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Debates

2004
Debate en torno al colonialismo

De colonialismos e imperios: respuesta a Annick


Lempérière
Carmen Bernand
https://doi.org/10.4000/nuevomundo.438
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Palabras claves: 
siglo XVIII, América latina, cuestion colonial
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1
La controversia suscitada por la presentación oral de Annick Lempérière giró en torno al
significado (anacrónico según ella) de las nociones de colonialismo e imperialismo empleadas
por numerosos historiadores entre los cuales la que suscribe se cuenta. Para Annick
Lempérière el uso de esos términos conlleva una interpretación ideológica y reductora de los
tres siglos de dominio español en América. Uno de los argumentos esgrimidos es que ambos
vocablos son relativamente recientes y han sido forjados a lo largo del siglo XIX para dar
cuenta de fenómenos específicos que poco tienen que ver con la experiencia americana.
Calificar de « coloniales » hechos complejos impide o impediría analizar con sutileza esas
sociedades de « antiguo régimen » como las llama, siguiendo a Jacques Poloni-Simard. Los
indios, recuerda Annick Lempérière con razón, eran « vasallos » de la Corona.
Este planteo incita a cuestionar toda reflexión basada en la utilización de modelos
interpretativos construídos fuera de los contextos de orígen. Si bien comparto con Annick
Lempérière el mismo recelo ante toda forma de descontextualización, creo también (y lo uno
no niega lo otro) que los modelos y los conceptos nos ayudan a entender los hechos, y que
mas allá de la singularidad y de la contingencia, aquellos nos ayudan a trazar tendencias,
orientaciones, configuraciones formas o estructuras comparables. Hace pocos meses la
revista Annales publicó un interesante artículo de Bin Wong en el cual el autor examinaba la
pertinencia del análisis braudeliano de « región » para el estudio de Asia. El Mediterráneo, en
la perspectiva de Braudel, constituye un modelo exportable a la manera que los tipos ideales
de Max Weber lo son, es decir a condición de no reducir los hechos al modelo teórico sino
utilizar esta construcción (basada en hechos empíricos por supuesto) para distinguir las
variaciones posibles.

2Estas líneas no pretenden presentar un análisis weberiano del colonialismo. Se trata de


comentar brevemente el ensayo de Annick Lempérière a partir principalemente de
referencias al siglo XVI, es decir, a una época en que « colonial » no tenía ninguna carga «
peyorativa ». Tampoco la esclavitud fue considerada como una institución deplorable por la
mayoría de la gente (aunque algunos se alzaron para denunciarla). Eso no significa que no
podamos tratar ese fenómeno ni interrogarnos sobre el sentido que tenía la palabra «
libertad » para los esclavos, sentido muy próximo al de hoy. Relativizar la « libertad »,
estudiar en qué contextos se expresa y con qué sentido no excluye tomar en cuenta el
significado fuerte (y presente en todos los documentaos sobre esclavos) que es el de
autonomía de movimientos y de disposición de su propio cuerpo.

3Algunos ejemplos bastarán en el marco de este diálogo electrónico. Empecemos con las
nociones de « imperialismo » y de « colonialismo ». El que estas palabras no aparecieran en
los escritos de la época no significa que los hechos designados por ellas no existieran. Se
entiende por imperialismo (y seguimos aqui la definición minimalista que nos brinda el
diccionario Quillet-Flammarion), la « politique par laquelle un grand Etat cherche à étendre
sa domination ». Se puede ciertamente discutir si la España de fines del XV era « un gran
estado » o una monarquía incipiente. El hecho es que ya a comienzos del XVI , en 1509
precisamente (y antes de la elección de Carlos a la dignidad de Emperador de los Romanos),
Antonio Nebrija escribe lo siguiente:

« ¿quien hay que no vea que aunque el título del imperio esté en Alemania, el imperio en si está
en poder de los reyes de España, que dueños de una gran parte de Italia y de las islas del
Mediterráneo, se disponen ya a llevar la guerra a Africa y, siguiendo al despachar sus flotas el
movimiento del cielo, tocan ya las islas colindantes con los pueblos de las Indias ? Y sin
contentarse con eso y tras haber explorado la mayor parte del mundo, poco falta para que el
extremo occidental de España y Africa se una con el cabo oriental del globo terráqueo ».

4Esta progresión imperial (porque no hay otra palabra para describirla) implica la expansión
de un idioma, el castellano, lengua y vehículo del poder, mientras que el latin adulterado del
Santo Imperio Romano Germánico refleja, según Nebrija, su decadencia. El castellano
inaugura una era nueva para España, tema que varios decenios mas tarde retoma López de
Gómara en su proemio de su Historia. Para Pero Mexía, cronista oficial de Carlos Quinto, la «
Cesárea Majestad » entronca con Trajano y Adriano, « españoles ». Conocemos la
importancia de la divisa del Emperador, « Plus Ultra ». La figura del Emperador Carlos, la
expansión de su imperio (« Tomaste por letra Plus Ultra, dando a entender el señorío del
nuevo mundo » (proemio de López de Gómara), la idea importante de la translatio imperii
(une nueva manera de interpretar las profecías de Daniel) asi como la translatio ecclesiae ,
son concepciones « imperialistas » en el sentido neutro que le da el diccionario citado, sin
que sea necesario recurrir a la prosa actual ligada a una nueva forma de « imperialismo » y
de un nuevo « orden mundial ».

5La vocación imperial precede a la elección del Emperador Carlos V. Recordemos que el
tratado de Tordesillas de 1494 divide el mundo (totus orbis) entre España y Portugal. Se
trata de una forma de imperialismo « avant la lettre » justificado por la evangelización,
conclusión en cierto modo lógica de la serie de bulas papales que durante el siglo XV habían
legitimado las empresas de los portugueses en Africa. El descubrimiento del paso hacia el
Pacífico por Magallanes y la circumnavegación (inesperada) de Sebastián Elcano permiten
simbólicamente al Emperador la edificación de las columnas de Hércules « a la entrada de
otro estrecho para que pudiesen mostrar claramente que […] el mundo no tenía ni límites ni
confines .
Nadie pone en duda que los vocablos colonial y colonialismo son de uso moderno. Sin
embargo la “situación colonial” tal como la ha descrito Georges Balandier en 1955 es un tipo
ideal cuyas variantes pueden ser analizadas en distintas épocas, fuera del hecho que
después de la independencia se viera el período colonial como “despótico, inquisitorial o
oscurantista”. La colonización, en la acepción mas general, implica imposición de un poder
exterior a las poblaciones sometidas; explotación de los recursos en beneficio principal sino
exclusivo del país “colonizador”, ausencia de derechos políticos a los indígenas, asimilación
forzada. Todos estos rasgos son aplicables a la expansión ibérica en el Nuevo Mundo. Ello no
excluye modalidades específicas.

6La expansión imperial suscitó en su época debates y opiniones críticas. Bartolomé de las
Casas obró para que la Corona pusiera un freno a la arbitrariedad de los encomenderos. Que
exagerara en el número de víctimas de la conquista es hoy un hecho admitido, pero no se
trata de una batalla de cifras sino de una posición política en favor de los señoríos naturales
y de los derechos de los indios. Pero no citaré aqui al dominico, sino a otros españoles
actores de los hechos.. Demos la palabra al bachiller Luis Sánchez (1566) :

“Los que los favorescen de veras (a los indios) que es con obras y palabras, son tan raros que en
diez y ocho años que he estado en las Indias no he visto cuatro[…] La causa deste mal (el
despoblamiento) es que todos cuantos pasamos a las Indias, vamos con intención de volver a
España muy ricos. Lo cual es imposible (pues acá no llevamos nada y allá holgamos) sino a costa
del sudor y sangre de los indios”.

7Luis Sánchez reconoce que en Mexico “ha habido siempre un poco de justicia y favor para
los indios”, pero insiste en la diferencia entre las leyes y los actos concretos. Y agrega:

“lo segundo que ha destruído las Indias fue los esclavos […] el repartimiento de los indios, porque
no usan los españoles dellos como vasallos (el subrayado es mío) sino como esclavos y enemigos.
En minas, cargas y servicios personales y en las mas partes no guardan mas tasa y viven tan sin
ley, como si no fuesen cristianos”. La codicia es la madre de todas las culpas y de este defecto no
exime ni “a los jueces eclesiásticos y seglares”, ni a los “clérigos y frailes” ni a los conquistadores
y encomenderos”.

8Annick Lempérière tiene razón al recordar que el estatus legal de los indios es el de
vasallos, pero una cosa son las leyes y otra los actos, ya sea en el siglo XVI como en el XXI.
Esto ya lo sospechaba Francisco de Vitoria, quien en una carta dirigida al padre Miguel de
Arcos en 1534 (dos años después de la conquista del Perú) impugna la conducta de los
“peruleros” que actuaron en contra de los intereses de la Corona maltratando y matando a
sus vasallos. Estos hechos según Vitoria no se justifican de ningún modo, aún cuando
algunos pretendan que los indios no son seres humanos, posición que no es la de Vitoria por
cierto:
“En verdad si los indios no son hombres sino monas, non sunt capaces iniuriae. pero si son
hombres y prójimos, et quod ipsi prae se ferunt, vasallos del Emperador, non video quomodo
excusar a estos conquistadores de última impiedad y tiranía, ni sé que tan grande servicio
hagan a Su Magestad de echarle a perder sus vasallos” .
El licenciado Francisco Falcón, en nombre de los naturales del Perú (1567) alza también la
voz para impugnar los títulos del rey Felipe “a estas partes de las Indias”: el primero de
guerra y el segundo de la concesión del papa Alejandro VI. Desde el primer punto de vista

“está claro que la entrada de los españoles en estos reinos fue ilícita y que no hubo derecho para
conquistarlos” […]“Y en cuanto al segundo título de la concesión que el papa Alejandro VI hizo a
los reyes de Castilla, es cosa conocida que por ella no se les concedió poder hacer la guerra sino
en los casos que de derecho se pueda hacer, ni menos se le concedieron los señoríos, ni haciendas
de los naturales destas partes”.

9Falcón sostiene que la predicación nunca pudo implicar que se les quitara “ a los dichos
señores el señorío” y […] ” Es cosa muy desigual y contra razón que los pastos sean
comunes entre españoles e indios, pues los espannoles quieren gozar de los pastos de todas
las tierras de los indios y los indios no han de ir a Castilla a gozar de los pastos”.

10Este brevísimo muestrario de opiniones indica que ya en el siglo XVI hubo gentes que
impugnaron la explotación de los indios y la ilegitimidad de la instalación de los españoles en
detrimento de los señoríos naturales. Por eso no puedo sostener de ninguna forma la idea
expresada por Annick Lempérière que se trataba, para los españoles de la época (¿quiénes,
por cierto?) de “una migración y una fundación que no implicaba la dominación de un pueblo
sobre otro sino la toma de posesión de un territorio”. Las ficciones jurídicas y religiosas
acompañan siempre la imposición de un poder exterior a las poblaciones sometidas por
conquista.
La encomienda, la explotación de las minas por medio de la mita, las mercedes de tierras, el
sometimiento de los caciques, la esclavitud africana e inclusive indígena (a pesar de las
Leyes Nuevas), los obrajes, las plantaciones de cochinilla, etc, etc… son rasgos “coloniales”
en el sentido corriente del término. Ruggiero Romano (por no mencionar a otros autores que
han trabajado recientemente en ese tema) , denunciando por cierto las exageraciones de la
leyenda negra, recuerda que los hechos relativos a la mita de Potosi son significativos de la
utilización a muy bajo coste de la mano de obra indígena, requisito indispensable para fijar el
precio de los metales preciosos. La mita de Potosi es un sistema de trabajo forzado - y Silvio
Zavala en su obra magistral sobre el trabajo nos brinda un panorama muy detallado, no sólo
para Mexico sino para el virreinato del Perú y el Río de la Plata. El sistema se extiende a lo
largo de “cientos e inclusive miles de km” . Las visitas eclesiásticas describen pueblos
enteros habitados exclusivamente por viejos, niños y mujeres. Pues muchos mitayos
desaparecían para evitar ese trabajo. Se trata de la explotación del trabajo indígena para el
beneficio de mineros y de la Corona, explotación que el término de “mita” justifica como
costumbre inmemorial de los incas.

11Podríamos dar muchos ejemplos sobre la esclavitud urbana, el trabajo forzado en los
obrajes de Mexico y de los Andes. Cualquier persona interesada en estos temas puede
consultar el inmenso material recogido por Silvio Zavala en los archivos españoles y
americanos. Desde luego que toda forma de opresión supone el desarrollo por parte de los
actores de estrategias diversas para escapar a estas situaciones, con consecuencias de gran
importancia: aparición del trabajo asalariado, movilidad social, mestizajes diversos. Por otra
parte la “colonización” como “tipo ideal” no puede confundirse con la Leyenda negra,
incentivada por Alemania en un primer lugar y difundida con gran éxito por Inglaterra y los
estados protestantes. Frank Lestringant ha mostrado la similitud de factura entre los dibujos
de De Bry sobre los horrores perpetrados en la conquista por los españoles y los grabados de
Richard Verstegan denunciando la crueldad de los “heréticos” . Pero como Ruggiero Romano
ya lo formulara hace mas de treinta años, cabe preguntarse porqué esa leyenda negra tuvo
tanta fuerza y se impuso a pesar de las críticas pertinentes hechas por los historiadores.
Creo que hay dos fuentes fundamentales: una de ellas es Holanda por vía de las
comunidades marranas de Amsterdam; la otra, Inglaterra a través de las hazañas de los
corsarios y sobre todo de la expedición fracasada de Walter Raleigh en las Guayanas.
Inglaterra desarrolló con habilidad y tesón una campaña anti-española que tuvo sus
repercusiones inclusive en centros muy alejados de la costa atlántica. En Vilcabamba (Perú)
los indios, aterrados ante la llegada de nuevos conquistadores encabezados por Drake,
pidieron al cura que los protegiera. Pero en Tacobamba, Perú, mas de 3000 indios se
concentraron en torno a su cacique Juan Colque, con la intención de rebelarse y de
entregarse a los ingleses cuando éstos desembarcaran en Arica. Otros disturbios estallan a
fines del siglo XVI en Potosi. Esta breve exposición es reveladora de la implementación
política de la “leyenda negra” por los ingleses, tema que merecería un desarrollo mas amplio.

12Que haya habido una “colonización” en el Nuevo Mundo no significa que toda la
historiografía deba centrarse en la explotación de la mano de obra local (aunque ello
tampoco puede minimizarse). Hace ya mas de diez años, con Serge Gruzinski, proponíamos
en la revista L’Homme (1992) una serie de pistas que nos parecían estimulantes para los
antropólogos y los historiadores de América latina deseosos de salir de la polémica “negra”
sobre la conquista y el colonialismo. Por eso me extraña que Annick Lempérière cite mi
contribución al libro de Marc Ferro junto con el “panfleto imaginativo” de Eduardo Galeano:
“Las venas abiertas de América latina” y su alusión al fundamentalismo identitario de los
pueblos autóctonos “debidamente adiestrados por los antropólogos posmodernos y otros
“subaltern colonial and cultural studies””. Eduardo Galeano no es historiador sino escritor y lo
que aqui importa es saber porqué miles de lectores se identificaron con un texto que puede
parecernos cargado de tintas y discutible. Pero quizás la respuesta se halle en lo “emocional”
y en el hecho que los que pierden las guerras ganan, la mayoría de las veces, una victoria
simbólica…
En cuanto a las reivindicaciones étnicas de los pueblos indígenas (que luchan ante todo por
la cuestión del “derecho colectivo”y que tienen como foro las Naciones Unidas y otros
organismos internacionales), no puede uno tacharlas simplemente de fundamentalistas. Tal
actitud es a la vez errónea e inútil para la comprensión de un fenómeno sociológico que
existe y que replantea en términos étnicos el problema de la “subalternidad”. Cada uno de
nosotros puede tener su opinión respecto a tales fenómenos (y todas las organizaciones
indígenas no son equivalentes ni en el mensaje general ni en las modalidades de la acción)
pero tenemos que reconocer que hoy en día se trata de un hecho insoslayable, y vinculado
con la crisis de la “nación”, como lo demuestran los acontecimientos recientes en Bolivia, en
Guatemala, en Mexico, en el Ecuador, etc…¿Quién puede sostener que las identidades
individuales y colectivas no han cambiado? El “indígena” de los movimientos contemporáneos
no quiere retornar al pasado sino incorporarse con su diferencia a la nación, y recobrar su
“dignidad”. Que tal programa pueda ser manipulado por instituciones diversas es un peligro
que toca por igual a todos los movimientos sociales, ya sean obreristas, feministas,
culturales, nacionales o étnicos. Pero la política es justamente una dinámica y una lucha de
intereses, y no un ejercicio escolar.

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REFERENCES

Electronic reference
Carmen Bernand, “De colonialismos e imperios: respuesta a Annick Lempérière”, Nuevo Mundo
Mundos Nuevos [Online], Debates, Online since 08 February 2005, connection on 31 January
2023. URL: http://journals.openedition.org/nuevomundo/438; DOI:
https://doi.org/10.4000/nuevomundo.438
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THIS ARTICLE IS CITED BY

 Favier, Irène. (2020) Le Pérou et ses confins amazoniens. DOI: 10.4000/books.pur.158555


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Carmen Bernand
Université Paris X-Nanterre

By this author

 Lorena Córdoba, Federico Bossert & Nicolás Richard (eds.), El capitalismo en las selvas. Enclaves
industriales en el Chaco y Amazonía indígena (1850-1950) [Full text]

San Pedro de Atacama, Ediciones del Desierto, 2015, 316 p.

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Prólogo de Frank Salomon, Colección Ethnographica dirigida por Florencia Tola, Buenos Aires,
2018, 384 p., ilustraciones

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 Alan Durston & Bruce Mannheim (Ed.), Indigenous languages, politics and authority in Latin
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