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Psicobiología y Psicofisiología

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Fecha: Viernes 25 de octubre/2024

Nombre de Daniela Mejía Castro


estudiantes:
Isabella Marín Arango
Amanda Lorena Hernández Muñoz
Nombre del Psicobiología de la agresión y la violencia
artículo:
1. Definir la relevancia del tema estudiado en el trabajo

El estudio del tema de la agresión impulsiva se centra en comprender cómo las respuestas

agresivas pueden surgir de manera inmediata como reacción a estímulos del entorno. El

enfoque mencionado, basado en el trabajo de Stahl (2014), sugiere que la agresión impulsiva

puede estar relacionada con una hipersensibilidad emocional y una percepción distorsionada

de amenazas, lo que implica un desequilibrio entre los mecanismos de control que regulan

las emociones.

Neurobiológicos, exploran la interacción entre estructuras cerebrales específicas. La corteza

prefrontal, especialmente la Corteza Prefrontal Orbitofrontal (COF), juega un papel crucial

en la regulación de las emociones y el control de impulsos. Por otro lado, las estructuras

límbicas, como la amígdala, están asociadas con respuestas emocionales intensas. Un

individuo que presenta alta actividad en la amígdala y baja actividad en la COF es más

propenso a actuar de manera impulsiva y agresiva.

Este estudio tiene implicaciones importantes para entender trastornos del comportamiento y

desarrollar intervenciones terapéuticas. Se sugiere que personas con lesiones o disfunciones

en la COF pueden experimentar un aumento en la agresión impulsiva, lo que resalta la


importancia del equilibrio entre las áreas corticales inhibidoras y los impulsos emocionales

más primitivos. En resumen, el tema aborda tanto aspectos psicológicos como

neurobiológicos de la agresión impulsiva, buscando desentrañar los mecanismos subyacentes

y sus consecuencias en el comportamiento humano.

La pregunta que se intenta responder es: ¿Qué factores definen y diferencian la agresividad

normal de la violencia disfuncional en la conducta humana?

Podemos visualizar cómo la agresividad puede ser un comportamiento adaptativo y necesario

para la supervivencia, mientras que la violencia se considera una forma extrema de agresión

que ha perdido su valor adaptativo, sugiriendo que puede estar relacionada con disfunciones

en los mecanismos neurales que regulan estas conductas.

2. Descripción del estudio

El estudio aborda la complejidad de la conducta violenta, enfatizando que esta no es el

resultado de un único factor, sino que surge de la interacción de múltiples elementos:

ambientales, psicosociales y biológicos. Según Stahl (2014), estos factores están

interrelacionados y su influencia se manifiesta de manera constante, lo que significa que, en

el contexto de un crimen violento, no se puede aislar una causa específica, ya que todas están

entrelazadas.

Además, en el estudio podemos ver que la violencia debe ser entendida como el resultado de

una "cadena de eventos vitales", tal como lo plantea Gronde (2014). A medida que las

personas enfrentan diferentes riesgos a lo largo de sus vidas, estos pueden acumularse y

reforzarse mutuamente. Esta acumulación de riesgos puede llevar a una explosión de

conducta violenta en situaciones particulares. En resumen, el texto invita a reflexionar sobre


la naturaleza multidimensional de la violencia y sugiere que para abordar este fenómeno es

esencial considerar todos los factores en juego y su interacción dinámica.

3. Análisis Crítico

En el estudio sobre la agresión y la violencia revela importantes consideraciones sobre la

convalides externa de los hallazgos. La convalides externa se refiere a la capacidad de

generalizar los resultados de un estudio a otras poblaciones o contextos. En este caso, aunque

los estudios de Moffitt (2006) y Rhee (2002) proporcionan estimaciones valiosas sobre la

heredabilidad del comportamiento antisocial, es fundamental considerar varios aspectos que

pueden limitar su aplicabilidad.

Primeramente, en las muestras utilizadas en estos estudios deben ser representativas de

diversas poblaciones. Si se basan en grupos homogéneos (por ejemplo, solo hombres o solo

personas de una determinada cultura), esto podría sesgar los resultados y hacer que no sean

generalizables a otras poblaciones. Además, el contexto cultural y social en el que se evalúa

la agresión puede influir en cómo se manifiestan estos comportamientos. Por lo tanto, es

importante realizar estudios en diferentes contextos para validar estos hallazgos.

También se puede visualizar en las estimaciones de heredabilidad son solo una parte del

rompecabezas. Aunque se indique que un porcentaje significativo de la varianza se debe a

factores ambientales no compartidos, esto implica que las experiencias individuales juegan

un papel crucial. Esto sugiere que intervenciones específicas podrían ser efectivas para

reducir comportamientos antisociales, pero también plantea preguntas sobre cómo estas

experiencias pueden variar entre individuos.


Reflexionando sobre el aprendizaje obtenido de este estudio, me parece fascinante cómo la

interacción entre genética y ambiente forma un panorama tan complejo en la comprensión

del comportamiento humano. La idea de que las influencias ambientales específicas pueden

tener un impacto tan fuerte resalta la importancia de las experiencias individuales y del

entorno en el desarrollo humano.

También observamos, todo lo que nos lleva a pensar en el papel que pueden jugar las políticas

públicas y las intervenciones sociales para abordar problemas de comportamiento antisocial.

Si bien hay una base genética que puede predisponer a ciertos individuos a comportamientos

agresivos, parece claro que las intervenciones dirigidas a modificar el entorno o proporcionar

apoyo emocional y social pueden ser efectivas. Esto resalta la importancia de enfoques

integrales que consideren tanto los factores biológicos como los sociales en la prevención y

tratamiento de la violencia y la agresión.

4. Referencia del artículo en APA

Rojas, E. S., & Paris, J. E. M. (2017). Psicobiología de la agresión y la violencia.

Revista Iberoamericana De Psicología, 10(2), 54–64.

https://doi.org/10.33881/2027-1786.rip.10206

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