LL JOURNAL – CUNY. Vol. 9, núm.

2 (2014)
Prensa, inmigración y blancura de "Rasgos Occidentales"
JM. Persánch1| University of Kentucky | jm.persanch@uky.edu
Resumen: Este ensayo analiza el cuento de Isaac Rosa respecto al papel de la prensa y
sus implicaciones acerca de la inmigración africana en el Estrecho de Gibraltar y la
significación de la blancura española. Con este fin exploro elementos formales y
temáticos de la historia en relación al componente racial. Para enriquecer el texto
literario y dotarle de fundamento histórico, me apoyo en datos de organismos oficiales
españoles como la Delegación de Gobierno para la Extranjería e Inmigración, el
Instituto Nacional de Estadística (I.N.E.) y recojo noticias aparecidas en la prensa
española para hilar la ficción del cuento con la realidad social española y así presentar
una visión relacional, o dialéctica, de la problemática (o asunto) del Estrecho entre la
inmigración de pateras y su impacto en la sociedad receptora.
Palabras clave:
Inmigración, estudios de la blancura, racismo, Isaac Rosa, Rasgos occidentales.
Abstract: This paper examines Isaac Rosa’s short story regarding the role of the press
and its implications on African immigration in the Strait of Gibraltar and the
significance of the Spanish whiteness. To this end I explore formal and thematic
elements of the story concerning the racial component. To enrich the literary text and
provide it with historical foundation, I rely on data from official bodies such as the
Spanish General Administration of Migration and Immigration and the National
Institute of Statistics (INE), together with reports appeared in the Spanish press for
spinning the fictional short story with social reality, thus presenting a relational or
dialectic view on the problem (or matter) of the Strait between the immigration of boats
and their impact on the receiving society.
Keywords:
Immigration, whiteness studies, racism, Isaac Rosa, Rasgos occidentales.

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LL JOURNAL – CUNY. Vol. 9, núm. 2 (2014)
“Sólo seremos nosotros mismos
si somos capaces de ser otro”
Octavio Paz

Isaac Rosa, columnista en prensa escrita para Público, El Diario o El País, inicia su
carrera de novelista con La mala memoria (1999), en la que explora la memoria
histórica; temática franquista que retoma seis años después en El vano ayer (2005), con
la cual gana el Premio Rómulo Gallegos. A ese mismo eje temático suma una tercera
novela llamada ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! (2007). Ya para 2008 ofrece
un giro a su narrativa con El país del miedo (2008), que resultó ganadora del VIII
Premio Fundación José Manuel Lara, con la cual explora el origen del miedo y cómo
éste se cimenta en ideología. Una novela social contestataria a la que siguen La mano
invisible (2011) para explorar la relación entre el capitalismo y el mundo laboral de la
sociedad moderna,2 y su último trabajo La habitación oscura (2013) expresa el
descontento de la sociedad española y refleja la triste paradoja de una juventud
aburguesada en un contexto de recesión económica.
“Rasgos occidentales” es un cuento que se integra en el segundo volumen de
veintiséis cuentos sobre inmigración publicado por la editorial Kailas ficción llamado
Inmenso estrecho II (2006). En dicha publicación autores entre los que se encuentran
Fernando Iwasaki, Eric Frattini, o Andrés Neuman engloban junto a Rosa historias que
tienen la intención de sensibilizar, combatir el miedo a la diferencia, denunciar el
racismo y las mentiras sobre la inmigración.
En este ensayo tomo el cuento de Isaac Rosa para analizar el papel de la prensa y
sus implicaciones respecto a la inmigración africana en el Estrecho. Propongo alcanzar
ese fin mediante un análisis de elementos formales y temáticos de la historia en relación
al componente racial. Para enriquecer el texto literario y dotarle de fundamento
histórico, me apoyo en datos de organismos oficiales españoles como la Delegación de
Gobierno para la Extranjería e Inmigración, el Instituto Nacional de Estadística (I.N.E.)
y recojo noticias aparecidas en la prensa española para hilar la ficción del cuento con la
realidad social española y así presentar una visión relacional, o dialéctica bidireccional,
de la problemática (o asunto) del Estrecho entre la inmigración de pateras y su impacto
en la sociedad receptora.3
Estudiar este tipo de modo literario de representación y su discurso implícito es
importante porque las formas literarias de manera simultánea designan y construyen la
realidad; y tal como explica Morales Hernández respecto de la función literaria:
La revisión de la literatura nos enfrenta con una dimensión social desde el
momento en que la práctica apela al hombre como origen y destino. La literatura
es en sí fenómeno comunal, y representativo de muchos de nuestros aciertos
como humanidad y a la vez de muchos de nuestros vicios. De tal forma, el análisis de los hechos literarios no debe alejarse de las temáticas de actualidad que
preocupan al desenvolvimiento social. (27)
La inmigración es sin reservas uno de esos temas acuciantes del
desenvolvimiento social; en el contexto español “…la última década del siglo XX se
caracteriza por el incremento de la inmigración americana y africana en España, una
puerta de Europa en el Mediterráneo y sueño de los inmigrantes del sur” (Cuesta 626).
En correlación con dicho incremento, tanto en la esfera política como en los medios de
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comunicación audiovisuales y prensa escrita españoles se experimenta un auge
tremendo respecto al asunto de la inmigración irregular, con especial énfasis en la
proveniente de África y las pateras. Por un lado, en ese periodo España establece las
líneas básicas de la política de extranjería en 1991 con una proposición no legislativa; 4
por otro lado, tal como explica Mary Nash, en el ámbito informativo se produce un
incremento de noticias recogidas en prensa que hace que “los años 1996 y 1997 son [sic
sean] decisivos en la formación de la opinión pública sobre el fenómeno emergente
entonces de los flujos migratorios extracomunitarios hacia España” (27). Esta supone
una tendencia que se acentúa en la primera década del siglo XXI como reflejan los datos
de la Delegación de gobierno para extranjería y la inmigración. Según ésta, a finales de
diciembre de 2000 la cifra de inmigrantes que habían intentado entrar en el país por vía
marítima era de 15.365, lejos de los 3.569 interceptados en 1999 (n. pag.).5
“Rasgos occidentales” se publica en esa vorágine de interés social, político y
mediático sobre la inmigración. El cuento de Rosa supone además reflejo del
pensamiento paternalista enraizado en la ideología de izquierda española. Una tendencia
que cosifica al inmigrante a través de un sentimiento de culpa, que supone la
contrapartida al sentimiento de rechazo y superioridad racial que ejercita la derecha
ideológica española.
Rosa empieza su narración escribiendo: “La novedad pasó desapercibida al
principio, tardaron un par de horas en descubrir el cuerpo extraño” (253). De esta
manera Rosa genera un tono de suspense desde el principio al apuntar un misterio por
resolver, el cual supone el eje temático central del cuento. El primer pasaje describe una
situación dantesca por la muerte de varios inmigrantes, que a nadie sobresalta por la
naturalización de tal acontecimiento en las costas españolas. En este sentido, pescadores
y guardias civiles desarrollan su actividad de traslado y recuento burocrático de
cadáveres con total normalidad a pesar del contraste que se expresa con un lenguaje
cargado de repugnancia: “El hedor de la putrefacción bastaba para certificar la muerte
de la treintena de cadáveres amontonados en el escaso espacio de la barca, […] mientras
ocho guardias civiles separaban los cadáveres y los transportaban a tierra para meterlos
en bolsas […] el responsable del juzgado iba rellenando su informe, en el que fechaba la
muerte del grupo” (253). Sin embargo, frente a esta naturalización del horror, el
hallazgo anómalo de un cuerpo blanco entre los muertos lo convierte inesperadamente
en un hecho excepcional tematizando una desnaturalización del fenómeno de la
inmigración y una descontextualización del cuerpo blanco. Con ello Rosa rompe con las
expectativas sociales y establece un giro literario que sintetiza en la idea de que “algo se
ha roto”:
Algo se ha roto, una grieta inesperada en la pared de lo previsible, de lo
acostumbrado, de lo lógico. El impacto y la comprensión eran similares a los
que habría causado el aterrizaje de una nave espacial en pleno centro de Madrid.
Con una diferencia: para una visita alienígena teníamos antecedentes, aunque
fuesen imaginarios. Pero cuatro cadáveres blancos en una patera, una mujer
blanca abrazada a su hijo entre decenas de negros ahogados, o un bebé blanco
encogido bajo docenas de cuerpos eran fenómenos paranormales para los que
carecíamos de esquemas de interpretación; no había molde donde encajarlos.
Algo se había roto. (264)
Por una parte, la relación que presenta Rosa del cuerpo blanco con las pateras
ofrece una reflexión sobre las cuestiones de visibilidad, invisibilidad y privilegio
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raciales: mientras que los africanos se convierten en meros números anónimos: “el bebé,
sin embargo, fue sepultado en la zona común del cementerio, en un nicho en el que sólo
constaba el número de expediente, pues nadie se atrevió a colocarle la etiqueta de
‘inmigrante’ (258). Ambos momentos suponen ejemplos de naturalización cultural de
privilegio racial, “…una invisibilidad que es parte de los significados de la cultura en la
que vivimos, y son parte de cómo reaccionamos emocionalmente, pero que al ser tan
normales son tan invisibles como el aire” (Mahoney 217) (T.A.). En la misma línea de
pensamiento acerca del privilegio de individuos pertenecientes a la sociedad
mayoritaria, Rosaldo arguye cómo:
…la invisibilidad cultural es una característica de aquellos que gozan de plena
ciudadanía y poder institucional en el Estado de la Nación. La invisibilidad
cultural es un estatus privilegiado, convertidlo en algo racional (por tanto
merecedor de ese poder y privilegio), y utilizado en contra de aquello que no es
racional, es decir, aquellos que se desvían de esa norma invisible quedan
estigmatizados por su ‘cultura’. (198-99) (T.A.)
Por otra parte, el sesgo cultural eurocéntrico que revelan autores como Moheney
y Rosaldo son manifestación del escaso nivel de consciencia racial inserto en la
identidad blanca, y su entendimiento sobre la raza (y el racismo) como factores
periféricos, por el cual “…la inmigración en el imaginario español se configura al
margen de lo que ocurre realmente en la sociedad española, centrándose de manera
desproporcionada en los colectivos de tierras africanas, que se diferencian por su raza,
idioma y religión, e ignorando otros grupos significativos, incluso mayoritarios”
(Iglesias 56). Además, dicha centralidad cultural expresa una identidad excluyente que
de forma paradójica necesita la mismidad para verse y situarse a sí mismo
emocionalmente en la tragedia de la alteridad:
El guardia encontró el mejor destino para el pequeño cuerpo: se le entregó al
juez, que con el rostro desencajado puso los brazos en forma de cuna y acogió el
cadáver contra su pecho, asumiendo que su autoridad le obligaba a ejercer esa
insólita tutela. –Es blanquito – acertó a decir otro de los guardias, en voz baja. –
se parece al chico de mi hermana, me cago en todo- dijo entre los dientes. (Rosa
255)
La expectativa social imbrica las pateras con el cuerpo negro, le atribuye valores
y solidifica marcadores sociales simbólicos, convirtiéndolos en un texto único de
elementos intercambiables, del que se extraen información y conclusiones: tanto cuerpo
negro como patera equivalen a inmigrante ilegal.6 La consecuencia de este hecho
redunda en el desplazamiento discursivo que deshumaniza a los inmigrantes africanos,
como reparamos acerca del discurso periodístico:
La estructura argumentativa del discurso periodístico concedió una gran
importancia a la embarcación utilizada que simbolizaba a las personas que
utilizaban para cruzar el Estrecho. Esta estrategia discursiva de sustitución
significó la negación del sujeto al asociar a la persona con el medio de
transporte. Este proceso de significación compuso una visión demoledora de
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subalternidad respecto a los ocupantes de las pateras que, al convertirse en
categoría discursiva de ausencia, eludió la historia personal y la humanidad de
las personas implicadas. (Nash 33)
Rosa mantiene la subalternidad de los inmigrantes durante toda la historia. No
obstante, hace del silencio de los muertos una acusación que les devuelve cierta
visibilidad y agencia al final del cuento, cuando incrimina al lector de ser hipócrita:
…has podido contar entre las líneas de este relato al menos doscientos cuatro
cadáveres, ahogados, deshidratados o muertos de frío, y sin embargo sólo te has
extrañado por siete de ellos: cuatro hombres, una mujer y dos niños. Y acaba el
relato y sigues esperando, entre curioso e inquieto, por si acaso la grieta abierta
en lo previsible supura algún nuevo cadáver de rasgos occidentales antes del
punto final. O si la grieta se ha cerrado definitivamente y podemos seguir con la
vieja cuenta. Sólo africanos. (267)
A pesar de su intención de agitar conciencias, el cuento acaba inmerso en
sentimientos de buenismo contemplativo porque Rosa no ofrece solución alguna al
asunto.7 Aunque ciertamente tampoco es esa su finalidad. Sin embargo, el escritor es
muy efectivo en señalar una insensibilidad social generalizada ante el drama de la
inmigración y las pateras, y también sobre los actores implicados, siendo especialmente
crítico con la prensa. Rosa parece ser consciente de que los relatos periodísticos
suponen un elemento agente del mundo simbólico y del imaginario colectivo de la
sociedad. Por ello su cuento guarda una estrecha relación tanto con el estilo periodístico
de sus columnas en la prensa española como con las crónicas de prensa que cubren los
asuntos de las pateras que lo han convertido en subgénero literario. De ahí que Rosa
opte por mostrarnos en “Rasgos occidentales” cómo se fragua una noticia y su recorrido
divulgativo como hilo narrativo, para encerrar en el proceso una ácida burla acerca de la
era de la información contemporánea, y exponer la deshumanización, decadencia e
hipocresía occidentales. El siguiente fragmento recoge los aspectos de forma notoria:
No fue fácil informar del hallazgo. El funcionario encargado de redactar la nota
de prensa se detuvo en mitad del párrafo. […] Oye, no lo tengo claro. ¿Qué
pongo? Es que lo de “un niño blanco” me suena un poco raro, así como racista
¿no? ¿Por qué? Es blanco, no hay más que decir. Ya, pero como nunca decimos
que los cadáveres son negros… Solemos decir africanos, de origen africano,
subsaharianos, esas cosas. Me suena raro lo de “un bebé blanco”. (Rosa 255)
La anomalía de la noticia sobre un inmigrante blanco muerto en una patera hace
aflorar un pensamiento oculto racista normalizado, al tiempo que da muestra de la
importancia del lenguaje y la presencia de eufemismos en la prensa, que edulcoran la
crudeza de la tragedia bajo lo políticamente correcto. Rosa insiste en la idea para
provocar confusión, perplejidad y con ello forzar una conciencia racial blanca:

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Tú no lo has visto. Es blanquísimo. Parece sueco, te lo juro. Si no digo que no,
pero dime qué ponemos. No sé. Si no te gusta lo de blanco, pon lo que se te
ocurra. Pon que es un niño europeo. Como siempre decimos lo de africanos,
pues europeo. ¿Europeo? No sabemos de dónde es. Ya te he dicho que parece
sueco. Ya, pero no sabemos su nacionalidad. Puede ser lo mismo europeo que
norteamericano, qué se yo. O incluso africano. Sudafricano, que allí también hay
blancos, ¿no? (255-56)
Rosa muestra cómo la rareza informativa encuentra un titular sensacionalista,
“Rasgos occidentales”, estimulando una atención mediática que transforma la tragedia
en un producto cultural de consumo. “La expresión fue reproducida por toda la prensa.
Redactores y tertulianos aburridos por la sequía informativa del verano se aplicaron en
construir teorías que explicasen la presencia de un niño como aquél en una patera con
veinticinco hombres y cuatro mujeres ‘de rasgos africanos’” (256). De esta manera se
difumina la realidad, y se comercializa con la muerte al convertirla en entretenimiento.8
Dos ejemplos, uno: “…un suplemento dominical recuperó una vieja información
relativa a los niños de rasgos occidentales desaparecidos en el tsunami de 2004 y que
siguen desaparecidos…” (257); y dos: “Cadáveres hermosos –en expresión de un cursi
articulista que tituló así su columna dominical” (263).
De acuerdo a Nash “las representaciones culturales y los registros textuales
crean significados compartidos que no necesariamente se acoplan a la realidad social.
Los procesos mediáticos pueden construir imágenes distorsionadas que crean realidades
imaginarias tan influyentes o más que las realidades sociales” (48). En este sentido,
Rosa acusa abiertamente al intrusismo profesional y la irresponsabilidad de quienes les
contratan para diseminar opiniones infundadas e imágenes cuanto menos insensatas.
Varios son los momentos en que Rosa refleja esta lacra cultural del occidente, por
ejemplo, cuando escribe: “…algún informador truculento llegó a insinuar que los
africanos, desesperados por la falta de alimentos, tal vez se habían comido al padre y a
la madre, y que se reservaban el mejor plato, el infantil, pero la muerte les llegó antes de
poder zampárselo” (256). Nótese la alusión al canibalismo, incidiendo en un imaginario
colonial del negro y la negritud como salvajes.9 Y en otro momento cuando critica su
asociación con la delincuencia “…algún sediciente experto en todo tipo de asuntos de
actualidad insinuó que tal vez el niño hubiese sido secuestrado” (257).
En una sociedad híper-conectada, el exceso de información puede ser lo más
parecido a la falsedad informativa. Rosa reseña el peligro del “simulacro” (Girard 1977)
de la información en la era moderna y cómo la opinión se reproduce sin límites, al
tiempo que se redefine desde una mirada “orientalista” (Said 1979): “…circuló en
correos basura durante semanas, junto a otras sugerencias relacionadas con las más
variadas prácticas delictivas: desde el narcotráfico al proxenetismo pasando por las más
escabrosas parafilias” (Rosa 264).
La constante asociación de la inmigración como problema social es uno de los
lugares comunes más asentados entre las creencias de las masas, en febrero de 2001
según el barómetro del centro de investigaciones sociológicas se puede observar la
continuidad de actitudes negativas con respecto a los extranjeros y las personas
inmigrantes, según este sondeo: “el 32.2% de los ciudadanos españoles consideraban
que la inmigración constituía el problema social más grave de la sociedad española” (El
País 29/3/2001; El Periódico 29/3/2001 como aparece citado en Nash 30). En un
contexto de crisis, desde 2008 la percepción ciudadana acerca de la invasión en oleadas
inmigrantes se agudiza.10
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Rosa contrasta la sensación de oleadas con la reiteración del hecho anómalo
blanco que le convierte el suceso en un espectáculo por entregas. Las audiencias
mandan, el morbo regula el mercado y los periodistas se lanzan por el éxito de la
primicia. “…todas las instantáneas y planos se centraron en la inusual pareja, obviando
a otras dos madres muertas con hijos muertos que viajaban en la embarcación…” (Rosa
260). La tragedia se convierte en un hecho secundario, y la rareza, racial en este caso,
en primicia. La competencia dicta la moral de la sociedad, y la lógica del capitalismo
informativo diluye la ética. Rosa verifica esa triste verdad en otros dos momentos,
primero cuando escribe: “…ser los primeros en retratar una patera que, para su
decepción, sólo transportaba cadáveres ‘de rasgos africanos’, negros, negrísimos” (266);
y luego, exhibe lo sorprendente como valor informativo frente a la decepción de una
noticia sin primicia por ser considerada una tragedia normal (y por tanto aceptable),
cuando recoge “la imagen de la madre y el hijo de rasgos occidentales, que en su mortal
postura tenían un fácil eco de imaginería religiosa clásica que les daba mayor fuerza
icónica, ocupó portadas y aperturas de telediarios donde presentadores con el rostro
desencajado informaban del sorprendente suceso…” (268).
Junto a la crítica exacerbada al papel y funcionamiento de la prensa, el flujo
masivo de información, y la acusación de moralidad decadente de las masas, Rosa
también imagina la reacción gubernamental para con ello apuntar sutilmente a las
causas de la tragedia y criticar el tratamiento de la otredad bajo el discurso de
inmigración europeísta:
El ministro del interior improvisó una comparecencia pública en la que intentó
transmitir un mensaje de tranquilidad, sin que nadie entendiese de qué pretendía
tranquilizarnos. Informó de que estaba en marcha una investigación a fondo para
encontrar una explicación a lo sucedido. Hizo un llamamiento a todo aquel que
creyese reconocer a la fallecida y pudiese aportar alguna pista que ayude a
establecer su identidad, para lo que facilitó un par de números de teléfono. Por
último dijo estar en contacto con sus colegas europeos para coordinar esfuerzos
y anunció que se destinarían más medios económicos y humanos para reforzar el
control y vigilancia en el Estrecho. (260)
Sírvase notar que, por un lado, todos los esfuerzos se refieren al cadáver blanco
y que la alteridad africana es ignorada por completo y que, por otro lado, inversión y
coordinación son precisamente dos de los elementos que paliarían tanto las causas como
los efectos de la inmigración. Supone un sarcasmo extremo también que Rosa
represente a unos políticos de doble moral alarmados frente a la anomalía de un cadáver
blanco en una patera, y no frente a los centenares de muertos africanos. En este sentido
Rosa denuncia que “las autoridades, no habían acudido a otros entierros, aunque se
tratase de niños, que también los hubo anteriormente, si bien ‘de rasgos africanos’”
(258). Con ello señala la existencia inmoral de muertos de primera y segunda clase, y
también apunta al oportunismo de los políticos, acostumbrados a hablar sin decir ni
solucionar nada.
La opinión crítica de Rosa para con las políticas europeas va más allá al
denunciar las presiones que éstas ejercen sobre otros países en la toma de decisiones:
Las autoridades marroquíes organizaron redadas en las localidades desde donde
partían las pateras. Se realizaron registros en las pensiones donde los
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inmigrantes aguardaban noches sin luna para navegar, se interrogó a fondo a los
patrones que organizaban los embarques, se puso vigilancia sobre los turistas y
se infiltraron agentes policiales en las partidas de inmigrantes listos para salir.
(265)
Esta criminalización preventiva, lejos de ser literaria, encuentra reflejo en
acontecimientos reales: “las autoridades de la ciudad marroquí de Tánger han decidido
prohibir el uso de barcas de pedales, los llamados patines acuáticos, después de que la
semana pasada cinco jóvenes marroquíes utilizasen este medio de transporte a modo de
improvisada patera para cruzar el Estrecho y ganar la costa española” (Nash 34). Este
índice de paranoia hacia la otredad racial expresa uno de los principales ejes de la
identidad blanca: la necesidad de marcar una separación entre un nosotros como
individuos y sujetos no marcados frente a un ellos como sujetos marcados, para de esta
manera habilitar una vía de conservación de los privilegios históricos heredados, y los
beneficios transferidos (creados) socialmente al color de la piel.
Cada país posee una historia nacional que, proyectada sobre sus ciudadanos,
conforma un discurso dual histórico y coetáneo. Ésta abarca todos los resquicios
habitables de las esferas pública y privada al integrarse en sus leyes como derechos y
deberes. Como parte de ella, toda expresión cultural retroalimenta dicho discurso
explícita e implícitamente, y consciente e inconscientemente, como plantea Katherine
Franke:
Los textos legales producen una narrativa de identidad nacional de manera
significativa, tejen historias de quién somos, de nuestros compromisos, y qué
podemos esperar el uno del otro, individualmente y colectivamente. Ciertas
ficciones fundacionales, como ‘nosotros el pueblo’, proporcionan las cuerdas
que con el tiempo amarrarán a unas personas con su pasado, y a unas con otras a
su nación. (158) (T.A.).
Rosa hace un esfuerzo vano por distanciarse de una mirada literaria que
retroalimente el discurso normativo o hegemónico de la sociedad mayoritaria respecto a
la inmigración africana. Si bien es cierto que subraya de manera ejemplar algunas
contradicciones y actitudes reprobables de varios actores sociales implicados en el
asunto de la inmigración de pateras, cae en un buenismo contemplativo y
condescendiente decepcionantes, al tiempo que desplaza la figura del inmigrante a un
plano ornamental por su falta de agencia en la historia. Su voz narrativa sarcástica y
comprometida junto a una mirada compasiva y paternalista confina la voz inmigrante a
la más oscura subalternidad al tiempo que se alza como atalaya moral.11 Y como
esgrime Montserrat Iglesias en
literatura y el cine (2010): “una nota común a estos textos literarios y fílmicos que
representan la inmigración, es la prevalencia en muchos de ellos del compromiso
humanitario por parte del autor, así como la expresión de su solidaridad con el drama
del inmigrante” (15). De esta manera, en última instancia Rosa purga su impotencia y su
sentimiento de “culpa blanca”,12 y la de sus lectores, por medio de un acto narrativo
comprometido que sustituye la acción real por el acto simbólico. Las siguientes
reflexiones de Cuomo y Kim son aplicables al cuento de Rosa en toda su hondura
cuando señalan:

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[…] se asumía que los no blancos no eran tan buenos como los blancos porque
eran inferiores a los blancos en referencia a importantes habilidades económicas,
intelectuales, y cívicas. Ahora los blancos educados se dan cuenta que la ventaja
blanca es el resultado de un racismo histórico, por lo que sus sentimientos de
superioridad han sido reemplazados por compasión, ante la injusticia,
remordimientos si es que alguna vez se sintieron superiores o se han identificado
con sus predecesores que lo hicieron y, en algunos casos, una disconformidad a
la que se llama ‘culpa blanca’ –The White Guilt-. […] una segunda fuente de
este sentimiento de culpa es el reconocimiento de pertenecer a un grupo que es
culpable históricamente de ser injusto contra otros grupos. Lo cual es
habitualmente conectado con ideas de responsabilidad colectiva y justicia
histórica. (81) (T.A.)
Frente a su sentimiento de culpa, Rosa realiza una labor encomiable al reclamar
una responsabilidad colectiva respecto a la inmigración. Desgarra su pluma con, en sus
propias palabras, una “voluntad clara de intervención social” (Martín Rodrigo n. pag).
Y usa un lenguaje maniqueo que exalta la blancura racial para reflexionar sobre su
privilegio: “Blancos, blancos. […] Eran de piel blanquísima y rasgos escandinavos,
como si tuvieran una voluntad férrea de alejar cualquier sospecha sobre su origen”
(Rosa 263).
A modo de conclusión, “Rasgos occidentales” es un cuento que, visto en
retrospectiva, supone el germen de transición en la obra de Rosa entre una literatura que
posa su mirada en el pasado y la herencia franquista, y otra que es crítica y
comprometida con el presente para agitar conciencias y denunciar injusticias, cultivando
así una relación con sus lectores que transita “de la lectura exigente a la escritura
responsable” (Valle Detry n. pag.). El cuento de Rosa converge en un pensamiento
español tradicional de izquierdas que se flagela en su denuncia. Además, éste se integra
en una crítica hacia la política de la Unión Europea respecto a la tragedia de la
inmigración, que se resume, tal como afirma Javier de Lucas el 3 de noviembre de 2013
en la Cadena Ser, en tres palabras: “Lágrimas de cocodrilo… la unión europea sigue
obsesionada con tratar la inmigración en términos de seguridad, no se sabe muy bien de
qué ¿seguridad de qué? Porque la inmigración no nos amenaza, es un desafío pero no
una amenaza, y como mínimo al mismo tiempo es una oportunidad” (3’43”-4’00”). La
inmigración es un fenómeno global, y globales deben ser sus soluciones. La denuncia de
Rosa fuerza la reflexión del lector. El texto de Rosa expresa cómo la inmigración es
también negocio para la prensa, mano de obra precaria para la sociedad blanca
occidental y garante de “nuestro” privilegio como civilización de progreso y
superioridad. En definitiva, “Rasgos occidentales” manifiesta de forma exitosa, rabiosa
y cruda cómo todos nuestros privilegios, como el de permitirse el lujo de pensar en algo
más que subsistir, son los sacrificios de otros.

9

LL JOURNAL – CUNY. Vol. 9, núm. 2 (2014)
NOTAS
Esbozo bio-curricular: José Mª Pérez-Sánchez (JM. Persánch) Licenciado en filologías
inglesa e hispánica. Doctor en estudios hispánicos por la Universidad de Cádiz con
especialidad en identidades comparadas latino estadounidense y blanca en cine.
Doctorando en la Universidad de Kentucky, con especialidad en literatura, cine y
cultura popular peninsular de los s. XX-XXI. Actualmente editor de las revistas
académica Nomenclatura, literaria Palabras Indiscretas y cultural Nuestra Andalucía.
Sitio web http://jmpersanch.com
1

2

“La mano invisible” alude a una metáfora del pensador escocés de fines del S. XVIII
Adam Smith, quien en sus obras la emplea para describir el fenómeno de
autorregulación de los mercados, que según afirma tiende a un equilibrio entre las
distintas fuerzas económicas sin la necesidad de intervención estatal. Con su teoría
“Laissez-faire” es considerado uno de los padres del pensamiento liberal y del
funcionamiento de la economía capitalista moderna.
3

El origen de la palabra “patera” en relación a la inmigración africana es incierto. El
diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no recoge ningún significado
relativo a embarcación. Por una parte, la R.A.E. la define como: “enfermedad de la
pezuña de los ovinos que obliga a recortársela y se atribuye a la excesiva humedad de la
dehesa que en que pastan”. Pátera, con acento, también se encuentra en dicho
diccionario para referirse “plato o cuenco de poco fondo de que se usaba en los
sacrificios antiguos”. Sin embargo, en el acervo popular pesquero de la zona de Tarifa y
la provincia de Cádiz, la patera es “una embarcación conocida en los humedales
españoles como una barca para cazar patos, dado su escaso calado, [que] comenzaba a
ser identificada por la opinión pública más cercana al Estrecho como una embarcación
para alijar droga” (Sena Rodríguez 17).
4

Véase Boletín Oficial de las Cortes Generales (B.O.C.G.), IV Leg., Serie D, núm. 165
del 22 de marzo de 1991.
5

Las costas de España han registrado un descenso en la recepción de inmigrantes en los
últimos años. Así, en 2012 llegaban 3.804 inmigrantes irregulares a nuestras costas, una
cifra que suponía una reducción del 30 por ciento con respecto al año anterior que había
sido de 5.441. Tomando como referencia hasta junio de este año, en 2013 parece que
esa tendencia a la baja se mantendrá ya que la llegada de irregulares a nuestras costas se
ha vuelto a reducir un 31 por ciento en estos seis primeros meses del año respecto al
mismo periodo de 2012. Según datos facilitados por el ministro del Interior, Jorge
Fernández Díaz, durante el II Foro Parlamentario Hispano-Marroquí, hasta el 30 de
junio de 2013 llegaron a las costas españolas un total de 989 inmigrantes irregulares,
mientras que en el mismo periodo del año anterior lo hicieron 1.475. (L.A. n. pag)
El número de ciudadanos extranjeros registrados en el padrón municipal ha alcanzado
los 5.648.671 en el año 2009, según los datos definitivos publicados ayer por el Instituto
Nacional de Estadística. Frente a los 5.268.762 del año anterior, con estos 400.000
nuevos inscritos los inmigrantes (comunitarios y no comunitarios) suponen el 12% de
los 47 millones de habitantes de España. En el año 1991 era el 0,9%. Sólo en la última
década el número se ha multiplicado por cinco. El Ministerio de Trabajo e Inmigración,
a 30 de septiembre, cifraba los permisos de residencia en 4.715.757. La comunidad
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rumana es la que más crece en España, con 67.076 registrados más durante 2009.
También la más numerosa, con 798.892 empadronados. Son seguidos de cerca por
Marruecos, con 718.055, y en tercer lugar está Ecuador, con 421.426. El cuatro grupo
más numeroso es el de Reino Unido, con 375.703 (Cabaña n. pag)
Sírvase notar que una búsqueda en google por “Pateras Noticias” devuelve 923,000
resultados.
6

Otros términos sinónimos a “inmigrante ilegal” son “sin papeles”, “clandestinos”,
“espaldas mojadas”, “mojaitos”, “atunes”.
7

“Buenismo” es un término que define esquemas de actuación social y política que
tienen por eje esencial la puesta en práctica de programas de ayuda a los desfavorecidos,
basadas en un mero sentimentalismo carente de autocrítica hacia los resultados
obtenidos.
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El 1 de noviembre de 1988 una patera con 23 marroquíes a bordo vuelca en la playa de
Los Lances, a escasos metros de la costa, sólo cinco inmigrantes lograron ganar tierra
firme. La noticia fue publicada en primera plana por el Diario de Cádiz--- al día
siguiente fue El País, en sus ediciones nacional e internacional. El prestigioso programa
de TVE Informe Semanal desplazó a Tarifa a su reportero, Arturo Pérez Reverte, y los
corresponsales de prensa extranjeros comenzaron a difundir un hecho que, desde
entonces, no ha dejado de ser noticia de primera página (Sena Rodríguez 18-19).
9

Véanse Sarmiento, Domingo F.
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Doubleday, 1961. Impreso.
Ertler, Klaus-Dieter, and Enrique Rodrigues-Moura. Fronteras e identidades,
identidades e fronteiras: Civilizacion y barbarie, sertao e litoral. Frankfurt am Main:
Lang, 2005. Impreso.
10

Los términos “oleada”, “invasión”, “avalancha” junta al argot militar son recurrentes
en la prensa española cuando se habla de movimientos migratorios desde África.
11

Los jóvenes marroquíes creen que emigrar de su país “es un signo de valentía y
orgullo” y todos ellos idealizan el trabajo y la vida en Europa. […] El Harras explió que
el inmigrante siempre transmite a su familia aspectos favorables de su situación en
España y esconde el sufrimiento y, por lo tanto, la imagen que se tiene en Marruecos de
los que han emigrado es positiva (Sena Rodríguez 27).
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“White Guilt” [Culpa blanca] alude al surgimiento de culpa individual o colectiva en
los blancos que reemplazan sus sentimientos de superioridad y vergüenza por la
expresión de un racismo histórico hacia otras razas de color los de compasión y
condescendencia. “White guilt has been described as one of several psychosocial costs
of racism for white individuals along with the ability to have empathic reactions
towards racism, and fear of non-whites” (Spanierman).
Véanse Steele, Shelby. Wh G
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