo quiero hacer esto
lo más rápido posible. ¿O en verdad no ves el daño qué le haces? —
Cuestionó, alzando una ceja.

Y terminó apretando sus labios con cierta pena al sentir los dedos de
Jungkook enterrandose en su cintura, dándole a entender que había hablado
de más. El payaso había alzado su mirada igualmente, para observarlo con
advertencia para que no volviera a abrir la boca.

—Esto es asunto nuestro, no tuyo. Solo quédate en silencio y no te metas,


niño. —Ordenó, frunciendo el ceño mientras sus manos se encontraban
entrelazadas, con una fina capa de sudor notándose.

Taehyung abrió su boca con leve indignación, sin percatarse de como el


pelinegro se iba encogiendo cada vez más en su lugar, con varias lágrimas
amenazando por salir.

—No me digas así. —El rubio igualmente frunció el ceño, molesto.

—Oh, lo siento. ¿Debería referirme a tí como "la pareja de mi hermano", ya


que eso dices ser? —preguntó con notable burla—. No estoy para idioteces,
mocoso puberto.

—Eres un jodido infe-

—¿Pueden cerrar la boca de una puta vez? —soltó Jungkook con brusquedad,
interrumpiendo a ambos mientras su ceño se encontraba fruncido y sus ojos
cristalizados, con su corazón latiendo con rapidez—. Cierra la boca, maldita
sea —ordenó hacia Taehyung, quien se quedó callado al notar el estado del
mayor—. Y tú, estúpido hijo de puta. ¿Quién mierda te crees que eres para
tratarme de tu "hermano"? ¿En qué momento lo he sido? Porque si no fuera
por nuestra sangre, no te reconocería como tal. Pero tú no eres más que un
desconocido fastidioso, eres solo eso, algo patético.

—Jungkook, yo-

—¡Que te calles! —gritó—. No eres nada, no eres nadie. Y si estoy aquí es


solo porque me conviene, no por tí. No me interesas en absoluto, y preferiría
estar mil veces lejos de aquí con este "mocoso puberto" como acabas de
decirle —exclamó, sonriendo sin ganas y con suma ironía—. Oh, y créeme
que la próxima vez que lo insultes así te arrancaré la puta lengua. Porque algo
tan insignificante como tú no debería ni hablar con mi niño.

Tanto Yoongi como Taehyung se quedaron en silencio ante las quejas del
payaso, y tan solo pudieron observar como el mismo los miraba con total
fastidio, harto de la situación, con la angustia notándose igualmente en sus
ojos.

—Jungkook... —Exclamó el rubio, perdido ya que no sabía que hacer para


calmar al mayor, quien negó con la cabeza al escucharlo.

—Estoy cansado —dijo, aún con el ceño levemente fruncido—. Tan solo
dime que mierda quieres y me iré, no tendría que estar aquí. Y dile de una
vez la estúpida información al mocoso. —Ordenó, en verdad fastidiado.
Quería largarse de aquel lugar cuanto antes.

El peligris suspiró, nervioso. Y asintiendo, fue que se levantó del sillón,


removiéndose incómodo en su lugar.

—No entiendo por qué estás tan molesto... —Fue lo único que pudo decir,
apartando la mirada.

Y aquellas palabras tan solo lograron que el pelinegro formara una sonrisa
llena de incredulidad al mismo tiempo en el que levantaba una ceja, sin creer
que en verdad había escuchado aquella estupidez por parte de su hermano.

—Que seas un puto enfermo mental no quiere decir que seas un maldito
imbécil. ¿Qué mierda acabas de decir? —Cuestionó, en verdad sin
comprender el por qué su hermano se preguntaba eso, y a la vez, intentando
calmar el impulso asesino que recorría todo su cuerpo. En cualquier momento
se tiraría sobre aquel hombre si volvía a repetirle aquello.

—Que no entiendo por qué estás tan molesto. No te he hecho nada, y sé que
quizá te molesta que me haya ido así sin despedirme de frente pero yo-

—Eres un jodido cínico —interrumpió bruscamente Jungkook, sintiendo sus


manos temblar ante el deseo de querer romper algo, y por eso mismo sostuvo
con fuerza la cintura del chico que tenía encima, maltratándola aún más—.
Tú en verdad debes estar bromeando...

Taehyung hizo una mueca de dolor ante el apretón brusco, pero prefirió
guardar silencio y tomar las manos de Jungkook para que deje de dañarlo,
entrelazando sus dedos y dejando leves caricias para que se calme un poco.

Casi soltando un gruñido ante el fastidio, el payaso intentó tomar aire,


sintiéndose demasiado confundido y alarmado. Sus ganas de largarse
aumentaban cada vez más, y si no fuera por Taehyung ya hubiera perdido aún
más la cabeza.

Y aquella mínima compostura qué mantenía el mayor se desvaneció por


completo cuando Yoongi tan solo lo miró con confusión, como si no supiera
porque estaba tratandolo así.

—¿Pero qué te hice? —Exclamó, acabando con la paciencia de Jungkook.

Sosteniendo al menor para alejarlo de su regazo, el pelinegro se puso de pie,


con su mandíbula tensa y sus ojos llenándose de lágrimas una vez más ante la
rabia. Pero no se permitiría llorar esta vez, era demasiado orgulloso como
para demostrarse así ante Yoongi. No valía la pena.

—¿¡Que qué me hiciste!? —repitió, dándole un empujón a su mayor, quien


se alejó ante el brusco ataque por parte de su hermano—. ¡Te fuiste ocho
putos años! ¡Me dejaste solo con un niño siendo qué me prometiste siempre
estar para mí! ¿¡Dónde mierda quedaron tus promesas!? —preguntó,
abrumado, antes de darle otro empujón—. ¿¡Dónde mierda dejaste todo el
apoyo qué según tú ibas a darme en mi primer acto con Hoseok!? —siguió
gritando, alternándose cada vez que Yoongi tan solo lo miraba fijamente, sin
saber que decir—. ¿¡Dónde quedó el maldito hermano al qué sí le
importaba!? —Dió un empujón más brusco, tirando al peligris al piso.

Taehyung intervino, tomando a Jungkook de los brazos para alejarlo de


Yoongi. No quería que la situación empeorara, y el pelinegro parecía estar
apunto de estallar con miles de insultos y golpes.

Demasiado perdido y confundido, el peligris se puso de pie, frunciendo


apenas el ceño antes de cruzarse de brazos, con cierta angustia.

—Escucha, Jungkook. Yo siempre quise estar contigo, tú fuiste el que no me


lo permitió —comenzó a decir, mientras su pie izquierdo golpeteaba el piso,
mostrando cierta ansiedad—. Yo sé que estuve mal pero tú igualmente no
hiciste nada para cambiar esto.

—¿Qué? —Jungkook frunció el ceño, sin entender de qué diablos estaba


hablando—. ¿En qué momento me diste a mí la opción de cambiar esta
porquería? —preguntó con amargura—. Tú solo desapareciste, hijo de puta.
Te fuiste, así de simple. Sabías que papá no estaba, sabías que Yugyeom
también se había ido. ¿¡Y qué mierda hiciste!? ¡Desapareciste tú también!

—Creí que estarías bien con Irene, yo en verdad pensé que-

—"Pensé", "Pensé" —repitió el pelinegro con burla, amargado—. ¿Pues


sabes qué? Irene está muerta. Se mató luego de tener a mi hermano. —
Recalcó aquella palabra, entrecerrando los ojos al pensar que quizá Yoongi
podría referirse a Woozi como su familiar. Según Jungkook, no tenía siquiera
el derecho de verlo.

—Yo no quería que pase esto... —susurró por lo bajo, sintiéndose demasiado
confuso aún. Él no comprendía del todo el porqué Jungkook actuaba así—.
Yo nunca te dejé de lado, Jungkook. Tú solo quisiste ignorarme.

—¿Y ahora qué cosa tan patética dices? —cuestionó, hablando entre dientes
—. ¿Qué fue lo que ignoré, hm? Yo no soy el que se fue así de la nada, sin
dar explicaciones y destruyendo la poca humanidad que podría llegar a tener
un niño tan perturbado como yo lo era en ese momento de abandono. Tú
acabaste por completo con la poca cordura qué me quedaba, o lo que la
sociedad allá afuera considera como algo normal. Tú mataste eso.

—Yo quise despedirme. ¿De qué hablas? —Frunciendo el ceño, Yoongi dió
un paso al frente, haciendo que Jungkook retroceda.

—Pues no lo hiciste. —Declaró con amargura, formando puños con sus


manos, preparándose para dar cualquier golpe si el mayor decía alguna
estupidez.

—Claro que lo hice. Te dejé una carta antes de irme, se la encargué a Jiyung.
¿No la leíste? —Quiso saber, alzando una ceja.

—¿Qué?

Ambos se quedaron en silencio, uno totalmente confundido mientras el otro


tan solo se quedaba mirando a la nada, sin saber de qué diablos estaba
hablando el peligris.

—Le dejé una carta de despedida encargada a Jiyung, el tío de Namjoon. ¿Lo
recuerdas? Quise despedirme de tí ese día, pero tú estabas dando un
espectáculo y yo tenía que irme. Le confíe la carta donde te explicaba a
dónde iba, y te dije que iba a seguir hablándote. Tú jamás me respondiste. Y
quisiera haberte mandado mensajes en ese entonces pero no permiten usar
teléfonos en este circo. —Explicó, removiéndose con incomodidad. Él
siempre había creído que Jungkook tan solo lo había ignorado por tantos
años, ignorado cada una de sus cartas.

—Yo jamás recibí nada. —Soltó el pelinegro, confundido y alternándose


poco a poco al tratar de recordar cada detalle de aquel día en el que todos
desaparecieron.

—Señor Kim... Papá no está, Yoongi no está, Yugyeom tampoco. ¿Qué les
pasó? —había preguntado en aquel entonces, con los ojos llenos de lágrimas
mientras veía como una mujer algo mayor alimentaba a su hermano, con él
sentado a su lado y el presentador a su derecha—. ¿Les pasó algo malo?

—Ya te lo he dicho, Jeon. No sé nada. Kyungsoo tampoco sabe


absolutamente nada de ellos —aquella simple respuesta tan solo logró qué el
menor apretara la tela de su vestimenta con fuerza—. No deberías
preocuparte tanto.

—Pasaron semanas...

Jiyung no le había dado explicaciones al adolescente, tan solo había guardado


silencio, observando como el chico mantenía su mirada carente de brillo fija
en el suelo, sin intención de mirar algo más que eso o su hermano. La poca
estabilidad que permanecía en su mente estaba rompiéndose como si fuera un
fino cristal ante la ausencia de sus familiares y su mejor amigo.

"Le servirá" fue lo único que había pensado aquel hombre, que entre sus
manos portaba un sobre totalmente arrugado, maltratado y descuidado.
Mismo sobre que había sido entregado en perfecto estado anteriormente.

La puerta de la casa rodante fue abierta pocos segundos después, dejando ver
a Kyungsoo con una leve sonrisa. Y el mismo, al ver en persona como el
adolescente iba perdiendo aún más su cordura de a poco, tan solo se permitió
sonreír más, dejando expuestos la mayoría de sus dientes, orgulloso.

Había saludado brevemente, y sus manos habían arrebatado el sobre de entre


las manos del presentador, ignorando la presencia del jóven payaso que había
preguntado de qué se trataba aquello.

—Basura. —Fue la única palabra que utilizó Kyungsoo para referirse a


aquella carta, antes de romperla y tirarla al tacho de basura.

Jungkook no le había tomado importancia en ese momento, pero ahora, su


mente se encontraba trayendole miles de recuerdos de golpe. Escenas que él
no quería recordar, ni tampoco quería sentir el dolor que le generaban las
mismas. Todo era demasiado confuso para él y sus pensamientos estaban
jugando en su contra.

Observó entonces, con los ojos abiertos en demasía, a Taehyung. En espera


de alguna reacción por su parte, de algún tipo de ayuda. Se estaba sintiendo
demasiado mal de golpe, y en verdad tan solo quería encerrarse, alejarse por
completo por un largo tiempo.
Yoongi se encontraba casi en el mismo estado. Su confusión había creado
demasiadas dudas, y al enterarse de que Jungkook jamás había leído sus
cartas, tan solo podía sentirse abrumado. No sabía que hacer más que apretar
sus manos con fuerza, enterrando sus uñas en sus palmas.

Y Taehyung, quien se encontraba entre medio de ambos hermanos, tuvo que


actuar antes de que alguno termine colapsando entre medio de tantas
emociones que llegaban de golpe.

—Jungkook, Namjoon había dicho que guardaba todo tipo de correo en la


casa de Seokjin. —Avisó, intentando ayudar a ambos chicos que en aquel
mismo instante tan solo querían resolver las miles de dudas que estaban
atacandolos.

El payaso asintió con calma, aparentando estar mínimamente cuerdo antes de


abrir con brusquedad la puerta, caminando con velocidad hacia dicha casa. Y
ante su repentina reacción, Taehyung y Yoongi se miraron brevemente antes
de seguir al pelinegro, quien parecía alejar a todos por su notable mal humor
o mala cara.

Ninguno había notado lo agitado que se encontraba Jungkook, como si le


faltara levemente el aire. Se sentía demasiado mal, pero en verdad quería
descubrir que había pasado en realidad ahora que Yoongi había logrado
confundirlo de tal manera.

Cuando llegaron a la casa del peliazul, el payaso tocó la puerta múltiples


veces, ansioso y sumamente impaciente. Y ante esto, el dueño de aquella casa
había abierto con total calma la puerta de su hogar, curioso.

—Seokjin —soltó Jeon, antes de ingresar sin permiso a la casa con llamativos
colores por doquier—, ¿tú te encargas de la correos? —Quiso saber,
apresurado.

El mago asintió levemente, no sin antes saludar a Taehyung con la mano,


desde lejos, formando una distancia bastante considerable. Y el chico no se
tomó el tiempo de notar aquello, ya que para él era algo común.

—Necesito que me des todas las cartas que tengas. —Jungkook comenzó a
buscar por toda la casa las supuestas cartas, importandole realmente poco la
privacidad del jóven peliazul que en ese momento se mantenía con una ceja
alzada.

—No puedo hacerlo. Namjoon es quien da permiso para eso... —Explicó en


voz baja. Como si el simple hecho de mencionar a Namjoon fuera algo digno
de un secreto.

—Pues dile a Namjoon que se meta un puto palo por el culo. En verdad
necesito las cartas. —Murmuró, frustrado, mientras abría varios cajones de la
pequeña cocina y luego caminando hacia la habitación, siendo seguido por
Yoongi, quien buscaba lo mismo.

Seokjin no parecía estar molesto porque prácticamente estuvieran


desordenando todo su hogar. Su incomodidad se hacia notoria solamente por
la mención de Namjoon, él no quería tener problemas.

—Hola Taehyungie, ¿cómo te has sentido últimamente? —Preguntó


entonces, intentando calmar sus pensamientos donde se repetía
constantemente que le harían algo malo. O más bien, que Namjoon le haría
algo dañino.

Taehyung se unió a la búsqueda de los hermanos, prestándole atención a


Seokjin aún así. Y por más que el mismo no ofreciera ni un poco de ayuda,
no protestaba al ver como el chico buscaba por varios lugares.

—Demasiado cansado, Jinnie —respondió el chico, dándose vuelta para


encarar al peliazul, quien sonrió con calma—. Jin, en verdad necesitamos
que-

—Se te está yendo el color, mi cielo. Deberíamos teñirte de nuevo. —


Propuso de repente, interrumpiendo al chico, quien apretó sus labios al ver
como Jin intentaba cerrarle la boca.

—Por supuesto, lo que quieras. Pero sabes que necesitamos ayuda en esto.

—Quiero ayudar, pero no quiero que Namjoon se enfade. Lo siento.


—Jin...

—¡Te quedaría bonito el rojo! ¿No crees? —Cambió bruscamente de tema,


riendo levemente y sonriendo en grande, algo forzado pero viéndose
sumamente natural aún así.

Él estaba realmente dañado.

—Sí, Jin. Sería bonito. —Taehyung le siguió la corriente, sin querer


presionarlo. Y ofreciéndole así una leve sonrisa.

Conviviendo con el peliazul por un largo tiempo, el chico se adaptó a él, a sus
extrañas actitudes y a sus inseguridades. Sabía cómo tratar con él y por eso
Seokjin parecía tenerle cierta confianza, aunque no la suficiente como para
contarle todo lo que había pasado en el circo.

Sin embargo, alguien que no respetaba para nada las actitudes del mago, era
Jeon Jungkook. Quien venía sumamente malhumorado a sus espaldas, casi
rozando su cuerpo.

—Escucha, Seokjin. No quiero tener problemas contigo pero en verdad


necesito que me digas donde mierda tienes esas cosas. —casi ordenó,
frustrado—. Es algo importante.

—Mi bienestar también lo es, Jungkook —cruzándose de brazos, el peliazul


frunció apenas el ceño—. No quiero lidiar con Namjoon molesto solo porque
estuvieron tocando cosas que no debían.

—Yo estaré tocando cosas que no debo solo cuando te ponga las putas manos
encima, no estoy bromeando —Jungkook frunció el ceño, amenazando con
tomar el brazo del mago, quien se apartó de inmediato—. Sé sobre el miedo
irracional que le tienes al contacto físico cuando se trata de personas con las
que no te sientes cómodo. Y dudo que en este momento te sientas cómodo
conmigo. Así que mejor ayúdame o terminaré agarrandote y sometiendote de
una manera que no te va a gustar en absoluto —amenazó—. Juro que te
romperé el cráneo.

Seokjin se puso tenso ante aquella amenaza. Odiaba el contacto físico, en


verdad lo detestaba. La última vez que había tocado a alguien que no fuera
Namjoon había sido Taehyung, y solo porque el chico se había dormido sobre
su pecho mientras lo peinaba. Aquel día un ataque de pánico se hizo presente,
y varias risas habían salido ante el nerviosismo por no saber manejar la
situación.

No quería que nadie lo tocara, absolutamente nadie.

—Jungkook —se quejó Taehyung, regañando al hombre, quien lo miró con


enojo en respuesta—, no le digas eso a Seokjin. No ayudará en nada.

—¿Y tú qué diablos propones, obsesión? —Cuestionó, alzando una ceja con
leve burla, ya que en verdad no encontraba otra opción, y dudaba de que el
menor sí lograra convencer al mago.

—Jinnie, ¿podrías ayudarnos, por favor? —preguntó el menor, con un tono


dulce, sabiendo que con aquello el hombre dejaba de estar tan tenso—. Te
prometo que yo me encargaré de Namjoon, no te hará nada.

—¿Ni marcas? —Susurró, tomando una de sus muñecas con cierta


incomodidad.

—Ni una sola. —Prometió, asintiendo.

Dudando, el peliazul confío en la palabra del chico, caminando hasta su


habitación, donde aún se encontraba Yoongi.

Y al notar como el mago le hacía caso, Taehyung sonrió con cierta arrogancia
ante Jungkook.

—Ni se te ocurra decir algo, porque soy capaz de romperte esa mesa contra la
cabeza. —Amenazó el mayor, apuntando una pequeña mesa de madera, sin
ánimos ni para discutir con el adolescente.

—Está bien, está bien... —asintiendo, el rubio decidió dejar su burla de lado
por el momento, antes de caminar hacia Jungkook y tomar su mano al notar
como el mismo volvía a perderse en su mundo, en verdad cansado y harto de
todo—. Hey, todo va a estar bien.
—Oh, no, cariño. Créeme que nada estará bien. Mucho menos para tu
querido padre. —Aseguró, con una sonrisa falsa. Soltandose del agarre de su
menor, quien frunció el ceño con confusión ante la mención de su padre.

Jungkook no quiso darle explicaciones a Taehyung, tan solo siguió su camino


hacia la habitación, sintiendo los pasos del rubio detrás de sí. Y cuando
llegaron, varias cartas estabas tiradas sobre la cama del mago, siendo éstas
demasiadas, más de 100 quizá.

Y caminando hacia las mismas, sus manos sostuvieron dos de ellas, mientras
que Yoongi leía una en específico. La mayoría de esas cartas eran suyas.

Ambos hermanos se miraron a los ojos, mientras sostenían los múltiples


sobres llenos de cartas, ambos sintiéndose ansiosos y confundidos.

Estaban a punto de resolver varias dudas que los atormentaban durante años,
impidiéndoles dormir e incluso molestandolos en momentos totalmente
comúnes ante diversos recuerdos.

Casi todas sus respuestas, estaban en esas cartas.

Todo el dolor de Jungkook podría llegar a explicarse a través de simples


hojas llenas de tinta, y él en verdad no sabía si sería capaz de procesar todo
aquello. Era demasiado confuso recibir explicaciones tan extrañas por parte
de Yoongi de golpe, y él ya de por sí no se sentía bien.

Perdido entre tantos pensamientos llegando de repente, Jungkook abrió con


lentitud una de las cartas, abriendo así igualmente una puerta de su pasado
que él ya había cerrado con llave desde hace años, algo en lo que jamás
quería volver a meterse.

Él estaba por volver de nuevo a su triste niñez. En la que le quitaron todo tipo
de empatía, la capacidad de amar e incluso de demostrar afecto o aferrarse a
una persona. Estaba por regresar a la época en la que la mayoría de sus
traumas se formaron.

La puerta estaba entreabierta.


(◌ू❁)

Cap dedicado a jjeongukk


33

Las manos del payaso se paseaban con tranquilidad por sus muslos, mientras
la frente del mismo se encontraba apoyada en su hombro.

Taehyung no sabía realmente que hacer en ese momento, más que ceder ante
aquellas caricias. Depositando igualmente leves toques en el cabello ajeno, en
un intento por mantenerlo tranquilo y estable, a pesar de que Jungkook se
sentía sumamente perdido en sí mismo, con demasiadas emociones llegando
de golpe.

Había leído la mayoría de las cartas. Mismas cartas que se encontraban a un


lado de él, en la cama.

Luego de tomar todos aquellos sobres, Jungkook se había retirado de


inmediato de la casa de Seokjin, sin mirar atrás. Llevándose a Taehyung con
él prácticamente arrastrandolo, sin querer dejarlo un solo segundo más cerca
de Yoongi y a la vez huyendo del mismo, dirigiéndose a su casa rodante.

Y aprisionando al chico nuevamente entre sus brazos para mantener la calma,


fue que Jungkook comenzó a leer en silencio cada carta, hasta cansarse y
tomar desprevenido a Taehyung, poniéndolo encima de él una vez que se
sentó y se apoyó en el respaldo de la cama.

El menor igualmente había leído un poco de todo aquello, pero no quiso


opinar al respecto. Tan solo guardó silencio, observando como el hombre
sobre el que estaba sentado iba derrumbandose poco a poco ante tantas
emociones atacándolo.

Por primera vez, Jungkook no estaba reaccionando con violencia ante sus
sensaciones dolorosas. Y eso incomodaba a Taehyung, ya que no sabía que
esperarse.
Estaba demasiado relajado a su parecer.

—Mocoso... —Llamó entonces, dejando leve caricias en el pelaje de Byul,


quien estaba a su lado izquierdo, comiendo un trozo de lechuga.

—¿Si? —Fijando su mirada en el rostro del pelinegro cuando el mismo se


apartó de su hombro, Taehyung apretó apenas sus labios, expectante.

—Me debes un favor. —Declaró entonces, de la nada. Logrando así que el


chico terminara con el ceño fruncido, mirándolo con notable confusión.

—¿Qué?

—Me debes demasiado, niño estúpido. —Soltó con demasiada calma,


mirando un punto fijo en la habitación, tan solo ganándose otra mirada de
Taehyung, quien aún no comprendía el por qué le debería algo a él.

Sin querer discutir, el rubio se quedó en silencio, mirando como Jungkook


tomaba entre sus manos el último sobre que quedaba, el último que había
sido enviado. Y a su vez, observaba vacilando al mismo, sin saber si abrirlo o
no.

Y al sacar la carta, sostuvo la misma dejándola a su costado, permitiendo así


que Taehyung leyera con él.

El menor abrazó al payaso cuando lo sintió temblar debajo suyo, apoyando su


mejilla en su pecho mientras comenzaba a leer en silencio, prestándole
atención a cada palabra plasmada en aquel viejo papel.

"Hola, Jk. ¿Cómo has estado?

Han pasado ya cinco años, y sigo preguntándome que estarás haciendo


ahora. ¿Estarás cumpliendo tu sueño de ser el mejor trabajador, como
siempre quisiste?

Estoy seguro de que lo lograste. Eras el favorito de todos cuando me fuí,


incluso de papá. Que dichoso te sentirás por eso, ¿verdad?

Quisiera saber como está el niño o niña que iba a tener Irene. Ni siquiera
llegué a conocerlo, pero de seguro estarás cuidandolo si es que papá ya dejó
de lado su enfermiza obsesión por Irene. Espero que te haya dejado verlo, o
que por lo menos se encuentre en buen estado, con todo lo necesario para
sobrevivir.

Quizá no te importe, pero yo estoy bastante ocupado últimamente. Esto de


ser dueño de un circo no es tan fácil como creía, pero por lo menos tengo a
Sunghyun conmigo.

¿Qué has estado haciendo últimamente? En verdad me gustaría saberlo. O


que siquiera seas capaz de responderme alguna de mis cartas, no es tan
difícil.

Me siento estúpido por seguir hablandote cuando no recibo ni una señal de


vida de tu parte. ¿Tan molesto estás conmigo? En verdad lo siento, pero
debía irme.

¿Serías capaz de perdonarme? Juro que quise cumplir todas mis promesas,
que quise verte crecer y convertirte en el hombre tan grandioso que siempre
deseaste.

Llevo diciéndote esto desde hace años, y sigo esperando alguna respuesta.
Pero cada vez es más agotador ver como solo me ignoras.

Estoy cansado de esto, Jungkook. Y si en verdad es tanto tu rencor hacia mí


como para no responderme, creo que lo mejor sería dejar de molestarte.

Solo dime que es lo que quieres hacer, y lo entenderé. Si no recibo nada


luego de esto, respetaré tu decisión."

Al terminar de leer, Taehyung alzó la mirada, buscando alguna reacción por


parte del mayor. Y el mismo no hizo más que suspirar, dejando la carta a un
lado de la cama antes de fijar sus ojos en los de el rubio.

—Quiero marcarte. —Soltó de repente, recibiendo así una mirada llena de


confusión por parte de su menor.

—¿Qué dices? —Quiso alejarse, pero tan solo logró que el payaso lo tome
por las muñecas, mirándolo aún con calma.

—Quiero marcarte, cortarte —aclaró—. Me lo debes.

—¿Y por qué debo dejarte hacerlo siendo qué aún Yoongi no dijo nada de mi
familia? —Cuestionó, en verdad alterado y confundido ante aquella repentina
petición de Jungkook.

—¿En verdad, cielo? Pues yo ya hice lo que me pediste. Y ese estúpido dirá
todo lo que sepa a las buenas o a las malas, no deberías preocuparte por eso.
—Le restó importancia, encogiendose de hombros.

De imprevisto, Taehyung sintió como unas manos tomaban su cintura, y a los


pocos segundos fue derrumbado contra la cama, sintiendo como el hombre se
subía sobre sus piernas de inmediato, sin permitirle moverse.

Alterado, posó ambas manos en el pecho ajeno, empujandolo. Pero Jungkook


volvió a sostener sus muñecas, sonriendo apenas, con su mirada luciendo
algo cansada.

—¿Qué mierda haces, payaso estúpido? ¡Sal de encima! —Ordenó,


frunciendo el ceño.

—¿Y por qué? Estoy pidiendote algo por el favor que te hice. Me debes esto,
mi amor... —exclamó, sin perder su sonrisa—. Extraño ver tu lindo rostro
lleno de lágrimas por el dolor, y la sangre esparciendose por tu cuerpo.

—B-basta... —se quejó, sintiendo como Jungkook con una mano sostenía
ambas muñecas, y con la otra tocaba su cintura, pasando por debajo de su
camisa—. Déjame, maldito enfermo mental.

—Ajá, porque tú estás tan bien de la cabeza... —soltó con sarcasmo—. No


seas estúpido, Tae.

—Tú me jodiste la cabeza. El que no debería hacerse el estúpido eres tú —


entrecerró los ojos con fastidio—. Mira, entiendo que estés molesto por lo de
Yoongi, ¡Pero no quiero que me marques! —Se quejó, y a pesar de eso, su
camisa fue levemente alzada, dejando expuesto su abdomen.
Las marcas violáceas se veían por todos lados, al igual que las que tenían un
tono verde oscuro. Todo aquello siendo producto de los dedos de Jungkook,
quien había maltratado su cintura más de una vez al sostenerla con fuerza.

Y el responsable de sus hematomas, al ver aquello, no hizo más que sonreír


con fingida inocencia, sumamente complacido.

—¿Te duele esto, bebé? —Preguntó entonces, presionando una zona algo
violeta, y sacándole así una queja al chico.

—No me toques. —Ordenó el rubio, molestandose.

—¿Por qué estás tan a la defensiva? No te haré nada realmente malo —


exclamó con un tono dulce, ocultando sus macabras intenciones—. Solo son
unos pequeños cortes. ¿Qué más da tener unos cuantos cortes más? Ya eres
mío por completo, Taehyung. Tienes mis marcas por todos lados, una más no
te hará daño.

—No te debo nada, ya sueltame. —Se quejó, removiendose con insistencia.

—¿No me debes nada, en verdad? —alzó una ceja, antes de inclinarse


levemente ante Taehyung—. He enfrentado uno de mis traumas por tu culpa,
creo que me debes bastante.

—Yo no te obligue a hacerlo. Tú quisiste ir, y si no mal recuerdo, dijiste que


lo hacías por tí. —Protestó, frunciendo el ceño.

—Y también por tí, mocoso. ¿O crees que soy estúpido y en verdad no pensé
que podrías irte? Soy demasiado egoísta como para dejarte ir así de fácil. Ese
fue uno de los motivos por el cual decidí ir. Así que, me debes bastante —
contraatacó—. Y si sigues quejandote, juro que te haré cumplirme otro
capricho.

—Pero yo no-

—Está bien, mocoso. No insistas más, obviamente aceptaré que quieras


complacerme cumpliendo con el capricho que acabo de mencionar. —Soltó
con gracia, haciendo que Taehyung abriera en demasía sus ojos,
arrepintiendose.

—¡No te debo nada ma-

Fue interrumpido por Jungkook, cuando el mismo se inclinó aún más,


presionando sus labios contra los suyos. Haciendo así que deje de quejarse al
sentir como era besado con exigencia, mientras sus muñecas eran sostenidas
con fuerza.

El payaso sonrió entre medio del beso, satisfecho. Y mientras su mano


izquierda se paseaba por el abdomen ajeno, la otra iba soltando con calma las
muñecas del chico.

Estaba demasiado estresado, y en verdad tan solo quería distraerse con algo.
Por lo que quiso aprovecharse del chico y de sus deudas con él para
reclamarle en ese momento.

Quería lastimarlo tanto, como no hacía desde hace varios meses.

—Jungkook. —Se quejó el menor al sentir como el mencionado estiraba su


labio, casi lastimandolo.

—Mocoso. —Exclamó con burla, soltando las muñecas impropias y


sentándose sobre el regazo del chico.

—En este momento en verdad preferiría que tengas un puto ataque antes de
soportarte así. —El menor frunció el ceño, molesto.

—¿Preferirías verme así de mal? Que niño tan insolente —ladeó la cabeza,
mientras sostenía su cabello y lo ataba nuevamente con un pequeño listón
rojo—. Deberías sentirte bien, ¿sabes? Estás ayudando a que no salga en este
momento a matar a Namjoon, Jiyung, a tu papá e incluso a Yoongi.

—¿Quién es Jiyung? —Cuestionó con confusión, apoyando sus brazos sobre


el colchón antes de alzar levemente su cuerpo. Notando como Byul se bajaba
de la cama pocos segundos después, quizá para tomar agua.

—El tío de Namjoon. Uno de los responsables de uno de mis traumas, el que
colaboró para que no me llegue ninguna carta. —Explicó, con tanta calma
que Taehyung se sintió algo intimidado. Algo en Jungkook no estaba bien, se
veía demasiado tranquilo.

—Jungkook, ¿seguro que estás bien? —Preguntó, observando a la vez como


el payaso tomaba su navaja desde la pequeña mesa de la habitación,
pasándole un algodón con alcohol que había igualmente en el mueble.

—No lo estoy. —Sinceró, permaneciendo serio.

Y el menor ni siquiera pudo percatarse de las lágrimas acumuladas en los


ojos ajenos, porque un dolor punzante se sintió sobre su abdomen, dejando un
pequeño corte y haciendo así que la sangre comience a bajar con lentitud.

—¡Eres un infeliz! —medio gritó, alarmado—. ¡Ni siquiera me avisaste! —


Golpeó con algo de fuerza el brazo del hombre, pero el mismo tan solo lo
miró con calma, con una pequeña sonrisa.

—No seas llorón, pequeña obsesión. Recién comienzo.

—Pudrete.

Riendo por lo bajo, y sintiendo como varias lágrimas bajaban por sus
mejillas, Jungkook volvió a dejar otro corte en la piel del chico, escribiendo
una letra, luego otra. Y repitiendo aquello en otra zona, sin importarle en lo
más mínimo los sollozos del rubio, quien temblaba debajo suyo.

—Y-ya basta, duele... —Se quejó, presionando las sábanas mientras veía
como la sangre bajaba por su cintura, con sus ojos llenos de lágrimas.

—Así es el dolor que estoy sintiendo, mocoso —exclamó el payaso, con


calma—. Punzante, fastidioso, y te deja con una horrible sensación de ardor.

—Jungkook...

—Mi niño —soltando aquel apodo con dulzura, Jungkook volvió a inclinarse
hacia él, rozando sus labios—, eres mío, ¿verdad? —Cuestionó, ignorando el
como una de sus lágrimas bajaba por su barbilla, hasta caer en el cuello del
menor.
Taehyung se mantuvo en silencio, presionando sus ojos con fuerza al sentir
como el payaso volvía a presionar el cuchillo sobre su piel, esperando una
respuesta.

—Eres mío. Mi niñito, mi cachorro, mi pequeño —declaró, cerrando sus ojos


al presionar su frente contra la del chico—, ¿no es así?

Nervioso y adolorido, el menor apartó la mirada, sin saber que decirle al


pelinegro que tenía sentado encima de su regazo, expectante de alguna
respuesta a pesar de estar con los ojos cerrados. Sentía la mano izquierda del
mismo hombre acariciando su cintura, llenandola de sangre, y ante eso no
podía hacer más que temblar en su lugar, sintiéndose intimidado y
avergonzado.

—Todo de tí me pertenece —siguió diciendo Jungkook—, ¿lo sabes?

Haciendo un pequeño sonido con la garganta en señal de afirmación, el


menor sintió como el filo de la navaja volvía a enterrarse en su piel,
mostrando así el descontento de el pelinegro ante su respuesta tan simple.

—Habla —ordenó—. Quiero oirte decirlo, Taehyung. ¿A quién le


perteneces?

Permaneciendo en silencio por un largo rato, sintiendo como su piel volvía a


abrirse ante otro corte, el rubio arqueó la espalda, jadeando ante el dolor.

—A tí... —Soltó finalmente, con su rostro rojo ante las lágrimas y la


humillación.

—Eso es, Obsesión. —Sonriendo levemente, el pelinegro junto sus labios con
los del menor, iniciando otro beso y quitándole poco a poco el aire al chico,
quien se removia adolorido ante sus toques.

Y al separarse, Taehyung limpió sus lágrimas, tratando de calmarse a pesar


del dolor insoportable que tenía en su cuerpo, y a la vez tratando de ignorar la
imágen horrorosa en la que podía ver a la perfección como se abría un poco
su piel ante los cortes algo profundos y descuidados de Jungkook.
Una vez que el pelinegro aparentemente terminó de dañarlo, dejó la navaja a
un lado de la cama, analizando su trabajo en el cuerpo contrario y sonriendo
con satisfacción, limpiando igualmente las lágrimas que aún seguían cayendo
por sus mejillas, ensuciando las mismas con sangre y manchando a la vez su
barbilla.

El chico tembló al sentir como el hombre comenzaba a bajar, dejando


pequeños besos en cada corte, llenándose la boca de su sangre, paseándose
por su abdomen con tanta tranquilidad luego de haberlo lastimado que la
sensación resultaba escalofriante, mas no incómoda.

Y al dejar un casto beso en cada herida, Jungkook volvió a subir, sonriendole


con tanta inocencia a Taehyung que parecía un niño pequeño luego de
realizar alguna travesura. No importaban sus ojos hinchados por su llanto o
su labio temblando ante sus sensaciones negativas, porque su sonrisa era
capaz de ocultar levemente su malestar.

—Payaso tonto... —Soltó con recelo el menor, entrecerrando los ojos.

—También te quiero, amor. —Rió por lo bajo, antes de volver a unir sus
labios con los del menor. Y Taehyung, a pesar de golpear su pecho como
queja, tan solo pudo corresponder.

Sintiendo el sabor metálico de su sangre, el rubio rodeó el cuello de


Jungkook con sus brazos cuando el mismo ladeó la cabeza, profundizando el
beso y dejándolo sin aire en cuestión de segundos.

Mordiendo apenas su labio, el payaso volvió a sonreír, antes de separarse y


observar fijamente el rostro del chico, satisfecho al verlo tan destrozado
gracias a él. Con sus labios rojizos e hinchados al igual que sus ojos, y su
cuerpo aún temblando apenas ante el dolor en su abdomen, mientras tenía
pequeñas manchas de sangre en su boca y su cabello se encontraba
desordenado.

—Que bonito desastre eres en este momento. —Declaró Jungkook, sonriendo


con gracia.

Y a pesar de que Taehyung quiso quejarse, no pudo hacerlo al notar como los
ojos de el mayor volvían a llenarse de lágrimas.

—¿Jungkook? —Sin saber que hacer, el rubio quiso tomar el rostro ajeno
entre sus manos, pero Jungkook negó con la cabeza, levantándose y saliendo
de encima suyo, para después sentarse en la cama, enfrente de un gran espejo.

Al romper el anterior, Jungkook había comprado un espejo aún más grande,


que dejaba ver la mitad de la cama.

Taehyung se mantuvo en silencio, levantándose y tratando de ignorar el dolor


insoportable en su abdomen cuando comenzó a gatear hacia el payaso, quien
buscaba con indiferencia algunas vendas en el pequeño mueble que tenía a un
lado de su mesita.

—Hey, háblame... —Pidió, ladeando su cabeza cuando el hombre volvió a


mirarlo a los ojos.

—Ven aquí, mocoso. —Ordenó, abriendo sus piernas y señalando el espacio


que había quedado entre ellas, dándole a entender a Taehyung que se sentara
ahí.

Asintiendo, el rubio se sentó donde se le había indicado, quedando así


enfrente del espejo. Y al notar aquello, no hizo más que apartar la mirada, sin
querer mirar su reflejo.

—Eres demasiado bonito, cariño —exclamó el pelinegro, como si no


estuviera llorando sin parar—. Mi niño bonito.

Tomándolo por la cintura, Jungkook volvió a subir su camisa, dejando


expuesto su abdomen y sus cortes, de los cuales aún salían finos hilos de
sangre.

Fijando su mirada en sus heridas, el menor abrió apenas su boca, jadeando


ante la impresión.

"Mi niño"

"Mi pequeño"
"Mi obsesión"

"Mío"

Aquellas palabras estaban escritas por todo su abdomen, quedando la última


escrita por debajo de su ombligo.

Y aunque en verdad quiso reclamarle al mayor, tan solo pudo quejarse en alto
y cerrar los ojos cuando sintió como derramaban un líquido sobre sus heridas,
tomándolo desprevenido.

Sin siquiera avisarle, Jungkook le había tirado alcohol encima, pasando


segundos después un gran trozo de algodón, limpiando rápidamente las
heridas mientras el chico temblaba ante el dolor, con su pecho subiendo y
bajando con rapidez.

—¡Hijo de puta!

—Shh, ya casi está. —Restándole importancia, Jungkook sonrió, presionando


a propósito las heridas ajenas al limpiarlas, provocando más quejidos por
parte del chico, quien agarraba el brazo con el que sostenía el algodón con
fuerza, intentando apartarlo.

—J-juro que te golpearía, maldito... —Soltó con rencor, hablando entre


dientes mientras su cabeza se encontraba apoyada en el hombro ajeno.

Jungkook no hizo más que crear un pequeño sonido con la garganta en señal
de afirmación, sin prestarle atención a las palabras del chico y comenzando a
vendar la cintura del mismo, moviendo apenas a Taehyung para hacerlo bien.

—Lo que acabo de hacer no es precisamente sano para tu cuerpo porque no


tengo lo necesario para curarte ahora mismo. Así que dime si quieres que te
lleve a la enfermería ahora o simplemente compre lo que hace falta. —Soltó
Jungkook, una vez que terminó de vendar las heridas del chico.

—Compra las cosas. —Ordenó, con el ceño fruncido.

Taehyung en verdad preferiría estar en la enfermería con profesionales


encargándose de sus heridas. Pero no quería que nadie más aparte de
Jungkook o él vean sus marcas. Aquello sería tan humillante.

Asintiendo, el pelinegro abrazó con delicadeza al chico, apoyando su mentón


en el hombro del mismo y observandolo a través del reflejo.

—Iré en un rato...

—¿Tan mal te sientes? —Preguntó el menor, mirando igualmente el reflejo


de su agresor, quien le sonrió apenas.

—Estoy bien.

—No dijiste lo mismo hace rato.

—Hm —asintiendo nuevamente, el hombre se encogió de hombros—.


Taehyung, mejor quédate en silencio.

—No quiero, payaso sin cerebro. —Se cruzó de brazos, aún molesto.

—¿No tienes otro insulto además de "payaso"? Que poco original eres. —Se
burló, apoyando su frente en el hombro del rubio cuando varias lágrimas
volvieron a bajar en contra de su voluntad, él en verdad no podía controlar su
llanto.

—Es que te queda demasiado bien el papel de payaso, debo recordartelo —


exclamó con burla, sintiendo como el hombre volvía a temblar al abrazarlo, y
ante esto, alzó una ceja—. ¿Estás llorando?

—Mocoso... —ignorando aquella pregunta, el pelinegro volvió a alzar la


mirada, mirándolo a los ojos a través del espejo—. ¿Quién es mi cachorrito?

Taehyung apretó sus labios al escuchar aquella cuestión, al mismo tiempo en


el que sus mejillas tomaban un leve tono rosado. Él no pensaba complacer a
Jungkook respondiendole.

—No me hagas decirlo. —Pidió, con un notable tono lleno de advertencia en


su voz.

—¿Quién es mi pequeño cachorrito? —Volvió a decir, disfrutando en


demasía molestar al chico.

—Yo lo soy... Jodido estúpido —soltó, con vergüenza—. Si no estuvieras tan


delicado ahora mismo, ya te hubiera golpeado.

—Seguro. —Sonrió, dejando leves caricias por sobre las vendas que cubrían
el abdomen ajeno.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿A quién le perteneces? —Cuestionó de repente, moviendo su cabeza para


poder observar al mayor a la cara, expectante.

—¿Eh? —alzando una ceja, Jungkook dejó salir una pequeña carcajada—.
¿Acaso me consideras de tu propiedad, Obsesión?

—Sería algo justo, ¿no lo crees? —acomodandose en el pecho del mayor,


Taehyung miró como se veían a través del espejo—. Tú eres mío, y yo soy
tuyo. Así debería ser.

—En verdad te he jodido la cabeza... —susurró el payaso para sí mismo, y


aún así mostro una sonrisa llena de gracia—. Claro que soy tuyo, cariño.

Sonriendo con satisfacción, el rubio trató de relajarse e ignorar el molesto


dolor en su abdomen, el cual se intensificaba al tocar tan solo por algún
costado de las heridas.

—Taehyung. —Llamó Jungkook, luego de varios minutos.

—Dime.

—¿Recuerdas nuestra "romántica" cita, en la cual planeabamos usar a tu


padre como mesa? —Preguntó de la nada, perdido entre sus pensamientos.

—Sí. ¿Por qué?

—Tendremos esa cita. —Declaró, con total calma. Como si no estuviera


diciendo algo tan enfermizo y extraño. Y ante sus palabras, el menor frunció
el ceño.

—¿Qué cosas dices? —soltó, confundido—. Cada día estás más loco.

—Te lo estoy diciendo en serio, mocoso —protestó—. Te pasa por hablar de


más, te dije que deberías cumplirme otro capricho y aún así no cerraste la
boca. Me debes esto por imbécil.

—Pero si yo solo-

—Escucha —interrumpió—, ¿Qué es lo que te molesta de tener una estúpida


cita conmigo? No te haré daño, tan solo quiero hacerlo para humillar a tu
papá. Ese viejo es culpable de uno de mis traumas y tan solo quiero
humillarlo comiendo la boca de su puto hijito enfrente de su maldita cara —
explicó con rabia, alterandose—. ¿No quieres eso, cachorro? ¿No quieres
verlo humillado y asqueado?

Taehyung se mantuvo en silencio, dudando.

—Lo dejaremos hecho una mierda durante toda la cena, mi niño... —siguió
incitando, tomando la barbilla de el rubio para acercarlo hacia su rostro—.
¿No quieres ver qué cosas preparo para hacerlo lloriquear?

—No lo sé...

—Vamos, mocoso. Ayúdame a dejarlo hecho un ser miserable y asqueroso,


mucho más de lo que ya es. —Pidió, sonriendo apenas.

Luego de unos largos minutos en los que estuvo pensando detalladamente


aquello, Taehyung finalmente asintió, cediendo.

—Está bien. Pero no quiero escucharlo hablar.

—Me encargaré de eso... —Aseguró el mayor, asintiendo y besando una vez


más al chico, con calma, mientras una de sus manos seguía acariciando
apenas su abdomen.

Y al separarse, Jungkook apartó a Taehyung, levantándose de la cama.


—Iré por las porquerías que necesitas a la casa de Seokjin, él siempre tiene
de todo. Así que le pagaré rápido y volveré —explicó con tranquilidad,
tomando su billetera, que se encontraba en el bolsillo de su pantalón—. No
salgas a no ser que necesites algo. Y si es así, me buscas directamente a mí.
Ya sabes donde estaré.

—Está bien.

—También ayuda a Byul a subir a la cama cuando vuelva de la cocina. —


Ordenó, abriendo la puerta de la habitación sin esperar respuesta.

Se marchó, dejando al chico a cargo de su conejo.

•••

Sosteniendo una pequeña bolsa entre sus manos, Jungkook caminó por entre
medio de toda aquella gente que en ese momento se dirigía hacia el circo de
Yoongi, donde se haría un show nocturno, lleno de acrobacias y quien sabe
más. En verdad no se preocupó demasiado en ver que actos realizaban en
aquel lugar, ni siquiera le había importado cuando había dado su acto junto
con Hoseok allí.

No estaba prestando mucha atención a lo que lo rodeaba, tan solo permanecía


en silencio, observando al frente. Mientras sus pensamientos iban
consumiendolo de a poco.

No dejaba de pensar en Yoongi, en lo que había ocurrido. Y al recordarlo, tan


solo quería llorar de rabia, destruir algo y luego encerrarse.

Ya había llorado, ya había destruido aún más la piel de Taehyung. Lo único


que faltaba era encerrarse con el chico hasta que pueda calmar mínimamente
sus emociones.

Cuando ocurrió lo de Byul, se había ocultado en su casa rodante por semanas,


ignorando al chico con el que vivía. Pero ahora que él no tenía casi nada que
ver con su malestar, lo tomaría para calmarse, aferrándose a él como siempre
lo hacía en sus peores momentos.
Era una buena idea, según Jungkook. Y en verdad esperaba llevarla a cabo
pronto.

Pero no pudo hacerlo, porque al alzar la mirada, se encontró con Yoongi a tan
solo unos cuantos metros de distancia, acercándose hacia él.

El pelinegro no supo que hacer, más que acelerar el paso y caminar por otro
lugar, alejándose, prácticamente huyendo. No quería verlo, no quería
hablarle, y no quería enfrentar su pasado otra vez. Tan solo quería que lo deje
en paz, sin obligarle a recordar escenas que lo atormentaban.

—¡Jungkook! —escuchó a sus espaldas, y eso tan solo provocó que se


apresurara aún más, sintiendo la ansiedad apoderarse de él al pasar los
segundos—. ¡Hey, detente!

—¡No te acerques! —Exclamó con rechazo, huyendo.

Aunque quiso correr, una mano lo sostuvo por la camisa, haciendo que
detuviera su paso ante el brusco agarre. Y cuando quiso soltarse, Yoongi lo
volteó, haciendo que quedaran cara a cara.

—No puedes huir de mí para siempre.

—Dejame en paz, no te quiero cerca. —Protestó, librándose del agarre del


mayor.

—¿Podemos hablar? Pensé que te calmarias un poco al leer las cartas. Es


obvio que jamás quise dejarte de lado, Jungkookie. Por favor escuchame... —
Pidió el peligris, algo nervioso.

—Que me hayas mandado todas esas cartas no significa que no me hayas


abandonado. Tú te fuiste, ni siquiera me buscaste para despedirte frente a
frente, ¿por qué debería escucharte? —Quiso saber, frunciendo el ceño.

—Porque ese día no pude despedirme. Tenía que irme porque estaba apurado,
y tú estabas dando un espectáculo. ¿Qué se suponía que hiciera? —preguntó,
cruzándose de brazos—. ¿Acaso tus espectadores se hubieran tomado bien
que yo entrara ahí para despedirme o interrumpir el acto? Por supuesto que
no. Quise contactarte, en verdad que sí. Pero en este circo están prohibidos
los celulares porque nos intentan rastrear más de lo normal por asesinar gente
que no quiere morir, inocentes. Y algunas familias mandan a buscar por todos
lados a los idiotas que tienen deudas.

Jungkook se mantuvo en silencio, alerta. Y al procesar aquellas palabras,


trató de tomar aire, ignorando los latidos frenéticos de su corazón.

—¿Por qué te fuiste? —Preguntó finalmente, tratando de mantener la calma.

—Oh... —el peligris apartó la mirada, poniéndose repentinamente a la


defensiva—. Yo en verdad no creo que sea bueno decirte eso porqu-

—¿Por qué te fuiste? —Repitió, alzando el tono de voz.

—Sigues siendo igual de terco —se quejó por lo bajo, ganándose una mirada
llena de seriedad y rechazo—. Está bien, te lo diré... Cuando éramos niños,
todos supieron de inmediato que serias una estrella. Todo lo que hacías era
impresionante, le sacaste el corazón a un policía siendo tan solo un niño que
aún se comía los mocos. —Exclamó con gracia, intentando acabar un poco
con aquella molesta tensión que había en el lugar.

Pero Jungkook tan solo siguió mirándolo con seriedad, sin estar para
idioteces. Él quería saber la verdad de una buena vez. Si tanto insistía el
peligris en hablar con él, quería acelerar las cosas y acabar lo antes posible
con aquella conversación.

No quería seguir en el mismo lugar que él.

—Siempre fuiste el favorito de papá —siguió hablando Yoongi, luego de


carraspear con incomodidad—. Él te adoraba, yo lo sé. Siempre te ponía
primero. "Jungkook esto", "Jungkook aquello", "Jungkook, Jungkook,
Jungkook" —recordó, relamiendo sus labios con inquietud al finalizar—. ¿Y
qué me quedaba a mí? Ser la decepción de él. No era bueno con las armas, no
cautivaba con mis asesinatos. Nadie estaba interesado en verme hacer algo
con el cuerpo de alguna víctima porque lo consideraban aburrido.
Simplemente no era bueno en ninguna actividad que ofrecía el circo.
—¿Me estás diciendo que en verdad fue mi culpa el que te hayas ido? —
Cuestionó el menor, alzando una ceja.

—No, no. Yo jamás dije eso —alzó su dedo índice, mientras negaba con la
cabeza—. Yo no te tengo rencor por eso. En verdad no era tu culpa ser mejor
que yo, la culpa era mía por ser un inútil... Los primeros años sí te tuve algo
de envidia, una envidia jodidamente tóxica. ¿Pero qué culpa tenías tú? Eras
tan solo un mocoso, y yo un imbécil puberto que no servía para nada. El
defecto estaba en mí, solo en mí... Y al saber eso, quise largarme. Quería
triunfar en otro lado, ser reconocido y cumplir todos mis sueños. Quería tener
el mismo impacto que tenías tú con tan solo 15 años.

—¿Cómo escapaste? —Soltó el pelinegro, cruzándose de brazos.

—Un día, cuando llegó otro circo a la misma ciudad en la que estábamos,
Sunghyun y yo nos escabullimos, diciéndole a Jiyung que iríamos
simplemente a la ciudad junto con Namjoon para recoger unas armas que
habían encargado en una tienda. Nos largamos para ver como eran sus actos,
si hacían lo mismo que nosotros. Y cuando ví los actos con fuego quedé
impresionado, tan así que el dueño del circo se burló de mi expresión —
recordó, sonriendo apenas—. Junto con Sunghyun nos hicimos amigos de él,
y nos mantuvimos en contacto durante un largo tiempo a través de mensajes.
Éramos sumamente cercanos entre los tres. Y cuando me harté de que me
menospreciaran aquí, se lo conté al antiguo dueño de este circo.

—¿Entonces?

—Ideó un plan para sacarnos de aquí junto con Sunghyun. Le dijo a


Kyungsoo que quería comprarnos. Y ya sabes como es el jodido viejo,
sabiendo que vendería al hijo de uno de sus enemigos no dudó ni un solo
segundo. En cambio, con Sunghyun fue más complicado, ya que él era el
consentido del lugar igualmente, pero él insistía en irse conmigo.

—Sunghyun siempre fue amado por todos aquí, creí que había muerto.
Incluso casi me burlo de su muerte el otro día mientras torturaba a Jimin,
porque sabía que le dolería.

—No tengo ni idea de porqué Diablos torturaste a Jimin, pero jamás me cayó
bien, así que no entraré en ese tema —soltó Yoongi, algo confundido—.
Como decía, Sunghyun tuvo que recibir algo de ayuda justamente de Jimin
para escapar, y aunque eso no terminó muy bien, nos largamos...

Jungkook asintió, comprendido finalmente que era lo que había sucedido.


Quedándose así en silencio.

—El chico que era nuestro amigo murió asesinado luego de "comprarnos",
porque por nuestros mensajes aparentemente lograron rastrearlo algunos
detectives. Por eso mismo está prohibido el uso de celulares —explicó con
calma, tratando de ignorar aquel tema algo sensible para él—. Antes de morir
desangrado, declaró que Sunghyun y yo seríamos los nuevos dueños. Y nadie
contradijo su palabra. ¿Y sabes por qué?

El pelinegro negó apenas con la cabeza, a pesar de encontrarse aún con ganas
de huir. No se sentía cómodo ahí.

—Porque logré hacerme respetar en ese circo, y nadie es capaz de enfrentarse


ante mí. Así como nadie es capaz de enfrentarse a tí ahora. ¿No te parece
genial eso? Ambos cumplimos nuestro sueño de ser el mejor. Lo malo es que
cada uno tuvo que hacerlo a su manera...

—Ya, entendí —asintió, impaciente—. La verdad no quiero seguir aquí.

—Lo lamento... Jungkook, en verdad lamento haberte dejado así, pero ya te


expliqué que pasó. Jamás quise hacerte daño.

—Pero lo hiciste. —Exclamó con amargura, frunciendo el ceño.

—No fue intencional, creeme que no —negó con la cabeza, intentando


convencer al menor—. ¿No podrías darme una oportunidad? ¿Perdonarme?
En verdad quiero volver a ser tu hermano, dejando de lado nuestra sangre.

El pelinegro mordió su labio con incomodidad, mientras retrocedía un paso,


observando hacia otro lado. La ganas que tenía de romper algo eran
sumamente impresionantes, y no podría controlarse por mucho tiempo.

Mordió con tanta fuerza ante su pequeño ataque, que rompió apenas su labio,
haciendo que comience a salir sangre de a poco. Y Yoongi al notar aquello,
quiso acercarse.

Jungkook volvió a retroceder, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos una


vez más. Creando una barrera bastante notoria entre ellos ante la tensión,
dándole a entender al peligris que no se acerque.

—No te perdono —declaró entonces, con rencor—. El que no hayas tenido


intención de lastimarme no quita el hecho de que me hayas dejado sin
despedirte de frente. No me importaría una mierda si interrumpías mí acto, no
importaba en lo más mínimo porque literalmente estaba por quedarme sin
hermano. ¿Qué tan imbécil tienes que ser como para creer que me sentiría
mejor a través de una mísera explicación en una carta? Seguiría estando solo,
solo con un niño del cual me tuve que hacer responsable. Y todo por un deseo
sumamente egoísta —soltó con amargura, alterandose cada vez más—.
¿Querías tener fama? Te hubiera ayudado. ¿Querías buscar algún acto en
específico? Te hubiera ayudado a buscar algo que te guste. Tú simplemente
pones excusas, porque intentas ocultar lo egoísta y miserable que has sido.
Tus "lo siento" no me devolverán los años de sufrimiento y miseria que tuve
que soportar, en las que me convertía prácticamente en el padre de mi propio
hermanito. ¡Era tan solo un jodido niño! —Gritó, presionando sus manos con
fuerza.

—Yo solo quería comenzar desde cero. ¡No sabía que iba a suceder todo eso,
comprende!

—¡Por supuesto que lo sabías! Sabías que papá estaba obsesionado con Irene,
sabías lo mal que estaba ella. Lo mal que se encontraba y el como le costaba
respirar por sus problemas de salud. Sabías como papá me golpeaba por solo
acercarme a ella y también sabías que ella me había pedido a los gritos que la
mate. ¡Tú sabías todo y aún así quisiste dejarme solo viendo como nuestra
estúpida familia se derrumbaba! —le dió un leve empujón, molesto—. Tú en
verdad no pensaste en mí, jamás lo hiciste. Quisiste dejarme en ese asqueroso
ambiente sin siquiera importarte porque estabas más ocupado en intentar ser
mejor que yo. ¿Y sabes qué? Sigues siendo inferior a mí... Sigo siendo mucho
mejor que tú —rió con burla, regocijandose lleno de gusto en sus palabras—.
Yo jamás fuí tan miserable como para dejar un niño en los brazos de unos
monstruos. Yo jamás necesité de algún acto especial o algo que me
caracterice, porque cada cosa que hacía con cada arma dejaba al público
boquiabierto. ¿Y tú qué haces? —alzó una ceja, con notable gracia—. Te
apagan la llama y no eres nada más qué un ser aburrido y miserable como lo
eras cuando eras un inútil puberto, así como tú dices.

Yoongi guardó silencio, cabizbajo.

—No me interesan tus excusas. No me interesan tus explicaciones, porque el


pasado ya está escrito de esa manera, lo que pasó no tiene vuelta atrás. El
dolor que sentí no se irá mágicamente con unas vacías palabras por alguien
tan egoísta como tú —frunciendo el ceño, Jungkook presionó con su dedo
índice el pecho ajeno—. ¿Quieres ser mi hermano? Bien, entonces lárgate
como lo hiciste en el momento en el que me abandonaste. Ese es el único
hermano que recuerdo.

—No me digas eso...

—¿Por qué? ¿Acaso te duele? —rió con gracia e ironía, burlándose


descaradamente ante la mirada insegura de Yoongi, notándose tan indefenso
—. Mira lo que has creado, Yoongi. Mira lo que has creado junto con
Kyungsoo, Yugyeom, Seung e Irene —alzó sus brazos, exponiendo su cuerpo
con una leve sonrisa—. Un monstruo, eso han hecho conmigo. ¿Y ahora
vienes a quejarte del daño qué te está causando tu mismo error? No seas
patético.

—En verdad estás demasiado equivocado, Jungkook.

—¿Y por qué lo dices? ¿Qué tan equivocado tengo que estar, según tú, como
para no saber lo que soy? Soy alguien miserable, Yoon. No soy el niñito
dulce que dejaste atrás hace ocho años, no soy Jungkookie. Soy Jeon
Jungkook, un jodido asesino enfermo que somete a todas sus víctimas
imaginando el rostro de cada persona que lo lastimó en el pasado... Una
jodida mierda con el ego por las nubes, y un profesional en la manipulación,
eso es lo que soy.

—Lo lamento, lo lamento tanto... —Se disculpó, cubriendo su rostro al sentir


como varias lágrimas amenazaban por salir. No sabía que hacer, no sabía que
más decirle a Jungkook para que note su arrepentimiento.
Ya nada servía.

—¡Deja de pedirme disculpas, maldita sea! —se quejó el pelinegro—. ¡Deja


de decir idioteces!

—Lo admito, es todo mi culpa. Pero jamás quise convertirte en esto, yo


quería quedarme contigo, quería ver como ibas creciendo, pero era demasiado
jodido ver como cada día me menospreciaban aún más, yo solo-

—¿Sabes qué es realmente jodido? Que tu maldito hermano con tan solo tres
años te mire a los ojos mientras te pregunta quienes son sus padres. —Atacó,
lanzando aquellas palabras como si fueran ácido, lleno de amargura.

Yoongi no pudo argumentar nada ante eso, y tan solo decidió guardar
silencio. Mientras se repetía constantemente que en verdad, todo era su culpa.

—Perdóname... Por favor dame una oportunidad —pidió, sin saber que más
hacer—. Me gustaría quedarme un tiempo aquí, hablar más contigo. No
puedo remediar lo que sucedió en el pasado, pero en verdad me gustaría ser
parte de tu vida desde ahora, que tú igualmente seas parte de la mía. Conocer
al chico, y quizá-

—¿Conocer a quién? —Cuestionó Jungkook, a la defensiva.

—Al niño.

Jungkook abrió sus ojos en demasía, antes de soltar una fuerte carcajada,
negando con la cabeza.

—Tú ni siquiera respiraras cerca de mi hermano.

—Igualmente es mi hermano. —Contraatacó, cruzándose de brazos.

—No, no lo es. Ni siquiera te conoce. No puedes tomarte la libertad de decir


que quieres conocerlo siendo que yo soy quien decide eso. Y tú no verás ni
siquiera su rostro —exclamó con desagrado—. ¿Quieres quedarte y hacer tu
estúpido intento de terapia familiar? Bien, hazlo. Pero con él no te metes. Ya
bastante que tenga que lidiar con gente tan estúpida a su alrededor como para
ahora tener que sumarle un infeliz que dice ser su hermano.
—No me hagas eso, no puedes hacer eso.

—Por supuesto que puedo. ¿Quién eres tú para decirme qué hacer? —rodeó
con su mano una parte de la bolsa que sostenía—. Dejé de ser el niño que te
admiraba y obedecía en todo lo que le pidas. Mi hermano es mi
responsabilidad y yo decido si puedes verlo o no, fin de la historia.

—Pero Jungkook, tú no puedes-

—Nos vemos, Yoongi. Cuando me interese tu opinión sobre esto te la pediré,


en verdad. —Exclamó con sarcasmo, dando media vuelta y caminando esta
vez con algo de calma, a pesar de sentir una angustia dolorosa en su pecho.

—Me quedaré aquí e iré a visitarte seguido. —Avisó el peligris, alzando la


voz.

—¡Estaré feliz de echarte a patadas en cada visita!

Yoongi suspiró, negando con la cabeza ante la respuesta de su hermano.

Lidiar con él sería difícil.

•••

Al llegar a la casa rodante, Jungkook caminó con lentitud hacia su habitación,


abriendo la puerta de la misma con calma a pesar de sentir aún aquella
molesta presión en el pecho, resultando algo asfixiante incluso.

Y sobre su cama, se encontró con Taehyung dormido, con Byul entre sus
brazos siendo abrazado con sumo cuidado. Al parecer el rubio había hecho
todo lo posible para abrazar al animal sin causarle dolor en sus heridas, que
seguían recuperándose.

Se removió un poco incómodo ante la escena, antes de dejar la bolsa en la


cama y sacar lo que había comprado, alzando la camisa del chico aún
dormido para desinfectar correctamente la herida y vendarlo nuevamente.

Taehyung no hizo más que removerse, soltando al conejo mientras sentía


entre sueños unas manos recorriendo su cintura.

Jungkook prosiguió en silencio, quitando las vendas viejas, desinfectando


cada herida con cuidado y alzando apenas el cuerpo del chico cuando tuvo
que colocar un nuevo vendaje, perturbando un poco el sueño del mismo.

Abriendo los ojos con lentitud, Taehyung frunció el ceño, encontrándose con
Jungkook a tan solo unos cuantos centímetros de él, enrollando unas gasas
manchadas de sangre para después tirarlas a la basura.

—¿Jungkook? —Murmuró por lo bajo, frotando sus ojos con cansancio.

—Obsesión. —Soltó el pelinegro, sonriendo apenas.

—¿Por qué tardaste tanto? —Cuestionó el chico, tratando de sentarse en la


cama y formando una mueca de dolor al mismo tiempo.

—Inconvenientes —soltó simplemente el mayor, tratando de verse calmado


—, con un idiota.

—¿Te refieres a Yoongi? —Quiso saber, medio malhumorado ante el


horroroso dolor que se presentaba en su abdomen. Mas prefirió guardar
silencio por algunos segundos para acostumbrarse al dolor de la zona y a la
vez analizar las expresiones de Jungkook.

Se veía totalmente perdido, ajeno en su mundo.

—Jungkook —llamó nuevamente, alzando un poco la voz para captar la


atención del hombre, quien aclaró su garganta en respuesta—, ¿Qué paso?

El pelinegro no emitió palabra alguna, tan solo tomó asiento a un lado de


Taehyung, sintiendo básicamente una máscara sus facciones relajadas. Y sin
siquiera preguntarle al menor, lo tomó por la cintura con cuidado, jalandolo
hacia él y dándole a entender que se siente sobre sus piernas.

Resentido por lo que había sucedido anteriormente, Taehyung entrecerró los


ojos, pero terminó cediendo con resignación pocos segundos después. No
podía hacer mucho, y colaborar con Jungkook era lo único que mantenía al
mismo mínimamente tranquilo.
Y una vez que estuvo en el regazo ajeno, el rubio sintió unos brazos fuertes
rodear su cintura, en un inútil intento por ser suave. Algo que no se logró ya
que sus heridas seguían causándole dolor a pesar de que Jungkook estaba
intentando ser cuidadoso.

Curioso, el menor se dejó abrazar, observando como Byul bajaba de la cama


y a la vez soportando apenas el dolor que sentía, llevando ambas manos hacia
sus muslos, esperando alguna explicación por parte del hombre. Pero parecía
que el mismo no quería decir absolutamente nada.

Luego, la cabeza del payaso bajó, escondiéndose entre el hombro y el cuello


de Taehyung, refugiándose de alguna manera allí, respirando con calma.

—Payaso tonto, ¿estás bien? —Cuestionó el rubio, en verdad confundido


ante la repentina acción del pelinegro.

La sensación húmeda sobre su hombro y el temblor en el cuerpo ajeno fueron


su única respuesta, al igual que el agarre intenso que mantenía sobre su
cintura.

—Lo odio tanto, mocoso... —exclamó, dejando salir varias lágrimas con total
rencor—. Es tan egoísta, tan hipócrita...

—¿Qué paso? Dime —pidió el chico, tratando de ver a Jungkook a la cara,


pero el mismo se negó—. No me ignores siendo que ahora mismo el que
debería ignorarte sería yo. —Soltó como queja, moviendo apenas al mayor,
quien se rió bajito entre medio de su llanto.

—¿Y por qué me ignorarías? —Quiso saber, fingiendo inocencia mientras las
lágrimas seguían bajando.

—Por lo que me hiciste ahora, quizá. —Exclamó Kim con obviedad,


frunciendo el ceño.

—Me lo debías, eso es cosa tuya, cachorro —le restó importancia, soltando
varias lágrimas aún cuando finalmente alzó su rostro—. Un favor por otro
favor...
—Dices tantas idioteces —se quejó por lo bajo, antes de tomar el rostro ajeno
entre sus manos y limpiar sus lágrimas—. ¿Me dirás qué pasó? ¿O es qué el
idiota vino a joder de nuevo?

Jungkook negó con la cabeza, sorbiendo por la nariz al recordar su


conversación con su hermano y a la vez dejando salir más lágrimas. Estaba
lleno de odio al recordar a Yoongi, no había nada más qué eso y por eso
lloraba con tanto rencor.

Sentía que le estaba haciendo daño de nuevo, y no quería eso.

—Nos encontramos por ahí afuera, y me quiso dar la explicación de toda la


mierda que pasó —comenzó a explicar, acomodando el cabello del chico para
distraerse un poco, y el mismo no pareció incomodarse ante eso—.
Discutimos, obviamente. Lo mandé a la mierda, le dije de todo. Y el estúpido
no pudo hacer nada más que decir que quería quedarse aquí por un tiempo,
para pasar tiempo conmigo —explicó con amargura, frunciendo el ceño—.
¿Entiendes su descaro, Obsesión? Cree que puede arreglar todo así de fácil,
como una puta terapia familiar donde diremos "¡Ay, hermanito! ¡Te
comprendo tanto! ¡Perdoname por favor!" —emitió una voz aguda al decir
aquello, asqueado—. Pura mierda...

Taehyung asintió en silencio, procesando aquella información y frunciendo el


ceño al mismo tiempo que Jungkook. A él también le parecía absurda la
manera de actuar de Yoongi, pero no quiso opinar nada al respecto por el
momento.

—¿Y sabes qué es lo peor? —siguió diciendo el pelinegro, llamando la


atención del menor una vez más—. Quiere conocer a Woozi. A mi maldito
hermano, ¿Entiendes eso? —recibiendo otro asentimiento en respuesta,
Jungkook bufó con fastidio—. Él no es nada de Woozi, ese niño es mi
responsabilidad y soy básicamente el único familiar que conoce. No tiene
porque verlo si yo no se lo permito. Y jamás le dejaré siquiera conocer su
maldito nombre. —Sentenció con seguridad, limpiando sus lágrimas una vez
más.

—Jungkook... Yoongi es un idiota, lo sé. Y en verdad no estoy de acuerdo


con que se quede aquí pero si no lo dejamos no creo que quiera seguir
colaborando con la búsqueda de mi familia —dijo el rubio, pensando—.
¿Qué debería hacer?

—Tú no harás nada, cachorro —negó con la cabeza, con su mirada perdida
en el rostro de Taehyung—. Si ese egoísta asqueroso quiere quedarse aquí a
hacer su estúpida terapia familiar, que lo haga. Pero yo no voy a colaborar en
estas mierdas, y si te llega a amenazar con no darte la información porque no
quiero seguir su jueguito, créeme que le bajaré todos los dientes de un golpe
directo en su repugnante boca. Porque me tiene harto.

—Está bien... —el menor asintió, dudoso—. ¿Tú estarás bien?

El pelinegro pareció pensar bastante su respuesta, totalmente ajeno a todo


cuando se perdió entre sus pensamientos, abrumado.

Y al alzar la mirada, una sonrisa inocente surgió de sus labios, dejando en


segundo plano a sus ojos rojos e hinchados.

—Estaré bien cuando hagamos nuestro espectáculo, niño —soltó con calma,
pensando en aquel escenario tan deseado—. Igualmente estaré mínimamente
bien durante nuestra "cita".

—Tú solo quieres molestar a mi papá. —Taehyung sonrió apenas, calmado al


ver como el hombre comenzaba a relajarse. Volviendo a ser el mismo
Jungkook de siempre.

—¿Te parece? —rió con gracia, en un tono bajo—. También quiero acabar
con la vieja Yang Mi, Jimin y Dongyul. Ese trío me tiene cansado desde hace
tiempo.

—Le guardo demasiado rencor a tu madre desde que me empezó a decir


idioteces cuando me llevabas con correa hacia no sé donde, con tu bolsa llena
de carne y sangre —explicó, y el payaso pareció recordar tal momento—.
Dijo algo sobre un trapecio y que era poca cosa para tí.

Jungkook frunció el ceño ante aquello, ya que no se había enterado de aquella


charla entre su madre y su mocoso.
—¿Un trapecio? —Repitió, curioso.

—Sí, dijo que causar un accidente con un trapecio no fue suficiente para
llevarte a la ruina, algo así —expresándose con sus manos, Taehyung apretó
sus labios entre sí, sin comprender hasta el día de hoy a qué se refería la
fémina—. ¿Qué habrá querido decir?

El payaso guardó silencio, repitiendo cada palabra del menor en su mente y


procesando aquello, con sus ojos moviéndose hacia varias partes del rostro
ajeno al pensar demasiado en eso.

Y cuando comprendió, de lo más profundo de su garganta resonó una fuerte


carcajada, llena de gozo. Disfrutando tanto de la irónica situación, de lo tan
obvio que había sido todo.

Pero en definitiva, estaba disfrutando en demasía lo ingenuo que había sido


uno de los prisioneros de la jaula que se encontraba en el exterior. De lo
ciego e idiota que había llegado a ser.

Confundido ante las carcajadas del hombre, Taehyung quiso hablar, pero
terminó siendo recostado bruscamente sobre la cama, generando dolor en sus
heridas cuando Jungkook se puso encima suyo.

Ni siquiera pudo quejarse, porque el payaso comenzó a repartir besos por


todo su rostro y su boca, manteniéndolo callado mientras seguía riéndose por
lo bajo.

—¡Mocoso! —exclamó de repente, con notable gracia—. No sabes la


información que acabas de darme, cariño. Me quitaste incluso la amargura de
la conversación con Yoongi. —Sonrió apenas, besando al chico una vez más
y callando así sus preguntas y quejas por el trato que estaba recibiendo.

—¿Qué te picó, payaso sin cerebro? —Soltó en tono de queja el rubio,


removiendose para librarse del agarre de Jungkook.

—Mi precioso desastre... Me acabas de dar un argumento tan pero tan bueno
para cuando torture a Dongyul, que en verdad quiero besarte hasta matarte.
—Declaró con una pequeña sonrisa, viéndose tan inocente a pesar de decir
algo sumamente escalofriante.

—¿Yo qué dije? —siguió quejándose el menor, frunciendo el ceño—. Ya


dejame.

—Sigue quejandote y en verdad veré si puedo asesinarte tan solo con besos.
—Amenazó Jungkook, con burla.

—Morirías tú igualmente, idiota. —El menor intentó apartar al pelinegro,


pero el mismo se subió sobre su regazo, sonriendole aún mientras tomaba sus
muñecas para que dejara de moverse.

—Moriría feliz. —Siguió molestando, fastidiando al chico.

—¡Jungkook! —Gritó con fastidio, dándose vuelta con todas sus fuerzas y
tirando así al hombre sobre el colchón, a su lado.

Sus ojos se cerraron con fuerza ante el dolor de sus heridas, y un quejido se
escuchó por lo bajo. No pensaba hacer aquello de nuevo.

El pelinegro a su lado lo tomó por la cintura, acercandolo hacia él de nuevo.


Como si no pudiera dejar sus manos lejos de él ni un solo segundo.

—Te odio tanto... —Soltó el rubio, resentido ante su dolor.

—También te quiero, mocoso. —Dejando un casto beso en la frente ajena,


Jungkook sonrió con calma, más tranquilo.

—¿Podrías dejar de decir locuras por un momento y dejarme dormir? Estaba


tranquilo antes de que llegaras. —Exclamó Taehyung, acomodandose contra
el pecho impropio cuando Jungkook lo acercó apenas.

—Es divertido molestarte, precioso. Pero está bien, duerme. —Soltó, como si
le estuviera dando permiso. Y Taehyung no pudo hacer más que agradecer
internamente, ya que estaba realmente cansado.

—Buenas noches, Kook.

—Buenas noches, mi niño.


•••

Caminando con naturalidad por entre medio de aquellos vacíos pasillos


formados por casas rodantes, aquel hombre levemente alto y delgado buscaba
algo por doquier. Observando todo a su alrededor con calma.

Acomodó su traje negro y su corbata mientras seguía paseando por ahí, algo
ansioso. Llevaba varios minutos buscando algo en específico y aún no
aparecía.

Buscaba a alguien, más éste no daba ninguna señal de vida. Todo estaba
vacío.

El pelirrojo de traje elegante suspiró con cansancio, llegando al final de los


pasillos, y encontrándose así finalmente con lo que buscaba.

Una sonrisa llena de burla apareció entre sus gruesos labios, mientras que se
acercaba poco a poco a la jaula donde se encontraban tres personas
sumamente descuidadas, llenas de comida por el piso de la jaula, sin bañarse
hace semanas, y heridos.

—Oh, Jimin... ¿Cómo es que has llegado a esto? —Cuestionó en voz baja,
observando el cuerpo del rubio, quien dormía con incomodidad al estar
esposado.

Buscando perturbar su sueño, el pelirrojo metió una de sus manos dentro de


la jaula, jalando apenas el cabello del chico, quien se quejó entre sueños.

—Jimin, hey —llamó, moviendolo aún—. Despierta.

Luego de un largo rato en el que estuvo insistiendo, logró finalmente que


poco a poco el rubio abriera su ojo, desorientado, mientras que el otro lugar
donde debería estar su otro ojo era cubierto por una venda.

—¿Qué Diablos...? —el rubio bostezó con pereza, antes de enfocar su mirada
en el hombre frente a él—. ¿Sunghyun? —Exclamó con notable sorpresa, sin
comprender que hacía aquel chico allí.

—El mismo... ¿Cómo has estado? —pregunto el tal Sunghyun, con una gran
sonrisa mostrándose en su rostro—. Veo que sumamente demacrado. ¿No era
que ibas a ser mejor que yo luego de esto?

—No empieces —se quejó Jimin, sentándose en el piso de la jaula con algo
de dificultad—. Tienes que ayudarme.

—¿En verdad? ¿Y por qué?

—Porque eres mi maldito hermano y me debes un favor desde que me


abandonaste en este asqueroso circo. Si no fuera por mí estarías muerto —
soltó el rubio—. Por tu estúpido enamoramiento por Yoongi abandonaste
todo y papá quiso detenerte, y lo terminaron matando a él y a toda nuestra
puta familia. ¿Y en verdad me preguntas el por qué?

—Ya, ya. No te pongas pesado —restándole importancia, el chico volvió a


sonreír, haciendo que sus ojos se cierren casi por completo—. ¿Cómo
sugieres que te ayude a salir de aquí?

—A través de Taehyung, el mocoso que maneja todo esto. —Explicó Jimin,


observando a su alrededor para verificar que nadie estaba siendo testigo de su
charla.

—Hm, todavía no he tenido el honor de conocerlo. Pero veré que puedo hacer
—soltó el chico, con calma—. Pero eso sí... Si logro sacarte del circo, te irás
conmigo y serás mi sirviente por meses, y luego comenzarás a trabajar para
mí. ¿Qué te parece?

—Lo que quieras, pero sácame de esto...

—Entendido, pirata. Te veo luego, debo irme a dormir, en mi cómoda cama...


—Se burló con descaro, estirándose y alejándose del rubio, quien lo miró con
notable fastidio.

—Agradece que seas mi familiar porque de lo contrario te hubiera matado


hace años. —Exclamó Jimin, algo molesto.

—¿Matar a tu queridisimo hermanito? Que cruel eres, Minnie... —Se quejó


Park Sunghyun, antes de dar media vuelta para alejarse de ahí, con una
sonrisa llena de satisfacción en su rostro.

Luego de tantos años, los hermanos Park volvían a encontrarse.


34

—Jungkookie, ¿dónde estás? —una voz levemente aguda llenó por completo
el vacío de aquella habitación cuando el infante abrió la puerta, analizando el
lugar—. Te encontraré, ya verás...

Caminando con cuidado por la habitación, el pequeño castaño comenzó a


buscar con sigilo al adolescente, con quien estaba jugando a las escondidas
desde hace varios minutos y aún así no lo encontraba.

Quizá era demasiado bueno en el juego. Taehyung no lo sabía y en verdad no


lo estaba analizando del todo bien en ese momento.

Observando debajo de la cama y por varias zonas de su habitación, el castaño


frunció el ceño en señal de frustración. Llevaba más de media hora buscando
a su amigo y no lo podía encontrar.

Saliendo de la habitación, miró el largo pasillo que lo guiaba hacia las


escaleras, haciéndose cada vez más extenso ante su punto de vista, dejando
las escaleras cada vez más atrás.

Taehyung ladeó la cabeza ante esa imágen, y simplemente caminó hacia allí,
siendo sus pasos tranquilos y suaves, sin ser brusco para no crear ruido sobre
la madera que pisaba.

Sin embargo, en medio pasillo comenzó a sentirse observado, amenazado de


alguna manera. Y fue por aquello que terminó volteando apenas su rostro,
nervioso.

—¿Jungkookie? ¿Ya te aburriste? Podemos jugar a las atrapadas... ¿No


quieres? —Preguntó entonces, repentinamente apenado. No sabía cómo
comportarse ante Jungkook, y aquella mirada que llegaba desde algún lado de
la casa hacia él llenaba su cabeza de dudas y nervios, no sabía que hacer en
verdad, y quiso suponer que se trataba de Jungkook ya que solo se
encontraban ellos dos en la casa.

El silencio pesado y tenso fue la única respuesta que recibió el infante.

—¿Kookie? Papá te ha dicho que no me asustes... ¿Dónde estás? —


cuestionó el castaño, girando sobre su cuerpo al sentir la mirada molesta esta
vez sobre su nuca—. Tengo miedo, ya no quiero seguir jugando.

—TaeTae... ¿Quieres jugar conmigo, niño? —Se escuchó de repente, dentro


de una habitación que se encontraba cerca del niño de 7 años.

Pero aquella voz no era suave y fría como la de su Jungkook. Era tétrica y
burlona, casi sarcástica.

Taehyung retrocedió un paso al sentirse en peligro, mirando fijamente la


puerta de la habitación mientras su pequeño corazón comenzaba a latir con
frenesí, mostrando su miedo.

Dió otro paso hacia atrás, y el sonido de la madera terminó llenando el pasillo
con fuerza, resultando exagerado ya que el menor podía prácticamente
escuchar el eco de la madera chillando por entre las cuatro paredes que lo
rodeaban.

La puerta de la habitación comenzó a abrirse con lentitud, y el infante


permaneció inmóvil en su lugar ante aquello, expectante.

De aquella habitación salió un hombre que jamás había visto, uno alto, con
sus músculos levemente marcados y su cabello negro cubriendo apenas su
rostro, tenía una sonrisa burlona similar a la de un conejo y su traje negro
relucía ante su físico. Aquel mismo hombre portaba en su mano derecha una
vieja navaja de color rojo, la cual sostenía con fuerza.

—Oh, mi dulce pequeño... ¿Por qué me miras así? ¿No íbamos a jugar? —
Preguntó entonces aquel pelinegro, sonriendole al niño.

—¿Q-quién es usted? —cuestionó el menor con temor, volviendo a


retroceder—. ¡Salga de aquí! ¡Llamaré a Jungkook y le hará mucho daño!
—Amenazó, caminando cada vez más rápido hacia las escaleras mientras que
el hombre seguía sus pasos con la misma velocidad.

Y ante las palabras del infante, el pelinegro soltó una carcajada llena de
gracia, acomodando su cabello y dejando expuesto todo su rostro, ganándose
así una mirada llena de horror por parte del castaño.

—Pero TaeTae... ¡Yo soy Jungkook! —rió con gracia, antes de alzar su
navaja—. ¡Y será mejor que corras, cachorrito! ¡Porque te atraparé!
—Amenazó con notable gusto, disfrutando del terror plasmado en los ojos del
infante, quien de inmediato comenzó a correr.

Siguiéndole el paso, el hombre bajó las escaleras, persiguiendo al castaño por


toda la casa, llamándolo, gritando su nombre y prácticamente pisándole los
talones.

Taehyung sollozaba ante el miedo, viendo su casa llena de pasillos que


anteriormente no estaban. Era prácticamente un laberinto, el cual él no
reconocía en absoluto.

No sabía como huir de las manos de aquel pelinegro que decía ser Jungkook.

Sollozó con fuerza cuando corrió hacia uno de los pasillos, abriendo la puerta
y cerrandola con toda la fuerza que le permitía su pequeño cuerpo, colocando
el seguro y cayéndose en el piso cuando sintió un brusco golpe en la puerta,
dado por el hombre que lo amenazaba una y otra vez a través de insultos y
demás.

Retrocediendo con desespero, el infante terminó apoyándose contra la pared,


observando con terror como la puerta se movía con insistencia. Con tanta
fuerza que parecía que en cualquier momento sería derribada.

Cubrió sus oídos, llorando con horror mientras negaba constantemente con la
cabeza. Asustado, perdido y lleno de pánico. El pequeño no sabía que hacer.

—¡Vete! —exclamó entre lágrimas—. ¡No eres mi Jungkook! ¡Déjame en


paz!
La puerta siguió golpeándose con furia, tirando varios trozos de madera por
el baño donde se escondía el niño, mientras que el mismo temblaba,
expectante ante el peligro.

Fue luego de varios minutos que los golpes cesaron, dejando el baño en
completo silencio. Demasiado para el gusto de Taehyung.

Y luego, el menor escuchó varios pasos alejándose con velocidad, como si el


pelinegro se hubiera ido corriendo, pisando con furia la madera del piso.

Se mantuvo alerta, sosteniendo entre sus manos su rostro, rasguñando apenas


el mismo ante los nervios que estaban consumiendolo de a poco.

Pasos más relajados se escucharon en el exterior, y el castaño contuvo la


respiración, alejándose de la puerta con sigilo. Lleno de miedo.

—TaeTae —escuchó un llamado, con un tono calmado y algo frío—, ¿estás


ahí? ¿No se supone que ibas a buscarme tú, hm?

—¿Jungkookie? —Preguntó Taehyung, inseguro.

—¿Quién más, mocoso? —exclamó Jeon con cierta ironía—. Solo estamos
nosotros dos. ¿O es que ya llegaron tus padres?

—No...

—En ese caso ya sal de ahí. Debemos comer algo —el pelinegro intentó abrir
la puerta, fallando en el intento y frunciendo el ceño ante esto—. Taehyung,
me prometiste que después de jugar comerías. Así que abre ahora mismo.

El castaño se mantuvo inmóvil, inseguro. Sin creer realmente que se trataba


de su amigo.

—Mocoso, dejaré de jugar contigo si no abres la puerta. —Amenazó el


mayor, intentando nuevamente abrir la puerta y creando así un brusco sonido
proveniente de la madera rota por los golpes que había recibido
anteriormente.

—Jungkookie... —llamó entonces el niño, asustado y alerta—. ¿Te gustó mi


dibujito? —Preguntó, poniendo en prueba al supuesto adolescente que se
encontraba allí afuera.

El pelinegro tardó en responder, y el infante se alejó aún más, subiéndose a la


bañera y mirando con nerviosismo la puerta, ocultando su pequeño cuerpo
detrás de la cortina de la ducha.

—Por supuesto que me gustó tu dibujo, niño. Pero créeme que no volveré a
aceptar algún dibujo tuyo si sigues desobedeciendome —soltó el mayor,
frustrado—. A tu papá no le gustaría escuchar que te has portado mal, ¿no
crees?

—Kookie —volvió a nombrar Taehyung, ignorando las amenazas del mayor


—. ¿Te gustó mi peluche de gatito?

—¿De qué peluche hablas? Me diste un oso, no un gato —exclamó Jeon, con
calma—. Vamos, Tae. Ya sal de ahí.

El castaño se relajó al notar como Jungkook reconocía su peluche, por lo que


salió de la bañera con timidez. Avergonzado al pensar que había hecho el
tonto ante el mayor.

Quitó el seguro de la puerta, y abrió la misma con calma.

Enfrente de él se encontraba su Jungkook, el que él recordaba. Con su cabello


negro alborotado y su típica mirada seria, mirándolo fijamente a los ojos
mientras sostenía un plato lleno de fideos que había preparado para
Taehyung.

—¡Kookie! —el niño sonrió, antes de abrazar con fuerza al adolescente por la
cintura, tomándolo desprevenido—. Tenía miedo...

—¿Qué ocurrió? —Cuestionó Jungkook, sin corresponder el abrazo al tener


las manos ocupadas.

El pequeño no quiso contestar su pregunta, y en su lugar terminó alzando la


mirada, apoyando su barbilla por arriba del estómago ajeno, mirando la
expresión seria del adolescente que lo cuidaba de vez en cuando.
—Jungkookie —llamó, en voz baja—. ¿Me regalas una sonrisa?

—Oh, no empieces con eso...

—¡Solo una! —Pidió, aún asustado mientras movía apenas el pesado cuerpo
de Jungkook, quien se quejó por lo bajo.

Y cumpliendo con el capricho del infante, el pelinegro sonrió apenas, dejando


expuestos sus dientes a pesar de ser una sonrisa forzada. Y ante aquella
imágen, Taehyung sonrió en grande, sintiéndose mínimamente mejor por el
simple hecho de estar junto Jungkook.

Él era su lugar seguro.

Perdido en la sonrisa ajena, Taehyung comenzó a sentirse observado


nuevamente de a poco, por lo que desvió la mirada, observando a su
alrededor con notable alteración.

—Jungkook, tengo miedo... —Sinceró, apretando aún más la cintura impropia


mientras retrocedía, como si quisiera llevarse al adolescente con él.

—¿Miedo de qué?

El castaño no respondió, tan solo volvió a jalarlo hacia el baño con cuidado,
caminando con sigilo. Sin querer quedar expuesto ante el hombre que lo
había perseguido anteriormente.

—Jungkook, tengo miedo —repitió—. No me dejes.

—¿Mocoso? ¿Qué te pasa?

Taehyung quiso explicarle, quiso decirle que estaban en peligro y que tan
solo quería ser protegido por él. Quería huir y encerrarse junto con Jungkook
en algún lado.

Pero la sombra gigante que apareció detrás del adolescente logró captar toda
su atención. Misma sombra que se acercaba cada vez más, acechando.

—¡Jungkook! —Gritó, alarmado.


Y al voltear la mirada, el mayor se encontró con aquella silueta a sus
espaldas, misma que se abalanzó sobre él, cubriendolo y separándolo de
forma brusca de Taehyung. Dejando al infante en el piso junto con el plato
que sostenía Jungkook anteriormente.

El castaño cerró sus ojos con fuerza ante el impacto, sosteniéndose del suelo
cuando quiso levantarse y huir. Pero tan solo pudo quedarse inmóvil en su
lugar cuando se encontró cara a cara con el mismo hombre que lo había
perseguido anteriormente.

Se encontraba inclinado, con su mano derecha hecha puño y apoyada en su


barbilla, mientras analizaba al infante y sonreía con leve gracia, aún
sosteniendo su navaja en la mano izquierda.

—Te encontré, TaeTae... —exclamó con un tono dulce—. ¿Qué se supone


que gano?

Asustado, el menor negó frenéticamente con la cabeza, alejándose del


hombre con notable miedo.

—¿Dónde está Jungkook? ¿¡Qué le hiciste!? —Cuestionó, alterado.

El adulto lo miró con aburrimiento, antes de volver a sonreír apenas y buscar


algo a sus espaldas.

Y Taehyung tuvo que retener un sollozo cuando observó como el mayor


sostenía entre sus manos la cabeza de Jungkook, de su Jungkook. Aquella
cabeza en estado de descomposición, con uno de los ojos colgando hacia
afuera, aferrado a sus venas. Su cabello negro y maltratado era sostenido por
la mano ajena.

—Ya te lo he dicho, Taehyung —siguió hablando el hombre, impaciente—.


Yo soy Jungkook.

—¡Mentira! —sollozó el menor, negándose rotundamente a creer aquello—.


¡Mi Jungkook jamás haría algo como eso! —apuntó hacia la cabeza del
cadáver, alterado—. ¡Jamás me lastimaría!
—Oh... —el pelinegro ladeó la cabeza, sonriente—. ¿Eso crees?

—Por supuesto que sí. Mi Kookie no es así, no lo es... —Siguió negándose,


cubriendo sus ojos mientras seguía soltando varias lágrimas, aterrado.

Jungkook asintió, inexpresivo. Para después levantarse y acercarse al niño,


quien retrocedió de inmediato, buscando escapar.

La cabeza que sostenía el hombre fue liberada, y ante el impacto contra el


piso rodó apenas, perturbando más al castaño, quien sollozó con fuerza
cuando se levantó, con intenciones de correr.

Se dirigió a la puerta, buscando su libertad. Pero tan solo logró ser sostenido
entre los brazos de Jungkook, aprisionado.

—¡Sueltame! —lloró con tanta fuerza y desesperación que su garganta


comenzó a doler, mientras repartía golpes por los brazos del hombre y
pataleaba—. ¡Mataste a Jungkook!

—Sí, cielo. Jungkookie está muerto... —sonriendo, el pelinegro guió al


infante hacia el espejo que se encontraba en el baño, sintiendo como el
mismo se removía con insistencia, tratando de liberarse—. Mira lo que te ha
hecho Jungkook, no Jungkookie.

El castaño no entendió a qué se refería, hasta que posó su mirada en el espejo,


observando el reflejo de ambos.

Ya no era un niño, era un adolescente.

Un adolescente que se encontraba atrapado entre los brazos ajenos, con unas
iniciales marcadas en su mejilla y su cuerpo totalmente desnudo, su rostro
rojo e irritado ante su llanto y una sensación rara, como si le hubieran tirado
agua caliente. Su cuerpo dolía en demasía ya que sentía quemaduras por
doquier, y cortes recién hechos en su abdomen.

Gritó con fuerza, sintiendo como un corte profundo se abría en uno de sus
muslos, quemandolo como si le hubieran echado ácido.

Y cuando sus ojos se encontraron con los de Jungkook a través del espejo,
varias escenas comenzaron a recrearse, una por una.

Él siendo maltratado y humillado, siendo casi devorado por un León, siendo


marcado con un cuchillo caliente, casi ahogado.

Observó en tercera persona como intentaban abusar de él, como le quitaban la


ropa interior y como lo humillaban en otra ocasión cuando él tan solo pedía
ser asesinado para acabar con todo su sufrimiento.

Vió todo su sufrimiento en aquel circo, en manos de Jungkook.

Y cuando todas aquellas escenas pasaron, sus ojos volvieron a abrirse,


encontrandose a Jungkook enfrente del espejo con su cabeza, cortada tal
como la del Jungkook que conoció en su infancia, siendo sostenida por el
payaso, quien reía con gracia, sumamente satisfecho.

—¡No!

Taehyung se levantó de golpe, respirando agitado, mientras observaba a su


alrededor con notable miedo, sudando frío.

Estaba en la casa rodante, en su habitación.

Perdido, el chico guió una mano hacia su cuello, verificando que se


encontrara totalmente sano. Y al ver que así era, tan solo pudo suspirar con
alivio.

Todo había sido una pesadilla.

Aterrado ante lo que había visto en su sueño, el rubio cubrió su rostro,


sollozando con temor luego de un largo tiempo, con su cuerpo temblando y el
pánico atacándolo por completo.

Hace meses que no tenía aquellas pesadillas, no sabía que había pasado. Pero
detestaba por completo aquella sensación de miedo, donde se sentía en
peligro incluso cuando descansaba.

Su abdomen ardió ante el movimiento brusco que había hecho al sentarse en


la cama, por lo que posó una de sus manos allí, mientras que con la otra
secaba sus lágrimas, perdido en sus pensamientos.

Fue luego de unos cuantos minutos que finalmente su llanto se calmó un


poco, y su mirada terminó en el hombre que tenía a su lado durmiendo, ajeno
a su sufrimiento.

—E-esto es tu culpa... —Acusó en un susurro, receloso.

Si había tenido aquella pesadilla, era porque Jungkook nuevamente le había


hecho daño. O por lo menos, eso creía el rubio.

—Te odio tanto... —Soltó, molesto. Para después observar hacia la mesita
que se encontraba a un lado del cuerpo de el pelinegro.

Ahí se encontraba la navaja del payaso. Aquella que había sido utilizada para
aterrarlo en su sueño y misma que había causado sus heridas hace unas
cuantas horas.

Con aquella navaja, fue que el rubio se acercó con sigilo hacia Jungkook,
observandolo entre varias lágrimas llenas de rencor.

El pelinegro se removió entre sueños, boca abajo, con su cabello cubriendo


apenas su rostro y su boca levemente abierta. Sin siquiera percatarse de las
intenciones que comenzaba a tener el chico con el que anteriormente dormía.

Una de las piernas de Taehyung se apoyó contra el colchón, rodeando la


cintura del hombre. Y el rubio terminó sentándose sobre la espalda baja del
mismo con cuidado, alerta ante los movimientos de Jungkook.

El payaso ni siquiera notó el peso que había sobre él, y tan solo siguió
durmiendo. Sintiendo entre sueños como una mano recorría con timidez su
espalda.

Taehyung apretó sus labios entre sí, dejando salir varias lágrimas aún. Estaba
alterado, sentía aún el pánico que había experimentado en el sueño y tan solo
quería desquitarse, dejar todo su dolor en el cuerpo del culpable de su
sufrimiento.

Jungkook tenía la culpa de todo.


Alzando apenas la camisa del hombre, Taehyung observó la piel levemente
pálida del mismo, subiendo cada vez más la tela. Con cuidado, con sigilo,
pendiente de no despertar al pelinegro aún.

El payaso se removió, incómodo. Y el rubio se quedó quieto, observando el


rostro ajeno.

Y Jungkook tan solo abrió los ojos lentamente al sentir el frío del filo de su
navaja sobre su espalda, paseándose con cuidado.

—Hm... —se quejó en voz baja, más dormido que despierto—. ¿Mocoso?

Taehyung no dijo nada ante el llamado del mayor, tan solo sollozó en
silencio, aún perturbado.

—¿Qué haces, cariño? —preguntó el pelinegro, alzando la mirada hacia el


viejo reloj que se encontraba sobre la mesa a su lado—. Son las 6 de la
mañana... —Volvió a quejarse.

Recibiendo tan solo el silencio de Taehyung como respuesta, Jungkook


volvió a sentir la mano cálida del chico sobre su espalda baja, tomando el
borde de su camisa levemente grande y levantando la misma con cierta
rapidez, dejando expuesta su espalda. Y ante esto, el payaso terminó alzando
una ceja ante el repentino acto del chico.

—Amor, ¿qué haces? —Preguntó Jungkook, mirando al rubio de reojo,


curioso.

Y terminó frunciendo el ceño al verlo llorando, con sus manos temblando


apenas, su labio siendo mordido con fuerza y sus piernas rodeando su cintura,
sin permitirle así moverse.

Lo que más llamó la atención de Jungkook además del llanto de su mocoso,


era que el mismo estaba sosteniendo su navaja.

—¿Qué pretendes hacer, niño tonto? —Quiso saber el hombre, alzando


apenas su cuerpo e intentando quitarse al chico de encima, pero el menor
terminó aprovechando aquello para tomarlo del cabello y guiar la navaja
hacia su cuello, aún sollozando.

Jungkook tragó saliva ante el brusco agarre, sintiendo el filo de su navaja en


su manzana de Adán. Su ceño se frunció y apretó sus dientes entre sí al
observar de reojo hacia la habitación en un intento por mirar a Taehyung.

—Si no me explicas porqué mierda estás haciendo esto, juro que te agarraré a
golpes. —Exclamó, enojandose automáticamente al ser amenazado de tal
manera.

—T-tuve una pesadilla... —contó el menor entonces, en un débil susurro—.


Por tu culpa.

—¿Yo qué he hecho? —preguntó—. ¿Acaso mi príncipe no puede soportar


unos simples cortes por qué ya anda teniendo pesadillas? Eres un verdadero
idiota, amor.

—Cállate... No me siento bien. —Sinceró, temblando ante su angustia.

—¿Y crees qué me importa? No seas llorón, Taehyung —soltó Jungkook con
fastidio—. Si vas a llorar que sea por algo que valga la pena, no por una
simple pesadilla que no puede hacerte daño. Es tan solo eso, una pesadilla.

—Tú no entiendes lo que soñe... No entiendes nada... —soltó entre sollozos


el rubio—. Todo es tu culpa.

—¿Y de qué te servirá ponerte encima de mí a las 6 de la mañana para


relajarte por ese tonto sueño, hm? —cuestionó el hombre—. Explicame eso,
niño.

—Me servirá de la misma manera que te sirvió a tí dañarme luego de leer las
cartas de Yoongi —explicó con recelo—. Tú solo querías dañar algo. Y eso
quiero yo ahora, solo que a comparación tuya, yo me desquitaré con el
responsable de mi malestar.

—Oh, mi amor... —Jungkook sonrió con gracia—. ¿Quieres marcarme,


acaso?

El menor se mantuvo en silencio ante aquella pregunta, apretando sus labios


con inseguridad.

—Yo soy tuyo, y tú eres mío... —soltó de repente—. Si tú me lastimas, yo te


lastimo a tí. Así es como funciona de ahora en adelante.

Jeon soltó una carcajada llena de gracia, pero no dijo nada para contradecir al
menor, por lo que Taehyung quiso creer que estaba de acuerdo con él.

El rubio dejó de amenazar al hombre con la navaja, y el mismo no hizo más


que recostarse de nuevo, mirándolo de reojo.

Un poco más calmado, Taehyung volvió a alzar la camisa ajena, dejando


expuesta la piel pálida nuevamente, y a la vez dejando al descubierto las
marcas levemente rosadas que se encontraban por allí, como si fueran varias
líneas trazadas desde hace varios años.

Curioso, posó su dedo índice sobre una de las líneas, siguiendo el camino
extenso desde el inicio de la espalda hasta el final, sin comprender como es
que Jungkook se había hecho eso.

—¿Jungkook? —Llamó, dudoso.

Y al notar sus dudas, el payaso tan solo negó con la cabeza, bastante
calmado.

—Yang Mi. —Fue la única explicación que dió, restándole importancia y


apartando la mirada.

Taehyung quiso guardar silencio y simplemente seguir con lo suyo. Pero las
marcas que tenía el hombre estaban por doquier, notándose por toda su
espalda.

—¿Cómo? —Volvió a preguntar, posando el filo de la navaja sobre la


espalda ajena.

—Un látigo de cuero, de tres puntas.

El rubio asintió, ignorando el nudo que se creó en su garganta antes de


finalmente clavar el objeto sobre la piel contraria, sacándole un leve jadeo al
mayor, quien frunció el ceño, mas no se quejó.

Ambos se quedaron en silencio. Uno concentrado en lo que hacía, mientras


que el otro simplemente se dejaba hacer, como si no le interesara el dolor en
su espalda.

—Jungkook... —llamó el chico, recibiendo como respuesta un simple sonido


proveniente de la garganta del mayor—. ¿Crees que aún queda algo de tí de
cuando eras pequeño?

—¿A qué te refieres?

—A que si crees que aún conservas algo del chico que eras cuando tenías 13
años...

Jungkook pareció pensar la respuesta, ignorando los cortes que hacía el chico
sobre su piel a pesar de que le ardían en demasía, pero no llegaban a ser
insoportables ya que Taehyung no estaba haciendo cortes realmente
profundos. Tan solo era algo que se marcaría por afuera, quizá ni siquiera
necesitaría un cuidado tan detallado como el que necesitaba los cortes que él
había hecho en el abdomen ajeno.

—Todo lo que era antes de los 15 años está muerto. —Declaró finalmente el
payaso, perdido entre sus pensamientos.

Y terminó jadeando en modo de queja cuando sintió un corte más brusco


sobre su espalda luego de aquella declaración, logrando fastidiarlo.

La navaja fue alejada de su cuerpo, y fue entonces cuando quiso levantarse,


frunciendo el ceño ante el dolor.

El rubio salió de encima suyo, observando lo que había hecho en la espalda


del mayor. Y al ver el resultado terminó sonriendo con leve gracia,
sintiéndose mínimamente mejor.

Jungkook se acercó hacia el enorme espejo que tenía en la habitación,


quitándose la camisa y dejando así al descubierto sus heridas, mismas que
observó por el reflejo.
Y Taehyung no supo como sentirse al ver como el mayor sonreía igualmente,
sin alterarse ni un poco ante las palabras escritas en su piel.

"Propiedad de Kim Taehyung"

—¿Por qué sonríes? —cuestionó el rubio, sin comprender—. ¡No deberías


estar feliz!

—Sonrío porque literalmente acabas de sentenciarte a muerte.

—Jungk-

El menor fue callado por Jungkook cuando el mismo lo sostuvo con fuerza,
tirandolo a la cama y dejándolo así boca arriba, mientras se posicionaba entre
sus piernas, cerrandole la boca.

—Dime una cosa, mi amor... ¿Quién te crees que eres? —Cuestionó de


repente, con una leve sonrisa posandose en su rostro.

—Tu jefe. —Murmuró el chico en respuesta, frunciendo el ceño al sentir


como Jungkook guiaba una de sus manos hacia su cuello, ejerciendo un poco
de presión.

—Hm, mi jefe... —asintió sin gracia alguna, permaneciendo pensativo ante


los ojos de Taehyung—. ¿Mi lindo jefe acaso cree que puede despertarme así
como así a las 6 de la mañana tan solo por una pesadilla?

—Pesadilla que tuve por tu culpa. —Acusó el menor, mirando directamente a


los ojos del pelinegro, quien sonrió en respuesta.

—Eres tan infantil... —Jungkook ladeó la cabeza, girando apenas la misma


para observar el reflejo de ambos a través del espejo, donde se podía ver su
espalda descubierta, liberando sangre, y las piernas del chico rodeando su
cintura—. ¿Quieres que hablemos de los sueños que tuve yo por tu culpa?

—No creo que sean tan fuertes para tí considerando lo mal que estás de la
cabeza. —Atacó Kim, sintiendo los dedos del hombre acariciando su cuello
con cautela, de forma delicada.
—¿En verdad, cachorro? Porque yo considero que un sueño donde me
convierto en mi padre es bastante traumático. —Exclamó, mirando fijamente
el abdomen del chico ya que su camisa se había levantado apenas.

—¿Cómo que te convertiste en tu padre?

Jungkook bajó su mano por el pecho ajeno, observando esta vez los ojos del
menor y tomando con su mano izquierda una de sus piernas, pegandolo más a
su cuerpo.

—En mi sueño, Seung estaba exactamente así con Irene —explicó,


refiriéndose a su posición, para después guiar una de sus manos hacia el
cabello impropio, sosteniendolo con algo de fuerza—. Creo que es más que
obvio lo que estaban haciendo.

El rubio miró la posición de ambos, y al comprender, asintió apenas. Dejando


su atención totalmente en Jungkook.

—De un momento a otro, él la estaba apuñalando. Y al parpadear, yo estaba


en su lugar, y tú estabas en el lugar de Irene —siguió explicando, haciendo
una pequeña mueca, incómodo al recordar aquello—. Te maté.

Taehyung se mantuvo en silencio, sin saber que decir ante eso. Y cuando
recordó todo sus meses junto a aquel hombre, tan solo pudo apretar sus labios
con la misma incomodidad que presentaba el mayor.

—Siempre me quisiste muerto. —Le recordó, sin comprender porque


Jungkook tomaba aquel sueño como algo traumático.

—Sí, pero no me sentí satisfecho al ver tu cadáver. Creo que en el sueño tuve
un ataque —trató de recordar, perdido en su mundo, mientras hablaba con
total calma, con su voz algo ronca—. Y créeme que no se sintió bonito.

—¿Tú siquiera eres capaz de sentir algo? —Cuestionó el chico, frunciendo el


ceño ante las palabras de Jungkook, quien sonrió en respuesta.

—Oh, mocoso. Por supuesto que soy capaz de sentir "algo" —afirmó,
presionando una vez más el cuello del rubio y disfrutando en demasía de la
mirada horrorizada que le ofreció el mismo—. Siento gusto, satisfacción, y
tranquilidad al ver sangre. Creo que eso es normal en gente como tú, sentir
eso.

—No me refiero a eso. Tú no sientes nada más allá de rencor y odio. No


sientes amor, no sientes cariño. Simplemente eres un saco vacío lleno de
traumas y palabras sin sentido que según él ocultan una verdad
impresionante, cuando tan solo es tu retorcida manera de ver el mundo. —
Exclamó el menor, tragando saliva con nerviosismo al sentir como Jungkook
presionaba apenas su manzana de Adán con su pulgar.

—¿Mi manera de ver el mundo es retorcida, pequeño amor? —preguntó,


curioso—. Cada quien tiene su manera de ver el mundo, toda persona tiene su
manera de pensar. Y según yo, mi idea sobre la humanidad es la más
acertada. ¿Y por qué? Porque básicamente me fijo en como actúa cada ser
humano, cada mísera persona que se cruza en mi camino, ya sea demente o
simplemente una persona "normal" —comenzó a explicar, sin soltar el cuello
ajeno—. ¿Me creerías si te dijera que cada persona es igual de egoísta? ¿Qué
cada uno tan solo piensa en sí mismo? Jamás hay un verdadero interés en
alguien más, ya sea familiar, pareja, o incluso un fiel amigo. Nos interesa esa
sensación "buena" que tenemos al estar con ellos, y por eso mismo se busca
proteger a la persona. Porque nos hace bien, y no queremos soltarla.

—No, no es así.

—Explicame porqué estoy equivocado, entonces. —Pidió, sonriendo apenas.


Dispuesto a escuchar lo que tenía para decir el rubio.

—Hay personas que se humillan a sí mismas con tal de seguir junto a alguien
más, que se lastiman una y otra vez y aún así siguen a su lado. Yo no creo
que esas personas sean egoístas...

—Eso es ser directamente idiota, no egoísta —Jungkook frunció el ceño—.


Veamos, precioso. Te usaré a tí de ejemplo ahora mismo.

Taehyung frunció el ceño con disgusto ante lo dicho por el hombre, pero
permaneció en silencio.
—Tú te humillas con el simple hecho de seguir junto a mí. Te trato como se
me dé la gana y tú puedes hacer algo al respecto, pero prefieres guardar
silencio y tan solo cooperar —analizó, ladeando la cabeza—. Pero,
simplemente lo haces porque dependes de mí y sabes que si yo muero, una
parte de tí sufrirá. No tendrás a nadie más allá de tu familia, de la cual ya te
he dicho lo que pienso... Si ellas están muertas, te quedas sin nada.

—¿Y soy egoísta por tan solo desear no estar solo? —Preguntó, disgustado.

—Ya te lo he dicho, Taehyung. Todos somos egoístas, incluso yo.

—No me considero egoísta...

—Hm, está bien... Y tú no eres el niñito que me andaba pidiendo enfrentar un


trauma tan solo porque se le dió la gana. —Alzó una ceja, con su tono de voz
lleno de ironía.

—No, no. Mi familia estaba involucrada en eso. —Acusó, malhumorado.

—¡Y ahí está! ¿Lo ves? Exactamente lo que yo te decía —Jungkook sonrió
con satisfacción, dejando expuestos sus ojos llenos de brillo cuando fijó su
mirada en el rostro ajeno—. ¿Por qué crees que estás tan desesperado por
encontralas, Taehyung?

El rubio no comprendió el porque de esa pregunta, pero tan solo se limitó a


responder con obviedad.

—Porque las amo.

—Oh, ¿Las amas tanto como para querer encontrarlas y dejarlas con vida
incluso después de todo lo que pasaron? —Cuestionó Jeon, con una sonrisa
inocente.

—¿Qué? —Removiendose con incomodidad, Taehyung miró con confusión


al mayor.

—Ellas no estarán precisamente bien, mocoso... ¿Cómo crees que están?


Ellas tuvieron el mismo destino que tuviste tú, de seguro presenciaron
muertes, las tocaron, humillaron, y lastimaron. La realidad es esa... ¿Jamás lo
habías pensado del todo?

—Por supuesto que sí, Jungkook. Pero no entiendo a qué quieres llegar, yo
tan solo quiero que estén bien, que estén conmigo...

—No creo que se encuentren bien luego de todo eso —juguetón, el pelinegro
acarició con calma el cuello del menor, sin dejar de sonreír—. ¿Tú sigues con
ganas de vivir después de todo lo que te ocurrió?

Taehyung se quedó en silencio, sin saber que decir. Quedándose sin habla
ante aquella pregunta mientras su mente buscaba una respuesta coherente
capaz de cerrarle la boca al contrario, pero no había ninguna. Y tan solo pudo
apartar la mirada, sintiendo caricias suaves por debajo de su barbilla.

—No te importa el como se encuentren, tan solo te importa que estén contigo.
¿Y cómo consideras eso, Taehyung? —Preguntó, esperando por una
respuesta sincera.

Y por más que le costó aceptarlo, el rubio tuvo que posar su mirada en los
ojos oscuros del mayor y responder.

—Un acto egoísta.

—Exacto, lindo cachorro. Estamos aprendiendo. —Festejó el payaso,


dejando un rápido beso en los labios ajenos mientras sonreía.

El menor correspondió el pequeño beso con recelo, mas no dijo nada.


Demasiado malhumorado por perder en aquella discusión.

Sin embargo, terminó abriendo un poco más sus ojos al sentir como
Jungkook volvía a presionar su cuello, acercándose peligrosamente hasta su
rostro, rozando sus labios.

—Ahora, mi niño... ¿Sabes qué haremos? —Cuestionó, sin despegar su


mirada de los labios ajenos.

—¿Desayunar? —Exclamó con inseguridad, soltando una pequeña risa ante


los nervios y la incomodidad.
—No. Simplemente te haré pagar por lo que acabas de hacerme. —Soltó,
refiriéndose a los cortes de su espalda.

Y cuando Taehyung quiso reclamar, tan solo logró que Jungkook ingresara su
lengua en su boca, dejándolo sin habla al instante. Comenzando así un beso
que resultaba exigente ante el punto de vista del menor.

Jungkook siguió pasando su mano por el cuello del chico, hasta que de un
momento a otro terminó tomando con cierta posesión el mismo, presionando
la manzana de Adán del rubio y quitándole así el aire de a poco.

Alarmado al sentir aquello, Taehyung quiso separarse, pero tan solo logró
que Jungkook ejerciera más presión, sosteniendo su cabello con su otra mano
para dejarlo quieto mientras seguía besandolo a su gusto.

Sin saber que hacer ante la situación, el menor trataba de corresponder


torpemente el beso, quedándose sin aire al pasar de los segundos,
desesperándose cada vez más.

Golpeó el pecho ajeno, pidiéndole así que se apartara. Y una pequeña


mordida en el labio fue la única respuesta que recibió.

Jungkook sonrió lleno de gusto al ver como el chico intentaba recuperar el


aire una vez que lo soltó, con sus labios hinchados y rojizos, y una mirada
llena de enojo. En verdad había logrado acabar con la paciencia del rubio y
estaba feliz por ello.

—Te odio... —Soltó el menor, con su mano posada en su cuello mientras su


pecho subía y bajaba con insistencia.

—Hm, yo te adoro, mi niño —sonrió Jungkook, para después tomar su


camisa nuevamente y sostenerla entre sus manos—. Iré a desinfectar esto. Tú
prepárate algo de comer si quieres, yo desayunaré con Woozi. —Avisó,
saliendo con calma de la habitación, como si no hubiera ahorcado a su jefe.

Fastidiado, Taehyung tomó asiento en la cama, insultando por lo bajo al


payaso mientras se levantaba y buscaba alguna camisa entre la ropa de
Jungkook.
Y al ver a un lado de una de las maletas a Byul, el rubio acarició apenas las
orejas del mismo, observando como el conejo comía con calma un poco de
comida que había quedado del día anterior.

—Tu dueño es un idiota, Byul. —Le susurró al animal, como si fuera un


secreto. Y al hacer aquello, tan solo pudo tomar la camisa que había
seleccionado, saliendo de la habitación para tomar un baño.

•••

Luego de lidiar con un muy fastidioso Jeon Jungkook, Taehyung salió


completamente solo de la casa rodante, prometiéndole al hombre que llevaría
una pistola consigo y que caminaría por lugares llenos de gente para
encontrarse mínimamente seguro. Además de que tuvo que decirle al mayor
hacia donde se dirigía.

Jungkook se quejó demasiado, pero accedió con tal de que el rubio volviera
antes de las 6 de la tarde, cuando él volvería a la casa rodante igualmente.

Y el pelinegro tan solo había acordado aquel horario, porque ambos tenían
algo pendiente por hacer. La supuesta cita.

Taehyung no se había preocupado demasiado por eso, en realidad. Pero ahora


que se encontraba vagando por los pasillos de casas rodantes, tan solo podía
llenar su cabeza de preguntas innumerables, una tras otra. Siendo cada una
más fastidiosa que la anterior.

¿Tendría que lidiar de nuevo con las burlas de su padre? ¿Incluso con sus
excusas idiotas que le causaban demasiada rabia?

El chico no quería eso, en verdad que no. Pero trató de calmarse a sí mismo
por el simple hecho de que Jungkook le había prometido que haría que aquel
hombre no diga ni una sola palabra en su presencia.

Perdido en su propio mundo, Taehyung no fue capaz de notar el momento en


el que llegó hasta la casa rodante de Yoongi hasta que alzó la mirada.

Recordaba perfectamente el como Jungkook lo había sostenido con


brusquedad al verlo en aquel mismo lugar totalmente solo, reclamándole por
ello. Mas en ese momento, a Taehyung no le importaba.

Le tuvo que mentir a Jungkook para ir hasta ahí.

Le había dicho que iría con Seokjin a pasar el rato, quizá a pasear por
distintos lugares que se encontraban cerca del circo, y el pelinegro no pareció
tener demasiados problemas con ello, por lo que lo dejó ir con calma,
pidiéndole que se lleve la pistola simplemente y que vuelva cuando se le
había dicho.

Sin embargo, Taehyung tenía otros planes. Y Seokjin no estaba involucrado


en ellos.

Él no quería contradecir a Jungkook, en verdad que no. Pero estaba cansado


de esperar por la información que supuestamente se le iba a dar. No podía ir
por ahí paseando con calma siendo que su madre y su hermana estaban
secuestradas en quien sabe dónde, pérdidas y llenas de miedo.

No quería seguir sin saber nada de ellas.

Tocó la puerta, y esperó con paciencia la presencia de aquel hombre peligris,


con ciertos nervios.

Aunque no esperó ser recibido por un chico totalmente ajeno, de labios


levemente gruesos, mirada curiosa y cabello tan rojo como un rubí, quien lo
miraba expectante.

—Hola —saludó el pelirrojo con calma, ofreciéndole una pequeña sonrisa—.


¿Buscas a Yoongi?

El chico asintió simplemente, consumido por los nervios. Estaba por entrar a
una casa con dos tipos que desconocía casi por completo, mismos tipos que
eran unos enfermos mentales.

Dejándolo pasar, el desconocido lo escaneó de pies a cabeza con la mirada, y


Taehyung no pudo hacer más que mirar hacia otra dirección, jugando con sus
manos.
—Él vendrá pronto —aseguró el más bajito, sonriendo con ternura al notar la
incomodidad del rubio—. ¿Cómo te llamas?

—Taehyung, Kim Taehyung. —Se presentó, extendiendo su mano hacia el


hombre con cierto nerviosismo, pero aún así notándose serio.

Abriendo un poco más sus ojos ante aquella información, el pelirrojo sonrió
con leve picardía, estrechando la mano del menor mientras una de sus cejas
se alzaba levemente.

—Mi nombre es Park Sunghyun, es un placer. —Exclamó, luciendo


repentinamente alegre.

Taehyung no dijo nada, prefirió guardar silencio y simplemente esperar a


Yoongi. No quería relacionarse con más personas enfermizas.

Sin embargo, Sunghyun no pareció notar su intención por mantener silencio,


o solo la ignoró. Porque al pasar los segundos, el rubio ya se encontraba
sentado en uno de los sillones, siendo básicamente interrogado.

—He hablado con Yoongi sobre tí, ¿sabes? —soltó el pelirrojo de la nada, sin
dejar de sonreír—. Dijo que eres un chico demasiado charlatán y metiche.
¿Acaso se han peleado?

—Algo así... —Taehyung se removió con incomodidad en su asiento, sin


saber que decir—. ¿Cuándo vendrá él?

—En cualquier momento, fue tan solo a buscar algunas cosas. Nada
importante seguro —el mayor movió apenas su mano derecha, restándole
importancia—. Por cierto... ¿En verdad eres la pareja de Jeon Jungkook?

Apretando sus labios ante aquella pregunta, el rubio tan solo entrecerró los
ojos, sin saber que decir. No podría decir que eran pareja, pero básicamente
así se mostraban ante todos los demás, e incluso Jungkook llamaba a su padre
"suegro".

Pensando en aquello, se limitó a asentir. Sin querer dar explicaciones al


respecto.
Sunghyun se notó sorprendido ante eso, y tan solo cruzó sus piernas,
sonriendo.

—Ya veo... —ladeó la cabeza, volviendo a analizar el cuerpo del menor—.


¿Sabes? Yo fuí el primer beso de Jungkook.

La mente de Taehyung pareció quedarse en blanco por un momento ante


aquella información, y él no pudo hacer más que asentir nuevamente. No
tenía mucho para decir, y en verdad, le daba igual.

—Y yo fuí su último beso, hace unos cuantos minutos. —Exclamó con el


mismo tono del pelirrojo, como si fuera la gran cosa.

—¿En verdad? —Sunghyun volvió a sonreírle, y él no le siguió el juego. Tan


solo se acomodó en su lugar, impaciente.

—En verdad. —Afirmó, sin querer agregar algo más.

—¿Qué interesante, no? ¿Será qué usa todo lo que le enseñe contigo? —
Cuestionó con falsa curiosidad, llamando la atención del rubio.

—Lo dudo. No creo que hayas sido la única persona que besó a Jungkook
como para que se acuerde siquiera de lo que tú le "enseñaste". —Exclamó
Taehyung con calma, confundido ante la actitud que comenzaba a tener aquel
tipo con él, como si estuviera atacándolo.

—Seguro... —Sunghyun apartó la mirada, sonriendo sin ganas.

Taehyung quiso decir algo, acabar con aquella tensión que se había creado de
repente, pero el sonido de la puerta siendo abierta se robó por completo su
atención.

Jeon Yoongi finalmente había llegado.

•••

Jungkook estaba hambriento y exhausto. Hace días que no comía como


debería y su cansancio había aumentado considerablemente gracias a todos
los ataques que había tenido últimamente, no había tenido tiempo para
descansar de forma correcta.

Fue por eso mismo que decidió que aquel día, no saldría de su casa. Tenía
planeado ir a visitar a su hermano menor, pero a último momento se había
arrepentido y tan solo había ido hasta la casa donde vivía el infante para
llevárselo a la suya, dispuesto a prepararle el desayuno.

Fue demasiado cuidadoso durante todo el camino, vigiló con cautela a su


alrededor para asegurarse de que Yoongi no se encontrara cerca. Y al ver que
no era así tan solo apresuró el paso hacia su casa, poniéndole como excusa a
su pequeño hermano que estaban jugando una carrera hasta su casa, y el
infante cooperó con él, siguiéndolo entre risas.

Woozi parecía estar feliz, y él no quería arruinarle el día con un inoportuno


encuentro con Yoongi.

—¡Te gané, Koo! —Celebró el pequeño pelinegro, sonriendo en grande


mientras se encontraba dentro de la casa rodante de su hermano, quien le
sonrió apenas, igual de agitado que el niño.

—Te dejé ganar, enano. Que es muy distinto. —Aseguró el hombre,


restándole importancia a las burlas de su hermano, quien se negaba a creer
que lo había dejado ganar.

—¡Mentiroso! —apuntandolo con su dedo índice, el infante frunció el ceño


—. Te gané.

—Ajá, lo que digas. —Dándole la espalda, Jungkook caminó hacia la cocina,


escuchando pequeños pasos a sus espaldas, ya que Woozi le estaba siguiendo
el paso.

Una vez que ambos hermanos se encontraron en la cocina, el menor observó


como Jungkook preparaba rápidamente el desayuno. Dejando un vaso de
leche para Woozi mientras que él servía café en una taza algo grande,
tomando igualmente un paquete de galletas de chocolate.

Cuando terminó le entregó al infante su vaso, indicándole que se siente en el


sillón mientras él colocaba galletas en una bandeja junto con cupcakes que
había comprado antes de ir a buscar a Woozi, tomando asiento junto al
mismo cuando tuvo todo listo.

El menor no dejaba de hablar sobre Yeonjun y Lisa. Solía decir siempre lo


mismo al respecto de ellos, que eran asombrosos, que le enseñaban muchas
cosas y que eran como sus héroes, aunque siempre terminaba aclarando que
Jungkook era mil veces mejor. Y el payaso no hacía más que escuchar,
respondiendo con calma cuando el infante le preguntaba algo o simplemente
lo miraba con emoción, en espera de una respuesta.

—¡Y entonces, Soobin se cayó sobre Baekhyun y empezaron a pelear! —


contó el chiquillo con euforia, metido en su relato—. ¿Y sabes quien ganó?
—Preguntó, mirando fijamente a Jungkook, quién tomó un pequeño sorbo de
café.

—¿Soobin? —Preguntó, mostrándose ingenuo ante la respuesta. A pesar de


que sabía perfectamente quien había ganado, ya que él había estado ahí. Pero
no quiso interrumpir a su hermano cuando éste se encontraba tan emocionado
al contarle aquello.

—Nop, Baekhyun —Woozi sonrió apenas, como si su hermano hubiera dicho


algo tonto—. Soobin no tiene tantos músculos, Koo. —Negó con la cabeza.

—Cierto, que tonto fuí. —Sonrió apenas, terminando su café y comiendo una
de las galletas, sintiéndose mínimamente lleno.

—Tú eres musculoso, le ganarías a Baekhyun. —Soltó de repente el niño,


analizando los bíceps de su hermano, quien tan solo hizo un pequeño sonido
con la garganta, afirmando aquello.

—¿Le ganaría incluso a Yeonjun? —Preguntó, curioso por la respuesta del


infante.

Woozi asintió frenéticamente, sin siquiera dudarlo. Él veía a Jungkook como


alguien sumamente fuerte, y no solo por sus músculos, sino por como actuaba
cuando se enojaba. Era mucho más intimidante que cualquier tipo con
músculos grandes como los que había allí afuera.
Jungkook sonrió ante la respuesta del menor, satisfecho. Y al apartar la
mirada, terminó borrando por completo todo rastro de felicidad, siendo
reemplazado por un ceño fruncido y una mirada llena de disgusto.

Había visto a Yoongi cerca de su ventana, su silueta. Y ante esto, no pudo


hacer más que mirar a Woozi, alarmado.

—Woozi, ¿qué te parece si jugamos, hm? —Preguntó, sonriendole a su


hermano una vez más para que no sospeche ante su nerviosismo.

El infante sonrió con ilusión, asintiendo.

—¿A qué?

—Hace tiempo que Byul está escondido en mi habitación. ¿Me ayudarías a


encontrarlo? Será como las escondidas —exclamó, tomando rápidamente la
bandeja que se encontraba en la mesa—. Una vez que lo encuentres, me
esperas ahí, ¿sí? No quiero que salgas.

—¿Por qué? —Cuestionó el menor, confundido al ver como el payaso


tomaba rápidamente todo lo que se encontraba en la mesa, llevándoselo a la
cocina.

—Porque tengo una recompensa para tí si lo encuentras, y no tienes que verla


hasta que yo vaya a la habitación. —Mintió Jungkook, apresurado.
Comenzando a impacientarse cuando escuchó tres golpes provenientes de la
puerta.

—Llaman. —Avisó Woozi, dispuesto a caminar hacia la puerta, pero


rápidamente los brazos de Jungkook se lo impidieron, llevándoselo a la
habitación.

—Yo me encargo. Tú preocúpate solo por Byul —acarició apenas el cabello


de su hermano, tratando de verse calmado—. Y recuerda, no lo toques.

Woozi asintió, acostumbrado a aquella advertencia. Y una vez que el hombre


cerró la puerta, comenzó a buscar con calma al animal.

Jungkook suspiró de forma pesada, mínimamente tranquilo. Para después


caminar con cierta rapidez hacia la puerta, frunciendo el ceño con notable
odio al momento de abrirla, recibiendo así a Yoongi.

—Hola... —El peligris sonrió apenas, lleno de nervios.

—Lárgate. —Contestó simplemente el menor, antes de empujar con fuerza la


puerta, dispuesto a cerrarle la misma en la cara al pálido, quien protestó.

—¡Jungkook! —tomando la puerta con su mano izquierda, Yoongi abrió la


misma, mirando con el ceño fruncido a su menor—. No hagas eso.

—Te he dicho que no te quiero cerca. ¿O es que acaso me tengo que poner un
cartel que te lo aclare? —cuestionó el pelinegro, fastidiado—. Solo quiero
estar tranquilo. No quiero lidiar contigo.

—Yo solo quiero tratar de arreglar esto. No hace falta que te pongas así, solo
empeoras todo...

—¿Qué mierda quieres arreglar? Yo ya te dije todo lo que tenía para decirte.
Y no hay mucho que me interese de tí, más allá de papá. —Soltó con enojo,
cruzándose de brazos.

—¿Papá? —Yoongi miró al payaso con confusión, colocando ambas manos


en los bolsillos de su pantalón levemente holgado.

—Si fui a verte aquel día, fue simplemente para sacarte la información de
Taehyung y para ver si sabías algo sobre papá, sobre su paradero. —Explicó
Jungkook, tratando de permanecer mínimamente relajado por más de que se
encontrara sumamente incómodo.

—Lo único que sé de papá, es que se fue a Busán luego de escapar. Se había
ido solo por un descampado, manejando un viejo auto. Y lo sé simplemente
porque me lo crucé mientras viajaba junto con Sunghyun en nuestra casa —
contó, tratando de recordar detalladamente aquel día—. No le hablé, así que
no me preguntes algo más allá de eso. Porque solo lo ví y seguí de largo. No
valía la pena preguntarle hacia donde se dirigía siendo que no me interesaba.

Jungkook procesó aquellas palabras, tratando de pensar en qué camino podría


haber llegado a tomar su progenitor en aquel entonces. Mientras que Yoongi
tan solo lo miraba fijamente, expectante y con cierta incomodidad
igualmente.

—Y sobre Taehyung, ya hablé con él sobre su familia. Hace una hora quizá
—soltó con tranquilidad el peligris, ajeno a las reacciones de Jungkook ya
que se encontraba mirando hacia abajo—. Le dije todo lo que sé. Ellas
estaban cerca de-

—¿Qué acabas de decir? —Cortó bruscamente el menor, alzando levemente


el tono de voz.

Yoongi alzó la mirada, curioso ante el repentino tono amenazante que había
tomado su hermano. Y se sorprendió al verlo con el ceño fruncido y los
brazos cruzados, alerta.

—¿Qué cosa? Solo dije que hablé con él. No le hice nada —alejándose un
poco, el mayor alzó una ceja—. ¿Por qué?

—Niñito estúpido... —susurró Jungkook por lo bajo, realmente malhumorado


—. Escucha una cosa, Min —llamó con descaro, fijando su mirada en los
ojos ajenos e ignorando por completo la mirada molesta que recibió al
simplemente nombrar aquel apellido—. No te quiero cerca de mi mocoso.

—No me digas así. Soy Jeon Yoongi, no Min. —Declaró el hombre,


incómodo.

—No eres un Jeon, papá ni siquiera quería reconocerte como uno. Eres tan
solo un simple niño proveniente del vientre de una vagabunda que abusaron
entre cincuenta hombres hasta la muerte. —Sonriendo con gracia, Jungkook
disfrutó en demasía del odio que comenzaban a presentar los ojos de su
hermano mayor, dejando de lado finalmente aquella máscara llena de fingida
amabilidad.

—No eres precisamente el más indicado para hablar sobre madres, Jungkook.
Yang Mi es lo más detestable que hay en el mundo, todos lo saben —
defendiéndose, Yoongi se cruzó de brazos—. Mi mamá no tuvo suerte en este
mundo, pero por lo menos ella sí me amaba.
—¿Y quién te asegura eso? ¿Quién te dice que no te trató con cariño por el
simple hecho de que fuiste el hijo del único hombre que la trató mínimamente
decente? Siendo que por dentro se estaba muriendo del miedo ante las
amenazas de todos, ante las amenazas de papá —acomodando su camisa con
calma, el pelinegro comenzó a acercarse cada vez más a su hermano,
encarandolo—. Acéptalo, Yoongi. Una mujer que sufrió tanto como ella,
jamás sería capaz de amar a un bebé que provino de un abuso, en el cual ella
sufrió.

—Te estás pasando, Jungkook. —Exclamó Yoongi, en un tono lleno de


advertencia.

—¿Me estoy pasando? ¿En verdad? —ladeando su cabeza, Jungkook fingió


compasión, haciéndole ojitos a su mayor en forma de burla mientras un
puchero se hacía presente en sus labios—. Oh, pobre Min. Ni su madre fue
capaz de quererlo, ni ella pudo recompensar todo el rechazo que se ganó a
través de los años, donde nadie lo quería por el simple hecho de ser un inútil.

—Jungkook. —Llamó el hombre, hartandose y frunciendo su ceño, mientras


sus manos picaban con incomodidad, haciéndole sentir la necesidad de
detener aquella conversación.

—¿Y sabes qué es lo peor? Que el único niño que fue capaz de quererlo
terminó sumamente decepcionado. Porque a alguien tan miserable como tú ni
siquiera le importó eso, y tan solo se fue. Acabando con todo el amor que
anteriormente le tenía él —refiriéndose a sí mismo con aquello, Jungkook
sonrió de lado—. Te odio, y siempre lo ha-

Una mano sobre su cuello fue capaz de detener sus palabras, misma mano
que terminó empujandolo contra la casa rodante, ejerciendo presión en
aquella zona con total rabia.

—¡Detente de una puta vez! ¡Basta! —Gritó el mayor, alterado. Mientras su


mano tomaba de forma brusca el cuello ajeno, dañando a Jungkook.

Lejos de asustarse, el pelinegro sonrió en grande, lleno de gozo. Disfrutando


de dañar a quien lo había lastimado tanto en el pasado.
—¿Qué pasa, Min? ¿Te duele la puta realidad? —cuestionó, sintiendo la
presión sobre su cuello, quitándole el aire—. Recuerda que ya no soy un puto
niñito al que puedes regañar por decir algo que no te agradaba. Soy incluso
más fuerte que tú —mirando levemente hacia abajo ante la altura de su
hermano, Jungkook sonrió con socarronería—. ¿Qué harás, hm? Porque las
cosquillas que me estás haciendo el cuello no son precisamente peligrosas.

—Deja de provocarme —volvió a advertir—. No quiero que terminemos


peleando de nuevo.

—Yo ni siquiera quiero estar cerca de tí. Por lo que si tanto te duele escuchar
lo que digo, mejor lárgate. A mí no me afecta en nada —atacó Jungkook,
frunciendo el ceño—. Eres inservible.

Alterado, Yoongi liberó el cuello de su hermano, para después alzar su puño


y depositar un fuerte golpe en la mejilla ajena, enojandose de inmediato.

Jungkook no sé quedó quieto al ser atacado, tan solo respondió de la misma


manera, lanzándose con brusquedad sobre el peligris y jalando su cabello con
rabia, reteniendolo en su lugar para darle un fuerte golpe en el estómago.
Lanzándolo al piso una vez que el hombre se agachó ante el puñetazo que
recibió.

El pelinegro miró a Yoongi en el piso, molesto. Para después limpiar la


sangre que había comenzado a bajar por su mejilla, misma que había sido
lastimada por uno de los anillos que utilizaba el mayor.

—Por esta mierda prefiero que te apartes de mí. ¿De qué me sirve tenerte a
mi lado si tan solo me vas a hacer recordar momentos de mierda? —
cuestionó Jungkook, frunciendo el ceño—. ¿De qué me sirve a mí tener un
hermano tan egoísta como tú?

Yoongi se levantó con frustración del piso, mirando con enojo a su hermano
antes de sacudir su ropa llena de tierra.

—¿Podrías dejar de buscar pelea por tan solo cinco minutos? —soltó,
acomodando igualmente su cabello mientras que su mano derecha tocaba con
dolor su estómago—. En verdad no entiendes que es lo que pretendo con
esto, yo-

—Por supuesto que lo entiendo —interrumpió bruscamente Jungkook,


alzando su dedo índice y apuntando directamente al rostro de su mayor—.
Tan solo buscas sentirte menos miserable, quieres tener todo el cariño que
durante los años fuiste perdiendo. Porque no te creo que en verdad seas tan
importante en un circo tan mediocre como el tuyo, en el que solo van simples
enfermos que se creen especiales por tan solo ver un poco de sangre —
exclamó con asco, receloso—. ¿Qué tan importante es para tí el cariño de
gente como esa? ¿Unos simples tipos morbosos que se masturban durante tu
espectáculo? Porque los he visto, los ví mientras estaba en tu circo, y créeme
que esos míseros cincuenta seguidores tuyos no son más que viejos estúpidos
en busca de un buen polvo. —Cruzándose de brazos, terminó de atacar por
completo a su hermano con aquello, esperando el tan conocido silencio como
respuesta ante sus palabras.

Sin embargo, Yoongi alzó una ceja, y acto seguido, dió un paso hacia su
menor, encarandolo.

—¿Y tú qué cariño puedes llegar a tener? —preguntó, fingiendo curiosidad


—. Dime, ¿qué tanto te aman aquí tus espectadores?

—Créeme que mucho más de lo que te aman esos viejos a tí —sonriendo con
gracia, Jungkook se enderezó aún más antes de observar al hombre de arriba
a abajo, mostrando así autoridad—. Y no tengo solo eso, sino también a mi
mocoso y a mi hermanito. Tengo mucho más de lo que tienes tú, siendo tan
solo un fracasado en busca del éxito en un circo mugriento junto con un
acompañante que no hace más que seguirlo como un perro.

—¿Y tu mocoso qué es precisamente? Un simple perro.

—Oh, no, no —negando con la cabeza, el pelinegro cerró sus ojos—.


Escucha, pedazo de mierda —fijando su mirada en el rostro ajeno, el hombre
apretó levemente la mandíbula, fastidiado ante la incomodidad y rabia que
estaba sintiendo—. Taehyung no es mi maldito perro, es mi niño. Algo muy
distinto a ese intento de pareja que tienes tú, que no hacía más que olerte el
puto culo desde que éramos unos niños. ¿Y qué crees? Incluso para él eres
reemplazable como para querer salir con tu hermanito menor cuando dejaste
de prestarle atención.

—No tienes idea de lo que estás diciendo. Sunghyun abandonó todo por mí.

—¿Hm, en verdad? —Jungkook fingió compasión, sonriendo con falsa


ternura—. Que tierno... Que malditamente tierno —relamiendo sus labios,
ladeó levemente la cabeza, analizando el rostro de Yoongi y sus expresiones
una vez más—. Y dime, ¿qué es lo que has hecho tú por él?

Yoongi permaneció en silencio ante aquella cuestión, apretando sus labios


con notable incertidumbre antes de apartar la mirada, pensativo.

—Y así en verdad quieres hacerme creer que no eres egoísta —asqueado,


mas no impresionado, Jungkook sonrió un poco más, asintiendo—. Acéptalo,
Yoongi. No eres más que un tipo imbécil que piensa solo en sí mismo. No
valoras a nadie realmente, y solo piensas en tí mismo. Y si en verdad crees
que puedes utilizarme a mí como un puto consuelo por la mierda que has
sido, estás sumamente equivocado, porque yo no colaboraré en esta ilusión
nefasta que tienes sobre la estúpida familia perfecta. —Sentenció, con una
sensación amarga llenando por completo su garganta al terminar de hablar.

—Jungkook... Por favor no hagas esto más difícil —tomando aire, el peligris
se acomodó en su lugar, incómodo—. No puedes tratarme de esta manera
cada vez que me acerco siendo que tú mismo sabes que todos en este mundo
somos egoístas. No puedes pintarte como el maldito hombre perfecto que no
comete ningún error.

—En ningún momento me planteé a mí mismo como alguien perfecto, Min


—frustrado, Jungkook dió un paso hacia atrás, apoyando su espalda contra la
casa rodante—. Yo sé que soy una mierda, y estoy bien con eso. Pero en
cambio tú no estás bien al saber que eres así, y por eso es sumamente
satisfactorio verte suplicar por mí. Porque yo soy tu único maldito consuelo
para que dejes de sentirte un puto monstruo, así como lo fue papá... ¿Y sabes
qué, Yoongi? —soltando aquella pregunta con un tono lleno de gusto, el
payaso abrió un poco más sus ojos a la vez que agrandaba su sonrisa, lleno de
gusto al darse cuenta de algo—. Eres igual a papá.

Tragando saliva con pesadez, el peligris comenzó a negar frenéticamente,


negándose completamente a aquello. Él no podía ser igual a Seung, él jamás
quiso ser igual a ese hombre.

—Sí, eres idéntico a papá. Cometiste su mismo error... —con su voz sonando
más calmada, Jungkook comenzó a pasearse por alrededor de Yoongi,
jugando con sus anillos mientras su hermano tan solo se quedaba quieto, aún
negándose por lo bajo—. Un hombre egoísta, cabrón, insensible —comenzó a
enumerar, analizando su cuerpo de arriba a abajo con una sonrisa burlona—.
Un desgraciado.

—Detente. —Pidió el mayor, alterado.

—Una puta mierda.

—Basta, no quiero escucharte.

—Un error. —Exclamó, sonriendo.

—¡Jungkook!

—¡Un ser inútil que debería morirse! —Soltando aquello con odio, el payaso
dejó de caminar, quedando cara a cara con Yoongi.

—¡Deja de gritarme!

—¡Un maldito bastardo que dejó de lado a un niño!

—¡TE LO MERECÍAS, MALDITA SEA!

Aquel desgarrador grito lleno de desespero y odio ante la situación, fue más
que suficiente para que Jungkook cerrara la boca y en su lugar, Yoongi
abriera los ojos en demasía, mirando fijamente la expresión atónita de su
menor.

Jungkook no dijo nada, y Yoongi no pudo hacer más que entrar en pánico.

—No, no, por favor —empezó a decir rápidamente el peligris al notar como
la mirada inexpresiva del pálido comenzaba a aparecer luego de unos
segundos, alterandose y llenándose de nervios mientras tomaba la camisa
ajena para retener a su hermano ahí—. Lo siento, en verdad lo siento. —Se
disculpó con desespero, sin saber que hacer para revertir aquella situación,
aquellas palabras.

El pelinegro no soltó ni una sola palabra, tan solo quitó las manos del mayor
de su camisa, alejandolas de su cuerpo con rechazo antes de limpiar sus
manos con notable desprecio, frotandolas en su pantalón mientras seguía sin
mostrar alguna emoción.

—Se acabó tu puta terapia familiar por hoy. Déjame en paz por el resto del
día, o de la vida, si es posible. —Fue lo único que dijo el payaso, antes de dar
media vuelta y abrir con brusquedad la puerta de su casa.

—J-Jungkook.

La puerta fue cerrada con fuerza, dejando a Yoongi con las palabras en la
boca, y con una horrible sensación de pánico aún.

Había arruinado aún más las cosas.

Por otro lado, Jungkook estaba demasiado perdido en sí mismo, sumamente


atónito ante lo que acababa de escuchar. Su cerebro simplemente no podía
procesar del todo bien aquello, quizá por todas las emociones que estaban
intentando atacarlo al mismo tiempo, o quizá porque el shock era demasiado.

Ajeno a sus propias acciones, Jungkook ni siquiera se dió cuenta del


momento en el que había caminado hacia la cocina, tomando un paquete de
galletas que tenía por ahí guardado. Y al observar aquello, recordó que tenía a
Woozi en su habitación aún.

Tomó aire, intentando permanecer mínimamente estable ante el infante que


reía alegremente en aquella habitación, quizá jugando con Byul.

La puerta se abrió con sigilo, y Jungkook pudo ver como Byul se encontraba
recostado en la cama, saltando con más energía que antes, mientras que el
niño supervisaba que no se cayera al piso, colocando almohadas cerca del
animal para no tener que tocarlo.
—¡Koo! —el pequeño pelinegro le sonrió con felicidad, ajeno a las
emociones negativas de su hermano—. Te tardaste mucho, casi me duermo.

—No seas exagerado, enano... —Exclamó con gracia, ofreciéndole


igualmente una sonrisa pequeña antes de sentarse a su lado en la cama,
observando al conejo blanco.

—¿Esas son para mí? —quiso saber el niño, refiriéndose al paquete de


galletas que tenía su hermano, y el mismo terminó asintiendo—. ¡Mis
favoritas! Gracias. —Sostuvo sus galletas, antes de acercarse un poco más a
su hermano y abrazarlo rápidamente.

Sin embargo, terminó frunciendo levemente el ceño al no ser correspondido,


y por eso mismo fue que alzó la mirada, encontrándose con el rostro de su
mayor más pálido de lo normal y sus ojos más abiertos que de costumbre,
perdido. Totalmente inexpresivo.

—¿Koo...? —llamó con desconcierto, dejando de lado el paquete que


sostenía—. ¿Estás bien?

El payaso tomó aire, antes de sostener el pequeño rostro de su menor entre


sus manos y acercar su propio rostro hacia él, sonriendole apenas.

—Woozi.

—¿Sí?

—¿Viste al señor que estaba afuera?

—Sí, fuí a ver quien era mientras buscaba a Byul... ¿Quién es? —cuestionó,
curioso—. ¿Es molesto como el otro jefe?

—No, pequeño. Pero no te quiero cerca de él, ¿sí? —Pidió, mientras varias
lágrimas iban acumulándose en sus ojos, logrando fastidiarlo.

—¿Por qué? —siguió preguntando el infante, alternándose pocos segundos


después al notar como varias lágrimas caían por las mejillas de su mayor—.
¿Kookie? ¿Por qué lloras?
—¿Me prometes que no irás con ese hombre?

—¿P-pero qué hizo...?

—No debe hablar contigo. Simplemente eso, ¿entiendes? —Alzando un poco


el tono de voz, Jungkook comenzó a sentirse ahogado entre sus emociones,
mismas que estaban atacándolo sin ningún tipo de piedad.

—Sí, Koo —asintiendo con temor al no comprender qué era lo que estaba
sucediendo, Woozi acarició las mejillas de su hermano—. ¿Él te hizo llorar?

—Sí, enano. Pero ya pasó, no pasa nada... —trató de convencer, sonriendo


entre lágrimas llenas de dolor—. Tú solo preocúpate por lo que te dije.

Abrumado, Woozi asintió, sin querer contradecir a su hermano. Y tomando


aquella charla como una advertencia de que aquel hombre que mencionaba
Jungkook era malo por haberlo hecho llorar.

El infante jamás había visto a su hermano mayor llorar, por lo que era
demasiado impactante para él. Y por eso mismo terminó sintiendo cierto
rechazo hacia una persona que ni siquiera conocía.

Abrazó al payaso, prometiéndole en silencio, que no se acercaría a quien le


había hecho daño, a pesar de no conocer casi nada de la historia.

—Ese hombre es malo... —Opinó, murmurando por lo bajo entre los brazos
de su hermano, quien asintió.

—Tan malo como papá. —Declaró el hombre, lleno de rencor.

Y aquella frase quedó grabada en la memoria del infante, quien tan solo pudo
fruncir el ceño con disgusto y preocupación, abrazando con fuerza al payaso
mientras que su mente totalmente carente de inocencia e ingenuidad, repetía
constantemente que aquel hombre era igual de malo que su padre. Un tipo
que lo había abandonado y dañado a su hermano mayor, a quien consideraba
su ejemplo a seguir.

Disconforme, Woozi tomó rencor hacia ese peligris, fastidiado al ver que el
hombre que él admiraba estaba sufriendo por su culpa.
Y Jungkook no podía hacer nada para calmar el pensamiento del pequeño,
aunque tampoco tenía planeado hacerlo. No le interesaba, y prefería que
recuerde a Yoongi con rencor para que se mantenga alejado de él.

Jamás permitiría que aquellos dos siquiera se miren, tenía totalmente claro
aquello.

Y mientras pensaba en eso, igualmente pensaba en que el mocoso que lo


había desobedecido estaba en graves problemas por pasearse totalmente solo
por el lugar.

Por otro lado, aquel mismo chico caminaba con inquietud hacia la casa
rodante de Seokjin, con una sensación de angustia e incomodidad atacándolo
por completo. Había conseguido finalmente la información sobre su madre y
su hermana.

Y lo que había descubierto, no le gustaba para nada.

Estaban en problemas.
35

El cepillo pasaba con suavidad por su cabello levemente largo,


acomodandolo con cuidado mientras que él tan solo podía observarse
fijamente en el espejo. Mirando los mechones rubios caer sobre su frente con
rapidez.

Seokjin sonreía ante la escena, conforme con el resultado. Había estado


vistiendo a Taehyung desde hace tiempo, permaneciendo con él buscando
ropa y accesorios para dejarlo totalmente perfecto ante su punto de vista.

Taehyung se estaba arrepintiendo en demasía el haberle contado a Seokjin


sobre la "cita" que tendría con Jungkook. No había ganado nada con ello más
que largas horas sentado sobre una silla, mientras varias prendas de ropa eran
arrojadas al piso luego de que él se las haya probado. Nada parecía satisfacer
a Seokjin.

La casa rodante se mantenía en movimiento, ya que un empleado del circo


había sido llamado por Taehyung para realizar aquella tarea mientras el
dueño de la casa estaba ocupado arreglandolo a su gusto.

Apenas había conseguido la información de su familia, el circo


inmediatamente había recibido la orden de seguir con su camino. Ni siquiera
le importó que algunas personas se encontraran sumamente cansadas por los
espectáculos que habían presentado, mucho menos le interesó dejar de lado el
circo de Yoongi.

Sus trabajadores tardaron más de cuatro horas en organizar todas sus cosas,
guardando sus armas con cuidado y acomodando los vestuarios en diversas
casas, mientras que algunos que vivían solos decidían juntarse con alguien en
alguna casa para turnarse cuando tuvieran que conducir durante la noche.
Estuvo esperando cuatro horas, y otras tres para estar totalmente arreglado
por Seokjin. Aquel peliazul lo tenía básicamente aprisionado en aquella
habitación, probandole trajes, faldas, e incluso vestidos. Y a pesar de que
Taehyung se negaba a aquellas prendas, al mayor no le había importado.

Actualmente, portaba un traje color vino, con unos zapatos negros. Su cabello
había sido levemente cortado y arreglado al gusto de Seokjin, quien en más
de una ocasión había ajustado con inquietud la corbata negra de Taehyung al
ver como el mismo trataba de quitársela.

Carraspeando con incomodidad al estar sentado en aquella silla, el rubio miró


a través del espejo a quien podría llegar a considerar su amigo, expectante.

Seokjin jugaba con los pendientes plateados que le estaba colocando,


sonriendo con calma al ponerlos en ambas orejas y acomodando por milésima
vez el traje del menor al verlo arrugado. Era demasiado perfeccionista.

Lleno de incertidumbre, de un momento a otro la mirada de Taehyung se


perdió en el espejo. En sus marcas, en su ropa, e incluso en sus cansados ojos.
Todo de él lucía vacío, muerto.

No se reconocía a si mismo.

—¿Qué te tiene tan perturbado, Taehyungie? —escuchó a sus espaldas,


sacándolo de su mundo—. ¿Peleaste con Jungkook?

—No, Jin. Estoy bien... —aseguró, permaneciendo serio—. Solo estoy algo
preocupado.

—¿Por ellas? —Seokjin dejó de lado lo que estaba haciendo, observando el


rostro del menor por el espejo—. ¿Qué fue exactamente lo que te dijo
Yoongi?

—Que están en Daejeon, a 215 kilómetros de distancia —soltó con cierto


fastidio, acomodandose en su lugar—. ¿Por qué mierda tuvimos que
quedarnos en Busán? No llegaremos nunca a este paso. No tengo tiempo para
citas, ni siquiera tengo tiempo para estar hablando contigo ahora mismo.
—No seas tan amargado, Tae —el peliazul lo miró con reproche, antes de
tomar asiento a su lado—. Seguiremos en movimiento, tú no te preocupes por
eso.

—¿Y qué se supone que haré con Jungkook ahora? ¿Comer


"románticamente" mientras la puta casa rodante se mueve para arriba y abajo
gracias a los baches? En verdad no estoy de humor para esto.

—Cariño, en algún momento tendremos que detenernos —colocando un poco


de labial en sus labios algo gruesos, el mayor le restó importancia a las quejas
del chico—. Aún hay personas que no tienen a alguien que los reemplace
durante la noche al conducir. Tienen que detenerse en algunas horas para
ponerse de acuerdo. Y eso llevará tiempo, bastante como para que tú tengas
tu cita.

Quejándose con fastidio, el rubio se apoyó con cansancio sobre la silla.


Ganándose así una mirada llena de reproche por parte de Seokjin al
desordenar nuevamente su traje, aunque terminó ignorandolo por completo.

Ante el silencio, Taehyung recordó algo importante luego de varios


segundos, e inmediatamente su mirada se posó en su amigo, medio alarmado.

—Seokjin —llamó, ganándose la mirada del peliazul—, ¿Namjoon ya sabe lo


de las cartas?

La mirada de Seokjin pareció perder aquella calma que portaba, y pasó a una
incómoda mientras abandonaba el labial para frotar sus manos contra sus
muslos.

—Lo sabe. —Informó, en un leve susurro.

—No te hizo nada, ¿verdad?

Negando con la cabeza, el hombre se apoyó contra su asiento, en verdad


incómodo, con la ansiedad consumiendolo poco a poco.

—Estaba ocupado... Me dijo que luego se encargaría de mí... —Contó,


bajando apenas la cabeza y manteniéndose así cabizbajo.
Taehyung lo miró con cierta pena. Ya que él le había prometido que no
saldría herido por aquella situación, y lo había olvidado hasta el momento.

Aún así, el rubio estaba dispuesto a cumplir su promesa.

—No te hará nada, no dejaré que lo haga. En verdad te lo prometo. —Sonrió


apenas, intentando animar a su amigo, quien se mantuvo en silencio.

—No quiero marcas, no más... —Siguió en lo suyo, ignorando la presencia


del más jóven.

Apretando sus labios entre sí, el jefe se levantó de su asiento, extendiendo su


mano hacia Seokjin con cautela, en espera de alguna reacción.

Le estaba pidiendo permiso para tocarlo, como solía hacerlo cuando sucedían
este tipo de cosas, donde la conversación tomaba un rumbo que incomodaba
a Seokjin. Y muy pocas veces fueron las que Taehyung logró siquiera
sostener el meñique del peliazul, otorgándole atención y calma.

Tenía esperanzas de que el mayor le diera su permiso, pero tan solo recibió
una mirada llena de incomodidad y miedo, junto con el sonido de la silla
retrocediendo, sonando irritante al arrastrarse contra el piso.

—Seokjin... ¿Qué te han hecho? —Preguntó a la nada misma, ya que el


hombre no parecía querer escucharlo.

—Él está enojado, enojado... —Repetía constantemente, perturbado.

—¿Qué te hace? ¿Por qué te hace marcas? —Cuestionó Taehyung, dando un


paso al frente.

—Él es celoso, es ordenado... Hay que poner orden, sí. Siempre estar bonito,
siempre bonito. —Asintió para sí mismo, acomodando su camisa celeste con
notable inquietud, buscando imperfecciones.

—Tú siempre estás bonito, Jinnie. Relajate, él no está aquí. —Exclamó


Taehyung con dulzura, intentando calmarlo.

—No debo juntarme con otros hombres, no. Eso está mal... —Seokjin seguía
en lo suyo, acomodando las mangas de su camisa—. Me hará daño si me ve
con alguien más.

—Seokjin-

—¡Debo teñirme! —Declaró de golpe, levantándose de su asiento y


caminando con rapidez hacia su habitación, donde se encontraban todos sus
productos para teñirse el cabello.

Taehyung corrió detrás de él, viendo impactado como el peliazul buscaba


desesperadamente todo lo necesario, con sus manos temblando y su garganta
liberando carcajadas tensas, forzadas. Como si estuviera intentando verse
mínimamente cuerdo, tomando con gracia la situación, cuando no era así.

—Hey, no es necesario. Estás bien así. —Taehyung quiso detenerlo, pero tan
solo consiguió que el peliazul se apartara con temor cuando vió como las
manos del menor se acercaban a su cuerpo.

Dando un paso atrás al notar su reacción, el jefe se quedó en silencio, dándole


espacio a su amigo mientras seguía hablándole con calma.

—Si no me arreglo no le gusto, tengo que estar bonito. ¡No estoy lindo,
Taehyung! —declarando aquello con frustración, el peliazul revoleó todos los
productos al piso, lleno de nervios—. No quiero...

"¿No has planchado tus camisas? No estás perfecto, Seokjin. No lo estás."

"¿Sigues viéndote con ese maldito Jung Hoseok? ¿Acaso quieres que te
escriba todo mi nombre en la frente?"

"¡ARREGLATE O TE DESFIGURARÉ LA MALDITA CARA! ¡ME PONES


EN VERGÜENZA!"

Cubriendo sus oídos con temor ante los recuerdos, Seokjin se inclinó,
sentándose en la cama mientras negaba constantemente con la cabeza.

Apresurando el paso, el rubio se inclinó igualmente, quedando cerca del


rostro ajeno.
—Seokjin, calmate, ¿sí? Tú estás bien. Estás bonito, nada malo pasará. No
dejaré que te haga daño. —Tratando de convencer al peliazul, Taehyung le
quitó con delicadeza los productos que sostenía Seokjin, quien había recogido
algunos.

Con temor, el mayor terminó asintiendo, apoyándose contra la pared mientras


mantenía una expresión llena de miedo, llamando aún más la atención del
rubio.

—¿Quieres hablar? —cuestionó, tomando asiento a su lado, algo apartado—.


Jamás te he visto así...

—Ya no quiero marcas, en verdad no... —Siguió negándose por lo bajo, con
sus ojos cristalizandose poco a poco.

—No dejaré que te haga daño de nuevo. —Repitió con sutileza el rubio,
sentándose un poco más cerca del mayor para apoyarse contra la pared
igualmente.

Seokjin se mantuvo en silencio, dejando salir varias lágrimas mientras sus


piernas se guiaban hacia sí, tocando su pecho. Y sus manos sostuvieron las
mismas antes de que terminara escondiendo su rostro entre sus rodillas,
asustado.

Taehyung no dijo nada, simplemente permaneció a su lado, sin querer tocarlo


ni mucho menos presionarlo para hablar. Él ya había estado en el lugar del
peliazul, por lo que no quería molestarlo.

Pasaron varios minutos así, en silencio, mientras uno intentaba mantenerse


callado y el otro tan solo buscaba calmarse, preso de su dolor y su llanto.

Media hora más tarde, Seokjin alzó la mirada, observando fijamente a los
ojos a Taehyung, quien le sonrió con tranquilidad.

El mayor intentó devolver aquel gesto, pero tan solo logró que sus hinchados
ojos resaltaran más, al igual que sus labios levemente gruesos, los cuales
temblaban junto con sus manos.
—¿Me merecía esto? —Susurró entonces el peliazul, perdido en sus
pensamientos.

Taehyung apretó sus labios entre sí, frunciendo apenas el ceño antes de negar
con la cabeza, con la mirada atenta de Seokjin sobre él.

El mago suspiró ante aquella respuesta, asintiendo para sí mismo. Como si la


respuesta de el rubio hubiera logrado calmar algo dentro de él por tan solo
unos segundos, haciéndolo sentir un poco mejor.

—Jin... ¿Qué es lo que te hace? —Cuestionó Taehyung con un tono lleno de


calma, sin querer alterar al hombre nuevamente.

Seokjin posó sus ojos sobre él, antes de pasar saliva con dificultad y ofrecer
su dedo meñique, dándole a entender a Taehyung que lo entrelace con el
suyo. Y el rubio, al comprender, cumplió con la petición.

—Yo era policía —empezó a contar el peliazul, mirando un punto fijo, hacia
adelante—. Me iba bastante bien en mi trabajo, me gustaba. Tenía
compañeros buenos, tenía amigos agradables, y mi familia era bastante unida.

—¿Tienes hermanos? —Preguntó Taehyung, ladeando la cabeza.

Sonriendo de lado, el mayor dejó salir un par de lágrimas.

—Tenía una hermana...

—Oh... Lo siento.

—Está bien. No es tu culpa, e-es de Namjoon —sonrió forzado—. Pero está


bien... Todo es por mi culpa —confesó, limpiando rápidamente sus lágrimas
—. Si no me hubiera quejado aquella noche, ella seguiría con vida...

—Seokjin-

—Vine con dos compañeros aquí —siguió contando, interrumpiendo


bruscamente al chico para que no opine nada al respecto—, los dos se
perdieron, y yo me quedé algo lejos. Estuve llamándolos durante horas, pero
no me hacían caso —haciendo una pequeña mueca de incomodidad al
recordar aquello, tomó aire—. Decidí esperarlos en la patrulla, pero tan solo
me quedé ahí para al final ver como mataban a un tipo que intentaba huir,
dándole un tiro en medio de la frente mientras lo rodeaban un montón de
personas.

—¿Tienes idea de quien era ese tipo? —Cuestionó el menor, atento.

—Un tal Park algo, la verdad nunca me llamó la atención averiguarlo. Mucho
menos siendo que el asesino de ese hombre fue el que me encontró a lo lejos
—frunciendo apenas el ceño, el peliazul se acomodó en su lugar—.
Intentaron matarme ahí mismo, pero Namjoon apareció diciendo que no
podían hacerlo solo porque en ese lugar quedaría demasiada evidencia y no
quería arriesgarse... Puras mentiras.

—Te llevó con él, ¿cierto?

—Me encerró en su casa, usando como excusa que al ser el próximo


presentador tenía derecho. Intenté huir miles de veces, demasiadas como para
recordarlas por completo —sonrió con cierta pena—. Una vez lo dejé
inconsciente golpeándolo con una silla, e intenté correr lejos, pero Dongyul
me encontró y le avisó a todos. Cuando volví Namjoon ya estaba despierto, y
lo primero que hizo al verme fue sacar una pistola.

—¿Quiso disparar? —Cuestionó, frunciendo el ceño.

—No, me encerró otra vez, disparó a distintos lugares de la habitación, y con


la pistola hirviendo, apoyó la punta en mi mandíbula, cuello y abdomen.
Repitiendo lo mismo una y otra vez con distintas balas hasta que tuvimos que
conseguir otra casa rodante por los hoyos que habían quedado por doquier. —
Algo incómodo, Seokjin apartó la mirada, demasiado nervioso aún.

Taehyung no supo que hacer más que apretar sus labios con incertidumbre y
levantarse con tranquilidad de la cama, posicionándose frente al peliazul.

—Hey, ya no hablemos de esto. No te hace bien —sonriendole con cautela, el


rubio trató de darle su espacio, tomando algunos productos que habían
quedado en el piso, por debajo de la cama—. ¿Qué te parece si te ayudo a
arreglarte? A dejarte bonito, así como quieres.
—No es lo que quiero, es mi deber. —El hombre frunció apenas el ceño,
riendo por lo bajo.

—No pienses eso...

—¿Cómo se supone que deje de pensar de esta manera si me estuvieron


metiendo esa idea en la cabeza por más de ocho años, Taehyung? —Soltando
con algo de recelo aquella pregunta, el peliazul se levantó de la cama, con sus
manos temblando y sus ojos totalmente cristalizados.

—Seokjin-

—Como sea, mejor... Ayúdame, por favor. —Pidió en un susurro, tomando


los productos que necesitaba para teñir su cabello y retirándose de la
habitación, caminando hasta donde se encontraba sentado Taehyung
anteriormente, enfrente de un gran espejo.

El rubio le siguió el paso, mirándolo con pena mientras tomaba diversos


collares que había en una pequeña caja, collares que solía usar Seokjin.

Mientras el mayor intentaba decidir entre un tinte morado o rosa, su


acompañante le colocaba con cuidado un collar de perlas, mirándolo a la cara
a través del espejo para ver si lo estaba incomodando o algo por el estilo.

Pero no fue así, y lo único que ganó ante aquella acción, fue una mirada
rápida de Seokjin a través del espejo, junto con una sonrisa llena de tristeza.

—Taehyungie...

—Dime, Jin.

—Gracias por ser mi amigo.

•••

Las gotas de sangre bajaban con lentitud por la barbilla del hombre, mientras
que la mano pálida de su agresor se paseaba con gracia por su cabello
castaño, sosteniendo mechones del mismo con fuerza, obligándolo a
mantener la cabeza en alto.
—¿Por qué esa cara, suegro? Debería estar feliz, hoy le haré una cena súper
especial a su hijo. ¿No le agrada la idea? —Escuchó a sus espaldas, mientras
que el dueño de aquella voz movía su cabeza de un lado al otro, maltratando
su cabello y su rostro.

—Vete a la mierda... —Fue lo único que respondió, con total odio.

Jalando con más fuerza, su cuerpo se movió hacia un lado, dejando el rostro
de Kyungsoo enfrente de Jungkook, quien lo miraba por arriba con total
burla, luciendo un traje negro totalmente limpio y perfectamente arreglado.

El cabello del payaso se encontraba amarrado, dejando dos mechones libres


que tapaban un poco su rostro, y sus zapatos negros, totalmente relucientes,
se estaban utilizando para pisar con dureza a su mayor, en la zona de los
muslos.

—Dime, ¿cómo me veo? —bromeó, posando brevemente para el adulto, que


se encontraba amarrado de pies y manos—. Tuve que estar más de dos horas
buscando algo decente, hm.

Lo único que hizo Kyungsoo al ver de arriba a abajo al menor, fue escupir
con repulsión sobre el traje que tenía a la vista, manchandolo con su sangre
mezclada con saliva. Logrando así que Jungkook lo suelte y retroceda.

—Oh, no acabas de hacer eso... —tomando aire, el pelinegro sonrió forzado,


tratando de mantener la calma al ver como el líquido ensuciaba su camisa—.
En verdad no acabas de hacer eso, viejo.

El castaño sonrió con burla, mínimamente satisfecho al ver la expresión


totalmente fastidiada del payaso.

Sin embargo, aquella sonrisa no pudo lucirse demasiado entre toda la sangre
que salía por los bordes de su boca, porque Jungkook alzó la pierna, pateando
con brusquedad la nariz del hombre, tirandolo al piso.

Entre quejidos y gritos llenos de maldiciones y dolor, Kyungsoo se retorció


en el piso, sintiendo como la sangre bajaba por su nariz, y el como la misma
parecía palpitar ante el dolor, dejándole los ojos llenos de lágrimas que le
impedían ver correctamente.

—¡No estuve dos horas soportando a Seokjin durante toda la maldita mañana
para que venga un viejo asqueroso a arruinarlo todo! —enojado, Jungkook
escupió igualmente sobre el hombre, lleno de repulsión, dejando su saliva
sobre el rostro ajeno—. Tragate mi puta saliva, viejo decrépito. A ver si así te
distraes e ignoras el hecho de que acabo de romperte esa estúpida nariz
arrugada que tienes.

Declarando aquello con rechazo, Jungkook buscó algo en una caja que tenía
al lado suyo, sacando de ahí unas tijeras.

—Mira nada más, que asqueroso te ves. ¿En verdad crees que dejaré que
Taehyung vea algo tan miserable como tú mientras come? Eso sería
repugnante —sonrió con ironía, abriendo apenas la tijera mientras caminaba
hacia Kyungsoo—. Vamos a arreglarte, debes estar decente para mi jodida
cita con tu hijo.

—¡Alejate de mí!

—¡Cierra la boca! —Gritando aquello, Jungkook pisó el pecho del hombre,


inclinándose para comenzar a cortar el cabello ajeno, sin dejar que se mueva.
Ignorando por completo la mirada curiosa que tenían varios trabajadores
sobre él, observando todo por afuera de la jaula en la que se encontraban.

Jungkook en verdad no comprendía porque Taehyung había dado la orden de


marcharse lo antes posible, pero por aquello tuvo que esperar varias horas
hasta que sus compañeros de trabajo se vieran obligados a tomar un descanso
para que él pudiera ir a molestar a Kyungsoo.

Durante aquellas horas en las que estuvo arreglandose, había escuchado a


varias personas decir que pasarían la noche allí por el momento, ya que al
parecer, habían tomado un camino incorrecto, y deberían resolverlo al día
siguiente.

Jungkook no le había tomado importancia, tan solo se había encargado de


humillar un poco más al padre de su niño, dejándolo básicamente calvo,
colocándole un traje mugroso y lleno de hoyos porque según él tenía que
estar "presentable", y al final, dejándolo con la nariz aún más lastimada ante
otro puñetazo que le había dado.

Luego de hacer todo eso, Jungkook se retiró del lugar, recibiendo miradas
fijas por parte de sus compañeros de trabajo, quienes reían por lo bajo al ver
el desastre que había quedado en la jaula, con un muy herido Kyungsoo de
por medio.

Jungkook caminó hacia su casa rodante para buscar otra camisa, mientras
llamaba a Namjoon para pedirle un pequeño favor, que logró fastidiar por
completo al mismo.

Su cita con Kim Taehyung, finalmente estaba por llevarse a cabo.

•••

—No sé si quiero hacer esto... —Declaró el rubio con inseguridad,


sosteniendo los bordes de su traje antes de dar un paso fuera de la casa
rodante de Seokjin.

—No seas amargado, Taehyungie. Te irá muy bien —trató de animar el ahora
pelimorado—. Solo debes ir y fastidiar a ese inútil que decía ser tu padre, ¿no
era lo que querías?

—Sí, pero eso no incluía tener una maldita cita con Jungkook. —Se quejó,
empezando a caminar junto al mayor y tratando de ignorar las miradas de sus
trabajadores, quienes analizaban de arriba a abajo su vestimenta y su cabello.

Seokjin había utilizado el tinte que había sobrado para hacerle un par de
mechas moradas a Taehyung, por lo que su cabello rubio, ondulado y suave,
llamaba la atención de las personas ahora que portaba aquel traje y las
pequeñas mechas. Parecía que todos ignoraban por un momento las marcas
que tenía en su mejilla.

—No pienses demasiado en ello. Estás bonito, y por lo que sé Jungkook no


está enojado contigo como para molestarte ahora. Solo ve y relájate. —
Animó el mayor, sonriendole.
Taehyung en verdad quiso responderle, incluso quejarse, pero tan solo pudo
cerrar la boca al ver como la sonrisa de Seokjin desaparecía de golpe, y su
mirada se fijaba rápidamente en el piso.

Frunciendo el ceño ante la acción del hombre, el rubio miró hacia sus
espaldas, encontrándose así a Namjoon, quien miraba intensamente al
pelimorado, sin interesarle en lo más mínimo la presencia de su jefe.

—Buenas noches —saludó, mirándolo finalmente a la cara—. Jungkook me


dijo que está esperándote, por detrás de las casas rodantes que se encuentran
casi al final del camino. —Señaló dicho lugar, sin verdadero interés.

—De acuerdo —el jefe asintió, mirando de pies a cabeza al presentador antes
de alzar un poco la barbilla y observar hacia donde se encontraba su amigo
—. Seokjin, acompañame.

El mago quiso negarse, apartarse de él, pero con un simple movimiento por
parte de Namjoon, decidió quedarse totalmente callado y dar un paso atrás,
dejando que el hombre se ponga enfrente de él.

Taehyung no se dejó intimidar ante la mirada fija que otorgaba Namjoon en


ese momento, donde sus ojos se encontraban más abiertos de lo normal y
parecían reflejar miles de llamas, enfurecido.

—Lo siento, él debe quedarse conmigo. Tenemos ciertos asuntos por


resolver. —Se excusó, tomando el brazo del pelimorado y poniéndolo al lado
suyo, como si estuviera exhibiendo algo obvio.

Cerrando sus ojos con fuerza al sentir las manos del hombre sobre él, Seokjin
trató de retroceder, pero Namjoon no se lo permitió. Y eso no hizo más que
fastidiar a Taehyung.

—Sueltalo. —Ordenó, alzando el tono de voz.

Aquella orden pareció alarmar al pelinegro, de tal manera en la que su ceño


se frunció, y su mandíbula comenzó a notarse algo tensa. El descontento de
Namjoon se notaba desde lejos, y aún así, Taehyung en ningún momento
trató de suavizar su expresión, donde mostraba de cierta manera intimidación.
Había dado una orden, y por lo tanto, el presentador tenía que obedecer.

Lo único que hizo Namjoon ante la orden del más joven, fue sonreír con
gracia.

—En verdad no puede ir. Ya bastante que tuvo el permiso de estar contigo
durante todo el día, no puede hacer nada más por hoy. —Soltó de la nada,
como si fuera lo más normal del mundo, y su pareja no hizo más que
encogerse en su lugar.

—No es un niño para andar pidiendote permiso, él-

—Me parece que en verdad no comprendes, Taehyung. Los asuntos que


tenemos que discutir con Seokjin son asuntos importantes, no cosas tan
banales como una simple cita como la tuya, en la cual Jin no tiene
absolutamente nada que ver. —Señaló, tratando de mantener la calma ante su
superior.

Taehyung dió un paso al frente, encarando al hombre y cruzándose de brazos.

—Una estúpida cita donde estaré torturando a mi padre, Namjoon. Y créeme


que el próximo serás tú si sigues jodiendo con este asunto, porque te he dado
una orden y tú no debes hacer más que callar y obedecer —atacó el rubio,
malhumorado—. Callar y obedecer —repitió, sonriendo apenas—. Si yo me
quiero llevar a Seokjin, lo haré. Porque no es un maldito juguete al que
puedes tomar cuando se te dé la gana, es mi empleado y mi amigo, y si le
pido este favor, él debe hacerlo, no pedirte permiso a tí.

Namjoon quiso decir algo al respecto, incluso alejar al mago del rubio, pero
Taehyung fue más rápido y llamó a Seokjin para que se ponga a un lado
suyo, sosteniendo con cuidado la manga de la camisa del hombre.

—Seokjin. —Llamó el pelinegro, con un tono lleno de advertencia.

—Y-yo... Yo no... —Seokjin quiso disculparse, huir e incluso desaparecer. El


terror estaba consumiendolo por completo, él jamás había desobedecido a
Namjoon.
—Déjalo, Jin. Adelantate, yo ahora voy contigo. —Taehyung trató de calmar
al mayor, sonriendole apenas antes de soltarlo. Y el mago no hizo más que
acelerar el paso y alejarse casi corriendo, respirando con dificultad ante los
nervios.

El presentador quiso ir detrás de él, pero la mano de Taehyung presionandose


contra su pecho se lo impidió.

—¿Qué Diablos te sucede? —Quiso saber, frunciendo el ceño con fastidio.

—Sucede que ya no abusarás nunca más de Seokjin —soltó de golpe,


empujando al mayor antes de cruzarse de brazos una vez más, sin importarle
la expresión molesta del contrario—. Él ya pasó por demasiado como para
que quieras seguir lastimandolo. He visto solo un poco de las marcas que
tiene, y en verdad, todas esas marcas no hacen más que mostrar todo lo que
ha sufrido en tus manos —lleno de repulsión, Taehyung vió a su amigo
alejarse y detenerse a lo lejos, esperándolo—. Si quieres herirlo aún más por
lo de las cartas, no tienes ningún tipo de derecho. Porque fuí yo quien dió la
orden para que lo haga, incluso fuí yo quien tuvo que calmar a Jungkook para
que no venga a partirte la cara una vez que las tuvo en sus manos. Eres
totalmente injusto con él, y si me entero que le vuelves a poner una sola
mano encima para dañarlo, te la cortaré y te la meteré por esa asquerosa boca
que no hace más que decir idioteces. —Amenazó, totalmente seguro ante sus
palabras.

—Estás abusando de tu poder, Kim Taehyung. —Se quejó el mayor,


sumamente molesto.

—Oh, ¿en verdad? —fingiendo confusión, el menor sonrió con gracia—. ¿No
te parece abuso de poder esconderle todo su maldito pasado a alguien con el
que has estado trabajando a través de varios años? Porque eso a mi parecer no
es solo abuso de poder, sino también algo repugnante y nefasto, como todo lo
que representas.

—Eres tan solo un niño estúpido...

—Hubieras pensado eso antes de darme el puesto de jefe. Mi padre te pidió


que le des el contrato, tú pudiste detener todo esto —encogiendose de
hombros, Taehyung alzó levemente una ceja—. Fue tu decisión, no mía.

—Yo sería muchísimo mejor que tú como jefe. —Acusó, en verdad furioso.

—Vivir en una fantasía no te garantizará nada realmente bueno, Namjoon.


Acepta la jodida realidad y deja de lloriquear —aburrido, el menor comenzó
a alejarse del presentador—. Si vuelvo a ver un solo golpe en Seokjin, estás
muerto.

—Pudrete.

—¿Tienes algún tipo de problema conmigo? Porque si es así, deberías


quejarte con el jefe, ¿no crees? —Bromeó Taehyung con gracia, antes de
sonreír y acelerar el paso, llegando poco a poco hasta Seokjin.

Una vez que estuvo al lado del mago, no hizo más que sonreír con calma,
tratando de transmitirle la misma sensación a su mayor, quien seguía algo
nervioso mientras caminaba a su lado.

—Ya no te hará daño —aseguró con confianza—. Morirá si lo hace.

—Gracias, Tae... —Seokjin asintió, sonriendo apenas ante las palabras del
menor.

—No fue nada, no merecías eso.

—Tú tampoco mereces esto... —Exclamó el pelimorado, observando a su


alrededor.

Taehyung apretó levemente los labios, mas no dijo nada y prefirió dejar de
lado el tema, mientras avanzaba lentamente por el largo pasillo de casas
rodantes, donde el payaso lo esperaba casi al final.

Decir que la curiosidad no estaba matando al rubio, sería una mentira. Porque
su mente no dejaba de procesar de un momento a otro diversas ideas de lo
que podría haber llegado a hacer Jungkook. El menor simplemente no podía
encontrar alguna respuesta concreta que resolviera por completo sus dudas,
porque el payaso era totalmente impredecible en momentos como ese.
Curioso, siguió avanzando, sintiéndose más tranquilo al tener la presencia de
Seokjin a su lado, quien había acelerado el paso para ver que era lo que había
preparado Jungkook.

Sus ojos se abrieron en demasía, mientras el menor seguía caminando hacia


su dirección. Y su boca, cubierta de un poco de labial rosado y brillante, se
abrió apenas cuando volteó a mirar al rubio a la cara.

—Es un maldito enfermo. Mucho más de lo que imaginaba. —Fue lo único


que pudo opinar el mago, en verdad sorprendido.

Taehyung no dijo nada, tan solo asomó su cabeza por detrás de la casa
rodante que se encontraba a lo último, expectante.

Su boca se abrió levemente al ver un pequeño camino en el césped, hecho


con gotas de sangre, y a lo lejos, entre unos árboles enormes que se
encontraban en un bosque algo lejano, se encontraban enredadas unas luces
amarillas que iluminaban por completo a Jungkook, quien sonreía con calma
mientras le decía quien sabe qué a Kyungsoo.

Su padre, el antiguo jefe, se encontraba amarrado como un animal, atado a


una mesa algo baja, boca arriba. Mientras que Jungkook tan solo se burlaba
con gracia de él, simulando que le ponía un gran delantal blanco que tenía por
ahí.

Literalmente estaba usando a su padre como mesa, como lo había dicho


mientras hablaban hace un par de días.

—Suerte, pequeño. Te irá bien. —Animó Seokjin, acomodando rápidamente


el traje del rubio, para después marcharse.

—Adiós, Jin. —Se despidió el menor, mordiendo su labio interior con


nerviosismo antes de dar un paso al frente, siguiendo el camino de sangre que
se notaba solo con la luz que ofrecían algunas casas, porque la noche se había
encargado de dejar totalmente oscuro cada parte del bosque, exceptuando el
lugar donde se encontraba Jeon.

Lucía siniestro, pero el chico intentó no pensar demasiado en ello, tan solo se
centró en Jungkook, quien finalmente había notado su presencia.

Acomodando su traje con notable burla mientras miraba al adulto que tenía
amarrado, el payaso sacó pecho, tratando de corregir su postura.

—¿Cómo me veo? ¿Presentable para su hijo? —Jugó con gracia, recibiendo


una mirada llena de odio por parte del mayor. Y eso no hizo nada más que
llenarlo de gozo.

Taehyung llegó a su lado pocos segundos después, y él no hizo más que


sonreír.

—¿Qué se supone que es esto, Jungkook? —Cuestionó el menor, analizando


detalladamente el lugar en el que Jungkook había acomodado todo.

—Hm, tú también te ves precioso, cielo. No hacía falta que me lo digas. —


exclamó con sarcasmo el hombre, antes de tomar una silla y entregarsela a
Taehyung—. ¿Y no es obvio, acaso? Aquí será nuestra cita. Y como es algo
"elegante" tu padre también tenía que estar presentable, ¿no lo crees?

El rubio observó a su padre, mirándolo de arriba a abajo. Y terminó


sonriendo apenas al ver su traje desgastado, su nariz rota y su cabello
totalmente arruinado.

Varios balbuceos comenzaron a escucharse desde la boca de Kyungsoo, pero


la misma no se abría, y eso llamó la atención de Taehyung, quien
inmediatamente miró a Jungkook.

—Te he dicho que no quiero escuchar ni un puto ruido. —Soltó el payaso con
notable amenaza, mirando al hombre, quien no hizo más que quejarse por lo
bajo, aún con sus labios cerrados.

—¿Qué le hiciste? —Quiso saber el menor, curioso.

Jungkook de inmediato posó su mirada sobre su mocoso, y terminó sacando


un pequeño pote de pegamento del bolsillo de su traje, sonriendo con
inocencia.

—Es solo temporal, amor. No creas que le haría algo tan simple —exclamó
con calma el pelinegro, antes de acomodar un poco su cabello y observar
fijamente al hombre, sacando esta vez su navaja del otro bolsillo—. Tan solo
estaba esperándote a tí para empezar a joderlo por completo.

—¿Qué ha-

—Cubrete los oídos, mi amor. —Ordenó Jungkook, antes de acercar la


navaja hacia la boca de Kyungsoo.

Taehyung obedeció cuando el grito desgarrador de su padre se escuchó por


una pequeña parte del bosque, taladrando en lo más profundo de su mente.

Los insultos comenzaron a llegar rápidamente, junto con gritos llenos de


odio. Pero aquello no duró bastante, ya que Jungkook le dió un fuerte
puñetazo al hombre, callandolo.

—¡TE HE DICHO QUE NO ABRIRÍAS LA PUTA BOCA ENFRENTE DE


TAEHYUNG, JODIDA MIERDA! —Gritó el payaso, dando otro golpe y
ganándose más insultos.

—¡Ojalá se mueran los dos, putos enfermos! —Atacó Kyungsoo, lleno de


rabia.

—Sigue gritando y te arrancaré los malditos ojos. —Amenazó Jungkook,


acercando su navaja hacia los ojos del contrario, mientras el mismo sentía
como la sangre salía a través de sus labios, donde el pelinegro había hecho un
corte para dejar de lado el pegamento.

El adulto se quedó en silencio, sumamente fastidiado, mirando con total odio


la cara del chico al que una vez quiso reconocer como hijo, y luego posando
su mirada en quien consideraba una decepción, su verdadero familiar.

Jungkook no le tomó mucha importancia a aquella mirada, ya que estaba


acostumbrado a recibir odio por parte de muchas personas. Por lo que
simplemente se dedicó a buscar algo entre sus cosas.

Pero Taehyung, jamás había recibido tanto rechazo por parte de su padre, y
aquella expresión llena de rechazo y odio que le estaba dirigiendo no hacía
más que causar cierto malestar e incomodidad, incluso rabia.

Tan solo quería golpearlo para que deje de mirarlo como si todo lo que
estuviera sucediendo fuera su culpa.

Tomando asiento a un lado de su padre, Taehyung pudo mirar tranquilamente


hacía abajo para ver el rostro del mismo, ya que la mesa era algo baja y el
hombre había quedado justo a la altura de su abdomen.

—Eres sin duda el peor error que he cometido en mi maldita vida... —soltó
con verdadero odio el hombre, susurrando las palabras con repulsión mientras
miraba directamente los ojos de su hijo—. Siempre fuiste un error, siempre.
¿Me oíste? En ningún momento te qui-

Apretando sus ojos con fuerza, Kyungsoo tuvo que cerrar la boca al sentir
como un líquido desconocido comenzaba a caer por todo su cuerpo. Siendo
Jeon quien lo tiraba sobre él con una botella bastante grande.

—¿¡Qué mierda haces ahora!? —Cuestionó, alarmado.

—Te lleno de líquido inflamable, viejo miserable —exclamó Jungkook, con


un tono lleno de gracia—. Y será mejor que cierres la boca, porque tengo un
encendedor a tan solo unos cuantos centímetros de distancia. —Advirtió,
dejando caer por completo el líquido por todo el cuerpo del adulto, tirandole
incluso en el rostro.

—Jungkook, ¿qué haces? —Cuestionó Taehyung, abrumado ante lo que


acababa de escuchar, mientras observaba como el payaso se volteaba,
buscando quien sabe qué.

Dos pequeños platos fueron sostenidos por Jungkook, donde yacían dos velas
blancas, totalmente nuevas. Mismas velas que fueron encendidas por el
pelinegro antes de tomar los platos y acercarse a Kyungsoo.

—Suegro —llamó con gracia, mirando fijamente al hombre que trataba de


liberarse inútilmente de las sogas que lo sometían—, será mejor que dejes de
moverte y quejarte, porque tengo que dejar todo absolutamente preparado
para comenzar con la cena.
Kyungsoo se rehusó, removiendose con desesperación en su lugar,
retorciendose e insultando a Jungkook. Pero nada de eso impidió que el
payaso colocara ambos platos encima de su pecho y abdomen, dejando un
pequeño espacio en el medio.

Quedándose totalmente inmóvil, el adulto observó las velas, tratando de


relajarse y calmar su respiración, mientras una gota de sudor comenzaba a
bajar poco a poco ante la sensación de pánico que estaba experimentado.

—Kim Kyungsoo... —caminando de un lado al otro, el pelinegro sonrió


apenas, rodeando la mesa antes de posar su mano sobre el hombro de
Taehyung, acercandolo hacia sí—. Ser miserable... Mi niño y yo hemos
desarrollado varios traumas a través de tu maldita ignorancia, suficientes
como para que ahora tu hijo no pueda estar cerca de una gran multitud de
personas, y yo no pueda estar absolutamente solo en una habitación —
exclamó con rechazo, ganándose así la atención del rubio—. Nos has causado
tanto daño a través de un simple empleo como lo es ser el jefe de un lugar
como este. ¿Y todo para qué? Para terminar amarrado como un cerdo en
agonía apunto de ser asesinado para el deleite de alguien más.

—Vete a la mierda, Jungkook. Si no fuera por mí no serías ni la mitad de lo


que eres hoy en día, ¡Deberías estar agradecido de la oportunidad que te dí en
este circo! —Alzando la voz, el hombre miró con recelo a su hijo y a su
acompañante.

—¡El jodido problema es precisamente ese! ¡Mira lo que has hecho! —se
apuntó a sí mismo, frustrado—. ¿¡En qué mierda estabas pensando!? Alejar a
un niño de toda su familia, ¿Qué mierda tiene eso de positivo, Kyungsoo?

—Así me criaron, y así funcionó. Es una simple tradición, la cual debería


seguir hasta el final... —Frunciendo el ceño, Kyungsoo trató de replicar, pero
Jungkook inmediatamente lo interrumpió.

—No soy tu familiar como para que quieras aplicar una estúpida tradición en
mí. Jamás fuí, y jamás querré ser tu hijo, y eso es algo que deberías aceptar.
Porque un bastardo como tú jamás debió ser padre. —Declaró con odio el
payaso, lanzando aquellas palabras con notable desprecio, antes de alejarse de
Taehyung, buscando algunas cosas en una pequeña mesa.
Kyungsoo volteó su rostro hacia su hijo, alerta al desconocer que era lo que
pretendía hacer Jeon ahora.

—Hijo, en verdad deberías soltarme, así es la tradición, y así siempre se-

—No soy tu hijo. —Interrumpió bruscamente el rubio, demostrando


rápidamente su desagrado e incomodidad.

—Taehyung, soy tu padre. Sueltame ahora mismo. —Ordenó,


desesperandose al ver como Jungkook tomaba nuevamente su navaja.

—No eres mi padre. —Levantándose de su asiento, el rubio quiso alejarse,


cubriendo sus oídos con notable molestia.

—Taeh-

—¡Soy tu "error", Kyungsoo! ¡No soy tu hijo! —se negó a escucharlo,


negando reiteradas veces con la cabeza—. Jungkook... Me prometiste que
estaría callado.

—Espera un poco, obsesión. Ahora mismo haré que cierre la boca. —


Asegurando aquello, el pelinegro volteó, dejando ver un vaso largo de vidrio,
donde yacían dos girasoles con una pequeña cantidad de agua.

—Juro que los mataré. —Kyungsoo frunció el ceño, lleno de miedo al ver
como Jungkook comenzaba a acercarse.

—No estás en posición como para jurar algo, cerdo —acercando el vaso
hacia la boca ajena, el payaso sacó su navaja, presionando la misma contra la
mejilla de el antiguo jefe—. Abre la boca.

Negándose, el hombre apretó sus labios con fuerza, provocando que más
sangre comenzara a salir de los mismos. Pero eso no pareció importarle por el
momento, ya que Jungkook pareció molestarse ante su acción.

—Que abras la maldita boca. —Repitió, entregándole el vaso a Taehyung con


rapidez solamente para tomar las mejillas de Kyungsoo y presionarlas,
abriendo su boca.
Manteniéndose inmóvil ante las velas que tenía encima, el adulto no pudo
luchar, y tan solo pudo sentir como el vaso invadía su cavidad bucal,
resultando incómodo.

Fastidiado, quiso tirar el vaso, pero la sensación de la navaja de Jungkook


contra su cuello hicieron que se detuviera antes de mirar fijamente el rostro
de quien estaba agrediendolo de tal manera.

—Ni se te ocurra tirarlo —el pelinegro entrecerró los ojos, desafiante—.


Veamos, Kyungsoo... Te explicaré un par de cosas —sonriendo poco a poco,
el payaso comenzó a alejarse, poniéndose nuevamente al lado de Taehyung
—. Te tiré líquido inflamable por todo el cuerpo, por lo que si intentas
moverte mínimamente para arruinar nuestra cita estarás muerto —bastante
feliz al decir aquello, Jungkook tomó con posesión la cintura del rubio,
mirándolo de reojo—. Y no creo que quieras terminar siendo carbón en
manos de dos putos "maricas", ¿o sí? —Cuestionó, ladeando la cabeza.

El hombre no pudo responder, pero su mirada le mostró de inmediato su


fastidio a Jungkook, quien se encontraba bastante complacido con el odio y
terror plasmado en los ojos ajenos.

—Si te mueves, las velas caen. Y terminarías siendo un pobre imbécil que no
fue capaz de soportar una sola noche al lado de dos hombres tan
"abominables" —Jungkook acomodó apenas su traje, simulando tranquilidad
total ante la situación—. Oh, y ese vaso... Si muerdes demasiado fuerte, el
vaso se romperá, y los vidrios se incrustarán por toda tu boca, la cual no hace
más que soltar puras idioteces. El vaso es totalmente frágil, tanto como tu
maldita autoridad ahora mismo.

Recibiendo otra mirada llena de odio, Jungkook se permitió sonreír con


sinceridad, lleno de gozo al ver sufrir a alguien que había causado uno de sus
traumas.

Y con aquella satisfacción, fue que volteó levemente su rostro, prestándole


finalmente toda su atención al rubio, quien lo miraba en silencio, expectante.

—Amor. —Exclamó, sonriente, antes de mirar de arriba a abajo al menor.


—Jungkook. —Llamándolo con el mismo tono, Taehyung dejó que Jungkook
tomara sus manos, acercandolo un poco más hacia él.

—Mira que bonito te ves... —halagó, haciendo que el rubio apartara la


mirada—. Me pregunto cuanto tiempo tardaste para esto, considerando que
fuiste con Yoongi antes de ir con Seokjin...

Taehyung cerró sus ojos al escuchar aquello, lleno de resignación y cierto


pánico. Él no quería discutir con Jungkook a pesar de que sabía que le había
mentido.

—Jungkook, te juro que yo solo-

—Jurar no es algo que puedas hacer, Taehyung. Ya es cosa de familia —


mostrando una sonrisa totalmente sarcástica, el payaso miró de reojo a
Kyungsoo, antes de soltar las manos de su mocoso y dirigirse hacia otro lado,
cerca de los árboles—. ¿Puedes venir un momento, en lo que tardan en traer
la comida?

Taehyung vaciló, mirando hacia su padre y hacia Jungkook antes de dar un


paso, inseguro. Estaba seguro de que terminarían discutiendo, y no era el
lugar ni el momento como para hacerlo.

Aún así, le siguió el paso a Jungkook, quien lo guió por detrás de los árboles,
algo lejos de Kyungsoo, pero a pesar de eso el payaso se había encargado de
buscar un lugar donde pudieran ver al hombre desde lejos, asegurándose de
que no haga nada extraño.

Una vez alejados, el pelinegro se cruzó de brazos ante Taehyung, expectante.

—¿Cuántas veces piensas desobederme? —cuestionó entonces, bastante serio


—. En verdad no comprendo que putos problemas tienes en la cabeza, porque
ser un niñito traumado no te pone como excusa que seas un puto imbécil.
Solo te he pedido una sola cosa en el día, que te cuides y que no te vayas solo
a ningún lado. ¿Y qué es precisamente lo primero que haces? Irte a donde no
te incumbe. ¿Tantas ganas de morir tienes?

—Jungkook, no empieces...
—Oh, ¿en verdad quieres que deje esto de lado? No porque haya planeado
toda esta mierda voy a aguantarme tus idioteces. Te dí una pistola para que te
cuides, y te puse un horario simplemente para que hagamos lo que teníamos
acordado. Y solo te vas por ahí y haces que todo el circo viaje de la nada,
arruinando todos mis planes. ¿Siquiera sigues conservando la pistola?

Taehyung abrió los ojos en grande, antes de buscas por los bolsillos de su
traje dicha pistola. Y al no encontrarla, no pudo hacer más que mirar con
pena al hombre y bajar la cabeza.

—Que jodido inútil.

—No me digas así.

—Es lo que eres, no puedes cuidarte por tí mismo. No vengas a llorar siendo
que sabes muy bien lo que eres, un mocoso dependiente e ingenuo. —
Frunciendo el ceño, Jungkook mordió con inquietud su labio inferior,
tratando de mantener la calma.

—¿Y qué se supone que eres tú? Un maldito enfermo que disfruta de algo tan
asqueroso como esto, una cita en la que simula romance de las formas más
enfermas posibles y además de eso, dependiente de quien es su jefe. —
Atacando igualmente, el rubio se alejó apenas del mayor, alerta.

—Tú estuviste de acuerdo con esto, no seas hipócrita. —Jungkook alzó una
ceja ante las palabras del más jóven, confundido.

El rubio guardó silencio, sin saber que decir realmente. Tenía demasiadas
cosas en mente, y no quería soltarlo todo de golpe porque terminaría
discutiendo con Jungkook una vez más y en verdad no estaba de humor para
eso.

—Escucha, sé que estuve mal. Pero si te decía que iba a ir con Yoongi me
encerrarías de nuevo, y ya estoy harto de esto. Fuí para que me diga que es lo
que sabe de mi familia, nada más —tratando de explicar aquello, unió ambas
manos, apoyándose contra un árbol grande—. No me hizo nada, y no duró
mucho la conversación. Solo me dijo que estaban en Daejeon, y que el circo
en el que estaban solía irse cada tres semanas, moviéndose constantemente.
Por eso mismo fue que mandé a todo el circo a marcharse, para ver si
llegábamos, y de lo contrario, Yoongi me dió una lista de los lugares a los
que irían luego de Daejeon. No pasó nada más luego de eso, y solo fuí con
Seokjin. —Explicó, analizando las expresiones que tenía el pelinegro.

Entrecerrando sus ojos, Jungkook pareció dudar de las palabras del menor.
Pero luego de pensarlo con detalle, decidió relajarse un poco, mas no del
todo.

—Pídeme disculpas. —Ordenó, con un tono de voz totalmente decidido y


relajado, esperando que el menor cumpla con lo pedido.

Quejándose por lo bajo, Taehyung quiso protestar, pero terminó bufando con
resignación al ver que no era momento para discutir. No tenía opción.

—Lo siento... —Soltó, desganado.

—No, así no —Jungkook puso ambas manos en sus bolsillos, acercándose un


poco a Taehyung—. Pídeme disculpas.

Confundido, el rubio frunció apenas el ceño, sin saber que responder.

—Vamos, cariño. Ruega por mi perdón, así como yo tengo que hacerlo por
cada uno de mi errores, arrastrate si es necesario.

—No haré eso. —Negándose, el rubio dió un paso atrás, cruzándose de


brazos.

—Hm, ¿en verdad? —dejando salir una pequeña sonrisa, Jungkook miró de
reojo hacia donde se encontraba Kyungsoo, pensativo—. En tal caso, si no
eres capaz de hacer algo tan simple, yo no podré mantener a tu padre en
silencio durante toda la cita.

—Me prometiste que no hablaría. —Ofendido ante la amenaza, Taehyung dió


un paso al frente.

—Y tú me prometiste que te irías con Seokjin. —Contraatacó el payaso,


apretando apenas su mandíbula.
—Bien, ya entendí. Lo siento, en verdad. Pero no puedes hacer eso. —
Frustrado, Taehyung quiso irse, sin querer saber nada más de la situación.

Sin embargo, la mano de Jungkook tomando la parte trasera de su traje fue


más que suficiente como para que su cuerpo casi cayera hacia atrás ante el
brusco agarre, alarmando al rubio.

—Pídeme disculpas como se debe o estaremos toda la maldita noche aquí. Y


sabes muy bien que soy capaz de cumplir con mi palabra. —Amenazó,
cansandose poco a poco de la actitud del menor.

—No quiero hacerl-

—De rodillas. —Ordenó de repente, alzando la voz y cortando por completo


lo que iba a decir el rubio, quien lo miró con confusión.

—¿Qué?

—Arrodillate, vamos. He dicho que deberías arrastrarte si era necesario, y tu


capricho de pretender que aún sigues teniendo dignidad ya me está hartando
—tomando a Taehyung por el hombro, Jungkook lo empujó hacia abajo—.
De rodillas, ahora.

—No puedes estar hablando en serio.

—Créeme que hablo en serio, mi dulce amor. También deberías creer que te
haré pasar peor humillación si no te pones en el suelo ahora mismo.

Taehyung frunció el ceño, con su rostro rojo ante la rabia y la vergüenza. No


sabía que hacer realmente, y la mano de Jungkook sobre su hombro no
ayudaba para nada, ya que el hombre intentaba empujarlo hacia abajo,
obligándolo a inclinarse.

Dió un paso atrás ante el agarre, alejándose.

Jungkook alzó una ceja ante la acción del menor, y cuando quiso decir algo,
Taehyung se acercó repentinamente hacia él, encarandolo mientras tomaba
sus manos para que no vuelva a empujarlo.
—No me obligues a hacer esto, Jungkook. He tenido un día demasiado difícil
como para que vengas a arruinar aún más las cosas, me encontré con gente
extraña y estuve más de dos horas consolando a Seokjin hasta que finalmente
se calme de un maldito ataque de pánico —quejándose, el rubio posó su dedo
índice sobre el pecho de Jungkook, apuntandolo—. Incluso discutí con
Namjoon, ¡Con Namjoon! ¿Entiendes eso? Soy el jefe, se supone que no
debería pasar por esto, mucho menos rogarle a alguien como tú.

—¿Alguien como yo? —Mirando hacia abajo para ver detalladamente el


rostro del menor, Jungkook parecía estar bastante tranquilo, divertido ante las
quejas de Kim.

—Sí, alguien como tú. Alguien tan malditamente hipócrita como para pedir
unas disculpas por un solo error, siendo que él cometió no solo uno, sino
miles. No tienes derecho alguno de quejarte por lo que hice, porque soy tu
jefe y es solo decisión mía si decido ver a quien se me dé la gana solo por
asuntos importantes, ¿entiendes eso? —Con un poco de esperanza, Taehyung
alzó la mirada, esperando en verdad un poco de compresión por parte del
hombre.

Pero el mismo seguía igual de serio, mirando fijamente sus labios antes de
alzar la mirada nuevamente.

—No te respeto como jefe, porque para mí no lo eres. No lo serás hasta que
des el espectáculo, y créeme que tampoco te respetaré como tal para ese
entonces, ¿Y sabes por qué, amor? —sonriendo con gracia, Jungkook alzó su
mano, acomodando el cabello ajeno—. Porque todo lo enfermo que tienes en
la cabeza te lo dejé yo. Todo lo que sabes vino de mí, todo tu sufrimiento y
traumas fueron cosa mía. Y no se puede tener respeto o terror hacia algo que
conoces a la perfección... —mirando nuevamente a los ojos del chico, el
pelinegro sonrió en grande—. Eres, básicamente, mi reflejo.

—No, no lo soy... —Confundido, Taehyung negó con la cabeza,


retrocediendo una vez más.

—Solo mirate, mi príncipe... —tomándolo por los hombros, Jungkook lo


obligó a voltearse, dejando a la vista a Kyungsoo, quien luchaba por no
moverse al tener las velas encima—. Te gusta esto... Te gusta verlo sufrir.
Taehyung se mantuvo en silencio, mirando a su padre y luego a un enorme
espejo que se encontraba cerca del mismo. Aquel espejo se encontraba allí ya
que Jungkook no solo había arruinado la apariencia de su padre, sino que
también le había mostrado como había quedado, burlándose descaradamente.

En el reflejo de aquel objeto, Taehyung pudo mirar como era sostenido por
los brazos de Jungkook, a lo lejos. Pudo ver como era sostenido con
posesión, al igual que pudo ver la sonrisa juguetona de el payaso y sus ojos
grandes y brillantes fijos en él, analizandolo.

Jungkook siempre sabía como llevar la conversación en contra suya,


haciéndolo dudar de sí mismo.

—¿Qué es lo que haces cuando estás demasiado alterado, hm? —preguntando


aquello, el pelinegro lo abrazó por la espalda, apoyando su barbilla en su
hombro—. Me parece que haces algo similar a alguien que conozco... —
Analizó con burla, dejando un pequeño beso en el cuello ajeno.

—No soy igual que tú... —Taehyung intentó librarse del agarre, pero
Jungkook seguía repartiendo besos por su cuello y sus hombros, bastante
sereno.

—No te alteres, obsesión. Solo estoy diciéndote la verdad. Tus traumas no


hicieron más que usar mis métodos para intimidar a otras personas, creyendo
que funcionaría, e incluso usas mi tono de voz al amenazar a alguien, ¿no te
parece curioso?

—Yo no quiero ser igual que tú. —Negándose, Taehyung dejó caer su cabeza
para atrás, sobre el hombro del mayor.

—No es tan malo si sabes usarlo a tu favor. Y créeme, mi niño, mis métodos
siempre funcionan para tener la situación en tus manos la mayoría de las
veces... —bastante seguro, Jungkook finalmente soltó al menor, poniéndose a
su lado—. Tan solo recuerda no usarlos conmigo, porque en vez de
intimidarme como quisiste hacer ahora mismo, solo me pareces malditamente
tierno y me dan ganas de besarte para que dejes de decir idioteces —riéndose
por lo bajo, el payaso se notó mucho más relajado—. ¿Quién es mi pequeño
cachorro enojado?
—No empieces. —Taehyung frunció el ceño con fastidio, antes de caminar
rápidamente hacia donde se encontraba su padre, nervioso.

—No es mi culpa que te veas como un perrito enojado, Taehyung —


caminando a su lado, Jungkook volvió a mostrarse totalmente serio al lado de
Kyungsoo, mirándolo con desprecio—. ¿Usted que opina, Kyungsoo? ¿No es
su hijo una ternurita?

—¡Jungkook!

—Ya, amor, ya. No me ladres, que te pones rojito —burlándose con descaro,
Jungkook sonrió nuevamente, antes de dejar un casto beso en los labios
ajenos para evitar que el menor siga quejándose—. Sigues debiendome
disculpas. —Exclamó una vez que se separó, susurrando apenas y caminando
hacia otro lado de la mesa, divertido al escuchar las quejas del rubio, quien se
encontraba bastante frustrado.

Kyungsoo miró con rechazo a ambos hombres, antes de que una persona
apareciera a su lado, con dos platos grandes y una bandeja de metal, tomando
la misma con dos trapos para evitar quemarse.

—Seokjin, gracias. —Agradeciendo por la comida, Jungkook se hizo cargo


de tomar la bandeja, asintiendo hacia el pelimorado en señal de
agradecimiento antes de que el mismo respondiera de igual manera y se
marchara rápidamente.

Taehyung se acercó hacia Jungkook, curioso, mientras miraba como la


bandeja se encontraba cubierta por dos tapas grises.

—¿Qué es? —Cuestionó, tratando de levantar una de las tapas, pero el


pelinegro se lo impidió.

—Ya verás, cielo. Es una sorpresita para tu padre —exclamando aquello con
dulzura, Jungkook sonrió risueño hacia Kyungsoo, alzando una ceja—.
Cuidado, está caliente. —Advirtió con falsa empatía, apoyando la bandeja
sobre el estómago ajeno, y haciendo así que Kyungsoo abriera sus ojos en
demasía, tratando de no moverse mientras sus ojos se llenaban de lágrimas al
sentir el metal hirviendo contra su piel.
Una de las velas se movió, y Jungkook se encargó de sostenerla antes de que
cayera sobre el cuerpo del hombre.

—Dije que tengas cuidado, porque la próxima vez no sostendré nada —el
payaso acomodó la vela, colocándola como se encontraba antes, y al ver
hacer aquello, su mirada se posó en Taehyung—. Siéntate, Taehyung.

Obedeciendo, el menor tomó asiento, observando como Jungkook se sentaba


del otro lado, mirando con burla el rostro de su padre, quien agonizaba en
silencio.

—Mi amor, ¿Recuerdas qué te hablé sobre Jiyung? —Ladeando la cabeza, el


pelinegro esperó una respuesta por parte de su mocoso, sonriendo.

—Sí, lo recuerdo. El tío de Namjoon... —mirando de reojo a su padre,


Taehyung se permitió sonreír con cinismo al ver como el hombre lo miraba
con odio—. ¿Qué ocurrió con él?

Jungkook acomodó las mangas de su traje con falsa elegancia, procurando


verse "decente" como lo querría Kyungsoo si realmente estuvieran en una
cena importante. Básicamente se estaba burlando de él por todas las veces en
las que lo había obligado a utilizar alguna prenda tan solo para mantener una
buena imágen de los trabajadores del circo ante otras personas.

—Él quiso visitarnos de sorpresa, justo hoy —contando aquello con calma,
Jungkook guió su mano hacia la bandeja, analizando a Kyungsoo—. Y creí
que, para agradarle un poco más a mi suegro, debería traerle a su mejor
amigo de la infancia. —Exclamando con leve malicia sus palabras, el payaso
comenzó a levantar con lentitud una de las tapas, exponiendo algo desastroso.

La cabeza de Jiyung.

Se encontraba totalmente destrozada, su boca dejaba ver restos de sangre seca


al igual que su nariz, la cual se encontraba torcida, quizá gracias a los bruscos
golpes que había recibido al cruzarse con Jeon. Él ni siquiera pudo escapar de
sus manos.

La sangre manchaba el plato en el que se encontraba apoyada la cabeza, la


cual quedaba expuesta en dirección a Kyungsoo, quien no pudo hacer más
que cerrar sus ojos con fuerza. Sintiendo una rabia inexplicable y muchísimo
más odio que antes, causándole dolor en el pecho.

Taehyung se mostró inexpresivo ante la horrorosa escena, pero le mostró su


descontento a Jungkook con tan solo una mirada. No le gustaba tener que
mirar aquello siendo que estaba por comer, era desagradable.

Aún así, se permitió observar en silencio como Kyungsoo intentaba retener


un sollozo. Y Jungkook se encontraba mirándolo igualmente, sonriendo e
ignorando la leve molestia de quien consideraba su pareja.

—¿Conmovido, Kyungsoo? —el payaso sostuvo la cabeza entre sus manos,


alzandola y manchando con su sangre el pecho del hombre, quien tembló
apenas—. ¡Vamos, saluda a tu amigo!

—Eso, papá. Debes ser educado, así como siempre quisiste que lo fuera. —
Siguiéndole el juego, Taehyung se cruzó de brazos, mirando al adulto.

Kyungsoo balbuceó con el vaso en la boca, sintiendo la desesperación llenar


su ser ante la situación. Quería huir y destruir a ambos hombres que estaban
humillandolo y torturandolo de tal manera.

Curioso, Jungkook miró por unos segundos a Taehyung, preguntándole con


la mirada si podía quitar el objeto que mantenía en silencio a Kyungsoo. Y al
ver como el menor asentía con cierta duda, retiró el vaso de la boca ajena.

—¿Qué pasa, suegrit-

—¡PUTOS ENFERMOS DE MIERDA! ¿¡QUÉ HICIERON!? —Alterado,


Kyungsoo sollozó con rabia, temblando y tratando inútilmente de retener las
ganas que tenía de removerse para liberarse.

—¿Qué hicimos? —fingiendo confusión, Jungkook guió la cabeza hacia su


dirección, mirando aquellos ojos sin vida—. Oh, no lo sé. ¿Tú que opinas,
Jiyung?

—¡DEJA ESO! ¡DEJALO YA! —Ofendido al ver como trataban el cadáver


de su viejo amigo, el adulto gritó con repudio.

—Hm... ¿Qué opinas, mi cielo? ¿Lo dejo? —Con un tono lleno de dulzura, le
sonrió a Taehyung, guiando la cabeza del cadáver hacia el rostro de su
"suegro".

El rubio asintió, cubriendo apenas sus oídos para no tener que soportar los
gritos de su progenitor.

La cabeza de Jiyung fue apoyada contra el rostro del adulto, quedando sus
fríos labios llenos de sangre contra los suyos, causando así un grito
sumamente fuerte que hizo que las velas casi se caigan.

Taehyung tomó ambas velas, acomodandolas en su lugar y prendiendolas


nuevamente, mientras que Jungkook se reía a carcajadas, pasando aquella
cabeza por todo el rostro del hombre, repartiendo "besos" según él.

—¡Mira nomás que puto marica, eh! ¿¡Quién es el maldito marica ahora,
Kyungsoo!? —divirtiéndose, Jungkook presionó la cabeza del muerto
nuevamente contra los labios contrarios, obligándolo a permanecer inmóvil
—. Vamos, dime que se siente ser un maricón ahora. ¿Te gusta, maldito?

—¡VETE A LA MIERDA, JUNGKOOK! —Kyungsoo intentó mover su


rostro para sacarse a la cabeza de encima, pero Jungkook seguía esparciendo
la sangre por doquier, ensuciando su cara.

—Jungkook, ya basta. —Ordenó Taehyung, cansado de los gritos.

—Aburrido. —Protestó Jeon, antes de bufar y alejar la cabeza del rostro del
adulto.

Tomando el vaso nuevamente, el rubio presionó las mejillas de su padre,


recibiendo una mirada llena de odio. Pero eso no impidió que el vaso
terminara en la boca de su mayor.

Por otro lado, Jungkook buscaba un par de servilletas, quitando el plato con
sangre de la bandeja para después limpiar algunos rastros que habían
quedado, tirándole las servilletas en el rostro a Kyungsoo con desprecio.
Tomando la otra tapa, el payaso le mostró a Taehyung su comida, la cual
consistía simplemente en hamburguesas y papas fritas, junto con una botella
grande de salsa picante.

—No es la mejor comida del mundo, pero no hubo tiempo como para pedir o
preparar otra cosa —sonriendo apenas, Jungkook volvió a tomar asiento,
destapando la botella de salsa picante—. Amor, ¿no quieres?

Taehyung quiso negarse, dejando en claro que él no le gustaba comer cosas


picantes, pero terminó cerrando la boca al ver como Jungkook derramaba
"accidentalmente" un poco de salsa en el rostro de su padre, sin quitarle la
mirada de encima.

Asintiendo con lentitud, recibió la botella, mirándola de arriba a abajo antes


de voltearla y dejarla caer sobre los ojos de su progenitor, escuchando un
grito ahogado por parte del mismo.

Jungkook sonrió complacido ante la escena, antes de tomar su hamburguesa y


comer con calma, expectante.

Los ojos de Kyungsoo se pusieron rojos al tener contacto con la salsa, y el


mismo empezó a ver borroso ante las lágrimas que salían una tras otra, ardía
demasiado.

Taehyung se mostró nuevamente indiferente, tomando igualmente su comida


para empezar a comer con tranquilidad, escuchando a la vez las burlas de
Jungkook hacia su padre y de vez en cuando un par de cumplidos hacia él por
su apariencia.

—¿Y sabe qué es lo peor, suegro? —luego de media hora hablando sin parar,
irritando en demasía a Kyungsoo, Jungkook terminó sus papas, tomando un
trago de agua antes de hablar—. Que su hijo no tiene remedio, ¿así pensaba
controlarlo?

—Oh, cállate. —Frunciendo el ceño, Taehyung protestó.

—¿Y por qué, mi amor? Solo le estoy diciendo a tu padre la verdad. Eres una
maldita molestia a veces, ¿sabes? —Desinteresado, Jungkook se apoyó contra
el respaldo de la silla, aflojando apenas su corbata al sentir demasiada
presión.

—Lo dices como si fueras el tipo más agradable del mundo. Yo soy el que te
aguanta a tí, no tú a mí. —Declarando aquello, el menor se cruzó de piernas,
observando de reojo a su padre y la cabeza que se encontraba apoyada su
lado, simulando mirar fijamente al hombre.

—Claro, tienes que aguantar berrinches insoportables cada día, seguro. —


Lleno de sarcasmo, Jungkook sacó su navaja del bolsillo de su traje,
analizandola con cierto detalle antes de volver a posar su mirada en
Taehyung.

—Tengo que soportar tus apodos idiotas y tus malditos ataques, creeme que
es peor.

—¿Mis apodos idiotas? —alzando una ceja, Jungkook se permitió sonreír con
gracia—. Por lo menos no te digo "caramelito de miel" como lo hace
Namjoon con Seokjin.

—Ni siquiera menciones a ese tipo, es tan imbécil... —rencoroso, el menor se


acomodó en su lugar, siendo testigo de como las velas iban consumiendose
poco a poco, mientras el viento comenzaba a correr más rápido—. Y tus
apodos en verdad son peores que ese.

—¿En serio...? —Jungkook se levantó de su asiento lentamente, acomodando


la silla y acercándose poco a poco hacia Taehyung, posicionándose detrás de
él—. Pues yo creo que mis apodos encajan contigo, porque no eres más que
un dulce cachorro miedoso, un mocoso, y una obsesión para mí.

Taehyung miró hacia atrás, encontrándose con una sonrisa un tanto peculiar
por parte del payaso, quien no lo miraba a él, sino al estómago de Kyungsoo.

Algo planeaba, y el rubio lo sabía.

Levantándose de su asiento, el jefe le dejó espacio a Jungkook, observando lo


que hacía con curiosidad, expectante.
El pelinegro lo miró a él y volvió a guardar la navaja, tomándolo por la
corbata para acercarlo nuevamente hacia sí.

—Ven aquí, mocoso. Te necesito. —Exclamó de repente, jalandolo una vez


más hacia sí.

Taehyung quiso protestar, tratando de quitar las manos ajenas de su corbata,


pero en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba entre los brazos del
hombre, quien lo sostenía por los muslos para no dejarlo caer.

Jungkook quitó la bandeja de comida, tirandola en el piso con descuido,


apagó las velas y las retiró igualmente, cargando a Taehyung con cuidado
antes de hacer que el mismo se sentara sobre Kyungsoo.

Al sentir la presión en su cuerpo, el adulto apretó apenas los dientes,


sintiendo el sonido de un cristal rompiéndose de a poco, logrando alterarlo.

—¿Qué Diablos haces? —Preguntó el rubio con fastidio, susurrando hacia el


payaso.

—Solo te veo de cerca, mi niño. No te alteres tanto... —restándole


importancia, los ojos de Jungkook se fijaron en los labios ajenos, distraído—.
Además, quería que vieras esto con detalle. —Sacando su navaja una vez
más, Jungkook tomó la camisa de Kyungsoo, cortandola con descuido, sin
preocuparse de dañar el pecho ajeno.

Una vez que la prenda estuvo desgarrada, el pecho del adulto quedó
expuesto, mientras el mismo intentaba mantener la calma para mantener en su
lugar el vaso que se encontraba más débil que antes.

Las gotas de sudor bajaban una tras otra por el rostro de Kyungsoo, mientras
sus dos agresores observaban fijamente su pecho, donde Jungkook había
escrito algo con anterioridad.

"La mascota de Kim Taehyung."

Marcado como un indefenso animal, el payaso había declarado a Kyungsoo


como el cerdo de su niño, un simple cerdo sin suerte.
Taehyung sonrió levemente, perdido en sus pensamientos, mientras que
Jungkook tan solo analizaba con detalle su reacción, asegurándose de que le
haya gustado.

—¿Qué opinas, mi pequeño? Está marcado de por vida una vez más como la
mascota de alguien, tu mascota —presionando su frente contra la del chico, el
pelinegro cerró sus ojos por un momento—. Tú serás un cachorro, pero él se
convirtió en un animal al cual los humanos usan para su propio beneficio.
¿Qué harías tú con él siendo qué no es nada más que eso?

—Sinceramente, lo veo más como basura que como un animal... Un cerdito


en descomposición.

—Hm, creo que tienes razón... Que tristeza, Kyungsoo. Ni para ser un jodido
animal sirves. —Jungkook rió por lo bajo, antes de apoyar su cabeza en el
hombro de Taehyung, aparentemente algo cansado.

El menor guió una de sus manos hacia el cabello negro de su acompañante,


acomodando su coleta y los mechones largos que se encontraban cubriendo
apenas su rostro.

—Mi niño... —Llamó Jungkook por lo bajo, perdido en su mundo.

—¿Sí?

—Eres hermoso. —Halagó de repente, tomando por sorpresa a Taehyung,


quien alzó una ceja.

—Gracias, supongo.

—Eres tan hermoso que en verdad no me importaría que tu padre nos vea
mientras te beso como se me dé la gana. —Alzando la voz para ser escuchado
por completo por Kyungsoo, Jungkook sonrió con leve malicia.

—¿Q-qué? No, ya hicimos es-

Antes de que Taehyung pudiera terminar de hablar, el pelinegro comenzó a


repartir varios besos por su cuello, dejándolo sin habla. El payaso descendía
desde su hombro hasta su cuello, pretendiendo succionar dicha zona, pero el
menor se lo impidió, empujandolo apenas.

—No hagas eso.

—Sabes que no te haré nada, mocoso. Pero solo te pediré algo... —


hundiéndose nuevamente en el cuello ajeno, el pelinegro logró llamar la
atención del menor, antes de susurrar—. Quédate quieto y simplemente
observa a tu padre, está por romper el vaso.

Curioso, el rubio obedeció, mirando a su padre y recibiendo de inmediato una


mirada llena de rechazo y odio, como si estuviera gritándole que se alejara
del payaso, que él no tenía que estar con otro hombre.

Frunciendo el ceño, Taehyung comprendió que era lo que pretendía Jungkook


con aquellos besos, y fue por eso mismo que ladeó la cabeza, dándole más
acceso mientras sentía la mano derecha del hombre meterse por debajo de su
traje, siendo observado por Kyungsoo.

Lleno de rabia, el adulto apretó la mandíbula al ver como su hijo se dejaba


tocar de aquella manera por un hombre. Era totalmente inaceptable,
totalmente absurdo.

Fue cuando notó como Jungkook dejó un hematoma en el cuello ajeno, que
sus dientes presionaron más el vaso, rompiendolo por completo finalmente.

Los vidrios se incrustaron en su boca, de la cual comenzó a salir sangre de


inmediato, y a pesar de su tos y su agonía, su hijo no hacía nada más que
mirarlo en silencio, recibiendo más besos por parte del payaso mientras sus
muslos eran acariciados con delicadeza, sin ser algo realmente morboso pero
aún así resultando asqueroso ante Kyungsoo.

Parte de los vidrios cayeron al suelo junto con loa girasoles cuando el hombre
escupió, asqueado. Mientras la sangre lo hacia toser, incrustandole aún más
los vidrios.

Jungkook se separó de Taehyung con cansancio, tomando al chico y


ayudándolo a bajar del estómago del antiguo jefe.
—¿Tan inútil eres como para romper un vaso? ¿En serio? —riéndose por lo
bajo, el pelinegro negó con la cabeza—. Das tanta pena...

—¡Alejate de mi hijo! —Kyungsoo se removió con insistencia, entre


balbuceos ante la sangre que salía por su boca.

—¿Ahora es tu hijo, hm? —Jungkook frunció apenas el ceño, antes de


acariciar con calma la cintura del rubio y observar al mismo—. Mira nada
más, cielo. Ahora resulta que sí es tu padre, que irónico, ¿no es así?

Taehyung se mostró indiferente ante la situación, apoyando su cabeza contra


el hombro de Jungkook con calma.

—Tal parece que no sirve para ser padre pero sí para decidir quién será mi
pareja... —Susurró con fastidio, perdido en sus pensamientos.

—¿Pareja?

El menor se alejó de inmediato de Jungkook al darse cuenta de lo que había


dicho, con sus brazos cruzados y su cabeza hacia abajo, totalmente serio.

—Olvida eso. —Ordenó el rubio, tratando de ocultar su vergüenza.

Sonriendo apenas, el payaso tomó al chico por la muñeca, acercandolo hacia


sí una vez más y obligándolo a mirarlo.

—¿Ahora resulta que somos pareja? Que maleducado, amor. Ni siquiera me


preguntaste. —Burlándose, el pelinegro fingió ofenderse.

—Ya déjalo. —Taehyung intentó apartarse una vez más, pero los brazos de
Jungkook se lo impidieron.

Su rostro quedó contra el pecho del hombre cuando el mismo lo aprisionó


entre sus brazos, apoyando su barbilla contra la cabeza del menor.

—Ya, niño tonto. Solo estoy jugando. —Soltando aquello, el payaso liberó
un poco el agarre tan solo para ver directamente a los ojos del más jóven,
quien tragó saliva con nerviosismo.
—Eres estúpido. —Fue lo único que dijo Taehyung, frunciendo el ceño.

—Y tú eres hermoso. —Divirtiéndose con la expresión molesta del rubio,


Jungkook dejó un casto beso en los labios ajenos, antes de darse media vuelta
y mirar fijamente a Kyungsoo, pensando quien sabe qué.

El menor no dijo nada ante el repentino beso, mucho menos ante la actitud
que había tomado Jungkook. Simplemente permaneció en silencio,
caminando hacia el hombre y apoyando su barbilla contra su hombro para ver
igualmente a su padre, expectante.

—Me dan asco... —Kyungsoo entrecerró los ojos, adolorido al sentir varios
vidrios incrustados en su lengua y sus mejillas.

—¿En verdad, suegro? Pues en tal caso debería ser tan buen yerno como para
quitarle los ojos y evitar así el sufrimiento que tiene al vernos. —Tomando su
navaja con total calma, el pelinegro se acercó hacia Kyungsoo, quien
inmediatamente comenzó a negar con la cabeza, aterrado.

—¡Alejate de mí! —Removiendose con inquietud, el hombre intentó


liberarse, pero la presión en sus muñecas por parte de las sogas no hizo más
que lastimar las mismas, irritando su piel.

Taehyung se alejó por unos segundos, tomando las velas que habían quedado
en el piso, apoyadas en los platos. Y al ver la desesperación de Kyungsoo, no
pudo hacer más que encender las mismas, colocandolas nuevamente en el
estómago ajeno.

—¡Infelices, sueltenme ahora mismo! ¡Voy a matarlos! —agitado, el castaño


miró con horror a sus agresores, observando el filo de la navaja cada vez más
cerca de su ojo derecho—. ¡Juro que voy a matarlos!

—¿Y cómo, eh? ¿Jugaremos a la gallinita ciega con cuchillos, Kyungsoo? —


Lleno de burla, el pelinegro siguió generando más tensión en el adulto,
acercando el filo hacia su pupila y luego alejandolo simplemente para pasar la
navaja por su maltratado rostro.

La punta de la navaja tocó la nariz rota de Kyungsoo, paseándose por ahí y


dejando marcas, leves heridas. Para después terminar tocando la boca
ensangrentada, ejerciendo presión para liberar aún más sangre.

Respirando con inquietud, el castaño intentó permanecer totalmente inmóvil


ante lo que estaba sucediendo, ante lo que le estaban haciendo. No podía
permitir que dos tipos tan "repugnantes" fueran los responsables de su
muerte, no podía rebajarse de tal manera.

—¿Sabes qué, suegrito? —con falso cariño, Jungkook detuvo la navaja,


apoyando el filo contra el párpado de el mayor—. Creo que debería dejarte
con esos asquerosos ojos, así me ves pasar más tiempo con mi niño —
aparentemente relajado y feliz ante lo que había dicho, el payaso fijó su
mirada en Taehyung—. ¿Tú que dices, mi amor?

—Opino lo mismo. Le estaríamos haciendo un favor al quitarle los ojos... —


con el mismo cinismo, el rubio le siguió la corriente a su acompañante,
luciendo igual de relajado—. No merece ningún favor por parte de nosotros,
amor. —Emitiendo aquel apodo con notable sarcasmo y leve burla,
Taehyung se permitió sonreír, mirando la reacción asqueada que había
presentado su padre.

Jungkook no hizo más que sonreír al escuchar al menor, y cuando quiso decir
algo al respecto, fue interrumpido por Kyungsoo.

—"Amor", mirate nada más, Taehyung. Siempre supe que eras un maldito
marica. Me das tanto asco... —con un tono histérico, que simulaba decepción,
el hombre frunció el ceño—. Deberías matarte.

Taehyung guardó silencio por algunos segundos, buscando algún tipo de


soporte para mantener su rostro completamente serio. Buscando algún lugar
seguro para ocultar el malestar que le había llegado de golpe.

Ahora recordaba perfectamente porque no quería a escuchar a su padre desde


el inicio. Seguía doliendo.

Se quedó callado.

Y Jungkook al notar que era lo que le sucedía, de inmediato se puso enfrente


de él, ocultandolo de la mirada del adulto, que no hacía más que juzgar.

El pelinegro más que nadie sabía lo que era que te dañaran a través de unas
simples palabras, y no permitiría que eso suceda con Taehyung a través de un
hombre tan asqueroso como lo era Kim Kyungsoo.

—¿Sabes quién debería matarse, viejo inútil? —enojado, el payaso se cruzó


de brazos, sintiendo la frente de Taehyung apoyada contra su espalda—. Solo
tú. Tú eres el único maldito enfermo que debería morirse. ¿Quién mierda te
crees que eres, hm? No eres más que un pobre gusano utilizado por todos, por
todos en este circo como un puto títere. Te crees la gran cosa y hace tan solo
unos años estabas en las manos de tu estúpido padre siguiendo sus órdenes,
temiendole. ¿Y en verdad crees que puedes tener autoridad sobre Taehyung?
Das asco, tú en verdad das asco.

—¿Y qué hay de tí, Jungkook? Viviendo solo, y aún así temiendole a la
soledad. Alejando a todos de tí y creyendote la gran cosa siendo que solo eres
un tipo ingenuo, egocéntrico y repugnante. Sin este circo no eres nada y por
mí fue que tuviste un lugar dando espectáculos.

—¿En verdad te estás fijando en mis malditos problemas? Temerle a la


soledad es un trauma, uno que desarrolle por tu culpa. ¡Me alejaste aún más
de Yoongi! ¡Y luego tuviste el descaro de dejar a un mocoso en mi territorio
para después querer quitarmelo! —Jungkook sintió las manos de Taehyung
rodear su cintura, buscando su calor—. Y por si fuera poco, el único ingenuo
aquí eres tú al creer que Taehyung te perdonaría toda la mierda que le hiciste
pasar tan solo por un puesto en el circo.

—Solo quería prepararlo, él no servía ni sirve para est-

—Cierra la boca. Ya fue suficiente —harto de la situación, el pelinegro


volvió a sacar su navaja, alejándose de Taehyung para sostener las mejillas de
el adulto—. Me cansaste.

—¡Sueltame!

—Quedate quieto —ordenó Jungkook, frustrado al ver como el hombre se


removía—. ¿Quieres morirte quemado, imbécil?
Kyungsoo protestó, y las velas comenzaron a moverse de un lado a otro,
amenazando con caer sobre su cuerpo.

—Jungkook. —Llamó el rubio, mirando fijamente las velas.

—No pasa nada, amor. Tranquilo.

—Vas a quemarte. —Siguió advirtiendo el más jóven, tenso al ver como las
velas seguían moviéndose ante la respiración brusca de Kyungsoo, quien
intentaba mantenerse quieto pero le era imposible ante el agarre brusco que
mantenía Jungkook en sus mejillas, buscando dañarlo.

—Dije que no va a pasar nada, Taehyung.

Jungkook se mostró despreocupado ante la situación, y aprovechándose de la


misma fue que dejó un corte profundo en una de las mejillas del castaño,
sacándole un fuerte grito que hizo que todo su pecho se moviera hacia arriba,
moviendo por tercera vez las velas.

Todo sucedió demasiado rápido ante el punto de vista de Taehyung.

Por instinto, caminó rápidamente hacia el pelinegro, tomándolo por el traje


para alejarlo de Kyungsoo y evitar así que se quemara.

Mientras que por otro lado, el adulto se encontraba lleno de sudor,


agonizando ante el dolor en su mejilla y el temor que tenía a que la vela
cayera encima suyo.

La segunda vela cayó sobre el pecho de Kyungsoo, y éste gritó una vez más,
asimilando su fin.

Varios segundos pasaron, y entre medio de la tensión y el silencio, Jungkook


dejó salir una sonora risa, llenando parte del bosque con notable diversión.

Taehyung frunció el ceño, confundido, y al alzar la mirada, se encontró con


la vela sobre el pecho de su padre, aún encendida, pero no había causado más
que una leve quemadura sobre la piel expuesta.

—¿Qué...?
Jungkook se separó de el rubio una vez más, tomando la botella que había
utilizado para tirar el supuesto líquido inflamable sobre Kyungsoo, sonriendo
con diversión.

—Era agua. —Confesó con gracia, encontrando graciosa la expresión


sorprendida de su mocoso.

—Eres un... —tratando de mantenerse mínimamente cuerdo, Taehyung


terminó golpeando con fuerza el pecho de Jungkook, fastidiado—. ¡Me
hubieras avisado! ¡Eres idiota!

—Oh, cielo. No te enojes, sí le tiré líquido inflamable, pero solo en los pies
—restándole importancia al asunto, el pelinegro rió con gracia, tomando entre
sus brazos al chico una vez más—. ¿Por qué tal alterado, hm? ¿Creíste que
me haría daño?

—Pudrete.

—Sí, sí, yo también me preocupo mucho por tí, príncipe. —Con burla,
Jungkook depositó un beso en los labios ajenos, disfrutando de que a pesar de
estar enojado, Taehyung había correspondido.

Las manos de Jungkook volvieron a meterse por debajo de la camisa de el


rubio, y este no hizo más que mirar hacia otro lado una vez que se separó,
algo avergonzado.

—Ya no quiero seguir haciendo esto enfrente de Kyungsoo. —Admitió con


ciertos nervios, sintiendo varias caricias en su cintura.

—Pero mi pequeño... Kyungsoo se desmayó de la impresión como hace cinco


minutos. —Jungkook rió con ganas, volteando al chico para que así el mismo
pudiera notar que, efectivamente, el hombre estaba desmayado.

Taehyung miró con sorpresa e ingenuidad a su padre, analizando la situación.


Y cuando miró por completo el desastre en el que se había convertido el
castaño, dejó salir una pequeña carcajada.

—Ni yo llegué a desmayarme con todo lo que me hicieron, que patético.


—Sumamente patético. —Jungkook asintió, para después apoyar su barbilla
contra el hombro del menor, abrazandolo por la cintura y mirando la
desastrosa escena.

—Jungkook...

—Dime, Obsesión.

—Te odio. —Exclamó con cierto rencor aún el menor, volteando apenas su
rostro para ver directamente a los ojos del mayor, con los brazos cruzados.

Y al contrario de lo que pensó, Jungkook le sonrió con sinceridad y diversión,


apretandolo aún más contra su cuerpo.

—Yo también te quiero, mocoso. —Bromeó, dejando otro beso en los labios
impropios, callando al chico.

Taehyung correspondió, sosteniendo las manos de Jungkook, que se


encontraban en su estómago dejando leves caricias.

La "cita" había sido un desastre, ambos lo sabían. Y aún así estaban


tranquilos, considerando que aquella noche, después de todo, no había sido
tan mala.

Cada uno se hundió más en la perdición que representaban, y ya no había


vuelta atrás.

(◌ू❁)

Holaa, ví que varias personas ya se estaban preocupando por lo que


tardé en actualizar y solo venía a disculparme por eso, estuve haciendo
varios trabajos de la escuela y casi no tenía tiempo, además de que es un
capítulo bastante largo, llegó a las 13102 palabras. De paso no me salía la
escena de Jin y Tae-

Y nada eso, espero que les haya gustado.♡


36

Frío.

Lo único que sentía Taehyung en ese momento, era frío. Junto con una
molesta sensación de presión por todo su cuerpo, como si su cabeza diera
vueltas y pesara mucho más que antes.

Unas manos recorrieron sin ningún tipo de delicadeza su pecho, tomándolo


por debajo de las axilas para alzarlo, haciendo que quede arrodillado sobre el
helado piso, raspando apenas sus rodillas ante su sensible piel.

Parpadeó un par de veces, sintiendo su vista cansada a pesar de estar


durmiendo por un largo rato, quizá más del necesario.

Tratando de enfocar su mirada en alguna cosa para terminar de despertarse, el


rubio intentó sostenerse de la cama que tenía a sus espaldas para levantarse
con cuidado, pero tan solo logró jalar apenas las cadenas que había por
debajo de la cama.

Frunció el ceño, confundido, aún más dormido que despierto. Y ante el


repentino dolor en su cabeza inclinó levemente la misma, parpadeando una
vez más y mirando así sus piernas, que estaban cubiertas simplemente por un
short negro que le quedaba algo grande.

—Hm... ¿Jungkook? —Llamó, mirando con cierta incertidumbre la


habitación, no sabía porque se sentía tan mal de repente siendo que la noche
anterior se encontraba bastante bien, mucho menos entendía porque sus
muñecas parecían estar sensibles, generandole dolor por un leve
movimiento.

Intentó levantarse una vez que finalmente enfocó su mirada en la puerta


cerrada, perdido. Pero tan solo logró sentir un molesto apretón en sus
muñecas, seguido de un agarre brusco en sus tobillos, mismo que se sintió
como si pequeñas agujas se hubieran incrustado en la zona.

Tomando aire entre dientes ante el repentino dolor en sus tobillos, Taehyung
miró hacia sus espaldas, encontrando así sus muñecas con unas esposas
negras, las cuales estaban conectadas con unas cadenas algo cortas y gruesas
que estaban incrustadas en el piso. Y sus tobillos, se encontraban
aprisionados por dos circulos de metal que se mantenían aferrados al suelo
con diversos tornillos, mismos círculos que se ajustaban con tan solo un leve
movimiento, incrustando agujas diminutas en su piel.

Abriendo sus ojos en demasía, el rubio intentó librarse de las esposas con
desesperación, subiendo y bajando sus manos para romper las cadenas, pero
las mismas eran tan resistentes que no pudo conseguir más que un repentino
ardor en sus muñecas, lastimandose y dejando así algo roja su piel.

—¡Jungkook! —Llamó con fastidio, sin entender aún que era lo que había
sucedido.

No comprendía como es que había terminado así. Él tan solo recuerda


haberse recostado en el hombro de Jungkook luego de que algunos
empleados hayan llevado a su padre nuevamente hacia la jaula. Recordaba
haber bebido un poco de vino con el pelinegro antes de sentir como el
cansancio se apoderaba por completo de su cuerpo, haciendo que cierre poco
a poco los ojos mientras su cabeza reposaba en el hombro de su
acompañante.

Luego de eso, todo estaba confuso.

—¡Jungkook, ven aquí ahora mismo! —gritó nuevamente el rubio, molesto


—. ¿¡Qué mierda te sucede?!

Sintiendo su cabeza dar leves vueltas, el menor se apoyó contra la cama,


frunciendo el ceño y bufando con fastidio. En verdad no comprendía que era
lo que le sucedía a Jungkook ahora.

Algunos pasos se escucharon por fuera de la habitación, llamando su


atención, y no pudo hacer más que mirar con sumo enojo la sonrisa tranquila
que le ofreció el pelinegro una vez que entró a la habitación, sosteniendo una
bandeja de metal y luciendo una camisa gris bastante grande, junto con unos
shorts parecidos a los de Taehyung.

—Amor, buenos días —saludó con tranquilidad, sonriendo apenas—. Te traje


el desayuno.

—¿Qué idioteces dices ahora? ¡Sueltame!

—¿Hm? ¿Soltarte? ¿Y por qué debería hacerlo? Así puedo apoyarte la


bandeja con más facilidad. —Exclamó con falso cariño el payaso, apoyando
la bandeja de metal sobre el regazo del chico, quien gruñó en protesta.

—Sueltame ahora mismo o juro que te haré lo mismo pero mil veces peor. —
Declaró el menor, en verdad enojado. A lo que Jungkook simplemente sonrió
de lado, tomando un pequeño pedazo de fresa que había cortado
anteriormente.

—Mira, cachorro... ¿Qué te he dicho ayer? —Cuestionó de repente, guiando


la fresa hacia su boca con calma, analizando a Taehyung.

—Estupideces, como siempre —exclamó el menor con fastidio—. Sueltame


ya.

—¿Y así quieres que te suelte? —alzando con diversión una ceja, Jungkook
negó con la cabeza—. Te dije que si no te disculpabas, te iba a hacer pasar
mayor humillación, y eso es exactamente lo que estoy haciendo. Te quedarás
ahí arrodillado hasta que me pidas perdón como se debe.

—Debes estar bromeando... —Frunciendo el ceño, el menor miró con notable


frustración al pelinegro, quien sonrió con picardía.

—Creo que a estas alturas deberías saber cuando bromeo y cuando no, mi
niño —comiendo otra fresa, Jungkook guió un trozo hacia la boca del rubio
—. Mejor relájate y come, porque las próximas horas serán insoportables.

—¿¡Horas!?
—¿Qué parte de "mayor humillación" no entendiste? —frunciendo apenas el
ceño, Jungkook ladeó la cabeza—. Te dí una oportunidad para que estemos
bien anoche, tú quisiste que las cosas empeoraran. Sabes que odio que no me
hagas caso, en especial cuando solo me estoy preocupando por que estés
bien. ¿Tan difícil es entenderlo o eres imbécil?

—Esto es injusto, te pedí disculpas... —Molesto, Taehyung intentó librarse


una vez, moviendo apenas la bandeja que tenía sobre su regazo, la cual se
encontraba llena de frutas.

—Tratar de acomodarme a tu gusto con excusas no es pedir disculpas. —


Cruzándose de brazos, el hombre se sentó enfrente de Taehyung, comiendo
con calma.

—No puedes hacerme esto.

—Claro que puedo, ya lo hice. —Jungkook se encogió de hombros.

—¡Soy tu maldito jefe!

—Y yo soy tu maldito dueño, el cual tiene más poder aquí por tener más años
de experiencia. ¿Quieres dejar de lado aquella estúpida idea que tienes sobre
tener control total sobre este circo? Porque si bien tienes control sobre los
trabajadores, yo tengo el mismo poder multiplicado por tres, porque mientras
que tú eres un desconocido para ellos, yo soy un empleado estrella que les da
miedo —tomando otra fruta, el payaso miró al menor con indiferencia—.
Deja de creerte superior a mí, porque en esa discusión créeme que ni con todo
el circo vas a poder superarme.

Taehyung se mantuvo en silencio, sintiendo la rabia llenar cada parte de su


ser en ese momento. Estaba tan molesto, tan solo quería gritarle a Jungkook
hasta cansarse.

—Te odio, en verdad te odio. —Fue lo único que pudo decir, apretando sus
labios con fastidio.

—Aww, yo también te quiero, cachorro. —Molestando al menor, Jungkook


dejó un pequeño beso en la punta de la nariz del mismo, sonriendo con
gracia.

—Vete a la mierda.

—Deja de quejarte y mejor come, estarás un largo rato aquí. —Volvió a


ordenar el payaso, ofreciendole una vez más la bandeja a Taehyung, quien se
resignó y abrió la boca, recibiendo los pequeños pedazos de fruta que le daba
Jungkook.

Alrededor de unos veinte minutos, el pelinegro lo había dejado solo en la


habitación, retirándose de ahí simplemente para abrirle la puerta de la casa a
Woozi, quien había dicho que iría a visitar a Jungkook un día antes.

Luego de ver llorar a su hermano, Woozi se había vuelto algo sobreprotector


con el payaso, y quería visitarlo constantemente para asegurarse de que no se
encuentre con aquel hombre "malo" de ahora en adelante.

Y aún así, el pequeño comprobó que su hermano mayor no estaba tan mal
cuando vió como había retenido al jefe del lugar sin ningún tipo de pena,
utilizando algo que según sabía, utilizaban con él en su infancia.

—Ohh, ¿esa era la máquina fea de la abuela? —Cuestionó Woozi, apuntando


lo que mantenía preso al rubio una vez que inspeccionó toda la habitación.

Taehyung bajó la cabeza ante la humillación, sintiendo su rostro arder debido


a aquello, y sus piernas temblar ante el dolor que sentía en sus rodillas.

—Sí, Woozi. Pero ya te dije que no le digas abuela. —Regañó apenas el


pelinegro, frunciendo el ceño.

—¡Pero es vieja! Aparte es tu mamá, y tú eres como mi papá... ¿No? —


Preguntó entonces, mirando atentamente la reacción de su mayor, quien
apretó sus labios entre sí.

Incómodo, Jungkook no dijo ni una sola palabra, simplemente retrocedió un


poco, bajo la atenta mirada de las dos personas que se encontraban en la
habitación.

El niño no se quejó ante la expresión de su hermano, simplemente guió su


mirada hacia el rostro de Taehyung, quien lo miraba con suma vergüenza.

—Hola, eres tú otra vez —saludó entonces—. ¿Te portaste mal? —Quiso
saber, curioso.

Negándose a hablar, el rubio volvió a bajar la cabeza. Haciendo que el infante


frunciera apenas el ceño y Jungkook tuviera que responder en su lugar.

—Sí, enano. Se portó mal. —Aseguró Jeon, asintiendo.

—Uh, pobrecito... —negando con la cabeza, el pequeño pelinegro se puso


enfrente de Taehyung, juzgandolo—. ¿No sabías qué no hay que desobedecer
a Koo? Se enoja muy feo, no lo hagas.

—Y-yo no hice nada... —Protestó el rubio, hablando por lo bajo.

—No le mientas, Taehyung —cruzándose de brazos, Jungkook se inclinó,


para quedar cara a cara con el menor, y a la vez para quedar a la altura de su
hermano—. Vamos, dile a Woozi lo que hiciste. Quiere escucharte.

—¡Sí, quiero saber!

—Yo no-

—No querrás mentirle a mi hermano en mi propia cara, ¿O sí, mi amor? —


Sonriendo levemente con notable cinismo, el pelinegro alzó una ceja,
esperando alguna respuesta por parte de su mocoso.

Frunciendo levemente el ceño, el rubio miró con frustración al mayor. Ya no


soportaba la humillación, mucho menos aquel dolor espantoso en sus rodillas.
Nada de lo que estaba ocurriendo le parecía justo y ya no quería pasar ni un
solo segundo más con aquellas esposas en sus muñecas y con aquellos
círculos de metal en sus tobillos, dolía demasiado.

—Jungkook... Ya basta, sueltame —pidió entonces, cansado—. Me duele.

—¿Hm? ¿Te duele, cielito?

—S-sí, payaso estúpido. Esto no es gracioso, ya sueltame. —Ordenó,


intentando librarse una vez más de las esposas, pero no logró nada más que
un doloroso ardor en sus muñecas.

Por otro lado, Woozi abrió levemente su boca ante el insulto que había
soltado el rubio, mirando a su hermano rápidamente.

—¡Te dijo estúpido, Koo! Yo le pego. —Se ofreció el niño, dispuesto a


golpear el pecho de Taehyung.

Sin embargo, Jungkook lo detuvo, tomándolo por los hombros y guiandolo


hacia su cuerpo, haciendo que el menor lo mire mientras recostaba su espalda
sobre su pecho.

—Déjalo, lo dejarás aún más idiota golpeándolo. —Exclamó con gracia,


haciendo que el infante sonría con diversión, asintiendo.

—El único idiota aquí eres tú. —Protestó Kim, sintiendo sus piernas temblar
ante el dolor en sus rodillas.

—¿Quieres pasar más horas ahí? —Cuestionó Jungkook, ladeando la cabeza


y sonriendole una vez más al rubio.

—Te odio. —Fue lo único que pudo responder Taehyung, tratando de


contener las lágrimas que querían salir ante las agujas que comenzaban a
incrustarse una vez más en sus tobillos ante un leve movimiento que había
realizado.

—Lo que digas, amor —restándole importacia, Jungkook fijó su mirada en su


hermano menor—. Woozi, en la cocina te dejé preparado tu desayuno,
buscalo y esperame en el sillón. Tengo que hablar con Taehyung.

Asintiendo, el infante abandonó la habitación, buscando lo que se le había


indicado mientras que Jungkook volvía a tomar asiento enfrente de
Taehyung, inexpresivo.

—¿Qué quieres ahora? ¿No es suficiente con verme así? —Preguntó el rubio,
permaneciendo a la defensiva mientras que fruncía el ceño.

—Solo iba a contarte algo, mocoso dramático —tomando su cabello, el


payaso lo amarró con calma, quitándose los mechones que cubrían sus ojos
antes de mirar directamente el rostro de Taehyung—. Llamaron esta mañana
a Namjoon desde Daejeon...

Con aquellas palabras, el menor inmediatamente puso toda su atención en


Jungkook, abriendo un poco más sus ojos. Preguntándose si finalmente
obtendría más información sobre su familia, o sobre el circo en el que se
encontraban.

—¿Qué dijeron? ¿Quién era? —Preguntó rápidamente, atento. A lo que el


pelinegro sonrió con gracia.

—Oh, mi cachorro... Vas a odiarme tanto —exclamando con gracia aquello,


el payaso se inclinó levemente hacia adelante, dejando su rostro así enfrente
de Taehyung—. ¿En verdad quieres saberlo?

—Jungkook, no estoy para juegos cuando se trata de mi familia. Dime lo que


sabes ahora mismo. —Ordenó el menor, cambiando por completo su
expresión a una ruda y demandante. No quería verse vulnerable ante una
situación así, en la que se hablaba sobre su familia.

Tarareando con desinterés, el pelinegro le ofreció una sonrisa burlona al


chico, antes de depositar un par de palmaditas en la cabellera ajena como si
fuera un cachorro, pisoteando así la autoridad que intentaba demostrar Kim.

—No me toques. —Se quejó, tratando de alejarse.

Sin embargo, una mano algo pálida tomando sus mejillas con fuerza y cierta
posesión fue más que suficiente para que se encontrara mirando nuevamente
al frente, hacia el rostro del mayor.

—Quieto. —Soltando aquello como una órden, Jungkook aflojó apenas el


agarre, mas no dejó libre al chico.

—Dejame en paz. No sabes cuanto te odio, yo en verdad-

—Cierra la boca y escuchame si no quieres pasar toda la maldita semana ahí


esposado —alzando apenas la voz, el payaso soltó con cierta crueldad las
mejillas ajenas, algo cansado ante la actitud de Taehyung—. ¿Quieres
encontrar a tu familia?

—¿Qué clase de pregunta es esa? —Frustrado, el menor frunció un poco el


ceño, sin comprender que era lo que pretendía Jungkook.

—¿Quieres encontrar a tu maldita familia sí o no? —Repitió el pelinegro,


cruzando los brazos en espera de una respuesta.

—Por supuesto que sí, payaso infeliz.

—Bien —asintiendo sin demostrar ningún tipo de expresión, el mayor se


levantó del piso, mirando a Taehyung desde lo alto—. En tal caso, nos vemos
en ocho horas.

—¿Qué idiotez estás diciendo ahora?

—Aún no cumples con tu castigo, mucho menos te veo pidiéndome


disculpas... Yo lo veo como algo bastante justo, ¿sabes? Tú cumples tu
castigo y yo te digo lo que sé, bastante sencillo. —Exclamó de la nada, con
total naturalidad, disfrutando de la mirada llena de horror que mostraba el
menor ante las horas que había dicho.

—Estás jodidamente equivocado si crees que en verdad me voy a quedar


ocho horas así solo por un simple capricho tuyo. ¡Tengo cosas que hacer!
¡Hay que seguir en movimiento! En verdad no tengo tiempo para esto y
mucho menos me lo merezco. Eres demasiado injusto... —protestó, sintiendo
como varias lágrimas intentaban salir de sus ojos ante el dolor que seguía
presente en sus rodillas y la frustración que sentía—. Ya sueltame, por
favor...

—¿Vas a llorar, príncipe? Pero si no te he hecho nada... —fingiendo


compasión, Jungkook se inclinó levemente, sosteniendo entre sus manos el
rostro ajeno y limpiando las lágrimas que habían comenzado a salir una tras
otra—. No estés triste, cariño. Pronto terminará, además yo seguiré
manejando junto con todo el circo.

—N-no quiero quedarme aquí.


—Hubieras pensado en eso antes.

—Por favor...

—Taehyung, yo pude soportar dos días esposado a esa mierda teniendo tan
solo 5 años, tú puedes hacerlo por ocho horas.

—¿Qué? —Confundido y algo alarmado ante aquella confesión, Taehyung


fijó su mirada en los ojos del pelinegro, quien sonreía con calma.

—Tengo dos noticias para tí, así que suerte, bonito. Te veo en un par de
horas.

—Jungkook... —Soltó el rubio, casi suplicando, desesperandose al ver como


el mayor soltaba su rostro.

—Tienes demasiado tiempo libre para pensar en una buena disculpa. —


Riendo con leve gracia, el mayor dejó un casto beso en los labios ajenos,
antes de abrir la puerta de la habitación y marcharse, dejando totalmente solo
al rubio en la habitación.

Molesto, adolorido y alarmado, Taehyung gruñó con frustración ante la


situación, intentando una vez más librarse de las esposas y consiguiendo así
nuevamente un dolor en sus muñecas. Estaba demasiado enojado, tan solo
quería llorar de la rabia que sentía y golpear a Jungkook por jugar así con él,
utilizando algo que le importaba en su contra.

No sabía cuanto tiempo había pasado desde que no veía a su madre, mucho
menos sabía hace cuanto no veía a su hermana. Estaba tan desesperado por
verlas nuevamente, por abrazarlas. Y le estresaba en demasía no tener ni un
solo detalle de ellas más allá de un simple lugar en el que ni siquiera sabía si
se encontraban actualmente.

Tampoco ayudaba que Jungkook abuse de su deseo por encontralas para


manipularlo a su gusto. Él no quería pedir disculpas, y se negaba
rotundamente a hacerlo con total sinceridad, ya que según él, no había hecho
nada malo.
Cabizbajo, el rubio sollozó con enojo y dolor, sin saber que hacer realmente.
Tratando de acostumbrarse al dolor que se iba acumulando cada vez más en
sus rodillas junto con sus tobillos, sacándole más lágrimas.

Se sentía tan irritado, tan decepcionado.

Una vez más, Jungkook le había dejado en claro que seguía siendo el mismo
de siempre, pisoteando sin piedad la ingenua esperanza que mantenía el rubio
de forma inconsciente sobre que aún el payaso mantenía una parte del
adolescente que fue hace años, el cual lo cuidaba.

Apoyándose como pudo en la cama, Taehyung dejó de luchar, llorando en


silencio y resignandose.

Sabía que estaba perdiendo por completo su dignidad, pero no quería hacer
nada al respecto. Tan solo quería quedarse en silencio, sufriendo y
reflexionando sobre lo que haría.

Su familia estaba involucrada una vez más, y eso no hacia más que hacerlo
sentir mil veces peor.

Cerró los ojos, tratando de ignorar el color rojizo que adoptaron sus rodillas.
Y con su mente hecha un lío, se permitió llorar con auténtico dolor, tanto
físico como emocional.

El cansancio y el estrés habían acabado con otra parte de Kim Taehyung.

•••

A las ocho en punto, fue que el rubio finalmente sintió como la casa rodante
se detenía, bajando la velocidad poco a poco hasta que terminó
completamente estacionada en quien sabe dónde. No sabía dónde estaban, tan
solo sabía que era de noche gracias a la poco que dejaba ver la ventana a sus
espaldas.

Sus rodillas estaban rojas, sumamente rojas. Y sus tobillos maltratados e


hinchados tenían restos de sangre seca por doquier. Estaba tan cansado.

Sus piernas dolían en demasía, al igual que sus muñecas e incluso su espalda,
estaba tan exhausto.

Había perdido la cuenta de todas las veces que había llorado a lo largo del
recorrido. Durante todo ese tiempo estuvo sufriendo demasiado, sentía como
sus piernas temblaban sin parar, sin poder mantenerse estables.

Luego de un par de minutos, pudo escuchar unos pasos a lo lejos. Los cuales
se dirigían directo hacia la habitación, con total calma, mientras él tan solo
volvía a bajar la cabeza, humillado y cansado.

No dijo nada cuando Jungkook ingresó a la habitación, tan solo sintió como
sus ojos se humedecían, tratando de liberar las pocas lágrimas que le
quedaban.

—Mi niño... Mira que lindo color tienen tus rodillas, tan adorable —
burlándose con descaro y fingido cariño, el pelinegro cerró la puerta detrás de
sí, acercándose poco a poco a Taehyung—. ¿Te duele?

El rubio no emitió palabra alguna, mucho menos se movió. Simplemente se


quedó callado, suplicando internamente que aquel dolor finalmente terminara,
no aguantaba más.

—Lindo, te estoy hablando. —insistió Jeon, atento a lo decaído que se veía el


menor—. ¿Acaso en el camino te sucedió algo? Lo lamento por los baches,
no había mucho que pudiera hacer al respecto por eso.

Ajeno a las emociones que estaban atacando a Taehyung dentro de sí,


Jungkook ladeó la cabeza, sacando de su boca una paleta de cereza que había
estado consumiendo durante un par de minutos en los que estuvo manejando,
sosteniendola en su mano derecha al momento de cruzarse de brazos.

Se inclinó, colocándose enfrente de el rubio y analizando así su rostro,


notando los restos de lágrimas secas y los ojos hinchados de su pequeño.

Pensó que quizá se había pasado un poco con el tiempo de castigo, pero no
dijo nada al respecto.

Sus ojos se fijaron inconscientemente en las piernas ajenas, notando como las
mismas temblaban apenas ante el dolor acumulado, resultando doloroso a
simple vista.

—¿Ya quieres que te suelte, bebé? —Cuestionó como si no fuera obvio,


buscando en el bolsillo de su pantalón las llaves de las esposas y los anillos
de metal que sostenían los tobillos ajenos.

Taehyung asintió simplemente, aún sin mirarlo a la cara.

Jungkook se acercó con calma, colocando la llave en la cerradura de las


esposas y liberando así al chico, que no hizo más que colocar sus manos
cerca de su estómago mientras frotaba sus muñecas.

Sus tobillos fueron liberados pocos segundos después, y el chico sintió como
el pelinegro tomaba los mismos para tratar de moverlos sin que toquen
nuevamente las agujas.

Inestable, el rubio no pudo hacer ningún movimiento, tan solo tambalearse


cuando quiso moverse siquiera un poco. Y ante esto, no pudo hacer más que
sostenerse de Jungkook, sin levantar la mirada del piso.

El payaso lo tomó por los hombros, sin dirigirle la palabra mientras lo miraba
fijamente, como si estuviera esperando algo.

Mordiendose el labio inferior, Taehyung apretó con fuerza sus ojos cuando
volvió a bajar su cabeza, sintiéndose sumamente mal al notar que Jungkook
no tenía intenciones de ayudarlo a levantarse, sino a mantenerlo en el piso
hasta escuchar lo que quería.

—Ya casi terminamos, bonito. Solo falta algo, y sabes que es.

Reteniendo las lágrimas, el menor negó con la cabeza, adolorido. Y su


orgullo recibió otro golpe bajo al sentir como las manos del hombre ejercían
presión sobre sus hombros, presionandolos para que se mantenga en el lugar
y lastimandolo en el proceso.

—Vamos, sabes muy bien lo que quiero. Y sabes muy bien lo que te diré si
terminamos esto rápido —con cinismo, Jungkook sonrió de lado—. ¿O es
qué acaso te olvidas de que todo esto es tu culpa?

—N-nada de esto es mi culpa... —Susurró Taehyung, con su voz


quebrandose poco a poco ante las ganas de llorar que tenía.

—¿Dijiste algo? —Tomando esta vez el cabello ajeno, el pelinegro hizo que
el chico alzara la cabeza a la fuerza, haciendo que finalmente lo mirara a los
ojos.

Y al verlo, se encontró con una mirada llena de dolor y decepción, tan


profunda que por un segundo no reconoció al menor.

Curioso, quiso decir algo al respecto, pero Taehyung tomó repentinamente su


muñeca, alejando así su mano de su cabello con frustración.

—¿Por qué siempre arruinas todo...? —Cuestionó de repente, con su voz


sonando bastante débil mientras seguía mirando los ojos ajenos.

Jungkook frunció el ceño, sin comprender que era lo que quería decir
Taehyung. Ganándose así otra mirada llena de cansancio por parte del chico,
quien se sostuvo del piso para intentar levantarse, haciendolo con cuidado.

Dando un paso atrás, el payaso inspeccionó de arriba a abajo al contrario, sin


intervenir ya que estaba más atento a lo que quería decir.

—¿P-por qué siempre...? —tambaleándose y apretando sus dientes al sentir el


dolor en sus piernas, Taehyung frunció el ceño, levantándose apenas—. ¿Por
qué siempre me haces lo mismo?

—No entiendo. —Cruzándose de brazos, Jungkook siguió mirando como el


chico trataba de levantarse, fallando al tener sus piernas dormidas y sus
rodillas torturandolo con el dolor, al igual que sus tobillos.

—¡¿Qué es lo que no entiendes?! —con auténtica frustración, el rubio trató


de sostenerse de la cama para enderezarse—. ¿Por qué siempre me haces
creer que todo está bien? ¿Por qué siempre que me empiezas a tratar
mínimamente bien me haces esto...? Simplemente, ¡¿Por qué me recuerdas el
puto monstruo en el que te has convertido?! —Preguntó con rabia, reteniendo
un sollozo antes de caer nuevamente al piso. Sus piernas no resistían.

—¿Soy un monstruo ahora? —Frunciendo el ceño, el pelinegro tomó asiento


enfrente de Taehyung, quien limpiaba sus lágrimas con rabia.

—Lo eres y lo sabes. ¿Qué maldita necesidad tienes? Te expliqué lo que hice,
porque lo hice y a donde me fuí después de eso. No hice nada malo...

—No hiciste lo que te dije, yo solo me estaba preocupando por-

—¡No quiero que te preocupes por mí! ¡Es mi maldito problema si me matan
ahí afuera o no, no tuyo! —Atacó con fastidio, abrumado.

Jungkook cambió por completo su expresión, reemplazandola por una llena


de seriedad al momento de apuntar al menor con la paleta que aún sostenía en
su mano derecha.

—No vuelvas a gritarme así, ¿entendiste? No estoy de humor.

—¿Tú no estás de humor? Que jodido hipócrita eres.

—Taehyung. —Con un tono de advertencia, el mayor quiso acercarse al


contrario, pero el mismo lo empujó con leve fuerza.

—Aléjate de mí. Me iré de aquí para siempre si te me acercas, y te lo estoy


diciendo en serio.

Quedándose ambos en silencio, se miraron entre sí, con el mismo estrés y


enojo de por medio.

—¿Te irías, en verdad? —incrédulo, Jungkook negó con la cabeza, guiando


la paleta hacia su boca mientras sonreía con gracia—. No eres capaz.

—No juegues conmigo, Jungkook. En verdad me hartaste. Tú simplemente


no entiendes... —Presionando el piso ante la frustración, Taehyung negó con
la cabeza, en verdad cansado.

—¿Qué se supone que tengo que entender? Solo te pedí una cosa, y tú no la
cumpliste. Esto es un simple castigo, nada impor-
—¿No tienes otra cosa que decir? —interrumpiendolo bruscamente, el menor
sintió sus ojos cristalizarse una vez más—. ¿En verdad no comprendes? De
pequeños... Tú dijiste que me cuidarías.

—Lo hago.

—No, no lo haces. —Declaró con seguridad, logrando confundir al pelinegro.

—Dije que te protegería de todos, jamás dije que te protegería de mí mismo.


—Atacando igualmente, Jungkook alzó una ceja, sin comprender a donde
quería llegar el menor con aquel viejo recuerdo.

—Payaso estúpido, recuerdo muy pocas cosas de mi infancia, en verdad muy


pocas. Pero sí recuerdo perfectamente que tú prometiste cuidarme de todos
los monstruos... ¿Y qué se supone que eres ahora, Jungkookie? —Sonriendo
con cinismo y dolor, Taehyung fijó su mirada en Jungkook, analizando su
reacción ante lo que había dicho.

El hombre pareció perderse por un segundo, procesando las palabras del más
jóven antes de negar con la cabeza y volver a sonreír en su dirección,
haciendo que el rubio frunciera el ceño.

—A ver, mi amor. Si tanto recuerdas... ¿Acaso no recuerdas tus propias


palabras igualmente hace años? —Cuestionó, atento.

Taehyung no pareció mostrar ningún tipo de reacción más allá de confusión,


ya que en verdad no recordaba casi nada.

—Deja que te refresque la memoria, lindo —tomando la paleta una vez más,
el pelinegro la alejó de su boca para hablar correctamente—. Estabas por
cumplir ocho años, mi padre estaba demasiado cansado para ese entonces de
tener que trabajar en la casa de tu papá, por lo que en un par de días
renunciaría a eso y yo lo sabía —recordando aquello, miró hacia otro lado,
tratando de recordar con detalle aquel día—. No voy a mentir, me había
encariñado un poco contigo. Eras demasiado chillón pero al final terminaba
siendo agradable ciertos momentos... Como sea, me habías invitado a tu
cumpleaños, y yo dije que no podría ir.
—No recuerdo eso...

—Cállate y escuchame, estoy hablando —regañandolo, Jungkook frunció el


ceño—. Ese día te pusiste triste, y me empezaste a preguntar que porqué no
iría, y te mentí diciendo que estaría muy ocupado espantando unos monstruos
que querían invadir tu cumpleaños.

—Que excusa más tonta. —Receloso, Taehyung limpió una vez más sus
lágrimas.

—Como digas, pero en ese momento me creíste. Me dijiste que era un héroe
e incluso me diste un beso en la mejilla, así que mejor cierra la boca antes de
decir que mi excusa era estúpida cuando andabas tratandome como un Dios
por eso mismo. —Burlándose con descaro, el pelinegro sonrió, antes de mirar
de reojo las rodillas del menor, las cuales seguían sumamente rojas.

—No entiendo a que quieres llegar.

—¿Qué se supone que no entiendes? —burlándose, Jungkook se apoyó en el


mueble que tenía a sus espaldas, con la paleta en su boca nuevamente—.
Luego de eso me sentí raro, no sé muy bien lo que era, pero por sentirme así
te pregunté si me considerarías un monstruo por faltar a tu cumpleaños.

Taehyung abrió de más sus ojos, y sintió vagamente como el recuerdo le


llegaba de golpe, haciendo que empezara a negar con la cabeza.

—Me prometiste que jamás, jamás, me verias como un monstruo. Porque yo


era tu queridisimo Jungkookie, quien lo cuidaba tanto —declarando aquello,
el payaso sonrió sin ganas—. Así que si de verdad quieres venir aquí con tu
inútil intento de manipulación a hacerme sentir mal con cosas del pasado,
trata de recordar todo.

—Te odio...

—Lo que digas —desinteresado, Jungkook se levantó, observando hacia


abajo para poder ver al chico—. Quieras o no me debes una disculpa, ¿qué es
lo que vas a hacer?
—No es justo.

—Por supuesto que sí, literalmente solo te pedí una maldita cosa y no fuiste
capaz de cumplirla.

—¡Es que no es tu problema si me sucede algo!

Cansandose, el mayor tomó con brusquedad la cara del chico, alzandola para
que lo mire a los ojos nuevamente.

—¡Claro que es mi jodido problema, mocoso infeliz! ¿¡Acaso no comprendes


que no quiero que te pase nada!? Solo estaba tratando de cuidarte y tú lo
desprecias —con el ceño fruncido, el hombre apretó las mejillas ajenas,
dañando levemente al menor—. No permitiré que por culpa de tus caprichos
vuelva a pasar por la misma mierda que pasé hace años.

—¿Qué dices ahora? —Confuso, Taehyung tomó la muñeca de Jungkook,


intentando apartarlo.

—No quiero volver a estar solo. —Declaró entonces, logrando que el rubio
dejara de forcejear y mirara rápidamente sus ojos, sin comprender.

Ambos se quedaron en silencio, mirándose. El payaso sostenía con cierta


fuerza las mejillas del chico, y el mismo sostenía la muñeca del contrario, con
su ceño levemente fruncido.

Y en ese instante, Taehyung aflojó el agarre, apartando la mirada y tomando


aire cuando sus ojos comenzaron a picar de repente, cristalizandose.

—¿Y ahora qué mierda te pasa? —Preguntó Jungkook, a la defensiva.

—Déjame en paz...

—¿Por qué te pones tan sensible de la nada, jodido niño bonito? ¿Hm? —
curioso y alerta, el pelinegro se inclinó ante el menor, haciendo que el mismo
tratara de arrastrarse hacia atrás—. ¿Qué se te pasa por la cabeza?

—Déjame...
—¿No eres tú el que siempre quiere hablar y hablar y ser escuchado por todas
las porquerías que siente? Pues ahora quiero escucharte, así dime que te
sucede —ordenó el hombre, cruzándose de brazos—. Mira, cariño, estoy
interesado. Deberías estar emocionado.

—Basta... —Sintiéndose sumamente mal, con varias emociones atacándolo,


Taehyung se arrastró como pudo hacia la derecha, siendo acorralado por
Jungkook inmediatamente.

—¿Desde cuando huyes? —insistiendo, las manos del payaso se apoyaron en


el piso, a los costados de la cintura del rubio, aprisionandolo—. ¿No eras el
jefe temido hace tan solo unos minutos? ¿Qué te pasa?

Frustrado, las manos de Taehyung se colocaron sobre el pecho ajeno para


empujarlo con fuerza, pero no logró más que un brusco agarre en sus muslos,
haciendo que una dolorosa corriente se sienta por sus piernas ante el dolor
que aún seguía presente.

Quiso protestar, quiso gritarle al contrario e irse. Pero ni siquiera pudo


moverse, porque Jungkook aprovechó el agarre para abrir sus piernas y
arrastrarlo hacia sí, haciendo que sus cuerpos choquen y le sea mucho más
difícil al chico liberarse.

—¿En verdad tienes el descaro de decir que no quieres estar solo? —con las
lágrimas apunto de salir, Taehyung volvió a mirar a Jungkook a la cara,
cansado—. ¿Y qué se supone que sucede conmigo? ¿No te interesa, no es
así? No quieres estar solo pero te importa una mierda dejarme por ocho horas
en una habitación y abandonarme cuando se te dé la gana como cuando
sucedió lo de Byul. No quieres que te deje pero tampoco parece que te
interese seguir conmigo, te contradices —llorando ante la rabia, el rubio
limpió rápidamente sus lágrimas—. ¿Quieres tus disculpas? Pues en verdad
lo siento, pero ya dejame en paz. Ya tuve bastante por hoy...

—Mocoso-

—No, en verdad sueltame. No me gusta esto, en verdad no... —limpiando sus


lágrimas nuevamente con fuerza, sus mejillas se tornaron de un leve tono
rosado—. Esto me recuerda a mi sueño, ya para...
—No te estoy haciendo nada, así que deja de llorar y escuchame —
reteniendo al menor, el pelinegro frunció apenas el ceño—. Todas las veces
que te hago daño son por cosas que tú haces —remarcó, relamiendo sus
labios—. ¿Te quejas del daño? ¿De estar solo? Pues empieza a comportarte y
yo te trataré igual que siempre, no es tan complicado.

—Y-yo no quiero que sea igual que siempre —negándose, Taehyung observó
con dolor al mayor—. Quiero al Jungkook que me cuidaba de pequeño, no al
Jungkook que me lastima por no hacer algo que me pide...

Ante las palabras del chico, el payaso se quedó en silencio, mirando un punto
fijo mientras su rostro volvía a mostrarse serio, aflojando el agarre en los
muslos impropios.

—Pues lamento matarte la ilusión y no cumplir con tus expectativas, pero me


importa una mierda lo que quieras. Ese Jungkook está muerto, acéptalo ya —
siendo brusco, el pelinegro soltó al chico, levantándose y mirando al mismo
con cierta frustración—. Deja de llorar por algo que ya no existe.

Taehyung cubrió su rostro con ambas manos, demasiado vulnerable como


para contestar algo.

—¿Quieres traer devuelta a un adolescente con un millón de ocupaciones que


veía todos los días como su familia se iba rompiendo? ¿Eso quieres? —
cuestionó, receloso—. ¿Quieres verme llorando cada mañana por sentirme
inservible? Porque eso ya sucedía desde esa edad. Estaba muriendome
incluso cuando te conocí, Taehyung. No puedes extrañar algo que siempre ha
sido lo mismo, porque mientras te cuidaba mi hermano se alejaba de mí y mi
papá comenzaba a salir más seguido, buscando a sus prostitutas para llevar a
casa y desecharlas.

Declarando todo aquello con cierto odio, Jungkook tomó aire, tratando de
calmarse siquiera un poco antes de volver a acercarse al menor.

—No obtendrás algo que ya está muerto, así que mejor resignate —sentenció,
para después pasar sus manos por la cintura ajena, levantandolo con cuidado
—. Ahora deja de llorar y ven aquí, tenemos que hablar.
Sin decir absolutamente nada, Taehyung se dejó hacer ante Jungkook, siendo
alzado por el mismo hasta terminar apoyado en el colchón de la cama, con su
espalda tocando el respaldar.

Aún mirándolo con seriedad, el pelinegro se cruzó de brazos, antes de


escuchar como alguien golpeaba la puerta de su hogar.

Viendo de reojo dicha puerta, suspiró con cierto cansancio, acomodandose en


su lugar.

—Escucha, mocoso. Estoy bastante cansado como para lidiar contigo durante
toda la noche, hay algo que tengo que decirte aún y en verdad estoy tratando
de hacer todo lo posible para no dañarte más ante la rabia que me estás dando
al decir puras idioteces —inclinándose levemente hacia adelante, se mostró
curioso y algo divertido hacia Taehyung, quien seguía mirándolo con recelo
—. Así que tenemos dos opciones, mi lindo amor, bastante sencillas... O te
quedas en silencio, esperandome ahí y recibiendo toda la información que
quieres, o me sigues discutiendo por cosas muertas y me enojo aún más
contigo... Es tu decisión.

El rubio no soltó ni una sola palabra, solo apretó sus labios entre sí, apartando
la mirada y dándole a entender a Jungkook que igualmente él tampoco estaba
de humor para seguir discutiendo.

Aún algo tenso y alerta, el payaso abandonó la habitación, dirigiéndose hacia


la puerta para atender a quien quiera que sea.

Por otro lado, el menor trataba de acomodarse en la cama, sintiendo aún


varios calambres en sus piernas, junto con el doloroso ardor de sus rodillas,
las cuales se encontraban rojizas, bastante dañadas.

Acarició sus piernas, tomando aire entre dientes ante la sensación molesta
que había otorgado aquel simple apretón. Haciendo que el mal humor del
chico aumentara, no quería lidiar con aquel dolor, mucho menos con el
malestar en su abdomen que aún seguía fastidiandolo de vez en cuando ya
que sus heridas no se habían curado del todo.

Observando sus piernas, el menor escuchó como la puerta de la entrada se


cerraba, siendo acompañada pocos segundos después por el sonido de los
pasos de Jungkook, quien volvía a la habitación.

El hombre entró nuevamente al lugar, con una caja de pizza en su mano


derecha y su billetera en la otra, la cual guardó en su bolsillo con desinterés
antes de mirar fijamente al menor.

—No tuve tiempo para cocinarte esta vez, así que durante el camino le dije a
Seokjin que te preparara algo —explicó, extendiendo su brazo con la caja—.
Ten.

Receloso, el chico miró con duda aquella caja, dudando si consumir la


comida que se encontraba en su interior. Ya se había permitido comer algo
que le entregó Jungkook que provenía de otro lado igualmente, y terminó
durmiendo durante varias horas, quedando a su merced.

Notando sus dudas, el payaso abrió la caja, mostrandosela al rubio.

—No tiene nada, niño paranoico. Se la pedí a Seokjin, ¿no se supone que es
tu amigo? —Cuestionó, atento.

—Las hamburguesas igualmente se las pediste a Jin. —Desconfiado,


Taehyung negó con la cabeza, tratando de apartar la caja.

—¿Hm? ¿Y qué tienen que ver las hamburguesas? —confundido, el mayor se


quedó pensando por un par de segundos, para después recordar un pequeño
detalle de la noche anterior—. Oh, hablas de eso. Las hamburguesas no
tenían nada. Le eché algo al vino. —Confesó, como si no fuera nada grave,
sumamente relajado.

—Que jodido enfermo eres.

—Deja de quejarte y come. Yo te advertí justo anoche lo que haría y lo


cumplí, que tú no me tomes en serio ya es problema tuyo, cariño. —
Sonriendo apenas, Jungkook le entregó la pizza al menor, quien la recibió
con cierto rechazo aún.

Sentándose a un lado de Taehyung en la cama, el pelinegro se apoyó contra el


respaldo, mirando un punto fijo de la habitación mientras el chico a su lado
tomaba con desconfianza una porción de aquella pizza que había ordenado,
observandola con detalle.

Jungkook no dijo nada, solo tomó una porción igualmente, guiandola hacia su
boca y comiendo con tranquilidad, ganándose otra mirada llena de duda por
parte del menor.

Resignandose, Taehyung empezó a comer, dejándose llevar por el hambre


que sentía desde hace varias horas. No había comido casi nada desde que
despertó.

Las manos del payaso se movieron con lentitud hacia su cintura,


sosteniendolo con cuidado antes de jalarlo en su dirección, recibiendo una
expresión llena de molestia de inmediato.

—Sueltame.

—No te haré nada.

—No me interesa.

Ignorando sus palabras, Jungkook siguió jalandolo, aprovechando que el


chico seguía con la comida en sus manos y sus piernas aún débiles. Y así,
terminó poniéndolo sobre su regazo, sonriendole con diversión.

—Te odio. —Declaró Taehyung, con notable cansancio.

—No lo haces. —Negando con la cabeza, el pelinegro comenzó a masajear


las piernas ajenas, haciendo que el menor frunciera el ceño ante el dolor que
se presentaba con un simple toque.

—¿Qué haces, payaso idiota? Eso duele. —Se quejó, dejando la pizza de lado
para intentar detener al hombre, pero el mismo apretó sus muslos con fuerza,
haciendo que sintiera una corriente dolorosa por sus piernas, provocándole
una mueca de dolor.

—Masajeando tus piernas dejarás de sentir calambres. Igualmente deberías


un baño con agua tibia luego de esto. —Fue la única explicación que dió el
payaso, acomodando mejor al rubio en su regazo para que no escape.

—¿Ahora se supone qué te importa? —Cuestionó con recelo, antes de tomar


las muñecas ajenas, con intención de apartarlo.

—¿Cuando me ha dejado de importar el como te encuentras luego de


situaciones como esta? —Preguntó esta vez Jungkook, frunciendo el ceño y
librándose del agarre que mantenía el chico.

Guardando silencio, Taehyung volvió a quedarse quieto, con el mal humor


notándose a simple vista en su rostro.

—¿Qué tenías que decirme antes? —soltó entonces, atento—. Sobre Daejeon,
la llamada.

—Uhm... —el pelinegro pareció dudar por algunos segundos, mordiendo su


labio interior mientras pensaba rápidamente en algo que Taehyung
desconocía—. Te lo diré luego de que puedas caminar otra vez, Bambi.

Fastidiado ante el apodo, el rubio golpeó con su codo el pecho de Jungkook,


dándole a entender que no estaba para juegos. Pero aún así el mayor dejó salir
una carcajada, sonriendo.

—Dijiste que si dejaba de discutir me lo dirías, no me hagas enojar de nuevo,


Jungkook. —Exclamó el chico, sonando como una orden, a lo que el
pelinegro sonrió de lado, restándole importancia.

Tomando las mejillas ajenas con su mano izquierda, el payaso hizo que el
chico moviera su cabeza hacia su dirección, mirándolo a los ojos mientras
sentía como la mano de el mayor seguía acariciando su pierna derecha.

—¿No te quieres enojar de nuevo, lindo? Si el enojado aquí era yo... —con
gracia, el hombre apretó las mejillas del contrario, haciendo que sus labios
resaltaran más mientras el menor lo miraba con fastidio—. Si no te digo lo
que sé por ahora, es porque sé como reaccionaras y también sé como nos
afectará eso. Así que mejor hazme caso.

—¿Qué se supone que haré, según tú? —Quiso saber el rubio, hablando con
cierta dificultad al tener la mano ajena aún en sus mejillas.

—Correr como un lunático a dar órdenes mientras estás histérico gritándole a


todo el mundo —declaró, como si fuera obvio—. Y en tu estado, dudo que
los trabajadores obedezcan a un chico que pareció olvidar como funcionaban
sus piernas, ¿no lo crees, mi amor?

—Me importa una mierda. Dime lo que sabes o te juro que te haré lo mismo
que me hiciste a mí, solo que te dejaré una semana completa. —Declaró,
cansandose y quitando la mano del payaso de su rostro.

Sin embargo, pocos segundos después sintió nuevamente el toque en sus


mejillas, un poco más brusco.

—¿Ahora me amenazas? Que niñito insolente eres —fingiendo decepción, el


mayor se permitió sonreír levemente—. He soportado más de una semana
ahí, la mierda que me hagas no me afectará tanto como esperas. Y si en
verdad quieres esa información que no hará más que darte un golpe hacia la
asquerosa realidad en la que vives, entonces empieza a comportarte como un
maldito adulto y no como un niño caprichoso e impaciente.

Gruñendo con frustración, Taehyung volvió a quedarse en silencio,


masajeando sus piernas igualmente mientras seguía sintiendo cierta molestia
en las mismas. Le dolerían por varios días, en especial sus rodillas.

Luego de varios minutos haciendo aquella acción, sus piernas dejaron de


dolerle tanto, y al levantarse se pudo mantener estable, aunque seguía
molestandole un poco la sensación dolorosa en sus tobillos.

Jungkook observó al chico de pie, para después extender su mano hacia él,
dándole a entender que vuelva a la cama. Y así lo hizo Taehyung, tomando la
mano ajena y subiéndose con cuidado sobre el colchón, para terminar
nuevamente en el regazo ajeno.

—¿Ya puedes decirme? —Preguntó el rubio, atento, mientras veía como el


pelinegro sacaba un par de cosas de el mueble que tenía a su lado, siendo esto
una botella pequeña con algo que desconocía y un pedazo de algodón.
Sin decir nada, el mayor tiró un poco del líquido sobre el algodón, tomando
las piernas de Taehyung para tenerlo cerca, sentandolo de costado para
empezar a limpiar la sangre seca que tenía aún en sus tobillos.

Apretando sus labios, el rubio miró como el hombre lo ignoraba por


completo, limpiando la zona de sus tobillos, dejando ver algunas heridas
bastante pequeñas pero aún así dolorosas.

—Jungkook... ¿Qué les pasó? —volvió a preguntar, desesperandose poco a


poco ante el silencio que había mantenido Jungkook por un largo tiempo—.
¿Qué dijeron desde Daejeon? Dime ya.

—No es tan grave, mocoso. O eso creo —fue lo único que pudo decir el
pelinegro, dejando lo que había utilizado a un lado para mirar los ojos ajenos
—. Simplemente no quiero que te alteres justo ahora.

—Me voy a alterar si sigues sin decirme. Estamos hablando de algo que
involucra a mi familia y sabes lo importante que es para mí.

—Lo sé, mi amor. Por eso estoy tratando de pensar en como decírtelo porque
ya sabes que no se me da muy bien esto de ser cuidadoso con las palabras —
explicó, apartando la mirada y entrecerrando apenas los ojos al momento de
pensar—. Verás, hoy en la mañana llamaron desde Daejeon, era un tipo. Dijo
que su circo había colaborado hace poco con uno que tenía unas mujeres
como las que describieron al momento de buscarlas, y que se habían
marchado hace poco hasta Cheongju.

—¿Lo dices en serio? ¿Qué más dijo? —Atento, Taehyung se cruzó de


brazos, algo ansioso al presentir que aquello no era todo lo que tenía para
decir Jungkook.

—Bueno... Tengo una buena noticia y una mala, cielo —advirtió, posando su
mano en la cabellera ajena para empezar a acariciar la misma, tratando de
mantener tranquilo al contrario—. La buena noticia es que no se veían en mal
estado y no estaban acompañadas por ningún hombre, lo que da a entender
que no están siendo abusadas.

Con cierta esperanza, el rubio se permitió suspirar, mínimamente aliviado.


Para después observar una vez más a Jungkook, quien apartó la mirada, quizá
pensando en como decirle lo siguiente.

—¿Y la mala?

Incómodo, el payaso atrajo al menor hacia sí, abrazandolo y colocando su


barbilla por encima de la cabeza del mismo, logrando que el chico sintiera
una molesta presión en el pecho, que no era más que preocupación en su
máximo esplendor.

—Primero que nada, quiero decirte que no se sabe si lo que dice es 100%
cierto —advirtió, presionando más al rubio contra su pecho, como si
estuviera tratando de que no se aleje ante lo que estaba por escuchar—. El
circo que tiene a tu familia es un circo donde el 90% de las personas son
"fenómenos" sus cuerpos fueron modificados por científicos contratados por
el circo a través de los años, algunos nacieron así naturalmente y otros fueron
alterados. Este circo tiene la costumbre de convertir a su víctima en uno más,
colocándole brazos, deformando su rostro o alguna parte de su cuerpo,
cualquier cosa puede suceder ahí, mi niñito.

Tragando saliva con pesar, el rubio asintió, escuchando atentamente cada


palabra mientras sentía un nudo en la garganta, aferrándose a Jungkook con
temor.

—Cuando hacen sus espectáculos suelen colocarles máscaras a la víctima,


máscaras de personas que asesinaron antes, para "deformarlo" antes del acto.
El punto es que la persona que llamó dijo que vió a una mujer... —sintiendo
el cuerpo del menor temblar contra su cuerpo, Jungkook lo acercó un poco
hacia sí—. Una mujer con las características de tu madre.

Al notar como el cuerpo del chico no dejaba de temblar, el pelinegro inclinó


levemente su cabeza, tratando de mirarlo a la cara. Y encontrándose así con
el rubio dejando salir lágrima tras lágrima, mordiendo su labio con fuerza
ante la desesperación que estaba sintiendo.

Taehyung quiso liberarse, quiso alejarse del mayor y llorar demasiado. Quiso
irse de ahí y mandar a los demás a seguir en movimiento, no tenían tiempo
que perder.
Se removió con desesperación en los brazos ajenos, tratando de soltarse, pero
Jungkook lo atrajo hacia sí, tomando los brazos del chico para que deje de
forcejear tanto.

—Taehyung, espera —intentó detenerlo, utilizando bastante fuerza para


retenerlo en su lugar—. Ven aquí, no puedes irte.

—¡Le hicieron algo a mi mamá, Jungkook! —sollozó con horror,


atemorizado—. No quiero quedarme en este lugar, n-no quiero...

—Lo sé, mocoso. Pero quédate quieto y escuchame —ordenó el payaso,


inmovilizando al contrario, quien lo miró con desespero—. Él no estaba
seguro de si era ella o no, por lo que no tienes que alterarte tanto. Tenían un
parecido, mas no estaba seguro de que en verdad sea ella, ni siquiera llevaban
la misma ropa. Aunque en mi opinión eso no dice nada, tranquilamente
podrían haberle colocado otro vestuario.

—Jungkook...

—Lo que quiero decir es que, no te desesperes ahora. Ya sabemos hacia


donde van y el que realizó la llamada dijo que trataría de avisarle al otro circo
sobre a quienes tienen secuestradas, así que trata de calmarte, ¿entendido? —
tomando el rostro ajeno entre sus manos al notar que el menor se había
calmado un poco, Jungkook depositó un par de caricias en el mismo, notando
lo asustado que estaba el chico—. Solo nos pidió algo de dinero por el
"favor", espero que no te moleste que yo haya dado la orden de que sí le
paguen mientras tú no estabas.

Negando levemente con la cabeza, Taehyung escondió su rostro en el pecho


del contrario, bastante alterado. Tenía demasiado miedo en ese momento y
tan solo quería llorar hasta secarse. No podía creer que en verdad su familia
había terminado en un lugar así.

—Yo no quería que ellas pasaran por esto... —Exclamó, sintiéndose


demasiado mal de golpe, mientras sentía como los brazos de Jungkook
rodeaban su cintura, manteniéndolo contra su pecho.

—Era inevitable, Tae. No importa de que manera lo veas, todo habría


terminado igual.

—¿Y cómo sabes eso...?

—No es tan difícil, amor. Si desde un principio hubieras llegado al circo por
voluntad propia y porque te trajo tu padre, tu familia hubiera sido regalada
igualmente a otro lado, porque él las desechó por encontrar horroso este
lugar. No había mucho que pudieras hacer en ese sentido —explicó,
volviendo a colocar su barbilla sobre la cabeza del menor—. Es más, creo
que si eso hubiera sucedido, ni siquiera hubieras podido enfrentar a tu padre
para que las traiga de vuelta, porque aunque lo niegues, llegaste siendo débil,
Taehyung —declaró, sonriendo apenas—. Ahora ya no lo eres, y tienes la
decencia de buscarlas siquiera... Por lo que si les llega a pasar algo,
simplemente recuerda que no fue tu culpa, no llegues a eso.

—Pero si tan solo hubiera investigado un poco más, quizás habría llegado a
tiempo, yo no-

—Deja de sentirte responsable por algo que no te incumbe. Ellas fueron


desechadas por tu padre, no por tí. Y no puedes echarte la culpa de no
encontrarlas siendo que llevas más de un mes rompiendote la cabeza con el
tema. Esto es solo culpa de Kyungsoo, deja de dudarlo.

Sin saber que decir, Taehyung terminó asintiendo, tomando aire y apoyando
su mejilla en el pecho contrario, mientras trataba de calmarse un poco.

—Hay veces en las que no pareces un jodido enfermo mental... —Soltó de


repente, llamando la atención del mayor, quien sonrió de lado.

—Y hay veces en las que no pareces un maldito niñito molesto. —Aseguró,


dejando un pequeño beso en la cabeza del menor, quien cerró sus ojos,
acurrucandose contra el pelinegro.

Se mantuvieron en silencio mientras el menor intentaba permanecer


mínimamente tranquilo, resultando imposible ante la situación. Y el contrario
no podía hacer más que acariciarlo con calma, ajeno al sufrimiento que sentía
el rubio.
—¿Dónde estamos ahora? ¿Qué tan lejos estamos de Cheongju?

—Acabamos de pasar Daegu, estamos cerca de Sangju, donde tomaremos un


descanso y seguiremos hasta Cheongju. Nos llevará un tiempo, pero si al
final el tipo puede comunicarse con el otro circo lo más probable es que se
mantengan en el mismo lugar por cierto tiempo.

—Debemos irnos.

—Taehyung, sé que estás desesperado, pero todo el circo ahora mismo está
exhausto por el viaje y necesitan un descanso. Y con "todo el circo" en parte
me estoy refiriendo a mí, manejar por horas no es precisamente lo mejor. Ya
viajamos bastante por hoy.

—Pero-

—Mañana iremos lo más rápido posible, te lo aseguro. —Declaró Jungkook,


tratando de dejar de lado el tema. A lo que Taehyung simplemente lo miró
con cierta duda, asintiendo al final.

Pasaron varios minutos en los que se quedaron en la misma posición,


simplemente acostados el uno al lado del otro, mientras uno dejaba ciertas
caricias en el cuerpo contrario, intentando mantenerlo distraído.

Media hora después, ambos escucharon como la puerta era golpeada


reiteradas veces, llamando su atención.

—¿Ordenaste otra cosa? —Preguntó Taehyung, confundido.

Jungkook negó con la cabeza, atento. Para después levantarse de la cama y


salir de la habitación, mientras que el menor sostenía con cuidado el colchón,
tratando de no forzar mucho el movimiento de sus piernas al momento de
levantarse.

Con cuidado, salió de la habitación, encontrandose con el payaso enfrente de


la puerta, mirando a la persona que se encontraba afuera con total
indiferencia, mostrándose intimidante desde lejos.

Curioso, se acercó, colocándose detrás de Jungkook para ver a las personas


que habían llamado a la puerta, encontrándose así con Yoongi y Sunghyun.

El primer mencionado se notaba bastante apenado e intimidado ante la fría


mirada que otorgaba Jungkook, mientras que el pelirrojo a su lado sonreía
con diversión, analizando al payaso de arriba a abajo.

—¡Jungkookie! ¡Cuanto tiempo! —gritó entonces el pelirrojo, prácticamente


lanzándose sobre Jungkook para abrazarlo, haciendo reaccionar al pelinegro
—. ¿Te acuerdas de mí?

Taehyung retrocedió un poco ante la escena, ya que ante el brusco e


inesperado abrazo Jungkook había tenido que retroceder, chocando
accidentalmente con el menor.

Aún bastante resentido con el peligris, el payaso observó al chico que tenía
entre sus brazos, algo tenso. No le gustaba demasiado el contacto físico.

—¿Cómo olvidarte? Estabas por todos lados cuando éramos pequeños. —Fue
lo único que pudo decir, separándose del abrazo y retrocediendo un poco, a lo
que Sunghyun asintió, sonriendo.

—Todavía recuerdo como nos divertiamos en ese entonces, éramos


cómplices para molestar a Yoongi. —Recordó, cruzándose de brazos y
mirando al peligris, quien tan solo sonrió con incomodidad.

—Sí... —sintiendo cierto rechazo ante la situación, Jungkook asintió,


sonriendo sin mostrar los dientes, bastante forzado—. ¿Qué era lo que
querían?

—Oh, Namjoon dijo que hay noticias sobre la llamada de Daejeon, Yoongi y
yo queríamos venir a visitarte juntos así que creí que sería buena idea que
vengamos a darles la noticia. En verdad tenía ganas de volver a verte, y de
saber como te fue en estos años.

—Sinceramente, no me gustaría hablar de eso —tratando de mantenerse


calmado, el pelinegro cerró los ojos por un momento, tomando aire—. Aún
así, ¿Qué fue lo que dijo Namjoon?
Sunghyun estuvo apunto de hablar, pero al ver lo incómodo que se
encontraba Yoongi terminó frunciendo levemente el ceño, sin saber cómo
terminar con aquella tensión.

—Hm, ¿podemos pasar? —Cuestionó, mirando el interior de la casa y


encontrándose así con la mirada de Taehyung fija en él.

El rubio solo se cruzó de brazos, sin apartar la mirada. Y Park no hizo más
que sonreírle apenas, logrando desconcertarlo.

Jungkook dudó bastante, pero al final terminó bufando con resignación,


dejando pasar a ambos hombres a la casa, que miraron todo con curiosidad.

—Wow, está exactamente igual a como lo recuerdo —exclamó Sunghyun,


atento—. Lo único que cambiaste fue el sillón individual, antes no estaba.

Asintiendo, el pelinegro le restó importancia a lo que decía el mayor,


volteando para ver a Taehyung por un par de segundos.

Y con eso bastó para que el rubio notara como el payaso trataba de
mantenerse mínimamente cuerdo, ya que sus ojos comenzaban a cristalizarse
y sus manos temblaban levemente. Todavía no podía estar en el mismo lugar
que Yoongi sin salir afectado.

Por más arrogante que se muestre ante el peligris, seguía afectandole su


presencia. Pero Jungkook jamás dejaría que lo notara.

—Tomen asiento, si quieren.

Caminando hacia el sillón individual, el pelinegro se sentó, tomando aire una


vez más y mirando a Taehyung para distraerse por un momento.

El rubio caminó con lentitud hacia donde se encontraba Jungkook, mientras


que Yoongi y Sunghyun habían tomado asiento en el otro sillón, dejando un
lugar para él.

Sin embargo, el pelinegro jaló a Taehyung hacia sí al ver aquello, sentandolo


en su regazo. No quería que se siente al lado de Yoongi, y a pesar de que el
rubio se quejó ante el dolor de sus piernas por el brusco movimiento que
había hecho al ser agarrado con brusquedad, tampoco quería sentarse al lado
de aquel hombre.

Ambos miraron con cierto resentimiento al peligris, quien apretó sus labios
con incertidumbre, sin saber cómo empezar la conversación.

—Antes de decirles lo de Daejeon, en verdad quería disculparme por lo del


otro día, Jungkook, te juro que yo jamás quise decirte eso, no pensé al
momento de hacerlo.

Sin decir nada, el pelinegro se mantuvo inexpresivo, mirando fijamente al


mayor hasta que el mismo tragó saliva con cierto nerviosismo, no sabía que
esperar de Jungkook.

—¿Yo te pedí que te disculparas? —Cuestionó entonces, atento. A lo que


Yoongi frunció el ceño con leve confusión.

—¿Qué?

—¿Yo acaso te pedí que te disculparas? —repitió, bastante frustrado a pesar


de notarse calmado—. No, no lo hice. Así que si viniste aquí para hablar
sobre el tema de Daejeon, hazlo. No te dejé pasar a mi casa para que hables
de temas que no me interesan y de los cuales ya sé toda la verdad.

—No digas eso, sabes que yo no pienso lo mismo que mencioné hace unos
días. Me hiciste llegar a mi límite en ese momento.

—¿Yo te hice llegar a tu límite? ¿Y cuando se supone que notarás que tú me


estás haciendo llegar al mío? Tus visitas no hacen más que enfermarme,
generarme violencia hasta el punto en el que solo quiero arrancarte la lengua
para que dejes de intentar convencerme que aquí la víctima eres tú. —
Soltando aquello con enojo, Jungkook frunció el ceño.

Yoongi quiso decir algo, pero Sunghyun intervino, levantándose del sillón y
llamando la atención de todos.

—Jungkook, Yoongi, no es momento para pelear. Sé que tienen problemas


pero no por eso tienen que hablarse de esa manera —cruzándose de brazos, el
pelirrojo miró a Taehyung antes de volver a fijar su mirada en ambos
hermanos, quienes lo miraban con seriedad—. Si van a seguir discutiendo
creo que entonces lo mejor sería que yo hable con Taehyung sobre Daejeon,
¿no les parece?

El rubio alzó una ceja, antes de mirar con incertidumbre a Jungkook. Quería
saber que era lo que había sucedido al respecto de aquella llamada, pero no le
agradaba mucho la idea de irse con Sunghyun.

Mirándolo igualmente, el pelinegro analizó la mirada insegura del chico


sobre sus ojos, por lo que frunció apenas el ceño antes de hablar.

—Si vas a hablar con él, será en mi habitación. Y que sea rápido. —Fue lo
único que dijo, ayudando al chico a levantarse de su regazo.

Taehyung en verdad no creía que Jungkook había accedido, aunque por un


lado estuvo mínimamente agradecido, ya que sabía que la discusión entre
ambos hermanos sería bastante extensa, y él no quería estar en el medio de
eso.

Lo malo de la situación era que el rubio ya se había llevado una mala


impresión del chico de cabello rojo, por lo que no estaba tan cómodo ante la
idea de ir a una habitación a solas con él. En especial porque su rostro era
bastante similar al de Jimin.

Sintió una cosa fría tocar su espalda cuando Jungkook pasó su mano por ahí,
tocando disimuladamente su short y acercándose un poco hacia su oído al
final.

—No cierres la puerta. —Susurró, siendo precavido antes de dejar ir al chico,


quien asintió ante la órden.

Siguiendo al pelirrojo hacia la habitación, Taehyung tocó rápidamente su


short, sintiendo algo un poco pesado en el bolsillo, y al meter su mano
comprobó que se trataba de la navaja de Jungkook.

Un poco más tranquilo, ingresó a la habitación con el hombre, dejando a


ambos hermanos solos.
Los Jeon se quedaron mirando fijamente, uno sentado en el sillón mientras el
otro estaba de pie, enfrente suyo.

El silencio incómodo no tardó en aparecer, al igual que la tensión. Ambos


estaban demasiado fastidiados en ese momento como para pensar con
claridad.

—¿Y? ¿No se supone que querías hablar? —cuestionó Jungkook—. ¿No es


eso lo único que sabes hacer? Hablar y hablar con típicas excusas de una
pobre "víctima".

—No te pongas así, Jungkook. No quiero que peleemos.

—¿En serio? Entonces dime cual es tu maldito problema conmigo. Te pedí


desde un principio que me dejaras en paz, que no me molestaras, ¿Y qué es lo
único que haces? Estar encima de mi recordándome los traumas de mi
infancia, diciéndome que me lo merecía y ahora que quiero estar en paz
vienes a recordarme que precisamente piensas eso. ¿Qué clase de hermano
quieres ser tú al fin y al cabo? —preguntó, alterandose—. ¿Ahora resulta que
te vas a conformar siendo un hermano pesado que no respeta ni un poco el
espacio que le está pidiendo su "hermano de menor"? Porque eso es lo único
que puedo pensar. Si te conformas con una mierda así por no poder aceptar el
hecho de que ya no te veo como un familiar, eres alguien sumamente
repulsivo e ingenuo.

—No quiero que me veas así. Pero tú eres el que no me da la oportunidad de


acercarme.

—¿¡Qué oportunidad se supone que tengo que darte!? Apareciste literalmente


de la nada por trabajo, Yoongi, por jodido trabajo. Si Taehyung no hubiera
visitado ese circo, tú y yo no estaríamos hablando ahora mismo. ¿En verdad
me estás diciendo que mereces una oportunidad solo por tener el mismo
padre? Porque me parece bastante estúpido que alguien que ni siquiera se
tomó el tiempo de buscarme ahora trate de "luchar" por mi atención. Alguien
que ni siquiera me reconoció al verme. ¿Cómo puedes esperar que siga
dispuesto a volver a entablar un lazo familiar contigo si ni siquiera recordabas
mi puto rostro?
Yoongi se mantuvo en silencio, pensando en las palabras de su menor antes
de suspirar con cansancio. No sabía que hacer.

—La última vez que te ví tenías quince años, Jungkook. Obviamente no iba a
reconocerte, cambiaste mucho.

—¿Eso es lo único que vas a decirme? —riéndose sin gracia, el pelinegro


asintió varias veces, apartando la mirada, sin poder creer lo que acababa de
escuchar—. ¿Tan difícil fue para tí reconocer al niño que supuestamente
querías tanto hace unos años? Que maldito inútil eres. ¿Y ni siquiera vas a
molestarte en negar lo otro que dije, no es así?

—Yo quise comunicarme contigo, lo sabes muy bien. —Frunciendo el ceño,


Yoongi se cruzó de brazos, alerta.

—Claro, una estúpidas cartas que me enviarías cada mes durante cinco años
iban a ser de ayuda para cubrir en mi lista de traumas la palabra "abandono",
que lógico —lleno de ironía, el payaso negó con la cabeza—. ¿Suena
sumamente lógico, no?

—¿Qué se suponía que podía hacer Jungkook? Yo- estaba en otro lado, con
una nueva vida de por medio, en verdad estuv-

—Sí tanto valoraste esa nueva vida en ese entonces como para no mover un
solo dedo para volver a verme siquiera una vez durante todos estos años, creo
que deberías valorarla ahora y largarte si tanto la aprecias. ¿No era eso lo que
querías antes, empezar de cero? ¿Por qué quieres volver al inicio? Estás
regresando al lugar que quisiste abandonar por años.

—Eres mi hermano, yo pensé que me odiabas. ¿Qué se supone que podía


hacer? Quiero llevarme bien contigo ahora, también quiero conocer a nuestro
hermano. —Frustrado, el peligris comenzó a morder sus labios, nervioso.

—¿Sigues con eso? —enojadose cada vez más, Jungkook empezó a presionar
con cierta fuerza sus manos al tenerlas como puños, clavando sus uñas—. No
vas a conocerlo.

—No tienes derecho a prohibirme nada, Jungkook.


—Ese niño me ve como su figura paterna, tengo más derecho del que crees al
decirte que no lo vas a ver en tu puta vida —declaró, totalmente seguro—.
Soy lo único que tiene, lo único que admira y lo único por lo que se mantiene
mínimamente alegre en este lugar. ¿Y tú que eres? Un desconocido que me
dió pie para ser todo eso por dejarlo abandonado en mis malditos brazos.

—No eres su padre —negándose a escuchar, el peligris frunció el ceño,


incómodo—. Si te admira tanto, no creo que lo haga al descubrir que le estás
ocultando algo como esto.

Frunciendo el ceño, el pelinegro se acercó rápidamente hacia Yoongi,


encarandolo.

—¿Es un puto chiste? —molesto, tomó con odio el cuello de la camisa del
mayor, acercandolo—. ¿Vienes a decir una mierda como esa, en serio?
Porque a mí no me vas a venir a amenazar, inútil. Yo le estoy evitando toda
esta porquería a mi hermano para que no sufra, y tú lo usas como algo con lo
que me puedes chantajear. Te vuelvo a preguntar, ¿qué clase de hermano
quieres ser al final?

Permaneciendo en silencio una vez más, el mayor no supo que decir,


simplemente se levantó del sillón, quitándose las manos de Jungkook de
encima.

—Lo lamento, en serio no sé porque estoy diciendo estas cosas, es solo que-
en verdad es muy complicado hablar contigo, no me escuchas...

—Porque no quiero hacerlo.

—¿Por qué te cuesta entenderme? Sé que estuve mal, sé que lo que dije antes
también fue un asco. Y también veo todo el rechazo que te genero pero yo
solo quiero una oportunidad, una sola. Es todo lo que te pido.

—Con esa "oportunidad" jamás borrarás las palabras "te lo mereces" de mi


cabeza —resentido, Jungkook frunció el ceño—. Si estuve peleando contigo
durante todo este tiempo fue precisamente para llevarte a tu límite donde me
dirías la verdad, siempre fue así de pequeños. Y en verdad es tan asqueroso
ver lo que me estás pidiendo siendo que me dijiste que me merecía lo que me
pasó. Eres sumamente falso.

—No es así, te juro que no. Me estabas hablando sobre temas serios,
Jungkook. ¡Sobre mi madre y el apellido Min! ¿Cómo esperabas que
reaccionara? Estaba demasiado estresado ese día, y mi cerebro jugó en mi
contra. ¿Cómo te sentirías si yo hablara así sobre tus problemas, solo
burlandome?

—Ve con tus excusas a otro lado, Yoongi —exhausto, el payaso caminó
hacia la puerta, abriendo la misma—. Mejor lárgate, estoy harto de esto.

Frunciendo el ceño, el peligris suspiró, asintiendo con cansancio antes de


caminar hacia la puerta.

—Esta conversación aún no termina. —Fue lo único que dijo el mayor, antes
de salir de la casa, a lo que Jungkook susurró un "lo sé" con total fastidio,
cerrando la puerta.

Se quedó solo en la sala, mirando a su alrededor por un par de segundos


mientras intentaba mantenerse tranquilo, tratando de controlar todas las
lágrimas que habían querido salir durante todo el rato en el que estuvo a solas
con Yoongi.

Una vez que se mantuvo mínimamente bien, caminó con rapidez hacia la
habitación, sin poder soportar estar en el lugar sumamente solo. Le hacia
recordar cosas que no quería.

Se asomó por la puerta de la habitación, encontrándose a Sunghyun sobre su


cama hablando bastante mientras que Taehyung se encontraba sentado en una
esquina de la cama, solo escuchandolo.

Carraspeando, el payaso llamó la atención de ambos, mientras ingresaba a la


habitación con cierto cansancio.

—Yoongi ya se fue —avisó, apoyándose en el marco de la puerta—.


¿Ustedes ya hablaron?

El rubio asintió con calma, cruzándose de piernas cuando Sunghyun se sentó


en la cama, sonriendole a Jungkook.

—Claro. Igualmente estuvimos más tiempo hablando sobre sus rodillas, no


me quiere decir lo que le sucedió —exclamó de la nada el pelirrojo,
apuntando las rodillas del chico, que tenían un leve tono rosado aún y varios
raspones—. Ya dime la verdad, Jungkookie. ¿A Taehyung le gusta rezar
demasiado?

Frunciendo el ceño, Jungkook se mantuvo serio ante aquella pregunta,


negando con la cabeza y haciendo que el hombre dejara de sonreír en grande,
dejando tan solo una sonrisa incómoda, comprendiendo que había hecho
enojar al contrario.

—Hm, mejor no me meto —riendo ante la situación incómoda, Sunghyun se


levantó de la cama, tomando las manos del rubio y mirando al mismo—. Nos
vemos, lindura. Fue agradable hablar contigo, lamento haberte incomodado la
otra vez, estaba nervioso. —Explicó, sonriendo apenas y soltando al menor
para salir de la habitación, siendo acompañado por Jungkook.

—Adiós. —Se despidió el pelinegro, abriendo una vez más la puerta.

—Adiós, Jungkookie. Deja de amargarte tanto por Yoongi.

—Dudo que pueda hacer eso. —Fue lo único que dijo el menor, cerrando la
puerta cuando el pelirrojo empezó a alejarse.

Caminando hacia la habitación una vez más, el payaso y el rubio se miraron


entre sí, ambos sin saber que decir realmente.

Byul llegó de repente, había estado durmiendo debajo de la cama por lo que
no se había alterado en lo más mínimo ante el escándalo que habían hecho
Yoongi y Jungkook.

Colocándose en el medio de ambos, el conejo observó a su dueño, esperando


ser alzado. Y el pelinegro terminó tomándolo en sus brazos antes de caminar
hacia Taehyung, quedándose cerca suyo.

—¿Qué sucedió al final con la llamada? —Preguntó, tratando de distraerse un


poco dejando varias caricias en su mascota, quien se acomodaba contra su
pecho.

—Dijo que el hombre pudo contactar con el circo y que teníamos dos
semanas antes de que vuelvan a irse —explicó el menor, tratando de sonreír
un poco a pesar de estar sumamente tenso—. No es mucho y en verdad sigo
asustado por mi mamá... Pero creo que al final por lo menos lo estoy
intentando...

—Exacto, eso es lo que cuenta, amor —dejando al conejo sobre su cama,


Jungkook tomó asiento a un lado de Taehyung, cruzándose de brazos—. Si
mañana empezamos a viajar desde temprano llegaremos pronto, así que le
mandaré un mensaje a Namjoon para que dé el anuncio apenas se despierte,
¿qué dices?

Taehyung asintió, sin encontrar ningún tipo de problema ante eso. Y al notar
como el mayor se notaba algo decaído, decidió hablar sobre eso por más que
aún se encontrara medio resentido por lo que le había hecho hace algunas
horas.

—¿Y Yoongi? —Preguntó, prestándole atención al mayor, quien apretó sus


labios con cierta incomodidad antes de mirar de reojo al rubio.

—Sigue siendo igual de idiota.

—Lo supuse... —sonriendole con pena al payaso, lo tomó por el brazo,


acercandolo hacia sí—. Ven, mejor vamos a dormir. Mañana tendremos que
hacer muchas cosas.

Asintiendo, el mayor movió las sabanas de la cama, acomodando todo y


observando como el menor se acostaba, esperándolo.

Dejó un poco de comida y agua para Byul antes de meterse en la cama,


tomando con posesión la cintura del rubio una vez que lo tuvo cerca,
pegandolo a su cuerpo y escondiendo su rostro en el cuello del mismo al
sentirse algo inestable.

Taehyung no dijo nada, solo acarició la cabellera ajena con algo de


inseguridad, ya que no sabía como hacer que el hombre deje de estar tan
desanimado. Siempre terminaba así luego de ver a Yoongi y aún así el menor
no sabía que hacer.

De un momento a otro, Jungkook alzó la cabeza, tomando el rostro del rubio


con su mano derecha para dejar un beso en sus labios, tomando desprevenido
al contrario, que terminó sintiendo sus mejillas arder un poco.

—¿Sabes, mocoso? Hay momentos en los que no solo no pareces un niñito


molesto, sino que también hay momentos en los que te ves tan bonito que
eres capaz de mantenerme mínimamente tranquilo. No entiendo eso. —
Declaró el payaso de repente, observando fijamente el rostro de Taehyung,
quien apartó la mirada ante la vergüenza.

—Yo tampoco lo entiendo. Pero deja de mirarme así. —Pidió, antes de sentir
una mano sobre su muslo, acercandolo más hacia el cuerpo de Jungkook.

—¿Así cómo? —jugando, el pelinegro miró los ojos del contrario, quien
frunció el ceño al ver como el mayor no le hacía caso—. ¿Ahora te
avergüenzas? Literalmente me la paso mirándote.

—Dejame en paz. Buenas noches. —Se despidió inmediatamente, tratando de


darle la espalda al pelinegro, pero el mismo rió bajito, jalandolo para que no
pueda dar la vuelta.

—Ya, obsesión. Buenas noches... —Sonriendo, Jungkook dejó un casto beso


en los labios ajenos, que fue correspondido por el menor antes de que el
mismo cerrara los ojos.

Ambos se acomodaron cerca el uno del otro, cubriéndose con las sábanas.
Uno colocando su mano en el muslo del contrario mientras que el otro dejaba
leves caricias en la cabellera ajena, tratando de dormir.

Y en el medio del silencio, el payaso recordó algo un par de segundos antes


de dormirse, abriendo con pereza sus ojos.

—Amor, ¿Sunghyun no te ha hecho nada, no?


Negando con los ojos cerrados, el rubio frunció apenas el ceño, algo molesto
al no poder dormir luego de varios minutos.

—No. Igualmente no entiendo que le pasa, la primera vez que nos vimos no
me trató tan bien... —Confesó, recordando aquel día.

—Si quieres le doy un par de puñetazos para que no vuelva a suceder, ¿qué
dices? —Cuestionó en broma el hombre, cerrando sus ojos y sonriendo
apenas.

—No, así está bien —sonriendo igualmente, el rubio volvió a acomodarse


contra el pecho ajeno—. Quizá no quiere molestarme por ser el jefe...

—Seguro es eso, lindo. Mejor descansa.

Asintiendo, Taehyung se dejó consumir por el sueño y la comodidad en el


pecho de Jungkook al pasar de los minutos, durmiendose y siendo
acompañado por el pelinegro poco tiempo después.

Quizá si se hubiera enterado que Sunghyun había sido tan amable con él por
un simple plan de Park Jimin, Taehyung no hubiera dormido con tanta
facilidad aquella noche.

ू )
(◌ू❁

Holaa, perdón por tardar tanto con este cap. Me costó bastante escribirlo
y creo que es el más aburrido de todos, pero voy a tratar de hacer los
demás más interesantes y con cosas que respondan dudas de varias cosas
que no se resolvieron en la historia todavía.

Solo pasaba a decir eso y también a contarles que me hice una cuenta de
Instagram porque ví que varias personas hacían dibujos o cosas
relacionadas con Clown y no sabían por donde mandarlo. Ahí también
voy a dar spoilers de vez en cuando y responder varias preguntas, el user
igualmente es jkoselig.

Y nada, eso, no me gusta tanto este capítulo pero igual espero que les
haya gustado siquiera un poco. ♡
37

Con el sueño consumiendolo por completo en ese momento, Jungkook


empezó a abrir sus ojos con total pereza cuando los golpes en la puerta de su
casa comenzaron a hacerse más constantes, logrando así despertarlo y
haciendo que el mal humor del payaso se notara desde lejos ya que era
bastante temprano, demasiado para él.

Enfocando su mirada en la cama, observó de reojo a Taehyung, quien dormía


a un lado suyo, abrazandolo con firmeza y apoyando su mejilla en su brazo,
sin permitirle al pelinegro moverse.

Bostezó con cansancio, estirandose levemente antes de volver a escuchar


otros golpes en la puerta, y ante esto frunció apenas el ceño, quitando con
cuidado al rubio de encima suyo antes de levantarse, acomodando apenas su
cabello y caminando hasta la entrada de la casa.

Decidido a insultar a quien sea que se encontrara allí afuera, el payaso abrió
la puerta, y terminó quedándose en total silencio al ver a Woozi ahí de pie,
mirándolo con calma.

—¡Buenos días, Koo!

—Hm, buenos días, enano —un poco más relajado, Jungkook volvió a
bostezar, haciéndose a un lado para dejar pasar al menor, quien ingresó a la
casa y fue directamente hacia el sillón—. ¿Qué haces aquí tan temprano? —
Preguntó, cerrando la puerta con cansancio.

Olvidando por completo observar con detalle hacia el exterior antes de


recibir con tanta calma a su hermano.

—Yeonjun dijo que debía venir contigo un momento porque Lisa y él


recibirían visitas y no querían que yo me involucrara con ellos porque son
algo raros —explicó el infante, sentándose en el viejo sillón—. Aunque
también iba a venir a visitarte si no me decían que me vaya, quería desayunar
aquí.

—Está bien, entiendo —aún más dormido que despierto, Jungkook se dirigió
hacia la cocina, tomando todo lo necesario para hacerse un café y el desayuno
de su hermano—. ¿Quieres las galletas de siempre?

—Sí, por favor —asintiendo, el menor miró a su alrededor por un momento,


antes de bajarse del sillón y caminar con cierta duda hasta la cocina, donde
podía ver a Jungkook de espaldas tomando dos tazas—. Koo.

—¿Hm?

—¿Puedo? —Cuestionó, tocando la pequeña isla que había a un lado del


mayor, quien lo miró por un par de segundos antes de entender que era lo que
quería.

Asintiendo, el pelinegro sostuvo a su hermano por la cintura, alzandolo y


dejándolo así sentado sobre la isla. Para después seguir con lo suyo.

—¿Qué te pasa últimamente, Woozi? —Preguntó de repente Jungkook,


atento ante la repentina cercanía que presentaba el menor.

—¿A mí? Nada... —Apartando la mirada, el niño no quiso hablar.


Simplemente empezó a jugar con sus manos, ajeno a la mirada interrogatoria
de su mayor sobre sí.

—Estás empezando a visitarme casi tres veces por día, normalmente es una
sola vez en un día. Y ahora no pareces querer despegarte de mí en ningún
momento. ¿Quieres decirme algo, acaso?

—Hm...

—Woozi.

—No es nada malo, Koo.


—Entonces dime. —Insistiendo, Jungkook dejó de lado lo que estaba
haciendo, apoyando su espalda en la isla de la cocina mientras sus dos manos
se apoyaban en la misma, observando a su hermano en espera de una
respuesta.

—Está bien... —nervioso, el infante bajó la mirada, sin saber expresarse en


ese momento—. Mh...

—¿Peleaste con Yeonjun? ¿Alguien te hizo algo? —empezó a preguntar el


mayor al no recibir respuesta—. ¿O es que alguien te insultó?

—No, no. Yo estoy bien. —Se apresuró a decir el pequeño, tratando de que la
imaginación de su hermano no llegara más allá y terminara preocupándose
por él.

—¿Entonces? —en verdad confundido, el pelinegro frunció apenas el ceño


—. ¿Quieres que te compre algún juguete o algo así?

—No se trata sobre eso —quejándose, Woozi volvió a negar con la cabeza—.
Es sobre el señor del otro día.

—¿Qué señor? —Jungkook se cruzó de brazos, expectante.

—El que te hizo llorar...

Apretando sus labios entre sí al comprender, el pelinegro cambió por


completo su expresión, pasando a una totalmente seria mientras volteaba a
seguir con lo que estaba haciendo, sin saber que decirle a Woozi sobre ese
tema.

—Kookie —llamándolo, el menor jaló a su mayor por el brazo, tratando de


llamar su atención—, ¿te enojaste?

—No, Woozi —incómodo, el pelinegro se alejó un poco del infante,


colocando un algo de leche en una de las tazas para distraerse—. Solo... No
hables de ese hombre, ¿sí?

—¿Por qué? —quiso saber el contrario, atento—. ¿Quién es?


—Nadie, no es nadie —declarando aquello con bastante seguridad y rencor,
Jungkook tomó aire entre dientes, tratando de mantener la calma ante Woozi
—. Es solo el tipo al que no debes acercarte, es lo único que debes saber
sobre él.

—Pero él te hizo llorar, quiero saber quién es y porqué hizo eso...

—No te incumbe, enano.

—Pero Kookie... —quejándose, el menor se cruzó de brazos—. Tú nunca


lloras, ese hombre es malo.

—Y por eso mismo debes alejarte de él, no importa quién es ni lo que me


haya hecho, tú no debes relacionarte. —Sentenció Jungkook, tomando todo lo
que había preparado mientras hablaba con el infante para colocarlo en una
bandeja y llevar la misma hasta la pequeña sala, siendo seguido por el menor.

—¿Puedo saber siquiera como se llama? —Sin rendirse, Woozi se cruzó de


brazos, mirando fijamente a su hermano en espera de una respuesta.

Receloso, Jungkook hizo una mueca de disgusto, la cual intentó disimular al


momento de apartar la mirada y quedarse callado por un par de segundos,
pensativo.

Y ante un repentino pensamiento, sonrió con leve malicia, burlándose


internamente antes de sonreírle con fingida calma a su hermano, tomando
asiento a su lado en el sillón.

—Dile Min, solo Min. —Pidió, cruzándose de brazos mientras apoyaba su


espalda contra el respaldo del sillón.

—Ok, Min —repitiendo aquello, el pequeño pelinegro asintió, tomando su


taza con leche mientras comía una galleta—. ¿Y por qué Min te hizo llorar?
¿Dijo algo feo?

—Algo así... —restándole importancia a la situación, Jungkook sostuvo


igualmente su taza negra, guiandola hacia su boca para beber un poco de café
—. ¿Podrías dejar de hablar de esto?
—No, porque no entiendo... Nunca te ví llorar, habrá dicho algo muy malo. Y
estoy molesto por eso —sinceró el infante—. Si vengo a visitarte mucho
ahora, es porque no quiero que pase eso de nuevo, no me gusta verte triste.

—Que considerado eres, enano. Pero puedo cuidarme solo, no volverá a


hacerme llorar, te lo aseguro. —Bastante convencido, el pelinegro asintió con
calma, tratando de ignorar aquella extraña sensación que sintió ante la
preocupación de su hermano pequeño. Era bastante raro, y él no quería
preocupar a Woozi por sus lágrimas que para él no eran más que
representación de puro odio y rencor.

—Yo sé que puedes cuidarte solo, Koo. Pero si Min te hace llorar de nuevo,
¿Puedo darle una patada?

Sonriendo un poco, Jungkook negó con la cabeza, acomodandose mejor en su


lugar antes de peinar apenas su cabello con una de sus manos.

—Sabes que no quiero que te acerques a él. No importa lo que haga, no te


quiero cerca de ese hombre. ¿Entendido?

—Entendido...

—Bien. Ahora termina eso y deja de preocuparte por cosas tontas, ¿sí? Yo en
un rato llamaré a Yeonjun para preguntarle si sus visitas ya se fueron así
puedes ir tranquilo.

—¿No puedo quedarme aquí? —Cuestionó Woozi de repente, logrando


llamar la atención de Jungkook.

—Hm, sabes que yo siempre te dejo dormir aquí cuando quieras, pero en esta
ocasión tendremos que viajar durante bastante tiempo y no podré estar
contigo, estarías solo con Taehyung. —Explicó, sin estar del todo
convencido.

—Oh... Él me cae bien, pero seguro sigue lastimado por ayer y molesto, así
que mejor vengo otro día. —Comprendiendo, el menor asintió con calma,
terminando poco a poco su desayuno en lo que su hermano mayor se dirigía
al baño para lavarse los dientes, volviendo pocos segundos después para
recoger la taza en la que había tomado café para lavarla.

Mientras lavaba dicha taza, Jungkook empezó a escuchar varios quejidos


desde la habitación, y leves llamados que se escuchaban como susurros.

Alerta, el payaso dejó lo que estaba haciendo, secando sus manos con un
trapo antes de ingresar a su habitación, asegurándose de que todo se
encuentre bien.

Se encontró con Taehyung con los ojos cerrados, removiendose entre sueños
mientras sus manos se movían inquietas por la cama, como si buscara algo.

Cruzándose de brazos, Jungkook se puso enfrente de la cama, quedando así


cerca del chico que no hacía más que quejarse en voz baja, diciendo
incoherencias.

—Amor —llamó el pelinegro al ver que el chico no podía despertar de


aquella posible pesadilla—. Hey, despierta. —Soltó, tomando las mejillas
ajenas y moviendo de un lado al otro el rostro impropio, en un intento por
despertarlo.

Quejándose, Taehyung le dió la espalda al mayor, aún moviéndose un poco.

—Vamos, mocoso. Luego querrás echarme la culpa a mí de las mierdas que


crea tu propio subconsciente. —Moviendo al chico con un poco más de
insistencia, Jungkook lo sostuvo por la nuca, alzando su cuerpo y haciendo
así que el menor despertara totalmente desorientado, algo alarmado.

Guiando rápidamente su mano hacia su cuello, Taehyung abrió por completo


sus ojos cuando finalmente reaccionó, la desesperación era notoria en su
mirada mientras trataba de retroceder en la cama, aterrado.

—¡No de nuevo! —Gritó entonces, cegado por el pánico.

Sin comprender absolutamente nada, Jungkook alzó una ceja ante el


repentino acto del chico, tratando de acercarse a él cuando notó como miraba
para todos lados con temor.

—Bonito, ¿qué pasó? —Cuestionó, perdido al desconocer que era lo que


había soñado Taehyung.

Aún asustado, el rubio posó su mirada sobre Jungkook, antes de acercarse


hacia él con rapidez y abrazarlo por la cintura, con su cuerpo temblando y su
labio inferior siendo mordido con fuerza.

Sin saber como reaccionar, el payaso sostuvo como pudo el cuerpo del chico
entre sus brazos, impidiendo así que pierda el equilibrio ya que sus piernas
seguían doliendo y le era difícil mantenerse estable incluso arrodillado sobre
el colchón, sus músculos dolían ante un simple movimiento.

—Jungkook —llamó el menor con notable miedo, sintiendo el sudor frío


sobre su frente—, n-no...

Confundido, el pelinegro quiso corresponder el abrazo, pero terminó


frunciendo el ceño al sentir como el chico comenzaba a golpear con cierto
rencor su pecho luego de varios segundos, una y otra vez, con rabia y
resentimiento. Y aún así, sus golpes eran débiles ante el pánico y el dolor que
estaba experimentando.

—¿Qué te pasa, mocoso? —mirando con atención al chico, Jungkook sostuvo


la mano izquierda de Taehyung, deteniendo así los golpes, mientras que la
otra mano se encontraba rodeando su cintura con fuerza, sin permitirle
alejarse—. ¿Qué soñaste?

—Eres un maldito infeliz... —Susurrando aquello, el rubio pareció perderse


en sus pensamientos por un par de segundos, sollozando sin consuelo al
momento de volver a aferrarse al payaso, logrando confundir más al mismo.

—No entiendo si quieres abrazarme o golpearme. —Acariciando el cabello


del menor, Jungkook observó al mismo fijamente, intentando comprender
que era lo que estaba sucediendo.

—Ambas, payaso estúpido... –limpiando sus lágrimas con rencor, Taehyung


alzó la mirada, posando la misma en los ojos oscuros del mayor–. E-ellos me
hacían daño y tú no hacías nada...

—¿Quienes, Taehyung?
—Jimin y Dongyul —escondiendo su rostro en el pecho del contrario, el
rubio trató de calmarse—, yo no quería ir con ellos...

—A ver, ven aquí —llamándolo con calma, Jungkook sostuvo al chico por la
cintura, alejandolo un poco de él simplemente para tomar asiento en la cama
y atraer nuevamente al menor hacia sí, colocándolo en su regazo—. Calmate,
sabes que no es real.

—Casi lo fue... —Sorbiendo por la nariz, Taehyung negó con la cabeza, sin
poder tranquilizarse del todo.

—¿Quieres hablar sobre eso? —Atento, el pelinegro comenzó a dejar leves


caricias en la espalda baja del chico, pasando su mano por debajo de la
camisa del mismo.

—Y-yo, yo estaba contigo aquí en nuestra casa —comenzó a contar el menor,


alzando su mirada para ver los ojos del contrario mientras que varias lágrimas
salían desde los propios—. Y de la nada hice algo que te molestó, no
recuerdo que fue. Pero en ese momento desapareciste del lugar y la puerta de
la casa estaba abierta, y cuando salí no había nadie...

Asintiendo, Jungkook se mantuvo en silencio, ganándose así otra mirada del


más joven para comprobar que estaba siendo escuchado.

—Todos se habían ido, solo había una casa rodante a lo lejos, y yo no quería
ir ahí, en verdad no... —frunciendo el ceño, una mueca de disgusto e
incomodidad se hizo presente en el rostro del chico—. Dongyul y Jimin
salieron del interior de esa casa, y yo quería correr pero no podía hacerlo,
ellos llegaron burlándose de mí y me arrastraron hacia ese lugar, d-donde
sucedió lo de antes.

—Ay mocoso, sabes que una pesadilla no puede hacerte daño, si quieres yo-

—Todavía no termino —algo molesto al ser interrumpido, Taehyung volvió a


negar con la cabeza, callando a Jungkook—. Me encerraron ahí y empezaron
a tocarme, otra vez. Yo no podía moverme, ni siquiera estaba atado, ellos
simplemente hacían lo que querían y yo no podía gritar, no podía hacer
nada... —Sollozando con total odio, las manos del chico se dirigieron hacia
su rostro para tratar de eliminar aquellas lágrimas que estaban fastidiandolo.

Y al sentirse demasiado vulnerable y débil, terminó acostándose nuevamente


sobre el mayor, llorando sin parar mientras acomodaba su rostro contra el
cuello del contrario, tratando de ocultar apenas su malestar y su dolor.

—E-ellos... Abusaron de mí, esta vez nadie los detuvo —asqueado, el rubio
se aferró con fuerza al cuerpo del payaso, sin querer soltarse—. Yo te
llamaba a gritos, gritaba tu nombre todo el tiempo, te pedía ayuda, y por más
que quería abrir la boca no podía, todos esos gritos quedaban en mi cabeza. Y
tú no aparecías, no estabas.

—Pequeño, sabes que jamás permitiría que te pase eso, ellos no te harán
daño-

—Cállate y escuchame —frustrado al no ser escuchado, Taehyung golpeó


con rencor el pecho ajeno, haciendo que el pelinegro volviera a permanecer
en silencio—. Cuando terminaron, te ví por la ventana de esa casa, estabas
mirándome mientras sonreías, no hacías más que sonreír mientras yo te pedía
ayuda, y tú solo me decías una y otra vez que me lo merecía por ser un
maldito caprichoso...

Jungkook no quiso opinar nada al respecto, sabía que el chico no quería


recibir ningún tipo de opinión sobre su sueño, tan solo quería ser escuchado y
recibir consuelo.

—Entonces... —tragando saliva con dificultad, el menor miró hacia otro lado,
sintiendo un molesto nudo en la garganta—. Dongyul me agarró por el
cabello y me echó de la casa, dejándome desnudo y lastimado en el piso. Y
cuando abrí los ojos estaba de nuevo en nuestra casa, y tú estabas en el
sillón... Te volví a pedir ayuda, pero solo me mirabas.

Dejando nuevamente caricias en la espalda baja del contrario y en sus


muslos, el pelinegro se mantuvo en silencio, asintiendo apenas ante lo que
contaba el más jóven.

—Te dije que me dolía, que necesitaba ayuda. Pero solo te burlabas de mí y
decías que era todo mi culpa, que merecía estar así... Y entonces empecé a
escuchar gritos desde la habitación —perdido en sus recuerdos, Taehyung
frunció levemente el ceño al recordar aquel detalle extraño de su sueño—.
Eras tú pero... No eras el Jungkook pequeño de mi sueño anterior, eras el de
ahora....

—¿Qué?

—Sí, en mi sueño tú estabas golpeando la puerta mientras le decías al otro


Jungkook que te dejara libre, que tenías que venir conmigo. Era como si tu
parte "buena" estuviera dividida con tu parte mala, y esa parte te tenía
encerrado ahí. Sinceramente no entiendo... —En verdad confundido, el rubio
trató de concentrase en las caricias ajenas, demasiado vulnerable.

Uniendo cada detalle en su mente, Jungkook apretó sus labios entre sí al


notar algo que el menor aún no comprendía. Y ante esto, no pudo hacer más
que apartar la mirada, pensativo.

—Al final del sueño, el Jungkook malo me agarraba y me amenazaba con un


cuchillo, diciendo que cortaría mi cabeza para que finalmente dejara de
molestar y desobedecer... Y eso hizo. —Finalizando, Taehyung suspiró con
cansancio, algo calmado al ver que su llanto había cesado.

—Hm, mocoso... Yo creo que tu sueño acaba de mostrarte algo que estás
sintiendo de forma inconciente, y no seré yo el que te diga que es. —Bastante
seguro, el payaso negó apenas con la cabeza, apretando el cuerpo del chico
contra sí al ver que aún seguía bastante sensible.

—No lo sé, simplemente sé que fue asqueroso. Ver a Dongyul sobre mí fue
tan repulsivo, se veía demasiado real...

—Pues Dongyul está encerrado en una jaula asquerosa, sin un ojo y sin una
mano. Y créeme que perderá muchas cosas más al momento de hacer el
espectáculo, así que no le tomes tanta importancia a ese sueño, porque no
dejaré que se vuelva realidad —asegurando aquello, el pelinegro asintió para
sí mismo, tomando la cintura del menor pocos segundos después—. Ahora,
bonito. Muévete, por favor. Tengo que ir a ver que está haciendo Woozi.

—No —protestando de inmediato, el rubio tomó con posesión la cintura del


hombre, sin permitirle moverse—, no te vayas. —Exclamó, soltando aquello
como una órden.

—Cariño, no puedo dejar a mi hermano ahí solo, debo llamar a Yeonjun para
preguntarle si ya puede irse a su casa rodante. Luego de eso volveré. —
Intentando nuevamente moverlo, Jungkook terminó fracasando ante un
molesto Kim Taehyung.

—No me siento bien, quédate hasta que me calme del todo, por favor... —
Pidió, sin querer liberar al contrario ante el terror que todavía estaba presente
en él.

Antes de que Jungkook pudiera decir algo ante el comportamiento del menor,
Woozi apareció en la habitación, ignorando por completo la conversación de
los mayores y dirigiéndose con naturalidad hacia su hermano mayor, para
después ofrecerle su teléfono.

—Llamó Yeonjun mientras estabas aquí, Koo. Dice que ya puedo ir —


informó el infante, mirando como su hermano recibía el teléfono—. Está en
camino a buscarme así que no hace falta que me acompañes.

—De acuerdo, enano. Recuerda que debes volver aquí si notas algo
sospechoso, si hay alguien en la casa además de Yeonjun y Lisa me llamas o
vienes directamente hacia aquí, ¿entendido? —Cuestionó Jungkook, mirando
con atención a su hermano.

—Sí, y si no logro escapar, debo tocar el botoncito que te llama —recordó el


infante, señalando una pulsera que tenía un botón gris en el centro, misma
pulsera que había sido un regalo de su hermano mayor—. Nos vemos,
Kookie.

Abrazando a su mayor rápidamente, Woozi sonrió un poco, observando a


Taehyung segundos después.

—Adiós, señorito que se porta mal. —Se despidió con calma, moviendo su
mano derecha de un lado al otro antes de salir del lugar, abandonando la casa.

Un poco más calmado, Jungkook miró con atención a Taehyung,


encontrándose con la expresión avergonzada del mismo ante las palabras del
infante.

—¿El "señorito que se porta mal" ya se siente mejor? —Preguntó con burla,
sonriendo apenas.

—No...

—Ya, mi amor, sabes que no va a pasar nada malo. —Exclamó Jungkook,


volviendo a dejar leves caricias por la cintura del rubio.

Asintiendo sin estar del todo convencido, Taehyung quiso decir algo, pero
terminó cerrando la boca al escuchar golpes en la puerta, logrando llamar su
atención al igual que la del mayor.

—Al parecer hoy todos quieren joder por la mañana —soltó el pelinegro con
cierto fastidio, quitándose al menor de encima con cuidado—. Ya vuelvo,
mocoso.

Sin decir nada, el rubio asintió, estirando sus piernas con cuidado sobre la
cama, sintiendo un molesto dolor recorriendolas de arriba a abajo, afectando
principalmente en sus muslos y causándole una mueca de dolor.

Jungkook caminó con indiferencia hacia la puerta, observando por la ventana


quien se encontraba afuera antes de abrirla, y soltando un suspiro lleno de
cansancio al ver a Yoongi en el exterior.

—Lárgate. —Ordenó, dispuesto a volver a su habitación.

—Abre la puerta, no vine para discutir, y lo sabes. —Fue lo único que pudo
decir el peligris, sosteniendo un par de cosas en sus manos con cierta
ansiedad.

—¿Para qué debería abrirte la puerta hoy? ¿Para que me repitas que fue todo
mi culpa? De seguro te pones a hacerte la víctima diciendo que nuestro
infeliz padre no nos quería —bastante malhumorado, Jungkook negó con la
cabeza para sí mismo— ¿Por qué sabes qué? A ninguno de nosotros nos
quiso, Yoongi. Somos unos putos huérfanos abandonados. —Apuntó con
amargura, sin ningún tipo de pena.

—No empieces, ni siquiera me estás dejando hablar. Yo solo quería salir


contigo hoy. —Soltó el mayor, hablando con suavidad en un intento por
mantener la calma.

—¿Salir conmigo? Claro, y luego podríamos sacarnos una foto para un álbum
familiar con un hermoso título colorido arriba, titulando la foto "La hermosa
reconciliación" —diciendo aquello con notable sarcasmo, el payaso mostró
su descontento—. No me interesa ir a ningún lado contigo, vete.

—Maldita sea, Jungkook. Tomame en serio por una vez, ¿Por qué siempre
tienes la necesidad de discutir? —Preguntó Yoongi, algo frustrado.

Sonriendo sin gracia, Jungkook se mantuvo en silencio, cruzándose de brazos


y mordiendo su labio con inquietud, manteniéndose pensativo mientras
miraba un punto fijo de la sala, intentando mantenerse mínimamente
calmado.

—Te estoy hablando, Jeon Jungkook. —Alzando un poco la voz, el mayor


logró llamar la atención del payaso, quien alzó una ceja, agrandando su
sonrisa y abriendo la puerta luego de varios minutos.

—Pero mira nada más, ¿estás usando ese tono conmigo de nuevo? —
Cuestionó con incredulidad, sonriendo con falsedad mientras se apoyaba en
el marco de la puerta.

Ambos hermanos se quedaron en silencio por un momento, creando un


ambiente tenso en cuestión de segundos ante la situación, mostrándose igual
de desafiantes, sin querer perder en esa posible discusión.

—Solía usarlo contigo en la infancia, ¿Qué tiene que vuelva a usarlo? —


Retrocediendo un poco, Yoongi se cruzó de brazos, acomodando las cosas
que tenía en brazos sin permitirle a Jungkook ver las mismas.

Y mientras que Jungkook se acercaba apenas hacia el peligris con notable


fastidio, ninguno de los hermanos fue capaz de notar como un chico rubio se
asomaba por una de las puertas de la casa, sosteniéndose de la misma con
cuidado al sentir sus piernas doler, observando en silencio.

—Quizá que ya no somos unos jodidos niños y puedo partirte la cara por
creer que puedes tener control sobre mí ahora —cruzándose de brazos, el
pelinegro sonrió con cierta arrogancia—. Mírate, eres débil al lado mío ahora,
Min.

—Cierra la jodida boca —frunciendo el ceño, el mayor tomó aire con cierto
cansancio—. Escucha, Jungkook. Tengo mucho más control sobre tí de lo
que crees, así que me escuchas ahora o vamos a empezar a tener problemas
de nuevo. —Declaró con simpleza, mirándolo atentamente.

Riendo con leve gracia, Jungkook negó con la cabeza, ladeando la misma.

—¿Qué mísera cosa te hace creer con tanta seguridad que tienes control sobre
mí ahora, hm? —Cuestionó, atento.

Manteniéndose callado por un par de segundos, Yoongi se acercó hacia


Jungkook con seriedad, mirándolo fijamente antes de sacar una pequeña
cámara, enseñandole una foto al menor que fue capaz de acabar con todo tipo
de superioridad en él, dejando solo odio puro en su mirada.

—Jeon Woozi, un niño de ocho años, pequeño y pelinegro que sueña con
hacer actos con sables en un futuro —dictó el peligris, sin apartar la mirada
de los ojos oscuros del payaso—. Nuestro hermano.

En la pantalla de la cámara se encontraba una foto de Woozi frente a la puerta


de la casa de Jungkook, aparentemente había sido tomada hace un par de
minutos. Y el pelinegro al notar aquello no pudo hacer más que morder su
labio con frustración, sintiendo sus manos temblar junto con una horrible
sensación de pánico.

Todo se estaba derrumbando de repente ante sus ojos.

—¿Vas a escucharme ahora? —Cuestionó Yoongi, guardando la cámara en


su bolsillo, inexpresivo.

Jungkook quiso tomarlo con brusquedad, golpearlo hasta dejarlo inconciente


y desaparecerlo por completo del mundo. Pero tan solo pudo clavar sus uñas
en sus manos, intentando regular su respiración.

—No quiero ponerme en contra de tí, Jungkook. En verdad no, pero ya no me


estás dejando opción —exclamó el mayor, cruzándose de brazos—. Ahora sé
quien es el niño y vas a tener que tomarme en serio.

Cerrando sus ojos por un momento, el pelinegro no dijo nada, tan solo tomó
aire antes de sostener con brusquedad la camisa de Yoongi, metiendolo a la
casa y tirandolo con fuerza al piso, haciendo que tire las cosas que tenía en
sus brazos.

—¿¡Qué mierda pasa contigo!? —gritó entonces, sumamente enfadado—.


¿¡Vienes a amenazarme, pedazo de mierda!? —Preguntó con rabia,
subiéndose sobre su hermano y sosteniendo con enojo la ropa del mismo,
dispuesto a golpearlo mientras sentía sus ojos llenarse de lágrimas.

Taehyung, quien se encontraba aún parado en la puerta de la habitación,


terminó alternándose al notar el repentino escándalo, sosteniéndose con
cuidado de la pared para llegar rápidamente hasta ambos hermanos.

—¡Jungkook, basta!

—¡CÁLLATE Y VUELVE A LA JODIDA HABITACIÓN! —soltando


aquello con sumo rechazo, el payaso fijó su mirada en Taehyung—. No
vengas a hacerte el héroe con quien no lo merece.

—¡No puedes hacerle nada, para ya! —Ordenó el rubio, alzando la voz y
caminando hacia Jungkook, sosteniendo al mismo por la ropa.

—¡Que te vayas! —Apartandolo, el payaso se levantó, jalando a Yoongi con


fuerza y tirandolo nuevamente con brusquedad contra el piso, pisandolo con
fuerza, sin permitirle levantarse.

—¡Ya sueltame! —Protestó el peligris, intentando quitarse el pie de su


hermano de encima, mismo que presionaba sin piedad el centro de su pecho.

—¿¡No qué me tenías muy controlado, jodido inútil!? —gritó el payaso con
enojo, ejerciendo más presión—. ¡Muerete de una puta vez y alejate de mi
hermano!

Sin saber que hacer, Taehyung terminó jalando a Jungkook hacia sí,
sosteniendolo con fuerza y separándolo de Yoongi, quien se levantó de
inmediato, tocando con dolor su pecho.

Sumamente enojado, el pelinegro quiso librarse del agarre de su mocoso,


pero tan solo pudo gritar con rabia, sintiendo demasiadas emociones de
repente como para poder pelear correctamente con quien lo sostenía.

Estaba cayendo de golpe en una realidad que no quería enfrentar, y no podía


sentirse más miserable ante eso.

Resignandose luego de varios minutos intentando liberarse, Jungkook dejó de


moverse, dejándose llevar por Taehyung hasta el sillón, donde terminó
sentándose, con el rubio encima de su regazo para que no vuelva a atacar al
peligris, y a la vez para calmarlo un poco.

Tanto Taehyung como Yoongi se mantuvieron en silencio mientras el payaso


intentaba controlar sus emociones y sus ganas de destruir algo, mirándose de
vez en cuando, uno con fastidio mientras que el otro tan solo lo miraba con
indiferencia.

—¿Ya? —Preguntó el rubio luego de varios minutos, acariciando el rostro de


Jungkook con cuidado, ganándose una pequeña mirada por parte del mismo.

El pelinegro no dijo nada, tan solo apoyó su rostro contra el hombro del
menor con cansancio, sintiendo su cuerpo temblar apenas, demasiado
abrumado.

Suspirando, Yoongi se paró enfrente de ambos, algo apartado, mientras


extendía con cuidado las cosas que había llevado hasta la pequeña mesa que
los dividía, apoyando los objetos ahí.

Un frasco de plástico repleto de ojos de vidrio, junto con una pequeña


pulsera, hecha de dientes descuidados y en mal estado, bastante antigua.
Jungkook analizó ambas cosas con atención, frunciendo el ceño segundos
después, sintiéndose aún más alterado. No quería seguir con el peligris cerca,
mucho menos quería tener esos objetos en su casa.

—Hablemos de una vez sin discutir, Jungkook. Es necesario —soltó el


mayor, cruzándose de brazos—. Ya no puedes evitarlo.

—No quiero hacerlo, sabes que no quiero. —Dijo el pelinegro, molesto.

—Eso no importa ya —inexpresivo, Yoongi sostuvo el frasco, observando el


mismo—. Seré muy claro. Yo solo quiero una oportunidad, una sola. No te
pido que me perdones hoy, mucho menos mañana, simplemente quiero que
intentemos pasar tiempo juntos, quiero saber más de tí, quiero ver si
realmente todo está perdido o aún queda algo que se pueda arreglar. Tan solo
quiero una oportunidad para ver si puedo volver por tan solo un momento a la
relación que teníamos como hermanos antes de que me alejara...

—Antes de que nos abandonaras a mí y a tu "hermano" —corrigió Jungkook,


tomando aire con frustración—. Recuerda eso, no te alejaste de nosotros, nos
abandonaste.

Guardando silencio, Yoongi no pudo hacer más que asentir, manteniéndose


cabizbajo por un momento para observar lo que sostenía entre sus manos,
pensando.

—Lo lamento —soltó, suspirando—. Repito que no fue mi intención.

—No te creo una puta mierda —cansado, el payaso negó con la cabeza, sin
querer escuchar más excusas a su parecer—. Tampoco creo que quieras
"regresar por un momento" a la relación que teníamos como hermanos. Tú
solo quieres sentirte mínimamente bien creyendo que puedes sustituir todos
los traumas de mi jodida infancia por un mísero momento a tu lado, trayendo
estas porquerías que ya no significan nada para mí, deberías tirarlas. —
Apunta, refiriéndose a los dos objetos pertenecientes a Yoongi, quien hizo
una pequeña mueca de disgusto.

—No seas así... Sabes que significan estas cosas para mí.
—¿Qué mierda significan para tí, Min? Porque yo solo veo los regalos que
dejó tu hermanito hace ocho años para tí un par de días antes de que te
marcharas por tu cumpleaños, unos regalos que le costó tanto conseguir a
tiempo... ¿Y para qué? —cuestionó, alzando apenas la voz—. ¿Para qué se
gastó tanto en un detalle para alguien que ni siquiera valía la pena? ¿Para qué
se esforzó en conseguir diente por diente de cada empleado estúpido que se
burlaba de tí? ¿¡Para qué puta mierda mandó a recrear ojo por ojo de todos
los qué te regaló a través de los años durante su infancia!? Tan solo... —
tomando aire con frustración, Jungkook miró por primera vez en mucho
tiempo los ojos de Yoongi, dispuesto a mantenerle la mirada—. ¿Para qué se
preocupó tanto porque te gustara cuando ni siquiera pudo ver tu reacción?

Creando un doloroso silencio para él, el pelinegro terminó sonriendo sin


gracia alguna, atrayendo más a Taehyung hacia sí, mirando fijamente a
Yoongi hasta que el mismo apartó la mirada, sin saber que decir.

—Acéptalo ya, esas cosas no valen nada para tí. —Sentenció, disgustado.

—Fueron un recuerdo que mantuve de tí por ocho años, Jungkook. Por


supuesto que valen demasiado para mí, los hiciste tú...

—¿Yo? Vaya, ahora resulta que fuí importante en tu vida, que alegría me da
saberlo, es bueno saber que era importante aún cuando ni siquiera pudiste
reconocerme al verme de nuevo —con sumo sarcasmo, Jungkook mantuvo
una sonrisa relajada, luciendo tan cínica—. Ahórrate esas mierdas. Dime que
pretendes con amenazarme con mi hermano, que carajo quieres.

—Quiero que salgas conmigo por varios días, que vayamos a lugares de
nuestra infancia, simplemente quiero pasar tiempo contigo sin pelear... Si
accedes, no me verás cerca de nuestro hermano. —Explicó el peligris,
observando al payaso con atención y cierta esperanza.

—Mi hermano, solo es mi hermano. —Frunciendo el ceño con fastidio, el


pelinegro intentó ocultar la horrible sensación de pánico que sentía
internamente, junto con un molesto nudo en la garganta.

—Ya, tu hermano —sin querer discutir de nuevo, el mayor le dió la razón,


asintiendo—. ¿Estás dispuesto a hacer este acuerdo conmigo sí o no? Es tan
solo pasar tiempo junto a mí para que él no se entere de nada.

Sintiendo demasiada presión, Jungkook permaneció en silencio por un par de


minutos, pensando.

Él no quería pasar tiempo con Yoongi, no quería sentir aquella sensación de


pánico e inquietud que se hacía presente cada vez se acercaba a él, mucho
menos quería experimentar el constante recuerdo del abandono que llegaba
de golpe siempre que pasaba mucho tiempo con él. No quería pasar por nada
de eso.

Pero Woozi estaba involucrado, y él no permitiría que los caprichos y


aprovechamientos del peligris fueran capaz de arruinar por completo una
parte del infante. Dejándole saber que quien lo cuidaba tanto estaba
ocultandole algo así de importante, a pesar de que sea por su bien.

Asintiendo con resignación después de un tiempo, el payaso bajó la cabeza,


apoyando la misma en el hombro del rubio que tenía encima. Sellando así un
trato que arruinaría un poco más su mente y jugaría con sus traumas
acumulados a través de los años.

—¿Estás de acuerdo? —Preguntó su hermano con sorpresa, sin poder creerlo,


mostrando una pequeña sonrisa segundos después. Viéndose realmente
incrédulo al conseguir lo que tanto había deseado.

Jungkook no respondió, tan solo volvió a asentir, sintiendo varias caricias en


su cabello un par de segundos después gracias a que Taehyung estaba
intentando animarlo un poco, fracasando totalmente, sin poder reconfortar al
payaso.

—No puedo creerlo... Gracias —sonriendo con triunfo, Yoongi se mostró


entusiasmado, tomando sus cosas nuevamente—. Te juro que no te
arrepentirás, encontraré la manera de volver a aquellos años en los que todo
estaba mínimamente bien, te lo prometo.

—No me hagas promesas —amargado, el pelinegro alzó la mirada,


mostrando tan solo odio a través de sus ojos—. Y no te pongas tan feliz,
porque no hago esto por tí, lo hago por mi hermano. Si fuera por mí te
hubiera matado hace mucho, pero no puedo hacerlo porque eres el dueño del
otro asqueroso circo... Tus promesas puedes hacerselas a alguien al que vas a
abandonar de nuevo, conmigo ya no más. —Sentenció, volviendo a esconder
su rostro en el cuello de Taehyung, quien se mantenía en silencio ante la
charla entre hermanos.

Yoongi mostró una sonrisa un poco más pequeña, sin perder del todo el
entusiasmo, y tan solo pudo asentir, sosteniendo sus cosas contra su pecho y
caminando hasta la puerta.

—El niño no sabrá de mí siempre y cuando cumplas con lo acordado, vendré


a buscarte hoy en la noche cuando nos estacionemos. —Soltó con más calma,
saliendo de la casa y cerrando la puerta.

Un incómodo silencio se creó en la sala ante la ausencia de Yoongi, dejando


a Taehyung con toda la responsabilidad que llevaba cuidar a Jungkook en un
momento así, donde los traumas lo atacaban con intensidad, acumulándose
cada vez más a través de simples segundos.

El pelinegro no dijo nada, no gritó, no insultó, y mucho menos se movió de


su lugar, tan solo se mantuvo callado, sosteniendo el cuerpo del menor contra
el suyo mientras sentía una presión en el pecho. Encontrándose así en un
punto de quiebre total.

No sabía que acababa de hacer. Por segunda vez en su vida se sentía perdido,
abandonado y con una nueva responsabilidad enormemente pesada sobre él.

De nuevo estaba sacrificando una parte de su cordura por el bienestar de su


hermano menor.

Se sentía atrapado, con su respiración siendo cada vez más acelerada,


dificultando aún más las cosas y haciéndolo perderse en su mundo, en sus
pensamientos llenos de miseria y dolor.

Aquel payaso que siempre tenía todo bajo su control, que siempre estaba un
paso adelante de los demás, estaba experimentando por segunda vez en su
vida lo que era sentirse perdido, sin tener la más mínima idea de que hacer.
Taehyung no pudo hacer nada por él más que sostener su rostro entre sus
manos, acariciando sus mejillas y tratando de librarse de todas aquellas
lágrimas que dejaba salir el mayor de forma inconsciente.

—Jungkook... —llamó, mirándolo con cierta preocupación—. No tienes que


hacerlo.

Inexpresivo, el pelinegro no hizo más que mirarlo fijamente a los ojos,


notándose tan serio e imponente a pesar de estar llorando sin parar, sin poder
controlarse. Sus ojos oscuros se notaban más vacíos que de costumbre, y eso
tan solo incomodó aún más al rubio.

—Podríamos ofrecerle otra cosa, incluso podríamos largarnos de aquí sin él.
Yo en verdad creo que-

—Taehyung.

—No es justo que haga eso, él no tiene derecho. Tú no-

—Taehyung —volvió a llamar el payaso, alzando la voz—. No te metas.

Volviendo a permanecer en silencio, el rubio asintió con resignación,


acercando al mayor hacia sí a pesar de su notable mal humor, colocando su
rostro contra su hombro para empezar a acariciar con cuidado su cabello,
intentando reconfortarlo.

—Payaso terco. —Exclamó con cierto fastidio, notando como Jungkook se


acomodaba mejor contra su cuello, suspirando.

—Mocoso metiche. —Respondió de igual manera el contrario, dejando al


chico acariciar su cabello.

Quedándose en la misma posición por varios minutos, ambos parecieron


perderse por un momento. Jungkook intentando controlar todas las
emociones negativas que estaba sintiendo, mientras que Taehyung iba
notando como el payaso se derrumbaba cada vez más entre sus brazos,
dejándolo a cargo de cada una de las partes que iban rompiéndose de él.

El menor podía notar perfectamente como Jungkook había pasado de ser


alguien totalmente intocable a un fino trozo de cristal, sumamente frágil y
lleno de grietas.

Y en verdad no comprendía porque seguía sintiendo empatía por él, mucho


menos porque en vez de aprovecharse de su malestar para dañarlo decidía
protegerlo de alguna manera, ofreciéndole su calor y sus caricias.

Depender tanto de alguien como Jungkook resultaba agotador.

—Voy a dejarte con alguien cuidandote a la noche. No me agrada la idea de


dejarte solo —soltó el payaso después de un largo rato, sin moverse de su
lugar—. No he visto a Seokjin hoy, por lo que creo que está ocupado. Así que
te quedarás con Hoseok...

—No va a comerme, ¿no? —Preguntó Taehyung, intentando romper un poco


aquella tensión que aún seguía presente.

—A no ser que se te ocurra bañarte en salsa y ponerte encima de una bandeja


de plata, dudo que quiera comerte. —Negando apenas con la cabeza, el
mayor se permitió sonreír con leve ironía, aún desanimado.

Ni siquiera tenía energía suficiente para volver llorar.

Asintiendo ante lo dicho por el payaso, Taehyung empezó a repartir pequeñas


caricias por el cabello del mismo, acomodandolo un poco mientras se
mantenía en silencio, pensativo.

—¿Vas a estar bien? —Fue lo único que pudo preguntar, atento.

Jungkook no respondió, tan solo alzó su mirada, observando fijamente al


menor con total seriedad y cansancio.

—¿Me veo bien según tú, cachorro? —Cuestionó, alzando una ceja.

Sin decir ni una sola palabra, el rubio terminó negando levemente con la
cabeza, sin saber que hacer por el pelinegro y por su notable mal humor.

Su acompañante lucía derrotado, tan amargado y cansado que era


básicamente imposible encontrar siquiera un poco de entusiasmo en su rostro.
En ese momento Taehyung solo podía relacionar a Jungkook con el color gris
ante la imágen que estaba recibiendo de él, tan opaca y sosa.

Perdido entre sus pensamientos, el menor no fue capaz de notar el momento


en el que el payaso había suspirado por lo bajo, recostandose un poco en el
sofá mientras esperaba a que saliera de su trance, mirándolo fijamente.

Y tan solo pudo reaccionar cuando sintió un leve apretón en sus muslos,
seguido de un pequeño sonido proveniente de la garganta de Jungkook para
llamar su atención.

—Deja de preocuparte, mi cabeza va a ser la que se va a joder, no la tuya. No


entiendo ni porque te pones a pensar en ello —soltó el pelinegro, sin
comprender realmente a Taehyung—. Solo concéntrate en tí mismo.

Negando con la cabeza, el menor acomodó con cierta frustración su cabello,


buscando una solución totalmente inexistente para la situación del payaso,
quedándose totalmente en blanco.

—Esto va a terminar mal... —Exclamó después de un par de segundos,


fijando la mirada en sus manos, pensativo.

—Esto siempre estuvo mal, cachorro. —Jungkook sonrió levemente, como si


fuera obvio. Notándose mucho más calmado.

Quizá ya se había resignado, y Taehyung había notado aquello, por lo que


mordió su labio inferior con un poco de incomodidad, sintiendo rechazo ante
la situación.

Yoongi estaba complicandoles demasiado las cosas, y él no podía hacer nada


al respecto más que observar lo que sucedía en silencio, totalmente ajeno a
ese conflicto entre hermanos.

Encontrando raro el comportamiento del rubio, Jungkook ladeó apenas su


cabeza, acercando apenas su rostro hasta el del contrario y logrando llamar la
atención del mismo, mirándolo atentamente.

—¿En qué piensas, niño bonito? —Cuestionó, dejando caricias en los muslos
ajenos con un poco de cansancio.

—Solo... —sin saber que hacer realmente, Taehyung terminó cruzándose de


brazos, suspirando—. No permitas que en verdad crea que todo va a estar
bien.

—No pensaba hacerlo. —Asintiendo levemente, el payaso acercó al menor


hacia sí, abrazandolo por la cintura y volviendo a ocultar su rostro en el
cuello ajeno.

Taehyung no supo en que momento había sucedido, pero el cansancio tanto


físico como mental habían logrado que Jungkook terminara dormido entre
sus brazos luego de varios minutos sobrepensando sin parar, y él no pudo
atreverse a despertarlo luego de lo que había pasado.

Tampoco supo cuantas horas había visto a Jungkook descansar en el sillón,


pero fueron suficientes como para que tuviera que llamar a Hoseok para que
conduciera por él durante el resto del camino. Ambos creían que era mala
idea despertarlo.

Siguieron con su camino, llevando al payaso hasta su habitación y dejándolo


descansar, sin notar lo mal que la pasaba entre sueños, lleno de pesadillas y
constantes traumas atormentandolo nuevamente.

Y aún así, el pelinegro se forzaba a dormir de nuevo cada vez que abría los
ojos, sin atreverse a aceptar lo que tendría que pasar una vez que despertara
por completo.

Estaba obligandose a sí mismo a revivir sus traumas entre sus sueños para no
tener que hacerlo en la vida real, y encontraba eso sumamente lamentable.

•••

—¿No crees qué ya es momento de despertarlo? Lleva durmiendo desde la


mañana, y ya está oscureciendo bastante. —Había soltado Hoseok después de
un largo tiempo conduciendo, mirando atentamente el camino mientras las
casas rodantes iban estacionandose con calma por la zona, dejando bastante
espacio entre cada hogar.
Su jefe iba a su lado, en el asiento de copiloto. Y el mismo parecía estar
bastante indeciso mientras observaba la hora en un pequeño reloj que tenía
por ahí, mirándolo detalladamente.

Las ocho de la noche, y Jungkook aún no salía de su habitación.

—No creo que sea buena idea...

—Tampoco creo que sea buena idea dejarlo ahí por mucho tiempo, ya debe
estar despierto. Sabes que solo no quiere salir —declaró el pelinaranja,
buscando donde estacionarse—. A él no le gusta estar solo...

—Ya lo sé. —Asintiendo levemente, Taehyung fijó su mirada en el camino,


vacilando bastante antes de levantarse de su asiento, observando el pequeño
pasillo hasta la habitación.

—Si no quiere levantarse, dímelo. Trataré de animarlo un poco. —Soltó el


mayor, mirándolo por un momento.

Taehyung no respondió, simplemente volvió a asentir, caminando hasta la


habitación y abriendo levemente la puerta antes de asomarse por la misma,
esperando encontrar cosas destrozadas por el piso, vidrios rotos o incluso los
libros de Jungkook desparramados por toda la habitación.

Pero solo se encontró con el pelinegro recostado en la cama, observando


fijamente el techo mientras sus ojos se encontraban un poco hinchados,
haciendo notar que había despertado hace poco.

No parecía querer moverse ni un poco de su lugar a pesar de la presencia del


rubio, y eso hizo que el mismo se acercara con cautela hacia la cama,
aguantando el dolor aún presente en sus piernas para sentarse con cuidado,
mirando al mayor.

—Hola, payaso tonto...

Prestándole atención, Jungkook pareció salir de sus pensamientos,


observandolo de reojo antes de volver a mirar el techo, acariciando con una
de sus manos a Byul, quien dormía a su lado.
—Hola, mocoso tonto. —Respondió por lo bajo, con su voz algo ronca.

—¿Cómo te sientes? —Cuestionó el menor, atento.

—Como si me hubieran abandonado cinco veces seguidas —indiferente, el


pelinegro sonrió sin gracia, notándose cansado—. Hace mucho que no tengo
pesadillas, siquiera sueños. Supongo que es normal considerando la situación
de mierda que estoy pasando, ¿no?

Sin saber que decir, Taehyung tan solo pudo hacer una pequeña mueca llena
de incertidumbre, acercando su mano hacia el cabello del pelinegro y
acariciando el mismo, acomodandolo un poco para distraerlo.

Jungkook suspiró, exhausto. Había dormido por varias horas y aún así sentía
el sueño apoderándose de cada parte de su cuerpo, el cansancio era
demasiado. Y él tan solo quería desaparecer por un momento para no tener
que encontrarse con Yoongi.

Estaba tan agotado, y ni siquiera se había encontrado con su hermano aún.

Bajando un poco su mano, el menor acarició con suavidad una de las mejillas
del payaso, tocando con su dedo pulgar sus iniciales que se notaban bastante
en la zona, logrando que el contrario cierre los ojos por un momento,
relajado.

—Estás algo raro... —Opinó, alejando su mano.

—Estoy cansado —manteniéndose con los ojos cerrados, Jungkook volvió a


acomodarse en la cama, colocando a Byul contra su pecho—. Ya no puedo
llorar, amor. No puedo hacerlo, ni siquiera puedo gritar, mucho menos siento
ganas de golpear algo o hacer daño. Yo solo... Siento un vacío —declaró,
pensando—. Siento que mi pecho duele, que algo ejerce presión ahí y lo
aprieta cada vez más, y no sé muy bien que sea.

—Jungkook... —Sin querer que el payaso volviera a alterarse, Taehyung


quiso animarlo, pero el mayor tan solo volvió a mirarlo fijamente, haciendo
que cerrara la boca sin siquiera decir algo.
—Me siento igual que cuando todos se fueron hace años, cuando me quedé
totalmente solo en la casa la primera noche que cuidé a mi hermano. No
podía enojarme si él lloraba, tampoco podía ponerme a llorar con él por no
tener la más mínima idea de qué hacer, tan solo me lo quedaba mirando
mientras intentaba buscar una solución, sintiendo toda la presión sobre mí de
golpe —contó, sentándose en la cama—. De nuevo siento toda la
responsabilidad del bienestar de mi hermano en mis manos.

Apretando sus labios entre sí, Taehyung terminó removiendose con


incomodidad en su lugar, sin saber que hacer. Y tan solo pudo tomar el rostro
del payaso entre sus manos, acariciando el mismo y dejando un tímido beso
en su nariz, sintiendo que sus acciones eran totalmente inútiles ante el dolor
ajeno.

—Vas a estar bien, todo va a estar bien. —Animó, sin poder darse el lujo de
creer en sus propias palabras.

—Yo no voy a estar bien, Woozi va a estarlo. Y es lo único que me importa.

—Y eso es algo mínimamente bueno, eres un muy buen hermano, ¿sabes


eso? —Exclamó con tranquilidad el rubio, repartiendo aún pequeñas caricias
por el rostro del mayor.

Ni siquiera fue capaz de notar el impacto que habían tenido aquellas palabras
en el payaso, hasta que después de varios minutos sintió varias lágrimas
mojando sus dedos, seguido de un pequeño temblor proveniente del cuerpo
impropio.

Jungkook estaba llorando, mirándolo fijamente mientras sentía un profundo


pesar en su pecho, sintiéndose sumamente atacado ante unas palabras tan
simples, y eso era algo que lograba confundirlo aún más.

—¿Por qué lloras? ¿Dije algo malo? —Apartándose un poco, el rubio miró
con cierto temor al mayor. Él no quería alterarlo de nuevo, mucho menos ser
el responsable de otra crísis.

—No —negando levemente con la cabeza, Jungkook limpió sus lágrimas,


tomando aire e intentando calmarse—. Es solo que se siente extraño escuchar
eso, considerando que durante toda la crianza de Woozi estuve escuchando a
Yang Mi decir que era un imbécil con los niños, que no servía y que seguro
terminaba siendo un niño idiota e inútil. Supongo que solo me puse así
porque acabas de darle un mimo al Jungkook de quince años al decir eso.

—Oh, ¿Es la manera del Jungkook de quince años de decir "gracias"? —


Preguntó Taehyung, sonriendo con calma al comprender, mostrándose
incluso emocionado ante la mención del viejo Jungkook.

Y notando su entusiasmo, el pelinegro alzó una ceja, cruzándose de brazos.

—Sí, cariño. Un agradecimiento desde la tumba. —Soltó, procurando acabar


con todo tipo de esperanza en el rubio.

Sin embargo, el menor se permitió sonreír con gracia, imitando la acción del
payaso y cruzándose de brazos, logrando llamar su atención al notarlo algo
desafiante.

—¿Entonces cómo es que puede aparecer aún sí según tú está en una tumba?

—Él está muerto, sus traumas no. Sino créeme que no estaría tan afectado
ahora, cachorro idiota. —Dijo Jungkook, levantándose de la cama y
estirandose con pereza.

—Como digas, estoy seguro de que aún sigue ahí. —Asintiendo para sí
mismo, Taehyung terminó levantándose igualmente, sosteniéndose con
cuidado de uno de los muebles para enderezarse, haciendo una pequeña
mueca de dolor al sentir los músculos de sus piernas estirandose.

Ignorandolo, el payaso lo sostuvo por la cintura, pasando su otra mano por


debajo de sus piernas para alzarlo, sosteniendolo con cuidado.

—Sigue diciendo idioteces y antes de marcharnos de nuevo voy a dejarte


afuera para que corras detrás de la casa. —Amenazó con gracia, dejando un
pequeño beso en su frente antes de llevarlo hasta la sala, sentandolo en el
sillón.

—Como se nota que ya te sientes mejor, estúpido. —Frunciendo apenas el


ceño, el rubio se acomodó en su lugar, fijando su mirada en Hoseok al ver
como el mismo se levantaba de su asiento una vez con la casa estacionada,
acercándose hacia Jungkook.

—¿Estás bien? —Cuestionó el pelinaranja, atento.

El payaso tan solo asintió, mirando un punto fijo de la casa antes de recibir
unas pequeñas palmadas en su hombro por parte de su amigo, quien sonrió
sin mostrar los dientes, intentando animarlo.

—Si necesitas algo, solo llámame. Puedo ir a buscarte, no importa a donde


vayan ni a que hora necesites ayuda. —Soltó Hoseok, separándose un poco
de su amigo y recibiendo una mirada algo despectiva por parte del mismo.

—Seok, lo último que necesito en este momento es tu lástima. Mejor ni te


relaciones. —Cruzándose de brazos, Jungkook dió media vuelta, ignorando
por completo a su mayor antes de dirigirse hasta el baño, lavando
rápidamente su rostro.

—Sabes que no es lástima... Ni siquiera puedo sentir eso. —Recordó el


pelinaranja, frunciendo el ceño con cierto disgusto.

Jungkook no quiso responder, prefirió mantenerse en silencio mientras


acomodaba desinteresadamente su cabello, mirando atentamente su rostro
cansado en el espejo. Se veía fatal, y no le importaba en lo más mínimo.

Salió del baño, sentándose a un lado de Taehyung y apoyando su cabeza en el


hombro del mismo, esperando pacientemente a que todos los traumas de su
niñez volvieran a atacarlo sin piedad una vez que apareciera Yoongi en su
casa, dejándolo aún más jodido.

Hoseok apretó sus labios entre sí al ver a su amigo decaído, cruzándose de


brazos y acercándose un poco hacia él antes de sonreír levemente en un inútil
intento por relajarlo.

—Hey, JK. ¿Qué te parece si hacemos algo luego? Para que te distraigas —
propuso, atento—. Hope tenía hambre...
Un eterno silencio se hizo presente en el lugar, logrando que el caníbal
volviera a alejarse, dejándole espacio a Jungkook, quien se mantuvo callado
por varios minutos que parecieron eternos.

—No tengo ganas, Seok. Otro día. —Declaró, cerrando sus ojos.

Asintiendo con cierta incertidumbre, Hoseok prefirió dejar tranquilo al


pelinegro. Dejando en total silencio la sala mientras se sentaba en un sillón
individual, expectante ante cualquier visita.

La puerta fue tocada un par de minutos después, y eso fue más que suficiente
para lograr que tanto Taehyung como Hoseok fijaran su mirada en el payaso,
quien observó la entrada de su casa con aburrimiento.

Suspirando, Jungkook dejó un pequeño beso en el hombro del rubio antes de


levantarse del sillón, siendo acompañado por el mismo y por su amigo a abrir
la puerta.

Al abrirla, lo primero que notó fue la deslumbrante sonrisa que presentaba


Sunghyun, aquel chico pelirrojo que seguía siendo igual de molesto que
como lo recordaba Jungkook en el pasado. Estaba justo ahí, sonriendole
mientras tenía a Yoongi a sus espaldas, quien se notaba mucho más neutral.

Ambos hombres recibieron miradas llenas de fastidio al encontrarse ahí


afuera, mas ninguno se mostró realmente afectado, mucho menos Sunghyun,
quien sonrió un poco más leve para Taehyung al verlo detrás de Jeon.

—Hola, Tae y Jungkookie —saludó, ignorando por completo la tensión del


momento antes de fijar su mirada en Hoseok, perdiendo un poco su sonrisa
—. Oh... Y hola, tú.

Sonriendo sin gracia, el pelinaranja se colocó a un lado de Jungkook,


ignorando por completo a quien lo había saludado y mirando con atención a
Yoongi, logrando que el mismo lo mirara igualmente, en espera de algún tipo
de insulto.

Aquellos dos tenían cierto conflicto desde hace bastante tiempo, por lo que
reunirlos en ese momento no era precisamente bueno. Mucho menos
considerando que estaba Jungkook de por medio, mirando con atención como
se odiaban en silencio.

Carraspeando con incomodidad, Sunghyun interfirió apartando un poco a


Yoongi y volviendo a colocarse enfrente suyo, para después entrar a la casa
sin preguntar y cruzarse de brazos, quedando en el medio de todos.

—Vine a hacerle compañia a Taehyung mientras vas con Yoon, Jungkookie.


Espero que no te moleste. —Informó, notándose relajado a pesar de la mirada
llena de desprecio que estaba recibiendo por parte del payaso al ingresar a su
casa sin su permiso.

—No es necesario, tiene a Hoseok. —Negando levemente con la cabeza,


Jungkook imitó la acción del contrario, cruzándose de brazos y frunciendo
apenas el ceño, rechazando totalmente la idea de dejar a aquel tipo con su
mocoso.

—Hm, pero creo que la pasará mejor conmigo. Ya nos llevamos bien, ¿no es
así, lindo? —Cruzándose de brazos, Park fijó su mirada en Taehyung, quien
no hizo más que permanecer en silencio, sin saber que decir.

El rubio no comprendía realmente porque aquel hombre parecía tener


demasiado interés en él, por lo que no quería confiarse del todo.

Aún así, era mínimamente agradable, y no había hecho nada extraño por el
momento. Por lo que quiso darle una oportunidad, asintiendo finalmente a su
pregunta. De todos modos confiaba en que Hoseok iba a cuidarlo por si algo
malo sucedía.

—¡Perfecto! —sonriendo nuevamente, el pelirrojo se acercó hasta Taehyung,


pasando su brazo por detrás de su cintura y sosteniendolo de allí para pegarlo
a su cuerpo, dándole un rápido abrazo—. Me aseguraré de ser buena
compañia mientras estos dos resuelven sus problemas, tenlo por hecho.

Un poco incómodo ante la repentina acción, Taehyung sonrió apenas,


procurando alejarse y fracasando al ver como Sunghyun forzaba el agarre,
dejándolo a su lado mientras volvía a prestarle atención a los hermanos.
Jungkook se había percatado de aquello, pero no pudo hacer nada al respecto
ya que un pequeño toque en su hombro había sido capaz de volverlo a la
realidad, encontrándose con Yoongi cerca suyo, mirándolo atentamente con
cierta pena.

—Debemos irnos, ya no te preocupes. —Exclamó, intentando relajar


mínimamente a Jungkook y fallando en ese mismo instante, recibiendo una
expresión llena de seriedad por parte del menor.

—Deja de actuar como hermano protector si no quieres que empiece a


insultarte desde ya, recuerda lo que eres y el por qué hago esto.—
Malhumorado, el pelinegro tomó un abrigo que se encontraba en su sala,
colocándoselo rápidamente antes de mirar una vez más a Taehyung, quien
seguía igual de incómodo en su lugar.

Acercándose, posó su mano en el hombro de Sunghyun, empujandolo hacia


atrás sin decir ni una sola palabra, demasiado frustrado y desanimado como
para discutir.

Y ante su acción, el pelirrojo sonrió con diversión, abrazando a Taehyung por


la cintura y pegandolo a su cuerpo.

—¿Acaso Jungkookie está celoso? —Cuestionó, ladeando la cabeza y


apoyando su barbilla en el hombro izquierdo del rubio, quien intentó aflojar
el agarre al ver la seriedad con la que los miraba Jungkook.

El payaso no dijo nada, tan solo sostuvo la mano de Taehyung, jalandolo con
cuidado hacia sí y notando como el mismo se apartaba ante la fuerza que
ejercía Sunghyun, presionando un poco su estómago.

—Hey, ya sueltame. —Ordenó Taehyung por lo bajo, sin querer causar más
problemas, sintiéndose algo culpable ante lo que estaba ocurriendo.

—Oh, no te enojes tú también. Yo juego así con todos. ¿Verdad que sí,
Yoonie? —Cuestionó, fijando su mirada en el peligris, quien se notaba algo
avergonzado ante su actitud.

—No es momento, Sunghyun.


—Pero... —quejándose, terminó ignorando a su pareja, volviendo a mirar al
rubio entre sus brazos—. ¿Seguro que quieres que te suelte, cachorrito?
Jungkookie va a-

Sintiendo un nuevo empujón, el pelirrojo tuvo que guardar silencio al notar


como Jungkook se paraba enfrente suyo, sosteniendo su camisa y haciendo
que camine hacia atrás, apartándose de Taehyung.

Todos los presentes quisieron intervenir antes de que se arme otra pelea, pero
el payaso terminó apartandolos de inmediato, tomando aire con cansancio
antes de mirar atentamente a Sunghyun, presionando su pecho sin fuerza con
su dedo índice y medio.

—Vuelve a decirle "cachorrito" y tocarlo así viendo que le incomoda y juro


que voy a ponerte en el mismo lugar que tu hermano. Me importa una mierda
que tan jefe seas de otro circo considerando que le estás faltando el respeto al
dueño de este circo y a su jodida pareja, o sea yo —exclamó, luciendo tan
calmado que resultaba siniestro al momento de apretar con leve fuerza la
camisa ajena, soltandola al empujar nuevamente al pelirrojo, quien protestó
apenas—. Empieza a conocer tu maldito puesto en este lugar.

Incrédulo, Sunghyun se permitió sonreír con diversión, asintiendo ante lo


dicho por el payaso.

—Está bien, Kookie. No era para que te enojes —soltó, sonando


despreocupado—. No es como si fuera a robarte a Taehyung, sabes que no
tengo malas intenciones con él.

—No, en realidad no lo sé. Pero es muy cosa suya si quiere relacionarse


contigo —restándole importancia, Jungkook se encogió de hombros, saliendo
de la casa y observando con desprecio a Yoongi antes de volver a mirar hacia
el interior de su hogar, prestándole atención a Taehyung—. Te quedas cerca
de Hoseok en todo momento, y no es una pregunta, niñito.

—¿No crees qué estás exagerando un poco? Entiendo que Sunghyun es algo
molesto pero no creo que le haga algo a Taehyung. —Opinó el peligris,
siendo sumamente ignorado por su hermano y recibiendo una sonrisa llena de
burla por parte de Hoseok al notar aquello.
—Yo cuidaré de Taehyung, JK. No te preocupes —animandolo, el
pelinaranja acercó a su jefe hacia sí, dejándole un poco de espacio aún así—.
Me encargaré de cuidarlo hasta que regreses. No dudes en llamarme por si
algo pasa.

Jungkook terminó asintiendo después de un par de segundos, sin estar del


todo convencido. Y terminó despidiéndose del rubio con calma, dejando un
pequeño beso en sus labios antes de marcharse junto a Yoongi a quien sabe
dónde, ni siquiera se había tomado el tiempo de preguntarle a donde iban.

Taehyung se mantuvo en silencio mientras observaba como el mayor se


alejaba cada vez más con su hermano, dejándolo algo preocupado. Y tener a
un caníbal y a un tipo raro en su casa como compañia no lograba relajarlo en
lo más mínimo.

Tan solo esperaba que Jungkook pudiera regresar mínimamente bien, siendo
el mismo de siempre y no el tipo vulnerable y lleno de miedos que siempre se
mostraba cuando pasaba demasiado tiempo con Yoongi.

Sacándolo de sus pensamientos, Sunghyun se puso enfrente suyo, logrando


distraerlo mientras volvía a ofrecerle una extraña sonrisa.

—¿Listo para divertirnos mientras esos dos no están, Taehyungie?

•••

Si Jungkook tuviera que describir como se sentía en ese momento,


probablemente compararía su estado de ánimo con un desanimado
depredador incapaz de cazar a su presa. Porque así se sentía en ese momento
al tener a Yoongi a un lado y no poder hacer absolutamente nada en su
contra, le frustraba demasiado.

Llevaban caminando alrededor de veinte minutos en total silencio. Ambos


estaban igual de incómodos y ninguno parecía estar del todo animado como
para decir algo.

Yoongi intentaba acercarse de vez en cuando, ya que Jungkook caminaba a


su lado pero sumamente apartado, y no le permitía acercarse siquiera un
poco.

—Jungkook. —Llamó el peligris, deteniendo su paso al ver como el menor se


quedaba atrás suyo, caminando con pereza.

—¿Qué?

—Ponte al lado mío, no atrás. —Ordenó con calma, esperando a su hermano,


quien negó apenas con la cabeza.

—No molestes, sigue caminando. —Protestando, el pelinegro detuvo su paso


igualmente, sin querer obedecer.

—No actúes como un adolescente, eres un adulto. No hagas las cosas


difíciles desde ya. —Pidió Yoongi, jugando con sus anillos para mantenerse
mínimamente relajado.

—¿Ah, sabes como actúan los adolescentes? Que curioso, normalmente si


abandonas a uno es común olvidarlo. —Sonriendo con ironía, Jungkook
terminó pasando de largo, caminando enfrente de su mayor, sin preocuparse
por dejarlo atrás.

Sin querer discutir, Yoongi no dijo nada ante las palabras del payaso, tan solo
le siguió el paso, guiandolo hacia una pequeña parte algo alejada del circo,
entre varios árboles y una mesa cerca de los mismos, repleta de cosas que
Jungkook no lograba distinguir al estar algo lejos.

Una vez que llegaron hacia el lugar, el pelinegro se permitió observar todo
con atención, sintiendo curiosidad al notar como la nostalgia se hacía
presente al ver algunos juguetes sobre la mesa, junto con un par de dulces que
consumía siendo un niño.

No dijo nada al respecto, mucho menos dejó notar su curiosidad, tan solo
mantuvo una expresión seria, alejándose de la mesa mientras era observado
con atención por parte de Yoongi.

—¿Recuerdas algo de esto? —Cuestionó el mayor, atento.

—Ajá.
—Hm, ¿Y este lugar, lo recuerdas? —Preguntó, mirando a su alrededor y
logrando que Jungkook hiciera lo mismo, pensativo.

—No. —Respondió de forma seca, sin permitirle a Yoongi crear una


verdadera conversación.

—¿Estás seguro? —Volvió a preguntar, cruzándose de brazos.

Jungkook asintió con pereza, mostrando desinterés ante la situación y


logrando que el mayor suspirara con cierta frustración, intentando manejar la
situación.

—Aquí fue donde Seung nos dejó, Jungkook.

Creando un silencio sumamente incómodo y extenso, el peligris pudo notar


como su hermano se tensaba ante la mención de su padre, volviendo a mirar a
su alrededor, con más lentitud y atención. Intentando recordar.

Y al hacerlo, una mueca llena de disgusto se hizo presente en su rostro. No


quería estar ahí.

Los recuerdos volvieron a atacarlo, y la sensación de pánico se hacía presente


poco a poco, siendo algo que Yoongi no fue capaz de notar.

El payaso no comprendía porque el mayor hacía eso, porque lo forzaba tanto


a volver al pasado. Era lo último que quería hacer y aún así se veía obligado a
volver una y otra vez, terminando en el mismo lugar en el que había
empezado todo.

—Aquí fue donde Seung escapó, donde murió Irene, y donde logré escapar
hace varios años... Todo ocurrió aquí —recordó Yoongi, dándole la espalda a
su hermano mientras veía atentamente todo lo que lo rodeaba, notando un
viejo camino cubierto por árboles—. Recuerdo que días antes de irme te ví
perseguir a Yugyeom por aquí, te había molestado e intentabas atraparlo. —
Soltó con nostalgia, apuntando hacia los árboles.

Jungkook negó con la cabeza, intentando borrar el recuerdo de aquel


momento en el que podía ver perfectamente la sonrisa de su mejor amigo
mientras corría lejos de él, riendo con gracia mientras intentaba buscar un
escondite entre los árboles. Aquella tarde había sido sumamente divertida
para ambos, y odiaba en demasía recordarla porque había sido la última vez
que había visto al castaño.

No le gustaba hacia donde iba aquella conversación, quería marcharse.

—No te traje aquí para recordarte el sufrimiento, mucho menos para que me
odies aún más. Simplemente creí que sería buena idea regresar para
centrarnos en las cosas buenas que ocurrieron aquí —explicó, volteando a ver
a Jungkook—. Como por ejemplo, aquí ganaste tu puesto, papá te cedió su
lugar y tuviste tu primer acto formal. Aquí nació Woozi... Y no sé si lo
recuerdas, pero papá solía traernos aquí de pequeños para comer dulces y
estos pasteles que tanto te gustaban, los que solo se conseguían en una tienda
que hoy en día no existe. —Apuntando hacia unos pequeños pasteles en la
mesa, Yoongi se permitió sonreír con calma, ajeno al sufrimiento de su
hermano, quien retrocedió un poco mientras observaba a su alrededor con
notable incomodidad e incluso temor.

Todo se puso confuso de repente, comenzaba a sentirse asfixiado.

—Extraño esos momentos, extraño al Jungkook de antes... —Finalizó el


peligris, logrando terminar por completo con la estabilidad de Jungkook.

Aquellas palabras habían sido sin duda alguna el detonante del payaso, quien
empezó a sudar frío antes de retroceder, logrando alarmar a Yoongi.

El pánico se había apoderado por completo de él.

(◌ू❁)

Holaa, perdón por tardar tanto en actualizar, tenía tremendo bloqueo y


no tenía tanto tiempo por el colegio, voy a tratar de actualizar más
seguido.

En fin, solo eso, espero que les haya gustado.♡


38

Taehyung había perdido la noción del tiempo mientras observaba a Sunghyun


hablar sin detenerse al mismo tiempo en el que recorría toda su habitación
con calma, gesticulando con las manos constantemente y mirándolo con
atención de vez en cuando.

El concepto de "diversión" para Sunghyun había sido simplemente relatar


momentos de su infancia en el circo, contando anécdotas graciosas de aquella
época y mencionando varias veces a Jungkook para captar por completo la
atención del rubio, quien se encontraba sentado en la cama, mirando
atentamente al jóven pelirrojo.

Por otro lado se encontraba Hoseok en el medio, sentado a un lado de


Taehyung, observandolos a ambos con aburrimiento. La voz del pelirrojo
empezaba a tornarse más fastidiosa ante su criterio luego de haberla
escuchado por varios minutos sumamente extensos.

El rubio se había relajado un poco al ver la actitud de su visita, ya que luego


de que Yoongi y Jungkook se marcharon de la casa, había vuelto a ser el tipo
"amigable" y tranquilo. No había vuelto a presenciar comportamientos
extraños por su parte.

Quizá por eso y por la preocupación que sentía por Jungkook en ese
momento, había bajado un poco la guardia.

—Ah, aún recuerdo cuando Jungkook tenía pretendientes detrás de él y


siempre los echaba. No comprendo como es que anda contigo ahora,
Taehyung —escuchó de repente el chico, saliendo de sus pensamientos para
mirar con atención a Sunghyun, quien sonreía con calma—. Admítelo, lo
embrujaste o algo por el estilo, ¿no?
—Hm, de hecho, no hice nada. Y no creo que insultarlo hasta hartarlo se
considere brujería. —Soltó con simpleza, aún pensando en cuando volvería el
payaso al momento de posar su mirada por un instante en el reloj de la
habitación.

Habían pasado más de treinta minutos, y a pesar de no ser mucho tiempo,


Taehyung seguía algo inquieto. Quería salir por un momento para ver
siquiera donde se encontraba Jungkook y estar mínimamente tranquilo, no
confiaba en Yoongi, mucho menos en sus métodos para conseguir el perdón
de su hermano.

Con aquel pensamiento en mente, se sostuvo con cuidado de la cama,


ignorando la mirada atenta de Sunghyun y Hoseok sobre él mientras se
levantaba con cuidado, perdiendo un poco el equilibrio ante el dolor en sus
piernas.

El pelinaranja sostuvo su brazo, ayudándolo a mantenerse estable antes de


ponerse enfrente de él, mirándolo con seriedad y atención.

—No te fuerces demasiado, va a ser peor. Y no quiero que Jungkook esté aún
más enojado cuando vuelva. ¿Qué necesitas? Voy a buscarlo. —Propuso,
intentando volver a dejarlo en la cama, pero el menor terminó apartándose,
negando con la cabeza.

—Quiero ver como está Jungkook, solo eso. Luego regreso. —Explicó
brevemente, tomando aire entre dientes mientras caminaba con cuidado hasta
la puerta, sintiendo dolor en la zona de los muslos, como si los mismos se
estiraran sin piedad ante un leve movimiento.

Sunghyun sonrió con gracia, sosteniendo al chico por la cintura y


acercandolo hacia sí, sin permitirle abrir la puerta y ganándose así una mirada
llena de fastidio.

—Cachorrito, Jungkook seguro está bien. Pero tú... Mira que débil estás, creo
que lo mejor sería que te quedes aquí. —Opinó, calmado.

—Sunghyun, con todo respeto... —acercándose hasta ambos, Hoseok mostró


una sonrisa sumamente sarcástica, sosteniendo a Taehyung y acercandolo
hacia sí, viendo como el rubio cedía ante su agarre—. Creo que deberías
recordar lo que dijo JK antes de irse, que conozcas tu lugar.

—Oh, Seok. Conozco perfectamente mi lugar, yo solamente estoy tratando de


ser un tipo racional, y sabes que me comporto así con todo el mundo. No te lo
tomes tan en serio, cachorrito. —Informó, mirando a Taehyung, quien se
encontraba algo inseguro ante aquellas palabras.

Pero terminó creyéndole, procurando restarle importancia para salir más


rápido de la casa.

—¿Podrías dejar de decirme "cachorrito"? Comprendo que seas así con


todos, pero es algo incómodo.

—¿Hm? —atento, Sunghyun se cruzó de brazos, mirando al menor—. ¿No te


gusta...? —cuestionó, pensando por un par de segundos—. Ah, creo que ya
entiendo. Así te dice Jungkook, ¿no es así? Quizá podría decirte "príncipe" en
lugar de cachorrito.

—De hecho, Jungkook también me dice así. —Informó el rubio, tomando un


abrigo de Jungkook y cubriéndose con el mismo antes de masajear levemente
sus piernas, intentando acabar un poco con su dolor.

—¿En verdad? ¿Y desde cuándo Jeon es tan cursi? —preguntó el hombre,


sonriendo con incredulidad y cierta gracia—. ¿Qué más te dice?
¿"Amorcito"? Eso sí sería gracioso. —Opinó, riendo apenas al imaginarlo.

Sin embargo, terminó observando al menor con cierta sorpresa al notar como
el mismo apartaba la mirada, permaneciendo en silencio y notándose
avergonzado.

Y a pesar de que quiso decir algo al respecto, no pudo hacerlo ya que Hoseok
se puso a un lado del chico, sosteniendolo por el brazo con cuidado para
ayudarlo a moverse.

—Iremos rápido, creo saber donde están. Pero si no los encontramos luego de
un rato vamos a volver, no quiero tener problemas con Jungkook, mucho
menos ahora que está tan mal. Lamento no ser un buen empleado, jefe. Pero
prefiero ser un buen amigo. —Exclamó Hoseok, sonriendo levemente,
esperando que Taehyung comprendiera.

El rubio asintió, entendiendo por completo a Hoseok, y se dejó guiar por el


mismo hasta la sala, sintiendo los pasos de Sunghyun a sus espaldas.

—Bueno, creo que yo debería quedarme aquí, para cuidar la casa. Ya saben.
—Soltó el pelirrojo, acomodando su cabello con despreocupación.

—No puedes ni cuidarte a tí mismo. Vas a ir con nosotros o te vas directo a


otro lado, pero sabes que a Jungkook no le va a agradar saber que estuviste
completamente solo en su casa. —Protestó el caníbal, deteniendo su paso.

—¿No te cansas de ser el perrito faldero de Jungkook, Hoseok? Tomas


conclusiones tan rápido sobre él, diciendo que va a decir y que no. Deja de
ser tan paranoico por un momento, solo le estoy haciendo un favor —se
defendió el hombre, cruzándose de brazos una vez más, desafiante—.
Además, ¿qué crees que podría hacer estando solo aquí? Como mucho tomar
una siesta mientras lo buscan.

—Oigan, no es momento. —Interfiriendo, Taehyung quiso detener aquella


discusión innecesaria, pero supo que no podría hacer nada al respecto al notar
como Hoseok miraba con indignación al contrario, encarandolo.

—¿Perrito faldero? ¿Es en serio? —sonriendo sin gracia alguna, el


pelinaranja rió apenas—. Habla el que andaba detrás de Jungkook solo
porque Yoongi no era capaz de darle ni la hora, no seas patético.

—Por lo menos no andaba ofreciendo hasta mi dignidad por el bienestar de


alguien que ni siquiera me aprecia, así como tú con Jungkook. —Contraatacó
Park, sonriendo con diversión y relamiendo sus labios.

—Ahora resulta que tenías dignidad, que chistoso. Pasaste mucho tiempo con
los payasos de allá afuera, vaya.

—Y tú pasaste mucho tiempo con animales apestosos, sigo reconociendo el


olor de ese León asqueroso incluso ahora. —Acusó, retrocediendo al ver a
Hoseok mucho más fastidiado, escuchando múltiples insultos cada vez más
denigrantes por parte del mismo.

Sin saber que hacer, el rubio suspiró con cansancio, observando como
aquellos dos peleaban mientras sentía un ligero dolor de cabeza. No tenía
tiempo para lidiar con eso.

Ignorandolos finalmente, decidió guiar su mano hacia la puerta de la pequeña


sala, procurando salir completamente solo si es que sus acompañantes
seguían peleando a los gritos como lo estaban haciendo en ese momento.

Pero no fue necesario, ya que al tocar mínimamente la puerta, la misma se


abrió bruscamente, logrando que retrocediera.

Y al enfocar su mirada en la persona que tenía enfrente, terminó mostrándose


totalmente serio ante la presencia de Yoongi, quien respiraba de forma
acelerada, intentando recuperar el aire mientras sus ojos observaban
detenidamente la casa.

Sunghyun y Hoseok dejaron de pelear ante la brusca acción del peligris,


quien ignoró por completo la presencia de todos, corriendo hasta la
habitación e inspeccionando rápidamente la misma de arriba a abajo.

Confuso, Taehyung empezó a preocuparse nuevamente, asomando su cabeza


hacia afuera y mordiendo su labio con incomodidad al no encontrar a
Jungkook por los alrededores.

Buscando una explicación, caminó rápidamente hasta la habitación,


ignorando el dolor intenso en sus piernas antes de sostener bruscamente a
Yoongi, mismo que buscaba algo por la habitación. Y al tenerlo de frente, lo
observó con total frialdad.

—¿Qué hiciste? —Cuestionó, atento.

—Yo solo- él no está. ¿¡Dónde diablos está!? —Yoongi intentó soltarse,


notándose sumamente alterado mientras se removía inquieto por la
habitación, siendo agarrado por el rubio una vez más.

—¿¡Qué le hiciste!?
—¡Eso no importa! ¡No sé donde está!

—¿Dónde mierda está Jungkook, Yoongi? —Preguntó Hoseok desde la sala


al notar lo que sucedía, entrando rápidamente a la habitación.

—¡QUE NO LO SÉ, JODIDA MIERDA! —alterado, empujó bruscamente a


Taehyung, apartándose con frustración—. Yo no quería esto, no quería.

—Le llega a pasar algo a mi amigo por tu jodida ignorancia y juro por mi
hermano, Jeon Yoongi, que voy a hacer un licuado con tus órganos para mi
León. —Amenazó el pelinaranja, igual de frustrado al no saber que era lo que
había ocurrido.

—Él solo se fue corriendo, yo no sabía que esto iba a suceder, yo solo
intentaba ayudarlo. Pensé que sería de ayuda enfrentar sus miedos, a mí me
funcionó, pero-

—¿De qué hablas? —Taehyung frunció el ceño, confundido y malhumorado.

Escuchando murmullos incoherentes por parte del peligris, Hoseok terminó


abriendo sus ojos en demasía al comprender, negando constantemente con la
cabeza antes de apretar el puente de su nariz con su dedo índice y pulgar,
intentando mantener guardada la poca cordura que le quedaba.

—No hiciste eso... En verdad no lo hiciste, Yoongi... ¿¡QUÉ MIERDA SE


TE PASA POR LA CABEZA!? —Gritó el pelinaranja, lleno de odio.

—¡LO SIENTO!

—¡VOY A MATARTE! —Gruñendo con enojo, Hoseok tomó con


brusquedad la camisa de Yoongi, acercando al mismo y procurando
golpearlo.

Aunque no pudo hacer más que darle un fuerte puñetazo en la mejilla, ya que
fue sostenido por Taehyung mientras que Yoongi era alejado por Sunghyun.

—¡Sueltame, voy a romperle la cara!

—¡No puedes hacerlo! —Protestó el menor, sosteniendolo con fuerza al no


comprender que era lo que estaba sucediendo. No quería presenciar otra
pelea.

—¡Este puto imbécil llevó a Jungkook a "enfrentar sus miedos"! ¿¡Sabes qué
mierda es eso!? El papá de Jungkook se fue del circo justo en este lugar, yo
no quería que lo recordara, y viene este idiota a llevarlo justo ahí. ¡Y no me
quiero ni imaginar que más le hizo recordar! —Quejándose, Hoseok se libró
del agarre de Taehyung, quien se quedó totalmente en silencio al procesar
aquella información.

—Lo siento, yo no quise-

—¿Qué le hiciste...? ¿Es en serio? —incrédulo, Taehyung tomó aire después


de un par de minutos, apretando sus dientes con rabia antes de acercarse hasta
Yoongi, mirándolo a la cara—. ¿¡Es jodidamente en serio!?

—¡Ya dije que lo siento! ¡Yo no quería que esto ocurriera! —Gritó el
peligris, queriendo defenderse, pero no pudo hacer más que tragarse todas sus
palabras al recibir una fuerte bofetada por parte de Taehyung, quien lo miraba
con total fastidio.

El rubio no quiso insultarlo demasiado, mucho menos perder su tiempo con


él. Tan solo gritó con enojo, recordándole que era un completo idiota antes de
tomar rápidamente la maleta que se encontraba cerca de la cama, colocando
la clave y sosteniendo el peluche que tenía en su interior antes de salir de la
habitación, tratando de ignorar por completo el dolor de sus piernas al
momento de marcharse de la casa, dispuesto a buscar a Jungkook en donde
sea que se encontrara.

Salió entre medio de aquel pasillo de casas rodantes, mirando a su alrededor


mientras sentía como el aire frío golpeaba contra su cuerpo. Casi todo el lugar
se encontraba vacío, y no sabía hacia donde ir.

Hoseok, Yoongi y Sunghyun salieron detrás de él, los últimos dos siendo
obligados por el pelinaranja a abandonar la casa para buscar al payaso.

—Si le llegó a pasar algo a Jungkook por tu culpa, voy a ignorar por
completo las reglas de "respeto" entre circos. —Advirtió el jefe con
desprecio, acomodando brevemente su abrigo antes de caminar rápidamente
hacia su derecha, recorriendo los pequeños pasillos creados por las casas y
procurando apartarse de las mismas.

El peligris no pudo protestar ante la amenaza de Taehyung, y tampoco quiso


hacerlo. Tan solo se dejó guiar por Hoseok, quien sostenía con brusquedad su
ropa, arrastrandolo por el lugar junto con Sunghyun, quien se dejaba llevar
con indiferencia al no estar involucrado en aquel desastre.

Taehyung no supo cuanto tiempo había pasado desde que había empezado a
buscar a Jungkook, tampoco sabía porqué su preocupación iba aumentando
cada vez más. Sentía sus piernas totalmente heladas ante el frío que otorgaba
la noche y sus manos temblaban ante su inquietud y la baja temperatura que
presentaba su cuerpo, llevaba demasiado tiempo afuera de la casa rodante.

Suspirando con frustración, siguió caminando, viendo la última parte de los


pasillos totalmente oscura, y por más de que no quería acercarse ahí, tuvo que
hacerlo al ver una pequeña mesa a lo lejos.

Una mesa llena de postres y juguetes viejos, algo raros.

Y en el piso, un anillo.

Viendo sus manos temblar aún por el frío, el rubio se inclinó un poco,
sosteniendo el anillo y observandolo por un momento, viéndolo algo sucio
por la tierra. Era de plata, con pequeñas calaveras marcadas en el centro.

Eso le pertenecía a Jungkook, y Taehyung pudo reconocerlo. Por lo que alzó


la mirada, volviendo a mirar a su alrededor antes de encontrarse con una zona
totalmente abandonada, llena de pequeñas tiendas bastante viejas, carentes de
luz y limpieza.

Las tiendas provenían de un pequeño pueblo que se notaba por detrás de


varios árboles, mismo pueblo que parecía deteriorado, abandonado.

Lleno de intriga y cierto temor, el rubio colocó el anillo en su dedo índice,


acercándose con cautela hacia las tiendas, que eran lo más cercano que tenía
y lo que más iluminado se encontraba.
Los carteles de las tiendas se encontraban en mal estado, con varias partes
arrancadas, por lo que no podía deducir del todo de que se trataban, pero vió
una de ellas que le llamó la atención, una tienda de pasteles.

Era la más ordenada entre las otras dos, y la que lucía mínimamente cuidada
a pesar de tener la puerta sumamente oxidada, por lo que Taehyung tan solo
la miró con curiosidad antes de querer seguir con su recorrido.

Mismo recorrido que fue interrumpido por sí mismo al ver una de las
ventanas de la tienda totalmente rota, con un pedazo de tela atrapado entre los
vidrios.

La tela era nueva, y recordaba haberla visto anteriormente. Por lo que no se


sorprendió demasiado al escuchar pequeños sollozos desde el interior de la
tienda, un llanto bajo.

Tomando aire con cierta preocupación, se asomó levemente por la ventana,


intentando ver el interior del lugar, y encontradose así con una silueta a un
costado de un viejo mostrador.

Jungkook estaba ahí, sentado en el piso, sosteniendo su brazo derecho con su


mano, la cual se encontraba llena de sangre. Y sus ojos, totalmente carentes
de vida, miraban fijamente hacia el frente, derramando lágrima tras lágrima
sin poder cesar.

Taehyung en verdad no supo como sentirse, y lo único que pudo hacer fue
apretar sus labios entre sí, sosteniéndose con cuidado antes de ingresar a la
tienda por la ventana, siendo cuidadoso e intentando mantener limpio el
peluche que sostenía.

Y al estar dentro del lugar, quiso acercarse hacia el pelinegro, pero el mismo
se notaba tan afectado que no sabía si era buena idea.

—Jungkook... —Llamó, dando un paso hacia él.

El payaso no dijo nada, tan solo lo miró por un momento antes de levantarse,
negando constantemente con la cabeza antes de retroceder, apoyándose
contra la pared.
En ese momento fue en el que el menor pudo notar realmente como que
encontraba Jungkook. Su pecho subía y bajaba ante el pánico, sus ojos
normalmente burlones se notaban por primera vez asustados y el agarre que
mantenía en su brazo era brusco, incluso descuidado, haciendo que la sangre
manche en mayor cantidad su palma.

—Vete. —Ordenó entonces Jungkook, intentando mantenerse mínimamente


estable antes de volver a sentarse sobre el suelo, aún apoyado contra la pared.

—No voy a dejarte solo —soltó el menor, volviendo a acercarse un poco—.


No puedes quedarte aquí así, Jungkook. Te hace mal.

—Eres un mentiroso, Taehyung. Eres igual al resto —dijo el pelinegro,


negando con la cabeza una vez más—. Vas a dejarme.

—No, sabes que no lo harí-

—Sí, lo harías. Todo el mundo lo hace. —Soltó el mayor a la defensiva,


alzando el tono de voz.

—Yo no soy todo el mundo, Jungkook. Dejame ayudarte, yo solo quiero-

—No te acerques —ordenó el pelinegro al ver a Taehyung dar varios pasos


hacia su dirección—. Dejame solo.

—Odias estar solo, y lo sabes. Te prometo que nos iremos de aquí lo antes
posible, solo ven conmigo. —Insistió el menor, dando otro paso e intentando
tocar a Jungkook, quien frunció el ceño con enojo.

Lo había arruinado.

—¡Quiero que te vayas! ¡Vuelvan a dejarme todos malditamente solo, a ver si


así tienen al Jungkook que tanto desean! —Alterado, el payaso apretó su
brazo con inquietud, sintiéndose atacado ante tantos recuerdos y tantas
emociones que no hacían más que meterse en lo más profundo de su mente,
sacando lo peor.

—¿De qué hablas?


—Se la pasan diciendo que quieren al Jungkook de hace años, estoy
intentando dárselos. ¿No se supone qué tienes que estar feliz, jodido niñito?
—preguntó, mirándolo fijamente al momento de tomar aire, sintiendo su
cuerpo temblar—. Ponte malditamente contento, mírame, soy el Jungkook de
antes, solo y asustado. ¿Ya estás complacido, amor? ¿Ya tienes lo que tanto
querías?

—Yo no me refería a esto, yo jamás quise verte así, Jungkook. Solo dejame
acercarme, por favor. —Pidió el menor, preocupado ante la actitud que había
tomado Jungkook.

—Les estoy cumpliendo el capricho, deberían alegrarse. Tienen a su puto


niñito traumado de regreso, ¿no querías eso? ¿No me querías así? Ahora ya
no me quieres, soy un monstruo para tí, tú mismo lo dijiste.

—Jungkook... —Murmuró por lo bajo el rubio, sin saber que hacer.

—Déjame solo —ordenó el mayor, mordiendo su labio con inquietud al ver a


Taehyung acercarse un poco más— ¡DÉJAME SOLO! —Repitió, alterado.

El menor negó rápidamente con la cabeza, impidiéndole a Jungkook decir


cualquier otra cosa al momento de inclinarse con velocidad, rodeando con sus
brazos el cuerpo del mayor y recibiendo varios insultos y golpes por parte del
mismo en un inútil intento por ser liberado.

Los puñetazos de Jungkook terminaron sobre el abdomen de Taehyung, y por


más de que lo habían dejado sin aire y con una gran sensación de dolor, tan
solo apretó más al mayor entre sus brazos, sin permitirle alejarse.

—No voy a irme, ya basta. —Pidió el menor, sintiendo el dolor llegar hasta
cada parte de su abdomen en cuestión de segundos, seguido de otro golpe,
esta vez en sus costillas.

—Vas a dejarme, vas a irte. —Aseguró Jungkook, negando múltiples veces


con la cabeza, sintiendo su respiración agitada y sus manos temblando,
demasiado débiles como para otorgar otro puñetazo al menor, quien
aprovechó su momento de vulnerabilidad para sentarse sobre su regazo,
sosteniendo sus manos para impedir que vuelva a golpearlo.
—No voy a dejarte, Jungkook. Tranquilo —Soltó el rubio, llenando parte de
su mano derecha con sangre al momento de entrelazarla con la de Jungkook,
quien cedió ante su agarre después de un tiempo, resignandose poco a poco—
Todo va a estar bien...

—Nada está bien... —Negando una vez más, Jungkook quiso alejar a
Taehyung, sintiéndose demasiado abrumado aún, pero cuando quiso
empujarlo, el rubio colocó enfrente suyo el peluche que había llevado
consigo, logrando distraerlo.

El peluche que le había regalado cuando eran pequeños.

—Ten, puede ayudar. —Tomando las manos del mayor, quiso colocar el
peluche en las mismas, pero su propuesta fue rechazada por el payaso, quien
alejó sus manos, colocandolas contra su pecho.

Y cuando quiso preguntar algo al respecto, tan solo pudo notar como
Jungkook intentaba limpiar su sangre contra su camisa, tratando de dejar de
sentir aquella humedad que proporcionaba el líquido carmesí.

Ahí fue cuando Taehyung notó el problema, Jungkook no quería ensuciar el


peluche.

Dejó el objeto sobre el regazo del contrario, ayudándolo a limpiar sus manos
con las mangas de su abrigo antes de volver a ofrecerle el peluche, siendo
recibido esta vez.

Todo quedó en silencio a partir de ese momento, lo único que podía escuchar
Taehyung era la respiración inestable de Jungkook y los pequeños susurros
que soltaba el mismo, diciendo varias palabras, describiendo el peluche
mientras intentaba recuperar mínimamente la compostura.

Fue después de casi media hora que el payaso bajó el oso de peluche
nuevamente hacia su regazo, suspirando con notable cansancio.

—¿Te sientes mejor? —Cuestionó el rubio, apretando un poco sus labios


entre sí al no saber que hacer más que mirar fijamente al hombre, en espera
de algún indicio que demuestre que se encontraba bien.
Jungkook no dijo nada, mucho menos lo miró, tan solo acomodó al peluche a
su lado, pasando su mano por el piso para hacer a un lado la tierra antes de
dejarlo apoyado ahí. Y cuando terminó de acomodarlo, su mirada cayó sobre
el abdomen de Taehyung, perdido en sus pensamientos.

Sintiendo la mirada intensa del payaso sobre sí, el rubio se sintió diminuto,
juzgado, como si la mirada del mayor llegara profundamente hasta más allá
de su alma. Y aquella sensación empeoró cuando Jungkook alzó un poco la
cabeza, mirándolo a los ojos.

—Jamás voy a poder ser lo que quieres, Taehyung... —soltó entonces, en un


tono bajo, como si fuera un secreto entre ambos, siendo aquel tono causado
por la impotencia y ansiedad que sentía—. Jamás voy a poder ser el
Jungkook de antes.

—Lo sé. —Respondió de la misma manera, apartando la mirada al ser


incapaz de poder tolerar los ojos oscuros y penetrantes del pelinegro sobre sí.

—¿Estás bien con eso? —preguntó entonces el mayor, tomando desprevenido


a Taehyung, quien lo miró con atención—. No soy lo que quieres, ¿Aún vas a
quedarte conmigo? ¿Aún en verdad puedes soportarme? Sabes que no voy a
cambiar, querrás irte... Todos se van, tú lo harás.

Sin saber que responder, el menor guardó silencio por un par de minutos,
pensando atentamente lo que iba a decir. Sus palabras, además de una
respuesta, podrían llegar a ser una decisión importante en su vida y en lo que
ocurriría en adelante, por lo que quiso tomarse su tiempo.

—Vas a irte. —Sentenció con seguridad el payaso al ver como pasaban los
minutos y la incertidumbre que presentaba Taehyung seguía siendo la misma.

—Estoy pensando, payaso estúpido —soltó con cierto fastidio al sentirse


presionado, frunciendo levemente el ceño—. Es más difícil de lo que crees.

—Solo te estoy preguntando algo, no te estoy amenazando de muerte.

—Eres capaz.
—Taehyung, es en serio.

—Bien... —suspirando, el rubio se cruzó de brazos, pensativo—. Me cuesta


aceptar que el Jungkook de antes ya no existe, y me duele pensar que lo que
yo consideraba admirable en mi infancia ya no está...

—No puedo disculparme por eso, si es lo que esperas. —Dijo


inmediatamente el payaso, frunciendo el ceño.

—No te estoy pidiendo que te disculpes, solo te estoy diciendo lo que me


pasa —aclaró el menor, mirándolo con atención—. Escucha, yo jamás quise
que vuelvas a sentirte como cuando eras pequeño, tampoco quería que pases
por este ataque, mi intención nunca fue esa. Cuando digo que me gustaría
tener al Jungkook de antes, simplemente me refiero a que me gustaría que me
trates como en ese entonces.

—¿Cómo un lindo mocosito berrinchudo? —Preguntó Jeon, sonriendo un


poco con notable gracia.

Taehyung se permitió sonreír, mínimamente alegre al recibir una sonrisa por


parte de Jungkook a pesar de que el mismo seguía sintiéndose mal.

—¿Te burlas de mí a pesar de que estás tan mal, payaso idiota? —Cuestionó,
alzando una ceja.

—Incluso muerto me burlaría de tí, amor —declaró el mayor, colocando sus


manos en la cintura de Taehyung, quien cedió ante su toque—. Pero eso no
tiene que ver con lo que te pregunté antes.

—De acuerdo, Jungkook. Sí voy a quedarme contigo, pero eso no cambia que
tengas que mantener tus límites bien aprendidos, como no golpearme cuando
intento calmarte de un puto ataque. —Soltó el menor, resentido.

—No recuerdo haberte pedido que me ayudes a calmarme, pequeño. Pero


está bien, es lindo saber que te gusto mucho y por eso te quedas conmigo. —
Sonriendo un poco, el pelinegro se permitió bromear con el chico, recibiendo
una mirada llena de fastidio por parte del mismo.
—El ataque te afectó el cerebro, tú no me gustas.

—Te encanto, obviamente —asintiendo para sí mismo, Jungkook ignoró por


completo al menor, dejando un casto beso en sus labios—. A mí sí me gustas
mucho, mocoso. —Exclamó, riendo por lo bajo al ver como las mejillas del
rubio se tornaban de un leve tono rosado.

—Al parecer ya te sientes bien —tratando de ignorar lo que había dicho el


payaso, Taehyung observó sus manos por un momento, quitándose el anillo
que había encontrado anteriormente, ofreciendoselo a Jungkook—. Ten.

Curioso, el mayor observó atentamente el anillo antes de sostenerlo,


pensando por un par de segundos antes de volver a sonreír, acercando un
poco más a Taehyung hacia sí.

—Que poco romántico, amor. Así no es como las personas suelen proponer
matrimonio, ¿sabes? —siguió burlándose, disfrutando en demasía lo nervioso
que lucía el menor ante sus palabras—. Pero con gusto acepto, niñito.

—Eres un estúpido. —Protestó el chico, avergonzado. Para después apoyar


sus manos en el pecho del mayor, procurando alejarlo.

Sin embargo, tuvo que quedarse totalmente quieto al sentir como Jungkook
presionaba levemente su cintura, haciendo que sus pechos se choquen y sus
rostros queden bastante cerca el uno del otro.

—¿Estúpido por qué? Solo estoy aceptando tu propuesta. —Dijo el payaso,


fijando su mirada en los labios de Taehyung por un momento antes de volver
a mirarlo a los ojos.

—Jungkook, basta —ordenó el rubio, sintiendo su rostro arder—. V-vamos a


curar tu brazo, deja de jugar.

—En un momento, Tae. Por ahora yo no tengo prisa. —Pasando sus manos
por debajo de la camisa de Taehyung, el pelinegro sintió como el menor se
estremecía ante el frío que otorgaban sus manos sobre la piel de su espalda
baja.
—Te detesto tanto...

—Yo también te quiero, bebé. —Sonriendo levemente, el payaso sostuvo con


calma el rostro de Taehyung, acercandolo hacia sí y juntando sus labios,
iniciando así un tranquilo beso que fue correspondido.

Suspirando entre medio del beso, el menor pasó sus manos por detrás del
cuello de Jungkook, sintiendo varias caricias en su espalda baja y en su
cintura por parte del mismo.

Siguieron besándose por un rato, separándose un poco al escuchar múltiples


voces por afuera de la tienda después de varios minutos.

—Debemos ir, Hoseok debe estar preocupado por tí. —Murmuró por lo bajo
Taehyung, sintiendo como los labios de Jungkook aún estaban cerca de los
suyos.

—Hm... De acuerdo. —Dejando otro beso en los labios del menor, Jungkook
cedió, dejando libre a Taehyung y levantándose del piso, limpiando la tierra
que había quedado en su ropa.

Imitando su acción, el rubio limpió la suciedad que había quedado en su


pantalón mientras que Jungkook sostenía el peluche que había dejado en el
piso, mirándolo atentamente, perdido en sus pensamientos.

—¿En qué tanto piensas, payaso tonto? —Preguntó el menor al verlo tan
pensativo, curioso.

—Nada en especial, Osito. —Soltó Jungkook con naturalidad, sonriendo con


calma.

—¿Ya tienes un nuevo apodo? Me sorprende que no se te olviden. —


Acomodando su abrigo, el rubio apartó la mirada, intentando ocultar lo
nervioso que se encontraba.

—De hecho, son dos, esposo mío. —Exclamó el payaso, sosteniendo la


cintura de Taehyung y colocándolo a su lado, permitiéndose reír nuevamente
al verlo abrir sus ojos en grande, con sus mejillas sumamente sonrojadas.
—Ya basta, infeliz. No es gracioso, y no somos esposos. —Protestó el chico,
dejando un golpe en el pecho de Jungkook y apartándose del mismo,
procurando salir de la tienda.

—Aww, nuestra primera pelea de casados. —Siguió bromeando Jeon,


siguiendo al menor y ayudándolo a salir por la ventana, saliendo igualmente
segundos después.

No había nadie esperando por ellos ahí afuera, por lo que Jungkook se sintió
mínimamente relajado. No quería lidiar con nadie en ese momento, o por lo
menos, no quería lidiar con alguien que no fuera Taehyung.

El frío atacó tanto el cuerpo del payaso como el del menor, por lo que
Jungkook abrazó por la espalda a Taehyung, dejándolo cerca suyo mientras el
rubio caminaba con tranquilidad por el lugar, sosteniendo las manos del
hombre al sentirlas sobre su abdomen.

—¿Byul comió? —Cuestionó de repente el pelinegro, logrando que el menor


frunciera levemente el ceño.

—Estabas llorando hace poco, ¿Y tú única preocupación es esa? —volteando


un poco, el rubio terminó recibiendo un pequeño asentimiento por parte de
Jungkook—. Sí comió, estaba durmiendo cuando salí a buscarte, así que
supongo que está bien.

Jungkook asintió una vez más, dejando un beso en el cuello del chico antes
de seguir caminando con él por el lugar, procurando llegar rápidamente hasta
su casa rodante ya que no quería encontrarse con Yoongi, y eso era algo que
Taehyung tenía en claro.

—Después de todo este viaje merezco un descanso, amor. Por buscar a tu


familia terminé encontrandome con un imbécil y me enteré de cosas que no
quería, además de volver a este lugar... Esto es demasiado irritante. —
Exclamó el pelinegro, mirando su casa a lo lejos.

—Ambos tendremos un descanso, pero luego del espectáculo que daremos.

—Que manera tan discreta de planear nuestra luna de miel, Osito. —


Sonriendo con burla, Jungkook dejó un pequeño beso en la mejilla del rubio,
quien protestó por lo bajo.

—¿Alguna vez te han dicho que te tomas demasiado literal el papel de


payaso? —Preguntó el chico, fastidiado.

—Puede ser, ¿Y a tí nunca te dijeron que eres un niñito malhumorado?

—Puede ser. —Soltó con ironía el menor, deteniéndose al estar enfrente de la


casa.

Aunque no pudo abrir la puerta, ya que empezó a escuchar como alguien


corría hacia donde se encontraba. Siendo este Hoseok, quien se apresuró a
sostener a Jungkook, colocándolo enfrente suyo.

—¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Cómo te sientes? —cuestionó rápidamente


el pelinaranja, analizando por completo al payaso antes de sostener el brazo
del mismo, alterandose más—. ¿Tú hiciste eso?

—Ya, relájate, Seok. Estoy bien, en serio —librándose del agarre de Hoseok,
Jungkook apartó su brazo, mostrándose bastante tranquilo—. No me duele.

—¿De verdad estás bien? ¿No mataste a nadie en el camino? —Preguntó el


caníbal, incrédulo.

—No, estaba más ocupado en mantener mi respiración mínimamente estable.

—Estuve buscandote por todos lados, estaba sumamente preocupado —soltó


el pelinaranja, apartándose un poco—. ¿Dónde estabas? —Preguntó, aún
bastante alterado.

Y ante aquella pregunta, Jungkook tan solo se mantuvo en silencio,


cruzándose de brazos y mirando fijamente a su amigo, sin querer dar
explicaciones.

—¿No piensas decirme? ¿Es en serio? Casi me muero buscandote por todo el
lugar. Agradecería que me lo digas, también como te hiciste eso en el brazo.

—Nunca te pedí que me buscaras, y yo puedo curar mi brazo sin tu ayuda. —


Cortando bruscamente cualquier otro tipo de queja, el payaso volvió a
dirigirse hacia su casa, ingresando sin mirar atrás.

—Jungkook... —Interfirió Taehyung, siguiendo al mayor y frunciendo un


poco el ceño ante el tono que había utilizado el mismo hacia Hoseok.

—¿A qué viene eso? No puedes simplemente desaparecer y después


pretender que no te pregunte nada al respecto, obviamente iba a buscarte, no
necesitaba que me digas que lo haga. —Cruzándose de brazos, el pelinaranja
entró a la casa junto con Taehyung, apoyándose cerca de la puerta.

—Y entiendo eso, pero no quiero decirte nada, que seas mi amigo no te da el


derecho de saber todo lo que hago. Y no te incumbe, sabes que estuve así por
Yoongi, y es lo único que necesitas saber. —Sentenció Jeon, sentándose con
despreocupación en el sillón, atrayendo al rubio hacia sí, sentandolo a su
lado.

—Jungkook, no comprendo como es que en ocasiones como esta puedes


volverte alguien tan malditamente arrogante. No te interesa en lo más mínimo
que haya estado al borde de un maldito ataque por no encontrarte, eres mi
mejor amigo, y me gustaría ayudarte cuando te encuentras así.

—Disculpame por no pensar en tí mientras tan solo deseaba morirme de una


puta vez por no tolerar el asqueroso mundo en el que nací, en verdad
disculpame, Hoseok. Pensaré en tí la próxima vez. —Soltando aquello con
sumo sarcasmo, el pelinegro se permitió rodar los ojos, sin querer escuchar
más a su amigo.

El silencio que consumió por completo la sala luego de aquellas palabras fue
sumamente incómodo, en especial para Taehyung, quien tan solo miraba a los
amigos, pendiente de que no ocurra otra pelea.

Pero al contrario de lo que pensó, Hoseok no dijo nada al respecto, tan solo
tomó aire, acomodando su cabello con frustración antes de colocar las manos
en los bolsillos de su abrigo.

No se veía sorprendido, mucho menos dolido ante lo dicho por Jungkook,


simplemente se veía cansado, como si estuviera acostumbrado. Y el rubio
había notado perfectamente aquello, considerando que tenía sentido ya que
Hoseok había convivido con Jungkook durante varios años.

—Mira, Kook, no quiero pelear contigo. Simplemente... Tomate un descanso,


¿sí? No dejes que Yoongi vuelva a acercarse a tí, y es en serio. Por más que
quieras insultarlo, golpearlo, matarlo y lo que sea, no vuelvas a estar cerca de
él. Sabes que te hace daño. —Exclamó el caníbal, saliendo de la casa.

Jungkook no respondió, tan solo observó a su amigo marcharse, cerrando la


puerta y dejándolo finalmente solo con Taehyung, quien lo miraba con cierto
fastidio.

—¿Qué? —Cuestionó al ver la mirada del menor, atento.

—No puedes tratar así a las personas que solo quieren ayudarte, ¿sabes? —
Preguntó el rubio, levantándose del sillón, notándose algo malhumorado.

—Y tú no puedes meterte en cosas que no te incumben, ¿sabes? —Cuestionó


el payaso, sin tomarle importancia a las palabras del chico.

Ignorandolo, el rubio terminó suspirando, buscando un botiquín por la casa


antes de regresar hacia donde se encontraba Jungkook después de un par de
minutos, encontrando al mismo perdido en sus pensamientos, mirando el
peluche de su infancia nuevamente, sosteniendolo entre sus manos.

—¿En qué piensas? —Preguntó, volviendo a sentarse a su lado y sacando


varias cosas del botiquín, tomando todo lo necesario para desinfectar la
herida del mayor.

—Solo intento hacer memoria del día en el que me diste esta cosa, ayuda a
calmarme —explicó brevemente el pelinegro, dejando el peluche sobre la
pequeña mesa que tenía enfrente suyo—. Estabas muy nervioso, fue gracioso.

—No empieces a burlarte. —Frunciendo un poco el ceño, Taehyung sostuvo


el brazo de Jungkook, empezando a desinfectar el mismo, sin recibir ninguna
queja por parte del mayor.

—No estoy burlandome, solo digo que fue gracioso. —Sonriendo, el


pelinegro se dejó hacer ante el menor, permitiéndole curar correctamente su
herida mientras lo miraba fijamente, atento.

Taehyung no quiso decir nada al respecto, por más de que Jungkook lograra
ponerlo nervioso con facilidad en ese momento. Tan solo se concentró en
colocar una venda en su brazo, guardando todo en el botiquín al terminar.

—Gracias, osito. Que tierno eres. —Soltó Jeon, sosteniendo por un momento
el rostro ajeno y robándole un beso al contrario, sonriendo con cierta gracia al
verlo apartarse de inmediato.

—Deja de decir idioteces por una vez, por Dios. —Protestó el chico,
sosteniendo el botiquín con cierto nerviosismo antes de volver a llevarlo
hasta el baño, huyendo de la mirada fija de Jungkook y aquella sonrisa que no
hacia más que fastidiarlo.

—¿Todavía crees en Dios a estas alturas, amor? —Cuestionó el payaso desde


la sala, curioso.

El silencio que dejó el menor ante su pregunta fue suficiente respuesta para
él, y ante esto, una leve sonrisa se hizo presente en su rostro.

—Si es que existe, yo creo que no está de tu lado ahora.

—No existe, no ahora —fue la única respuesta que dió el rubio, volviendo a
la sala—. Mi madre dijo que en ningún momento me abandonaría, pero creo
que en ningún momento estuvo conmigo.

—Las personas religiosas a veces son raras, creí que normalmente no les
agradaba tener a alguien acosandolos todo el día. —Bromeó el mayor,
restándole importancia a la situación.

—No es acoso, payaso estúpido —frunciendo un poco el ceño, Taehyung


tomó asiento a un lado de Jungkook, pensando—. ¿Las personas aquí creen
que hay algo después de la muerte?

—Cariño, son personas psicópatas, sociopatas, esquizofrénicas, caníbales, y


muchas cosas más. Pero siguen siendo personas después de todo, cada uno
tiene diversas creencias —explicó Jeon, recostandose en el sillón—. Por mi
parte, creo que después de la muerte nos sumergimos en un sueño eterno, no
hay cielo, ni purgatorio o infierno, simplemente todo es negro. No es algo
que le agrade a todos supongo yo, pero por mi parte estaría bien.

—¿Un sueño eterno?

—Tómalo como una siesta sin fin —sonriendo, Jungkook miró atentamente
al menor—. No sería realmente interesante, simplemente ni siquiera
estaríamos enterados de que fallecimos.

—Te ves raro sonriendo así considerando que estamos hablando de morir,
Jungkook. —Cruzándose de brazos, el menor igualmente se recostó en el
sillón, sintiendo como una de las manos del contrario lo jalaba hacia su
dirección, dejándolo recostado en su pecho.

—¿Qué más da? Hablando triste o feliz de ello de todos modos vamos a
morir en algún momento. —Restándole importancia, el pelinegro cerró los
ojos, apoyando su barbilla en la cabeza del rubio, quien guardó silencio por
un par de minutos.

—Supongo que tienes razón.

—Yo siempre tengo razón, mocoso. —Burlándose, Jungkook dejó un


pequeño beso sobre la cabeza del contrario, abrazandolo por la cintura.

—No siempre, a veces dices puras estupideces. —Declaró Taehyung, alzando


la mirada y apoyando su barbilla contra el pecho de Jungkook, mirándolo a la
cara.

—Como digas, obsesión. Digo tantas estupideces hasta el punto de hacer que
me des la razón si quiero. —Sonriendo nuevamente, el pelinegro tomó con
calma el rostro ajeno, apretando un poco las mejillas del menor y dejando un
corto beso en sus labios, logrando que Taehyung frunciera el ceño en
respuesta.

—No vas a poder manipularme a tu antojo para que te de la razón por


siempre. Tú mismo eres el que dice que me estoy convirtiendo en tí, supongo
que si tú eres capaz de notar cuando quieren que les des la razón, igualmente
voy a ser capaz de ello.

—No, amor. Yo tengo cerebro, tú siendo una copia no eres más que una
esponja que absorbe lo que ve y escucha, no piensas correctamente como yo
lo hago —soltó el mayor, sonriendo con gracia al ver a Taehyung
levantándose del sillón, apartándose—. No te enojes, sabes que digo la
verdad.

—Soy totalmente capaz de pensar "correctamente", payaso idiota. —Aseguró


el rubio, cruzándose de brazos.

Asintiendo sin real importancia, Jungkook se levantó del sillón, acercándose


hacia el menor con calma antes de tomarlo por la cintura, logrando que
Taehyung mirara hacia su mano, distraído.

Y en menos de un segundo, el payaso lo había alzado, colocando una de sus


manos por debajo de sus piernas mientras que con la otra sostenía su cintura,
asegurándose de que no pudiera caerse.

—¿Qué haces ahora? —Frunciendo el ceño, el menor observó con atención al


pelinegro, atento a sus movimientos.

—Que lindo eres, amor. —Fue lo único que dijo Jungkook, sonriendo
repentinamente, y logrando que la mente de Taehyung quedara en blanco por
un momento.

—¿A qué viene eso de la nada?

—No es nada en especial, simplemente eres lindo, y me dieron ganas de


decírtelo —relajado, el payaso empezó a caminar hasta la habitación,
distrayendo aún más al chico que llevaba en brazos—. Eres mi mocoso
bonito.

—Jungkook.

Ignorando su llamado, el pelinegro dejó al menor sentado en la cama,


dejando varios besos cerca de sus labios.
Sin saber que decir al respecto, Taehyung se dejó hacer cuando Jungkook
pasó una de sus manos por detrás de su cuello, acercandolo hacia sí y
empezando así un beso que logró que el rubio cerrara con calma sus ojos,
correspondiendo después de un par de segundos.

Y ante esto, una pequeña risa escapó de los labios de Jungkook, separándose
del beso y logrando que el menor lo mirara con confusión, sin entender nada.

—¿Además de todo estás confundido, cachorrito? En verdad eres una ternura


a veces. —Sonriendo, el pelinegro acarició levemente una de las mejillas de
Taehyung, divirtiéndose ante la situación.

—No entiendo. ¿Qué te hace tanta gracia?

—Que me digas medio enojado que eres capaz de pensar correctamente y con
un par de palabras amorosas hayas olvidado eso y además me hayas
correspondido. Solo me confirmas que no vas a ser más que una copia tonta,
bonito. —Robándole otro beso, Jungkook se alejó del menor, acostándose
tranquilamente en la cama mientras recibía una mirada llena de fastidio por
parte de Taehyung.

—Eres un idiota.

—Hm, yo no soy el que deja de lado su enojo por apodos bonitos y besos,
cariño.

—Por supuesto que sí, que tú no quieras aceptarlo es muy cosa tuya. —
Declaró Taehyung, acostándose al lado de Jungkook.

Alzando una ceja ante las palabras del chico, el payaso quiso contraatacar,
pero todos sus argumentos quedaron en el olvido cuando algo en la
habitación logró distraerlo.

Sus libros estaban desordenados. Aquellos que él colocaba perfectamente


ordenados en el mueble a un lado de su cama, estaban en diferentes lugares,
en distinto órden tanto de tamaño como de color, e incluso se encontraban
algunos en el piso.
—Taehyung, ¿tú estuviste buscando algo en el mueble? —Preguntó, atento.

—No, yo no toqué nada —sentándose en la cama, el rubio igualmente


observó con atención el mueble al ver a Jungkook perdido en sus
pensamientos—. ¿Qué pasa?

—¿Hoseok o Sunghyun tocaron mis cosas? Mis libros no estaban así.

—No lo sé, cuando estábamos los tres tranquilos no ví que ninguno tocara
nada. Y después salí a buscarte. —Explicando aquello, el menor se quedó
pensando por un rato, intentando recordar. Para después centrar su atención
en Byul al verlo saltar sobre la cama.

—No quiero a nadie en nuestra habitación de ahora en adelante, cachorro.


Puedo llevarte algo más cómodo para que te quedes en la sala con Hoseok si
te siguen doliendo las piernas, pero no quiero a nadie aquí adentro si no estoy
yo, ¿entendido?

—Creo que estás exagerando un poco...

—Te pregunté si entendiste, no si te parece que exagero. No quiero a nadie


además de nosotros aquí adentro, y punto. —Sentenció Jeon, frunciendo un
poco el ceño al momento de mirar a su mocoso.

Taehyung no quiso discutir, mucho menos quejarse al respecto. No entendía


porqué Jungkook se alteraba ante algo tan sencillo, pero no le llevaría la
contraria en ese momento.

Relajandose al ver como el rubio no decía ni una palabra, el mayor colocó sus
manos por detrás de su cabeza, utilizandolas como almohada y cerrando los
ojos con cansancio. Aquel día había sido uno de los peores para él, y tan solo
quería descansar por un buen rato.

—Jungkook. —Llamó el menor, mirando con atención al contrario.

—¿Hm?

—No vas a volver a salir con Yoongi luego de esto, ¿no? —Recostandose a
su lado una vez más, el rubio observó atentamente a Jungkook, quedándose
bastante cerca del mismo.

El payaso no dijo nada, tan solo continuó con sus ojos cerrados, sintiendo
demasiado cansancio tanto emocional como físico para responder aquella
pregunta.

Si fuera por él, ya estaría sumamente alejado de Yoongi, pero el saber que si
hacía aquello su hermano correría cierto riesgo no hacía más que fastidiarlo
en demasía. Causándole aún más enojo y ansiedad.

—Tengo que seguir viendo a ese idiota, amor. Si no lo hago, le dirá a Woozi
que no le dije nada sobre él y en verdad yo no quiero que mi hermanito me
odie, tampoco que sufra. Estuve cuidandolo todos estos años de todo posible
mal para que llegue un imbécil a arruinar todo, y no pienso permitirlo —
aseguró el pelinegro, suspirando—. Lo único que te puedo asegurar es que
cuando finalmente encontremos a tu familia, o lo que queda de ella, nos
iremos lejos de ese bastardo.

Ante sus palabras, Taehyung frunció levemente el ceño ante la mención de su


familia y la manera en la que había hablado Jungkook.

—No digas "lo que queda de ella", payaso estúpido. O juro que voy a dejarte
con el idiota de Yoongi cuando las encontremos. —Aseguró, sin pensar
demasiado en lo que había dicho.

Abriendo los ojos con calma, el pelinegro se permitió sonreír sin gracia
alguna, tomando el mentón del chico y apretando un poco el mismo para
acercarlo hacia sí, quedando cara a cara.

—Tú llegas a dejarme con ese infeliz y vas a conocer perfectamente al


supuesto "monstruo" que soy para tí, cachorrito. No me viste realmente
enojado aún y te aseguro que no querrás verme así, comportate y vete
adaptando a la idea de que tu familia no sea más que un montón de
extremidades repartidas en un escenario —soltó, robándole un pequeño beso
al menor, quien se apartó de inmediato con enojo—. Ni siquiera sabes si las
personas que están en el circo al que vamos son realmente tus familiares, deja
tu mundo de fantasía por un segundo.
—Eres jodidamente detestable, doy todo para que te sientas mínimamente
mejor porque nadie más hace algo por tí y solo te esmeras en decirme que mi
familia está muerta. No entiendo como es que aún sigo conviviendo contigo.
—Fastidiado, Taehyung quiso apartarse, pero las manos de Jungkook
sosteniendo con posesión su cintura impidieron por completo que pudiera
marcar distancia entre ambos.

—No te enojes, bebé. Sabes que solo estoy siendo realista, además fuiste tú el
que empezó con las amenazas —recordó, dejando leves caricias por la cintura
ajena—. Sabes que no me gusta hacerte falsas ilusiones con respecto a tu
familia, simplemente piensa un poco mejor en ello.

—Pienso detalladamente eso cada maldito día, Jungkook. Solo ten un poco
de respeto, idiota —en verdad molesto, Taehyung colocó sus manos en el
pecho del mayor, intentando apartarlo—. Dudo que si yo mencionara que
algún familiar tuyo está muerto te lo tomarías bien.

—Me pondría bastante feliz, de hecho. —Exclamó el pelinegro, riendo por lo


bajo.

—No estoy jugando.

—Yo tampoco.

Quedándose en silencio por un par de minutos, el menor terminó suspirando


con resignación, dejando de empujar al payaso, quien lo miraba con gracia,
bastante calmado.

—Tan solo no menciones a mi familia como si fueran unos cadáveres,


¿quieres? —Dijo Taehyung, viendo como Jungkook volvía a atraerlo hacia sí,
haciendo que se acueste contra su pecho.

—¿Unas cenizas?

—Jungkook. —Alzando un poco el tono de voz, el rubio golpeó con fastidio


el pecho del contrario, escuchando al mismo reírse.

—Ya, esposo mío, está bien —sonriendo, el mayor dejó un beso sobre la
frente de Taehyung—. Pero si finalmente nos reunimos con tu familia, por lo
menos dejame decirle a mi suegra que si no la encontrábamos iba a empezar a
llamarte huerfanito, después de todo no vas a tener padre pronto.

—Mira, Jungkook, por lo menos mi padre no se fue por cigarrillos, así que
cierra la boca.

Empujando levemente el interior de su mejilla con la punta de su lengua, el


pelinegro volvió a sonreír con sumo sarcasmo, sosteniendo el rostro del chico
con cierto descuido.

—Eres un hijo de puta, niñito.

—También te quiero, idiota. —Sonriendo sin gracia igualmente, Taehyung


hizo por primera vez algo que logró tomar totalmente desprevenido a
Jungkook.

Dejó un rápido beso en sus labios, logrando que el payaso perdiera su sonrisa
ante lo inesperado que había sido aquello, quedándose callado por un rato.

Taehyung tampoco quiso decir nada, tan solo se movió un poco para
acomodarse y dormir finalmente, pero en menos de un segundo el pelinegro
había tomado nuevamente su rostro con firmeza y posesión, mirándolo
fijamente antes de besarlo una vez más, sentándose en la cama y colocándolo
encima de su regazo.

—¿Cambiamos de roles, amor? ¿Desde cuándo me besas tú? —Cuestionó


Jungkook, atento.

El menor se mantuvo en silencio, apartando la mirada al sentirse


repentinamente avergonzado ante la mirada del payaso.

—Y ahora vuelves a ser mi Taehyung, mi niñito tierno. A veces no te


entiendo. —Volviendo a sonreír, el pelinegro acarició con cuidado el rostro
del menor, besandolo de nuevo, siendo un beso más calmado y lento.

Suspirando, el rubio correspondió, colocando sus manos por detrás del cuello
del contrario, dejando leves caricias por el cabello del mismo.
Siguieron así por un largo rato, quedándose callados mientras Jungkook se
encargaba de repartir varios besos por el rostro del menor, terminando en sus
labios en más de una ocasión.

Ambos simplemente se centraron en su mundo, ignorando todo lo que los


rodeaba, incluyendo así a aquella persona que miraba fijamente la casa
rodante en la que se encontraban, acechando.

Su plan debía llevarse a cabo lo antes posible.


39

Todo podría salir mal.

Era algo de lo que aquella persona estaba completamente segura, en verdad


sabía todas las consecuencias y los posibles riesgos, pero aún así no podía
perder más tiempo. Todo se estaba escapando de sus manos en pocos
segundos, y no podía permitir eso.

Quizá actuó mal, quizá no estuvo lo suficientemente preparado, pero sin duda
la culpa no es algo que haya experimentado luego de realizar todo lo que
había previsto de antemano.

Hoy sería el día que tanto había esperado.

Hoy sería el día en el que el circo Stigma correría peligro.

No lo pensó ni un segundo más, simplemente se cubrió correctamente su


rostro al momento de realizar aquella llamada que había desatado todo el
desastre, en una parte alejada de todos los presentes del lugar.

El caos había iniciado.

•••

—Mi amor, ¿en serio te vas a enojar por esto? —cuestionó Jungkook,
siguiendo con flojera a el menor, quien lo miraba detenidamente y con
molestia, cruzándose de brazos en una esquina de la habitación—. Lamento
mucho matarte en tus sueños, mi vidita. Juro que no lo volveré a hacer. —
Soltó con burla ante la expresión del más jóven, quien seguía igual de
resentido.

—Me ahogaste en sangre, puto payaso. —Recordó con fastidio, negando con
la cabeza y negándose a recibir el abrazo que quería proporcionarle Jeon.

—Lo lamento tanto, lindo. La próxima seré más considerado y será en agua.
—Exclamó con falsa dulzura, sosteniendo la cintura del ajeno para apegarlo a
su cuerpo, robandole un pequeño beso y recibiendo una queja en respuesta.

—Te odio.

—También te quiero, bebé. Ya deja de estar enojado conmigo, lo siento tanto


por hacer algo que tu subconsciente creó —sonriendo sin real gracia, el
pelinegro se mostró totalmente sarcástico, dejando otro beso en la frente del
contrario—. Ya deja de hacer drama. En cualquier momento ya hasta me vas
a estar reclamando por serte infiel en sueños o algo así, como todo el
adolescente tonto que eres.

—Como si a mí me importara que salgas con otro idiota, haz lo que quieras.
—Frunciendo el ceño, las manos del menor se posaron en el pecho del
payaso, empujandolo para librarse de su agarre y dirigiéndose con notable
mal humor hasta la pequeña sala.

Jungkook se mantuvo inmóvil en su lugar, mirando con cierta confusión y


curiosidad a Taehyung antes de seguirle el paso, caminando con rapidez hasta
quedar a sus espaldas, y tomándolo entre sus brazos nuevamente, sin dejarlo
escapar.

—Supongo que en ese caso puedo ir a besarme con quien yo quiera, ¿no?

—Haz lo que quieras.

—Ajá, le podré decir cachorrito a otro, sentarlo en mi regazo, prepararle el


desayuno... —Siguió hablando el mayor, desinteresado. Mientras su barbilla
se encontraba apoyada contra el hombro derecho del contrario, quien se
encontraba algo tenso en su lugar.

—Haz lo que quieras, Jungkook —repitió con fastidio, tomando las manos
ajenas para alejarlas de su cuerpo, volteando y mirando con recelo a su
acompañante—. Yo también voy a poder hacer todo lo que quiera en ese
caso, ¿no? —Cuestionó, cruzándose de brazos y alzando levemente una ceja
en espera de una afirmación.

La sonrisa de lado que le otorgó el payaso fue más que suficiente para
comprender cual era su respuesta, seguido del mínimo sonido proveniente de
su cuello al momento de mover levemente su cabeza, suspirando por lo bajo.

—Tú te llegas a acercar a cualquier hijo de puta, y juro por todos los putos
demonios del infierno que le haré considerarme el próximo Satanás por todas
las mierdas que le haré —declaró el pelinegro, bastante serio de repente—. Y
cabe aclarar que soy malditamente ateo, Taehyung.

—Si vas a estar de llorón entonces no vengas a molestar con cosas así. —
Indiferente, el rubio quiso voltear para seguir su camino hacia el sillón,
siendo detenido únicamente por la mano derecha de Jungkook apretando sus
mejillas con cierto descuido, haciendo que lo mire a la cara.

—Eres el menos indicado para decirme llorón, mocoso. Y sabes


perfectamente que no voy a hacer nada con nadie más, simplemente quería
molestarte, y veo que funcionó —aún algo fastidiado, el mayor sonrió sin
mostrar los dientes, robándole un pequeño beso a su contrario, para después
soltarlo con la misma brusquedad con la que lo había agarrado, empujandolo
un poco hacia el sillón—. Ahora ve a tomar asiento, así preparo el desayuno.
Pequeño celoso.

Quejándose por lo bajo al ser tratado de aquella manera, Taehyung no hizo


más que rodar los ojos con fastidio, tomando asiento en el sillón y cruzándose
de brazos ante el mal humor que comenzaba a aparecer nuevamente en él.

Jungkook podía ser realmente fastidioso a veces.

Perdido en su mente al pasar de los minutos, el rubio se permitió concentrarse


únicamente en sus recuerdos en lo que el mayor preparaba algo,
reproduciendo en su mente recuerdos de su familia, lugares de su ciudad e
incluso algunas charlas antiguas que tenía a diario con su hermana menor.

Un suspiro abandonó sus labios, y su cuerpo terminó levemente recostado en


el sillón, mientras su mente seguía en otro lado, tratando de pensar en otra
cosa que no sea el bienestar de su familia, el como se encontraban o incluso
si seguirían teniendole afecto al momento de su reencuentro, si es que aún
podía creer que habría un reencuentro.

Su mente estaba jugando en su contra, como tantas veces le había pasado, y


todos aquellos pensamientos que lo perturbaban terminaron alejándose
cuando Jungkook regresó, colocándose enfrente de él y dejando la bandeja
con comida sobre la mesita cercana al menor.

Postres, frutas y dos tazas que contenían café y té se encontraban sobre


aquella bandeja, llamando por completo la atención del rubio y dejando
mínimamente distraído al mismo.

Jungkook no comentó nada al verlo, no quiso decirle que había estado más de
treinta minutos totalmente en su mundo mientras él ya había terminado todo
hace rato. Por lo que simplemente tomó asiento a un lado, sosteniendo su
respectiva taza con café y un brownie con nueces, degustando aquello con
calma mientras observaba al contrario con cierta intriga, dejándolo comer
tranquilo.

—¿En qué tanto pensabas, amor? —cuestionó después de un rato al terminar


su café, acercándose más al menor para apoyar su barbilla contra el hombro
del mismo, expectante—. ¿Te estoy ahogando con sangre ahora en tu
imaginación o qué?

Sonriendo con gracia al decir aquello, el pelinegro se llenó de gozo al ver


como el chico a su lado lo miraba con fastidio, y no hizo más que aprovechar
su cercanía para depositar un beso breve sobre sus labios, sin permitirle
insultarlo ni renegar.

—No te enojes, cielo.

—Me generas tanto rechazo —entrecerrando los ojos, el rubio dejó su


desayuno a un lado, suspirando con cansancio segundos después al apoyarse
un poco en el sofá—. Estaba pensando en mi mamá y mi hermana, de
nuevo... Y no necesito tus estúpidos comentarios sobre que están muertas,
violadas o tiradas en algún lado, mucho menos me interesa tu opinión, así que
mejor guardatela si es que piensas decir algo así. —Advirtió al finalizar,
demasiado malhumorado como para lidiar con Jungkook.
—Cariño, ni siquiera me dejaste hablar —frunciendo apenas el ceño, el
pelinegro se encogió de hombros ante aquel tono amenazante del chico,
restándole importancia—. Pero como quieras, en ese caso no digo nada.

Asintiendo, el menor volvió a centrarse en su té, mismo que terminó al pasar


del tiempo, dejando su taza sobre la pequeña mesa que se encontraba enfrente
suyo. Para después recostarse nuevamente sobre el sofá, notándose tan
desanimado que logró captar una vez más la atención de Jungkook, mismo
que rodó los ojos ante la escena.

No toleraba el drama, para nada. Ni siquiera el que hacía él en sus momentos


de crísis, por lo que simplemente tomó todo lo que había quedado sobre la
mesa, llevándolo a la cocina para poder limpiar todo, y dejando así al chico
solo con sus pensamientos de nuevo.

Taehyung se sentía demasiado desanimado, el cansancio se había acumulado


por los días en los que se la habían pasado viajando, cada momento sentía
que tenía a su familia más lejos cuando su objetivo era acercarse aunque sea
un poco.

Con siquiera encontrar sus restos, él estaría satisfecho. Aunque aquella


esperanza de que seguían con vida no desaparecía.

Él se encargaba de que no desapareciera.

Recostado y sin energía, el rubio observó totalmente inexpresivo como el


payaso regresaba al pasar de los minutos, portando entre su mano derecha
una pequeña cajita negra que había llamado su atención, mas no se movió ni
un poco para descubrir de que se trataba.

—Mi amor. —Llamó entonces Jungkook, posicionándose cerca del sofá,


quedándose parado a un lado del jefe del lugar mientras observaba
atentamente al mismo, inclinándose apenas para poder mirarlo a la cara.

—¿Qué quieres? En serio no estoy de humor...

—Que amargado —comentando aquello con una pequeña sonrisa en sus


labios, el mayor acercó la caja hacia el rostro ajeno, mostrando así un anillo
de oro con varias calaveras en el mismo, siendo idéntico al que él portaba—.
Ten, cuidalo.

Prestando atención al objeto cercano a él, Taehyung frunció levemente el


ceño con confusión al ver de que se trataba, acomodandose en el sillón para
sentarse y así poder mirar con mayor detalle el anillo, sin entender el por qué
de la acción contraria.

—¿Si entiendes que no estamos realmente casados, no? —Cuestionó, alzando


la cabeza para observar al mayor y así poder quejarse, pero al hacer aquello
simplemente recibió una mirada llena de burla, junto con un casto beso en sus
labios.

—Calla, esposo mío. Y encargate únicamente de cuidar bien eso. —Ordenó


el pelinegro, tomando el anillo de oro y sosteniendo así la mano izquierda del
chico, colocando aquel objeto costoso con pequeños diamantes en los huecos
de la calavera en el dedo anular impropio, sellando de aquella manera un
matrimonio inexistente ante la ley.

—Payaso estúpido. —Sonando aún malhumorado, el rubio alejó su mano,


cruzándose de brazos y mirando hacia otra parte mientras intentaba fingir
seriedad, fracasando en ello al pasar de los segundos al tratar de ocultar la
mínima sonrisa que quería formarse en sus labios.

—También me gustas mucho, pequeño.

Sonriendo con cinismo, el payaso sostuvo el rostro ajeno con su mano


derecha, apretando apenas las mejillas del chico al momento de besar sus
labios con mayor profundidad, manteniéndolo cerca. Formando un beso largo
y tranquilo, mismo que distrajo por un momento los pensamientos pesimistas
del rubio.

Pero su tranquilidad no pudo durar demasiado, porque entre medio del beso,
el sonido de la puerta siendo levemente golpeada fue más que suficiente para
que ambos se apartaran un poco, mirándose con cierta incertidumbre ante la
inesperada visita.

Taehyung fue el primero en acercarse a la puerta, abandonando el sillón y


asomándose discretamente por la ventana pequeña que tenía a un lado la
entrada a la casa rodante, viendo de reojo las figuras de dos hombres altos y
de uniforme azul, con un par de patrullas estacionadas a lo lejos.

Sus instintos reaccionaron de inmediato, su cuerpo se alejó de la ventana lo


más rápido que pudo mientras volteaba para poder buscar apoyo de
Jungkook, quien se encontraba con el ceño fruncido, alerta de cualquier
peligro al observar igualmente por la ventana.

—Nos delataron. —Soltó simplemente, alejándose igualmente de la ventana


mientras sostenía con rapidez la muñeca de su acompañante, jalando la
misma para llevarlo consigo hacia la habitación, prácticamente arrastrandolo
ante la velocidad con la que se movía.

Alerta y con sus manos temblando, Taehyung se dejó guiar por el payaso,
siguiéndole el paso mientras los golpes en la puerta volvían a escucharse,
todos sus sentidos alterandose en el momento en el que miraba con atención a
Jungkook como si él tuviera la solución a aquel problema.

—¿Qué carajo hacemos? —Preguntó con cierto temor, sin poder mantenerse
tranquilo ante la idea de terminar en prisión o incluso muerto.

El pelinegro por otro lado se mantenía inexpresivo, atento al peligro y mucho


más relajado, tomando la maleta que portaba todas sus armas y colocándola
debajo de la cama, tirando allí también todo su vestuario lleno de sangre con
rapidez mientras su mirada se enfocaba de vez en cuando en la puerta,
asegurándose de que los oficiales de allá afuera siquieran sin pisar su hogar.

Una vez que dejó todo tipo de evidencia debajo de la cama, su atención se
enfocó en Taehyung, viendo detalladamente todo su cuerpo con marcas
demasiado visibles como para pasar desapercibido por unos guardias, y
maquinando rápidamente una solución ante aquello, sosteniendo por los
hombros al chico para acercarlo hacia sí y así poder explicar lo que tendría
que hacer de ahora en adelante.

—Mi cielo, necesito que te quedes debajo de la cama, no quiero que salgas
hasta que yo te lo ordene o hasta que sea seguro —exclamó, mirándolo a los
ojos y asegurándose de que entendiera cada una de sus indicaciones—. Todo
va a salir bien, te lo prometo.

Declarando con seguridad aquello, el pelinegro sacó una pistola de la maleta


antes de volver a ocultar la misma, entregandosela a su adverso antes de
empujar mínimamente al mismo hacia la cama en espera de que acatara sus
órdenes.

Taehyung no pudo quejarse, ni quiso hacerlo, tan solo asintió, escondiéndose


allí y sosteniendo el arma cerca de su cuerpo mientras observaba todo por
debajo de la cama, viendo únicamente los pies del pelinegro y el como el
mismo abandonaba la habitación.

No sabía qué pretendía Jungkook, pero los nervios estaban consumiendolo.

Por otro lado, el payaso buscó una gaza junto con un poco de cinta para
cubrir la cicatriz de las iniciales de Taehyung y así poder simular una simple
herida, acomodando igualmente su ropa y verificando verse lo más normal
posible al momento de abrir la puerta, mostrándose relajado e incluso
desentendido ante la visita de los guardias.

Enfrente suyo se encontró a dos tipos bastante opuestos, uno de ellos siendo
alto y de cabello castaño, algo mayor al parecer, mientras que el otro era
mínimamente más bajo y de cabellera azabache. Se veía más como un
novato, alguien que se notaba demasiado inquieto en su sitio, mostrándose
ansioso.

Jungkook pudo reconocer aquello de inmediato.

—Buenas tardes. Lamentamos molestar en este momento, pero debemos


pedirle que nos deje ingresar, hemos recibido una llamada que compromete
bastante este lugar, y todos los oficiales de la zona están verificando casa por
casa en este momento. Le pedimos colaboración. —El policía mayor dió un
paso al decir aquello, haciéndole frente al propietario de aquella casa en
espera de que el mismo le dejara el paso libre.

El payaso no aportó reclamo alguno, tan solo asintió sin preocupación,


dejándole espacio al hombre para que ingresara a su hogar repleto de pruebas
que lo incriminaban a él y a todo el circo.
—Adelante, oficial. Creo que se equivocó de personas o de circo, no tenemos
nada que ocultar.

Lleno de cinismo, el payaso sonrió con falsa amabilidad, viéndose tan común
a pesar de ser el mayor asesino de aquel lugar, tan inocente.

El castaño asintió ante sus palabras, dirigiéndose inmediatamente hacia la


habitación mientras que el otro se quedaba en la sala, empezando a
inspeccionar con curiosidad la misma.

—¿No se supone igualmente que los policías necesitan una orden para esto?
—Cuestionó Jungkook, en un tono curioso mientras sus brazos se cruzaban,
atento ante los dos guardias y observando cuidadosamente que tocaba cada
uno.

—La tenemos. Recibimos pruebas que incriminan a varios de aquí, por lo que
hacemos una inspección para ver si todos están involucrados o-

—Concéntrate en hacer tu trabajo y no dar información que no le incumbe a


nadie más que a nosotros. —Se escuchó desde la habitación por parte del otro
guardia, haciendo que el payaso sonría con leve burla, más no quiso mostrar
ninguna expresión fuera de lo normal, por lo que de inmediato volvió a
mantenerse neutral, dirigiéndose hacia su habitación para verificar que todo
estuviera bien.

Su mirada se fijó rápidamente debajo de la cama, viendo como no se notaba


nada, y por suerte tampoco se notaba que ahí se encontraba su mocoso,
armado y en espera de actuar ante cualquier peligro.

Sigilosamente, Jungkook se acercó un poco hacia el policía, apoyándose


cerca de su escritorio pequeño donde varios libros hacían presencia,
manteniéndose atento a sus movimientos.

El hombre no hizo más que mirarlo con sospecha, manteniéndose serio


mientras se alejaba un poco, mirándolo con detalle esta vez.

—¿Qué te sucedió en el rostro? —Preguntó el castaño, revisando varias


partes de la habitación, prestándole atención a Jungkook aún así cada vez que
tenía oportunidad.

—Pequeño accidente con un espectáculo, nada importante realmente. —


Restándole importancia, el pelinegro se mantuvo relajado, observando una
vez más por debajo de la cama antes de que su mirada volviera a cruzarse con
la del policía, dejando un silencio algo tenso de por medio.

—¿Y se puede saber que puesto ocupas aquí?

Atento ante aquella pregunta, Jungkook sonrió con falsa dulzura, cruzándose
de brazos mientras un leve brillo lleno de ironía se mostraba en sus ojos.

—¿Estoy en problemas, oficial? —Cuestionó entonces, alzando sutilmente su


voz, y recibiendo así más atención del hombre mayor, quien ya se veía
desconfiado.

Aquella casa, aquella habitación, provocaba una sensación extraña, un leve


escalofrío por cada parte de su cuerpo y el sentir del ambiente tenso, frío. El
castaño no lo había notado hasta ver aquella expresión proveniente de quien
creía su único acompañante en esa zona.

Demasiado sospechoso.

—Soy el payaso estrella de aquí, señor. No me vea con esa cara, mi trabajo y
mi pasatiempo es hacer reír, no ver caras largas. —Aún metido en su papel de
persona inocente e ingenua, Jungkook volvió a mostrarse totalmente neutral,
sonriendo con fingida amabilidad.

Sin estar del todo convencido, el policía volvió a fijar su atención en otras
cosas, como los muebles, repisas, maletas y cajones cercanos a sí.

Y entre todo aquello, incluyó la cama.

No pasó mucho tiempo para que encontrara algo, fue simple coincidencia,
coincidencia y mala suerte en su máximo esplendor.

Aquella camisa blanca llena de sangre fue localizada por la visión del
hombre, quien de inmediato se inclinó para ver que más se ocultaba allí,
encontrándose muchas prendas más llenas del líquido carmesí, armas,
cuchillos, todo tipo de evidencia que llevaría a aquel circo a la ruina.

Y entre todo aquello, un chico asustado, tembloroso y alerta.

Mismo chico que le disparó con total pánico al hacer contacto visual con él,
dándole cerca de las costillas y haciendo así que su cuerpo caiga de
imprevisto al suelo, junto con un jadeo agonizante en busca de aire, de ayuda,
o de compasión.

Taehyung no supo lo que había hecho hasta que la sangre comenzó a


esparcirse cerca de sus manos, quedando el policía cerca de la cama, sin
poder decir ni una sola palabra ante el dolor y sus gritos ahogados en
sufrimiento.

Preso del pánico, el rubio se alejó lo más rápido posible, saliendo de allí
abajo para ponerse de pie rápidamente y acabar con lo que había iniciado,
sintiendo sus manos temblar mínimamente al momento de apuntar la cabeza
de aquel hombre mayor con horror, queriendo librarse de toda
responsabilidad, culpa o condena.

—Taehyung —exclamó Jungkook a sus espaldas, intentando llamar su


atención, pero el rubio estaba demasiado perdido en sus pensamientos que se
reproducían a mil por hora en su cabeza, haciéndolo terminar en una crisis
aún peor—, niño.

No quiso escuchar, no quiso ver, tan solo cerró sus ojos con fuerza,
proporcionando dos disparos más con total decisión mientras su cuerpo se
mantenía tenso, recibiendo mínimas gotas de sangre que habían llegado hacia
sí.

Después de eso, no se escuchó nada más que su respiración pesada, y los


sonidos de su acelerado corazón al no poder creer lo que había hecho.

Nuevamente había asesinado a alguien, y no podía sentirse aún más asqueado


por no sentir nada más que alivio. Todo su nerviosismo seguía allí, pero era
tan solo un producto de todos los pensamientos negativos que había tenido
con terminar en una cárcel, en un manicomio o muerto.
Se libró de aquello, por lo menos momentáneamente.

Y su tranquilidad no pudo ni siquiera llegar, porque al voltear, el otro oficial


que había llegado junto con el que había asesinado se encontraba agarrando
firmemente a Jungkook por el cuello, manteniendolo apoyado a su cuerpo
mientras uno de sus brazos lo sostenía firmemente, apretando su cuello con
brusquedad mientras retrocedía hacia la puerta de la habitación, apuntando
con su pistola hacia la cabeza del pelinegro.

Todo el cuerpo de Taehyung dejó atrás su miedo al ver aquello, y sus manos
actuaron por sí solas al alzar nuevamente su propia pistola, quitándole el
seguro y apuntando decidido hacia el policía más joven en espera de que
suelte a Jungkook.

—Quédate quieto y déjalo ir. —Ordenó, alzando la voz mientras se acercaba


de a poco, frunciendo el ceño con total fastidio.

—¡Alejate de mí o le vuelo la puta cabeza!

Tembloroso, el policía siguió retrocediendo con mayor velocidad mientras el


pelinegro sostenía bruscamente el brazo que lo retenía, mostrándose serio y
fastidiado al ser retenido.

—Te voy a volar los testículos, pedazo de inútil ¡Sueltame ahora! —Exclamó
esta vez el payaso, intentando soltarse del agarre, y sintiendo la presión de la
pistola contra su cabeza segundos más tarde.

Siendo más veloz y brusco, el policía ignoró totalmente los reclamos y


amenazas de Jungkook al momento de seguir retrocediendo hacia la puerta
que lo dejaba en el exterior nuevamente, sintiendo sus manos temblar ante la
adrenalina y nervios que estaba experimentando por primera vez de tal
manera en una situación así.

—¡Te dije que lo dejes ir! —repitió el jefe del circo, siguiéndole el paso hasta
quedar en la pequeña sala, apuntando aún a la cabeza contraria— No hagas
las cosas más difíciles, dejalo ir, y todo esto quedará en el olvido.

—¡Mataste al oficial! —reclamó en respuesta el hombre, negando con la


cabeza en lo que el agarre que ejercía en el cuello del pelinegro se hacía más
fuerte, ganándose así insultos del mismo— ¡Todos ustedes terminarán en la
cárcel, no negociaré contigo!

Sin que Taehyung pudiera agregar algo más a aquella conversación, el


hombre abrió rápidamente la puerta, llevándose a Jungkook consigo aún
mientras seguía atento al peligro que representaba el jóven rubio con aquella
arma cargada, alejándose temerosamente del mismo con la intención de
escapar lo más rápido posible hacia su patrulla.

Sin embargo, todo su cuerpo se quedó inmóvil al poner su mirada en el


frente, quedándose atónito y lleno de pavor al verse rodeado de más de
cincuenta personas, todos repletos de maquillaje o a medio vestir por
vestuarios extraños y extravagantes, dignos de cualquier espectáculo para
trabajadores como ellos.

Enfrente suyo, se encontraban la mayoría de los empleados del circo de


Taehyung, rodeandolo y mirandolo fijamente mientras sostenían diversas
armas en su dirección, desde pistolas y cuchillos hasta flechas y antorchas
encendidas por los que escupían fuego.

Su cuerpo se sintió pesado, y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas


mientras su respiración iba subiendo la velocidad de a poco, al borde de
dejarlo hiperventilando, y produciendo así también el leve temblor que
presentó la mano que sostenía la pistola al concentrarse aún más en lo que
estaba viendo, notando los cadáveres de todos sus compañeros en el piso
entre medio de aquella gente, siendo pisados sin respeto alguno, mutilados y
desfigurados.

Y todo pareció empeorar al fijar su mirada entre medio de la multitud.

Todo pareció irse aún más a la basura cuando sus ojos se cruzaron con la
mirada de aquel conocido mago, mismo con el que había compartido tanto
antes de darlo por desaparecido e incluso muerto.

Todo tuvo un final para él cuando pudo reencontrarse de aquella manera con
su viejo compañero de cuarto y amigo, Kim Seokjin.
—¿Jin? —Cuestionó entonces, totalmente sorprendido y confundido por
tener allí a su antiguo amigo, ahí frente a él, repleto de sangre de los que eran
sus compañeros, un extraño atuendo de mago y tintes color fantasía sobre su
cabello.

Debía ser una broma, un chiste de mal gusto. Toda aquella situación parecía
sacada de una loca película de terror en la que él no quería participar.

El impacto fue demasiado, tanto que aflojó el agarre sobre el hombre al que
estaba reteniendo, permitiéndole librarse por completo, y sintiendo así como
el mismo hombre sujetaba bruscamente su brazo para arrebatarle el arma,
quitandosela sin problema alguno y sometiendo tiempo después su cuerpo
con rapidez, dejándolo en el piso.

Jungkook se encontraba realmente fastidiado, subiéndose sobre el cuerpo del


policía mientras apuntaba directamente hacia la cabeza del mismo,
quedándose sentado sobre su espalda baja al tener al contrario boca abajo
sobre el suelo, llenandole la cara de tierra al presionar la misma con fuerza.

—¿Creíste que saldrías tan fácil de aquí, pedazo de estúpido? —cuestionó


entonces el payaso, siendo totalmente brusco con la presión sobre el rostro
ajeno mientras quitaba nuevamente el seguro de la pistola, amenazando con
disparar—. Que puta lástima me das, bastardo.

—¡Jungkook, espera!

—¡TÚ CIERRA LA BOCA MALDITO INSERVIBLE! —ordenó con total


brusquedad el pelinegro al observar al mago, sin dudar en apuntarle
directamente al mismo—. Aléjate si no quieres que me termine desquitando
contigo también, puto metiche.

—Kook, cálmate. —Intentando calmar un poco la situación, Taehyung volvió


a tomar el mando, acercándose a Jungkook para poder retener igualmente a
aquel hombre, y asegurándose de que varios trabajadores apartaran a Seokjin
del mismo.

—No me voy a calmar una mierda. ¿Qué hacían aquí? ¿Tienes idea de con
quién carajo te estabas metiendo? —cuestionó Jeon, volviendo a apuntar al
policía y sujetando el cabello del mismo para alzar levemente su rostro—.
Será mejor que digas todo lo que sabes si no quieres terminar siendo un vil
espectáculo para gente mil veces más adinerada que tú.

—No pienso decirte nada... —declaró aquel hombre, sintiendo su rostro


impactar nuevamente contra el piso ante un empujón del pelinegro, soltando
una pequeña bocanada de aire debido al golpe—. Jamás cederé ante-

Un sonido fuerte y tosco interrumpió por completo sus palabras, el sonido de


la bala impactando de lleno contra su cabeza, y la sangre derramandose y
manchando parte de las manos de Jungkook.

Seguido de aquel ruido, un grito desgarrador proveniente de Seokjin llamó la


atención de Jeon, quien miraba desinteresado la escena al volver a ponerse de
pie, limpiando la pistola con el borde de su camisa como si hubiera estado en
contacto con algo sumamente asqueroso.

—Mira si no ibas a ceder, infeliz —comentó hacia el cadáver, brindando una


mirada rápida hacia el mago al notar como sus ojos se encontraban repletos
de lágrimas que amenazaban con salir, y los gritos ahogados de su garganta
luchaban por escucharse aún más fuerte, preso de un estado de shock—. No
me digas, lo conocías.

Asumiendo fácilmente aquel hecho, el payaso sonrió sin gracia, quitándole


las balas a la pistola que poseía antes de acercar despreocupadamente la
misma hacia Seokjin, ofreciendosela.

—Ten, un recuerdito de tu quien sabe qué persona, guardalo e intenta no


matarte con el —exclamó, tirando la pistola a los pies del contrario, quien
mantenía su mirada perdida en el cadáver de su viejo amigo—. De paso sirve
de algo y ve buscando a todos, quiero saber quién mierda fue el que hizo esa
llamada.

Una vez que aquellas palabras salieron de los labios del pelinegro, Taehyung
dejó de observar el cadáver del policía, levemente alterado aún al momento
de mirar con atención a todos los trabajadores que se encontraban presentes,
aclarando apenas su garganta antes de hablar.
—Quiero que todos busquen al responsable, ahora. Debemos seguir con el
camino, y no es justo para ninguno de nosotros vivir con el riesgo de que esto
vuelva a suceder una vez más, y con más policías. —Dicho aquello, el jefe
miró una vez más a su alrededor, notando como todos parecían estar de
acuerdo con él por primera vez, y tranquilizandose ante aquello.

Pasaron pocos minutos para que cada miembro del circo comenzara a
investigar posibles puntos donde pudieron ser vistos y los alrededores del
circo, pendientes de cualquier comportamiento extraño.

Y mientras aquello ocurría, Jungkook pisaba sin descaro alguno la espalda


del jóven policía, apoyándose allí mientras su cuerpo se encontraba inclinado
hacia Taehyung, con su mirada fija en los ojos del mismo.

—¿Alguna vez te han dicho que te ves muy lindo dando órdenes? —
Cuestionó, sonriendo con leve gracia.

El rubio simplemente rodó los ojos al escucharlo, negando suavemente con la


cabeza mientras iba centrando su mirada en dirección hacia Seokjin, quien
sostenía la pistola que le había otorgado Jeon con demasiada fuerza.

—Jin, lo lamento mucho... ¿Lo conocías? —Se animó a preguntar, dando un


paso hacia quien consideraba su amigo, y golpeando sutilmente la pierna del
payaso para que dejara de pisar sin respeto alguno aquel fallecido que al
parecer tenía relación con el mago.

Seokjin no dió ningún tipo de respuesta, sus lágrimas caían de a montones y


casi no parpadeaba, se veía casi muerto por dentro, temblando apenas en su
lugar.

No respondió, ni quiso hacerlo.

No emitió ni un solo sonido al guiar la pistola hacia su cabeza, quitando el


seguro y empezando a presionar repetitivamente el gatillo de la misma,
generando un pequeño ruido del como la pistola se encontraba vacía,
impidiéndole su tan esperada muerte.

Frustrado, rompió aún más en llanto, volviendo a intentar una y otra vez
mientras negaba constantemente con la cabeza, cansado, enojado consigo
mismo, lidiando con su respiración agitada y miles de emociones atacándolo
bruscamente.

Taehyung no pudo hacer más que mirarlo con tristeza, tomando


cuidadosamente la pistola y retirandola del poder de Jin en un intento por
detener su notable ansiedad, al borde de un ataque que podría ser peor para
él.

Jungkook por otro lado, no hizo más que rodar los ojos con aburrimiento, sin
sentir ni un poco de empatía por el sufrimiento del ajeno, y pateando
disimuladamente al cadáver del hombre que tenía cerca para apartarlo de sí.
Limitándose a simplemente darse un punto bueno a sí mismo por haber
retirado las balas de aquella arma, sabiendo de lo que era capaz Seokjin, y el
como se pondría Taehyung ante aquello.

—Era mi amigo, Taehyung... —Murmuró débilmente el mago, sintiendo


dificultad para respirar.

—Nos puso en peligro, llorón. Él ya no era tu amigo hace muchos años atrás,
supéralo. —Interfirió Jungkook a las espaldas del rubio, quien no hizo más
que mirarlo con reproche.

—Eres el menos indicado para hablar de superar, cállate y ve a ayudar a los


demás. No estás ayudando. —Dijo el menor, frunciendo el ceño mientras el
payaso no hacía más que asentir con desinterés, marchándose de allí para
dejarlos solos.

—Quiero morirme, quiero morir...

Con aquellas palabras saliendo de los labios del jóven mago, el jefe del circo
miró al mismo con inquietud, sin saber cómo ayudarlo.

¿Pero qué podría hacer él? Si ya había perdido parte de su empatía.

—Lamento tanto no serte útil ahora, Jinnie...

•••
Caminando cerca de las casas rodantes, el pelinegro se encontraba
mayormente rodeado por compañeros de trabajo que intentaban explicar de a
poco toda la información que habían recolectado al pasar de los minutos
acerca de la misteriosa llamada que se había realizado.

Jungkook intentaba ser paciente y escuchar atentamente a cada uno, pero el


dolor que causaban aquellas personas en su cabeza al hablar sin parar
comenzaba a fastidiarlo.

—Bien, creo que fue suficiente. No me están dando nada útil así que el
próximo que vaya a hablar, que sea algo que valga la pena. —Pidió con
fastidio al cansarse, masajeando apenas el puente de su nariz con su dedo
índice y pulgar en un intento por relajarse.

Una de las empleadas se acercó con cierto cuidado al payaso al verlo tan
malhumorado, procurando ser rápida y directa.

—Yo ví a alguien saliendo hoy del circo hacia una parte donde se puede
hacer una llamada, casualmente se juntó con tu hermano Yoongi al regresar
—contó aquella chica, tratando de recordar dicha secuencia—. Parecían muy
cercanos, hasta se dieron un beso.

—¿Hablas de Sunghyun? —frunciendo apenas el ceño, el pelinegro sintió


como su malhumor iba en aumento, causándole rechazo el simple hecho de
recordar a aquel sujeto—. ¿Dónde están esos dos?

—No lo sé, no los ví después de eso.

Asintiendo ante las palabras de la jóven, el payaso quiso pensar por un


momento. Sabía perfectamente que Sunghyun sería capaz de hacer tal idiotez,
pero lo que se preguntaba con total intriga era el porqué.

¿Por qué Sunghyun llamaría a la policía para joderlos un momento?

—¡Jungkook! —el llamado de Hoseok a sus espaldas parecía tener la


respuesta—. ¡Jimin no está en la jaula!

Esos malditos...
Ya entendía.

—¡Todos a buscar a ese mal nacido ahora! ¡En todas las zonas que
encuentren! —Ordenó de inmediato, sintiendo el enojo incrementar aún más.

Que Sunghyun insistiera tanto con estar en su casa al fin tenía sentido,
buscaba la llave de la jaula que mantenía preso a su hermano, y al tenerla
había hecho tal alboroto como distracción, llevándoselo y dejando a los otros
prisioneros a su suerte, encerrados.

—No puede irse, busquenlo a él y a Sunghyun.

Ante la órden del payaso, la mayoría se puso de acuerdo para dirigirse hacia
una de las casas rodantes, sin esperar demasiado para conducir y empezar la
búsqueda.

Por otro lado, Jungkook fue rápidamente a informarle lo sucedido a


Taehyung, dirigiéndose hacia donde se encontraba el mismo anteriormente, y
viéndolo así a lo lejos intentando consolar a Seokjin aún, quien se veía
mínimamente mejor.

Sin esperar a que aquella charla termine, su mano derecha fue directo hacia
uno de los brazos del rubio, quien tan solo lo miró con intriga, dejándose
llevar hacia otra parte donde tendrían más privacidad.

—¿Qué te pasa? —cuestionó ante la interrupción, volteando a mirar al jóven


mago, quien se mantenía en silencio al observarlos alejarse de a poco—.
Enseguida regreso, Jinnie, no hagas nada peligroso.

Seokjin asintió con calma, demasiado perdido en sus pensamientos en aquel


momento.

Por otro lado, Jungkook siguió su camino hacia la puerta de su casa rodante,
abriendola e ingresando así con Taehyung a sus espaldas, quien seguía igual
de confundido por las acciones del payaso.

—Bien, tenemos que hablar —dijo el mayor al estar finalmente solos,


haciendo que los ojos del rubio se fijaran en él—. Sunghyun llamó a la
policía, fue una maldita distracción para llevarse a Jimin, no está. —Informó
con total fastidio, cruzándose de brazos al liberar el agarre que ejercía en el
chico.

Incrédulo ante la noticia, el jefe no hizo más que negar apenas con la cabeza,
sintiendo la frustración incrementando al igual que el enojo, suspirando de
forma pesada al intentar mantener la calma.

—¿Qué hacemos...? —cuestionó entonces, en busca de encontrar alguna


solución rápida—. No quiero dejar libre a Jimin, pero podríamos estar cerca
del circo que podría tener a mi familia... No quiero retrasarme más, en verdad
no. Y todo esto está comenzando a frustrarme demasiado, ¡acabo de matar a
alguien de nuevo maldita sea! —gritó con rabia, con sus manos moviéndose
inquietas ante lo que parecía ser un repentino berrinche ante los ojos del
mayor—. Y no sentir ni un poco de culpa me está causando incomodidad.

La lengua del payaso pasó vagamente por una de las comisuras de sus labios
mientras intentaba pensar con mayor calma en aquella situación,
acompañando la molestia de su mocoso.

—No voy a decidir por tí, aún tenemos a Yang Mi y Dongyul enjaulados, si
eso no es suficiente para saciar tu sed de venganza, buscamos a Jimin. Es eso
o buscar a tu muy probablemente muerta familia —comentó sin rodeos,
totalmente indiferente de repente—. Me es irrelevante, pero aún así con o sin
tu ayuda seguiré investigando a donde se fueron esos infelices.

Taehyung guardó silencio, sin saber que hacer, permaneciendo con su mirada
en el piso a la vez en la que los ojos penetrantes del payaso se encontraban
fijos en él, esperando por una decisión.

—Yo...

No pudo hablar, no sin saber que hacer ni consigo mismo. Y el sonido de la


puerta abriéndose suavemente logró interrumpirlo a la vez, dejando ver al
presentador del circo con un semblante relajado, tomando posesión de un
teléfono en su mano izquierda que mantenía contra su oído.

—Lamento interrumpirlos pero, hay dificultades —exclamó una vez que


había apartado aquel objeto, guardandolo en uno de sus bolsillos—. Se trata
del circo que estamos buscando.

La pareja de aquella casa rodante se mantuvo seria al escuchar tal


declaración, mirándose entre sí por un segundo antes de guiar sus pasos hacia
Namjoon, quien se veía bastante aburrido al respecto.

—Estaban esperando por nosotros, pero se corrió la voz de que la policía


estaba circulando por aquí, por lo que quieren retirarse pronto. Van a esperar
únicamente una hora, si no te presentas volverán a cambiar el rumbo sin
avisar a donde van esta vez —informó entonces al presentador, acomodando
brevemente su elegante traje—. ¿Qué hará al respecto, Señor Kim?

Taehyung sintió como si un balde de agua fría hubiera caído sobre su cuerpo,
alterando todos sus pensamientos a la vez en la que su mirada se enfocaba en
un pequeño reloj que tenían por ahí.

¿Solo una hora? No podía estar pasando.

—¡Vamonos ahora mismo! —ordenó con inquietud, sin tardar en dirigirse


hacia el asiento de copiloto de aquella casa, mirando con reproche a
Jungkook—. ¡Me importa una mierda Jimin por ahora, nos vamos!

Siguiendo sus pasos, el pelinegro no parecía estar del todo convencido,


mostrando su inconformidad libremente en sus expresiones y ganando una
mirada llena de reproche por parte de Taehyung.

—¿Qué? —Cuestionó entonces, sin ánimos de esperar.

—No voy a ir contigo esta vez, mocoso —informó entonces, seco y decidido
—. Llamaré a Hoseok y él te llevará junto con los demás. Yo me voy a
quedar con otro grupo a seguir buscando, si no noto ni una sola pista voy a
llegar luego. Pero no voy a dejar que un imbécil que tocó algo preciado y mío
ande libremente por ahí.

Las palabras de Jungkook salían con total seriedad, haciendo que el rubio se
sintiera algo frustrado ante la idea de dejarlo seguir con la búsqueda, pero no
pudo ni quiso quejarse, sería lo mejor.
Aparte de eso, no quería esperar ni un solo segundo de más.

Fue por eso que asintió, cediendo ante lo dicho por el payaso y mandando a
buscar inmediatamente a Hoseok, quien en pocos minutos había llegado para
tomar el volante de la casa de su amigo.

Emprendieron el viaje, con Taehyung sintiendo total nerviosismo, y con


Jungkook apartándose por otro lado entre las zonas por las que pudieron
escapar Sunghyun, Yoongi y Jimin.

Ambos estaban igual de inquietos por diversas razones, y eso había


convertido su tranquila tarde en un mal día.

•••

Jungkook nunca había sido paciente, para nada, y mucho menos cuando
andaba sumamente estresado.

Por lo que mientras recorría arduamente los alrededores con un par de armas
encima sin tener ni un solo rastro de a donde se habían marchado lo mantenía
sumamente molesto, dando constantes vueltas por el lugar, siendo seguido
por un grupo de trabajadores que parecían estar pegados a él cada que no
tenían una orden en específico además de vigilar la zona.

—¿Pueden dejar de ser tan inútiles y hacer una búsqueda real? No van a
encontrar a Park Jimin en mi jodido bolsillo como para que estén
siguiendome como perros. —Soltó con enojo una vez en la que se había
hartado, alzando bruscamente la voz para apartarlos finalmente de su cuerpo.

Estaba cansado.

Varios minutos habían pasado desde que Taehyung había avanzado con el
resto del circo, y aún así el sentimiento de soledad comenzaba a hacerse
presente en sí, causando un horroroso mal humor que tendrían que soportar
sus no tan útiles acompañantes.

—A la mierda con esto, me tienen harto —declaró con enojo al notar como
después de un largo rato sus compañeros volvían de nuevo hacia él sin
ningún tipo de pista—. Nos vamos, de igual manera encontraremos a esos
bastardos luego.

Los demás no quisieron opinar sobre las palabras de Jeon, tan solo se
limitaron a cumplir sus órdenes, subiendo todos a una casa rodante para
comenzar a conducir hacia donde se había ido el circo, mientras que
Jungkook tenía otra casa aparte donde conducía en soledad, guiando a sus
compañeros al estar enfrente.

Su cabeza no dejaba de dar vueltas con respecto a la desapareción de Yoongi.

¿Se lo había hecho de nuevo?

¿Lo había usado solo para distraerlo y llevarse a Jimin?

Yoongi había estado en su casa, al igual que Sunghyun, y siendo ellos pareja,
el pelinegro dudaba bastante de que no hayan sido cómplices.

El resentimiento que sentía anteriormente amenazaba con incrementar sin


ningún tipo de esfuerzo, dejándole un mal sabor de boca al payaso junto con
una amargura recorriendo su pecho.

Sus manos apretaron con mayor intensidad el volante que sostenía, y lo único
que lo mantenía mínimamente tranquilo es saber que nunca quiso ceder a
volver a ser su hermano.

Él solamente tenía un hermano menor, Jeon Woozi. Y así debía ser hasta el
fin de sus días.

Y así lo sentenció el pelinegro, procurando olvidar cada momento vivido


recientemente con Yoongi, guardando nada más que rencor y nostalgia por
sus recuerdos antiguos. No necesitaba más que eso, ni tampoco lo quería.

Un suspiro odioso escapó se los labios de Jungkook, y al transcurrir media


hora pudo notar como a lo lejos comenzaba a hacerse presente el rastro de
aquel viejo circo al que tendría que ir.

Tan solo esperaba estar con Taehyung de nuevo.


•••

Cuando el rubio se vió de pie ante un circo tan tétrico y con aromas extraños,
un leve gesto de disgusto se hizo presente en su rostro, intentando
reemplazarlo por una pequeña sonrisa forzada al no querer dañar nada desde
el principio con aquella gente que desconocía y lo recibiría en tal lugar.

Namjoon y Hoseok iban a un lado de él, el presentador con el argumento de


que él igual tendría que estar ahí por si se presentaba algún negocio o algo
por el estilo, y el pelinaranja porque sabía que Jungkook no lo perdonaría en
caso de que algo le pasara a su supuesta pareja, por lo que prefería estar a su
lado haciendo de guardia.

El circo no era colorido ni tenía una carpa común de colores blanco y rojo,
tenía tonos verdes, y en la cima de todo colgaba una pequeña bandera gris
con una silueta extraña, como de un cuerpo encorvado y con mayores
extremidades de las que correspondían normalmente.

Un olor extraño se notaba apenas se ingresaba a alguna zona donde se


encuentre el circo, como a plástico, carne quemada o podrida y hasta olores
corporales bastante fuertes para el olfato de Taehyung, quien cubría
disimuladamente su rostro al hablar con uno de los empleados que vigilaba la
entrada al circo, luciendo algo sucio y descuidado.

Su ojo izquierdo hacia que la atención del rubio desapareciera de a ratos, ya


que se movía constantemente de una manera inusual, sobresaliendo de el
hueco de su cráneo cuando el sujeto se tensaba o alzaba la voz, agrandandose
hasta el punto en el que parecía que se le caería, y volviendo a su lugar
cuando hablaba con mayor calma.

Su cabello parecía una peluca mal formada por mechones que no eran iguales
entre sí, de distintos largos, lacios, con ondas y rulos.

Muchos otros detalles habían sido notados por Taehyung, pero quiso dejar de
verlo con tanta rareza, sintiéndose maleducado al ver que el hombre estaba
recibiendolo correctamente.

No tendría que verse asustado o confundido, después de todo, aquel era un


circo de fenómenos.

El hombre le había dado acceso a la carpa, donde estaban presentando ya el


final de uno de los espectáculos, y el rubio se abrió paso entre la gente que
había en el camino para esperar pacientemente donde se le había indicado,
teniendo el privilegio de tener asientos en la primera fila.

Lo que estaba viendo era algo grotesco, sin sentido ni razón de ser. Tan solo
teniendo ahí a un hombre uniendo sin ningún tipo de conocimiento
extremidades de quien sabe quién a una jóven muchacha que parecía estar
inconsciente, drogada o incluso muerta.

"Raro." Fue lo único que pensó el chico, cruzándose de piernas con


impaciencia de ver a quien era el presentador de aquel lugar, él tenía que
recibirlo.

Sus ojos observaban con cierta inquietud el hombre controlaba el cuerpo de


la chica, quien había confirmado, estaba muerta. Vistiendo cual muñeca de
porcelana, con un vestido mal hecho y sin un orden correcto en los hilos ni en
los colores, y con brazos y piernas extra que le habían agregado en aquellos
minutos.

Un nuevo fenómeno.

Taehyung se mantenía completamente serio, haciendo notar su pequeña


incomodidad y apuro por ser atendido. Y no pasó mucho tiempo de aquel
espectáculo para que el presentador se hiciera presente en el centro del
escenario.

Y le llamó aún más la atención que parecía ser uno igual al resto, con uno de
sus ojos cubierto por unos hilos que unían su párpado, la mitad de su mejilla
derecha cortada y carente de un pedazo de carne que cubría sus dientes,
haciéndole notar pequeños rastros de saliva caer desde dicha zona, y su brazo
izquierdo cargando otra extremidad que no correspondía a su cuerpo original,
finalizando aquella apariencia con un traje verde oscuro, manchado y sucio,
desprolijo.

Aquel hombre había hecho que todos los presentes guardaran silencio
únicamente con su presencia, y su diestra se dirigió hacia su sombrero para
acomodarlo sobre su grasosa cabellera, observando con su ojo bueno a todo
su alrededor.

Y al ver al único chico rubio que había descrito anteriormente Kim Namjoon
al hablar con él por teléfono, supo que era lo que buscaba.

—Buenas tardes, fenómenos y espectadores. Me complace anunciar el final


de este espectacular show, muchas gracias a todos por su presencia, y por su
colaboración para continuar con estos grandes actos. —Dijo entonces el
desconocido, mostrando una sonrisa pequeña, viéndose igualmente grande
ante el hueco en su mejilla.

Los hombres adinerados, y mujeres igual de poderosas y refinadas que


estaban siendo testigos de todos aquellos actos, parecían estar satisfechos
ante la función y el agradecimiento, fingiendo gentileza al aplaudir para el
jóven, y comenzando a retirarse uno por uno hasta finalmente dejar la carpa
del circo en total silencio, quedándose únicamente Taehyung con Namjoon y
Hoseok, y el presentador sospechoso.

El hombre le generaba una sensación desconocida al rubio, cierta inquietud.


Pero no dudó en pararse y mantenerse enderezado ante el presentador una vez
que el mismo caminó a pasos lentos hacia sí, quedando frente al contrario con
una expresión tranquila, o así lo interpretó Taehyung.

—Kim Taehyung, ¿no es así? Es un placer conocerte. Esperaba verte en


persona luego de enterarme del destino que tendrá tu querido padre —soltó el
chico, sonando relajado y sin intenciones de ofender o atacar a quien tenía
enfrente—. Fue todo un escándalo, el negocio es pequeño y los rumores no
tardan en correr.

Asintiendo suavemente con la cabeza, el rubio cruzó con incomodidad sus


brazos, siendo preso de la ansiedad que le generaba no tener noticias sobre su
familia de forma rápida.

—Eh, sí es un placer. Pero no vengo por esto... —murmuró con inquietud,


aclarando apenas su garganta—. Estoy realmente impaciente por saber sobre
mi familia, ¿sí las tienen? ¿Están bien?
El rostro del presentador se mostró algo disgustado por la respuesta, pero
terminó encogiendose de hombros con naturalidad, tomándose un momento
para pensar.

—Creo que sí son las mujeres que buscas, sin embargo dejame decirte que-

—¡TAEHYUNG!

Un grito femenino interrumpió bruscamente las palabras del hombre, y la


visión de el rubio se centró únicamente hacia donde había provenido, con su
corazón latiendo a mil por otra y el nerviosismo yendo en aumento.

Su hermana, Minah, corría eufóricamente hacia él con velocidad, tropezando


en un par de ocasiones ante el desespero, y sus brazos extendidos hacia su
hermano mayor, quien no tardó en sentir como sus ojos se llenaban de
lágrimas, alejándose de cualquiera que se encuentre en su camino para correr
de igual manera hacia su hermana.

Sus brazos rodearon a la jóven con emoción, y las lágrimas comenzaron a


bajar con rapidez en cuestión de segundos, sin tardar en convertirse en
sollozos.

Minah temblaba, con su respiración alternándose por su llanto, y sus brazos


tomando el cuerpo de Taehyung como si no quisiera separarse nunca más,
siendo algo brusca. Pero al rubio no le había importado para nada, no podía
estar más feliz.

—¡Te extrañé tanto! —sollozó la chica, dificultandose al hablar por las


lágrimas que seguían recorriendo su rostro, y sus manos moviéndose
inquietas en temblores al aferrarse a las prendas superiores de su mayor—. P-
papá, pa- ¡Él hizo esto!

—Lo sé, princesa. Lo sé —intentó consolar inútilmente el rubio, con su


cuerpo temblando de igual manera, y su llanto manteniéndose por varios
minutos sin poder parar—. Estaba tan preocupado, no sabía que hacer.

—Y m-mamá, mamá...
Minah intentó formar una oración decente más de una vez, pero se veía tan
frágil y dañada que de su boca no salían más que balbuceos y palabras
entrecortadas, sin permitirle contarle lo que quería al mayor.

Y Taehyung al percatarse de aquello, tomó un poco de distancia, sosteniendo


por los hombros a su hermana para que pudiera mirarlo a la cara. Y volviendo
a sentir así cierta preocupación por la mirada afligida y dolida que tenía.

—¿Qué pasó con mamá, Minah? —Cuestionó como pudo, intentando regular
su respiración luego de su llanto.

Su respuesta no fue más que un sollozo fuerte y desgarrador, la desesperación


notándose en aquella menor hasta el punto en el que el contrario sintió su
cuerpo temblar, lleno de pánico, sin saber que hacer ni donde ir. ¿Qué había
pasado con su madre?

Y su mirada asomándose por detrás del hombro de la chica fueron su


lamentable respuesta, viendo una vieja entrada de la carpa abierta, mas sin
nadie ingresando correctamente al circo.

Teniendo en su lugar a una mujer arrastrándose con un solo brazo al faltarle


el derecho y sus piernas, sus ojos cerrados al ser unidos con hilos luego de
arrancarselos, y su cuero cabelludo dejando ver varios cortes en forma de
símbolos extraños, teniendo algunas zonas carentes de cabello.

Un fenómeno más, otra atracción.

Un fenómeno más, la madre de Kim Taehyung.


40

Su cuerpo se encontraba totalmente frío, rígido y con la piel de gallina ante la


imágen que estaba presenciando, preso del terror y el pánico que luchaban
por expresarse en un grito fuerte y desgarrador.

Taehyung no supo en que momento se encontraba de rodillas enfrente de


quien alguna vez fue una persona común y corriente, con todas sus
extremidades y cumpliendo su rol de madre; no supo en que momento había
comenzado a llorar en silencio, completamente en shock por lo que estaba
viendo.

Aquella mujer incompleta, torturada y carente de visión, era su madre.

—Mamá... —llamó entre medio del llanto, luchando por no tirarse por
completo en el suelo para sostenerla entre sus brazos, intentando mantenerse
mínimamente cuerdo, aunque aquello ya le era imposible—. Mamá... ¿Qué te
han hecho...?

Sus manos temblaban al igual que el resto de su cuerpo, y el nerviosismo


consumía cada vez más cada parte de Taehyung, sintiendo su pecho subir y
bajar constantemente en desesperación, sin saber de donde agarrarse o qué
hacer con aquella fémina que estaba agonizando a tan solo unos centímetros
de distancia.

Y todo pareció empeorar cuando su progenitora quiso hablar, soltando


simples balbuceos y sonidos incoherentes ante los oídos del rubio.

Le faltaba la lengua.

Aquella imágen no hizo más que afectar en demasía al chico, quién gritó con
desespero, totalmente horrorizado y alterado por no poder hacer nada por su
madre más que sufrir y notar su dolor, sosteniendola entre sus brazos y
abrazando lo poco que quedaba de ella con sufrimiento, llorando en gran
cantidad y gritando hasta sentir como su cabeza dolía por la desesperación en
su llanto.

Su hermana estaba igual que él, sollozando a sus espaldas mientras cubría su
rostro con ambas manos, traumatizada a más no poder con todo lo que había
presenciado, y rasguñando sus mejillas con descuido ante su llanto,
demasiado nerviosa al igual que su familiar.

El presentador del circo por su parte se encontraba bastante calmado,


observando con indiferencia aquella escena y carraspeando por unos
segundos para conseguir nuevamente la atención del jefe del circo contrario,
acercándose a él.

—Recibimos la llamada un poco tarde, en pleno espectáculo en el que se


estaba utilizando a tu madre, por lo que quedó así, intentamos hacer todo lo
posible para mantenerla con vida cuando nos enteramos de quien era familiar,
pero quedaron algunos daños irreparables... —Comentó como si nada,
acomodando su ropa y tomando cierta distancia al ver como Taehyung se
ponía de pie, mirándolo fijamente.

—¿Es una maldita broma...? ¡Le sacaron los ojos y la lengua! —gritó con
total rabia, luchando por no tirar un golpe a aquel hombre sin empatía alguna
—. ¡Me quitaron a mi madre!

Sin pensarlo demasiado, los movimientos del rubio comenzaron a notarse


más violentos a medida en que caminaba hacia el presentador, quien no hacía
más que retroceder con seriedad, sin tomar en cuenta el enojo del chico, y
deteniendo sus pasos al posar una de sus manos sobre el pecho impropio,
alejandolo un poco.

—No hagas idioteces, Kim Taehyung. Ya te expliqué lo sucedido y nada de


esto es culpa mía o de mis empleados, nosotros solo recibimos mercancía y tu
padre fue el responsable de dejarlas aquí, no te confundas —sentenciando
aquello, el presentador retrocedió dos pasos, tomando distancia—. Además,
si hubiera sido otro tipo, estaría pidiendote dinero o incluso algunos de tus
trabajadores a cambio de tu familia, no abuses de mi buena voluntad con tus
problemas familiares, porque eso ya no es cosa mía.

El enojo que sentía el rubio en aquel momento era inexplicable, sentía su


rostro arder por la rabia que se acumulaba en su ser y sus mejillas totalmente
húmedas por sus lágrimas, viendose sorpresivamente violento y a la vez
vulnerable.

Fue entonces que buscó calmarse de nuevo, sin querer hacer un escándalo en
un lugar donde tenía notable desventaja y a la vez podría causar aún más
problemas, su cabeza no podría con aquello.

Volteando su cuerpo hasta donde se encontraba Minah, pudo ver como la


misma sostenía con cuidado el rostro de su madre, acariciando con delicadeza
a la vez en la que lloraba, siendo una imágen desgarradora para el dueño del
circo Stigma.

—Tae... —llamando en un susurro, la menor observó fijamente a su hermano,


haciendo notar sus ojos tristes y llenos de lágrimas—. Mamá no puede vivir
así.

Sintiendo un nudo en la garganta al escucharla, el rubio no hizo más que


negar constantemente con la cabeza, rechazando aquellas palabras y
acercándose hacia la chica, tratando de apartarla de su madre.

—No digas eso. —Exclamó, casi en una órden, frunciendo su ceño y


notándose nuevamente molesto.

—¡No puedes dejarla así! —protestó la adolescente, alzando la voz entre


medio de un sollozo, quitando las manos del rubio de su cuerpo para evitar
que la aleje—. Ella no está bien, ni lo estará. Está sufriendo.

—Deja de decir eso, Minah. Algo podemos hacer. —Siguió diciendo el


mayor, negándose a escuchar a su hermana.

—¡Si la dejas así eres un monstruo al igual que todos ellos!

—¡Cierra la boca!

Totalmente fuera de sí, Taehyung no fue consciente del momento en el que


alzó la mano, abofeteando a su hermana y tirandola al piso con brusquedad,
sin querer escuchar ni una sola palabra.

El arrepentimiento llegó más rápido de lo que pensaba, arrodillandose ante la


chica y buscando tomarla rápidamente entre sus brazos, recibiendo total
rechazo por parte de la menor, quien lo empujó con fuerza, llorando con
notable miedo.

Asustada, su hermana estaba asustada por su culpa.

¿En qué se había convertido?

—¿¡Qué mierda te pasa, Taehyung!? —cuestionó la menor, tocando la


mejilla en la que había sido golpeada—. Alejate de mí, no me toques.

Nuevamente, el chico no supo que hacer, más que mantenerse en silencio,


asustado de sí mismo y de lo que podía hacer en momentos de tensión,
desconociéndose por completo. Jamás le había levantado la mano a su
hermana, ni siquiera cuando eran niños, por lo que en aquel momento se
encontraba totalmente decepcionado de sí, resentido con la personalidad que
había adoptado.

Sintiendo una mano sobre su hombro, el rubio giró levemente su cabeza,


notando la presencia de Namjoon a sus espaldas junto con Hoseok. Ya se
había olvidado de que ambos lo habían acompañado.

—Estás haciendo un escándalo —fue lo único que comentó Namjoon,


hablando con seriedad—. Ella tiene razón, tu madre no se recuperará.

—No pedí tu opinión. —Alejándose con amargura al exclamar aquello, el


jóven se dirigió nuevamente hacia su madre, arrodillandose enfrente suyo con
tristeza.

La mujer lloraba con dificultad, soltando balbuceos y quejidos por el dolor


que le producía el esfuerzo por llorar y los intentos por hablar.

Fue entonces que Taehyung no hizo más que suspirar de forma pesada,
dejando una última caricia en el rostro de su madre junto con un pequeño
beso en su frente, tomando distancia y poniéndose de pie segundos más tarde,
tomándose un par de segundos antes de sostener entre una de sus manos la
pistola que portaba en una parte de su pantalón, quitando el seguro.

Sentía su pecho doler, como si alguien estuviera presionandolo con rabia


hasta asfixiarlo, no podía respirar bien, y la mano que tomaba la pistola
temblaba ligeramente, apuntando a la cabeza de la mujer que lo había traído
al mundo.

—Mamá... ¿Quieres qué detenga tu sufrimiento? —Interrogó casi en un


susurro, atemorizado por la respuesta.

Y el dolor tan solo incrementó al ver a la mujer asentir a duras penas,


escuchandola llorar con fuerza y sintiendo la presión en su pecho aumentar,
totalmente asustado de lo que estaba por hacer.

—Te amamos, mamá... —Exclamó con dificultad, sintiendo su mano temblar


mientras observaba atentamente a la mujer.

Los segundos empezaron a pasar rápidamente, y su respiración seguía igual


de acelerada, dudando demasiado de si hacer aquello, permaneciendo con sus
ojos llenos de lágrimas y dificultandole la vista, viéndose asustado y débil
ante todos los presentes.

Ni siquiera se percató del momento en el que otra persona ingresó a la carpa


del circo, mucho menos prestó atención a que dicha persona se acercaba a
Namjoon y Hoseok, susurrando quién sabe qué.

Inseguridad, miedo, odio y fastidio, todo eso acumulándose en el pecho de


Taehyung, formando un dolor allí y un nudo en su garganta, dudando
demasiado y escuchando a su madre quejarse en un intento por apresurarlo y
que acabe todo de una vez.

Dos disparos se escucharon por todo el lugar, aturdiendo un poco a quienes


se encontraban cerca de las armas.

Taehyung parpadeó dos veces, observando lo que acababa de hacer, notando


el rostro deformado de su madre con un disparo en la frente y otro a un
costado, cercano a su oreja izquierda. Aquella escena alterando todo su ser y
el enojo por ver que alguien más le había disparado a su progenitora
volviéndolo completamente loco, lleno de ira.

Y antes de que pudiera decir cualquier cosa, encontró al culpable, siendo este
aquel conocido payaso, Jeon Jungkook. Quien había entrado hace no mucho
al circo, presenciando todo aquello.

—¿¡QUÉ MIERDA HACES!? —Cuestionó con odio, empujando


bruscamente al pelinegro al verlo aún con la pistola en una de sus manos.

Jeon no hizo más que mirarlo con indiferencia, como si no hubiera hecho la
gran cosa, encogiendose de hombros y retrocediendo un par de pasos al notar
lo alterado que estaba Taehyung, quien se veía totalmente dispuesto a
golpearlo a pesar de la notable diferencia de altura, peso y fuerza.

—No te veía capaz de hacerlo, lindo. Solo quise ayudarte, porque te veía
bastante capaz de dejar a mi suegra sufrir hasta morirse de puro dolor. —
Comentó como si nada, viéndose incluso divertido mientras tomaba las
muñecas del rubio, evitando cualquier otro golpe y a la vez mirándolo con
atención, notando como el chico tenía la cara roja por el enojo.

—Idiota, irrespetuoso, repugnante, te odio, te odio, te odio —exclamaba por


lo alto el menor mientras sus manos buscaban golpear al contrario, fastidiado
—. Te detesto, eres lo más horrendo que me pude haber cruzado. —Siguió
diciendo, comenzando a llorar nuevamente ante la impotencia y tristeza.

Jungkook suspiró con pesadez, soltando al chico y recibiendo los golpes en


su pecho, sin siquiera moverse.

Taehyung golpeaba con fuerza, totalmente rencoroso por todo lo que le había
hecho pasar aquel hombre y ante la falta de respeto que sentía que había
cometido con su madre, pero a pesar de todo el odio y enojo que tenía, sus
golpes no movían ni un poco al payaso, quien simplemente lo miraba en
silencio, apenas sintiendo un ligero dolor por los puñetazos.

Lo golpeó hasta cansarse, sintiendo su respiración agitada y todo su rostro


empapado por las lágrimas, desesperado y sin creer aún lo que había hecho,
volteando hacia el cadáver de su madre, y gritando con desespero al ver el
charco de sangre y como había quedado aquella mujer, sintiendo poco tiempo
después el fuerte abrazo de su hermana menor, quien sollozaba de igual
manera.

El pelinegro no hizo más que darles su espacio, sin querer entrometerse más
de lo que ya había hecho, sintiendo varias miradas encima suyo, y centrando
su atención en una en específico, siendo aquella la del presentador del circo
contrario.

El hombre lo miraba de forma extraña, y Jungkook no hizo más que alzar


apenas una de sus cejas mientras le sostenía la mirada, ignorando como
levantaban el cuerpo de la madre de Taehyung para llevarla a otra parte.

—Tú... —soltó el hombre, viéndose algo incrédulo, y llamando aún más la


atención del payaso ante aquello—. No puede ser.

Frunciendo levemente el ceño al escuchar a aquel sujeto, el pelinegro sonrió


apenas, soltando una pequeña risa antes de cruzarse de brazos, sin entender
por qué aquel loco deformado parecía al borde del llanto.

—¿Qué? ¿Quieres un autógrafo o por qué tanta emoción, bicho raro? —


Interrogó de forma altanera, sin importarle ser grosero con una persona
relevante de aquel circo.

Y su atención no duró tanto tiempo en aquel sujeto al escuchar como poco a


poco una respiración agitada empezaba a notarse cada vez más, ganándose la
mirada de Jungkook y siendo el responsable de aquello Taehyung, quien
comenzaba a verse mucho más alterado al pasar de los minutos al caer en
cuenta de lo que había hecho.

Había matado a su madre.

El pelinegro notó de inmediato que el rubio estaba al borde de un ataque de


pánico o incluso a punto de lastimarse a sí mismo al aflojar el agarre del
abrazo que mantenía con su hermana, sosteniendo sus propios brazos y
rasguñandose con descuido, llorando sin parar.
Viendo aquello situación, el mayor dejó en el olvido a cualquier otra persona
que no sea Taehyung, ignorando al presentador que parecía perdido en sus
pensamientos, incluso incrédulo. Y terminando así el payaso por acercarse al
rubio, tomando con calma uno de sus brazos, con intención de sacarlo de
aquel lugar.

Namjoon y Hoseok no tardaron en acercarse de igual manera, colocándose a


un lado de ambos y alejando a Minah de Taehyung al verlo así, cuidandola
entre ellos de cualquier persona de aquel circo contrario.

—Bien, nosotros ya terminamos aquí, se agradece su colaboración —


comentó Jungkook con falsa amabilidad, tomando el control de la situación
con aquellas personas al ver que Taehyung no era capaz de aquello por el
momento, convirtiéndose en jefe por unos segundos—. Se les estará
entregando un par de personas para sus espectáculos como recompensa.

Finalizando con aquello sin querer argumentar nada más, el pelinegro tomó
posesión del cuerpo del menor con facilidad, sosteniendolo por la cintura y
llevándolo a un lado suyo mientras que con la otra mano les hacía una
pequeña señal al presentador de su propio circo y a su amigo, indicándoles a
ambos que se mantengan cerca de la hermana de su niño.

Nadie del circo contrario exclamó algo ante la salida de aquel grupo, el
presentador se había quedado en silencio, y todos los presentes optaron por
seguir con sus respectivas actividades, algunos limpiando el desastre que
había dejado el cadáver de la madre del jefe del circo Stigma.

Una vez afuera, Jungkook esperó por sus compañeros, volteando hacia
Namjoon y Hoseok y dejando a Taehyung un poco atrás de su cuerpo al
notarlo aún vulnerable, con la mirada perdida y sus ojos llenos de lágrimas.

—Ustedes, cuiden a esta chica —ordenó de repente, refiriéndose a la


adolescente que lo miraba de arriba a abajo, con una mirada extrañada al
notar el comportamiento que tenía el hombre con su hermano y ante lo que
había hecho anteriormente con su madre—. Busquen un lugar donde ella
pueda quedarse y que esté bien vigilada.

—Jungkook no-
—¿Quién eres tú y por qué te sientes con derecho a mandarme lejos de mi
hermano? —interrumpió bruscamente Minah, cortando lo que quería decir
Taehyung al reaccionar finalmente, y acercándose hacia el pelinegro, quien la
miraba desde arriba—. Es más, ¿¡Por qué mi hermano se va contigo después
de lo que acabas de hacer con mi madre!?

El payaso fijó su mirada en la menor al verla acercarse, viéndose molesta y


bastante sensible por lo que había presenciado, y optando así simplemente
por sonreír apenas, notándose divertido por aquella escena.

—Como se nota que son hermanos —comentó con gracia ante la actitud de la
chica, agachandose solo un poco para estar cara a cara—. Yo soy Jeon
Jungkook, niña. Tu cuñado, segundo jefe y dueño de tu hermanito, así que
tengo todo el derecho del mundo a mandarte donde se me dé la puta gana,
porque por si no te has dado cuenta, mi bonito Taehyung está a nada de llorar
como el maricón que es y el que lo tiene que contener soy yo, y es una tarea
muy difícil si tengo una adolescente desconocida en mi casa, jodiendo por los
actos que hice junto a tu hermano, no fuí solo yo —señaló, alejando
descaradamente a la chica de su rostro al empujar suavemente su frente con
uno de sus dedos índice, burlándose—. Ahora obedece y ve con ellos, te
traeré con tu hermano cuando esté menos idiota.

—¿Pero quién te crees qué eres?

Totalmente molesta, la menor se veía completamente dispuesta a pelear con


aquel hombre desconocido, buscando acercarse nuevamente y terminando por
quedarse en su lugar al ver como Taehyung se posicionaba entre medio de
ambos, interrumpiendo cualquier discusión. No podía soportar aquello justo
en aquel momento.

—Basta los dos —ordenó con fastidio—. Minah no se irá a ningún lado y si
al payaso tarado le molesta que esté en nuestra jodida casa, quiero que ya
mismo le consigan una para ella, y que esté al lado, de lo contrario yo me iré
a donde ella vaya. —Sentenciando aquello, el rubio dedicó una mirada
amenazante a todo aquel grupo, recibiendo el silencio de la mayoría, y una
mirada aburrida por parte de Jeon.

—Tú no te vas a ningún la-


—Cierra la boca.

Incrédulo ante la respuesta de Taehyung, el pelinegro sonrió sin gracia


alguna, y antes de poder reclamarle cualquier cosa, Namjoon carraspeó
apenas, sin dejar espacio a otra pelea innecesaria.

—Creo que tenemos una casa disponible, si la señorita nos acompaña, la


llevaremos hasta ahí y después la dejaremos a un lado de su casa para poder
viajar bien lo antes posible. —Comentó el presentador, observando a la
adolescente que no parecía convencida aún.

—Ve, Minah. No te volverán a lastimar, te veré en unos minutos, lo prometo.


—Exclamó el rubio al ver la incomodidad de su hermana, viendo como la
misma cedía finalmente, asintiendo con la cabeza y dejándose guiar un par de
segundos después por el presentador y el pelinaranja.

Una vez solos, Jungkook tomó al chico por la camisa que portaba,
acercandolo hacia su rostro de imprevisto, viéndose algo fastidiado, mas sin
ser realmente amenazante comparado a algunas otras ocasiones.

—Asi que tengo que cerrar la boca, ¿eh? —Cuestionó con cierto tono
intimidante, sosteniendo el cuello de la camisa del menor.

Taehyung ni siquiera parecía estar de humor para asustarse o preocuparse por


la actitud que podría tomar Jungkook, simplemente suspiró, cansado y
abrumado por todo lo que su mente estaba procesando, sin saber si estar
tranquilo por haber encontrado a su familia o caer en una mísera depresión
por acabar con su progenitora, a pesar de que sabía que era lo correcto.

—Por favor, no ahora. —Exclamó con simpleza, viéndose realmente afectado


y logrando así que el pelinegro afloje el agarre en su ropa.

—Bien, te lo dejaré pasar por ahora —soltó Jeon, dejando aún así un pequeña
cachetada sobre una de las mejillas del rubio, quien jadeó ante la repentina
acción—. Igual, tú cierra la boca antes de tratarme de tarado, cachorro idiota.

Finalizando la pelea allí, Jungkook no esperó respuesta, volviendo a tomar la


ropa de Taehyung y llevándolo así consigo hasta la casa que compartían,
llegando en pocos minutos al estar cerca de aquel lugar, y siendo el payaso el
primero en entrar, manteniendo al rubio cerca de su cuerpo.

Una vez en casa, lo primero que hizo el menor fue alejar un poco al hombre,
tomando distancia y dirigiéndose así hasta el baño, donde no tardó en lavar su
rostro, buscando limpiar todas las lágrimas que había derramado y a la vez
intentando calmarse un poco, sintiendo su estómago completamente revuelto,
quería vomitar, llorar y dormir hasta el cansancio, estaba tan alterado, triste y
enojado consigo mismo a la vez.

Jungkook no hizo mucho más que mirarlo desde la puerta del baño,
apoyándose en el marco y guardando silencio ya que sus comentarios
carentes de empatía no le servirían nada al chico, y él más que nadie sabía
eso.

El primero el romper aquel silencio eterno que se había creado entre ellos al
pasar de los minutos, fue el menor, quien secó su rostro a un ritmo calmado,
tomando aire antes de fijar su mirada en el pelinegro.

—¿Qué se supone que haga ahora, Jungkook? —interrogó casi en un susurro,


totalmente angustiado mientras sus manos jugaban de forma inquieta con la
toalla que sostenía—. Mi cabeza solo había ideado dos escenarios, uno donde
las dos estaban muertas y otro donde las dos estaban vivas. Y ahora maté a
una... ¿Qué debo hacer? —volvió a cuestionar, sintiendo sus ojos llenándose
de lágrimas una vez más—. ¿Entiendes qué si estaban muertas solo podía
enterrarlas y si estaban vivas, ponerlas a salvo lejos de mí? ¿Qué se supone
que haga ahora si no tengo a mamá? ¿Mandar sola a mi hermana a otro lado?

El pelinegro apretó levemente sus labios mientras pensaba una respuesta,


cruzándose de brazos y meditando por un segundo antes de volver a mirar a
los ojos al chico, sin saber muy bien como ayudarlo.

—Primero, tu madre no podía vivir así, no te lamentes por eso. Creo que
cualquiera prefiere que le peguen un tiro antes de estar agonizando durante la
poca vida que le queda —argumentó, acercándose al chico hasta estar frente
al mismo—. Y tu hermana a pesar de no ser adulta, puede manejarse bien si
la dejas en un lugar seguro y le das lo necesario, tiene la suficiente valentía
para querer pelearle a un tipo con una pistola, supongo que será igual de
prepotente para enfrentarse al mundo ella sola. Dejarla aquí no es seguro, vas
a tener que estar pendiente de donde se encuentre todo el tiempo, y además
de ser una distracción, te hace más débil como jefe y es un blanco fácil en
caso de peleas con otras personas —comentando aquello, tomó la toalla que
sostenía Taehyung, acomodandola en otra parte del baño—. Además, no creo
que quieras que tu hermana se meta en esto también. Ella no va a vivir aquí
sin colaborar con el circo, ya sea limpiando escenarios llenos de tripas o
trabajando en vestuario, preparando comida, todo implica cosas que la van a
dejar peor psicólogicamente.

Escuchando atentamente todo lo que decía el mayor, un suspiró abandonó los


labios del chico, llenándose de dudas, miedos e inseguridades.

—Me da miedo dejarla sola.

—Va a estar sola, pero mucho más segura que aquí —exclamó Jeon,
pensando por unos segundos—. Mira, tengo un par de contactos que pueden
buscarle un lugar seguro, sin circos cerca y seguramente en alguno pueda
adaptarse fácilmente, si quieres, puedo preguntar y arreglar algo para ella.

Centrando su atención en el rostro de Jungkook después de oír sus palabras,


Taehyung se quedó en silencio por un par de segundos antes de soltar una
pequeña risa, negando suavemente con la cabeza mientras sus brazos se
cruzaban sobre su pecho.

—¿Qué te da risa, niño tonto?

—De que a veces pareces normal —dijo el rubio, viéndose más divertido a
pesar de estar triste—. Incluso amable, y verte así es tan raro.

—¿Soy amable, lindo? —soltando aquello con cierto tono coqueto, el más
alto aprovechó la situación para molestar un poco al chico, guiñandole un ojo
con picardía—. Solo soy un hombre preocupado por el bienestar de la familia
de su chico.

—Idiota.

Sonriendo con gracia ante la respuesta del chico, el pelinegro no hizo más
que tomar con facilidad el cuerpo del mismo, alzandolo y apoyandolo sobre
uno de sus hombros al cargarlo, llevándolo así a la habitación que
compartían.

Taehyung no puso resistencia alguna, tan solo se dejó llevar por el hombre
hasta la cama, donde se recostó, quedando boca arriba mientras que Jungkook
tomaba asiento a un lado suyo, mirándolo con atención.

—Bueno, voy a hacer lo que te dije y averiguar lugares para tu hermana, pero
vas a tener que hablar con ella. Porque dudo mucho que quiera conversar
conmigo, a mi cuñada no le agrado. —Declaró con cierta burla, inclinándose
hacia el rubio para poder robarle un pequeño beso, siendo correspondido.

—La primera impresión que le diste fue pegándole un tiro a nuestra madre,
obviamente no va a querer hablarte, animal. —Comentó aún fastidiado por
aquel suceso el menor, dejando un mínimo golpe en el pecho ajeno.

—Ajá, como digas —sin realmente escuchar a chico, el pelinegro se


encargaba de depositar besos breves sobre los labios impropios,
entrecortando las palabras de Taehyung cada que el mismo hablaba—. No
negaste que era mi cuñada.

—No lo-

Antes de que el menor pudiera quejarse, Jungkook optó por rodar los ojos
con indiferencia, interrumpiendo al rubio al inclinarse por completo hacia su
cuerpo, dejando callado al menor ante la repentina cercanía y observando al
mismo ponerse algo nervioso al tomarlo por las piernas, abriendolas y
acomodandose entre medio de ellas con tranquilidad, fijando su mirada en el
rostro ajeno al acercarse al mismo, rozando sus narices.

—Cierra la boca un rato. —Soltó el pelinegro, con sus ojos puestos en la


mirada de Taehyung.

Y evitando que el mismo empiece a reclamarle, el mayor acortó la poca


distancia que tenían, uniendo sus labios en un beso tranquilo y a la vez
profundo, pasando sus manos por la cintura del rubio y sosteniendo la misma
mientras que por otro lado el chico debajo suyo colocaba sus manos sobre el
pecho del payaso, apretando la camisa que portaba.

Dejándose hacer, el rubio sintió como las manos de aquel hombre apretaban
suavemente su cintura como solía hacerlo siempre, dejando marcas en su
sensible piel. Y poco a poco el chasquido leve de sus labios juntándose en
repetidas ocasiones de diferentes tipos de besos comenzaba a escucharse en la
habitación, haciendo que las mejillas de Taehyung tomen un leve tono rojizo.

No supo en que momento los besos fueron subiendo de a poco la intensidad,


pero después de unos minutos se encontraba con las manos del payaso
apoyadas sobre sus piernas y el agarre que mantenía sobre la camisa del
contrario mucho más fuerte, manteniendo al cuerpo del mayor cerca del suyo,
y viéndolo de cerca una vez que se separaron ante la falta de aire del último
beso que se habían dado, mucho más profundo e intenso que los anteriores.

Agitado y avergonzado por lo que estaban haciendo, el menor no supo a


donde mirar cuando finalmente tomaron cierta distancia, y la imágen que
tenía de Jungkook encima suyo con sus labios igual de rojizos e hinchados
que los suyos, con su pecho subiendo y bajando ante la falta de aire, no
ayudaba para nada.

Nunca se habían besado así, por lo que la situación mantenía algo alterado al
menor.

Aún así, eso no impidió que su agarre pase de el pecho del pelinegro a su
cuello, pasando sus manos por atrás de aquella zona y volviendo a acercarlo
hacia sí para besarlo una vez más, tomando algo desprevenido al mayor.

El rubio no estaba pensando con claridad lo que estaba haciendo, tan solo
buscaba distraerse mínimamente de lo que había vivido y Jungkook parecía
ser su única opción para olvidar un poco, lo único que tenía para despejarse
del dolor que sentía aún en su pecho, y el único que estaba para él a pesar de
no ser del todo de su agrado.

Además, no besaba mal, por mucho que le cueste aceptarlo.

—Eres un idiota. —Comentó luego de separarse un poco, intentando


molestar al pelinegro al no querer verlo burlarse de él por besarlo.
Sin embargo, no esperó que el hombre ni siquiera tomara en cuenta su insulto
y se limitara a mirarlo a los ojos, guiando su diestra hacia el cuello del rubio
y presionando suavemente aquella zona, acercandolo una vez más hasta sus
labios hasta dejar los mismos rozandose apenas.

—Cállate y bésame, hijo de puta. —Ordenó con fastidio el mayor,


provocando que el rostro del contrario se pusiera completamente rojo ante la
vergüenza y nerviosismo.

Más tímido que antes, Taehyung sintió sus mejillas arder al juntar sus belfos
con los de Jungkook nuevamente, siendo un beso descuidado, desordenado y
subido de tono, vulgar. El agarre que mantenía el pelinegro sobre él lo volvía
vulnerable y aquel beso mucho más, sintiéndose demasiado sumiso de
repente al nunca haber llegado a ese nivel con el mayor, y soltando un
pequeño jadeo apenas audible al tener la lengua del contrario ingresando a su
cavidad bucal, jugando con su sin hueso con total descaro.

Sus manos que anteriormente empujaban apenas el pecho del pelinegro, esta
vez se apoyaban en el mismo, acariciando apenas y tomándolo por la camisa
para evitar que pudiera alejarse más de lo necesario, provocando que el
cuerpo del mayor se presione suavemente con el suyo.

Y cuando la falta de aire volvía a hacerse presente después de un rato, el


payaso finalizó el beso, mordiendo sin fuerza alguna el labio inferior del
chico y jalandolo entre sus dientes, dejando marcados los mismos en aquella
zona.

Y mientras Taehyung recuperaba un poco de aire, el pelinegro pareció


sumergirse en su propio mundo, robándole un último beso mucho más breve
antes de acercar su rostro con tranquilidad hacia el cuello del menor,
hundiendose allí y comenzando a dejar pequeños besos húmedos,
ocasionando que una de las manos del chico se apoyara sobre su cabello.

—No puede ser que me guste un niñito tan tonto... —Comentó Jeon en un
susurro, aún contra el cuello del chico, mordiendo con delicadeza aquella
zona, dejando chupones y besos en cada parte que tenía disponible a medida
en que sus manos acariciaban los muslos ajenos, apretando apenas aquella
zona.
El rubio por su parte, se encontraba perdido en los besos que recibía, dejando
mayor acceso sobre su cuello al mover apenas su cabeza, recibiendo mayor
atención por parte de Jungkook al hacer aquello.

Sin embargo, la tranquilidad de Taehyung no duró demasiado una vez que el


mayor se acomodó de mejor manera sobre él, apretando apenas su cuerpo y
alterando al rubio al sentir sus entrepiernas presionandose muy apenas,
notando como el payaso metía lentamente sus manos por debajo de la tela de
la camisa que portaba, tocando directamente su piel.

Los recuerdos de los hombres que quisieron abusar de él hace no mucho


tiempo llegaron a su cabeza de inmediato, asustandolo y haciendo que sus
manos se apoyaran de inmediato sobre los hombros del pelinegro, buscando
alejarlo.

—Jungkook... —llamó por lo bajo, algo asustado por las imágenes que
empezaba a recordar, sintiéndose repentinamente amenazado—. No.

—¿Hm?

Alzando la cabeza, el payaso observó con cierta confusión al rubio, notando


una mirada llena de miedo y el leve agarre que mantenía en sus hombros,
comprendiendo que lo quería lejos.

Sin quejarse ni reclamar nada, el pelinegro tan solo asintió apenas,


abandonando el lugar que tenía entre las piernas del chico y levantándose de
la cama, empezando a acomodar su ropa y su cabello en silencio al haber
quedado todo fuera de lugar durante los besos, observando como el menor
tomaba asiento en la cama.

—No puedo —exclamó Taehyung, acomodando sus prendas de igual manera


con incomodidad y nerviosismo—. D-Dongyul, Jimin, yo-

—No me expliques, no me hagas tener ganas de matar a esos infelices ahora


mismo —comentó el payaso con seriedad, terminando de arreglarse y
centrando su mirada en Taehyung—. Y justo ahora que falta uno.

El rubio no pudo hacer más que guardar silencio, aún avergonzado y asustado
a pesar de que sabía que Jungkook no le haría nada, por lo menos en ese
sentido.

—De igual manera, que vulgar tú besando al tipo que decías odiar hace unos
minutos, al que le faltó el respeto a tu madre y no sé que otras cosas más
dijiste —comentaba el mayor mientras acomodaba un poco su pantalón,
intentando tapar apenas el notorio bulto que se presentaba en el mismo y
fracasando en el intento, percatándose segundos más tarde de la atenta mirada
del rubio sobre él—. Hey, mis ojos están arriba, bonito.

Nervioso y más alterado ante aquel comentario, el rostro del menor ardió ante
la vergüenza, tomando una de las almohadas de la cama y amenazando al
pelinegro con la misma.

—¡No te estaba mirando, payaso estúpido! —gritó, mintiendo


descaradamente—. Vete de aquí y mejor dejame solo, pervertido.

Tirándole la almohada al hombre en el rostro al decir aquello, el mismo no


hizo más que reírse, volviendo a verse divertido al dejar la almohada sobre la
cama, inclinando su rostro hacia el del menor.

—No te veía así de nervioso cuando me agarrabas para besarme —exclamó


con burla el pelinegro, dejando un casto beso en los labios ajenos antes de
enderezarse—. Iré a bañarme, no vayas a espiarme o algo así después de la
miradita de ahora, pervertido.

Diciendo aquello con notable burla, el payaso abandonó la habitación


rápidamente, dejando a Taehyung con la palabra en la boca al querer
quejarse, y escuchando al mismo resoplar con fastidio mientras se alejaba.

Una vez solo en la habitación, el rubio se tiró nuevamente sobre la cama,


pensando en lo que acababan de hacer y lo que le había sucedido.

Primero el dolor en el pecho que tenía por la muerte de su madre, y ahora la


angustia de recordar aquellos tipos tan repulsivos, aquella era una
combinación horrible para él y su poca salud mental.

Y el nerviosismo y vergüenza que tenía con Jungkook, le generaba


sentimientos extraños. No sabía cómo sentirse al respecto.

Detestaba y odiaba en gran parte al payaso por todo lo que habían pasado,
pero luego estaba ahí, besandolo y dejándose hacer tan fácilmente por él cada
que el contrario quería, haciéndolo sentir incluso más avergonzado consigo
mismo, ¿cómo podía ser tan tonto?

¿Por qué dependía de él? ¿Por qué parecía ser lo único que tenía? ¿Por qué se
sentía tan confundido de repente? No le gustaba para nada sentirse así.

Maldito Jungkook.

Sentirse mínimamente bien y calmado con él debería darle vergüenza, eso


pensaba el rubio. Regañandose a sí mismo una y otra vez en su cabeza, no
podía simplemente caer tan fácil por el mayor, para nada.

¿Y si no hubiera reaccionado por su trauma? ¿Realmente hubiera avanzado


con la situación? La respuesta era confusa y generaba mayores dudas en el
chico, quien prefirió no pensar demasiado en lo que podría contestar a
aquello.

Suspiró de forma pesada, volviendo a tomar la almohada que le había lanzado


a Jungkook y cubriendo su rostro con la misma al sentirlo rojo, avergonzado
y enojado consigo mismo.

Era tan tonto.

Angustiado por todos los pensamientos que comenzaban a atacarlo sin parar,
el rubio no pudo hacer más que empezar a llorar en silencio una vez más,
tapando su cara lo mejor que podía mientras las lágrimas mojadan la tela de
la almohada poco a poco, dejando en evidencia su frustración y tristeza.

Su madre acababa de fallecer y él estaba pensando estupideces, era un hijo


terrible.

Besaba y se dejaba tocar por un hombre que no tuvo respeto alguno por su
progenitora, un hijo tan horrible, tan insensible.

Suspiró de forma pesada, intentando calmarse al respirar con mayor


tranquilidad, y buscando así distraerse, notando como la mascota de
Jungkook, Byul, aparecía poco tiempo después sobre la cama,
posicionándose a un lado del rubio y buscando su atención al mantenerse
cerca del cuerpo contrario, recibiendo una mirada por parte de Taehyung.

El animal se veía bastante mejor luego del ataque de Jimin y Dongyul, a


pesar de que aún se veía débil, el payaso se había encargado de cuidarlo y
lentamente su mascota parecía mejorar, lo que lo dejaba tranquilo tanto a él
como a Taehyung.

Recibiendo a la mascota ajena con caricias al aprovechar que el pelinegro no


se encontraba en la habitación, el menor se acomodó de mejor manera en la
cama, dándole la espalda a la puerta y acurrucando al conejo en su pecho,
buscando tranquilidad después de tantos sentimientos atacándolo de repente.

Por otro lado, Jungkook se encontraba en el baño, lavando su rostro con agua
fría mientras una expresión molesta se notaba en él, viéndose bastante serio
por lo que acababa de ocurrir.

Su ceño se mantenía fruncido y su mandíbula tensa, observándose por un


segundo en el espejo mientras su mente creaba miles de escenarios donde
tomaba venganza por lo que aquellos tipos le habían hecho a Taehyung,
completamente fastidiado por aquello.

No podía esperar hasta el día del espectáculo, eso lo tenía claro.

El enojo que tenía se mezclaba también con cierta confusión ante sus propias
acciones, jamás había pensado llegar hasta ese punto con su chico y tampoco
esperaba avanzar demasiado, no sabía lo que había sucedido ni tampoco por
qué no se había podido contener un poco, nunca le había pasado aquello.
Jamás había sentido aquella necesidad de estar tan cerca de Taehyung,
tocandolo y besandolo.

Jungkook era un adulto, narcisista, egocéntrico y carismático, se lo


consideraba atractivo por la mayoría de jóvenes en el circo, tenía
oportunidades para tener relaciones cada vez que quisiera si realmente le
interesara. Y aún así, jamás se había tomado el tiempo de pensar en aquello,
las imágenes que tenía de su padre siendo abusivo con las prostitutas lo
llevaron a pensar que el sexo era repulsivo y que no era algo necesario en su
vida, y la única vez que tuvo algo sexual fue cuando Jimin lo drogó hace un
tiempo, ni siquiera recordaba con claridad aquel día.

Fue por eso que se encontraba confundido por las reacciones que presentaba
su cuerpo con Taehyung, ¿qué le había hecho ese niño? ¿Desde cuándo él era
capaz de provocar aquello?

Malhumorado por aquellas dudas que tenía, el pelinegro comenzó a quitarse


la camisa, dispuesto a tomar una ducha helada para olvidarse de todo aquello.
Y a su vez, usaría aquellos minutos en la ducha para pensar con mayor calma
que es lo que haría con Dongyul, ya que tenía un par de cosas pendientes con
aquel sujeto.

Sin embargo, en el momento en el que la prenda superior tocó el piso,


escuchó el sonido de la puerta de la casa rodante siendo golpeada con
suavidad, llamando su atención y cerrando así la llave de la ducha a la vez en
la que un pesado suspiro abandonaba sus labios, ya ni siquiera podía ducharse
tranquilo.

Aún con aquella mala cara que tanto lo caracterizaba, el pelinegro salió del
baño, aún sin camisa y con el notable problema que le había dejado
Taehyung aún presente, importandole poco y nada aquello antes de abrir la
puerta de forma algo brusca, dispuesto a tratar de la peor manera a quien sea
que se encontrara del otro lado, mirando hacia abajo al ver a dicha persona.

El presentador del circo de fenómenos, del cual desconocía su nombre, se


encontraba en la puerta de su casa, observandolo atentamente ante su
apariencia, y ganándose así una mirada llena de fastidio por parte de Jeon,
quien no parecía estar dispuesto a ser amable.

—¿Qué quieres? Estoy ocupado —interrogó sin más, soltando la puerta para
poder centrar su atención en aquel sujeto, cruzando sus brazos con
impaciencia por una respuesta—. Si es para pedir más dinero o lo que sea por
la familia del estúpido niño, hablalo con Namjoon, nosotros ya no tenemos
nada que ver. —Exclamó sin dejar hablar al otro chico, impidiéndole siquiera
responder al estar dispuesto a cerrarle la puerta en la cara.
Notando lo que estaba por hacer, el contrario impidió que Jungkook se
marchara, empujando suavemente la puerta y carraspeando apenas antes de
acercarse un poco más, viéndose sumamente nervioso, e incluso asustado.

—Jungkook, yo... —empezó a hablar, ganándose una mirada llena de


desprecio por parte del malhumorado hombre que tenía enfrente—. Necesito
hablar contigo, es importante.

—¿Importante en verdad o importante para tí? Porque de verdad no tengo


tiempo para cosas que no me interesan.

—Importante para ambos, Jeon —exclamó el presentador, alzando levemente


la voz y viendo como el hombre fruncía el ceño ante su actitud—. Tú y yo,
hm... ¿No me recuerdas?

Si el pelinegro ya se encontraba frustrado y enojado, aquella pregunta no hizo


más que ponerlo peor, generando una sonrisa totalmente arrogante mientras
uno de sus brazos se recargaba en el marco de la puerta, inclinando levemente
su cuerpo hacia el hombre que para él no era más que un desconocido raro.

—Mira, si te conociera créeme que no me hubiera olvidado de tu cara jamás,


fenómeno —comentó de manera despectiva, burlándose descaradamente del
físico ajeno, observandolo con asco—. Es más, hasta me hubiera costado
olvidarme de lo ridículo que te ves.

—No hace falta ser tan despreciable, Jungkook. No te recordaba así —soltó
el más bajo, frunciendo el ceño mientras del bolsillo de su saco iba retirando
una foto que parecía bastante vieja, entregándosela al pelinegro—. Y me
duele un poco que en verdad no me recuerdes.

Curioso, el payaso recibió la foto que le otorgaba el presentador, viéndose


relajado antes de voltearla y ver de que se trataba, sintiendo su cuerpo
tensarse completamente al ver con detalle la imágen impresa.

Una foto donde se encontraba él hace un par de años atrás, sonriendo a la


cámara y sosteniendo a su mascota cerca de su rostro, apoyando sus mejillas
y siendo aquella una tierna fotografía antes de que todo se arruinara para él.
Su manzana de Adán subió y bajó al tragar saliva con pesadez, y su expresión
cambió de una calmada a una completamente seria, fijando su mirada en el
hombre contrario.

Aquella fotografía se la había tomado su mejor amigo de la infancia,


Yugyeom.

Molesto, confundido y sintiéndose sumamente atacado, Jungkook no dejó


que el presentador siguiera hablando, tan solo lo tomó con brusquedad por el
saco que llevaba puesto, metiendolo a su casa y apoyándolo de forma
agresiva cerca de la pared, cerrando la puerta con el mismo enojo.

—¿Qué pretendes, eh? —interrogó, agresivo y alerta, sacudiendo al sujeto


que tenía en sus manos—. ¿De dónde sacaste esto, fenómeno? ¿Me estás
haciendo una puta broma? Porque te va a salir caro.

Alterado al ser tomado de aquella manera, el hombre sostuvo las muñecas de


Jeon, intentando soltarse de su agarre mientras su mirada se encontraba en el
rostro ajeno.

—No estoy bromeando, Jungkook, sueltame —ordenó, alzando nuevamente


la voz—. ¿Te tengo que recordar que no puedes tocarme? Yo soy-

—Me importa una mierda que tan importante seas en otro circo, si me
provocas te mataré aquí y ahora, ¿de dónde sacaste esto? —Repitiendo
aquella pregunta, el pelinegro igualmente alzó la voz, gritándole aún cerca de
su rostro.

—¡Yo la tomé y la guardé! —exclamó el contrario mientras seguía


intentando soltarse del agarre del hombre, forcejeando inútilmente—. ¡Soy
Yugyeom!

"Soy Yugyeom."

Aquellas palabras invadieron por completo la mente del payaso mientras el


mismo parecía quedarse completamente quieto, tomando aún al presentador
del circo contrario con violencia, sin dejarlo ir, y a la vez observando
atentamente al mismo, sin poder creer sus palabras.
¿Su mejor amigo era aquella cosa?

Totalmente negado a aquello, Jungkook negó varias veces con la cabeza,


sintiendo su respiración más agitada antes de tirar de forma brusca al hombre
sobre el suelo, sin dejarlo reaccionar al subirse encima suyo con facilidad,
impidiéndole moverse al inmovilizar sus brazos y sacando rápidamente su
navaja de uno de los bolsillos de su pantalón, amenazando con cortarle el
cuello.

—¿Qué es lo qué estás buscando en verdad, engendro? —interrogó,


sumamente desconfiado—. Me rehuso a pensar que mi mejor amigo terminó
así, él debe estar muerto, y tú lo acompañarás si sigues tratando de verme la
cara de idiota, habla ya.

—Estoy diciendo la verdad, Jungkook —más alterado que antes al ser


amenazado, el supuesto Yugyeom se quejó al sentir la presión de la navaja
aumentando contra su cuello—. Fuimos mejores amigos desde pequeños, me
la pasaba todo el rato contigo y nos gustaba salir a hacer bromas pesadas a los
demás, estábamos todos los días juntos —soltó, removiendose aún en un
intento por soltarse—. Aún conservo tus fotos y la pulsera que me regalaste
una vez, si tan solo me dejaras explicar-

Sin permitirle hablar, el payaso observó las muñecas ajenas, percatándose de


que una llevaba una pulsera bastante desgastada y algo infantil, algo que no
usaría un adulto como el que tenía sometido, y fue por aquello que observó
de mejor manera aquel accesorio, tratando de averiguar si en verdad se
trataba de lo que él pensaba.

Una pulsera roja, vieja y con detalles desprolijos, tal y como la que había
compartido con su mejor amigo hace años.

Aquel tipo no mentía, era Yugyeom, podía notarlo ahora que se fijaba
atentamente en las facciones contrarias, viéndole el parecido con lo que era
su amigo hace unos años antes de desaparecer.

Abrumado, el pelinegro aflojó su agarre, levantándose del suelo y guardando


su navaja con cierta inseguridad mientras su mente se quedaba en blanco, sin
saber que hacer o como debería reaccionar, totalmente confundido con lo que
estaba sucediendo.

¿Cómo había terminado así? ¿Por qué estaba en otro circo? ¿Su mascota no
tenía nada que ver con la desaparición de todos?

¿Qué estaba pasando?

Yugyeom suspiró al ser liberado, tomando asiento en el suelo mientras una de


sus manos terminaba apoyándose sobre su propio cuello, aliviado por no ser
dañado, y al notar el estado del que alguna vez fue su amigo, decidió que lo
mejor era explicarle finalmente lo que había sucedido.

—Te extrañé, Kook. A pesar de tu no muy agradable recibimiento —


sonriendo apenas ante aquel comentario, suspiró con mayor calma,
levantándose del suelo y acercándose al contrario, quien lo miraba en silencio
—. Lamento haber desaparecido así, yo tan solo- Todo sucedió tan de
repente, no tuve tiempo de despedirme, en verdad quería hacerlo.

El pelinegro dió un paso atrás ante la cercanía, sin comentar nada aún
mientras su mente intentaba procesar aún lo que estaba pasando,
sobrecargado de emociones.

—Me llevaron hace años en contra de mi voluntad y escapé tiempo después,


el único lugar que me recogió fue el circo en el que estoy actualmente, pero
como verás, hay consecuencias por ser parte... —contó el chico, señalando su
cuerpo y viéndose incómodo—. Pero estoy bien, considerando mi suerte en
años anteriores, estoy muy bien.

—¿Quién te llevó? —Exclamó por lo bajo el payaso, ganándose una mirada


aún más incómoda por parte del contrario.

—No te gustará saberlo...

Sintiéndose pequeño de repente ante la mirada de Jungkook sobre él,


Yugyeom fue el que retrocedió esta vez al ver como el pelinegro se acercaba
peligrosamente hasta él, intimidandolo sin siquiera intentarlo.

—Llevas desaparecido hace años y te tomaba por muerto, infeliz. Todo este
tiempo basé mis miedos en una estúpida creencia relacionada con Byul y el
trauma me atormenta día a día pensando que carajo hice mal para que todos
me dejen solo, quiero una puta explicación de por qué mierda desapareciste,
ahora. —Ordenó de forma demandante el payaso, sin dejarle el paso libre a
quien alguna vez fue su amigo como para que pudiera escapar o alejarse.

Tragando saliva, el presentador se encogió un poco en su lugar, evitando la


mirada del pelinegro mientras un suspiro abandonaba sus labios, viéndose
igual de abrumado.

—Bien, será sincero contigo —retrocediendo una vez más, Yugyeom


acomodó con incomodidad las mangas de su saco, buscando las palabras
correctas para empezar a hablar—. ¿Recuerdas que tu padre estaba enfermo
por una prostituta? No recuerdo su nombre... Pero él estaba loco por ella,
todo el tiempo estando pendiente y encima de ella, hasta llegar al punto de
estar en tu contra si estabas cerca —diciendo aquello, vió a Jungkook asentir
apenas a sus palabras, dejándolo continuar—. Bueno, un día fuí a buscarte a
su casa pensando que estabas ahí, él estaba borracho y ella estaba
inconsciente... Te juro que no sé cómo sucedió pero él solo- solo me vió y
empezó a hablar tan extraño, estaba molesto contigo, quería matarte, que
quería deshacerse de tí porque eras un fastidio, empezó a hablarme a mí sobre
eso, diciendo que me quedaría sin mejor amigo y que todo se terminaría
pronto. Yo obviamente intenté defenderte para que no salga como un loco a
buscarte, y luego solo...

Con su voz quebrandose, el pelinegro notó como el contrario parecía verse al


borde del llanto, pero lejos de sentir empatía o pena por él, tan solo se
mantuvo en silencio, esperando que continuara.

—Él se aprovechó de mí, Jungkook —confesó Yugyeom, bajito y casi


inaudible, viéndose sumamente vulnerable, con su cuerpo temblando—.
Aquella vez y enfrente de esa mujer, todo fue tan horrible. Después de eso
perdió su interés en la prostituta y pareció obsesionarse conmigo, todo el
tiempo me amenazaba con que si no aceptaba irme con él, te haría daño, y yo
no quería eso para tí, en verdad no... —negando con la cabeza, el presentador
bajó apenas la misma, evitando ver a Jungkook a los ojos, se sentía tan
avergonzado—. Incluso había ocasiones en las que me llevaba lejos, hacía lo
que quería y se ponía a escribir todo lo que me había hecho, a veces hasta me
hacía escribir a mí en una especie de diario, no sé donde habrá quedado eso...

Sintiendo un dolor de cabeza, Jungkook dejó de estar cerca del hombre al


apartarse un poco, intentando relajarse ante toda aquella información tan
repentina y confusa para él.

El diario que tenía Seung jamás había hablado de Irene, todos los abusos que
relataba eran hacia Yugyeom, y el pelinegro jamás se había enterado de
aquello ante las páginas arrancadas que tenía el diario, además de que su
padre jamás había especificado el género de la persona que mencionaba en
cada página, dejando todo aún más confuso.

La repulsión invadió por completo a Jeon, generandole un malestar en el


estómago y un nudo en la garganta, no podía creer todo aquello.

Su padre era un tipo asqueroso, pedófilo, abusivo y desagradable, la poca


imágen positiva que le había quedado de él acababa de ser desechada por
completo, aquel sujeto jamás se había merecido su respeto.

Una porquería, al igual que su madre.

Era hijo de personas patéticas.

—Pero eso ya no importa —habló nuevamente Yugyeom, sacando de sus


pensamientos al pelinegro y acercándose repentinamente al mismo,
manteniéndolo alerta al apoyar sus manos sobre los hombros del payaso,
quien lo observaba en silencio—. Lo importante es que al fin te vuelvo a ver,
te extrañé demasiado.

Viéndose más entusiasmado, Yugyeom quiso abrazar al hombre, pero su


emoción duró demasiado poco al ver como Jungkook se alejaba, tomando
distancia y empujandolo con suavidad al colocar una de sus manos sobre uno
de sus hombros, apartandolo.

—Por favor, no me toques. —Exclamó, o más bien ordenó, tomando


distancia e impidiéndole al presentador que continuara tocandolo.

Bastante confundido, aquella acción no hizo más que herir al contrario, quien
se alteró, buscando acercarse nuevamente.

—¿Pero por qué? ¿Tan mal me veo? —interrogó el chico, dando pasos hacia
Jungkook, quien se mantenía igual de serio—. Dejame abrazarte, siempre me
dejabas hacerlo, te extrañé en verdad. Pensé que podríamos hablar
nuevamente y yo-

—Pensaste mal —interrumpiendo bruscamente, el más alto tomó distancia,


acercándose hacia la puerta de su casa para poder abrirle al contrario—.
Hazme el favor y sal de mi casa, Yugyeom. No quiero más cosas de mi
pasado cerca de mí, y tú eres una de ellas.

Totalmente incrédulo, la expresión de Yugyeom mostró su descontento, sin


poder creer el trato que tenía Jungkook hacia él, no se esperaba para nada
aquello.

—¿Estás bromeando, no es así? —cuestionó, sonando notablemente ofendido


—. ¿Te digo todo lo que pasé para que no te haga daño ese sujeto y me tratas
así? ¿Qué carajo te pasa, Jungkook?

—¿Acaso yo tengo la culpa de eso? —frunciendo el ceño ante la postura que


había tomado el presentador, el pelinegro inmediatamente se puso a la
defensiva—. Si eso te pasó y te lastimó tanto, lástima por tí, el tiempo pasó y
yo ya no te conozco, no te debo un abrazo ni un recibimiento cariñoso
después de años de no relacionarme contigo. Ahora sal de mi casa.

—No puedes estar hablando en serio.

—¿Tengo que echarte a la fuerza para que veas que tan en serio hablo?

Afectado ante como lo estaba tratando Jungkook, el presentador no tardó en


verse molesto, sin poder creer como lo estaba despreciando aquel hombre que
alguna vez fue su mejor amigo, y encarando rápidamente al mismo.

—Me sacrifiqué por tí, evité que te matarán durante varios horrorosos meses
para mí mientras tú te la pasabas de show en show, olvidandote
completamente de tu mejor amigo. Me dejé tocar por un viejo asqueroso
como tu padre porque te amaba e incluso me gustabas desde pequeño, ¿y tú
me lo pagas así? —cuestionó casi en un grito, bastante molesto antes de
empujar a Jungkook, quien lo miraba sin expresión alguna—. Hasta pensé
que tendría una oportunidad ahora después de todo lo que sacrifiqué por tí,
pero me tratas de fenómeno, me miras con asco, me desprecias y me
demuestras que todo mi sufrimiento no valió nada, no eres capaz ni siquiera
de abrazarme, eres un completo-

—Suficiente —cortando cualquier otra queja, el pelinegro se inclinó apenas,


quedando cerca del rostro contrario—. Si mi padre hizo todo eso, si tú te
"sacrificaste" por mí, no es mi puto problema. Porque yo jamás te pedí nada y
era perfectamente capaz de cuidarme solo, y si tenía que morirme, me daba
completamente igual, diría que me importaba menos de lo que te hubiera
importado a tí si moría —soltó, despreciando por completo el discurso de
Yugyeom—. No te debo nada, ni siquiera un abrazo porque yo ya no te
conozco. Y estás aún más equivocado si crees que por hacer eso por mí te
debo una oportunidad, siempre te ví como amigo, y nada más, nunca te dí
señales de nada para que andes de idiota haciendo cosas que no querías
únicamente por cuidarme.

Viendo al presentador encogerse nuevamente en su lugar ante el dolor por sus


palabras y el enojo, Jungkook no hizo más que sonreír con arrogancia,
alejandose de su rostro.

—Además, yo ya estoy de novio. Y no me interesa para nada tener otra


pareja —finalizando con aquello, empujó suavemente a Yugyeom hacia la
puerta, buscando sacarlo de su hogar—. Ahora vete.

—Tú eres en verdad un maldito-

Interrumpiendo sus palabras, Yugyeom escuchó el sonido de la puerta


cerrándose a sus espaldas, desechandolo por completo como si no fuera nada
relevante para el payaso, causándole así un fuerte dolor en el pecho.

El enojo, la tristeza y la desesperación lo invadieron por completo, sin poder


creer como lo había tratado Jungkook y todo lo que había hecho por él, en
verdad nada de todo eso había válido la pena, y eso lo llenaba de rabia.

Aquel hombre no se merecía nada de lo que había hecho por él y eso le


causaba tanta angustia, ¿cómo podía haberlo tratado así?

"Esto no se quedará así." pensó Yugyeom para sus adentros, totalmente


dolido y resentido por lo que acababa de vivir a medida en que se alejaba de
la casa rodante a pasos rápidos y molestos, sumamente enojado.

Por otra parte, Jungkook se encontraba apoyado en la puerta de su hogar,


suspirando de forma pesada mientras pensaba en todo lo que le había dicho el
chico, sin poder creerlo del todo aún.

Normalmente estaría en una fuerte crísis, llorando y rompiendo todo a su


paso, pero sentía que todas sus energías se habían agotado tras los constantes
ataques de ansiedad que había experimentado cuando su hermano había
aparecido nuevamente en su vida, alborotando todo. Esta vez el pelinegro se
encontraba afectado, pero mucho más calmado, sentía que podía lidiar con
aquello mejor que con lo que había sucedido con Yoongi, además de que
sentía que Yugyeom era mucho menos importante.

Había sido su mejor amigo en la infancia y lo había apreciado, pero los años
pasaron y el hombre que se presentó en su casa en definitiva jamás podrá
volver a ser el mismo que había conocido, no le interesaba relacionarse con él
y mucho menos le interesaba los "sacrificios" que había hecho para
mantenerlo con vida, él jamás le había pedido nada y no sentía
remordimiento alguno al echarlo de su casa, lo quería lejos.

Aún así sentía una molesta presión en el pecho ante la leve angustia que tenía
por el encuentro con Yugyeom, y aquello lo hizo dirigirse hacia la habitación,
donde se encontraba Taehyung sentado en el borde de la cama, había
escuchado todo.

Sin decir nada por el momento, el pelinegro se acercó hacia el chico, viendo
al mismo abrir sus brazos para él y aprovechando aquello de inmediato para
sumergirse allí en un abrazo suave, el rubio sabía cómo tranquilizarlo y
disfrutaba de aquello, por lo que sus brazos rodearon la cintura ajena,
apegandolo a su cuerpo mientras recostaba el mismo en la cama, quedando
boca arriba y con el chico encima suyo.

—¿Puedes creerlo? —cuestionó Jeon una vez que se acomodó en la cama,


dejando caricias sobre la espalda baja de Taehyung—. ¿Qué venga este
ridículo a reclamarme como si yo le debiera algo? Es patético...

Viendo al hombre debajo suyo, el rubio alzó levemente su cuerpo para tomar
asiento, acomodandose en el regazo del mayor mientras escuchaba
atentamente sus palabras.

—Si es un poco tonto, pero igual se ve que sufrió bastante, lo trataste muy
mal.

—¿Y qué esperaba? Nadie lo mandó a hacerle caso a mi padre, si tanto quería
matarme ese idiota lo hubiera hecho, no estaría con rodeos. Tan solo se
aprovechó de él, y nunca me dijo nada, podría haberlo ayudado y prefirió
guardar silencio y venir ahora a echarmelo en cara después de años.

Asintiendo a lo que decía el mayor, el rubio parecía estar perdido en sus


pensamientos mientras una de sus manos jugaba con el pecho del payaso,
dibujando líneas imaginarias con su dedo índice sobre la piel desnuda del
pelinegro y llamando la atención del mismo ante aquello, aunque prefirió
guardar silencio, sin comentar nada al respecto.

—Y pretender tener una oportunidad romántica... —Agregó Taehyung,


hablando un poco por lo bajo al decir aquello, sin notar el tono molesto que
había utilizado.

—¿Estás celoso por eso, lindo? Te noto serio —exclamó de forma coqueta el
mayor, divirtiéndose al ver la expresión molesta del chico ante su burla, y
olvidándose así por completo de Yugyeom—. ¿Querías que lo trate bien y me
haga su novio, no es así?

—Cállate.

—¿Qué le diga que por su sacrificio le debo una cita romántica y pedirle
matrimonio? —continuó jugando Jeon, sonriendo apenas—. Hasta debería
pedirte el anillo que te dí así lo uso en nuestra boda.

Riendo ante aquella idea, Jungkook observó con atención a Taehyung, viendo
como al mismo no le había hecho ni una gracia su broma y en su lugar
mantenía una expresión seria, causándole ternura aquello.

—Mi chico está celoso —exclamó de forma melosa, volviendo a dejar


caricias sobre la cintura impropia—. Tan lindo.

Molesto al ver como el pelinegro parecía burlarse de él, Taehyung no hizo


más que rodar los ojos con fastidio, notándose enojado mientras tomaba las
manos de Jungkook, deteniendo las caricias y acomodandolas sin previo
aviso por debajo de la camisa que llevaba, dejándole tocar su piel e
inclinándose ante la atenta mirada del mayor sobre él, quien no pudo
comentar nada al sentir como sus labios eran tomados por los del chico.

Taehyung lo estaba besando, de forma exigente y demandante, haciendo que


el pelinegro se sorprendiera un poco por aquello, pero aún así terminó por
corresponder, cerrando sus ojos y afianzando el agarre que tenía en la cintura
impropia, apretando sus dedos en aquella zona a medida en que el beso iba
subiendo lentamente la intensidad, dejándolos sin aire al pasar del tiempo.

Sin comprender la repentina acción de Taehyung, el mayor se notó aún más


confundido al recibir otro beso más breve, seguido de otros sobre su rostro,
bajando de a poco hacia su cuello, donde sintió besos húmedos y mordidas
suaves, seguidas de una succión leve sobre su piel.

El rubio le había dejado un chupón.

Finalizando con aquello, el menor alzó apenas su rostro para poder observar
lo que había hecho, sonriendo con satisfacción antes de dirigir su diestra
hacia el rostro del pelinegro, tomando sus mejillas y apretando apenas las
mismas hasta abultar los labios de Jungkook, moviendo apenas la cabeza del
mayor para poder ver la marca que había dejado, y apuntando la cara del
hombre hacia sí para que pudiera mirarlo a los ojos segundos más tarde.

—Eres mío, payaso estúpido.

Declarando aquello de forma descarada, el menor volvió a inclinarse para


dejar un casto beso sobre los labios de Jeon, quien parecía estar incrédulo aún
por su actitud, mas mirándolo sumamente embobado, perdido en su rostro y
sus labios.
Y antes de que Taehyung pudiera apartarse, el pelinegro sostuvo de igual
manera las mejillas ajenas, acercandolo una vez más a su rostro hasta rozar
sus labios, manteniendo una mirada hambrienta en los mismos.

—Soy todo tuyo, y tú eres todo mío, cachorro. Que ningún fenómeno te haga
creer lo contrario. —Comentó al alzar su mirada hacia los ojos de Taehyung,
sin tardar en volver a besar al mismo.

El beso era vulgar, posesivo y apurado, sus dientes chocaban en reiteradas


ocasiones ante el descuido de ambos, pero a ninguno parecía importarle, tan
solo se concentraban en ser posesivos el uno con el otro, jugando con sus
lenguas y apegando sus cuerpos lo máximo que podían, con las manos de
Jungkook sosteniendo con fuerza la cintura ajena en un intento por no tocar
más allá y con Taehyung apoyando sus palmas sobre el torso desnudo del
mayor, acariciando aquella zona sin vergüenza alguna hasta que la falta de
aire se hiciera presente.

Una vez que el beso fue demasiado para ambos, el rubio fue el primero en
alejarse, siendo él el que finalizara el beso con una mordida esta vez,
tomando el labio inferior de Jungkook entre sus dientes y jalandolo
suavemente, marcandolo antes de apartarse para finalmente tomar aire ante la
atenta mirada del mayor, quien se encontraba igual de agitado.

Una vez recuperado, Taehyung se mantuvo en el regazo ajeno, depositando


pequeños besos mucho más calmados sobre los labios ajenos mientras que
Jungkook volvía a acariciar su cuerpo, tomando sus muslos.

—Deberíamos parar antes de que pase lo mismo de antes. —Comentó el


mayor entre besos, recibiendo un asentimiento por parte del rubio, estando de
acuerdo con ello.

Saliendo de encima suyo, el menor tomó asiento en la cama, observando a


Jungkook una vez que el mismo se sentó de igual manera, y avergonzadose al
pensar en lo que había hecho, aunque ya no podía arrepentirse.

Notando la vergüenza del rubio, el payaso no hizo más que sonreír ante el
repentino cambio, acercándose e inclinándose de tal manera en que Taehyung
tuviera que retroceder un poco ante la inesperada cercanía de Jungkook hacia
su rostro.

—Me encantas, mocoso —fue lo único que comentó, robándole un casto beso
al chico antes de levantarse de la cama, acomodando su pantalón al sentir
nuevamente incomodidad—. Ahora sí iré a bañarme, si necesitas algo o
tienes que salir me avisas, ¿entendido?

Recibiendo un simple asentimiento por parte de Taehyung, el pelinegro


abandonó la habitación, dirigiéndose finalmente al baño para poder ducharse
como anteriormente pretendía.

Por otro lado, el rubio cubría su rostro con vergüenza, sintiendo sus mejillas
arder y arrepintiendose de inmediato por la actitud que había tomado, ahora
el mayor no dejaría de atormentarlo con aquello.

Abrumado consigo mismo, Taehyung se cubrió con las sábanas de la cama,


procurando dormirse para evitar cualquier tipo de comentario de Jungkook, y
abrazando a la mascota del mismo una vez que lo volvió a encontrar cerca
suyo, ocultando su rostro contra el pelaje de Byul y cerrando sus ojos,
totalmente apenado.

¿Desde cuando era tan posesivo? Consideraba que se había vuelto


completamente loco para actuar así, y más aún con Jungkook.

No había podido evitarlo y eso lo avergonzaba en demasía.

Perdido en aquellos pensamientos, el menor no tardó en dormirse poco


tiempo después, faltaban un par de horas para que oscureciera por lo que solo
sería una simple siesta para olvidarse de lo confundido y alterado que se
sentía, necesitaba descansar.

Pocos minutos después Jungkook salió del baño, ya duchado, un pantalón


gris era lo único que estaba usando además de su ropa interior, su cabello se
encontraba húmedo y desordenado, pero no se preocupó demasiado por
aquello, tan solo se dirigió hacia la habitación, encontrando al chico
durmiendo junto con su mascota.

Lejos de alterarse, el payaso abrió las sábanas para poder acostarse


igualmente, tomando a su conejo y recostandolo cerca suyo para que pudiera
descansar mejor.

—Y pensar que te echaba la culpa de que desaparecieran todos esos


bastardos, Byul —exclamó hacia su mascota, dejando caricias en el pelaje del
dormido animal—. Fuí inmaduro, lo siento. —Siendo una de las pocas veces
que se disculpaba, el pelinegro dejó un pequeño beso sobre la cabeza del
conejo, dejandolo sobre la cama, encima de una de sus almohadas.

Una vez que acomodó a su mascota, centró su atención en Taehyung,


acomodandose detrás del mismo para poder abrazarlo y así poder dormir un
rato igualmente, quedando ambos acurrucados y cubiertos por las sábanas,
con el silencio absoluto que brindaba la pequeña habitación.

Y Jungkook no tardó en dormirse de igual manera, con Taehyung apegado a


su cuerpo, descansando relajado y con su respiración tranquila.

Los dos descansaron, a pesar de estar cada uno alterado por distintas
situaciones.

•••

Al despertar, el rubio se encontraba solo, la cama se encontraba helada del


lado de Jungkook y aquello fue lo primero que notó al despertar, estando
acompañado únicamente por Byul.

Frotando sus ojos con cansancio al intentar despertarse por completo, un


bostezo abandonó sus labios, y estiró su cuerpo con total pereza, sin saber
que hora era ni mucho menos preocuparse por eso. La pequeña ventana del
cuarto dejaba ver que ya había oscurecido.

Levantándose, tomó al conejo entre sus manos para poder llevarlo consigo
hasta la cocina, donde lo esperaba un plato ya preparado que parecía haber
hecho Jungkook hace poco, la comida estaba tibia, y había una nota a un lado
del plato.

"Vuelvo en unos minutos, no salgas solo de casa. El alimento de Byul ya está


en su plato."
Fijando su atención en dicho plato del animal, Taehyung bajó al mismo para
dejarlo enfrente de su comida, notando como otra nota aparecía en el plato
del conejo, tomándola igualmente.

"Es en serio, no salgas de casa."

Rodando los ojos ante la insistencia del pelinegro, el chico no hizo más que
hacer gestos de burla hacia el hombre al no tenerlo presente, tomando el plato
que le había preparado y dirigiéndose nuevamente hacia la habitación para
poder comer tranquilo, no le gustaba escuchar a la gente pasar cerca de la
puerta, y afuera parecía estar bastante lleno.

Y mientras el chico cenaba en soledad, el payaso se encontraba caminando


tranquilamente por alguna parte del lugar, llevando consigo una pequeña
sorpresa para cierta persona que planeaba molestar.

Sus pasos lo mandaron directamente hacia aquella jaula que había visitado
hace no mucho tiempo, donde se encontraba su madre en estado deplorable y
aquel tipo desagradable, Dongyul. Ambos mirandolos con recelo, sus cuerpos
se encontraban sucios, la comida que tenían estaba en el piso de la jaula,
alguna había llegado a pudrirse y eso hacia todo mucho más asqueroso, el
olor era peor que el de una granja descuidada.

—Mamá, Dongyul —saludó como si nada el hombre, viéndose


completamente arrogante solo con aquello—. Tanto tiempo.

—No empieces, Jungkook. Lárgate de aquí y dejanos en paz. —Exclamó de


inmediato Dongyul, evitando mirar al pelinegro, quien sonrió ante lo dicho
por el hombre.

—Ajá, con gusto te hago caso —sumamente sarcástico, Jungkook observó


hacia otra parte, viendo como una persona le llevaba un par de baldes llenos
de agua, ganándose la atención de las personas en la jaula—. ¿Qué? ¿Tienen
sed? —Interrogó, tomando un balde y paseandolo de forma juguetona
enfrente de ambos, haciéndoles notar cierto detalle.

Era agua hirviendo.


—Me apena tanto que estén así, pero el agua no es para eso —exclamó Jeon,
paseándose cerca de Dongyul, quien intentaba alejarse, arrastrándose por la
jaula—. Verás, Dongyul, ya que a tí te encanta tanto tener relaciones sin
consentimiento, pensé que sería un lindo detalle de mi parte traerte un par de
personas que te cumplan tu enfermo fetiche... Soy muy dulce en verdad —
halagandose a sí mismo con falsa inocencia, Jungkook mostró una sonrisa
burlona, notando el miedo en el rostro ajeno—. Pero que descortés sería
recibir a mis amigos así de sucio... No puedo permitir algo así.

Antes de terminar de decir aquello, el pelinegro ya se encontraba tirando el


agua hirviendo sobre Dongyul, escuchando el grito desesperado del mismo y
como agonizaba ante el dolor, pero aquello no podía importarle en lo más
mínimo, disfrutaba de verlo así, de verlo temblando y retorciendose en el
suelo de la jaula, con su piel quemándose y tornándose roja.

Eso dolería demasiado luego, y a Jungkook le encantaba saber eso.

Tarareando una canción con total indiferencia, el pelinegro tomó el otro


balde, alzandolo una vez más.

—Oh vamos, aún estás sucio, ¿qué pasa? ¿No te gusta verte bien para tus
citas? —cuestionó, arrojando el segundo balde y derramando nuevamente el
agua sobre el hombre contrario, escuchando una vez más sus gritos
desesperados y observando a la vez como Yang Mi intentaba alejarse de él en
caso de que el pelinegro volviera a mojarlo—. Así está mejor.

Dejando los baldes lejos, el payaso sonrió una vez más antes de voltear,
viendo a un grupo de hombres llegar, todos alrededor de los cuarenta o
cincuenta años, fuera de lo que se consideraría atractivo, hombres que
descuidaban su apariencia, hombres grandes y toscos, eran alrededor de diez,
llegando en grupo hacia Jungkook, quien seguía sonriendo con malicia.

—Es todo suyo, chicos —soltó, abriéndoles la jaula como si se tratara de un


simple vendedor entregando un objeto—. A la vieja ignorenla si quieren, o
hagan lo que quieran, sinceramente no podría interesarme menos.

Aquellos hombres obedecieron a Jungkook, turnandose para ingresar a la


jaula mientras otras personas hacían guardia, Yang Mi y Dongyul estaban
esposados, por lo que no podían escapar, y el pelinegro no hizo más que
observar con diversión el pánico que tenía el hombre mientras un sujeto
grande se acercaba hacia él, gritando e intentando apartarse.

—Esta mierda te pasa por tocar lo que no te pertenece, puto infeliz. Y si no


estoy yo ahí adentro torturandote como se me dé la gana es porque sé que te
terminaría matando —diciendo aquello, el pelinegro observó atentamente a
Dongyul, escuchando al mismo desesperarse e insultarlo con odio—. Espera
pacientemente el día del espectáculo de mi niñito y yo, porque mientras me
encargaré de mandarte a estos sujetos todos los días hasta que tenga que
matarte.

Sin agregar nada más, el pelinegro dió media vuelta, dispuesto a volver con
su chico mientras aquellos hombres se encargaban de Dongyul, terminando
por girarse una vez más hacia el mismo para burlarse una última vez.

—Disfruta.

Riéndose mientras se alejaba, Jungkook podía escuchar los gritos e insultos


de Dongyul, pero no podía importarle menos, estaba feliz de poder hacer
aquello y se iría a su casa mínimamente más tranquilo, disfrutando de saber
que el día que le toque matar a aquel hombre, este ya estaría mucho más
dañado psicológicamente.

Y mientras él se dirigía hacia su casa, había alguien más observandolo con


recelo, planeando como lastimarlo, atacarlo y torturarlo.

Planeando como desaparecerlo.


41

Perdido en sus pensamientos, Kim Taehyung se encontraba mirando hacia la


cama mientras finalizaba su cena, había estado replanteandose sobre todo lo
que había sucedido aquel día, y la angustia que comenzaba a generarle todo
aquello hacía que su cena empezara a sentirse amarga.

Había matado a su madre, abofeteado a su hermana menor, besarse con


Jungkook hasta sentir una fastidiosa tensión entre ambos y se había vuelto
posesivo en una situación donde lo que menos importaba eran sus celos.

Se sentía tonto.

Con el plato vacío, el rubio llevó el mismo hacia la cocina, lavandolo


rápidamente mientras su mente seguía vagando en recuerdos y pensamientos,
atacandose a sí mismo por como estaba actuando. El Taehyung de hace
varios meses jamás hubiera hecho algo así.

El Taehyung de antes jamás sería hostil, abusivo, posesivo, ni mucho menos


se habría dejado tocar por un hombre que se había burlado de él, además de
haberlo torturado sin piedad.

Él jamás hubiera sido así.

Pero el Taehyung de antes tampoco sería fuerte como lo es actualmente.

Un suspiro abandonó sus labios y solo pudo pasearse por la casa rodante con
mayor lentitud, buscando algunas prendas en los muebles de la habitación, y
tomando así ropa que le pertenecía a Jungkook.

Le quedaba grande, no era su estilo y además él actualmente tenía dinero para


comprarse toda una tienda si así lo deseara, pero se había acostumbrado a
usar la ropa de Jeon y él no parecía quejarse, por lo que seguiría haciendo lo
mismo.

Sus pasos lo guiaron hacia el baño, y solo la ducha fue testigo de la mente
perturbada del chico y su expresión preocupada, sobre pensando demasiado,
todo a su alrededor lo mantenía alerta y tan solo esperaba poder descansar,
escapar de todo aquello.

En verdad deseaba terminar con todos sus problemas de una vez.

Saliendo de la ducha, el rubio secó su cuerpo y su cabello, el cual comenzaba


a perder su color, sus raíces se notaban oscuras, pero no parecía importarle.
Tan solo empezó a cambiarse, observando lo poco que se veía de su cuerpo
en el espejo del baño.

Aún tenía marcadas las iniciales de Jungkook, sus ojeras empezaban a ser un
poco más notorias y se veía cansado, el estrés que había pasado todos esos
meses parecía haber afectado su apariencia y eso no hizo más que ponerlo de
mal humor, causando que frunciera levemente el ceño al momento de lavar
sus dientes.

Una vez listo, el chico salió del baño, observando el reloj que había en la casa
rodante, y notando así que era más tarde de lo que pensaba. Jungkook aún no
regresaba y eso lo mantenía inquieto, necesitaba salir para ver finalmente a su
hermana.

Y como si alguien leyera sus pensamientos, la puerta de la casa rodante fue


golpeada desde afuera, llamando su atención. Y causando así que caminara a
pasos lentos hacia allí, abriendo solo un poco para ver de quién se trataba, y
encontrándose así con Namjoon.

—Jefe —saludó el presentador, sonriendo muy apenas—, su hermana ya está


en su respectiva casa, no quiso comer y tampoco beber nada, aún así le
dejamos comida, y dijo que quiere verlo ya. —Comentó, haciéndose a un
lado para que Taehyung pudiera observar el vehículo que mencionaba.

Asomando su cabeza, el rubio pudo ver a un lado una casa rodante


estacionada, relativamente más pequeña que la suya. Alrededor de la misma
se encontraban varias personas haciendo guardia, asegurándose de que nadie
ingresara.

—Gracias, iré ahora. —Informó el chico, observando hacia el interior de su


casa para asegurarse de que la mascota del payaso aún estuviera en la misma
antes de salir finalmente, cerrando la puerta a sus espaldas.

En pocos minutos se encontraba en la casa de al lado, la cual se veía vieja y


descuidada, fuera de uso. Su hermana no estaba a la vista.

La chica se encontraba en una cama pequeña, totalmente cubierta por las


sábanas, y Taehyung no pudo hacer más que suspirar con pesadez, sin saber
cómo manejaría la charla que tendrían a continuación.

Sería difícil.

—Minah... —Llamó, dudoso de si debería acercarse.

Dió dos pasos y la chica pareció alterarse, sentándose en la cama y apuntando


a su hermano en señal de advertencia, sin dejarlo avanzar.

—Quédate ahí —ordenó, molesta y alerta—. Estoy enojada contigo,


Taehyung —acomodandose en la cama, la adolescente se sentó en dirección a
su hermano, mirándolo a la cara—. ¿Después de lo que pasó con mamá me
dejas en manos de lunáticos y te vas por horas? ¡Pensé que te había sucedido
algo!

—Lo siento, princesa. Estuve mal —admitió, dando otro paso hacia la chica
—. Pero no quise hablarte cuando estabas así de alterada, además de que lo
que tengo para decirte no te va a gustar —diciendo aquello, el rubio se acercó
hasta estar completamente cerca, quedando enfrente de la menor—. Bueno, a
mí tampoco me gusta...

—¿Qué me vas a decir? ¿Qué tienes de novio a un maldito asesino? —


interrogó, alzando la voz—. ¡Ni siquiera sabía que te gustaban los hombres!
¿Cómo puedes salir con eso? ¿Sabes como estaría mamá viendo que tu novio
es un enfermo de aquí?

Alterada, Minah parecía estar igual de angustiada que él, y eso no hizo más
que preocupar aún más a Taehyung, poniéndolo a la defensiva.

—No me grites así, Minah —elevando también su tono de voz, el rubio se


aproximó a la adolescente, haciendo que la misma guardara silencio—. Si yo
salgo o no con Jungkook no es importante, lo importante es sacarte de aquí.
Deja de desafiarme así cuando solo quiero ayudarte.

Frustrada, la chica no hizo más que cruzarse de brazos mientras una mirada
llena de enojo iba dirigida hacia su hermano, generando un pequeño silencio
entre ambos.

—¿Y tú? ¿Irás conmigo?

Un silencio largo e incómodo fue la única respuesta que recibió, seguido de


la mirada de Taehyung desviándose hacia otro lugar de la casa, incapaz de
responder.

—No puede ser —frunciendo el ceño, la menor volvió a alterarse—. ¡No


puedes dejarme sola! ¿A dónde se supone que vaya? Mamá no está y papá es
un monstruo, ¿A dónde quieres mandarme, Taehyung?

—No lo sé pero no puedes quedarte aquí.

—¡No voy a irme sola! —sentenció la adolescente, haciendo que el rubio


empiece a sentir un dolor de cabeza—. ¿Por qué querrías quedarte aquí? ¿Por
tu novio? No lo vale.

—Si no me quedo todo será peor, soy el jefe de este lugar. Jungkook no tiene
nada que ver con esto.

—¿Jefe de qué, Taehyung? ¿En verdad eres parte de todo esto? —enojada,
Minah se levantó de la cama, dispuesta a pelear con su hermano—. ¿Un
asesino más? ¿Cómo puedes ser esto?

Tragando saliva con dificultad, la mirada de Taehyung se volvió dura al


observar hacia abajo, encontrándose con los ojos de su hermana. Ser llamado
así por ella no hizo más que ponerlo alerta, molesto y a la defensiva.

Su paciencia se desvaneció por completo.


—¡Sí, Minah, un asesino! —interrumpiendo cualquier otro tipo de reclamo,
el mayor alejó a la chica de su cuerpo, empujandola y manteniendo distancia
—. Soy totalmente diferente a como era antes de llegar aquí y ya no puedo
salir, tengo responsabilidades, y una de ellas es mantenerte a salvo. Deja de
hacer las cosas difíciles y dejame protegerte en vez de ponerte aún más en
peligro quedandote aquí.

—¡Vas a terminar igual que papá! ¡Quien sabe a donde me lleves! —


Alterada, la chica quiso alejarse, al borde del llanto ante lo frustrada que se
encontraba.

El agarre brusco de Taehyung sobre uno de sus brazos le impidió apartarse,


su hermano se veía sumamente molesto, observandola con lágrimas en sus
ojos mientras sus dientes se apretaban apenas, intentando retener sus
lágrimas.

—No vuelvas a decir eso nunca más. —Ordenó, sacudiendo un poco a su


hermana ante sus palabras, escuchando un sollozo proveniente de la misma.

Enojado, el rubio liberó a la chica al notar que se estaba pasando, alejándose


de ella y cubriendo su rostro por unos segundos, intentando calmarse. No
estaba siendo para nada comprensivo con la menor ni mucho menos con los
sentimientos de la misma, pero su cabeza no dejaba de doler, los gritos lo
ponían completamente a la defensiva, y sus reacciones eran violentas.

No debería estar ahí.

—Te llevarán a un lugar donde estés a salvo en alguno de estos días, yo me


encargaré de darte todo lo que necesites para vivir, y estarán cuidando de tí.
No puedes vivir conmigo, Minah, y yo no puedo ir contigo —exclamó, con
sus dedos índice y pulgar presionando el puente de su nariz en un intento por
relajarse—. No está a discusión este tema, solo obedece. Estarás bien.

El silencio de la chica se hizo presente en aquella casa, y el rubio no hizo más


que darle la espalda, dirigiéndose hacia la puerta de la casa hasta que Minah
decidió hablar mientras volvía a recostarse en la cama.
—Mamá estaría decepcionada de tí.

Aquellas palabras fueron lo último que escuchó Taehyung antes de salir de la


casa, sintiendo una fuerte presión en su pecho, seguido de las lágrimas
acumulándose en su rostro, amenazando por salir. Toda aquella situación
agobiandolo y provocando que lágrimas tras lágrima comenzarán a mojar sus
mejillas, sintiendo la mirada de algunos guardias que tenía la casa seguido de
algunas personas que pasaban.

También se había ganado la mirada de Yugyeom, quien estaba pasando cerca


de aquella zona.

El presentador del circo contrario lo miró de arriba a abajo, despectivo, y el


rubio no tuvo más remedio que retomar la postura que tenía antes, limpiando
sus lágrimas y marchándose de allí hacia su propia casa rodante, sin mirar
atrás.

Una vez adentro, se encontró con Jungkook, quién se mantenía totalmente


relajado en el sillón, tomando un café mientras leía un libro del cual
desconocía su contenido.

Triste, enojado y lleno de emociones negativas, Taehyung se dirigió hacia el


hombre, tomando la taza sin decir ni una palabra y sacándola de las manos
ajenas, dejándola en una mesa pequeña que había enfrente del sillón, y
volviendo así su atención a Jungkook, quien lo observaba con curiosidad.

Sin comentar nada, el rubio abrió los brazos del payaso, importandole poco
interrumpir su lectura al momento de sentarse en su regazo, hundiendo su
rostro contra el cuello ajeno y volviendo a sollozar, tomando desprevenido al
pelinegro, quién tan solo dejó caer el libro en el sillón, rodeando al chico con
sus brazos.

Manteniéndose ambos en silencio, el mayor pasó su diestra por el cabello del


contrario, acariciando apenas mientras su otra mano formaba círculos a modo
de caricias sobre la espalda baja de Taehyung, mimandolo con aquello
mientras sentía como el chico lloraba entre sus brazos.

Lejos de verse preocupado, Jungkook mantenía la calma ante aquella


situación, con notable carencia de empatía a pesar de estar consolando al
menor, quien se hacía cada vez más pequeño al ocultarse en su cuello.

Alejándose apenas después de varios minutos en silencio, Taehyung alzó su


rostro hacia el pelinegro, quien lo observó con curiosidad, notando la nariz
del rubio con un leve tono rojizo ante su llanto, además de sus ojos
hinchados.

—Ella va a odiarme, Jungkook. —Declaró con preocupación, apartando sus


manos del cuerpo del mayor.

—Cuando Namjoon me informó que fuiste con tu hermana, no esperaba


recibirte así —comentando aquello, el pelinegro acomodó un poco el cabello
del chico, evitando que cayera sobre su rostro—. ¿Por qué dices eso,
Taehyung?

—Desconfía de mí, dice que la mandaré a otro lado como papá. Y está
molesta porque estoy contigo.

—Pero bebé, ¿cómo vas ser como tu padre? —interrogó Jeon, limpiando las
lágrimas ajenas antes de dejar un casto beso sobre los labios de Taehyung,
quien seguía igual de vulnerable—. Ese viejo es miserable, ni tomando todo
lo que sabes gracias a mí llegarías a un nivel tan bajo como ser como él.

Sintiendo una caricia en su mejilla, el rubio volvió a sentir sus ojos


llenándose de lágrimas por la manera en la que lo trataba Jungkook,
abrumandolo por completo. Se encontraba sumamente sensible y recibir
aquel trato después de un mal momento alteraba aún más sus emociones.

No debería sentirse así justo con Jungkook.

—Te detesto. —Comentó de repente Taehyung hacia el pelinegro,


enojandose consigo mismo por como estaba actuando, y escondiendo su
rostro una vez más contra el cuello del contrario, quién soltó una pequeña risa
en respuesta.

—Yo también te quiero, obsesión —exclamó, retomando las caricias sobre el


cabello impropio—. Dejame decirte que dudo que tu hermana te odie, tienes
que tomar en cuenta que es adolescente y por lógica va a estar así de alterada
ante cualquier conflicto, confío en que terminará aceptando que es lo mejor, y
aprenderá a vivir sola a donde sea que le toque ir.

Asintiendo a sus palabras, el menor apoyó su cabeza contra uno de los


hombros del pelinegro, observandolo por un momento.

—Hablando sobre eso... —enderezandose una vez más, Taehyung limpió sus
lágrimas por sí mismo, viéndose mínimamente más relajado—. Quería hablar
contigo, sobre los contactos.

—¿Sí?

—Sé que me estás haciendo un favor con Minah, yo no tengo personas


confiables con las que hacer esto y no quiero abusar de la ayuda que me estás
dando, pero... —dudando, el rubio se veía nervioso, ganándose la atención
del hombre—. ¿Hay alguna posibilidad de sacar a Jin de aquí?

Frunciendo el ceño ante la pregunta, Jungkook observó con cierta confusión


al chico, manteniendo sus manos sobre los muslos del mismo, apretando
suavemente aquella zona.

—¿Sacar a Seokjin? Estás loco, Taehyung. Namjoon se pondría insoportable


—comentó, negando varias veces con la cabeza—. No me parece buena idea,
aunque sea tu amigo. Tenemos bastantes problemas ahora como para lidiar
con un presentador fastidioso, además, Seokjin podría hablar y contar todo, él
estuvo años aquí, su mente está completamente perdida, aunque pueda ser
libre ya, ¿realmente valdría la pena?

Guardando silencio, el rubio apretó sus labios con cierta duda ante aquella
pregunta, desviando su mirada hacia sus manos.

—Pero él sufre todos los días con Namjoon, no le gusta. Yo ví las crisis que
tiene y no me gusta eso, puede tener muchos problemas por los años que pasó
aquí, pero sigue siendo mi amigo y me molesta verlo así —exclamó,
cruzándose de brazos ante la atenta mirada de Jungkook—. Quiero que esté
bien, él ya sufrió mucho.
—Tan caprichoso... —murmurando aquello con fastidio, el pelinegro no hizo
más que rodar los ojos, terminando por recostar su espalda en el respaldar del
sillón—. Veré que puedo hacer, pero no te prometo nada. Sabes que no es
buena idea.

Sonriendo ante las palabras del pelinegro, Taehyung guió sus manos por
detrás del cuello del mismo, acomodandose de mejor manera en su regazo
mientras su diestra se paseaba con tranquilidad por la parte trasera del cabello
de Jungkook, dejando caricias en la zona de su nuca, y viendo a la vez como
el hombre se dejaba tocar con tranquilidad, disfrutando de aquella atención.

—Hablando de que ya tenemos muchos problemas —deteniendo sus caricias,


Taehyung acercó su mano hacia el rostro de Jungkook, sosteniendo sus
mejillas—. Creo que deberías hablar con Yugyeom de forma civilizada,
saliendo de la casa de Minah lo ví y recibí la mirada más resentida del
mundo. Sabes que él tiene un circo también, ¿no? No me parece buena idea
estar mal con todo un circo solo porque fuiste poco empático con él y eso
puede dejarlo en contra nuestra. Ni siquiera le dijiste gracias por cuidarte.

—¿El llanto te afectó el cerebro, niño? —asqueado ante la idea ajena, el


pelinegro frunció el ceño—. No voy a agradecerle.

—Fuiste grosero, él debe estar enojado.

—Estabas celoso de él hace un rato y ahora parece que te contrató de


defensor personal, ¿qué te pasa? —fastidiado, Jungkook quiso sacar al chico
de su regazo, pero el mismo protestó, evitando el agarre que pretendía hacer
Jeon sobre su cintura—. Taehyung, en verdad no estoy de humor para
pelearme contigo hoy.

—No seas inmaduro, tienes que hablar con él —repitiendo aquello, el rubio
presionó el cuerpo de el payaso para que volviera a recostarse en el respaldar,
ganándose una mirada molesta—. Es por el bien del circo, por evitar una
pelea peligrosa, ¿acaso no te importa?

—Estás siendo bastante manipulador, ¿sabes? —Interrogó el mayor, alzando


una ceja.
—Aprendí del mejor.

Sonriendo con burla al decir aquello, Taehyung observó como Jungkook


evitaba sonreír apenas, desviando su mirada hacia otro lado mientras parecía
pensar, tomándose su tiempo antes de volver a hablar.

—Bien, hablaré con él. Pero no esperes que le agradezca nada. —Sentenció,
ganándose una sonrisa por parte del rubio.

—Con eso me basta, en verdad no quiero más problemas.

—No tendrás ni uno más, después de todo podría invitarlo a salir y todo para
que deje de ser un resentido. —Bromeó el pelinegro, sonriendo con gracia.

Una mirada seria por parte del rubio fue la respuesta que recibió, seguido de
los movimientos del mismo intentando levantarse de su regazo, y causándole
aquello una pequeña carcajada, tomando el cuerpo impropio entre sus brazos.

—Eres un idiota. —Soltó con fastidio Taehyung, observando al mayor con


cierto enojo.

—Y tú un niño celoso —comentó el payaso, atrayendolo nuevamente hasta


estar con sus rostros bastante cerca, rozando sus labios—. Mi lindo chico
celoso.

Malhumorado aún, el rubio observó detenidamente el rostro del mayor, sin


percatarse del momento en que sus ojos se fijaron en los belfos de Jungkook,
seguido de la mirada que recibía del mismo sobre sus propios labios, ambos
sin hacer nada por el momento.

Taehyung fue el primero en moverse, tomando el rostro del pelinegro entre


sus manos mientras iniciaba un beso, siendo una vez más posesivo,
pretendiendo llevar el control de aquel beso y fracasando en el intento una
vez que Jungkook correspondió, llevando el ritmo a su gusto mientras sus
manos dejaban caricias sobre los muslos impropios, tocando y acariciando.

Las manos de Taehyung se encontraban poco tiempo después sobre el cabello


del mayor, despeinandolo apenas al dejar caricias en aquella zona, e
intensificando poco a poco el beso hasta sentir que había sido suficiente,
jalando suavemente el cabello de Jeon al alejarlo de sus labios, y dejando una
suave mordida sobre la boca del mismo, disfrutando de molestarlo.

—Mío. —Exclamó entonces, sonriendo contra los labios de Jungkook


mientras veía la marca que había dejado en los mismos, y notando como el
pelinegro sonreía de igual manera, estando aún cerca de su boca.

—Tuyo. —Declaró en un susurro antes de juntar sus labios en un beso una


vez más, siendo rápidamente correspondido.

Ambos se quedaron en el sillón por varios minutos, besándose y estando


cerca uno del otro, mientras que la mente de ambos iba generando distintos
escenarios de lo que pasaría una vez que tuvieran que salir un rato de la casa.

Jungkook tenía una charla pendiente.

•••

Cuando el payaso y el jefe del circo Stigma salieron finalmente de la casa


rodante que compartían, el frío de la noche fue lo primero que los recibió.
Ambos se habían arreglado ya que el circo de fenómenos estaba previo a
realizar un show antes de seguir su camino, y Jungkook debía arreglar lo que
había causado antes de que suceda aquello.

—Empiezo a extrañar mis espectáculos viendo esta ropa nuevamente. —


Comentó Jeon mientras observaba su atuendo, siendo el traje negro que usaba
normalmente para trabajar, resaltando su cuerpo y haciéndolo ver aún más
imponente de lo que ya era, haciéndose notar fácilmente por donde pasaba.

El rubio iba a su lado, llevando otro vestuario que le consiguió Jungkook


exclusivamente para él ya que los trajes que tenía no eran del talle del chico.
El mayor se había encargado de buscar ropa para ir a juego, haciendo que en
ese momento, Taehyung se encontrara luciendo un traje blanco, con algunos
detalles azules en sus mangas.

La mano del pelinegro tomaba la cintura del menor mientras caminaba a un


lado del mismo, guiando el camino, y su mirada iba de vez en cuando hacia el
rostro ajeno, notandolo preocupado.

—¿En qué piensas, lindo? —Cuestionando aquello, detuvo sus pasos,


sosteniendo el cuerpo impropio para estar cara a cara, recibiendo la atención
de Taehyung, quién suspiró.

—Sigo pensando en Minah, y también me tiene inquieto esta situación, ¿no


reaccionará mal tu amigo viendo que llegamos en plena presentación? —
Inquieto, el rubio tomó cierta distancia, notando como Jungkook negaba
suavemente con la cabeza antes de tomarlo por el mentón, obligándolo a alzar
su rostro.

—Donde reaccione mal, recuerda que tenemos un circo de nuestro lado


también, somos intocables —declaró, sonriendo con gusto—. Y sobre tu
hermana, ya te dije lo que pienso, debes darle tiempo —exclamando aquello,
el mayor depositó un casto beso sobre los labios ajenos, sintiendo al chico
suspirar una vez más contra sus belfos—. Deja de pensar tanto, vamos a estar
bien.

Y como si aquellas palabras hubieran sido suficiente, Taehyung asintió


levemente con la cabeza, buscando relajarse antes de volver a caminar hacia
la gran carpa que tenían cerca, llena de luces llamativas y varias personas a
los alrededores.

Los ricos comenzaban a llegar, llenando los asientos del circo, el olor de las
palomitas predominaba al igual que el de algunas otras comidas que
Taehyung desconocía, y la música del lugar era un poco más tétrica que la de
un circo normal, volviendo el ambiente algo pesado.

Jungkook lo llevó hacia los asientos delanteros, donde serían fácilmente


vistos por el presentador, quien en ese momento se encontraba trabajando,
posicionándose en el medio del escenario.

Las luces se apagaron, dejando solo una encendida en dirección a Yugyeom,


quién sonrió al recibir la atención del público, acomodando su descuidado
atuendo.

—¡Bienvenidos, damas y caballeros! —comenzó, abriendo sus brazos


mientras el público gritaba con emoción ante el comienzo del show—. Sean
bienvenidos al circo de fenómenos, donde todos somos iguales.

El rubio tragó saliva al sentirse algo sofocado por la cantidad de personas que
había en el circo, su preocupación aumentaba lentamente ante los
pensamientos negativos que llegaban, y lo único que pudo hacer para
distraerse de aquello fue apegarse aún más al pelinegro que tenía a un lado,
recibiendo una mirada del mismo.

Jungkook dejó caricias sobre su cintura, manteniendo una expresión seria al


observar el escenario, luciendo incluso enojado a pesar de estar totalmente
relajado con Taehyung, quien se acurrucó a su lado, incapaz de quedarse
cerca de la persona que ocupaba el asiento a su izquierda.

—Como saben, nuestros trabajadores se encargan de crear aún más bellas


criaturas que eleven la imágen de nuestro prestigioso circo —exclamó el
presentador, paseándose por el escenario, mientras su mirada pasaba por
todos los presentes poco a poco—. Los que alguna vez fueron tratados de
raros en otros circos, finalmente tienen su propio lugar para ser ellos los que
deciden quién es un fenómeno, un ser nunca antes visto.

Continuando su discurso, el hombre detuvo sus pasos al notar la presencia de


una persona en particular, haciendo notar como su ceño se fruncía levemente
y su expresión se tornaba dura antes de volver a posicionarse en el medio del
lugar, teniendo a algunos empleados suyos a un par de metros de distancia,
esperando por empezar su show.

Pero Yugyeom parecía tener otros planes.

—Nuestro circo lleva años haciendo modificaciones, incluso yo soy una de


ellas —contando aquello, el hombre señaló la gran abertura que tenía en una
de sus mejillas, la cual exhibía sus dientes—. Matamos, descuartizamos,
reemplazamos piezas —continuó, arreglando las mangas de su traje antes de
seguir hablando—. Sacamos ojos, cortamos brazos, cabello, callamos bocas...
Destruimos familias.

Mientras más avanzaba aquel discurso, más empezaba a notarse el enojo de


cierto rubio que se encontraba entre medio del público, quien mantenía sus
manos hechas puños, dejando ver su ceño fruncido y su expresión molesta.

Yugyeom se estaba burlando de lo que habían hecho con su madre.

—Este circo se ha llevado miles de vidas, parejas, familiares —siguiendo con


sus palabras, el hombre giró su cuerpo hacia donde estaba Jungkook,
cruzando finalmente sus miradas—. Amistades...

Aquella situación no se veía para nada bien, y eso empezaba a inquietar a


Taehyung, quién sostuvo uno de los brazos del payaso, buscando cierto
consuelo mientras que el hombre que sostenía se encontraba tenso.

Él también sabía que algo iba mal.

—He perdido amistades de otros lugares por estar aquí actualmente —contó
Yugyeom, recibiendo por completo la atención del público—. Tenía un
amigo al que creía totalmente fiel y terminó siendo insensible, poco
empático, grosero y traidor, decepcionandome por completo —frunciendo el
ceño, el hombre sonrió hacia Jungkook, como si estuviera burlándose—. ¿No
es así, Jeon Jungkook?

El público empezó a llenarse de murmullos, todos los presentes susurrandose


entre sí al ver lo que estaba sucediendo, aquello no era parte del show. Y
algunos de los ricos que se encontraban allí no dudaron en emocionarse a ver
al payaso tan reconocido del otro circo.

Jungkook era toda una celebridad.

Y cuando Taehyung creía que nada podría empeorar aquella situación, una
luz apuntó directamente al pelinegro, mostrandolo ante el público y
escuchando algunos gritos de festejo, alabando la presencia del payaso, quien
sonrió sin gracia alguna al ser expuesto de esa manera.

Un empleado del circo de fenómenos se acercó hacia él, extendiendo un


micrófono en su dirección, y a pesar de que el rubio había intentado hablar
con él para que no hiciera nada, el mayor ya se encontraba de pie,
sosteniendo el micrófono cerca de su boca.
—Vaya manera de recibirme en tu circo, Yugyeom, ¿tan importante soy
como para dejar un espacio en tu presentación únicamente para mí? —
interrogó el pelinegro, con la mirada de todos sobre sí—. Me siento halagado,
en verdad.

Soltando una risa sarcástica, el presentador comenzaba a verse amargado,


ignorando por completo a sus empleados al ver que algunos pretendían
detener lo que estaba haciendo, y limitándose únicamente a acercarse a
Jungkook, quedando más cerca del hombre, quien se encontraba un poco más
alto por los asientos en los que estaba.

—Mi mejor amigo resultó ser igual de prejuicioso que el resto —siguió
hablando hacia el público Yugyeom, con una expresión seria—. ¿Desde
cuándo eres así, Jeon?

Relamiendo sus labios, el payaso se mostraba divertido ante la situación,


mientras que el rubio a su lado sentía que terminaría con un ataque de
nervios, sumamente preocupado.

—Desde siempre he sido así —respondiendo aquello, el pelinegro se inclinó


hacia el contrario, quedando cerca de su rostro, y a la vez alejando un poco el
micrófono de su boca—. No vine a pelear, vine a hablar contigo. Así que
sería mejor que dejes de hacer el ridículo y agrandar la situación. —Exclamó
entre dientes, susurrando, viéndose amenazante mientras observaba el rostro
del que alguna vez fue su amigo.

Yugyeom pareció confundirse por un momento, frunciendo el ceño mientras


daba unos pasos hacia atrás, alejándose un poco de Jungkook a la vez en la
que analizaba las expresiones del mismo.

Entonces el presentador volvió a reír, comprendiendo las intenciones del


hombre y caminando una vez más al centro del escenario.

—¡El payaso quiere disculparse! —medio alzó la voz, notándose ingenuo—.


Pero que sorpresa... ¿El temido Jeon Jungkook dispuesto a charlar conmigo?

—Estás exagerando el tema, Yugyeom. Pero sí, voy a hablar contigo, ya que
parece que quieres resolver todo públicamente —sonriendo con notable
burla, el pelinegro fijó su mirada en el público, recibiendo la atención de
todos—. Mi actitud estuvo mal, a pesar de que no me arrepiento, y debo
reconocer que fuiste un buen amigo —comenzó, viéndose relajado a pesar de
estar terriblemente incómodo, odiando expresarse así públicamente—. Tu
"sacrificio" por mí es respetable, y me hubiera gustado ayudarte en aquella
época si me hubieras hablado de eso. Pero como no fue así, no me queda más
que... —se detuvo, incapaz de disculparse, su orgullo y su ego se lo impedían
por completo—. Más que charlar sobre eso ahora, esperando que comprendas
mis reacciones anteriores.

Finalizando con su breve explicación, el pelinegro observó fijamente a


Yugyeom. El presentador se veía inquieto tras haberlo escuchado
atentamente, incluso confundido, Jungkook podía notar como el hombre
parecía tener un pequeño conflicto interno, y aquello le hizo retener una
mínima carcajada, resultandole divertida la manera en la que había sacado
completamente de lugar al presentador, descolocando su mente.

Y Yugyeom en ese momento, no podía hacer más que sentirse vulnerable


luego de las palabras de Jungkook, sin saber que hacer.

El hombre que le había gustado de pequeño estaba reconociendo su sacrificio


y esfuerzo en un intento de disculparse, si es que siquiera podría llamarse así,
y su corazón lo estaba traicionando al querer comprender a Jungkook,
generandole tanto conflicto.

La mirada de todos estaba sobre él, esperando su respuesta, y el presentador


no pudo hacer más que aclarar su garganta, meditando por unos segundos en
los que su cabeza se llenaba de pensamientos, uno tras otro, siendo
totalmente diferentes entre sí.

Sus antiguos sentimientos por Jungkook le pedían detener lo que estaba


haciendo, iniciar el show ignorando completamente el tema y hablar luego
con el pelinegro, pero su cabeza le gritaba con rencor que tome venganza por
los malos tratos que había recibido al llegar a la casa impropia, siendo
sumamente despreciado y desechado.

Yugyeom no sabía que hacer.


Y su decisión fue tomaba luego de notar quien acompañaba a Jungkook entre
el público.

Aquel chico, jefe del circo contrario y "pareja" del pelinegro se encontraba
sentado a un lado del mismo, observando a Jeon con notable preocupación
mientras sus manos se removían con inquietud sobre sus piernas, viéndose
ansioso. El rubio había acompañado a Jungkook hasta su circo, luciendose
como el compañero del payaso, y causándole tantos celos a Yugyeom al no
poder ser él.

El enojo lo cegó.

—Bien... —guiando el micrófono a su boca, el hombre se mostró


repentinamente serio, centrando su atención únicamente en Jungkook—.
Acepto tu intento de disculpas, Jeon.

El pelinegro sonrió con satisfacción ante aquello, creyendo que su muy


desganado discurso había sido más que suficiente para ser perdonado por
aquel chico que solo veía como un fenómeno, haciendo su ego aún más
grande.

Mas Yugyeom volvió a acercarse a paso lento, generando un silencio tenso


en el circo a medida en que la luz del circo lo apuntaba, siguiendo su paso.

—Sin embargo... —el presentador quedó finalmente cerca de Jungkook,


sonriendole de forma desafiante—, mi rencor por tu falta de empatía sigue
intacto, amigo. Fuiste cruel, y mereces que sean crueles contigo...

Sin comprender, el payaso frunció su ceño al ver como Yugyeom salía del
escenario, subiendo por las escaleras que lo guiaban hacia los asientos donde
se encontraba el público, y poniéndose alerta a pesar de que sabía que el
hombre no podía atacarlo, sería una guerra entre circos si aquello sucedía.

El presentador llegó hasta Jungkook, sintiendo la intensa mirada del mismo


sobre sí y observando a la vez como el pelinegro daba un par de pasos hasta
quedar enfrente de Taehyung, impidiéndole estar cerca suyo, y generandole
con aquello una sonrisa llena de amargura, observando con fastidio a aquel
rubio a pesar de saber que él no era culpable de nada.
Yugyeom alzó su mirada hacia el contrario una vez más, escuchando a todo
su público murmurar ante la tensión, en espera de su próximo movimiento, y
a la vez llenándose de rumores sobre lo que había pasado entre él y el payaso
del circo Stigma.

—Jeon Jungkook, te reto públicamente a un duelo —exclamó de repente,


alzando su brazo al señalar con su mano el escenario, ganándose sonidos de
impresión por parte de los espectadores, y una mirada curiosa por parte del
pelinegro—. Te reto a enfrentarte a mí en ese escenario hasta ver quien tiene
más apoyo y ovación por parte del público, te desafío a ganarte más gritos
que los que gano yo cada que hago una presentación.

Jungkook frunció el ceño a la vez en la que una sonrisa burlona se asomaba


por sus labios, dejando notar lo absurdo que le parecía aquello. Él no tenía
porqué aceptar aquel duelo, ni siquiera parecía interesarle presentarse ante
aquel público, y Yugyeom pareció notar eso, volviendo a hablar pocos
segundos más tarde.

—Si ganas, te cederé un puesto importante en mi circo, no me reemplazaras


sinó que tendrás el poder suficiente en mi espacio como para sentirte un jefe
—empezó a explicar el hombre, ganándose la mirada del pelinegro a pesar de
que seguía viéndose igual de desinteresado, por lo que alejó brevemente el
micrófono de su boca, inclinándose hacia su rostro—. Además, de que si me
ganas, te daré información sobre alguien que sé que estuviste buscando todos
estos años... —Susurró por lo bajo, viéndose burlón.

Fue entonces cuando Jungkook mostró real interés, mostrando una expresión
seria al momento en el que se acercaba aún más al chico, luciendo
intimidante al estar cara a cara y ganándose nuevamente la alteración del
público. El payaso era alto, más que Yugyeom, y aquella cercanía donde el
presentador parecía ser más débil físicamente lograba mantener atento al
público, atentos a cualquier agresión que pudiera ocurrir.

Pero el pelinegro no lo atacó, y Yugyeom aún mantenía aquella mirada llena


de diversión sobre él, disfrutando de tener la atención ajena encima suyo.

—¿Qué tanto sabes, Yugyeom? —Interrogó, ya sin el micrófono cerca de su


rostro, y el hombre enfrente suyo no hizo más que negar con la cabeza,
negándole la información que decía tener.

Yugyeom hablaba sobre Seung, el padre de Jungkook.

—Acepta mi duelo, y te daré lo que te estoy proponiendo, Jeon.

Jungkook se vió indeciso, sin saber aún que pretendía el presentador, su


mirada se mantenía alerta sobre el mismo mientras sentía unas manos
intentando sujetar uno de sus brazos. Taehyung quería alejarlo del hombre y
finalizar de una vez con aquella discusión, pero el pelinegro no quiso
prestarle atención al encontrarse a la defensiva, apartándose rápidamente.

—Y en dado caso de que ganes, aunque sea imposible, ¿qué es lo que esperas
de mi parte? —Interrogó el payaso, cruzándose de brazos.

Yugyeom sonrió con total malicia, perturbando a una gran parte del circo
ante su sádica apariencia, se veía terrorífico sin siquiera intentarlo, causando
incómodidad en la mayoría de espectadores, incluido Taehyung.

—Si yo gano, Jungkook, me devolverás parte de mi sufrimiento —exclamó


en un tono bajo, hablando con cierta lentitud—. Te convertirás en uno de mis
fenómenos.

El público empezó a gritar extasiado, disfrutando de aquel reto, y causando


así que el pelinegro observe a su alrededor, sonriendo con arrogancia al
finalmente saber que pretendía Yugyeom.

Por otro lado, el jefe del circo contrario se encontraba sumamente asustado,
levantándose finalmente de su asiento al ver que la situación estaba
sobrepasando todos los límites que podría haber imaginado, y colocándose
así detrás de Jungkook, tomándolo por los hombros en un intento por detener
de una vez aquel conflicto.

—Jungkook, vámonos —pidió, angustiado—. No aceptes eso, hay que irnos


a casa.

El pelinegro no respondió al chico que tenía a sus espaldas, aún observando a


Yugyeom con cierta duda de si debería aceptar. No le interesaba demasiado
el puesto en aquel circo de personas que consideraba raras, pero aquella
presión que empezaba a sentir en su pecho le hacía saber que de verdad
quería saber la información sobre su padre, a pesar de el odio que seguía
teniendole al mismo.

Relamió sus labios, guiando nuevamente el micrófono a su boca, mientras


sentía las constantes súplicas de Taehyung cerca de su oído, pidiéndole que
se vayan, mas no quiso prestarle atención.

—Acepto tu duelo, Yugyeom.

Y fue entonces cuando el público enloqueció, celebrando con euforia aquel


enfrentamiento que presenciarian, mientras que el rubio observaba todo con
temor, golpeando la espalda del payaso con fastidio, sin poder creer que
había aceptado tal cosa.

Pero tenía sentido, Jungkook era demasiado egocéntrico como para estar tan
seguro de que le ganaría a Yugyeom en un enfrentamiento así, donde el
público sería el que decidiría quien había presentado el mejor espectáculo.

El presentador sonrió, asintiendo a las palabras del payaso antes de bajar


nuevamente hacia el escenario, informando que se marcharía unos minutos a
preparar todo lo necesario, y desapareciendo entre la carpa, dejando a todos
los presentes con aquella tensión que podía notarse en el aire, con el público
aún emocionado y Taehyung bastante molesto.

—¿Estás malditamente loco? —Cuestionó en un susurro casi agresivo el


rubio una vez que Jungkook volteó a mirarlo, ya sin tener la luz de un
reflector apuntándole.

—Me sorprende que lo sigas dudando. —Fue lo único que comentó el


hombre al volver a tomar asiento, burlándose apenas del menor, quien parecía
estar bastante alterado.

—Tenemos que irnos ya, no puedes arriesgarte así —soltó con preocupación,
tomando una de las manos de Jungkook, dispuesto a marcharse al intentar
levantarlo—. Vámonos, por favor.
El pelinegro negó suavemente con la cabeza, impidiéndole al chico moverlo
de donde se encontraba, y en su lugar atrayendolo hacia sí, dejándolo sentado
de lado sobre su regazo, sin importarle estar en público.

—No voy a irme, amor —sentenció, centrando su atención en el rostro de


Taehyung, quien seguía con una mirada alerta—. Si quieres irte a casa para
no ver nada, puedo llamar a Hoseok y que te acompañe. Pero yo no voy a
marcharme como un cobarde después de aceptar, además de que mi ego no
me lo permite, estoy seguro de que ganaré. —Exclamó con soberbia,
logrando alterar aún más al menor.

—No estoy de acuerdo con esto —siguió diciendo el chico, frunciendo el


ceño—. Te recuerdo que sigo siendo tu jefe, vámonos ya o hablaré con
Namjoon para que no te dé espacio en las próximas presentaciones del circo
—amenazó, recibiendo una mirada llena de fastidio por parte del pelinegro—.
Y mi espectáculo, lo haré solo.

—Taehyung...

Llamándolo por su nombre, Jungkook sonaba molesto, su tono dejaba notar


que era una advertencia, pero a Taehyung no podría importarle menos en
aquel momento, levantándose así de las piernas del pelinegro para hacerle
saber que no estaba jugando, parandose enfrente suyo totalmente decidido.

—No puedes arriesgarte así, ¿y si pierdes? —interrogó, alterado—. Yo no


voy a salir con un fenómeno, que te quede claro desde ahora.

—¿Entonces ahora estamos saliendo?

—¡No me cambies de tema!

Suspirando ante lo exaltado que se encontraba el rubio, Jungkook quiso


volver a acercarlo hacia sí, pero el menor se negó, rechazando su tacto, y eso
no hizo más que enojar aún más al pelinegro, quien empezaba a perder la
poca paciencia que tenía.

—Estás exagerando, mocoso.


Taehyung quiso protestar, pero tuvo que mantenerse callado al notar como
varios hombres empezaban a subir por las escaleras del escenario en busca de
Jungkook, esperando por llevarlo a vestidores para que el pelinegro empiece
a elegir sus respectivas armas, preparándose para su presentación, la cual
sería después de Yugyeom.

El payaso se levantó, dispuesto a seguir a aquellos hombres, pero el rubio


volvió a interferir, tomándolo por el traje en la zona de su espalda,
impidiéndole continuar.

—Jungkook... —Llamó, aún preocupado.

Notando que en verdad el menor estaba preocupado por él, Jungkook detuvo
sus pasos, volteando hacia Taehyung y tomándolo suavemente por el rostro
para poder acercarlo hacia sí, depositando un casto beso sobre su mentón al
alzar la cara del contrario.

—Estaré bien, no me dejaré ganar tan fácil, y sabes eso —asegurando eso con
tranquilidad, el pelinegro sonrió, observando atentamente al chico—. En vez
de alterarte tanto, mejor empieza a animarme desde aquí, no quiero que te
entrometas.

El rubio lo miró con cierta duda, sin estar convencido aún, todavía estaba
molesto y ver que Jungkook ni siquiera era capaz de escucharlo no hacía más
que fastidiarlo, haciéndose notable su descontento ante la expresión seria que
tenía.

—Te veré pronto, después de haber vencido a ese idiota. —Declaró Jeon,
sonriendo una última vez antes de robarle un rápido beso al menor, quien no
correspondió.

Jungkook abandonó el lugar segundos más tarde, marchándose con aquellos


sujetos y dejando a Taehyung solo entre medio de la multitud, generando así
gran angustia en el rubio. No estaba para nada confiado en que el pelinegro
tuviera una victoria asegurada y eso lo dejaba inquieto, sintiendo demasiado
ansiedad.

Tomó asiento, acomodandose en el mismo a la vez que su mirada se centraba


en el escenario, expectante.

Taehyung era consciente de que no debería sentirse así por un hombre que lo
había maltratado tanto anteriormente, sabía que era incorrecto y retorcido
sentir preocupación por Jungkook después de todo lo que habían pasado, el
pelinegro fue cruel con él en muchos aspectos y no tendría porqué estar tan
alerta ante la idea de que puedan lastimarlo. Pero no podía evitarlo, sentía
miedo.

Si perdía al payaso, no tendría ningún apoyo en ese lugar, y su mente


terminaría por desequilibrarse por completo, dañando más su salud mental si
es que siquiera aquello era posible.

Él necesitaba a Jungkook, y Jungkook lo necesitaba a él.

La ansiedad dominó sus pensamientos, incapaz de tranquilizarse, y cuando la


música del circo empezó a sonar una vez más, sus ojos se alzaron con temor
hacia el escenario, en espera de lo peor.

Yugyeom ya estaba ahí, luciendo otra vestimenta, su traje era verde oscuro
con detalles dorados, llamativo. El presentador había llegado al lugar cuando
unas telas descendieron desde lo alto, aquellas telas siendo del mismo color
de su traje, combinando fácilmente con la luz amarilla que daban los focos
pequeños que se encontraban colgados en el interior del circo, rodeando toda
la carpa.

El hombre sonrió al ser bien recibido por su público, haciendo una mínima
reverencia en forma de saludo mientras se acercaba hasta el centro del
escenario, quedando aún lado de los paños verdes, con su mirada fija en el
escenario, deteniéndose por un momento en Taehyung, y sonriendole con
arrogancia, logrando fastidiar al rubio.

—Mi bello público, es hora del show —habló entonces, reemplazando su


micrófono con uno más pequeño, el cual podía colocar en su ropa, cerca de
su boca—. Espero que lo disfruten, y que decidan quien es el mejor. —
Declarando aquello, el joven mostró una última expresión soberbia antes de
acercar sus manos hacia su rostro, aplaudiendo dos veces.
Las luces se apagaron.

El rubio sintió su cuerpo tensarse al verse rodeado por la oscuridad, con todo
el público quedándose en silencio, aquella tensión en el aire lo mantenía
alerta, al igual la sensación de peligro que presentó su cuerpo una vez que
volvió a fijarse en el escenario.

Un reflector se encendió, iluminando únicamente a Yugyeom, acompañando


aquello con una canción que había empezado a reproducirse de la nada, era
lenta y tétrica, como una nueva versión de alguna pieza clásica. Un violín y
un piano sonaban por todo el circo, guiando el ritmo en el que el hombre
comenzaba a subir por las telas.

No tardó demasiado en llegar a lo más alto de la carpa, con la mirada de


todos los espectadores sobre sí, sus brazos y piernas completamente
enredados entre aquellos paños, y sus pies sujetando todo su peso al dejarse
caer con delicadeza, quedando de cabeza ante el público, quienes se notaban
tensos, observando todo en silencio.

Yugyeom controlaba la dirección de sus movimientos con tranquilidad, su


cuerpo iba y venía entre el público al balancearse, dando la impresión de que
se dejaría caer al escenario a pesar de que aquello jamás sucedía. Las telas
terminaron por rodear su cintura segundos más tarde, dejando caer su cuerpo
en tres vueltas largas, con sus piernas levemente abiertas, e impresionando así
aún más a los millonarios.

Un par de piruetas más en el aire, sosteniendose de las telas con sus brazos y
dando vueltas hacia atrás, alardeando de su fuerza. Y las luces terminaron por
apagarse, deteniéndose así la música de igual manera.

Taehyung se removió con inquietud en su lugar, sin saber cómo es que


Jungkook podría superar aquello.

Un nuevo reflector, y Yugyeom estaba de cabeza, con sus piernas enredadas


en las telas, su cuerpo giraba alrededor del público, quedando cerca de los
espectadores, lo suficiente como para poder tocarlos si así lo deseaba. Y así
fue como vuelta tras vuelta, más telas iban cayendo desde lo más alto de la
carpa, mareando un poco la jefe del circo contrario, sin comprender lo que
estaba sucediendo.

Hasta que la primera víctima fue tomada por las manos del presentador.

Un hombre delgado y algo mayor de edad fue sujetado por Yugyeom desde el
público, alzandolo en el aire y llevándolo con él entre gritos y protestas,
generando que el público empiece a alabar lo que estaba haciendo el
presentador del circo de fenómenos, gritando con ímpetu.

Las luces se apagaron por tercera vez, y Taehyung comenzó a morder sus
uñas ante la ansiedad que estaba sintiendo, sin poder tranquilizarse ni un
segundo al tener su mente maquinando sin parar.

Los minutos transcurrieron, y al volver a encender las luces, el hombre había


sido colgado de una de las telas, con la misma rodeando su cuello,
asfixiandolo. Y su rostro se encontraba repleto de marcas, con cortes en sus
mejillas, simulando la sonrisa que tenía Yugyeom en su rostro.

La segunda persona tuvo el mismo destino.

Y la tercera, y la cuarta.

Taehyung perdió la cuenta al pasar del tiempo, pero de un momento a otro, el


presentador del circo se encontraba en el centro del escenario, con una tela
entre medio de todas las demás, las cuales tenían alrededor de diez personas
colgando, sin vida. Cada una con marcas en sus rostros, con sus cuerpos
volando por encima del público, simulando un gran carrusel mientras
Yugyeom seguía haciendo acrobacias entre medio de ellas, volviendo a
enredar su cintura entre los paños, dejándose caer hasta el escenario en
constantes círculos, y deteniéndose antes de tocar el suelo.

Sus pies tocaron el piso, finalizando con el show. Y la gente no dudó en


apoyarlo con gritos bastante elevados, silbando y aplaudiendo por su
espectáculo, generando así que Yugyeom hiciera otra reverencia en
agradecimiento.

El presentador sonrió, frío y tétrico, sintiéndose lo suficientemente confiado


como para asumir que ya había ganado.
Jeon Jungkook tenía una gran competencia.

Los minutos transcurrieron, y Yugyeom ya se había retirado del escenario,


dejando a todos en espera del tan conocido pelinegro. Y causando así una
gran incomodidad en Taehyung, quien se había levantado de su asiento,
buscando estar cerca de la salida al necesitar algo de aire, se sentía demasiado
abrumado.

Su mente no dejaba de crear aquella imágen horrorosa de como convertían a


Jungkook en un fenómeno más, llenandolo de inquietud.

Y hubiera continuado imaginando aquello, si no fuera porque los focos


amarillos del circo habían cambiado su color a un rojo fuerte, dando aviso del
próximo espectáculo, y del cambio de ambiente.

Volvió a su asiento, intentando relajarse, y su mirada vagó por el escenario al


buscar al payaso. Los cuerpos que había dejado Yugyeom ya no estaban allí,
pero aún así no notaba la presencia de Jungkook, quedando el lugar
completamente vacío en el centro.

Sin embargo, su cuerpo terminó por saltar con impresión al escuchar una risa
tétrica a un par de metros de distancia, una risa escandalosa y distorsionada
por un micrófono, sonando levemente alterada. Todo el público se había
sobresaltado ante la repentina intervención, buscando al responsable de su
alteración entre los asientos.

Y allí, entre medio del público y a un par de asientos de distancia del rubio,
se encontraba el tan reconocido Jeon Jungkook.

Su traje negro tenía algunas partes llenas de brillos, haciéndolo notar con
facilidad entre las personas, sus manos cargaban un hacha con firmeza y su
cuerpo se mantenía enderezado, intimidando a los pocos hombres que tenía
enfrente suyo, además de que su rostro en ese momento se encontraba
cubierto por una máscara de conejo blanco, con ojos negros inexpresivos y
una sonrisa exagerada dibujada del mismo color, terminando con su
característica línea roja pintada sobre uno de los ojos de aquella máscara, la
cual era cubierta por su desordenado cabello negro, mismo que se encontraba
levemente ondulado.
Taehyung tragó saliva con cierto temor por lo que estaba por presenciar, sin
saber que era lo que tenía planeado Jungkook, y sus ojos siguieron los pasos
del mismo con cautela, atento a todos sus movimientos.

El pelinegro se paseó entre los asientos del público, como si no fuera el


responsable del miedo que tenían todos los espectadores. Le gustaba ser el
causante de aquel notable temor, y eso era bastante notorio.

—¿Les gustó los truquitos aéreos de Yugyeom, mis queridos espectadores?


—cuestionó el payaso, aún con aquella voz distorsionada y más gruesa que la
suya—. Para ver gente girando durante tanto tiempo hubiera sido más
entretenido pagar por un carrusel. —Se burló descaradamente, escuchando un
par de risas miedosas entre el público.

Le temían.

Jungkook continuó bajando por los asientos, quedando cerca de Taehyung, y


al cruzar mirada con aquel chico, no pudo hacer más que acercar una de sus
manos hacia el rostro del rubio, tomándolo suavemente por la barbilla al alzar
su cara hacia sí, y amenazándolo al apoyar el filo del arma que tenía en su
cuello, presionando con delicadeza.

—Que lindura, ¿no quieres ser voluntario, primor? —cuestionó con


arrogancia, disfrutando de molestar a su mocoso de aquella manera,
sonriendo por debajo de la máscara—. Prometo ser suave.

Taehyung se mantuvo serio, sin reaccionar a la presión que sentía en su


cuello, y sin querer observar al pelinegro. Estaba enojado, y el payaso había
notado rápidamente aquello, alejándose y sonriendo sin gracia alguna ante la
actitud del menor.

—Bien, tú te lo pierdes —fingiendo desinterés, Jungkook aceleró su paso


hacia otra parte del público, acercando el hacha hacia los espectadores de
aquella zona, y viendo a los mismos alejarse con desesperación—. ¿Ustedes
tampoco? Es una lástima...

Bajando hasta el escenario finalmente, el pelinegro se acomodó en el centro,


dejando el arma que tenía apoyada sobre uno de sus hombros mientras su
mirada vagaba entre el público, pensando en su próximo movimiento.

Su mano derecha apuntó hacia una mujer del público, llamándola al


escenario. Y aquella castaña no tuvo más remedio que obedecer entre
lágrimas, bajando a paso lento hasta dirigirse a aquel hombre siniestro que
estaba esperando por ella, ansioso por empezar.

—Entre más colabores, mejor será para tí. —Exclamó con tranquilidad al
tener a la mujer cerca, viéndose indiferente al tomarla por una de sus manos y
llevarla hacia otra parte del escenario.

Taehyung observaba todo en silencio, con su cuerpo tenso y su mirada


únicamente en Jungkook. Su mente seguía jugandole en contra ante cada
segundo que pasaba.

Y sus nervios aumentaron al ver como el pelinegro se acercaba hasta unas


escaleras, las cuales lo guiaban hacia una cuerda floja, sin ningún tipo de
protección en el suelo, teniendo en su lugar un par de picos de metal filosos y
gruesos, sumamente mortales en caso de caer desde aquella altura.

El payaso se hizo a un lado, dándole a entender a la mujer que debía subir, y


observando así la mirada llena de terror que tenía la misma, negando varias
veces con la cabeza mientras sus manos se guiaban hacia su estómago,
llamando ligeramente la atención de Jungkook, quien decidió ignorarla.

—Sube, el público espera por tí —ordenó, empujandola suavemente hacia la


escalera—. No vas a querer que busque una opción más dolorosa, ¿no es así?

La castaña negó una vez más, presa del miedo, y sus manos temblorosas se
dirigieron hacia la escalera que tenía enfrente, sin tener ninguna otra opción
más allá de subir con lentitud, sin querer llegar a la cima.

Jungkook sonrió, acomodando su máscara antes de alejarse de donde se


encontraba la mujer, aún tenía el hacha entre sus manos, pero aquello pasó a
segundo plano una vez que los trabajadores le entregaron algo más
interesante.

Un monociclo.
El circo tenía asientos a los costados que iban en caída hacia el escenario,
dejando a la vista de cualquier espectador el círculo del centro, y el mismo se
encontraba separado con un borde de madera bastante alto donde Jungkook
podía realizar un acto en específico, subiéndose al estrecho espacio con
despreocupación, y tomando asiento sobre el monociclo y manteniéndose
encima con facilidad, sin perder el equilibrio.

Para ese entonces, la mujer ya se encontraba cerca de la cuerda floja,


sosteniéndose de la plataforma en la que se había subido con notable temor
en sus ojos, sin querer observar hacia abajo, y sin querer moverse.

Pero tuvo que hacerlo, ya que ante su falta de acción, un cuchillo pequeño
pasó volando cerca de uno de sus brazos, logrando rozarlo. Y el pánico la
invadió por completo al ver a Jungkook, quién había empezado a andar en el
monociclo, dando vueltas alrededor del escenario y enfrente de los
espectadores, sosteniendo varias armas que podría lanzarle a aquella castaña
en caso de que no colabore.

—No hagas las cosas más difíciles, y empieza a caminar —ordenó,


totalmente frío e indiferente ante el miedo ajeno—. Lo único que deberías
temerle aquí es la fea cara del presentador, no a las alturas. —Se burló,
continuando con su camino.

Las manos del payaso se encontraban ocupadas con cuchillos y piedras,


empezando a hacer malabares con aquello mientras su mirada se mantenía
fija en la mujer, quien se había acercado a la cuerda, subiéndose con temor al
no querer avanzar, pero no tenía más remedio.

Dió un paso, y su cuerpo tembló. El pelinegro seguía dando vueltas,


acechandola, y aquello no hacía más que ponerla más nerviosa, sin saber
como continuar, y sintiendo el pánico aumentar al sentir otro cuchillo
rozandole la espalda.

Otro paso, y sus brazos se extendieron en busca de equilibrio, viendo la


cuerda floja temblar y observando así los picos filosos que la esperaban en
caso de fallar.

Había llegado hasta el medio de la cuerda un par de minutos después, en los


cuales los cuchillos cortaron parte de sus brazos y las piedras golpearon su
pecho y espalda, dejándola adolorida. La castaña se sentía perdida, a punto de
caer.

Y así fue, ya que su visión ante el golpe de una piedra en su rostro empeoró
su equilibrio, tirandola de la cuerda. Haciendola gritar y así buscar sostenerse
rápidamente de allí, con sus manos sosteniendo la soga en un intento por no
caer sobre los picos, no quería morir, no aún.

No quería.

Y su pánico aumentó al centrar su mirada en el payaso, aún sujetándose de la


cuerda.

Jungkook había bajado la velocidad al pedalear, manteniéndose aún sobre el


poco espacio que tenía enfrente del público, y sus manos habían bajado hasta
el asiento al estar libre de cuchillos, sosteniéndose de aquella zona con
fuerza, buscando ejecutar algo casi imposible para la mayoría de los
presentes.

Todo su peso estaba sobre sus brazos, manteniendo el equilibrio al quedar de


cabeza sobre el monociclo, y sosteniéndose del asiento con la mayor
precaución posible a medida en que el vehículo se movía a toda velocidad por
el círculo que formaba el estrecho camino.

Era peligroso, extremo y totalmente irresponsable. Aquello podría salir


demasiado mal, y todos lo sabían, incluido el rubio que en ese momento se
encontraba cubriéndose los ojos, totalmente aterrado por lo que podría llegar
a pasar si Jungkook perdía el control.

Las venas del pelinegro se notaban por sus manos y brazos ante el esfuerzo,
su rostro se había tornado levemente rojo a pesar de que aquello no se notaba
por la máscara, y su ceño se encontraba fruncido ante el esfuerzo. Podía
sentir el peso del hacha que aún llevaba consigo a sus espaldas, sostenida por
una cuerda que evitaba que cayera al suelo.

Sus brazos cedieron al pasar de unos segundos, y Jungkook tuvo que dejar su
cuerpo caer finalmente.
Se lanzó del espacio pequeño, cayendo de pie sobre el escenario, sin un solo
rasguño o golpe de por medio, y la ovación que recibió por parte del público
fue más que suficiente para aumentar su ego, sonriendo en grande mientras
recuperaba el aire, dejando el monociclo a un lado.

—¿Les gustó eso? —interrogó, recibiendo gritos fuertes y enérgicos en


respuesta—. Pues me alegro, porque ahora serán testigos de algo mucho
mejor... —comentó, tomando una vez más el hacha entre sus manos, a
medida en que sus pasos lo guiaban a la mujer que aún se encontraba
colgando sobre la cuerda, pidiendo ayuda—. Mi puntería.

Una vez dicho aquello, el pelinegro sacó un pañuelo largo de uno de sus
bolsillos, deshaciéndose finalmente de su máscara y recibiendo nuevamente
gritos de emoción por parte de algunas mujeres, causándole una sonrisa
narcisista a medida en que se apresuraba a cubrirse los ojos con el pañuelo
que había tomado, impidiéndole ver hacia donde se encontraba la castaña.

Sus manos sostuvieron el arma, dispuesto a lanzarla, agudizando sus sentidos


al buscar localizar los movimientos de la fémina a la vez en la que su
atención seguía en el público.

—¿En la cara o en el estómago? —Cuestionó hacia los millonarios, viéndose


divertido.

Y al ver que la segunda opción fue la más elegida, Jungkook lanzó el hacha
con total decisión, siendo rápido al no querer dejar caer a la mujer finalmente.

Un silencio se formó en el circo, y el pelinegro tuvo que retirar el pañuelo


para ver que era lo que había sucedido, curioso.

El arma se había incrustado perfectamente sobre el cuerpo de la fémina,


dejándola caer de lleno sobre los picos de hierro, destrozando su cuerpo y
dejando una imágen grotesca ante todos, quienes se veían impactados,
algunos asqueados, y una parte mínima notándose sumamente satisfechos.

Jungkook recibió aplausos, alentandolo. Y aquello fue más que suficiente


para que se acercara a paso decidido hacia el cadáver de la joven, buscando
retirar el hacha de su cuerpo, dejando salir la sangre de su abdomen y
quitandola también de los picos para poder dejar el cadáver sobre el suelo.

Su atención volvió a centrarse en el estómago de la castaña al notar cierto


detalle, inclinándose hacia ella.

Y Taehyung, quien aún estaba presenciando todo, tuvo que cubrir su boca
con sus manos al sentir arcadas al ver como el pelinegro empezaba a hurgar
entre los órganos de la mujer, buscando quien sabe qué.

Y todo cobró sentido cuando el payaso volvió a levantarse, tomando entre sus
manos los cuerpos mal formados de unos fetos de pocas semanas de
gestación.

La mujer esperaba gemelos.

—Ow, no llegué al baby shower —comentó con falsa tristeza hacia el


público, totalmente carente de empatía, y ganándose así risas en respuesta—.
No sean así, ¡un aplauso para esta madre!

Los espectadores accedieron, aplaudiendo en grande para Jungkook y para su


acto, y el pelinegro sonrió con satisfacción antes de hacer una reverencia
mínima, a pesar de que pocos segundos más tarde volvió a acercarse a su
víctima.

—Díganme, ¿fue necesario matar tanta gente para entretenerlos? —preguntó,


tomando el arma que había utilizado antes, y haciendo una pausa para cortar
bruscamente la cabeza de la castaña, separándola de su cuerpo—. ¿No es más
divertido llevar al límite de su pánico a una sola persona?

Taehyung estaba asqueado, enojado y alterado. No podía creer que estaba


presenciando aquello, no podía creer que Jungkook había hecho todo eso, y
su preocupación y estrés estaban más presentes que nunca, haciéndolo
levantarse de su asiento una vez más, alejándose.

Y el pelinegro, quien se encontraba haciendo malabares con la cabeza y los


fetos de la mujer, se encargó de repartir los pedazos del cuerpo de la misma
por todo el público, lanzandolos entre malabares a las personas que estaban
cerca, llenandolos de sangre sin remordimiento alguno. Y quedando
manchado de igual manera, con su traje completamente empapado.

El espectáculo terminó de aquella manera, cuando el cuerpo de la mujer fue


esparcido por todo el público, quedándose así en espera del veredicto de
todos los presentes.

No tuvo que esperar demasiado hasta tener a Yugyeom presente en el


escenario, sin dirigirle la mirada. El ambiente entre ambos era tenso, pero a
ninguno parecía importarle, ambos sabían que habían dejado todo de sí en sus
espectáculos, por lo que la decisión sería bastante difícil para las personas
que habían presenciado todo.

Fue entonces cuando un empleado del circo de Yugyeom apareció en el


escenario, posicionándose entre medio de ambos.

—Muy bien, es momento de decidir, damas y caballeros —mencionó el


hombre, tomando cuidadosamente uno de los brazos del presentador del circo
para poder alzarlo, enseñandolo al público—. ¿Quienes prefirieron el
espectáculo de nuestro presentador, Yugyeom? —Interrogó, atento a la
respuesta de los espectadores.

Parte del público comenzó a gritar, llenando el lugar con aquel ruido. El
presentador parecía tener demasiado apoyo por parte de la mayoría, y eso
dejaba las cosas complicadas para Jungkook.

Sin embargo, el hombre a cargo de supervisar la votación no había tenido


tiempo ni de hablar al levantar el brazo del pelinegro, siendo bruscamente
callado por los gritos, silbidos, alabanzas y gritos obscenos hacia el payaso,
quien parecía haber enloquecido por completo al circo, llevándose
completamente la atención.

No estaba a discusión, Jeon Jungkook había ganado. Había ganado incluso


cuando aquel público no era el que tenía usualmente en su circo, había
obtenido la victoria con el público que tenía normalmente Yugyeom.

Y eso no pareció agradarle al presentador, quien sonrió con notable falsedad,


girando su cuerpo hacia el pelinegro.
—He de admitir que me sorprendiste —comentó Yugyeom, extendiendo su
mano hacia el pelinegro—. La última vez que te ví intentando eso del
monociclo de pequeños, terminaste con un brazo roto.

Manteniendo una mirada seria, Jungkook sonrió de igual manera, aceptado


estrechar su mano con la de el contrario, en un corto acuerdo de paz.

El show terminó pocos minutos después, y el público empezó a abandonar el


lugar, dejando a los trabajadores solos, con el pelinegro en el centro del
escenario junto con Yugyeom, generando un ambiente tenso una vez más.

—Bien, Jeon Jungkook, ganaste —sonriendo sin ganas, Yugyeom se acercó


al pelinegro, dispuesto a charlar finalmente de forma calmada—. Es momento
de hablar sobre lo que ganaste.

Atento, el payaso asintió suavemente con la cabeza, sintiéndose inquieto por


la información que estaba por recibir, y su mirada se dirigió hacia los asientos
donde estaba anteriormente el público para poder buscar a Taehyung,
pretendiendo llamarlo hacia donde se encontraba él y así poder relajarse un
poco antes de la charla con Yugyeom.

Sin embargo, el rubio no estaba.

Lo había dejado solo.

Y Jungkook no tenía idea de que mientras él estaba ahí, listo para saber que
había sucedido con Seung, Taehyung se encontraba en la casa rodante de
ambos guardando prendas de ropa en una maleta pequeña junto con otros
objetos, organizando todo allí.

Jeon Jungkook no estaba enterado de que había acabado con parte de la


paciencia de Kim Taehyung, desequilibrandolo completamente. Y llevándolo
así a una decisión que terminaría por cambiarlo todo entre ellos.

Se iría de aquella casa.


42

Confusión.

Eso fue lo que sintió Jungkook cuando vió aquel asiento en el público
totalmente vacío. Taehyung no estaba, y no sabía hacia donde se había ido, ni
mucho menos en qué momento se había marchado del lugar, no se había
percatado de nada.

Fue por eso que inmediatamente se puso ansioso al creer que algo le había
sucedido al menor, sin prestarle real atención a Yugyeom al tenerlo a un lado
suyo y acercándose a paso lento hasta los asientos, buscando al rubio a los
alrededores, recorriendo todo el lugar con la mirada.

—¿Jungkook? —llamó el presentador a sus espaldas, frunciendo el ceño con


confusión ante la repentina actitud del payaso, acercándose hasta estar a un
par de centímetros de distancia—. Ven, el público ya se fue, tenemos que
hablar en privado. —Exclamó, sosteniendo suavemente uno de los brazos del
hombre para jalarlo un poco, pretendiendo llevarlo consigo al empezar a
caminar hacia la salida de la carpa.

Dudoso, el pelinegro siguió los pasos de Yugyeom, sin quitar la vista del
interior del circo una vez que salieron. Presentía que algo iba mal, pero no
podía darle mucha importancia en aquel momento, relajándose un poco a sí
mismo al pensar que no podrían lastimar a Taehyung al ser el dueño del otro
circo, y quedándose con aquel pensamiento al enderezar finalmente su
cuerpo, soltándose del agarre que mantenía el presentador sobre su brazo, y
caminando así a un lado del mismo.

El hombre lo guió hasta una parte algo lejana, apartada de la carpa y de las
casas rodantes, sus pasos terminaron por llevarlo hasta unos árboles que
daban paso hasta el interior de un bosque un tanto pequeño a comparación de
los que habían pasado anteriormente. Y Jungkook se mantenía alerta ante la
repentina distancia, preparado para defenderse ante cualquier emboscada o
actitud rara por parte de Yugyeom.

A la defensiva, así se mantenía el payaso, con sus manos dentro de los


bolsillos de su traje, sujetando unos cuchillos que le habían quedado del
show.

Pero el presentador parecía estar calmado a comparación suya, distrayéndose


con la poca visión que tenía del bosque, notándose nostálgico ante la atenta
mirada de Jungkook.

—¿Recuerdas cuándo solíamos escaparnos un rato? —interrogó casi en un


susurro, llamando la atención del pelinegro—. Volvíamos loco a Yoongi, se
preocupaba tanto…

Incómodo, el payaso formó una mueca de disgusto ante la mención de su


hermano mayor, haciendo notar su descontento con aquello, a pesar de
recordar perfectamente lo que mencionaba Yugyeom.

—Hm, sí, lo recuerdo —respondió, seco y cortante—. Preferiría no revivir el


pasado y que me hables sobre lo que me interesa en realidad. Además, no me
agrada hablar sobre Yoongi.

—¿A qué se debe eso? —curioso, Yugyeom volteó para poder ver a
Jungkook a la cara, viéndose algo confuso ante el comentario del pelinegro
—. ¿Cómo está él?

Yugyeom no estaba enterado de lo que había sucedido con Jungkook luego


de ser secuestrado por Seung, él fue el primero en desaparecer junto con
aquel hombre, y lo poco que había descubierto de Jeon con la nula
información que había obtenido desde su circo fue que su antiguo mejor
amigo había tenido un hermano menor. Nada más que eso.

El presentador no sabía nada, y Jungkook no quería ser el encargado de darle


a conocer su vida.

—Yugyeom, la información. —Malhumorado, el pelinegro cortó cualquier


otro tipo de duda, viéndose amenazante ante la mirada del más bajo.

—Sabes que te la daré, no entiendo tu apuro —frunciendo el ceño, Yugyeom


se acercó hasta Jungkook, viendo como el mismo retrocedía un poco ante la
cercanía—. No supe nada de ti desde aquel día, solo quiero saber como te
fue… ¿Siempre fuiste así de aclamado? ¿Y Byul?

Tragando saliva con inquietud, el fastidio del pelinegro incrementó,


mostrando una expresión molesta a medida en que se acercaba solo un poco
hacia el presentador, intimidándolo.

—Sí, siempre fui así de querido por el público. Y Byul se encuentra… Bien,
dentro de todo —sonrió, amargado ante el estado en el que se encontraba su
mascota—. ¿Satisfecho?

Aún curioso, Yugyeom se veía indeciso sobre si preguntar algo más, pero
terminó por asentir. Sabía que Jungkook no estaría dispuesto a hablarle sobre
lo que había sucedido.

Ellos ya no tenían aquella confianza, y quería ignorar lo mucho que le dolía


eso.

—Satisfecho —afirmó, volviendo a tomar distancia—. Bien, sobre Seung…


No tengo mucha información que te pueda servir ahora, creo —confesó,
sintiéndose pequeño ante los ojos furiosos del pelinegro sobre sí—. ¡Pero!
Puede darte pie a investigar…

—Yugyeom… —el tono molesto del más alto lograba intimidar a cualquiera,
y el presentador no era la excepción—. ¿Me desafiaste por nada, hijo de
puta?

—No es así —negando varias veces con la cabeza, el presentador suspiró,


buscando las palabras adecuadas—. Estaba molesto, no estaba pensando con
claridad, yo-

—¡Habla ya!

—¡Bien! —nervioso, Yugyeom retrocedió un par de pasos más ante la furia


del pelinegro, buscando protegerse ante cualquier golpe—. Seung fue a China
—exclamó finalmente, ganándose la mirada atenta del más alto—. Cuando
escapamos, me metió en el maletero de un auto. No podía ver hacia donde
íbamos pero podía escucharlo cada que detenía el auto —mencionó, luciendo
ansioso ante aquellos recuerdos—. Hacía llamadas, había gente esperándolo,
gente que lo llevaría hasta allá una vez que llegue a cierto punto de
encuentro… No sé más que eso, me escapé antes de llegar allá. Salí del
maletero en un descuido suyo y terminé perdido en un bosque, así encontré
mi circo, y me tomaron como un aprendiz, por así decirlo —contando
aquello, volvió a cruzar mirada con el payaso—. Todo tiene su precio,
obviamente. No me fue tan bien.

Guardando silencio, Jungkook se mantuvo pensativo por un par de segundos,


procesando aquella información.

China, ¿qué podría hacer su padre en aquel país?

No tenía ninguna respuesta fija, y aquello lo ponía sumamente malhumorado.

Sentía que había perdido el tiempo, y que aquella información no había


valido la pena. No por el riesgo que había tomado, y eso lo hizo reaccionar
con agresión, tomando bruscamente a Yugyeom por el cuello de su camisa,
alzándolo hacia su rostro.

—Tan fanfarrón que eres y me terminas dando información tan


decepcionante —soltó, brusco y agresivo—. No lo valía para nada. —Lleno
de rechazo, Jungkook soltó sin cuidado alguno al hombre, buscando alejarse
al ver que no tenía nada más para aportarle.

Pero Yugyeom se apresuró a tomarlo por uno de sus brazos, impidiéndole


marcharse.

—Era lo mejor que podía ofrecerte para que aceptaras… —mencionó,


notando como el hombre pretendía soltarse de su agarre, pero no se lo
permitió—. Quería tenerte cerca, Jungkook. Te ofrecí un puesto en mi circo,
tienes un puesto aquí, y puedes sacar provecho de ello. Podrías ser el jefe de
mi circo, dejarías de ser la sombra de ese chico…
Asqueado, el pelinegro se apartó del más bajo, marcando distancia y
alejándose varios pasos hasta quedar un par de metros separados. No le
agradaba aquella cercanía, mucho menos ser tocado por otra persona.

—No empieces, Yugyeom. Sabes que no venía a pelear —guiando una mano
hacia su rostro, pasó la misma con frustración, intentando relajarse—. No
necesitaba de tu circo para ser un jefe, ya soy bastante respetado en el mío.
Prefiero mantener un acuerdo de paz entre tu circo y el mío, y en caso de
inconvenientes, llamar al tuyo para tener apoyo —mencionó, observando una
vez más al presentador y extendiéndole así una de sus manos, en busca de un
acuerdo—. Acepta eso.

Viéndose dudoso, Yugyeom terminó por suspirar, aceptando aquel acuerdo y


estrechando la mano del pelinegro, manteniendo así la paz entre ambos
circos.

—Mi circo viajará cerca de donde se vayan a ubicar ustedes, y siempre te


brindará apoyo —declaró, casi en un susurro, soltando al más alto—. Eres
parte de mi circo, Jungkook. Y me encargaré de que te valoren y te
respeten… Pero, quiero seguir cerca de ti, o siquiera mantener contacto
contigo —vulnerable, Yugyeom alzó su mirada hacia Jungkook, dejando
notar sus ojos algo tristes—. Y aunque no viene al tema, me gustaría saber,
¿en verdad soy un fenómeno para ti?

El pelinegro guardó silencio, confuso ante la actitud que mostraba el hombre


que alguna vez fue su amigo, y su mirada viajó por el rostro del mismo,
detallando cada cambio que había tenido desde la última vez que lo había
visto hace años.

Y quiso reír con burla porque ante sus ojos, Yugyeom realmente era un
fenómeno. Un tipo deforme que se había dejado utilizar tan fácilmente y de
forma tan ilusa, y aquello le generaba tanta gracia al pelinegro a pesar de que
aquel sujeto había intentado protegerlo, le generaba tantas ganas de burlarse
en su cara una vez más ante su falta de empatía y cariño.

Un mal chiste, eso era Yugyeom para Jungkook.

Pero el payaso sabía que no le convenía actuar de forma despectiva en aquel


momento, mucho menos después de haber acordado paz. Y eso lo llevó a
apretar suavemente sus labios entre sí, reteniendo una carcajada y mostrando
una expresión seria antes de responder, totalmente manipulador.

—No, no lo eres —mintió, cínico y relajado—. Pero aún así, quiero evitar las
cosas de mi pasado. No quiero tenerte cerca, y deberías entenderlo, yo ya no
te conozco.

Quiso alejarse nuevamente, pero el hombre enfrente suyo seguía igual de


vulnerable, tomándolo por una de las mangas de su traje e impidiéndole así
avanzar más, logrando fastidiarlo.

—Entiendo pero… —insistiendo, Yugyeom se sentía cada vez más pequeño


ante la mirada de Jungkook, tan dura y molesta—. ¿Puedo llamarte?
¿Preguntar por ti?

Un suspiro pesado abandonó los labios de Jungkook una vez que volvió a
zafarse del agarre del presentador, marcando distancia nuevamente, y
sintiendo así como su poca paciencia iba desapareciendo. La presencia de
aquel hombre logrando hartarlo.

—Haz lo que quieras, Yugyeom. Pero no esperes respuestas, estás siendo


demasiado pesado. —Sentenció, alzando un poco la voz ante el enojo que
empezaba a sentir.

—Lo siento… —Exclamó el más bajo, sumamente vulnerable.

La cercanía de Jungkook lograba alterar a Yugyeom, poniéndolo sensible y


débil. Él aún sentía un gran aprecio por el pelinegro, y aquello lo hacía
bastante manipulable para Jungkook al solo querer estar cerca suyo una vez
más.

Lo extrañaba, extrañaba lo unidos que eran anteriormente. Y daría todo para


poder estar así nuevamente, su rencor no pudo durar tanto luego de hablar
con Jeon y creer que finalmente había logrado empatizar con él, dejándolo
con una falsa imagen del pelinegro.

Él en verdad creía que Jungkook había entendido su dolor y sufrimiento, y


que estaba agradecido con ello.

Se mintió a sí mismo.

—Jungkook, antes de irme… Me gustaría saber algo —continuó,


murmurando con inquietud ante la atenta mirada del payaso—. ¿Estás bien
con la pareja que tienes? —Interrogó, observando al contrario, viéndose
temeroso por la respuesta.

Y sintió su dolor regresar cuando Jungkook sonrió suavemente, con una


mínima muestra de burla llegando a notarse en aquella expresión. El
pelinegro se había acercado solo un poco, logrando hacer sentir pequeño a
Yugyeom, quien retrocedió dos pasos, expectante por lo que diría Jeon.

—Estoy sumamente satisfecho con mi niño —aseguró entonces Jungkook,


lleno de soberbia—. Es un poco tonto, pero vale la pena. Él me acompaña y
me soporta, aunque yo tengo que soportarlo aún más a él, es fastidioso
cuando quiere.

Dolido, Yugyeom asintió, guardándose sus preguntas y finalizando de una


vez aquella charla al sentirse lastimado, alejándose de Jungkook con pasos
lentos y cortos.

—Entiendo, entonces… Me alegro por ti, Kookie —soltó, sonriendo con


pesadez—. Espero que te vaya bien con él, en verdad. Y ya con todo esto
hablado, lo mejor será irme a preparar mis cosas, mi circo seguirá el paso del
tuyo, pero iremos por otro camino…

Sin comentar nada ante las palabras del presentador, Jungkook guardó
silencio, observando como el hombre se alejaba finalmente de él, viéndose
afectado. Pero no podría haberle importado menos.

Su conflicto estaba solucionado y había obtenido una mínima información


sobre su padre, por lo que estaba más relajado. Y con aquello fue más que
suficiente para dirigirse hasta su casa rodante, esperando informarle a
Taehyung sobre lo que había ocurrido en su ausencia.

•••
Si Taehyung tuviera que describir la habitación de Jungkook, diría que era el
lugar más organizado de la casa, con todo perfectamente acomodado en su
lugar y bastante limpio, siempre pulcro y relajante para ambos, un lugar
digno para descansar.

Sin embargo, aquella imagen no era la que tendría si estuviera presente en la


casa rodante del pelinegro en aquel momento, ya que el mismo se había
encargado de dejar todo hecho un desastre al notar la ausencia del rubio,
removiendo todas sus cosas con inquietud al ver que faltaban objetos y que
una de sus maletas no estaba, logrando alterarlo por completo.

Jungkook sentía su respiración sumamente pesada, viendo su pecho subir y


bajar constantemente mientras su manos se mantenían formando puños,
buscando relajarse mínimamente a pesar de que se le estaba haciendo
imposible. Había dejado destrozada toda su casa y el único testigo que tenía
de aquello había sido su mascota, quien se mantenía mirándolo desde la
cama, atento a los movimientos de su dueño.

Su pecho dolía, previo a un ataque ya sea de ansiedad o de pánico, no sabría


clasificarlo. Y eso lo llevó a actuar de forma impulsiva al salir rápidamente
de su hogar, caminando de forma acelerada por entre medio del pasillo que
formaban las casas rodantes al estar cerca entre sí.

El primer lugar que invadió fue la casa donde se encontraba Minah, pasando
rápidamente entre los guardias e ignorando los intentos de los mismos por
detenerlo. El pelinegro era brusco y a pesar de que tres hombres habían
intentado retenerlo, no pudieron lograrlo, dejando a Jungkook dentro de
aquella casa, con una mirada llena de fastidio que recorría todo el lugar en
busca de aquel chico que se había marchado.

La adolescente que residía allí no tardó en alterarse ante el escándalo,


sentándose en la cama y observando hacia la puerta, totalmente confundida
ante la aparición de aquel hombre en su casa, poniéndose a la defensiva.

—¿¡Dónde mierda está Taehyung!? —Interrogó el pelinegro, alterado y


agresivo, queriendo investigar más en aquella zona, pero los guardias de la
chica no tardaron en tomarlo de forma brusca, evitandole continuar.
—¿De qué hablas? ¡Lárgate de aquí! —Gritó la menor, asustándose al ver lo
brusco que estaba siendo Jungkook al intentar soltarse del agarre de los
guardias, haciendo un escándalo.

Los hombres arrastraron a Jeon hasta el exterior, sacándolo de allí entre


insultos y golpes por parte del payaso, quien parecía estar totalmente fuera de
sí, llamando la atención de todos sus compañeros de circo.

Las personas no tardaron en empezar a asomarse por las puertas de sus casas,
curiosos ante el escándalo, y Jungkook no hacía más que continuar con su
agresión, buscando golpear a los hombres que no lo libraban de su agarre,
impidiéndole marcharse.

—¡Ya déjenme, malditos gorilas de mierda! —gritó, molesto y brusco,


removiéndose con inquietud—. ¿¡Acaso no saben quién soy!?

El escándalo era demasiado, y entre tanta gente, Jungkook pudo notar como
desde una casa algo apartada, unos cabellos rubios se iban asomando,
dejando ver el rostro de su mocoso junto con el de Seokjin a un lado suyo. El
chico se encontraba en la casa de aquel mago, con varios guardias
custodiándolo igualmente.

La alteración empeoró, y el pelinegro buscaba soltarse desesperadamente


mientras el jefe del circo se acercaba a paso lento hacia donde se encontraba
él, viéndose calmado ante la situación.

—¡Mocoso, diles a estos bastardos que me suelten ya! —ordenó, sumamente


fastidiado—. ¿¡Por qué te fuiste!?

Apretando sus labios con incertidumbre, Taehyung hizo un pequeño gesto


con su mano para indicarle a los guardias que aflojaran el agarre sobre Jeon.
Mas no autorizó a que lo soltaran, simplemente dejando a dos hombres
sosteniendo cada brazo del payaso en caso de que quisiera hacer alguna otra
cosa.

—Niño… —Llamó, sin comprender que había sucedido, y encontrándose a la


vez bastante molesto.
—Ya detente, Jungkook —ordenó el rubio, frunciendo el ceño ante el
escándalo que había hecho el mayor—. Tomé una decisión y me quedaré con
Seokjin un tiempo, me cansé de advertirte que no aceptes ese trato y me
ignoraste por completo. Te recordé que soy tu jefe y preferiste pasar de eso y
hacer lo que se te dio la gana. Ahora es mi momento de tomar las decisiones
que quiera sin pensar en como te vayan a afectar a ti —exclamó, mostrándose
bastante serio ante el payaso que lo miraba totalmente incrédulo—.
Continuaremos viajando hasta resolver lo de Minah, y cuando sea el
momento de volver a las presentaciones del circo me aseguraré de que no se
te dé ningún espacio. Toma esto como tu castigo.

Sin poder creer la actitud que había tomado el menor, Jungkook observó
como el mismo pretendía marcharse una vez más, y eso lo llenó de fastidio,
volviendo a removerse entre los brazos ajenos.

—¡Taehyung! —llamó una vez que logró liberarse, extendiendo uno de sus
brazos hacia el rubio en un intento por atraparlo, pero fracasando al volver a
ser retenido por los guardias del chico—. No puedes hacerme esto…

Esperó alguna respuesta por parte del menor, incluso una mirada, pero
Taehyung no hizo más que darle la espalda, ordenándole a los guardias que
llevaran a Jeon hasta su casa y marchándose finalmente de allí, dejando al
pelinegro con la atención de todos los presentes sobre sí mientras lo llevaban
a la fuerza hasta su hogar, encerrandolo.

Y lo único que sintió Jungkook al estar en la sala de su casa, fue enojo,


frustración. Todo su cuerpo alterándose en cuestión de segundos y sus manos
actuando con violencia al comenzar a destruir cosas de su casa, gritando con
fastidio, con odio. Destruyendo todo a su paso en un intento por desquitar
todas sus penas, preso de la ansiedad.

Y solo pudo detenerse al ver que ya no había nada más por destrozar,
cayendo en un ataque que alteró su respiración y generó un dolor en su
pecho, causándole pánico. Su cuerpo se mantenía rígido mientras sentía como
iba cayendo de a poco, apoyándose en la pared hasta quedar sentado en el
suelo, con las lágrimas empezando a caer por sus mejillas.

Dejando sus piernas cerca de su torso, Jungkook había comenzado a llorar,


cubriendo su rostro con fuerza mientras buscaba relajarse desesperadamente,
pero aquello parecía imposible.

Solo, se sentía solo.

Su trauma de abandono se presentó más que nunca en él, y aquello lo llenó de


recuerdos dolorosos, alterándolo cada vez más. Escuchando los latidos de su
corazón como si estuviera a punto de salirse de su pecho, abrumándolo tanto.

Kim Taehyung lo había dejado solo.

•••

Cuatro días habían pasado desde que el rubio había abandonado la casa de
Jeon, y el chico jamás había pensando que mantener aquella distancia con
Jungkook sería tan difícil.

Durante aquellos días, Taehyung se había quedado con Seokjin, charlando


con el mismo sobre todo lo que le había sucedido últimamente, y recibiendo
diversos consejos del mago para que pudiera mantenerse más relajado. Su
atención estaba centrada únicamente en su amigo y en su hermana, tratando
de ignorar en demasía al hombre al que había dejado atrás.

El circo tuvo que continuar su recorrido, y por lo que le habían dicho,


Jungkook se había encargado de cambiar de lugar su casa rodante para
mantenerse cerca de donde se encontraba él, estando pendiente de cualquier
movimiento que realizara, o los momentos que saliera de aquella casa.

Taehyung no se había preocupado por aquello, se encontraba más alterado


por el como se empezaba a sentir al pasar de las horas lejos de Jungkook.
Sabía que tenía cierta dependencia, pero no era consciente de hasta que punto
llegaba la misma, jamás se había tomado el tiempo de pensar en eso.

La primera noche le fue imposible dormir, y tan solo había podido pensar en
dejar todo atrás y volver con el pelinegro. Pero Seokjin no se lo había
permitido, haciéndolo entrar en razón.

El chico se había mantenido ansioso durante su estadía con el mago,


arrepintiéndose de vez en cuando por como había actuado. Su mente le
gritaba que debía volver con Jungkook lo antes posible, y eso tan solo
lograba alterarlo más, sin saber realmente que hacer.

Lo extrañaba, estaba extrañando a aquel loco. Y aquello lo ponía tan a la


defensiva.

No podía permitirse extrañar a un hombre como Jungkook, no después de


todo lo que había hecho.

Mal, estaba tan mal.

Sus noches sin dormir ante la ausencia del payaso lo habían dejado bastante
malhumorado al pasar de los días, y las ojeras en su rostro empezaban a
notarse. No podía descansar como quería y tampoco podía encontrar alguna
otra solución para eso, él simplemente no podía tomar ni una siesta sin ser
bruscamente interrumpido por pesadillas o incomodidad en la cama.

Hace un par de horas había hablado con Seokjin sobre su malestar y lo


afectado que se sentía sin Jungkook, y el mago había entendido su situación,
aconsejándolo para que pudiera aguantar un poco más sin él y dándole
ánimos para que pudiera distraerse con otra cosa, intentando ayudarlo a
seguir lejos de Jeon.

Fue por eso que en ese momento, Taehyung se encontraba saliendo


finalmente de la casa del mago, se había permitido salir un par de veces para
arreglar un par de cosas sobre Minah, como sus maletas, vestuario y
alimentos, pero nunca había sido más tiempo del necesario, realizando tareas
pequeñas o conversaciones cortas con Namjoon, acordando un par de cosas
más con respecto a su hermana cada que tenía oportunidad de hablar con
aquel hombre.

Lo primero que vió al salir, fue la casa rodante de Jungkook a un par de


metros de distancia, estacionada cerca de la suya, la puerta se mantenía
cerrada y el pelinegro no se encontraba a la vista. Taehyung no lo había
vuelto a ver desde aquel día y presentía que el hombre no había vuelto a salir
de su hogar después de la confrontación, manteniéndose encerrado en aquel
lugar, en espera de encontrar al rubio sin compañía.
Taehyung dió un par de pasos hasta el exterior, siendo seguido por un par de
hombres que se encargaban de cuidarlo, siendo sus guardaespaldas. El rubio
sabía que Jungkook se acercaría a él si no tenía gente custodiándolo, por lo
que había preferido llamar a aquellos sujetos para mantenerlos cerca suyo,
protegiéndolo.

Sus pasos lo guiaron hasta una zona apartada, donde se encontraba Namjoon
junto con otros dos hombres de los cuales desconocía sus nombres. Aquellos
eran los contactos que había conseguido Jungkook para él, y Taehyung sabía
que ya era momento de mandar a su hermana a otra parte, muy lejos del
circo.

—Kim Taehyung —saludó uno de ellos, alto y corpulento—. Jeon nos habló
de ti, del nuevo jefe del circo. Mi nombre es Choi Minjun, y estoy aquí para
servirte en nombre de mi buen conocido Jungkook. —Exclamó, extendiendo
su mano hacia el joven jefe.

Taehyung sonrió con cierta incomodidad, aceptando el saludo de aquel


hombre algo mayor de edad y estrechando su mano. Sintiéndose abrumado
ante la mención del pelinegro, mas intentando ignorar aquello.

—Un gusto, me alegra que hayan podido venir para ayudarme con mi
hermana, pero también me gustaría saber hacia donde la van a llevar, me
encuentro un tanto preocupado por ella… —Mencionó, sonriendo muy
apenas ante la atenta mirada de aquellos hombres.

—Bien, Kim. Primero me presento, yo soy Choi Dongwook, y seré el


encargado de llevar a tu familiar —interfirió el otro sujeto, acercándose hasta
el rubio—. Creemos que lo más adecuado sería llevarla hasta Gangwon, allí
es donde menos predominan los circos, tiene zonas tranquilas y con poca
población. Se adaptará fácilmente allí, y no correrá peligro siempre y cuando
te mantengas lejos de aquella zona. Si va hasta allá no podrás visitarla.

Asintiendo suavemente con la cabeza, Taehyung sintió una leve molestia en


su pecho al caer en cuenta de los lejos que se llevarían a su hermana. El circo
continuaría su rumbo y ella estaría bastante apartada de todos, pero sabía que
era lo mejor.
Minah llegó un par de minutos más tarde, siendo acompañada y cargando una
maleta con ropa que le había conseguido Taehyung, todo estaba preparado
para que ella pudiera marcharse de aquel lugar, y la tristeza se notaba en sus
ojos a medida en que se acercaba hasta el rubio, generando un silencio
incómodo.

—Ella puede irse, Taehyung. Pero dado el caso de que dé algún tipo de
información de este lugar, lo pagarás con tu vida —soltó Namjoon al pasar
cerca del jefe, generándole escalofríos—. Estás rompiendo una de las reglas
de este circo, y una traición como esta puede dejarte mal parado. Asegúrate
de que ella sepa manejarlo.

Incómodo, el rubio volvió a asentir, fijando su atención en la adolescente y


acercándose finalmente a la misma, intentando buscar las palabras correctas
para despedirse, y sintiendo así un gran dolor en su corazón.

—Es momento de irse, Minah —exclamó por lo bajo, observando a su


hermana a los ojos—. Ellos te llevarán, y te dejarán en un buen lugar, ya está
todo organizado para ti. No voy a poder ir contigo, pero estaré presente
encargándome de cuidarte desde lejos, espero que eso pueda ser suficiente
para ti.

La menor lo miró por un par de segundos, antes de dejar la maleta en el suelo


y abrazar a su hermano con fuerza, comenzando a sollozar. Durante aquellos
días había estado demasiado asustada y alterada ante todo lo que le había
sucedido, y caer en aquella realidad de que tendría que aprender a vivir sola
había logrado alterarla por completo, generándole tanta angustia y temor.

Lloró contra el hombro de su hermano mayor, sin querer soltarse, y el rubio


no pudo hacer más que corresponder aquel abrazo con el mismo dolor,
intentando retener sus lágrimas.

No podía permitirse llorar, no enfrente de ella.

—Vas a estar bien —aseguró, con su voz quebrándose apenas—. Solo


recuerda no hablar nunca de esto, y estarás bien. Estaremos bien.

—No quiero que te quedes aquí, Taehyung —sollozó la menor, alterada—.


No quiero que te conviertas en papá, tú no puedes ser un monstruo como él.

—No, no voy a serlo. Y por eso mismo quiero que estés bien, lejos de mí —
suspirando, el rubio alejó a la chica de su cuerpo, depositando un pequeño
beso sobre la frente de la misma antes de empujarla sin fuerza alguna hacia
los hombres que la esperaban—. Debes ir, se hará tarde.

Dudando, Minah observó a Minjun y Dongwook, terminando por acceder


finalmente a lo que decía su hermano, y apresurándose en abrazar por última
vez al mismo antes de dirigirse hasta aquellos hombres, quedándose con
ambos.

—Te quiero, a pesar de que hayas sido un idiota. Y sigue sin agradarme tu
novio loco. —Comentó la menor mientras empezaba a seguir el paso de los
sujetos que la llevarían, burlándose un poco del rubio a pesar de verse
notablemente triste.

—Yo también te quiero, princesa. Pórtate bien. —Comentó Taehyung,


observando como se llevaban a su hermana hasta un auto negro, abriéndole la
puerta trasera.

Y en menos de un par de minutos, Minah ya no estaba en el circo. Dejando a


Taehyung con una sensación extraña en su pecho, junto con un nudo en su
garganta.

El rubio giró un poco su cuerpo, encontrándose con el montón de hombres


que lo vigilaban, y aquello lo hizo sentir bastante agobiado, asfixiado.

—Pueden tomarse el día, estaré bien solo. —Soltó el chico, haciendo un


pequeño gesto para que los guardaespaldas se marcharan y dejaran de
abrumarlo tanto.

Los hombres accedieron, y no pasó demasiado tiempo para que Taehyung se


encontrara solo en aquel lugar. Namjoon ya se había marchado tras la
ausencia de Minah, y el rubio no tenía a nadie más cerca suyo.

Suspiró, mínimamente más relajado, y tras haberse calmado un poco, decidió


que lo mejor sería caminar. Empezando así a recorrer el pequeño camino que
formaban las casas rodantes, intentando distraerse.

Sus pasos lo guiaron hasta la casa de Seokjin, pero su atención estaba en otro
lugar. Deteniendo su recorrido para quedarse parado frente a la casa de
Jungkook, viéndola directamente por varios minutos sin moverse de allí.

Dudoso, Taehyung dió un par de pasos hasta la entrada de la casa de aquel


pelinegro, sin estar del todo convencido. Se sentía mal, se sentía solo, y
extrañaba la presencia de aquel hombre, dependía tanto de él que en ese
momento solo quería volver a estar entre sus brazos, quería estar relajado
gracias a la atención de Jungkook, extrañaba todo eso.

Los recuerdos que tenía de los consejos de Seokjin seguían allí, pero su
mente los dejaba totalmente en el olvido al momento en el que una de sus
manos abría la puerta de la casa del payaso, asomándose con inquietud para
ver el interior de aquel lugar.

Todo estaba destrozado, había objetos tirados por el suelo, vidrios en la sala.
Nada estaba en su lugar correspondiente y eso llamó la atención del rubio una
vez que ingresó al hogar del mayor, observando todo en silencio, y cerrando
la puerta a sus espaldas, sin poder creer el desastre que había hecho Jungkook
en su ausencia.

Recorrió parte de la sala, temeroso del ruido que podría llegar a hacer. Se
sentía tan nervioso por volver a ver a Jungkook y no sabía que esperar del
mismo, creía que tal vez se estaba equivocando al ingresar a aquella casa y
eso lo mantenía inquieto, llenándose de pensamientos negativos donde lo que
más llegaba a su mente era salir antes de ser visto.

Pero no pasó demasiado tiempo antes de escuchar unos pasos apresurados


dirigiéndose hasta donde se encontraba él, asustándolo un poco y
retrocediendo ante la presencia de aquel hombre que tanto conocía.

Jungkook estaba ahí, cerca del baño, algo apartado de él. Su cabello se
encontraba mojado y su torso descubierto, algo común en él luego de
ducharse, se encontraba descalzo y la única prenda que tenía era un pantalón
negro bastante holgado. El hombre se veía débil, como si no se hubiera
alimentado correctamente, sus ojeras eran notables y su piel se veía más
pálida de lo normal, haciéndolo lucir enfermo o decaído.

—Taehyung… —Llamó de forma suave, acercándose hasta el menor con


pasos lentos, atento a los movimientos del contrario.

El rubio retrocedió una vez más, quedando apoyado contra una de las paredes
mientras el mayor se apresuraba a acercarse hasta él, quedando cara a cara.
Logrando que el chico se encogiera un poco en su lugar, sin saber que hacer,
sintiéndose sumamente alterado al no saber lo que haría Jungkook luego de
haber escapado de él, esperando lo peor.

No esperó ser rodeado por los brazos del pelinegro, siendo apretado entre los
mismos mientras el hombre se deshacía en un sollozo, ocultando su rostro
contra el cuello del rubio mientras varias lágrimas iban cayendo sobre el
cuerpo ajeno, poniendo inmediatamente alerta a Taehyung.

—Mi amor… No me dejes —pidió repentinamente Jeon, sonando tan


vulnerable ante el rubio—. N-no puedes irte, no puedes dejarme…

—Jungkook-

—No puedes —repitió, alterado y nervioso—. No puedes dejarme solo,


Taehyung.

Confundido ante las acciones de Jungkook, el rubio quiso apartar un poco al


mismo, pero el mayor ejercía bastante presión en aquel abrazo, sin querer
alejarse. Y aquello fue más que suficiente para que el chico comprendiera la
situación y lo sensible que se veía el payaso.

Jungkook estaba teniendo otro ataque.

—Hey… —Exclamó, intentando hacerlo entrar en razón, pero el pelinegro


negó varias veces con la cabeza ante su llamado, incapaz de soltarlo.

—Dijiste que te quedarías conmigo, que si no te lastimaba no te irías. Y yo


no te hice nada… —continuó Jeon, alzando la voz entre medio de su llanto
—. Quédate conmigo…

Sin saber que hacer ante aquella situación, Taehyung tomó el rostro del
mayor entre sus manos, alejándolo de su cuerpo para poder mirarlo a la cara,
y encontrándose así con la expresión dolida del hombre, repleto de lágrimas,
con sus ojos cansados y su nariz rojiza ante su llanto, viéndose tan sensible
ante el rubio.

Taehyung no pudo hacer más que sorprenderse al ver lo que podía causar en
Jeon, siendo tan raro para él ver a aquel hombre tan temido encontrándose así
por su ausencia, sufriendo así por él.

Y se sintió cruel, porque en cierta parte, lo estaba disfrutando.

Ver a Jungkook así después de todo el mal que le había causado en el pasado
era satisfactorio, y le generaba cierto gusto. Haciéndole sentir tan capaz de
lastimar al pelinegro en aquel momento con alguna de las tantas cosas que le
había hecho anteriormente.

Y quizás ese fue un error de Taehyung, creer que podría aprovecharse de


Jungkook en aquel estado.

—¿Quieres que me quede? —cuestionó después de unos minutos de llanto


interminable por parte del pelinegro, recibiendo la mirada atenta del mismo
sobre su rostro, aún con sus ojos llenos de lágrimas—. ¿Quieres que me
quede a tu lado?

El mayor asintió varias veces con la cabeza, buscando más su tacto al sentir
como el rubio dejaba suaves caricias sobre sus mejillas, acercándose aún más
a su cuerpo.

—Bien, entonces —deteniendo su atención, Taehyung cruzó finalmente su


mirada con la de Jungkook—. Pídeme perdón de rodillas, y me quedaré
contigo otra vez, amor. —Sentenció, totalmente manipulador.

Aún guardaba cierto rencor de aquella vez en la que el payaso le había dado
la misma órden y por desobedecer había terminado demasiado mal. Taehyung
aún recordaba aquel día, y esperaba con ansias poder vengarse un poco del
hombre al pedirle aquello, conociendo su ego y orgullo. Y sabiendo en
demasía que el Jungkook consciente jamás acataría tal órden.
El pelinegro guardó silencio ante las palabras del menor, observándolo
atentamente y con una expresión más relajada. Sus brazos habían aflojado el
agarre en el cuerpo ajeno a medida en que sus piernas comenzaban a actuar,
agachándose hasta quedar finalmente de rodillas en el suelo, con su barbilla
apoyada sobre el abdomen del rubio y sus brazos rodeando las piernas del
mismo, abrazándolo con fuerza.

Tan débil, el hombre por primera vez se veía débil. O por lo menos, eso
aparentaba.

Taehyung guió su diestra hacia la cabellera húmeda del mayor, acariciando


con falsa dulzura y apartando así los mechones de cabello que cubrían el
rostro ajeno, viéndose cínico al momento de acariciar el rostro de Jeon una
vez más.

—¿Qué tanto esperas, Jungkookie? —soltó, expectante a las acciones ajenas


—. ¿No me querías aquí contigo?

Jungkook se dejó hacer ante las caricias, apoyando su mejilla contra la mano
del rubio al recibir atención en aquella zona, y observando así al menor con
una mirada que el menor no pudo descifrar.

—Obsesión… —Llamó el pelinegro, murmurando apenas.

Y Taehyung no tuvo tiempo de reaccionar antes de ser bruscamente tomado


por las manos de Jungkook, siendo tirado sin cuidado alguno al suelo antes
de ver como el hombre se subía sobre su cuerpo, inmovilizándolo al tomar
sus muñecas con fuerza.

—¿Te crees que soy tan idiota para dejarme controlar tan fácilmente por ti
estando así, niñito estúpido? —interrogó el mayor, sonriendo con amargura
—. Eres un mocoso insolente.

Protestando, Taehyung intentó librarse del agarre que mantenía el hombre


sobre sus brazos, pero Jungkook era mucho más fuerte que él. Y parecía
ejercer mayor presión sobre sus muñecas ante sus quejas, impidiéndole
moverse.
—¡Suéltame!

—Cierra la boca —alzando el tono de voz, el pelinegro acercó su rostro hacia


el del menor, quedando bastante cerca el uno del otro—. ¿Tan bajo has caído
como para pedirme eso estando tan mal, bonito? —siguió preguntando,
burlándose de Taehyung—. Me decepcionas tanto.

—Eres un idiota. Suéltame ahora mismo, ni siquiera debería haber venido. —


Forcejeando una vez más, Taehyung quiso apartarse, sintiéndose nervioso
ante la cercanía que tenía con Jungkook.

—¿Para qué debería soltarte? ¿Para qué te vayas de nuevo? Me pregunto


cuando entenderás que me perteneces por completo —molesto, el pelinegro
volvió a ejercer mayor presión sobre los brazos del menor, sin permitirle
protestar—. No importa cuantas veces te vayas, siempre volverás a mí.
Porque sabes que eres mío.

—Jungkook… —Llamó el rubio en una leve queja, sintiendo sus


extremidades doler ante la fuerza del contrario.

Lejos de verse preocupado, el payaso mantuvo el agarre en las muñecas


ajenas con una de sus manos, mientras que la otra se dirigía hacia uno de los
bolsillos de su pantalón, sacando su navaja y apuntando así al menor,
sumamente molesto aún.

—Te vas y ahora vuelves como si nada, intentando manipularme en un


momento vulnerable, tan patético —comentó el mayor, presionando el filo de
su navaja contra el rostro impropio, recibiendo una mirada enojada por parte
del rubio—. ¿Crees que no te he estado viendo estos días? ¿Qué no te ví
saliendo de la casa de Seokjin para juntarte con tipos desagradables? —
interrogó, alzando el tono de voz—. Todas las veces que saliste fue para
empezar a hablar con tipos desconocidos para ti, ¿a qué se debe eso, mocoso?

Frunciendo el ceño, Taehyung buscó soltarse una vez más mientras sentía la
atenta mirada del payaso sobre su rostro, seguido del contacto de la navaja
sobre una de sus mejillas. El pelinegro se veía molesto, posesivo y totalmente
dominante, dejando atrás aquella imagen débil que había mostrado
anteriormente.
Jungkook ya se había recuperado de su crisis, y el rubio tendría que lidiar con
aquello.

—No tengo que explicarte nada, pedazo de estúpido. Quiero que me dejes ir,
ahora. —Ordenó con brusquedad, sin dejar de luchar por liberarse, sin
importarle ser amenazado por el pelinegro.

Dejando escapar un pequeño sonido lleno de fastidio, Jeon presionó la navaja


sobre la piel del menor, amenazando con cortar sobre una de las iniciales que
había marcado en el chico tiempo atrás, recibiendo un jadeo a modo de queja
como respuesta, seguido de la mirada enojada del contrario sobre sí.

—No importa cuanto tiempo pase, siempre serás igual de conflictivo, ¿no es
así? —preguntó Jungkook, sonriendo sin gracia—. Creo que debería remarcar
esto para que recuerdes un poco que tanto me perteneces, niñito infeliz.

Protestando, Taehyung quiso alejarse, pero su nulo movimiento no había


hecho más que apresurar las acciones del pelinegro, sintiendo así un dolor
punzante sobre su mejilla seguido del ardor en aquella zona afectada,
haciéndole entrecerrar los ojos ante la molestia. Jungkook había cortado
sobre las iniciales que había dejado sobre el rubio hace tiempo,
remarcándolas y dejándolas más visibles, y observando así como la sangre
caía por el rostro del jefe del circo, generándole una sonrisa burlona.

—Deberías verte, amor. Tan precioso —halagó, totalmente cínico—. Cada


vez que te veas en el espejo, pensaras en mí. En la marca que dejé sobre ti, y
en todas las que me falta abrir nuevamente…

Sin comprender, el rubio mostró una expresión confusa antes de observar


como el mayor se enderezaba solo un poco, alzando la camisa que portaba el
chico con la punta de su navaja, y desgarrándola así sin cuidado alguno,
dejando expuesto su torso y alterando así a Taehyung, quien intentó alejarse
del filo de aquella arma al sentirla rozar su abdomen.

—¡No puedes hacerme nada, déjame ya! —Gritó con fastidio, frunciendo el
ceño ante la atenta mirada del pelinegro.

Ignorándolo, Jungkook pasó la punta de su navaja sobre el cuerpo del menor,


formando un pequeño recorrido, pasando desde el cuello impropio hasta su
clavícula, y bajando de allí hasta sus pezones, rozando vagamente los mismos
y notando así como el rubio debajo suyo temblaba ante el frío que generaba
el arma sobre su cuerpo, haciéndolo estremecer.

—No te voy a hacer nada nuevo, cielo. Solo voy a recordarte todas las
marcas que dejé en tu lindo cuerpo. —Totalmente burlón, Jungkook sonrió
levemente a medida en que observaba determinadamente al menor,
disfrutando de verlo tan molesto.

Frustrado, el rubio quiso protestar, pero fue rápidamente interrumpido por


Jeon una vez que el mismo volvió a actuar, cortando su piel.

La navaja se deslizó por debajo de uno de los pezones de Taehyung, donde


las iniciales de Jungkook también habían sido marcadas anteriormente. El
ardor que generó aquella herida sobre el chico causó que arqueara levemente
su espalda, quejándose ante el dolor.

—Eres un maldito-

Sin permitirle hablar, Jungkook se inclinó hasta el rubio, tomando sus labios
en un beso brusco y posesivo, vulgar. Su cuerpo presionaba sin fuerza alguna
el de Taehyung, situándose por encima de sus piernas, y el menor se vió
forzado a corresponder una vez que sintió la navaja nuevamente sobre su
abdomen, llenándolo de enojo.

Odio, se estaban besando con odio. Ambos sumamente molestos el uno con
el otro y demasiado alterados como para pensar con claridad, formando un
beso grotesco, necesitado y lleno de ira.

Taehyung mantenía su ceño fruncido mientras el mayor intensificaba el beso,


jugando con su lengua y generando un sonido constante de chasquidos al
separarse en más de una ocasión, depositando más de un beso en sus labios.
Y terminando así con una fuerte mordida por parte del rubio al sentir como la
navaja volvía a dañarlo, abriéndose paso por su abdomen, y sacándole un
quejido.

Jungkook se alejó ante la mordida, sintiendo su labio inferior arder y el sabor


metálico de la sangre invadiéndolo. Relamiendo así sus belfos con una
sonrisa carente de gracia, y manteniendo una mirada seria sobre el menor,
quien seguía quejándose.

—Tan hijo de puta —murmuró el pelinegro, inclinándose hacia el contrario


mientras continuaba pasando el filo de su arma contra la piel ajena,
remarcando con lentitud las palabras que había dejado anteriormente sobre el
abdomen del rubio—. Sigo esperando una explicación por tus salidas con
hombres desconocidos, obsesión. ¿No te da vergüenza salir con otros
teniéndome a mí? —interrogó, viéndose divertido al realizar un corte más
profundo, y ganándose así un pequeño grito en protesta—. Hace unos días
llorabas por tu madre y ahora estás relacionándote con otra gente como si
nada… Tan desvergonzado.

—C-cierra la boca… —Exclamó el rubio, intentando alzar el tono de voz,


pero el dolor sobre su abdomen lograba distraerlo, sintiendo el ardor
punzante en aquella zona.

—Deberías ser como yo, que en vez de irme por allá con otra gente, siempre
me quedo contigo, preocupado por ti —argumentó el pelinegro, volviendo a
acercarse a su rostro hasta rozar suavemente sus labios—. Tan atento a ti, que
incluso mande a que se encarguen de Dongyul después de verte tan mal por
su culpa… Deberías haber visto su cara. —Siguió diciendo, soltando una risa
ante aquel recuerdo.

—¿De qué hablas, maldito loco? —Inquieto, Taehyung frunció el ceño con
confusión al escuchar aquella declaración por parte de Jungkook, dejando de
forcejear una vez que notó que el payaso dejaba la navaja a un lado,
finalizando con sus cortes, y reemplazando el daño con suaves caricias sobre
su cintura, aún reteniendo sus muñecas con su mano derecha.

—Mi amor… —susurrando, Jungkook observó con cierta diversión al menor,


robándole un casto beso, y dejando así un poco de su sangre sobre la boca
ajena—. Dongyul quiso aprovecharse de ti, y yo me encargué de que diez
hombres con sus mismos gustos se diviertan con él, hace cinco días esos
hombres estuvieron visitándolo sin parar —contó, con repentina gracia en su
tono de voz—. No pude verlo aún, pero estoy seguro de que se verá
miserable. Pagando por lo que quiso hacerte todos los días hasta el momento
en el que le toque morir en tu espectáculo.

Sin poder creerlo, Taehyung se mostró incrédulo ante las palabras del mayor,
siendo rápidamente callado al recibir otro beso, el cual correspondió esta vez,
sintiendo el sabor metálico de la sangre contraria al haber lastimado el labio
del mayor, mas ignorándolo en demasía. Sumamente perdido en la
satisfacción que sentía al saber lo que le había sucedido a Dongyul, y mucho
más relajado tras haberse enterado de lo mismo.

Jungkook se había encargado de hacer sufrir a aquel hombre por él, y eso lo
hacía olvidar solo un poco el enojo que tenía anteriormente. Dongyul ya no
sería una amenaza nunca más, y eso calmaba su malestar por todo lo que
había pasado gracias a él.

Se alejó del beso una vez que la falta de aire se hizo presente, viendo su
pecho subir y bajar constantemente mientras sus ojos se centraban en la
mirada de Jungkook, generando un pequeño silencio mientras sentía como el
mayor recorría de manera breve su cuerpo al observarlo, haciéndolo sentir
pequeño.

—Esos hombres… —murmuró el rubio, apartando la mirada—. Eran los que


mandé a buscar ropa para Minah, ellos se encargaron de sus maletas, nada
más. —Explicó, sin querer observar al mayor por el momento, pero notando
aún así como el mismo sonreía en grande, notablemente complacido.

Sin embargo, al momento en el que Jungkook quiso decir algo, sus planes se
vieron en el olvido al sentir como el chico debajo suyo se movía con
brusquedad, cambiando de posiciones en un descuido y quedando así con su
cuerpo recostado en el piso, con el rubio sobre su regazo y con las manos de
aquel chico sosteniendo rápidamente su navaja, amenazándolo al acercarla
hasta su cuello.

—Ya que te sientes en posición de reclamar, es mi turno —comentó de


repente el menor, mostrando una sonrisa cínica mientras apoyaba la navaja
sobre el rostro de Jeon, quien sostenía su cintura con fuerza, sin intentar
detenerlo—. ¿El payaso patético se siente con el derecho de casi tratarme de
fácil por salir con otra gente, pero me ignora para irse con alguien que tiene
notable interés en él? No me parece tan bien, Kook. —Soltó, negando varias
veces con la cabeza.

Asombrado al ver la repentina actitud del rubio sobre él, Jungkook mantenía
una leve sonrisa en su rostro, totalmente despreocupado por ser amenazado
con su propia arma, y apretando en su lugar sus manos sobre la cintura del
menor, sin tener intención alguna de intervenir en sus acciones. Taehyung
había empezado a ser más posesivo con él y aquello no le disgustaba para
nada, por lo que no quiso entrometerse, atento a lo que pretendía hacer el jefe
con él.

—Me marcas, me cortas y me proclamas como tuyo. Entonces yo tengo todo


el derecho de hacer lo mismo, idiota. —Siguió diciendo el menor,
presionando la punta del arma sobre la mejilla ajena, sobre las iniciales que
también tenía marcadas el pelinegro.

Sin esperar respuesta, Taehyung guió su mano izquierda hacia el rostro


impropio, sujetándolo por las mejillas para evitar que pudiera moverse
mientras su diestra se encargaba de empezar a cortar, marcando sus iniciales
sobre la piel pálida del mayor sin pudor alguno a la vez en la que observaba
atentamente las reacciones del mismo, viendo la expresión adolorida del
payaso junto con el sonido de un jadeo bajo, sonando como protesta.

—Si no te vieras tan bonito intentando intimidarme, te haría mierda ahora


mismo. —Comentó el mayor, frunciendo el ceño mientras procuraba sentarse
en el suelo, levantándose un poco.

Mas Taehyung evitó aquello, presionando con fuerza el pecho del contrario
para volver a recostarlo en el piso, sin permitirle enderezarse. Y ganándose
así una mirada molesta por parte de Jungkook, quien esperaba por una
explicación.

—Aún no termino. —Exclamó, manteniendo su mano ejerciendo presión


sobre el centro del pecho del pelinegro mientras se acomodaba de mejor
manera sobre su regazo ante la atenta mirada de Jeon.

Sin agregar ningún otro comentario, Taehyung retrocedió apenas sobre las
piernas del mayor, quedando sentado cerca de sus rodillas y bajando así su
mano izquierda por el torso del pelinegro, recorriéndolo en una vaga caricia
hasta llegar a su abdomen, donde sostuvo sin prisa alguna parte de la cintura
de Jungkook, presionando en caso de que el mismo quisiera moverse, y
guiando así la punta de la navaja hacia la parte baja de su abdomen,
apoyándola un poco al costado, a la derecha.

—Obsesión… —Llamó, observando aún las acciones del menor, mas sin
intervenir por el momento, viéndose curioso por lo que haría el chico.

Y tuvo que soltar un quejido apenas audible cuando el rubio empezó a cortar,
rozando el filo contra su piel hasta trazar líneas no muy profundas,
superficiales. La sangre comenzaba a bajar con lentitud desde aquellas letras
pequeñas que había marcado el menor sobre su piel.

Alzó la cabeza, encontrándose con las letras “TH” resaltando sobre su


blanquecina piel, y aquello fue más que suficiente para enderezarse
finalmente, tomando el brazo de Taehyung con cierta fuerza para que soltara
la navaja, y consiguiéndolo de inmediato. Observando así como el menor
protestaba al ser sujetado con brusquedad, dejando caer el arma y apoyando
sus manos sobre los brazos de Jungkook en un intento por alejarlo una vez
que ambos se encontraban de pie, sin dejar de mirarse a la cara con cierto
fastidio presente aún.

—Suéltame ya, pedazo de idio-

—Cállate. —Ignorando cualquier tipo de queja, el mayor liberó el brazo del


menor para tomar rápidamente posesión de su cabello, pasando su diestra por
detrás de la nuca de Taehyung y tomándolo con posesión desde aquella zona
al acercarlo hacia sí sin permitirle insultarlo.

Sus labios tomaron los belfos del rubio en un beso subido de tono, apegando
al chico a su cuerpo al sostenerlo por la cintura y presionándolo contra sí,
pasando sus manos por debajo de la camisa rota del menor y acariciando con
suavidad la espalda baja de Taehyung, siguiendo por su cintura y abdomen,
notando como el contrario se estremecía ante su toque, y percatándose a la
vez del como sus manos se llenaban de sangre al rozar las heridas del menor.

Sonriendo contra los labios de Taehyung, Jungkook tomó posesión de la


cintura del mismo al intensificar el beso, dejando sus palmas marcadas con
sangre sobre la piel contraria, y apretando sin fuerza la misma antes de
separarse mínimamente, inclinándose para cargar al menor entre sus brazos,
tomándolo por las piernas y haciéndolo enredar las mismas sobre su cintura,
sosteniéndolo con facilidad a medida en que sus pasos lo llevaban hacia una
de las paredes, apoyando a Taehyung allí.

Sintiendo el frío sobre su espalda, el rubio soltó un pequeño sonido de


protesta mientras intentaba recuperar el aire ante el beso anterior,
manteniendo su ceño fruncido al observar a Jungkook. Aún estaba molesto, y
podía notar que el mayor también lo estaba, pero aquello no hacía más que
aumentar la necesidad de los besos que se daban, desquitando toda su
frustración.

Guiando sus manos hacia el rostro del pálido, Taehyung lo acercó una vez
más hacia sí, besando sus labios en un beso hambriento y apegándolo aún
más a su cuerpo si es que aquello era posible. Sus lenguas batallando por
tomar el control entre sí y dejando a Jungkook como el ganador, dejando al
menor sin aire, con los labios hinchados, el cabello hecho un desastre y su
pecho subiendo y bajando ante la agitación, viéndose tan vulnerable ante el
pelinegro, tan vulgar.

—Quiero que sepas que te detesto —exclamó el jefe del circo una vez que su
respiración volvió a estar estable, manteniendo una mirada llena de fastidio
sobre el mayor, quien sonreía con gracia—. Eres tan odioso.

—Me detestas y desprecias tanto que no puedes evitar seguir besándome, ¿no
es así? —interrogó con burla el pelinegro, viéndose divertido al presionar su
cuerpo contra el de Taehyung, notando lo nervioso y enojado que se veía el
chico—. Yo también te detesto, cachorrito. Pero no puedo controlar el
impulso que tengo por comerte la boca cada que te pones así de difícil.

Apunto de quejarse, el rubio tuvo que guardar silencio al recibir un beso


breve por parte del mayor, sintiendo una mordida suave en su labio, y
teniendo la imagen del payaso inclinándose hacia su cuello, ocultando su
rostro allí al momento de empezar a depositar besos húmedos, marcándolo
con mordidas delicadas y chupones grandes, tan posesivo y tan enfermizo.

Suspirando ante la atención en aquella zona sensible, Taehyung comprendió


en lo que se estaba metiendo. Al verse en esa situación, con el pelinegro
metido entre sus piernas, besándolo con necesidad y marcándolo con
posesión mientras presionaba su trabajado cuerpo contra el suyo, siendo tan
comprometedor. Sus pechos desnudos chocándose ante la cercanía, y la
nueva sensación que comenzaba a tener de la dureza de Jungkook creciendo
en su pantalón, apoyándose contra el chico sin pudor alguno.

Su rostro enrojeció, repentinamente avergonzado, y su alteración se vió en


aumento al notar que su cuerpo también había reaccionado ante la mínima
estimulación del pelinegro, formando un bulto levemente notable en su ropa,
y causando así que Taehyung detuviera todo para cubrirse la cara con ambas
manos, sintiéndose morir de vergüenza.

Jungkook no comentó nada ante la acción del chico, tan solo pudo alejarse de
su cuello y observarlo con atención durante aquel silencio que había formado
el rubio, expectante a lo que diría mientras sus manos tomaban
posesivamente los muslos del menor, sosteniendolo de allí para evitar que
pudiera caerse, y presionando su cuerpo contra la pared de la casa.

Fue un par de minutos después en los que el rostro del menor volvió a su
color natural que Taehyung apartó las manos de su cara, dejando de cubrirse
y mostrando una expresión seria al momento de observar detenidamente a
Jungkook, quien se seguía viendo igual de divertido y relajado, dejando
completamente atrás la imagen que había dado en un principio ante el regreso
del rubio a la casa.

Pasó sus manos por detrás del cuello del mayor, acercándolo peligrosamente
hacia su rostro y manteniendo aquella mirada molesta sobre los ojos ajenos
mientras sus labios se rozaban suavemente, tentando a Jungkook en demasía.

—Te odio —aseguró, receloso, dejando caricias sobre la nuca impropia con
su diestra mientras su mirada seguía sobre los ojos del mayor, generando
cierta tensión antes de depositar un beso breve sobre los belfos impropios,
siendo vulgar al morder el labio inferior del pelinegro, y escuchando al
mismo jadear con antelación contra su boca, impaciente por continuar
besándolo—. Vamos a la habitación, payaso idiota.

Terminando de hablar, Taehyung sintió como el mayor sonreía contra sus


labios segundos antes de tomarlos en un beso necesitado y exigente. El
pelinegro seguía sosteniendo sus muslos con cierta fuerza al cargarlo entre
sus brazos, y aquel agarre pasó a otro lado una vez que Jungkook subió sus
manos, tomando los glúteos del menor sin pudor alguno, tocando a su gusto y
empezando a caminar así hasta la habitación que compartían ambos, sin
apartarse ni un poco del chico.

Deseado, así se sentía Taehyung. Jungkook lo había recostado en la cama al


llegar a su cuarto, acomodándose rápidamente entre sus piernas y
deshaciéndose finalmente de la camisa rota del rubio para dejar expuesto su
torso, con una mirada penetrante al observar detenidamente al chico.

El rubio sabía que aún no superaba del todo su trauma de abuso sexual, sabía
que no debería actuar sin pensar. Pero la situación había escalado demasiado
y no se sentía asustado, no después de que Jungkook le hablara sobre lo que
le había hecho a Dongyul.

Aquella venganza había dejado satisfecho a Taehyung, disfrutaba en demasía


saber que aquel hombre estaba pasando por aquel sufrimiento desde hace
días. Se sentía tan feliz de saber que Dongyul había dejado de ser una
amenaza, y que jamás podría volver a aprovecharse de él.

Dongyul y Jimin ya no eran un peligro y eso hacía sentir confiado al rubio,


además de que Jungkook había sido capaz de tocarlo sin hacerlo sentir
incómodo, impulsándolo a dejarse llevar a pesar de que era consciente de que
aquella acción solo empeoraría la obsesión y dependencia que tenían,
haciéndolos más adictos a estar juntos.

Tan mal, tan enfermizo.

Taehyung estaba relajado, porque nadie volvería a tocarlo sin su


consentimiento nunca más.

Con aquel pensamiento en mente, el rubio volvió en sí al sentir una de las


manos del payaso pasando por su abdomen en una leve caricia, recorriendo
dicha zona hasta llegar hasta su cintura, donde Jungkook presionó
suavemente, mirando detalladamente al chico con una expresión que
Taehyung no podía descifrar, pero sabía que el mayor se encontraba
pensativo, observándolo con deseo.

La mano del pelinegro bajó, rozando sus heridas y presionando sin demasiada
fuerza, y aquella acción fue más que suficiente para sacarle un quejido al
menor, estremeciéndose. La sangre de sus cortes ya se encontraba seca y
podía ver aún las marcas de el líquido carmesí que había dejado el mayor con
sus manos, destacando aún más su estrecha cintura, y ganándose así la
atención de Jungkook en esa zona, aún en silencio.

—¿No sabes por donde empezar o por qué me miras tanto? —interrogó, a la
defensiva ante la intensa mirada del mayor sobre sí, sintiéndose avergonzado
—. Payaso tonto.

—Aún pidiéndome que te traiga a la cama sigues siendo tan molesto —


respondió Jeon, tomándolo por el borde de su pantalón para jalarlo hacia su
cuerpo, presionando suavemente sus entrepiernas mientras se inclinaba
levemente hacia el menor, quedando cerca de su rostro—. Solo pensaba en
como desquitar todo mi enojo contigo, porque que sea técnicamente mi
primera vez no quiere decir que vaya a ser suave o considerado. —Comentó,
sonriendo con gracia al ver la expresión sorprendida del chico al escucharlo.

—¿Primera vez? Jungkook-

Interrumpiéndolo, el pelinegro volvió a unir sus labios en un beso, sin querer


escuchar las quejas de Taehyung. Y acomodándose así de mejor manera en la
cama, quedando encima del chico sin llegar a aplastarlo, y apoyando sus
manos en el colchón, dejándolas de cada lado del rubio y mordiendo
suavemente el labio inferior del mismo al separarse con lentitud, escuchando
un suspiro por parte del contrario y generándole así una mínima sonrisa.

El rubio no quiso comentar nada más al notar que Jungkook no lo escucharía,


y tan solo pudo acercar sus manos hacia el rostro ajeno para tomarlo con
suavidad, en busca de otro beso, juntando sus belfos con necesidad y
jadeando entre medio una vez que el mayor empezó a tocar su pecho,
recorriendo sus pezones con su diestra mientras que su mano libre se apoyaba
cerca del abdomen del chico, manteniéndolo mínimamente quieto al
momento en el que comenzó a moverse sutilmente contra él, rozando sus
entrepiernas al simular embestidas breves y concisas, generando fricción
entre medio de las telas de su ropa.

El pantalón holgado de Jungkook no dejaba nada a la imaginación de


Taehyung, sentía la erección del hombre presionándolo con descaro,
robándole gemidos suaves que intentaba callar con los besos que le
proporcionaba al payaso, sin querer darle el gusto de escucharlo, su necesidad
era notoria, pero su orgullo por mantenerse molesto con el pelinegro aún era
más fuerte, totalmente resentido por el daño que le había hecho hace unos
minutos.

Suspirando con pesadez al separarse de los labios ajenos, Jungkook se


enderezó para poder tomar los muslos del menor, abriendo más sus piernas
para poder moverse con mayor facilidad, frotando su miembro contra la
entrepierna del chico de forma lenta y placentera, generando que su ceño se
mantenga fruncido mientras su mirada se mantenía sobre los ojos de
Taehyung, dándole una perfecta vista de su cuerpo, con su cabello negro aún
húmedo y desordenado, sus labios rojos e hinchados y la herida cerca de su
pelvis mostrándose con restos de sangre seca, volviendo hipnóticos sus
movimientos.

Taehyung quiso guardar silencio una vez que sintió al pelinegro alejarse,
cubriendo su boca con una de sus manos, pero la constante atención que
brindaba Jungkook sobre él lo dejaba sumamente sensible, ansioso por llegar
más allá.

—La primera vez que te veo tan callado, amor —comentó el mayor,
sonriendo con notable burla al continuar con aquella fricción tan placentera,
observando al rubio debajo suyo temblar—. ¿Dónde está mi chico lindo que
protesta por todo, hm?

Sin querer responder, el chico ignoró las provocaciones de Jungkook,


procurando aumentar el ritmo en el que sus entrepiernas se presionaban al
alzar levemente su pelvis, buscando más contacto.

Sin embargo, no esperó que el pelinegro cortara sus movimientos,


deteniéndose por completo e inclinando una vez más su cuerpo hacia él para
tomarlo bruscamente por las mejillas, obligándolo a mirarlo a la cara con una
expresión llena de fastidio.
—Respóndeme cuando te hablo —ordenó, frío y molesto—. ¿O es que
incluso en esta situación vas a ponerte rebelde? No te bastó con hacerme
enojar largándote con Seokjin, necesitas desesperadamente empeorar las
cosas para ti, ¿no es así? —Siguió preguntando, apretando las mejillas del
menor hasta causarle dolor, escuchando un quejido bajo.

—Suéltame. —Exclamó Taehyung con enojo, buscando alejarse del fuerte


agarre de Jungkook, y recibiendo en su lugar una fuerte presión sobre su
abdomen, haciéndolo gritar.

—Tan maricón… —burlándose ante la sensibilidad del chico, el pelinegro


sonrió levemente al abrir una vez más las piernas ajenas, tomando el borde de
su pantalón—. Con permiso, cielo.

Antes de que el menor pudiera responder, Jungkook quitó rápidamente


aquella prenda junto con su ropa interior, dejándolo completamente desnudo
ante sus ojos, y observando detenidamente cada parte de su chico con total
admiración, tomándose su tiempo mientras sus manos tiraban la ropa a un
lado de la cama, apresurándose por tomar al rubio por las piernas y
apegándolo así a su cuerpo una vez más, acariciando sus muslos con lentitud.

—No me equivoqué al ponerte tantos apodos tratándote de bonito —


mencionó, con un poco de gracia en su tono de voz—. Mis cortes se ven tan
bien en ti, mi amor… Si tuviera mi navaja aún, quedarías mucho más
precioso —soltó, disfrutando de la mirada fastidiada de Taehyung ante su
declaración, inclinándose así hacia su rostro—. Será para la próxima ocasión.

Dejando un casto beso en sus labios, el mayor comenzó a descender de a


poco, pasando su lengua por el cuello del rubio, besando, chupando y
marcando, tan necesitado de contacto como Taehyung, quien no hacía más
que jadear, removiendo sus piernas con inquietud al recibir aquella atención
en su cuello y a la vez sintiendo las manos de Jungkook tomar con posesión
sus muslos, impidiéndole cerrar las piernas, y utilizando aquello a su favor
para rodear la cintura ajena con las mismas, acercándolo más a su cuerpo,
presionándolo contra sí y soltando un pequeño sonido obsceno al volver a
sentir la erección de Jungkook contra su miembro, notando mucho más
contacto al estar únicamente separados por el pantalón y ropa interior de
Jeon.
—Tan desesperado por frotarte contra mí, que niño tan necesitado —
burlesco, el pelinegro sonrió, bajando hasta el pecho del rubio para continuar
depositando besos húmedos, llenando su cuerpo de marcas—. Viéndote así
solo puedo pensar en imitar tus acciones e irme sin explicaciones, buscar a
otros hombres e ignorar tu existencia únicamente para molestarte —expresó,
aún divertido mientras sus labios recorrían todo el torso del menor,
deteniéndose sobre uno de sus pezones para chupar y lamer con dedicación,
escuchando los suspiros y jadeos del chico—. ¿No te gusta esa idea? Dejarte
caliente y pidiendo por mí después de haber sido un mocoso irresponsable.

—No puedes hacer eso… —protestó Taehyung, murmurando con inquietud y


guiando su mano derecha hacia el cabello del mayor, jalando sin fuerza
alguna al tenerlo contra su pecho, notando su respiración un poco más agitada
—. Me haces eso y no vuelves a tocarme nunca más, idiota.

—No te creo. —Despreocupado, Jungkook continuó con lo suyo, terminando


de marcar el torso del menor y enderezándose para poder observar aquello,
manteniendo una sonrisa mínima entre sus labios segundos antes de relamer
los mismos, atento a las expresiones ajenas mientras sus manos volvían a
recorrer el cuerpo del chico, aún presionándose contra él.

Taehyung alzó levemente la cabeza al notar que el pelinegro había dejado de


estimularlo, y un suspiro pesado abandonó sus labios al encontrarse con
Jungkook levemente agachado entre medio de sus piernas, con una mirada
llena de gracia al rozar vagamente sus labios contra el falo del menor,
provocándolo. El aire caliente de la respiración del payaso podía sentirse
contra la sensible entrepierna del chico, alterándolo un poco y ocasionando
que el rubio volviera a alzar suavemente su pelvis, en busca de mayor
contacto, olvidando por completo lo avergonzado que se había sentido hace
varios minutos atrás.

Pero Jungkook terminó por apartarse de su miembro, pasando de largo hacia


uno de sus muslos, tomándolo con su mano izquierda y alzando apenas su
pierna para poder empezar a marcar aquella zona de igual manera, mordiendo
sin fuerza alguna hasta dejar marcas violáceas bastante notables, las cuales
seguramente durarían un par de días, y repitiendo dicha acción con su otro
muslo, terminando de marcar por completo su cuerpo y sonriendo con
satisfacción al ver el resultado.
Despeinado, sonrojado y lleno de cortes hechos por él, con su nombre
marcado por todos lados, sus chupones reluciendo en todas partes, Taehyung
se veía sumamente perfecto ante Jeon. A pesar de sus ojeras ante el
cansancio, a pesar de sus cicatrices, se veía totalmente bien para él, abierto de
piernas, con su pecho subiendo y bajando ante la notable excitación y
necesidad, y una mirada hambrienta sobre el pelinegro, llenándolo de ego.

Jungkook se sentía satisfecho por aquella imagen que él había provocado en


el menor, y aquello lo llevó a inclinarse sobre el cuerpo del mismo
nuevamente, tomando posesivamente su cintura y besándolo con cierta
brusquedad al estar cerca de su rostro, un beso deseoso, obsceno y acelerado,
mostrando lo necesitados que se encontraban el uno por el otro.

—Quien diría que el jefe se vería tan lindo con las piernas abiertas para mí —
comentó Jeon contra los belfos del rubio, casi en un susurro—. Mi pequeña
obsesión.

Escuchando aquel apodo, Taehyung sintió sus piernas tensarse cuando la


sensación de la mano de Jungkook tomando la base de su miembro llegó a él,
mordiendo su propio labio inferior a medida en que el pelinegro empezaba a
masturbarlo con lentitud, robándole pequeños gemidos mínimamente
audibles. Su mano subía y bajaba constantemente en un vaivén placentero,
estirando la piel del falo hasta dejar expuesto el glande, y formando mínimos
círculos con su dedo pulgar sobre aquella zona, notando como empezaba a
humedecerse.

Las manos del rubio se apoyaron en el pecho contrario, tocando a su gusto


entre medio de besos subidos de tono, sus palmas recorrieron el trabajado
abdomen del mayor en una caricia, la cual descendió hasta el pantalón ajeno,
jugando con el elástico antes de bajar la prenda junto con la ropa interior,
dejando a la vista el erecto miembro del mayor alzándose orgullosamente
cerca de su estómago, y robándole un suspiro a Taehyung ante aquella
imagen, interrumpiendo uno de sus besos.

Y cuando quiso ir más allá al acercar una de sus manos, Jungkook sostuvo
rápidamente sus muñecas, deteniendo cualquier tipo de acción al alzar sus
brazos por encima de su cabeza, inmovilizándolo por completo y soltando así
un sonido de protesta, buscando liberarse.
—Jungkook… —Llamó, quejándose ante la fuerza ejercida.

—Me parece que no estás entendiendo que lo que voy a hacer contigo no es
algo para que te diviertas —exclamó el mayor, sonriendo con arrogancia—.
Sigo enojado, mocoso. Y estoy seguro de que tú sigues molesto por lo de
Yugyeom —mencionó, parándose de la cama y volviendo a acomodar su
ropa, jalando suavemente el cuerpo de Taehyung para poder levantarlo sobre
el colchón, volteando su cuerpo de tal manera en que el menor le dé la
espalda y él pudiera acomodarse atrás suyo, tomando sus muñecas por detrás
de la espalda del chico—. ¿O me vas a decir que tu orgullo es tan poco
valioso como para quedar en el olvido por un polvo? —Interrogó con notable
burla, acercándose aún más.

Y cuando Taehyung quiso protestar, una de las fuertes manos del mayor
terminó sobre su cuello, jalando su cuerpo hacia atrás y sintiendo así el pecho
del pelinegro contra su espalda, junto con el miembro del mismo hombre
presionándose contra su trasero a través de la ropa, frotándose contra él con
total descaro, provocándolo y burlándose de él.

—¿Esto es lo que quieres, amor? —siguió preguntando, disfrutando de


humillarlo, pasando su miembro entre medio de las nalgas del rubio sin
deshacerse de su pantalón por el momento, escuchándolo jadear—. ¿Esto
necesitas para olvidar que no te escuché e hice lo que se me dio la gana en
ese circo? El jefe del circo Stigma cede tan fácil a su enojo por una polla,
como una puta tan vulgar.

Fastidiado, Taehyung forcejeó para soltarse de Jungkook, quejándose al


sentir como el pelinegro aumentaba la presión sobre sus muñecas,
impidiéndole soltarse y presionándose con aún más fuerza contra su cuerpo,
simulando embestidas una vez más mientras su mano apretaba su cuello con
rudeza, dificultándole respirar. El grueso falo metiéndose entre sus glúteos,
frotándose con descaro.

—T-te recuerdo que puedo dejarte sin trabajo por meses, hijo de puta. —
Comentó con dificultad, sintiendo sus mejillas arder ante el fuerte sonrojo
que presentaban, sintiéndose tan humillado y caliente, su cuerpo no dejaba de
reaccionar ante Jeon y era sumamente vergonzoso para él.
Escuchando una risa carente de gracia cerca de su oído, Taehyung pudo
observar desde el gran espejo roto que había cerca de la cama de Jungkook
como el mismo sonreía contra su rostro, viéndose tan intimidante a medida en
que la mano que sostenía su cuello viajaba hasta su boca, rozando sus dedos
contra sus labios.

—¿Cómo me llamaste? —con un tono repentinamente serio, el pelinegro


conectó sus miradas a través del reflejo del espejo, tomando bruscamente las
mejillas de Taehyung—. Veré si sigues diciéndome así en unos minutos, y
me encargaré de ti hasta que te olvides incluso de tu trabajo en mi amado
circo, maldito mocoso.

Sin permitirle responder, Jungkook invadió la cavidad bucal del chico con
sus dedos índice y medio, callándolo de forma brusca al forzarlo a chupar sus
falanges, escuchando los sonidos molestos del rubio mientras el mismo se
movía con inquietud, aún pretendiendo liberar sus manos del agarre ajeno, y
el pelinegro le dio aquel gusto al soltarlo y volver a tomar su miembro,
estimulándolo una vez más.

Soltando un gemido ahogado ante la repentina acción, Taehyung sostuvo las


muñecas de Jungkook mientras el mismo continuaba metiéndole los dedos en
la boca y masturbando su falo con mayor precisión, acelerando su
respiración. El hombre actuaba bien a pesar de su nula experiencia y el rubio
sentía su mente en blanco al ser atendido con rapidez por la mano del mayor,
con su glande siendo estimulado mientras los falanges impropios jugaban
cerca de su lengua, llenándose de saliva y provocando así que un hilo de la
misma caiga desde sus labios, llegando hasta su barbilla y viéndose aún más
obsceno frente al espejo.

Una vez con sus dedos completamente húmedos, Jungkook alejó su mano de
la boca del rubio, cambiando la posición y volteando al chico hacia sí,
dejando a Taehyung arrodillado en la cama, con las piernas levemente
abiertas y exponiendo así todo su cuerpo ante el espejo. Observando cada
detalle con tranquilidad a medida en que una de sus manos sostenía el rostro
impropio, tomando sus labios en un beso lento.

Sosteniéndose del cuello del mayor, el rubio sintió su cuerpo tensarse una vez
que la sensación de los dedos de Jungkook empezando a prepararlo llegaron a
él, la repentina intromisión resultando incómoda y la inexperiencia del
hombre frente a él empeorando la situación, haciéndolo soltar una queja
mientras sus manos se mantenían fijas en los hombros ajenos, apretando con
cierta fuerza.

—Esto es tan humillante… —Protestó una vez que se alejó un poco del
pelinegro, tomando distancia de su rostro mientras un par de lágrimas
amenazaban por bajar de sus ojos ante la vergüenza que tenía, sin poder creer
lo que estaba haciendo y permitiendo.

—Mi amor… —llamó el mayor en un susurro, sonriendo levemente—. Te


besé y toqué frente de tu padre, te paseé por el circo con una correa y te
humillé de mil maneras posibles en más de una ocasión, ¿y esto te
avergüenza? —interrogó, lleno de burla, hundiendo sus falanges hasta hacer
gritar al rubio por la impresión—. Tan tonto.

—Eres un maldito… —Cerrando sus ojos con fuerza, el menor afianzó el


agarre sobre el cuerpo impropio, sintiendo su respiración más agitada a
medida en que su cuerpo se acostumbraba a la estimulación de Jeon, dejando
de lado el dolor poco a poco.

Fue cuando Jungkook alejó finalmente sus dedos, que Taehyung tomó el
control de la situación. Fastidiado en demasía al ver la expresión tan burlona
y llena de ego que presentaba el hombre cada que le dirigía la palabra, y
llevándolo así a sujetar su cuerpo con fuerza, tirándolo sobre la cama y
posicionándose rápidamente sobre su regazo, sin permitirle enderezarse al
presionar con fuerza su pecho.

—Taehy-

—Silencio —ordenó, presionando su cuerpo suavemente contra el del mayor,


quedando sentado sobre su entrepierna—. Cállate de una puta vez, maldito
narcisista de mierda. ¿Te crees tan bueno y dominante para agarrarme como
se te dé la gana? —Cuestionó a medida en que sus manos tomaban posesión
de las muñecas impropias, impidiéndole tocarlo.

Jeon era mucho más fuerte que él, podía librarse del agarre si realmente lo
quisiera, pero en lugar de eso se mantenía con una mirada divertida sobre el
rubio, atento a cada uno de sus movimientos y disfrutando en demasía de
aquellos momentos donde parecía sacar a Taehyung completamente de
quicio, viendo como el menor pretendía intimidarlo.

Taehyung sumamente molesto sobre él, intentando asustarlo y dominarlo, era


el gusto culposo de Jungkook. Y eso lo llevaba a seguirle la corriente,
expectante de hasta donde podría llegar el rubio en su mínimo momento de
dominancia.

—Exactamente, príncipe, me creo lo suficientemente dominante como para


agarrarte ahora mismo y someterte a mi gusto. —Respondió con simpleza,
sonriendo con burla ante la molesta mirada del menor.

Fue entonces que notó como una sonrisa sarcástica se presentaba en los
labios del rubio, al mismo tiempo en el que el mencionado comenzaba a
moverse encima suyo, formando círculos sobre su entrepierna aún cubierta
por la ropa y ocasionando así que su respiración se volviera pesada ante la
inesperada estimulación, el cuerpo de Taehyung presionándose contra el
suyo, montándolo con descaro al simular saltos cortos y precisos sobre su
miembro, generando mayor calor en su cuerpo.

Sus brazos se tensaron ante aquella situación, buscando soltarse de las manos
del menor y tomarlo nuevamente, pero la fuerza que volvió a ejercer el
contrario fue más que suficiente para llamar la atención de Jeon, observando
nuevamente las expresiones de Taehyung.

El jefe del circo lo estaba mirando con burla.

—¿La estrella tan respetada por el público se pone ansioso por unos
pequeños movimientos? —cuestionó, igual de burlón y despectivo que
Jungkook, cautivando al mismo mientras seguía con sus movimientos
discretos, simulando círculos—. ¿Tu orgullo es el que es tan poco válido, no
es así? Tan enojado y brusco conmigo, pretendiendo lastimarme por dejarte
unos días, y ahora estás tan ansioso por mí… Eres patético, Jungkook.

—Mocoso… —Con un tono de voz intimidante, el pelinegro se vió


interrumpido cuando un jadeo abandonó sus labios, forzándolo a cerrar sus
ojos al tirar su cabeza hacia atrás sobre la cama, abrumado por las nuevas
sensaciones al sentir los movimientos de Taehyung, siendo esta vez de
adelante hacia atrás.

—Jamás me arrepentiré de haberte dejado estos días, porque te merecías un


maldito golpe de realidad —expresó, resentido, volviendo bruscos sus
movimientos hasta causar dolor en Jeon por la presión sobre su entrepierna,
notándolo tenso, con su respiración agitada y sus ojos fijos en él—. Donde
vuelvas a ignorarme o irte con un tipo que esté interesado en ti, te haré sufrir
de esa manera.

Notablemente molesto, Jungkook buscó alejar al menor al intentar tomar el


control una vez más, pero el repentino movimiento de Taehyung alzando su
cuerpo para bajar las únicas prendas que portaba lo mantuvieron inmóvil,
sintiendo la presión en sus muñecas aumentar a medida en que el rubio lo
tentaba, rozando su falo contra su cuerpo.

—Después de todo lo que me hiciste, después de todas las veces que me


proclamaste como tuyo, no tienes derecho de mirar a nadie más —decretó,
totalmente posesivo, alzando su cuerpo hasta alinear el miembro del mayor
contra su entrada—. Eres mío, jodido idiota.

Sin poder comentar nada, el pelinegro tan solo pudo gemir de forma pesada
una vez que el cuerpo del chico bajó, escuchando un quejido por parte del
rubio, su entrepierna siendo recibida por las paredes internas, apretando de
forma asfixiante. La falta de lubricante y la estrechez del menor causándole
incomodidad, calor y necesidad, todo su cuerpo sintiéndose caluroso y su
vientre cosquilleando ante la necesidad de moverse.

Alzó su pelvis, lleno de impaciencia, y el sonido de protesta que soltó el


rubio al tomar de forma brusca sus brazos fue más que suficiente para
fastidiarlo, observando como Taehyung afianzaba el agarre hasta dejar sus
manos contra su abdomen, impidiéndole tocarlo mientras una mirada molesta
iba dirigida hacia su rostro.

—Quédate quieto. —Ordenó, recibiendo una expresión llena de enojo por


parte de Jeon.

—Cuando me suelte vas a-


Sintiendo una mano cubriendo su boca, el pelinegro gruñó con fastidio al ser
silenciado por el menor, observando como comenzaba a moverse encima
suyo, alzando su cuerpo con lentitud y bajando repentinamente, causando que
un sonido obsceno escapara de los labios de Jeon, sonando distorsionado por
la palma que presionaba sus belfos.

Taehyung se movía con precisión, probablemente con más experiencia de la


que tenía Jungkook, su cuerpo se alzaba con facilidad hasta la punta del falo,
bajando con fuerza y rapidez hasta causarse dolor a sí mismo por la sensación
del grueso miembro abriéndose paso en su cuerpo. Brusco, rápido, vulgar, el
rubio tomaba aquel ritmo sin cuidado alguno, demasiado perdido en la
obscena situación, en el calor que presentaba su cuerpo y en el sentimiento de
posesión que invadía cada parte de su mente, siendo descuidado con
Jungkook, desesperado por llenarse a sí mismo una y otra vez por aquel
hombre que tanto detestaba, y al que tanto le pertenecía.

El dolor fue reemplazado rápidamente por placer, y sus caderas comenzaron a


moverse de adelante hacia atrás, montando con facilidad al pelinegro y
observando atentamente al mismo una vez que pequeños gemidos empezaron
a salir de sus labios, notablemente necesitado ante él.

Jungkook lo miraba con seriedad, su mandíbula se encontraba tensa al igual


que sus brazos, los cuales mantenían sus manos hechas puños, marcando
aquellas extremidades con sus venas. El hombre viéndose deseoso,
hambriento, sus ojos penetrantes recorriendo cada parte de su cuerpo
mientras sus manos cosquilleaban por la necesidad de tocar al rubio, incapaz
de librarse por el momento, quizás por estar demasiado ocupado disfrutando
de la vista que tenía de su mocoso sobre él.

Taehyung alejó su mano de la boca del mayor un par de minutos después,


tomando en su lugar las muñecas ajenas y guiando así las manos impropias
hacia su pecho y abdomen, permitiéndole tocar.

—Tócame. —Pidió, sonando más como una órden antes de guiar su agarre
hacia la nuca de Jeon, buscando sentarlo en la cama.

El pelinegro no tardó en acomodarse, enderezándose y tomando bruscamente


al chico por la cintura para apegarlo hacia sí, uniendo sus labios en un beso
ansioso mientras sus manos bajaban de forma rápida hacia los glúteos del
menor, apretando, amasando y separando sus nalgas hasta observar en el
espejo que tenían cerca como su miembro se perdía dentro del chico,
robándole un suspiro necesitado.

Fue entonces que Taehyung se sostuvo de sus hombros, agarrándose con


fuerza al momento de acelerar repentinamente sus movimientos, saltando de
forma brusca, enterrando el miembro del pelinegro dentro de sí sin cuidado
alguno, montándolo hasta formar el sonido obsceno de los testículos de
Jungkook impactando contra su trasero.

—Taehyung… —llamó el mayor con dificultad, sintiendo como una gota de


sudor empezaba a bajar desde su rostro ante el calor de su cuerpo, tomando
con fuerza la cintura del menor en un intento por detenerlo—. Espera-

Ignorándolo, el rubio se libró de aquel agarre para guiar sus manos hacia los
muslos del mayor, impulsando su cuerpo hacia atrás al sostenerse de allí y
acelerando sus saltos, gimiendo con descaro al sentir el miembro de Jeon
golpeando bruscamente su interior, teniendo la vista del mismo hombre
totalmente abrumado por lo que estaba haciendo, viéndose necesitado al
sostener sus piernas con fuerza, sin poder pararlo.

La estimulación fue demasiado para Jungkook, y aquello lo llevó a soltar un


gemido pesado una vez que sintió un brusco orgasmo invadiendo su cuerpo,
generando un intenso cosquilleo en su vientre y corriéndose en fuertes
chorros dentro del menor, tomando totalmente desprevenido a Taehyung,
quien jadeó ante la repentina sensación caliente en su interior, sintiendo el
miembro impropio palpitar constantemente entre sus paredes internas.

El cuerpo del mayor terminó nuevamente sobre la cama, agitado. Sus mejillas
se veían rojas ante el calor y su pecho subía y bajaba al intentar recuperarse
de aquel clímax, cubriendo sus ojos con uno de sus brazos mientras relamía
rápidamente sus labios. Todo ante la atenta y divertida mirada que mostraba
Taehyung sobre él, igual de agitado.

Fue cuando notó que el pelinegro se encontraba mínimamente recuperado,


que el menor se inclinó con tranquilidad hacia su rostro, robándole un casto
beso y recibiendo rápidamente una mirada por parte del payaso, quien se
notaba molesto.

—Maldito mocoso… —Comentó, guiando sus manos hacia la cintura ajena y


apretando con fuerza, generando una sonrisa burlona en Taehyung.

—¿Y yo qué hice? —interrogó como si nada, moviéndose suavemente sobre


Jungkook y suspirando al percatarse de que el miembro del mismo seguía
erecto, con sus venas notándose—. Pensé que aguantarías más, pero tienes
peor resistencia que un adolescente… —Provocó, sonriéndole con gracia.

Sin embargo, su sonrisa se borró por completo una vez que Jungkook tomó
de forma brusca su cuerpo, tirándolo sobre la cama y abriendo con descuido
sus piernas para volver a enterrarse repentinamente en su interior, haciéndolo
gritar ante aquel movimiento.

—Veamos que tanto resistes tú, cariño. —Exclamó el pelinegro, mostrándose


serio y molesto, con su voz sonando más ronca e intimidando fácilmente a
Taehyung al encontrarse en aquella posición.

Y a pesar de que quiso responder, tuvo que reprimir un grito cuando


Jungkook empezó a moverse, tomando con fuerza sus muslos al abrir sus
piernas y empezar a embestirlo sin cuidado alguno, siendo rudo, hundiéndose
una y otra vez con mayor facilidad al tener sus propios fluidos aún en el
interior del rubio, generando un sonido de chapoteo cada que llegaba hasta el
fondo, viendo al chico debajo suyo sostener con fuerza las sábanas a la vez en
la que gemidos escapaban de sus labios, sin importarle ser escuchado por
alguna otra persona aparte del payaso.

Taehyung era un completo desastre, su cuerpo parecía subir y bajar sobre la


cama ante el descuido del pelinegro, su frente se notaba brillosa ante el sudor
y su abdomen había empezado a sangrar una vez más ante el esfuerzo que
hacía al moverse, abriendo sus heridas. Todo de él era un caos, incluida su
mente, todos sus pensamientos siendo distorsionados y centrándose
únicamente en Jungkook, en su cuerpo, en su agarre brusco y la manera en la
que arremetía violentamente contra él, llenándolo por completo, golpeando su
punto dulce hasta hacerlo llorar.

Los movimientos de Jeon eran bruscos, rápidos y torpes ante su


inexperiencia. Pero aquello no había durado demasiado al no tardar en
adaptarse rápidamente a la situación, encontrando un ritmo perfecto para
ambos y moviendo su pelvis con precisión al hundirse en Taehyung, notando
como la herida de su abdomen igualmente empezaba a sangrar, mas
ignorando aquello en demasía.

Con sus ojos llenos de lágrimas ante el dolor y placer que le proporcionaba el
mayor, el rubio observó como Jungkook se inclinaba hacia sí sin dejar de
penetrarlo, tomando sus labios en un beso desesperado, jugando con su
lengua hasta formar un beso morboso, robándole el aire. Ambos hombres
demasiado necesitados el uno del otro como para pensar con claridad,
estando pendientes únicamente de besarse y tocarse entre sí, llenos de
posesión.

Aprovechando la cercanía, Taehyung rodeó la cintura del pelinegro con sus


piernas, acercándolo aún más si aquello era posible y hundiendo sus uñas
sobre la espalda ajena una vez que las embestidas de Jungkook se tornaron
violentas, haciéndole temblar las piernas y llorar con mayor intensidad,
sumergido en el placer. El payaso besaba y marcaba su cuello sin dejar de
mover su pelvis con fuerza, volviendo al sonido de sus pieles chocando
constantemente.

Las uñas del jefe se enterraron sobre la piel impropia, dejando marcas sobre
unas cicatrices que había hecho meses atrás, dictando la frase “Propiedad de
Kim Taehyung” sobre la piel de Jungkook, irritando levemente la misma al
rasguñar.

—J-Jungkook… Jungkook… —Llamó con dificultad el rubio, desesperado


ante la falta de atención en su miembro, intentando masturbarse al dejar de
sostener al pelinegro.

Sin embargo, el mayor no se lo permitió, apartando rápidamente su mano y


alejándose de su cuello para poder mirarlo a la cara, totalmente inexpresivo,
bajando el ritmo de sus embestidas y desesperando aún más Taehyung.

—¿Qué pasa, bonito? —interrogó, sonriendo con gracia ante los torturosos
movimientos lentos que ejecutaba—. ¿El jefe ya no aparenta ser intimidante e
incluso se olvida de como formar palabras coherentes en esta situación?
—Muévete —ordenó con fastidio, impulsando su cuerpo hacia el del mayor
en un intento por ir más rápido, mas observando así como Jungkook volvía a
alejarse, llenándolo de impaciencia—. Jungkook….

—Vamos, mi amor, pídemelo bien —soltó, retrocediendo su pelvis hasta


dejar solo la punta de su miembro hundida en el rubio, quien lo miraba de
forma suplicante, lleno de enojo—. ¿Qué es lo que quieres?

—Vete a la mierda, payaso infeliz…

—Respuesta equivocada, cachorro.

Antes de que pudiera protestar, Taehyung se vió bruscamente interrumpido al


sentir como Jungkook metía todo su falo hasta el fondo, robándole un grito y
causando así que buscara sostenerse de algo, tomando las sábanas entre sus
manos con fuerza. Su cuerpo siendo alzado una vez que el pelinegro se paró a
un lado de la cama, arrastrando al rubio hacia sí y manteniendo sus caderas
alzadas mientras arremetía una y otra vez contra él, dejando solo la espalda y
la cabeza de Taehyung contra la cama mientras sus manos sostenían
posesivamente su cintura, impidiéndole bajar su cuerpo o alejarse.

La cama se sacudía ante lo descuidados que estaban siendo, golpeándose


constantemente contra la pared, la intensidad de ambos llenando la habitación
junto con sus gemidos y jadeos, el sonido de sus cuerpos chocando, todo
siendo tan vulgar y llamativo, lo suficiente como para que cualquiera que
pasara cerca de la casa del payaso pudiera percatarse de la situación, aunque a
ninguno de los dos parecía importarle.

—Ningún otro hombre podrá tenerte así jamás —decretó el pelinegro con
notable ego, observando como el abdomen del menor formaba un pequeño
bulto sobresaliente al llegar hasta lo más profundo de su interior, viéndolo
poner los ojos en blanco ante el placer, sin poder hablar—. Eres todo mío.

—T-tuyo… —respondió a duras penas, con su mente totalmente en blanco y


su rostro completamente lleno de lágrimas que bajaban sin parar, con su
miembro hinchado y rojizo rebotando contra su estómago ante cada
embestida—. Y tú eres mío…
—Y siempre lo seré, lindo.

Sin agregar nada más, Jungkook volvió a ejercer presión sobre sus caderas,
embistiendo sin parar hasta ver al chico llorar con desespero, esperando por
su orgasmo al no poder masturbarse por culpa del mayor, y gimiendo sin
poder controlarse ante la constante estimulación. La posición en la que
estaban le permitía al pelinegro abultar la piel de su abdomen, creando una
imagen obscena, el chapoteo de los fluidos impropios en su interior
incrementando la lubricación y maltratando así su punto dulce en cada
movimiento que hacía el contrario, volviéndolo loco.

—Jungkook, por favor —casi suplicó, sollozando con inquietud mientras que
una de sus manos buscaba acercarse hacia su propia entrepierna, siendo
rápidamente apartada con un golpe—. D-déjame, déjame que…

Siendo interrumpido, el mayor pasó uno de sus brazos por debajo del cuerpo
del rubio para mantenerlo aún alzado, utilizando su fuerza a su favor y
continuando con su constante estimulación al tomar el falo impropio con la
mano que tenía libre, masturbando al chico al mismo ritmo en el que lo
embestía, viéndolo removerse ante aquello, sumamente abrumado, caluroso y
excitado, buscando bajar la intensidad de los movimientos del payaso al
tomarlo por la muñeca.

Fue cuando Jungkook estimuló suavemente su glande, que Taehyung se vino


en un intenso orgasmo, tirando su cabeza hacia atrás y gimiendo de forma
pesada al sentir como su semen salía disparado en grandes cantidades,
cayendo sobre el abdomen y pecho del mayor, manchando su mano. Dejando
al chico totalmente tembloroso, con pequeños espasmos en sus piernas y
abdomen.

Jungkook sonrió ante aquella escena, bajando el cuerpo del menor y saliendo
de su interior al dejarlo recostado en la cama, permaneciendo entre sus
piernas mientras una mirada curiosa se dirigía hacia el fluido que había caído
sobre su mano, llamándole la atención.

Y Taehyung sintió sus mejillas arder con total vergüenza al ver como el
mayor probaba su semen, lamiendo sus dedos con total tranquilidad mientras
sus ojos se mantenían fijos en él, abrumándolo en demasía.
—No hagas eso. —Regañó, dejando un golpe suave sobre el pecho del
mayor, quien tan solo soltó una risa en respuesta.

—Eres delicioso, mi amor —halagó, sin pudor alguno—. Aunque aún no


termino contigo.

Frunciendo el ceño, el menor quiso cuestionar a qué se refería, y sus dudas se


vieron resueltas al sentir las fuertes manos del hombre sosteniendo su cuerpo,
volteándolo repentinamente hasta dejarlo en cuatro sobre la cama, con su
trasero alzado hacia él y su rostro siendo presionado sobre el colchón,
sintiendo su rostro arder ante la vergonzosa posición, tan expuesto ante el
contrario.

—Jungkook esto no-

Sin permitirle hablar, Taehyung tuvo que morder su labio inferior con fuerza
al sentir como Jungkook volvía a ingresar en él con total descuido, retomando
sus embestidas bruscas y rápidas sin siquiera importarle su sobre
estimulación, tomando sus nalgas con fuerza hasta separarlas y dejar
expuesto el como su miembro era recibido por la entrada del menor,
escuchando al mismo gemir en protesta.

—N-no me gusta esta posici-

Interrumpiéndolo, sus quejas fueron reemplazadas por un grito de dolor una


vez que una fuerte nalgada fue proporcionada sobre uno de sus glúteos,
dejando su piel rojiza. El hombre detrás de él no parecía estar dispuesto a
escucharlo, y en su lugar se burlaba de él, usándolo a su antojo y marcando su
trasero con golpes descuidados, sobre estimulándolo en demasía.

—Es tu turno de cerrar la boca.

Buscando protestar una vez más, Taehyung quiso hablar, pero sus palabras se
vieron en el olvido una vez que la mano de Jungkook presionó su rostro
contra el colchón, arremetiendo en su interior hasta hacerlo llorar una vez
más, con su flácido miembro doliendo al ser estimulado, forzándole una
nueva erección igual de dolorosa que la anterior. Los minutos transcurrían
con rapidez y su cuerpo se encontraba aún más necesitado, suplicando por un
nuevo orgasmo para liberar toda aquella tensión en la parte baja de su
abdomen.

Fue poco tiempo después que Jungkook guió una se sus manos hacia el
cabello del menor, obligándolo a alzar el rostro para verse en el espejo,
teniendo la imagen perfecta de él a sus espaldas penetrándolo con ímpetu,
maltratando su interior y escuchándolo gemir de forma vulgar.

—Mírate, Obsesión, observa como te lleno por completo, como te tomo


como mi propiedad —mencionó Jeon, sonriendo de forma burlona—. Mira tu
cara mientras me recibes como toda la puta que eres.

Soltando un sonido de protesta, Taehyung no pudo hacer más que obedecer,


observando su imagen en el espejo. Viéndose así con su boca entre abierta,
bastante rojiza, sus ojos llenos de lágrimas y su cuerpo sudoroso, todo su
cabello hecho un desastre siendo sostenido de forma brusca por el hombre
que tenía atrás, el cual se veía igual que él, con su cabello negro pegándose a
su frente ante el sudor, y su ceño fruncido ante el esfuerzo, observándolo por
el espejo.

—Buen chico. —Halagó al verlo obedecer, sonriendo con gracia antes de


aflojar el agarre sobre su cabello.

Dejando libre al menor, sus manos no tardaron en tomar posesión de otra


zona, tomando esta vez las muñecas del chico e impulsando así su cuerpo
hacia atrás, dejando su torso levemente alzado mientras sus embestidas se
tornaban más rápidas, golpeando la próstata del rubio una vez más de forma
constante, sacándole gemidos al jefe del circo.

La estimulación era demasiada, y el miembro de Taehyung volvía a chocarse


contra su propio abdomen ante cada embestida, totalmente sobre estimulado,
la excitación y calor siendo demasiado para su débil cuerpo.

—No a-aguanto, Jungkook —soltó con dificultad, sonando entre cortado—.


Más despaci- ¡ah!

Sin tomar en cuenta sus palabras, el pelinegro había vuelto más profundos sus
movimientos, golpeando su punto dulce hasta hacerlo gemir con fuerza y
poner sus ojos en blanco una vez más, forzando un fuerte orgasmo que le
dejó las piernas temblando, ensuciando las sábanas con el blanquecino
líquido que salía desde su glande con intensidad, sintiendo su miembro
palpitar ante la fuerte estimulación.

Un par de embestidas más bastaron para que Jungkook lo acompañara en


aquel cansancio, gruñendo con pesadez al llegar al clímax, llenando una vez
más al chico con su semen y manteniéndose pegado al cuerpo del mismo sin
salir de su interior, permaneciendo allí hasta dejar cada gota en el chico,
sintiendo su respiración totalmente acelerada al salir poco a poco, viendo
como sus fluidos desbordaban la entrada del rubio, bajando con lentitud hasta
ensuciar la cama.

Igual de agitados, el mayor se recostó en el colchón, atrayendo el cansado


cuerpo del chico hacia sí para poder recostarlo, acomodándolo fácilmente con
su cabeza sobre uno de sus brazos. Taehyung se veía sumamente agotado,
con su mente aún en blanco ante los orgasmos, intentando recuperarse al
tomar aire una y otra vez, aún con espasmos en sus piernas.

Ambos se mantuvieron en silencio, con sus cuerpos cercanos y presionándose


entre sí. Uno demasiado relajado al buscar regular su respiración y otro
bastante inexpresivo una vez en que cayó en cuenta de lo que habían hecho.

Taehyung fue el primero en recuperarse, permaneciendo callado por varios


minutos en los que su mente se encargó de hacerlo reaccionar, llenándolo de
pensamientos que lograron abrumarlo al pasar del tiempo. Sintiendo como
repentinas lágrimas amenazaban por bajar sobre su rostro, cubriendo
rápidamente el mismo mientras un sollozo abandonaba sus labios, llamando
la atención de Jeon.

Jungkook no dijo nada, ni soltó algún comentario, tan solo se encargó de


mirar con atención el como el chico a su lado lloraba con desconsuelo,
acariciando vagamente su cabello con una de sus manos, y enderezándose
poco tiempo después para poder buscar la ropa que habían utilizado
anteriormente, tomando asiento en la cama y alzando su pantalón para cubrir
su entrepierna.

—¿Qué sucede ahora, amor? —quiso saber al terminar de acomodar sus


prendas, volteando hacia el menor—. ¿No te gustó? ¿Fui demasiado rudo?

Negando rápidamente con la cabeza, el rubio permanecía con su rostro


cubierto por sus manos, sumamente triste. Y su respuesta no había hecho más
que confundir a Jungkook, sin comprender en lo más mínimo su repentino
llanto.

—¿Entonces?

—Me siento tonto, Jungkook —explicó muy apenas, murmurando entre


lágrimas—. No se supone que debería estar aquí, todavía no iba a verte. Mi
hermana se fue hoy y en lugar de preocuparme por ella estoy aquí contigo
haciendo esto, soy un idiota.

Parpadeando un par de veces ante aquella declaración, el mayor sonrió


apenas, acercándose cuidadosamente hasta el chico al tomar asiento en la
cama, y sosteniendo su cuerpo para poder sentarlo sobre su regazo, sin
preocuparse por ensuciar su ropa, y tomando el rostro del rubio entre sus
manos.

—Ni siquiera debería consolarte después de todo el lío que causaste en mí


estos días —soltó, limpiando sus lágrimas con tranquilidad—. Pero, no te
pongas a llorar por estupideces, niño. Sabías que en cualquier momento
tendrías que verme de nuevo, porque dependes de mí. Y aunque no nos
hubiéramos acostado, eso no mantendría a tu hermana aquí aún, no te sientas
idiota por no sentir preocupación por una niña que sabes que va a estar bien,
además de que eres consciente de que tu empatía ya no es la misma —
exclamó, volviendo a sonreír ante la atenta mirada de Taehyung—. No te
atormentes por ser otra persona, ya no eres mi niñito miedoso que llegó al
circo hace meses.

Sorbiendo por la nariz, el rubio terminó por asentir levemente con la cabeza,
limpiando por completo sus lágrimas antes de sostenerse de los hombros del
mayor, sin poder hablar aún ante su llanto.

—Ahora eres el bonito jefe del circo, el cual me dejará acompañarlo en su


espectáculo en unos días, ¿no es así? —Interrogó con cautela, utilizando un
tono meloso al momento de hundir su rostro en el cuello del menor, besando
con tranquilidad.

Guiando una mano hacia el cabello de Jungkook, Taehyung jaló suavemente


un par de mechones al sostenerse de allí, suspirando ante la atención y
sonriendo de forma delicada ante la actitud del payaso, como si no pudiera
creerlo.

—Deja de ser tan raro —pidió, acariciando suavemente el cabello ajeno—.


Verte así después de que me hayas cortado todo el cuerpo como un hijo de
puta no es divertido, ¿qué te pasa?

Riendo contra su piel, el pelinegro alzó su rostro para poder mirar a la cara a
su jefe, sonriendo contra sus labios y apretando su cuerpo hasta dejar sus
pechos presionándose entre sí, demasiado cerca, intimidándolo un poco.

—Quizás la imagen que tuve al verte encima de mí montándome me relajó un


poco —expresó, sin vergüenza alguna, viéndose burlesco ante la expresión
incrédula y avergonzada de Taehyung al escucharlo—. ¿Por qué no lo repites,
hm?

—N-no juegues así conmigo, payaso estúpido. —Protestó con nerviosismo,


golpeando con fuerza su pecho al buscar apartarse.

Sin embargo, sus ojos se abrieron en demasía una vez que Jungkook sostuvo
su cuerpo con fuerza, recostándolo sobre la cama y posicionándose entre
medio de sus piernas con facilidad, manteniéndolas abiertas mientras su
cuerpo se inclinaba levemente, quedando cerca del rostro ajeno una vez más.

—Nadie está jugando, príncipe… —Declaró por lo bajo, disfrutando de


poner nervioso al menor.

Cerrando sus ojos con fuerza al ser besado por el pelinegro, Taehyung
terminó por ceder, pasando sus manos por detrás del cuello de Jungkook y
acercándolo aún más hacia su cuerpo al sostenerse de allí, correspondiendo al
necesitado beso que le otorgaba el mayor.

Y mientras ambos estaban demasiado distraídos al besarse, bajando


nuevamente la ropa de Jeon, en una parte del circo el presentador se
encargaba de llevar a cabo una reunión importante, rodeado de la mayoría de
sus empleados, planificando.

Organizándose para el tan esperado acto de Kim Taehyung, el próximo jefe.

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