AMORES TÓXICOS 1
VIDA MÍA
TAEGHYUNG
CreepyAnto
Prólogo
<< Desde el primer momento en que te vi supe que no eras un ángel.
Pero lo fuiste, por un breve periodo, fuiste mi ángel guardián. La luz en
mi vida, mi única razón de existir.
Y por ello me obligué a perdonarte cada uno de tus fallos, de tus gritos,
de tus golpes. Porque yo te amaba, y aún te amo.>>
[…]
–Lárgate. –escupió Jungkook, mientras escribía en su
computadora. Taehyung asintió cerrando la puerta del estudio y mordió
su labio inferior, controlando las lágrimas traicioneras que amenazaban
con salir.
Él amaba a su esposo, jamás se arrepentiría de haberse casado
con el hombre exitoso que era Jungkook. No le importaba el dinero, ni
su malhumor, ni sus arranques de rabia, él amaba su sonrisa
encantadora que pocas veces le había regalado y las caricias que nunca
le había dado.
Él sabía que era su culpa por haber convencido a sus padres de
que los casaran, aún si Jungkook no parecía muy entusiasmado con la
idea. Y él en el fondo sabía que su esposo jamás se lo perdonaría, por
mucho que él se esforzara por conseguir su corazón.
Suspiró tragando con fuerza y miró el reloj en la pared, si no
hacia la cena rápido su esposo se molestaría. Y Taehyung no quería ver
al objeto de su devoción molesto.
Preparó una sopa caliente, algo rápido pero saludable para que
Jungkook se terminase de recuperar de la gripe que tenía. Él quería ver
a su esposo curado y fuerte otra vez.
En una bandeja llevó todo, con un pequeño sobre escondido bajo
el plato. El mayor regalo que podía darle estaba allí dentro, por eso él
tuvo mucho cuidado al llevarle la comida a su esposo.
–Aquí tienes, cielo. –balbuceó con la voz rota mientras acercaba la
bandeja al escritorio de su amado.
–¡Joder, joder! Como estorbas Taehyung, solo para molestar
sirves. –gruñó Jungkook con la vista pegada al monitorio. Taehyung
sonrió con todas sus fuerzas y se tragó el llanto.
–Cielo, hazme un espacio en tu escritorio, por favor. –pidió en un
susurro, pero su querido esposo no reaccionó. –Amor, necesito dejarte
esto. –habló un poco más fuerte esta vez, y Jungkook lo ignoró por
segunda instancia. –Kookie, la comid…-
–¡Ya lárgate! –gritó su esposo golpeando la mesa, asustando
repentinamente a Taehyung, quien soltó la bandeja.
Esta cayó al suelo haciéndose añicos al instante junto al plato y al
vaso que llevaba, provocando un desastre en los pies de ambos.
Y sintió terror.
–¡Eres un inútil, pedazo de mierda! –aulló Jungkook, y Taehyung
cubrió su rostro antes de sentir como su esposo le propinaba el golpe en
el estómago que lo hizo caer en el suelo.
Se prohibió chillar del dolor, a Jungkook le iba a molestar. Cerró
su boca con fuerza mientras sentía cada patada de su esposo en su
cuerpo, cada grito a taladrando su mente. Pero Jungkook lo quería, sí
muy a pesar de todo, en lo más profundo, lo que le hacía. Jungkook
debía de quererlo.
Abrió la boca dejando escapar un jadeo cuando Jungkook pateó
su estómago.
No, Jungkook no debía herirlo allí, no.
–Kookie. –susurró bajando sus manos de su rostro hasta su
estómago, en un vano intento de protegerse.
–¡Cállate, mierda! –gritó Jungkook antes de patear su rostro.
Taehyung sintió como su sangre caía por su nariz y su boca,
apenas tenía visión de lo que pasaba a su alrededor, y su cuerpo
entumecido no sentía dolor.
–Detente. –volvió a susurrar intentando tomar con las manos
golpeadas y ensangrentadas los pies de su esposo.
–¡No me toques! –escupió su amado mientras desabrochaba su
cinturón.
–K-Kookie… n-no. –balbuceaba Taehyung ya sin controlar las
lágrimas de desesperación que caía por su rostro.
–Te enseñaré a callarte. –habló Jungkook mientras elevaba el
brazo con su cinturón en mano.
[…]
Apreció con lo poco que podía ver como el piso estaba totalmente
impecable. Luego de horas de limpieza en cuanto Jungkook abandonó el
departamento, por fin pudo respirar en tranquilidad. Tragó con fuerza
la sangre que se acumulaba en su boca aun luego de la paliza, todavía
tenía heridas abiertas sin tratar y aunque no lo notara seguía sollozando
del shock.
Usualmente su amado no lo golpeaba tanto, a veces simplemente
eran bofetadas para comprender los errores que cometía.
–Lo estaba molestando. –se convenció con la voz ronca por los
gritos mientras su esposo lo azotaba con el cinturón de cuero.
Oyó el sonido de las llaves en la puerta y comenzó a llorar, presa
del pánico. Arrastrando sus pies a causa del dolor, se encerró en el baño
para lavar sus heridas y tratar de cubrir todo lo que lograra.
A Jungkook no le gustaba verlo lastimado.
–¿Taehyung? –escuchó del otro lado de la puerta y la botella de
agua oxigenada cayó de sus manos.
–Y-ya salgo, cielo. –pronunció sus palabras lo más claro pudo,
lastimando sus cuerdas vocales otra vez. Tomó su camiseta más suelta y
oscura posible, poniéndosela y aguantando los quejidos de dolor.
Salió del baño y notó que su pulso temblaba. Caminó tratando de
mantener el paso lo más firme posible y entró al cuarto, encontrándose a
Jungkook con la vista fija en el suelo. Su respiración se volvió errática,
su cabeza comenzó a doler como el infierno y tuvo que sostenerse del
borde del armario para no caer al suelo.
Su esposo lo miró como jamás lo había hecho.
Con horror.
Sus ojos daban crédito a lo que veía frente a él.
–Oh Dios… –susurró, tomando a Taehyung en el momento que
cayó totalmente inconsciente en sus brazos, por la pérdida de sangre.
Capítulo I
La familia Kim era conocida por sus costumbres anticuadas, un
linaje puro y sofisticado. Además, de incontables riquezas las cuales se
multiplicaban con el pasar de las generaciones; médicos, abogados,
empresarios, nobles y burgueses habían formado parte de esa
reconocida familia.
Una práctica habitual que había sido respetada sin importar
quienes fueran los jóvenes en la familia era, y jamás cambiaría, el
matrimonio por conveniencia.
Kim Yangmi y Kim Daehyun habían decidido que, finalmente,
sus tres hijos habían llegado a la edad suficiente de poder
comprometerse como buenos pretendientes y, con suerte, ser elegidos
por el único hijo de la familia Jeon, Jungkook.
La llegada del joven de 23 años a la casa fue una revolución entre
os sirvientes y criados del hogar. Los hijos fueron vestidos, arreglados y
preparados para presentarse con sus mejores galas frente al muchacho,
y con suerte, alguno causaría una mejor impresión que sus otros dos
hermanos.
Taehyung, con sus ya 17 años, estaba particularmente nervioso,
Su posición siendo el hijo del medio no era la más favorable ya que,
aunque no lo quisiera, solía pasar desapercibido ante la mirada de los
pretendientes de la familia.
Era ridículo, por ser hombre se suponía que él debía ser deseado
por otras familias, pero su suerte no era tan buena y sus talentos eran
menospreciados al punto de ser considerado únicamente como una
posibilidad.
Él siempre era una opción, no la prioridad.
Ese día en particular, la nieve mostraba calma, el frío congelaba
los huesos y no corría una ráfaga de viento. Era un día para dormir,
estudiar y descansar. Sus hermanas así lo consideraban.
–Taehyung, de verdad que no confío en ese chico. –murmuró la
menor, Taeyeon, acomodándole la camisa con ternura.
Su hermano estaba emocionado, él realmente quería ser el elegido
de la familia, su inocencia pura y aura sensible era algo que a muchos
hombres podría llegar a gustarle. Taeyeon sabía y entendía la emoción
de su hermano, él anhelaba sentirse especial al menos una vez en su
vida, pero malos rumores habían llegado a los oídos de la muchacha y
poco confiaba en el desconocido que bajaba del auto en frente de su
hogar.
–Aún no has hablado con él. –se justificó el chico, mirándose al
espejo con una sonrisa.
Estaba preparado, había leído los suficientes libros de etiqueta y
romance como para actuar como era debido frente al pretendiente. Se
había esforzado más que sus hermanas, ellas mismas habían
demostrado su descontento ante aquel arreglo matrimonial, más él
había dado lo mejor de sí para que sus padres le permitiesen participar.
El timbre de la casa sonó y Taeyeon tomó distancia de su
hermano, observándolo con mirada melancólica. Tenía un terrible
presentimiento, Tiffany se había negado a convencer a Taehyung de no
participar, y la actitud evasiva de sus padres no detuvo al chico de
querer formar parte de aquella ceremonia.
Pasos se oyeron en el hall y voces bastantes prepotentes
resonaron en las paredes. Debían bajar.
Los dos hermanos bajaron tras la mayor a paso lento, Taehyung
esperaba que Tiffany querría llamar la atención del desconocido, más su
vestido al igual que el de Taeyeon parecía de lo más normal. Él quizás
podría destacar.
–La mayor, Tiffany, se encuentra estudiando contaduría mientras
que la más pequeña, Taeyeon, aún está en el instituto, en el área de
ciencias. –habló su padre, observándolos en silencio al verlos bajar.
Taehyung lo miró, rogando que no lo avergonzara frente al
pretendiente. Él estaba allí, él también era una opción.
<<Papá, yo también formo parte de esta familia>> pensó.
–Taehyung, finalizó los estudios el año pasado, se está dedicando
al arte y a la música. –lo presentó su madre, parándose a la par de su
marido.
Todos en la sala sintieron el desprecio, su voz detonaba asco y
vergüenza, aquella que quisieron ocultar cuando trataron de
convencerlo de no participar. Y, aun así, en vez de simplemente ignorar
su presencia, el joven lo miró.
El muchacho a los pies de la escalera era, a los ojos de Taehyung,
el hombre más hermoso e imponente que había conocido en su vida. Su
mirada penetraba las barreras de lo cómodo, te obligaba a removerte en
tu lugar de temor y Taehyung podría comprar esos ojos negros con la
noche más fría del invierno más cruel. Ese hombre a los pies de la
escalera habría atemorizado a cualquier pretendiente.
Menos a Taehyung.
–Nuestro residente se llama, como ustedes ya sabrán, Jeon
Jungkook. Estará un mes en nuestra casa, evaluando sus actitudes y
modales, eligiendo a uno de ustedes tres para llevar a cabo el
matrimonio. –finalizó su padre, haciéndole un gesto con las manos que
podrían retirarse.
Tiffany se acercó a Jungkook en silencio, analizándolo de arriba a
abajo con poca simpatía, y desde ese momento Taehyung supo que ella
no estaba interesada.
Taehyung volvió a su habitación cuando el nuevo residente se
presentó ante Taeyeon, su hermana era hermosa y eso no se podría
negar, así que dando por pérdida aquella lucha por sentirse querido.
Entró a su dormitorio para encerrarse en paz; los lienzos y
pinceles estaban bien ocultos bajo una tela de color carmesí en la
esquina de la habitación, lo único llamativo en aquel dormitorio era, sin
duda alguna, la muñeca de trapo que en su cama reposaba. Perfecta,
algo sucia y aun así hermosa, esa muñeca lo definía como persona.
–Espero que no nos avergüences. –la voz de su madre tras la
puerta lo obligó a girarse.
Taehyung negó con la cabeza como si ella pudiera verlo, no debía
hablarle si ella no se lo permitía.
–Jeon está interesado en tu hermana, pero si por esas
casualidades de la vida, se fija en ti, no lo arruines. Algo bien debes de
hacer en esta vida, Kim.
Su madre solía mantener su tono de voz al mismo volumen,
pocas veces se permitía ser expresiva a su alrededor, y el hecho de que
despreciara a su único hijo era el reflejo del rechazo a su mismo padre
tenía hacia él.
Estaba acostumbrado.
Miró a través de la ventana como Taeyeon escuchaba a Jungkook
en silencio, bajo el techo de una mesa en el jardín. Jungkook era su única
esperanza de sentir cariño alguna vez en su vida, de sentirse especial y
amado. Jungkook era el príncipe azul que lo sacaría de esa torre
custodiada por dragones, él lo liberaría de ese encierro.
Pero Jungkook no era un príncipe azul, él era el peor de los
dragones.
Capítulo II
–… es desagradable, ególatra. ¡Por Dios! ¡Taehyung! ¡Hazme
caso! –chilló Taeyeon, empujando a su hermano con fuerza, intentado
que este reaccionara.
El chico suspiró, agobiado.
Ella había rechazado al residente de la casa, fue totalmente
descarada y esa queja llegó a los oídos de sus padres, quienes habían
castigado al trío de hermanos por su incompetencia.
Y ahora, la chiquilla, parecía decidida a desanimar y llenarle la
cabeza al muchacho, quien no dejaba de leer su novela romántica frente
a la ventana.
–Tiff, por favor, ayúdame. –rogó la más joven, mirando a su
hermana casi con desespero.
Ella ya no sabía que hacer, con solo pasar una hora en compañía
del pretendiente, pudo darse cuenta de que cada terrible rumor que
había llegado a sus oídos era cierto.
–No me interesa lo que él haga. –espetó la mayor, continuando
con su lectura.
Taehyung fingió, como siempre lo había hecho, que no le dolía la
indiferencia de su hermana. Estaba acostumbrado, su relación había
sido la misma desde que tenía memoria. Ella lo odiaba, él lo sabía, y aun
así habían vivido 17 años en la misma casa sin discutir.
No había sido difícil, ella se alejaba, él había aprendido hacerlo
también, y solo cuando era estrictamente necesario se dirigían la
palabra.
–Es tu hermano. ¡Deja tu orgullo de lado y haz algo! –gritó
Taeyeon, al borde de una crisis de nervios y eso fue suficiente para que
la compostura de la mayor se fuese al diablo, dejando el libro sobre la
mesa con un fuerte golpe.
–¡Yo no quería tener un hermano! –habló firme, con el mismo
tono que su misma madre tenía.
Frío, eso fue lo que sintió Taehyung ante su voz y tragando con
fuerza aquel nudo en su garganta se giró, mirándola a los ojos.
–Te recuerdo, Tiffany, que yo no pedí nacer. –él no iba a gritar, no
valía la pena.
Por mucho que quisiera hacerlo, explotar y mostrar su
frustración, sabía que debía controlarse. Tiffany utilizaría cada una de
sus palabras a su favor, solo para hacerle daño.
<<Al igual que lo hace mamá>> pensó.
–Ojalá no lo hubieras hecho. –espetó la mayor, sentándose
nuevamente en el sofá, agarrando el libro que tenía antes en sus manos
para volver a su lectura.
Pocas veces el silencio hería, muy pocas veces la mirada de
Taeyeon se humedecía, y casi nunca Taehyung lloraba.
No lo hizo de todos modos, simplemente se giró retomando su
lectura, ignorando algunas lágrimas que se deslizaban por sus mejillas.
Taeyeon, tampoco habló, se sentó frente a la chimenea mirando el fuego
con cierta melancolía, y por un momento, deseó que su hogar tuviese la
misma calidez que esa leña ardiendo tenía.
[…]
Taehyung, bajó las escaleras en silencio, mirando el tapizado que
la decoraba. Era ya la tercera semana con Jungkook en su casa y él ya se
había dado por vencido. Luego del escándalo en la biblioteca, e chico se
había mostrado recio a intentar nuevamente algo con sus hermanas y
lucia bastante desinteresado en Taehyung, lo cual no era sorpresa.
Las ilusiones del muchacho se fueron al carajo al ver como
Jungkook se encerraba en su habitación casi todo el día, ni siquiera
haciendo el más mínimo intento en acercarse al único hijo de los Kim.
Taehyung ya se daba por rechazado.
Pero cuando terminó de bajar las escaleras y por suerte o
desgracia, se encontró a Jungkook colocándose su chaqueta, sus pies se
congelaban. Se ponía nervioso alrededor del huésped, aún si solo
quedaba una semana hasta que este se fuera de su hogar.
Jungkook se giró en silencio, clavando su oscura mirada en el
chico a los pies de la escalera. Frío recorrió de pies a cabeza a Taehyung,
provocándole un escalofrió y lo más extraño. La mansión estaba muy
bien calefaccionada.
–Hola. –habló Jungkook.
Era la primera vez que Taehyung oía su voz y estaba encantado.
No terminaba de encajar con su mirada gálica, ni su postura rígida, pero
fue suficiente para derretir al joven y convertirlo en un muy tímido
adolescente avergonzado.
–¿Quieres tomar algo? –lo invitó.
Taehyung no gritó de la emoción, se iba a reservar cualquier
actitud vergonzosa frente al hombre mientras pudiera. Solo asintió,
tomando su abrigo, mientras salía tras él en silencio. Por fin, por
primera vez, era reconocido como opción, como una posibilidad. Una
verdadera posibilidad.
La cafetería en la que Jungkook decidió pasar la tarde era
hermosa, sofisticada, cálida. Taehyung estuvo encantado de que
Jungkook le pagase un café negro con medialunas, aunque no le
preguntó si le gustaba.
El joven estaba feliz, seguramente sus ojos inocentes lo reflejaban,
porque Jungkook con el paso de los minutos pareció relajarse lo
suficiente como para entablar una conversación con Taehyung.
–Entonces ya no estudias. –habló el hombre, clavando su mirada
en los ojos de Taehyung, provocando un estremecimiento en el joven
que lo recorrió de pies a cabeza.
Esos ojos negros parecían inhumanos si no les prestabas la
suficiente atención, pero Taehyung sí lo hacía, y pudo apreciar el
verdadero tono avellana oscuro que los teñía. Se enorgulleció de no
hacerse intimidado.
–Me dedico al arte, a pintar en óleo y escribo poesía. –contestó el
muchacho.
La dicha lo recorrió entero cuando Jungkook sonrió mientras
tomaba un trago de su propio café. Eso era suficiente, un hombre que no
lo denigrase era más que suficiente para que él cayese a sus pies.
Por eso no se preocupó cuando Jungkook habló sobre sí mismo
toda la tarde, cuando el hombre se centró únicamente en su éxito
económico y nunca mencionó su vida privada. Eso no le importó,
porque así pudo evitar avergonzarse frente a él, y así pudo notar como
esos ojos oscuros brillaban de alegría cuando Jungkook hablaba sobre
algo que le apasionaba, algo que amaba. Eso era suficiente para
Taehyung.
Volvieron a la mansión cuando la noche ya estaba cayendo.
Taehyung estaba que no podía con la alegría que lo llenaba por dentro.
Jungkook había dicho que él era mejor que sus hermanas, lo había
comparado y solo para decirle cumplidos.
Es un ángel, pensó con una radiante sonrisa cuando Jungkook lo
invitó a salir a cenar al día siguiente. Él no creía que se sentiría así de
bien el ser querido, el ser notado por alguien. Era hermoso, se sentía
volar cuando Jungkook le sonreía. Él hubiera pagado hasta quedar en la
ruina con tal de que esa sonrisa jamás se hubiese desvanecido de sus
labios.
–Qué gusto nos da que hayas ido con mi hijo a tomar un café en
una tarde tan agradable –habló Yangmi, nada más ver a la pareja de
chicos entrar a la casa.
Taehyung no podía creer que su madre estuviese sonriendo,
complacida, por algo que él había hecho. ¿Acaso ese día podía ser más
perfecto?
–¿Te casarás con Taehyung? –cuestionó la mujer, clavando su
mirada en su hijo.
Esa debía ser, en años, la primera vez que su madre lo llamaba
por su nombre. La mirada de Jungkook pasó de estar sobre su madre, a
estar sobre Taehyung.
<<Por favor>> rogó con sus ojos. Es lo único que quería, lo único
que deseaba en su vida.
–Sí. –fue lo único que salió de los labios del invitado. Suficiente
para Taehyung y su madre.
Finalmente estaba pasando. Por fin él era elegido, por fin él sería
salvado. Por fin él sería amado.
Capítulo III
[Cuatro meses después]
Los preparativos de la boda fueron planeados única y
exclusivamente por sus padres. Él no participo, no pudo hablar, y
Jungkook lucía más interesado en sus negocios y empresa que en
decidir, como mínimo, el color de las decoraciones.
No había sido fácil tratar con Taeyeon tampoco.
La niña estaba ofendida y eso era decir poco, si decepción y furia
se dejó ver nada más su madre dio el anuncio de la boda frente a la
familia. Gritó, poco le importaban los castigos que su padre le impuso y,
lo único que la hizo callar fue que Taehyung tomase su mano y le
prometiese hablarlo más tarde.
Discutieron como era de esperar y el ambiente en esos cuatro
meses parecía empeorar más y más. La mansión estaba constantemente
en silencio, quizás interrumpido por el murmullo ocasional de los
sirvientes, pero entre familiares poco se hablaba.
Taehyung aun así estaba feliz. Su madre lo miraba a la cara, llegó
a hablar con él con una sonrisa en el rostro y a alardear de las
habilidades artísticas de su hijo. Aun así, él no tuviese voz ni voto,
estaba feliz de que su familia quisiese preparar una fiesta tan importante
que cambiaría su vida.
Y, como en cada fiesta realizada por la familia Kim, el ambiente
no era alegre. Ya no nevaba, no tanto como lo hacía al principio, pero el
frío carcomía los huesos de los invitados. El casamiento tenía pinta de
ser igual de trágico que todos los matrimonios de hubo en su familia, la
sensación en el aire así lo mostraba.
Taehyung estaba feliz, acomodándose una y otra vez su traje de
gala blanco mientras miraba su muñeca tras él. Lo bueno de casarse en
su propia casa era eso, la comodidad, el sentirse familiarizado con ese
vacío en el pecho y no preocuparse por el hecho de que apenas había
pasado tiempo con su novio.
Novio, sonaba raro en su cabeza. Incorrecto.
No hubo propuesta como en las novelas románticas, ni un primer
beso, ni verdadera cita. Su relación con Jungkook no se parecía en nada
a la que los libros relataban.
En realidad, las cosas no habían cambiado tanto. Taeyeon seguía
tratando, pero con más ímpetu, de llenarle la cabeza, mientras que
Tiffany ignoraba su existencia como lo había hecho siempre.
La única diferencia era el trato de sus padres hacia él, aunque no
se notará. No lo trataban mejor, pero le hablaban, no le decían cosas
bonitas, pero no lo ignoraban. Era un avance, cualquier avance era
suficiente para Taehyung.
Jungkook, por su parte, no era muy demostrativo. Taehyung
tampoco esperaba una dramática demostración de amor, pero incluso
las sonrisas provenientes de su rostro eran extrañas de ver. Jeon no
sonreía, no se quejaba, no se enojaba. Ese hombre tenía un constante
control de sus sentimientos que llegaban a asustar, a preocupar, porque
Taehyung realmente no lo conocía.
Taehyung no tenía la más mínima idea de quien era realmente el
hombre que estaba acercándose al altar.
No era la sensación más reconfortante del mundo, ese hombre ni
siquiera había invitado a su propia familia a la boda. Supuestamente
porque la familia era pequeña y al igual que él, muy ocupada. El único
invitado por parte de Jungkook era su guardaespaldas y Taehyung no
sabía si quiera si eso contaba como invitado.
Tampoco se había animado a acercarse a ese hombre alto,
pelirrojo, cuyos ojos distaban mucho de ser fríos como los de Jungkook.
No era suficiente, Taehyung quería preguntarle a alguien sobre su
prometido, Taehyung quería saber cómo era Jungkook en su casa, si era
gruñón al despertar o si de pequeño había tenido amigos imaginarios.
Él, realmente, no tenía manera de saber quién era el hombre con
el que se estaba casando. Trató de que sus pensamientos no perturbaran
su sonrisa, tenía la mirada de los invitados sobre él, no se podía
equivocar.
Pero, por un momento, no pudo evitar temerle a esa mirada
gélida que su futuro esposo mostraba. No debería tenerle miedo, ¿no?
Pero ¿era realmente normal que Jungkook matase con solo clavar sus ojos
en alguien?
Jungkook no era el príncipe azul de los libros relataban, su
caballero a caballo de brillante armadura. Jungkook no se parecía en
nada a lo que esos libros que Taehyung tanto amaba le describían.
Taehyung se estaba olvidando de los antagonistas de esos negros
dragones con palabras dulces que acaban con la pureza de todo el que le
acercaba. Taehyung se estaba olvidando de los peligros de dejarse llevar
por una sonrisa bonita y falsas promesas.
Por eso él agrandó aún más su sonrisa, no importaba qué tan fría
era la mirada de ese hombre que tanto le gustaba. No mientras él lo
alejase de esos monstruos que tanto lo lastimaban.
–Luces bien. –dijo el mayor, por primera vez en todo el día,
sonriéndole levemente mientras tomaba su mano y la acariciaba con la
yema de los dedos.
<<Taeyeon estaba equivocada>> pensó, con un ligero rubor en sus
mejillas.
Ese hombre frente a él, cuyos ojos mataban, no podía ser tan malo
si su sonrisa era encantadora y su voz le enamoraba. No podría ser
realmente tan malo, si lo estaba salvando.
¿Qué clase de mal hombre, tendría en cuenta al hijo de en medio
y aceptaría casarse con el menos agraciado de los tres hermanos? ¿Qué
clase de mala persona, le diría un cumplido sobre su vestimenta y le
sonreiría de aquella manera?
Era imposible que Jungkook fuese tan malo como Taeyeon decía.
Pero él se había olvidado, nuevamente, de lo que aquellos libros
románticos tanto repetían.
De que los ojos eran las ventanas del alma.
Capítulo IV
[Un año después]
–Que tengas un buen… –trató de despedirse Taehyung, con una
sonrisa, más su amado atravesó el umbral de la puerta, cerrándola
frente a él.
Taehyung suspiró, mirando con su ya común temblorosa sonrisa,
hacia la puerta. Estaba bien, de verdad, él entendía que su esposo no
quisiese un beso de despedida, nunca lo había querido de todos modos.
Sólo que esperaba que, con el hermoso desayuno que le había preparado
y que Jungkook apenas había tocado, este cediese un poco de su amor
hacia su marido.
Parecía que un año de matrimonio no había sido lo suficiente
para que Taehyung entendiera que Jungkook era un hombre frío. Y
aunque el único beso, la única muestra de afecto, la única caricia que
había recibido por su parte, hubiese sido el día de su casamiento,
Taehyung parecía no entender que Jungkook no quería besarlo.
Así que, cada día desde la boda, Taehyung lo intentaba. A veces
con más ilusiones, otras por simple inercia, pero jamás rindiéndose.
Taehyung había esperado al principio que con el pasar de las
semanas Jungkook se abriese un poco más a él y la ternura que en algún
lugar de su cuerpo ocultaba, saliese a la luz. Pero no, ni una palabra
bonita, ni una sonrisa encantadora, ni una caricia bajo las sábanas.
Jungkook ni siquiera le había hecho el amor.
Y Taehyung trató de convencerse que no era porque Jungkook no
lo deseara, simplemente el hombre estaba muy cansado y poco
interesado en esas cosas.
Sí, eso debía ser.
Volvió sus pasos hacia el comedor, hallando ambos desayunos
apenas sin tocar. Al final, había sido en vano otra vez, todo su esfuerzo
por pasar algo más que unos simples minutos al lado de su esposo.
No podía mentir diciendo que no dolía, a veces, simplemente no
siquiera veía los ojos de Jungkook en todo el día, y en la noche él llegaba
tan tarde que Taehyung se encontraba a sí mismo acurrucado en una
esquina de la cama, fingiendo estar dormido, para oír como Jungkook se
preparaba y acostaba a su lado, sin siquiera acariciarlo. Sin siquiera
intentar despertarlo.
Taehyung se había rendido a dormir en sus brazos como aquellas
novelas románticas que él tanto leía. Jungkook simplemente le daba la
espalda, a veces, gruñendo cuando él intentaba acariciarlo, tocarlo,
encontrar algo de contacto.
Por eso, Taehyung a veces se veía a sí mismo, despierto en medio
de la noche a un lado de la cama, mientras el rostro pacífico de su
esposo mientras este dormía. Y esa era, dolorosamente, la única vez en
el día que Jungkook a su alrededor no tenía esa expresión fría, esa
molestia dibujada en sus facciones.
El sonido del contestador retumbó en las paredes del
apartamento y recién en ese momento, se dio cuenta de que alguien
había estado llamando mientras él se aislaba en sus propios
pensamientos y malos momentos.
–[Tiene un mensaje de voz.] –habló la maquina y Taehyung
presionó el botón, mientras recogía la comida de la mesa del comedor.
<<[“Jeon, no te olvides de llevar alguna botella de vino blanco
para la cena de esta noche en la oficina, eres el único que cumplirá el
gusto, no te amargues. ¡Nos vemos!]” >> el muchacho no reconoció al
dueño de aquella voz.
Jamás la había oído, pero eso era lo que menos le importaba. Él
no tenía ni idea de esa cena. ¿Acaso Jungkook la habría olvidado? ¡Esa
podría ser la oportunidad perfecta para ir juntos a una “cita” y ser
presentado oficialmente como su pareja!
La alegría que hacía unos minutos se había desvanecido de su
cuerpo, volvió con aún más ímpetu, llenándolo de energía. Taehyung
estaba decidido a verse hermoso esa noche, solo para hacer sentir
orgulloso a Jungkook de estar casado con él.
Quizás con suerte, esa noche podría gustarle lo suficiente a su
esposo y sería amado por él.
Pasó absolutamente todo el día limpiando y arreglando la casa,
para cuando Jungkook regresara él lograra estar listo para acompañarlo
a esa cena. Lo último que quería era atrasarlo, esa noche debía ser
perfecta, él no podía equivocarse. No podía perder tal buena
oportunidad.
Cuando el reloj dio las 9 de la noche, la puerta del departamento
se abrió, dejando ver a un Jungkook con la mirada caída y sus labios
algo lastimados, seguramente por el frío invernal.
–¡Cielo! Ya estoy listo. –avisó Taehyung, nada más oírlo entrar al
departamento y corrió a su encuentro dejando ver sus mejores ropas.
Quizás, si a Jungkook le hubiese importado en lo más mínimo el
esfuerzo que Taehyung había puesto en arreglarse, no lo habría
despreciado con solo una mirada. Pero claro, a Jungkook le importaba
una mierda.
–¿Listo para qué? –inquirió el hombre, dejando su maleta sobre la
mesa mientras se dirigía hacia la habitación, ignorando totalmente a su
esposo quien lo miraba a su lado.
<<¿Acaso no le gusta cómo me he arreglado? >> –se cuestionó
Taehyung. <<¿Acaso ya se había equivocado, tirando por la borda todo
su esfuerzo?>>
–La cena de fin de año de tu compañía, casi la olvidas. –dijo
mientras tomaba su muñeca de trapo, que se encontraba tirada sobre el
suelo algo rasguñada, mientras la colocaba nuevamente sobre la cama.
Jungkook detuvo sus pasos, girándose bruscamente para mirarlo
a la cara.
No, esa mirada no, no la mirada irritada otra vez.
–¿Cómo siquiera te has esterado? –su voz sonó molesta, furiosa,
con los ojos clavándole dagas y sus manos firmemente apretadas en su
corbata.
–Alguien dejó el mensaje en el contestador, alguien que quería
vino blanco. –el muchacho desvió la mirada, huyendo de aquellos ojos
acusadores y enfurecidos.
Quizás, cuando todo había comenzado, esa mirada no le habría
asustado, pero ahora, aquellos ojos gélidos lo miraban sólo a él y
buscaban matarlo con solo observarlo, aterraban.
Dolían, asustaban.
–¿Irás? –el hombre preguntó decepcionado.
Jungkook no lo quería en esa cena, Taehyung lo había entendido,
pero él no quería rendirse.
–Sí.
[…]
Taehyung no sabía que esperaba conseguir siendo tan necio, ni
siquiera había pasado una hora desde su llegada a la cena de fin de año
y ya quería huir de allí. Los compañeros de trabajo llegaron a ser peor
que el mismísimo Jungkook, con miradas burlonas e incluso desprecio,
fijas en su persona.
En medio de la comida, Taehyung huyó al baño en busca de algo
de calma. Estaba agotado, frustrado, con tanta gente haciendo
comentarios bajos sobre él a sólo metros suyo y chistes que no
terminaba de entender, estar completamente en alerta y con la guardia
alta estaba cansándolo.
Humedeció su rostro con agua fría, quitándose el maquillaje con
las toallas de papel que estaban a mano. Él amaba maquillase, sentirse
más bonito, pero de nada le había servido. Jungkook había pasado por
alto lo mucho que él se había arreglado, la única atención que había
recibido era la del socio de Jungkook quien murmuró: “Es hombre, ¿no?
¿Por qué se maquilla?”
Tragó con fuerza mientras veía su rostro lavado en el espejo del
baño. Su esposo ni siquiera se había esforzado en defenderlo. Pero no
importaba, estaba bien, probablemente lo defendería cuando él no
estuviera presente. Eso era lo que, hacia la gente con etiqueta, con
modales.
Sí, eso era.
Volvió al gran comedor en silencio, oyendo las risas de los
invitados.
–… Wendy estaría riéndose en su cara si lo viera. –gritó un
hombre entre carcajadas, golpeando la mesa.
Taehyung frunció levemente el ceño, espiando bien oculto detrás
de una de las esculturas cercanas a la mesa.
–Me hubiese encantado venir con ella, pero por culpa del imbécil
de Choi, este terminó enterándose. –Jungkook masajeó el puente de su
nariz, señalando hacia el pasillo donde Taehyung se había ido.
<< ¿Quién era Wendy? ¿Estaba hablando sobre él?>>
–Ay Jungkook, algo bueno debe de tener este niñato. –habló una
de las compañeras, limpiándose las uñas mientras miraba al que era su
esposo con una ceja arqueada.
<< ¿Niñato?>>
–Hazme caso, no puedo ni compartir el desayuno con él, no
soporto verle la cara tan temprano. Es escucharlo decir tres palabras y
perder la paciencia, ¿a mii qué me importa los colores que piensa usar
para sus “obras maestras”? Encima luego espera que le dé un estúpido
beso de despedida, como si estuviera yendo a la guerra. –las palabras de
Jungkook salieron tan naturales, fluyeron tan bien en sus labios, que
Taehyung no podía considerar que él estuviera mintiendo.
Jungkook realmente odiaba desayunar con él.
–¿Pinta? ¿A eso se dedica? –la misma chica estalló en risas,
agarrando una copa de vino a duras penas, salpicando la mesa.
–Pintar, sí, pero parece un niño aprendiendo a dibujar. ¿Talento?
No tiene. Es obvio que me casé con él por sus habilidades, apenas si
sabe limpiar la casa como se debe. –dijo chasqueando su lengua, con un
profundo suspiro. –Su cara no es bonita, y sinceramente, tener sexo con
él es impensable. Por Dios, su cuerpo parece el de un niño, no tiene
forma en lo más mínimo.
Algunos de sus socios estallaron en carcajadas, aplaudiendo,
como si eso fuera realmente un espectáculo. Un espectáculo donde
partían su corazón en miles de pedazos.
<<Realmente le doy asco>> pensó con un nudo atravesando su
garganta, mientras que intentaba abrazarse a sí mismo, brindándose
algo de consuelo y calor.
Se sentía tan solo, tan herido, su cuerpo causándole tanto rechazo
que vomitaría allí mismo.
–Con razón te acuestas con Wendy. Ademas de buena secretaria,
es buena en la cama, ¿a qué sí? –habló el mismo de la contestadora,
sirviéndose champagne en su copa.
Como si hablar de infidelidades fuera lo más normal del mundo.
Como si no estuvieran haciendo daño, destrozando una relación,
hiriendo y humillando a la otra persona.
–No seas desagradable. Es una hermosa mujer, inteligente, capaz,
hace años que estamos juntos. –el hombre estaba realmente indignado.
Jungkook estaba haciendo por ella, lo que jamás haría por el chico
que lo amaba.
–Ella me gusta, me tiene loco en realidad, pero mis padres no la
querían aceptar. Esos estúpidos viejos quisieron que me casara con uno
de los Kim, y el imbécil de Taehyung aceptó a la primera. De no ser por
Wendy, estaría condenado a la miseria. ¿Tienen idea de lo que es estar
casado con alguien que ni siquiera soportas? Juro por mi vida que me
arrepiento tanto de haber cedido.
Taehyung estaba haciendo su mejor esfuerzo, de verdad,
cubriendo su boca para que los sollozos no se escucharan y secando sus
lágrimas con la tela de su camisa.
Jungkook no lo amaba, lo odiaba. Lo despreciaba, lo repugnaba.
El hombre que lo había salvado, su héroe, no lo quería.
Eres ridículo>> susurró su mente, apuñalándolo en el corazón,
<<
provocando que sus lágrimas fueran en aumento.
No, no debían verlo llorar. Él no soportaría más burlas, no las
aguantaría, se rompería frente a ellos y lo humillarían aún más. Se
arrastró hasta el pasillo, rogando para que nadie lo viera y camino
nuevamente hasta el baño para encerrase en su soledad y poder llorar
en paz.
Su llanto un poco más audible y las lágrimas impidiéndole ver
frente a él, era quizás la imagen más lamentable que Taehyung había
tenido en años. Él de verdad era ridículo.
Y quizás, lo más triste, era que solo el guardaespaldas de
Jungkook lo había visto. Sólo él era testigo del verdadero daño que le
habían hecho.
Ni siquiera Jungkook era consiente de todo el dolor que estaba
causando.
Capítulo V
–Podrías intentar ser más cariñoso, darle algo de amor. –el
hombre levantó la vista de su escritorio, mirando fijamente al rostro
gélido de su guardaespaldas. ¿Eso era una orden o una sugerencia?
–El amor no me ha llevado a estar donde estoy, Hoseok. Soy uno
de los empresarios más poderosos con solo 24 años y no es porque haya
sido cariñoso. –tenía Jungkook la palabra asco escrita por todo su rostro,
como si el solo pensar en algo que tuviese que ver con el amor le causase
nauseas.
–A ti, el amor, te ha llevado a ser un hombre promedio. Podrías
ser rico si no fuera porque te hiciste cargo de tu hermano, en vez de
haberlo dejado en ese mugroso orfanato –la mano de Hoseok se aferró
firmemente a la garganta de Jungkook, clavándole la mirada en sus ojos.
Era quizás, la primera vez en años, que Hoseok osaba
amenazarlo.
–Escúchame bien, Jungkook. –su voz, rasposa y ronca, se deslizó
fríamente por los oídos de Jungkook, helándole la piel y erizando sus
cabellos.
Sus manos, hechas puños en su regazo, por la impotencia de no
saber defenderse.
–Soy lo más cercano que tienes, y probablemente tendrás, en tu vida
a un hermano, a un amigo. No soy la puta de tu esposo, no intentes
malinterpretarme. –esos malditos dedos estaban clavándose en la
garganta de Jungkook, empeorando la respiración del hombre.
–Yo soy capaz de irme, no moriré si lo hago. Puedo conseguirme
una vida decente sin ti. Pero tú eres lo único que tiene Taehyung, el
imbécil de tu esposo, y probablemente él sea el único ser humano que
vaya a amarte en tu miserable vida, Jungkook. –lo soltó bruscamente,
dejando que finalmente el aire llegase a los pulmones del hombre en el
escritorio.
Jungkook apenas podía hablar, jadeando mientras acariciaba su
propia garganta con los dedos.
–Ponte el anillo, acepta que te casaste con él, o divórciate. Le estas
arruinando la vida a un chico que, al igual que tú, no sabe que es ser
amado. –dijo Hoseok mientras tronaba su cuello, con una mueca de
satisfacción dibujada en su rostro y su postura bastante relajada.
–Estaré esperado en el hall, ya sabes cómo llamarme por si ocurre
algo. –esas fueron sus últimas palabras antes de salir del estudio de
Jungkook, caminando por los pasillos del departamento del muchacho.
Sus ojos pudieron ver, muy de reojo, a Taehyung dentro de la
habitación, mirándose en silencio frente al espejo. Y sólo, por milésimas
de segundos, sus miradas se encontraron, pero Taehyung tampoco halló
piedad en esos ojos.
[…]
Taehyung estaba en silencio, tratando de coser su muñeca de
trapo rota.
Estaba evitando con todas sus fuerzas llamar la atención de
Jungkook, quien se encontraba a unos metros suyo cambiándose de
ropa para irse a dormir de una buena vez. El silencio no era cómodo.
Algo había en la cabeza de ambos muchachos que les estaba haciendo
terriblemente incómoda la compañía del otro.
–Nunca me has hecho el amor. –murmuró Taehyung, terminando
las reparaciones de la muñeca en sus manos. Jungkook levantó la vista
de su pantalón, frunciendo el ceño.
¿A qué venía eso?
–¿Qué? –su voz salió algo brusca, por la costumbre quizás, y el
menor se removió temeroso en su propio asiento.
<<Tiene el cuerpo de un niño>> retumbó en la cabeza de Taehyung,
se estaba arrepintiendo.
–Se supone que en la luna de miel las parejas hacen el amor.
Nosotros, jamás eh, tú nunca siquiera… –su voz dudó y el nudo en su
garganta le impidió seguir con la oración. ¿De verdad ya iba a llorar?
¿Por qué estaba siendo tan débil?
–¿Tanto te importa? –el hombre lo estaba reconsiderando. De
verdad, estaba teniendo en cuenta la opinión y los deseos de su esposo
por una vez en todo el tiempo que llevaban de matrimonio.
–Sí. –soltó Taehyung, levantando la vista de la cama, mirando los
ojos oscuros de su esposo.
<< Por favor, quiéreme>>
–Bien. –exhaló el hombre, desabrochándose su camisa
lentamente.
[…]
El humo del cigarrillo era algo que le irritaba cuando no venía de
él. Pero en ese momento, era su único calmante luego de tener una
ronda de sexo con su amante. Jungkook miró a la chica a un lado suyo
en la cama, quien dormía plácidamente dándole la espalda. Era bonita,
muy atractiva en realidad, y siempre dispuesta.
Pero era sólo eso y debía estar contento y satisfecho. Al menos
hasta que ese maldito día lo estaba, pero aceptó cumplir los deseos de su
maldito esposo, permitiéndose tener relaciones sexuales con él. No se
había cuidado, Taehyung no tenía ni un indicio de ser un doncel y eso
era suficiente para él. Pero, joder, se había sentido tan enfermo.
<< Enfermo>> repitió su cabeza, un asqueroso eco de lo que su boca
solía decir.
No podía ser sano, su corazón había latido jodidamente fuerte
mientras lo tocaba, su cuerpo ardía tanto que sentía como si estuviera
quemando, y una mierda, se había quemado por jugar con fuego. Se
había quemado por querer hacer el papel del buen esposo, eso era
obvio.
Huyó nada más acabar, ni siquiera se había dignado a mirarle a la
cara al chico que se hallaba tapado por las sábanas. No podía mirarlo,
no sabía ni cómo iba a reaccionar él mismo al ver su rostro.
–Deberías tratarlo mal. –la voz de Wendy lo arrancó bruscamente
de sus pensamientos, provocando que Jungkook parpadease y mirase
con el ceño fruncido. –Para deshacerte de él, trátalo mal. Ninguna
persona se queda al lado de alguien que le grita, lo insulta, lo golpea. Él
te pedirá el divorcio, quedarás bien parado, y felices para siempre.
Esa idea estaba jodidamente mal pensada.
–¿Estás segura? –no tenía ni idea de por qué si quiera la estaba
considerando.
Jungkook no tenía ni idea de las cosas que estaban pasando por
su cabeza esas últimas horas.
–¿Cuándo me he equivocado? –murmuró la chica, girándose,
para volver dormir tranquilamente.
<< Siempre>> susurró algo en la mente de Jungkook. Algo que no
llegó a ser oído.
Y, mientras tanto, Taehyung estaba devastado. Porque esperaba
palabras bonitas luego de hacer el amor, algunas caricias y algún beso.
Quizás estaba mal esperar algo de cariño, de afecto.
Se sentía sucio, asqueroso. Su piel causaba rechazo, las sábanas
con el aroma a Jungkook lo estaban matando y el reflejo en el espejo a
un lado de la cama sólo le mostraba lo ridículo, feo, idiota que él era.
Porque seguramente, Jungkook lo odiaría aún más, porque él era
un tonto niñato, con el cuerpo de un niño pequeño, inútil y que no sirve
para nada. Porque seguramente, Jungkook se encontraba en la cama con
otra chica, susurrándole todo lo que a él anhelaba escuchar, tocándola
como él deseaba ser tocado.
Amándola como él anhelaba ser amado.
[…]
Un mes más tarde, Taehyung se hallaba en el consultorio del
médico de la familia Jeon. Estaba algo asustado, los vómitos que
experimentaba junto con los mareos estaban matándolo. A penas si
podía disimular frente a Jungkook, quien parecía notablemente más
irritable esos días.
Y, lo que el rubio frente a él estaba diciendo, era cualquier cosa
menos tranquilizadora.
–Jackson, ¿estás seguro? –el muchacho no era de esos que ponían
en duda los diagnósticos del médico de la familia.
Pero Jackson llegaba a ser demasiado despistado, según lo que
había llegado a oír por parte de Jungkook, y estaba rogando porque lo que
ese hombre frente a él estaba sugiriendo, fuese un error. El médico abrió
el sobre con los resultados, leyendo tranquilamente. ¿Acaso no notaba la
desesperación del joven frente a él? Su sonrisa satisfecha, junto con la
mirada alegre que sus ojos mostraron, fue suficiente para que Taehyung
esperase lo peor.
–No, no me he equivocado. Felicidades Tae, estás esperando un
bebé.
Capítulo VI
–¿La amante de Jungkook es bonita, Hoseok? –preguntó.
El menor realmente no confiaba en el guardaespaldas de
Jungkook como para hacerle una pregunta con tanta carga emocional,
pero con el paso de los días luego de la noticia de su embarazo, se había
vuelto mucho más sensible, más débil, y más curioso por la vida de la
persona que él amaba.
–La belleza está en los ojos de quien la ve. –espetó el hombre,
caminando a su lado mientras revisaba distraídamente las tiendas de
había a su lado.
Si bien él cumplía con el rol de guardaespaldas de Jungkook, ese día el
más joven debía salir al centro a hacer sus respectivas compras y él
había cedido para acompañarlo. Pero no contaba con que tuviera que
consolar al chico frente a él.
–¿Es bonita para ti? –el menor detuvo sus pasos, clavando su
mirada en los ojos de Hoseok.
Él definitivamente no estaba hecho para situaciones delicadas.
Por una mierda, esa conversación no debería estar ocurriendo. ¿Quién
en su sano juicio puede hablar de la amante de su propio esposo con
tanta tranquilidad?
–Sí. Volvamos al departamento si ha terminado con las compras,
no estoy aquí para consolarlo. –espetó, guardando las manos en sus
bolsillos mientras señalaba con la cabeza el camino de retorno a los
departamentos.
Taehyung asintió, caminando frente al hombre en silencio
mientras llevaba sus bolsas. Tampoco esperaba mucho más de esa
conversación, él sólo tenía curiosidad, sobre aquella mujer que le había
robado el corazón a quien él amaba.
Con el paso de los días Taehyung veía a Jungkook empeorar en
carácter y todo apuntaba a Wendy, esa desconocida que tanto afectaba a
su vida. Él la odiaba, no tenía energías para odiar. El cansancio por los
malestares, sumado a todo lo que hacía a diario en la casa ya que
Jungkook se la pasaba afuera, terminaba en un Taehyung agotado y
débil.
–Puedes retirarte. –murmuró el castaño al guardaespaldas al
entrar a su departamento. Hoseok asintió, girándose, antes de
desaparecer por el pasillo.
–¿Otra vez has gastado mi dinero? –la voz de Jungkook retumbó
en la entrada, estremeciendo a Taehyung.
<< Lo he hecho enojar, otra vez>> se lamentó el chico.
–Necesitaba pinceles nuevos, Kookie, yo… –dejó las bolsas a un
lado de la puerta, bajando su cabeza.
A la espera de aún más reprimidas por parte de Jungkook. Los
insultos gratuitos se habían vuelto rutina en su vida, y era quizás lo
mejor que podía pasarle.
–No te pedí explicaciones. ¿Piensas cenas o qué? –señaló la mesa
del comedor, preparada para dos.
Dolía mucho. Porque él sabía que a Jungkook le molestaba verlo
comer, porque sabía que Jungkook le mensajeaba a su amante mientras
compartían la mesa y porque sabía que Jungkook ni siquiera lo
soportaba.
<< Él mismo lo dijo, frente a todos >> pensó Taehyung mordiendo
su labio inferior para no llorar.
–No cenaré. No te gusta comer conmigo. –murmuró el castaño,
desviando la mirada. –No es necesario que seas falso conmigo. –susurró,
con excesiva sinceridad para su gusto.
Y ahí estaba, otra vez, su mejilla ardiendo por la fuerte bofetada
que su esposo le había regalado.
–No me faltes el respeto cuando te estoy pidiendo algo por las
buenas, imbécil.
<< ¿No ves lo que provocas tú mismo, Taehyung? >> lo regañó su
mente.
–Sólo quiero dormir. –balbuceó el joven, tragando con fuerzas sus
sollozos para escabullirse a un lado de Jungkook y encerrarse en el
dormitorio.
Él sólo quería dormir el tiempo suficiente, quizás toda la vida,
para que quienes él amaba, lo amasen a él también.
Jungkook observó la puerta cerrarse antes de dejarse caer al
suelo, con la vista clavada en la pared frente a él. No había sido tan fácil
como él esperaba, Wendy le había convencido de que Taehyung se
agotaría rápido, pero estaba equivocada. Y una mierda, Taehyung
estaba aguantando tanto, como si realmente lo amara, como si realmente
estuviese dispuesto a aguantar todo lo que él le hiciera por el simple
hecho de haberse casado con él.
Él, jodidamente. No conocía al chico con el que se había casado.
No supo bien el por qué, acabó frente a la casa de los padres de
Taehyung, tocando la puerta con fingida tranquilidad.
–¿Qué haces aquí? –no le abrió la puerta ningún sirviente, como
Jungkook habría esperado.
Taeyeon apareció con sus ropas de dormir, bastante
malhumorada frente a él, como si fuese a golpearle en la cara a la más
mínima.
–Quiero hablar con tus padres. –aclaró Jungkook, frunciendo el
ceño ante la rebeldía de la niña.
Eso había sido lo que más le había molestado cuando la conoció.
La independencia que tenía el alma de la joven lo irritaba.
–No están, y si quieres hablar de Taehyung, mucho menos. –ella
miró su rostro detalladamente, algo confundida quizás, y abrió aún más
la puerta dejándolo pasar. –Ven, hay algo de lo que debo hablarte.
Jungkook supuso que su expresión confundida había dicho todo,
así que optó por callarse y seguir las órdenes de la pequeña de la casa.
Por primera vez, y sin darse cuenta, permitía que alguien más le diera
órdenes.
–¿Tus padres no quieren a tu hermano? –inquirió el hombre,
nada más tomar asiento en el sofá de la entrada, mirando a Taeyeon con
el ceño levemente fruncido.
–Taehyung tiene el rostro de la primera pareja de mi mamá, el
papá de Tiffany. –la joven acomodó su bata, conectando las ideas en su
cabeza y analizando a su fondo cada reacción y movimiento en el rostro
del hombre frente a ella.
Ese hombre que ya no lucía cuando ella lo conoció.
–Ese hombre abandonó a mi madre cuando Taehyung nació y a
los pocos meses apareció mi papá. Él nunca quiso a Taehyung, era el
constante recordatorio de lo que mi mamá perdió y de lo que jamás
volvería a tener. Tiffany le echar la culpa a Tae de a huida de su padre,
eso es obvio. Ahora mi pregunta es; ¿cómo es que nunca lo habías
hablado con Taehyung? –el hombre estaba en silencio.
No había palabras que quisieran salir de su boca, mucho menos
para explicar el hecho de que él jamás había hablado con Taehyung
sobre su vida personal. Y una mierda, él no tenía la más mínima idea de
qué había ocurrido en la vida de Taehyung con anterioridad.
–Tu rostro no me gusta. Mucho menos tu forma de ser. Pero hay
algo diferente en ti, y me asusta, porque no sé si lo ha hecho Taehyung o
algo tú le has hecho a él. –los ojos de Jungkook se clavaron de golpe en
la mirada molesta de la niña frente a él, dejando su mente totalmente en
blanco. –Lárgate de mi casa ahora mismo Jeon, tus ojos no mienten, y no
me gusta lo que veo en ellos.
[…]
–“… no me gusta lo que veo en ellos…” <<Y aun así, Taehyung
solía mirarme a los ojos como si no le importara, como si me amará >>
susurró Jungkook en su mente, mirando a Wendy vestirse frente a él.
–La próxima vez que vayas a tocarme, trata de que tu cabeza, la
de arriba, también esté aquí. –gruñó la mujer, saliendo de su propio
cuarto cual fiera.
Era la primera vez que Wendy se enfurecía con él. La primera vez
que él se equivocaba. Jungkook frunció el ceño, golpeando el colchón
debajo suyo. Estaba harto de todo lo que ocurría en su mente, en su
corazón, en él, y que no podía entender.
Toda esa mierda que le estaba cambiando a vida, una vida con la
que Jungkook estaba feliz, con la que estaba conforme.
Le daría las suficientes razones a Taehyung para irse de ella de
una buena vez.
Capítulo VII
Llegar al tercer mes de embarazo sin que su Jungkook se enterase
no había sido tan difícil como esperaba.
Jungkook no se le acercaba, había días en los que ni siquiera lo
miraba a la cara y el invierno le daba la excusa suficiente a Taehyung
para usar ropas anchas. Pero, poco a poco, la urgencia de contarle sobre
el embarazo se hacía más fuerte, escalando a la par de lo violento que se
estaba volviendo su amado.
Taehyung se estaba esforzando por ser el esposo perfecto, siendo
tan dulce y trabajador como podía, ignorando el cansancio que su
cuerpo sufría.
Pero, en ese momento, el debió haberse echado para atrás.
Cuando Jungkook enfermó de una simple gripe, la empresa se vino
abajo por el robo de una suma de dinero que era esencial para pagar los
sueldos, y Jungkook ni siquiera estaba presente para hablar con los
trabajadores.
Se había internado en su estudio, el estrés y la presión haciendo
estragos en lo poco que quedaba de empatía en él, y las horas de trabajo
e investigación acabaron por cansarlo, empujándolo a sus propios
límites.
Estaba aislado, ni siquiera se preocupaba por su propia higiene a
menos que Taehyung se lo recordara. Incluso, por momentos, Jungkook
llegaba a hacer y decir cosas que no tenían sentido alguno. Jungkook
estaba jodido, y Taehyung quería remediarlo.
–Lárgate. –escupió Jungkook mientras escribía en su
computadora, en el estudio. Taehyung asintió cerrando la puerta del
mismo y mordió su labio inferior, controlando las lágrimas traicioneras
que amenazaban con salir.
Él amaba a su esposo, jamás se arrepentiría de haberse casado
con el hombre exitoso que era Jungkook. No le importaba el dinero, ni
su malhumor, ni sus arranques de rabia, él amaba su sonrisa
encantadora que pocas veces le había regalado y las caricias que nunca
le había dado.
Él sabía que era su culpa por haber cedido a sus padres de que lo
casaran, aún si Jungkook no pareciera muy entusiasmado con la idea. Y
él en el fondo sabía que su esposo jamás se lo perdonaría, por mucho
que él se esforzara por conseguir su corazón.
Él sabía que su esposo jamás lo amaría.
Suspiró tragando con fuerza y miró el reloj en la pared, si no
hacía la cena rápido su esposo se molestaría. Y Taehyung no quería ver
al objeto de su devoción molesto. Ya había pasado, la noche anterior se
había atrasado por culpa de sus malestares y nada más entrar al estudio,
había recibido como mínimo seis insultos diferentes.
Preparó una sopa caliente, algo rápido pero saludable para que
Jungkook se terminara de recuperar de la gripe que tenía. Él quería ver a
su esposo curado y fuerte otra vez. Él quería que su esposo estuviese
bien.
En una bandeja llevó todo, con un pequeño sobre escondido bajo
el plato. El mayor regalo que podía darle estaba allí dentro, por eso él
tuvo mucho cuidado al llevarle la comida a tu esposo. Tenía la leve,
muy pequeña, esperanza de que la noticia alegrara a Jungkook y,
quizás, sí tenía suerte, lo motivara a ser más cariñoso.
–Aquí tienes, cielo. –balbuceó con la voz rota mientras acercaba la
bandeja al escritorio de su amado.
–Joder, cómo estorbas Taehyung, sólo para molestar sirves. –
gruñó Jungkook con la vista pegada al monitor.
Taehyung sonrió con todas sus fuerzas y se tragó el llanto.
–Cielo, hazme un espacio en tu escritorio, por favor. –pidió en un
susurro, pero su querido esposo no reaccionó. –Amor, necesito dejarte
esto. –habló un poco más fuerte esta vez, y Jungkook lo ignoró por
segunda instancia. –Kookie, la comid…
–¡Ya lárgate! –gritó su esposo golpeando la mesa, asustando
repentinamente a Taehyung, quien soltó la bandeja.
Esta cayó al suelo haciéndose añicos al instante junto al plato y al
vaso que llevaba, provocando un desastre en los pies de ambos.
Y sintió terror.
–¡Eres un inútil, pedazo de mierda! –aulló Jungkook y Taehyung
cubrió su rostro antes de sentir como su esposo le propinaba tal golpe en
el estómago que lo hizo caer al suelo.
Se prohibió chillar del dolor, a Jungkook le iba a molestar. Cerró
su boca con fuerza mientras sentía cada patada de su esposo en su
cuerpo, cada grito taladrando su mente. Pero Jungkook lo quería, sí,
muy a pesar de todo lo que le hacía. Jungkook debía quererlo.
<< No te mientas, Taehyung, nadie jamás te ha querido, él tampoco
lo hará>> susurró su mente.
Abrió la boca dejando escapar un jadeo cuando Jungkook pateó
su estómago.
No, Jungkook no debía herirlo allí, no.
<< Detente>>
–Kookie. –susurró bajando sus manos hasta su estómago, en un
vano intento de protegerse.
–¡Cállate, mierda! –gritó Jungkook antes de patear su rostro.
Taehyung sintió cómo la sangre caía por su nariz y boca, apenas
tenía visión de lo que pasaba a su alrededor, y su cuerpo entumecido no
sentía dolor.
<< Vida mía, detente>>
–Detente. –volvió a susurrar intentando tomar con las manos
golpeadas y ensangrentadas los pies de su esposo.
–¡No me toques! –escupió su amado mientras desabrochaba su
cinturón.
<< Por favor, no lo hagas>>
–K-Kokkie… n-no. –balbuceaba Taehyung ya sin controlar las
lágrimas de desesperación que caía por su rostro.
–Te enseñaré a callarte. –habló Jungkook mientras elevaba el
brazo con si cinturón en mano.
[…]
Apreció con lo poco que podía ver como el piso estaba impecable.
Luego de horas de limpieza en cuanto Jungkook abandonó el
departamento, por fin pudo respirar en tranquilidad. Tragó con fuerza
la sangre que se acumulaba en su boca aún después de la paliza, todavía
tenía las heridas abiertas sin tratar y aunque no lo notara, seguía
sollozando por el shock.
Usualmente su amado no lo golpeaba tanto, a veces simplemente
eran bofetadas para comprender los errores que cometía.
Jamás le había dolido tanto.
–Lo estaba molestando. –se convenció con la voz ronca por los
gritos mientras su esposo lo azotaba con el cinturón de cuero.
Oyó el sonido de las llaves en la puerta y comenzó a llorar, presa
del pánico. Arrastrando sus pies a causa del dolor, se encerró en el baño
para lavar sus heridas y tratar de cubrir todo lo posible.
A Jungkook no le gustaba verlo lastimado.
–¿Taehyung? –escuchó del otro lado de la puerta y la botella de
agua oxigenada cayó de sus manos.
–Y-ya salgo, cielo. –respondió lo más claro que pudo, lastimando
sus cuerdas vocales otra vez.
Tomó su camiseta más camiseta más suelta y oscura posible,
poniéndosela aguantando los quejidos del dolor. Su respiración se
volvió errática, su cabeza comenzó a doler como el infierno y tuvo que
sostenerse del borde del armario para no caer al suelo.
Su esposo lo miró como jamás lo había hecho.
Con error.
Sus ojos no daban crédito a lo que veía frente a él.
–Oh Dios. –susurró, tomando a Taehyung en el momento que
cayó totalmente inconsciente en sus brazos, por la pérdida de sangre.
El mundo de Jungkook se le estaba dando vuelta, aferrándose al
cuerpo lleno de sangre del chico que tanto lo amaba.
¿Qué mierda había hecho?
Alzando el cuerpo del chico en sus brazos, corrió fuera del
departamento, agradeciendo a Dios cuando Hoseok apareció frente a él.
Por una mierda, jamás había visto su guardaespaldas tan aterrado. No le
habló, sacó su móvil con las manos temblorosas y llamó, seguramente,
al médico de confianza que la familia Jeon tenía. Jungkook no se
permitió pensar, no en ese momento, y corrió escaleras abajo con las
llaves de su conche en mano y un nudo atravesando en su garganta.
Era la primera vez en su vida que había sentido tanto miedo.
La travesía de llegar al hospital fue un infierno, no quería ni
pensar cuántas infracciones había cometido en el lapso de 30 minutos.
Sólo recuperó el aire cuando estacionó, si eso se le podía llamar
estacionar, y una camilla rodeada de enfermeras y su doctor, salió por
las puertas del hospital.
–Toma esto y respira. –murmuró Hoseok, sentándose en la silla a
su lado, mirando al suelo en silencio.
Jungkook asintió, clavando su mirada en la puerta de la sala de
urgencias frente a él, sus oídos pitaban todavía y el pulso se le había ido
totalmente a la mierda. No pudo mirar el rostro de Jackson cuando él, el
hombre que era casi como un padre, vio a su esposo. No pudo, sabría
qué esperar, él había cometido esa atrocidad. Él estuvo al borde de
matar al único ser humano en la tierra que lo amaba.
Oyó pasos veloces dirigiéndose hacia él, y no quiso levantar la
mirada para reconocer quién se acercaba, no podría mirarla a la cara.
Cuando los pies se detuvieron a su lado, él hizo el esfuerzo de mirar a la
cara a la dueña de esos tacones, más la bofetada que recibió fu suficiente
para reconocerla.
–¡Lo sabía! ¡Cuando miré tus ojos lo sabía tus ojos lo sabía! ¡Eres
un hijo de puta Jeon Jungkook! –los gritos de Taeyeon alertaron a las
enfermeras en el cuarto, ya que una de las más jóvenes salió para
tomarla del brazo y alejarla de Jungkook, susurrándole algo al oído.
Jeon sólo bajó la mirada, tratando de respirar con calma, mas las puertas
se abrieron nuevamente dejando ver al doctor relajando sus músculos.
Sus ojos se encontraron, cortándole la respiración a Jungkook, y Jackson
se acercó lentamente, clavando su mirada en él, al punto de atravesarlo
si pudiera.
–Es un milagro, el bebé está fuera de peligro, pero Taehyung se
quedará en terapia intensiva por el tiempo que sea necesario. –espetó,
cruzándose de brazos. –Si Taehyung no te denuncia, ruega porque
ninguna de las enfermeras lo haga, Jungkook.
<< ¿Bebé?>>
–¿Cómo qué bebé? –dijo Jungkook teniendo los ojos abiertos de
par en par, sus manos aferradas a la silla donde estaba sentado y con su
corazón latiendo tan fuerte que dolía.
–Taehyung tiene 3 meses de embarazo, Jungkook. –esas fueron
las últimas palabras del doctor, antes de tomar a Taeyeon del brazo y
pedirle que lo acompañara a la oficina.
<< Embarazo>>
–Dios. –susurró, cubriendo su rostro con sus propias manos,
sintiendo lágrimas y lágrimas deslizando por sus mejillas sin control.
Taehyung estaba esperando un bebé, un hijo, suyo. Y él, él
jodidamente estuvo a punto de matar al chico que tenía una vida en su
vientre, una vida que ambos habían creado.
–Llama a Chanyeol. -susurró Jungkook, tragando con fuerza
mientras hacía vanos esfuerzos por controlar el hipo.
–¿Tu abogado? –murmuró Hoseok, frunciendo el ceño, con una
mano apoyada en la espalda de Jungkook.
–Por favor, Hobi. –rogó el hombre, rompiendo en llanto en ese
mismo instante.
¿Qué había hecho con su vida hasta ese momento?
[…]
–… el departamento pent-house quedará a nombre de Kim
Taehyung, junto con una manutención de… –el hombre no miró a
Taehyung en ningún momento, no podía, conociéndolo el chico
probablemente estuviese llorando.
Eso lo rompería.
Había hecho el divorcio, en sólo un mes fue capaz de tramitar los
papeles y contratarle un abogado a Taehyung para que el chico no
tuviese que preocuparse por nada. La sala del hospital era grande,
pagada por Jungkook para que el castaño tuviera comodidades, y
habían preparado todo para llevar a cabo el divorcio allí mismo, cuanto
antes.
–Jungkook, firma aquí. –ordenó por quinta vez el abogado de
Taehyung, Byun Baekhyun, señalando los papeles frente a él. Jungkook
asintió, firmando en silencio, acallando el ruido que había en su cabeza.
–Muchas gracias, el desalojo se hará en un plazo de 48 horas. –
dijo Chanyeol, levantándose de su asiento con una sonrisa, haciendo
una leve reverencia hacia Taehyung y Baekhyun.
Se había acabado, él finalmente se estaba alejando de aquel chico
que tanto había hecho sufrir. Se dirigió hasta la puerta con la mirada
perdida, tratando de que sus ojos dejasen arder tanto y dejaran
descansar de tantos dolores. El medicamento le estaba haciendo una
mierda.
–Kookie. –oyó a sus espaldas, helándole la sangre por unos
segundos.
<< Kookie>>
–¿Sí? –murmuró, girándose para mirar al chico en aquella cama
con una pequeña sonrisa.
Ambos se veían acabados.
–¿Cómo quieres llamarlo? –inquirió Taehyung, acariciando su
vientre lentamente.
Jungkook se acercó con cuidado, pidiendo permiso con la mirada
a los ojos del castaño que intentaban, sin éxito, ocultar el miedo.
Taehyung asintió, dejando que el hombre colocara con cuidado su mano
sobre él.
–Jimin me gusta. –susurró, sus labios temblorosos y el nudo
nuevamente atravesando su garganta.
–Entonces, Jimin será. –terminó Taehyung con los ojos llenos de
lágrimas, dejando finalmente que Jungkook se alejara de él, saliendo de
la habitación en silencio.
Y Jungkook estaba seguro, sin duda alguna, que jamás olvidaría
la sensación de su propio bebé pateando donde ambos habían puesto
sus manos.
Final
Cuando Park Bom quedó embarazada, se encontraba en la cima
de su carrera como modelo. Jeon Bonhwa era aún más famoso y
reconocido empresario, exitoso. Ambos, aún eran jóvenes. Pero cuando
Jungkook nació, su relación decayó notablemente.
Jungkook tuvo suerte, sus problemas de salud fueron con el
tiempo disminuyendo, ya que sólo los había provocado los cientos de
fajas que su madre había usado para ocultar su embarazo ante las
cámaras, pero su madre prácticamente enloqueció. Las cirugías la
enloquecieron.
Jungkook no la veía, ni ella ni a su padre, y si cualquiera le
preguntara en la actualidad cuántas niñeras tuvo antes de llegar a los 18
años, diría sin problema alguno la cantidad exacta; 56, jóvenes y
ancianas, que se pasearon por los pasillos de su casa, fingiendo que les
preocupaba en lo más mínimo lo que un simple niño malcriado les diría.
Sus ojos, oscuros como los de su padre, le sirvieron como
amenaza ante cualquier mujer que quisiera sobre pasarse con el pobre
niño. Pero, lamentablemente, Jungkook, ya no controlaba la frialdad de
sus ojos. Y él, realidad, nunca había recibido ese cariño del que tanto
fardaban sus compañeros.
A él, en navidad, no lo abrazaban y llenaban de besos. A él, le
daban un regalo y luego brindaban con costosas bebidas hasta la
embriaguez, Jungkook ya sabía que, en ese momento, debía alejarse. En
ese momento, sus padres, no iban a querer verlo.
Cuando Hoseok llegó, fue extraño. Era el nieto de una de las
amas de llaves de la mansión, la mujer vivía en el cuarto de
servicio, así que Hoseok también se quedó a vivir allí. Jungkook
nunca le preguntó porque no vivía con su familia, nunca se
acercó.
Jungkook no acostumbraba a jugar en su tiempo libre, y Hoseok
jugaba trabajando, así que ambos niños se mantuvieron alejados el uno
del otro por al menos un año. El año en que Jungkook aprendió los
estragos que causaba el estrés y la presión.
Era víspera de navidad y su madre estaba nuevamente
embarazada. Jungkook no estaba feliz, él con 10 años odiaba a los niños
más pequeños que él y su padre estaba enfurecido. No se habían
molestado en discutir lejos del niño, la noticia fue contada en familia y
los insultos escuchados por el pequeño Jungkook, quien sólo podía
pensar en encerrarse en su dormitorio y dormir hasta que los gritos
hubiesen cesado.
Pero ese día, su madre había peleado con su madre y se había
largado, probablemente con su amante, mientras que el padre de
Jungkook, nuevamente se había internado en su estudio, trabajando.
Jungkook, irracional de su propio padre.
–Papá, ¿me ayudas? –murmuró el niño, sosteniendo su libro de
cuentos en la mano.
Había palabras que no entendía y él quería leer un cuento con su
padre, aunque sea una vez al mes.
–Estoy ocupado. –espetó el hombre, dándole la espalda al niño.
Jungkook debió de haberse fijado en los nudillos lastimados de su
papá.
–Aunque sea dime que significa esto, por favor. –pidió señalando
una página del libro, más un gruñido de parte de su padre fue toda la
respuesta que obtuvo. –Papá, sólo esta palabra. –rogó el niño, tirando de
la manga del adulto.
Nuevamente, sólo consiguió un gruñido, sumando a un insulto
poco audible.
–Papá, mírame. –lloriqueó Jungkook, ya frustrado.
<< Papá, préstame atención, por favor>>
A veces, aún de adulto, se preguntaba qué hubiese sucedido si su
madre hubiera estado allí presente, o si simplemente no hubiese
insistido tanto.
–¡Deja de molestar, mierda! ¡En esta maldita casa no se puede
estar tranquilo! –gritó su padre, tomando el libro de sus manos con
brusquedad antes de, por muy ridículo que sonase, golpear su rostro
con fuerza con el mismo.
Jungkook era pequeño, débil, y nada podría haber evitado que su
cabeza golpeara contra la pared y lo dejase inconsciente en el suelo, sólo
siendo capaz de oír al hombre salir y a Hoseok llamar al ama de llaves
con desespero.
Esa ocasión fue, para su suerte, el desencadenante de su extraña
amistad con su guardaespaldas y su rechazo hacia sus propios padres.
Al final, todo había sido en vano, su madre perdió el embarazo y su
padre terminó cediéndole el puesto a su propio hijo en la empresa,
siendo superado y acabado por su propia sangre.
[…]
–Brote psicótico? –inquirió Hoseok, mirando la receta médica de
Jungkook en sus manos.
El hombre asintió, acostado en la cama del hotel, con una foto en
sus manos.
–Yo, joder, de verdad no me acuerdo. –murmuró Jungkook,
acariciando con cuidado aquella foto de su boda, donde ambos chicos
sonreían, ajenos a lo que el futuro les deparaba.
–¿Nada? Taehyung dijo que te fuiste tan pronto como pudiste. –el
guardaespaldas no dejaba de mirarlo, clavando sus ojos en el rostro del
hombre. Aún no le creía, era obvio.
–Me acuerdo estar en el coche, yendo hacia la casa de Wendy
para hablar con ella. Hay algo, hay un espacio en blanco desde que
desperté esa mañana hasta que llegué a su casa. –el hombre apretó la
foto, sus dedos palideciendo por la fuerza, y Hoseok casqueó la lengua.
–Tanto que decías quererla y te estafó, casi arruina tu empresa e
hizo correr la voz de que la golpeabas a ella también.
No pareció importarle qué tanto golpeaban las palabras en el
pecho de Jungkook, no era algo que Jeon no supiera. Porque él seguía
pagando las consecuencias de sus errores, de sus inconsciencias. ¿Cómo
siquiera podía despertar en la mañana y seguir adelante si el cuarto se
sentía frío, solitario?
Porque se halló a sí mismo esperando algo de calor en la cama,
algún; “buenas noches”, como hacía meses Taehyung le despedía.
Porque se encontraba a sí mismo soñando con gritos, con la sensación
de estar haciendo algo mal y luego despertaba vacío, ahogado. Culpable
y dolido.
La terapia iba lenta, no era fácil, pero él quería estar mejor. Él
quería volver a sentirse genuinamente querido, quería sentirse como
Taehyung le hacía sentir, al menos una vez más y verlo sonreír como en
un principio, sin miedo en esos ojos. Con amor, con admiración, con
verdadero cariño.
–¿Crees que podré ver a Taehyung otra vez? ¿Y a Jimin? –el
hombre no podía mentirse a sí mismo, mucho menos cuando en su
cuello llevaba colgando el anillo de matrimonio.
Había cosas que él ni siquiera se cuestionaba en hacer. El colgante
había sido una de ellas. Se sentía mejor así, preferiría no cuestionarse.
–Cuando hayas superado esto, quizás. Todavía pasó poco tiempo,
a Yoongi le tomó casi un año poder ver fotos de su madre. –comentó el
guardaespaldas, haciendo referencia a su hermano. Jungkook asintió.
Él deseaba superarlo también, cueste lo que cueste.
Él quería ser mejor.
Fin.
Epílogo
–¡Jimin, quédate quieto! –chilló Taehyung con una sonrisa
plasmada en su boca mientras alzaba al pequeño de ya un año y tres
meses en brazos.
Había ido a la cafetería. Esa cafetería donde todo había
comenzado, donde Jungkook le había hablado por primera vez. No lo
sufría, no había dolor en su corazón como antes, y llevarlo allí se sentía
cómo si lo llevase a conocer a su padre. A ese padre del que Taehyung
no sabía nada.
Su sonrisa tembló suavemente, mientras acariciaba el anillo que
aún llevaba en su mano. Estaba trabajando en ello todavía.
Caminó hasta la mesa donde se habían sentado y tomó asiento,
poniendo a Jimin en una silla para bebés mientras le daba su muñeca de
trapo para que jugara. Era un regordete hermoso, pero travieso. Con
una sonrisa agradeció a la mesera y tomó la carta, pensando en qué
pedir. Él iba a elegir esa vez, él tomaría la decisión.
–Qué bebé más hermoso. –oyó a su lado.
Su respiración se detuvo de golpe, con su corazón latiendo a toda
velocidad y, sólo cuando levantó la mirada y reconoció a un
Jungkook bastante cambiado, el aire volvió a correr por sus
pulmones. Su pecho dolía, su estómago hormigueaba y aun así la
sensación que lo estaba consumiendo no era tan mala como
esperaba. Se sentía bien, feliz, sano. No sufría.
–Hola. –murmuró Jungkook, mirándolo a los ojos. –¿Quieres
tomar algo? –inquirió, tomando la carta.
Taehyung no habría cedido tan rápido, se habría alejado, de no
haberse fijado en el anillo de matrimonio que colgaba del cuello de
Jungkook. Taehyung asintió.
Hoseok suspiró en la fila para hacer pedidos para llevar, mientras
vigilaba a su hermano de reojo, como once años ese niño era un peligro
andante.
–El hijo de Jungkook es muy bonito. –habló Yoongi, clavando su
mirada en el bebé.
Parecía como si de un juguete se tratase, con facciones tan
perfectas y piel tan lisa. Hasta parecía de mentira.
–Lo es. –obvió Hoseok, finalmente pagando su pedido.
–Me molestan las cosas tan bonitas. –gruñó Yoongi, frunciendo su
ceño. Su hermano no lo había escuchado.
Yoongi odiaba las cosas tan bonitas, tan perfectas.
Tan puras.