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Juicios y Argumentacion Moral Lanzarini

Juicios y Argumentacion Moral Lanzarini

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1 EL JUICIO Y LA ARGUMENTACION MORALES

Autor: Raúl Lazzarini N. e-mail: rlazzari@lauca.usach.cl Telefono: 6810441 anexo 3039 Celular: 93435705 Casa: 7210120

Se define como Juicios Morales aquellos en los que nos pronunciamos sobre la bondad o maldad de unos actos pasados, presentes o previstos. Ejemplos: Juan copió en el examen. - pues me parece muy bien - no es honesto copiar en el examen - cada cual hace lo que puede La bomba de Hiroshima mató y mutiló a miles de personas. - Fue una acción correcta. - Fue un acto vergonzoso. - La guerra es la guerra. Otros ejemplos: - Es bueno cumplir las promesas. - Es deshonesto que Peter haya robado dinero a su compañero de clase. - Es injusto cualquier asesinato. - Es bueno mentir de vez en cuando. - No es justo que mi compañero sea bien calificado si no trabajó en el grupo. ¿Qué es lo que hace que en un momento determinado podamos pronunciarnos sobre la bondad o maldad de un acto? En otro tipo de juicios como los matemáticos o los de las ciencias de la naturaleza, serán la lógica y la experiencia las que posibiliten su enunciación. Decir que el agua hierve a cien grados centígrados, es un juicio que ha sido posible emitirlo gracias a la experiencia; decir que “a” es mayor que “b” y que “b” es mayor que “c”, entonces “a” es mayor que “c”, es pronunciar un juicio aplicando una ley lógica. Pero ¿qué es lo que hace posible que ante una acción determinada nos puedan decir de ella que es buena, y otros, que es mala? Respuesta: Los juicios morales son posibles por el SENTIDO MORAL. Dos a más juicios morales sobre un mismo acto pueden ser distintos. Es lo que llamamos RELATIVISMO MORAL (Distintas normas entre distintos individuos, en distintas sociedades, para distintas circunstancias). Conviene aquí precisar los conceptos de norma moral y conciencia moral. La norma moral es una regla objetiva, no fabricada por nosotros y que pretende regular el comportamiento moral de una comunidad. La conciencia moral es el uso, la reflexión y la consideración personal que hacemos de esa norma. Resulta evidente que el relativismo al que hemos aludido, se refiere a la conciencia moral, pues son diversas las actitudes que adoptamos frente a una misma norma. Cuando aludimos al relativismo de las normas, nos hemos referido al hecho de que manteniendo la objetividad de las mismas, éstas pueden ser distintas en las diversas colectividades o comunidades existentes.

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SENTIDO MORAL Definimos el SENTIDO MORAL como un conjunto de esquemas, normas y reglas que hemos adquirido a través de nuestra educación, familia y medio ambiente, y que mantenemos en el momento de emitir un juicio moral. Adquisición de normas. Mantención de normas.

En efecto, si miramos nuestra propia biografía, nuestra historia individual, podemos recordar un conjunto de reglas o normas morales, en suma pautas de conducta (“decir siempre la verdad”, “no tomar lo ajeno”, “respetar a los mayores”, “ser responsable”, “no interrumpir cuando los adultos hablan” etc.). ¿Quién las ha trasmitido? En primer lugar, la familia, luego las instituciones educativas en las que hemos estado, también la propia sociedad en la que vivimos y de la que dependemos. Siempre se nos dijo lo que es bueno y lo que es malo, lo que los educadores consideraban bueno o malo. Tras ese aprendizaje y, ante estas normas de conducta, se pudo tener 3 actitudes: - Rechazo - Indiferencia - Aceptación Rechazo, cuando la norma (s) que se nos trasmitió no nos convencieron y, tras un razonamiento y una crítica, hemos decidido olvidarla. Rechazo también, cuando por cansancio o saturación hemos, sin más, prescindido de ellas. Rechazo cuando las hemos sustituidos por otras. Indiferencia, cuando la norma o regla no nos dice nada, y volvemos la espalda a su contenido. No es un rechazo efectivo, pero tampoco una aceptación consciente. Aceptación, cuando esa norma constituye lo que se puede llamar nuestro bagaje moral. El conjunto de reglas que hemos mantenido, conservado, con las que caminamos por la vida y que constituyen lo que en un principio hemos llamado sentido moral. Este hace posible que podemos juzgar nuestros actos y las acciones de los demás. JUICIOS MORALES Y JUICIOS CIENTÍFICOS Es importante recalcar la diferencia entre los juicios morales y científicos.

- El juicio moral es siempre, y en El juicio científico no es individual, sino
ultima instancia, individual. un juicio intersubjetivo (colectivo). Necesita de la aprobación de los demás y de la aceptación de varios sujetos para que tal juicio tenga validez.

- El juicio moral es posible gracias - El juicio científico es posible gracias a la
al Sentido Moral, el que se adquiere a través de un aplicación de las leyes de la lógica y a la experiencia.

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aprendizaje.

- El juicio moral no depende de - El juicio científico es, o bien verdadero o
ninguna comprobación, mientras que el juicio científico sí necesita de ella. bien falso y comprobación. depende de una

RELATIVISMO DE LOS JUICIOS MORALES Una de las características más sugerentes de los Juicios Morales, es que tales juicios no son definitivos, fijos e inmutables, por eso decimos que son provisorios y transitorios. El sentido moral cambia. Podemos encontrarnos con varios factores. - Fase infantil de la moral. “Un hombre puede ser un padre ejemplar y a la vez un competidor perverso y taimado que trata a los fondos públicos como si fueran un juguete en sus manos (Hospers)”. Se puede caminar toda la vida con la moral esquemática y simple aprendida en la infancia, sin preocuparse por los problemas, en ocasiones muy graves, que afectan a la sociedad, y por otro lado, a través de un proceso de maduración, en que se adquiera una actitud crítica, se abandone la fase infantil de la moral, simple y estrecha y, se revise las propias normas y esquemas de conducta, de tal modo que se pueda adaptarlos y mejorarlos, atendiendo a las circunstancias que nos rodean. De esta forma, los juicios morales, podrán perder simplicidad, eso sí, pero ganarán en madurez y ponderación. RIGIDEZ Y TOLERANCIA Los juicios morales son provisorios si atendemos también a los conceptos de rigidez y tolerancia. Si repasamos nuestra biografía notaremos que en algunas ocasiones hemos juzgado un comportamiento cualquiera de una forma rígida, intransigente, aplicando estrictamente una norma moral, mientras que en otras, hemos sido más tolerantes y hemos juzgado con más benevolencia esa misma acción. Al pasar de la rigidez a la tolerancia o viceversa, es producto de muchos factores que pueden oscilar desde nuestro estado de ánimo hasta una mayor o menor comprensión de los actos ajenos. En cualquier caso, es necesario siempre adoptar una actitud crítica, objetiva, prudente, y sobre todo, respetuosa.

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TRANSMUTACION DE VALORES La transitoriedad del juicio moral viene dada, también por lo que podríamos llamar transmutación de valores. Normalmente nuestros esquemas, valores, preferencias han evolucionado a través del tiempo. No todas, eso sí, algunas se han mantenido, otras sin embargo, no tienen ya tanta importancia para nosotros, y algunas ya no se les presta atención, han desaparecido. Esto ocurre en nuestra personalidad madura, y al madurar, reflexiona sobre las pautas propias de nuestra conducta, cambiando su orden jerárquico o eliminándolas. También el medio ambiente, entorno, familia, amigos éxito o fracaso influyen en nosotros, de ahí que este sea otro importante factor que influye en la transmutación de nuestros valores o en el abandono de alguno de ellos. Hemos de ser conscientes, desde el primer momento, de que los valores aceptan cualquier ordenamiento. Que este ordenamiento no es fijo o inmutable, y que están los valores sujetos al cambio y a la desaparición. Pero lo que ocurre es que el hombre siempre juzga y actúa por una escala de valores, por un sistema de prioridades sea cual fuere, y que la reflexión personal sobre los valores que nos mueven a establecer juicios morales y a comportarnos de un modo determinado, puede ser el comienzo de una de las tareas mas digna que toda persona puede proponerse, y que muy pocas alcanzan: “conocerse a sí mismas”. JUICIOS MORALES Y LOS GRADOS DE PERMISIBILIDAD SOCIAL Ya se ha dicho que nuestro entorno puede influir de manera decisiva en la transmutación de los valores, y por lo tanto de los juicios morales. Pero nuestro entorno es la sociedad en la que vivimos. Toda sociedad impone y mantiene lo que podríamos llamar “grados de permisibilidad”, esto quiere decir que nos permite hacer algunas cosas mientras que nos prohíbe o nos dificulta hacer otras. Estos grados de permisibilidad tampoco son fijos e inmutables, y están sujetos al cambio y a la evolución social. Este cambio puede ser lento, gradual o brusco y violento. Sea como fuere, las pautas sociales influyen en nosotros y para algunas personas esas pautas son asumidas casi irreflexivamente, las aceptan sin más, y caminan con ellas durante el tiempo que duran. Cuando esas pautas cambian, cuando los grados permisibilidad se aligeran, se hacen más tolerantes, o se estrechan, se hacen más intransigentes, nuestros esquemas, nuestra jerarquía de valores, también pueden cambiar, bien amoldándose a las nuevas exigencias, bien rechazándolas, o bien manteniéndonos indiferentes ante las mismas. Esto dependerá, del grado de adaptación que tengamos ante la sociedad. En cualquier caso, es otro factor a considerar como motor de la transmutación de nuestros valores y de la transitoriedad de nuestros juicios morales.

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Por eso es necesario conocer y preocuparse por la sociedad en que vivimos, entre otras cosas para analizar y descubrir sus pautas de conducta y, tras la reflexión oportuna, adoptar ante ellas una actitud crítica, tan necesaria ahora. Ejemplos: comparar los juicios morales que se tenían hace algunos años y ahora, de los siguientes comportamientos: Las relaciones prematrimoniales, El nudismo, El aborto, divorcio (Separación). La independencia de los jóvenes, La drogadicción, La brujería, El satanismo, El espiritismo, La homosexualidad, La prostitución, La censura cinematográfica, etc.

RELATIVISMO DE LOS JUICIOS MORALES Hasta ahora hemos hablado de la provisionalidad (transitoriedad) de los juicios morales, esto es, de cómo una misma actitud, un mismo comportamiento, puede ser juzgado de distinta forma a través del tiempo, y veíamos que, fundamentalmente este cambio se debe a: la propia madurez a y experiencia que hemos adquirido, a la variación que ha podido sufrir nuestra escala de valores, y a la variación de los grados de permisibilidad que la sociedad impone. Vamos a entender, ahora, por relativismo moral, la posibilidad de que haya: 1. 2. 3. 4. 1.0 Distintas normas entre distintos individuos. Distintas normas en distintas sociedades. Distintas normas para distintas circunstancias. Distintas aplicaciones de una misma norma. Distintas normas entre distintos individuos.

No todas las personas de una misma comunidad, incluso dentro de una misma familia tienen el mismo sentido moral y tampoco juzgarán un mismo acto de la misma manera. Los juicios morales son relativos a las personas que los emiten, y esta relatividad va en función de los esquemas morales o de la escala de valores que los individuos poseen. Ejemplos: - La infidelidad en el matrimonio, puede ser considerada para unos un acto normal e indiferente, mientras que otros lo condenarán con dureza. - Los bienes de los demás, especular con ellos puede ser para unos un acto inmoral y para otros un acto justificado y correcto. 2.0 Distintas normas en distintas sociedades. Si hemos viajado o estudiado las costumbres de otros pueblos y de otras sociedades, habremos comprobado que tienen pautas de conductas y criterios morarles completamente distintos a los nuestros, de ahí que los juicios morales que puedan emitirse sobre un mismo acto sean también relativos a los esquemas morales de estas sociedades y a los grados de permisibilidad de los mismos.

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Ejemplo: El canibalismo es bueno en unas comunidades y malo en otras. Cuando unos jugadores uruguayos, apunto de morir de hambre en la Cordillera de los Andes, tras un accidente de aviación, decidieron comerse a los muertos, nuestro juicio moral sobre este comportamiento puede cambiar. Como hemos visto, las circunstancias y las situaciones que rodean a un determinado acto, son factores muy importantes que influyen a la hora de juzgarlo. Ello nos puede dar pie a considerar, de ahora en adelante, la necesidad de eliminar lo que podríamos llamar los juicios precipitados, esto es el dictamen inconsiderado y rápido de los actos de los demás, sin atender a los motivos, situaciones y circunstancias que han provocado los mismos. Esto no es otra cosa que aprender lo que es el cimiento de toda convivencia, el respeto hacia los juicios y actos de los demás.

Respetar los juicios morales que los demás emiten no quiere decir, ni mucho menos, acatar tales juicios. Podemos discrepar profundamente de ciertos juicios morales, y sin embargo, respetar a quienes los dicen, y el contenido de los mismos. Hemos visto anteriormente que todo juicio moral es relativo. Relativo a la persona, a sus valores, a la comunidad etc.; por todo ello debemos respetarlos, pues así respetamos también a las personas, a sus valores y a las comunidades que los sustentan. RESPETAR LOS JUICIOS MORALES ES Atenderlos Reflexionar sobre ellos Analizarlos Si es necesario criticarlos NO ES Aceptarlos Incorporarlos al sentido moral Estar de acuerdo con ellos Defenderlos

Conviene aquí precisar los conceptos de norma moral y conciencia moral. La norma moral es una regla objetiva, no fabricada por nosotros y que pretende regular el comportamiento moral de una comunidad. La conciencia moral es el uso, la reflexión y la consideración personal que hacemos de esa norma. Resulta evidente que el relativismo al que hemos aludido, se refiere a la conciencia moral, pues son diversas las actitudes que adoptamos frente a una misma norma.

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Cuando aludimos al relativismo de las normas, nos hemos referido al hecho de que manteniendo la objetividad de las mismas, éstas pueden ser distintas en las diversas colectividades o comunidades existentes.

ARGUMENTACIÓN MORAL Ya hemos visto cómo necesariamente nuestras pautas de conducta y nuestros juicios morales tienen que ser aceptados; como existe desacuerdo en torno a estas cuestiones; cómo hay personas que defienden reglas y normas distintas a las mías, a las nuestras. Es lógico que los juicios morales y las normas propias sean defendidas y justificadas. Llamaremos ARGUMENTACION MORAL, al proceso mediante al cual intentamos demostrar que unas reglas son satisfactorias, buenas, adecuadas o convenientes y que otras no lo son. Normalmente solemos argumentar, justificar nuestro comportamiento ante nosotros mismos y ante los demás. Esto abre una nueva perspectiva. En la mente de todos estará bien claro que es más fácil justificar nuestro comportamiento ante mí que ante los otros. Por una razón muy sencilla: los otros pueden contradecirme, encontrar falsa mi argumentación, ofrecerme otras alternativas. Nosotros, sin embargo, en muchas ocasiones encontramos razones que justifiquen nuestros actos y no nos preocupamos de analizarlas y rebatirlas. Incluso, a veces, nos conformamos con el “hice lo que tenía que hacer” o con el “lo hubiera hecho de nuevo”, tranquilizando en ese momento nuestra conciencia y creyéndonos los seres más honestos del mundo. La argumentación moral: una vieja cuestión. Hacia el s. V a. C., surgieron en Grecia unos pensadores, filósofos, llamados sofistas. Además de ser los fundadores del relativismo moral, fueron auténticos maestros de oratoria, retórica y lógica. Fueron auténticos maestros den el arte de hablar, persuadir y argumentar. El relativismo de los sofistas puede reducirse a las siguientes consideraciones:  No hay un criterio de lo bueno en cuanto tal. No hay un criterio de lo justo en cuanto tal.  Entonces, ¿cómo y por qué decimos de esos actos que son buenos o malos?: Porque nos han convencido de que son virtuosos, convenientes, adecuados, o de que no lo son.  ¿Cómo se nos convence o convencemos a los demás?: Mediante una buena argumentación.  ¿Cómo sabemos que una argumentación es buena?: Cuando tiene éxito, esto es, cuando a través de la persuasión, logramos el convencimiento de los demás.

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Argumentar convencido y argumentar para convencer. El problema ético de la argumentación moral reside, principalmente, en los razonamientos que realicemos. Existen varios tipos de razonamientos que responden a su vez, a actitudes distintas. a) Razonamiento “antes de actuar” (“razones previas”). Actitud que anteceden a estos razonamientos: - Actitud analítica y crítica: consiste en pensar lo que debo hacer en ese momento. Calibrando también el alcance de mis actos. Considerando sus consecuencias. Atendiendo a la situación en la que me encuentro y a las circunstancias que me rodean. Una vez encontradas estas razones previas actuaremos de una manera determinada o desistiremos de hacerlo.

- Actitud irreflexiva: es frecuente que, en muchas ocasiones, decidamos
primero qué es lo que vamos a hacer, y luego buscamos unas razones que justifiquen nuestro comportamiento.

b) Razonamiento
-

después de actuar. normalmente con dos finalidades:

Argumentamos nuestra conducta

-

Para convencerme de que lo que he hecho es lo que debía. Para convencer a los demás de que mi comportamiento ha sido correcto. Es frecuente el autoengaño, la autojustificación, la persuasión y la habilidad argumentativa cuya finalidad es convencernos a nosotros mismos y a los demás de que nuestro comportamiento fue adecuado.

El riesgo de toda argumentación Toda argumentación moral es arriesgada. Ya hemos dicho que los juicios morales y la argumentación moral no son juicios y razonamientos científicos, que son juicios y razonamientos que dependen de nuestro sentido moral y no de leyes de la lógica y de la experiencia. Por todo ello no debemos esperar la certeza del cálculo matemático ni la confianza que la experiencia, la observación y la comprobación posterior (“A posteriori”) nos ofrecen las ciencias de la naturaleza. Todo argumento moral es, a fin de cuentas, un razonamiento subjetivo, que puede ser compartido por muchos, pero no necesariamente. De ahí que ante un argumento moral, podemos hablar de conocimiento y de aceptación, pero nunca de prueba y demostración. Por eso decimos que la argumentación moral es arriesgada, porque son nuestras razones las que defienden un comportamiento concreto o las que lo desestiman. Necesidad de toda argumentación

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Continuamente estamos requiriendo que se nos den razones sobre las órdenes que recibimos o las pautas de conducta que se nos invita a seguir. Tal exigencia se debe al afán de entender aquello con lo que no estamos de acuerdo. Y así como exigimos argumentos a los demás, es lógico que los demás nos lo exijan a nosotros. Un comportamiento responsable no se agota en el acto, sino en los argumentos que nos han llevado a actuar de ese modo. Una cosa es que nos lo pidan o no, y otra es que estemos siempre dispuestos a ofrecerlos. Podemos hablar, por lo tanto, de la triple necesidad de la argumentación moral: ♦ Por un lado, necesitamos que los otros no argumenten su comportamiento, bien por que no lo entendemos, bien porque no lo compartimos, bien porque puede resultarnos dudoso; en cualquier caso, la necesidad del argumento busca, en última instancia, la comprensión de los demás. ♦ Del mismo modo, el argumento de nuestros actos, ante los que me lo exijan, está igualmente justificado. Es la demostración de que mis actos han tenido que producirse así y no de otra manera. ♦ Para ello es necesario que sin autoengaño, argumentemos ante nosotros mismos aquellas razones que nos llevan a un comportamiento concreto.

En cualquier caso, cabe la posibilidad de afianzar nuestros criterios de conducta o de desestimarlos, y si tales argumentos son elaborados con actitud crítica, el esfuerzo habrá valido la pena, sea cual fuere el resultado.

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