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UNIVERSIDAD NACIONAL DEL ALTIPLANO

ESCUELA DE POSTGRADO
MAESTRIA EN ADMINISTRACION Y CIENCIAS CONTABLES

MENCION: GESTION EMPRESARIAL

ARTICULO

AUTONOMIA DEL DERECHO COMERCIAL

PRESENTADA POR:

JESSICA VANESSA FLORES CASTRO


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PUNO- PERU

2019
INTRODUCCION iii

¿Cuándo una rama del Derecho es autónoma respecto a las restantes? Este tema no es exclusivo
del Derecho comercial. Se plantea respecto a otras ramas del Derecho. Dentro del mismo Derecho
comercial, para ciertas regulaciones especiales como las relacionadas con la navegación marítima
y la aérea o la actividad bancaria, se ha pretendido también atribuirles autonomía.

En doctrina los autores que tratan el tema no siempre usan la terminología con el mismo sentido.
Hay distintos significados de autonomía: autonomía didáctica, autonomía legislativa y autonomía
jurídica, también denominada científica o dogmática. Existe autonomía didáctica cuando un
conjunto de normas es motivo de una enseñanza separada.

Se dice que una rama de Derecho tiene autonomía legislativa, cuando sus normas integran un
conjunto orgánico con independencia formal. Así, por ejemplo, tienen autonomía legislativa las
normas que integran un código. Tiene autonomía jurídica o científica, el conjunto de normas regido
por principios que le son propios. Con otras palabras, una rama del Derecho es autónoma cuando
sus normas deben ser integradas a la luz de principios jurídicos que le son exclusivos y sirven,
precisamente, para diferenciarla del resto de las ramas del Derecho que, o bien reconocen
principios generales comunes o bien reclaman para sí mismas, también, este carácter de autonomía
jurídica.

Manejando estos conceptos podemos llegar a algunas conclusiones preliminares.


En primer lugar, cuando entre dos ramas del Derecho hay autonomía científica debe haber
autonomía legislativa; porque nada justifica unir en un solo cuerpo formal, normas con principios
jurídicos opuestos. Una rama del Derecho puede pretender autonomía legislativa y puede resistirse
lógicamente a una unificación cuando la autonomía científica exige la separación.

En segundo lugar, cuando no existe autonomía científica podrá haber o no, autonomía legislativa.
Ello dependerá de otro factor: de las necesidades de sistematización. De manera que la separación
en cuerpos formalmente separados puede obedecer simplemente a razones de sistematización. En
otras palabras, pueden existir principios generales comunes para ciertas ramas del Derecho y no
obstante convenir que se manejen como cuerpos separados por razones de orden y sistema.

La autonomía didáctica obedece exclusivamente a necesidades de sistematización.


Ya hemos visto que el Derecho comercial es un conjunto de normas que se aplica a un determinado
sector de la actividad económica: la actividad comercial y a los comerciantes que la ejercen, y a
ciertos bienes afectados a esa actividad. Regula relaciones jurídicas entre particulares y de éstos
con los bienes, de la misma manera que el Código civil. De manera que el Derecho civil y
comercial son dos sectores del Derecho privado que regulan relaciones entre particulares y de
particulares con bienes.
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LA AUTONOMÍA DEL DERECHO COMERCIAL


Fundamentos de la autonomía del derecho comercial:
La existencia del derecho mercantil como disciplina autónoma responde a la necesidad de
que existen reglas jurídicas más simples y al mismo tiempo más rigurosas que las del
Derecho Civil, dada la celeridad y multiplicidad de las relaciones de cambio, el
enlazamiento de una operaciones con otras la naturaleza de ciertos bienes, como los títulos
de crédito o títulos valores, las especiales relaciones societarias, como las sociedades
anónima, o de ciertas actividades, como el comercio marítimo; de determinadas
operaciones de banca y bolsa , de seguros, transportes, etc. ,. El Derecho Comercial en sus
orígenes fue un derecho excepcional, compuesto con pocas normas que
permitieron un mayor desarrollo del comercio, pero más adelante esas normas consideradas
excepcionales llegaron a multiplicarse a tal extremo que incluso llegaron a regular
completamente ciertos institutos surgidos en la actividad mercantil, sin conexión alguna
con el derecho Civil, por ello el Derecho Mercantil logró autonomía y fue legislado aparte
del derecho común. Desde el punto de vista doctrinal, es evidente que el Derecho
Mercantil, ha conservado siempre su carácter de rama desgajada del tronco común del
Derecho privado por obra de la necesidad de adaptar el Derecho Civil a las
exigencias del tráfico mercantil. Por esta razón, en el aspecto técnico no ha podido nunca
el Derecho mercantil emanciparse del derecho civil.

Las exigencias económicas, que antes fueron peculiares del comercio y de los
comerciantes, se ha extendido a otros sectores de la sociedad, por lo mismo que las
operaciones tradicionalmente llamadas mercantiles se han hecho patrimonio común de
todos los ciudadanos

EL DERECHO COMERCIAL HASTA EL PRESENTE:


Recordemos aquí que el Derecho Comercial es una “categoría histórica”, aparecida en
Occidente a fines de la Edad Media, que implica un proceso constante que ha llevado a la
aplicación de una ley especial, diferente a la ley ordinaria o civil, a ciertas personas y/o
bajo ciertas situaciones.
Para ello el Derecho Comercial está integrado por dos clases de normas: las “delimitativas”
y las “prescriptivas”.
Las normas “delimitativas” son las que disponen en qué casos se aplica la ley comercial.
Son ejemplos de ellas las calificaciones como “actos de comercio” (art.8 cod.com.),
“comerciante” (art.1º cod.com.), “sociedad comercial” (art.1º ley 19.550) y los
presupuestos descriptos por el código de comercio derogado para aplicar la ley comercial
a ciertos contratos civiles.
Por su lado, las normas “prescriptivas” son las que disponen cuáles son las consecuencias
de aplicar la ley comercial, las que fundamentalmente consisten en:
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a) la imposición de un estatuto especial a los comerciantes (art.33 cod.com.) consistente en


exigencias en materia de “registro mercantil” (identificación, capacidad y publicidad),
“contabilidad legal” (información general sobre sus negocios) y “rendición de cuentas
(información específica), como así para someterlos a un régimen de presupuestos
especiales para el concurso preventivo (exigencias contables) y responsabilidades
agravadas;
b) la aplicación de “soluciones distintas” (comerciales) a ciertas obligaciones y contratos
(arts. 207 en adelante del cod.com.);
c) el sometimiento a la jurisdicción mercantil (art.6º cod.com.), o sea a tribunales
diferenciados (que busca la especialización).
Hoy el Derecho Comercial comprende básicamente la regulación: a) de los sujetos
mercantiles (comerciantes, auxiliares, sociedades), con sus particulares estatutos
(contabilidad, publicidad, transparencia, etc.); b) de los hechos, actos, contratos,
instrumentos y tecnologías relativos principalmente a la interposición lucrativa en los
cambios, al crédito, a las ofertas al público y a la captación de recursos de éste, y a la
navegación en todas sus formas; c) de las empresas con fin de lucro, sus actos internos,
externos, elementos materiales e inmateriales, y en particular de los bancos y compañías
de seguros; d) de la insolvencia civil y comercial, su prevención, tratamiento y efectos; y
e) del mercado y de las instituciones regulatorias o vinculadas a su funcionamiento (registro
público de comercio, autoridades de contralor societario, bolsas de comercio, Comisión
Nacional de Valores, Banco Central, Superintendencia de Seguros, etc.), pero en estos
casos limitada a su impacto sobre los sujetos y actividades mercantiles ;
En cuanto a sus funciones, tanto en su historia como en la actualidad, el derecho comercial
está llamado a cumplir dos objetos fundamentales: por un lado, brindar un marco legal que
promueva y facilite los negocios brindando celeridad, simplicidad, pronto finiquito,
estabilidad y seguridad a los intercambios y demás operaciones comerciales, como así
promoviendo y tutelando el crédito, los instrumentos financieros, la circulación de la
riqueza, la acumulación de capitales, la limitación de los riesgos y la creación y
conservación de empresas, de sus elementos materiales e inmateriales.
Por el otro, y como contrapeso, tiene la misión de fijar los límites a la actuación de los
sujetos y actividades comerciales.
En primer lugar, mediante la prevención, que resulta de la imposición de determinadas
cargas y obligaciones (contabilidad, publicidad, registro, tipicidad, transparencia,
profesionalidad, rendición de cuentas, obligación de expedirse, veracidad y buena fe) y de
ciertos controles (autorizaciones y fiscalizaciones).
Y, en segundo término, mediante la represión de las inconductas con nulidades,
responsabilidades especiales, ceses compulsivos, clausuras, quiebras, sanciones penales y
por los mecanismos de defensa de la competencia y del consumidor.
Todo ello en tutela, no solo de la honestidad y buena fe entre comerciantes y ente éstos y
terceros, sino también de la sociedad toda frente al enorme poder político y social que
confiere el poder económico a sus operadores.
Como veremos seguidamente, si bien en el nuevo Código aparentemente se habrían
unificado a los sujetos, a las obligaciones y a los contratos sin distinguir entre “civiles” y
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“comerciales”, en la realidad subsiste un régimen diferenciado que implica la vigencia


actual del Derecho Comercial bajo otras pautas y, en algunas áreas, con mayor fortaleza.

SITUACIÓN EN LATINOAMÉRICA

En los países latinoamericanos se produce un fenómeno similar al anotado en Europa. Se


mantienen Códigos de comercio, en general inspirados en el francés y demás europeos que
le siguieron. También, comenzó la tendencia de dictar leyes separadas, derogatorias o
complementarias del Código, entre las cuales algunas implementan un régimen común para
civiles y comerciantes.
En México al lado del Código de Comercio promulgado en 1889 y vigente desde 1890, se
han dictado leyes separadas: de títulos y operaciones de crédito en 1932, de sociedades
mercantiles en 1934, sobre contrato de seguros en 1.935, de quiebras en 1942, y de
instituciones de crédito en 1941.
En Brasil se dictaron múltiples leyes que reformaron el Código de comercio en materia de
sociedades anónimas, operaciones de bolsa, quiebra, letras de cambio y cheques, propiedad
industrial, etcétera, hasta que recientemente se unificó el Derecho civil y comercial en un
único Código civil.
En nuestro Derecho y en el argentino, se sancionaron Códigos de comercio en que se
disciplinaron, a la vez, los actos de comercio y profesiones comerciales, con un criterio
predominantemente objetivo. En ambos países se han dictado sucesivas leyes
modificatorias. En Argentina se han dictado normas sobre títulos de crédito, sociedades
comerciales y concursos que desgajan importantes capítulos del Código de comercio.
La evolución en nuestro país sigue una tendencia similar. Se mantiene el Código de
comercio pero se han dictado leyes separadas sobre cheques, sobre títulos valores, sobre
sociedades comerciales, sobre entidades de intermediación financiera y sobre mercado de
valores, sobre prenda agraria y prenda industrial, por citar algunas.
Cabe agregar que en algunos estados latinoamericanos se han dictado nuevos Códigos de
comercio. Así, por ejemplo, en Colombia se dictó un Código de comercio en el año 1971
con muchas novedades1[14]. En Bolivia se sancionó un Código de comercio en el año
1978.
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CONCLUSIONES.

El derecho comercial es autónomo porque tiene sus propias normas entre las cuales
podemos citar el Código de Comercio de 1902, la Ley General de Sociedades contenida en
la Ley 26887, la Ley de Títulos Valores contenida en la Ley 27287, la ley de bancos
contenida en la ley 26702, la ley de mercado de valores, la ley general del sistema
concursal, la ley de la empresa individual de responsabilidad limitada, entre otras, y
también goza de autonomía porque existen cátedras dedicadas al estudio del derecho
comercial.
No se puede dudar de la autonomía sustancial del derecho comercial. En primer lugar,
porque desde sus orígenes se presentó como una “categoría histórica” que apareció en la
Edad Media, que condujo a la aplicación de una ley especial, diferente a la ley ordinaria o
civil. En la actualidad, no hay dudas de que el fenómeno económico requiere
inevitablemente de una disciplina jurídica especial y diferenciada, con criterios y métodos
de investigación propios.

De todo ello resulta que, a pesar de la supresión “nominal” de lo mercantil en el nuevo


Código, que crea una apariencia derogatoria, la realidad sustantiva es que su “materia” ha
permanecido y, en muchos campos, se ha extendido, manteniéndose sus diversas
“autonomías” a saber:
La “Autonomía Científica” que resulta del mantenimiento de sujetos diferenciados
(empresarios, cuasi empresarios, auxiliares de comercio, sociedades y demás personas
jurídicas privadas), sometidos a un estatuto especial (contabilidad, registración y, en
algunos casos, fiscalización) y de soluciones legales diferentes para algunos casos
(prevalencia de reglas comerciales en los contratos unificados), sin perjuicio de la
extensión de soluciones comerciales a relaciones antes civiles (representación, rendición
de cuentas, arbitraje, etc.).
La “Autonomía Docente” como necesaria consecuencia de la autonomía científica en
tanto implica mantener un objeto de estudio diferenciado del civil, con principios, reglas
y características propias.
La “Autonomía Legislativa” del Derecho Comercial, que si bien se pierde en cuanto a las
materias incorporadas al nuevo Código sí se conserva intacta en las leyes comerciales no
codificadas cuya vigencia se mantiene expresamente.
Por último, no existen óbices legales para el mantenimiento de la “Autonomía
Jurisdiccional”, sea nacional y/o local, del “Derecho Comercial”.
Sin perjuicio de ello, el aludido “prejuicio nominalista” exigirá al intérprete, en algunos
casos, investigar sobre el régimen (comercial o civil) aplicable a un sujeto deterinado o a
un contrato concreto y sobre sus consecuencias.
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BIBLIOGRAFIA:

BROSETTA PONT, Manuel. Manual de Derecho Mercantil. Madrid: Tecnos, 1994.

MONTOYA MANFREDI, Ulises. “Derecho Comercial”, T. I., Edit. Cultural Cuzco,


Lima-Perú, 1986.

URIA, Rodrigo. “Derecho Mercantil”. Edit. Marcial Pons Ediciones Jurídicas S.A.,
Barcelona-España, 13va. Edición, 1992.

SEBASTIÁN I. SÁNCHEZ CANNAVÓ, Manual de Derecho Comercial,


https://www.unpaz.edu.ar/sites/default/files/Manual%20de%20Derecho%20Come
rcial%20I.pdf