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LOS PRINCIPIOS PROCESALES AGRARIOS

“UNA VIA UTIL PARA EL CONTROL DE CONVENCIONALIDAD Y LA


PROTECCION DE LOS DERECHOS HUMANOS EN SEDE AGRARIA”.

“IDEAL PARA PRINCIPIANTES”

AUTOR

DR. MACEDONIO RAMIREZ HERNANDEZ


MEXICO, DICIEMBRE DE 2018.

INDICE PAGINAS
PROLOGO. ----------------------------------------------------------- 4 - 5
1.- LOS PRINCIPIOS
1.1. SIGNIFICADO. -------------------------------------------------- 6 - 7
1.2. PRINCIPIOS JURIDICOS. ----------------------------------- 7 - 8
1.3. PRINCIPIOS PROCESALES. ------------------------------- 8 -10
1.4. PRINCIPOS Y REGLAS. -------------------------------------10 -12
1.5. TEORICOS PRINCIPALISTAS. ---------------------------- 12 -15
1.6. TEORICOS PROCESALISTAS. ---------------------------- 15 -18
2.- DERECHOS FUNDAMENTALES Y DERECHOS HUMANOS
2
INTRODUCCION. -----------------------------------------------------18 - 20
2.1. CONCEPTOS
A.- DERECHOS FUNDAMENTALES. ---------------------------20 –22
B.- DERECHOS HUMANOS. ---------------------------------------22 -50
2.2. DERECHOS AGRARIOS. --------------------------------------50 -56
3.- LOS PRINCIPIOS PROCESALES AGRARIOS
INTRODUCCION. ------------------------------------------------------56 – 59
3.1. PRINCIPIO DE CONSTITUCIONALIDAD. -----------------59 - 69
3.2. PRINCIPIO DE CONVENCIONALIDAD. ---------------------69 -89
3.3. PRINCIPIO DE PLENA JURISDICCION. --------------------89-108
3.4. PRINCIPIO DE LEGALIDAD. ----------------------------------109-119
3.5. INSTANCIA DE PARTE. ----------------------------------------120-125
3.6. PRINCIPIO DE IGUALDAD. ------------------------------------125-136
3.7. PRINCIPIO DE VERDAD MATERIAL. -----------------------137-142
3.8. PRINCIPIO DE INMEDIACION. -------------------------------142-145
3.9. PRINCIPIO DE CONCENTRACION. -------------------------145-151
3.10. PRINCIPIO DE CELERIDAD. ---------------------------------151-155
3.11. PRINCIPIO DE PUBLICIDAD. ---------------------------------155-159
3.12. IMPULSO PROCESAL. -------------------------------------------159-164
3.13. PRINCIPIO DE ORALIDAD. -------------------------------------164-171
3.14. PRINCIPIO DE CONCILIACION. ------------------------------171-178
3.15. PRINCIPIO DE CONGRUENCIA. ----------------------------1178-181
3.16. PRINCIPIO DE DEFENSA MATERIAL. ----------------------181-184
3.17. PRINCIPO DE LEALTAD Y PROBIDAD. --------------------185- 190
4.- LA JUSTICIA AGRARIA Y EL CONTROL DIFUSO DE
CONVENCIONALIDAD.
4.1. LA JUSTICIA. -----------------------------------------------------------191-197
4.2. LA JUSTICIA AGRARIA. ---------------------------------------------198-201
4.3. EL CONTROL DIFUSO DE CONSTITUCIONALIDAD.
3 -------201-210
4.4. EL CONTROL DIFUSO DE CONVENCIONALIDAD. ---------210-224
4.5. TRIBUNALES AGRARIOS Y EL CONTROL DIFUSO. -------224-234
5. EL PROCEDIMIENTO PREFERENTE Y SUMARIO. -----------234-261
BIBLIOGRAFIA. -------------------------------------------------------------262 –266
DATOS DEL AUTOR. -----------------------------------------------------------267
PROLOGO

Desde el año dos mil seis que inicié mi posgrado en amparo, el tema del
control constitucional difuso en sede agraria, apuraba por alumbrar,
debido a que desde la reforma constitucional y legal agrarias de mil
novecientos noventa y dos , se advertía – o al menos así lo apreciaba el
suscrito-, que la intención del reformador constitucional y del legislador
ordinario, con la creación del tribunal superior y de los tribunales
unitarios agrarios, era convertirlos en tribunales constitucionales
autónomos, con facultades de control de legalidad y de
constitucionalidad difusa en materia agraria, tal como funciona el
Tribunal Electoral del Poder Judicial4 de la Federación y, digo que así lo
apreciaba, porque de una simple mirada al artículo 27 constitucional en
sus fracciones de la séptima hasta la veinte, principalmente la fracción
diecinueve, sobresalía el origen constitucional de estos tribunales, su
plena jurisdicción con funciones terminales en la materia; de igual modo,
tanto la ley agraria como la ley orgánica de los tribunales agrarios y el
reglamento interno de estos órganos de justicia, les permitían suspender
el acto de autoridad, funcionar en pleno y formar su propia
jurisprudencia, entre otras funciones más, que llevaban a estimar la
factibilidad para que el tribunal superior agrario y los tribunales unitarios,
tuvieran facultades de control constitucional difuso en su sede. Mas sin
embargo, otra idea más apremiante – para mi desde luego- me llevo a
abandonar momentáneamente esta idea, pues me pareció que era más
urgente tratar el tema del amparo indirecto agrario, a efecto de que a
través de este medio de control constitucional, se reparara en forma
pronta y expedita, la violación del derecho constitucional del tanto en las
enajenaciones parcelarias, terminado lo cual, ingrese al doctorado y al
momento de seleccionar mi tema de tesis para obtener el grado, me
regresé a la idea de investigar sobre el control de constitucionalidad y
convencionalidad en sede agraria, lo cual estimé, podría lograrse
aplicando el contenido esencial de los principios procesales agrarios que
rigen en esta materia y que bien pudieran adecuarse para que a través
de ellos, se configurara un procedimiento preferente y sumario – como
un incidente de urgente resolución - dentro del proceso agrario, cuando
existieran violaciones directas e inmediatas a derechos humanos
agrarios, ello toda vez que el juicio agrario en la mayoría de las veces se
torna demasiado largo y complicado, lo que demerita la reparación
pronta y expedita de estos derechos y, que finalmente vienen a ser
reparados fuera de la sede agraria, ya que los recursos están muy
limitados en esa instancia, lo que provoca que quede intocada la
5 agrario en cuanto a lograr que los
intención del reformador constitucional
tribunales agrarios sean tribunales de legalidad y de constitucionalidad
y, ahora, de convencionalidad, para que ventilen y en su caso protejan y
reparen los derechos humanos de los justiciables agrarios en su propia
casa.

Bien, heme aquí, en esta aventura del saber agrario, que espero
plasmar tal cual la he diseñado, esperando resulte de interés y sea de
utilidad para aquellos que empiezan a transitar por este camino y para
aquellos que como al suscrito, nos apasiona la materia agraria.

EL AUTOR.
1.LOS PRINCIPIOS

1.1. SIGNIFICADO

Abordo este tema, acudiendo primero a las fuentes enciclopédicas, a


efecto de fijar su contenido conceptual concreto, para más adelante,
apoyarme en algunos debates históricos y de suma relevancia,
sostenidos entre notables juristas, para explicar – el suscrito - de
manera amplia, entendible y provechosa, el significado de los principios,
de sus alcances y propósitos en los sistemas normativos.

Señala el diccionario de la Real 6Academia Española, que la palabra


principio proviene del latín principium y, se utiliza para referirse al primer
instante del ser de algo; al punto que se considera como primero en una
extensión o en una cosa, extensión que necesariamente parte del primer
punto y que nos lleva a un segundo punto; a la base, origen, razón
fundamental sobre la cual se procede discurriendo en cualquier materia;
a la causa u origen de algo; a cada una de las primeras proposiciones o
verdades fundamentales por donde se empiezan a estudiar las ciencias
o las artes; a la norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la
conducta.1 En su etimología latina, principium es una palabra
compuesta, deriva de pris, que significa, lo antiguo y lo valioso, y cp que
se encuentra tanto en el verbo capere, con el significado de asir, coger,
tomar, y en el sustantivo caput, donde significa cabeza2. El término

1
Diccionario de la Lengua Española, lerma.rae.es/drae/?val=principio, edición 23ª. Publicada en octubre de 2014, consulta
realizada el día 03 de enero de 2015, a las 9:48 horas.
2
SANCHEZ DE LA TORRE, ANGEL “Los principios del derecho como objeto de investigación jurídica”, en los principios
generales del derecho, Madrid, RAJL, Actas, 1993, p. 17.
griego que se traduce por principio es arch3. El significado es primacía
en tiempo, rango o lugar.4 En cuanto primacía en tiempo denota el punto
de un nuevo inicio en una secuencia temporal; en cuanto primacía en
rango tiene como sentidos dominio, ámbito, fundamento y autoridades;
en cuanto primacía de lugar, refiere el punto de origen o de partida.

Para Ermo Quisbert, principio es un axioma,5 que plasma una


determinada valoración de justicia de una sociedad, sobre la que se
construyen las instituciones del derecho y que en un momento histórico
determinado informa del contenido de las normas jurídicas de un
Estado. Un principio no es una garantía, 6 un principio es la base de una
garantía.7

Conforme a todo lo anterior y como lo afirma Roberto Islas Montes, en


su obra “principios jurídicos”: “Principio tiene inherente un punto de inicio
y un nexo con aquello que se pretende sostener o afianzar, haciendo
referencia a dos cosas: un cimiento7o afianzamiento o fin y un nexo que
relaciona este cimiento o afianzamiento o fin con aquello que se quiere,
asir, sostener o afianzar”, según la ciencia o el arte de que se trate, así,
podemos encontrar principios básicos y muy característicos o propios,
en la Economía, en la Política, en la Cultura, en la Sociología y desde
luego, en el derecho, en donde a la vez, podemos encontrar principios
relacionados directamente y como propios de la constitucionalidad y de
la convencionalidad, que irradian a las demás ramas del derecho como
la penal, la administrativa, la familiar, la civil y, desde luego la materia
agraria.8
3
FERRATER MORA, JOSE: “Diccionario de Filosofía, vol. III, Barcelona: Ariel, 2001, p. 2907.
4
Horst Balz Gerhard Schneider: Diccionario exegético del nuevo testamento, vol. I, Barcelona: Sígueme, 1996, p. 485.
5
Axioma, del griego (“axioma”, lo que parece justo.), proposición evidente no susceptible de demostración sobre la cual se
funda una ciencia. Originariamente el termino axioma significa dignidad. Por derivación se ha llamado axioma, a lo que es
digno de ser estimado, creído o valorado. Así en su acepción más clásica el axioma, equivale al principio que por su valoración
misma, es decir por ocupar cierto lugar en un sistema de proposiciones debe estimarse como verdadero. Véase
http://www.geocities.com/eqhd/axioma.htm.
6
Garantía, institución procedimental de seguridad y de protección a favor del individuo, la sociedad o el Estado, para que
dispongan de medios que hacen efectivo el goce de los derechos subjetivos, frente al peligro o riesgo de que sean
desconocidos. Una garantía no es un principio. Una garantía es un procedimiento, en algunos casos un proceso.
7
QUISBERT Ermo, “los principios constitucionales”, http://ermoquisbert.tripod.com, p.28. 11:23, 6 de octubre de 2016.
8
La última parte después de las comillas es un agregado del suscrito para complementar y cerrar el tema en trato.
1.2. PRINCIPIOS JURIDICOS

En el mundo jurídico como en otras entidades, se presenta siempre un


grado de dificultad considerable para desentrañar el significado y
alcances de estos, por ello, el concepto jurídico ha sido discutido
muchas veces y de muchas maneras a lo largo del tiempo. Así, por
principios jurídicos, y desde un punto de vista también etimológico y de
acuerdo con lo apuntado anteriormente, principio jurídico, “es la relación
razonada que correlaciona un estándar establecido como relevante para
el derecho con aquello que se deba relacionar; siendo la relación
razonada el elemento determinante del principio jurídico, y el estándar,
su esencia; su existencia depende de que los juristas lo hayan querido y
hecho. Tiene una función determinante y se aplica para resolver casos,
y una función regulatoria por la que limita la obtención del resultado. En
los diferentes casos sometidos a consideración de los juzgadores
participan ciertos contenidos normativos que regulan la aplicación de las
8
normas; así, acaso igual, exige de la ley su exacto cumplimiento, en el
caso diferente, buscan equilibrio con la ley, y en caso distinto, su plena
realización; respecto de la constitución, determinan contenido; si el
principio jurídico es despojado de la relación razonada y de su
relevancia, solo queda algo meramente axiológico, ontológico,
teleológico, sin ninguna relación necesaria con el derecho. De la misma
forma, vistos así los principios jurídicos, establecen algo esencial y son
impersonales y, por supuesto no enfocaran lo personal ni lo particular
hasta que se relacionen efectivamente”.9

1.3. PRINCIPIOS PROCESALES

En una opinión lisa y llana, para el suscrito, son aquellos preceptos y


directrices destinadas a la optimización de las pautas, características y
reglas del proceso, a través de las cuales ha de sustanciarse éste,
9
ISLAS MONTES Roberto, “principios jurídicos”, Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano, año XVII, Montevideo,
2011, extractos, p.p. 397 a 400. Véase www.juridicas.unam.mx
mismas que no pueden desconocerse, so pena de reponerse o
perfeccionarse y de anular incluso, las decisiones de los operadores
jurídicos.

Los principios procesales son, la estructura sobre la que se construye un


ordenamiento jurídico procesal. Es así como de ellos derivan las
diversas instituciones que permiten presentar al proceso como un todo
orgánico y compenetrándonos al mismo tiempo en sus funciones.
Cuando se trata de los principios que dirigen la organización del
proceso, cabe señalar que, en la mayoría de los casos, frente a un
principio, existe otro principio contrario. Por ejemplo: frente al principio
de oralidad, se presenta el de escritura, frente al dispositivo se presenta
en inquisitivo. Los principios procesales casi en ningún caso se
presentan en forma absoluta, es decir, no excluyen totalmente a su
contrario de manera que en más de una ocasión se acoge en un sistema
procesal un principio en forma mixta.10
9
Ovalle Favela, en su teoría general del proceso, explica que: “los
principios procesales son aquellos criterios o ideas fundamentales,
contenidos en forma explícita o implícita en el ordenamiento jurídico,
que señalan las características principales del derecho procesal y sus
diversos sectores, y que orientan el desarrollo de la actividad procesal;
Que estos principios tienen una doble función: por un lado, permiten
determinar cuáles son las características más importantes de los
sectores y ramas del derecho procesal; y por el otro, contribuyen a dirigir
la actividad procesal, ya sea proporcionando criterios para la
interpretación de la ley procesal o ya sea auxiliando en la integración de
la misma. A la primera función-señala Ovalle-, se refiere Millar cuando
afirma que estos conceptos fundamentales dan forma y carácter a los
sistemas procesales. La segunda función se encuentra prevista en el
10
MACHADO RAMIREZ Allan, “Los principios procesales”, véase: file:///c:/users/topse/onedrive/documentos/principios
%20procesales.html
art. 4º. Del CPC del Estado de Sonora, así como en los preceptos
equivalentes de los códigos de procedimientos civiles que siguen el
anteproyecto de 1948: “en caso de silencio, obscuridad o insuficiencia
de las disposiciones del presente código, el juez deberá suplirlos
mediante la aplicación de los principios generales del derecho procesal”.
Cabe advertir que estos principios procesales… también constituyen
principios generales del derecho, de los previstos en el párr. Cuarto del
art. 14 constitucional como fuente supletoria del derecho. Los principios
procesales son producto de una larga evolución histórica, el surgimiento
de cada uno de ellos tiene su propia ubicación histórica y su justificación
en la propia experiencia procesal”.11 Estas definiciones sobre los
principios procesales desde luego las comparto el suscrito y por ahora
deben bastarnos, pues más adelante nos enteraremos de lo que opinan
al respecto los diversos teóricos procesalistas y principalistas.

1.4. PRINCIPIOS Y REGLAS


10
Según el estilo que se viene adoptando en este capítulo al abordar los
temas que en el mismo se exponen, brevemente abordare lo relativo a
los principios y las reglas, enfocado sobre todo a establecer sus
diferencias y a conocer las posturas y opiniones de los diversos juristas
tanto principalistas como garantistas.

La distinción entre reglas y principios, tal como ha sido formulada por


Ronald Dworkin y que Robert Alexy considera como «uno de los pilares
fundamentales del edificio de la teoría de los derechos fundamentales»
Según esta distinción, se afirma que: las normas constitucionales que
formulan objetivos políticos y/o valores morales y/o derechos
fundamentales, tienen la forma de principios y no de reglas. Y mientras
las reglas se aplican a los casos previstos por ellas, los principios —
caracterizados generalmente no sólo por la mayor importancia, sino
11
OVALLE FAVELA José, “Teoría General del Proceso”, Editorial Oxford, Sexta Edición, México, 2012, pp. 199 – 200.
también por una mayor indeterminación y por un carácter más genérico
— se respetan, se pesan y se comparan entre sí, tanto más si, como
generalmente ocurre, entran en conflicto entre ellos. Las reglas, escriben
Manuel Atienza y Juan Ruiz Manero, describen los casos en que son
aplicables en forma cerrada y son «razones perentorias para la acción»;
los principios se conciben, en cambio, de forma abierta y son razones
para la acción no perentorias sino ponderables con otras razones o
principios. De modo diverso a lo que sucede con las reglas, añade
Gustavo Zagrebelsky, que prevén hechos típicos subsumibles en ellas,
los principios carecen de supuestos de hecho y, por eso, no son
aplicables sino sólo ponderables. Me parece que a esta distinción se ha
asociado un alcance empírico y explicativo que va mucho más allá de su
fundamento teórico, por lo demás, incierto y problemático, al ser
inciertos y heterogéneos tanto la noción de «principio» como el
significado y la consistencia conceptual de la distinción misma. En
11
efecto, pues según una primera orientación, que reúne a los principales
exponentes del constitucionalismo principialista, se trata de una
«distinción fuerte», de tipo exclusivo y exhaustivo, fundada en
diferencias de naturaleza ontológica, estructural o cualitativa. Pero
según otra orientación, bastante más argumentada, se trata, en cambio,
solamente de una «distinción débil», de tipo cuantitativo, es decir,
relativa al grado en que, en ocasiones, son reconocibles, en concreto,
las características de los unos y de las otras, formuladas más arriba en
abstracto. Es claro que, si se admite que la diferencia no es cualitativa,
también la diferencia cuantitativa se oscurece, siendo fácil poner de
relieve que las características de la indeterminación, de la genericidad e
incluso de la ponderabilidad, suelen hallarse también en las reglas, no
menos —e incluso a veces más— que en los principios. Por lo demás,
ésta es la conclusión que coherentemente extrae, de las posiciones
principalistas radicales, Alfonso García Figueroa, quien afirma el
carácter «débil» y, en última instancia, inconsistente de la distinción, a
causa del carácter problemático no ya de los principios y de la
ponderación, sino, antes bien, del modelo tradicional de las reglas y de
su subsunción, considerado por él obsoleto en el Estado constitucional
de Derecho, en el que también las reglas, al igual que los principios, son
susceptibles de ponderación.12

La aportación más importante que sobresale en este breve tema de la


diferencia entre principios y reglas es que a través de cualesquiera de
los dos modelos, se puede llegar a respetar, proteger y reparar los
derechos fundamentales y humanos, sin dejar de precisar que, en
materia agraria, la protección de estos derechos debe de darse a través
de los principios que están debidamente establecidos tanto en la teoría,
como en la normativa y en la práctica procesal agraria, sin desdeñar
desde luego aquellos que priman per se en la constitucionalidad y en la
convencionalidad.
12
1.5. TEORICOS PRINCIPALISTAS

Dentro de los juristas que abordan el tema de los principios en su teorías


y que me parecen más interesantes e ilustrativos, se encuentra, desde
luego, entre otros, Ronald Dworkin, quien usa el termino principio en
sentido genérico para referirse a todo el conjunto de los estándares –
que son normas – que apuntan siempre a decisiones exigidas por la
moralidad o impelentes de objetivos que han de ser alcanzados. 13 Así,
en su teoría de las reglas y los principios, afirma: “que las reglas son
normas específicas que fueron elaboradas pensando en su aplicación
tales como las reglas de elaboración de un testamento. Los principios,
por su parte, son definidos por Dworkin como las directivas jurídicas,
esto es, la dignidad humana, etcétera, y siempre están expuestos a la
12
FERRAJOLI Luigi, “Filosofía del derecho constitucional, cuestiones fundamentales; en constitucionalismo principialista y
constitucionalismo garantista”. Primera edición, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones
Jurídicas, México 2015, pp. 550 – 553.
13
ISLAS MONTES Roberto, “principios jurídicos”, óp. cit. P.398.
interpretación. Ambas tienen una validez deóntica que se expresa en
mandatos como las prohibiciones y las permisiones. Lo interesante de la
teoría deóntica radica en que ambos, reglas y principios no tienen fines
ideológicos por lo que se desprecia la ponderación de bienes tan
habitual en la metodología de argumentación y se reivindica el valor
deóntico de ambas. Así, tanto las reglas como los principios sirven para
la argumentación, pero se diferencian por el papel lógico que desarrollan
una y otra. Las reglas siempre presentan un componente condicional en
su argumento lógico referido a las condiciones de su aplicación,
mientras que los principios se presentan de manera indeterminada en
relación con las condiciones de aplicación”. 14

Dworkin es quien en los últimos años reinicia la discusión sobre los


principios jurídicos tras la publicación – en 1967 – de su artículo “el
modelo de las reglas”. Hoy en día -este artículo- forma el capítulo 2 de
“los derechos en serio”, su obra integral más influyente. Su artículo fue
13
polémico porque utilizo el modelo de las reglas –que atribuyo a Hart-
como blanco de su ataque general contra el positivismo, que sostiene –
según dice- una única fuente legislativa del derecho y pasa por alto
aquellos estándares que no son normas. Dworkin organiza su estrategia
en torno al hecho de que, cuando los juristas hablan sobre derechos y
obligaciones jurídicas, particularmente en relación con los casos
difíciles, echan mano de estándares que no funcionan como normas,
sino como principios.15

Mario Alberto Portela, al desarrollar su tema “Argumentación y


Sentencia, nos dice que: “Habría que admitir que el derecho no se
compone únicamente de normas, sino que además está integrado por
principios que son superiores a ellas y que parten no solo del propio
derecho sino también de pautas de moral y de política. De la conjunción
14
RIBEIRO TORAL Gerardo, Teorías contemporáneas de la argumentación jurídica, en, Felipe Miguel Carrasco Fernández,
“Argumentación Jurídica, Estudios en Torno a… “tomo 1, Editorial Popocatepetl, segunda edición, México, 2007, p. 70.
15
ISLAS MONTES Roberto, “principios jurídicos”, óp. cit. P.400
entre reglas y principios se elaboran las teorías que los operadores
necesitan para cumplir su misión de solucionar conflictos que suelen ser
de suma 0 y que una mayor creatividad judicial transformaría en una
maximización de las utilidades de las partes y una disminución de los
costos que las mismas deben pagar”.16

Alexy en su teoría de los derechos fundamentales, parte de la idea de


que tanto las reglas como los principios son normas; por ello para él, el
problema sobre los principios se circunscribe a diferenciarlos de las
reglas, pues finalmente ambos pertenecen al conjunto normas, ambos
son clases de mandatos. Por ello dice. “el punto decisivo para la
distinción entre reglas y principios es que los principios son normas que
ordenan que algo sea realizado en la mayor medida posible, dentro de
las posibilidades jurídicas y reales existentes. Por lo tanto, los principios
son mandatos de optimización que están caracterizados por el hecho de
que pueden ser cumplidos en diferente grado y que la medida debida de
14
su cumplimiento no solo depende de las posibilidades reales sino
también de las jurídicas. El ámbito de las posibilidades jurídicas es
determinado por los principios y reglas opuestas… en cambio, las reglas
son normas que solo pueden ser cumplidas o no. Si una regla es válida,
entonces debe hacerse exactamente lo que ella exige, ni más ni menos.
Por lo tanto, las reglas contienen determinaciones en el ámbito de lo
fáctica y jurídicamente posible. Esto significa que la diferencia entre
reglas y principios es cualitativa y no de grado, toda norma es o bien
una regla o un principio.17

Atienza, el gran filósofo del derecho del modelo de ciencia


argumentativa, en uno de sus tres trabajos individuales más destacados
– el derecho como argumentación; tras la justicia y el sentido del
derecho -, dice respecto de nuestro tema: “Las normas de que se
16
PORTELA MARIO Alberto, Argumentación y Sentencia, en, Felipe Miguel Carrasco Fernández, “Argumentación Jurídica,
Estudios en Torno a …” tomo 2, Editorial Popocatepetl, segunda edición, México, 2007, p. 896.
17
ISLAS MONTES Roberto, “principios jurídicos”, óp. cit. P.402-403
compone un ordenamiento jurídico pueden clasificarse en reglas y
principios. Las reglas son normas que establecen pautas más o menos
específicas de comportamiento. Los principios son normas de carácter
muy general que señalan la deseabilidad de alcanzar ciertos objetivos y
fines de carácter económico, social, político, etc. Y de las que cabe
denominar directrices; o bien exigencias de tipo moral. Estos serían los
principios en sentido estricto”. Respecto de las normas en otro lugar
había señalado: “Las normas desde esta perspectiva son precisamente
directivas, es decir, enunciados que tratan de influir en el
comportamiento de aquellos a quienes van dirigidas. En general las
normas pertenecen a una categoría especial de directivas –las directivas
más fuertes-, que se suelen llamar prescripciones”. Esto quiere decir
que para Atienza las normas –como conjunto de que se compone un
ordenamiento jurídico –comprenden dos clases, reglas y principios. 18

1.6. TEORICOS PROCESALISTAS


15
Al igual que en el tema anterior, traeré a cuenta las opiniones de
aquellos personajes que, de una u otra forma, se refieren al proceso
desde la óptica de los principios procesales – no de todos los
procesalistas, pues no todos estudian al proceso desde la perspectiva
de los principios procesales -, esperando no incurrir en alguna omisión,
que desde luego sería involuntaria.

Es maravilloso el pensamiento de Giuseppe Capograssi sobre el


proceso, a quien se refiere como la doble magia (del proceso): hacer
revivir aquello que no vive más, que se ha extinguido ya, y hacerlo
revivir en la conciencia y en el juicio de alguien que es completamente
ausente y extraño a la experiencia de que debe resurgir; y hacer vivir
aquella razón y aquella voluntad objetiva que es la ley precisamente allí
donde ha faltado la vida de la ley. Estamos frente a una de las más
18
Ibidem; p. 404
maravillosas creaciones de la vida: una de las más típicas creaciones en
que la vida, a través de mil expedientes y ensayos, logra realizar sus
paradojas.19

Couture, en sus fundamentos del derecho procesal civil nos dice sobre
el proceso, que este es una secuencia o serie de actos que se
desenvuelven progresivamente para resolver mediante juicio (como acto
de autoridad) el conflicto de intereses. Su función sustancial es dirimir,
con fuerza vinculatoria el litigio sometido a los órganos de la
jurisdicción.20

Don Sergio García Ramírez, en su obra, principios del procedimiento


agrario ordinario y respecto de este mismo teórico del proceso
(Couture), nos enseña que: “La enumeración de los principios que rigen
el proceso no puede realizarse en forma taxativa, porque los principios
procesales surgen naturalmente de la ordenación, muchas veces
impensada e imprevisible, de las16disposiciones de la ley. Pero la
repetición obstinada de una solución puede brindar al intérprete la
posibilidad de extraer de ella un principio. En otras oportunidades es el
propio legislador el que cree necesario exponer los principios que
denomina la estructura de su obra, para facilitar al intérprete la
ordenación adecuada de las soluciones.21

Según Andrés de la Oliva, son principios del proceso o principios


procesales las ideas y reglas que constituyen puntos de partida para la
construcción de los instrumentos esenciales de la función jurisdiccional,
en el sentido de originarlos (de ahí el termino de principio),
determinando que sean sustancialmente como son. De otra forma puede
decirse que son los criterios inspiradores de la capacidad de decisión y

19
OVALLE FAVELA José, “Teoría General del Proceso”, óp. Cit. pág. 179.
20
COUTURE Eduardo J. fundamentos del derecho procesal civil, De Palma, Buenos Aires, 1993, pág. 122
21
Vid. En Revista de la facultad de derecho, México, t. XLIII. 191-192, septiembre – diciembre de 1993. Pp.77-103.
de influencia del órgano jurisdiccional y de las partes en el nacimiento
del proceso, en su objeto, en su desenvolvimiento y en su terminación. 22

Piero Calamandrei, sostiene que el juez no está nunca solo en el


proceso. Que el proceso no es un monologo, sino un dialogo, una
conversación, un cambio de proposiciones, de respuestas y de réplicas,
un cruzamiento de acciones y de reacciones, de estímulos y contra
estímulos, de ataques y contra ataques.23

Niceto Alcalá-Zamora y Castillo, al referirse a la naturaleza jurídica del


proceso, nos explica que el proceso puede ser analizado desde
diferentes puntos de vista. Si se examina como se desarrolla, se estará
contemplando su o sus procedimientos. Si se estudia para que sirve el
proceso, se estará enfocando su finalidad (como medio de solución al
litigio). Pero si se reflexiona sobre que es el proceso, se estará
analizando su naturaleza jurídica.24
17
José Ovalle Favela, en el prólogo de su libro teoría general del proceso,
hace una reflexión que me parece interesante sobre una de las premisas
fundamentales del derecho procesal, encaminada a dar por sentado
que: “no debe existir disociación entre la teoría y la práctica del derecho
procesal, que solo es válida y útil la teoría que parte de lo que realmente
ocurre en la práctica jurídica y que plantea alternativas para solucionar
los problemas existentes. Pero que también la practica solo puede
contribuir a la solución de esos problemas en la medida en que se base
en la doctrina y en la reflexión teórica. La teoría que no toma en cuenta
la práctica del derecho procesal ni aporta soluciones a los problemas
que esta plantea, es solo metafísica. La práctica que desconoce las
aportaciones de la teoría es simple rutina”; así, a resumidas cuentas, se
insiste en que Ovalle Favela, se convence de que: “los principios
22
Vid. Enciclopedia –juridica.biz-14.com/d/principios-del proceso/principios-del proceso.htm
23
CALAMANDREI Piero, “Proceso y democracia”, Harla, México, 1996, pág. 151
24
OVALLE FAVELA José, “Teoría General del Proceso”, óp. Cit. pág. 183
procesales son aquellos criterios o ideas fundamentales, contenidos en
forma explícita o implícita en el ordenamiento jurídico, que señalan las
características principales del derecho procesal y sus diversos sectores,
y que orientan el desarrollo de la actividad procesal”. 25

Hasta aquí, este primer capítulo, en donde hemos abordado lo más


concreto posible, el significado de los principios, de los principios
jurídicos y de los principios procesales, hemos hablado también, de los
teóricos principalistas y de los teóricos procesalistas, de una manera
muy breve, cierto, pero ello – estimo -, debe ser así, para no perdernos
en la vorágine de conceptos y significados que existen alrededor de
estos temas.

2. DERECHOS FUNDAMENTALES Y DERECHOS HUMANOS

INTRODUCCION

Toca ahora hablar, siguiendo el método


18 deductivo por la concreción con
que se expone el tema, sobre el concepto y significado de los derechos
fundamentales y de los derechos humanos y desde luego, de los
derechos agrarios, lo cual es acorde con el tema central de este libro –
el control de convencionalidad en sede agraria a través de sus principios
procesales -, de donde resulta indispensable también, abordarlos los
más breve y concreto posible, para su mejor comprensión.

Casi siempre, cuando se habla de los derechos fundamentales o de los


derechos humanos, de inmediato nos trasladamos a explicarlos desde el
ámbito jurídico y no desde otros ámbitos como el filosófico, el
sociológico etc. Hablar del derecho, para los juristas e incluso para los
no juristas, es muy sencillo, dado que sus conceptos han permeado
públicamente en todas las sociedades, permaneciendo incólumes desde
hace muchísimos años ya que no hemos podido construir conceptos
25
Ibidem, pp. XXVII y 199.
distintos a aquellos que se refieren a esta ciencia como el “conjunto de
normas jurídicas que regulan las relaciones de los individuos en la
sociedad”, o bien de aquel concepto que se refiere al derecho como
aquello que “está conforme a la regla, es decir, a la ley”, o también a lo
que según Elías Regnault escribe, respecto de que “si se despoja a la
palabra derecho de todas las abstracciones que la oscurecen, se
encuentra su sentido propio, la noción de la línea recta, esto es, del
mejor camino a seguir”.26 Pero muy raras veces se habla de qué son los
derechos?. Para el suscrito, desde mi muy limitado conocimiento, los
derechos son aquellos anhelos, aquellas aspiraciones, aquellas
pretensiones, aquellas necesidades que en mayor o menor intensidad e
importancia tenemos todos los seres humanos, primero para poder
existir, luego para desarrollarnos plenamente, para que no se nos
detenga arbitrariamente, para que no se nos lesione en nuestra
integridad corporal, moral, psicológica, etc., para trasladarnos de un
lugar a otro, para asentarnos 19en un lugar determinado, para
alimentarnos, para tener tierras y aguas, para tener un espacio y cosas
propias, para expresarnos libremente, para tener la religión que mejor se
acomode a nuestra forma de pensar, para reunirnos, para asociarnos,
para ser tratados en forma digna e igualitaria, para que se respete
nuestra intimidad, nuestro domicilio, para conocer quiénes son nuestros
verdaderos padres, para perpetuar nuestra especie, para adoptar
cuando no se puede procrear, para sentirnos hombres y mujeres o los
dos al mismo tiempo, para anteponer nuestra conciencia ante las
pretensiones de los demás y que consideremos les son lesivas, para
exigir a los gobiernos que cumplan con su función básica de proveernos
de las oportunidades y de los satisfactores básicos de bienestar social,
para cumplir con nuestras obligaciones ciudadanas, para votar, para ser
votado, para pedir y recibir respuesta, para que se nos consulte, para

26
FIGUEROA MAURICIO, Luis, “Las fuentes del derecho”., Editorial Porrúa, segunda edición, México, 2016, pág. 1.
que se tomen en cuenta nuestras opiniones y nuestras decisiones, para
que se respeten nuestras costumbres y nuestras tradiciones, para que
se nos dé a cada quien lo nuestro, para que se nos oiga y venza en
juicio, etc., etc. y, estos derechos nacen precisamente cuando los seres
humanos advertimos que estos anhelos, aspiraciones, pretensiones y
necesidades que nos son indispensables, no las tenemos a nuestro
alcance o las tenemos demasiado restringidas y al exigirle a la autoridad
que nos las reconozca o nos las otorgue incluso y las coloque en las
normas jurídicas, entonces al ser dotadas de juricidad se convierten en
derecho y si este derecho se estima encaminado a proteger estas
pretensiones o necesidades indispensables e ineludibles para el
desarrollo vital de los seres humanos y por su importancia y
trascendencia se colocan prima facie en las constituciones, entonces
nacen los derechos fundamentales y, más aun si los seres humanos
advertimos que estos derechos son los mismos para todos en todas
partes, que una vez reconocidos 20
no pueden proscribirse, que no se
puede condicionar ni pactar su menoscabo, que perduran a través del
tiempo y los recogen los sistemas normativos internacionales y las
propias constituciones y normas generales domésticas, entonces nacen
los derechos humanos.

2.1. CONCEPTOS

DERECHOS FUNDAMENTALES

Para el suscrito, los derechos fundamentales son el conjunto de normas


y principios constitucionales, establecidos y encaminados a proteger
los derechos necesarios e ineludibles para el desarrollo vital de las
personas y de otros seres, en sus relaciones individuales, sociales y
estatales, procurando reparar estos derechos cuando pretendan
vulnerarse o se vulneren por cualquier autoridad o particular, a través
de los mecanismos procesales constitucionales u ordinarios, instituidos
o aptos especialmente para ello.

Para mi profesor, el fundamentalista de los derechos fundamentales,


Luigi Ferrajoli, partiendo de una definición teórica, puramente formal o
estructural e ideológicamente neutral – según Jose Luis Martí Mármol -,
los derechos fundamentales, nos dice, son: “todos aquellos derechos
subjetivos que corresponden universalmente a todos los seres humanos
en cuanto dotados del status de personas, de ciudadanos o personas
con capacidad de obrar, entendiendo por derecho subjetivo, cualquier
expectativa de positiva – de prestaciones – o negativa – de no sufrir
lesiones -, adscrita a un sujeto por una norma jurídica; y por status, la
condición de un sujeto, prevista a si mismo por una norma jurídica
positiva, como presupuesto de su idoneidad para ser titular de
situaciones jurídicas y/o autor de los actos que son ejercicio de estas”.27

Mi también profesor, Robert Alexy,21distinguido jurista alemán y filósofo


del derecho, en su teoría de los derechos fundamentales de la ley
fundamental, estima que “solo serán derechos fundamentales
positivamente válidos, aquellos que están determinados como tales en
la ley fundamental y no aquellos que esta no designa como tales, aun y
cuando tales derechos estén en la constitución, pues solo serán
derechos constitucionales”. 28

Pablo Pérez Tremps, nos explica que, desde el punto de vista formal,
solo aquellos preceptos que reconocen auténticas situaciones subjetivas
exigibles frente a otros sujetos de derecho y considerados como tales
por la constitución son verdaderos derechos fundamentales. 29

27
MARMOL MARTI, JOSE Luis, El fundamentalismo de Luigi Ferrajoli: un análisis crítico de su teoría de los derechos
fundamentales, Universidad Pompeo Fabra de Barcelona, borrador (17/5/04).
28
ALEXY, Robert, Teoría de los derechos fundamentales, traducción de Ernesto Garzón Valdez, Madrid 2002 (3ª.
Reimpresión), p.63.
29
PEREZ TREMPS Pablo, “Los derechos fundamentales”. Derecho Constitucional; el ordenamiento constitucional, derechos y
deberes de los ciudadanos, volumen I, Tirant Lo Blanch, Valencia, 2013, p. 127
Miguel Carbonell, nos dice que, en un concepto estrictamente jurídico,
son derechos fundamentales “Aquellos que están consagrados en la
constitución, es decir, en el texto que se considera supremo dentro de
un sistema jurídico determinado; por ese solo hecho y porque el propio
texto constitucional los dota de un estatuto jurídico privilegiado tales
derechos son fundamentales”.30

Vistas las anteriores referencias sobre los derechos fundamentales, se


les pueden asignar a estos derechos, las siguientes características: son
derechos necesarios para el desarrollo vital de todas las personas,
tienen su origen, sustento y fundamento en la constitución, de ahí que lo
propio es que estos deban protegerse a través de una jurisdicción
constitucional o bien a través de cualquier jurisdicción pero bajo un
procedimiento apto y eficaz para el análisis y protección constitucional
de los mismos.

22son derechos fundamentales, entre


Respecto a la nota esencial, de que
otras cosas porque están en la constitución, Carbonell nos aclara que:
“Siendo esto cierto en parte, también es verdad que para cualquier
observador resulta obvio que los derechos no han llegado ni automática
ni mágicamente a los textos constitucionales. Los derechos están ahí
por alguna razón; razón (o mejores razones) que habría que rastrear en
la historia, en la sociología, en la economía y en la política, no
solamente en el interior de los fenómenos jurídicos. Reducir los
derechos a su connotación jurídica, sin dejar de ser importante, significa
aislarlos de una realidad que va más allá de los diferentes
ordenamientos jurídicos que, tanto en la esfera interna de los estados
nacionales como en la de las relaciones internacionales, los han
reconocido y protegido”.31
30
CARBONELL Miguel, “los derechos fundamentales en México”, los derechos fundamentales en la constitución de 1917, pág.
2
31
CARBONELL Miguel, “los derechos fundamentales en México”, óp. cit. pág. 2
DERECHOS HUMANOS

Para el que esto escribe y, también, bajo mi básico conocimiento en la


materia, los derechos humanos: “Son el conjunto de principios, valores,
y demás disposiciones normativas nacionales e internacionales,
encaminadas a proteger la dignidad y el libre desarrollo del ser humano,
en donde quiera que este se encuentre; reparando las violaciones de
que sean objeto, ya por el estado ya por los particulares cuando estos
actúen con visos de autoridad; a través de los mecanismos procesales
instituidos o adaptados especialmente para ello. también se pueden
considerar como las necesidades básicas que el ser humano requiere
satisfacer para desarrollarse con plenitud, tanto individualmente como
en la sociedad; necesidades que debe salvaguardar el estado
directamente o crear las condiciones para ello”.

El Dr. Guillermo Escobar, afirma que los derechos humanos son


23 derivadas de la dignidad de la
demandas de abstención o actuación,
persona y reconocidas como legítimas por la comunidad internacional,
siendo por ello merecedoras de protección jurídica por el Estado.

La Dra. Clotilde Vázquez Rodriguez, nos enseña, que: “no obstante que
los derechos humanos adquieren su reconocimiento jurídico en época
reciente, el desarrollo de un conjunto de derechos humanos ha pasado
por diferentes corrientes de pensamiento lo que provoco a su vez
diversas connotaciones dependiendo de la época, de tal manera que la
primera denominación aceptada con la que se ubica este grupo de
prestaciones es la de Derechos Naturales, para dar lugar posteriormente
a una gama de connotaciones como la de derechos del hombre y del
ciudadano, derechos humanos, derechos fundamentales; sostiene
también que la mayoría de los tratadistas en la materia convergen en
que la primera concepción que se tiene de ellos se remonta a los
antiguos pensadores griegos, afirmando que fueron los iusnaturalistas
(corriente del pensamiento que ha subsistido a las diferentes etapas de
la historia) los primeros que plantean el concepto de derechos humanos
como derechos naturales, afirmando que por su naturaleza son
inherentes al ser humano, por lo que están por encima de cualquier
ordenamiento o norma jurídica positiva por lo que no requieren de
procedimientos específicos o modelos preestablecidos ya que no
emanan del Estado o de autoridad alguna”. 32

Los derechos humanos son atributos inherentes a la dignidad humana


superiores al poder del Estado. La dignidad de la persona humana es el
origen, esencia y el fin de todos los derechos humanos u otros derechos
necesarios para que los individuos desarrollen integralmente su
personalidad; reconoce una calidad única y excepcional a todo ser
humano que debe ser respetada y protegida integralmente sin excepción
alguna. Los derechos humanos son universales en tanto son inherentes
a todas las personas y conciernen a la comunidad internacional en su
24
totalidad. La protección de los derechos humanos son una restricción al
ejercicio del poder estatal.33

Vistas las anteriores expresiones, vale también, rescatar algunas


características de estos derechos, tales como: que sus titulares son
principalmente los seres humanos, considerados tanto como personas
físicas y como personas morales; Que son derechos naturales en cuanto
a que son acordes a la naturaleza del ser humano; que aparecen prima
facie en los tratados y en las convenciones internacionales de derechos
humanos y posteriormente con la avenencia de los Estados, son
recepcionados en los sistemas normativos internos; Que el contenido
esencial y por tanto el epicentro de estos derechos, es la “dignidad
32
VAZQUEZ RODRIGUEZ Clotilde. Los derechos difusos y su protección jurídica. primera edición, editado por la Comisión
Estatal de Derechos Humanos, Consejo de Ciencias y Tecnología del Estado de Durango, Congreso del Estado de Durango,
Durango, Dgo. Marzo de 2013, pp. 26-27.
33
Vid. Sistema bibliotecario de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, “Derechos humanos en la constitución, comentarios
de jurisprudencia constitucional e interamericana”, Estándares sobre principios generales; nomenclatura y universalidad de los
derechos, reconocimiento de derechos y garantías, restricciones; SCJN, UNAM, Fundación Konrad Adenauer, México, 2013,
pag.5
humana”. En tanto en cuanto, un ser humano que vive con dignidad, es
aquel que tiene lo que merece, lo que le corresponde, lo que necesita
para desarrollarse plenamente y ser feliz; si es considerado como un
individuo o persona física, deberán reconocérsele y respetársele
aquellos sus derechos individuales a la vida, la libertad, la igualdad, la
propiedad, etc. o sociales como la salud, la educación y todo lo que exija
su bienestar social; o si es considerado como parte de una persona
moral, a la persona moral, deberán respetársele sus derechos a efectos
de que logre la consecución de sus fines, es decir si su objeto es
promover la cultura que la dejen promover la cultura, si es recibir
donaciones para causas altruistas, que la dejen recibir donaciones, si su
objeto es agrupar trabajadores para conseguirles prestaciones y
defender sus derechos laborales, que la dejen obtener prestaciones
para sus agremiados y que le permitan defender sus derechos, incluso,
si se trata del Estado como ente jurídico, que le permitan defender su
25 el patrimonio de todos los seres
patrimonio que al fin y al cabo, es
humanos que componen esta ficción jurídica.

Debo decir, que los derechos humanos surgen cuando aparece el ser
humano pensante – homo sapiens- aunque ya lo intuía en su intelecto
más rudimentario, el ser humano como ser pensante es cuando empieza
a entender que requiere de ciertas condiciones naturales para su
desenvolvimiento y para su sobrevivencia. Así empieza a reclamarle a la
naturaleza que lo provea de sol, de aire, de agua, de lluvia, de frutos, de
animales para la caza, etc. Es en esta época en que se puede decir que
la naturaleza juega el papel de autoridad, autoridad querida y respetada
por el ser humano al grado tal de que los acontecimientos naturales son
transformados en dioses y es aquí donde nacen los derechos de antigua
generación, tales como el derecho a creer en un ser supremo, a la
recolección de frutos, a la alimentación – caza. pesca, siembra de
cultivos, domesticación de animales-, derecho al asentamiento humano,
a la fabricación, posesión y uso de armas, derecho a la guerra, derecho
a formar tribus y a nombrar sus consejos de ancianos, su auto gobierno,
a sus formas de vida y a la justicia, entendida desde entonces, como
aquellas soluciones a sus conflictos que dejen satisfechas a las partes y
les permita seguir viviendo individual y socialmente en armonía.

Debo decir también, que es la teoría historicista la que se encarga de


encontrar y determinar los derechos humanos que han existido en cada
época, de acuerdo con la división tradicional en edades. Así, nos ilustra
sobre los derechos humanos que existieron en la antigüedad, en la edad
media, en la edad moderna, en la edad contemporánea y en el momento
mismo en que la historia se está construyendo, visión tras la cual,
estaríamos ante la presencia de nuevos derechos, derivados de los
derechos básicos, anclados en ellos o como complemento de todos y
cada uno de los derechos que se han generado a lo largo de la historia y
dado que la historia nunca deja de construirse, siempre habrá nuevos
26
derechos o los ya existentes se ampliarán o complementarán.

Mas, sin embargo, no podemos dejar de estudiar los derechos humanos


a través de sus generaciones, así, tenemos derechos de primera,
segunda, tercera y cuarta generación, tal y como el Dr. Masso Garrote
pasa a enseñarnos.

LAS CUATRO GENERACIONES DE DERECHOS HUMANOS

La Primera Generación: Los Derechos de libertad.

¿Qué son los Derechos Fundamentales? La vida, la libertad y la


propiedad, responde LOCKE en el capítulo II del Segundo Tratado
sobre el Gobierno de 1690. LOCKE ve en esos tres derechos el
fundamento que justifica el contrato social. La asociación entre
libertad y propiedad será recuperada en el artículo 2º de la
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789:
«El fin de toda asociación política es la defensa de los Derechos
naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la
libertad, la propiedad y la resistencia a la opresión».

Igualmente, el ya citado juez MARSHALL incluye en la misma clase


de Derechos Fundamentales —los derechos civiles— a la libertad y la
propiedad. Es el arranque de la primera generación de los Derechos
Humanos. Una mezcla de figuras heterogéneas, como los derechos
de libertad y de propiedad, fruto de la confluencia de doctrinas ius
naturalistas y de la tradición civilista y romanista. Es la infraestructura
ideológica del Estado liberal primigenio, que ha condicionado hasta
nuestros días la teoría de los derechos en su totalidad y, con ella, la
del Estado de Derecho. Hay, advierte FERRAJOLI, una diferencia de
naturaleza entre las libertades y la propiedad. Las primeras, en el
interior de los Derechos Fundamentales por mérito propio, tienen una
patente universalidad. En la propiedad destaca la singularidad. Las
27
libertades (derecho a la vida, libertad de expresión, asociación,
reunión y otros derechos políticos.) son inclusivas y forman la base
de la igualdad jurídica. La propiedad o los derechos patrimoniales son
exclusivos y por ello están en la base de la desigualdad jurídica. Las
libertades son indisponibles, inalienables, inviolables, intransigibles.
Los derechos patrimoniales son disponibles por su propia naturaleza,
negociables y alienables.

Esta primera generación de Derechos Humanos, en la versión de


libertades públicas, por emplear la expresión del derecho francés,
están, de una forma u otra, en las Constituciones y en las leyes del
mundo de hoy. Forman parte del derecho positivo, a través de
diferentes vías. En Gran Bretaña están vigentes textos como la Carta
Magna (1215), el Acta de Habeas Corpus (1679), o el Bill off Rights
(1688), que tienen una garantía básicamente jurisprudencial. En
cuanto al derecho continental, se garantizan partiendo de un derecho
escrito y de unos sistemas de protección jurisdiccionales (jueces
ordinarios y Tribunal Constitucional) y no jurisdiccionales (Defensor
del Pueblo).

La primera generación de Derechos Humanos o Derechos


Fundamentales está plenamente asumida y consolidada en el mundo
occidental. Todo un sistema de protección y de garantías se ha
puesto a su servicio. Forma parte de la cultura occidental de los
Derechos Humanos, de su núcleo duro, y se ha extendido, con algo
más de dificultad, a otros territorios y culturas, África, Asia. Pero lo
que nace en un contexto económico y social determinado no se
expande sin más a otro tan diferente como algunos de los continentes
citados. Además, en la propia Europa, el liberalismo confrontará ya
claramente en el siglo XX con el socialismo, en un fuerte crecimiento
democrático que integra políticamente al conjunto de la sociedad.
28
Por eso la primera generación de Derechos Humanos se verá
después acompañada por otros de diferente naturaleza: los Derechos
Sociales.

La Segunda Generación: Los Derechos económicos y sociales.

El siglo XX es el siglo de los Derechos económicos y sociales y se


expresarán en los textos convencionales de carácter internacional
sobre Derechos Humanos. Pero también en los textos
constitucionales. Así, en la Constitución española se manifiestan, en
primer lugar, a través de la formulación del Estado social, concepto
importado de la Ley Fundamental de Bonn. Se entiende por tal aquél
que asume como función propia la de intervenir activamente en el
proceso económico para configurar, sin atentar contra las libertades
individuales o Derechos Humanos de primera generación, una
sociedad progresivamente igualitaria. Esta naturaleza del Estado se
expresa en la sección segunda del capítulo segundo, y en el capítulo
tercero del título I de la Constitución: la progresividad del sistema
tributario (artículo 31); la delimitación del derecho de propiedad según
su función social (artículo 33); el derecho al salario suficiente (artículo
35); la acomodación de la libertad de empresa a las exigencias de la
economía general (artículo 38); la irrelevancia de la filiación a los
efectos de los derechos en la familia (artículo 39); la redistribución
equitativa de la renta (artículo 40); el régimen público de seguridad
social (artículo 41); el derecho a la salud a la cultura y al medio
ambiente (artículos 43, 44 y 45); el derecho a la vivienda digna
(artículo 47); la protección de grupos sociales vulnerables (juventud,
disminuidos físicos y psíquicos, tercera edad, etc.). Además, en el
Título VII de la Constitución se subordina toda la riqueza al interés
general (artículo 128), con la posibilidad de nacionalizar sectores
económicos, intervenir empresas y 29
planificar la economía.

La expresión de todo lo anterior está vigente en el importante artículo


9.2:

«Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para


que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se
integra sean reales y efectivas; a remover los obstáculos que impidan
o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los
ciudadanos de la vida política, cultural y social».

Es un artículo tributario del artículo 3.2 de la Constitución italiana:

«Es función de la República remover los obstáculos de orden


económico y social que limitando de hecho la libertad y la igualdad de
los ciudadanos, les impidan el pleno desarrollo de la persona
humana».
Eso implica que la acción social del Estado, que se expresa no sólo
en la Administración y en la Legislación, sino también en la propia
norma constitucional, tiene como fin crear las condiciones para la
igualdad de oportunidades o de posibilidades de todos los
ciudadanos para gozar de los derechos que la Constitución considera
unidos al pleno desarrollo de la personalidad humana.

Pero advirtamos que se trata de derechos de naturaleza social, que


tienen que ser disfrutados por todas las personas y que, por tanto,
tienen un sentido individual también. No son tanto derechos de los
grupos, sino derechos de los individuos en cuanto forman parte de
grupos o clases sociales menos favorecidas.

Los Derechos Sociales se distinguen de los tradicionales Derechos


Humanos de primera generación en que, mientras éstos determinan
una esfera dentro de la cual el individuo debe poder actuar
30 sociales, pretenden lograr la
libremente, aquéllos, los derechos
intervención de la autoridad. Mientras los derechos de libertad civil
expresan, según la conocida clasificación de JELLINECK, el status
negativus sive libertatis y los derechos de libertad política el status
civitatis activae, los derechos sociales expresan el status positivus de
los ciudadanos, que hoy es en gran medida un status sociale
positivus.

El hecho de que los Derechos Sociales tengan como fuente el


principio de igualdad, el cual es presupuesto de la libertad, muestra
que la diferencia entre las dos generaciones de Derechos Humanos
no debe ser concebida como antagonista (MAZZIOTTI). Ni siquiera
puede decirse que los Derechos Sociales no sean objeto de tutela
constitucional. Ninguna norma de inferior rango puede contradecir
esos preceptos anteriormente expuestos, aunque es verdad que los
derechos de segunda generación no tienen, con la misma facilidad,
una garantía jurisdiccional ordinaria, a través de un Tribunal
Constitucional, siempre que se produzcan violaciones singulares de
los mismos. Así, el Recurso de Amparo previsto en la Constitución
española no se extiende a estos derechos de carácter social (por
ahora). Lo que no significa que tengan un carácter relativo o
condicionado. De hecho, en la Memoria de 1999 del Tribunal
Constitucional español, su presidente, PEDRO CRUZ VILLALÓN,
propugna la ampliación del amparo a los «derechos y deberes»
(sección 2ª, Cap. 2, Título I CE).

Lo que es cierto es que esos derechos económicos y sociales


dependen, en su concreta realidad, más de la acción positiva del
Estado, en un sentido más impetuoso y económico, que los derechos
de la primera generación. Además, los derechos y deberes
económicos y sociales tienen menos facilidades para ser disfrutados
frente a terceros distintos del Estado.
31
Los Derechos Sociales tienen plena vigencia en las Constituciones de
hoy, aun cuando su nacimiento coincide con procesos de
descolonización de países europeos, fundamentalmente en África, y
en un momento de auge de los países llamados del «socialismo
real», que confrontaron ideológicamente con la concepción de los
Derechos Fundamentales del mundo capitalista occidental.

La Tercera Generación: Los Derechos de solidaridad humana

La expresión Derechos Humanos «de Tercera Generación» hizo su


aparición en el lenguaje jurídico y político en 1977, en un artículo del
profesor KAREL VASAK: «la Declaración Universal de Derechos
del Hombre 30 años después» (Correo de la UNESCO 1977). El
nuevo orden económico internacional, proclamado especialmente a
demanda de Estados del Tercer Mundo, encontró eco en una
reclamación hacia el establecimiento de un «nuevo orden
humanitario internacional», expresión formulada por primera vez en
una carta de 28 de octubre de 1971, dirigida a la ONU por el
representante de Jordania.

Los promotores de la Tercera Generación de Derechos Humanos, en


el seno de las organizaciones internacionales y particularmente en la
ONU, no pretendieron provocar simplemente una Tercera onda de
Derechos Humanos, sino más bien afirmar una nueva dimensión,
hasta entonces subyacente y a veces deliberadamente ignorada
(ABDELFATA AMOR). Si la primera generación de los Derechos del
Hombre se refiere a los derechos individuales y a las libertades
públicas que hacen del individuo un ser político (Declaración de
independencia de los Estados Unidos de 4 de julio 1776); si la
segunda generación de Derechos Humanos se preocupará mucho
más del individuo en cuanto ser social (Constitución francesa de
32
1946), la tercera generación de los Derechos del Hombre se
preocupa de la condición socioeconómica de la persona, de la
solidaridad entre la especie humana, es decir, la inquietud por la
salvaguarda de esa especie. En esa perspectiva se inscriben los
cuatro pilares fundamentales de los derechos de la tercera
generación, cuya consagración se ha realizado, en su mayor parte,
por medio del Derecho Internacional:

A) Derecho a la paz

Algunas constituciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial,


como las española e italiana, han asumido una actitud pacifista en las
relaciones exteriores. No obstante, el derecho nacional no reconoce
aun explícitamente el derecho a la paz, manteniéndose en una serie
de formulaciones vagas e imprecisas. Mucho más clara es la
afirmación del derecho a la paz en la Carta de Naciones Unidas y en
las Resoluciones de la Asamblea General. En el Proyecto de Pacto
de Derechos del Humanos de la tercera generación, tras afirmarse
que «todo hombre y todos los hombres considerados
colectivamente tienen derecho a la paz tanto en el plano
nacional como en el internacional», se precisan las implicaciones
del derecho a la paz, que son al menos cinco:

– el derecho a oponerse a toda guerra «y especialmente a luchar


contra los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad, los
crímenes contra la paz, comprendida la agresión».

– el derecho a pedir y obtener el Estatuto de Objetor de Conciencia.

– el derecho a rehusar ejecutar una orden injusta «que viole las leyes
de la humanidad durante un conflicto armado».

– el derecho a luchar contra la propaganda en favor de la guerra.


33 la demanda esté justificada por
– el derecho a obtener asilo «cuando
la persecución a causa de actividades vinculada a la lucha por la paz
y contra la guerra».

El proyecto de Naciones Unidas trata igualmente de la paz civil, del


derecho a oponerse a las violaciones sistemáticas, masivas y
flagrantes de los Derechos Humanos, del derecho a promover el
desarme y del derecho a un orden que garantice plenamente los
Derechos Humanos.

B) Derecho al medio ambiente

Constituciones como la española (artículo 45) o portuguesa (artículo


66) reconocen el derecho al medio ambiente. En otros casos, como el
artículo 24 de la Constitución griega de 1975, el reconocimiento del
derecho al medio ambiente resulta de obligaciones a cargo del
Estado. No obstante, una vez más es el Derecho Internacional el que,
a través de Convenios bilaterales o multilaterales, ha tratado
cuestiones relativas al medio ambiente, aun sin consagrar
formalmente el derecho al mismo.

El Proyecto de Pacto de Derechos Humanos de la Tercera


Generación, antes citado, va más allá de Declaraciones como la de
Estocolmo en 1972 y Nairobi (1982). El artículo 14 del Proyecto
expresa el derecho a un medio ambiente «sano y equilibrado en el
nivel ecológico, propicio para el desarrollo económico, cultural y
jurídico» de los seres humanos. Los Estados se obligan a no
modificar las condiciones naturales de vida de manera desfavorable y
a proteger el Medio Ambiente. Los individuos tiene derecho a
participar en la elaboración de políticas relativas al Medio Ambiente y
a recurrir contra violaciones de ese derecho, así como a la reparación
de los daños.

C) Derecho al Desarrollo. 34

El derecho al desarrollo es relativamente reciente, aunque sus raíces


son lejanas (Constitución francesa de 4 de noviembre de 1848). La
Constitución francesa de 1946 lo decía de manera explícita: «la
nación asegura al individuo y a la familia las condiciones
necesarias para su desarrollo». La Constitución italiana de 1947 va
más lejos en ese artículo 3.2 mencionado antes, que sirvió de
inspiración directa al artículo 9.2 de la Constitución española.

En el período de los procesos de descolonización, la aspiración al


desarrollo como un derecho de los pueblos y las naciones adquirió
una naturaleza especialmente consistente en Constituciones y en
textos internacionales. Conviene mencionar aquí, por razón de su
importancia, la Resolución 41/128 de la Asamblea General de
Naciones Unidas de 4 de diciembre de 1986, sobre el derecho al
desarrollo. La Declaración recuerda que el derecho al desarrollo se
inscribe en los fines y principios de la Carta de Naciones Unidas y
reconoce que es un proceso global, económico, social, cultural y
político. La Declaración dice que el derecho al desarrollo es un:

«derecho inalienable del hombre, en virtud del cual toda persona


humana y todos los pueblos tienen el derecho a participar y contribuir
a un desarrollo económico, social, cultural y político en el que todos
los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales puedan ser
plenamente realizadas y beneficiarse de ese desarrollo».

«El derecho del hombre al desarrollo supone también la plena


realización de los derechos de los pueblos a disponer de ellos
mismos, lo que implica, a reserva de las disposiciones pertinentes de
los dos pactos internacionales relativos a los Derechos Humanos, el
ejercicio de su derecho inalienable a la plena soberanía sobre sus
riquezas y sus recursos naturales».35

D) Derecho al patrimonio común de la Humanidad.

El Derecho Internacional ha contribuido, antes de 1967 (Pardo,


Delegado de Malta en las Naciones Unidas, propuso proclamar los
fondos marinos oceánicos patrimonio común de la humanidad) a
consagrar ese derecho en el discurso jurídico y político. La noción es
todavía imprecisa, incluso en el Proyecto de Pacto de Derechos
Humanos de Tercera Generación (artículo 20), que se limita a decir
que nadie puede reivindicar un derecho exclusivo de propiedad sobre
el patrimonio común de humanidad y que todos los seres humanos
tienen un derecho a usar ese patrimonio. La noción de patrimonio
común de la humanidad engloba hoy, esencialmente, tres tipos de
patrimonios: el espacial, el patrimonio común marítimo y el patrimonio
común cultural.
Es cierto que los Derechos Humanos de tercera generación todavía
adolecen de falta de efectividad jurídica. Ello no es obstáculo para
que vayan haciendo un camino que permita una toma de conciencia
que, en ocasiones por coincidencia con hechos impactantes o
espectaculares (caso Pinochet), resultan catapultados hacia la
exigencia de la efectividad práctica de tales derechos. Un paso
prometedor se dio, en 1981, en el seno de la Organización de la
Unidad Africana, por medio de la Carta Africana de los Derechos del
Hombre y de los Pueblos, que entró en vigor en 1986, y que es
conocida corrientemente como Carta de Banjul. En este Pacto Inter
africano se incorporó por primera vez, junto a los derechos cívico-
políticos y los derechos sociales, los derechos de los pueblos o
derechos de solidaridad. La Carta de Banjul positivó como derechos
el desarrollo, el medio ambiente sano y la paz. No cabe duda de que
los derechos de tercera generación impregnan a los textos
36 a la occidental y aportan un
internacionales de una cultura diferente
contenido fuertemente utópico, esto es, una exigencia ética que
reclama incesantemente su cumplimiento. Es lo que FERRAJOLI
llama derechos morales, que presumiblemente hará que su camino
histórico tenga que salvar obstáculos parecidos a los que sufrieron
los derechos de primera y segunda generación.

La Cuarta Generación: Los derechos de la sociedad tecnológica.

No es necesario enfatizar lo que está significando la revolución de las


tecnologías de la información. La electrónica, entendiendo por tal el
conjunto de técnicas que utilizan las variaciones de las magnitudes
eléctricas para captar, tratar, transmitir y difundir una información,
había sido hasta hace poco limitada en su desarrollo, porque se
trataba de técnicas caras y porque se aplicaban de forma diferente a
los diversos tipos de informaciones, numéricas como en la
Informática, de sonido como en las Telecomunicaciones o de
imágenes como en la Televisión. Los sectores de la Electrónica se
encontraban separados y bloqueados en su desarrollo.

Sin embargo, esta situación ha recibido el impacto de tres


evoluciones tecnológicas simultáneas. Una subversión que ha
vinculado a ella el futuro industrial y comercial de los más importantes
sectores económicos hasta dar lugar al nacimiento de lo que se ha
llamado la nueva economía. Esos tres cambios tecnológicos han
sido: en primer lugar, las informaciones de cualquier naturaleza
pueden ser hoy ya tratadas de manera similar. Es la numerización
(digitalización) de la información, que permite tratar una imagen,
cifras, textos escritos, sonidos de manera perfectamente homogénea.
Un aparato de televisión, un ordenador, una central telefónica, una
máquina, funcionan hoy según principios similares.

37 y tratamiento de la información
En segundo lugar, el almacenamiento
es ahora mucho más barato, a causa de la baja en los costes de los
circuitos integrados y esto permite extender tales circuitos a bienes
de consumo masivo, antes no electrónicos.

En tercer lugar, la difusión y transmisión de la información reúne


datos, sonidos e imágenes en fibras ópticas, satélites de
telecomunicación, teléfonos móviles, y, en última instancia, en la
revolución de Internet.

Todo lo anterior va unido a otra importantísima transformación


técnica: la biotecnología. Ya es un lugar común hablar del Genoma
humano o de la capacidad de crear seres clónicos. Se ha
desencadenado una abierta batalla política y legal por el control y uso
de la tecnología genética. Lo anterior significa un impacto formidable
en la vida de los seres humanos y, por tanto, en sus necesidades y
en sus derechos. No sólo la intimidad personal, la dignidad humana o
el derecho a la propia imagen y al propio cuerpo. También, los
derechos a participar de ese enorme desarrollo que viene unido a las
tecnologías de la información, a Internet y a la nueva economía. Aún
no hay textos o iniciativas políticas que permitan hablar con precisión
de Derechos Humanos de cuarta generación, pero pronto los habrá.
Y ante ello se producirá un desafío enorme hacia el derecho de los
Derechos Humanos, hacia los sistemas de protección nacional e
internacional de los mismos. 34

Por otro lado, basado en el tema de la Globalización de los derechos


humanos, Roland Robertson, fue uno de los primeros en tratar de
definir la globalización mediante una propuesta que se derivaba de
“la comprensión del mundo y la intensificación de la conciencia del
mundo en su conjunto”, propiciado por la misma globalización;
asimismo, con ese empeño, realizo una periodización histórica del
38
proceso de globalización como momento constitutivo y privilegiado de
la mundialización capitalista, de acuerdo con las siguientes fases:

Fase germinal: De principios del siglo XV hasta mediados del siglo


XVIII. Crecimiento incipiente de las comunidades nacionales;
Acentuación de las ideas de “individuo y humanidad”.

Fase incipiente: La Europa de mediados del siglo XVIII hasta el año


de 1870. Fuerte inclinación hacia la idea de un Estado homogéneo y
unitario. Cristalización de la nueva concepción sobre el papel de las
relaciones internacionales. Importancia de la noción de individuo
como ciudadano y de una idea más desarrollada de la “especie
humana”. Se empiezan a abordar las cuestiones del nacionalismo y
del internacionalismo.

34
MASSO GARROTE MARCOS Francisco, “Nuevo derecho constitucional comparado”, capitulo cuarto, valor constitucional,
concepto y evolución de los derechos humanos; Editorial Tirant Lo Blanch, Nueva Edición, 2011.
Fase de arranque: De 1870 a 1920. Crecientes concepciones
globales sobre las sociedades nacionales “aceptables”. Primera
guerra mundial. Descolonizaciones e inclusión de algunos estados no
europeos en la “sociedad internacional”. Formalización de la idea de
humanidad. Incremento de las formas de comunicación de carácter
global. Desarrollo del movimiento obrero.

La Fase de lucha por la hegemonía: De 1920 a 1969. La catastrófica


y traumática Segunda Guerra Mundial. Conflicto internacional en
relación con las formas de vida: la naturaleza y posibilidades de los
conceptos de individuo y humanidad se ven seriamente afectados por
el holocausto y la bomba atómica. Formación de la organización de
las Naciones Unidas. El reconocimiento internacional de los derechos
humanos, además de su positivización.

Periodo de incertidumbre: De 1960 hasta principios de la década de


1990. Inclusión del tercer mundo 39
y fortalecimiento de la conciencia
mundial. Fin de la guerra fría y propagación de las armas nucleares.
Incremento de las instituciones de carácter global. Las sociedades
enfrentan crecientes problemas multiétnicos y multiculturales. Las
concepciones de individuo se vuelven más complejas por su
vinculación con consideraciones raciales, étnicas y de género.
Derechos civiles. Sistema internacional más fluido. Fin de la
bipolaridad. Interés de la sociedad civil en términos mundiales.
Consolidación de los medios de comunicación a escala internacional.

Por su parte, dentro de la última periodización de la globalización se


pueden señalar complementariamente las siguientes fases de los
derechos humanos en la era moderna – contemporánea:

Primera fase: Periodo inmediato que siguió a la Posguerra de la


Segunda Guerra Mundial (1948-1949). Etapa de fecundidad
intelectual y política; refundación de los derechos humanos;
desarrollo notable del derecho internacional humanitario (DIH);
rediseño de instituciones internacionales (ONU). La finalidad de la
propuesta humanista de ese momento fue, expresamente, en contra
de la guerra, sus horrores (enfáticamente el holocausto del pueblo
judío) y sus consecuencias políticas, culturales y éticas, así como el
hincapié en pro de la paz y la convivencia pacificas (resolución
pacífica de controversias).

Segunda fase: La llamada Guerra fría (1950 – 1989). Décadas de


congelamiento de los derechos humanos en cuanto a sus desarrollos
teóricos y a emplazamientos de envergadura histórica e institucional
para su defensa y/o promoción. Una especie de hibernación
intelectual y una subsecuente politización instrumental por parte de
los bloques sociopolíticos en pugna, principalmente del mundo libre
en contra de los gobiernos de los países socialistas y/o en transición
40
revolucionaria; tendencia que explicaría, en parte, la distancia crítica
y la desconfianza de la izquierda (y el marxismo) respecto del
discurso de los derechos humanos. Manifestaciones de los
afroamericanos contra la segregación y de los estudiantes contra la
guerra de Vietnam y el autoritarismo. Importancia de la religión en las
protestas que se llevaron a cabo en el bloque soviético en Afganistán
y Polonia.

Tercera fase: Finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI (1990 –
2001/2011…). Desarrollo de una nueva y decisiva etapa para la
cultura de los derechos humanos. Amplia difusión de sus
problemáticas y contenidos; creciente percepción de su significado e
importancia en las relaciones internacionales; multiplicación de
convenios, declaraciones y conferencias de los organismos
multinacionales referidos o con presencia explicita de la temática de
los derechos humanos; todo ello acompañado por desarrollos en el
derecho internacional y, en el plano interno, por adopciones y
adaptaciones expresas de los derechos humanos en el ámbito del
derecho constitucional de numerosas naciones. China vive sus
propios problemas internos. Incapacidad de la unión europea para
responder adecuadamente a la guerra civil en la ex Yugoslavia, que
la hace recurrir al apoyo estadounidense. Incremento de los
sentimientos de inseguridad y miedo al terrorismo (11 de septiembre
de 2001).35

MEXICO

En México, durante la época prehispánica o precolombina (2500


a.c.-1521 d.c caída de Tenochtitlan) periodo en el que destacan
culturas como la de los aztecas, mayas, olmecas, zapotecas y
purépecha, los pueblos tenían una organización política y económica
41 los derechos como “derechos
efectiva, y aunque no se conocían
públicos subjetivos” que dieran lugar a un ordenamiento de garantías,
la monarquía de entonces procuraba gobernar en base a un sistema
de justicia, no así en la época de la colonia en la que el colonialismo
se convierte en sinónimo de atropellos hacia los indígenas
rebajándolos a la condición de esclavos, no es sino hasta la
efervescencia de la independencia que con el propósito de proteger y
garantizar los derechos humanos de los ciudadanos surgen
documentos relevantes.36

Mas, sin embargo, es importante destacar que, en tiempos


precortesianos, en el Imperio Azteca se llegaron a proteger ciertos
derechos, que actualmente podrían equivaler a las garantías
individuales (hoy derechos humanos). Así, por ejemplo, la mujer azteca
35
ARIAS MARIN Alan, “aproximaciones teóricas al debate contemporáneo de los derechos humanos”, Colección Derechos
Humanos, primera reimpresión a la primera edición, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, grupo editorial Zeury,
México, 2012, pp. 50 – 53.
36
VAZQUEZ RODRIGUEZ Clotilde. Los derechos difusos y su protección jurídica. Óp. cit. Pp. 21-22.
tenía derecho a la propiedad; además, podía reclamar justicia ante el
Consejo –conjunto de Calpullis- o solicitar el divorcio. Por otra parte,
existía una suerte de contratación de servicios, donde se puede
reconocer la libertad de trabajo y el derecho a una justa retribución. Sin
embargo, la división de clases era muy marcada y se aceptaba la
institución de la esclavitud.

Mas tarde, en tiempos coloniales, aun cuando el absolutismo de los


reyes españoles fuera típico, en cuanto a su gobierno de la Nueva
España, la actuación de los soberanos para con sus súbditos llego a
verse suavizada en virtud de principios religiosos y morales, producto de
la evangelización de los aborígenes de las tierras conquistadas. Esto dio
lugar a una tendencia de protección hacia los habitantes originarios de la
Nueva España, que llego a adoptar formas preceptivas. Lo anterior lo
demuestra el hecho de que las Leyes de Indias contengan muchos
preceptos protectores de los aborígenes.37
42
En 1972 el historiador Andrés Lira González encontró en el Archivo
General de la Nación de México y en el Archivo Judicial de la ciudad de
Puebla, un medio de protección llamado AMPARO, que se tramito
fundamentalmente durante los siglos XVI, XVII y principios del XVIII,
ante las más altas autoridades políticas de la Nueva España, archivos
en donde consta el “Amparo presentado por los Naturales de los Barrios
de Amatlán CHocoman y San Pedro Yxhuatlan, pertenecientes a la Villa
de Córdova, ante la Real Audiencia de la Nueva España, contra
pretensión del Marques del Valle de la Colina, habiendo fallado la
Audiencia a favor de los Naturales. Años de 1711 y 12 y 13 y 14 y 1715.
Siendo Virrey en esa época, Don Francisco Fernández de la Cueva
Enríquez, Duque de Alburquerque y Marques de Cuellar”.

37
Suprema Corte de Justicia de la Nación, Colección Garantías Individuales 1 Parte General, 2ª. Edición, cuarta reimpresión,
Editorial Color, SA de CV. México, 2012, extractos de las páginas 40 -41.
Andrés Lira bautizo este medio de defensa como Amparo Colonial, de
él se expresó del modo siguiente:

“El Amparo Colonial es una institución procesal que tiene por objeto
las protección de las personas en sus derechos, cuando estos son
alterados o violados por agraviantes, que realizan actos injustos de
acuerdo con el orden jurídico existente y conforme a una autoridad
protectora, el virrey, conociendo directamente o, indirectamente como
presidente de la Real Audiencia de México, de la demanda del quejoso
o agraviado, sabe de la responsabilidad del agraviante y los daños
actuales y/o futuros que se siguen para el agraviado y dicta
mandamiento de amparo para protegerlos frente a la violación de sus
derechos, sin determinar en este la titularidad de los derechos violados,
y solo con el fin de protegerlos de la violación…”

Después de haber revisado más de 500 expedientes, Lira González


encontró como constante el uso de43la palabra amparo, para referirse a
ese particular medio de defensa; además, estableció que, a lo largo de
la existencia de la institución –nacida de la practica gubernamental y
judicial-, se dio protección a los indígenas en lo individual, como a las
comunidades indígenas; pero luego amplio su campo de acción para
proteger a toda clase de personas, físicas o morales. Un ejemplo de lo
primero es la petición de amparo formulada en febrero de 1537 por los
“vecinos o moradores” de Santiago de Tlatelolco para conservar la
posesión pacifica de ciertas tierras, que les quieren ser arrebatadas por
Xtobal de Valderrama y por Gil González de Benavides. Ejemplo de lo
segundo es la solicitud hecha en 1701 por Juan Ángel Fernández de
Jáuregui, “vizcaíno noble, hidalgo notorio”, quien pidió se le “despachara
mandamiento de amparo” para que se le reconocieran los privilegios y
excepciones “que a los nobles pertenecen”, con objeto de que no
pudiera ser preso por deudas.
Los derechos materia de protección tampoco pueden ser reducidos a
una lista convencional, ya que el amparo colonial protegió la propiedad,
la posesión, la libertad individual, la libertad de residencia, el libre
comercio, los descubrimientos, los privilegios de clase-, entre otros
muchos. En lo que atañe a los agraviantes, el amparo podía solicitarse
respecto de quienes actuaran con las facultades del poder público (es
decir, autoridades), pero también podía pedirse en relación con simples
particulares, con tal que tuvieran un poder de hecho para afectar a los
quejosos. La autoridad protectora solía ser el virrey, a través de sus
subordinados (alcaldes mayores, corregidores y otros), aunque mientras
funcionaron las Audiencias Reales fueron estas las que conocieron del
amparo.

Por su parte, la petición de amparo-sostiene Lira González-estaba


referida a los elementos siguientes: la relación de los actos reclamados,
los perjuicios o alteración de un derecho, con la designación de la
44
persona o personas responsables, pidiendo la protección. Como
consecuencia de ello, en caso de que procediera, la autoridad protectora
dictaba verdaderos mandamientos de amparo. La protección otorgada
en 1590 a los indios del pueblo de San Miguel, Querétaro, durante el
gobierno de Luís de Velazco, hijo, es de tales mandamientos:

Don Luís de Velasco, etcétera; hago saber a vos, el alcalde mayor


del pueblo de Querétaro, que los indios del pueblo de San Miguel
sujetos al dicho pueblo de Querétaro, me han hecho relación que ellos
tienen mucha cantidad de tierras que siembran y cultivan, y que algunas
personas se les entran en ellas sin causa más que querer de su
autoridad hacerlo, en los cuales han sido agraviados. Y me pidieron
mandase ampararlos en ellas. Y por mi (visto), por el presente
(mandamiento) os mando que hagáis averiguaciones si las dichas tierras
son de los dichos indios; y constando serlo, los amparéis en la posesión
della y no consintáis que sean despojados sin oídos y por fuero y
derechos vencidos ante quien y como deban. Fecho en México, a diez
días del mes de septiembre de mil quinientos noventa años. Don Luís de
Velasco. Por mandato de su excelencia, Martín López Gaona.

El amparo colonial tiene el innegable mérito de haber introducido en


nuestro sistema jurídico el uso de la palabra amparo para referirse a la
protección que solicitan los gobernados, al poder público, cuando los
“derechos” de aquellos hubieren sido trasgredidos; además de haber
agregado, como consecuencia de tal precisión, el propio concepto de
mandamiento de amparo, que años después daría lugar a la formula “…
la Justicia Federal ampara y protege a…contra actos de…”Sin embargo,
este amparo es heredero de una tradición autoritaria y de vasallaje, en la
que el “amo y señor natural” es el que busca impedir que se causen
abusos de una persona frente a otra.

En el amparo colonial no existe 45


la protección de un sistema jurídico
más o menos preciso, sino de una serie de beneficios o privilegios
basados en la simple buena o mala voluntad del poder público (otra vez
el “amo y señor natural”). Y, aunque hay una “autoridad protectora”, el
concepto de separación de funciones se encuentra ausente, pues es el
mismo poder público el que gobierna, legisla y administra justicia. Por
otra parte, la protección que se otorgaba no era exclusiva de los actos
de autoridad, sino que podía comprender controversias entre simples
particulares. Finalmente, ajeno a toda tendencia libertadora, el amparo
colonial, como ya se dijo, llego a proteger los oprobiosos privilegios de
clase.38

Retomando el tema de los documentos relevantes protectores de


derechos humanos, expedidos como resultado del movimiento
independentista, se destacan los siguientes:
38
RUIZ TORRES HUMERTO, Enrique. “Curso General de Amparo”, primera edición, Editorial Oxford University Press, México,
2007, pp. 41-43.
El bando de Miguel Hidalgo y Costilla del 6 de diciembre de 1810,
mediante el cual declaro la libertad del hombre, prohibió la esclavitud y
suprimió el pago de tributos a cargo de los indios.

Los Sentimientos de la Nación, de Jose Maria Morelos y Pavón,


promulgados el 14 de septiembre de 1813, proclamaba el principio de
igualdad al prohibir la esclavitud, consagrar el derecho de propiedad y
erradicar la práctica de la tortura. 39 Cabe destacar que este insurgente
se distinguió también por su fuerte oposición y combate al latifundismo
agrario, expresando al respecto que: “deben inutilizarse todas las
haciendas grandes cuyas tierras laborables pasen de dos leguas
cuando mucho, porque el beneficio de la agricultura conste en que
muchos se dediquen con separación a beneficiar un corto terreno que
pueden asistir con su trabajo e industria, y no que un solo particular
tenga mucha extensión de tierras infructíferas esclavizando a millares de
gentes para que cultiven por fuerza en la clase de gañanes o esclavos,
46
cuando pueden hacerlo como propietarios de un terreno limitado con
libertad y beneficio suyo y del pueblo. 40. Así mismo, su frase “Que todo
aquel que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo ampare y lo
defienda contra el arbitrario”, dedicada a la protección de los derechos
humanos, es bandera y guía de los tribunales de justicia en el país.

La constitución de Apatzingán de 1814 consideraba la igualdad, la


libertad, la seguridad jurídica y la propiedad privada.

El acta constitutiva de la federación mexicana de 1824 se refería a la


administración de la justicia y establecía las garantías de igualdad y de
no retroactividad de la ley.

39
VAZQUEZ RODRIGUEZ Clotilde, “Los derechos Difusos y su Protección Jurídica”. Óp. cit. Pág. 22.
40
BARCENAS CHAVEZ Hilario, “Derecho Agrario y el juicio de amparo”, Editorial Mc Graw Hill, primera edición, México, 2000,
pág. 41
Las leyes constitucionales de 1836, que reconocían de una manera
detallada las garantías de seguridad jurídica, además de los derechos
de propiedad y libertad de expresión en materia de ideas políticas.

El acta de reformas de 1847, que consagro las garantías de libertad,


seguridad, propiedad e igualdad para todos los habitantes de la
república, y consigno la institución del juicio de amparo a través del voto
de Mariano Otero.

En 1847 aparece el primer antecedente de un ombudsman mexicano. A


instancias de Ponciano Arriaga, el congreso de San Luis Potosí creo la
procuraduría de los pobres, una institución que buscaba contrarrestar
las condiciones de desamparo de los pobres ante las instituciones y sus
representantes.

La constitución de 1857 no solo reconoció los derechos humanos, sino


que consagro su protección en los primeros 29 artículos.
47
Posteriormente, en 1917, la nueva carta magna plasmo los mismos
derechos fundamentales que considero la de 1857, pero además
garantizo los derechos sociales; es la primera ley superior del mundo en
alcanzar ese nivel de salvaguarda.41

Finalmente la reforma constitucional en materia de derechos humanos


de10 de junio de 2011,diseña un nuevo contenido esencial del artículo
primero de nuestra ley fundamental, para instituir nuestros derechos
como derechos humanos y establecer su defensa, protección y
reparación a través de las garantías o mecanismos procesales que ex
oficio incluso, deben operar todas las autoridades en su respectivo
ámbito y bajo su competencia, debiendo observar y aplicar
ineludiblemente, los principios básicos propios de los derechos humanos
como el de pro persona acceso real y eficaz a la justicia, etc. Al respecto
41
VAZQUEZ RODRIGUEZ, Clotilde, “Los derechos Difusos y su Protección Jurídica”. Óp. cit. pp. 22-23.
a dicho el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Don
Juan N. Silva Meza, sobre “El impacto de la reforma constitucional en
materia de derechos humanos en la labor jurisdiccional en México”,
expresando que: “Varios meses han transcurrido desde que el 10 de
junio de 2011 se publicara en el Diario Oficial de la Federación la más
trascendental modificación a nuestra Constitución Política en materia de
derechos humanos. Si alguna comparación pudiera esbozarse, esta
reforma es posible equipararla al momento en que en 1917 el texto
fundacional de nuestro ordenamiento jurídico incorporó por vez primera
a los derechos sociales. Hoy como en aquella época la sociedad
mexicana y sus autoridades enfrentamos el reto de hacer que en la vida
diaria de las personas se reflejen los cambios constituidos como
promesas en aquel papel, …. “En fin, la responsabilidad primera de que
la reforma publicada el 10 de junio de 2011 contribuya con mayor
velocidad al cambio cultural que México necesita para consolidarse
48
como un verdadero estado constitucional y democrático de derecho,
recae en quienes intentamos impartir justicia. No se necesitan décadas,
sino un compromiso serio con los derechos humanos y siempre a favor
de las personas.42

2.3. MODELOS BASICOS PARA SU DEFENSA Y PROTECCION.

EL MODELO LEGALISTA

El legislador configura libremente los derechos de los seres humanos;


igual los declara, los modifica y los abroga; modelo que triunfa en
Europa durante los siglos XVIII, XIX y parte del siglo XX. Se carece de
controles efectivos para la protección eficaz de los derechos. Privilegia y
da lugar al estado de legalidad., jueces de legalidad, instituciones de
legalidad, doctrina de la legalidad, derechos en el ámbito de la legalidad.
42
SILVA MEZA JUAN N. Suprema Corte de Justicia de la Nación, “El impacto de la reforma constitucional en materia de
Derechos Humanos en la labor jurisdiccional en México. México, 2012, extractos pp. 1 -21.
MODELO CONSTITUCIONALISTA

La constitución como norma jurídica; nace el poder constituyente de la


propia constitución; la configuración de los derechos no es para el
legislador ordinario ni es de configuración libre, pues hay un contenido
esencial de los derechos que no está a su disposición; surgen y se
aplican los controles constitucionales para el respeto, protección y
reparación de los derechos humanos y fundamentales; nace el sistema
garantista y supremo propios de la constitución; nacen los tribunales
constitucionales y los mecanismos de control constitucional.

MODELO CONVENCIONALISTA

Las convenciones internacionales en derechos humanos como norma


49
jurídica ad intra y ad extra; la configuración de los derechos humanos es
para el orden convencional internacional; nace el derecho internacional
de los derechos humanos; surgen y se aplican los controles de
convencionalidad para el respeto, protección y reparación de los
derechos humanos; nacen los sistemas de interpretación conforme y pro
persona. así como el bloque de convencionalidad; nacen las comisiones
y las cortes internacionales universales y regionales para la defensa,
protección y reparación de los derechos humanos. 43

PRINCIPIOS EN EL DERECHO DE LOS DERECHOS HUMANOS

Entre los principios fundamentales que rigen el derecho de los tratados


se pueden destacar los siguientes: pacta sunt servanda, res inter alios
acta y ex consensum advenit vinculum. El primero de ellos, pacta sunt
servanda, es un principio fundamental de los tratados contemplado por
43
Vid. Iusnaturalismo vs Positivismo (un alegato iusnaturalista), extractos, en http://www.uca.edu.ar
la Convención de Viena, en su numeral 26, en los siguientes términos:
“Todo tratado en vigor obliga a las partes y debe ser cumplido por ellas
de buena fe”. Algunas teorías han encontrado en este principio la base
del sistema jurídico internacional.

Por otro lado, los Estados no podrán invocar el derecho interno para
justificar el incumplimiento de un tratado ni su afectación como vicio del
consentimiento, “a menos que esa transgresión sea manifiesta y afecte
a una norma de importancia fundamental de su derecho interno”.

El principio res inter alios acta indica que los tratados sólo crean
obligaciones entre las partes. Los tratados internacionales sólo pueden
obligar a los que han intervenido en ellos. Por su parte, ex consensum
advenit vinculum se refiere a que el consentimiento es la base de la
obligación jurídica. Para que un tratado internacional sea vinculante es
necesario que el Estado haga constar
50 su consentimiento a obligarse,
que puede ser a través de ratificación, aceptación, aprobación o
adhesión, según sea el caso; para ello deberá cumplir con la normativa
interna para asumir compromisos internacionales. En esta línea, resulta
pertinente la cita del Caso Wimbledon, que señala que “el derecho de
adquirir compromisos internacionales es un atributo de la soberanía del
Estado”.44

2.4. DERECHOS AGRARIOS

Una vez superada la parte doctrinaria de los principios, de los


conceptos y de las teorías de los derechos fundamentales y humanos,
esbozada brevemente para construir un marco teórico que nos
introduzca en esta temática, paso ahora a precisar también

44
CASTAÑEDA, Mireya. “El Derecho Internacional de los Derechos Humanos y su Recepción Nacional”. Comisión Nacional de
los Derechos Humanos; Primera Edición, México, 2012. Extracto de las páginas de la 46 a 47.
sucintamente, los derechos humanos que estimo les son propios a los
sujetos agrarios como tales.

Empiezo escribiendo este apartado, diciendo que determinar los


derechos humanos agrarios, es un tanto en cuanto complicado, debido a
que los sujetos agrarios, además de jugar este rol tanto en la doctrina
como en la constitución, en la legislación y en la jurisprudencia, no dejan
de ser seres humanos y por tanto acreedores a otros derechos, aunque
tales derechos no sean propiamente agrarios. A propósito de lo anterior,
me parece atinada la opinión al respecto, vertida por el ex ministro de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación Don Guillermo I Ortiz
Mayagoitía, quien a propósito de dejar en claro los derechos propios de
los sujetos agrarios explica que los sujetos agrarios serán titulares de
aquellos derechos que como sujetos agrarios afecten también el
régimen jurídico agrario, es decir que sean de la materia agraria, pero
como sujetos agrarios, no de aquellos
51 regulados por otras materias
como la penal, la laboral, etc.; poniendo el ejemplo de cuando un
trabajador de una empresa ejidal sea despedido injustificadamente, no
acudirá a reclamar sus derechos a un tribunal agrario, sino que deberá
hacer tal cosa ante una junta de conciliación, ello por más que la
empresa de donde lo despidieron sea una empresa ejidal y el amparo
que pudiera interponer la empresa ejidal por más que esté integrada por
sujetos agrarios, dicho amparo será de carácter laboral y no agrario,
debido a que el acto reclamado no le afecta en su calidad de sujeto de
derechos agrarios, sino de patrón.

Así mismo, me parece bastante ilustrativo el criterio jurisprudencial


emitido por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, el cual nos dejó en claro desde los años sesentas, cual es la
connotación de la materia agraria, a la cual se refirió como: “El régimen
peculiar que tiene por objeto la tutela jurídica especial de los ejidatarios,
comuneros y núcleos de población ejidal y comunal en sus derechos
agrarios, que, modificando algunos principios reguladores del tradicional
juicio de garantías, se instituye en el contenido normativo de la citada
adición a la fracción II del artículo 107 constitucional. Ahora bien, si ese
instituto tiene por objeto proteger a los ejidatarios, comuneros, núcleos
de población ejidal y comunal en sus derechos y régimen jurídico, en su
propiedad, posesión o disfrute de sus bienes agrarios, en sus derechos
agrarios, en su régimen jurídico ejidal, cabe concluir que tiene carácter
de materia agraria cualquier asunto en el que se reclamen actos que de
alguna manera afecten directa o indirectamente el régimen jurídico
agrario de la legislación de la materia, es decir, el artículo 27 de la
constitución, el código agrario y sus reglamentos, establecen a favor de
los sujetos individuales y colectivos antes especificados, ya sea que
tales actos se emitan o realicen dentro de algún procedimiento agrario
en que, por su propia naturaleza, necesariamente estén vinculados con
las cuestiones relativas al régimen52
jurídico agrario mencionado, o bien
cuando, aun provenientes de cualesquiera otras autoridades, pudieran
afectar algún derecho comprendido dentro del aludido régimen jurídico
agrario”.45

Mas sin embargo, desde la aparición de ese criterio jurisprudencial a la


fecha, en la práctica agraria derivada de las actividades y de las
relaciones de trabajo y de defensa de los derechos de los justiciables
agrarios y con sustento en la actual legislación agraria, se puede afirmar
que son sujetos agrarios, los ejidatarios, comuneros, núcleos de
población ejidal y comunal, núcleos pendientes de resolución de
restitución, dotación o ampliación de ejidos y de creación de nuevos
centros de población; posesionarios de tierras ejidales, avecindados
reconocidos por la asamblea ejidal o por los tribunales agrarios,

45
Apéndice al Semanario Judicial de la Federación 1917 – 1988, Segunda Parte, Salas y Tesis Comunes, jurisprudencia
número 1142, p. 1834.
sucesores de ejidatarios y comuneros, todo tipo de organizaciones y
asociaciones agrarias en tanto en cuanto tengan una expectativa cierta
de adquirir derechos y tierras ejidales o comunales o en tanto requieran
de defender el patrimonio ejidal o comunal que se les hubiere asignado,
así como los aspirantes a ejidatarios, comuneros, posesionarios o
avecindados, en cuanto traten de hacer valer ese derecho, todos ellos,
son considerados como sujetos agrarios, así como también los
pequeños propietarios, e incluso en un análisis amplio y a la luz de lo
establecido en el artículo 135 de la ley agraria y en el artículo 2º. del
reglamento interior de la procuraduría agraria, en cuanto se refieren a la
labor social que realiza dicha institución, también son considerados
dignos de este status, los jornaleros agrícolas, colonos y poseedores de
terrenos baldíos y nacionales.46

Es pertinente también, desde ahora, acercarnos lo más próximo posible


al concepto del derecho agrario, ello,
53 a efecto de tener una noción clara
y precisa de esta materia, por tanto, se puede afirmar, que el derecho
agrario, es el conjunto de disposiciones normativas de carácter
constitucional, convencional y legal, que regulan las relaciones de los
sujetos agrarios entre sí y de estos con los particulares y con el propio
Estado Mexicano; que miran también a la defensa y protección de sus
derechos humanos, tanto sustantivos como adjetivos o procesales, así
como sus derechos sociales en tanto impliquen accesar al desarrollo
agrario permanente, según lo establecido en la fracción XX del artículo
27 de la Constitución Federal.47
46
Artículo 135 de la ley agraria establece: “La procuraduría agraria tiene funciones de servicio social y está encargada de la
defensa de los derechos de los ejidatarios o comuneros, sucesores de ejidatarios o comuneros, ejidos, comunidades,
pequeños propietarios, avecindados y jornaleros agrícolas, mediante la aplicación de las atribuciones que le confiere la
presente ley y su reglamento correspondiente, cuando así se lo soliciten, o de oficio en los términos de esta ley.”
Reglamento Interior de la Procuraduría Agraria. Artículo 1º. “Este reglamento tiene por objeto determinar la estructura y
establecer las bases de organización y funcionamiento de la procuraduría agraria. Para los efectos de este ordenamiento se
entenderá por: Ley: Ley Agraria. Procuraduría: La Procuraduría Agraria. Núcleo de población agrario: Los ejidos y
comunidades agrarias. Sujetos Agrarios: Los ejidos y comunidades, ejidatarios, comuneros, posesionarios y sus sucesores;
pequeños propietarios, avecindados, jornaleros agrícolas, colonos, poseedores de terrenos baldíos y nacionales y campesinos
en general.
47
En cuanto al concepto de derecho agrario aquí esbozado, ha sido construido por el suscrito en base a mi formación
académica y en base en la práctica en el litigio agrario. En cuanto al desarrollo agrario permanente, este lo encontramos como
desarrollo rural integral en el contenido de la fracción XX del articulo 27 Constitucional que establece que: “El Estado
promoverá las condiciones para el desarrollo rural integral, con el propósito de generar empleo y garantizar a la población
Hecho lo anterior, pasemos a determinar pues, cuáles son los
derechos humanos de los sujetos agrarios, para ello, se debe partir de la
naturaleza del derecho agrario y de todo lo accesorio a ella, siendo
dicha naturaleza todo aquello que las normas jurídicas constitucionales,
convencionales y legales, deben garantizarle a los sujetos agrarios en
cuanto al régimen agrario se refieran, como el derecho a la propiedad,
titularidad, posesión, uso, usufructo, redestino y cambio de régimen de
sus tierras, bosques, selvas y aguas ejidales y comunales, tanto en lo
individual como en lo colectivo; El reconocimiento y ejercicio de sus
derechos individuales y colectivos agrarios; El acceso y disfrute a los
derechos sociales agrarios en el marco del desarrollo rural integral
previsto en la fracción XX del artículo 27 constitucional; El derecho de
preferencia o del tanto en las enajenaciones parcelarias; El ejercicio del
derecho de reunión y de asociación ejidales y comunales; El derecho a
elegir o remover de manera autónoma a sus órganos de representación
54 de género; El derecho a tomar
ejidal y comunal respetando la equidad
sus propias decisiones en asamblea ejidal; El respeto a sus usos y
costumbres; El respeto a su autodeterminación; El derecho a recibir del
estado asesoría jurídica y representación legal; El derecho para accesar
a los programas gubernamentales relacionados con el desarrollo
agrario, en lo individual como para sus ejidos, comunidades y
organizaciones; El derecho a recibir capacitación integral, tanto para su
formación individual, como grupal, a efecto de entender el contexto
social agrario en que se desenvuelven; El derecho a permanecer o
cambiar su régimen ejidal o comunal; El derecho a constituir sus
asentamientos humanos y a construir sus centros de población, con sus

campesina el bienestar y su participación e incorporación en el desarrollo nacional, y fomentará la actividad agropecuaria y


forestal para el óptimo uso de la tierra, con obras de infraestructura, insumos, créditos, servicios de capacitación y asistencia
técnica. Asimismo expedirá la legislación reglamentaria para planear y organizar la producción agropecuaria, su
industrialización y comercialización, considerándolas de interés público. El desarrollo rural integral y sustentable a que se
refiere el párrafo anterior, también tendrá entre sus fines que el Estado garantice el abasto suficiente y oportuno de los
alimentos básicos que la ley establezca.
servicios básicos; El acceso real y eficaz a la procuración y a la justicia
constitucional y convencional agraria; El acceso a los procedimientos de
conciliación y arbitraje en la procuración agraria; El derecho a recibir
atención y servicios de las dependencias del sector agrario; El respeto a
su derecho de interponer quejas y denuncias en contra de los
funcionarios públicos agrarios que no cumplan con sus funciones y que
por ello les afecten en sus derechos; El derecho a no ser suspendidos
temporal ni definitivamente en el ejercicio de sus derechos, ni a la
pérdida de su calidad de ejidatario o comunero; El respeto y protección
jurisdiccional a sus derechos fundamentales y humanos en sede agraria;
El respeto salvaguarda, conservación y aprovechamiento sustentable de
sus recursos naturales y del medio ambiente; El derecho a construir y
recibir una legislación agraria que salvaguarde y garantice el respeto,
ejercicio y el disfrute de sus derechos; El derecho de petición en materia
agraria; El derecho de acceso a la información existentes en los archivos
55 tribunales agrarios dotados de
históricos agrarios; El derecho a tener
plena jurisdicción, con decisiones terminales para la administración de
justicia, pronta, expedita, real y eficaz en la materia; El derecho a que
los conflictos agrarios se sustancien a través de un proceso agrario
flexible, conciliatorio y con plena observancia y aplicación de los
principios procesales agrarios y, El derecho a contar con un recurso
sencillo o con un procedimiento preferente y sumario para el respeto y
protección expedita y eficaz de los derechos fundamentales y humanos
en sede agraria.

Como se aprecia, la enumeración anterior de derechos agrarios,


comprende tanto a los derechos sustantivos como adjetivos y, aunque
algunos tribunales de amparo estiman que los derechos procesales o
adjetivos no son propiamente derechos fundamentales y humanos, lo
cierto es que la práctica judicial agraria enseña que los derechos
procesales agrarios son una vía ineludible para el respeto, protección y
reparación de los derechos fundamentales y humanos agrarios, de ahí
que se esté – según el suscrito – ante la presencia de “garantías
constitucionales” (procesos constitucionales civiles, agrarios, laborales,
etc.,) y derechos humanos, lo que se puede corroborar de la simple
lectura del artículo 1º., de la constitución mexicana y de los artículos 8º.,
25 y 31 de la Convención Americana de derechos humanos. 48

En todo ese estado de cosas, este apartado nos sirve para determinar
de manera enunciativa a los sujetos de derecho agrario, al régimen
jurídico agrario, la naturaleza del derecho agrario y los derechos
humanos agrarios, cuestión que deberán tener muy en cuenta los
tribunales agrarios, pues lo que este trabajo pretende es que todos estos
derechos sean justiciados en sede agraria, a través de los principios
procesales agrarios y, bajo el control de convencionalidad a que están
obligados y facultados para realizar,
56 los tribunales agrarios, según
mandato expreso contenido en el artículo 1º., párrafo tercero de la
constitución federal, cuestión que según la experiencia del suscrito, no
llevan a cabo dichos tribunales, dejándoles tal encomienda a los
tribunales federales de amparo.

3. LOS PRINCIPIOS PROCESALES AGRARIOS.

INTRODUCCION.
48
Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta
Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su
protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta
Constitución establece.
Artículo 8. Garantías Judiciales
1.Toda persona tiene derecho a ser oída con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal
competente independiente e imparcial establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal
formulada contra ella, o para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro
carácter.
Artículo 25. Protección Judicial
1.Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales
competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, la ley o la
presente convención, aún cuando tal violación sea cometida por personas que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales.
Artículo 31. Reconocimiento de Otros Derechos
Podrán ser incluidos en el régimen de protección de esta Convención otros derechos y libertades que sean reconocidos de
acuerdo con los procedimientos establecidos en los artículos 76 y 77.
Antes de entrar de lleno a este tema, vale traer a cuenta el significado
de “juicio agrario”, ya que los principios procesales a los que nos
referiremos más adelante, nacen y se aplican dentro del mencionado
juicio agrario, el cual entendemos según lo delinea el artículo 163 de la
ley agraria, el cual establece que es el conjunto de pasos regulados
jurídicamente que tienen por objeto sustanciar, dirimir y resolver las
controversias que se susciten con motivo de la aplicación de las
disposiciones contenidas en dicha ley. Las controversias a que se refiere
dicha disposición deben ser entendidas como litigio, esto es el conflicto
de intereses calificado por la pretensión de uno de los interesados y la
oposición de otro.

Como todo procedimiento, contiene una serie de principios, tendentes a


interpretar las normas correspondientes o a colmar sus lagunas,
principios estos que se desprenden de los ordenamientos jurídicos que
lo regulan. Esos principios no pueden
57 considerarse de una manera
taxativa, si se les deslinda de otras vertientes procesales, sobre todo del
proceso civil, puesto que en el proceso agrario, el propósito de su
enjuiciamiento, existe una tendencia a que sea más rápido, simple,
económico, menos formal, y a que en él se establezca una relación más
estrecha, más inmediata del tribunal con las partes y con las pruebas,
por lo que se considera que el proceso agrario debe ser oral,
concentrado, rápido, publico, entre otras características que responden
a las peculiares necesidades de la justicia social.

La exposición que aquí comienza pues, se refiere al régimen procesal


aplicable a la generalidad de los casos litigiosos sometidos a la
jurisdicción agraria, en contraste con el procedimiento especial, de
carácter transitorio, que aún perdura al amparo del artículo 3º.
Transitorio del decreto de reformas al artículo 27 constitucional de 1992,
y a diferencia, asimismo, de los procedimientos, que se desarrollan a
propósito de la jurisdicción voluntaria y otros asuntos especiales –
validación y ratificación de convenios, contratos y asambleas – ante los
tribunales agrarios.

A título de consideración general, que abarca todo el procedimiento


ordinario y contribuye a establecer el sentido y desarrollo de los actos
que lo integran, a interpretar las normas correspondientes y a colmar
sus lagunas, veamos cuales son los principios que rigen esta materia,
desprendidos, por supuesto, del conjunto del sistema jurídico – nacional
e internacional – y de la propia legislación procesal agraria, previa
referencia a señalamientos doctrinales – y jurisprudenciales en su caso
– interesantes sobre esta misma cuestión.

El concepto de los principios procesales y su consecuente examen,


pueden plantearse desde diversas perspectivas; es posible distinguir
entre principios “políticos” del proceso – y en ellos los de carácter ético –
58
y principios “técnicos”; aquellos establecen o dominan la orientación del
enjuiciamiento y determinan las soluciones procesales más importantes
e influyentes; los segundos son reglas para la organización practica del
proceso, en ellos repercuten los primeros.49

El magistrado agrario Sergio Luna Obregón, en relación al tema de los


principios procesales agrarios, dice que estos deben ser entendidos
como los conceptos filosófico – jurídicos que rigen el Derecho Procesal
Social Agrario Mexicano en general y el juicio en particular, o sea que
informan la esencia de impartir justicia en la especialidad, y que se
pueden esquematizar de la siguiente manera: Aquellos que rigen el
ejercicio de la acción, como el de petición de parte legitima, igualdad
formal de partes y el de impulso procesal o caducidad; Los que orientan

49
Vid. GARCIA RAMIREZ Sergio, en Principios del procedimiento agrario ordinario, publicado en revista de la facultad de
derecho, México, t XLIII, nums. 191 – 192, septiembre – diciembre de 1993, pp. 77 – 103. Trabajo que forma parte de un
trabajo mayor dedicado al estudio del enjuiciamiento agrario mexicano, según la reforma de 1991 – 1992 al artículo 27
constitucional y bajo los términos de la ley agraria y la ley orgánica de los tribunales agrarios.
la función jurisdiccional, como el de conducción del proceso,
inmediación, defensa formal y material – recabar pruebas no
entregadas, practica y ampliación de pruebas – y amigable composición;
Aquellos que dirigen el proceso, como el de oralidad, publicidad,
concentración, celeridad y economía y sencillez; Aquellos que rigen la
sentencia, como la suplencia de la deficiencia jurídica, verdad sabida y
en conciencia, libre apreciación de la prueba, fundar y motivar,
congruencia y claridad exhaustiva; Y finalmente, aquellos que definen la
forma de ejecución de las sentencias, como inmediata y eficaz
ejecución (oficiosa), avenimiento en la ejecución, cumplimiento
voluntario o forzoso y facultad de sancionar desacatos. 50

La doctrina se ha ocupado en deslindar el proceso social agrario de


otras vertientes procesales – así, sobre todo, el proceso civil ordinario,
matriz de las diferentes ramas del enjuiciamiento, salvo la penal – y de
este examen a extraído los principios
59 o caracteres del proceso agrario.
Cappelletti – como ya se ha apuntado anteriormente - ha hecho notar a
propósito del enjuiciamiento agrario, la tendencia a que el proceso sea
más rápido, simple, económico, menos formal, y a que en él se
establezca una relación más estrecha, más inmediata, del juez con las
partes y con las pruebas. Otra tendencia o directiva general en esta
materia apareja “un más penetrante poder de impulso e iniciativa oficial,
y una más acentuada coloración social del proceso”. 51

Sentado lo anterior, pasemos ahora si, a abordar específicamente los


principios procesales agrarios, con una breve introducción doctrinal,
luego la esencia del principio y su localización en la ley, seguido de un
criterio jurisprudencial vinculado a dicho principio, en aquellos casos en

50
Vid. LUNA OBREGON Sergio, en “figuras procesales en el juicio agrario y su eficacia manifiesta en el debido proceso”.
Revista de los tribunales agrarios número 67, X reunión de Magistrados de los tribunales agrarios, julio – septiembre, México,
2014. Pag. 84.
51
Vid. GARCIA RAMIREZ Sergio, en “Principios del procedimiento agrario ordinario”, publicado en revista de la facultad de
derecho, óp., cit. Pag. 496.
que tal criterio exista y cerrando con algún comentario generado de la
práctica y experiencia litigiosa agraria.

3.1. PRINCIPIO DE CONSTITUCIONALIDAD.

Este principio es el más importante, no solo porque yo lo diga, sino


porque como es de explorado derecho, nuestro sistema normativo
desde hace algún tiempo, se mueve dentro de las directrices propias de
un estado constitucional de derecho – sin desatender ni menospreciar
desde luego al estado de legalidad - en donde la constitución da forma,
sentido y esencia tanto a sus propios preceptos como a todos los
demás que de ella derivan, controlando desde su alta investidura a
todas las normas generales, a efecto de que estas respeten y no
contraríen lo establecido en ella, tanto en la parte dogmática como en la
orgánica, abarcando desde luego, los derechos fundamentales y
humanos y sus garantías, así como los medios de control constitucional
60
para lograr su efectiva tutela.

La justicia constitucional hoy día, ha adquirido un papel protagónico


dentro de las sociedades democráticas, derivado de la importancia y
alcance con el que cuentan las decisiones jurisdiccionales dictadas en
los diversos medios de control de la constitucionalidad y que impactan
en la vida política, social, económica y desde luego, jurídica.

Así, el sentido de la justicia constitucional representa un freno efectivo a


la opresión gubernamental, especialmente cuando recae sobre los
derechos fundamentales, lo que permite establecer un verdadero
equilibrio, no solo entre el Estado y su población, sino entre los propios
entes de poder, con lo cual se garantiza el desarrollo y bienestar de la
sociedad.
El tema de la justicia constitucional es sin lugar a duda el referente
inexcusable de nuestros días. Sabemos que el ser humano, a lo largo de
los siglos ha buscado y encontrado muchas formas de vivir en paz y
armonía; ha establecido diversos modus vivendi, regidos por
ordenamientos generales, por ciertas tradiciones y costumbres
(llamadas antiguamente leyes fundamentales de los reinos), así como
por pactos a través de los cuales se establecieron alianzas. Pero no fue
sino hasta el siglo XIX, cuando se encontró una de las formas más
sólidas para mantener la paz y el orden social: la constitución.

El constitucionalismo de la segunda posguerra se caracteriza por la


defensa judicial de la constitución. Esta consiste en la protección de la
ley suprema y de sus valores más altos a cargo de los jueces
constitucionales – y de todos los jueces, incluso, contra posibles
incongruencias de la legislación ordinaria y del acto de autoridad distinto
al legislativo-, respecto de dichos valores fundamentales. Precisamente
61
el valor de la justicia constitucional reside en moldear el texto
constitucional a las circunstancias reales, conforme al caso concreto de
aplicación, viendo a la norma constitucional y sus postulados bajo la
perspectiva de su exigibilidad judicial.

Esta afortunada protección del orden constitucional frente a la


legislación ordinaria y los poderes públicos, a través de una jurisdicción
dedicada de manera exclusiva a su tutela, interpretación y desarrollo, en
los países europeos y latinoamericanos, resulta novedosa, pero con
grandes avances, pues la gran mayoría de estos países, han dado paso
al control judicial de la constitucionalidad a través de sistemas mixtos, en
donde, sin duda, la labor de los tribunales constitucionales, representan
al guardián del orden fundamental y de los derechos de los seres
humanos, y con ello del mejor funcionamiento del Estado Constitucional
de derecho.52

En este marco, se inscribe el rumbo de la justicia constitucional agraria,


pues es de sobra conocido, que los derechos fundamentales y humanos
de los justiciables agrarios, están contenidos explícitamente en la
constitución política de los estados unidos mexicanos, tanto como los
tribunales agrarios, el superior y los unitarios de distrito.

Este principio pues, lo encontramos prima facie en el artículo 27


constitucional, en las fracciones VII, VIII, IX, XV, XVII, XVIII, XIX y XX,
mismas que establecen que: “VII. Se reconoce la personalidad jurídica
de los núcleos de población ejidales y comunales y se protege su
propiedad sobre la tierra, tanto para el asentamiento humano como para
actividades productivas. La ley protegerá la integridad de las tierras de
los grupos indígenas. La ley, considerando el respeto y fortalecimiento
62y comunidades, protegerá la tierra
de la vida comunitaria de los ejidos
para el asentamiento humano y regulará el aprovechamiento de tierras,
bosques y aguas de uso común y la provisión de acciones de fomento
necesarias para elevar el nivel de vida de sus pobladores. La ley, con
respeto a la voluntad de los ejidatarios y comuneros para adoptar las
condiciones que más les convengan en el aprovechamiento de sus
recursos productivos, regulará el ejercicio de los derechos de los
comuneros sobre la tierra y de cada ejidatario sobre su parcela.
Asimismo, establecerá los procedimientos por los cuales ejidatarios y
comuneros podrán asociarse entre sí, con el Estado o con terceros y
otorgar el uso de sus tierras; y, tratándose de ejidatarios, transmitir sus
derechos parcelarios entre los miembros del núcleo de población;
igualmente fijará los requisitos y procedimientos conforme a los cuales
la asamblea ejidal otorgará al ejidatario el dominio sobre su parcela. En
52
Suprema Corte de Justicia de la Nación, Justicia Constitucional en México, memoria del Primer Congreso Nacional, Gama
Sucesores, S.A. de C.V. México, 2008, pp. IX, 1-6.
caso de enajenación de parcelas se respetará el derecho de preferencia
que prevea la ley. Dentro de un mismo núcleo de población, ningún
ejidatario podrá ser titular de más tierra que la equivalente al 5% del
total de las tierras ejidales. En todo caso, la titularidad de tierras en favor
de un solo ejidatario deberá ajustarse a los límites señalados en la
fracción XV. La asamblea general es el órgano supremo del núcleo de
población ejidal o comunal, con la organización y funciones que la ley
señale. El comisariado ejidal o de bienes comunales, electo
democráticamente en los términos de la ley, es el órgano de
representación del núcleo y el responsable de ejecutar las resoluciones
de la asamblea. La restitución de tierras, bosques y aguas a los núcleos
de población se hará en los términos de la ley reglamentaria; VIII. Se
declaran nulas: a) Todas las enajenaciones de tierras, aguas y montes
pertenecientes a los pueblos, rancherías, congregaciones o
comunidades, hechas por los jefes políticos, Gobernadores de los
63
Estados, o cualquiera otra autoridad local en contravención a lo
dispuesto en la Ley de 25 de junio de 1856 y demás leyes y
disposiciones relativas; b) Todas las concesiones: composiciones o
ventas de tierras, aguas y montes, hechas por las Secretarías de
Fomento, Hacienda o cualquiera otra autoridad federal, desde el día
primero de diciembre de 1876, hasta la fecha, con las cuales se hayan
invadido y ocupado ilegalmente los ejidos, terrenos de común
repartimiento o cualquiera otra clase, pertenecientes a los pueblos,
rancherías, congregaciones o comunidades, y núcleos de población. c)
Todas las diligencias de apeo o deslinde, transacciones, enajenaciones
o remates practicados durante el período de tiempo a que se refiere la
fracción anterior, por compañías, jueces u otras autoridades de los
Estados o de la Federación, con los cuales se hayan invadido u
ocupado ilegalmente tierras, aguas y montes de los ejidos, terrenos de
común repartimiento, o de cualquiera otra clase, pertenecientes a
núcleos de población. Quedan exceptuadas de la nulidad anterior,
únicamente las tierras que hubieren sido tituladas en los repartimientos
hechos con apego a la Ley de 25 de junio de 1856 y poseídas en
nombre propio a título de dominio por más de diez años cuando su
superficie no exceda de cincuenta hectáreas. IX. La división o reparto
que se hubiere hecho con apariencia de legítima entre los vecinos de
algún núcleo de población y en la que haya habido error o vicio, podrá
ser nulificada cuando así lo soliciten las tres cuartas partes de los
vecinos que estén en posesión de una cuarta parte de los terrenos,
materia de la división, o una cuarta parte de los mismos vecinos cuando
estén en posesión de las tres cuartas partes de los terrenos. XV. En los
Estados Unidos Mexicanos quedan prohibidos los latifundios. Se
considera pequeña propiedad agrícola la que no exceda por individuo de
cien hectáreas de riego o humedad de primera o sus equivalentes en
otras clases de tierras. Para los efectos de la equivalencia se computará
64
una hectárea de riego por dos de temporal, por cuatro de agostadero de
buena calidad y por ocho de bosque, monte o agostadero en terrenos
áridos. Se considerará, asimismo, como pequeña propiedad, la
superficie que no exceda por individuo de ciento cincuenta hectáreas
cuando las tierras se dediquen al cultivo de algodón, si reciben riego; y
de trescientas, cuando se destinen al cultivo del plátano, caña de
azúcar, café, henequén, hule, palma, vid, olivo, quina, vainilla, cacao,
agave, nopal o árboles frutales. Se considerará pequeña propiedad
ganadera la que no exceda por individuo la superficie necesaria para
mantener hasta quinientas cabezas de ganado mayor o su equivalente
en ganado menor, en los términos que fije la ley, de acuerdo con la
capacidad forrajera de los terrenos. Cuando debido a obras de riego,
drenaje o cualesquiera otras ejecutadas por los dueños o poseedores de
una pequeña propiedad se hubiese mejorado la calidad de sus tierras,
seguirá siendo considerada como pequeña propiedad, aun cuando, en
virtud de la mejoría obtenida, se rebasen los máximos señalados por
esta fracción, siempre que se reúnan los requisitos que fije la ley.
Cuando dentro de una pequeña propiedad ganadera se realicen mejoras
en sus tierras y éstas se destinen a usos agrícolas, la superficie utilizada
para este fin no podrá exceder, según el caso, los límites a que se
refieren los párrafos segundo y tercero de esta fracción que
correspondan a la calidad que hubieren tenido dichas tierras antes de la
mejora; XVII. El Congreso de la Unión y las legislaturas de los estados,
en sus respectivas jurisdicciones, expedirán leyes que establezcan los
procedimientos para el fraccionamiento y enajenación de las
extensiones que llegaren a exceder los límites señalados en las
fracciones IV y XV de este artículo. El excedente deberá ser fraccionado
y enajenado por el propietario dentro del plazo de un año contado a
partir de la notificación correspondiente. Si transcurrido el plazo el
excedente no se ha enajenado, la venta deberá hacerse mediante
pública almoneda. En igualdad de 65
condiciones, se respetará el derecho
de preferencia que prevea la ley reglamentaria. Las leyes locales
organizarán el patrimonio de familia, determinando los bienes que deben
constituirlo, sobre la base de que será inalienable y no estará sujeto a
embargo ni a gravamen ninguno; XVIII. Se declaran revisables todos los
contratos y concesiones hechas por los Gobiernos anteriores desde el
año de 1876, que hayan traído por consecuencia el acaparamiento de
tierras, aguas y riquezas naturales de la Nación, por una sola persona o
sociedad, y se faculta al Ejecutivo de la Unión para declararlos nulos
cuando impliquen perjuicios graves para el interés público. XIX. Con
base en esta Constitución, el Estado dispondrá las medidas para la
expedita y honesta impartición de la justicia agraria, con objeto de
garantizar la seguridad jurídica en la tenencia de la tierra ejidal, comunal
y de la pequeña propiedad, y apoyará la asesoría legal de los
campesinos. Son de jurisdicción federal todas las cuestiones que, por
límites de terrenos ejidales y comunales, cualquiera que sea el origen de
éstos, se hallen pendientes o se susciten entre dos o más núcleos de
población; así como las relacionadas con la tenencia de la tierra de los
ejidos y comunidades. Para estos efectos y, en general, para la
administración de justicia agraria, la ley instituirá tribunales dotados de
autonomía y plena jurisdicción, integrados por magistrados propuestos
por el Ejecutivo Federal y designados por la Cámara de Senadores o, en
los recesos de ésta, por la Comisión Permanente. La ley establecerá un
órgano para la procuración de justicia agraria, y XX. El Estado
promoverá las condiciones para el desarrollo rural integral, con el
propósito de generar empleo y garantizar a la población campesina el
bienestar y su participación e incorporación en el desarrollo nacional, y
fomentará la actividad agropecuaria y forestal para el óptimo uso de la
tierra, con obras de infraestructura, insumos, créditos, servicios de
capacitación y asistencia técnica. Asimismo, expedirá la legislación
66 la producción agropecuaria, su
reglamentaria para planear y organizar
industrialización y comercialización, considerándolas de interés público.
El desarrollo rural integral y sustentable a que se refiere el párrafo
anterior, también tendrá entre sus fines que el Estado garantice el
abasto suficiente y oportuno de los alimentos básicos que la ley
establezca.53

Lo anterior, viene a corroborar la notable importancia de este principio


fundamental de constitucionalidad, propiamente agraria, pues el mismo
delinea los derechos fundamentales tanto esenciales como adjetivos o
procesales de los justiciables agrarios, de ahí que los tribunales agrarios
debieran tenerlos en cuenta en su sede, al momento de sustanciar el
proceso, al conocer de procedimientos especiales, en la jurisdicciones
voluntarias, al dictar sus sentencias definitivas, al resolver el recurso de

53
Marco Legal Agrario, principales ordenamientos legales aplicables en materia agraria, artículo 27 constitucional, edición
especial conmemorativa del centenario de la ley agraria, Editorial Sista, México, 2014. Pp. 41 – 46.
revisión y al proveer el eficaz cumplimiento de las sentencias firmes,
cuestión que en la gran mayoría de las veces no lo hacen, dictando
incluso sentencias o resoluciones alejadas de estos preceptos
constitucionales, dejando a los tribunales de amparo su conocimiento y
resolución, cosa que según este trabajo, no debe ocurrir, o debe ocurrir
en casos excepcionales, pues los tribunales agrarios desde su
nacimiento y más aun a partir de las reformas de 2011 en materia de
amparo y de derechos humanos, cuentan con la competencia y
facultades para realizar control constitucional difuso en esta materia
sobre la cual están especializados.

Ahora bien, es pertinente aclarar, que no solo los preceptos


constitucionales agrarios aquí abordados deben irradiar el proceso
agrario, sino que también deben nutrirlo todos los demás preceptos
constitucionales que en forma sustantiva y adjetiva provean sobre las
formalidades especiales del procedimiento, la fundamentación y
67
motivación, la de juez competente, la de mandamiento escrito, la no
absolución de la instancia, el acceso real y efectivo a la justicia pronta,
expedita, imparcial y gratuita, todo ello con miras al respeto y protección
a los derechos fundamentales de estos justiciables, disposiciones que
encontramos en los artículos 1º., 13, 14, 16, 17 y 23 de la constitución
federal54 y que deberán tenerse en cuenta en sede agraria al momento
54
Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta
Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su
protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta
Constitución establece.
Artículo 13. Nadie puede ser juzgado por leyes privativas ni por tribunales especiales. Ninguna persona o corporación puede
tener fuero, ni gozar más emolumentos que los que sean compensación de servicios públicos y estén fijados por la ley.
Subsiste el fuero de guerra para los delitos y faltas contra la disciplina militar; pero los tribunales militares en ningún caso y por
ningún motivo podrán extender su jurisdicción sobre personas que no pertenezcan al Ejército. Cuando en un delito o falta del
orden militar estuviese complicado un paisano, conocerá del caso la autoridad civil que corresponda.
Artículo 14. A ninguna ley se dará efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna. Nadie podrá ser privado de la libertad o
de sus propiedades, posesiones o derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos, en el
que se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento y conforme a las Leyes expedidas con anterioridad al hecho. En
los juicios del orden criminal queda prohibido imponer, por simple analogía, y aún por mayoría de razón, pena alguna que no
esté decretada por una ley exactamente aplicable al delito de que se trata. En los juicios del orden civil, la sentencia definitiva
deberá ser conforme a la letra o a la interpretación jurídica de la ley, y a falta de ésta se fundará en los principios generales del
derecho.
Artículo 16. Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de
mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento.
Artículo 17. Ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho.
Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y
términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial. Su servicio será gratuito,
quedando, en consecuencia, prohibidas las costas judiciales.
de sustanciar el proceso, de resolver en definitiva las causas agrarias y
al momento de dar cumplimiento a las sentencias y resoluciones
dictadas por los tribunales agrarios, bajo las características propias del
proceso social agrario.

En cuanto al imperio y observancia de la constitución, deberán tenerse


en cuenta los siguientes criterios jurisprudenciales : “Control de
constitucionalidad. No puede realizarse respecto de los preceptos de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”. Los indicados
preceptos no pueden ser sometidos a un análisis de regularidad constitucional
a través del juicio de amparo, ni a un control difuso de constitucionalidad
mediante alguno de los recursos establecidos en la ley de amparo, pues las
normas que componen la Constitución General de la Republica constituyen la
fuente de todo el ordenamiento jurídico y deben considerarse como mandatos
inmunes a cualquier tipo de control jurisdiccional, además, porque ni en la
carta magna ni en la ley citada se establece que, a través del juicio de amparo,
aquella pueda sujetarse a control constitucional, sino únicamente las normas
68autoridad que violen los derechos
generales, actos u omisiones de la
humanos reconocidos y las garantías establecidas para su protección por la
propia constitución, así como por los Tratados Internacionales de los que el
Estado Mexicano sea parte; sin que en el concepto “normas generales”
puedan entenderse incluidos los preceptos de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos, pues esta es la ley suprema que da fundamento
normativo al juicio de amparo; y aun cuando se aceptara que, en sentido lato ,
es una norma general, lo cierto es que no es posible, desde el punto de vista
formal, considerar que viola derechos humanos, pues ello implicaría que la
norma fundamental no es tal, en la medida en que el sistema de control
constitucional que establece es capaz de invalidar su propio contenido,
aunado a que no es jurídicamente admisible desarticular la interdependencia
de las normas constitucionales, negando el principio de unidad de la
55
constitución”.

55
Vid. Jurisprudencia firme de la 10a., Época, Segunda Sala, S.J.F. y su Gaceta, libro 3, febrero de 2014, Tomo II, Tesis 2ª.,
/J.3/2014, Pag. 938. Registro 2005466.
DERECHOS HUMANOS CONTENIDOS EN LA CONSTITUCIÓN Y EN LOS
TRATADOS INTERNACIONALES. CONSTITUYEN EL PARÁMETRO DE
CONTROL DE REGULARIDAD CONSTITUCIONAL, PERO CUANDO EN LA
CONSTITUCIÓN HAYA UNA RESTRICCIÓN EXPRESA AL EJERCICIO DE
AQUÉLLOS, SE DEBE ESTAR A LO QUE ESTABLECE EL TEXTO
CONSTITUCIONAL.

El primer párrafo del artículo 1o. constitucional reconoce un conjunto de


derechos humanos cuyas fuentes son la Constitución y los tratados
internacionales de los cuales el Estado Mexicano sea parte. De la
interpretación literal, sistemática y originalista del contenido de las reformas
constitucionales de seis y diez de junio de dos mil once, se desprende que las
normas de derechos humanos, independientemente de su fuente, no se
relacionan en términos jerárquicos, entendiendo que, derivado de la parte final
del primer párrafo del citado artículo 1o., cuando en la Constitución haya una
restricción expresa al ejercicio de los derechos humanos, se deberá estar a lo
que indica la norma constitucional, ya que el principio que le brinda
supremacía comporta el encumbramiento de la Constitución como norma
69 lo que a su vez implica que el resto
fundamental del orden jurídico mexicano,
de las normas jurídicas deben ser acordes con la misma, tanto en un sentido
formal como material, circunstancia que no ha cambiado; lo que sí ha
evolucionado a raíz de las reformas constitucionales en comento es la
configuración del conjunto de normas jurídicas respecto de las cuales puede
predicarse dicha supremacía en el orden jurídico mexicano. Esta
transformación se explica por la ampliación del catálogo de derechos
humanos previsto dentro de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, el cual evidentemente puede calificarse como parte del conjunto
normativo que goza de esta supremacía constitucional. En este sentido, los
derechos humanos, en su conjunto, constituyen el parámetro de control de
regularidad constitucional, conforme al cual debe analizarse la validez de las
normas y actos que forman parte del orden jurídico mexicano. 56

3.2. PRINCIPIO DE CONVENCIONALIDAD.

Este principio es también de suma importancia y de actualidad, porque


controla ahora los derechos humanos establecidos en la constitución,
como los derechos humanos establecidos en la convención americana
de derechos humanos y demás tratados internacionales en la materia,
tanto del sistema universal como del sistema interamericano de los que
México es parte y en su jurisprudencia, al ser estos recepcionados
precisamente por nuestra constitución y, al aceptar nuestro país la
competencia y jurisdicción de la Comisión y de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos, dotando a los seres humanos tanto de derechos
sustanciales o esenciales como de derechos adjetivos o procesales, en

56
Época: Décima Época, Registro: 2006224, Instancia: Pleno Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Gaceta del Semanario
70
Judicial de la Federación, Libro 5, Abril de 2014, Tomo I Materia(s): Constitucional Tesis: P./J. 20/2014 (10a.) Página: 202.
Contradicción de tesis 293/2011. Entre las sustentadas por el Primer Tribunal Colegiado en Materias Administrativa y de
Trabajo del Décimo Primer Circuito y el Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Civil del Primer Circuito. 3 de septiembre de
2013. Mayoría de diez votos de los Ministros: Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, quien se reservó su derecho a formular un voto
concurrente; Margarita Beatriz Luna Ramos, quien se manifestó a favor de las consideraciones relacionadas con la prevalencia
de la Constitución y se apartó del resto; José Fernando Franco González Salas, quien indicó que formularía un voto
concurrente; Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, quien manifestó que haría un voto aclaratorio y concurrente para explicar el
consenso al que se llegó y el sentido de su voto a pesar de que en los límites tuvo un criterio distinto; Jorge Mario Pardo
Rebolledo, quien se reservó el derecho de formular el voto concurrente; Luis María Aguilar Morales, con reservas respecto de
las consideraciones y, en su caso, realizaría un voto concurrente; Sergio A. Valls Hernández, reservándose el derecho de
hacer un voto concurrente; Olga Sánchez Cordero de García Villegas, reservándose su derecho a voto concurrente en relación
con los límites; Alberto Pérez Dayán, quien se manifestó a favor del reconocimiento de la prevalencia constitucional y Juan N.
Silva Meza, quien se reservó su derecho de formular voto concurrente para aclarar su posición de entendimiento constitucional
del texto propuesto y, a reserva de ver el engrose, aclararía u opinaría sobre las supresiones que se pretenden hacer, sin
variar su posición en el sentido; votó en contra: José Ramón Cossío Díaz. Ponente: Arturo Zaldívar Lelo de Larrea. Secretario:
Arturo Bárcena Zubieta. Tesis y/o criterios contendientes: Tesis XI.1o.A.T.47 K y XI.1o.A.T.45 K, de rubros, respectivamente:
"CONTROL DE CONVENCIONALIDAD EN SEDE INTERNA. LOS TRIBUNALES MEXICANOS ESTÁN OBLIGADOS A
EJERCERLO." y "TRATADOS INTERNACIONALES. CUANDO LOS CONFLICTOS SE SUSCITEN EN RELACIÓN CON
DERECHOS HUMANOS, DEBEN UBICARSE A NIVEL DE LA CONSTITUCIÓN."; aprobadas por el Primer Tribunal Colegiado
en Materias Administrativa y de Trabajo del Décimo Primer Circuito, y publicadas en el Semanario Judicial de la Federación y
su Gaceta, Novena Época, Tomo XXXI, mayo de 2010, páginas 1932 y 2079, y tesis I.7o.C.46 K y I.7o.C.51 K, de rubros,
respectivamente: "DERECHOS HUMANOS, LOS TRATADOS INTERNACIONALES SUSCRITOS POR MÉXICO SOBRE LOS.
ES POSIBLE INVOCARLOS EN EL JUICIO DE AMPARO AL ANALIZAR LAS VIOLACIONES A LAS GARANTÍAS
INDIVIDUALES QUE IMPLIQUEN LA DE AQUÉLLOS." y "JURISPRUDENCIA INTERNACIONAL. SU UTILIDAD
ORIENTADORA EN MATERIA DE DERECHOS HUMANOS."; aprobadas por el Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Civil
del Primer Circuito, y publicadas en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, Tomos XXVIII, agosto
de 2008, página 1083 y XXVIII, diciembre de 2008, página 1052.El Tribunal Pleno, el dieciocho de marzo en curso, aprobó, con
el número 20/2014 (10a.), la tesis jurisprudencial que antecede. México, Distrito Federal, a dieciocho de marzo de dos mil
catorce. Esta tesis se publicó el viernes 25 de abril de 2014 a las 9:32 horas en el Semanario Judicial de la Federación y, por
ende, se considera de aplicación obligatoria a partir del lunes 28 de abril de 2014, para los efectos previstos en el punto
séptimo del Acuerdo General Plenario 19/2013.
miras de promover, respetar, proteger, garantizar y reparar los derechos
humanos de los gobernados y, desde luego, entre ellos, los de los
justiciables agrarios.

El derecho internacional de los derechos humanos lleva a establecer,


un “Régimen de obligaciones generales de los Estados que podemos
entender como el conjunto de obligaciones que deben cumplir los
Estados en relación con todos los Derechos y frente a todas las
personas; de esas características deriva su generalidad. Estas
obligaciones se concretan en dos (2) categorías normativas: 1.
Obligación de Respetar; y 2. Obligación de Garantizar. La Obligación de
respetar los derechos humanos implica para todas las autoridades
estatales la obligación de abstenerse de cualquier conducta que directa
o indirectamente lesione, afecte negativamente o extinga los Derechos
Humanos.

La Obligación de Garantizar los 71


Derechos Humanos implica que el
Estado organice todo el aparato gubernamental y, en general, todas las
estructuras a través de las cuales se manifiesta el ejercicio del poder
público, de manera tal que sea capaz de asegurar jurídicamente el libre
y pleno ejercicio de tales derechos. Como consecuencia de esta
obligación los Estados deben prevenir, investigar y sancionar toda
violación de derechos humanos y procurar la reparación de los daños
producidos por dicha violación. La obligación de garantía no se agota
con la mera existencia de un orden normativo, sino que comparta la
necesidad de una conducta de las autoridades estatales que asegure la
eficacia del libre y pleno ejercicio de los derechos humanos. Prevenir las
violaciones implica adoptar todas las medidas jurídicas, políticas,
administrativas y culturales que promuevan la salvaguarda de los DDHH
y que aseguren que las eventuales violaciones a los mismos sean
efectivamente consideradas y tratadas como un hecho ilícito susceptible
de acarrear sanciones para quien las cometa. La Corte Interamericana
de Derechos Humanos ha precisado que la obligación de prevenir es de
medio o comportamiento, por lo que en cada caso concreto se debe
analizar si el Estado obró con la debida diligencia para garantizar los
derechos humanos. El deber de investigar (la obligación de prevención
no ha sido cumplida de manera eficaz) implica la movilización de todos
los medios disponibles para conocer las circunstancias específicas de
tiempo, modo y lugar en las que ocurren las violaciones a los derechos
humanos y la determinación de los autores materiales e intelectuales y
el contexto en el que se dan aquéllas. La obligación de investigar, sin
que sea una obligación de resultado, debe ser asumida por el Estado
como un deber jurídico propio y no como una simple formalidad
condenada de antemano a ser infructuosa. Dicha obligación debe
cumplirse diligentemente para evitar la impunidad y como garantía de no
repetición. Por esta razón, una vez que las autoridades estatales tienen
conocimiento de una violación a los72
derechos humanos, deben iniciar ex
oficio y sin dilación, una investigación seria, imparcial y efectiva por
todos los medios legales disponibles y orientada a la determinación de
la verdad y a la persecución, captura, enjuiciamiento y eventual castigo,
en su caso, de todos los autores de los hechos, especialmente cuando
están o puedan estar involucrados agentes estatales. Para asegurar
este fin es preciso que se esclarezca la existencia de estructuras
criminales complejas y las respectivas conexiones que hicieron posible
las violaciones. Debe tenerse presente que la ausencia de una
investigación completa y efectiva sobre los hechos constituye una fuente
de sufrimiento y angustia adicional para las víctimas y sus familiares,
quienes tienen el derecho de conocer la verdad de lo ocurrido. El
referido derecho a la verdad exige la determinación procesal de la más
completa verdad histórica posible, lo cual incluye la determinación
judicial de los patrones de actuación conjunta y de todas las personas
que de diversas formas participaron en dichas violaciones y sus
correspondientes responsabilidades. El deber de sancionar las
violaciones a derechos humanos implica que una vez ocurrida la
violación a los derechos humanos, e investigada de manera seria,
imparcial y efectiva por el Estado, corresponde a éste aplicar a quien
corresponda una sanción que satisfaga, inter alia, el requisito de
proporcionalidad de acuerdo con la gravedad de los hechos, y que
constituya una verdadera garantía de no repetición: Prevención general
y especial. El deber de asegurar que las víctimas reciban reparar
integralmente las violaciones a los derechos humanos impone que
cuando una persona ha sido víctima de una violación a sus derechos
humanos, el causante de dicha violación repare integralmente los daños
causados, por lo que corresponde al Estado velar porque efectivamente
las víctimas obtengan en el trámite del proceso penal una adecuada
reparación por parte del agresor. Siendo de esta manera, si debido a la
73
falta de debida diligencia de las autoridades estatales no se previene, no
se investiga y/o no se sanciona a los responsables y por ello las
víctimas no reciben la reparación a la que tienen derecho, corresponde
al Estado otorgar dicha reparación, debido a la violación del derecho de
acceso a la justicia de las víctimas. El alcance del concepto de
Reparación Integral debe interpretarse desde el desarrollo que le ha
dado el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y en concreto,
desde la amplia inteligencia que del concepto ha presentado la Corte
Interamericana. II. Componente obligacional: adecuar el derecho interno
y adoptar otras medidas. Previendo las incompatibilidades que los
Estados puedan tener entre sus realidades internas (normativas y/o de
otro carácter) frente al corpus iuris del DIDH, existe una obligación para
todos los Estados de adoptar disposiciones que adecuen su derecho
interno a la aludida preceptiva internacional. Artículo 2 de la CADH.
Efecto útil. Adopción de dos medidas: I) la supresión de las normas y
prácticas de cualquier naturaleza que entrañen violación a las garantías
previstas en la Convención o que desconozcan los derechos allí
reconocidos u obstaculicen su ejercicio; y II) la expedición de normas y
el desarrollo de prácticas conducentes a la efectiva observancia de
dichas garantías. Obligaciones específicas ratione materia o ratione
personae a cargo de los Estados, en relación a los derechos humanos
establecidos por el DIDH: stricto sensu, se trata del conjunto de normas
consagradas en los instrumentos internacionales que regulan derechos
específicos como la vida, la integridad personal, la libertad de circulación
y residencia o al acceso a la justicia, o que establecen derechos para
determinadas personas especialmente vulnerables como los niños, las
mujeres, los migrantes, los discapacitados o los desplazados –los
sujetos agrarios del sector social, los jornaleros, los campesinos en
general - Concepto de corpus iuris de los Derechos Humanos”.57

Al respecto y en el caso específico de los derechos humanos de los


74
justiciables agrarios – mismos que han quedado precisados líneas atrás
-, es la Procuraduría Agraria quien prima facie debe velar por el respeto
y protección de estos derechos, pero además es la encargada de instar
a las diferentes instancias a que promuevan, respeten, protejan,
garanticen y reparen, los derechos humanos de los sujetos agrarios,
tanto en su propia sede administrativa o no jurisdiccional, como en la
sede jurisdiccional que corresponda, ello desde su intervención ex oficio
encaminada a prevenir, investigar y denunciar a autoridades judiciales
agrarias y funcionarios agrarios, sobre el incumplimiento y violación de
las leyes agrarias, así como desde el ámbito de la asesoría jurídica y la
representación legal que está obligada a proporcionar por mandato
constitucional y legal, establecido aquel en la fracción XIX del artículo 27
constitucional y este último en los artículos del 134 al 147 de la ley

57
Vid. http://www.corteidh.or.cr
agraria y en los artículos del 1o. al 8 y del 36 al 75 del reglamento
interior de la procuraduría agraria.58

De este modo, tenemos que el principio de convencionalidad lo


encontramos previsto en los artículos 1o., y 133 de la constitución
federal mexicana en relación directa con la carta de San José o
Convención Americana de Derechos Humanos, vinculada a nuestro
sistema normativo interno, virtud la reforma constitucional en materia de
derechos humanos y los criterios jurisprudenciales emitidos al respecto
tanto por la comisión como por la corte interamericana de derechos
humanos, e implica el que todos los jueces nacionales conozcan de
aquellos asuntos relacionados con la violación a derechos humanos a
petición de parte e incluso ex oficio y, que al tratar un asunto relacionado
con los derechos humanos, al resolverlo, deberán tener en cuenta las
disposiciones internacionales y nacionales sobre tales derechos,
aplicando en consecuencia los principios pro persona e interpretación
75
conforme y todos aquellos que deriven de dicha normativa internacional,
sin que ello signifique que tengan que resolver forzosamente a favor del
justiciable, pero si resolver estos asuntos, armonizando lo establecido en
las convenciones y tratados internacionales en materia de derechos
humanos con los preceptos constitucionales y legales vigentes en
nuestro sistema normativo, a través de técnicas argumentativas como la
ponderación, la proporcionalidad y la interpretación conforme, entre
otras, a fin de que resuelvan de la mejor manera posible, los conflictos
sobre derechos humanos sometidos a su conocimiento.

Al respecto vale señalar que los tribunales agrarios, rara vez cumplen
con la aplicación de este principio, ello, casi siempre, ante la ausencia
de planteamientos específicos por parte de los litigantes en esta materia
y ante la ausencia de un procedimiento específico para sustanciar la
58
Marco Legal Agrario, principales ordenamientos legales aplicables en materia agraria; óp., cit. Pp. 79 – 81 y 689, 702 – 706.
violación o posible violación a estos derechos en sede agraria, dejando
intocado este principio y trasladando esta cuestión hacia los tribunales
de amparo, quienes también, ante la ausencia de conceptos de violación
de esta naturaleza, raras veces realizan control de convencionalidad en
sus resoluciones. De ahí que este trabajo vaya encaminado, entre otras
cosas, a despertar el interés en los litigantes tanto oficiales como
particulares, a plantear en la instancia agraria las violaciones o posibles
violaciones de los derechos humanos de los justiciables agrarios, de lo
contrario dichos tribunales no podrán pronunciarse al respecto, bajo el
entendido de que no está planteada ninguna controversia en ese
sentido; cuestión que por la importancia y novedad del tema, en este
trabajo se aborde la realización del control de convencionalidad a través
de los principios procesales agrarios en su propia sede.

En ese tenor, a continuación, se transcriben algunas tesis


jurisprudenciales que sirven para darnos un poco o un mucho de luz en
76
el tema, según la importancia que le asignemos cada uno en nuestra
práctica profesional del litigio agrario.

CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD Y CONVENCIONALIDAD EX OFFICIO.


CONDICIONES GENERALES PARA SU EJERCICIO.

La autoridad judicial, para ejercer el control ex officio en los términos


establecidos en el expediente Varios 912/2010 de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, debe asegurarse que se ha actualizado la necesidad de hacer ese
tipo de control, es decir, en cada caso debe determinar si resulta
indispensable hacer una interpretación conforme en sentido amplio, una en
sentido estricto o una inaplicación, lo cual ocurre cuando se está en presencia
de una norma que resulta sospechosa o dudosa de cara a los parámetros de
control de los derechos humanos. De este modo, cuando una norma no genera
sospechas de invalidez para el juzgador, por no parecer potencialmente
violatoria de derechos humanos, entonces no se hace necesario un análisis de
constitucionalidad y convencionalidad exhaustivo, porque la presunción de
constitucionalidad de que gozan todas las normas jurídicas no se ha puesto
siquiera en entredicho. Lo anterior es así, porque como se señaló en el citado
expediente Varios, las normas no pierden su presunción de constitucionalidad
sino hasta que el resultado del control así lo refleje, lo que implica que las
normas que son controladas puedan incluso salvar su presunción de
constitucionalidad mediante la interpretación conforme en sentido amplio, o
en sentido estricto.59

CONTROL DE CONVENCIONALIDAD. EL TRIBUNAL COLEGIADO DE


CIRCUITO DEBE EJERCERLO CUANDO EN LA DEMANDA DE AMPARO
DIRECTO EL QUEJOSO SE LO SOLICITE, A PESAR DE QUE ORIGINALMENTE
ESE PLANTEAMIENTO LO HAYA EFECTUADO ANTE LA AUTORIDAD
RESPONSABLE QUIEN LO OMITIÓ, SIN QUE CON ELLO SUSTITUYA A ÉSTA
EN EL CUMPLIMIENTO DE SUS DEBERES CONSTITUCIONALES.

Aunque, por regla general, para efectos del amparo directo, la omisión de
resolver sobre una de las pretensiones deducidas en la demanda del juicio de
origen constituye una incongruencia de la sentencia reclamada que lleva a
conceder la protección de la Justicia Federal para el efecto de que se deje
insubsistente y la responsable dicte otra
77 en la que resuelva con plenitud de
jurisdicción sobre la pretensión desatendida, una excepción se actualiza
cuando lo incontestado es la solicitud de ejercer el control de
convencionalidad y en la demanda de amparo la quejosa la reitera. Esto es así,
pues de conformidad con los artículos 1o. y 133 de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, todas las autoridades, en el ámbito de sus
atribuciones, están obligadas a respetar, proteger y garantizar los derechos
humanos reconocidos a las personas; prevenir y reparar las violaciones a
éstos y estarse, en cuanto a ellos, a lo dispuesto en la Norma Suprema y en
los tratados internacionales de los que el país sea parte, incluso por encima de
las leyes secundarias; dicha obligación implica ejercer el control de
convencionalidad, aun de oficio, por lo que en los casos en que expresamente
se solicita, ejercerlo resulta ineludible, a lo que se suma que conforme a los
artículos 103, fracción I y 107, fracciones III, inciso a) y V, constitucionales; 158
59
Época: Décima Época Registro: 2010954 Instancia: Primera Sala Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Gaceta del
Semanario Judicial de la Federación Libro 27, Febrero de 2016, Tomo I Materia(s): Común Tesis: 1a./J. 4/2016 (10a.) Página:
430.
y 166, fracción IV, párrafo segundo, de la Ley de Amparo abrogada,
correlativos de los diversos preceptos 170, fracción I y 175, fracción IV,
segundo párrafo, del ordenamiento en la materia, vigente a partir del 3 de abril
de 2013, en el conocimiento del amparo promovido contra una sentencia
definitiva o resolución que ponga fin al juicio, los Tribunales Colegiados de
Circuito deben estudiar y resolver sobre la infracción a los derechos humanos
cometida en la sentencia, en el procedimiento del que deriva o, incluso, en el
acto cuya legalidad se haya debatido en el juicio, con la posibilidad de que en
el estudio de dichas violaciones se analice la regularidad constitucional o
convencional de normas generales aplicadas, lo que evidencia que, a la par de
la obligación constitucional de ejercer el referido control de convencionalidad
cuando expresamente se solicita en la demanda de amparo, el órgano
resolutor cuenta con facultades constitucionales directas que le permiten
obrar en ese sentido, ajustando dicho ejercicio a los parámetros del control
constitucional existente, concretamente, en el amparo directo, lo que confirma
que al asumir la realización de ese ejercicio, a pesar de que originalmente ese
planteamiento se haya efectuado ante la autoridad responsable quien lo
omitió, el Tribunal Colegiado no estaría sustituyendo la función de ésta en el
78
cumplimiento de sus deberes constitucionales, sino ejerciendo los propios, en
congruencia con lo expresamente peticionado en la demanda .60

CONTROL DE CONVENCIONALIDAD. ES UNA OBLIGACIÓN INELUDIBLE DE


LA AUTORIDAD JURISDICCIONAL EJERCERLO, AUN DE OFICIO, CUYO
INCUMPLIMIENTO VULNERA EL MANDATO CONSTITUCIONAL DE PROTEGER
Y GARANTIZAR LOS DERECHOS HUMANOS Y COMPROMETE LA
RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL DEL ESTADO MEXICANO EN SU
CONJUNTO.

Los artículos 1o. y 133 de la Constitución Política de los Estados Unidos


Mexicanos establecen el deber de toda autoridad de proteger y garantizar los
derechos humanos reconocidos en la Norma Suprema y en los tratados
internacionales de los que el país es parte y, en cuanto a los Jueces, el deber
de arreglarse a la Constitución a pesar de leyes o disposiciones en contrario, a

60
Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la
Federación Libro 1, Diciembre de 2013, Tomo II Materia(s): Común Tesis: IV.2o.A. J/8 (10a.) Página: 931.
partir de lo cual, se reconoce que a cargo de las autoridades jurisdiccionales
obra la obligación de ejercer de oficio o a petición de parte, un control de
convencionalidad en materia de derechos humanos, el cual deberá adecuarse
al modelo de control de constitucionalidad existente en el ordenamiento
interno, conforme a los parámetros delineados por la Suprema Corte de
Justicia de la Nación en las tesis P. LXVII/2011 (9a.), P. LXVIII/2011 (9a.) y P.
LXIX/2011 (9a.). Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha
sostenido, en relación con el deber de los Estados firmantes de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, de respetar bienes jurídicos y libertades
reconocidos en ella; que la acción u omisión de cualquier autoridad pública,
independientemente de su jerarquía, que implique un incumplimiento de ese
deber, constituye un hecho imputable al Estado en su conjunto, que
compromete su responsabilidad en los términos previstos por la propia
convención (caso Tribunal Constitucional vs. Perú. Fondo, reparaciones y
costas. Sentencia de 31 de enero de 2001. Serie C, No. 71, y caso Bámaca
Velásquez vs. Guatemala. Fondo. Sentencia de 25 de noviembre de 2000. Serie
C, No. 70). Asimismo, que la responsabilidad estatal puede surgir cuando un
órgano o funcionario del Estado o de una institución de carácter público afecte
79
indebidamente, por acción u omisión, algunos de los bienes jurídicos
protegidos por dicho instrumento internacional (caso Albán Cornejo y otros
vs. Ecuador. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia de 22 de noviembre de
2007. Serie C, No. 171), y que cuando un Estado ha ratificado un tratado
internacional como el mencionado, sus Jueces, como parte del aparato del
Estado, también están sometidos a él, lo que les obliga a velar por que los
efectos de sus disposiciones no se vean mermadas por la aplicación de leyes
contrarias a su objeto y fin, las cuales, desde un inicio, carecen de efectos
jurídicos [caso Almonacid Arellano y otros vs. Chile. Excepciones
preliminares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia de 26 de septiembre de
2006. Serie C, No. 154, y caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado
Alfaro y otros) vs. Perú. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y
costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2006. Serie C, No. 158]. Partiendo de
lo anterior, como el Estado Mexicano firmó la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, aprobada por el Senado de la República el 18 de
diciembre de 1980, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de mayo
de 1981, y por virtud de su artículo 1, numeral 1, en términos de los
mencionados artículos 1o. y 133 constitucionales, obra a cargo de toda
autoridad jurisdiccional nacional, con independencia de su fuero o jerarquía, la
obligación de respetar los derechos y libertades reconocidos en el referido
pacto, así como el deber de garantizar su libre y pleno ejercicio a favor de toda
persona sin distinción por motivo de raza, color, sexo, idioma, religión,
opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social,
posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social, mientras
que conforme a su artículo 33, los actos de esas autoridades, como partes del
Estado Mexicano, están sometidos a la competencia tanto de la Comisión
como de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en lo relativo al
cumplimiento de dicha obligación. De ahí que el deber de ejercer, aun de
oficio, el control de constitucionalidad y convencionalidad de los actos de que
una autoridad tenga conocimiento en el ámbito de sus competencias y
facultades, debe asumirse con puntualidad, responsabilidad y eficacia, y no
evadirse, menos aún en casos en que expresamente un gobernado solicita su
ejercicio, pues soslayarlo refleja gravemente el incumplimiento de la primera
obligación impuesta por el orden constitucional interno a todas las
autoridades, que a su vez supone el respeto de todos los derechos
80
reconocidos a las personas en la Constitución y en la Convención y dicho
incumplimiento compromete la responsabilidad internacional del Estado
Mexicano en su conjunto, acorde con el principio básico relativo, recogido en
el derecho internacional de los derechos humanos, en el sentido de que todo
Estado es internacionalmente responsable por actos u omisiones de
cualquiera de sus poderes u órganos en violación de los derechos
internacionalmente consagrados.61

CONTROL DE CONVENCIONALIDAD EX OFFICIO EN MATERIA DE DERECHOS


HUMANOS. CUANDO LOS TRIBUNALES COLEGIADOS DE CIRCUITO
ADVIERTAN QUE EL RESPETO A LOS DERECHOS Y LIBERTADES DE
ACCESO A LA JUSTICIA, GARANTÍA DE AUDIENCIA Y TUTELA
JURISDICCIONAL SE SUPEDITÓ A REQUISITOS INNECESARIOS, EXCESIVOS,
CARENTES DE RAZONABILIDAD O PROPORCIONALIDAD, EN EJERCICIO DE
AQUÉL, DEBEN ANALIZAR PREPONDERANTEMENTE TAL CIRCUNSTANCIA,
61
Época: Décima Época Registro: 2005056 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente:
Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Libro 1, Diciembre de 2013, Tomo II Materia(s): Común Tesis: IV.2o.A. J/7
(10a.) Página: 933.
AUN CUANDO NO EXISTA CONCEPTO DE VIOLACIÓN O AGRAVIO AL
RESPECTO.

De conformidad con los artículos 1o. y 103 de la Constitución Política de los


Estados Unidos Mexicanos, los órganos jurisdiccionales se encuentran
legalmente vinculados a ejercer, ex officio, el control de convencionalidad en
sede interna, lo cual implica la obligación de velar no sólo por los derechos
humanos contenidos en los instrumentos internacionales firmados por el
Estado Mexicano, sino también por los establecidos en la Constitución
Federal, adoptando la interpretación más favorable conforme al principio pro
persona. Así, deben proteger cabalmente, entre otros, los derechos y
libertades de acceso a la justicia, garantía de audiencia y tutela jurisdiccional,
acorde con los artículos 8, numeral 1 y 25 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, en relación con los preceptos 14 y 17 de la Constitución
General de la República. Ahora bien, si la tutela jurisdiccional se ha definido
como el derecho de toda persona para acceder de manera expedita a
tribunales independientes e imparciales para plantear sus pretensiones o
defenderse de ellas, con el objeto de que mediante la sustanciación de un
81
proceso donde se respeten ciertas formalidades se emita la resolución que
decida la cuestión planteada y, en su caso, se ejecuten las decisiones, es
evidente que el respeto a esos derechos y libertades no debe supeditarse a
requisitos innecesarios, excesivos, carentes de razonabilidad o
proporcionalidad; por ello, cuando los Tribunales Colegiados de Circuito
adviertan tal circunstancia, deben analizarla preponderantemente, en ejercicio
del control de convencionalidad, con la finalidad de proteger y garantizar los
derechos humanos, aun cuando no exista concepto de violación o agravio al
respecto.62

Cabe destacar, que a la luz del artículo 1º., de la constitución federal, el


contenido esencial de los principios de constitucionalidad,
convencionalidad y de legalidad (este último se abordara
específicamente más adelante) deben aplicarse también en los

62
Época: Décima Época Registro: 2003521 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente:
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Libro XX, Mayo de 2013, Tomo 2 Materia(s): Común Tesis: VI.3o.(II Región)
J/3 (10a.) Página: 1093.
procedimientos internos de conciliación, arbitraje, quejas y
recomendaciones sustanciadas en sede de la Procuraduría Agraria.

En efecto, el artículo 135 de la ley agraria establece que la procuraduría


agraria tiene funciones de servicio social y está encargada de la defensa
de los derechos de los ejidatarios, comuneros, sucesores de ejidatarios
o comuneros, ejidos, comunidades, pequeños propietarios, avecindados
y jornaleros agrícolas, mediante la aplicación de las atribuciones que le
confiere la presente ley y su reglamento correspondiente, cuando así se
lo soliciten, o de oficio en los términos de esta ley. De igual modo el
articulo 136 determina que son atribuciones de la procuraduría, las
siguientes: I. Coadyuvar y en su caso representar a las personas a que
se refiere el artículo anterior, en asuntos y ante autoridades agrarias; II.
Asesorar sobre las consultas jurídicas planteadas por las personas a
que se refiere el artículo anterior en sus relaciones con terceros que
tengan que ver con la aplicación de esta ley; III. Promover y procurar la
82
conciliación de intereses entre las personas a que se refiere el artículo
anterior, en casos controvertidos que se relacionen con la normatividad
agraria; IV. Prevenir y denunciar ante la autoridad competente, la
violación de las leyes agrarias, para hacer respetar el derecho de sus
asistidos e instar a las autoridades agrarias a la realización de funciones
a su cargo y emitir las recomendaciones que considere pertinentes; V.
Estudiar y proponer medidas encaminadas a fortalecer la seguridad
jurídica en el campo; VI. Denunciar el incumplimiento de las
obligaciones o responsabilidades de los funcionarios agrarios o de los
empleados de la administración de justicia agraria; VII. Ejercer, con el
auxilio y participación de las autoridades locales, las funciones de
inspección y vigilancia encaminadas a defender los derechos de sus
asistidos; VIII. Investigar y denunciar los casos en los que se presuma la
existencia de prácticas de acaparamiento o concentración de tierras, en
extensiones mayores a las permitidas legalmente; IX. Asesorar y
representar, en su caso, a las personas a que se refiere el artículo
anterior en sus trámites y gestiones para obtener la regularización y
titulación de sus derechos agrarios, ante las autoridades administrativas
o judiciales que corresponda; X. Denunciar ante el Ministerio Público o
ante las autoridades correspondientes, los hechos que lleguen a su
conocimiento y que puedan ser constitutivos de delito o que puedan
constituir infracciones o faltas administrativas en la materia, así como
atender las denuncias sobre las irregularidades en que, en su caso,
incurra el comisariado ejidal y que le deberá presentar el comité de
vigilancia; y XI. Las demás que esta ley, sus reglamentos y otras leyes
le señalen.

De igual forma el artículo 2 del reglamento interior de la procuraduría


agraria, establece que esta dependencia federal tiene a su cargo
funciones de servicio social, mediante la defensa de los derechos de los
sujetos agrarios y de su asesoramiento derivado de la aplicación de la
83
ley; que para el logro de su objeto, la procuraduría ejercerá sus
facultades a petición de parte o de oficio, de conformidad con lo
establecido por la ley y su reglamento; El artículo 4, dispone que la
procuraduría agraria promoverá la pronta, expedita y eficaz
administración de la justicia agraria, tendente a garantizar la seguridad
jurídica en la tenencia de la tierra ejidal y comunal, en los terrenos
nacionales, las colonias agrícolas y ganaderas y en la propiedad privada
rural. Así mismo, llevara a cabo acciones orientadas a elevar
socialmente el nivel de vida en el campo, a consolidar los núcleos de
población agrarios y proteger los derechos que la ley otorga a los
sujetos agrarios, asegurando su pleno ejercicio, para tal efecto
proporcionara servicios de representación y gestoría administrativa y
judicial, así como de información, orientación y asistencia que
requieran ; El artículo 5, señala que para el logro de sus objetivos la
procuraduría agraria tendrá las siguientes facultades: I. Proponer la
política nacional para garantizar y defender los derechos agrarios, así
como la relativa a los derechos humanos que pudieran incidir en materia
agraria. II. Asesorar a los sujetos agrarios en la realización de los
contratos, convenios o cualquier otro acto jurídico que celebren entre sí
o con terceros en materia agraria. III. Coadyuvar y en su caso
representar a los sujetos agrarios en asuntos y ante autoridades
agrarias. IV. Promover y procurar la conciliación de intereses de los
sujetos agrarios competentes, en las materias reguladas por la ley,
como vía preferente para a solución de los conflictos. V. Actuar como
árbitro en los casos en que las partes no lleguen a un avenimiento y
designen a la institución con ese carácter. VI. Orientar a los sujetos
agrarios y, en su caso, gestionar a su nombre ante las instituciones
públicas competentes, la obtención de permisos, concesiones, licencias
o autorizaciones administrativas necesarias para la explotación o
aprovechamiento de las tierras, bosques, aguas o cualquier otro
84 a los sujetos agrarios ante las
recurso. VII. Asesorar y representar
autoridades administrativas o jurisdiccionales a fin de obtener la
regularización de la tenencia de la tierra y la certificación y titulación de
sus derechos. VIII. Promover la defensa de los derechos y salvaguardar
la integridad de las tierras de los pueblos indígenas. IX. Hacer del
conocimiento de la autoridad competente: A.- La violación de las leyes
agrarias que, en ejercicio de sus actividades cometan las autoridades.
B.- El incumplimiento de las obligaciones o responsabilidades de los
servidores públicos del sector agrario, así como de los encargados de la
impartición de justicia agraria. C. Los casos en que se presuma la
existencia de prácticas de acaparamiento o concentración de tierras,
conforme a las disposiciones reglamentarias correspondientes y D. Los
hechos que puedan constituir infracciones o faltas administrativas en
materia agraria. X. Formular las denuncias correspondientes ante el
ministerio público, respecto de hechos que pudieran ser constitutivos de
delitos relacionados con la materia agraria, especialmente aquellos que
se refieran a irregularidades cometidas por los órganos de
representación y vigilancia de los núcleos de población agrarios. XI.
Ejercer, con el auxilio y la participación de las autoridades locales, las
funciones de inspección y vigilancia, con el objeto de defender los
derechos de los sujetos agrarios. XII. Instaurar el procedimiento
correspondiente, cuando las autoridades o servidores públicos incurran
en violación de la legislación agraria en perjuicio de los sujetos agrarios
y, en su caso emitir los acuerdos y las recomendaciones, en la forma y
términos que prevé este reglamento. XIII. Realizar servicios periciales
de auditoria, en materia de administración de fondos de los núcleos de
población agrarios, a petición de las asambleas o consejos de vigilancia.
XIV. Convocar a asambleas de los núcleos de población agrarios y de
las formas asociativas, conforme a lo previsto en las leyes aplicables y
sus reglamentos. XV. Ser garante de la legalidad en las asambleas de
los núcleos de población agrarios e85
impugnar de oficio la nulidad de esta
en los casos en que así lo establezca la ley y sus reglamentos. XVI.
Emitir opinión en los términos de los artículos 75 fracción II y 100 de la
ley, sobre los proyectos de desarrollo y de escritura social para la
constitución de sociedades con aportación de tierras ejidales o
comunales, así como designar a los comisarios en los casos a que se
refiere la fracción V del citado artículo 75. XVII. Vigilar, en los casos de
liquidación de sociedades a que se refieren los artículos 75 y 100 de la
ley, que se respete el derecho de preferencia del núcleo de población
ejidal o comunal y de los ejidatarios o comuneros, para recibir tierra en
pago de lo que les corresponda en el haber social y, XVIII. Las demás
que la ley y otros ordenamientos le confieran. Artículo 6º., La
procuraduría establecerá la coordinación necesaria con las autoridades
federales, estatales y municipales, asimismo, promoverá la participación
de los sectores social y privado a través de la concertación. Las
dependencias y entidades de la administración pública federal
proporcionaran a la procuraduría la documentación e informes que le
solicite para el desempeño de sus funciones. Artículo 36, en los tramites
de los procedimientos se estará a los principios de oralidad, economía
procesal, inmediatez, suplencia en la deficiencia de la queja e igualdad
formal de las partes; Articulo 42, la conciliación constituye la vía
preferente para resolver los conflictos sobre derechos agrarios que le
sean planteados a la procuraduría y que no se trate de asuntos que por
su naturaleza deba acordarlos la asamblea de los núcleos de población
agrarios; Articulo 46, tendrá lugar el procedimiento de arbitraje previsto
en este reglamento cuando las partes de común acuerdo soliciten a la
procuraduría que dirima una controversia a través del mismo; Articulo
55, las inconformidades que se presenten en contra de cualquier
autoridad o servidor público, con motivo de la violación de la legislación
agraria así como contra los miembros del comisariado ejidal o de bienes
86 hubieren incurrido y que causen
comunales por irregularidades en que
perjuicio al quejoso, se tramitaran a través del procedimiento de queja;
Articulo 66, podrán dar lugar a una recomendación, aquellas
inconformidades que se presenten a la procuraduría, con motivo de la
violación de las leyes agrarias por parte de las autoridades y servidores
públicos federales, estatales o municipales, en perjuicio de los sujetos
agrarios, y cuando sea posible restituir en el goce de sus derechos a los
sujetos agraviados o evitar futuras reincidencias o violación de
derechos; Articulo 70, en la emisión de sus resoluciones, la procuraduría
se basara exclusivamente en los hechos acreditados, las pruebas
existentes y la motivación que con base en la ley se efectué.

Ahora bien, debe decirse que la aplicación de los principios de


constitucionalidad, convencionalidad y de legalidad, deben irradiar
también a los acuerdos tomados en las asambleas generales de
ejidatarios, sobre todo en aquellos acuerdos que pueden llegar a
modificar, restringir y extinguir derechos agrarios (pérdida de la calidad
de ejidatario, suspensión temporal en el ejercicio de sus derechos
agrarios, remoción del cargo, etc.) y desde luego en aquellos que
sanciona obligadamente la propia procuraduría agraria a través de las
asambleas de formalidades especiales (redestino de tierras,
parcelamiento, asignación de parcelas, dominios plenos, etc.).

En efecto, la ley agraria en su artículo 10 dispone que los ejidos operan


de acuerdo con su reglamento interno, sin más limitaciones en sus
actividades que las que dispone la ley, el cual deberá contener las
bases generales para la organización económica y social del ejido que
se adopten libremente, los requisitos para admitir nuevos ejidatarios, las
reglas para el aprovechamiento de las tierras de uso común, así como
las demás disposiciones que conforme a la ley deban de ser incluidas
en el reglamento interno; En su artículo 22, establece que el órgano
supremo del ejido es la asamblea, en la que participan todos los
87
ejidatarios, el artículo 23 señala que la asamblea se reunirá por los
menos una vez cada seis meses o con mayor frecuencia cuando así lo
determine su reglamento o su costumbre y, serán de su exclusiva
competencia, los acuerdos consistentes en formulación y modificación
del reglamento interno del ejido, aceptación y separación de ejidatarios,
así como sus aportaciones, informes del comisariado ejidal y del consejo
de vigilancia, así como la elección y remoción de sus miembros, cuentas
o balances, aplicación de los recursos económicos del ejido y
otorgamiento de poderes y mandatos, aprobación de contratos y
convenios que tengan por objeto el uso o disfrute por terceros de las
tierras de uso común; distribución de ganancias que arrojen las
actividades del ejido; señalamiento y delimitación de las áreas
necesarias para el asentamiento humano fundo legal y parcelas con
destino específico, así como la localización y relocalización del área de
urbanización; reconocimiento del parcelamiento económico o de hecho y
regularización de tenencia de posesionarios; autorización a los
ejidatarios para que adopten el dominio pleno sobre sus parcelas y la
aportación de las tierras de uso común a una sociedad en los términos
de los artículos 45 y 75 de esta ley; delimitación, asignación y destino de
las tierras de uso común así como su régimen de explotación; división o
fusión de ejidos; terminación del régimen ejidal cuando, previo dictamen
de la procuraduría agraria solicitado por el núcleo de población, se
determine que ya no existen las condiciones para su permanencia;
conversión del régimen ejidal al régimen comunal; instauración,
modificación y cancelación del régimen de explotación colectiva, y las
demás que establezca la ley y el reglamento interno del ejido. 63

Respecto de las facultades y competencias de la asamblea general de


ejidatarios como órgano supremo del ejido, la mayoría de los juristas
agraristas, están convencidos de que la asamblea general de ejidatarios
no es autoridad agraria ni mucho menos es autoridad para efectos del
88
amparo, cuestión que a juicio del suscrito, ese criterio es limitado e
inexacto, en razón de que la asamblea general de ejidatarios toma
acuerdos definitivos que son imponibles y ejecutados de manera
inmediata y unilateralmente y son desde luego violatorios de derechos
fundamentales y humanos, pudiendo poner como ejemplos, la
separación definitiva de ejidatarios, prevista en la fracción II del artículo
23 de la ley agraria, así como la separación temporal de voz y voto y
acceso a las asambleas ejidales, a cuyos ejidatarios por simple acuerdo
mayoritario de la asamblea, sin razón ni motivo ni fundamento alguno,
decide separarlos tanto definitivamente como de manera temporal,
extinguiéndoles y restringiéndoles de manera directa e inmediata sus
derechos agrarios de titularidad, voz y voto, reunión, petición,
deliberación, opinión etc. Acuerdo de asamblea que se impone y ejecuta
63
Marco Legal Agrario, principales ordenamientos legales aplicables en materia agraria; óp., cit. Pp. 62, 64 y 71.
en el momento mismo en que es tomado y se levanta el acta de
asamblea correspondiente, lo cual he tenido oportunidad de corroborar
mediante la practica operativa agraria, es decir, me ha tocado presenciar
cuando a un ejidatario se le suspende en sus derechos de voz y voto y
asistencia a las asambleas ejidales, como la asamblea no le permite el
acceso al recinto donde esta se celebra y cuando está separado de voz
y voto solamente, la asamblea ejidal le impide que opine y que pueda
votar y ser votado en las asambleas, aun contra la voluntad del sujeto
agrario afectado con ese acuerdo de asamblea, llegando al extremo de
que si el sujeto agrario afectado insiste en opinar, votar y ser votado, la
asamblea ha ordenado el uso de la fuerza pública para desalojarlo del
lugar en donde se celebra la asamblea. Luego, el realismo operativo
agrario nos demuestra que es inexacto que la asamblea ejidal no sea
autoridad agraria, cuando sus actos son propiamente resoluciones
capaces de modificar, restringir y extinguir derechos fundamentales
89
agrarios de manera directa e inmediata y estos son imponibles y
ejecutables aun en contra de la voluntad de los ejidatarios afectados por
ese acuerdo o resolución de la asamblea.

El razonamiento anterior, nos lleva a estimar pues, que los principios


de constitucionalidad, convencionalidad y legalidad deben observarse en
el seno de los acuerdos de las asambleas generales de ejidatarios, pues
por su naturaleza, estos también deben estar sujetos a control
constitucional y convencional, según la naturaleza de los acuerdos ahí
tomados.

Ahora bien, para disentir de lo anterior, podría usarse el criterio


jurisprudencial que al efecto a emitido la suprema corte de justicia de la
nación, el cual estimo desafortunado y carente de materialidad agraria,
pues aunque bien es cierto que la jurisprudencia deriva de la resolución
de casos concretos, también lo es que, no deja de ser una interpretación
formal de la ley, que adolece, en el tema que nos ocupa, de la
materialidad propia de la justicia agraria (principio que abordare más
adelante). Lo anterior se explica con los detalles vertidos en el ejemplo
anterior de la separación definitiva de ejidatarios y en otros casos como
la suspensión temporal de voz, voto y asistencia a asambleas generales
de ejidatarios, con la negativa a asignarle tierras, a aceptar ejidatarios, o
a reconocer avecindados. De ahí que se estime desafortunado el criterio
de que la asamblea ejidal no es autoridad agraria, 64 cuestión que vuelca
necesario el que los actos y acuerdos de la asamblea general de
ejidatarios que de manera directa e inmediata modifiquen, restrinjan o
extingan derechos agrarios y que sean imponibles y ejecutables aun
contra la voluntad del sujeto agrario afectado, sean materia de control
de constitucionalidad y de convencionalidad, en sede agraria al
sustanciarse el juicio agrario correspondiente.

3.3. PRINCIPIO DE PLENA JURISDICCION


90

64
Novena Época Registro: 183607 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
XVIII, agosto de 2003 Materia(s): Administrativa Tesis: VI.2o.A.45 A Página: 1697 Tesis Aislada
AUTORIDAD PARA LOS EFECTOS DEL JUICIO DE AMPARO. NO LO ES LA ASAMBLEA GENERAL DE EJIDATARIOS. De
conformidad con lo señalado en los artículos 21, fracción I, 22, párrafo primero, 23 y 27 de la Ley Agraria vigente, la asamblea
general de ejidatarios es la máxima autoridad ejidal y tiene conferidas diversas facultades, en cuyo ejercicio puede crear,
reconocer, modificar o extinguir algún derecho; sin embargo, para los efectos del juicio constitucional no ostenta el carácter de
autoridad, pues sus acuerdos son obligatorios únicamente para los ejidatarios, no ejecutables contra su voluntad, de manera
que se trata de cuestiones entre particulares, sin imperio ni coerción. En la iniciativa de la Ley Agraria que propuso el
presidente de la República a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, se concibe a la asamblea general de
ejidatarios como el órgano supremo del ejido, con facultades para decidir sobre cuestiones importantes para el núcleo de
población (como las que enumera el artículo 23 de la Ley Agraria), empero, desde la iniciativa en mención se estimó que la
asamblea de ejidatarios no es una autoridad agraria, en consecuencia, tampoco puede serlo para los efectos del juicio de
garantías, porque carece de imperio y coercitividad para ejecutar sus propios acuerdos o llevar a cabo el cumplimiento de sus
determinaciones.
SEGUNDO TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA ADMINISTRATIVA DEL SEXTO CIRCUITO. VI.2º. A.45 A. Amparo en
revisión 246/2002. 30 de octubre de 2002. Unanimidad de votos. Ponente: Omar Losson Ovando. Secretario: Rodolfo Tehózol
Flores. Véase: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, Tomo XIII, abril de 2001, página 1033, tesis
VI.3º. A.20 A, de rubro: “ASAMBLEA GENERAL DE EJIDATARIOS. CARECE DE CARÁCTER DE AUTORIDAD AGRARIA.”
Tribunal Colegiado de Circuito. Semanario Judicial de la Federación. Época: 9ª. Tomo: XVIII, agosto de 2003. Página: 1697.
JURISPRUDENCIA RELATIVA:
Octava Época Registro: 214009 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación Tomo XII, diciembre
de 1993 Materia(s): Administrativa Página: 841 Tesis Aislada
COMISARIADO EJIDAL Y CONSEJO DE VIGILANCIA. NO SON AUTORIDADES PARA EFECTOS DEL JUICIO DE
AMPARO. El hecho de que el Comisariado Ejidal y el Consejo de Vigilancia, tengan facultades para desposeer a los ejidatarios
de sus parcelas, no por esta circunstancia debe atribuírsele el carácter de autoridades responsables y por ende sus actos sean
susceptibles de combatir a través del juicio de amparo, toda vez que la investidura otorgada a tales órganos por la anterior y
actual legislación agraria, debe entenderse en el sentido definido por la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, “de órgano de dirección y vigilancia del ejido”, pues aún y cuando éste sea una persona moral creada por voluntad
estatal y que las decisiones de sus autoridades internas presenten las características de unilateralidad, imperatividad y
coercitividad no participa de la naturaleza jurídica del Estado, por consiguiente, sus actos no son de autoridad para los efectos
del amparo.
TERCER TRIBUNAL COLEGIADO DEL CUARTO CIRCUITO. Semanario Judicial de la Federación. Tomo XII. Noviembre-
diciembre. 1993. Octava Época. Pág. 841.
Este principio es también de la mayor importancia en el tema central de
este libro, pues implica garantizar a través de los tribunales agrarios y
sus mecanismos procesales jurisdiccionales correspondientes, la
materialización de la justicia agraria y con ello, el respeto y protección a
los derechos humanos, mediante la aplicación de los principios
procesales agrarios, con la intervención directa e inmediata de los
tribunales especializados en la materia, como lo son, los tribunales
agrarios, tanto el tribunal superior como los tribunales unitarios de
distrito.

Aun y cuando los tribunales agrarios y en especial el tribunal superior


agrario están regulados específicamente en la ley agraria, en la ley
orgánica de los tribunales agrarios y en el reglamento interno de estos
tribunales, no hay duda, de que, por su origen, competencia y facultades
fijadas desde la constitución, dichos tribunales, están diseñados para
actuar tanto como tribunales de constitucionalidad-convencionalidad
91
como de legalidad.

Vale destacar, que los jueces constitucionales y los tribunales federales


no son los únicos que pueden llevar a cabo tal función jurisdiccional,
pues es una competencia que corresponde a todos los tribunales del
país, que incluye el poder de la declaración judicial de
inconvencionalidad de leyes. Ello representa un control judicial difuso de
convencionalidad, que se asume en lugar del tan ansiado control difuso
de constitucionalidad.65

De este modo pues, como se acaba de señalar, los Tribunales Agrarios,


y sus fines, por virtud de la reforma constitucional de 1992, están
establecidos directamente en la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, específicamente en la fracción XIX del Artículo 27
65
FERRER MAC GREGOR, Eduardo (coordinador).” El control difuso de convencionalidad.”, Dialogo entre la Corte
Interamericana de Derechos Humanos y los jueces nacionales. Extracto en el tema “El control judicial difuso de
convencionalidad de los derechos humanos por los tribunales ordinarios en México, a cargo de Gumesindo Garcia Morelos.
Primera edición, Editorial FUNDAp, México, 2012, pág. 188.
constitucional, misma que es del tenor siguiente: “Con base en esta
constitución, el estado dispondrá las medidas para la expedita y honesta
impartición de la justicia agraria, con objeto de garantizar la seguridad
jurídica en la tenencia de le (sic) tierra ejidal, comunal y de la pequeña
propiedad, y apoyara la asesoría legal de los campesinos. Son de
jurisdicción federal todas las cuestiones que, por límites de terrenos
ejidales y comunales, cualquiera que sea el origen de estos, se hallen
pendientes o se susciten entre dos o más núcleos de población; así
como las relacionadas con la tenencia de la tierra de los ejidos y
comunidades. Para estos efectos y, en general, para la administración
de justicia agraria, la ley instituirá tribunales dotados de autonomía y
plena jurisdicción, integrados por magistrados propuestos por el
Ejecutivo Federal y designados por la Cámara de Senadores, o en los
recesos de esta, por la comisión permanente. La ley establecerá un
órgano para la procuración de justicia agraria”. 66
92
Anteriormente, una disposición similar, aunque sin los tribunales
agrarios y sin una administración de justicia imparcial y completa, estaba
contenida en la fracción VII del artículo 27 constitucional, misma que era
del tenor siguiente: “Son de jurisdicción federal todas las cuestiones
que, por límites de terrenos comunales, cualquiera que sea el origen de
estos, se hallen pendientes o se susciten entre dos o más núcleos de
población. El ejecutivo federal se abocará al conocimiento de dichas
cuestiones y propondrá a los interesados la resolución definitiva de las
mismas. Si estuvieran conformes, la proposición del ejecutivo tendrá
fuerza de resolución definitiva y será irrevocable; en caso contrario, la
parte o partes inconformes podrán reclamarla ante la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, sin perjuicio de la ejecución inmediata de la

66
Suprema Corte de Justicia de la Nación, Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Ediciones Corunda, S.A. de
C.V., Segunda Edición, México, D.F. Marzo de 2007, pp., 116-117.
proposición presidencial. La ley fijara el procedimiento breve conforme al
cual deberán tramitarse las mencionadas controversias”. 67

El procedimiento referido, era el juicio de inconformidad que se


interponía ante la Suprema Corete de Justicia de la Nación y del cual
regularmente conocía la Segunda Sala; pero el mismo quedo sin efecto
al aparecer los tribunales agrarios, mismos que en lo subsecuente
tuvieron la competencia para conocer de estos conflictos.

Así mismo, los Tribunales agrarios en cuanto a su función de administrar


justicia, están regulados por los artículos del 163 al 200 68 de la ley
67
LOPEZ NOGALES, Armando, LOPEZ NOGALES, Rafael, Ley Agraria Comentada, Editorial Porrúa, tercera edición, México,
1997, Prologo, pp. XVII-XXV.
68
Artículo 163.- Son juicios agrarios los que tienen por objeto sustanciar, dirimir y resolver las controversias que se susciten
con motivo de la aplicación de las disposiciones contenidas en esta ley. Artículo 164.- En la resolución de las controversias
que sean puestas bajo su conocimiento, los tribunales se sujetarán siempre al procedimiento previsto por esta ley y quedará
constancia de ella por escrito, además observarán lo siguiente: I.- Los juicios en los que una o ambas partes sean indígenas se
considerarán los usos y costumbres de los pueblos o comunidades indígenas a los que pertenezcan mientras no contravengan
lo dispuesto por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y esta ley; II.- Las promociones que los pueblos o
comunidades indígenas, o los indígenas en lo individual hicieren en su lengua, no necesitarán acompañarse de la traducción al
español. El tribunal la hará de oficio por conducto de persona autorizada para ello; III.- Los juicios en los que una o ambas
partes sean indígenas y no supieran leer el idioma español, el tribunal realizará una versión sintetizada de los puntos
esenciales de las actuaciones y de la sentencia dictadas por él, en la lengua o variantes dialectales de la que se trate;
93
debiendo agregarse en los autos constancia de que se cumplió con esta obligación. En caso de existir contradicción entre la
traducción y la resolución, se estará a lo dispuesto por ésta última; IV.- El tribunal asignará gratuitamente a los indígenas un
defensor y un traductor que conozca su cultura, hable su lengua y el idioma español, para que se le explique, en su lengua, el
alcance y consecuencias del proceso que se le sigue.

Los tribunales suplirán la deficiencia de las partes en sus planteamientos de derecho cuando se trate de núcleos de población
ejidales o comunales, así como ejidatarios y comuneros.
Artículo 165.- Los tribunales agrarios, además, conocerán en la vía de jurisdicción voluntaria de los asuntos no litigiosos que
les sean planteados, que requieran la intervención judicial, y proveerán lo necesario para proteger los intereses de los
solicitantes. Artículo 166.- Los tribunales agrarios proveerán las diligencias precautorias necesarias para proteger a los
interesados. Asimismo, podrán acordar la suspensión del acto de autoridad en materia agraria que pudiere afectarlos en tanto
se resuelve en definitiva. La suspensión se regulará aplicando en lo conducente lo dispuesto en el Libro Primero, Título
Segundo, Capítulo III de la Ley de Amparo. En la aplicación de las disposiciones de ese ordenamiento para efectos de la
suspensión del acto de autoridad en materia agraria, los tribunales agrarios considerarán las condiciones socioeconómicas de
los interesados para el establecimiento de la garantía inherente a la reparación del daño e indemnización que pudiere causarse
con la suspensión, si la sentencia no fuere favorable para el quejoso. Artículo 167.- El Código Federal de Procedimientos
Civiles es de aplicación supletoria, cuando no exista disposición expresa en esta ley, en lo que fuere indispensable para
completar las disposiciones de este Título y que no se opongan directa o indirectamente. Artículo 168.- Cuando el tribunal, al
recibir la demanda o en cualquier estado del procedimiento agrario, se percate de que el litigio o asunto no litigioso no es de su
competencia, en razón de corresponder a tribunal de diversa jurisdicción o competencia por razón de la materia, del grado o de
territorio, suspenderá de plano el procedimiento y remitirá lo actuado al tribunal competente. Lo actuado por el tribunal
incompetente será nulo, salvo cuando se trate de incompetencia por razón del territorio. Artículo 169.- Cuando el tribunal
agrario recibiere inhibitoria de otro en que se promueva competencia y considerase debido sostener la suya, el mismo día lo
comunicará así al competidor y remitirá el expediente con el oficio inhibitorio, con informe especial al Tribunal Superior Agrario,
el cual decidirá, en su caso, la competencia. Artículo 170.- El actor puede presentar su demanda por escrito o por simple
comparecencia; en este caso, se solicitará a la Procuraduría Agraria coadyuve en su formulación por escrito de manera
concisa. En su actuación, dicho organismo se apegará a los principios de objetividad e imparcialidad debidas. Recibida la
demanda, se emplazará al demandado para que comparezca a contestarla a más tardar durante la audiencia. En el
emplazamiento se expresará, por lo menos, el nombre del actor, lo que demanda, la causa de la demanda y la fecha y hora
que se señale para la audiencia, la que deberá tener lugar dentro de un plazo no menor a cinco ni mayor a diez días, contado a
partir de la fecha en que se practique el emplazamiento, y la advertencia de que en dicha audiencia se desahogarán las
pruebas, salvo las que no puedan ser inmediatamente desahogadas, en cuyo caso se suspenderá la audiencia y el tribunal
proveerá lo necesario para que sean desahogadas, en un plazo de quince días. Atendiendo a circunstancias especiales de
lejanía o apartamiento de las vías de comunicación y otras que hagan difícil el acceso de los interesados al tribunal, se podrá
ampliar el plazo para la celebración de la audiencia hasta por quince días más .Debe llevarse en los tribunales agrarios un
registro en que se asentarán por días y meses, los nombres de actores y demandados y el objeto de la demanda. Artículo
171.- El emplazamiento se efectuará al demandado por medio del secretario o actuario del tribunal en el lugar que el actor
designe para ese fin y que podrá ser: I. El domicilio del demandado, su finca, su oficina o principal asiento de negocios o el
lugar en que labore; y II. Su parcela u otro lugar que frecuente y en el que sea de creerse que se halle al practicarse el
emplazamiento. Artículo 172.- El secretario o actuario que haga el emplazamiento se cerciorará de que el demandado se
agraria. Igualmente, dichos tribunales se rigen por lo dispuesto en la ley
orgánica de los tribunales agrarios en los artículos del 1º., 69 al 1870 y en
su reglamento en los artículos del 1º., al 30 y siguientes.

Las disposiciones antes mencionadas no existían antes de 1992, por


una contundente razón, los tribunales agrarios no habían nacido aún.

encuentra en el lugar señalado y lo efectuará personalmente. Si no lo encontraren y el lugar fuere de los enumerados en la
fracción I del artículo anterior, cerciorándose de este hecho, dejará la cédula con la persona de mayor confianza. Si no se
encontrare al demandado y el lugar no fuere de los enumerados en la fracción I mencionada no se le dejará la cédula,
debiéndose emplazarse de nuevo cuando lo promueva el actor. Artículo 173.- Cuando no se conociere el lugar en que el
demandado viva o tenga el principal asiento de sus negocios, o cuando viviendo o trabajando en un lugar se negaren la o las
personas requeridas a recibir el emplazamiento, se podrá hacer la notificación en el lugar donde se encuentre. Previa
certificación de que no pudo hacerse la notificación personal y habiéndose comprobado fehacientemente que alguna persona
no tenga domicilio fijo o se ignore dónde se encuentre y hubiere que emplazarla a juicio o practicar por primera vez en autos
una notificación personal, el tribunal acordará que el emplazamiento o la notificación se hagan por edictos que contendrán la
resolución que se notifique, en su caso una breve síntesis de la demanda y del emplazamiento y se publicarán por dos veces
dentro de un plazo de diez días, en uno de los diarios de mayor circulación en la región en que esté ubicado el inmueble
relacionado con el procedimiento agrario y en el periódico oficial del Estado en que se encuentre localizado dicho inmueble, así
como en la oficina de la Presidencia Municipal que corresponda y en los estrados del tribunal. Las notificaciones practicadas en
la forma antes prevista surtirán efectos una vez transcurridos quince días, a partir de la fecha de la última publicación por lo
que, cuando se trate de emplazamiento, se deberá tomar en cuenta este plazo al señalar el día para la celebración de la
audiencia prevista en el artículo 185.Si el interesado no se presenta dentro del plazo antes mencionado, o no comparece a la
audiencia de ley, las subsecuentes notificaciones se le harán en los estrados del tribunal. Sin perjuicio de realizar las
notificaciones en la forma antes señalada, el tribunal podrá, además, hacer uso de otros medios de comunicación masiva, para
hacerlas del conocimiento de los interesados. Quienes comparezcan ante los tribunales agrarios, en la primera diligencia
judicial en que intervengan, o en el primer escrito, deben señalar domicilio ubicado en la población en que tenga su sede el
tribunal respectivo, o las oficinas de la autoridad municipal del lugar en que vivan, para que en ese lugar se practiquen las
notificaciones que deban ser personales, las que, en caso de que no esté presente el interesado o su representante, se harán
94
por instructivo. En este caso, las notificaciones personales así practicadas surtirán efectos legales plenos. Cuando no se
señale domicilio para recibir notificaciones personales, éstas se harán en los estrados del tribunal.

Artículo 174.- El actor tiene el derecho de acompañar al secretario o actuario que practique el emplazamiento para hacerle las
indicaciones que faciliten la entrega. Artículo 175.- El secretario o actuario que practique el emplazamiento o entregue la
cédula recogerá el acuse de recibo y, si no supiere o no pudiere firmar la persona que debiera hacerlo, será firmado por alguna
otra presente, en su nombre, asentándose el nombre de la persona con quien haya practicado el emplazamiento en el acta
circunstanciada que se levante y que será agregada al expediente. Artículo 176.- En los casos a que se refiere el artículo 172,
el acuse de recibo se firmará por la persona con quien se practicará el emplazamiento. Si no supiere o no pudiere firmar lo hará
a su ruego un testigo; si no quisiera firmar o presentar testigo que lo haga, firmará el testigo requerido al efecto por el
notificador. Este testigo no puede negarse a firmar, bajo multa del equivalente de tres días de salario mínimo de la zona de que
se trate. Artículo 177.- Los peritos, testigos y, en general, terceros que no constituyan parte pueden ser citados por cédula o
por cualquier otro medio fidedigno, cerciorándose quien haga el citatorio de la exactitud de la dirección de la persona citada.
Artículo 178.- La copia de la demanda se entregará al demandado o a la persona con quien se practique el emplazamiento
respectivo. El demandado contestará la demanda a más tardar en la audiencia, pudiendo hacerlo por escrito o mediante su
comparecencia. En este último caso, el tribunal solicitará a la Procuraduría Agraria que coadyuve en su formulación por escrito
en forma concisa. En su actuación, dicho organismo se apegará a los principios de objetividad e imparcialidad debidas.
Artículo 179.- Será optativo para las partes acudir asesoradas. En caso de que una de las partes se encuentre asesorada y la
otra no, con suspensión del procedimiento, se solicitarán de inmediato los servicios de un defensor de la Procuraduría Agraria,
el cual, para enterarse del asunto, gozará de cinco días, contados a partir de la fecha en que se apersone al procedimiento.
Artículo 180.- Si al ser llamado a contestar la demanda, no estuviere presente el demandado y constare que fue debidamente
emplazado, lo cual comprobará el tribunal con especial cuidado, se continuará la audiencia. Cuando se presente durante ella el
demandado, continuará ésta con su intervención según el estado en que se halle y no se le admitirá prueba sobre ninguna
excepción si no demostrare el impedimento de caso fortuito o fuerza mayor que le impidiera presentarse a contestar la
demanda. Confesada expresamente la demanda en todas sus partes y explicados sus efectos jurídicos por el magistrado, y
cuando la confesión sea verosímil, se encuentre apoyada en otros elementos de prueba y esté apegada a derecho, el tribunal
pronunciará sentencia de inmediato; en caso contrario, continuará con el desahogo de la audiencia. Artículo 181.- Presentada
la demanda o realizada la comparecencia, el tribunal del conocimiento la examinará y, si hubiera irregularidades en la misma o
se hubiere omitido en ella alguno de los requisitos previstos legalmente, prevendrá al promovente para que los subsane dentro
del término de ocho días. Artículo 182.- Si el demandado opusiere reconvención, lo hará precisamente al contestar la
demanda y nunca después. En el mismo escrito o comparecencia deberá ofrecer las pruebas que estime pertinentes. En este
caso, se dará traslado al actor para que esté en condiciones de contestar lo que a su derecho convenga y el Tribunal diferirá la
audiencia por un término no mayor de diez días, excepto cuando el reconvenido esté de acuerdo en proseguir el desahogo de
la audiencia. Artículo 183.- Si al iniciarse la audiencia no estuviere presente el actor y sí el demandado, se impondrá a aquél
una multa equivalente al monto de uno a diez días de salario mínimo de la zona de que se trate. Si no se ha pagado la multa
no se emplazará de nuevo para el juicio. Artículo 184.- Si al iniciarse la audiencia no estuvieren presentes ni el actor ni el
demandado, se tendrá por no practicado el emplazamiento y podrá ordenarse de nuevo si el actor lo pidiera. Lo mismo se
observará cuando no concurra el demandado y aparezca que no fue emplazado debidamente. Artículo 185.- El tribunal abrirá
la audiencia y en ella se observarán las siguientes prevenciones: I. Expondrán oralmente sus pretensiones por su orden, el
actor su demanda y el demandado su contestación y ofrecerán las pruebas que estimen conducentes a su defensa y
En efecto, las contiendas agrarias, como todas, se ventilaron
originalmente en oficinas ejecutivas y judiciales ordinarias. No había,
propiamente, un derecho agrario. La materia quedaba abarcada por
otras ramas del orden jurídico: la administrativa, para las relaciones
entre el poder público y los gobernados, y la civil, para las relaciones
entre particulares, en cuyo vasto conjunto figuraban los poseedores o

presentarán a los testigos y peritos que pretendan sean oídos; II. Las partes se pueden hacer mutuamente las preguntas que
quieran, interrogar los testigos y peritos y, en general, presentar todas las pruebas que se puedan rendir desde luego; III.
Todas las acciones y excepciones o defensas se harán valer en el acto mismo de la audiencia, sin sustanciar artículos o
incidentes de previo y especial pronunciamiento. Si de lo que expongan las partes resultare demostrada la procedencia de una
excepción dilatoria, el tribunal lo declarará así desde luego y dará por terminada la audiencia; IV. El magistrado podrá hacer
libremente las preguntas que juzgue oportunas a cuantas personas estuvieren en la audiencia, carear a las personas entre sí o
con los testigos y a éstos, los unos con los otros, examinar documentos, objetos o lugares y hacerlos reconocer por peritos; V.
Si el demandado no compareciere o se rehusara a contestar las preguntas que se le hagan, el tribunal podrá tener por ciertas
las afirmaciones de la otra parte, salvo cuando se demuestre que no compareció por caso fortuito o fuerza mayor a juicio del
propio tribunal; y VI.- En cualquier estado de la audiencia y en todo caso antes de pronunciar el fallo, el tribunal exhortará a las
partes a una composición amigable. Si se lograra la avenencia, se dará por terminado el juicio y se suscribirá el convenio
respectivo, el que una vez calificado y, en su caso, aprobado por el tribunal, tendrá el carácter de sentencia. En caso contrario,
el tribunal oirá los alegatos de las partes, para lo cual concederá el tiempo necesario a cada una y en seguida pronunciará su
fallo en presencia de ellas de una manera clara y sencilla. En caso de que la audiencia no estuviere presidida por el
magistrado, lo actuado en ella no producirá efecto jurídico alguno. Artículo 186.- En el procedimiento agrario serán admisibles
toda clase de pruebas, mientras no sean contrarias a la ley. Asimismo, el tribunal podrá acordar en todo tiempo, cualquiera que
sea la naturaleza del negocio, la práctica, ampliación o perfeccionamiento de cualquier diligencia, siempre que sea conducente
para el conocimiento de la verdad sobre los puntos cuestionados. En la práctica de estas diligencias, el tribunal obrará como
estime pertinente para obtener el mejor resultado de ellas, sin lesionar el derecho de las partes, oyéndolas y procurando
siempre su igualdad. Artículo 187.- Las partes asumirán la carga de la prueba de los hechos constitutivos de sus
pretensiones. Sin embargo, el tribunal podrá, si considerare que alguna de las pruebas ofrecidas es esencial para el
conocimiento de la verdad y la resolución del asunto, girar oficios a las autoridades para que expidan documentos, oportuna y
95
previamente solicitados por las partes; apremiar a las partes o a terceros, para que exhiban los que tengan en su poder; para
que comparezcan como testigos, los terceros señalados por las partes, si bajo protesta de decir verdad manifiestan no poder
presentarlos. Artículo 188.- En caso de que la estimación de pruebas amerite un estudio más detenido por el tribunal de
conocimiento, éste citará a las partes para oír sentencia en el término que estime conveniente, sin que dicho término exceda en
ningún caso de veinte días, contados a partir de la audiencia a que se refieren los artículos anteriores.

Artículo 189.- Las sentencias de los tribunales agrarios se dictarán a verdad sabida sin necesidad de sujetarse a reglas sobre
estimación de las pruebas, sino apreciando los hechos y los documentos según los tribunales lo estimaren debido en
conciencia, fundando y motivando sus resoluciones. Artículo 190.- En los juicios agrarios, la inactividad procesal o la falta de
promoción del actor durante el plazo de cuatro meses producirá la caducidad. Artículo 191.- Los tribunales agrarios están
obligados a proveer a la eficaz e inmediata ejecución de sus sentencias y a ese efecto podrán dictar todas las medidas
necesarias, incluidas las de apremio, en la forma y términos que, a su juicio, fueren procedentes, sin contravenir las reglas
siguientes: I. Si al pronunciarse la sentencia estuvieren presentes ambas partes, el tribunal las interrogará acerca de la forma
que cada una proponga para la ejecución y procurará que lleguen a un avenimiento a ese respecto; y II. El vencido en juicio
podrá proponer fianza de persona arraigada en el lugar o de institución autorizada para garantizar la obligación que se le
impone, y el tribunal, con audiencia de la parte que obtuvo, calificará la fianza o garantía según su arbitrio y si la aceptare
podrá conceder un término hasta de quince días para el cumplimiento y aún mayor tiempo si el que obtuvo estuviera conforme
con ella. Si transcurrido el plazo no hubiere cumplido, se hará efectiva la fianza o garantía correspondiente. Si existiera alguna
imposibilidad material o jurídica para ejecutar una sentencia relativa a tierras de un núcleo de población, la parte que obtuvo
sentencia favorable podrá aceptar la superficie efectivamente deslindada, en cuyo caso la sentencia se tendrá por ejecutada,
dejándose constancia de tal circunstancia en el acta que levante el actuario. En caso de inconformidad con la ejecución de la
parte que obtuvo sentencia favorable, se presentarán al actuario los alegatos correspondientes, los que asentará junto con las
razones que impidan la ejecución, en el acta circunstanciada que levante. Dentro de los quince días siguientes al levantamiento
del acta de ejecución, el tribunal del conocimiento dictará resolución definitiva sobre la ejecución de la sentencia y aprobará el
plano definitivo. Artículo 192.- Las cuestiones incidentales que se susciten ante los tribunales agrarios, se resolverán
conjuntamente con lo principal, a menos que por su naturaleza sea forzoso decidirlas antes, o que se refieran a la ejecución de
la sentencia, pero en ningún caso se formará artículo de previo y especial pronunciamiento sino que se decidirán de plano. La
conexidad sólo procede cuando se trate de juicios que se sigan ante el mismo tribunal y se resolverá luego que se promueva,
sin necesidad de audiencia especial ni otra actuación. Artículo 193.- El despacho de los tribunales agrarios comenzará
diariamente a las nueve de la mañana y continuará hasta la hora necesaria para concluir todos los negocios citados y que se
hayan presentado durante el curso del día, pudiendo retirarse el personal, cuando fueren cuando menos las diecisiete horas.
Respecto de los plazos fijados por la presente Ley o de las actuaciones ante los Tribunales Agrarios, no hay días ni horas
inhábiles. Artículo 194.- Las audiencias serán públicas, excepto cuando a criterio del tribunal pudiera perturbarse el orden o
propiciar violencia. Si en la hora señalada para una audiencia no se hubiere terminado el procedimiento anterior, las personas
citadas deberán permanecer hasta que llegue a su turno el asunto respectivo, siguiéndose rigurosamente para la vista de los
procedimientos el orden que les corresponda, según la lista del día que se fijará en los tableros del tribunal con una semana de
anterioridad. Cuando fuere necesario esperar a alguna persona a quien se hubiere llamado a la audiencia o conceder tiempo a
los peritos para que examinen las cosas acerca de las que hayan de emitir dictamen u ocurre algún otro caso que lo exija a
juicio del tribunal, se suspenderá la audiencia por un plazo no mayor a tres días. Artículo 195.- Para cada asunto se formará
un expediente con los documentos relativos a él y en todo caso, con el acta de la audiencia en la que se asentarán las
propietarios de tierras y los pretendientes de éstas. Al arribo de los
españoles a lo que sería la Nueva España -un arribo que fue la primera
invasión extranjera en esta porción del planeta-, comenzó la destrucción
del antiguo sistema de tenencia rural. Hubo, pues, una primera reforma
agraria vinculada a la conquista y colonización, como señala Víctor
Manzanilla Shaffer.
La colonización recurrió a dos expresiones indispensables de una
misma intención colonizadora: el dominio de la tierra, a partir de un
nuevo derecho que la repartiera y asignara, y el dominio del espíritu, a
partir de una evangelización que modificara las creencias, orientara la
conducta y propusiera su propia versión de la existencia: vida actual y
vida futura. La síntesis de esta reforma y de las otras que vendrían -con
el signo modernizador del liberalismo, en la segunda parte del siglo XIX-
hasta los años de la Revolución triunfante, fue una constante erosión de
los derechos indígenas. México ha sido país de dominaciones y
96
revoluciones. Unas y otras se expresaron en el foro de la cuestión
agraria, a tal punto que todas constituyeron sustancialmente, hasta el

actuaciones y se resaltarán los puntos controvertidos principales y se asentará la sentencia, suficientemente razonada y
fundada, así como lo relativo a su ejecución. Bastará que las actas sean autorizadas por el magistrado del tribunal y el
secretario o los testigos de asistencia en su caso; pero los interesados tendrán el derecho de firmarlas también, pudiendo sacar
copias de ellas, las cuales podrán ser certificadas por el secretario. El vencido en juicio que estuviere presente firmará en todo
caso el acta, a menos de no saber o estar físicamente impedido; si fuere posible se imprimirán sus huellas digitales. Artículo
196.- Los documentos y objetos presentados por las partes, les serán devueltos al terminar la audiencia sólo si así lo
solicitaran, tomándose razón de ello en el expediente, previa copia certificada que de los mismos se agregue a los autos. Si la
parte condenada manifestara su oposición a la devolución de las constancias, porque pretendiera impugnar la resolución por
cualquier vía, el tribunal, desde luego, negará la devolución y agregará las constancias en mérito a sus autos por el término
que corresponda. Artículo 197.- Para la facilidad y rapidez en el despacho, los emplazamientos, citatorios, órdenes, actas y
demás documentos necesarios, se extenderán de preferencia en formatos impresos que tendrán los espacios que su objeto
requiera y los cuales se llenarán haciendo constar en breve extracto lo indispensable para la exactitud y precisión del
documento. Artículo 198.- El recurso de revisión en materia agraria procede contra la sentencia de los tribunales agrarios que
resuelvan en primera instancia sobre: I.- Cuestiones relacionadas con los límites de tierras suscitadas entre dos o más núcleos
de población ejidales o comunales, o concernientes a límites de las tierras de uno o varios núcleos de población con uno o
varios pequeños propietarios, sociedades o asociaciones; II.- La tramitación de un juicio agrario que reclame la restitución de
tierras ejidales; o III.- La nulidad de resoluciones emitidas por las autoridades en materia agraria. Artículo 199.- La revisión
debe presentarse ante el tribunal que haya pronunciado la resolución recurrida dentro del término de diez días posteriores a la
notificación de la resolución. Para su interposición, bastará un simple escrito que exprese los agravios. Artículo 200.- Si el
recurso se refiere a cualquiera de los supuestos del artículo 198 y es presentado en tiempo, el tribunal lo admitirá en un término
de tres días y dará vista a las partes interesadas para que en un término de cinco días expresen lo que a su interés convenga.
Una vez hecho lo anterior, remitirá inmediatamente el expediente, el original del escrito de agravios, y la promoción de los
terceros interesados al Tribunal Superior Agrario, el cual resolverá en definitiva en un término de diez días contado a partir de
la fecha de recepción. Contra las sentencias definitivas de los Tribunales Unitarios o del Tribunal Superior Agrario sólo
procederá el juicio de amparo ante el Tribunal Colegiado de Circuito correspondiente. En tratándose de otros actos de los
Tribunales Unitarios en que por su naturaleza proceda el amparo, conocerá el juez de distrito que corresponda.

69
Los tribunales agrarios son los órganos federales dotados de plena jurisdicción y autonomía para dictar sus fallos, a los que
corresponde, en los términos de la fracción XIX del artículo 27 de la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, la
administración de justicia agraria en todo el territorio nacional.
70
Los tribunales unitarios, conocerán por razón del territorio, de las controversias que se les planteen con relación a tierras
ubicadas dentro de su jurisdicción, conforme a la competencia que les confiere este artículo.
siglo XX, una disputa sobre la tierra. De ahí que la poderosa erupción
social de 1910, cuyo factor profundo fue la reivindicación agraria -y un
poco menos la reivindicación política que enarboló Madero- diese al
traste con la organización agraria del porfiriato y con las instituciones del
Estado encargadas de preservarla.
Al salir de la escena los tribunales ordinarios, civiles o de amparo, era
necesario que una nueva figura jurídica -que sería, inexorablemente,
jurídico-política- tomara el lugar que dejaba vacante la jurisdicción
desacreditada. Esa nueva figura debía ser heredera del proyecto
revolucionario y de los caudillos del movimiento social mexicano. Por
razones que no me propongo explorar ahora, pero que son bien
conocidas para historiadores, políticos y juristas -y perfectamente
"sentidas" por el pueblo-, el relevo ocurrió en las manos del presidente
de la República. Si, éste sería el jefe natural de la corriente
revolucionaria, del partido en la que se concentraba y de las
97
instituciones construidas a partir de aquélla y con la colaboración de
éste, era también "natural y necesario" que tuviese un papel eminente
en la administración de los conflictos que determinaron el movimiento
armado. Conflictos políticos, ciertamente, pero con signo específico:
laborales y agrarios. Por ende, el presidente sería el heredero de
Emiliano Zapata, si se me permite la expresión, como reivindicador
inmediato de los derechos campesinos. Otro tanto ocurriría, con sus
propias modalidades, en la vertiente de la justicia laboral. Esa fue la
investidura agrarista del Ejecutivo en turno.
 Esta nueva forma de ver las cosas, que impuso un "modo" y "un estilo"
distintos, perduró mucho tiempo. Fue definitoria y decisiva de la gran
etapa de la reforma agraria entendida, primordialmente, como
distribución de tierras. En torno al presidente, eje de las decisiones
finales -en más de un sentido- y "suprema autoridad agraria", como dijo
la antigua fracción XIII del artículo 27 constitucional, giraban los órganos
auxiliares, con mayores o menores potestades. Esos órganos,
personajes de la complicada trama, con títulos adecuados para
intervenir en el proceso, fueron los gobernadores de los estados, el
departamento o Secretaría de la Reforma Agraria -que había sido
Departamento Agrario, o de Asuntos Agrarios y Colonización -, el cuerpo
consultivo, las centrales campesinas, las comisiones agrarias mixtas, los
comités particulares ejecutivos Y los comisariados ejidales. 71Así las
cosas, la Ley Federal de Reforma Agraria, establecía que la
dependencia encargada de aplicar las leyes agrarias lo era la Secretaria
de la Reforma Agraria y señalaba como autoridades agrarias las
siguientes:

El Presidente de la República, como suprema autoridad agraria, cuyas


resoluciones eran dictadas en acciones agrarias de dotación y
ampliación de tierras, bosques y aguas y en cuestiones de limites;
nuevos centros de población, restitución de tierras y reconocimiento y
98
titulación de bienes comunales.
Los Gobernadores de los Estados y el entonces jefe del departamento
del Distrito Federal tenían el carácter de autoridades máximas en
materia agraria en cada una de las entidades federativas y ponían fin en
primera instancia a expedientes relativos a dotación y ampliación de
tierras, bosques y aguas, además de otras funciones que les atribuía la
Ley Federal de Reforma Agraria;
La Secretaria de la Reforma Agraria, como la dependencia del Ejecutivo
Federal encargada de aplicar las leyes agrarias, concediéndole
atribuciones entre las que figuraban que su titular representaba al
Presidente de la República en los asuntos agrarios de su competencia y
ejecutar la política agraria, así como proponer la resolución de los
expedientes de restitución, dotación, ampliación de tierras, bosques y
aguas y creación de nuevos centros de población; Las Comisiones
71
http://tribunalesagrarios.gob.mx
Agrarias Mixtas, con “jurisdicción” en las entidades federativas;
integradas por un presidente, un secretario y tres vocales, con
atribuciones consistentes en substanciar los expedientes de restitución,
dotación y ampliación de tierras, bosques y aguas, así como juicios
privativos de derechos agrarios y nuevas adjudicaciones, dictaminando
en los expedientes que debían ser resueltos por el ejecutivo local y
resolver en los juicios privativos y nuevas adjudicaciones, así como
opinar sobre la creación de nuevos centros de población, de
expropiación de tierras, bosques y aguas ejidales o comunales y
resolver los conflictos parcelarios; el presidente de este órgano
colegiado era a la vez el delegado de la Secretaria de la Reforma
Agraria en el Estado respectivo.
El Cuerpo Consultivo Agrario, integrado por cinco consejeros agrarios
titulares y presidido por el secretario de la Reforma Agraria, era el
órgano colegiado encargado de dictaminar los expedientes que debían
99República o por el Secretario de la
ser resueltos por el Presidente de la
Reforma Agraria, así mismo, revisaba y autorizaba los planos proyectos
de localización correspondientes a los dictámenes que aprobaba;
además, resolvía los casos de inconformidad en materia de privación de
derechos agrarios resueltos en primera instancia por las comisiones
agrarias mixtas.
La Ley Federal de Reforma Agraria también contemplaba como
autoridad agraria a la entonces Secretaria de Agricultura y Recursos
Hidráulicos, a la cual le daba atribuciones que se referían a aspectos
meramente técnicos. De ese modo, la Ley Federal de Reforma Agraria,
de manera sustantiva y adjetiva a la vez, contenía los derechos de los
justiciables agrarios y contemplaba un procedimiento administrativo para
cada acción agraria, así por ejemplo teníamos que, en tratándose de
procedimientos agrarios de dotación, ampliación de tierras, bosques y
aguas y restitución de tierras comunales, el procedimiento era
biinstancial, cuya primera instancia se iniciaba de oficio o a petición de
parte en las comisiones agrarias mixtas y culminaba con el
mandamiento que dictaba el Gobernador de la entidad federativa
correspondiente, el cual, en caso de ser positivo, se ejecutaba
provisionalmente por dicho órgano colegiado y la segunda instancia se
iniciaba cuando el expediente era turnado al delegado agrario respectivo
el que emitía una opinión y lo remitía al cuerpo consultivo agrario para el
tramite subsecuente; por otro lado existían procedimientos agrarios
como el de reconocimiento y titulación de bienes comunales y nuevos
centros de población que eran un instánciales ante la Secretaria de la
Reforma Agraria, no interviniendo en este caso los ejecutivos locales. 72

Ante este panorama, los tribunales agrarios, permanecieron fuera de


la escena, con la salvedad relativa de los órganos de la justicia federal
de amparo, cuya intervención siguió la suerte oscilante y peculiar del
amparo agrario. Así las cosas, hubo
100con frecuencia solicitudes para el
establecimiento de tribunales en materia agraria. Un notable precedente
de esta pretensión se halla nada menos que, desde el Plan de Ayala,
que previó la existencia de "tribunales especiales que se establezcan al
triunfo de la Revolución ", ante los que llevarían sus reclamaciones "los
usurpadores que se consideren con derecho" a los bienes inmuebles
transmitidos a los campesinos despojados. A partir de ahí, con regular
frecuencia y acento diverso, hubo planteamientos en favor de los
tribunales. Fueron asunto de reuniones especializadas, como el Primer
Congreso Revolucionario de Derecho Agrario (México, 1959), el
Congreso Nacional Agrario (Toluca, 1959) y el VIII Congreso Mexicano
de Derecho Procesal (Jalapa, 1979). Esta corriente despuntó
discretamente, asimismo, en las reformas de 1992 al artículo 27
constitucional (fracción XIX).

72
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19, Centro de Estudios de Justicia Agraria “Dr.
Sergio Garcia Ramirez”, México 1998, pp. 81-92.
Al llegar 1992, el gobierno fraguaba la reforma constitucional en materia
agraria. Llegaban a ella tensiones y expectativas que se habían
desarrollado en los años previos. El proyectista resumió los datos que
sustentarían la reforma en un breve conjunto, sobre el que se montó la
exposición de motivos de la iniciativa de ese año: incremento general de
la población, destinataria final de una producción agrícola que debía ser
cada vez más abundante y oportuna; aumento de la población
campesina: no en números relativos -donde se presenta un decremento
drástico-, sino en números absolutos; agotamiento de la tierra
disponible; pulverización o atomización de las propiedades rurales o
áreas de tenencia; insuficiencias en la economía del campo;
incompetencia para afrontar las circunstancias y las demandas del
mundo globalizado. El efecto de esos factores se concentró, en una
palabra: injusticia.
 Estos fueron algunos precedentes del movimiento favorable a la
101
judicialización de las controversias agrarias, que finalmente se acogió en
la reforma constitucional de 1992. De ésta y de sus normas
reglamentarias provinieron los tribunales agrarios, cuya instalación se
inició en abril, mayo y junio de ese mismo año. Debo mencionar algunos
de los problemas que entonces gravitaron sobre las preocupaciones de
los magistrados, atareados en los pasos iniciales del Tribunal Superior
Agrario. Obviamente, menudeaban los motivos de inquietud: desde
políticos -prestancia e independencia de los tribunales- y administrativos
-el sustento mismo del organismo judicial, en condiciones adecuadas-,
hasta jurídicos -la debida aplicación de las nuevas disposiciones-, en
forma consecuente con la realidad que habrían de regular: no una mera
hipótesis, producto de la elucubración, la ilusión o el buen deseo, sino
una realidad específica y estricta, el campo mexicano, sus condiciones,
circunstancias y exigencias.
No hay verdadero tribunal sin independencia. Lo proclama el artículo 17
de la Constitución, lo afirman los tratados internacionales de los que
México es parte y lo asegura -sobre todo- la razón. Los rasgos
definitorios de un órgano judicial que merezca ese nombre, en una
sociedad democrática, son independencia, autonomía y competencia. Y
no existía costumbre de independencia en el largo trayecto recorrido
desde los años de la Revolución triunfante e institucionalizada hasta
1992, fecha del establecimiento de los tribunales.
Debo explicarme: no estoy afirmando que el quehacer de los
funcionarios agrarios haya sido mal encaminado por la directiva superior
o la consigna política. Lo que haya ocurrido en este sentido debe
analizarse casuísticamente, para hacer las precisiones y los deslindes
que correspondan. Lo que estoy diciendo es que no había "experiencia
de tribunales" en materia agraria, porque todo el poder, toda la
autoridad, todas las atribuciones se habían retenido en una sola rama
102
del Estado, la ejecutiva, y se carecía de actuación jurisdiccional agraria,
con la salvedad ya dicha a propósito del control de amparo. En este
sentido era necesario, pues, construir una organización de tribunales y
una "costumbre de independencia".73
La nueva Ley Agraria promulgada el 23 de febrero de 1992, publicada
en Diario Oficial de la Federación el 26 del mismo mes y año, y
reformada por decreto de 30 de junio de 1993, publicado en el mismo
órgano informativo del 9 de julio del mismo año, regula un solo
procedimiento para resolver todas las controversias agrarias; definiendo
el artículo 163 de dicha ley que son juicios agrarios los que tienen por
objeto substanciar, dirimir y resolver las controversias que se susciten
con motivo de la aplicación de las disposiciones contenidas en esta ley.

En cumplimiento a la fracción XIX del artículo 27 constitucional y


como complemento ineludible de la Nueva Ley Agraria, el 23 de febrero
73
http://tribunalesagrarios.gob.mx, Óp. cit.
de 1992 se promulgo la Ley Orgánica de los Tribunales Agrarios,
reformada por decreto de 30 de junio de 1993, el cual establece que los
Tribunales Agrarios son los órganos federales dotados de plena
jurisdicción y autonomía para dictar sus fallos a los que corresponde por
mandato constitucional la administración de justicia agraria en todo el
territorio nacional. Conforme a dicha ley orgánica, los Tribunales
Agrarios se componen de un Tribunal Superior Agrario y Tribunales
Unitarios Agrarios. La misma ley orgánica previno en sus artículos
segundo y tercero transitorios, que el Tribunal Superior Agrario quedaría
constituido dentro de los treinta días siguientes al entrar en vigor y una
vez constituido, dentro de los tres meses siguientes se debería expedir
el reglamento interior y determinar el número y competencia territorial de
los distritos en que se dividiría el territorio de la república mexicana, a fin
de que el ejecutivo federal propusiera a la Cámara de Senadores o a la
comisión permanente, una lista de candidatos para Magistrados de los
Tribunales Agrarios. El 1º. De abril103
de 1992 quedo constituido el Tribunal
Superior Agrario, este nuevo órgano colegiado llevo adelante diversas
tareas preparatorias del pleno ejercicio de la justicia agraria, definidas
por los mandamientos que lo sustentaban: expidiendo el reglamento
interno y dividiendo la república en distritos de justicia agraria; el
reglamento interno se expidió originalmente por acuerdo del Tribunal
Superior Agrario de 8 de mayo de 1992, habiendo sido reformado por
acuerdo del propio Tribunal el 12 de julio de 1993; el Tribunal Superior
Agrario inicio sus funciones de carácter jurisdiccional el 8 de julio de
1992 y en el curso del mes de agosto quedaron establecidos e iniciaron
sus tareas 34 Tribunales unitarios. El Tribunal Superior Agrario tiene su
sede en el Distrito Federal y se integra por cinco Magistrados
numerarios y un supernumerario, su presidente es nombrado por el
pleno del propio tribunal y dura en su encargo tres años, pudiendo ser
reelecto. El tribunal superior agrario toma sus resoluciones en forma
colegiada por unanimidad o mayoría de votos y para que la sesión sea
válida se requiere la presencia de cuando menos tres magistrados entre
los cuales debe de estar el presidente quien tiene voto de calidad en
caso de empate, las atribuciones y competencia de este tribunal superior
se contemplan en los artículos 8º., 9º. Y 10 de la ley orgánica de los
tribunales agrarios; cada magistrado del tribunal superior cuenta con los
secretarios de estudio y cuenta que fije el propio tribunal atendiendo a
las previsiones presupuestales, así mismo este tribunal superior cuenta
además con la secretaria general de acuerdos, la oficialía mayor, la
contraloría interna, la dirección general de asuntos jurídicos, así como
centros y unidades de informática, de publicaciones, de justicia agraria y
capacitación. Por su parte cada tribunal unitario agrario, estará a cargo
de un magistrado numerario y cuenta con las siguientes unidades
administrativas y servidores públicos: uno o varios secretarios de
acuerdos, secretarios de estudio y cuenta, actuarios, unidad jurídica,
unidad de control de procesos y 104
unidad administrativa; para suplir las
faltas temporales de los magistrados habrá cuando menos cinco
magistrados supernumerarios que revisaran las funciones que les
asigne el tribunal superior.

Como ha quedado señalado anteriormente, el artículo 163 de la Ley


Agraria, define que son juicios agrarios los que tienen por objeto
substanciar, dirimir y resolver las controversias que se susciten con
motivo de la aplicación de las disposiciones contenidas en dicha ley;
conforme a la ley agraria, el juicio agrario es simple, sumario, ágil,
conciso, regido por los principios de legalidad, instancia de parte,
igualdad entre las partes, defensa material, verdad material, oralidad,
celeridad, concentración, publicidad, inmediación, conciliación,
congruencia, probidad e impulso procesal; de acuerdo a la ley, el juicio
se desarrolla para culminar en un término perentorio, en tres actos que
son: Demanda; audiencia de ley(contestación- ofrecimiento, admisión,
desahogo de pruebas y alegatos); Sentencia; sin embargo, dada la
peculiaridad y característica de los asuntos que se plantean ante estos
tribunales, son excepcionales los casos que se resuelvan en estos tres
actos, tomando en consideración las pruebas que ofrecen las partes o
documentos que deban ser allegados al juicio, como es el caso de los
asuntos de restitución de tierras y conflicto por limites, en los que la
prueba idónea lo es desde luego la prueba pericial en topografía que
generalmente es ofrecida por las partes, misma que se desarrolla en los
términos del Código Federal de Procedimientos Civiles de aplicación
supletoria, trabajos de campo que son en la mayoría de los casos,
vastos, detallados y engorrosos.

Vale recordar que la ley agraria es sustantiva y adjetiva a la vez, y que


escapan a ella diversas cuestiones tanto sustantivas como adjetivas, por
tanto, en lo no previsto en la ley agraria, son de aplicación supletoria de
acuerdo con el artículo 2º. De dicha ley, la legislación civil federal y en
105
su caso mercantil, según la materia de que se trate; para el ejercicio de
los derechos de propiedad a que se refiere esta ley en lo relacionado
con el aprovechamiento urbano y el equilibrio ecológico, se ajustara a lo
dispuesto en la ley General de Asentamientos Humanos, la Ley del
Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente y demás leyes
aplicables.

A la luz de todo lo anterior, es fácil advertir que los tribunales agrarios


poseen todas las características para convertirse en Tribunales de
constitucionalidad – convencionalidad y de legalidad, pues son órganos
especializados y tienen un tribunal superior que actúa y toma decisiones
terminales en forma colegiada; puede conceder la suspensión del acto y
proveer sobre demás medidas precautorias; actúa en base a la fracción
XIX del artículo 27 constitucional, tiene como ley orgánica supletoria la
ley orgánica del poder judicial de la federación; tiene presencia en todo
el territorio nacional a través de sus tribunales unitarios agrarios, puede
conocer y resolver de asuntos relativos a los derechos fundamentales y
humanos de los justiciables agrarios, aunque actualmente se resista a
jugar el rol del control difuso – concreto e Inter partes - y solo se
pronuncie sobre cuestiones de legalidad que afecten a dichos sujetos;
tiene facultad de atracción; conoce y resuelve asuntos como ultima ratio
agraria; Conoce y resuelve asuntos del rezago histórico agrario, por
mandato constitucional puede formar su propia jurisprudencia por
reiteración, contradicción y modificación; y lo más importante, como ya
se ha dicho, es un órgano federal dotado de plena jurisdicción y
autonomía para conocer y dictar sus fallos, según se lo ordena el
artículo 27 constitucional.

A la luz del principio de plena jurisdicción aquí expuesto, del contenido


del artículo 1º. Párrafo primero de nuestra ley fundamental, relativo al
goce de los derechos humanos de todas las personas y de las
106
“garantías” para su protección (mecanismos procesales constitucionales,
civiles, laborales, familiares, etc.) y de la disposición convencional
contenida en los artículos 8º., y 25 de la CADH, relativos a las garantías
judiciales y a la protección judicial y sobre todo a la exigencia para que
en los sistemas normativos internos se cuente con un recurso sencillo y
eficaz para la defensa y protección de los derechos humanos, es que
debe de nacer el procedimiento preferente y sumario en sede agraria,
para el conocimiento y solución de las violaciones a derechos humanos
en esta materia, para que asuntos como el de la separación temporal
de voz y voto, impedimento para la asistencia a asambleas ejidales y
comunales, separación definitiva de ejidatarios y comuneros, entre otros
más, aquí reseñados, puedan plantearse y resolverse preferente y
sumariamente, a través de dicho procedimiento y, no entren al
procedimiento ordinario agrario, en el cual ante la magnitud de la
violación de derechos, dicho proceso ordinario agrario resulta altamente
ineficaz, llegando al extremo de que termina la suspensión temporal de
derechos agrarios o el impedimento de asistencia e intervención en las
asambleas y el juicio agrario aún sigue sin visos de ser resuelto.

Respecto a las garantías judiciales y la protección judicial, la


jurisprudencia de la corte interamericana de derechos humanos, ha sido
muy enfática en señalar que: “la línea jurisprudencial de la Corte
confirma que si bien el artículo 8 de la Convención Americana se titula
‘Garantías Judiciales’, su aplicación no se limita a los procesos judiciales
en sentido estricto, “sino [al] conjunto de requisitos que deben
observarse en las instancias procesales”, 74 a efecto de que las personas
puedan defenderse adecuadamente ante cualquier tipo de acto
emanado del Estado que pueda afectar sus derechos. 75 Esas otras
instancias procesales pueden comprender aquellas en las que se
determinan derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de
cualquier otro carácter. De manera que la amplitud en el desarrollo de
107
este artículo se justifica también en la citada interpretación del Tribunal
según la cual las garantías del artículo 8 superan los casos tradicionales
de la jurisdicción penal e incluso los procesos estrictamente judiciales”.
La jurisprudencia de la Corte Interamericana ha sido constante al
señalar que las “garantías judiciales” del artículo 8 se refieren a las
exigencias del debido proceso legal, así como al derecho de acceso a la
justicia. De esta manera, para que en un proceso existan
verdaderamente las garantías judiciales –también conocidas como
garantías procesales–, es preciso que se observen todos los requisitos
que “sirv[a]n para proteger, asegurar o hacer valer la titularidad o el
ejercicio de un derecho”,76 es decir, las “condiciones que deben
cumplirse para asegurar la adecuada defensa de aquellos cuyos
74
Corte IDH. Garantías judiciales en Estados de Emergencia (arts. 27.2, 25 y 8 Convención Americana sobre Derechos
Humanos). Opinión Consultiva OC-9/87 del 6 de octubre de 1987. Serie A No. 9, párr. 27, y Caso del Tribunal Constitucional
vs. Perú. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia de 31 de enero de 2001. Serie C No. 71, párr. 69.
75
Ibidem, párrs. 69 y 70.
76
Corte IDH. Caso Hilaire, Constantine y Benjamin y otros vs. Trinidad y Tobago, óp. cit., párr. 147, y Caso Mohamed vs.
Argentina, Óp. cit., párr. 80.
derechos u obligaciones están bajo consideración judicial”. 77 De
acuerdo con el Tribunal, “[l]os principios y actos del debido proceso legal
constituyen un conjunto irreductible y estricto que puede ampliarse a la
luz de nuevos avances en el Derecho de los derechos humanos”. 78

En cuanto al principio de plena jurisdicción de que están dotados los


tribunales agrarios, sirven de orientación los siguientes criterios
jurisprudenciales mexicanos.79

TRIBUNALES AGRARIOS. ESTÁN OBLIGADOS A PROVEER DE OFICIO LA


EFICAZ E INMEDIATA EJECUCIÓN DE SUS SENTENCIAS.

El cabal cumplimiento de las sentencias emitidas por los tribunales agrarios


es de orden e interés público, de conformidad con lo establecido en los
artículos 27, fracciones VII y XIX, y 17 constitucionales, pues el primero,
instituye el beneficio de la garantía social a la población campesina, y
salvaguarda, en su fracción VII, la propiedad sobre la tierra perteneciente a los
grupos de población ejidal y comunal, reconociéndoles personalidad jurídica y
la oportunidad legal de defender sus108
derechos. Para garantizar la seguridad
jurídica y la impartición de justicia en materia agraria, entre otros aspectos, el
Constituyente, a través de la fracción XIX, reguló la creación de los tribunales
federales agrarios, de plena jurisdicción, dotados de autonomía para resolver,
con apego a la ley, de manera expedita, los conflictos agrarios. Por su parte, el
artículo 17 de nuestra Carta Magna, dispone que los tribunales están
obligados a impartir justicia de manera pronta y expedita, sustanciando los
asuntos dentro de los plazos y términos legales, y que las leyes federales y
locales deben establecer los medios necesarios para que se garantice la plena
ejecución de las resoluciones. La vinculación de ambas disposiciones lleva a
concluir que, por la importancia del principio social establecido
constitucionalmente, se impone la obligación para el tribunal jurisdiccional
que emite una resolución en materia agraria, de vigilar, de oficio, su íntegro

77
Corte IDH. Opinión Consultiva OC-9/87, Óp. cit., párr. 28, y Caso Mohamed vs. Argentina, Óp. cit., párr. 80.
78
Corte IDH. Condición Jurídica y Derechos Humanos del Niño. Opinión Consultiva OC-17/02 del 28 de agosto de 2002.
79
Época: Novena Época Registro: 180430 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente:
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo XX, Septiembre de 2004 Materia(s): Administrativa Tesis: IV.2o.A.92 A
Página: 1896
cumplimiento, la cual se justifica plenamente si se toma en consideración que
ello reviste gran trascendencia para la vida jurídica institucional del país, no
sólo por el interés social que existe para que la verdad legal prevalezca en
aras de la concordia, tranquilidad y seguridad de los campesinos, sino porque,
esencialmente, constituye una forma de hacer imperar el mandato de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, previsto en el aludido
artículo 27, que es el sustento y finalidad de la organización del sector
campesino y rural de nuestro país. Tan es así que, el artículo 191 de la Ley
Agraria prevé que los tribunales agrarios están obligados a proveer a la eficaz
e inmediata ejecución de sus sentencias y a ese efecto podrán dictar todas las
medidas necesarias, incluidas las de apremio, en la forma y términos que, a su
juicio, fueren procedentes. En ese contexto, se concluye que los preceptos
indicados sustentan la imperiosa necesidad jurídica de que la sentencia
agraria sea plenamente cumplida, y que el tribunal agrario que la emitió esté
constreñido a vigilar, de oficio, que las partes la acaten, a proveer su eficaz e
inmediata ejecución, a fijar sus alcances, a determinar quiénes están
vinculados con su acatamiento, y en su momento, a emitir la resolución
fundada y motivada que la declare cumplida.
109
TRIBUNALES CIVILES. CARECEN DE COMPETENCIA CONSTITUCIONAL
PARA DETERMINAR LA NATURALEZA EJIDAL O DE PEQUEÑA PROPIEDAD
DE TIERRAS EN DISPUTA POR UN EJIDO.

Las actuaciones de las autoridades jurisdiccionales civiles en las que se


determine que las tierras que posee un núcleo de población no formaron parte
de la dotación del ejido, son nulas de pleno derecho, pues en términos de lo
dispuesto por el artículo 17 del Código Federal de Procedimientos Civiles, de
aplicación supletoria a la Ley de Amparo "Es nulo de pleno derecho lo actuado
por el tribunal que fuere declarado incompetente, salvo disposición contraria a
la ley.". En efecto, los Jueces del orden común son incompetentes para
dilucidar cuestiones relativas a la tenencia de las tierras ejidales o comunales,
pues ello es competencia de los tribunales administrativos del fuero federal,
los que están dotados de autonomía para resolver los asuntos relativos a la
tenencia de tierras ejidales o comunales y las controversias que con ellos se
susciten, tal como se desprende de lo dispuesto por el artículo 27, fracción
XIX, párrafo segundo, de la Constitución Federal, competencia que recae
específicamente en los Tribunales Unitarios Agrarios, en términos de lo
previsto por el artículo 18, fracciones I y V, de la Ley Orgánica de los
Tribunales Agrarios. En este contexto, la resolución emitida por un Juez de
primera instancia del orden común, y confirmada por la Sala Civil de
apelación, en la que determinaron la naturaleza de las tierras en conflicto,
resulta nula de pleno derecho y, por ende, no resulta oponible al ejido que
resulte ser tercer extraño al juicio civil. Incluso cuando el núcleo de población
hubiera sido parte en aquel procedimiento, de cualquier forma, prevalecería la
incompetencia material de los tribunales civiles, pues la competencia es una
situación improrrogable de orden público y que las propias autoridades se
encuentran obligadas a cumplir.80

3.4. PRINCIPIO DE LEGALIDAD.

La legalidad domina en el enjuiciamiento moderno, esta regla


110 del sistema jurídico. Quiere decir
prevalece, así mismo, en otros órdenes
que el proceso y los restantes datos del régimen procesal se hallan
gobernados por la ley, no por la voluntad del juzgador o de las partes,
salvo que la ley misma autorice la función integradora de los órganos
jurisdiccionales. Esto no significa, desde luego, que la solución al litigio
deba obtenerse siempre al través del proceso; existe un amplio campo
para la composición, pero también esta se haya sujeta a normas que
determinan cuales son las cuestiones disponibles para los litigantes – la
materia de la composición – y en qué forma debe practicarse y
concretarse el entendimiento extraprocesal eficaz. Bajo la legislación
anterior – la agraria – campeo, extensamente, la indisponibilidad de
ciertos derechos agrarios fundamentales, que no existe más, por ello

80
Época: Novena Época Registro: 185622 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente:
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo XVI, Octubre de 2002 Materia(s): Administrativa Tesis: III.2o.A.101 A
Página: 1470.
entonces fue relativamente reducido el ámbito de la compilación –
composición- entre los particulares; hoy en contraste, es muy amplio 81.

Así, de este principio podemos decir que consiste en que los Tribunales
Agrarios, basan su actuación prima facie, en las facultades que les
otorga la Ley Agraria, la Ley Orgánica de los Tribunales Agrarios, el
Reglamento Interior de los Tribunales Agrarios, la legislación civil federal
y en su caso la mercantil y las otras que hemos mencionado como
supletorias y, que sus actos van a ser validos cuando se funden en
estas normas legales y se ejecuten de acuerdo con lo que ellas
prescriban.

Mas, sin embargo, debemos insistir, en que estos tribunales, en su


actuación, deben tener como parámetro los preceptos constitucionales,
tanto los esenciales como los adjetivos o procesales, así como los
preceptos convencionales en materia de derechos humanos, según los
tratados internacionales firmados y111
ratificados por el estado mexicano y
recepcionados por nuestra constitución política de los estados unidos
mexicanos.

En efecto, dichos Tribunales están obligados a llenar los requisitos que


señala la ley agraria vigente; a la vez, a cumplir con las formalidades
esenciales del procedimiento que prevén los artículos 164, 170 a 173,
176, 178 a 180 y 183 al 200 82 de la legislación en comento, es decir,
antes de pronunciar el fallo definitivo deberán aplicar lo concerniente al
debido proceso, garantizar el acceso real, efectivo, imparcial y gratuito a
la justicia y satisfacer todos aquellos requisitos que permitan a las
partes la posibilidad de ser oídas en defensa de sus derechos; de tal
suerte que los tribunales agrarios están obligados a respetar las
garantías de juez competente, mandamiento escrito, fundado y
81
GARCIA RAMIREZ SERGIO; “Principios del Procedimiento Agrario Ordinario”, Óp. cit. Pág. 499. El presente extracto de
dicha publicación, se refiere al Principio de Legalidad .
82
Ad Supra; pp. 103 a 106.
motivado, audiencia, defensa e igualdad procesal, poniendo a salvo al
gobernado agrario de todo acto de autoridad arbitrario que no esté
basado en norma legal alguna o bien que contrarié a nuestra ley
fundamental.

En este espacio me parece importante traer a cuentas las figuras


jurídicas procesales a que se refiere el Magistrado Sergio Luna
Obregón, a efecto de organizar y sustanciar debidamente el proceso
agrario, en el marco del debido proceso legal y de la tutela jurisdiccional
efectiva, o sea, atendiendo la trascendencia de las figuras en la calidad
y eficiencia operativa en el derecho procesal y el contenido sustantivo de
derecho social que atendemos – refiriéndose a los magistrados que
como él se desempeñan en los tribunales agrarios – como elemento
necesario para la conducción del juicio que les toca dirimir. Las figuras
jurídicas procesales a que se refiere este jurista son las siguientes: “1.
La admisión de la demanda o auto “cabeza del proceso”. Presupuestos
112
procesales; Legitimación Activa y Pasiva; Aclaración; Requerimiento de
pruebas; Preparación de la audiencia 2. Los plazos prejudiciales y
judiciales prorrogables, improrrogables y fatales; 3. El emplazamiento
Personal, por interpósita persona y edictos; 4. Las notificaciones
personales, por cedula o por interpósita persona, por lista, por rotulón; 5.
Las medidas precautorias y la suspensión, Aplicabilidad normativa,
Alcances y limitaciones, Finalidades; 6. Los incidentes. Nominados –
Innominados. Resolución de Plano, de previo y especial
pronunciamiento y de especial pronunciamiento, en juicio y fuera de
juicio; 7. La caducidad de la Instancia, Por inactividad procesal, por
desistimiento de la instancia o de la acción, Por desaparición de la
materia del juicio; 8. La interrupción y la suspensión del juicio agrario,
casos y aplicabilidad normativa; 9. La audiencia de ley, Naturaleza y
contenido, sumaria defensa letrada, Reconvención, fijación de la materia
del juicio y conformidad de las partes, amigable composición, pruebas,
alegatos y Sentencia; 10. práctica, ampliación y perfeccionamiento de
pruebas, de oficio y acuerdo para mejor proveer, facultad de preguntar y
carear; 11. La ejecución de sentencia, de oficio, avenencia, fianza
forzosa. Incidente de liquidación de sentencia, variación de condena en
tierras; 12. Recurso de revisión; 13. Terminación del juicio. Archivo.
Sentencia firme. Cosa Juzgada. 14. Impedimentos, excusas y
recusación con causa. Tribunal competente, independiente e imparcial
(artículos 13 y 14, además del 27, fracción XIX de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos y 8.1 de la Convención
Interamericana de Derechos Humanos. 83 Todo lo anterior lo deberá tener
en cuenta el tribunal agrario, según el caso concreto que se le plantee,
so pena de contravenir el principio de legalidad, mismo que si se trata de
actos intra procesales, de ejecución de sentencias o de conflictos
transitorios en donde estén involucradas tierras y derechos de ejidos o
comunidades, podrá reclamarse en amparo indirecto en contra de la
113 Agrario quien es el que conoce
sentencia que dicte el Tribunal Superior
de estos asuntos transitorios y si se trata de resoluciones y sentencias
que pongan fin al juicio dictadas por los tribunales unitarios agrarios e
incluso por el mismo tribunal superior agrario en asuntos distintos a los
transitorios, se reclamara la violación de este principio en amparo
directo, lo que se dice a pesar de que este trabajo mira precisamente a
que se controle dicho principio en su arista constitucional y convencional
en la instancia agraria, más sin embargo no puede soslayarse lo que
actualmente acontece ni tampoco puede desconocerse la procedencia
del amparo agrario según el acto que pretenda reclamarse en esta
materia.

Al respecto y a efecto de dejar bien sentado la relación de este principio


de legalidad con los preceptos constitucionales aquí señalados y con las

83
Revista de los Tribunales Agrarios; Tribunal Superior Agrario, Segunda Época, año XI, julio – septiembre, No. 67. Óp. cit. Pp.
85-86. Léase el articulo del Magistrado SERGIO LUNA OBREGON, intitulado: “Figuras Jurídicas Procesales en el Juicio
Agrario y su eficacia manifiesta en el Debido Proceso”.
garantías del debido proceso también aquí abordadas, se transcribe el
contenido de la siguiente tesis jurisprudencial que tiene aplicación al
caso, misma que es del rubro siguiente:

“Principio de interpretación de la ley conforme a la constitución”. Del


principio de interpretación de la ley conforme a la constitución política de los
Estados Unidos Mexicanos, exige del órgano jurisdiccional optar por aquella
de la que derive un resultado acorde al texto supremo, en caso de que la
norma secundaria sea obscura y admita dos o más entendimientos posibles.
Así el juez constitucional, en el despliegue y ejercicio del control judicial de la
ley, debe elegir, de ser posible, aquella interpretación mediante la cual sea
factible preservar la constitucionalidad de la norma impugnada, a fin de
garantizar la supremacía constitucional y, simultáneamente permitir una
adecuada y constante aplicación del orden jurídico”. 84 En cuanto a la

aparente restricción para el juez ordinario al referirse esta tesis


jurisprudencial al juez constitucional, cabe aclarar por de pronto, que
virtud a la reforma constitucional en materia de derechos humanos de
114
junio de 2011, todos los jueces ordinarios nacionales, son jueces de
convencionalidad difusa, según mandato expreso del párrafo tercero del
artículo 1º., de la constitución federal, mismo que al igual que el artículo
133 de la propia ley fundamental, serán analizados con mayor
detenimiento en el capítulo respectivo de este comunicado.

Los siguientes criterios jurisprudenciales nos ayudaran a entender un


poco más el contenido esencial de este principio de legalidad.

Época: Novena Época Registro: 205143 Instancia: Tribunales Colegiados de


Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Semanario Judicial de la Federación y
su Gaceta Tomo I, Junio de 1995 Materia(s): Administrativa Tesis: V.1o.2 A
Página: 558.

TRIBUNAL UNITARIO AGRARIO. SE ENCUENTRA IMPEDIDO PARA REVOCAR


SUS PROPIAS DETERMINACIONES.

84
Vid. Tesis jurisprudencial de la 9ª., Época; Segunda Sala. SJF. Y su Gaceta; tomo XXXII, diciembre de 2010, pág. 646.
2ª.,/j.176/2010.
Se infringen las normas del procedimiento que rigen al juicio agrario, mismas
que el Tribunal responsable está obligado a observar como lo ordena el
artículo 164 de la Ley Agraria, cuando en la audiencia del juicio, habiéndose
tenido por ciertas las manifestaciones hechas por los actores en su demanda
ante la incomparecencia del demandado, el Tribunal responsable deja sin
efecto aquella determinación mediante un proveído posterior, vulnerándose
con ello en forma directa las garantías del debido proceso y de legalidad
contenidas en los artículos 14 y 16 constitucionales, cuenta habida que las
autoridades administrativas se encuentran imposibilitadas jurídicamente para
revocar sus propias resoluciones cuando deciden una controversia, conforme
al criterio jurisprudencial número 1630, publicado a fojas 2627, del Apéndice al
Semanario Judicial de la Federación 1917-1988, Segunda Parte, de rubro:
"RESOLUCIONES ADMINISTRATIVAS, REVOCACION DE LAS."

Es oportuno mencionar que el contenido de este principio de legalidad,


sin duda, debe tenerse en cuenta también al sustanciarse los
procedimientos de conciliación, arbitraje, queja y recomendaciones para
el respeto y protección de los 115derechos humanos en sede de la
procuraduría agraria, pues aun y cuando la jurisprudencia ha estimado
que para efectos del amparo, esta institución no puede ser considerada
como autoridad responsable por carecer este organismo de facultades
de ejecución, es indudable que en los mencionados procedimientos de
conciliación, arbitraje, queja y recomendaciones, no debe desatender ni
mucho menos contrariar, lo establecido en la ley, reglamentos,
lineamientos y demás ordenamientos legales establecidos en materia
agraria, incluidos desde luego, los ordenamientos legales a que se
refiere el artículo 2º., de la ley de la materia.

La procuración de justicia para los hombres y mujeres del campo no es


una invención o preocupación nueva; tiene sus antecedentes en la
época colonial, cuando el Protector Fiscal era responsable de pedir la
nulidad de las composiciones de tierras que los españoles hubieren
adquirido de indios, en contra de las cédulas reales y ordenanzas o con
algún otro título vicioso.

En 1847, en el estado de San Luis Potosí se creó, por disposición de


Ley del Congreso del Estado, la Procuraduría de los Pobres, que
asistía no sólo a los campesinos, sino también a las personas
desvalidas, denunciando las irregularidades ante las autoridades
competentes y solicitando la inmediata reparación sobre algún exceso
en cualquier orden.

En este siglo, por decreto del 17 de abril de 1922 se constituyó una


Procuraduría de Pueblos, dependiente de la Comisión Nacional Agraria
“para patrocinar a los pueblos que lo desearen, gratuitamente, en sus
gestiones de dotación o restitución de ejidos".

Posteriormente, en 1953, por decreto Presidencial se integró la


Procuraduría de Asuntos Agrarios, con el objetivo de asesorar
gratuitamente a los campesinos a116
petición de parte, a los solicitantes de
tierras y aguas, y a los campesinos que hubieren sido dotados de las
mismas, en los problemas jurídicos, administrativos, etc., que se
suscitaran con motivo de sus gestiones o de la defensa de sus
legítimos intereses.

Luego se creó la Dirección General de Inspección, Procuración y


Quejas y, después, con la creación de la Secretaría de la Reforma
Agraria y con el Reglamento Interior publicado en el Diario Oficial de la
Federación el 7 de abril de 1989, se regularon en el artículo 17 las
atribuciones de la Dirección General de Procuración Social Agraria, que
tenía entre otras funciones las siguientes:

Atender las demandas planteadas por particulares ejidatarios y


comuneros, con motivo de presuntas violaciones a la legislación agraria
que lesionen los derechos de los promoventes.
Intervenir por la vía conciliatoria en la solución de las controversias que
se susciten entre ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios,
practicar las investigaciones y diligencias necesarias para comprobar
los hechos relacionados con divisiones, fraccionamientos,
transmisiones y acaparamiento de predios.

Como resultado de las Reformas al Artículo 27 Constitucional y la


promulgación de la Ley Agraria, se creó la Procuraduría Agraria, como
un Organismo Descentralizado de la Administración Pública Federal,
con personalidad jurídica y patrimonio propios. Se encarga de asesorar
a los campesinos en sus relaciones jurídicas y orientarlos respecto de
sus derechos y la forma de ejercerlos. 

La Procuraduría Agraria es una institución de servicio social de la


Administración Pública Federal, dedicada a la defensa de los derechos
de los sujetos agrarios, brinda servicios de asesoría jurídica, arbitraje
agrario y representación legal, promueve
117 la conciliación de intereses, la
regularización de la propiedad rural y el fortalecimiento de la seguridad
jurídica en el campo. Fomenta la organización agraria básica para la
producción y mejor aprovechamiento de sus tierras y recursos
naturales, a través de las acciones que coadyuvan al desarrollo rural
sustentable y al bienestar social.85

Cabe destacar también, que la procuraduría agraria, a través del


servicio de representación legal, es fiel defensora de los derechos
fundamentales y humanos de los sujetos agrarios, cuando a estos se
les pretenden vulnerar o se les han vulnerado, pudiendo incluso,
promover el juicio de amparo en nombre de los sujetos agrarios que
defiende.86 y puede en consecuencia, promover y agotar todos los
85
www.pa.gob.mx/pa/conoce/conoce/html, consulta realizada el día 28 de agosto de 2016, 2;14 horas.
86
Época: Novena Época
Registro: 169744
Instancia: Segunda Sala
Tipo de Tesis: Jurisprudencia
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
Tomo XXVII, Mayo de 2008
Materia(s): Administrativa
recursos establecidos en la ley de amparo en busca de lograr la
protección constitucional y convencional hasta en la última instancia.

Debe señalarse también que la procuraduría agraria, puede intervenir


de oficio o a petición de parte en la regularidad de la aplicación y
observancia de la ley agraria, a efecto de que las autoridades
operadoras del sector agrario se sujeten estrictamente al cumplimiento
de la ley y de los reglamentos en materia agraria, pudiendo incluso,
prevenir y denunciar la violación de las leyes agrarias e instar a las
autoridades agrarias a la realización de funciones a su cargo y emitir
las recomendaciones que considere pertinentes; estudiar y proponer
medidas encaminadas a fortalecer la seguridad jurídica en el campo;
denunciar el incumplimiento de las obligaciones o responsabilidades de
los funcionarios agrarios o de los empleados de la administración de la
justicia agraria87, entre otras más.

A la par de lo anterior, la procuraduría


118 agraria interviene en forma
amplia, decidida y debidamente planificada, con metas y en base a
resultados, en actividades encaminadas a mejorar la organización y el
desarrollo de los sujetos agrarios, ya sea en forma individual, grupal o
colectiva, todo lo cual, a convertido a la procuraduría agraria en la
mejor institución de la Administración Pública Federal, reconocida por
su excelencia en la prestación de sus servicios a todos los actores

Tesis: 2a./J. 75/2008


Página: 14
ASESOR JURÍDICO O DEFENSOR EN MATERIA AGRARIA. ESTÁ FACULTADO PARA PROMOVER JUICIO DE AMPARO
EN REPRESENTACIÓN DE SUS ASESORADOS O DEFENDIDOS.
Conforme al artículo 4o. de la Ley de Amparo, el agraviado o quejoso puede promover el juicio de garantías por sí o a través de
su representante legal. Ahora bien, la personalidad o representación de quien acude al juicio por el quejoso directamente
agraviado, es un presupuesto procesal acreditable en términos, entre otros, del artículo 13 de la propia ley, precepto aplicable
en los juicios de amparo en materia agraria, según se advierte de su interpretación histórica y sistemática en relación con los
numerales 213 y 214 de la ley citada. En esa virtud, si se tiene en cuenta que las facultades otorgadas al asesor o defensor de
la Procuraduría Agraria, en términos del artículo 27, fracción XIX, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
en relación con los diversos 135, 136 y 179 de la Ley Agraria, es claro que éste tiene atribuciones incluso para promover juicio
de garantías, siempre y cuando la representación relativa le haya sido reconocida por la autoridad responsable y ese extremo
esté justificado en los autos del juicio constitucional.
Contradicción de tesis 13/2008-SS. Entre las sustentadas por los Tribunales Colegiados Noveno, Primero, Sexto, Décimo
Cuarto, Quinto y Tercero, todos en Materia Administrativa del Primer Circuito. 16 de abril de 2008. Unanimidad de cuatro votos.
Ausente: Genaro David Góngora Pimentel. Ponente: Sergio Salvador Aguirre Anguiano. Secretario: Luis Ávalos García.
Tesis de jurisprudencia 75/2008. Aprobada por la Segunda Sala de este Alto Tribunal, en sesión privada del veintitrés de abril
de dos mil ocho.

87
Marco Legal Agrario, ley agraria en su artículo 136 y sus fracciones. Óp. cit., p.p. 79 y 80.
inmersos en el sector rural y en su carácter de ombudsman agrario, con
una filosofía humanista, expresada en la calidez, trato y mejora
continua, que se traducen en un permanente acercamiento con los
sujetos agrarios a través de la defensa de sus derechos, ordenamiento
de su propiedad, acompañamiento en sus proyectos para el desarrollo
rural sustentable, que se manifiesta en una mejor calidad de vida en el
campo mexicano. 88

 En base a todo lo anterior y, en los hechos, para los sujetos agrarios
que diariamente acuden a la procuraduría agraria a realizar sus
trámites, esta institución representa para ellos una instancia viable y
eficaz para la atención y solución a sus problemas, pues ya sea que
requieran de asesoría jurídica, de representación legal, de conciliación,
de servicios periciales, de arbitraje, de apoyo en las asambleas de
elección o remoción de órganos de representación ejidal, de
elaboración o modificación de reglamentos internos, de protocolos
119
ejidales, de constitución de figuras asociativas, de regularización de
tierras, de adopción del dominio pleno, etc. La procuraduría agraria
siempre esta presta a acompañarlos en sus planteamientos, incluso la
procuraduría agraria se ha convertido en gestora permanente para el
acceso a servicios y programas gubernamentales en vista de llevar al
campo mexicano el desarrollo agrario integral y permanente, lo que
implica que esta institución, en base a las facultades que le confiere el
artículo 6º., de su reglamento interno, deba de acudir a las
dependencias y entidades de la administración pública federal para que
estas le proporcionen la documentación e informes que requiera para el
cumplimiento de sus funciones de ombusperson agrario que tanto la
constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, la ley agraria, su
reglamento interior y el manual de procedimientos sustantivos, le
confieren a esta dependencia del gobierno de la República.
88
www.pa.gob.mx, op cit.
Sirven de orientación y de apoyo a lo anterior, los siguientes criterios
jurisprudenciales:

CONVENIOS ANTE LA PROCURADURIA AGRARIA. PARA SU VALIDEZ Y


EJECUCION NO ES NECESARIA SU RATIFICACION ANTE EL TRIBUNAL
AGRARIO. De la interpretación armónica de los artículos 1792 y 1796 del
Código Civil para el Distrito Federal en Materia Común y para toda la República
en Materia Federal, de aplicación supletoria a la Ley Agraria, según su artículo
2o.; 79, 80, 135 y 136, fracción III, de la propia Ley; 18, fracción XIV, de la Ley
Orgánica de los Tribunales Agrarios; 4o., fracción I, y 41 del Reglamento
Interior de la Procuraduría Agraria, puede colegirse que, los convenios
conciliatorios celebrados ante la Procuraduría Agraria o sus Delegaciones,
entre ejidatarios, comuneros y campesinos entre sí o con terceros, para el uso,
destino, cesión, aportación, transmisión, adquisición o enajenación de
derechos y bienes agrarios, cuando en ellos se pacta el que produzcan todos
los efectos jurídicos inherentes a una sentencia, llevan aparejada ejecución,
sin que sea necesario que se ratifiquen ante el Tribunal Unitario Agrario, quien
debe proceder a su ejecución cuando así se lo soliciten en virtud de que una
120
de las partes se niegue a cumplirlo.89

Octava Época Registro: 212932 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario


Judicial de la Federación Tomo XIII, abril de 1994 Materia(s): Administrativa
Tesis: VII.A.T.44 A Página: 418.

PROCURADURIA AGRARIA, CUANDO TIENE LA NATURALEZA DE


AUTORIDAD RESPONSABLE PARA LOS EFECTOS DEL JUICIO DE AMPARO.
Aun cuando este Tribunal Colegiado ha considerado que en términos
generales la Procuraduría Agraria no es autoridad responsable para los
efectos del juicio de amparo, adquiere esta naturaleza en los casos en que
interviene de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 24 de la Ley Agraria,
máxime cuando sobre este particular se le reclama violación a la garantía
consagrada por el artículo 8o. de la Constitución General de la República. 90

89
Novena Época; Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo III, Mayo de 1996
Materia(s): Administrativa Tesis: XXII.15 A Página: 608.
90
Octava Época Registro: 212932 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación Tomo XIII, Abril de
1994 Materia(s): Administrativa Tesis: VII.A.T.44 A Página: 418.
AUTORIDAD RESPONSABLE. NO LO ES LA PROCURADURIA AGRARIA.
CREADA MEDIANTE LA NUEVA LEY AGRARIA. La Procuraduría Agraria fue
creada jurídicamente, según la nueva Ley Agraria como una unidad
administrativa de un organismo descentralizado de la Administración Pública
Federal, con personalidad jurídica y patrimonio propios, sectorizada en la
Secretaría de la Reforma Agraria, que tiene a su cargo exclusivamente
funciones de asesoría y defensa de los derechos de ejidatarios, comuneros,
sucesores de ejidatarios, ejidos, comunidades, pequeños propietarios,
avecindados, posesionarios, jornaleros agrícolas, colonos, nacionaleros y
campesinos en general, según se desprende de los artículos 134 y 135 de la
citada Ley. Consecuentemente, al carecer dicho organismo de facultades de
ejecución, que de acuerdo con la doctrina del derecho público se requieren
para tener el carácter de autoridad responsable, no puede considerarse como
tal. 91

121
3.5. PRINCIPIO DE INSTANCIA DE PARTE.
En materia agraria, parte es la persona que teniendo la calidad de sujeto
agrario, resiente en su esfera jurídica los efectos de un acto de autoridad
o de particulares, que lesione sus derechos propiamente agrarios, luego,
será un sujeto agrario, un ejido, una comunidad, un ejidatario, un
comunero, un sucesor de ejidatario o comunero cuando va en defensa
de sus derechos sucesorios agrarios, un posesionario de tierras ejidales,
un avecindado como tal, o cuando va en defensa de este status, las
organizaciones, sociedades o asociaciones ejidales cuando van en
defensa de sus bienes puramente ejidales (sujetos y objetos ejidales o
comunales, tenencia de la tierra) y los pequeños propietarios. Así
mismo, serán considerados como derechos agrarios, todos aquellos que
tengan que ver con la propiedad, titularidad, posesión, uso, disfrute y
91
Novena Época Registro: 203183 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
III, Febrero de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: XV.2o.1 A Página: 391.
aprovechamiento de tierras ejidales o comunales, bosques, selvas y
aguas, así como todo lo accesorio a ellos, en cuanto implique para el
sujeto agrario, el ejercicio y defensa de los derechos que han quedado
precisados anteriormente.

Para que el juicio agrario se inicie pues, se requiere que el sujeto


agrario afectado por cualesquier acto de autoridad o de particular,
promueva la demanda respectiva.

Respecto de este principio el doctor Sergio García Ramírez establece:


“…Hoy día rige el principio nemo judex sine actore, ya no es factible que
el órgano público – un tribunal, actualmente inicie de oficio algún
proceso, no solo de dotación de tierra – posibilidad que ha quedado
cerrada-, sino de cualquier otra especie. Es preciso que exista acción y
que quien la esgrime acredite el derecho que le asiste para invocar el
despliegue de la jurisdicción. Debe acreditar su personalidad para
122el régimen procesal concentrado y
intervenir en juicio, aun cuando bajo
acelerado pueda resolverse sobre este extremo en la audiencia de
fondo”.92

Acorde con este principio, el artículo 170 de la Ley Agraria dispone:


“El actor puede presentar su demanda por escrito o por simple
comparecencia; en este caso, se solicitará a la Procuraduría Agraria
coadyuve en su formulación por escrito de manera concisa. En su
actuación, dicho organismo se apegará a los principios de objetividad e
imparcialidad debidas. Recibida la demanda, se emplazará al
demandado para que comparezca a contestarla a más tardar durante la
audiencia. En el emplazamiento se expresara por lo menos, el nombre
del actor, lo que demanda, la causa de la demanda y la fecha y hora que
se señale para la audiencia, la que deberá tener lugar dentro de un
92
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pág. 8. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”, a cargo del Lic. Bernardino Lopez Gomez. Puede verse también en “Justicia
Agraria, Tribunal Superior Agrario, México 1995, pp. 85 y 86.
plazo no menor a cinco ni mayor a diez días, contado a partir de la fecha
en que se practique el emplazamiento, y la advertencia de que en dicha
audiencia se desahogaran las pruebas, salvo las que no puedan ser
inmediatamente desahogadas, en cuyo caso se suspenderá la audiencia
y el Tribunal proveerá lo necesario para que sean desahogadas en un
plazo de quince días”.

Del precepto enunciado se advierte que el juicio agrario jamás va a


operar oficiosamente y, por lo mismo, para que nazca será
indispensable que lo promueva alguien que tenga interés en que la
autoridad agraria declare o constituya un derecho o imponga una
condena, principio que resulta obvio si se tiene en cuenta que el
procedimiento agrario, como juicio que es, solo puede surgir a la vida
jurídica por el ejercicio de la acción respectiva.

Bajo la aplicación de este principio procesal, los justiciables agrarios


123
tienen derecho a que se les permita accionar o contestar, por si mismos
o a través de apoderado, a que se les admita la demanda o bien se les
mande prevenir a fin de que subsanen las irregularidades que hubiera
advertido el tribunal al examinar la demanda, pero no podrá
apercibírseles con tener por no interpuesta la demanda o desecharse,
así se desprende de la simple lectura del artículo 181 de la ley agraria,
el cual establece que “presentada la demanda o realizada la
comparecencia, el tribunal del conocimiento la examinara y, si hubiera
irregularidades en la misma o se hubiere omitido en ella alguno de los
requisitos previstos legalmente, prevendrá al promovente para que los
subsane dentro del término de ocho días”, cuestión que se confirma con
el criterio jurisprudencial por reiteración de rubro “Tribunal Unitario
Agrario. Carece de Facultades para desechar o tener por no interpuesta
la demanda, articulo 181 de la ley agraria”. 93 Sirven de orientación y
apoyo también, los siguientes criterios jurisprudenciales.

LITIS, FIJACION DE LA. PROCEDIMIENTO AGRARIO. De lo preceptuado por


el artículo 181 de la nueva Ley Agraria, se obtiene que el Tribunal Agrario
prevendrá al accionante, al momento de la presentación de su demanda, para
que subsane las irregularidades u omisiones de que ésta adolezca,
brindándole oportunidad para corregirla dentro de los ocho días siguientes, de
donde resulta que en la audiencia a que se refiere el artículo 185 de la propia
Ley, deben precisarse todas las acciones y excepciones que las partes
quisieren hacer valer, estableciéndose, precisamente en esta etapa, la litis a la
cual deberá ceñirse la autoridad al dictar la resolución correspondiente, y si el
Magistrado responsable, al momento de resolver el conflicto puesto a su
consideración introduce cuestiones que no se puntualizaron al fijarse la litis,
haciendo valer en la sentencia oficiosamente acciones diversas a las
planteadas por las partes en la audiencia referida, resulta evidente que con su
94
actuación transgrede las garantías constitucionales de los demandados.

124 EN CUANTO A LA PERSONALIDAD


DEMANDA AGRARIA, IRREGULARIDAD
DE UNA DE LAS PARTES. En el caso de que una de las partes en el juicio
agrario no acredite de manera fehaciente la personalidad ostentada en la
demanda, el Tribunal Agrario está facultado para prevenirla a efecto de que
subsane las irregularidades advertidas, según lo establece el artículo 181 de la
Ley Agraria; de ahí que no es válido desechar una demanda agraria bajo el
argumento de que la personalidad no se encuentra debidamente acreditada,
sino que lo procedente es requerir al omiso para que subsane la irregularidad
95
advertida.

93
. Vid. Jurisprudencia de la Novena Época. - Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito. - Fuente. Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta. - Tomo IX, marzo de 1999.- Tesis: II.A. J/8.- Pagina: 1348.
TRIBUNAL UNITARIO AGRARIO. CARECE DE FACULTADES PARA DESECHAR O TENER POR NO INTERPUESTA LA
DEMANDA (ARTÍCULO 181 DE LA LEY AGRARIA). De la interpretación del artículo 181 de la Ley Agraria, se desprende que
únicamente se faculta al Tribunal Unitario Agrario para prevenir al promovente, a fin de que subsane las irregularidades que
hubiere advertido al examinar la demanda dentro del término de ocho días, pero no para apercibirlo con tener por no
interpuesta la demanda o desecharla, en caso de incumplimiento.

94
Novena Época Registro: 201573 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
IV, septiembre de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: VIII.2o. J/8 Página: 497 Jurisprudencia.

95
Novena Época Registro: 201681 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
IV, Agosto de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: XXII.18 A Página: 657 Tesis Aislada.
DEMANDA AGRARIA, SU CONTESTACIÓN PUEDE HACERSE POR ESCRITO O
MEDIANTE COMPARECENCIA. De conformidad con lo establecido en el
artículo 178 de la Ley Agraria a la parte demandada asiste el derecho de
contestar la demanda original por escrito o mediante comparecencia, a más
tardar en la audiencia de ley, por tanto, si se contesta por escrito la demanda
agraria, se cumple con lo dispuesto en el citado precepto legal,
consecuentemente la no comparecencia en forma personal de la demandada a
la audiencia de derecho, no puede tener como consecuencia el que se tenga
por no contestada la demanda inicial y por confesadas las afirmaciones de la
contraparte, máxime que si el procedimiento agrario le da facilidades al actor,
en cuanto a que, el artículo 170 de la Ley Agraria le permite presentar su
demanda por escrito o simple comparecencia, asimismo debe ser para el
96
demandado, atendiendo al principio de igualdad de las partes .

Este principio de instancia de parte, queda un tanto en cuanto matizado


en los procedimientos de procuración de justicia en sede de la
procuraduría agraria, tales como: asesoría, representación legal,
depósito de listas de sucesión, 125
enajenaciones parcelarias, dominios
plenos, redestino de tierras, parcelamiento especifico, servidumbres de
paso (hidrocarburos y energía eléctrica y solar), conciliación, arbitraje,
quejas, y recomendaciones), pues aunque debe acudir personalmente el
sujeto agrario o su representante legal a dar la noticia agraria, esta
institución también puede y debe actuar de oficio, lo anterior así se
confirma de la simple lectura de los artículos 135 de la ley agraria y 2º.
Del Reglamento Interior de la Procuraduría Agraria.

En efecto, el artículo 135 de la ley agraria establece que La procuraduría


agraria tiene funciones de servicio social y está encargada de la defensa
de los derechos de los ejidatarios, comuneros, ejidos, comunidades,
pequeños propietarios, avecindados y jornaleros agrícolas, mediante la
aplicación de las atribuciones que le confiere la presente ley y su
96
Novena Época Registro: 194551 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
IX, Febrero de 1999 Materia(s): Administrativa Tesis: XVII.2o. J/12 Página: 397 Jurisprudencia.
reglamento correspondiente, cuando así se lo soliciten, o de oficio en los
términos de esta ley”; Por su parte el artículo 2º., en mención, dispone
que La procuraduría tiene a su cargo funciones de servicio social,
mediante la defensa de los derechos de los sujetos agrarios y de su
asesoramiento, derivado de la aplicación de la ley; para el logro de su
objeto, la procuraduría ejercerá sus facultades a petición de parte o de
oficio, de conformidad con lo establecido por la ley y este reglamento”.

La intervención oficiosa del ombudsman agrario, no es solo porque así


se lo asigne la ley y su reglamento interior, sino que ello es acorde con
su función de procurar justicia para resolver los conflictos agrarios
preferentemente bajo la conciliación, el arbitraje y otros medios alternos
de solución a efecto de lograr armonía, paz y desarrollo agrario en los
núcleos de población ejidal y comunal y desde luego en los sujetos
agrarios en lo individual y, es acorde también, con la función que como
guardián del estado de derecho agrario tiene la procuraduría agraria,
126
pudiendo oficiosamente intervenir en los conflictos por límites de ejidos y
comunidades, vigilar que las autoridades agrarias en el ejercicio de sus
funciones respeten el estado de derecho agrario e incluso el estado
constitucional de derecho agrario, tanto en sus funciones administrativas
como jurisdiccionales y cuasi jurisdiccionales, ello según lo establecen
las fracciones de la VIII a la XII del artículo 5º., del Reglamento Interior
de la Procuraduría Agraria, pudiendo incluso formularles
recomendaciones cuando estime y se acredite que han cometido
violaciones a los derechos humanos agrarios, según lo establecen los
artículos 65, 66 y siguientes del reglamento interior de la procuraduría
agraria y, lo que es más, la función oficiosa de la procuraduría llega a
grado tal, de permitirle a esta institución, proponer la política nacional
para garantizar y defender los derechos agrarios, así como la relativa a
los derechos humanos que pudieran incidir en materia agraria, cuestión
que la lleva a erigirse como un auténtico ombusperson agrario, aunque
faltaría para cerrar el círculo de ombusperson, el que se le considerara
parte en las acciones de inconstitucionalidad que versaran sobre la
materia agraria, tal y como la tienen la Comisión Nacional de Derechos
Humanos en esta materia, los partidos políticos en materia electoral y la
Procuraduría General de la República en materia penal y otras materias.

3.6. PRINCIPIO DE IGUALDAD ENTRE LAS PARTES.

El tema de la “igualdad” se relaciona de manera estrecha con el


concepto de justicia, sin embargo, es el constitucionalismo moderno el
que lo ha elevado a principio de derecho positivo que se encuentra
consagrado en las grandes declaraciones de derechos y en todos los
textos constitucionales.

En la Declaración de los derechos de Virginia de 1776 se estipula que


“todos los hombres son, por naturaleza, igualmente libres e
independientes” (art. 1º.) Así mismo, en la Declaración de los Derechos
127
del Hombre y el Ciudadano de 1789, en Francia, se señala que “Los
hombres nacen y viven libres e iguales en derechos, que las distinciones
sociales solamente pueden ser fundadas en la utilidad común”. (Art.
1º.)97

El principio de igualdad ante la ley y la no discriminación es quizás la


disposición formulada con mayor recurrencia en las normas
internacionales de derechos humanos, no solo está consagrado
expresamente en una amplia variedad de tratados, sino que además se
encuentra implícito en las normas que garantizan los derechos humanos
a “toda persona”. No resulta por tanto exagerado afirmar que este
principio es la norma común a la mayor parte de los tratados de
derechos humanos, tanto del sistema universal como de sistemas
regionales.
97
Diccionario de Derecho Procesal Constitucional y Convencional, Eduardo Ferrer Mc Gregor, Fabiola Martinez Ramirez y
Giovanni A. Figueroa Mejía, Coordinadores, editado por el Poder Judicial de la Federación. y la Universidad Nacional
Autónoma de México, México, 2014, pág., 696.
La Corte Interamericana ha señalado que el principio de igualdad y no
discriminación “posee un carácter fundamental para la salvaguardia de
los derechos humanos tanto en el derecho internacional como en el
interno”, y que “sobre el descansa todo el andamiaje jurídico del orden
público nacional e internacional”. Por tal razón a reconocido que este
principio hace parte del jus cogens, es decir, que se trata de una norma
imperativa del derecho internacional general cuya aplicación no depende
del acuerdo de los estados y que no admite disposición en contrario.
Igualmente ha indicado que se trata de una norma erga omnes que debe
impregnar todas las actuaciones del Estado y que “genera efectos con
respecto a terceros, inclusive a particulares.98

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 1,


dispone que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad
y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben
comportarse fraternalmente los unos con los otros; En su artículo 2,
128
señala que toda persona tiene los derechos y libertades proclamadas en
esa declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma,
religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o
social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, en


su artículo 11 establece que las personas son iguales ante la ley y que
tienen los derechos y deberes consagrados en esa declaración sin
distinción de raza, sexo, idioma, credo, ni otra alguna.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, establece en su


artículo tercero, que los Estados parte de ese pacto, se comprometen a
garantizar a hombres y mujeres, la igualdad en el goce de todos los
derechos civiles y políticos enunciados en dicho pacto y, en su artículo

98
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACION – KONRAD ADENAUER STIFTUNG, “Convención Americana sobre
Derechos Humanos Comentada”, Coordinadores Christian Steiner y Patricia Uribe, Primera Edición, comentarios al Artículo 24,
relativo al derecho a la igualdad ante la ley, realizados por Rodrigo Uprimny y Luz Maria Sánchez Duque, pp. 580-581.
26, determina que todas las personas son iguales ante la ley y tienen
derecho sin discriminación a igual protección de la ley, que a este
respecto, la ley prohibirá toda discriminación y garantizara a todas las
personas protección igual y efectiva contra cualquier discriminación por
motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de
cualquier índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición social.

Por su parte la Convención Americana sobre Derechos Humanos en su


artículo 24 establece que todas las personas son iguales ante la ley y,
que, en consecuencia, tienen derecho sin discriminación, a igual
protección de la ley. 99

En México, los artículos 1º., y 4º., de la Constitución Federal, son los


que diseñan el contenido esencial de este principio de igualdad ante la
ley, señalando el primero de ellos que: “En los Estados Unidos
129
Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos
reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los
que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su
protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en
los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece. Las
normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de
conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales de
la materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más
amplia. Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico
o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social,
las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias
sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad

99
O´DONNELL, DANIEL. “Derecho Internacional de los Derechos Humanos, normativa, jurisprudencia y doctrina de los
sistemas universal e interamericano”; Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal - Naciones Unidas – Derechos
Humanos, oficina del Alto Comisionado en México; Segunda Edición, México, 2012, Capitulo 15, relativo al tema de la igualdad
de las personas y la prohibición de discriminación; pp. 937 – 938.
humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y
libertades de las personas.
Por su parte del artículo 4º., señala “El varón y la mujer son iguales
ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.
Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e
informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos. Toda
persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad.
El Estado lo garantizará. Toda persona tiene derecho a la protección de
la salud. La Ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los
servicios de salud y establecerá la concurrencia de la Federación y las
entidades federativas en materia de salubridad general, conforme a lo
que dispone la fracción XVI del artículo 73 de esta Constitución. Toda
persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y
bienestar. El Estado garantizará el respeto a este derecho. El daño y
deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque en
términos de lo dispuesto por la 130
ley. Toda persona tiene derecho al
acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y
doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado
garantizará este derecho y la ley definirá las bases, apoyos y
modalidades para el acceso y uso equitativo y sustentable de los
recursos hídricos, estableciendo la participación de la Federación, las
entidades federativas y los municipios, así como la participación de la
ciudadanía para la consecución de dichos fines. Toda familia tiene
derecho a disfrutar de vivienda digna y decorosa. La Ley establecerá los
instrumentos y apoyos necesarios a fin de alcanzar tal objetivo. Toda
persona tiene derecho a la identidad y a ser registrado de manera
inmediata a su nacimiento. El Estado garantizará el cumplimiento de
estos derechos. La autoridad competente expedirá gratuitamente la
primera copia certificada del acta de registro de nacimiento. En todas las
decisiones y actuaciones del Estado se velará y cumplirá con el principio
del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus
derechos. Los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus
necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento
para su desarrollo integral. Este principio deberá guiar el diseño,
ejecución, seguimiento y evaluación de las políticas públicas dirigidas a
la niñez. Los ascendientes, tutores y custodios tienen la obligación de
preservar y exigir el cumplimiento de estos derechos y principios. El
Estado otorgará facilidades a los particulares para que coadyuven al
cumplimiento de los derechos de la niñez. Toda persona tiene derecho
al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el
Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales.
El Estado promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la
cultura, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones
y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa. La ley establecerá
los mecanismos para el acceso y participación a cualquier manifestación
131a la cultura física y a la práctica del
cultural. Toda persona tiene derecho
deporte. Corresponde al Estado su promoción, fomento y estímulo
conforme a las leyes en la materia100.

Vale destacar, que este y todos los principios requieren


ineludiblemente del proceso y del procedimiento para su efectiva
protección, sin escapar desde luego, los principios agrarios, materia de
este comunicado y, aunque algunos juzgadores no lo estimen así, los
derechos procesales, son también derechos fundamentales y humanos,
al ser estos una vía efectiva para su protección y reparación.

Entrando pues en materia, el proceso es como hemos dicho, la forma de


resolver un litigio entre partes; decide poniendo fin a la controversia, un
tercero imparcial, el juzgador, colocado por encima de aquellas. El
juzgador, pues, órgano del Estado, es el agente de la ley, y en su
100
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/. Consulta realizada el día 28 de
diciembre de 2018 a las 3:03 horas p.m.
desempeño se ciñe a los grandes principios del orden jurídico. Entre
estos campea, la igualdad de todos los hombres – y mujeres – ante la
ley, resultado de antiguas luchas libertadoras que se resumieron en los
grandes textos declarativos de los derechos del hombre. La igualdad
figura en estos. Con ella se suprimieron las viejas discriminaciones que
subordinaron a ciertos individuos – a clases y grupos enteros – desde el
nacimiento y exaltaron a otros, dueños de poderes que les aseguraba su
origen privilegiado. La igualdad de los hombres ante la ley – igualdad
formal, para la que no vienen al caso, en principio, las características de
cada sujeto: sexo, color, creencia, fortuna, oriundez, trabajo,
circunstancia, por ejemplo – se proyecta hacia el proceso.

Si esta es la contienda entre dos sujetos – o más – que comparecen


ante un juzgador – o son llamados por el a comparecer -, aquellos
deben recibir exactamente el mismo tratamiento. La ley debe
concederles idénticas oportunidades de plantear y sostener sus
132
pretensiones, de aportar y aprovechar las pruebas, de producir alegatos
con los razonamientos que estimen pertinentes, de impugnar las
resoluciones que les causen agravio, de hallarse asistidos por defensor
o representante, etcétera. Si el orden jurídico solo confiriese facultades a
uno de los litigantes y las negara al otro, o si alguno de ellos quedara ab
initio, en situación de ventaja dentro del proceso, este sería un mero
simulacro de justicia; en realidad se habría prejuzgado y el
procedimiento solo serviría como apariencia para guarecer un resultado
injusto. Me refiero por supuesto, a las ventajas ab initio, no a las que
provienen de la experta defensa de alguna de las partes, frente a la
torpe actuación de la otra. Esto genera desequilibrio, pero no por obra
de la ley o del juzgador que preside el enjuiciamiento. En suma, nos
hallamos ante el principio de contradicción o de audiencia bilateral en el
proceso, que establece equilibrio e igualdad de oportunidades entre las
partes101.

De este modo, según este principio, las partes deben tener en el


proceso un mismo trato, se les deben dar las mismas oportunidades
para hacer valer sus derechos y ejercitar sus defensas, sin prácticas
discriminatorias.

Sobre este principio el jurisconsulto Adolfo Gelsi Bidart en su obra


proceso, su enfoque preliminar, lo explica en los siguientes términos: “de
lo expresado y a acerca de la posición de las partes en el proceso frente
al juez se desprende cual ha de ser la que deben tener recíprocamente,
una frente a la otra, y que se expresa en la igualdad fundamental
derivada del principio general de la igualdad de las personas ante la
Ley; esta igualdad en el proceso, significa dar oportunidad a cada
persona para que haga valer sus derechos ante el juez, rodearla de las
garantías y quitar los obstáculos a 133
fin de que libremente pueda alegar en
el ataque o en la defensa de aportar los medios de convencimiento
necesarios; abarca aspectos tan diversos como: El perfeccionamiento
del contradictorio, dando a cada parte la posibilidad de conocer todo el
material del pleito, y las defensas del contrario, con el objeto de estar en
condiciones de aumentar aquel y presentar sus defensas; la supresión
de los obstáculos económicos que dificultan el acceso a la justicia
(auxiliadora de la pobreza). El juego limpio, que excluye del proceso el
dolo y la mentira”.102

Por otra parte, el distinguido jurista, Sergio García Ramírez, en su libro


Elementos de Derecho Procesal Agrario, nos dice: “la igualdad entre las
partes existe a todo lo largo del procedimiento. Hay, al respecto, una
referencia directa en el artículo 186, tercer párrafo, de la Ley Agraria.

101
GARCIA RAMIREZ SERGIO; “Principios del Procedimiento Agrario Ordinario”, Óp. Cit., pp. 505-506.
102
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19; Óp. cit. Pp. 10-11. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
Este precepto otorga al juzgador la facultad de obrar como lo estime
pertinente para obtener el mejor resultado de las pruebas, pero aclara:
“sin lesionar el derecho de las partes, oyéndolas y procurando siempre
su igualdad”. Hay casos en que el desequilibrio aparece y debe ocurrir el
juzgador a corregirlo con medidas inmediatas; así, cuando una de las
partes concurre a la audiencia con asistente jurídico que la apoye para
el éxito de su interés jurídico, y la otra carece de defensor, en este
supuesto hay desequilibrio, y por ello el juzgador proveerá la suspensión
del procedimiento –cuya continuación acarrearía perjuicio al desvalido
de asistencia- y vera que se soliciten de inmediato los servicios de un
defensor de la Procuraduría Agraria, el cual, para enterarse del asunto,
gozara de cinco días, contados a partir de la fecha en que se apersone
al procedimiento (artículo 179)103.

Sirven de orientación al respecto, los siguientes criterios


jurisprudenciales:
134
REPRESENTANTE LEGAL. FALTA DE. VIOLACION AL PRINCIPIO DE
IGUALDAD ENTRE LAS PARTES.

En todo procedimiento judicial debe imperar la igualdad entre las partes, en


los términos del numeral 186, párrafo tercero de la Ley Agraria, en el que se
dispone: "Artículo 186. En el procedimiento agrario serán admisibles toda
clase de pruebas, mientras no sean contrarias a la ley... en la práctica de estas
diligencias, el Tribunal obrará como lo estime pertinente para obtener un mejor
resultado de ellas, sin lesionar el derecho de las partes, ayudándolas y
procurando siempre su igualdad", y con base en ello, si en la audiencia de
referencia, el actor estuvo debida y legalmente representado y por otra parte,
el demandado no contó con el asesoramiento de abogado defensor;
obviamente entre las partes contendientes no existía la igualdad requerida
para la adecuada defensa de sus derechos y pretensiones, ya que no obstante
que se hizo el ofrecimiento de nombrar a defensor dependiente de la
Procuraduría Agraria, y que el demandado rechazó la oferta, manifestando
103
Ibidem, pág. 11.
haber tenido problemas con aquéllos; lo cierto es que el Tribunal Unitario
Agrario debió suspender el procedimiento, para que el demandado tuviera
oportunidad de nombrar abogado defensor o representante legal, puesto que,
si en el caso de que una de las partes acepta que se le nombre defensor de la
Procuraduría Agraria, el que, una vez que se apersona al juicio, cuenta con
cinco días para informarse del negocio; en el caso concreto, por equidad, e
imparcialidad, al demandado se le debió brindar esa oportunidad, para no
dejarlo en estado de indefensión, atento a que la suplencia aducida por la
responsable, fundada en el precepto 164 de la Ley Agraria, sólo se refiere a los
planteamientos de derecho; pero, si una de las partes está asesorada
legalmente, y la otra no, en el caso, el demandado, ahora quejoso, no es dable
suponer que por sí solo, podrá exponer planteamiento alguno de derecho,
sobre todo, si se toma en consideración la clase social a la que pertenece el
peticionario de protección de la Justicia de la Unión; y por ello, se debió
proceder en los términos del artículo 179 de la Ley Agraria, dado que el
demandado no renunció a ser asesorado legalmente, sino que sólo rechazó el
consejo jurídico de los defensores de la Procuraduría Agraria. 104

135
AGRARIO. DILIGENCIAS PARA MEJOR PROVEER, FORMALIDADES EN LA
PRACTICA DE LAS. En la práctica de las diligencias decretadas para mejor
proveer, es preciso dar a las partes interesadas la intervención que legalmente
les corresponda, en observancia al principio de igualdad procesal y para
respetar la garantía de audiencia. Por tanto, si la autoridad agraria ordenó el
desahogo de una prueba para mejor proveer, sin hacerlo del conocimiento del
quejoso, y en vista del resultado de la diligencia decidió el asunto
desfavorablemente a dicha parte, deben estimarse violadas las leyes del
procedimiento y concederse el amparo a fin de que la prueba se reciba
105
cumpliéndose las formalidades legales pertinentes.

En la fase de la procuración agraria, este principio de igualdad ante la


ley, prima de manera sobresaliente, pues se atiende, asesora y

104
Octava Época Registro: 210633 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación Tomo XIV,
Septiembre de 1994 Materia(s): Administrativa Tesis: II. 2o. 86 A Página: 423 Tesis Aislada.

105
Octava Época Registro: 209007 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación Tomo XV-1,
Febrero de 1995 Materia(s): Administrativa Tesis: XII.2o.21 A Página: 140 Tesis Aislada.
representa legalmente por igual a hombres y mujeres, pues según el
artículo 12 de la ley agraria, son ejidatarios los hombres y las mujeres
titulares de derechos ejidales, ocurriendo lo mismo en el caso de las
comunidades, pues en ambos regímenes de tenencia de la tierra, no
existe impedimento alguno para que hombres o mujeres sean titulares
de derechos agrarios y, lo mismo ocurre en el caso de las asambleas
ejidales, en donde no existe impedimento alguno para que las mujeres
puedan ser electas como presidentas del comisariado ejidal o del
consejo de vigilancia, aunque hay que destacar, que en donde existen
algunas excepciones al respecto, es en las comunidades en donde por
usos y costumbres, en algunos casos, las mujeres no pueden ser
electas como presidentas del comisariado de bienes comunales,
cuestión que poco a poco ha venido desapareciendo, ello ante las
recomendaciones emitidas por la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos, vertidas en el sentido de hacer valer la igualdad y la equidad
136
de género entre comuneros y comuneras. Al respecto debe decirse que
en los momentos en que escribo este apartado, la ley agraria asegura la
participación de hasta un 40 % de mujeres en los órganos de
representación y vigilancia, materializando tanto la igualdad como la
equidad de género entre hombre y mujeres, pues de su simple lectura
se aprecia, que ambos pueden ser titulares de derechos y tierras
comunales, que pueden heredar sus derechos y sus tierras, que pueden
ser electas como comisariadas de bienes comunales, titulares del
consejo de vigilancia, como avecindadas y como posesionarias.

Mi opinión al respecto bajo este contexto, es que resulta ambiguo tal


principio de igualdad, ello, debido a que si en algún ejido o comunidad
se configura alguna planilla conformada en su totalidad por mujeres,
esta no podría contender como tal, pues solo le aseguraría a estas un
40 por ciento como mínimo y un 60 como máximo de su género y, no es
congruente que por asegurarles esos porcentajes en los órganos de
representación y vigilancia, se les limite para ocupar la totalidad de los
cargos; La igualdad de género pues, ha sido mal entendida por el
legislador, pues no se requiere de porcentajes para lograr esta igualdad,
sino que la ley brinde las mismas oportunidades y espacios a hombres y
mujeres, sin restringir a unos ni privilegiar a otros, pues es de sobra
conocido, que la inteligencia, el liderazgo, el carisma, la popularidad y la
responsabilidad no son exclusivas de los hombres ni tampoco de las
mujeres, sino que son propias de ambos como seres humanos que son.

En ese mismo tenor, no debo dejar de comentar, una restricción al


principio de igualdad ante ley, que persiste desde hace buen tiempo en
las leyes agrarias, y, aunque no se trata precisamente de hombres y
mujeres, si se trata de sujetos agrarios; me refiero al hecho de que no se
les da igual trato ante la ley a sujetos agrarios como el ejido, comunidad,
ejidatarios y comuneros, respecto de los pequeños propietarios, pues
para aquellos, existe por ejemplo, la suplencia de la queja, tanto en la
137
fase de procuración agraria como en la fase jurisdiccional agraria, sin
que tal beneficio alcance a los pequeños propietarios; igual pasa en
tratándose de la suspensión del acto de autoridad, en donde para la
fijación de las garantías se hace de acuerdo a las condiciones
socioeconómicas de los interesados, ello, en busca de que a ejidos,
ejidatarios, comunidades y comuneros se les exima de dicha garantía o
se les fije una meramente simbólica. Basta para acreditar el dicho
anterior, la simple lectura de los artículos 164 último párrafo y 166
párrafo segundo de la ley agraria, pues el primero de ellos estipula que
los tribunales agrarios suplirán la deficiencia de las partes en sus
planteamientos de derecho cuando se trate de núcleos de población
ejidales o comunales, así como ejidatarios y comuneros y, el segundo
de los aludidos artículos, dispone que en la aplicación de las
disposiciones de ese ordenamiento para efectos de la suspensión del
acto de autoridad en materia agraria, los tribunales agrarios
consideraran las condiciones socioeconómicas de los interesados para
el establecimiento de la garantía inherente a la reparación del daño e
indemnización que pudiera causarse con la suspensión, si la sentencia
no fuera favorable para el quejoso. Sobre el tema debe decirse que hay
pequeños propietarios muy pequeños y no tan pudientes, adinerados y
poderosos como siempre se ha tazado a este sector de la población
agraria, que requieren de que la ley, les de los mismos beneficios que
les da, a ejidos, comunidades, ejidatarios y comuneros y, lo que es más,
el realismo agrario contemporáneo nos enseña que en el régimen ejidal
se han estacionado innumerables propietarios venidos a ejidatarios,
mismos que no solo gozan de poder, dinero, y otros privilegios, sino que
además cuentan con la asesoría y representación de la procuraduría
agraria y con los beneficios de la suplencia de la queja de los tribunales,
de ahí pues, que para evitar estos desequilibrios, la ley debe procurar
igualdad de oportunidades y derechos, tanto para hombres y mujeres
como para los sujetos agrarios sin138
hacer distinción alguna, tal y como lo
hemos visto anteriormente, en las declaraciones universales y
regionales de derechos humanos.

3.7. VERDAD MATERIAL

Me detengo un poco en este tema, para hacer un breve preámbulo que


lleve a fijar los alcances de este principio, tan complicado en tanto en
cuanto, se trata de arribar a la verdad, es decir, al fondo mismo de las
controversias, sin atenerse a formalismo alguno.

¿Qué es la verdad?, ¿Cuáles son sus características? ¿es la verdad


única? Siguiendo, en lo que interesa, a Carlos Ibarra Barrón, en sus
elementos fundamentales de lógica; saber que es la verdad es un
problema aun no resuelto del todo y que, por consiguiente, no se trata
de resolver en este espacio, pero si ofrecer algunos lineamientos para
entender el problema. Primeramente debemos recordar que existen
diversas corrientes de pensamiento que buscan aclarar este punto;
algunos sostienen que la verdad es todo lo que fomenta la vida
(pragmatismo); otros, que es la forma de ser del hombre (subjetivismo) –
hay tantas verdades como seres humanos -; unos más sostienen que
existe una verdad para el hombre y otra para las especies
(antropologismo); hay también la verdad religiosa – “la verdad os hará
libres”, dijo Cristo, refiriéndose a la fe; pero, la posición más aceptada es
la de la doctrina tradicional que sostiene: “verdad es la conformidad del
pensamiento con las cosas – veritas est adecuatio rei et intellectus (la
verdad es la adecuación de las cosas y el intelecto) posición que retoma
Hegel cuando dice: “La verdad es el acuerdo del objeto consigo mismo,
139afirmarse, que el hombre nace con
es decir con su concepto”. Así puede
su capacidad de pensar y, en su práctica cotidiana se enfrenta con una
realidad que lo inquieta e interroga. El hombre, en un irrefrenable deseo
de captar de aprehender el mundo circundante, busca dar respuesta a
sus interrogantes, no solo para entender el mundo, para comprenderlo
sino para transformarlo, esta actividad conlleva una ansiedad por
encontrar que hay detrás de las cosas, de los fenómenos (la esencia);
que es lo que los hace ser así y no de otra manera, en suma busca la
verdad, y en este constante acercamiento, en esta incesante búsqueda
de la verdad percibe que esta no es un problema teórico, sino un
problema practico. El criterio de la verdad entonces es la práctica,
mediada por la evidencia, evidencia deriva de ver, con ello se expresa
que la verdad se ve, si se nos muestra un objeto, no podemos no verlo
presente a nuestra vista. De acuerdo con este criterio, la evidencia es la
claridad misma de la verdad y esa claridad es tal que coacciona al
espíritu imponiéndole su aceptación. También debemos saber que
existen diferentes tipos de evidencia, por ejemplo, debe distinguirse
entre la evidencia de un juicio de experiencia “eso es azul”, y la
evidencia de un juicio de razonamiento “El cuadrado de la hipotenusa es
igual a la suma de los cuadrados de los catetos”. En el primer caso, si
quiero probar la verdad de mi afirmación muestro el objeto de que se
trata; en el segundo caso, demuestro el juicio, pero cuando demuestro,
lo que hago es mostrar, muestro que mi afirmación deriva
necesariamente de otras. De este modo al mostrar se recurre a la praxis
(practica transformadora) como criterio de la verdad; conozco por medio
de la praxis y la praxis confirma o niega la verdad 106.

Esta breve reflexión sobre la verdad tiene una gran relevancia en


materia agraria, pues aquí se persigue la verdad de la verdad, pues sin
ella no es posible resolver los asuntos de manera congruente, de donde
se sigue que es ineludible llegar a esa verdad derivada de la evidencia
140
misma. Un simple ejemplo nos aclara un poco más este alegato: En un
juicio agrario, una de las partes demanda la nulidad de un acta de
asamblea ejidal, argumentando que dicha asamblea no se celebró, más
sin embargo la otra parte contraargumenta que existe el acta de
asamblea como evidencia de que dicha asamblea se llevó a cabo, ante
la evidencia del acta de asamblea, lo más fácil para cualquier juzgador
es resolver que la asamblea si existió, mas no para el juzgador agrario,
ni por supuesto para la contraparte, quienes exigirían la evidencia de
todas las evidencias, es decir que se demuestre que la asamblea si
existió físicamente y si ello no se demuestra, aunque exista el acta de
asamblea, ello no puede ser suficiente para tener por demostrada la
celebración material de la asamblea, pues bien se pudo elaborar el acta
de asamblea y recabar las firmas de los ejidatarios o comuneros en sus

106
IBARRA BARRON Carlos, “Elementos Fundamentales de Lógica”, Editorial Alhambra – Mexicana, 3ª. Edición, Capitulo 6,
Teorética o Estructura de la Ciencia, México, 1996. pp. 227 a 229.
domicilios, es decir fuera de asamblea. Este ejercicio tan simple de
realizar y de entender, es lo que da vida al principio de verdad material
agraria.

En cuanto a este principio, don Sergio García Ramírez en su libro


justicia agraria, estatuye: “Tanto en el proceso publicista como el social
se orientan hacia la verdad material o histórica, no hacia la formal. Así
se recoge la idea de que los resultados de esos procesos interesan
profundamente a la sociedad, que no puede conformarse con la versión
que las partes ofrezcan sobre los hechos. Queda excluido, por ende, el
apotegma de que el tribunal resolverá conforme a lo que las partes
aleguen y prueben. Las partes pierden la exclusividad en la promoción
de pruebas, que es tanto como perder la exclusividad en el manejo de la
versión de los hechos que hayan de llegar al conocimiento del juzgador.
Este puede indagar la realidad. Su función es, a este respecto, activa,
Inquiere y forma racionalmente su certeza; no la supedita a los
141
elementos que los contendientes le alleguen” 107. Como se aprecia, de la
lectura de lo expresado anteriormente, este principio de verdad material
tiene enorme semejanza con el de defensa material, pues ambos fueron
diseñados para que el juzgador no se conformara con la versión de las
partes o bien, para permitirles a las partes proponer aquellos medios de
prueba o aquellas diligencias encaminadas al conocimiento de la verdad
histórica y, así enterarse de lo que realmente haya ocurrido en torno a la
controversia en cuestión.

Así las cosas, en aplicación del principio de verdad material, al juzgador


agrario no le basta, por ejemplo para acreditar la calidad de sujeto
agrario en una enajenación parcelaria ejidal, una constancia firmada por
los integrantes del comisariado ejidal que asegure que uno de los
contratantes y contendientes en el juicio, al momento de celebrar el acto
107
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pp. 14-15. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
jurídico en cuestión, guardaba el status de avecindado, sino que ha de
exigir al órgano de representación ejidal o a la parte contraria, que
exhiban el acta de asamblea en donde se produjo el reconocimiento de
avecindado, misma que habrá de revisar el propio tribunal o la
contraparte, en cuanto al procedimiento para arribar a esa asamblea
(primera convocatoria, quorum legal, acta de no verificativo, en su caso,
segunda convocatoria, requisitos de los reconocidos, acta de asamblea,
inscripción del acta de asamblea en el Registro Agrario Nacional, etc.).

Vale destacar, que este principio de verdad material prima de manera


sobresaliente en los procedimientos que se siguen en la fase de la
procuración agraria, en donde los visitadores y abogados agrarios en
unión de las partes van hasta el epicentro del conflicto y en el terreno de
los hechos, resuelven estos asuntos teniendo a la vista lo que realmente
ocurre en torno a dichos conflictos (conciliación, arbitraje, remoción de
órganos de representación y vigilancia, elección, separación y
142
aceptación de ejidatarios y comuneros, etc.) lo que permite en la gran
mayoría de las veces, resolver de la mejor manera los casos planteados
“Realismo Agrario Puro” y, cuando a pesar de ello, no se llega a la mejor
solución, se dejan a salvo los derechos de las partes para que acudan a
los tribunales a dirimir su diferencias.

Este principio de verdad material. Lo encontramos en el articulo189 de


la ley agraria, el cual establece que: “las sentencias de los tribunales
agrarios se dictarán a verdad sabida sin necesidad de sujetarse a reglas
sobre estimación de las pruebas, sino apreciando los hechos y los
documentos según los tribunales lo estimaren debido en conciencia,
fundando y motivando sus resoluciones”. Lo anterior se puede ilustrar
un poco más con lo establecido en los siguientes criterios
jurisprudenciales:
SENTENCIAS EN MATERIA AGRARIA. DEBEN RESOLVERSE A VERDAD
SABIDA LAS CUESTIONES QUE SE PLANTEAN ANTE LOS TRIBUNALES
AGRARIOS, BASANDOSE EN LA EQUIDAD Y LA BUENA FE. De conformidad
con el artículo 189 de la Ley Agraria en vigor, las sentencias de los Tribunales
Agrarios se dictarán a verdad sabida, entendiéndose por ella la que conduce a
resolver las controversias acordes con las constancias de los autos sin
sujetarse necesariamente a las formalidades y reglas sobre estimación de las
pruebas; inspirándose en la equidad y en la buena fe, cumpliendo con la
exigencia de fundamentación y motivación que previene el artículo 16
108
constitucional.

TRIBUNALES AGRARIOS. ESTÁN FACULTADOS PARA INVOCAR Y APLICAR


EN SUS RESOLUCIONES UNA NORMA JURÍDICA COMO FUNDAMENTO, AUN
CUANDO LAS PARTES NO LA HAYAN ADUCIDO EN EL JUICIO, SIN QUE ELLO
REPRESENTE VIOLACIÓN AL PRINCIPIO DE CONGRUENCIA DE LAS
SENTENCIAS.

De los artículos 186 y 189 de la Ley Agraria, se advierte que los tribunales
agrarios dictarán las sentencias a verdad
143 sabida, apreciando los hechos y los
documentos en conciencia, fundando y motivando sus resoluciones, conforme
a la litis efectivamente planteada por las partes en sus escritos de demanda y
contestación, y en términos del derecho que estimen aplicable al caso
concreto, practicando, ampliando o perfeccionando las diligencias que la
propia ley prevé para tal efecto, siempre que sean conducentes para el
conocimiento de la verdad sobre los puntos litigiosos. En ese sentido, se
concluye que dichos órganos jurisdiccionales están facultados para invocar y
aplicar en la resolución de la controversia sujeta a su competencia una norma
jurídica como fundamento, aun cuando las partes no la hayan aducido como
tal en sus acciones o excepciones respectivamente, sin que ello constituya
una variación a la litis ni una vulneración del principio de congruencia de las
sentencias.109
108
Octava Época Registro: 214779 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación Tomo XII, Octubre
de 1993 Materia(s): Administrativa Página: 492.

109
Época: Novena Época Registro: 168408 Instancia: Segunda Sala Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta Tomo XXVIII, Noviembre de 2008 Materia(s): Administrativa Tesis: 2a./J. 160/2008 Página: 237.
3.8. PRINCIPIO DE INMEDIACION

Este principio lo encontramos reglamentado expresamente por los


artículos 185 de la ley agraria y 50 del reglamento interior de los
tribunales agrarios. El primero de ellos en sus fracciones que lo integran
supone inmediación del juzgador con respecto a las pruebas y a las
partes. Por otro lado, se confirma este principio con lo preceptuado por
el último párrafo de la fracción VI del primer artículo que se menciona en
este párrafo, que dispone: “En caso de que la audiencia no estuviere
presidida por el Magistrado, lo actuado en ella no producirá efecto
jurídico alguno”; a la vez, la fracción I del segundo de los artículos
refuerza esta prevención al establecer que “el Magistrado tendrá la
obligación indelegable de presidir la audiencia”.

Por lo tanto, el principio de inmediación consiste esencialmente en que


el magistrado este en contacto personal con las partes, reciba las
144
pruebas, oiga sus alegatos, las interrogue, e inclusive pronuncie el fallo
en presencia de aquellas, salvo cuando la estimación de pruebas
amerite un estudio más detenido.

El ex magistrado presidente del Tribunal Superior Agrario, Dr. Sergio


García Ramírez, en su informe sobre el primer año de labores de los
tribunales agrarios señalo: “La ley conduce el juicio agrario bajo los
principios de oralidad, concentración, publicidad e inmediación, que es
condición inexcusable para la eficacia de los otros. Si no hay
inmediación, es decir presencia judicial constante y atenta, pendiente
del conocimiento de la verdad, carecen de sentido la oralidad, la
publicidad y la concentración. El juez no puede ser un ausente en el
proceso; no puede encomendar la audiencia a sus auxiliares,
secretarios o habilitados, que no son los ojos y oídos del juez, no tiene
la facultad de delegar funciones indelegables, ni la de abandonar sus
actividades primordiales, limitándose a recibir la versión que se le
presenta. El litigante desea –y tiene derecho a ello, correspondiente a
un deber del juez- que sea precisamente el juzgador quien reciba su
declaración, escuche a los testigos, interrogue a unos y a otros, conozca
de primera mano los dictámenes, presida y conduzca el debate. Contra
esta participación en cada juicio no podemos alegar motivos de trabajo,
nuestro trabajo es, precisamente, intervenir en todas las audiencias
conforme a esos principios, y es en las audiencias –no fuera de ellas-
donde se desarrollan los actos fundamentales del debido proceso
legal”.110

Sirve de orientación a lo anterior, criterio jurisprudencial que se lee


como sigue:

145TRIBUNAL UNITARIO AGRARIO DE


SECRETARIO DE ACUERDOS DEL
DISTRITO. DEBE ACREDITAR ESTAR AUTORIZADO POR EL TRIBUNAL
SUPERIOR AGRARIO PARA SUPLIR EN SUS FUNCIONES A LOS
MAGISTRADOS NUMERARIOS EL. El artículo 8o. fracción IV de la Ley
Orgánica de los Tribunales Agrarios de manera excepcional otorga potestad a
los secretarios de acuerdos de los Tribunales Unitarios Agrarios de Distrito
para suplir en sus funciones a los magistrados numerarios, cuando su
ausencia no exceda de quince días, previa autorización del Tribunal Superior
Agrario; de ahí que, si el secretario de acuerdos del Tribunal Unitario Agrario,
encargado del despacho por ministerio de ley, asistido del secretario con
quien actúa, celebró la audiencia de ley, a que se contrae el artículo 185 de la
Ley Agraria, ordenada en autos y posteriormente resuelve la controversia
agraria de que se trata, dictando la sentencia que constituye el acto
reclamado, sin acreditar que contaba con la autorización legal señalada,
limitándose a señalar ser encargado del despacho por ministerio de ley, y sin
que la ley de la materia le confiera facultades para presidir diligencias y
110
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pp. 22 a 24. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
actuaciones, es evidente que la audiencia así celebrada carece de validez y,
por tanto, las pruebas oportunamente ofrecidas fueron ilegalmente
recepcionadas, circunstancia que afecta de nulidad a las ulteriores
actuaciones, traduciéndose tal proceder en una violación a las normas
esenciales que regulan el procedimiento agrario, en términos de lo previsto
111
por el artículo 159, fracción III, de la Ley de Amparo.

PRINCIPIO DE INMEDIACIÓN EN EL JUICIO ORAL MERCANTIL. CUANDO EN


LA AUDIENCIA EL JUEZ RECIBE Y DESAHOGA LAS PRUEBAS Y EN SU
AUSENCIA POR VACACIONES EL SECRETARIO LAS VALORA Y DICTA
SENTENCIA, SE TRANSGREDE EL PRINCIPIO DE INMEDIACIÓN, PREVISTO
EN EL ARTÍCULO 1390 BIS 2 DEL CÓDIGO DE COMERCIO.

La inmediación es un principio que rige el juicio oral mercantil, que indica que
toda audiencia se desarrollará íntegramente en presencia del Juez, lo que no
podrá ser delegado en persona alguna, especialmente, tratándose de
admisión, desahogo, valoración de pruebas, ni la emisión y explicación de las
sentencias, como se obtiene del contenido de los artículos 1390 Bis 38 y 1390
Bis 39; es decir, sólo el Juez podrá y146
deberá presidir las audiencias del juicio
oral mercantil, así como dictar la sentencia correspondiente; por tanto, es una
facultad indelegable. Cabe precisar que el legislador secundario fue puntual en
señalar que la adopción del sistema oral en materia mercantil era una
necesidad ante el dinamismo social y las exigencias propias de los tiempos
actuales; todo con tal de mejorar el sistema de impartición de justicia y lograr
que sea de manera pronta y expedita. Puntualizó que en la estructura
normativa de la propuesta nunca dejan de observarse los principios de
oralidad, publicidad, igualdad, inmediación, contradicción, continuidad y
concentración. En diverso apartado destacó la importancia de la "intervención
directa del Juez"; entonces, es claro que un principio que rige a los juicios
orales mercantiles es el de inmediación; consecuentemente, éste exige la
relación directa del Juez con las partes y los elementos de prueba que él debe
valorar para formar su convicción. Así, dicho principio indica la presencia
necesaria y continua del Juez en todas las fases del proceso, lo que se

111
Novena Época Registro: 203869 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
II, Noviembre de 1995 Materia(s): Administrativa Tesis: XX.16 A Página: 602 Tesis Aislada.
intensifica más en relación con la recepción, desahogo y valoración de
pruebas para el dictado de la sentencia; por lo que si el Juez oral mercantil de
cuantía menor recibe y desahoga las pruebas y en su ausencia por vacaciones
el secretario las valora y dicta sentencia, viola el señalado principio, contenido
y explicado en los artículos 1390 Bis 2, 1390 Bis 38 y 1390 Bis 39 citados .112

3.9. PRINCIPIO DE CONCENTRACION

Don Eduardo Pallares en su diccionario de derecho procesal civil


comenta: “según este principio, deben reunirse o concentrarse las
cuestiones litigiosas para ser resueltas todas ellas o el mayor número
posible de las mismas en la sentencia definitiva, evitando que el curso
del proceso en lo principal se suspenda. El principio exige que las
cuestiones incidentales que surjan dentro del proceso se reserven para
la sentencia definitiva, a fin de evitar que el proceso se paralice o se
dilate, lo que a su vez exige reducir al menor número posible los
artículos de previo y especial pronunciamiento, las excepciones
147
dilatorias y los recursos con efectos suspensivos”.113

Por lo que respecta al agrupamiento de los actos procesales, se


contraponen los principios de concentración y continuidad. Aquel
obedece al propósito – vinculado con la celeridad del procedimiento – de
congregar – concentrar – el mayor número de actos en una sola
audiencia o en un muy reducido número de audiencias, inmediatas entre
sí; el segundo favorece, en cambio el desahogo espaciado de los actos
procesales, a intervalos más o menos largos.

En la legislación procesal agraria, hay un manifiesto propósito de


concentración, de hecho se pretende – a la manera de la justicia de paz,

112
Época: Décima Época Registro: 2013764 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente:
Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Libro 39, Febrero de 2017, Tomo III Materia(s): Civil Tesis: XXVII.2o.5 C (10a.)
Página: 2334.

113
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pág. 20. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
que presenta el más estricto modelo de concentración – que la absoluta
mayoría de los actos del procedimiento – con la necesaria excepción de
la demanda y el emplazamiento, y la posible salvedad de la contestación
de la demanda y la preparación de pruebas – se realicen de una sola
vez, es decir, en una sola audiencia, que puede comenzar con la
contestación de la demanda – si no se hizo anteriormente – y concluir
con la sentencia. Sobre este particular es interesante advertir que el
artículo 185 de la ley agraria regula buena parte del procedimiento
agrario en un solo artículo, dedicado precisamente a la audiencia de
fondo. La “concentración normativa” regula el proyecto de
“concentración procesal”.

Hay normas, sin embargo, para la suspensión de la audiencia y su


reanudación al cabo de un tiempo razonable. El propio articulo 194
contempla la posibilidad de suspender la audiencia por no más de tres
días cuando sea necesario esperar a una persona citada, conceder
148
tiempo a los peritos para la realización del examen que se les haya
encomendado “u ocurra algún otro caso que lo exija a juicio del tribunal”.

En rigor, el diferimiento puede prolongarse por tiempo mayor en aras de


la obtención de pruebas, habida cuenta de que las necesidades y
garantías de tiempo son de jerarquía inferior con respecto a las de
prueba y defensa. Esto se ve en el nuevo texto – a partir de la reforma
de 1993 – del párrafo 2 del artículo 170 de la ley agraria, que cuando se
propongan y admitan pruebas que no puedan ser inmediatamente
desahogadas…se suspenderá la audiencia y el tribunal proveerá lo
necesario para que sean desahogadas en un plazo de 15 días. Otra
posible causa de suspensión y diferimiento aparece bajo el artículo 179,
cuando una de las partes se halla asesorada y la otra no, entonces se
requerirá “un defensor de la procuraduría agraria”, el cual, para
enterarse del asunto, gozara de cinco días, contados a partir de la fecha
en que se apersone al procedimiento (artículo 179), fecha que puede ser
más o menos distante de aquella en que se dispuso la suspensión. Así
mismo, hay suspensión y diferimiento cuando por un término (rectius,
plazo) no mayor de diez días cuando se presenta una reconvención en
la audiencia y para permitir que el reconvenido o contrademandado esté
en condiciones de contestar lo que a su derecho convenga, a no ser que
aquel exprese su conformidad con la prosecución de la audiencia
114
(artículo 182).

Así pues, en el proceso agrario se confirma este principio, con lo


contenido en el artículo 185 de la ley agraria, que prevé que la audiencia
consta de varias etapas, que necesariamente deben llevar un orden:
demanda, ampliación de demanda, contestación, reconvención,
ofrecimiento, admisión y desahogo de pruebas, fase de conciliación que
abarca tanto el proceso como la ejecución de las sentencias, alegatos y
sentencia definitiva; solamente en el caso de que se requiera mayor
149
tiempo para analizar las probanzas se citara a las partes para oír
sentencia dentro de un término que no debe exceder de veinte días,
contados a partir de la audiencia de ley; ello en observancia a lo
dispuesto por el artículo 188 de la ley de la materia.

Las siguientes tesis de jurisprudencia, llenan las lagunas que existen


alrededor de este principio, las cuales, además, nos dan un poco más
de luz sobre el tema en análisis.

INCIDENTES, TRAMITE DE LOS. EN MATERIA AGRARIA TIENE SU PROPIO


SISTEMA. En asuntos de naturaleza agraria, cualquier cuestión incidental que
hagan valer las partes se resuelve conforme a un procedimiento especial,
distinto al que regulan otras materias, pues según los artículos 185 y 192 de la
Ley Agraria lo es en el preciso momento en que se dicta la sentencia definitiva,
es decir, en seguida de celebrar la audiencia de ley. Por lo tanto, el Tribunal

114
GARCIA RAMIREZ SERGIO; “Principios del Procedimiento Agrario Ordinario”, Óp. Cit., pp. 519 a 521.
Unitario Agrario responsable violó las formalidades esenciales del
procedimiento, ya que, en primer lugar, resolvió el incidente mediante
sentencia interlocutoria, siendo que este tipo de determinaciones no las regula
la Ley Agraria y, en segundo lugar, tal resolución la dictó dentro de la
audiencia de ley, después de haber otorgado el uso de la palabra a las partes
para que expresaran sus respectivas pretensiones y haber tenido por
ofrecidas sus pruebas, lo que se estima incorrecto, porque conforme a lo
ordenado en dichos preceptos, no debió resolver hasta en tanto no se
desahogaran las probanzas ofrecidas, se les permitiera formular alegatos y
115
hacerlo al momento de dictar la sentencia definitiva .

AGRARIO. EXCEPCIONES DILATORIAS EN EL JUICIO. SU ESTUDIO Y


RESOLUCIÓN CORRESPONDE HACERSE PRECISAMENTE EN LA AUDIENCIA.
Si bien en términos de lo dispuesto por el artículo 185, fracción III, de la Ley
Agraria se faculta al Tribunal Unitario para resolver todas las acciones,
excepciones y defensas que hagan valer las partes sin sustanciar artículo o
incidentes de previo y especial pronunciamiento, y que si resultare
demostrada la procedencia de excepciones dilatorias el tribunal así lo
150
declarará; sin embargo, esa facultad del juzgador agrario de estudiar y
resolver sobre cualquier excepción dilatoria, sólo corresponde ejercitarla
durante el desarrollo de la audiencia a que se refiere el artículo 178 de la
misma ley, a fin de que las partes puedan hacer uso de réplica y de aportar las
pruebas que las destruyan, ya que de este modo se cumple con una de las
formalidades que se establecen en el artículo 185 citado, relativa a que en la
audiencia se encuentren presentes las partes con el objeto de que puedan
defenderse conforme a sus intereses. Por tanto, no es correcto resolver sobre
esa clase de excepciones en un simple acuerdo de mero trámite dictado fuera
de audiencia y sin presencia de las partes.116

ACUMULACIÓN POR CONEXIDAD EN JUICIOS AGRARIOS. SÓLO PROCEDE


ANTES DE LA CELEBRACIÓN DE LA AUDIENCIA PREVISTA POR EL
ARTÍCULO 185 DE LA LEY AGRARIA. Cuando entre dos o más juicios agrarios
existe conexidad, la acumulación sólo será procedente si ambos juicios se
115
Novena Época Registro: 203412 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
III, Enero de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: IX.2o.1 A Página: 299 Tesis Aislada

116
Novena Época Registro: 195934 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
VIII, Julio de 1998 Materia(s): Administrativa Tesis: XII.1o.7 A Página: 336 Tesis Aislada.
encuentran en trámite, ya que, si en uno de los litigios ha sido celebrada la
audiencia final a que se refiere el artículo 185 de la Ley Agraria, e incluso se ha
citado para dictar sentencia respectiva, no será posible decretar su
acumulación.117

CONEXIDAD DE JUICIOS EN MATERIA AGRARIA. FORMALIDADES DURANTE


EL PROCEDIMIENTO (ARTÍCULOS 192 Y 195 DE LA LEY AGRARIA).

De la interpretación de los artículos 192 y 195 de la Ley Agraria, en relación


con el 72 y 75 del Código Federal de Procedimientos Civiles de aplicación
supletoria a la materia, se colige que el efecto de la conexidad consiste en el
conocimiento simultáneo de diversos negocios, por acumulación de los
procesos respectivos, a fin de que sean resueltos en una sola sentencia, que
deberá contener todos y cada uno de los puntos litigiosos que figuren en los
juicios acumulados, y que en materia agraria debe realizarse en forma paralela,
es decir, por cuerda separada, formándose por cada asunto un expediente con
la totalidad de los documentos relativos, y en todo caso, con el acta de la
audiencia de juicio; en consecuencia, si de los autos de los juicios
acumulados se advierte que los documentos
151 respectivos, así como las actas
relativas a la audiencia, en donde consta el desahogo de las diversas pruebas
ofrecidas durante el juicio, obran glosados en unos expedientes sí, y en otros
no, es inconcuso que el actuar del tribunal responsable se traduce en una
violación del procedimiento agrario que trasciende al resultado del fallo, en
virtud de que no se dio oportunidad a los quejosos a que produjeran su
defensa en forma cabal, lo que impone conceder el amparo y protección de la
Justicia Federal solicitados, para el efecto de que se dejen insubsistentes las
sentencias reclamadas y se repongan los procedimientos a partir de la
audiencia en donde se decretó la conexidad de los juicios de referencia. 118

PERSONALIDAD EN EL JUICIO AGRARIO. PREVIO A LA PROMOCIÓN DEL


JUICIO DE AMPARO INDIRECTO, EN SU CONTRA DEBE AGOTARSE LA
EXCEPCIÓN DILATORIA RESPECTIVA. De los artículos 107, fracción III, inciso
b), de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y 73, fracción
117
Novena Época Registro: 178085 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
XXII, Julio de 2005 Materia(s): Administrativa Tesis: III.2o.A.123 A Página: 1362 Tesis Aislada.

118
Época: Novena Época Registro: 192350 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente:
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo XI, Febrero de 2000 Materia(s): Administrativa Tesis: II.2o.A. J/2
Página: 916
XIII, de la Ley de Amparo, se infiere que previamente al ejercicio de la acción
constitucional biinstancial, el quejoso debe agotar los medios ordinarios de
defensa que la ley prevé, pues de no ser así, el juicio amparo será
improcedente. En este sentido, previo a la promoción del juicio de amparo
indirecto, en contra de la personalidad de alguno de los contendientes en el
juicio agrario, debe agotarse la excepción dilatoria de falta de personalidad,
con fundamento en los artículos 185, fracción III y 192 de la Ley Agraria;
incidencia que puede alegarse tanto del actor como del demandado, y se
resuelve de plano en la audiencia de ley. Por consiguiente, si antes de acudir
al juicio de amparo biinstancial el quejoso no agota ese medio ordinario de
defensa, aquél es improcedente, en términos del invocado artículo 73, fracción
XIII, al conceder la legislación agraria un medio de defensa por virtud del cual
puede ser revocada o nulificada la resolución de personalidad
correspondiente.119

En cuanto al tema de las excepciones en materia agraria, muy poco


estudiado por cierto en relación con el principio de concentración,
considero importante, hacer las siguientes
152 precisiones.

Las excepciones constituyen la oposición a las pretensiones


reclamadas por el actor y su efecto es dilatar el juicio o ponerle fin, las
primeras se llaman excepciones dilatorias y las segundas perentorias.
La excepción tiene pues como objeto desvirtuar la procedencia de la
acción, no es propiamente un medio de defensa, en virtud de que esto
último consiste en dar contestación a los hechos de la demanda que
constituyen la causa de la acción, con el fin de controvertir los hechos
pretendidos por el actor. En materia agraria se presentan las siguientes
excepciones: La incompetencia; la litispendencia; la conexidad de la
causa; la falta de personalidad en el actor o del demandado, o la falta de

119
Registro No. 2003337 Localización: Décima Época Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Fuente: Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta Libro XIX, Abril de 2013 Página: 2230 Tesis: XXVII.1o. (VIII Región) 8 A (10a.) Tesis Aislada
Materia(s): Común, Administrativa

Nota: Esta tesis contendió en la contradicción 389/2009 resuelta por la Segunda Sala, de la que derivó la tesis 2a./J. 24/2010,
que aparece publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, Tomo XXXI, marzo de 2010,
página 1034, con el rubro: "JUICIOS CONEXOS EN LOS PROCEDIMIENTOS AGRARIOS. DEBEN TRAMITARSE
CONFORME A LAS NORMAS RELATIVAS DE LA LEY AGRARIA."
capacidad del actor; la falta de cumplimiento del plazo; o de la condición
a que esté sujeta la obligación; el orden o la exclusión; la improcedencia
de la vía y la cosa juzgada. A diferencia de la incompetencia, las demás
excepciones se resuelven junto con la sentencia definitiva; la
incompetencia puede promoverse por declinatoria o por inhibitoria. En
términos del supletorio artículo 334 del código federal de procedimientos
civiles, únicamente la incompetencia se substanciara en artículo de
previo y especial pronunciamiento, en materia agraria se resuelve de
plano y esa resolución podrá impugnarse en amparo indirecto, toda vez
que la misma constituye un acto de imposible reparación que afecto los
derechos sustantivos del quejoso, en tanto que tuvo como consecuencia
que el asunto fuera conocido por un tribunal agrario cuyas actuaciones
son regidas por normas de distinta naturaleza a las civiles que el
demandado estimaba aplicables. Regularmente la incompetencia se
hace valer debido a que el asunto planteado por el actor en su demanda
no corresponde al régimen ejidal, 153
sino al régimen civil o de otra índole,
los casos más frecuentes son aquellas acciones que se ejercitan sobre
los solares urbanos ejidales ya titulados y escriturados, sobre las
parcelas y tierras de uso común que ya fueron llevadas al dominio pleno
o por liquidaciones de sociedades, celebración de contratos o convenios
en los que no están inmersas tierras ejidales o comunales, ni ningún otro
derecho o bien agrario.

3.10. PRINCIPIO DE CELERIDAD

El principio de celeridad se vincula al de concentración, pero no se


confunde con este. También colinda – como el de concentración – con
los principios de economía procesal, por una parte, y de economía en
los procesos que versan sobre intereses económicos de escaso monto.
Aquel, la economía procesal, implica “realizar los fines del juicio con el
mínimo de actos”, y el otro significa que “el proceso que es un medio no
puede exigir un dispendio superior al valor de los bienes que están en
debate, que son el fin. Una necesaria proporción entre el fin y los medios
debe presidir la economía del proceso”.

En aplicación de este principio, se previene: simplificación en las formas


de debate, limitación de las pruebas, reducción de los recursos,
economía pecuniaria y tribunales especiales (es decir, diferentes de los
de jurisdicción ordinaria).

El antiguo texto del artículo 17 constitucional se refería a la justicia


“pronta y expedita”. El texto actual de dicho precepto habla de
administración de justicia por tribunales “que estarán expeditos para
impartirla en los plazos y términos que fijen las leyes, emitiendo sus
resoluciones de manera pronta…”. Estar expeditos puede tener en ese
texto, una doble connotación: dispuestos a impartir justicia, en
correspondencia al derecho de los particulares de acceder a la justicia, ,
154despachar esta función en forma
por una parte, y capacidad real de
rápida, con diligencia, por otra parte, en la fracción XIX del artículo 27
de la constitución, que conserva su parentesco terminológico con el
antiguo artículo 17, se indica que “el Estado dispondrá las medidas para
la expedita y honesta impartición de la justicia agraria…”.en este ámbito,
120
por lo demás, hay una constante demanda de justicia expedita.

El principio de celeridad, como el de concentración, se proyecta a lo


largo del procedimiento. De esto son ejemplos los plazos, en general
muy breves, y la supresión de artículos de previo y especial
pronunciamiento. (artículos 185 fracción III y 192 párrafo 1).

El Doctor Sergio García Ramírez en su libro Elementos de Derecho


Procesal Agrario puntualiza: “El procedimiento agrario aparece
dominado por la intención de máxima celeridad. La fracción XIX del
artículo 27 constitucional conserva para esta materia la referencia a la
120
GARCIA RAMIREZ SERGIO; “Principios del Procedimiento Agrario Ordinario”, Óp. Cit., pp. 521 a 522.
justicia expedita, que se ha considerado indispensable en un ámbito
caracterizado tradicionalmente por notables demoras en la resolución de
las controversias. Por ello, sin duda, se proscribe la formación de
artículos de previo y especial pronunciamiento y se ordena que todas las
cuestiones litigiosas se hagan valer en la audiencia del juicio”. 121 y se
resuelvan conjuntamente con la sentencia.

Sirven de orientación sobre lo aquí expuesto, los siguientes criterios


jurisprudenciales.

PROCEDIMIENTO AGRARIO. DEBE SUSPENDERSE EN TÉRMINOS DEL


ARTÍCULO 179 DE LA LEY AGRARIA, CUANDO AL CELEBRARSE LA
AUDIENCIA DE PRUEBAS Y ALEGATOS, UNA DE LAS PARTES SE
ENCUENTRA ASESORADA Y LA OTRA NO.

Conforme al citado precepto, cuando una de las partes se encuentre


asesorada y la otra no, debe suspenderse el procedimiento, con el objeto de
que se soliciten inmediatamente los servicios de un defensor de la
155
Procuraduría Agraria, quien para enterarse del asunto gozará de cinco días
contados a partir de la fecha en que se apersone al procedimiento, para así
conservar el equilibrio procesal entre las partes. En ese sentido, se concluye
que la suspensión del procedimiento agrario no es atentatoria del principio de
celeridad procesal, pues en el caso debe evitarse la afectación de otros
principios que se estiman de mayor entidad, como lo son el de equilibrio
procesal y el de debida defensa, los cuales deben prevalecer, máxime que la
referida suspensión, en todo caso, no generaría un impacto en la esfera
jurídica de los litigantes de la misma magnitud que el causado por permitir que
una parte, sin encontrarse asesorada, participe e intervenga en la audiencia de
ley prevista en el artículo 185 de la Ley Agraria, en la que se fijan pretensiones,
se desahogan pruebas y se reciben alegatos, con las consecuencias negativas
que pueden causarle, mientras que su contraparte sí está asesorada,
trastocando los aludidos principios que pretenden salvaguardar los artículos

121
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. ÓP. cit. Pág. 18. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
179 de la Ley citada, en concordancia con los numerales 17 y 27, fracción XIX,
de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos .122

HIDROCARBUROS. EL PROCEDIMIENTO DE VALIDACIÓN PREVISTO EN EL


ARTÍCULO 105 DE LA LEY RELATIVA PUEDE PROMOVERSE EN CUALQUIER
TIEMPO.

Conforme al precepto indicado, el acuerdo alcanzado en cualquier tiempo


entre las partes deberá presentarse por el asignatario o contratista ante el
Juez de Distrito en Materia Civil o el Tribunal Unitario Agrario competente, a
efecto de ser validado, dándole el carácter de cosa juzgada; a su vez, el
artículo 75 del Reglamento de la Ley de Hidrocarburos señala el deber de
presentar el referido acuerdo de voluntades para su validación dentro de los
30 días naturales siguientes a que se haya suscrito; sin embargo, al ser este
último un cuerpo normativo derivado de la facultad reglamentaria en favor del
Ejecutivo Federal contenida en el artículo 89, fracción I, de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, no puede imponer un mayor
requisito, como lo sería la fijación de una temporalidad que no fue establecida
en la propia ley que reglamenta; 156
estimar lo contrario, contravendría la
teleología de la legislación que regula, la cual privilegia y procura que los
acuerdos voluntarios celebrados por las partes en cualquier tiempo lleguen al
escrutinio de las autoridades competentes a efecto de su validación. Máxime
que el artículo 75 en todo caso es una norma imperfecta, pues impone una
obligación a los asignatarios y contratistas sin contener sanción alguna en
caso de incumplimiento, lo cual implica que ese dispositivo no puede servir de
fundamento para desechar el escrito tendente a iniciar el procedimiento de
validación, por lo que resulta procedente su admisión aun cuando no fuera
presentado dentro de los 30 días aludidos. Conclusión a la que se arriba a fin
de brindar funcionalidad, racionalidad y operatividad en el sistema jurídico, en
concordancia con la intencionalidad de la implementación de los
procedimientos establecidos en la Ley de Hidrocarburos cuya finalidad es
darle fluidez y celeridad a los acuerdos económicos que permita dotar de
plena vida a la reforma energética, sin soslayar los derechos de los

122
Época: Novena Época Registro: 175265 Instancia: Segunda Sala Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta Tomo XXIII, Abril de 2006 Materia(s): Administrativa Tesis: 2a./J. 41/2006 Página: 240.
propietarios o poseedores de tierras, dentro del marco constitucional, además
para que grupos en desventaja no vean mermado su interés o derecho,
producto de la asimetría de poder entre los intervinientes .123

3.11. PRINCIPIO DE PUBLICIDAD

Aquí se enfrentan los principios de secreto o reserva y publicidad. En la


historia general del enjuiciamiento, aquel se vincula con las formas
procesales más tiránicas, que limitan o cancelan la defensa y excluyen
la difusión del proceso, aunque no de la ejecución de la sentencia, como
se vio en el procedimiento penal prácticamente hasta el término del siglo
XVIII, cuando las penas públicas en presencia de la multitud se vieron
sustituidas por la privación de libertad en celda y bajo el régimen de
silencio. En contraste, el principio de publicidad incorpora al pueblo en el
juzgamiento, no a título de juzgador, que sería otra cosa, sino de
espectador calificado, pues de él se guarda un testimonio critico que
contribuye a la buena marcha de157
la justicia. Este control de opinión
pública es una proyección procesal importante del régimen democrático.

De la publicidad trata el párrafo 1 del artículo 194 de la ley agraria.


Indica que las audiencias serán públicas, salvo cuando a juicio del
“tribunal pudiera perturbarse el orden o propiciar violencia”. Se entiende,
pues, que en la generalidad de los casos será publica la audiencia en
términos absolutos: podrá presenciarla quien lo desee; no se trata de
una publicidad reservada a las partes, sus asistentes y otros
participantes procesales.

En cambio, cuando se disponga el carácter cerrado o secreto de la


audiencia, el tribunal dispondrá quienes pueden concurrir a ella a
permanecer en el recinto y quienes por el contrario, no serán admitidos

123
Época: Décima Época Registro: 2013001 Instancia: Plenos de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Gaceta del
Semanario Judicial de la Federación Libro 36, Noviembre de 2016, Tomo III Materia(s): Administrativa Tesis: PC.XVII. J/5 C
(10a.) Página: 1721.
en la audiencia o deberán abandonarla inmediatamente. Vale considerar
que esta reserva sobre los asistentes no debiera extenderse a las partes
y a sus abogados, pues entonces se estaría quebrantando la igualdad
de aquellos en el proceso, a no ser que el desorden o la violencia
provenga precisamente de las partes o abogados; si se dispone la
expulsión del asistente jurídico, se deberá permitir al contendiente
respectivo que haga otra designación de abogado, aunque ello apareje
la suspensión de la audiencia. El cuidado por la debida defensa ha de
prevalecer sobre el interés en la celeridad del proceso. Vale entender
que la supresión de la publicidad se sustenta, estrictamente, en las
causas marcadas en el artículo 194, es decir, perturbación del orden o
violencia, que no son siempre equivalentes, pues puede haber aquella
sin que exista esta. Estimo que dichas perturbación o violencia, pueden
ser actuales o potenciales, aunque la ley solo se ha referido a las
potenciales; si estas que son un problema probable, determinan la
restricción de la publicidad, con158
mayor razón debe determinarla el
problema que no es apenas probable sino actual.

Por supuesto, la regla de la publicidad abarca todas las audiencias,


pues no hace salvedad el articulo 194 cuando se inicia diciendo: “las
audiencias son públicas…”. Por ende, la obligación de la publicidad se
refiere tanto a los tribunales unitarios como al tribunal superior, en este
caso, la audiencia tiene características singulares, en esencia, a las que
poseen las deliberaciones del pleno o de las salas de la Suprema Corte
de Justicia, esto es, no son audiencias para escuchar a las partes –
como ocurre con las audiencias en el estricto sentido procesal de esta
palabra, que viene de audire: oír – sino para que los magistrados
deliberen y resuelvan ante el público.124

124
GARCIA RAMIREZ SERGIO; “Principios del Procedimiento Agrario Ordinario”, Óp. Cit., pp. 513 a 514.
El siguiente criterio jurisprudencial nos enseña como el principio de
publicidad no solo rige en las audiencias agrarias, sino también en las
asambleas ejidales y comunales, que aunque tiene una connotación
interna no jurisdiccional, no deja de ilustrarnos sobre la importancia de
este principio que tiene por objeto que los sujetos agrarios se enteren de
los actos que realizan tanto los órganos de representación y vigilancia
como los que llevan a cabo los tribunales agrarias, en sus ámbitos
respectivos.

ASAMBLEA DE COMUNEROS, NULIDAD DEL ACTA. SE PRODUCE CUANDO


SE LLEVA A CABO EN UN LUGAR DISTINTO AL INDICADO EN LA
CONVOCATORIA DE ACUERDO CON LO PREVISTO EN EL ARTÍCULO 25 DE
LA LEY AGRARIA.

De la literalidad del artículo 25 de la Ley Agraria, se advierte que para la


celebración de la asamblea de comuneros, deberá expedirse una convocatoria
con no menos de ocho días de anticipación ni más de quince, por medio de
cédulas fijadas en los lugares más159
visibles del ejido. En las cédulas se
expresarán los asuntos a tratar, el lugar y fecha de la reunión. El comisariado
ejidal será responsable de la permanencia de dichas cédulas en los lugares
fijados para los efectos de su publicidad hasta el día de la asamblea. Por tanto,
la celebración de la asamblea de comuneros en un lugar distinto al señalado
en la convocatoria produce su nulidad.125

ASAMBLEA DE EJIDATARIOS. EL ARTÍCULO 25, PRIMER PÁRRAFO, DE LA


LEY AGRARIA, NO VIOLA LA GARANTÍA DE SEGURIDAD JURÍDICA.

El citado precepto no viola la garantía de seguridad jurídica contenida en el


artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
porque no induce a la confusión, habida cuenta que los requisitos que
establece para la validez de la convocatoria a asamblea de ejidatarios
garantizan la publicidad de aquélla, con el fin de que los ejidatarios conozcan
con anticipación y detalle cualquier emplazamiento. Esto es así, debido a que
el primer párrafo del artículo 25 de la Ley Agraria prevé que: a) Una asamblea
125
Época: Décima Época Registro: 2010382 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente:
Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Libro 24, Noviembre de 2015, Tomo IV Materia(s): Administrativa Tesis:
XXI.2o.P.A.16 A (10a.) Página: 3444.
debe convocarse con no menos de 8 días de anticipación ni más de 15, lo cual
permite que los interesados se enteren con antelación de la fecha de la
reunión; b) Deben expedirse cédulas con la convocatoria las cuales deben
fijarse en los lugares más visibles del ejido, con lo cual se asegura que el
documento que contenga las características de la convocatoria se haga del
conocimiento de los integrantes del ejido a través de su colocación en lugares
manifiestos; c) Las cédulas expresen los asuntos a tratar y el lugar y fecha de
la reunión, obligando a los convocantes a detallar el objetivo de la asamblea a
la que convocan y los datos de su celebración, para conocimiento de los
ejidatarios; y d) Responsabiliza al comisariado ejidal de la permanencia de las
cédulas en los lugares donde se colocaron hasta el día de la celebración de la
asamblea, carga que es adecuada en atención a que es el órgano
administrador del ejido y procurador del respeto a los derechos ejidales, por lo
que los términos en que se plantean tales requisitos no son confusos, ya que
no se requiere de una labor intensa de interpretación para comprender su
sentido.126

Sirve de orientación y apoyo también, el criterio jurisprudencial que se


160
transcribe a continuación y aunque no se refiere a la materia agraria sino
a la penal, guarda estrecha relación con el tema en trato, pues el
principio de publicidad aquí expuesto es propio de los sistemas orales a
los que pertenecen tanto la materia agraria como la penal.

PROCESO PENAL ACUSATORIO Y ORAL. EN ÉSTE SÓLO PUEDEN


REPUTARSE COMO PRUEBAS LAS DESAHOGADAS PÚBLICAMENTE ANTE
EL TRIBUNAL RESPECTIVO, EN PRESENCIA DE LAS PARTES.

Por decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 18 de junio de


2008 se reformaron, entre otros, los artículos 16 a 22 de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, para introducir en el orden jurídico
nacional el sistema procesal penal acusatorio y oral, regido por los principios
de publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación. Este
126
Época: Novena Época Registro: 162647 Instancia: Segunda Sala Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta Tomo XXXIII, Marzo de 2011 Materia(s): Constitucional Tesis: 2a. XXV/2011 Página: 881.
nuevo modelo de enjuiciamiento se basa en una "metodología de audiencias",
cuyos ejes rectores se establecen en el artículo 20 constitucional. Ahora bien,
la instauración del sistema referido busca garantizar el adecuado desarrollo de
los ciudadanos en un marco de seguridad y libertades, entendiéndose que un
proceso penal sólo podrá considerarse legítimo si permite sentenciar a los
culpables y absolver a los inocentes por medio de un método que, a la luz del
público y con la participación de las partes, permita conocer, más allá de toda
duda razonable, la verdad de lo sucedido. Así, de conformidad con esta nueva
metodología, la lógica de las pruebas cambia respecto del sistema tradicional
o mixto, pues para el proceso penal acusatorio y oral sólo pueden reputarse
como tales las desahogadas públicamente ante el tribunal respectivo, en
presencia de las partes -salvo la denominada prueba anticipada-, lo que
implica que el dictado de las sentencias debe sustentarse en elementos de
convicción recibidos directamente por el tribunal de juicio oral, bajo un control
horizontal, con plena satisfacción de los principios citados .127

3.12. PRINCIPIO DE IMPULSO PROCESAL

161 que deben realizar las partes


Este principio se refiere a la actividad
contendientes en el juicio agrario, para que el mismo no se detenga, no
se estanque o no se interrumpa, de ahí que, la intervención procesal de
las partes tiene que estar encaminada a cumplir con los anteriores
propósitos, de donde se colige, que aquella actividad que no esté
dirigida a esos fines, llevara a que se decrete la caducidad de la
instancia. Cabe destacar, que lo propio, también está dirigido al tribunal
agrario, pues hay actuaciones que solo este puede llevar a cabo en
ejercicio de sus facultades para impulsar el proceso – como la
designación y comparecencia de un perito tercero o el recaudo de
documentos que solicitaron las partes y no se les obsequiaron - y por
tanto la inactividad procesal no se le puede imputar a las partes, ni es
dable decretar la caducidad de la instancia por este motivo.
127
Época: Décima Época Registro: 2011883 Instancia: Primera Sala Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Gaceta del Semanario
Judicial de la Federación Libro 31, Junio de 2016, Tomo I Materia(s): Penal Tesis: 1a. CLXXVI/2016 (10a.) Página: 702.
En el vocabulario Jurídico del maestro uruguayo Eduardo J. Couture, el
concepto de caducidad significa “extinción, consunción o pérdida de un
derecho o facultad por vencimiento de un plazo u ocurrencia de un
supuesto previsto en la ley”. Por disposición expresa del artículo 190 de
la ley agraria, en los juicios agrarios, la inactividad procesal o la falta de
promoción del actor durante el plazo de cuatro meses producirá la
caducidad.

De tal precepto se advierte que para que se interrumpa la


caducidad será necesario un acto procesal de las partes que manifiesten
su deseo o voluntad de continuar el procedimiento, acto que, cabe
subrayar, deberá de ser de aquellos que la doctrina califica de impulso
procesal, esto es, que tienen el efecto de hacer progresar el juicio. Lo
dicho se explica no solo en función de lo que sanciona la ley, o sea la
inactividad procesal de las partes, que de suyo revela el desinterés de
que se continúe con el asunto y que se llegue a dictar sentencia, a modo
162
tal que si las partes o alguna de ellas tiene interés no opere la
caducidad, necesariamente habrá de asumir la conducta procesal
correspondiente, a saber: impulsar el juicio mediante la promoción
respectiva. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que el impulso del
proceso por los litigantes no es un deber; es sencillamente una carga en
el sentido técnico procesal del vocablo, carga que pesa sobre los
contendientes.128

Para ilustrarnos un poco más sobre el tema en cuestión, es necesario


adentrarnos en el estudio de los siguientes criterios jurisprudenciales:

CADUCIDAD DE LA INSTANCIA EN EL JUICIO AGRARIO. SUPUESTOS QUE


LA PRODUCEN. De lo dispuesto por el artículo 190 de la Ley Agraria en vigor,
que establece que "En los juicios agrarios, la inactividad procesal o la falta de
promoción del actor durante el plazo de cuatro meses producirá la
128
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pp. 30 a 31. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
caducidad.", se colige que tal precepto contempla dos situaciones
concurrentes que generan la caducidad de la instancia: una, la inactividad
procesal atribuible al Tribunal Agrario responsable que se traduce en la
paralización del procedimiento, ello con independencia de que existan
actuaciones pendientes de realizar a cargo del propio Tribunal Agrario; y otra,
relativa a la falta de promoción de la parte actora con el fin de impulsar el
procedimiento dentro de ese mismo periodo de tiempo; de manera que si
sobreviene cualquiera de las dos hipótesis en mención, incluso en forma
129
simultánea, se provoca la caducidad.

Época: Décima Época Registro: 2003929 Instancia: Segunda Sala Tipo de


Tesis: Jurisprudencia Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
Libro XXII, Julio de 2013, Tomo 1 Materia(s): Administrativa Tesis: 2a./J.
86/2013 (10a.) Página: 689

CADUCIDAD EN EL JUICIO AGRARIO. NO SE CONFIGURA POR INACTIVIDAD


PROCESAL ATRIBUIBLE AL TRIBUNAL.

El artículo 190 de la Ley Agraria establece la caducidad en el juicio agrario


163
como sanción procesal a la inactividad o a la falta de promoción del actor
durante el plazo de 4 meses. Ahora bien, de la interpretación de dicho
precepto conforme al artículo 17 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, que garantiza el derecho fundamental a la tutela judicial
efectiva, se colige que la caducidad, al constituir una sanción para el actor, no
se configura cuando la inactividad sea imputable al órgano jurisdiccional,
máxime si se debe a la falta de desahogo de diligencias o de pruebas, en cuya
realización aquél no tiene injerencia, pues no se justifica que padezca los
efectos perjudiciales derivados de una omisión que no le es atribuible; más
aún si se toma en cuenta que, tratándose de la justicia agraria, la fracción XIX
del artículo 27 constitucional establece la obligación de los tribunales de
realizar su función jurisdiccional en forma "expedita y honesta", lo cual
significa que al ejercer sus atribuciones deberán hacerlo procurando en todo
momento cumplir con los plazos legalmente previstos para llevar a cabo las
diligencias y actuaciones procesales necesarias para poner los juicios en
129
Novena Época Registro: 199860 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
IV, Diciembre de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: VIII.2o.22 A Página: 371 Tesis Aislada
estado de resolución, dictando sus fallos con celeridad, en acatamiento de ese
postulado constitucional, instituyéndose al mismo tiempo su obligación
ineludible de evitar que los juicios queden injustificadamente paralizados por
causas atribuibles a ellos.130

CADUCIDAD. PARA QUE OPERE SE REQUIERE FALTA DE PROMOCION E


INACTIVIDAD PROCESAL (INTERPRETACION DEL ARTICULO 190 DE LA LEY
AGRARIA). El artículo 190 de la Ley Agraria dispone: "En los juicios agrarios,
la inactividad procesal o la falta de promoción del actor durante el plazo de
cuatro meses producirá la caducidad." De la recta interpretación a tal precepto
legal, se llega a la conclusión de que no basta la falta de promoción de la
actora para que opere la caducidad, sino que se requiere que haya inactividad
procesal en el juicio, lo que no ocurre si el propio tribunal efectúa, entre otros
actos procesales, notificaciones, requerimientos o recepción de pruebas;
131
actuaciones estas, que activan el procedimiento.

AGRARIO. CADUCIDAD DE LA INSTANCIA (ARTICULO 190 DE LA LEY


AGRARIA). El artículo 190 de la Ley Agraria que prevé: "... la inactividad
procesal o la falta de promoción del164
actor durante el plazo de cuatro meses
producirá la caducidad.", no establece con precisión si la caducidad es de la
instancia o de la acción, sin embargo, debe entenderse que la institución de la
caducidad está referida a la instancia, es decir, al procedimiento agrario y no a
la acción, por tratarse la caducidad de una figura meramente procesal cuya
actualización no debe ir en detrimento del derecho de defensa de los sujetos
que ocurren ante el órgano jurisdiccional agrario a dirimir sus conflictos o
bien en defensa de una expectativa de derecho que pudieran tener dentro del
juicio, pues sólo debe ser una sanción procesal para aquel que deja de
impulsar el procedimiento, quedándole la posibilidad de intentar un nuevo
132
juicio, porque una institución adjetiva no puede superar a una sustantiva .

130
Época: Décima Época Registro: 2003929 Instancia: Segunda Sala Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Semanario
Judicial de la Federación y su Gaceta Libro XXII, Julio de 2013, Tomo 1 Materia(s): Administrativa Tesis: 2a./J. 86/2013 (10a.)
Página: 689.

131
Novena Época Registro: 199596 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
V, Enero de 1997 Materia(s): Administrativa Tesis: III.2o.A.25 A Página: 439 Tesis Aislada.

132
Novena Época Registro: 199563 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
V, Enero de 1997 Materia(s): Administrativa Tesis: XV.1o.7 A Página: 413 Tesis Aislada.
CADUCIDAD DE LOS JUICIOS AGRARIOS PREVISTA EN EL ARTÍCULO 190
DE LA LEY AGRARIA, EL TÉRMINO DE CUATRO MESES SEÑALADO SE
COMPUTA COMO CUATRO MESES DE CALENDARIO Y PUEDE SER
DECRETADA DE OFICIO. SUPLETORIEDAD DEL CÓDIGO FEDERAL DE
PROCEDIMIENTOS CIVILES. El plazo de cuatro meses previsto para la
caducidad de la instancia por la Ley Agraria en su artículo 190, debe ser
computado de acuerdo con lo previsto por el numeral 292 del Código Federal
de Procedimientos Civiles, de aplicación supletoria en la materia, esto es,
como cuatro meses de calendario, por el número de días que les corresponda,
de fecha a fecha sin excluir los días inhábiles; además, dicha caducidad puede
ser decretada de oficio por los tribunales agrarios, conforme a lo establecido
por el diverso numeral 375 del relatado código adjetivo civil, aplicado de igual
manera en forma supletoria a la materia agraria que nos ocupa; lo anterior en
virtud de que como se observa de la lectura del artículo 167 de la Ley Agraria,
el Código Federal de Procedimientos Civiles de referencia es de aplicación
supletoria cuando no exista disposición expresa en esa Ley Agraria, en lo que
fuere indispensable para complementar las disposiciones del título referente a
la justicia agraria. Por consiguiente, si el citado ordenamiento legal agrario en
165
su artículo 190 únicamente se concreta a establecer los supuestos que
generan la caducidad de la instancia en los juicios agrarios, sin hacer
referencia a ninguna otra cuestión, es incuestionable que los dispositivos
legales citados con antelación del señalado código adjetivo civil sí pueden ser
aplicados supletoriamente en los supuestos de que se trata. 133

CADUCIDAD. INAPLICABILIDAD DEL ARTÍCULO 190 DE LA LEY AGRARIA A


LOS PROCEDIMIENTOS ADMINISTRATIVOS ANTERIORES A SU VIGENCIA. El
artículo 190 de la Ley Agraria en vigor dispone que: "En los juicios agrarios, la
inactividad procesal o la falta de promoción del actor durante el plazo de
cuatro meses producirá la "caducidad", de lo que se sigue que tal precepto
resulta inaplicable al procedimiento administrativo que se seguía antes de la
creación del Tribunal Unitario Agrario, ya que no es posible que el tiempo de
inactividad transcurrido en aquel procedimiento configure la caducidad ahora
en los juicios que se siguen ante dicho Tribunal Unitario, pues ello equivale a

133
Novena Época Registro: 195892 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
VIII, Julio de 1998 Materia(s): Administrativa Tesis: XVII.1o.3 A Página: 345 Tesis Aislada.
aplicar retroactivamente el precepto aludido a situaciones acaecidas antes de
su iniciación de vigencia, en perjuicio de los gobernados, lo que se encuentra
prohibido por el artículo 14 constitucional, toda vez que, al ser la caducidad
una figura jurídica que extingue la instancia judicial por inactividad procesal,
es presupuesto lógico indispensable que ésta deba existir dado que es
134
imposible que caduque una instancia que aún no ha nacido".

3.13. PRINCIPIO DE ORALIDAD

Según los procesalistas modernos la oralidad de los procesos exige que


se tramiten de acuerdo con las siguientes normas: a.- La fijación de la
litis debe hacerse oralmente ante el tribunal; b.- Que se respete el
principio de inmediación, según el cual, los debates, las pruebas y
alegatos deben llevarse a cabo ante el juez, procurando este tener
durante el proceso el mayor contacto posible con las partes; c.- Ha de
respetarse el principio de concentración que exige que las cuestiones
litigiosas sobre las que ha de recaer la sentencia no se formulen
166
separadamente, sino que se reúnan, y como lo dice el principio, se
concentren para su examen, prueba y decisión en una sola audiencia y
si esto no es posible en las que sean necesarias, pero que tengan lugar
en fechas aproximadas y en el menor lapso; d.- En el juicio oral la
audiencia de pruebas, alegatos y sentencia tiene, por lo mismo, la mayor
importancia en el proceso ya que constituye su núcleo y el medio fijado
por la ley para que aquel realice plenamente su finalidad; e.- Por virtud
del principio de concentración, en el juicio oral no deben admitirse
artículos de previo y especial pronunciamiento ni atribuir a los recursos
que se interpongan efectos suspensivos del procedimiento, solamente
cuando la cuestión incidental se refiera a presupuestos procesales como
los de competencia y personalidad, o a normas que deban respetarse
porque fijen puntos esenciales del procedimiento, estará justificada la
134
Octava Época Registro: 212171 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación Tomo XIII, Junio de
1994 Materia(s): Administrativa Tesis: XIX.2o.8 A Página: 533 Tesis Aislada.
admisión de incidentes de previo pronunciamiento. También ha de
respetarse en el juicio oral el principio de publicidad y procurar que las
pruebas se rindan oralmente, en cuanto sea posible, así como los
alegatos. Exige el principio de oralidad que el juez o los magistrados
ante los cuales se inició y desarrolló el proceso, sean los mismos que
pronuncien la sentencia definitiva, porque solo ellos están en
condiciones de hacerlo con pleno conocimiento de causa, si debido a
cualquier circunstancia no se satisface esta necesidad, el juez de la
sentencia está facultado para decretar que ante él se repita la rendición
de pruebas y producción de alegatos; f.- No obstante que en el juicio
oral, debe predominar la forma verbal sobre la escrita en los diversos
actos procesales, sin embargo esta regla general tiene sus limitaciones
y entre ellas figuran como muy importantes las relativas a los escritos
fundamentales del juicio y a los llamados de documentación, o sean las
actuaciones judiciales en las que se haga constar la fijación del debate,
167
el resultado de las pruebas, las promociones de las partes durante la
audiencia, etc.135

En materia agraria, según este principio, la intervención de las partes


debe hacerse oralmente ante el tribunal, pues los contendientes deben
exponer oralmente sus puntos de vista y razonamientos de manera
verbal – aunque su intervención oral va quedando asentada en el acta
escrita correspondiente -, así, por disposición expresa del párrafo
segundo del artículo 178 de la ley agraria, “en la tramitación del juicio
agrario los tribunales se ajustaran al principio de oralidad, salvo cuando
se requiere de constancia escrita o mayor formalidad, o así lo disponga
la ley”. Por otra parte, la fracción I del numeral 185 del propio
ordenamiento legal, confirma la observancia del principio de oralidad
que debe regir el desahogo de la audiencia, al establecer: “Expondrán

135
PALLARES EDUARDO, “Diccionario de derecho Procesal Civil”; Editorial Porrúa, Vigesimosexta edición, México, 2001. PP.
632 a 633.
oralmente sus pretensiones por su orden, el actor su demanda y el
demandado su contestación y ofrecerán las pruebas que estimen
conducentes a su defensa y presentarán a los testigos y peritos que
pretendan ser oídos”.

De lo anterior resulta que en la audiencia a que se refiere el


artículo 185 de la ley agraria deben precisarse todas las acciones y
excepciones que las partes quisieran hacer valer, estableciéndose
precisamente en esta etapa, la litis a la cual deberá ceñirse la autoridad
al dictar la resolución correspondiente. 136 así mismo de lo anterior se
infiere que si las partes no ratifican oralmente sus pretensiones, la
audiencia y el propio proceso no puede tener lugar, pudiéndose dictar un
auto que de por concluido el asunto; así mismo, si solo el actor ratifica
sus pretensiones y el demandado no lo hace, el juicio seguirá solo con lo
aportado por este y se podrá dictar en consecuencia una sentencia
favorable a sus pretensiones, por el contrario si es solo el demandado el
168
que oralmente ratifica su contestación y demás partes de su libelo
contestatorio y el actor no hace lo propio, podrá resolverse absolviendo
al demandado, o bien, dictando una sentencia favorable a sus
pretensiones si es que ofrece reconvención y el demandado
reconvencional – que es el actor en lo principal - está conforme en que
la audiencia continúe sin hacer mayores manifestaciones en su defensa.
Ante lo anterior, es que las partes deberán hacerse del patrocinio de un
abogado agrarista que conozca y entienda de los principios procesales
agrarios como este de oralidad.

El propósito de oralidad se compromete, en apariencia, cuando en el


artículo 164 primer párrafo de la ley agraria, dispone que para la
resolución de las controversias, los tribunales se sujetaran al principio
legal y que quedara constancia de ello por escrito, pero esto no implica
136
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pp. 16 a 17. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
que dicho principio no opere, puesto que en la mayoría de los procesos
siempre se ha buscado que haya constancia de los puntos de
controversia correspondientes, porque con esto se busca el control de
las resoluciones jurisdiccionales en la segunda instancia, o en su caso
en el juicio de amparo, cuestión que difícilmente ocurriría si se careciera
absolutamente de huella escrita sobre el proceso. 137

Los siguientes criterios jurisprudenciales en materia agraria y en


materias afines a esta por la oralidad de que están investidos sus
procesos, nos ayudaran a apreciar en toda su extensión este principio.

PROCEDIMIENTO AGRARIO. LA LEY AGRARIA Y LA LEY ORGÁNICA DE LOS


TRIBUNALES AGRARIOS, PUBLICADAS EN EL DIARIO OFICIAL DE LA
FEDERACIÓN EL VEINTISÉIS DE FEBRERO DE MIL NOVECIENTOS NOVENTA
Y DOS, QUE LO REGULAN, NO TRANSGREDEN LA GARANTÍA DE AUDIENCIA
CONSAGRADA EN EL ARTÍCULO 14 DE LA CONSTITUCIÓN FEDERAL.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación estableció en la tesis


169
jurisprudencial P./J. 47/95, publicada en el Semanario Judicial de la Federación
y su Gaceta, Novena Época, Tomo II, diciembre de 1995, página 133, de rubro:
"FORMALIDADES ESENCIALES DEL PROCEDIMIENTO. SON LAS QUE
GARANTIZAN UNA ADECUADA Y OPORTUNA DEFENSA PREVIA AL ACTO
PRIVATIVO.", que la garantía de audiencia implica el seguimiento de las
formalidades esenciales del procedimiento que garanticen una oportuna y
adecuada defensa previa al acto de privación, consistentes en la notificación
del inicio del procedimiento y sus consecuencias, el otorgamiento de la
posibilidad de ofrecer pruebas y alegar en defensa, y el dictado de una
resolución que dirima la cuestión debatida. En congruencia con tal criterio,
debe decirse que la Ley Agraria y la Ley Orgánica de los Tribunales Agrarios,
publicadas en el Diario Oficial de la Federación, el veintiséis de febrero de mil
novecientos noventa y dos, que regulan el procedimiento agrario, no
transgreden la referida garantía constitucional. Ello es así, porque del análisis
de lo dispuesto en los artículos 1o., 163, 164, 170, 171, 181, 182, 185 a 187 y
189 de la Ley Agraria, así como en los diversos artículos 1o. y 18 de la ley
137
GARCIA RAMIREZ SERGIO; “Principios del Procedimiento Agrario Ordinario”, Óp. Cit., Pág. 512.
orgánica mencionada, se advierte que a partir de la entrada en vigor de tales
ordenamientos se estableció una nueva distribución de competencias en
materia federal en los temas relacionados con la tenencia de la tierra en
nuestro país, creándose una instancia jurisdiccional con potestad de resolver
conflictos que responde a una interpretación del espíritu que ha inspirado
tanto al Constituyente como al legislador ordinario al establecer las normas
reguladoras de los derechos de la clase campesina y de los procedimientos
judiciales para su defensa y preservación, esto es, se creó un órgano
administrativo competente para conocer y dirimir, entre otros, los conflictos
de tenencia de parcelas ejidales, previéndose un procedimiento ágil y sencillo,
en el que impera el principio de oralidad, a través de una audiencia en la que
se hace saber a las partes sus pretensiones, exhortándolas para solucionar el
conflicto a través de una amigable composición, que de no lograrse, hará que
se continúe con la fase de ofrecimiento y desahogo de pruebas y seguir,
posteriormente, con la etapa de alegatos, concluyendo así dicha diligencia
para, finalmente, proceder al dictado de la sentencia correspondiente, en la
que el análisis se realiza sin sujeción a reglas, a verdad sabida y buena fe
guardada, cumpliéndose con ello
170las formalidades esenciales del
procedimiento.138

Época: Novena Época Registro: 202857 Instancia: Tribunales Colegiados de


Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Semanario Judicial de la Federación y
su Gaceta Tomo III, marzo de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: VI.4o.1 A
Página: 873

AGRARIA, SUPLETORIEDAD DEL CODIGO FEDERAL DE PROCEDIMIENTOS


CIVILES, TRATANDOSE DEL OFRECIMIENTO DE LA PRUEBA CONFESIONAL,
EN MATERIA.

Conforme a lo dispuesto en los artículos 167, 178 y 186 de la Ley Agraria en


vigor, el Código Federal de Procedimientos Civiles es de aplicación supletoria,
cuando no exista disposición expresa en la Ley Agraria y fuere indispensable
para completar el título décimo, relativo a la justicia agraria, siempre y cuando

138
Época: Novena Época Registro: 191128 Instancia: Pleno Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta Tomo XII, Septiembre de 2000 Materia(s): Constitucional, Administrativa Tesis: P. CXLI/2000 Página:
35.
las disposiciones adjetivas civiles no se opongan directa o indirectamente a
dicha Ley Agraria; asimismo, que en la tramitación del juicio agrario los
tribunales se ajustarán primordialmente al principio de oralidad; y, en el
procedimiento agrario serán admisibles toda clase de pruebas, mientras no
sean contrarias a la ley, y los tribunales podrán acordar en todo tiempo, la
práctica, ampliación o perfeccionamiento de cualquier diligencia, siempre que
sea conducente para el conocimiento de la verdad sobre los puntos
cuestionados. De tal manera que no es válido desechar la prueba confesional
con base en el artículo 103 del código adjetivo en cita, so pretexto de que no
se exhibió pliego de posiciones, máxime si al ofrecerse la prueba en cuestión,
se señaló que deberá desahogarse al tenor de las posiciones que en su
oportunidad se formularían, previa su calificación legal; siendo evidente que el
precitado dispositivo legal se opone no sólo al principio de oralidad que rige el
procedimiento agrario, sino también al que establece que no sean contrarias a
la ley, de ahí que la supletoriedad del Código Federal de Procedimientos
Civiles, no puede establecerse para desechar la prueba confesional. 139

PRINCIPIO DE ORALIDAD EN EL PROCEDIMIENTO LABORAL. IMPLICA QUE


171
SE DÉ PREVALENCIA EN EL JUICIO A LA PALABRA HABLADA, SIN EXCLUIR
A LA FORMA ESCRITA QUE LA COMPLEMENTA.

Conforme al artículo 685 de la Ley Federal del Trabajo, el procedimiento


laboral es predominantemente oral, lo que implica que se dé prevalencia a la
palabra hablada, lo que obliga a las partes a comparecer durante las diversas
etapas y externar las manifestaciones que estimen necesarias para su
adecuada defensa. Por su parte, el artículo 721 de la citada ley, precisa, en lo
que interesa, que lo actuado en las audiencias se hará constar en actas, las
que deberán ser firmadas por las personas que en ellas intervinieron, y que
todas las actuaciones procesales serán autorizadas por el secretario, salvo
aquellas diligencias encomendadas a otros funcionarios. De ello se evidencia
que la oralidad no excluye a la forma escrita, sino que la complementa, pues
resulta indispensable que todas las intervenciones y manifestaciones de las
partes queden asentadas de manera escrita, con el objeto de tener la certeza
de la forma y condiciones en que se desenvolvió el procedimiento, y será esto

139
Época: Novena Época Registro: 202857 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente:
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo III, Marzo de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: VI.4o.1 A Página:
873.
la herramienta que utilice el juzgador para resolver lo pretendido o alegado por
los contendientes.140

Época: Décima Época Registro: 2012862 Instancia: Tribunales Colegiados de


Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la
Federación Libro 35, octubre de 2016, Tomo IV Materia(s): Civil Tesis: I.6o.C.50
C (10a.) Página: 3033

PRUEBA SUPERVENIENTE EN EL JUICIO ORAL CIVIL. ES LEGAL SU


ADMISIÓN, AUN CUANDO SU OFRECIMIENTO SE HAGA POR ESCRITO SI
ADEMÁS SE ANUNCIA ORALMENTE.

El artículo 971 del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal


establece: "En el juicio oral civil, se observarán especialmente los principios
de oralidad, publicidad, igualdad, inmediación, contradicción, continuidad y
concentración.". Ahora bien, es en la audiencia en donde las partes oralmente
ofrecen sus pruebas y corresponde al Juez hacer notar las deficiencias en que
pudiesen incurrir al hacerlo, pero siempre garantizando la igualdad procesal.
Asimismo, debe tomarse en cuenta que el proceso y las normas que regulan el
172
procedimiento no son un fin en sí mismo considerado, sino el instrumento
creado para la composición del conflicto en su aspecto sustancial y, por tanto,
para la realización del derecho, de suerte que dichas normas, particularmente
la que se trata, que responde al propósito de acelerar el procedimiento, no
puede constituir una barrera formal infranqueable que venga paradójicamente
a impedir el cumplimiento de los fines que, en último análisis, se persiguen a
través del proceso y, en consecuencia, la recepción de documentos
supervenientes, que tiendan notoriamente a la asunción de mayores
elementos para la solución del conflicto con apego a derecho, no puede
considerarse ilegal. Por ello, la admisión de la prueba superveniente resulta
legal en los juicios orales civiles, aun cuando su ofrecimiento se haga por
escrito si, además, se anuncia en forma oral.141
140
Época: Décima Época Registro: 2000629 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente:
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Libro VII, Abril de 2012, Tomo 2 Materia(s): Laboral Tesis: VIII.4o.(X Región)
2 L (10a.) Página: 1838.

141
Época: Décima Época Registro: 2012862 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente:
Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Libro 35, Octubre de 2016, Tomo IV Materia(s): Civil Tesis: I.6o.C.50 C (10a.)
3.14. PRINCIPIO DE CONCILIACION

El Diccionario Jurídico Mexicano nos da la siguiente definición de


Conciliación: “Es el acuerdo a que llegan las partes en un proceso,
cuando existe controversia sobre la aplicación o interpretación de sus
derechos, que permite resulte innecesario dicho proceso”.

En materia agraria, en cualquier estado de la audiencia y en todo


caso antes de pronunciar el fallo, el tribunal exhortara a las partes a una
composición amigable, si se lograra la avenencia, se dará por terminado
el juicio y se suscribirá el convenio respectivo, el que una vez calificado
y, en su caso, aprobado por el tribunal, tendrá el carácter de sentencia,
en caso contrario, el tribunal oirá los alegatos de las partes, para lo cual
concederá el tiempo necesario a cada una y en seguida pronunciara su
fallo en presencia de ellas de una manera clara y sencilla (artículo 185
fracción VI de la ley agraria). 142 Así también, este principio de
173
conciliación lo encontramos en la ejecución de la sentencia agraria, pues
el artículo 191 de la ley agraria en su fracción primera prevé la ejecución
amigable de la sentencia en los siguientes términos: “Los tribunales
agrarios están obligados a proveer a la eficaz e inmediata ejecución de
sus sentencias y a ese efecto podrán dictar todas las medidas
necesarias, incluidas las de apremio, en la forma y términos que, a su
juicio, fueren procedentes, sin contravenir las reglas siguientes: I. Si al
pronunciarse la sentencia estuvieren presentes ambas partes, el tribunal
las interrogara acerca de la forma que cada una proponga para la
ejecución y procurara que lleguen a un avenimiento a ese respecto; y II.
El vencido en juicio podrá proponer fianza de persona arraigada en el
lugar o de institución autorizada para garantizar la obligación que se le

Página: 3033

142
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pp. 24 a 25. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
impone, y el tribunal, con audiencia de la parte que obtuvo, calificara la
fianza o garantía según su arbitrio y si la aceptare podrá conceder jun
termino hasta de quince días para el cumplimiento y aun mayor tiempo
si el que obtuvo estuviera conforme con ella. Si transcurrido el plazo no
hubiere cumplido, se hará efectiva la fianza o garantía
correspondiente”.143

Sirven de orientación para mayor entendimiento sobre el tema que nos


ocupa, los siguientes criterios jurisprudenciales:

AGRARIO. LA EXHORTACION DEL TRIBUNAL PARA QUE LAS PARTES


LLEGUEN A UNA COMPOSICION AMIGABLE DEL CONFLICTO, NO IMPLICA
QUE DEBA FORMULAR UNA PROPOSICION CONCRETA DE LA
CONCILIACION (ARTICULO 185, FRACCION VI, DE LA LEY AGRARIA).

La fórmula legal empleada en el artículo 185, fracción VI, de la Ley Agraria,


acerca de que "el tribunal exhortará a las partes a una composición amigable",
sólo significa, atendiendo a una interpretación literal y sistemática, que el
174
Tribunal Agrario correspondiente sólo tiene la obligación, durante la audiencia
prevista en el referido artículo o antes de pronunciar el fallo, de exhortar a las
partes en el juicio para que diriman voluntariamente sus diferencias entre sí,
mediante la celebración de un convenio, como una forma de autocomposición
del litigio. Tal exhortación no es factible extenderla a la circunstancia de que el
Tribunal Agrario deba plantear a las partes una propuesta concreta de
conciliación, pues en ese sentido nada dice la disposición citada, ya que lo
más que llega a establecer es el deber del Tribunal Agrario de calificar y, en su
caso, aprobar, el convenio respectivo, lo cual no tendría ningún sentido lógico
si la propuesta de avenimiento no proviniera de las partes, motu proprio.
Además, el artículo 191, fracción I, de la Ley Agraria, al establecer que si las
partes están presentes al emitir el fallo, el tribunal las interrogará acerca de la
forma que cada una proponga para la ejecución y procurará que lleguen a un
avenimiento a ese respecto, refleja que el sistema normativo previsto en la Ley
Agraria, radica, por una parte, en dejar a las partes la proposición concreta
para la solución del conflicto (cuando aún no se dicta la sentencia), o para

143
Marco Legal Agrario; Ley Agraria. Óp. cit. Pág. 87.
determinar la forma de ejecutar el fallo (lo que presupone su previo dictado); y
por otra, en imponer al tribunal el deber de procurar que las partes, en ambos
casos, lleguen a un avenimiento.144

JUICIO AGRARIO. EL AVENIMIENTO REALIZADO POR LOS APODERADOS ES


VÁLIDO JURÍDICAMENTE.

De la interpretación sistemática de los artículos 185, fracción VI, de la Ley


Agraria, 1o. del Código Federal de Procedimientos Civiles, 2554 y 2587 del
Código Civil Federal, de aplicación supletoria en materia agraria, se advierte
que quien tenga interés en que se imponga una condena o se reconozca un
derecho en el juicio agrario y quien tenga la pretensión contraria, podrán
otorgar poder general para pleitos y cobranzas a fin de que la persona
designada los represente en el proceso, quien podrá acudir a la fase de
avenimiento, ejerciendo las facultades en su nombre y por su cuenta, como
convenir con su contraparte, siempre y cuando dicha facultad le sea conferida
expresamente en el poder general para pleitos y cobranzas. En consecuencia,
si el artículo 185, fracción VI, de la Ley Agraria prevé que podrán comparecer
las partes en cualquier estado del juicio
175y en todo caso antes de pronunciar el
fallo para lograr una composición amigable, sin hacer señalamiento alguno en
el sentido de que sólo serán éstas y no a través de sus representantes, es
obvio que no limita la facultad del apoderado para transigir, es decir, para
llegar a una amigable composición, pues no prevé mayor formalidad para
exhortar a las partes para esos efectos, salvo que éstas se encuentren
presentes en la misma audiencia, de ahí que las partes pueden comparecer en
todas sus etapas por conducto de su apoderado general para pleitos y
cobranzas, quien al contar con todas las facultades generales y aun las que
requieran de cláusula especial como la de transigir, realiza los actos en su
nombre en forma tal que el acto surte efectos como si hubiera sido realizado
por aquéllas. Esto es, en el juicio agrario es válido jurídicamente el
avenimiento realizado por los apoderados al actuar en nombre y
representación de las partes.145

144
Época: Novena Época Registro: 200574 Instancia: Segunda Sala Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta Tomo IV, Julio de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: 2a./J. 31/96 Página: 159.

145
Época: Novena Época Registro: 163103 Instancia: Segunda Sala Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta Tomo XXXIII, Enero de 2011 Materia(s): Administrativa Tesis: 2a./J. 131/2010 Página: 848.
CONVENIO PREVISTO EN LA FRACCIÓN VI DEL ARTÍCULO 185 DE LA LEY
AGRARIA. MIENTRAS NO TENGA EL CARÁCTER DE SENTENCIA,
CUALQUIERA DE LAS PARTES PUEDE MANIFESTAR SU OPOSICIÓN A
CONTINUAR CON LA CONCILIACIÓN Y PEDIR LA REANUDACIÓN DEL JUICIO.

De las consideraciones de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de


la Nación vertidas en la ejecutoria que dio lugar a la jurisprudencia 2a./J. 31/96,
consultable en la página 159 del Tomo IV, julio de 1996, Novena Época del
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, de voz: "AGRARIO. LA
EXHORTACIÓN DEL TRIBUNAL PARA QUE LAS PARTES LLEGUEN A UNA
COMPOSICIÓN AMIGABLE DEL CONFLICTO, NO IMPLICA QUE DEBA
FORMULAR UNA PROPOSICIÓN CONCRETA DE LA CONCILIACIÓN
(ARTÍCULO 185, FRACCIÓN VI, DE LA LEY AGRARIA).", se sigue, entre otras
cosas, que las partes en litigio no pueden sustituirse en las facultades del
tribunal agrario y que el convenio previsto en la fracción VI del artículo 185 de
la Ley Agraria no equivale al desistimiento del juicio, por lo que él solo acto de
su celebración no da por terminada la controversia, en atención a que dicho
órgano sólo tiene la obligación, durante la audiencia de ley o antes de emitir
176que, motu proprio, planteen entre sí la
sentencia, de exhortar a las partes para
forma de solucionar la controversia, y únicamente en el supuesto de que la vía
de conciliación prospere, se propiciará la terminación del juicio y la
suscripción del convenio respectivo, con la obligación correlativa del juzgador
de calificarlo y, eventualmente, aprobarlo, en cuyo caso éste tendrá el carácter
de sentencia. Con sujeción a lo anterior se colige que la autoridad
jurisdiccional no puede constreñir a los sujetos procesales a sujetarse
forzosamente a la solución del juicio mediante el convenio, toda vez que el
clausulado elaborado por éstos representa únicamente un proyecto de
acuerdo, que como tal no surte efectos sino a partir de que es sancionado en
los términos descritos, como condición para la eficacia de esa forma de
autocomposición del litigio. Consiguientemente, mientras el aludido convenio
no tenga el carácter de sentencia, cualquiera de las partes puede manifestar
su oposición a continuar con la conciliación y pedir la reanudación del juicio,
esto es, reiniciarlo hasta ponerlo en condiciones de dictar la sentencia
correspondiente.146

Por otro lado, vale destacar que este principio de conciliación no solo es
propio del proceso jurisdiccional agrario, sino que también está
considerado para la fase de procuración de justicia agraria, facultando la
ley agraria y el reglamento interior de la procuraduría agraria a
visitadores, abogados y demás funcionarios agrarios, a resolver los
conflictos agrarios de que conocen o sobre los cuales solicitan asesoría
los sujetos agrarios, a resolverlos bajo el procedimiento de conciliación o
en su defecto, a través del arbitraje.

En efecto, como ya ha quedado asentado en este comunicado, el


artículo 136 fracción III de la ley agraria, dispone que son atribuciones
de la procuraduría agraria las siguientes: “Promover y procurar la
conciliación de intereses entre las personas a que se refiere el artículo
anterior – o sea los sujetos agrarios
177 -, en caso controvertidos que se
relacionen con la normatividad agraria”. Por su parte el artículo 5º.,
fracción IV del reglamento interior de la procuraduría agraria establece
que para el logro de sus objetivos la procuraduría tendrá las siguientes
facultades: “Promover y procurar la conciliación de intereses de los
sujetos agrarios en las materias reguladas por la ley, como vía
preferente para la solución de los conflictos”. Derivado de lo anterior, el
reglamento interior de la procuraduría agraria tiene dispuesto un
procedimiento de conciliación, regulado por los artículos del 42 al 45 de
dicho ordenamiento legal, mediante los cuales se establece que: “La
conciliación constituye la vía preferente para resolver los conflictos
sobre derechos agrarios que le sean planteados a la procuraduría y que
no se trate de asuntos que por su naturaleza deba acordarlos la
146
Época: Novena Época Registro: 165066 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente:
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo XXXI, Marzo de 2010 Materia(s): Administrativa Tesis: VII.2o.(IV
Región) 7 A Página: 2961.
asamblea de los núcleos de población agrarios”. “La procuraduría
exhortara a las partes sobre la conveniencia de llevar a cabo el
procedimiento conciliatorio antes de que estas determinen dirimir su
controversia ante los tribunales agrarios y los convocara bajo el principio
de buena fe, a no interrumpir la conciliación mediante el ejercicio de
acciones de carácter judicial”. “La conciliación se desarrollará conforme
al siguiente procedimiento: I. Si conforme al análisis a que se refiere el
artículo 40 – analiza la petición y la clasifica para darle el curso
correspondiente – de este reglamento, el asunto de que se trate es
materia de conciliación, se exhortara a las partes a dirimir su
controversia para que, en su caso, se celebre el convenio respectivo. II.
El servidor público encargado del asunto, deberá allegarse de la
información que fuere necesaria para elaborar un juicio previo de la
controversia y de sus posibles soluciones – caso agrario especifico -. III.
El servidor público que al efecto se designe, deberá analizar la legalidad
de las propuestas de conciliación.178
En cualquier caso, los acuerdos del
convenio deberán apegarse a la ley o a las disposiciones normativas
que rijan el acto de que se trate. IV. El convenio que se celebren lo
firmaran las partes y dos testigos, de no poder hacerlo estamparan su
huella digital. También será firmado por el conciliador, con lo cual se
dará por terminado el conflicto y V. La procuraduría promoverá la
ratificación de los convenios conciliatorios ante el Tribunal Unitario
Agrario de la jurisdicción de que se trate y, cuando conforme a la ley y
los reglamentos aplicables, contengan actos susceptibles de inscripción,
solicitará al Registro Agrario Nacional dicho servicio”. “Si las partes no
logran conciliar, la procuraduría las exhortara para que, de común
acuerdo, la designen arbitro. En todo caso, sus derechos quedaran a
salvo para deducirlos en las vías procedentes”. 147 A este respecto, la
practica nos enseña que el procedimiento de conciliación en vía de
147
Marco Legal Agrario; Reglamento Interior de la Procuraduría Agraria. Óp. cit. Pág. 703.
procuración agraria, es altamente eficaz para resolver conflictos por
límites de tierras entre ejidos, comunidades y pequeños propietarios,
entre sujetos agrarios respecto de sus parcelas; conflictos planteados
virtud de las enajenaciones parcelarias por falta de respeto del derecho
del tanto y por falta de otros requisitos esenciales como accidentales,
por elección y remoción de órganos de representación y vigilancia, por
asignación y posesión de solares urbanos ejidales, por reconocimiento
de derechos de ejidatario o comunero, conflictos sucesorios ab intestato,
por el establecimiento y respeto de servidumbres de paso entre sujetos
agrarios y ejidos y comunidades con empresas estatales o de
particulares(C.F.E., PEMEX, PEÑOLES, Etc.), por la administración y
explotación de la parcela escolar, de parcela de la Unidad Agrícola
Industrial de la Mujer, etc., convenios de conciliación que en la gran
mayoría de los casos son respetados por los sujetos agrarios
intervinientes y por tanto quedan firmes en la instancia de procuración
179 criterio jurisprudencial que se lee
agraria. Así se advierte del siguiente
como sigue: “CONVENIOS ANTE LA PROCURADURIA AGRARIA. PARA SU
VALIDEZ Y EJECUCION NO ES NECESARIA SU RATIFICACION ANTE EL
TRIBUNAL AGRARIO. De la interpretación armónica de los artículos 1792 y
1796 del Código Civil para el Distrito Federal en Materia Común y para toda la
República en Materia Federal, de aplicación supletoria a la Ley Agraria, según
su artículo 2o.; 79, 80, 135 y 136, fracción III, de la propia Ley; 18, fracción XIV,
de la Ley Orgánica de los Tribunales Agrarios; 4o., fracción I, y 41 del
Reglamento Interior de la Procuraduría Agraria, puede colegirse que, los
convenios conciliatorios celebrados ante la Procuraduría Agraria o sus
Delegaciones, entre ejidatarios, comuneros y campesinos entre sí o con
terceros, para el uso, destino, cesión, aportación, transmisión, adquisición o
enajenación de derechos y bienes agrarios, cuando en ellos se pacta el que
produzcan todos los efectos jurídicos inherentes a una sentencia, llevan
aparejada ejecución, sin que sea necesario que se ratifiquen ante el Tribunal
Unitario Agrario, quien debe proceder a su ejecución cuando así se lo soliciten
en virtud de que una de las partes se niegue a cumplirlo”. 148

3.15. PRINCIPIO DE CONGRUENCIA

Este principio consiste en que las sentencias deben ser congruentes no


solo consigo mismas, sino también con la litis tal como quedo formulada
por medio de los escritos de demanda, contestación, replica y duplica.
Sostienen los jurisconsultos que hay dos clases de congruencia, la
interna y la externa. La primera consiste en que la sentencia no
contenga resoluciones ni afirmaciones que se contradigan entre sí. No
faltan autores que sostengan que la violación de este principio produce
la nulidad del fallo. La congruencia externa exige que la sentencia haga
ecuación con los términos de la litis….. “Las sentencias deben ser
claras, precisas y congruentes con las demandas y las contestaciones y
con las demás pretensiones deducidas oportunamente en el pleito,
condenando o absolviendo al demandado,
180 y decidiendo todos los puntos
que hayan sido objeto del debate. Cuando estos hubieran sido varios, se
hará el pronunciamiento correspondiente a cada uno”. Se puede violar
el principio de congruencia en los siguientes casos: a) Cuando el fallo
contiene resoluciones contradictorias entre sí; b)Cuando concede al
actor más de lo que pide; c) Cuando no resuelve todas las cuestiones
planteadas en la litis o resuelve puntos que no figuran en ella; d) Cuando
no decide sobre las excepciones hecha valer en forma legal; e) Cuando
no resuelve nada sobre el pago de las costas; f) La que comprende a
personas que no han figurado como partes en el juicio ni estado
representadas en él”.149

148
Novena Época Registro: 202384 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
III, Mayo de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: XXII.15 A Página: 608 Tesis Aislada.

149
PALLARES EDUARDO; “Diccionario de Derecho Procesal Civil”. Óp. cit. Pág. 628.
En materia agraria y en observancia a este principio, los tribunales
agrarios deberán dictar las sentencias a verdad sabida sin necesidad de
sujetarse a reglas sobre estimación de pruebas, sino apreciando los
hechos y los documentos según lo estimaren debido en conciencia,
fundando y motivando sus resoluciones (artículo 189 de la ley agraria).
Por otra parte, ¿que debe entenderse por verdad sabida?: el maestro
Guillermo Cabanellas en su diccionario de Derecho Usual la define
como “la que induce a resolver las causas y pleitos sin atenerse a las
formalidades del derecho, sino inspirándose en la equidad y la buena
fe”. Así también el mismo autor define la palabra conciencia como “la
facultad moral que distingue el bien y el mal. Conocimiento reflexivo y
exacto”.

Ahora bien, la motivación exigida por el artículo 16 constitucional


consiste en externar las consideraciones relativas a las circunstancias
de hecho que se formula la autoridad para establecer la adecuación del
181
caso concreto a la hipótesis legal. Por tanto cabe conceptuar que este
principio estriba en que las sentencias de los tribunales agrarios deben
estar en armonía o concordancia con la demanda, su ampliación, la
contestación, la reconvención, las excepciones, los incidentes y todo
aquello que las partes hayan planteado en su mutua defensa en el juicio
y sobre todo, lo fallado debe estar de acuerdo con los hechos invocados
por las partes en la audiencia a que se refiere el artículo 185 de la ley
agraria y que el juzgador debe encuadrar en el derecho que le sea
aplicable, según el resultado del examen de las pruebas rendidas o
perseguidas-para mejor proveer- para demostrarlas. Por otro lado,
señalaremos que el magistrado responsable, al resolver la controversia
puesta a su consideración, oficiosamente no puede introducir acciones
diversas a las planteadas por las partes en la audiencia referida, que
son las que quedaron precisadas al establecer la litis, de lo contrario su
actuación transgrediría las garantías constitucionales de los
demandados.150

Nos ilustran y orientan al respecto, los siguientes criterios


jurisprudenciales:

SENTENCIAS AGRARIAS, DEBEN CONTENER EL ESTUDIO DE TODAS LAS


PRUEBAS RENDIDAS POR LAS PARTES. (ARTICULO 189 DE LA LEY
AGRARIA). Si bien es cierto que conforme al artículo 189 de la Ley Agraria, las
sentencias de los Tribunales Agrarios se dictarán a verdad sabida, sin
necesidad de sujetarse a las reglas sobre estimación de pruebas, sino
apreciando los hechos y los documentos según los tribunales lo estimaren
debido en conciencia, fundando y motivando sus resoluciones, esto no los
faculta a no examinar todas y cada una de las pruebas que aportan las partes,
dando las razones en que se fundan para darles o no valor en el asunto
sometido a su decisión, pues no basta que en una sentencia se diga que se ha
hecho el estudio y la estimación de las pruebas que fueron rendidas, sino que
151
debe consignarse en la misma ese estudio y esa estimación.
182
SENTENCIA INCONGRUENTE. Si el Tribunal Unitario Agrario, al pronunciar la
sentencia respectiva, omite resolver sobre todos los puntos de la controversia, con
ello falta al principio de congruencia, que exige el artículo 189 de la Ley Agraria, lo
que se traduce en violación de las garantías individuales contenidas en los artículos
14 y 16 constitucionales. 152

LITIS, FIJACION DE LA. PROCEDIMIENTO AGRARIO. De lo preceptuado por


el artículo 181 de la nueva Ley Agraria, se obtiene que el Tribunal Agrario
prevendrá al accionante, al momento de la presentación de su demanda, para
que subsane las irregularidades u omisiones de que ésta adolezca,
brindándole oportunidad para corregirla dentro de los ocho días siguientes, de
donde resulta que en la audiencia a que se refiere el artículo 185 de la propia
Ley, deben precisarse todas las acciones y excepciones que las partes

150
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pp. 26 a 27. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
151
Octava Época Registro: 209646 Tribunales Colegiados de Circuito Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Núm.
84, Diciembre de 1994 Materia(s): Administrativa Tesis: XV.1o. J/4 Página: 63 Jurisprudencia.

152
Novena Época Registro: 195908 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
VIII, Julio de 1998 Materia(s): Administrativa Tesis: VI.2o. J/139 Página: 315 Jurisprudencia.
quisieren hacer valer, estableciéndose, precisamente en esta etapa, la litis a la
cual deberá ceñirse la autoridad al dictar la resolución correspondiente, y si el
Magistrado responsable, al momento de resolver el conflicto puesto a su
consideración introduce cuestiones que no se puntualizaron al fijarse la litis,
haciendo valer en la sentencia oficiosamente acciones diversas a las
planteadas por las partes en la audiencia referida, resulta evidente que con su
153
actuación transgrede las garantías constitucionales de los demandados.

3.16. PRINCIPIO DE DEFENSA MATERIAL

La defensa material la ejerce el juzgador agrario, no porque el decida


intervenir en ese sentido, sino porque la ley lo autoriza a hacerlo,
exclusivamente, en el caso de la suplencia de la deficiencia de la queja,
cuando sea necesario y conducente, adecuar o ajustar los
planteamientos de derecho de ejidos, comunidades, ejidatarios,
comuneros y aspirantes a estas cualidades, ello, como ya se dijo, según
lo dispone el artículo 164 de la ley agraria y, la ejerce también, para
183
indagar derechos, hechos y medios de convicción, siempre que ello sea
pertinente para resolver de la mejor manera el conflicto sometido a su
conocimiento, pero sin lesionar a las partes, oyéndolas y, procurando
siempre su igualdad, según lo estipula el artículo 186 de la ley agraria.
De tal suerte que, si el juzgador aplica el contenido de esta última parte
del artículo 186, su intervención no podrá ser considerada como
arbitraria y parcial.

En efecto, la suplencia de la queja deberá aplicarse solamente cuando


del escrito de demanda o contestación de los sujetos agrarios
beneficiarios de esta figura defensiva, se advierta que es necesario
adecuar o ajustar sus planteamientos de derecho sobre alguno de los
puntos cuestionados, de ahí que el juzgador, como defensor material, si

153
Novena Época Registro: 201573 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
IV, Septiembre de 1996 Materia(s): Administrativa Tesis: VIII.2o. J/8 Página: 497 Jurisprudencia.
no existe planteamiento alguno que adecuar o ajustar, no podrá hacer
por su cuenta planteamiento alguno, pues ello implicaría actuar no como
defensor material, sino como defensor formal y entonces su actuación
seria arbitraria y parcial, cuestión que se tornaría violatoria del debido
proceso y contravendría el contenido esencial del artículo 17 de la
constitución federal en cuanto a la justicia imparcial se refiere.

De igual modo, el juzgador material, solo debe indagar derechos,


hechos y medios probatorios, cuando estos sean pertinentes, aptos y
conducentes para resolver el conflicto sometido a su conocimiento,
según la litis formada en torno al caso concreto y, siempre que lo
acuerde dentro del proceso con vistas a las partes para que manifiesten
lo que a sus intereses legales convenga, de ahí que no pueda hacer tal
cosa una vez dictada la sentencia definitiva o en la fase de ejecución de
la misma.

184 material, en lo que hace a lo


Respecto de este principio de defensa
estipulado en el artículo 186 de la ley agraria, algunos juristas opinan
que se trata de una intervención institucional para beneficio de alguna
de las partes, cuestión que no comparto, pues de la simple lectura de
este ordenamiento legal, la defensa material está dirigida a hacerse de
los elementos de convicción también materiales, para resolver el
conflicto agrario de la mejor manera, no para resolverlo en favor de
alguna de las partes, pues si así lo hubiera querido el legislador, hubiera
colocado un contenido similar al del último párrafo del artículo 164, cuyo
espíritu es suplir la deficiencia de la queja solo de ejidos, ejidatarios,
comunidades y comuneros, lo que implica que habiendo deficiencia en
los planteamientos de derecho estos planteamientos se deban ajustar y
adecuar de tal forma que el fallo pueda ser en favor de estos
justiciables, lo que no ocurre pues en el caso de lo establecido en el
artículo 186 de la ley agraria, el cual además no obliga al juzgador a
convertirse forzosamente en defensor material, sino que solo podrá
hacerlo, cuando lo requiera y lo estime conducente para resolver
materialmente el asunto sometido a su conocimiento. 154

En el caso de procuración de justicia agraria, este principio de defensa


material si aplica totalmente, pues visitadores y abogados agrarios,
tienen el deber de asesorar y representar legalmente a los sujetos
agrarios que así lo soliciten, coadyuvando con ellos para hacerse de
todos y cada uno de elementos de convicción necesarios no solo para la
procedencia de su acción o de su contestación, según sean actores o
demandados, sino para asegurar la obtención de un fallo favorable a sus
pretensiones.

Lo mismo ocurre en los procedimientos de conciliación y arbitraje


sustanciaos en sede de la procuraduría agraria, en donde la intervención
de visitadores y abogados va encaminada a resolver de manera
185
amigable, el asunto planteado, convirtiéndose para esos efectos, en
defensores materiales de las partes en conflicto.

Este principio está contenido en el tercer párrafo del artículo 164 y


segundo párrafo del artículo 186 de la Ley Agraria. El primero de dichos
preceptos ordena al Tribunal suplir la deficiencia de las partes en sus
planteamientos de derecho cuando se trate de núcleos de población
ejidales o comunales, así como de ejidatarios y comuneros. El segundo
de los numerales dispone que el tribunal podrá acordar en todo tiempo,
cualquiera que sea la naturaleza del negocio, la práctica, ampliación o
perfeccionamiento de cualquier diligencia, siempre que sea conducente
para el conocimiento de la verdad sobre los puntos cuestionados.
Señalaremos que de las disposiciones legales invocadas se puede
concluir que en el vigente procedimiento agrario, los contendientes,

154
GARCIA RAMIREZ SERGIO; “Principios del Procedimiento Agrario Ordinario”, Óp. Cit., Pág. 509.
aparte de la defensa material en los casos que proceda la suplencia de
la deficiencia en los planteamientos de derecho, deben contar con una
defensa formal adecuada, en la que se incluye el derecho de estar
debidamente asesorado inclusive por un miembro de la Procuraduría
Agraria, si su contrario procesal concurre con un asesor a la audiencia
del juicio; Ahora bien, si en la demanda no se señala expresamente
como demandado a quien tiene interés contrario al actor, el Magistrado
instructor debe llamarlo a juicio, en ejercicio de lo dispuesto por el tercer
párrafo del artículo 164 de la ley agraria, pues conforme lo dispone el
artículo 1º. Del Código Federal de Procedimientos Civiles de aplicación
supletoria a la materia agraria en términos del artículo 167 de la ley de la
materia, quien tiene un interés contrario al actor, le corresponde
intervenir en juicio.

Sirve de orientación al respecto, el siguiente criterio jurisprudencial:

PARTES EN EL JUICIO AGRARIO,186


EL MAGISTRADO INSTRUCTOR DEBE
ORDENAR SE LLAME A JUICIO A LAS, AUNQUE NO SE SEÑALEN EN LA
DEMANDA. Tomando en consideración que conforme lo dispone el tercer
párrafo del artículo 164 de la Ley Agraria, los Tribunales Agrarios tienen la
obligación de suplir la deficiencia de las partes en sus planteamientos de
derecho cuando se trate de núcleos de población ejidales o comunales, así
como a ejidatarios o comuneros; cabe señalar que si en la demanda no se
señala expresamente como demandado a quien tiene un interés contrario al
actor, el Magistrado instructor debe llamarlo a juicio en ejercicio de la citada
obligación de suplir los planteamientos de derecho de la demanda, pues
conforme lo dispone el artículo 1o. del Código Federal de Procedimientos
Civiles de aplicación supletoria a la materia agraria en términos del artículo
167 de la Ley Agraria, quien tiene un interés contrario al actor le corresponde
155
intervenir en el juicio.

155
Novena Época Registro: 192428 Tribunales Colegiados de Circuito Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo
XI, Febrero de 2000 Materia(s): Administrativa Tesis: VIII.2o. J/31 Página: 943 Jurisprudencia.
3.17. PRINCIPIO DE LEALTAD Y PROBIDAD

Según este principio, el proceso es una institución de buena fe que no


ha de ser utilizada por las partes con fines de mala fe o fraudulentos. El
juez está obligado a dictar las medidas necesarias para evitar que los
litigantes conviertan al proceso en un instrumento al servicio de
intenciones contrarias al funcionamiento expedito de la justicia. 156

El proceso implica – quiere ser – una contienda civilizada, sujeta a


ciertos principios jurídicos, que a su turno recogen determinados
principios morales. En ella el Estado compromete su prestigio, y se
prueba el mérito del derecho como instrumento eficaz para la justicia.
También a qui queda en relieve que el derecho es el mínimum ético
exigible. No se trata, entonces, de una contienda de forajidos, de una
187
guerra libre en la que “todo se vale”; esto sucede al margen del proceso,
en la auto justicia entregada a la fuerza o a la astucia de los
contrincantes; dentro de aquel, en cambio, los contendientes están
obligados a conducir sus actos por cauces estipulados y a contribuir –
sin detrimento de sus intereses legítimos y controvertidos - al fin que el
derecho persigue al través del proceso.

A ese fin atiende el principio – constantemente proclamado, pero


infrecuentemente realizado – de lealtad y probidad de las partes en el
proceso. No es insólito, por desgracia, que litigantes deshonestos –
perdido el escrúpulo moral y desechado el control jurídico -, en sociedad
con abogados corrompidos y funcionarios interesados o venales, hagan
del proceso un medio para satisfacer codicias o saciar venganzas. El
juzgador perspicaz y honorable debiera impedir estas desviaciones de la

156
PALLARES EDUARDO; “Diccionario de Derecho procesal civil”. Óp. cit. Pág. 633.
justicia, el mal uso de un medio noble para la solución de los litigios. Sin
embargo, es un hecho que el proceso sigue sirviendo, en no pocos
casos, a propósitos indignos.

Si el proceso es un medio para alcanzar la verdad, las normas


procesales se orientan en ese sentido y procuran orientar así a los
litigantes. No se fían de su espontanea veracidad, exigen la verdad y
amenazan con sanciones a quien se aparta deliberadamente de ella.
Por ello el artículo 273 del Código Federal de Procedimientos Civiles
ordenamiento supletorio con respecto al régimen procesal de la ley
agraria estipula que “todas las declaraciones ante los tribunales se
rendirán bajo protesta de decir verdad y bajo apercibimiento de la pena
en que incurre el que comete el delito de falsedad. 157

De lo anterior y en cuanto a la materia que nos ocupa, podemos


establecer que el juzgador agrario va a ser la piedra angular o el
188procesales se cumplan. Requisito
fundamento para que los principios
esencial de la actividad profesional del juzgador es que sea imparcial,
que no pueda ser ofuscado por interés ni por pasión – Aristóteles decía
que la justicia era la razón sin la pasión -. Cuando existe una
circunstancia contraria a este supuesto de la función jurisdiccional, se
presenta una forma característica de incompetencia, que por afectar a la
intimidad del titular del órgano jurisdiccional se denomina incompetencia
subjetiva del juez. Así que el titular del tribunal que tenga conocimiento
del asunto debe hallarse en una situación personal que le coloque frente
a las partes y frente a la materia propia del juicio, en condición de poder
proceder con serenidad y desinterés.158

Ahora bien, en este sentido, la probidad no solo debe alcanzar al


juzgador, sino también a los litigantes, quienes deben abstenerse de

157
GARCIA RAMIREZ SERGIO; “Principios del Procedimiento Agrario Ordinario”, Óp. Cit., pp. 522 a 524.
158
Revista de los Tribunales Agrarios, año VI, Septiembre – Diciembre, núm. 19. Óp. cit. Pág. 29. Articulo denominado: “El
proceso Agrario y los Principios que lo Rigen”.
usar artilugios tendientes a retrasar el proceso; entre los cuales tenemos
el de mandar a una de las partes si asesoría jurídica, o bien asistir a una
de las partes pero diciendo que lo acaban de enterar del asunto,
cuestión que lleva al diferimiento de la audiencia; otra de las conductas
deshonestas se da, cuando aleccionan a los testigos o presentan
testigos a modo; cuando señalan en su libelo inicial que el demandado
no tiene domicilio y piden sea emplazado por edictos, solo para evitar
que sea hallado y traído al juicio; cuando omiten mencionar le existencia
de terceros que deben ser llamados a juicio; cuando ocultan información
o documentos esenciales que solo ellos tienen en su poder a fin de que
al tribunal se le dificulte conseguirlos o termine por no haciéndose de
ellos y se le dificulte resolver conforme a derecho y en base a la verdad
material; entre otras más. Así pues, este principio de probidad debe
campear entre el juzgador y también entre las partes, pero el mismo no
debe dejarse intocado, sino que deben aplicarse las sanciones
189 a las partes y a los terceros.
establecidas para ello, tanto al juzgador,

Los criterios jurisprudenciales que continuación se transcriben, aunque


no provienen de la materia que nos ocupa, desde luego, si guardan una
relación directa con el principio en análisis, dado que dicho principio no
solo es propio de la materia que nos ocupa, sino también de las
materias de las que provienen los criterios jurisprudenciales expuestos.

PODERES JUDICIALES LOCALES. PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES CON


QUE DEBEN CONTAR PARA GARANTIZAR SU INDEPENDENCIA Y
AUTONOMÍA.

La finalidad de la reforma a los artículos 17 y 116 de la Constitución Política de


los Estados Unidos Mexicanos, mediante decreto publicado en el Diario Oficial
de la Federación el 17 de marzo de 1987, fue el fortalecimiento de la
independencia y autonomía de los Poderes Judiciales Estatales, al establecer
que éstas deberán garantizarse en las Constituciones Locales y leyes
secundarias. Así, para garantizar la independencia judicial en la
administración de justicia local, en el referido artículo 116 se previeron
diversos principios a favor de los Poderes Judiciales Locales, consistentes en:
a) el establecimiento de la carrera judicial, debiéndose fijar las condiciones
para el ingreso, formación y permanencia de los funcionarios judiciales; b) la
previsión de los requisitos necesarios para ocupar el cargo de Magistrado así
como las características que éstos deben tener, tales como eficiencia,
probidad y honorabilidad; c) el derecho a recibir una remuneración adecuada e
irrenunciable que no podrá disminuirse durante su encargo, y d) la estabilidad
o seguridad en el ejercicio del cargo, lo que implica la fijación de su duración y
la posibilidad de que sean ratificados al término del periodo para el que fueron
designados, a fin de que alcancen la inamovilidad. Estos principios deben
estar garantizados por las Constituciones y leyes estatales para que se logre
una plena independencia y autonomía de los Poderes Judiciales Locales; sin
embargo, en caso de que en algún Estado de la República no se encuentren
contemplados, ello no significa que el Poder Judicial de dicho Estado carezca
de principios a su favor, toda vez que al estar previstos en la Constitución
Federal son de observancia obligatoria. 159

190
IMPEDIMENTO. ES UNA FIGURA JURÍDICA QUE LIMITA AL JUZGADOR EN
SUS FUNCIONES PARA INTERVENIR EN CASOS ESPECÍFICOS, EN QUE
PUEDE VERSE AFECTADA SU IMPARCIALIDAD E INDEPENDENCIA EN LA
IMPARTICIÓN DE JUSTICIA.

De una sana y analítica interpretación de los artículos 100 de la Constitución


Política de los Estados Unidos Mexicanos y 105 de la Ley Orgánica del Poder
Judicial de la Federación se advierte que el Estado para poder dar
cumplimiento a una de sus funciones primordiales, como es la de asegurar
una recta administración de justicia procura, para que sean llamadas a esa
tarea, sólo a personas que por sus conocimientos que serán evaluados a
través de concursos, cultura y capacidad intelectual, así como por sus
particulares requisitos de amplia moralidad y agudo escrúpulo en el
cumplimiento de sus deberes, para que sean las que aparezcan como las más
aptas y apropiadas para el adecuado funcionamiento de las tareas que les

159
Época: Novena Época Registro: 175858 Instancia: Pleno Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente: Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta Tomo XXIII, Febrero de 2006 Materia(s): Constitucional Tesis: P./J. 15/2006 Página: 1530.
encomienda la alta investidura judicial. Sin embargo, en ocasiones las
funciones atribuidas a los servidores públicos sufren limitaciones que por
razones particulares, no sólo no pueden ejercerlas, sino que se les impone por
las normas procesales la obligación precisa de no cumplirlas o de no ejercer
las facultades para las que fueron propuestos, dado que, independientemente
de la titularidad que se confiere a los órganos jurisdiccionales, también son
personas físicas que, como tales, viven dentro de un conglomerado social y
son, por consiguiente, sujetos de derecho, de intereses, con relaciones
humanas, sociales y familiares, titulares de bienes propios, situaciones de
vida personal, etc., abstracción hecha de la calidad que asumen como órganos
del Estado, por lo que aun cuando su designación como funcionarios
judiciales esté rodeada de una serie de garantías, de modo que asegure su
máxima idoneidad para el cumplimiento de sus actividades, puede ocurrir, por
circunstancias particulares que revisten situaciones de excepción, que quien
desempeña la función de impartir justicia no sea la persona más idónea en
relación con una litis determinada, no por incapacidad del órgano o del oficio,
sino por una incapacidad propia y personal de los sujetos que asumen la
calidad de órgano que desempeña la función judicial. En consecuencia, el
191
ejercicio de dicha función, por lo que a la persona del juzgador se refiere, se
ve limitado subjetivamente por todas esas relaciones personales que permiten
presumir parcialidad, si tuviera que juzgar a ciertas personas o situaciones
con las que le unen vínculos de afecto o relaciones de dependencia o
antagonismo, lo que da lugar a un conflicto de intereses, en pugna con el
interés público que conlleva el ejercicio de la función jurisdiccional, con el
interés personal de quien debe ejercerla en un caso concreto, como esas
situaciones dan lugar a una figura jurídica denominada impedimento, cuyo
fundamento está plasmado en el artículo 17 constitucional que establece,
entre otras cuestiones, que toda persona tiene derecho a que se le administre
justicia de manera pronta e imparcial y el artículo 66 de la Ley de Amparo
prevé que quienes estén impedidos para conocer de los juicios en que
intervengan deberán manifestarlo, ya sea porque exista amistad estrecha o
enemistad manifiesta con alguna de las partes o sus abogados o
representantes, al darse tales circunstancias, resulta forzosa la excusa del
funcionario, ya que la ley establece una función de pleno derecho con el fin de
asegurar la garantía de neutralidad en el proceso, por lo que el legislador le
niega taxativamente idoneidad al juzgador y da por hecho que no existe
independencia para que conozca de determinado negocio en los casos
previstos en el último precepto en comento, lo que implica una declaración
formal que deja intocada la respetabilidad personal, probidad, buena opinión y
fama del juzgador, evitándose así una situación subjetiva que pudiera dañar la
imagen personal de aquél y una afectación al justiciable. 160

DOCTRINA DE LOS ACTOS PROPIOS. SU DERIVACIÓN INMEDIATA Y


DIRECTA DEL PRINCIPIO GENERAL DE BUENA FE.

La buena fe se define como la creencia de una persona de que actúa conforme


a derecho; constituye un principio general del derecho, consistente en un
imperativo de conducta honesta, diligente, correcta, que exige a las personas
de derecho una lealtad y honestidad que excluya toda intención maliciosa. Es
base inspiradora del sistema legal y, por tanto, posee un alcance absoluto e
irradia su influencia en todas las esferas, en todas las situaciones y en todas
las relaciones jurídicas. Ahora bien, a partir de este principio, la doctrina y la
jurisprudencia han derivado diversas instituciones, entre las que por su
importancia para la resolución de problemas
192 jurídicos destaca la llamada
doctrina o teoría de los actos propios, que deriva de la regla consignada en el
brocardo que reza: venire contra factum proprium, nulla conceditur, la cual se
basa en la inadmisibilidad de que un litigante fundamente su postura al
invocar hechos que contraríen sus propias afirmaciones o asuma una actitud
que lo coloque en oposición con su conducta anterior y encuentra su
fundamento en la confianza despertada en otro sujeto de buena fe, en razón de
una primera conducta realizada, la cual quedaría vulnerada si se estimara
admisible aceptar y dar curso a una pretensión posterior y contradictoria .161

Hasta aquí el tema de los principios procesales agrarios, mismos que


desde luego en adelante, por ser tema central de este libro, se seguirán

160
Época: Novena Época Registro: 181726 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia. Fuente:
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo XIX, Abril de 2004 Materia(s): Común Tesis: I.6o.C. J/44 Página: 1344.

161
Época: Décima Época Registro: 2008952 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia Fuente:
Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Libro 17, Abril de 2015, Tomo II Materia(s): Civil Tesis: I.3o.C. J/11 (10a.)
Página: 1487.
trayendo a cuentas cuando se aborde el tema del control difuso de
convencionalidad en sede agraria.

4.- LA JUSTICIA AGRARIA Y EL CONTROL DIFUSO DE


CONVENCIONALIDAD.

4.1. LA JUSTICIA

Primeramente, se tuvo de la justicia una idea religiosa que aún subsiste


entre los teólogos, que dicen que la justicia es uno de los atributos de
dios que rige al mundo con peso, número y medida.

En Homero y en Hesíodo la justicia está representada por Themis que


es una divinidad, ministro de Zeus. Esto explica que los fallos de los
reyes en aquellos tiempos se denominaban themistes, porque se
suponía que los respaldaban los dioses. Hesíodo dice que la justicia es
una virgen dilecta de la prole de Jove, augusta, venerada, que habita el
Olimpo. Heráclito la considera como
193 una modalidad de la necesidad
física que gobierna al universo y mantiene todas las cosas en su propio
orden y lugar.

En Parménides aparece con carácter metafísico. Expresa el orden


absoluto, la necesidad lógica por la cual son imposibles las cosas
absurdas. En los Pitagóricos tiene carácter aritmético: “es lo igual
multiplicado por lo igual, el numero cuadrado”. Los sofistas sostuvieron
que lo justo no es obra de la naturaleza sino de la ley y de las
convenciones humanas. Más aun, la consideraron como el resultado de
la voluntad de los fuertes que se impone a los débiles. Desde entonces
se identificó a lo justo como lo legal.

En Sócrates aparece la justicia como el conocimiento, y, por tanto, la


observancia de las verdaderas leyes que rigen las mutuas relaciones de
los hombres. Fue uno de los primeros que distinguió las leyes escritas
(lo simplemente legal), de las no escritas, afirmando que en estas radica
la verdadera justicia, el derecho natura, las llamo por ello, naturales y
divinas.

Santo Tomas dijo que “es propio de la justicia ordenar al hombre en sus
relaciones con los demás, puesto que implica cierta igualdad, como lo
demuestra su mismo nombre (el de la justicia), pues se dice que se
ejecutan las cosas que son iguales y la igualdad es con otro”. Consiste
“en dar o atribuir a cada uno lo que es suyo, según una igualdad
proporcional, entendiendo por suyo con relación a otro, todo aquello que
le está subordinado o atribuido por sus fines”, es decir, todo aquello que
debe tener para realizar el fin que dios ha impuesto a su criatura.

Domingo de soto dijo que la justicia “consiste en poner medio entre las
cosas, por el cual haya igualdad entre los hombres”.

Según Kant la justicia “es la coexistencia de las libertades según una


ley universal”.
194
La justicia, dicen las leyes de partida, es “assi como fuente, onde
emanan todos los derechos”, y agrega que la “justicia tanto quiere decir
como cosas en que se encierran todos los derechos, de qual natura que
sean”.

Según Ulpiano, la justicia es la voluntad constante y perpetua de dar a


cada uno lo que se merece.

Por lo que al concepto de lo justo y de lo injusto se refiere, Platón y


Aristóteles concuerdan en lo siguiente: ambos consideran la justicia
como uno de los aspectos de la virtud sin distinguir todavía lo justo de lo
honesto o como se diría ahora, el derecho, de la moral: lo que
demuestra que las ideas de lo justo y honesto formaron primero un
concepto único, cuál era el de los buenos, y solo más tarde fueron
separadas y distinguidas. Aparte de este carácter común a ambos, cada
cual procede por distinto camino para llegar al concepto de lo justo.
Platón desde los primeros libros de la Republica quisiera llegar a
determinar la esencia de lo justo. No basta a satisfacerle la noción que
de lo justo dieron los poetas, los sofistas y también la opinión común, y
de aquí que, por medio de Sócrates, demuestra la insuficiencia y error
de estas diversas nociones. Él quiere encontrar una justicia que sea lo
mismo para el individuo que para el Estado y acaba por llegar al último
concepto de que la justicia, tanto en el Estado como en el individuo es la
virtud que mantiene la unidad, el acuerdo y la armonía. En el individuo
ella fija y mantiene las varias partes del alma en el cumplimiento de su
propia función y en el seno de la sociedad asigna a las varias clases en
que está dividida, la realización del propio fin. Mas bien que una virtud
especial, la justicia es la coordinadora y unificadora de todas las demás
virtudes, porque indica a todas, esto es, a la prudencia, a la fortaleza y a
la templanza su propio fin y función.

También para Aristóteles la justicia es un aspecto de la virtud y tiene


195
con todas las demás en común, que es un medio que debe mantenerse
igualmente alejado de los extremos; más bien que estudiar la justicia
como una virtud interior del hombre y del Estado, la estudio como una
virtud eminentemente social que obliga a todos a respetar el bien ajeno
y es llamada a gobernar las relaciones de hombre a hombre en el seno
de la comunidad social. Por esto, no se presenta la justicia en Aristóteles
con un aspecto único, sino que toma semblanzas y formas diversas que,
generalizadas por él, le sirven para obtener un análisis admirable de las
varias especies de justicia. Comienza por distinguir una justicia
universal, en sentido amplio, diciendo de ella que más que una virtud, es
el conjunto de todas las virtudes o sea la virtud entera por cuanto se
refiere al bien y a la conveniencia de los demás; pero al lado de esta,
hay también una justicia particular, en sentido estricto, la cual es una
parte de la justicia entera y tiene el carácter de referirse a las relaciones
con los demás hombres. Esta es la justicia cuya observancia es exigida
por la ley, porque sin ella, no podría existir el mantenimiento del orden
social. A la justicia particular o en sentido estricto, es a la que Aristóteles
consagra su exposición, estudiando las diversas formas bajo las cuales
se manifiesta en la sociedad humana.162

Los juristas romanos entendieron la justicia, en principio, de manera


marcadamente subjetiva. Partiendo de que lo justo (iustum) era lo que
se acomodaba al derecho (ius), reputaban justa la voluntad de acatarlo.
Sobre esta voluntad, de ser perseverante, construyeron el concepto de
justicia. Así dijo Ulpiano que tal es la constante y perpetua voluntad de
dar a cada uno su derecho, es decir, lo suyo.

Este postulado (suumcuiquetribuere), junto con otros dos (honeste


vivere – vivir honestamente – y alterum non laedere – no dañar a los
demás-) constituía para los juristas romanos el fin esencial del derecho.
Naturalmente, en toda esta concepción subyace la impresión de las
196
fronteras entre norma jurídica (ius), norma moral (boni mores) y norma
religiosa (fas), problema que afectará para siempre al concepto de
justicia. Sin embargo, el legado de Roma a este respecto fue decisivo;
vinculó las ideas de derecho y de justicia y trazo una definición de esta,
dar a cada uno de lo suyo; que ha prevalecido sustancialmente a lo
largo de los siglos.

El pensamiento cristiano abordo la cuestión de la justicia, aunque en la


biblia dicho concepto se refiere, en general a la fidelidad del hombre a la
alianza y, en definitiva a la santidad. Todo ello no ha sido obstáculo para
que dicho pensamiento haya estudiado y ensalzado la importancia
esencial de la justicia en el sentido que aquí nos interesa, y ello desde
los puntos de vista teológico –como virtud-, filosófico y jurídico.

162
PALLARES, Eduardo, Diccionario de Derecho Procesal Civil. Óp., cit. pp. 524-525.
El cristianismo afirma, ante todo, la primacía de la caridad sobre la
justicia, postulado de raíz evangélica, recordado por Juan Pablo II al
manifestar que “no basta con la justicia” y proclamar la necesidad de
una “civilización del amor”. Desde dicho postulado, ha construido una
doctrina filosófico – jurídica de la justicia, a la que contribuyeron
poderosamente San Agustín y Santo Tomas de Aquino. El pensamiento
de este último fue asumido y desarrollado por la escuela española de
Salamanca de los siglos XVI y XVII.

Los puntos esenciales del tomismo a este respecto pueden


sintetizarse, muy sumariamente, de este modo: 1.- Adopta como idea
básica de la justicia la norma moral de dar a cada uno lo suyo,
formulada como hemos visto, en el mundo romano. 2.- Recoge
esencialmente la clasificación aristotélica de la justicia –aunque con
mayores puntualizaciones, distinguiendo entre una justicia general o
legal (que se refiere a lo que es debido a la comunidad y fundamenta la
197
potestad ordenadora de la actividad de las personas hacia el bien
común en lo que es propio de su esfera) y una justicia particular( que
versa sobre lo que es debido a cada persona).Esta última se subdivide
en justicia distributiva(lo que la comunidad debe a cada persona, idea
que entraña la de participación en los bienes colectivos) y justicia
conmutativa( lo que cada persona debe a otra). 3.- Evidencia la íntima
relación existente entre las ideas de comunidad, ley, bien común y
justicia. La justicia es principio superior a que debe atenerse la ley
positiva emanada de la autoridad comunitaria, y la finalidad de esta ley
debe ser el bien común; y 4.- Esclarece la relación que media entre
justicia, ley natural y ley divina. Los iusnaturalistas, partiendo de sus
principios de escuela y, entre ellos, señaladamente, Grocio,
consideraron la justicia como un imperativo derivado de la ley natural a
la que debe acomodarse la ley positiva. Las doctrinas defensoras del
poder absoluto de los reyes marginaron las ideas de justicia y derecho
natural a favor de la norma positiva emanada de la autoridad.
Prepararon con ello el camino del positivismo jurídico contemporáneo
que proclama la neutralidad ética del derecho, entendiendo que este es
únicamente el establecido por el poder político. De este modo, lo justo
es, simplemente lo legal. Ha sido Maritain quien de manera muy
señalada y sugestiva ha renovado el mensaje cristiano en torno a la
justicia y reiterado la relación que media entre poder político, bien
común y justicia, así como el vínculo establecido entre justicia y amor.
La idea de justicia elaborada sucesivamente por el pensamiento clásico
y el cristianismo ha perdurado como un principio superior a la mera
legalidad. Como ha dicho con acierto Recasens, es creencia general
que la justicia es dar a cada uno lo suyo, aunque la dificultad y las
divergencias radiquen en la determinación de lo que debe ser
considerado como propio de cada uno.163

El jurista Rudolf Vón Ihering escribe que la justicia “sostiene en una


198
mano la balanza donde pesa el derecho” y “sostiene en la otra la espada
que le sirve para hacerle efectivo” y explica que “la espada, sin la
balanza, es la fuerza bruta, y la balanza sin la espada, es el derecho en
su impotencia; se completan recíprocamente: y el derecho no reina
verdaderamente más que en el caso en que la fuerza desplegada por la
justicia para sostener la espada, iguale a la habilidad que emplea en
manejar la balanza”164

John Rawls en su libro La teoría de la justicia, intento solucionar los


problemas que le tocó vivir en los Estados Unidos a partir de los años
60: Vietnam, discriminación racial, pro-life versus pro-choise, crisis
económica, libertad sexual, etc., intentando que los seres noumenales,
en la posición originaria, elaboraran bajo el velo de ignorancia, mediante
juicios madurados en equilibrio reflexivo, nuevos principios de justicia
163
DICCIONARIO JURÍDICO, Espasa, Madrid, Editorial Espasa Calpe, S.A. 1991, pp., 550-559.
164
FIGUEROA LUIS Mauricio; “Las fuentes del Derecho”. Óp. cit. Pág. 5.
que logren una sociedad bien ordenada. Es decir, un nuevo contrato
social que tuviera fundamentalmente en cuenta la justicia social. Como
no hay ciencia sin verdad no hay sociedad sin justicia social. Una
búsqueda por caminos diferentes de los experimentados hasta el
presente: una teoría deontológica y una justicia procedimental. Una
justicia como imparcialidad. La situación en la cual se originan es
imparcial. Los principios son producto de un acuerdo en una situación de
imparcialidad y las partes son personas duraderas. En materia social la
única desigualdad que acepta cuando el beneficio favorece a los menos
aventajados, principio que denomina de la diferencia. “una sociedad
está bien ordenada no solo cuando está diseñada para promover el bien
de sus miembros, sino cuando también está efectivamente regulada por
una concepción de la justicia. Esto quiere decir que se trata de una
sociedad en la que: 1) cada cual acepta y sabe que los otros aceptan los
mismos principios de justicia; y 2) las instituciones sociales básicas
199 y se sabe generalmente que lo
satisfacen generalmente estos principios
hacen. En este caso, aun cuando los hombres puedan tener demandas
excesivas entre ellos, reconocerán, sin embargo, un punto de vista
común, conforme al cual sus pretensiones pueden ser determinadas”.

Los principios de justicia se estructuran en las siguientes formas:


Concepción general: “Todos los bienes sociales primarios – libertad y
oportunidades, renta y patrimonio, y las bases del respeto propio – han
de ser distribuidos de un modo igual, a no ser que una distribución
desigual de uno o de todos estos bienes redunde en beneficio de los
menos favorecidos”. Concepción especial: “Primer principio: cada
persona ha de tener un derecho igual al más amplio sistema total de
iguales libertades fundamentales compatibles con un sistema similar de
libertad para todos. “Segundo principio: las desigualdades económicas y
sociales han de ser estructuradas de manera que al mismo tiempo: a)
sean para mayor beneficio de los menos aventajados, de acuerdo con
un principio de ahorros justos; y b) estén unidas a cargos y posiciones
abiertos a todos en condiciones de igualdad equitativa de
oportunidades”.165

4.2. LA JUSTICIA AGRARIA

Según Don Sergio Garcia Ramirez, “El tema de la tierra sigue siendo
como en el alba de la nación mexicana, un asunto de vida o muerte. Lo
es, porque de la tierra depende la animación de México, su paz, su
alimento. Cuando hay sosiego en el campo, la nación florece. Cuando
no, se encrespa, se levanta. Este asunto abarca a la Republica. Desde
las regiones prosperas, que tienen riego seguro, hasta las zonas de
agostadero, frontera del desierto. Además, la cuestión agraria
comprende a todas las generaciones que han sido desde la invasión
española hasta la víspera del siglo XXI. De ahí que el campo merezca
una atención resuelta. Para que haya orden y riqueza Y también justicia,
200 a veces lo parezca. Me digo y
que no es un tema secundario, aunque
digo que en este caso, como en todos los que atañen a la justicia, seria
trivial entender que esta se satisface con la sola existencia de
procuradurías y tribunales. No bastan, de ninguna manera. Son
indispensables pero insuficientes. Para que los órganos jurisdiccionales
cumplan su encomienda se necesita el marco de una justicia social que
confiera vida y sentido a la justicia individual que se imparten en
aquellos. Claro está que también es válida una afirmación inversa: para
que la justicia social prospere, es indispensable que cumplan su papel
los órganos de la justicia que se administra en los tribunales. Ambas
cosas son ciertas. Ambas, pues, demandan acciones lucidas, profundas,
persistentes. De nada servirán las procuradurías y los tribunales
-aunque sirvan de mucho- sino hay organización, crédito, tecnología,
maquinaria, fertilizantes, mercado, medidas de fomento, probidad -sí,
165
KIPER, Jorge; “La Justicia en la Sociedad que se avecina”, Tomo I, “La fecundación Asistida”; Editorial Losada, Primera
Edición, Argentina, 1996. PP.15 - 16 – 21.
probidad: el primer “insumo” para el éxito en el campo, en la ciudad y
donde sea -, transporte, seguros,……Con un arado y espíritu de
sacrificio no se llega muy lejos en nuestro tiempo. Vale la pena
reexaminar los principios de la justicia agraria -las reglas que orientan el
proceso- y verificar si están adecuadamente recogidos en la ley agraria.
Esta labor también comenzó en las reformas de 1993, pero es necesario
que prosiga y mejore. Legalidad, igualdad, defensa material, verdad
histórica, oralidad, celeridad, concentración, publicidad, inmediación,
itinerancia, conciliación y lealtad y probidad, son los principios que
integran el cimiento y el horizonte – ambas cosas a la vez- del juicio
agrario”.166

Estos breves apuntes, sobre los diferentes pensamientos que han


abordado el tema de la justicia en general y el de la justicia agraria en
particular, nos sirven de preámbulo y le hacen bien a este comunicado,
pues basta recordar que su tema central es el de los principios
201
procesales agrarios como una vía adecuada para que los tribunales
agrarios en su sede, realicen control de convencionalidad para el
respeto, protección y reparación de los derechos humanos agrarios, que
no es otra cosa que impartir justicia agraria pronta, imparcial y expedita,
garantizando su acceso real y efectivo y dando a estos justiciables lo
que les corresponde, según los derechos que históricamente les ha
reconocido nuestra ley fundamental, las normas generales de ella
emanadas y todos y cada uno de los tratados y convenciones en materia
de derechos humanos recepcionados por nuestra carta suprema,
incluidos desde luego, los principios doctrinarios y la jurisprudencia
emanados de las cortes internacionales a las que nuestro país se ha
adherido en cuanto a su competencia y jurisdicción.

166
GARCIA RAMIREZ, Sergio. “El reto de la Justicia Agraria, Asunto de Vida o Muerte”. Publicado en Excelsior, México, el 2 de
febrero de i995. pp. 1-22.
De este modo, la justicia agraria habrá de encargarse de que a los
sujetos agrarios, tanto en lo individual, en lo colectivo y desde luego en
lo social, se les respete y proteja en sus derechos, que como ya hemos
visto, son básicamente, los de: “propiedad, titularidad, posesión, uso,
usufructo y aprovechamiento de tierras, bosques, selvas y aguas
ejidales y comunales; El reconocimiento y ejercicio de sus derechos
individuales y colectivos agrarios; El acceso y disfrute a los derechos
sociales agrarios en el marco del desarrollo rural integral previsto en la
fracción XX del artículo 27 constitucional; El derecho de preferencia o
del tanto en las enajenaciones parcelarias; El ejercicio del derecho de
reunión – asambleas ejidales y comunales - y de asociación -nuevos
ejidos, división y fusión de ejidos, figuras asociativas, sociedades civiles
y mercantiles -; El derecho a elegir y remover de manera democrática y
autónoma a sus órganos de representación y vigilancia respetando la
equidad de género; El derecho de asistir y tomar sus propios acuerdos y
202
decisiones en asamblea; El respeto a sus usos y costumbres; El respeto
a su consulta y a su autodeterminación; El derecho de petición, el
derecho de acceso a la información; El derecho a recibir del estado
asesoría jurídica y representación legal; El derecho para accesar a los
programas gubernamentales relacionados con el desarrollo agrario, en
lo individual como para ejidos, comunidades y organizaciones; El
derecho a recibir capacitación integral, tanto para su formación
individual, como grupal, a efecto de entender el contexto social agrario
en que se desenvuelven; El derecho a permanecer o cambiar su
régimen ejidal o comunal; El derecho a constituir sus asentamientos
humanos y a construir sus centros de población, con sus servicios
básicos y sus reservas de crecimiento; El derecho a la protección y
aprovechamiento sustentable de sus recursos naturales; El acceso real
y eficaz a la procuración y a la justicia constitucional y convencional
agraria; El acceso a los procedimientos de conciliación y arbitraje en la
procuración agraria; El derecho a recibir información, atención y
servicios de las dependencias del sector agrario; El respeto a su
derecho de interponer quejas y denuncias en contra de los funcionarios
públicos agrarios que no cumplan con sus funciones y que por ello les
afecten en sus derechos; El derecho a no ser suspendidos temporal ni
definitivamente en el ejercicio de sus derechos, ni a la pérdida de su
calidad agraria; El derecho a que los órganos registrales les inscriban
sus acuerdos y actas de asambleas, tanto las simples, como las de
formalidades especiales; El respeto y protección jurisdiccional a sus
derechos humanos en sede agraria; El derecho a construir y recibir una
legislación agraria que salvaguarde y garantice el respeto, ejercicio y el
disfrute de sus derechos, El derecho a tener tribunales agrarios dotados
de plena jurisdicción, con decisiones terminales para la administración
de justicia, pronta, expedita, real y eficaz en la materia; El derecho a que
los conflictos agrarios se sustancien a través de un proceso agrario
203observancia y aplicación de los
flexible, conciliatorio y con plena
principios procesales agrarios y, El derecho a contar con un
procedimiento preferente y sumario para el respeto y protección de los
derechos humanos en sede agraria.

4.3. EL CONTROL DIFUSO DE CONSTITUCIONALIDAD.

La defensa de un orden supremo ha preocupado a la humanidad


desde hace siglos. Para atemperar el abuso de poder de sus
gobernantes, atenienses y espartanos desarrollaron instituciones
favorables para la organización estatal. En Atenas, el Areópago y los
Nomofilacos permitieron diferenciar entre normas superiores (nomoi) y
decretos ordinarios (psefismata), mientras que en Esparta había dos
reyes que se vigilaban mutuamente, y se crearon los éforos para
proteger algo parecido al orden constitucional moderno, pues sus
funciones conllevaban el equilibrio entre el poder del Senado y el de los
Reyes. Cinco éforos – presididos por uno de ellos – detentaban el poder
público; eran electos anualmente para representar al pueblo ante el
poder real, y entre sus principales atribuciones destacaba fiscalizar a
periecos e ilotas, clases repudiadas que sufrían toda suerte de
vejaciones.

Los romanos de la época republicana crearon la doble magistratura, el


Senado y el Tribunado. En el Medioevo se pregono la superioridad de la
ley divina y el derecho natural sobre el positivo, y los iusnaturalistas de
los siglos XVII y XVIII defendieron la idea de derechos humanos
inmanentes e irrenunciables, que imponían límites al ius cogens
proveniente del legislador. En 1610, con motivo del Bonham’s case, el
juez Edward Coke defendió la supremacía del common law ante el
parlamento. La doctrina fue olvidada en Inglaterra, pero reivindicada por
las colonias inglesas en América del Norte, que devolvieron a los jueces
la función de garantizar el common law. Al aprobarse la Constitución
204
Estadounidense (1787), los jueces comenzaron a defenderla contra toda
ley que la contrariara.

En el siglo XX, Carl Schmitt y Hans Kelsen debatieron sobre quien


debía defender la constitución. El primero sostuvo que esa función
correspondía al presidente del Reich, dadas las facultades
extraordinarias que le otorgaba el artículo 48 de la Constitución de
Weimar (1919); impedir la intervención de los jueces prevendría la
judicialización de la política, antesala de la politización de la justicia.
Sobre todo, Schmitt alegaba que el artículo 42 de la propia Constitución
de Weimar obligaba al presidente a salvaguardarla. Kelsen refuto estas
concepciones indicando que la idea del presidente como defensor
constitucional pretendía compensar la pérdida de poder que el jefe de
Estado había sufrido cuando las monarquías constitucionales
sustituyeron a las absolutas, que la defensa monárquica de la
constitución haría ineficaces sus garantías, sobre todo ante violaciones
debidas al propio monarca y sus ministros, refrendadores de sus actos;
Kelsen concluyo que debía prevalecer la institución de un tribunal
independiente de los poderes públicos, facultado para decidir, como
resultado de un procedimiento contencioso, sobre la constitucionalidad
de los actos del parlamento y del gobierno.

Las ideas Kelsenianas han influido en el curso de la justicia


constitucional contemporánea, actualmente a cargo de órganos
jurisdiccionales y, en su caso, políticos, no del presidente en el sentido
postulado por Schmitt. A su vez, los órganos jurisdiccionales defensores
pueden ser integrantes del poder judicial o existir aparte de los poderes
constituidos. Por lo que hace a su tipo de control, algunos practican la
judicial review – control difuso – creada por los estadounidenses, en
tanto que otros, realizan un control abstracto y concentrado, instado por
órganos políticos, los practicantes del control difuso emiten fallos con
205
efectos para las partes, mientras que los Tribunales Constitucionales –
control concentrado – suelen resolver con efectos generales pro futuro.

En el último cuarto del siglo XX, la justicia constitucional se adecuo a la


universalidad de la idea de la libertad. La idea rectora de los gobiernos
democráticos es el respeto a los derechos del Hombre. En Europa y
América, la caída de regímenes autoritarios ha originado mecanismos
de protección constitucional de tales derechos, así como la
convergencia entre los sistemas americano y europeo- kelseniano de
control constitucional.167

El sistema difuso – o “americano” - comenzó a practicarse en los


Estados Unidos de América. Se origino en la doctrina; entre octubre de
1787 y mayo de 1788, Alexander Hamilton, John Jay y James Madison
publicaron 77 artículos en tres periódicos de Nueva York, a fin de
167
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACION, “Elementos de Derecho Procesal Constitucional”. Talleres de Gama
Sucesores, México, 2006, pp. 11-15.
comentar la estructura y el contenido de la Constitución recién creada.
La reunión de esos artículos y de ocho más, en forma de libro, apareció
bajo el título de El Federalista. Al comentar las funciones de los
tribunales, Hamilton defendió que estos declararan nulos los actos de la
legislatura, bajo el argumento de que el poder popular, traducido en la
formación de la Constitución, prevalece sobre las actividades de los
poderes Legislativo y Judicial. Según Hamilton, la voluntad de los
legisladores no puede contrariar la del pueblo; es decir, expedir una ley
inconstitucional resulta, al mismo tiempo, impopular. Por tanto, como en
el artículo 6º. Sección segunda de la propia constitución se había
establecido su supremacía, los jueces debían preferirla a cualquier otra
ley para cuidar las aspiraciones del pueblo. Estas consideraciones
fueron criticadas en el sentido de que permitir que los jueces anularan
los actos de los legisladores redundaba en una superioridad jerárquica
del Poder Judicial respecto del Legislativo. No obstante, en contra se
esgrimió que los jueces no podían206
dominar porque la voluntad popular
se encontraba por encima de cualquiera de los poderes. La judicatura se
limitaba a proteger la voluntad del pueblo reflejada en la constitución.

Formalmente, el control difuso nació, al fallarse el caso Marbury vs


Madison (1803). John Marshall, presidente de la corte a la sazón y
redactor de la sentencia, aclaro que el juez estadounidense está
obligado a preferir la constitución a cualquiera otra ley, dado que
aquella, por ser suprema, controlaba todos los actos del legislativo.
Permitir la eficacia de una ley inconforme con el texto del que debía
haber provenido, implicaba destruir el principio de la supremacía
constitucional y, en consecuencia, acotar las libertades civiles. Al
estudiar un caso concreto que involucraba una ley inconstitucional, los
jueces debían abstenerse de aplicarla a favor de la constitución. En
suma, la razón de ser de este sistema radica en establecer la
supremacía del poder judicial sobre los otros poderes, a manera de acto
de confianza en los jueces. El sistema difuso se ha extendido casi por
toda América y sus características no han variado. Es un tipo de control
que confía a cualquier juez, sin importar su fuero, la regularidad
constitucional de las leyes. En otras palabras, todo juez debe, ante un
caso concreto que verse sobre cualquier materia, inaplicar una ley
inconstitucional y fallar mediante una sentencia con efectos inter partes.
En lugar de anular la ley, el juez determina una nulidad preexistente.
Así, es un tipo de control difuso, incidental, especial y declarativo. Es
difuso en oposición a concentrado, porque la competencia para conocer
de la constitucionalidad de una ley o un acto de autoridad corresponde a
todos los jueces, sin excepción. En cuanto a su carácter incidental,
obedece a que el problema de constitucionalidad se desprende de una
controversia relativa a cualquier materia, que es la que en un principio
ocupa al juez. Por último, es especial porque los efectos de las
sentencias alcanzan solo a las partes, y declarativo al limitarse a
207
clarificar una situación jurídica controvertida. A propósito de los efectos
relativos- inter partes- de las sentencias, debe mencionarse la
importancia que en los sistemas jurídicos del common law – el
estadounidense entre ellos- tiene la doctrina del stare decisis –
obligatoriedad del precedente - causante de que todos los tribunales
queden vinculados por una declaración de inconstitucionalidad hecha
por un tribunal superior. Esta circunstancia entraña que, aun cuando una
declaración de inconstitucionalidad haya tenido, en principio, efectos
solo para los contendientes, adquiera eventualmente, en virtud de su
invocación en otros asuntos similares, eficacia erga omnes. Sin
embargo, ningún juez está obligado a observar un determinado
precedente para fundar sus resoluciones, de ahí que aquel pueda ser
superado y comenzar a proyectar, a su vez, efectos hacia el futuro en el
tiempo y el espacio.
El control mixto es una combinación del difuso y el concentrado, al
tiempo que existe un órgano con funciones de control de tipo abstracto y
concentrado, el resto de los tribunales puede realizar un examen
incidental y difuso, por el que pueden inaplicar una ley inconstitucional.
Este fenómeno sucede en países como Colombia Venezuela y México.
Sin embargo, no todos los juzgadores mexicanos -antes del 2011 -
podian estimar la constitucionalidad o inconstitucionalidad de una ley, en
virtud del sistema competencial aplicable a la impartición de justicia,
relativo a que el examen de cuestiones de constitucionalidad era
privativo de los tribunales federales de amparo. Tanto los juzgadores
locales como los adscritos a otro poder – el ejecutivo en concreto-, no
debían pronunciarse sobre vicios de inconstitucionalidad en las leyes.

Mas allá de su ejercicio del control constitucional abstracto, la


Suprema Corte de Justicia de la Nación en México, puede pronunciarse
sobre la inconstitucionalidad de una ley e in aplicarla a un caso concreto,
208
facultad de la que también gozan los tribunales y juzgados de amparo,
en la inteligencia de que ellos no deben analizar en abstracto la posible
inconstitucionalidad de una ley.

Giancarlo Rolla ha observado que la jurisdicción constitucional


contemporánea se pliega, sobre todo, a las exigencias destinadas a
proteger los derechos fundamentales. En tal virtud, ha propuesto una
nueva clasificación de los modelos de control constitucional, basada en
las técnicas y modalidades existentes para garantizar los modelos de
referencia. Ello obligaría a superar la clasificación entre sistemas difusos
y concentrados, y distinguir entre un modelo entregado principalmente a
depurar vicios legislativos y garantizar el equilibrio de poderes, y otro
destinado directamente a defender los derechos. La primera alternativa
realza la competencia de los tribunales constitucionales en materia de
control constitucional y equilibrio entre los poderes del Estado, mientras
que la segunda exige la previsión de recursos directos contra los actos
de los poderes públicos, donde el fin es defender al individuo contra
actos arbitrarios de la autoridad, ante la que ocupa una posición
inevitablemente inferior.168

En el caso Mexicano, aplica el control mixto de constitucionalidad, es


decir el control concentrado y el control difuso y, virtud al control difuso,
tema de este apartado, todos los jueces pueden realizar un examen
incidental y concreto, por el que pueden inaplicar una ley por estimarla
contraria a la constitución o por haber sido declarada inconstitucional y
pueden desde luego anular o dejar sin efecto el acto de autoridad por
estimarlo lesivo de derechos fundamentales y humanos, cuestión que en
México es así, después de la reforma constitucional en materia de
derechos humanos y en materia de amparo de junio de 2011, pues este
tipo de control ha quedado impregnado y converge con el de
convencionalidad, ello, a la luz 209
de la recepción que la constitución
mexicana ha hecho de los derechos humanos de fuente internacional y
ante la aceptación y ratificación de la jurisdicción de los comités,
comisiones y cortes internacionales de derechos humanos.

Ante lo anterior, conviene no perder de vista que: “el surgimiento mismo


de los Estados Constitucionales encuentra su justificación precisamente
en la necesidad de proteger los derechos humanos de las personas,
tanto frente al resto de los miembros de la sociedad, evitando con ello la
imposición de “la ley del más fuerte”, como frente a las propias
autoridades del Estado, limitando así el ejercicio del poder público con la
finalidad de evitar abusos y arbitrariedades.169

168
Ibídem. PP. 25 – 31.
169
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACION; TAFOYA HERNANDEZ, JOSE Guadalupe, (coordinador). “Elementos
para el Estudio del Juicio de Amparo”; expuesto por el Ministro Arturo Saldívar Lelo de la Rea; Bloque de Constitucionalidad;
Contradicción de Tesis 293/2011. Ediciones Corunda S.A. de C.V. México, 2017. Pág. 68.
Los siguientes criterios jurisprudenciales nos ofrecen una mayor
ilustración y precisión sobre este tema del control constitucional difuso:

CONTROL DIFUSO DE CONSTITUCIONALIDAD EX OFFICIO. SUS


PRESUPUESTOS FORMALES Y MATERIALES DE ADMISIBILIDAD Y
PROCEDENCIA.

Aun cuando el control difuso de constitucionalidad -connotación que incluye


el control de convencionalidad- que ejercen los órganos jurisdiccionales en la
modalidad ex officio no está limitado a las manifestaciones o actos de las
partes, pues se sustenta en el principio iura novit curia, ello no implica que
deba ejercerse siempre, pues existen presupuestos formales y materiales de
admisibilidad y procedencia que deben tenerse en cuenta. La ley, la
jurisprudencia y la práctica muestran que algunos de esos presupuestos, que
de no satisfacerse impedirán su ejercicio, de manera enunciativa son: a) que el
juzgador tenga competencia legal para resolver el procedimiento o proceso en
el que vaya a contrastar una norma; b) si es a petición de parte, que se
proporcionen los elementos mínimos, es decir, debe señalarse con toda
210
claridad cuál es el derecho humano o garantía que se estima infringido, la
norma general a contrastar y el agravio que le produce, pues de otra forma, sin
soslayar su carácter de conocedor del derecho, el juzgador no está obligado a
emprender un estudio expreso oficioso de los derechos humanos o preceptos
constitucionales o convencionales que se le transcriban, o que de manera
genérica se invoquen como pertenecientes al sistema; c) debe existir
aplicación expresa o implícita de la norma, aunque en ciertos casos también
puede ejercitarse respecto de normas que, bien sea expresa o implícitamente,
deban emplearse para resolver alguna cuestión del procedimiento en el que se
actúa; d) la existencia de un perjuicio en quien solicita el control difuso, o bien
irrogarlo a cualquiera de las partes cuando se realiza oficiosamente; e)
inexistencia de cosa juzgada respecto del tema en el juicio, pues si el órgano
jurisdiccional ya realizó el control difuso, estimando que la norma es
constitucional, no puede realizarlo nuevamente, máxime si un juzgador
superior ya se pronunció sobre el tema; f) inexistencia de jurisprudencia
obligatoria sobre la constitucionalidad de la norma que emiten los órganos
colegiados del Poder Judicial de la Federación, porque de existir, tal criterio
debe respetarse, pues el control concentrado rige al control difuso y, g)
inexistencia de criterios vinculantes respecto de la convencionalidad de la
norma general, ya que conforme a las tesis de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, los emitidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos son
vinculantes para los tribunales del Estado Mexicano. 170

ACCESO A LA JUSTICIA. EL ARTÍCULO QUINTO TRANSITORIO, PÁRRAFO


SEGUNDO, DE LA LEY DE AMPARO VIGENTE, AL REDUCIR EL PLAZO PARA
PRESENTAR LA DEMANDA PROMOVIDA A PARTIR DEL 3 DE ABRIL DE 2013
CONTRA UN ACTO PRIVATIVO DE LA LIBERTAD EMITIDO CON
ANTERIORIDAD A ESA FECHA, VULNERA DICHO DERECHO HUMANO, POR
TANTO, EN EJERCICIO DEL CONTROL DIFUSO DE CONSTITUCIONALIDAD,
DEBE INAPLICARSE.

Conforme al artículo 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos


Mexicanos, toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por
tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y términos que
fijen las leyes. Por su parte, el artículo quinto transitorio, párrafo segundo, de
2113 de abril de 2013, establece que los
la Ley de Amparo, vigente a partir del
actos dictados o emitidos con anterioridad a esa legislación, y que a su
entrada en vigor no hubiere vencido el plazo para la presentación de la
demanda conforme a la ley abrogada, les son aplicables los plazos señalados
en esa nueva ley, contados a partir del día siguiente a aquel en que surta
efectos, conforme a la ley aplicable, la notificación del acto o resolución que
se reclame, o al momento en que hayan tenido conocimiento o se ostenten
sabedores del mismo o de su ejecución. Ahora bien, de su artículo 17,
fracciones II y IV -a diferencia de la vigente hasta el día dos de dicho mes y
año- se colige que reduce el término para presentar la demanda cuando se
reclama una sentencia definitiva condenatoria en un proceso penal, que
imponga pena de prisión (vía directa), o actos que impliquen ataques a la
libertad personal dentro del procedimiento (vía indirecta), pues para la primera
hipótesis precisa un plazo de ocho años y para la segunda el de quince días.

170
Época: Décima Época Registro: 2005057 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia
Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Libro 1, Diciembre de 2013, Tomo II Materia(s): Común Tesis:
XXVII.1o.(VIII Región) J/8 (10a.) Página: 953.
De lo que se concluye que dicho numeral de tránsito, reduce el plazo para
presentar una demanda promovida a partir del 3 de abril de dicha anualidad,
contra un acto privativo de la libertad emitido con anterioridad a esa fecha, lo
cual vulnera el derecho humano de acceso a la justicia, contenido en el citado
precepto constitucional, pues con él se obstaculiza a las personas el acceso a
la tutela jurisdiccional, siendo esto contrario a la Carta Magna;
consecuentemente, en ejercicio del control difuso de constitucionalidad,
contemplado en el artículo 1o. constitucional, debe inaplicarse y observar el
plazo señalado en la fracción II del artículo 22 de la Ley de Amparo abrogada,
el cual disponía que la demanda podía presentarse en cualquier tiempo; pues
de lo contrario, se transgrede el mencionado derecho humano reconocido en
la Constitución y tratados internacionales en perjuicio del quejoso. 171

4.4. EL CONTROL DIFUSO DE CONVENCIONALIDAD

Uno de los más recientes y efectivos esfuerzos de la Corte


Interamericana de Derechos Humanos para incrementar el nivel de
cumplimiento de la Convención Americana
212 de Derechos Humanos a
nivel nacional es la creación de la doctrina del Control de
Convencionalidad. La Corte lo ha entendido como una institución que se
utiliza para aplicar el derecho internacional, principalmente el Derecho
Internacional de los Derechos Humanos y específicamente la
Convención Americana y sus fuentes, incluyendo la jurisprudencia de
dicho Tribunal.

Esta doctrina establece una obligación internacional a cargo de todas las


autoridades de los Estados parte del Pacto de San Jose de interpretar
cualquier norma nacional (constitución, ley, decreto, reglamento,
jurisprudencia, etcétera) de conformidad con la Convención Americana

171
Época: Décima Época Registro: 2005562 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Tipo de Tesis: Jurisprudencia.
Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la Federación Libro 3, Febrero de 2014, Tomo III Materia(s): Constitucional, Común
Tesis: VIII.3o.(X Región) J/2 (10a.) Página: 1817.
y, en general, con el corpus juris interamericano; en caso de que exista
una manifiesta incompatibilidad entre la norma nacional y el corpus iuris
interamericano, las autoridades nacionales deberán abstenerse de
aplicar la norma nacional para evitar la vulneración de los Derechos
Humanos protegidos internacionalmente. Las autoridades estatales
deben ejercer de oficio el control de convencionalidad, pero siempre
actuando dentro de sus respectivas competencias y de las regulaciones
procesales correspondientes, las cuales se definen en el ámbito interno.

La doctrina se estableció por la Corte Interamericana en el caso


Almonacid Arellano vs Chile, en 2006, este caso trata, entre otras
cuestiones, sobre la responsabilidad internacional del Estado Chileno
por la adopción y aplicación del Decreto – ley 2.191 de 1978, el cual
concedía una amnistía general a todos los responsables de hechos
delictivos cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y 10 de marzo
de 1978. La aplicación de este decreto
213 por parte del Poder Judicial tuvo
como efecto inmediato el cese de investigaciones y el archivo del
expediente de la ejecución extrajudicial del señor Luis Alfredo Almonacid
Arellano, quien fue ejecutado por la policía en el contexto de graves
violaciones a derechos humanos que siguieron al golpe de Estado
presidido por el general Augusto Pinochet, en 1973, lo cual constituyo
una violación a los arts. 1.1. 8º., y 25 de la Convención Americana.
Siguiendo su jurisprudencia en materia de justicia transicional, la Corte
Interamericana declaro la nulidad ab initio del referido decreto – ley,
estableciendo que en casos donde el poder legislativo falle en su tarea
de suprimir leyes contrarias al Pacto de San Jose, el Poder Judicial
permanece obligado a respetar y garantizar los derechos protegidos por
la Convención y, por lo tanto, debe realizar un control de
convencionalidad, de forma tal que los jueces velen porque los efectos
de las disposiciones de la Convención Americana no se vean mermados
por la aplicación de leyes contrarias a su objeto y fin.

El precedente creado en el caso Almonacid ha sido reiterado en más de


20 sentencias posteriores, en algunas ocasiones con matices
sustanciales que precisaron algunos de sus aspectos conceptuales,
entre los que destacan: Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado
Alfaro y otros) vs Perú (2006), Eliodoro Portugal vs Panamá (2008),
Radilla Pacheco vs México (2009), Cabrera Garcia y Montiel Flores vs
México (2010), y Gelman vs Uruguay (2011), así como la supervisión de
cumplimiento de esta última sentencia (2013).

El fundamento normativo de la doctrina – del control de


convencionalidad – se encuentra principalmente en los arts. 1.1., 2º., y
29 de la Convención Americana, y en los arts. 26 y 27 de la Convención
de Viena sobre el derecho de los tratados. De los arts. 1.1 y 2º., del
214
Pacto de San Jose se desprende la obligación de desarrollar practicas
estatales conducentes a la observancia efectiva de los derechos y
libertades consagrados en la misma, por lo que es necesario que la
interpretación de las leyes domesticas se encuentre ajustada a cumplir
con la obligación de respeto y garantía. Del art. 2º., de la Convención –
americana – se desprende la obligación de las autoridades de permitir
de la manera más amplia posible el goce y ejercicio de los derechos
establecidos en el Pacto de San Jose o en otros instrumentos
nacionales o internacionales. Finalmente, de manera subsidiaria, los
principios de buena fe, efecto útil y pacta sun servanda, y la prohibición
de invocar el derecho interno como justificación para el incumplimiento
de un tratado, de conformidad con los arts. 26 y 27 de la Convención de
Viena, complementan el deber de las autoridades estatales de
garantizar el cumplimiento de las obligaciones del Estado conforme a la
Convención Americana. Estos elementos tomados en conjunto
sustentan la existencia del control de convencionalidad. Estimo que
también el art. 25 del Pacto de San Jose constituye un fundamento por
lo que hace al control de convencionalidad judicial, en tanto que dicho
precepto se refiere al derecho a un recurso sencillo, rápido y efectivo
ante jueces o tribunales competentes que “ampare” contra actos que
violen derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, las
leyes o la propia Convención Americana; de esta forma, este precepto
conforma un elemento integrador de los derechos, estableciendo un
derecho a la garantía de los derechos fundamentales de fuente nacional
y convencional.

Los elementos que componen el control de convencionalidad pueden


clasificarse de acuerdo con: a) las autoridades a las que obliga; b) la
intensidad con la que las autoridades deben efectuar el control, y c) el
parámetro con el cual se efectúa dicho control. En relación con primer
elemento, es posible afirmar que215
se trata de un control extenso que
alcanza a todas las autoridades del Estado, sin importar si pertenecen al
Poder Ejecutivo, al Legislativo o Judicial, puesto que la obligación de
respetar y garantizar los derechos conforme a los arts. 1.1. y 2 de la
Convención Americana le corresponde al Estado como un todo y, por lo
tanto, no puede estar sujeto a la división de atribuciones que señale el
derecho interno. Sin embargo, el cumplimiento de esta obligación recae
especialmente en el Poder Judicial y/o tribunales, Cortes y Salas
Constitucionales, al tener un rol central en la salvaguarda de los
derechos fundamentales (nacionales y convencionales) en el orden
jurídico interno de conformidad con los arts. 25 (protección judicial) y 1.1
de la Convención Americana (deber de respeto y garantía); por lo que
los jueces nacionales, sin importar su jerarquía, grado de competencia o
materia de especialización, deben actuar como el primer y autentico
guardián de los derechos previstos en la Convención Americana. Lo
anterior no significa que todas las autoridades deban ejercer el control
con la misma intensidad, pues la manera en que es realizado está
condicionada por el derecho nacional. Sobre este segundo elemento, la
Corte estableció este criterio en el caso Trabajadores cesados del
congreso vs Perú (2006), en donde determino que las autoridades (los
jueces, en este caso) debían realizar el control de convencionalidad “de
oficio”, pero evidentemente en el marco de sus respectivas
competencias y de las regulaciones procesales correspondientes; de
esta forma, por ejemplo, en los sistemas de control difuso, donde todos
los jueces tienen competencia para dejar de aplicar una ley al caso
concreto por contravenir la constitución nacional, el grado de control de
convencionalidad resulta de mayor alcance, al tener todos los jueces
nacionales la atribución de inaplicar una norma inconvencional. En
cambio, el grado de intensidad disminuirá en aquellos sistemas en
donde no se permite el control difuso de la constitucionalidad, estando
216una interpretación conforme a la
obligados en todo caso a realizar
convención. Por supuesto, el hecho de que existan estas graduaciones
en la intensidad del control es independiente de la obligación de las
autoridades de ejercerlo ex oficio, conforme a sus competencias y
regulaciones procesales correspondientes.

En relación con el tercer elemento, relativo al parámetro de control, las


normas que sirven como base para su ejercicio son aquellas contenidas
en el corpus iuris interamericano, el cual se integra, en general, por los
tratados internacionales de derechos humanos creados en el seno de la
Organización de Estados Americanos (OEA) y su interpretación por la
Corte Interamericana. De esta forma, el catálogo de normas que sirve
de parámetro al control (dependiendo de la firma, ratificación o adhesión
de cada Estado, así como en consideración a las reservas que no sean
contrarias al objeto y fin del tratado) son las establecidas en la
Convención Americana sobre Derechos Humanos, sus dos protocolos
adicionales relativos a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales
(protocolo de San Salvador), y sobre la abolición de la pena de muerte; y
otros tratados, como la Convención Interamericana para prevenir y
sancionar la tortura; la Convención Interamericana sobre desaparición
forzada de personas; la Convención Interamericana para prevenir,
sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Convención de Belem
do Para) y la Convención Interamericana para la eliminación de todas
las formas de discriminación contra las personas con discapacidad. De
esta manera, es posible afirmar que el parámetro de control puede llegar
a formar un auténtico “Bloque de Constitucionalidad” –
Convencionalidad - (que eventualmente puede quedar comprendido
dentro del “Bloque de Constitucionalidad” en el ámbito nacional).

Las acciones concretas que deben ser llevadas a cabo por las
autoridades estatales en el cumplimiento
217 de la obligación de realizar un
control de convencionalidad son variadas. La primera es interpretar la
norma nacional de conformidad con el corpus iuris interamericano, e
inaplicar dicha norma en aquellos casos en donde no admita
interpretación conforme posible y la autoridad tenga dicha competencia.
Resulta, incluso, posible que ahí donde la autoridad encuentre una
norma manifiestamente incompatible con la Convención, y tenga las
facultades para declarar su invalidez con efectos generales
(competencia de ciertos tribunales o salas constitucionales) la autoridad
debe hacerlo para evitar futuras vulneraciones. Asimismo, el control
también posee un rol importante en el cumplimiento de las sentencias de
la Corte Interamericana, especialmente cuando dicho acatamiento
queda a cargo de jueces nacionales, tal y como lo estableció la Corte
Interamericana en la ya mencionada supervisión de cumplimiento de
sentencia en el caso Gelman vs. Uruguay. (2013).
En consideración a lo anterior, es posible determinar tres objetivos
principales perseguidos por la doctrina del control de convencionalidad.
El primero es prevenir la aplicación de normas nacionales que
manifiestamente sean incompatibles con la Convención Americana y
que resultan nulas ab initio, como sucede con las leyes de amnistía que
permiten impunidad en casos de desaparición forzada, ejecuciones
extrajudiciales, crímenes de lesa humanidad y otras graves violaciones
de Derechos Humanos. El segundo objetivo es servir como una
institución que permita a todas las autoridades del Estado cumplir
adecuadamente con su obligación de respeto y garantía de los
Derechos Humanos protegidos por la Convención Americana, y con el
cumplimiento de sentencias dictadas en contra del Estado al que la
autoridad pertenece. De esta forma, la doctrina busca fortalecer la
complementariedad (subsidiariedad) de los sistemas nacionales y el
sistema interamericano en la protección de los derechos fundamentales.
218 como un medio para permitir y
Finalmente, el tercer objetivo es servir
acrecentar el dialogo, especialmente un dialogo jurisprudencial en
materia de Derechos Humanos, entre los tribunales nacionales y la
Corte Interamericana que permita efectivizar los Derechos
Fundamentales, constituyendo un elemento esencial en la formación e
integración de un ius constitucionale comune en beneficio de la
protección de la dignidad de todas las personas en la región. 172

En ese mismo tenor, El fundamento normativo de la doctrina del


control de convencionalidad en México, se encuentra principalmente en
los artículos 1º., 15, 29, y 133 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos; el artículo 1, por su parte establece que: “ En los
Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos
humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados

172
Diccionario de Derecho Procesal Constitucional y Convencional, tomo I, Significado de “Control de Convencionalidad (sede
interna), a cargo de Eduardo Ferrer Mac-Gregor. Óp. cit. Pp. 233 a 236.
internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de
las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni
suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta
Constitución establece. Las normas relativas a los derechos humanos
se interpretarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados
internacionales de la materia favoreciendo en todo tiempo a las
personas la protección más amplia. Todas las autoridades, en el ámbito
de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar,
proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los
principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y
progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar,
sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los
términos que establezca la ley. Está prohibida la esclavitud en los
Estados Unidos Mexicanos. Los esclavos del extranjero que entren al
territorio nacional alcanzarán, por este solo hecho, su libertad y la
219
protección de las leyes. Queda prohibida toda discriminación motivada
por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la
condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las
preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra
la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los
derechos y libertades de las personas”.173
Como se aprecia, este precepto constitucional mexicano, recepciona los
derechos humanos de fuente internacional y se los reconoce a todas las
personas sin distingo alguno, proveyendo además de las “garantías” o
mecanismos procesales para su protección, a través de la obligación
que les asigna a todas las autoridades para promover, respetar, proteger
en forma amplia y garantizar los derechos humanos – control de
constitucionalidad y convencionalidad -; debiendo además prevenir,
investigar, sancionar y reparar las violaciones a estos derechos, de
173
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/. Consulta realizada el día 29 de
diciembre de 2018 a las 11:03 horas p.m.
donde se sigue que el reformador constitucional mexicano – al menos
formalmente – ha entendido y aceptado a cabalidad, el dialogo que ha
venido implementado la Corte Interamericana con los Estados
Nacionales que han aceptado su competencia y jurisdicción para la
salvaguarda integral de los derechos humanos, acatando lo establecido
en el art. 1.1 de la Convención Americana de respetar los derechos y
libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a
toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna
por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o
de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición social.

Por su parte el artículo 15 de la Constitución Mexicana, dispone que:


“No se autoriza la celebración de tratados para la extradición de reos
políticos, ni para la de aquellos delincuentes del orden común que hayan
tenido en el país donde cometieron el delito, la condición de esclavos; ni
220
de convenios o tratados en virtud de los que se alteren los derechos
humanos reconocidos por esta Constitución y en los tratados
internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte”. 174 De aquí se
desprende que el Estado mexicano, hace énfasis en la disposición
interamericana de su deber de adaptar su derecho interno, para que si el
ejercicio de los derechos y libertades mencionados en el Artículo 1 no
estuviere ya garantizado por disposiciones legislativas o de otro
carácter, los Estados Partes se comprometen a adoptar, con arreglo a
sus procedimientos constitucionales y a las disposiciones de esta
convención, las medidas legislativas o de otro carácter que fueren
necesarias para hacer efectivos tales derechos y libertades. 175
Por lo que hace al artículo 29 de la ley fundamental mexicana, en este
precepto constitucional, se prevé que ante la aparición de situaciones

174
Ibidem.
175
Convención Americana sobre Derechos Humanos Comentada. Óp. cit. Pág. 8.
excepcionales como casos de invasión, perturbación grave de la paz
pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o
conflicto, se restringirá el ejercicio de algunos derechos y las garantías
que fuesen obstáculo para hacer frente, rápida y fácilmente a la
situación; pero deberá ser solo por un tiempo limitado y por medio de
prevenciones generales y sin que la restricción o suspensión se
contraiga a determinada persona, salvaguardando un bloque de
derechos que no podrán ser restringidos en cuanto a su ejercicio ni en
cuanto a las garantías procesales para su protección.176 Esta disposición
de restricción parece llevarnos a una “trampa constitucional”, en clara
referencia a que la constitución mexicana no da efectividad a los
derechos humanos de fuente internacional, porque finalmente
terminaran imponiéndose las restricciones establecidas en la
constitución mexicana y si ello implica que esa restricción vulnere
derechos humanos, aun así, tal restricción deberá prevalecer.
221 que tal restricción no se refiere al
Al respecto debe precisarse, primero,
contenido esencial de los derechos humanos, luego la sustancia
constitucional como convencional de los mismos, queda salvaguardada;
Segundo, la restricción va encaminada hacia su no ejercicio, pero este
es temporal y decretado solo para hacer frente a una situación de
excepción que pone en peligro al Estado y a la Sociedad misma, pero
aun así, se salvaguarda un núcleo de derechos que a pesar de la
situación de excepción, no podrán suspenderse ni restringirse ni en su
contenido esencial ni en cuanto a su ejercicio, mucho menos en cuanto
a las garantías jurisdiccionales para su protección, derechos que de su
simple lectura, se aprecia que son de los básicos y más elementales que
aseguran a las personas el respeto a su dignidad y al desarrollo de sus
actividades fundamentes. en tercer lugar, la restricción contenida en
este dispositivo constitucional está supeditada al cumplimiento de varios
176
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/ Óp. cit. Pág. 38. En donde
puede leerse todo el contenido de este precepto constitucional.
supuestos y reglas para su establecimiento, entre ella la de más
importancia, estimo, es la que se refiere a que: “Los decretos expedidos
por el Ejecutivo durante la restricción o suspensión, serán revisados de
oficio e inmediatamente por la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
la que deberá pronunciarse con la mayor prontitud sobre su
constitucionalidad y validez”.177 De ahí que, el hecho de que la propia
Corte mexicana, haya producido un criterio jurisprudencial relacionado
con la prevalencia de las restricciones constitucionales, ello es acorde
con lo establecido en este articulo 29 en análisis, pues tal restricción
deberá ser fundada, motivada, proporcional y observando en todo
momento los principios de legalidad, racionalidad, proclamación,
publicidad y no discriminación; en cuarto y último lugar, debe decirse
que la restricción a que se refiere este precepto constitucional en
análisis, no pone límites per se, a ningún derecho, pues estimo, que son
los propios derechos de acuerdo a su naturaleza, los que se proveen de
222derecho es ilimitado, sino que
sus propios límites, pues ningún
encuentra un dique tanto a su contenido esencial como a su ejercicio, en
la frontera con otros derechos y con los derechos de otras personas que
también son titulares de los mismos o de otros derechos inclusive, sin
que ello implique que la constitución o las convenciones sean las que
establezcan tales limites, pongo un ejemplo sencillo y relacionado con la
materia que en este libro nos ocupa – la materia agraria -, un ejido o
comunidad, ejidatario o comunero, según la fracción VII del artículo 27
de la Constitución mexicana, tienen derechos de propiedad, uso y
usufructo sobre sus tierras, bosques, selvas y aguas, derechos que se
mantienen incólumes tanto en su esencia como en su ejercicio, siempre
que esos derechos se ejerciten sobre la propiedad, uso y usufructo de
sus tierras, pero el limite a tal evento, está en que un ejido o un
ejidatario no podrá invadir las tierras de otro ejido u otro ejidatario, ni

177
Ibidem.
apoderarse indebidamente de ellas, ni viceversa, luego, no es la
constitución la que le pone límites al ejercicio de estos derechos, sino el
propio derecho se los asigna, pues aparece el viejo apotegma ideado
por los Romanos, de que “el derecho de unos termina cuando aparece
el derecho de los demás”. Luego entonces, estimo, no existe tal “trampa
de constitucionalidad”, pues, finalmente, el Estado encuentra sus
propios límites, en el caso que nos ocupa, en el mencionado bloque de
derechos que aparece en este precepto constitucional en análisis,
además de que la constitución mexicana al haber recepcionado a los
derechos humanos de fuente internacional, les convida de su máxima
jerarquía y al analizar una posible restricción a los derechos
fundamentales, en ella va inmerso también el análisis de
convencionalidad y el resultado de dicho análisis deberá tener en cuenta
los parámetros establecidos por el corpus iure internacionales, pues
finalmente, el Estado mexicano sabe y lo sabe bien, que ante un
223 interamericanos, propiciara que
desconocimiento de estos parámetros
tanto las normas internas como las sentencias dictadas en los casos
concretos, tendrán que ser revisadas por la corte interamericana, ultima
ratio de convencionalidad y si dicha corte interamericana así lo estima,
le corregirá la plana al Estado y a los tribunales mexicanos, aun y
cuando en la última instancia mexicana se hubiera dicho que la norma o
la restricción en cuestión no se contraponían a los parámetros de
convencionalidad ni era vulneradora de derechos humanos.
En lo que se refiere al artículo 133 constitucional, este precepto,
estimo, desde su aparición en la norma fundamental, ha buscado que
congenien, la constitución, las normas generales de ella emanadas, con
los tratados internacionales, de donde resulta que el Estado mexicano,
ha propiciado siempre desde su más alto ordenamiento jurídico, la
convivencia entre las normas mexicanas y las internacionales, sean o no
en materia de derechos humanos. Asimismo, este precepto
fundamental, desde siempre, ha querido que todos los jueces
nacionales desarrollen su actividad jurisdiccional en apego a los
preceptos que en ella se contienen y en apego a aquellos que de ella
emanen, incluidos los contenidos de los tratados internacionales,
cuestión que antes de la reforma constitucional en materia de amparo y
de derechos humanos, esta aspiración constitucional estaba muy
limitada, al reservarla la jurisprudencia mexicana, solo a los jueces de
amparo y desde luego a la Corte Suprema de la Nación, pues los jueces
ordinarios no podían inaplicar una norma por estimarla inconstitucional
ni mucho menos declararla inconstitucional, en su momento algunos
tribunales intentaron hacer tal cosa y la Corte mexicana les dijo
tajantemente que la facultad de pronunciarse sobre la
inconstitucionalidad de una ley le estaba reservada a ese máximo
tribunal. Luego, la reforma constitucional en materia de derechos
humanos, le trajo al artículo 133 constitucional, la oportunidad de que a
224 los jueces nacionales pudiesen
su resguardo en sede interna, todos
hacer control de constitucionalidad difuso, para salvaguardar
materialmente, el respeto y protección de los derechos fundamentales,
ahora como derechos humanos, huéspedes vitalicios en nuestra carta
constitucional, estando facultados a la luz del control de
convencionalidad, para inaplicar una norma al caso concreto por
estimarla inconstitucional e inconvencional y no se diga de los tribunales
de amparo y de la propia Corte Suprema, quienes podrán ahora decretar
una declaratoria general de inconstitucionalidad, tanto en control difuso
como en control concentrado, inaplicando dicha norma, e invalidándola
por no respetar los parámetros de constitucionalidad y de
convencionalidad que ahora prevalecen en el sistema jurídico mexicano.
De ahí que este precepto constitucional sea ahora más acorde con los
artículos 1,1, 2º., 25 y 29 de la Convención Americana, con los artículos
26 y 27 de la Convención de Viena y, por ende, con la doctrina del
control de convencionalidad aquí puesta de manifiesto.
Bajo todo este panorama, es inconcuso, que todos los tribunales
mexicanos bajo sus respectivas competencias, especializaciones y
regulaciones procesales deberán hacer control de convencionalidad
difuso en los casos sometidos a su conocimiento, en donde aparezcan
controvertidos los derechos humanos, ya puestos en relevancia por las
partes o ya advertidos de oficio por su importancia y trascendencia en
cuanto a sus graves violaciones.
Las tesis de jurisprudencia que a continuación se detallan, nos dan un
poco más de luz, sobre el tema en estudio:
Época: Novena Época Registro: 165074 Instancia: Tribunales Colegiados de
Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Semanario Judicial de la Federación y
su Gaceta Tomo XXXI, Marzo de 2010 Materia(s): Común Tesis: I.4o.A.91 K
Página: 2927.
CONTROL DE CONVENCIONALIDAD. DEBE SER EJERCIDO POR LOS JUECES
225
DEL ESTADO MEXICANO EN LOS ASUNTOS SOMETIDOS A SU
CONSIDERACIÓN, A FIN DE VERIFICAR QUE LA LEGISLACIÓN INTERNA NO
CONTRAVENGA EL OBJETO Y FINALIDAD DE LA CONVENCIÓN AMERICANA
SOBRE DERECHOS HUMANOS.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha emitido criterios en el
sentido de que, cuando un Estado, como en este caso México, ha ratificado un
tratado internacional, como lo es la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, sus Jueces, como parte del aparato estatal, deben velar porque las
disposiciones ahí contenidas no se vean mermadas o limitadas por
disposiciones internas que contraríen su objeto y fin, por lo que se debe
ejercer un "control de convencionalidad" entre las normas de derecho interno
y la propia convención, tomando en cuenta para ello no sólo el tratado, sino
también la interpretación que de él se ha realizado. Lo anterior adquiere
relevancia para aquellos órganos que tienen a su cargo funciones
jurisdiccionales, pues deben tratar de suprimir, en todo momento, prácticas
que tiendan a denegar o delimitar el derecho de acceso a la justicia.
CUARTO TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA ADMINISTRATIVA DEL
PRIMER CIRCUITO.
Amparo directo 505/2009. Rosalinda González Hernández. 21 de enero de 2010.
Unanimidad de votos. Ponente: Patricio González-Loyola Pérez. Secretario:
Víctor Octavio Luna Escobedo.
Época: Décima Época Registro: 160589 Instancia: Pleno Tipo de Tesis: Aislada
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Libro III, Diciembre
de 2011, Tomo 1 Materia(s): Constitucional Tesis: P. LXVII/2011(9a.) Página:
535.
CONTROL DE CONVENCIONALIDAD EX OFFICIO EN UN MODELO DE
CONTROL DIFUSO DE CONSTITUCIONALIDAD.
De conformidad con lo previsto en el artículo 1o. de la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos, todas las autoridades del país, dentro del
ámbito de sus competencias, se encuentran obligadas a velar no sólo por los
derechos humanos contenidos en la Constitución Federal, sino también por
aquellos contenidos en los instrumentos internacionales celebrados por el
Estado Mexicano, adoptando la interpretación más favorable al derecho
humano de que se trate, lo que se conoce en la doctrina como principio pro
226
persona. Estos mandatos contenidos en el artículo 1o. constitucional,
reformado mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación de
10 de junio de 2011, deben interpretarse junto con lo establecido por el diverso
133 para determinar el marco dentro del que debe realizarse el control de
convencionalidad ex officio en materia de derechos humanos a cargo del
Poder Judicial, el que deberá adecuarse al modelo de control de
constitucionalidad existente en nuestro país. Es en la función jurisdiccional,
como está indicado en la última parte del artículo 133 en relación con el
artículo 1o. constitucionales, en donde los jueces están obligados a preferir
los derechos humanos contenidos en la Constitución y en los tratados
internacionales, aun a pesar de las disposiciones en contrario que se
encuentren en cualquier norma inferior. Si bien los jueces no pueden hacer
una declaración general sobre la invalidez o expulsar del orden jurídico las
normas que consideren contrarias a los derechos humanos contenidos en la
Constitución y en los tratados (como sí sucede en las vías de control directas
establecidas expresamente en los artículos 103, 105 y 107 de la Constitución),
sí están obligados a dejar de aplicar las normas inferiores dando preferencia a
las contenidas en la Constitución y en los tratados en la materia.
Varios 912/2010. 14 de julio de 2011. Mayoría de siete votos; votaron en
contra: Sergio Salvador Aguirre Anguiano, Jorge Mario Pardo Rebolledo con
salvedades y Luis María Aguilar Morales con salvedades. Ausente y Ponente:
Margarita Beatriz Luna Ramos. Encargado del engrose: José Ramón Cossío
Díaz. Secretarios: Raúl Manuel Mejía Garza y Laura Patricia Rojas Zamudio.

4.5. LOS TRIBUNALES AGRARIOS Y EL CONTROL DIFUSO.

De lo expuesto en el último párrafo del tema anterior, no hay duda de


que dentro de estos tribunales mexicanos obligados a hacer control
difuso de convencionalidad, a partir de su respectiva competencia,
especialización y regulación procesal, se encuentran los tribunales
agrarios, a efecto de proteger y reparar todos aquellos derechos de los
justiciables agrarios que requieran de protección en la sede de estos
órganos de justicia agraria, ya sea de oficio cuando así se amerite o a
227
petición de parte.

Es innegable que la creación de los Tribunales de carácter agrario


derivados de la reforma al artículo 27 constitucional fracción XIX ha
constituido en nuestro país un parteaguas muy significativo.

Las condiciones que en México prevalecieron desde tiempos lejanos nos


mostraron siempre una faz del campo y de su población poco
alentadora. El referente de esta población siempre lo constituyó el
elemento pobreza, atraso, marginación e injusticia. No es desconocido
para todos que el hecho fundante de la mayoría de los movimientos
bélicos en México se dieron origen en base a la situación prevaleciente
en las poblaciones vulnerables: obreros y campesinos.

Hablar entonces, del término justiciano solamente implica lo que podría


considerarse como un valor de la mayor trascendencia, sino como la
posibilidad real del hombre del campo de alcanzar una mejor vida bajo
condiciones de oportunidad de trabajo, desarrollo y generación de
riqueza.

Los Tribunales Agrarios como garantes naturales de la legalidad se


erigen en nuestro país en circunstancias adecuadas, en un proceso de
aplicación de nuevas reformas constitucionales que en el espíritu del
legislador se concibieron como absolutamente necesarias para dotar al
sector rural-agrario de mejores herramientas que permitieran un
desarrollo integral, y visionariamente, ante las múltiples etapas que
México vivió repartiéndose la tierra nacional, el legislativo previó un
elemento esencial para dicho desarrollo: la certeza y seguridad jurídica
en la tenencia de la tierra, y como consecuencia natural, el
establecimiento de las autoridades que en la materia, podrían resolver
los posibles conflictos ante la etapa de regularización de esa tenencia de
la tierra. Los Tribunales Agrarios, se establecieron por consecuencia de
228
las reformas constitucionales del artículo 27 fracción XIX, con la finalidad
de lograr una justicia real y ágil que resolviera todos aquellos conflictos
que se provocaran en torno a la titularidad de los derechos sobre las
tierras, asimismo, se crea la Ley Orgánica de los Tribunales Agrarios
con la finalidad de otorgar mayor celeridad a la sustanciación y
resolución de los asuntos presentados ante los Tribunales.

El Reglamento Interno de los Tribunales Agrarios estableció la


composición de los Tribunales de carácter agrario, dividiendo en:
Tribunales Unitarios Agrarios, y como segunda instancia, el Tribunal
Superior Agrario. Ahora bien, y adentrándonos al tema en desarrollo, los
Tribunales Agrarios poseen un carácter administrativo. La designación
de los Magistrados que lo integran es realizada por el Senado de la
República a propuesta del presidente de los Estados Unidos Mexicanos.
En este contexto, en México la justicia agraria se encuentra bajo la tutela
de los Tribunales creados al efecto. Para el tema que nos ocupa es
importante señalar que, precisamente los Tribunales Agrarios, desde
nuestra perspectiva, tienen una doble responsabilidad, dada la
naturaleza de los asuntos que dirimen, así como la naturaleza de los
grupos colectivos que atienden: los campesinos de México. Es
precisamente en la administración de la justicia agraria en donde deben
converger el sentido más esencial de equidad, la consideración más alta
al respeto de la dignidad del hombre, el entendimiento de su
circunstancia, de sus usos, cultura, costumbres, así como, en muchos
casos, de sus condiciones de vida y vulnerabilidad. Luego entonces, el
que el hombre del campo se presente ante la autoridad jurisdiccional
agraria en llamamiento de justicia, obliga necesariamente al juzgador a
contemplar al campesino y su circunstancia en su todo integral, y desde
luego, no sólo está obligado a determinar dentro del contexto de la
legalidad, como todo juzgador, sino que también a valorar los elementos
229
adicionales relativos a su condición y miembro ente de una colectividad
definida. En otro contexto, pero íntimamente relacionado con lo
señalado con antelación, en nuestro país existe por disposición
constitucional, específicamente señalado en el artículo 102 apartado B,
un organismo protector de los Derechos Humanos, cuyas funciones,
facultades y atribuciones se encuentran ahí definidas así como en las
leyes secundarias; sin embargo, ha existido polémica acerca de la
carencia de la condición coactiva que permita el cabal acatamiento a las
denominadas recomendaciones, lo que impide de alguna manera, el
total ejercicio protector de los derechos humanos en México.

En tal contexto, los Tribunales Agrarios, por cuanto hace al ejercicio de


sus atribuciones y facultades, y en aplicación de la propuesta que se
desarrolla en el presente trabajo, realizarían un papel de trascendencia
como garantes de la protección de esos derechos humanos legalmente
reconocidos en las leyes nacionales e internacionales. Esto es, los
Tribunales Agrarios, como autoridades de carácter administrativo, en
pleno ejercicio facultativo del derecho agrario, puede y debe contemplar
esa especie de control de convencionalidad del que hemos comentado
en el apartado que antecede, puesto que al ser administradores de
justicia agraria, existe la posibilidad – facultad, diría yo - de que se
realice la interpretación de derechos y libertades no sólo por cuanto
hace a las leyes de carácter nacional, sino también acordes a los
tratados internacionales, que de hecho, contemplan las disposiciones
primarias a que el Estado Mexicano en materia de Derechos Humanos
se ha obligado. 178

Para asegurar la realización de este ejercicio de control difuso de


convencionalidad en sede agraria, estimo, sería muy conveniente emitir
formalmente, algunos lineamientos, circulares u otras disposiciones o
mecanismos análogos, sino es que una reforma al artículo 189 de la ley
agraria, destinados a facultar de manera expresa al juzgador agrario, a
230
realizar un examen de convencionalidad, ya en los acuerdos o autos
pronunciados durante la secuela procesal agraria, así como en los
considerandos de sus sentencias, por así exigirlo las partes o una de
ellas, o cuando la peculiaridad del caso a estudio así lo amerite.

De adoptarse alguna medida – o la medida formal propuesta - al


respecto, los Tribunales Agrarios del país se convertirían además de
garantes de la legalidad, impartidores de justicia en el ámbito social
agrario, en vigilantes del cumplimiento de las disposiciones legales,
constitucionales e internacionales que existen en materia de derechos
humanos, logrando con ello una justicia más incluyente, adicionando el
elemento humano que todo juzgador no debe obviar. 179

178
Revista de los Tribunales Agrarios No. 60, Segunda Época, Año IX, Octubre – Diciembre de 2012. Pp. 143 – 146, relativas
al tema expuesto por la Magistrada Agraria Janette Castro Lara, relativo a la “Posibilidad del Control de Convencionalidad en
Tribunales Agrarios”.
179
Ibidem. Pág. 146.
Sobre el tema en trato en este apartado, vale decir, que el suscrito, en
mi tesis doctoral había planteado la necesidad de que los tribunales
agrarios se convirtieran en tribunales con facultades de control difuso de
constitucionalidad, estimando que los Tribunales Agrarios, debían de ser
tribunales de Constitucionalidad, ya que no lo eran, pues desde su
creación, habían sido solo tribunales de legalidad, lo que trastocaba su
esencia Constitucional, pues valía recordar que estos tribunales habían
surgido directamente de la fracción XIX del artículo 27 Constitucional,
para administrar justicia agraria, teniendo como base, los derechos que
nuestra ley fundamental otorga a través de este precepto Constitucional
a los justiciables agrarios en sus fracciones VII, VIII, IX, XV, XVIII, XIX Y
XX; Estimaba también que el problema planteado se limitaba, a
convertir al Tribunal Superior Agrario en Tribunal Superior Constitucional
Agrario, pasando a ser tanto un tribunal de legalidad, como también de
control de constitucionalidad, otorgándole la facultad para aplicar inter
231 en materia agraria, y así poder en
partes, el control constitucional difuso
esta materia, inaplicar una ley que estimare inconstitucional y poder
anular el acto de autoridad por estimarlo contrario a la Constitución
Federal, sin realizar, una declaratoria general de inconstitucionalidad de
la ley, sino únicamente en el caso concreto sometido a su conocimiento;
De igual forma estimaba que La transformación del Tribunal Superior
Agrario en Tribunal de Constitucionalidad y de los Tribunales Unitarios
Agrarios en Salas Unitarias Agrarias, estaría plenamente justificada,
pues solo eran tribunales de legalidad, y por ello, al resolver en
definitiva los asuntos sometidos a su conocimiento solo realizaban
estudios de esta naturaleza, mas no de constitucionalidad, siendo
abordado lo relativo a la constitucionalidad, únicamente si el asunto
llegaba a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, vía recurso de
revisión, ya fuera, cuando los Tribunales Colegiados de circuito al
conocer de amparos directos agrarios omitan entrar al estudio de las
cuestiones de constitucionalidad agraria planteadas o si estas persistían
en la ejecutoria dictada en el amparo directo o bien, también solo
llegaban a la corte vía recurso de revisión en amparo indirecto cuando
se trataba de violaciones directas a derechos fundamentales agrarios y
que los juzgados de Distrito omitían resolver o resolvían en contra de
estos derechos de los justiciables agrarios y finalmente, cuando el
asunto agrario, era atraído por la corte por su trascendencia e
importancia, ya de oficio ya por turno de los Tribunales de Amparo, que
por lo anterior, era que los tribunales agrarios debían ser no solo
tribunales de legalidad, sino también de constitucionalidad, para que al
resolver los asuntos sometidos a su conocimiento en esta instancia, se
pronunciaran con expedites y eficiencia, sobre cuestiones tanto de
legalidad como de constitucionalidad, de lo contrario, las cuestiones
relativas a la constitucionalidad agraria, seguirán ventilándose fuera de
estos tribunales agrarios, en detrimento de los derechos constitucionales
232 facie-, reconocía a los sujetos
que nuestra ley fundamental -prima
agrarios.

Todas estas ideas plasmadas en mi tesis doctoral, quedaron – a mi


juicio – solventadas, con la reforma constitucional en materia de
derechos humanos de junio de 2011, virtud la cual, alumbró en nuestro
sistema jurídico, el nuevo artículo 1º., de la constitución mexicana, a
través del cual, se privilegiaba, la promoción, respeto, protección y
reparación de los derechos humanos, obligando para ello, a todas las
autoridades del país, incluidos desde luego todos los órganos
jurisdiccionales a llevar a cabo el control difuso de convencionalidad,
ello, debido a que nuestra norma fundamental estaba recepcionando en
sus preceptos constitucionales, los tratados, convenciones, doctrina y
jurisprudencia de las cortes internacionales en materia de derechos
humanos, visto lo cual, nuestros tribunales, incluidos los tribunales
agrarios, podrían a partir de esta reforma, hacer un ejercicio combinado
de control difuso de convencionalidad, en el marco de sus respectivas
competencias, especializaciones y regulaciones procesales, para
justiciar en su sede, las violaciones a los derechos humanos de los
sujetos agrarios.

Pudiera decirse que con lo establecido en esta reforma constitucional


en materia de derechos humanos, quedaba por satisfecha mi inquietud,
cuestión que no ha sido así, pues aunque bien es cierto que ahora los
juzgadores agrarios no tienen impedimento legal alguno para en su
ámbito llevar a cabo un control difuso de convencionalidad agraria, si
dejan entrever en algunos de sus autos, resoluciones y sentencias
definitivas, una timidez y resistencia material a pronunciarse sobre
cuestiones de constitucionalidad – convencionalidad en los casos
concretos que les son planteados, de lo cual se deja ver, que no han
decidido asumir completamente el rol de tribunales de convencionalidad
para la defensa, protección y reparación de los derechos humanos que
233
los sujetos agrarios les plantean o bien de aquellos que se advierten
dada la propia naturaleza del asunto sometido a su conocimiento, como
son, entre otras tantas cuestiones, las de suspensión temporal y
definitiva de voz, voto y asistencia a asambleas, separación y
aceptación de ejidatarios y comuneros, elección y remoción de los
órganos de representación y vigilancia, petición de avecindamiento,
petición de informes y rendición de cuentas, etc., actos estos
pronunciados por las asambleas generales de ejidatarios y comuneros
que vulneran derechos humanos agrarios. En esos términos,
supongamos que, dentro de una controversia promovida por un sujeto
agrario, el Tribunal Agrario que corresponda advierte que en la
aplicación de algún artículo o artículos contenidos en alguna ley del
sector (Ley Agraria, Ley General del Equilibrio Ecológico y la protección
al Ambiente, Ley General de Vida Silvestre, Ley General de Desarrollo
Forestal Sustentable, etcétera) la autoridad involucrada conculca los
derechos ambientales y el desarrollo sustentable del demandante… Lo
que procedería en el ámbito tradicional, es limitarse a emitir un
pronunciamiento en términos de estricta legalidad; sin embargo, con la
reforma constitucional de 2011, lo anterior queda derrotado por la norma
fundamental, por lo que en ejercicio de la facultad de control difuso,
como interpretó la Corte en el multicitado caso Radilla, el juzgador
agrario deberá pronunciarse en la fundamentación y motivación de su
sentencia, sobre las razones por la que se estima que existe violación a
derechos humanos e incluso de considerarlo conducente inaplicar la
disposición normativa generadora de la vulneración, prefiriendo emplear
la norma fundamental o aquella que más beneficie al justiciable. Por otra
parte, no podemos dejar de mencionar las reformas practicadas al
artículo 4º constitucional en fechas 13 de octubre de 2011 y 8 de febrero
de 2012. Procesos de modificación en los que se elevaron al rango de
derecho fundamental el derecho a la alimentación y el derecho al agua,
234
de la misma manera se cambió la denominación del derecho a un medio
ambiente adecuado, por la de medio ambiente sano, estableciéndose
asimismo la obligación del Estado de garantizar tal prerrogativa (lo que
era omiso en el texto anterior) y además se constitucionaliza el supuesto
de la responsabilidad ambiental. Como se puede observar dichos
derechos forman parte fundamental de la materia agraria y de las
labores cotidianas que realizan los sujetos agrarios. Por lo anterior se
imbrican para generar un gran bloque de derechos fundamentales en
materia agroambiental, mismos que hoy por hoy, y ante el nuevo
escenario constitucional pueden ser tutelados de manera efectiva por los
Tribunales Agrarios.180

180
Ibidem. Pp. 204 a 205. Relativo al articulo denominado “Tendencias Actuales de la Jurisdicción Agraria a la Luz de la
Reforma Constitucional en Materia de Derechos Humanos en México” y, al tema especifico “El juez agrario como garante de
Derechos Humanos”; desarrollados por la Magistrada Agraria Erika Lissete Reyes Morales.
Los siguientes criterios jurisprudenciales, nos orientaran un poco más
sobre el contenido y alcances de la labor jurisdiccional agraria aquí
comentada.

Época: Décima Época Registro: 2011473 Instancia: Tribunales Colegiados de


Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la
Federación Libro 29, Abril de 2016, Tomo III Materia(s): Constitucional,
Administrativa Tesis: II.1o.19 A (10a.) Página: 2588.

TRIBUNALES UNITARIOS AGRARIOS. SI NO SE HACE SABER


OPORTUNAMENTE A LAS PARTES LA SUSTITUCIÓN DE SU TITULAR NI SE
LES OTORGA UN PLAZO PRUDENTE PARA PRONUNCIARSE SOBRE UN
POSIBLE IMPEDIMENTO DE ÉSTE, SE VULNERA SU DERECHO HUMANO DE
ACCESO EFECTIVO A LA JUSTICIA Y DEBE REPONERSE EL PROCEDIMIENTO
PARA ESE EFECTO.

De una interpretación sistemática de los artículos 1o., 14, 16 y 17 de la Constitución


Política de los Estados Unidos Mexicanos, en relación con el numeral 1 del artículo 8
de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que en su conjunto tutelan
235
el derecho humano de acceso efectivo a la justicia, se colige que para hacer patente
esta prerrogativa es necesario garantizar la existencia de un Juez imparcial, lo cual
conlleva la posibilidad de recusar al juzgador cuando las partes estimen que existen
condiciones que pudieran nublar su neutralidad en el asunto sometido a su potestad.
Por tanto, cuando no se hace saber oportunamente a las partes la sustitución del
titular de un Tribunal Unitario Agrario -lo que implicaría que sea uno quien sustancie
el procedimiento y otro el que dicte la sentencia respectiva-, ni se les otorga un plazo
prudente para pronunciarse sobre un posible impedimento legal de aquél, se vulnera
en su perjuicio el derecho humano invocado, lo que da lugar a reponer el
procedimiento para ese efecto.

PRIMER TRIBUNAL COLEGIADO DEL SEGUNDO CIRCUITO CON RESIDENCIA


EN CIUDAD NEZAHUALCÓYOTL, ESTADO DE MÉXICO.

Amparo directo 633/2015. Lidia y Anselmo, ambos de apellidos Hernández Díaz. 16


de diciembre de 2015. Unanimidad de votos. Ponente: Jorge Arturo Sánchez
Jiménez. Secretario: Juan José Hernández Leyva.
Esta tesis se publicó el viernes 15 de abril de 2016 a las 10:30 horas en el
Semanario Judicial de la Federación.

Época: Décima Época Registro: 2006331 Instancia: Tribunales Colegiados de


Circuito Tipo de Tesis: Aislada Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la
Federación Libro 5, Abril de 2014, Tomo II Materia(s): Constitucional, Administrativa
Tesis: (III Región)4o.34 A (10a.) Página: 1707

TRIBUNAL SUPERIOR AGRARIO. SI DECLARA IMPROCEDENTE EL RECURSO


DE REVISIÓN INTERPUESTO, BAJO LA CONSIDERACIÓN DE QUE EL
TRIBUNAL UNITARIO AGRARIO FIJÓ INCORRECTAMENTE LA LITIS EN EL
JUICIO CUYA SENTENCIA SE CONTROVIERTE, VULNERA LOS DERECHOS
HUMANOS A LA CERTEZA Y SEGURIDAD JURÍDICAS, PREVISTOS EN LOS
ARTÍCULOS 14 Y 16 DE LA CONSTITUCIÓN FEDERAL, LO CUAL AMERITA LA
REPOSICIÓN DEL PROCEDIMIENTO.

Del artículo 18 de la Ley Orgánica de los Tribunales Agrarios se advierte que la


fijación de la litis en las controversias de que conocen los Tribunales Unitarios sólo
corresponde a éstos, por lo cual, si al pronunciar la sentencia correspondiente,
236el actor reclamó la restitución de tierras
hacen consistir la materia de la litis en que
ejidales a que alude la fracción II del precepto citado; hipótesis conforme a la cual
procede el recurso de revisión en términos del numeral 198, fracción II de la Ley
Agraria, y el Tribunal Superior Agrario declara improcedente dicho medio de
impugnación, bajo la consideración de que la acción en el juicio versó sobre otro
aspecto, por ejemplo, el mejor derecho para poseer tierras de uso común, tal
determinación vulnera los derechos humanos a la certeza y seguridad jurídicas,
previstos en los artículos 14 y 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, en tanto que el acto procesal del a quo agrario, al trabar indebidamente
la litis, provocó que el particular no contara con los elementos mínimos para hacer
valer sus derechos correctamente, dentro de los límites y con las atribuciones que le
confiere la ley aplicable, por lo que, en esa medida, para no dejarlo en estado de
indefensión, procede que en el amparo que promueva se le conceda la protección
de la Justicia Federal, para el efecto de que el Tribunal Superior Agrario revoque su
sentencia y ordene al inferior reponer el procedimiento para que, al fijar la
controversia agraria de forma debida, resuelva el fondo del asunto.
CUARTO TRIBUNAL COLEGIADO DE CIRCUITO DEL CENTRO AUXILIAR DE LA
TERCERA REGIÓN, CON RESIDENCIA EN GUADALAJARA, JALISCO.
Amparo directo 744/2013 (cuaderno auxiliar 1021/2013) del índice del Segundo
Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Tercer Circuito, con apoyo del
Cuarto Tribunal Colegiado de Circuito del Centro Auxiliar de la Tercera Región, con
residencia en Guadalajara, Jalisco. Manuel Esquivel Tejeda y otros. 21 de
noviembre de 2013. Unanimidad de votos. Ponente: Jorge Humberto Benítez
Pimienta. Secretario: César Haro Medina.

5. EL PROCEDIMIENTO PREFERENTE Y SUMARIO AGRARIO

Como he venido esbozando en todo el trayecto de este comunicado, lo


cual es acorde con el tema central del mismo, estimo que es necesaria
la instauración de un mecanismo procesal para la pronta resolución de
los conflictos en donde estén en juego aquellos derechos y bienes
agrarios que por su relevancia, importancia y trascendencia, requieren
de prontitud y expedites, para el acceso real y efectivo a la justicia
237implique hacer una discriminación
agraria, ello, desde luego, sin que
jurídica de dichos derechos, pues es de sobra sabido que todos los
derechos agrarios son importantes, más sin embargo, como aquí se
precisara, hay algunos que se consideran fundamentales y humanos y,
que por la gravedad de la lesión, requieren de la pronta y efectiva
intervención de los tribunales agrarios, a efecto de repararlos y permitir
que se continúe con el ejercicio cabal de los mismos, no pretendo, por
ahora, establecer un catálogo de estos derechos, sino que se deberá
atender a su propia naturaleza, entendida esta como aquella que afecta
de manera directa e inmediata el ejercicio continuo de los actos y
actividades de los sujetos agrarios, que de interrumpirse o suspenderse,
pondrían en grave riesgo el desarrollo normal de los bienes y derechos
de los ejidos, ejidatarios, comunidades, comuneros, posesionarios,
avecindados y demás justiciables que requieren forzosamente de ejercer
a cabalidad sus derechos y la protección de sus bienes agrarios. Aquí,
desde luego, pondré algunos ejemplos que espero ayuden a lograr a
identificar este tipo de derechos a los que me refiero y que deberán
justiciarse, a través de un mecanismo procesal agrario, al que he
denominado “Procedimiento preferente y sumario agrario”, el cual
deberá tener como características principales: A.- Un trámite de control
de oficio, para la admisión de la demanda en base a su idoneidad. B.- La
sumariedad y brevedad en los plazos para admitir la demanda, realizar
el emplazamiento, celebrar la audiencia de ley, solventar la fase
probatoria, producir los alegatos, el dictado y ejecución de la sentencia.
C. La actuación directa del Magistrado Agrario para presidir y dirigir todo
el procedimiento. D.- La depuración de actuaciones innecesarias y
pruebas impertinentes e irrelevantes, sobre todo de aquellas que no
tengan ninguna relación con la litis de fondo que aparece en el caso
planteado y, E.- La suspensión del acto impugnado para conservar
estrictamente la materia del juicio.
238
Así mismo, este procedimiento deberá tener como sostén, el contenido
esencial de los preceptos constitucionales, convencionales y en suma, el
sustento de las normas generales vigentes en nuestro país, entre ellas,
desde luego, las que priman de manera principal y supletoria, incluso, en
materia agraria, tales como: el artículo 1º. De la constitución federal
mexicana, en tanto en cuanto establece que en México todas las
personas gozan de los derechos humanos reconocidos en nuestra
Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado
Mexicano sea parte, a la par que de las garantías para su protección, así
como que en conjunto su ejercicio no puede restringirse ni suspenderse
salvo en los casos y bajo las condiciones que se fijen en el propio texto
de la Ley Fundamental; que las normas concernientes a los derechos
humanos deben interpretarse de conformidad con la Constitución y con
los tratados internacionales de la materia, siempre a favor de que a las
personas se conceda la mayor protección y, en cuanto ordena a todas
las autoridades, acorde a sus competencias, respetar, proteger,
promover y garantizar los derechos humanos a la luz de los principios de
universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad que los
informan, a la vez que les impone obligaciones de prevenir, investigar,
sancionar y reparar sus violaciones.

Así sintetizados, estos tres párrafos están cambiando ya nuestro orden


jurídico. Esta trilogía ha servido, por ejemplo, como uno de los pilares
fundamentales para que en el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación se resolviera el expediente varios 912/2010 concerniente al
cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos recaída en el caso Radilla Pacheco. Precedente que a su vez
ha revolucionado la impartición de justicia en el país al darle entrada al
control de convencionalidad difuso al mismo tiempo que matiza el
monopolio del control de constitucionalidad depositado en los tribunales
federales; Además de que por fin, se acepta la figura de derechos
239
humanos como una de derecho positivo. Por bastante tiempo se ha
intentado demeritar la expresión identificándola como un término
perteneciente más al ámbito de la moral o la política que al campo del
Derecho. En demasiadas ocasiones se ha querido reducir a los
derechos humanos como pretensiones sociales basadas en una idea de
justicia, pero sin sustento jurídico. No más de eso. Hoy, apelar a los
derechos humanos como fundamento de exigencias sociales, con una
argumentación adecuada, encontrará el máximo soporte dentro del
sistema jurídico, con fuerza normativa constitucional. 181De lo anterior
vale destacar lo relativo al mandato constitucional de proveer sobre “las
garantías para la protección” de los derechos humanos, en franca
alusión a los mecanismos procesales de toda índole, con tal que sirvan
para tutelar de manera eficaz tales derechos y, es aquí, en este

181
Suprema Corte de Justicia de la Nación, “El impacto de la reforma constitucional en materia de derechos humanos en la
labor jurisdiccional en México”; Juan N Silva Meza, México, 2012, pp. 2 – 4.
precepto constitucional, en donde se ancla el “Procedimiento preferente
y sumario”, para el respeto, protección y reparación de los derechos
fundamentales y humanos agrarios en su propia sede, así lo resalto para
que a los juzgadores agrarios no les quede la menor duda de lo factible
que es la instauración de dicho procedimiento, pues parte nada más y
nada menos que de nuestra carta fundamental y, por ello, irradia a todo
nuestro sistema procesal agrario.

En ese mismo tenor, el artículo 17 de nuestra norma fundamental


dispone que Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia
por tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y
términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera
pronta, completa e imparcial182, precepto constitucional que viene a
complementar lo establecido y ya comentado en el artículo 1º de la
constitución, de ahí que los mecanismos procesales para la defensa y
protección de los derechos humanos, deberán estar investidos de
240
prontitud, expedites, gratuidad e imparcialidad, a efecto de garantizar el
acceso real y efectivo a la justicia 183. Luego al ser el procedimiento
agrario que propongo, un mecanismo preferente y sumario para la
resolución de conflictos agrarios generados por y para el respeto y
protección de los justiciables titulares de estos derechos, tal
procedimiento encuentra sustento y fundamento también en el contenido
esencial de este precepto constitucional en comento.

Ahora bien, el procedimiento preferente y sumario agrario en análisis,


goza también de una connotación de carácter internacional, pues son
los artículos 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos los que determinan que toda persona tiene derecho a las
182
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; Cámara de Diputados, H. Congreso de la Unión; Secretaria
General, Secretaria de Servicios Parlamentarios. Consulta realizada 31 de diciembre de 2017.
183
Esto se puede leer ampliamente en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos Comentada, coordinada por
el Ministro Jose Ramon Cossío Diaz, producida por la Editorial Tirant Lo Blanch, México en el año 2017, cuyos comentaristas
apoyan sus opiniones en la Jurisprudencia Mexicana, como es el caso de Fernando Perez Correa quien en las paginas de la
379 a 389, se refiere al contenido esencial y alcances del párrafo segundo del articulo 17 constitucional de nuestra ley
fundamental mexicana.
garantías judiciales y a la protección judicial, en franca alusión también a
los mecanismos procesales nacionales e internacionales para la
defensa, protección y reparación de los derechos humanos.

En efecto, los estándares establecidos por la Corte IDH respecto al


contenido, exigencias y alcances del derecho a las garantías judiciales,
reconocido en el artículo 8 de la CADH. La extensión y particular
complejidad de esta sistematización se debe, no sólo a que la mayoría
de los casos sometidos a la competencia contenciosa de la Corte
Interamericana incluye controversias relacionadas con el debido
proceso, sino a que, también en su mayor porcentaje, dichos litigios
suponen un análisis de las garantías judiciales en relación con los
demás derechos reconocidos en la Convención Americana. A octubre de
2011, el Tribunal ha declarado una violación al artículo 8 de la
Convención en más del 95% de los casos sujetos a su conocimiento y
se ha referido al contenido y exigencias del mismo en el 50% de sus
241
opiniones consultivas, quedando demostrado que el tema del debido
proceso “ha sido y sigue siendo uno de presencia permanente en los
casos que se presentan ante la Corte Interamericana”.

La jurisprudencia de la Corte Interamericana ha sido constante al


señalar que las “garantías judiciales” del artículo 8 se refieren a las
exigencias del debido proceso legal, así como al derecho de acceso a la
justicia. Así, en un primer momento, en atención a lo desarrollado en la
Opinión Consultiva OC-9/87, la Corte afirmó que el artículo 8 de la
Convención consagra los lineamientos del llamado “debido proceso
legal”, entendido éste como “[el] conjunto de requisitos que deben
observarse en las instancias procesales, a efectos de que las personas
estén en condiciones de defender adecuadamente sus derechos ante
cualquier tipo de acto del Estado que pueda afectarlos”. De esta
manera, para que en un proceso existan verdaderamente las garantías
judiciales –también conocidas como garantías procesales–, es preciso
que se observen todos los requisitos que “sirv[a]n para proteger,
asegurar o hacer valer la titularidad o el ejercicio de un derecho”, es
decir, las “condiciones que deben cumplirse para asegurar la adecuada
defensa de aquellos cuyos derechos u obligaciones están bajo
consideración judicial”. De acuerdo con el Tribunal, “[l]os principios y
actos del debido proceso legal constituyen un conjunto irreductible y
estricto que puede ampliarse a la luz de nuevos avances en el Derecho
de los derechos humanos”.184

Por su parte, el artículo 25 de la CADH, nutre al mencionado


procedimiento preferente y sumario agrario, de una protección judicial
efectiva y necesaria para la tutela de los derechos humanos en materia
agraria.

En efecto, el dispositivo convencional en análisis dispone que toda


242sencillo y rápido o a cualquier otro
persona tiene derecho a un recurso
recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la
ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales
reconocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun
cuando tal violación sea cometida por personas que actúen en ejercicio
de sus funciones oficiales185. Este precepto, sistematiza los estándares
establecidos por la Corte IDH respecto al contenido, exigencias y
alcances del derecho a la protección judicial, reconocido en el artículo
25 de la CADH. Al igual que el artículo 8 de la Convención (Garantías
Judiciales), el artículo 25 consagra también el derecho de acceso a la
justicia y, por ende, la correspondiente obligación estatal de garantizar a

184
Convención Americana Sobre Derechos Humanos Comentada. Óp. cit. pp. 210, 212 y 213. Comentario a cargo de Juana
Maria Ibáñez Rivas.
185
Compilación de Instrumentos Internacionales, sobre protección de la persona, aplicables en México, Suprema Corte de
Justicia de la Nación; Tomo I. Derecho Internacional de los derechos Humanos; primera Edición noviembre de 2012, México D.
F. Pág. 185.
toda persona el acceso a la administración de justicia para hacer valer
sus derechos.186

A guisa de corolario y, como sustento también del procedimiento


preferente y sumario en examen, vale traer a cuenta el contenido
esencial de los principios procesales que priman en materia agraria y
que se relacionan de manera directa con dicho procedimiento, mismos
que han quedado analizados ad supra del presente comunicado, tales
como el de “Plena Jurisdicción”, derivado del artículo 27 constitucional
fracción XIX y previsto en el artículo 1º., de la Ley Orgánica de los
Tribunales Agrarios, pues siendo los tribunales agrarios órganos
constitucionales autónomos, especializados para la administración de
justicia con su propia reglamentación interna, bien pueden a través de
una circular u otro mecanismo formal, instaurar un procedimiento
preferente y sumario para atender y resolver los conflictos agrarios que
requieran de la intervención de dicho tribunal para el restablecimiento
243
pronto y expedito de aquellos derechos agrarios que hayan sido
vulnerados y cuya justicializacion sea necesaria para el desarrollo y
protección de los bienes y derechos agrarios afectados; El principio de
“instancia de parte”, previsto y sancionado por los artículos 170 y 181
de la ley agraria en vigor es también de suma importancia, pues serán
los justiciables agrarios que se sientan afectados por la violación de sus
derechos, quienes deberán acudir al tribunal agrario a solicitar su
intervención para resolver el conflicto generado por tal vulneración de
derechos, debiendo precisarle al tribunal cual ha sido la violación, los
motivos que la originaron y cómo es que debe de actuar el tribunal para
que en resolución pronta, expedita e imparcial de ese conflicto,
restablezca el goce y ejercicio de esos derechos y bienes agrarios
socavados; El principio de “Oralidad”, previsto en el artículo 185 de la
ley agraria, es de suma relevancia para este procedimiento preferente y
186
Convención Americana Sobre Derechos Humanos Comentada. Óp. cit. pág. 609, a cargo de Juana Maria Ibáñez Rivas.
sumario, pues siendo la audiencia de ley un todo en el proceso agrario,
es aquí donde de manera oral deberá ratificarse la demanda, producirse
la contestación, fijar la litis, ofrecerse, admitirse y desahogarse las
pruebas, producir los alegatos y dictarse la sentencia de fondo, todo en
un solo acto, de ahí que los justiciables al haber precisado en su
demanda en que consistió la afectación a sus derechos y bienes
agrarios y cómo es que el tribunal debe de actuar para su
restablecimiento, deberán ser muy concretos y diligentes, en cuanto al
recaudo y ofrecimiento de aquellas pruebas relevantes, a efecto de que
esta etapa que es en mucho la más tardada en el proceso agrario, no
dificulte ni entorpezca la resolución del conflicto planteado; El principio
de “concentración y celeridad”, que se proyecta en todo el recorrido
del proceso agrario y, está previsto en los artículos 185 fracción III y 192
párrafo 1., de la ley agraria en vigor y, que implica, realizar los fines del
juicio con el mínimo de actos, buscando que el proceso que es un
244 al valor de los bienes que están
medio, no lleve a un dispendio superior
en debate, y que son el fin, sino a una necesaria proporción entre el fin y
los medios. Así, bajo los lineamientos de este principio, el procedimiento
preferente y sumario gozara de sumariedad y brevedad en los plazos
para admitir la demanda, para trabar el emplazamiento, para la
celebración de la audiencia de ley, para la sustanciación relevante y
pertinente de los medios de convicción, para la producción de los
alegatos y para el dictado y ejecución de la sentencia de fondo, evitando
actuaciones innecesarias tanto de las partes como del tribunal cuando
este deba de actuar para mejor proveer. El “principio de
inmediación”, establecido en el artículo 185 fracción VI último párrafo
de la ley agraria y artículo 50 fracción I del reglamento interior de los
Tribunales Agrarios, es, estimo, el de mayor importancia para el
cumplimiento de los fines del mencionado procedimiento preferente y
sumario, pues virtud este principio, el Magistrado titular del tribunal
agrario, debe presidir y dirigir todo el proceso agrario y desde luego la
audiencia de ley, con facultades para admitir y desahogar documentos
de manera inmediata, confesar a las partes, interrogar a los testigos,
fijar la litis, perseguir pruebas para mejor proveer sin lesionar a las
partes, exigir probidad de los litigantes, conminar a la conciliación,
requerir los alegatos, valorar pruebas y dictar la sentencia de fondo, así
como, para evitar que se traigan a cuenta actuaciones innecesarias,
pruebas irrelevantes sin conexión con el caso concreto planteado por
las partes, cuidar de la probidad para que no se entorpezca dolosa y
deliberadamente el proceso agrario, previniendo y mandando aclarar
todo lo necesario desde el auto de admisión para que luego no se
retarde la administración de justicia; El “principio de verdad material”,
previsto y sancionado por el artículo 189 de la ley agraria en vigor, en
razón del cual, el juzgador agrario deberá resolver en congruencia el
caso planteado en base a la verdad histórica que aparezca demostrada
245 ni a interpretaciones fuera del
en el juicio, sin atenerse a formalidades
contexto que se advierta del caso concreto planteado por el justiciable,
cuestión esta de suma relevancia, pues al tenor del contenido esencial
de este principio se resolverá realmente el fondo del conflicto,
escudriñando y llegando hasta las entrañas del conflicto mismo,
produciendo una resolución que dejará satisfechas a las partes, lo que
implica un acceso real y efectivo a la justicia agraria y por ende, conlleva
a la defensa , protección y reparación de los bienes y derechos agrarios
afectados. Vale la pena insistir en que en acatamiento y aplicación del
principio de verdad material, al juzgador agrario no le basta, por ejemplo
para acreditar la calidad de sujeto agrario en una enajenación parcelaria
ejidal, una constancia firmada por los integrantes del comisariado ejidal
que asegure que uno de los contratantes y contendientes en el juicio, al
momento de celebrar el acto jurídico en cuestión, guardaba el status de
avecindado, sino que ha de exigir al órgano de representación ejidal o a
la parte contraria, que exhiban el acta de asamblea en donde se produjo
el reconocimiento de avecindado, misma que habrá de revisar el propio
tribunal o la contraparte, en cuanto al procedimiento para arribar a esa
asamblea (primera convocatoria, quorum legal, acta de no verificativo,
en su caso, segunda convocatoria, requisitos de los reconocidos, acta
de asamblea e inscripción del acta de asamblea en el Registro Agrario
Nacional.

Visto todo lo anterior, es momento de preguntarnos y respondernos


¿Qué conflictos que contengan vulneraciones a bienes y derechos
humanos agrarios, serán acordes para ventilarse y resolverse a través
de este procedimiento preferente y sumario aquí expuesto?, en primer
término debe decirse que no existe un catálogo ni de conflictos ni de
derechos propiamente seleccionados para sustanciarse a través de este
procedimiento; este catálogo a lo más, será posible construirse de la
practica jurisdiccional ex oficio de los tribunales agrarios o cuando los
246
justiciables les exijan implementar este tipo de procedimiento, por lo
pronto, aquí, habremos de tomar algunos casos brindados por la
experiencia y practica operativa del suscrito, como litigante agrario por
más de 15 años y como funcionario en la estructura territorial de la
procuraduría agraria.

Así las cosas, por principio de cuentas, habremos de abordar aquellos


asuntos que recurrentemente se presentan en las relaciones de los
sujetos agrarios entre sí y posteriormente aquellos que se generan de
las relaciones entre los sujetos agrarios el Estado Mexicano y sus
autoridades agrarias y de aquellas que realizan actos materialmente
agrarios.

Antes, vale la pena insistir en que debemos tener muy presente, cuáles
son los derechos de los sujetos agrarios, para ello, se debe partir de la
naturaleza del derecho agrario y de todo lo accesorio a ella, siendo
dicha naturaleza todo aquello que las normas jurídicas constitucionales,
convencionales y legales, deben garantizarle a los sujetos agrarios en
cuanto al régimen agrario se refieran, como el derecho a la propiedad,
titularidad, posesión, uso, usufructo y aprovechamiento de tierras,
bosques, selvas y aguas ejidales y comunales, tanto en lo individual
como en lo colectivo; su separación temporal o definitiva como
ejidatarios o comuneros; El acceso y disfrute de los derechos sociales
agrarios en el marco del desarrollo rural integral previsto en la fracción
XX del artículo 27 constitucional; El derecho de preferencia o del tanto
en las enajenaciones parcelarias; las sucesiones agrarias que incluyan a
los solares urbanos ejidales; el mejor derecho a heredar; El ejercicio del
derecho de reunión y de asociación ejidales y comunales; El derecho a
votar y ser votado, a elegir y remover de manera autónoma, legal y
democrática a sus órganos de representación ejidal y comunal
respetando la equidad de género; El derecho a la no reelección de sus
247 El derecho a que las decisiones
órganos de representación y vigilancia;
ejidales y comunales se tomen en asamblea con las formalidades
previstas para tal efecto; El respeto a sus usos y costumbres; El respeto
a su autodeterminación; El derecho a permanecer o cambiar su régimen
ejidal o comunal; El derecho a regularizar sus tierras y a destinar tierras
para sus asentamientos humanos y a construir sus centros de
población, con sus servicios básicos; El acceso a los procedimientos de
conciliación y arbitraje en la procuración agraria; El derecho de petición;
el derecho y acceso a la información; El derecho a interponer quejas y
denuncias en contra de los funcionarios públicos agrarios que no
cumplan con sus funciones y que por ello les afecten en sus derechos;
El derecho a adquirir el dominio plenos sobre sus tierras; El derecho a
que se les asignen tierras y se les reconozca la calidad agraria de
ejidatarios, comuneros, avecindados y posesionarios; El derecho a que
los órganos registrales les inscriban sus actas de asamblea emitidas
para el desarrollo de sus actividades, su organización interna y de
aquellas que se requieran para la protección contra terceros; El respeto,
salvaguarda, conservación y aprovechamiento sustentable de sus
recursos naturales y del medio ambiente; El derecho a recibir una
contraprestación justa por la ocupación y aprovechamiento de sus
tierras para proyectos u obras de interés público y social en cualquier
tiempo; El respeto a sus límites; El derecho a la restitución de sus
tierras; El derecho a la reversión de sus tierras ejidales y comunales; El
derecho a expedir sus reglamentos internos acordes al contexto en que
cada ejido o comunidad se desenvuelve en un marco de respeto a
nuestras normas fundamentales y convencionales; El derecho a la
certificación de sus tierras; El derecho a constituir sus juntas de
pobladores y demás organizaciones ejidales y comunales; El derecho a
conservar la parcela escolar para los fines que fue creada; El derecho a
evitar el latifundio y acaparamiento de tierras ejidales y comunales; El
derecho a formar grupos internos248
de trabajo para el aprovechamiento
equitativo de sus tierras de uso común; La nulidad de las asambleas que
restrinjan, modifiquen o extingan sus derechos ejidales o comunales; La
prohibición de plano de asignación de parcelas en bosques y selvas; El
acceso real y eficaz a la procuración y a la justicia constitucional y
convencional agraria.

Como se aprecia, la enumeración anterior de derechos agrarios,


comprende tanto a los derechos sustantivos como adjetivos y, aunque
algunos tribunales de amparo estiman que los derechos procesales o
adjetivos no son propiamente derechos fundamentales y humanos, lo
cierto es que la practica judicial agraria enseña que los derechos
procesales agrarios son una vía ineludible para el respeto, protección y
reparación de los derechos fundamentales y humanos agrarios, de ahí
que se esté – según el suscrito – ante la presencia de “garantías
constitucionales” (procesos constitucionales civiles, agrarios, laborales,
etc.,) para la efectiva protección de estos derechos, lo que se puede
corroborar de la simple lectura del artículo 1º., de la constitución
mexicana y de los artículos 8º., 25 y 31 de la Convención Americana de
derechos humanos.

En todo ese estado de cosas, este apartado nos sirve para determinar a
los sujetos de derecho agrario, al régimen jurídico agrario, la naturaleza
del derecho agrario y los derechos fundamentales y humanos agrarios,
cuestión que deberán tener muy en cuenta los tribunales agrarios, pues
lo que este trabajo pretende es que todos estos derechos sean
justiciados en sede agraria, a través de los principios procesales
agrarios y, bajo el control de convencionalidad a que están obligados y
facultados para realizar, los tribunales agrarios, según mandato expreso
contenido en el artículo 1º., de la constitución federal, cuestión que
según la experiencia del suscrito,
249rara vez lo llevan a cabo dichos
tribunales, dejándoles tal encomienda a los tribunales federales de
amparo.

En ese mismo tenor y vistos los derechos agrarios puestos de relieve ad


supra, veamos ahora los conflictos que el ejercicio de estos derechos
generan, mismos que conectaremos con el procedimiento preferente y
sumario para su conocimiento y resolución, dando una breve explicación
del porque dicho conflicto debe sustanciarse a través de dicho
procedimiento.

Uno de los conflictos más recurrentes, suscitados entre sujetos agrarios


y con particulares incluso, es el relativo a la nulidad de contratos de
enajenación parcelaria, surgiendo casi siempre por no haberse
respetado el derecho de preferencia previsto como requisito esencial
para la validez de dicho contrato, derecho de preferencia que por cierto
está previsto en la propia constitución, específicamente en el artículo 27
fracción séptima. El problema de fondo y que amerita en sede agraria la
aplicación del control de convencionalidad difuso y la sustanciación a
través del procedimiento preferente y sumario, es que los titulares de
este derecho de preferencia no solo han sido privados de su potencial e
inminente titularidad, uso, usufructo y aprovechamiento de la parcela en
cuestión, sino de la calidad de ejidatario que en la mayoría de las veces
se transmite a través de dicha enajenación junto con la parcela o bien
cuando derivado de la posesión de la parcela enajenada se promueve
una acción de prescripción positiva agraria y los tribunales
frecuentemente terminan por transmitir también la calidad de ejidatario al
Enajenatario. Es de sobra conocido que entre los requisitos esenciales
para la validez del contrato se encuentra el de la notificación personal
que del derecho del tanto se lleve a cabo a los titulares de este derecho,
que son la cónyuge e hijos del enajenante, requisito que debe quedar
250 del contrato que se celebre ante
plasmado en el cuerpo del clausulado
dos testigos y pasado por la fe notarial correspondiente, el aviso al
comisariado ejidal y el acta circunstanciada de notificación de dicho
derecho de preferencia que deberá anexarse a dicho instrumento; Luego
si dicho contrato de enajenación no cumplió con estos requisitos,
procede la nulidad del mismo, lo cual debe de resolverse de manera
pronta y expedita para que los titulares de este derecho lo hagan
efectivo y recobren la titularidad familiar de la parcela, su uso,
aprovechamiento y la calidad agraria perdida virtud del mencionado
contrato o acción de prescripción. Para ello, basta que se promueva la
acción de nulidad ante el tribunal agrario correspondiente, se pida que
dicho asunto sea resuelto a través de un procedimiento preferente y
sumario, se respete el debido proceso agrario (emplazamiento,
audiencia y defensa adecuada) y hecho lo anterior, el juzgador agrario
solo tiene que revisar las documentales publicas consistentes en el
contrato de enajenación y sus anexos, desahogarlas bajo su propia y
especial naturaleza y en la audiencia de ley, una vez analizadas las
documentales básicas y si de ellas no advierte que se haya cumplido
con este requisito o si no se cumplió tal como el articulo 80 lo previene,
resolver dicho conflicto en la misma audiencia de ley, sin traer a cuenta
más actuaciones ni más pruebas como testimoniales, confesionales,
periciales etc. Que son irrelevantes y solo entorpecen el proceso y
retardan la solución del conflicto, si como aquí hemos dicho, las
pruebas esenciales – después de acreditar la legitimación y otros
requisitos previos- son las documentales consistentes en el contrato y
sus anexos consistentes en el acta o actas circunstanciadas
relacionadas con la notificación personal del derecho de preferencia a
sus titulares y si el contrato en sus cláusulas no menciona nada al
respecto ni dicho contrato está acompañado de las actas de notificación
personal del derecho del tanto, es factible su pronta resolución,
251
anulando dicho contrato de enajenación parcelaria y ordenando la
cancelación de los certificados que se hubieran expedido con motivo del
mismo y dejando sin efecto la calidad agraria que se hubiese transmitido
al Enajenatario virtud del propio contrato de enajenación parcelaria;
Cuestión que no llevan a cabo los tribunales, retardando la resolución de
estos conflictos de 1 hasta 5 años. Cuestión que, de sustanciarse este
tipo de conflictos a través del procedimiento preferente y sumario, no
ocurriría, pues el tribunal agrario – no las partes - como ya se dijo, tiene
la facultad de presidir, dirigir y dirimir sumariamente, la contienda
agraria.

Otro asunto también muy recurrente, es la nulidad de la asamblea de


elección de órganos de representación y vigilancia, debido a que en
primera convocatoria no se reunió el quórum legal, no se les permitió
votar a todos los sujetos de derecho y no se cumplieron con los
requisitos para acceder a los cargos de elección, faltas que quedan
debidamente plasmadas en el acta de asamblea, la cual se exhibe al
juicio agrario como documento relevante para la procedencia de la
acción, pues en ella quedaron asentadas todas y cada una de las
incidencias acaecidas en la asamblea electiva e incluso, los inconformes
con la elección, firmaron bajo protesta dicha acta de asamblea. Luego al
llegar el conflicto al tribunal agrario, al admitir la demanda a trámite y
una vez que proveyó sobre el emplazamiento de las partes este debe
mandar abrir el procedimiento preferente y sumario, para que en la
audiencia de ley, apersonadas las partes en igualdad jurídica, resolver
ese conflicto, pues no requiere más que analizar el continente y
contenido del acta de asamblea para a verdad sabida decretar o no la
nulidad de la asamblea de elección y reponerla en su caso, ordenando
la cancelación de la inscripción del acta correspondiente y las
credenciales expedidas a los electos como órganos de representación y
252
vigilancia. Lo anterior en la mayoría de las veces no acontece, pues los
tribunales traen a cuenta actuaciones y pruebas irrelevantes, cuando lo
que en el fondo se está pidiendo por el justiciable, es la nulidad de la
asamblea y el acta correspondiente, así debe formarse la litis y en
congruencia así debe resolverse el caso concreto, de manera pronta y
expedita, pues de lo contrario, los ejidos y comunidades no tendrán sus
órganos de representación y vigilancia ni legitimados, ni vigentes y por
tanto sus actuaciones no tendrán validez alguna, pues regularmente los
accionantes solicitan medidas precautorias al respecto.

En ese mismo tenor, recientemente, las justiciables agrarias han


acudido a los tribunales agrarios a demandar la nulidad de una
asamblea de elección de órganos y el acta correspondiente al no
haberse respetado la equidad de género en la integración de las
planillas a contender en la elección, misma que debe ser de un 60% de
hombres y 40 % de mujeres o viceversa y si los órganos de
representación y vigilancia entre titulares y suplentes son de un numero
de 12 elementos, 7 deben ser hombres y 5 mujeres o viceversa, todo lo
cual debe constar en el acta de asamblea, junto con las demás
incidencias que hayan ocurrido y el acta de la elección en donde
constan las planillas contendientes, sus integrantes y la planilla
ganadora con sus respectivos titulares y suplentes, así como la
inscripción del acta en el registro agrario nacional y la expedición de las
credenciales a cada uno de los integrantes del órgano de representación
y de vigilancia, en donde forzosamente habrá de advertirse si se respetó
o no la equidad de género, son elementos suficientes para que en el
acuerdo de admisión de la demanda - con los demás requisitos previos
ya analizados anteriormente -, se mande abrir el procedimiento
preferente y sumario para conocer y resolver de manera pronta y
expedita y bajo el control difuso de convencionalidad el conflicto
planteado por las justiciables y 253
en la audiencia de ley, analizar los
documentos fundantes de la acción para determinar si acontecieron o
no, las irregularidades y la violación de derecho a la igualdad y equidad
de género hechas valer por las accionantes y de ser así, resolver
favorable a sus pretensiones y mandar reponer la asamblea de elección
correspondiente, dejando sin efecto todo lo acontecido y derivado del
acta de asamblea impugnada. Luego, nuevamente, no es necesario que
el tribunal agrario realice actuaciones y ordene pruebas que no tengan
relación directa con el caso concreto, pues no solo retardaría el proceso
y la resolución del caso sino que estaría permitiendo de manera
indefinida la violación de los derechos humanos de igualdad, equidad
de género, de ser votadas y de participación en los órganos de
representación y vigilancia de las enjuiciantes y, hay ocasiones en que
el juicio agrario promovido por este motivo dura más que el tiempo de
encargo de los órganos de representación y vigilancia y la resolución del
caso, llega cuando ya han concluido o están a punto de concluirlo.

Lo mismo ocurre con las suspensiones temporales de asistencia a


asamblea, voz y voto de aquellos sujetos agrarios que por una u otra
causa dejan de asistir a 3, 4 o 5 asambleas – según el caso -, tanto
ordinarias como extraordinarias o de formalidades especiales, pues en
estas últimas, se requiere de una mayoría calificada del 50% mas 1 en
segunda convocatoria para la validez de la asamblea y los órganos de
representación y vigilancia inducen al órgano supremo ejidal o comunal
a acordar, ordenar y mandar ejecutar de inmediato, la suspensión
temporal - que va regularmente de seis meses a un año - de asistencia
a asamblea, voz y voto, de aquellos sujetos agrarios faltistas, como
sanción extrema, desproporcional y vulneradora de derechos, cuestión
que también queda perfectamente documentada en el acta de asamblea
correspondiente, misma que es allegada
254 por los inconformes al tribunal
agrario cuando ocurren a impugnar la asamblea y el acta
correspondiente, de donde se desprende que por las peculiaridades del
caso, debe mandarse abrir el procedimiento preferente y sumario para el
conocimiento, sustanciación y resolución del caso concreto, pues de no
ser así – como regularmente ocurre en los tribunales – el asunto tarda
más del periodo de la suspensión de derechos y cuando este se
resuelve, dicha resolución es inoficiosa y contraria al derecho de acceso,
pronto, expedito, real y efectivo a la justicia de los accionantes,
perpetuándose una violación a sus derechos fundamentales y humanos
que no se pudo resolver, mucho menos se pudo reparar, cuestión que
anima a las asambleas ejidales y comunales a seguir vulnerando estos
derechos, al saber que los tribunales no alcanzaran a resolverlos
durante el tiempo de duración de la sanción impuesta, lo que impide que
los ejidatarios y comuneros no puedan asistir a las asambleas, no se
informen de lo que ahí acontece, no participen de los acuerdos de la
asamblea e incluso a aquellas en donde se tratan asuntos relacionados
con sus derechos y la asignación de sus tierras, que no participen de las
contraprestaciones otorgadas al ejido por el aprovechamiento de las
tierras de uso común, que no participen en los acuerdos de aceptación o
separación de ejidatarios, de reconocimiento de avecindados, de
redestino de tierras, de adopción del dominio pleno, entre otros asuntos
más de relevancia.

Igual acontece recientemente por cierto, en los asuntos de validación de


asambleas, actas y contratos de aprovechamiento – servidumbres de
paso , de tierras de uso común de ejidos y comunidades para el
establecimiento y operación de proyectos relacionados con la reforma
energética, los cuales deben por principio de cuentas, respetar lo
establecido en el artículo 45 de la ley agraria 187 y de las leyes de la
materia correspondiente, de cumplir
255forzosamente con requisitos tales
como que dichos acuerdos deben ser tomados en asambleas de
formalidades especiales y no en asambleas simples u ordinarias, pues
se requiere que la mayoría calificada de ejidatarios o comuneros
participen de estos acuerdos con la presencia de un representante de la
procuraduría agraria y de un fedatario público, para brindar asesoría
especializada y dar fe de la legalidad de los acuerdos ahí tomados,
respectivamente, así como de otros requisitos como la presentación de
un avalúo formal y oficial que determine el valor de las tierras que serán
afectadas para establecer el precio de la servidumbre de paso, los
planos definitivos del trazo del proyecto, los testigos sociales, el monto
de la fianza que debe otorgar la empresa para prevenir y reparar daños

187
Artículo 45.- Las tierras ejidales podrán ser objeto de cualquier contrato de asociación o aprovechamiento celebrado por el
núcleo de población ejidal, o por los ejidatarios titulares, según se trate de tierras de uso común o parceladas, respectivamente.
Los contratos que impliquen el uso de tierras ejidales por terceros tendrán una duración acorde al proyecto productivo
correspondiente, no mayor a treinta años, prorrogables.
y perjuicios a las personas y al medio ambiente, la duración del
proyecto, etc., etc. Todo lo cual queda perfectamente asentado en el
acta de asamblea de formalidades especiales, levantada con ese motivo
en donde constan las firmas de los órganos de representación y
vigilancia, de los ejidatarios o comuneros asistentes, la del
representante de la procuraduría agraria y la firma y sello del fedatario
público, todo lo cual vuelca dicho documento en un instrumento público
con plena validez. Luego, cuando los representantes legales de las
empresas ocurren al tribunal en vía del procedimiento de validación
correspondiente, el tribunal agrario debe de inmediato mandar abrir el
procedimiento preferente y sumario para atender y resolver sobre la
validez o no de la asamblea, de los acuerdos ahí tomados y de los
contratos de ahí derivados, lo cual debe hacer de inmediato, pues tiene
en sus manos el acta de asamblea correspondiente, ello al ser requisito
sine quanon para admitir a trámite estos asuntos, cuestión que
256de que del acta de asamblea se
regularmente no hace así, a pesar
advierte que esta es derivada de una asamblea simple y no de una de
formalidades especiales tal y como lo ordena la ley de la materia en
relación con la ley agraria, que no se presentaron los avalúos
correspondientes, que no hubo testigos sociales, que no hubo la fianza
para reparar los daños y perjuicios que llegaren a causarse y aun así, el
tribunal, tarda hasta un año o más para resolver sobre la validación
requerida por la empresa solicitante, debido a que se la pasa formulando
prevenciones y aclaraciones para que los solicitantes subsanen los
requisitos que debieron cubrir en su momento, generando una suerte de
incertidumbre jurídica tanto para los empresarios como para los ejidos y
comunidades afectados en sus tierras, provocando además conflictos
sobre el uso y aprovechamiento de las tierras pactadas para el
establecimiento de las servidumbres de paso, cuando es tan sencillo
que al analizar el acta de asamblea, se analice si la asamblea cumplió o
no con los requisitos correspondientes y en caso de que así sea resolver
de inmediato dando validez a la asamblea, acuerdos y contratos de ella
derivados y si no declarar la invalidez de la asamblea y mandarla
reponer en sus términos.

Otros casos también muy recurrentes desde el año de 1992 y


siguientes, son los relacionados con el programa PROCEDE, ahora
RAJA - FANAR, consistente en la delimitación, asignación y titulación de
tierras ejidales y solares urbanos ejidales y comunales, derivados de las
asambleas de formalidades especiales realizadas para tal fin, a las que
se le ha dado en llamar asambleas duras, debido a que es en estas
asambleas en donde se acuerda de manera definitiva el otorgamiento de
la calidad de ejidatario, comunero o posesionario, la delimitación,
asignación y certificación de parcelas, la asignación de los porcentajes
sobre tierras de uso común, el área destinada a los asentamientos
humanos, para la parcela escolar, 257
de la Juventud, de las mujeres, tierras
para servicios públicos, áreas de crecimiento, etc. De donde resulta
necesaria e indispensable la asistencia y participación de la totalidad de
los sujetos de derechos o cuando menos la presencia de una mayoría
calificada del 50% más uno del total de ellos, en segunda convocatoria,
pues se trata principalmente, de reconocer derechos agrarios, asignar
parcelas y porcentajes sobre tierras de uso común, de donde resulta que
a aquellos sujetos de derechos que no asistan a dicha asamblea por no
radicar en el ejido o por estar finados, regularmente, no se les otorgue la
calidad agraria correspondientes corran el riesgo de que no se les
asigne parcela ni porcentaje de tierras de uso común ni solar urbano
alguno y en muchos casos, esas calidades agrarias y tierras ejidales o
comunales se asignan a personas distintas a los sujetos de derecho
tradicionales e incluso ocurre que se le asignen al propio ejido y otras se
dejan sin asignar, lo que deriva en un conflicto posterior, entablado por
los inconformes o por sus descendientes, para lograr que se modifique
en el segmento correspondiente dicha acta de asamblea y se les
asignen calidades agrarias, parcelas tierras de uso común y solares.
Todo lo que ocurre en esta asamblea, queda también perfectamente
establecido en el acta correspondiente, la que una vez requisitada con
las firmas de todos aquellos que en ella intervinieron incluidos el
representante de la procuraduría agraria y el fedatario público
asistentes, se manda a inscribir en el Registro Agrario Nacional, quien
habrá de expedir los certificados parcelarios y de uso común y los títulos
de los solares urbanos ejidales o comunales a nombre de sus titulares y
habrá de formar los padrones en donde se contemplan todos y cada uno
de los ejidatarios y comuneros beneficiados con esa calidad agraria. Así,
cuando los inconformes con la mencionada asamblea ocurren a los
tribunales agrarios a impugnar la referida acta, es requisito sine
quanon, que la misma se allegue al juicio como documento fundante y
258hecho lo cual, siguiendo la línea
pertinente para la acción intentada,
procesal aquí puesta de relieve, el tribunal en el acuerdo de admisión
entre otros pronunciamientos previos a la audiencia de ley, debe mandar
abrir el procedimiento preferente y sumario para conocer y resolver el
caso planteado precisamente en la audiencia de ley, pues para ello
contara con la mencionada acta de asamblea dura, de la cual tiene que
desprenderse si estuvo o no presente el accionante y si se le asignaron
o no la calidad de ejidatario o comunero y la titularidad sobre su parcela,
porcentaje de tierras de uso común y el solar urbano ejidal o comunal
correspondiente, sin tener que traer a cuenta el tribunal otras
actuaciones o pruebas impertinentes que no estén conectadas de
manera relevante al caso concreto, pues se insiste que el acta de
asamblea dura por su continente y contenido es un documento
suficiente, relevante y pertinente para resolver el caso planteado;
cuestión que regularmente no ocurre así en los tribunales, pues buscan
por todos los medios hacerse de elementos de prueba para formarse
convicción de si los sujetos de derecho se enteraron o no de esa
asamblea y de ser así aplicarles la disposición contenida en el artículo
61 de la ley agraria, en cuanto a la prescripción del derecho para
impugnar esa asamblea, lo cual solo sirve para retardar el proceso y la
resolución del asunto y en muchas ocasiones solo sirve para resolver en
contra de los accionantes, cuando como aquí se ha dicho, del acta de
asamblea dura se advierte si es que los accionantes estuvieron
presentes, ausentes o ya eran finados y si se enteraron o no
fehacientemente de lo que ahí ocurrió, debiendo en consecuencia fallar
a su favor o en contra de manera pronta y expedita, pues de lo contrario
permiten que personas distintas a los sujetos de derecho o a sus
beneficiarios disfruten del aprovechamiento, usufructo de las parcelas,
tierras y solares, que no les pertenecían, lesionado los derechos de los
primordiales sujetos de derecho de sus causahabientes.
259
Otro de los casos emblemáticos que nos ayudan a entender mejor la
necesidad de la implementación del llamado procedimiento preferente y
sumario, son los asuntos relacionados, incluso, con los tramites
sucesorios testamentarios agrarios, pues aunque regularmente estos no
se ventilan en la vía contenciosa sino a través de la figura procesal
conocida como “jurisdicción voluntaria” no contenciosa, aun así, estos
asuntos se tardan de seis meses a un año para resolución y, no es
debido al exceso de trabajo o falta de personal en los tribunales agrarios
como pudiera pensarse, sino a que aun en estos casos se desahogan
testimoniales (casi siempre) periciales (muy ocasionalmente), se exige la
vigencia de seis meses de constancias de vigencia de derechos del de
cujus, aun y cuando, se cuenta con la disposición testamentaria
consistente en la lista de sucesión otorgada por ejidatario o comunero
de cujus ante el Registro Agrario Nacional o con el testamento público
ante fedatario, cuestión permitida por el artículo 17 de la ley agraria, lo
que le da a esos documentos la característica de documento público
investido de prueba plena para acreditar que el promovente es el
sucesor preferente designado por el autor de la sucesión y no hay duda
que es a él a quien debe transmitírsele la calidad agraria y la titularidad
y propiedad de las parcelas, tierras de uso común y solares urbanos
ejidales. El retardo en la resolución pareciera cosa de poca monta, pero
no lo es, pues durante el tiempo que el tribunal agrario tarda en resolver
el asunto sucesorio, de las asambleas ejidales o comunales pueden
resultar acuerdos para el redestino y asignación de tierras, depuración
de ejidatarios finados, aceptación de nuevos ejidatarios y la asamblea
bien puede desconocer a ejidatarios y comuneros finados cuyos trámites
de sucesión se encuentran en trance, lo que lleva a ahondar más la
problemática de los nuevos adjudicatarios para hacerse de la herencia
de los de cujus y de las nuevas tierras que no se les asignaron, teniendo
260 que tramitar un juicio sucesorio
incluso en la mayoría de los casos,
intestamentario respecto de esas nuevas tierras, lo que no ocurriría si el
tramite sucesorio fuera diligente sin actuaciones ni desahogo de
pruebas innecesarias.

Otro caso también emblemático, es el relativo a los conflictos


provocados por y con el Registro Agrario Nacional al denegar bajo su
propio criterio, las solicitudes de inscripción de actas de asamblea de
ejidos y comunidades y de actos jurídicos de los sujetos agrarios en lo
individual, cuestión que también amerita conocerlos, substanciarlos y
resolverlos a través de este procedimiento preferente y sumario, pues
existe la prueba fundante, relevante y suficiente consistente en la
resolución formal de denegación de la inscripción registral solicitada,
para analizar si dicha denegación es fundada y motivada o si no lo es,
resolver en congruencia, a verdad sabida, de manera pronta y expedita
el caso concreto planteado por los justiciables agrarios, resolución que
de ser favorable, ordenaría de manera inmediata al registro agrario
nacional, que inscriba el acta y acto jurídicos que había denegado,
protegiendo y reparando los derechos de acceso a la seguridad jurídica
registral de los promoventes.

Finalmente me referiré a un asunto, en donde el litigio agrario enseña y


pone de relieve la pasividad con la que actúan los tribunales agrarios
para resolver de manera pronta y expedita los conflictos relacionados
con la enajenación o alojamiento de derechos de agua, regularmente
sostenidos entre pequeños propietarios y ejidatarios o comuneros, digo
que hay pasividad porque he sido testigo de cómo estos asuntos se
tardan hasta 10 años para resolverse y de cómo a los tribunales agrarios
se les dificulta sobre manera el hacerse de manera diligente de pruebas
para mejor proveer, de obtener documentos negados a las partes por las
distintas dependencias relacionadas
261con el ramo, de cómo los litigantes
– regularmente los demandados – juegan con el proceso agrario,
retardando la celebración de la audiencia de ley, ocultando pruebas,
ofreciendo algunas irrelevantes, interponiendo incidentes innecesarios,
enfermando y ocultando al demandado para que no confiese, ofreciendo
testigos fantasmas a cargo del tribunal, vapuleando al principio de
probidad a mas no poder, sin que el tribunal actúe con severidad, pues
no solo en este caso, sino en todos, debe desde el auto admisorio
prevenir a las partes, anunciándoles sanciones contundentes,
haciéndoselas efectivas en cuanto las incumplan.

Los anteriores ejemplos de casos prácticos, ponen de relieve la


factibilidad y necesidad de la implementación del procedimiento
preferente y sumario aquí propuesto para el respeto protección y
reparación pronta, expedita y efectiva de los derechos fundamentales y
humanos de los sujetos agrarios, demostrando con ello, que los
principios procesales agrarios, si son una vía idónea para el control
difuso de convencionalidad en sede agraria, insistiendo en que de
dichos principios, el de concentración y celeridad y el de inmediación
son los de mayor relevancia para tal efecto, pues virtud de estos, como
ya se anotó, existe sumariedad y brevedad en los plazos, el magistrado
agrario, preside y dirige todo el proceso agrario y desde luego la
audiencia de ley, cuidando entre otros, que se cumpla con el principio
de probidad, evitando traer y que se traigan a cuenta, ya por el tribunal,
ya por las partes, actuaciones innecesarias y pruebas impertinentes,
sino solo aquellas actuaciones y elementos de convicción que sirvan
para resolver a verdad sabida y en congruencia, el fondo del caso
planteado.

Quiero cerrar este capítulo, trayendo a cuenta, un comentario vertido


por un notable agrarista mexicano, en una conferencia que en el año
2012 dicto en el Centro Nacional de Derechos Humanos, de la CNDH en
262
la capital del país, a la que asistí, por estar cursando en esa institución,
la especialidad en derechos humanos impartida por la Comisión
Nacional de Derechos Humanos mexicana y la Universidad Castilla la
Mancha de Toledo, España, ahí, en esa conferencia, Don Sergio Garcia
Ramirez, brevemente abordo el tema de la factibilidad de la
implementación de los procedimientos preferentes y sumarios para la
práctica judicial del control difuso de convencionalidad en sede ordinaria
a efecto de materializar, el respeto, protección y reparación de los
derechos fundamentales y humanos, positivizados por disposición nada
más y nada menos que por nuestra carta suprema, receptora de los
tratados internacionales en materia de derechos humanos, dando una
breve explicación de la forma en que estos operarían en la práctica
jurisdiccional, cuestión que desde entonces me animó a escribir este
comunicado.
Así mismo, posteriormente tuve oportunidad de estudiar un poco este
mecanismo procesal, al cursar la especialidad en justicia constitucional
en la Universidad de Castilla la Mancha, España, en donde al estudiar el
sistema procesal español, aparecen en el artículo 53.2 de la
Constitución Española, estos procedimientos preferentes y sumarios 188
para la defensa y protección de los derechos fundamentales en la vía
ordinaria, los cuales se sustancian cuando cualquier ciudadano lleva a
los tribunales ordinarios un conflicto de esta naturaleza que requiere de
resolverse de manera pronta, expedita y eficaz, sacándolo por tanto, de
la vía ordinaria general y mandándolo a la vía preferente y sumaria.

En efecto, la carta fundamental española, en su artículo 53.2, en


busca de tutelar con eficacia los derechos fundamentales de todas las
personas, ha creado la ley 62/78 de protección jurisdiccional de los
derechos fundamentales y ha entendido el legislador que, en desarrollo
tanto del precepto constitucional como
263 del ordenamiento legal aludidos,
era necesario instituir en cada jurisdicción, según la materia de que se
trate, un procedimiento preferente y sumario. Así, cuando se trate de
justiciar algún derecho legal o incluso constitucional, pero sin ser
fundamental, ello se hará a través del proceso general ordinario, pero
cuando se trate de justiciar algún derecho de los considerados como
fundamentales, tal justicializacion se hará a través de un procedimiento
preferente y sumario, establecido en la legislación respectiva.

En México, sin duda alguna, la administración de la justicia es el pilar


más fuerte de un buen gobierno, por lo cual desde el inicio de los
tiempos ha sido una cuestión de Estado que requiere de la mayor

188
Constitución Española. Fundación Acción Pro Derechos Humanos. www_derechoshumanos_net_archivos. 2. Cualquier
ciudadano podrá recabar la tutela de las libertades y derechos reconocidos en el artículo 14 y la Sección primera del Capítulo
segundo ante los Tribunales ordinarios por un procedimiento basado en los principios de preferencia y sumariedad y, en su
caso, a través del recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Este último recurso será aplicable a la objeción de
conciencia reconocida en el artículo 30.
atención, debido a que la justicia no se mide en términos de cantidad,
sino de calidad, imparcialidad, certeza y prontitud, toda vez que el fruto
de la justicia es la paz, y por antonomasia los tribunales deben ser
órganos totalmente autónomos, ya que históricamente la lucha por tener
tribunales autónomos cuya justicia sea objetiva, imparcial e
independiente ha estado a la par de las consignas libertarias y
revolucionarias.189

Estoy convencido como Albert Einstein, de que hay una fuerza motriz
más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la
voluntad; Quizás esta frase máxima, la formulo Einstein parafraseando a
Ulpiano, quien en franca y directa alusión a su concepto de justicia, el
jurisconsulto Romano, expresó que esta era la perpetua y constante
voluntad de dar a cada quien lo suyo, lo que finalmente para él,
constituía la justicia, ahora, en nuestros tiempos, claro que requerimos
de constancia y voluntad para que264
en justicia, dar a cada quien lo suyo,
pero requerimos también de constancia y voluntad para una justicia,
pronta, expedita, real y efectiva, que culmine con el respeto, protección y
reparación también pronto, expedito, real y efectivo de los derechos
humanos de los justiciables, en este caso, para los justiciables agrarios
y en su propia sede, para así librarnos de esa frase perniciosa de que
“justicia retardada es justicia denegada.

Finalmente, debo decir que siempre estuvo presente conmigo al estar


escribiendo estas letras, el pensamiento inmortal de Aristóteles, en
cuanto a lo que pudiera ocurrir en torno a las ideas aquí expresadas,
pensamiento que me animó a concluir y publicar este texto, pues, como

189
Revista de los Tribunales Agrarios No. 60. Óp. cit. Pp. 15 a 16. En donde se desarrolla el articulo denominado “La
consolidación de los Tribunales Agrarios como órganos constitucionales autónomos”, a cargo del Magistrado Agrario Antonio
Luis Betancourt Sánchez.
Aristóteles decía: “La mejor forma de no ser criticado, es no decir
nada, no hacer nada, no ser nadie”.

GRACIAS.

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Uprimny y Luz Maria Sánchez Duque.

. O´DONNELL, DANIEL. “Derecho Internacional de los Derechos Humanos,


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Capitulo 15, relativo al tema de la igualdad de las personas y la prohibición de
discriminación.

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www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/. Consulta realizada el día 28 de diciembre de
2018 a las 3:03 horas p.m.

. IBARRA BARRON Carlos, “Elementos Fundamentales de Lógica”, Editorial


Alhambra – Mexicana, 3ª. Edición, Capitulo 6, Teorética o Estructura de la Ciencia,
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. PALLARES EDUARDO, “Diccionario de derecho Procesal Civil”; Editorial Porrúa,


Vigesimosexta edición, México, 2001.
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fecundación Asistida”; Editorial Losada, Primera Edición, Argentina, 1996.

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Muerte”. Publicado en Excelsior, México, el 2 de febrero de 1995.

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. SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACION; TAFOYA HERNANDEZ, JOSE


Guadalupe, (coordinador). “Elementos para el Estudio del Juicio de Amparo”;
expuesto por el Ministro Arturo Saldívar Lelo de la Rea; Bloque de
Constitucionalidad; Contradicción de Tesis 293/2011. Ediciones Corunda S.A. de
C.V. México, 2017.

. Revista de los Tribunales Agrarios No. 60, Segunda Época, Año IX, Octubre –
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Agraria Janette Castro Lara, relativo a la “Posibilidad del Control de
Convencionalidad en Tribunales Agrarios”.

. Suprema Corte de Justicia de la Nación, “El impacto de la reforma constitucional en


materia de derechos humanos en la labor jurisdiccional en México”; Juan N Silva
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. Constitución Política de los Estados Unidos
el ministro Jose Ramon Cossío Diaz, producida por la Editorial Tirant Lo Blanch,
México en el año 2017, cuyos comentaristas apoyan sus opiniones en la
Jurisprudencia Mexicana, como es el caso de Fernando Pérez Correa quien en las
páginas de la 379 a 389, se refiere al contenido esencial y alcances del párrafo
segundo del artículo 17 constitucional de nuestra ley fundamental mexicana.

. Compilación de Instrumentos Internacionales, sobre protección de la persona,


aplicables en México, Suprema Corte de Justicia de la Nación; Tomo I. Derecho
Internacional de los derechos Humanos; primera Edición noviembre de 2012, México
D. F.
. Constitución Española. Fundación Acción Pro Derechos Humanos.
www_derechoshumanos_net_archivos.
MACEDONIO RAMIREZ HERNANDEZ.

. Ejidatario en el Ejido León Guzmán, Municipio de Lerdo, Durango.

. Técnico Agrícola por el Centro de Estudios Tecnológicos


Agropecuarios No. 47 de León Guzmán, Dgo.

. Licenciado en Derecho con certificación del CENEVAL.

. Maestro en Amparo por la Universidad Autónoma de Durango.


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. Dr. En Derecho por el Instituto de Posgrados en Humanidades A.C. de
Torreón, Coahuila.

. Especialista en Políticas Publicas y Gobiernos Locales por la


Universidad Autónoma de Coahuila.

. Especialista en Derecho Agrario, certificado por la Procuraduría


Agraria.

. Especialista en Entomología por la Universidad Autónoma de


Chapingo.

. Especialista en Derechos Humanos por la Universidad Castilla la


Mancha de Toledo, España.

. Post Doctorado en Justicia Constitucional por la Universidad Castilla la


mancha de Toledo, España.

. Autor del libro “La Justicia Penal Constitucional en las Entidades


Federativas”, caso Durango.
. Autor del Libro Los Principios Procesales Agrarios para el Control de
Convencionalidad y la Protección de los Derechos Humanos en Sede
Agraria.

. Miembro del Colegio de Abogados Agrarios en Torreón, Coahuila. A.C.

. Miembro del Colegio Mexicanos de Doctores en Derecho, A.C.

. Catedrático a Nivel Licenciatura, Maestría y Doctorado en Varias


Universidades del país.

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