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Filosofía Política de Kant: Libertad y Derecho

Kant no escribió una gran obra sobre filosofía política, sino varios ensayos menores. Su pensamiento político estuvo influenciado por la Ilustración y eventos como la Revolución Francesa, defendiendo los ideales de libertad e igualdad. Kant concibió al individuo como sujeto creador de la esfera pública y consideró que la ley moral y jurídica deben tener un carácter universal.

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Filosofía Política de Kant: Libertad y Derecho

Kant no escribió una gran obra sobre filosofía política, sino varios ensayos menores. Su pensamiento político estuvo influenciado por la Ilustración y eventos como la Revolución Francesa, defendiendo los ideales de libertad e igualdad. Kant concibió al individuo como sujeto creador de la esfera pública y consideró que la ley moral y jurídica deben tener un carácter universal.

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La filosofía política de Kant

Kant no escribió nunca una gran obra sobre filosofía política, al estilo
de las tres Críticas, sino lo que se han considerado siempre "obras
menores" en las que, con frecuencia, no se ha querido ver una filosofía
política, como Ideas para una historia universal en clave
cosmopolita (de 1784), La paz perpetua, un esbozo filosófico (de
1795), y Metafísica de las costumbres (de 1797), entre otras. Y todo
ello pese a que con su escrito de 1784 ¿Qué es la Ilustración?, ha
quedado fuertemente asociado a los ideales políticos y emancipatorios
de la Ilustración, conocedor ya de la declaración de Independencia de
los Estados Unidos de 1776, y a quien se presenta con frecuencia,
además, como un firme defensor de los ideales de la Revolución
Francesa de 1789, siguiendo las opiniones de Heine, primero, y de
Marx y Engels, después.
El pensamiento político de Kant está dominado, en efecto, por los
ideales de libertad, igualdad y valoración del individuo, propios de una
Ilustración a la que Kant se suma y defiende en sus escritos políticos.
Al igual que en la ética, -donde se le confiere al individuo, en cuanto
sujeto moral, la capacidad de convertirse en legislador de lo moral,
desde su autonomía-, en la política el individuo será considerado
también, en cuanto ciudadano, el sujeto creador del campo de la
actividad pública común.
La capacidad legislativa del ser humano se funda en el carácter formal
con el que Kant concibe la ética, y que se expresa en el imperativo
categórico. Este imperativo, como principio formal de la razón
práctica, se extenderá a todos los campos de aplicación de esta,
incluida la actividad política. Así, no es de extrañar que Kant haya
propuesto tres definiciones del imperativo categórico, subrayando ya
el carácter universal de la norma moral, ya el valor intrínseco del
individuo como fin en sí mismo, dada su naturaleza racional y su
autonomía.
La política, en cuanto espacio público del ejercicio de la libertad, está
ligada a la noción de derecho, haciéndola posible. En consonancia con
el carácter formal de la moralidad, el derecho no se concibe como un
sistema normativo de regulación de la convivencia, sino como el
marco formal en el que se establecen las condiciones y los límites de la
acción en el campo de la convivencia, del ejercicio de la libertad. La
ley jurídica ha de tener, por lo tanto, al igual que la moral, un carácter
universal y a priori; sin embargo, mientras la ley moral se autoimpone
al individuo, la ley jurídica se le impone mediante una coacción
externa.
La ley jurídica, siguiendo el imperativo categórico, ha de ceñirse a la
naturaleza racional del ser humano, por lo que Kant afirmará la
existencia de derechos naturales (propios de tal naturaleza racional),
que serán el límite de la acción del Estado. Las relaciones entre los
individuos y, por lo tanto, la organización de la convivencia, tiene una
naturaleza racional, por lo que la ley jurídica no puede actuar en contra
de esa naturaleza. La filosofía política kantiana entronca así con la
filosofía política moderna del Estado natural y de las teorías del
contrato. Hay una naturaleza, anterior a la organización política de los
seres humanos, que es la fuente de derechos universales contra los que
no se puede legislar, y que actúan por sí mismos como principios de
organización de la vida política, que debería tender a una República
universal. Además de los derechos naturales, el legislador, en función
de las necesidades históricas, podrá desarrollar leyes (el derecho
positivo) que correspondan al desarrollo de la sociedad civil.
En Estado de naturaleza, los seres humanos se encuentran en una
situación de constante inseguridad, debido a las amenazas de otros
que, por derecho natural, siguen su propia voluntad sin tener en cuenta
la voluntad de los demás. Viviendo en familia o en pequeñas
comunidades, los seres humanos se encuentran a merced de las
violencias de otros seres humanos ajenos a su comunidad. En el
interior del grupo hay normas de convivencia y una autoridad que
sanciona su incumplimiento. Pero no hay una autoridad que se
imponga a todos los grupos dispersos, por lo que no hay seguridad. El
Estado civil, instaurado mediante el contrato, supone la sumisión a una
autoridad común, por lo que pasa a ser el terreno de la seguridad y del
derecho. En ese paso del Estado natural al Estado civil no hay ruptura,
para Kant, sino continuidad: mediante la imposición de una autoridad
común, los derechos naturales, que ya se poseían en Estado natural, se
pueden ejercer realmente con seguridad.
Kant concibe el contrato social como la condición que hace posible la
instauración del derecho público, por el que quedan garantizados los
derechos naturales. En realidad, Kant admite un sólo derecho natural:
el de libertad, del que derivan todos los demás, los derechos civiles de
igualdad y de autonomía. El derecho de libertad, al tiempo que
garantizado, queda limitado por el derecho de los demás, según el
acuerdo tomado por la voluntad pública. La idea de voluntad pública
es claramente de corte rousseauniano, pero en Rousseau la voluntad
general representa el interés común, mientras que en Kant representa
la garantía de la libertad individual, es decir, se establece como
un vínculo jurídico formal entre los ciudadanos, en el que se funda el
Estado. Por lo demás, para Kant el contrato no tuvo nunca lugar, no es
un hecho histórico, sino una categoría o principio racional que opera
como un eje de referencia en la construcción de lo político y del
Estado.
Vemos, pues, cómo Kant intenta reducir a una única síntesis los dos
elementos fundantes procedentes 1) de las teorías liberales (los
derechos individuales de libertad) y 2) de las teorías democráticas (la
soberanía de la voluntad colectiva), que todavía sigue inspirando en la
actualidad a autores como J. Rawls y J. Habermas, en sus intentos por
fundamentar sus respectivas teorías del consenso.
https://www.webdianoia.com/moderna/kant/kant_fil_politica.htm

3.3.  Kant como pensador político


 
Immanuel Kant no es conocido como pensador político. Normalmente suele ser
identificado a sus tres Críticas y es estudiado sobre todo en Metafísica,
Epistemología y Filosofía de la religión. En filosofía política no hay un lugar
para él. Esto se debe, en parte, a que efectivamente sus tres Críticas absorben casi
totalmente la atención de la tradición filosófica. Otra cosa fuera si Kant hubiese
escrito una obra grande y completa sobre teoría política, pero no hizo sino
pequeños ensayos. Incluso, ha dado más reflexión a la Filosofía del derecho con
su obra Elementos metafísicos del bien. Otra razón para considerar la poca
popularidad de Kant es su estilo de no fácil lectura [12].
 
Si nos fijamos en las fechas de publicación podemos constatar que los ‘escritos
políticos’ de Kant pertenecen a la madurez de su pensamiento. Kant estaba sobre
los sesenta años cuando empezó a publicar sobre algunos elementos de teoría
política y, en la medida en que envejecía, aumentó este tipo de publicaciones. Sin
embargo, es una aberración pensar que Kant se preocupó de la política
únicamente en la última década de su vida. Esto no es así, y la prueba de ello es
que se conocen notas donde sostuvo por largos años preocupaciones teóricas
sobre acontecimientos políticos y sobre teoría política en general. La nota más
remota data aproximadamente a 1760 cuando estudiaba Rousseau y el derecho
natural. Es importante considerar que el pensamiento político kantiano se halla en
total correspondencia con sus tesis epistemológicas y éticas suscritas en las
Críticas y, por lo tanto, están rigurosamente fundamentadas por los límites
acotados en ellas, y esto constituye en sí su mayor mérito.
 
Por otro lado, el pensamiento político de Kant está fuertemente influenciado por
dos hechos históricos propios de la época: la Revolución Francesa (1789) y la
Independencia de los Estados Unidos (1776). No de valde ha sido calificado por
Heine, primero, y luego por Marx y Engels como el filósofo de la Revolución
Francesa. Hay cierta analogía entre ambas revoluciones y el pensamiento
kantiano: la independencia del individuo frente a la autoridad y el problema de la
libertad, que yacen en el centro de su pensamiento, guardan coherencia con la
reivindicación de ambas revoluciones de la realización de los derechos del ser
humano. Sin embargo, ya hacia 1784 Kant venía pensando sobre estos temas
propiamente políticos. Es posible considerar, con todo, que la Revolución
Francesa lo estimuló a seguir escribiendo. Esto se infiere porque tanto la
Revolución Francesa como la Independencia de Estados Unidos abrieron la
mente política de la época, secularizándola. Ahora bien, si es cierto que en
muchos casos Kant se acerca a los ideales de la Revolución Francesa, su
demanda de paz perpetua va mucho más lejos que ella.
 
Las ideas políticas de Kant se enfrentan a los clásicos iusnaturalistas como
Hobbes, Locke, Hume y Rousseau, y al realismo político de Maquiavelo.
También se enfrentan las tesis de sus contemporáneos, J. Hamann y J. Gottfried,
quienes sostenían una crítica al clamor de la Ilustración de descubrir principios
universales válidos y el ver la historia y la sociedad en términos de regular
uniformidad. Para ellos, el individuo era más revelador y no se podía subsumir a
leyes generales. Kant les responde en forma científica y lógicamente riguroso lo
que ellos criticaron, defendiendo la Ilustración  como un proceso dinámico, como
una negación a todo tipo de estancamiento. En este sentido, el pensamiento de
Kant se suscribe a dicha Ilustración. Kant es su madurez, pero también su mejor
crítica.
 
Tras Kant, Friedrich Schiller y Wilhelm von Humbolt sostuvieron que su teoría
política no prestó atención a la base psicológica de las decisiones políticas y que
necesitaba complementarse con un estudio del carácter humano. Kant fue tenido
por los románticos alemanes como su archi-enemigo. Fighte y Schelling, y
después Hegel, fueron totalmente en contra de las tesis políticas de Kant, y
pusieron encima del individuo un yo-puro y un yo-absoluto que devenía en la
historia. El joven Marx, más adelante, se dejó impactar por las ideas políticas de
Kant, sobre todo en aquella que señala que el hombre es un proceso inacabado de
ilustración.
 
 
3.4.  Las ideas políticas de Immanuel Kant
 
En primer lugar, considero lo enormemente sugerente que es la lectura de los
escritos políticos, sobre todo en el actual contexto de guerra, pero también de
globalización y de poner en tela de juicio la idea de progreso de la humanidad
hacia mejor. La reflexión kantiana sobre estos temas no han perdido actualidad.
 
Sobre la base de lo leído, desarrollaremos las siguientes temáticas: (a) las
disposiciones de la Naturaleza; (b) antagonismo e ilustración; (c) el problema de
la libertad y la necesidad del derecho; (d) revolución y evolución; (e) relaciones
internacionales y paz; (f) utopismo crítico.
 
http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/mlopez2.html

No cabe duda de que el axioma político kantiano por excelencia es la identificación de Estado
como estado de derecho. Es en este aspecto que la dimensión jurídica alcanza su punto máximo,
en tanto la condición civil es pensada en términos jurídicos. La condición civil como Estado jurídico
se basa en los siguientes principios a priori: a) La libertad de cada miembro de la sociedad, en
cuanto hombre. b) La igualdad entre los mismos y los demás, en cuanto súbditos. c) La autonomía
de cada miembro de una comunidad, en cuanto ciudadano. Kant enfatiza que éstos no son dados
por el Estado ya constituido, sino que son principios por los cuales el Estado como Estado de
Derecho tiene existencia, legitimidad y efectividad. Profundizaremos a continuación en cada uno
de ellos. a) La libertad de cada miembro de la sociedad, en cuanto hombre El postulado de la
libertad 4 es tal vez una de las nociones más importantes de la cosmovisión kantiana. Tal
postulado no sólo es fundante para la vida moral, sino también y con la misma fuerza para la
dinámica jurídico-política. Una auténtica constitución debe partir de dicho axioma. En esta
perspectiva, el terreno de la libertad alcanza una pluralidad de matices: libertad de pensamiento,
de religión, etc. Con respecto a la constitución civil, Kant expresa formalmente el principio de la
libertad del siguiente modo: “Nadie me puede obligar a ser feliz según su propio criterio de
felicidad (tal como se imagina el bienestar de otros hombres), sino que cada cual debe buscar esa
condición por el camino que se le ocurre, siempre que al aspirar a semejante fin no perjudique la
libertad de los demás, para lograr así que su libertad coexista con la de los otros, según una
posible ley universal (es decir con el derecho de los demás)” (Kant, 1964, p. 159).

http://mininterior.gob.ar/asuntos_politicos_y_alectorales/incap/clases/Paper_Rossi_2.pdf

1. ¿Todavía Kant?

La visión kantiana de un orden internacional regido por la ley, capaz de regular


mediante el espíritu universalista de una federación mundial la política interna de los
Estados, es un referente clásico de la filosofía política moderna para pensar el camino
del género humano hacia el progreso, la ilustración y la emancipación. Hoy en día,
pese a algunos avances, tal visión no puede más que estrellarse con la tendencia
dominante del escenario político actual, muy alejada del derecho cosmopolita y de la
paz perpetua.

Casi en diametral oposición, el orden mundial se nos muestra todavía falto de


arquitectura política eficaz y estable; sin un ordenamiento institucional capaz de
regular las presiones ejercidas por las tendencias de la globalización. Después del fin
de la Guerra fría y la caída del sistema bipolar que había a su manera organizado el
mundo en la última parte del XX, la política mundial ha sido un escenario dominado
por la debilidad de los organismos mundiales así como por la incapacidad de la
comunidad internacional de enfrentar el reto de la reforma de la ONU, 1 por el
unilateralismo estadounidense, y sacudido por el terrorismo fundamentalista global y la
guerra ilegal en Irak.

Nos encontramos ante el aparente predominio de un desorden mundial, en el que la


política unilateral de una superpotencia (los EUA) no sólo desafía las precarias
instituciones internacionales existentes (ONU y otras organizaciones) y sus
resoluciones oficiales, persiguiendo intereses políticos y económicos particulares y
excluyentes, sino que con su política contra-terrorista retroalimenta la polarización
política reproduciendo la confrontación fundamentalista, sin miras de largo plazo. Así,
en vez de encaminarnos a la kantiana ilustración y emancipación de la humanidad,
hacia la construcción de espacios mayores para libertad de los seres humanos, según
un ideal cosmopolita, tenemos frente a nosotros el choque entre fundamentalismos
contrapuestos, casi igualmente "bárbaros", que socavan cada vez más las vías
pacíficas, jurídicas, y en este sentido civilizadas, de la política.

A ello, además, hay que añadir la abrumadora presencia en la política internacional y


nacional de los poderes económico-financieros, determinantes para controlar los
nuevos recursos estratégicos de la era caracterizada por el proceso de
globalización.2 Los graves retos de la sociedad postindustrial y globalizada: la
desregulación económica, la desreglamentación del trabajo, la miseria, las
migraciones, las violaciones masivas de los derechos humanos deben vérselas con el
redimen-sionamiento de la soberanía estatal y la transformación del papel del
Estado,3 con la aparición de funciones de gobierno carentes de un órgano
gubernamental,4 la difusión de nuevas formas de organización de los poderes públicos
y para la producción de normas jurídicas.5 La política de nuestros días ha dejado de
estar centrada en lo estatal-nacional y rebasa las estructuras e instrumentos
tradicionales; sin embargo, aún carece de una nueva estructura de organización
institucional interestatal estable y eficaz, que supere los límites de las instituciones
estatales e internacionales existentes y promueva visiones constructivas, de largo
plazo y responsables; capaz, en suma, de "dar sentido y proyección a las promesas del
progreso, libertad y justicia" que el mundo en su conjunto se propuso mediante la
formación de la oNU al terminar la segunda Guerra Mundial.6

Ante este cuadro aparentemente el pensamiento político de immanuel Kant se ha


vuelto débil, hasta obsoleto: ¿qué hacer hoy en día de su visión racionalista,
universalista, cosmopolita e idealista de la política? ¿No es sin más inviable, irrealista?
7
 o ¿puede acaso su propuesta filosófica resistir 'la prueba' de los signos adversos de la
política actual?

3. ¿Qué es la política en Kant?

Para saber lo qué es la política para Kant hay que recordar que plantea la cuestión
como una pregunta a la vez práctica y teórica: esto es, no exclusivamente teórica o
especulativa (perteneciente al ámbito de la razón pura) ni enteramente práctica (o
propia del ámbito de la razón práctica); el tratamiento de la política se ubica en la
reflexión sobre qué podemos esperar, cuestión que remite tanto al dominio de la
religión como al de la filosofía de la historia. De manera que los contenidos y las
características de la política pertenecen al dominio de las reflexiones de la razón sobre
la historia y sus fines y, desde dicha perspectiva, delinea los trazos de la
política racionalmente entendida y practicada.

Subrayemos los criterios, los contenidos y las condiciones que propone en su reflexión
sobre el progreso de la sociedad humana, reproponien-do un cuadro sintético de los
pasos que marcan su evolución y perfilan lo qué podemos esperar de la política.

5. ¿Qué "podemos esperar" hoy de la política?

Más allá del marco finalista y racionalista de la filosofía de la historia kantiana y ante el
cuadro inquietante de la situación política internacional antes esbozada, creemos
oportuno rescatar la inspiración realista y cosmopolita analizada, asumiendo para la
actualidad la democracia liberal como el equivalente funcional de la forma de gobierno
republicana promovida en ese entonces por el filósofo alemán.

Es una reflexión relevante y sugerente por su objetivo principal de apuntar a


las condiciones de posibilidad para la realización del proyecto ético-político; diseño que
sólo puede ser logrado a juicio del autor buscando el desarrollo de elementos morales
y factores jurídicos. La política en Kant se nos muestra como el ámbito de las
condiciones para la convivencia humana, orientada por la idea regulativa de la
emancipación de la humanidad en un orden cosmopolita, y basada en la existencia de
un orden coactivo legal y legítimo. En este sentido, la política dentro de los límites de
la razón culmina cierto desarrollo de la historia de humana en sociedad, a la vez que
es condición favorecedora de su continuación.

Notemos la profunda vinculación entre la concepción de la política como arte del orden
y del gobierno, de la sociabilidad y, por un lado, de la moral en tanto que aporta
elementos universales necesarios a la difusión del sentimiento del deber en los
hombres (en su interior); por otro lado, la estrecha relación entre política y el derecho,
en cuanto establece por medio del ordenamiento jurídico las condiciones de la
obligación externa. Con base en tales impulsos civilizadores ante la percepción
compartida de las condiciones de sufrimiento, los seres humanos toman (pueden
tomar) conciencia de las razones morales y jurídicas para introducir el cambio social.
Pueden poner límites a la insociabilidad, a sus efectos, mediante el derecho público
como expresión de "la voluntad legisladora en lugar de la multiplicidad conflictiva de
las representaciones privadas del derecho"89 y a través de aquel arte humano de
decidirse (cuando quieren) por la construcción (artificial) de estructuras civiles que
gobiernen las relaciones sociales. Así, moral y derecho juntos hacen comprensible el
paso del status naturalisa la societas civilis; las razones de la creación de la sociedad
política y su fundamento. La política kantiana abre la posibilidad a la conciliación (si
bien nunca estable ni definitiva) entre las tendencias pasionales y racionales en la
(insociable-) sociabilidad.

Así, la política se perfila primordialmente como el ámbito en el que la voluntad de los


hombres hace posible los pasos jurídico-institucionales para crear las condiciones de
convivencia en las que el género humano puede progresar de la brutalidad natural a la
humanidad, en la creación de una constitución o estructura social siempre más
adecuada a las "leyes de la libertad". Creación de instituciones, organizaciones y
normas a las que sujetarse para acotar los problemas de la insociabilidad: la lucha
social, la opresión, la guerra; en fin, para superar la incivilidad o las condiciones no
dignas de la convivencia humana. Una concepción que entonces audazmente propone
proyectos de construcción de andamiajes estructurales como alternativa tanto a la
política de potencia, autoritaria o despótica, como a la crisis del Estado y al desorden
global; una política como ámbito de las condiciones jurídico-institucionales de la
convivencia para la emancipación de los hombres, en el ámbito nacional e
internacional.

El eje central de su propuesta teórica es un orden compatible con el derecho y de ahí


con la ética. Por ende, una política no 'de potencia' (basada en la fuerza y la
imposición) o de la hostilidad (contraposición existencial), sino una política
cosmopolita, fundada en el derecho político (a nivel nacional) y derecho de gentes (a
nivel internacional),90 grandes avances en el proceso de ilustración. Es una concepción
de la política que pueda converger con la moral universalista (el respeto de los
hombres como fines en sí mismos). Pero tampoco reduce la política a la ética
(identidad de criterios), ni se le subordina a ella (idealismo, utopía). Más bien, como
tuvimos la oportunidad de analizar, se trata de una perspectiva que reconoce la
tensión problemática entre hechos y valores, así como entre orden, ley y arbitrio,
libertad.

A su vez, la filosofía política de Kant supera el realismo maquiavélico, el de la fuerza y


la razón de Estado, en pos de una visión que asimila la perspectiva de la historia
universal. Es el ejercicio de una reflexión realista sobre la política y las lecciones de la
historia para la humanidad; nos habla de una política que aprende de los problemas y
'males' de la historia, contrastándolos con las posibilidades que podría abrir a la
convivencia humana. Tal aprendizaje cultural proporciona las razones que motivan el
cambio; todas ellas relativas a la conciencia de la necesidad de salir de la situación in-
civil e indigna para los hombres, de inseguridad, ignorancia y miserias, pero asimismo
relativas a la aspiración de una convivencia digna, deseable.

Una concepción de la política, en particular, que pone en primer el arbitrio racional y la


responsabilidad de los hombres, específicamente de los políticos en el gobierno de los
Estados, que puede imponerse (eventualmente) por encima del instinto insociable y
sus productos; la voluntad de los políticos orientada al cambio, que asuma aquella
obligación al mismo tiempo moral y jurídica (no menos que "racional") de pactar el
orden adecuado y deseado, promotora de una política de libertad y progreso para la
humanidad. A la responsabilidad de los políticos es dado resolver, eventual aunque
continuamente, el conflicto entre política racional en tanto "arte de la sociabilidad" y la
política pasional (del arbitrio animal y la libertad salvaje, de la potencia y derecho del
más fuerte y destructivo). Y, pese a la inercia de sus intereses y al peso de los
obstáculos, ser capaces de aprender de la experiencia histórica y los avances de la
política en los límites -y alcances- de la razón, decidiéndose por una política
comprometida y con responsabilidad de futuro.

Con Kant el problema de la política internacional es planteado en términos, novedosos


para su época, de tipo jurídico y político, señalando la estrecha interrelación entre la
política y el derecho nacional e internacional, la necesidad del fortalecimiento de las
organizaciones e instituciones internacionales para la afirmación del derecho público.
Para nuestros días, la propuesta cosmopolita de Kant centrada en el derecho y las
defensa de los derechos humanos como vía practicable para normar y producir un
orden, permite mirar al problema del nuevo ordenamiento mundial, ese gran reto de
nuestra política internacional, desde una perspectiva que privilegie la estrategia
jurídico-institucional de gobierno o governance mundial a nivel global. Esto es,
asumida globalmente, no para realizar abstractos ideales inalcanzables, sino para
hacer posible una política centrada en el derecho como vía para la paz y la defensa de
los derechos de las personas. Una labor que, reflexionando sobre la historia humana
con un realismo bien entendido (el de la kantiana "experiencia muy grande" de los
logros y los límites, de las "posibilidades" y lo "necesario"), procure los proyectos (los
"conceptos correctos") que conduzcan ("buena voluntad") a lo razonable y conveniente
en materia de convivencia: a la asunción de la necesidad y del deber de crear un orden
jurídico, nacional e internacional, con sólida orientación cosmopolita.91 Un
ordenamiento capaz de orientar la variedad de estatutos y arbitrajes del actual des-
orden espontáneo global.92

Es una visión de lo posible y razonable, centrada en la construcción de estrategias


capaces de redimensionar la "insociabilidad", tanto aquella relativa a los Estados como
a los nuevos poderes intermedios o particulares del mundo global, y su libertad
salvaje: que logre marginar la política de potencia y relativizar las políticas
fundamentalistas y del terror; superar la anomia global, redefinir lo público y la
seguridad a través de normas; oponer a la desigualdad y negación de los derechos
humanos fundamentales la afirmación de la igualdad de los hombres en dignidad y
derechos, lo que es la base de la democracia93 y de su deseable fortalecimiento en el
horizonte global.

Una política, en suma, que intente ponerse a la altura de los avances y retos de la
historia.

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-02182006000200008

2. Consecuencias del principio kantiano de  representación para


la noción del "consentimiento a las leyes "

Hemos señalado que el análisis de la definición kantiana de la libertad como capacidad


del ciudadano de "no obedecer a ninguna otra ley más que a aquella a la que ha dado
su consentimiento" exige considerar en detalle de qué manera entiende Kant la idea de
un consentimiento a las leyes o, en otras palabras, qué consecuencias tiene, para el
filósofo, la exigencia de que las leyes públicas deban fundarse en la voluntad
legisladora de los individuos que integran la sociedad civil4. Lo primero que ha de
establecerse es si esta voluntad legisladora se expresa o no de manera directa e
inmediata en el proceso legislativo, lo cual exige considerar de qué manera entiende
Kant el principio de representación.

En el §46 de los Principios metafisicos de la doctrina del derecho, el filósofo afirma que


"el poder legislativo solo puede corresponder a la voluntad unida del pueblo" (Kant, Ak.
VI, 313). Sin embargo, la tarea legislativa no compete, en sentido estricto, di
pueblo, sino a sus representantes. Haciendo referencia a las características propias de
la forma republicana de gobierno (considerada por Kant como la única forma legítima
de gobierno), el autor establece que "toda verdadera república es -y no puede ser más
que- un sistema representativo del pueblo, que pretende, en nombre del pueblo y
mediante la unión de todos los ciudadanos, cuidar de sus derechos a través de
delegados" (Kant, Ak. VI, 341)5. Kant considera que Informa republicana de gobierno
es incompatible con el régimen democrático, porque en este último -al ser
administrado el gobierno por el pueblo en su totalidad- no puede darse el principio
básico del republicanismo, a saber, el principio de representación:

"De las tres formas de Estado, la democracia es, en el sentido propio


de la palabra, necesariamente un despotismo, porque funda un
poder ejecutivo donde todos deciden sobre y, en todo caso, también
contra uno (quien, por tanto, no da su consentimiento), con lo que
todos, sin ser todos, deciden; esto es una contradicción de la
voluntad general consigo misma y con la libertad" (Kant, Ak. VIII,
352).

Dado que el gobierno republicano no exige una determinada/or/wa de


soberanía, aquél podría darse tanto en un régimen autocrático como en un régimen
aristocrático; sin embargo, no podría darse en un régimen democrático, pues el
republicanismo es -como acabamos de indicar- una forma representativa de gobierno,
y la democracia -tal como Kant la entiende (es decir, como democracia directa)- no da
cabida al principio de representación (Kant, Ak. VIII, 353). Más aún: el autor considera
que cuanto menor sea el número de individuos que ejercen el poder en el Estado,
mayor será el grado en que pueda verse representada la voluntad del pueblo y
mayores serán, entonces, las posibilidades de alcanzar un gobierno republicano.

En síntesis, Informa de soberanía no es lo decisivo para que un Estado pueda ser


gobernado conforme a los principios del republicanismo, y dado que "el pueblo tiene
más interés [...] en el modo de gobierno que en la forma de Estado" (Kant, Ak. VIII,
353), "mandar autocráticamente y, pese a ello, gobernar de un modo republicano, es
decir, con el espíritu del republicanismo y por analogía con él, es lo que hace a un
pueblo sentirse verdaderamente satisfecho con su constitución" (Kant, Ak. VII, 87)6.

Estas observaciones permiten constatar que la idea kantiana del consentimiento a las


leyes no implica una participación directa de todos los individuos que integran la
comunidad en el proceso legislativo. Tampoco la noción de voluntad general implica
-en el marco del pensamiento político kantiano- un compromiso con los principios
democráticos que Rousseau deduce de esa idea7. Si bien Kant invocará, en sus
escritos, el concepto rousseauniano de voluntad general, reconociéndolo como un
principio fundamental de toda constitución política legítima, no asumirá, sin embargo,
las consecuencias radicales que el ginebrino deduce de esta idea. En efecto, Kant
concibe la voluntad general como una suerte de ideal regulativo, esto es, como un
principio que no implica la adopción de determinados procedimientos legislativos, ni
supone convocar a todos los miembros de la comunidad para la elaboración de las
leyes públicas. También, en sentido puramente formal, invoca Kant otro de los
principios fundamentales del pensamiento rousseauniano, a saber: la idea de contrato
social:

"Mas he ahí un contrato originario, el único sobre el que se puede


fundar entre los hombres una constitución civil, legítima para todos
sin excepción, el único sobre el que se puede erigir una comunidad.
Pero respecto de este contrato [...], en tanto que coalición de cada
voluntad particular y privada, dentro de un pueblo, para constituir
una voluntad comunitaria y pública (con el fin de establecer una
constitución, sin más, legítima), se trata de una mera idea de la
razón que tiene, sin embargo, su indudable realidad (práctica), a
saber, la de obligar a todo legislador a que dicte sus leyes como si
éstas pudieran haber emanado de la voluntad unida de todo un
pueblo, y a que considere a cada subdito, en la medida en que éste
quiera ser ciudadano, como si hubiera expresado su acuerdo con una
voluntad tal. Pues ahí se halla la piedra de toque de toda ley pública"
(Kant, Ak. VIII, 297).

Estas observaciones permiten afirmar que las ideas de voluntad general y


de contrato no implican, en este marco, el reconocimiento de derechos inalienables del
pueblo, sino que son asumidas, en todo caso, como criterios que permiten al legislador
dictar leyes tales que hubiesen podido ser aceptadas por la voluntad unida de todo un
pueblo:

"Si una ley es de tal índole que resultara imposible a todo un pueblo
otorgarle su conformidad [...], entonces no es legítima; pero si es
simplemente posible que un pueblo se muestre conforme con ella,
entonces constituirá un deber tenerla por legítima, aun en el
supuesto de que el pueblo estuviese ahora en una situación o
disposición de pensamiento tales que, si se le consultara al respecto,
probablemente denegaría su conformidad" (Kant, Ak. VIII, 297).

Para que una ley sea considerada legítima (y pueda reclamar el consentimiento de
aquellos que se someten a ella), no es preciso que sea el pueblo reunido en asamblea
quien dicte tal ley, ni tampoco es necesario que éste preste su consentimiento
efectivo: si una ley es de tal índole que resulte imposible que todo un
pueblo pueda otorgarle su aprobación, entonces no es legítima pero con que sea solo
posible que alguna vez el pueblo prestara su conformidad a dicha ley establecida,
entonces ésta puede ser considerada justa (y el derecho de juzgar acerca de
tal posibilidad no compete, según Kant, al pueblo sino al propio legislador, como
veremos en el siguiente apartado).

A partir del análisis precedente, podemos concluir que, pese a su reivindicación de las
ideas rousseaunianas de voluntad general y de contrato, Kant atribuye a esas ideas un
sentido formal, al concebirlas como principios regulativos reservados para uso
discrecional del legislador8. Quienes suscriben una interpretación "en clave
republicana" del pensamiento político kantiano suelen desatender el sentido puramente
formal en que Kant se apropia de las ideas políticas de Rousseau; y en lo que respecta
puntualmente a la definición kantiana de la libertad como capacidad de no obedecer a
ninguna otra ley más que a aquella a la que ha dado su consentimiento, no reparan en
el hecho de que el consentimiento del individuo respecto de las leyes no implica una
participación directa del pueblo en el procedimiento legislativo. Si se considera, por
otra parte, que los subditos no tienen medios de oponer resistencia legítima a las leyes
establecidas (aun cuando no pudiesen prestar consentimiento a dichas leyes), es
forzoso reconocer que la adscripción de Kant a las filas del republicanismo resulta,
cuanto menos, problemática.

5. Algunas consideraciones finales

El análisis precedente ha intentado mostrar que, si bien la definición kantiana de la


libertad como capacidad de obedecer solo a aquellas leyes a las que se ha dado
consentimiento evoca principios fundamentales de la tradición republicana -tales como
los de autonomía, autogobierno y autolegislación- el análisis de la posición asumida
por Kant ante el problema de la representación, el problema de la resistencia a la
autoridad y el problema de la extensión y los límites del derecho de
ciudadanía, permiten afirmar que el filósofo se aparta de la tradición republicana en
aspectos verdaderamente decisivos. Siendo principios fundamentales de esta tradición
la idea de una ciudadanía directamente comprometida en los avatares de la vida
política, la concepción de la ley como garantía última de la libertad y el rechazo de
toda sumisión a un poder despótico (Cf. Béjar 2000, pp. 99ss.), la interpretación del
pensamiento político kantiano como expresión del ideario republicano resulta
ciertamente problemática.

En lo que respecta puntualmente a la concepción de la libertad reivindicada por el


republicanismo, ésta es definida no solo como ausencia de dominación, sino además
como participación directa en la vida política (cf. Béjar 2000, pp. 99 ss.),
características que no hallamos implicadas en la definición kantiana de la libertad que
hemos analizado (en efecto, al afirmar que toda revolución es injusta, y exigir absoluta
obediencia al poder constituido, Kant desatiende premisas básicas de la concepción
republicana de lo político). De allí que no se dé una auténtica tensión entre las dos
definiciones kantianas de la libertad política a las que nos hemos referido en la
introducción (definiciones que remiten, en todo caso, a diversos aspectos de la libertad
política).

Podría decirse que la definición de la libertad como "capacidad de obedecer solo a


aquellas leyes a las que se ha dado consentimiento" establece un principio de
legitimidad de las leyes, por cuanto formula un criterio que permite al legislador
dictar leyes justas (esto es, "leyes tales que hubiesen podido ser aprobadas por todo
un pueblo"). Esta definición alude, pues, al modo en que debe ser pensada
la libertad, si atendemos a la relación del individuo con las leyes15. La segunda
definición kantiana de la libertad política a la que hemos aludido no remite ya a la
relación del individuo con las leyes, sino, en todo caso, a la relación del individuo con
el Estado. Efectivamente, la libertad es entendida, en este caso, como la capacidad de
cada uno de "buscar su felicidad por el camino que mejor le parezca, siempre y cuando
no cause perjuicio a la libertad de los demás para pretender un fin semejante" (Kant,
Ak. VIII, 290). Si ser libre equivale aquí a no ser determinado por otro en lo que
concierne a la búsqueda del bienestar personal, este otro frente al cual se reivindica el
derecho de cada uno a decidir acerca de los medios más adecuados para alcanzar su
felicidad, no es sino el Estado. De allí que, inmediatamente después de definir la
libertad en los términos citados, Kant formule una crítica al gobierno
paternalista, aquel que basándose "sobre el principio de la benevolencia para con el
pueblo, al modo de un padre para con sus hijos", considera a los subditos "como niños
menores de edad, incapaces de distinguir lo que les es verdaderamente beneficioso o
perjudicial" (Kant, Ak. VIII, 290). Este gobierno paternalista -que atenta contra el
derecho del individuo de "buscar su felicidad por el camino que mejor le parezca"-
constituye, para Kant, la máxima expresión del despotismo y el mayor obstáculo para
la libertad16.

Si en lo que remite a la relación del individuo con las leyes, Kant sostiene que
somos libres en la medida en que obedecemos leyes que pudiesen haber
sido consentidas por el pueblo (aunque no lo hayan sido efectivamente), respecto de
la relación del individuo con el poder público, va a sostener que somos libres en la
medida en que el Estado no nos imponga un determinado modo de alcanzar el
bienestar individual. Señalamos ya que estas definiciones de la libertad política no
resultan contradictorias, sino que remiten, en todo caso, a dos aspectos diversos
implicados en la idea de libertad. La primera de ellas ha sido reivindicada por quienes
consideran a Kant un exponente del republicanismo moderno17; la segunda ha sido
destacada por aquellos que lo consideran un pensador liberal18. Más allá de la posición
que se adopte respecto a la interpretación republicana o liberal del pensamiento
político kantiano, interesa destacar aquí que la primera definición de la libertad se
aparta de los principios defendidos por la tradición republicana en aspectos decisivos
(a los que hemos aludido en el desarrollo de este trabajo), de manera tal que la
distancia que se ha visto entre ambas definiciones no resulta tan amplia como puede
parecer en principio.

Por cierto, nuestra breve reflexión acerca de la concepción kantiana de la libertad


política no pretende agotar la importante discusión acerca de la filiación de Kant con
las corrientes liberal y republicana, sino que se limita simplemente a poner de relieve
las tensiones que atraviesan el pensamiento político del filósofo alemán. Considerado
por muchos como el filósofo de la libertad, Kant ha sido un promotor de la obediencia
absoluta a la autoridad constituida19. Celebrado como un defensor de la soberanía del
pueblo, ha condenado la democracia, considerándola como una forma de despotismo.
Recordado como un promotor de la libertad en tanto derecho originario del hombre, ha
restringido el derecho de ciudadanía a aquellos que poseen propiedad.
Indudablemente, el reconocimiento de estas tensiones no implica negar los valiosos
aportes que Kant realiza en el campo de la filosofía política, ni subestimar la influencia
de su filosofía práctica para el desarrollo del pensamiento político moderno y
contemporáneo. En todo caso, las tensiones y paradojas implicadas en su reflexión
política pueden ser consideradas como un signo inequívoco de su complejidad y su
riqueza inagotable.

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-43602009000100002

Descubrimos que el pensamiento político de Kant  no se encuentra


recogido de manera sistemática en grandes tratados de erudición y
reflexión, como  ocurre con sus reflexiones sobre epistemología, ética o
moralidad, debido a que entendía que el pensamiento político y social
debía ser una reflexión transversal a todas ellas.
Para Kant  la epistemología, la ética, la moral y la política, no podían ser
entendidas como esferas completamente separadas.
Existían constantes y profundas relaciones entre ellas,  cualquier
situación que afectara a una de ellas tenía importantes efectos sobre las
otras.

¿Por qué la interpretación posterior del autor apostó por separar y


diferenciar dichas esferas de pensamiento? ¿Por qué el pensamiento
político kantiano ha sido eclipsado por sus reflexiones
epistemológicas y éticas?  ¿Por qué el pensamiento kantiano no se
nos muestra como referente? (lo que si ocurre con su pensamiento en
epistemología y en ética)…

Un Estereotipo Engañoso..

Históricamente, Kant ha sido  definido como el modelo del filósofo


teórico que se dedicaba a reflexionar sólo en su despacho. Aquel
pensador que vivía en las nubes y que no tenía ningún contacto con
la realidad…

Haber nacido en la pequeña ciudad prusiana de Königsberg (actual


Kaliningrado), lugar del que nunca salió, su férrea fe pietista y el hecho
que toda su vida la haya dedicado a la labor académica e intelectual,
han servido para reforzar esta idea y alimentar la leyendade que
Kant era un frío y oscuro profesor que vivía en una dimensión
paralela que él había creado con su pensamiento….

Existen muchas anécdotas que han servido para reafirmar esta


descripción de Kant. Quizás la mas conocida era aquella relacionada con
su puntualidad…

Según los relatos de la época, Kant tenía su vida cotidiana organizada


al segundo, de manera que desarrollaba todas sus rutinas (despertar,
levantarse, comer, ir a la universidad, horarios de clases, lectura
escritura, etc.) a la misma hora todos los días..

En concreto, se decía que todos los días, sin importar el clima que
hubiera, realizaba un paseo por la ciudad que comenzaba a las 5 de la
tarde. Momento que aprovechaban los vecinos para poner en hora sus
relojes…

Ahora bien, ¿cómo es posible que el pensamiento de un autor de este


tipo resulte fundamental para el pensamiento occidental? ¿por qué
Kant ha tenido tanta influencia en nuestra vida y en nuestra
sociedad?…
Desde nuestro punto de vista,  este hecho, la reconocida influencia de Kant
en el pensamiento posterior, nos indica que él era algo más que frío y
monótono profesor de filosofía que no era capaz de ver más allá de la
ventana, de su aula o de sus lecturas.

Kant era ante todo un hijo de su tiempo, un pensador comprometido


con una revolución  intelectual, social y personal de la que era parte…
Aunque no siempre se le ha reconocido esta condición…

Fue uno de los pensadores más importantes de la Ilustración… Fue


la persona que nos enseñó qué significó ese movimiento intelectual
político y social.

Kant fue el primero en decir en voz alta, de manera contundente, que el


futuro de la humanidad sólo podía ser escrito por un agente… El Ser
Humano (la Persona).

BORRADOR
partes DE un ensayo?

1. Introducción
2. Desarrollo
3. Conclusión
Anexos

1. INTRODUCCIÓN
¿Qué debe de quedar claro en la introducción de un
ensayo?

Fundamentalmente dos cosas:

 La presentación del tema que se va a abordar


 La forma en que será enfocada por el autor

Piensa que un ensayo es como empezar a leer una novela, si no te


has enganchado en la primera página, es probable que no la sigas
leyendo.
Debes de exponer el tema de una forma que consiga captar la
atención del lector y sienta ganas de seguir leyéndote hasta el final.
En esta primera parte deberás mostrar no solo el tema, sino también
tu postura sobre el mismo, tu opinión. Esta será la mejor forma de
empatizar con tu público.

Por ejemplo en un ensayo argumentativo se expondrá una tesis en


la introducción que trataremos de defender a lo largo de todo el
desarrollo con opciones objetivas y subjetivas.

Si se tratase de un ensayo científico, tendríamos que exponer una


teoría o hipótesis que ofrece la solución a un problema para
posteriormente defenderla mediante la aportación de pruebas y
opciones 100% objetivas.

2. DESARROLLO DEL CUERPO


Esta parte abarcará el contenido principal del ensayo, los
argumentos que harán crecer la idea principal expuesta en la
introducción.
Una vez has captado la atención del lector con una idea de interés,
el siguiente paso será argumentar y plantear determinadas
cuestiones relacionadas, basándote en otras fuentes que pueden
ser: libros, revistas, entrevistas, medios digitales, etc.
El desarrollo del cuerpo, será la parte más extensa del ensayo,
representa un 80% del mismo, por lo que será necesario resumir
toda la información relevante que queramos exponer. No por ser
extensa debe resultar pesada, tenemos que intentar amenizarla
todo lo posible.
También el desarrollo, es el momento de darle forma a nuestras
opiniones y valoraciones personales sobre el tema

Es importante que todas las ideas que expongas estén entrelazadas


entre sí para que exista una coherencia.

Si fuese un ensayo argumentativo, nos tocará en el desarrollo,


defender la tesis inicial basándonos en nuestra propia opinión y
experiencia así como en otras afines, desmontando argumentos
contrarios.
3. CONCLUSIÓN
La conclusión será la parte final de tu ensayo que servirá para
reforzar la idea expuesta anteriormente. 
En esta parte se resumirán por un lado los argumentos expuestos
más relevantes y por otra, dejemos totalmente clara cuál es nuestra
postura final.
La conclusión debe de ser breve y concisa. Es la parte en la que te
reafir-marás de todo lo dicho.
Imaginemos que el ensayo ocupa una página. En este caso la
conclusión será de tres o cuatro líneas. Si fue más extenso llegando
a 20 páginas, se necesitará una conclusión de posiblemente dos o
tres páginas.

En uno argumentativo, se resumirán las ideas principales que


queremos queden grabadas en la mente del lector.

ANEXOS

La mayoría de los ensayos incluyen al final del libro una bibliografía,


una sección de recursos y/o unos anexos dónde el lector puede
ampliar la información o contrastarla.

EJEMPLO DEL ÍNDICE DE CONTENIDOS DE UN ENSAYO:

 Introducción: presentación del tema central o hipótesis que


se va a abordar, cómo e llegó a ella o porqué y la postura y
opinión del autor sobre la misma.
 Ángulo o Argumento #1: presentarlo y refutarlo con
investigaciones, entrevistas, casos, etc.
 Ángulo o Argumento #2. Idem
 Ángulo o Argumento #3: Idem
 (…)

 Conclusión
 Recursos/Anexos/Bibliografía 
Ejemplo de ensayo sobre el calentamiento global
(por Orlando Cáceres)
El fenómeno del calentamiento global debe ser un tema
de preocupación para los gobiernos de todos los países.
¿En qué consiste dicho fenómeno y por qué es grave? Se
trata del aumento de la temperatura media, en todo el
planeta. Esto incluye a la atmósfera terrestre y la de los
océanos.
Existen datos científicos suficientes que demuestran que
la temperatura está aumentando, y que, lo más grave, el
resultado de este aumento es el hombre y sus múltiples
actividades que sólo han deteriorado el medio ambiente.
El cambio climático y el efecto invernadero no son
consecuencias de la naturaleza. Es el resultado de la
actividad- desproporcionada- del ser humano
destruyendo, precisamente, a esa naturaleza.

ENSAYO

LA FILOSOFÍA POLÍTICA DE KANT

Se han preguntado, porque los pueblos viven lo que están viviendo en el presente,
con sus gobernantes con su política gubernamental con su seudo-desarrollo o
desarrollo estructural, con su visión como país que ha ocurrido en el pasado para
que hoy estemos como estemos? Mas alla de las guerras por expandir su territorio
creo que debió haber algo mas que haya impulsado a los gobernantes …. ¿Qué
fue ese algo?, entonces que paso en nuestro país, el Perù, que trajo como
consecuencia nuestra realidad de funcionarios corruptos no solo en este siglo sino
desde nuestra independencia con la venta de nuestro huano de islas, la Brea y
Pariñas venta de nuestro territorio en la frontera con el ecuador, las solicitudes de
refugiados políticos que siempre solicitaron nuestros gobernantes por corrupción y
demás acciones que solo iban y van en desmedro de nuestro desarrollo como
país.
Es por ello, que retrocedo en el tiempo y en esa búsqueda por encontrar la
respuesta me tope con el pensamiento de Kant, el mismo que posteriormente se
vio reflejado en los ideales de emancipación en norteamérica y en occidente,
plasmadas en la que considero su mejor obra ¿Qué es la Ilustración? escrita en el
año 1784 donde se aprecia su pensamiento político y emancipatorio de la época,
posteriormente reflejados en la declaración de Independencia de los Estados
Unidos de 1776, y los ideales de la Revolución Francesa de 1789, apreciándose la
riqueza del concepto de libertad, igualdad, valoración del individuo y ética
considerando al individuo, en cuanto sujeto moral autónomo.
Quiero resaltar que de estos ideales de Kant, la Etica, es el kid del problema del
Perù dado el conocimiento que tenemos a través del estudio de nuestra historia
que el Ministerio de Educación nos ha implantado desde niños, considero que la
ética debe ser el pilar no solo para los ciudadanos sino muy en especial para los
FUNCIONARIOS, que viven de la política como medio no de expresión de una
idea sino como un modus vivendi, es así que Kant propuso tres definiciones
respecto de este concepto: 1) Norma moral 2) La Polìtica 3) La Ley Jurídica.
De estos tres conceptos si tratamos de unirlos nos damos cuenta que la
política, si bien se desarrolla ante un público expresando sus ideas haciendo pleno
uso de su ejercicio de libertad de expresión deberia contener en primero lugar
respeto a los diferentes puntos de vista de los oyentes en aplicación a la normas y
a la moral, lamentablemente hablar de moral es algo subjetivo dado que para una
persona discrepar podría de manera agresiva podría ser una forma de expresión
para otra no, es por eso que interviene la ley que es la que se interpone a través
de la coacción que no es otra cosa que ejercer presión al ciudadano para que
respete las normas de convivencia, pero si esto fuera asi, porque nuestros
gobernantes en el Congreso de la República no son políticos, no respetan las
normas y finalmente no les importa la ley que ellos mismos han aprobado,
entonces uno analiza y se da cuenta que la política es solo un medio para dominar
conciencias rescrebrajando la moral de cada individuo, porque “el fin justifica los
medios”, no recuerdo haber escuchado un debate en el congreso de manera
alturada, no recuerdo haber visto verdaderos políticos que expresen su ideologías
con argumentos solidos que convensan a los otros grupos políticos, el problema
se agrava mas cuando entienden que el pensamiento de la mayoría es el
pensamiento de todos como se ha visto con el grupo parlamentario de
Fugimorismo y que ha ocasionado el alejamiento de muchos de sus congresistas y
de la misma manera con el partido de gobierno.
La ley jurídica, debe estar sujeta a la naturaleza racional del ser humano pues este
quien le da vida, lo que se confirma de esta manera la existencia de derechos
naturales, que serán el límite de la acción del Estado. Las relaciones entre los
individuos y, por lo tanto, la organización de la convivencia, tiene una naturaleza
racional, por lo que la ley jurídica no puede actuar en contra de esa naturaleza
entonces estamos hablando de un derecho fundamental que es el de expresión
pero, La libertad de expresión se entiende como fundamental en una democracia y
que las normas sobre la limitación a esta libertad deben significar que el debate
público puede no suprimirse por completo incluso en tiempos de necesidad debe
estar abierto en todo momento, en nuestro país el concepto de democracia es el
autogobierno de la gente y que para que un sistema así funcione, se necesita que
su población este informado y para estar apropiadamente informado, no debe
haber restricciones al libre flujo de información e ideas. Pero, la democracia no
será fiel a su ideal esencial si los que están en el poder pueden manipular al
electorado reteniendo información y reprimiendo las críticas, es decir una vilación
a las normas buscando la manipulación de la opinión con el oculto fin de
supuestamente beneficiar a la sociedad, pero entonces, esta trilogía de la que
habla Kant. Norma, política y ley, solo buscaría beneficar a ungrupo pequeño de
gobierno mas no a un pueblo, por lo tanto, la libertad de expresión actuaría como
una "válvula de seguridad" para desahogarse olvidándose que el principio de una
discusión abierta es un método para lograr una comunidad más adaptable y al
mismo tiempo más estable, para mantener el equilibrio precario entre la división
saludable y el consenso necesario, ademas recordemos que la oposición cumple
una función social vital para compensar o mejorar el proceso normal de deterioro
burocrático

Podemos apreciar de esta manera que la política antigua de kant dista mucho y se
entronca con la política moderna por lo tanto hay una naturaleza anterior a la
organización política que es la fuente de derechos universales contra los que no
se puede legislar por ser naturales y que actúan por sí mismos como principios de
organización de la vida política.
En Estado de naturaleza, los seres humanos se encuentran en una situación de
constante inseguridad, debido a las amenazas de otros que, por derecho natural,
siguen su propia voluntad sin tener en cuenta la voluntad de los demás. Viviendo
en familia o en pequeñas comunidades, los seres humanos se encuentran a
merced de las violencias de otros seres humanos ajenos a su comunidad. En el
interior del grupo hay normas de convivencia y una autoridad que sanciona su
incumplimiento. Pero no hay una autoridad que se imponga a todos los grupos
dispersos, por lo que no hay seguridad. Kant, afirma que El Estado civil,
instaurado mediante el contrato, supone la sumisión a una autoridad común, por lo
que pasa a ser el terreno de la seguridad y del derecho. En ese paso del Estado
natural al Estado civil no hay ruptura, para Kant, sino continuidad: mediante la
imposición de una autoridad común, los derechos naturales, que ya se poseían en
Estado natural, se pueden ejercer realmente con seguridad, pero, esto sería solo
una evolución del comportamiento social de las personas, adaptarse.
Kant concibe el contrato social como la condición que hace posible la instauración
del derecho público, por el que quedan garantizados los derechos naturales
admitiendo la existencia de un sólo derecho natural: el de libertad, del que derivan
todos los demás, los derechos civiles de igualdad y de autonomía. El derecho de
libertad, al tiempo que garantizado, queda limitado por el derecho de los demás,
según el acuerdo tomado por la voluntad pública, sin embargo, se debe reconocer
que el contrato social es un acuerdo realizado en el interior de un grupo por sus
miembros, como por ejemplo el que se adquiere en un Estado con relación a sus
derechos y deberes y los de sus ciudadanos; es parte de la idea de que todos los
miembros del grupo están de acuerdo, por voluntad propia, con el contrato social,
en virtud de lo cual admiten la existencia de una autoridad, de unas normas
morales y de unas leyes a las que se someten. El pacto social es una hipótesis
explicativa de la autoridad política y del orden social.
El contrato social, como teoría política, explica, entre otras cosas, el origen y el
propósito del Estado y de los derechos humanos, es decir, su escencia es la
siguiente: para vivir en sociedad, los seres humanos acuerdan un contrato social
implícito que les otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad de la
que dispondrían en estado de naturaleza. Siendo así, los derechos y los deberes
de los individuos constituyen las cláusulas del contrato social, en tanto que el
Estado es la entidad creada para hacer cumplir el contrato. Del mismo modo, los
seres humanos pueden cambiar los términos del contrato si así lo desean; los
derechos y los deberes no son inmutables o naturales, de otro lado, un mayor
número de derechos implica mayores deberes, y menos derechos, menos
deberes.

La idea de Kant era reducir a una única síntesis los dos elementos fundantes
procedentes 1) de las teorías liberales (los derechos individuales de libertad) y 2)
de las teorías democráticas (la soberanía de la voluntad colectiva), cosa que astra
la actualidad desde mi punto de vista no se ha podido realizar en ninguna de las
sociedades mas avanzadas, afirmo esto por la existencia eterna de la corrupción,
recordando que un mayor número de derechos implica mayores deberes, y menos
derechos, menos deberes.
Por tanto, ya que no hay una norma que regule la convivencia entre los seres
humanos, es necesario crear un orden artificial. Para ello, nadie puede quedarse
sin ninguna partícula de libertad, entendida esta como la posibilidad de hacer lo
que se quiera para conservarse, pues se retornaría al orden natural.
El nuevo orden social es un contrato por el cual los individuos renuncian a ser
naturalmente libres. Así, el poder debe ser absolute para evitar que los integrantes
de la comunidad se enfrenten, no renuncien a su libertad natural y se vuelva a la
naturaleza humana, lo indeal sería no pretender crear condiciones que eviten
enfrentamientos y que alguien mande a la fuerza. En el estado de naturaleza no
hay normas que indiquen el bien y el mal, que sí existen en el orden artificial, y
para establecer esas normas debe existir una autoridad que dirima sobre lo que
está bien y lo que está mal.
Lo que la razón dice que hay que omitir y lo que no hay que hacer es la ley
natural. Y la razón dice que hay que buscar la paz ya que es necesaria,
abandonando ese modo de organizarse en el estado de naturaleza. Cuando todos
estén dispuestos debe haber un pacto entre todos para buscar esa paz. Al aceptar
ese orden artificial que establece como necesario la ley natural, el derecho natural
es equivalente a la libertad total que cada hombre tiene de usar su poder.
Y es por consiguiente un precepto, o regla general de la razón, que todo hombre
debiera esforzarse por la paz, en la medida que espere obtenerla, y que cuando
no puede obtenerla, puede entonces buscar y usar toda la ayuda y las ventajas de
otros medios no tan convencionales, de cuya regla la primera opción es la mas
adecuada, que es buscar la paz y seguirla; la segunda, la suma del derecho
natural, que es defendernos por todos los medios que podamos. Por lo tanto, solo
se pide a los hombres que se esfuercen por la paz, que un hombre esté dispuesto,
cuando otros también lo están tanto como él, a renunciar a su derecho a toda cosa
en pro de la paz y defensa propia que considere necesaria, y se contente con
tanta libertad contra otros hombres como consentiría a otros hombres contra él
mismo.
https://www.webdianoia.com/moderna/kant/kant_fil_politica.htm
pero quien fue  Kant, en primero no es conocido como pensador político, solo
suele reconocido en base a sus críticas y es estudiado sobre todo en Metafísica,
Epistemología y Filosofía de la religión. En filosofía política no hay un lugar para
él, nunca escribio una obra grande y completa sobre teoría política, solo hizo sino
pequeños ensayos con su estilo de no fácil lectura, sus escritos los realiza casi
sobre los sesenta años. Sin embargo, es una aberración pensar que Kant se
preocupó de la política únicamente en la última década de su vida. Esto no es así,
y la prueba de ello es que se conocen notas donde sostuvo por largos años
preocupaciones teóricas sobre acontecimientos políticos y sobre teoría política en
general. La nota más remota data aproximadamente a 1760 cuando estudiaba
Rousseau y el derecho natural. Es importante considerar que el pensamiento
político kantiano se halla en total correspondencia con sus tesis epistemológicas y
éticas suscritas en las Críticas y, por lo tanto, están rigurosamente fundamentadas
por los límites acotados en ellas, y esto constituye en sí su mayor mérito.
 
Por otro lado, el pensamiento político de Kant está fuertemente influenciado por
dos hechos históricos propios de la época: la Revolución Francesa (1789) y la
Independencia de los Estados Unidos (1776). 

http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/mlopez2.html

No cabe duda de que el axioma político kantiano por excelencia es la identificación de Estado
como estado de derecho. Es en este aspecto que la dimensión jurídica alcanza su punto máximo,
en tanto la condición civil es pensada en términos jurídicos. La condición civil como Estado jurídico
se basa en los siguientes principios a priori: a) La libertad de cada miembro de la sociedad, en
cuanto hombre. b) La igualdad entre los mismos y los demás, en cuanto súbditos. c) La autonomía
de cada miembro de una comunidad, en cuanto ciudadano. Kant enfatiza que éstos no son dados
por el Estado ya constituido, sino que son principios por los cuales el Estado como Estado de
Derecho tiene existencia, legitimidad y efectividad. Profundizaremos a continuación en cada uno
de ellos. a) La libertad de cada miembro de la sociedad, en cuanto hombre El postulado de la
libertad 4 es tal vez una de las nociones más importantes de la cosmovisión kantiana. Tal
postulado no sólo es fundante para la vida moral, sino también y con la misma fuerza para la
dinámica jurídico-política. Una auténtica constitución debe partir de dicho axioma. En esta
perspectiva, el terreno de la libertad alcanza una pluralidad de matices: libertad de pensamiento,
de religión, etc. Con respecto a la constitución civil, Kant expresa formalmente el principio de la
libertad del siguiente modo: “Nadie me puede obligar a ser feliz según su propio criterio de
felicidad (tal como se imagina el bienestar de otros hombres), sino que cada cual debe buscar esa
condición por el camino que se le ocurre, siempre que al aspirar a semejante fin no perjudique la
libertad de los demás, para lograr así que su libertad coexista con la de los otros, según una
posible ley universal (es decir con el derecho de los demás)” (Kant, 1964, p. 159).
http://mininterior.gob.ar/asuntos_politicos_y_alectorales/incap/clases/Paper_Rossi_2.pdf

1. ¿Todavía Kant?

CONCLUSION

La visión kantiana de un orden internacional regido por la ley, capaz de


regular mediante el espíritu universalista de una federación mundial la
política interna de los Estados, es un referente clásico de la filosofía política
moderna para pensar el camino del género humano hacia el progreso, la
ilustración y la emancipación. Hoy en día, pese a algunos avances, tal visión
no puede más que estrellarse con la tendencia dominante del escenario
político actual, muy alejada del derecho cosmopolita y de la paz perpetua.

Nos encontramos ante el aparente predominio de un desorden mundial, en el que la


política unilateral de una superpotencia (los EUA) no sólo desafía las precarias
instituciones internacionales existentes (ONU y otras organizaciones) y sus
resoluciones oficiales, persiguiendo intereses políticos y económicos particulares y
excluyentes, sino que con su política contra-terrorista retroalimenta la polarización
política reproduciendo la confrontación fundamentalista, sin miras de largo plazo. Así,
en vez de encaminarnos a la kantiana ilustración y emancipación de la humanidad,
hacia la construcción de espacios mayores para libertad de los seres humanos, según
un ideal cosmopolita, tenemos frente a nosotros el choque entre fundamentalismos
contrapuestos, casi igualmente "bárbaros", que socavan cada vez más las vías
pacíficas, jurídicas, y en este sentido civilizadas, de la política.

A ello, además, hay que añadir la abrumadora presencia en la política internacional y


nacional de los poderes económico-financieros, determinantes para controlar los
nuevos recursos estratégicos de la era caracterizada por el proceso de
globalización.2 Los graves retos de la sociedad postindustrial y globalizada: la
desregulación económica, la desreglamentación del trabajo, la miseria, las
migraciones, las violaciones masivas de los derechos humanos deben vérselas con el
redimen-sionamiento de la soberanía estatal y la transformación del papel del
Estado,3 con la aparición de funciones de gobierno carentes de un órgano
gubernamental,4 la difusión de nuevas formas de organización de los poderes públicos
y para la producción de normas jurídicas.5 La política de nuestros días ha dejado de
estar centrada en lo estatal-nacional y rebasa las estructuras e instrumentos
tradicionales; sin embargo, aún carece de una nueva estructura de organización
institucional interestatal estable y eficaz, que supere los límites de las instituciones
estatales e internacionales existentes y promueva visiones constructivas, de largo
plazo y responsables; capaz, en suma, de "dar sentido y proyección a las promesas del
progreso, libertad y justicia" que el mundo en su conjunto se propuso mediante la
formación de la oNU al terminar la segunda Guerra Mundial.6

3. ¿Qué es la política en Kant?

5. ¿Qué "podemos esperar" hoy de la política?

Más allá del marco finalista y racionalista de la filosofía de la historia kantiana y ante el
cuadro inquietante de la situación política internacional antes esbozada, creemos
oportuno rescatar la inspiración realista y cosmopolita analizada, asumiendo para la
actualidad la democracia liberal como el equivalente funcional de la forma de gobierno
republicana promovida en ese entonces por el filósofo alemán.

Es una reflexión relevante y sugerente por su objetivo principal de apuntar a


las condiciones de posibilidad para la realización del proyecto ético-político; diseño que
sólo puede ser logrado a juicio del autor buscando el desarrollo de elementos morales
y factores jurídicos. La política en Kant se nos muestra como el ámbito de las
condiciones para la convivencia humana, orientada por la idea regulativa de la
emancipación de la humanidad en un orden cosmopolita, y basada en la existencia de
un orden coactivo legal y legítimo. En este sentido, la política dentro de los límites de
la razón culmina cierto desarrollo de la historia de humana en sociedad, a la vez que
es condición favorecedora de su continuación.

Notemos la profunda vinculación entre la concepción de la política como arte del orden
y del gobierno, de la sociabilidad y, por un lado, de la moral en tanto que aporta
elementos universales necesarios a la difusión del sentimiento del deber en los
hombres (en su interior); por otro lado, la estrecha relación entre política y el derecho,
en cuanto establece por medio del ordenamiento jurídico las condiciones de la
obligación externa. Con base en tales impulsos civilizadores ante la percepción
compartida de las condiciones de sufrimiento, los seres humanos toman (pueden
tomar) conciencia de las razones morales y jurídicas para introducir el cambio social.
Pueden poner límites a la insociabilidad, a sus efectos, mediante el derecho público
como expresión de "la voluntad legisladora en lugar de la multiplicidad conflictiva de
las representaciones privadas del derecho"89 y a través de aquel arte humano de
decidirse (cuando quieren) por la construcción (artificial) de estructuras civiles que
gobiernen las relaciones sociales. Así, moral y derecho juntos hacen comprensible el
paso del status naturalisa la societas civilis; las razones de la creación de la sociedad
política y su fundamento. La política kantiana abre la posibilidad a la conciliación (si
bien nunca estable ni definitiva) entre las tendencias pasionales y racionales en la
(insociable-) sociabilidad.

Así, la política se perfila primordialmente como el ámbito en el que la voluntad de los


hombres hace posible los pasos jurídico-institucionales para crear las condiciones de
convivencia en las que el género humano puede progresar de la brutalidad natural a la
humanidad, en la creación de una constitución o estructura social siempre más
adecuada a las "leyes de la libertad". Creación de instituciones, organizaciones y
normas a las que sujetarse para acotar los problemas de la insociabilidad: la lucha
social, la opresión, la guerra; en fin, para superar la incivilidad o las condiciones no
dignas de la convivencia humana. Una concepción que entonces audazmente propone
proyectos de construcción de andamiajes estructurales como alternativa tanto a la
política de potencia, autoritaria o despótica, como a la crisis del Estado y al desorden
global; una política como ámbito de las condiciones jurídico-institucionales de la
convivencia para la emancipación de los hombres, en el ámbito nacional e
internacional.

El eje central de su propuesta teórica es un orden compatible con el derecho y de ahí


con la ética. Por ende, una política no 'de potencia' (basada en la fuerza y la
imposición) o de la hostilidad (contraposición existencial), sino una política
cosmopolita, fundada en el derecho político (a nivel nacional) y derecho de gentes (a
nivel internacional),90 grandes avances en el proceso de ilustración. Es una concepción
de la política que pueda converger con la moral universalista (el respeto de los
hombres como fines en sí mismos). Pero tampoco reduce la política a la ética
(identidad de criterios), ni se le subordina a ella (idealismo, utopía). Más bien, como
tuvimos la oportunidad de analizar, se trata de una perspectiva que reconoce la
tensión problemática entre hechos y valores, así como entre orden, ley y arbitrio,
libertad.

Con Kant el problema de la política internacional es planteado en términos, novedosos


para su época, de tipo jurídico y político, señalando la estrecha interrelación entre la
política y el derecho nacional e internacional, la necesidad del fortalecimiento de las
organizaciones e instituciones internacionales para la afirmación del derecho público.
Para nuestros días, la propuesta cosmopolita de Kant centrada en el derecho y las
defensa de los derechos humanos como vía practicable para normar y producir un
orden, permite mirar al problema del nuevo ordenamiento mundial, ese gran reto de
nuestra política internacional, desde una perspectiva que privilegie la estrategia
jurídico-institucional de gobierno o governance mundial a nivel global. Esto es,
asumida globalmente, no para realizar abstractos ideales inalcanzables, sino para
hacer posible una política centrada en el derecho como vía para la paz y la defensa de
los derechos de las personas. Una labor que, reflexionando sobre la historia humana
con un realismo bien entendido (el de la kantiana "experiencia muy grande" de los
logros y los límites, de las "posibilidades" y lo "necesario"), procure los proyectos (los
"conceptos correctos") que conduzcan ("buena voluntad") a lo razonable y conveniente
en materia de convivencia: a la asunción de la necesidad y del deber de crear un orden
jurídico, nacional e internacional, con sólida orientación cosmopolita.91 Un
ordenamiento capaz de orientar la variedad de estatutos y arbitrajes del actual des-
orden espontáneo global.92

Es una visión de lo posible y razonable, centrada en la construcción de estrategias


capaces de redimensionar la "insociabilidad", tanto aquella relativa a los Estados como
a los nuevos poderes intermedios o particulares del mundo global, y su libertad
salvaje: que logre marginar la política de potencia y relativizar las políticas
fundamentalistas y del terror; superar la anomia global, redefinir lo público y la
seguridad a través de normas; oponer a la desigualdad y negación de los derechos
humanos fundamentales la afirmación de la igualdad de los hombres en dignidad y
derechos, lo que es la base de la democracia93 y de su deseable fortalecimiento en el
horizonte global.

Una política, en suma, que intente ponerse a la altura de los avances y retos de la
historia.

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-02182006000200008

2. Consecuencias del principio kantiano de  representación para


la noción del "consentimiento a las leyes "

Hemos señalado que el análisis de la definición kantiana de la libertad como capacidad


del ciudadano de "no obedecer a ninguna otra ley más que a aquella a la que ha dado
su consentimiento" exige considerar en detalle de qué manera entiende Kant la idea de
un consentimiento a las leyes o, en otras palabras, qué consecuencias tiene, para el
filósofo, la exigencia de que las leyes públicas deban fundarse en la voluntad
legisladora de los individuos que integran la sociedad civil4. Lo primero que ha de
establecerse es si esta voluntad legisladora se expresa o no de manera directa e
inmediata en el proceso legislativo, lo cual exige considerar de qué manera entiende
Kant el principio de representación.
En el §46 de los Principios metafisicos de la doctrina del derecho, el filósofo afirma que
"el poder legislativo solo puede corresponder a la voluntad unida del pueblo" (Kant, Ak.
VI, 313). Sin embargo, la tarea legislativa no compete, en sentido estricto, di
pueblo, sino a sus representantes. Haciendo referencia a las características propias de
la forma republicana de gobierno (considerada por Kant como la única forma legítima
de gobierno), el autor establece que "toda verdadera república es -y no puede ser más
que- un sistema representativo del pueblo, que pretende, en nombre del pueblo y
mediante la unión de todos los ciudadanos, cuidar de sus derechos a través de
delegados" (Kant, Ak. VI, 341)5. Kant considera que Informa republicana de gobierno
es incompatible con el régimen democrático, porque en este último -al ser
administrado el gobierno por el pueblo en su totalidad- no puede darse el principio
básico del republicanismo, a saber, el principio de representación:

"De las tres formas de Estado, la democracia es, en el sentido propio


de la palabra, necesariamente un despotismo, porque funda un
poder ejecutivo donde todos deciden sobre y, en todo caso, también
contra uno (quien, por tanto, no da su consentimiento), con lo que
todos, sin ser todos, deciden; esto es una contradicción de la
voluntad general consigo misma y con la libertad" (Kant, Ak. VIII,
352).

Dado que el gobierno republicano no exige una determinada/or/wa de


soberanía, aquél podría darse tanto en un régimen autocrático como en un régimen
aristocrático; sin embargo, no podría darse en un régimen democrático, pues el
republicanismo es -como acabamos de indicar- una forma representativa de gobierno,
y la democracia -tal como Kant la entiende (es decir, como democracia directa)- no da
cabida al principio de representación (Kant, Ak. VIII, 353). Más aún: el autor considera
que cuanto menor sea el número de individuos que ejercen el poder en el Estado,
mayor será el grado en que pueda verse representada la voluntad del pueblo y
mayores serán, entonces, las posibilidades de alcanzar un gobierno republicano.

En síntesis, Informa de soberanía no es lo decisivo para que un Estado pueda ser


gobernado conforme a los principios del republicanismo, y dado que "el pueblo tiene
más interés [...] en el modo de gobierno que en la forma de Estado" (Kant, Ak. VIII,
353), "mandar autocráticamente y, pese a ello, gobernar de un modo republicano, es
decir, con el espíritu del republicanismo y por analogía con él, es lo que hace a un
pueblo sentirse verdaderamente satisfecho con su constitución" (Kant, Ak. VII, 87)6.

Estas observaciones permiten constatar que la idea kantiana del consentimiento a las


leyes no implica una participación directa de todos los individuos que integran la
comunidad en el proceso legislativo. Tampoco la noción de voluntad general implica
-en el marco del pensamiento político kantiano- un compromiso con los principios
democráticos que Rousseau deduce de esa idea7. Si bien Kant invocará, en sus
escritos, el concepto rousseauniano de voluntad general, reconociéndolo como un
principio fundamental de toda constitución política legítima, no asumirá, sin embargo,
las consecuencias radicales que el ginebrino deduce de esta idea. En efecto, Kant
concibe la voluntad general como una suerte de ideal regulativo, esto es, como un
principio que no implica la adopción de determinados procedimientos legislativos, ni
supone convocar a todos los miembros de la comunidad para la elaboración de las
leyes públicas. También, en sentido puramente formal, invoca Kant otro de los
principios fundamentales del pensamiento rousseauniano, a saber: la idea de contrato
social:

"Mas he ahí un contrato originario, el único sobre el que se puede


fundar entre los hombres una constitución civil, legítima para todos
sin excepción, el único sobre el que se puede erigir una comunidad.
Pero respecto de este contrato [...], en tanto que coalición de cada
voluntad particular y privada, dentro de un pueblo, para constituir
una voluntad comunitaria y pública (con el fin de establecer una
constitución, sin más, legítima), se trata de una mera idea de la
razón que tiene, sin embargo, su indudable realidad (práctica), a
saber, la de obligar a todo legislador a que dicte sus leyes como si
éstas pudieran haber emanado de la voluntad unida de todo un
pueblo, y a que considere a cada subdito, en la medida en que éste
quiera ser ciudadano, como si hubiera expresado su acuerdo con una
voluntad tal. Pues ahí se halla la piedra de toque de toda ley pública"
(Kant, Ak. VIII, 297).

Estas observaciones permiten afirmar que las ideas de voluntad general y


de contrato no implican, en este marco, el reconocimiento de derechos inalienables del
pueblo, sino que son asumidas, en todo caso, como criterios que permiten al legislador
dictar leyes tales que hubiesen podido ser aceptadas por la voluntad unida de todo un
pueblo:

"Si una ley es de tal índole que resultara imposible a todo un pueblo
otorgarle su conformidad [...], entonces no es legítima; pero si es
simplemente posible que un pueblo se muestre conforme con ella,
entonces constituirá un deber tenerla por legítima, aun en el
supuesto de que el pueblo estuviese ahora en una situación o
disposición de pensamiento tales que, si se le consultara al respecto,
probablemente denegaría su conformidad" (Kant, Ak. VIII, 297).

Para que una ley sea considerada legítima (y pueda reclamar el consentimiento de
aquellos que se someten a ella), no es preciso que sea el pueblo reunido en asamblea
quien dicte tal ley, ni tampoco es necesario que éste preste su consentimiento
efectivo: si una ley es de tal índole que resulte imposible que todo un
pueblo pueda otorgarle su aprobación, entonces no es legítima pero con que sea solo
posible que alguna vez el pueblo prestara su conformidad a dicha ley establecida,
entonces ésta puede ser considerada justa (y el derecho de juzgar acerca de
tal posibilidad no compete, según Kant, al pueblo sino al propio legislador, como
veremos en el siguiente apartado).

A partir del análisis precedente, podemos concluir que, pese a su reivindicación de las
ideas rousseaunianas de voluntad general y de contrato, Kant atribuye a esas ideas un
sentido formal, al concebirlas como principios regulativos reservados para uso
discrecional del legislador8. Quienes suscriben una interpretación "en clave
republicana" del pensamiento político kantiano suelen desatender el sentido puramente
formal en que Kant se apropia de las ideas políticas de Rousseau; y en lo que respecta
puntualmente a la definición kantiana de la libertad como capacidad de no obedecer a
ninguna otra ley más que a aquella a la que ha dado su consentimiento, no reparan en
el hecho de que el consentimiento del individuo respecto de las leyes no implica una
participación directa del pueblo en el procedimiento legislativo. Si se considera, por
otra parte, que los subditos no tienen medios de oponer resistencia legítima a las leyes
establecidas (aun cuando no pudiesen prestar consentimiento a dichas leyes), es
forzoso reconocer que la adscripción de Kant a las filas del republicanismo resulta,
cuanto menos, problemática.

5. Algunas consideraciones finales

El análisis precedente ha intentado mostrar que, si bien la definición kantiana de la


libertad como capacidad de obedecer solo a aquellas leyes a las que se ha dado
consentimiento evoca principios fundamentales de la tradición republicana -tales como
los de autonomía, autogobierno y autolegislación- el análisis de la posición asumida
por Kant ante el problema de la representación, el problema de la resistencia a la
autoridad y el problema de la extensión y los límites del derecho de
ciudadanía, permiten afirmar que el filósofo se aparta de la tradición republicana en
aspectos verdaderamente decisivos. Siendo principios fundamentales de esta tradición
la idea de una ciudadanía directamente comprometida en los avatares de la vida
política, la concepción de la ley como garantía última de la libertad y el rechazo de
toda sumisión a un poder despótico (Cf. Béjar 2000, pp. 99ss.), la interpretación del
pensamiento político kantiano como expresión del ideario republicano resulta
ciertamente problemática.

Por cierto, nuestra breve reflexión acerca de la concepción kantiana de la libertad


política no pretende agotar la importante discusión acerca de la filiación de Kant con
las corrientes liberal y republicana, sino que se limita simplemente a poner de relieve
las tensiones que atraviesan el pensamiento político del filósofo alemán. Considerado
por muchos como el filósofo de la libertad, Kant ha sido un promotor de la obediencia
absoluta a la autoridad constituida19. Celebrado como un defensor de la soberanía del
pueblo, ha condenado la democracia, considerándola como una forma de despotismo.
Recordado como un promotor de la libertad en tanto derecho originario del hombre, ha
restringido el derecho de ciudadanía a aquellos que poseen propiedad.
Indudablemente, el reconocimiento de estas tensiones no implica negar los valiosos
aportes que Kant realiza en el campo de la filosofía política, ni subestimar la influencia
de su filosofía práctica para el desarrollo del pensamiento político moderno y
contemporáneo. En todo caso, las tensiones y paradojas implicadas en su reflexión
política pueden ser consideradas como un signo inequívoco de su complejidad y su
riqueza inagotable.

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-43602009000100002

Descubrimos que el pensamiento político de Kant  no se encuentra


recogido de manera sistemática en grandes tratados de erudición y
reflexión, como  ocurre con sus reflexiones sobre epistemología, ética o
moralidad, debido a que entendía que el pensamiento político y social
debía ser una reflexión transversal a todas ellas.

Para Kant  la epistemología, la ética, la moral y la política, no podían ser


entendidas como esferas completamente separadas.
Existían constantes y profundas relaciones entre ellas,  cualquier
situación que afectara a una de ellas tenía importantes efectos sobre las
otras.

¿Por qué la interpretación posterior del autor apostó por separar y


diferenciar dichas esferas de pensamiento? ¿Por qué el pensamiento
político kantiano ha sido eclipsado por sus reflexiones
epistemológicas y éticas?  ¿Por qué el pensamiento kantiano no se
nos muestra como referente? (lo que si ocurre con su pensamiento en
epistemología y en ética)…

Un Estereotipo Engañoso..

Históricamente, Kant ha sido  definido como el modelo del filósofo


teórico que se dedicaba a reflexionar sólo en su despacho. Aquel
pensador que vivía en las nubes y que no tenía ningún contacto con
la realidad…

Haber nacido en la pequeña ciudad prusiana de Königsberg (actual


Kaliningrado), lugar del que nunca salió, su férrea fe pietista y el hecho
que toda su vida la haya dedicado a la labor académica e intelectual,
han servido para reforzar esta idea y alimentar la leyendade que
Kant era un frío y oscuro profesor que vivía en una dimensión
paralela que él había creado con su pensamiento….

Existen muchas anécdotas que han servido para reafirmar esta


descripción de Kant. Quizás la mas conocida era aquella relacionada con
su puntualidad…

Según los relatos de la época, Kant tenía su vida cotidiana organizada


al segundo, de manera que desarrollaba todas sus rutinas (despertar,
levantarse, comer, ir a la universidad, horarios de clases, lectura
escritura, etc.) a la misma hora todos los días..

En concreto, se decía que todos los días, sin importar el clima que
hubiera, realizaba un paseo por la ciudad que comenzaba a las 5 de la
tarde. Momento que aprovechaban los vecinos para poner en hora sus
relojes…

Ahora bien, ¿cómo es posible que el pensamiento de un autor de este


tipo resulte fundamental para el pensamiento occidental? ¿por qué
Kant ha tenido tanta influencia en nuestra vida y en nuestra
sociedad?…

Desde nuestro punto de vista,  este hecho, la reconocida influencia de Kant


en el pensamiento posterior, nos indica que él era algo más que frío y
monótono profesor de filosofía que no era capaz de ver más allá de la
ventana, de su aula o de sus lecturas.

Kant era ante todo un hijo de su tiempo, un pensador comprometido


con una revolución  intelectual, social y personal de la que era parte…
Aunque no siempre se le ha reconocido esta condición…

Fue uno de los pensadores más importantes de la Ilustración… Fue


la persona que nos enseñó qué significó ese movimiento intelectual
político y social.

Kant fue el primero en decir en voz alta, de manera contundente, que el


futuro de la humanidad sólo podía ser escrito por un agente… El Ser
Humano (la Persona).

¿EXISTE ESTADO DE
DERECHO EN EL PERÚ?
Al asumir la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia,
el Dr. Duberly Rodríguez, afirmó que el Poder Judicial
forma parte esencial del Estado, y que para asegurar una
democracia como la nuestra es fundamental el respeto y
el equilibrio con los otros poderes del Estado. Solo así se
propiciará el desarrollo y bienestar de todos los peruanos
y alcanzar la seguridad jurídica de un país viable y
moderno.
En teoría estos conceptos suenan bien y abren un camino
de esperanza; pero en la práctica son una falacia, ya que
la opinión pública no cree en ello. Tenemos tres ex
presidentes de la República directamente cuestionados
por el caso Lava Jato, por los escandalosos contratos
millonarios producto de un sistema de corrupción de
alcance mundial, que podrían incluir al actual jefe de
Estado.
Hoy el país lamentablemente desconfía del Poder Judicial
y del Ministerio Público. Las bandas criminales
organizadas —como los “Monos de Quepepampa”, los
“Patrones del Norte” y muchas otras— son liberadas con
fallos judiciales que causan espanto en la opinión
pública. Sin embargo, existen miles de hombres y
mujeres de a pie actualmente encerrados en las cárceles
del país en espera de su juzgamiento, sin que poco o
nada se haga para solucionarles su situación.
El nuevo presidente de la Corte Suprema reconoció que
la justicia oportuna produce tranquilidad, seguridad y
sosiego, y que asegura la tranquilidad social. Sin
embargo vivimos en una sociedad convulsionada, que
con justa razón se indigna cuando algunas de sus
autoridades son acusadas de millonarios actos de
corrupción; y que aprovechándose de vacíos legales
salen indemnes o, en el peor de los casos, fugan del país
sin que jueces ni fiscales hagan algo para impedirlo. Eso
ha pasado ya en los casos de Nadine Heredia y Alejandro
Toledo. ¡Algo realmente escandaloso!
Recientemente fue liberado el grueso de los detenidos
que agredieron a la policía en las manifestaciones de
Puente Piedra. Y el propio ministro del Interior, Carlos
Basombrío, afirmó que aquí en el Perú no pasa nada y
que la delincuencia hace lo que le da la gana. El Poder
Judicial, que debiera ser el garante de los derechos
fundamentales de las personas y el contrapeso de los
otros poderes del Estado, actualmente no cumple con
dichas funciones debido a que cuenta con muy pocos
magistrados preparados, capacitados y con sólidas bases
éticas y morales.
Para que esto ocurra, es fundamental crear o modificar
en el Congreso las leyes que aseguren una correcta
conformación del Consejo Nacional de la Magistratura
(CNM), para asegurar una eficaz y eficiente selección de
jueces y fiscales a los que se les puedan asignar las
funciones del Órgano de Control de la Magistratura,
actualmente a cargo del Poder Judicial (lo que, en la
práctica, lo convierte en “juez y parte”). Eso sí, con una
correcta asignación presupuestal, pues se constituirán
en una de las bases en que se soportará la justicia en el
Perú.
El personal judicial resulta hoy insuficiente para brindar
el soporte procesal debido al incremento de la carga. Sin
embargo, existen expertos en reingeniería de procesos
que pueden ayudar mucho en este aspecto. Esto, aunado
a una infraestructura judicial moderna y funcional,
permitiría una correcta administración de justicia que
termine con las enormes rumas de expedientes, que hoy
duermen el sueño del justos en las dependencias
judiciales.
Si no mejoran estas condiciones en el Poder Judicial y el
Ministerio Público, la desconfianza de los ciudadanos en
la justicia irá en aumento. Y el actual estado de derecho
se verá afectado, restándole posibilidades al Perú, en el
contexto internacional, de mostrarse como una nación
moderna, próspera y democrática. Una aspiración justa
de todos los peruanos.
https://elmontonero.pe/columnas/existe-estado-de-derecho-en-el-peru

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