UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS
Departamento de Filosofía
SFM Spinoza
DIOS O NATURALEZA EN LA ÉTICA DEMOSTRADA SEGÚN EL ORDEN
GEOMÉTRICO1
Carolina Piracoca Fajardo
26 de Agosto de 2016
Spinoza no tiene reparos en señalar que el gran prejuicio de los hombres es suponer que
todas las cosas de la naturaleza obran con una finalidad clara que puede ser el provecho o
el perjuicio de ellos mismos (Cf. 1app). Para explicar la finalidad de las cosas, los hombres
han concebido un Dios antropomórfico, una persona que posee tanto cuerpo como mente
y está sujeto a las pasiones, entre ellas, la ira y el amor; pero, en todo caso, una persona
superior por ser absolutamente buena, omnipresente y omnipotente. Al suponer que es
una persona, el Dios antropomórfico tiene una voluntad que ha dispuesto a la naturaleza
para que sirva al hombre y con la cual puede impartir una justicia que los mortales no
pueden llegar a comprender. La consideración antropomórfica de Dios ha derivado en una
serie de intrincadas discusiones, entre ellas, la explicación del mal, pese a la existencia de
un Dios absolutamente bueno, y la omnipotencia de Dios para crear cualquier cosa, aunque
su realización implique la restricción del poder divino dado que no tendrá más cosas para
crear (Hampshire 1982, 31). Además de estas discusiones, asumir que Dios es una
persona ha tenido como resultado la limitación del obrar de los seres humanos por
someterlos al miedo y a la esperanza que puede generar un Dios castigador o un Dios
compasivo.
El propósito de este texto consiste en explicar la concepción de Dios que propone Spinoza
en la primera parte de la Ética demostrada según el orden geométrico. En la medida en
que se cumpla con este propósito, se mostrará que la manera en que Spinoza toma
distancia de la comprensión antropomórfica de Dios y resuelve tanto las discusiones como
las limitaciones que han surgido de ella es la identificación de Dios con la Naturaleza, es
decir, con la totalidad de las cosas, resumida en la conocida expresión Deus, sive Natura,
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La abreviación que este trabajo seguirá es la siguiente: a axioma; app apéndice; c corolario; d
definición; de demostración; le lema; p proposición; po postulado; pref prefacio; s escolio.
Dios o Naturaleza (4pref). Para Spinoza, la razón de esta identificación residiría en que la
Naturaleza es lo único que cumple con las propiedades que la tradición judeo-cristiana le
ha asignado a Dios como ser infinito, eterno, perfecto, tener unicidad y ser la causa de
todas las cosas (Bennett 1990, 38).
Primera parte
Dios o Naturaleza
En la Ética, la primera referencia explícita de Dios es la definición VI según la cual Dios es
“el ente absolutamente infinito, esto es, una sustancia que consta de infinitos atributos,
cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita” (1d6). Al explicar qué se
entiende por “el ente absolutamente infinito”, lo primero que Spinoza señala es que Dios
es una sustancia, es decir, aquello que es en sí y se concibe por sí (Cf. 1d1). Por ser aquello
que es en sí, Dios no debe su existencia a otra cosa; por ser lo que se concibe por sí, el
concepto de Dios no necesita de otro concepto para formarse. Por lo tanto, Dios es una
sustancia por tener autonomía ontológica y autonomía lógica. La justificación de la
autonomía de Dios reside en que él es causa de sí. De acuerdo con la Proposición VII, la
existencia es un atributo de la sustancia y, en calidad de atributo, constituye la esencia o
aquello sin lo cual Dios no puede ser ni concebirse (Cf. 2d2) por tratarse de la propiedad
básica de la sustancia (Cf. Bennett, 69). Si la existencia es una propiedad básica de la
sustancia, Dios no puede darse ni concebirse sin que esta propiedad le pertenezca, tal
como afirma Spinoza en la proposición VII: “a la naturaleza de la sustancia le pertenece
existir (Cf. 1p7). Además, por tratarse de una propiedad básica, la existencia no es
conferida por una cosa diferente a la sustancia; en estos términos, afirmar que a la
naturaleza de Dios le pertenece existir equivale a admitir que Dios es causa de sí.
Volvamos a la definición VI. En ella, Spinoza especifica la expresión “el ente
absolutamente infinito” aludiendo a los atributos infinitos de Dios. Aunque Spinoza nunca
dedicó un apartado a lo que entiende por infinito, puede decirse que infinito es el todo por
el uso que le da al término. En varios pasajes de la Ética, el infinito es equiparado a “todas
las cosas” o a “todas las cosas lógicamente posibles”; en el caso particular de la proposición
XIII en la cual lo finito es lo incompleto, lo infinito sería el todo por contraposición. (Cf.
Bennett 81). No obstante, Spinoza admite otro uso del término según el cual ser infinito
es la absoluta afirmación de la existencia de una naturaleza cualquiera (Cf. 1p7s1).
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Aceptando estos dos usos del término, el infinito no tendría ninguna negación, es decir, no
habría nada fuera del todo que lo limitara, por lo tanto, algo que reciba el atributo de
infinito existe sin que nada lo niegue o lo limite. Aclarados los dos sentidos de infinito, la
afirmación “Dios es infinito” es lo mismo que decir que “Dios es el todo”, pero lo es
absolutamente, es decir, la existencia de Dios no puede ser negada por nada.
Para Spinoza, Dios comprende el todo por tener “atributos infinitos”, es decir, por poseer
la totalidad de atributos que un entendimiento infinito pueda concebir. Si la totalidad de
atributos constituye la esencia de Dios y si la esencia es aquello sin lo cual algo no puede
ser ni concebirse, Dios no se caracterizaría tanto por tener atributos sino por ser la
totalidad de estos. La repercusión más decisiva de esta afirmación es la oposición a la
tradición escolástica que había defendido la imposibilidad de atribuir extensión a Dios
debido a que la extensión supone tener cuerpo. Conceder que Dios tiene cuerpo implicaba
imponer una forma y convertir en una cantidad mensurable a lo que supuestamente era
infinito y eterno, de ahí que las querellas sobre la corporalidad de Dios se resolvieron con
la decisión de que Dios no podía tener cuerpo. Para Spinoza, es precisamente la idea de un
Dios infinito la que lleva a aceptar que la extensión es uno de los atributos de la sustancia.
Deteniéndonos ahora en una parte de la definición 6, a saber, “Dios es una sustancia”,
Spinoza es claro en decir que sólo hay una sustancia y que esta sustancia es Dios. Hablar
de una sola sustancia implica rechazar la separación entre Dios y Naturaleza que
imperaba en la filosofía escolástica. Para esta filosofía, Dios es el creador por tener una
posición trascendente en relación con lo creado y por poseer una voluntad libre que lo
llevó a crear la totalidad sin determinación alguna, mientras que la Naturaleza es lo
creado espontáneamente y en un momento específico (Cf. Hampshire 31) . Contrario a
esta tradición, Spinoza justifica la unicidad de la sustancia con la imposibilidad de que se
puedan dar dos o más sustancias.
Es imposible que Dios y la Naturaleza puedan considerarse sustancias diferentes, de ser
así se incurriría en contradicciones y absurdos. Por tratarse de sustancias diferentes,
cada una tendría autonomía lógica y autonomía ontológica de modo que no habría nada en
común entre ellas. Si no tienen nada en común, Dios no puede ser causa de la Naturaleza
(Cf. 1p3d) debido a que, por un lado, la relación entre causa y efecto descansa en el
supuesto de que el efecto es entendido cuando se entiende la causa (Cf. 1a4) y, por otra, el
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hecho de entender el efecto por la causa indica que hay algo en común (Cf. 1a5), a saber,
un atributo. Lo anterior no sólo negaría que Dios es causa de la Naturaleza, también
rebatiría el carácter infinito y perfecto de Dios. Con dos sustancias totalmente diferentes,
la definición de Dios como absolutamente infinito sería falsa en la medida en que hay otra
sustancia que lo niega y lo limita, es decir, algo que no es Dios. Lo mismo ocurriría con la
definición de Dios como ente perfecto. La perfección supone agregar todas las propiedades
con lo cual se confiere completitud a la sustancia (Cf. Ip10). Esto no ocurriría con Dios
puesto que hay algo de lo que carece, a saber, lo que comprende la otra sustancia. El
resultado de esta carencia sería un ente finito e imperfecto que nadie estaría dispuesto a
llamar “Dios” teniendo en cuenta que Dios siempre ha sido caracterizado como infinito y
perfecto.
La consideración de Dios y la Naturaleza como dos sustancias con atributos en común
también es refutada por Spinoza. Si tanto Dios como la Naturaleza tienen atributos en
común, podría admitirse que Dios es causa de la Naturaleza, lo contradeciría la definición
de sustancia. Concediendo que la Naturaleza es una sustancia, no tendría una causa
diferente de ella misma por su autonomía ontológica y a su autonomía lógica (Cf. 1d1). En
estos términos, Dios no sería causa de la Naturaleza, es decir, no daría razón de la
existencia ni del concepto de Naturaleza. Otra manera de refutar la consideración consiste
en señalar que no hay dos sustancias con el mismo atributo, lo cual podría entenderse en
términos de no hay dos sustancias con la misma naturaleza. Si dos sustancias tienen un
atributo en común, este atributo correspondería a una misma esencia y, por lo tanto, a una
misma sustancia (Cf. 1p5). En el caso de atributos distintos, habría dos sustancias
diferentes bajo el supuesto de que a cada sustancia correspondería un atributo, pero lo
cierto es que la diversidad de los atributos puede corresponder a una misma esencia (Cf.
1p10).
Segunda parte
Dios como causa
En algunos pasajes de la Ética, Spinoza señala definiciones generales de lo que entiende
por causa. Uno de ellos es la proposición 11 en la que afirma: “a cada cosa debe asignársele
una causa o razón, tanto aquella por la que existe, cuanto aquella por la que no existe” (Cf.
1p11). En otros considera que la causa también puede dar cuenta de la esencia de una
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cosa como es el caso de la proposición 25. De acuerdo con estas proposiciones, Spinoza
define causa como aquello que da razón tanto de la existencia como de la esencia de algo.
Añádase a esta definición, la caracterización de las causas por encontrarse en las cosas o
fuera de ellas que Spinoza menciona en la proposición 11. Si la causa está en las cosas
mismas de las que da razón, las cosas tendría existencia en sí y se concebiría por sí
mientras que si la causa está fuera de las cosas de las que intenta dar razón, las cosas
tendrían existencia en otro y se concebirían por otro. Con estas aclaraciones presentes, la
aseveración tradicional de “Dios es la causa de todas las cosas” se entendería como Dios
es la razón o lo que explica la existencia y la esencia de todas las cosas.
A primera vista, decir que Dios es la causa de la existencia y de la esencia de todas las
cosas no parece agregar nada nuevo, pero lo cierto es que Spinoza cambia la manera en
que Dios es causa. Para la tradición escolástica, Dios es causa transitiva de la naturaleza
entendiendo por causa transitiva una causa eficiente cuyo efecto no está en la causa (Cf.
Melamed 2013, 96). En este sentido, Dios es creador de una naturaleza distinta de él no
sólo por encontrarse fuera de ella, también por tener características opuestas a las que
posee la naturaleza. A partir de esta forma de concebir a Dios se establece una jerarquía
entre el creador, libre en grado sumo, y la Naturaleza, la creación sujeta a los designios de
Dios. Spinoza se opone a esta manera de concebir a Dios como causa y, con ella, a la
jerarquía entre creador y creación al considerar que Dios es una causa inmanente (Cf.
1p18), esto es, una causa eficiente cuyo efecto está en la causa (Melamed Ibíd.), por dos
razones: primero, la Natura naturans (Naturaleza naturalizante), entendida como la
potencia creadora de Dios; segundo, la Natura naturata (Naturaleza naturalizada),
asumida como todo lo que se deriva de Dios. Lejos de perpetuar la separación entre creador
y creación, ambas Naturas son dos aspectos de Dios: causa libre y causa necesaria.
En palabras de Spinoza, Natura naturans es “aquello que es en sí y se concibe por sí, o sea,
aquellos atributos de la sustancia que expresan una esencia eterna e infinita” (1p29);
sucintamente, Natura naturans comprende los atributos que expresan la esencia eterna e
infinita de Dios. En la medida en que los atributos constituyen la esencia de la sustancia,
tienen autonomía ontológica y autonomía lógica, es decir, son lo que existe en sí y lo que
se concibe por sí, lo que llevaría a reparar en una posible identidad entre atributo y
sustancia que justificaría el uso indistinto de ambos términos por parte de Spinoza. En
razón de su posible identidad con la sustancia, los atributos expresan el carácter eterno e
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infinito de Dios. Así, los atributos de pensamiento y extensión expresarían la esencia de
Dios ya que ellos mismos son infinitos y eternos. Contrario a lo que consideraba la
tradición escolástica, la extensión es infinita por contener la totalidad de cuerpos que
tienen en común propiedades relacionadas con la extensión, entre ellas, el espacio, el
movimiento y el reposo (2p2). Respecto al pensamiento, podría decirse que es infinito por
abarcar la totalidad de pensamientos singulares (2p1).
Ahora bien, si Natura naturans es aquello que existe en sí y es concebido por sí, aludiría a
la potencia de Dios puesto que la existencia de algo depende de la potencia que posee. Para
Spinoza, algo suficientemente poderoso tiene la capacidad de existir en sí mismo y
determinar su obrar dado que el poder es proporcional a la realidad que se pueda abarcar,
es decir, a los atributos que manifiestan su esencia. En efecto, al tener la totalidad de los
atributos, Dios abarca toda la realidad, de modo que no hay nada fuera de él que cumpla la
función de causa eficiente de su existencia o que lo determine a obrar de cierta manera(Cf.
1p11). Lo anterior, nos llevaría a reconocer que Natura naturans es la manifestación de
Dios como causa libre. Spinoza entiende que una cosa es libre cuando “existe por la sola
necesidad de su naturaleza y se determina por sí sola a obrar” (1d6), por lo tanto, una
causa libre sería aquella que cumpla con estos criterios lo cual sucede con Dios por su
carácter infinito y eterno que hace imposible que exista y esté determinado por otra cosa.
En lo que se refiere a Natura naturata , Spinoza la define en los siguientes términos: “todo
aquello que se sigue de la necesidad de la naturaleza de Dios, o sea, de la de cada uno de
los atributos de Dios, esto es, todos los modos de los atributos de Dios, en cuanto se los
considera como cosas que son en Dios y que sin Dios no pueden ser ni concebirse” (1p29).
Con el inicio de la definición “Todo aquello que se sigue de la necesidad de la naturaleza de
Dios”, Spinoza está señalando que la totalidad de las cosas o, en otras palabras, el mundo,
está regida por el determinismo. A grandes rasgos, el determinismo de Spinoza puede
resumirse en la idea según la cual “las cosas no han podido ser producidas por Dios de
ningún otro modo ni en ningún otro orden, que como han sido producidas” (1p33), lo que
equivale a decir que todo lo que ocurre es necesario y no puede ser de otra manera. Una
afirmación semejante no confiere lugar a las contingencias, puesto que cualquier suceso
inesperado no es otra cosa que la ignorancia de las causas que lo han producido (Cf. 1s2).
Aun así, más que controvertir la contingencia, el determinismo tiene otros alcances, a
saber, cuestionar la voluntad libre de Dios. Con el propósito de explicar la creación y
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mantener la omnipotencia divina, la tradición escolástica le ha atribuido a Dios una
voluntad libre que supone un obrar absolutamente indeterminado dado que el individuo
sólo sigue los fines autoimpuestos. En estos términos, Dios es un arquitecto que creó al
mundo con un fin específico que él mismo ha fijado y asignó a cada cosa el propósito de
servir a los hombres.
Que todas las cosas se sigan de la necesidad de la naturaleza de Dios encuentra su
justificación, por un lado, en que Dios existe necesariamente y no contingentemente y, por
otro, en el hecho de que Dios es la causa eficiente tanto de la existencia como de la esencia
de todo. Para Spinoza, la existencia de Dios por la sola necesidad de su naturaleza radica
en cuatro razones que ya se han presentado en secciones anteriores: (i) La existencia está
implicada en su esencia; (ii) la causa de la existencia de Dios es él mismo; (iii), la existencia
es potencia; (iv) la existencia de una sola sustancia (Cf. 1p11). En lo que concierne a Dios
como causa eficiente, cabe aclarar que todo lo que existe comprende únicamente la
sustancia y los modos, por lo tanto, decir que Dios es la causa eficiente de todo lo que existe
es lo mismo que afirmar que Dios es la causa de la sustancia y de los modos. Debido a la
identidad entre la sustancia y Dios, la sustancia tendría la causa en ella misma como se
comprueba por su autonomía ontológica y autonomía lógica; en cambio, las afecciones
dependen de Dios por tratarse de modos que sólo pueden existir en y concebirse por Dios
(Cf. 1p15).
Por seguirse de la necesidad de la naturaleza de Dios, Natura naturata es la manifestación
de Dios como causa necesaria. Para Spinoza, algo necesario es lo que está determinado por
otra cosa a existir y obrar de cierta y determinada manera (Cf. 1d7), en este sentido, Dios
es causa necesaria por estar determinado. Al poner las cosas en estos términos, podría
pensarse que Spinoza está concediendo que Dios es causado por otra cosa distinta de él,
pero lo cierto es que está afirmando que Dios obra conforme a la necesidad de su propia
naturaleza. Obrar en conformidad con la necesidad de su propia naturaleza significa que
todas las cosas están dispuestas, se realizan y se despliegan en consonancia con las
propias leyes.
En el Tratado Teológico-político, Spinoza señala una definición general de ley como
aquello por lo cual los individuos actúan de una misma forma, fija y determinada (Cf. TTP
III: 57). Examinando la totalidad de la obra de Spinoza, es posible identificar tres tipos de
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leyes: las que gobiernan a los individuos por corresponder a su naturaleza particular; las
que dominan a una especie particular de individuos; y finalmente, las que gobiernan a la
sustancia (Miller 2003, 259, 260). Estas últimas leyes, las leyes de la Naturaleza, son el
sistema de deducciones que garantizan que de la esencia infinita y eterna de Dios se
deriven los atributos con las misma características y que de los atributos resulten, a su
vez, los modos de dichos atributos. Pero esta derivación es necesaria, de manera que es
imposible que de una esencia infinita y eterna se sigan atributos finitos y contingentes. Es
más, contradecir estas leyes equivaldría a decir que Dios actúan contra su propia
naturaleza. Sin embargo, las leyes de la Naturaleza no sólo garantizan cierta lógica según
la cual B se deriva de A, al mismo tiempo, aseguran el funcionamiento del mundo físico.
Para poner un caso, de los atributos infinitos y eternos, se sigue que todo el mundo posible
es extenso (Bennett 117); de los modos “movimiento” y “reposo”, se sigue que nada puede
ser concebido sin movimiento y reposo. En vista de lo anterior, las leyes de la Naturaleza
atribuyen rasgos infinitos y eternos al mundo en general dejando de lado lo local o lo
temporal, lo cual explicaría por qué Spinoza excluye el orden de cosas finitas y singulares
(Cf. Bennett 119). De acuerdo con Spinoza, las cosas singulares y finitas no son causadas
directamente por los atributos infinitos y eternos sino por modificaciones de los mismos
(1p28), es decir que su causa no sería Dios en su calidad de infinito sino las afecciones de
Dios.
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A modo de conclusión, la concepción de Dios que propone Spinoza, en la primera parte de
la Ética demostrada según el orden geométrico, es la de un Dios identificable con la
Naturaleza. Dios o la Naturaleza es una sustancia con autonomía ontológica y autonomía
lógica, caracterizada por su infinitud y su eternidad. Por su carácter infinito, la sustancia
comprende la totalidad de lo existente de modo que no hay nada fuera de ella que la niegue
o la limite. Para Spinoza, esta sustancia es la causa inmanente de todo lo que existe por no
encontrarse fuera de lo que crea. Dios como causa inmanente nos da una idea sobre la
razón de la existencia y la esencia de las cosas, básicamente considera que la razón de la
Naturaleza no debe ser buscada en otra sustancia o fuera de lo que es sino en ella misma.
Concediendo lo anterior, la causa inmanente reúne tres causas: (i) la causa de sí, en la
medida en que no debe su existencia ni su esencia a ninguna otra cosa que a sí mismo; (ii)
la causa eficiente entendida como aquello de donde proviene tanto la existencia como la
esencia de todas las cosas; y (iii) la causa primera definida en términos de lo que no es
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causado por otra cosa. Por último, Dios o la Naturaleza se manifiesta de dos maneras:
Natura naturans y Natura naturata que corresponderían a Dios como causa libre, en la
medida en que existe y está determinado a obrar por sí mismo, y a Dios como causa
necesaria debido a que la naturaleza está regida por leyes que determinan a todas las
cosas.
BIBLIOGRAFÍA
BENNETT J. (1990) Un estudio de la ética de Spinoza. México: Fondo de cultura
económica.
HAMPSHIRE S.(1951). Spinoza. Madrid: Alianza Editorial.
MELAMED, Y (2013). Spinoza’s Metaphysics: Substance and Thought. New York: Oxford
University Press.
MILLER, J (2003). “Spinoza and the Concept of a Law of Nature”. En History of Philosophy
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SPINOZA B. (1996). Ética demostrada según el orden geométrico. México: Fondo de
cultura económica.
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