Cosmogonía.
Es una narración mítica que pretende dar respuesta al origen del Universo y de la
propia humanidad. Generalmente, en ella se nos remonta a un momento de preexistencia o de caosoriginario,
en el cual el mundo no estaba formado, pues los elementos que habían de constituirlo se hallaban en
desorden; en este sentido, el relato mítico cosmogónico presenta el agrupamiento —paulatino o repentino—
de estos elementos, en un lenguaje altamente simbólico, con la participación de elementos divinos que
pueden poseer o no atributos antropomorfos.
La cosmogonía pretende establecer una realidad, ayudando a construir activamente la percepción del
universo (espacio) y del origen de dioses, la humanidad y elementos naturales. A su vez, permite apreciar la
necesidad del ser humano de concebir un orden físico y metafísico que permita conjurar el caos y la
incertidumbre.
El género cosmogónico, sin ser dogmático, actuaba en el mundo antiguo como fuente de autoridad en el
terreno filosófico o religioso. Sin embargo, esta multiplicidad de nociones posibles, coexistentes de manera
armónica, se verá sustituida, en un momento posterior, por la dictadura del pensamiento único, en forma de
verdad revelada.
En reemplazo de las generaciones sucesivas de agentes divinos, propias de las manifestaciones de la
religiosidad pagana, un demiurgo único e increado con total autonomía generadora asumirá esta función,
durante un período de seis días. El libro del Génesis adquirirá función salvífica y valor sagrado, ausentes en
cualquiera de sus homólogos de la Antigüedad greco-latina. La cosmogonía, en este punto, deviene teología.
Muchas cosas han cambiado desde la propagación del cristianismo hasta nuestros días. Sin embargo, la
tendencia al pensamiento único no ha perdido su pujanza.
Los físicos, los químicos y los biólogos ejercen ahora como la autoridad que suministra diferentes versiones
sobre los orígenes del cosmos y de la vida en nuestro mundo. Las nuevas teorías -no son más, a fin de
cuentas, progresivamente depuradas, intentan explicarnos la manera en que, hace unos 15.000 millones de
años, la concentración originaria de todo el espacio, el átomo primigenio, dio origen al cosmos a partir de la
gran explosión inicial (el Big Bang). Brutal origen para un universo en constante expansión y, contra todo
pronóstico, en aceleración progresiva. Los nuevos cosmólogos se atreven incluso a pronosticar cómo será el
fin de los días, especulando sobre un gran colapso provocado por el movimiento contrario al que ahora
estamos viviendo (el Big Crunch), teoría oscilante que contempla la posibilidad de una especie de eterno
retorno con expansiones y contracciones cíclicas, o bien sobre la disolución del universo (el Big
Rip), provocada por el avance indiscriminado de la materia, en partículas subatómicas sin conexión alguna
entre sí.
2 Los códices prehispánicos de Mesoamérica son un conjunto de documentos realizados por miembros
de los pueblos indígenas de Mesoamérica antes de la Conquista española de sus territorios. Estos
documentos constituyen un testimonio del modo en que los indígenas mesoamericanos concebían el tiempo
y la historia. También plasman algunos de los principales ejemplos de los sistemas de escritura que se
emplearon en Mesoamérica a lo largo de milenios.
Tras la Conquista de México, los códices fueron destruidos en grandes cantidades en actos como el Auto de
Maní realizado el 12 de julio de 1562 en Maní (Yucatán), donde Diego de Landa ordenó la incineración de
varios de estos documentos, obra de los mayas, por considerarlos muestra de la idolatría indígena. Otros más
se extraviaron o no sobrevivieron al paso del tiempo. En la actualidad se conserva sólo un puñado de ellos,
todos resguardados por museos y bibliotecas de Europa, con excepción del Códice Colombino, que obra en
la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México (BNAH). Este pequeño grupo está compuesto
por cuatro códices mixtecos, tres códices mayas y los siete códices del grupo Borgia. A ellos se suman otros
que fueron realizados o concluidos durante la Colonia, aunque su temática y estilo presentan escasa o
ninguna influencia europea. Dichos documentos son los tres códices mexicas y el Códice Selden, de origen
mixteco. Un códice más, el Fragmento de Grolier, de origen maya, es controvertido porque se discute su
autenticidad.
Para los tlacuilos, en náhuatl: "los que escriben pintando", era muy importante destacar el poder así como
también las expresiones faciales y corporales. Podían plasmar hombres o mujeres, ya que tenían una
magnífica habilidad en el dibujo; se les adiestraba en la lengua y la cultura náhuatl hasta conocerla
profundamente. Sabían de religión, costumbres, leyes, medidas, pictografía, historia, plantas y animales;
eran personas de una extensa cultura, misma que transmitían a sus hijos.
Los indígenas que habían estudiado en el Calmecac junto a los antiguos sacerdotes eran los únicos que
podían interpretar lo que estaba plasmado en los códices, pues ellos conocían bien cómo se manejaban sus
tradiciones, ritos, costumbres y demás; los que acudían a este centro de formación eran los que pertenecían a
la elite indígena.
Los códices son largas tiras de piel o papel elaborado a partir de la corteza del árbol llamado amate o ámatl.
Cada uno de los códices contiene una historia diferente.
En la adolescencia, alrededor de los 15 años las mujeres se casan y los hombres entran al Calmecac, el
centro de enseñanzas superiores, y aprenden la vida religiosa, sobre todo a pedir penitencia. Ocupan cargos
importantes, como embajadores o gobernantes y si trabajan duro son nombrados jueces quienes tendrán el
privilegio de poner castigos a quienes fallen en los casos de adulterio.
Hay algunos códices que están anotados en la lengua castellana, dando una interpretación que fuese
entendible y coherente para que el Virrey los leyera.
Soportes
Los soportes empleados para la realización de los documentos son variables. Los mesoamericanos
desarrollaron una técnica para realizar una especie de papel con la fibra cocida del jonote o amate. Se han
identificado algunos ejemplares elaborados con fibras de agave o maguey y otros más sobre pieles de
humanos.
Formato
Los códices prehispánicos se presentan en un formato único. Se trata de largas tiras de papel amate o de piel
que fueron dobladas a manera de biombo. Debieron tener cubiertas, posiblemente de madera forrada de piel
de animales. Por ejemplo, todos los códices mayas poseen un formato rectangular, cuya anchura es
considerablemente menor a la longitud de las páginas. Por otro lado, los códices mixtecos, mexicas y del
grupo Borgia tienen dimensiones que se aproximan bastante a un cuadrado.
Temática
Las temáticas de los códices precolombinos mesoamericanos se centran en dos cuestiones. Por un lado, una
gran vertiente está relacionada con la astronomía. Además, en el caso de los códices del grupo Borgia,
parece muy probable que las láminas de algunos de ellos sean descripciones muy minuciosas del tipo de
ofrendas que se tenían que presentar en cada día con el propósito de satisfacer a los dioses.
Lista de códices mesoamericanos de la época prehispánica[editar]
Códices mixtecos
Artículo principal: Códices mixtecos
Códice Bodley
Códice Colombino-Becker
Códice Nuttall
Codex Vindobonensis
Códice Selden (concluido después de la Conquista)
Códices mayas
Artículo principal: Códices mayas
Códice de Dresde
Códice Tro-Cortesiano o Madrid
Códice de París
Códice Grolier
Códices mexicas
Artículo principal: Códices mexicas
Códice Borbónico (concluido después de la Conquista)
Códice Boturini o Tira de la Peregrinación (concluido después de la Conquista)
Matrícula de los Tributos (concluido después de la Conquista)
Códices del grupo Borgia
Artículo principal: Códices del Grupo Borgia
Códice Borgia (el cual la da nombre el grupo)
Códice Cospi
Códice Fejérváry-Mayer
Códice Laud
Códice Vaticanus B
3 El quipu derivado del vocablo quechua khipu que significa nudo, ligadura, atadura, lazada. Fue un
instrumento de almacenamiento de información consistentes en cuerdas de lana o de algodón de diversos
colores y, en estos, nudos; inventado y usado por las civilizaciones andinas. Si bien se sabe que fue usado
como un sistema de contabilidad y almacenamiento de relatos épicos de los Reyes Incas difuntos, ciertos
autores han propuesto que podría haber sido usado también como un sistema gráfico de escritura, hipótesis
sostenida entre otros por el ingeniero William Burns Glynn, dichos instrumentos estaban en posesión de
especialistas quipucamayoc (khipu kamayuq), administradores del Imperio inca, quienes eran los únicos
capacitados para descifrar estas enigmáticas herramientas y autorizados a enunciar su contenido.
Historia Quipu
El quipu más antiguo encontrado hasta ahora fue hallado en el año 2005, entre los restos de la ciudad
de Caral y data aproximadamente del año 2500 a. C., lo hace evidente que el uso del quipu tiene una gran
antigüedad. Se sabe además que fueron ampliamente usados por los Huari, ochocientos años antes que los
incas. Los quipus huari no tenían nudos, sino cuerdas de colores diferentes colgando de la principal en
diferentes puntos.
Fueron utilizados por el Imperio inca para registrar la población de cada uno de los grupos étnicos que
entregaban su fuerza de trabajo a través de la mita y de la producción almacenada en las colcas (qullqa) para
lo cual todo depósito tenía su khipukamayuq residente.
Después de la conquista española, el uso de los quipus fue inicialmente incentivado, tanto por la
administración colonial como por la iglesia. El virrey Francisco de Toledo, incorporó entre 1570 y 1581 el
quipu al sistema administrativo del Virreinato. Eran frecuentemente utilizados en el culto católico para
memorizar las oraciones y para recordar los pecados en la confesión, hasta que en 1583 el III Concilio de
Lima prohibió su uso. A pesar de esta prohibición las comunidades continuaron usando quipus. En 1622 el
párroco de Andahuaylillas, Juan Pérez Bocanegra escribió un texto sobre el quipu confesional en su Ritual
formulario, que describe cómo los indígenas iban a confesarse con quipus que registraban sus pecados. Los
quipus fueron usados por lo menos hasta 150 años después de la Conquista y las pruebas de carbono 14 han
revelado que la mayoría de los quipus que se conservan datan de la época colonial.
En la actualidad se conservan en museos alrededor de 750 quipus.
Estructura
El quipu consta de una cuerda principal, sin nudos, de la cual dependen otras generalmente anudadas y de
diversos colores, formas y tamaños, los colores se identifican como sectores y los nudos la cantidad —
llamadas cuerdas colgantes—. Puede haber cuerdas sin nudos, como también cuerdas que no se desprenden
de la principal sino de la secundaria (cuerdas secundarias). Los especialistas contemporáneos piensan que
los colores y quizá la forma de trenzado de las cuerdas indican los objetos, mientras que los nudos harían
referencia a las cantidades, incluyendo el número cero. Entre los quipus conocidos hay una gran variedad de
tamaño y complejidad, pues van desde los muy simples hasta los que tienen más de mil cuerdas.
Colores : Sector
Pardo : Gobierno
Carmesí : Inca
Morado : Curáca
Verde : Conquista
Rojo : Guerrero
Negro : Tiempo
Amarillo : Oro
Blanco : Plata
Tipos de cuerda
Se empleaban distintos tipos de cuerda, cada una tenía al menos dos hebras:
Cuerda principal, La más gruesa, de la que parten directa o indirectamente todas las demás.
Cuerdas colgantes, Las que penden de la principal hacia abajo.
Cuerdas superiores, Las que se enlazan a la principal, dirigidas hacia arriba. Una de sus utilidades
era la de agrupar cuerdas colgantes. Otra, usada con frecuencia, era representar la suma de los números
expresados en las cuerdas colgantes.
Cuerda colgante final, Su extremo en forma de lazo, está unido y apretado al extremo de la cuerda
principal. Esta cuerda no aparece en todos los quipus.
Cuerdas secundarias o auxiliares, Se unen a otra que esta enlazada a la principal. Se les podía a su
vez unir otra cuerda auxiliar. Se ataba a la mitad de la cuerda de la que precedía.
Uso
Se sabe de su uso contable, registro (censos, cosechas) y se investiga sobre su utilidad como sistema de
representación lingüística y de memoria (historia, canciones y poemas) como también para contar el ganado.
Antiguo instrumento inca de registro y de comunicación, que consistía de una larga cuerda, de la cual
colgaban 48 cuerdas secundarias y varias otras sujetas a las anteriores. Los nudos que se hacían en las
cuerdas representaban las unidades, las decenas y las centenas; y la falta de nudos, el cero.
4 Lenguas indígenas
Muchas de las lenguas indígenas de Venezuela se encuentran amenazadas y/o en peligro de extinción. Las
dos familias lingüísticas con el mayor número de idiomas son la arahuaca y la caribe.
Según datos disponibles del último censo indígena (1992) y del Censo General de Población y Vivienda de
2001, en Venezuela se hablan al menos 70 lenguas indígenas, de las cuales 40 se agrupan en ocho familias
lingüísticas, y las otras 30 no presentan parentesco reconocible con otras lenguas, y por tanto se
consideran lenguas aisladas. Dixon y Aikhenvald consideran que el número de lenguas distinguibles varía
entre 38 y el número de hablantes de lengua indígena en torno a 100 mil aunque el número de indígenas es
mayor de esa cifra, debido a que muchos no son ya hablantes competentes de la lengua ancestral de su grupo
étnico. Por su parte Ethnologue cuya clasificación no distingue siempre entre dialectos de una misma lengua
y lenguas diferentes distingue 46 variedades lingüísticas en Venezuela.
La mayoría de los indígenas venezolanos saben castellano como segunda lengua.
En lo que sigue se dan los datos de número de hablantes dados por Ethnologue, que distingue un mayor
número de variedades (entre paréntesis consta el número aproximado de sus usuarios).
Familia arawak[editar]
Añú (¿?): este idioma se habla ante todo en la zona de Sinamaica. Hasta hace poco se consideraba
extinto, pero ha pasado por un proceso de revitalización que ha sido apoyado por la Unicef.
Kurripako (2.019)
Lokono (140)
Warekena (199)
wayuu (119.000): este es el idioma indígena con más hablantes en Venezuela. Se habla en la zona
Norte del estado Zulia y en la Goajira colombiana..
Familia caribe[editar]
La mayoría de estos idiomas se hablan en el Sureste de Venezuela. Antiguamente idiomas semejantes a
estos se hablaban en gran parte de la costa oriental venezolana y la Cuenta del Orinoco.
Akauayo (644-censo de 1992): es un idioma hablado en los estados Monagas y Bolívar en una zona
limítrofe con la de habla pemona. Es marginalmente inteligible con el idioma pemón.
Eñepá o panare (2.551): hablado en el estado Bolívar y Amazonas.
Japrería (95): hablado solamente en un pueblo en el estado Zulia, en el oeste del país.
Kariña (4450): se habla en algunos municipios en el oriente de Venezuela.
Pemón (~30000): sus hablantes se hallan ante todo en la zona suroriental del estado Bolívar en la
Gran Sabana y alrededor de esta.
Wanai o mapoyo (2?): es un idioma a punto de desaparecer hablado, en el Amazonas y es
muy parecido al yavarana.
Yavarana (119?): es un idioma amenazado con desaparecer hablado en el Noreste del
estado Amazonas.
Ye'kuana (5500): sus hablantes se hallan en el Noreste del estado Amazonas y en el Suroeste de
Bolívar.
Yukpa (3.285): este idioma es hablado en el estado Zulia.
Familia chibcha[editar]
Idioma barí: era hablado por unas 1520 personas de la etnia barí en Venezuela en 2007.
Familia guajibo[editar]
Jivi (8.428) Este idioma se habla ante todo en el estado Apure y en el estado Amazonas.
Kuiva (310).
Familia sáliva-piaroa[editar]
Sáliva (17)
Piaroa (12000).7
Familia tupí[editar]
Yeral (482)
Familia yanomami[editar]
Estos idiomas son hablados por grupos en el Sur de Venezuela y el Norte de Brasil:
Sanemá (1.669)
Yanomami (6.119)
Yanam
Familia macro-makú
La familia macro-makú estaría formada por las lenguas makú propiamente dichas, que es ampliamente
aceptada por los americanistas, y por las lenguas de dos etnias de cazadores-recolectores relativamente
aisldados de Venezuela:
Puinave (568)
Joti (526)
Los expertos difieren acerca de la clasificación de estas lenguas, existiendo dudas sobre si estas lenguas
deben considerarse provisionalmente aisladas o puede aceptarse provisionalmente que forman una unidad
filogenética válida con las lenguas makúes propiamente dichas.
Estudios de los idiomas indígenas venezolanos[editar]
Los primeros estudios de idiomas indígenas fueron realizados por los misioneros católicos provenientes de
Europa. Monjes jesuítas, capuchinos y otros elaboraron las primeras gramáticas y diccionarios de idiomas
como el caribe, el cumanagoto, el chaima y muchos otros.
El fraile Matías Ruíz Blanco elaboró en la segunda mitad del siglo XVII una gramática y un diccionario del
cumanagoto, así como un catecismo en ese idioma caribe.
El jesuíta Gilli realizó estudios extensos de los idiomas del Orinoco a mediados del siglo XVIII. Gilli
estudió la relación de los diversos idiomas y postuló la existencia de una serie de idiomas matrices o
familias de idiomas, que se convertiría en uno de los fundamentos de una clasificación de los idiomas
suramericanos.
El monje Jerónimo José de Lucena, elaboró a finales de ese siglo vocabularios y traducciones de catecismo
de los idiomas otomaco, taparita y yaruro. Otro religioso, probablemente Miguel Ángel de Gerona, elaboró
un compendio de la lengua pariagota, hablada en Guayana aun en ese siglo.
Alexander von Humboldt recolectó gramáticas y listas de palabras en su viaje por Venezuela en 1799-1800
y con ello contribuyó a diseminar información sobre estos idiomas entre los lingüistas europeos. Su
hermano Wilhelm von Humboldt utilizó este material en sus obras científicas sobre la naturaleza de los
idiomas.
Hzyd En el siglo XX, el padre Basilio María de Barral produjo un diccionario warao-español. El
capuchino Cesáreo de Armellada escribió gramáticas y un diccionario del idioma pemón y recopiló cuentos
de la cultura pemona.
En la década de los sesenta del siglo XX el misionero estadounidense Henry A. Osborn realizó algunos
estudios de la morfosintaxis y de la fonética del idioma warao.
Marie-Claude Mattéi-Müller ha realizado un trabajo particularmente extenso de los idiomas yanomamö,
panare, mapoyo, hodï y yawarana. Estos y otros lingüistas han contribuido a la producción de los primeros
libros de alfabetización para las primeras naciones venezolanas.