La presente traducción ha sido llevada a cabo sin ánimos de lucro,
con el único fin de propiciar la lectura de aquellas obras cuya lengua madre
es el inglés, y no son traducidos de manera oficial al español.
El staff de LG apoya a los escritores en su trabajo, incentivando la
compra de libros originales si estos llegan a tu país. Todos los personajes y
situaciones recreados pertenecen al autor.
Queda totalmente prohibida la comercialización del presente
documento.
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Créditos
Lucky Girls ★ Endless Love ★ The Readers Resistance
Traductoras
Kiki
Jessibel
Anavelam
Jud
Onlyness
grysn_98
Danielle
Correctoras
Lelu
Jessibel
Jud
Lectura Final
Jessibel
Diseño
Jessibel
Contenido
Dedicatoria Capítulo 19
Sinopsis Capítulo 20
Capítulo 1 Capítulo 21
Capítulo 2 Capítulo 22
Capítulo 3 Capítulo 23
Capítulo 4 Capítulo 24
Capítulo 5 Capítulo 25
Capítulo 6 Capítulo 26
Capítulo 7 Capítulo 27
Capítulo 8 Capítulo 28
Capítulo 9 Capítulo 29
Capítulo 10 Capítulo 30
Capítulo 11 Capítulo 31
Capítulo 12 Capítulo 32
Capítulo 13 Capítulo 33
Capítulo 14 Capítulo 34
Capítulo 15 Capítulo 35
Capítulo 16 Capítulo 36
Capítulo 17 Próximo libro…
Capítulo 18
Dedicatoria
¡¡¡Para las chicas quienes necesitan un pequeño sicópata en sus vidas!!!
¡¡Reemplaza esas baterías!!
Sinopsis
Tin marín de dos pingüé.
Atrapa a tres psicópatas por el dedo del pie.
Si grito, no me dejarán ir.
Tin marín de dos pingüé.
Roman. Levi. Marcus.
Psicópatas… es lo que son.
Los hermanos DeAngelis.
Los hombres tiemblan ante la mención de sus nombres mientras las
mujeres corren, sus vidas parpadean ante sus ojos. Son los monstruos
debajo de tu cama, los cocos en tu armario. Cada alma viviente les teme.
Son implacables y vienen a jugar.
Son los hijos del más notorio jefe de la mafia, el líder de la familia
DeAngelis, y acaban de poner sus retorcidas miradas en mí.
Me acecharon a través de mi apartamento, me persiguieron por mis
pasillos y me paralizaron de miedo. Me llevaron directo a su trampa y me
capturaron como si tuvieran todo el derecho.
No tenía idea de que estos tres psicópatas ya me poseían.
Fui regalada a ellos como un animal enjaulado y así es exactamente
como pretenden tenerme.
Soy su prisionera. Su juguete para jugar. Su juego más emocionante.
Y desafortunadamente para mí, la muerte es mi única salida.
Depraved Sinners es una serie oscura, Nuevo Adulto, Harén
Inverso (una chica involucrada romántica y sexualmente con varios
chicos) y romance contemporáneo. Contiene encuentros sexuales
explícitos, violencia gráfica, abuso de drogas y lenguaje grosero. Es
recomendado para mayores de 18 años.
Se espera que Depraved Sinners sea una serie de cuatro libros.
Capítulo 1
Al diablo las personas sin hogar y los caseros cretinos y extravagantes.
Pueden meterse un cartucho de dinamita por el trasero y jugar con una caja
de fuegos artificiales mientras esperan por Dios que no exploten. Lo
llamaremos la ruleta dinamita, será el juego del siglo.
Dejo escapar un suspiro, me acerco a la nevera y miro el estúpido
papel pegado bajo un imán. El aviso de desalojo está impreso en letras rojas
en la parte superior y no puedo evitar sentir que lo imprimieron así solo para
burlarse de mí.
—Vete a la mierda tú también —digo con desprecio, abriendo la puerta
del congelador y frunciendo el ceño al ver el contenido.
Se supone que mi congelador es mi lugar feliz, pero los estantes
estériles son sólo un recordatorio de lo horribles que han sido los últimos
seis meses. Un solo bote de helado a medio comer me mira fijamente, y con
la semana que he tenido, me sorprende que quede algo.
Fue uno de esos días extremadamente pésimo, y el hecho de que mi
casero haya metido el aviso de desahucio por debajo de la puerta ha sido la
guinda de mi maldito helado. Estoy realmente jodida, y no tengo ni idea de
lo que voy a hacer cuando pasen estos treinta días.
Con toda sinceridad, probablemente debería dejar de lado a mi casero.
No es su culpa que mi alquiler no haya sido pagado. Sabía que el desahucio
iba a llegar, y para ser sincera, mi casero me dio más tiempo del esperado.
Aunque no se merece precisamente un premio por su paciencia. El hombre
ha estado tratando de meterse entre mis piernas desde el día que me mudé
aquí. No le importa una mierda que no tenga casa, el muy cabrón sólo quiere
ver hasta dónde me lleva mi desesperación. Ya debería saber que ninguna
cantidad de dinero, ni siquiera un techo sobre mi cabeza, va a hacer que me
incline por él.
Mis dedos se enroscan alrededor del bote de helado Oreo y suelto un
fuerte suspiro antes de cerrar la puerta del congelador con demasiada
fuerza. Son poco más de las cuatro de la mañana y estoy muy agotada. Pasé
todo el turno en el club esquivando a los imbéciles y esforzándome por
escuchar los pedidos de los clientes por encima de la música atronadora.
Me duele la cabeza. El club contrató recientemente a un nuevo DJ que
es un poco más tecno de lo que tiene derecho a ser, y cada turno que
comparto con él ha sido nada menos que una pesadilla. Por no hablar de
que tener que lidiar con el imbécil de mi jefe, que cree que es aceptable tratar
a sus empleadas como un trozo de carne, siempre es un placer especial.
Necesito salir de ahí, pero por ahora es mi único ingreso y no puedo dejarlo
hasta que no tenga otra cosa. Sin embargo, el hecho de no tener el título del
instituto ni ninguna otra calificación significa que o bien soy camarera, me
desnudo, o me vendo a los idiotas en la calle. No tengo grandes opciones.
Rebusco en el fregadero de la cocina y saco la cuchara más limpia que
puedo encontrar antes de arrastrar los pies por el corto pasillo hasta mi
dormitorio. Me quito los zapatos en la puerta y empujo los jeans negros rotos
sobre las caderas y los muslos hasta que me los quito torpemente. Mi
camiseta negra sucia pasa por encima de mi cabeza en un rápido
movimiento y la arrojo a la creciente pila de ropa sucia cerca del armario.
Dejo el helado en la mesita de noche, busco una toallita facial y empiezo a
frotar la versión falsa de mí misma, más que dispuesta a dar por terminado
este día infernal.
El colchón se hunde bajo mi peso cuando me tumbo y cruzo las
piernas, metiéndome en mi sujetador y bragas disparejas bajo las mantas.
Pulso el botón de encendido del mando a distancia de la televisión, aparece
una vieja repetición de Games of Thrones en la pequeña pantalla. Con un
suspiro, quito la tapa de mi helado y hundo la cuchara en el delicioso
manjar.
No hay nada como relajarse con un bote de helado después de una
noche… infernal o de seis meses de mierda.
El helado de Oreo se derrite contra mi lengua mientras giro la cuchara
en mi boca. Trago con fuerza al ver a Daenerys tomar el control de su enorme
bestia de hombre y, maldita sea, la escena me hace ir hacia el cajón de mi
mesilla de noche. Me quito el sombrero ante ella. Es una maldita jefa que
vive el maldito sueño. ¿Quién no querría follar con Khal Drogo? Sólo
pensarlo hace que se me ponga la piel de gallina.
Empujo el helado de vuelta a mi mesita de noche, mi mano cae justo
en el cajón inferior. Vierto su contenido en el suelo junto a mi cama y
empiezo a rebuscar entre las infinitas opciones. La mayoría de estos
pequeños ni siquiera funcionan ya. Sus baterías se han agotado o perdí sus
cargadores, pero hay un tipo especial que resiste todas las tormentas y
siempre me ayuda. Lo llamo Tarzán, pero no la versión animada, sino la
versión de Alexander Skarsgård. Hemos pasado momentos realmente
increíbles juntos viendo a esa bestia de hombre balancearse por la selva.
Mis dedos se enroscan en el suave cuerpo de Tarzán y él me mira a
los ojos, prometiendo en silencio que cambiará mi mal humor. No puedo
evitar la deliciosa sonrisa que se dibuja en mis labios. Hace demasiado
tiempo que no me acuesto con un chico, pero por ahora, Tarzán tendrá que
bastar.
Me reclino en las almohadas, bajando al colchón y dejando caer a
Tarzán en la cama a mi lado. Levanto las caderas y deslizo las bragas por
las piernas hasta que son un amasijo en el fondo de las sábanas.
Separo las rodillas y cierro los ojos buscando a Tarzán en la cama. Lo
encuentro justo donde lo dejé, y cuando mi mano se desliza de nuevo bajo
la manta, una fuerte excitación se instala en la boca de mí estómago.
Necesitaba esto más de lo que me daba cuenta. Hoy he estado tan
nerviosa que, tras un orgasmo rápido, o quizá no tan rápido, debería poder
descansar mi mente estresada y permitirme por fin dormir. Mañana podré
ocuparme de la maldita notificación de desahucio y pensar en un plan de
juego, pero hasta que salga el sol, sólo seremos Tarzán y yo.
Mi dedo se cierne sobre el botón de encendido y me hundo más en
mis almohadas mientras Tarzán se posa justo sobre mi clítoris. Presiono
suavemente hasta que la primera vibración sacude mi cuerpo como un
terremoto.
—Mmm, demonios —susurro en mi oscura habitación, sintiendo la
euforia y el placer palpitando por mis venas, ayudándome a relajarme.
Todos los pensamientos sobre avisos de desahucio y estúpidos
imbéciles de bar se borran de mi mente, dejándome nada más que
pensamientos sobre Khal Drogo cerniéndose sobre mí. Mientras mi dedo
recorre el cuerpo curvilíneo de Tarzán para aumentar la potencia, la sonrisa
perversa de Khal Drogo se ensancha mientras sus ojos brillan con la
promesa de una noche peligrosa.
Maldición, esta va a ser uno bueno. Puedo sentirlo.
Mi cuerpo se estremece con las potentes vibraciones mientras un
suave gemido escapa de mis labios. Mi mano libre cae sobre mi caja torácica
y roza mi piel, provocando una oleada de piel de gallina que se extiende
sobre mí y hace sentir mis pezones duros. Inclino la cabeza hacia atrás,
intentando recordar que debo respirar mientras mi espalda se levanta del
colchón.
Subo unos cuantos niveles más y la intensidad sacude m8 sistema.
—Oh, maldición, sí —gruño, cerrando los ojos con fuerza y yendo por
todo mientras todo mi cuerpo se retuerce. Mi respiración es entrecortada y
dificultosa pero no estoy ni siquiera cerca de terminar. Si consigo que esto
dure hasta que el sol entre por la ventana de mi habitación, seré una chica
muy feliz.
Game of Thrones sigue sonando de fondo, y cambia de escena, pero al
diablo Khal Drogo. Esto es ahora conmigo misma.
—Oh, mierda —gimo con la mandíbula apretada, abriendo más las
piernas y deseando desesperadamente poder ponerme de rodillas y sentir
un duro pene como una roca clavándose en mi interior. Probablemente
podría llevarme esta mierda a la ducha y pegar uno de mis muchos amigos
de silicona a la pared, pero no es lo mismo. Además, parar ahora para
arreglar todo eso sólo va a arruinar lo que tengo en marcha y no estoy
dispuesta a arruinar algo así de bueno.
Siento esa dulce sensación en lo más profundo de mi ser y gimo
mientras la intensidad crece. No falta mucho para que mi orgasmo me
atraviese, pero voy a hacer que se prolongue todo lo que pueda. No estoy
preparada para ver el final de esto.
Mis dedos rozan mis pechos, apretándolos suavemente mientras mi
clítoris es vigorosamente masajeado, provocado y adorado por Tarzán.
Preparada para más, subo la potencia de Tarzán un poco más y me retuerzo
bajo su implacable vibración. Abro los ojos y miro fijamente el techo blanco
mientras mi mano se extiende por encima de mi cabeza, agarrando el
cabecero y apretándolo con fuerza. Clavo las uñas en el suave material y
jadeo.
—Mierda, mierda, mierda, mierda —gruño mientras el perverso poder
de Tarzán empieza a sacar lo mejor de mí.
Mi orgasmo aumenta, intensificándose con cada vibración que me
brinda. Todo se tensa en mi interior y cierro los ojos con fuerza,
preparándome para lo inevitable. Está muy cerca.
—Sí —siseo, sabiendo que va a sacudir mi mundo. Sólo unos
segundos más y me cambiaré el nombre a señora Tarzán.
Se acerca cada vez más. Estoy justo en el maldito precipicio, más que
preparada para que Tarzán me lance al abismo.
—Ahhhh, mierda —gruño, dispuesta a perderme—. Maldición,
maldición, maldición.
Mi espalda se arquea un poco más y mi barbilla se eleva mientras
inclino la cabeza más hacia la almohada. Mis pechos ansían una atención
que no puedo darles, al igual que mi culo y mi sexo piden a gritos que los
penetre a fondo, pero esta noche toda la presión recae sobre Tarzán y,
maldita sea, sé que va a salir airoso; ya lo está haciendo.
Estoy justo ahí, lista para lanzarme por el acantilado más alto cuando
Tarzán empieza a echar humo y a arder contra mi piel.
—AHH. Maldición —chillo, arrancando a Tarzán de mi clítoris y
lanzándolo por la habitación.
Se estrella contra la pared y mi orgasmo se reduce a un dolor
vergonzoso, dejando mi cuerpo aún más herido que antes.
Tarzán estalla en llamas en el suelo de mi habitación y entro en modo
acción, lanzándome fuera de la cama y corriendo hacia él con la botella de
agua de mi mesita de noche.
Vierto el agua sobre él y contemplo sus restos carbonizados, sintiendo
que todo mi mundo se desmorona a mi alrededor. ¿Es mucho pedir llegar al
orgasmo sin amenazar con quemar mi clítoris? Por el amor de Dios. ¿Cómo
puedo tener tan mala suerte?
Inclino mis rodillas, sin querer nada más que llorar mientras miro
fijamente al que solía ser mi mejor amigo.
—Nooooooo —suspiro mientras el humo, me dice que mi historia de
amor con Tarzán ha llegado por fin a su devastador final y que sólo me
quedan los juguetes rotos y sobre utilizados que quedan en mi cajón de la
mesilla.
Supongo que me pasaré por la tienda para ver qué pilas necesitan,
aunque ¿realmente puedo permitirme una pequeña fortuna en pilas cuando
tengo un alquiler atrasado que hay que pagar?
Maldición. Estoy jodida y no en el buen sentido.
El suave ruido de la televisión suena mientras recojo los restos de
Tarzán del suelo. Supongo que el casero añadirá la alfombra destrozada y
las marcas de quemaduras que suben por la pared a mi creciente deuda por
este maldito agujero.
Segura de que Tarzán no está a punto de entrar en combustión
espontánea de nuevo, lo arrojo a mi cubo de basura y me derrumbo en la
cama, manteniendo la cabeza hundida entre las manos.
Bienvenidos a mi maldita vida. Es una tormenta de mierda. Siempre
hay algo que va mal.
Hubo una época en la que me iba muy bien. No es que estuviera por
delante en el alquiler ni nada por el estilo, pero tenía lo suficiente ahorrado
para poder permitirme un descanso de una o dos semanas. Trabajar de
noche en el club del centro no es exactamente lo que quiero hacer con mi
vida, pero las propinas son buenas, aunque no lo suficiente. Tuve que
trabajar como una esclava todas las noches, haciendo turnos dobles para
conseguir un poco de dinero extra. Tenía lo justo para darme un merecido
descanso cuando el cabrón de mi padre me localizó y entró por la puerta
con la determinación de llevarse todo lo que creía que le correspondía.
Pensé que estaba a salvo aquí. Dejé su lamentable y borracho trasero
en el polvo hace cuatro años y nunca miré atrás. Se llevó todo lo que había
ahorrado, mi alquiler, mi comida, incluso mi maldita televisión. Tuve suerte
de que la señora Brown, al final del pasillo, me ofreciera su viejo televisor a
cambio de un poco de ayuda para hacer cosas en su casa que ya no son tan
sencillas para ella.
Mi padre me dejó sin nada, cansada y agotada, sin poder luchar
contra él. Le doy sólo unos meses más antes de que ese imbécil se encuentre
de nuevo en problemas y vuelva a irrumpir en mi vida. Tal vez el aviso de
desalojo sea una bendición disfrazada. Tal vez la oportunidad de empezar
de nuevo es exactamente lo que necesito para no volver a verlo. Pero me
seguirá la pista como siempre.
Desde entonces, he intentado recuperarme, pero no puedo hacer más
de un turno doble antes de que el cansancio me reclame. Además, he
aprendido por las malas que las propinas no llegan cuando estás
prácticamente dormida con la cabeza aplastada contra la barra.
Mi alquiler se ha retrasado todos los meses desde la visita de mi padre,
y aunque le expliqué mi situación al casero, no lo culpo por querer sacarme
de aquí. Diablos, si la situación fuera al revés, probablemente estaría
haciendo lo mismo.
Me encanta mi casa, aunque no es nada especial. Las puertas de los
armarios se caen y hay más que suficientes marcas en las paredes de los
anteriores inquilinos, pero es mía. Trabajé por esto, y en un momento difícil
en el que no sabía qué iba a pasar, esto fue mi salvación. Y ahora, tengo
treinta días antes de que me lo quiten todo.
Mi casero es un idiota. Demonios, tal vez eso no es justo. Sólo es un
imbécil cuando sus ojos inevitablemente comienzan a vagar. La mayoría de
las veces, sus inspecciones no son tan malas. Las miradas lascivas sólo
llegan al final, cuando termina su trabajo. A lo largo de los años ha habido
algunas propuestas de matrimonio y algunas visitas de borracho
preguntando si estoy dispuesta a follar, pero siempre ha respetado mi
espacio cuando le he pedido que se vaya. Sé que no son las cualidades
ideales para un casero, pero podría ser peor. A pesar del aviso de desahucio,
me considero afortunada.
Mi fiesta de compasión no ha hecho más que empezar cuando voy a
recostarme en la almohada y a enfurruñarme con el bote de helado a medio
derretir, pero mientras intento olvidar mi horrenda noche, mi pequeño
apartamento se ahoga en una oscuridad total y absoluta.
El televisor se oscurece, llevándose a Khal Drogo con él mientras la
luz sobre mi cama se apaga.
—¿QUÉ DEMONIOS? —gimoteo, más que dispuesta a hacer un
maldito berrinche, aunque eso signifique despertar a mis vecinos de los
apartamentos de alrededor.
¿Cómo es que una persona tiene tan mala suerte? ¿Qué hice para
merecer esta mierda?
Tanteo a ciegas la mesita de noche, vuelvo a colocar el helado
derretido sobre ella. Un largo suspiro se escapa mientras mi cabeza cae
sobre mis manos, sintiendo el peso del mundo sobre mis hombros. Aunque
mi casero suele ser puntual en el pago de las facturas de los servicios, me
imagino que está furioso por lo que le debo. Cortar la luz debe ser su maldita
forma de mandarme al infierno.
Reprimo un grito mientras busco a tientas en la cama oscura mis
bragas y, una vez que las coloco en su sitio, me quito la manta de encima y
busco en la mesilla de noche una liga. Después de recoger mi cabello
castaño claro en un moño desordenado y de no encontrar mis zapatillas,
recojo el bote de helado y salgo al pasillo.
Estoy demasiado cansada para esto. Haría cualquier cosa por poder
cerrar los ojos y olvidar que mi vida es una mierda, pero aquí estoy, atrapada
en esta horrenda caída. Tomo mi teléfono en la otra mano, enciendo la
pantalla y lo uso para ver mi camino mientras salgo de la habitación y me
dirijo a la cocina, decidida a comprobar si mis vecinos tienen electricidad o
si solo soy yo.
Una ráfaga de aire fresco abanica mi rostro mientras vuelvo a meter
el bote de helado en el congelador tomando una cucharada antes de hacerlo.
No estoy segura de que vaya a servir de mucho sin energía, pero esta chica
solo puede esperar lo peor.
Atravieso el oscuro apartamento, me dirijo a la puerta principal y abro
los tres cerrojos antes de abrirla y asomarme al pasillo. Está totalmente
oscuro, excepto por la pequeña linterna que sale del pequeño apartamento
de la señora Brown en el extremo opuesto.
—¿Estás bien, Shayne? —pregunta con esa voz temblorosa y chillona
que suele reservarse para los ancianos.
—Estoy bien —digo—. ¿Necesitas algo? ¿Tienes velas?
—Todo lo que necesito es un buen joven fornido que me haga sentir
como una mujer de nuevo.
—Yo también —murmuro en voz baja antes de dedicarle una amplia
sonrisa—. Si me necesitas, llama a la puerta.
—Gracias, querida. Ahora vete a dormir. Estoy segura de que la
energía volverá a funcionar por la mañana.
Cierra su puerta y la luz de su linterna desaparece, dejando de nuevo
el pasillo en completa oscuridad. Pulso el botón de inicio de mi teléfono y lo
vuelvo a encender mientras cierro la puerta y echo el cerrojo. Compruebo
dos veces los tres cerrojos hasta asegurarme de que mi pequeño hogar es
seguro y empiezo a caminar hacia mi habitación.
La luz de mi teléfono sigue apagándose y tengo que pulsar
repetidamente el botón para ver por dónde voy. No soy de las que duermen
en completo silencio y oscuridad. Siempre duermo con la televisión
encendida para ahogar los sonidos de la ruidosa ciudad que hay afuera de
mi ventana, pero esta noche voy a tener que soportarlo.
Mientras avanzo por el corto pasillo, un movimiento en la tenue luz
capta mi atención. Levanto la cabeza y veo una figura sombría y
encapuchada que sale de mi dormitorio. Lanzo un grito ahogado y mis ojos
se abren de par en par mientras mi corazón se acelera.
Me quedo mirando un momento, segura de que mi mente me está
jugando una mala broma en la oscuridad. Parpadeo tres veces, intentando
que la oscura sombra desaparezca, pero cuando una risa enfermiza llena el
pequeño pasillo, giro sobre mis malditos talones y salgo corriendo.
Esto no es un maldito truco mental. Alguien está en mi apartamento.
Un fuerte grito desgarrador brota de mi garganta cuando llego al final
del pasillo y miro hacia atrás por encima del hombro para encontrar a la
gran figura encapuchada que se dirige lentamente hacia mí, acechándome
como si tuviera toda la noche para atraparme.
Salgo del pasillo y apunto con la luz de mi teléfono directamente a la
puerta de mi casa, sabiendo que de alguna manera tengo que abrir las tres
cerraduras antes de que el encapuchado llegue a mí, pero no hay una
maldita posibilidad.
Mis pies golpean contra las malditas viejas tablas del suelo mientras
lucho por recuperar el aliento y moverme al mismo tiempo. La luz de mi
teléfono salta alrededor de mi apartamento con movimientos bruscos, y
cuando me alejo unos metros de la puerta, la figura encapuchada se desliza
frente a ella.
El pánico me desgarra mientras me detengo en seco.
—No —susurro, retrocediendo ante la figura encapuchada.
Estaba justo detrás de mí. ¿Cómo ha llegado hasta allí?
—¿Cómo... cómo…?
Tropiezo antes de dejar de hablar, solo que la misma risa asquerosa
suena detrás de mí. Volteo la cabeza para encontrar al hombre que sigue en
la abertura y mi estómago se desploma. Son dos, estoy tan jodida como
podría estarlo.
Retrocedo en dirección contraria, me dirijo a mi estrecha sala de estar
para poder ver a los dos al mismo tiempo, pero mi espalda no tarda en
chocar con un cuerpo duro. Me doy la vuelta y miro el horrible rostro lleno
de cicatrices de Roman DeAngelis.
Un jadeo aterrorizado brota de lo más profundo de mi ser, estoy
demasiado asustada como para gritar.
Si este es Roman DeAngelis, entonces puedo garantizar que las otras
dos figuras encapuchadas en mi casa son sus hermanos Levi y Marcus, los
hermanos más temidos de la ciudad. Son notorios. Todo el mundo sabe de
ellos y cada maldita alma está aterrorizada de quedar atrapada en la mira
de uno de sus retorcidos juegos. Son las cosas de las que están hechas las
pesadillas, son unos carniceros, verdugos, y viven para ello.
Intento separarme de Roman, pero su agarre de acero me rodea
rápidamente por la parte superior de los brazos como un vicio, y su olor
mortal me envuelve. Atrapada en su feroz agarre, veo cómo sus hermanos
se acercan lentamente, con sus ojos inertes enfocados en su presa en un
silencio aterrador.
Sacudo la cabeza, sabiendo que este es el maldito final. Cuando los
hermanos DeAngelis están involucrados, nadie vive para contarlo.
Capítulo 2
Levi y Marcus DeAngelis se acercan lo suficiente como para que pueda
ver sus rostros bajo las sombras de sus capuchas oscuras, y cuanto más se
acercan, más empieza a paralizarme el miedo.
Estos no son el tipo de hombres con los que una chica como yo debería
follar.
Tengo que salir de aquí, pero me tienen rodeada. No tengo ninguna
posibilidad de sobrevivir. Me dieron por muerta en el momento en que
entraron en mi apartamento.
—Es realmente hermosa —murmura Marcus en tono oscuro, su rico
tono es como una daga que atraviesa mi pecho—. Es una pena lo que le
pasará.
Mi corazón retumba, mientras el miedo late implacable en mis venas.
¿Qué quiere decir con que es una pena lo que le pasará? ¿Qué me van a
hacer?
Sus oscuras miradas se cruzan y una sonrisa malvada se dibuja en
la comisura de los labios de Levi, quien baja la barbilla para mirarme a
través de su espesa hilera de pestañas.
—Su foto salió en todas las noticias nacionales, su cuerpo mutilado
con esos grandes ojos azules sin vida. ¿Qué clase de monstruo insensible
habría dejado su cuerpo en una tumba poco profunda como esa? Es una
pena que ese oso haya clavado sus garras en su frágil cuerpo. No había más
que hilachas de piel. Casi imposible identificarla en la morgue. Si no fuera
por esos ojos azules...
Maldición, maldición, maldición, maldición. La imagen mental es
paralizante.
Van a matarme. Son unos psicópatas. Malditos monstruos.
Me gustaría saber por qué, sólo que cuando se trata de los hermanos
DeAngelis, no necesitan una razón, esto es simplemente lo que son. Todo lo
que necesitan es un rostro bonito, un cuerpo caliente y su fiesta de pijamas
del sábado por la noche comienza.
—Van... van a saber que fueron ustedes —digo tartamudeando, con
las palabras crudas en la garganta mientras el miedo me agobia—. Vendrán
por ustedes. La policía... ellos...
Marcus se ríe, interrumpiéndome, y rápidamente me doy cuenta de lo
equivocada que estoy. Las noticias sólo nos cuentan historias de horror,
muestran imágenes de las víctimas con descripciones horrendas de cómo
acabaron, pero nunca vemos un resultado, nunca vemos justicia para las
familias en duelo de nuestra ciudad. Se salen con la suya en todo momento.
La policía es inútil. Nadie puede ayudarme ahora.
Estos monstruos asesinan por deporte. Es una pequeña inyección de
adrenalina para hacer que su sangre bombee. Los gritos son su elixir de
vida. Necesitan sentir el miedo de otra persona sólo para seguir respirando.
Deberían ser encerrados en camisas de fuerza y negarles todos los derechos
humanos básicos posibles.
Son la muerte, y se asegurarán de que hasta el último cabrón que se
interponga en su camino lo sepa.
Voy a ser otra estadística para ellos, otra muesca en sus cinturones.
Demonios, tal vez tengan la suficiente práctica como para que sea rápido,
pero entonces, tal vez también sean lo suficientemente hábiles como para
hacer que dure horas y horas. En cualquier caso, tengo que hacer las paces
con ello rápidamente porque no viviré para ver otro día.
Esta noche, moriré.
Las risas inundan mi apartamento y el sonido me produce escalofríos
mientras me encojo, sintiéndome tan malditamente pequeña ante estas
bestias. Son casi más grandes que la vida, pero no del tipo heroico e
idolatrado. Son demonios que han salido directamente del infierno.
Ni en mi imaginación más descabellada pensé que estaría tan cerca
de ninguno de ellos, y mucho menos que sería el objeto de su retorcida
atención. Soy una buena chica. Claro que maldigo demasiado, pero ¿quién
no lo hace? No tomo drogas, no me prostituyo, ni siquiera me involucro con
chicos malos porque me romperían el corazón y no podría soportarlo. Mi
vida gira en torno a ir a trabajar, esperar tener lo suficiente para cubrir el
alquiler y comprar baterías para mis amigos como Tarzán. Estoy tan limpia
como se puede estar, no debería estar en su radar.
La luz de mi teléfono se apaga y mi mundo se desmorona cuando se
me escapa de entre los dedos. Trato de zafarme de la fuerte agarre de
Roman, diablos, eso suponiendo que el chico que está detrás de mí sea
realmente Roman. Sólo he visto sus rostros en las noticias, y siempre
utilizan las mismas fotos antiguas de cuando eran adolescentes.
Se volvieron más inteligentes a medida que crecían y han logrado
mantenerse fuera del ojo público, pero por lo que estoy viendo, ahora son
unos malditos hombres, y maldita sea, han crecido de la manera más
deliciosamente perversa.
Son malditamente guapos con sus ojos oscuros y mortales, los
tatuajes suben por sus cuellos y las pronunciadas mandíbulas, pero eso es
exactamente lo que quieren. Felizmente atraerán a chicas dispuestas como
yo a caer en sus trampas, prometiéndoles una buena noche, solo para
llevarlas a casa y ver lo rápido que pueden drenar su sangre.
No se trata de simples chicos malos con una mala actitud, estos
hombres son asesinos en serie hasta la médula. No hay otra forma de
decirlo. La mayoría de las madres advierten a sus hijas de los violadores y
de los hombres que les dan pastillas en los bares, pero las de aquí ni siquiera
se molestan en mencionar a los violadores. Les advierten de los hermanos
DeAngelis, contándoles los horrores y las historias que se extienden por toda
la ciudad.
Y ahora esos mismos hermanos están en mi salón, acechándome
como si ya fueran mis dueños.
La oscuridad me abruma cuando un tenue rayo de la luna se filtra
por la ventana de la cocina. Hay suficiente luz para ver los toscos rostros de
los hombres que me rodean, pero no la suficiente para guiarme fuera de
aquí. No hay escapatoria.
Sacudo la cabeza y miro con nerviosismo a los dos hombres que tengo
delante, tratando de identificarlos, pero es inútil. Sus rostros son como
máscaras que ocultan por completo todos sus pensamientos y deseos.
Siento la necesidad de girar y tratar de ver a Roman, pero no me atrevo a
dar la espalda a los otros dos. ¿Están aquí para matarme simplemente, o
tienen planeado algo más siniestro?
—¿Qué quieren? —exijo, encogiéndome contra el pecho de Roman
para intentar alejarme más de sus amenazantes hermanos, solo que eso
hace que tengan más espacio para acercarse.
Sus rostros no cambian, ni siquiera una chispa de vida brilla sus ojos
oscuros mientras exijo una explicación. Nunca antes me había cruzado con
un asesino en serie a la caza, pero mi instinto me dice que una pregunta
como ésa los haría sonreír de forma retorcida, pero no obtengo nada.
Mi mirada pasa por los huecos entre sus hombros, tratando de ver mi
apartamento a su alrededor. Mi cocina está a sólo unos metros. Si puedo
llegar hasta allí, podría tomar un cuchillo del fregadero e intentar
defenderme pobremente. Diablos, incluso podría lanzarme por la ventana
de la cocina. Caería cuatro pisos, pero tendría más posibilidades de
sobrevivir que si me quedara aquí.
Desvío la mirada en la dirección opuesta y observo que la puerta sigue
cerrada con llave. Frunzo las cejas y mis ojos se dirigen a la severa mirada
de Levi, al menos, creo que es Levi. Para ser sincera, no tengo ni puta idea.
—¿Cómo has entrado aquí? —exijo.
Las puertas estaban cerradas cuando llegué a casa, y las cerré detrás
de mí inmediatamente después de atravesarlas. Pasé dos minutos
intentando encontrar mi portátil para enchufarlo al cargador y luego saqué
el helado de mi congelador. No había ni una sola posibilidad de que hubieran
entrado sin que yo lo supiera. A menos que...
Respiro con fuerza y mis ojos se abren de par en par, horrorizados.
—Ya estaban aquí.
Ninguno de ellos sonríe ni se ríe, pero la maldad en los ojos de Levi
parece brillar un poco más. Cuando intenté regresar a mi habitación, salió
de ella. Este cabrón vio exactamente lo que acaba de pasar ahí adentro con
Tarzán, y demonios, casi consigue verme correrme.
—Estás enfermo —escupo antes de mirar a Marcus—. Todos están
malditamente enfermos.
Roman se inclina a mi lado y siento sus labios en la base de mi cuello.
Una risa inquietante sale de lo más profundo de su garganta y esa sonrisa
perversa que he estado esperando en los labios de sus hermanos finalmente
comienza a extenderse.
—Bienvenida a la familia, emperatriz.
Oh, maldición, no.
Roman suelta mi brazo y no espero a ver lo que me tiene preparado.
Mi mano baja para golpear su pene y gime por lo bajo, tan malditamente
bajo que siento las vibraciones a través de su pecho, golpeando mi espalda.
Sin querer desperdiciar la oportunidad, me agacho, sabiendo que no
seré lo suficientemente fuerte como para derrotarlo. Golpeo a Levi en el
trasero, intentando derribarlo también, y grito cuando la mano de Roman
sale volando y se enrosca alrededor de mis muñecas. Grito, tirando con más
fuerza mientras la desesperación me atraviesa. Intento atravesarlos
mientras luchan por recomponerse, pero el agarre de Roman es implacable.
Doy una patada hacia arriba, evitando por poco romperle la nariz
mientras mi largo cabello se sale de la liga. Levi empieza a recuperarse y
Marcus rodea a su hermano, se detiene ante mí. No hay absolutamente
ninguna salida.
Roman me suelta, pero sólo porque su hermano me tiene exactamente
dónde quiere. Una sonrisa enfermiza se dibuja en los labios de Marcus y sus
ojos arden con el más mínimo indicio de lo que me tiene reservado.
Sacudo la cabeza, el miedo se mete en mis entrañas mientras mi
corazón se acelera, dándome cuenta de que esto es el fin. Se acerca un poco
más hasta que puedo oler su dulce aliento rozando mi piel. Doy un fuerte
grito, sabiendo que la señora Brown, al final del pasillo, nunca podría llegar
a tiempo, ni yo la pondría en esta situación. No tengo más remedio que
aceptar mi destino. Esto es todo. Nunca tendré la oportunidad de decirle a
mi casero que se vaya al infierno, y nunca tendré la oportunidad de arruinar
a mi padre como lo hizo conmigo.
Esto es todo para mí. Esto es todo lo que siempre seré.
Voy a morir aquí en mis bragas y sujetador disparejos con Tarzán
todavía echando humo en el cubo de basura de mi habitación.
Marcus inclina la cabeza sólo un poco hacia un lado y, aunque es un
movimiento pequeño, es suficiente para mostrarme lo oscuro y retorcido que
es en realidad. Contengo la respiración, demasiado asustada para moverme
cuando sus dedos suben y rozan un lado de mi rostro en una suave caricia.
Se inclina lentamente como si fuera a besarme, pero su boca se detiene
cerca del borde de mis labios. Sus dedos recorren mi cuello hasta que se
enroscan en la base de mi garganta. Me aprieta con fuerza.
—Reza tus oraciones, cariño.
Y así como así, su otra mano baja sobre mi sien y me derrumbo en el
suelo, mi mundo se desvanece rápidamente en la nada.
***
Mi cadera se golpea contra el frío y duro suelo, mis ojos se abren de
golpe mientras un grito de dolor se me escapa. La realidad tarda menos de
un segundo en derrumbarse sobre mí y el miedo vuelve a instalarse en mi
pecho con una implacabilidad desgarradora.
Mi mirada se dirige hacia los tres hombres que se ciernen en la
estrecha puerta, y apenas tengo la oportunidad de arrodillarme antes de que
sus miradas de compasión desaparezcan y la pesada puerta se cierre de
golpe entre nosotros, con el fuerte BANG resonando en mi pequeña
habitación.
Los primeros rayos de sol de la mañana brillan a través de la pequeña
ventana situada en lo alto de la esquina, pero no hacen nada para iluminar
las áridas paredes de la celda que me rodean.
Un fuerte sonido con eco rebota por la habitación y me doy cuenta
demasiado tarde de que es el sonido de una pesada cerradura deslizándose
en su sitio.
—¡Maldición! —grito, corriendo hacia la puerta y agarrando el pomo,
retorciéndolo violentamente y tirando de él mientras la desesperación corre
por mis venas. Esta maldita habitación está cerrada como una fortaleza.
Puedo garantizar que no soy la primera persona que los psicópatas
tienen encerrada aquí. Ya habrían cometido todos los errores que había que
cometer, dejándome nada menos que con expertos en su campo. Cada
ladrillo suelto habría sido cementado. Cada objeto de la habitación habría
sido cuidadosamente colocado para asegurar que no pudiera encontrar un
arma. Cada posible salida de aquí ya ha sido encontrada y tratada.
Soy su prisionera y la única salida es la muerte.
Maldición, deberían haberme matado en mi apartamento. Cualquier
cosa es mejor que ser forzada a permanecer aquí para jugar el papel de su
pequeña mascota especial.
¿Qué diablos piensan hacer conmigo? Nunca he oído hablar de que
tomen un rehén, pero entonces, ¿cómo diablos voy a saber lo que han hecho
o no han hecho antes? No dejan que la gente viva, así que incluso si han
estado secuestrando chicas al azar de la calle para mantenerlas como sus
esclavas sexuales personales, dudo que alguna de ellas esté disponible para
una pequeña charla para discutir los pormenores de su estancia.
¿Cómo es que estos chicos no están ya encerrados?
Intento concentrarme en mi respiración, desesperada por calmarme
para intentar descubrir qué demonios se supone que debo hacer. Mi
habitación es una pequeña caja con un pequeño lavabo, un viejo inodoro y
una cama de aspecto duro en la esquina. Una muda de ropa se encuentra
en el extremo y hace que mis labios se levanten en una mueca de asco. ¿De
dónde demonios han sacado esta ropa y a quién perteneció alguna vez?
El suelo es de piedra, como el de un viejo castillo de hace un millón
de años, y maldita sea, tengo congeladas las plantas de los pies. Tengo
suerte de que estemos en medio de uno de los veranos más calurosos que
hemos tenido, de lo contrario también estaría temblando.
Esta es definitivamente una especie de celda retorcida, pero por lo que
puedo decir, está construida en las partes bajas de una enorme casa. Quién
sabe, cuando se trata de los hermanos DeAngelis, esto realmente podría ser
algún castillo gótico del siglo pasado. Están forrados de dinero. Por lo
menos, su padre es muy rico.
Giovanni DeAngelis. El hombre más poderoso del país.
Es el líder de la familia mafiosa más conocida, la familia DeAngelis, y
por lo que he escuchado, no es una familia con la que haya que meterse. Su
firme creencia es disparar primero y preguntar después, así que sólo puedo
imaginar cómo los tres hijos de Giovanni acabaron tan mal de la cabeza.
Están muy metidos en la fabricación de todas esas malditas pastillitas
que veo traficando por el club. Son traficantes de armas, contrabandistas, y
estoy muy segura de que tienen en nómina a todos los policías, jueces y
fiscales del país. Probablemente por eso los tres cabrones que acaban de
encerrarme no han sido encerrados ellos mismos.
Cualquiera que se interponga en el camino de un DeAngelis tiene
garantizada una tumba poco profunda y sin nombre. No son más que
criminales peligrosos, definitivamente no son de mi agrado, pero aquí estoy.
Al diablo con esto. ¿Qué demonios se supone que debo hacer?
No entiendo nada de esto. No tengo nada que ver con los hermanos
DeAngelis, su mafiosa familia, ni con nadie de ella. Diablos, ni siquiera
coqueteo con los chicos del club, y mucho menos permito que sepan quién
soy o dónde encontrarme.
¿Cómo saben estos chicos quién soy? ¿Cómo entré en su radar? ¿Era
un objetivo o es algo completamente aleatorio? No tiene ningún maldito
sentido.
Mi respiración es un poco más rápida y pronto me doy cuenta de que
si no me controlo, voy a acabar teniendo un ataque de pánico. Dejo de
pasearme por la estrecha celda y me acerco a la cama para ponerme de pie
sobre ella e intentar asomarme a la pequeña ventana, pero está demasiado
alta. Apenas puedo alcanzar el alféizar con la punta de los dedos.
Echo un vistazo a la habitación, me doy cuenta de que no hay
absolutamente nada que pueda usar para utilizarlo como escalón. La única
información que me da esta ventana es si es de día o de noche, aparte de
eso, absolutamente nada. Diablos, ni siquiera puedo ver las copas de los
árboles balanceándose en la distancia.
Tirarme por la ventana de la cocina y caer cuatro pisos tiene muy
buena pinta ahora mismo.
Sin nada que hacer, me dejo caer en la cama y observo la ropa que
hay en el extremo. Es una camiseta negra y un par de pantalones de deporte
de aspecto ligero, pero eso no cambia el hecho de que no hay manera de que
me los ponga. Probablemente pertenecieron a alguna pobre chica que fue
destripada por hacer deporte. Aunque, la forma en que han sido planchados
y doblados sugiere que una criada ha lavado esta ropa. No debería
sorprenderme. Son niños ricos mimados.
Incluso si estamos en algún tipo de castillo viejo y abandonado, estoy
casi segura de que estos imbéciles todavía tendrían una lista completa de
personal atendiendo todas sus necesidades. Después de todo, los pequeños
asesinos en serie psicópatas aún necesitan comer.
Mi rostro cae en mis manos y cierro los ojos. El cansancio de la noche
me ha superado. Daría cualquier cosa por recostar la cabeza en la pequeña
almohada de mierda que tengo a mi lado e intentar olvidar todo lo que ha
pasado, pero no voy a permitirme ese tipo de vulnerabilidad en un lugar
como este. Así que en lugar de eso, escucho.
Intento descifrar cada pequeño sonido que llega a través de la celda,
preguntándome qué puede ser cada ruido o a qué distancia está. No sé si
intentar mentalmente trazar un mapa de este lugar me ayudará, pero mi
única prioridad es escapar de este agujero infernal como sea. Es una
posibilidad remota, pero es la única que tengo.
Los minutos se convierten en horas, y cuando una luz brillante
ilumina directamente a mis ojos, miro a través de la pequeña ventana para
ver el sol en lo alto del cielo. Ya es mediodía y no he tenido ninguna
interacción con los psicópatas de arriba, pero sé que siguen aquí. Los
escucho deambular.
Un gruñido bajo recorre mi estómago y mis manos se aprietan
alrededor de la cintura para silenciarlo. Aunque no he comido bien en seis
meses, la punzada en mi estómago me recuerda mi última y lamentable
cucharada de helado para la cena de anoche. Ya he perdido más peso del
que es cómodo desde que mi padre puso mi vida patas arriba, pero hace ya
veinticuatro horas que no como nada sustancial. Necesito una comida de
verdad si voy a mantener aunque sea un gramo de energía para seguir viva,
pero algo me dice que una comida es algo que no me va a llegar pronto.
Me quieren débil. ¿Qué sentido tiene tener un prisionero y luego darle
los recursos para que no se desmorone? Estos chicos saben lo que hacen, y
aunque este es ciertamente mi primer rodeo, no es el suyo.
Dejo escapar un fuerte suspiro. Fui amiga de la niña rara obsesionada
con la muerte durante mis primeros años de instituto, y siempre me contaba
hechos extraños y maravillosos sobre la muerte. Nunca pensé que sus
extraños hechos pequeños serían algo en lo que volvería a pensar, pero
sentada aquí en mi pequeña celda, lo estoy recordando todo. Morir de
hambre no es el camino que quiero seguir. Necesito comida. Necesito mi
energía. Necesito salir de aquí.
Un suave golpeteo suena a través del techo y mi espalda se endereza
mientras escucho. Es repetitivo y casi... rítmico, pero hay algo tan hueco y
roto en él. Continúa, cada vez más rápido, pero cuando escucho
atentamente, me doy cuenta de que el sonido no proviene de algo en
movimiento. Viene de un punto en lugar de viajar a través del edificio.
Me esfuerzo un poco más para escuchar, acercándome a la puerta de
mi pequeña y asquerosa celda del calabozo y presiono el oído contra ella.
Oigo el sonido familiar de un bombo mezclado con los tonos rítmicos de un
platillo alto y percusiones. Rápidamente me doy cuenta de que no se trata
de alguien que está siendo asesinado con un martillo neumático, sino de
uno de los hermanos tocando la batería.
Me alejo de la puerta, sacudiendo la cabeza. Lo último que necesito es
imaginarme a estos psicópatas como personas normales y darles cualidades
humanas. Los hermanos DeAngelis son monstruos hasta la médula, y el
momento exacto en que empiece a humanizarlos es el momento en que
perderé el juego que nunca quise jugar.
Capítulo 3
Plop. Plop. Plop. Plop.
—Maldita sea —gimo, dándome una palmada en las orejas mientras
me recuesto en la dura cama—. Haz que pare.
El goteo empezó hace poco más de una hora y desde entonces me está
sacando de quicio. He buscado en mi celda como una maníaca tratando de
encontrar el origen del goteo, pero es inútil. No hay ningún charco en el
suelo, ni agua en el pequeño lavabo, incluso las tuberías están tan secas
como mi sexo en los últimos meses. Ya sabes, aparte de esas noches
solitarias con Tarzán, pero ahora incluso eso me ha sido arrebatado.
Estoy más que convencida de que ese sonido de goteo es una forma
de tortura de mierda hecha por los hermanos DeAngelis, tiene que serlo.
Probablemente hay algún altavoz oculto aquí y están intentando volverme
loca con él. El pequeño fregadero probablemente ni siquiera está conectado
a una fuente de agua.
A la mierda esto y que se jodan los hermanos DeAngelis.
Plop. Plop. Plop. Plop.
—Maldición.
Aprieto la mandíbula y tapo mis oídos con las manos. No estoy hecha
para una vida de tortura. Fui creada con el único propósito de excitarme en
la intimidad de mi habitación y fruncir el ceño a los imbéciles. Ahí es donde
están mis habilidades. Esta mierda de aquí está fuera de mi ámbito de
capacidades.
El goteo no cede y me dejo caer en la maldita cama, ignorando el dolor
sordo de mi estómago y la forma en que mis globos oculares parecen colgar
de mi cabeza. Llevo más de doce horas atrapada en esta pequeña mazmorra
y se me está acabando la paciencia. Estoy hambrienta, cansada y enojada.
No he visto ni sabido nada de los hermanos desde que me dejaron
aquí, y aunque eso es probablemente lo mejor que me ha pasado en todo el
día, también estoy en el punto en el que desearía que vinieran y acabaran
con su mierda para que me dejaran ir o me sacaran de mi miseria.
No manejo bien lo desconocido. Esperar lo inevitable es lo que me va
a matar, pero de alguna manera, creo que ya lo saben.
Apuesto a que esos idiotas están sentados ahí arriba en su maldito
castillo, sorbiendo veneno mientras descansan en sus tronos retorcidos
hechos con los huesos de los hombres, mujeres y niños que han masacrado.
Diablos, estos imbéciles deberían haber nacido hace un millón de años.
Habrían sido aclamados como dioses despiadados, pero en lugar de eso, sólo
se les conoce por estar mentalmente perturbados.
El frío metal de la puerta me escuece en la cintura cuando me aprieto
contra ella, golpeando con las manos el marco y escuchando el eco que
resuena en las paredes de un pasillo larguísimo.
—SAQUENME DE AQUÍ, IMBÉCILES —grito, con la garganta
ardiendo por la cruda intensidad de mi tono—. ¿QUÉ QUIEREN DE MÍ?
Una risa desgarradora suena en la pequeña celda, el ruido rebota en
las paredes en todas direcciones. Me doy la vuelta, presionando mi espalda
contra la puerta de la celda y mirando de una esquina a otra. La risa fue tan
fuerte, tan real. Parece que viene de detrás de mí, pero aquí no hay nadie
más, sólo yo y mi corazón acelerado.
—¿Quién está ahí? —exijo, con la voz quebrada mientras mis rodillas
se debilitan por momentos. Un fuerte sollozo sale del fondo de mi garganta
y empiezo a hundirme lentamente, mi espalda se desliza por la puerta de la
celda y se engancha contra mi piel desnuda—. ¿Quién está ahí?
La risa vuelve a sonar, pero esta vez más fuerte, y no puedo evitar
sentir que alguien me observa. Busqué en la celda durante horas. No hay
cámaras, ni altavoces, ni hilos, ni cables. Estoy tan sola como puedo estarlo
en esta pequeña y jodida mazmorra, pero tengo que creer que no lo estoy
porque la única alternativa es que me persiguen los fantasmas de los
antiguos huéspedes de la mazmorra. Sinceramente, prefiero lidiar con los
hermanos a que se confirme ese retorcido pensamiento.
Se me llenan los ojos de lágrimas y entierro el rostro en las rodillas,
intentando desesperadamente bloquear los sonidos que vuelan por la
habitación, pero cuando un sonido metálico de arrastre atraviesa la
mazmorra, mi espalda se endereza y salgo volando del suelo.
Me doy la vuelta, girando para mirar hacia la puerta mientras mis ojos
se abren de par en par con el miedo.
Volvieron.
Mi corazón retumba, mi pulso late con fuerza en mis oídos, ahogando
los demás sonidos de la celda. Mi hambre ha sido olvidada por completo y
mis ojos cansados permanecen fijos en la puerta mientras mi respiración se
entrecorta.
Inmediatamente empiezo a retroceder, aterrorizada por lo que o quién
está a punto de entrar a zancadas por la puerta. Se abre con un chirrido y
lo veo como si ocurriera a cámara lenta, pero no me atrevo a detenerme.
Sigo moviéndome hasta que mi espalda queda a ras de la pared que tengo
detrás, y las afiladas grietas de los ladrillos se clavan en mi piel.
La pesada puerta se abre de par en par, y donde espero ver entrar la
luz, no hay más que sombras.
Veo una oscuridad inquietante que se mueve desde detrás de la
puerta, y mientras el pesado metal se arrastra contra las viejas piedras del
suelo, un escalofrío me recorre. La puerta se ensancha cada vez más y, a
cada segundo que pasa, siento el peso de la situación que me oprime el
pecho y me hace desear un dulce alivio.
Mis respiraciones agudas aumentan hasta que estoy al borde de la
hiperventilación, pero hago lo posible por disimularlo, no quiero que sepan
lo terriblemente asustada que estoy. Aunque mi rostro manchado de
lágrimas y la forma en que me acobardo en un rincón me delatan.
Cuando la puerta se abre del todo, la sombra adquiere más forma y
rápidamente reconozco a uno de los hermanos, aunque su rostro está
enmascarado en una densa oscuridad y es imposible saber cuál es. Hasta
que se adentra en la habitación y puedo distinguir los característicos
tatuajes que recorren su cuello.
Levi DeAngelis. El hermano más joven y posiblemente el más
impulsivo. Al menos, eso es lo que las noticias siempre han aludido.
Supongo que es todo ese egoísmo, la necesidad de demostrar algo a sus
malditos hermanos mayores. O tal vez sólo lo dejaron caer de cabeza
demasiadas veces cuando era un bebé. En cualquier caso, no es alguien que
quiera tener tan cerca, pero supongo que ninguno de los hermanos es una
gran opción.
Sus ojos oscuros se clavan en los míos y, cuando da otro paso hacia
mí, me pego más a la pared de ladrillos hasta que siento que la sangre
recorre mi espalda. Sus ojos parecen volverse más oscuros cuando bajo la
mirada por su cuerpo, buscando algún tipo de pista sobre cómo va a
terminar esto.
¿Va a romperme el cuello con sus propias manos o hay un arma
escondida en sus pantalones? Tal vez es un tipo de daga. Demonios, eso es
demasiado fácil para él. Después de todo, los hermanos DeAngelis tienen
una reputación que mantener. Apuesto a que me masacrarán de la manera
más espectacular, pero nadie lo sabrá nunca. Nunca seré vengada. Nunca
veré la justicia. Los hermanos seguirán saliéndose con la suya porque nadie
me echará de menos.
Sin embargo, es malditamente impresionante, como sus dos
hermanos mayores, y eso lo hace aún más peligroso de lo que cualquier
hombre tiene derecho a ser. Tiene el cabello negro como la noche y lo lleva
corto, mientras que su rostro perfectamente simétrico me desafía a intentar
encontrar un defecto.
No puedo evitar fijarme en que lleva un traje de tres piezas y, maldita
sea, lo lleva bien, pero ése es el menor de mis problemas. Probablemente
esté planeando alguna cita elegante con una pobre chica desprevenida y
esperando su oportunidad para atacar. Soy el patético calentamiento previo
al juego.
Levi se acerca, tan cerca que huelo el pequeño toque de colonia que
se ha rociado junto a su cuello, mezclado con el dulce y natural olor varonil
que es todo él. Puedo sentir el calor que desprende su piel bronceada y trago
saliva, pero él sigue acercándose hasta que su pecho se aprieta contra el
mío.
Se eleva por encima de mí. Debe medir por lo menos un metro ochenta
y es como un maldito toro. Es fácilmente tres veces más grande que yo. Un
hombre así podría romperme los huesos con un simple movimiento de
muñeca.
No me cabe duda de que puede sentir mi pulso acelerado. Diablos, mi
corazón late tan fuerte que probablemente también pueda oír su aterrado
latido. Se inclina hacia mí y recupero el aliento, deseando en silencio pensar
en una época más dulce de mi vida y no en las cosas horrendas que está a
punto de hacerme.
Levi baja la cabeza y su nariz roza mi piel, atormentándome con su
silencio.
—¿Qué quieres? —pregunto, apretando la mandíbula y tratando
desesperadamente de bloquearlo, pero ya está dentro de mi cabeza sin
siquiera decir una sola palabra.
La punta de su nariz sube desde la base de mi mandíbula hasta mi
sien, donde se detiene. Me huele y cierro los ojos, tratando de calmar mis
temblores aterrorizados.
Un gruñido bajo y animal suena en el fondo de su garganta, y
contengo las lágrimas, preparándome para la muerte. Pero cuando no
ocurre nada, vuelvo a abrir los ojos y trago con fuerza antes de inclinar
lentamente la barbilla para encontrarme con su oscura y horrible mirada.
Dejo escapar una respiración temblorosa, intento encontrar las pocas
fuerzas que poseo.
—¿Qué haces? ¿Qué quieres? —exijo, no estaba dispuesta a
quedarme aquí toda la noche jugando a sus retorcidos juegos.
Las comisuras de su boca se retroceden con una sonrisa malvada,
pero la contiene cuando algo me oprime el estómago. Mi mirada se dirige a
su mano para encontrar una bata de seda negra apretada entre sus dedos.
Su voz profunda y grave inunda la celda y mi mirada vuelve a dirigirse
a la suya.
—Póntela.
Mis cejas se fruncen mientras le quito instintivamente la bata, y me
tiemblan las rodillas al sentir el sonido de su profundo tono vibrando a
través de mi hueco pecho. Al darme cuenta de que aún tiene planes para mí
esta noche, alzo la barbilla y entorno la mirada.
—¿Por qué? —cuestiono, no estoy dispuesta a ponérselo fácil mientras
mis ojos se dirigen a la puerta abierta de la celda. Me ha dejado la
oportunidad perfecta para escapar, suponiendo que pueda pasar por encima
de él.
—Porque yo lo digo —gruñe, sin apreciar mi reticencia. Estoy segura
de que un hombre como él no escucha la palabra no a menos que sea la
última súplica de piedad de su víctima—. Eres nuestra invitada y nos
acompañarás en la cena.
Mi ceja se arquea.
—¿Invitada? —Me río—. Más bien una maldita prisionera. Dime, ¿a
cuántos otros invitados tienes aquí abajo?
Levi no responde, se limita a seguir mirándome con esos ojos inertes
hasta que mi paciencia se agota.
—Me estás tomando el cabello —me burlo, arrepintiéndome
inmediatamente de mi tono cuando sus ojos brillan de ira. Empujo mi mano
contra su sólido estómago y lo obligo a retroceder un paso—. ¿Quieres
vestirme con una bata de mierda que probablemente pertenezca a alguna
mujer muerta, hacerme desfilar para tus hermanos psicópatas e invitarme
a cenar? Estás realmente jodido de la cabeza.
La cabeza de Levi se inclina hacia un lado, de la misma manera que
la de su hermano se había movido justo antes de dejarme inconsciente.
—La bata era de mi madre —me dice con un tono plano y sin
emoción—. Y tienes razón. Está muerta. Ahora ponte la bata antes de que
lo haga yo, y créeme cuando te digo que no te va a gustar.
Aprieto la mandíbula y me niego a apartar mi mirada de la suya, pero
aunque quisiera, no es posible. Me tiene petrificada solo con su mirada, pero
ahora parece contener mucho más que ira.
—Ahora —ordena, bajando aún más el tono, probablemente enojado
porque mi pregunta haya sacado a relucir el recuerdo de su madre muerta,
pero en serio, ¿cómo iba a saberlo?
—¿Quieres vestirme como una maldita muñeca Barbie con la ropa de
tu madre muerta? ¿No ves lo enfermo que es eso?
Su mandíbula se tensa y los gruesos músculos de su cuello se
estremecen, haciendo que sus sinuosos tatuajes parezcan reales. Sus dedos
se cierran en puños a su lado y mi mirada se posa en ellos, sabiendo que
con un solo golpe podría estar muerta.
Suelto un suspiro tembloroso y vuelvo a arrastrar la mirada por su
ancho cuerpo para encontrarme con sus ojos, sabiendo que ya le he
presionado demasiado, pero no consigo averiguar a qué estamos jugando.
¿Me siento en silencio y hago lo que me piden con la esperanza de retrasar
lo inevitable, o voy por todo, por todas, y hago que su tiempo conmigo sea
tan infernal como mi tiempo con ellos?
Mis dedos se estrujan en la suave seda y me esfuerzo por respirar
profundo, queriendo ir al grano.
—¿Por qué yo? —pregunto en voz baja, ya agotada por sus tonterías.
Su mirada se endurece y me doy cuenta demasiado rápido de que no
va a empezar a explicarme nada. Me va a dejar en la oscuridad durante el
tiempo que los chicos consideren necesario.
Levi no se mueve, sólo permanece ante mí con su intimidante tamaño,
más que dispuesto a entrar en acción si no me apresuro a hacer lo que me
pide. Así que, sin más remedio, suelto la tela entre mis dedos y me la pongo
por encima de la cabeza, dejando que se deslice en su sitio, odiando
momentáneamente esos breves instantes en que la seda me enmascara la
vista.
La bata gótica me sienta como un guante, bajando por mi cuerpo
hasta que el dobladillo roza suavemente la piedra bajo mis pies. El escote se
hunde entre mis pechos con un endeble trozo de tela que lo mantiene unido
y evita que mis pechos se derramen, pero el escote en la espalda... o la falta
de ello, me llega justo al trasero, y si fuera más baja, estoy segura de que
todo mi trasero estaría al aire.
Mi mirada vuelve a dirigirse a la de Levi y retrocede un paso, sus ojos
muertos recorren la sutil curva de mi cuerpo y me asimilan, pero su rostro
no cambia. No revela nada en absoluto y, sin más, gira sobre sus talones y
se dirige a la puerta de la celda.
—Muévete —exige, sin molestarse en mirar atrás, dando por hecho
que lo seguiré ciegamente, pero ¿qué opción me ha dado realmente? Puedo
quedarme aquí, en una maldita celda embrujada, o puedo seguirlo, conocer
brevemente la distribución de la propiedad y, con suerte, aprender algo
sobre por qué demonios estoy aquí. Así que sin dudarlo ni un segundo más,
mis pies descalzos se arrastran por la fría piedra y muevo mi maldito trasero.
Las zancadas de Levi son amplias, lo que hace casi imposible seguirle
el ritmo, pero hago lo que puedo mientras me mantengo lo suficientemente
lejos como para salir corriendo si veo una oportunidad, pero algo me dice
que algo así no va a caer en mi regazo. Además, a juzgar por su tamaño,
sería capaz de alcanzarme en unos instantes.
Si voy a intentar escapar, tengo que ser inteligente, y correr
desenfrenadamente por su casa, sin tener ni idea de adónde voy, no me
clasifica precisamente como la herramienta más afilada del cobertizo.
Levi me conduce por un pasillo oscuro en forma de túnel, débilmente
iluminado por pequeñas lámparas colgantes que envían ondas de luz
amarilla que fluyen a su alrededor, pero no va muy lejos. El pasillo parece
salido directamente de alguna retorcida cámara de tortura medieval. Es
espeluznante. Tal vez esto sea realmente un viejo castillo en el que me han
metido.
Simplemente perfecto. Un castillo es exactamente lo que necesito.
Este lugar probablemente viene completamente equipado con un millón de
habitaciones diferentes, cien cocinas, mil baños, y la cámara de asesinato
perfecta dispuesta según las especificaciones de cada uno. Incluso si
decidiera huir, me perdería en cuestión de segundos.
Nos acercamos a una gran puerta de madera con gruesas bisagras
negras que la mantienen cerrada, y observo cómo Levi la agarra y le da un
fuerte tirón, sus músculos rodando por el traje, me dice lo pesada que es
esta puerta. Si un tipo como Levi lucha con ella, entonces no tengo ninguna
posibilidad.
Me devuelve la mirada antes de asentir a través de la puerta abierta,
indicándome en silencio que me ponga en marcha. Con la cabeza alta, paso
junto a él y un escalofrío me recorre la espalda. Cierra la pesada puerta tras
nosotros y me indica que me adelante.
El túnel ya es lo suficientemente oscuro, pero ¿tenerlo detrás de mí
sin que pueda ver cada uno de sus movimientos? Es lo más angustioso que
he experimentado.
Nos acercamos a un estrecho conjunto de escaleras de hormigón y
subo lentamente por ellas, teniendo cuidado con cada escalón empinado.
Levi me alcanza rápidamente y su mano aprieta la parte baja de mi espalda.
Si fuera un caballero, supondría que está intentando evitar que me caiga,
pero la forma en que me aprieta la espalda me dice que sólo quiere que me
dé prisa.
La luz natural brilla en lo alto de la escalera y me hace avanzar un
poco más rápido. La luz natural significa que estoy casi en la planta
principal del edificio, y seguramente hay un millón de opciones diferentes
para escapar. Diablos, incluso me lanzaré por una ventana o escalaré por la
chimenea de un viejo hogar si es necesario. Conociendo mi suerte, los
bastardos probablemente encenderían la maldita cosa y se reirían mientras
las llamas se acercan cada vez más a mi trasero.
Llego al último escalón y no me extraña que Levi comience a
acercarse. Su mano no se mueve de mi espalda mientras atravesamos una
amplia abertura con magníficos suelos de mármol. Parece muy caro, y mi
mirada empieza a recorrer instantáneamente el amplio espacio.
Hay enormes ventanales del suelo al techo construidos en lo que
parecen ser una especie de lujosas paredes de arenisca, y me encuentro
preguntándome de nuevo si esto es realmente un antiguo castillo. El espacio
está vacío y casi puedo imaginar que está lleno de cientos de personas.
Mujeres con elegantes trajes de baile y sonrisas falsas, luchando por
respirar en sus corsés mientras hombres con ridículos trajes de pingüino
las cortejan por la sala. Podría ser una escena sacada de Orgullo y Prejuicio,
pero mi realidad es todo lo contrario.
Levi me empuja discretamente a través de la propiedad con una mano,
y al salir del gigantesco salón de baile, pasamos a otro pasillo pavimentado
con el mismo exquisito suelo de mármol. Las inquietantes ventanas crean
suficiente luz para que incluso el vestíbulo brille con fuerza a pesar de lo
avanzado de la hora.
Pasamos por alto una serie de habitaciones, algunas que parecen
habitadas y otras desordenadas con muebles viejos cubiertos de sábanas
blancas y polvorientas.
—¿Qué demonios es este lugar? —murmuro, sin saber si estoy
meditando para mí misma o si realmente busco una respuesta, aunque no
importa porque de todos modos no me la ofrece.
Caminamos y serpenteamos por habitaciones al azar y no puedo evitar
la sensación de que me está llevando a una búsqueda inútil, intentando que
me pierda para que no aprenda a orientarme. Pero en el momento en que
huelo un delicioso asado que recorre el viejo lugar, se me olvida cualquier
dirección.
Me muero de hambre. Haría cualquier cosa por una comida, pero eso
no significa que vaya a confiar en cualquier cosa que me den los hermanos
DeAngelis.
Estoy condenada a morir de hambre.
—Por aquí —murmura Levi detrás de mí, indicando a su derecha.
Me vuelvo hacia las grandes puertas dobles y, al acercarme a ellas, se
abren de par en par, revelando a los dos últimos hermanos DeAngelis
recostados en sus sillas alrededor de una enorme mesa de comedor. Sus
sonrisas perversas se extienden por sus rostros, más que dispuestos a
estropear mi frágil mente.
Capítulo 4
El comedor es tan grandioso como ninguno, y mientras mi mirada
recorre rápidamente el lugar, llego a la conclusión de que definitivamente
estamos en un viejo castillo. No hay otra forma de describir este lugar. Es
como algo sacado de una película de Halloween diseñado para adaptarse a
todos sus caprichos.
Unas lámparas de araña colgantes se ciernen sobre la enorme mesa
de roble en la que caben al menos treinta personas. Las magníficas sillas
doradas se alinean en la gran mesa y me quedo mirando con asombro, como
si acabara de entrar en una escena de una película. Estos son los hijos del
jefe de la mafia más poderosa del país. Probablemente se limpien el trasero
con sábanas de oro.
Los grandes ventanales se alinean en la sala, mostrando los
magníficos y cuidados jardines iluminados con focos estratégicamente
colocados mientras el sol de la tarde desciende en el cielo.
Levi pasa junto a mí a grandes zancadas, mientras me quedo
torpemente en la puerta abierta. La necesidad de girar sobre mis talones y
salir corriendo hace saltar chispas en mi nervioso estómago, pero pienso en
el laberinto de pasillos que hemos recorrido con vacilación.
—Ni se te ocurra, emperatriz —dice un tono grave y retumbante desde
el otro lado de la habitación.
Sigo el sonido para encontrarme con la mirada severa de Roman. Es
muy guapo. Todos lo son. No hay otra forma de decirlo.
Roman se reclina en su asiento con un traje impecable, exudando la
arrogante confianza que conlleva la riqueza. Cuando los vi por primera vez
en mi feo apartamento, se escondían en las sombras, cubiertos por su
capucha negra y su críptico silencio. Era casi imposible ver el contorno
pronunciado de sus mandíbulas o lo definidos que son realmente sus
enormes cuerpos. Pero aquí, ante sus miradas críticas, ya no pueden
esconderse. Aunque lo mismo podría decirse de mí.
Entorno la mirada hacia Roman, recorriendo lentamente la áspera
barba incipiente que cubre su mandíbula, preguntándome si es él quien
dirige este espectáculo. Los mechones de cabello grueso y oscuro cuelgan
desordenados de la parte superior de su cabeza. Es una maldita obra
maestra, pero mortal desde cualquier ángulo. Añade la barba áspera
alrededor de la mandíbula y es la definición misma del hombre de mis
sueños. Lástima que sea un maldito psicópata.
Sus ojos de obsidiana se fijan en mí cuando observo la furiosa cicatriz
que atraviesa una gruesa ceja y la parte superior de su párpado. Desciende
hasta la punta del pómulo y no puedo evitar preguntarme qué le pasó. La
cicatriz se encuentra en un ángulo perfecto, pero es lo suficientemente
rugosa como para que todo se contraiga dentro de mí. Aunque todos los
hermanos se parecen muchísimo, la cicatriz de Roman lo distingue. No
puedo explicar por qué siento una repentina conexión con él sin un solo
intercambio de palabras, pero su dura expresión me habla a otro nivel. He
tenido una extraña conversación con Levi, pero hasta ahora, Roman es el
que siento que conozco más.
—¿Qué te pasó? —pregunto, cruzando los brazos sobre el pecho y
sacando la cadera—. ¿Follaste con la mujer del hombre equivocado?
Una daga gira en su mano, la yema de su dedo presiona justo contra
la afilada punta de la hoja y al ver la letalidad en sus ojos, deseo que la lance
y me atraviese el corazón, poniendo fin prematuramente a la tormenta de
mierda que sé que estoy a punto de soportar.
—Siéntate.
Sigo mirando, negándome a acatar sus órdenes mientras mi mirada
sigue bajando, recorriendo la forma relajada en que se reclina en su ridícula
silla dorada. Se estremece, ajustándose ligeramente para colgar el brazo
sobre el respaldo de la silla que tiene al lado, y al hacerlo, todo mi cuerpo se
exalta. Por un breve instante, espero que lance el cuchillo.
Sus músculos ruedan con sus movimientos y la forma en que la
comisura de sus labios se mueve en una sonrisa torcida me dice que sabía
exactamente cómo iba a reaccionar a su repentino movimiento. Me está
intimidando y le encanta.
Mi espalda se endereza y tenso la mandíbula, sin apreciar en lo más
mínimo sus tonterías. A pesar de lo valiente que intento parecer, sabe lo
asustada que estoy en realidad.
Temiendo que realmente le guste mi atención hacia él, me alejo, sin
querer darle lo que ansía. Miro la larga mesa hacia su hermano, lo encuentro
sentado al final, actuando como si debiera estar a la cabeza de la mesa
cuando todos sabemos que ese lugar pertenece al mayor de todos.
Mi mirada se arrastra sobre su severo comportamiento. No creí que
fuera posible, pero de alguna manera parece aún más enojado por tenerme
aquí que sus hermanos.
El maldito, Marcus DeAngelis.
Sólo con mirarlo me recorren oleadas de rabia, recordando la forma
en que su mano se enroscó en mi garganta y el fuerte golpe que me dejó
inconsciente. Me ha dolido la cabeza todo el día por culpa de su golpe. Es
decir, mido un metro y medio y peso menos que un maldito bicho. Podrían
haberme sometido fácilmente, taparme la boca con cinta y desaparecer. No
había razón para noquearme así.
Maldito imbécil, pero un maldito imbécil magnífico.
¿Por qué no podría haber sido secuestrada por tipos feos? Lo último
que necesito es ser confundida sexualmente por estos tipos. Si tan sólo
Tarzán no se desentendiera de mí como lo hizo. Ha sido el único hombre
consistente en mi vida. Confié en él y no cumplió conmigo, pero entonces,
estoy más que satisfecha de que Levi no haya podido verme llegar al orgasmo
mientras me miraba a través de la puerta de mi armario. Maldito asqueroso.
¿Quién hace eso? Probablemente se estaba tocando mientras me miraba.
Marcus se echa hacia atrás en su silla y parece no inmutarse por mi
aparición en su enorme comedor, pero ¿por qué debería molestarle? Desde
luego, no soy una amenaza para él. Soy como una irritante cucaracha a la
que podría pisotear en cualquier momento. Tiene los pies apoyados en el
borde de la mesa del comedor mientras me observa a través de sus largas
pestañas. Cuando inclinó la cabeza hacia un lado en mi apartamento,
parecía loco, pero al bajar la barbilla y mirarme así me hiela la sangre.
Este es mi primer encuentro real con estos chicos, y aunque todavía
no se ha dicho nada, está claro que el tiempo que pase aquí con ellos va a
ser lo más horrible que voy a soportar.
Decidida a no inquietarme bajo su mirada mortífera, suelto un suspiro
tembloroso e invoco mis clases de interpretación en la escuela secundaria.
Levanto la barbilla y pongo una expresión de aburrimiento en mi rostro. Me
burlo de mí misma, sosteniendo la mirada en Marcus mientras me dirijo a
la gran mesa.
—No puedo decir que esté impresionada —suspiro—. Para tener tanta
reputación, realmente están dejando caer la pelota. ¿Cenas y batas?
Demonios, parece que están perdiendo el toque.
Marcus se levanta volando y me detengo, con el pie levantado del
suelo, mientras palidezco al ver lo rápido que puede mover su alto cuerpo.
Jadeo, y estoy segura de que los tres pueden oírlo desde sus respectivos
rincones de la habitación. Mi actuación no engaña a nadie.
A juzgar por la determinación y el odio puro que se arremolinan en
sus ojos, espero que venga por mí. Pero Marcus se queda quieto, mirándome
desde el otro extremo de la mesa. Está dolorosamente claro cuál de estos
chicos tiene problemas de ira en la familia.
Sus manos se cierran en apretados puños mientras veo cómo su
cincelada mandíbula se vuelve mucho más definida. Está al límite y no dudo
de que un comentario sarcástico más por mi parte lo haría soltarse y poner
fin a este retorcido juego.
Me muerdo la lengua, sabiendo cuándo hay que presionar y cuándo
hay que reprimirse. Después de todo, viví con mi padre durante dieciocho
años antes de encontrar finalmente la libertad. Eso fue más práctica de
contención de lo que cualquier chica joven debería tener que soportar.
Debería considerarlo un calentamiento para este momento exacto de mi
vida. Apuesto a que las otras chicas que estos imbéciles han arrancado de
la calle no venían totalmente equipados con años de entrenamiento en
abusos.
Me niego a interrumpir el contacto visual con Marcus, dispuesta a
seguir adelante, pero no tengo que hacerlo cuando Levi se levanta y mira a
su hermano a través de la mesa. No dicen nada en voz alta, pero su
conversación silenciosa hace que sus miradas vuelvan a dirigirse a la mía.
—Siéntate —ordena Levi, con un tono lleno de autoridad mientras
repite la única orden que su hermano mayor había dado hace unos
instantes.
La profunda voz de Levi parece seguir vibrando en mi pecho como lo
hacía cuando estaba pegado a mí. Giro la cabeza hacia él y trago con fuerza,
incapaz de evitar su autoritaria demanda. Doy un paso hacia la mesa, retiro
lentamente la silla más cercana a la salida.
Siento la mirada de Marcus y de Roman sobre mí, pero mantengo la
mía sobre Levi mientras tomo asiento lentamente.
La mesa está llena de comida y mi estómago gruñe, pero a pesar de
los platos llenos de los hermanos, no me atrevo a comer nada, ni siquiera el
vaso de agua junto a mi cuchillo y mi tenedor.
Ninguno de ellos hace un movimiento para empezar a cenar,
demasiado intrigados con su nuevo y brillante juguete.
—Vas a querer comer —explica Levi, recostándose en su silla y
jugando con una daga propia, pasando el índice por la afilada hoja y dejando
que la luz del candelabro brille en el reluciente metal—. Es la última comida
que se te va a ofrecer.
Aprieto la mandíbula cuando mi mirada se dirige al conjunto de
alimentos repartidos por la mesa y no pasa desapercibido que la comida no
es lo único que hay aquí. Hay botellas de alcohol repartidas de izquierda a
derecha, marcas que mi jefe sólo podría soñar con permitirse en su club
nocturno, pero son las pastillas sin etiquetar y la cocaína las que captan mi
atención. No tomé a estos chicos por unos que se metieran con las drogas.
Sus mentes ya están lo suficientemente perturbada pero entonces, tal vez
necesitan algo que les ayude a olvidar lo monstruosos que son en realidad.
Nunca he sido de las que se entregan a las drogas y el alcohol, pero
desde luego no soy ninguna santa. Tuve mis años de experimentación justo
después del instituto. Reaccioné después de ver a un amigo sufrir una
sobredosis en una fiesta y, desde entonces, no he vuelto a tocar las drogas.
Soy feliz tomando un vaso de vino barato para bajar la cena. Pero esta noche
no. Quiero tener la mente despejada mientras trato con estos chicos.
Me vuelvo a sentar en mi silla y hago un esfuerzo por no comer,
aunque sé que han estado oyendo el gruñido de mi estómago desde el
momento en que entré aquí.
—¿Qué es esto? —pregunto, agitando la mano alrededor de la mesa—
. ¿Creen que pueden intentar ganar mi cooperación con una comida elegante
y un poco de vino? Son unos malditos psicópatas. Sería una imbécil si
aceptara de buena gana cualquier comida de ustedes. Quién sabe lo que
hay con ella.
Roman se sienta más erguido y golpea la punta de su daga contra la
dura mesa de roble.
—No pongas en duda nuestra generosidad —escupe, sus palabras
llenas de veneno—. Come o no. No significa una mierda para mí. Sólo
significa que morirás de hambre más rápido. Y créeme, es un largo y
doloroso camino.
Marcus se ríe, se relaja en su asiento y vuelve a apoyar los pies en la
mesa, actuando como si no acabara de caer en un episodio inducido por la
ira hace menos de dos segundos. Su risa es sin humor y carece de cualquier
tipo de humanidad, al igual que las oscuras profundidades de sus ojos.
—Me gustaría que comieras, Shayne. Vas a necesitar tu energía para
lo que te tenemos preparado —dice, sorprendiéndome con el uso casual de
mi nombre, aunque no es tan casual. Sale más bien como un tormento
inquietante. No me había dado cuenta de que sabían quién era. Me imaginé
que era un golpe al azar, pero eso sólo demuestra que me tenían como
objetivo, lo que significa que tiene que haber una razón.
Mis ojos vuelven a mirar a Levi, viéndolo como el menos psicópata del
grupo.
—¿Qué se supone que significa eso?
Sólo sonríe, la idea de lo que planean hacer conmigo lo excita de una
manera que me recuerda que estos chicos carecen de toda cualidad que los
haga humanos. Son la muerte. ¿Por qué sigo esperando que respondan y
reaccionen de forma normal? No son normales, ni mucho menos.
Al ver la excitación de su hermano, Roman decide apiadarse de mí y
ofrecerme sólo un fragmento de información.
—Te ganarás la comida y el agua, emperatriz. Nada se te dará gratis,
así que considera la bata, el alojamiento y tu última comida como regalos.
—Mátame ahora —murmuro para mí antes de repetir sus palabras—
. ¿Tengo que ganarme la comida y el agua? Mira a tu alrededor. Está más
que claro que ustedes, imbéciles, ya tienen suficiente ayuda contratada para
mantener su enorme casa en funcionamiento. No necesitan que me esclavice
por ustedes. ¿Cuál es el juego aquí?
—No cocinarás ni limpiarás —escupe Marcus, mirándome como si
fuera una estúpida por no leer claramente sus retorcidas mentes.
Retrocedo, levantando la barbilla al darme cuenta.
—¿Quieren que sea su pequeña esclava sexual? —grito—. Por encima
de mi maldito cadáver. Están locos si creen que voy a abrirme de piernas
para ustedes, enfermos asesinos. ¿Qué demonios les pasa? Hay un montón
de chicas por ahí que estarían dispuestas para sus culos pervertidos. ¿Cuál
es el problema? ¿Les gusta cuando gritan para que se detengan?
Los ojos de Roman se entornan.
—No violamos a las mujeres para conseguir lo que queremos de ellas.
—Bueno, seguro que no me pondré de rodillas.
Sus labios se perfilan en una sonrisa de satisfacción, casi como si
supiera algo que yo no, y maldita sea, esa sonrisa es letal. Solo puedo
imaginar cómo sería una de verdad, pero no estoy dispuesta a esperar para
descubrirlo.
Sacudo la cabeza y me pongo de pie, odiando la sensación del frío
mármol bajo mis pies descalzos.
—Me voy —les digo, echando un vistazo a la mesa, todavía incapaz de
creer que estemos en medio de una maldita cena. Es decir, esperaba que
ocurrieran varias cosas esta noche, ¿pero esto? Al diablo con los malditos—
. No estoy de acuerdo con sus retorcidos juegos mentales y amenazas de
mierda. O me matan ahora o me dejan ir.
Los tres me miran fijamente, y sólo puedo imaginar las cosas que
pasan por sus mentes. Cuando ninguno de ellos se decide a responderme,
hago mi movimiento, sabiendo que podría meterme en un mundo de
problemas.
Me doy la vuelta y me dirijo a la puerta, levantando la barbilla con
orgullo y esperando tontamente que se hayan divertido lo suficiente como
para permitirme salir directamente por la puerta.
El sonido de una silla rozando el suelo resuena en la habitación, pero
no me atrevo a volverme. En cambio, acelero el paso, segura de que alguien
viene por mí. Mis pies se mueven más rápido mientras el corazón late en mi
pecho, y justo cuando llego a las enormes puertas dobles, la daga de Roman
se clava en la madera del marco, a escasos centímetros de mi rostro.
Me detengo inmediatamente.
Un agudo jadeo sale de mis pulmones mientras mis ojos se abren de
par en par con el miedo.
—NO TE DI PERMISO PARA ABANDONAR MI COMEDOR —el tono
retumbante de Roman rasga la habitación—. TE SENTARÁS Y
DISFRUTARÁS DE TU ÚLTIMA COMIDA COMPLETA.
Me giro lentamente, paralizada por el miedo e incapaz de poner un pie
delante del otro. Mi mirada vuelve directamente a la de Roman y lo miro
fijamente como si sus hermanos no estuvieran siquiera en la habitación.
Se levanta de su silla y camina alrededor de la mesa, dando pasos
dolorosamente lentos hacia mí, acechándome como su patética presa, como
si tuviera toda la noche para infligir su diabólica tortura. No deja de moverse
hasta que se sitúa justo delante de mí, y soy demasiado consciente de sus
gruesos dedos colgando a los lados, sabiendo lo rápido que podrían
romperme el cuello.
—Un mal comportamiento no te llevará a ninguna parte —me asegura
con un susurro mortal, su aliento abanica mi piel mientras se eleva sobre
mí—. No te dejes engañar. Si haces amenazas y nos ofreces la oportunidad
de quitarte la vida, la tomaremos de buena gana, pero aquí te estamos
ofreciendo el regalo de la vida al permitirte seguir respirando. Eres nueva
aquí y aún no conoces nuestras reglas, así que por esta noche seremos
indulgentes contigo, pero vuelve a hacer esa mierda y sufrirás las
consecuencias reales. ¿Está claro, emperatriz?
Trago saliva con fuerza y asiento, absolutamente segura de que quiere
decir cada maldita palabra, y aunque pongo rostro de valiente, no estoy
preparada para morir, ni siquiera cerca. Todavía no he tenido la oportunidad
de vivir.
Roman se cierne sobre mí, sus ojos no se apartan de los míos mientras
sus hermanos lo observan con interés. Se me forma un nudo en la garganta
y me encuentro con que empiezo a desmoronarme.
—¿Por qué yo? —murmuro, haciendo la misma pregunta que le había
hecho a Levi, la misma que se había negado a responder—. Hay tantas otras
chicas. No soy quien necesitas para... para lo que sea esto, y yo... no estoy
preparada para morir.
La cabeza de Roman se inclina con la misma expresión psicótica que
poseen sus dos hermanos. Sus dedos suben y recorren el lateral de mi rostro
haciéndome estremecer con su contacto.
—Siéntate y come —exige, su tono no corresponde con su suave
tacto—. Haz lo que te digo y consideraré darte la respuesta que buscas.
—¿Lo dices en serio? —pregunto, sin estar dispuesta a confiar en su
palabra.
—No me interrogues en mi casa —gruñe, apartando sus dedos de mi
rostro—. Te dije que esta noche tendrás clemencia. Hasta dónde llega esa
indulgencia depende de ti. Ahora siéntate y come.
Su mano vuelve a levantarse, esta vez rodeándome, y contengo la
respiración cuando su piel roza mi cabello despeinado. Se detiene solo un
segundo, sus ojos se clavan en los míos y, sin previo aviso, se estremece y
saca el cuchillo de la puerta junto a mi cabeza.
Suelto un grito ahogado, odiando lo obvia que soy sobre mi miedo. Da
un paso atrás y me indica que vuelva a mi asiento.
Como no estoy dispuesta a volver a sobrepasar los límites, me
apresuro a volver a la mesa, levantando la vista justo a tiempo para ver cómo
Marcus se toma una pastilla con un líquido claro que supongo que es
cualquier cosa menos agua. Tomo asiento, vuelvo a echar un vistazo a la
mesa, repasando las opciones y dudando con los alimentos que tengo
delante, sin la suficiente educación para saber qué es la mitad de ellos.
—Cuando dices que necesitaré energía —cuestiono, volviendo a mirar
a Levi—. ¿De cuánta estamos hablando?
—Será mejor que llenes ese plato —me dice—. Y hazlo rápido. Mi
paciencia se está agotando.
Capítulo 5
Mi plato está casi limpio y lo miro con asombro. Esa fue una de las
mejores comidas que he tenido, a pesar de la posibilidad de que pudiera
haber estado mezclada con drogas, veneno o quién diablos sabe qué. Era el
tipo de comida cara que imagino serviría en un restaurante elegante. La
gente como yo no come así, pero supongo que los hermanos DeAngelis viven
lujosamente cada maldita noche. Aunque, estoy segura de que
probablemente tengan un chef profesional encadenado a la estufa. Tendré
que comprobarlo en algún momento.
Deslizo el plato frente a mí, sin saber si esa es la etiqueta adecuada
en la mesa, pero honestamente, me importa una mierda si no lo es. Todo lo
que quiero hacer es dejar claro que he sido una buena niña y he cumplido
con sus ridículas reglas. Así que ahora, tal vez me puedan ofrecer lo que
quiero saber a cambio.
Me doy cuenta de que Roman es el que toma las decisiones aquí,
vuelvo mi mirada hacia él.
—¿Por qué yo? —pregunto, la explosión de energía de la cena me hace
valiente, pero el mismo miedo todavía late en mis venas—. Antes, Marcus
me llamó por mi nombre. Sabes quién soy, lo que significa que no fui una
chica al azar que elegiste secuestrar para tus malvados juegos. Fui tu
objetivo.
Roman se inclina hacia adelante sobre sus codos y frota su pulgar y
el índice sobre la barbilla, entrecerrando los ojos mientras piensa.
—Sí —dice finalmente, informándolo directamente—. Sabemos
exactamente quién eres. Sabemos todo lo que hay que saber sobre ti, pero
no fuiste el objetivo. Simplemente estábamos cobrando lo que nos debían.
Niego con la cabeza, mis cejas se fruncen en confusión.
—¿Te refieres a mí?
Roman asiente.
—Correcto.
—No —salgo corriendo—. Eso es una locura. Tienes a la chica
equivocada. ¿Deuda? ¿Y eso que significa? ¿Estás bajo una maldita ilusión
de que eres mi dueño? Porque eso no tiene ningún sentido. No he hecho
tratos extraños con nadie. No le debo dinero a nadie. No he robado
nada. Quiero decir, le debo a mi arrendador el alquiler de este mes, pero no
va a ir a venderme para vengarse. Se moriría de miedo con solo pensar en
hacer un trato contigo. No —repito, sacudiendo vigorosamente la cabeza de
nuevo—. Tienes a la chica equivocada. Ni siquiera tengo amigos.
Levi suspira, aburrido de la conversación.
—¿Te llamas Shayne Mariano? —pregunta—. ¿Te haces llamar
Shay? Veintidós años. Tu cumpleaños fue en marzo.
—Yo… quiero decir, sí, esa soy yo, pero tienes tus cables cruzados. Ha
habido un serio problema con el papeleo. Así que por favor, llévame a mi
apartamento para que pueda volver a mi miserable vida. Demonios, solo
échame por la puerta principal. Puedo encontrar mi propio camino de
regreso y tú puedes resolver cualquier confusión que haya de tu parte. Ni
siquiera diré nada al respecto, solo por favor, déjame ir a casa.
Marcus se ríe, se levanta de la mesa y camina lentamente hacia mí,
su repugnante mirada se fija en la mía. Camina alrededor del respaldo de
mi silla y lentamente tomo una bocanada de aire, sin confiar en él detrás de
mí por un segundo. Se inclina hacia adelante, su pecho se arquea sobre mi
asiento mientras su mano se apoya en los reposabrazos de la silla de
comedor con adornos dorados.
Me rodea y observo con cautela mientras toma el cuchillo de mi plato,
admirando los destellos de la luz del candelabro que bailan sobre su hoja
desafilada. Antes de que pueda reaccionar, lo presiona contra la base de mi
garganta.
—¿Tu padre es Maxwell Mariano? —pregunta, ese nombre envía pavor
navegando por mis venas.
Aquí no hay confusión. Estoy exactamente donde se supone que debo
estar, no gracias a mi padre. Asiento lentamente, dejando escapar un
suspiro y sin siquiera molestarme en temer al cuchillo en mi garganta
mientras afronto mi nueva realidad—. Entonces tenemos a la chica
adecuada.
Marcus se ríe y se aleja de mí, toma una botella de whisky escocés
antes de regresar a la larga mesa. Se deja caer en su asiento, pasa una
pierna por encima del reposabrazos y se inclina hacia atrás para ponerse
cómodo.
—Como dije —sonríe, sosteniendo en alto la botella de whisky escocés
en un brindis—. Bienvenida a la familia.
Mi corazón se acelera cuando miro a Roman.
—Está bien, entonces… ¿qué? Ha vuelto a la quiebra, pero en lugar
de robarme, te robó a ti, ¿y ahora se supone que debo pagar su deuda?
Roman asiente.
—Algo como eso.
Dejo escapar un suspiro tembloroso y me pongo de pie, haciendo que
los tres se estremezcan cuando empiezo a caminar por el suelo detrás de la
silla.
—¿Y ahora qué? ¿Solo... me posees? ¿Me convierto en parte del
mobiliario y vivo en esa cámara de tortura hasta que inevitablemente
decidas matarme? ¿Se supone que debo ser tu juguete con el que joder?
Ninguno de ellos responde. Simplemente siguen mirando mientras me
vuelvo loca con preguntas.
—¿No podrías simplemente…? ¿Por qué tuviste que
arruinar mi vida? Él es quien lo fastidió y te robó. A la mierda su vida. Es
un pedazo de mierda sin valor. No lo hice... No lo hago...
—Siéntate —la voz de Roman fluye a través del gran comedor.
Con la necesidad de calmarme, vuelvo a sentarme, alcanzo mi bebida
y mientras tomo un sorbo de agua y cierro los ojos, me doy cuenta de que
estoy más jodida de lo que cualquier chica tiene derecho a estar.
Soy de ellos.
Los hermanos DeAngelis son mis dueños.
Soy de su propiedad y no hay nada que pueda hacer para arreglar
esto. La muerte parece ser la única salida de aquí, y es mi maldito padre el
que me condenó a tal destino. Su adicción al juego debería haber sido su
fin, pero en cambio, es mi fin.
Maldito infierno.
Mis codos golpean la mesa y dejo caer mi cabeza entre mis manos,
necesitando gritar, pero algo me dice que los tres psicópatas en la habitación
ya han tenido suficiente de mis arrebatos hoy. Roman dijo que han sido
indulgentes, y tengo que estar de acuerdo, pero eso solo durará un tiempo.
Mi lengua se desliza sobre mi labio inferior y dejo escapar un suspiro
tembloroso, queriendo saber toda la información que están dispuestos a
ofrecerme antes de que termine este pequeño período de gracia.
—Mencionaste reglas —pregunto, sin dirigir mi pregunta a un
hermano específico—. ¿Qué reglas?
Levi toma las riendas.
—Como mencionamos, te ganarás tus comidas. Compórtate y serás
recompensada. Intenta huir de nosotros y sufrirás las consecuencias como
aprendiste antes. Sin embargo, no tenemos la costumbre de fallar. Que no
te engañen —dice, permitiendo que su cuchillo brille en la luz y directamente
en mis ojos—. No tengo ningún problema en clavarte este cuchillo en la
espalda.
Trago saliva. Ciertamente no me dejo engañar. Estos chicos se han
ganado su reputación por una razón.
Asiento, comenzando a sentir la pesadez de la situación sobre mí.
—¿Qué más?
—Es bastante simple —dice Marcus, reemplazando a su hermano
mientras su voz baja a un tono tan siniestro que los escalofríos se extienden
por mi cuerpo y hacen que se me ponga la piel de gallina—. Será mejor que
estés lista cuando llegue el momento de jugar. Las chicas que nos rechazan
no suelen disfrutar de lo que viene a continuación.
—¿Jugar? —pregunto, mientras un nudo se forma en mi garganta de
nuevo—. ¿Quieres decir... sexo?
Roman se ríe, el sonido es tan inocente pero lleno de tanto peligro.
—Estás intrigada por la idea de follarnos —afirma como si fuera un
hecho frío y duro.
Niego con la cabeza.
—No, yo solo… ¿A qué más podrías referirte con jugar?
Se inclina hacia adelante, sus ojos se enfocan en los míos y me
mantiene cautiva.
—¿Cuándo fue la última vez que te follaron tan fuerte que no podías
caminar por la mañana?
Me enderezo contra el respaldo de mi silla como si eso pudiera
ayudarme mágicamente a poner espacio entre nosotros.
—¿Cómo es eso de tu incumbencia?
—Te poseemos —me recuerda—. Tu cuerpo nos pertenece. Cada
peca, cada cicatriz, cada vez que se ha tocado es asunto mío. Responde la
pregunta.
—Yo... eh.
Mis mejillas se sonrojan y me encuentro mirando hacia otro lado,
demasiado avergonzada para admitir que ningún hombre me ha follado
nunca así. Quiero decir, he tenido muchos buenos, algunos buenos, y
demasiados chicos que apenas pudieron entrar antes de que terminaran en
el costado de mi pierna. ¿Pero una verdadera, siendo honesta, profunda y
completa follada? Sí... eso no es algo que haya experimentado nunca.
Roman se recuesta, más intrigado que nunca.
—No lo has hecho. ¿Eres virgen?
Mis ojos recorren nerviosamente la habitación, sin amar el tema de
conversación. En primer lugar, ¿cómo es que eso es asunto suyo? Y
segundo, ¿qué importa si lo soy o no? No abriré mis piernas para él.
—Pensé que no te gustaba violar chicas —escupo, queriendo sacar el
tema de mi vida sexual.
Sus ojos se endurecen y la ira palpitante dentro de ellos me hace
encogerme en mi asiento, deseando poder deslizarme debajo de la mesa y
desaparecer por completo.
—¿QUÉ TE DIJE SOBRE CUESTIONARME?
Maldición.
—Yo…
—RESPONDE LA MALDITA PREGUNTA.
—NO —grito de vuelta—. NO SOY UNA MALDITA VIRGEN. Yo solo…
Levi entorna la mirada.
—No has sido follada correctamente. —Aparto la mirada, sin saber por
qué me siento tan avergonzada de mi maldita experiencia limitada, pero se
apiada de mí y cambia de tema—. ¿Cuándo es tu período?
Mis ojos se salen de orbita.
—¿Disculpa?
—Tu período —repite, frustrado—. ¿Cuándo lo tendrás? ¿O preferirías
sentarte en tu cama y manchar tus sábanas con sangre? No me molesta de
ninguna manera. Aunque, si soy honesto, ver la sangre manchada en la
cama de una chica bonita me pone muy duro.
Levanto una ceja, más que harta de esta inquisición en mi vida
mientras trato de ignorar sus comentarios asesinos y concentrarme en el
tema en cuestión.
—Tengo periodos irregulares. Viene cuando quiere, pero me sorprende
que no lo sepas. Se mencionaría en mis archivos médicos.
—Lo sabemos —responde Marcus—. Has estado viendo al mismo
médico desde que tenías nueve años. Te recetaron anticonceptivos a los
dieciséis para ayudar a regular tu período, pero simplemente te convirtió en
una perra furiosa, así que dejaste de usarlos. Un maldito juego arriesgado,
¿no crees?
Lo miro a lo largo de la mesa, más que lista para dar la vuelta y
presionar un cuchillo en su garganta, pero un maldito psicópata como él
probablemente se pondría duro y llegaría al orgasmo en sus pantalones. ¿A
quién cree que está predicando sobre juegos de riesgo? No soy quien corre
por ahí masacrando a la mitad de la ciudad. Tomo una respiración profunda
y dejo que vea la rabia en mis ojos.
—Si ya lo sabes —gruño— entonces, ¿por qué diablos estás
preguntando?
Nadie se molesta con una respuesta y eso solo me enfurece más, pero
supongo que no es necesario. Me estaban probando y fallé. Aunque no tengo
idea de cuáles serán las consecuencias o por qué eligieron el tema de mi
período para ponerme a prueba.
Roman asiente hacia mi plato.
—¿Has terminado?
—Terminé antes de empezar.
Sus labios se tuercen solo una fracción y asiente hacia Levi.
—Sácala de aquí. Creo que hemos soportado lo suficiente.
Me pongo de pie, apretando la mandíbula, sin estar lista para que me
arrojen de vuelta a esa maldita pequeña cámara de tortura.
—No, por favor. No me envíes de vuelta allí. Por favor. No me gusta.
Roman simplemente se pone de pie y sale de la habitación como si ni
siquiera me hubiera escuchado rogar, y antes de que pueda llamarlo por su
comportamiento idiota, su hermano está detrás de mí, su mano presiona
contra mi piel y me empuja hacia adelante.
—Te sugiero que muevas ese culo pequeño y apretado un poco más
rápido —dice—. Preferiría no tener que arrastrarte por las escaleras.
Un vacío se asienta en mi pecho, y aunque estoy emocionada de
alejarme de los tres hermanos, también daría cualquier cosa por no tener
que volver a la mazmorra oscura y embrujada.
A medida que avanzamos por la casa, no paso desapercibido cómo me
guía a través de diferentes habitaciones y diferentes pasillos,
manteniéndome desorientada y confundida sobre el diseño del enorme
castillo. Solo cuando llegamos al gran salón de baile, mis sentidos vuelven
a mí y sé exactamente dónde estamos.
Llego al último escalón y la presión de la mano de Levi contra mi
espalda hace que me mueva más rápido por la empinada escalera de
cemento. Cuando voy a dar el siguiente paso, resbalo y caigo, rodando hacia
adelante y golpeándome la parte posterior de las costillas contra el borde
afilado del escalón.
Grito, el dolor es casi demasiado mientras caigo por los escalones y
llego a una parada devastadora en la parte inferior, pero antes de que las
lágrimas puedan llenar mis ojos por el dolor, Levi está allí, agarrando mi
brazo y tirando de mí para ponerme de pie, su agarre es fuerte, magullador
y decidido.
Hago una pausa, tratando de recuperar el equilibrio mientras pruebo
mi peso sobre mis pies, determinando mentalmente el daño de mi caída,
pero cuando miro a mi alrededor, una sombra oscura en la parte superior
de las escaleras llama mi atención.
Marcus nos sigue lentamente a través del gran castillo y un escalofrío
recorre mi espalda. Hemos estado caminando durante al menos tres
minutos completos y no lo he notado ni una sola vez. ¿Qué pasó con la
intuición de las mujeres? Si un hombre me sigue por la calle, puedo
sentirlo. Sé que debo ser cautelosa, pero con los hermanos DeAngelis, no
hay advertencia. Te acecharán hasta que estés sangrando en sus manos.
—Muévete —dice Levi bruscamente, no emocionado por mi caída o los
pocos momentos extra que he tomado para controlarme a mí misma. Su
mano vuelve a mi piel y me empuja con más fuerza, forzando un pie delante
del otro para seguir el ritmo de sus largas zancadas, implacable en su misión
de llevarme de vuelta a mi celda. No puedo evitar mirar hacia atrás por
encima del hombro y ver cómo continúa Marcus, incluso después de haber
sido atrapado. A él no le importa una mierda.
El temor se apodera de mí con cada paso que nos sumerge más y más
en la oscuridad del túnel, y noto que mis pasos se vuelven más pequeños a
medida que la mano de Levi presiona con más fuerza.
—Por favor, no —susurro en la oscuridad mientras nos acercamos a
la puerta de la celda—. Por favor, lo juro. Me comportaré. No ahí. Jugaré al
maldito juego que quieras que juegue. No…
Mis gemidos son interrumpidas cuando Levi tira con fuerza de mi
brazo de nuevo, tirando de mí hacia él hasta que estoy tropezando. Agarra
mi cintura con su fuerte brazo y me lanza sobre su hombro como un muñeco
de trapo. Acelera el paso, moviéndose a una velocidad que yo nunca sería
capaz de seguir, y antes de que me dé la oportunidad de defenderme, ya está
en mi puerta, abriéndola de par en par y arrojándome adentro.
Mi cuerpo choca contra la cama en un ángulo extraño, y antes de que
pueda contenerme, caigo directamente hacia la piedra fría debajo,
golpeándome la misma cadera en la que aterricé cuando me arrojaron aquí
la primera vez.
La puerta de la celda se cierra de golpe y el ruido de la pesada
cerradura deslizándose en su lugar me persigue. La familiar risa insensible
hace eco en el largo pasillo, y de alguna manera sé que es Marcus. Supongo
que tendré que acostumbrarme a que se burlen de mí y me acosen si quiero
sobrevivir a esto, pero ya sé que no estoy hecha para estas condiciones.
Aquí es donde moriré, perseguida y acechada por las parcas.
Me deshago.
Los pesados sollozos brotan de mi pecho mientras las lágrimas corren
por mi rostro a la velocidad de la luz, implacables mientras caen y manchan
el vestido de seda negra de la madre muerta de mis captores. Mi cabeza cae
sobre mis rodillas mientras envuelvo mis brazos alrededor de mi cuerpo,
desesperada por encontrar incluso el más mínimo consuelo.
Y justo cuando el agotamiento de los últimos días me reclama, el
suave y constante goteo comienza a navegar a través de mi pequeña cámara
de tortura, haciéndose más y más fuerte con cada goteo.
El ruido sordo se une a los incesantes goteos y presiono mis manos
contra mis oídos para bloquearlo, solo que con cada minuto que pasa, el
sonido implacable se vuelve más fuerte y más exasperante. Las puertas
comienzan a cerrarse de golpe cuando extrañas luces blancas destellan a
través de la mazmorra, cegándome como un relámpago en la noche oscura.
El sonido taladra contra mi cabeza mientras mis ojos arden con las
luces cegadoras, y finalmente logro una verdadera comprensión del término
“juego” al que Marcus había aludido. Los chicos no tienen la intención de
jugar con mi cuerpo, quieren jugar con mi mente, y maldición, no se están
conteniendo.
Arranco el vestido de seda de mi cuerpo y envuelvo el material
alrededor de mi cabeza, tirando de él con fuerza sobre mis oídos y ojos,
haciendo todo lo posible para bloquear todos mis sentidos. Este es sólo el
comienzo. Mi instinto me dice que va a empeorar a partir de aquí.
Me derrumbo sobre la dura cama y me cubro con la manta, me
acurruco debajo y sobrevivo a la tormenta de la única manera que sé.
Capítulo 6
La pesada puerta de metal se arrastra a lo largo del viejo piso de piedra
de mi cámara de tortura, interrumpiendo el inquietante silencio de la
noche. Mi cabeza sale disparada de mi almohada, mis ojos se abren como
platos mientras mi corazón se acelera por el miedo.
Es medianoche y no puedo ver nada. Está completamente oscuro, ni
siquiera el brillo opaco de la luz de la luna brilla a través de mi pequeña
estúpida ventana. Estoy sola sin absolutamente ninguna ventaja en mi
esquina.
La puerta sigue arrastrándose, centímetro a centímetro, el sonido es
cada vez más fuerte. Me escabullo en mi dura cama, ignorando el dolor
punzante de mi caída por las escaleras y presionando mi espalda contra la
pared de ladrillo. Mis brazos rodean mis piernas y siento la suave seda de
ese ridículo vestido sobre mi pequeña cama. Habría sido solo hace unas
horas desde que bloqueé el ruido sordo y el exasperante goteo, pero eso
parece tan lejano ahora, tan insignificante y trivial en comparación con el
pensamiento de uno de estos psicópatas deslizándose en mi habitación en
la oscuridad de la noche.
Me mantengo lo más lejos posible de la puerta, deseando convertirme
en una pequeña bola al final de mi cama, con la esperanza de que
quienquiera que esté entrando en mi pequeña mazmorra esté tan ciego como
yo aquí. Si trata de agarrarme, al menos estaré en posición de salir
corriendo, pero los hermanos son demasiado rápidos, demasiado
hábiles. Nunca me escaparé, no importa cuánto lo intente.
El fuerte y rápido latido de mi pulso suena en mis oídos y me esfuerzo
por escuchar por encima de él. Mis sentidos están embotados. Mi visión se
ha ido, y todo lo que tengo es mi oído para mantenerme con vida, y en este
momento, aparte del sonido de la puerta arrastrando la piedra y los golpes
dentro de mis oídos, no escucho nada. Ni una sola pisada, ni el familiar
susurro de ropa cuando alguien se mueve por la habitación, ni siquiera el
sonido de su discreta respiración.
No es posible. Nadie es tan silencioso, ni siquiera cuando intenta
serlo. Cada vez que camino por la habitación, las piedras se mueven bajo
mis pies. El sonido de molienda del concreto suelto es inconfundible, pero
mi celda está extrañamente silenciosa a pesar de la puerta abierta.
Tiene que haber alguien aquí.
Puedo sentirlo. Su maldito período de gracia ha terminado. No más
indulgencia, no más salirse con la suya. Sus reglas han sido establecidas y
explicadas y ahora han comenzado sus malditos y retorcidos
jueguecitos. Demonios, la noche de tortuoso ruido blanco y goteo incesante
es prueba de ello.
¿Pero cuál de ellos es? Mi pecho se hunde ante la idea de que sea
Marcus. Está mal de la maldita cabeza. Por lo que he aprendido de él hasta
ahora, tomará brutalmente lo que quiera de mí sin pensarlo dos veces. Sabía
que era malo, pero verlo en la mesa tan desprovisto de humanidad solo
demuestra lo lejos que está realmente. Si es él quien atraviesa esta puerta,
no tengo ninguna oportunidad.
Levi o Roman es lo máximo que podría esperar. Si sus planes son
matarme, siento que Levi al menos lo haría rápido. Probablemente le
encantaría y sería despiadado, pero sería simple. Tal vez una garganta
cortada o una bala en la cabeza, a diferencia de Marcus, quien
probablemente se tomaría su tiempo.
Roman, por otro lado, me parece del tipo que me tortura mentalmente
y me hace rogar por una dulce muerte incluso antes de que me ponga un
dedo encima. Sería el peor pero de alguna manera infligiría el menor
dolor. Sería salvaje y retorcido a su manera y es absolutamente
aterrador. Tanto él como Levi resultan calculadores, mientras que Marcus
es impredecible.
Sin embargo, solo puedo imaginar cómo serían los tres si estuvieran
trabajando juntos.
Mi pecho se contrae con miedo y me atormenta como nunca
antes. ¿Qué diablos se supone que debo hacer? ¿Cómo se supone que voy a
salvarme? Estoy en desventaja. Sin ningún lugar para correr. Ningún lugar
para esconderse. Soy de ellos para hacer lo que les plazca y no hay nada
que pueda hacer para detenerlos.
Soy como la piñata en la fiesta de cumpleaños de un niño, colgando
de un árbol con un enorme objetivo en mi espalda, rogando que me golpeen
y me rompan.
Los escalofríos se extienden por mi piel húmeda. ¿Cómo podría mi
padre someterme a esto? Sé que no nos hablamos y no lo hemos hecho
durante años, pero ¿seguramente significo más para él que esto?
A la mierda con él. Ojalá se pudra en los pozos más profundos del
infierno.
El silencio de la habitación pesa sobre mis hombros, al igual que la
falta de visión. Dejo escapar un suspiro tembloroso y mantengo mi mirada
enfocada en la puerta a pesar de no poder ver nada, y justo cuando trato de
convencerme de que todo está en mi cabeza, un gruñido salvaje retumba a
través de mi cámara de tortura.
Mi espalda se endereza mientras mis ojos se abren con
miedo. Realmente hay algo aquí conmigo, pero maldición, ese gruñido era
cualquier cosa menos humano. Era casi… animal, pero eso no podía ser
correcto. Ningún animal está acechando este viejo y retorcido castillo, y
empujando las pesadas puertas de las mazmorras, ¿verdad? Porque esa
mierda sería una locura.
El gruñido vuelve a sonar, esta vez un poco más cerca y se me forma
un nudo en la garganta.
Oh, maldición. Oh, maldición. Oh, maldición.
Voy a ser mutilada. Puedo imaginar las garras afiladas cortando mi
piel como mantequilla. Al menos este maldito espectáculo finalmente puede
terminar. Sea lo que sea, esta cosa puede matarme y, con suerte, lo hará
rápido. Si realmente es un animal, entonces al menos moriría
humanamente, en lugar de ser torturada por uno de los hermanos. No habrá
juegos mentales retorcidos, ni cortes calculados, ni tormento y hacerme
mirar, solo un animal destrozándome en pedazos.
Maldición.
Cierro los ojos y respiro mientras espero lo inevitable. Lentamente
inhalo. Lentamente exhalo. Y repito.
El animal se acerca un poco más y siento su cálido aliento contra mis
piernas antes de que ese mismo gruñido feroz me atraviese de nuevo. Sea lo
que sea esto, está enojado, y mi presencia aquí claramente lo ha enfadado.
Pasa un momento, siento el aliento caliente moviéndose hacia mi
rodilla y me quedo lo más quieta posible mientras intenta obtener una buena
lectura sobre mí, pero en un instante, el aliento desaparece. Escucho el
sonido de un crujido pasando por la puerta abierta antes de que unas
pisadas acolchadas recorran el largo pasillo.
Me quedo quieta, mis ojos se niegan a moverse de la gran puerta
mientras mi corazón late con fuerza en mi pecho.
¿Qué mierda fue eso?
La confusión se asienta en mis venas mientras esa sensación de
horror en mis entrañas parece desvanecerse lentamente. No siento ojos
sobre mí, y seguro como el infierno que ya no siento una presencia en la
habitación, pero la puerta permanece abierta de par en par.
Seguramente este pequeño juego no ha terminado. No se irían así
como así. Son más inteligentes que esto, pero tal vez esta sea otra de sus
ridículas pruebas. Las palabras retorcidas de Marcus desde la mesa de la
cena vuelven a mí, persiguiéndome con sus matices diabólicos.
Cuando sea el momento de jugar, será mejor que estés lista. Las chicas
que nos rechazan no suelen disfrutar de lo que viene a continuación.
El pavor se asienta pesadamente contra mi pecho. Si la puerta se ha
dejado abierta, entonces esto debe ser exactamente de lo que estaba
hablando. Quieren que juegue su juego. Quieren que mi curiosidad saque
lo mejor de mí. Quieren que intente huir, pero por otro lado, también dejaron
bastante claro lo que me sucedería si intentara huir. No importa lo que haga,
no terminará bien para mí.
Quedarse aquí significa no cumplir con sus reglas. Significa no jugar
sus juegos y aterrizar en un mundo de mierda. Pero al salir por esta puerta,
me someto al nuevo infierno que me tienen reservado.
Maldición.
Tal vez sea mejor si termino con esto, sin importar lo mucho que no
quiera participar en sus juegos. Valoro demasiado mi vida, y si hay una
manera de superar esto, entonces la tomaré.
Mis manos se sueltan de mis piernas y mi cuerpo comienza a soltarse
de la bola encorvada en la que había estado. Sin embargo, no importa
cuánto me mueva, la rigidez de mis músculos se niega a relajarse.
Agarro el vestido de seda, me lo paso por la cabeza, sin querer dejar
mi maldita pequeña cámara de tortura sin ropa. Todavía es imposible ver
mientras me arrastro lentamente hacia el final de la cama, con la esperanza
de que mi instinto sea correcto acerca de que el animal se ha ido.
Mis pies pisan el suelo irregular de piedra y me duele el cuerpo
mientras me empujo hacia arriba. Ignoro el dolor de mi caída. Algo me dice
que el dolor es una de esas cosas con las que estoy a punto de familiarizarme
demasiado.
Si tan solo fuera lo suficientemente fuerte para esto.
Estiro mi mano frente a mí, buscando la puerta, luego envuelvo mis
dedos alrededor de la manija para ayudarme a pasar. Me detengo en la
puerta abierta, mi instinto me dice que retroceda a mi habitación y cierre la
puerta de golpe. Tal vez podría separar la cama de la pared del fondo y de
algún modo encajarla frente a ella. Los hermanos no podrán entrar, pero
seguro que nunca podré salir.
Maldición. No tengo otra opción. Tengo que jugar a su maldito
jueguecito.
Se me llenan los ojos de lágrimas cuando me asomo por la puerta
abierta y observo el largo pasillo de un lado a otro. Hay una luz tenue en
cada extremo del pasillo, ninguno de ellos me da una pista sobre lo que
puedo encontrar.
Mis manos tiemblan a mis costados mientras sopeso mis opciones.
¿Izquierda o derecha?
Girar a la izquierda me lleva hacia lo desconocido. Cuando Levi me
arrastró fuera de aquí ayer, fuimos a la derecha. Hay un pasillo largo, otra
puerta pesada y unas escaleras que conducen al salón de baile. Sé con
certeza que no tendría fuerzas para abrir esa otra puerta. Ir a la izquierda
significa que estaré explorando lo desconocido, y en un lugar como este, lo
desconocido podría contener todo tipo de secretos que no estoy preparada
para descubrir.
Eso solo me deja una opción.
Salgo al largo pasillo en forma de túnel, giro a la derecha y odio cada
momento. Camino lentamente, poniendo un pie delante del otro, empiezo a
subir hacia la puerta grande y pesada del final, aunque está tan
malditamente oscuro que ni siquiera puedo verla. Demonios, era tan
consciente de Levi a mi lado la última vez que ni siquiera puedo recordar
qué tan lejos debería estar la puerta.
Me mantengo pegada a la pared mientras camino, aunque quién
diablos sabe por qué. Tal vez sea un instinto de supervivencia o algo
así. Todo lo que sé es que este muro es lo único que me ofrece algún tipo de
consuelo en este momento.
Cada pocos pasos que doy, mi cabeza da vueltas, constantemente
revisando el pasillo detrás de mí, más aún cuando esa misma sensación de
ser observada late en mis venas. Algo o alguien está aquí conmigo, solo
desearía saber qué es.
Mis pasos son lentos, sabiendo que en algún momento algo va a pasar,
pero me mantengo en movimiento, aterrorizada de lo que sucedería si me
detuviera. Es un maldito juego sin salida para mí. No hay forma de que
gane, pero los hermanos ya lo saben. Construyen cuidadosamente sus
malditas tácticas con la esperanza de volverme loca. No son más que
profesionales, siempre haciendo un esfuerzo adicional.
A medida que me acerco sigilosamente a la tenue luz del final del
pasillo, empiezo a distinguir la puerta que hay más adelante. Ya está abierta
y no sé qué hacer con eso, pero si pienso demasiado en lo que podría
significar, probablemente estalle una célula cerebral. Solo tengo que seguir
moviéndome, seguir poniendo un pie delante del otro y esperar lo mejor.
La puerta va y viene, y cuando llego a los escalones de cemento que
conducen a la parte principal de la casa, todo mi cuerpo está cubierto de
sudor.
Esto es demasiado.
Mi corazón late con fuerza y escucho el fuerte latido en mis oídos
mientras mi mirada se desplaza hacia la parte superior de las
escaleras. Temblorosa, pongo un pie en el último escalón y lentamente
transfiero mi peso, y mientras voy a levantar mi próximo pie al segundo
escalón, un fuerte estruendo suena detrás de mí y resuena en el pasillo
como una canción inquietante.
Un grito ahogado aterrorizado sale de mi garganta mientras mi cabeza
da vueltas. Examino el largo pasillo por el que acabo de caminar, pero no
veo nada más que el oscuro y hueco túnel. La puerta detrás de mí todavía
está abierta y no hay nada que bloquee mi vista de la tenue luz en el extremo
opuesto. La única otra puerta que podría haber hecho ese ruido es la puerta
de mi celda, pero está a la mitad del pasillo. Vería una sombra si hubiera
alguien allí.
Observo un momento más, mi mirada se agudiza mientras examino
de izquierda a derecha, desesperada por encontrar qué causó el fuerte golpe,
pero no hay nada. Ni una maldita cosa a menos que él, o eso, esté dentro de
mi celda.
No lo puedo creer. ¿Cómo me está pasando esto? Soy una buena
chica. No merezco este tipo de tortura. A la mierda mi padre. ¿Por qué
tuvieron que aceptar su trato? ¿Por qué no pudieron simplemente llevárselo
a él?
Todo mi cuerpo tiembla de miedo y, al darme cuenta de que cualquier
juego que se está jugando está sucediendo detrás de mí, giro la cabeza y
empiezo a correr por los altos escalones de concreto, solo cuando mi mirada
se dirige a la parte superior de las escaleras, encuentro un gran figura
oscura encapuchada que se cierne ante mí, su presencia es la visión más
inquietante que he visto en mi vida.
Un fuerte chillido sale de mi garganta y caigo hacia atrás, dejándome
caer por el último escalón y atrapándome contra la pared. Mis ojos se abren
con horror y cuando la figura oscura y encapuchada comienza a acecharme
por las empinadas escaleras, otro grito horrendo sale del fondo de mi
garganta.
Giro sobre mis talones, atravieso el largo pasillo en forma de túnel,
mis pies golpean contra la piedra dura debajo. Mi respiración se convierte
en jadeos fuertes y agudos mientras las lágrimas corren por mi rostro, pero
no me atrevo a ceder. Un pie delante del otro como antes, solo que ahora
viene con una desesperación completamente nueva.
Miro hacia atrás por encima del hombro para encontrar la figura
encapuchada acercándose a mí, pero de alguna manera, a pesar de su
velocidad, no escucho ni un solo ruido proveniente de él. No es posible. Por
la forma en que se precipita hacia mí, debe haber pisadas atronadoras que
hagan eco de las mías, pero no hay nada.
Paso directamente por mi celda cerrada y corro hacia el otro extremo
del pasillo, tratando de ignorar el hecho de que la dejé completamente
abierta, lo que significa que hay alguien dentro o alguien muy cerca en el
largo túnel.
La tenue luz no revela absolutamente nada, y cuando llego al final y
lo sigo por una esquina estrecha, llego a una bifurcación: dos caminos
separados, cada uno desafiándome a tomarlo.
Me detengo en seco y rápidamente miro por encima del hombro otra
vez, pero la figura encapuchada se ha ido, lo que solo parece perturbarme
más.
—¿Qué demonios? —gimoteo, el terror hace que mis rodillas tiemblen
mientras trato de descubrir a dónde diablos ir.
Mis ojos muy abiertos parpadean entre las tres direcciones. Izquierda,
derecha o atrás por donde vine.
A la mierda eso. No puedo volver allí, pero ¿qué
importa? Independientemente de la dirección que elija, me acecharán a
través de los pasillos largos y desalentadores. Estoy condenada sin importar
la decisión que tome, pero lo que sí sé es que no puedo parar.
Me desvío hacia la izquierda, mis pies golpean el suelo mientras
mantengo mi mirada al frente. Este pasillo es más ancho que el anterior y,
a juzgar por las lámparas de fuego de la vieja escuela apoyadas contra la
pared, también es mucho más corto.
Mi mirada se mueve de un lado a otro, tratando desesperadamente de
tener una idea del espacio y encontrar dónde diablos están estos malditos
nudillos. No hay nada bloqueando mi camino adelante, así que avanzo,
necesitando poner más espacio entre el nuevo infierno detrás de mí y yo.
Las linternas parpadean desde el tenue fuego dentro de ellas,
extendiendo mi sombra a lo largo del pasillo y distorsionándola con cada
paso que doy, pero cuando el mismo fuerte estruendo resuena detrás de mí
otra vez, mi sombra es lo último en lo que pienso.
Acelero mi ritmo, corro lo más rápido que puedo, corriendo hacia el
final del pasillo. Salgo a un espacio abierto que es casi tan grande como mi
maldito pequeño calabozo. Mis ojos se abren con pánico. Es pequeño y
redondo con cinco caminos diferentes que se alejan de aquí.
—Maldición —jadeo, tratando de recuperar el aliento mientras doy
vueltas, escudriño cada uno de los caminos y trato de descubrir cuál es el
mejor para tomar. Escucho un leve goteo proveniente de mi derecha y un
gruñido feroz de mi izquierda, pero el gruñido suena como si viniera de un
millón de kilómetros de distancia. Probablemente sea el mismo animal de
antes rogándome que corra hacia él para que finalmente pueda clavarme los
dientes.
¿Qué demonios se supone que debo hacer?
En un instante, la tenue luz proveniente de las linternas detrás de mí
se apaga y me quedo en nada más que oscuridad. Mi corazón se acelera y
mis ojos se abren de miedo, pero nada es peor que el sonido de pasos
pesados en el pasillo mientras algo metálico se arrastra contra el suelo de
piedra, ni siquiera el sonido del feroz animal.
—No, no, no, no —musito mientras empiezo a retroceder, demasiado
petrificada para concentrarme en un plan de juego.
El sonido se hace más fuerte a medida que sus zancadas anchas lo
acercan más y más, y solo puedo imaginar la expresión de suficiencia en su
maldito rostro, sabiendo exactamente lo que esta mierda me está haciendo.
Mi espalda choca contra la pared del pequeño espacio redondo,
apenas rozando la entrada del camino directamente opuesto a la figura que
se avecina, pero ese pequeño toque en mi espalda es todo lo que necesito
para volver a la acción.
Giro sobre mis talones, me lanzo por el largo y oscuro corredor, sin
tener ni idea de adónde me lleva o lo que me espera al final. Todo lo que sé
es que cualquier cosa es mejor que la mierda detrás de mí. Mi corazón late
en mi pecho hasta el punto del dolor, pero lo supero, determinada a salvar
mi vida de alguna manera a pesar de que todo lo relacionado con esta noche
ha demostrado una y otra vez que no soy más que un peón en su malditas
juegos.
Con una mano arrastrándome a lo largo de la pared, corro hasta que
los dedos de mis pies golpean contra un escalón duro, enviándome contra
un conjunto de escaleras que eran invisibles en la oscuridad.
Trepo por ellas, obligándome a no mirar hacia atrás, temerosa de lo
que podría ver. Siento un dolor perverso en la parte delantera de mi pecho,
donde el borde del escalón de hormigón se rompió contra mi
piel. Seguramente se va a magullar, pero ¿qué importa en este momento?
Mis rodillas tiemblan de miedo, haciendo que cada paso torpe por las
escaleras se sienta imposible. El sonido metálico que me sigue por el pasillo
gime sobre mi jadeo irregular, alimentando cada paso hacia adelante. Todo
esto se está poniendo más jodido por segundos.
Alcanzo el escalón más alto y me siento frente a mí, encontrando otra
puerta dura bloqueando mi camino.
—¡MALDITA SEA! —grito mientras mis manos vagan sobre la madera
astillada, buscando desesperadamente la libertad.
El frío metal roza las yemas de mis dedos y me aferro a él con todo lo
que tengo. La puerta es pesada. Presiono el peso de todo mi cuerpo contra
ella para abrirla y cruje con fuerza, el sonido es un testimonio de lo poco
que se ha usado esta puerta.
Una luz tenue brilla a través de la pequeña grieta y empujo un poco
más fuerte, sintiendo el dulce alivio de la luz. La puerta se abre lo suficiente
como para que finalmente pueda deslizarme a través del estrecho espacio, y
cuando salgo a una vieja bodega, completa con barriles de madera antiguos,
me detengo con un chirrido, y encuentro a Roman DeAngelis de pie justo
delante de mí con un maldito perro gigante a su lado, gruñendo como si
estuviera a punto de conseguir la cena, el postre y un maldito espectáculo.
Retrocedo, mi columna golpea contra el borde afilado de la puerta
abierta mientras él parece cernirse sobre mí, su malvada cicatriz asoma por
debajo de su sudadera con capucha oscura. Sus ojos están llenos de fuego,
una tormenta furiosa se está gestando debajo de ellos. No puedo decir si
este pequeño juego enfermizo lo está excitando o si está enojado como el
infierno porque rompí sus estúpidas pequeñas reglas sobre escapar. De
cualquier manera, no quiero averiguarlo.
Roman se mueve hacia mí, su enorme perro se mueve con él mientras
sus afilados dientes parecen brillar en la penumbra. Un gruñido resuena en
la habitación, pero no puedo decir si proviene de Roman o del perro. Todo
en lo que puedo concentrarme es en la forma en que sigue moviéndose hacia
mí, casi como si estuviera flotando por el suelo.
Mi espalda se presiona con más fuerza contra la puerta y escucho los
pasos en el pasillo detrás de mí que finalmente llegan a las escaleras. Niego
con la cabeza.
—No. No, por favor no lo hagas —lloro mientras las lágrimas caen por
mis mejillas, caen sobre mi pecho y manchan mi ya sucia piel.
Un segundo gruñido proviene de detrás de la puerta y rápidamente
me doy cuenta de que debe haber otro perro, pero lo único que importa es
Roman y la forma en que su mano se mueve a su lado.
Mi mirada cae, desesperada por saber qué ha planeado para mí, pero
la iluminación es demasiado baja, apenas puedo distinguir su rostro, y
mucho menos lo que tiene en la mano. Todo lo que puedo ver es que es una
especie de material oscuro y... maldición, ¿qué es ese olor?
La comisura de sus labios carnosos se contrae cuando sus ojos
parecen brillar.
—Buu —murmura, la única palabra que flota en el aire entre
nosotros, y luego, demasiado pronto, su mano se extiende y cubre mi rostro,
enviándome instantáneamente a un oscuro abismo de inquietante nada.
Capítulo 7
Un sonido fuerte de tambores parece sacudir las paredes cuando abro
los ojos para encontrar la ventana sobre mi cama inundando la habitación
con luz solar. Gimo cuando la luz deslumbrante instantáneamente hace que
mi cabeza palpite. He estado atrapada en la oscuridad durante tanto tiempo
que la luz del sol cegadora es casi dolorosa, agrega el hecho de que el maldito
Roman DeAngelis decidió drogarme con algo anoche, y hoy ya se perfila
como uno de mis peores.
Dejo caer mi mano sobre mis ojos y presiono hacia abajo, tratando de
aliviar el dolor sordo que está retumbando dentro de mi cráneo. ¿Quién
diablos está tocando la batería? ¿Y por qué ahora? Esos imbéciles me
acecharon toda la noche. Seguramente, todavía estarían dormidos, pero
supongo que no hay descanso para los malvados.
¿Qué fue anoche y cómo diablos sigo respirando? Estaba segura de
que Roman iba a acabar conmigo. Estaba a punto de convertirme en un
juguete masticable para uno de sus perros grandes o uno de sus malditos
hermanos. Entonces, ¿por qué diablos sigo aquí ahora? Esto no tiene
sentido. Todo lo que sé es que encontrarme cara a cara con Roman de esa
manera fue lo más aterrador que he experimentado.
La decepción me inunda, y por un breve segundo, desearía que me
hubiera matado. Sólo quiero que esto acabe. Puedo soportar que me
retengan en esta pequeña y retorcida cámara de tortura y las extrañas
cenas, pero sus juegos son donde trazo la línea. Están perturbados y
simplemente no soy lo suficientemente fuerte para seguir así. Nunca había
sentido este nivel de tormento y miedo latiendo en mis venas antes de los
juegos de anoche. Pero algo me dice que apenas están comenzando.
No voy a superar esto.
Mi cama cruje cuando ruedo para enfrentar la pared sucia,
desesperada por bloquear la luz cegadora del sol. Si fuera inteligente, estaría
absorbiendo cada momento de la luz porque una vez que la oscuridad
vuelva, estoy segura de que los hermanos vendrán con ella.
—No —dice el gruñido diabólico del tono bajo de Marcus a través de
mi celda—, no te escondas de mí.
Un fuerte y temeroso jadeo me atraviesa y me escabullo de nuevo en
mi cama, obligándome a acercarme más a la pared mientras me doy la vuelta
para encontrar a Marcus flotando en el rincón más alejado de mi celda, las
sombras cubren su rostro. Se apoya contra la pared, con las manos
enterradas profundamente en su bolsillo con el pie apoyado como si
estuviera más que preparado para pasar horas en este mismo lugar.
Mis ojos se agrandan mientras mi espalda se pone rígida por el miedo,
viendo la forma en que me observa con interés. La ira se derrama a través
de mí mientras ajusto lentamente mi posición, poniéndome en cuclillas
sobre la cama, más que lista para atacar si es necesario.
Marcus no se pierde nada. Su mirada es intensa, y aunque no ha
quitado su severa mirada de la mía, algo me dice que puede leer cada
pensamiento e intención como si estuviera escrito en mi rostro.
Mi corazón se acelera con pavor y rápidamente me doy cuenta de que
estos tres hermanos nunca se cansarán de atormentarme. Nunca se
cansarán de colarse en mi celda, y nunca se cansarán de verme temer por
mi vida.
Soy su juguete. Soy su maldito entretenimiento y no hay salida.
Nunca van a abandonar el juego, especialmente cuando mi reacción
a su maldita tortura hace que valga la pena para ellos. Si solo fuera capaz
de no reaccionar, de estar tan bien con su mierda que ni siquiera me
molestara. Entonces tal vez se aburrirían de intentarlo y me dejarían en
paz. Dudo que alguna vez me dejen ir, así que mis opciones son ser tan
aburrida que olviden que estoy aquí o terminar rápida y silenciosamente.
Esta es mi vida ahora. Este no es solo un juego para desequilibrarme,
es un juego de supervivencia y mi cordura es el premio.
Tal vez mi vida siempre ha sido un juego de supervivencia. Luché
mucho antes de que mi padre saqueara mi casa y me vendiera a estos
animales. No me estoy perdiendo ninguna gran aventura en mi antigua vida,
y nadie está de luto por mi repentina ausencia. Pero al menos sabía cómo
sobrevivir en esa vida miserable que había tallado de la nada, manteniendo
la cabeza gacha y trabajando duro. ¿Pero aquí? ¿Cómo sabe alguien cómo
vivir en un mundo como este? Apenas respiro.
Marcus se aparta de la pared y avanza hacia mí como un león
acechando a su presa hasta que sus espinillas presionan contra el borde de
mi colchón. Extiende la mano, y antes de que tenga la oportunidad de
estremecerme, su pulgar e índice están agarrando mi barbilla y forzándome
a mirarlo.
—Mucho mejor —gruñe, su tono es como un cuchillo directo que viaja
a través de mi pecho.
La ira se abre camino a través de mi cuerpo, y olvidando por completo
que mi nuevo plan de ataque es actuar aburrida con su mierda, mi mano
sale volando y golpea su muñeca lejos de mi barbilla.
—No me toques, maldición —espeto, poniéndome de pie sobre el
colchón y poniéndonos cara a cara.
Su cabeza se inclina de esa manera extraña y desquiciada que hace
que él y sus hermanos parezcan aún más trastornados que de costumbre,
observa cómo me despego de la pared y me acerco aún más. Entrecierro los
ojos con rabia, inundada por la dolorosa comprensión de que siempre he
sido una maldita prisionera. Primero de mi padre, luego de una vida aislada
escondida en mi apartamento de una habitación, y ahora de estos tres
hombres.
—No puedes tocarme —gruño, adoptando la misma oscuridad que
parece nadar en las profundidades de sus ojos—. No puedes tocarme. ¿Está
claro? Eres un cerdo, un maldito animal.
Sus ojos brillan, y por un momento, temo que lo he empujado
demasiado lejos.
—Al contrario —dice, con ese tono profundo y metálico que rebota en
las paredes—. Eres mía para hacer lo que me plazca.
Trago saliva y presiono mi mano contra su pecho antes de empujarlo
y obligarlo a retroceder. Me dejo caer del colchón y me paro frente a él,
sintiéndome como una maldita gatita de pie contra el intrépido león y
tratando de rugir.
—Como el infierno que lo soy —digo—. Tienes dos malditos segundos
para sacar tu trasero de aquí antes de que te lo abra de par en par. No estoy
abriendo mis piernas por ti o por tus malditos hermanos, así que será mejor
que te hagas a la idea ahora porque seguro que no te gustarán las
consecuencias si intentas ponerme las manos encima otra vez.
Los labios de Marcus se contraen y sus ojos se entornan con irritación
antes de que su mano se levante y se enrosque alrededor de mi garganta,
sus grandes dedos prácticamente tocan la parte de atrás de mi cuello, pero
de alguna manera aún me permiten respirar. Todo mi cuerpo se sacude
cuando él me levanta del maldito suelo y presiona mi espalda contra la fría
pared de piedra.
Se inclina hacia mí y tomo aire, oliéndolo a mi alrededor. Sus ojos se
demoran en los míos antes de descender lentamente por mi cuerpo y
explorar mis sutiles curvas, todavía con el vestido de seda negra de su madre
muerta.
Se acerca más y más y los pequeños vellos de mis brazos se erizan
mientras los escalofríos me recorren.
—Ese es un ladrido poderoso para un cachorro tan pequeño —
murmura justo antes de que su lengua se extienda y se curve sobre su labio
inferior—. Dime, ¿cómo es tu mordida?
Lucho contra su agarre mortal, desesperada por escapar, o al menos
por poner un poco de distancia entre nosotros, pero es inútil. Bien podría
estar encadenada. Su agarre es así de fuerte.
—Vete a la mierda —gruño, apretando la mandíbula mientras la ira y
la frustración se apoderan de mí.
Sus ojos vuelven a los míos y el interés dentro de ellos hace que mi
estómago se revuelva con inquietud.
—¿Ya terminaste?
Su tono arrogante sugiere que estoy teniendo algún tipo de rabieta y
lo miro boquiabierta confundida.
—¿Terminé? —respondo bruscamente, levantando mis manos y
aferrándome a su fuerte agarre alrededor de mi garganta. Clavo mis uñas
tan fuerte como puedo, tratando de alejarlo, y por un pequeño momento,
podría jurar que el tipo de placer más asqueroso se mece a través de él—
. Mientras ustedes, imbéciles, me mantengan encerrada en su pequeña y
maldita cámara de tortura, nunca terminaré.
Finalmente me suelta y deja caer su mano, pero no se aparta de mi
camino, manteniéndome atrapada con su cuerpo grande y tonificado. No
dice una maldita palabra, solo inclina la cabeza de esa manera extraña y me
mira como si estuviera imaginando lo divertido que sería sacarme la vida.
Trago el nudo que tengo en la garganta y me hundo más cerca de la
pared, desesperada por tener un espacio entre nosotros mientras su aroma
perversamente embriagador comienza a perturbarme. Quiero decir, maldita
sea. Además de verse como un pequeño regalo tortuoso, ¿por qué tiene que
oler tan malditamente bien?
—¿Cuál es tu trato? —pregunto, desesperada por mantenerlo
hablando en lugar de mirar mi cuerpo como si fuera su próxima comida—
. ¿Por qué no puedes simplemente dejarme ir? Jugué tu estúpido juego. Me
acechaste a través del maldito castillo con tus malditos perros. Ya me has
humillado. Me secuestraste y me obligaste a pasar por una cena de
mierda. ¿No he hecho lo suficiente? No merezco esta mierda. Solo déjame ir
ya.
—Lobos —aclara—. Te acechamos con nuestros lobos, no con perros.
Lo miro inexpresiva.
—¿Me estás tomando el pelo? ¿Esa es la parte de mi comentario que
eliges aclarar? ¿Lobos, no perros? ¿Estás de acuerdo? ¿Qué te pasa?
Sus labios se tuercen en una sonrisa enfermiza momentos antes de
que su tono baje, las vibraciones gruesas y profundas me recuerdan
instantáneamente que Tarzán es una pequeña perra que me dejó con el peor
caso de clítoris azul imaginable.
—Cariño, ni siquiera podrías empezar a imaginar las malditas cosas
que están mal conmigo.
Trago saliva mientras mi corazón se acelera, igualando el ritmo rápido
de los tambores que vienen de arriba y causando todo tipo de estragos
dentro de mi pecho. Mis manos se cierran en puños a mis costados. Este
psicópata debería repugnarme por completo, no excitarme. Acostarme con
un chico como Marcus DeAngelis seguramente me ganaría un boleto de ida
al infierno. Además, está tan jodido de la cabeza que probablemente me
mataría primero y luego me follaría.
Alejo el pensamiento de mi cabeza. ¿Por qué estoy pensando en
eso? ¿Qué está mal conmigo? No debería considerar acostarme con uno de
mis tres inevitables asesinos. Debería estar pensando en sobrevivir o
encontrar una manera de retrasar mi prematura muerte porque, seamos
sinceros, una vez que hayan terminado conmigo, van a volver directamente
y recoger a otra pobre chica para destruir.
Me atraviesa el darme cuenta de que no puedo simplemente
rendirme. Tengo que soportar esto el mayor tiempo posible porque la
alternativa simplemente no está bien para mí. Una feroz desesperanza llena
mi alma, y cuando me encuentro con la dura mirada de Marcus una vez
más, sé que él lo siente.
—¿Por qué no me has matado todavía? —Dejo escapar cuando la pelea
deja mi cuerpo y me resigno a mi nuevo maldito futuro, de alguna manera
convenciéndome de que tengo que estar bien con eso—. Eso es lo que
quieres, ¿verdad? Quieres ver cómo se me va la vida. Quieres estrangularme
o cortarme en dos. Eso es lo que te excita, entonces, ¿qué estás esperando?
Él me devuelve la sonrisa, una realmente trastornada y retorcida, y
mi corazón se desploma cuando el peso de la situación se sienta
pesadamente sobre mis hombros. Sus ojos oscuros brillan cuando se inclina
aún más cerca, tan cerca que la punta de su nariz roza mi pómulo.
—Porque todavía no me he divertido contigo.
Mi sangre se hiela. Ni siquiera intenta negar mis afirmaciones de que
quiere matarme. Ambos sabemos que es verdad, entonces, ¿cuál es el punto
de fingir?
Mi mirada se desplaza hacia abajo cuando su mano se desliza dentro
de su bolsillo y contengo el aliento cuando saca una pieza gruesa de material
negro, inquietantemente similar a la que Roman había usado para
noquearme anoche. El miedo late a través de mí y mi corazón se acelera de
nuevo.
—No —susurro, moviendo violentamente la cabeza, temiendo lo que
un chico como Marcus podría hacerme mientras estoy inconsciente en el
piso de mi cámara de tortura—. Por favor, no lo hagas.
Presiona más fuerte contra mí, capturando mis dos muñecas con solo
una de sus grandes manos y envolviéndolas con el material negro,
uniéndolas. Su mirada permanece fija en la mía mientras un suave suspiro
de alivio sale de mí, dándome cuenta de que esto no es una repetición de lo
de anoche. Pero eso solo podría significar que tiene algo más planeado para
mí.
Marcus retrocede, arrastrándome con él y alejándome de la pared.
—Te voy a follar —dice, su tono no deja lugar para discusión o
pregunta—. No vas a gritar. No vas a pelear. Voy a follar ese coñito apretado
hasta que te corras sobre mi pene. Va a ser duro y rápido y no voy a parar
hasta que te tiemblen las malditas rodillas. ¿Entendido?
Trago saliva, mirándolo como si estuviera hablando en otro idioma.
Quiere follarme, y maldición, ¿por qué la mera idea de que
convulsione alrededor de su pene dura me excita tanto?
Empiezo a negar con la cabeza.
—No —digo, tratando de alejarme mientras la vergüenza me invade.
No debería querer esto. No debería estar inundada de necesidad, pero
maldición, un chico como Marcus DeAngelis podría destruirme de todas las
formas correctas.
Es un maldito asesino, todos lo son. Es oscuro y mortal, y lo último
que debería querer es permitirme ser vulnerable a su alrededor, permitirle
tomar mi cuerpo y hacerme sentir más viva de lo que me he sentido en
días. ¿Estoy tan perturbada como para querer esto? Porque desde el
segundo en que esas palabras se deslizaron de entre sus labios carnosos,
mi sexo se ha estado contrayendo con anticipación.
Voy a follarme a Marcus DeAngelis, y aunque la vergüenza late con
fuerza en mis venas, no puedo esperar. Va a ser perverso, duro y rápido,
exactamente lo que mi cuerpo anhela. Entonces, ¿por qué diablos no? Si voy
a morir de todos modos, también podría cosechar las recompensas y unirme
al lado oscuro antes que muera.
Capítulo 8
El fuerte agarre de Marcus evita que me aleje mientras mi cuerpo
tiembla de nervios. No puedo soportar la idea de que él esté tan cerca de mí,
la idea de sus dedos tocando mi cuerpo, pero ¿de qué otra manera se supone
que sucederá esto? Él va a tenerme ya sea que me aleje o no, así que también
podría aceptarlo y tratar de encontrar placer en su toque.
Su mano cae a mi cintura y me obliga a retroceder hasta que estoy de
pie directamente en el centro de mi pequeña habitación. Mi acto de chica
dura se desvanece y me quedo con nada más que la chica tímida que no ha
sido realmente tocada por un hombre en meses. No tengo idea de cómo va
a ir esto. Él ya prometió que será duro y rápido, y seguro que dejó en claro
que no se detendrá hasta que me deshaga bajo su toque. La pregunta sigue
siendo: ¿es un psicópata como Marcus DeAngelis capaz de darle a una mujer
lo que necesita sin cortarle la garganta en el proceso?
Maldición. ¿En qué diablos me he metido?
Mi respiración es inestable y, a pesar de la brillante luz del sol que
entra por la pequeña ventana, la habitación nunca había parecido tan
oscura. Aunque estoy decidida. Si logro salir viva de esto, quiero saber que
no fue todo en vano. Además, ¿cuántas otras chicas pueden decir que uno
de los notorios hermanos DeAngelis las ha follado a lo grande? En realidad...
probablemente muchas.
Sus ojos permanecen fijos en los míos, tan profundos pero de alguna
manera tan inertes al mismo tiempo. Es imposible apartar la mirada. Es
como si me desafiara a intentar correr, desafiarme a temerle y a lo que está
a punto de hacerme, pero ese pequeño sentimiento retorcido dentro de mis
entrañas me tiene parada aquí en silencio, esperando ver qué tan bueno
esto realmente va a ser.
La vergüenza crece y no dudo que una vez que termine conmigo y me
quede como un montón indefenso en el piso sucio, me arrepentiré de mi
decisión de no pelear con él en esto, pero mi curiosidad y necesidad es más
grande.
Mis rodillas se doblan debajo de mí y apenas me mantengo de pie
cuando levanta mis muñecas atadas por encima de mi cabeza. Un gemido
temeroso escapa de mis labios y no dudo que él puede ver lo asustada que
estoy de explorar esto con él.
Mantengo mis ojos fijos en los suyos mientras continúa levantando
mis manos en alto, y por un momento, me pregunto qué diablos está
tratando de hacer, pero esa curiosidad no dura mucho ya que el material
grueso que mantiene mis muñecas atadas se desliza sobre un gancho
grande.
Mi fuerte jadeo perfora el silencio lleno de tensión y mi mirada se abre
con confusión. He buscado en esta habitación un millón de veces en los
últimos días y podría jurar que no había ningún anzuelo colgando en esta
habitación. Debió haberlo traído con él y lo ató a algo en el techo mientras
yo estaba inconsciente, gracias a su hermano idiota.
Tiro con fuerza de mis muñecas y el fuerte sonido metálico de los
eslabones de la cadena llena la habitación.
—¿Qué demonios es esto? —exijo, mi mirada regresa a Marcus, mi
corazón se acelera cuando me doy cuenta de que tal vez tiene algo más en
mente que una simple follada dura y rápida.
Su mirada ya inerte se oscurece y desciende por mi cuerpo,
observando mis curvas en el vestido de seda negro, como una serpiente
tomando su próxima comida.
—No pensaste que estaba a punto de acostarte y seducirte como una
especie de tonto enfermo de amor, ¿verdad?
Trago saliva y respiro profundo, apretando la mandíbula cuando la
realidad de lo jodida que estoy empieza a palpitar en mis venas. Cruza la
habitación y observo cómo estira la mano y enrosca la muñeca alrededor de
una cadena colgante baja. Mi mirada se desplaza sobre él y justo cuando
me doy cuenta de que es la misma cadena conectada al gancho alrededor
de mis muñecas atadas, él tira con fuerza y me levanta del suelo, mis puntas
de los pies apenas rozan la piedra dura debajo de mis pies.
—BÁJAME —grito, el pánico me atraviesa, segura de que está a punto
de matarme.
Soy una maldita idiota. Debería haber luchado contra él, gritar
pidiendo ayuda o hecho algo, pero ¿de qué habría servido? Nadie viene a
salvarme.
Marcus mueve las cadenas, bloqueándolas en su lugar y
asegurándose de que no pueda escapar, y cuando me mira, no veo nada
más que pura lujuria y deseo palpitando a través de sus ojos
oscuros. Retrocede hacia mí y, mientras lo hace, su mano se mete en el
bolsillo y saca una navaja de color rojo oscuro, sacando la cuchilla negra a
medida que avanza.
Mis gemidos se vuelven fuertes y rápidos mientras su mirada continúa
rozando mi cuerpo.
—No —murmuro en la horrible habitación—. Por favor, no.
Marcus da un paso hacia mí y la forma en que me mira es como si ni
siquiera pudiera oírme hablar. Solo soy un objeto, aquí para cumplir sus
deseos más oscuros. Está malditamente cuerdo y acabo de entrar justo en
su jueguito retorcido.
Su cabeza se inclina mientras me estudia, y aunque intento
apartarme, colgar de una maldita cadena gruesa hace que sea casi imposible
poner distancia entre nosotros. Se acerca aún más, tan cerca que siento su
cálido aliento contra mi piel, y cuando la punta de su cuchilla negra
presiona contra el hueco en la base de mi garganta, sé que este es el final.
No me muevo ni un centímetro mientras respiro
temblorosamente. Sus ojos parecen palpitar con sus retorcidas necesidades
mientras mi cuerpo tiembla de miedo.
—No —susurro de nuevo, rogándole que me escuche sabiendo que no
sirve de nada, no con un chico perturbado como Marcus—. Por favor. No
quiero morir.
La hoja afilada comienza a descender por mi pecho, dejando un dolor
punzante a su paso, pero no me corta lo suficientemente profundo como
para sacar sangre. La hoja navega directamente entre mis pechos hasta que
llega a la parte superior del vestido de seda y lo corta como si fuera
mantequilla.
Su gran mano cae sobre mi muslo y me estremezco ante su toque
antes de que arrugue el resto de la bata y baje la cuchilla en un arco preciso,
rasgando el material endeble con facilidad. Contengo un grito ahogado y así,
él suelta la suave seda, dejándola caer y dejando al descubierto todo lo que
hay debajo.
La seda negra cae a cada lado de mis pechos y la forma en que su
intensa mirada las recorre hace que la emoción regrese profundamente a
mis entrañas. Mis pezones se endurecen bajo su penetrante mirada y no
puedo evitar desearlo más. La cuchilla se desliza por el costado de mi ropa
interior y con un movimiento rápido, el algodón se rasga y cae al suelo,
haciendo que una oleada de intenso deseo me atraviese.
¿Qué demonios me pasa? ¿Qué chica en su sano juicio desearía a
alguien así? Seguramente después de permitir que un asesino en serie me
lleve, iré directo al infierno.
Su lengua se desliza sobre su labio inferior mientras sus ojos arden
con deseo y, a pesar de su intensidad, no puedo mirar hacia otro lado. Me
mira como si todavía estuviera decidiendo exactamente cómo planea
hacerlo, rozando su mirada sobre mi estómago tonificado y más allá de mi
sexo desnudo.
Si pudiera retroceder, lo haría. A ninguna mujer le gusta que la
juzguen y, en este momento, me siento como si estuviera de pie en el
escaparate de una tienda mientras considera si lo que tengo es lo
suficientemente bueno para sus gustos prístinos. No soy una chica
obesa. Siempre me han dicho que un poco más de carne y algunas
sentadillas adicionales podrían ser de gran ayuda. Los últimos seis meses
de comer comida barata tampoco han ayudado, pero nunca me ha
importado demasiado. Estoy saludable y eso es todo lo que cuenta, pero
maldita sea, su escrutinio me está matando.
Necesito saber lo que piensa, necesito escuchar esos pervertidos
pensamientos fluyendo a través de su pequeña mente retorcida. Sin
embargo, no soy lo suficientemente estúpida como para contener la
respiración esperando una respuesta que sé que nunca llegará. Marcus y
sus hermanos son profesionales en los juegos mentales y no se atreverían a
perder la oportunidad de molestarme aún más.
Marcus presiona la punta de su navaja contra mi piel, justo en el
medio de mi esternón y lentamente lo desliza sobre mi cuerpo, aunque el
dolor punzante de antes ha desaparecido. La punta roza suavemente mi
pecho y es casi como una caricia. La punta se curva sobre mi pecho,
empujando la seda más lejos antes de caer más allá de mi cintura y enviar
una ola de piel de gallina por todo mi cuerpo.
Aparta la mano y observo cómo lanza el cuchillo sin esfuerzo, la hoja
resplandece con la luz del sol antes de que Marcus la atrape, la punta afilada
descansa contra su palma. Se mueve hacía mí y coloca su otra mano en mi
cintura, sus dedos callosos ásperos contra mi cuerpo. Inclina la cabeza
hacia abajo y siento su aliento contra mi hombro mientras su olor fresco y
varonil me embriaga. Antes de que tenga la oportunidad de cuestionar lo
que está haciendo, su brazo se estremece y el suave mango de la navaja
pasa rozando justo entre mis piernas.
Jadeo, mi sexo se estremece con el toque repentino cuando el frío
metal roza mi dolorido clítoris, moviéndose lentamente hacia abajo. Mi sexo
se contrae, aún más cuando él comienza a moverse en la dirección opuesta,
provocándome mientras arrastra el suave mango hacia atrás pasando por
mi clítoris y alejándolo de mi cuerpo.
Sostiene el cuchillo y veo mi excitación brillando en el mango de metal,
pero junto con eso, el pequeño hilo de sangre de la punta de la hoja que
descansa en su palma. Marcus levanta la mano hasta que el mango
reluciente se encuentra justo entre nuestros rostros, y justo cuando tiene
toda mi atención, su lengua se desliza y enrolla el borde largo del mango,
saboreando todo lo que tengo para ofrecer.
—Dices que no —retumba, su tono profundo rebota en las paredes
mientras arroja descuidadamente el cuchillo por la habitación. Golpea
contra la pared de piedra y cae sin hacer ruido sobre mi cama, enviando
una ola de alivio a través de mis venas—. Pero tu cuerpo está gritando que
sí.
No hay como negarlo ahora. Ha visto la evidencia por sí
mismo. Entonces, sabiendo que podría estar cometiendo un gran error,
asiento, sintiendo que mi estómago se retuerce con inquietud.
Sus dedos suben por mi muslo y navegan sobre mi cintura antes de
finalmente detenerse en mi hombro. Toma la seda negra restante que cuelga
a mi lado y la rasga sin esfuerzo antes de hacer lo mismo en el otro lado y
dejar que la seda se caiga, dejándome vulnerable y asustada. Aunque algo
me dice que realmente está aquí solo para follar. Mi pequeña alma privada
de sexo está gritando de euforia, pero mi cabeza todavía me advierte que
tenga cuidado.
Da un paso a mi alrededor, rodeándome lentamente mientras sus
dedos navegan sobre mi piel. Siento su aguda mirada en mi cuerpo,
observándome de cerca y estudiando cada centímetro mientras mi corazón
se acelera, no me gusta perderlo de vista mientras está parado justo detrás
de mí.
Mi cuerpo tiembla cuando se acerca y siento su duro pene tensándose
contra sus pantalones mientras presiona su cuerpo contra el mío. Su agarre
se afloja contra la curva de mi trasero y un gemido entrecortado se desliza
entre mis labios.
Mis ojos se abren.
Maldición. Ese fue un mal movimiento. Una cosa es hacerle saber que
estoy de acuerdo con un poco de sexo sin sentido, pero mostrar lo mucho
que lo necesito es un error, uno por el que estoy segura de que pagaré.
Su mano se retira y me preparo, sabiendo exactamente lo que viene a
continuación.
¡ZAS!
Un jadeo fuerte y entrecortado sale de mi pecho mientras el agudo
pinchazo atraviesa mi cuerpo. Mi trasero arde por la nalgada, pero antes de
que pueda concentrarme en el palpitar, su mano se enrosca alrededor de mi
cuerpo y se desliza hacia abajo alrededor de mi muslo.
Marcus lo levanta en alto y tira de mi rodilla hacia un lado,
abriéndome de par en par mientras su otra mano se enrosca debajo de mi
trasero y acuna mi sexo. Ajusta sus dedos, capturando mi clítoris entre su
dedo índice y medio antes de apretarlo firmemente.
—Esto es mío —dice—. Soy tu dueño. No vas a renunciar a esto por
nadie. Ni por Roman ni por Levi, ni por ningún desgraciado que venga a
buscarte. ¿Entendido?
Instintivamente, me muevo contra su agarre, desesperada por sentir
su placer mientras lucho contra mis pensamientos internos, diciéndome que
debería estar llorando como un maldito bebé en la esquina de la habitación.
—¿Y si digo que no? —pregunto, las palabras salen de mi boca antes
de que pueda detenerlas.
El calor de su aliento roza mi cuello, enviando una ola de electricidad
directamente a mi centro.
—¿Me estás pidiendo que pare? —pregunta mientras su dura mirada
se atraviesa con la mía frágil.
—No —gimoteo, sacudiendo la cabeza, la desesperación palpita a
través de mí. Daría cualquier cosa por él para liberar mi clítoris y darme lo
que necesito—. Por favor, no te detengas.
—Entonces dime que lo entiendes. —Sus dedos aprietan un poco más
fuerte y jadeo, aspirando un aliento tembloroso mientras asiento con
firmeza—. Dilo —susurra en mi oído.
—Solo para ti.
Marcus responde soltando mi clítoris y frotando círculos lentos sobre
él, finalmente aliviando el dolor agudo, pero no lo suficiente. Me estaba
acostumbrando a su ritmo cuando sus manos se apartan y un gemido se
escapa de entre mis labios, pero antes de que la decepción me atraviese,
toma mi cintura y me hace girar, la cadena gira sin esfuerzo y me azota.
Me encuentro cara a cara con Marcus y veo sus ojos mortales
enfocarse en los míos y recuerdo con quién diablos estoy tratando. No
debería permitir esto, pero ahora mi cuerpo está demasiado alterado. En
algún nivel, sé que esto tiene que ser una broma retorcida y que
seguramente me dejará en la estacada. Nada es tan simple con los hermanos
DeAngelis.
Se mueve hacia mí y arrastra la parte de atrás de sus nudillos por un
lado de mi rostro mientras siento su duro pecho presionando contra el
mío. Su cabeza se inclina de esa manera espeluznante y, por un momento,
el miedo comienza a apoderarse de mí nuevamente.
Sin previo aviso, sus labios caen a la curva de mi cuello y mi cuerpo
se paraliza mientras su lengua juguetea con mi piel sensible, pero cuando
su mano vuelve a mi cintura y acaricia mi piel, me encuentro relajándome
de nuevo.
En cualquier otra situación, me acercaría y haría mi reclamo, pero no
aquí y definitivamente no ahora. Obviamente soy estúpida, pero no soy
suicida. Aunque algo me dice que Marcus no es el tipo de hombre que
aprecia a una mujer audaz.
Sus manos recorren mi cuerpo, rudas, fuertes y decididas. Sus dedos
se clavan en la curva de mi trasero, lo suficientemente fuerte como para
dejar marcas mientras chupa y pellizca mi cuello y hombro. Es embriagador
y liberador, algo que nunca pensé que sentiría mientras estaba encerrada
en este infierno.
Se burla de mi cuerpo, deslizando sus dedos entre mis piernas y
explorando cada centímetro de mí, llevándome al borde solo para retroceder
y privarme de lo que realmente necesito. Otro gemido suave se desliza entre
mis labios y luego, demasiado pronto, se aleja de nuevo.
La fuerte luz del sol que entra por la pequeña ventana juega con su
cabello oscuro mientras observo su mirada recorriendo mi cuerpo,
observando las sutiles marcas rojas de sus dedos y los suaves moretones
que desaparecerán al final del día. La emoción brilla en sus ojos, pero no es
nada comparado con el feroz deseo que se refleja en los míos mientras se
quita la camisa negra por la cabeza y muestra su increíble cuerpo esculpido.
Los tatuajes cubren su piel como una obra maestra inquietante,
navegando sobre sus anchos hombros y bajando por sus musculosos
brazos, hasta los nudillos. Hay una hermosa chica sobre sus costillas, y
demonios, parece como si hubiera pasado por el peor de los infiernos, pero
la forma en que agarra mi barbilla y me obliga a apartar la mirada de su
cuerpo me dice que demorarme no es una buena idea. Sin embargo, no echo
de menos el brillo sutil del piercing de diamante que se encuentra justo
donde debería estar el hoyuelo en la mejilla de una chica.
—Ojos en los míos —gruñe, el sonido vibra justo a través de mi pecho.
Trago saliva y asiento. Espera un largo momento, con la mandíbula
tensa mientras la furia palpita en su mirada, y por un minuto, temo que
esté a punto de salir y dejarme colgando en medio de la habitación, pero
finalmente suelta su agarre.
Sus manos caen a sus pantalones, soltando el botón sin esfuerzo y
desabrochando la bragueta mientras todas mis necesidades y deseos me
dicen que mire hacia abajo, pero no me atrevo. Mantengo mis ojos en los
suyos, con la esperanza de que en algún momento esté demasiado distraído
y que finalmente pueda ver bien lo que está metiendo dentro de esos
pantalones.
El pesado material cae al suelo y observo por mi periferia cómo su
gran mano acaricia de arriba abajo su impresionante pene, haciendo que mi
sexo se inunde de necesidad. Daría cualquier cosa para que él me llenara
ahora mismo. Caer de rodillas y tomarlo en mi boca. Maldición, hacer que
uno de los hermanos DeAngelis se deshaga bajo mi toque sería uno de esos
momentos que nunca olvidaría.
Vuelve hacia mí y contengo el aliento, sin tener ni idea de cómo va a
ir esto. Estoy colgando del maldito techo y apenas puedo tocar el
suelo. Aunque está malditamente claro que lo ha hecho de esta manera para
robarme cualquier control. No puedo usar mis manos y no puedo
moverme. Estoy a su merced, y espero que no lleve las cosas demasiado
lejos.
La mirada en sus ojos me dice que esto va a ser tal como lo prometió….
duro y rápido.
Sin previo aviso, me agarra y un chillido sale de mí mientras me
balanceo contra las gruesas cadenas, sin tener más remedio que colgar mi
peso en ellas. Sus manos se deslizan entre mis piernas y las abre de par en
par mientras su mirada se desplaza hacia mi sexo, observando cada maldito
ángulo mientras entra en mí y enrosca mis piernas alrededor de su estrecha
cintura.
Marcus agarra mi cintura, manteniéndome inmóvil y con una
precisión devastadora, se alinea con mi dolorido sexo y desliza su pene
profundamente dentro de mí.
Grito ante la repentina intrusión mientras echo mi cabeza hacia atrás
y me acostumbro a sentirlo dentro de mí. Me abre y gimo por lo bajo,
colgando contra las cadenas. Me di cuenta de que era grande, pero nada
podría haberme preparado para eso, ni siquiera los juguetes rotos y usados
en exceso en el cajón de mi mesita de noche.
Sus dedos se clavan en mi cintura, sus uñas están destinadas a sacar
sangre, pero nada más importa excepto que mi sexo reciba su próxima
embestida.
Marcus lentamente sale de mí y levanto mi cabeza, necesitando ver la
forma en que su cuerpo gira mientras se mueve dentro de mí, y demonios,
cada maldito segundo vale la pena. Su cuerpo fuerte es perfecto, como un
Adonis creado a partir de músculos duros como rocas. Sus músculos se
tensan y se relajan mientras su mandíbula pronunciada y tensa me grita
que arrastre mis uñas a través de su barba.
Maldición, él es todo. Es una maldita vergüenza que sea un asesino.
Marcus choca contra mí y arroja a través de su mandíbula apretada:
—Maldita sea, tómalo —dice con una desesperación feroz, diciéndome
que ha estado necesitando esta liberación tanto como yo.
Él se desliza dentro y fuera de mi una y otra vez, mientras mi sexo se
acostumbra a sus formas deliciosamente perversas. Comienza despacio y
rápidamente aumenta su velocidad, dándome todo lo que tiene mientras su
grueso pene se estrella profundamente dentro de mí.
Mi humedad se extiende entre nosotros y casi gimoteo cuando ajusta
su agarre sobre mí y baja sus dedos a mi clítoris. Lo frota en círculos lentos
y tortuosos entre dos dedos y echo mi cabeza hacia atrás otra vez, el intenso
placer es más de lo que puedo manejar.
Mi sexo duele, se aprieta y tiembla, pero aguanto, no estoy lista para
que esto termine.
Daría cualquier cosa por liberar mis manos. Envolver mis dedos
alrededor de su pene, sentir dónde nos conectamos y la forma en que mi
excitación cubre su gruesa longitud y lo ayuda a deslizarse dentro de mi
apretado sexo. Demonios, solo para enredar mis dedos en su cabello y tirar
tan fuerte como pueda, pero maldita sea, darle el control total también tiene
sus ventajas.
—MALDICIÓN —grito, apretando los ojos mientras el abrumador
placer se apodera de mí—. Más.
Sus dedos pellizcan mi clítoris y grito de nuevo, un sonido agudo y
aullador sale de mi garganta, uno que ni siquiera sabía que era capaz de
hacer, pero el dolor se desvanece instantáneamente cuando sus dedos
presionan de nuevo, frotando esos mismos círculos tortuosos.
—Obtendrás lo que te doy y nada más —dice con un profundo gruñido
que vibra justo a través de mi pecho y envía una descarga eléctrica a través
de mí.
Maldición, necesito la liberación y la necesito ahora.
Mi sexo se contrae alrededor de su gran pene y lo aprieto con fuerza
cuando sale de mí, su gemido bajo hace que mi pequeña alma privada grite
de euforia. Sus dedos se aprietan en mi cintura, y justo cuando abro los ojos
para encontrarme con los suyos superficiales e inertes, él se empuja
profundamente dentro de mí y mi orgasmo me atraviesa violentamente.
Todo mi cuerpo sufre espasmos mientras grito, la repentina ferocidad
abruma completamente mi sistema mientras mi sexo se convulsiona
alrededor de su duro pene.
—Santa mierda —musito, echando la cabeza hacia atrás y apretando
los ojos mientras me paseo por las grandes y pesadas olas que me
atraviesan.
Mi cuerpo tiembla mientras Marcus sigue moviéndose con empujones
rápidos e implacables profundamente dentro de mi sexo mientras sus dedos
siguen rodeando mi clítoris. Cuando mi cuerpo finalmente baja de su épico
éxtasis, acelera su ritmo, follándome justo como lo necesita mientras gimo
y grito con sus deliciosos movimientos.
Sin previo aviso, mis piernas caen de su cintura justo cuando él
extiende su mano y tira de la tela negra alrededor de mi muñeca. Se desata,
y cuando sale de mi sexo, mi cuerpo cae al suelo, mis rodillas están
demasiado débiles para sostenerme.
Marcus me deja caer, rozando mis rodillas cuando me detengo con
fuerza con su impresionante pene justo en frente de mi rostro. Sus manos
se enrollan en mi cabello y tira mi cabeza hacia atrás justo a tiempo para
empujar su pene entre mis labios. Me abro de par en par para él y, a pesar
de que me secuestró de mi maldito apartamento, todavía quiero
impresionarlo.
Pruebo mi excitación en su pene mientras lo tomo profundamente,
pero no me sorprende cuando agarra mi cabello con más fuerza,
sosteniéndome y tomando el control. Folla mi boca y lo siento justo en el
fondo de mi garganta. Me ahogo mucho más de lo que estoy preparada para
admitir, pero a él no parece importarle. No me malinterpreten, he hecho esto
más que la siguiente chica, pero no puedo decir que haya tenido un chico
tan exigente, rudo y contundente.
Cualquiera pensaría que lo odiaría, pero esa necesidad de satisfacerlo
y hacerlo sentir tan bien como él me hizo sentir no desaparecerá. Necesito
terminar con esto, incluso si eso significa atragantarse con su gran pene
hasta que se ponga el sol.
Me lo da con fuerza y no tengo más remedio que estabilizarme contra
sus gruesos muslos, y a pesar de saber que no debo hacerlo, no puedo evitar
enrollar mis manos en su tonificado cuerpo, clavando mis uñas y dejando
marcas donde quiera que vayan.
Agarro su trasero fuerte y definido y siento las protuberancias
tonificadas de sus abdominales, amando la forma en que parece relajarse
con mi caricia necesitada, y luego, demasiado pronto, levanta mi barbilla un
poco más arriba, y con un gruñido profundo y gutural, envía chorros
calientes de delicioso semen navegando directo a mi garganta.
No me atrevo a moverme, tomo todo lo que tiene para mí y trago. Él
sale de mi boca, suelta mi cabello al mismo tiempo y me hundo más
profundamente sobre mis rodillas, sintiendo el palpitar de mi sexo bien
satisfecho.
No puedo evitar mirar a Marcus mientras se pone los pantalones y
vuelve a meter su pene dentro. No me mira y estoy agradecida, necesito ese
breve momento solo para respirar. No se molesta con su camisa, dejándola
olvidada en la esquina de la habitación mientras retrocede hacia mí.
Levanto mi mirada para encontrarse con la suya justo cuando su
mano se enreda en mi cabello otra vez. Él tira mi cabeza hacia atrás,
forzando mi barbilla hacia arriba mientras se abalanza sobre mí, ese mismo
psicópata intrépido regresa instantáneamente.
—La próxima vez —gruñe con furiosa ira—, llegarás al orgasmo
cuando diga que te corras.
Y así, me suelta y sale de mi celda, dejándome sentada en el sucio
suelo, preguntándome qué diablos acaba de pasar.
Capítulo 9
Follé a un psicópata y me encantó.
Maldición, no solo me encantó, fue el mejor polvo que he tenido. Es
como si pudiera leer mi cuerpo como si estuviera leyendo un libro. Sabía
exactamente lo que necesitaba y no se contuvo. Fue rudo, rápido y
malditamente peligroso. Tal como lo prometió.
Demonios, amo a un hombre que puede mantener su palabra.
La mayoría de los chicos hablan de un gran juego, diciendo que te lo
van a dar duro y que van a ser la mejor follada de tu vida. Hacen todas estas
promesas emocionantes solo para llevarte a casa, follarte con un pene medio
blando después de beber demasiado, frotar tus labios vaginales hasta que
están rojos y en carne viva, y luego se desmayan después de que les dijiste
que no podían quedarse.
No Marcus DeAngelis. Mantuvo su parte del trato. Hizo exactamente
lo que dijo que iba a hacer, tomó lo que necesitaba sin hacerme perder el
tiempo y luego se fue. ¿Qué más podría necesitar una chica? Si tan solo no
fuera él.
Busco alrededor de la habitación, recojo el vestido de seda desechado
y suspiro cuando se cae a pedazos entre mis dedos. Mi ropa interior es inútil
y estoy segura de que no voy a permanecer desnuda en esta habitación. La
camisa negra de Marcus yace al azar en la esquina de la habitación,
completamente olvidada y aunque odio la idea de estar desnuda, odio aún
más la idea de usar su camisa.
Sin tener otra opción, recojo el viejo top y los pantalones de chándal
del piso que habían quedado aquí desde mi primera noche en este infierno,
encogiéndome mientras me los pongo. Un millón de pensamientos pasan
por mi mente, todos enfocados en la mujer a la que estos podrían haber
pertenecido antes que yo.
La bilis sube a mi garganta y trato de tragarla mientras el suave
material abraza mi cuerpo y me brinda mi primer gramo de consuelo en
días. Odio esto. Odio todo sobre esto, pero más aún, me odio a mí misma
por dejar que el maldito Marcus DeAngelis me follara como si no hubiera un
mañana.
No debería haberlo disfrutado. Debería haber sentido repulsión por
su toque calloso, y estoy segura de que no debería querer hacerlo todo de
nuevo, pero lo hago. ¿Eso me pone tan enferma como él? ¿Qué demonios es
lo que me pasa? ¿Qué mujer permitiría que eso sucediera, permitir que su
secuestrador disfrutara de su cuerpo, que se corriera en su maldita boca y
luego se la tragara como una perra cachonda?
Maldición. Hay un lugar especial reservado en el infierno para chicas
como yo.
No hay duda al respecto. Marcus hizo que mi cuerpo cobrara vida por
primera vez en años, bueno, aparte de cuando lo hizo Tarzán, pero eso
apenas cuenta. Pero no soy tonta, sé que esto no va a cambiar nada. Una
buena cogida no va a tener de repente al chico arreglando un halo sobre su
cabeza. Cuando tenga la oportunidad de finalmente matarme, la tomará sin
importar qué. Será brutal, retorcido y enfermizo. Eso es una garantía.
Es un monstruo que sabe exactamente qué sabor tengo. En todo caso,
eso solo empeorará las cosas.
El recuerdo de su lengua deslizándose por el mango del cuchillo está
en el frente de mi mente y me encuentro mirando hacia mi pequeña
cama. La hoja negra está justo debajo de mi almohada y no puedo evitar
preguntarme si la dejó aquí a propósito.
¿Por qué, sin embargo? No tiene sentido.
Alguien como Marcus DeAngelis no comete errores, especialmente
como dejar un maldito cuchillo para su secuestrada. Quiero decir, no es
como si pudiera usarlo apropiadamente o infligir algún daño real. No tengo
entrenamiento, e incluso si lo tuviera, he visto a los hermanos en
acción. Sus reflejos son demasiado rápidos. Sería una broma para ellos,
pero no voy a mentir, su presencia en esta pequeña y maldita cámara de
tortura contribuye en gran medida a darme solo una pizca de
esperanza. Más que eso, la sangre restante que permanece en la hoja de la
palma de Marcus, solo alimenta mi necesidad de hacerlo sangrar. No
importa lo que tenga que hacer, este cuchillo derramará más de su sangre.
Me dejo caer sobre la cama y mi sexo palpita, recordándome que voy
a sentir a Marcus durante los próximos días, pero eso es de esperar después
de haber sido tan bien follada. Marcus es el más desquiciado de los tres y si
así es como folla, me imagino cómo serían Roman o Levi.
Roman lo planearía. Su plan sobre cómo me toma sería
cuidadosamente pensado. Él sabrá exactamente en qué posición me quiere
y exactamente cómo trabajar mi cuerpo para excitarme de la forma más
eficiente posible. Sin embargo, probablemente esté tan perturbado que
estaría dispuesto a llegar al orgasmo y dejarme sintiéndome usada y
abusada con el peor caso de clítoris azul conocido por las mujeres. Sin
embargo, Levi sería del tipo que “va con la corriente”. Me follaría de todas
las maneras hasta que los dos estuviéramos tirados en el maldito piso y
olvidando que se suponía que debía estar secuestrada. Sería rudo y enojado,
no se puede negar.
Los tres serían mágicos a su manera única, pero no hay duda de que
todos vendrían con una pasión feroz e implacable, sin parar hasta que el
trabajo esté completamente hecho, lo cual gracias a Marcus, solo ahora me
doy cuenta de lo malditamente bueno que puede ser. Dios, sus pequeñas
almas oscuras depravadas podrían llevarme en el viaje de mi vida.
Maldición. No vayas allí. Esas son aguas turbias, y una perra como yo
probablemente se ahogue. Suponiendo que una de las manos de los
hermanos no esté ya envuelta alrededor de mi garganta y sosteniéndome.
Mis rodillas se pegan directamente a mi pecho mientras me recuesto
contra la pared de piedra de mi cámara de tortura, aunque supongo que
tengo que dejar de llamarla así ahora. Lo que acabo de experimentar fue
cualquier cosa menos tortura. Así un poco. Realmente no sé qué fue eso. No
es como si fuera dulce y compasivo con todo el asunto. Iba a follarme si yo
estaba gritando o gimiendo y no iba a ceder hasta que me rompiera alrededor
de su grueso pene.
El cuchillo descansa entre mis dedos y lo giro con cuidado, estudiando
su elegante curva y la impresionante hoja mate. Nunca he visto algo
así. Realmente tampoco he visto muchos regulares, pero este... tiene algo
tan elegante. Es casi como si fuera un regalo de Marcus, pero eso no podría
ser correcto. Pensar así solo me va a meter en problemas.
Los minutos se convierten en horas y mi espalda empieza a dolerme
contra la dura pared de piedra cuando la pesada puerta de metal se abre de
golpe. Un fuerte jadeo sale de lo más profundo de mi garganta mientras
lanzo mi mano a mi lado, enterrando rápidamente el cuchillo entre mis
sábanas.
Roman DeAngelis se para frente a mí y me encuentro encogiéndome
contra la pared. Cada vez que lo veo, es como una bofetada en el rostro. Es
más grande que la vida de la peor manera posible. Todo en él me grita que
corra, y esa cicatriz que le atraviesa la frente y le baja por el pómulo me
advierte que no se da por vencido.
Contengo la respiración y observo cómo su mirada se desplaza sobre
mí con una curiosidad calculada, con la puerta abierta de par en par entre
nosotros. Su mirada cae en mi mano al lado de mi muslo y sin una maldita
palabra entre nosotros, puedo decir que él sabe.
Sostiene una bandeja de plata y mi estómago gruñe de hambre,
esperando a quienquiera que exista arriba que lo que sea que haya en esa
bandeja sea algún tipo de comida. Han pasado dos días. Mi estómago está
tan vacío como parece y después de correr a través de este maldito castillo
y tener a Marcus haciendo un entrenamiento intenso, la comida ha sido
todo en lo que he podido pensar durante horas.
Roman no se aleja de la puerta y cuanto más parece mirarme, más
pequeña me siento. Su mirada se desplaza hacia la seda hecha trizas en el
suelo, a mis bragas rotas y a la camisa negra tirada en la esquina de la
habitación. La ira pulsa en sus ojos oscuros cuando vuelven a encontrarse
con los míos.
—¿Cuál? —exige
Aprieto la mandíbula, incapaz de apartarme de su mirada fría y dura
mientras la ira en sus ojos claramente me deja saber que una follada
programada no estaba en el plan. Trago el nudo en mi garganta y sopeso
mis opciones. Hay una buena posibilidad de que Marcus no quiera que sus
hermanos sepan lo que pasó aquí y si doy su nombre, eso me pondrá en lo
más alto de su lista negra, pero no dar su nombre me pone en la parte
superior de la lista de Roman.
Demonios, ¿por qué estos hermanos siempre me ponen en situaciones
imposibles?
Supongo que la pregunta es, ¿a cuál le temo más?
Entrecierro la mirada y sacudo lentamente la cabeza, tratando de
invocar esa actitud ardiente que está enterrada en lo más profundo de mí.
—Ve e interroga a tus hermanos idiotas y déjame en paz. No hice una
mierda, solo obedecí órdenes como una buena secuestrada. Ahora, ¿por qué
no te apuras y vas a arruinarle el día a otra persona?
La bandeja plateada de comida apenas reconocible es arrojada a
través de la pequeña habitación, enviando lo que debe ser una patética
excusa para que la chatarra se estrelle contra la pared y caiga al suelo con
un ruido estrepitoso. Mi mirada fija permanece en Roman porque puedo
garantizar que nunca una maldita persona le ha hablado así y por una
buena razón.
Se precipita hacia mí y mis ojos se salen de mi cabeza. La última vez
que estuvo cerca de mí, terminé inconsciente, y estoy segura de que no
permitiré que esa mierda vuelva a suceder.
Se acerca a mí en el mismo instante en que mi mano sale de debajo
de mis sábanas y mientras su gran mano se enrosca alrededor de mi
garganta, el cuchillo olvidado de Marcus presiona contra la suya.
Me pone de pie, de modo que me quedo frente a él, mirándolo a los
ojos, sin siquiera darme cuenta, o preocuparme, de la hoja afilada
presionada contra su piel frágil y cálida. Debe ser un maldito gran hombre
ser tan descuidado con su propia vida, pero probablemente sepa que no
tengo las agallas para llevarlo a cabo.
—No estás en una maldita posición para hablarme así —gruñe, sus
palabras vibran a través de mi pecho mientras su aroma celestial me
consume—. Tienes que cuidarte.
—¿Cuál es el punto de ello? No es como si tuviera algo que perder —
arrojo mientras su otra mano se enrosca alrededor de mi muñeca y la aprieta
con tanta fuerza que no tengo más remedio que soltar el cuchillo en su
garganta.
El metal cae entre nosotros y se detiene a los pies de Roman y solo
entonces su mirada baja y capta la elegante curva del cuchillo de mango
rojo y la prístina hoja mate que brilla a la luz de la tarde.
El reconocimiento destella en sus ojos y así lo sabe.
Roman me suelta, dejándome caer de nuevo en mi cama y pateando
el cuchillo en la esquina de la habitación, pero sin hacer absolutamente
ningún intento de quitármelo.
—Aléjate de Marcus —se queja, con los ojos entrecerrados con
disgusto.
Me río, me enderezo en mi cama y golpeo mi espalda contra la pared,
manteniéndome lo más lejos posible de su alcance.
—¿Crees que lo pedí? ¿Que de alguna manera salí de este agujero de
mierda y lo perseguí como una maldita gata en celo? Tengo noticias para ti,
no soy yo quien necesita alejarse de Marcus. Todo esto depende de él.
Tengo un maldito buen punto y él lo sabe.
Su mirada severa persiste un momento más, todavía sin apreciar mi
tono descuidado, y luego, demasiado pronto, da la espalda y comienza a
caminar hacia la puerta.
—Espera —me apresuro a salir de la cama y me pongo de pie, sin
tener ni idea de lo que tengo que decir.
Todo lo que sé es que no puedo estar sola en esta cámara de tortura
por mucho más tiempo. Me estoy volviendo loca. Demonios, incluso
aceptaré la compañía de Roman antes que la mía.
Roman se detiene y gira lentamente para mirarme, su mirada enojada
dice mucho. No dice una palabra, solo me mira expectante, molesto porque
me atrevo a siquiera intentar preguntarle algo.
—Yo... umm —mi mirada se dirige a la esquina de la habitación donde
mis restos de comida yacen en una pila—. Tengo hambre. Necesito comida
y agua adecuada, no estos desechos repugnantes. Jugué tus estúpidos
juegos. Tú y tus hermanos me torturaron con ruido sordo y luego hicieron
que sus malditos lobos me acecharan por los pasillos de la mazmorra en
mitad de la noche. Dijiste que si te seguía el juego, sería recompensada.
Roman se burla y da un paso hacia mí, sus ojos se atenúan y al
instante me ponen nerviosa. Me estremezco cuando levanta la mano y pasa
suavemente los dedos por mi clavícula, rozando los leves moretones que su
hermano dejó en mi piel.
—¿Él hizo que te corrieras?
Me alejo, con el ceño fruncido mientras le devuelvo la mirada.
—¿Cómo es eso de tu incumbencia?
Su mano se mueve de mi cuello como un relámpago y se envuelve
alrededor de mi muñeca. Tira de mi hacia él y apenas me mantengo erguida
con el impulso.
—¿Hizo. Que. Te. Corrieras?
—Sí —bramo, mi otra mano sube y lo empuja con fuerza en el pecho,
intentando infructuosamente poner un poco de espacio entre nosotros.
—Entonces considérate recompensada —dice, sus ojos brillan con
una oscuridad siniestra, y me doy cuenta de que esta es su versión de un
gran “vete a la mierda”.
Aprieto la mandíbula y hago todo lo que puedo para no resoplar y
gemir como un niño delincuente, pero maldita sea, es difícil.
—La gente va a empezar a buscarme pronto —advierto—. No te vas a
salir con la tuya.
Roman se ríe, empujándome lejos de él hasta que estoy de pie en el
centro de la habitación, mirándolo, completamente indefensa.
—Nadie vendrá por ti, Shayne —se burla, su tono es bajo y lleno de
veneno mientras comienza a acecharme de nuevo—. ¿Crees que te
secuestramos de la nada? ¿Que no hubo absolutamente ningún
pensamiento en esto? Hemos estado planeando esto durante meses,
observándote, aprendiendo tu rutina.
Empiezo a retroceder, sus palabras son como un cuchillo siendo
apuñalado directamente a través de mi pecho.
—No. Te equivocas. Alguien vendrá.
—Te estás engañando a ti misma —murmura, su mirada es afilada
como daga—. La única persona que ha visitado tu apartamento en los
últimos tres meses ha sido el casero y hasta él quiere que te vayas. Tus
supuestos amigos en el club no te notan tal como eres. Estarán enojados
porque no te presentaste a tu turno y se obligaron a cubrirte. No tienes a
nadie, ni siquiera tu papá viene por ti. Eres tan buena como un muerto para
ellos. Sin embargo, probablemente no ayude que firmamos tu certificado de
defunción y que la noticia de tu muerte prematura salpique a todos los
medios de comunicación del país. Fue una muerte particularmente
desagradable. Créeme, nadie tiene la esperanza de que una cosita frágil
como tú pueda haber sobrevivido a eso.
Niego con la cabeza cuando mi espalda golpea la pared del fondo, ese
recuerdo lejano de cuando invadieron mi apartamento vuelve a mí. Levi y
Marcus se rieron de la historia que se filtraría a las noticias. Fue
horrible. Me habrían asesinado y dejado en una tumba poco profunda para
que un oso salvaje viniera y destrozara mi cuerpo. No habría quedado nada
más que tiras de piel.
—No te vas a salir con la tuya.
Roman da un paso hacia mí, su gran cuerpo al ras del mío mientras
su cabeza se inclina hacia abajo. La punta de su nariz roza mi mejilla
mientras su mano se enrosca alrededor de mi mandíbula, siguiendo la curva
hacia la nuca.
—Así es la cosa, emperatriz —murmura, con su tono bajo y mortal
mientras siento su cálido aliento rozando mi piel—. Nosotros ya lo hemos
hecho.
Capítulo 10
La oscuridad se apodera de mi habitación y, una vez más, tengo que
soportar la larga y aterradora noche solitaria. Solo que esta vez, no cometeré
un error tan estúpido como permitirme dormir.
Las palabras de Roman han dado vueltas en mi cabeza. Nosotros ya
lo hemos hecho. Pero tiene razón, se salieron con la suya. Estoy
jodida. Literalmente, nadie me está buscando. Demonios, este es el
comienzo de mi tercera noche y apuesto a que ni una maldita persona se da
cuenta de que me he ido, aunque la noticia que se publicó sobre mi muerte
seguro que no ayudaría. El mundo ya piensa que estoy muerta, así que, ¿por
qué intentarían siquiera buscarme? Incluso hay un certificado de defunción
firmado y todo.
Ya me han olvidado.
Tiene que ser bien pasada la medianoche y me encuentro mirando al
techo. La pesada cadena todavía cuelga del techo, sin embargo, Roman tomó
el gancho que colgaba de la parte inferior, aunque no tengo ni idea de por
qué. No es como si pudiera haber hecho algo con eso. Habría sido más
inteligente si se llevara la cadena, pero en realidad, una cadena tan grande
sería demasiado pesada para que yo la moviera de todos modos. Entonces,
en lugar de pasar la tarde tratando de descubrir cómo usarla a mi favor,
pasé mis largas y solitarias horas usando el cuchillo de Marcus para
destrozar su camisa en un millón de pedazos pequeños.
El cuchillo ha permanecido en la palma de mi mano desde que el
segundo Roman salió furioso de aquí, y todo lo que he podido hacer es
pensar en cómo me gustaría dejarle una cicatriz a juego para el otro ojo. Sin
embargo, pensar así solo va a excitar a estos bastardos.
Maldito infierno.
Me pongo de pie y empiezo a caminar por la pequeña habitación
mientras me invaden olas de ira incontrolable. Tengo que salir de
aquí. Tengo que... maldición. Ni siquiera lo sé. Esto es demasiado. Ese
pequeño rayo de esperanza que ardía brillantemente dentro de mi pecho se
apagó y se convirtió en cenizas.
No tengo nada. Estoy condenada a vivir el resto de lo que será una
vida corta, sufriendo a manos de los hermanos DeAngelis.
La devastación descansa pesadamente sobre mis hombros y caigo de
rodillas, sintiéndolos rozar contra la piedra desigual debajo de mí. Mi cabeza
cae entre mis manos mientras las lágrimas comienzan a llenar mis ojos y a
correr por mis mejillas. Pesados sollozos brotan de lo más profundo de mi
pecho y apenas tienen la oportunidad de brillar antes de que la puerta se
abra y los tres hermanos entren en la habitación.
Mi cabeza se levanta de golpe cuando el miedo se dispara a través de
mí, mis ojos llorosos empañan todo lo que me rodea.
Se apresuran hacia mí mientras observo sus sudaderas con capucha
negras y máscaras aterradoras que cubren completamente sus rostros. Mi
grito desgarrador resuena a través de la habitación, rebotando en las
paredes y resonando por el largo pasillo. Unas manos me agarran y trato de
distinguir quién es quién, pero la oscuridad es demasiado dura, demasiado
implacable, y la usan para su beneficio. Sus rasgos distintivos están ocultos,
dejando nada más que sus ojos inquietantes que me ruegan que intente
luchar contra ellos.
Intento apartarme, pero sus dedos en mi piel son como tenazas
apretadas, imposibles de mover mientras me arrancan del suelo. Se
escuchan ruidos a mi alrededor y todo sucede muy rápido. Apenas estoy de
pie cuando una bolsa negra cae sobre mi rostro y una mano se atasca en mi
espalda, empujándome hacia la puerta.
Mis pies luchan por seguir el ritmo de sus largas zancadas mientras
trato de gritar, pero ¿cuál es el punto? Nadie puede oírme, y estoy segura de
que nadie vendrá. Unos dedos se clavan en mis brazos y, sin previo aviso,
me levantan del suelo lo suficiente como para que los dedos de mis pies se
arrastren por la piedra mientras los hermanos suben las escaleras.
Soy liberada con un ruido sordo, lo único que me mantiene de pie es
la mano que me empuja en la parte baja de la espalda.
—¿A DÓNDE ME LLEVAS? —grito, el pánico en mi tono es tan claro
como el día.
La única respuesta que obtengo es un apretón de sus dedos
clavándose en mi piel y un fuerte empujón. El sonido de sus pies contra la
piedra cambia y, de repente, un suelo liso y fresco golpea la planta de mis
pies. Debemos estar en el espacio que declaré un viejo salón de baile,
suponiendo que los chicos me lleven en la misma dirección que Levi me llevó
la noche de la cena. Aunque he llegado a aprender rápidamente a no hacer
suposiciones.
Mi corazón se acelera a un millón de kilómetros por hora,
preguntándome qué diablos planean hacerme cuando me tiran
violentamente hacia la izquierda. Me tropiezo con uno de los chicos que
rápidamente me empuja para ponerme de pie.
—Cuidado —un tono profundo retumba a través de la habitación, el
sonido rebota en las paredes y me hace saber que debemos estar en un gran
espacio vacío, probablemente muy similar al salón de baile. Aunque no
tengo idea si el comentario estaba dirigido a mí o a uno de los hermanos.
El sonido se desvanece rápidamente mientras sigo dando tumbos por
su casa, aterrorizada por lo que han planeado para mí esta noche. Soy
dirigida con brusquedad hacia la izquierda nuevamente y después de unos
pocos pasos, salgo volando hacia la derecha, las manos apenas me
sostienen.
La desorientación se arremolina en mi cabeza y rápidamente me doy
cuenta de que los chicos no quieren que sepa dónde estoy en su casa, pero
eso está más que bien para mí. No tengo absolutamente ninguna intención
de aprender nada sobre este lugar.
Caminamos en círculos, subiendo y bajando escaleras, a través de
habitaciones alfombradas y sobre fríos azulejos antes de pasar a viejos pisos
de madera. Algunas habitaciones son más frescas que otras, mientras que
en otras se siente como si una chimenea caliente hubiera estado
funcionando toda la noche, pero finalmente, me detengo.
Los nervios recorren mi cuerpo y tengo la abrumadora necesidad de
hacer un descanso y correr por mi vida. Estaba bien con caminar. Cuando
estoy caminando, eso significa que todavía tengo tiempo, pero parar… eso
solo puede significar una cosa. Mi tiempo se terminó.
Un fuerte chillido interrumpe el silencio y mis rodillas
tiemblan. Suena como una especie de puerta antigua, pero antes de que
pueda descifrarlo, una ráfaga de aire frío me golpea y me empujan a través
de una abertura.
Una brisa fuerte sopla en el aire y el sonido familiar de ramas y hojas
susurrando en el viento me dice que me acaban de arrojar por una puerta.
Mi espalda se endereza mientras la más mínima esperanza revolotea
a través de mi cuerpo. ¿Me han escuchado? ¿Finalmente me dejarán ir?
Me empujan con fuerza justo cuando las manos en mis brazos me
sueltan y me estrello contra el duro suelo. Mis manos salen volando y me
sostengo, cortándome las palmas en el proceso, pero esa es la menor de mis
preocupaciones.
Me doy la vuelta, no me gusta la idea de los chicos detrás de mí y
arranco la bolsa negra de mi rostro. Los tres hermanos se ciernen sobre mí,
mi posición desde el suelo sucio los hace parecer gigantes. Sus severas
miradas están fijas en mí, pero con esas espeluznantes máscaras negras, es
imposible leerlas.
El hermano en el medio da un paso hacia mí y retrocedo, mis talones
empujan la tierra mientras rápidamente tomo nota de mi entorno. Estoy en
una especie de jardín descuidado, pero no se parece a nada que haya visto
antes.
El hermano sigue moviéndose hacia mí mientras los otros dos
flanquean sus costados, moviéndose como uno solo.
—¿Qué... qué estás haciendo?
Me escabullo, con los ojos muy abiertos mientras observo su pequeño
acto espeluznante y trato desesperadamente de alejarme.
Se paran justo enfrente de mí y trago saliva cuando el del medio se
agacha.
—Querías ser libre, ¿verdad? —pregunta, la oscuridad hace imposible
distinguirlo por sus ojos, pero el tono ronco de su voz es inconfundible.
Roman.
No me molesto en responder, sabiendo que esto tiene que ser algún
tipo de juego. No hay forma de que estén a punto de dejarme ir. Mi mirada
se mueve entre los hermanos antes de volver a la de Roman. Este es
claramente su momento de brillar, y algo me dice que va a hacer que valga
la pena.
—Me gusta pensar que somos el tipo de hombres que le dan a una
mujer bonita lo que quiere, así que estamos preparados para hacer un trato
contigo.
Mi espalda se pone rígida, sentándome más derecha.
—Mira a tu alrededor, Shayne. ¿Ves dónde estás?
Frunzo el ceño y a regañadientes aparto mi mirada de la de Roman,
miro alrededor del jardín cubierto de vegetación y rápidamente me doy
cuenta de que es mucho más que arbustos cubiertos de vegetación. Es un
maldito laberinto. Es como una escena de Harry Potter y el Cáliz de Fuego,
pero más espeluznante, y recuerdo que Cedric Diggory nunca salió con vida.
—¿Qué es esto? —pregunto, alejándome discretamente de él, aunque
en realidad no hay nada discreto en ello. Sigue cada movimiento que hago y
se ajusta para mantener la ventaja.
—Mis hermanos y yo hemos estado hablando —dice, sus ojos brillan
con una risa diabólica—. Entendemos que este pequeño arreglo no es para
todos y has dejado bastante claro que no está dispuesta a jugar nuestros...
juegos, por lo que estamos preparados para hacer un trato contigo.
Entrecierro los ojos, sin confiar en una maldita palabra de lo que
dice. Todo este acto de compromiso del tipo bueno no está bien y no me
sienta bien. Él está mintiendo. Me secuestraron. Entraron a mi casa y me
sacaron de mi apartamento. Son los asesinos más notorios del país y
ciertamente no son conocidos por lo complacientes que pueden
ser. Entonces, ¿por qué diablos irían y me ofrecerían un trato? Esto tiene
que ser una trampa, pero ¿cuál es su ángulo?
Con cautela levanto mis pies debajo de mí y con mi mirada fija en la
de Roman, me paro sobre mis piernas temblorosas. Imita mis movimientos
hasta que nos paramos cara a cara, solo su impresionante altura lo tiene
por encima de mí.
—¿Un trato? —cuestiono.
Él asiente tan levemente que podría estar imaginándolo.
—Si puedes encontrar la manera de salir de nuestro laberinto,
entonces eres libre de irte —dice mientras Levi y Marcus se acercan
lentamente, sus intentos de ser discretos se van a la basura.
—¿Libre para irme? —repito, mi ritmo cardíaco aumenta cada
segundo—. ¿Solo tengo que salir y me dejarás ir? ¿Viva?
—Mmhmm —dice, sus ojos se oscurecen mientras deja caer la
barbilla, haciéndolo parecer una maldita imagen de una película de terror—
. Eso es lo que dije, ¿no?
Mi estómago se retuerce mientras lentamente doy un paso atrás.
—¿Cuál es el truco? —pregunto con mi voz temblorosa mientras
observo con cautela la forma en que los tres comienzan a moverse hacia mí,
acechándome como una presa—. No creo que me dejes ir.
—El problema es que —dice Roman, sus ojos generalmente inertes
cobran vida cuando escucho la sonrisa maliciosa en su tono—, es mejor que
corras rápido.
Maldición.
Giro sobre mis talones y despego como un maldito cohete.
No hay duda de que no es tan fácil como parece. Hay una trampa, una
trampa asquerosa que se me escapa, pero no me arriesgo a dar vueltas para
descifrarla. Es un jardín laberinto después de todo, así que todo lo que tengo
que hacer es ser más rápida que ellos y debería estar bien. Sólo tengo que
encontrar mi camino a través de él primero.
La apertura del laberinto pasa a mi lado mientras mis pies descalzos
golpean contra el suelo frío y duro. Las ramas cubiertas de maleza arañan
mis brazos y los tobillos, pero me abro paso a través de ellas, decidida a
acabar con esto. Demonios, si no puedo encontrar la salida, al menos podría
encontrar un lugar para esconderme y esperarlos.
La esperanza se eleva en mi pecho y me empuja más rápido. Podría
salir de aquí esta noche. Podría ser libre.
El laberinto es grueso y mide el doble de mi altura, por lo que es
imposible intentar trazar un camino. Tengo que confiar en mis sentidos, y
en este momento, no están diciendo mucho, solo seguir corriendo y poner
la mayor distancia posible entre los hermanos y yo.
Aparte de mis pies golpeando contra el suelo duro y mis rápidos y
agudos jadeos mientras corro, el laberinto está en silencio. No hay susurro
de arbustos, ningún sonido familiar de la noche, ni búhos ni siquiera una
suave brisa, solo un silencio sepulcral.
El inquietante pensamiento de que esto es una especie de cementerio
para los muchos asesinatos de los hermanos se filtra a través de mi mente,
helando mi sangre mientras los escalofríos recorren mi columna
vertebral. Empujo el pensamiento a un lado, pero con cada paso que doy, la
imagen de manos zombificadas disparadas a través del suelo sucio y
capturando mis tobillos atormenta mi mente.
La pequeña esperanza de libertad es como un faro que brilla
intensamente dentro de mí, manteniéndome en marcha a pesar de la falta
de energía que late en mis venas. No he comido adecuadamente en tanto
tiempo que mi energía se agota rápidamente, pero mi determinación de
encontrar la libertad me mantiene en marcha.
El silencio me consume, robándome hasta el último gramo de cordura
que me queda mientras trato de abrirme camino a través del laberinto. Voy
a la izquierda y a la derecha antes de llegar a un callejón sin salida y
retroceder, solo para seguir por un camino que ya he recorrido.
Sigo adelante, pero esta vez tomo la segunda a la derecha en lugar de
esperar a la tercera, y cuando doy la vuelta, mi mirada se desplaza hacia
arriba y veo la enorme casa en todo su esplendor con la luz de la luna
brillando contra ella.
Es un espectáculo inquietante y casi me odio a mí misma por tener
razón... Bueno, sobre todo por tener razón. No es técnicamente un castillo,
pero es lo más parecido a él. El hogar de los niños parece una mansión
gótica de estilo Tudor del siglo XVI, completa con las gárgolas en sus
picos. Enredaderas viejas se enrollan alrededor de las paredes de la mansión
y la mayoría de las ventanas están protegidas con rejas. Debe haber cientos
de habitaciones adentro.
Estoy jodida. Tan malditamente jodida.
Diez minutos se convierten en veinte y antes de darme cuenta, estoy
segura de que he recorrido todos los caminos posibles. Las lágrimas brotan
de mis ojos y mientras caen por mi rostro, me esfuerzo, pero cada segundo
que pasa, ese pequeño faro de esperanza dentro de mí comienza a disminuir,
su luz brillante se apaga y me dice que fui una tonta por permitirme
esperanza de un futuro.
Me doy la vuelta por millonésima vez y sigo intentándolo. Mi ropa está
rasgada y mis brazos, rostro y pies están cortados por las ramas sueltas y
crecidas, pero estoy decidida a no rendirme. Debo haber olvidado algo.
Estoy en lo más profundo del laberinto y mi cerebro está frito. Ni
siquiera puedo recordar en qué dirección me di la vuelta o cómo volver al
punto de partida. Mi pecho duele por la falta de aire y me duelen los pies
por el suelo irregular. He corrido más de lo que he hecho en mi vida. Si
hubiera sabido que correr descalza por laberintos espeluznantes en medio
de la noche estaba en mi futuro, al menos habría ido al gimnasio un par de
veces para prepararme.
Un susurro en los arbustos a mi lado me hace detenerme cuando un
escalofrío me recorre. Hasta entonces, este laberinto estaba en silencio. Una
rama que se rompe a mi derecha me hace girar rápidamente, pero otro
crujido en los setos detrás de mí me hace girar en un círculo completo.
Están aquí conmigo.
—¿Estás perdida? —pregunta un susurro inquietante frente a mí, la
abrumadora oscuridad hace imposible señalar exactamente dónde están—
. Puedo ayudarte.
Voy a mi derecha, arrastrándome por el laberinto en la dirección
opuesta a los ruidos que escuché mientras trataba desesperadamente de
enmascarar mi respiración agitada. Si no puedo verlos, es muy probable que
ellos tampoco puedan verme, pero sería una tonta si fuera tan ingenua.
—No seas así —susurra otra voz a través de los espesos arbustos—
. No morderemos... mucho.
Un comentario como ese tiene que haber venido de Marcus, pero no
estoy dispuesta a quedarme para averiguarlo.
Despego en otro sprint, pero esta vez, el silencio ya no existe. El
susurro de las hojas me sigue, viniendo de todos los ángulos, ramas
rompiéndose y pies golpeando contra el duro suelo.
Doblo una esquina solo para encontrar una figura sombría
esperándome al final, obligándome a retroceder mientras el miedo me
atraviesa. Cada paso que doy, en cada giro que doy, están allí, esperando
que caiga en su trampa.
El sonido familiar de las patas acolchadas golpeando contra el suelo
duro hace que mi espalda se enderece por el miedo. Debería haber sabido
que involucrarían a sus lobos en esta mierda, pero mientras me acechan
por el laberinto, algo me dice que los hermanos tienen a estos animales
entrenados. No me van a hacer daño a menos que se lo pidan
específicamente. En sus pequeñas cabezas de animales, probablemente solo
estén saliendo a correr con sus retorcidos amos.
El susurro continúa, acercándose más y más mientras escucho mi
nombre susurrado a través de los espesos arbustos, desafiándome a
rendirme, desafiándome a acercarme un poco más. Los siento allí, los siento
cerca, pero están escondidos entre los arbustos, atormentándome y
convirtiendo mí ya frágil mente en un completo desastre.
La desorientación se apodera de mí y no tengo ni idea de adónde ir,
pero cuando tomo el siguiente camino a la izquierda y tropiezo con una rama
baja, caigo al suelo, lastimando mis codos.
El agotamiento rápidamente me alcanza y en cuestión de segundos,
un enorme lobo se cierne sobre mí, con su mirada intensa e intimidante
clavada en mí, listo para atacar en cualquier momento.
El terror me invade y me quedo quieta mientras la vista de sus dientes
afilados tiene un millón de pensamientos corriendo por mi mente, todo
relacionado con la rapidez con la que podría desgarrarme la garganta, pero
no es suficiente para mantener a raya los sollozos.
Mi cabeza cuelga entre mis manos mientras ese pequeño faro de
esperanza desaparece por completo, ayudándome a finalmente darme
cuenta de que no importa lo que haga o lo que prometan los hermanos,
nunca habrá libertad para mí.
Lucho por recuperar el aliento mientras el lobo me mira con
cautela. Está tan quieto como las gárgolas en el techo de la mansión, eso es
hasta que una figura encapuchada da la vuelta a la esquina con el otro lobo
justo a su lado.
Camina hacia mí y con un simple movimiento de su muñeca, el lobo
que se cierne sobre mí se retira hacia su amo.
Ambos lobos se sientan y mientras el hermano encapuchado sigue
moviéndose hacia mí, los otros dos hermanos comienzan a moverse desde
diferentes direcciones, sin detenerse hasta que estoy completamente
rodeada.
El hermano directamente frente a mí se agacha, se quita lentamente
la capucha y empuja la máscara sobre su rostro para revelar el rostro
diabólico debajo.
Roman. ¿Por qué no estoy sorprendida?
Los dos hermanos de cada lado no se molestan en revelar sus rostros,
pero ¿cuál es el punto? No es que no sepa quiénes son.
Roman niega con la cabeza, sus ojos arden de furia.
—Rompiste nuestra regla número uno —dice, mientras su tono
condescendiente escuece mi piel.
No corras.
—No —me apresuro a decir, mientras las lágrimas manchan mi
rostro—. No es justo. Me dijiste que corriera. Me dijiste que me dejarías ir si
encontraba el final. Yo... yo... —Me doy cuenta y mis ojos se abren con
horror, el temor se hunde pesadamente en mi pecho—. Este maldito
laberinto no tiene fin, ese es el maldito truco, ¿no?
Los ojos de Roman brillan de risa y así, sé que tengo razón. Hice lo
que querían. Permití que me dieran esperanza, solo para que me la arrojaran
en mi rostro. Tontamente confié en su palabra y creí que si seguía
intentándolo, encontraría el final del laberinto. Incluso después de buscar
todo, nunca me detuve a pensar que estaba mintiendo. Supongo que eso es
lo que gano por permitir que uno de los hermanos DeAngelis me dé
esperanza.
—Eres un imbécil —grito, la devastación me invade rápidamente.
Roman solo sonríe, sus ojos brillan como si acabara de pasar el mejor
momento de su vida, ni siquiera hay una pizca de culpa en su mirada
oscura.
El tono familiar de Levi rompe el silencio a mi derecha y mi cabeza
gira en su dirección.
—Rompe nuestras reglas, pequeña, y debes ser castigada.
La risa desgarradora de Marcus hace eco a través del laberinto
mientras me pongo de pie y las lágrimas se niegan a calmarse.
—No —grito, mi tono impotente rompe mi propio maldito corazón
mientras mi cabeza da vueltas, la falta de agua y energía rápidamente
comienza a reclamarme—. Jugué tu estúpido juego. Dijiste que me podía
ir. Yo... hice todo bien.
—¿Pero lo hiciste?
Roman se ríe, moviéndose alrededor de mí mientras mi cuerpo se
balancea. Se inclina hacia mí, su cálido aliento roza mi piel húmeda. Su voz
desciende, adquiriendo una oscuridad que nunca antes había
experimentado de ninguno de ellos.
—No te dejes engañar, emperatriz. Nunca serás libre.
Y con eso, me derrumbo de nuevo en el suelo, ninguno de los
psicópatas obstinados y retorcidos a mi alrededor se atreve a atraparme.
Capítulo 11
La suave almohada debajo de mi cabeza es la primera señal de que
algo no está bien. La almohada en mi cámara de tortura es notoriamente
dura. Es una mierda, y la que se encuentra debajo de mi cabeza ahora es
como un maldito sueño, es algo que incluso después de un millón de turnos
en el club, aún no podría permitirme pagar.
Mis ojos se abren de golpe y me encuentro en un dormitorio grande,
la cálida luz del sol entra a raudales a través de la habitación con los pájaros
cantando alegremente fuera de la ventana.
De acuerdo, tal vez morí anoche. Tal vez el laberinto retorcido y jodido
fue el final de mi historia porque esto no tiene sentido. No me
malinterpreten, este universo alternativo en el que me despierto en una
cama enorme y cómoda, con calidez y sol es un millón de veces mejor que
la cámara de tortura, pero está jodiendo con mi cabeza. La única explicación
lógica es que finalmente me mataron, y ahora estoy aquí, en este… No sé.
Tal vez esta es una forma extraña de reencarnación o tal vez esta es mi
versión del cielo, en donde simplemente vivo con estilo. Quién sabe. Aunque,
si estoy muerta, supongo que debería estar agradecida de que lo hayan
hecho mientras estaba desmayada. No sentí nada.
Me siento y la manta cae hasta mi cintura, mostrando los cortes
superficiales y los moretones a lo largo de mis brazos y enviando una ola de
decepción a través de mí. Seguramente si estuviera muerta he ido al cielo,
los cortes y moretones habrían desaparecido mágicamente, ¿verdad?
Eso solo deja una opción y no me gusta.
Mi mirada recorre el gran dormitorio. Es moderno e impersonal. No
hay imágenes, ni obras de arte, nada que indique que alguien haya vivido
aquí antes. Es como entrar en la habitación de un hotel hospitalario…
aunque es una habitación de hotel elegante, no una de esas de mierda que
dan urticaria.
Mis pies recorren con cautela el suelo y miro hacia la puerta,
observándola con desdén antes de levantarme de la cama. Me duelen las
piernas por el infierno de anoche, pero seguro que eso no me impide cruzar
corriendo la habitación y buscar a tientas la cerradura hasta que escucho
el dulce sonido que chasquea en su lugar.
Dudo que algo como un pequeño seguro sea suficiente para mantener
alejados a los hermanos DeAngelis, pero por ahora, me da la tranquilidad
suficiente para que sea un poco más fácil respirar.
Aterrorizada de que de alguna manera lo sepan, mantengo mis ojos
en la puerta mientras retrocedo lentamente, llevándome más adentro de la
habitación nuevamente. Cuando estoy segura de que no van a entrar aquí,
quito la mirada de la puerta.
Miro alrededor y me encuentro moviéndome hacia la amplia ventana.
Descansando mis manos contra la pequeña repisa, miro hacia afuera, un
suave jadeo saliendo de lo más profundo de mi pecho. Estoy en lo alto,
suficientemente alto. Es un fuerte contraste con la vista desde la ventana
de mi cámara de tortura, no es que sea lo suficientemente alta como para
ver por esa ventana. Aunque si pudiera, dudo que vería algo bueno.
Me siento como una maldita princesa encerrada en una torre,
esperando a que un príncipe me salve. Solo que en mi historia, no existen
los héroes. No hay esperanza para mí.
Esta ventana me permite ver millas a la distancia. No hay ningún
laberinto a la vista, así que asumo que está en la otra mitad de la propiedad
que no puedo ver, pero la parte que puedo ver solo demuestra cuán jodida
estoy realmente. No hay otras propiedades a la vista, solo enormes campos
abiertos con jardines bien cuidados. Un camino tortuoso se extiende sobre
las montañas, y más lejos, no hay nada más que un bosque cubierto de
maleza. No es de extrañar que los hermanos DeAngelis nunca hayan sido
atrapados. Su casa está tan escondida que dudo que alguien sepa que existe
esta propiedad. Estoy más lejos de la civilización de lo que podría haberme
dado cuenta.
Un aullido suave hace que mi mirada se desplace hacia el campo
abierto, y observo con asombro cómo un gran lobo negro corre a través de
la hierba bien cuidada a velocidades que apenas puedo comprender. Un
segundo lobo se une a él, y por un momento, estoy completamente
hipnotizada por la vista.
No hay duda al respecto, los lobos son increíbles. Son hermosos de la
manera más intrépida. Son aterradores, y solo pensar en lo que podrían
hacer me atormenta, pero no puedo mentir, son criaturas impresionantes,
como sus dueños psicópatas. Es apropiado, supongo.
Los lobos cubren kilómetros en poco tiempo y, antes de darme cuenta,
están desapareciendo en el espeso bosque, probablemente para pasar el día
cazando criaturas indefensas.
Un escalofrío me recorre la espalda ante la sola idea y me aparto de la
ventana. Mirar el espacio abierto no me ayudará a salir de aquí, solo
muestra lo difícil que sería escapar. Demonios, tal vez por eso los hermanos
me han escondido aquí. Me encanta su dedicación a la causa.
Un suave golpe resuena a través de las paredes, mucho más fuerte
que las veces que lo he escuchado en mi pequeña mazmorra. El pequeño
baterista debe estar cerca. Todavía no he descubierto cuál de todos es, pero
mi instinto me dice que es Levi. Roman es demasiado… imbécil para dedicar
su tiempo a perfeccionar algo que no resulte en una decapitación, mientras
que Marcus es simplemente… Marcus. Además, estuvo en mi cámara de
tortura mientras aquí tocaban la batería. Lo descarté hace años.
Sin nada que hacer, vuelvo a la ventana y contemplo la vasta nada,
deseando desesperadamente poder ser más fuerte.
Una hora se convierte en dos antes de que la broma pase de moda y
mi frustración me reclame. Estoy sucia, adolorida, cansada y enfadada.
Estoy harta de su mierda, de sus juegos y de este estúpido castillo retorcido.
Daría cualquier cosa por volver a casa, por oler el aire fresco, demonios, solo
por oler los cuerpos sudorosos frotándose unos contra otros en el club en el
que trabajo, al menos, creo que todavía trabajo allí. Probablemente ya me
han despedido por no presentarme a mis turnos. Suponiendo que no hayan
oído las noticias sobre mi prematura muerte. Apuesto a que mi arrendador
se lo ha pasado muy bien husmeando en el cajón de mi mesita de noche y
limpiando mis cosas.
Quizá no me convenga salir de aquí. Probablemente ya no tengo
hogar, no tengo trabajo, ni dinero, ni adónde ir. Al menos tengo un techo
sobre mi cabeza en mi cámara de tortura. Aunque conociendo mi suerte, los
hermanos probablemente comenzarán a exigirme que de alguna manera
pague el alquiler.
¿Qué diablos se supone que debo hacer?
Comienzo a caminar de un lado a otro de mi habitación, solo que con
cada paso que doy, me encuentro más y más cerca de la puerta, hasta que
mis dedos se enroscan alrededor de la manija y estoy de pie preguntándome
qué diablos estoy haciendo. No puedo quedarme aquí más, esperando que
aparezcan sin previo aviso y jueguen su retorcido juego otra vez.
¿Cuándo más podría tener la oportunidad de husmear en su estúpido
castillo? Es mediodía, los golpes en la batería todavía suenan fuerte y
orgullosos, y no he oído nada de los otros dos. Ahora podría ser la única
oportunidad que tenga de averiguar qué tipo de secretos guarda este lugar.
Tomo un respiro tembloroso, giro la manija y empujo mi cabeza hacia
el largo pasillo. La luz del sol entra a raudales desde una enorme ventana al
final, acumulando cada pequeña partícula de polvo en la vieja mansión, y si
no estuviera tan asustada, incluso podría tomarme un momento para
apreciar cuán verdaderamente hipnótica es la vista.
Hago una pausa por un momento, mirando a la izquierda y luego a la
derecha antes de salir al pasillo. Me dirijo hacia la derecha, siguiendo el
sonido de los golpes a pesar de que mi instinto me dice que vaya en la
dirección opuesta. El tamborileo tiene que provenir de lo más profundo del
castillo, pero es casi imposible decirlo con seguridad, así que en lugar de
eso, empiezo a aprender el diseño de la propiedad.
Giro a la izquierda y luego a la derecha, espiando en tantas
habitaciones abiertas como puedo ver. La mansión es enorme y sinuosa, y
hasta ahora, estoy bastante segura de que me he encontrado con al menos
cuatro aberturas de túneles secretos y ni siquiera he llegado a la planta baja
todavía.
Cada nivel es único a su manera, algunos de ellos parecen tener al
menos un millón de años, mientras que otras partes parecen haber sido
remodeladas recientemente. Demonios, hay algunas habitaciones que
todavía están en las fases intermedias.
Los hermanos están claramente tratando de hacer de este lugar suyo,
pero algo me dice que su lucha entre el ambiente gótico centenario del
castillo y clínica moderna es una mierda. Si fuera por mí, diría que lo antiguo
gótico les sienta bien.
Paso al menos treinta baños, algunos se ven atractivos y me tientan
con una ducha caliente, mientras que otros me hacen arrugar el rostro con
disgusto. Hay innumerables dormitorios, oficinas, cocinas, lavanderías y
espacios habitables. Es casi imposible averiguar cuáles usan realmente los
chicos.
Llego hasta la planta baja y paso por el comedor principal donde los
hermanos se habían presentado formalmente y hablado sobre sus reglas
retorcidas. Ahí es cuando se me ocurre que no he escuchado el golpeteo
familiar de la batería en un sólido minuto.
Mi espalda se pone rígida y me detengo en la puerta, observando lo
que me rodea, no solo las cosas que realmente puedo ver. Mi mirada se
desplaza de izquierda a derecha antes de volver sobre mi hombro y darme
cuenta de que no estoy sola, y no lo he estado desde hace bastante tiempo.
Mi espalda se aplasta contra la madera cuando me giro para
encontrarlos, escondidos en los rincones más oscuros y tenebrosos de la
habitación. Luego, como uno solo, los tres hermanos salen, cada uno desde
diferentes rincones de la habitación y cada uno luciendo como mi peor tipo
de pesadilla.
Se dirigen hacia mí en completo silencio, sus zapatos apenas tocan el
suelo mientras se mueven. Es espeluznante como el infierno, y me hace
desear poder volver a hundirme en la pared y desaparecer para siempre.
Levi es el más cercano y no se detiene cuando da un paso hacia mí, sus
dedos encallecidos instantáneamente se enroscan alrededor de mi garganta
mientras su pulgar fuerza mi barbilla hacia arriba y sacude mi cabeza para
encontrar su mirada salvaje.
Su cabeza está inclinada y esos ojos oscuros y espeluznantes parecen
sumergirse directamente en los míos para leer cada maldito pensamiento
que he tenido. Él se eleva sobre mí, y aunque mi mirada está fuertemente
enfocada en la suya, todavía soy consciente de dónde están exactamente
sus hermanos en la habitación.
Mi corazón se acelera y no dudo que puede sentirlo a través del pulso
en mi cuello, aunque incluso si no pudiera, lo sabría. Es ese tipo de persona.
Se excita con la idea del miedo. Está jodido en todos los sentidos, pero
maldita sea, le queda bien.
—¿Qué crees que estás haciendo? —gruñe lentamente, su tono
profundo vibra a través de mi pecho mientras pronuncia cada palabra
lentamente y con intención, asegurándose de que no me pierda lo fuera de
lugar que estoy en este momento.
Mi mirada se desvía hacia Roman y Marcus, quienes me observan con
miradas severas y entrecerradas, y rápidamente me doy cuenta de que, una
vez más, estoy en el desierto defendiéndome por mí misma. El fuerte agarre
de Levi tira de mi barbilla, obligándome a mirarlo de nuevo y, a juzgar por
el gruñido agudo en la parte posterior de su garganta, no apreció el hecho
de que me atuviera a mirar hacia otro lado.
—Yo… yo…
Su agarre se aprieta en mi garganta, haciéndome imposible
pronunciar más palabras, pero algo me dice que no está interesado en
escucharme mientras me arrastro por el perdón.
—Te recompensamos permitiéndote quedarte en una habitación,
dándote comida y agua, ropa nueva y acceso a un baño y ¿así es como nos
pagas? Traicionaste nuestra confianza.
Mis ojos casi se salen de las órbitas y antes de que me dé cuenta de
lo que estoy haciendo, mis manos se estrellan contra su pecho. Retrocedo,
arrancando mi barbilla de su fuerte agarre.
—¿La traicioné? —Me río, sabiendo que de ahora en adelante, no voy
a poder controlar una maldita cosa que sale volando de mi boca—. En serio
estás jodido de la cabeza.
Un gruñido enojado sale por encima del hombro izquierdo de Levi y
mi mirada instantáneamente se dirige hacia Marcus.
—Cuidado —advierte—. Estás a dos segundos de encontrarte en el
foso de los leones, y créeme cuando te digo que ese es un lugar del que jamás
regresarás.
Me burlo de sus comentarios.
—Oh vaya, otra amenaza de muerte. ¿En serio? Tienes que encontrar
un poco más de originalidad con tu mierda. Se están volviendo ridículos o,
al menos, poco imaginativos y dudosos. Vamos, son los famosos hermanos
DeAngelis. ¿Cuándo van a actuar realmente como tal? Están defraudando
al sistema. Todo el país está bajo la creencia de que ustedes son estos
terribles y monstruosos asesinos en serie y que lo mejor que se les ocurre
es una guarida de leones de la que nunca volveré. ¡Dios! ¿De qué hemos
estado todos tan asustados?
Los ojos de Marcus se entrecierran con rabia y trato con todo lo que
tengo de no imaginar la forma en que su cuerpo esculpido se movió mientras
me follaba hasta la sumisión, así que vuelvo mi atención directamente a Levi
antes de comenzar a rogar por más.
—Dime —pregunto, apretando la mandíbula y levantando la barbilla
en desafío, más que lista para empujarlos a los tres al límite. Me acerco un
poco más, sabiendo lo peligroso que es este pequeño juego, pero no estoy
dispuesta a ceder—. ¿Cómo diablos puede alguien traicionarte si nunca
tuviste su lealtad para empezar?
Roman se acerca más mientras Levi me mira fijamente, con la
mandíbula tensa mientras la furia sale de él en oleadas.
—¿Tengo recordarte que somos tus dueños? No necesitamos ganarnos
tu lealtad, tenemos derecho a ella. Es nuestra tanto si quieres
proporcionarla como si no.
Pongo los ojos en blanco, sabiendo que su paciencia se está agotando
rápidamente, pero que se jodan. Una cosa es ser su pequeña perra
secuestrada, me niego a ser también su pequeña mascota.
—Aclaremos una cosa. Estoy siendo rehén aquí. No soy tu amiguita
que ha venido de visita. Me secuestraste, y eso seguro que eso no te da
derecho a reclamarme como tu propiedad. Yo soy mi propia dueña, nadie
más. Al diablo con el pequeño trato que hiciste con mi padre, eso es entre
tú y él. No tiene nada que ver conmigo, y si quieres cobrarle, entonces
puedes quitarle algo que le pertenezca porque eso no soy yo. Así que, seamos
claros, no me importa lo que digas, qué pequeñas cosas dulces que tú y tus
hermanos quieran susurrarme al oído, si tengo la oportunidad de arruinar
su jueguecito, la tomaré. No. Les. Pertenezco. Y seguro que no les debo mi
lealtad.
Con eso, doy media vuelta y me adentro más en el comedor mientras
los tres idiotas psicópatas se paran en la puerta preguntándose dónde
diablos me sale el coraje de hablarles así, pero maldita sea, no voy a mentir,
se siente bien.
Me dirijo a la gran mesa del comedor y dejo caer mi trasero en el
asiento que Roman había ocupado la otra noche e instantáneamente
empiezo a servirme lo que asumo es el almuerzo. No es exactamente mi
comida favorita, pero después de no haber comido nada bueno en los
últimos días, estará bien.
No me molesto en mirar hacia arriba ya que sus intensas miradas
seguramente me aterrorizarán, y mientras no haya un cuchillo apuñalado
en mi pecho, entonces me considero a salvo. Además, podría estar
alucinando, pero estoy bastante segura de que Levi dijo que me ofrecieron
comida, agua y un baño por ser tan buena sobreviviendo al pequeño
laberinto, y sé con certeza que no había nada de eso en la habitación grande
del piso de arriba. En lo que a mí respecta, tengo derecho al almuerzo de
Roman, al igual que él piensa que tiene derecho a mi vida.
Más que dispuesta a poner sal en la herida, tomo una pata de pollo
entera y me recuesto en mi asiento, apoyando mis pies sucios y cortados en
la mesa del comedor mientras observo a los tres merodeando en la entrada.
—¿Hay algo que necesiten? —pregunto, agarrándole el gusto a todo
esto de tomar las riendas—. Están perturbando mi almuerzo.
Las manos de Levi se cierran en puños apretados y el movimiento
repentino hace que los músculos de su brazo se estremezcan, haciendo que
sus tatuajes casi parezcan moverse sobre su piel.
La mano de Roman salta y presiona contra el pecho de Levi, exigiendo
su paciencia, y Marcus solo entrecierra su mirada perversa, su cabeza se
inclina lentamente hacia la izquierda y me reta a seguir por este peligroso
camino.
Entra al comedor y observo cada uno de sus pasos, sin confiar en
ninguno de ellos. El silencio se extiende por la habitación hasta que todo lo
que puedo escuchar es el sonido de mi corazón acelerado cuando él se
posiciona detrás de mí.
Mis pies son empujados fuera de la mesa y en un movimiento rápido,
empuja mi silla hacia adentro hasta que los reposabrazos golpean contra la
madera dura y me encierran. Me siento más derecha, respirando
profundamente por la nariz mientras sigo masticando la comida en mi boca.
Su mano flota frente a mí mientras se inclina hacia adelante, flotando
sobre el respaldo de mi asiento mientras su otra mano descansa junto a la
mía en la enorme mesa. Sus dedos recorren mi clavícula hasta que agarra
mi barbilla y la rasga, forzando mi mirada a la suya en un movimiento
brusco. Trago saliva, forzando el pollo a medio masticar por mi garganta
mientras me encuentro con su mirada malvada.
—¿Nos estás diciendo que no estás... satisfecha con tu estadía? —
pregunta, ese tono profundo corta directamente a través de mi pecho—. Solo
di una palabra y me aseguraré de que obtengas la experiencia completa de
los DeAngelis.
No respondo porque ¿cuál es el puto punto? He dicho lo que había
que decir y cómo lo manejen depende completamente de ellos. A partir de
ahora, la pelota está en su campo y algo me dice que no puedo hacer nada
al respecto.
Tanto Roman como Levi se deslizan lentamente hacia lo más profundo
de la habitación y mi mirada se dirige rápidamente hacia ellos antes de
regresar directamente a la de Marcus. Cuando Levi se cernía sobre mí de
esta manera, podía confiar en él lo suficiente como para no perder el control
y partirme el cuello por algunos comentarios sarcásticos, pero Marcus es
diferente, y aunque estoy dispuesta a entregarme a él cuando se trata de
sexo, eso no significa que no deba cuidar mi espalda cuando está cerca de
él.
—Marcus —dice Roman, su voz baja y llena de autoridad mientras él
y Levi toman asiento en la mesa—. Es suficiente. Deja que la chica coma,
mañana pagará por su pequeña actuación en el pasillo.
En un instante, los dedos de Marcus se desenroscan de mi barbilla,
pero mientras lo hace, se inclina aún más cerca, sus labios rozando mi oído.
—Mejor prepárate, bebé, acabas de darme la motivación que
necesitaba para hacer de esta mi muerte más emocionante hasta el
momento. Tu dulce coñito no te salvará esta vez.
El miedo corre por mis venas, y cuando él va a alejarse, mis dedos se
enroscan alrededor del cuchillo para carne al lado de mi plato. Una risa
ronca lo atraviesa y antes de que me dé cuenta de lo que estoy haciendo,
levanto el cuchillo y apuñalo su mano, cortando directamente a través de
su piel hasta que siento que la punta de la hoja golpea la madera dura de la
mesa debajo.
La risa ronca de Marcus se interrumpe cuando un grito desgarrador
sale de lo más profundo de mi pecho, el horror de lo que acabo de hacer
corre por mis venas.
—Oh, maldición —grito, trepando hacia atrás en mi silla para tratar
de escapar, pero el gran cuerpo de Marcus me tiene atrapada dentro de los
confines de mi silla.
Levi y Roman solo observan con curiosidad, preguntándose cómo se
desarrollará todo esto, y maldita sea, también tengo la maldita curiosidad,
pero después de lo que dije en el pasillo, estoy acabada.
Como en cámara lenta, observo cómo Marcus enrosca los dedos
alrededor del mango del cuchillo para bistec. Sus ojos se clavan en los míos,
y mientras saca lentamente el cuchillo dentado de su piel, sus ojos brillan
de emoción.
Pero. Qué. Demonios.
La sangre brota de su mano, y justo cuando creo que la misma hoja
está a punto de cortar un arco profundo en mi garganta, es arrojada al
centro de la mesa. El sonido de la cuchilla contra la madera es el único ruido
que escucho en toda la habitación cuando me doy cuenta de que realmente
se excita con el dolor.
Se endereza, dejando que la sangre caiga al suelo mientras sus labios
se estiran en una sonrisa enfermiza.
—Te estaré observando.
Y así, Marcus DeAngelis sale de la habitación, dejando a sus dos
hermanos observándolo.
Miro con horror, incapaz de creer que acabo de apuñalar a un maldito
psicópata en la mano, y maldita sea, al hijo de puta le gustó. Estoy jodida
de las peores maneras. No lo va a olvidar y voy a pagar el precio. Maldición,
una cosa es hablarles mal, pero ¿esto? ¿Qué demonios es lo que me pasa?
—¿Qué diablos fue eso? —El tono profundo de Levi atraviesa la
habitación, robando mi atención lejos de la puerta vacía para encontrar su
mirada confusa en su hermano—. ¿Por qué no la mató? Marcus no juega
así.
Los labios de Roman se presionan en una línea apretada, y cuando su
mirada entrecerrada vuelve a la mía, se recuesta en su asiento como si
tuviera todas las respuestas del mundo.
—La está follando.
Levi se pone de pie, apoya sus puños contra la mesa de madera
mientras su aguda mirada penetra en la mía.
—¿Es eso cierto? —exige, haciéndome tragar saliva y retroceder en mi
asiento como si de alguna manera pudiera alejarme más de él—. ¿Abriste
las piernas con la esperanza de que se lo tomara con calma?
—Vete a la mierda —respondo bruscamente, decidiendo que ya estoy
en problemas y que no es posible que empeore—. ¿Cómo diablos crees que
pasó? ¿Que entró para darme de comer sobras, me puse de rodillas y le
rogué que me follara? Púdrete. Sabes muy bien que ese maldito psicópata
fue el que vino a mí buscando una buena cogida. Incluso trajo sus cadenas
con él, pero no voy a mentir era muy bueno y si viene buscando más estoy
segura de que se lo voy a dar.
La mano de Levi sale serpenteando, chocando contra un vaso de agua
y enviándolo volando por la habitación, chocando contra la pared y
rompiéndose en un millón de pequeños pedazos.
—No harás tal cosa.
—¿Oh sí? —Me río—. ¿Y cómo piensas detenerme? Acéptalo, te vas a
dormir en algún momento, y cuando lo hagas, vendrá a buscar más y voy a
dejar que lo tenga. Sabes que es verdad, ¿no? no me mató ahora, y tú y yo
sabemos que eso es porque aún no ha terminado conmigo.
Levi gruñe, su ira llenando la habitación como un gas tóxico cuando
acecha a la puerta, sin duda va a ir y hablar con su hermano, sólo que se
detiene en la puerta y me mira.
—¿Hiciste que llegara al orgasmo?
Me burlo y me recuesto en mi asiento.
—¿De verdad crees que estaría buscando más si no pudiera hacer que
llegara al orgasmo?
—MALDICIÓN —escupe Levi, frotándose las manos por el rostro antes
de mirar a su hermano—. Conocía las malditas reglas.
—Arréglate con él —dice Roman, sin importarle quién o qué toma
posesión de mi sexo.
La frustración de Levi saca lo mejor de él cuando se vuelve hacia mí.
—¿Dónde?
—¿Eh? —pregunto, mi rostro se arruga en confusión mientras veo la
frustración cruzar sobre Levi, los tatuajes envueltos en sus brazos y cuello
parecen moverse a través de su piel otra vez.
Levi retrocede hasta la mesa, parado directamente frente a mí
mientras se inclina hacia adelante, apoyándose contra la mesa y mirándome
como si pudiera matarme solo con su mirada.
—¿En. Dónde. Llegó. Al. Orgasmo —exige Levi, claramente molesto
porque no tiene una respuesta.
Empujo mi silla hacia atrás y me pongo de pie, caminando lentamente
alrededor de la mesa y poniéndome justo en frente de él. Me acerco y agarro
su pene, amando la forma en que sus ojos brillan con rabia.
—No te preocupes, soldado. No llegó al orgasmo en mi pequeño y
apretado sexo si eso es lo que me estás preguntando, pero no voy a decir
que no si quieres hacerlo —susurro, la demanda de Marcus de que no juegue
con sus hermanos sentados a la mesa vaga en mi mente—. No me importa
compartir, pero algo me dice que Marcus no está tan a favor.
Y así, suelto su pene, agarro otro trozo de pollo del plato de Roman y
salgo de la habitación, mientras escucho el dulce sonido de la risa baja de
Roman detrás de mí mientras Levi lo regaña por no compartir las noticias
más temprano.
Regresando directamente a mi cámara de tortura, como lo que queda
de mi pierna de pollo, sabiendo con certeza que no tendré otra de esas por
un tiempo.
Capítulo 12
Una mano se curva alrededor de mi brazo y mis ojos abiertos se abren
para encontrar la parte posterior de la cabeza de Roman a la luz de la
mañana mientras me arrastra fuera de mi pequeña cama.
—Oh, gracias.
Suspiro mientras lucho por poner los pies a modo de soporte antes de
que mi cuerpo caiga, pero a penas mi trasero se aleja del borde de la cama,
el fuerte agarre de Roman tira de mí y me impide caer.
Roman se detiene de inmediato y el impulso me hace inclinarme
directamente hacia su espalda, deteniéndome dolorosamente. Se da la
vuelta y me empuja hacia atrás, su mirada penetrante se clava en la mía, lo
que me hace dar cuenta de que es demasiado pronto para su estupidez
melancólica.
—¿Oh maldición, gracias? —exige, escupiendo mis palabras y
haciéndome dar cuenta de lo estúpidas que fueron, aunque nada es tan
estúpido como la estupidez que salió volando de mi boca anoche. Pero
cuando estoy en racha, es casi imposible morderme la lengua.
Mis ojos se agrandan mientras lo miro, solo que cuanto más tiempo
me toma responder, más perplejo se vuelve. Y maldita sea, un hombre como
Roman con esa horrible cicatriz en su rostro, dejar que esa arrogancia y
confianza se desvanezcan por solo un segundo es la emoción más cruda que
jamás haya experimentado de él. Por un momento, parece casi humano, y
no voy a mentir, me asusta muchísimo.
—Sólo… —Tomo aire, tratando de encontrar la manera de explicar mi
alivio a ser él quien irrumpe en mi cámara de tortura, en lugar de sus
hermanos—. He estado esperando que Marcus sea el que baje. Ya sabes,
después de toda la situación del cuchillo en la mano. Pensé que tenía algo
particularmente brutal en el almacén para mí.
Entrecierra los ojos y de alguna manera parece acercarse, pero no se
mueve ni un centímetro.
—Confía en mí, emperatriz —murmura, su tono profundo resuena a
través de la habitación—. Lo tiene, pero no creo que sea él a quien debas
temer.
Sus ojos brillan con la oscuridad y un escalofrío me recorre los huesos
al pensar en lo mucho peor que podría ser, pero antes de que pueda
convertirse en algo más, el agarre de Roman vuelve a mi brazo y tira de mí
hacia la puerta.
—¿Qué diablos crees que estás haciendo? —exijo, mi voz llena de
sueño hace que mi demanda parezca un poco menos amenazante y más
como un gatito chillando por un poco de agua fría.
Roman gruñe y tira con fuerza, lanzándome a través de la puerta
abierta antes de clavar su mano en mi espalda baja y darme un empujón.
—Camina —ordena con la misma autoridad que usa para ordenar a
sus hermanos tontos.
Pongo los ojos en blanco y dejo que mi bandera de perra tonta vuele
libre.
—No me digas, imbécil —digo bruscamente, dejando que mi actitud
brille mientras empiezo a mover mi trasero por el largo pasillo, pero ¿qué
puedo decir? Pasé la mayor parte de la noche preocupándome por la entrada
de Marcus después de darme cuenta de que no era lo suficientemente fuerte
como para cerrar la puerta. La dejaron abierta de par en par toda la noche,
dejándome completamente desprotegida, que es exactamente cómo Roman
pudo entrar sin previo aviso—. ¿Qué pensabas que iba a hacer? ¿Gatear?
La mano de Roman presiona un poco más fuerte mi espalda y decido
que ahora es probablemente el mejor momento para cerrar la boca y
moverme un poco más rápido.
Avanzamos por el largo y oscuro corredor, y cada paso que damos me
hace aún más consciente del hombre que está de pie detrás de mí. No sé
qué me ha pasado en las últimas doce horas. Jugué inteligentemente hasta
que decidí husmear en su casa, bueno... la mayor parte del tiempo. Tal vez
toda la experiencia del laberinto activó un interruptor dentro de mí y
comencé a combatir fuego con fuego. Honestamente, no lo sé. Es un juego
peligroso, pero por alguna razón, Roman no lo está manejando como pensé
que lo haría.
Es como si esta mierda ardiente que les he estado lanzando tuviera
intrigado a Roman, pero no en el buen sentido. Supongo que tal vez me
había descartado como una causa perdida, alguien que no vale la pena
jugar, pero de repente, me está observando más de cerca y no me gusta.
Roman da un paso a mi alrededor para abrir la pesada puerta de
madera entre los pasillos y, en unos momentos, subimos los empinados
escalones de hormigón y salimos al salón de baile abierto. Voy a hacer mi
camino hacia la derecha, solo la mano de Roman se enrosca alrededor de
mi brazo y tira de mí hacia la izquierda.
Surco mis cejas. Los chicos nunca me han llevado de esta manera
antes. Ayer pasé por aquí, pero eso era debido a que estaba fisgoneando, no
porque quisieran que estuviera allí intencionalmente.
—¿Qué está pasando? —exijo mientras su mano cae de nuevo
directamente a ese punto en el centro de la espalda y me lleva a empujones
a lo largo del pasillo.
Roman no se molesta en responder y mi irritación crece. Aprieto la
mandíbula y me encuentro disminuyendo la velocidad a medida que nos
acercamos a una puerta cerrada. Niego con la cabeza, mi instinto me dice
que lo último que quiero es atravesar esa puerta, pero la presión de Roman
en mi espalda hace que sea imposible detenerme.
Llegamos a la puerta, y cuando se inclina a mi alrededor para girar el
pomo, salgo volando como un maldito cohete. Mis pies golpean contra las
viejas baldosas y esquivo el cuerpo de Roman antes de volar de regreso por
donde acabamos de llegar. Me alejo tres pasos de él cuando esos rápidos
reflejos hacen que sus dedos se cierren alrededor de mi muñeca y me
empujen hacia su duro pecho.
Mi cuerpo colisiona contra el suyo con un fuerte empuje y no paso
desapercibida la forma en que sus manos caen a mi cintura. Su pecho sube
y baja contra mi espalda y se me pone la piel de gallina. Su mano acaricia
mi cuerpo hasta que sus dedos se arrastran por mi mejilla. Instintivamente,
mi cabeza se inclina hacia un lado, ofreciéndole mi cuello mientras una ola
de hambre me atraviesa.
—Qué rostro tan bonito —murmura, su suave susurro roza mi
hombro—. Sería una pena tener que estropearla.
Me alejo rápidamente de él, arrancándome de sus brazos cuando me
doy cuenta. He estado provocando a estos asesinos en serie. ¿Qué demonios
es lo que me pasa?
Lo miro con horror. Dice en serio cada maldita palabra, y sé que lo
intentaría si me pasaba de la raya otra vez. Entonces, ¿por qué estoy
empujando los límites? Debería estar arrinconada en una esquina, no
provocando al escuadrón de asesinos.
—¿Qué hay dentro de esa habitación? —mascullo a través de mi
mandíbula apretada.
Sus ojos brillan, tal como lo habían hecho en mi cámara de tortura, y
sin otra palabra, alcanza la puerta y la abre.
—Entra.
—Sobre mi…
Me interrumpo, mis ojos se agrandan cuando me doy cuenta de lo que
estaba a punto de decir y la sonrisa que se extiende por su rostro me dice
que está más que feliz de que complete mi amenaza.
—Por favor —insiste, un tono dulce y enfermizo llena el espacio entre
nosotros—. Termina lo que estabas a punto de decir. Te reto.
Me alejo de él mientras mi mirada se dirige hacia la habitación.
—¿Qué hay dentro?
La paciencia de Roman saca lo mejor de él y se acerca a mí, agarrando
la parte delantera de mi ropa y atrayéndome hacia él. Mi barbilla se levanta,
mi mirada permanece enfocada en la suya mientras me presiona contra su
amplio pecho. En este primer plano, su malvada cicatriz me recuerda que
un hombre como Roman DeAngelis no es alguien con quien meterse. Sin
embargo, Levi, esa es otra historia.
—O mete tu trasero dentro de esa habitación, o lo pondré allí en
pedazos.
Bueno, maldición.
—Cuéntame —continúa—. ¿Prefieres que rebane y corte en trozos con
una cuchilla, o puedo simplemente hacerlo con mis dientes? Aunque ten
cuidado, los lobos no podrán resistirse a ese tipo de diversión.
Mi mano cae sobre la suya en la parte delantera de mi camisa y saco
la tela de entre sus dedos apretados antes de dar un paso a regañadientes
hacia la puerta abierta. No aparto mi mirada de él, demasiado asustada de
lo que pueda hacer si me doy la espalda, y mientras paso por la puerta
estrecha, finalmente me permito mirar a través de lo que asumo será mi
perdición.
Solo encuentro a un hombre que me devuelve la mirada, uno que no
se parece en nada a un hermano DeAngelis. Un grito ahogado sale de entre
mis labios, y antes de que pueda preguntar qué diablos está pasando,
Roman aparece a mi espalda, me empuja el resto del camino a través de la
puerta y la cierra de golpe detrás de mí, dejándome atrapada con este
hombre extraño.
Lo miro con precaución mientras él hace lo mismo conmigo, pero solo
me toma un momento ver el estetoscopio colgando alrededor de su cuello.
—¿Eres médico? —pregunto, enderezo mi espalda mientras el más
pequeño rayo de esperanza surge de las cenizas dentro de mí.
El hombre asiente.
—Sí —dice, mirando hacia otro lado, negándose a mirarme a los ojos—
. Por favor tome asiento.
Niego con la cabeza, mirándolo boquiabierta como si acabara de
orinar en un cactus.
—No, no. ¿Qué quieres decir con tomar asiento? Tienes que sacarme
de aquí. Tienes que ayudarme. Por favor.
—Señorita Mariano, por favor tome asiento para que podamos
comenzar.
—¿Comenzar? —pregunto—. ¿Comenzar qué?
—Con su cita. Estoy aquí para discutir sus requisitos anticonceptivos
y hacer un examen de salud completo, nada más.
Lo miro boquiabierta, apenas capaz de creer lo que estoy escuchando.
—¿Qué? —me levanto—. No voy a hablar de anticoncepción contigo.
Estos imbéciles me tienen como rehén. Me secuestraron justo fuera de mi
apartamento. Por favor, ¿me estás escuchando? Necesito ayuda. Necesito tu
maldita ayuda. Tienes que sacarme de aquí. Lo juro, haré cualquier cosa.
Por favor. Las cosas que me hacen hacer… Maldición. No puedo hacer esto
más. Me van a matar. ¿Tienes alguna idea de lo que estos tipos son capaces
de hacer? Las cosas que me han hecho…
Las lágrimas llenan mis ojos cuando el doctor me mira con pena.
—Por favor, señorita Mariano. Tome asiento. No necesitamos hacer
esto más difícil de lo que ya debe ser. Créeme, si pudiera ayudarte, lo haría.
Me dedico a proteger y preservar vidas, no a destruirlas, pero en este
momento, voy a proteger a mi familia de estos imbéciles. Entonces, hoy
vamos a discutir sus necesidades anticonceptivas y luego le haremos un
examen de salud completo. ¿Está claro?
Ese pequeño rayo de esperanza muere dentro de mí, y me doy cuenta
de que por mucho que le suplique, por mucho que diga o haga, nada lo va
a hacer cambiar de opinión, ni debería hacerlo. No cuando su familia está
en juego.
—De acuerdo —continúa compasivamente—. ¿Ha estado en la
anticoncepción antes?
—¿Que importa? —pregunto, mientras las lágrimas brotan de mis
ojos—. Voy a estar muerta pronto. ¿Y qué si me embarazan? No es como si
fuera a durar lo suficiente como para tener un embarazo completo.
El doctor se inclina hacia adelante, sus ojos buscan los míos.
—El punto es que si de alguna manera sobrevives a todo esto, no
querrás salir con uno de sus malvados engendros dentro de ti. Protegerte es
lo mínimo que puedes hacer. Además, si estuvieras embarazada, ¿qué crees
que pasaría? ¿Tienes los medios para cuidar a un niño, el apoyo económico,
o qué tal el padre? ¿Estará en la vida del niño? No veo a estos imbéciles
jugando limpio cuando se trata de arreglos de custodia, ni los veo dejándote
en libertad mientras cargas con su hijo.
—De acuerdo —me apresuro a decir, interrumpiéndolo antes de que
pueda pintar una imagen más clara—. Entiendo tu punto. Sólo... haz lo que
sea. No me importa.
El médico asiente y vuelve a sentarse en su silla.
—¿Están usando algún tipo de protección cuando… te tocan?
Aprieto la mandíbula y desvío la mirada, sin saber por qué me siento
tan avergonzada del momento que compartí con Marcus, más aún porque
este tipo asume automáticamente que me ha forzado. Entonces, ¿por qué
diablos no estoy haciendo mi parte para hacerle saber que fue consensuado?
Pero bueno, supongo que en realidad no es asunto suyo. No es como si
tuviera alguna intención de ayudarme a salir de esto.
—No —finalmente le digo—. Solo he estado con uno de ellos, pero no
había condón.
—¿Cuidado posterior?
Niego con la cabeza.
—Correcto, ¿supongo que no necesito advertirte sobre los riesgos de
practicar sexo seguro?
—¿Me estás tomando el pelo? —exijo, mirándolo con irritación—.
¿Tienes alguna idea de quién estás hablando aquí? Estos son los hermanos
DeAngelis. Cortan gargantas por deporte. ¿De verdad crees que son el tipo
de chicos que se detienen y se ponen una goma primero?
—No haga esto más difícil de lo necesario, señorita Mariano. ¿Asumes
tontamente que eres la primera mujer en esta situación a la que tengo que
cuidar? A la última chica que esos hermanos dejaron embarazada no le fue
bien con su padre.
Lo miro con horror.
—¿Su padre mató a una chica embarazada?
El médico se encoge de hombros.
—No lo sé, es solo mi suposición, pero lo que sí sé es que solo pasó
tres meses de su embarazo antes de que terminaran las citas. Entonces, por
favor, responde mis preguntas para que podamos protegerte. ¿Necesita
alguna información sobre la práctica de sexo seguro?
Dejo escapar un profundo suspiro y niego con la cabeza.
—No. Sé lo que necesito saber, pero mis... condiciones de vida hacen
que la limpieza sea casi imposible. Practicar sexo seguro no es algo que yo
tenga la capacidad de hacer. Solo tengo que cruzar los dedos y esperar que
no me den nada.
—De acuerdo, entiendo —dice el médico antes de hacer una pausa y
realmente considerar mi situación antes de agarrar su bolso y revolver. Saca
un montón de cajas, mira sus etiquetas antes de finalmente colocar una
pequeña caja en el borde de la mesa—. ¿Has oído hablar de un implante
anticonceptivo? —pregunta
Mi mirada se entorna en la pequeña caja y niego con la cabeza.
—Hasta ahora, los embarazos no planificados nunca han sido algo en
lo que haya tenido que pensar.
—Idealmente, te habría recomendado la píldora. No es invasivo y es
fácil de manejar. Sin embargo, su situación es única, no puedo garantizar
que se le permita tomar una pastilla todos los días, ni puedo garantizar que
se surta su receta.
Niego con la cabeza.
—Estaba tomando la píldora hace unos años y estropeó mi sistema.
Fui una perra furiosa todo el tiempo y tuve que dejar de tomarlas.
El médico asiente.
—Podría colocarte un dispositivo intrauterino. Sin embargo, eso es
invasivo y, para algunos, es un procedimiento incómodo. Su mejor opción
es un implante. Se insertará en su brazo y es posible que se sienta
entumecida durante unas horas después, posiblemente le deje un ligero
hematoma.
Trago saliva mientras el nerviosismo me invade.
—¿Es... es permanente?
—No —dice, el miedo en sus ojos refleja el mío por razones muy
diferentes—. Retirar el implante es tan fácil como hacer una cita. Es un
procedimiento simple que solo debería tomar uno o dos minutos.
Una sola lágrima rueda por mi mejilla y asiento antes de moverme
hacia la pequeña mesa de examen que se ha instalado en el centro de la
habitación. Nunca he tenido que considerar nada de esto antes, pero en este
momento, siento como si la decisión de proteger mi propio cuerpo me
hubiera sido arrebatada. A pesar de saber que esto es lo mejor para mí,
simplemente no puedo estar feliz por eso.
—Esto es algo bueno —me dice el médico, al ver la angustia que se
extiende por mi rostro—. Si te liberas de todo esto y de alguna manera logras
superar el trauma y quieres una familia propia, estarás feliz de haberlo
hecho. Estás protegiendo tu futuro, dándote una oportunidad.
Otra lágrima rueda por mi rostro mientras me inyectan un anestésico
en la piel. Aparto la mirada, incapaz de mirar. Mi mirada se fija en la pared
negra frente a mí, y después de unos largos minutos, me coloca un pequeño
vendaje en el brazo y estoy oficialmente protegida de los malvados engendros
de los hermanos DeAngelis.
Se aleja y rápidamente limpia sus herramientas antes de cambiarse
los guantes y mirarme.
—Necesito hacer un examen completo. Esto incluye un examen
pélvico interno —dice, la emoción completamente drenada de su voz
sabiendo que incluso si yo no diera mi consentimiento, todavía tendría que
hacerlo—. Será rápido e indoloro. ¿Tiene alguna pregunta o inquietud antes
de comenzar?
Cierro los ojos y niego con la cabeza.
—Solo acaba con esto —le digo, mi voz es baja hasta casi un susurro.
El doctor comienza, y mientras su mirada entrenada recorre mi
cuerpo, no puedo evitar sentir la humillación invadiéndome. Si hubiera
necesitado un examen completo, me habría llevado al médico en el que
aprendí a confiar en los últimos años, no a un extraño que de alguna manera
se involucró con los hermanos DeAngelis.
Me habla de su familia, sus dos hijas pequeñas que acaban de
empezar la guardería, y aunque agradezco su intento de distraerme de la
forma en que sus dedos enguantados rozan la parte interna de mi muslo,
no es posible.
Fiel a su palabra, mantiene su examen rápido y sin dolor, y después
de un corto minuto, se aleja de mí y mantiene su distancia a propósito para
aliviar mi incomodidad.
Lentamente me vuelvo a sentar mientras el doctor agarra su bolso y
saca un bolso más pequeño del interior.
—Voy a dejar esto aquí —dice, sus ojos se enfocan fuertemente en los
míos como si estuviera tratando de enviarme algún tipo de mensaje
silencioso—. Está lleno de toallitas con alcohol y suministros de primeros
auxilios. Si te llegara a pasar algo y pudieras escapar, esta bolsa podría
salvarte la vida. ¿Me entiendes?
Asiento con la cabeza y observo cómo se pone de pie y desliza la bolsa
en un armario alto antes de cerrar suavemente la puerta y esconderla
oficialmente. Toma su bolso y lo pone sobre su hombro antes de volver a
mirarme.
—Buena suerte, señorita Mariano. Realmente espero que encuentres
alguna forma de salir de esto para tener una vida plena y valiente.
No me molesto en asentir con la cabeza o incluso en reconocer sus
amables palabras porque ambos sabemos que el sueño de salir de aquí es
solo eso, un maldito sueño que nunca se hará realidad.
Mis piernas cuelgan del borde de la mesa y observo cómo el doctor
camina hacia la puerta y golpea dos veces contra la madera. La puerta se
abre y los tres hermanos me miran más allá del médico.
La mirada de Marcus recorre mi cuerpo y, a pesar del vendaje
alrededor de su mano, no se me escapa el conocimiento de que tuve que
pasar por todo esto debido a su necesidad de mojar su pene. Antes de que
se lo permita, Marcus asiente con la cabeza al médico y sale de la habitación.
Marcus desaparece con él y yo me quedo con los dos melancólicos.
Salto de la mesa y los miro, dejo que vean la ira en mis ojos y no me
molesto en limpiar las lágrimas de mis mejillas.
—Todos ustedes son unos malditos idiotas —mascullo.
Levi da un paso hacia mí.
—Esto es cosa de Marcus, no de nosotros —dice, con los ojos
oscurecidos—. Si quieres desquitarte con alguien, descárgate con él, pero
que se sepa que no apruebo que te abras de piernas para mi hermano.
Me burlo.
—¿En serio? Apenas podría decirlo.
Continúa como si yo no dijera una maldita palabra.
—Eres un juguete. Nada más que una follada rápida para pasar el
tiempo para él. No te encariñes, y si crees que quedar embarazada a
propósito te va a salvar, piénsalo de nuevo. Nada te salvará.
Levanto la barbilla y, por un momento, veo un destello de algo real en
sus ojos muertos.
—¿Te refieres a la última chica que ustedes psicópatas escondieron
aquí?
Aprieta la mandíbula y los ojos de Roman brillan con fuego mientras
empuja a su hermano para ponerse frente a mi rostro.
—¿Qué sabes de eso?
Lo empujo fuera de mi rostro y paso mi mirada entre los dos.
—Sé que uno de ustedes, bastardos, embarazó a la pobre chica y su
querido papá la mandó a matar. Entonces, ¿qué diablos están esperando?
Solo mátenme ahora. ACABEN CON ELLO Y MÁTENME.
Ninguno de los dos se inmutó ante mi tono agudo y la ira se disparó
por mis venas como veneno.
—HAZLO —exijo—. NADA DE ESTA MIERDA VALE LA PENA. SOLO
HAZLO. MÁTAME YA.
Levi agarra mi muñeca y me atrae hacia él.
—No me tientes, pequeña —dice—. No estás preparada para la
muerte. Queda demasiada lucha en ti.
Sin previo aviso, Levi me suelta, y así, tanto él como Roman salen de
la habitación, dejándome atrás con nada más que mis tortuosos
pensamientos. Nadie se molesta en llevarme de vuelta a mi celda de abajo y
seguro que no hago ningún movimiento para volver allí. Así que, en lugar de
eso, me siento y espero no terminar como esa chica.
Me pierdo en mis pensamientos cuando un fuerte estruendo resuena
en toda la maldita mansión. Mi corazón da un vuelco e inmediatamente se
pone en marcha. Mi aguda mirada recorre la habitación, buscando
desesperadamente algún tipo de amenaza, pero cuando no llega nada, me
encuentro de pie y saliendo a escondidas de la habitación.
Sigo el suave murmullo de las voces que provienen del salón de baile
y, al doblar la esquina, encuentro a Roman cernido sobre el cuerpo sin vida
del médico, con un agujero de bala perfectamente redondo justo entre sus
ojos abiertos de par en par.
Roman gira lentamente su aguda mirada para encontrarse con la mía.
Mientras empiezo a retroceder lentamente, sabiendo que esto depende
completamente de mí. Mi corazón se acelera a un millón de millas por hora
y el miedo se dispara a través de mi cuerpo.
Esta es su advertencia oficial por simplemente saber acerca de la
chica que solía ser yo, soy la siguiente.
Capítulo 13
Mis pies chocan contra los peldaños mientras subo volando la gran
escalera. Las lágrimas corren por mi rostro mientras la imagen del doctor
tendido en un charco de su propia sangre se repite en mi cabeza, con sus
ojos atormentados mirándome fijamente.
Nunca he visto un cadáver, y maldición, no es algo a lo que alguien
deba acostumbrarse nunca. El miedo aún latía en sus ojos bien abiertos.
Aunque sé que eso no es posible por el agujero que tiene en el centro de la
frente.
Los hermanos se quedaron mirando como si asesinar médicos fuera
una actividad casual de la tarde. ¿Alimentar los lobos gigantes?
Comprobado. ¿Preparar algo para la cena? Comprobado. ¿Organizar una
cita con el médico para su secuestro? Comprobado. ¿Asesinar a dicho
médico a sangre fría? Doblemente comprobado.
Que me jodan. Una cosa es ser su pequeña esclava sexual mantenida
en el calabozo, ¿pero asesinar? Sabía que eran más que capaces, pero nunca
consideré que iba a ser algo de lo que sería testigo tan abiertamente. No
había remordimiento, ni arrepentimiento ni culpa, sólo un asesinato
despiadado y a sangre fría. Los ojos de Roman, sin embargo. Nunca lo he
visto tan tranquilo, tan pacífico o cómodo. Es enfermizo.
Este mundo es mucho peor de lo que podría haber imaginado. Sabía
que eran asesinos en serie, desalmados y crueles, pero lo que acabo de
presenciar... mierda. No hay palabras que puedan describir el pavor y el
horror que se hunden en mi pecho, la pesadez de lo que acaba de ocurrir, o
el miedo abrumador que amenaza con paralizarme.
Soy la siguiente.
Apuesto a que los tres ni siquiera comprenden el peso de lo que
acaban de hacer. Probablemente acaban de pisar el cuerpo como si nada y
ahora están sentados tomando un buen y refrescante whisky, utilizando el
cuerpo del doctor como reposapiés. Malditos bastardos.
Tuvo hijos, y ahora esos hijos van a crecer sin conocer a su padre,
todo porque tuve que ir a abrir la boca sobre la chica que dejaron
embarazada. ¿Cómo se supone que voy a vivir conmigo misma ahora?
Estaba tratando de advertirme, tratando de protegerme de este vil mal y no
pude evitarlo.
Fui imprudente. Tonta. ¿En qué estaba pensando? Podría haber
esperado hasta que el doctor estuviera a salvo fuera de aquí, pero incluso si
lo hubiera hecho, lo habrían rastreado. Debería haberme callado. Debería
haberle protegido como él me protegió a mí, pero nunca imaginé que llegaría
a esto. ¿Cómo podría haberlo sabido?
Su sangre está en mis manos.
La bilis sube por mi garganta y me tapo la boca con una mano
mientras subo el último escalón y corro por el largo pasillo, intentando
desesperadamente recordar cuál de estas habitaciones es el baño.
Empiezo a dar patadas a las puertas y, cuando llego a la tercera,
encuentro lo que busco e inmediatamente caigo de rodillas frente al retrete.
Vomito lo poco que queda en la boca del estómago. Una y otra vez hasta que
un sudor frío se apodera de mí y me quedo temblando en el suelo del baño.
Las lágrimas escuecen mis ojos y, antes de darme cuenta, me arranco
la ropa y me arrastro por las frías baldosas hasta la ducha. Alargo la mano
para abrir los grifos y espero tener agua fría, pero no hay nada de frío.
Aprieto la espalda contra la pared y aprieto las rodillas contra el pecho
mientras el agua se precipita sobre mí, empapando mi cabello y recorriendo
mi piel como una especie de manta de seguridad.
Veo mi reflejo en el cristal de la ducha y me doy cuenta de que es la
primera vez que me veo desde que me sacaron de mi apartamento. Mi
aspecto es un puto desastre. Tengo profundas bolsas bajo los ojos y mi largo
cabello castaño está seco y descuidado, pero es el miedo en mis ojos azules
lo que hace que sea casi imposible reconocerme.
Mis ojos suelen ser brillantes y estar llenos de vida porque, pase lo
que pase, soy una luchadora. Siempre he buscado lo positivo, pero ahora,
nunca los había visto tan sombríos, tan desconocidos y apagados. Soy una
extraña para mí misma.
¿Qué me está haciendo este lugar?
No es hasta que una sombra cae sobre mí que me doy cuenta de que
nunca cerré la puerta del baño, y al alzar la vista para ver a Roman de pie
junto a mí, caigo en la cuenta de que ni siquiera me importa. ¿Qué importa
a estas alturas? Estoy muerta por dentro, y no es que no vaya a ver mi
cuerpo desnudo en algún momento. Diablos, me ha estado acosando
durante los últimos meses, no me sorprendería que ya lo haya visto.
Mi mirada se desplaza por su rostro y se me revuelve el estómago al
ver la sangre del médico salpicada por todo su cuerpo, pero lo peor es la
forma en que Roman parece llevarla como un trofeo.
Dejo de mirar y vuelvo a observar el patrón de mármol de las baldosas,
con la esperanza de que, si no digo nada, se vaya.
Pasa un momento de silencio antes de que suelte un suspiro y, por
un segundo fugaz, casi parece que le importa una mierda, pero sé que no es
así.
—No teníamos elección —me dice, con un tono objetivo y directo—.
Marcus entró sin protección. Era eso o conocer lo brutal que puede ser el
arma de mi padre, y aún no hemos terminado contigo.
Levanto la cabeza y lo miro a los ojos.
—¿Qué demonios te pasa? ¿Crees que estoy aquí teniendo una rabieta
por el hecho de que me obligaste a tomar anticonceptivos, en lugar de lo que
acabas de hacer al médico? Le disparaste. Le quitaste la vida como si nada.
Sus cejas se fruncen y mira a un lado, con un profundo pensamiento
cruzando su rostro.
—¿Ese es... tu problema? ¿Que maté a ese pequeño soplón?
Me quedo boquiabierta. No hay forma de salvarlos cuando ni siquiera
entienden lo equivocados que están.
—Me estás tomando el pelo, ¿verdad? Lo mataste a sangre fría. Le
robaste la vida porque intentó advertirme sobre ustedes tres. Eres un
maldito monstruo. No se merecía eso. Tenía familia en casa.
Roman se encoge de hombros, su mirada oscura brilla.
—Están mejor sin él.
—¿Cómo puedes decir eso?
El rostro de Roman se ensombrece mientras rodea la pared de cristal
de la ducha y se agacha justo delante de mí. El agua caliente empapa su
piel, lavando la sangre manchada, mientras extiende la mano y me agarra
la barbilla, manteniendo mi mirada fija en la suya.
—Tú no conocías a ese hombre, mi emperatriz. No tienes una opinión.
Has tenido una conversación forzada con él. Yo he tenido toda una vida. Así
que cuando te diga que su familia está mejor sin él, debes confiar en mi
palabra. No te atrevas a cuestionarme.
Aparto la barbilla de su agarre y vuelvo a mirar la baldosa de mármol,
incapaz de seguir mirando la sangre que se mezcla lentamente con el agua
y se precipita por el desagüe.
—¿Quién era ella? —murmuro, con la garganta en carne viva por mi
actuación sobre el inodoro.
—¿Ella? —pregunta él, con su mirada clavada en un lado de mi cara.
—Ella. La chica que dejaron embarazada, de la que me advirtió el
médico. ¿Quién era ella? ¿Qué le hicieron?
En un abrir y cerrar de ojos, Roman se levanta, me lleva con él y
golpea mi espalda contra las frías baldosas. Se aprieta contra mí, con su
rostro a escasos centímetros de la mía.
—Ella no es de tu incumbencia —gruñe, su cálido aliento roza mi
piel—. Era el doble de la mujer que tú serás jamás y tuvo su perdición
porque se negó a seguir las instrucciones.
Mis manos se cierran en puños a los lados y aprieto la mandíbula, la
rabia brotando de mí en oleadas.
—Tu padre la asesinó porque se quedó embarazada.
Roman me aprieta más.
—No puedes hablar de algo de lo que no sabes nada —murmura, y la
autoridad de su tono me produce escalofríos. Se separa, me suelta en un
instante y sale de la ducha.
El agua sale a borbotones de su cuerpo y yo lo observo, con la
mandíbula apretada y las uñas clavadas en las palmas de las manos. Se
detiene a la salida de la ducha y respira profundamente antes de volverse
hacia mí. Se quita la camiseta empapada y la tira en un rincón del cuarto
de baño. El material mojado hace un fuerte ruido de bofetadas contra los
lisos azulejos.
Mi mirada recorre su cuerpo, observando los firmes surcos de sus
definidos abdominales y rozando su amplio pecho, pero cuando él me
observa a su vez, un suave suspiro de alivio pasa por mis labios, al darme
cuenta de que no hay absolutamente nada sexual en esto, simplemente se
está deshaciendo de su camiseta mojada.
—Mira —dice finalmente—. Tú... no eres la única que está retenida
contra tu voluntad aquí.
Mis cejas caen mientras lo observo con horror.
—¿Cuántas hay? ¿Tienes pequeñas esclavas sexuales escondidas por
todo tu maldito castillo? ¿Escoges una cada noche para ir a follar con ella,
o tengo más suerte porque soy nueva?
Roman gime, el sonido es tan suave que si no estuviera prestando
atención, me lo habría perdido.
—Hablo de mis hermanos y de mí —suelta—. Nuestro padre nos
confinó en este lugar porque cada vez que salimos, llamamos demasiado la
atención. Todos los malditos asesinatos de la ciudad se nos achacan, lo
hayamos hecho o no, así que aquí es donde nos quedamos. Y tú —
continúa— se suponía que eras un regalo para incitarnos a no salir al
mundo real.
—¿Qué? —Me apresuro a decir—. Eso no tiene sentido. Dijiste que
estaba aquí porque mi padre hizo un trato y me vendió para saldar su deuda.
—Lo hizo —dice Roman, acercándose de nuevo al cristal de la ducha—
. La deuda no era con nosotros. Tu padre pidió un préstamo a la familia
DeAngelis, y cuando nuestro padre cobró, lo vio como la oportunidad
perfecta para arreglar las cosas con sus hijos. Después de todo, él nos la
quitó, así que en su mente, es tan simple como sustituirla por otra persona.
Mi mirada se desplaza hasta encontrar la suya.
—¿Por qué intenta mantenerlos encerrados aquí?
Los ojos de Roman se oscurecen y una suave sonrisa se dibuja en las
comisuras de sus labios.
—Porque cada vez que salimos de los límites de esta propiedad, lo
aprovechamos.
Un escalofrío me recorre, y a pesar del agua caliente que llueve sobre
mí, parece que no puedo hacer que desaparezca.
—Estás enfermo, ¿lo sabes? Tú y tus hermanos. Son insensibles,
asesinos a sangre fría.
—¿Y qué si lo somos? Es emocionante, ¿no crees? ¿Ver cómo la vida
se desvanece en los ojos de un hombre mientras lucha y suplica por otra
oportunidad de libertad? —Sonríe y sus ojos brillan con maldad, casi como
si quisiera decir cada maldita palabra—. No te preocupes, Emperatriz.
Todavía hay una oportunidad para ti. Dame una razón para mantenerte
cerca y puede que te deje gobernar a mi lado.
Mis cejas se fruncen y me alejo de él.
—¿Qué demonios se supone que significa eso?
—Demuestra tu valía, Shayne, y tal vez no te utilice como blanco de
tiro. Al fin y al cabo, sería un desperdicio tener que domar a otra chica.
Comprendo y niego con la cabeza.
—Nunca seré como tú.
Roman se ríe.
—Ya veremos.
Y sin más, gira sobre sus talones y comienza a avanzar hacia la puerta
del baño.
—ESPERA —me apresuro a decir, tocando el cristal como si fuera a ir
tras él.
Roman se detiene en el umbral de la puerta y mira hacia atrás,
fijándose en la forma en que mi cuerpo desnudo se cierne contra el cristal,
enmarcándolo perfectamente.
La impaciencia cruza sus rasgos mientras me armo de valor.
—No voy a volver a bajar a ese calabozo. Si quieres que me quede y
me tranquilice, me quedaré en la habitación de arriba. Si no, me quejaré
cada vez que pueda.
Sus ojos se entrecierran y me alejo lentamente del cristal mientras él
vuelve a caminar hacia mí.
—¿Desde cuándo mierda sales con tus exigencias?
Una sonrisa de asco cruza mis labios y levanto la barbilla, haciéndole
saber lo malditamente serio que voy con esto.
—Desde que me di cuenta de que no eras tú quien movía los hilos.
Algo siniestro brilla en sus ojos, y si las miradas pudieran matar, yo
ya estaría muerta. Me mira fijamente durante un momento demasiado largo,
el silencio llena la habitación lo suficiente como para que me retuerza bajo
su mirada, pero rápidamente me doy cuenta de que esta es su zona de
confort.
—Quédate en las celdas —me dice, su tono está lleno de un veneno
mortal cuando el peso de mi comentario llena el aire entre nosotros—.
Prepárate. Esta noche celebramos una fiesta y tú eres nuestra principal
atracción.
Luego, con esas desgarradoras palabras, sale del baño y cierra la
puerta tras de sí, dejándome con nada más que una serie interminable de
pensamientos enfermos y retorcidos que pasan por mi cabeza, cada uno de
los cuales me dice que ser la atracción principal en una fiesta de DeAngelis
no es algo que ninguna chica quiera ser.
Capítulo 14
La oscuridad se apodera del castillo mientras la humillación se
arremolina en lo más profundo de mis huesos. Me dieron un maldito
uniforme para esta noche que consistía en lencería negra diminuta, botas
de tacón de aguja hasta los muslos y una maldita gargantilla gruesa para
colocarme alrededor de la garganta. Si fuera a una especie de fiesta de
Halloween, habría encajado perfectamente en el código de vestimenta, pero
esto es demasiado.
Pensé que podría manejarlo, que tendría que mostrar mi cuerpo a sus
jodidos amigos y mostrar mis dientes cada vez que alguien intentara tocar
la mercancía. Pero cuando Marcus apareció en mi puerta y me llevó al lugar
donde se realizaría la fiesta, rápidamente aprendí que las cosas no siempre
son lo que parecen, no en lo que respecta a los hermanos DeAngelis.
Fui distraída por Levi, se encontraba a la derecha de la habitación
sentado frente a una batería completamente negra. Estaba golpeando la
batería tan fuerte que cada golpe vibraba justo en mi pecho. Tenía los ojos
cerrados y era la primera vez que lo veía tan en paz consigo mismo. No podía
apartar los ojos de él, que es exactamente como me perdí el que Marcus me
estuviera llevando directamente al centro de la barra completamente surtida
y recogiendo una cadena pesada. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, la
enganchó a la parte posterior de la gargantilla alrededor de mi cuello y me
encadenó a la maldita barra.
Han pasado cuatro horas y hasta ahora, la fiesta apenas comienza.
Está repleto del tipo de personas con las que cualquiera esperaría que los
hermanos DeAngelis fueran amigos: malditos hijos de puta sucios,
inducidos por las drogas, que deberían haber sido encerrados el día en que
nacieron... o tragados.
Este no es el lugar donde quiero estar, especialmente en lencería,
botas con las que apenas puedo moverme, oh sí... ¡Y ENCADENADA A LA
MALDITA BARRA!
Los cuerpos están en todas partes y no me toma mucho tiempo
comenzar a reconocer las caras de las noticias de “LOS MÁS BUSCADOS”
que se todo el tiempo en el televisor. Incluso algunas de las chicas por aquí
se parecen extrañamente a los carteles de “CHICA PERDIDA” que aparecen
en la parte posterior de las puertas de los baños en los clubes, pero no
parecen estar demasiado molestas por su estado de “desaparecida”.
Mis manos están sudorosas y mis rodillas no han dejado de temblar.
Los hermanos DeAngelis son los más peligrosos de la sala con diferencia,
pero me gusta pensar que he desarrollado algún tipo de relación con ellos,
no muy buena, pero es más de lo que puedo decir de las otras personas
aquí.
Cuando los hermanos se acercan a la barra para tomar una copa, sé
que vienen a mirarme o a hacer comentarios sarcásticos sobre lo maravilloso
que es ver el miedo que su fiesta ha inducido en mis ojos, pero cuando los
demás asistentes a la fiesta se me acercan, no sé qué esperar.
La habitación está oscura y lúgubre, aunque esperar algo diferente
sería una tontería de mi parte. Todo el asunto de la fiesta me da una
sensación. Es sofisticado y claramente un tipo de evento al que entras solo
con invitación, pero también es salvaje en formas que nunca he
experimentado en un club.
Las chicas bailan sobre las mesas, sus sostenes caen al suelo
mientras los hombres se demoran y agarran sus cuerpos. Sus manos son
alentadas, mientras que en el club, la mayoría de las chicas se alejarían de
tipos como estos. Hay parejas follando al aire libre, rudas e implacables,
mientras que otros se quedan atrás y miran con aprecio, pero lo que
realmente me molesta son las píldoras que dan vueltas en la habitación.
La cocaína se usa en casi todas las mesas mientras observo con horror
cómo las bebidas se disparan por toda la habitación. Demonios, es la razón
por la que voy a pasar la cuarta hora de esta fiesta sin siquiera un sorbo de
agua.
Una mirada intensa me golpea desde el otro lado de la habitación y
no puedo resistir mirar hacia arriba para encontrar los ojos de Roman fijos
en los míos. Me ha estado observando toda la noche, junto con sus
hermanos, pero Roman es el más concentrado. Levi ha estado tan absorto
con su batería que apenas se da cuenta de la fiesta que lo rodea, mientras
que Marcus se encuentra ocupado dejando en claro de quién fue la idea de
esta fiesta. Sin embargo, la idea de que Marcus pierda el control de esta
manera es tan horrible como la idea de estar a solas con él, especialmente
considerando que su mano ni siquiera ha comenzado a sanar todavía.
Una mujer se sienta al lado de Roman, demasiado cerca para ser
cómodo, y no me pierdo la forma en que su mirada recorre continuamente
mi cuerpo. Me ha estado observando toda la noche mientras le susurraba al
oído a Roman y le pasaba las uñas con garras arriba y abajo por su fuerte
muslo, pero es la forma en que lo alienta lo que me hela la sangre.
Trato de ignorarlos, enfocando mi atención en la tarea que tengo entre
manos. Los pedidos de bebidas me llegan a la izquierda, a la derecha y al
centro, y maldita sea, están muy enojados porque apenas puedo seguir el
ritmo, pero ¿qué esperaban? Solo hay una yo y cientos de ellos. Claro, estoy
acostumbrada a este nivel de exigencia proveniente del club, pero
generalmente hay algunas chicas trabajando conmigo, y estoy segura de que
no estoy atada al bar por una puta cadena y una gargantilla. Sin embargo,
ni una sola persona ha mirado dos veces mi gargantilla, se ha resistido o
cuestionado. Simplemente se considera normal. No sé si debería sentirme
consolada por eso o si debería estar muerta de miedo.
Supongo que a estas alturas, debería empezar a acostumbrarme.
La música está tan alta que apenas me doy cuenta cuando el
tamborileo se detiene desde el otro lado de la habitación, pero cuando lo
hace, tiene toda mi atención. Mi mirada cambia mientras me apresuro a
llenar un vaso del whisky más caro que he encontrado, pero lo que
encuentro hace que mi corazón se acelere en mi pecho.
Una chica vestida nada más que con una tanga de diamantes negros
rodea a Levi, moviéndose en el pequeño espacio entre él y la batería,
deteniendo efectivamente su música. Le quita las baquetas de las manos y
las equilibra en su set.
La audacia de esta mujer me tiene asombrada. ¿Qué chica en su sano
juicio tendría las agallas para hacer eso? Debe ser suicida.
Ella toma sus manos y las coloca sobre su cuerpo, y observo,
completamente cautivada por la forma en que él examina sus pechos
desnudos. Son redondos y alegres, exactamente lo que todo hombre espera
que le pongan en el rostro, y no voy a mentir, su confianza con él está tirando
de algo dentro de mí.
Se pone de rodillas y observo cómo alcanza la parte delantera de sus
pantalones. Seguramente, él la alejará y le dirá que se vaya y se folle a otro
lamentable imbécil, pero cuando le permite continuar, unos celos feroces
me atraviesan.
Aparto la mirada y rápidamente cumplo con mi pedido antes de tomar
otro, pero la compulsión es demasiado fuerte y me encuentro mirando hacia
atrás para encontrar el enorme pene de Levi erguida y orgullosa. Su puño
se cierne sobre la base de su pene, pero ella rápidamente lo reemplaza con
el suyo, liberando sus manos para agarrar sus baquetas una vez más.
Su lengua comienza en su base y trabaja hasta la punta antes de
cerrar la boca sobre él. Sus ojos se cierran de placer por solo un breve
segundo y en unos momentos, sus baquetas están bajando en su set,
creando el sonido más erótico que jamás haya escuchado.
Su cabeza se balancea hacia arriba y hacia abajo mientras su boca
apenas cabe alrededor de él. Es enorme, como su hermano, aunque no me
sorprende. Los tipos que exudan ese tipo de confianza simplemente no
vienen con un equipo pequeño. Demonios, solo puedo imaginar cómo sería
el de Roman. Pero maldición, ahora mismo, todo en lo que puedo pensar es
en Levi.
La forma en que se mueve, la forma en que lo toca… Sé que podría
hacerlo mejor, y maldita sea, a él le encantaría. Esa debería ser yo.
Maldición. No, no debería.
¿Por qué diablos me siento con todo el derecho al pene de un
DeAngelis? No son míos, y aunque afirman que me pertenecen, estoy
absolutamente segura de que no voy a empezar a abrirme de piernas para
ellos y convertirme en su putita... ya sabes, aparte de esa vez con Marcus.
Ese fue solo un momento de debilidad que nunca volverá a suceder, pero
maldición. Esta chica simplemente no lo es. No está trabajando con su
lengua, no está usando las manos, no le está dando nada de lo que necesita,
no como yo podría hacerlo.
—Oye, perra —dice una voz fuerte, atravesando mi mente nublada—.
Estoy hablando contigo. ¿Dónde está mi maldita bebida?
Mi cabeza da vueltas para encontrar a mi cliente enojado mirándome
como si estuviera imaginando lo rápido que podría desollarme viva y mi
mirada cae al vaso vacío en mi mano.
Ah, maldición.
Nunca me consideré del tipo que se distrae tanto con un gran pene y
una chica que hace mal sexo oral.
—Ya viene —respondo bruscamente al chico mientras me ocupo de
llenar el vaso.
Lo coloco sobre el mostrador y trato de recordar qué había pedido la
zorra que estaba a su lado, y cuando agarro la botella de vodka y empiezo a
mezclar su bebida, una gran mano serpentea hacia adelante y me rodea la
muñeca, apretándola con tanta fuerza que estoy segura de que se
magullará.
Un grito ahogado de dolor sale de entre mis labios cuando el gran
hombre tira de mí hacia adelante, cerniendo mi cuerpo hacia él mientras mi
cabeza se golpea contra las cadenas apretadas.
—Eres malditamente patética —murmura en voz baja, sus ojos
oscuros y enfermizos me miran fijamente y da todo lo que tiene para tratar
de intimidarme, pero después de pasar los últimos días con los hermanos
DeAngelis, muy poco puede afectarme en este momento.
¿Quién hubiera pensado que en una noche como esta, lo único que
me ha molestado es no ser la perra de rodillas?
Mi puño se aprieta sobre el vaso lleno de vodka y, sin pensarlo, mi
mano se abre y le arrojo el contenido al hombre.
—SUÉLTAME —gruño, tirando de mi brazo hacia atrás mientras él
retrocede un paso, sus ojos palpitan de rabia mientras su mujer grita a su
lado.
En un movimiento suave, el hombre se catapulta sobre la barra y se
deja caer a mi lado, su mano va inmediatamente a la base de mi garganta
antes de golpearme contra la parte trasera de la barra. Las botellas se
rompen y traquetean detrás de mí, balanceándose en el estante y
amenazando con caerse, y mientras él se inclina hacia mí, presiona un
cuchillo en mi garganta, justo encima de la maldita gargantilla.
—¿Algunas últimas palabras, perra? —gruñe, escupiendo en mi cara.
Bueno, maldición. No es así como pensé que esto iba a ir.
Empujo su agarre duro como una roca a medida que se vuelve más
difícil respirar, pero de alguna manera, encuentro suficiente oxígeno para
murmurar las dulces, dulces palabras:
—Vete a la mierda.
Su agarre se aprieta y siento la hoja de su cuchillo clavándose en mi
frágil piel mientras mis dedos se deslizan en la parte superior de mis botas
hasta los muslos.
Una sombra aparece a mi lado, y justo cuando está a punto de
cortarme la garganta para que el mundo la vea, la sombra se acerca y su
mirada feroz se dirige al aterrador hombre que se cierne sobre nosotros.
—Ella es mía —gruñe Marcus, su tono es tan bajo que retumba justo
a través de mi pecho.
El chico retrocede un paso, pero la barra restrictiva no le permite ir
tan lejos.
—Yo… lo… lo siento —dice, con los ojos llenos de un miedo
paralizante.
El cuchillo cae y hace ruido al suelo mientras los fiesteros
inconscientes continúan a nuestro alrededor, girando al ritmo de la música
y follando contra las mesas mientras sus compañeros se meten pastillas en
la boca.
El miedo lo sacude, y por un momento fugaz, todo se vuelve claro.
Soy de ellos.
En esta sala, entre esta gente, yo soy la que tiene el poder. Si tocan la
propiedad de DeAngelis, están jodidos. Si me hacen daño, están jodidos. Si
me miran mal, están jodidos.
No pueden tocarme, no sin consecuencias.
Me levanto de la pared y el vidrio roto de las botellas a mi espalda cae
a mi alrededor, cortando mi piel a medida que avanza, pero me pongo frente
a Marcus, por primera vez, confiando estúpidamente en él a mi espalda.
El hombre mira entre nosotros, incapaz de entender qué diablos está
pasando aquí, pero honestamente, igual yo. Toda esta situación es jodida, y
para aquellos que conocen bien a los hermanos DeAngelis, sabrán que no
suelen ser posesivos con su juguete.
—Ella… ella…
—Escúpelo —gruñe Marcus, su mano herida cae a mi cintura y agarra
mi piel con fuerza, una advertencia silenciosa de que no soy inocente en
todo esto.
—Tu perra me arrojó un trago en el rostro.
Marcus se encoge de hombros.
—¿Y? —El chico lo mira boquiabierto, incapaz de entender por qué
Marcus no está horrorizado por él, pero cuando sus ojos se oscurecen y su
cabeza se inclina solo una fracción hacia un lado, sé que su diversión
apenas comienza—. Discúlpate.
El rostro del chico se arruga en confusión.
—¿Qué mierda?
—Ya escuchaste —dice un gruñido familiar detrás de él.
Mi mirada se dispara para encontrar a Roman parado en el lado
opuesto de la barra, directamente detrás de él y a la distancia de un brazo
para simplemente estirar la mano y romperle el cuello.
El hombre traga saliva, viendo claramente la situación en la que se
encuentra, y una sonrisa torcida se extiende sobre mi rostro. Me gusta
bastante este pequeño giro de los acontecimientos. Es emocionante, crudo
y apasionante, aunque no es algo a lo que quiera acostumbrarme. Si Marcus
no hubiera aparecido, ya estaría en el suelo. Bueno, estaría colgando cerca
del suelo, ya que la cadena alrededor de mi cuello no llegaría tan lejos.
El hombre se endereza y me mira.
—Lo siento —murmura sombríamente antes de intentar alejarse.
—¿Por qué?
Me mira, disparando dagas a través de su mirada venenosa.
—¿Eh?
—¿Perdón por qué?
Roman entrecierra los ojos y se encuentra con mi mirada acalorada
mientras los dedos de Marcus se aprietan en mi cintura. El hombre mira
entre nosotros antes de finalmente posar su mirada en mí.
—Por lastimarte.
—Ya ves —le digo con un profundo suspiro mientras salgo del agarre
de Marcus y me muevo directamente hacia el hombre. Saco el cuchillo de
hoja negra de Marcus de la parte superior de mi bota y, como un rayo, lanzo
la hoja hacia su garganta, tal como él había tenido la suya contra la mía—.
Puedo lidiar con la parte de lastimarme, pero me llamaste perra, ¿y sabes
qué? Realmente no me gustó eso. Así que dime, ¿qué tienes que decir de ti
mismo?
El pánico parpadea en sus ojos mientras mira a Marcus por encima
de mi hombro, preguntándose qué diablos está pasando, pero eso haría que
seamos dos, porque maldita sea, estoy inventando esta mierda sobre la
marcha.
—Yo... lo siento —se apresura cuando empiezo a pasar la punta del
cuchillo por su garganta y lentamente por su cuerpo—. Dije que lo siento.
Me retracto. No te llamaré perra de nuevo.
Mis ojos se abren y me inclino un poco más.
—¿Qué?
—UNA PERRA. UNA PUTA PERRA.
El asentimiento superficial de Roman en mi periferia envía una ola de
confianza venenosa a través de mí, y mientras su fuerte brazo se enrosca
alrededor de su garganta desde atrás, empujo el cuchillo tan profundamente
en su estómago que siento que la sangre se derrama alrededor de mi mano.
Un aullido de dolor proviene del hombre y me inclino un poco más
para que pueda escucharme por encima de la música, aunque todavía no
me atrevo a sacar el cuchillo, en cambio, le doy un ligero movimiento.
—¿Hemos aprendido una lección sobre cómo tratar a una dama en un
bar?
Traga saliva y asiente violentamente con la cabeza.
—Sí, por favor solo... déjame ir.
—Tu deseo es mi orden —digo antes de sacar el cuchillo y sonreír
dulcemente—. Espero que haya disfrutado de su estadía en el resort y spa
DeAngelis. Considere dejar una reseña y no olvide llevar a su puta con usted
de camino a la puerta.
Y con eso, el agarre de Roman se aprieta alrededor de su garganta y
tira de su pesado cuerpo hacia atrás sobre la barra, dejando un reguero de
sangre repugnante a su paso.
Mientras lo veo irse, la desalentadora comprensión de lo que acabo de
hacer comienza a pesar sobre mí. Marcus vuelve a acercarse a mí. Sus dedos
recorren mi brazo, comenzando en mi codo y bajando hasta que su gran
mano rodea el cuchillo en mi mano.
Me lo quita y observo cómo frota cada lado de la hoja en la pequeña
franja de piel que se ve en mi muslo, haciéndome usar su sangre como un
trofeo.
Marcus no aparta sus ojos de los míos, y cuando la hoja está lo más
limpia posible, observo mientras presiona hábilmente el cuchillo dentro de
mi bota, manteniéndolo a salvo para cuando pueda necesitarlo a
continuación.
—Todavía podría haber esperanza para ti —me dice, su rico tono
oscuro y siniestro, lleno de promesas con las que no quiero tener nada que
ver. Sus dedos se enroscan alrededor de mi barbilla y la levanta, sosteniendo
mi mirada un minuto más—. Tienes trabajo que hacer, si vas a babear
porque le chupan el pene a Levi, asegúrate de estar preparada para ponerte
de rodillas primero.
Luego, así como así, se aleja, dejándome mirándolo, todavía
completamente horrorizada y confundida por todo lo que acaba de pasar.
Podría haber jurado que Roman dijo algo acerca de que Marcus se
vengaría por lo que le hice a su mano, pero esa es una versión de Marcus ni
siquiera parecía recordar.
Capítulo 15
Cuando llegan las 3 a.m. y los invitados comienzan a cansarse,
empiezo a hacer una limpieza rápida del bar por costumbre, aunque algo
me dice que todo lo que ha hecho la madrugada ha sido eliminar a los débiles
y dejarnos con los que planean quedarse a largo plazo.
Guardo todas las bebidas afrutadas y dejo fuera la mierda fuerte
mientras escucho una conversación murmurada a mi derecha. Marcus se
sienta en la barra, con una botella de whisky escocés en la mano mientras
una chica desnuda yace en la barra frente a él. Una línea de coca descansa
justo entre sus pechos y justo cuando está a punto de recibir su dosis, uno
de los lobos se precipita a través de los cuerpos y sienta su gran trasero
justo al lado de Marcus. El lobo lo empuja con la nariz y observo fascinada
cómo Marcus detiene inmediatamente lo que está haciendo y le ofrece la
línea a la chica que ha estado colgando de él durante las últimas dos horas.
¡Qué malditamente peculiar! ¿Los hermanos tienen lobos entrenados
para detectar cuándo uno de ellos está yendo demasiado lejos, o Roman o
Levi simplemente lo enviaron para decirle a Marcus que se detuviera? De
cualquier manera, estoy impresionada, no solo porque el lobo está tan bien
entrenado, sino porque Marcus lo respetó y se detuvo.
La chica esnifa el polvo blanco de los pechos de la chica y cuando se
miran a los ojos y empiezan a reír, sé exactamente a dónde va esto. La chica
desnuda agarra la cabeza de la chica e inmediatamente comienzan a
enrollarse encima de mi barra. Marcus se inclina hacia atrás, observando
cómo una chica le hace sexo oral a la otra.
Se encuentra con mi mirada y levanta la ceja.
—¿Quieres participar? —pregunta, sus ojos recorren perezosamente
mi cuerpo—. Apuesto a que una buena chica como tú nunca ha pasado la
lengua por una dulce vagina o ha sentido que otra mujer llegue al orgasmo
sobre tus dedos. ¿Quieres intentar? Apuesto a que te encantaría. Después
de ese primer toque, serás una pequeña puta por ello. ¿Sabes lo bien que se
siente tener una apretada vagina convulsionándose alrededor de tus dedos,
solo para sacarlos y encontrarlos empapados con esa dulce miel?
Me inclino hacia adelante en la barra, cerniéndose sobre la chica e
indicándole a Marcus que se acerque un poco más. Mi lengua rueda sobre
mi labio inferior y él observa atentamente.
—La única forma en que me vas a ver follándome a otra chica con mi
boca, es si ya tengo ese gran pene tuya en el fondo de mi culo.
Un gemido bajo retumba a través de su pecho cuando el deseo se
extiende por sus facciones, pero antes de que pueda comentar algo,
retrocedo.
—Lástima que me tengas aquí trabajando como un maldito perro.
Mientras me veas como una propiedad, nunca me tendrás de nuevo.
Con eso, doy la espalda y me concentro en la barra. Sin embargo, todo
lo que consigo es girarme para mirar a Roman, que se sienta al otro lado de
la habitación, observándome con esa misma chica posesivamente pegada a
su lado mientras Levi se sienta un poco más atrás, golpeando su batería de
nuevo.
Los tres han estado bebiendo esta noche, pero Roman y Levi se lo han
estado tomando con calma. Marcus está bastante emocionado, pero los
otros dos probablemente aún podrían dispararme directamente entre los
ojos desde el otro lado de la habitación.
Mientras limpio el bar, Levi me hipnotiza mientras toca. Esta vez, no
hay chicas bloqueando mi vista, solo Levi luciendo más vulnerable de lo que
jamás lo he visto. Sus ojos están en mí, pero los míos están en su cuerpo,
observando la forma en que sus músculos se flexionan y giran con cada
golpe del tambor, observando cómo su rodilla rebota cuando su pie golpea
el bajo.
Mientras toca, la tensión parece abandonar su cuerpo y la felicidad
pura baña su rostro. Su cálida piel está cubierta por la más suave capa de
sudor, y rápidamente me doy cuenta de que esta es su paz. Tocar la batería
es lo que alivia la oscuridad que lo nubla, al igual que Marcus abusa de las
drogas y el alcohol para despejar su mente. Sin embargo, Roman, todavía
no tengo ni puta idea de cuáles son sus vicios, pero algo me dice que no lo
descubriré fácilmente.
No puedo quitar mis ojos de Levi. Siempre me han gustado los
bateristas, pero ver a este hombre roto hacer lo suyo, tan completamente
desvinculado de la fiesta que lo rodea, es hipnótico. Daría cualquier cosa
por ir y subirme a su regazo y sentir mi cuerpo moviéndose contra el suyo
mientras él toca la batería, sus rodillas rebotan debajo de mí y sintiendo la
vibración justo entre mis piernas.
Maldición. Tengo que tener una probada. Solo puedo imaginar lo que
se sentiría ser follada en su regazo mientras tocaba.
Diablos, ahí voy de nuevo, pensando en situaciones idiotas. Debería
pedirles a los hermanos que vayan y me traigan uno de esos juguetes de mi
apartamento para mantener mi mente fuera de la cuneta. Al menos de esa
manera, podría dejar de tener pensamientos inapropiados sobre estos
asesinos en serie psicóticos. Apuesto a que les encantaría follarme hasta la
muerte. ¿Es eso siquiera una cosa? Supongo que la pregunta más
importante es, ¿es ese un buen camino a seguir? ¿Sería una buena
experiencia? ¿Quién sabe? Si vienen por mí, espero que vengan preparados.
Tengo suficiente frustración reprimida para seguirles el ritmo a los tres.
¿Pero los tres al mismo tiempo? Ahora ese es un pensamiento
intrigante.
Una pelea estalla al otro lado de la habitación y me saca de mi trance.
Miro a las dos chicas follando en la barra para ver la pelea detrás de la
cabeza de la chica morena. Un profundo suspiro sale de mi interior. Estoy
tan harta de esta mierda. Es la quinta pelea de la noche. Los dos primeros
me llamaron la atención, y no voy a mentir, todos eran idiotas, así que fue
muy emocionante verlos salir cojeando de aquí con los huesos rotos, pero
esa mierda se está volviendo aburrida rápidamente.
Un fuerte chillido brota del otro extremo de la habitación, y mi cabeza
se vuelve hacia atrás para encontrar a una chica corriendo entre los
cuerpos, tratando desesperadamente de encontrar una salida. Sostiene
bolsas de pastillas en sus manos y dejo escapar otro suspiro, ya sabiendo lo
que está a punto de suceder.
Aparto la mirada justo a tiempo para ver a Marcus recostado en su
asiento, sacando su arma y disparando a través de la fiesta con un ojo
cerrado por la concentración.
El fuerte estruendo resuena en la habitación, pero la música
atronadora lo ahoga rápidamente. Su cuerpo cae directamente sobre Levi en
la batería y él no pierde el ritmo, empujándola mientras su sangre se filtra
en su equipo.
Su cuerpo yace olvidado en el suelo sucio, rodeado por las bolsas de
pastillas robadas. Sin embargo, Levi sigue tocando como si nada hubiera
pasado, su sangre rebota en la batería con cada maldito golpe.
Marcus se ríe y no puedo evitar mirarlo, solo para encontrarme con
su mirada diabólica.
—Son solo pastillas. Imagínate lo que sucedería si alguien intentara
robar algo realmente importante para nosotros.
Sus ojos se oscurecen y un escalofrío me recorre la columna,
obligándome a apartar la mirada de él. No puedo manejarlo cuando entra
en este estado de ánimo oscuro y retorcido con sus comentarios ridículos
que están llenos de misterios que no entiendo del todo. Pero mirando hacia
atrás a Levi y viendo su reacción imperturbable ante el cuerpo sin vida en
el suelo, o el charco de sangre que crece a sus pies, me pregunto cómo
habría reaccionado si la chica muerta hubiera sido uno de sus hermanos.
¿Cómo reaccionaría cualquiera de los hermanos ante eso? ¿Son siquiera
capaces de sentir esa feroz protección?
No puedo evitar dejar caer mi mirada hacia la chica mientras una
pesadez descansa contra mi pecho. No puedo entender por qué la gente
estaría dispuesta a tirar su vida por esta mierda. Claro, si ella lo estaba
robando para venderlo solo para mantener un techo sobre su cabeza,
entonces lo entiendo, pero ¿dónde trazas la línea? El abuso de sustancias
simplemente no es para mí. Ya que me acabo de convertir en compañera de
cuarto de los tres proveedores más grandes del país, supongo que es bueno
que la mierda no me interese.
Al menos, su padre es el mayor proveedor del país, pero viendo que
está tan ampliamente disponible aquí esta noche, supongo que han estado
metiendo los dedos en el tarro de galletas y han aprendido exactamente
cómo salirse con la suya.
Las horas pasan, y los primeros rayos de sol de la mañana brillan
contra las enormes ventanas, mostrando el desorden que estoy segura que
me dejaran para limpiar. Levi entra en el bar y en silencio se acerca a mí.
Los nervios parpadean a través de mi cuerpo. Todo en lo que puedo
pensar es en lo bueno que sería follar con su batería. Sus manos se levantan
y tomo aire mientras sus dedos juegan en la parte de atrás de mi gargantilla.
Pasan unos segundos antes de que la gargantilla se afloje alrededor de mi
garganta y se caiga rápidamente, liberándome de los confines de la barra.
—Ven —ordena antes de darse la vuelta en silencio y alejarse.
Lo observo con cautela mientras corro detrás de él, dejando el bar
para que las masas saqueen la basura. Me lleva hacia sus dos hermanos
que se sientan en los salones, la mujer sigue sentada al lado de Roman con
su cabello largo y oscuro cayendo sobre su hombro y sus ojos mirando cada
paso que doy. Cuanto más nos acercamos, más fuerte palpitan mis nervios
a través de mi cuerpo. ¿Qué quieren conmigo?
El corto paseo por la habitación se siente como el camino más largo
que he tomado. Cuando llegamos a Roman y Marcus, Levi me dice que me
detenga, poniéndome justo en el centro mientras Levi se deja caer en el sofá
opuesto, encerrándonos en una pequeña área privada.
—¿Necesitan algo? —pregunto, mirando la forma en que la pequeña
señorita popular presiona su cuerpo contra el costado de Roman y apoya su
mano posesivamente contra su rodilla.
La mujer levanta la barbilla y, cuando la luz ilumina su rostro, no
puedo evitar notar lo malditamente hermosa que es. Solo debe tener
veintitantos años. Mi conjetura sería que tiene casi la edad de Roman, pero
la profundidad de sus ojos me dice que ha pasado por algo de mierda.
—Gírate —ronronea, cautivándome con sus labios pintados de
oscuro—. Déjame verte.
Frunzo el ceño y mi mirada se dirige a la de Roman.
—¿Umm que?
—Te pidió que dieras una vuelta para ella —dice Roman, su tono bajo
y lleno del tipo de autoridad que me dan ganas de golpearlo en la garganta—
. Hazlo.
Trago saliva y miro a la mujer antes de empezar a girar lentamente.
Siento sus ojos recorriendo mi cuerpo, estudiando cada curva e
imperfección.
—Es delgada —murmura como un insulto—. Tiene un buen trasero
sin embargo. Quiero verla desnuda.
Rápidamente termino de girar, girando el resto del camino.
—¿Disculpa? —Mis ojos se salen de mi cabeza—. No voy a
desnudarme para ti. ¿De cualquier manera, quién eres?
Sus labios se fruncen en una línea apretada mientras su uña con
garra se arrastra sobre sus labios rojos.
—Pensé que la tendrías mejor entrenada —suspira—. Tu padre se va
a decepcionar.
Roman se burla.
—Tiene problemas con la autoridad —dice, mirándome
amenazadoramente, una demanda silenciosa de cerrar la maldita boca y
hacer lo que me han pedido antes de que lo haga por mí.
Dejo escapar un suspiro y miro alrededor de la habitación. Todavía
hay gente por todas partes, no tanta como había unas pocas horas después
de la fiesta, pero los que quedan están realmente drogados ahora. Además,
ha habido suficiente desnudez aquí esta noche para que nadie mire dos
veces mi cuerpo, especialmente cuando las otras mujeres en la habitación
tienen mucho más que ofrecer.
La habitación todavía está lo suficientemente oscura, y esa es toda la
privacidad que voy a tener, así que hago mi mejor esfuerzo y extiendo mis
manos detrás de mí, sintiendo la mirada de Marcus en mi trasero.
Desabrocho mi sostén y el material negro y endeble cae al suelo a mis pies,
y antes de permitirme la oportunidad de sentirme humillada por mi
desnudez, engancho mis pulgares en los costados de mi tanga y la arrastro
lentamente por mis piernas, sabiendo exactamente lo que Marcus puede
ver.
Miro hacia atrás a la extraña mujer que de alguna manera tiene sus
garras en estos tipos, doy un paso hacia la pequeña mesa de café entre sus
sofás. Apoyo mi bota con tacones de aguja sobre la mesa y mis dedos caen
sobre la cremallera. Lentamente, empiezo a desabrochar la bota hasta el
muslo, llevándome la cremallera a la rodilla antes de que la mujer niegue
con la cabeza.
—No, déjalos puestos —me dice, sus ojos se entornan mientras su
mirada recorre mi cuerpo con hambre.
—Mmmm, maldita buena elección —dice Marcus desde su posición
privilegiada detrás de mí mientras trato con todo lo que tengo de no mirar a
los ojos de Roman, aunque siento su mirada fija en mi cuerpo. Si le gusta
lo que ve, seguro que no lo está demostrando, pero maldición, su rechazo
dolería.
La mirada hambrienta de la mujer permanece en mi cuerpo mientras
señala la mesa de café.
—Siéntate.
Trago saliva y doy un paso alrededor de la mesa, odiando lo mucho
que me acerca a ella y a Roman, pero hago lo que me dice y dejo caer mi
trasero en el borde de la mesa, manteniendo nerviosamente mi mirada en
ella.
—Ábrete. —Mi espalda se pone rígida y mis ojos se abren como platos,
pero su insistente asentimiento me hace separar lentamente las rodillas—.
Así es. Recuéstate sobre tus manos y muéstrame lo que tienes.
Su sensual confianza de alguna manera me tranquiliza, y aunque
siento que la mirada de Roman cae directamente sobre mi sexo, me gusta.
El hambre se asienta en los ojos de ambos y la mujer humedece sus labios.
—Marcus me dice que nunca has estado con una mujer.
Mis ojos casi se salen de las órbitas, más que listos para clavar a
Marcus en la basura. Niego con la cabeza.
—No, eso no es lo que yo…
La mujer se estremece, su aguda mirada regresa directamente a la
mía.
—No estarás llamando mentiroso a Marcus, ¿verdad? —pregunta, su
tono lleno del tipo más peligroso de veneno vengativo.
Me detengo, sacudiendo lentamente la cabeza.
—Yo…
—¿Le dijiste o no a Marcus que te follarías a otra mujer, solo si su
pene estaba enterrado profundamente en tu culo?
—Quiero decir, lo hice, pero…
—Bien —dice, interrumpiéndome de nuevo—. No hay necesidad de
avergonzarse. Todos comienzan en alguna parte, pero afortunadamente
para ti, obtendrás lo mejor de ambos mundos.
Mis cejas se arquean.
—¿Que se supone que significa eso?
—Shhhhh —tararea, empujándose del sofá, usando el fuerte muslo
de Roman para impulsarse—. Te va a encantar. Puedo decirlo.
Lentamente comienza a dar vueltas alrededor de la mesa de café hasta
que se arrodilla detrás de mí, balanceándose sobre sus rodillas con una
mano en mi hombro. La otra descansa en la base de mi cuello y mientras se
inclina lentamente y roza sus labios rojos a lo largo de la curva de mi cuello,
sus suaves dedos rozan mi piel, acariciando suavemente mis curvas.
Desliza las yemas de sus dedos sobre mis pechos y mis pezones se
endurecen bajo su tacto.
—Allí —susurra contra mi piel—. Sabía que te iba a gustar.
Pero no podría estar más equivocada. Si bien su toque es
definitivamente algo que nunca antes había experimentado, no es lo que me
excita. Es la forma en que tanto Roman como Levi están mirando mi cuerpo
como si desearan poder disfrutarlo. Ojalá Marcus se moviera para que yo
también pudiera ver sus ojos en mí. Me encantaría ver esa salvaje y
desesperada hambre suya solo una vez más.
Las palabras de Marcus de la noche en que me atormentó hasta el
olvido vuelven para atormentarme. No vas a renunciar a esto por nadie. Ni
por Roman, o por Levi, ni ningún desgraciado que venga a buscarte. ¿Me
entiendes?
Estuve de acuerdo de todo corazón con el único propósito de que él
acabara conmigo, pero si estuviera a solas con cualquiera de sus hermanos,
haría como si nunca hubiera pasado. Pero en este momento, sus ojos están
sobre mí. Él sabe que en el segundo en que esta mujer me toque, esas
palabras no tendrán ningún peso.
Miro hacia él, y cuando me encuentro con su mirada entrecerrada,
me doy cuenta de que ambos estamos en la misma página. Está recordando
esas palabras exactas como yo, recordando cómo le prometí que solo estaría
con él. Está muy enojado, pero al mismo tiempo, el deseo se acumula en sus
ojos. Quiere mirar, quiere ver sus manos en mi cuerpo, ver la forma en que
me retuerzo bajo su suave toque.
Pasa un momento privado entre nosotros, y después de una breve
pausa, él finalmente asiente, cediendo a lo que sabe que sucederá de todos
modos. Después de todo, es mejor que se siente y disfrute del espectáculo
en lugar de enojarse y perderse toda la diversión.
La mano de la mujer cae aún más abajo, rozando mi estómago tan
suavemente que contengo el aliento mientras sus dedos hacen cosquillas en
mi piel sensible. No puedo evitar apartar mi mirada de Marcus y
concentrarme en su toque mientras su largo cabello oscuro cae hacia
adelante y roza mi hombro. Se detiene en la parte superior de mi muslo y
un gemido entrecortado se desliza entre mis labios cuando su lengua roza
mi cuello.
Los chicos miran de cerca, sin perderse de un solo estremecimiento o
exhalación cuando sus dedos caen entre mis muslos abiertos y comienzan
a frotar pequeños círculos apretados sobre mi clítoris.
Tomo aire y mis pechos presionan más fuerte contra su brazo. Ella
sonríe contra mi cuello.
—Sabía que te gustaría —murmura—. Solo espera hasta que te folle
con mi lengua. Eres una puta tan afortunada.
La intensa mirada de Roman descansa contra mi sexo y desde donde
se sienta, sé que puede ver lo mojada que estoy. Fantasear con su hermano
y la batería antes probablemente no ayudó, pero maldita sea, no puedo
mentir, este pequeño alivio está ayudando a atenuar el dolor interior.
Los dedos de la mujer se sumergen más abajo y los arremolina con mi
humedad antes de empujarlos lentamente dentro de mí. Mis piernas
instantáneamente se abren más, queriendo tomarla más profundo, pero los
dedos solo pueden llegar tan lejos.
Como si leyera mi cuerpo, su pulgar trabaja en mi clítoris mientras
sus dedos entran y salen de mí, y justo cuando empiezo a olvidar que es una
completa extraña y probablemente alguien que no quiero conocer en este
mundo, se aparta de mí y un grito de dolor sale de entre mis labios.
—No te preocupes, dulce ángel —ronronea, levantándose de la mesa
de café y moviéndose hasta que está directamente frente a mí. La luz de la
mañana brilla detrás de ella y crea un halo suave alrededor de su rostro,
aunque algo me dice que es lo más engañoso que jamás veré. Esta mujer es
cualquier cosa menos un ángel—. Te he estado observando toda la noche.
Eres luchadora pero inocente. Sé exactamente lo que necesitas y no me
detendré hasta que tenga tu dulce sabor en mi lengua.
Se pone de rodillas frente a mí y presiona sus manos contra mis
muslos, abriéndolos más y haciendo que Roman ajuste su pene dentro de
sus pantalones. Mis ojos se clavan en los suyos, y en este momento, ni
siquiera me importa que me odie, todo lo que importa es tener sus ojos en
mi cuerpo y observarme mientras me tocan.
La mujer se acerca y acaricia suavemente mis pechos antes de deslizar
su mano entre ellas y empujar contra mi pecho hasta que estoy recostada
sobre la mesa de café, mi cabello castaño roza las rodillas de Marcus.
Ella no pierde el tiempo y cierra su cálida boca sobre mi sexo y todo
mi cuerpo se estremece por su toque, pero cuando su lengua comienza a
trabajar sobre mi clítoris y sus hábiles labios chupan y provocan cada
centímetro de mí, sé que estoy perdida.
Presiona sus dedos dentro de mí y mientras grito de placer, no puedo
resistirme a levantar la mano y ahuecar mis pechos. Mis dedos pellizcan
ligeramente mi pezón y, en unos momentos, Marcus se inclina hacia
adelante y hace lo mismo con el otro. No puedo evitar preguntarme si esta
es su forma de mostrarles a sus hermanos que me tiene justo donde quiere,
mostrando una muestra de dominio sobre mí, demostrando que soy toda
suya para hacer lo que le plazca. De cualquier manera, si él quiere unirse,
estoy de acuerdo.
Con Marcus tan cerca, extiendo mi brazo hacia atrás sobre mi cabeza
y agarro la parte delantera de sus pantalones. Su mirada cruel cae
inmediatamente para encontrarse con la mía y sin una maldita palabra
entre nosotros, se desliza del frente de su sillón y libera su gran pene de los
confines de sus pantalones.
Sin contenerme, lo tomo en mi boca, moviéndolo de arriba abajo
mientras sus hermanos observan. Sus dedos se enredan en mi cabello y lo
suelto. Le doy todo lo que tengo, demostrándole a Levi que no importa lo
fuerte que la otra chica le chupe el pene, nada se compara conmigo.
La mujer entre mis piernas trabaja en mí con el mismo estado de
ánimo, y maldita sea, no tengo nada con lo que compararla aparte de los
hombres, y hasta ahora, está demostrando ser malditamente buena.
Su lengua se desliza sobre mi clítoris, provocando y frotando al mismo
tiempo mientras sus labios me prometen todo lo dulce del mundo. Sus dedos
se mueven dentro de mí, masajeando profundamente y frotando mis paredes
de todas las formas correctas. Alguna vez escuché a chicas en el club insistir
en que la mejor persona para excitar a una mujer es una mujer segura de
sí misma que sabe dominar su propio cuerpo. Sin embargo, estoy bastante
segura de que estaban tratando de que me uniera a algún tipo de orgía
lésbica, pero tenían razón. Esta mujer sabe exactamente dónde me gusta y
está leyendo mi cuerpo como si fuera el suyo propio.
El pene de Marcus golpea la parte posterior de mi garganta y mientras
trabajo con él, miro a Levi, que me observa de cerca. Su mirada es seria,
pero los celos en sus ojos me dicen que lo tengo justo donde lo quiero. Sin
embargo, Roman todavía está muy lejos, pero eso no significa que todavía
no sienta su mirada hambrienta en mi sexo, obteniendo la mejor vista en la
casa de la forma en que su pequeña novia está comiendo mi sexo.
Ella aplica más presión a mi clítoris mientras sus dedos trabajan un
poco más rápido, moviéndose en todas las malditas direcciones. Gimo
contra el pene de Marcus y, a cambio, sus dedos se aprietan en mi cabello.
No me roba el control como antes, sino que me deja dárselo de la forma que
a mí me parece mejor, y maldita sea, no lo veo quejarse.
Mueve su lengua sobre mi clítoris justo cuando Marcus pellizca mi
pezón, y es como una corriente eléctrica que pulsa directamente a través de
mi sexo. Gimo, todo mi cuerpo se estremece debajo de ella, casi se vuelve
demasiado.
Tiene toda la razón. Me encanta. Los hombres con los que he estado
antes que ella no valen nada en comparación, pero algo me dice que sus
habilidades no se comparan con lo que los hermanos DeAngelis pueden
hacer con sus lenguas.
Lame mi clítoris una y otra vez y mis ojos se ponen en blanco mientras
mi cuerpo se prepara para explotar. Lo siento crecer dentro de mí,
haciéndose más fuerte con cada paso de su lengua. Ella chupa mi clítoris y
grito, el sonido es amortiguado por el grueso pene de Marcus.
—Mmm —se queja Levi, la emoción cruda y el deseo en su tono son
suficientes para llevarme al límite—. Estoy cerca.
—Maldita sea —dice Marcus—. Solo espera. Ella explota como un
maldito cohete, esa pequeña y apretada vagina... es como el cielo.
—No te acostumbres —murmura Roman sombríamente, su voz baja
y peligrosa, el sonido fluye directamente a través de mí mientras un grito
bajo se hunde en lo profundo de mi garganta y mis ojos se cierran
fuertemente con anticipación—. No hay lugar para chicos como nosotros en
el cielo. Nos vamos directo al infierno y la llevaremos con nosotros.
Marcus mira a su hermano, el veneno se dispara en su tono.
—Quieres decir que no hay lugar para tipos como tú. Esta es toda mía.
La lengua de la mujer acaricia mi clítoris una vez más y mi mundo
explota, rompiéndose en un millón de pedazos. Los dedos de mis pies se
curvan dentro de mis botas con tacones de aguja mientras mis ojos se
aprietan, el poder de mi orgasmo me atraviesa. Mi sexo se convulsiona
alrededor de sus dedos y siento su suave aliento contra mi clítoris mientras
se ríe.
—Sabía que te verías como un puto ángel cuando te corrieras.
Marcus gime por lo bajo, sus dedos se aprietan en mi cabello, y
mientras la mujer sigue moviendo sus dedos profundamente dentro de mí,
dejándome aguantar mi euforia, Marcus llega al orgasmo duro, su cálida
semilla golpea la parte posterior de mi garganta. Me lo trago y miro hacia
arriba para encontrarme con su mirada acalorada.
—Como dije —murmura en un susurro bajo, solo para que yo escuche
mientras sus dedos rozan mi pezón—. Un puto cohete.
Su mirada permanece fija en la mía y lo observo mientras la confusión
me invade. ¿No se supone que él es el impredeciblemente salvaje? ¿El que
tiene un chip en su hombro que se volverá loco con solo presionar un
interruptor? Dulces pequeñeces, no es lo que esperaba que saliera de su
boca en este momento, especialmente después del pequeño incidente
relacionado con ese cuchillo para carnes y su mano. En todo caso, es la
gratitud posterior al orgasmo. Se irá pronto. Volverá a colarse en mi
habitación con la intención de perseguirme a través de un maldito
cementerio antes de que me dé cuenta.
Una vez que mi euforia ha bajado, la mujer se aleja de mí y finge
humedecer sus labios mientras Marcus se aparta y se acomoda dentro de
sus pantalones. Sin otra palabra, se aleja y, al ver que el espectáculo ha
terminado, Levi se levanta y se dirige de regreso a su batería.
Roman extiende su mano y ayuda a la mujer a ponerse de pie mientras
yo me siento en la mesa de café. Mis rodillas se cierran e instantáneamente
siento mi humedad empapándome entre las piernas.
La mujer me mira con una expresión de suficiencia que odio al
instante.
—No doy favores —me dice, tirando su cabello oscuro hacia atrás
sobre su hombro—. Esperaré lo mismo a cambio la próxima vez que te vea,
y ten cuidado, no olvido cuando me deben un favor.
Y con eso, Roman la acompaña fuera de la habitación, dejándome
sentada aquí, en una habitación llena de violadores, asesinos y ladrones en
nada más que mi traje de cumpleaños.
Capítulo 16
Tres horas de sueño es todo lo que obtengo antes de que un imbécil
derribe la puerta de mi cámara de tortura.
—Por el amor de Dios —gimo, tirando de la vieja almohada justo sobre
mi cabeza mientras el sonido del metal pesado chocando contra la piedra
atraviesa mi cabeza—. Piérdete. Estoy durmiendo.
—Levántate —el familiar gruñido de Levi resuena en la habitación y
rebota en las paredes del largo pasillo.
—Cualquier mierda que hayas planeado para mí hoy puede esperar.
No estoy de humor para que me acosen en tu estúpido castillo. Déjame
dormir.
—Como quieras —murmura sombríamente, momentos antes de que
un balde de agua helada caiga sobre mi cabeza.
Un fuerte chillido sale de lo más profundo de mi pecho mientras el
sonido del agua choca contra mí y salpica contra las viejas rocas de piedra
a través de la habitación. Salgo de la cama, el frío en el agua se filtra
instantáneamente en mis huesos mientras mis dientes castañean.
—¿Qué —jadeo—, demonios —un escalofrío me recorre—, te pasa?
Enrollo mis brazos sobre mí misma, el frío es demasiado para mí. Soy
una chica amante del verano de principio a fin. Rara vez nieva de donde soy,
pero cuando lo hace, estoy en el peor tipo de infierno. La calefacción me falló
durante tres días el invierno pasado y fueron los peores tres días de mi vida.
Eso fue hasta que tres psicópatas melancólicos irrumpieron en mi
apartamento y decidieron arruinarlo todo.
—Bien —dice Levi, con una expresión de aburrimiento en su rostro
mientras agarra mi muñeca y comienza a tirar de mí hacia la puerta—. Estás
despierta. El almuerzo es en diez minutos. Tienes que estar vestida y lista,
y maldición, Shayne, si no parece que vas a conocer a la puta reina, me
encargaré personalmente de que duermas en el bosque con mis lobos.
Trago saliva e intento tirar de mi brazo, decidida a saber qué diablos
está pasando.
—¿A dónde me llevas? No quiero ir a un maldito almuerzo para
escuchar a Roman hablar sobre lo mucho que quiere masacrarme mientras
duermo o recibir un latigazo cervical por los cambios de humor de mierda
de Marcus. Ni hablar de los tuyos. Pensé que Marcus era el que necesitaba
controlar la ira, pero resulta que estás tan jodido como él.
Sin previo aviso, Levi extiende su mano hacia atrás, agarra mi brazo
y tira de mí con fuerza. Salgo volando del suelo y, en cuestión de segundos,
mi estómago se hunde con fuerza sobre su gran hombro mientras él corre
por el pasillo.
—Te estás quedando sin tiempo rápidamente —gruñe, bajando su
brazo sobre mis piernas para evitar que me retuerza—. Entonces, sugiero
que si quieres pasar este almuerzo con tu vida intacta, te calles, te duchas
y te preparares para el almuerzo en silencio.
—Odio ser la portadora de malas noticias —murmuro, colgando sobre
su espalda—. Pero no tengo nada que ponerme para un buen almuerzo, a
menos que prefieras que me presente con la lencería diminuta de mierda
que me diste anoche. Y para que conste, es imposible estar lista en diez
minutos, especialmente ahora que tu culo idiota dejó caer un balde de agua
helada sobre mi cabeza. Me toma un mínimo de diez minutos solo secarme
el cabello. Sin mencionar que cuando me secuestraste, no tuve exactamente
la oportunidad de empacar mi maquillaje o mi ropa linda. Así que gracias
por la oferta, pero voy a pasar. Siéntete libre de dar la vuelta sobre tu trasero
de hombre de las cavernas y arrojarme directamente a mi cámara de tortura.
—¿Alguna vez dejas de hablar? —gruñe Levi , sube los escalones de
concreto y sale al elegante salón de baile que me tiene entrecerrando los ojos
por la luz, a pesar de que ni siquiera es tan brillante aquí—. Maldición, me
estás dando dolor de cabeza.
—También tú, imbécil. Tal vez mañana por la mañana, te despertaré
con una olla de malditos fideos ramen sobre tu cabeza para que puedas ver
lo malditamente agradable que es —le devuelvo—. Pero honestamente, si no
puedes manejar tu propia mierda, entonces tal vez deberías haberlo dejado
antes de que la pequeña novia de Roman decidiera ponerme en escena. Ya
sabes, ir a la cama temprano como un buen niño.
Levi extiende su mano y agarra mi cintura antes de separarme de él y
lanzarme con fuerza contra la pared. Su cuerpo se presiona contra el mío
mientras su ceño fruncido se dirige hacia mí.
—Un consejo —murmura sombríamente—. La mujer que se comió tu
pequeña y apretada vagina era la nueva esposa de mi padre. Es una puta
con una maldita excitación por Roman, pero si mi padre querido descubre
que tocaste lo que es suyo, te prometo que no valdrá la pena vivir tu vida.
Mis ojos casi se salen de las órbitas cuando siento que mi pecho sube
y baja con jadeos de dolor.
—¿Esa era la nueva esposa de Giovanni DeAngelis?
—Ariana DeAngelis en persona —dice—. No te preocupes, ella no
estará aquí para el almuerzo, pero por suerte para ti, mi padre sí lo hará.
Será mejor que no haya dicho algo accidentalmente cuando llegó a casa.
Tengo que preguntarme qué motivó esta pequeña visita inesperada.
Levi se aleja y me encuentro boquiabierta tras él.
Giovanni DeAngelis viene a almorzar y puede o no saber que su nueva
esposa me comió el sexo como si estuviera buscando oro en un buffet libre.
¡Maldita sea mi vida!
Mi respiración sale en jadeos cortos y agudos mientras corro detrás
de Levi.
—Espera, espera. ¿Que se supone que haga? ¿Y si él sabe? Me va a
matar —salgo corriendo cuando él se detiene y se da la vuelta, deteniéndome
mientras su cuerpo alto se cierne sobre mí—. Ella… se… seguramente él
sabe que todo fue su culpa. Yo no lo pedí. Lo juro.
—Oh, pero sentaste las bases para ello, susurrando esas malvadas
promesas al oído de Marcus, sabiendo que no sería capaz de resistirse —
dice—. Sabías lo que estabas haciendo. Aunque la próxima vez, déjate de
tonterías y pide lo que quieres. Si estás dispuesta a follarte a una chica,
entonces dilo. Si estás celosa de que una zorra me chupe el pene, dilo. No
hay necesidad de jugar pequeños juegos retorcidos.
—Claro, porque los jueguecitos retorcidos no son lo mejor por aquí —
murmuro, entrecerrando la mirada sobre él—. Y para que conste, no estaba
celosa de nada. Solo pensé que estaba haciendo un maldito trabajo horrible.
—Lo estaba —está de acuerdo mientras me mira por un largo
momento—. Pero deja de engañarte a ti misma. Vi la forma en que me
mirabas. Querías ser tú. Querías ser la que dibujara su lengua arriba y
abajo de mi maldito pene. Te mojaste solo mirándome, imaginando todas las
cosas que le haría a tu pequeño y apretado sexo. Te volvió loca de celos, pero
te contaré un secreto.
Hace una pausa y me encuentro apoyándome en él, demasiado
hipnotizada por la forma en que sus ojos oscuros se clavan en los míos. Mi
pecho se eleva y encuentro mi barbilla inclinada hacia arriba para
encontrarse con su mirada acalorada, la anticipación de su pequeño secreto
me quema por dentro. El silencio casi me mata cuando finalmente me dice
lo que he estado esperando escuchar.
—Tienes cuatro minutos.
Con eso, se aleja, dejándome hecha un lío tembloroso y excitado
detrás de él.
Cuatro minutos. ¿Qué mierda?
Giovanni DeAngelis estará aquí en cuatro minutos para matarme.
Maldición.
Subo corriendo las escaleras, haciendo todo lo posible por olvidarme
del pene de Levi y la forma en que mi cuerpo siempre parece cobrar vida a
su alrededor. Sabe lo que necesito, lo que quiero desesperadamente, pero se
niega a ceder y aliviar el dolor que se acumula cada vez que lo veo. Pero
como dijo, no le gustan los juegos retorcidos. Si lo quiero, tengo que pedirlo,
y esa mierda nunca va a pasar.
Corro a través de la ducha más rápida de mi vida, frotando mi cabello
con algo que huele un poco a champú, pero sinceramente, no estoy segura.
Estoy a la mitad de mi ducha cuando la puerta se abre de golpe y Roman
entra con un puñado de ropa y una bolsa de maquillaje que parece
demasiado familiar.
Dejo lo que estoy haciendo y observo mientras cruza el baño para
colocar la ropa en el borde de la bañera de mármol. Se vuelve hacia mí y no
veo nada más que puro odio en sus ojos.
—Date prisa —me dice mientras su mirada se desplaza sobre mi
cuerpo—. He experimentado de primera mano lo que es llegar tarde para mi
padre, y confía en mí cuando te digo que no estás hecha para eso.
Trago saliva y rápidamente enjuago el champú de mi cabello mientras
él me observa un momento más. Decidiendo que está satisfecho con mi
ritmo, sale por la puerta y la cierra detrás de él, y en el momento en que
recupero mi privacidad, cierro los grifos y salgo de la ducha.
No alcanzo a secarme bien mi cabello, pero si al menos puedo
ponerme un poco de maquillaje y conseguir un bonito vestido para cubrir
todas las partes importantes, podría sentirme un poco mejor conmigo
misma. Retuerzo mi cabello en una toalla, rápidamente me maquillo y me
pongo un vestido negro ajustado sobre mi cabeza. Naturalmente, no hay
ropa interior en mi montón de ropa, pero cuando el vestido se hunde
profundamente entre mis senos, me doy cuenta de que la ropa interior no
habría funcionado de todos modos.
El delineador negro y el rímel delinean mis ojos azules y, finalmente,
empiezo a reconocerme de nuevo. Aunque recordar que apuñalé a un tipo
anoche tiene esa aburrida falta en vida que regresa rápidamente. Algo me
dice que la sangre, las tripas y las abundantes escenas sangrientas son la
nueva normalidad para mí y que es mejor que me acostumbre rápido.
Deslizo mis pies en un par de tacones que ya puedo decir que me van
a dar ampollas, pero después de la noche caminando con botas de tacón de
aguja y pasando la noche anterior corriendo descalzo a través de un
laberinto cubierto de maleza, no podría hacer más daño del que ya tengo.
Volteando mi cabeza hacia adelante, atrapo la toalla mientras cae de
mi cabello y la seco lo mejor que puedo antes de pasar un cepillo por mis
largas hebras morenas. Busco en el armario y apenas enchufo el secador de
cabello antes de que un puño golpee la puerta.
—Treinta segundos —grita Marcus—. Llega a tiempo o prepárate para
el infierno.
Maldición.
Enciendo el secador de cabello y empiezo a contar hacia atrás desde
treinta mientras intento desesperadamente que mi cabello quede bien, pero
cuando llego a uno, me doy cuenta de que hoy va a ser un fracaso épico.
No me he preparado para esto y, sinceramente, pensé que estaría
muerta antes de conocer al miembro más antiguo de la familia DeAngelis.
Ya sabes, el que dirige el grupo mafioso más aterrador conocido por el
hombre. Estas personas que son asesinos a sangre fría, son implacables e
implacables, y si no cumplo con sus estándares ridículamente altos,
entonces estaré muerta. Aunque no entiendo por qué es importante. Soy
una basura que fue comprada como entretenimiento para los tres malvados
hijos del hombre. No debería tener que cumplir con los malditos estándares
de nadie. Demonios, ni siquiera debería estar incluido en este pequeño y
ridículo almuerzo.
Salgo del baño, recojo y retuerzo mi cabello, tratando de arreglarlo de
la mejor manera que puedo, pero usualmente soy una chica de cabello
suelto. No sé cómo hacerlo elegante, pero supongo que ya es demasiado
tarde. Mis tacones golpean las escaleras mientras camino hacia el comedor,
pero a medida que me acerco más y más, trato de no hacer ruido.
Mis nervios están superándome rápidamente, y cuando llego a la gran
entrada del comedor, me encuentro flotando fuera de la puerta, demasiado
aterrorizada para entrar.
—No —escucho el tono autoritario de Roman proveniente del interior
de la habitación—. Tenemos que ser pacientes. Si nos movemos demasiado
pronto, lo arriesgamos todo.
—No sé tú, querido hermano —murmura Marcus, su tono está lleno
de algo siniestro que hace que un escalofrío recorra mi columna vertebral—
. Pero mi paciencia se está agotando. Necesitamos hacer esto ahora, antes
de que ella termine como Flick.
Mis cejas se surcan. ¿Quién es la “ella” a la que se refieren y quién
diablos es Flick? ¿Es esa la chica embarazada que fue asesinada por su
padre? ¿Soy yo la “ella” a la que no quiere que le pase eso?
—Deja a Felicity fuera de esto —dice Roman sombríamente—. Te estás
apegando demasiado a esta chica.
—Correcto —se ríe Marcus—. Yo soy el que tiene problemas de apego.
Todo lo que estoy haciendo es disfrutar de lo que ofrece. ¿Tengo que
recordarte el anillo que guardaste para Flick? ¿El anillo que encontró
nuestro padre y que lo impulsó a matarla ante nuestros malditos ojos? Sí,
no me sermonees sobre encariñarme.
¿Qué mierda? Mi boca se abre mientras trato de descargar la bomba
que Marcus acaba de dejar caer. ¿Anillo? ¿Qué anillo? Eso no puede ser
correcto. Para tener un anillo para alguien, primero debes estar enamorado,
y Roman DeAngelis simplemente no es capaz. Pero entonces… si es verdad,
si eso realmente sucedió, cuán insensible y cruel debe ser un hombre para
quitarle la vida a la novia embarazada de su hijo mayor frente a sus ojos.
¿En qué diablos me he metido?
—No hables de mierda que no entiendes, Marc. Felicity también
significó algo para ti. Fingir que no lo hizo es un puto insulto. Tú y yo
estábamos tan apegados como él —dice Levi—. Pero Roman tiene razón. Te
estás apegando a Shayne, y es un pequeño juego peligroso el que estás
jugando, uno que no terminará bien. Ya sabes lo que dice papá sobre los
apegos a las mujeres. Te debilita, y en el momento en que empiezan a
desempeñar un papel en las decisiones que tomas, estás prácticamente
muerto. Tienes que cuidarte a ti mismo a su alrededor.
Un gruñido bajo suena a través de la habitación.
—No sabes de qué diablos estás hablando —dice Marcus—. Ella no
significa nada para mí. Entonces, ¿podemos centrarnos en el problema real
en cuestión? Tenemos que derrocar a nuestro padre antes de que sea
demasiado tarde.
Una burla irritada resuena en la habitación y estoy bastante segura
de que proviene de Roman antes de que el tono tajante de Levi robe mi
atención.
—No podemos —responde Levi bruscamente—. Es demasiado pronto.
Tiene demasiados jugadores de su lado.
—Tenemos a Ariana.
—¿Y qué con ella? —gruñe Roman, las palabras casi suenan algo
dolorosas cuando son forzadas a salir de entre sus labios—. Es una puta.
Solo viene a nosotros porque no recibe un] buen pene en casa. No te dejes
engañar por esos labios rojos como la sangre. No está de nuestro lado.
Hay un murmullo bajo que no puedo entender, pero me encuentro
distraída. ¿Los hermanos realmente están hablando de derrocar a su padre
y usar a su nueva esposa para hacerlo? Eso es una locura. Es una misión
suicida. Pero quiero decir, maldita sea. Estoy tan aquí para ese
enfrentamiento, pero por otro lado, un juego como ese solo podría resultar
en la pérdida de innumerables vidas. No es algo en lo que quiera estar cerca.
No si valoro mi vida.
Si Giovanni DeAngelis y el resto de la familia DeAngelis se enteraran
de esto, los hermanos serían asesinados. Significaría la guerra. Pero me deja
con una gran decisión. ¿Hablar con su padre y hacer que los maten por mi
libertad, podría resultar contraproducente y terminar como una de las
muchas víctimas?
Un fuerte golpe proviene del interior del comedor y salto ante el
sonido.
—¿Dónde diablos está esta chica? ¿Pensé que le habían dicho diez
minutos? —gruñe Roman.
Bueno, maldición.
Capítulo 17
Me acerco y me abro paso a través de las enormes puertas dobles del
comedor solo para tener a los tres famosos cabrones mirándome fijamente.
Simplemente genial. Esto va a ser una tormenta de mierda.
Roman se pone de pie, sus puños apretados presionando contra la
mesa del comedor.
—¿Dónde diablos has estado? —exige—. ¿Te dieron diez minutos para
ponerte presentable y apareces así?
Trago saliva y dejo caer la mirada por mi cuerpo. Mi cabello es
definitivamente un desastre y un poco encrespado por el medio secado por
el que lo acabo de pasar, mientras que mi vestido está torcido y retorcido en
mi cintura. Mi maquillaje parece estar bien, al menos, yo pienso que sí.
—Yo…
—No —dice Roman, levantando una mano e interrumpiendo mi
argumento—. No quiero oírlo. Solo ve y párate en la esquina de la habitación
y trata de no hacer un maldito sonido. Estará aquí en cualquier momento,
y si insistes en pasar la próxima hora, mantendrás la maldita boca cerrada.
No digas una maldita palabra sobre lo que pasó anoche, y ni siquiera pienses
en actuar como una impertinente.
—Pero…
Levi se pone de pie, su severa mirada fija en mí.
—AHORA —grita a través de la habitación, señalando hacia la esquina
en la que quiere que me pare.
Maldición. Están muy enojados.
Muevo mi trasero por la habitación, manteniendo la cabeza baja
mientras los nervios continúan flotando alrededor de mi cuerpo, sus duras
advertencias hacen que todo sea mucho peor. Levi rastrea cada uno de mis
pasos y solo cuando estoy lo más lejos posible de la mesa, finalmente vuelve
a sentarse.
—No lo mirarás. No le hablarás a menos que te hable. Ni siquiera vas
a respirar. ¿Está claro?
Trago saliva y levanto la cabeza, mis ojos se entrecierran en los suyos.
—Soporté esa fiesta de mierda anoche, trabajando duro mientras tus
invitados me tocaban, me escupían y abusaban. Entonces dejaron que esa
puta tomara lo que quería de mí. Me puso en exhibición para que todos lo
vieran y ustedes, imbéciles, simplemente dejaron que sucediera. Me
obligaron a usar anticonceptivos y me han atormentado en cada
oportunidad que han tenido. He jugado con tus reglas por mucho tiempo y
he terminado con esto. Cambiaré las reglas a partir de ahora. Así es como
esto va a funcionar. Me darán una bonita habitación con baño privado, ropa
y todo lo que una chica necesita para vivir cómodamente y, a cambio, seré
una buena esclava e impresionaré a papi para ti.
Marcus se recuesta en su asiento, bebiendo lo que parece bourbon
mientras observa a Roman salir de detrás de su silla y pasearse por la
habitación. Mi mirada se mueve hacia la de Roman, y con cada paso que da,
la ira en sus ojos solo empeora.
Se pone justo frente a mí y se inclina, sus ojos inertes se clavan en los
míos.
—Te corriste con los ojos de los tres hermanos DeAngelis en tu
pequeño y apretado sexo. Yo diría que has sido recompensada lo suficiente.
—¿De verdad? —pregunto, más que lista para jugar con él en sus
viejos y jodidos jueguecitos—. Sería una pena si se me escapara que
invitaste a tu madrastra más querida a tu fiesta y le permitiste disfrutar de
tu pequeña puta. No estoy segura de que a tu padre le guste mucho eso.
Roman se ríe.
—Adelante, díselo. Hazle saber que fue tu vagina la que se comió
anoche. Hazle saber que fuiste tu a quien tocó y disfrutó. Estoy seguro de
que le encantaría saberlo todo.
Trago saliva.
—Denme mi puto cuarto, si no, le digo que ustedes tres pendejos
planean derrocarlo. Pero entonces, si le dijera eso, supongo que estarían
todos muertos y no tendría nada de lo que huir. Maldición, esa es una gran
decisión que tengo que tomar.
El miedo destella en sus ojos por un momento antes de que lo
enmascare y camine hacia mí. Me obligo a retroceder contra la pared detrás
de mí cuando su mano cae en mi cintura, sus dedos se clavan
dolorosamente en mi piel.
—Di una sola palabra sobre lo que acabas de escuchar y te arrancaré
la maldita lengua con mis dientes.
Mi mano presiona su muñeca y empujo con fuerza, obligando a sus
dedos a alejarse de mi cintura. Doy un paso adelante, empujando contra su
pecho y haciéndolo retroceder, ambos sabiendo que su amenaza es inútil
porque en el segundo en que esas palabras salgan de mi boca, los tres ya
estarían muertos.
—¿Cuándo aprenderás, Roman? Combato fuego con fuego y no soy
leal a nadie más que a mí misma. Dame un maldito dormitorio con un baño
personal, y tienes mi palabra, no diré una maldita cosa.
Aprieta la mandíbula, y justo cuando va a responder, la puerta del
comedor se abre de par en par con Giovanni DeAngelis de pie al frente y en
el centro.
Roman se aparta rápidamente de mí y se gira para mirar a su padre,
sus hombros se echan hacia atrás mientras su barbilla se levanta. Me
encuentro dando un paso ligeramente hacia la derecha, casi escondiéndome
detrás de los grandes hombros de Roman mientras mi mirada se posa en el
hombre que prácticamente ha gobernado el lado oscuro del mundo durante
los últimos treinta años.
Mis ojos se abren como platos y me muerdo la lengua para evitar
jadear ante el puro horror de estar en la misma habitación que él. Su traje
completamente negro combina perfectamente con sus ojos inertes. Joyas de
oro cuelgan de cada trozo de piel disponible en su cuerpo mientras viejas
cicatrices cubren su rostro. Este hombre ha pasado por algo de mierda, pero
ahora, está claro que él es la causa de las pesadillas de todos. Exuda poder,
un poder frío, cruel e implacable que ningún hombre debería poseer jamás.
Y pensar que me vine en la lengua de su nueva esposa hace solo unas
pocas horas.
Marcus no se molesta en sentarse derecho, simplemente gira la
cabeza para mirar a su padre mientras Levi se pone de pie para darle la
bienvenida a la habitación, aunque el miedo reflejado en sus ojos me dice
que algo mucho más profundo está pasando con él.
Los hombres de Giovanni entran a raudales en la habitación a su
alrededor, y observo fascinado cómo se dispersan como si Giovanni
necesitara protección de sus propios malditos hijos. Sin embargo, he oído
las historias susurradas en el club y censuradas en las noticias. Si fueran
mis hijos, yo también estaría aterrorizada de ellos.
Sus hombres se ven tan aterradores como él, con trajes negros
envueltos alrededor de músculos magros y una variedad de armas colgando
de sus cinturones. Cada uno tiene pequeñas radios y auriculares, haciendo
como si Giovanni fuera una especie de rey que necesita la mejor protección
que el dinero pueda comprar. O eso, o los usa como una demostración de
fuerza contra sus hijos para dominarlos y hacer cumplir sus órdenes.
Supongo que la vida sería bastante dulce cuando tienes tres hijos
implacables que no temen a la muerte. Son los sicarios perfectos para
cualquier equipo.
Las manos de Roman se cierran en puños a sus costados y observo
cómo trata visiblemente de contenerse. El comentario de Marcus sobre cómo
su padre había asesinado a la chica embarazada se arremolina en mi mente,
y no puedo evitar preguntarme qué tan fresco es ese asunto para los tres.
Su padre comienza a inspeccionar la habitación, explorando cada
centímetro del lugar, pero antes de que su mirada dura y sin vida pueda
aterrizar sobre mí y Roman, Levi roba su atención.
—Padre —dice, su tono agudo y directo al grano—. ¿Qué te trae aquí
hoy?
—¿No puedo visitar a mis hijos sin un motivo oculto? —pregunta, su
tono profundo me inquieta hasta la médula.
—¿Hablas en serio? —pregunta Marcus, enganchando sus piernas
sobre el reposabrazos de su silla—. No has puesto un pie en nuestra
pequeña prisión desde que masacraste a Flick hace cinco meses. Entonces,
¿qué sucede? ¿Vienes a vernos ahora que tenemos un nuevo juguete con el
que jugar?
La atención de Giovanni cae directamente sobre mí.
Maldición.
Tendré que acordarme de darle las gracias por este gran honor.
—Ven aquí —la voz retumbante de Giovanni atraviesa mi pánico,
quemándome con su mirada mortal.
Mi mirada se dirige a Marcus y luego a Roman, quien parece estar a
punto de empujar su pesada bota justo en mi trasero para que me mueva.
—¿Qué haré? —murmuro, mis ojos rebosantes del poder de mi
amenaza mientras me doy cuenta de que mi pausa significa que Giovanni
se ve obligado a prestarme más atención, algo que estoy segura de que
simplemente no hace a menudo.
Roman no responde, pero veo la irritación en lo profundo de su
mirada. Lo tengo justo donde lo quiero, y suponiendo que lo supere, no dudo
que pagaré por este jueguecito arriesgado.
Cuanto más espere su respuesta, peor serán las cosas con su padre,
pero una chica tiene que arriesgarse por una galleta.
Roman mira hacia atrás a su padre y el más mínimo asentimiento de
su parte me dice que mi juego finalmente ha llegado a su fin. La victoria me
inunda, pero antes de que tenga la oportunidad de disfrutar de mi victoria,
el feroz rugido de Giovanni atraviesa la habitación.
—¿CÓMO TE ATREVES A HACERME ESPERAR, NIÑA?
Maldición.
Mis ojos casi se salen de las órbitas y rápidamente muevo mi trasero,
tratando de recordar todo lo que los chicos me dijeron antes de que él
entrara aquí. No digas una palabra. No lo mires. Ni siquiera te atrevas a
respirar.
Bueno, maldición. A juzgar por la primera impresión de mierda que
acabo de causar, algo me dice que esos tres pequeños consejos útiles son
tan inútiles como los restos quemados de Tarzán asentados en mi bote de
basura en casa.
Me escabullo alrededor de la mesa grande, mis tacones resuenan
contra el suelo de mármol mientras siento que las náuseas se acumulan en
lo más profundo de mi estómago. Si en algún momento durante toda esta
mierda estaba destinada a morir, probablemente sería ahora.
Siento que los tres hermanos se mueven discretamente por la
habitación conmigo, lo que hace que los hombres de Giovanni hagan lo
mismo, y maldita sea, si soy consciente de ello, entonces puedo garantizar
que Giovanni también lo es.
Me sitúo frente al hombre más aterrador que he conocido, trato de
recordar respirar. Me tiemblan las rodillas y me sudan las manos a los
costados mientras hago todo lo posible por no encogerme.
Su mirada perversa se inicia en el desorden en la parte superior de mi
cabeza y antes de que se mueva hacia mi rostro, una mueca de disgusto se
asienta en sus labios. Su mirada persistente recorre mis rasgos, o la falta
de ellos.
—Gírate —exige, el ceño fruncido se extiende más a través de su
rostro.
—¿Eso es todo? —pregunta con disgusto, mirando a Roman mientras
termino mi giro lento—. Esto no es en absoluto lo que pensé que iba a ser.
Es una ramita, apenas lo suficiente para mantener satisfecho a un hombre,
y mucho menos a tres.
Roman se encoge de hombros.
—Eso es todo.
Me muerdo la lengua mientras me recuerdo a mí misma una y otra
vez que su esposa disfrutó más saboreándome en su lengua que lo que
obtendría por pasar sus largas noches con este gordo bastardo tirado
encima de ella. Y no importa lo que me haga, nunca podrá quitarme ese
conocimiento. Entonces, ¿quién realmente tiene el poder aquí?
La mirada de Giovanni me recorre de nuevo, inhumana, cruel e
insensible, mirándome como un objeto en lugar de un ser humano con
corazón y alma.
—Quítate el vestido.
El horror me recorre, más que la noche anterior cuando la puta de su
esposa pidió lo mismo, pero esta vez, sé que no debo rechazar una orden.
Las náuseas se arremolinan a través de mí cuando deslizo de mala gana los
tirantes de mi vestido sobre mis brazos y dejo que la tela endeble caiga al
suelo mientras las lágrimas inundan mis ojos, sabiendo que cada guardia
de seguridad que se alinea en la habitación me está despojando como un
maldito objeto, como basura que consiguen recorrer y utilizar a su
disposición.
La humillación me invade mientras estoy de pie frente a él, mi cuerpo
carente mostrando mis curvas apenas visibles. Giovanni se acerca más,
escudriñándome desde todos los ángulos como si estuviera revisando el
motor de un auto viejo y deteriorado.
Mi mirada descansa sobre las baldosas de mármol entre nosotros
hasta que sus dedos se curvan alrededor de mi barbilla. La rasga y fuerza
mi mirada en la suya.
—¿Eres la hija de Maxwell Mariano? —Trago saliva y asiento,
demasiado asustada para hablar—. Prometió una figura completa, pechos
regordetes y un buen trasero. No te pareces en nada a la fotografía que
proporcionó. Eres débil, patética. No hay una característica atractiva en ti.
La ira late en mis venas.
—Supongo que eso es lo que sucede cuando dos viles imbéciles se
juntan y hacen un trato. Los dos salen jodidos.
Su mano retrocede y golpea con fuerza mi rostro, tan malditamente
fuerte que todo mi cuerpo da vueltas por el impulso y me estrello contra el
suelo. Un fuerte grito sale de mí y Giovanni se agacha.
—Tú y tu padre no se saldrán con la suya estafándome. No vales nada.
Apenas arañas la superficie de la deuda que tiene.
—Tómalo con él —mascullo, la sangre se acumula dentro de mi boca
mientras saco mi vestido de debajo de sus caros zapatos de cuero—. Envía
al bastardo mis saludos.
Giovanni mira, la furia ondea a través de su mirada mientras se pone
de pie lentamente. Un destello plateado me llama la atención cuando saca
una pistola de la parte de atrás de sus pantalones. Sabiendo que este es el
final, me alejo de él. Sostiene el arma, el cañón apunta justo entre mis ojos,
y justo cuando está a punto de apretar el gatillo, Marcus suspira.
—¿En serio, padre? Y pensar que yo era el dramático de la familia.
Siéntate para que podamos comer. Estoy aburrido de esto.
Giovanni sostiene mi mirada antes de mirar con curiosidad hacia su
hijo.
—¿Por qué la estás protegiendo?
Marcus se encoge de hombros mientras una sonrisa perezosa
revolotea en sus labios descuidados.
—¿Qué puedo decir? Me estoy follando a la puta, es buena y tiene una
lengua habilidosa. Todavía hay valor en ella. Me desharé de ella una vez que
me aburra de su apretado sexo.
Giovanni me mira antes de finalmente enfundar su arma y caminar
hacia la mesa, dejándome hecho un completo desastre en el suelo.
Rápidamente me pongo de pie y me paso el vestido por la cabeza mientras
observo con cansancio al líder de la familia DeAngelis cruzar la habitación
y tomar asiento.
Comienza con un sorbo de vino antes de arrugar el rostro con disgusto
y volverse hacia mí, arrojando el contenido de su copa sobre mí.
—Esto es horrible. Ve y busca algo que valga la pena.
Mi mirada se mueve rápidamente hacia Levi directamente frente a mí
y él asiente rápidamente, diciéndome que me mueva y rápidamente giro
sobre mis talones antes de salir corriendo hacia la puerta.
—Estoy decepcionado —escucho murmurar detrás de mí—. Pensé que
la habían entrenado mejor que esto. Ha estado aquí durante cuatro días y
le permitieron correr desenfrenadamente en tu casa. La chica tiene la lengua
suelta y apenas tiene un moretón. Controlen a su puta o me veré obligado a
intervenir. Esto es inaceptable.
Maldito infierno. Eso fue perfecto.
Salgo del comedor, y en el momento en que las enormes puertas se
cierran detrás de mí, tomo una bocanada de aire y corro por las escaleras
hasta que la puerta de madera de mi nuevo dormitorio se cierra de golpe
detrás de mí.
La puerta traquetea sobre sus bisagras y rápidamente la cierro antes
de dejar caer mi espalda contra ella y hundirme en el suelo.
¿Qué demonios acaba de pasar? Que se joda el pendejo y su maldito
vino barato del infierno. De ninguna manera voy a volver allí abajo. Malditos
sean los chicos. Ahora están solos.
Capítulo 18
Ver el séquito de Giovanni DeAngelis alejarse del enorme castillo
gótico desde la ventana del nivel superior es lo más apreciable de mi maldita
vida.
Creo que nunca había odiado a alguien con tanta ferocidad, ni
siquiera a sus crueles hijos cuando me perseguían por el laberinto del jardín
y por los pasillos de las celdas oscuras con sus malditos lobos.
Giovanni DeAngelis es pura maldad, y no veo la hora de ser quien
pueda sacrificarlo como el maldito perro que es. Bueno, al menos ese es el
sueño que me mantendrá en marcha. A juzgar por la reacción de sus hijos
ante su sola presencia en su casa, me atrevería a decir que será una carrera
hasta la meta.
La ira late en mis venas, y en el momento en que sé que la costa está
despejada, abro de par en par la puerta de mi nueva habitación y bajo las
escaleras, más que consciente de la tormenta de mierda que se está
gestando dentro de mí.
Encuentro a los tres cabrones parados en el vestíbulo de su enorme
castillo. Marcus sostiene una botella entera de bourbon en sus manos
mientras que Levi es lo suficientemente sofisticado como para usar un vaso.
Roman, por otro lado, no tiene nada más que un ceño horrendo, uno que
podría rivalizar con el de su padre.
—Su padre es un maldito imbécil —escupo con la mandíbula apretada
mientras miro a los tres hermanos merodeando en el vestíbulo—. No es de
extrañar que ustedes tres resultaran tan malos.
Cada uno de ellos me mira, y por un momento, estoy congelada en el
escalón. Sus miradas son lo suficientemente agudas como para cortar vidrio
y me recuerdan instantáneamente cuál es mi lugar en todo esto. Roman
avanza hacia mí, deteniéndose justo en frente de mí.
—Te pedí una simple cosa —gruñe—. Mantén tu puta boca cerrada.
Trago saliva. Tal vez debería haberles dado un poco más de tiempo
antes de correr aquí.
Su mirada está llena de rabia, pero algo me dice que está dirigida a
su padre.
—¿Qué diablos se suponía que debía hacer? Me insultó,
prácticamente me llamó basura inútil después de desnudarme y
humillarme. Se merece una puta bala entre los ojos por la forma en que me
trató.
Roman entrecierra su mirada, su mandíbula se aprieta cuando esa
desagradable cicatriz me llama, desafiándome a presionarlo un poco más.
—Tienes suerte de no tener una entre los tuyos —me responde,
estirando la mano hacia Marcus y arrancando la botella de bourbon de sus
manos—. La próxima vez que hables fuera de lugar y me hagas parecer un
incompetente frente a mi padre, no habrá nadie para evitar que apriete el
gatillo.
Da un paso a mi alrededor y cruza el pasillo antes de entrar en la sala
de estar informal. Un fuerte gruñido y el sonido de cristales rotos me
sobresalta.
Marcus gime.
—Maldición, ahí va el resto de mi almuerzo.
—¿Por qué ustedes aguantan esa mierda? —pregunto.
Levi pasa junto a mí, bebiendo de su vaso de líquido marrón.
—No te preocupes por Roman. Se pone así después de todas las visitas
de papá. Se calmará en un momento.
—No me refiero a Roman —digo, girando sobre mis talones y
siguiéndolo mientras Marcus entra a mi lado—. He escuchado todas las
historias, todas las cosas de las que ustedes son capaces, pero permiten que
su padre los pisotee. Yo sólo... no lo entiendo. ¿Por qué no han hecho algo
al respecto todavía? No es que ustedes tengan una brújula moral ni nada.
¿Qué tiene sobre ustedes?
Marcus encuentra mi mirada y niega con la cabeza.
—No es tan fácil como parece, princesa.
—No soy una maldita princesa.
—No lo sé —murmura sombríamente, sus ojos brillan con el recuerdo
de mis muñecas atadas y la pesada cadena sosteniéndome del suelo
mientras me follaba tan fuerte que podía sentir exactamente dónde había
estado después de días.
Trago saliva, desviando mis ojos mientras el recuerdo de la noche
tiene un calor inundando profundamente dentro de mí, solo su mano callosa
presionando suavemente mi mejilla me detiene.
Me detengo en medio del pasillo y me giro para encontrarme con su
mirada fija, solo que no dice una maldita palabra, pero no tiene por qué
hacerlo. Todo está ahí en sus ojos cuando un raro parpadeo de emoción
pulsa a través de él. Los comentarios de Roman en el comedor vuelven
rápidamente a mí: está formando un apego, y aunque la idea de que un tipo
como él tenga algún tipo de sentimiento hacia mí es aterradora, ese pequeño
apego, sea lo que sea, podría ser la razón por la que de alguna manera sigo
viva a través de esto.
La mirada de Marcus se mueve sobre la marca roja que su padre dejó
en mi cara, y me encuentro congelada como una de las muchas estatuas
esparcidas por la propiedad. La ira se arremolina en las profundidades de
sus ojos, y está claro que la idea del golpe brutal de su padre no le sienta
bien, pero ¿dónde traza la línea? ¿Está bien que él y sus hermanos me
lastimen, pero nadie más?
—¿Por qué lo hiciste? —pregunto, más que consciente de que Levi se
detiene delante para escuchar nuestra conversación—. Iba a matarme, pero
lo detuviste. No tiene ningún sentido. ¿No es eso lo que ustedes han querido
todo el tiempo? Tu final ideal es verme en una tumba poco profunda, así
que, ¿cuál es el punto de retrasar lo inevitable? Me has regalado esa espada
negra y ahora me salvaste la vida. Yo… solo… no lo entiendo.
La mano de Marcus cae y ese raro parpadeo de emoción desaparece
con ella, trayendo de vuelta la versión insensible y cruel de sí mismo con la
que rápidamente me estoy familiarizando demasiado. Por un momento,
temo que mis comentarios hayan activado ese interruptor dentro de él, pero
su silencio dice mucho.
Mi mirada se dirige a Levi mientras se cierne en la entrada de la sala
de estar, su mirada dirigida directamente hacia mí.
—Esa no era su intención, ¿verdad? —pregunto, mis ojos se agrandan
con la realización—. Nunca quisieron matarme. Planean mantenerme cerca.
La mandíbula de Marcus se aprieta, sus ojos se endurecen como
piedra, y me doy cuenta de que esto es mucho más que una relación del tipo
“trátalos mal, mantenlos atentos”. Me acosaron durante tres meses antes de
hacer su movimiento, sabían todo sobre mí, hicieron su maldita tarea. ¿Por
qué tipos como este dedican su tiempo a algo así, solo para dar la vuelta y
acabar con mi vida? Eso no es lo que quieren de mí.
—Cuando dijeron bienvenido a la familia, no solo estabas tratando de
joder con mi cabeza. Realmente lo decían en serio —le digo a Marcus—.
¿Qué se supone que debo ser para ustedes, chicos? ¿Se supone que debo
ser una especie de reemplazo de la última chica? ¿Alguna puta a la que van
a pasar entre ustedes para pasar el rato? Todas las amenazas y los juegos,
todo el miedo que he sentido desde el día en que me secuestraron, todo ha
sido en vano. Nunca me iban a hacer daño.
—No —confirma Levi, caminando de regreso por el pasillo hacia mí—
. No es nuestra intención acabar con tu vida, pero no seas tan ingenua como
para asumir que los accidentes no ocurrirán. Esta noche viste la brutalidad
de nuestro mundo y la crueldad de nuestro padre. No siempre estaremos
ahí para protegerte, ni siento que te hayas ganado esa protección. Estás
aquí para desempeñar un papel, pero llévanos demasiado lejos y estaremos
más que felices de ponerte en el suelo y encontrar a alguien más para ocupar
el lugar.
Mi mirada permanece en la suya.
—¿Y cuál es exactamente el lugar que se supone que debo ocupar?
Sus ojos se entornan.
—Supongo que todo depende de ti.
Sin una palabra más, tanto Levi como Marcus continúan de regreso a
la sala de estar y yo los sigo con cautela, mi cabeza es un completo desastre
por todas las bombas que se han lanzado hoy. Primero, está la relación de
Roman con la chica embarazada muerta, luego la extraña fascinación de
Marcus por mí que de alguna manera se transformó en los chicos que
confabulan para derrocar a su padre. Aunque, no los culpo. Después de
conocer al tipo por mí misma, estaría haciendo exactamente lo mismo. Pero
la última de las revelaciones están jugando con mi cabeza.
No tienen intención de matarme.
Todo este tiempo he tenido la impresión de que un paso en falso me
habría llevado a una tumba poco profunda. Demonios, los hermanos ya
tienen mi certificado de defunción firmado y fechado con noticias de mi
asesinato flotando por las calles. La intención desde el principio es que
nunca volvería a ver mi vida anterior, pero asumí que tampoco podría ver
mucho de esta nueva vida.
Entonces, ¿qué diablos quieren conmigo? Seguro que eso explica por
qué he sido capaz de salirme con la mía con mi actitud irritable y por qué
se molestaron en ponerme en control de la natalidad. Si yo fuera solo un
juguete, Giovanni tampoco habría tenido ningún interés en mí. Algo más
está pasando aquí, y me pone nerviosa no tener las respuestas que necesito.
Sigo a los hermanos a la sala de estar para encontrar a Roman
sentado en un sofá de tres plazas, con los pies apoyados en una mesa de
café con una botella nueva de bourbon en la mano. Está completamente
distraído, mirando por la ventana delantera mientras su enorme lobo se
acuesta a su lado, su enorme cabeza descansan en el regazo de Roman.
Observo durante un largo momento, todavía incapaz de aceptar el
hecho de que estos tipos de alguna manera han logrado poner sus manos
sobre estos lobos. Son animales salvajes y, sin embargo, están acostados en
sus regazos como si fueran parte de la familia. En este punto, no me
sorprendería encontrar que tenían collares con pinchos con sus nombres
grabados en una etiqueta.
Arrastro mis pies, me abro paso a través de la habitación, más que
consciente de la forma en que el gran lobo sigue cada uno de mis
movimientos. Realmente no soy amante de los animales, pero si lo fuera,
tendría un conejito o algo pequeño que no requiera demasiada atención. Los
animales como este me asustan y, a juzgar por la forma en que me mira con
sus ojos negros que brillan a la luz, lo sabe.
Apuesto a que está soñando con arrancarme el brazo de mi cuerpo y
pasar el resto del día felizmente mordiendo el hueso.
Al no tener la oportunidad de explorar esta habitación antes, mi
mirada recorre cada rincón. Tiene el toque gótico característico de los chicos,
pero también parece que han gastado mucho dinero aquí. Hay techos altos
con hermosas molduras. Enormes ventanas enmarcan el frente de la
habitación mientras una enorme chimenea ocupa la pared lateral, completa
con hermosos estantes blancos para libros a su alrededor. Realmente,
parece un gran peligro de incendio, pero ¿quién soy yo para juzgar su estilo?
Se ha construido una acogedora zona de asientos en la parte inferior
de cada enorme ventanal, y me encuentro acurrucándome como una bola
en la ventana más alejada de los hermanos. Es muy cómodo y me da una
vista perfecta de la parte delantera de la propiedad. Definitivamente vale la
pena el dinero que papi probablemente se vio obligado a gastar.
No puedo evitar seguir el sinuoso camino hacia las colinas hasta que
ya no puedo ver más, pero todo lo que hace es dejar una pesadez dentro de
mi pecho. Estoy tan lejos de la realidad que nunca veré la libertad, pero
supongo que no tengo que temer tanto a los hermanos como antes, ya que
su final no gira en torno a desmembrarme. Pero todavía me deja
preguntándome sobre qué gira realmente.
Sus severas miradas se enfocan en mí mientras miro por la ventana y
no puedo evitar devolverles la mirada.
—¿Qué? —exijo, entrecerrando los ojos, no me gusta la forma tan
cómoda en que me miran lascivamente.
Levi se encoge de hombros.
—Nada —murmura mientras una sonrisa burlona tira de las
comisuras de sus labios—. Es extraño verte sentada allí en silencio. Me
estaba acostumbrando a tus constantes enfados y quejas. Es pacífico.
Pongo los ojos en blanco y miro hacia atrás por la ventana, enrollando
mis brazos alrededor de mis rodillas hasta que estoy en una bola apretada.
—Sé que esto puede ser un shock para ti, pero cuando siento que mi
vida está siendo amenazada o… no sé, siento que alguien está siendo tan
idiota que mi sexo se seca, siento que es mi deber civil de hacerlo saber.
Roman murmura algo por lo bajo y me esfuerzo por no mirarlo. En su
lugar, miro hacia atrás por encima del hombro a la sección de la propiedad
que está mayormente escondida. Mi ceja se arquea cuando encuentro el
laberinto cubierto de maleza y un escalofrío recorre todo mi cuerpo.
Esa noche no fue uno de mis mejores recuerdos de este lugar hasta
ahora. La sensación de ser acechada y perseguida, el miedo a la completa
desesperanza y, por supuesto, el terror aterrador de doblar una esquina y
encontrar a uno de los hermanos parado allí esperándome. No fue mi idea
de diversión, pero ciertamente era la de ellos.
—Ustedes son unos verdaderos idiotas —murmuro, manteniendo mi
mirada fija en el laberinto—. Esa mierda fue jodida al siguiente nivel...
¿quién hace eso?
Un ruido sordo resuena en la habitación y me toma un momento
darme cuenta de que se están riendo de mí. Un fuerte resoplido sale de mí
mientras me pongo de pie y empiezo a irrumpir en la puerta.
—A la mierda con esto —murmuro en voz baja, con la intención de
pasar el resto del día mirando la parte trasera de la puerta de mi habitación.
—Relájate —dice Roman, extendiendo la mano y agarrando mi
muñeca cuando paso a su lado—. Fue solo un poco de diversión inofensiva.
Sin previo aviso, tira hacia atrás de mi muñeca y casi me lanza
directamente contra su hermano.
Marcus me atrapa con facilidad, volteándome como un muñeco de
trapo para que mi espalda quede presionada contra su amplio pecho, sus
manos agarran mi cintura con fuerza, pero no es para protegerme, hay algo
posesivo en ello.
Antes de que tenga la oportunidad de soltarme de su agarre, la botella
de bourbon de Roman me cae en las manos.
—Toma un trago, Emperatriz. Diablos, sabes que a ese temperamento
tuyo le vendría bien.
Agarro la botella con más fuerza, más que preparada para lanzarla a
su cabeza mientras su hermano me agarra con fuerza, negándose a permitir
que me aleje.
—¿Es esta tu versión de una disculpa? —gruño, la montaña rusa de
emociones se vuelve demasiado para mí.
Roman se burla.
—Tienes que recordar con quién estás hablando. No nos disculpamos.
Nos ponemos a mano. Todo lo que hacemos lo hacemos con un propósito.
Lo miro fijamente, su arrogancia rápidamente me hace desear el
cuchillo que dejé en mi espeluznante calabozo.
—Entonces, ¿perseguirme a través de un laberinto cubierto de maleza
y espeluznante en medio de la noche es tu versión de desquitarte?
Él no responde, simplemente levanta una ceja poblada que lo hace
parecer nada menos que una pesadilla.
—Dime por favor —me quejo—. ¿Qué diablos hice que justificó tu
enferma necesidad de vengarte?
Roman se pone de pie, flotando sobre mí por un momento mientras
su lobo se para con él, ambos apareciendo como una escena de una película
en la que ninguna mujer debería tener que sentarse.
—¿Qué no has hecho? —pregunta—. Solo estoy comenzando.
Se da vuelta y sale de la habitación, su lobo prácticamente se pavonea
detrás de él y dejándome temiendo qué más podría hacerme. Sin embargo,
algo me dice que cuando un hombre como Roman DeAngelis planea
vengarse, la creatividad es su mejor herramienta.
Justo cuando creo que Marcus soltará su agarre sobre mí, Levi se
levanta del sofá justo enfrente de nosotros y se pasea por la habitación, su
vaso todavía en la mano. Toma un sorbo y cuando su vaso está bajando de
su boca, está justo frente a mí, exactamente donde había estado su hermano
mayor hace solo un segundo.
—Él tiene razón. No nos disculpamos por una mierda. Todo lo que
hacemos lo hacemos por una razón —retumba Levi, sus ojos oscuros y
secretos clavados en los míos mientras la tensión aumenta rápidamente
entre nosotros.
Como si sintiera el cambio en la habitación, Marcus tira de mí,
arrastrándome un paso atrás, sabiendo exactamente a qué viene su
hermano.
—Entonces, ¿la noche en que te escondiste en mi armario, viéndome
llegar al orgasmo? ¿Había una razón detrás de eso? —cuestiono, tratando
de empujar contra el agarre de Marcus mientras su hermano camina con
nosotros, manteniéndose justo en frente de mí.
Levi guiña un ojo y mi sexo se contrae. Estoy completamente
cautivada.
Los dedos de Levi se sumergen en su vaso y saca un trozo de hielo
perfectamente redondo y mi mirada cae instantáneamente hacia él.
—Llámalo formación de carácter —murmura, su voz más baja de lo
que nunca la he oído.
Un gruñido posesivo resuena a través del pecho de Marcus y siento
las vibraciones en lo profundo de mi espalda, pero todo lo que hace es que
la dura mirada de Levi se dirija hacia su hermano.
—Conoces las reglas, hermano —murmura sombríamente—. O
compartes tus juguetes, o te los quitaré.
Pasa un breve momento lleno de tensión entre ellos, y después de un
segundo, el agarre de Marcus en mi cintura comienza a aflojarse, aunque
algo me dice que no irá a ninguna parte. La anticipación crece dentro de mí
mientras aprieto mis muslos, demasiado emocionada para mi propio bien.
Cualquier otra chica correría, pero maldita sea. Si esa noche con
Marcus sirve de algo, entonces no iré a ninguna parte.
La mirada acalorada de Levi recorre mi cuerpo mientras las manos de
Marcus en mi cintura suben hasta el escote pronunciado de mi vestido.
Rasga la tela justo por el centro hasta que estoy completamente desnuda
entre ellos, y cuando la mirada de Levi se encuentra con la mía, la tensión
en la habitación se disipa, y todo lo que queda es su cuerpo acercándose al
mío y el hielo derritiéndose lentamente entre sus dedos calientes.
Me quitan la botella de bourbon y la arrojan descuidadamente al sofá
mientras los dedos de Marcus suben y bajan por mi piel, dejando la piel de
gallina a su paso. Mis pezones se endurecen, y cuando respiro
profundamente y mi pecho se eleva, los picos sensibles rozan la parte
delantera de la camisa de Levi.
Sigo cada uno de sus movimientos mientras presiono mis piernas
juntas, desesperada por aliviar el dolor que me quema profundamente. La
mano de Levi se levanta y sostiene el hielo entre sus dedos, dejando que el
agua fría gotee lentamente sobre mi hombro antes de presionarlo
suavemente contra mi piel.
Los dedos de Marcus se aprietan en mi cuerpo y siento la excitación
que emana de él en oleadas mientras acepto rápidamente el hecho de que,
sin importar lo que quieran hacerme en este momento, lo dejaré. A la mierda
hasta la última moraleja que me inculcaron cuando era niña, a la mierda la
diferencia entre el bien y el mal. Quiero esto, y no voy a hacer nada para
estropearlo.
Levi desliza el hielo sobre mi hombro y alrededor de la curva de mi
pecho antes de rodear lentamente mi sensible pezón. Contengo un grito
ahogado e inclino mi cabeza hacia el hombro de Marcus mientras levanto
los ojos, mirando la forma en que Levi se enfoca en el pequeño trozo de hielo
que está causando estragos en mi cuerpo.
Un pequeño goteo de agua comienza a descender más allá de mi pecho
y respiro profundo mientras pasa por mi cintura y pasa por mi cadera. Sigue
la curva desde mi cadera hasta la parte interna de mi muslo y mis rodillas
se debilitan cuando llega a casa.
Marcus se aferra a mí, su mano navega por mi cuerpo y se cierra
suavemente alrededor de mi garganta mientras su hermano me provoca con
el hielo, observando el suave rastro de agua fría que deja atrás.
Terminando de atormentar mis pechos, el hielo viaja más abajo por
mi cuerpo, jugueteando con mi cintura y haciendo que mis ojos giren hacia
la parte posterior de mi cabeza mientras se desliza entre mis piernas. Levi
masajea lentamente el hielo contra mi clítoris como la tortura más dulce,
sus ojos regresan a los míos, ardiendo de deseo.
—Nunca me disculparé contigo —murmura sombríamente mientras
encuentra mi entrada y empuja el trozo de hielo derretido dentro de mí.
Jadeo, mis ojos se abren como platos mientras me acerco y agarro su
hombro con fuerza, mis uñas se clavan en su piel—. Pero eso no significa
que no pueda mostrar aprecio.
—Santa mierda —susurro cuando el brazo de Marcus se enrolla
alrededor de mi cintura, bloqueándome contra su cuerpo duro mientras su
hermano se acerca aún más, su cuerpo presiona contra el mío y me coloca
entre los dos paganos.
Levi no pierde el ritmo, sabiendo que no pasará mucho tiempo hasta
que el hielo se derrita por completo, y mueve dos gruesos dedos hacia mi
clítoris. Frota círculos perezosos y fuertes mientras mi cabeza cae hacia su
pecho, jadeos profundos me alcanzan rápidamente mientras aprieto y
aprieto el hielo dentro de mí. Se mueve y gimo por lo bajo, nunca había
experimentado una quemadura tan dulce en mi vida.
Mi mano se mueve del hombro de Levi cuando su olor profundo y
varonil me abruma y la deslizo debajo de la costosa tela de su camisa,
necesitando sentir su cálida piel bajo mis dedos.
Un gruñido bajo vibra a través de su pecho cuando la risa de Marcus
suena detrás de mí. Me muevo contra la mano de Levi, el puro placer se
balancea a través de mi cuerpo y me pone nerviosa. No es exactamente la
fantasía que tenía en mente cuando se trata de Levi, pero maldita sea, es la
segunda mejor opción.
Deshazte de eso, es mejor.
Siento el duro pene como una roca de Marcus contra mi trasero
mientras la de su hermano se muele contra mi cadera, pero cuando voy a
alcanzar la parte delantera de los pantalones Levi, Marcus agarra mi
muñeca y tira de ella alrededor de su cuello.
Levi parece contento de dejar que este sea el show de sándwich de
Shayne, y no voy a mentir, estoy más que feliz de devolverle el favor en otro
momento. Así que en lugar de luchar contra eso, clavo mis uñas en la nuca
de Marcus y dejo que los hermanos me obsequien con un poco de
apreciación bien merecida.
Mi sexo se aprieta cuando Levi pellizca suavemente mi clítoris y lo
hace rodar entre sus dedos, y justo cuando pensaba que no podía mejorar,
siento a Marcus detrás de mí. Se agacha y empuja sus gruesos dedos dentro
de mi sexo, empapándolos con mi humedad y empujando el hielo aún más
dentro de mí. Saca sus dedos, extendiendo la humedad a mi trasero,
provocándome antes de empujar lentamente sus dedos dentro.
Un gemido bajo sale de lo más profundo de mí y empujo hacia atrás
contra sus dedos, llevándolo más profundo mientras me estiro a su
alrededor.
—Santa mierda —suspiro, mis ojos se cierran cuando Levi hace rodar
mi clítoris entre sus dedos de nuevo—. Maldición, maldición, maldición. Si.
Más.
Los chicos no defraudan, aceleran el paso y me follan con los dedos.
Mis ojos ruedan hacia la parte de atrás de mi cabeza y entierro mis uñas
más profundamente en el pecho de Levi, sabiendo que puede soportarlo.
Un gruñido profundo vibra a través de su pecho y solo pensar en él
golpeando su grueso pene dentro de mí es mi perdición. Me corro con fuerza,
un fuerte grito sale de entre mis labios, pero no se atreven a detenerse. Mi
sexo se convulsiona alrededor del trozo de hielo que se disuelve mientras
aprieto los fuertes dedos de Marcus.
Ambos hermanos siguen moviéndose, dejándome aguantar. Son
implacables con mi cuerpo mientras mi orgasmo me atraviesa y es más de
lo que nunca supe que necesitaba.
¿Quién hubiera sabido que los hermanos DeAngelis eran capaces de
hacer que una mujer se sintiera tan condenadamente bien? Si alguien
hubiera preguntado, habría dicho que la única velocidad que conocían era
dura, salvaje y rápida. Los habría catalogado como del tipo egoísta, tomando
lo que necesitaban y dejando a su mujer en la estacada.
¿Pero esto? Maldición.
Nunca me había sentido tan viva. Mi cuerpo está al límite, mi sexo
arde con la liberación más dulce, y maldita sea, solo me han dado una
muestra de lo que realmente quiero. Los dos juntos… Es algo que nunca
supe que quería, pero ahora, no me detendré hasta tenerlos a ambos
enterrados muy dentro de mí.
Finalmente bajo de mi euforia y Levi se aleja de mí, sus ojos
conocedores se posan en los míos antes de que esa sonrisa de suficiencia se
asiente en sus labios. Luego, todavía con su vaso en la mano, toma un
merecido sorbo y se aleja con su hermano detrás de él, ninguno de los dos
dice una maldita palabra mientras me dejan débil y jadeando por más.
Necesitando un momento para recuperar mi energía cuando el último
hielo finalmente se derrite, agarro los bordes de mi vestido roto y lo abro con
fuerza antes de dejarme caer en el mismo sofá en el que Roman había estado
sentado hace solo un momento.
Levanto mis piernas, sintiendo ese delicioso ardor dentro de mí
mientras destapo la botella de bourbon y tomo un trago rápido, sin saber
qué diablos está pasando, cuáles son sus intenciones o qué diablos me va a
pasar.
Mi cabeza cae hacia atrás sobre el suave cojín y mientras miro por la
enorme ventana, los dos grandes lobos negros entran pavoneándose en la
habitación. Uno cae en el espacio debajo de mí donde habrían estado mis
pies mientras el otro salta en el asiento a mi lado, acomodándose mientras
deja caer su gran cabeza en mi regazo.
Mi corazón se acelera, el miedo a su cercanía me perturba, pero ¿qué
hay de nuevo? Supongo que ahora soy oficialmente parte de la familia. Han
sucedido cosas más raras en los últimos días, así que con otro sorbo de
bourbon, mi mano cae sobre la cabeza del gran lobo y me relajo en el sofá,
más a gusto que nunca en este gigantesco castillo.
Capítulo 19
El agua rocía sobre mí mientras inclino mi cabeza hacia atrás en la
corriente caliente de la mejor ducha que he tenido. Mi situación actual no
es exactamente ideal, pero definitivamente puedo acostumbrarme a esta
ducha increíble. Mi habitación es un poco insulsa, pero no voy a quejarme
con los hermanos por eso. Conociendo mi suerte, Roman simplemente
destrozaría la habitación y me enviaría de vuelta a la cámara de tortura,
mientras que Marcus simplemente sugeriría pintar las paredes con sangre
para alegrarla.
Me gané mi nueva habitación justamente. Jugué su propio juego y,
por una vez, el riesgo valió la pena. Aunque Roman no se ha tranquilizado
del todo después de la visita de su padre esta tarde, todavía hay tiempo para
que se retracte de sus palabras. Después de todo, el trato era que
mantuviera la boca cerrada y ni siquiera pude terminar de hablar.
El agotamiento de la fiesta de anoche combinado con el latigazo que
recibo constantemente de los hermanos me agotó por completo, y después
de sentarme en el sofá con los dos lobos gigantes toda la tarde, me desperté
aturdida y me encontré sola en el sofá con el sol sin verse por ningún lado.
Quedarme dormida al aire libre así probablemente no fue mi mejor
momento. Me dejé vulnerable en un lugar que no conocía. Cualquiera podría
haber entrado, ¿y si la gente de la fiesta de la noche anterior todavía
estuviera en el castillo?
Al Levi confirmar que sus intenciones nunca fueron matarme me ha
ayudado mucho a aliviar mi miedo constante. No me malinterpreten, todavía
estar aquí me consume tanto como siempre, pero parece que lo manejo
mejor. Después de todo, en el lapso de unos pocos días he sido secuestrada,
torturada y acosada. Sin mencionar el hecho de que al menos tres personas
perdieron la vida durante la fiesta de anoche, y el médico solo unas horas
antes. Demonios, incluso apuñalé a un tipo. Pero solo porque no tengan la
intención de matarme, no significa que esté a salvo.
Despertar en la sala de estar y no tener a ninguno de los chicos a la
vista, lo aproveché al máximo, volando por las habitaciones y tratando de
encontrar una manera de salir de aquí. Todas las puertas estaban cerradas
con un teclado electrónico y ninguna de las ventanas se podía abrir. Este
castillo es una fortaleza, pero supongo que así debe ser cuando tienes tantos
enemigos. Es la defensa final para mantenerlos fuera de su hogar, pero
supongo que lo mismo podría decirse si alguien estuviera tratando de
mantenerlos adentro.
Lo guardo en el fondo de mi mente mientras me tomo mi tiempo para
lavar mi cabello y tratar de borrar los horribles recuerdos que he acumulado
en los últimos días, pero no es tan simple. La sensación de clavar una
espada dentro del cuerpo de ese hombre me perseguirá mientras viva.
Demonios, también apuñalé a Marcus.
¿Qué diablos se me ha metido? Estos tipos necesitan mantenerme
alejada de los cuchillos, aunque para ser justos, una chica necesita toda la
protección que pueda en un lugar como este.
Durante mi ducha, me tomo el tiempo para frotar la suciedad debajo
de mis pies y paso una navaja por mis piernas. Sin embargo, el esmalte
negro astillado en mis uñas parece una causa perdida en este momento.
Todavía me duele el cuerpo por el abuso de la semana, así que
después de hacer todo lo posible para sentirme como una mujer otra vez,
me quedo de pie con la cabeza inclinada hacia atrás y los ojos cerrados,
disfrutando del raro momento de calma.
Eso es hasta que el imbécil número uno patea la puerta de mi baño y
entra como si tuviera todo el derecho. Se queda allí de pie, con la mandíbula
apretada mientras me apresuro a cubrirme con la toalla.
—¿Alguna vez has oído hablar de esta cosa mágica llamada
privacidad? —grito—. Vete de aquí.
Roman se burla.
—Te he visto más veces desnuda en este infierno más de lo que te he
visto vestida.
Tiene un maldito buen punto, pero no voy a ir a aplaudirlo por su
rápida respuesta.
—¿Qué quieres? —exijo, saliendo de la ducha mientras me las arreglo
para mantener la distancia.
Lanza un par de viejos pantalones de chándal y una camiseta sin
mangas negra recortada en mi pecho y apenas logro atraparlos sin dejar
caer mi toalla.
—Vístete —escupe mientras comienza a moverse hacia la puerta—.
Nos vamos en diez.
Mis ojos se abren como platos y salgo corriendo detrás de él.
—¿Nos vamos? ¿Qué quieres decir? ¿A dónde vamos?
Roman se detiene después de atravesar mi habitación y me mira con
el ceño fruncido. No dice nada, pero su silencio es más que suficiente para
recordarme cuál es mi lugar en todo esto. No tengo derecho a las respuestas,
al menos no todavía, y definitivamente no en lo que respecta a Roman. Sin
embargo, estoy segura de que él cree que ya he sido recompensada lo
suficiente por un día.
Roman sostiene mi mirada por un momento más, y con cada segundo
que pasa, la necesidad de alejarme de él crece en mi pecho hasta que
finalmente se da la vuelta y me deja sin aire.
Parece que sigo olvidando quiénes son estos chicos. No son mis
amigos, no son mi gente. Son mis captores, asesinos y los mismos hombres
que se asegurarán de que viva en un constante estado de miedo.
La anticipación de dejar el castillo hace que me apresure a vestirme,
y antes de que me dé cuenta, estoy en el vestíbulo, esperando con
impaciencia a que aparezcan los chicos. Mis manos tiemblan a mis costados,
sin tener idea de lo que me espera esta noche. Todo lo que sé es que
probablemente no vayamos a pedir comida para llevar, aunque esa podría
ser una posibilidad después de que los hermanos hayan hecho lo que sea
que tengan que hacer.
Levi y Roman aparecen primero, ambos con pantalones negros y una
sudadera con capucha negra hacia atrás para mostrar sus rostros. Es como
una especie de uniforme no oficial, pero no voy a mentir, cada vez que los
he visto usando esto, he terminado en un mundo de infierno.
El cabello de Roman está recogido hacia atrás en un moño ajustado
mientras que los mechones debajo se trozan y se desvanecen hasta
desaparecer. Me encuentro mirándolo un momento demasiado largo. Nunca
me ha gustado mucho el cabello largo en hombres antes, pero está luciendo
el aspecto de Jason Momoa como ningún hombre lo ha hecho antes, ni
siquiera el propio Jason. Sus ojos son agudos y letales, y sé sin lugar a
dudas que lo que sucederá esta noche no es algo en lo que me quiera
involucrar.
Levi, por otro lado, con su cabello muy corto y su expresión aburrida,
parece que está listo para terminar la noche y pasar las próximas horas
encerrado en su habitación con sus baquetas.
El silencio nos rodea mientras esperamos a Marcus, y después de un
breve momento, sale de la sala de estar en la que pasé buena parte de mi
tarde durmiendo.
—¿Listos? —retumba, su mirada se desplaza sobre mí mientras su
pregunta se dirige a sus hermanos.
—Hagámoslo rápido —murmura Levi mientras los tres se van hacia el
comedor—. No podemos arriesgarnos a que papá nos atrape fuera de
nuestra prisión, especialmente después de su mierda durante el almuerzo.
Mis cejas se arrugan mientras me apresuro detrás de ellos.
—¿Prisión? —pregunto, siguiéndolos a través de la parte de atrás del
comedor y a través de un pasillo angosto que lleva a la cocina principal,
preguntándome si se está refiriendo a lo que Roman me dijo acerca de que
su padre los mantenía encerrados aquí.
Mis ojos se abren como platos y un grito ahogado sale de mí cuando
encuentro la habitación llena de innumerables miembros del personal. Se
dispersan, ocupados cocinando y retirando los platos usados, y en el
momento en que se sabe la presencia de los hermanos, dejan lo que están
haciendo, un pesado silencio llena la habitación.
Todos los ojos se posan en mí y reduzco el paso, quedándome atrás
mientras miro boquiabierta a la gente que me rodea.
Sabía que debía haber personal trabajando aquí con el tipo de comida
que se presenta constantemente en la mesa y cómo cada habitación se veía
impecable, pero no esperaba esto. Aparte de los chicos, nunca escucho una
maldita cosa. El castillo es como un pueblo fantasma, y una parte de mí se
preguntaba si el personal iba y venía durante la noche, pero eso no podía
ser cierto. Ahí es cuando los monstruos salen a jugar.
El personal me observa con cautela y no les toma tiempo darse cuenta
de que no soy exactamente una invitada dispuesta aquí, al igual que asumo
que ellos tampoco lo son. Me lanzan miradas de lástima y tropiezo cuando
intento poner un pie delante del otro.
—MUÉVETE —el feroz gruñido de Roman corta el pesado silencio.
Mi mirada inmediatamente cae al suelo mientras me apresuro detrás
de los hermanos, haciendo mi mejor esfuerzo para no pensar lo peor.
Atravesamos el extremo opuesto de la cocina y bajamos por una empinada
escalera de caracol. Tratar de seguirles el ritmo hace que mi respiración se
convierta en jadeos agudos y dolorosos.
—Por favor, díganme que esas personas son personal y no están
retenidas aquí en contra de su voluntad —pregunto, sin importarme
realmente de dónde viene la respuesta, siempre y cuando obtenga una.
—Son parte del personal —murmura Levi, con irritación en su tono
profundo—. Trabajan en turnos rotativos y se les paga en consecuencia. La
mayoría de ellos han estado con nosotros desde que éramos niños. Tu miedo
por ellos es ofensivo.
Intento quitarme el horror de mi rostro, pero cuando descendemos a
un sótano oscuro y los chicos ponen su atención en un viejo librero, me doy
cuenta de que no hay necesidad de intentarlo. Se hace a un lado y mi ceja
se arquea cuando aparece un túnel estrecho detrás de la estantería.
—Vamos —dice Marcus, agarrando mi muñeca y dándome un tirón
para ponerme en movimiento—. Anda con cuidado. Cuanto más avanzamos
por el túnel, más oscuro se vuelve.
Trato de mirar hacia adelante, pero es imposible ver a dónde conduce.
—¿Qué le pasa a la puerta principal? —murmuro, dándome cuenta
de que me espera una larga caminata.
Marcus suspira.
—Estoy seguro de que notaste el teclado electrónico en la puerta —
pregunta mientras Roman suspira, dándose cuenta de que estoy a punto de
obtener aún más respuestas a la pregunta que considera que no es de mi
incumbencia.
—Fue difícil no hacerlo —digo.
—Ponlo de esta manera —dice—. No eres la única que ha estado
encerrada en esta prisión.
Rápidamente miro a Roman. Se había referido a esto mientras yo me
quejaba en la ducha, pero hay demasiados agujeros en su historia,
demasiadas verdades duras cautivas.
—¿Qué se supone que significa eso?
Me pregunto cuánto puedo presionar para obtener información.
—Somos las armas de nuestro padre —interrumpe Levi, una extraña
oscuridad entrelaza su tono profundo—. Entrenados para matar, empujados
por encima de nuestros límites para asegurarse de que nada pueda
rompernos.
Roman continúa por él.
—Somos soldados en un ejército de tres y él es nuestro líder, solo que
este líder ha perdido su toque, y controlar su ejército no es tan fácil como lo
era antes.
Trago saliva, dándome cuenta de lo lejos que están si ni siquiera su
padre, el jefe de la mafia, puede mantenerlos en tierra.
—¿Es por eso que planean derrocarlo? ¿Quieren recuperar su
libertad?
Marcus gruñe, esa misma oscuridad se refleja en su propio tono.
—La libertad no es el tema en lo que concierne a nuestro padre —dice,
dejando el tema en el aire y mi curiosidad desbordando tanto que podría
llevarme al límite—. Tenemos muchas cuentas que saldar con ese bastardo.
Avanzamos por el resto del túnel hasta que salimos a un pequeño
garaje privado rodeado de espesos bosques.
—¿Qué diablos es esto? —murmuro mientras Marcus me lleva hacia
un Escalade negro que se encuentra en el centro del garaje—. ¿Supongo que
tu padre no conoce esta pequeña ruta de escape?
—Oh, sabe sobre ella—murmura Levi, subiéndose al asiento del
pasajero delantero mientras Roman toma una posición privilegiada detrás
del volante—. El bastardo simplemente no puede averiguar dónde diablos
está.
Una imagen de su padre tratando de disciplinarlos y obtener
respuestas se filtra en mi mente y tiene una sonrisa maliciosa curvando mis
labios, no solo sorprendiéndome a mí, sino también a Marcus.
—Y crees que estamos locos —murmura, abriendo la puerta trasera
del pasajero y prácticamente arrojándome sobre el asiento trasero—. ¿Qué
estás imaginando? ¿El viejo que nos golpeaba hasta la mierda, tratando de
obtener una respuesta?
Mi sonrisa solo se ensancha mientras me enderezo en mi asiento y
mantengo mi mirada fija en la ventana.
—Algo así —murmuro por lo bajo, dándome cuenta de que lo más
probable es que esté diciendo una de sus duras verdades.
Marcus gruñe y se sube al Escalade a mi lado, y en el momento en
que la puerta se cierra detrás de él, Roman sale disparado del garaje secreto
y se adentra en el espeso bosque.
Conducimos durante unos minutos antes de despejar el bosque y
finalmente veo el castillo gótico en todo su esplendor y, sin embargo, de
alguna manera, estamos en el lado opuesto de las grandes puertas de
seguridad que bordean la propiedad.
—¿Cómo encontraron ese túnel? —pregunto, incapaz de apartar la
mirada del inquietante castillo.
—¿Encontrarlo? —gruñe Levi—. Pasamos cinco jodidos años
desenterrando esa mierda.
Mis cejas se elevan cuando dirijo mi atención a los hermanos sentados
en silencio en los asientos delanteros. Tengo que admitir que estoy
impresionada. Cuando los chicos están comprometidos con una causa,
seguro que se apegan a ella.
Con el castillo desapareciendo en la distancia, nos sentamos en
completo silencio durante al menos una hora. Los autos pasan en la
carretera y mi corazón duele con cada uno de ellos. Daría cualquier cosa por
escabullirme a través del gran techo corredizo y catapultarme encima de
uno de esos autos por una pequeña oportunidad de libertad.
Seguramente si de alguna manera pudiera salir a la carretera, uno de
estos autos me recogería. Pero solo una mirada a mis captores haría que
cualquier rescatador saliera disparado en la dirección opuesta.
Dejando escapar un profundo suspiro, me recuesto en mi asiento,
tratando de descifrar la dinámica de los niños siendo prisioneros en su
propia casa. Tienen personal que puede ir y venir después de su turno,
personal al que tienen acceso. Así que seguramente sabrían cómo entran y
salen. Sin embargo, estoy segura de que todos tendrían códigos electrónicos
personales para las puertas y portones, pero eso casi parece demasiado fácil.
¿Escáneres de retina tal vez? Entonces, ¿cómo se van cuando su padre los
necesita para hacer el papel de sus perfectos soldados sicarios? ¿Viene a
ellos o se les ofrece algún tipo de código temporal que les permita salir?
Me acecharon durante tres meses antes de finalmente hacer un
movimiento, por lo que obtener su libertad no parece tan difícil. Pero bueno,
tampoco los he visto salir de su casa desde que llegué.
Pasa otra hora y los chicos están discutiendo sus planes para derrocar
a su padre, aunque hablan en acertijos, así que no puedo seguirlos. Hablan
de nombres que no reconozco, lugares de los que nunca he oído hablar y
momentos que simplemente no tienen ningún sentido.
Su conversación confusa rápidamente me da dolor de cabeza, y justo
cuando voy a distraerme, Roman sale de la autopista y baja por un largo
camino de tierra. La conversación se desvanece y noto cómo los hermanos
se sientan un poco más erguidos. Mantienen su atención enfocada fuera de
la ventana como si estuvieran esperando o buscando algo. Finalmente, el
camino de tierra conduce a las callejuelas de una antigua zona industrial.
Los almacenes desgastados apenas son visibles por las tenues farolas.
La mayoría de ellos parecen haber estado fuera de servicio durante cientos
de años, mientras que otros parecen haber tenido una mano de pintura
ocasional para mantenerlos en funcionamiento.
Roman reduce la velocidad del auto a medida que avanzamos por las
callejuelas de la zona solitaria, y cuando apaga las luces delanteras, me
encuentro agarrando la manija de la puerta con nerviosismo. Está casi
completamente oscuro dentro del Escalade, y llámame cobarde, pero estar
sola en la oscuridad con los hermanos DeAngelis no es exactamente uno de
mis pasatiempos favoritos.
Conduce el Escalade a través de un almacén abandonado, cortando a
través de la abertura derribada y directamente a la entrada trasera. Salimos
a un patio de tierra y él continúa hasta la parte trasera de la propiedad antes
de esquivar algunos árboles viejos y pasar al almacén vecino.
Conduce despacio para no alertar a nadie de que estamos aquí, y
después de acercarse sigilosamente al almacén, detiene el Escalade justo en
el punto de vista perfecto, dándonos una vista completa de la propiedad.
—¿Dónde estamos? —pregunto, mirando el viejo edificio que se está
cayendo a pedazos.
Las luces tenues están encendidas en el interior y las puertas
enrollables delanteras están abiertas de par en par, iluminando una parte
del camino de entrada. Unos cuantos autos están estacionados
esporádicamente adentro, las puertas dejadas abiertas de par en par
mientras un pequeño fuego arde en un tambor a la izquierda.
—Solo le hago una visita a un viejo amigo —murmura Marcus
sombríamente, la emoción en su tono me recuerda que los tres hombres que
se sientan a mi alrededor disfrutan de un asesinato salvaje.
Miro entre los hermanos antes de volver a mirar el almacén.
—¿Por qué me trajeron aquí?
Levi me mira con una expresión en blanco, con las cejas fruncidas
como si acabara de hacer la pregunta más ridícula que jamás haya
escuchado.
—No podíamos dejarte allí sola, ¿o sí? No querría arriesgarme a que
encuentres una salida.
Trago saliva, temiendo esta versión del hombre que disfruté en la sala
de estar. Ese hombre no existe en este momento, y me encuentro con un
idiota insensible y cruel cuyos pasatiempos favoritos incluyen ahogar a los
monstruos dentro de su cabeza, tamborilear sobre charcos de sangre y
probablemente una ligera decapitación de domingo por la tarde.
Roman indica hacia la entrada lateral.
—Ustedes dos tomen el frente y yo iré por la parte de atrás.
Sin otra palabra, los temidos hermanos DeAngelis salen del auto sin
hacer un maldito sonido, preparándose para una noche de diversión llena
de adrenalina.
No estoy segura de qué debería estar haciendo o dónde demonios me
quieren, salgo detrás de ellos y me mantengo cerca, solo cuando mi puerta
se cierra detrás de mí, tres pares de ojos de obsidiana regresan a los míos.
—¿Qué diablos crees que estás haciendo? —gruñe Roman, pero antes
de que tenga la oportunidad de responder, Marcus se recuesta en el auto y
saca un material grueso y negro.
Mis ojos se agrandan, reconociendo la bolsa que empujaron sobre mi
cabeza hace solo unas pocas noches, y mientras me alejo, más que lista
para huir, Roman me atrapa con su agarre de acero mientras Marcus
empuja la bolsa negra directamente sobre mi cabeza y presiona su mano
sobre mi boca, evitando que grite.
—No pensaste que esto iba a ser divertido, ¿verdad?
Marcus se ríe, manteniendo un tono bajo mientras me libera del fuerte
agarre de Roman y arrastra mi trasero hacia el auto. Muerdo su mano a
través de la bolsa y obtengo una satisfacción enfermiza por la forma en que
maldice de dolor.
Debe estar usando la mano en la que clavé un cuchillo para carne,
pero la risa amenazante me recuerda que no es solo el dolor de los demás
con el que se excita, es el suyo propio.
—Mmmm —gime, su rostro pegado a la mía mientras captura mis
muñecas con sus grandes manos y las levanta—. Lo que daría por ver el
miedo en tus ojos en este momento, chica. Pero tienes que prometerme que
la próxima vez me morderás más fuerte.
Maldito infierno. ¿Con qué clase de imbécil pervertido y enfermo me
he metido?
Caigo hacia atrás en mi asiento y tiro con fuerza contra su agarre,
pero es inútil, es demasiado fuerte.
—Date prisa —escucho a Levi afuera del auto—. Está llamando
demasiado la atención.
Marcus suspira, dándose cuenta de que su diversión ha terminado.
Con un movimiento rápido, siento el frío y familiar metal de las esposas
apretándose alrededor de mis muñecas y enganchándose alrededor de la
barra de mierda sobre mi cabeza.
—NO, NO, NO —grito mientras Marcus se aleja de mí. Pero a pesar de
mis objeciones, la puerta del auto se cierra de golpe en mi cara, seguida del
suave clic de las cerraduras automáticas—. ¡IDIOTAS!
Tiro de mi muñeca pero no llego a ninguna parte mientras el miedo a
lo desconocido late en mis venas. Tengo que hacer algo. Tengo que salir de
aquí, o al menos intentarlo. Había bosques rodeando la zona industrial. Si
puedo salir de este auto y de alguna manera perderme entre las gruesas
ramas, entonces podría tener oportunidad de pelear.
Con mi nueva determinación, esperanza y miedo manteniendo mi
barbilla en alto, pongo mis pies debajo de mí en la silla de cuero. Trato de
ponerme de pie, empujando mi trasero contra el techo del Escalade y me
inclino hacia adelante lo suficiente como para quitarme la bolsa negra de la
cabeza.
Mi cabello se vuelve estático y cae sobre mi rostro, pero rápidamente
me ajusto para concentrarme en mis muñecas. No es exactamente la
primera vez que uso esposas, pero no puedo decir que las que tenía antes
fueran reales. Tiro con fuerza, la frustración de estar atrapada rápidamente
me hace entrar en pánico.
Mi mirada se desplaza por la ventana y observo cómo Levi y Marcus
entran por el frente del almacén con demasiada confianza, pero no es como
si no lo hubieran hecho un millón de veces antes.
Alguien va a morir aquí esta noche, y no quiero estar cerca de aquí
cuando suceda. Aunque desafortunadamente para ese chico, su destino ya
ha sido sellado. No hay forma de salvarlo ahora.
No llego a ninguna parte con el tirón, dejo escapar un profundo
suspiro y me doy cuenta de que para jugar con fuego, voy a tener que sacar
todas las armas.
Giro las manos y me agarro a la maldita barra con todo lo que tengo,
y después de echar otro vistazo rápido por la ventana y comprobar que estoy
libre, apoyo los pies a ambos lados de la barra. Con mi espalda apoyada
contra el costoso cuero, tiro tan fuerte como puedo. Empujo mis pies,
poniendo todo el peso de mi cuerpo detrás mientras agarro la barra con todo
lo que tengo.
Aprieto la mandíbula mientras intento y vuelvo a intentarlo, y justo
cuando creo que se ha ido toda esperanza, la barra se suelta y mi cuerpo
vuela por el asiento trasero. Mis costillas se golpean contra la puerta
opuesta, pero rápidamente me sacudo, queriendo salir de aquí y poner tanta
distancia entre mis hermanos y yo antes de que se den cuenta de que su
nuevo compañero de mazmorra se ha ido.
Sin perder el ritmo, llego al asiento delantero y busco el pequeño botón
para desbloquear las puertas. Pero cuando mi dedo roza la parte superior,
hago una pausa y me doy cuenta de que un movimiento como este podría
activar la alarma del auto.
Los hermanos están ocupados en el almacén y el Escalade está al
menos a cien metros de distancia. Entonces, si hago esto y suena la alarma,
tendré una oportunidad de libertad, una sola oportunidad de correr por mi
vida.
Tomando una respiración profunda, controlo mis nervios y abro el
auto.
Capítulo 20
Mi pie golpea contra la puerta del Escalade mientras mis dedos se
enroscan alrededor de la manija. La abro y tengo un breve momento de
alivio, dándome cuenta de que estoy a salvo. La alarma no ha sonado, pero
la luz interna de la cabina iluminó toda la maldita calle.
Maldición.
Salgo del auto, esperando por Dios que los hermanos DeAngelis estén
demasiado ocupados como para siquiera mirar hacia atrás al Escalade.
Entonces, cuando pruebo por primera vez la libertad y mis pies pisan la
tierra dura debajo, hago que cuente.
Mis pies golpean contra la tierra, catapultándome hacia adelante y
lejos del Escalade. No me atrevo a mirar atrás, aterrada de que los hermanos
ya vengan por mí. No tengo más remedio que correr a través de la carretera
para llegar al espeso bosque del otro lado, y hago todo lo que puedo para
mantenerme en las sombras.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho y me pregunto brevemente
cómo diablos voy a salirme con la mía. Si de alguna manera logro llegar
hasta la mañana, voy a tener que hacer autostop y alejarme lo más posible
de aquí. Diablos, un maldito boleto de ida a cualquier lugar menos aquí
servirá.
Mi impulso hace que mis pies pisen con fuerza contra la carretera, y
se me cae el estómago cuando el ruido hace eco hacia el almacén. Tienen
que saber. Son demasiado buenos en lo que hacen para permitirme siquiera
la oportunidad de salirme con la mía.
Las náuseas me queman por dentro, y me prometo que si salgo de
esta y sigo con vida mañana por la mañana, dedicaré unos segundos más a
vomitar en un arbusto, pero hasta entonces, tengo que seguir corriendo. La
música suave fluye por la calle, y es mi única esperanza que sea lo
suficientemente fuerte como para ahogar el sonido de mi escape.
Mirando hacia atrás sobre mi hombro, mi mirada escudriña el frente
del almacén, pero hasta ahora, no veo nada. Los hermanos no están a la
vista y eso solo podría significar una cosa. No tienen ni puta idea.
Mi pie recorren el borde del camino, y me lanzo hacia las espesas
sombras del bosque cuando unos dedos grandes se anudan en la parte de
atrás de mi cabello. Soy tirada hacia atrás y un fuerte chillido de dolor sale
de mí cuando soy derribada.
Mi cuerpo se estrella contra la carretera con un ruido sordo, y antes
de que tenga la oportunidad de luchar contra mi atacante, sale corriendo,
arrastrándome por el áspero asfalto. Mi piel arde mientras el camino la hace
trizas. Trato desesperadamente de poner mis pies debajo de mí mientras
alcanzo el apretado puño anudado en mi cabello, arañando su piel.
—DÉJAME IR —grito, cavando con todo lo que tengo y sintiendo su
sangre acumularse debajo de mis uñas.
—MALDICIÓN —ruge, lanzándome con fuerza al otro lado de la calle
y hacia la tenue luz que se extiende desde el viejo almacén.
No es una voz que reconozco y mi corazón late con fuerza, el pulso
fuerte como los tambores de Levi justo en mis oídos.
Mi cuerpo se desliza por la carretera como una planta rodadora
atrapada por el viento, y hago todo lo que puedo para tratar de aliviar el
impulso, solo el hombre está allí de nuevo. Miro hacia arriba,
encontrándome con su dura mirada, y cuando entra en la penumbra, el
reconocimiento hace que mi pecho se hunda.
Es el tipo de la fiesta, el pendejo arrogante con mala actitud que saltó
la barra con la esperanza de estrangularme allí mismo, en medio de la
habitación. Marcus había aparecido momentos antes de que pudiera
cortarme la garganta y, a cambio, lo apuñalé justo en el estómago. Roman
se había deshecho de él y, en mi mente, supuse que eso significaba que ya
estaba muerto. Si hubiera sabido que él era el hombre por el que venían
esta noche, que habían planeado un lindo viaje para despedirlo
apropiadamente hacia el inframundo, de ninguna manera me hubiera
permitido ser tan vulnerable. Maldición, supongo que eso es lo que te pasa
por jugar con fuego.
¿Qué diablos estaba pensando Roman permitiéndole irse? No es así
como se supone que funciona el juego. Esto ya debería haberse tratado.
Me alejo de él, sabiendo muy bien que no seré capaz de ponerme de
pie y alejarme de él para cuando se agache para acabar con mi vida. Estoy
bien y verdaderamente jodida.
—Bueno, bueno, esto ciertamente es una agradable sorpresa —dice el
imbécil, una sonrisa enferma se retuerce en su rostro cuando me reconoce
de la fiesta—. Voy a disfrutar esto.
Se agacha y dejo escapar un grito ensordecedor con la esperanza de
que los hermanos de alguna manera me ayuden, pero no tengo ninguna
oportunidad. Me puse en esta situación y no son exactamente los héroes
cuyos únicos sueños son abalanzarse y salvar a la damisela en apuros.
Su gran mano se enrosca alrededor de mi muñeca y me arrastra de
vuelta al otro lado de la calle, acercándome más y más al gran almacén y a
su tenue iluminación.
—Hola, chicos —grita el hombre a través de su pedazo de almacén de
mierda—. Los hermanos DeAngelis nos dejaron un juguete para jugar.
Oh, maldición no.
—SUÉLTAME —grito, las lágrimas escuecen en mis ojos mientras me
arrastra pasando los autos al azar y hacia el centro de la habitación.
El hombre se ríe mientras me suelta en el suelo del asqueroso almacén
y observo con horror cómo se quita la sucia chaqueta.
El lugar es un maldito desastre. Las mismas pastillas de la fiesta están
esparcidas por todo el almacén con polvo blanco manchando cada superficie
disponible. Hay botellas de cerveza vacías llenas hasta el borde con colillas
y viejas cajas de pizza esparcidas por el suelo sucio. Me enferma estar ahí,
pero ese es el menor de mis problemas.
Él me mira mientras los hombres aparecen de las sombras,
arrastrándose para conseguir un asiento de primera fila para la actuación
principal de la noche. Se agacha, mirándome como un trozo de carne que
está a punto de destruir.
—Esos cabrones lamentables finalmente se han metido con el hombre
equivocado —escupe, el ceño fruncido en su rostro no tiene absolutamente
nada que ver con el característico de Roman—. ¿Piensan que pueden
faltarme al respeto? Los destruiré por lo que hicieron, pero no antes de
hacerte desear no haber nacido nunca. Eres una maldita perra muerta. Me
lo tomaré con calma y lo sentirás todo, cada corte de la cuchilla, cada
lágrima de tu piel. Tus gritos resonarán en mi almacén durante meses, pero
no antes de que destruya tu puta alma primero.
—Demasiado tarde, imbécil —espeto, completamente rodeada por sus
viles hombres—. No puedes matar algo que ya está muerto.
Se ríe, poniéndose de pie mientras alcanza la hebilla de su cinturón.
—Mírame.
Maldición. La única vez que realmente necesito a los hermanos, no
están a la vista. Tal vez esta sea su versión de castigo por intentar
escabullirse en la noche. A la mierda ellos y sus retorcidos momentos de
enseñanza.
El hombre arranca su cinturón de sus agujeros mientras asiente hacia
sus secuaces. Dos de ellos se dejan caer a cada lado de mí, sosteniéndome
mientras su jefe se pasa la lengua por los labios. Grito cuando sus dedos se
clavan en mi piel, su asqueroso olor corporal abruma mis sentidos.
El jefe se acerca a mí, agarrando la cintura de mis pantalones de
chándal mientras mi corazón se acelera, el miedo rápidamente se vuelve
demasiado. Una cosa es dejar que Levi y Marcus me lleven como quieran,
pero esto es diferente en muchos niveles. No superaré esto. No sobreviviré
si me tocan. No soy suficientemente fuerte.
Mis pantalones de chándal están arrancados de mis piernas y gruesas
lágrimas corren por mi rostro mientras grito pidiendo ayuda, pero vi el área
mientras conducíamos. Este polígono industrial está tan abandonado como
parece. Esa es probablemente la razón por la que eligieron este lugar como
su lugar de operaciones. Se salen con la suya con todo tipo de mierda y
probablemente yo sea solo una en una larga lista de víctimas.
Desesperada por intentar salvarme, levanto la rodilla y la golpeo justo
en la herida de arma blanca que le hice la noche anterior. Vuelve a volar
sobre sus manos mientras deja escapar un grito de dolor. La ira se asienta
en su rostro, y temo que todo lo que he hecho es enojar a la bestia.
—MALDITA PERRA —ruge, enderezándose unos momentos antes de
que su pesado puño caiga sobre mi cara, partiendo la frágil piel de mi mejilla
mientras mi cabeza rebota en el suelo de cemento sucio.
Mi visión da vueltas y anhelo la dulce paz de la muerte, pero sé que
no vendrá, él no permitirá que eso suceda hasta que me destruya por
completo primero.
—Disfrutando de lo que es mío, ya veo —retumba un tono profundo
familiar, cortando el dolor y enviando la más mínima astilla de esperanza
corriendo por mis venas—. Sabes, podría haber jurado que te advertí sobre
tocar lo que era mío anoche.
El chico se da la vuelta, su movimiento me permite ver a Marcus
saliendo de las sombras, pero no es el único. Roman viene de la parte de
atrás del almacén cuando Levi entra por la izquierda. Las tres parcas, que
vienen a poner fin a mi miseria. Al menos, así es como asumo que va a ser
esto. No puedo imaginar que estén encantados conmigo ahora mismo.
El hombre niega con la cabeza mientras los hombres que me sujetan
se apresuran a ponerse de pie, reconociendo la amenaza en la habitación y
sabiendo que a pesar de su número, no tienen ninguna oportunidad.
—La puta perra no vale la pena —escupe—. La dejaron deambulando
por mi propiedad. Es mía ahora. Ya saben cómo funciona esto.
Roman se ríe y casi suena como si sintiera lástima por el hombre, pero
es como si estuviera muerto, así que supongo que no importa qué mierda
salga a borbotones de su boca esta noche. No se puede cambiar el resultado
de lo que está a punto de ocurrir. Aunque es una verdadera lástima que
haya tenido que ir e involucrar a todos sus amigos en esto. Todo lo que ha
hecho aquí esta noche es firmar también sus certificados de defunción.
Mientras los hombres que me rodean mantienen su atención en los
hermanos, me pongo de pie, agarro mis pantalones de chándal antes de
correr hacia Roman. Probablemente es el menos probable que se preocupe
por mantenerme a salvo, pero también es el menos probable que permita
que alguien se le escape. Lo veo como el chico brutal e implacable. Sería del
tipo que entraría y haría el trabajo mientras que los otros dos, me temo, se
tomarían su tiempo, disfrutarían de sus asesinatos para satisfacer esa parte
malvada de sus almas oscuras.
Estar lejos de su círculo me da la oportunidad de respirar y asimilarlo
todo. Por lo que puedo ver, los chicos no tienen ningún arma en la mano,
pero también usan sudaderas con capucha negras que probablemente
tengan un millón de lugares para esconder navajas o pistolas. Aunque algo
me dice que sus mejores armas son sus manos.
Lentamente comienzan a acercarse sigilosamente a los hombres, y
observo cómo la confianza arrogante se desvanece rápidamente de cada uno
de sus rostros. Saben mejor que la mayoría con qué tipo de hombres están
tratando y hablar mucho no les hizo ningún favor.
Hay seis de ellos parados en el centro del almacén, y cuando miro a
Levi en el lado opuesto de la habitación, capto la emoción concentrada que
se gesta en sus ojos. Este es el tipo de noche con la que sueña.
Uno de los imbéciles que me había estado sujetando da media vuelta
y sale disparado hacia la puerta abierta del almacén, dejando que sus
muchachos se enfrenten a la ira de DeAngelis, sabiendo que no tiene
ninguna posibilidad si se queda.
Lo observo alejarse y los hermanos le permiten adelantarse unos
pocos pasos antes de que la mano de Marcus salga volando con la fuerza de
una pitón al atacar. Observo con los ojos muy abiertos cómo una espada
plateada surca el aire a la velocidad del rayo y, con un crujido enfermizo, se
clava directamente en la parte posterior de la garganta del corredor.
Contengo un grito ahogado y me encojo cuando el corredor se detiene
de inmediato. Se gira, la tenue luz del almacén apenas brilla sobre él
mientras sus dedos se agarran a la garganta. Un sonido de gorgoteo se
esparce por el almacén, y mientras la sangre brota de las comisuras de su
boca, el hombre cae de rodillas, la tenue luz brilla contra la punta de la hoja
que sobresale de la parte delantera de su garganta.
Un tiro perfecto.
Mis ojos se abren con horror y caigo hacia atrás, luchando por
alejarme más mientras observo al hombre caer hacia adelante y comenzar a
desangrarse rápidamente. Sus hombres rugen con furia, y antes de que
pueda dejar escapar un grito, los hermanos descienden.
Su velocidad no se parece a nada que haya visto antes, pasando de
una parada a un poderoso sprint mientras corren por lo que estoy seguro
creen que es el tipo de venganza más dulce. Marcus va directo al hombre al
que apuñalé mientras Roman apunta a los dos más cercanos a él.
Levi es el más rápido y alcanza al tipo más cercano a él antes incluso
de que le saquen el arma de la parte de atrás de sus jeans manchados. Grito,
un sonido espeluznante mientras veo a Levi romper violentamente el cuello
del hombre con un giro feroz. Su cabeza casi se sale de su maldito cuerpo
con un fuerte crujido antes de que Levi lo suelte, dejándolo desmoronarse
en un lamentable montón a sus pies.
Me escabullo hacia atrás, incapaz de apartar la mirada de los horrores
mientras mi corazón se acelera, el terror late rápidamente en mis venas.
Marcus juega con su chico, prolongando su diversión mientras Roman se ve
rodeado por los otros tres hombres.
Él los detiene con facilidad, sacando una daga roja como la sangre, y
con un movimiento rápido de su muñeca, su cuchillo corta la mano de un
hombre limpiamente de su cuerpo. Cae de rodillas en agonía y el fuerte
gruñido que brota de lo más profundo de él me perseguirá hasta mis últimos
días. Echa la cabeza hacia atrás para gritar, y no desaprovechando una
oportunidad tan acogedora, Roman rápidamente lo remata con su espada
roja atravesando el hueco en la base de su cuello, sin detenerse hasta que
la punta de su cuchillo atraviesa directamente su corazón.
Roman lo deja ahogándose en su propia sangre y, cuando se gira para
concentrarse en los dos restantes, Levi le ofrece una mano útil.
Da un paso detrás del más fornido, dejando la muerte fácil para
Roman, y cortésmente le toca el hombro como si estuviera a punto de hablar
sobre la garantía extendida del hombre. Solo cuando se gira, Levi gira su
brazo en un arco bajo, cortando una herida gruesa de una cadera a la otra.
La bilis sube a mi garganta y contengo una violenta arcada cuando sus
intestinos salen de su herida abierta como una ristra de salchichas
salpicando contra el suelo sucio con un chapoteo repugnante.
¿Qué mierda estoy presenciando en este momento? Son brutales.
Inhumanos. Implacable. Y diablos, realmente disfrutan esta mierda.
La carcajada aulladora de Marcus solo demuestra que está haciendo
lo mínimo para jugar con su chico para poder seguir viendo la vil matanza
que se lleva a cabo a su alrededor como el jodido enfermo que es. Pero ¿por
qué diablos no? Son dos contra tres hermanos, y hasta ahora, solo han
pasado treinta segundos. Si esto los excita, es mejor que se tomen su tiempo.
Roman se ocupa rápidamente del otro chico, dejando solo al imbécil
de la fiesta de anoche. Bloqueo lo que queda de los otros cinco cuerpos
esparcidos por el suelo de cemento sucio y me concentro en el miedo que
irradia de los ojos del hombre.
Su cuerpo está cubierto de pies a cabeza con cortes superficiales, cada
uno de ellos entregado rápidamente por la espada de Marcus. Tiembla
cuando tanto Roman como Levi lo rodean y, sinceramente, no lo culpo. Yo
también sería un maldito desastre. Demonios, ni siquiera soy yo la que se
opone a ellos y soy un desastre.
Roman y Levi toman los brazos del tipo y los sostienen mientras
Marcus se acerca a él y le separa las piernas de una patada.
—Parece que tenemos un pequeño problema —murmura Marcus, su
mirada enfermiza se arrastra hacia donde me escondo, temblando en un
rincón oscuro del almacén. Su atención vuelve al hombre—. Pero no te
preocupes, vamos a hacer las cosas bien.
El hombre se retuerce y tira del fuerte agarre de los hermanos, pero
he estado en el otro extremo de su fuerza. No se parece a nada que haya
experimentado antes. Son máquinas, impenetrables e implacables. Si
quieren retenerte, ahí es donde te quedarás, hasta que consideren lo
contrario.
Marcus arroja un cuchillo a un lado y hace ruido contra el suelo antes
de sacar una nueva, el doble del tamaño y de alguna manera incluso más
brillante. Este es el tipo de cuchillo que va en serio.
Como si leyeran la mente del otro, Roman y Levi lo sueltan y patean
la parte posterior de sus rodillas. Cae hacia adelante, atrapándose contra
sus manos, y antes de que pueda hacer un movimiento, las pesadas botas
de los muchachos se estrellan contra sus manos, manteniéndolo
inmovilizado sobre sus manos y rodillas.
Marcus se agacha frente a él, su cuchillo brilla a la luz.
—¿Sabes lo que les pasa a los hombres que tocan lo que es mío? —
pregunta mientras el tipo lo mira horrorizado—. Pierden su capacidad para
hacerlo.
Sin previo aviso, la hoja cae sobre su mano, cortando sin esfuerzo sus
cuatro dedos mientras ruge de dolor. Marcus se ríe, obteniendo el peor tipo
de disfrute de esto, pero antes de que una gota de sangre pueda derramarse
en el suelo, Roman agarra su cabello y tira su cabeza hacia atrás, forzando
su mirada hacia Marcus.
—¿Sabes lo que le sucede al hombre que escupe palabras obscenas a
mi chica? —pregunta Marcus, enviando pavor fluyendo a través de mi
cuerpo.
Niego con la cabeza, no queriendo que esto sea cierto, pero mientras
observo a Levi sacar un par de alicates de su bolsillo y forzar la boca del tipo
para abrirla, sé exactamente a dónde lleva esto.
Después de una breve lucha, Levi se para frente al tipo, con la lengua
apretada entre los alicates mientras Marcus se mueve al lado de su hermano
menor.
—Un hombre que habla mal de lo que es mío, nunca volverá a hablar.
Y con eso, le quitan la lengua, dejándola caer al suelo mientras la
sangre brota de su boca.
Vuelven las violentas arcadas y cuando los hermanos obligan al
hombre a ponerse de pie, vomito, incapaz de soportar la horrenda vista. El
hombre solloza, el sonido se distorsiona por la falta de su lengua, miro hacia
otro lado, pero el sonido familiar de los jeans golpeando el suelo tiene un
nuevo fuego que late en mis venas.
Sabiendo que lo que sucederá a continuación me visitará en mis
sueños durante noches enteras, enfoco mi mirada en el hombre para
encontrar sus jeans alrededor de sus tobillos y la cuchilla de Marcus
presionada firmemente debajo de su pene flácida y sus bolas.
—Oh, Dios —Marcus sonríe—. Puede que necesite una cuchilla más
pequeña para esta.
—Vete a la mierda —ruge el tipo, escupiendo sangre en el rostro de
Marcus mientras lo que queda de su lengua comienza a hincharse en su
boca, bloqueando lentamente sus vías respiratorias.
Marcus solo se ríe cuando Roman se mueve detrás del hombre,
poniendo un cuchillo en su garganta para forzar su cooperación.
—Estoy seguro de que ya te habrás dado cuenta de nuestro pequeño
juego —murmura Marcus sombríamente, su tono lleno de una amenazante
promesa de alargar esto tanto como pueda.
—Tengo una última pregunta para ti —continúa Marcus, haciendo
una pausa mientras aplica un poco más de presión sobre la cuchilla—. ¿Qué
crees que le pasará a un violador que intenta robar la inocencia de lo que es
mío?
En lugar de hacer un arco rápido y cortar su pene de inmediato,
Marcus comienza a mover el cuchillo lentamente de izquierda a derecha
como si estuviera cortando una hogaza de pan, rasgando la piel sensible y
meticulosamente tomando de él tal como había planeado abusarme.
La bilis en mi garganta sube mientras frenéticamente me tapo la boca
con una mano. Este hombre me iba a violar. Iba a torturarme y matarme de
la manera más vil. Quiero mirar cualquier cosa que no sea la carnicería
frente a mí, pero no me atrevo a apartar la mirada. Su muerte es la venganza
más dulce que jamás tendré.
Una vez que el cuchillo ha completado su misión de dominar el
mundo, y el apéndice desgarrado yace en un charco de sangre, el hombre
cae al suelo donde se desangra lentamente.
Sabiendo que no irá a ninguna parte, Marcus y Levi salen del almacén
como si no hubieran asesinado brutalmente a seis hombres.
Roman da un paso hacia mí. Su mirada salvaje se encuentra con mi
rostro manchado de lágrimas, y mientras se eleva sobre mí, no quiero nada
más que encogerme.
—Muévete —gruñe, su única palabra llena de veneno y una garantía
de que seguramente seré castigada por mi intento de fuga.
Sabiendo que sería mejor que empeorar las cosas para mí, me levanto
con piernas temblorosas y muevo mi trasero a través del almacén, pasando
por encima de miembros descartados y charcos de intestinos antes de
apresurarme a regresar a la seguridad del Escalade.
Capítulo 21
Mi estómago gruñe mientras me siento con las piernas cruzadas en
mi cama. Han pasado veinticuatro horas desde el ataque al viejo almacén y
estoy agradecida de que los chicos me hayan dejado en paz.
Lo que vi allí... Simplemente no puedo quitarme las imágenes de la
cabeza.
La sangre, las cuchillas, el apéndice flácido en el suelo.
Los hermanos DeAngelis son mucho peores de lo que pensaba que
eran. Sabía que eran peligrosos, y seguro que sabía que eran monstruos
brutales, pero lo que presencié fue mucho más allá de lo que podría haber
imaginado.
Antes de conocerlos, cuando alguien mencionaba sus nombres, lo
primero que me venía a la mente era la forma cruel en que dispararían
ciegamente a alguien sin ton ni son, tal como lo presencié con esa chica en
su fiesta. Sin embargo, debería de haberlo pensado mejor antes de intentar
robarle a los hermanos DeAngelis.
Las noticias de sus ataques aparecían constantemente en mi viejo
televisor, pero recién ahora me doy cuenta de cuántos detalles estaban
omitiendo esas noticias. Tengo que darles crédito, ciertamente saben un par
de cosas sobre creatividad.
Quiero decir... ¿su maldito pene? ¿Quién le corta el pene a un
hombre? No me malinterpreten, el imbécil se lo merecía. Nunca tuvo la
oportunidad de tocarme, pero no soy tan ingenua como para pensar que era
la única y que otras podrían no haber tenido tanta suerte. Sin embargo, tal
vez la palabra suerte no se ajuste exactamente a la situación.
Soy todo menos afortunada.
Ese tiro que hizo Marcus desde el otro lado del almacén, hundiendo
el cuchillo en la garganta del corredor, fue perfecto en todos los aspectos
equivocados. La fuerza y la precisión que debe haber tomado me asombra,
mientras que la forma en que Levi destripó a ese hombre con una habilidad
tan practicada solo demuestra la frecuencia con la que lo han hecho.
Sin embargo, Roman ni siquiera lo pensó dos veces antes de cortar la
mano de ese hombre de su cuerpo y luego hundir ese cuchillo en su garganta
para perforar su corazón.
Mi estómago se retuerce con el pensamiento y me encuentro corriendo
a través de mi habitación, atravesando la puerta de mi baño privado antes
de que mis rodillas caigan contra las frías baldosas de mármol. Un violento
tirón me atraviesa mientras cuelgo la cabeza sobre el borde del inodoro, solo
que como en el millón de otras veces que he estado aquí, no sale ni una
maldita cosa.
Me apoyo contra la pared del baño mientras un ligero sudor aparece
en mi frente. Este mundo en el que de alguna manera me he visto atrapado
es una locura. Pero tengo que ser honesta, mientras que lo que presencié
anoche fue la cosa más aterradora de la que cualquier ser humano debería
ser testigo, podría haber sido peor.
Hasta ese momento, me había convencido tontamente de que había
algo bueno en ellos. Que simplemente eran incomprendidos, almas rotas
con problemas paternales como el resto de nosotros. Claro, eran brutales,
crueles y trataban sus problemas de manera un poco diferente, pero seguían
siendo humanos. Incluso me había permitido acercarme lo suficiente para
ser vulnerable a su alrededor.
Pero a pesar de sus defectos, a pesar de sus formas implacables,
brutales y asesinas, me han dejado en paz para entenderlo. Pude sentir la
ira saliendo de ellos en oleadas durante el largo viaje en auto a casa. Podía
sentir la tensión hirviendo en el auto, sentir su abrumadora necesidad de
castigarme por tratar de escapar de ellos, pero me han dejado en paz. Me
alejaron para tratar de superar esto, para afligirme por la vieja vida que
nunca recuperaré.
Me han mostrado amabilidad y estoy agradecida por eso.
No quieren lastimarme, y aunque probablemente vean la situación de
manera diferente a como lo hago yo, veo hasta dónde llegarían para
protegerme.
Los escucho alrededor del castillo, constantemente caminando por mi
puerta y deteniéndose justo afuera para ver cómo estaba, pero ninguno de
ellos ha entrado a la fuerza y exigido una explicación. Tal vez haya esperanza
para ellos después de todo, o tal vez estén evitando ofrecer una explicación
propia.
Mi estómago gruñe de nuevo, pero esta vez con más ferocidad. Sé que
voy a tener que enfrentarlos en algún momento. Eventualmente, se
cansarán de mi desgana y vendrán por mí de todos modos. Lo mejor que
puedes hacer es tomar las riendas y jugar su juego.
Me pongo de pie, dejo escapar un suspiro tembloroso, temiendo los
pensamientos que me perseguirán cuando vea sus rostros. Me dirijo al
fregadero y me echo agua en el rostro antes de mirarme en el espejo.
Mis ojos azules sin vida me devuelven la mirada, pero hago una mueca
valiente, enderezo los hombros y levanto la barbilla. Puedo hacer esto. Puedo
ser valiente, y seguro como el infierno que puedo sobrevivir.
Giro sobre mis talones, salgo de mi baño y salgo al pasillo principal
antes de darme la oportunidad de cambiar de opinión. Escucho a Levi en la
distancia, sus tambores haciendo eco a través del castillo mientras una
conversación apagada llega desde la dirección opuesta.
Tratando de aferrarme a ese coraje, empiezo a bajar las escaleras. No
hay duda de que ya saben que salí de mi escondite. Apenas estoy haciendo
ruido, pero en lo que respecta a los hermanos DeAngelis, saben todo lo que
sucede en su hogar.
Llego al último escalón, me abro paso a través de muchos giros y
vueltas hasta que finalmente llego al comedor. Al encontrar la mesa llena de
todo delicioso, me dirijo directamente a ella. Mi mirada recorre las infinitas
opciones y encuentra un bistec grande y jugoso justo en el centro, apoyo mi
trasero en el borde de la mesa y lo alcanzo.
¿Por qué diablos necesitan una mesa tan grande?
Me veo obligada a arrodillarme sobre la mesa solo para llegar a él, y
mientras empujo otros platos y cubiertos fuera de mi camino, espero que
quienquiera que exista arriba, uno de los hermanos haya puesto su corazón
en este pedazo de carne en particular. Al menos de esa manera, podré tomar
algo, aunque sea pequeño, de uno de ellos.
Sin tener la energía para levantarme de la mesa y encontrar una silla
apropiada, dejo caer mi trasero sobre la madera dura y arrastro el plato
sobre mis piernas antes de vestirlo con todo lo delicioso. Agrego algunas
papas al horno, tiro algunas verduras al vapor y luego las saturo con salsa.
Se me hace agua la boca. Ha pasado demasiado tiempo desde que he
comido bien. Sé que probablemente me arrepentiré de esta comida una vez
que las imágenes de anoche regresen, pero necesito la energía para seguir
adelante.
Miro alrededor de la mesa, busco un cuchillo y un tenedor, y mientras
mi mirada se desplaza sobre un cuchillo para carne, no puedo evitar
recordar que se supone que Marcus me está castigando por lo que le hice a
su mano. Pero si soy honesta, realmente no creo que llegue.
Al igual que todo lo demás, lo dejo en el fondo de mi mente y me
concentro en la tarea que tengo entre manos. Recogiendo el cuchillo y el
tenedor, me pongo a trabajar, cavando en las mejores partes mientras me
siento con las piernas colgando del costado de la mesa.
Cuando dejo caer el primer bocado de jugoso bistec en mi boca, lo
hago rodar y gimo de satisfacción. Supongo que la vida todavía puede ser
buena, pero mientras mastico, me doy cuenta de que ya no puedo escuchar
los tambores de Levi y eso solo me recuerda que de aquí en adelante, no
todas las partes de la vida van a ser buenas.
Hago una pausa para escuchar, pero justo cuando mi cabeza se
levanta de golpe, los tres imbéciles aparecen en la entrada abierta del
enorme comedor.
El temor revolotea a través de mí mientras los observo. Marcus se ve
tan frío como la muerte con un porro en la mano y un encendedor en la otra.
Levi todavía agarra sus baquetas y se ve como si estuviera enojado porque
sus hermanos lo han llamado para que se aleje de su batería, mientras que
Roman solo usa su característico ceño fruncido.
Trago saliva mientras agarro el plato de mis piernas.
—Entonces —digo, bajando el tono mientras una sonrisa forzada y
malvada se extiende por mi rostro—. ¿Cómo les gusta el filete?
Una arrogancia tira de los labios de Marcus mientras se adentra más
en la habitación, caminando directamente a mi lado, toma su posición
favorita en la cabecera de la mesa.
—Malditamente crudo.
Roman se burla de sí mismo.
—Cierto, me pareces más al tipo de medio hecho.
Un cuchillo vuela directamente a través de la habitación, la punta
pasa rozando mi rostro y fallando por poco el ojo de Roman antes de
hundirse profundamente en la pared detrás de su cabeza. Roman ni siquiera
levanta la vista y me deja preguntándome qué tan comunes son los cuchillos
voladores por aquí. Tal vez esa cicatriz en su rostro era más un tipo de
incidente de “los asesinos en serie serán asesinos en serie” en lugar de una
follada con la esposa del hombre equivocado.
Levi es el último en tomar asiento. Es el más cercano a mí con sus
dos hermanos en extremos opuestos. Sus baquetas descansan en sus
manos, y mientras se recuesta en su silla, las golpea suavemente contra la
mesa de madera.
—¿Cómo quieres hacer esto? —pregunta, yendo directo al grano
mientras observo la forma en que sus hermanos me miran con cautela,
esperando que me asuste.
Los nervios se filtran a través de mi cuerpo mientras mi mirada cae
en sus manos, recordando cuán hábiles son en realidad.
—¿Qué quieres decir? —pregunto con una respiración temblorosa,
sintiéndome completamente rodeada.
—Sobre lo de anoche —confirma como si no supiera ya que estamos
más que en la misma página—. ¿Estamos fingiendo que no sucedió o
necesitas desahogar tus frustraciones?
Mis ojos casi se salen de las órbitas y lo miro boquiabierta con horror.
—¿Frustraciones? ¿Así es como lo llamas? Mataron a esos hombres
como si no tuvieran familia o amigos. Son unos monstruos.
—Estupendo —murmura Roman sombríamente—. Ella quiere hablar
de eso.
—No quiero hablar de una mierda —le lanzo, más que preparada para
lanzarle un cuchillo como lo había hecho Marcus. Aunque mi puntería no
sería tan buena—. Confía en mí, estoy haciendo todo lo que puedo para
fingir que no vi lo que hicieron anoche, pero no es tan fácil. Las imágenes
en mi cabeza… no desaparecerán.
Marcus suspira.
—Entiendes lo que te iban a hacer, ¿verdad? No te estaban
preparando para un maldito espectáculo de ping-pong.
Lo fulmino con la mirada.
—Por supuesto que sé lo que querían hacer. No soy estúpida. Pero
matar hombres no es la forma de hacerlo. Hay algo serio que no está bien
con ustedes. ¿Cómo pueden simplemente sentarse aquí y actuar como si
esto no fuera gran cosa?
—Porque no lo es —dice Levi—. ¿Hubieras preferido que nos
sentáramos y dejáramos que sucediera?
—Por supuesto que no —gruño, la frustración rápidamente se está
apoderando de mí cuando mi mirada cae de nuevo en mi bistec y empiezo a
cortarlo violentamente en pedazos, más que probablemente rascando el
costoso plato.
—Entonces, está resuelto. Salvamos a la chica —dice Marcus con
orgullo—. Somos los malditos héroes que nunca supiste que necesitabas.
Mi mirada se dispara directamente hacia abajo de la mesa, perforando
la suya con una ferocidad de la que no sabía que era capaz. Levanto mi
cuchillo para bistec.
—Tráeme tu otra mano. Déjame mostrarte mi último truco de fiesta.
La emoción burbujea en su mirada oscura, y cuanto más me mantiene
como rehén con ella, más caliente se vuelve.
—No me amenaces con pasar un buen rato —advierte.
Maldición, por un momento, olvidé lo trastornado que estaba este
psicópata.
Mi mirada se entrecierra y me niego a ser la primera en apartar la
mirada, pero de ninguna manera tengo lo que se necesita para ganar esta
ronda. Una sonrisa torcida se dibuja en su rostro, y cuando baja la barbilla
y me mira a través de su gruesa hilera de pestañas, no tengo más remedio
que sucumbir.
Vuelvo a mirar mi bistec justo cuando un sonido estridente atraviesa
la habitación. Los tres chicos suspiran como uno solo cuando Roman saca
su teléfono de su bolsillo. Deja caer el teléfono sobre la mesa y lo mira con
el ceño fruncido antes de finalmente aceptar la llamada y ponerlo en el
altavoz.
—Padre —dice Roman, su tono bajo y lleno de desdén.
—¿Tienen alguna idea de los problemas que he pasado por ustedes,
miserables alimañas, en las últimas doce horas?
Marcus deja escapar un profundo suspiro.
—Siempre es un placer, padre. Sin embargo, tendrás que darnos un
poco más que eso. Estoy seguro de que no tenemos ni idea de lo que estás
hablando.
—No te atrevas a jugar tus jodidos jueguecitos conmigo, chico —
escupe, intentando poner a su hijo del medio en su lugar, solo la expresión
aburrida en el rostro de Marcus dice que no está logrando absolutamente
nada—. Los asesinatos en la zona industrial tienen su hedor por todas
partes.
—Oooooh, eso —se ríe Marcus mientras Roman niega con la cabeza,
probablemente conociendo muy bien los peligros de meterse con su padre—
. Eso fue solo un pequeño malentendido, pero no te preocupes. Lo aclaramos
de inmediato.
—¿Un pequeño malentendido? —ruge, el sonido chirría a través de la
habitación y haciendo que me duelan los oídos—. Un malentendido no es
encontrar un pene flojo en el suelo junto a un conjunto de jodidos intestinos.
¿Qué les he dicho sobre dejar una escena así? He tenido a los policías
husmeando a mi alrededor toda la maldita mañana, haciendo preguntas y
exigiendo respuestas. ¿Tienen alguna idea del tipo de mierda en el que nos
han puesto? Maldito infierno. Toda la familia tiene que pasar desapercibida.
—Tenemos mucho espacio aquí —sugiere Marcus, enviando un
escalofrío que recorre mi cuerpo mientras sus ojos de obsidiana se
oscurecen a un tono que nunca antes había visto—. Estaríamos más que
felices de recibir a toda la familia. Estoy seguro de que les encantaría ver
todas las pequeñas sorpresas que les tenemos reservadas.
Hay un breve silencio antes de que Giovanni gruña.
—Explíquense. No deben salir de los confines de esa propiedad sin mi
consentimiento explícito. No tenían órdenes de matar.
—Ahhhh, diablos —se burla Marcus, haciendo que la situación sea
mucho peor—. Verás, debo haber olvidado que mi propio padre es lo
suficientemente insensible como para mantener a sus tres hijos prisioneros
en su propia casa, solo permitiéndoles realizar el tipo de tareas que él no
tiene las agallas para hacer por sí mismo. Gracias por el recordatorio.
—¿Te atreves a llamarme débil? Te enseñé todo lo que sabes.
—No, padre —dice, su tono baja a un desafío mortal—. Me enseñaste
a disparar un arma. Todo lo demás, lo aprendí imaginando el tipo de cosas
que te haría. Ojalá no fueras tan cobarde y aparecieras aquí sin tu equipo
de protección. Me pregunto qué tan bien te iría, aunque también me
pregunto qué pensaría tu preciosa familia de ti si supieran que estás
aterrorizado por tus propios hijos.
Mis ojos casi se salen de las órbitas mientras mi mandíbula
prácticamente cae justo sobre la mesa. Miro fijamente a Marcus a través de
la habitación, apenas capaz de creer lo que estoy escuchando, aunque las
expresiones aburridas en los rostros de Levi y Roman sugieren que esto es
algo regular, pero ¿a quién le importa? Este es el entretenimiento en horario
de máxima audiencia. Demonios, incluso estoy dispuesta a olvidarme
momentáneamente de la mierda que vi anoche solo para poder presenciar
cómo Giovanni DeAngelis es puesto en su lugar por su maldito hijo.
Y aquí pensé que los hermanos derrocando a su padre era una especie
de gran secreto. Si aún no lo ha resuelto, entonces no es el intrépido líder
de la mafia que siempre imaginé que sería. Aunque, si alguien debería estar
parado en su lugar, supongo que sería Roman. Tiene todo lo que necesita
para gobernar todo el puto país. Pero eso plantea la pregunta: ¿por qué
realmente se mantienen como prisioneros aquí? ¿Son demasiado peligrosos
para que se les permita su libertad debido a sus puntos de vista relajados
sobre el asesinato, o Giovanni teme la facilidad con la que podrían quitarle
todo?
Levi se aburre de la conversación y se pone de pie. Da la vuelta a la
mesa, con la mirada fija en el teléfono frente a su hermano mayor.
—De todos modos, padre —dice en un tono perezoso—. Como
mencionó Marcus, ha sido un maldito placer.
—NO TE ATREVES A COLGAR…
Levi se estira frente a Roman y deja caer su dedo en el pequeño botón
rojo en el frente de la pantalla, interrumpiendo a su padre con una
satisfacción enfermiza en lo profundo de sus ojos.
—Maldición, es agotador —dice mientras Roman se recuesta en su
asiento y vuelve su mirada hacia Marcus.
—¿En serio? —pregunta—. ¿Por qué no seguir adelante y contarle
todo nuestro maldito plan para derrocarlo mientras estabas en eso? Apuesto
a que le encantaría saber exactamente cómo planeamos hacer esto.
Marcus se encoge de hombros antes de cruzar la mesa con su tenedor,
clavar un trozo de bistec y dejarlo caer en su plato.
—¿Qué puedo decir? —murmura—. Estaba en mi momento.
—Sí, lo sabemos —se burla Levi—. Eres un maldito cañón suelto
cuando estás en tu momento.
Los hermanos hablan casualmente entre ellos mientras aniquilan la
gran variedad de comida que los rodea, se lanzan amenazas sin sentido y se
unen por el odio compartido hacia su padre. Me siento en silencio,
asimilando todo. No puedo evitar sentirme a gusto, algo que nunca creí
posible acerca de estar en su presencia.
Estoy a salvo aquí entre estas bellas almas rotas, pero una cosa es
segura, Levi tenía razón. Marcus es un cañón suelto, todos son. Y aunque
puedo sentirme segura, eso no significa necesariamente que lo esté. Están
destrozados por una vida de abuso y les garantizo que nunca les han
enseñado lo que significa preocuparse, amar o incluso mostrar verdadera
bondad. Son soldados de principio a fin. Armas entrenadas para no fallar.
Acercarme demasiado a ellos sería un error, uno que me costaría muy caro.
Los hermanos apenas están comenzando conmigo, y algo me dice que
tengo una gran lucha para sobrevivir.
Capítulo 22
¡BANG!
Mi puerta rebota contra el panel de yeso mientras las peleas invaden
rápidamente mi habitación. Mi corazón se acelera mientras el miedo me
invade. Las peleas se acercan y las manos están sobre mí antes de que tenga
la oportunidad de gritar. Tiran de mí, arrastrándome al pie de mi cama
mientras lloro, desesperada por ver a través de la oscuridad, desesperada
por ver sus rostros.
Lanzo una patada, conectándome con algo duro, pero el gruñido de
dolor que atraviesa la habitación no me resulta familiar.
—QUÍTATE, ALEJATE DE MI —grito tan malditamente fuerte que el
sonido desgarra dolorosamente mi garganta.
Las manos me agarran con más fuerza, tirándome de la cama sin
esfuerzo mientras lucho, tratando descaradamente de liberarme de los
confines de su agarre magullante. Mi cuerpo cae al suelo con un ruido sordo
y grito, pero cuando me arrastran por el suelo y paso por la gran ventana,
la luz de la luna brilla, diciéndome que mis temores son correctos.
Estos tipos no son los hermanos DeAngelis.
Esto es algo mucho, mucho peor.
Grito cuando me levantan del suelo y me obligan a ponerme de pie
con un pinchazo debajo de las costillas. Una mano se enrosca alrededor de
mi brazo y me impulsa hacia la puerta de mi dormitorio, enviándome
directamente al pasillo y estrellándome contra la pared opuesta.
Una luz tenue brilla a través del pasillo, pero no lo suficiente como
para que pueda distinguir sus rostros. Me arrojan de regreso a ese viejo
almacén con esos hombres sucios tocándome, sujetándome y poniendo sus
manos sobre mí.
Las lágrimas llenan mis ojos, pero no me atrevo a rendirme, tirando y
empujando, tratando sin descanso de liberarme.
—DÉJAME IR —grito, mi voz rebota en las paredes y hace eco en el
pasillo, pero nadie viene. No sirve de nada.
¿Dónde diablos están los chicos? ¿Por qué permiten que esto suceda
en su casa? ¿Se han quedado sin pequeños juegos para jugar? ¿Se han
quedado sin laberintos para acecharme? Quizás este sea su castigo por
escapar en el polígono industrial.
Me guían a través del enorme castillo, moviéndose por los pasillos
como si supieran exactamente a dónde van. Llegamos a la parte superior de
las escaleras y soy empujada hacia adelante, apenas logrando mantenerme
de pie mientras lucho todo el camino hasta el final.
Me sueltan justo cuando llegamos al último escalón y mi peso cae
directo a las malditas baldosas de mármol. Mis rodillas golpean con fuerza
y grito, pero no pierden un paso. Tomando mis brazos una vez más, me
arrastran directamente a través del espacio abierto.
Me escabullo detrás de ellos, tratando desesperadamente de volver a
poner mis pies debajo de mí, pero son demasiado rápidos y demasiado
fuertes. No tengo ninguna posibilidad. Trato de mirarlos, con la esperanza
de poder reconocer sus rostros de la fiesta de los chicos, pero no consigo
nada. Estos hombres son como soldados, entrenados y fuertemente
armados. Se les ha encomendado una misión y, sin una sola palabra, han
dejado en claro que lo lograrán.
Una luz tenue proviene de una de las habitaciones y no me sorprende
cuando los hombres me arrastran allí. Me empujan directamente a través
de la puerta abierta y patino hasta detenerme justo a los pies de Levi
mientras caen alrededor de la habitación, cubriendo cada maldita salida.
Mi mirada se dispara mientras trato desesperadamente de
escabullirme de Levi, solo que cuando me acerco al centro de la habitación,
rápidamente me doy cuenta de que esto es algo completamente diferente.
Levi se para con sus hermanos, los tres con las mandíbulas tensas y
el asesinato en sus ojos, luciendo como una fuerza impenetrable. Ninguno
de ellos se molesta siquiera en mirarme mientras sus miradas están fijas en
el otro lado de la habitación, mirando al hombre que sostiene el control
remoto de los collares de choque alrededor de sus gargantas.
Mis ojos se abren como platos y me apresuro de regreso hacia Levi
mientras observo a su padre que está de pie con un muro de protección a
su espalda, y a pesar de las perversas habilidades de los chicos para
eliminar objetivos, no hay manera en el infierno de que puedan enfrentarse
a una fuerza como esta.
Por la forma en que mira a sus hijos, está claro que se trata de algún
tipo de represalia por su pequeña excursión a la antigua zona industrial y,
a juzgar por el sudor que cubre la piel de Marcus, esto ha estado sucediendo
durante bastante tiempo mientras yo pacíficamente dormía arriba.
Mi corazón se rompe cuando deseo desesperadamente poder
esconderme de alguna manera detrás de los chicos, pero algo me dice que
en una habitación como esta, esconderme solo va a ver una bala disparada
directamente entre mis ojos.
Me apresuro sobre mis pies doloridos y cortados, disfrazando mi
encogimiento mientras mi cuerpo duele por sus manos ásperas. Me paro
frente a Levi, pero cuando Giovanni pasa por encima de su seguridad y fija
su mirada en mí, retrocedo, presionándome más allá del hombro de Levi
hasta quedar entre él y Marcus, mis brazos rozan los de ellos.
Giovanni no se detiene, y como mi instinto me hace retroceder más,
la mano de Marcus presiona discretamente contra mi espalda,
manteniéndome quieta.
—¿Por qué mis hijos se preocupan por ti? —exige, entrando
directamente en mí y arrastrando su mirada de arriba abajo por mi cuerpo
como si no hubiera visto lo suficiente durante el almuerzo.
Niego con la cabeza, con los ojos muy abiertos cuando siento que mi
mundo llega a su fin.
—Ellos... no se preocupan por mí —digo, mis palabras se atragantan
en mi garganta, deseando poder encontrar de alguna manera el coraje que
tuve cuando lo enfrenté por última vez.
—¿Es así? —pregunta, su barbilla se levanta mientras sus ojos se
entrecierran en los míos—. Porque según tengo entendido, señorita Mariano,
después de conocer a Draven Miller y clavarle el cuchillo en el estómago,
mis hijos se arriesgaron a ser expuestos para sacrificarlo. Dime, ¿por qué
harían eso?
Mi espalda se pone rígida y siento la mano de Marcus apretando mi
espalda, advirtiéndome que ande con cuidado.
—¿Estás sugiriendo que puse la idea en sus cabezas?
—No estoy sugiriendo nada. Simplemente tratando de llegar al fondo
de esto.
—Entonces pregúntales a tus hijos —respondo—. No tengo
absolutamente ninguna influencia sobre las cosas que ocupan su tiempo, y
dudo mucho que les importe una mierda lo que pienso. Felicidades, criaste
a tus hijos para que fueran los secuaces perfectos, solo que pareces tener
problemas para mantenerlos a raya. Aunque tal vez eso tenga algo más que
ver contigo que conmigo.
Una fuerte bofetada hace que escueza mi rostro y dejo escapar un
breve grito antes de morderme la lengua, odiando mostrar debilidad frente
a este vil hombre.
—Cuida tu lenguaje, pequeña puta asquerosa —gruñe—. Entrené a
mis hijos para ser soldados. No se pasan de la raya.
—¿De verdad? —cuestiono, entrecerrando la mirada, segura de que
puedo recibir al menos un golpe más—. Porque desde donde estoy viendo,
tus soldados han estado saliendo de la fila mucho más tiempo del que te
gustaría admitir, de lo contrario no los tendrías encerrados aquí. ¿Por qué
sería eso? ¿Les tienes miedo? ¿Te hacen temblar las rodillas? ¿Envía un
escalofrío que recorre tu cuerpo cada vez que miran en tu dirección?
Su mano se levanta y me preparo para otro golpe, pero justo cuando
viene a toda velocidad hacia mi rostro, Roman sale, su fuerte brazo se
extiende frente a mí y atrapa la muñeca de su padre momentos antes de
conectar con mi rostro.
Mis ojos se abren como platos mientras los veo a los dos luchar,
encerrados en una lucha inmóvil por el dominio. Los hombres de Giovanni
se estremecen, con las manos sobre sus armas, más que preparados para
poner fin de inmediato a esto.
—Déjala fuera de esto —escupe Roman con la mandíbula apretada—
. No tuvo nada que ver con eso. Matar a Miller fue nuestra decisión. Le faltó
el respeto a nuestro hogar y a sabiendas tocó lo que era nuestro. Agregar a
sus amigos al marcador fue puramente una bonificación.
Los dos se miran fijamente, fuerza contra fuerza, y justo cuando
Roman comienza a dominar a su padre, Giovanni presiona un botón que
envía un feroz rayo de electricidad atravesando el cuello de Roman,
haciéndolo caer de rodillas.
Contengo un grito ahogado y empujo mis manos contra el pecho de
Giovanni, haciéndolo retroceder un paso.
—¡DETENTE! DÉJENLO EN PAZ —grito, mis ojos se agrandan aún
más cuando me doy cuenta de que no solo le grité al hombre, sino que
también puse mis malditas manos sobre él.
Voy a encogerme de nuevo, pero su mano se suelta y se enreda en un
lío en mi cabello. Me lanza hacia abajo con una fuerza imposible mientras
mi corazón late con fuerza en mi pecho. Giovanni da un paso hacia mí, con
los ojos entrecerrados por la curiosidad.
—Ellos se preocupan por ti —reflexiona mientras aprieto la
mandíbula, mi respiración se convierte en jadeos cortos y agudos.
Mi mirada se dirige a Roman, todavía de rodillas mientras su collar
eléctrico continúa manteniéndolo abajo.
—Detente —le suplico—. ¿Por qué necesitan ser castigados? No han
hecho nada malo. El hombre y sus amigos pendejos se lo merecían y lo
sabes.
—Tal vez —dice Giovanni mientras saca un arma. Mi pecho se hunde
mientras él lo mira lentamente, mirándolo como si fuera un amigo perdido
hace mucho tiempo—. Lo que no comprendes es que mis hijos son mis
soldados y responden ante mí, y sólo ante mí. A pesar de la habilidad de mis
hijos para tergiversar una historia, se pasaron de la raya para proteger a
una chica que apenas conocen. Ignoraron una orden directa, traicionaron
mi confianza y provocaron una tormenta infernal sobre la familia DeAngelis.
Giovanni mira a sus hijos, su dedo se mueve arriba y abajo del
elegante metal del arma mientras libera a Roman de su tortura.
—Deben ser castigados —dice, agachándose mientras me mira.
Giovanni baja su tono a un susurro amenazador mientras la profunda
respiración de Roman resuena a través de la habitación—. Afortunadamente
para ti, señorita Mariano, he aprendido que tomar algo que les importa a
menudo no me da buenos resultados, así que dejo la elección en sus manos.
¿Cuál de ellos morirá esta noche?
—¿Qué? —musito, segura de que no lo escuché correctamente. Mis
ojos se abren con horror y vuelvo a mirar a los chicos, las tres miradas
feroces clavadas en su padre—. No, no puedes obligarme. No lo haré.
Me sonríe antes de enderezarse y girarse para mirar a sus hijos.
—De lo contrario…
Mi corazón late erráticamente y mi cuerpo se tensa cuando avanza
hacia ellos. Los tres hermanos son cualquier cosa menos ángeles, y aunque
cualquier tribunal de justicia los condenaría gustosamente con la pena de
muerte, yo simplemente no puedo aceptarlo. No puedo explicar este extraño
sentimiento dentro de mí. Me protegieron en el viejo almacén, me salvaron
de mi atacante y, a pesar de la maldita situación en la que estamos, no podía
soportar la idea de que ninguno de ellos saliera herido.
Niego con la cabeza, notando distantemente la forma en que uno de
sus hombres se acerca a mí, listo para acabar conmigo si tuviera que hacer
un movimiento.
Giovanni levanta su arma antes de moverla lentamente entre sus
hijos.
—Tin marín de dos pingüé —canta—. ¿A cuál de todos mis hijos
mataré?
El arma se detiene en Marcus y un jadeo agudo sale de mi garganta,
la sola idea de que le disparen justo en frente de mí ya me persigue hasta el
último pensamiento.
—NO —me apresuro a decir, el terror evidente en mi tono, mi corazón
ya se aprieta por el dolor—. NO LO HAGAS.
—¿No? —Giovanni pregunta, mirándome mientras ajusta su posición
para apuntar el arma a Levi—. ¿Qué hay de este? Sé que tiene una cara
bonita, pero sería una pena desperdiciar ese cerebro.
Niego con la cabeza, las lágrimas brotan de mis ojos. Levi es
intimidante como el infierno. Da miedo y es feroz, pero todavía hay algo
bueno dentro de su corazón.
Giovanni se vuelve hacia su hijo mayor y da un paso directamente
hacia él, presionando el arma contra su sien, y no se puede negar, la
emoción que arde en sus ojos me dice lo mucho que quiere apretar el gatillo.
—¿Qué pasa con la mente maestra? —pregunta, sin apartar los ojos
de los de Roman—. Tentador, ¿no?
Un fuerte sollozo sale del fondo de mi garganta y niego con la cabeza
mientras las lágrimas caen de mis ojos.
—No, si quieres asesinar a tus propios hijos, es tu culpa, pero no
pondrás su sangre en mis manos —exijo, el miedo abrumador de no jugar
su juego atormenta mi mente—. Es posible que solo los haya conocido por
unos días, y aunque apenas puedo soportar verlos, cada uno de ellos son
mejores hombres de lo que tú serás. ¿Quieres darme una opción? —
escupo—. Entonces vuelve esa pistola hacia ti y aprieta el gatillo. El mundo
está mejor sin gente vil como tú.
Giovanni deja escapar un profundo suspiro y me mira.
—Verás, así no es realmente cómo funciona esto. Tú eliges uno y yo
tiro. De lo contrario, tengo que tomar esa decisión por ti y créeme cuando te
digo que esa no es una decisión que quieres que tome.
Niego con la cabeza.
—No jugaré tu maldito juego.
—Muy bien entonces —dice, su mirada descansa de nuevo en sus tres
hijos—. Supongo que la decisión es mía.
El silencio se apodera de la habitación mientras él examina de arriba
abajo la corta fila de sus hijos sin emociones, cantando suavemente tin
marín de dos pingüé en repetición. Por la forma en que los chicos le
devuelven la mirada, saben que este podría ser el final, pero han hecho las
paces con eso y están seguros como el infierno preparados para perseguir a
este hijo de puta desde la tumba.
Giovanni entrecierra la mirada y, tras una breve pausa, deja caer la
barbilla. Como si fuera una señal, otro de sus secuaces entra a zancadas
con una niña sujeta con fuerza en su agarre impenetrable. Apenas
vislumbro su rostro surcado por lágrimas y la encuentro atada y
amordazada, cubierta de cortes de pies a cabeza y magullada con un rostro
que reconocería en cualquier lugar.
Abigail Henderson, una de las únicas chicas del club a las que podría
haber llamado amiga.
—NOOOOO —grito, mi garganta inmediatamente duele mientras me
apresuro hacia adelante.
Dos manos fuertes agarran mis brazos, encerrándome en un agarre
como de tornillo.
Las lágrimas corren por su rostro y me mira con miedo, pero antes de
que tenga la oportunidad de suplicar por su vida, Giovanni mira en mi
dirección.
—He hecho mi elección.
Y así, una bala perfectamente redonda se sumerge justo entre sus
ojos.
Capítulo 23
El cuerpo sin vida de Abigail cae al suelo mientras un grito feroz brota
de mi garganta. La sangre salpica la pared detrás de ella y mi mano baja
hasta la cadera del guardia que me sujeta. Sin pensarlo dos veces, mi palma
se enrosca en el frío metal de su cadera y arranco la pistola de su funda.
Mi brazo se levanta y disparo salvajemente mientras un maldito grito
de guerra sale de mi garganta. El retroceso me hace caer de espaldas al
guardia mientras la bala se desplaza por la pequeña habitación, con el
sonido del arma resonando en mis oídos.
Los hombres caen al suelo, aterrorizados por la muerte, pero los
chicos no. Levi arremete contra su padre y le da un puñetazo en el rostro
mientras Roman y Marcus entran en acción, más que dispuestos a luchar
por sus vidas.
Los tres se abalanzan sobre su padre mientras los guardias se
precipitan, desesperados por encontrar algún tipo de paz. Marcus gruñe, es
un sonido feroz que me desgarra el pecho, dejándolo bien abierto.
Me tiran encima del cuerpo sin vida de Abigail mientras el guardia
que me retuvo corre para ser el maldito héroe del momento. Me arrastro
fuera de ella, incapaz de mirar hacia abajo por miedo a lo que pueda ver. El
dolor es demasiado real, pero ahora mismo no puedo pensar en ello, sólo
necesito salir.
Suena un ruido en el suelo a mi derecha y levanto la cabeza para
encontrar el pequeño mando deslizándose por las baldosas de mármol. Me
apresuro a seguirlo, tratando desesperadamente de evitar la salvaje refriega
que me rodea. Me lanzo hacia él, con la pistola olvidada en el suelo a mi
lado.
Mis manos tiemblan cuando los gemidos de dolor de Marcus resuenan
en la habitación, pero lo tengo en mis manos y le doy la vuelta para tratar
de encontrarle sentido al mando. Hay botones por todas partes, pero tengo
que ser rápido. Los chicos no tienen ni una maldita oportunidad con esos
collares de descarga alrededor de sus gargantas, y no tengo forma de saber
si este es el único mando.
Las armas suenan por la habitación mientras la refriega continúa, los
gruñidos de dolor y las maldiciones vuelan de izquierda a derecha. La sangre
salpica la habitación mientras los hombres de Giovanni trabajan
incansablemente para intentar liberar a su jefe, pero incluso con un hombre
menos, los hermanos son imparables.
Marcus cae de rodillas cuando el dolor se hace insoportable y me
inquieto, sin entender nada de lo que está escrito en el frontal del mando.
Esta mierda está escrita en alemán.
—No sé cómo apagarlo —grito, y el pánico empieza a invadirme.
Marcus levanta la cabeza y se agarra a los lados del collarín de
descarga, tratando desesperadamente de separarlo de su piel carbonizada.
Sus ojos se llenan de alivio cuando ve el mando en mis manos.
—Pulsa el botón rojo.
Lo golpeo con el pulgar y la descarga electrizante que paraliza a
Marcus se detiene de inmediato. No se permite ni un momento para
recuperarse antes de ponerse en pie y correr hacia mí.
Me arrebata el control de las manos y pulsa unos cuantos botones
más, y al unísono, los tres collares de choque que rodean las gargantas de
los chicos se abren con un chasquido. Marcus se lo quita del cuello y no
puedo evitar notar la piel en carne viva que hay debajo cuando se agarra a
mi brazo.
Me pone en pie y me empuja hacia la puerta, pero antes de que pueda
dar un paso, uno de los hombres de Giovanni viene por mí. Marcus gira con
la mandíbula apretada y, mientras un grito desgarrador sale de mi garganta,
agarra el collar metálico y le da una paliza.
El tipo cae muerto a mis pies mientras Marcus me agarra por los
hombros y me empuja hacia la puerta.
—Vete —ruge—. VETE Y ESCÓNDETE, MALDICIÓN.
No necesito que me lo digan dos veces.
Corro hacia la puerta y miro hacia atrás justo a tiempo para ver cómo
Marcus golpea el mando contra un pesado escritorio de madera y lo rompe
en mil pedazos. Roman se sitúa justo por encima de su hombro, rompiendo
el cuello de uno de los guardias mientras Levi agarra la cabeza de un hombre
con sus grandes manos y clava sus pulgares en las cuencas de los ojos.
Se me revuelve el estómago cuando una bala se incrusta en el marco
de la puerta justo al lado de mi cabeza, y lo tomo como una señal para irme
a la mierda. Los chicos están aguantando muy bien, pero simplemente no
tienen los números. No pasará mucho tiempo antes de que los hombres de
Giovanni los dominen y los eliminen, tal y como siempre ha querido su
padre. Pero en el momento en que eso ocurra, él vendrá a por mí.
Me agarro al marco de la puerta, salgo de la habitación corriendo lo
más rápido posible, con las lágrimas cayendo por Abigail mientras la
pesadez se apodera de mi corazón por los chicos. No saldrán de esta, lo que
supone otras tres vidas perdidas por mi culpa.
Subo las escaleras a la velocidad del rayo, de dos en dos, demasiado
asustada para mirar atrás por si me encuentro con uno de los secuaces de
Giovanni pisándome los talones.
Llego al final de la escalera y ni siquiera pienso a dónde voy,
simplemente corro.
Los disparos suenan en el suelo debajo de mí y cada uno de ellos
destroza algo dentro de mí que ni siquiera sabía que existía. No sé cómo, y
seguro que no sé cuándo, pero en algún momento, empecé a preocuparme
por estos hermanos. Pero ahora tengo que dejar eso atrás. Están como
muertos ahí abajo y ahora es mi turno de luchar por mi vida.
Tengo que salir de aquí. Una cosa es que los hermanos me despierten
en mitad de la noche con sus juegos enfermizos y retorcidos, pero ¿que
Giovanni DeAngelis venga a por mí? Maldición, no. Esto es demasiado.
Doy vueltas a lo que nunca había explorado antes, subiendo por la
escalera de caracol y por los estrechos pasillos. Las lágrimas corren por mi
rostro mientras lo único que consigo es pensar en el miedo que había en los
ojos de Abigail cuando Giovanni apretó el gatillo. La asesinó por mi culpa.
Porque me negué a permitir que la sangre de sus hijos estuviera en mis
manos. Pensé que estaba haciendo lo correcto, pero de alguna manera
todavía me jodieron.
Al igual que Felicity. Ella se acercó demasiado y pagó el precio final.
Supongo que Giovanni no quiere que la historia se repita, así que va a
ocuparse del asunto antes de que se convierta en uno.
Sigo subiendo, corriendo por todas las escaleras que encuentro,
aterrorizada por los ruidos que vienen de atrás. El polvo llena todos los
pasillos y está claro que este espacio no ha visto la luz del día en años. La
curiosidad me empuja, y si tuviera tiempo o no estuviera en medio de una
carrera por mi vida, estaría buscando en cada habitación, tratando de
descubrir cada secreto oculto de este lugar. Pero ahora mismo, no significa
nada para mí porque, pase lo que pase, esta noche voy a salir de aquí. No
tengo otra opción.
Marcus dijo que me fuera a esconder, pero no puedo confiar en que
esté aquí para encontrarme. Quiero poner mi fe en ellos, quiero creer que
van a estar bien, pero las probabilidades están en su contra. No hay forma
de que salgan vivos de esto.
Subo una última escalera. Es pequeña y sólo tiene cinco escalones, y
si no fuera por la luz de la luna que entra por las ventanas arqueadas del
pasillo, no podría ver nada.
Una única puerta se encuentra al final del pasillo. Tiene que ser lo
más antiguo de este lugar. Es un enorme trozo de roble viejo con grandes
bisagras negras y un pomo a juego que parece pesar una tonelada.
Me arrastro hacia ella y se me revuelve el estómago. El resto del
castillo parece algo nuevo, pero esto no. Los muros de piedra y los
espeluznantes arcos me devuelven directamente a las cámaras de tortura
de abajo. No voy a mentir, es escalofriante. Mis opciones son avanzar o
retroceder, y retroceder no es una opción.
Mis dedos se enroscan en la fría manija de metal y le doy un fuerte
empujón, teniendo que golpear mi cadera contra ella para que ceda. Se abre
con un fuerte chirrido que me produce un escalofrío inmediato.
La pesada puerta de roble se abre lo suficiente para que pueda entrar
y, en cuanto mi mirada se posa en la habitación, siento un frío mortal en la
piel. Esto es un maldito gran error. Mi espalda se golpea instantáneamente
contra la pesada puerta que acabo de atravesar mientras mis ojos se abren
de par en par con horror.
Un ataúd de cristal descansa justo en el centro de la maldita
habitación, con un halo de luz que brilla desde abajo.
—Oh, diablos, no —susurro, sacudiendo la cabeza, demasiado
aterrorizada como para alejarme siquiera un paso de la puerta mientras el
corazón me late con fuerza en el pecho.
La puerta se cierra de golpe bajo mi peso y el pánico se apodera
rápidamente de mi organismo. Me doy la vuelta, agarro la pesada manilla
de metal y tiro con todas mis fuerzas, pero no se mueve. Está decidido a
mantenerme atrapado dentro de este enorme y retorcido congelador.
Lo intento una y otra vez, mi desesperación me agota rápidamente
mientras las lágrimas afloran a mis ojos. No puedo estar aquí. Esto es
demasiado; es demasiado extraño.
Agarro la puerta hasta que me sangran los dedos, golpeando los
puños contra el duro roble mientras grito por la libertad, pero
estoy atrapada.
¿Qué mierda de Blancanieves está pasando aquí? ¿Quién sexo
mantiene a un muerto dentro de un ataúd de cristal para que venga a
vigilarlo? ¿Qué es esto? ¿Una antigua novia a la que esperan hacer fruncir
el ceño y devolverla a la vida?
Maldita sea.
Pensé que ser acosado a través de laberintos y ser testigo de
insensibles asesinatos sería la peor parte. No podía estar más equivocada.
Al darme cuenta de lo jodida que estoy realmente, me doy la vuelta,
mi mente me lleva a un millón de lugares a los que no quiero ir. Aunque la
única pregunta que atormenta mis pensamientos es ¿quién está en la caja?
Por favor, que no sea una caja vacía que esperan usar para mí.
Mis manos tiemblan mientras mis rodillas amenazan con doblarse
debajo de mí y, a pesar de mi buen juicio, me encuentro arrastrándome
hacia ella. He dado tres pasos antes de distinguir lo que parece una larga
cabellera negra, pero, maldición, no hay nada ni remotamente bonito en
ella.
Se me revuelve el estómago. El cristal está empañado y me doy cuenta
de que se trata de una especie de congelador, y por su aspecto,
definitivamente es una mujer. Mi mano se aprieta a mi lado. Lo único que
tendría que hacer es pasar la mano por el cristal y podría ver su rostro con
claridad, pero ¿hasta qué punto tiene que estar mal una persona para
hacerlo?
Se despierta mi curiosidad y mi mano tiembla al pasar suavemente
los dedos por el cristal, segura de que algo está a punto de saltar a la vista.
Antes de que pueda cambiar de opinión, respiro profundamente y me
asomo al interior.
Una mujer me mira fijamente y mi fuerte chillido atraviesa la
habitación mientras retrocedo a trompicones, con el corazón retumbando
de miedo.
Unos breves jadeos salen a la fuerza de mi garganta y, tras una larga
pausa, empiezo por fin a calmar mi acelerado corazón. Vuelvo a arrastrarme
hacia la mujer y la miro vacilante. Esto es lo más jodido que he visto nunca.
La mujer parece incómoda y su piel tiene un tono apagado que sólo podría
conseguirse con la muerte.
¿Es Felicity?
Estudio sus rasgos en descomposición, intentando imaginar cómo
podría haber sido esta mujer con la vida latiendo por sus venas, con la piel
cálida y una sonrisa coqueta, pero no lo veo. Sus ojos son oscuros,
tan oscuros que de alguna manera me recuerdan a los tres monstruos de
abajo. ¿Es su madre?
No sé nada sobre el proceso de conservación de un cadáver ni cuánto
tiempo puede conservarse, pero tenía la impresión de que la madre de los
chicos había muerto hace mucho tiempo. No se han sincerado sobre ella,
pero seguramente si hombres como estos crecieran con una madre a su
lado, no estarían tan mal.
Todo lo que sé es que lo que sea que los chicos están tratando de
lograr aquí, sólo está funcionando parcialmente. Quiero decir, seguramente
necesitarían algún tipo de congelador épico para hacer que esto funcione,
pero entonces, tal vez esto no es sólo un ataúd de cristal normal. La
habitación está fría como el hielo y el cristal estaba helado al tacto, así que
quizás hayan pensado en esto.
Incapaz de seguir mirando, me alejo de los horrores del interior de la
habitación y vuelvo a pegar la espalda a la puerta. Mis rodillas se doblan y
me hundo en el suelo, las lágrimas fluyen libres y pesadas por mi rostro.
Pensé que las cosas por fin empezaban a mejorar un poco. Los chicos
no me querían muerta, y aunque tienen algunas formas jodidas de
demostrarlo, pensé que iba a sobrevivir. Pero su padre... es mucho peor de
lo que pensaba.
Abigail no merecía la muerte, la mataron simplemente por conocerme.
Era una de las únicas personas amables en mi vida y aunque no éramos
amigas íntimas, era definitivamente una de las mejores personas que
conocía. Cubría mis turnos cuando estaba enferma y hacía lo mismo por
ella, aunque ella tenía mucha más vida que yo. Siempre me llamaba y me
pedía que le cambiara los turnos, pero no me importaba porque eso
significaba que al menos uno de los dos podía disfrutar de su vida.
Ahora se ha ido y sólo por la razón de mostrar bondad a una chica
que probablemente consideraba una causa perdida.
Dejo caer la cabeza sobre las rodillas y me preparo para un infierno
de sollozos cuando un suave aullido atraviesa la habitación. Levanto la
mirada y contengo la respiración, dándome cuenta de que puede que no esté
sola en esta maldita habitación, aparte de Blancanieves en el ataúd de
cristal.
Mi mirada va de una esquina a otra, pasando por delante de todas las
sombras oscuras, pero aquí no hay ningún lugar donde esconderse. La
habitación es prácticamente un lienzo en blanco con nada más que un ataúd
brillante en el centro de la habitación.
Los aullidos continúan y me pongo en pie, recorriendo lentamente la
habitación y siguiendo el sonido como un león que acecha a su presa. Suena
casi como el viento que sopla a través de un pequeño hueco, pero aquí no
hay ventanas, ni agujeros en las paredes que permitan la entrada de la brisa,
nada en absoluto que pueda permitir que un ruido así atraviese la
estructura de la habitación.
Las paredes son oscuras y es casi imposible distinguir su textura,
pero mientras recorro la habitación, ignorando cuidadosamente el cuerpo
que parece rodearme a cada paso que doy, rozo con los dedos las ásperas
paredes.
El castillo es tan antiguo que una capa de polvo se acumula bajo mis
dedos, pero en la tercera pared no consigo más que una textura suave y lisa.
Es más nueva que el resto, diferente en todos los sentidos posibles. Mis
nudillos se envuelven contra ella y rápidamente me doy cuenta de que es
una pared falsa, puesta para engañar el verdadero tamaño de la habitación.
Empujo contra ella y se tambalea un poco, pero no lo suficiente como
para derribarla. Me pesa la posibilidad de que haya algo aún peor al otro
lado, pero tengo que saber, tengo que encontrar de dónde viene ese ruido.
Miro hacia atrás en la habitación, pero no encuentro absolutamente
nada que pueda utilizar para atravesar la falsa pared... excepto el ataúd de
cristal. Pero como... ¿dónde se supone que una chica dibuje la línea?
Seguramente si se trata de su madre y perturbo su cuerpo en
descomposición de alguna manera, no van a encogerse de hombros. Se
molestarían.
La única opción que me queda es, bueno... yo.
Dejo escapar una respiración temblorosa. Sólo he visto esta mierda
en las películas y hacen que parezca tan fácil, pero tengo la sensación de
que realmente no lo es. ¿Pero qué tengo que perder? ¿Mi vida? Porque desde
donde estoy, creo que ya ni siquiera es mía para perderla.
Qué demonios. Voy a por ello.
Retrocedo todo lo que me permite la habitación y sacudo la cabeza,
sabiendo muy bien lo estúpido que es esto, pero si hay una ventana abierta
al otro lado, la tomó. No puedo arriesgarme a que me encuentre Giovanni.
Corro a toda velocidad y, al acercarme a la pared, me lanzo al aire,
metiendo la cabeza bajo los brazos y poniéndome en posición fetal justo a
tiempo para que mi cuerpo se estrelle contra la pared de yeso.
—Ahh, maldición —gimo mientras caigo al suelo, con la adrenalina
corriendo por mis venas.
Mi cuerpo está obligado a odiarme por este abuso imprudente,
especialmente después del mundo de mierda que ya le he hecho pasar, pero
después de levantar la vista y encontrar una gran grieta en la pared de yeso,
hace que todo valga la pena. Tengo que seguir intentándolo. Los aullidos se
hacen un poco más fuertes y mi determinación no hace más que aumentar.
Retrocedo de nuevo, estudio la pared, mirando por encima de la gran
grieta e intento recuperar el aliento. Una vez más, debería salir volando a
través de la pared.
Mis manos palpitan a los lados mientras aprieto la mandíbula,
sabiendo que tengo que correr aún más rápido, pero puedo hacerlo. He
pasado por un infierno en los últimos días. Si puedo soportar eso, entonces
esto no es nada.
Sin darme un segundo más para intentar echarme atrás, despego
como un puto cohete. Mis pies se despegan del sucio suelo, impulsándome
hacia la pared agrietada, y en el último momento, me lanzo hacia delante
con todo el impulso que tengo.
Mi cuerpo choca contra la pared y mi hombro arde al instante, pero
el dolor compensa porque me derrumbo hasta el otro lado, la pared de yeso
cae en pedazos a mi alrededor.
Me golpeo contra el suelo sucio, mi cuerpo se tambalea con la fuerza
de mi caída hasta que me detengo brutalmente contra el viejo muro de
piedra del castillo.
Gimoteo, agarro mi hombro, pero cuando el aullido rasga la
habitación y miro hacia arriba, el dolor casi se olvida. En el muro hay un
agujero del tamaño de una ventana pequeña, con piedras sueltas a su
alrededor, probablemente creado tras años de vientos y tormentas dañinas.
Lo más probable es que haya pasado completamente desapercibido.
Me pongo en pie, gimiendo de dolor y mirando rápidamente a través
de la pequeña abertura. Trago saliva con fuerza, el corazón me late en el
pecho. Si voy a salir de aquí, ahora es mi única oportunidad.
Alargo la mano, agarrándome a la piedra suelta que queda en la pared
y hago la abertura más amplia para deslizarme por ella. Está muy oscuro
afuera. Si puedo bajar de alguna manera sin caer a la muerte, entonces
puedo correr a través de los campos vacíos y perderme en el bosque.
Suponiendo que Giovanni no tenga el castillo rodeado por sus hombres.
Las piedras no son fáciles de desalojar, pero después de romper unos
cuantos clavos, finalmente consigo que el agujero sea lo suficientemente
grande como para deslizarme por él. Mis pies aterrizan en el viejo tejado de
tejas, y cuando mi cabeza se desliza fuera del agujero, me quedo de pie en
el tejado con el viento aullante que amenaza con derribarme, dándome
cuenta de lo loco que es esto.
Debería haber corrido a través de la cocina y entrar en el largo túnel
que los chicos se han pasado cinco años cavando en lugar de arriesgar mi
suerte con el ataúd de cristal y caer del tejado. Los chicos tenían claro que
su padre nunca había encontrado la salida. ¿En qué demonios estaba
pensando?
Manteniendo una mano en el lateral del castillo, me arrastro por el
tejado, buscando desesperadamente el mejor lugar para intentar bajar.
Estoy al menos a cuatro pisos de altura y caer desde aquí seguramente va
a acabar con mi vida.
Esquivo tres ventanas y me dejo caer por una pequeña cornisa antes
de continuar, agradeciendo los millones de pasillos ocultos con los que se
construían estos viejos castillos. Aunque estoy segura de que se
construyeron con la intención de rechazar a un enemigo que se atreviera a
entrar en sus tierras. O eso, o les gustaba lanzar a la gente desde estas
alturas para ver cómo salpicaban en el suelo de abajo. El mejor de los
entretenimientos.
Paso por otra ventana antes de mirar por encima del borde para
encontrar la enorme piscina que hay debajo. Suelto un suspiro tembloroso,
intentando desesperadamente encontrar esa misma adrenalina que antes
latía por mis venas.
Es sólo un salto a una gran piscina... cuatro pisos más abajo.
¿Qué podría salir mal?
Las lágrimas brotan de mis ojos mientras me arrastro hacia el borde.
Todo lo que tengo que hacer es saltar y seré libre. Mientras los chicos estén
vivos y muestren afecto por mí, siempre seré un objetivo, pase lo que pase.
Ya sea Giovanni o el próximo imbécil que intente acabar con ellos. No hay
victoria en esta vida para mí. Si quiero la libertad, tengo que luchar por ella.
Mi corazón retumba, el pulso en mis oídos hace casi imposible
escuchar los otros sonidos de la noche mientras el viento sopla en mi pecho,
meciéndome sobre mis talones. Si fallo... si toco el fondo...
Maldición.
No puedo pensar en eso. Todo lo que tengo que hacer es cerrar los
ojos y saltar.
Capítulo 24
Las vibraciones recorren el techo y mis ojos se abren de golpe.
Me tambaleo contra el fuerte viento que me hace retroceder un paso
y miro hacia atrás, buscando desesperadamente a quienquiera que venga
detrás de mí, pero el cielo nocturno es como si cubrieran mi rostro con una
máscara negra. No puedo ver ni una mierda, pero sí puedo oír al tipo que
corre contra el techo y sentir las vibraciones que recorren las plantas de mis
pies sucios y cortados.
Está cerca. Demasiado cerca.
Entro en pánico.
Es ahora o nunca.
Retrocedo unos pasos y, sin permitirme pensarlo más, corro hacia el
borde del tejado y me lanzo a las profundas fosas que hay debajo.
Un fuerte agarre rodea mi muñeca, haciéndome frenar bruscamente
y quedando colgando del borde mientras un grito desgarra lo más profundo
de mi garganta. Tiro contra el fuerte agarre, desesperada por liberarme.
—Suéltame —grito, mi desesperación brilla con fuerza y claridad
mientras el miedo recorre mis venas.
Tiro y araño de su agarre, decidida a no caer en la trampa de Giovanni.
—DEJA DE LUCHAR CONMIGO —un tono familiar atraviesa mi
pánico salvaje.
Levanto la mirada y miro fijamente los ojos oscuros de Levi DeAngelis,
con la confusión que me invade. Debería estar muerto. Es imposible que
haya salido vivo de allí. Eran demasiados. El corazón se acelera y la
respiración se entrecorta, lo que me impide incluso hablar.
Las venas sobresalen de su fuerte brazo mientras evita que me caiga.
Él mismo apenas se sostiene. La mayor parte de su cuerpo cuelga por el
lado, alcanzando para haberme atrapado antes de que me cayera. No puede
ser fácil. Sacudo la cabeza, las lágrimas escuecen mis ojos.
—Deja que me vaya —grito, la desesperación me abruma—. Nunca
dejará de venir a por mí. Mientras sigan protegiéndome, seré un objetivo.
Su mandíbula está apretada, sosteniéndome sin esfuerzo con un solo
brazo mientras se agarra al borde del tejado, evitando que ambos caigamos
a nuestras horribles muertes abajo.
—Sobre mi maldito cadáver —gruñe Levi desde arriba—. Todavía no
he terminado contigo. Y menos ahora.
Las lágrimas caen de mis ojos mientras me retuerzo bajo su
magullado agarre.
—Suéltame —ruego, levantando la mano e intentando arañar su
impenetrable agarre—. Por favor. Sólo quiero ir a casa.
—Esa piscina que crees tienes debajo —gruñe entre sus dientes
apretadas, tirando con fuerza de mi brazo y empujándome hacia él—, no es
una puta piscina. No hay agua en ella. Habrías muerto en el momento en
que cayeras al suelo.
Mis ojos se abren de par en par con horror mientras miro hacia abajo,
intentando desesperadamente ver a través de la oscuridad, pero está
demasiado abajo. Permití que mi desesperación me diera una falsa
sensación de esperanza y por eso, me tiré del maldito techo.
—¿QUÉ MIERDA? —grito, el pánico se instala en lo más profundo de
mi alma.
Levi me levanta y, justo cuando mi cuerpo toca el borde del tejado, me
da un fuerte empujón que me hace retroceder unos cuantos pasos hasta
que quedo desparramada sobre las viejas tejas.
Se levanta y miro con horror mientras su furia se concentra en mí.
Vuelvo a subir al tejado mientras él me acecha, acercándose lentamente.
—Creía que habíamos dejado muy claro tus intentos de escapar de
nosotros —gruñe, con la rabia que irradia su tono.
Lo miro sin comprender.
—¿Estás bromeando? —Devuelvo el golpe, poniéndome en pie
mientras la rabia recorre mis venas, con las lágrimas aún manchando mis
mejillas—. No es de ti de quien huyo. Tu padre... maldición. Mató a Abigail
por puto deporte, sólo porque me negué a que matara sus estúpidos culos,
y sabes muy bien que no deberías haber salido de eso. Tus hermanos...
—Mis hermanos están bien —dice Levi antes de negar con la cabeza—
. Mi padre estaba siendo un farsante. Nunca iba a matarnos. Nos necesita
más que nos teme. Tardó dos segundos en llamar a sus hombres y empezar
a retirarse con los pocos que pudieron salir con vida. Se ha ido.
—Por ahora —murmuro sombríamente antes de empujar las manos
contra el pecho de Levi cuando la frustración se apodera de mí. No se mueve
ni un ápice, aunque un hombre más débil se habría desplomado hacia atrás,
directamente sobre el borde—. ¿CÓMO IBA A SABERLO? —grito en medio
de la noche oscura—. USTEDES IMBÉCILES NO ME DICEN NI UNA
MIERDA Y AHORA MI AMIGA ESTÁ MUERTA.
—Tu amiga está muerta porque robaba pastillas a mi padre y las
echaba en las bebidas que preparaba en tu precioso club —escupe—. Tu
amiga no era una amiga. Era una puta escoria como el resto de nosotros.
Ella drogaba las bebidas de las chicas y era una presa fácil para los
imbéciles que las esperaban en la parte de atrás. Esa es la perra por la que
estás gritando ahora mismo, es la perra por la que estás aquí llorando.
—Eso es... no —exijo, sacudiendo la cabeza, el peso que se asienta en
mi pecho—. Conocí a Abigail. Te has equivocado de chica.
Levi se acerca a mí, agarrando mi barbilla y forzando mi mirada hacia
la suya.
—Nunca nos equivocamos de chica.
Sus palabras tienen un doble sentido y no se me escapa, sobre todo
cuando desprendo la barbilla de su fuerte agarre y lo miró fijamente.
—Pues esta vez lo has hecho.
Sin decir nada más, salgo corriendo por el tejado, buscando
desesperadamente otra salida. Si los chicos están vivos y Giovanni también,
entonces nada ha cambiado. Sigo siendo un objetivo, sigo siendo la chica
que Giovanni utilizará para atentar contra sus hijos. Sólo que Levi tiene
otros planes. Está ahí, saltando tras de mí como un maldito tornado que
destruye todo a su paso.
Me atrapa enseguida y, en lugar de arrastrarme hasta una dolorosa
parada, me obliga a avanzar, cayendo de rodillas y empujando mi pecho
hasta las losas. Me veo obligada a agarrarme al borde del tejado para no
caer a mi espantosa muerte abajo.
—¿Es esto lo que quieres? —escupe, agarrando un trozo de mi cabello
y forzándome a seguir bajando hasta que mi pecho resbala por el borde del
tejado—. ¿Quieres que te suelte? ¿Qué te deje caer para que puedas pintar
el puto asfalto de rojo?
—SUÉLTAME —grito, sintiéndolo de rodillas detrás de mí, con toda
mi vida literalmente en la palma de su mano. La adrenalina me recorre,
sabiendo que no seré lo suficientemente fuerte como para sostenerme si me
suelta ahora mismo.
Me empuja un poco más hasta que siento que mi caja torácica roza el
borde del techo. No tiene más remedio que ajustarse detrás de mí para poder
seguir sujetándome, pero de repente me da igual porque mi culo está en lo
alto y la parte delantera de sus pantalones me roza el sexo.
No puede ser que esté tan jodida de la cabeza.
—¿Qué vas a ser, Shayne? —pregunta, tirando de mi cabello hasta
que mi espalda se arquea, forzándome a levantarme sólo un poco del borde
y haciendo que la parte delantera de sus pantalones pase rozando mi sexo
una vez más—. ¿Te dejo ir o prefieres que esto vaya por otro lado?
—¿Quieres saber lo que quiero? —escupo, con los dedos doloridos
mientras se agarran con fuerza al borde.
—Soy todo putos oídos.
Sabiendo que podría arrepentirme de esto, dejo que las palabras
vuelen libres antes de darme la oportunidad de guardarlas para tragarlas.
Dejo volar mi verdadera naturaleza y no me retengo ni un maldito instante.
—Quiero que me sujetes sobre este puto tejado y tires de mi cabello
como si fuera lo único que te hace respirar. Quiero que me des unos azotes
en el culo como si fuera uno de tus tambores, y luego, sólo cuando escueza
mi culo por la huella de tu mano, quiero que me metas esa puta y enorme
pene hasta el fondo de mi sexo y me folles hasta que me olvide de por qué
te odio tanto, maldita sea.
—¿Por qué? —gruñe con la mandíbula apretada.
Niego con la cabeza, sin saber qué hacer.
—Necesito que me hagas sentir viva porque toda tu puta familia ha
masacrado todo lo bueno que hay dentro de mí.
—¿Eso es lo que quieres? —pregunta, con un tono espeso de
sospecha.
—Hazlo ahora o déjame caer. No me importa, ya no.
El silencio llena el aire y, justo cuando creo que está a punto de
dejarme ir, siento que se arrastra detrás de mí. Su otra mano agarra la parte
trasera de mi pantalón de deporte y lo baja hasta las rodillas, dejando al
descubierto mi sexo.
Siento la fresca brisa contra mí, pero nada más importa, no cuando
siento que suelta su grueso pene contra mi culo. Tira más fuerte de mi
cabello, echando mi cabeza hacia atrás.
—¿Estás segura de que esto es lo que quieres, pequeña? —pregunta—
. Una vez que me entierre en esa apretada vagina, no voy a parar.
—Entonces será mejor que hagas que valga la pena.
Sin dudarlo ni un instante, acerca su grueso pene a mi entrada y me
penetra profundamente. Grito, su deliciosa invasión me abre de par en par
y me da exactamente lo que necesito sentir de nuevo. Levi se retira, con su
pene resbaladizo por mi excitación, antes de dármelo una y otra vez.
Sus dedos se clavan en la mejilla de mi culo, y justo cuando creo que
eso es todo lo que va a darme, su mano baja en forma de un golpe
contundente. Gimo profundamente, apretando su grueso y venoso pene. Un
profundo gemido gutural suena detrás de mí, y saber que está disfrutando
de mí tanto como yo de él, hace que casi me destroce a su alrededor.
Levi ajusta su agarre en mi cabello, soltándolo lo suficiente para
rodearlo completamente con su mano mientras empuja más adentro de mí.
Separo más las rodillas e intento bajar aún más el pecho hasta el borde,
viviendo de esa adrenalina que late en mis venas. Creo que nunca he hecho
algo tan estúpido, pero diablos, este lugar me hace hacer cosas que ni en
un millón de años habría esperado de mí misma.
Suelto una de mis manos del borde, sabiendo que Levi no me dejará
caer, al menos no hasta después de que se corra. Llevo mi mano hacia los
muslos y hago rodar mi clítoris entre los dedos, gimiendo con el dulce placer
que me sacude.
La mano de Levi se curva alrededor de mi culo y, justo cuando creo
que va a azotarme de nuevo, su pulgar baja hasta mi sexo y se mezcla con
mi excitación. Lo acerca de nuevo a mi agujero y un escalofrío recorre mi
piel cuando lo presiona, empujando lentamente su pulgar dentro de mí.
—Oh, maldición —grito cuando vuelve a tirar de mi cabello y me
levanta del borde. Su pulgar se mueve en mi culo mientras presiona con
más fuerza mi clítoris, frotando en círculos fuertes y furiosos.
Mi sexo se aprieta y es sólo cuestión de tiempo que me deshaga, pero
no sin él. Quiero sentir cómo se vacía dentro de mí. Quiero saber que, a
pesar de nuestra maldita relación y del modo en que me mantiene al límite,
yo sigo teniendo el poder.
Sus embestidas son cada vez más fuertes y profundas, y mis ojos se
ponen en blanco al sentir que me quemo por dentro. Le rogué que me hiciera
sentir viva y, maldita sea, es un hombre que cumple su palabra. Incluso me
ha dicho que no va a jugar conmigo. Si quiero algo de él, tengo que pedirlo,
y maldita sea, está cumpliendo.
Su fuerte brazo me sostiene, impidiendo que caiga hacia mi
insoportable muerte, a la vez que le da un nuevo significado a vivir al límite.
—Maldición, Levi, SÍ —grito, cerrando los ojos con fuerza mientras su
pulgar trabaja en mi culo.
Empujo contra él y me lleva más adentro, golpeándome en un ángulo
completamente nuevo. Gimo por lo bajo, el sonido vibra en mi pecho
mientras sigo frotando esos pequeños círculos apretados sobre mi clítoris
necesitado.
Levi enreda la mano en el cabello una vez más, manteniéndome quieta
para su gran final, pero no lo conseguirá antes que yo. Las paredes de mi
sexo se estrechan y gimo, apretando sobre él mientras entra y sale de mí,
inundándome de excitación.
Me encanta su fuerza. Su cruda necesidad de darme exactamente lo
que he pedido. Su determinación de hacerlo valer. No se atreve a contenerse
y eso es exactamente lo que necesitaba. Soy su maldita muñeca de trapo
para usarla como le plazca, y maldita sea, necesito que esto no sea una cosa
de una sola vez. Pero para que eso suceda, necesito estar aquí. No puedo
seguir alejándome de ellos. Tengo que aceptar que esta es mi vida ahora.
Además, ¿de qué me ha servido correr? La primera vez casi me violan en
grupo, y esta vez, casi salgo volando del puto tejado a una piscina vacía que
hay debajo.
Giovanni nunca va a dejar de venir por mí, pero en algún momento,
tengo que confiar en que los hermanos me protegerán. Esta noche han
salido vivos, y si pueden hacerlo, no debería haber ninguna razón para
dudar de ellos.
Mientras sucumbo a mi nueva vida, aprieto más fuerte alrededor de
su grueso pene, dejando que el peso de mi miedo se hunda. No puedo colgar
del borde de este tejado sin confiar en la mano que me mantiene a salvo, y
eso es exactamente lo que necesito hacer. Confiar en que los chicos me
tienen, en que evitarán que me caiga. Es todo lo que puedo pedir.
La presión aumenta en lo más profundo de mi sexo y cierro los ojos,
sintiendo el poder de su pene atravesándome, masajeándome por dentro.
Su pulgar circula por mi culo mientras mis dedos trabajan mi clítoris.
Levi se echa hacia atrás y, cuando me penetra profundamente en un
ángulo totalmente nuevo, es todo lo que necesito para destrozarme a su
alrededor.
—Maldición —grito, mi voz resuena el cielo nocturno, mis dedos se
clavan en el borde del techo mientras él empuja con más fuerza en mi culo.
Me aprieto a su alrededor, mis paredes se convulsionan mientras un
gemido bajo se desliza entre mis labios. No se detiene, sacando
implacablemente lo que necesita de mi cuerpo mientras yo aguanto mi
éxtasis.
—Maldición, pequeña —musita, con la mandíbula tensa y el agarre
fuerte—. No puedo esperar a reclamar tu puto culo.
—Es todo tuyo —gimo, más que dispuesta a ofrecerlo como un pavo
de Acción de Gracias.
Levi gime y no tardo en sentir su cálida semilla vertiéndose dentro de
mí. Me empujo contra él y lo absorbo todo con un grito amortiguado. Sin
dejar de estar enterrado en mi interior, retira su mano de mi culo y rodea
mi cintura con su fuerza. Me levanta de un tirón para que ya no me caiga
del borde del tejado y me aprieta la espalda contra su amplio pecho.
—Vas a destruirnos —murmura en mi oído, su comentario tiene el
peso del puto mundo.
—No se puede destruir algo que ya está roto —digo.
—Demasiado jodido.
Entonces, sin más, se sale de mí y se pone en pie, arrastrándome con
él. Apenas consigo que mis pantalones de deporte vuelvan a rodear mi culo
cuando me vuelvo para encontrar a Marcus y a Roman de pie en el tejado.
Marcus tiene los brazos cruzados sobre el pecho y parece más que enfadado
por haber permitido que su hermano se deleitara con mi cuerpo, mientras
que Roman sólo parece aburrido.
Entonces, antes de que tenga la oportunidad de preguntarles cómo
demonios han sobrevivido o cuánto tiempo llevan allí, Roman entorna su
dura mirada.
—Vamos —dice—. Ya es hora de que hablemos.
Maldita sea, es cierto.
Capítulo 25
El silencio en el salón es casi brutal.
Cada uno de los hermanos está enfadado por diferentes razones.
Marcus está indignado por haber compartido mi cuerpo. Levi está furioso
porque tuvo que salvarme de salir volando del tejado. Roman es un caso
más difícil de entender. Podría estar enojado por lo que acaba de pasar con
su padre o podría estar enojado con el mundo. Es difícil saberlo. Aunque
una cosa que tienen en común es que todos están furiosos conmigo.
Suelto un fuerte suspiro mientras me apoyo en la pared, observando
cómo Roman se deja caer junto a uno de sus lobos dormidos y atrae su gran
cabeza hacia su regazo. Marcus se sienta justo enfrente de mí y su dura
mirada se clava en la mía como si fueran dagas, mientras Levi se levanta y
se lleva las manos a los costados mientras camina de un lado a otro detrás
del largo sofá.
Los nervios se apoderan de mi cuerpo cuando mi mirada se posa en
los grandes lobos que parecen dominar toda la habitación. No hay razón
para los nervios, pero por alguna razón, no puedo hacer que se desvanezcan.
—¿Qué les pasa? —pregunto a Roman, sin saber mucho del animal
que tiene en su regazo, pero sabiendo que algo no está bien para que ni
siquiera se hayan removido cuando entramos.
—Tranquilos —murmura Roman, con la mano anudada en el pelaje
de la cabeza del gran lobo—. Es la única forma en que mi padre pudo entrar
sin ser detectado. Les gusta cazar a lo largo del perímetro de la propiedad
por la noche para que nadie entre a menos que venga preparado. Estarán
bien. No es la primera vez. Pronto volverán a aparecer, pero cuando lo
hagan, irán por sangre.
Trago saliva con fuerza, mi mirada pasa del lobo a encontrarse con la
de Roman.
—¿Cómo se llaman? —pregunto, sabiendo que en algún nivel debería
temer a estos animales, pero cuando están con sus amos, son obedientes y
amables, perfectamente controlados.
—¿Nombres? —pregunta, con las cejas fruncidas por la confusión—.
No tienen ninguno. Son armas, no mascotas.
Pongo los ojos en blanco y sacudo la cabeza.
—Estás bromeando ¿verdad? —Me río, señalando hacia la bestia que
tiene la lengua junto al muslo—. Eso de ahí es lo más parecido que puede
ser una mascota. Tienen cuencos de comida en la cocina, agua en casi todas
las habitaciones. Los dejas salir a correr por el campo y apuesto a que
incluso los acurrucas por la noche. Mira cómo se rasca la cabeza. Son
mascotas. Los cuidas. ¿Estás tan ido que no ves eso?
—No tienes ni puta idea de lo que estás hablando.
—Sabes que sí y eso te asusta.
Levi deja de pasearse y se apoya en el respaldo del gran sofá.
—¿Podemos dejarnos de tonterías? Intentaste huir. Hiciste
exactamente lo que te pedimos que no hicieras. Regla número uno. ¿Cómo
se supone que vamos a mantenerte a salvo así?
—¿Mantenerme a salvo? —pregunto, encontrándome con su mirada e
inmediatamente me retuerzo bajo su mirada, el recuerdo de lo que pasó en
el tejado aún está tan fresco—. ¿Esta es tu versión de mantenerme a salvo?
Eso ni siquiera tiene sentido. ME HAN SECUESTRADO. No estoy aquí para
pasar el rato y conocerlos. Me mantienen aquí contra mi voluntad, me
obligan a hacer y presenciar cosas que me están jodiendo seriamente la
cabeza, y luego han tenido la brillante idea de exponerme a tu padre. Nunca
he estado tan insegura en mi vida.
—Intentaste huir —repite Levi, con su mirada dura y letal clavada en
la mía.
—No de ustedes —argumento, aferrándome a su mirada y negándome
a romperla—. Pensé que no había forma de que sobrevivieran ahí dentro.
Los superaban en número, y todo lo que podía imaginar era a ustedes tres
tirados en un charco de sangre junto a Abigail y a mí siendo la siguiente. No
tuve más remedio que correr. Era la única manera de salvarme.
Marcus se levanta.
—¿De verdad pensabas que habríamos dejado que te pasara eso
después de todo lo que hemos hecho por ti?
—De acuerdo. —Comienzo a reír, apretando una mano en la sien
mientras un brutal dolor de cabeza empieza a aparecer rápidamente—. ¿Qué
es lo que no entienden? Pensaba que estaban muertos. ¿Cómo me habrían
salvado si se estaban desangrando en el suelo? No tuve más remedio que
intentar salvarme.
Roman se burla.
—¿Tirándote desde el maldito tejado a una piscina vacía? Me parece
una idea increíble.
Le dedico una mirada desagradable.
—No sabía que la piscina estaba vacía —devuelvo la mirada—. ¿Qué
idiotas tienen alberca vacía? ¿Cómo iba a saberlo? Estaba muy oscuro ahí
fuera. Apenas podía ver.
—Tengo una idea —se burla Marcus—. Si no puedes ver lo que hay
debajo, no intentes saltar a él.
—Vete a la mierda —digo, entornando mi dura mirada. No puedo
soportar su mal humor ahora mismo. ¿Y qué si dejé que su hermano me
follara en el tejado? No es mi culpa que haya decidido quedarse ahí mirando.
Mi cuerpo es mío para dárselo a quien yo quiera, y si él quiere subirse al
tejado para mirar, es cosa suya—. Eres un imbécil cuando estás celoso.
—¿Celoso? —gruñe, dando zancadas hacia mí y imponiéndose con esa
mirada amenazante que tiene—. Diablos, no estoy celoso.
—¿De verdad? ¿No estás aquí, mordiéndote la lengua por el hecho de
que Levi me follara cuando te dije que era toda tuya? Que no dejaba que
Roman o Levi me tocaran, pero que compartía mi cuerpo con él. Dejé que
hiciera lo que le diera la gana y, maldita sea, pienso hacerlo una y otra vez.
Hizo que mi cuerpo cobrara vida y la forma en que mi sexo apretó su pene
cuando me corrí fue increíble. ¿Me estás diciendo que eso no te pone celoso?
La mano de Marcus golpea la pared junto a mi cabeza.
—Si esta es tu forma de pedir perdón, lo estás haciendo mal. Cuando
suplicas por tu vida, deberían sangrarte las rodillas.
Levanto la ceja, empujando la pared y poniéndome en su camino.
—¿Te parezco el tipo de persona que pide perdón a los tres hombres
que me trajeron a un mundo lleno de derramamiento de sangre y asesinatos
brutales?
Marcus se eleva sobre mí.
—No, pero me pareces del tipo que sabe lo que es bueno para ella.
Entrecierro la mirada, la ira hirviendo bajo la superficie.
—Nunca rogaré de rodillas por ti.
—Está bien —murmura en tono sombrío, empujando hacia mí y
bajando la cabeza para que su boca quede justo encima de mi oreja—. Te
prefiero de espaldas.
Trago saliva y lo empujo, sorprendida cuando se mueve.
—Suéltame —digo—. Es la mitad de la maldita noche. Los hombres
de tu padre me acaban de sacar de la cama para jugar al más jodido juego
de tin marín de dos pingüé he intentado volar, y luego me han follado
mientras colgaba de lo alto de tu retorcido castillo. Dijiste que era hora de
hablar, así que hablemos. Si no, me gustaría volver a la cama y fingir que
nada de esto ha ocurrido.
Marcus deja escapar un suspiro, entrecerrando los ojos sobre mí por
un momento antes de apartarse finalmente de mi camino e indicarme que
tome asiento.
—¿Qué quieres saber? —pregunta Roman mientras Marcus me rodea
y se dirige de nuevo a su sofá.
Me dejo caer en el sofá y meto las rodillas debajo de mí, sin saber por
dónde empezar.
—Quiero meterle una bala entre los ojos a su padre —digo, pensando
que no quiero perder el tiempo yendo por las ramas. Es mejor ponerlo todo
sobre la mesa.
—Únete al club —murmura Levi—. Sólo lo dejamos escapar esta
noche porque aún lo necesitamos.
—¿Porque pronto lo derrocarán?
—Muy pronto —dice—. Por ahora, lo necesitamos para que siga
haciendo tratos y manejando el negocio familiar. Cuando estemos
preparados y tengamos lo que necesitamos, jugaremos nuestras cartas, pero
sólo cuando nos convenga. No podemos permitirnos el lujo de joderlo. Así
que, por ahora, tenemos que ser pacientes y aguantar.
Asiento con la cabeza, sorprendida de que me dé una respuesta
completa y sincera. Esta suele ser la parte en la que me dan lo justo para
que no me vuelva loca y me levante para marcharme, solo que cuando cada
uno se queda exactamente dónde está, mirándome expectante, me doy
cuenta de que esto es realmente así. Van a decirme lo que quiero saber, pero
si presiono demasiado, acabaré volviendo al punto de partida.
—Yo, umm... no entiendo por qué siguen intentando protegerme. Han
dejado perfectamente claro que sólo soy un objeto que ocupa espacio en la
casa, y sin embargo fueron a matar a ese hombre en el almacén y luego me
protegen contra su padre cuando intentó dispararme en el comedor. Yo
sólo... ¿por qué?
Marcus suspira, inclinándose hacia delante sobre sus rodillas
mientras su mirada cae sobre la mesa de café, dándose cuenta de que esta
pregunta va dirigida a él.
—Ojalá pudiera decírtelo —murmura, luchando por saber qué decir—
. Pero, sinceramente, no lo sé, diablos. Hemos tenido chicas aquí antes y las
he dejado morir cuando mi padre ha decidido que no merecen la pena, pero
tú no. Tú eres una luchadora. Te defiendes. Eres intrigante. Me interesas, y
hasta que no sepa qué significa eso, no permitiré que te quite la vida.
—¿Y si decides que no soy tan intrigante como pensabas al principio?
Se encoge de hombros.
—Supongo que tendremos que ver si eso ocurre.
Levi se aparta del borde del sofá.
—Este es un territorio desconocido para nosotros —explica—. Nuestro
padre nos ofrece chicas para tener aquí como entretenimiento, y sólo ha
habido una a la que nos hemos acercado. Era un juego peligroso y no
terminó bien para ninguno de los involucrados. Sería inteligente para
nosotros mantener nuestra distancia.
—¿Te refieres a Felicity? —cuestiono, mi mirada vacilante vuelve a
caer sobre la de Roman—. Estabas enamorado de ella, ¿verdad?
Me observa durante un largo momento y nadie dice una maldita
palabra hasta que finalmente asiente.
—Lo estaba —dice, con el dolor irradiando de sus ojos y advirtiéndome
que no lo presione con el tema. Compartirá lo que está dispuesto a decir y
nada más—. Me habría casado con ella. Llevaba a mi hijo, pero esto de aquí
—continúa, señalando la cicatriz que va desde la punta de su frente,
pasando por sus ojos y hasta el hueso de la mejilla—. Esto es lo que pasa
cuando te permites acercarte demasiado a nuestro mundo.
Suspiro interpretando lo que acaba de decir.
—¿Tu padre hizo eso? —digo, con la curiosidad palpitando en mis
venas, desesperada por saber exactamente qué pasó, pero es algo que me
temo que nunca conoceré.
Roman asiente y desvía la mirada.
—Era ella o yo.
La pesadez se hunde en mi pecho, al darme cuenta de lo mucho que
han perdido estos chicos. Son algo más que almas rotas. Han sido
torturados y maltratados durante años. Diablos, la madre se fue y luego les
quitaron el amor de su vida. ¿Cuánto más tienen que perder estos chicos?
No es de extrañar que sean como son.
—Por eso dudan tanto en acercarse a mí.
Marcus se reclina en su asiento, apoyando los pies en la mesa de café.
—Todo lo que nos acercamos al final nos lo quitan. No tiene sentido
hacer apegos porque, no sólo pone una diana en nuestras espaldas, sino
que también pone una en las suyas. Si los enemigos de mi padre supieran
que te tenemos encerrada aquí para disfrutar, no pararían hasta llevarte, ya
sea viva o en pedazos.
—¿Por qué me cuentan todo esto?
—Porque sigues huyendo —dice Levi—. Sé qué crees que estás mejor
sola, que puedes volver a tu apartamento de mierda y vivir tu vida, pero no
puedes. Has estado expuesta a este mundo y, te guste o no, ahora estás
asociada con el nuestro. Tienes que entender los peligros. No podemos
protegerte ahí fuera, no como podemos hacerlo desde aquí.
Sacudo la cabeza, recostándome en el sofá.
—Pero no estoy hecha para este mundo. Matan a la gente por deporte
y ni siquiera pestañean cuando alguien los apunta con una pistola a la
cabeza. Yo no soy así. No puedo soportarlo.
—Al contrario —dice Marcus—. Nos demostraste exactamente de qué
estás hecha cuando deslizaste esa navaja hasta las entrañas de Miller. No
dudaste. Fuiste por él a pesar de que Roman y yo lo teníamos controlado.
Podrías haberte echado atrás en cualquier momento.
Aprieto la mandíbula y giro para encontrarme con su mirada, los
recuerdos de aquella noche me persiguen.
—¿Por eso me diste ese cuchillo? ¿Para ver si me defendía?
—Bueno —sonríe—. Te lo di con la esperanza de que lo usaras para
rechazar a mis hermanos si sus penes venían a buscarte. No llevo bien eso
de compartir. —Levi y Roman se burlan, cortándolo, pero él pone los ojos en
blanco y continúa—. Nos demostraste a todos por tu cuenta que podías
manejar este mundo. Estás hecha para ello. Sólo que aún no lo sabes.
—Es inevitable —murmura Roman en tono sombrío—. Vas a ser igual
que nosotros.
Me río.
—De acuerdo, ahora sé que están mal de la cabeza —digo—. Nunca
seré como ustedes. He nacido con conciencia y sé la diferencia entre el bien
y el mal. Ustedes, castran a idiotas en viejos almacenes. Yo nunca podría
hacer algo así.
—¿Cómo crees que empezamos? —pregunta Levi—. Tienes que
trabajar hasta conseguirlo. Pero lo conseguirás. Es un talento natural.
Mis ojos se abren de par en par con horror.
—Lo dices como si fuera algo de lo que estar orgulloso.
Se inclina hacia adelante, sosteniendo mi mirada.
—¿No lo es?
Dejo escapar un suspiro, negándome a responder a eso por principio
mientras me envuelvo con los brazos alrededor de las piernas, abrazándome
en una bola apretada casi como un mecanismo de afrontamiento.
—¿Qué se supone que debo hacer si tu padre regresa?
—Confía en nosotros —insiste Roman—. Al igual que esta noche, tú
nos cubres las espaldas y nosotros las tuyas.
Sacudo la cabeza.
—No puedo luchar así.
—No hace falta que lo hagas —dice Marcus—. Corre y escóndete como
te he dicho. Te encontraremos cuando se acabe. No queremos que te asustes
mientras estés aquí.
Me río, sonriéndole desde el otro lado de la habitación.
—Estás bromeando, ¿verdad? —cuestiono—. Me han perseguido
literalmente por un laberinto sin salida con sus malditos lobos, me han
acosado por pasillos oscuros y me han atormentado con mierda
espeluznante en esa mazmorra. Mi miedo los excita.
—Es cierto —dice Levi—. ¿Pero hemos hecho alguna de esas mierdas
desde que apuñalaste a Miller? —Mis cejas se fruncen y sacudo la cabeza,
dándome cuenta de que tiene razón—. Exactamente —continúa—. Has sido
recompensada una y otra vez. Has demostrado que eres digna, así que ahora
puedes vivir en paz dentro de estos muros.
—¿En paz? —pregunto, con los ojos entrecerrados por la sospecha,
sin confiar ni un poco en su palabra—. ¿Qué se supone que significa eso?
Algo me dice que nuestras ideas de paz varían.
—Te dejaremos en paz —confirma—. Se acabó el atormentarte en
mitad de la noche. Nos comportaremos, y a cambio, serás un agradable
huésped de la casa.
—Entonces, ¿puedo ir y venir a mi antojo?
—No —dice Roman—. Estás confinada en este castillo al igual que
nosotros. Sin embargo, tienes libertades dentro de nuestra casa. Considera
que eres parte de la familia. Te entrenaremos para que te protejas mejor, te
alimentaremos y te vestiremos, pero si intentas huir de nosotros de nuevo,
te quitaremos tus libertades y no te gustarán las consecuencias. Rara vez
damos segundas oportunidades, y tú estás ahora en la tercera.
Trago saliva con fuerza y asiento con la cabeza antes de dirigir mi
mirada a Marcus.
—¿Y tu mano? —pregunto nerviosa—. ¿Aún piensas castigarme por
eso?
Su mirada se entorna en la mía mientras golpea con los dedos el
reposabrazos de su sofá.
—Esa es una buena pregunta —murmura, sumido en sus
pensamientos mientras su mirada se desplaza hacia la oscura cicatriz de la
parte superior de su mano—. Estoy indeciso sobre tu castigo, pero no voy a
mentir, ver ese fuego en ti cuando me apuñalaste es parte de la razón por la
que estoy tan intrigado por ti. Tal vez aún exista la posibilidad de que te deje
libre.
—¿De verdad? Porque la última vez que me colgaste de un gancho,
me gustó.
Sus ojos arden con una lujuria furiosa, encendiendo el fuego en lo
más profundo de mi ser, pero el tono de Levi me saca de mi trance.
—Entonces, ¿tenemos un trato? No vas a huir.
Asiento con la cabeza.
—Lo tenemos, pero quiero una cosa a cambio.
—¿Qué cosa? —pregunta Roman, vacilante.
Tomo aire y lo suelto lentamente, sabiendo que esto podría
explotarme.
—Quiero conocer a cada uno de ustedes, y no sólo las versiones
insensibles y crueles de ustedes mismos que masacran a los hombres en los
almacenes. Quiero saber quiénes son realmente. Quiero salir con ustedes,
tal vez incluso ser amigos.
—¿Quieres salir con nosotros? —pregunta Levi, completamente
perplejo por mi petición.
Asiento con la cabeza.
—Sí, ¿qué tiene de malo? Estamos saliendo ahora y no es tan malo.
Incluso estaría bien si estuviéramos hablando de otra cosa que no sea que
yo esté desarrollando un malvado caso de síndrome de Estocolmo.
—De acuerdo —dice finalmente Roman—. Puedes conocernos, pero te
garantizo que no te va a gustar lo que encuentres.
—Es un riesgo que estoy dispuesta a correr —digo mientras una
sonrisa perversa se extiende por mis labios—. Y yo que pensaba que no
tenían mascotas, sólo armas.
—No te preocupes —responde Roman—. No tenemos más que tiempo
para convertirte en nuestra arma más letal hasta ahora.
Bueno, maldición. Debería haberlo visto venir.
Me pongo de pie y ajustándome los pantalones de deporte.
—¿Hemos terminado aquí? —pregunto, mirando a Marcus y Levi
mientras intento ignorar la mirada entrecerrada de Roman.
—¿Por qué tanta prisa? —pregunta Roman, con un brillo engañoso en
sus ojos de obsidiana—. Creía que querías pasar el rato y enterarte de todas
las cosas que nos gustan a mis hermanos y a mí.
Trago saliva con fuerza.
—Sí quiero —insisto, encontrando su mirada fija en la mía—. Pero he
tenido a tu hermano chorreando durante los últimos veinte minutos
después de descubrir una de las cosas en las que le gusta meterse, y me he
sentado felizmente aquí sin quejarme, pero ahora está goteando cerca de
mis rodillas. Así que, si le parece bien, amo, me gustaría ir a ducharme.
No responde, pero suponiendo que todo lo que me acaban de decir sea
cierto, no debería esperar su aprobación. Giro sobre mis talones y empiezo
a caminar hacia la entrada del salón, odiando lo oscuro que está el resto del
castillo. Mi mano se engancha al lado de la pared y, justo cuando voy a
arrojarme por la esquina, Marcus llama.
—Shayne, espera.
Me detengo y le devuelvo la mirada, con las cejas fruncidas mientras
espero a saber por qué me necesitan.
—Sólo tengo una pregunta —dice, haciendo que sus hermanos se
detengan—. ¿Cómo has llegado al tejado?
—Oh, umm... la habitación de Blancanieves justo arriba. Hay un
agujero en la pared. Tuve que arrancar algunos trozos de piedra, pero al
final pude colarme.
Levi se aparta del sofá y se acerca a mí, con las cejas bajas en señal
de confusión, mientras Roman y Marcus se levantan también.
—¿Quién demonios es Blancanieves?
—Ya sabes, la princesa de Disney —explico, dándome cuenta
demasiado tarde de que estos chicos probablemente se habrían privado de
todas las películas de Disney cuando eran niños—. La envenenó la vieja
zorra y luego la metieron en un ataúd de cristal, igual a la muerta que tienen
arriba.
Marcus baja la barbilla y me recuerda al hombre intrépido que vi en
el almacén.
—¿Qué mujer muerta de arriba? —pregunta lentamente.
Me encuentro retrocediendo un paso mientras miro entre los otros dos
hermanos sólo para encontrarlos igual de confundidos.
—Ya sabes, la mujer del ataúd de cristal. Cabello largo y negro, parece
que lleva años pudriéndose en esa cosa. Si no fuera por los congeladores,
probablemente ya sería un esqueleto —los observo con cautela, pasando mi
mirada por cada uno de ellos—. Realmente no tienen ni idea de lo que estoy
hablando, ¿verdad?
—¿Acaso esta parece el rostro de un hombre que sabe de qué
demonios estás hablando? —murmura Levi antes de señalar hacia la
enorme escalera que está justo fuera de la sala de estar—. Empieza a
caminar.
Bueno, maldición. Ahí va mi ducha.
Capítulo 26
La tensión que desprenden los tres hermanos no se parece a nada que
haya sentido antes y tenerlos a mi espalda me hace sentir mal. Subimos las
escaleras, retorciéndose por los pasillos y volviendo sobre mis pasos, pero
estoy desorientada por el millón de caminos diferentes que hay que tomar.
—Estás loca—gruñe Levi detrás de mí—. No hay ninguna maldita
mujer en un ataúd.
—Te lo juro —escupo, mirando por encima del hombro para mostrarle
la acalorada ira que se arremolina en mi mirada al ser cuestionada—. Es
que estoy... perdida. No estaba precisamente pensando con claridad cuando
vine corriendo por aquí. Además, ¿cómo es que no sabes nada de esto? ¿No
me seguiste directamente?
No —murmura—. Te vi desde la ventana del pasillo y no tuve más
remedio que atravesarlo. Es un cristal reforzado. Casi me rompo las putas
muñecas intentando atravesarlo.
Mis cejas se fruncen y me encuentro mirando de nuevo hacia él.
—Oh, yo... me lo imaginaba.
Marcus gime.
—¿De verdad? ¿No prestaste atención al hecho de que volviste a entrar
por una ventana diferente?
—No —digo con brusquedad—. Estaba un poco preocupada por el
hecho de que me acababan de follar en el tejado después de haber estado a
punto de caer al vacío.
Los chicos murmuran detrás de mí y hago todo lo posible por intentar
ignorarlos cuando por fin llego a una escalera que me resulta familiar.
Empiezo a subirla sinuosamente y cuanto más avanzo, más aumenta la
tensión en la habitación.
—¿Qué? —pregunto, mirando hacia atrás y viendo la dura expresión
en los ojos de Roman—. Creía que sabían todo lo que había en este lugar.
¿Nunca habían subido aquí antes?
Roman niega con la cabeza.
—Nunca tuvimos la necesidad de hacerlo. Por lo que a nosotros
respecta, estaba todo vacío.
—Entonces, ¿esa vocecita insistente dentro de tu cabeza que tira de
tu curiosidad nunca te empujó a venir a buscar aquí arriba? ¿Ni siquiera
un poco?
Su mirada se entorna y me mira como si estuviera hablando con el
culo.
—¿Una vocecita molesta dentro de tu cabeza? —pregunta—. Mierda, y
crees que somos nosotros los que nos hemos vuelto locos. Eso no es normal,
emperatriz. Necesitas que te revisen esa mierda.
—Oh, claro —refunfuño—. ¿Por qué no pides una cita con el médico?
Oh, espera. Lo mataste.
—Maldición —murmura Levi en voz baja, más que harto de la larga
noche que hemos tenido que soportar, su tono sugiere que lo que salga de
su boca a continuación está a punto de ser una especie de bofetada verbal—
. ¿Por qué nadie me advirtió de lo graciosa que eres?
Me burlo, arrastrando la mirada hacia el largo pasillo que tengo
delante.
—Porque probablemente están demasiado ocupados riéndose de lo
gracioso que eres.
Una mano se enrosca en mi nuca y, antes de que tenga la oportunidad
de jadear, aprieta mi espalda contra la pared.
—Cuidado —gruñe—. Mi paciencia se está agotando.
—¿Necesitas que te ayude con eso? —murmuro, bajando el tono y
empujando mis pechos hacia arriba para presionar contra su amplio
pecho—. Tengo algunos... trucos que estoy segura de que podrían aliviar tus
frustraciones. Todo lo que tienes que hacer es decir la palabra y haré volar
tu maldita mente.
Marcus gruñe detrás de nosotros, frotándose la piel en carne viva de
la nuca.
—A menos que quieras la huella de mi mano en tu culo, te sugiero
que te pongas con ello. Si hay un puto santuario aquí arriba, quiero saberlo.
Empujo a Levi para que se aparte de mí y me sorprende que retroceda
sin preguntar. No le doy más vueltas y continúo por el pasillo, con una
extraña sensación apareciendo en la boca del estómago por tener que volver
a entrar en esa maldita sala de ataúdes.
—Yo no lo llamaría un santuario —digo—. Es más bien una tumba
espeluznante.
—Me importa una mierda cómo quieras llamarlo —dice Roman—.
Necesito verlo.
Refunfuño en voz baja y prácticamente puedo sentir cómo ponen los
ojos en blanco a mi espalda. Se hace el silencio a nuestro alrededor mientras
seguimos subiendo hacia la cima del castillo y, cuando por fin llego a la
última escalera que conduce a la vieja puerta de madera, me detengo en
medio del pasillo.
—¿Aquí es? —pregunta Marcus, entrando a mi lado y señalando con
la cabeza la puerta que hay más adelante.
—Sí —murmuro, mirando a sus ojos oscuros—. Por favor, no me
hagan entrar ahí. Es... es una mierda, ¿de acuerdo? No quiero volver a verlo.
La mano de Marcus cae discretamente sobre mi cintura y da un
pequeño apretón antes de asentir finalmente y sacarme de dudas.
—Está bien —dice—. Puedes quedarte aquí fuera.
Me siento aliviada cuando pasa junto a mí y sus hermanos lo siguen.
Suben los últimos cinco escalones hasta la gran puerta de roble y me dejan
sola en el oscuro pasillo. La inquietud recorre las entrañas y, sin pensarlo
dos veces, me encuentro corriendo tras ellos.
¿Quién iba a pensar que me encontraría corriendo hacia la muerte en
un pasillo oscuro en lugar de correr en dirección contraria? Supongo que el
mal que conozco es más seguro que el que no conozco.
Roman prueba la puerta mientras yo retrocedo unos pasos, sin querer
acercarme demasiado. Al fin y al cabo, no sé quién es esa mujer, pero algo
me dice que lo que están a punto de ver les va a hacer perder la cabeza.
La puerta se atasca y él tiene que empujar su cadera hacia ella, tal y
como había hecho yo, y en el momento en que se abre con un fuerte chirrido
de las viejas bisagras, los tres se detienen. Veo cómo sus espaldas se ponen
rígidas y la tensión empieza a resbalar por ellas.
—¿Qué diablos es esto? —murmura Levi en voz baja, observando el
ataúd de cristal en el centro de la fría habitación.
Roman sacude la cabeza y se adentra lentamente en la habitación.
—No tengo ni puta idea …murmura, su mirada recorre de izquierda a
derecha antes de posarse en el ataúd de cristal en el centro de la
habitación—. Esto sí que está jodido.
Me burlo desde mi firme posición en la puerta.
—De todo lo que me has hecho pasar y hacer en la última semana,
¿esto es lo que ves cómo jodido? —pregunto—. Supongo que es bueno saber
dónde pones el límite.
Marcus se acerca a grandes zancadas al féretro y mira dentro, pero se
queda en blanco porque la escarcha cubre completamente el cristal.
—¿Quién crees que es? —pregunta sin mostrar una pizca de duda.
Roman niega con la cabeza y no puedo evitar notar el miedo en lo más
profundo de su tono cálido y sedoso.
—Tengo una buena idea, pero realmente espero equivocarme.
Marcus mira a sus hermanos con la ceja levantada, esperando su
aprobación silenciosa para seguir adelante. Cuando no hay objeciones, su
mano presiona el vaso y limpia suavemente la escarcha, revelando a la
mujer que hay dentro.
Mis ojos se dirigen directamente a los chicos cuando cada uno de ellos
se congela, y la tensión que había sentido antes se triplica. Levi lanza un
grito de dolor mientras Roman aprieta la mandíbula, pero Marcus... Marcus
parece completamente muerto por dentro.
—¿Qué? —susurro, arrastrándome lentamente hacia el interior de la
habitación hasta situarme entre Roman y Levi, con sus grandes hombros
caídos por la devastación—. ¿Quién es?
Los dedos de Levi rozan los míos y se aferran rápidamente a ellos
mientras Roman sigue mirando dentro del ataúd de cristal, observando a la
mujer de cabello oscuro con nada más que ojos inertes.
—Es nuestra madre —dice, en un tono firme y definitivo, antes de
girar sobre sus talones y salir de la habitación, con su dolor llenando el aire
que nos rodea y apretando mi corazón de todas las maneras posibles.
La necesidad de ir tras él late en mis venas, pero mi mirada está
pegada a Marcus y Levi mientras siguen mirando a su madre perdida. La
confusión y la angustia se arremolinan en sus ojos y mi corazón se rompe
por ellos y, sin duda, sé que esto no quedará impune.
Descubrirán quién le hizo esto a su madre. Pero lo que he aprendido
en mi corta estancia en el castillo de los DeAngelis es que la mayoría de las
veces todos los caminos conducen directamente a su padre.
Capítulo 27
—De ninguna manera —exijo, volviendo a mirar a los tres hermanos
mientras están de pie en la puerta abierta del Escalade devolviéndome la
mirada—. Dijeron que íbamos a salir por negocios. No dijeron nada de una
puta fiesta.
Levi me devuelve la mirada, con las cejas bajas.
—¿Cuál es la diferencia?
—La diferencia —escupo—, es que me imaginé que me encadenarían
aquí y estaría escondida hasta que terminaran. De ninguna manera voy a
entrar ahí y mezclarme con todos sus amigos jodidos.
—Esta gente no son nuestros amigos —dice Marcus—. Nos temen
demasiado.
Pongo los ojos en blanco y me recuesto en el asiento de cuero.
—Oh, eso hace que todo sea mejor —murmuro, cruzando los brazos
sobre el pecho—. Además, apenas estoy vestida para una fiesta. Estoy en
chándal y con una camiseta vieja. Voy a destacar como las bolas de un perro
ahí dentro.
Levi gime, resistiendo el impulso de agarrarme y echarme sobre su
gran hombro.
—Vas a destacar como las bolas de un perro tanto si estás vestida
como si no. Ahora, mueve el culo antes de que te arrastre por el cabello.
Lo miro fijamente y, mientras una sonrisa retorcida se dibuja en mi
rostro, le hago un guiño sensual.
—No puedes evitarlo, ¿verdad, grandullón? Te encanta que te tiren del
cabello.
Levi suelta un gemido frustrado y se obliga a alejarse de la puerta
abierta del auto antes de hacer algo estúpido como arruinar nuestro
pequeño trato. Han pasado tres días desde la visita de Giovanni y nuestra
charla en el salón, y esos tres días no han sido tan malos. Claro, los chicos
han luchado por morderse la lengua de vez en cuando, pero tampoco es que
haya sido la invitada perfecta de la casa. Discuto con ellos cada vez que
puedo, pero todos hacemos lo posible para que esto funcione. Hay una curva
de aprendizaje. Tal vez en un mundo perfecto, estaría lejos de una vida como
ésta, pero entiendo por qué necesito estar aquí. Hasta que Giovanni no sea
una amenaza, este es mi único lugar seguro.
Aunque eso no significa que no pueda divertirme un poco con ellos.
Estos tipos me han obligado a una vida que nunca quise para mí, y si puedo
meterme en su piel sólo un poco mientras estoy aquí, entonces voy a hacerlo.
Pero tengo que tener cuidado. No son los imbéciles normales con los que
estoy acostumbrada a tratar en el club. Reaccionan de manera diferente,
son más rápidos y tienen peor temperamento que el mío. Si los presiono
demasiado, podría ser el fin del juego.
Dejo escapar un suspiro, me arrimo al borde del asiento y estrecho la
mirada hacia Levi.
—¿Cuánto tiempo vamos a hablar? ¿Es una entrada y salida rápida
como la de Levi? ¿O vamos a hablar toda la noche como Marcus?
Marcus se ríe mientras veo a Levi alejarse unos pasos más mientras
gime por lo bajo, teniendo que distanciarse físicamente de mí sólo para no
doblegarme y demostrar lo bueno que es en realidad. Aunque no tiene que
hacerlo. Tanto él como Marcus se han colado en mi habitación en las últimas
noches, y ambos han demostrado lo hábiles que son en realidad. A Roman,
sin embargo, le gusta la distancia, y después de lo que le pasó a Felicity, no
lo culpo.
La mandíbula de Roman se aprieta, diciéndome que mi diversión ha
terminado.
—Saca tu culo del Escalade AHORA —exige, con esa autoridad tan
familiar que se desprende de su tono.
Lo miro fijamente, pero no veo que su mirada vacile en absoluto, y
salgo del Escalade con un resoplido.
—Más vale que no me maten ahí dentro por su culpa —murmuro a
sus espaldas mientras se dan la vuelta y empiezan a caminar por un largo
callejón que discurre paralelo a uno de los muchos clubes del corazón de la
ciudad.
—Lo único que va a hacer que te maten esta noche es la forma en que
sigues abriendo la boca —lanza Marcus.
Mis labios se tuercen en una mueca y él devuelve la mirada antes de
que tenga la oportunidad de borrarla de mi rostro. Marcus sonríe y retrocede
un paso, poniéndose a mi altura.
—Vas a estar bien —dice, manteniendo la voz baja para que nuestra
conversación siga siendo privada—. Sólo siéntate, no hables con nadie y
mantente cerca. Aunque, si quieres ir a causar problemas —añade, sus ojos
brillan con una excitación enfermiza—, no me importaría arrancar unas
cuantas gargantas.
Lo miro fijamente.
—Estás enfermo, lo sabes, ¿verdad?
Marcus guiña un ojo y se acerca.
—¿Quieres descubrir lo enfermo que puedo estar?
Me alejo de él, sin saber qué quiere decir realmente con eso. ¿Está
hablando en la habitación? Porque no creo que pueda ir más allá de los
límites con él. Colgarme de cadenas y frotarme el clítoris con el mango de
un cuchillo es lo máximo que creo que puedo hacer.
Al ver mi expresión de horror, Marcus se ríe y pone su mano en mi
espalda.
—¿Tienes el cuchillo que te di?
Niego con la cabeza e indico hacia abajo mi cuerpo.
—¿Parece que tengo algún lugar donde esconder un cuchillo en este
momento?
La mirada intrigada de Marcus recorre mi cuerpo, siguiendo mis
sutiles curvas y deteniéndose en mi culo.
—Seguro que sí —murmura—. Te horrorizarías si supieras todos los
lugares diferentes en los que he tenido que meter armas a lo largo de los
años.
Mis ojos se abren de par en par mientras un agudo jadeo se desgarra
desde el fondo de mi garganta.
—No me voy a meter un puto cuchillo por el culo.
Roman y Levi se detienen delante y se giran lentamente para mirarme,
con las cejas fruncidas.
—¿De qué demonios estás hablando? —pregunta Roman, entornando
su mirada al dirigirse a su hermano menor—. No es el momento de hablar
de cómo te la vas a follar.
—¿QUÉ? —grito horrorizada mientras Marcus se limita a sonreír, sin
molestarse en aclarar a su hermano— Eso no es lo que estamos discutiendo.
—Claro —se ríe Levi, dándole la espalda y continuando por el estrecho
callejón—. No vengas a llorarme cuando ese cuchillo te atraviese
accidentalmente el culo.
Gimoteo, la frustración me invade rápidamente.
—No me voy a meter un puto cuchillo por el culo —grito justo cuando
dos gorilas salen de un lado del callejón y sus agudas miradas se posan en
mí con las cejas levantadas.
—Maldita sea… —murmuro, con la vergüenza invadiéndome.
Los gorilas dirigen sus miradas a los hermanos DeAngelis y, de
repente, esas cejas no están tan alzadas. Las mandíbulas se aprietan
cuando Marcus se aleja de mí para ponerse de pie junto a sus hermanos, y
se cruzan palabras en voz baja. Cuando los gorilas se miran entre sí con
rostros pálidos, sus manos caen a las armas en sus caderas. Roman sacude
la cabeza.
—Yo no haría eso si fuera tú.
El portero de la izquierda traga saliva, su mirada vuelve a dirigirse a
la de Roman mientras un frío recorre mi cuerpo. Esas fueron las primeras
palabras que Roman me dijo después de ser tomada por ellos. Trato de
olvidarlo, recordando que las cosas han cambiado a mejor desde entonces.
—No queremos problemas —dice el portero, que me mira con cautela
y se pregunta por qué sexo una chica como yo sale con tipos así.
—Nosotros tampoco —dice Roman—. Así que te sugiero que te apartes
antes de que nos veamos obligados a eliminar los problemas.
El otro tipo sacude la cabeza, con los ojos muy abiertos de horror,
sabiendo exactamente con quién está tratando.
—Por favor, hombre. Tengo esposa e hijos en casa.
Levi levanta la barbilla, la mirada en su rostro no se parece a nada
que haya visto antes.
—Entonces vete —dice—. Si no, esa esposa tuya me llamará Daddy.
El tipo se queda blanco y, sin decir nada más, su mirada cae al suelo
y empieza a caminar de nuevo por el callejón como si no hubiera pasado
nada, dejando que las miradas de los tres hermanos se posen en el otro
portero.
—¿Qué será? —pregunta Marcus, sabiendo lo intimidantes que
pueden ser los tres cuando se unen.
—Como he dicho —repite el tipo—. No quiero ningún problema.
—Entonces eso depende de ti, ¿no?
El tipo mira cautelosamente hacia la puerta interior del club, sabiendo
que si nos dejara pasar, probablemente perdería su trabajo, pero si no lo
hiciera probablemente perdería su vida. Sabiendo lo que es mejor, se hace
a un lado, bajando la barbilla como si se hubiera fallado a sí mismo, pero
yo no lo veo así. Esta noche se ha salvado a sí mismo.
—Un movimiento inteligente —murmura Roman antes de mirar a sus
hermanos y asentir—. Hagamos esto rápido. No pasará mucho tiempo hasta
que alguien nos reconozca y pida refuerzos.
Los hermanos asienten y Roman entra por la puerta trasera del club
mientras Levi lo sigue. Marcus espera a que me interponga entre ellos para
que no me quede atrás justo cuando la pesada puerta trasera se cierra tras
nosotros.
Atravesamos el club y sigo a los chicos de cerca, sin que me guste lo
que estoy viendo. Este club es diferente a lo que estoy acostumbrada, y
rápidamente empiezo a ver rostros conocidas de los hombres a los que
normalmente tengo que dar la espalda. Estos son el tipo de hombres que
suponen una amenaza para los demás, el tipo de hombres que no quieres
que se acerquen a ti en un club, hombres con los que tienes que tener
cuidado al beber. Diablos, hay rostros aquí que reconozco de la fiesta de los
chicos en el castillo hace sólo unas pocas noches, lo que dice mucho.
Este no es el tipo de lugar en el que quiero estar, y ver cómo la gente
que nos rodea asiente a los hermanos en señal de reconocimiento o respeto
me produce escalofríos. Tal vez Marcus tenía razón en lo de esconder un
cuchillo en mi trasero. Me vendría bien su comodidad ahora mismo.
Los hermanos caminan por el club como si hubieran estado aquí un
millón de veces, y al acercarse a una mesa abarrotada, ésta se convierte
rápidamente en la suya. La gente se dispersa al ver a los hermanos y ellos
se acercan a la mesa vacía, haciéndome pasar primero para que me siente
detrás de ellos.
La música es ensordecedora y, por lo que parece, el DJ no tiene ni
idea de lo que está haciendo. Preferiría un millón de veces el incesante
tamborileo de Levi a esta mierda. Las camareras se apresuran a llegar a
nuestra mesa y ofrecen a los chicos lo que quieran: bebidas, pastillas,
cigarros, chicas. Todo lo que quieran, será atendido, simplemente con la
esperanza de que no destrocen este lugar y lo conviertan en un matadero.
Aunque por lo que parece, no creo que vayamos a estar aquí mucho tiempo.
Marcus acepta alegremente un trago y un porro y, antes de que la
chica se haya alejado, está recostado en su silla y apoyando los pies en la
pequeña mesa que nos separa.
—Así que —dice, volviendo a mirarme mientras enciende su cigarro y
le da una profunda calada, expulsando el humo en anillos perfectos—. ¿Qué
opinas de un vídeo sexual?
Levanto una ceja y lo miró fijamente, mis ojos brillan con una risa
silenciosa.
—¿Con Levi? Claro.
Su mandíbula cae un poco y, por un momento, parece casi ofendido.
—Retira lo dicho —exige mientras Levi intenta mantener un rostro
serio y finge que no le importa una mierda nuestra conversación.
Niego con la cabeza.
—Puedes sostener la cámara si quieres, pero estoy segura de que
obtendríamos mejores resultados usando un trípode.
—Sigue hablando así y me veré obligado a enseñarte el verdadero
significado de un trípode.
Mi ceja se levanta, sabiendo exactamente de qué está hablando, y me
encuentro mirando hacia Levi, con la curiosidad arremolinándose en mi
interior. Marcus me observa atentamente, con los ojos entrecerrados por la
sospecha, leyéndome como un maldito libro.
—Sigue mirándonos así y lo haremos ahora mismo para que todo el
mundo lo vea.
Trago saliva y desvío rápidamente la mirada, pero al hacerlo, los tres
hermanos se ponen de pie al unísono. Mis ojos se abren de par en par y veo
cómo cuatro hombres se acercan a los hermanos, cada uno de ellos con una
expresión sombría en sus rostros.
No quieren estar aquí y seguro que no quieren estar en su presencia.
Está claro que no lo están encontrando tan emocionante como yo en los
últimos días. Ya sabes, después de que me diera cuenta de que sus
amenazas sobre mi vida no eran más que tácticas de miedo.
Los cuatro hombres se acercan, disminuyendo su ritmo al acercarse
a nuestra mesa.
—Julius —dice Roman, señalando con la cabeza al hombre que está
al frente y en el centro, el que menos parece estar a punto de cagarse en los
pantalones—. ¿Tienes nuestro dinero?
Me inclino hacia delante, tratando de ver mejor al hombre cuando su
nombre empieza a sonar. Es uno de los mayores traficantes de la ciudad y
se le prohibió la entrada al club en el que trabajé hace años. Nunca he tenido
nada que ver con él, pero conozco a chicas que han destrozado sus vidas
por la droga que les suministra.
Julius asiente al hombre que está directamente a su izquierda, que se
adelanta y ofrece una bolsa negra a Levi. Él la agarra y deja caer la bolsa
sobre la mesa delante de mí.
—Cuéntalo —dice Levi—. Cincuenta mil.
Mis ojos se abren de par en par y lo miro atónita.
—¿Cincuenta mil?
—Hazlo rápido —advierte—. No tenemos toda la noche.
Me apresuro hacia la bolsa, sabiendo que todos se van a quedar
mirando incómodamente y esperando hasta que termine.
—No necesita contar. Está todo ahí —dice Julius, con pánico en su
tono—. Lo he contado yo mismo.
Roman da un pequeño paso a su derecha, bloqueando la visión de
Julius sobre mí.
—Entonces no deberías preocuparte por nada, ¿verdad?
Julius baja la voz y, a pesar de los cientos de cuerpos que se agolpan
en el club, todavía puedo sentir la tensión que desprenden los chicos en
oleadas. Me pongo en marcha rápidamente, revisando los montones de
dinero mientras intento no concentrarme en el hecho de que es más dinero
del que he visto en mi vida.
Pasan quince minutos antes de que mire a Roman con una mueca,
con el estómago hundido, sabiendo lo que va a venir a continuación.
—Faltan dos mil —digo.
—¿Estás segura? —pregunta él, con su mirada clavada en la mía,
sabiendo ambos que, si lo he contado mal y sus próximos pasos no sirven
para nada, esa sangre estará en mis manos.
—Lo he repasado tres veces —digo, señalando los montones de dinero
en la mesa y mostrando cómo el último montante es mucho más corto que
los demás—. Tengo 48 mil cada vez. Estoy segura. Te está dejando corto.
Los tres hermanos se giran hacia Julius, que parece estar a punto de
desmayarse, y antes de que pueda decir una sola palabra, Roman saca su
pistola y le dispara justo entre los ojos. Se oyen jadeos por todas partes
mientras los testigos miran casualmente hacia nosotros, pero al ver a los
hermanos DeAngelis metidos en sus asuntos, se dan la vuelta y siguen con
su noche como si no hubieran visto nada.
Los tres hombres que rodean a los hermanos se ponen más firmes,
fingiendo que su jefe no está muerto a sus pies.
—Así que, ¿quién de ustedes va a dar un paso adelante? —pregunta
Roman, su mirada se desplaza sobre los tres hombres—. Tengo un montón
de producto más que necesita ser movido y habrá un bono incluido para
quien pueda vender mi próximo lote y compensar lo que le faltaba a tu jefe.
El hombre que le entregó la bolsa a Levi da un paso adelante.
—Yo puedo hacerlo —dice—. Conozco todos sus contactos.
—De acuerdo —dice Roman, asintiendo a Marcus, que mete la mano
debajo de la mesa y saca un maletín negro—. ¿Tu jefe está aquí? Esta es tu
advertencia. Si jodes esto, estarás en el suelo junto a él. ¿Está claro?
—Julius nunca me dijo que vendía ni cuáles eran sus precios. Sólo
conozco a los compradores.
Roman lo observa durante un momento de silencio antes de que
Marcus entre con el maletín y abra los cierres. No puedo evitar pararme y
echar un vistazo entre Levi y Roman, para ver qué es lo que han estado
haciendo, y mientras Roman repasa sus expectativas, lo único que puedo
hacer es quedarme boquiabierta.
Esta es la mierda que he visto circulando por el club. Son las pastillas
de Giovanni, sólo que el envase es diferente.
Una carcajada sube por mi garganta y me dejo caer contra mi asiento,
sacudiendo la cabeza con diversión. Creía que los chicos estaban aquí por
negocios de su padre, pero definitivamente no es el caso. Están haciendo su
propio negocio robando los productos de su padre, poniendo su propia
marca y utilizando los contactos de Giovanni para obtener beneficios. Es un
juego muy arriesgado, pero maldita sea, es la mejor forma de joder a su
padre.
No sólo lo están perjudicando, sino que lo están jodiendo por
completo.
Levi se aburre y se deja caer a mi lado.
—¿Qué es tan gracioso? —pregunta, con la mirada entrecerrada
mientras vuelve a mirar el cadáver en una pila a sus pies.
—Son las pastillas de tu padre, ¿no? Las reconozco del club. No sólo
estás planeando derrocarlo. Estás socavando sus negocios y tomando el
control por completo.
Levi se ríe mientras una sonrisa malvada recorre su rostro.
—Eres observadora —comenta, echándose hacia atrás y dejando caer
su brazo sobre el respaldo de mi asiento—. Son sus pastillas. Él las fabrica
y nosotros las robamos delante de sus narices. Hace tanta mierda que ni
siquiera se da cuenta. Cambiamos la marca en su puto almacén y hacemos
que sus chicos la entreguen en nuestra puerta. Se vende en su ciudad y nos
llevamos el 100% de los beneficios sin mover un dedo.
—Ustedes son mentes maestras del mal.
Levi se encoge de hombros.
—No, sólo hombres de negocios que saben cómo joder al sistema.
—¿Y él no tiene ni idea?
—Hay rumores por ahí de un nuevo proveedor, pero está demasiado
ciego para ver lo que tiene delante de sus narices. Diablos, el maldito incluso
nos pidió que localizáramos a este nuevo proveedor y nos ocupáramos de él.
—¿Estás bromeando?
—No —dice—. Cuando estemos listos para derrocarlo, queremos tener
toda nuestra operación ya montada. No sólo vamos a acabar con nuestro
padre, sino que vamos a destruir a toda la familia DeAngelis. Cuando
hayamos terminado, no quedará nadie más que nosotros. Empezaremos de
cero, y sin que nuestro padre nos retenga, seremos los nombres más temidos
e imparables de todo el puto país, y tú estarás allí mismo para presenciar
todo el maldito asunto.
Lo miro fijamente con los ojos muy abiertos, la comprensión de lo
grande que es esto se asienta sobre mis hombros mientras Roman y Marcus
terminan sus asuntos y envían a su nuevo traficante.
—¿Es bueno? —pregunta Levi como si no acabara de soltar una
enorme bomba.
Roman se encoge de hombros y aprieta los labios en una firme línea.
—Supongo que lo averiguaremos —dice, mirando hacia atrás por
encima de su hombro y observando cómo los tres hombres se alejan entre
la multitud—. Tiene una semana para demostrar su valía.
Trago saliva mientras mi mirada se desplaza hacia los tres hermanos.
Tienen todo planeado. Se han preparado para lo peor y lo han tenido todo
en cuenta. Realmente van a destruir a su padre. Van a acabar con él desde
dentro, y sólo cuando lo haya perdido todo y a todos los que le rodean, lo
harán pedazos. Hasta aquí la simple bala que quería atravesar su cabeza.
Su plan es mucho mejor, al menos, es uno con el que finalmente puedo estar
de acuerdo.
Roman le quita la bebida de la mano a Marcus y le devuelve hasta la
última gota, mientras Marcus lo mira boquiabierto, más que dispuesto a
tirar por esas últimas gotas.
—Vayámonos de aquí —dice Roman, interrumpiéndolo antes de que
tenga la oportunidad de vengarse—. Es sólo cuestión de tiempo que alguien
llame a ese puto cuerpo.
Levi se levanta del asiento a mi lado e inmediatamente empieza a
caminar por donde hemos venido, con Roman detrás de él. Marcus me mira
y en silencio me indica que me ponga en marcha.
Deseando salir de aquí tanto como ellos, paso por encima del cuerpo
caído y camino detrás de Marcus, manteniéndome cerca mientras los otros
hombres me miran con demasiada atención.
Los cuerpos amontonados abren paso a los hermanos y yo los sigo a
ciegas mientras el humo del cigarro de Marcus sale despedido hacia atrás,
golpeándome involuntariamente en el rostro. Me ahogo con el olor. Es
malditamente desagradable. Nunca he sido de las que juegan con esa
mierda, pero puedo entender el dichoso subidón.
Levi sale por la puerta trasera y Roman lo sigue rápidamente. Me
coloco detrás de Marcus y, justo cuando desaparece en el oscuro callejón
que hay junto al club, una gran mano me tapa la boca. Intento gritar
mientras el último Marcus desaparece por la esquina, pero la mano me
bloquea las vías respiratorias.
Un cuerpo duro me aprieta la espalda y, justo cuando veo que Marcus
vuelve a entrar por la puerta con Roman y Levi pisándole los talones, me
veo arrastrada hacia el interior de la multitud, completamente oculta a la
vista.
Agarro a la persona que está detrás de mí, desesperada por liberarme,
mientras oigo disparos a mi alrededor. La gente grita y los cuerpos empiezan
a correr por el club en un completo caos. ¿Dónde diablos están?
Pateo, luchando desesperadamente por liberarme mientras la mano
me presiona con más fuerza. Mis pulmones piden aire a gritos y, justo
cuando oigo un último disparo, todo se vuelve negro.
Capítulo 28
Mi cuerpo se sacude y golpea contra algo duro y mis ojos se abren de
golpe. Respiro entrecortadamente y me duelen los pulmones al darme
cuenta de que estoy en el maletero de alguien. Golpeo con la mano la
superficie dura que hay encima de mí mientras doy patadas al respaldo del
asiento.
—¡Déjame salir! —grito, mis ojos se llenan de lágrimas mientras el
pánico me invade.
¿Qué sexo está pasando? ¿No han llegado los hermanos hasta mí a
tiempo?
MALDICIÓN.
Los duros baches de la carretera me hacen volar alrededor del
maletero, chocando contra el techo y golpeando mi cabeza contra el lateral.
Apenas puedo moverme. Estoy más apretada aquí que dentro de ese ridículo
club.
Mierda, nunca pensé que llegaría un momento en que realmente
estaría desesperada por tener a los hermanos DeAngelis buscándome, pero
nunca los he deseado más. Estoy jodida. ¿Quién es este tipo? No llegué a
ver su rostro ni saber qué quiere de mí. ¿Es uno de los hombres de
Giovanni? ¿Nos han seguido hasta el club? ¿O es sólo uno de sus muchos
enemigos que vio una oportunidad y la aprovechó?
No, no, no, no, no. Esto no puede estar pasando.
La carretera está llena de baches y está claro, por el sonido de los
neumáticos al chocar con los baches y por la forma en que mi cuerpo vuela
por el maletero cuando toma las curvas, que está conduciendo a velocidades
demenciales, pero querría hacerlo. Si los hermanos lo han visto cuando salía
conmigo, ya es hombre muerto.
Grito y tiro de los cables expuestos, tiro de las luces traseras y suplico
que me liberen hasta que me duele la garganta, pero su única respuesta es
subir el volumen de su música, ahogando mis gritos. Intento asomarme por
el pequeño hueco de las luces traseras y meter las manos por el pequeño
agujero como he visto en las películas, pero no tiene sentido cuando somos
el único auto en la carretera.
Nadie viene por mí. Vuelvo a la casilla de salida y algo me dice que
esta vez no tendré tanta suerte.
Aguanto la conducción temeraria y las violentas sacudidas durante
otros treinta minutos antes de que el auto se detenga en lo que parece un
camino de tierra. El polvo vuela alrededor del auto y me alejo de mi mirilla
mientras el tipo apaga el motor y sale del auto.
La puerta se cierra de golpe y sacude todo el auto, pero nada me jode
más que el sonido de sus botas crujiendo en el camino de tierra. Se acerca
cada vez más y mi corazón se acelera por el terror. No puedo hacer nada. No
puedo moverme para colocarme en una posición mejor para intentar
rechazarlo y, por supuesto, no tengo un cuchillo escondido en el culo para
cortarle el cuello. Pero siento cómo me arrastra sin esfuerzo por el club. Este
tipo es fuerte. Es implacable. Y seguro que le importo una mierda.
Se detiene en la parte trasera del auto y se me revuelve el estómago al
escuchar su mano apretando la palanca del maletero. Se abre de golpe y
entra una luz mortecina, pero antes de que pueda ver bien su rostro incluso
gritar, mete la mano y me agarra.
El hombre me saca de un tirón del maletero y me arroja a un metro y
medio de distancia. Mi cuerpo se estrella contra el suelo con un golpe duro
y doloroso mientras la capa de sudor que cubre mi piel se mezcla
instantáneamente con la tierra. Sin dejar de mirarme, cierra de golpe el
tronco y comienza a acosarme, amando mi miedo mientras me revuelvo,
desesperada por huir hacia el espeso bosque que nos rodea.
El hombre sonríe ampliamente, la oscuridad de sus ojos apenas roza
la superficie a la que estoy acostumbrada, pero a diferencia de los hermanos,
este hombre no tiene intención de detenerse. Hay algo que me resulta
familiar, pero no consigo situarlo, estoy demasiado aterrorizada como para
empezar a repasar todos los rostros que he tenido que memorizar durante
la última semana.
—Por fin —murmura para sí mismo, bajando la mirada con una
excitación enfermiza.
Me echo hacia atrás, intentando desesperadamente poner los pies
debajo de mí, pero viene demasiado rápido.
—Te has equivocado de persona. Yo... ni siquiera te conozco. No he
hecho nada.
—¿No? —sonríe ampliamente, agarrándome y levantándome del sucio
suelo—. ¿Así que no eres la chica que apuñaló a mi hermanito?
—¿Qué? —Me apresuro a decir, con el miedo hundiéndose
fuertemente en mis entrañas—. ¿Quién?
—DRAVEN MILLER —ruge—. Esos malditos hermanos DeAngelis lo
masacraron como a un maldito animal. Me lo quitaron todo, y por aquí se
dice que tú eres su nuevo juguetito.
Me arroja al duro y sucio suelo y yo me revuelvo de nuevo, corriendo
para ponerme en pie. Sin mirar por encima del hombro, salgo disparada
como un maldito cohete, y sólo doy tres pasos antes de que me saque los
pies de una patada. Caigo de golpe en el camino de tierra, dando vueltas y
luchando por respirar, consiguiendo a duras penas voltearme justo a tiempo
para verlo venir de nuevo a por mí.
—No puedes escapar de mí, cariño, no hasta que te haya destruido
como hicieron con mi hermano.
Me agarra de nuevo, arrastrándome por el bosque mientras grito de
agonía, las afiladas ramitas y las ramas me cortan la piel sin esfuerzo.
—Suéltame —grito—. YO NO HE HECHO NADA.
Se ríe y siento que todo mi mundo se hunde. Nunca me van a
encontrar aquí.
Finalmente se detiene y mis ojos se abren de par en par al ver un viejo
sótano para tormentas y apenas tengo la oportunidad de procesar lo que
está pasando antes de que levante la escotilla y me lance por los viejos
escalones de madera. Me sigue hacia abajo, tirando de una vieja cuerda e
iluminando la habitación mientras la escotilla se cierra sobre su cabeza con
un fuerte golpe.
Me escabullo mientras él sigue bajando hasta que mi espalda se
estrella contra una bañera de porcelana en el centro de la solitaria
habitación.
—¿Qué diablos es esto? —susurro, viendo como el hermano mayor de
Draven me acecha, con los ojos muy abiertos.
Se detiene y se hace a un lado, donde una larga mesa abarca el ancho
de la habitación. Todo tipo de armas se alinean en la mesa, viejas y cubiertas
de óxido, el tipo de mierda para la que voy a tener que vacunarme contra el
tétanos si de alguna manera sobrevivo a esto.
Su dedo roza la mesa, considerando cuidadosamente cómo va a hacer
esto mientras me da la espalda, absolutamente seguro de que no represento
ninguna amenaza para él, y tendría razón. No hay forma de que pueda subir
las escaleras y abrir la escotilla antes de que me atrape. Y aparte de la
bañera a mi espalda, no hay nada más en la habitación.
—Ponte de pie —ordena, todavía revisando casualmente sus
selecciones y envolviendo sus manos en un material grueso antes de probar
su resistencia.
—Vete a la mierda —escupo, mi mirada se centra en la forma en que
se gira lentamente, con el material atado alrededor de sus nudillos.
Con la mandíbula apretada, entorna su mirada con furia.
—No te lo voy a volver a pedir. Párate.
Me mantengo firme, sin atreverme a moverme mientras se acerca a mí
a grandes zancadas. Entonces, siguiendo una página del manual de tortura
de Giovanni, saca su mano, abofeteándome en el rostro.
—Párate —ruge, con la saliva saliendo de su boca.
Se me llenan los ojos de lágrimas cuando el agudo pinchazo me
atraviesa el rostro. Este tipo es mucho más grande que Giovanni y,
maldición, su golpe es mucho más potente. Como no estoy dispuesta a
volver a sufrirlo, me agarro al borde de la bañera y me pongo en pie
temblorosamente.
El corazón late con fuerza en mi pecho, el miedo se me mete en las
tripas y me pesa. Se dirige a la bañera con la cabeza, sus ojos brillan con
una crueldad salvaje.
—Métete —ronronea.
Las lágrimas manchan mis mejillas mientras sacudo la cabeza. Si me
meto en esa bañera, se acabó todo para mí. Nada bueno podría salir de ello.
—Te van a matar —advierto—. No pararán hasta que tu corazón esté
en su puta estantería como un trofeo.
Su sonrisa sólo se amplía.
—Oh, créeme, espero que vengan —se ríe—. Estoy listo para ellos,
pero primero, necesito atraer esa rabia dentro de ellos.
Vuelve a señalar la bañera con la cabeza, acercándose aún más y
haciendo que un escalofrío me recorra la columna vertebral.
—Métete —repite, retorciendo el material alrededor de sus manos—.
No intentes complicarte la vida porque, al final, tú eres la única que va a
sufrir. Pero te advierto que me encantan los retos.
Maldición.
La desesperanza me invade. He pensado en un millón de escenarios
diferentes durante la última semana de cómo iba a morir. Es inevitable en
este mundo, pero una parte de mí esperaba que, si iba a ocurrir, fuera a
manos de los hermanos y que lo hicieran con remordimiento,
arrepentimiento y porque simplemente no tenían otra opción después de
hacer todo lo posible por intentar salvarme, no esto. No quiero morir en el
bosque donde nadie me encuentre.
No es así como se supone que debe ser mi historia.
Sin otra opción, entro lentamente en la bañera mientras mi corazón
se rompe en mil pedazos. Las lágrimas corren por mi rostro y un fuerte
sollozo se desgarra desde el fondo de mi garganta mientras él se apoya en el
borde de la bañera.
—Qué buena niña …dice, indicándome que me recueste.
Hago lo que me indica y lloro en silencio mientras agarra mi muñeca,
temiendo lo que ha planeado para mí, que podría rivalizar con lo que los
hermanos DeAngelis le hicieron a Draven en aquel viejo almacén. El grueso
material se ata con fuerza a mi muñeca, quemándome la piel mientras él
pasa el material por un grueso lazo, atándome a la bañera.
Da un paso hacia el otro lado antes de hacer lo mismo con mi otra
muñeca y me encuentro observándolo atentamente, intentando descubrir si
hay alguna forma de librarse de esto, pero está claro que no es su primer
rodeo. Tira del áspero material con fuerza, quemándome la piel mientras me
mantiene sujeta.
—¿Sabías que? —dice, sacando una vieja navaja de su bolsillo antes
de meter la mano en la bañera y cortar la hoja a lo largo de mi pierna,
abriendo mi pantalón de deporte y dejando que el algodón suelto caiga al
fondo de la bañera—. El cuerpo humano contiene aproximadamente cinco
litros de sangre mientras que esta bañera puede contener hasta doscientos
litros...
Los nervios se instalan en mis entrañas y le observo en silencio
mientras sigue burlándose de mí con su cháchara. Tira el cuchillo a un lado
y saca más tiras de material antes de atarlas con fuerza alrededor de mis
muslos y brazos como una especie de torniquete.
—No hace falta ser un genio para saber que el cuerpo humano puede
reponer su propia sangre, y eso me hace preguntarme cuánto tiempo llevará
llenar toda esta bañera.
—Realmente eres un maldito idiota, ¿no? —respondo—. Y yo que
pensaba que realmente sabías lo que estabas haciendo.
Me mira fijamente y suelto un suspiro frustrado.
—Se necesitan semanas para reponer esa cantidad de sangre. Estaré
muerta mucho tiempo antes de que puedas llenar esta cosa hasta la mitad.
¿Acaso has hecho los deberes antes de elaborar esta mierda de plan o es
que careces de sentido común como tu hermano?
Un fuerte rugido retumba en la habitación y lo siento vibrar en mi
pecho.
—No te atrevas a hablar de él, zorrita —gruñe, cayendo de rodillas
detrás de mi cabeza y apretando el cuchillo contra mi garganta—. Quizá deje
de lado mi experimento y me limite a ver cómo tu sangre cubre tu piel.
No digo nada, conteniendo la respiración por miedo a que cumpla su
palabra, pero se limita a reír.
—Ahhhh, ahora estás muy callada —dice, alejándose de mí y
dándome la oportunidad de respirar profundamente.
Me rodea y se coloca al lado de la bañera para mirarme.
—No podía creer mi suerte cuando escuché que los infames hermanos
DeAngelis iban a aparecer esta noche —reflexiona—. Deberías haber visto
lo que había planeado para ellos. Iba a ser espectacular, pero cuando te
arrastraron con ellos, no pude resistirme a guardarte para mí.
—Son unos malditos enfermos. Ni siquiera se preocupan por mí. Sólo
soy un don nadie que se ha vendido a ellos. Están perdiendo el tiempo.
Sacude la cabeza.
—Pero he hecho todo este esfuerzo —dice—. Drave estaría realmente
decepcionado si no me divirtiera al menos un poco con él. Además, sería
una pena desperdiciar una oportunidad tan buena.
Se pone de rodillas, con un ensanchamiento psicótico de los ojos.
Parece poseído mientras mira fijamente mi muslo desnudo.
—Qué bonito —murmura, inclinándose sobre el borde de la bañera—
. Me pregunto cuán rápido te desangrarás.
Va a agacharse para tocarme y mi rodilla se levanta inmediatamente,
aplastando su puta nariz mientras mis instintos de supervivencia entran en
acción.
—Maldición —ruge, cayendo hacia atrás mientras la sangre se
derrama de su nariz. La sostiene con una mano mientras la otra sale volando
hacia mí, con el afilado cuchillo clavándose profundamente en mi muslo—.
Eres una luchadora.
Un grito desgarrador atraviesa el viejo sótano mientras la agonía me
atraviesa. Vuelve a sacar el cuchillo y yo vuelvo a gritar, tirando de mis
muñecas atadas, desesperada por sujetar la herida y aliviar el ardiente
dolor.
La sangre brota de mi muslo mientras deseo una muerte segura, el
dolor palpitante es demasiado para mí. No ha hecho más que empezar. Es
imposible que pueda soportar este tipo de dolor. No estoy hecho para ello.
No soy lo suficientemente fuerte.
Se asoma por el borde de la bañera y sus ojos brillan al ver cómo la
sangre se derrama sobre la herida y se acumula en la bañera debajo de mí.
Agarra mis dos piernas y las presiona, manteniéndome inmovilizada
mientras baja el cuchillo en un arco poco profundo, cortando directamente
a través de mi piel.
Grito y me retuerzo bajo su peso para intentar quitármelo de encima,
pero es demasiado pesado, demasiado fuerte. Más sangre sale del muslo,
que se acumula con el resto bajo mi culo mientras los fuertes sollozos se me
atascan en la garganta, dificultando la respiración. Tiene cuidado de no
cortarme una de las arterias y algo me dice que todo forma parte de su gran
plan para mantenerme viva el tiempo suficiente para llenar esta estúpida
bañera. Nunca funcionará. Seguramente me desmayaré cuando pierda
suficiente sangre y entonces, con suerte, me desvaneceré en la nada.
Vuelve a atacarme, cortando aún más profundamente y subiendo por
mi muslo antes de llegar a mis brazos. Cada corte de su espada se vuelve
más agresivo, más contundente y lleno de ira, dejando claro que su
enfermiza necesidad de sangre está siendo rápidamente reemplazada por la
furia de haber perdido a su hermano violador, y en lugar de desquitarse con
los tres hermanos que lo masacraron brutalmente, se está desquitando
conmigo.
Tengo que contraatacar. Tengo que sobrevivir a esto, pero ¿cómo? Me
tiene atrapada y con cada segundo que pasa, pierdo una sangre y una
energía preciosas. Vuelve a atacarme y lo doy todo, decidida a no rendirme
sin luchar. Si va a matarme, será porque físicamente no he podido seguir.
Sólo tengo que aguantar lo suficiente para que los chicos me encuentren y
entonces todo estará bien en el mundo.
El cuchillo se clava en mi clavícula y me atraviesa el pecho, y ya no
puedo soportarlo. Levanto las piernas, luchando contra el dolor mortal,
mientras dejo caer mi rodilla sobre su cuello y la golpeo para que se junte
con la otra, más que dispuesta a soportar el peor de los infiernos si eso
significa ahogarlo.
Todo su cuerpo cae como un peso muerto bajo la fuerza de mis
muslos, su cabeza cae con fuerza contra el borde de la bañera, golpeando
su sien. El cuchillo resuena en el suelo mientras su cuerpo se desploma con
fuerza sobre el sucio suelo. No esperaba que pudiera defenderme y eso es
culpa suya.
Me quedo mirando con los ojos muy abiertos, mientras los jadeos
profundos desgarran mis pulmones. Lo observo durante un momento,
esperando que se vuelva a levantar con una furia desbordante, pero no se
mueve.
¿Está muerto?
Mi corazón se acelera, pero no estoy dispuesta a esperar para
averiguarlo. Mi sangre no deja de brotar de mi cuerpo y sólo será cuestión
de tiempo que me desmaye. Sólo tengo unos pocos momentos preciosos y
tengo que aprovechar cada uno de ellos.
Aprieto la mandíbula, me concentro en mi mano y tiro con fuerza de
las ataduras. El material es grueso y áspero, pero con la sangre que me
cubre la piel, tengo el espacio suficiente para mover las muñecas.
Sigo trabajando en ello, retorciendo las manos y aflojando las
ataduras poco a poco mientras mi mirada vuelve continuamente al cuerpo
sin vida que está a mi lado. Cuando consigo aflojar una de ellas lo suficiente,
doblo el pulgar en la palma de la mano y tiro con fuerza, más que dispuesta
a dislocarme el pulgar si con ello consigo liberar la mano.
Un grito de dolor sale de mí mientras tiro con toda la energía que
tengo, y finalmente mi mano se libera del material. La adrenalina me recorre
el cuerpo mientras dirijo toda mi atención a la otra mano, trabajando
incansablemente para liberarla.
Recuerdo el cuchillo que ha caído al suelo junto a mi atacante y, con
la mano libre, agarro el borde de la bañera e intento levantarme lo suficiente
para alcanzarlo y tomarlo.
Mi cuerpo duele con cada pequeño movimiento y siento que la sangre
sale a borbotones de mis heridas, pero no puedo rendirme. Estoy seguro de
que este tipo no está muerto y, si sólo está inconsciente, acabará
despertando, y cuando eso ocurra, yo no puedo estar aquí.
Mis dedos se enroscan alrededor del mango del cuchillo y suelto un
grito agudo mientras intento acomodarme de nuevo para poder rasgar
cómodamente la tela restante. Deslizo la vieja cuchilla por debajo del
material y la hago avanzar y retroceder, aguantando mis lágrimas mientras
la sucia hoja deja cortes superficiales a lo largo de mi muñeca. No me atrevo
a detenerme, cortando el material hasta que finalmente se libera.
Los sollozos dolorosos se atascan en mi garganta mientras la
desesperación y el pánico recorren mis venas.
Finalmente, agarro el borde y me levanto, dejando un charco de
sangre en la bañera. Me pongo en pie temblorosamente, con el peso de mi
pierna como uno de los dolores más insoportables que jamás haya
soportado.
Mantengo el cuchillo sujeto con fuerza en la palma de la mano y hasta
el último impulso que queda en mi interior me dice que vaya a clavarlo justo
en el ojo de mi atacante, pero sólo me queda un poco de energía y me niego
a desperdiciarla con él. Al final recibirá lo que se merece, y lo creo.
Salgo de la bañera a trompicones y caigo de rodillas al instante, con
el cuerpo demasiado débil para seguir adelante, pero de ninguna manera
voy a morir aquí esta noche.
Se me llenan los ojos de lágrimas y sigo adelante, arrastrándome por
el suelo sucio hasta llegar a las viejas escaleras de madera. Atrás queda un
rastro de sangre, pero es la menor de mis preocupaciones. Si consigo salir
por esa escotilla, podré esconderme en el bosque hasta que los chicos me
encuentren, y me encontrarán. Siempre me encuentran.
Me agarro a la endeble barandilla y me subo. Apenas consigo poner
los pies debajo de mí, luchando bajo mi peso, pero lo único que importa es
llegar a la cima.
Los gemidos y las maldiciones dolorosas surgen del fondo de mi
garganta mientras la determinación de sobrevivir corre por mis venas.
Siento que la cabeza me da vueltas mientras mi cuerpo se debilita por
momentos. No me queda mucho tiempo hasta que se acabe el juego. Tengo
que llegar a la línea de meta.
No me rendiré.
Aprieto la mandíbula, subo las escaleras hasta que mi mano roza la
vieja escotilla de madera que hay sobre mí. Le doy un fuerte empujón y
necesito todo lo que tengo para abrirla lo suficiente como para poder deslizar
mi cuerpo por el pequeño hueco. No me queda más remedio que caer hacia
delante sobre la dura tierra mientras la escotilla se me echa encima,
aplastándome desde arriba.
Atravieso la abertura con mi cuerpo y me arrastro con los brazos por
el suelo sucio hasta que finalmente me libero. Con un grito crudo y doloroso,
me pongo en pie y, oliendo el dulce sabor de la libertad en la distancia,
avanzo a trompicones, esperando poder llegar lo suficientemente lejos antes
de desmayarme.
Capítulo 29
Roman
El Escalade se detiene bruscamente y derrapa por el camino de
tierra cuando Shayne aparece ante mis faros. Mis ojos casi se salen de
las órbitas mientras la mano de Marcus sale disparada, apoyándose en
el tablero para no salir despedido a través del maldito parabrisas.
—¿Es eso…?
—Maldita sea —murmura Levi detrás de mí, abriendo la puerta del
auto y lanzándose al camino de tierra. Marcus lo sigue mientras apago el
motor y corro detrás de ellos.
Shayne está de pie en medio de la carretera, con la ropa rota y
colgando de su cuerpo empapado de sangre. Las lágrimas manchan sus
hermosas mejillas y, al vernos correr hacia ella, cae de rodillas al suelo
con fuertes sollozos.
Levi la alcanza justo a tiempo, atrapando su cuerpo inerte entre
sus brazos y presionándola contra su pecho.
—SHAYNE —ruge, sacudiendo suavemente sus hombros mientras
sus ojos amenazan con cerrarse—. Shayne, cariño. Dime qué ocurrió.
¿Dónde está él?
Su cuerpo se desploma en sus brazos y él nos mira, con los ojos
muy abiertos y petrificados, con miedo de que ella no vaya a sobrevivir,
pero solo con mirarla ahora, con la sangre brotando de sus heridas,
puedo decir que es una maldita luchadora. Ella no ha llegado tan lejos
ni ha pasado por toda la mierda por la que la hemos hecho pasar para
darse por vencida ahora. Se va a poner bien, puedo sentirlo, pero para
que eso ocurra, tenemos que encontrarlo, por ella.
Me dejo caer al lado de Levi mientras Marcus se cierne sobre mí,
con las manos cerradas en puños, más que dispuesto a hacerle pagar a
este hijo de puta.
—¿Dónde está, Shayne? —exijo—. Abre los malditos ojos.
Levi vuelve a sacudirla, despertándola suavemente, y cuando esos
preciosos ojos azules se abren y veo el alcance de su tormento, la ira se
apodera de mí.
—Vamos, pequeña. Dinos dónde.
Ella traga con fuerza y señala a lo lejos detrás de mí, apenas con la
energía para sostener su propio maldito brazo.
—Hay… hay un viejo sótano para tormentas —dice, su voz es un
gemido suave y doloroso—. Una escotilla de madera en el suelo.
Eso es todo lo que necesito saber.
Marcus despega como un maldito cohete hacia el oscuro bosque
detrás de nosotros mientras me pongo en pie y miro a Levi.
—Llévala al jodido auto y detén la hemorragia, si no, no sobrevivirá.
Ha perdido demasiada sangre.
Él no duda, la sujeta con más fuerza mientras se pone en pie y sale
corriendo hacia el Escalade mientras yo corro detrás de Marcus, decidido
a acabar con este hijo de puta.
La furia fluye por mis venas mientras avanzamos a través de los
enormes árboles, siguiendo el rastro de sangre y marcas de arrastre
dejadas en la tierra. Maldito aficionado, pensando que puede robarnos
sin consecuencias. Hay una razón por la que somos temidos en todo el
mundo, por la que los hombres y mujeres gritan y corren cuando nos ven
venir, por la que fuimos etiquetados como las parcas.
Nadie me roba y se sale con la suya.
Shayne Mariano es nuestra, y el triste saco de mierda que nos la
arrebató lo pagará con su maldita vida. Será el pecado más dulce.
Lucas Miller fue un tonto al pensar que no lo habíamos notado en
el momento en que entramos en ese club, observándonos como si
estuviera tratando de encontrar el valor para cortarnos la garganta.
Como si pudiera acercarse tanto. Qué maldita broma. En el momento en
que matamos a su hermano menor, estaba en nuestro radar.
Tratar con él y su miserable hermano fue como un juego de niños.
Draven Miller no tenía ninguna posibilidad, y ahora su hermano mayor
está a punto de encontrarse con él en el infierno.
Realmente es una pena, con un poco de entrenamiento, Lucas
habría sido un excelente peón. Es el chivo expiatorio perfecto, ya está en
la lista de los más buscados del FBI, aunque no tan arriba como yo o mis
hermanos. Me enorgullezco de estar en la parte superior de esa lista. Es
la mejor forma de elogio.
Sabíamos que existía la posibilidad de que Lucas atacara dentro
del club, es parte de la razón por la que quería sacar a mis hermanos de
allí. Puede que sepan manejarse estupendamente, pero siguen siendo
humanos y una sola bala perdida en la cabeza acabaría con ellos tan
rápido como con la siguiente. No podía arriesgarme. Nunca hubiera
pensado que ese imbécil sería tan estúpido como para arrebatarnos a
Shayne. Ni siquiera se pasó por mi cabeza esa posibilidad, pero viendo la
manera en que la ha dejado ahora, no puedo esperar para terminar con
su miserable vida. Voy a tener el más grande placer en esto.
Firmó su propio maldito certificado de defunción en el momento en
que puso sus ojos en ella, mi única preocupación es que Marcus llegue a
él primero y me quite el placer de las manos.
Encontramos la entrada al viejo sótano de tormentas en unos
minutos y Marcus niega con la cabeza, resoplando con decepción.
—Ni siquiera trató de ocultarlo —espeta, sacudiendo la cabeza
mientras examina la mancha de sangre en la parte superior de la escotilla
e imagina exactamente cómo llegó allí.
—¿Qué esperabas? —murmuro, examinando la vieja escotilla de
madera—. Dejó su puto auto a la intemperie, visible desde la carretera
principal. Prácticamente está suplicando que lo encontremos —añado,
aunque sé que tiene algo más que ver con el rastreador GPS que le
habíamos insertado a ella en el brazo cuando el médico le estaba
colocando el anticonceptivo.
Al escuchar el familiar grito de Shayne en la distancia, Marcus ruge
de frustración y miro fijamente a mi hermano, observando la profunda
preocupación que inunda sus ojos.
Se está apegando demasiado a esta chica. He intentado advertirles.
Diablos, vieron lo que le pasó a Felicity, y sin embargo mis dos hermanos
insisten en cometer sus propios errores con Shayne. Malditos idiotas.
Aprenderán por las malas que cuando eres hijo del infame Giovanni
DeAngelis, no tienes cosas bonitas, y seguro que no te enamoras.
Queriendo acabar con esto para poder volver con Shayne, Marcus
rompe la escotilla y mi mandíbula se tensa al ver el charco de sangre en
las escaleras que brilla en la tenue luz de la luna.
Él le hizo esto a ella y ahora lo va a pagar.
Marcus baja las escaleras y yo lo sigo hasta el oscuro pozo de abajo,
sacudiendo la cabeza ante la absoluta idiotez de este lugar. ¿Dónde está
el maldito drenaje? ¿El secreto? ¿El desafío? Es un aficionado, en el mejor
de los casos, y si no hubiera tocado a Shayne, esto ni siquiera merecería
mi tiempo.
Hay una bañera en el centro de la habitación y los labios de Marcus
se tuercen en una mueca de disgusto, observando el material desgarrado
y la sangre acumulada en el fondo de la misma. La torturaron aquí como
una especie de animal rabioso.
—Maldita sea —murmura Marcus, mirando el par de piernas que
asoman por detrás.
Comienzo a caminar hacia la bañera mientras Marcus explora
lentamente el resto de la habitación, caminado a lo largo de una mesa
llena de herramientas que parecen haber sido dejadas y olvidadas
durante años.
Encuentro a Lucas inmóvil detrás de la bañera y suelto un fuerte
suspiro.
—Maldita sea, estoy casi molesto porque esto va a ser demasiado
fácil —digo, escudriñando con orgullo su nariz rota y el enorme bulto que
tiene en la sien.
Claramente, Shayne es más luchadora de lo que había pensado en
un principio. Tal vez aún podamos sacar algo de ella.
Agarrando a Lucas por el tobillo, arrastro su pesado cuerpo a través
de la sangre acumulada en el suelo y dejo su lamentable trasero en el
centro de la habitación, donde Marcus y yo tendremos espacio sin
interrupciones para hacer nuestra magia.
Me pasa una botella de agua y no pierdo ningún momento precioso
vertiéndola sobre su inservible cabeza.
Lucas jadea y sus ojos se abren ampliamente cuando recupera la
conciencia. En el momento en que me ve cerniéndome sobre él, el pánico
invade sus ojos, aunque no me sorprende. El miedo, el pánico y el
arrepentimiento suelen ser las únicas emociones que tenemos en
momentos como este. De vez en cuando nos sale el débil bastardo que se
mea en los pantalones, pero estoy encantado de no tener que lidiar con
eso esta noche.
Lucas empieza a alejarse de mí inmediatamente y golpeo mi pesada
bota sobre su mano, aplastando cada maldito hueso bajo mi peso.
Su grito de dolor es música para mis oídos, y no puedo evitar la
sonrisa perversa que extiende ampliamente la comisura de mis labios.
Marcus se gira hacia mí, con un cuchillo en cada mano y una expresión
perpleja en su rostro.
—¿Qué es lo mejor para una decapitación? ¿Preferirías el elegante
y oxidado machete o por el cuchillo común de sierra?
Una risa burbujea en lo más profundo de mi pecho y, si fuera el
momento adecuado, incluso aplaudiría su atención a los detalle. ¿De qué
otra manera nos destacaríamos entre todos los demás? No nos hemos
ganado el título por holgazanear con nuestros asesinatos.
Le sonrío a Lucas, sabiendo que es más que consciente de la
pregunta que flota en el aire.
—El machete es demasiado fácil. Demasiado rápido. Ve con el
serrado —le digo a mi hermano mientras mantengo mi dura mirada en
Lucas—. Es un poco sucio, pero nada se compara con el crujido del hueso
al atravesarlo.
El machete vuela descuidadamente por encima del hombro de
Marcus pero, teniendo en cuenta que tenemos que volver con Shayne
antes de que se desangre, nos ponemos a trabajar.
Marcus se acerca y se agacha junto a Lucas, con la misma
expresión de interrogación en su rostro mientras hace girar la cuchilla
dentada oxidada entre sus dedos.
—La única pregunta es —dice lentamente, observando cómo Lucas
lo mira con horror—, ¿lo hacemos boca arriba o boca abajo?
Sacudo la cabeza, sin perder la diversión. Hemos hecho esto
demasiadas veces como para que no sepa cómo prefiero que se haga, pero
nada es mejor que ver cómo el color desaparece del rostro de nuestra
víctima, sabiendo exactamente lo que planeamos hacerle.
Camino lentamente a su alrededor, liberando su mano aplastada
de debajo de mi bota.
—Hmmm —reflexiono—. Si lo hacemos boca arriba, se desangrará
muy rápido. Probablemente estará muerto antes de escuchar el mágico
crujido de su columna vertebral. Vayamos boca abajo. No queremos que
se pierda algo tan emocionante.
Lucas solloza, negando con la cabeza.
—No, no. Por favor. Lo siento. No volveré a tocarla. Lo juro. Por
favor, no me mates. No quiero morir.
Marcus inclina la cabeza, atrapando los ojos llenos de lágrimas de
Lucas.
—Dime, ¿suplicó Shayne por su vida antes de que la torturaras?
¿Y qué tal cuándo deslizaste tu cuchillo a través de su piel? ¿Gritó?
¿Suplicó para que te detuvieras?
No responde, pero no tiene que hacerlo. Hemos sometido a Shayne
a suficiente tormentos como para saber exactamente cómo habría
reaccionado.
—Fuiste implacable con su frágil cuerpo, y ahora, tenemos que
devolverte el favor.
Marcus enreda sus dedos en el cabello de Lucas y lo arroja boca
abajo al suelo sucio y manchado de sangre. Sin perder el tiempo, clava
su pesada bota entre sus omóplatos, manteniéndolo inmovilizado.
—Esto va a ser divertido —murmura, con un tono lleno de veneno.
Marcus me entrega el cuchillo de sierra y me agacho, sujetando su
cabello para mantenerlo quieto.
—Saluda a tu hermano de mi parte —murmuro, sin ninguna duda
de que este imbécil va a ir directamente a las fosas más profundas del
infierno, donde algún día me reuniré a él.
Lucas llora y Marcus lo hace callar.
—Tranquilo —susurra—. Te vas a perder la mejor parte.
Y, sin más, atravieso la parte posterior de su cuello con la hoja del
cuchillo de sierra, viendo cómo su piel se desgarra en pedazos antes de
escuchar el hermoso sonido de la cuchilla atravesando su columna
vertebral.
El repugnante crujido es todo lo que necesito para sentir la pura
satisfacción pulsando en mis venas. En el momento en que su cabeza
cuelga de mis dedos, el cuchillo dentado cae al suelo y resuena en la
habitación. Marcus y yo no perdemos más tiempo con el bastardo, nos
damos la vuelta para irnos, decididos a volver con Shayne antes de que
sea demasiado tarde.
Capítulo 30
Shayne
Un grito desgarrador brota de mi pecho mientras unos fuertes y
dolorosos sollozos quedan atascados en mi garganta.
—Detente —le ruego a Levi mientras me acerca a su cálido pecho,
abrazándome tan malditamente fuerte—. Detente. Por favor. Deja que me
vaya. Duele demasiado. No voy a lograrlo.
Grito de dolor, la agonía es demasiado para mí mientras mi cabeza da
vueltas. Mi cuerpo está débil y apenas tengo energía para luchar contra él.
—Esto va a doler —dice Levi mientras Roman y Marcus se adentran
en el oscuro bosque—. Tenemos que sacarte de aquí. Hay un kit de sutura
y antiséptico en la parte trasera del Escalade, pero voy a tener que moverte.
Niego con la cabeza mientras mis ojos se agrandan, temiendo la sola
idea de que me muevan ahora mismo, pero no me da la oportunidad de
discutir mientras sus fuertes brazos se aprietan a mi alrededor y corre hacia
el Escalade.
La sangre brota de mí en oleadas, cubriendo su cálida piel y haciendo
que sea más difícil sostenerme. Lloro y gimo con los movimientos bruscos,
pero él los ignora todos, su única misión es llevarme a la seguridad del auto.
—Aguanta, pequeña —dice, mi peso no hace nada por detenerlo—.
Voy a hacer que el dolor desaparezca.
—Por favor —grito en su amplio pecho mientras las hojas y ramas
perdidas azotan nuestros rostros—. Solo haz que se detenga.
—Ya casi hemos llegado.
Pasa corriendo junto al auto destartalado en el que me trajeron y el
recuerdo fresco de estar atrapada en el maletero oscurece mi alma. Un suave
gemido brota de lo más profundo de mi ser, pero antes de que tenga la
oportunidad de detenerme en ese pensamiento, Levi me sujeta con fuerza y
abre el maletero del Escalade.
Me acuesta como si fuera la joya más preciada y al instante se sube
detrás de mí. Se quita la camisa por encima de su cabeza y no pierde el
tiempo rasgándola en largos trozos que utiliza como vendajes. Mantengo la
mirada fija en sus tatuajes mientras él comienza a envolver la tela con fuerza
alrededor de mis heridas, desesperado por controlar la hemorragia.
Se mantiene concentrado, sin atreverse a reducir su ritmo y, antes de
que me dé cuenta, mi mundo se vuelve negro.
Un fuerte empujón me hace abrir los ojos y me despierto para
encontrar mi cabeza acunada en el regazo de Levi, sus manos presionan
hacia abajo para mantenerme quieta mientras Roman se sienta a
horcajadas sobre mis muslos, manteniéndome inmovilizada. El dolor vuelve
a aparecer en oleadas y grito, luchando para quitármelo de encima.
—Mantenla quieta —gruñe Roman a su hermano mientras Marcus
pisa el acelerador, haciendo que el Escalade se precipite por el camino de
tierra, golpeando todos los malditos baches y bulto imaginable.
El impulso del auto en movimiento hace que algo ruede hacia mi lado
y miro hacia abajo para encontrar la cabeza de mi atacante, con los ojos
abiertos de par en par por el miedo. Un grito aterrorizado brota de lo más
profundo de mi ser y Levi gruñe, agarrando la cabeza y arrojándola a la parte
trasera del auto.
—Maldita sea —murmura, tensando la mandíbula, pero ese
pensamiento desaparece en el momento en que Roman se acomoda sobre
mí, enviando una oleada de dolor abrasador.
—Déjame morir —le ruego, mirando fijamente sus profundos ojos de
obsidiana, sabiendo con absoluta certeza que una muerte rápida sería un
millón de veces mejor que tener que sufrir el horrendo dolor de vivir dentro
de su mundo.
Roman niega con la cabeza, el arrepentimiento se apodera de él.
—No puedes morir antes de saber lo que significa vivir.
—Por favor —susurro mientras Levi se cierne sobre mí, con los ojos
llenos de terror mientras me sujeta—. Solo sácame de mi miseria. Ya no
puedo hacer esto. No voy a lograrlo. Déjenme morir.
Marcus toma una curva, a toda velocidad hacia la autopista y lejos de
mi infierno mientras Levi agarra mis brazos un poco más fuerte, exigiendo
que me quede aquí con ellos.
—No vamos a dejar que te vayas —insiste, la desesperación en su tono
inunda el auto—. Todavía tienes mucho por descubrir. Sé que has visto las
peores partes de lo que significa estar con nosotros, pero aún no has
arañado la superficie de lo bueno. Quédate con nosotros, vas a estar bien.
No voy a dejar que te vayas.
Las lágrimas fluyen con más fuerza, cayendo desde la parte inferior
de mi mandíbula hasta mi pecho mientras Roman abre una pequeña bolsa
negra llena de suministros médicos y los deja derramarse sobre mi estómago
manchado con sangre.
Gimo con cada movimiento mientras Roman rebusca entre los
suministros médicos, encontrando exactamente lo que necesita.
—Esto va a doler —dice—. Pero te vas a poner bien. Lo juro, no te
dejaré morir.
Niego con la cabeza, absolutamente aterrorizada.
—No —grito—. No lo quiero.
—Lo siento, emperatriz —dice Roman, tomando una botella de algo
transparente y usando sus dientes para arrancar la tapa de corcho—. No
tienes otras malditas opciones.
Y así, vierte el líquido sobre mi cuerpo y grito hasta que mis pulmones
se rinden.
Levi me sujeta mientras me retuerzo bajo el peso de Roman, el ardor
es casi suficiente para noquearme.
—¡DETENTE! —grito mientras Roman extiende la mano y vierte más
líquido sobre mis brazos y mi pecho—. POR FAVOR, DETENTE.
Roman tira la botella vacía a un lado.
—No tengo nada para anestesiarte —advierte, sacando un kit de
sutura y abriendo con los dientes un pequeño paquete esterilizado. Una
pequeña aguja curva aparece en sus grandes manos y mis ojos se agrandan.
—Sin dolor, no hay ganancia —murmura Levi mientras Marcus gira
hacia la autopista, los neumáticos del Escalade chirrían debajo de nosotros
mientras la suavidad de la carretera alivia instantáneamente los temerarios
empujones.
Cierro los ojos con fuerza, demasiado aterrada por lo que viene a
continuación. Nunca me han gustado las agujas. La sola idea de que se
claven en mi piel me provoca náuseas, pero no tengo elección. Me sujetaran
y suturaran, me guste o no.
Un dolor punzante desgarra la parte interna de mi muslo y mis ojos
se abren de golpe.
—Que no se mueva —gruñe Roman cuando intento
desesperadamente apartarlo de mí. Vuelve a clavar la aguja en el interior de
mi muslo y tira de ella para unir los trozos de músculo y piel.
Trabaja con rapidez y destreza, como si lo hubiera hecho un millón de
veces antes, pero apuesto a que sus anteriores pacientes no eran tan perras
al respecto. Aprieto la mandíbula mientras las lágrimas siguen bajando por
mi rostro y hago lo posible para no retorcerme debajo de él, sabiendo que
un pequeño maldito error con esa aguja podría causar todo tipo de estragos.
Levanto la vista y me encuentro con la intensa mirada de Levi, mis
ojos suplican algún tipo de alivio.
—Haz que se detenga —suplico, las palabras se atascan en mi
garganta.
Él niega con la cabeza.
—No puedo. Te desangrarás.
—Por favor —susurro, mi mano se enrosca y se aferra a su fuerte
brazo mientras me sostiene—. Sácame de mi miseria.
Mira a su hermano, que trabaja incansablemente para salvarme la
vida, antes de volver a mirarme.
—¿Estás segura? —pregunta, con una profunda preocupación en sus
ojos oscuros. No respondo, pero él ve mi salvaje desesperación y, sin otra
palabra, presiona el lado de mi cuello. Y con solo un poco de presión, la
oscuridad me consume.
Capítulo 31
Algo se cae y el suave repiqueteo hace que mis ojos se abran a la tenue
luz de la sala de estar del castillo. Los tres hermanos me rodean, y una
expresión sombría y aburrida persiste en el rostro de Roman. Marcus le
lanza una mirada irritada a su hermano menor, que luce tan culpable
mientras se agacha para recoger la baqueta que se le ha caído.
Gimo y giro la cabeza para mirar el respaldo del sofá.
—Rayos, cualquiera pensaría que un grupo de asesinos en serie
sabrían un par de cosas sobre estar callado.
Marcus se deja caer en el extremo del sofá, y coloca con cuidado mis
pies sobre su regazo mientras los tortuosos recuerdos de mi estancia en ese
sótano de tormentas llenan mi mente, reproduciéndose una y otra vez.
—Nos has visto en acción. ¿Realmente te parecemos que somos de los
que se quedan en silencio?
Pongo los ojos en blanco, sabiendo que tiene mucha razón, pero el
sutil movimiento hace que un profundo latido se instale en mi cráneo.
—No, tú eres de los que dejan caer accidentalmente el arma en la
puerta y alertan a todos los imbéciles en la habitación, por lo que, en lugar
de un simple asesinato, se convierte en un caótico tiroteo.
Marcus se ríe, dirigiendo su mirada a su hermano menor, que pone
los ojos en blanco y se hunde en el mullido sofá frente a mí.
—Sucedió una vez —dice Levi—, y ni siquiera fue culpa mía. Me
quitaste la maldita pistola de la mano.
No puedo evitar girarme para mirarle.
—Estás bromeando, ¿verdad? —Me río, tratando de alcanzar los
analgésicos que han sido arrojados descuidadamente sobre la mesa de
café—. ¿Cómo se ganaron una reputación tan sobresaliente cuando hacen
mierdas como esa?
—Sencillo —murmura Roman, inclinándose y agarrando los
analgésicos para mí—. Hazles creer que fue intencional. Salimos con seis
muertes limpias esa noche, despojando a una oposición de algunos de sus
mejores jugadores. Además —añade con un guiño que me deja sin aliento—
. Fue divertido.
—¿Divertido? —Balbuceo, tratando de tragar las pequeñas píldoras y
ahogándome con el agua mientras cae por el agujero equivocado y hace un
desastre en mi camiseta sin mangas negra, mi cuerpo duele al instante con
mi movimiento—. ¿A eso le llamas diversión?
Roman se encoge de hombros mientras una sonrisa malvada se
extiende por el rostro de Marcus.
—Nah —dice, la diversión se arremolina en el fondo de sus ojos
oscuros—. Eso es lo que yo llamo un sábado por la noche.
—Maldita sea —murmuro en voz baja, tratando de acomodarme para
verlos mejor.
—No te muevas —dice Marcus, agarrando mis pies un poco más fuerte
para sujetarme, como si no estuviera ya lo suficientemente traumatizada
por los hombres que me inmovilizan—. No puedes arriesgarte a romperte los
puntos. Créeme, eso no es algo por lo que quieras pasar una segunda vez si
puedes evitarlo.
Pongo los ojos en blanco y pateo su mano. El chico tiene razón, pero
no voy a ir a decírselo.
—Entonces ayúdame a sentarme. Llevo horas aquí acostada.
—¿Segura? —pregunta Levi, levantándose y arrastrándose
lentamente hacia mí—. Moverte va a doler.
—Solo hazlo —digo—. Puedo hacerlo.
—¿Puedes? —cuestiona, moviéndose detrás de mí y agarrándome por
debajo de los brazos para ayudarme a sentarme en el sofá—. Por lo que
recuerdo en la parte trasera del Escalade, no lo estabas manejando muy
bien entonces.
—Me torturaron en una bañera y me abrieron como un maldito pavo
de Acción de Gracias —murmuro sombríamente, el recordatorio pesa en mi
pecho—. Eso dolió. Así que, si quería gritarles y quejarme de ustedes,
imbéciles, mientras clavaban agujas en mi piel ya ardiente, tenía todo el
derecho. Por no mencionar que ni siquiera me dieron nada para adormecer
el dolor, simplemente lo hicieron como si se supusiera que debía estar
disfrutando. Y para que conste, no lo hice.
—Espera —interrumpe Roman, poniéndose justo en mi línea de
visión—. ¿Estás enfadada con nosotros por haberte salvado la vida?
Resoplo y cruzo los brazos sobre mi pecho, gimiendo con el
movimiento.
—No —murmuro con un fuerte suspiro—. Ver su Escalade
deteniéndose frente a mí fue el momento más feliz de mi vida. Nunca antes
había sentido una oleada tan abrumadora de alivio y agradecimiento. Lo que
me enoja es haber estado en esa situación en primer lugar. Si ustedes no
hubieran sentido la necesidad de castrar a su hermano, nada de esto habría
sucedido.
—Espera —dice Roman, levantando las manos para interrumpirme—
. Tú eres la que empezó la mierda con él durante nuestra fiesta. Tú eres la
que le clavó un maldito cuchillo en las tripas. Esta es tu guerra, emperatriz.
Tienes suerte de que hayamos estado allí para terminarla.
—¿SUERTE? —grito, metiendo las manos debajo de mí para intentar
forzarme a subir un poco más—. ¿Qué de la pasada noche llamarías suerte?
Mírame —exijo, agitando la mano sobre los múltiples cortes superficiales
que cubren mi cuerpo—. Parezco como si acabara de ser rebanada y cortada
en cubitos por un maldito maníaco. Oh, espera. LO FUI.
Marcus me observa, con una mirada persistente llena de curiosidad
mientras entrecierra lentamente los ojos.
—¿De qué se trata realmente? —pregunta—. Hay algo más. Sabías
que actuamos contra Draven para protegerte, e incluso parecías muy
emocionada cuando acabé con su vida. Te pareció bien, así que ¿qué más
está pasando?
Desvío la mirada, con la mandíbula tensa mientras mi pecho se
contrae con un dolor sordo que no entiendo completamente.
—¿No puede una chica estar enfadada por haber pasado una noche
desangrándose en una bañera?
Roman sacude la cabeza y se acerca.
—Tienes todo el derecho a estar enfadada por eso, pero Marcus tiene
razón. Hay algo más en tu mente.
No puedo evitar encontrarme con su mirada atormentada, y cuando
veo la verdadera preocupación en el fondo de sus ojos oscuros, se empieza
a formar un nudo en mi garganta. Suelto un suspiro y deslizo mi mirada
hacia el vaso de agua sobre la mesa de café, observando cómo la
condensación se desliza lentamente por el delgado cristal y deja un anillo en
la costosa madera.
—Dijiste que me enseñarías cómo protegerme —murmuro, con la voz
tan baja que ni siquiera sé si pueden escucharme bien.
Las manos de Marcus se aprietan en mi tobillo y me agarra un poco
más fuerte mientras Roman deja escapar un profundo suspiro.
—Sí que lo dijimos —admite—. Pero eso fue hace solo unos días. Tanto
si hubiéramos empezado a entrenarte como si no, aún no habrías sido lo
suficientemente fuerte como para defenderse de él.
—Eso no lo sabes —me apresuro a decir, con los ojos llenos de
lágrimas—. Podrías haberme enseñado lo básico. O al menos haberme
enseñado a quitármelo de encima el tiempo suficiente como para poder
llamarte en el club. No era necesario llegar tan lejos. Podrías haberme
salvado antes de que fuera demasiado tarde.
—No te salvamos —dice Levi, sentándose en el borde de la mesa de
café para encontrarse con mi dura y dolorosa mirada—. Te salvaste a ti
misma. Eres mucho más fuerte de lo que crees. Le rompiste la nariz a ese
hijo de puta y lo dejaste inconsciente. Saliste de la bañera y atravesaste la
escotilla cuando otros se habrían rendido. Todo lo que hicimos fue curarte
al final.
—No actúes como si no hubiera visto su maldita cabeza rodando por
la parte trasera antes de que me noquearas.
—Bueno —Marcus sonríe, con un brillo enfermizo en sus ojos—. No
podíamos dejarlo impune exactamente.
—Le cortaste la maldita cabeza.
Marcus se ríe.
—Hay que dar crédito a quien lo merece —dice—. No solo se la
cortamos, sino que lo hicimos con un cuchillo de sierra. Fue pura brillantez.
No, fue una obra maestra. Una obra de arte.
Mi estómago se revuelve.
—Ugh, me vas a hacer vomitar.
Marcus empuja suavemente mis pies fuera de su regazo y se levanta.
—Entonces mi trabajo aquí ha terminado.
Sin decir nada más, sale de la sala de estar y, antes de alejarse
demasiado, un bajo silbido resuena y dos grandes lobos atraviesan la
habitación a saltos. Mis ojos se abren con sorpresa. Ni siquiera me había
dado cuenta de que estaban aquí.
Roman observa cómo los lobos van detrás de Marcus antes de volver
a mirarme.
—¿Estamos bien? —pregunta.
Levanto una ceja.
—¿Olvidas que me secuestraste y prácticamente pintaste la diana en
mi espalda para tu padre? Sin mencionar toda la otra mierda por la que me
has hecho pasar desde que estoy aquí. ¿En qué mundo podríamos estar
bien?
Pone los ojos en blanco.
—No es como si te hubiéramos atado en una bañera.
—¿Qué diferencia hay entre eso y acecharme a través de un laberinto
y hacerme creer que iba a morir?
—Porque nunca quisimos hacerte daño. Siempre estuviste a salvo con
nosotros, solo que no lo sabías. Simplemente nos gusta ver el miedo en tus
ojos, mientras que él tenía toda la intención de acabar con tu vida. Nosotros
no somos él. Así que te lo preguntaré de nuevo. ¿Estamos bien?
Dejo escapar un fuerte resoplido y aprieto la mandíbula.
—Prepárame un batido de morfina y puede que me plantee dejarte
libre.
Roman sostiene mi mirada y, a juzgar por la expresión ruda en su
rostro asombrosamente malvado, me atrevería a sugerir que está luchando
por contener la lengua. Los segundos pasan y me niego a romper el contacto
visual hasta que finalmente él se da por vencido y se gira hacia la gran
entrada de la sala de estar.
—Oye —lo llamo antes de que pueda alejarse demasiado. Roman se
da la vuelta, con su mirada obsidiana clavada en la mía mientras espera
impaciente—. Yo, ehh… gracias. Sé que les hice pasar un mal rato, pero, lo
quiera admitir o no, me salvaron la vida. No tenías que bajar a ese sótano
de tormentas, pero lo hiciste. Siempre hubiera temido que volviera a por mí.
Si ustedes no hubieran… ya sabes —digo, pasando el pulgar por la parte
delantera de mi garganta—. Nunca hubiera podido dormir por la noche.
Solo… me alegro de que haya terminado.
Roman me observa por un momento más, su severa mirada se atenúa
poco a poco mientras el silencio llena la habitación, luego simplemente
asiente y aparta su adictiva mirada. Sale de la habitación como si no pudiera
salir de aquí lo suficientemente rápido y me encuentro mirando a Levi.
—¿Cuál es su problema? Parece que alguien acaba de encender un
fuego debajo de su trasero.
—Lo creas o no —se ríe, apoyándose en la mesa de café y poniéndose
cómodo—. Creo que probablemente eres la primera persona que le agradece
por salvar su vida.
—¿No me digas? —murmuro, mi ceja se arquea con incredulidad—.
¿Y qué hay de ti y de Marcus? De todas las situaciones jodidas en las que
has estado, ¿nunca te has visto arrinconado y tuviste que confiar en tu
hermano para salvarte?
Él niega con la cabeza.
—Mierda como esa no nos pasa a nosotros. Solo nos metemos en una
situación en la que sabemos que podemos ganar. No arriesgamos
tontamente nuestras vidas.
—¿Y con tu padre? —pregunto—. ¿No crees que él alguna vez se llevó
la peor parte de su abuso para mantener su atención fuera de ustedes dos?
Las cejas de Levi se fruncen y rápidamente se hunde en un profundo
silencio.
—Supongo —dice después de una larga pausa, con los ojos puestos
en mí, pero enfocados en algún lugar lejano—. Es posible, pero él no lo haría.
Todos somos más que capaces de manejar su mierda.
Sacudo la cabeza.
—Sé que eres más que capaz. Lo has demostrado una y otra vez, pero
creo que te equivocas. Creo que Roman hace más por ti de lo que nunca
sabrás.
—¿Qué te hace decir eso?
Me encojo de hombros y miro hacia la entrada por la que Roman
acababa de desaparecer.
—No lo sé —murmuro—. Solo es un presentimiento.
Vuelvo a recostarme en el sofá, sintiendo que los analgésicos
empiezan a hacer efecto, aunque realmente espero que Roman pueda
cumplir con ese batido de morfina. El dolor es manejable, pero si hay alguna
forma de olvidarme de él, entonces me apunto. Tal vez un batido de morfina
no sea realmente lo que necesito, tal vez debería pedirle a Marcus algo un
poco… más fuerte.
Vuelvo a mirar a Levi para encontrar su mirada curiosa sobre mí.
—¿Qué? —pregunto lentamente, observando cómo su mirada persiste
con una extraña sensación de orgullo. Entrecierro mi mirada hacia él, sin
saber por qué los nervios burbujean a través de mi sistema.
Sacude la cabeza suavemente, dejando escapar un suave suspiro.
—Nada —murmura—. Es solo que… me sorprendes.
Mi rostro se distorsiona con confusión.
—¿Eh?
Levi se ríe y se sienta un poco más erguido en la mesa de café.
—Eres diferente —dice—. Eres luchadora y no es para nada lo que
estoy acostumbrado a ver por aquí. Las chicas que nuestro padre deja en
nuestra puerta se dan por vencida. No ponen resistencia y seguro que no
tienen las pelotas para estar aquí exigiendo. Pero mírate. De alguna manera
has convertido este lugar en tu casa. Tienes a Roman buscándote drogas y
a Marcus haciendo el ridículo. Maldición, pequeña. Conseguiste que te
follara en el tejado a pesar de mi buen juicio.
Resoplo.
—No actúes como si no te hubiese gustado.
—No dije tal cosa —se retracta—. Me apetecía, pero ¿pensaba que era
muy arriesgado? Demonios, sí.
Lo miro fijamente y me empujo hacia arriba sobre mi codo.
—¿Qué estás tratando de decir?
Se encoge de hombros, su mirada se vuelve suave y llena de asombro.
—Me sorprendes. Te hemos seguido durante meses antes de hacer
nuestro movimiento. Pensamos que en ese corto tiempo habíamos aprendido
todo lo que había que saber, pero nunca me había sentido tan perdido.
Pensábamos que íbamos a tener una chica rota con absolutamente ninguna
voluntad de contraatacar, pero no eres así en absoluto. Estás prosperando
aquí. Vas a hacer avances en este mundo que ningún otro ha hecho antes.
—De acuerdo —me río—. ¿Seguro que no has tomado algunos de mis
analgésicos?
Levi pone los ojos en blanco y lucho desesperadamente contra la
sonrisa que amenaza con atravesar mi rostro.
—Lo que intento decir es que me confundes. Eres como un
rompecabezas que no puedo descifrar.
—¿Cómo es eso? —pregunto, frunciendo el ceño.
Él entrecierra sus ojos, mirándome de cerca.
—Porque esa chica que observé durante tanto tiempo estaba rota sin
posibilidad de reparación. Te esforzabas y estabas en un constante estado
de agotamiento. Sólo hablabas con el viejo murciélago que vivía al final del
pasillo y nunca te dabas un capricho. Trabajabas más horas de las que
nadie tiene derecho a trabajar, ¿y para qué? Tu apartamento era una
basura.
Aprieto la mandíbula, desviando la mirada cuando la vergüenza de mi
vida real rápidamente me alcanza, pero Levi no está dispuesto a dejar que
me salga con la mía tan fácilmente.
—¿Qué estaba pasando, Shayne? Hemos visto el aviso de desalojo en
tu nevera.
Dejo escapar un fuerte suspiro y lucho contra las lágrimas que
intentan brotar de mis ojos.
—Mi padre pasó.
Levi no dice nada, solo permanece sentado y me observa con sus ojos
entrecerrados. Aunque algo me dice que está más que dispuesto a quedarse
aquí sentado todo el día hasta que finalmente le dé un vistazo a mi verdadero
yo. Me levanto lentamente, consciente de que mi piel estira los puntos. Levi
me ayuda a incorporarme y suelto un suspiro de agradecimiento.
—Mi padre es una mierda —digo—. Pasé toda mi infancia
encerrándome en mi armario solo para alejarme de él. Era un borracho
furioso y se pasaba las noches apostando hasta el último centavo que
teníamos. Le gustaban los caballos, pero las máquinas de póquer eran su
debilidad. A los diez años, yo ya rebuscaba en los contenedores de basura
solo para comer y, ahora que lo pienso, era un milagro que tuviera siquiera
un techo sobre mi cabeza. Pude convencer al dueño de tienda de comestibles
local para que me dejara ayudar a apilar estantes por un poco de dinero y
me aferré a eso con tanta fuerza. Solo eran unos pocos dólares extra aquí y
allá, pero fue mi mejor salvavidas.
Dejo escapar un suspiro, notando distantemente la forma en que
Roman y Marcus aparecen discretamente en la entrada con los dos enormes
lobos a su lado. Mantengo mi mirada fija en la de Levi, sabiendo que, si me
atrevo a apartar la vista, no me saldrán las palabras.
—Ese trabajo lo era todo para mí —continúo—. Me daba un propósito
y me permitía pasar tiempo fuera de casa. Cuando mi padre se dio cuenta
de que le había estado ocultando dinero, fue cuando empezó el verdadero
abuso. Solo tenía once años cuando me golpeó por primera vez. Me arrojaba
por las escaleras y saqueaba mi habitación. Renuncié a mi trabajo para que
no encontrara más dinero. Pensé que se retiraría, pero simplemente asumió
que lo estaba escondiendo en otro lugar. Eso continuó durante años y
aguanté hasta el día en que cumplí los dieciocho años. Salí de allí muy
rápido y nunca miré atrás. Tuve que dormir en la calle durante casi dos
semanas antes de encontrar un lugar donde vivir, pero ese primer sabor de
libertad hizo que todo valiera la pena.
Roman entra en la habitación, con mi morfina en sus manos.
—Por eso tu primera respuesta es correr —comenta, entrando junto a
Levi con los grandes lobos siguiéndolo.
Uno de ellos salta al sofá, justo donde Marcus había estado sentado
antes, y se deja caer hasta que su cabeza se apoya justo en mi muslo.
No puedo evitar extender la mano y rascar entre sus orejas, y me
encanta la forma en que el gran lobo se presiona contra mi mano para
obtener más.
—Pensé que no volvería a verlo, pero me localizó y me quitó todo lo
que tenía. Corrí y volví a correr, pero rastrearme se convirtió en una
obsesión. La última vez que lo vi fue hace seis meses. Entró en mi casa y se
llevó hasta el último centavo que tenía.
Dejo escapar un fuerte suspiro, la angustia que he sufrido en los
últimos seis meses vuelve a atormentarme mientras los chicos escuchan con
avidez, tratando de descifrar las piezas del rompecabezas que no fueron
capaces de resolver con solo vigilarme durante tres meses.
—Se llevó todo por lo que había trabajado hasta dejarme sin nada, y
lo peor es que realmente cree que tiene derecho a todo lo que tengo. Estaba
planeando tomarme unas vacaciones. Había ahorrado casi cinco mil dólares
para poder consentirme, tal vez dejar de trabajar en el club durante unas
semanas, ir a un lugar agradable, tal vez un resort o un lugar donde pudiera
tumbarme en la playa durante días. En vez de eso, terminé con una deuda
agobiante, trabajando turnos dobles, de apertura a cierre casi todas las
noches. Trabajaba hasta el agotamiento y me quedaba dormida en la
maldita barra.
Mantengo mi mirada fija en el gran lobo, aterrada de mostrarles lo
rota que estoy realmente.
—El mismo día que recibí la notificación de desalojo, casi perdí mi
trabajo. Luego, para colmo, fui secuestrada por las malditas parcas, cortesía
de mi padre moroso. Mientras viva, él siempre vendrá por mí. Mi única
salvación es que mientras yo esté aquí, él no será lo suficientemente
estúpido como para intentar hacer algo.
—Bueno —dice Marcus, acercándose a sus hermanos mientras una
inquietante oscuridad brilla en sus ojos—. Por el bien de la discusión,
esperemos que lo sea.
Exhalo un profundo suspiro y me acuesto en el sofá, encogiéndome
cuando el repentino movimiento hace que el dolor atraviese mi pecho.
—¿Cuánto falta para que el dolor desaparezca? —pregunto, sintiendo
que mi cabeza comienza a marearse un poco—. Porque si ustedes deciden
hacer alguna estupidez de nuevo, voy a tener que salir corriendo de aquí. Si
al menos pudiera huir de ustedes el tiempo suficiente para esconderme en
el bosque, sería genial.
Roman entrecierra sus ojos, empujando la caja de morfina hacia mí.
—No eres graciosa.
—Ah, ¿en serio? —murmuro, arqueando una ceja—. Porque creo que
soy malditamente graciosa.
—Sí, eso está claro —replica—. Ahora date prisa y toma tu morfina.
Estaba tranquilo antes cuando estabas noqueada.
Una sonrisa maliciosa se extiende por mi rostro.
—Ooooh, mira quién es gracioso ahora.
Roman gime y resopla mientras gira sobre sus talones y sale de la
habitación.
—Eres imposible —gruñe, sin mirar atrás mientras desaparece por la
esquina.
No puedo evitar reírme y, al encontrarme con la divertida sonrisa de
Marcus, muerdo mi labio para no reírme a carcajadas como una colegiala.
—¿Alguna vez vas a relajarte con él? —me pregunta—. Eventualmente
vas a hacer que se rompa, y cuando lo hagas, no será bonito.
Sacudo la cabeza, divirtiéndome demasiado con eso.
—¿Por qué demonios iba a hacer algo tan estúpido cuando sacarlo de
quicio es mi parte favorita del día? Además, ¿no se supone que toda esa
mierda de las vibraciones positivas y sentirse bien ayuda al proceso de
curación?
Levi suelta un fuerte suspiro y mira hacia su hermano.
—No voy a mentir —murmura, sus ojos oscuros brillan con una risa
silenciosa—. Ella tiene un buen punto. Estamos todos en proceso de
curación.
Marcus asiente lentamente, sumido en sus pensamientos.
—Así es —dice, pasando los dedos por su incipiente barba en su fuerte
mandíbula mientras su mirada vuelve a dirigirse a la mía—. No nos dejas
otra opción. Simplemente tenemos que subir a bordo y ayudarte a sacar de
quicio a Roman en cada oportunidad que podamos.
Capítulo 32
Mi reflejo empañado me mira fijamente a través del espejo de cuerpo
entero de mi baño privado. Puede que haya olvidado encender el ventilador
antes de meterme en una de mis duchas calientes favoritas, pero no puedo
decir que esté decepcionada. Solo han pasado unos días desde el incidente
de la bañera, y aunque estoy bien para levantarme y caminar lentamente,
mirar el desastre físico que él hizo de mi cuerpo me hace sentir devastada.
Estoy cubierta pie a cabeza con cortes rojos y furiosos, cada uno de ellos
unido con hilo quirúrgico mientras mi cuerpo trabaja incansablemente para
fusionarse de nuevo.
Mirarme a mí misma me rompe el corazón, pero cada día es un poco
más fácil. Odio que estas cicatrices nunca vayan a desaparecer. Aunque los
recuerdos se desvanezcan y sea más fácil lidiar con ellos, cada vez que miro
mi cuerpo, recibo un recordatorio de lo que me hizo.
Aparto los ojos del espejo, envuelvo mi cuerpo con una toalla y
comienzo a cepillar mi cabello. Ha sido difícil ducharme en los últimos días,
pero lo he intentado. Cada movimiento parecía tirar de mis puntos, así que
lo único que he podido hacer es colocarme debajo del chorro de agua
caliente, pero hoy no. Hoy pude quitar la suciedad de mi cabello y restregar
los restos de sangre seca de mi cuerpo. Me siento como una mujer nueva,
pero eso no significa que los sueños vayan a cesar por arte de magia.
Cada vez que cierro los ojos, lo veo a él. Siento su mano presionando
mi boca, impidiendo que grite. Veo la oscuridad atrapándome dentro del
maletero de su auto, el suelo áspero cuando me arrojó al suelo… la bañera
solitaria en el centro del sótano.
Nunca se detendrá.
Me he despertado gritando todas las noches. Marcus se sentó conmigo
la primera noche mientras me acostaba y solo miraba el techo. Roman y Levi
se turnaron la segunda noche, y cuando llegó la tercera, empujaron pastillas
para dormir por mi garganta. Dormí dieciséis horas sin sueños y no voy a
mentir, me siento un millón de veces mejor, pero ¿qué pasará mañana por
la noche? ¿Y dentro de una semana? Nunca he temido estar sola en la
oscuridad como ahora.
No sé qué habría hecho si los chicos no me hubieran encontrado.
Suelto un suspiro, seco rápidamente mi cabello y me maquillo un
poco, delineo mis ojos y añado un poco de rímel para resaltarlos. Salgo del
baño y me visto lentamente, incapaz de entender cómo demonios los chicos
me han convencido de esto.
Cena en la mansión de su padre.
Una bala en la cabeza suena más tentador que esto, pero
aparentemente es una reunión de negocios mensual a la que los chicos
están obligados a asistir. Hubiera preferido que me dejaran encerrada en su
enorme castillo, pero Marcus no tardó en señalar que dejarme aquí sola solo
me provocaría un ataque de pánico en el momento en que salieran del
castillo.
Odio que siempre tenga razón. Todos ellos siempre tienen razón, y lo
peor es que les gusta señalarlo. Es como un recordatorio constante de que
no tengo ni idea de cómo desenvolverme en este mundo desordenado.
Mi vestido sin espalda es precioso y me siento como un maldito fraude
en él, más aún cuando me pongo los tacones negros con suela roja a juego.
El vestido largo roza el suelo y las mangas llegan hasta mis muñecas,
cubriendo de algún modo hasta la última cicatriz de mi cuerpo. El hermano
que eligió esto hizo un gran esfuerzo para hacerlo bien. El vestido tiene una
gran abertura que llega hasta la parte superior de mi muslo, pero de algún
modo cubre la enorme herida de arma blanca y consigue mantener ocultas
mis horribles heridas.
Miro la hora y dejo escapar un suspiro. Realmente no quiero hacer
esto. No me siento lo suficientemente fuerte como para hacer un viaje,
especialmente a un lugar en el que voy a tener que estar constantemente en
guardia y vigilar mi espalda. Todavía estoy débil por la pérdida de sangre y
apenas puedo pasar unas horas sin necesitar una dosis de analgésicos, así
que esta noche seguramente será interesante.
Bajo las escaleras y no me sorprende encontrar a los tres hermanos
esperando en la parte inferior, cada uno de ellos con un asombroso traje
que haría que cualquier chica cayera de rodillas. La última vez que los vi
tan bien fue mi segunda noche aquí, cuando insistieron en la cena más
extraña del mundo. Las cosas eran diferentes entonces, y no tuve la
oportunidad de admirar la mercancía, pero ahora, soy tan desvergonzada
como ellos.
Sus trajes están esculpidos a sus cuerpos y encajan perfectamente,
mostrando sus anchos y fuertes hombros mientras sus tatuajes se asoman
en la base de sus cuellos. Tienen un aspecto aterradoramente delicioso,
exactamente lo que cualquier chica debería esperar de un hombre nacido
en la mafia.
Marcus me mira, con apreciación en sus ojos, mientras su mirada
recorre todo mi cuerpo y se detiene en la gran abertura en la parte superior
de mi muslo.
—Mmmm —murmura, con crudeza en su tono—. Después de todo,
aún podemos convertirte en una esposa de la mafia.
Me detengo a mitad de los escalones, mis ojos se agrandan mientras
mi corazón se acelera.
—¿Qué acabas de decir?
—Nada —Se ríe mientras Levi sonríe, pasando un mensaje silencioso
entre ellos—. Date prisa y trae tu culo aquí para que podamos irnos. Créeme,
no querrás ser tú quien llegue tarde a una de las reuniones de negocios de
papá. Después de todo, no se ve bien que sus hijos no respeten sus reglas
frente a sus socios de negocios.
—Espera —musito, mi mirada pasa entre los tres hermanos—. ¿Habrá
otras personas como él allí? Nadie dijo nada sobre otras personas. Pensé
que solo íbamos a ser nosotros y tal vez su esposa.
Roman resopla.
—No hay nadie como él, pero no, los hombres con los que suele tratar
y sus esposas estarán allí. Suele ser un gran concurso de meadas para
recordar a todos quién es el jefe. Puedes esperar que al menos tres hombres
pierdan la vida y luego te sentirás como una mierda al ver a sus esposas
llorar de dolor, pero luego todo habrá terminado y podremos traerte de
regreso a casa.
—Lo dices como si no fuera un gran problema —comento,
agarrándome a la barandilla mientras bajo el resto de los escalones.
—Porque no lo es —explica Levi, encontrándose conmigo al final y
agarrando mi codo—. Una vez que lo has visto tantas veces, se vuelve
repetitivo y aburrido. Ya lo verás. No tienes nada de qué preocuparte.
Mi mirada cae al suelo mientras los chicos me conducen hacia la
puerta principal, y por un momento, casi se siente incorrecto. Creo que
nunca he visto esta puerta abrirse y cerrarse en todo el tiempo que llevo
aquí. Aunque Roman se ve obligado a introducir un código único
suministrado por su padre.
Bajamos las enormes escaleras de la entrada y Levi agarra mi brazo
con más fuerza para evitar que me caiga. Un todoterreno negro está
estacionado en el frente y, al acercarme a la puerta, no puedo evitar mirar
hacia atrás y ver el enorme castillo. Es la primera vez que veo realmente la
fachada de cerca y en persona. Es realmente una vista increíble,
espeluznante pero increíble. Las gárgolas son realmente la guinda del pastel,
ya que actúan como una advertencia final para cualquiera que se atreva a
llegar tan lejos de que debe darse la vuelta y correr antes de que sea
demasiado tarde.
Los chicos no me dejan apreciar su casa durante mucho tiempo, ya
que me introducen en el todoterreno negro, y antes de que me dé cuenta,
Roman está pisando el acelerador, enviándonos por el largo camino de
entrada hacia la reunión de negocios más jodida a la que jamás asistiré.
Conducimos durante casi una hora y me encuentro sentada en
silencio, sumida en mis pensamientos sobre la noche del ataque. Hay
muchas cosas que simplemente no tienen sentido, como por ejemplo, ¿cómo
sabía Lucas Miller que íbamos a estar en ese club, y cómo demonios me
encontraron los chicos tan rápido? Estaba segura de que estaría escondida
en esos arbustos durante días antes de que me encontraran. Incluso
entonces, probablemente me habría desangrado.
Roman gira hacia la entrada de una enorme mansión y se detiene
frente a las impresionantes puertas de hierro. Baja la ventanilla del
conductor e introduce un código en un pequeño teclado, pero cuando las
puertas comienzan a abrirse, la pregunta se escapa de mis labios.
—¿Cómo me encontraron tan rápido esa noche?
El silencio se apodera del vehículo y veo cómo sus intensas miradas
se dirigen a los demás, cada uno de ellos ignorándome cuidadosamente,
pero su silencio lo dice todo. Cuando Roman vuelve a pisar el acelerador y
nos hace volar por el largo camino de entrada, un grito enfurecido sale de lo
más profundo de mi pecho.
—¿IDIOTAS, ME HAN PUESTO UN DISPOSITIVO DE RASTREO?
Los tres hombres enfocan sus pesadas miradas en el parabrisas
mientras seguimos por el largo camino de entrada, haciendo todo lo posible
por evitar mi mirada interrogante.
Agarro el cuchillo de mi muslo y me inclino hacia delante, enrollando
mi brazo alrededor del asiento y presionando la cuchilla en la base de la
garganta de Roman. El hijo de puta ni siquiera parpadea mientras sus
hermanos lo observan divertidos, mirándome como si fuera un cachorro de
león tratando de rugir, pero lo único que escuchan es un patético chillido.
—Respóndeme —gruño, odiando cómo esta posición tira de los puntos
en mi brazo.
Roman suspira y mira a Marcus a su lado.
—¿En serio? ¿No vas a hacer nada al respecto?
Se encoge de hombros y se reclina en su asiento mientras Roman se
acerca al amplio círculo de la parte superior del impresionante camino de
entrada.
—Parece que tienes todo bajo control.
No puedo evitar la sonrisa de satisfacción que se forma en mis labios.
Marcus y Levi han mantenido su palabra y han retrocedido en cada
oportunidad que se les ha presentado en los últimos días, permitiéndome
volar libremente mientras molestaba a Roman una y otra vez. Ha sido
increíble, pero mi sonrisa no dura mucho, al darme cuenta de que tanto
Marcus como Levi probablemente también estaban involucrados con lo de
ese pequeño y estúpido dispositivo de rastreo.
Roman detiene el todoterreno frente a la enorme entrada de su padre
y se encuentra con mi mirada a través del espejo retrovisor.
—¿Qué esperabas? —pregunta—. Fuiste regalada a nosotros como
una propiedad y sabíamos que había muchas posibilidades de que
intentaras escapar. Lo creas o no, no eres la primera que intenta huir. Nos
convenía insertar un localizador GPS, y lo sabes. Si no lo hubiéramos hecho,
habríamos tardado días en encontrarte en esos bosques, y sabes tan bien
como nosotros que te habrías desangrado antes de que llegáramos a ti. Así
que quéjate de mí todo lo que quieras, pero ese dispositivo de rastreo es lo
que te salvó la vida.
Lo miro fijamente a través del espejo, odiando que tenga razón, pero
mi naturaleza obstinada siempre ganará cuando se trate de Roman
DeAngelis.
—Lo quiero fuera.
—Adelante —dice—. Hazlo ahora. Clava ese cuchillo profundamente
en tu brazo y arráncalo.
Mi mandíbula se tensa mientras él mantiene mi mirada, sabiendo
muy bien que la idea de este cuchillo presionando contra mi piel me hará
entrar en un horrible ataque de pánico, pero él no cede.
—¿Qué ocurre? —presiona, enroscando su mano alrededor de la mía
y apartando la hoja de su garganta—. ¿Prefieres que lo haga yo por ti?
¿Sujetarte y presionar el filo en tu cremosa piel?
El miedo fluye por mis venas y abro la mano, dejando que el cuchillo
caiga en su regazo.
—DETENTE —grito, las lágrimas llenan brutalmente mis ojos—.
¡BASTA YA!
Me suelta y, como si no hubiera pasado nada, agarra la manija de la
puerta y sale del auto.
—Vamos a terminar con esto.
Tanto Levi como Marcus lo siguen y, antes de que me dé cuenta, Levi
ya está allí, abriendo la puerta y ofreciéndome su mano.
Respiro profundamente, intentando controlar mis emociones
desbocadas mientras la tomo con cautela y le permito que me ayude a salir
del todoterreno. Roman y Marcus se adelantan y me encuentro escondida
detrás del gran hombro de Levi mientras me guía por las escaleras de la
gran entrada. Los chicos no se detienen a llamar a la puerta, simplemente
entran en la casa en la que estoy seguro de que probablemente crecieron.
La conversación llena el vestíbulo, pero no hay nadie a la vista, así
que aprovecho la pequeña oportunidad para mirar a mi alrededor. Apenas
hemos dado unos pasos, pero ya puedo ver lo cara que debe ser esta casa.
Es digna de un rey, con techos altos y adornos dorados en casi todas las
superficies.
En el centro de la sala hay una enorme escalera que conduce a otro
espacio abierto. Mi cuerpo anhela ir a explorar, pero no me atrevo a alejarme
de los hermanos en una noche como ésta. Separarme de ellos en esta casa
sería un error que estoy segura que me costaría la vida.
Giovanni DeAngelis ya tiene una diana pintada en mi espalda y no
tengo la intención de averiguar qué pasaría si me atrapara a solas.
—Llegas tarde —una voz con un tono escalofriante llega desde la
entrada de un enorme comedor.
Giovanni está de pie frente a nosotros, mirando fijamente a sus tres
hijos mientras su nueva esposa está a su lado, luciendo como si realmente
quisiera estar allí. La mano de Levi se estremece en mi espalda, y no puedo
evitar recordar la última vez que se reunieron con su padre. Les pusieron
collares eléctricos en la garganta y los torturaron para obtener información
sobre la noche en que entramos en la antigua zona industrial. Terminó con
una pelea infernal que hizo que Giovanni cortara y huyera con los pocos
guardias con los que pudo salir.
También fue la noche en que me follé a Levi en el tejado y encontré a
su madre muerta pudriéndose en un ataúd de cristal.
Solo puedo imaginar cómo será esta noche. Fue un movimiento audaz
por parte de Giovanni tener a sus hijos aquí esta noche, aunque no podría
saber que después de todos estos años, finalmente han encontrado a su
madre.
—Precisamente —murmura Marcus mientras las manos de Roman se
cierran en puños a su lado, aunque no puedo empezar a imaginarme cuál
de los muchos recuerdos o razones que lo atormentan lo hacen reaccionar
así. Hay demasiados, y aunque mi instinto me dice que es por lo de la madre
de Blancanieves, mi cabeza me dice que es algo totalmente distinto.
Siento una intensa mirada sobre mi cuerpo y me arriesgo a levantar
la vista para encontrar la mirada hambrienta de Ariana sobre mí, una
promesa en sus ojos de cobrar el favor que dice que le deben, pero que se
joda. Sabiendo ahora quién es y la amenaza que puede suponer para mí, no
me acercaré a ella.
Giovanni resopla a sus hijos antes de darles la espalda con valentía y
caminar hacia su concurrido comedor. Hombres y mujeres llenan la
habitación con vestidos y trajes que valen más de lo que he ganado en un
año.
Marcus se coloca discretamente a mi lado mientras recorremos la
habitación y hago lo posible por caminar con normalidad y actuar como si
cada paso que doy no me estuviera matando por dentro. Intento memorizar
todas los rostros, sabiendo que estos son probablemente los hombres y
mujeres que los hermanos dirigirán algún día. Suponiendo que para
entonces sigamos vivos.
Levi me lleva directamente a la larga mesa, sacando un asiento para
mí mientras la gente observa a nuestro alrededor. Las miradas persistentes
captan mi atención y me obligo a no mirar. No soy más que una propiedad
en esta sala, y puedo garantizar que los otros hombres aquí seguro que no
han traído su entretenimiento de medianoche.
Marcus y Levi ocupan los asientos a ambos lados de mí, observando
a las personas a su alrededor con miradas entrenadas mientras Roman se
sienta justo enfrente, con una expresión de aburrimiento en el rostro.
Su padre observa con sus ojos entrecerrados, mirándonos a los cuatro
con desaprobación. Puedo garantizar que la invitación de esta noche no se
extendió a mí, pero si se sorprendió al verme, no lo dejó ver. Sin embargo,
tengo la sensación de que pasarse de la raya delante de los socios
comerciales de su padre no es precisamente algo nuevo para ellos. Giovanni
estaría preparado para lo peor en lo que respecta a sus hijos, lo que
probablemente explica por qué la habitación está llena de seguridad.
Un parloteo arrogante y ruidoso llena la habitación mientras los
hombres escurren sus vasos llenos de whisky escocés. Las mujeres se sitúan
a sus lados, fingiendo estar interesadas en las conversaciones de sus
esposos mientras sus miradas se detienen en los otros hombres,
preguntándose a cuál deberían intentar seducir más tarde en la noche.
Ariana se sienta al lado de Roman con una sensual sonrisa en sus
labios, su asiento está junto a la cabecera de la mesa. Dejo escapar un
gemido nervioso. Una parte de mí esperaba que Giovanni se sentara en el
extremo opuesto de la enorme mesa, pero con Ariana aquí al lado de Roman,
mis posibilidades están disminuyendo.
Ariana me mira y no puedo evitar devolverle la mirada mientras
observo cómo su mano desaparece debajo de la mesa para apoyarse en el
muslo de Roman. Se ríe mientras la expresión de Roman se endurece, y
aunque es obvio que tienen algo, la dura mirada de Roman deja claro que
no está interesado en traspasar esos límites esta noche.
Él aparta la mano y un escalofrío recorre mis venas. No tengo derecho
a sentirme celosa de su extraña relación, pero aquí estamos.
Ariana se tambalea ante el rechazo de Roman, lo que hace que una
suave risa brota de la parte posterior de mi garganta. Su mirada intensa
vuelve instantáneamente a dirigirse a la mía y sus ojos se entrecierran en
señal de sospecha. Cuando Giovanni ocupa el lugar de la cabecera de la
mesa, ella limpia la irritación de su rostro y lo mira con adoración, con
ambas manos visibles sobre la mesa.
—Tomemos asiento —anuncia Giovanni por encima del ruido de la
habitación, llamando al instante la atención de todos mientras la charla se
reduce a un zumbido lejano—. La cena está lista.
Capítulo 33
¿En qué demonios me he metido?
Giovanni se sienta y, en cuestión de segundos, los hombres y sus
esposas ocupan cada uno de los asientos que nos rodean como si tuvieran
algún tipo de asiento asignado. Sus traseros apenas tocan las sillas antes
de que los camareros con trajes de pingüino salgan a borbotones de una
entrada lateral con platos de comida apilados en bandejas.
Los camareros comienzan a servir la cena con Giovanni y su esposa,
y luego pasan a sus hijos antes de repartir la comida a los demás huéspedes.
Miro con cautela el plato de pollo asado y verduras que tengo frente a mí,
preguntándome si es seguro comerlo. Después de todo, los chicos me
advirtieron que las personas suelen perder la vida durante estos eventos.
Cuando eres enemigo del jefe, supongo que cualquier cosa puede suceder.
La conversación se convierte en una charla silenciosa, ya que las
personas solo hablan con los que se sientan a su alrededor, casi como si los
modales excepcionales en la mesa fueran un requisito para sentarse en
presencia de Giovanni. Como no quiero llamar la atención, hago todo lo
posible para parecer pequeña. Como pequeños bocados y solo bebo un sorbo
de agua de vez en cuando. Mantengo la cabeza agachada en todo momento
e ignoro las miradas de Ariana desde el otro lado de la mesa.
—Parece que has conseguido controlar a tu chica —dice Giovanni a
sus hijos, lo que hace que levante la cabeza abruptamente, temiendo que se
esté refiriendo a mí, pero ¿de quién más podría estar hablando?
Arqueo una ceja. Debe de ser algún tipo de cumplido para sus hijos,
pero cuando la mirada de Roman se entrecierra hacia su padre y los dos
chicos se tensan a mi lado, me doy cuenta de que es cualquier cosa menos
eso. Desvío mi mirada hacia Giovanni y encuentro su dura mirada fija en
mí.
Trago saliva, pero cuando nadie responde a su comentario, me
encuentro levantando la barbilla.
—¿Disculpe? —pregunto, manteniendo un tono bajo para no llamar
la atención.
Giovanni se reclina en su asiento y utiliza la servilleta para limpiar su
boca antes de dejarla en la mesa.
—No voy a mentir, la impresión que me dejaste en nuestros dos
últimos encuentros fue menos que aceptable. Parecías desaliñada y rota,
pero parece que mis hijos han espabilado y te han puesto a tono. Quizá
hayas aprendido de tus errores —dice, oscureciendo su tono—, a diferencia
de tu padre.
Mis cejas se hunden mientras mis manos se cierran en puños debajo
de la mesa. Un escalofrío recorre mi espalda y respiro profundamente,
obligándome a permanecer sentada.
—¿Qué se supone que significa eso? —exclamo y me arrepiento al
instante de mi tono cuando él se inclina hacia delante, con una intensa
mirada que se vuelve hostil y llena de desprecio. La mano de Levi se desliza
hacia mi regazo, agarrando mis puños y obligándolos a liberarse, un
mensaje silencioso que me dice que me calme antes de que esto llegue a un
lugar al que no estoy preparada para ir.
Giovanni observa las miradas hostiles de sus hijos y se ríe,
probablemente asumiendo que nos tiene justo donde quiere, o como
mínimo, asumiendo que mi padre me importa una mierda. Giovanni se
levanta y apoya sus grandes manos sobre la mesa, su gruesa cadena de oro
repiquetea contra la madera mientras su mirada se clava en la mía.
—¿Cómo se siente ser tan inútil para tu padre? —pregunta—. Mis
hijos son una mierda y, sin embargo, no renunciaría a ellos por nada.
Resoplo, incapaz de reprimirlo esta vez.
—No los abandonarías solo porque son demasiado valiosos para ti, no
porque sientas algún tipo de afecto paternal hacia ellos.
Se encoge de hombros.
—He criado a mis hijos a mi imagen y semejanza y son exactamente
lo que necesito que sean.
—Soldados.
—Correcto —dice—. Tú, en cambio, eres tan inútil como tu padre.
Imagina vender a tu hija a un hombre como yo y luego vuelves a por más.
Poco sabe él que apenas cubres su deuda original, por no hablar de la nueva.
Me pregunto a qué más renunciará. Dígame, señorita Mariano, ¿tiene usted
más hermanas que aún no conozcamos?
Mi mandíbula se tensa ante su arrogancia y solo pensar en mi puño
atravesando la mesa y estrellándose contra su estúpido rostro hace que algo
se asiente dentro de mí.
—Si lo supiera, seguro que no te lo diría.
—Cuidado —advierte, su mirada se entrecierra peligrosamente—. No
querrás enterarte de lo que les pasa a las chicas que destruyen mis cenas.
Cuidado con lo que dices. Esta noche me siento indulgente. Esta es tu única
advertencia.
Trago saliva con fuerza, no dispuesta a tentar más mi suerte mientras
desvío la mirada hacia mi plato. Mordisqueo la comida, pero mi apetito se
ha ido por completo. Esta noche ha sido imposible. No sé qué hacer, qué
decir, qué no decir y cómo diablos respirar sin causar problemas.
La conversación llena el enorme comedor y me encuentro tratando de
distraerme escuchando. La pareja que está justo al lado de nosotros se queja
de que sus tres hijas van a ser enviadas a un internado, mientras que los
dos hombres que están sentados justo al lado de Roman hablan de bienes
raíces.
Suelto un suspiro, pues tenía la esperanza de que al menos una
persona en esta sala estuviera discutiendo algo lo suficientemente
interesante como para mantener mi atención. Incapaz de continuar
torturándome, empujando comida por mi garganta, aparto el plato y miro a
Roman. Su intensa mirada está sobre mí, pero su mente está claramente
lejos, sumido en sus pensamientos.
Mis cejas se fruncen mientras lo observo, pero pronto vuelve a la
realidad y sus ojos se atenúan un poco. Ariana mira a Roman con sus
grandes ojos de fóllame y, al ver que tengo su atención, dirige su feroz
mirada hacia mí. Sus ojos se entrecierran y, cuando le devuelvo la mirada,
no le queda más remedio que forzar una sonrisa mientras los celos fluyen
violentamente por sus venas.
Ella se inclina hacia su esposo, apoyando los dedos en su muñeca.
—Por favor, discúlpame —murmura, manteniendo un tono bajo—.
Necesito ir al baño.
Giovanni asiente y ella se levanta de su asiento antes de lanzarme una
mirada penetrante.
—Shayne, querida. ¿No me acompañas al baño? ¿Qué mejor
oportunidad para conocernos? Después de todo, parece que vas a estar por
aquí por un tiempo.
Mi corazón se detiene cuando Levi y Marcus se aferran a mí por debajo
de la mesa. Los ojos de Roman se endurecen mientras su cuerpo permanece
relajado, los tres decididos a no mostrar cuánto les molesta su simple
petición, pero ¿qué opción tengo? Negarla solo arrojará sospechas hacia mí.
Simplemente asiento y me levanto de mi asiento.
—Por supuesto.
Ariana sonríe como si acabara de ganar algo y camino lentamente
alrededor de la larga mesa, con el corazón retumbando cuando me veo
obligada a pasar de cerca de la espalda de Giovanni, demasiado cerca para
mi gusto. Los tres hermanos observan cada uno de mis pasos mientras
intentan parecer relajados, pero veo la ira que arde en sus ojos. No tienen
ninguna buena razón para levantarse y seguirme, y desde luego ninguna
razón para confiar en Ariana.
En el momento en que me libero de la mesa, Ariana se acerca a mí,
enganchando mi brazo con el suyo, sosteniéndome cerca.
—¡Qué maravilla! —me sonríe, dando un espectáculo—. Tú y yo
seremos las mejores amigas.
Salimos del comedor y, en cuanto doblamos la esquina, su sonrisa
falsa se desvanece y los nervios se instalan en mi estómago. Solo damos
unos pasos por el pasillo antes de que me arrastre a un armario de abrigos
que es más grande que la habitación de mi apartamento.
Ariana camina a mi alrededor y recorre mi cuerpo con la mirada.
—Quítate el vestido —exige, con un tono que no espera quejas.
Resoplo, arqueando una ceja y alejándome de ella, mientras me giro
lentamente, sin perderla de vista en ningún momento.
—Ni en el infierno voy a desnudarme para ti otra vez.
Sus ojos se agrandan, mirándome como si acabara de patear a un
cachorro.
—Ya conoces el trato, Shayne —ronronea, recuperándose
rápidamente—. Cuando nos conocimos, te hice un favor y ahora es el
momento de cobrarlo. He estado esperando pacientemente toda la noche,
pero el tiempo se agota rápidamente.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro y, por un momento, ella cree que
me tiene exactamente dónde quiere. Me acerco a ella y levanta la barbilla,
sus ojos se nublan de deseo.
—¿Me quieres de rodillas? —murmuro—. ¿Quieres sentir mi lengua
lamiendo tu clítoris mientras mis dedos masajean profundamente dentro de
ti? ¿Quieres que te haga sentir viva?
—Ese era el trato —susurra, agarrando el material de su vestido y
comenzando a arrugarlo entre sus dedos, mostrando sus piernas largas y
tonificadas.
Me inclino hacia ella y paso la lengua por mi labio inferior, observando
cómo se queda hipnotizada por el sutil movimiento. Bajo la voz, mi tono es
apenas un susurro.
—Nunca me pondré de rodillas por ti —digo—. No eres nada para mí,
solo una puta que me ha forzado durante una fiesta. No te debo nada.
—¿Disculpa? —exige, apartándose de mí mientras una sonrisa
perversa me atraviesa su rostro—. Ya sabías el trato. Lo he dejado claro. No
doy favores a cambio de nada.
—Excepto que lo hiciste —digo, acercándome a ella mientras se
aleja—. Estaba sola y asustada en esa fiesta. Me vi arrojada a un mundo
que no entendía y en el que no sabía cómo desenvolverme. Tenía la
impresión de que esos tres hermanos buscaban cualquier excusa para
acabar con mi vida, así que cuando te acercaste a Roman y le exigiste que
probara mi sexo, no tuve más remedio que sentarme y aceptarlo. ¿Estuvo
bien? Sí. ¿Lo aproveché al máximo? Sí. ¿Pero lo pedí? Maldición, no.
Retrocedo, caminando hacia la puerta del armario de los abrigos antes
de volver a mirar su rostro sorprendido.
—Te entregaste voluntariamente, así que eso es cosa tuya. No te debo
nada por algo que me has obligado —digo—. Pero si realmente estás tan
desesperada por ser follada, quizás deberías abrir las rodillas para tu
esposo. No estoy ni un poco interesada en involucrarme en tus juegos de
mierda.
Abro la puerta y estoy a punto de salir cuando ella corre detrás de mí
y presiona su mano contra la puerta, forzándola a cerrarse.
—¿No lo ves? —pregunta—. Tú y yo tenemos que permanecer juntas.
Somos iguales.
Me río en su rostro.
—Tú y yo no nos parecemos en nada —le digo—. Te prostituyes en las
fiestas y permites que te casen con un hombre como Giovanni DeAngelis.
Estás muerta en vida. ¿Qué crees que va a pasar cuando se entere de que
asistes a todas sus fiestas y te follas a todo lo que tiene pulso? Diablos, está
bastante claro que también has estado follando a sus hijos.
—¿Crees que yo quería esto? —chilla—. Fui forzada a entrar en esta
vida al igual que tú. Me permití acercarme demasiado a Roman y Giovanni
me apartó para usarlo como palanca sobre él.
—¿Qué? —exijo, mi rostro se arruga por la confusión—. ¿De qué estás
hablando?
Ariana deja escapar un suspiro frustrado.
—¿No sabes nada? —exclama—. Roman y yo estuvimos juntos en el
instituto. Él lo era todo para mí. La única persona que me entendió de
verdad, y aunque nuestra relación era tóxica y peligrosa, siempre estuvo a
mi lado. Roman es todo mi maldito mundo, y en un momento dado, yo
también era el suyo.
Contengo un grito ahogado y mis ojos se agrandan mientras lo asimilo
todo. Ella era su novia en el instituto, probablemente la primera chica que
le importó de verdad, y todavía hoy están muy unidos, a pesar de todo lo
que ha pasado. Pero supongo que eso explica por qué ella lo mira como si el
sol brillara en su trasero. Entonces, ¿por qué diablos no hizo nada al
respecto? Simplemente dejó que su padre se la llevara y luego se casó con
ella para restregárselo por el rostro.
—¿Cómo demonios terminaste casada con Giovanni?
—Porque eso es justo lo que hace Giovanni —dice, sin darme
realmente la respuesta que quiero saber—. Cuando ve que los chicos se
acercan demasiado a alguien, encuentra la manera de destruirlo, tal como
lo hizo conmigo. Solo teníamos dieciséis años cuando me apartó de Roman.
Hizo lo mismo con Felicity, solo que ella no tuvo la suerte de salir con vida,
y ahora tú. ¿Qué crees que va a pasar ahora que te ha visto sentada en su
mesa de comedor, mimando a sus hijos y dándoles esperanzas de un futuro
mejor? Sé que puedes pensar que eres lo suficientemente fuerte como para
cambiar el sistema, pero no eres nadie, igual que yo. No soy la única muerta
en vida.
Dejo escapar un suspiro tembloroso, sus palabras me afectan
profundamente, pero lo único que puedo hacer es devolverle la mirada
mientras continúa.
—Follo porque es lo único que tengo. Es la única forma de apuñalar
a Giovanni por la espalda y resulta que a sus hijos les encanta tanto un
buen polvo como joder a su padre. Follar es una situación en la que todos
ganan, y si eso me convierte en una puta, que así sea. Pero tú, bien podrías
estar follando con esos chicos justo en la maldita mesa. Ambas estamos
jugando un juego peligroso, pero tú eres el que se lo restriega en el rostro.
Sin otra palabra, Ariana me empuja y abre la puerta. Sale
directamente sin mirarme y me deja aquí, con el corazón acelerado por el
miedo.
Es un patrón. Giovanni se ha llevado a todas las chicas con las que
los chicos se han acercado. Se llevó a la novia del instituto de Roman y luego
mató a Felicity delante de ellos. Si se acercan a mí de esa manera…
maldición. No es de extrañar que Roman haya mantenido las distancias e
insista en que sus hermanos también lo hagan, aunque puedo garantizar
que eso es para salvar su corazón roto. Probablemente no le importe mucho
mi vida.
Si fuera inteligente, los mantendría a distancia y sería la perfecta
esclava de la casa. Debería regresar a la cámara de tortura y mantenerme
lejos de ellos. Aunque, si realmente se preocuparan por mí, me dejarían ir y
me enviarían a un lugar donde su padre nunca me encontraría.
Mi corazón se acelera con el miedo a lo que está por venir, y si
estuviera en cualquier otro lugar que no fuera este, me escondería en este
armario toda la noche, pero la idea de quedarme sola en la mansión
DeAngelis me hace sudar frío.
Salgo a toda prisa del armario y me dirijo de regreso al comedor y, a
pesar de que está a pocos pasos, no puedo evitar vigilar mi espalda, los
nervios se apoderan de mí. El comedor está tal y como lo dejé, las personas
hablan entre sí mientras los camareros se apresuran a hacer que la noche
sea perfecta para su jefe, pero los chicos parecen cualquier cosa menos
cómodos.
Hablan en voz baja con su padre, pero son demasiado conscientes de
que Ariana regresó sin mí. Los tres me miran cuando me acerco a la entrada,
y el alivio se apodera de sus hermosos rostros toscos mientras regreso a la
mesa.
Mantengo la mirada baja y sin llamar la atención, me siento en mi
silla y me encojo cuando los chicos intentan tomar mis manos por debajo
de la mesa. Marcus me mira con preocupación y desconfianza, pero yo bajo
inmediatamente la mirada, decidida a no darle a Giovanni otra razón para
quererme muerta.
—¿Por qué no has encontrado a este tipo todavía? —dice Giovanni,
continuando la conversación que estaban manteniendo antes de que yo
volviera a entrar como si mi vida pendiera de un hilo.
Oh, espera. Así es.
Roman niega con la cabeza.
—El traficante ha permanecido en silencio —dice, hablándole a su
padre como si no hubiera intentado matarlo hace apenas unas noches—.
No sabemos más que tú.
La mano de Giovanni golpea la mesa con tanta fuerza que siento la
vibración atravesándome, sacudiendo los cubiertos.
—ESO NO ES SUFICIENTE —grita—. Este imbécil me está
subestimando, está robando mis clientes delante de mis narices. Es malo
para el negocio. NECESITO UN PUTO NOMBRE.
Aprieto la mandíbula, obligándome a no reírme en su maldito rostro
cuando la conversación que tuve con Levi en el club vuelve rápidamente.
Los proveedores y distribuidores que lo subestiman son sus propios hijos y
estoy aquí por eso. Diablos, no solo le están socavando, también le están
robando el producto. No sé mucho sobre los negocios de la mafia, pero en lo
que se refiere a joder a alguien, esto se lleva el premio mayor.
Levi gime y se reclina en su silla.
—¿Cómo esperas que te consigamos un nombre cuando estamos
encerrados? Danos un poco de espacio para movernos y estoy seguro de que
tendremos un nombre para ti al final de la semana. Diablos, puede que
incluso eliminemos al hijo de puta por ti.
Giovanni mira fijamente a su hijo, la ira arde en sus ojos, pero sabe
que tiene razón. Los chicos no tienen ninguna esperanza de atrapar a un
tipo si están encerrados en su castillo. No es que haya alguien a quien
atrapar, pero algo me dice que los chicos tienen formas de evitar a su padre.
—De acuerdo —dice finalmente Giovanni, haciendo que los hombres
a su alrededor nos miren con preocupación—. Tienes rienda suelta hasta
que termine la semana y si no puedes completar tu misión antes de eso,
sufrirás las consecuencias.
—En ese caso —dice Roman poniéndose de pie, con su penetrante
mirada clavada en su padre mientras una aterradora oscuridad se apodera
de sus ojos—. Será mejor que nos pongamos en marcha. No queremos
perder nuestro plazo.
Sin decir nada más, Levi y Marcus se ponen de pie a ambos lados de
mí, Marcus enrosca sus dedos alrededor de mi codo y me levanta con él.
Roman se da la vuelta y sale de la habitación mientras nosotros tres lo
seguimos, con un silencio absoluto en la habitación detrás de mí.
No puedo evitar mirar hacia atrás, observando los rostros nerviosos
de los invitados que quedan atrás.
—¿Estás seguro? —Escucho a un hombre preguntarle a Giovanni—.
La última vez que tus hijos tuvieron rienda suelta sobre la ciudad…
—No se repetirá lo de la última vez —espeta Giovanni, su voz rebota
en las paredes detrás de nosotros mientras su mirada vuelve a posarse en
la mía—. Conocen las consecuencias de pasarse de la raya. No se atreverán
a arriesgarse de nuevo.
Marcus me agarra con más fuerza y prácticamente me arrastra fuera
del comedor mientras da largas zancadas para seguir a Roman. No
cruzamos una palabra entre nosotros hasta que hemos bajado por la
impresionante gran entrada y estamos cerrando las puertas del todoterreno
detrás de nosotros.
El motor ruge y, cuando Roman pisa el acelerador, su dura mirada se
cruza con la mía a través del espejo retrovisor.
—¿Qué mierda quería Ariana?
Mi ceja se arquea.
—Eso no es lo importante —me apresuro a decir—. ¿Qué diablos pasó
la última vez que ustedes, imbéciles, tuvieron rienda suelta sobre la ciudad?
¿Y por qué no interrogaste a tu padre sobre tu madre?
—No era el momento adecuado para preguntar por ella, no durante
una reunión de trabajo. Tenemos que poder acorralarlo primero, y no pasó
nada la última vez que tuvimos rienda suelta —explica Marcus—. Fue un
simple malentendido. Es algo del pasado. ¿Qué quería Ariana?
—¿Por qué eso es importante? —pregunto, mirando a Levi—. Ella
quería que la liberara, pero le dije que se fuera a la mierda. —Dejo escapar
un gemido y vuelvo a mirar a Roman—. ¿Por qué demonios no me dijiste
que era tu novia del instituto? ¿Qué demonios está pasando aquí? Papito
querido se lleva a tu novia y luego mata a Felicity. ¿Soy la siguiente?
—Por supuesto que eres la siguiente —gruñe, atravesando las puertas
delanteras, apenas con paciencia para esperar a que se abran por
completo—. ¿Por qué crees que me he empeñado en que mis hermanos
mantengan sus sucias manos lejos de ti? Va a utilizarte contra nosotros. Es
solo cuestión de tiempo.
—Pero no vas a permitir que eso ocurra, ¿verdad? —cuestiono,
mirando entre ellos—. Eras solo un niño cuando te quitó a Ariana. No
puedes dejar que me lleve así.
Roman aprieta la mandíbula mientras un silencio incómodo llena el
vehículo y me doy cuenta de que, si se diera el caso, me dejarían ir. Para
ellos, lo único que importa es seguir con sus planes de derrocar a toda la
familia DeAngelis. Si Giovanni llega a mí primero, entonces es mi propia
mala suerte.
—Eso no va a suceder —dice finalmente Marcus—. Al menos no
todavía. Todavía tenemos tiempo, y si te mantenemos fuera de su radar,
entonces debería estar bien.
—Estás mintiendo.
—Bueno, ¿qué quieres que te diga? —contesta, la frustración se
arremolina en sus ojos—. ¿Probablemente te arrancará la garganta si lo
miras mal? Por el amor de Dios, nena. Estoy tratando de hacer esto más
fácil para ti.
Dejo escapar un fuerte suspiro.
—Debería haberme follado a su esposa cuando tuve la oportunidad.
Levi se ríe antes de sofocar rápidamente la sonrisa que se extiende
por su rostro. El ambiente en el todoterreno se calma inmediatamente y
pongo los ojos en blanco, mirando por la ventanilla mientras el mundo pasa
a toda velocidad.
—¿Por qué nos apresuramos? Tienes toda la semana para encontrar
a esa persona que ni siquiera existe. ¿Por qué no puedes inventarte un
traficante cualquiera y decirle que lo mataste?
—¿Por qué inventar uno cuando podemos arrojar a alguien más
debajo del autobús? —dice Marcus—. Pero esa no es la razón por la que nos
apresuramos. —Mis cejas se fruncen cuando me devuelve la mirada, sus
ojos brillan con una excitación enfermiza. Un escalofrío se desliza por mi
espalda—. Tenemos una sorpresa para ti, y si no llegamos pronto, podría
ser demasiado tarde.
Capítulo 34
Roman conduce el todoterreno por la parte trasera del castillo antes
de entrar en lo que parece un antiguo estacionamiento. Mis cejas se fruncen.
—¿Qué mierda psicópata es esta? —pregunto mientras reduce la
velocidad, bajando por una empinada rampa que nos sitúa justo debajo del
viejo castillo, solo que nada de esto parece antiguo. Es probablemente una
de las únicas partes del castillo que parece que una gran ráfaga de viento
no va a derribarlo—. Pensé que mi cámara de tortura estaba bajo tierra.
—Lo está —dice Roman, sus faros destellan las frías paredes de
hormigón e iluminan nuestro camino hacia abajo—. Pero esto es aún más
subterráneo.
—No me digas —musito, moviéndome hacia el asiento central para ver
mejor por el parabrisas delantero, mi muslo se presiona justo contra el de
Levi—. ¿Qué tienes aquí abajo?
Marcus sonríe y me devuelve la mirada, sus ojos brillan
peligrosamente.
—Todo tipo de cosas, pero solo una que necesitas saber.
Pongo los ojos en blanco, ya exhausta por la maldita cena de negocios
a la que acabo de asistir. Solo han pasado unos días desde el ataque. Estoy
cansada y dolorida. Daría cualquier cosa por volver a la cama y tomar unas
cuantas pastillas más. Realmente no tengo paciencia para sus retorcidos
juegos esta noche.
—¿Qué está pasando, Marcus?
—Vamos —se ríe—. ¿De verdad crees que voy a arruinar la sorpresa
así? Tendrás que esperar y ver.
Gimo y me dejo caer de nuevo en mi asiento, arrepintiéndome
inmediatamente cuando el dolor se dispara a través de mi cuerpo.
—Maldición, no puedo hacer esto ahora. Llévame de vuelta al castillo.
Necesito analgésicos, una ducha caliente y mi cama. ¿No podemos hacer
esto mañana?
Roman sigue conduciendo, ignorando mis súplicas de regresar.
—No hay analgésicos —dice—. Vas a querer tener la cabeza despejada
para esto.
—¿Para qué? —pregunto, los nervios se filtran lentamente en mi
cuerpo cuanto más bajamos. La rampa se adentra en el subsuelo y cuanto
más avanzamos, más oscuro y espeluznante se vuelve—. ¿Cuánto falta?
Este lugar me provoca escalofríos.
—¿En serio? —pregunta Marcus, mirando hacia mí, con decepción en
sus ojos—. Este es mi lugar favorito en todo el mundo. Pensé que te
encantaría.
—¿Qué tanto los traumaron de niños?
—No estás preparada para una respuesta honesta a esa pregunta —
dice Levi mientras Roman llega al final de la rampa y sale a un espacio
abierto. Detiene el todoterreno cerca de la pared más lejana y los tres chicos
se bajan.
Salgo del vehículo y veo cómo Roman se acerca a la pared. Agarra una
palanca y la empuja hacia arriba, y una por una, las grandes luces colgantes
inundan el cuarto oscuro.
—Bienvenidos a nuestro patio de recreo —dice Roman con orgullo.
Me quedo boquiabierta al ver el enorme espacio. Es como una gran
caja de hormigón con paredes reforzadas que sostienen el castillo que hay
encima. Hay celdas alineadas a ambos lados del espeluznante patio de
recreo y, mientras las escudriño, cuento al menos quince a cada lado.
Hay habitaciones privadas completas con sistemas de drenaje y
mangueras para lavar las pruebas mientras las pesadas cadenas y los
ganchos cuelgan del techo.
—¿Qué mierda es esto? —musito, mientras escalofríos recorren mi
cuerpo y hacen que el sudor se deslice por mi piel—. ¿Esto es una especie
de matadero?
—La mayor parte del tiempo —dice Marcus, con esa misma oscuridad
perversa inundando su mirada—. Aunque cuando no está en uso, se pueden
celebrar algunas fiestas bastante épicas.
Niego con la cabeza, ni remotamente interesada en una explicación.
—¿Podemos simplemente… hacer lo que sea por lo que me trajiste
aquí?
Roman asiente y comienza a caminar, dirigiéndose hacia el lado
izquierdo de la habitación, hacia la línea de celdas amplias. Lo sigo con
Marcus y Levi detrás de mí.
—¿Tu padre sabe sobre esto?
Levi suspira.
—Desafortunadamente. Se suponía que era nuestro pequeño secreto,
pero ahora tiene a sus secuaces utilizando nuestras instalaciones y
arruinando nuestras herramientas. Malditos aficionados.
—¿No pueden evitar que entren?
—Lo hicimos al principio —dice Roman—. Pero eso no le gustó mucho
a papito querido. Es más fácil de esta manera, pero los mantenemos alerta.
Están tan aterrorizados de venir aquí como las personas que arrastran con
ellos. Es como una comida compartida. ¿Quién de ellos perderá la vida?
Trago con fuerza, cruzando los brazos sobre mi pecho.
—No fuiste a muchas comidas compartidas mientras crecías,
¿verdad?
Marcus me mira, con las cejas fruncidas mientras trata de encontrarle
sentido a mi comentario, pero su expresión en blanco hace que una sonrisa
divertida se extienda por mi rostro.
Desvío la mirada cuando Roman se detiene frente a una amplia celda
tan grande como mi antigua sala de estar.
—Aquí estamos —dice, mirándome y esperando pacientemente a que
me ponga al día. Mantengo la mirada baja, demasiado temerosa de mirar
hacia arriba y ver lo que hay dentro de la celda mientras me pongo a su
lado—. Considera esto una ofrenda de paz por lo ocurrido con Lucas Miller.
La intriga hace que levante lentamente la cabeza y que mi mirada se
fije en el hombre de la celda. Cuelga de unas pesadas cadenas y no lleva
más que un par de calzoncillos manchados. La sangre se acumula en el
suelo debajo de él y corre lentamente hacia el pequeño desagüe del fondo de
la habitación.
Luce completamente derrotado, sabiendo sin lugar a dudas que no
volverá a ver la luz del día. Mi estomago se revuelve al verlo, el
arrepentimiento se instala en lo más profundo de mis entrañas, pero cuando
él levanta la cabeza y sus familiares ojos azules se posan en los míos, mi
corazón se contrae, dolorido por saber qué hacer.
Maxwell Mariano. Mi padre moroso.
Retrocedo un paso, la sola visión de él es como un puñetazo en mi
estómago.
—¿Qué demonios es esto? —exijo, incapaz de apartar la mirada de mi
padre mientras una lenta sonrisa se extiende por su rostro.
—Una ofrenda de paz —dice Marcus, con un tono confuso—. ¿Qué
ocurre? Pensé que esto era lo que querías. Es un regalo.
—Yo… —niego con la cabeza, el horror me invade—. ¿Quieres que lo
mate? ¿A mi padre?
—Dijiste que sufriste años de abusos en sus manos —dice Levi—. Te
obligaba a comer de los contenedores de basura y a temer por tu vida todos
los días viviendo con él. Te robó una y otra vez, ¿y tú solo quieres quedarte
aquí y mirarlo?
Mi padre se ríe y escupe una bocanada de sangre sobre el hormigón
manchado.
—Ella es demasiado débil. Nunca lo hará.
La ira se apodera de mí y busco la parte trasera de los pantalones de
Roman, agarro su arma y la saco. Apunto directamente hacia el pecho de
mi padre, la ira se arremolina en mí como un tornado salvaje.
—Solo soy débil porque tú me hiciste así —enfurezco—. Pasé años
huyendo de ti, financiando tus adicciones de mierda mientras temía que un
día hicieras algo estúpido como venderme para saldar tus deudas, y mira
dónde estamos ahora. Soy yo la que tiene a estos imbéciles a mi espalda, no
tú.
El miedo brilla en sus ojos antes de encogerse de hombros.
—No importa a quién tengas a tu espalda, cariño. Nunca apretarás el
gatillo. No tienes la valentía.
Mis ojos se llenan de lágrimas mientras lucho contra el impulso de
hacer algo que sé que volverá para perseguirme. Me debato entre el bien y
el mal, la fuerza y la debilidad, el honor y la desgracia.
Se forma un nudo en la parte posterior de mi garganta, haciendo que
sea casi imposible respirar.
—Eres un pedazo de mierda sin valor —gruño—. Si no te mato ahora,
seguro que Giovanni lo hará.
—No sabes una mierda de Giovanni.
—¿Ahora? ¿En serio? —Me río—. Acabo de pasar la noche en su
mansión, sentada alrededor de su mesa, escuchando sus planes sobre cómo
te destruirá. Nunca estuve en tu vida, así que ¿cómo demonios venderme a
su familia paga tu deuda? Todo lo que has hecho por mí es presentarme a
tres hombres que se pondrán descaradamente a mi lado mientras te derribo.
Así que, dime, ¿cómo has pasado la noche?
Mi padre tensa su mandíbula y yo doy un paso adelante, sin estar
preparada para escuchar otra palabra que salga de su boca. Giovanni tenía
razón, no vale nada, y mientras viva, seguirá viniendo a por mí. Me destruirá
hasta que no tenga nada más que dar, y eso dependerá de mí por cómo
permito que se desarrolle esta noche.
Pero también tiene razón, no soy capaz de matar a un hombre, ya sea
mi padre o alguien más. Tal vez si me quedo con los hermanos DeAngelis el
tiempo suficiente, eso podría cambiar, pero todavía no estoy allí. La idea de
que la sangre de alguien esté en mis manos me paraliza de miedo.
Mis dedos se enroscan alrededor del pestillo de la celda y la abro,
agradecida de que los chicos se queden atrás mientras entro a la celda. Mi
padre observa cada uno de mis pasos y, a medida que avanzo hacia él, la
repulsión se arremolina en mis entrañas.
—Puede que sea débil —digo—, puede que no sea capaz de dar un
disparo mortal, pero seguro que puedo convertir tu vida en un infierno, tal
como lo has hecho con la mía.
Sus ojos se agrandan y...
¡BANG!
La bala atraviesa su rótula y una ola de satisfacción me recorre. Me
siento eufórica, en una maldita nube. Que se jodan los analgésicos y el
batido de morfina, estoy bien.
Los gritos de mi padre resuenan en la habitación de juegos
subterránea y, así, finalmente lo entiendo. Me giro hacia los chicos y sonrío
mientras mi padre se desangra detrás de mí.
—La acústica aquí es increíble.
Marcus sonríe.
—Como dije, todavía podemos convertirte en una esposa de la mafia.
Pongo los ojos en blanco y salgo de la celda a grandes zancadas antes
de devolverle la pistola a Roman. Él la toma sin rechistar mientras sus ojos
se detienen en los míos, comprobando qué parte de mi alma acaba de
costarme.
—No soy como ustedes —les digo—. No puedo simplemente matar a
un hombre sin perderme en el proceso, y no puedo quedarme aquí y pedirles
que lo hagan en mi nombre porque esa sangre seguirá estando en mis
manos.
Miro a Levi y a Marcus para asegurarme de que están escuchando con
la misma atención que su hermano mayor.
—No debes matarlo bajo ninguna circunstancia. Te lo prohíbo. Quiero
verlo temer por su vida como lo ha hecho conmigo. Quiero que vigile por
encima de su hombro dondequiera que vaya. Quiero que contemple la
posibilidad de quitarse su propia y patética vida cada noche por miedo a que
sus deudas lo alcancen. Así que esta noche, no matarás a mi padre. Lo
arrojarás a los lobos y él luchará por su vida, y si muere en el proceso,
entonces es cosa suya. Si por casualidad vive, entonces pasaremos el resto
de nuestras vidas persiguiéndolo como se lo merece.
Y así, me alejo, pidiéndole a Dios no tener que volver a ver a este
hombre.
Capítulo 35
Me inclino sobre el lavabo, dejo que mi cabeza cuelgue sin fuerzas.
¿De verdad le disparé a mi padre y lo he dejado en manos de los malditos
lobos? ¿Quién demonios soy yo? Ya ni siquiera me reconozco, pero una cosa
es segura, cuando lo vi, no hui.
Todos los días se me cruzaba por la cabeza la idea de: ¿qué haría si
alguna vez lo volviera a ver? Y cada vez, me dije a mí misma que recogería
mis cosas y correría lo más lejos posible para escapar de su abuso. Pero no
lo hice. Miré sus malditos ojos y demostré de una vez por todas quién es el
débil de la familia.
Esta noche me enfrenté a mis miedos y me siento más viva que nunca,
pero ¿qué le ha costado a mi alma?
Si me hubiera quedado y hablado con los chicos sobre el tema, estoy
segura de que me habrían dicho que el alma no existe. Ellos no creerían en
esa mierda, y quizás esa es la perspectiva que necesito tener de la vida para
sobrevivir en su mundo. Tarde o temprano, me enfrentaré a una situación
que destruirá lo que queda de mí, y mi conciencia culpable será mi
perdición.
Suelto un fuerte suspiro y echo agua en mi rostro, pero mi mente
simplemente no consigue calmarse. La imagen de mi padre arrastrándose
por los espesos bosques que rodean el castillo no sale de mi cabeza, con la
sangre derramándose por su rodilla mientras los lobos captan su olor. Es
imposible que sobreviva a eso.
No me cabe duda de que morirá esta noche, y si lo hace... maldición.
Tampoco quiero pensar en eso. ¿Pero qué cosa peor podría hacerme? Ya he
sido vendida al hombre más peligroso del país y regalada a sus hijos
psicópatas.
Sin embargo, no voy a mentir, cuanto más tiempo paso con ellos, más
empiezo a sentirme como en casa aquí. Excepto por la espeluznante mierda
del sótano de tortura y la mazmorra que tienen. Sin mencionar que todo el
ambiente de encierro no encaja bien con mi espíritu libre.
Cierro el grifo, me doy la vuelta y salgo del baño, apagando la luz al
pasar. Marcus está sentado en el borde de mi cama y me detengo,
apoyándome en el marco de la puerta del baño, el cansancio ya me está
afectando.
Sus ojos están llenos de algo que no puedo distinguir, pero lo que
puedo decir es que es profundo. Sacudo la cabeza, apartando la vista de su
pesada mirada.
—¿Lo dejaste a los lobos?
—Sí —dice, inclinando la cabeza de esa forma espeluznante a la que
me he vuelto tan inmune mientras sus ojos se oscurecen con algo siniestro—
. Algo así.
Un escalofrío recorre mi espalda y rápidamente me doy cuenta de que
no quiero saber lo que realmente significa su versión de dejarlo a los lobos.
—De acuerdo —digo, negando con la cabeza, al ver que me observa
con preocupación, apenas he terminado de lavar las salpicaduras de sangre
de mi cuerpo y de tirar mi vestido destrozado al cesto. La idea de hablarlo
me da ganas de vomitar—. Se acabó. No quiero hablar de eso.
Marcus se levanta y camina lentamente hacia mí, cerniéndose sobre
mí y haciendo que sea imposible mirar a otro lado que no sea sus ojos
oscuros y seductores.
—No quiero hablar —dice, su tono grave vibra justo en mi pecho—.
Quiero hacerte sentir.
Mi ceja se arquea mientras el calor se arremolina en lo más profundo
de mi estómago. Su mano cae a mi cintura desnuda mientras me paro frente
a él con nada más que una camiseta sin mangas recortada y bragas
brasileñas negras.
—No lo sé —murmuro, deseando desesperadamente lo que puede
ofrecerme, pero sabiendo que mi cuerpo no puede seguir su ritmo, al menos
esta noche—. Necesito descansar. Estoy dolorida y mareada. Creo que
necesito otra dosis de morfina y dormir.
Él niega con la cabeza, con una sonrisa perversa en sus labios.
—Tengo algo mejor para ti.
Mis cejas se fruncen cuando la mano de Marcus cae sobre la mía y
me arrastra lentamente por mi habitación. Lo sigo ciegamente, confiándole
mi cuerpo a pesar de mi buen juicio. Sus dedos son mucho más hábiles de
lo que yo podría comprender y podrían acabar con mi vida en cuestión de
segundos, pero cuando me toca, sé que nunca me hará daño. Al menos no
en este momento. A la hora de la verdad, si hubiera que elegir entre uno de
sus hermanos o yo, mi vida terminaría esa noche.
Me conduce hasta el borde de la cama y me gira para que la parte
delantera de mis muslos roce el suave colchón. Se coloca detrás de mí y sus
dedos recorren mi piel, moviéndose hacia abajo hasta que se enganchan en
los bordes de mis bragas.
Marcus las desliza por mis piernas, con cuidado de que el endeble
encaje no toque ninguno de mis puntos. Caen a mis pies y me desprendo de
ellas antes de patearlas suavemente debajo de la cama. Su mano vuelve a
apretar mi cintura mientras me apoyo en su amplio pecho, y su perverso
aroma abruma mis sentidos de la mejor manera.
La humedad se acumula entre mis piernas y, a pesar del cansancio
que me agobia, sé que no podré resistirme a nada de lo que él esté dispuesto
a darme.
Su otra mano se envuelve alrededor de mi cintura y se desliza por
debajo del dobladillo de mi camiseta, subiendo por mi cuerpo hasta que sus
dedos rozan mi pezón. Lo pellizca suavemente y respiro profundamente,
presionando más mi espalda contra su pecho.
Levanto lentamente los brazos y él no duda en tirar de la camiseta por
encima de mi cabeza. Lo hace con facilidad, sin engancharse en un solo
punto, a diferencia de mí, que acabo de pasar más de cinco minutos
tratando de ponerme a la bastarda.
Marcus presiona contra mi espalda, empujando mi torso hacia abajo.
Mis manos salen disparadas y me atrapan contra mi colchón mientras la
mano de Marcus roza mi trasero.
—¿Has probado alguna vez éxtasis? —pregunta, haciéndome mirar
hacia atrás por encima de mi hombro para ver cómo su mirada oscura
recorre mi trasero expuesto.
Mis cejas se fruncen, sin saber a dónde quiere llegar.
—Quiero decir, lo intenté en el instituto, pero no es como si realmente
supiera lo que estaba haciendo.
Asiente y mira hacia la mesita de noche, donde hay un pequeño
paquete de pastillas blancas justo en el centro, junto a un montón de polvos,
lo que me dice exactamente lo que ha estado haciendo aquí mientras
esperaba a que terminara en el baño.
Siento sus dedos entre mis piernas, mezclándose con mi excitación y
arrastrándola hacia mi trasero.
—Sepáralas más —dice, el deseo y los nervios se acumulan en lo más
profundo de mis entrañas mientras trato de entender qué demonios está a
punto de suceder.
—¿Qué estás haciendo? —musito mientras sus dedos vuelven a mi
sexo y empujan lentamente dentro, haciendo que mis ojos se pongan en
blanco mientras un suave gemido se desliza entre mis labios.
—Haciéndote sentir —comenta—. ¿Confías en mí?
Niego con la cabeza, mirando por encima de mi hombro y encontrando
su mirada acalorada.
—Diablos, no.
Su sonrisa como respuesta es todo lo que necesito, y maldita sea, el
brillo de sus ojos me dice que sabe que estoy mintiendo. Solo que, a
diferencia de cualquier otro hombre, a éste le encanta cuando le miento.
—Bien —murmura, empujando más profundamente en mi sexo y
masajeando lentamente mis paredes, haciéndome sentir algo real por
primera vez en días.
Lentamente saca sus dedos de mí y un suave grito escapa de mis
labios cuando arrastra sus dedos más allá de mi trasero antes de liberarme
por completo.
La curiosidad se apodera de mí y observo cómo sumerge sus dedos
brillantes en el poder blanco y me mira a los ojos. Los nervios comienzan a
tomar el control cuando comienzo a averiguar exactamente lo que planea
hacer con ese polvo y, maldita sea, si alguien me hubiera dicho que iba a
hacer esto hace unas semanas, me habría reído en su rostro. Pero, no voy a
mentir, la emoción me está excitando como nunca antes. Nunca había hecho
algo como esto y no sé cómo va a reaccionar mi cuerpo a la droga, pero
nunca he estado tan deprimida.
Ni una sola vez aparta sus ojos de los míos mientras se acerca y
presiona sus dedos contra mi agujero, empujándolos lentamente hacia el
interior. Un jadeo entrecortado se desliza entre mis labios y empujo contra
él, la presión es la correcta.
Sus dedos se mueven suavemente dentro de mí antes de que los saque
lentamente y vuelva a rodear mi cintura con el otro brazo. Me levanta hasta
que estoy completamente erguida y me gira para estar de frente a él.
—El subidón llega más rápido así —dice—. Dale un minuto, y te
prometo que todo lo malo desaparecerá y lo único que te quedará es la
intensa sensación de mis caricias por todo tu cuerpo.
Maldita sea.
Sus manos recorren mi piel, dejando un rastro de piel erizada a su
paso, y gimo, dejándome llevar por los efectos de su contacto con mi cuerpo.
Sin embargo, algo me dice que esto no tiene absolutamente nada que ver
con el éxtasis que acaba de introducir en mi trasero.
Marcus se inclina hacia mí, presiona sus labios contra mi clavícula y
empuja mi cintura, obligándome a retroceder un paso hasta que la parte
posterior de mis rodillas se presionan contra la cama. Continúa caminando
conmigo hasta que me dejo caer sobre el borde del colchón, mi mano se
desliza por debajo de su camiseta y siento el calor de su cuerpo tonificado
debajo.
Cae de rodillas mientras separa las mías y mis ojos se ponen en
blanco, la anticipación ya se está apoderando de mí. Marcus me mira a los
ojos, y la embriagadora sonrisa que se dibuja en sus labios me dice que
puede estar incluso más excitado que yo.
—Recuéstate —dice, con ese tono profundo que golpea en todos los
lugares correctos—. No quiero que hagas nada. Solo siente.
Bueno, maldita sea. ¿Qué debe hacer una chica?
Me inclino hacia atrás sobre mis codos y no puedo resistirme a dejar
caer también mi cabeza hacia atrás. La sensación más dulce ondea a través
de mi piel mientras sus labios recorren mi cuerpo, sus dedos tocan en todos
los lugares adecuados mientras se abre paso lentamente hacia el sur.
Mis ojos se vuelven pesados cuando sus labios se cierran sobre mi
clítoris, y en el momento en que siento su cálida lengua haciendo su magia,
una sensación de euforia fluye por mis venas.
—Oh, Dios mío —musito, sabiendo sin duda que el polvo blanco se ha
abierto paso en mi torrente sanguíneo y me hace sentir más viva que nunca.
Mi cuerpo se vuelve pesado mientras dejo que mis ojos se cierren y
me consuman en la oscuridad. Marcus frota mi clítoris y gimo por lo bajo
mientras mi espalda se arquea, necesitando desesperadamente sentirlo
sobre mí, pero no me atrevo a pedirle que se mueva porque lo que está
haciendo ahí abajo es nada menos que mágico.
Siento su sonrisa contra mi sexo y, en el mismo momento, sus gruesos
dedos se introducen en mi palpitante sexo, aliviando al instante el ardiente
dolor de mi interior.
—Maldición, Marcus —murmuro, sin querer arruinar este momento
gritando.
Nunca he estado tan relajada en mi vida. Siento como si pudiera hacer
cualquier cosa, como si estuviera flotando por encima de las nubes, lo único
que me mantiene conectada con la tierra es el diablo entre mis piernas. Es
como la mezcla perfecta entre el cielo y el infierno. El bien contra el mal. El
bien contra el maldito mal.
Mirando a Marcus, veo cómo su lengua se mueve sobre mi clítoris
antes de que su boca se cierre en torno a él y lo succione con fuerza. Todo
mi cuerpo se estremece de placer y gimo, más aún cuando él enrosca sus
dedos dentro de mí y encuentra ese punto que hace que mi cabeza vuelva a
caer.
—Santa mierda —musito, mi pecho sube y baja con movimientos
rápidos, la euforia me llena como nunca antes.
Nunca había experimentado a Marcus así. Suele ser del tipo duro y
rápido, de los que te encadenan a un puto gancho y me tienen colgada
mientras me embiste. Le gusta ver sus dedos marcados en mis caderas por
la mañana, pero este lado más suave de él es algo totalmente distinto, y
nunca tendré suficiente de él.
Mi sexo se contrae, extiendo mis manos y enredo mis dedos en su
cabello, aguantando el paseo. Es increíble, impresionante e implacable en
todos los sentidos. No se atreve a detenerse y grito, desesperada por una
dulce, dulce liberación.
Me siento tan viva. Tan relajada y consciente. Es como si pudiera
sentir el poder de mi sangre latiendo por mis venas, fortaleciéndome y
haciéndome sentir que puedo hacer cualquier cosa. ¿Esto es lo que
realmente se siente? El éxtasis tiene tan mala fama, seguramente no puede
ser tan bueno. O tal vez todo esto sea debido a Marcus.
Maldita sea. Sea lo que sea, me gusta mucho.
Marcus pasa la lengua por mi clítoris una vez más y es todo lo que
necesito para llegar al límite. Mi sexo se aprieta con fuerza en torno a sus
gruesos dedos antes de convertirme en un desastre con espasmo. Mi mundo
estalla y veo estrellas detrás de mis ojos.
—Oh, maldición, Marcus. Sí.
Él no se detiene y me deja montar sus dedos mientras su lengua sigue
enroscándose en mi clítoris. Succiona un poco más fuerte y grito, la
intensidad es casi demasiado para mí.
Una vez que he bajado de la ola de mi orgasmo, Marcus suelta mi
clítoris de entre sus hábiles labios y se levanta, con una sonrisa orgullosa
en sus labios.
—¿Cómo te sientes? —pregunta, con sus cálidos ojos entrecerrados
por el deseo, y enviando una oleada de necesidad a través de mí.
Paso la lengua por mi labio inferior y no dudo de que ve el hambre en
mis ojos.
—Como si pudiera hacer esto toda la noche —murmuro, con voz baja
y llena de seducción.
Sus ojos se clavan en los míos y se oscurecen mientras lleva su mano
a la hebilla del cinturón y lo arranca de sus pantalones con un simple
movimiento de muñeca.
—Eso es exactamente lo que quería escuchar.
Muerdo mi labio, la excitación crece en lo más profundo de mi ser
mientras lo veo quitarse la camiseta, mostrando sus impresionantes
tatuajes. Un suave jadeo se desliza entre mis labios. Me había olvidado de
la chica que tiene tatuada en las costillas con el hoyuelo de diamante.
No puedo evitar extender la mano y pasar los dedos por su cálida piel,
observando cómo aspira aire, poco acostumbrado a un contacto tan
personal. Levanto la vista y me encuentro con su acalorada mirada.
—¿Quién es ella? —pregunto.
Niega con la cabeza.
—No quieres hacer esto ahora.
—Sí quiero —insisto.
Me mira por un breve momento antes de que su mano caiga sobre la
mía en sus costillas.
—Es Flick —dice—. Era mi mejor amiga y significaba el mundo para
mí. Estaba enamorada de Roman, pero no se puede negar que también
sentía algo por mí y por Levi. Sin embargo, no era lo mismo, ella le pertenecía
a él.
Una punzada de celos me atraviesa y me pregunto si alguna vez se
preocuparía por mí de esa manera. Mi dedo roza el pequeño piercing de
diamante.
—Tenía hoyuelos.
—Sí —sonríe, sus ojos se iluminan con el cariño abrumador que
sentía por ella—. Era muy hermosa.
Marcus cae sobre mí, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura y
subiéndome sin esfuerzo a la cama. Mi cabeza cae sobre la almohada
mientras sus ojos se detienen en los míos.
—No sientes por mí lo que sentías por ella.
Niega con la cabeza, la cruda honestidad oscurece algo en lo más
profundo de mi alma.
—No, no lo siento —dice, matándome momentáneamente por dentro—
. Lo que siento por ti es algo diferente, algo más que aún no he descubierto.
Sus labios se posan sobre los míos y me entrego a su toque, apenas
teniendo la oportunidad de darle sentido a la admisión que acaba de salir
de entre sus dulces labios. Es la primera vez que uno de los hermanos me
besa y un mundo de emociones se arremolina en mi pecho. Mis brazos se
levantan y se envuelven alrededor de su cuello mientras su lengua se desliza
dentro de mi boca, dejándome saborear mi persistente excitación.
Gimo contra él mientras me rodea, toma mi muslo antes de subirlo
por encima de su cadera para poder hacer lo que quiera ahí abajo sin
hacerme daño.
Sus labios bajan a mi cuello y mi cabeza se inclina hacia atrás, la
pura euforia fluye por mis venas como nunca antes había experimentado.
Su tacto es mágico y su beso lo es todo. Me encuentro aferrándome a él con
un poco más de fuerza, aterrorizada de que si lo suelto, esta sensación de
euforia se vaya con él.
—¿Marcus? —musito.
—¿Mmmm? —murmura contra mi sensible piel.
—Aquella noche en el área industrial cuando castraste a Draven
Miller…
—¿Qué hay pasa con eso? —murmura, con precaución en su tono.
Enredo mis dedos en su cabello, obligando a su cabeza a encontrarse
con mi mirada entrecerrada.
—Cuando llegué aquí, te referías a mí como mía frente a tus
hermanos, como si fuera una especie de propiedad. Pero aquella noche en
ese viejo almacén, cuando hablabas con Draven, dijiste: Sabes lo que le pasa
a un hombre que le escupe palabras obscenas a mi chica. Era diferente,
Marcus. Mi chica no es una propiedad, es algo más… algo real.
Su mirada se entrecierra, pero no se endurece como espero.
—Eso fue hace casi dos semanas, Shayne. ¿Te has estado aferrando
a esa pregunta durante tanto tiempo?
Mi mirada se aleja mientras la vergüenza se filtra en mí.
—Olvida que he dicho algo. Probablemente estoy leyendo algo que no
está ahí.
—Oh, está ahí, nena —dice—. Pero no te dejes engañar. Ser mi chica
no va a ser lo mismo que estar con un vulgar imbécil que conoces en un
club. Vivir en mi mundo no es lo mismo que intentar sobrevivir a él. ¿Puedes
soportarlo?
Trago saliva con fuerza, sabiendo exactamente lo que está tratando de
preguntarme. ¿Soy lo suficientemente fuerte no solo para sobrevivir con él,
sino para prosperar y amarlo? Asiento.
—Sí —digo, con una pequeña sonrisa en la comisura de mis labios—.
Solo tienes que decir la palabra y los volaré por los aires.
Los labios de Marcus vuelven a acercarse a los míos y, en un
momento, extiende su mano entre nosotros y guía su grueso pene dentro de
mí, empujando más y más, tomándose su tiempo hasta que está
completamente dentro de mí.
Mi cabeza se inclina hacia atrás mientras un profundo gemido me
atraviesa. Es demasiado bueno, malditamente demasiado. Es como el diablo
que se sienta sobre tu hombro, prometiéndote toda la perversa delicia que
puedas soportar. Solo que, da más y observa con deleite cómo tu sistema se
sobrecarga de satisfacción, empujándote hasta que explotas.
Lo es todo.
Comienza a moverse, suave y gentil mientras empuja profundamente
y me abruma de placer. Entra y sale con hábil precisión mientras sus dedos
tocan, rozan y pellizcan, enviando ondas de electricidad que pulsan por mis
venas y haciéndome sentir como la única chica del mundo.
—Maldita sea —murmura, mientras su mirada se desplaza por mis
rígidos pezones—. Tan malditamente sensible.
—Eso es todo tuyo —digo, mordiendo mi labio—. Nunca había estado
así con nadie, nunca sentí que mi cuerpo ardiera lleno de vida, no hasta que
experimenté lo que realmente significa estar con un hombre de verdad.
Que se joda Tarzán en mi bote de basura. Nada se podrá comparar
con esto.
La mano de Marcus cae sobre mi muslo mientras empieza a acelerar
su ritmo. Este no es su estilo habitual y se nota por la determinación en su
rostro. Está acostumbrado a la dureza y la rapidez, pero este lado suave no
solo me sorprende, sino que está sacudiendo su sistema y lo está llevando
al límite, amenazando con arrojarlo a las fosas de abajo, y a él le encanta.
Sus dedos se tensan en mi muslo y mi espalda se arquea sobre el
colchón, presionando mis senos contra su pecho.
—Maldición, Marcus. Estoy cerca.
Me penetra profundamente, forzando un grito ahogado entre mis
labios.
—Todavía no, maldición. No lo harás —dice con la mandíbula
apretada, mientras mi muslo se engancha más arriba en su cadera y, de
alguna manera, lo obliga a penetrar más profundo.
Gimo, con ese ardor familiar gestándose cada vez más dentro de mí.
Mis uñas se clavan en su espalda y el estruendo que vibra en su pecho casi
me mata. Él lo es todo. ¿Cómo podría pensar en huir de este lugar cuando
puedo ser tratada como una maldita reina aquí mismo, en mi cama?
Sus embestidas son cada vez más rápidas, su mandíbula se tensa
más mientras su mano baja de mi muslo a mi trasero y aprieta. Aprieta y
vuelvo a echar mi cabeza hacia atrás, con cada nervio de mi cuerpo en
llamas.
Mi sexo se aprieta a su alrededor y sé en lo más profundo de mi alma
que no podré aguantar mucho más.
—Marcus —murmuro, con un tono de desesperación—. No puedo…
necesito correrme.
Gruñe y ajusta su agarre sobre mí, deslizando su mano entre nuestros
cuerpos hasta que sus hábiles dedos presionan mi clítoris. Frota en
pequeños círculos, acercándome cada vez más.
—MALDICIÓN —jadeo, mi pecho sube y baja con movimientos
rápidos.
Clavo mis uñas con más fuerza y sus ojos se ponen en blanco por el
placer.
—Libéralo ahora —exige—. Quiero sentir tu estrecha y pequeña
vagina apretándome.
Sus palabras son mi perdición y me corro con fuerza, mi orgasmo
estalla a través de mí, curvando los dedos de mis pies y obligándome a cerrar
los ojos. Los cierro con fuerza mientras las paredes de mi sexo se convierten
en un lío tembloroso, rompiéndose y convulsionando salvajemente.
—Oh, maldición. Eso es —gime Marcus justo cuando siento su semen
caliente disparándose dentro de mí. No se atreve a dejar de moverse,
permitiéndome montar mi euforia mientras mi orgasmo continúa
abrumándome.
Envuelvo mis brazos a su alrededor y me levanto hasta que mis labios
están presionados contra los suyos. Me besa profundamente, bajando
nuestros cuerpos hacia el colchón mientras bajamos juntos de nuestro
subidón, y solo entonces rueda hacia un lado, saliendo de mí y dejándose
caer sobre las sábanas a mi lado.
Marcus me atrae hacia sus brazos y me sostiene a su lado, mi pecho
se contrae con esta nueva y extraña necesidad de estar cerca de él. Dejo
caer mi cabeza sobre su pecho, escuchando el dulce sonido de su corazón
latiendo en su interior, temiendo que en el momento en que se levante y
salga por la puerta, todo esto desaparezca.
Capítulo 36
La inquietud se asienta en mi estómago y mis ojos se abren de golpe,
contemplando la oscuridad que se arremolina alrededor de mi habitación.
Eran más de las dos de la mañana cuando Marcus se durmió a mi lado,
pero pasé las últimas horas mirando el techo oscuro, observando cómo la
luz de la luna se filtraba lentamente por mi habitación.
No he podido dormir. Tal vez sean los efectos de las drogas o tal vez
sea esta extraña vibración que tenemos Marcus y yo. No lo entiendo. Es
como si alguien hubiera pulsado un interruptor dentro de él y de repente
ese exterior duro se hubiera desvanecido, dejándome con la versión cruda y
honesta de sí mismo, la que no se guarda nada. Diablos, anoche hizo
comentarios sobre convertirme en una esposa de la mafia y esa frase no ha
salido de mi cabeza desde entonces.
No soy una esposa de la mafia. Me fusilarían en las primeras horas.
Me considero más bien jefa de la mafia. No acepto órdenes de nadie, ni cedo.
Al menos intento ser así de fuerte. En realidad, soy una perra asustada que
huye de todo. Pero, siento que eso está cambiando. Siento que evoluciono,
y que, si me quedo aquí el tiempo suficiente, nada podrá retenerme, ni
siquiera los tres hombres que irrumpieron en mi apartamento en mitad de
la noche.
Aparto la cabeza de la luz de la luna y miro a través de mi habitación
mientras Marcus duerme profundamente a mi lado, solo que mientras lo
hago, una sombra oscura atraviesa mi visión.
Lanzo un grito ahogado y mis ojos se agrandan. La sombra desaparece
y me incorporo, mientras mi mirada se desplaza por la habitación. Parpadeo
rápidamente, frotando mis ojos y buscando la sombra, pero no hay nada.
Debo estar viendo cosas, pero estaba tan segura. Se sentía tan real.
Mi corazón se acelera y el malestar en mi estómago solo empeora, más
definido, diciéndome que algo no está bien. Mi mano cae sobre el pecho de
Marcus y cuando mis dedos empiezan a clavarse en su piel para despertarlo,
la sombra aparece frente a mí.
—Yo no haría eso si fuera tú.
Un susurro suave y femenino fluye a través de mi habitación cuando
la sombra avanza hacia la luz de la luna. Una capucha oscura cubre su
rostro y se convierte en una larga capa hasta el suelo, pero veo que por
debajo asoman largos mechones de cabello rubio oscuro. Su cabeza
permanece agachada, ocultando sus ojos.
—¿Quién es usted? —Me apresuro a decir, encogiéndome hacia
Marcus, más que dispuesta a derribar este lugar a gritos si es necesario.
—Eres una tonta, Shayne Mariano —dice—. Tonta y ciega.
—¿Cómo sabes quién soy?
Su mano se desliza dentro de su capa y mis ojos abren ampliamente,
asustados, mientras saca un arma.
—Vas a correr —dice—. Vas a huir y no regresaras aquí. Hay un auto
en la entrada con dinero y un pasaporte en la guantera. La puerta está
desbloqueada. Sal de aquí antes de que te hagan lo que me hicieron a mí.
—¿Disculpe? —musito, tratando de mirar por debajo de su capucha—
. ¿Quién es usted? ¿Qué hizo quién? ¿Su padre? ¿Giovanni?
—Ahora —exige—. No volveré a pedírtelo. Vete antes de que sea
demasiado tarde. No tienes tiempo.
Niego con la cabeza, no confío para nada en esta mujer.
—No, estoy más segura aquí —digo, sabiendo en lo más profundo de
mis entrañas que el único lugar donde encontraré la libertad es dentro de
los muros de este viejo castillo. Mi mirada se dirige a su arma, aterrada por
lo que pueda hacer con ella, pero me mantengo firme. Este es mi nuevo
hogar. Nadie podría protegerme de su padre como ellos—. Los chicos me
protegerán.
Ella se acerca, su arma se levanta hacia mi cabeza.
—Pero ¿quién te protegerá de ellos?
Trago con fuerza, mis manos tiemblan sobre mi regazo.
—Ponte de pie —exige, su tono es tan bajo que apenas la escucho.
La autoridad en su tono me hace ponerme en pie con cautela y
mientras lo hago puedo vislumbrar un poco de la mujer oculta debajo de la
capa. Su rostro está lleno de cicatrices y sucio, y sus ojos azules sin vida
parecen dispuestos a apuntar el arma contra sí misma.
—¿Quién es usted? —vuelvo a preguntar.
—Último aviso —espeta—. Ellos no son tuyos. Vete ahora, o no me
dejarás otra opción que hacer que corras.
Ellos no son tuyos.
¿Quién diablos es?
Niego con la cabeza, la determinación pulsa perversamente por mis
venas.
—No. No iré a ninguna parte —exijo—. No me asustas. Solo eres una
perra con una capa. No hay nada que puedas hacerme que ellos no hayan
hecho ya.
—Como quieras —dice antes de apuntar con el arma hacia Marcus,
que está tranquilamente acostado en mi cama—. No me dejas otra opción.
Me lanzo hacia ella.
—NOOOOOOO —grito, los ojos de Marcus se abren de golpe y me
miran.
¡BANG!
La bala se incrusta profundamente en su pecho mientras golpeo a la
chica contra el suelo y arranco el arma de sus malditas manos. Marcus gime
y me encuentro volando desde el suelo, trepando por la cama para llegar a
él. Tiene los ojos muy abiertos y la sangre sale a borbotones del agujero de
bala que tiene en el pecho.
—MARCUS —grito, con los ojos llenos de lágrimas mientras dejo caer
el arma sobre la cama y trato de presionar su pecho.
Sus ojos se vuelven pesados, la sangre se acumula en mis dedos
cuando Levi entra en la habitación.
—¿Qué has hecho? —ruge, mirando a su hermano con horror.
Levanto la vista, negando violentamente con la cabeza.
—No, yo… —mis ojos recorren la habitación, pero la chica
encapuchada no aparece por ningún lado—. No fui yo. No fui yo. Yo…
—¡Muévete! —ruge, irrumpiendo en la habitación y luchando por
llegar hasta su hermano. Agarra mi brazo y me lanza al otro lado de la
habitación antes de empujar con fuerza sus manos sobre el pecho de su
hermano—. NO TE ME MUERAS, MARC.
El pánico se apodera de mí y me encuentro arrastrándome hacia la
puerta.
Él cree que yo lo hice.
Cree que soy responsable de matar a su hermano.
Si Marcus muere, yo estoy muerta. No se detendrán a hacer preguntas
ni me darán el beneficio de la duda. Soy su enemigo número uno.
Las palabras de la mujer dan vueltas en mi cabeza mientras sigo
retrocediendo, con los ojos muy abiertos y el corazón acelerado. Vete ahora,
o no me dejarás otra opción que hacer que corras. Sabía exactamente lo que
estaba haciendo.
Mi espalda golpea contra el marco de la puerta de mi habitación y,
mientras mis ojos se centran en Marcus y ven cómo su vida se desvanece,
sé que, sin duda, mis días son limitados.
Tengo que huir.
La mirada de Levi se eleva y, al ver esa decisión en mis ojos, la furia
lo atraviesa. Alcanza el arma con la velocidad de un relámpago y no me
atrevo a mirar atrás. Salgo corriendo de la habitación justo cuando otra bala
se incrusta en el marco de la puerta, justo donde yo estaba hace un
momento.
Mis pies golpean los viejos suelos, mientras corro por el maldito
castillo como un murciélago salido del infierno. Llego a las escaleras en poco
tiempo, bajándolas a tientas mientras el miedo se apodera de mi cuerpo. Mi
corazón retumba en mi pecho, latiendo más rápido que nunca.
Tengo que salir de aquí.
Llego al vestíbulo y corro hacia la enorme puerta de entrada, sintiendo
cómo los puntos de mis piernas tiran y se separan. Ella dijo que la puerta
estaba desbloqueada.
—¿DÓNDE MIERDA ESTÁ?
Escucho el furioso rugido de Roman atravesando el castillo,
diciéndome que ha visto exactamente lo mismo que Levi, y a diferencia de
éste, sus manos no están enterradas profundamente en el pecho de su
hermano.
—ESTÁ HUYENDO.
MALDICIÓN.
Maldición. Maldición. Maldición. Maldición.
Estoy muerta.
Mis manos húmedas se aferran a la manija de la puerta y la abro de
golpe cuando escucho a Roman saltando a través del castillo, volando sobre
los pasamanos como un maldito ninja y bajando niveles con facilidad
mientras me persigue.
Salgo a la fría noche, la helada brisa golpea mi piel como un asalto
perverso mientras la lluvia cae a mi alrededor, pero la atravieso saltando los
grandes escalones de la entrada de dos en dos. Apenas puedo ver y no se
me escapa que tanto mi padre como los lobos deberían estar por aquí.
Veo el auto a lo lejos, pero Roman me está alcanzando rápidamente.
Tengo que llegar al auto antes de que él me alcance. Es mi única esperanza.
Al llegar al final de la escalera, corro hacia el auto con la lluvia
cayendo sobre mi rostro, escuchando a Roman atravesar la puerta en la
parte superior.
—ALTO —ruge al ver mi perfecta huida—. TE CAZARÉ POR ESTO.
No. No, no, no, no.
Agarro la puerta del auto, la abro y me lanzo al asiento del conductor.
Más que consciente de que esta cosa podría ser rastreada, al igual que el
maldito rastreador en mi brazo, pero tengo que intentarlo. Me arrancaré esa
cosa del brazo con los dientes si es necesario.
La llave está en el encendido y mis nervios se desbocan en el fondo de
mis entrañas mientras giro la llave y enciendo el motor. Tardo unos
segundos preciosos que no tengo, y cuando suelto el freno y pongo el auto
en marcha, miro por el espejo retrovisor y veo a Roman corriendo detrás de
mí, las escaleras detrás de él.
—MALDICIÓN.
Piso el acelerador y salgo disparada como una maldita lunática. Los
neumáticos chirrían sobre el pavimento mojado y rápidamente pierdo el
control mientras las ruedas traseras patinan hacia un lado. Roman se
detiene detrás de mí y, justo cuando creo que he hecho la escapada perfecta,
miro por el retrovisor una última vez y veo con horror cómo Roman saca un
arma.
Piso el acelerador, el auto avanza a trompicones y lucho por mantener
el control.
—No, por favor. NO —grito, con los ojos llenos de lágrimas no
derramadas.
¡BANG!
Un fuerte estallido resuena en la noche cuando la bala de Roman
atraviesa mi rueda trasera. El auto derrapa y rápidamente da un giro
incontrolable antes de golpear el borde de la calzada y salir disparado hacia
el cielo.
Grito, mis manos golpean contra la puerta para intentar sujetarme
mientras el auto da una, dos y tres vueltas antes de detenerse finalmente
sobre el cuidado césped.
La sangre brota de mi cabeza mientras un dolor espantoso desgarra
mi estómago. Mi visión se nubla y los puntos negros amenazan con cegarme,
pero mi lucha aún no ha terminado. Parpadeo, mi cabeza me da vueltas
mientras miro el grueso fragmento de vidrio que sobresale de mi estómago.
—No —grito, parpadeando en la oscuridad y rápidamente me doy
cuenta de que todo el maldito auto está aplastado a mi alrededor, boca abajo
y sin dejarme absolutamente ninguna escapatoria. Presiono la mano contra
mi estómago, tratando de mantener quieto el fragmento de vidrio mientras
golpeo con el codo la ventanilla rota a mi lado, abriendo camino.
Agarrándome al marco de la ventana, salgo de los restos y me
escabullo hacia la hierba, con agudos gritos de dolor que brotan de lo más
profundo de mi garganta. Los faros del auto apuntan hacia el castillo
mientras escucho el sonido lejano de un fuerte aullido de lobo.
Roman está parado en la luz, con el arma colgando a su lado mientras
se acerca lentamente a mí, sus ojos me dicen silenciosamente que ya no
tengo posibilidades. Me arrastro hacia atrás en la hierba, el vidrio
incrustado hace que sea casi imposible alejarme mientras la sangre brota
de mi estómago.
—No —grito, negando violentamente con la cabeza mientras él se
acerca al auto destrozado—. Yo no lo hice. No fui yo.
Paso a paso, mi vida se desvanece rápidamente fuera de mi alcance.
Su expresión se endurece, la traición se refleja en sus ojos mientras
me alejo un poco más, la lluvia cae a mi alrededor y lava la sangre por un
lado de mi rostro.
—Por favor —suplico—. No fui yo.
Un último paso y se sitúa sobre mí, y con el fuego ardiendo en sus
ojos, levanta el arma.
—ROMAN. NO.
¡BANG!
Próximo libro…
Estrellita, ¿dónde estás?
Ya vienen los paganos, y una nueva cicatriz te marcará.
La masacre en dolor de despedida se convertirá.
Sin saber si moriré.
Una guerra de la familia DeAngelis se está gestando y estos paganos
son los cabecillas despiadados, manejando los hilos de sus peones para el
mayor espectáculo de todos (uno que garantizará la dulce victoria).
Pero la victoria en sí tiene un precio.
La pregunta es, ¿qué están dispuestos a perder para conseguir la
única cosa que siempre han querido?
Me secuestraron. Me atormentaron. Me permitieron creer que podía
confiar en ellos, y tontamente lo hice. Estoy en lo más profundo de lo que
podría haber conocido, y ahora no hay vuelta atrás.
Corrí a la primera oportunidad que tuve cuando la sangre fue
derramada. Ese fue mi mayor error.
No. Corras.
Son las palabras que han sido perforadas en mi cabeza desde el
momento en que me secuestraron.
Una bala abrasadora en el pecho es suficiente para sellar mi destino,
y no importa cuánto grite, se niegan a creer en mi inocencia. Están
buscando sangre y no se detendrán hasta que hayan visto la vida
desvanecerse de mis ojos.
Estos paganos no son más que los despiadados y crueles monstruos
que el mundo siempre ha sabido que son y tienen hasta la última carta entre
sus retorcidos dedos. Su propia carne y sangre les temen. Los han encerrado
por un bien mayor, pero ya no serán reprimidos.
Esta guerra acaba de tomar un giro para lo peor y explorar mi camino
hacia la libertad podría costarme la vida.