PROFETA ISAÍAS
El libro de Isaías es probablemente el más conocido y representativo de toda
la literatura profética. Su dominio del lenguaje, su belleza poética y la riqueza
de sus imágenes lo convierten en un clásico de la literatura universal. A nivel
teológico, sus oráculos mesiánicos, los poemas de la consolación y el nuevo
éxodo, los cantos del siervo, los himnos a Sión, etc. hacen de él uno de los
libros más densos del Antiguo Testamento y el más citado o aludido del
Nuevo Testamento. Sin embargo, más que una sola obra, el libro de Isaías es
una compleja colección en la que se dan cita, al menos, tres profetas,
conocidos convencionalmente como Primer Isaías, Segundo Isaías y Tercer
Isaías.
El descubrimiento de los “tres Isaías”
Hasta el final del s. XVIII, prácticamente nadie había puesto en duda que el
profeta Isaías, personaje histórico de la segunda parte del s. VIII a. C., era el
autor de todo el libro que lleva su nombre. Sin embargo, la crítica histórico-
literaria aplicada minuciosamente a toda la Biblia y, en particular, al libro de
Isaías hizo que se empezase a cuestionar esa convicción secular, a partir de
una serie de indicios que agrupamos, de forma resumida, en tres grupos:
— Indicios históricos: En Is 1-39 se nos habla del profeta Isaías en el contexto
histórico de la segunda mitad del s. VIII a. C., de los reyes de Juda
contemporáneos a su ministerio, y de Asiria, el imperio dominante de la
época. Pero, a partir de Is 40 nos encontramos en un contexto histórico muy
distinto: se habla de Ciro (Is 44 2s; 45 i; véase Is 41 2), rey persa de la
segunda mitad del s. VI a. C.; se invita a los israelitas a salir de Babilonia (Is
48 20; 55 12) y a volver a Jerusalén (Is 40 lss). Estamos, pues, en la época del
destierro, unos 150 años después de las últimas fechas seguras del ministerio
del profeta Isaías. Y a partir de Is 56 tenemos la impresión de estar de nuevo
en Jerusalén, una vez que ya ha pasado la primera euforia del regreso.
— Indicios literarios: Estas notables diferencias cronológicas van
acompañadas de claras diferencias de lenguaje y estilo. Al estilo conciso,
sobrio y contenido, con abundancia de asonancias y metáforas de Is 1-39,
sucede en Is 40-55 un estilo más ampuloso, retórico y apasionado, de
construcciones más desarrolladas y géneros proféticos muy distintos.
Finalmente, en Is 56-66 observamos un notable descenso del nivel poético.
— Indicios teológicos: Las diferencias no son menores en el plano teológico.
La mayoría de los temas dominantes de Is 1-39 (denuncia social, anuncios de
condena, oráculos mesiánicos, teología dinástica, etc.) desaparecen en Is 40-
55 o son tratados con otro enfoque (tema del “resto”), mientras que aparecen
temas inéditos (Dios creador, nuevo éxodo, oráculos de consuelo, cantos del
Siervo, etc). A su vez en Is 56-66 se incorporan nuevos temas y
preocupaciones (el culto, el sábado, el templo, relación con los extranjeros,
preocupaciones escatológicas).
Este cúmulo de indicios y diferencias ha llevado a formular la hipótesis, casi
unánimente aceptada, aunque con diferencias de detalle, de tres profetas
diferentes, que viven en tres épocas diversas y producen tres obras
independientes y distintas entre sí.
1. Is 1-39: Libro de Isaías, profeta del s. VIII a. C. (Primer Isaías).
2. Is 40-55: Obra de un profeta anónimo del exilio (Segundo Isaías).
3. Is 56-66: Obra de un profeta anónimo posterior al exilio (Tercer Isaías).
En nuestra edición asumimos esta posición generalizada y presentamos el
libro de Isaías, diferenciando cada una de sus tres partes con su introducción
correspondiente.
PRIMER ISAlAS (Is 1-39)
1. Contexto histórico
La vida y ministerio del profeta Isaías se desarrollan en la segunda mitad del
s. VIII a. C. En el ámbito internacional, la época queda definida por la
expansión y supremacía del imperio asirio que con sus reyes Teglatfalasar III
(745-727 a. C.), Salmanasar V (726-722 a. C.), Sargón 11(721-705 a. C.) y
Senaquerib (704-681 a. C.) somete sucesivamente a los distintos reinos y
territorios del Oriente Próximo. Este dominio afecta también a Palestina: los
reinos independientes de Israel y de Judo sufrirán las consecuencias de la
presión asiria, saldada con funestos resultados, pues supondrá la conquista de
los oráculos de salvación no es difícil imaginar que en este nuevo contexto de
paz tengan cabida algunos oráculos, como Is 2 2-4; 111-9; 32 1-5.15-20, que
entreabren un futuro de paz internacional y de asentamiento de la justicia y el
derecho, de la fraternidad y el bienestar.
2. La obra de Isaías
Como hemos podido comprobar en nuestra reconstrucción de la actividad del
profeta, sólo es posible fechar una pequeña parte de Is 1-39 y contextuarla en
su vida. Es el núcleo del libro, escrito probablemente por el mismo Isaías (Is
30 8). Ello no impide que Otros muchos textos no datados sean también
suyos. Del resto de los oráculos, algunos fueron recogidos y escritos por sus
discípulos (Is 8 16), Otros pertenecen a su escuela o fueron readaptados
posteriormente. Un último grupo de oráculos son mucho más tardíos y fueron
incorporados a la obra de Isaías por el editor que organizó el libro tal como
nos ha llegado. El resultado de este complejo proceso redaccional queda ahora
estructurado en las seis partes que componen Is 1-39:
1. Is 1-12: Oráculos sobre Israel y Judá, que recogen buena parte de la
predicación del profeta bajo Jotán y Ajaz e incluyen una unidad autónoma
conocida como “libro del Enmanuel” (Is 7-12).
2. Is 13-23: Oráculos contra las naciones extranjeras, que en parte se remontan
al mismo Isaias.
3. Is 24-27: La gran escatología, colección tardía, muy posterior al profeta.
4. Is 28-33: Oráculos contra Judá, que recogen buena parte de la predicación
de Isaías durante los años 705-701 a. C.
5. Is 34-35: Pequeña escatología, también posterior á Isaías. 6. Is 36-39:
Apéndice histórico, duplicado de 2 Re 18 13-20 19.
3.El mensaje de Isaías
El mensaje del profeta Isaías estuvo marcado por dos constantes,
especialmente determinantes: la experiencia de su vocación y la
preocupación por la realidad concreta de su pueblo.
Estas constantes configuran las líneas maestras de su mensaje.
— En el momento de su vocación (Is 6), Isaías tuvo acceso a una doble
experiencia: la santidad de Dios, manifestada en su soberanía y
transcendencia, y la condición pecadora de sí mismo y de su pueblo. Puesto
que ambos extremos son incompatibles, el encuentro pleno entre Dios y su
pueblo sólo será posible con la conversión y la desaparición del pecado. Por
eso, su predicación irá encaminada a denunciar ese pecado y a proponer el
conocimiento auténtico de Dios.
— El pecado se hace particularmente evidente en el orden social: codicia,
lujo, orgullo, injusticia, opresión de los débiles, etc. La denuncia social de
Isaías entronca con la de Amós (gana en altura poética y pierde en
contundencia) y desemboca en el ámbito religioso: culto e iniquidad son
incompatibles (Is 110-17).
— El pecado también se manifiesta en la esfera política: la amenaza asiria
pone en evidencia el miedo del pueblo y de sus dirigentes, que, al buscar
alianzas y ayudas en otros pueblos, delatan su falta de confianza en Dios.
Isaías, conocedor y simpatizante de las tradiciones teológicas de Judá
(elección de Jerusalén y promesa dinástica), sabe que Dios se ha
comprometido con la ciudad y con la dinastía davídica; pero este compromiso
no es incondicional: exige la respuesta del pueblo, concretada en una actitud
de fe, de calma y confianza.
— Pero la denuncia del pecado y el anuncio del juicio y del castigo
correspondiente no son la razón de ser de la actividad profética de Isaías: su
objetivo último es la llamada a la conversión, el cambio de conducta, la vuelta
al Señor, como condición previa de su perdón (Is 118: luego, venid y
discutiremos) y de una nueva vida de justicia y misericordia (Is 116-20).
— La esperanza mesiánica de Isaías aparece como una relectura y proyección
al futuro de la “promesa dinástica”. El “ungido” (=mesías) anunciado por
Isaías estabilízará el trono davídico; implantará la justicia y el derecho, y
posibilitará el conocimiento de Dios, que es la condición pasa hacer posible
un futuro ideal, pacífico y paradisíaco (Is 2 2-4; 9 1-6; 11 1-9) que se abre a la
esperanza.
SEGUNDO ISAÍAS (Is 40-55)
1. El contexto histórico
El panorama histórico que se intuye detrás de Is 40-55 es bien distinto al que
conocemos de Is 1-39. La situación internacional ha experimentado un cambio
espectacular: en menos de un siglo ha caído el imperio asirio y se adivina
inminente la caída del neobabilónico. El imperio asirio, tras una larga
decadencia, es sustituido por el imperio neo- babilónico que con su gran rey
Nabucodonosor (605-562 a. C.) invade Judá, ataca por dos veces Jerusalén y
finalmente la destruye (587 a. deportando a Babilonia a lo más selecto de la
población judía. Sin embargo, su dominio durará poco más de medio siglo. El
persa Ciro aparece en el horizonte, conquista Ecbátana. la capital de Media
(550 a. C.) y derrota a Creso, rey de Lidia en Asia Menor (546 a. C.). Tras
estos primeros éxitos marcha contra Babilonia, donde entrará triunfante,
ayudado por los mismos babilonios que se han vuelto contra su rey Nabonido
y saludan a Ciro como libertador (539 a. C.). Los pueblos avasallados por
Babilonia, entre ellos los judíos deportados, se verán también favorecidos por
Ciro, quien mediante un decreto de liberación permite retomar a Palestina a
los judíos que lo deseen (véase Esd 1 2-5). En este marco histórico, y más
concretamente entre los primeros éxitos de Ciro (546 a. C.) y su conquista del
Babilonia (539 a. C.), se desarrolla el ministerio y la obra del profeta anónimo
conocido como Deuteroisaias o Segundo Isaías.
2. Actividad profética del Segundo Isaías
A decir verdad, carecemos de datos explícitos sobre la vida y actividad de este
anónimo y misterioso profeta. Todo lo que podemos llegar a saber hay que
entresacarlo de su obra reunida en Is 40- 55. Esta nos revela a un personaje
fervoroso y optimista, solidario con la suerte y sufrimiento de su pueblo, y con
una profunda fe en Dios como señor de la historia. Es, sobre todo, un gran
teólogo, buen conocedor de las antiguas tradiciones proféticas y teológicas de
su pueblo (especialmente las tradiciones del norte, Oseas y Jeremías) y, al
mismo tiempo, abierto al mundo religioso y cultural de su entorno, y
particularmente atento a los “signos” de su tiempo. Este profeta ejerce su
ministerio en Babilonia, entre los judíos desterrados, a finales del exilio. A
partir del giro que experimenta su obra de 1s49 en adelante, es posible
adivinar dos etapas en se ministerio:
— En una primera etapa, su predicación (contenida fundamentalmente en Is
40-48) tiene por objeto anunciar a los desterrados la liberación del yugo
babilónico por medio de Ciro, instrumento y “siervo” de Dios, y la vuelta
inminente a la propia tierra. Para ello, ha de enfrentarse con múltiples
resistencias entre los propios israelitas, unos desanimados por el aparente
olvido y abandono de su Dios (Is 40 ); Otros escandalizados por la elección de
un libertador extranjero y pagano (1s45 8-lo); y otros, finalmente,
deslumbrados y seducidos por los dioses babilónicos, a los que agradecen su
propio bienestar (Is 41.24; 42 17; 4421). En definitiva, un pueblo sordo y
ciego (Is 42 18-20) que se resiste a creer en su Dios y a esperar un futuro
nuevo.
—-Los caps. 49-55 parecen introducir un cambio sustancial en la predicación
del profeta, que hacen pensar en una segunda etapa inmediatamente pos- 1 ior
a la primera repatriación del 537 a. C., caracterizada por la decepción del
profeta respecto a los protagonizan el primer regreso. En vista de ,‘ su
predicación parece dirigirse ahora a un o reducido dentro del pueblo, un
“resto”, que ‘experimentado el rechazo e incluso la persecución por parte de
los suyos y, aún así, ha permaneJo fiel. En esta segunda parte (Is 49-55) el
mensaje concentra en tres aspectos: los cantos del siervo del Señor, la
restauración de Sión y la conversión de las naciones paganas al Dios de Israel.
3. La obra del Segundo Isaías
El conjunto de Is 40-55 ofrece una mayor sensación de unidad y coherencia
que el resto del libro de Isaías (Is 1-39 y 56-66). Su autor, magnífico teólogo,
es también un destacado poeta que domina los recursos. de la lengua (amplias
construcciones, efectos sonoros, variedad de imágenes) y los géneros
proféticos (oráculos de salvación, anuncios de salvación, himnos, pleitos
judiciales, diatribas, cantos, etc.). En todo el conjunto de su obra es posible
identificar una sólida estructura bipartita, enmarcada por un prólogo y un
epilogo en perfecta inclusión:
Prólogo (Is 40 i-u): La Palabra de Dios, que se cumple siempre, anuncia un
nuevo éxodo.
Primera parte (Is 40 12-48 22): Liberación de Babilonia y retorno a Jerusalén.
Segunda parte (Is 49 i-55 5): Restauración de Jerusalén y misión del siervo del
Señor. Epílogo (Is 55 6-13): La eficacia de la palabra y el nuevo éxodo.
4. Los cantos del siervo del Señor
Por los problemas que plantean y por su especial significación posterior, los
llamados “cantos del siervo’ merecen particular atención y tratamiento aparte.
Aunque se discute la extensión de alguno de ellos, estos cantos son cuatro: Is
42 1-4(5-9); 49 17(8-13); 50 4-9; 52 13-53 12, todos en tercera persona,
excepto el tercero, en que el siervo se presenta en forma autobiográfica.
Algunos estudiosos piensan que son independientes de su contexto actual,
pero la opinión más generalizada admite que fueron compuestos por el
Segundo Isaías.
En Is 40-55 aparece con relativa frecuencia la expresión “siervo/servidor’
(“ébed’). De las 19 ocasiones que aparece en singular y expresando una
especial relación con Dios, 14 parecen referirse a Jacob-Israel. Las cinco
restantes (cuatro de ellas en los cantos) no son fácilmente identificables.
Tratando de responder a la pregunta que ya planteara el ministro etíope a
Felipe en Hch 8: de quién dice esto el profeta, de sí mismo o de otro?, se han
dado tres tipos de respuestas:
Interpretación colectiva: Como de hecho sucede en la mayoría de los casos de
la 40-55, esta expresión designaría a Israel como siervo de Dios. Así lo
entendió la versión de los LXX en Is 42 1 y, en buena medida, la
interpretación judía precristiana. Otros piensan que se refiere a un grupo
selecto, el “resto” cercano al profeta, que habría recibido la misión de reunir a
los supervivientes de Israel y de llevar la luz a las naciones.
— Inteipretación IndividuaL Entre las numerosas figuras individuales que se
han propuesto, merecen cierta consideración Jeremías (abundancia de
paralelos con su vida “sufriente” y con sus “confesiones”), Ciro (presentado
como “ungido” de Dios en Is 451 y. llamado por él a ejercer una misión
similar a la del siervo) y el mismo profeta (bien reflejado en muchos de los
rasgos del siervo, sufrimientos incluidos). Aquí entraría también la
interpretación mesiánica propugnada por algunas corrientes judías y
cristianas.
— Interpretación mixta: Los cuatro cantos, al igual que el resto de Is 40-55,
hablarían de varios siervos: Israel en su conjunto, un grupo reducido de
israelitas, Ciro y el mismo profeta. Esta diversidad es un claro indicio de la
dificultad del problema de su identificación.
Entre las primeras comunidades cristianas se aplicaron a Jesús, especialmente,
los cantos primero (Mt 12 18-21) y cuarto (Mt 8 17; Lc 22 37; Hch 8 32),
mientras que algunos rasgos de la presentación del siervo parecen estar a la
base del bautismo y la transfiguración. Ello no impidió que también se
aplicasen al pueblo de Israel (Lc 1 54) o a los discípulos de Jesús (Mt
5141639; Hch 1437; 26 17s).
5. El mensaje del Segundo Isaías
A pesar de la relativa brevedad de su obra, el mensaje del Segundo Isaías es
uno de los más ricos, densos y variados de todo el cuerpo profético. Con el
evidente riesgo de simplificarlo y empobrecerlo, tratamos de sistematizarlo en
sus grandes líneas teológicas. — La fuerza de la palábra de Dios: Desde el
principio (Is 40 5.8) hasta el final (Is 55 io-ii), formando una gran inclusión, la
palabra del Señor preside todo el libro y el proceso liberador que en él se
anuncia. Como mandato, como anuncio, como llamada, como realización y
cumplimiento de las nuevas hazañas, la palabra es la auténtica protagonista
del libro.
— El nuevo éxodo: Es el gran tema de fondo de todo el libro. La antigua
acción salvifica de Dios en Egipto se convierte en paradigma y modelo de la
nueva liberación. Como entonces, Dios se adaptada de su pueblo, lo rescata y
lo hace salir, esta vez no de Egipto sino de Babilonia; lo conduce a través del
desierto y lo introduce en su tierra, la tierra de las promesas. Pero este “nuevo
éxodo” supera al antiguo, porque el mismo Dios está personalmente presente
en todo el proceso liberador. En él, el desierto ya no tiene el carácter de
prueba y dilación, pues se ha convertido en un auténtico paraíso que facilita la
marcha festiva de la comunidad litúrgica.
— Dios creador: El protagonista del nuevo éxodo es el Dios libertador o
rescatador (el término técnico “goel” aparece a menudo como título divino,
véase Is 4114; 43 14; 44 6.24; 47 4; 48 17; 49 7.26; 54 s.s), que se identifica
con el Dios creador (el verbo “bará”, que designa. la acción creadora de Dios,
aparece 16 veces). Anterior a todo, Dios es el origen de todo, pues él solo lo
ha creado (Is 44 24). Su poder creador abarca tanto el nacimiento y la elección
del pueblo (Is 43 1.7.15) como el nuevo éxodo, designado también como
creación (Is 41 20; 487): Dios pone así su poder creador al servicio de su plan
salvador. Este poder creador se manifiesta especialmente en el cumplimiento
de todos sus designios y promesas y es sello de garantía de las nuevas
promesas, argumento que late en las polémicas y litigios contra los dioses e
ídolos de Babilonia (Is 40 12-26; 41 21-29; 446-8; 46 1-7).
— Justicia y salvación: La constancia y fidelidad de Dios en el cumplimiento
de sus promesas y designios se atribuye a su “justicia” (la expresión aparece
28 veces), entendida como la misericordia fiel por la que Dios mantiene su
plan salvifico, hasta el punto de que justicia y salvación se identifican con
frecuencia (Is 45 8.21; 46 13; 515- 6.8). Esta salvación tiene dos claras
manifestaciones: por un lado se define como liberar, libertar, rescatar, por otro
lado, significa reagrupar, reconfortar, consolar (término éste especialmente
significativo, que ha dado nombre a toda la Óbra como “libro de la
consolación”). El destinatario de la acción salvadora es el pueblo,
frecuentemente invitado a volver, buscar, escuchar a su Señor y a alabar,
exultar, aclamar, alegrarse en Dios poi la acción realizada.
— Universalismo: Aunque el destinatario prioritario de la salvación es Israel,
sin embargo no es el único. La acción de Dios va dirigida a todos los pueblos,
pues antes que a Israel creó a la humanidad (is 45 t2), y antes de hacer alianza
con Abrahán la hizo con Noé (Is 54 9). Una gran variedad de sinónimos
reflejan este universalismo: la humanidad, toda carne, la multitud, los pueblos,
las naciones, las islas lejanas, los extremos y confines de 1a tierra, etc. Todos
están bajo el cuidado. de Dios, todos dependen de él y todos son destinatarios
de’ su luz y de la invitación a la alegría de la salvación (Is 45 22-24; 55.-s).
-Jerusalén, esposa fiel y ciudad universal: Otro de los temas dominantes en el
Segundo Isaías es-la restauración y nueva situación de Jerusalén, objetivo
último de la vuelta de los desterrados. Con imí, genes procedentes de Oseas y
Jeremías, se describe su restauración como el reencuentro conyugal entre
Dios-esposo y la ciudad-esposa: la infiel volverá a ser recuperada por su
marido, la viuda tendrá protector, la estéril dará a luz nuevos hijos. En
cambio, no se alude al templo ni a las tradiciones teológicas jerosolimitanas.
La ciudad futura, reconstruida y hermoseada, abrirá sus murallas a nuevos hijo
procedentes de las naciones extranjeras, y se convertirá en hogar de
fraternidad y justicia.
TERCER ISAÍAS (Is 56-66)
El paso de Is 55 a Is 56 marca una nueva ruptura (aunque no tan radical como
la producida entre Is 39 e Is 40), que da paso a una nueva unidad autónoma,
caracterizada por la aparición de nuevos temas y géneros, tono más pesimista
y una mayor heterogeneidad de materiales. Al mismo tiempo se advierte una
cierta continuidad y algunas semejanzas con Is 40-55: los temas del éxodo, la
salvación futura, la nueva Jerusalén; vocabulario común, determinadas
repeticiones... Ello explica que los primeros críticos atribuyeran todos los
capítulos de Is 40-66 a un solo autor. Hoy día hay cierto consenso en
considerar Is 56-66 como una obra distinta de Is 40-56, Sin embargo, las
posiciones se dividen al determinar su autor:
— Para algunos estudiosos, se trata de una recopilación posterior de unidades
sueltas y distintas entre sí en cuanto a autores, lenguaje y contenido. La
heterogéneidad del material reunido, la diversidad de temas, géneros y estilos
impiden que Is 56- 66 se pueda atribuir a un solo autor, por lo que se invoca la
pluralidad de autores.
— Sin embargo, un buen número de estudiosos siguen afirmando la unidad de
autor. Para unos se trata del mismo Segundo Isaías, vuelto del exilio y
enfrentado a la nueva situación y sus problemas; para otros se trata de un
discipulo de aquel o de un profeta anónimo, inspirado en Is 40-55, que habría
compuesto la mayor parte de estos capítulos. Finalmente, el editor del libro
habría incorporado nuevos añadidos posteriores.
1. Contexto histórico del Tercer Isaías
A nivel internacional estamos en el mismo contexto del comienzo de la- época
persa (véase la introducción a Is 40-553. Sin embargo, a nivel interno, la
situación ha experimentado en muy pocos años un cambio brusco y radical.
Los primeros repatriados no han encontrado precisamente un paraíso, sino una
tierra empobrecida y en minas. Los trabajos de reconstrucción del templo se
detienen apenas concluidos los cimientos y los repatriados han de contentarse
con restablecer el altar para reanudar un culto elemental. Por otra parte, las
expectativas de liberación se han visto defraudadas en buena medida, porque
la liberación anunciada sólo ha afectado al ámbito religioso, mientras se
mantiene la dominación política y económica. Además, la comunidad que
afronta la tarea de la restauración está dividida y compuesta por muy diversos
elementos:
— Los judíos llegados del exilio (véase Esd 2; Neh7);
— Los judíos que habían quedado en el país, muchos de ellos fieles, pero
otros entregados a prácticas idolátricas: todos han de modificar su situación
predominante, lo que provocará conflictos religiosos y sociales;
— Los extranjeros, tanto los residentes durante el exilio, como los que llegan
tras el edicto de repatriación (Is 60 9-10; 61 5; 66 20) con grandes dificultades
para integrarse.
— Los judíos que no vuelven inmediatamente, dando origen al fenómeno de
la diáspora; aún así se los tendrá en cuenta (Is 76 14; 62 io), pensando en su
futura integración con la comunidad reunificada (Is 568).
A esta situación compleja y dificil, a este grupo heterogéneo y a menudo
desunido, y a los múltiples problemas que provoca la ardua tarea de la
restauración se ha de enfrentar este anónimo profeta, al que conocemos como
el Tercer Isaías.
2. Actividad profética del Tercer Isaías
Según se desprende de la lectura de su obra, el objetivo último de la actividad
profética del Tercer Isaías parece ser la formación de un pueblo o comunidad
de justos que agraden y sirvan a Dios. Sin embargo, el profeta se ve
enfrentado a cuatro grandes dificultades: la decepción y el desánimo
provocados por el retraso de la liberación plena; el mal casi endémico de la
idolatría; la división y el enfrentamiento de los distintos grupos que habitan
Judá; y el desprecio a los extranjeros. A todo esto habría que añadir otra
dificultad “estructural”: la pobreza de recursos y medios con que se
encuentran los repatriados. Las lineas maestras de la predicación del Tercer
Isaías tratan de dar respuesta a estás dificultades.
— El profeta pretende acallar los reproches contra Dios (retraso de la
salvación, olvidoy abandono del pueblo: véase 1s59 1-8), denunciando el
pecado en sus distintas manifestaciones, como el Verdadero obstáculo para la
llegada dé la salvación, y reafirmando la fidelidad de Dios, manifestada en su
poder creador, capaz de anunciar realidades nuevas (Is 57 14-21; 60 19-22;
6517-25).
— Ante el problema de la idolatría, ,ahora agravada con nuevas formas
(sacrificios humanos, empleo cultual de animales impuros, nigromancia, culto
a Molok), el profeta polemiza con motivos conocidos: impotencia de los
ídolos y falsos dioses, poder del Dios verdadero, amenaza del juicio (Is 57 3-
13; 651-7).
— El problema más lacerante es el provocado por la división y el
enfrentamiento de los distintos grupos: injusticias, crímenes, opresión y
explotación del prójimo, perversión de la justicia, prácticas cultuales
incoherentes, etc. El profeta denuncia con fuerza la situación, proclama la
incompatibilidad de la alianza con las divisiones, del culto con la injusticia y
establece las condiciones de la auténtica relación con Dios y con el prójimo
(Is 58 1-12; 59 1-8; 66 1-4).
— Ante el problema del rechazo y desprecio de los extranjeros, el profeta abre
una profunda reflexión con tres tipos de conclusiones: castigo de las naciones
que se obstinan en el mal (Is 63 3-6; 66 15- 16.24); las naciones y los
extranjeros reunidos en tomo a Jerusalén (Is 60 3-1115-17; 615-9; 62 2-8); los
extranjeros acogidos como miembros de pleno derecho (Is 56 3-7), con acceso
incluso a la dignidad del sacerdocio (Is 6621). En este breve esbozo de la
predicación y el mensaje del Tercer Isaías cabe subrayar la aparición de temas
ya conocidos y apuntados en Is. 40-55, especialmente lo relativo al nuevo
éxodo, la centralidad de Jerusalén, la salvación por venir olas polémicas
contra los ídolos. Pero es mayor el espacio que ocupan los temas nuevos,
como la denuncia de los pecados sociales y cultuales; la importancia del
sábado, del ayuno y del templo; las liturgias penitenciales; el juicio
escatológico y la nueva creación.
3.La obra del Tercer Isaías
Según lo apuntado al principio, al hablar de la atribución de Is 56-66 a un
autor diverso, parece dato que algunos de los materiales no pertenecen a este
profeta, sino que se trataría de reelaboraciones y añadidos posteriores. Entre
los textos considerados como tardíos hay que mencionar: Is 56 i- 631-6; 63 7-
64 u; y 66 18-24. Todos los demás, a excepción de algunas breves glosas y
transiciones redaccionales, se remontan al profeta. Lo que resulta más difícil
de delimitar son los criterios de división y la estructura de todo este conjunto.
Algunos autores han conseguido identificar una estructura concéntrica que
organizaría toda la obra de Is 56-66 en torno a un núcleo central, constituido
por el capítulo 61 (misión del profeta y restauración), pero resulta
excesivamente complicada y disgregadora. Por otro lado, en el libro hay dos
secciones especialmente coherentes y unitarias en Is 60-62 y 65-66. A partir
de este dato, proponemos una división en cuatro partes:
• Is 56-59: Sección caracterizada por los oráculo los de denuncia y
preponderancia de temas cultuale.
• Is 60-62: Dos amplias unidades sobre la nueva Jerusalén enmarcan la
misión del profeta. Predominan los oráculos de restauraclon.
• Is 63-64: El juicio de las naciones introduce una extensa meditación
histórica que culmina en liturgia penitencial.
• Is 6566: Sección final en la que alternan los temas del juicio escatológico,
de la restauración y la nueva creación, culminando en la reunión de todos
los pueblos.
PROFETA JEREMÍAS
La época
Sobre la época del ministerio de Jeremías estamos bastante bien informados
gracias a los libros de Reyes y Crónicas, algunos documentos extrabíblicos y
el mismo libro de Jeremías. Es una época de cambios importantes en la esfera
internacional, dramática y trágica para los judíos. Durante la segunda mitad
del siglo VII a.C Asiria declina rápidamente, se desmorona y cede ante el
ataque combinado de medos y persas. Josías, rey de Judá (640-609 a.C),
aprovecha la coyuntura para afianzar su reforma, extender sus dominios hacia
el norte y atraer a miembros del destrozado reino del norte.
También se aprovecha Egipto para extender sus dominios sobre Siria y
contrarrestar el poder creciente de Babilonia. Los dos imperios se enfrentan; el
faraón es derrotado y cede la hegemonía a Babilonia. Josías, mezclado en
rivalidad, muere en 09 a.C En Judá comienza el juego de sumisión y rebelión
que acabará trágicamente. La rebelión de éste provoca el asedio, la matanza y
la gran deportación (586 a.C) Judá deja de existir como nación soberana.
LA PERSONA DEL PROFETA JEREMÍAS
Pocas personalidades del Antiguo Testamento nos resultan tan conocidas y
próximas como el profeta Jeremías nacido en Anatot, pueblo de la tribu de
Benjamín a mediados del siglo VII a.C. A Jeremías lo conocemos a través de
los relatos, las confesiones en las que se desahoga con Dios, por sus
irrupciones líricas en la retórica de la predicación. Comparado con el
“Clásico” Isaías, lo llamaríamos “romántico”. Como sus escritos (36,23s),
Jeremías es el “Profeta quemado”.
Su itinerario profético, que comienza con su vocación en 627 a.C. Es trágico y
conmovedor. Tras una etapa de ilusión y gozo en su ministerio, sucede la
resistencia pasiva del pueblo, y activa creciente de sus rivales, entre los que se
encuentran autoridades profetas y familiares. Su predicación es antipática y
sus consignas impopulares. En su actuación va de fracaso en fracaso; su
vocación llega a hacerse intolerable, necesitando la consolación de Dios.
Se siente desgarrado entre la nostalgia de los oráculos de promesa y la
presencia de los oráculos de amenaza que Dios le impone; entre la solidaridad
a su pueblo, que la empuja a la intercesión, y la Palabra del Señor que le
ordena apartarse y no interceder; entre la obediencia a la misión divina y la
empatía con su pueblo.
Con ojos lúcidos de profeta, contempla el fracaso sistemático de toda su vida y
actividad, hasta hacerle exclamar en su arrebato de desesperación: “¡Maldito
el día en que nací!... ¿Por qué salí del vientre para pasar trabajos y penas y
acabar en mis días derrotado?” (20,14-18).
Nuestro profeta es como un anti-Moisés. Se le prohíbe interceder. Tiene que
abandonar la tierra y marchar forzado a Egipto, donde seis años después
muere asesinado a manos de sus propios compatriotas. De su muerte trágica se
salva un libro, y en ese libro pervive la personalidad de Jeremías con un vigor
excepcional. Su vida y pasión parece en muchos aspectos una anticipación de
la de Cristo.
El libro de Jeremías
Jeremías es un poeta que desarrolla con gran originalidad la tradición de sus
predecesores; sobresale su capacidad de crear imágenes y de trascender
visiones simples y casera. El estilo de la poesía se distingue por la riqueza
imaginativa y la intensidad emotiva. La prosa narrativa, siguiendo la gran
tradición israelita de brevedad, inmediatez e intensidad, es de los mejor que
leemos en el Antiguo Testamento, haciendo de la obra una de más asequibles
para el lector hoy.
Se suele repartir los materiales del libro en tres grandes grupos:
1. Oráculos diversos, subdivididos en: oráculos para el pueblo y el rey,
confesiones del profeta (10,18-12,6;15-10-21;17,14-18;18,18-23;20,7-
18). oráculos contra naciones paganas (25 y 46-51).
2. Textos narrativos con palabras del profeta incorporadas
3. Discursos en prosa elaborados en estilo deuteronomista (7, 1-8,3; 11, 1-
14; 16,1-13; 17,19-27; 18,1-12; 21,1-10; 35,1-19)
Mensaje religioso de Jeremías
Jeremías es un profeta que vive en su propia carne el drama de una fidelidad
absoluta a Dios y una absoluta solidaridad con el pueblo rebelde y desertor a
quien, fiel a su vocación profética, tiene que anunciar la catástrofe a la que
llevan sus pecados.
Su fidelidad y continuo contacto con Dios, sellados por el sufrimiento, llevará
a la conciencia del pueblo la necesidad de un tipo de relación con el Señor,
más íntima y personal, más enraizada en el corazón de las personas que en una
alianza jurídica y externa. Esta relación de obediencia es el culto que Dios
desea y que deberá manifestarse en juzgar según derecho y en la defensa de la
causa del huérfano y del pobre.
PROFETA EZEQUIEL
Su vida
No sabemos cuándo nació. Probablemente en su infancia y juventud conoció
algo de la reforma de Josías, de su muerte trágica, de la caída de Nínive y del
ascenso de nuevo imperio babilónico. Siendo de familia sacerdotal, recibirá su
formación en el templo, donde debió oficiar hasta el momento del destierro.
Es en el destierro donde recibe la vocación profética.
Su actividad se divide en dos etapas con un corte violento. La primera dura
siete años, hasta la caída de Jerusalén; su tarea en ella es destruir
sistemáticamente toda esperanza falsa; denunciando y anunciado hace
comprender que es vano confiar en Egipto y en Sedecías que la primera
deportación es sólo el primer acto, preparatorio de la catástrofe definitiva. La
caída de Jerusalén sella la validez de su profecía.
Viene en entreacto de silencio forzado, casi más trágico que la palabra
precedente. Unos siete meses de intermedio fúnebre sin ritos ni palabras, sin
consuelo ni compasión.
El profeta comienza la segunda etapa pronunciando sus oráculos contra las
naciones: a la vez que socava toda esperanza humana en otros poderes, afirma
el juicio de Dios en la historia. Después comienza a rehacer una nueva
esperanza, fundada solamente en la gracia y la fidelidad de Dios. Sus oráculos
precedentes reciben una nueva luz, los completa, les añade nuevos finales y
otros oráculos de pura esperanza.
Autor del libro. Lo que hoy conocemos como libro de Ezequiel no es
enteramente obra del profeta, sino también, de su escuela. Por un parte, se
incorporan bastantes adiciones: especulaciones teológicas, fragmentos
legislativos al final, aclaraciones exigidas por acontecimientos posteriores; por
otra, con todo ese material se realiza una tarea de composición unitaria de un
libro.
Su estructura es clara en las grandes líneas y responde a las etapas de su
actividad: hasta la caída de Jerusalén (1-24); oráculos contra las naciones (24-
32); después de la caída de Jerusalén (33-48). esta construcción ofrece el
esquema ideal de amenaza- promesa, tragedia- restauración. Sucede que este
esquema se aplica también a capítulos individuales, por medio de adiciones o
trasponiendo material de la segunda etapa a los primeros capítulos; también se
traspone material posterior a os capítulos iniciales para presentar desde el
principio una imagen sintética de la actividad del profeta.
El libro se puede leer como una unidad amplia, dentro de la cual se cobijan
piezas no bien armonizadas: algo así como una catedral de tres naves góticas
en la que se ha abierto capillas barrocas con monumentos funerarios y estatuas
de devociones limitadas.
Mensaje religioso
La lectura del libro nos hace descubrir el dinamismo de una acción divina que,
a través de la cruz merecida de su pueblo, va a sacar un puro don de
resurrección. Este mensaje es el que hace a Ezequiel el profeta de la ruina y de
la reconstrucción cuya absoluta novedad él solo acierta a barruntar en el
llamado “apocalipsis de Ezequiel” (38s), donde contempla el nuevo reino del
Señor y al pueblo renovado reconociendo con gozo al Señor en Jerusalén, la
ciudad del templo.
EL punto central de la predicación de Ezequiel es la responsabilidad personal
(18) que llevará a cada uno a responder por sus propias acciones ante Dios. Y
estas otras que salvarán o condenarán a la persona están basadas en la justicia
hacia el pobre y el oprimido. Es una sociedad donde la explotación del débil
era rampante, Ezequiel se alza como defensor del hambriento y del desnudo,
del oprimido por la injusticia y por los intereses de los usureros. Truena contra
los atropellos y los maltratos y llama constantemente a la conversión. Sin
derecho y sin justicia no puede haber conversión.
PROFETA OSEAS
Época
Según el titulo del libro, el profeta Oseas, Hijo de Beerí ejerció su actividad en
el reino del Norte, durante el reinado de Jeroboán II (782-753 a.C.). Jehú jefe
militar de una guarnición, se levantó a vengar violentamente los crímenes
pasados y selló la venganza haciendo asesinar a Jezabel en el campo de
Yezrael –con matanzas criminales vengó crímenes pasados- . Fundó una
vigorosa dinastía que contó cinco reyes y duró cien años (841- 753 a.C.); el
penúltimo rey de esta dinastía fue Jeroboán II. Durante su reinado restableció
las fronteras nacionales, desde el Paso de Jamat hasta el Mar Muerto,
sometiendo de nuevo el reino transjordánico de Moab.
Con la paz vino la prosperidad, y con ella graves diferencias sociales, lujo,
confianza en los bienes de la tierra, corrupción de costumbres. Pero también
cultivo de las artes: con dependencia extranjera en las artes plásticas, con
soberana maestría en la literatura. En este siglo comienza una edad de oro
literaria –al menos una época clásica- que culminará con Isaías, y que cuenta
con poetas tan importantes como Ámos y Oseas, y magníficos narradores
como los autores de tantas páginas incorporadas en el libro de los Reyes.
A la muerte de Jeroboán II comienza la rápida decadencia del reino del Norte.
En treinta años se suceden cuatro dinastías por asesinato y usurpación. El
reino dejó de existir en el 722 a.C. El título del libro, con su cronología
parcial, da a entender que la actividad de Oseas continuó tras la muerte de
Jeroboán II; de hechos en sus páginas se reflejan los cambios violentos de
dinastías. No sabemos si el profeta llegó a contemplar la destrucción de su
patria.
Tema de profecía
Oseas es sobre todo un profeta acusador. El pecado capital que denuncia es la
infidelidad al Señor, presentada como fornicación, prostitución y adulterio.
Esa infidelidad se muestra ante todo en el culto de los ídolos, con sus altares y
sacrificios, las consultas a los adivinos, los cultos de fertilidad y la
prostitución sagrada. Otra forma de infidelidad son las alianzas políticas,
especialmente con Asiria y Egipto cuyo poderío militar y político ocupa el
puesto de Dios. Sus consecuencias son la dependencia económica, tributos
onerosos, y al final la represión y la deportación (7,8-12; 8,9s).
En sus profecías se puede resaltar la denuncia a la confianza del pueblo en sus
fortificaciones militares y en sus riquezas (8,14; 111, 13s; 12,9; su ambición,
con su secuelas de usurpaciones, la inestabilidad política, y la debilidad del
rey (7,3-7; 10,15; 13,10s). Finalmente, aunque con menos desarrollo que en
otros profetas, denuncia las injusticias sociales (4,1s; 6,6.8s; 7,1;10,12s).
Mensaje religioso
Domina en la predicación de Oseas la articulación pecado-castigo, muchas
veces con la correspondencia inspirada e la ley de Talión: porque rechazan son
rechazados, por olvidarse serán olvidados, una infidelidad engendra otra, los
cultos de fertilidad producen esterilidad, la ploma atolondrada cae en la red, la
novilla atrae el yugo, el arco falso provoca la espada certera. A veces se
enuncia genéricamente (5,5; 7,2), y en forma de aforismo suena así: “siembras
vientos, cosechan tempestades”.
Sin embargo, esta “ley de Tailón” no es la última palabra del Señor; su amo es
la última palabra, y porque sigue amando habrá salvación. Es más, el perdón
está concedido antes de que el pueblo se convierta. Esta inagotable paciencia y
fidelidad de Dios a su pueblo conyugal con que Oseas representa las
relaciones de Dios con su pueblo.
Quizás el amor inquebrantable a su esposa infiel, le hizo al profeta penetrar
en el misterio del amor de Dios a su pueblo. Dios es como un esposo, celoso
pero paciente, siempre teniendo la mano y esperando que su pueblo le
correspondan con la fidelidad de una obediencia amorosa.
PROFETA JOEL
Autor y fecha de composición. Nada nos dice el texto bíblico sobre Joel, hijo
de Fatuel, cuyo nombre significa «el Señor es Dios». Tampoco sobre la época
en la que actuó; el «<ene- migo del Norte» (2,20) puede ser Asiria, que
destruyó a Israel; o Babilonia, que destruyó a Judá, o puede ser el enemigo por
antonomasia para autores tardíos. La dispersión entre las naciones (4,2) es el
destierro, y está vista como un acontecimiento ya pasado. La mención de los
griegos (4,6) -si no es adición- nos lleva también a una época tardía, así como
su concepción escatológica. La principal razón para colocar al profeta en el
período preexílico es que se encuentra entre Oseas y Amós, ambos profetas
del s. VIII a.C.
Tema. Esta obra es una poderosa creación literaria y significativa del modo de
profetizar. El profeta toma como punto de partida una catástrofe ciudadana:
una terrible plaga de langosta, fatal para una cultura agrícola. También él ha
tomado parte en la situación:
conoce las diversas variedades del insecto desolador ha observado cómo se
suceden las olas o nubes invasoras, ha contemplado c detalle los efectos
destructores en las plantas. En su imaginación poética la plaga de langosta se
convierte en un ejército aguerrido y ordenado que e asalta y conquista una
ciudad. Este es un primer paso de elevación poética con
La catástrofe nacional pide una acción religiosa de expiración una jornada de
ayuno y penitencia para suplicar la compasión divina. Yaqui se nos presenta
un aspecto de la religiosidad israelita, sus actos de culto. La proclamación del
profeta, la participación de sacerdotes y pueblo en sus puestos respectivos.
Estos elementos litúrgicos están en el libro en su estado natural sin
transformación poética. Todo culmina en el oráculo con que Dios responde al
pueblo, anunciando la liberación de la plaga y las bendiciones tradicionales
que retornan sobre la tierra.
En este ambiente litúrgico, y con la iluminación poética, Joel levanta todo el
suceso -la plaga de langosta- a la categoría religiosa de día del Señor:
momento de la historia en que Dios inter- viene soberanamente usando como
instrumento los fenómenos atmosféricos o los ejércitos humanos. En esos días
el Señor hace juicio público castigando y salvando. Este, que es un día del
Señor puede convertirse fácilmente en el definitivo y futuro día del Señor, en
cuanto lo anuncia y prefigura.
Mensaje religioso. Es la visión escatológica del día del Señor lo más
destacado del mensaje de este profeta, fiel al culto litúrgico de Dios. Un día
cuya principal característica será la restauración definitiva por la efusión del
Espíritu del Señor sobre todos y todas sin discriminación sus hijos e hijas
profetizarán, sus ancianos tendrán sueños, sus jóvenes verán visiones (3,1s).
Cualquier discriminación queda anulada: edad, sexo, condición social. La
expresión literal que usa, toda carne», abre sin limites su profecía, que será
recogida por Lucas en los Hechos de los Apóstoles (2).
PROFETA AMÓS
El profeta y su época. El profeta Amós nació en Tecu veinte kilómetros al
sur de Jerusalén en el reino de lad pero su actividad proletica se desarrollo en
el norte en e reino de Israel Gracias a su oficio de ganadero o granjero de una
situación económica desahogada, que le permitió adquirir un buena formación
intelectual y aprender el ante literario. Pero de aquella situación tranquilla lo
arrancó la llamada de Dios (7,10-14 para convertirlo en profeta de Israel
Amos predicó bajo el reinad de Jeroboán II (782-753 a.C.), en una época de
paz y prosperidad materia Pero, si hemos de tomar como descripción general
las datos de Oseas y de Amos, aquella sociedad estaba enferma de injusticia
social de sincretismo religioso e idolatría y de una exagerada confianza en los
recursos humanos
Además de denunciar vigorosamente las injusticias sociales lujo, la
satisfacción humana, Amós predice la catástrofe inminente
Extraña predicción en un momento en que el enemigo próximo Damasco, está
sin fuerzas para rehacerse, y el enemigo remoto y terrible Asiria, no puede
pensar en campañas occidentales Pero Amós sabe que Israel esta madura para
la catástrofe y, de hecho, el año 746 a.C. muere Jeroboán II, al año siguiente
sube al trono de Asina Tiglat Piléser III, que será el comienzo del fin para
Israel. Con todo, Amos cierra su profecía con un oráculo de esperanza
Mensaje religioso. El mensaje del profeta es de indignación y denuncia ante la
explotación del pueblo humilde a manos de una minoría coaligada de políticos
y aristócratas Amos hace eco de la indignación de Dios, a quien presenta
como un león, que ruge antes de hacer presa; el profeta es la voz de su ungido
(3,461, que denuncia e invita a la conversión, si ésta no llega, el león hará
presa (3,12, 5,19). El juicio de Dios comenzará por los pueblos circundantes
(1,3-2,3), pasará a Judá (2.4s) y culminará en Israel (2,6- 16) Israel es culpable
de múltiples injusticias de lujo inmoderado, de vanas complacencias, de cultos
idolátricos, la injusticia vicia el culto legitimo (5,21-25), la idolatría lo
corrompe
La clase alta y el pueblo engañado piensan que pueden continuar con sus
injusticias evitando las consecuencias sea con el culto 15,21-23), sea con la
riqueza y las fortificaciones (6,1), sea sobre todo con un supuesto día del
Señor en que Dios será propicio a su pueblo. Ese día vendrá, pero será funesto
(5,175); el Señor pasará, pero castigando (5,16s); la elección será redoblada
responsabilidad (3,2), y el encuentro con Dios será terrible (4,12).
Amós ataca el lujo de los ricos por lo que tiene de inconsciencia y falta de
solidaridad (6,4-6), además, porque muchas riquezas han sido adquiridas
explotando a los pobres (4,1 5,11) Ataca las devotas y frecuentes
peregrinaciones que no inciden en la vida. Denuncia la ilusión del pueblo
porque se siente elegido y sacado de Egipto.
Como el pueblo no ha escarmentado en una serie de castigos (4,6-11), llegará
a un juicio definitivo, de hambre y sed, luto y duelo (8,9-14); pero después de
castigar a los pecadores (9,8.10) vendrá la restauración (9,11-15). Así termina
en tonalidad de esperanza un libro de vibrantes denuncias que han hecho de
Amos el profeta de la justicia sociales.
PROFETA ABDÍAS
No sabemos quién es este profeta que se llama Siervo del Señor y que figura
entre los Doce Profetas Menores con solo veinte versículos. Por la extensión
habría profeta mínimo; otros profetas anónimos del Antiguo Testamento que
llamarle han escrito más que él. Pero la extensión poco cuenta cuando el ser
humano tiene algo que decir en Nombre de Dios.
Para comprender su breve profecía conviene recordar algunos datos: 1. La
relación entre el reino de Judá y el reino de Edom, que se remonta, según la
tradición bíblica, a las relaciones entre los dos hermanos gemelos: Jacob y
Esaú, antecesores de Judá y Edom. Según la bendición de Isaac (Gn 27), el
segundo dominará al primero la primogenitura comprada-. La situación
geográfica muestra esta situación, pues mientras Judá o Jacob posee la zona
montañosa, relativamente fértil, Edom o Esaú habita en la zona esteparia del
sur. 2. Históricamente, Edom vivió en relaciones de sumisión rebeldía con
Judá. A este reino le interesaba, por una parte, la ruta del sur con salida al
golfo de Aqaba; por otra, codiciaba las ricas minas de aquel territorio. Saúl
luchó contra los edomitas; David los sometió; Salomón reprimió una revuelta
y consolidó el dominio meridional, que era un acceso a las minas al puerto de
Esión y Gueber.
Al dividirse el reino, a la muerte de Salomón, los edomitas pudieron rebelarse
y llevar una política independiente. Cuando Nabucodonosor invadió y arrasó
Jerusalén, los edomitas apoyaron al invasor, sacaron partido de la derrota y se
alegraron de ella.
Mensaje religioso. Contra este último pecado se dirige la profecía presente; es
decir, en una ocasión histórica muy concreta. Pero en el versículo 15 la
profecía despega y se levanta a un panorama trascendente de «día del Señor»,
con mirada universal, «todas las naciones, todos los pueblos» (15s), y con un
final de restauración. El profeta denuncia la espiral de violencia, la
incapacidad de olvidar errores antiguos. Al pueblo derrotado y desterrado le
ofrece un mensaje de esperanza.
PROFETA JONÁS
Jonás, el antiprofeta. Como quinto de los profetas menores encontramos a
Jonás, el hombre que se empeña en hacer exactamente lo contrario de lo que
debería hacer un profeta Entre una serie de poetas que escriben normalmente
en verso, encontramos a este genial narrador que, salvo el vocabulario algo
tardío, maneja la prosa como cualquiera de los mejores narradores clásicos
hebreos.
Entre tantas profecías contra naciones determinadas o contra las naciones en
general, encontramos a este Jonás que lleva consigo un mensaje de
misericordia para el pueblo que es símbolo de cruel dad, imperialismo, y
agresión contra su propio pueblo, Israel.
Y entre una serie de profetas firmemente arraigados en la situación política y
social, desfila este Jonás sin arraigo en tierra ni mar, cuya anécdota con el gran
pez, sirvió para que los cristianos encontrasen en ella una prefiguración del
acontecimiento pascua de Jesús (Mt 12,39-41; 16,4; Mc 8, 12; Le 11,29.32).
Así como Dios salvó al profeta del peligro mortal para salvar por medio de él
a un pueblo gentil. Así también, Dios salvó a Cristo, no apartando el cáliz de
la pasión, sino resucitándolo de la muerte, para salvar con su muerte y
resurrección a todos los pueblos de la tierra.
Mensaje religioso. La parábola de Jonás nos ofrece una gran enseñanza, por
medio de una ironía sostenida, que en un punto llega al sarcasmo, y concluye
con una pregunta desafiante. Jonás es el antiprofeta que no quiere ir a donde el
Señor le envía ni decir lo que le manda. Así resulta ser el malo, mientras que
los buenos son primero los marinos paganos, después los ninivitas agresores.
Jonás tiene que vérselas con los enemigos mitológicos: el mar y el cetáceo, y
aprender que el Señor los controla y los somete a su servicio. Un minúsculo
gusano y un modesto ricino dan una lección sapiencial al profeta recalcitrante.
La profecía, en la intención de Jonás es predicción categórica de castigo; en la
intención de Dios, es amenaza condicionada; porque Dios no quiere la muerte
del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 18,23.32), y los paganos han
escuchado la palabra extranjera (Ez 3,5-7), y se han convertido.
La ironía de todo el relato está en que precisamente Jonás, el <antiprofeta»,
resulta ser un «gran profeta» porque sabe e intuye, muy a su pesar, que todo el
nacionalismo exclusivista del pueblo judío, que todos los castigos que ciernen
sobre la cabeza de los enemigos de Israel, no son más que fabricaciones
humanas, y que, en el fondo, el amor y la misericordia de Dios abarcan a todos
los pueblos de la tierra.
El definitivo mensaje de Jonás, cuyo nombre suena en oídos hebreos a
«Paloma hijo de Veraz» -el primer Colombo o Colón de la historia-, se puede
resumir en una frase: si Nínive alcanza el perdón, ¿quién quedará excluido?
PROFETA MIQUEAS
Miqueas y su época. Miqueas, que en hebreo significa ¿Quién como Dios?»,
nació en Moréset Gat, una aldea de Judá, donde las montañas centrales
comienzan a descender hacia el mar, pueblo fronterizo a unos 45 kilómetros
de Jerusalén.
La época de Miqueas en el tablero internacional contempla la subida y
afirmación de Asiria, a la que Israel, como reino vasallo, comienza a pagar
tributo hacia el año 743 a.C. Después vendrá la sublevación de Oseas (713-
722 a.C.), último rey del norte, y la destrucción del reino. Nuestro profeta
conoció la agonía de Samaría y la deportación en masa de habitantes a Nínive.
Probablemente también conoció la invasión de Judá por Senaquerib (701
a.C.), que resuena en 1,8-16. Colaboraría seguramente, junto a Isaías, en la
reforma esperanzadora que trajo el rey Ezequías (727-692 a.C.).
Los peligros de aquella época turbulenta no venían solamente del exterior.
Dentro, la corrupción era rampante, sobre todo por la ambición de los
gobernantes apoyados por los falsos profetas, la rapacidad de la clase
sacerdotal, la avaricia de mercaderes y comerciantes. Los cultos idolátricos de
los vecinos cananeos se habían infiltrado también en el pueblo.
Esta situación es la que recoge nuestro profeta en su obra, y también los otros
escritores anónimos que intercalaron sus profecías en el libro bajo el nombre
de Miqueas. Actualmente hay comentaristas que atribuyen el libro a dos o más
autores, de épocas diversas.
Mensaje religioso. Este profeta, venido de la aldea, encontró en la corte a otro
profeta extraordinario, llamado Isaías, y al parecer recibió su influjo literario.
Miqueas, no obstante, descuella por su estilo incisivo, a veces brutal, sus
frases lapidarias y también por el modo como apura una imagen, en vez de
solo apuntarla.
Aunque su actividad profética se mueve en la línea de Isaías, Oseas y Amós,
Miqueas descuella por la valentía de una denuncia sin paliativos, que le valió
el título de «profeta de mal agüero».
Nadie mejor que un campesino pobre, sin conexiones con el templo o con la
corte, para sentirse libre en desenmascarar y poner en evidencia los vicios de
una ciudad como Jerusalén que vivía ajena al peligro que se asechaba contra
ella, en una ilusoria sensación de seguridad.
Afirma que el culto y los sacrificios del templo, si no se traducen en justicia
social, están vacíos de sentido. Arremete contra los políticos y sus sobornos;
contra los falsos profetas que predican a sueldo y adivinan por dinero; contra
la rapacidad de los administradores de justicia; contra la avaricia y la
acumulación injusta de riqueza de los mercaderes, a base de robar con
balanzas trucadas y bolsas de pesas falsas.
Miqueas emplaza a toda una ciudad pecadora y corrompida ante el juicio y el
inminente castigo de Dios. Sin embargo, y también en la línea de los grandes
profetas de su tiempo, ve en lontananza la esperanza de la restauración del
pueblo, gracias al poder y la misericordia de Dios. El Señor será el rey de un
nuevo pueblo, «no mantendrá siempre la ira, porque ama la misericordia;
volverá a compadecerse, destruirá nuestras culpas, arrojará al fondo del mar
todos nuestros pecados» (7,18s).
PROFETA NAHÚN
El profeta y su época. De Nahún sabemos que nació en El- cas, pero no
sabemos dónde está ubicado tal lugar. La época que refleja su libro es la de la
caída del gran imperio opresor de naciones, «el león que hacía presas»,
Nínive, en el año 612 a.C., bajo el empuje de babilonios y medos. Es una
fecha gran- de y terrible de la historia universal la que canta Nahún.
Desaparece Asiria, retorna Babilonia y se anuncia una tercera potencia:
Media. Describiendo con exaltada pasión la caída del imperio temido y
odiado, Nahún canta también al Señor de la historia, que hace sonar su hora a
los imperios.
Estilo. Nahún es un magnífico poeta en tono mayor. Ninguno como él ha
sabido evocar líricamente el asalto y conquista de una gran ciudad, el pánico,
la agitación, los lamentos; ninguno se ha atrevido a acumular esa serie
alucinante de sustantivos y adjetivos. Su técnica es de trazos breves
yuxtapuestos, su descripción es impresionista y patética; de cuando en cuando
irrumpe encarándose con los personajes. Las imágenes del león y de la
langosta están bien desarrolladas, con rasgos originales. Un alarde de
vocabulario selecto hace rico y difícil su verso.
Mensaje religioso.
Todo el mensaje del libro se centra en el hecho de la caída del imperio odiado.
Es comprensible que el que habla en nombre de las víctimas de Nínive, una de
las potencias más sanguinarias y despóticas de entonces, lo haga en términos
apasionados donde resuenan el rencor y el odio.
Nahún, de todas formas, quiere hacer patente que el Señor de la historia no es
indiferente a la opresión de los tiranos. Todo poderío político, basado en la
violencia y la injusticia, tiene sus días contados.
PROFETA HABACUC
El profeta y su época. Habacuc, profeta sin patria y sin apellido, vive y
escribe en la misma época que Nahún. Su horizonte histórico está definido por
dos grandes poderes: Asiria decadente y Babilonia renaciente. Asiria es el
pescador de pueblos y su dios es su red; sucumbirá ante el nuevo imperio
babilónico, águila guerrera cuyo dios es su fuerza. Los babilonios, de
momento, hacen justicia, pero pueden seguir también el camino de la
arrogancia y de la opresión. Entre los dos vive Israel, que puede convertirse en
juguete de los imperios. Habacuc representa a su pueblo expectante. Son
tiempos de opresión y violencias. Estamos en el decenio 622-612 a.C.
Mensaje religioso. Ningún profeta como Habacuc se ha asomado a la escena
de las grandes potencias, preguntándose por la justicia de la historia, y se ha
remontado desde ahí a contemplar y comprender la soberanía de Dios. No ha
sido una comprensión fácil. A la atrevida pregunta del profeta Hasta cuándo te
gritare: Violencia!, sin que me salves?» (1,2), Dios parece no escuchar, antes
de responder se hace esperar. Dios mira como si no viese, o como si lo que ve
no hiriera su vista. tus comerciantes
Los interrogantes del profeta «¿hasta cuando?, ¿por qué?», se suceden a lo
largo del libro, como haciéndose el portavoz de los lamentos de su pueblo,
como el centinela que escudriña la historia tratando de descubrir un sentido y
una esperanza que levante los ánimos de los decaídos y desesperados. Es una
expectación que se transforma en oración y súplica.
Cuando le llega la respuesta profética, Habacuc recibe la orden: «escribe la
visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido» (2,2). Pero la
respuesta de Dios abre una nueva etapa de expectación. ¿Cuáles son los plazos
en la cronología divina? do
El profeta lanza, pues, al pueblo hacia un nuevo horizonte, más allá de las
expectativas coyunturales del momento histórico. Es todavía tiempo de
perseverancia, confianza y esperanza en el Señor, dueño de la historia. Dios
vendrá, pero a su tiempo (2,3)Mientras tanto «el justo, por su fidelidad
vivirá≫ (2,4).
Este es el mensaje del profeta centinela de la historia, que reto- mará Pablo
(Rom 1,17; Gál 3,11) y lo verá ya realizado en la esperanza de todos aquellos
que creen que Jesús, con su muerte y resurrección ha llevado a cumplimiento
definitivo el designio salvador de Dios.
PROFETA SOFONIAS
El profeta y su época. Sofonías es un profeta del reinado de Josías, y Josías
es una paradoja en el plan histórico de Dios. Después de los tristes años de
decadencia religiosa bajo el reinado de Manasés (698-643 a.C.), Josías es el
gran restaurador y continuador de las reformas religiosas de su bisabuelo
Ezequías. Luchó eficazmente contra nigromantes y adivinos, proscribió el
culto en santuarios locales para centralizarlo exclusivamente en Jerusalén,
desarraigó los restos de la idolatría, luchó contra el influjo asirio, promovió
con su ejemplo una nueva observancia religiosa, logró ensanchar el reino
hacia el norte en territorio del destruido reino de Israel.
Semejante rey tenía todas las garantías para asegurar la prosperidad suya y de
su reino. Pero, ¿qué sucedió? Que el rey, intentan- do detener las tropas del
faraón que corrían en auxilio de Asiria, fue 320d muerto en combate en
Meguido; el pueblo, escandalizado por aquel aparente abandono de Dios,
volvió a los pecados religiosos, al sincretismo pagano. Estaba a poca distancia
de la catástrofe.
Sofonías colaboró con Josías (640-609 a.C.), denunciando las costumbres
extranjeras, y predijo la destrucción de Nínive. Como profeta vive a la sombra
de su gran contemporáneo Jeremías.
Mensaje religioso. El tema central de la predicación de Sofonías es el día del
Señor», un día de cólera que traerá la gran catástrofe sobre Jerusalén a causa
de los pecados del pueblo. Es la res- puesta de Dios a aquellos habitantes de la
Ciudad Santa que piensan que Dios no actúa ni bien ni mal» (1,12), es decir,
que contempla pasivo e indiferente la rampante corrupción moral (1,1- 18;
2,4-15).
PROFETA AGEO
EI profeta y su época. La actividad de Ageo registrada en el libro, se
extiende desde agosto a diciembre del 520 a.C. bajo el reinado de Darío de
Persia. El año 538 a.C. Ciro permitió a los judíos cautivos en Babilonia volver
a su tierra.
Un grupo bajo el mando de Sesbasar aprovechó la ocasión, animado quizás
por las maravillosas promesas de Isaías II. Pocos años después, capitaneados
por Zorobabel y por Josué como sumo sacerdote, regresó otra expedición de
deportados. Pero la situación que encontraron fue lamentable: ciudades en
ruinas, campos abandonados, murallas derruidas, el templo incendiado.
La predicación de Ageo deja entrever que entre los repatriados cundió el
desánimo, de modo que se limitaron simplemente a sobrevivir: reconstruir sus
viviendas y trabajar sus campos, descuidando la reconstrucción del templo y
las ilusiones de independencia.
Por otra parte, las relaciones entre los pocos judíos que permanecieron en la
tierra y los regresados del exilio con comprensible complejo mesiánico, se
deterioró rápidamente. Tampoco ayudaba el ambiente de revueltas y
levantamientos en el imperio babilónico después de la muerte de Ciro, hasta
que la mano férrea de Darío el impuso de nuevo una paz asegurada solamente
por las armas.
Mensaje religioso.
La predicación de nuestro profeta gira en tomo a dos temas: el templo y la
irrupción de la era escatológica, el segundo condicionado por el primero. A
diferencia de otros pro- fetas, Ageo no se preocupa de problemas morales,
sino del templo como lugar de la presencia del Señor en la tierra, y es esta
presencia la que traerá la paz, de la mano de un elegido de Dios, de un rey de
la estirpe de David. Estas esperanzas mesiánicas las recoge, de momento,
Zorobabel, el restaurador del templo.
El horizonte mesiánico que abrió Ageo, se cumplió en Jesús de Nazaret. El
oráculo de la presencia salvadora del Señor «Yo estoy con ustedes» (1,13),
resonará en las palabras del resucitado: «Yo estaré con ustedes hasta el final
de los tiempos» (Mt 20,28). Y esta presencia tendrá un nuevo templo: su
cuerpo muerto y resucitado: Derriben este santuario y en tres días lo
reconstruiré... pero él se refería al santuario de su cuerpo» (Jn 2,19.21).
PROFETA ZACARÍAS
La mayoría de los comentaristas modernos distinguen dos partes en el libro (1-
8 y 9-14, diversas por el contenido, estilo e intención. La primera se ocupa del
templo, la segunda prescinde de él; la primera da mucha importancia a la
actividad humana, la segunda sólo se fija en la acción de Dios; la primera
estima mucho la profecía, la segunda asiste a su desaparición; la primera es
libro de visiones, la segunda de oráculos escasos; en la primera abundan las
fórmulas proféticas, en la segunda las apocalípticas. La primera parte
recogería la predicación de Zacarías, contemporáneo de Ageo; la segunda
sería obra de otro autor de época posterior.
Zacarías y su época
Aparece citado, junto con Ageo, en Esdras 5,1 y 6,14, como inspirador de la
reconstrucción del templo.
Probablemente perteneció a una familia sacerdotal y, como tal fue llamado
desde muy joven al servicio del templo. Su actividad se extiende hasta
diciembre del 518 a.C. Coincidió por poco tiempo con Ageo, con quien
compartió los dos grandes temas de predicación, reconstrucción del templo y
la restauración escatológica.
Sobre la época véase la introducción a Ageo. En cuanto al contexto histórico
de la segunda parte del libro: Zacarías II (9.14), es Asiria, Egipto, etc., más
que referirse a una situación presente, evocan el pasado para resaltar que lo
que Dios Hizo con esos pueblos lo sigue y seguirá haciendo, como Señor de la
historia, con otros pueblos.
Mensaje religioso
Zacarías se inserta conscientemente en la línea de los antiguos profetas (1,4),
predica la conversión , inculca exigencias éticas, critica el culto sin justicia.
Depende de Isaías II (2,10.17) y más de Ezequiel en procedimientos literarios.
Como para Ageo, también para Zacarías la reconstrucción del templo es
garantía de la restauración de la era mesiánica. Este futuro mesiánico es
descrito en la segunda parte del libro en un estilo visionario que está
anticipando ya la literatura apocalíptica. Aunque difícil de entender para
nosotros, este Zacarías II es el más citado en el Nuevo Testamento, cuyos
autores vieron realizados en la pasión de Jesucristo el simbólico mensaje del
profeta.
PROFETA MALAQUÍAS
El profeta y su época
Malaquías aparece en la Biblia como el último de los profetas, pero lo que
nosotros tomamos por nombre propio es sólo un simple título, que significa
“mensajero del Señor”. Aparece en 3,1 y de ahí paso a 1,1 para encabezar
algunas profecías anónimas. El autor es desconocido. Por algunos indicios del
texto conjeturamos que es del s. V a.C., antes de la reforma de Esdras y
Nehemías, entre el 480 y el 450 a.C. El templo está construido y el culto
funciona (1,10. 12s), sacerdotes y levitas están organizados (2,3-9).
Desaminado el pueblo a ver que las antiguas promesas siguen sin cumplirse,
cae en la apatía religiosa y en la desconfianza: duda del amor del Señor y su
repudies del pueblo, lo cual repercute en la ética. Es la impresión que nos deja
el breve libro; pero no sabemos si sus rasgos diseñan el cuadro completo.
Mensaje religioso
En un estilo directo y amenazador, se enfrenta con lo sacerdotes y levitas que
desagradan el culto al Señor en el templo, con ofrendas miserables que delatan
la falta de disposición interior y la falsa relación que tenían con dios. Al igual
que Ageo y Cronista, nuestro profeta ve en la purificación del culto del templo
la fuerza espiritual que devolvería a la identidad a un pueblo pobre y
sometido, y adelantaría la futura restauración mesiánica.
Es en este futuro mesiánico donde Malaquías o en una adición posterior,
contempla un sacrificio puro ofrecido a Dios más allá de su templo: “ en todo
lugar me ofrecen sacrificios y ofrendas puras, porque mi fama es grande es las
naciones “ (1,11). Los antiguos cristianos y el Concilio de Trento lo
entendieron como una profecía del sacrificio eucarístico de Cristo.
PROFETA BARUC
Autor y época. Baruc, hijo de Nerías, desempeña un papel importante en la
vida y obra de Jeremías, como su secretario (r 32), portavoz (Jr 36),
compañero (Jr 43) y destinatario de un oráculo personal (Jr 45)Esto ha movido
a escritores tardíos a acogerse bajo su nombre, ilustre y poco gastado, y
atribuirle escritos pseudónimos. Entre esas obras seudónimas se cuenta la
presen- te y la única que entró en nuestro canon como escritura inspirada por
Dios. El original hebreo es desconocido; a nosotros nos ha lle- gado la versión
griega.
El libro se compone de una introducción y tres secciones autónomas. No
sabemos si las tres piezas son obra del mismo autor o de la misma época. Se
pueden leer por separado. Como cambia el tema cambia también el estilo. Su
calidad literaria es notable y creciente: la primera parte cede a la
amplificación, la segunda y ter- cera combinan el sentimiento lírico y la
retórica eficaz. Ciertamente el libro merece más atención de la que recibe.
Es imposible datar la fecha de composición de las tres partes del libro pero,
por el análisis interno de las mismas, podrían situarse en un período que
abarca desde el año 300 a.C. hasta el 70 d.C. Se conjetura razonablemente
que es uno de los últimos libros del Antiguo Testamento.
Mensaje religioso. En el breve libro confluyen tres corrientes venerables: la
litúrgica, la predicación del Deuteronomio traducida en términos sapienciales,
y la profética. La comunidad judía, aun que repartida entre los que
permanecen en el destierro y los que viven en Jerusalén, forman una unidad
étnica y religiosa. Solidarios en la confesión de un pecado común y en el
reconocimiento de una historia común, el pueblo disperso se siente uno, vivo y
continuador hacia el futuro de unas promesas.
Jerusalén, con su templo y sus sacrificios es el centro de grave- dad del pueblo
judío. De momento, fuertes obstáculos cohíben esa fuerza, cuando Dios
remueva los impedimentos, Jerusalén, con su poder de atracción, provocará la
vuelta y la restauración definitiva. El reconocimiento del pecado común y la
conversión a Dios pondrán al pueblo en el camino de las promesas mesiánicas.