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Contenido Que Falta Problemas Éticos

El documento trata sobre los problemas éticos. Explica que los problemas éticos son situaciones cuyas resoluciones afectan a otras personas y cuyas acciones pueden ser calificadas como buenas o malas. También describe que la ética estudia el comportamiento humano en relación a lo correcto e incorrecto en una sociedad. Por último, define que un problema ético es cualquier situación que no cumple las normas y que impacta negativamente a la sociedad y los individuos.

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Contenido Que Falta Problemas Éticos

El documento trata sobre los problemas éticos. Explica que los problemas éticos son situaciones cuyas resoluciones afectan a otras personas y cuyas acciones pueden ser calificadas como buenas o malas. También describe que la ética estudia el comportamiento humano en relación a lo correcto e incorrecto en una sociedad. Por último, define que un problema ético es cualquier situación que no cumple las normas y que impacta negativamente a la sociedad y los individuos.

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Problemas éticos.

Los problemas éticos son problemas cuya resolución tiene efectos en otras
personas. Cuando tomamos este tipo de decisiones y actuamos en consecuencia,
estamos ante una conducta moral. Ésta puede ser calificada de “buena” o de
“mala” por nosotros mismos o por los demás. Atribuimos valor moral a un acto
que tiene consecuencias que afectan a otros individuos. Algunos pensadores
sostienen que también existen problemas éticos en la forma en que nos
relacionamos con nosotros mismos.

Cuando nos planteamos un problema ético, no encontramos respuestas a ese


problema en particular en las órdenes que nos dan otros, tampoco las
encontramos en las costumbres o en lo que opina la mayoría ni en las reglas de
conducta que nos han enseñado. Todas esas pautas pueden orientarnos en
nuestras decisiones pero no pueden darnos la solución.

La existencia de las normas morales siempre ha afectado a la persona humana,


ya que desde pequeños captamos por diversos medios la existencia de dichas
normas, y de hecho, siempre somos afectados por ellas en forma de consejo,
de orden o en otros casos como una obligación o prohibición, pero siempre con
el fin de tratar de orientar e incluso determinar la conducta humana.

Un problema ético general refiere a una situación problemática que se vive en


la sociedad y que tiene diferentes formas de manifestación. Cuando hablamos
de problema ético nos referimos a situaciones que son suceptibles de un
análisis moral de las mismas. Es decir, nos referimos a situaciones de índole
general que se presentan en nuestras comunidades pero que se desprenden de
dilemas morales generales, como cuando se piens en la corrupción política, las
situaciones de discriminación por temas de raza, orientación sexual, ideología
política etc. Estas situaciones tienen diversas manifestaciones pero se alinean
en problemáticas generales y sistemáticas que se presentan en la sociedad, ello
es lo que lo hace un problema ético general.

La ética se encarga de estudiar el comportamiento humano ante lo correcto y


lo incorrecto en una comunidad. También abarca la moral, el deber, el bien
común y el ámbito legal.
Por lo tanto, un problema ético es todo aquello que no está bien, correcto, ni
cumple las normas, y que impacta directamente en la sociedad y en los
individuos. Estos problemas pueden afectar la dignidad y el bien común de los
individuos. Están ligados a los dilemas éticos, los cuales se dan debido a la
diferente interpretación que pueden tener los hechos.

Ejemplos destacados de problemas éticos

1- Abuso de poder

Es una práctica social en donde la conducta se basa en mantener relaciones de


poder, de desigualdad y completamente jerarquizadas. Es decir, el individuo
que posee más autoridad sobre otros individuos, bien sea en términos sociales
o políticos, utiliza esa posición para ejercer poder solo en su beneficio.

Por otra parte, el abuso de poder está presente cuando un individuo con mayor
posición social y económica utiliza este beneficio para ejercer autoridad
injustificada sobre otro considerado inferior, causando daños morales en los
sujetos que reciben el maltrato.

2- Discriminación

La discriminación es uno de los problemas éticos más notables en la actualidad.


Estos problemas se han convertido en los de mayor influencia sobre las
sociedades. Un ejemplo relevante se ve en las personas con discapacidad. Estas
son sometidas al rechazo por parte de la sociedad por poseer capacidades
diferentes.

Los derechos de estas personas, como tener un empleo digno o relacionarse con
el entorno, son violados por los individuos desensibilizados que los consideran
inferiores y hasta anormales

3- Soborno empresarial
Tiene lugar cuando, por ejemplo, un empresario muy bien posicionado le paga a
escondidas a un inspector para que este no revele los resultados negativos
encontrados en su empresa.

4- Soborno deportivo

Se evidencia cuando en un partido, o evento deportivo, el árbitro impone


amonestaciones a un equipo para beneficiar al otro, mostrando favoritismo
debido a pagos recibidos.

5- Corrupción política

Este problema ético se ve por parte de los gobernantes y políticos. Los


beneficios del Estado serán ilegalmente tomados por ellos, afectando de forma
directa el bien común de los ciudadanos. La corrupción política se refleja
cuando, por ejemplo, el gobernador de una ciudad se roba el dinero que había
sido otorgado para la reparación de calles y avenidas.

6- Lealtad excesiva

La lealtad excesiva ocurre cuando un individuo es capaz de mentir para cubrir


alguna conducta inapropiada de otro sujeto que tenga una posición más elevada,
sin importarle sus propios principios morales y sociales.

7- Falta de confidencialidad

Este es un gran problema ético en los trabajadores que ejercen profesiones a


través de las cuales manejan información confidencial. Un ejemplo de esto es
cuando un psicólogo hace público los problemas contados por un paciente en una
consulta.

8- Falta de compromiso

La falta de compromiso puede ocurrir cuando el trabajador decide no cumplir


con sus deberes y no aporta el máximo de su esfuerzo para mejorar la
producción laboral.

9- Control social
Ocurre a través del favorecimiento o imposición de estrategias y regímenes
políticos que limitan el desarrollo social de la humanidad. Estas imposiciones se
generan con fines netamente políticos y económicos.

10- Conflicto de interés

El conflicto de intereses es una situación en la que el individuo emite normas o


realiza actos en los que solo está de por medio su interés y beneficio propio.
Un ejemplo claro de esto es la elección de familiares o amigos al momento de
una selección de personal en determinada empresa o en instituciones del
Estado; aunque no estén calificados para el puesto, el individuo en cuestión
prefiere contratarlos.

11- Bienestar por encima de principios

En algunos casos, una persona o institución con ciertos principios los ve


tambaleados debido a que su imposición sería un obstáculo para el bienestar
general. Por ejemplo, los astilleros (industria dedicada a la construcción de
barcos) de una ciudad son firmes defensores de los derechos humanos. Sin
embargo, la empresa pasa por una mala racha económica y el único cliente que
quiere contratar sus servicios es un país dictatorial y que viola algunos de los
derechos más elementales.

En este caso, los astilleros deben decantarse por rechazar trabajar para ese
país por sus principios o bien aceptar la construcción de barcos navales debido
a que sus empleados se encuentran en una situación económica al límite.

El campo de la ética
La experiencia moral es parte fundamental de la condición humana. Las
costumbres sociales y culturales preparan el campo conceptual por medio del
cual nos representamos el mundo y juzgamos las acciones propias y ajenas en
cuanto buenas o malas. El criterio de lo que es correcto es la costumbre, la
práctica social y cultural.
Perfectamente puede hablarse de acciones morales y acciones éticas. Una
acción moral puede ser éticamente incorrecta, en la misma medida que una
acción ética puede ser moralmente mala. Moral y ética parten de marcos de
referencia diferentes para evaluar acciones buenas o correctas, o bien,
acciones malas o incorrectas.

El conocimiento académico sobre ética no conlleva necesariamente a su


práctica. Al igual que la religión, hablar de ética puede ser un buen negocio,
incluso, ser parte de una estrategia política.

Más allá de definiciones académicas de escritorio y de discusiones filosóficas


estériles que no contribuyen a solucionar un problema social concreto, una
forma de entender la ética es como una idea en acción. Y es en la idea donde se
gesta el campo de acción y en el campo de acción donde se materializa la idea
ética. La ética como un campo de acción individual tiene como referente la
autonomía y la responsabilidad.

La ética no consiste en hablar o escribir bonito. La ética como campo de acción


requiere también de cierto refinamiento teórico, y por tanto, como cualquier
actividad académica con pretensión de conocimiento válido, debe
necesariamente contar con un marco epistémico que la sustente. Pero, como no
todos tienen acceso a las bondades filosóficas ni todas las bondades
filosóficas tienen una utilidad práctica, es necesario inventarse una ética
personal.

El campo de estudio de la ética son las acciones y los valores del individuo
frente a situaciones cuyos resultados pueden afectar en muchos niveles a
otros individuos. La ética está estrechamente relacionada con la moral, aunque
hay autores quienes buscan dibujar una mejor separación entre estas dos.

El estudio de la ética busca responder, entre otras cosas, a la pregunta ¿Qué


es correcto o incorrecto frente a circunstancias particulares?, ¿Cuál es la
forma ideal de vida, en todos sus aspectos, para el hombre? diferencias entre
ética y moral
La ética no debe confundirse con el comportamiento en concordancia con las
convenciones sociales, leyes y creencias impuestos en el espacio en el que
desenvuelva el individuo.

La ética aborda los principios idiosincráticos y de personalidad de un individuo


para luego enfrentarlos a las decisiones que este toma, y las repercusiones que
de ahí se puedan derivar.

Los estudios de la ética se han dividido en tres grandes ramas, algunas con
mayor influencia en el día a día del individuo en sociedad; otras destinadas a la
reflexión filosófica principalmente.

Estas son la metaética, ética normativa y ética aplicada; de igual manera existe
una cuarta rama reconocida por los filósofos pero con menor asiduidad en su
estudio: la ética descriptiva.

Ramas de la ética y sus campos de estudio

Metaética

La metaética es una rama que busca dilucidar e interpretar la naturaleza,


atribuciones y propiedades de la ética en las acciones, declaraciones y juicios
emitidos por el hombre.

La metaética no se enfoca en encontrar la respuesta o justificar la acción del


hombre ante situaciones determinadas, sino que busca esclarecer conceptos
superiores y muchos más ambiguos.

Conceptos como qué es el bien; cual es la significación de los términos correcto


o incorrecto; cual es la naturaleza de la moral y los juicios de que de ella
derivan; cómo pueden ser defendidas ciertas decisiones sobre otras.

Esas son el tipo de preguntas que se realizan en el campo de la metaética. Si se


observa como un orden vertical, la metaética abordaría los temas que se
encuentran en un plano superior, intangibles en situaciones particulares, pero
capaces de condicionarlas una vez se tiene un concepto claro del cual se
derivan muchos otros.
Ética normativa

Está centrada en la acción; en el cómo. Busca establecer ciertos parámetros,


aunque no rígidos, ya que no existe forma de que los postulados filosóficos
tengan la capacidad de controlar el comportamiento humano.

La ética normativa busca dar las respuestas a las preguntas que surgen ante la
duda de cómo se debe actuar, moralmente hablando.

Esta rama es capaz de determinar ciertos estándares de lo que es correcto y


lo que no y que, al contrario de la metaética, pueden tener un valor mucho más
práctico, que puede ejemplificarse con situaciones reales, lo que facilita al
individuo su capacidad de decisión y acción.

La ética normativa se encarga de determinar, de forma prescriptiva, lo


correcto o incorrecto de ciertas creencias y conductas en el imaginario social,
como parte de una búsqueda que se centra en la puesta en práctica de
conductas que puedan llevar la vida individual y en sociedad a un estado ideal.

Si en el mundo, una parte de las sociedades justifica el asesinato bajo ciertas


condiciones (no debe verse como un crimen judicial, sino como el poder y
decisión de un individuo de arrebatarle la vida a otro), las cuales son
repudiadas por otras sociedades, la ética normativa se encargaría de
determinar si es correcto para el hombre mantener esa creencia y práctica, o
no.

Ética aplicada

La ética aplicada se encarga del análisis de situaciones particulares en un


contexto definido, donde entran en juego prácticas y oficios que manejan sus
propios códigos y que pueden someter al individuo a conflictos internos entre lo
que dicta su moral y lo que puede ser correcto dentro del campo en el que se
aplica.

Esta rama engloba en gran parte prácticas profesionales, en las que se han
desarrollado sus propios lineamientos éticos sobre el accionar ante situaciones
particulares.
En áreas de innovación e investigación científicas, por ejemplo, la ética aplicada
se percibe en la toma de decisiones justificadas que podrían afectar a otros
seres vivos; si la intervención de tal o cual elemento, que brindaría un gran
beneficio para el ser humano, no sería contraproducente para los animales, por
presentar un caso.

En otras áreas profesionales esta rama tiene una gran importancia, como lo es
en el caso de la medicina. Los profesionales de la medicina se forman bajo un
código ético sumado a su moral, pero esto no los exime de enfrentarse a
situaciones capaces de desbalancear su posición personal.

La forma en la que decidan actuar puede estar fuertemente vinculada con los
postulados de la ética aplicada.

Otras áreas profesionales que dan gran importancia al sentido de ética, debido
a su poder sobre un elemento que afecta a toda la sociedad, a nivel mundial, es
el periodismo, en cuanto al tratamiento y manejo de la información, capaz de
manipular masivamente si es utilizado de manera inescrupulosa, infringiendo el
código ético establecido para esta práctica.

Ética descriptiva

La ética descriptiva es considerada la cuarta de las ramas de estudio de la


ética, aunque en algunos casos puede no mencionarse debido a su condición de
estudio que puede considerarse “poco práctica”, ya que se enfoca en dar forma
a la percepción que tiene el individuo frente a ciertos conceptos, y no busca
determinar patrones de acción o pensamiento.

Esta rama se centra principalmente en dilucidar qué entiende el individuo por


moral y todos los conceptos alrededor de ella.

De esta forma, funciona como investigación empírica de las actitudes


individuales o grupales del ser humano. En comparación con otras ramas, se

considera que tiene un amplio carácter observacional y reflexivo .

Ética profesional
La ética profesional se refiere al conjunto de normas o principios por los cuales
debe regirse una persona en el ámbito laboral. Este factor trata de abarcar los
parámetros y actividades que se realizan en las diferentes profesiones. Trata
de establecer conciencia de responsabilidad en la ejecución de la profesión,
mediante los valores que tiene cada persona.

Para que una persona tenga ética profesional es fundamental que goce de una
naturaleza o personalidad que restaure el sentido de responsabilidad en cada
individuo para un mejor rendimiento, como principal objetivo de esta materia.
La ética profesional no depende directamente de normas o códigos de
conducta; no nos pone en dilema del cumplimiento o no de ciertas reglas debido
a que sucede naturalmente. El comportamiento de la ética es totalmente libre y
responsable de las consecuencias que pueda llegar a tener, independientemente
de las buenas intenciones.

En lo profesional, tiene que ver directamente con nosotros. Guarda relación con
la calidad moral del trabajo que realizamos, se vincula con la forma en que
llevamos a cabo nuestro quehacer diario, que implica vocación, honestidad,
responsabilidad y respeto. Es asumir un compromiso con lo que cada ser
humano hace.

Un ejemplo de ética profesional sería que independientemente del estado de


ánimo en que la persona se encuentre, de lo que le suceda internamente, por
alguna situación económica, de lo que esté sucediendo en el mundo, la
responsabilidad profesional nos obliga a hacer un buen trabajo pase lo que
pase.

Muchas personas faltan a la ética porque con frecuencia llevan sus problemas a
su lugar de trabajo. Entonces, ¿de qué sirve tener un título universitario o un
puesto si haces tu trabajo con desinterés y sin vocación, pensando que todo el
mundo tiene la culpa de tus problemas? La ética profesional es de cumplimiento
obligatorio con nuestro ser, un principio inviolable, una lealtad que no se puede
abandonar ni defraudar para que se llegue a ser mejor persona, con más
principios y conocimientos.
Cuando se actúa con ética profesional significa que se ha logrado integrar el
quehacer diario con la vida cotidiana. La vocación tiene mucha importancia para
que asumamos ese compromiso laboral. Termino con una frase de Roberto
Rossellini: “La búsqueda de la humildad es lo más importante, especialmente si
quieres edificar una ética y si quieres alcanzar una cierta moral.”

Definición de Ética Profesional

La ética professional implica una serie de principios y de reglas que una


actividad profesional deberá observar en la realización de su quehacer y
entonces desde las mismas tomadas como pilares y bases de acción pretende
regular todas las acciones y actividades que se lleven a cabo en el marco de tal
profesión. Vale destacarse que se trata de una disciplina que se haya inserta
en la ética aplicada porque refiere a una parte específica de la realidad.

En un nivel general la ética no es coactiva, es decir, no impone castigos


normativos, sin embargo, la ética profesional sí podría hacerlo en caso de
haber un código deontológico que regule la actividad profesional en cuestión. La
ética normativa es lo mismo a decir deontología y consiste de una serie de
principios y de reglas que exigen un cumplimiento obligatorio.

Desde la ética profesional se expondrá y sugerirá aquello que es deseable y


aquello que por el contrario no lo es en una profesión y por el lado de la
deontología dispondrá de las herramientas de administración que garantizarán
que la profesión que corresponda sea llevada a cabo de modo ético y como está
previsto.

Entonces, el concepto de ética profesional es aquel que se aplica a todas las


situaciones en las cuales el desempeño profesional debe seguir un sistema
tanto implícito como explícito de reglas morales de diferente tipo. La ética
profesional puede variar en términos específicos con cada profesión,
dependiendo del tipo de acción que se lleve adelante y de las actividades a
desarrollar. Sin embargo, hay un conjunto de normas de ética profesional que
se pueden aplicar a grandes rasgos a todas o a muchas de las profesiones
actuales. La ética profesional también puede ser conocida como deontología
profesional.
La idea de ética profesional se establece a partir de la idea de que todas las
profesiones, independientemente de su rama o actividad, deben llevarse a cabo
de la mejor manera posible, sin generar daños a terceros ni buscar
exclusivamente el propio beneficio de quien las ejerce. Así, algunos de los
elementos comunes a la ética profesional son por ejemplo el principio de
solidaridad, el de eficiencia, el de responsabilidad de los hechos y sus
consecuencias, el de equidad. Todos estos principios, y otros, están
establecidos a modo de asegurar que un profesional (ya sea abogado, médico,
docente o empresario) desempeñe su actividad coherente y sensatamente.

En algunos casos, la ética profesional tiene que ver con acciones específicas de
cada profesión. En este sentido, un abogado, un psicólogo o un médico tienen
como valores de ética profesional la confidencialidad de la información
recibida, la eficiencia, ya que en algunos casos se trata de situaciones que
implican riesgo de vida, etc.

En otro orden de cosas pero de manera similar, por ejemplo, la ética


periodística condenará que un profesional de la prensa perciba una suma de
dinero a cambio de publicar una información ya sea a favor o en contra de una
persona, con la misión clara de perjudicarla o beneficiarla, según corresponda.
Tal accionar se contrapone de plano a la propuesta de la ética periodística que
promueve que la práctica profesional sea siempre desempeñada con objetividad
y transparencia.

Entonces, cualquiera sea la profesión, el profesional como individuo que es


tiene la responsabilidad de desarrollar de la manera más ética posible su
trabajo, siempre intentando en la medida de lo posible y de su alcance
contribuir al bien común. Se deberá evitar anteponer los beneficios
individuales por sobre ese bien común.

Aún más, hay algunas actividades profesionales que ni bien el profesional se


gradúa demandan que se comprometa de una manera pública, haciendo un
juramento, a desempeñarse en la misma dentro de las pautas éticas que se
hayan previstas. Uno de los casos más representativos son los funcionarios
públicos a quienes se les toma juramento sobre la constitución nacional, es
decir, invocando a la misma, y colocando su mano sobre ella al momento de
asumir el cargo. Tal acto solemne simboliza el compromiso que asume el
funcionario.

Cuando un profesional no cumple de manera evidente con las reglas de ética


profesional, es punible de altos castigos o sanciones ya sea por parte de sus
clientes o pacientes como también por parte de sus superiores, cualesquiera
estos sean dependiendo del tipo de profesión o actividad de la que se hable.

Principios de la ética profesional


Para Augusto Hortal, cada ética profesional genera, en su propio ámbito una
clasificación de situaciones, asuntos, conflictos y modos de abordarlos y
resolverlos, que permiten analizar lo que está en juego en la toma de
decisiones. Los nuevos casos son juzgados, en primera instancia, con base en
los elementos conocidos. Los principios son imperativos de tipo general, que
orientan acerca de lo que es bueno hacer y lo que debe evitarse. Se distinguen
de las normas por ser más genéricos, señalan grandes temas y valores de
referencia, que hay que tomar en cuenta a la hora de decidir y de enfrentar
casos problemáticos. Las normas aplican los principios a situaciones más o
menos concretas.

Para este autor, los principios pueden ser el punto de partida o de llegada de
una actuación. "El razonamiento moral descendente" va de los principios
generales a otros más específicos, paulatinamente, hasta llegar a las decisiones
singulares. Para poder ser aplicados, deben ser revisados e interpretados con
respecto al contexto en que se producen y a las situaciones y casos que se
busca resolver. El "razonamiento moral ascendente" parte de las actuaciones y
decisiones singulares en situaciones concretas. De ahí se van generando
criterios de actuación, hasta llegar al nivel más general de los principios.
Ambos procesos se combinan.

En la ética profesional están implícitos al menos tres principios:

1. Beneficio o Beneficencia: "La palabra beneficencia está compuesta de dos


vocablos de origen latino, bene y facere, que podrían traducirse como hacer el
bien. Hace referencia a la consecución de determinados bienes específicos de
la práctica profesional correspondiente".

Cada profesión se plantea y legitima frente a los demás la consecución de


ciertos bienes y servicios. Para ser buenos profesionales, los individuos deben
conocerlos y buscar su cumplimiento, tanto con respecto a los usuarios que
reclaman un trabajo bien hecho, como de la sociedad en su conjunto, que
pretende resolver problemas prioritarios con la contribución de los
profesionales.

En este campo de investigación, lo primero que hay que plantearse es la


finalidad de cada profesión. Se puede partir de generar y responder preguntas
básicas como son: ¿Qué bienes y/o servicios produce?, ¿para quién?, ¿de qué
manera?. En la evaluación de los profesionales, se consideran no sólo los
directamente beneficiados por su actividad, sino también los individuos y
grupos que se relacionan con las acciones desarrolladas.

La ideología del profesionalismo enfatiza el uso del conocimiento y habilidades


disciplinarias para el bien público. Aunque algunas disciplinas proporcionan
directamente un bien específico a personas, grupos e instituciones, los bienes y
servicios que se generan son siempre valorados con respecto a un bien común
más amplio. Los profesionales y sus asociaciones tienen la obligación de valorar
lo que hacen con esa perspectiva. Es evidente que para ello se requiere
competencia profesional, que se adquiere por una formación inicial y
continuamente actualizada de conocimientos y habilidades, de carácter teórico
y práctico, para saber qué hacer y cómo hacerlo.

Augusto Hortal retoma de Alasdair MacIntyre la distinción entre bienes


intrínsecos y extrínsecos. Los primeros están ligados a la adecuada realización
de la práctica profesional y los segundos se refieren a las recompensas
económicas, de poder y de prestigio que se asocian a ella. Es evidente que los
bienes intrínsecos son los prioritarios y que se tergiversan las actividades
profesionales cuando los esfuerzos están dirigidos únicamente al logro de
beneficios personales.
Friedson, considera que existe una larga tradición de estudiosos que defienden
que los profesionales buscan el bien del cliente, del público o del desarrollo de
su profesión, por encima de su propio interés económico. No puede haber una
justificación ética para los profesionales que sólo buscan el beneficio personal,
por sobre la obligación de hacer un buen trabajo para el que lo necesite. El
fortalecimiento de la legitimidad del profesionalismo requiere un claro
reconocimiento de las implicaciones éticas del privilegio profesional y una
fuerte resistencia a los acuerdos institucionales que enfatizan exclusivamente
los incentivos económicos.

Detrás del secreto profesional se oculta, muchas veces, la apropiación y el


monopolio sobre una parcela del conocimiento, que de ser manejada bajo
principios éticos, ayudaría a resolver importantes problemas sociales. Ejemplos
de lo planteado hay muchos a nivel mundial. Uno de ellos, señalado por el Dr.
Daniel Ramón Vidal, catedrático de Tecnología de Alimentos de la Universidad
de Valencia, consiste en la dificultad que hay de generar y distribuir alimentos
básicos, desarrollados transgénicamente, a poblaciones y países que lo
requieren con urgencia, debido a las patentes de las grandes compañías
transnacionales. Lo mismo sucede con la producción de medicamentos que
pueden combatir enfermedades contagiosas y pandémicas.

Aunque el principio de beneficio o beneficencia se plantea en general para


todas las profesiones, es importante reflexionar en las diferencias que se
producen entre ellas. Así, para cierto tipo de ciencias, como las exactas y
naturales, podremos encontrar más fácilmente la reflexión sobre la ética
profesional en la ética de la ciencia y de la investigación científica, mientras
que en otro tipo de disciplinas, como las sociales y humanísticas y
principalmente en aquellas que tienen una eminente labor asistencial, la relación
directa con los beneficiarios de la actividad profesional ocupa un lugar
predominante. Esto no exime, por supuesto, a ninguna profesión de la
evaluación de las consecuencias que se producen por la toma de decisiones y el
uso que se hace de sus resultados.

2. Autonomía: "La palabra autonomía procede del griego: autos (sí mismo) y
nomos (ley) y hace referencia a la capacidad que tiene cada cual de darse a sí
mismo sus propias normas, procurando construir la propia vida a partir de
ellas".

En este segundo principio hay dos acepciones. Una de ellas se centra en el


profesional, que requiere independencia y libertad para poder realizar
adecuada y éticamente su trabajo y lo otra se centra en el beneficiario, que
posee derechos que deben ser respetados. Ambas posturas se plantean a
continuación:

a) Autonomía del profesional: Se basa en el valor de la libertad, se refiere a la


capacidad personal de tomar decisiones en el ejercicio de la profesión. Por
este principio, se condena la presión extraprofesional, tanto de individuos,
como de instituciones públicas y privadas en la toma de decisiones relevantes,
que puede orillar a que se dejen de lado los comportamientos éticos.

Lo más importante de la ideología profesional es que está vinculada a valores


trascendentes que le dan sentido y justifican su independencia. Los
profesionales reclaman el derecho de evaluar las peticiones de empleadores o
patrones y las leyes del Estado. Su revisión está basada en razones
profesionales, que llevan a la convicción de que se está tergiversando el valor o
propósito fundamental de una profesión. Los profesionales tienen que ser
capaces de equilibrar el bien público con las necesidades más inmediatas de los
clientes y empleadores.

b) Autonomía del beneficiario: En el segundo que es la propuesta de Augusto


Hortal y del grupo que trabaja este tema de manera sistemática en los Centros
Universitarios de la Compañía de Jesús en España, el principio de autonomía
busca corregir la falta de simetría entre quien ofrece el servicio y el
beneficiario de la actividad.

El profesional por su preparación acreditación y dedicación tiene un


ascendente sobre sus clientes y usuarios. La desigualdad entre ambas partes
puede producir abusos. Para evitarlos, es necesario que esté siempre en
funcionamiento el principio de autonomía. Consiste en considerar que el
receptor de los servicios (individual y colectivo) no es ente pasivo, sino un
sujeto protagonista. De ahí se deriva la obligación de garantizar a todos los
individuos involucrados, el derecho de ser informados, de que se respeten sus
derechos y de consentir antes de que se tomen decisiones con respecto a ellos;
protegiendo de manera especial a los que no pueden decidir por sí mismos. "El
usuario tiene el derecho y la obligación de colaborar en la resolución de sus
problemas".

Cuando se respeta este principio, se establece una relación de carácter


profesional, en la que se desarrollan ciertos acuerdos y estrategias conjuntas
entre los profesionales y sus beneficiarios. En el caso de la universidad, por
ejemplo, es necesario reconocer que los estudiantes pueden ejercer por sí
mismos su autonomía, en plenitud de derechos, capacidades y
responsabilidades.

Para Francisco Bermejo, existen ciertos requisitos para que pueda darse una
decisión autónoma. Son de dos tipos, los de carácter social y cultural, que
implican que el contexto debe contar con condiciones propias para ello y los de
carácter personal, es decir, que los clientes y usuarios actúen con iniciativa y
capacidad. Sintetiza los requisitos en "querer", "saber" y "poder". En el
primero, los clientes y usuarios deben contar con motivación para demandar al
profesional el tipo de bienes y servicios que requieren. En el segundo,
requieren de información, que incluye conocer otras opciones disponibles y las
consecuencias que acarrea cada una de ellas. El tercero implica que sí se quiere
algo y se sabe cómo realizarlo, es necesario poder llevarlo a cabo. En todo
proceso de decisión, el papel del profesional es apoyar, mediante sus recursos
profesionales, la competencia e información de sus clientes y usuarios.

c) Justicia: La ética profesional queda incompleta si no se enmarca en la


perspectiva de una ética social, que permita entender en qué contribuye o
puede contribuir el trabajo de cada profesión a mejorar la sociedad. Los
profesionales son las personas y grupos más competentes y mejor ubicados
socialmente para promover una distribución más racional y justa de los
recursos, que son siempre escasos y que se requieren para conseguir múltiples
y variados fines. Las preguntas básicas son: ¿Qué es lo justo? y ¿Qué es
prioritario cuando no hay recursos para satisfacer las demandas de todos?
Para Hortal, este principio tiene que ver con: El sentido social de profesión. El
colectivo profesional se hace responsable ante la sociedad de los bienes y
servicios que busca promover. Se traduce en un compromiso a favor del bien
público y con los problemas sociales que se refieren a temas del propio ámbito
profesional. Los colectivos profesionales deben estar vinculados con las
necesidades sociales.

El desempeño profesional en espacios públicos y privados, tiene que ver con el


asunto de quién puede o no puede pagar por el servicio profesional que se
requiere. Un buen profesional tiene, o debería tener, siempre presente el
contexto social de referencia y las obligaciones de justicia. La ética
profesional permite reflexionar sobre si la función social que desempeña una
profesión es la misma que la sociedad necesita de ella. Con el principio de
justicia se hace presentes tres protagonistas: los usuarios que reclaman
determinados bienes y servicios, el profesional que requiere de medios para
ofrecerlos y los responsables públicos, que representan al conjunto de la
sociedad y buscan conseguir un cierto equilibrio entre las necesidades,
exigencias y expectativas de todos. Es importante que los clientes y usuarios
sean conscientes de que también dependen de la capacidad de las instituciones
de responder a sus demandas y de su propia adaptabilidad a lo que éstas
pueden proporcionar.

Otros principios

Podríamos considerar los tres principios mencionado como los básicos. Hay
autores que toman en consideración otros principios (Corey, Corey y Callanan
(Pérez, Franca-Tarragó, Mertzman y Madsen), como son:

Evitar el daño. Consiste en no actuar de manera que se ponga en riesgo o se


lastime a las personas. Equivale, en términos de los principios clásicos
generados por la bioética, al principio de no maleficencia. El evitar el daño a los
hombres y a la naturaleza, se vuelve muy importante, especialmente, en el caso
de las ciencias y la tecnología, que cuando se utilizan inadecuadamente tienen
un enorme potencial destructivo. Para la inmensa mayoría de las personas, la
ética de las ciencias se centra en la preocupación por los peligros del uso de la
ciencia y la tecnología y por los límites que conviene establecer.
Fidelidad. El profesional hace promesas justas y cumple con sus acuerdos a
aquellas a quienes presta el servicio. Es un derecho del cliente o usuario elegir
al profesional y es un derecho de éste último, aceptar o no la relación. Pero
cuando ambas partes deciden iniciarla, se entabla un acuerdo sobre la base de
las expectativas previamente conocidas o formuladas. Los códigos conceden
que hay una promesa explícita de cumplir el acuerdo.

Veracidad. Cuando se entabla la relación: profesional-beneficiario, se establece


un acuerdo implícito de que la comunicación se basará en la verdad.

Confidencialidad. Es el derecho que tiene cada persona de controlar la


información referente a sí misma, cuando la comunica bajo la promesa-explícita
o implícita- de que será mantenida en secreto. Se refiere a un criterio general
de conducta que obliga al profesional a no discutir información acerca de los
beneficiarios con otros. Obliga a guardar los secretos que uno conoce en razón
del ejercicio profesional y a respetar la intimidad de las personas implicadas.
En la práctica hay situaciones en que el profesional puede verse obligado a
revelar, sin el consentimiento del cliente o usuario, alguno de los detalles
recibidos confidencialmente.

Estos casos buscan: beneficiar de algún modo al cliente o protegerlo de algún


mal que pudiera ocasionarse a sí mismo, proteger a terceros de algún perjuicio
que pudiera ser ocasionado por parte del cliente, poner en común ciertos datos
con otros colegas y profesionales y respetar la orden de alguna autoridad
administrativa o judicial. El problema ético, en estos casos, radica en decidir
acerca de la necesidad de contravenir el principio de confidencialidad. De
todos modos, el usuario tiene derecho a que se le comunique, desde el inicio de
la relación profesional, el tratamiento que se va a dar a la información, la
obligatoriedad de la confidencialidad en general y las excepciones que pueden
generarse.

Todos los códigos deontológico señalan la obligación que tienen los


profesionales de mantener en secreto la información que han recibido con
carácter confidencial. Si los beneficiarios no tienen esta seguridad no pueden
expresarse con libertad, el profesional al garantizar la relación confidencial,
manifiesta respeto por sus clientes y usuarios y por su libertad para tomar
decisiones, incluyendo aquella de si quiere o no manifestar información
públicamente.

Honestidad. Aunque este principio/valor se menciona escasamente, es


importante para el correcto ejercicio profesional.

Juan Manuel Cobo, propone unos principios éticos válidos para todas las
profesiones. Unos provienen de la ética general, como son: dignidad, libertad,
igualdad y derechos humanos, de los directamente beneficiados por el
ejercicio profesional y de los indirectamente relacionados. Otros son propios
de la ética profesional: beneficencia, autonomía, justicia, confidencialidad y
responsabilidad profesional.

Como puede verse, el tema de los principios de la ética profesional, es un


asunto ineludible en la investigación de éste campo, son un punto de referencia
con los cuales contrastar el comportamiento real de los profesionales en sus
lugares de trabajo y un elemento básico en la formación de los profesores y
estudiantes universitarios.

Ética y Filosofía

Por Miguel Bueno

(Profesor de la U. N. A. M.)

Para llevar a cabo el estudio de la ética se debe principiar con un concepto que
exponga cuál es su esencia y su significado, de modo que el problema
respectivo no se confunda con ninguno de los que tienen afinidad con ella. De la
acepción que se otorgue inicialmente a la ética dependerá el desarrollo que
adquiera posteriormente; la objetividad de dicha acepción es básica para su
firme progreso.

Atendiendo a este requisito, proponemos la siguiente definición: la ética es la


disciplina filosófica que fundamenta el valor de la conducta humana. Los
conceptos que figuran en la definición establecen:
a) Que la ética es una rama de la filosofía.

b) Que su labor consiste en fundamentar un valor.

c) Que se refiere a la conducta humana.

El desarrollo de nuestra materia ha de efectuarse a partir de los términos


planteados en su definición. Ahora bien, dando por supuesto que el concepto de
filosofía involucra la fundamentación de un valor, puede establecerse otra
definición más breve, equivalente a la anterior: ética es filosofía de la
conducta. Para explicarla hay que desenvolver en primer lugar el concepto de
conducta.

Entendemos por conducta la actividad que despliega el hombre en forma


consciente. Conducta y actividad consciente son términos sinónimos. Ahora
bien, como dicha actividad –según lo indica el término– se origina en la
conciencia, es necesario explicar en qué consiste la conciencia. Para ello
diremos que la conciencia es la facultad de darse cuenta de los objetos, y las
vivencias de la persona que la ejercita. El hombre se percata de las cosas por
medio de la conciencia, establece el problema que presenta cada una y trata de
ofrecer una solución. De acuerdo con ello, la conducta consciente es la que
efectúa el hombre comprendiendo lo que significan sus móviles y su alcance, los
elementos que la determinan, los fines que persigue y demás factores que la
integran. Lo esencial de la conducta es manifestarse en actos, y tener
conciencia de ella equivale a percibir sus factores constitutivos, a saber: la
esencia, el fin y los medios de la acción, que representaremos por las partículas
qué, para qué y cómo. Así, pues, en la conducta consciente el hombre se percata
de sus actos; sabe qué actúa, para qué actúa y cómo actúa. En esos tres
elementos se funda la conciencia de la acción, y por consiguiente, el problema
de la ética.
Hablando en rigor, no se tiene jamás una conciencia perfecta, que sería capaz
de explicarlo todo. La conciencia perfecta correspondería a la conducta
perfecta y sería propia de un ser también perfecto, no de un ser humano. Al
pedir que la conducta moral se integre en actos conscientes se pretende un
conocimiento esencial de dichos actos, con las limitaciones que ello implica, no
sólo en profundidad sino también en extensión; el hombre no puede ser
consciente en todos los momentos de su vida y con frecuencia posterga en
mayor o menor grado al conocimiento, dando cabida a los instintos que operan
poderosamente en el psiquismo. Sin embargo, lo distintivo en él es su facultad
de actuar conscientemente y en esto se funda el valor moral de la conducta; la
ética tiende a explicar dicho valor con el concurso de diversas ciencias que
mantienen contacto con ella.

Sobre el concepto de conducta como actividad consciente se erige la ética en


calidad de teoría que comprende a los valores como realización humana; los
valores se vierten en la actividad cultural, la más elevada forma de conducta,
que se efectúa mediante la concepción y realización de sus obras, cuya práctica
permanente repercute en la superación del hombre, considerado individual y
socialmente, como persona y como especie. En tal sentido, realización cultura]
y realización humana son términos sinónimos y equivalentes. En ellos se localiza
el punto de partida para la verificación de las doctrinas morales.

Para concluir, indiquemos que la ética se desenvuelve como filosofía de la


conducta implicando una triple relación que es necesario atender. Dicha
relación concierne:

a) A la filosofía, porque la ética es una rama filosófica y sus doctrinas están


conectadas con los sistemas filosóficos.
b) A la lógica, porque la ética es una forma de pensamiento y emplea conceptos,
juicios, razonamientos y demás formas cognoscitivas.

c) A la ética misma, por las ideas que orientan a la conducta, explican su valor y
sus consecuencias en la vida.

Las dos primeras formas de relación nos ocuparán de inmediato, como una
introducción al estudio de la ética. La tercera abarcará el resto de la obra y
constituye su tratamiento.

Puesto que la ética es una rama de la filosofía hay que establecer el concepto
de filosofa, para lo cual se puede recurrir al denominador común de sus
diversas doctrinas, que se localiza en el saber universal; todos los filósofos
anhelan poseer un conocimiento universal, entendiendo en ello al conocimiento
que se aplica a todos los renglones de la existencia. Dicha universalidad se
expresa en la concepción del mundo y de la vida –también llamada cosmovisión o
Weltanschauung– que toda filosofía quiere obtener; un concepto del mundo y
de la vida que otorgue dirección positiva a los actos de la existencia. De lo
anterior se desprende que: la filosofía es el concepto universal del mundo y de
la vida. Esta definición se aplica inexcepcionalmente a cualquier sistema y
puede ser tomada sin reservas como una idea totalizante de la filosofía. La
definición tiene un carácter formal, comprende el propósito que reconocen
todos los filósofos y por ello mismo es universal, aunque el contenido de los
sistemas –o sea la comprensión obtenida– varíe en cada uno; hay siempre un
mismo propósito conducente a la comprensión integral de la existencia . Así
pues, en el filosofar existen dos factores determinantes, uno constante y otro
variable: el primero es la tarea general que se propone y el segundo es la
solución particular que se ofrece en cada caso.
El desenvolvimiento de la ética tiene lugar en estrecha relación con toda la
filosofía, en la cual se halla inmersa. La relación se prolonga en un doble
sentido: general y particular. En sentido general, propone obtener un concepto
del mundo y la vida mediante la valoración de la existencia misma que se
traduce en la conducta; su significación humana es expuesta por la ética. En
sentido particular, la tarea se lleva a cabo en diferentes sistemas, de acuerdo
con el concepto predominante en cada uno, e influye asimismo en la ética
mediante la postura moral correspondiente. Por ejemplo, si el sistema es de
tipo idealista, la ética que albergue será también idealista; si el sistema
filosófico es materialista su ética lo será también, &c. Este paralelo encuentra
una explicación en la preponderancia del concepto que predomina en cada
sistema y repercute en la analogía formal observada en sus disciplinas
particulares.

La formación de las posturas filosóficas puede explicarse a partir de la que


designaremos como relación cultural entre el sujeto y el mundo que lo rodea,
haciendo que éste se proyecte en aquél, y recíprocamente, que aquél influya
sobre éste; el sujeto asimila los contornos del mundo exterior y los revierte
como una proyección de sí mismo, generando la gama de obras y expresiones
que lo manifiestan. Se trata, pues, de una correlación con un doble sentido: el
influjo de la realidad en el sujeto y la exteriorización del sujeto en el mundo.
La importancia de esta relación es que a través de ella se produce la vida
cultural, o sea la expresión del espíritu frente al mundo externo; su producto
es la infinitud de obras que se manifiestan en el decurso histórico, ingresando
al patrimonio de la humanidad como huella de la acción espiritual en sus
diferentes épocas.

La relación del sujeto con el mundo externo determina la confluencia de dos


grandes factores que han señalado el derrotero de la filosofía, según la
preponderancia que adquiere cada uno en cierto tipo de sistemas. Esos
factores son el espíritu y el mundo exterior; aquél es fuente de ideas, y éste,
de sensaciones; el primero es un mundo interno y el segundo un mundo externo.
De aquí el paralelo que existe entre los siguientes términos:

Espíritu-Realidad.

Mundo interno-Mundo externo.

Ideas-Sensaciones.

Los sistemas filosóficos suelen reconocer con predilección alguno de esos


términos, dando origen a dos grandes familias que se agrupan bajo el rubro de
idealismo y realismo, respectivamente. La posición idealista tiende a edificarse
afirmando a las ideas con independencia de la realidad, mientras la posición
realista arraiga en el mundo de los hechos y las sanciones. La exacerbación de
ambas posturas ha repercutido en un nocivo antagonismo por el cual la
afirmación de una va en detrimento de la otra, de suerte que los partidarios
del realismo suelen declararse enemigos del idealismo, y recíprocamente. Esta
es una especie de miopía intelectual que ve exclusivamente las virtudes de la
doctrina que profesa, postergando las que corresponden a otras doctrinas.

Existe una tercera posición que representa una síntesis de las dos anteriores,
quiere mantener sus virtudes y eliminar sus defectos; sería pues, una síntesis
de lo mejor que tienen ambas. Por otra parte, esa tercera posición plantea la
necesidad de transitar dinámicamente de una postura a otra, por lo cual se le
ha conocido como dialéctica. En suma, la dialéctica reconoce la necesidad del
sujeto actuante y el mundo exterior, así como su mutua influencia, por lo cual
el mundo externo recibe la impronta del sujeto, en tanto que éste se configura
con la percepción del mundo exterior.
La proyección cultural permite establecer una somera clasificación de las
doctrinas filosóficas en idealistas, realistas y dialécticas. Esta clasificación
tendrá singular importancia para el estudio de la ética.

El gran número de doctrinas que registra la filosofía suele provocar


desconcierto cuando se quieren aplicar a cuestiones concretas de la vida. Tal
vez se acepte alguna de ellas durante cierto tiempo y se la rechace después; o
bien se quiera tomar ideas que pertenecen a varias doctrinas; o, finalmente, se
vacile sobre la forma de aplicar la enseñanzas que contienen. En todo caso
resulta indispensable reconocer alguna doctrina filosófica, adoptar un punto de
vista para interpretar la vida, dirigir la conducta y valorar la existencia; un
hombre carente de filosofía está imposibilitado para definir su vida y orientar
progresivamente su comportamiento. La actitud moral tiende a realizar las
ideas que se consideran necesarias para la vida; empero, si no se tienen ideas
será imposible poseer una actitud moral. La adopción de una postura filosófica
es la culminación del criterio para vivir, es el reconocimiento de un punto de
vista y al mismo tiempo la herramienta con la cual se construye la conducta.

En otro plano, una postura filosófica es el nexo de unión en cierto tipo de


sistemas que, por aceptar los mismos principios, integran un conglomerado
cuyos miembros desfilan alternativamente en el curso de la historia; se les
encuentra desde la antigüedad a nuestros días, defendiendo parejos intereses
y empleando los mismos argumentos, si bien configurados por el tipo de
filosofía que corresponde a cada etapa. Los principios filosóficos no se agotan
en un solo sistema, sino permiten un número de ellos prácticamente ilimitado,
caracterizándose por aceptar dichos principios y reflejarlos en todo el dominio
de su reflexión.

Al elegirse una filosofía participan dos motivos determinantes: el tipo de


sistema elegido por el valor que contiene y el carácter del individuo que lo
adopta por cierta afinidad con su temperamento. Esos determinantes de la
postura filosófica son los principios que la explican, y la elección misma es el
acto de reconocer el carácter del sujeto en los principios que ha escogido. De
ahí proviene la objetividad y la subjetividad del filosofar, la primera concierne
al valor implícito de los principios, en tanto la seguida pertenece al sujeto que
los promueve.

En el aspecto subjetivo, las posturas filosóficas se producen de acuerdo con


los elementos que integran a la personalidad, las que antiguamente se
conocieron como “facultades del alma”, a saber: razón, sentimiento y voluntad.
A partir de cada una se establece determinada relación con las posturas
filosóficas; también con la rama cultural correspondiente, con la disciplina
filosófica que la estudia y con el valor que realiza. De ahí la correlación de los
siguientes elementos: a) Facultad espiritual; b) Actitud vital; c) Expresión
cultural; d) Carácter psicológico; e) Valor preferente; f) Disciplina filosófica.

Al preponderar alguna de las facultades espirituales se denotan consecuencias


teóricas y prácticas, de concepción y ejecución, por ejemplo, un individuo cuyo
carácter sea predominantemente racional, tendrá predilección por las ciencias
y proclamará que el pensamiento es lo más importante en su vida, la que
transcurrirá en medio de preocupaciones científicas: querrá obtener la verdad
por medio de investigaciones objetivas, su carácter será racional y la actitud
vital que profese es el intelectualismo.

Para otro género de temperamentos, los emotivos, la facultad preponderante


es el sentimiento, cuya expresión cultural directa es el arte, y corresponde a
una disciplina filosófica como la estética, que se encarga de explicarlo
mediante la fundamentación de su valor en lo bello artístico: las reacciones del
individuo serán temperamentales, en correspondencia a su actitud vital, que se
conoce como esteticismo, o también romanticismo.
El tercer género de relación atañe directamente a la ética y lo principal de ella
es la fuerza de voluntad para llevar a cabo los propósitos, según proclama la
postura del voluntarismo; el carácter psicológico que la promueve es activista,
y su prototipo en la vida es la acción; su forma cultural preferente es la
conducta intensiva, y la disciplina filosófica con que se rige es la ética, cuyo
valor implícito es la bondad. Para el tipo voluntarista los actos son plenitud de
existencia y, puesto que sus normas conciernen directamente a la voluntad, la
postura activista es un voluntarismo: como su normatividad se contienen la
ética, se presenta como eticismo. Por ello, la postura que nos interesa destacar
recibe las designaciones siguientes: activismo, voluntarismo o eticismo.

La dirección eticista ha tenido especial importancia en los sistemas que


procuran la transformación del mundo, contrastando con la actitud
contemplativa del esteticista y la comprensiva del intelectualista. La
proyección activa puede condensarse en las palabras de Carlos Marx: “Hasta
ahora los filósofos no han hecho más que explicar al mundo; a nosotros nos
corresponde transformarlo”.

Para consignar la correlación cultural y expresarla en función de los elementos


establecidos, tenemos el siguiente cuadro:

Facultad espiritual Razón Sentimiento Voluntad

Actitud vital Intelectual Sentimental Voluntarista

Expresión cultural Ciencia Arte Moralidad

Carácter psicológico Racional Emotivo Activo

Valor preferente Verdad Belleza Bondad

Disciplina filosófica LógicaEstética Ética


La posibilidad de dirigir la acción espiritual por varios caminos ha constreñido
generalmente a la adopción de alguno de ellos y, como reacción adversa, a negar
los demás, de suerte que el partidario del racionalismo se considera antagónico
frente al intuicionismo, éste hacia el voluntarismo, y así sucesivamente. Parece,
digamos, como si el individuo de talento preclaro fuera incapaz de conmoverse
ante una obra de arte, o como si el artista estuviera imposibilitado de cultivar
la disciplina racional, o como si el hombre de acción no pudiera percibir la
belleza de las formas. Frente a esta deplorable convicción, que se ha repetido
con demasiada frecuencia, es necesario definir rigurosamente cada una de las
dimensiones del espíritu, que corresponden a sendas vertientes de la cultura y
requieren su mutua participación. No hay ningún impedimento para aprovechar
las manifestaciones que cada una brinda al hombre, como un poderoso atractivo
para su desarrollo; esto es algo más que un simple requisito para conducir la
vida, representa el ideal supremo de la existencia y sólo a través de él es
posible dominar el vasto horizonte espiritual, abarcando la nutrida variedad de
formas y tonalidades que se manifiestan en la creación humana.

Un postulado como éste puede llamarse el Principio de la integridad del espíritu


y es la norma suprema de la existencia; frente a ella cualquiera otra ocupa un
lugar parcial y derivado. Incluye a las que se conocieron en psicología clásica
como “facultades del alma”, si bien con un sentido mucho más dinámico de cómo
fueron concebidas su principal deducción estriba en que al tratar alguna de
ellas se acude indefectiblemente a las demás y se invocan mutuamente en el
proceso infinito de la creación cultural. Así, el matemático pone en juego una
fuerte dosis de intuición y requiere gran fuerza de voluntad para efectuar su
trabajo, además de la acendrada racionalidad que le es inherente; el artista es,
por constitución, un ser emotivo, pero no puede expresarse en obras sin una
penetrante racionalidad que le conduzca a la comprensión de las formas
técnicas, y también requiere fuerza de voluntad como realizador de sus
trabajos; y el llamado “hombre activo”, que se caracteriza por su incontenible
impulso a la acción, no sería más que un ser desquiciado si no le acompañara el
juicio intelectual de los problemas que acomete, y carecería de interés en sus
gestas si no fuera por la emoción que ellas mismas le producen.
Así pues, la distinción que efectuamos de tres grandes posturas frente a la
vida, obedece, como toda distinción, a la necesidad de resolver el papel que
juega cada una de sus realizaciones. Por ello expusimos que en el racionalismo
predomina la proyección intelectual, mientras en el esteticismo resalta la
emotiva y en el voluntarismo la preponderante es la intención activa. La
realidad del espíritu se manifiesta con la participación de esas tres grandes
dimensiones y se compenetran de modo que donde aparece una figura, también
las demás. De esta compenetración nos interesa destacar la que corresponde al
voluntarismo, pues la saturación que reciben los actos del espíritu por parte de
la voluntad, da un matiz ético a todos los momentos de la existencia. De ahí
proviene el sentido moral que tienen las actividades de la cultura, igual la
artística que la científica, la religiosa o la pedagógica, pues en cada una se
encuentra un contenido humano que proyecta la conciencia del valor en los
términos que distinguen a la conducta moral. Este es el sentido de la praxis,
como se conoció antiguamente a la actividad humana, derivando de ahí la
acepción de “práctico” que se otorga a toda acción.

Esta unidad integral del espíritu es de primer orden para el desarrollo de la


ética; la concebimos en el amplio sentido que se dirige a todas las formas de
actividad consciente, culminando en sistemas como el humanismo y el eticismo,
que serán focos de atención en nuestro desarrollo. A reserva de la más amplia
mirada perspectiva en la proyección que tiene la filosofía frente a la vida, con
el sentido inmanente que la reviste y la función viva que desempeña como
instrumento de acción y comprensión en nuestro tiempo.

El nexo entre ética y filosofía repercute en la adopción de un criterio para la


vida, que consiste en tener conciencia de lo que se requiere y de lo que se hace.
En esta conciencia radica el sentido moral de la conducta; será más elevada la
forma de conducirla mientras mayor sea la conciencia que se tenga de ella.
Ahora bien, la conciencia de la acción se manifiesta en tres grandes planos que
se distinguen por su nivel estructural. Ordenados de singularidad a
generalidad, de concreción a abstracción, están en primer término los
acontecimientos singulares de la vida, como testimonio inmediato del existir;
en segundo término, se encuentran las obras de la cultura, que son los
momentos selectos y creativos de la vida; en el tercero está la reflexión
filosófica, capaz de llegar a una generalización máxima de todos los problemas.
La filosofía de la reflexión abocada a proporcionar el criterio para vivir, que de
modo ingente reclama nuestro tiempo. Así pues, veamos someramente en qué
consiste cada uno de ellos, para captar la integración de la unidad existencial.

Los acontecimientos de la vida son hechos concretos y singulares, transitorios


e irrepetibles, que se suceden unos a otros en el decurso temporal; se dan en
gran número –uno a cada momento, podríamos decir– y su grado de significación
varía de acuerdo con la trayectoria en que se hallan colocados, o sea la
finalidad a que se destinan. Desde luego, los menos importantes cubren la
mayor parte de la vida, y su neta singularidad contrasta con la universalidad
ideal a que aspira el hombre; esta clase de actos provocan en sí mismos un
desconcierto que se resuelve únicamente al serles aparejado un criterio de
valor que los lleve por una dirección definida.

El segundo plano vital se compone, por los actos que poseen una conciencia
explícita de la vida, y en ellos destaca la preocupación por realizar un valor; es
lo que en términos comunes se dice: “Hay que hacer algo importante en la vida”.
Este afán creativo de expresión espiritual anima a todos los seres humanos,
pero sólo una minoría de ellos pueden realmente producir obras de positivo
valor; aun en la vida de los hombres geniales, los momentos de creación
significan una parte relativamente pequeña de su existencia. Un poeta
concebirá tal vez una metáfora o una rima selecta en el tiempo que su vida
registra muchos acontecimientos intrascendentes, pero éstos quedarán
desvanecidos por su insignificancia, en tanto aquéllos adquieren una validez
permanente y se traducen en obras imperecederas.
Por último, el nivel de la filosofía representa la conciencia de la cultura, y como
ésta es conciencia de la vida, la reflexión filosófica se convierte en “conciencia
de la conciencia” del vivir; por esto se le designa como autoconciencia: filosofía
es meditación autoconsciente, solo ella es capaz de producir la deseada unidad,
primeramente a través de sus ramas particulares y más tarde como meditación
culminante de la vida. La filosofía inquiere por el valor de los actos, indica las
demarcaciones culturales y exalta los principios de la ciencia, de la creación
artística y del comportamiento en general; el ápice filosófico es la idea
suprema del conocimiento, que consiste en la unidad y orientación para la vida.
Encauza a los actos cotidianos en la dirección permanente de los valores y por
ello la más elevada moralidad tiene su fundamento en una reflexión filosófica,
esto es, en la autoconciencia axiológica del vivir.

La más fecunda consecuencia que puede y debe obtenerse de la filosofía es la


adopción de un criterio para entender la época, actual, no sólo en su elevada
manifestación como cultura, sino también en los asuntos cotidianos que
constituyen una parte de cuidado en la existencia. La necesidad de que el
filosofar se traduzca en una posición frente a la vida ha ingresado en la
conciencia del público, que rechaza a la filosofía especulativa porque se aparta
de los problemas contingentes e inevitables de la vida. Al aceptar este
requerimiento no hacemos simplemente una concesión al clamor de nuestro
tiempo; reconocemos el sentido de la auténtica filosofía, producida en un
momento dado y de acuerdo a las circunstancias que rodean su aparición, en
acatamiento a los problemas culturales y espirituales. Por ello, nada más justo
que la impostergable necesidad de dirigir las conclusiones filosóficas sobre
problemas concretos, cumpliendo el sino de toda filosofía que le otorga el
supremo contenido moral como orientación para la vida. Esta condición
impónese hoy más que nunca, por la encrucijada de inciertas situaciones que
tiene ante sí el hombre, para quien carecen de valor las tradiciones por sí
mismas buscando en cambio la instauración y renovación de los valores.
Contemplamos el surgimiento de un mundo al que se enfrenta la vida actual, con
un ritmo de transformación como nunca se había producido. Las instituciones
políticas tienen un acaecer tormentoso en la crisis que sortean a cada
momento; las fronteras nacionales se diluyen poco a poco y tienden a sumar los
núcleos nacionales en bloques continentales y de orden mayor; los
descubrimientos científicos producen una sacudida más grande que en toda la
historia de la ciencia; el medio mundo que había padecido el letárgico quietismo
del coloniaje despierta como un coloso de increíbles dimensiones que clama
justicia. Por todo ello, la necesidad de una revisión en las doctrinas humanistas
se deja sentir con renovado ímpetu y es el más elocuente síntoma de que la
humanidad anhela, hoy más que nunca, una profunda transformación en todos
los sistemas.

He aquí la necesidad de situarse frente a los problemas reales, con un


pertrecho de conocimientos sólidamente fundados, para tomar parte en la gran
batalla que se libra en esta ominosa paz armada que ha puesto a la humanidad
en el filo de la navaja, sobre un borde infinitesimal que tiene de un lado su
destrucción y del otro la renovación de sus principios, tendiente a la realización
de los ideales que ha cobijado, a veces utópicamente, en el decurso de su
historia. Por ello la filosofía ha perdido el carácter especulativo y adquiere la
función de una herramienta al servicio del hombre, destinado a ordenar y
comprender sus problemas, a clasificar sus ideas y hacer más accesible el
riquísimo contenido que alberga como un inmenso recipiente, la civilización
monumental de nuestra época.

Compenetrarse en la filosofía no consiste exclusivamente en captar sus


doctrinas y enterarse de sus tesis, sino en algo más que trasciende el contexto
doctrinario, a saber: el tratamiento que lo sustenta en un plano trascendental,
más remoto y profundo que las doctrinas propiamente dichas. Tal vez el deseo
congénito de conocerlo todo, de llegar a un saber absoluto, que permita develar
el origen de las cosas y el misterio de la creación. En el hombre se agita la
inquietud del conocimiento que a su vez obedece al instinto de perfección, uno
de cuyos reflejos es el renovado intento de llegar a una verdad definitiva. La
gran lucha se libra entre el anhelo de perfección y las limitaciones a que está
sujeto, como no es posible trascenderlas, resulta de ahí una forzosa
conciliación en que, si no puede ser perfecto, por lo menos debe ser cada vez
mejor. Con esta convicción se da un gran paso en la ética porque significa el
reconocimiento de que la esencia humana no alberga la perfección, pero sí el
instinto de superación, el más sólido respaldo que pueda otorgarse a cualquier
postura moral.

Sobre esta perspectiva es dable entender el absolutismo de que han revestido


la mayoría de las doctrinas filosóficas, al pretender alcanzar la razón última de
las cosas, el origen del universo, la naturaleza del alma, e inclusive Dios mismo,
pretensión que sería pedantesca si no fuera por la trascendental preocupación
de llegar al Saber. Esta preocupación de los filósofos tiene el síntoma de una
vitalidad inagotable y les hace perseverar en la tarea infinita que, de otra
suerte, habrían abandonado ante la perspectiva de no llegar a dominarla jamás.
Sus temas bordean en lo absoluto, pues no otra cosa es la razón del universo, el
origen del cosmos, la naturaleza del alma, Dios y la vida eterna, temas todos
ellos que resultan inasequibles a la mera razón; por eso, no obstante las
numerosas teorías que se han emitido para explicarlos, no se ha dado todavía
una solución que pueda ser rigurosamente demostrada, como correspondería a
un verdadero conocimiento. La mayor parte de las opiniones que pretenden
alcanzar el saber absoluto son punto menos que arbitrarias, aunque explicables
desde el punto de vista humano, porque obedecen el deseo de conocerlo todo y
resolver el misterio que ahoga al alma en la ignorancia y la angustia de la
creación, con la conciencia de que pasará la vida y pasarán los siglos sin que el
hombre haya sabido a ciencia cierta quién es, por qué vive, qué es el mundo que
lo rodea y quién lo formó.

Para su justificación es necesario aclarar que no todo es erróneo en la filosofía


ni tampoco es la única que se haya dejado seducir por el afán de conocerlo
todo. También las ciencias se han desbocado en su rápido crecimiento, aunque
están sujetas por el freno de la experiencia. La filosofía, por su parte, posee
un contenido de positivo valor que representa la paulatina conquista del
espíritu, aun con las limitaciones que le son inherentes y están en relación a la
vida cultural. De ahí que toda filosofía sea auténtica cuando corresponde
fielmente a la vida de su tiempo.

El avance del saber es la simultánea acción de lo filosófico y lo cultural, como


dos ejércitos que marchan bajo un solo mando y hacia una sola meta: la
perfección y el deseo de conocerlo todo. Esta idea es la dirección en la
campaña y es el punto al que se encaminan los dos ejércitos en la penumbra del
conocimiento, que no es la densa tiniebla de la ignorancia ni la etérea
luminosidad del saber absoluto. En el inconmensurable espacio de lo que hay por
saber, lo que ya se sabe es apenas un punto infinitesimal, pero se encuentra en
suelo firme, y por esta firmeza se ha mantenido a través de los siglos,
orientando al pensador en su continua e infinita búsqueda, que no tiene término
y se encuentra en constante agitación. El verdadero filósofo no esperará llegar
a puerto seguro y amarrar su embarcación, a lo cual equivaldría poseer una
verdad absoluta y definitiva; por el contrario, amará profundamente la
navegación sin fin y encontrará un gran placer en haberse acercado a aquel
punto sin alcanzarlo, en proseguir la ruta que conduce a él, aunque la distancia
no se acorte en realidad, pues la luz se aleja a medida que intenta acercarse a
ella. El filósofo debe conformarse con la sombra que proyecta aquella luz en su
camino y por más que avance estará siempre delante de él; el verdadero
filósofo no querrá brincar sobre su propia sombra.

Ética y otras ciencias


Toda ciencia de comportamiento humano, o de las relaciones entre los

hombres, puede dar una aportación provechosa a la ética como ciencia de la

moral. Por ello, también la teoría del derecho puede aportar semejante

contribución en virtud de su estrecha relación con la ética ya que una y otra

estudian la conducta del hombre como conducta normativa. Relación de La Ética

con otras Ciencias


 Relación de la Ética con la Psicología. La Psicología se parece a la Ética en

cuanto a que también estudia los actos humanos, pero ésta los explica en el

aspecto del hecho y la Ética solo se interesa en las normas de derecho de

ese acto, es decir la psicología solo estudia el acto como objeto material, el

por qué ocurre. La Ética en cambio estudia la bondad o maldad de dicho

actos y dicta normas de cómo deben estos.

 Relaciones entre la Ética y la Sociología. La sociología surgió en el siglo XIX

gracias a las aportaciones de Augusto Comte y de Karl Marx. Estudia el

comportamiento del hombre en forma global, es una ciencia de hechos,

mientras que la Ética es una ciencia de derechos.

 Relaciones entre la Ética y el Derecho. El derecho es un conjunto de normas

que rigen la conducta humana y en esto se parece a la Ética

 Relaciones entre la Ética y la Economía. La Economía es la ciencia que trata

de la producción, distribución y consumo de los bienes materiales. La Ética

tiene mucho que hacer en el campo de la Economía.

 Relaciones entre la Ética y la Pedagogía. La Pedagogía es el estudio de la

educación, el significado de la palabra educación proviene del vocablo

educere, que significa conducir, guiar y también sacar hacia fuera,

desarrollar lo que está implícito. También consiste en lograr que una

persona haga, por sí misma, lo que debe hacer. En sí la educación es una

disciplina que complementa a la Ética y viceversa. La Ética dicta que es lo

que hay que hacer, en tanto que la educación muestra el modo en que

podemos lograr lo propuesto por la ética. La educación es un arte en tanto

que la Ética es una ciencia.


 Relaciones entre la Ética y la Metafísica. La Metafísica contiene el

fundamento de toda ciencia; ella nos dice tienen tanta validez la

matemática y la física, la Psicología y la Ética por supuesto.

 Relaciones entre la Ética y la Teología. La Teología en este caso la teología

Moral trata de la valoración moral de los actos humanos, mismo tema que el

de la Ética, pero esta última utiliza la razón como instrumentos de su

estudio y la Teología Moral además de la razón utiliza los datos de la fe

como la Biblia y fuentes afines.

 Relaciones entre la Ética y la Religión. La religión es la relación entre el

hombre y Dios. Es un contacto íntimo de la persona con un Ser infinito, del

cual procede y ante el cual puede ponerse gratificante y reconfortante.

Esencia de lo moral

El acto humano y su moralidad


Los actos humanos, es decir, libremente realizados tras un juicio de conciencia,
son calificables moralmente: son buenos o malos» «El obrar es moralmente
bueno cuando las elecciones de la libertad Resultado de imagen para actos
moralesestán conformes con el verdadero bien del hombre y expresan así la
ordenación voluntaria de la persona hacia su fin último, es decir, Dios mismo»
«La moralidad de los actos humanos depende:

— del objeto elegido;

— del fin que se busca o la intención;

— de las circunstancias de la acción.

La libertad hace del hombre un sujeto moral cuando actúa de manera


deliberada, el hombre es responsable de sus actos. Los actos humanos, o sea,
los actos libremente realizados tras un juicio de conciencia, son moralmente
buenos o malos.
La persona humana se ordena a la bienaventuranza por medio de sus actos
deliberados; las pasiones o sentimientos que experimenta pueden disponerle o
contribuir a ello, pero en sí mismas las pasiones son no buenas ni malas; sólo
reciben calificativo moral en la medida en que depende de la razón y de la
voluntad.

¿Qué son los actos humanos?

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Los actos humanos son los actos libres del hombre.

En los cuales Debe de elegir la bondad o maldad de un acto humano depende del
objeto elegido, dela intención o fin que se busca y de las circunstancias de la
acción.

Pero para que un acto sea moralmente bueno se requiere a la vez que sea bueno
en el objeto, en el fin y en las circunstancias pero nunca un fin bueno jamás
justificaría el uso de unos medios malos, porque el acto sería malo siempre; por
consiguiente, no está permitido hacer un mal para obtener un bien.

¿Por que es importante actuar moralmente?

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La moral denomina el modo propiamente humano de gobernar las acciones ya


que las acciones del hombre y de la mujer no se acomodan de modo instintivo
como en el caso de los animales. El sujeto humano debe ajustar las acciones a
los objetos y a la realidad en la que vive. Sólo con relación a los actos humanos
se habla específicamente de conducta moral, porque con ellos el hombre se
conduce (a sí mismo) hacia los objetos que desea alcanzar. El hombre sólo
puede dar razón de las acciones electivas de las que es autor, causa y principio
y todas estas acciones son morales, por lo que la moral constituye el actuar
libre del ser humano. Así, en sentido propio el ámbito de lo moral y el ámbito
de lo libre presentan la misma extensión: todo lo que el hombre libremente es y
todo lo que delibera y hace libremente es moral.
Una imagen para reflexionar:

Resultado de imagen para la moralidad Mira el siguiente vídeo y piensa como


actuarias tu en esa situación.

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