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Me opongo a la violencia porque cuando aparece para hacer bien, el bien solo es

temporal; el mal que hace es permanente. “Mahatma Gandhi”

La agresión es una conducta natural de gran valor adaptativo ya que permite que los
individuos se protejan a sí mismos y a los suyos de intrusos que representen amenazas; esto se
aplica a todas las especies animales, incluido el Homo sapiens.
El profesor del departamento de psicología de la universidad de California del Sur Antonio
Damasio a enfocado sus investigaciones a entender las bases biológicas y sociales del
comportamiento violento y antisocial, en su libro llamado “La conducta criminal como
enfermedad clínica” (2006) señala que la causa verdaderamente importante del
comportamiento delictivo y violento es el déficit cerebral o enfermedad mental, es decir que
hay una base biológica que contribuye a esta conducta.
Uno de los factores biológicos es el mal funcionamiento y la estructura defectuosa, de una
parte del cerebro llamado córtex prefrontal, es una parte del cerebro que interviene en la
regulación del comportamiento y la parte del cerebro que se activa, a la hora de tomar
decisiones complejas, siendo también la zona del cerebro que inhibe la agresión.
Se sabe además que hay otras regiones importantes, como la amígdala del cerebro, que tiene
una función primordial en el control de las emociones (miedo, ira, ansiedad, etcétera). Ellas se
relacionan íntimamente con la manifestación de comportamientos agresivos.
En estudios realizados sobre el control cerebral de las conductas agresivas en ratas y ratones
detectaron la deficiencia de sustancias químicas, como ciertos neurotransmisores (moléculas
que “saltan” entre las neuronas y permiten que estas se comuniquen); tales deficiencias de
neurotransmisores en ciertas regiones, o bien el aumento de ellos en otras zonas, se
relacionan con el surgimiento de conductas agresivas. Por tanto, la insuficiencia y el exceso de
neurotransmisores podrían también estar vinculadas con las conductas violentas.
Hay otras estructuras cerebrales que también participan, es decir, que la violencia puede ir de
la mano de otras anomalías cerebrales, una de ellas se encuentra en el hipocampo, área del
cerebro donde se almacenan los recuerdos, una disfunción como sería el olvido de que las
reacciones violentas pueden acarrear castigos, podrían predisponer a la violencia.
También se debe tomar en cuenta la integralidad de una persona que está condicionado por
los genes y el ambiente, es decir que para el funcionamiento cerebral las variantes genéticas
(diferencias en la secuencia de los genes que pueden afectar su función) desempeñan un papel
muy importante en la aparición de los comportamientos. Por ejemplo, la presencia de algunas
de esas variantes en los genes determina la cantidad de neurotransmisores que hay en las
regiones cerebrales. Esas variantes pueden estar asociadas con la agresividad o con la
impulsividad.
También hay un efecto mediador en el ambiente en el que los individuos se desarrollan y
quizás sea aun más relevante durante la infancia y la adolescencia, los niños criados en
ambientes agresivos, expuestos a elevados niveles de estrés y violencia, tienden a convertirse
en personas violentas.
En este punto es relevante indicar lo que Damasio menciona: “los niños que son sociables, los
niños que interactúan entre ellos, suelen ser más inteligentes y probablemente menos
violentos que los niños que sufren de aislamiento, los niños que no interactúan entre ellos. Los
niños que no han tenido demasiados estímulos sociales o a los que no se ha enriquecido su
ambiente, son los que se sospecha que son más proclives a desarrollar una trayectoria de
delincuencia y una forma de vida criminal. En parte se debe a que en un principio tuvieron un
entorno deficiente, que por sí mismo puede llevar a una estructura cerebral deficiente y un
funcionamiento del cerebro, también deficiente.”
E. Coccaro uno de los grandes expertos mundiales en agresividad e impulsividad es el primero
a la hora de haber relacionado esta agresividad impulsiva con la biología al saber que se
establece una relación entre la serotonina neurológica y la impulsividad agresiva, es decir que
cuando se tiene un bajo nivel de actividad en la serotonina es posible tener agresividad
impulsiva, se pensó que si con una medicación se podría aumentar la actividad de la
serotonina estarían entonces las personas menos impulsivas y agresivas, lo que llevó a un
estudio en el que se aplicaba Fluoxetina (Prozac) que es un inhibidor de la fijación de la
serotonina, o sea que básicamente incrementa el nivel de serotonina en el cerebro, y lo que se
quería ver es si esto hacia a las personas menos agresivas y efectivamente así fue. Aunque no
se trata de la píldora mágica, ya que no funciona con todo el mundo, cuando funciona,
funciona muy bien. Una cosa que se descubrió recientemente, es que funciona mejor en
aquellas personas que son irritables y agresivas en “menor grado”, que en las personas que
saltan y empiezan a gritar y a chillar, que lanzan objetos y que empujan y agreden. Éstas (las
irritables y agresivas en menor grado) responden bien a la Fluoxetina, las personas que son
muy agresivas, durante toda su vida, necesitan una medicación diferente.
Con respecto al maltrato infantil, el hecho de ser maltratado en la infancia puede tener, una
gran influencia en la violencia generada por el adulto, pero más que por los posibles problemas
biológicos, por la forma en que se construyen los esquemas con los niños sobre la vida, es
decir, en el maltrato infantil, que normalmente aparece en las primeras etapas de la vida, es
esta una etapa en la que generalmente los adultos transmiten al niño la seguridad, la
seguridad básica en los demás y en si mismo y en el mundo, así pues si en esta etapa en la que
se está construyendo esto que es importantísimo, y que de alguna manera repercute en el
resto de relaciones que se establecen en la vida, si en este momento al bebe o al niño no se le
atiende, o se le atiende de modo inadecuado, maltratándolo o abusando de él, el niño aprende
o desarrollar esquemas o patrones 19 por los que el mundo se convierte en un sitio hostil, en
un sitio malo negativo y donde realmente solo hay dos opciones o ser agresor o ser víctima,
luego es fácil así entender, como un niño que ha sufrido determinadas experiencias de mal
trato por parte de su familia más cercana, con el tiempo desarrolla esquemas y patrones sobre
el mundo y sobre la vida y tiende a comportarse en muchas ocasiones de modo violento.
La ciencia avanza hacia la comprensión de las bases biológicas de la agresión y la violencia. Este
conocimiento podría ayudar en la compresión de los eventos fisiológicos que influyen en la
manifestación de una conducta que puede llevar al asesinato, a la violación y, en general, a
atentar contra el bienestar de los demás
Gracias a dicho conocimiento quizás puedan desarrollarse métodos terapéuticos en el
tratamiento de personas muy agresivas. También podrían crearse estrategias preventivas de
actos violentos. He aquí el gran reto que tienen los neurocientíficos y los científicos sociales.

Referencias:
Video: Claves Violentas 1. (Capítulo REDES 261). Redes, Divulgación y Cultura.
Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=IID_Ek2KJpE
Blog: Neuropsicología y más, Bases bilógicas de la conducta agresiva. Viernes 28 de
octubre del 2011. Recuperado de: http://neuropsicologia-
mas.blogspot.com/2011/10/bases-biologicas-de-la-conducta.html
Página Web: La Nación: El cerebro y la violencia, Doble causa. La agresión tiene
orígenes biológicos, pero crece por estímulos sociales. ACTUALIZADO EL 25 DE MAYO
DE 2014 A LAS 12:00 AM. Recuperado de: http://www.nacion.com/ocio/artes/cerebro-
violencia_0_1416658364.html
PDF: Ruiz, Y.,(2002). Jornadas de fomento de la investigación, Biología, Cultura y
Violencia. Recuperado de:
http://repositori.uji.es/xmlui/bitstream/handle/10234/79630/Forum_2002_13.pdf?se
quence=