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Romanos 2

Bosquejo sintético—La universalidad del pecado (Cont.) (2:1-2:29)


I. Dios es Justo al manifestar Su Juicio contra los gentiles porque éstos se han rebelado contra
Él (2:1-16)
a. Dios es Justo al manifestar Su Juicio porque juzga según la realidad (2:1-2)
—El juicio de Dios es según verdad, esto es, en conformidad con la verdad. Dios conoce todas
las evidencias sin excepción. Nada se escapa de Su conocimiento. De manera que el juicio del
Soberano Juez tendrá la verdad como criterio absoluto. Los hombres juzgan comparándose
unos con otros, pero el Único capacitado para juzgar con justicia es Dios.
b. Dios es Justo al manifestar Su Juicio porque ha sido benigno y paciente (2:3-4)
—El hombre inconverso piensa que tiene autoridad para juzgar a otros, pero no se percata del
hecho de que él comete los mismos pecados que los demás. Él juzga a otros y comete los mismos
pecados que motivan su juicio. Sin embargo, el pecador arrogantemente piensa que escapará
del juicio de Dios. El incrédulo siempre da razones en cuanto al por qué debe librarse del juicio
de Dios. Todo pecador que piense escapar del juicio de Dios por sus propios méritos no logrará
hacerlo.
—El hombre, endurecido por el pecado, desdeña o menosprecia las riquezas de la benignidad
de Dios, Su paciencia y longanimidad. El propósito de la bondad de Dios es guiar al pecador al
arrepentimiento. ¡El hombre tiene que ser guiado al arrepentimiento!
—La bondad y gran benevolencia de Dios tienen como meta conducir al hombre a reconocer
su pecado y su rebeldía contra Dios, confesar su iniquidad e identificarse con la Persona y la
Obra de Cristo para recibir el perdón y el regalo de la vida eterna.
c. Dios es Justo al manifestar Su Juicio porque obra según Justicia (2:5-10)
—El hombre que rehúsa arrepentirse y aceptar el regalo de la vida eterna, de manera
progresiva está atesorando o acumulando para sí mismo condenación.
i. El juicio de Dios es justo (2:5)
—El hombre si Cristo ya está bajo condenación (Juan 3:18); la ira de Dios YA ESTÁ sobre el que
rehúsa creer en Cristo (Juan 3:36); la ira de Dios será derramada sobre la humanidad durante
los años de la tribulación (1 Tes.1:10; Romanos 5:9)
ii. El juicio de Dios incluye las obras de los hombres (2:6-10)
—Pablo no se refiere aquí a la salvación, la cual es un regalo de Dios. Los que han confiado en
Cristo no tendrán que enfrentarse al juicio de Dios. Los inconversos tendrán que comparecer
delante del Gran Trono Blanco (Ap.20:11-15).
—Las obras de cada pecador guardan relación con el grado de condenación que recibirán el día
del juicio, pero nunca determinan su salvación, cuya única condición es la fe en Cristo.
—Cada individuo es directamente responsable delante de Dios por todos los actos que cometa.
—Tribulación y angustia vendrá sobre todo aquel que hace lo malo.
—Hoy día, el humanismo secular enseña que nada es malo en sí mismo, pero la Escritura
demuestra que hay prácticas clasificadas como malas, pues son contrarias a la ética establecida
por Dios.
—Gloria, honra y paz son tres palabras que describen las bendiciones que pertenecen a los
hijos del reino.
d. Dios es Justo al manifestar Su Juicio porque no hace acepción de personas (2:11-16)

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—Dios es completamente imparcial. Ninguna persona tiene méritos propios para que Dios la
acepte sobre dicha base. La condenación del hombre es justa debido a su rechazo de la
revelación que ha recibido.
—La ley de Dios escrita en la conciencia del hombre es tan real y tan digna que debe ser
obedecida como cualquier otra ley. Cuando el hombre hace lo correcto, está poniendo de
manifiesto que en su corazón hay una ley escrita que le conduce a hacer lo bueno. Dios puso
conciencia en el hombre. La conciencia tiene la función de redargüir al hombre de lo que hace.
II. Dios es Justo en Su Juicio contra los judíos porque se han rebelado contra Él (2:17-29)
a. Dios es Justo en Su Juicio contra los judíos porque desecharon la Ley (2:17-24)
—Aunque el judío tiene una confianza ciega en la ley, está completamente equivocado en
cuanto al propósito de la ley. Ella no fue dada como un instrumento de salvación, sino para
conducir al pecador al Salvador. Erradamente piensa que es salvo porque tiene la ley o vive en
la esfera de la ley.
—Pablo recrimina a los judíos por su incongruencia. El judío que debía guiar al gentil a la
adoración del verdadero Dios estaba más bien apartándole del camino correcto.
b. Dios es Justo en Su Juicio contra los judíos porque han despreciado sus privilegios
espirituales (2:25-29)
—El valor de la circuncisión no radica en el acto o rito mismo. Ella fue dada a Abraham como
sello del Pacto incondicional que Dios hizo con él. Guardar la ley debía ser una demostración
de fe de parte del judío; guardarla aparte de la fe no tenía valor alguno. De igual manera,
practicar la circuncisión sin fe en Dios no tiene valor alguno.
—Si el gentil guardaba con constancia los preceptos de la ley siendo aún incircunciso,
demostraría mediante su vida que hay una fe genuina en su corazón y su incircuncisión sería
considerada por Dios como circuncisión.
—Aunque el judío posee la Revelación escrita dada por Dios en la ley y aunque ha sido
circuncidado, es un transgresor de los preceptos de las Escrituras. El judío está obligado por la
ley y por la circuncisión a obedecer a Dios, pero está bajo condenación a causa de su
desobediencia igual que el gentil que desobedece la ley de la conciencia.
—Pablo explica quién es un verdadero judío: Aquel que cumple ciertos requisitos espirituales.
Un verdadero judío se distingue de otra persona no por alguna señal externa, sino por una
realidad interior. Su tabla genealógica o el haber sido circuncidado al octavo día no era
indicativo de que fuese un verdadero judío. La Palabra de Dios enseña que la verdadera
circuncisión es la del corazón.
—Uno es verdaderamente judío no en lo racial sino en lo interior, en el corazón, en lo más
íntimo de su vida espiritual. La circuncisión del corazón es equivalente a la regeneración o al
Nuevo Nacimiento.
Resumen y conclusión: En el proceso de demostrar la universalidad del pecado, en la primera parte
Pablo describe el estado de condenación en que se encuentra el hombre gentil: Después de haber
conocido a Dios, la humanidad rechazó ese conocimiento y se entregó a prácticas repudiables de
idolatría y de toda clase de inmoralidades. En la segunda parte Pablo presenta la situación del judío
religioso, quien también está en condenación. El judío ha recibido muchos privilegios, pero también
se ha entregado a la práctica de la injusticia y ha transgredido la ley que Dios le dio a través de Moisés.
Pablo concluye enseñando que el judío verdadero no es aquel que sólo conoce la letra de la ley y que
ha pasado por el rito de la circuncisión. El judío verdadero es aquel que ha puesto su fe en el Mesías,
y, por lo tanto, ha nacido de nuevo. El judío nominal, al igual que el religioso moderno, se gloría en sus
propias obras. El judío completo, al igual que el cristiano genuino, da la gloria a Dios porque reconoce
que sólo la gracia de Dios pudo sacarlo de la condenación y de la miseria del pecado.

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