RESUMEN Los alumnos de la escuela Babiana escriben una carta a una maestra suya.

En la carta participan varios chicos de la escuela junto con otros que ya están trabajando y tan solo tenían tiempo algún que otro domingo. Esta carta por parte de los alumnos más bien está dirigida hacia los padres que hacia la propia maestra. En la escuela de Barbiana no había chicos inútiles para los estudios, no como en la escuela de Vicchio donde, generalmente, los chicos cuyas familias no poseían mucho dinero y eran campesinos no tenían posibilidades de avanzar mucho a nivel escolar, lo que les llevaba a repetir y finalmente dejar la escuela sin haber conseguido el graduado necesario. La escuela Barbiana era diferente, allí los chicos mayores hacían de maestros para los más pequeños. Era el cura quien también los enseñaba, pero ellos se las apañaban y así aprendían por ellos mismos. En la escuela de Vicchio no había lugar para quienes les costase más aprenderse la lección ni para quienes además de estudiar tenían que ayudar a su familia. No, esos chicos no progresaban académicamente, se quedaban atrás. Algunos de estos chicos podían repetir incluso 3 veces, hasta que se cansaban y abandonaban la escuela para irse a trabajar al campo o a las fábricas. Los profesores enseñaban lo que ellos creían conveniente y lo que les decía el programa. Tan solo enseñaban a aprobar, sin importarle si los alumnos aprendía y se enteraban o si, por el contrario, se quedaban igual que antes. Una profesora podía comenzar con el curso de primero y tener 30 alumnos, acabarlo, empezar segundo y tener probablemente 32 alumnos puesto que había hecho repetir a 2 y había recogido a 4 alumnos que habían repetido. Pero quienes más fácil lo tenían eran los empollones, los listos. Esos nunca tendrían problemas para aprobar. Sacarían sobresalientes en todo, tendrían una muy buena capacidad de redacción, pero nunca se involucrarían en los problemas de la sociedad, no leerían periódicos, se convertirían en personas individualistas que solo piensan por y para ellas mismas. Tras la carta, los chicos esperan una respuesta: “Ahora estamos aquí esperando una respuesta.”1

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Pág. 133 del libro Carta a una maestra Ed. PPC

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La profesora de educación física tendía a aprobar raspadamente a los alumnos que eran regordetes. Mi madre asistía a la escuela del pueblo. Afortunadamente yo he podido asistir a un colegio en el que gran parte de los profesores nos daban un mismo trato a todos los alumnos. también “sacaba su mano a pasear” muy de vez en cuando. De los profesores del instituto no puedo quejarme. sin dejar que saliesen a comer. mientras que los alumnos que teníamos el examen igual a esa persona nos calificaba con una nota inferior. Con algunos de ellos podíamos hablar con total confianza. tan solo porque la maestra así lo quiso. “Como ha sucedido en primero. etc. Y digo gran parte porque tenía dos profesoras que no lo hacían: la profesora de educación física y la profesora que nos impartía las clases en quinto y sexto de primaria. Pierino pasa siempre y casi sin estudiar. al igual que una de sus hermanas. También puedo basarme en la experiencia de mi madre para hacer este comentario personal. 2 . en cambio a los más atléticos siempre acababa puntuándoles con sobresalientes. Por las tardes no tenía mucho tiempo para hacer los deberes ni para estudiar porque tenía que ayudar a mis abuelos con los animales (dar de comer a las ovejas. En cuanto a la profesora de quinto y sexto tenía a su ojito derecho en clase a quien en todos los exámenes le ponía sobresaliente. sucede luego año tras año. ¿Cómo era posible que aprendiesen de estas maneras? Esta profesora suya también tenía a sus ojitos derechos. las cuales muchas veces no eran de nuestro agrado.) y eso le restaba mucho tiempo para sus obligaciones como estudiantes. Siempre nos trataron como a personas maduras. siempre tenía palabras que decir. esta profesora tampoco nos trataba muy bien.COMENTARIO PERSONAL Al leer este libro escrito por los alumnos de la escuela de Barbiana me he dado cuenta en la razón que tienen. Es más. ya bien por el oficio o por el capital de los padres. pese a nuestra edad. a los conejos. nos llevábamos muy bien los unos con los otros. no sabiendo mucho en clase ni nada) aprobaron sin problema alguno. mientras que algunas de sus compañeras (con pocas luces. Mi madre repitió un curso. mientras leía el libro me imaginaba a mi madre en la misma situación que muchos de los niños de los que se hablaba. al igual que ella a sus compañeros de clase les pasaba lo mismo. La profesora que tenían solía castigarlos frecuentemente dejándoles encerados en clase.

el problema lo tenía la profesora con los alumnos. Bajo mi punto de vista.Yo lucho con toda mi alma y suspendo. PPC 3 . Si yo algún día llegase a impartir clases intentaría tener un trato lo más neutral posible hacia mis alumnos e intentaría enseñarles la materia con todo el empeño y esfuerzo del mundo. los profesores deberían ser neutrales: ni estar a favor de unos ni de otros. Nuestra clase estaba dividida en grupos y cada grupo se sentaba en un conjunto de mesas. sino también a nivel moral porque los alumnos pueden pensar que están haciendo algo mal y por eso pocas veces el profesor los hace caso. mientras que para los que no eran pelotas las cosas eran muy diferentes. de Frank McCourt. Pues bien. el año melancólico y el año de la rebeldía. La peor manera de enseñar es intentando que los discípulos aprendan de memoria las cosas. en el cual el propio escritor nos narra su vida en una Irlanda católica y pobre a más no poder. para ellos siempre iban los halagos. El libro se titula Las cenizas de Ángela. Finalmente acabé por contarlo en mi casa y mis padres hablaron con la profesora. Quizá por eso cuando a una persona le gusta algo de lo que se imparte en clase es cuando más interés y 2 Pág. Especial. la Joven Italia o la Juventud Comunista. los profesores que tenía adoraban a los pelotas.”2 En la clase de mi madre el problema no era el número de alumnos (eran poquitos). Esto me recuerda a cuando yo tenía cinco años. la Acción Católica. Con frecuencia escribe sobre el colegio y cómo eran sus clases. no tener alumnos predilectos porque eso perjudica al resto y no solo a nivel educativo en cuanto a las notas. no sé si porque la profesora daba por sentado que lo hacíamos bien o porque había otros grupos que necesitaban más ayuda que nosotros. es decir. la crisis de la pubertad. La cuestión es que eso me hizo sentir mal porque yo pensaba que en mi grupo éramos todos tontos y por eso la profesora no nos hacía caso. A él le cabe hasta el deporte. no sirve de nada almacenar y almacenar si luego no sabes ni para qué sirve. intentando que ellos entendiesen lo que las palabras dicen. 80. La mejor forma de aprender es entendiendo aquello que se quiere aprender. En mi grupo no se nos hacía mucho caso. ya que se les maltrataba tanto física o psicológicamente. a partir de ese momento mi grupo recibió la atención que se merecía. Me viene a la mente un libro que leí hace tiempo. nunca hay que tener favoritos y mucho menos por el oficio o la renta de los padres. Carta a una maestra Ed.

Creo que esa es una bonita forma de aprendizaje porque es como si la vocación nos saliese del alma misma. Siempre recuerdo aquellas palabras que nos decía un profesor que tuve en la ESO.” Aun así.empeño pone en ello. 4 . aunque todavía me quedan muchos por encontrar. creo que en general. lo entiende y acaba aprendiéndolo. el cual nos enseñaba historia: “No tenéis que aprender las cosas de memoria. ¿para qué aprenderlas así si después del examen no os acordaréis de nada? Tenéis que aprenderlo entendiendo lo que estudiáis. puedo estar contenta y satisfecha con los educadores que me he encontrado a lo largo de mi vida.

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