Está en la página 1de 20

INTRODUCCION

INTRODUCCION

LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

Aconséjoos que de aquí en adelante


no os burléis con la justicia, porque toparéis
con alguna que os dé con la burla en los cascos 1.
Don Quijote de la Mancha

Entre los peldaños del “Estado de Derecho Democrático”,


que regula la convivencia de nuestro tiempo, la “seguridad” es
un principio-valor, guía y rector de la escalera del desarrollo. Es
imposible montar cualquier partida generacional sin un punto
posicional fijo, objetivo y concreto, de arranque.
Es estéril pretender escalar en la lucha contra las carencias
sociales, morales, culturales y económicas sin un catálogo de re-
glas de juego que nos den certeza y ubicuidad situacional para
hacer factible el “movimiento vital” en vistas del horizonte
pluralista deseado. No pueden coexistir “socialización” con “pri-
vatización”, ni intervención con indiferencia, ni justicia con anar-
quía, ni libertad sin autoridad, ni orden sin leyes, y sin apuntar
más antinomias a la inviabilidad de la carta de navegación del hom-
bre sin seguridad “jurídica”, “cívica”, “social” e “institucional”2.

1 De Cervantes, Miguel, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Buenos


Aires, Kapelusz, 1994, tomo II, cap. XLIX, p. 382.
2 Aún en hipótesis hiper-racionalistas de desarrollo de las fórmulas del
“Estado mínimo” o del “Estado ultramínimo”, siempre se le adjudica al Estado

11
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

Las falencias de la organización social, por el incumplimiento


de los mandatos legales, por la falta de garantías, por la erosionada
credibilidad de los policías, por el uso arbitrario de la fuerza jurí-
dica, por la desprotección del orden y de sus autoridades, por la
recurrencia de los miedos, van minando en progresiva las calida-
des del bien, van vulnerando la vida buena del ser humano, van po-
tenciando el riesgo, van deteriorando los propios de la convivencia,
van anarquizando la vida humana, van mostrando, entre la falta de
fortuna y la tragedia, la fragilidad del bien, y la vulnerabilidad de las
organizaciones sociales consecuentes 3.
Entre nosotros hoy es ostensible el fracaso del Estado de De-
recho, como garante de la seguridad. El Estado de Derecho es
deudor legítimo y legitimado pasivo, por la ausencia de “seguri-
dad” suficiente. La carencia de este recurso dificulta la coexisten-
cia “en paz” y el “desarrollo sostenido”, compartible y solidario
de los hombres. Es hora de pensar las fallas del sistema y ponerle
mano a las obras públicas de este servicio pendiente de “pleni-
tud”. La Ciencia del Derecho debe honrar su deuda. Leyes, de-
cretos y sentencias deben dedicarse “a las cosas” conducentes, para
salir de la paralización pública y decirle al Estado, en símil evangé-
lico (Mateo 9, 1-8): “levántate y anda”, para hacer del interés co-
mún el centro de gravedad política, con respuestas de seguridad

en esa teoría más liberal y clásica, “las funciones de protección de todos sus
ciudadanos contra la violencia, el robo y el fraude y la de hacer cumplir los
contratos… Un Estado ultramínimo mantiene un monopolio sobre todo
el uso de la fuerza, con excepción del que es necesario en la inmediata
defensa propia…”. Nozick, Robert, Anarquía, Estado y utopía, Buenos Aires,
Fondo de Cultura Económica, 1988, p. 39.
3 Un estudio filosófico y con sustento en clásicas obras literarias, sobre este
conflicto práctico, y la vulnerabilidad de los valores, ver en Nussbaum,
Martha C., La fragilidad del bien. Fortuna y ética en la tragedia y la filosofía
griega, Madrid, Visor, 1995.

12
INTRODUCCION

social, económica y jurídica. Es tiempo de imaginación intelectual,


sensibilidad moral y buena voluntad, desde los que mandan 4.

I. El valor de la seguridad.
La seguridad es un componente de la idea del Estado de
Derecho. La seguridad jurídica está en déficit, la fragilidad de su
propios, que alienta el “riesgo” económico y sociocultural de los
ciudadanos y potencia la debilidad en la “calidad de vida institucio-
nal” de la República. La desconfianza, incredulidad y retraimien-
to para con el País, es resultado de la degradación progresiva de
las instituciones de la República, que tienen por cometido la
tutela de la seguridad fundante del orden de la convivencia 5.
Las falencias de la Seguridad (declamada en teoría y añorada
en la praxis) es un reto pendiente del régimen político democrá-
tico y del Estado de Derecho. Los desencuentros entre individuo
y comunidad, el coste de la igualdad y las dificultades por la dis-
criminación sociocultural, reabren el debate por las soluciones
cívicas a los temores y riesgos de la inseguridad pública como sig-
no inequívoco de injusticias y flagelos pendientes de reparación 6.
La seguridad pública como valor fundante de los cimientos del
Estado de Derecho, traduce dos atributos para su explicitación:

4 Cfr. Nieto, Alejandro, “La vocación del Derecho Administrativo de nuestro


tiempo”, Madrid, RAP, nº 76, 1976 y en Estudios de Derecho y Ciencias de la
Administración, CEPyC, Madrid, 2001, pp. 31-51.
5 Ver Fernando M. Rosúa y Ramiro Sagarduy, “La Seguridad en el Estado de
Derecho”, en el libro Seguridad urbana, de Máximo Sozzo (comp.), Rosario,
UNL, 1999, p. 127 y ss., que, en igual sentido, enmarcan las políticas públicas
sobre la seguridad para la democracia, como una deuda pendiente, de la
agenda de Estado y no como un asunto exclusivamente policial.
6 Ver Rubio-Carracedo, José – Rosales, José María – Toscano Méndez,
Manuel, Retos pendientes en ética y política, Madrid, Trotta, 2002, pp. 47-53.

13
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

su carácter ciudadano (convivencial) y su carácter jurídico (nor-


mativo). Por ello cabe hablar traslativamente, de seguridad ciuda-
dana y de seguridad jurídica. La seguridad pública es el ecuador
democrático, entre dos polos de confrontaciones antagónicas: el
abuso del derecho y el abuso del poder.
La teoría jurídica tipifica los límites y responsabilidades ante
el desorden individual y el desvío de la autoridad. Así el orden público
se erige como límite al accionar individual y convencional de la
voluntad ciudadana, en tanto que la supremacía constitucional
señala los límites dogmáticos del poder político, como atributo de la
autoridad. “El desafío para el Derecho actual está en lograr que
los valores no sean una mera declaración de promesas y que los
límites al poder no sean una ilusión ciudadana sufriente por su
insoportable levedad” 7.

II. La humanidad de la seguridad.


La Seguridad es un crédito en el sistema del Estado de Dere-
cho, que respeta la dignidad de la persona humana, instalada
en un edificio social pluralista de instituciones sólidas y garantismo
eficiente.
En esa realidad, el hombre observa y advierte la imagen de
futuridad que lleva al humano el resto moral para la lucha, el
trabajo y la responsabilidad. La futuridad le da razón de ser a la
lógica del sacrificio y de la tolerancia en solidaridad.
La futuridad sentida es la que borra esa sensación vivencial del
riesgo por el riesgo, la ilusión como fantasía, o en definitiva la convic-
ción del caos por el salto al vacío.

7 Parejo Alfonso, Luciano – Dromi, Roberto, Seguridad Pública y Derecho


Administrativo, Buenos Aires - Madrid, Marcial Pons - Ciudad Argentina,
2001, p. 12.

14
INTRODUCCION

El ocaso de occidente en nuestro tiempo resulta de la intromi-


sión de “disvalores”, que nos apartan de la dirección
emancipadora histórica, que nos meten en una época de transi-
ción, que hemos aprendido a llamar “posmodernidad” y descali-
fican la soberanía del espíritu y la razón del hombre, sus auténticas
formas de emancipación. En síntesis, debemos arreglar cuentas con
la herencia “universalista” del pensamiento, que debe continuar
con sus valores con actualidad y vigencia sostenida impregnada de
la fe progresista de la humanidad esperanzada 8.
La seguridad es un estadio, un “status” situado en el mundo de
la vivencia afectiva o de la imaginación de los sueños, según los
atributos existenciales que la explicitan en los casos concretos.
La seguridad existe en el mundo de la realidad, cuando la vida
social se mueve con “códigos”, con reglas de juego claras y pre-
vias, con marcos regulatorios predecibles, con certezas
situacionales, con deslindes entre lo permitido y lo prohibido.
En ese orden, con previsibilidad hay predictibilidad y anticipa-
ción del resultado, para vencer a los reductos de riesgos, som-

8 Ver Vattimo, Gianni, “La responsabilidad de la filosofía: a propósito del


ocaso de Occidente”, en Cruz, Manuel – Vattimo, Gianni (eds.), Pensar en
el Siglo, Madrid, Taurus, 1999, pp. 165-184. El propósito humanista se
afianza con el afán de interpretar el mundo sin los maximalismos de las
ideologías y al mismo tiempo construir una sociedad libre de violencia y de los
autoritarismos. El filósofo de la Universidad de Turín, consolida su línea
de pensamiento con sus ensayos que ratifican el carácter emancipador de
la filosofía, como Las aventuras de la diferencia (1986), El sujeto y la máscara
(1989), La sociedad transparente (1990), Ética de la interpretación (1991),
Creer que se cree (1996) y El pensamiento débil (1988). Una versión periodística
actualizada del pensamiento del filósofo Gianni Vattimo, ver en El País,
Madrid, 5 de julio de 2002, p. 33, a propósito de sus reflexiones sobre
Hermenéutica y emancipación. En sentido análogo seguir el pensamiento
de Manuel Cruz, catedrático de filosofía de Barcelona, en Tolerancia o
barbarie (1998), Hacerse cargo (1999) y El reparto de la acción (coord.) (1999).

15
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

bras, fantasías y ficciones, en el terreno del lenguaje de las ope-


raciones y acciones sociales.
La realidad de la seguridad exige también perdurabilidad de
la predictibilidad, con una razonable durabilidad de las reglas
aplicables. La seguridad es incompatible con la frivolidad de
los cambios permanentes vaciados de lógica, racionalidad y fina-
lidad 9.
La custodia de la seguridad ha sido delegada al Estado. Los
ciudadanos preservan sus libertades y delegan la tutela y centinela
de sus seguridades, al Poder Público, a través del contrato social.
Cuando el pacto social es una ficción la seguridad es de suyo una
falacia meramente declamativa en el fraude de la vida colecti-
va 10. La seguridad es un dato de la excelencia de la vida humana,
de la realidad medular de la convivencia que debe proveerse y
suministrarse desde todos los “espacios de poder”, sin retaceos,
mezquindades o renunciamientos, porque es deber para ser “ver-
dad” de la “res-pública”.

III. El contenido de la seguridad.


Los componentes o elementos de la seguridad son los propios
que, a modo de presupuestos, deben concurrir para alcanzar una
situación definida y cierta como “segura”. Sólo hay seguridad en la

9 “Se hace camino al andar y Derecho al razonar”, es la expresión de Alejandro


Nieto y Tomás Ramón Fernández, en El Derecho y el revés, Barcelona, Ariel,
1998, carta 17, p. 253 y ss., especialmente pp. 259-261.
10 Ver Zapata-Barrero, Ricard, Ciudadanía, democracia y pluralismo cultural:
hacia un nuevo contexto social, Barcelona, Anthropos, 2001, en especial la
tesis de la congruencia en el modelo republicano, pp. 169-172, a propósito
de la seguridad y el bienestar, y sus consecuencias sobre “la necesidad de la
seguridad y la igualdad del bienestar”.

16
INTRODUCCION

concurrencia ecuacional de autoridad, libertad, orden, estabilidad,


legalidad, justicia, policía, solidaridad, responsabilidad y sanción.

1. No hay seguridad sin autoridad.


La autoridad es la que engendra la energía del poder, para im-
perar sobre la conducta desacatada socialmente. La autoridad
pública, administrativa, legislativa y judicial tiene que “reenergizarse”
para encauzar certeza, normatividad y justicia, en el Estado de
Derecho. La ley de la selva es la autoridad del desgobierno 11, o
es al menos otra forma de gobierno no compatible con los cá-
nones constitucionales.
La seguridad está condicionada por la existencia de la autori-
dad política, que desenvuelve su acción operativa mediante sus
instituciones, como medida armónica de “ideas y organización” para
acceder con afectación y especialidad al objetivo común de con-
sagrar y hacer respetar un status de “seguridad” y confiabilidad
en las relaciones sociales.
La seguridad necesita de un “gobierno aplicado”, con poder,
mando y auctoritas moral, superador de las usurpaciones, desvia-
ciones, invertebraciones y vulneraciones de funciones, competencias
y cometidos, tanto de la burocracia oficial como de los sectores
sociales organizados en “asamblea permanente” de lucha y re-
proche, o simplemente grupos autodeterminados de comporta-
miento libre autonómico que hacen hoy de la gestión pública
un verdadero “despotismo administrativo” 12, incompatible con la
paz y las certezas de la seguridad real y sentida.

11 Cfr. Nieto, Alejandro, La organización del desgobierno, Barcelona, Ariel, 1984.


12 Ver Nieto, Alejandro, La “nueva” organización del desgobierno, Barcelona,
Ariel, 1998, p. 99 y ss.

17
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

2. No hay seguridad sin libertad.


La seguridad se inserta en el marco de los derechos y libertades
fundamentales. La existencia y el reconocimiento de derechos
fundamentales es un presupuesto de habitabilidad de la seguri-
dad 13. La seguridad pública, tanto jurídica como ciudadana, nece-
sita un contexto determinado de la organización social donde
los derechos fundamentales sean una realidad convivencial
tridimensional, tanto en la “norma”, como “valor”, como en la
“conducta”.
En ese “estadio vivencial” de los “derechos fundamentales” la segu-
ridad es factible, tanto en su declamación como en su realización.
Solo así crece el clima de crédito, confianza, paz, estabilidad y
previsibilidad que caracteriza a las situaciones de seguridad. La segu-
ridad como “estado de”, requiere en su consecuencia de libertades
con tutela y protección, tanto administrativa como judicial, tanto de la
“policía” como del sistema judicial (jueces y fiscales)14.

13 Los derechos subjetivos especificados por su “universalidad” e


“indisponibilidad” tienen entidad ontológica de “derechos fundamentales”,
de última generación, que se especifican como “derechos patrimoniales”,
“sociales”, “políticos o de ciudadanía” y derechos garantías. Ver Ferrajoli,
Luigi, Los fundamentos de los derechos fundamentales, Madrid, Trotta, 2001,
pp. 19-55, y pp. 314-370. Sobre los fundamentos aporta cuatro criterios
axiológicos de raíces múltiples: a) la igualdad y la convivencia de las
diferencias; b) la democracia constitucional y los “conflictos” entre derechos;
c) la paz y el derecho de autodeterminación de los pueblos y d) la tutela
del más débil y el paradigma garantista. En ese sentido, del mismo Ferrajoli,
ver Derechos y garantías. La ley del más débil, Madrid, Trotta, 2001.
14 Ver Portilla Contreras, Guillermo, “Desprotección de la libertad y
seguridad personal”, en Fernandez Entralgo, Jesús – Portillo Contreras,
Guillermo – Barcelona Llop, Javier, Seguridad ciudadana, Madrid, Trotta,
1993, pp. 79-115.

18
INTRODUCCION

3. No hay seguridad sin orden.


La seguridad predica el orden. El orden público es la base es-
tructural y fundacional de la convivencia. Viabiliza el desarrollo
en “situaciones seguras”. El orden público, o el régimen de có-
digos de las conductas sociales, precisamente para la anticipa-
ción y la previsibilidad de los comportamientos, es la base de
sustentación de la seguridad. El orden público es el seguro contra
los excesos de los inmunes. Los intocables dejan de serlo si existe
un orden público, no negociable ni renunciable y un orden jurídico
respetable, regulador, previsor y sancionador15 .
Esa plenitud de orden, donde no pasan ni “el abuso del po-
der”, ni el “abuso del derecho”, es la única tierra fértil para que
crezca la vida en seguridad y seguridades aplicadas a los múlti-
ples quehaceres sociales.

4. No hay seguridad sin estabilidad.


La seguridad y la estabilidad se parecen. Tanto es así, que la
estabilidad es también una cualidad de la seguridad. A la inver-
sa, no hay seguridad sin estabilidad. La estabilidad supone pre-
cisamente continuidad y permanencia. Tratándose de la seguri-
dad pública, tanto jurídica como ciudadana, esa permanencia y
continuidad debe versar sobre las “reglas” del juego social de que
se trate. Las reglas, los usos y las costumbres, no armonizan con la
improvisación y la alteración constante.
En ese sentido, la seguridad impone y supone una estabilidad
jurídica, donde la ley general, como la ley particular (los contratos)
prevalecen como regla del sistema. Es el juego del equilibrio en-

15 Lopez-Nieto y Mallo, Francisco, Seguridad ciudadana y orden público, Madrid,


El Consultor, 1992, pp. 15-30.

19
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

tre los principios y las excepciones. Es la armonía entre el “pacta


sunt servanda” y el “rebus sic stantibus” de los romanos. En su méri-
to las emergencias y las “no permanencias”, solo caben como ex-
cepciones y provisionalidades, dentro del sistema piramidal del
ordenamiento jurídico. La voluntad general constituyente tanto
de la “Soberanía del Estado local” (Constitución formal) como en
la de soberanía compartida en el “Estado regional” (Tratado de inte-
gración o Constitución material), suponen fijación, certeza, y per-
manencia como dato de la estabilidad jurídica propia de la seguri-
dad pública en Estado de Derecho y Democracia.
Lo importante es la seguridad de lo constante, lo que permane-
ce, lo que continúa ante las mismas circunstancias. La estabilidad
garantiza la transformación sin riesgo, y la vigencia del tratado de
límites entre lo público y lo privado, entre el intervencionismo
estatal y la iniciativa privada. El ecuador de los derechos y los debe-
res, no puede ser una línea imaginaria. Esa frontera tiene que
ser visible y duradera. Las invasiones a las reglas destruyen la
confianza y de suyo la estabilidad para la seguridad.

5. No hay seguridad sin leyes.


La seguridad supone una convivencia reglada. Las conductas
tienen cauces y riberas. La libertad llega hasta la frontera de lo
prohibido. La ley es el medidor de la libertad (art. 19, CN). Los
parámetros límites fijados por las leyes y los tratados señalan la ga-
rantía objetiva del orden de la convivencia, donde es posible la
libertad como atributo natural, y la reprochabilidad (contravencio-
nal y delictual) como consecuencia, por exceder los límites y pe-
rímetros de la juridicidad, en la convivencia “reglada” por códi-
gos legales, morales y sociales.
La seguridad, existe en un orden de juridicidad. La seguridad
supone normatividad, objetividad, que permita medir, predecir y
prevenir conductas. La libertad pública como “absoluto” no exis-

20
INTRODUCCION

te. Si las acciones privadas están acotadas por el orden, la moral y


las buenas costumbres (art. 19, CN), con mayor y excluyente
razón, las acciones públicas. Lo reglado explícito y los límites del
arbitrio y la discrecionalidad, son diques que se construyen por y
para la seguridad de las partes y del conjunto 16.
La seguridad es certeza, es derecho cierto y verdadero. La seguri-
dad no es el “revés” del derecho. La seguridad jurídica no es la
improvisación, ni el ocasionalismo normativo.

6. No hay seguridad sin justicia.


La seguridad es un valor de ampliado espectro. En su razón, las
condiciones de existencia que la apuntalan crecen en todos los
rincones de la organización social, precisamente para mante-
ner el tejido de la sustentabilidad convivencial. En ese sentido la
“administración de Justicia”, con toda la articulación del “sistema”
judicial, es una exigencia esencial. La Justicia es el árbitro y el
garante de la seguridad jurídica, porque la justicia es:
1º) la autoridad independiente para dar a cada uno lo suyo.
2º) la autoridad titular de las acciones públicas de reproche y
responsabilidad a través del Ministerio Público Fiscal.

16 El principio de seguridad jurídica tiene una directa vinculación con el


conocimiento, la accesibilidad y simplificación de las normas. En ese
sentido, García Llovet, Enrique, “Conocimiento de la norma y seguridad
jurídica”, en El Derecho Administrativo en el umbral del Siglo XXI, Valencia,
Tirant lo blanch, t. II, pp. 1738-1740, cuando señala una serie de máximas
jurídicas sobre el orden normativo, a saber: “1ª Crear todas las normas
necesarias, pero sólo las necesarias. 2ª La claridad es condición de la
eficacia de las normas. 3ª La claridad de la norma y la certeza respecto de
su existencia es una garantía frente a la arbitrariedad en su aplicación. 4ª
El ordenamiento debe presentarse a la vista del ciudadano y del operador
jurídico como todo articulado.”

21
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

3º) la autoridad de la defensa de los ausentes, incapaces,


carenciados, y rebeldes a través del Ministerio Público
de Defensa.
4º) la autoridad de sanción y reprochabilidad penal.
5º) la autoridad del control de constitucionalidad, y de la de-
fensa de la integridad y compatibilidad normativa con la a-
xiología superior.
6º) la responsable del cumplimiento de las penas y de la reha-
bilitación social y el respeto de sus derechos fundamen-
tales 17.
7º) un elemento vital inexcusable en la seguridad conviven-
cial 18.
“La justicia también es garante de la seguridad jurídica. Na-
die discute la justicia en sí misma, todos reclaman por su defi-
ciente administración. La moderna seguridad jurídica compren-
de también a la seguridad social y a la seguridad económica. Sobre

17 Ver Ribera Beiras, Iñaki – Salt, Marcos Gabriel, Los derechos fundamentales
de los reclusos, Buenos Aires, del Puerto, 1999. También Hulsman, Louk –
Bernat de Celis, J., Sistema penal y seguridad ciudadana, Barcelona, Ariel,
1984; Haddad, Jorge, Derecho Penitenciario, Ciudad Argentina, Buenos Aires,
1999.
18 “La justicia, ‘primus inter partes’, superior o prior entre las partes, tiene
el deber de resguardar la seguridad jurídica, en tanto es la custodia de la
constitucionalidad y sus palabras con forma de sentencia tienen
irreversibilidad. Pero ello no significa que las garantías para la seguridad
jurídica deban ser sólo judiciales, que además operan con los límites del
caso concreto, alcance personal y controversia procesal previa. Es esencial
el resguardo de los derechos de la propia Administración, respetando y
haciendo respetar la estabilidad y la legitimidad de sus propios actos y
contratos que crean o reconozcan derechos.” Parejo Alfonso, Luciano –
Dromi, Roberto, Seguridad Pública y Derecho Administrativo, Buenos Aires –
Madrid, Ciudad Argentina – Marcial Pons, 2001, p. 222.

22
INTRODUCCION

esta concepción de la seguridad jurídica se debe pensar y hacer


en derecho las leyes del nuevo Estado, con la “libertad” como
punto de partida, la justicia como línea de llegada y la “solidari-
dad” como compañera de ruta” 19.

7. No hay seguridad sin policía.


La prevención y la represión son hipótesis reales para la tute-
la de la seguridad. La organización ha encomendado a un brazo
del sistema institucional, “la Policía”, la autoridad administrativa
activa y operativa directa en las relaciones materiales de conflicto,
divergencia o protesta 20.
Esta situación de inmediatez de la policía 21, que en la seguri-
dad ciudadana y el orden convivencial debe actuar por “actos y
hechos”, de continua ejecución e inmediata decisión, lo más pareci-
do a la “repentinización” de un árbitro de fútbol, a veces con fa-
llos irremediables o con injusticias irreparables, es un componen-
te dinámico, discrecional que debe conocer como nadie los límites
técnicos y los límites jurídicos elásticos de lo “razonable” y la “no des-
viación de poder”, para preservar la finalidad de su acción 22.

19 Parejo Alfonso, Luciano – Dromi, Roberto, Seguridad Pública y Derecho


Administrativo, Buenos Aires – Madrid, Ciudad Argentina – Marcial Pons,
2001, p. 223.
20 Ver Pelacchi, Adrián Juan, Tratado sobre la Seguridad Pública, Buenos Aires,
Editorial Policial, 2000, 1ª parte: “La Policía, misión, poder y control”,
pp. 31-132.
21 La eficacia de la gestión policial se mide básicamente, como toda actividad
prestacional pública, por los parámetros que postula la Administración
Pública, con sus condicionantes, especificidades y límites que cobran
particular relevancia en la acción policial. Ver Parejo Alfonso, Luciano,
Eficacia y Administración, Madrid, INAP – BOE, 1995, pp. 109-135.
22 Un desarrollo filosófico a propósito de la racionalidad del entendimiento,
ver en Habermas, Jürgen, Verdad y Justificación, Madrid, Trotta, 2002, p.

23
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

La organización de los policías, tan identificada con la tutela


de la “seguridad”, que se les llama precisamente “fuerzas de se-
guridad” (para diferenciarla de las Fuerzas Armadas o de la
Defensa), tienen tanta historicidad como el Estado 23; nunca hubo
“Estado sin policía”, y si lo hubo fue otra cosa, pero no Estado 24.
La autoridad junto al Estado es un dato de identidad de la
Policía. Es continuo y permanente el debate por precisar la gris
frontera entre el deber y el abuso; entre la autodefensa y el exce-
so 25. Es obra y acción humana, tanto de uno como de otro lado.
Lo indiscutible es que en esas situaciones límite se tienen que
poner mojones objetivos, preestablecidos para juzgar y sancionar
tanto los abusos de la libertad como los abusos de la autoridad.
La reprochabilidad y la sanción siguen siendo los elementos
más reparadores de lo irreparable. El peligro es el absoluto de
la impunidad, de los que se van del sistema porque creen que la
autoridad o la libertad, le dan derecho al exceso, al abuso
irracional. Como dijimos, es vida en un río de dos riberas, don-
de las conductas deben permanecer en el cauce y si así no fuere, la
sanción por el camino de la ley, será la única solución.

99 y ss., y su análisis de las “raíces de la racionalidad” como “reflexión”, como


“saber o conocimiento”; como “intención, acción o teleología” y como
“comunicación” (pp. 102-109) para acceder a la verdad y su justificación
real y pragmática. “Ser es ser veritativo” (p. 237).
23 San Martino de Dromi, Laura, Intendencias y Provincias en la historia
Argentina, Buenos Aires, Ciudad Argentina, 1999. Cap. VIII “Intendencias
y Policía”, nº 75, pp. 327-340; y en Constitución Indiana de Carlos III, Buenos
Aires, Ciudad Argentina, 1999, sobre la “causa de Policía”, pp. 109-110 y
pp. 163-172. La proyección historicista del instituto y la organización, se
remonta hasta el mismo Aristóteles, Política, libro IV, cap. XI, sobre la
policía de la ciudad, sus cometidos e incumbencias.
24 Antón Berberá, Francisco – Soler Tormo, Juan Ignacio, Administración
Policial, Valencia, Tirant lo blanch, 2000. Tema 13: “Relaciones policía-
ciudadano”, pp. 337-366.

24
INTRODUCCION

8. No hay seguridad sin solidaridad.


La solidaridad incorporada a la axiología convivencial como
un valor que exige comprensión, equidad, fraternidad, austeri-
dad, caridad y humanidad, también juega su rol en el moderno
partido de la seguridad pública.
Decimos que no hay seguridad sin solidaridad, porque el siste-
ma de convivencia necesita por humanidad y por factibilidad,
un espacio en el teatro de la vida, para los excluidos y los marginados.
El mundo no es propiedad de unos pocos. Es un condominio
indivisible de la humanidad. Todos tienen derecho a los servicios
comunes mínimos, vitales y existenciales. No cabe otra interpre-
tación. La arrogancia de clasificar los “mundos”, se está pagan-
do desde hace rato con violencia, guerras y terrores que rebasan
la racionalidad y la fe. ¿Por qué? ¿No será necesario pensar que
falta la solidaridad real, efectiva y ejemplar, para quebrar la bre-
cha del exceso irracional recurrente?
En la balanza de la seguridad, hay que pesar la solidaridad. No
habrá calidad en la seguridad sin acciones solidarias positivas y efi-
caces. No habrán dos mundos absolutos, uno “todo lo seguro” y
otro “todo lo inseguro”. Aunque duele, debemos darnos cuenta
de que los excesos y abusos sólo engendran más excesos y abusos.
La razón debe encontrar los remedios para las irracionalidades. Haga-
mos de la solidaridad la nueva igualdad refundacional que permi-
ta a todos coexistir con sus más y sus menos, en una convivencia
global posible, de otros repartos y de otras responsabilidades26. Si

25 Sobre violencia policial, ver los trabajos de Tiscornia, Sofía – Corti, Leandro,
en Máximo Sozzo (comp.), Seguridad Urbana, Rosario, UNL, 1999, pp. 31-64.
26 Una reflexión en prospectiva del paradigma de expansión de los derechos
fundamentales y de la legitimación social, ver en Rodríguez Guerra, Jorge,
Capitalismo flexible y estado de bienestar, Granada, Comares, 2001, caps. V y
VI, pp. 217-279.

25
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

así no fuere, parece que en el horizonte no hay sino solo más de


lo mismo. Placeres versus atrocidades en el escenario vital.
Sin duda escasea la fe y la razón, aquí y en todas partes. La
seguridad y la solidaridad mantienen una relación predicativa y
de concordancia. El porvenir no es la exaltación del egoísmo, sino
el equilibrio del reparto y de los sacrificios. La seguridad de los débiles es
también seguridad jurídica. El desarrollo predica exigencias para
el Estado de Derecho para que efectivamente haga “accesible”
la “Democracia Solidaria” y el “Estado de Justicia”, a toda la co-
munidad sin privilegios ni discriminaciones.

9. No hay seguridad sin responsabilidad.


No hay seguridad sin límites. El principio de “responsabilidad”
es un límite de toda acción humana. Ahora bien, si falla el prin-
cipio de responsabilidad, su falencia se traslada a la sociedad,
bajo forma de inseguridad jurídica, pública y ciudadana. Si falla
el principio de responsabilidad consecuentemente existen con-
ductas lícitas impunes, existen delitos sin penas. La responsabi-
lidad predica fiscalización y control 27.
Otro límite a la seguridad es el principio de estabilidad, o perma-
nencia jurídica. El cambio imprevisto sorpresivo e incausado de
las reglas de juego también descoloca la seguridad. La perma-
nente legislación de “emergencia” con medidas excepcionales,
extraordinarias y transitorias afecta la certeza sobre el derecho
regulador de las conductas públicas y privadas.

27 Precisamente, la significación de la “ética de la responsabilidad” ha tenido


que ver ampliada desde la dimensión individual o local, al espacio
convivencial y global. Por eso, hoy corresponde hablar de una “ética global
de la corresponsabilidad”. Ver en ese sentido Cortina, Adela, Alianza y
Contrato. Política, ética y religión, Madrid, Trotta, 2001, cap. 10, pp. 145-
156.

26
INTRODUCCION

“Los límites” son precisamente los que permiten vertebrar un


sistema jurídico de seguridad. Otro límite es la legalidad. Tanto la
Administración, como la legislación no pueden ir “más allá de
la ley”. La irracionalidad, la irrazonabilidad y la arbitrariedad
son límites para perimetrar la legalidad de la seguridad; para que
lo razonable complemente lo racional y sea medida entre la necesi-
dad del arbitrio como espacio de decisión y los excesos de la decisión
que con arbitrariedad, rompen la lógica de las proporciones, de
las congruencias y las consecuencias, en un ejercicio indebido e
ilegítimo del arbitrio 28.

10. No hay seguridad sin sanción.


La percepción y convicción de impunidad que se registra en
múltiples ámbitos de la vida social, fundamentalmente en mate-
ria de transgresiones a la convivencia, vía la violencia y el delito,
son demostrativas de la falta de seguridad. Son señales de que se
vive en la impunidad, sin parámetros morales, ni perímetros jurí-
dicos. Esa especie de “todo vale”, borra del sistema jurídico el
régimen sancionatorio.
Allí radica la gravedad que quiebra la existencia de la segu-
ridad. Grave es que las penas sean leves o no sean severas, más
grave es aún que no se apliquen 29. La ausencia de sanción,
transmuta la impunidad en irresponsabilidad 30. Con la pérdida
de responsabilidad se desvanece una nota esencial de la forma

28 Ver Nieto, Alejandro, El arbitrio judicial, Barcelona, Ariel, 2000, cap. 6,


pp. 315-396.
29 Ello acontece regularmente con el régimen de contravenciones o faltas,
siempre en eterna puja competencial entre la administración y la
jurisdicción. Un estudio especializado del tema véase en Natiello, Rodolfo,
Manual de derecho contravencional. Provincia de Buenos Aires, La Plata, Scotti
Editora, 2000.

27
LA SEGURIDAD: UNA DEUDA DEL ESTADO DE DERECHO

republicana de gobierno. No solo se licua el control como ante-


sala obligada de la responsabilidad, sino que además se desva-
nece en laberintos formales la instancia jurídica de la responsabili-
dad y la sanción, dos consecuencias obligadas para permanecer
o recuperar la seguridad.

IV. Conclusión.
La seguridad necesita una re-institucionalización jurídica, que
devuelva parámetros normativos, paradigmas axiológicos y cre-
dibilidad sociológica, refortaleciendo la energía administrativa
jurisdiccional de la autoridad, eliminando el descreimiento en la Justi-
cia y en la Policía. Sólo así “la calidad de vida institucional” retor-
nará a los niveles razonables del Estado de Derecho Democráti-
co. De lo contrario, la anomia y la anemia social terminarán de-
vastando el orden público y la vida democrática misma, que se-
guirá sumida en apariencias ardidas y ficciones de simulación
de fraudulenta coexistencia social 31.
Como dijo Fray Mamerto Esquiú, en el Sermón pronunciado
en la Iglesia de Catamarca con motivo de la Jura de la Constitu-

30 Un ejemplo evidencial de la inefectividad general y no toma de la falta de


aplicación sancionatoria, acontece en materia del llamado “derecho
disciplinario”, que parece más un pretexto o cobertura de un sistema, que
una demostración reparatoria de los ilícitos administrativos. Ver Nieto,
Alejandro, “Problemas capitales del Derecho Administrativo”, Madrid,
RAP, nº 67, 1970 y en “Estudios”, ob. cit., p. 532.
31 Una propuesta pragmática y actualizada a propósito de las transparencias
del sector seguridad, ver Rusconi, Maximiliano, “Evitar que la crisis
termine dividiendo a la sociedad”, en La Nación, 8-7-02, p. 11, cuando
dice: “Hoy aparece como insoslayable transitar un camino de
transformación iniciado en 1997: el desarrollo de modelos de mayor
participación comunitaria en las tareas de prevención, la generación de

28
INTRODUCCION

ción de 1853: “Obedeced, señores: sin sumisión no hay ley, sin


ley no hay patria, no hay verdadera libertad: existen sólo pasio-
nes, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que Dios
libre eternamente a la República Argentina”.

Roberto Dromi

controles externos y de un aumento de la transparencia institucional, la


instalación de planes de seguridad vecinales y municipales, el impulso de
planes integrales y permanentes de capacitación y el desarrollo de un
‘mapa del delito’ que le otorgue alguna racionalidad a la distribución de
recursos humanos”.

29