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Bahamut

(Tomado del Libro de los seres imaginarios de Jorge Luis Borges)

La fama de Bahamut llegó a los desiertos de Arabia, donde los hombres alteraron
y magnificaron su imagen. De hipopótamo o elefante lo hicieron pez que se
mantiene sobre un agua sin fondo y sobre el pez imaginaron un toro y sobre el toro
una montaña hecha de rubí y sobre la montaña un ángel y sobre el ángel seis
infiernos y sobre los infiernos la tierra y sobre la tierra siete cielos. Leemos en una
tradición recogida por Lane:

«Dios creó la tierra, pero la tierra no tenía sostén y así bajo la tierra creó un ángel.
Pero el ángel no tenía sostén y así bajo los pies del ángel creó un peñasco hecho
de rubí. Pero el peñasco no tenía sostén y así bajo el peñasco creó un toro con
cuatro mil ojos, orejas, narices, bocas, lenguas y pies. Pero el toro no tenía sostén
y así bajo el toro creó un pez llamado Bahamut, y bajo el pez puso agua, y bajo el
agua puso oscuridad, y la ciencia humana no ve más allá de ese punto.»

Otros declaran que la tierra tiene su fundamento en el agua; el agua, en el peñasco;


el peñasco, en la cerviz del toro; el toro, en un lecho de arena; la arena, en Bahamut;
Bahamut, en un viento sofocante; el viento sofocante, en una neblina. La base de la
neblina se ignora.

Tan inmenso y tan resplandeciente es Bahamut que los ojos humanos no pueden
sufrir su visión. Todos los mares de la tierra, puestos en una de sus fosas nasales,
serían como un grano de mostaza en mitad del desierto. En la noche 496 del libro
de Las Mil y Una Noches, se refiere que a Isa (Jesús) le fue concedido ver a
Bahamut y que, lograda esa merced, rodó por el suelo y tardó tres días en recobrar
el conocimiento. Se añade que bajo el desaforado pez hay un mar, y bajo el mar un
abismo de aire, y bajo el aire, fuego, y bajo el fuego, una serpiente que se llama
Falak, en cuya boca están los infiernos.

La ficción del peñasco sobre el toro y del toro sobre Bahamut y de Bahamut sobre
cualquier otra cosa parece ilustrar la prueba cosmológica de que hay Dios, en la
que se argumenta que toda causa requiere una causa anterior y se proclama la
necesidad de afirmar una causa primera, para no proceder en infinito.