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Historias de Terror y Vampiros

Este documento presenta una historia de ficción sobre una monja que es sacrificada anualmente a una familia de vampiros. En esta ocasión, es seleccionada por un vampiro llamado Alaric Vanderson, quien la lleva a sus aposentos privados para alimentarse de ella. La historia contiene elementos de consentimiento dudoso y roles de cazador/presa entre un vampiro y una monja.

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Historias de Terror y Vampiros

Este documento presenta una historia de ficción sobre una monja que es sacrificada anualmente a una familia de vampiros. En esta ocasión, es seleccionada por un vampiro llamado Alaric Vanderson, quien la lleva a sus aposentos privados para alimentarse de ella. La historia contiene elementos de consentimiento dudoso y roles de cazador/presa entre un vampiro y una monja.

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Índice
Sinopsis ........................................................................................ 4

Vampiros Vanderson .................................................................... 5

Amor Químico ............................................................................20

Esclava del Circo .........................................................................24

Cuatro Lobos Enmascarados .......................................................33

Juguetes de Brujas .......................................................................42

Dios Momia ................................................................................46

Sala de Psiquiatría .......................................................................54


3
El Cementerio .............................................................................61

Invocación de Demonios Sexuales ...............................................68

Dulce o Truco .............................................................................76

Semillas de Calabaza ...................................................................82

Cacería Humana .........................................................................87

Cacería Humana 2.......................................................................94

Casa Embrujada ........................................................................ 100

Casa Embrujada 2 ..................................................................... 106

Sobre la Autora ......................................................................... 111


Sinopsis
13 historias para satisfacer hasta el último deseo espeluznante, 13
Haunted Nights está lleno de fiestas de Halloween, revolcones
encantados, momias, fantasmas, asesinos seriales y más.

4
Vampiros Vanderson
Advertencia de contenido: elementos de
consentimiento dudoso, rol de primal cazador, rol de
sangre, vampiros
Aferrándome a la cruz dorada que colgaba de mi cuello, pasé por
debajo del arco de metal negro y entré en la propiedad de los Vanderson.
Cada año, en la última noche de octubre, se sacrificaba una monja a los
monstruos de esta tierra para saciar su hambre hasta el siguiente año.

Este año, el sacerdote principal de mi pueblo me había elegido.

Un gran murciélago se abalanzó desde el arco, su ala rozó mi


5
hombro. Voló hacia el castillo, su cuerpo desapareciendo en las grandes
nubes oscuras que se extendían sobre mi cabeza.

Pesadas lágrimas temblaron en mis ojos, pero seguí adelante con el


fin de proteger a mis seres queridos en casa. Ninguna monja había
regresado nunca, y muchos de sus cuerpos habían sido arrojados a lo
profundo del bosque, encontradas con marcas de mordeduras en sus
cuellos, sus cuerpos pálidos y sin sangre.

Seguí el camino zigzagueante que subía por la pequeña pendiente de


la montaña hasta un castillo gris de estilo victoriano con luces rojas que
brillaban en las habitaciones superiores. Cuando vi la fila de monjas
paradas afuera de una puerta lateral, apreté mi cruz con más fuerza.

Esto era por mis hermanas. Esto era por mi gente. Esto era por mi
familia.

Estuvimos de pie en el frío helado durante horas, esperando a que


nos registraran y clasificaran por tipo de sangre.
—¡Siguiente! —me gritó un hombre alto y corpulento de piel pálida
y colmillos sin filo.

Con mis manos juntas, corrí dentro del edificio y salí del frío por
primera vez hoy. Mis labios estaban entumecidos, mis dedos temblaban.
Me paré frente a él, miré el suelo de piedra y me estremecí.

No deseaba estar aquí, pero no tenía otra opción.

Caminó a mi alrededor, me miró de arriba abajo y luego emitió un


gruñido de insatisfacción. Cerré los ojos y murmuré una oración,
esperando que de alguna manera sobreviviera a esta tortura.

—Dedo —ordenó.

Una vez que le presenté mi dedo índice, lo atravesó con una garra
afilada y me cortó la piel. Una gota de sangre goteó sobre mi carne.
Arrugó la nariz y me empujó hacia una vieja puerta de acero.
6
—¡Primera plebeya del grupo! —gritó—. Llévala a la parte de atrás.

Otro vampiro me sujetó por el cuello y me condujo por un largo


pasillo bordeado de celdas de metal. Las monjas llenaban las jaulas,
algunas vestidas con sus atuendos tradicionales, mientras que a otras les
habían cortado las faldas o les habían arrancado la parte superior para
que les colgaran las tetas.

Algunos vampiros caminaban de un lado a otro del pasillo,


escaneando las jaulas en busca de su siguiente comida. Apreté mis labios
y esperé que debido a que mi sangre era común, nadie me querría.

O tal vez… eso sería peor para mí. Porque entonces alguien me
dejaría seca y me mataría en una noche. Mientras que las monjas con
sangre más sabrosa podrían vivir para ver otros días porque los vampiros
no querían perderlas.

Vi a la monja sacrificada de mi aldea el año pasado sentada en una


de las salas de tipos de sangre menos comunes con marcas de colmillos
en todo el cuello. Cerré mis manos en puños apretados a mi lado y me
juré a mí misma que no lloraría.

Pero yo… estaba perdida.

No viviría hasta la mañana. Sería desangrada esta noche por un


plebeyo que no podía controlarse. Habría cumplido con mi deber con el
pueblo y con mi familia.

—Camina —gruñó el vampiro detrás de mí.

Después de dar traspiés por el pasillo, entramos en una habitación


trasera que no tenía a nadie más, lo que solo confirmó mi creciente teoría
aún más. Las plebeyas no duraban mucho tiempo.

Me ató la muñeca a una cadena y cerró la puerta. Me senté en el suelo


de piedra fría y me mordí el interior de la mejilla, un hábito terrible que
pensé que había dejado para siempre durante la Cuaresma del año
pasado. 7
Horas más tarde, el mismo hombre fornido que me registró en la
propiedad de los Vanderson entró en la habitación y se sentó en un
escritorio de metal, tomando un lápiz para escribir algunas notas.

El gran murciélago que había visto antes en mi camino hacia la


propiedad se abalanzó sobre la habitación y se posó en el alféizar de la
ventana, con las alas extendidas y su cuerpo transformándose en el de un
vampiro.

Cabello oscuro desordenado. Piel pálida. Tatuajes negros que subían


por sus brazos y torso.

Dobló sus alas hacia atrás en su cuerpo y saltó del alféizar de la


ventana hacia la habitación. Cerrando los ojos, inhaló profundamente y
caminó hacia mí.

—Un regalo para la noche del monstruo.


El amo asintió.

—Un regalo en efecto, pero hay otras que deberías ver primero en la
otra habitación.

El amo colocó una mano en el hombro del vampiro, guiándolo hacia


el pasillo.

Cuando desaparecieron, me acurruqué en un rincón y agarré mi cruz,


orando para que Dios me salvara, esperando que escuchara mis oraciones
en este lugar abandonado.

—Dale una probada —dijo el anciano, su voz siendo escuchada—.


Y haz tu elección.

Un momento después, reaparecieron en la habitación y el vampiro


caminó hacia mí. Se detuvo a centímetros de mí, todavía completamente
desnudo, su… pene colgando para que yo lo viera.
8
Nunca había visto uno aparte de los dibujos y solo había oído hablar
de ellos a través de los chismes de las hermanas. Un calor pecaminoso
creció entre mis piernas. Agarré mi cruz y oré para que Dios me
perdonara.

Después de obligarme a apartar la mirada de él, volví a mirar sus ojos


brumosos y tragué saliva. Mis pezones se endurecieron, ansiando que los
tocara, que tirara de ellos a través de mi túnica.

—Ella es nueva —dijo el vampiro, su lengua deslizándose por la


punta de su colmillo. Extendió su brazo y rozó con sus dedos el centro
de mi pecho, casi tocando mi cruz dorada que lo quemaría—. ¿La monja
de la Aldea Carco?

—Su sangre es común —dijo el vampiro corpulento—. Ninguno de


tus hermanos o hermanas la quiere. Y dudo que haga mucho por ti.
Tenemos una mejor selección en el frente. Monjas de otra aldea con
sangre más rara y tetas más grandes. ¿Por qué no…?
—La quiero.

—Pero…

Antes de que el hombre murmurara otra palabra, el vampiro voló a


toda velocidad por el aire y sujetó al hombre corpulento contra la pared
con facilidad. Se movió tan rápido que apenas pude verlo.

—La quiero —gruñó a través de sus colmillos—. ¿Ha quedado claro?

—S-Sí, Sir Alaric.

Una vez que el hombre corpulento desenganchó mis cadenas de la


pared, se las entregó a Alaric Vanderson. Me condujo a través de una
puerta más grande y al pasillo principal. Los vampiros nos miraron,
haciendo una mueca cuando vieron a Alaric, un miembro de la realeza,
arrastrándome con él.

Pero yo era su comida para esta noche. 9


Probablemente quería desangrar a una monja para celebrar la
festividad.

Aunque había escuchado susurros en casa sobre la sala de juegos de


los vampiros, donde chupaban sangre y follaban con monjas juntos en
un área similar a un club, él me llevó al piso inferior y a un dormitorio.

Entré vacilante en la habitación y miré a mi alrededor, a la cama con


dosel de tamaño king y los sofás hechos con riqueza de telas. Nunca
había visto cosas como esta antes. No en mi pobre aldea.

Alaric cerró la puerta detrás de mí y se acercó lentamente. A


centímetros de mí, hizo una pausa y me miró fijamente, una ligera
neblina sobre sus ojos penetrantes. Mi madre y mi padre siempre me
habían enseñado a nunca mirar a los ojos a un vampiro, pero yo… no
pude evitarlo.
Si iba a morir aquí esta noche, si Dios no perdonaría mi vida,
entonces quería mirar a los ojos del diablo y mostrarle que no tenía
miedo… aunque realmente lo tenía.

En lugar de rasgar mi túnica para exponer mi cuello y chuparme


hasta dejarme seca, llevó sus dedos a mi rostro y los pasó por mi frente,
luego por mi nariz, a través de mis pómulos hasta mis labios, su toque
suave.

—¿Qué vas a hacer conmigo? —susurré.

Él no respondió.

Deslizó sus dedos por mi barbilla hasta mi garganta, luego tocó la


cruz que colgaba sobre mis senos a través de mi ropa. Su piel
chisporroteó, y apartó su brazo, chupándose las puntas de los dedos en
la boca y maldiciendo.

—¿No sabes que si tocas una cruz, te quemarás? —pregunté, mis 10


cejas juntas. Tiré suavemente de sus dedos hacia mí y miré con horror la
quemadura que se formaba en su piel—. ¿Tienes algún ungüento para
tratarla?

—Se tratará sola —dijo, tomándose un momento—. ¿Por qué te


importa?

Lo miré a los ojos, incapaz de ver el alma del hombre como lo había
hecho con tantos otros hombres y mujeres que asistían a la iglesia.
Siempre podía decir si eran buenos, malos, creyentes o no.

Pero tenía razón. ¿Por qué me importaba? Estaba a punto de


matarme.

Aun así, yo… no pude evitarlo.

—¿Por qué tocaste mi cruz? —pregunté, negándome a responder a su


pregunta.
—No la vi.

—Está sobre mi pecho.

Hizo una pausa una vez más.

—Me has visto transformarme en un murciélago.

—¿Y? —susurré, mirando hacia abajo a la piel reformada donde una


vez estuvo la quemadura. Mis ojos se agrandaron ante lo… fácil y rápido
que los vampiros podían regenerarse y curarse. Si tan solo los humanos
pudieran tener ese poder.

Todos los hombres y mujeres enfermos que veía diariamente podrían


vivir para ver otro día.

Una risa baja y oscura escapó de sus labios.

—¿Te educan en la Aldea Carco? 11


—¿Perdona? —dije, desconcertada—. ¿Estás insultando mi
inteligencia?

—Sí —dijo, sus labios se estiraron en una suave sonrisa—. ¿Cuál es


tu nombre?

—Así no es como le hablas a una dama —dije en un repentino


estallido de confianza. Me crucé de brazos y miré su rostro esculpido—.
Nunca le daría mi nombre a ningún demonio como tú.

—Si fuera un demonio, ya te habría arrancado la cruz y te habría


prohibido que la usaras en mis aposentos.

—¿No vas a hacer que me la quite?

—¿La cruz? —preguntó, sus labios se curvaron en una sonrisa—. No.


Porque ningún dios te salvará de mí. —Curvó su mano alrededor de mi
garganta—. Un día, te quitarás la cadena y te darás cuenta de que los
únicos dioses son los que viven en este castillo.
Tragué saliva y me puse rígida.

—¿Cuál es tu nombre? —repitió.

—Soy Daphne —susurré.

—Daphne —dijo, trazando mi garganta con las yemas de sus


dedos—. Dilo otra vez.

—Daphne.

—Daphne, ¿alguna vez has oído hablar de la expresión “Ciego como


un murciélago”?

—S-Sí.

—¿De dónde crees que viene esa expresión?

Bajé la mirada y miré su muñeca justo debajo de mi barbilla.


12
—No estoy segura de quién ha inventado tales mentiras, pero los
murciélagos no son realmente ciegos. No soy tan ignorante, Sir Alaric.

—Sir Alaric, tan formal —tarareó—. Estás en lo correcto. La mayoría


de los murciélagos no son completamente ciegos, pero si no te das
cuenta, no soy como la mayoría de los vampiros, Daphne. Mis gustos
son un poco… diferentes.

—¿Eres ciego? —pregunté, con los ojos muy abiertos.

Tal vez esta fue la forma en que Dios me salvó.

Pero mientras la idea de tratar de escapar cruzó por mi mente, no


pude evitar el sentimiento de lástima. Un vampiro de la familia real que
gobernaba este continente en realidad no podía ver nada de su belleza.

—Mi familia no me permite tener comida en mis aposentos, porque


cuando descubren que soy ciego intentan escapar de la finca. —Pasó los
dedos por la columna de mi cuello—. Pero la última humana que intentó
dejarme… la desangré.

Mis ojos se agrandaron, y presioné mis muslos juntos.

—No me iré. Yo… lo prometo. Mi aldea me seleccionó para


satisfacer a los monstruos que viven aquí. No puedo volver con ellos sin
cumplir con mis deberes.

—Te enviaron aquí para morir por ellos —dijo—. No cumplir ningún
deber sagrado para con un dios superior. No enviamos humanos de
regreso a menos que hayamos terminado de usarlos para obtener su
sangre.

Tragando saliva, junté mis manos cuando finalmente me di cuenta.


Todo este tiempo, había contemplado por qué me habían enviado,
sabiendo en el fondo que era para salvarse a sí mismos. Ningún sacerdote
ni ningún monje hizo jamás el viaje.
13
Solo monjas.

—¿Por qué me elegiste? —susurré.

—¿Qué quieres decir?

—Mi sangre no es rara. Y el corpulento vampiro de abajo tenía razón.


Mi cuerpo no es uno para codiciar. Pertenezco a un vampiro común, no
a la realeza, Sir Alaric. Deberías tomar otra monja para complacerte
estas festividades.

Su mano se apretó alrededor de mi garganta y me inmovilizó contra


la pared.

—No aceptaré a nadie más que a ti —murmuró—. Eres mía. Siempre


has sido mía.

—¿Siempre he sido tuya? —repetí—. ¿Q-Qué significa eso?


En lugar de responderme, chasqueó la lengua y caminó hacia la
ventana. Después de abrirla, se dio la vuelta y chasqueó la lengua una
vez más, girándose en mi dirección.

—Ven —ordenó.

Caminé hacia él y contemplé la fría noche de otoño.

—Ahora, corre.

—¿C-Correr? —susurré.

Sus labios carnosos se curvaron en una sonrisa.

—Me gusta jugar con mi comida antes de devorarla. —Pasó su pulgar


por mis labios—. La sangre sabe mejor cuando está mezclada con
adrenalina. —Se rio en voz baja—. Corre.

Con la garganta seca, salí por la ventana y corrí a través del bosque
sin que él tuviera que decírmelo una tercera vez. Bombeé mis piernas con
14
fuerza y subí mi túnica para correr más fácilmente, las ramas y ramitas
raspaban mis piernas.

De repente, Alaric voló sobre los árboles por encima de mí, el viento
de sus alas hizo susurrar las hojas. Inhalé profundamente y seguí
corriendo. Dios me había dado la oportunidad de vivir, de escapar de los
monstruos… y si Alaric quería que corriera, correría tan rápido y tan
lejos como pudiera.

Más rápido. Empujé más rápido. Bombeé mis piernas más rápido.
Corrí más rápido. Y más largo. Y más duro.

Sin importarme lo que me esperaba, porque no podía ser peor que


una mansión llena de vampiros que querían dejarme seca.

Mis pies resbalaron por el borde del acantilado, mi espalda se raspó


contra las rocas en la parte superior y luego mi cuerpo cayó por el aire.
Mi cruz resonó contra mi pecho y la agarré con fuerza.
Si esta era la forma en que Dios me salvaba de esos monstruos,
entonces que así sea…

Alaric se abalanzó, sus alas deslizándose por el aire y me atrapó en


sus poderosos brazos. Me atrajo hacia su pecho desnudo y se deslizó por
el aire, sus alas empujándonos más y más y más alto.

Volamos a la cima del acantilado, luego, justo cuando pensé que me


bajaría, voló conmigo de regreso al castillo. En lugar de aterrizar en el
alféizar de la ventana como lo había hecho antes, o incluso en el techo,
se cernió sobre el castillo conmigo en sus brazos y mis piernas a
horcajadas alrededor de su cintura.

Tomó mi barbilla en su mano.

—Voy a mostrarte a quién perteneces de ahora en adelante, Daphne.


El monstruo al que ahora estás atada. El hombre que chupará tu sangre
todas las noches por la eternidad.
15
Mi túnica ya se había subido por mis piernas, pero pasó sus manos
por debajo y la juntó en mis caderas, sus dedos envolvieron mi ropa
interior blanca.

—Hice un voto de castidad —susurré, el calor acumulándose entre


mis muslos.

—Y esta noche vas a romperlo —murmuró, sus labios a centímetros


de los míos—. En lo alto del castillo de los Vanderson. Para que todo el
mundo lo vea. Me vas a rogar que no pare.

La humedad se acumuló entre mis piernas cuando él se restregó


contra mi ropa interior. Nadie nunca… me había tocado allí antes, pero
su… miembro… Contuve un gemido. Latía contra mí.

Y se sintió muy bien.

—Tan bueno —susurré.


Movió sus dedos hábilmente alrededor de mi clítoris a través de mi
ropa interior, empujándome más y más cerca del borde. Me aferré a sus
musculosos hombros y lo miré a los ojos.

Aunque no podía verme como yo lo veía a él, tenía el control total de


todo lo que sucedía. No podía huir. No podía esconderme. Y
definitivamente no podía detener el dolor en mi vagina.

—Estira tu mano entre nosotros —ordenó—. Y tócalo.

Tragando saliva, bajé la mirada a su pecho, luego a su enorme eje


entre nosotros. Bajé la mano y lo apreté, mis dedos se envolvieron
lentamente alrededor de su grosor. Era tan… tan grande.

—Esto es… —susurré, envolviendo mi mano alrededor de él con más


fuerza—… inapropiado… —Moví mi mano arriba y abajo de su longitud
más rápido, mi coño apretándose. Mi respiración se aceleró—. Tan
inapropiado.
16
—Te estás mojando tanto para mí —murmuró contra mi oído,
deslizando un dedo alrededor de la cintura de mi ropa interior y
arrancándomela por completo—. Nos vamos a encargar de eso.

Todavía balanceando sus alas detrás de sí mismo para sostenernos,


se colocó debajo de mí, la cabeza de su polla rozando mi entrada
húmeda. Respiré hondo, los nervios me atravesaban.

Lentamente, se empujó dentro de mí, llenándome centímetro a


centímetro, y rompió mi voto para siempre.

—¿Sabes por qué permitimos que las monjas mantengan sus túnicas
puestas? —tarareó en mi oído, su rostro enterrado en mi cuello y sus
colmillos subiendo y bajando por las crestas de mi clavícula hasta que
aterrizaron justo en mi punto dulce.

—¿Por qué? —susurré, apretando.


—Porque a los vampiros nos da un subidón cuando nos follamos a
una mujer que había sacrificado su vida por un dios falso, que se había
comprometido a vivir una vida santa libre de pecado y placer. —Se
quedó quieto en lo más profundo de mí—. Sentirla retorcerse de éxtasis
por primera vez. Convertirla en una putita amante de los penes.

Con sus manos por todo mi cuerpo, eché la cabeza hacia atrás y gemí
suavemente. Esto era muy inapropiado, pero su voz… su boca
lujuriosa… no pude evitar apretarme alrededor de él.

Después de envolver una mano en mi cabello y apartarlo, salpicó


besos calientes por todo mi cuello, sus colmillos arrastrándose por mi
arteria. Curvé mis dedos en sus hombros y moví ligeramente mis caderas
para seguir su ritmo.

Pecadora.

Me había convertido en una pecadora a los ojos de Dios. Había roto


mi voto a él.
17
Alaric tocó suavemente mis senos a través de mi túnica y sobre mis
pezones endurecidos. Cuando tomó mis pezones entre sus dedos y tiró,
no pude evitar que un gemido bajo escapara de mis labios.

Deslicé una mano en su cabello y tiré suavemente, cegada, por


completo, por el éxtasis. La euforia recorrió mi cuerpo, haciéndome
sentir un hormigueo por todas partes. Bajó la cabeza y chupó mi pezón
entre sus dientes a través de mi túnica, mordiendo lo suficiente como
para hacerme retorcerme.

—Más —rogué, una sensación indescriptible creciendo en mi


centro—. Por favor, más.

Chupó mi pezón con más fuerza, sus manos palpando y amasando


mi trasero. Clavé mis dedos en sus hombros, la presión era demasiado
intensa en mi centro. Alaric se estrelló contra mí profundo y duro.
—Reza a tu dios para que no quedes embarazada cuando entierre mi
semen dentro de tu pequeño y apretado agujero —gruñó en mi oído.

—P-Por favor, padre… —Me mordí el labio para contener un


gemido, mis palabras se me escaparon. Esto era demasiado indecente
como para pedir perdón. Mi gente, mi familia, mis hermanas me habían
ocultado esto durante demasiado tiempo—. Por favor, no me dejes
embarazada.

—Jodeeeeer —gimió, embistiéndome—. Así.

Sus colmillos subieron y bajaron por mi garganta, justo encima de mi


arteria. Me tensé y esperé a que deslizara sus dientes dentro de mí, a que
chupara mi sangre tal como lo había prometido.

—Hazlo —susurré, mi juicio nublado por el placer.

—Todavía no —murmuró.
18
Eché la cabeza hacia atrás y gemí.

—¡Por favor!

Se embistió contra mí más fuerte, mi clítoris presionando contra su


tenso abdomen repetidamente, enviándome más alto, empujándome
más cerca. Y cuando sus colmillos pincharon mi carne, grité. Ola tras ola
de placer me atravesó, mi mente estaba confusa. Hundió sus colmillos
en mi cuello, el dolor casi inexistente mientras la euforia se disparaba a
través de todo mi cuerpo.

Me acercó más a él y se quedó inmóvil profundamente dentro de mi


coño, chupando con fuerza mi cuello, sus labios enganchados a mi piel
justo encima de mi clavícula. Doblé los dedos de los pies y eché más la
cabeza hacia atrás.

Dejando que tomara el control completo de mí.


Y cuando vi las estrellas, mi agarre sobre él se debilitó, lentamente se
apartó de mí y se lamió los labios ensangrentados. Su barbilla estaba
cubierta de mi sangre, y sus ojos… Dios, sus ojos estaban completamente
negros. Otra ola de placer me atravesó.

Nos bajó hasta un rellano en lo alto del castillo y me dejó. Me senté


de rodillas, su semen goteando de mi coño. Se lamió otra gota de sangre
de los labios y caminó hacia mí, palpando alrededor de mi rostro hasta
llegar a mi barbilla.

—Pide perdón mientras tu coño está lleno con mi semen.

Junté mis manos frente a mí y miré a Alaric, que se parecía más a un


dios que cualquier hombre que hubiera visto antes mientras el semen
goteaba de mi coño.

—P-Perdóname, padre, porque he pe-pe-pecado.


19
Amor Químico
Advertencia de contenido: elementos de
consentimiento dudoso, harén inverso, zombies
Moví mis piernas lo más rápido que pude y miré por encima de mi
hombro. Nueve zombis me seguían tambaleándose por el centro de la
ciudad de Nueva York, sus cuerpos en descomposición y el olor a carne
podrida me seguía.

¡¿Dios, en qué estaba pensando?! ¿Liberar ese maldito químico para intentar
cambiar el comportamiento de los zombis? ¡Esto es peor que hace cinco días! ¡Voy
a morir aquí!
20
Gimiendo para mis adentros mientras un calambre me retorcía el
estómago, impulsé mis piernas más lejos, mis zapatillas golpeando
contra el pavimento. Calabazas de plástico y fantasmas de tela decoraban
la ciudad. El brote había llegado nueve días antes de Halloween.

Hace nueve malditos días, y esta ciudad ya era un pueblo fantasma.

El cordón de mi zapato se enganchó en el parachoques suelto de un


automóvil abandonado y caí hacia adelante en la calle con un ruido
sordo, atrayendo la atención de otros zombis cercanos.

Antes de que pudiera ponerme de pie, manos estaban por todo mi


cuerpo, tocando, palpando, amasando mi carne. Grité a todo pulmón, el
corazón me latía con tanta fuerza en el pecho y lágrimas brotaron de mis
ojos. Todos los que amaba habían muerto de esta manera, y ahora era
mi turno.

Las garras se clavaron en mi piel, desgarrándola. Traté


desesperadamente de ponerme de pie, pero había demasiados monstruos
no muertos para recuperar el equilibrio y huir. Me preparé para la
primera mordida, porque por lo que hemos visto, la primera siempre era
la peor.

Pero en lugar de dientes reclamando mi cuerpo, fueron manos.


Fueron bocas.

Fueron penes.

Di la vuelta sobre mi trasero y miré con horror a los hombres sin


alma, desesperados por frotarse contra mí. Respiré hondo, el corazón me
latía con fuerza. En mis experimentos en el laboratorio, había visto
locuras, pero nada como esto.

¿Qué diablos… ocurre?

Con la mirada pasando de los zombis de los alrededores a los demás


cercanos, vi a dos criaturas metiendo sus penes en los ojos de una
calabaza tallada. Otros rozándose contra esqueletos de plástico de 21
Halloween.

Santo cielo.

Los productos químicos realmente habían hecho algo. Los zombis


estaban evolucionando.

Evolucio…

Un zombi me abofeteó en la cara con su miembro. Otro separó mis


labios y metió su polla en mi boca. Con ambas manos en la parte
posterior de mi cabeza, se estrelló profundamente contra mi garganta,
obligándome a tener arcadas cada vez.

Abrí mis ojos, lágrimas llenándolos, y empujé sus muslos. Pero otros
dos agarraron cada una de mis muñecas y envolvieron mis manos
alrededor de sus penes, empujándose de un lado a otro en mi agarre.
La saliva rodó por mi barbilla y goteó sobre mi pecho. Los zombis
tiraron de mi ropa, sus largas uñas rasgaron el delgado material y lo
arrancaron en hebras. Mis tetas rebotaron fuera de mi camisa, y dos
manos las envolvieron por detrás, tocándome.

Otro empujó mis senos juntos y empujó su pene entre ellos. Mi saliva
rodó por mi escote, humedeciéndolo para su polla. Cada uno tomó su
turno arruinando mi garganta, dándome arcadas, follando mi boca.

Dejé caer una mano entre mis muslos y la presioné contra mi clítoris
para detener el dolor. Mi coño latía, babeaba, goteaba con anticipación.
Estos zombis eran monstruos no muertos con sus penes colgando de sus
ropas rasgadas y ensangrentadas, hablando con gruñidos en lugar de
palabras coherentes.

Esto era… exactamente lo que se suponía que debía hacer el químico.

Exactamente cómo se suponía que debían reaccionar los zombis.


22
Gimiendo alrededor de una polla, deslicé mi mano debajo de mis
jeans y masajeé mi clítoris. La presión creció entre mis muslos, el placer
acumulándose dentro de mí. Curvé los dedos de mis pies y grité sobre el
zombi.

Gruñidos, gemidos y resoplidos vagaron por la calle abandonada de


la ciudad.

Se me hizo un nudo en la garganta. La necesidad de respirar se volvió


abrumadora. Pero no quería parar. Realmente lo había hecho. ¡El equipo
del laboratorio realmente lo había logrado! Cambiamos el
comportamiento de los zombis, su ADN.

Uno agarró un puñado de mi cabello y lo jaló hacia atrás. La polla


cayó de mi boca cuando me vi obligada a mirar al zombi detrás de mí.
Echó mi cabeza hacia atrás aún más y empujó su polla en mi boca, sus
pesadas bolas me golpeaban en la cara con cada embestida.
Más manos subieron y bajaron por mi cuerpo, arañando mi cintura
en un intento de bajarlas. Me desabroché los pantalones y dejé que los
zombis me los quitaran. Múltiples juegos de manos, bocas y pollas se
presionaron contra mis piernas desnudas.

Abrí mis muslos y grité de placer cuando uno se metió dentro de mi


coño. Bombeando dentro y fuera. Golpeando en mi estrecho, húmedo y
babeante agujero.

El calor se apresuró a mi coño. Me follaron como si estuvieran


famélicos, hambrientos, ansiosos de un coño mojado. Pollas empujaban
dentro y fuera de mí. La saliva rodó por mi barbilla y sobre mis tetas que
rebotaban. Manos no muertas se arrastraron por toda mi piel, agarrando
mi carne humana.

Otro pellizcó mis pezones entre sus dedos y perdí el control. Todo mi
cuerpo tembló. Ola tras ola de placer se disparó a través de mí, mi mente
entumecida, mi mente perdida. Grité y levanté mis muslos. 23
—¡Dios! —gemí—. Lo hicimos… Realmente lo hicimos.
Esclava del Circo
Advertencia de contenido: esclava, payaso
Me senté en una pequeña jaula para perros en la parte trasera de una
carpa oscura, desnuda y temblando. A mi alrededor, otros esclavos
yacían en las jaulas, algunas pequeñas, otras grandes con múltiples
mujeres en ellas. La mayoría de nosotras habíamos estado atrapadas aquí
durante semanas, esperando a que nos compraran. Ser adquiridas.

Los compradores nunca entraban en la carpa sin disfraz, sin máscara


o sin maquillaje para cubrir sus rostros. No era porque hubiera vergüenza
detrás de tener un esclavo personal, pero los dueños lo convirtieron en
un juego enfermizo. 24
Él no era diferente.

Una sombra de ojos manchada de negro cubría sus ojos. El lápiz


labial negro estridente se extendía de una de sus mejillas a la otra en
forma de una sonrisa malvada y amenazadora. Pintura blanca en la cara
que cubría toda la piel que había dejado al descubierto, incluso las
manos.

Con un bastón negro que parecía ser más parte de su disfraz que de
uso real, caminó alrededor de las jaulas de esclavas cansadas y desnudas,
quienes se apretaban contra las frías barras de metal solo para hacerse
notar. Por lo general, yo también avanzaba poco a poco.

Pero no tenía la energía esta noche.

En cambio, me senté en la parte trasera de la jaula, mi estómago


gruñía por la falta de comida y mis extremidades estaban demasiado
débiles para moverse un par de centímetros. Cerré los ojos y contuve un
gemido: al dueño de esta trata de blancas no le gustaba ningún tipo de
gemido o quejido de sus mascotas.

Especialmente con compradores potenciales dando vueltas.

Como solían hacer los dueños, el hombre con el maquillaje de payaso


pasó más allá de mí, sin mirarme.

Tres jaulas más adelante, se detuvo frente a una mujer menuda. Me


cubrí el vientre con los brazos, detestando el hecho de que los hombres
eligieran primero a todos los demás esclavos, y cerré los ojos. Había
tenido tantas esperanzas durante tanto tiempo.

Ahora, parecía tan inútil.

Algo resonó frente a mí y abrí los ojos de golpe.

Se paró en mi jaula, pasando su bastón por los barrotes.

—Esta.
25
—¿Está seguro de que la quiere? —dijo el amo Ruicher—. Aún no ha
revisado toda la selección, señor. Seleccionamos…

—Esta.

Ruicher rebuscó en sus bolsillos y sacó un llavero. Después de buscar


una llave con la etiqueta ochenta y siete, la metió en el ojo de la cerradura
y abrió mi jaula por primera vez desde que me había arrojado aquí.

—Sal —ordenó Ruicher.

Me deslicé hasta el borde de la jaula y miré hacia los ojos más oscuros
y despiadados que jamás había visto. De un payaso que había perdido
todo sentido de la comedia. De un monstruo que necesita una esclava.
De un hombre que busca convertirse en un amo.

—Ven a mí —ordenó.
Después de usar la jaula para levantarme, caminé con piernas
temblorosas hacia él. Aparte de los pedazos de pan que Ruicher arrojaba
a nuestras jaulas cada dos días, no había comido nada durante casi un
mes.

Ruicher sacó un collar de metal del bolsillo grande de su abrigo que


le daba una descarga a un esclavo cada vez que desobedecían a sus amos
y se lo entregó al hombre. El payaso lo arrojó a un lado y tomó las
cadenas que ataban mis muñecas.

—No va a necesitar eso —dijo, escaneando mi rostro—. Ella no me


desobedecerá.

Con cadenas atadas alrededor de mis muñecas, me senté en las


gradas rojas y blancas dentro de la carpa del circo y apreté los muslos 26
cuando terminó la función. Habían pasado diecisiete días desde que
Crimson me compró. Diecisiete días de acrobacias circenses y temiendo
por mi vida que él muriera y me enviaran de vuelta a ser una esclava.

Todas las mañanas me llevaba al circo para que pudiera ver las
temerarias acrobacias que hacía, conduciendo una motocicleta en una
gran jaula esférica con un puñado de otros tipos. Sin embargo, todas las
noches me acompañaba a casa y me desataba las manos para que pudiera
vagar libremente dentro de su pequeño apartamento en la ciudad.

Si bien nunca me había dado la oportunidad de ver su rostro real


todavía, había visto las cicatrices que decoraban los músculos de su
espalda y las quemaduras de las acrobacias con fuego. Me había
acercado más a él, casi demasiado cerca, demasiado cómoda para mi
propio bien.

El maestro de ceremonias abrió el globo de metal y soltó a los


motociclistas, despidiéndolos por la noche. Como había pedido
Crimson, me senté a un lado y no me puse de pie para saludarlo como
los otros esclavos lo hacían con sus amos después del espectáculo.

En cambio, lo miré desde el otro lado de la tienda. Me devolvió la


mirada, apoyado en su motocicleta mientras charlaba tenso con el
maestro de ceremonias. Miré nerviosamente entre el maestro de
ceremonias, quien me recordaba a Ruicher, y Crimson, mordiéndome el
interior de mi mejilla.

Un par de momentos después, el maestro de ceremonias salió furioso


de la tienda.

Crimson arqueó una ceja hacia mí.

—Ven —dijo, su voz resonando.

Mis ojos se agrandaron, porque nunca antes me había invitado a


entrar en la arena. Pero me puse de pie y me apresuré hacia él, mis
cadenas chocando entre sí. Su cuerpo estaba cubierto de sudor, sus 27
tatuajes brillaban.

Con las manos serpenteando alrededor de mi cintura, me levantó y


me sentó en su regazo en la motocicleta. Inhalé profundamente, nunca
antes había estado tan cerca de él.

—¿Q-Qué estás haciendo? —susurré, nerviosa de que alguien lo


vería.

Sacó una llave de su bolsillo y abrió mis cadenas aquí.

Cosa que nunca había hecho antes.

—Agárrate fuerte —dijo.

—¿A-Agarrarme a qué? —susurré, mirando su cuerpo sudoroso y


tenso. Mi mirada bajó aún más a la forma en que me senté a horcajadas
sobre él, mi coño acurrucado contra su entrepierna, el calor creciendo
entre mis piernas.
—A mí —dijo, arrancando la motocicleta.

Lo cual también estaba prohibido.

Un esclavo no podía estar en el equipo que usaban aquí. Y las motos


eran propiedad del circo, tenían prohibido abandonar la carpa. Pero por
la forma en que aceleró el motor… No parecía que fuéramos a quedarnos
aquí.

—Nos vamos de aquí —dijo—. Para siempre.

Cuando la moto se abalanzó hacia adelante, me agarré con fuerza a


él, mis brazos se envolvieron alrededor de sus hombros y el frente de mi
cuerpo se presionó contra el suyo. Pisó el acelerador, avanzando
rápidamente para salir de la tienda, los neumáticos levantándose del
suelo.

Enterré mi cara en el hueco de su cuello, haciendo una mueca ante


la idea de estrellarme. Pero condujo la motocicleta por las calles, por 28
callejones angostos y salió de nuestra pequeña ciudad con facilidad,
acelerando todo el tiempo. El viento azotó mi cabello hacia atrás.

Manejamos, manejamos y manejamos por lo que parecieron horas


hasta que finalmente estacionó al costado del camino y apagó la
motocicleta. Levanté la cabeza de su hombro y miré a mi alrededor hacia
las grandes puertas de acero frente a la mansión más grande que jamás
había visto.

—¿Qué es este lugar? —pregunté.

—Mi casa —dijo.

—P-Pero tu casa es un viejo apartamento en la ciudad —susurré—.


Esto es una mansión.

Y la propiedad más grande que jamás había visto.


En lugar de moverme, se recostó en la motocicleta y me miró. Le
eché un vistazo, luego hacia abajo a lo cerca que estaba de él.
Rápidamente me eché hacia atrás, porque los esclavos nunca deberían
estar tan cerca de sus amos a menos que el amo se los ordene también.

Pero colocó su mano en la parte baja de mi espalda y me atrajo hacia


él una vez más.

Ojos tan oscuros como la noche, no me dijo una palabra. El calor


volvió a crecer entre mis muslos, la idea de él en esa jaula de la muerte,
las acrobacias de fuego que había realizado con facilidad demasiadas
veces en las últimas semanas…

Una parte de mí ni siquiera creía que fuera humano.

—¿Qué eres? —susurré.

—No deberías hacer preguntas para las que no quieres respuestas.


29
—Quiero saber.

Agarró mi barbilla, su mirada se oscureció.

—Un monstruo.

Pero para mí, él era un jodido salvador. Un hombre por el que haría
cualquier cosa.

De buena gana.

—He esperado para tocarte durante semanas —murmuró, con la


mano alrededor de mi mandíbula—. Semanas viéndote desvestirte en esa
habitación de invitados, observando si intentarías escapar mientras te
dejaba sola. La mayoría de los esclavos se habrían arriesgado. ¿Por qué
te quedaste?

—Porque eres bueno conmigo —dije, con voz temblorosa. Bajé mi


mirada a sus hombros, luego a su pecho, luego a la parte delantera de sus
pantalones, su bulto. Dios, estaba tan cerca—. ¿Cierto?
—Ya estás temblando —murmuró—. Apenas te he tocado.

Presioné mis muslos juntos.

Deslizó su mano debajo de mi cintura y presionó sus largos dedos


contra la parte delantera de mi ropa interior.

—Estás arruinada por mí —murmuró, hundiendo la cabeza en el


hueco de mi cuello—. Tan jodidamente arruinada.

Me mordí el labio para ahogar un gemido mientras arrastraba las


yemas de sus dedos contra mi raja a través de mi ropa interior. Incluso si
no fuera una esclava, no podría defenderme. No podía decirle que no,
que no lo deseaba, que pensar en él no me mojaba.

Porque sería una mentirosa.

Mirándome cuidadosamente, deslizó sus dedos debajo de mi ropa


interior. Me puse rígida y abrí mis ojos, el calor explotando entre mis 30
piernas. Nadie me había tocado allí antes de esta noche.

Después de trazar mi clítoris, llevó sus dedos más abajo y los empujó
dentro de mí.

—Monta mis dedos —ordenó.

—N-no sé cómo —susurré.

Con su mano libre, agarró mi cadera y movió mi trasero arriba y


abajo sobre él, obligándome a montar sus dígitos, mis pensamientos se
dispersaban y mi mente se vaciaba por primera vez en mucho tiempo.

—Así —murmuró, soltándome lentamente—. Lo estás haciendo


muy bien.

Como él me mostró, moví mis caderas hacia adelante y hacia atrás,


la presión aumentando en mi centro. La mera fricción de su palma contra
mi clítoris me volvía loca. Colocó sus labios en mi punto débil, justo
debajo de mi oreja, y chupó la piel. Una oleada de placer me recorrió.
Arrastró su mano hasta la cremallera de mi blusa, bajándola y
dejándola caer. Gruñendo, tocó uno de mis senos y lo apretó con fuerza.
Mi pezón rodó alrededor de su áspera palma, enviando otra oleada de
calor a mi centro. Mi coño se apretó alrededor de sus dedos, la presión
era demasiado para manejar.

—Vas a venirte para mí, ratoncito —murmuró.

Curvó sus dedos dentro de mí en el ángulo correcto, enviándome al


límite. Mi cuerpo se estremeció contra él, mi mente estaba nublada y mis
miembros entumecidos. Retiró sus dedos y los chupó en su boca, sus ojos
se oscurecieron aún más detrás de todo ese maquillaje.

Después de lamerse los labios, me tomó en sus brazos y me llevó a la


finca, a la casa y al sofá, su polla se endurecía cada vez más contra mi
trasero. Cuando me acomodó sobre mis manos y rodillas, me quitó los
pantalones y la ropa interior, desabrochó sus jeans y los empujó hasta las
rodillas. 31
Miré con los ojos muy abiertos su enorme polla, mi coño
calentándose aún más. Golpeó su pene contra mi culo, una y luego dos
veces, luego lo deslizó a los labios de mi coño. Un chorro de saliva goteó
de su boca a su palpitante polla venosa. Con su pulgar, masajeó la saliva
sobre su cabeza, luego la frotó contra mi clítoris desde atrás.

Tragando saliva, me aferré al cojín del sofá y me mordí el labio para


contener un gemido. Continuó arrastrando la cabeza de su eje contra mi
raja y agarró mi cintura con su mano libre, inclinándose sobre mí para
colocar su boca en mi hombro.

—Eres mía, ratoncito.

Crimson alineó la cabeza de su pene con mi entrada y lentamente se


deslizó dentro de mí. Mi coño se apretó aún más fuerte a su alrededor
mientras me estiraba. Deslizó su brazo alrededor de mi cintura y frotó
mi clítoris.
Mientras me embestía por detrás, cerré los ojos con fuerza para
centrarme en la presión que se acumulaba rápidamente entre mis piernas.
Su boca estaba por todo mi cuello, salpicando besos húmedos y
desesperados por la columna de mi garganta.

Embistiendo su polla en mi estrecho agujero, gruñó:

—Déjame correrme dentro de ti.

Mi coño se apretó alrededor de su enorme polla.

Por lo general, los amos no pedían permiso. Pero Dios, escuchar esas
palabras salir de su boca, como si yo fuera la que tenía todo el control,
me hizo sentir de cierta manera. Arqueé la espalda para que pudiera
empujarse más profundamente.

—Por favor…

—Sí —grité, ola tras ola de placer corriendo a través de mí—. Córrete 32
dentro de…

Antes de que pudiera terminar mi oración, golpeó su pene dentro de


mí y gimió. Eché la cabeza hacia atrás y grité de placer, oleada tras
oleada recorriendo todo mi cuerpo. Mis piernas temblaban, mi mente
adormecida.

—Me preguntaste qué era —murmuró finalmente, alejándose de mí


mientras aún bajaba del indescriptible orgasmo. Su semen goteaba entre
los labios de mi coño y en el sofá debajo de mí. Volvió a sumergir los
dedos en mi coño y empujó su semen dentro de mí—. Pronto, te
encadenaré de nuevo, te amarraré a mi cabecera y te follaré hasta dejarte
sin sentido cada momento del día. Voy a ser tu peor pesadilla, ratoncito.
Cuatro Lobos
Enmascarados
Advertencia de contenido: sexo en público, juguetes
sexuales extraños, harén inverso, cambiaformas
lobo
Vestida con un diminuto disfraz de látex negro que no ocultaba nada,
rodeé con mi brazo el codo de Gaian y llegué a la acera que conducía a
la fiesta de Halloween de Maxine. Maxine vivía sola en una casa que sus
33
antepasados habían transmitido de generación en generación. Situada en
las afueras de Durnbone, la casa de piedra gris tenía tres pisos de altura
contra la noche brumosa, cubierta de telarañas y arañas falsas, sangre y
coágulos.

—¡Sina! —gritó Maxine cuando nos acercamos a la puerta, como si


nos hubiera estado esperando. Echó sus brazos alrededor de mis
hombros y me empujó dentro de la casa, su mirada demorándose en mi
cuerpo escasamente cubierto—. ¡Te ves muy sexy!

—¡Maxine! —dije, cubriendo mis senos con mis manos, sin disfrutar
la repentina atención que ella provocó. Mis cuatro compañeros podrían
haberme vestido esta noche, pero no quería la atención de ninguna otra
especie o persona además de ellos. Tenía muchas otras cosas de las que
preocuparme además de ojos errantes—. ¿Puedes bajar la voz?

—No, perra. —Sonrió, cerrando la puerta detrás de mis lobos—. Eres


increíblemente sexy.
Calder me agarró la mano.

—Gracias por la invitación, Maxine.

—¡Por supuesto!

Ella sonrió, su novio apartándola.

Tres de mis compañeros, Calder, Gaian y Darius, desaparecieron


entre la multitud para charlar con gente que conocían en Durnbone,
mientras yo permanecí pegada a la cadera de Thayer. Me habían vestido
con este traje de asesina sexy con una máscara facial y todo.

Y la cantidad de tipos que seguían echando vistazos en mi dirección


me estaba poniendo… incómoda.

De la mejor manera posible.

—¿Puedo quitarme esta máscara? —le pregunté a Thayer, apretando


su mano para permanecer cerca.
34
Más y más personas comenzaron a aglomerarse en la habitación, el
aire se volvía más pesado con el calor corporal. Cientos de olores
inundaron mi nariz y necesitaba desesperadamente un poco de aire
fresco. Esta máscara no estaba haciendo una mierda en este momento.

Después de mirarme largamente, Thayer sonrió.

—No.

—¿Por qué? ¿Qué tiene…

Antes de que pudiera terminar mi oración, algo se extendió desde el


interior de la máscara, se deslizó hasta mi boca y fue empujado por mi
garganta. Mis ojos se agrandaron con lágrimas cuando me atraganté con
el objeto y agarré a Thayer. Intenté abrir la boca para hablar, pero no
pude pronunciar una sola palabra.
En lugar de ayudarme, Thayer sonrió aún más, pasó un brazo
alrededor de mi hombro y me acercó a él para susurrarme al oído:

—Esta noche, eres nuestra linda y pequeña zorra que tomará nuestro
semen en cualquier parte que queramos.

Dejé escapar algunas palabras ahogadas que ni siquiera yo pude


entender.

—¿Recuerdas la tienda de baratijas del centro que visitamos la


semana pasada? Bueno, encontramos un pequeño juguete que podemos
usar contigo —tarareó, rasgueando sus dedos sobre mi hombro y
haciendo que se me erizaran los vellos de los brazos—. Un juguete que
nos permite follar tu bonita boca cuando sea y cuando queramos siempre
y cuando tengas esta máscara puesta.

Thayer envolvió su brazo alrededor de mi cintura y me guio a través


de la fiesta mientras Calder, Darius y Gaian usaban ese juguete para
follarme la garganta. Y no podía hacer nada ni decir nada sin gotas de
35
saliva y baba corriendo por mi garganta.

Los demonios que Thayer conocía se nos acercaron y me hicieron


preguntas, pero mantuve mis labios sellados y dejé que Thayer dijera
todo. No era como si realmente pudiera decir algo en respuesta. Y
aunque sabía que a Thayer no le gustaba ninguno de estos tipos, le
encantaba verme hacer un desastre.

—Mira tu sucia boquita —dijo, usando su dedo para limpiar un poco


de baba que corría por mi barbilla una vez que un par de demonios nos
dejaron solos en la barra. Movió su dedo más abajo para trazar la polla
enterrada profundamente dentro de mi garganta—. ¿Crees que alguien
se ha dado cuenta?

Por un momento, quienquiera que estuviera enterrado en mi


garganta se retiró para dejarme respirar. Inhalé profundamente, mi
pecho subía y bajaba en este pequeño traje de zorra.
—Yo… no lo sé —susurré, con el corazón acelerado y las mejillas
sonrojadas—. Espero que no.

Pero, sinceramente, creía que todos habían notado que me estaban


follando la cara.

—Bueno —gruñó Thayer, sacando un elástico para el cabello de su


bolsillo y agarrando mi cabello en sus manos—. Asegurémonos de que
todos lo hagan. —Tiró de mi cabello detrás de mis hombros, dejando que
solo se deslizaran unos pocos mechones—. Después de esta noche, todos
sabrán que no deben meterse con lo que es nuestro.

—Eres un psicó…

Antes de que pudiera terminar mi oración, alguien deslizó su pene de


nuevo en mi garganta. Tuve arcadas y agarré la mano de Thayer, las
lágrimas brotaron de mis ojos nuevamente por el repentino movimiento.

—Abre más la boca —ordenó Thayer, apartando suavemente el 36


cabello de mi rostro.

Me abrí más para respirar, pero lo único que salió de mi boca fueron
chillidos y arcadas descuidados y llenos de saliva mientras mis
muchachos usaban mi boca. Thayer envolvió sus brazos alrededor de mí
por detrás y apretó su polla contra mi trasero.

—Todo el mundo te está mirando —murmuró en mi oído.

Mirando alrededor de la fiesta, me di cuenta de que todos en verdad


me miraban. Demonios, lobos, vampiros, brujas e incluso algunas hadas
majestuosas que rara vez asistían a las fiestas de Durnbone. Retrocedí
contra Thayer para esconderme, pero él no quería eso.

—Te ves como mi pequeña zorra fácil esta noche —gruñó Thayer en
mi oído.

Un pequeño gemido escapó de mi garganta y presioné mis muslos


juntos. Me encantaba ser utilizada y abusada por estos cuatro tipos en
los que confiaba más que nada. Me encantaban sus bocas obscenas y la
forma en que querían que me vistiera como su puta para esta noche.

Después de lloriquear de nuevo, me di la vuelta para mirarlo y


envolví mis brazos alrededor de sus hombros. Mientras la saliva y la baba
rodaban por mi barbilla y mi maquillaje se corría por las lágrimas que
caían de mis ojos, fruncí el ceño y le supliqué con mi expresión que me
follara.

Lo necesitaba con ansias dentro de mí. Necesitaba algo dentro de mí.


Cualquier cosa.

Envolvió su mano alrededor del frente de mi garganta, frotando con


el pulgar la polla en mi garganta y su rodilla deslizándose entre mis
piernas.

—¿El lindo pajarito se está desesperando por eso? ¿Mmm? ¿Necesitas


aliviar tus necesidades aquí frente a todos?
37
Capas de baba bajaron por mi garganta.

—Mmmmmm.

Rozó su rodilla contra el material de látex que cubría mi coño.

—Córrete encima de mí. Quiero que te corras encima de mí,


haciendo un lío en medio de la fiesta, frente a todos tus amigos.

Agarrándolo con más fuerza, tragué alrededor de la polla y miré


alrededor de la fiesta. Si bien la mayoría de la gente había vuelto a bailar
y pasar un buen rato entre ellos, algunos todavía me observaban con
atención. Y sabía que Calder, Gaian y Darius también estaban aquí en
algún lugar observándome.

Debo haberme visto muy desesperada y necesitada, porque no pude


evitar follar en seco la rodilla de Thayer. Deslicé mi clítoris de un lado a
otro, una y otra vez, llevándome más y más alto.
La presión se acumuló, mi coño apretándose en la nada. Apreté los
hombros de Thayer y lo miré fijamente con los ojos abiertos de par en
par, mi rostro absolutamente arruinado por toda la follada de esta noche.

—¿Eso es todo lo que tienes, lindo pajarito? —gruñó Thayer, sus ojos
brillando de un rojo demonio—. Tienes la garganta llena de una polla y
todavía eres una putita cachonda para nosotros esta noche. —Deslizó
una mano debajo del material de látex que cubría mi coño y lo acunó—
. ¿Deseas esto? ¿Mmm?

Gimiendo, asentí.

—Entonces, me rogarás que te tome aquí mismo.

Me aferré a él con más fuerza y le supliqué, pero mis palabras salieron


como gárgaras y llenas de saliva. Alguien deslizó su polla hasta el fondo
de mi garganta, follándome más fuerte, más rápido y más profundo hasta
que su cálido semen me llenó por completo.
38
Cuando se retiró, mi boca estaba tan llena de semen que empapó la
máscara que usaba y corrió por mi garganta y entre mi escote, haciendo
que mis tetas brillaran bajo la tenue luz de la sala de estar de Maxine.

—Por favor —le supliqué a Thayer—. Por favor, fólla…

Otro de mis muchachos deslizó su polla en mi garganta también para


llenarme. Me atraganté e hice gárgaras en su polla, moviendo mis
caderas hacia adelante y hacia atrás contra los dedos largos y gruesos de
Thayer. Dioses, lo necesitaba tanto. Tan jodidamente tanto.

El calor subió por mi cuerpo, encendiéndolo lentamente en lo que


parecían llamas. Era el mismo calor desesperado y ardiente que me había
convertido en un desastre salvaje el otro día con Calder. Ahora…
también salía con Thayer. Quería, necesitaba, ser montada, estar llena
de semen.

Thayer se deslizó en un taburete de la barra detrás de él y tiró de mí


hasta su regazo, mi espalda contra su pecho y su miembro presionado
contra el material de látex que cubría mi coño. Me levantó la falda lo
suficiente y me quitó las bragas de látex debajo.

—Eres un maldito desastre —gruñó contra mí—. Un desastre


descuidado y cachondo.

—Por favor —supliqué, las palabras aún amortiguadas—. ¡Por favor,


lléname!

—Joder, lindo pajarito —gruñó Gaian a mi derecha, apresurándose


hacia mí sin siquiera tratar de ocultar el bulto en sus pantalones. Empujó
a través de una pequeña multitud, agarró mi brazo de Thayer y tiró de
mí hacia un pasillo en el que Maxine y yo solíamos jugar al escondite
cuando éramos más jóvenes.

Después de que Gaian me empujara a un armario de abrigos, Thayer


entró y cerró la puerta detrás de nosotros. Curvé los dedos de los pies
ante la idea de que ambos me tomaran mientras Darius y Calder se
turnaban para usar mi garganta apretada para su placer.
39
—Dios, no puedo esperar mi puto turno allí —dijo Gaian,
empujándome sobre mis rodillas y sacando su polla.

Thayer se recostó contra la pared, me puso en su regazo y separó más


mis muslos para tener un mejor acceso a mi coño. Gemí sobre la polla
en mi boca, mis mejillas sonrojándose y el placer corriendo hacia mi
centro.

Thayer frotó su polla contra mi coño reluciente. Empujándolo entre


los labios de mi vagina, jugueteó con mi clítoris frotándolo y golpeándolo
con la cabeza de su polla. Gemí y moví mi trasero hacia atrás en su
regazo para cernirme sobre él.

—Por fa…

Se empujó dentro de mí, su eje llenando mi apretado agujero. Curvé


los dedos de mis pies, dejando que quienquiera que estuviera dentro de
mí me follara la garganta hasta que apenas podía respirar. Mis piernas
temblaron ligeramente, y cerré mis ojos con fuerza.

Gaian se acercó a mí y empujó su polla entre mi escote cubierto de


semen. Su polla desapareció entre mis senos por un momento, luego la
cabeza apareció en la parte superior, mi baba goteaba sobre ella. Tocó
mis senos a través del material de látex, haciendo rodar mis pezones
endurecidos entre sus dedos y tirando más fuerte con cada embestida.

El placer se disparó a través de mi cuerpo y apreté la polla de Thayer


con mi coño. Thayer gruñó en mi oído, empujándose más y más rápido
dentro de mí. Mi coño continuó latiendo una y otra vez sobre su
miembro, la sensación de él dentro de mí casi suficiente como para
enviarme al límite.

—Joder, Sina —gruñó Gaian, presionando mis tetas juntas y


empujando una última vez entre ellas. Cuando la cabeza de su polla
emergió de entre mis tetas, su semen se derramó sobre ellas, cubriendo
mi escote e incluso mi garganta.
40
Al mismo tiempo, semen llenó mi boca y capas de éste se derramaron
por mi pecho y también entre mis senos. Grité de placer cuando
finalmente pude respirar de nuevo, mis piernas temblaban con fuerza en
las manos de Thayer.

—Por favor, dámelo, Thayer —gemí.

—Ruega como la puta indecente que eres.

—Dioses, por favor —supliqué, moviendo mis caderas hacia


adelante y hacia atrás sobre su pene—. Necesito tanto el semen de
alguien dentro de mí. Thayer, por fa…

Antes de que pudiera terminar mi oración, Thayer golpeó mi clítoris


con su mano grande y me deshice. El placer recorrió mi cuerpo, ola tras
ola de éxtasis haciéndome sentir tan jodidamente bien. Thayer se detuvo
profundamente dentro de mi agujero y se corrió contra mi cuello uterino,
tan profundo como pudo.
Esta historia será ampliada y será lanzada en el 2023:

Mis cuatro mejores amigos cambiaformas lobo quieren que juegue


un juego con ellos. Se cubren sus caras con máscaras de esqueletos, me
llevan al bosque y me dicen que corra por mi vida. Alcanzo a correr un 41
kilómetro y medio dentro del bosque antes de que sus aullidos resuenen
por la noche oscura.

Me cazan.

Me rodean.

Me sujetan.

Una vez que me llevan de regreso a casa, me protegerán de todos los


secretos que he estado guardando desde que escapé de la finca de mi
padre hace semanas. ¿Pero será suficiente su protección del monstruo
que también vive en mi interior?
Juguetes de Brujas
Advertencia de contenido: tentáculos, pociones
extrañas
La poción burbujeaba en el caldero de acero negro de mi dormitorio.
Removí el contenido con una cuchara larga de madera e inhalé los
aromas de la lujuria. Miles de brujas habían probado este hechizo a lo
largo de los años, pero nadie lo había hecho bien.

No hasta hoy.

Este fue mi sexagésimo primer intento de solidificar la poción y darle


un propósito. 42
Después de tomar un par de guantes, saqué el caldero del fuego y lo
coloqué cerca de mi cama para dejarlo enfriar, que adquiriera forma,
moldearlo. Mientras el púrpura se enfriaba en una estructura viscosa,
retiré las sábanas de mi colchón y me preparé para esta noche.

Si esto funcionaba, si realmente funcionaba, esta noche sería la mejor


noche que he tenido en mucho tiempo.

Quince minutos más tarde, volví al contenido y sumergí mis manos


desnudas en la pegajosa mezcla púrpura. El exceso de poción goteó del
objeto, permitiendo que el cuerpo fálico terminara de formarse.

Mis labios se curvaron en una sonrisa mientras saltaba a mi cama con


el objeto meneándose.

Me hundí en mi colchón y dejé escapar un suspiro de alivio. Después


de todos estos años, todos estos intentos, finalmente había hecho lo que
ninguna otra bruja había hecho antes. Creé un objeto cuyo único
propósito era follar, un consolador que tenía mente propia.

El objeto saltó de mis manos y cayó sobre el colchón. Como un pez


fuera del agua, se balanceaba de un lado a otro; la cabeza chorreando
líquido preseminal sobre mis sábanas. Me quité la ropa interior y abrí las
piernas.

Flotó entre ellas y rozó su cabeza contra mi entrada. Luego, en un


momento, se estrelló contra mi coño goteante. Grité y eché la cabeza
hacia atrás, sonidos de placer escapando de mi garganta.

La presión creció en mi centro a medida que el calor irradiaba a través


de mí. Mis brazos se agitaron por el placer, un fuerte gemido escapó de
mi boca. Traté desesperadamente de controlarme, pero accidentalmente
tiré la Poción del Amante en mi mesita de noche al caldero, la poción se
mezcló con el resto en el tazón grande y negro.

Las burbujas hirvieron y reventaron en la olla. Se formó vapor sobre


43
el acero oxidado. El caldero se sacudió de un lado a otro hasta que
finalmente se volcó y se derramó sobre mis viejos pisos de madera de
roble.

Maldiciendo para mis adentros, miré por encima del borde de la


cama mientras el consolador aún se clavaba en mi coño. Una gota de
baba rosa se deslizó fuera de la olla, tentáculos retorciéndose en el aire.
Mis ojos se agrandaron y me apresuré a la cabecera, preguntándome qué
diablos era eso.

Nunca en mi vida había visto semejante monstruosidad. Ni siquiera


en la academia de brujas.

El consolador se hundió profundamente en mi coño y trepé al otro


lado de la cama para agarrar mi barita, para poder neutralizar cualquier
tipo de brebaje que accidentalmente había agitado. Pero un tentáculo
rodó alrededor de mi tobillo y me jaló hacia ese lado de la cama.
Me agarré a las sábanas de la cama, el consolador todavía empujando
en mi coño.

Con sus tentáculos, el pegote me sacó de la cama y me lanzó al aire.


La masa no podía formarse más allá de un mero charco en el suelo. En
lugar de eso, se pegó al suelo y tiró de mí en cualquier dirección que
quisiera. Un tentáculo agarró mi tobillo derecho, otro se envolvió
alrededor de mi muslo. Un tercero arrancó el consolador de mi coño y
lo partió por la mitad.

—¡No! —grité—. Todo mi trabajo duro…

Antes de que pudiera terminar mi oración, un apéndice se deslizó en


mi boca, otro en mi coño y un tercero en mi culo. De repente. Grité de
dolor y placer, los dedos de mis pies se curvaron por el éxtasis que me
atravesó.

Mi cabeza se inclinó hacia atrás, mi columna se arqueó. Abrí más la


boca, dejando que los tentáculos usaran mi cuerpo como quisieran. No
44
sabía qué tipo de hechizo había despertado, qué tipo de monstruo había
creado, pero no podía importarme menos en este punto.

Todos bombearon dentro y fuera de mí a diferentes velocidades,


diferentes longitudes. Algunos ásperos. Otros lentos.

Otro se envolvió alrededor de mis pechos, apretándolos juntos, las


puntas húmedas girando alrededor de mis pezones y dejando un fino
rastro de líquido rosado. Y uno más se deslizó entre ellos para follarme
las tetas, las pequeñas ventosas rosadas dejando círculos rojos en mi
carne suave.

—¡M-Más! —grité, las palabras ahogadas.

Todos los tentáculos embistieron más rápido, acercándome más y


más al borde. Grité de placer, mis piernas temblaban mientras ola tras
ola de placer me recorría. Mi mente se volvió difusa, en blanco.
Pero incluso cuando terminé, los tentáculos continuaron usándome.
Sin parar ni una sola vez.

Rápidamente llegué a un segundo orgasmo. Luego un tercero.

Entonces comencé a pensar que ellos… que no se detendrían. Que


nunca me dejarían ir. Nunca me darían un respiro. Este pegote gigante
iba a follarme hasta la muerte.

45
Dios Momia
Advertencia de contenido: consentimiento dudoso,
bondage, dioses
—En verdad, no creo que debamos hacer esto —le susurré a mi
hermana, Valeria.

Nos habíamos infiltrado en una propiedad privada de la que se


rumoreaba que había tumbas de hombres que vivieron hace cuatro
milenios. Cuando era solo una niña, nuestros padres nos advirtieron que
nos mantuviéramos alejados de la Residencia Ivywood en octubre
porque los hombres dentro de las tumbas cobraban vida y nos llevarían
a una tierra lejana.
46
Por supuesto, todo era un rumor.

Muchos viejos amigos se habían colado en la tierra, encontraron las


tumbas y trataron de abrirlas en la noche de Halloween, solo por el
miedo. Pero las lápidas eran demasiado pesadas para moverlas y la
residencia en sí estaba llena de arañas y telarañas, no de dioses antiguos
no muertos.

Aun así, era terriblemente espeluznante.

Preferiría pasar la noche repartiendo dulces que esto.

—No hay vuelta atrás ahora —tarareó Valeria, usando la linterna de


su teléfono.

Me quejé para mis adentros y la seguí por los escalones de adoquines


que se habían ido desgastando a través de los fríos y duros inviernos.
Mirando la puerta al final de la escalera, mordí el interior de mi mejilla.
¿Por qué tengo un mal presentimiento sobre esto?

Una vez que finalmente llegamos al último escalón, empujó la puerta


pero no se movió.

—Oh, bueno —dije, mirando nerviosamente por encima de mi


hombro—. Deberíamos irnos.

—No hicimos una caminata en las últimas dos horas por nada —
dijo—. Ayúdame.

—Valeria, vamos. Vámonos a casa.

—Ayúdame —dijo ella.

Conociéndola, no se iría conmigo a menos que yo, al menos,


intentara abrir la puerta con ella. Entonces, puse los ojos en blanco y
planeé actuar como si lo estuviera dando todo con el empujón, pero en 47
realidad solo tocaría la puerta y le diría que era demasiado pesada.

—Vamos —dijo de nuevo, apoyándose contra la puerta con todas sus


fuerzas—. Empuja conmigo.

Puse mi mano sobre la puerta muy suavemente, haciendo que se


abriera. Mis ojos se agrandaron, mi corazón latiendo con fuerza. ¿Q-Qué
fue eso? Apenas toqué la cosa. Seguramente, Valeria podría haberlo hecho
sola…

—¡Sí! —vitoreó Valeria, empujando la puerta para abrirla aún más y


entrando en una tumba.

¡Una jodida tumba!

¿Por qué no estaba cagada de miedo como yo? ¿Quién diablos


exploraba tumbas en la noche de Halloween? ¿Y por qué había sido tan
fácil para mí ayudarla a abrir esa puerta? Parecía que pesaba dos mil
kilos.
—¡No te quedes atrás! —llamó Valeria desde adentro, su voz
resonando por el pasillo.

Entré en la tumba, porque estaba absolutamente segura de que no iba


a quedarme sola en la oscuridad afuera, y seguí la luz del teléfono de
Valeria que debía estar diez metros más adelante y atenuándose a cada
segundo.

—Valeria, por favor, espera —supliqué, moviendo mis piernas más


rápido. Mi pie golpeó una roca solitaria que se encontraba en medio de
la pasarela y caí hacia adelante. Antes de que pudiera tocar el suelo, algo
me agarró por detrás.

Un grito desgarrador salió de mi garganta, y me di la vuelta para ver


un trozo de tela que colgaba del techo envuelto alrededor de mi brazo, la
tela andrajosa era tan fuerte que me había atrapado antes de que cayera
de cara.

Después de poner una mano sobre mi corazón, solté el aliento,


48
recuperé la compostura y me arranqué la tela. Cuando me volví para
seguir a Valeria, ella había desaparecido por completo y me había dejado
sola en una tumba negra como boca de lobo.

—¡Valeria! —grité, colocando una mano en la pared de piedra y


usándola para guiarme por el pasillo.

La pared se hundió y entré en una nueva habitación con una pequeña


antorcha encendida sujeta a un candelabro de pared.

Extraño.

La agarré y deambulé alrededor de la tumba, mirando el enorme


ataúd funerario sellado en el centro, rodeado de oro, amuletos, platos
con incrustaciones de diamantes y joyas de plata. Todo parecía tan…
viejo. Y caro.

Caminando hacia las paredes cubiertas de pinturas, pasé mis dedos


por los símbolos que nunca antes había visto. No eran ortografías latinas
ni ningún tipo de jeroglíficos del Antiguo Egipto que recordara de la
escuela secundaria.

Cuando finalmente me cansé de estar asustada, me alejé de la pared


y me dirigí hacia la puerta. Pero cuando mi mirada se posó en el ataúd
funerario, me congelé y abrí los ojos como platos. No estaba abierto
cuando entré…

¿Lo estaba?

—Te he estado esperando —dijo un hombre detrás de mí.

Otro grito desgarrador escapó de mi garganta, la antorcha cayó de mi


mano y rodó hasta la esquina de la habitación. Corrí hacia la puerta y
tropecé con algunas antigüedades. Mi cuerpo chocó contra los duros
suelos de piedra, la piel de mis palmas se desgarró y se cubrió de sangre.

—Tan torpe —tarareó detrás de mí.


49
Volví a mirar a una momia apenas iluminada por la llama
parpadeante en la esquina de la habitación que ahora se dirigía hacia mí.
Me levanté desesperadamente sobre mis manos y rodillas, necesitando
llegar a la puerta ahora.

Pero dos pedazos de tela se envolvieron alrededor de mis tobillos.

Cuando miré hacia atrás, el lino alrededor del cuerpo de la momia se


estaba deshaciendo y enredando alrededor de mis piernas. Como por arte
de magia, se dobló alrededor de mis pantorrillas, luego se deslizó por mis
rodillas hasta mis muslos y tiró de mi cuerpo hacia el suelo.

Aun así, usé toda la fuerza que me quedaba para arrastrarme por el
sucio suelo de piedra con las manos hacia la salida. Cuando estaba a
centímetros de escapar, la puerta se cerró de golpe, separándome del
resto de la tumba y de Valeria.

—¡Valeria! —grité.
Con la tela envuelta alrededor de mis tobillos, me jaló hacia arriba en
el aire, boca abajo, hasta que estuvimos cara a cara. Unos ojos verdes y
penetrantes brillaron a través de los espacios oscuros entre la tela.

—El único nombre que deberías gritar es el mío.

Cielos, estaba cagada de miedo, pero sus ojos. Maldita sea, sus ojos
eran fascinantes. Nunca antes había visto algo tan cautivador. Este no
era un hombre. No podía serlo. Había sobrevivido aquí durante siglos
solo, sin comida ni agua.

Mi boca se secó. Tenía que ser… un dios.

Negué con la cabeza, no queriendo creerlo. Crecí como católica y


desde entonces había renunciado a toda religión porque no creía en esa
mierda, pero no había otra explicación para esto. Esta momia había
vuelto a la vida.

—No he visto a una mujer en muchos años —murmuró, la tela 50


cayendo de su cabeza y revelando un rostro esculpido, su mandíbula
muy fuerte, pómulos marcados—. Has venido a mi propiedad, nos
despertaste a mí y a mis hermanos, y ahora… pagarás por ello.

—P-P-Pagar —susurré, la sangre se me subió a la cabeza.

—Abre la boca.

Y aunque nunca obedecí a ningún hombre, mi boca se abrió. Me bajó


un par de centímetros hasta que mi cara estuvo a centímetros de su pene
cubierto de tela. Presioné mis muslos juntos y miré el bulto clavado en
su pierna con fuerza en la tela. El calor se acumuló entre mis piernas.

Santo…

Lentamente, la tela se deshizo lo suficiente como para que su pene se


deslizara. La baba goteaba por mi cara, mi coño salivó al ver su enorme
miembro. Gemí cuando la cabeza rozó mis labios. Lo empujó dentro de
mi boca y golpeó el fondo de mi garganta mucho antes de que la mitad
de él estuviera dentro de mí. Me atraganté e intenté echar mi cabeza
hacia atrás, pero embistió sus caderas hacia adelante y me obligó a tomar
cada centímetro de él, sus bolas golpeando contra mi frente.

Desde arriba, usó su tela para abrir mis piernas. Más lino se envolvió
alrededor de mi cintura, se deslizó entre los botones de mi blusa y los
hizo saltar. Bajó su cabeza entre mis muslos, su cálido aliento en mi
coño.

Gemí de placer sobre su enorme polla, saliva y baba rodando por mis
mejillas mientras él follaba mi cara. Abrí mi boca más, mi garganta
chirriaba cada vez que empujaba dentro de ella. Envolví mis brazos
alrededor de la parte posterior de sus muslos y me acerqué más a él, para
poder tomar más.

Cuando colocó su cálida boca sobre mi clítoris, grité de placer a su


alrededor. Pasó su lengua por mi clítoris, una y otra y otra vez, lamiendo
mis jugos, comiéndome como un maldito animal salvaje. 51
No sabía cómo me había poseído para hacer esto, pero no podía
parar.

Gruñó, el mero sonido hizo que mis piernas temblaran.

—No he probado nada tan bueno. —Enterró su rostro entre mis


piernas y continuó comiendo mi coño mejor que cualquier otro
hombre—. Me muero de hambre.

Con los ojos llorosos, lo obligué a bajar por mi garganta y tragué,


ahogándome con su enorme polla. Gruñó de nuevo y golpeó sus caderas
aún más fuerte contra mi boca, sus bolas me golpearon en la cara.

—Más —gemí sobre él, mis palabras ahogadas—. ¡Por favor, dame
más!

Después de alejarse de mi coño, aflojó el agarre de la tela, retiró sus


caderas y me puso boca arriba. Dos hebras más de lino se envolvieron
alrededor de mis codos y ataron mis brazos detrás de mi espalda,
rodeando mis extremidades hasta que estuvieron completamente
cubiertas.

—Abre tus piernas —ordenó, jalándome más cerca hasta que me


senté impotente en sus brazos.

Alineó la cabeza de su polla con mi entrada, tomó mi barbilla con su


mano y se estrelló contra mí mientras sus labios se presionaban contra
los míos. Grité en su boca, algo tan diabólico atrayéndome hacia él.

Tenía un control sobre mí, uno mental, no solo físico, del que no
podía escapar.

Mi coño se apretó alrededor de su miembro, la presión aumentó en


mi núcleo. Doblé los dedos de mis pies y envolví mis piernas alrededor
de su cintura cubierta de tela para acercarlo aún más. Me penetró,
extendiendo y estirando mi coño.

Me embistió una y otra vez, su lengua en mi boca y sus manos por 52


todo mi cuerpo.

—Te he estado esperando —murmuró contra mis labios. Sus manos


cayeron a mi trasero, y apretó—. He estado esperando tanto tiempo por
esto.

Dejó un rastro de besos por la columna de mi cuello hasta mi


clavícula, luego tiró de mis brazos hacia atrás hasta que me senté en un
ángulo de cuarenta y cinco grados, con mis tetas a la vista. Un frescor
recorrió la habitación, mis pezones endureciéndose. Chupó uno en su
boca y lo mordió.

El placer se apoderó de mi cuerpo y grité. Mis extremidades se


entumecieron, mi mente se iluminó. Me derrumbé en sus brazos
mientras el éxtasis me recorría. Chupó un poco más mi pezón y tiró hacia
atrás, embistiéndome una, dos y luego una tercera vez.

Después de que derramó todo su semen profundamente en mi coño,


se separó de mí y bajó la mirada, observando cómo su semen goteaba
sobre los pisos de piedra. Finalmente pude apartar mis ojos de sus
penetrantes ojos verdes, y su agarre sobre mí desapareció de repente.

Mi corazón se aceleró.

—Valeria —susurré, trepando en sus brazos—. Tengo que ir a


buscarla. Salir de…

—Tu hermana ni siquiera sabe que estás aquí conmigo —dijo de


repente, una niebla empañaba la habitación.

Una imagen de mi hermana y yo explorando la tumba apareció a


través de la neblina. Caminaron hacia la salida y salieron a la noche
como si hubiera estado con ella todo el tiempo.

—-¿C-Cómo es esto posible? —susurré—. ¿Qué hiciste?

—Te arranqué —murmuró—. Deberías haber escuchado a tus


padres. Esta tumba está llena de monstruos, no de hombres, que llevan 53
mucho tiempo esperando la llegada de una mujer que nos ayudará a
ascender de nuevo al mundo. Tú.
Sala de Psiquiatría
Advertencia de contenido: juego con cuchillo,
consolador, juego de rol médico, terapeuta
corrupto, espéculo
Privada de sexo.

Sacudí mis hombros de un lado a otro, tratando desesperadamente


de escapar de la camisa de fuerza en la que el Doctor Holland me había
metido mientras dormía hace dos noches. Después de pasar los últimos
tres meses convenciéndome de finalmente ingresar en el Hospital
Covenpeak por mi adicción al sexo, él me había traicionado. 54
¡Me traicionó!

—¡Déjame salir de aquí! —grité, las lágrimas corrían por mis mejillas.

El calor creció entre mis muslos, burlándose de mí. Necesitaba


tocarme. Mucho. Habían pasado cuarenta y ocho horas desde que mis
manos estuvieron entre mis muslos, desde que me froté contra las barras
de metal del marco de mi cama mientras Holland me observaba a través
del espejo de doble cara.

—Te arrepentirás de esto, Hollan…

Antes de que tuviera más tiempo para protestar, la caja de televisión


voluminosa con dos antenas directamente frente a mí se encendió. Una
ráfaga de estática apareció en la pantalla, seguida de dos cuerpos
desnudos frotándose uno contra el otro.

—¡Por favor, para! —grité, sabiendo que no sería capaz de aguantar


otra noche de pornografía. En la pantalla, una mujer estaba siendo
llenada por tres hombres en un agujero. A medida que aumentaba la
presión entre mis muslos, sacudí mis hombros de un lado a otro—. ¡Ya
no puedo con esto!

La puerta se abrió y Holland entró en la habitación blanca acolchada.

—¡Pensé que ya no ponían camisas de fuerza a los pacientes! —


grité—. ¡Déjame salir!

—¿Pacientes? —Se rio sombríamente—. ¿Realmente creíste mi


pequeña mentira, Tamara? ¿De verdad creíste que trabajaba en el
Hospital Covenpeak? ¿En cualquier instituto mental para el caso? —Entró
en la habitación—. Tal vez ni siquiera soy un terapeuta.

—¡Eres un bastardo! —gruñí—. Déjame salir. ¡Ahora!

—Si hubieras seguido con tu comportamiento —dijo, pasando sus


dedos por la columna de mi cuello y luego metiendo un poco de cabello
detrás de mi oreja—, te habrías lastimado. Tuve que contenerte por tu 55
propio bien.

—¿Cómo es esto por mi propio bien? —grité.

Era un desastre llorón y empapado. Mi coño me dolía mucho. Quería


irme. Ahora.

—Estoy aquí para darte la terapia que tan desesperadamente


necesitas —murmuró.

Lentamente, aflojó las correas que unían mis pies hasta que se
deshicieron. Luego desabrochó la siguiente correa por mis piernas, luego
la siguiente, y la siguiente hasta que desató la que estaba alrededor de
mis rodillas y finalmente pude moverme un poco.

—Apuesto a que tu lindo coño está pidiendo a gritos ser llenado —


murmuró, frotando sus dedos sobre mi clítoris a través de la camisa de
fuerza.
La presión aumentó en mi interior, amenazando con llevarme al
límite, y él apenas me tocó.

Cuando se apartó, gemí.

—N-No te detengas-s. ¡Por favor, lo necesito!

Caminó hacia la puerta y sacó un carrito de servicio de metal con


suministros médicos. Después de acercar el carrito, sacó un cuchillo de
él.

—Ahora, no te muevas —advirtió, cortando la pernera izquierda de


mi pantalón hasta mi vagina. Luego hizo lo mismo con la pernera
derecha de mi pantalón para tener acceso completo a mi coño babeante.

Cuando presionó el lado romo de la hoja contra mi clítoris, gemí,


deseando desesperadamente mover mis caderas hacia adelante y hacia
atrás. Mi coño ansiaba ser tocado, ser llenado. Lo frotó lentamente,
empujándome más cerca del borde. 56
Apreté mis manos en puños, mis pezones tensos.

—Mi coño —tarareó, mirándome mientras aceleraba el ritmo con el


cuchillo—. Mío.

—T-Tuyo —grité de placer, amando la cuchilla.

No me importaba lo que presionaba contra mi clítoris. Podía ser un


arma por lo que a mí respecta. Solo quería que me tocara por todas
partes, correrme, subirme a su enorme polla y montarlo toda la noche.
Mi mirada parpadeó hacia la televisión donde un hombre estaba follando
a una mujer en un nelson completo, y un gemido escapó de mi boca.

—Tu coño está empapado —señaló.

Sacó la punta del cuchillo de mi clítoris a mis caderas, luego lo clavó


suavemente en mí. Hice una mueca de dolor, el placer se desvaneció
rápidamente. Empujó dos dedos dentro de mí para satisfacer mi coño
hambriento, el dolor desapareció por completo porque tenía algo dentro
de mí, luego procedió a hundir el cuchillo en mi carne hasta que cortó
mi piel.

—Lo estás haciendo tan bien —tarareó, bombeando sus dedos dentro
de mí—. Tan bien.

Grabó la letra “R” en mi cadera, seguida de H. Sus iniciales.

No lo conocía desde hacía mucho tiempo, pero antes de que me


engañara para que viniera aquí, me había llevado a una cena a la luz de
las velas junto al río. Toda la noche había pensado que era la cosa más
mágica de todo el mundo, y sobre cómo prometió follarme en el baño
después.

Clavó el cuchillo ensangrentado en la silla de madera entre mis


piernas, luego retiró sus dedos de mí, dejándome vacía una vez más.

—Hazte sentir bien —dijo—. Vas a necesitarlo una vez que termine 57
contigo.

Con mis brazos atados, levanté mis caderas lo suficiente como para
cernirme sobre el mango del cuchillo, luego me senté sobre él y gemí de
placer. Regresó a su carrito de metal para preparar algo, pero lo único
que importaba ahora era que estaba llena.

Muy llena.

Reboté en el mango del cuchillo y gemí de nuevo, mi mente


entumecida y todas mis necesidades satisfechas. Arriba y abajo, arriba y
abajo, me follé con el mango y deseé que fuera aún más grande. Quería
ser estirada. Completamente llenada.

—Más —gemí—. Necesito tu polla.

Me sonrió con suficiencia, sus ojos entrecerrados y oscuros.


—Vamos a ver cuánto aguanta tu coño —dijo, agarrando un espéculo
del carrito de metal. Miró el cuchillo—. Quítalo. —Cuando solté el
mango, lo arrojó al suelo de hormigón y llevó el frío metal por la cara
interna de mi muslo, luego lo apretó contra mi empapada entrada y lo
empujó dentro de mí con facilidad—. La mayoría de los pacientes se
congelarían en este momento, pero tú no… —Se rio entre dientes—. No,
tú no.

Después de empujarlo completamente dentro de mí, lo abrió. Una


vez. Dos veces.

Luego hizo una pausa y miró hacia arriba.

—¿Cómo te sientes?

—¡L-L-Llena mi coño! —lloriqueé—. ¡Por favor!

Agachándose frente a mí, metió la mano debajo del carrito de metal


y sacó un consolador de veinte centímetros de largo. Mi coño se tensó 58
ante la idea de tenerlo dentro de mí, y abrí mis piernas aún más. Deslizó
el consolador entre el espéculo y dentro de mi coño.

Grité de placer, los ojos rodando hacia atrás en mi cabeza, mientras


me embestía.

—¡Más grande! ¡Dame algo más grande!

Sacó el consolador cubierto de jugo de coño de mi interior y lo colocó


en la bandeja de metal. Después de ajustar el espéculo para abrir más mi
coño, sacó otro consolador, este de al menos veinticinco centímetros y
ocho centímetros de grosor. Cuando lo empujó dentro de mí, grité y me
vine encima.

—Más —rogué—. Más. Más. Más. ¡Dame más!

Lo empujó dentro de mí, golpeándolo en mi apretado agujero.


Coloqué mis pies en la silla e hice lo mejor que pude para empujarme
más y más profundo en él cada vez que podía. Me encantaba la forma en
que se sentía dentro de mí, la jodida circunferencia.

Cuando lo retiró, gemí.

—N-N-No.

—No te preocupes, cariño. Tengo otro para ti.

Dejó el consolador en la bandeja de metal y tomó un tercer


consolador. Después de abrir mi espéculo al máximo, colocó el
consolador de treinta centímetros en mi entrada y me penetró. Mi cuerpo
se sacudió de un lado a otro, otro orgasmo desgarrándome.

—Nunca he tenido una paciente como tú —murmuró, metiéndolo y


sacándolo—. Puedes tomar cualquier tamaño que te dé, y aún quieres
más. No importa cuán grande, cuán grueso. Todo lo que tu coñito
descuidado quiere es que lo llenen de polla.
59
—¡M-M-Más! —grité—. Quiero correrme otra vez.

—No más para ti —dijo, tirando el consolador de mí y dejándome


completamente vacía.

El espéculo todavía separaba mi coño, y lo apreté tan fuerte como


pude.

—¡Por favor, dame más o déjame ir! No puedo soportar la tortura de


estar encerrada así por más tiempo. Necesito correrme.

—Ya lo has hecho —tarareó—. Muchas veces.

—No lo entiendes.

—Lo entiendo completamente, Tamara. Eres una puta hambrienta


de polla. —Dio un paso más cerca de mí y pasó sus dedos por la parte
interna de mi muslo, riéndose por lo bajo—. ¿Creías que todo esto era
para complacerte? Eres solo mi sujeto de prueba. Nada más.
—¡Déjame ir! —grité—. ¡Por favor!

—Vamos a llenar tu coño con semen que ha sido recolectado de otros


pacientes —murmuró, descubriendo una jarra de un galón de líquido
blanco en el carrito de metal—. Y veremos cómo reacciona tu coñito
cachondo. Apuesto a que tu cuello uterino hambriento se lo tragará.

60
El Cementerio
Advertencia de contenido: esqueleto
Me paré frente a la puerta de hierro enramada en la entrada del
cementerio Black Bones. Una niebla gris cubría las lápidas, la luz de la
luna llena iluminaba las pesadas nubes. Tomé aire y entré en el reino de
los cadáveres.

Solo una noche al año, la Muerte podía caminar por el mundo sin ser
notada, su capa negra y su guadaña eran casi comunes entre los niños
que pedían dulces y los adultos que se dirigían a las fiestas de Halloween.
No necesitaba un disfraz, no es que pudiera usar uno nunca más.

Podíamos ir a cualquier parte del mundo, pero esta noche me había


61
pedido que nos encontráramos aquí.

Habían pasado miles de años desde que ocupó el lugar que le


correspondía como Rey de la Muerte, Rey de la Oscuridad, del mismo
Infierno. Miles de años desde que el amor de mi vida se había visto
obligado a dejarme. Cada año, teníamos una noche juntos. Una noche
que siempre apreciaría.

—La diosa de la vida. —Sus labios fríos murmuraron contra mi


cuello desde atrás, la inclinación de su lengua tan familiar. Pasó sus
dedos huesudos por mis brazos, enviando escalofríos por mi columna—
. Tan hermosa como la recuerdo.

Giré para ver al hombre, el dios, vestido con una capa negra detrás
de mí, empuñando una guadaña, la hoja de metal brillando bajo la luz
de la luna.

—El Rey de la Muerte —tarareé, pasando mis dedos por su capucha


negra hecha jirones para tratar de ver su rostro.
La oscuridad pululaba dentro, su cuerpo no era más que huesos y
niebla.

—¿Quieres saber por qué elegí este cementerio este año? —me
preguntó.

—¿Por qué?

Me tomó de la mano y me llevó a las hileras de lápidas, luego se


detuvo en una pequeña que apenas me llegaba a la mitad de la espinilla.
Un hombre que era tan débil como pobre, la tumba de un ser humano
con quien había encontrado consuelo en el último año.

Su nombre, Fredrico, estaba grabado en la lápida.

—¿Lo recuerdas? —murmuró contra mi cuello.

—Nunca podría olvidar a los hombres y mujeres que me quitas —


susurré, pasando mis dedos por las tallas en la lápida, la roca granulada 62
contra mis dedos—. Las almas de mis creaciones que robas a diario.

—Pero Fredrico es especial —dijo Muerte.

—Él nunca fue tan especial como tú —susurré—. Nadie podría serlo.

La capucha de su capa se cayó, el cráneo de un hombre que una vez


conocí mirándome fijamente. Cada año, más y más de su carne se había
derretido en los pozos infernales donde vivía. Y este año fue el primero
donde no era más que huesos.

—Compartiste una cama con él —dijo.

—Como si no hubieras tenido otra mujer en tu cama desde el año


pasado —dije, mirándolo.

Podría haber sido huesos vestidos con una capa, pero seguía siendo
el maldito hombre más sexy que jamás había visto. Y, por mucho, el ser
vivo más poderoso. Tenía el poder de destruir la vida con solo levantar
su dedo.
—La última mujer dentro de la que estuve fuiste tú —murmuró,
rozando con sus nudillos mi mejilla y luego mi barbilla. Luego envolvió
su mano alrededor de mi garganta—. Y estaré dentro de ti otra vez. Esta
noche. Encima de la tumba de Fredrico.

—Eres un hombre enfermo —susurré, el calor explotando a través de


mi centro.

—No soy un hombre —dijo, empujándome hasta ponerme de


rodillas y agarrándome la barbilla, obligándome a mirarlo—. Soy un
dios, y los dioses son adorados. Ahora inclínate sobre la tumba de tu
amante como una buena chica para mí.

La humedad se acumuló entre mis muslos. Me volteé y apoyé mis


antebrazos en la tumba de cemento, mi trasero en el aire y mi coño
doliendo por él. Había pasado un año entero sin él dentro de mí, un año
de miserables folladas que no me habían dado ningún placer en absoluto.

Se dejó caer detrás de mí, sus manos esqueléticas por todo mi trasero,
63
agarrando mi cintura, deslizándose por debajo de mi vestido.

—Todos los hombres que te he quitado —dijo, su mano hecha de


huesos subiendo por la parte delantera de mi cuello—. Les he robado el
alma, para que no puedan tenerte. Les gustaba demasiado tu belleza, tu
vigor. Y tú, querida… —murmuró, su aliento acariciando mi piel—…
eres mía.

Su niebla se oscureció detrás de mí, extendiéndose en apéndices


negros. Uno se deslizó alrededor de mi garganta y dentro de mi boca,
entrelazándose con mi lengua. Otro se envolvió alrededor de mi cabello
y lo tiró hacia atrás, para que pudiera ver a Muerte tomarme como
quisiera.

—Eres mía —declaró—. Dilo.

—Tuya —murmuré en la niebla, mis palabras ahogadas—. Toda


tuya.
Dos ráfagas más de niebla envolvieron la parte superior de mis
muslos y los separaron. Deslizó su brazo alrededor de mi cintura y pasó
sus dedos desde mi ombligo hasta mi raja, frotando sus dedos huesudos
a través de mi clítoris hinchado.

—La próxima vez que me desees —dijo—. Vienes a esta tumba, abres
las piernas, metes tus bonitos dedos dentro de tu coño hambriento y
gritas mi nombre.

Gemí, baba goteando por mi barbilla y cayendo sobre la lápida de


Fredrico.

—Ningún mortal te ha mojado tanto, ¿verdad? —murmuró en mi


oído—. Y apenas te he tocado todavía. —Movió sus dedos a través de
mi clítoris más rápido—. Recuerdo los días en que podía pasar mi lengua
por tu cuerpo y saborear cada centímetro de ti, especialmente este
pequeño y sucio coño.

Mis piernas temblaron.


64
—La pobre bebé está temblando por mí —arrulló—. ¿Vas a correrte
ya?

La presión aumentó en mi interior. Fruncí el ceño y enrosqué los


dedos alrededor de la lápida, gimiendo sobre su apéndice. Frotó mi coño
más fuerte, más rápido.

—Mía —gruñó—. Eres toda mía. —Golpeó mi clítoris y grité sobre


él—. Mía. Mía. Mía. Mía. Mía. Mía. Mía.

Cuando retiró su mano de mi clítoris, deslizó su apéndice entre los


labios de mi coño y jugó con mi dolorido y palpitante coño. Mis ojos se
pusieron en blanco mientras esperaba con impaciencia que él llenara mi
apretado coño.

—Oh, cariño, te estás babeando toda. —Pasó un dedo huesudo por


mi barbilla y limpió un poco de saliva—. Te ves como una puta sucia y
desesperada por mí. —Presionó su cabeza contra mi coño, estirándolo
más de lo que cualquier hombre humano podría hacerlo—. Tan pronto
como me empuje dentro de ti, recordarás por qué eres mía.

Con cada centímetro que presionaba dentro de mí, me apretaba más


y más a su alrededor. Todo lo que había deseado desde el último
Halloween finalmente estaba aquí. Agarró mi barbilla y giró mi cabeza,
obligándome a mirar hacia esos pozos oscuros.

Sus ojos alguna vez habían sido de un marrón avellana muy vivo,
pero los prefería así. Siempre amé y siempre amaría al hombre en el que
se había convertido. Ninguna cantidad de oscuridad podría cambiar eso.

De un solo empujón, se estrelló completamente dentro de mí. Grité


de placer y lo miré fijamente, sacando suavemente el apéndice de mi
boca y colocando mis labios en su rostro huesudo.

—Te amo con locura, más de lo que nunca sabrás. Soy tuya, Muerte.
Toda tuya.
65
Me embistió más fuerte y más rápido de lo que Fredrico jamás
podría, sus embestidas largas y profundas. Agarré la lápida con ambas
manos para mantenerme firme y gemí en su boca, mi coño apretándose
alrededor de su enorme polla. Grité de placer, un orgasmo me atravesó.

—Dilo de nuevo —dijo, ralentizando sus embestidas.

—Soy tuya, Muerte.

Frotó sus dedos a través de mi clítoris una vez más.

—Dime que me amas.

—Te amo —susurré—. Te amaré incluso cuando las flores se sequen,


los humanos se extingan y mi capacidad de crear vida deje de existir. Te
amaré incluso cuando decidas que verme dormir en un ataúd durante
todo el año es mucho más pacífico para ti que solo verme unos
momentos una vez al año.
—No digas eso —murmuró contra mis labios, conduciéndose dentro
de mí aún más lento, sus manos agarrando mi cintura y sus dedos
curvándose alrededor de mis caderas—. Nunca podría quitarle la vida a
la mujer que amo. Esperaría la eternidad para pasar un día contigo, mi
dulzura.

Lágrimas calientes brotaron de mis ojos. Cuando salió de mí, me di


la vuelta y miré hacia arriba.

—No quiero que te vayas —susurré, agarrando su mano que no era


más que huesos en descomposición. Las lágrimas corrían por mis
mejillas—. ¿Qué pasa si la próxima vez que te veo… eres aún menos de
lo que eres ahora? ¿Qué pasa cuando ya no quede más de ti para que yo
pueda tocar?

—Un día no habrá —dijo—. Pero aún te amaré. Todavía te visitaré.


Todavía estaré contigo cada octubre. —Apartó las lágrimas con sus
pulgares—. Y seguirás creando vida, porque cuando lo haces… es
jodidamente hermoso. ¿Me entiendes?
66
—Sí —sollocé.

Cuando finalmente me calmé, tomó mi mano.

—Debo irme ahora —susurró—. ¿Estarás bien?

No.

—Sí, estaré bien —susurré—. Siempre lo estoy.

Pero en realidad, este último año… me había hecho no querer vivir.


Hice todo lo posible para seguir adelante, incluso caí tan bajo como para
dejar que otro hombre me tocara. No sabía si aguantaría otro año sin él.

Puso un beso en mi boca, luego agarró su guadaña. Me puse de pie


lo más alto y fuerte que pude, dándole mi mejor sonrisa para que no
supiera que tenía un control tan poderoso sobre mí, que esto me estaba
matando lentamente.
Luego se alejó de mí y caminó hacia la puerta de hierro negro a la
salida del cementerio, desapareciendo a través de la niebla profunda. Y
cuando se fue para siempre, mis piernas fallaron y me doblé sobre la
tumba una vez más.

—No te vayas —sollocé—. ¡Por favor, no me dejes aquí sola!

67
Invocación de Demonios
Sexuales
Advertencia de contenido: monstruo
—Está bien. —Jada bostezó—. Ya terminamos por la noche.

Un relámpago atravesó el cielo, un trueno resonó en lo alto.

—Eso es suficiente terror para mí —dijo Mikayla sarcásticamente,


siguiendo a Jada fuera de mi habitación—. ¡Tres horas de tablero Ouija 68
y maldiciones de brujas más tarde, y ni siquiera podemos comunicarnos
con un simple fantasma!

Jada tiró de uno de sus rizos castaños y frunció el ceño cuando


Mikayla dejó caer los hombros hacia adelante y caminó por el pasillo.

—¡Feliz Halloween! —bromeó Jada—. ¡No puedo esperar para


decorar para Navidad mañana!

—Feliz Halloween para nosotros —se quejó Mikayla desde el pasillo,


luego cerró la puerta.

Jada puso los ojos en blanco.

—Ella lo superará. ¿Necesitas ayuda para limpiar?

—No. —Me reí—. Estoy bien.

—Está bien. —Sonrió, sus ojos marrones brillando a la luz de la


luna—. Buenas noches.
—Buenas noches —me despedí.

Recogí la tabla de ouija del suelo y la metí en la parte trasera de mi


armario para el próximo año, luego cerré suavemente la puerta. Mikayla
amaba Halloween con pasión, estaba obsesionada con los fantasmas y
los demonios, e incluso había memorizado una gran cantidad de
hechizos de cuando visitamos Salem, Massachusetts, el año pasado.

Si bien no creía particularmente en lo místico, le seguí el juego ya que


fue mi mejor amiga durante siete años. Si fuera otra persona, me habría
reído en su cara por siquiera sugerir que jugáramos con una tabla de ouija
en Halloween.

Otro trueno retumbó en la noche y las luces de mi dormitorio se


apagaron. Me metí en mi cama y debajo de los cobertores,
acurrucándome con mis sábanas y cerrando los ojos. Esperé a escuchar
los gritos de Mikayla a través de la casa de que esto era una señal, que
un espíritu estaba tratando de comunicarse con nosotras. 69
Pero ella no dijo una palabra.

Abrí los ojos y me senté en la cama, inclinándome para mirar por la


ventana. La luz resplandecía desde la habitación de Mikayla junto a la
mía. Se me erizó el vello de los brazos. ¿Por qué… por qué solo se había
ido mi energía?

Decidiendo que no era nada, que solo estaba alucinando, me relajé


en la cama y cerré los ojos. Mikayla se estaba metiendo en mi cabeza
ahora. Habíamos estado en eso durante horas esta noche. Debo haber
empezado a creerlo.

Estúpida, River.

Mi piso crujió. Abrí los ojos de golpe.

—Mikayla, si estás tratando de asustarme, no está funcionando.

Diablos, no lo está. Estoy a punto de hacerme pis encima.


Con el corazón acelerado, miré hacia la puerta del dormitorio que
estaba cerrada. Desvié mi mirada alrededor de la habitación para ver la
puerta del armario, que sabía que había cerrado, ahora entreabierta. Mi
boca se secó. ¿Qué sucede?

Escaneé la habitación y no encontré nada. A nadie. Esta era mi


imaginación.

—Deja de permitir que se meta en tu cabeza —me susurré a mí


misma, agarrando las mantas y subiéndolas hasta mi barbilla—. No
existe tal cosa como los fantasmas. No existe tal cosa como los
fantasmas. No existe tal cosa como…

Alguien rozó sus dedos contra mi tobillo que sobresalía debajo de mis
sábanas. Grité y me senté en la cama, el corazón me latía con fuerza
dentro de mi pecho. Presioné mi espalda contra la cabecera de madera y
alcancé mi lámpara, esperando por Dios que se encendiera.

Nada.
70
—¿Q-Qué ocurre? —susurré.

—Relájate —ronroneó un hombre con la voz más profunda en mi


oído.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Giré mi cabeza en la dirección


de la voz. Nadie.

Los dedos de repente se deslizaron alrededor de mis hombros, luego


bajaron por mis brazos desnudos, apartando las mantas. Se me puso la
piel de gallina y me sentí paralizada en el maldito lugar. Dos manos
desaparecieron debajo de mi camiseta, los grandes nudillos hicieron
muescas mientras viajaban hacia mis senos.

Mis pezones se endurecieron, el calor creció entre mis piernas.


Cuando tocó mis pezones con sus dedos, que se sentían más como
garras, eché la cabeza hacia atrás y gemí. No sabía por qué se sentía tan
bien, ¡había un extraño en mi habitación!, pero no pude evitar que el placer
me invadiera.

—¿Q-Quién eres? —gemí, mirando la marca de sus nudillos contra


mi camiseta.

Esperando a que volviera a tocar mis pezones.

—Pequeña humana inocente —tarareó, sus manos recorriendo mi


cuerpo hasta la cintura de mis pantalones—. Ni siquiera te das cuenta de
lo que tú y tus amigas convocaron esta noche, ¿verdad? —Dejó escapar
una risa baja que me aniquiló—. A quién tú y tus amigas convocaron esta
noche.

Sumergió su mano entre mis piernas y ahuecó mi húmedo y


palpitante coño. Un par de labios rozaron mi clavícula, el cálido aliento
del hombre abanicando mi cuello desnudo. Otro gemido entrecortado
escapó de mis labios.
71
La luz de la luna se derramó a través de las cortinas, iluminando al
monstruo en mi cama. Dientes afilados, piel teñida de rojo, grandes
cuernos negros. Ni siquiera sabía si gritaría si pudiera. Mi boca estaba
seca, mi coño húmedo.

Un demonio que debe haber sido el doble de mi tamaño yacía a mi


lado y deslizaba sus grandes dedos dentro de mi coño. Alcancé entre mis
piernas y agarré su muñeca, la presión se acumuló rápidamente dentro
de mi coño.

—¡J-Jade! ¡Mikayla! —grité, con el corazón acelerado.

—Llámalas todo lo que quieras. —Usó su mano libre para levantar


mi barbilla, así que miré directamente a sus ojos negros como boca de
lobo. Dentro de su reflejo, pude ver dentro de las habitaciones de Jade y
Mikayla y vi cómo otros grandes demonios las follaban y acariciaban
también—. Están ocupadas.

—¿Q-Qué vas a hacer conmigo? —susurré.


—Todo lo que desees.

Antes de que pudiera hacer más preguntas, me dio la vuelta, por lo


que estuve acostada boca abajo. Con sus rodillas a cada lado de mis
piernas, sujetó mis caderas contra el colchón, se inclinó sobre mí y agarró
un puñado de mi cabello, jalándolo.

—Dime lo que deseas.

Abrí la boca para hablar, pero todo lo que pude hacer fue gemir
cuando sentí lo grande que era su miembro. Lo rozó arriba y abajo contra
mi trasero y entre mis finos pantalones cortos de pijama de seda. Encogí
los dedos de mis pies y gemí, mi trasero yendo hacia atrás contra él como
si ya no tuviera el control de mi cuerpo. Mi coño estaba empapado y
ansiaba ser llenado.

—¿Qué deseas? —preguntó de nuevo.

—Que me arruines. 72
Las únicas palabras que pude sacar de mi garganta. Que me arruines.

Que me arruinara duro. Rápido. Profundo. No me importaba.

—Buena chica —susurró en mi oído desde atrás, luego soltó mi


cabello y golpeó mis nalgas con fuerza—. Ponte en cuatro patas. No
puedo prometer que seré amable contigo. Mi polla va a estirar tu
pequeño y apretado coño humano como ninguna otra polla lo ha hecho
antes.

El calor se apresuró a través de mí. Seguí sus órdenes y empujé mi


trasero hacia atrás hasta que me senté a cuatro patas frente a él, mis senos
cayeron de mi pequeña camiseta sin mangas y los jugos de mi coño
empaparon mis pantalones cortos.

Apoyó su frente contra la mía, levantó una de mis manos de la cama


y me obligó a envolverla alrededor de su gran cuerno. Arqueé la espalda
y agarré los bordes rugosos con la palma de mi mano. Luego lo hizo con
mi otra mano.

—No me sueltes —dijo, extendiendo una mano sobre mi pecho y


rasgando mi camiseta por las costuras. Mis tetas rebotaron, mis pezones
se endurecieron por el frío repentino. Afiancé mi agarre en sus cuernos y
apreté.

En lugar de arrancarme los pantalones con su fuerza bruta, sacó su


pene y lo presionó contra mi coño desde afuera de mis pantalones. Frotó
de un lado a otro el material sedoso, presionando más y más fuerte contra
él cada vez.

Encogí los dedos de mis pies, esperando que se empujara dentro de


mí. Apoyó sus manos en mi trasero, separando el material hasta que las
costuras se estiraron, luego pasó una sola garra por el centro, creando un
pequeño agujero en mis pantalones cortos.

Empujó la cabeza de su polla en el agujero. Me mecí más hacia atrás


73
y escuché mis pantalones rasgarse completamente por el centro mientras
él se deslizaba dentro de mí. Mis paredes se estiraron a su alrededor, un
grito de dolor escapó de mis labios. Su cabeza ni siquiera estaba dentro
de mí todavía, y me dolía.

Mucho.

—¡Por favor, ve despacio! —lloriqueé—. Soy virgen.

Un gruñido malvado escapó de su garganta.

—Aún mejor.

Tratando de distraerme del dolor, moví mis manos arriba y abajo a


lo largo de sus cuernos. Él gruñó y continuó empujándose dentro de mí,
el dolor disminuía lentamente cuanto más rápido acariciaba su cuerno.

Otro gruñido, y se estrelló profundamente en mi coño.


Sacó una de mis manos de su cuerno y la colocó sobre el enorme
bulto dentro de mi estómago que llegaba hasta mi esternón. Después de
salir de mí y dejarme vacía, se estrelló contra mí de nuevo y me llenó, mi
estómago se hinchaba tanto que casi parecía que estaba embarazada.

Mi coño se apretó alrededor de su enorme polla, la presión se


acumulaba y subía en mi centro.

—Nunca había tenido un ser humano que tomara mi polla tan


profundamente dentro de ella —gruñó, empujando dentro de mi
apretado coño. Agarró mis caderas con sus grandes manos y me usó para
su placer—. Demonios, lo tomas tan bien. Tan jodidamente bien.

Agarré sus dos cuernos de nuevo y los acaricié más rápido,


arqueando mi columna y mirando fijamente sus ojos oscuros. Sacó su
lengua bífida y la metió en mi boca, enrollándola alrededor de la mía.

Agarró mi cintura con más fuerza, su pulgar rozó la cabeza de su


polla cerca de mi esternón.
74
—Joder —gimió, envolviendo su mano libre alrededor de la base de
su polla y bolas y empujándose aún más dentro de mí—. Tengo que
meter mis bolas pesadas en ti por si acaso.

Otro gemido escapó de mis labios mientras me apretaba alrededor de


él.

—Estás llena de cada centímetro de mí —gruñó—. Ahora vas a


rogar.

—P-P-Por favor —lloriqueé, agarrando sus cuernos con más fuerza—


. Quiero tu semen.

—Las vírgenes de coño apretado como tú nunca pueden soportar el


semen de ningún íncubo —dijo—. Es casi imposible no llenarte más allá
del cuello uterino. Rogar que un íncubo como yo rocíe su semen en tu
agujero es comparable a rogar para quedar embarazada.
Mi coño se apretó aún más fuerte a su alrededor.

—Si eso es lo que quieres —Se estrelló contra mí una y otra vez—,
entonces pídeme que ponga un niño dentro de ti.

—¡P-P-Por favor! —grité, incapaz de evitar mover mis caderas con


las suyas.

Cuando se retiró, empujé mis caderas hacia atrás para que no se


saliera por completo de mí. Lo quería enterrado tan profundo como
pudiera cuando su semen se derramara dentro de mí. Quería mi barriga
llena con todo su semen, hasta la última gota.

—Por favor —supliqué—. ¡Embarázame!

Como un animal feroz, sacudió mis manos de sus cuernos, me tumbó


en la cama y levantó mis caderas lo más alto posible en el aire,
embistiéndose contra mí hasta que grité en el colchón. Oleada tras oleada
de placer corrió a través de mí, mi cuerpo temblaba como nunca antes. 75
Luego se quedó quieto.

Más presión inundó mi coño y luego, como si él también sintiera la


presión, se retiró de mí. Su semen salió de mi coño y cayó sobre la cama,
creando un charco debajo de mí.

—La próxima vez que invoques a un demonio sexual, asegúrate de


saber lo que estás haciendo —gruñó, apoyando su enorme polla en mi
espalda mientras más de su semen se escapaba de ella. Metió sus dedos
en la piscina debajo de mí y los hundió de nuevo en mi coño—. Pequeñas
humanas inocentes como tú no saben cuánto pueden realmente tomar.
Dulce o Truco
Advertencia de contenido: acosador
—¡Dulce o truco! —gritó un grupo de niños de cinco años vestidos
como superhéroes, sosteniendo sus cubetas de plástico naranja con
forma de calabaza llenos de dulces—. ¡Huele mis pies! ¡Dame algo bueno
para comer!

Agarré mi tazón de dulces en mi mesa auxiliar, luego me agaché a


sus niveles y dejé caer una barra de chocolate de tamaño completo en
cada uno de sus canastas. Después de que salieron corriendo juntos por
mi pasarela delantera, sus padres saludaron y me agradecieron por ellos.

Devolviéndoles la sonrisa, me puse de pie y los vi saltar a la siguiente


76
casa. Mi mirada se desvió hacia un hombre alto vestido con un mono
azul grisáceo de conserje y una máscara completamente blanca con un
hacha de madera en la mano.

Me devolvió la mirada desde el otro lado de la calle y luego se dio la


vuelta. Contuve una sonrisa. Se suponía que Cory vendría pronto, y me
había dado un vistazo del disfraz que planeaba usar esta noche por
mensaje de texto: una imagen de su mano venosa agarrando un hacha.

¿Iba a bromear conmigo esta noche?

Cerré la puerta y presioné mi espalda contra ella, el calor creciendo


entre mis muslos. Cory acababa de ser una aventura con la que me
encontraba un par de veces a la semana, no era alguien con quien
realmente consideraría salir, pero maldita sea, tenía una buena polla.

Se oyó otro golpe en la puerta principal. Coloqué el tazón de dulces


en la mesa auxiliar y me enderecé, metí un poco de cabello detrás de mi
oreja y desabroché un botón de mi blusa para tener un poco más de
escote.

Cuando abrí la puerta, Cory estaba afuera con la cabeza inclinada


hacia un lado en esa máscara blanca suya.

—Dulce o truco —dijo, su voz profunda y áspera cuando entró en mi


casa. Cerró la puerta detrás de él y pasó el borde afilado del hacha por la
columna de mi garganta, luego la usó para levantarme la barbilla—.
Dame algo bueno para comer esta noche, Blue.

Una risita escapó de mis labios por el apodo que me había dado
cuando estábamos en el instituto. Lo agarré por el mono de conserje y
tiré de él hacia el sofá, cayendo sobre él y tirando de él hacia abajo
conmigo.

No habíamos estado durmiendo juntos por mucho tiempo, pero este


disfraz de esta noche era la cosa más sexy que jamás había usado. Incluso
más sexy que todos esos malditos trajes con los que se vestía para el
77
trabajo y esos ajustados cuellos en V que tenía para el gimnasio.

Y para rematar… Puede que tuviera un pequeño fetiche por las


máscaras.

Ser follada por alguien con una máscara, no poder ver su rostro,
dormir con un hombre que podría ser el hijo de puta más feo del
mundo… Dios, no sabía por qué, pero me excitó muchísimo. Pero lo
hacía.

Como de costumbre, deslizó sus manos por mi cuerpo y luego entre


mis piernas. Gemí y arqueé la espalda, separando los muslos para darle
un mejor acceso. La noche de Halloween era mi favorita por muchas
razones.

Esta era una de ellas.

En lugar de frotar mi clítoris como solía hacer, me agarró


bruscamente de las caderas y me arrancó las bragas, me obligó a apoyar
mis piernas sobre sus hombros y enterró su rostro entre mis muslos.
Metió tres largos dedos en mi boca y levantó su máscara lo suficiente
como para colocar sus cálidos labios en mi dolorido coño.

—Supongo que también consigo un dulce esta noche —gemí.

Él nunca comió mi coño.

Su barba me hizo cosquillas en la parte interna de los muslos mientras


movía su lengua contra mi clítoris. Arqueé la espalda mientras la presión
crecía dentro de mí, luego pasé una mano por su cabello oscuro y un
gemido escapó de mis labios.

Sostuvo mis caderas en el aire y metió sus dedos más profundamente


en mi boca, haciéndome tener arcadas y babear sobre ellos. Hábilmente
movió su lengua más rápido y más fuerte hasta que me retorcí debajo de
él. Me temblaban las piernas y cerré los ojos con fuerza.

Miré al hombre enmascarado, tambaleándome al borde de un 78


orgasmo. Con su mano libre, tocó mi pezón a través de mi blusa, y perdí
el control por completo, fuertes gemidos escaparon de mi boca y mi
cuerpo se sacudió mientras un orgasmo ondeaba a través de mí.

—Oh, Dios —gemí, agarrando su cabello y apretando mi coño contra


su cara para darme placer. Ni siquiera creía en un ser superior, pero—…
Dios. Dios. Dios. Dios. Dios. Dios. ¡Dios!

Moví mis caderas mientras mi coño latía y babeaba por toda su cara.

Después de gruñir contra mi coño, se bajó la máscara para cubrir su


rostro y luego me tiró en el aire y me puso encima de él, así que me senté
a horcajadas sobre su cintura. Curvé mis dedos en sus hombros, el placer
aun recorriendo mi cuerpo, y apreté mi coño contra el enorme bulto en
su mono de conserje.

Extendió la mano entre nosotros, desabrochó una cremallera y sacó


su miembro. Una vez que agarró mis caderas, me estrelló contra él, su
polla deslizándose dentro de mí y estirándome más de lo normal.
Se sentía tan grande esta noche que en realidad… dolió un poco.

—¿Demasiado grande para ti? —preguntó, la voz aún más brusca.

Gemí y me apreté alrededor de él, todavía ajustándome. Envolvió sus


brazos debajo de los míos y agarró mis hombros, tirando de mí aún más
hacia él hasta que sus bolas estuvieron al ras contra mi goteante coño.

—D-D-Demasiado —lloriqueé, tratando de levantarme de él.

Por un momento, se resistió, pero luego aflojó su agarre sobre mí. Me


levanté para que unos quince centímetros se deslizaran fuera, pero ocho
todavía estaban enterrados en mi coño, luego me dejé caer sobre él, eché
la cabeza hacia atrás y gemí.

—¡Santo… joder!

Reboté sobre su pene y miré los ojos vacíos de la máscara, mi coño


apretándose. La presión aumentó en mi núcleo de nuevo, agarré su 79
cabello con fuerza en mi mano y tiré de él hacia atrás. Cory mantuvo
firmes mis caderas y embistió contra mí, encontrándome cada vez.

—Joder —gruñó en su máscara.

—P-Por favor, dame tu semen —supliqué.

Por lo general, usábamos un condón, o hacía que Cory se retirara,


pero esta noche me importaba un carajo.

Se empujó profundamente dentro de mí, rociando su semen en mi


apretado agujero. Cuando se quedó quieto, no pude evitar dejar escapar
otro gemido y correrme sobre él. Me senté sobre él y eché la cabeza hacia
atrás, el placer recorriéndome.

Dios, esta fue la mejor jodida noche de mi vida.

Después de que me arrastré fuera de él, caminé hacia el baño para


limpiarme porque gran parte de su semen estaba chorreando por mis
muslos. Pero cuando escuché que se abría la puerta principal, agarré el
rollo de papel higiénico, me subí la ropa interior y corrí a la sala de estar
para verlo salir por la puerta principal.

Con los ojos muy abiertos, me apresuré hacia la puerta.

—¿A dónde…

El coche de Cory se detuvo junto a la acera frente a mi casa. Vestido


como una especie de dios griego con un hacha, salió de su auto
arrastrando los pies y pasó junto a quien demonios acababa de estar
dentro de mi casa y… dentro de mí. Tragué saliva cuando el hombre giró
la cabeza, levantó su máscara lo suficiente para que pudiera ver sus labios
y sonrió.

Mi corazón latía con fuerza.

—¿Quién era ese? —preguntó Cory, entrando a la casa sin siquiera


un beso.
80
—Yo… no lo sé —susurré—. Un tipo pidiendo caramelos.

—¿No es un poco demasiado viejo para pedir dulces?

Tragando saliva, agarré el picaporte de la puerta y presioné mis


muslos para evitar que Cory viera el semen del hombre bajando por mis
piernas. El calor se acumuló en mi centro y finalmente cerré la puerta
por la noche.

No sabía quién era el hombre, pero él sabía mi nombre. Había


caminado por mi casa como si hubiera estado dentro de ella antes. Me
había tocado como si no fuera la primera vez, como si conociera mi
cuerpo, mi mente, a mí.

—S-Sí —dije, para que Cory no hiciera preguntas.

¿Cómo le diría que un hombre al azar me había follado mejor que


nunca?

—¿Le diste alguno? —preguntó Cory.


—Le di —susurré—. Dios, lo hice.

81
Semillas de Calabaza
Advertencia de contenido: monstruo
La luna llena brillaba en el cielo en la noche de Halloween. Me
balanceé sobre mis talones y crucé mis brazos en un intento de
mantenerme caliente. Mi mejor amiga me había arrastrado a esta fiesta
de disfraces sexy, me vistió con un traje de hada brillante y luego me
abandonó por completo por un tipo con atuendo de mago.

Tomé un sorbo de mi bolsa de sangre llena de alcohol rojo y aparté


la mirada del cielo oscuro hacia la fiesta que se había dispersado en el
bosque circundante. Miré a los ojos a un hombre que llevaba una cabeza
de calabaza que permanecía en el borde de la propiedad. 82
Con ojos tallados que brillaban con un suave amarillo, una sonrisa
maliciosa que se extendía a través de las hendiduras de la calabaza y el
físico de un culturista, inclinó la cabeza hacia atrás y vertió las últimas
gotas de su cerveza a través del orificio de la boca hueca.

Después de tirar la lata en una bolsa de basura negra, me miró y luego


caminó hacia el bosque, desapareciendo detrás de la espesa niebla.
Tragué saliva y enderecé el tutú verde azulado que se sujetaba a mi
cintura.

No debería.

El calor creció entre mis muslos, y los presioné juntos.

A la mierda. Shelly no volvería pronto.

Una vez que dejé mi bebida, caminé alrededor de los cuerpos que
bailaban hacia el borde de la propiedad. Los sonidos de las criaturas
gruñendo, chillando, pidiendo ayuda a gritos en los parlantes para crear
un aura espeluznante enviaron un escalofrío por mi columna vertebral.
Pero, de todos modos, entré en el bosque.

En verdad no debería hacer esto.

Pero mis pies siguieron adelante.

¿Me había estado mirando?

¿A quién le importaba? Estaba para morirse.

Deambulando por el bosque, miré a mi alrededor para encontrar


algún rastro del tipo.

¿A dónde fue?

Después de unos momentos más de búsqueda, dejé escapar un


suspiro lastimoso. ¿En qué diablos estaba pensando siguiendo a un
hombre con cabeza de calabaza en el bosque durante luna llena en la
noche de Halloween? Definitivamente sería una de esas perras tontas que
83
morirían si un asesino en serie la persiguiera con un cuchillo.

Giré para volver la cabeza y pegué un salto en el aire cuando lo vi


parado a centímetros de mí, con la cabeza de calabaza inclinada hacia
abajo, su sonrisa malvada casi sonriéndome ahora, y sus abdominales…
¡Dios, sus abdominales estaban muy cerca!

Tragando saliva, lo miré fijamente.

—Yo-eh… no te estaba siguiendo o… o algo.

Genial, vaya manera de parecer obvia al respecto.

Sin decir una palabra, se acercó aún más a mí.

Mi mirada recorrió su rostro. No sabía cómo lo hizo, pero la calabaza


parecía una verdadera calabaza con llamas adentro y todo. Y antes de
que pudiera detenerme, rocé mis dedos contra los surcos.
Era algo sexy. O tal vez era el alcohol el que hablaba.

Se acercó a mí y colocó un solo dedo delgado en mi barbilla,


levantándola.

—¿Por qué no te quitas el disfraz? —susurré, la confianza de repente


recorriéndome. No sabía de dónde había venido, pero ahora estaba
cachonda y adolorida por su polla, cualquier cosa para distraerme de
estar sola esta noche.

No me importaría si era un fantasma o una máscara de payaso, pero


follar con una calabaza entera en la cabeza podría haber sido demasiado.
¿No tendría calor? ¿No sería asqueroso allí? Se veía y se sentía como una
calabaza real; solo podía imaginar las semillas y la sustancia viscosa
todavía pegadas a los costados contra su mejilla.

Cuando siguió sin responder, ni intentó quitarse la máscara, me pasé


la lengua por los labios. Supongo que podríamos ser cualquiera en la
noche de Halloween. ¿Y yo? Quería tener confianza por una vez en mi
84
patética vida.

Entonces, bajé mis dedos por su tonificado abdomen y los deslicé


debajo de su cintura. Presioné mis muslos juntos, mis pezones se
endurecieron. Dios, era mucho más grande de lo que esperaba que fuera.
Apenas podía envolver mi mano alrededor de su miembro.

Acercándose a mí, metió una mano entre mis piernas y debajo de mi


tutú. Con habilidad, rozó sus dedos contra mi clítoris y lo frotó en
pequeños círculos tortuosos. Lo acaricié más rápido, la presión crecía
dentro de mí.

Después de que gemí suavemente, masajeó mi coño empapado más


rápido. Me aferré a su polla y grité cuando el placer me recorrió. Mis
piernas comenzaron a temblar, y caí de rodillas mientras aguantaba mi
orgasmo.

Se paró sobre mí, la luz de la luna creaba sombras en su tenso


abdomen. El calor se acumuló dentro de mi núcleo, y miré al hombre
con la cabeza de calabaza mientras se bajaba los pantalones y sacaba su
enorme polla que era casi demasiado grande para ser humana.

Envolví ambas manos alrededor de la base y tomé su cabeza en mi


boca, deslizando mi lengua alrededor de ella. Enredó una mano en mi
cabello e inclinó la cabeza hacia atrás, todavía sin decirme una palabra,
pero un profundo gruñido gutural escapó de sus labios.

Presionando mis muslos juntos, chupé más de él en mi boca y meneé


la cabeza. Cada vez que me retiraba, movía mis manos por su eje en un
movimiento giratorio, convirtiéndome en una zorra más cachonda y
desesperada a cada momento.

Pero era la noche de Halloween. ¿A quién le importaba?

Cuando mi saliva cubrió su pene, continué acariciándolo y chupé sus


bolas con mi boca, mirándolo a través de mis pestañas. Volvió a gruñir,
el sonido profundo y salvaje envió escalofríos por mi espalda.
85
Y luego, de un solo golpe, envolvió sus brazos debajo de la parte
posterior de mis rodillas y me levantó en el aire. Grité y agarré sus
hombros, oleadas de placer corriendo a través de mí. Retiró mis bragas
debajo de mi tutú hacia un lado y se alineó en mi entrada.

—No va a encajar —gemí, apoyándome en sus brazos. La parte


posterior de mis rodillas estaba acomodada en los huecos de sus codos,
sus bíceps se flexionaban contra la parte interna de mis muslos y me
calentaban en todos los lugares correctos.

Apoyé mis manos sobre sus hombros para sostenerme y miré su pene
brillando con su líquido preseminal contra mi entrada. Apreté y volví a
mirar sus suaves ojos amarillos.

—Es demasiado grande —gemí.

Empujó su cabeza hinchada en mi coño de todos modos, estirando


mi agujero.
Centímetro a centímetro, se deslizó más profundo. Con doce
centímetros adentro, embistió su segunda mitad dentro de mí. Grité de
placer, mi voz definitivamente viajó a través de estos bosques vacíos
hacia la fiesta. Agarró mis nalgas y las separó, empujando rápidamente
dentro de mí.

El placer me recorrió, nublando mi mente. Y cuando vi una enorme


lengua negra y puntiaguda emerger de entre su boca ahuecada, supe que
el alcohol realmente se había asentado en mi sistema. Lo que sea que
pusieron en esas bebidas esta noche realmente enloquecía a la gente.

Pasó su lengua salvajemente de un lado a otro de mi cuello, luego


enterró su cara entre mis pechos, chupando y amasando mis pezones a
través de mi camiseta sin mangas, babeando todo el material delgado
para que cualquiera pudiera ver a través de él.

Pasé una mano por la parte posterior de su cabeza de calabaza,


apretando mi coño. Continuó penetrándome, embistiéndome más
rápido con cada movimiento. Un último empujón y se corrió
86
profundamente dentro de mi coño.

Me aferré a sus hombros musculosos, mis uñas de color arcoíris se


clavaron en su piel y eché la cabeza hacia atrás. Un gemido escapó de
mis labios cuando el placer recorrió todo mi cuerpo, haciendo que mis
piernas temblaran en sus brazos.

El mejor maldito Halloween de mi vida, y ni siquiera había visto la


cara de este tipo.

Después de que salió de mí, me apoyé contra el árbol más cercano y


miré entre mis piernas. El espeso líquido se derramaba por mis muslos,
dejando un rastro de semillas de calabaza desde mi coño hasta su
palpitante polla naranja.
Cacería Humana
Advertencia de contenido: terror erótico, asesino
serial, tortura, cadáveres, juego con cuchillo,
mención de animales sacrificados, bofetadas
Cacería humana.

Lo que comenzó como un juego amistoso se convirtió en una


pesadilla. Nos habíamos inscrito para jugar el mayor juego de cacería
humana en toda la ciudad. Gente de todo el mundo vino esta noche, la
noche antes de Halloween, para huir de un asesino designado.

Pero en algún momento del camino, este juego dio un giro enfermizo.
87
En lugar de capturar personas, este asesino realmente asesinó a todos y
cada uno de los jugadores.

Excepto a mí.

Apresuré mis piernas tanto como pude, mis pulmones ardían, y miré
detrás de mí mientras el hombre con la máscara llena de cicatrices y una
cuchilla me perseguía. Lleno de chatarra, árboles y casas, el campo de
juego se prolongaba por los siglos de los siglos.

Y el asesino se acercaba a mí más rápido de lo que yo podía correr.

Dios, es tan rápido. ¿Cómo es tan rápido?

—Por favor —grité, pasando corriendo junto a algunos cadáveres


ensangrentados—. ¡Por favor! ¿Por qué haces esto?

Las lágrimas rodaban por mis mejillas, pero no pude detenerlas. Me


esforcé por conservar mi energía, pero físicamente no pude.
Moriría aquí.

Cuando vi un edificio, corrí hacia él con la esperanza de encontrar


un lugar para esconderme o escapar de él. Corrí por un pasillo vacío,
miré detrás de mí para verlo doblar la esquina hacia mí, luego me deslicé
en una habitación.

La habitación no tenía puertas, ni ventanas. Y fue entonces cuando


supe que estaba jodida.

¡Estaba malditamente jodida!

Apareció en la puerta, arrojó mi cuerpo agitándose sobre su hombro


y caminó hacia un gancho grande y grueso que los organizadores de este
juego colocaron alrededor del campo de juego. Deben haber pensado que
serían buenas decoraciones para Halloween.

Poco sabían que esto estaba lejos de ser genial ahora.


88
Me moví en su firme agarre, pero sus manos ensangrentadas me
agarraron con más fuerza.

En lugar de atravesarme en el pecho y matarme al instante, pasó


junto al anzuelo hasta un pajar a unos metros de distancia. Miré con
horror mientras me depositaba en el heno, retrocediendo y mirándome
como un depredador lo hace con su presa.

La sangre cubría su garganta, brazos y manos.

Este era el fin.

Aquí era donde y como moriría.

—Si vas a hacerlo, hazlo ya —susurré—. Mátame.

—Maté a todos por ti —dijo, con una voz profunda y letal—. Eres
mi premio. Ese era el nombre de este juego. Eso es lo que pagué al jugar
como el asesino. Eres la única que siempre quise, la única jugadora que
peleó durante todo este encuentro.
—¡Estás loco! —expresé furiosa, viendo un cuchillo que había atado
a su cinturón—. ¡Psicópata! ¡Loco!

Sabía que tenía una oportunidad. Solo una puta oportunidad de


sobrevivir esta noche.

Así que lo agarré de su cinturón, mis manos temblaban.

Nunca antes le había apuntado con un cuchillo a nadie, nunca había


sentido el peso de la vida de una persona potencial en mis manos. Todo
lo que tenía que hacer era clavar la hoja profundamente en la garganta
de este monstruo y matarlo. Debería haber sido una decisión simple para
mí; él había matado a todos los demás aquí.

Este hombre era un asesino a sangre fría.

Este hombre mató a mis amigos.

Este hombre… 89
¿Por qué no puedo hacerlo? ¿Por qué no puedo matarlo?

—No me vas a matar —dijo, envolviendo su palma alrededor del


borde afilado del cuchillo y apretándolo hasta que sangró. Lo apartó de
mí—. No eres un monstruo, como yo, Willow.

—¿C-cómo sabes mi nombre? —susurré, el miedo golpeando a través


de mis huesos.

Cuando se quitó la máscara, mis ojos se agrandaron. No se trató


simplemente de cualquiera corriendo detrás de todo el grupo de víctimas,
sino un hombre que parecía normal, como una persona común que vería
caminando por las calles de la ciudad, un tipo que me mostraría una
dulce sonrisa.

Después de quitarme el cuchillo por completo de las manos, lo agarró


por el mango y lo subió por un lado de mi cuello. Me congelé, pero mi
cuerpo se estremeció ligeramente, la sensación del metal contra mí me
hizo temblar.

—¿Me dejarás ir? —lloriqueé, las lágrimas corrían por mis mejillas—
. Por favor, déjame ir.

—Todas sus muertes están en tus manos. Y toda su sangre… —Pasó


la lengua por la columna de mi cuello y sonrió maliciosamente contra mi
piel—… ahora está por todo tu cuerpo. Nunca escaparás, Willow, ni
siquiera el próximo año cuando pague mil millones de dólares para
cazarte de nuevo.

Cuando deslizó la hoja por mi cuello, me estremecí. Mi corazón latía


acelerado contra mi pecho, y respiré hondo. La hoja no me penetró, pero
la idea de que se deslizara dentro de mi carne me estaba dando náuseas.

—¿Qué-qué haces? ¿Puedes parar? Por favor, haré cualquier cosa.


¿Qué quieres?
90
Él me sonrió, su sonrisa malvada y amenazante.

—Lo único que quiero eres tú.

—¿Yo? —susurré, mi voz temblaba. El psicópata me miró con el


demonio en sus ojos negros—. Pero… no… no entiendo, ¿por qué haces
esto? ¿Por qué yo? ¿Por qué nos cazaste? ¿Por qué no…?

Antes de que pudiera terminar, dejó caer el cuchillo y el machete, me


agarró por las caderas y me levantó en el aire. Una vez que saltó sobre el
barril de heno, me sentó encima de él, así que me senté a horcajadas
sobre su cintura.

Una fina capa de sudor cubría sus enormes y musculosos antebrazos.


No era de extrañar por qué tuvo la resistencia para cazar a cientos de
personas y matarlas esta noche, y todavía tiene energía para mí. Tenía los
músculos marcados. Y debajo de mí… su polla estaba dura como una
roca contra mis pantalones cortos.
Apreté.

Joder, apreté.

Y lo sintió. Agarró mis caderas y las obligó a bajar sobre él. La cabeza
de su polla se estaba presionando contra mi entrada. Apreté de nuevo y
lo miré a los ojos con los míos vacilantes.

—Por favor, por favor, detente. ¿Qué estás haciendo?

Colocó sus manos ensangrentadas sobre mí, deslizándolas por mis


muslos y alrededor de mi cintura, acercándome más y más a él. Era un
psicópata, un psicópata de pura maldad. Mi cuerpo estaba reaccionando
a él de forma natural y no podía detenerlo.

Con una mano sosteniéndome en el lugar, agarró el cuchillo y cortó


mis pantalones cortos de mi cuerpo, dejándome desnuda para él. Arrojó
el material a un lado, luego tomó mi mano y la envolvió alrededor del
mango del cuchillo, poniendo su mano más grande sobre la mía. 91
Después de obligarme a cortar la parte delantera de sus pantalones
hasta que su pene salió de ellos, solté el cuchillo. Lo dejó a un lado,
confiando completamente en que no lo levantaría y lo apuñalaría una y
otra vez. Después de todo lo que pasó esta noche, debería haberlo hecho.

Joder, debería haberlo hecho.

Me observó mientras se posicionaba en mi entrada. Apreté y contuve


un gemido, mirando al hombre que tenía sangre cubriendo gran parte de
su cuerpo por los cientos de personas que mató esta noche.

Cuando se condujo dentro de mí por primera vez, apreté los labios


para contener un gemido. No quería que supiera cuánto disfruté esto
porque no debería estar disfrutándolo. Para nada. Esto era una tortura.
Tortura pura y agonizante.
Después de lo que les hizo a mis amigos, después de lo que les hizo
a todos aquí, después de la sangre y el desastre, disfruté esto. Estaba
enferma.

Una vez que puso sus manos sobre mis hombros, embistió dentro de
mí. Sus embestidas eran agonizantemente lentas al principio hasta que
se volvieron más rápidas y ásperas como si estuviera reclamando mis
entrañas como si le pertenecieran.

Mi coño se apretó alrededor de su palpitante polla. Cerré los ojos con


fuerza y traté con todas mis fuerzas de calmarme. No quería correrme
por su culpa, pero no podía evitarlo. Se sentía… se sentía… Dios, se
sentía bien.

No pude evitar agarrarme con fuerza a sus hombros y montar su eje.


Dejó de bombear dentro de mí, sus manos por todo mi trasero,
ayudándome a montarlo, ayudándome a montar al maldito monstruo.

—Te vas a venir por mí —dijo.


92
Tragué saliva y negué con la cabeza. No, no podía.

—Sí —dijo, mirándome con fascinación—. Lo harás. Tu cuerpo se


está poniendo rígido, tu coño se aprieta más fuerte a cada momento.

—No me voy a venir por…

Agarró mis pezones y tiró de ellos. Mis palabras se convirtieron en


gemidos, mientras el placer explotaba a través de mi cuerpo. Mi coño
latió alrededor de su polla una y otra vez, el éxtasis fue el más increíble
que jamás haya experimentado.

Una vez que dejé de rebotar, se enterró profundamente en mi coño y


gimió de placer. Mi coño latió más alrededor de su longitud, ordeñando
cada gramo de semen de este asesino.

Cuando finalmente salió de mí, me puso en el pajar y agarró el


machete.
—Espero con ansias el próximo año, Willow. Ya sea que te unas o
no al juego del próximo año, te cazaré y te tendré de nuevo.

93
Cacería Humana 2
A medida que caminaba por la ciudad, miré a mi alrededor en busca
de alguna señal de que alguien me siguiera. La nieve caía alrededor de
los rascacielos desde el cielo blanco, el aire gélido de diciembre me
quemaba la piel. No podía quitarme la sensación de que alguien me
estaba observando.

Tal vez estaba paranoica desde la noche de Halloween. Fui


directamente a la policía para contarles lo que sucedió cuando la ciudad
había aclarado el incidente de Halloween, pero me dijeron que no tenían
registro del evento.

Nadie buscaba a estas personas desaparecidas que asistieron. A nadie


le importaba.
94
Desde esa noche, había estado tratando de convencerme de que todo
esto fue un sueño. Había ido a terapia y mi maldito doctor incluso me
preguntó si había estado alucinando últimamente. Esto no se sentía real.

Pero sabía lo que vi. Sabía lo que experimenté.

Había un asesino en nuestra ciudad, y me deseaba.

Antes de entrar a mi edificio de apartamentos, tuve la necesidad de


detenerme en medio de la puerta y bloquear la entrada de mis vecinos.
Algunos chocaron conmigo, me miraron de reojo y lanzaron un par de
comentarios groseros en mi dirección. Otros me empujaron para entrar
rápidamente en el edificio cálido.

Respiré hondo y salí a la acera para dejar pasar a los demás, luego
miré a mi izquierda y calle abajo, vislumbrando a un hombre que me
observaba mientras doblaba una esquina. Incapaz de detenerme, corrí
calle abajo tras él.
Cuando doblé la esquina, lo vi entrar por una puerta. Miré a mi
alrededor para asegurarme de que nadie más me había estado mirando,
luego abrí la puerta y lo seguí hacia el gran edificio abandonado.

Era extraño ver un edificio tan vacío en medio de la ciudad, pero


supuse que sucedía. O tal vez, en realidad, estaba alucinando
últimamente. De todos modos, no me importaba. Todo lo que quería era
llevarlo ante la justicia por lo que les había hecho a mis amigos.

Desde lejos, lo vi deslizarse en una habitación de un largo pasillo.


Intenté convencerme una vez más de no seguirlo, pero no pude detener
mis piernas mientras caminaban hacia la puerta. Una bocanada de su
espeso aroma a pino permanecía en el pasillo, el mismo olor que había
olido el día que me tomó tan despiadadamente.

Tan pronto como entré en la habitación, cerró la puerta detrás de mí


y me tapó la boca con una mano y los ojos con la otra, para que no
pudiera ver ni gritar pidiendo ayuda. Pero eso no me impidió luchar. 95
Pateé y golpeé tan fuerte como pude.

Quería que supiera que no iba a caer sin pelear, que la policía podría
no atraparlo, pero yo lo había hecho. Y si esta noche era la última vez
que alguien sabía de mí, que así fuera. Yo sabía la verdad.

—Los mataste —grité, mis palabras amortiguadas en su mano—. Los


mataste a todos.

—Lo hice, y me encantó cada momento, especialmente el terror en


tus lindos ojos.

Me dio un vuelco el estómago, un repentino hedor repugnante golpeó


mi nariz y me abrumó. Dejó de arrastrarme, me destapó la boca y me
agarró las muñecas, atándolas con facilidad. Era como si lo hubiera
hecho antes. Muchas veces.

—¡Déjame ir! —grité, luchando desesperadamente pero no lo


suficiente.
Después de levantar mis manos en el aire y sujetarlas a lo que debe
haber sido una cuerda que colgaba del techo, soltó la mano que cubría
mis ojos. El hedor me golpeó más fuerte y grité a todo pulmón.

Cerdos y vacas sacrificados y desollados colgaban a mi alrededor de


sus patas atadas, el hedor era casi insoportable. Tarareando, pasó sus
dedos por cuchillos de carnicero limpios que colgaban de la pared frente
a una gran tabla de cortar blanca.

Del arreglo, eligió un cuchillo de carnicero y caminó hacia mí,


dejando que el cuchillo colgara de su mano. Tenía una enorme sonrisa
psicótica en su rostro, la misma que me había dado esa noche.

Luché contra la cuerda y traté desesperadamente de zafarme.

—¡Déjame ir!

—No. Esta vez tú me seguiste.


96
Y aunque quería negarlo, tenía razón. Yo había sido la que lo siguió.
No porque quisiera respuestas. No porque quisiera venganza. No porque
quisiera que pagara por lo que le había hecho a toda esa gente inocente.
Porque deseaba más.

Pasó el cuchillo de arriba abajo por mi cuerpo, arrancándome la ropa


hasta que quedé desnuda frente a él. El borde afilado se presionó con
fuerza contra mi carne, pero nunca la atravesó. Me puse rígida y contuve
el aliento cuando pasó el filo helado del cuchillo sobre mi pecho y
peligrosamente cerca de mi dolorido pezón.

—Eres tan bonita —murmuró en mi oído—. No he podido alejarme


de ti.

—Aléjate de mí —le dije entre dientes.

Sin embargo, continuó arrastrando la hoja afilada a través de mi piel


desnuda.
—Te he seguido todos los días desde Halloween, me colé en tu
apartamento incontables veces mientras dormías y joder, no puedo
sacarte de mi puta cabeza, y ahora que has venido a mí
voluntariamente… —Gruñó, el sonido en lo profundo de mi oído,
haciéndome apretarme—. Dios, no sabes lo que has hecho.

¿Qué he hecho? ¿Qué bestia he despertado?

Después de pasar la hoja por la parte interna de mi muslo, colocó el


lomo del cuchillo contra mi hendidura. Me tensé y miré al psicópata
multimillonario que había pagado para matar a todas esas personas
inocentes y que me había perdonado. Lo presionó contra mi clítoris con
más fuerza sin moverlo.

—Te tiemblan las piernas —señaló.

—T-tengo miedo —dije, mi voz temblaba mientras trataba


desesperadamente de estabilizar mis piernas para que no temblaran
contra la hoja. Mi corazón latía contra mi pecho inestable—. Por favor.
97
Por favor, bájame.

Curvó los labios en una sonrisa.

—No tienes miedo. Disfrutas esto. —Movió el lomo del cuchillo


contra mi clítoris en círculos agonizantes, la hoja se acercó
peligrosamente a los labios de mi vagina—. Vas a correrte.

—No lo haré —gemí, la presión aumentando dentro de mí.

Después de agarrar bruscamente mi mandíbula con su mano libre,


frotó el lomo del cuchillo más rápido contra mi clítoris. Quería moverme,
aliviar la presión entre mis piernas, pero si me movía, el cuchillo me
atravesaría.

—Por favor —dije, mis piernas temblaban aún más—. No hagas esto.
Una risa baja y amenazadora escapó de sus labios, lo que solo me
hizo apretar más fuerte. Lo excitaba mi terror, el miedo en mis ojos de
que en realidad me correría con este tipo de tortura. Y tenía razón.

—Por favor —susurré, todo mi cuerpo se tensó—. Por favor. Por


favor. Por fa…

—Córrete.

Apreté los ojos para evitarlo, pero ya había caído al borde. Mi coño
latió una y otra vez, el orgasmo atravesando mi cuerpo. Abrí la boca y
grité con un placer insoportable.

Me acercó más a él agarrándome la barbilla y me besó justo en la


boca, su lengua deslizándose entre mis labios, su boca moviéndose con
tanta avidez contra la mía que casi me asfixia. Tampoco se detuvo
cuando el cuchillo golpeó contra el suelo.

Mientras me besaba, se desabrochó los pantalones y sacó su polla. 98


Envolvió un brazo debajo de mi pierna izquierda y tiró de esta en el aire,
separando mis piernas para tener un mejor acceso. Mi coño se tensó ante
la mera sensación de la cabeza de su pene contra mí.

—Eres mía —gruñó, y luego se empujó dentro de mí.

Bombeó dentro de mí, una y otra vez, usando mi cuerpo para su


placer y solo para su placer. Mis manos colgaban en el aire, la cuerda se
tensaba cada vez que me embestía. Me apreté alrededor de su pene y
apreté mis labios, conteniendo otro gemido.

—Maldita sea, no te quedes callada —espetó, embistiendo dentro de


mí con más fuerza—. Te encanta esto.

—N-no es así.

Me abofeteó en la cara.

—Dime.
—No.

Otra bofetada fuerte.

—No.

Me abofeteó una vez más.

Mi coño se apretó a su alrededor.

—Yo…

Una última bofetada.

Caí por el borde, eché la cabeza hacia atrás y grité.

—Me encanta. ¡Dios, me encanta! —gemí mientras ola tras ola de


éxtasis recorría cada fibra de mi ser por segunda vez esta noche.

Al igual que este psicópata, tampoco había podido dejar de pensar en 99


la noche de Halloween. Me había convertido en una perra obsesiva al
respecto, diciéndome a mí misma que quería encontrar a este hombre
nuevamente para poder vengarme, cuando todo lo que deseé todo este
tiempo era que se enterrara profundamente dentro de mí una vez más.
Casa Embrujada
Advertencia de contenido: harén inverso, elementos
de consentimiento dudoso, fantasmas
De pie en el fondo de mi camino de grava, puse mis manos en mis
caderas, me balanceé sobre mis talones y sonreí hacia esta mansión que
ahora era mía. Esta casa me costó exactamente mil dólares, una puta
ganga en esta zona. La mayoría de las casas de dos pisos y cinco
dormitorios se acercaban al millón en el centro de Durnbone.

Claro, tenía que limpiarla un poco, deshacerme de las ventanas


tapiadas y la espeluznante niebla que se cernía cerca del fondo de la casa.
Pero estaba bien. No me llevaría tanto tiempo hacerlo. Un par de
100
semanas de limpieza sin parar, y tendría el maldito lugar más sexy del
vecindario.

—¿Vives aquí? —preguntó una niña, montando su bicicleta celeste


por la calle hacia mí. Se detuvo a toda velocidad justo antes de que su
rueda delantera pudiera tocar el camino de entrada, casi como si
estuviera aterrorizada de lo que sucedería si lo hacía, luego reajustó su
casco rosa—. ¡Mi mami dice que ahí viven fantasmas!

Me agaché a su nivel y sonreí.

—No existe tal cosa.

—¡Sí, existen! Mami dijo que vio uno en la ventana.

Después de mirar hacia la casa, examiné toda la madera que cubría


las ventanas. No entendía por qué todo el mundo estaba tan preocupado
por este lugar. Incluso cuando fui a la inmobiliaria, me advirtió que me
mantuviera alejada.
Pero los fantasmas no eran reales.

La casa podría haber parecido embrujada con una luna llena brillando
detrás de ella, iluminando los árboles desnudos y grotescos, con una
espesa niebla desde abajo, pero no era nada, y algún día se lo demostraría
a todo el vecindario.

—De hecho… —Me volví hacia la jovencita y golpeé con mi dedo el


timbre de su bicicleta, haciéndola sonar a través de la oscuridad—.
Escuché que los fantasmas salen por la noche, cuando la luna está llena
y los monstruos tienen hambre de devorar a los niños pequeños bocado
a bocado.

Golpeada por el miedo, señaló la casa.

—P-pero e-está llena.

—Será mejor que te vayas entonces, antes de que los fantasmas te


atrapen también. 101
Con los ojos muy abiertos, giró su bicicleta, comenzó a mover sus
pequeñas piernas y desapareció por el camino. Riendo para mis adentros,
caminé por el camino de entrada, a través del césped cubierto de maleza,
y hacia la puerta principal que tenía un cartel de no entrar engrapado.

Saqué mi llave y exhalé, abriendo las puertas de la casa que era mía
por primera vez. Probablemente debería haber solicitado un recorrido,
pero quise quedarme con este lugar antes de que alguien más lo comprara
y, además, la agente de bienes raíces me había dicho desde el principio
que no daba recorridos en casas como esta.

La casa era un desastre sucio con huellas de pisadas negras y huellas


de manos que decoraban el piso a cuadros en blanco y negro y las paredes
amarillas, ‘Vete’ estaba grabado en la parte posterior de la puerta
principal, y había vidrios caídos literalmente por todas partes. Cerrando
la puerta detrás de mí, miré alrededor, escuchando el leve zumbido de
algo.
Y, de repente, el ruido cesó, un silencio ensordecedor cayó sobre la
casa.

Sabiendo que solo se trataba de mi imaginación, caminé más por el


pasillo y encendí una luz parpadeante. No estaba segura de cómo se
mantuvo la electricidad durante todos estos años, pero al parecer, alguien
la estaba pagando, aunque había que reemplazar las bombillas. Y este
piso, ugh, tomaría días volver a tener un blanco brillante y reluciente.

Después de subir los escalones que crujían, bajé por el pasillo poco
iluminado y me dirigí a la puerta de un dormitorio. Como magia, la
puerta se abrió para mí. Me detuve en seco, con el corazón acelerado, y
negué con la cabeza. Era solo el viento que entraba por una ventana
abierta en algún lugar de esta casa. Nada más.

No iba a dejar que esos rumores me afectaran.

En lugar de enloquecer, entré en la habitación.


102
¿Ves?, nada…

La puerta se cerró de golpe detrás de mí, y salté hacia atrás con


miedo, con la respiración atrapada en el fondo de mi garganta. Miré por
encima de mi hombro, esperando ver algún fantasma blanco que se
avecinaba o esas gemelas de esa película de terror, pero no vi nada.
Absolutamente nada.

Las ramas de los árboles rasparon la ventana, creando un patrón


grotesco a través de las persianas en mal estado y arruinadas. Tragué mi
terror y avancé más en la habitación hacia la cama hecha donde había
un par de lo que parecían ser muescas, como si antes de que los dueños
anteriores se fueran, se hubieran sentado en estos lugares exactos.

Pero eso fue hace años y años.

Seguramente, esas muescas ya no estarían allí, ¿verdad?


¿En qué estaba pensando? Me estaba poniendo nerviosa por nada en
absoluto.

Me senté en la cama, saltando de inmediato cuando sentí algo más


que un colchón debajo de mí. Pero cuando me dispuse a alejarme,
alguien envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y me jaló hacia abajo
sobre la cama o sobre… lo que fuera que estaba debajo de mí. Se sentía
como… piernas. Excepto que no había nada más que un colchón. Estaba
segura de ello.

Aunque… cuando volví a mirar hacia la puerta para ver la cerradura


girar por sí sola, supe que estaba en grandes problemas.

El murmullo de voces volvió a flotar en el aire e interrumpió el


silencio ensordecedor. Lo que parecían manos y dedos se deslizaron
alrededor de mi cintura y subieron por mi abdomen, mechones de mi
cabello flotando en el aire por sí solos. Respiré hondo, agarrando el
cabello para tirarlo hacia abajo, pero aún se movía por sí solo. 103
—¿Qué sucede? —pregunté, con la voz tensa por el miedo—. ¿Hay
alguien?

Las manos subieron y bajaron por mi cuerpo, los dedos se enroscaron


alrededor de los dobladillos de mi blusa, tirando de ella en tres
direcciones diferentes. Me quedé quieta, incapaz de moverme del firme
agarre alrededor de mi cintura. Las piernas debajo de mí se movieron, de
modo que me senté a horcajadas sobre el muslo apretándome y
calentándome en tantos lugares pecaminosos.

Apreté mis ojos con fuerza, mis pezones se endurecieron cuando mi


blusa fue rasgada y tirada hacia abajo por completo, mis pechos cayeron
fuera de esta.

—Es solo mi imaginación. Es solo mi imaginación. Es solo mi


imaginación.

Cuando abra los ojos, todo volverá a la normalidad.


Pero cuando volví a abrir los ojos, mis jeans estaban desabrochados
y algo estaba acariciando mi coño, la impresión de una mano presionada
contra mis bragas de tela. Dejé escapar un grito desgarrador hasta que
alguien me tapó la boca con una mano y me arrojó de nuevo a la cama;
los dedos moviéndose más rápido contra mi clítoris.

—Eres nuestra ahora —susurró alguien en mi oído.

Disfrutando esto extrañamente y enloqueciendo, me retorcí en su


agarre. La presión aumentó en mi centro, los dedos se movían aún más
rápido alrededor de mi clítoris en pequeños círculos tortuosos. Alguien
apretó mis pezones y gemí, gemí, joder, mientras una ola tras otra de
placer recorría todo mi cuerpo.

Curvé los dedos de mis pies y gemí, mi cuerpo finalmente se relajó


contra el fantasma debajo de mí. El coño me hormigueaba en todas las
formas correctas, junté mis piernas para desplazar el intenso placer que
bombeaba a través de mí. 104
—¿Quién eres? ¿A qué te refieres con nuestra? —dije en un susurro
entrecortado.

Pero en lugar de responderme, uno me cargó y me colocó en la cama


a cuatro patas, me bajó los jeans y la ropa interior y me arrancó el resto
de la blusa. La cama se hundió frente a mí, lo que parecían ser rodillas
hundiendo las sábanas. Alguien tomó mi barbilla, colocó algo en mis
labios y lo empujó dentro, casi de inmediato golpeando el fondo de mi
garganta.

Me atraganté con la polla, saliva corriendo por mi barbilla y me miré


en el espejo oxidado del dormitorio para ver la hendidura de una enorme
polla en mi garganta, más grande de lo que había visto antes, algo dos
veces el tamaño, tanto en circunferencia y en longitud, en comparación
con cualquier chico con el que había estado.

Lágrimas de las buenas brotaron de mis ojos, mi garganta se cerró


alrededor de la polla. Curvé mis dedos alrededor de las sábanas y gemí,
mi coño apretándose. Por detrás, alguien agarró mis caderas y frotó su
miembro contra mi entrada, empujándolo dentro de mí. Eché mi cabeza
hacia atrás, la polla salió de mi boca y golpeó contra lo que sonaba como
un muslo.

—Oh, Dios mío —gemí, siendo tocada por lo que parecían ser una
docena de manos.

Pezones jalados. Clítoris frotado. Culo golpeado, agarrado y


separado. Esto se sentía demasiado bien para ser jodidamente real. La
presión me impulsaba más y más alto. Los fantasmas se retiraban y
hundían en todos mis agujeros, golpeando sus penes contra mis tetas y
haciéndolas balancearse.

—Más —susurré—. Denme m…

Alguien empujó una polla de vuelta a mi boca, llenándome. Otros


dos levantaron mis manos y me hicieron envolverlas alrededor de ellos,
acariciando. El murmullo de voces se hizo más y más fuerte con cada
105
segundo que pasaba. Y entonces algo tibio llenó mi garganta.

Cuando el fantasma salió de mí, descubrí que mi cabeza caía y su


semen goteaba fuera de mí y sobre las sábanas. Jadeé por aire y miré
hacia arriba, con las cejas juntas.

—¿Eso fue todo? —pregunté, desesperada por más.

No sabía qué era, pero nunca me había sentido mejor que esto.

Y, antes de que me diera cuenta, otro fantasma se empujó dentro de


mi boca, su mano envolvió el frente de mi garganta apretada. Alguien
rozó su nariz contra mi oído, sus labios siguiéndolos.

—Hemos vivido aquí solos durante doce años. Estás atrapada aquí hasta que
terminemos de usarte.
Casa Embrujada 2
Después de lavarme la cara el viernes por la noche, presioné una
toalla contra mi piel y me miré en el espejo oxidado, que tendría que
reemplazar pronto. En lugar de los círculos oscuros habituales que se
encuentran debajo de mis ojos, mi piel había estado brillando
últimamente y se veía mucho más brillante desde que me mudé a esta
casa.

La gente pensaba que las casas embrujadas eran algo malo, pero mi
nuevo hogar era todo menos terrible. De hecho, comprar esta casa fue la
mejor decisión que he tomado. Que se jodan mamá y papá y todos los
demás que no creyeron en mí.

Este lugar me estaba dando vida otra vez, y mucha más felicidad. 106
Antes de regresar a la cama, puse un poco de pasta de dientes en mi
cepillo de dientes y abrí la boca para terminar mi rutina nocturna. Justo
cuando estaba a punto de meterme el cepillo de dientes en la boca,
alguien empujó su pene dentro de mí y lo golpeó contra el fondo de mi
garganta.

Mi cepillo de dientes se resbaló de mi mano y repiqueteó en el lavabo


blanquecino, la pasta de dientes me manchó los labios y la barbilla. Miré
hacia arriba, tratando de vislumbrar un cuerpo místico en el rayo de luz
del baño, pero no vi nada como de costumbre.

—¿Otra vez? —pregunté, las palabras amortiguadas.

Quienquiera que haya sido me agarró la cabeza y metió su polla en


mi boca, un enorme bulto apareció en mi garganta a través del espejo.
Me ahogué y me atraganté, la saliva y la baba gotearon por mi barbilla y
cubrieron mi pecho.
Mirándome en el espejo, vi cómo mi cuerpo era usado por fantasmas
que acechaban mi casa y ahora a mí, negándose a dejarme pasar un día
sin ser usada. Demonios, apenas podía salir de esta casa porque estaban
demasiado asustados de que nunca regresaría.

Me necesitaban aquí, tanto como yo los necesitaba a ellos.

Otro par de manos toquetearon mis pechos a través de mi camiseta


sin mangas azul claro detrás de mí, dedos juguetearon y tiraron de mis
pezones, pellizcándolos hasta que gemí sobre la polla en mi boca. Un
escalofrío recorrió mi espalda, labios fríos en mi hombro.

De repente, un enjambre de manos y labios recorrió todo mi cuerpo


desde todas las direcciones. Los fantasmas me tocaron, me besaron, me
lamieron, tiraron de mi cuerpo, amasaron mis senos con sus dedos,
deslizaron sus manos entre mis muslos y frotaron mi dolorido clítoris.

Mi coño se apretó, y gemí de nuevo, el placer recorriendo todo mi


cuerpo.
107
Con las piernas temblando, me agarré al lavabo para sostenerme.
Pero los fantasmas separaron mis dedos y me obligaron a bajar. Colapsé
sobre mis rodillas, la dura polla se deslizó fuera de mi boca y me golpeó
en la mejilla en mi camino hacia abajo.

Un escalofrío me rodeó, más de los fantasmas que acechaban esta


mansión me rodeaban como lo habían estado haciendo sin parar durante
la última semana y media que había estado aquí. Empujaron sus pollas
en cada una de mis manos, en mi boca, entre mis tetas y en cualquier
otro lugar donde pudieran frotarse contra mí para correrse.

Un fantasma más rudo tiró de mi cabello hacia atrás para jalar mi


cabeza hacia atrás y obligarme a abrirme de par en par. Al menos dos,
tal vez tres, se metieron en mi boca para usar mi garganta al mismo
tiempo. Me atraganté con sus pollas, ahogándome y desesperada por
respirar mientras cerraban mis agujeros.
Pero no les dije que se detuvieran. No hice las maletas y corrí muy,
muy lejos de esta casa. Estos tipos han estado viviendo aquí solos durante
los últimos doce años. Lo menos que podía hacer era dejar que usaran
mi cuerpo para su placer. Había comprado este lugar por una ganga de
todos modos.

¿A quién realmente le importaba ser follada sin fin? ¿Ser usada por
quién sabe cuántos fantasmas que se habían despertado por mis
interminables gemidos que habían hecho eco a través de estos grandes
pasillos la semana pasada? ¿Por no poder respirar mientras me follaban
la boca hasta el olvido?

A mí no. Definitivamente a mí no.

Mi garganta chilló, más saliva y baba bajando por mi barbilla. Un


fantasma hundió sus dedos entre los labios de mi vulva y frotó
bruscamente mi clítoris, de un lado a otro en pequeños círculos
tortuosos. Gemí, el sonido amortiguado. La presión se acumuló dentro
de mí, empujándome más alto y más cerca del borde. Otro fantasma
108
agarró mis pezones entre sus dedos y tiró de ellos hacia arriba y hacia
abajo, pellizcándolos más y más fuerte hasta que yo… hasta que yo…

El placer recorrió mi cuerpo tembloroso, mis piernas y brazos


temblaban incontrolablemente y mis labios se abrieron aún más para
emitir un sonido. Pero otro fantasma se metió en mi boca.

Entonces, de repente, un escalofrío recorrió mi espalda. Los


fantasmas que tocaban y amasaban mi cuerpo se apartaron. Uno metió
las manos debajo de mis axilas desde atrás y me puso de pie, luego me
inclinó sobre el mostrador del lavabo. Tomó mis manos y las colocó
sobre mi estómago, luego me embistió por detrás.

Un enorme bulto llenó mi estómago, la sensación de un fantasma


dentro de mí me hizo apretar. Era tan grande, tan jodidamente grande,
más grande que cualquier hombre, cualquier humano, cualquier
monstruo que haya tenido dentro de mí antes. Que se joda Durnbone por
hacer que los fantasmas parezcan aterradores.
Tenían las pollas más grandes que jamás haya sentido.

Me miré en el espejo, la nada detrás de mí, nadie a mi alrededor,


nada. Estaba sola. Pero no lo estaba. Los fantasmas llenaban la
habitación circundante. Podía sentir su presencia tan intensa, tan
absolutamente intensa, y podía imaginarme cómo se sentirían dentro de
mí.

Han habido más desde la primera noche que pasé aquí. Más
fantasmas que han despertado. Más fantasmas que querían echar su
semen en una humana una vez más.

—Eres tan grande —gemí, apretando mi mano alrededor del bulto en


mi estómago—. Quiero más de ti dentro de mí. Por favor… —La presión
creció dentro de mi coño, mi clítoris dolía por ser tocado de nuevo—.
Otro. Lléname.

El fantasma detrás de mí me levantó fácilmente en el aire,


haciéndome sentir como si estuviera flotando, y se sentó en el inodoro,
109
atrayéndome a su regazo con mi espalda contra su pecho. Sacó su polla
de mi coño, me agarró por los tobillos, levantó y abrió mis piernas tanto
como pudo. Se deslizó en mi trasero.

Miré mi coño, observándolo latir salvajemente.

—Por favor, necesito una polla —dije—. Mi coño necesita una…

Dos fantasmas alinearon sus pollas contra mi entrada y se empujaron


dentro de mí, llenándome aún más. Eché mi cabeza hacia atrás y grité,
mis piernas temblaban incontrolablemente de nuevo. Ola tras ola de
placer me atravesó.

Otro fantasma frotó la punta de su polla sobre los labios de mi vagina


una y otra vez, enviándome más alto incluso en medio de mi orgasmo.
Algunos jugaron con mis tetas, sacudieron sus pollas en mi cara, su carne
gruesa me golpeó en la mejilla con cada golpe.
Un grito escapó de mi garganta, y agarré el aire circundante para
encontrar a alguien a quien sostener. Tomé una polla en cada mano y las
apreté con fuerza, mi coño latía sobre las pollas dentro de mi coño.
Dioses, esto se sentía tan bien.

No podía entender por qué nadie quería comprar esta casa. Era más
de lo que jamás podría pedir, más de lo que jamás me habían dado. Esta
casa y estos fantasmas ahora eran míos. Y yo era de ellos. Haría
cualquier cosa por quedarme aquí para siempre, porque nunca deseaba
que esto terminara.

—No te preocupes —escuché a lo lejos, casi a través de una ráfaga de


viento—. No irás a ninguna parte.

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Sobre la Autora

Con más de treinta y un millones de vistas en sus historias en internet,


Emilia Rose es una de las autoras de romance más vendidas según el
USA Today.

A ella le encanta escribir sobre chicos malos que hablan sucio y alfas
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idiotas. Ella en la actualidad vive en un pequeño pueblo en Connecticut,
Estados Unidos, con su esposo, dos gatos, y un lindo patito amarillo.
112

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Esta traducción fue realizada sin fines de lucro por lo cual no tiene 
costo. Si el libro llega a tu país, t
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Índice 
Sinopsis ........................................................................................ 4 
Vampiros Va
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Sinopsis 
13 historias para satisfacer hasta el último deseo espeluznante, 13 
Haunted Nights está lleno de fiestas de H
5 
Vampiros Vanderson 
Advertencia de contenido: elementos de 
consentimiento dudoso, rol de primal cazador, rol de 
sangre
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—¡Siguiente! —me gritó un hombre alto y corpulento de piel pálida 
y colmillos sin filo. 
Con mis manos juntas, corrí de
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en todo el cuello. Cerré mis manos en puños apretados a mi lado y me 
juré a mí misma que no lloraría. 
Pero yo… estaba
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El amo asintió.  
—Un regalo en efecto, pero hay otras que deberías ver primero en la 
otra habitación. 
El amo colocó u
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—La quiero. 
—Pero… 
Antes de que el hombre murmurara otra palabra, el vampiro voló a 
toda velocidad por el aire y suje
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Si iba a morir aquí esta noche, si Dios no perdonaría mi vida, 
entonces quería mirar a los ojos del diablo y mostrarle

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