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TEMA 36: EL GÉNERO LITERARIO.

TEORÍA DE LOS GÉNEROS


Cualquier exposición sobre el concepto de género literario debe comenzar aludiendo a
su problemática clasificatoria debido a la existencia de un número inabarcable de
géneros, subgéneros y subdivisiones. Asimismo, la definición de género literario
guarda una relación estrecha con el concepto de literatura y, como es sabido, no
existe una definición clara de la misma ya que cualquier propuesta teórica no deja de
ser una mera aproximación susceptible de matices. Además, la propia etiqueta de
género presenta cierta ambigüedad ya que en ocasiones se emplea para designar
grupos de clasificación de lo literario de diverso grado de abstracción.
En cualquier caso, la notición de género ha sido cambiante a lo largo de la historia ya
que se ha mostrado dependiente de las premisas (idealistas, de corte empirista,
inmanentistas, etc.) que han gobernado a cada acercamiento, arrojándose así
conclusiones muy diversas que pueden ir desde la consideración de géneros como
entidades fijas e inmutables hasta la negación de los mismos. Hoy día, lejos de estas
posturas extremistas, la moderna teoría literaria defiende la existencia y utilidad de los
géneros literarios gracias a las conclusiones aportadas por parte de la sociología
literaria, la estética de la recepción o la consideración del hecho literario como un
fenómeno enunciativo.
Así, en primer lugar, suele haber un acuerdo general en cuanto a la consideración de la
verdadera naturaleza del género literario: son instituciones sociales, fruto de un
acuerdo convencional entre autores y lectores. En consonancia con esto, la noción de
género literario ejerce una notable influencia en el propio proceso de comunión
literaria porque actúa como marco de referencia para el autor, y como “horizonte de
expectativas” (R. Jauss) o ideas previas que el lector posee y que condicionan su
interpretación. Asimismo, para la sociedad el género actúa como “señal” que le indica
que el texto debe ser interpretado como “literario”.
En segundo lugar, la clasificación por géneros literarios va unida indisolublemente a la
historia de los diferentes modelos estéticos que han tenido una vigencia y que han
desaparecido (o pueden desaparecer). Los géneros literarios así considerados remiten
a unas coordenadas espacio-temporales, por lo que género y diacronía están
intrincadamente relacionados. En efecto, el género, como forma histórica, nace en un
momento dado con una fórmula límite de otro género preexistente. Cuando surge,
entonces, un nuevo género los teóricos se afanarán en definir los rasgos propios del
género o intentarán explicar ese producto histórico en función de las teorías que
engloban los géneros conocidos con anterioridad.
Un último acercamiento señalado por los acercamientos más recientes al género se
cifra en el concepto de “lo transgénérico”. En oposición al criterio de pureza de los
géneros defendido por innumerables poéticas preceptivas, la mezcla de los géneros ha
contado con importantes ejemplos a lo largo de la historia (novela pastoril y su

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característica mezcla de lo lírico y narrativo) y es una concreción de la primacía de la
libertad y originalidad (verdaderas piedras angulares de lo estético).
Antes de proceder a la caracterización sincrónica de los tradicionalmente llamados
géneros fundamentales, macrogéneros o formas naturales (Goethe), conviene trazar
un breve bosquejo de índole diacrónica para constatar la naturaleza esquiva del
concepto y observar hasta qué punto las visiones actuales constituyen desarrollos de
ideas e intuiciones del antaño.

1.HISTORIA DEL GÉNERO LITERARIO HASTA


EL SIGLO XIX
En el lapso temporal incluido en este epígrafe se pueden distinguir, grosso modo, dos
etapas muy distintas en la consideración del género literario:
a. La clasicista. Esta etapa concebía el género como una entidad inmutable en la
predomina una actitud didáctico preceptiva.
b. La romántica. Esta etapa, junto a posiciones extremas de negación de la existencia
de géneros como consecuencia de la libertad absoluta y de la originalidad, aplicará
al estudio de la cuestión una perspectiva más comprehensiva con la intrínseca
heterogeneidad de la creación literaria.

1.1. LA ANTIGÜEDAD
Debemos remontarnos a Platón para encontrar el primer tratamiento del género
literario en el libro III de República, en donde establece una división tripartita de la
poesía –entendida como la construcción imitativa de cosas pasadas, presentes y
futuras- en mimética (las acciones verbales y no verbales de los personajes son
ejecutadas por estos, asimilable a la dramática), no mimética (las acciones verbales y
no verbales son ejecutadas por el poeta) y mixta (categoría propia de la epopeya).
Asimismo, Platón condena el género teatral porque es completamente imitativo (mal
ejemplo para los jóvenes) y el épico porque induce al placer.
A pesar del antecedente platónico es en la Poética de Aristóteles donde se contiene la
que ha sido considerada como la primera gran teoría de los géneros literarios. Así,
partiendo del concepto de la mímesis, Aristóteles establece tres criterios de
discriminación genérica: el medio de la mimesis (enfrenta a los géneros en los que
existe música ritmo y melodía con aquellos en los que tales elementos se dan por
separado); el objeto de la mimesis (producciones de tono alto, bajo y medio); y el
modo de la mimesis (narrativo o dramático). Seguidamente, Aristóteles solo considera
la tragedia y la epopeya, sin tener en cuenta la lírica puede que porque no cumpliera
con el requisito de ser mimética.
La segunda contribución fundamental de la Antigüedad es la propiciada por Horacio en
su Epistula ad Pisones. Para el poeta romano los géneros son moldes esenciales cuyas
características deben ser respetadas. Considera irrenunciable el principio del decorum
(adecuación de aspectos temáticos y estilísticos), si bien admite la posibilidad ocasional
de mezcla de géneros, mostrando así una actitud tolerando y abierta.

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Un último hito de cierta relevancia en la Edad Antigua es el constituido por el
tratamiento que desde la Retórica se le concede a las cuestiones literarias. Así, se
realizan intentos de sistematización de los textos literarios. De este modo, autores
como Dionisio de Halicarnaso o Quintiliano se mostraran partidarios de establecer un
esquema ternario en lo concerniente a la división de los géneros, lo que supondrá un
primer intento de conceder un lugar central al género lírico.

1.2. LA EDAD MEDIA


En la Edad Media entra en crisis la noción de género literario tal y como había sido
concebida por la cultura grecolatina. La inestabilidad en la transmisión del proceso de
comunicación literaria genera formas híbridas, mezclas de difícil clasificación: cantares
de gesta, la lírica provenzal, los exempla, etc., muy inestables desde el punto de vista
de los géneros. Ante esta realidad cambiante, los tratadistas medievales no
dispusieron de los instrumentos teóricos para codificar las nuevas formas literarias. La
baja latinidad tipificó los estilos clásicos tomando como modelos las tres obras
maestras de Virgilio, la llamada “Rueda de Virgilio”: las Bucólicas, las Geórgidas y la
Eneida para establecer una clasificación de los géneros basadas en el estilo: Eneida
(elevado), Geórgidas (medio) y Bucólicas (sublime).

1.3. EDAD MODERNA (XVI, XVII, XVIII)


La poética de los siglos XVI y XVII recupera las coordenadas de los sistemas aristotélico
y horaciano. La clasificación más común sigue el orden tripartito propuesto desde la
antigüedad: épica, dramática y lírica, vinculando esta última a aspectos musicales. En
L’Arte poética de Minturo quedan definitivamente establecidos los tres géneros
clásicos, y su originalidad estriba en que incluye los subgéneros aparecidos desde
finales de la Edad Media: la novella (novela corta) y la novela pastoril.
El vigor normativo alcanzará su cenit en el siglo XVIII, pues las reglas serán concebidas
como una consecuencia lógica de la sujeción del arte a las leyes de la razón Y se
proyectarán en especial en el ámbito del teatro, concebido por los ilustrados como un
instrumento esencial de su proyecto reformador.

1.4. SIGLO XIX


La visión romántica de los géneros literarios durante la primera mitad del siglo aúna
actitudes contradictorias: negación de la existencia de los géneros (ya presente en el
movimiento prerromántico del Sturm und Drang o en Herder) como consecuencia de
la glorificación de la idea del genio creador; y una concepción más flexible y dinámica
de la teoría de los géneros de la mano de V. Hugo o Hegel. La obra capital de este
nuevo tratamiento teórico de la cuestión de los géneros es la hegeliana Lecciones de
Estética. En ella se caracteriza al género como mediador entre la creación artística y el
ideal de Belleza y Verdad que quiere expresarse. Son, pues, mediadores, y esta
mediación se produce en un proceso dialéctico que supone un tripe estado: tesis (lo
objetivo), antítesis (subjetivo) y síntesis (ambos) que aparecen representado por:
drama, lírica y dramática.

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2.LOS GÉNEROS LITERARIOS EN EL SIGLO XX
2.1. EL IDEALISMO
Benedetto Croce rechaza en el siglo XX la concepción evolutista de los géneros y la
rigidez de la clasificación genérica clásica porque concibe la obra literaria como algo
original, autónomo e irrepetible. Este razonamiento le conduce a la negación de los
géneros como concepto artístico-literario. A pesar de ello no niega la instrumentalidad
de los géneros, pues se muestran como criterios organizativos oportunos en el estudio
de la historia de la literatura.

2.2. EL FORMALISMO RUSO


La pretensión explícita de otorgar método científicos a los estudios de la lengua y
literaria conllevó la delimitación precisa de un objeto de estudio –el texto en sí- que, si
bien supuso un cierto empobrecimiento con respecto a la complejidad del fenómeno
real, posibilitó el desarrollo de métodos de observación y análisis de los datos
lingüísticos. Esto condujo a la consideración de los géneros como conjuntos
perceptibles de procedimientos constructivos, de tal manera que en una obra
concreta conviven los rasgos de género con otros rasgos propios, cuyo nivel de
relevancia en el conjunto de la obra marcará la evolución lenta o rápida del género en
cuestión. Como puede apreciarse, para los formalistas rusos (Tomachevski,
Eichenbaum, entre otros) el estudio del género literario requiere necesariamente de la
asunción de la perspectiva diacrónica ya que la distinción tendrá que ser histórica.
Una última propuesta interesante surgida en el seno de las doctrinas del formalismo es
la pretensión de R. Jakobson de caracterizar los elementos constitutivos de la tríada
genérica mediante la discriminación de un rasgo distintivo que, en opinión del
estudioso, se identificará con alguna de las funciones del lenguaje que él mismo
establece. La épica se relacionaría con el predominio de la función referencial, la lírica
con la emotiva y la dramática con la conativa.

2.3. El NEW CRITICISM


A partir de la década de los 30, con el triunfo en Norteamércia de un nuevo enfoque
en los estudios literarios denominado New Criticism, caracterizado por el
inmanentismo y el ahistoricismo, la noción de género pasa a considerarse un aspecto
de importancia menor. De hecho, solo merecen destacarse la propuesta clasificatoria
de N. Frye y la concepción teórica aportada por Wellek y Warren.
N. Frye distingue cuatro géneros en virtud de determinadas características del proceso
de enunciación: epos (recitar para un público oyente); drama (enfrentamiento directo
entre los personajes y el público); lírica (sustentada en el ocultamiento del público con
respecto al autor), ficción (ocultamiento del autor y de los personajes al lector).
Por su parte, Wellek y Warren realizan una contribución decisiva en la moderna
consideración de los géneros al atribuirles una existencia semejante a la de cualquier
institución social. De este modo, el género pasa a definirse por su esencial mutabilidad
histórica, por cuanto que las nuevas obras pueden modificar las convenciones
genéricas de cada período, provocando un desplazamiento de las categorías hasta

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entones establecidas. Además, señalan que la noción de género resulta
particularmente provechosa como criterio organizador aplicado a los estudios
literarios.

2.4. ESTRUCTURALISMO
Siguiendo en principio la senda iniciada por el formalismo ruso, el estructuralismo se
ha mostrado a lo largo del tiempo como un paradigma lo suficientemente flexible para
ir enriqueciéndose con nuevas propuestas procedentes de la perspectiva pragmática,
resultando de ello una visión sincrética superadora de los límites del método
inmanentista. De este modo, si los primeros intentos de estudio de los géneros
literarios se limitaban a señalar los elementos constitutivos de las estructuras
lingüísticas de cada uno, en acercamientos recientes se ha situado la cuestión genérica
dentro del panorama más general de los tipos de discurso, manifestación palmaria del
innegable carácter convencional de los usos idiomáticos. Así concebidos, los géneros
se identifica, en opinión de Culler, con convenciones discursivas que garantizan la
comprensibilidad de los textos, pues gracias a la puesta en relación de la obra en
particular con los modelos que la inspiran, la extrañeza inicial experimentada en la
recepción del texto se torna en familiaridad, ocupando de esta manera un lugar central
el fenómeno de la intertextualidad en los procesos de comprensión y construcción de
sentidos por parte del lector. O. Ducrot y T. Todorov establecen una distinción entre
géneros históricos (definibles a partir de la observación de rasgos en obras de un
período determinado) y géneros teóricos o tipos (que se deduce de una teoría sobre
las diferentes modalidades de discurso). Asimismo, defienden una concepción más
dinámica de los géneros al afirmar que una obra puede pertenecer a varios géneros
según la importancia que se otorgue a tal o cual rasgo de su estructura y que ningún
género se define por la posesión en exclusiva de un rasgo distintivo.

2.5. EL POSFORMALISMO RUSO.


Se debe a Mijaíl Bajtín y a su círculo la reflexión más brillante sobre los géneros dentro
del pensamiento crítico literario de nuestro siglo. Para Bajtín, los formalistas rusos se
colocaron en un extremismo inaceptable que representaba “la moda del
cientificismo”, y advirtió de los peligros que conllevaba la urgencia de teñir de rigor
científico los estudios artísticos.
Para Bajtín, el género es el representante de la memoria creadora en el proceso de la
evolución literaria. Las tradiciones culturales y literarias se preservan y viven, no en la
memoria subjetiva del individuo, ni en una psique colectica, sino en las formas
objetivas de la cultura misma, comprendidas en las formas lingüísticas y discursivas.
Para Bajtín el estudio del texto no puede llevarse a cabo sin el paso previo de dilucidar
sus claves genéricas y, por consiguiente, la tradición en que se inserta. Así Bajtín
considera la existencia de dos tradiciones históricas:
1. Tradición lineal. Compuesta por obras caracterizadas por una nítida
homogeneidad estilística, dado que las palabras del autor y los personajes

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suponen distintas concreciones de un mismo tipo de lenguaje. Ej: novela griega
o sentimental.
2. Tradición pictórica. Compuesta por los denominados géneros jocoserios,
rastreables desde la Antigüedad y que suponen manifestaciones concretas de
la literatura carnavalesca, definida por plasmar “una concepción alterada y
heterodoxa de la existencia, al margen de la vida oficial”, tal y como señala
Huerta Calvo. Precisamente la forma más lograda de lo carnavalesco en
literatura es la novela moderna, cuya polifonía aparece como recurso
imprescindible para lograr, en el interior de sus páginas, el enfrentamiento
dialéctico entre diversas visiones del mundo puestas de relieve por distintas
voces.
Para Bajtín el género literario fija un modelo del mundo, interrumpe la serie infinita o
ilimitada, y delimita temáticamente la totalidad mediante unas coordenadas
espaciotemporales que constituyen lo que él llama el cronotopo (“correlación esencial
de las relaciones espaciotemporales, tal como ha sido asimilada por la literatura”).
Cada género vendría conformado por un cronotopo particular: novela griega (tiempo
de la aventura localizado en un mundo extraño); novela de caballerías (cronotopo del
camino y del itinerario); novelas que rompen las convenciones genéricas (cronotopo
de acuerdo a la personalidad de los personajes proteicos).

3.HACIA UNA TIPOLOGÍA MODERNA DE LOS


GÉNEROS LITERARIOS
La crítica de los géneros ha tendido a establecer tipologías funcionales, basadas en la
observación empírica. La fijación de la tríada clásica: lírica, épica, dramática que parte
de Platón no es hasta la crítica romántica encabezada por Hegel cuando se consolida
por completo, según hemos dicho, Sin embargo, la jerarquización genérica ha sido muy
variada con el correr de los tiempo. Lo que parece estar claro es que nos movemos en
un terreno donde es necesario hacer precisiones terminológicas para superar la cierta
ambigüedad con la que a veces se maneja el término “género”. Hay cuatro conceptos
básicos que es importante diferenciar, según apunta Claudio Guillén:
-Cauces de presentación: la narración (épica), la actuación (dramática) y la enunciación
(lírica).
-Géneros propiamente dichos: definidos tanto por rasgos formales como temáticos.
-Modalidades: de carácter adjetivo y parcial.
-Formas: son los procedimientos tradicionales de interrelación, ordenación o
limitación de la estructura, como las convenciones de versificación, la división en
capítulos, diálogos, grupos estróficos métricos.
-Subgéneros: resultado de la combinación de un género con algún cauce de
presentación o modalidad.

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-Supragéneros: trascienden los límites de un género particular, pues dan cabida en su
interior a diversidad formal y/o temática.
Por razones metodológicas, la tríada genérica clásica, tan sistematizada en la Estética
de Hegel, resulta operativa para clarificar la tipología genérica; sin embargo, siguiente
a algunos autores, añadiremos los géneros didáctico-ensayísticos, que dan cabida a
prácticamente todas las manifestaciones de la prosa escrita no ficcional, aunque en
ella no se denote siempre una voluntad artística bien definida. Así las cosas, tenemos
cuatro grandes géneros:

 Géneros poético-líricos.
 Géneros épico-narrativos.
 Géneros teatrales.
 Géneros didáctico-ensayísticos.
Por otro lado, en lo que se refiere a la subdivisión de los grupos, fruto del hibridismo
que la práctica de los géneros ha puesto siempre, la única solución solvente es la
clásica distinción de E. von Hartmann de tres grados distintos en cada género:

 Lírico:
o Lírico-lírico.
o Lírico-épico.
o Lírico-dramático.
 Épico:
o Épico- épico.
o Épico- lírico.
o Épico-dramático.
 Dramático:
o Dramático-dramático.
o Dramático-lírico.
o Dramático-épico.

Se trata de una distribución que intenta dar cuenta de aquellos géneros cuya
configuración es mixta.

 Ensayísticos:
o Ensayístico- ensayístico.
o Ensayístico-narrativo.
o Ensayístico-dramático.
o Ensayístico-lírico.
A. LOS GÉNEROS POÉTICO-LÍRICOS
Según Rodríguez Adrados, la lírica es la más antigua manifestación del sentir popular;
la primera manifestación literaria de cualquier civilización. Para K. Spang estos son los
rasgos definitorios de la lírica:

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1. La interiorización. La especial disposición del enunciador en la lírica hace que
incluso el mundo exterior se conciba como causa o escenario ideal para
comunicar algún aspecto del mundo interior del propio poeta. Esto supone que
la brevedad y la intensidad sean ingredientes comunes del texto lírico, pues son
particularmente indicados para la manifestación de lo emocional.
2. La carencia de historia. Si se muestra es solo como soporte de la subjetividad.
3. Predilección por la instantánea. Es consecuencia de la brevedad.
4. Profundización. Se muestra como un requisito indispensable para la
consecución de la intensidad emotiva.
5. Predominio de la función poética. En la lírica alcanza su mayor manifiesto la
densidad estilística y la complejidad de la estructura.
6. Generalidad de versificación. No es obligatorio (poema en prosa), pero sí es
una tendencia convertida en norma durante muchas etapas históricas.
7. Ritmo. Puede conseguirse mediante la aplicación de pautas métricas
consagradas por la tradición o mediante la búsqueda original de recurrencias
en los más diversos niveles de la lengua.
8. Oralidad. La dimensión rítmica y musical del texto lírico hace que la percepción
más adecuada de este sea la auditiva, ya sea explícita o implícitamente.
9. Musicalidad. Descansa en el ritmo, melodía, color de las vocales, dureza o
suavidad de las consonantes.
10. Pragmáticamente, se puede distinguir en la lírica una comunicación directa o
diferida.

B. GÉNERO NARRATIVO
Frente a lo sucedido con la lírica, la narrativa sí recibió consideración por parte de la
Poética clasicista, por lo que desde Aristóteles fue concebida como un modo, forma
natural o universal literario. En cualquier caso, el género narrativo suele ser una de las
primeras manifestaciones literarias de cualquier civilización, pues la relación de
sucesos de interés comunitario constituye el germen de las primeras obras de cierta
extensión que pueden rastrearse en muchas literaturas. Para K. Spang estos son los
rasgos definitorios de lo narrativo:
1. Se compone de una historia narrada por alguien. Por historia ha de entenderse
la configuración verbal y ficticia de espacio, tiempo y figuras en situación
generalmente conflictiva.
2. La existencia de narrador, que se presenta como una voz que actúa de
intermediario entre la historia y el receptor.
3. Carácter ficticio del narrador y de la propia historia.
4. Subjetividad narrada. En el texto narrativo se comunican aspectos de la
subjetividad de terceros que realmente solo podrían comunicar esas personas
mismas.
5. Carácter exclusivamente verbal. La palabra es el único vehículo comunicativo.
6. Objetividad, entendida como la necesidad que el autor tiene de crear un
mundo real en apariencia en el que anclar la historia que pretende contar.

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7. Carácter diferido. De ahí la utilización de tiempos verbales en pasado.
8. Independencia de la forma. El texto narrativo puede utilizar como vehículo de
expresión tanto el verso como la prosa.
C. EL GÉNERO DRAMÁTICO
El género dramático también suscitó atención teórica desde los orígenes mismos de la
reflexión literaria y ha constituido objeto de controversia constante a lo largo del
tiempo, en especial referencia a la cuestión de la necesidad o no de respetar la pureza
genérica de la tragedia y la comedia. Para K. Spang estos son los rasgos definitorios de
lo dramático:
1. Inseparabilidad del texto literario y su consecuente representación. Aunque
pueda limitarse su recepción al ámbito de la lectura individual, el texto
dramático nace con vocación de ser representado.
2. Plurimedialidad. El teatro supone la movilización de señales procedentes de
una enorme variedad de códigos por lo que se muestra como un conjunto
semiológico complejo.
3. Colectividad de producción y recepción. Ya que requiere la participación del
autor, director, actores, intermedios escénicos y público.
4. Autarquía del drama. Aparentemente, se produce en casa representación la
ficción de la autosuficiencia de lo representado en las tablas, en ese momento
juzgado independiente de la voluntad de la cadena que hace posible la emisión
y de las reaccione del propio público asistente.
5. Sistema de comunicación doble. En el espectáculo teatral se produce la
concomitancia de dos situaciones comunicativas: la escénica y la extraescénica.
6. Diálogo. Constituye la forma de comunicación verbal característica en el teatro.
Por ello se dice que su función es exclusiva, no introducida o parcial.
7. Doble sistema ficcional. Pues combina la ficción del texto con la propia
representación, llevada a cabo gracias a la intervención de actores, decorado,
iluminación, etc.
D. EL GÉNERO DIDÁCTICO
Tradicionalmente, no se ha incluido en la nómina de géneros fundamentales, pero a lo
largo del siglo XX se ha impuesto la necesidad de clasificar adecuadamente obras
consideradas literarias a pesar de no desarrollar contenidos de ficción y privilegiar lo
reflexivo sobre el alarde meramente estético. Su mayor representante es el ensayo.
Dentro del ámbito didáctico, Garcío Berrio establece la siguiente subdivisión:

 Subgéneros de tipo objetivo. Ideas en 3º persona. Se incluyen el ensayo, la


historiografía y la biografía.
 Subgéneros de tipo subjetivo. Ideas en 1º persona. Confesión o autobiografía.
 Subgéneros mixtos. Hacen uso de la forma dramática como sucede en el
diálogo.