El habla de Orellana de la Sierra

INTRODUCCIÓN

Orellana de la Sierra, objeto de estudio, en su habla, del pre-
sente trabajo, es una pequeña villa, situada en el Nordeste de la
provincia de Badajoz, no lejos del Guadiana. Su coordinada geo-
gráfica exacta, según la hoja número 755 del Mapa Topográfico
Nacional del Instituto Geográfico y Catastral es. 39 o, 02" de lati-
tud occidental del Meridiano de Madrid.
Su término municipal es muy pequeño: 2.400 Has. Limita al
Norte y al Este con el de Navalvillar de Pela y al Sur y Oeste con
el de Orellana la Vieja. [t terreno es quebrado. H a y alturas nota-
bles. Sierra Morena (717 m.), y la Mesilla (702 m.). El pueblo está
situado en un valle, formado por la Sierra la Mesilla, la Sierra del
Risquillo y el Frontón. A dicha situación hace alusión la tan cono-
nida copla:
O r e l l a n a estå e n u n cerro
y O r e l l a n i t a e n u n valle;
y la p o b r e d e A c e d e r a
n o tiene m á s q u e u n a calle.

El paraje más típico del término es el Chorrero, lugar pintores-
co, poblado de naranjos y limoneros, situado en una rinconada
en la falda de la sierra, a corta distancia del pueblo, con a b u n d a n -
cia de aguas, captadas para el consumo de la localidad. Por el tér-
mino no cruza ningún afluente del Guadiana. Sólo hay un arroyo
de corriente permanente: el de la Pileta, y antes de la captación
de las aguas, el llamado del Chorrero. Las demás corrientes son
torrenteras o a r r o y o s q u e se secan en verano.
TOMAS TELLO

El clima es templado en invierno, favorecido, no sólo por la
latitud, sino por su situación en la solana y por estar resguardado
de los vientos nórdicos. Por el mismo motivo, los veranos suelen
ser bastante rigurosos. El régimen de lluvia es irregular. La flora es
ricas.pero la vegetación, en la actualidad es pobre. No existe el
bosque. La planta más abundante es el olivo. La fauna es más
pobre.
La economía local no es próspera, debido a lo reducido de su
término municipal y a la carencia de industrias. Además de tratar-
se de un término tan pequeño, sólo son plenamente aprovecha-
bles unas 1.132 fanegas de terreno (Madoz). La principal fuente
de riqueza es el aceite. Produce variedad de cereales: trigo, ceba-
da, avena, centeno, etc. Existen, asimismo, huertos familiares don-
de se obtienen gran variedad de productos propios de tales culti-
vos. Un producto que podría tener gran porvenir, si se cultivase
a gran escala, como en tiempos pasados, sería el del naranjo y el
limonero, m u y apropiados al terreno y al clima local. En tiempos
pasados, hasta principio de este siglo, existían extensos naranjales
y limoneros que constituían una fuente de ingresos. Pero, debido
a una extraña enfermedad, los naranjos fueron muriendo, hasta
quedar sólo los del Chorrero. El ingeniero agrónomo de Badajoz,
don Antonio Cruz Valero (q. e. p. d.), en carta de fecha 12 de
Marzo de 1963, me decía: «En tiempos había en ese pueblo
muchos naranjos, pero en ellos hubo una enfermedad grave, que
los mataba. ¿Desapareció ya esa enfermedad?. Le agradeceré que
tenga la b o n d a d de decirme que tal están ahora.» Pues, al parecer,
dicha enfermedad persiste. A partir de la década de los cuarenta,
se plantaron muchos naranjos y se siguen plantando. A los pocos
años de plantados, empiezan a morir muchos de ellos de manera
misteriosa.
La propiedad está muy repartido. El número actual de habitan-
tes es de unos 600. En 1940 el censo era de 1.388. El descenso se
debe a la emigración.
Trazado el marco geográfico, pasaré a trazar el histórico, para
mejor comprender y explicar ciertos fenómenos lingüisticos.
El nombre de la villa es (según puede comprobarse en mapas
y diccionarios toponímicos) y ha sido múltiple, para distinguida de
su homónima Orellana la Vieja, distante unos 4 kilómetros. Se le
EL H A B L A DE O R E L L A N A DE A SIERRA

llama: Orellana de la Sierra, Orellana la Sierra y Orellanita. Anti-
guamente se llamó también Orellana la Nueva (Conf. cap. XIII y
XVI de la obra «Trujillo, sus hijos y sus monumentos»), por ser su
fundación posterior a la de Orellana la Vieja. Lo correcto sería
Orellana de la Sierra; pero un uso de siglos ha hecho que, corrien-
temente, se denomine Orellana la Sierra. Su uso trascendió a la
escritura, por primera vez (al menos según mis noticias), el año
1798, según se muestra en el facsímil-fotocopia (lámina 1) de una
página del Archivo parroquial. En la primera partida de dicha pá
gina se lee Orellana de la Sierra; en la segunda, es d o n d e aparece
Orellana la Sierra. Orellanita es nombre vulgar que le aplican los
pueblos circunvecinos. Ya en el Diccionario Geográfico Universal
de 1832, se nombra Orellanita. El nombre Orellana se deriva de la
voz Aureliana (Conf Gram. Hist. Española, de V. García de Diego
y el Dic. G. Universal). Tal vez el campamento Aureliana Castra
estuvo situado en sus cercanías. Hace años una familia de la loca-
lidad encontró, en una de sus propiedades, en el sitio llamado Las
Casiruelas, una gran cantidad de monedas romanas de plata y un
casco. El vecino de la localidad, Antonio Gómez Sáenz, uno de
los herederos, tuvo la amabilidad de permitir que copiara las ins-
cripciones de las que él posee. He aquí algunas. M. C A R B O /
R O M A / / . L. MINVCI / R O M A / / . GRC / R O M A / / . FILI / ROMA.
Q. N E F - R O M A / / P . PAETUS'/ROMA. En el término de Acedera,
en el sitio llamado Morro de Villavieja, parece ser que se encuen-
tran restos de un destacamento. En dicho lugar encontró una m o -
neda de plata el cabrero de Orellanita Francisco Jaliano Díaz. En
dicha moneda se puede contemplar la imagen de lana y la inscrip-
ción. I. L F. M. F. Y ALI ROMA.
Orellana de la Sierra fue fundada a finales del siglo XIV. En
1375 es cuando el rey D. Enrique li concedió el privilegio de po-
blación de la misma a Airar García Bejarano, de Trujillo. dándole
el señorío con jurisdicción civil y criminal sobre sus pobladores,
en recompensa por su servicio y vasallaje en la contienda contra
su hermano D. Pedro (Trujillo y sus mon. I, c. XVI). El privilegio
les facultaba para que pudieran levantar su casa fuerte para su de-
fensa. (Id. c. XVI). Esta casa fuerte es lo que se llama en la actua-
lidad el Palacio, que se conserva en relativo buen estado. Se pue-
de contemplar aún el escudo de los Bejaranos en su fachada,
TOMAS TELLO

consistente en un león rampante, esquinado con cuatro cabezas
de dragón. Dicho escudo está, asimismo, esculpido en un viejo
banco de la iglesia. Así pues, el Palacio, juntamente con la iglesia
y la primera veintena de casas, para los 20 vasallos, dependientes
de los Bejaranos, que les concedía el privilegio de fundación,
constituyeron el primitivo núcleo de la villa.
Los escritos más antiguos que se conservan en el archivo
parroquial datan del primer tercio del siglo XVII. Según mis cálcu-
los, la población, en dicho siglo, no rebasa los 200 habitantes.
En dos siglos (del XVII al XIX)han desaparecido del pueblo más
de 50 apellidos primitivos. Esto hace suponer que parte de la po-
blación fuera flotante o que existiera la emigración. Según una
estadística, conservada en el archivo parroquial, la población, en
1753, era de 65 vecinos, es decir, unos 260 habitantes. Desde el
último tercio del siglo XVIII, hasta mediados del siglo pasado, Ore-
llana la Sierra se convierte en centro de inmigración, adonde acu-
den de los más diversos puntos de la mitad occidental de la
península, preferentemente: De Piedrafita, de las provincias de
Logroño, Segovia, Toledo, de varios pueblos de la provincia de
Cáceres y hasta de Portugal. La mayor parte de los apellidos actua-
les proceden de esta época. El crecimiento demográfico fue nota-
ble a lo largo del siglo XIX En el Diccionario Geográfico Univer-
sal (1832), consta un censo de 670 habitantes, triple que el censo
citado de 1753. El de Madoz (1849) le asigna un censo de 596
almas. Tal vez, el dato del Diccionario Geográfico Universal sea
algo exagerado, pues en un estudio de la REVlSTA DE ESTUDIOS
EXTREMEÑOS (Año 1964, núm. I pág. 31), refiriéndose al año i829,
le asigna 586 almas, lo que está más de acuerdo con el dato de
Madoz. En 1886, según el Diccionario Geográfico Estadístico Mu-
nicipal de España, cuenta con 759 habitantes. La población fue en
aumento. 1.104 habitantes en el censo de 1910; 966 (baja un poco)
en 1920; 1.080, en 1930; el censo de 1940 marca el tope con un
censo de 1.383 habitantes. A partir de entonces disminuye, debi-
do a la emigración, que ha sido constante hasta fechas m u y re-
cientes. En 1950 tiene 1,229 habitantes. En la actualidad cuenta
con unos ta00 habitantes.
La propiedad privada tuvo que ser, durante toda la historia del
pueblo m u y reducida; pues la inmensa mayoría de las tierras del
EL HABLA DE ORELLANA DE LA SIERRA

término eran piedad del Marquesado. Algunas tierras -Sevellar, La-
dera- habían sido cedidas a los vecinos, el siglo pasado, median-
te el pago de un canon anual (terrajo). La finca de los Tercios fue
rendida a los vecinos de la localidad en 1957, al morir la mar-
quesa; posteriormente se ha redimido el censo enfitéutico aludido
más arriba.
Nota dominante de la historia de Orellanita, hasta finales del
siglo XIX,fue su gran religiosidad. Su mayor decadencia tanto reli-
giosa, como material coincide con el primer tercio del presente
siglo. Si hemos de dar crédito a las descripciones de Isabel Ga-
llardo en su novela «Cachúmbala,, y a lo que refiere la tradición,
la vida fue durísima y mísera hasta la época de la Dictadura. El
politiqueo y el caciquismo estaban a la orden del día.
Como remate de esta reseña histórico-geográfica, daré por
orden alfabético, la toponimia de los lugares del término. Casi
todos suelen llevar artículo: Almagrera, Almendral, Altillo de
Monroy, Bailaero, Barrera de las Limas, Barrera de Palotes, Barre-
rilla del Pilar, Barrosa, Blanco (Lo), Braguetá, Calera, Canalizo,
Canalicillo, Canchal, Cañas, Campofrío, Casiruelas, Casquero,
Carríl, Cerca Grande, Cercado, Cerrillo, Colá, Colmenar, Costera,
Chaparralejo, Chaparrales, Chinarral, Chorrero, Eras, Escamorzo,
Frontón, Gallego, Gamonal, Huerta Grande, Jundío, Jabanteras,
Junqueras, Juantanillas, Laguna Quebrá, Lagunillas, Liebre, Lomo,
Mochorritas, Mata, Matarratas, Mesilla (Sierra de la), Ocal, Olívi-
llos, Olivón, Pedazo de la Escopeta, Pilar largo, Pilar redondo, Pi-
leta, Praina, Prado Cerrado, Puertos de las vacas Quijonal, Revol-
caero, Risquillo, Rozas Zarzas; Salmoral, Saltillo, Sevellar, Suertes
chicas, Suertes largas, Talangón, Tenerías, Tercios, Toza, Valle de
los azuches, Valdemeína, Viñas, Zarzalón.
Como puede observarse, de este centenar de topónimos sólo
una mínima parte no se encuentra en el Diccionario, o no se de-
riva fácilmente de otras palabras registradas en el mismo. Lo cual
es indicio de modernidad, de lo relativamente reciente fundación
de la localidad. Los escasos topónimos, cuya sinificación no coin-
cide con la de palabras conocidas, o cuya formación o derivación
no se aprecia al primer golpe de vista son los siguientes: Casirue-
las, Escamorzo, Jabanteras, luntanillas, Monroy, Praina, Salmoral,
Sevellar, Talangón. De estos nueve, Monroy - c u y a pronunción
152 TOMAS TELLO

está evolucionando en la actualidad a M a n r o y - se encuentra en
la provincia de Cáceres y Salmoral. en la de Salamanca; tal vez,
testimonios lingüísticos de los primeros colonos. En cuanto a la-
banteras, no es dificil deducir su formación (lugar escarpado, en
plena sierra). Sin duda se derivará de abanto. Es decir, lugar pro-
pio o refugio de a b a n t o s El nombre, tal como h o y se pronuncia y
se escribe, se d e b e a una aglutinación de abanteras con el artículo
plural las, cuya s se aspira. Sevellar pudiera traer su origen de sebe.
Es probable que Juntanillas venga de fontana, cuya f fuera h aspi-
rada (Confer «Las Hontanillas,, en el .t-tabla de Cespedosa de
Tormes, 22,). De los restantes nada seguro se puede decir. Desde
luego no se encuentran ni en la toponimia árabe de Asín Palacios,
ni en la toponimia prerrománíca hispana de R. Menéndez Pidal.
Pasemos al objetivo del presente trabajo. El habla de Orella-
nita. La fuente principal del mismo es mi propia experiencia, ya
que soy natural de la villa y, en ella, ejercí la profesión de Profe-
sor de E. G. B. durante once años. Es mi habla materna; la que usé
exclusivamente hasta los catorce años de edad. Me basta pues, la
intropsección para deducir, al menos, el 80 por ciento, en todos
los aspectos, de las peculiaridades de su habla. No obstante, todo
está contrastado con la observación pasiva - l a mejor, según los
autores, por más natural y e s p o n t á n e a - a todos los niveles., niños,
jóvenes, ancianos.
Del habla común de Orellanita p u e d e decirse, con mayor
razón aún, lo que Juan José Velo dice del habla de Las Hurdes
(página 73), que es un castellano vulgar, cada vez más abierta a la
norma, debido a las buenas comunicaciones y a esa ósmosis que,
actualmente, se está operando con la emigración, el turismo y los
medios de comunicación y la extensión de la cultura. Sin embargo,
todavía, en este momento histórico, creo pueden sorprenderse pe-
culiaridades que puedan tener algún interés científico. Es difícil
encuadrar el habla de Orellana la Sierra dentro de una de las va-
riedades puras del extremeño. De este dialecto dice Z. Vicente
(Dial. Esp. 265): ,En estas hablas predominan los rasgos que auto-
rizan a encajarlas en leonés oriental, siguiendo la división esta-
blecida por M. Pidal.» Sin embargo, en el habla de Orellanita,
hay que hacer muchas reservas respecto del dialecto leonés, al
menos en lo que a fonética se refiere. En la misma no se dan las
EL H A B L A DE ORELLANA DE LA S I E R R A 153

características principales asignadas al leonés. No se da la epén-
tesis de la - j - , tipo matancia; ni el oscurecimiento de las finales
- e y o - en - i - y - u - ; ni el grupo - m b - , ni la permutación
de r en l y viceversa, etc., etc. Por otro lado, tampoco se da el
yeísmo, propio de la provincia de Badajoz. Salvo el rasgo fonético
de la aspiración, la pronunciación se acomoda a la ley general,
en su aspecto vulgar o popular, claro está.
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El habla de Orellana de la Sierra
II

FONETICA

A continuación se exponen, analíticamente, las peculiaridades
íonéticas del habla de Orellana de la Sierra, siguiendo el camino
1trazado por Krüger en su Westsp. Mundarten, que es el que suelen
:seguir los autores.
1. VOCALISMO. Vocales tónicas. Suele seguirse el desarro-
llo normativo, salvo en los siguientes casos, no privativos, sino
comunes del habla vulgar y rústica, como se pone de manifiesto
por el testimonio de la mayoría de los autores.
Diptongaciones indebidas, a) de la e en Priesa (que se bate en
retirada, pues se usa mucho más prisa); comunísimo (1). Mielra (o),
más frecuente con a que con o. (2). Trajieron, dijieron (se o y e n
con frecuencia (3). A veces se puede oír Diferieneia (4); así como
aveniencia. Labarientos por laberintos (5).
B) De la o en Escuendo, Suerbo y Atuello.
C) De otros. Cuasi (a extinguir) (6). Dolaima y Tarambaina.
Reducciones de diptongos, a) De la - i e - . Casi invariablemen-
te en - e n c í a - : pacencia, concencia, comenencia. Comunísimo (7)
Pero no en apariencia, además de no hacerlo indebidamente en
dos: diferiencia y aveniencia, según se vio más arriba. La termina-
ción culta -iencia suele ser - e n c i a en la lengua vulgar de España
y de América, según García de Diego, 31.
De - u e - . En Tútano (8). Pos de pues, como de uso general en
todas las hablas populares, o en casi todas. Mu, de muy,f recuentí-
TOMAS TELLO

simo (9). Butre (10). Porro de puerro. Cotifora - Botifuera. Aunque
también bastante corriente y general. (11).
2. Vocales átonas. a) Persistencia de la diptongación. Zamora
Vicente lo atribuye a sugestión del nombre que recuerdan. Miele-
ro, pielero (12), Juegamos (13). Ciertísimo. Fuertísimo (14). Nueve-
cientos. Huesario. Pañuelito. Viejez (1o he oído una vez).
B) Adiptongacíón. La causa que se suele admitir es la debilita-
ción del acento. En los números: deciséis, etc. el más frecuente,
aunque se oyen los otros dos tipos descritos por Krüger (15), fe-
nómeno, asimismo, muy extendido (16). Dormirela, invariablemen-
te por duermevela. Eu- inicial que hace u: Ulogio, Ulalia, Ufe-
mia, Usebio, Ugenio, Utimio, Ustaquio, Ucaristía, Uropa, etc. etc.
Es fenómeno del habla vulgar en general, según García de Diego.
Sin embargo, en Orellanita, Eucalipto hace Ocalito. al tratarse de
un fenómeno del habla popular, los testimonios son abundantes
al respecto. (17).
Aceituna se oye de tres maneras« la normal, acituna (18) y ace-
tuna (19). Realmente se trata de un timbre intermedio. Otros casos:
contino, muy corriente en los clásicos. Agusto. (20). Aroplano.
3. Otras alteraciones, a) Adición de vocal. Prótesis. a - en
muchas palabras, sobre todo en los verbos« afusilar, arrempujar,
arrevolver, arrebuscar, aluego, asisón. Fenómeno registrado por
G. de Diego como vulgar, testimonio en todas las áreas (21).
Epéntesis. Cuidiao, relegado al área más [rústica (22). Inglaterra.
(23). Paragoge. Rarísima. Almorauje.
b) Supresión de letras. Aféresis. He aquí algunos casos: bujero
(junto con abujero). Menegilda, Tanislao (24). Nebro (junto a ene-
bro), lato, bubilla (25). Nemesio. Taharria. Se explican como casos
de fonética sintáctica. Síncopa. Experimentar, mantención (26).
Apócope. Mu (27) Maniantal. (27 bis).
4. Asimilación. Se dan casos de metafonía, propios del len-
guaje popular, aunque leyes (28). Navarro Tomás da vintjuno
como popular (29). En Orellanita es más frecuente ventjuno o
venti-úno. Istiercol, muy común. Exprimijo...
5. Disimilación. Medecina. Albeaca (30). Biñuelos. Vusotros
(muy común).
6. Otros cambios. Se deben a la gran movilidad de las átonas
EL HABLA DE ORELLANA DE LA SIERRA 513

en el lenguaje vulgar. Tumillo, tubillo, etc. (31). Mesmo (32) Me-
nistro, escrebir, tiniente...
7. Contracción y unión de yo,ales. En los sonidos agrupa-
dos, se sigue, en general, el enlace señalado por N. Tomás (33).
No obstante, del habla de Orellanita se puede decir lo que Ma-
nuel Albar dice del habla de Tenerife: , C u a n d o hay hiato, en la
misma palabra, no encuentra tendencia al diptongo criada, pi-ojo,
y esta tendencia da lugar a epéntisis, como abulaga. Incluso da lu-
gar a reacciones hiática arri-ar, gabi-ota (34). Así, pues, ni siquiera
se hacen en Orellanita las sinéresis de laúd, baúl, maíz, vizcaí-
no, ahí (aunque en esta última ya se oye cada vez más diptonga-
da, sobre todo en el sintagma por ahi). Se hace sinéresis en el
g r u p o - l a - e n los verbos: habrjamos. Real hace rjal, y también
ral(es). Antiaéreo hace antjario o antiario. Peroha y muchísimas pa-
labras en que no se da la inflexión: pe-or, ante-ojos, acorde-ón,
que se pronuncian según las normas.
Se dan casos de reducciones. Unos debido a la fonética sintác-
tica: • en,d», ,Vengo deancá mi agüela», «voy ancá mi tío», fenó-
meno corriente y bien documentado, otros, debido a la caída de
alguna consonante intervocálica: cá, tó, cebá, acerón, etc. (35).
8. La nasalización, tan detalladamente estudiada por Krüger
en el cap. XI de su Westspanischer Mundarten, es un fenómeno
raro en Badajoz (36). En Orellanita, sólo se da un caso de nasaliza-
ción en eh! Si se usa como interjección para llamar la atención de
alguien se aspira la h, anteponiéndola y no se nasaliza, he! mu-
chacho! Pero cuando se usa en sentido interrogativo, por no ha-
berse uno enterado bien de algo, entonces no se aspira la h, sino
que se nasaliza la ê?
9. Acentuación. Dislocación del acento en pocas palabras.
telégrama, méndigo, paralís (37), boligráfo...

CONSONANTISMO

10. Consonantes sencillas. La única desviación estridente, en
este aspecto, con respecto a la norma, es el rasgo fonético de la
aspiración. Por lo demás, en las consonantes sencillas, se siguen
las normas generales descritas por N. Tomás en ,Manual de pro-
nunciación española». La aspiración se da en los mismo casos oh-
514 TOMAS TELLO

servados por los diversos autores. Orellana la Sierra cae dentro da
la zona de aspiración intensa (38). Dicho rasgo de la aspiración
corresponde a la h, originaria de f - latina, a la s en situación im-
plosiva y a la j castellana, así como a otras consonantes en sítua-
ción implosiva, hambre, estos, jóvenes, dehesa, hilo...
Según Z. Vicente, dicha aspiración, en el habla de Mérida y sus
cercanías, es siempre sonora. Espinosa (hijo) y R. Castellanos dicen
que Badajoz, en general, pertenece a la zona de aspiración sorda
(39). Zamora Vicente dispuso de quimógrafo; por tanto, su conclu-
sión, en cuanto a la zona por él estudiada, descansa sobre base
firme. Emilio Lorenzo y Criado, que no dispuso de cilindro regis-
trador, da por buena, para el habla de Albalá, la conclusión de
Z. Vicente, en posición inicial absoluta e intervocálica. Yo que no
he tenido a mi disposición ningún instrumento de precisión, guián-
dome por los medios ordinarios, creo que la aspiración en Orella-
nita es sorda« aunque en la posición señalada por E. Criado no es
tan fácil percibido sin instrumento, pero, sí se ve claro en posición
implosiva. Además, se puede demostrar por la asimilación a que
somete a la consonante sonora subsiguiente, a la que ensordece.
Este fenómeno fue observado y descrito por Krüger (40). En efec-
to, b fricativa pasa a ser f bilabial sorda; d fricativa pasa a in-
terdental sorda y la «gue, fricativa a simple aspirada. Ejs.: Los
dientes pasa a loh zienteh« resbalar a refalar (hay que tener en
cuenta que la f no es la labiodental, sino un f o mejor dicho una
(b bilabiar sorda); atisbar hace atifar; desgarrar hace eharrar. Etc.
Veamos con más detalle el fenómeno de la aspiración en el
habla de Orellana de la Sierra. No toda h procedente de f - lati-
na se aspira. Tenemos varias excepciones: Hablar, hacienda, hoja,
holgazán, hermoso, hacendoso, hurto, huraño, además de hallajo,
derivado de hallar, que aspira. Hablar está atestiguada por Krüger
(41), com9 hijo y hoja (42) que lo están, además, por E. Criado
(43). Ni Chamizo ni G. y Galán aspiran la h en hijo ni en hoja.
Desde luego, hijo y hoja tienen, a mi juicio, una explicación m u y
fácil de su excepción. Como la j se pronuncia igual que la h,
indudablemente se trata de una disimilación. En cuanto a hablar,
da la razón Krüger, diciendo que se trata de una importación tar-
día del castellano, ya que la forma propia de los dialectos que él
estudia es parlar (44). Otras excepciones pueden tener una expli-
cación .en un origen literario, como hacedor, hada, halagar, halcón,
EL HABLA DE ORELLANA DE LA SIERRA 515

hazaña, hechizo, hidalgo y hermoso, pues, son palabras m u y usa-
das en cuentos, historietas y poesías. Herir aspira cuando se usa
en el sentido de hacer o hacerse daño. C u a n d o se ha caído, se le
pregunta ¿Te hah herío? O si alguno ha podido recibir daño de
alguien se le pregunta ¿Te han herío? Pero no se aspira cuando se
refiera a herir con arma de fuego, o sea, en su sentido propio. He-
rida se pronuncia, invariablemente sin aspiración. Existe cierto
número de palabras compuestas, que no aspiran la h, a pesar de
aspirar la simple correspondiente: desahogar, sin aspiración, frente
a ahogar, que aspira. Otras: enhebrar, frente a hebra; deshollina-
dor, frente a hollín; deshacer, frente a hacer.
Hay palabras que, a pesar de mantener la f - originaria, aspi-
ran: fuerte, fuerza, fueron, afuera. (45). Hinojo hace cinojo (46).
Zahurda, zajurda, que también se pronuncia en Navalmoral de la
Mata (47). Felipe y Filomena se convierten en Celipe y Cilomena
(48). Hay otras palabras que sin proceder de la f - inicial latina
aspiran la h. Ya hice mención más arriba del raro caso de la aspi-
ración de la h pospuesta de la interjección eh!. Tenemos alhorre,
azahar, harapo, harte, hasta, hato, helera, hipo, hinn! (relincho),
hopo, m o h o y derivados, mohino, vahío, vahear (de vaho, que es
desconocido, pues sólo se usa vapor) y la interjección huy! Hasta
y h u y lo hace notar Z. Vicente (49). Hipo y hinn! se p u e d e n ex-
plicar bien por influencia onomatopéyica. Fumar, en las áreas más
rústica se aspira, lo cual, según E. L. Criado, se debe al influjo
de h u m o (50).
11. La pronunciación de la s implosiva se reduce a una aspira-
ción más o m e n o s intensa, asimilada, en cuanto al punto de arti-
culación a la consonante siguiente. Lo mismo pasa con otras con-
sonantes en dicha posición: el peh que cogió. Al final de palabras,
cuando hay que hacer el enlace con la siguiente, que comienza
con vocal, se suele - e s lo más ordinario- hacer aspirada. También
se hace el enlace normativo muchas veces; en ciertos casos de u n
m o d o fijo y como estereotipado, los ajos, los hiioh, las erah, las
sandaliah; en este último caso hay que hacer notar que, en singu-
lar, se dice andalia, que tal vez, por etimología popular, se haga
derivar de andar. Isabel Gallardo, cuando p o n e en boca de los
personajes el habla de Orellanita, hace siempre el enlace norma-
tivo: -Mos sabía a miele sel palique, "Pa mi sadrentos-, etc. (51),
516 TOMAS TELLO

Como la novela refleja el ambiente, costumbres y lenguaje de fina-
les del siglo pasado, puede ser que se hiciera así, o tal vez, puede
ser falta de objetividad. La aspiración de la - s final absoluta es
sumamente débil (se puede representar por una h volada) en la
mayoría de los casos; pero lo suficientemente perceptible para
hacer la distinción fonológica entre palos y palo, aun cuando no
lleve artículo. Esto se ve claro en quizá. De las dos formas que
tiene dicho adverbio, quizá y quizás, percibo, perfectamente, que
en Orellanita se dice quizáh. De tal manera que, en mis tiempos
de estudiante, lo sorprendente para mí fue enterarme de que en el
diccionario existía quizá y que era más frecuente que quizás. Lo
mismo se puede decir con respecto a los nombres propios Pilatos
Marcos, y no Pilato ni Marco. A veces, se oye también normal, en
final absoluta, sobre todo en monosílabos: Dios, más, Luis y en
las interjecciones para llamar a las gallinas: pitás, pitás, o para es-
pantarlas o carearlas (que es el verbo propio en Orellanita) cx! y
en zas, etc., etc.
12. La z se aspira lo mismo que la s, en las mismas situa-
ciones: déjame en pah y vete». También se hacen aspiradas
otras consonantes en posición implosiva: hihno (himno).
En cuanto a la jota hecha con aspiración, h a y testimonios re-
lativos a Andalucía del siglo XVII(52).
13. Orellana de la Sierra no es yeísta como pudiera pensarse,
teniendo en cuenta su situación geográfica. Distingue perfecta-
mente entre ,y» y ,11»... Es más, si hay algún lapsus, es a favor de
la «11-. No es raro oír a los niños que se les escapa decir «arrollo*
por arroyo. Orellana la Vieja, a 4 Kms. de distancia, es cerrada-
mente yeísta con rehilamiento intenso. En la zona llamada Siberia
Extremeña, la mayoría de los pueblos distinguen entre «y» y -11»,
como Navalvillar de Pela, Casas de Don Pedro, Puebla de Alco-
cer, Valdecaballeros, Castilblanco, Helechosa, Villarta de los Mon-
tes y Fuenlabrada de los Montes.
Tal vez, el ser yeísta Orellana la Vieja, se debe a influjo del
substrato; pues, ya existía y tenía población mozárabe, cuando
fueron conquistadas las riberas del Guadiana hacia 1232. Orellana
la Sierra, en cambio, fue fundada y poblada con colonos tramos
de Trujillo y sus cercanías, Esta es la causa que a mi juicio, expli-
EL HABLA DE ORELLANA DE LA SIERRA

ca la diferencia tan notable, en tantos aspectos lingüísticos, en
dos pueblos tan cercanos y bien comunicados desde un principio.
La d se elide en formas compuestas (prefijo des) (53). Estri-
par, esquiciar... Pero no se hace invariablemente. No se elide
cuando la raíz comienza por vocal: desacato, desoír...; ni en otros
muchos casos: desbordar, descalzar, descargar, descreer... En cam-
bio, h a y prótesis en dambos (54), en desamen y desentar.
De n - - en ñ - sólo ñudo, m u y raro, en la actualidad (55).

INTERVOCÁLICAS

15. - d - Caída frecuentísima en todas las hablas populares. El
fenómeno viene de m u y antiguo (56). lo mismo pasa con - r - (57).

F INALES

16. - d - Cae: Caridå. A veces se resuelve en ligera aspira-
ción: saluh. - z . Casi siempre aspirada. En final, se oye, a veces,
como -s: -Apaga esa lu shija- -j. Desaparece. Reló. (58). En plu-
ral: reloces o relores.

CONSONANTES AGRUPADAS

17. - m b - Casos de asimilación en comenencia y tamién (59).
- d j - en meyodía (60) - b j - a 11 en marrullo (61). En general,
las consonantes en posición implosiva p u e d e n seguir tres cami-
nos, pronunciarse según normas, suprimirse o aspirarse (62). h a y
casos de metátesis (63), equivalencia acústica (64), de fonética sin-
táctica (65), adición de consonantes o prótesis, epéntesis (66), o su-
presión: aféresis, síncopa o apócope (67).
III

PROSODIA

Respecto a la entonación, a diferencia de la del vecino Orella-
na la Vieja, d o n d e es más alta y tiene un dejo raro y m u y carac-
terístico, que casi encaja en los estudios realizados por M. J. Ca-
nellada, no encuentro una anormalidad estridente. Claro, que yo,
nativo, no me percaté de ello, no quiere decir nada. Pues bien sa-
bido es que, en este terreno, el que mejor las capta, a las primeras
de cambio, es aquél que es completamente ajeno al medio lin-
güístico de que se trate.
Lo que sí se dan son cambios de acento en varias palabras
que, por lo demás, son corrientes en el habla vulgar, como se pue-
de ver en muchos de los autores, sin necesidad de citarlos nomi-
nalmente. Así tenemos: méndigo, hamago, ávaro, telégrama, dola-
res, intérvalo, analisis, trafago, equivoco, etc., etc.

IV

MORFOLOGIA
NOMBRE. Poco se puede destacar en esta parte de la ora-
ción. La formación del plural, a causa de la pronunciación de las
implosiva, según se ha visto, se reduce a una aspiración. Existen
algunas formaciones del plural que son vulgares y comunes, relo-
res o reloces, estores (de la señalización de tráfico «Stop»), hues-
pes (1), jerseles (2), «somos espcapaz de hacer eso».
En cuanto al género, hay algunas palabras que cambian el gé-
i
524 TOMAS TELLO

neto asignado por la norma de las mismas: el chinche (3), el a m o -
to, la arradio, la fantasma, la meyodía, desgana (4). I

Respecto de los sufijos, el diminutivo preferido, sin que sea
exclusivo, ni m u c h o menos, es la terminación en - i n o (a). U n su-
fijo digno de notarse es - e a y su variante - t e a , con valor de f r e -
cuentativo e iterativo de una acción, y que p u e d e serie colocado
a cualquier sustantivo: cuchareteo, guisandeo (el acto reiterativo
de guisar), cerrojeo (enredar con el cerrojo, enchándolo y de-
sechándolo), lavoteo, gimoteo, 'lloriqueo. agüeteo (beber con mu-
cha frecuencia o andar m u c h o con agua), jugueteo, parloteo, etc.
Otras palabras cambian el sufijo de la norma: acertajón, mata-
ción, boquera (abertura del costal), acabijo (acabamiento) (5).
ARTICULO. Una particularidad es usar el artículo masculino
delante de nombres propios femeninos, que empiezan por a acen-
tuada, en contra de las prescripciones d e la norma: El Ana, El An-
geles... El artículo se usa, invariablemente, con nombres propios
femeninos: la Perra, la Juana, la Adela... fenómeno m u y corriente
en todas las hablas vulgares. También se oye en los masculinos,
pero de una manera esporádica.
ADJETIVO. Se da la hipercaracterización en la formación del
superlativo: «muy altísimo», cuando se quiere ponderar de una
manera extraordinaria.
PRONOMBRE. Personales: nusotros o nosotros, se usa indis-
tintamente para el masculino y el femenino. Lo mismo cabe decir
de vusotros o de vosotros, aunque, en este caso, se suele usar
también vosotras. En los casos oblicuos, nos se hace invariable-
mente mos: «Mos se fue de las manos», «mos los quitó». Os es
vos: ,Vos la quitó»; «no vos montís, hasta que yo no venga,.
Consigo se usa también para la primera y segunda persona: «Lo
traigo siempre consigo». «¿No traes ná consigo?»
En cuanto a las formas de la tercera persona, se tiene en cuen-
ta, únicamente, el género y número; se prescinde en absoluto del
caso. El «la» vale única y exclusivamente para el femenino, según
lo solían hacer, con bastante frecuencia, los clásicos. «La hablas tú-.
«Dila que venga-. «La trajo una rosa,. «Le» es invariablemente
¡para el masculino; según lo hacían los clásicos- ¿«Has visto el
gato»? « - N o lo he visto». «¿Tienes el libro?» , - S í , le tengo». Lo
mismo hay que decir del ,1o» neutro para cualquier caso: "Qué lo
EL HABLA DE ORELLANA DE LA SIERRA 525

lo vamos a hacerl»«¿Quién lo pondrá remedio?» No faltan ejem-
plos en Santa Teresa: «Ni lo tenía deseo» (Fundaciones, XX).
Antes de proseguir quisiera hacer un excursus, sobre lo que
acabo de decir. Se trata de una observación sobre el leísmo y el
laísmo. En este aspecto se ha impuesto, o se quiere imponer, a
través de la Real Academia, un criterio exageradamente rigorista,
siendo así, que el uso de estas formas, en toda la historia del idio-
ma, ha sido y es variado y con muchos altibajos. El querer impo-
ner implacablemente la norma absoluta de la Real Academia, pre-
sionada por los puristas a ultranza, cual si se tratara de un dogma
de fe ha traído consecuencias ridículas que están al alcance de
cualquiera que desee observado. En concreto, «le» en acusativo
masculino tiene más uso en la historia del idioma que el «1o». En
cuanto al «la» en uso dativo es y ha sido de uso bastante frecuen-
te. Esa norma d e b e perder su rigidez. Si examináramos los autores
mademos, nos percataríamos que son los menos los que de una
monera inflexible siguen las normas de la R. A.; lo cual es una
prueba muy significativa; porque, si a pesar de las normas y del
estudio obligado de las mismas, se deslizan faltas, quiere ello de-
cir que el uso contrario es más espontáneo. He tenido la curiosi-
dad de registar los usos en algunas obras de autores clásicos para
ver en qué proporción se hallan «le» y «1o» en acusativo mascu-
lino. En el Celoso extremeño, de Cervantes, son 60 «le» contra 4
«1o». En La perfecta casada [60-11, respectivamente. En El héroe de
Gradan, 30-4. En la Verdad sospechosa, de Alarcón, autor conside-
rado correctísimo, 30-10. Como se ve por estas pruebas iniciales,
la ventaja del -le» sobre -1o» es evidente y si en una prueba ex-
haustiva siguiera una promoción similar, habría que dar la siguien-
te norma: ,Le es el acusativo singular en masculino; se admite o
tolera lo». Esto es, todo lo contrario de la normal actual. En ver-
dad, que resulta extraño e incomprensible. Asimismo, se podrían
aducir infinidad de testimonios de los clásicos del empleo de «la»
en activo, en proporción menor; pero por el mero hecho de usar-
se repetidas veces, su empleo no debiera considerarse, de ningún
modo, incorrecto, ni mucho menos, como falta grave. El prurito de
muchos de ajustarse a la teoría actual y demostrar que la conocen,
les hace usar a troche y m o c h e -les», «1o» y «le», cometiendo
correcciones monstruosas. Les» en acusativo es corrientísimo, so-
bre todo, con el pronominal «se»: «se les convence, se les coge ....
526 TOMAS TELLO

Pero lo curioso del caso es que se emplea con demasiada frecuen-
cia (lo puede observar el que quiera), en charlas y conferencias y
lo que es peor, ¡en escritos «le» en acusativo y femenino! Así leí
en periódicos «Les conducen-, donde les se referían a madres; y
- le odornan-, refiriéndose a Sofía de Grecia. Dan la sensación de
que muchos no tienen ni idea, al menos en concreto, de lo que es
acusativo y dativo. Es de creer que este desbarajuste ha sido in-
ducido por la actual norma, por empeñarse en fijar un uso en de-
terminada dirección, habiendo sido siempre un uso ambiguo.
Lo mismo que he dicho del singular, h a y que decir del plu-
rar. Los siempre para el masculino, prescindiendo del caso y las
para el femenino. El «les», se usa poquísimo. Realmente, según el
sistema impuesto, huelga; es una forma que no tiene razón de ser
ni de existir.
Indefinidos: Mismo es mesmo; nadie, naide (n). El interrogativo
quién se usa lo mismos en singular que en plurar ¿«Quién sois
vosotros? El uso de cuyo (a) es desconocido (6).
VERBO. Anomalías en la conjugación: La 2. a persona del
singular del indefinido se hace en -s, se pone de manifiesto en la
aspiración y se revela en la escritura: «clavastes» (7). La 2." del
plural de los modos y tiempos que se indican termina en -is, por
analogía con la 2." persona del plural del presente de indicativo de
la tercera conjugación. Lo hacen así en el presente de indicativo
de la 2." conjugación: «No temís lo que vos se viene encima».
¿-Habís barrido bien el cuarto?» Las tres conjugaciones en el in-
definido: «¿Le buscastis bien?» «¿Barristis el comedor?» «¿No lo
recibistis?» Item en el futuro imperfecto: «Los buscarís y no lo en-
contrarís». «Les dirís que me esperen», ltem en presente del sub-
juntivo de la primera conjugación: «No vos montís hasta que y o
no venga». «No juguís aquí-.
Hay verbos de conjugación regular que se conjugan como irre-
gulares: de atollar, me atuello.., me escuendo.., entriego.., estercue-
lo...yo suerbo... Jugar es - s o b r e todo en el uso infantil juegar, don
diptongo d o n d e no lo debe llevar y reducción del mismo d o n d e
debe llevarlo: jugo, jugas, juegamos, juegáis, jugan. De traer el
indefinido tiene dos variantes anómalas: truje, trujiste, trujo... (muy
(documentada), y traí, traiste, trajo, traimos, traistes, trajieron.
El imperfecto de subjuntivo, trajiera o trujiera, trajiera, trajiese o
EL HABLA DE ORELLANA DE LA SIERRA 527

trujiese. El indifinido de hacer se oye, a veces, como regular: hací.
hacistes, hació, hacimos, hacistis, hacieron: El futuro imperfecto y
el pontencial tienen - d - epentética: hadré, hadría, así como en
otros verbos: doldrá, quedrá, etc. (8). Indefinido de producir - y
tiempos derivados- producí, producistes, produció., producie-
ron, producieran .. así como en conducir, reducir, seducir, etc. etc.
De andar, andé... Imperfecto de indicativo del verbo ver: vía,
vías... (9). El presente del subjuntivo del verbo ir: yo vaye, vayes,
vaye, vayemos, vayís, vayen. En cuanto al verbo ser, los niños
pequeños dicen, indefectiblemente, yo ero, yo soy. «Yo ya ero
grande». En plural del presente de indicativo: semos, sis. Haiga,
como presente de subjuntivo del verbo reír intercala un «y» anti-
hiática: riyó y riyeron, riyendo (10).

J. J. Velo, 82.
E Cortés, 5 b.
J. J. Velo, 99.
J. J. Velo, 99 y I00.
J. J. Velo, I01.
E. Cortés, 5 f.
I. Gallardo, II, 282 y C. Casado Lobato.
E. Cortés y S. A. Garrote.
C. Casado Lobato y J. J. Velo, 105.
E, Cortés, 6 a y S. A. Garrote,
V

SINTAXIS

Como la sintaxis es la parte más elástica de la gramática, es
donde menos peculiaridades se p u e d e n señalar en estudio de
cualquier habla.
La colocación del pronombre es invariablemente: me se, te se,
mos se, vos se, «Me se pusieron los pelos de punta» (1). «No te
se ocurra vinir» (2).
En el orden de los pronombres se anteponen a la primera per-
sona, a la segunda, y ésta a la tercera: «yo y Sebastián». «Tú y tu
hermano ».
El pronombre se coloca siempre delante del imperativo; «Se
siente Vd.» (3).
Usa la segunda persona del imperativo, en lugar de la tercera,
cuando afecta a Vd.: «Come Vd.» por coma Vd. «Sal Vd. el pri-
mero». -Dilo Vd.».
Se antepone el verbo al pronombre en la segunda persona del
presente de indicativo, cuando se usa en función de imperativo:
«Lo haces tú»!
Se usa muchísimo el infinito en lugar de[ imperativo: -Calla-
ros», •Venir pronto».
Con los verbos ir y venir se usa mucho el auxiliar ser en vez
de haber: «No te fueras ío». «Si fueses venío conmigo». También
se oye con otros verbos: «Me lo fueses dicho antes».
Al interrogativo «qué» se le s u e l e anteponer el artículo: «¿El
qué me dices?»
Se acumulan las preposiciones: «Vete a por agua». • V o y an ca
mi agüela». «¿Vengo d'an ca mi agüela-,
530 TOMAS TELLO

En casos de aposición se suprime con frecuencia la preposi-.
ción: - U n a botella vino», t e n lo alto la silla», -La calle Iglesia».
Se d a n los típicos casos de c o n t a m i n a c i ó n entre los verbos ser;
y estar: De ir a Orellana y estar en Orellana, resulta: c h e estao a
O r e l l a n a . - H e estao a misa».
Q u e d a r v caer se e m p l e a n c o m o transitivos: «Te lo quedastes
encima la silla., - T e n c u i d a d o no lo caigas». El caso es que el uso
transitivo de estos verbos va i n v a d i e n d o todos los ambientes, c o m o
p u e d e comprobar cualquiera.
Otras frases o modismos: Soñarse con .. - C o n su amigo se so-
ñ a b a , . (4). Creí de morirme, -Entendí de morirme- (5). «Mos m a n d ó
a decir...» (6). -No me gusta de decir» (7).
Tratamientos: Según las categorias: D o n para los señores de
carrera. Señor y señá (8) para personas de b u e n a posición social;
y tío y tía, para los de la clase social inferior (9)

TOMAS TELLO

I. Gallardo, I, 86.
2. J. ]. Velo, 108.
3. Zamora Vicente, El habla de Mérida y sus cercanías, 43.
4. Antonio de Villegas, en ,Coplas a un villancico vicio,.
5. ]. J. Velo, llI.
6. ]. ]. Velo, III (tiene el significado de ,alguien mandó a
]. J. Velo, III.
8. I. Gallardo, passim.
|. I. Velo, 108. Isabel Gallardo, passim

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