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CARTAS A UNA AMANTE

CARTAS A UNA AMANTE

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“Cartas a una amante” es una novela en género epistolar del escritor colombiano Luis María Murillo Sarmiento. En ciento treinta y una cartas el autor cuenta toda la evolución de un amor desde que nace hasta que muere.

Paola irrumpe como amante en la vida de un crítico, profundo conocedor de la vida de pareja. Él, docto conocedor de los males que al amor acechan padecerá como novato los males que procura prevenir en otros con sus advertencias. Renegará y sufrirá igual que un inexperto, pero al final pondrá punto final con una lección edificante.

http://luismariamurillosarmiento.blogspot.com/
“Cartas a una amante” es una novela en género epistolar del escritor colombiano Luis María Murillo Sarmiento. En ciento treinta y una cartas el autor cuenta toda la evolución de un amor desde que nace hasta que muere.

Paola irrumpe como amante en la vida de un crítico, profundo conocedor de la vida de pareja. Él, docto conocedor de los males que al amor acechan padecerá como novato los males que procura prevenir en otros con sus advertencias. Renegará y sufrirá igual que un inexperto, pero al final pondrá punto final con una lección edificante.

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Luis María Murillo Sarmiento












Cartas a una amante





A los que aman,
a los damnificados del amor,
a los puritanos...
a sus víctimas.

3

PRÓLOGO


No es común encontrar en la profesión médica la
sensibilidad propia del artista. El hecho, quizá, de estar
en permanente contacto con la vida y la muerte, pero no
en el sentido sublime y hermoso que la poesía conlleva,
sino en su presentación más animal y biológica, hace que
entre los hijos de Asclepios y Galeno nazca, por razones
inherentes a tan noble oficio, una visión técnica, racional
y, si se quiere, fría, de lo que es el hombre y su ciclo vital.
Sin embargo, cuando en algún médico brota la vena
artística, y en particular la poética, sucede lo que sucede
con la flor del cactus: nace en medio de la aridez y las
carencias pero es bella, con esa belleza natural y
arrogante que brinda el contraste y la rareza.

El doctor Luis María Murillo se atreve a desnudar su alma
por medio de las cartas a una amante. A medida que se
leen estas epístolas cargadas de sentimientos y ternuras,
de pasiones y mezclas de amores y desamores, se
adentra el lector, sin proponérselo, en un océano de
vivencias enmarcadas por la sinceridad y la soberbia de
un corazón que ama. También se experimenta la
sensación de ser un espectador silente de un drama que
es común a muchos seres humanos de este mundo
moderno y urbano en que nos tocó vivir. Aunque el amor
es eterno, sus manifestaciones cambian con el entorno, y
es allí donde Luis María Murillo encuentra el escenario
perfecto para llevarnos de la mano, con ingenuidad y sin
prisa, a un paseo por el sendero del amor y sus
esguinces.
4

Se leen las cartas a una amante con la perplejidad del
niño, con la seriedad del adulto y con la sensación de
inventario del anciano. Desfilan en las cartas los
sentimientos del autor, matizados con la belleza
secuencial de una relación marcada por la
espontaneidad y los difíciles recodos del amor en proceso
de creación. Es tajante el autor en su sentimiento y es
dubitativo en sus decisiones. Tal cual el amor: se sabe
que existe, pero se ignora su destino. Como una borrasca
en alta mar: se sienten sus coletazos pero se desconocen
sus consecuencias.

Así, sencillamente, Luis María Murillo nos lleva de la
mano a mostrarnos sus sentimientos y nos deja solos
para que tomemos con libertad, sin juicios ni veleidades
inquisidoras, la posición que ante su amor profundo
queramos, en razón de nuestras propias vivencias y
nuestras ocultas vicisitudes.

DAVID VÁSQUEZ AWAD.

5
CARTA I

Las primeras impresiones
*


Mayo 20

Paolita:

Hoy ha vuelto a encontrarse mi mirada con el motivo de mis
últimos desvelos. Confinado a la única mesa libre que
encontré en la fonda, calmé contigo mi impaciencia, en-
tretenido en tu ir y venir, en el ágil desplazamiento de tu
cuerpo, de la mesa al mostrador, en cadencioso
movimiento. ¡Qué delicioso y lúbrico ejercicio! Gracias a ti
la aborrecida espera, se ha vuelto deseada.

Fueron mis ojos de tu negra cabellera al bermellón de tus
labios; de tu nariz de suaves líneas, a tu sonrisa tierna; de la
delicada eminencia de tus senos a tu ceñido talle; de tus
caderas insinuantes a tus torneados muslos. Y repetí mil
veces, sin cansancio ni sonrojo, esa excursión tan
placentera.

Sé que tu mirada por timidez me esquiva, pero curiosa me
persigue cuando no teme encontrarse con mis ojos.

¡Despójate de tu pudor y tus temores! ¡No finjas ignorar
que me fascinas! ¡Palpita mi corazón de ansiedad por co-
nocerte!
_________
* Fue este el primer impulso epistolar que me inspiró Paola, no sin embargo
el primero que sus manos conocieran. Varias cartas llegaron a ellas antes.
Ésta sólo cuando al pudor lo venció la picardía. Suelen ser los gajes del
decoro.
6

CARTA II

Esta nota si me atrevo a enviarla

Junio 1

Paolita:

Me fascina sorprenderte cuando me estás mirando, porque
ya tus ojos no huyen de los míos. Cautivadoramente
parpadean invitando a que te atrape. Mas no sólo invita tu
mirada, hay una sonrisa entre tímida y coqueta que advier-
te que te encanta el juego. Todo es subliminal, discreto,
para los demás por completo imperceptible. No es mi ima-
ginación, estoy seguro.

Algo hay que me atrae, algo en esas miradas me emociona:
el presentimiento de que únicamente a mí me las regalas.

He resuelto deslizar a tus manos esta nota, pidiendo que
me des la opción de conocerte. Si mis apreciaciones se
equivocan, al leerla muéstrame el ceño fruncido para que
toda ilusión se desvanezca.
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CARTA III

Nuestra primera cita

Junio 3

Querida Paola:

Estoy feliz de haberte conocido. Temí que no llegaras a la
cita.

Te ves tan diferente sin el uniforme elegante que exige tu
trabajo, pero tan hermosa y tierna como siempre. ¡Qué
agradable eres! Tu sencillez y la bondad con la que hablas
me tienen conmovido. Nunca creí que nos hermanaran las
mismas desventuras. Gracias por revelarme cosas tan pri-
vadas de tu vida. Gracias por abrir tu corazón a mis des-
dichas.

Tus facciones tan suaves y tranquilas me habían hecho pen-
sar que todo en tu vida era armonía. ¡Qué iba a imaginar tu
pecho desgarrado y tus penurias! Mas no hay mal que dure
eternamente. Tengo la certeza de que tu vida tendrá un
cambio favorable. En tus virtudes puedo adivinarlo.

Me regocijó oírte hablar del amor tan animadamente, sin
cohibiciones, sin prejuicios, con libertad y convicción
rotunda. Parecía que mi pensamiento rondaba por tu boca.
¡Qué comunión tan exquisita! En busca del amor somos
audaces. Lo dices tú y yo lo ratifico, el matrimonio nos
entregó del amor sólo migajas. Ha de encontrase en otros
manantiales, y olvidando prejuicios nos tocará buscarlo.
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Llegué al encuentro ayer como un desconocido; cuando
tomé tu mano al partir, no me sentía un extraño; cuando
tus labios, como en una posdata de la despedida, volvieron
para estampar en mi mejilla un beso, tuve la sensación de
que no era la primera vez que te tenía tan cerca.

Siento que de siempre te conozco.

Sé que el nuevo día me dará el placer de salir contigo
nuevamente. Sólo dime la hora, paso a recogerte.

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CARTA IV

¡Ignoras cuánto vales!

Junio 6

Querida amiga:

No imagines más que por tus hijos dejarán los hombres de
interesarse en ti honradamente. Quien por ti se apasione,
abrazará tu mundo con todo cuanto entraña. No eres un
producto que para ser aceptado debe salir intacto de su
empaque.

Yo que sueño aún con ideales, no me dejo seducir por los
prejuicios. Sé más que nadie, que la perfección en la
realidad no existe. Sólo nos resultan perfectas las personas
cuando nuestra percepción por el filtro del amor se
distorsiona.

Amiga mía, a pesar de tu infortunado origen, de tus
desventuras, de tu pobreza, de tus frustradas relaciones, de
tu separación y de tus hijos, me sigues atrayendo. Tus
problemas difícilmente impedirán que me aproxime. Los
tiempos en que soñé con mujeres vírgenes y sin pasado,
años ha, los sepulté, hastiado de creencias obsoletas.

La dicha que las mujeres más dignas y encumbradas me
dejaron fue paradójicamente tasada en proporción inversa
a sus virtudes. Tal vez la castidad y la bondad son
antagónicas. Las que se proclamaron intachables poca
10
bondad me demostraron. Tanta pureza no garantiza los
buenos sentimientos.
Es propio del hombre ser presa de la forma, interesarse
demasiado por lo externo, ostentar, no ser; vivir subyugado
a la apariencia. Quien más proclama su virtud, menos la
tiene. Los años me dieron perspicacia, y en la castidad lo
primero que encuentro es apariencia.

No hay cuerpo humano por perfecto que parezca en que la
virtud pueda habitar intacta.
11

CARTA V

Contra el matrimonio,
una diatriba llena de razones

Junio 10

Paolita:

No fue el matrimonio para ti ni para mí la fuente de la
felicidad que ambicionamos. Mi interés en él no existe,
existió sí, y me dejó decepcionado. Por eso será siempre el
blanco de mi pensamiento.

Concibo el hogar como la cuna ideal para los hijos, el
matrimonio, apenas como una formalidad, una forma más
de dar vida a los hogares. Veo el modelo hogar y
matrimonio como un ideal inalcanzable. Ni a la fuerza se
mantiene unido. Poco funciona hoy. Armónicamente tal vez
nunca ha funcionado. Qué ironía que pueda el hogar
marchar mejor cuando no existe matrimonio que lo aflija.

El matrimonio es probablemente el último error de los
enamorados, una decisión que no se funda en el
conocimiento pleno de sus consecuencias. Debería ser una
elección lúcida y tranquila, producto de la cordura, cordura
de que no gozan los que aman.

Si con el matrimonio el enamoramiento caduca, ¿para qué
tomar en cuenta el amor a la hora de casarse? ¡Que primen
las garantías económicas y sociales sobre los sentimientos!
12
¡Que se piense en detalles que aseguren la supervivencia, el
bienestar, un futuro sin aprietos! Que se desarrolle,
pensando en la estabilidad, un proceso de selección, como
el que tan eficaz resulta a las empresas, estableciendo el
perfil ideal de la pareja. Al fin y al cabo el matrimonio es un
contrato. ¿Exclusivamente para el amor quién vive? Los
amantes.

Objetivamente creo, en contra de todo parecer social y
religioso, que el matrimonio no es más que una forma de
organización social, independiente del amor, incapaz de
mantenerlo vivo, que lo usa apenas de carnada para atraer
a su red a la pareja. Que cuando se mantiene, lo hace más
por ataduras religiosas o legales, por la costumbre, y
muchas veces por un amor sublime, aquél que nos
deslumbra cuando somos padres. Ese sin parangón en toda
nuestra vida.

No creo justo que en aras de la convivencia se renuncie al
don preciado de la libertad. Ni que la exigente vida en
común con un extraño ocasione mayores cohibiciones que
cuando estuvimos subordinados al hogar paterno, más
generoso en abrigo y en cuidados. Nada justifica la pérdida
de la libertad que se da cuando se formalizan las uniones.
Es en gran medida por su culpa que el amor se acaba.

Para que el matrimonio y uniones parecidas se conserven,
la afinidad, la solidaridad, la comprensión, la tolerancia y la
libertad deben primar sobre la atadura esclavizante y
egoísta. Todo está perdido cuando no acepta el uno al otro
tal cual es, cuando uno se obstina en cambiarle al otro su
forma de ser y sus defectos.

13
Los celos y la infidelidad, que socavan el amor, no debieran
aquí tener cabida. Pero hay que aceptarlos: son
irremediables. La fidelidad no existe, es un valor apenas
relativo, un deseo, una virtud que por egoísmo se exige a
quien amamos. Una cualidad para predicar en el desierto,
un atributo que se lleva el viento. Lo sabe quien intenta
dominar sus tentaciones: sólo las posterga. Al final no
sobreviven ni las buenas intenciones. Menos en el
ambiente hostil al amor del matrimonio. ¿Y los celos? Los
celos te aseguro, no son menos letales. Quien presta sus
oídos a las intrigas de los celos, acaba con el amor en forma
prematura. No son sus suspicacias más que otra
manifestación del egoísmo ocioso.

Al igual que todos soy culpable, he sido infiel y he celado.
He sido del matrimonio víctima y verdugo.

¡Cuántas cosas buenas derivarían de la vida estable de
pareja! Otra sería la historia de la humanidad si el
enamoramiento durara para siempre. Otra es la realidad.
Defraudado del matrimonio, me declaro de él en retirada.
Deseo el amor libre y perdurable, buscaré por ello el amor
en una institución vilipendiada: he vuelto a soñar con una
amante.
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CARTA VI

Comienzo a creer que encajas
en mis sueños

Junio 13

Querida amiga:

En la adolescencia conocí el amor y forjé con él las fantasías
más bellas. Tuve amores platónicos, idealizados, que
imaginaron a la mujer perfecta, poema puro, exquisita en
sus formas y virtudes. ¡Vana ilusión! La realidad es otra.
Pero terco mi espíritu, persistió en sus anhelos juveniles. En
un extravío que no se agota porque revive tras cada
desengaño. Todo por una visión inigualable, tan espectral,
que conozco de sobra sus virtudes, pero nada sé de sus
facciones. Ella es bella, estoy seguro, también es tierna,
dulce, comprensible, amante y tolerante. Pero no me
preguntes si es alta o si es delgada, si es un trigal su pelo, si
hay carmesí en sus labios, si está cautivo en sus ojos el
negro profundo de la noche. No idealizo su aspecto, apenas
sus virtudes. No sé de su semblante, desconozco las líneas
de su cuerpo, ignoro hasta su nombre. Anhelo una imagen
real y un nombre verdadero. Un cuerpo cierto para el
formidable espíritu que busco.

En cada silueta de mujer una ilusión florece. En aquellos
pasos que se acercan, en la suave voz que me contesta, en
un dorso cubierto de cabello hasta los hombros, en una
figura estilizada, deposita mi ensueño una esperanza. Casi
15
siempre sufro la frustración de no encontrarla. Y cuando
creo que es ella, me resulta esquiva.

Tal vez soy un quijote irredimible, soñador empedernido de
imposibles. Procuro actuar como hombre libre, mas no
puedo negar mis ataduras. ¿Si con el matrimonio sueña la
mujer, con unos hijos y una relación sin sobresaltos, podrá
existir aquélla que apenas en mi afecto se interese? Hasta
conocerte, del no rotundo estaba convencido. Desde
entonces creo que yo encajo en tus proyectos como tú en
los míos

Hoy dice mi corazón que un alto en mi búsqueda resulta
conveniente. Que en ti pueden hacerse realidad mis
sueños, que tus virtudes son las que mi alma anhela, y si
hay defectos, ellas los ocultan. Tu temperamento afín al
mío, puede ser el anuncio de una vida plena, de un lazo
indestructible. De un vínculo que desborde las ataduras de
papel con que la sociedad conforma las parejas.
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CARTA VII

El libre albedrío en el amor no existe.
A mi vida te doy la bienvenida

Junio 15

Mi muy querida Paola:

Si dueños fuéramos de nuestros sentimientos no nos
impondría el destino amores agobiantes. Amores
condenados al fracaso, que acaban cuando más los
ponderamos o que a pesar del daño que causan no se
extinguen, y en la razón fundáramos la elección de la pareja
eterna. Pero es el corazón, para bien o para mal, la cuna de
todos los afectos: tormentosos, plácidos, intemperantes,
tiernos, agresivos, esclavizantes, libres, quiméricos, reales.

Había conocido mi vida el desamor y amores imposibles,
cuando la luz de tu mirada encendió en mi alma nuevas
ilusiones. No pude mantenerme incólume a ese sentimiento
cuando más voluntad me sobraba para resistirlo. La bondad
de tus ojos transmutó la libidinosidad que me acercó a tu
cuerpo. Del deseo de un esparcimiento pasajero, pasé a la
añoranza de un sentimiento duradero. Tras deleitarme con
tus formas he empezado a disfrutar tu alma. Todo se ha
vuelto dulzura, una auténtica caricia, la añorada en mi
desesperanza.

Hoy intuyo que eres una hermosa realidad, idéntica al pa-
radigma que ronda mis ensueños.
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CARTA VIII

Más allá de las formas

Junio 19

Paolita:

Sin las formas perfectas de tu cuerpo me hubiera perdido la
oportunidad de conocer tu alma. Porque sin la
aproximación de los sentidos pocos pasos al encuentro con
la mujer damos los hombres.

Tras de tu sensualidad hallé ternura. Y el cielo que observa
mis pecados, sabe que si débil a la carne es mi materia, no
lo es menos a la ternura mi alma. La dulzura y la belleza que
tu ser a raudales proporciona, constituyen la combinación
de atributos en que siempre mi corazón y mi razón se
pierden. No hay atenuante a tus encantos, tus líneas son
perfectas, equilibrio supremo de tu genio y de tu aspecto.
Tan bellos como profundos son tus ojos, mirada abismal en
la que deseo precipitarme sin temores; mirada
perturbadora y compasiva; ruego enternecedor que me
domina. Tu tersa piel es más que un ingrediente suave de tu
cuerpo, es una esencia, un efluvio sereno y delicado que
emerge de tu entraña. Todo lo externo en ti tan armonioso
apenas es destello de un interior que más bello se adivina.

Gracias hermosa mujer por revelarme las bellas cualidades
de tu espíritu, presiento que ante ellas estaré rendido.
18

CARTA IX

¿Cómo no he de ser infiel?

Junio 22

Princesita:

He llegado a ti luego de una penosa travesía por las sendas
espinosas del amor. Más maltrecho que victorioso, pero
más experto.

Éste que vez luciendo, casi cínico, el diploma de su
infidelidad, un día fue un cándido marido que creía en el
amor y en la perennidad del matrimonio. Que fiel a ese
pensamiento soportó con resignación maltratos, suplicó mil
veces, perdonó otras tantas y pidió perdón sin ser culpable.
Todo por prolongar un sentimiento absurdo: un amor
hilado a punta de ofensas y desprecios. A punta de
suspicacias y recelos.

Me acogí a los santos, a Dios, al firmamento entero. Rogaba
por la transformación de aquel temperamento inicuo. Y
debió escuchar el Cielo mi llamado, porque aunque los
ultrajes no cesaron, ni nunca brotó de sus labios una
palabra amable, el amor por ese ser por quien yo daba la
vida se evanesció definitivamente, me sentí intempes-
tivamente libre, nuestras diferencias dejaron de
importarme, de nuevo me dejé tentar por las mujeres. Se
acabó la lealtad con quien me había fallado.

19
Sufrí mientras amé sin entender la razón de las actitudes
agresivas. Con el tiempo me forjé un espacio para el
romance fructífero y furtivo. Y no llegué a sentir contrición
por mis deslices, por el contrario, cada aventura fue la
compensación a cada instante amargo. Así, tan descarnado
como lees, me volví infiel sin remordimiento alguno.

Ya ves, no es gratuita mi actitud ante el amor, ni mi
infidelidad está libre de motivo.
20

CARTA X

Un complicado paradigma

Junio 25

Querida Paola:

Me dice la experiencia que tratar de reunir en un solo ser
todas las virtudes que el hombre anhela en su pareja no es
posible. ¿Cuántas veces es una misma mujer la mejor
amiga, la mejor confidente, la mejor compañera, la mejor
madre, la mejor ama de casa y la mejor amante? Casi
nunca. No son más que esperanzas que se frustran y
energías que se pierden en pos de un modelo que con
dificultad se logra.

Hace tiempos pensé en un novedoso paradigma ¿Qué
pasaría, me preguntaba, si cada necesidad fuera satisfecha
por una persona diferente? Porque una buena madre
puede ser muy mala amante, pero otra habrá apasionada y
amorosa, otra que se destaque como amiga, otra como
ama de casa insuperable.

Y conocí buenas amigas, buenas amantes y buenas
confidentes, cual si el modelo sin duda funcionara. De
hecho guardo el recuerdo de provechosas experiencias.
Pero aunque encontré mujeres maternales, reemplazar a
una madre, es imposible. El hijo la amará siempre a pesar
de sus errores. Me olvidé del complejo paradigma. El de la
madre de los hijos y una amante sigue siendo a mi modo de
ver el que mejor funciona.
21

CARTA XI

Éste soy, debes conocerme

Junio 28


Paolita:

Éste que conoces, consentidor y tierno, también tiene en
sus venas sangre en ebullición, savia indomable. Por eso me
proclamo libre de amar y profesar afectos, amo de mi
libertad y señor de la voluntad que Dios y la naturaleza me
entregaron. Por ella lucho hasta la muerte.

No me someto a las hipócritas reglas de los hombres, sólo
atiendo a mi razón y a mi conciencia. Actúo siempre con la
frente en alto; expongo mi pecho a los agravios. Por mis
convicciones todo sacrificio es vivificador y lícito, ni siquiera
la parca me detiene.

Soy hombre de ideas y de ideales, desmitificador e
iconoclasta, propenso al peligro, con la injusticia,
intolerante; flexible con las debilidades de la carne,
acérrimo enemigo del comportamiento santurrón y
solapado.

En lo laboral de las jerarquías me mofo, en lo social me
burlo de las clases: meros accidentes del destino. Quien hoy
más bajo, puede ser mañana poderoso. Sólo miro el
corazón y la bondad humana. A los humildes sirvo con
agrado, con más gusto que a los poderosos que llegan a
22
creer que me han comprado. No admito esclavitud o
servidumbre, ni acepto que la mujer le pertenezca al
hombre, o que por artimaña de un ridículo contrato, dueño
se vuelva un cónyuge del otro. Sólo concibo uniones que
duren por afecto, por el consentimiento pleno y deseado,
aquéllas en que el ser sea libre, y toda expresión del
instinto tolerada.

Lo que recibo ofrezco, y tantos derechos y libertad concedo,
como los que la consecución de mi felicidad exige. En la
infidelidad no creo como pecado, es instinto natural por
todos cometido. ¡Los que de amor son, no son pecados!

Me repugnan los celos aunque sean normales, tampoco
concibo el destino de las almas atado a la cohibición y al
sacrificio. Hedonista soy confeso y practicante.

Únicamente la bondad tiene por norte mis acciones. Nunca
esperes de mí un ataque por la espalda.
23

CARTA XII

Antes de ser derrotado por Cupido

Julio 1


Querida Paola:

Mi razón está naufragando por tu causa en las ilusorias
aguas del afecto. ¿Por qué no compartir contigo las
atrevidas reflexiones del último acto cuerdo antes de que el
arquero del amor me hiera irremediablemente?

Tal vez porque conozco el éxtasis del amor desmedido,
como la gélida indiferencia en que termina, he hecho presa
de mis pensamientos los acontecimientos descarnados de
la relación amorosa, constantemente contrapuestos al ideal
ansiado.

Una simple atracción es la semilla del más descomunal
afecto, de un amor que no conoce límite, de un vínculo que
ingenuamente creemos para siempre. Con la conquista el
interés decrece, con la convivencia los defectos ocultan las
virtudes y un mundo de obligaciones y labores convierte en
mísero recuerdo la llama ardiente que flameó al comienzo.

Y se podrá convivir por otros intereses, mas no por el
motivo primordial: el amor. Es la triste evolución de la
relación de la pareja humana, y no hay maquillaje moral ni
religioso que cambie esa realidad indefectible. No hay
censura ni excomunión que la transforme. Quiera el Cielo si
24
nos acerca tanto como yo pretendo, que ese no llegue a ser
nuestro destino. Hermoso es poder albergar una esperanza.
Una esperanza que borre las oscuras sombras que rondan
por mi mente.

He visto prolongarse relaciones bajo el influjo de cánones
sociales, religiosos o morales, pero a cambio de una
desazón profunda. Porque es imposible avenirse a una
norma que no toma en cuenta una realidad que le es
enteramente opuesta. ¿Quién puede admitir serenamente
que el día es resplandeciente, cuando la razón y los sentidos
revelan una noche fría y tormentosa? ¿Quién puede
aceptar que vive un sentimiento eterno, cuando hace
tiempo que se extinguió su llama?

Hoy mi corazón se debate entre la incertidumbre y el deseo
de entregarme de lleno a la conquista. Veo en ti y en mí
almas bondadosas, que aman y anhelan ser amadas, que le
tienen preparada al amor una morada inmejorable.

No hay duda, están haciendo efecto las flechas de Cupido.
Así tanta racionalidad no sirve para nada.
25
CARTA XIII

¿Encarnas acaso mi utopía?

Julio 2

Paolita:

Siempre en la mujer imaginé la sublimación de los más
delicados sentimientos. ¡Qué pocas veces he confirmado
que puede ser realidad esa utopía!

Confiado en la imagen maternal de la mujer, que sólo
despide amor en su regazo, concebí la ternura como el don
característico de la feminidad, pero ahora sé que esa virtud
escasamente al hijo pertenece. ¡Qué pocas mujeres he
encontrado en esencia dulces y sensibles!

Hoy que tu ser parece materializar mi fantasía, se asoman
mis sentidos a una realidad que parecía imposible. Admiro y
adoro tu temperamento sensible, suave como tu piel, que
trasmite la ternura de un infante. Gozo con tu figura de
mujer menuda y frágil, que proyecta un espíritu bello que
rebosa de bondad. Los trazos de tu cuerpo me obsesionan,
y sin embargo no son más hermosos que tu alma. Ésta es el
objeto de mis anhelos más sentidos, aquél, objeto de mis
gozos terrenales.

Tu esencia frágil condensa la naturaleza femenina, que para
proteger, mis brazos reclamaban.

Que el destino no endurezca tus facciones, ni el tiempo me
vuelva refractario a tus virtudes.
26

CARTA XIV

Las promesas de amor.
Una pizca de razón antes de volvernos insensatos

Julio 3


Querida mía:

Provengo de una relación que me atormenta, tengo una
ilusión personificada en tu existencia, no soy novato en el
amor y tengo un sentido demasiado crítico. No quiero
engañarme ni engañarte, sé que el amor no dura
eternamente, mas quiero que se vuelva duradero. No
quiero llenarte de promesas, pero tampoco quiero negarte
mis buenas intenciones. Te escribo esta carta con la razón,
porque seguramente el corazón será el autor de las
próximas que escriba.

Las promesas de amor suelen ser para nuestro pesar sólo
promesas. No las obliga la vehemencia con que se
pronuncian, la realidad no tiene relación con ellas. Y no se
quebrantan por mala voluntad ni infames intenciones, sino
por el efecto impredecible de los sentimientos, ajenos al
deseo de quien pretende controlarlos.

¡Qué poco sentido tienen en el amor los juramentos! En el
amor sólo se podría jurar a posteriori: sobre hechos
consumados. Como quien da solemne testimonio de que
una determinada circunstancia existe o ya ha pasado. Pero
comprometer el futuro en juramento, el futuro incierto y
27
lleno de avatares, no es más que arriesgarse a no cumplir
con lo pactado. Jurar para la posteridad es apenas un
deseo, es abrigar la esperanza de poder cumplir una
promesa. ¿Si se incumple en lo racional y calculado, que se
podrá decir sobre los pactos impensados que ofrecen los
amantes?

Siempre y jamás, palabras del exquisito lenguaje del amor,
no tienen en la realidad cabida. Se expresan sin certeza,
apenas con candor, con la efervescencia del momento.

Otras serán probablemente mis palabras cuando sucumba
del todo mi razón al influjo de este nuevo sentimiento. A
cada instante siento que tú y yo actuamos con menos
objetividad y menos calma. No quiero arrebatar tu libertad,
tampoco comprometer la mía. Pero también anhelo amar y
ser amado.
28

CARTA XV

Me haces soñar despierto.
Es hora de que sepas que te amo

Julio 4


Paolita:

He ahuyentado esta noche de mi mente todo pensamiento.
No ansío razones, tan sólo el placer que tu ser me
proporcione. Tal vez no conozco de ti lo suficiente, pero ya
por ti mi corazón palpita. Eres un descubrimiento tan
reciente, pero en mi vida tienes más raíces que lo añejo. Me
he perdido en tu rostro angelical porque refleja la ternura
con que sueño... Entre versos pareces concebida.

No quiero hoy ruido ni luz que me distraiga, sólo silencio...
un espacio y un tiempo infinitos para que tú lo llenes.
Quiero soñar contigo, quiero extasiarme con cada palmo de
cuerpo, quiero imaginarme frente a frente, inmóviles mis
ojos en tus ojos, subyugados ambos, los tuyos y los míos, en
un lenguaje explícito y silente; recorriendo tu frente, tu
nariz, tus labios, con la tímida y trémula yema de mis dedos.
Aproximando mis labios a tu boca, escasamente con candor
rozándolos. Besando sin malicia, sin violencia, ni pasión,
apenas con ternura, tu frente, tus ojos, tu nariz, tu boca...
Adivinarme cerca de ti, inhalando el aire que respiras; junto
a ti sintiendo la tibieza de tu cuerpo, a ti abrazado, ciñendo
tu cintura, descansando en tu pecho, al arrullo de tus
29
rítmicos latidos. Entrelazando tus manos, sintiendo sobre
mi piel tu suave tacto. Durmiendo a tu lado y despertando
contigo entre mis brazos. Irrumpiendo en tus sueños y
guiando tus quimeras, haciéndome imperceptiblemente a
tu cuerpo y a tu alma, con la suavidad del más dulce
sentimiento.
30

CARTA XVI

Que mis palabras
no las borre el viento

Julio 5

Mi amor:

Nada que quiera el hombre repudiar lo pone por escrito. El
compromiso fugaz se deja a las palabras con el ánimo de
que las borre el viento. Han perdido las palabras su
majestad y su decoro, salvo cuando atrapadas por la pluma
sirven para rubricar el pensamiento. La palabra escrita es
historia, es juramento, es prueba. Es la manifestación de
quien con seguridad se expresa, de quien honra un
compromiso. Así querida princesita habrás de soportar mis
cartas cuantos días seas dueña de mi afecto. Cada epístola
será el testimonio de que con amor terminó el día y será a
la vez indicio de que a la mañana siguiente la llama del
amor sigue presente. Muchas cosas tienen los amantes por
decirse, siempre habrá un sentimiento, un tema, un
recuerdo que llene los renglones. Seré como un articulista
que publica con religiosa puntualidad su columna en el
diario de tu vida. ¡Y que nunca comience a claudicar mi
pluma!, porque en ese momento sabrás que el amor se está
agotando.
31

CARTA XVII

¿El enamorado ama?

Julio 7


Cielo mío:

No conoce, quien ama, el egoísmo, y es generoso en
comprensión, perdón y tolerancia. El objeto de su afecto lo
protege y no piensa jamás en destruirlo. El enamoramiento,
en cambio, es egoísta, busca siempre retribución a su
cariño, anhela poseer, nunca compartir al ser amado.

En el enamoramiento odio y destrucción están latentes, el
sentimiento es fugaz, exclusivo y excluyente. El verdadero
amor es perdurable, es generoso; todas las pruebas las
resiste. Aquél tan inestable, es una llamarada que un simple
soplo acaba en un instante.

El enamoramiento es una conspiración de la naturaleza
para perpetuar la especie, un brote sicótico, una chifladura,
una deliciosa dolencia que nos vuelve ciegos: bajo su efecto
el ser amado carece de defectos y es dueño de las más
grandes virtudes.

Anhelo, que nuestra relación progrese y tenga del amor sus
atributos. Que tanto como él perdure, y con el ímpetu del
enamoramiento.
32

CARTA XVIII

Confío en ti:
No imagino daño que de ti provenga

Julio 8


Mi amor:

Me basto verte para intuir tu esencia noble. Tus suaves
ademanes con otra naturaleza no armonizan. Algo hay en
la voz y en el semblante de todo ser humano que delata el
verdadero ser y las reales intenciones.

He visto, por ejemplo, en ocasiones, la belleza plasmada en
los trazos perfectos de rostros femeninos, que sin embargo
no encubren con su fascinación su ánimo perverso.

Presumo que la bondad perfila la belleza hasta convertir en
angelical un rostro simplemente hermoso. Tú, dulce
ensoñación, tienes ese halo, esas alas blancas y esa aureola
que me hacen abandonarme en ti sin desconfianza. No
imagino daño que de ti provenga, no al menos intencional o
voluntario. Tus manos fueron hechas para sanar, nunca
provocarán heridas.

Creo en ti, y no soy hombre crédulo. Soy receloso y olfateo
los malos corazones. Los presiento en los rostros adustos
negados a la más leve sonrisa, en los semblantes
impasibles, que reflejan un alma inconmovible, en quienes
33
intoxican con la amargura que destilan, en los prepotentes
que exageran sus virtudes, en los intolerantes con los niños,
en los que abominan a los animales, en todo aquél que no
tiene humor ni lo permite. Todos ellos algo sórdido
esconden en su entraña. La auténtica bondad traduce
agrado, ternura, suavidad, jovialidad y mansedumbre.
34

CARTA XIX

Para ti, mi primer poema

Julio 9

Amor mío:

El dolor y el amor son un surtidor inagotable de palabras,
un manantial en el que abrevan los poetas y todos lo que
escriben.

Yo, que resurjo de la tristeza con las tímidas caricias de un
amor que nace, siento pletórico mi pecho de una
inclinación lírica que apenas conocía.

Siento bajo el influjo del amor almíbar en mi boca y
palabras que brotan en mágicos acordes. No tiene el
hechizo más nombre que tu nombre, ni mis versos
diferente razón ni otro destino. Acoge con todo mi amor mi
balbuceo poético.

“He sido” nació la noche memorable de la tercera cita, en
que por primera vez mis brazos te rodearon y las barreras
de la discreción saltaron en pedazos. Desde ese momento
mis tristezas se escriben en pasado.
35

HE SIDO

Un hombre he sido,
sin ilusión y sin futuro;
un hombre que anticipó con su tristeza
el pago de una dicha duradera.

Un hombre receloso,
ante el destino incrédulo,
que espera de la providencia un desagravio,
que se pague con gozo y con ternura.

Un hombre confundido
por la realidad y la quimera,
sediento de una voz amable
y esclavo de una imagen tierna.

Un hombre que anhelando un destino generoso,
construyó en sus sueños
la mujer perfecta.

Un hombre que da cita
en la noche a sus delirios
para soñar con ella.

Un hombre en pos
de una utopía,
de una esperanza que ronde el infinito,
de una ilusión inédita,
que presumo alcanzar
cuando cruzo mi brazo
por tu talle.

36

CARTA XX

Cuenta conmigo en tus apuros

Julio 11


Mi amor:

Conozco tus graves aprietos económicos, sé que son más
serios de lo que tú escasamente cuentas. Tu mamá no ha
podido ocultármelos más tiempo.

Sé que son tres los arriendos que debes; que Alfredo dejó
de cumplir sus obligaciones con los niños; que el colegio los
expulsará si no pagan la pensión que viene y que en la
tienda ya no tienes crédito expedito.

Tu mamá me explicó que no rechazas mi oferta por orgullo
sino por temor a que la deuda quede sin pagarse. Si así
fuera, tampoco me preocupa. Presiento que no tienes más
opción que consentir mi ayuda.

¡Indiferente no puedo ser a tus angustias! ¿Cómo puedo ser
insensible a tus aprietos? Aunque los recursos sean escasos,
mi firme decisión es apoyarte. A tu servicio pongo mis
medios para solucionar tu crisis.

¿Si hemos de compartir intimidad y afectos, que
impedimento habría en compartir dinero? Así que he
dejado con tu mamá algunos pesos que aliviarán las cargas.
Reclámaselos y dales el destino más propicio.
37

CARTA XXI

La infidelidad sí es mi tema predilecto

Julio 13


Mi vida:

Has encontrado a alguien que no teme hablar de la
infidelidad con desparpajo y que además la practica sin
sonrojo.

No rehuyo el tema, gozo cuando por los cuernos tomo al
toro. De la infidelidad me gusta hablar con franqueza, con
naturalidad y sin temores. Sin el repudio social que la
condena... en público. Pues a la humanidad la subyuga la
apariencia, se interesa más por lo visible, más que por lo
que es, por lo que ostenta. Descubrir su doblez es mi
deleite. Prefiero la verdad amarga al halagador engaño, el
anonimato al prestigio mal habido.

Para suplicio de los hombres imprimió el Creador en la
condición humana dos impulsos poderosos y
contradictorios en extremo. Los celos y la infidelidad,
presentes simultáneamente. Cuida el uno con
intransigencia su dominio, codicia el otro las conquistas que
prohíbe. Un instinto establece para sí las ventajas que el
otro convierte en impedimentos para la pareja. Si de
justicia supiera el corazón humano, el infiel silenciaría sus
celos y el celoso exhibiría una fidelidad acrisolada.

38
Controlar las tentaciones puede ser tan difícil como
controlar los celos. El destino ha sido conmigo compasivo.
No soy un amante posesivo, soy por desgracia, en cambio,
dependiente. Tan dependiente como para tolerar la
infidelidad de mi pareja, mientras no deje su afecto de
irradiarme.

No podemos exigir fidelidad a nuestra especie, escrita está
la infidelidad en sus genes. También la mujer es proclive a
lo prohibido. Más reprimida, más discreta. Producto
seguramente de los siglos de sometimiento por el hombre

La fidelidad hace caso omiso a los dictados de la razón, de la
moral y la justicia, y en toda relación está latente. Tiene sus
reglas, para ocultarse, para adaptarse, para existir sin que
se note. Mas no por ella debe mantenerse la pareja en
tormentosa incertidumbre. Quien sabe disfrutar el amor
vive el momento, no se arropa con la duda del engaño, vive
y deja vivir en libertad: la mejor medicina para que el amor
perviva. Y mide no en términos de fidelidad, sino de afecto
y solidaridad la magnitud del compromiso.

No he sido el amante usual que a la vez disfruta dos
manjares. No amo a dos mujeres, no amo a una mientras
deseo a la otra. He sido infiel porque mantengo un
matrimonio necesario en la práctica pero afectivamente
inútil, mientras busco el amor en la distancia. Que no
juzguen mi infidelidad con ligereza.

Y a quienes por otros motivos son infieles, los absuelvo; al
fin y al cabo no inventaron ellos el amor, los genes, las
hormonas, el instinto, ni la atracción entre los sexos, son
apenas esclavos de su influjo.
39

CARTA XXII

Que las sombras de la infidelidad
no nos perturben

Julio 15


Mi amor:

Donde haya luz siempre habrá sombras, y donde asome la
felicidad, temores. No podemos ignorar que los
sentimientos son más efímeros que nuestra vida a pesar de
nuestras buenas e infructuosas intenciones.

Muchas veces he afirmado que la monogamia no está
escrita en los genes de la especie humana; que instituirla ha
sido probablemente un disparate. Más con matrimonios
que se fraguan para siempre. La poligamia o la monogamia
cambiando de pareja son soluciones sociales a la infidelidad
del hombre. Practicar la fidelidad es un tormento cuando el
amor se ha ido. Que la traición acecha, he pensado en
medio de la soledad y del despecho. Hoy que me vuelvo a
ilusionar con el amor quisiera no pensar en ello. ¡Es
imposible!

Cuando se inicia una relación hermosa quisiera que fuera
para siempre, mas el amor a la voluntad no se doblega.
¡Mísero destino! Nadie ama porque la voluntad lo mande.
La voluntad puede perpetuar una relación pero nunca un
sentimiento. Y contra lo que dictan los cánones sociales, me
40
opongo a que por la fuerza se mantenga una unión sin la
chispa del afecto.

Víctimas somos del mandato natural que rige los sentidos,
por ello no condeno a quien sucumbe a esa ley natural que
involuntariamente lleva a la apatía por el ser que un día se
quiso, más aún, que aviva simultáneamente el interés por
otro. Una vez saturados los sentidos, pierden interés por el
estímulo que los excita, por eso una criatura inédita
embelesa. Habré de dosificar el placer que me prodigas
para que siempre algo nuevo perciban mis sentidos.

“¿Qué seguridad puedo ofrecerte?”, preguntas con el
sobresalto de quien vacila en emprender una aventura. Y
solamente atino a contestarte que tantas como tú a mí
puedas brindarme. No somos nosotros quienes guiamos al
amor, sino él, el que a su antojo nos gobierna. Sólo
actuemos con honestidad, sin el deseo de hacer o hacernos
daño, así nunca habremos de sentir reproche.

Las promesas del enamorado son auténticas, pero no
eternas como su juramento las proclama. No tienen más
existencia que el amor que las inspira.

¿Pero no debemos, por ello, albergar siquiera una
esperanza? ¿Por qué no disfrutar la dicha del presente si el
futuro se nos presenta incierto?

Razón tienes al dudar del sentimiento que te atrae a mis
brazos. Al fin y al cabo renuncio para amarte a otra relación,
que en algún momento creí maravillosa. Hoy eres
favorecida por mi infidelidad, no pensemos que mañana
puedas por ella ser sacrificada. Mis palabras son sinceras,
41
mi motivación honrada y mi corazón tan sólo alberga
buenos sentimientos.

El temor a ser herido impide afectos más profundos, genera
desconfianza. Podría ser mejor para mí una relación
superficial que nada arriesga. No lo anhelo así, por ti corro
el peligro. En materia de infidelidad puede por igual ser uno
víctima o verdugo.

No presientas que es menos mi cariño porque mis palabras
rehuyen al amor eterno que juran los amantes. Con la mitad
de mis años sería con ingenuidad perjuro, pues a ti me
hubiera ofrecido para siempre. Con los que hoy me colman,
por experiencia, únicamente te ofrezco con honestidad mi
presente, y mi deseo porque la dicha pueda
indefinidamente prolongarse.
42

CARTA XXIII

Mis motivos

Julio 18

Mi amor:

Hace mucho que mi infidelidad ha sido proclamada. Así que
no te sientas culpable de acabar con una relación que había
muerto cuando tú llegaste. Antes que se sorprendiera
contigo mi mirada, ya le había anunciado a ella que me
volvería infiel, hastiado de su enojo.

Su mal humor constante me lanza a los brazos de una
amante. Y en mi desilusión comprendo a todos aquellos
hombres frustrados por mujeres con corazón de piedra, y
consiento no sólo sus amantes sino sus picardías galantes.
Claro que aquellas cortesanas que acarician por dinero
pueden ser más amorosas que las fieras que acechan en la
intimidad de los hogares.

Conozco mis debilidades y el influjo seductor de las
mujeres, pero creo que brazos más amorosos de mi
debilidad me hubieran apartado. No fue así, y por el
contrario, me abocaron a la determinación que estoy
tomando.

Son los ambientes propicios los que el amante aprovecha
como el delincuente. Son las circunstancias favorables las
que hacen aflorar comportamientos que de otra forma
permanecerían latentes.
43

Presiento que tu comprensión y tus caricias alejarán de mí
la necesidad de continuar buscando las virtudes que en
aquélla mujer jamás hallé y llenarán el vacío que me
precipitó complacido al mundo de la infidelidad.
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CARTA XXIV

De hoy en adelante te llamaré copito

Julio 21


Amor mío:

Todo cuanto de ti percibo tiene la virtud del terciopelo.

Tu pelo, tu piel, tus labios, tu voz, tus sentimientos, tus
gestos y maneras estimulan mis sentidos de forma suave,
profunda y permanente.

Eres al tacto delicada, al gusto dulce, al oído armónica y
serena; al olfato apacible y perfumada y a la vista sosegada
y refulgente.

Todo en ti es sedoso, manso, benévolo y sumiso, como de
felpa, como de algodón. Como la bolita nívea que frota la
herida sin provocar martirio, como el copito blanco que
acaricia cuando frota.

Cuando te estrecho tu suavidad me calma, cuando te oigo
me sereno, cuando me duermo entre tus mimos, siento que
floto entre nubes de singular blancura, siento de plumas el
colchón y de algodón las mantas.

En tu regazo siento que eres un copito delicado, ese copito
de algodón que no lastima nunca, por eso desde hoy te
llamaré Copito.
45

CARTA XXV

Otro poema

Julio 22


MI NÍVEA REALIDAD

Eres como un sueño
transportado en una nube nívea,
invención de mi pensamiento peregrino,
abstracción que se pierde en los confines
de ese cielo de poetas y de amantes.

Tienes la esencia de mis sueños,
y todas sus virtudes.

En mi ilusión onírica palpitas
con la fuerza de una realidad irrefrenable.
No he más de imaginarte:
Eres realidad,
la realidad que parecía imposible.
46

CARTA XXVI

Nuestra distancia

Julio 23


Dulce Copito:

Tal vez sea mi estatura menor que la que estimas y la tuya
mayor de lo que piensas, porque no siento inconmensura-
ble como dices, la barrera social que nos separa.
Desheredada no estás de la fortuna, tu existencia es tu real
tesoro. Cerca de ti los aromas de bondad abundan.

Fácil se hace un profesional, bueno o mediocre: en un lustro
de su vida se ha formado. Un ser bueno demanda mucho
tiempo. Comienza a forjarse de la nada. Debe desde el
nacimiento cultivarse. Un ser torcido puede inclusive
maquillarse para aparentar las virtudes que no tiene. ¿En
cuántos profesionales tocados por el éxito no hay más que
espíritus sucios, malintencionados, que sacan provecho de
sus semejantes? Dulce Copito, prefiero tu substrato, ese
filón, esa alma noble y generosa. Profesionalmente eres
una piedra por pulir. A mi amparo serás la Nightingale
prodigiosa que has soñado.

Creo que mientras mi sombra te proteja deberías dejar de
trabajar. ¡Inicia tus estudios! Dedica tu tiempo a tus hijos, a
tu carrera y a nuestro tierno sentimiento. Descansa del
sacrificio, del trato indolente y de las arduas jornadas
laborales.
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Ten confianza. De mi mano conquistarás mi mundo.
Convertiré tus sueños en mis sueños, y mis sueños -
nuestros sueños- se volverán reales.

48

CARTA XXVII

Vuelve a las aulas

Julio 25


Copito:

Basta ver el brillo de tus ojos cuando hablas de volver a los
estudios, para comprender lo importante que es para ti ese
anhelo. Me atormenta ver el dolor con que le das la
espalda. Laudable es el empeño, no te rindas. Alcánzalo
gradualmente, como alguna vez lo propusiste. Has primero
el curso de auxiliar de enfermería, y cuando esa meta, más
económica y menos exigente alcances, inicia tus estudios
superiores con los rendimientos que aquélla profesión te
deje.

No vaciles. Diligencia ya mismo el formulario y decídete a
estudiar. No pienses más en el dinero. No es ese un gasto
más, es el primero, el primordial, la inversión que
remediará tus males.

Si aceptas el reto, cuenta desde ya con un mecenas. Pon tú
la dedicación y el tiempo, yo me encargaré de que no falten
los recursos. La matrícula, los textos, todos los equipos y
elementos por lo pronto corren por mi cuenta.
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CARTA XXVIII

Indiscutiblemente te amo

Julio 31


Mi amor:

Que fácil la sensualidad nos vence. De su cosecha tengo en
mi mente imágenes fantásticas, sin embargo tan fugaces
que quedan a la deriva en mi memoria frágil. Evoco
exquisitas sensaciones de un placer intenso y momentáneo,
cuyas artífices merecerían un mejor lugar en mi recuerdo.
Pero no ocurre así con esas efímeras conquistas, hoy se me
olvidan hasta los nombres de esas adorables mujeres que
poseí o que me amaron. Que placer tan impersonal. La
simple sensualidad es un gozo pasajero. Nada como el
placer que depara un gran afecto. No busco en ti la simple
sensación, voy en pos de un sentimiento que quede en mí
grabado eternamente.

Mi corazón que ha sido receloso, sabe que la mujer
comparte con el sol peligrosos y extremos atributos. Su
calidez atrae, inocua se percibe, se advierte que sin ella no
tiene posibilidad la vida. Pero también abandonado a su
rayo abrasador todo se arruina. Una y otra vez me he
debatido entre las bellas emociones del amor y el temor a
sus heridas. Pero no postergaré más mi decisión. Me
ratifico, quiero repetirte sin vacilación que se hicieron para
ti mis sentimientos, mi alma, mi cuerpo y todas mis
virtudes.
50

Has devuelto a mis ojos el brillo de la felicidad, borrado de
mis labios el gesto de la frustración y la amargura, y
encendido en mi corazón la llama del amor.

He vuelto a tener la maravillosa sensación de sentir que hay
alguien que se angustia por mi ausencia, que me extraña,
que guarda con ilusión mi nombre en sus suspiros.

Hermosa visión angelical, mi amor por ti no alberga duda.

51

CARTA XXIX

Después de nuestro encuentro

Agosto 4


Enternecedor copito:

Arde aún en mi piel el fuego de nuestro primer encuentro, y
palpita mi corazón con la misma intensidad de cuando
fuiste mía. Mi tacto trémulo guarda todavía el maravilloso
recuerdo de tus íntimos secretos. Que hermosa comunión
de dos seres que se aman, arrebato sublime en que se
funden los cuerpos y las almas.

La maternidad que tan duras cuentas de cobro pasa a la
belleza, fue indulgente con tu cuerpo y por ti pasó sin
alterarte. No hay estría que delate la existencia de tus hijos,
suave es tu piel, firmes tus senos, duros tus muslos,
exquisito tu sexo como la fruta fresca.

Guardo el recuerdo de tus manos y tus labios
aventurándose en mi cuerpo con temor, contenidos por un
pudor no deseado. Guiados por el instinto y la pasión.
Ansían mas no se atreven, esperan un guiño de mi parte.
Pausadamente entro en tu piel, avanzo firme, exploro con
ternura y con deseo. Voy en pos de tus zonas más
ardientes, dejando en ellas el sello de mis labios.
Tembloroso, siento tu ser bullir. El fuego abrasa, siento que
gimes en éxtasis supremo.
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CARTA XXX

Estoy enamorado

Agosto 6


Copito mío:

La atracción entre los sexos, el enamoramiento y el amor no
pueden evitarse, la naturaleza los decreta. El instinto, más
que las inhibiciones, la cultura, la familia y la sociedad deja
su huella.

El enamoramiento es una expresión suprema del afecto.
Desequilibrado, extremo, el enamoramiento no conoce
racionalidad ni límite, y tiene tanto de fugaz como
profundo. Bajo su influjo yerra la razón y los sentidos
alucinan. La realidad se distorsiona y las sensaciones
placenteras no saben de fronteras. Es el imperio de la dicha
inagotable, pero igual que el fuego, abrasa y se consume, y
se extingue inexplicablemente, sembrando en su agonía el
peor de todos los tormentos.

Me has llevado al clímax del amor, y quiero volver este
momento eterno, pero conozco el abismo que ronda sus
costados. ¿Cómo podría conseguir la seguridad de que este
placer es para siempre? Copito, la estabilidad de mi vida
está en tus manos.
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CARTA XXXI

Los que otros desean,
yo a mis anchas lo disfruto
Agosto 10


Dulce copito:

Qué hermosamente ciñen tu cuerpo los encajes, cuánto esa
ropa íntima resalta con tus formas. Esas diminutas prendas
que guardan tus secretos, que no cubren nada, pero lo
ocultan todo, son el objeto del más apasionante juego.
Blancas, negras o amarillas, igual destacan las líneas jugosas
de tu cuerpo, igual desencadenan la cascada de un gozo
inevitable. Desde que mis ojos se apropiaron de tus íntimos
espacios, no dejo de evocar los momentos en que fuiste
mía.

Y cuando veo las miradas inquietas con que los hombres te
devoran, lejos de disgustarme, inflo mi ego. Cuanto ellos
desean, yo en abundancia lo poseo.

Abrevo en tu cuerpo y no me sacio nunca. Le conozco su
fragancia y todos sus humores, lo exploro con frecuencia
por todos sus resquicios. Nunca termino. Tu piel es infinita.
Siempre comienzo cuando el recorrido acaba. Soy catador
empedernido de tu cuerpo, en él libo y me deleito hasta el
cansancio. Cansancio del que no advertiré nunca su llegada.
Contigo cada nueva ocasión es la primera.
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CARTA XXXII

Tu sentido de justicia

Agosto 12


Copito encantador:

Debo confesar que aún me sorprende tu defensa del co-
merciante de la calle. Y no por el convencimiento con que
actuaste, sino por esa actitud valerosa y enérgica que no te
conocía. Apenas alcanzaba a imaginar tu cuerpo frágil,
dueño de tanta fortaleza. Tu humanidad menuda, propicia
a los cuidados, actuando como escudo.

Ya ves como opera la fortaleza del Estado. Débil con los
fuertes y fuerte con los desvalidos. Al pobre diablo le
decomisaron toda su mercancía. De nada valieron tus
argumentos ni tu enojo. Sencillamente no tenía aquél
derecho al uso del espacio público. Queda sólo el pesar por
el hambre y las necesidades que ya estará pasando con
toda su familia. No me atrevo sin embargo, a culpar como
tú, a los pobres policías. ¿Obligados al cumplimiento
estricto y ciego de las órdenes, que más opción tenían?
Antes toleraron con estoicismo tus reclamos.

Ahí tienes la cotidiana ruptura entre la ley y el deber ser,
entre lo moral y lo jurídico. ¿Qué vale más, un espacio
despejado o el derecho de un hombre a alimentarse? Acaso
hubo con su vecino mejor motivo para el decomiso.
55
Sorprendido con copias de discos ilegales, a él también se lo
llevaron. ¿Pero habrá justicia en ese proceder? Porque en
ese delito hay más culpables: el que abusivamente copia, el
que indebidamente compra y sobre todo los que
codiciosamente fijan el precio del producto auténtico.
Éstos, en procura de ambiciosos rendimientos marginan de
su mercado al pobre, olvidan la función social del arte y
favorecen las copias ilegales.

Pienso que el Estado habitualmente confabulado con quien
tiene el poder y la riqueza no tiene interés en poner límites
a la ganancia codiciosa. Y pensar que a un precio justo los
discos originales estarían al alcance de todos los bolsillos y
la rebaja se vería seguramente compensada con la mayor
demanda.

En fin, no da para más el incidente. En conclusión eres una
mujer justa y sensible. Y a nuestros ojos, que son más
objetivos, pesa más la humanidad y el poder de la razón
que cualquier medida intransigente.
56

CARTA XXXIII

Que tu ex marido no te embauque.

Agosto 14

Copito de algodón:

Sólo eso nos faltaba, que quiera volver tu ex marido a la
conquista. No habrás creído que es un hombre diferente y
que te quiere. Con suficiencia conoces sus defectos como
para que te repliegues al pasado. La personalidad no
cambia así de fácil. Aquellas promesas apenas son argucias,
malas artes con que intenta persuadirte aquel infame.

En pos de un interés apetecido todo hombre es capaz de
ocultar sus más intolerables rasgos. El cambio milagroso
ocurre en apariencia, pero tras la seguridad de la conquista
se advierte que la personalidad nada ha cambiado. ¡No deja
de ser quien siempre ha sido!

El arte de la convivencia radica en las afinidades, cielo mío.
Disparate es pensar que se atraen los temperamentos
opuestos, cuando por el contrario siempre se repelen.

Cuanto más distantes sean las inclinaciones, los proyectos,
las creencias, las motivaciones y los hábitos, más difícil será
la convivencia. Tras la embestida de Cupido, llega el halago,
el deseo de complacer al otro, aun sacrificando todos
nuestros gustos. Hay felicidad en la renuncia. Pero ¡Ay del
momento en que regresa la cordura! Resulta imposible
mantener las concesiones. Resultan odiosas las renuncias.
57
Alfredo nunca fue un ser afín a tu carácter. Si un espíritu
próximo buscabas, en mí lo has encontrado.

Cuanto menos deba dejar para seguirte, cuanto menos
debas ceder para seguir mi paso, más fácil perdurará el
amor, pues más fácil coincidirá la realidad con nuestra
fantasía.

Cuanta ventaja lleva el amor signado por la afinidad de la
pareja. El resto son reglas elementales que deben hacer la
vida en común confiable y transparente. Pautas viables, que
pueda cumplir el individuo. No las inalcanzables que la
sociedad estila, sino aquéllas que pacten los amantes.

Entre nosotros son bien claras: los derechos que no tienes
no me los concedas, lo que no te ofrezco tampoco te lo
exijo, y las obligaciones deben ser para los dos las mismos.

58

CARTA XXXIV

Las virtudes de la amante

Agosto 16


Mi amor:
Amante puede ser la compañera desconocida y fugaz de un
encuentro no pensado, la mujer galante que nos trata con
bondad y finge afecto, la confidente que compensa nuestra
soledad, la querida que semanalmente comparte nuestro
lecho, pero ninguna tan sublime como aquella enamorada
que llena todo nuestro espacio, aquel ser que equilibra la
vida del hombre atropellado y sin aliento. Aquélla que tiene
siempre a flor de piel un atributo que calma nuestro enojo.

La amante es un oasis que aplaca la aridez de un vínculo
que hastía. El ser dispuesto a la comprensión y a la palabra
tierna. A su lado no hay gritos, no hay ultrajes, no hay
rutinas ni trabajos extenuantes. No hay reclamos. Sabe de
otra mujer y lo tolera. Al fin y al cabo siempre intuye que
contrario a lo que se diga con encono, ella no es la otra, es
la primera.

Ese ser socialmente incomprendido tiene la capacidad de
transformar en lo más íntimo la vida y el corazón del
hombre. Amor y lealtad son virtudes para ganarse el cielo.
Resignada a la relación oculta y clandestina, renuncia la
59
amante a la honra y los honores, al bienestar y a los
derechos que solamente con el vínculo legal se brindan.
¡Qué justo premio serían a su nobleza!
60

CARTA XXXV

Otro poema

Agosto 18

SOÑAR DE NUEVO

Que exquisita nostalgia
revive en mi corazón
con tu presencia.

Resignados anhelos
de una añeja aflicción,
retornan al presente.

No son ya lúgubres,
ni inalcanzables,
simplemente felices,
como toda dicha
que viene de tu mano.

Con tu vida se alejan de mi vida
las sombras de la muerte,
mi existencia por tanto, a ti te pertenece.
61

CARTA XXXVI

Soy hedonista, pero para mí el placer
no es desenfreno


Agosto 22


Copito:

Cuando me declaro proclive a los placeres puede pensar la
gente que vivo en un mundo superficial y depravado.

Aún recuerdo tus hermosos ojos salidos de sus órbitas por
una confesión tan precoz como inocente. Apenas me
estabas conociendo cuando solté una frase que provocó tu
asombro. Debiste pensar en un maniático dispuesto al atro-
pello. Hoy sabes que no es así, que nuestro placer está
dosificado, que es un equilibrio sano entre los goces del
cuerpo y del espíritu, que abreva en el amor y puede ser
incluso paradigma.

Existir para el placer no es necesariamente cultivar bajas
pasiones, ni vivir sometido por los vicios, no es libertinaje.
Es no negarse todas las satisfacciones permitidas. Todas
aquéllas que no buscan la autodestrucción ni la desgracia
ajena.

La libertad supera a mi hedonismo. No aceptaría nunca
placeres que me pongan bajo su dependencia. Adicciones
62
por ejemplo de las que sea su esclavo. El gozo no debe
someternos, debe estar por nosotros sometido, debe servir
al hombre, no de él servirse.

Al éxtasis me llevan la naturaleza, al arte, la poesía, la
música, la buena mesa y las mujeres bellas. Enamorado vivo
del amor, pero lo anhelo libre. Sin ataduras de papel y sin
contratos.

Así te quiero a ti, no como la mujer sometida que aún el
macho añora. Te deseo libre, dueña de tu cuerpo, de tu
alma y tus acciones. Sin amo ni señor. Cerca de mí,
respetada y protegida, nunca bajo mi dependencia.

Seré de tus decisiones respetuoso, de tus razones
convencido; de tus proyectos, apoyo permanente.

63

CARTA XXXVII

La felicidad no es imposible

Agosto 26


Copito:

Me asombra la diversidad de formas con que el ser humano
reacciona ante una misma causa y su extraordinaria
capacidad para resurgir de las cenizas.

Ante un mismo hecho veo personas pasivas que lo sufren y
lo aceptan, otras encuentro indiferentes, y otras más, por el
contrario, me impresionan con su disposición para someter
la adversidad. Igual hay personas maltrechas que les cobran
a los demás su sufrimiento, mientras otras como tú,
transmutan en bondad sus aflicciones.

Igual existe el que al primer revés se rinde y el eterno
derrotado que continúa luchando. El que se deleita sin
motivo y el que a pesar de las dichas vive en la amargura.

Todos anhelamos la ventura y en diversa magnitud la
conseguimos. ¿Por qué unos más? ¿Por qué otros menos?
La medida no la da definitivamente nuestro entorno, es
algo interno. La felicidad es personal, es subjetiva, lo que
cada individuo determine, no lo que los demás supongan.
La felicidad es la satisfacción consigo mismo. No hay otra
manera de entender la felicidad bajo un criterio práctico.
64
Si se tratase de la armonía perfecta y del placer
imperturbable en nuestro interior y en nuestro entorno,
tendríamos que afirmar que la más mínima expresión de
felicidad es imposible.

La felicidad es un don en exceso subjetivo que nosotros
mismos construimos. Quien la aguarda de fuera la posterga
hasta la muerte. Aunque he padecido muchas veces la
tristeza y no ha perdido oportunidad mi pluma para
registrarla, he tenido la fortuna de adaptar con sabiduría mi
vida a las vicisitudes y gratificaciones que me depara el
mundo. Por este motivo puedo decirte que hoy en medio
de la adversidad estoy feliz, más cuando hay una nueva
causa para serlo: tú, una experiencia grata y novedosa.
65

CARTA XXXVIII

Del amor y los amantes

Agosto 30


Enternecedor Copito:

Dispuestos al amor estamos todos. Los que buscan lo
tradicional y socialmente conveniente, como los dispuestos
al escándalo y a romper barreras arbitrarias.

Amor llamamos a muchos sentimientos. Desde el paterno,
el más perfecto, hasta el que buscan los amantes ligeros
que apenas anhelan los placeres de la carne.

El amor de pareja sin embargo, por más interior y profundo
que parezca, es un amor distinto, un seudoamor marcado
por la posesión y el egoísmo. Un sentimiento que halaga al
objeto amado sometido, pero que busca su destrucción si
se rebela. Es una manifestación de bondad condicionada: se
proporciona en la medida en que se goza de la exclusividad
del ser que amamos. Para ser amor genuino le faltan
cualidades, pero para no contradecir la tradición, amor
sigámoslo llamando. Su poder, de todas maneras, resulta
incontenible.

Hay amantes que buscan la relación fácil y el
entretenimiento pasajero, que buscan la aventura recóndita
y fugaz, sin perturbar la relación sólida del hogar
reconocido. En la otra orilla, hay quienes desengañados de
66
la pareja lícita buscamos afanosamente el ideal amoroso en
brazos más amables. No perdemos la esperanza en el amor
eterno y estamos dispuestos a vivir con otra un amor hasta
la muerte. Para unos ese amor ha de permanecer oculto,
para otros debe proclamarse. En particular creo que todo
amor trascendental merece revelarse, aunque por
conveniencia, el de los amantes con frecuencia se camufla.

El nuestro tendrá que ser trascendental y nada anónimo;
por eso no me cohíbo al recorrer las calles asido de tu
brazo, de tomar tu mano ante la muchedumbre y de
acariciarte a los ojos de la gente. Sin temor y sin vergüenza
le comunico al mundo que te amo. La otra no eres tú, sino
aquélla que a pesar del contrato matrimonial se quedó sin
mi cariño. Así que en pro de mi reputación no sigas
ocultándote cuando un conocido pase a nuestro lado. Tu
existencia no pone en peligro un matrimonio que en la
práctica no existe. Déjales ese ejercicio a las amantes
enfrascadas en idilios pasajeros.
67

CARTA XXXIX

No eres la otra, siempre la primera

Septiembre 3


Embriagador Copito:

El romanticismo y la sensualidad son el mar en que navegan
los amantes, libres de los deberes de una unión formal,
proyectando su afecto al infinito.

La amante encarna el amor fresco pero también representa
la ruptura con un orden que no se reconoce, simboliza un
grito de libertad y de protesta.

No todas las amantes son iguales, no a todas las animan las
mismas intenciones, no todas sufren de la misma forma.

A ti te quiero de cara al sol y con la frente en alto. Te quiero
a mi lado erguida y sin vergüenza, altiva, capaz de
proclamar tu amor, reclamando el derecho que tienes a mi
afecto. No una más, no la otra; siempre la primera. Puede
saber el mundo que te quiero. Que no jugamos su moral
plagada de dobleces. Uno soy ante el mundo y fiel... fiel,
claro, a mis principios. Actúo como pienso y con valor para
afrontar el peso de mis actos.
68

CARTA XL

Tu piel

Septiembre 7


Mi amor:

Que sensación más tierna la de tu piel, hermoso regalo de
tu ser a mis sentidos.

No parece haber conocido tu piel el rayo abrasador del
mediodía que eclipsa la belleza, marchitando los años
juveniles. Tal vez la han cultivado los delicados destellos de
la luna, tal vez en ella tu corazón ha prolongado la ternura y
la bondad con que palpita.

Transpira tanto amor tu piel como tu alma, y como ésta,
aquélla es generosa. De dolor sabe y de amargura y a
cambio, sin embargo, entrega una plácida caricia. Adulta es
por sus años, ingenua e infantil por su tersura.

Por tu piel sé que eres dulce, por tu piel que eres buena,
por tu piel que eres pura. Me enamoró tu piel y mis manos
jamás renunciarán a ese angelical contacto.
69

CARTA XLI

Tu voz

Septiembre 10


Mi Copito:

Amo el tono de tu voz que no arrasa los silencios, la expre-
sión suave de tu espíritu tranquilo y sin rencores.

Adoro la mansa cascada de tus palabras que me sumerge
en un mundo de terciopelo cuando mi naturaleza es
apacible y me vuelve dócil cuando brota mi temperamento
tempestuoso.

En mis noches, selladas con tu llamada cotidiana, las frases
amorosas creadas con la sedosa entonación de tus
palabras, se convierten en el grato susurro que me va
dejando adormecido. Pero también tu acento sutil es la
transición exquisita que me transporta de los sueños a la
hermosa realidad del día.
70

CARTA XLII

¿Qué tan lejos de Dios nos
encontramos?

Septiembre 14


Mi amor:

No imaginas cuánto gozo con las plácidas horas en tu com-
pañía, tanto que termino en mi sueño prolongándolas. Y
has de saber que cuando físicamente dejas de estar
presente, vuelves a mi mente arropada en mi memoria en
una rutina inevitable que reproduce nuestros momentos
cotidianos. Son impresiones sensoriales, pero también
reflexiones. Pensamientos como los que nos ocuparon esta
tarde, consideraciones que bien valen unos renglones de
este interminable epistolario, que más parece un diario.
Razonamientos que demuestran que tanto como nuestros
cuerpos están nuestros pensamientos en perfecta
consonancia.

Dices que alguna relación tiene con Dios el hombre, aun
para negarlo. No deja de ser cierto. Para mí, la maravillosa
complejidad del mundo y de la vida es suficiente
demostración de su existencia. No soy como lo has visto un
creyente practicante. Pero en Dios creo. Rechazo el dogma
y no practico el rito, y siento que estoy con Dios cuando
albergo en mi corazón buenos sentimientos, cuando soy
sensible al dolor de mis semejantes, cuando soy solidario
71
con ellos, por ejemplo. Tengo la certeza de que sin bondad
hacia la humanidad cualquier amor a Dios sólo es mentira.

No me gusta hablar a Dios con palabras prestadas, no
disfruto las oraciones prefabricadas que sin digerir, de
memoria se recitan. Me molestan las manifestaciones
exageradas de religiosidad, que imagino fruto de
enfermedad mental o expresión de adulación inútil. Creo
que la manifestación religiosa sana es mesurada.

Henos aquí, en medio de una relación pecaminosa, tú y yo
hablando de bondad, de Dios, y acercándonos al Creador,
para agradecerle este hermoso sentimiento. No es ironía,
tampoco paradoja. ¿Pero quién realmente diferencia el
bien del mal cuando de amor se trata? ¿Quién hay que
pueda reprochar en nombre de Dios la expresión de un
sentimiento de ascendencia tan divina? El ambiente
religioso seudomoralista que rodea al amor no pasa de ser
un sainete impuesto por conveniencia social y dudosas
tradiciones culturales.

Sí, amor. Disentimos de las costumbres de nuestra
sociedad, pero a diferencia de quienes en la oscuridad
esconden sus vergüenzas, nosotros a la luz del día
exhibimos nuestro afecto. Un amor que se encubre, no es
auténtico. Una verdad que no se proclama no convence. No
es genuino un principio por el que no se lucha hasta la
muerte.
72

CARTA XLIII

Esa forma de ser tan exquisita

Septiembre 18


Copito:

Me asombra tu ser tan juvenil, lleno de sorpresas, colmado
a la vez de experiencia y de virtudes, de cualidades que
únicamente se forjan con los años y sólo se dan en
corazones nobles.

Eres el ser exquisito que buscaba, la hermosa imagen que
anhelaba mi corazón para inspirarse, el espíritu
comprensivo y amoroso para llenar de placidez mi vida.

Inconmensurable es tu dulzura, un mar inmenso en que se
ahogan todas mis desdichas.

Tu corazón es bondadoso, libre de resentimiento a pesar de
tantas amarguras.

Sabes ser madre, sembrando amor en el corazón de tus
pequeños. Tu mano no sabe de castigos, porque tu sabio
instinto maternal conoce la expresión de las caricias. Tus
reproches son alentadores y efectivos porque inculcas el
amor e induces el respeto. ¡Ay de aquéllos que forman sin
ingenio, que someten por temor, sembrando en los hijos el
germen de la rebeldía!

73
No todo el que recibe amor puede tornarlo, pero quien
nunca lo ha tenido con dificultad podrá expresarlo.
Fomentar el amor es una obligación ineludible de los padres
con la sociedad y con los hijos. No hay ingrediente más
efectivo que el amor para la convivencia.

Me fascina ver que concedes a tus hijos toda su
importancia, que no le demeritas, por pequeños, sus
razones. Que escapas a la torpeza de quienes consideran
que la mente y la afectividad del niño corren a la par que su
pequeño cuerpo. Que consideran que sus derechos, sus
emociones y deseos son frente a los de los adultos menos
importantes. Que sus aspiraciones y sus sueños pueden
postergarse. Que su pequeño mundo tiene escasa
trascendencia.

Creo que tu forma de ser me ha rendido para siempre: Eres
en todo cuanto haces, todo lo que busco.
74

CARTA XLIV

Tu ausencia

Septiembre 22


Tierno Copito:

Tanto más escasos, más apreciados se vuelven los momen-
tos que juntos disfrutamos. ¡Ah! Si las obligaciones supieran
cuanta irritación producen. ¡El deber repugna cuando el
placer aguarda!

En esta forzada ausencia no imaginas cuantas veces te he
estrechado desde el último abrazo que nos dimos. Contigo
estoy aunque me sientas lejos.

En la soledad comprendo que quiero ser la causa de los más
hermosos momentos que recuerdes, el instrumento con
que Dios repare las heridas abiertas por el destino esquivo y
poco generoso.

Cuando estas ausente hurgo la realidad para convencerme
de que existes y me perteneces. Estoy deslumbrado por
esta verdad maravillosa. Apenas puedo creer que estés
hecha a mi medida.

75

CARTA XLV

El poder carece de nobleza

Septiembre 26


Copito:

La forma déspota en que te han tratado en la comisaría, me
hace hervir la sangre.

No hay duda, ha corrompido el hombre el poder y el poder
ha corrompido al hombre. Ese instrumento sin par para
servir a los semejantes es aprovechado por él para su
propio y tantas veces mezquino beneficio.

Los cargos públicos se buscan no solamente sin vocación de
servir, sino con voracidad por los bienes del Estado. El
poder convive con el sometimiento, con la persecución y la
ganancia mal habida. Pocas veces con la utilidad pública y el
beneficio colectivo.

El poder compra y se deja comprar, la justicia se agiliza con
las dádivas, los trámites desaparecen con una propina
generosa. Tu desgracia mujer, ha sido la pobreza. Por ella te
cierran las puertas cuando no te conminan a interminables
antesalas.

El amor que opera con reglas tan opuestas, que antes que
pedir, ofrece, te entrega a cambio, abiertas, las puertas de
todos mis afectos.
76

CARTAS XLVI

La infidelidad,
esa adversidad que te atormenta

Septiembre 30


Cielo mío:

No sufras por hechos que no son por nosotros controlables.

Los celos y la infidelidad, son expresiones del hombre pri-
mitivo, pero son tan vigorosamente instintivos que ni el
más lúcido intelecto los domina. Más aún, la infidelidad ha
sido la marca de los hombres más geniales.

Escritores, políticos, pintores, escultores, científicos,
monarcas, dieron fama a sus amantes, y a las esposas que
lo toleraron -por interés seguramente- supremacía y
privilegios. Breve no es la lista, por ejemplo, de primeras
damas premeditadamente ciegas a las andanzas de sus
lúbricos maridos a cambio de los honores del Estado.

Sé que no es de tu agrado el tema de la infidelidad y los
amantes, acaso porque no has resuelto la pugna que hay
entre tu comportamiento y tu conciencia. Yo en cambio he
encontrado la luz en esa horrible gruta y anhelo que mis
reflexiones ayuden a resolver tus confusos sentimientos.

77
Ni los celos ni la infidelidad son ideales, como tampoco lo
son el envejecimiento, la enfermedad… la muerte. Pero
existen y son inevitables. Con prontitud o con retraso
llegan por más que resistamos. Tal vez cuando los genes de
la especie sean modificados, se perderán de vista todos sus
estragos.

La infidelidad se puede dar por un impulso necio, ¿pero
cuantas veces por causa valedera? ¿Cuántas veces por mal-
trato y desamor? ¿Cuántas por una rutina destructiva?

No debe la infidelidad atormentarte, fuiste infiel y con
motivo, hoy no lo eres. Aquel vínculo, aunque no
legalmente, sí de hecho está disuelto. Amante si lo eres,
pero por culpa mía. Soy yo quien hace técnicamente ilícita
la relación -por ser casado-. Si no lo fuera, no más dirían
que soy tu novio. Tecnicismos necios que en nada alteran la
realidad ni nuestro gozo, apenas le ponen otro nombre. Me
siento feliz contigo y sé que soy correspondido. No
enturbiemos nuestra felicidad por ese qué dirán que en la
primera cita me diste a entender que no te perturbaba.

No pretendo que nuestra condición se glorifique, ni que
para disculparla busques argumentos. Sólo mira en la su-
perficie trasparente de nuestros destinos para encontrar
en nuestra condición de amantes motivos evidentes.
78

CARTA XLVII

Ojalá no existieran infidelidad
ni celos
Octubre 3


Copito:

Para hacer caso omiso de los celos y dar muestras de
fidelidad sólo requiere el hombre, tan evolucionado y
lúcido, controlar lo más primitivo e irracional de su
conducta. ¡Qué paradoja! Es lo que más le cuesta. De todas
sus proezas, es la que parece menos realizable.

Tal vez se puedan dominar los celos; hablo por mí.
Experimento por ti la confianza de quien lo ha logrado. No
sé si una fidelidad inagotable se consiga, pero constancia si
doy de que mientras el amor subsiste hay a la infidelidad
muy poca tolerancia. El absolutamente enamorado es
refractario a los todos los deslices.

La capacidad para dominar estos instintos depende sin
embargo más de características innatas que de
perseverancia. Quien carece de ese don, diría la
humanidad entera, sólo convertirá su obstinación en
permanente, insostenible e infructuoso sufrimiento. No
todo el que se propone ser fiel, ni todo el que evita ser
celoso lo consigue. Contra los instintos la voluntad no basta.

79
Soñamos con la fidelidad y nos martirizamos con los celos,
que son la antítesis del amor y el peor de los instintos. Otra
sería la historia de la humanidad si el enamoramiento
durara para siempre.

Hoy mi pecho palpita de fidelidad y amor, y mi corazón no
abriga desconfianza. ¿Habrá escrito el destino para siempre
serenidad semejante en nuestras vidas? Así, de todo
corazón, lo aguardo.
80

CARTA XLVIII

La libertad

Octubre 6

Amor:

Tú sabes que cuando hablo de libertad hierve mi sangre y
deja de caber mi corazón entre mi pecho.

Lástima que me hayan pedido un manuscrito sobre el tema
cuando más precario era mi tiempo. Era para los alumnos
de un colegio, y como todo lo nuestro: para ya y a
elaborarse en un instante. Pero les cumplí gracias a que
escribí rápido, medité poco, fui parco en correcciones y tal
vez dejé las mejores ideas en el tintero. Juzga la
improvisada nota, máximas sobre la libertad a cambio de un
extenso escrito:

“No debe carecer de libertad una especie favorecida con la
voluntad y la razón. Sin poder elegir el discernimiento
sobra”

“La naturaleza le entregó libertad con generosidad al
hombre, al punto que se convirtió en la fuente de su
crueldad y de su infamia. ¡Qué desgracia! La libertad que
Dios dio al hombre, sirvió a éste para pervertir la creación
divina”

“No gozan de la misma libertad todos los hombres. La
riqueza y el poder la determinan. Ilícitamente arrasan unos
81
con la libertad de otros y legalmente se crean sistemas que
vulneran la libertad del individuo”

“Sin libertad la dignidad humana es utopía. ¡Que nunca el
hombre la ceda o la hipoteque! ¡Que sea siempre altivo, y
no permita nunca el sometimiento por sus semejantes!
¡Que nunca tenga dueño, que nunca el patrón o el Estado lo
posea. Pero también que apropiadamente siempre la
utilice! ¡Que sólo el sentido de justicia le imponga a la
libertad fronteras!”

“Por la libertad toda empresa está justificada, por ella todo
precio es razonable, incluido el valor supremo de la vida”

“El apego por la libertad calibra la dignidad del hombre. El
hidalgo por ella combate hasta la muerte, el andrajo la
deshonra y sin dolor la entrega”

“Ofende a la libertad el hombre que permite que le
encaucen sus pasos a la fuerza, el que se resigna a la norma
sin razón, al dogma y a las imposiciones arbitrarias.
¡Vergonzosa es la docilidad del hombre!”

Hubiera valido la pena referirme a la relatividad de la
libertad, pero no existía ni el tiempo ni el espacio. Explicar
por ejemplo que la libertad absoluta solamente existe en
nuestro pensamiento. Que solamente en nuestra mente la
libertad carece de fronteras. Que en la realidad está
constantemente reprimida. Bien porque la conciencia la
limita, bien porque la condicionan la ley y la justicia, o
sencillamente porque la aniquilan la barbarie y el poder
despótico.

82
Mi libertad por ejemplo en ti la ejerzo, pero en ti termina.
Tan libre soy, que llego a ti rechazando otras ataduras, pero
enamorado –esclavo del amor- feliz abandono mi
independencia en tu regazo.

¿Y sabes frente a la libertad como te siento? Como los
sabores agridulces. Tan sumisa y tierna como indomable y
liberada. Mas soy afortunado, como te trato con afecto sólo
siento tu lado almibarado.

83

CARTA XLIX

Tu amigo Roberto

Octubre 9


Copito:

No he podido comunicarme contigo, pero esta nota es para
manifestarte que no pongo objeción para que asistas a la
fiesta de Roberto. No iré como me lo has propuesto porque
me siento extraño. Ni a él ni a su familia los conozco. Sé que
es un hombre bueno, porque pocos amigos tienden tan
generosamente la mano a quien la necesita. Esos mercados
que él te deja y los juguetes que les envía a tus niños hablan
por sí solos de sus buenos sentimientos.

Creo que nuestra relación no debe perturbar una amistad
que es tan valiosa. Muchos años antes de que yo fuera
parte de tu vida, Roberto ya compartía contigo sus
momentos, te apoyaba, te aconsejaba, contenía tu
abatimiento, participaba de tus alegrías, te auxiliaba
económicamente y sin esperar retribución a cambio.
Alguien así pocas veces se consigue, bien dices que ha de
ser un ángel de la guarda.

No siento celos si esa es tu pregunta, sería desconfiar de tu
palabra de que es un buen amigo con el que jamás
germinaría un interés romántico.

84
Disfruta pues tu velada sin prevención alguna, pero lláma-
me en tanto tengas tiempo. Si quieres paso a recogerte, o si
prefieres pasa la noche con su familia, así evitamos los
riesgos de la calle y de la noche.
85

CARTA L

Se volvieron mis cartas numerosas

Octubre 11


Dulce Copito:

Dices que has optado por comprar un archivador para mis
cartas. Nunca creí que fueran tantas. Ese es mi estilo, la
forma en que las palabras y las promesas no se esfuman
con el viento.

Mi oficio es escribir. No me concibo sin papel ni pluma, sin
pensamientos, sin sentimientos ni opiniones.

La injusticia me inflama y únicamente escribiendo mi
exaltación se calma, el amor me conmueve hasta
transformar las palabras en delicados mimos, la tristeza me
arrebata el aliento pero no le quita energía a mis palabras.

Así, querida mía, que si la luna resplandece o si está
ausente, si brilla el sol o se esconde tras las nubes, si me das
pruebas de tu amor o si me esquivas, tendrás que resignar-
te, y por siempre, a mis esquelas.
86

CARTA LI

¿Dónde te encuentras?

Octubre 14


Mi amor:

Nadie da razón de ti. Los vecinos dicen que saliste en
carrera con tus niños, que cargabas afán, pero no angustia,
que lucías apresurada pero saludable. ¿Adónde condujo
tanta prisa que no permitió ni un mísero mensaje?

Aunque no siento el asedio de los celos, ni temo que tu
salud esté en peligro, el germen de la soledad ya horadó
toda mi calma.

Cuánto siento tu ausencia. Es un silencio inexplicable que
me desgarra el alma, un vacío insondable colmado de
tristezas, una oscuridad aterradora en que
infructuosamente mi corazón te busca.

Se acostumbró mi vida a tu presencia, se acostumbró mi
piel a tus caricias, a tu compañía mi soledad, a tus besos mis
labios y a tu ternura mi alma.

¿Cómo no extrañarte, cómo no sufrir por ti, si tanto te
amo?



87

CARTA LII

Una tarde gris

Octubre 16


Paolita:

No es ésta una tarde corriente, así esté sentado, como
siempre, frente al computador, tratando de escribirte. No
es la alegría, sino la soledad y el desconcierto, los motivos
que animan este escrito. Sé al menos, por una vecina, que
viajaste.

Un vacío estremece mis sentidos. Mi mirada vuela al
infinito. Ni siquiera el cielo me brinda su azul reconfortante,
las nubes tras su espesura lo refunden. Sus caprichosas
formas tiñen de un gris de ausencia la tarde y se anuncia
una noche prematura.

Adivino el viento por la forma en que desplaza y compacta
los densos nubarrones. El ambiente es hostil y de nostalgia.
Esos acariciantes copos que tanto me alegran cuando
levitan en el cielo iluminado, están ausentes. Hoy son
cúmulos negros, presagio de tormenta.

Mi mirada termina en el infinito, absorta, ausente.
Escasamente repara en la realidad que tras el cristal asoma.
Ya no está pendiente de los árboles, ni de las nubes, ni de
las calles, ni de los transeúntes. Cuanto más ensimismada
88
parece mi atención en ese mundo externo, más sumida está
en realidad en el universo de mis sobresaltos. El vidrio de la
ventana, martillado por la lluvia, opaco y sudoroso ofrece
tan poca nitidez del mundo, que toda mi atención naufraga
irremediablemente en mis presentimientos.

Que hermosa es la certeza de saber que me piensas aunque
te encuentres lejos, que alegre es saber serenamente que
tu cariño es mío. Qué desesperante, en cambio, esta
incertidumbre; este dolor -acaso apresurado- que te
presiente perdida sin remedio, que teme que tus
sentimientos estén en retirada.

Creo que escribo más para mí que para ti. ¿Será que llega a
tus manos esta carta?
89

CARTA LIII

La explicación y tu regreso

Octubre 18


Copito:

Sólo quiero contarte que tanta dicha como por tu regreso
adviertes, fue la aflicción que me hizo padecer tu ausencia.

Que decidiste un viaje de forma sorpresiva, que de afán
recogiste a tu mamá, que corriendo llegaste a la estación de
buses, y aun así el autobús casi te deja. Todo lo comprendo,
pero me niego a aceptar que en ese maratónico periplo no
hubieses conseguido el medio para darme parte. Al menos
un pensamiento me hubieras dedicado. Acepto cuanto
afirmas y no insistiré en conocer el motivo por el que no
crucé ni un instante por tu mente.

Si la excursión no se hubiera organizado con urgencia,
hubiéramos planeado todos un viaje placentero. No es
cierto como tú piensas que me hubiera molestado viajar
con tu mamá y los niños. La limitación es más de tiempo y
coartada. La próxima vez no habrá disculpa que me margine
del paseo. Un supuesto viaje de negocios puede ser la
coartada perfecta que permita que tú y yo viajemos juntos.
Y si has de viajar sin mí, recuerda para no tener remordí-
mientos, que sólo basta que me anuncies tu partida.

90

CARTA LIV

La estudiante resultó aplicada

Octubre 20


Mi amor:

No alcanzo a imaginar en que puesto te tendría el destino si
el matrimonio no hubiese cruzado por tu vida. Por él
abandonaste lo que más querías, por su culpa tus estudios
se quedaron truncos.

Tantos años después vuelves al dominio de los libros. Y te
encuentro con más gusto y constancia que una aplicada
adolescente. Que buen ejemplo tienen tus niños al tener
una madre que anhela cultivarse. Te siento grandiosa,
interpretando términos que son del dominio de los
médicos. Te veo hermosa vistiendo ese uniforme blanco
que te hace lucir tan diferente. Te veo importante
maniobrando tu tensiómetro, practicando con sondas y
jeringas o cargando libros de título llamativo bajo el brazo.

Y he de amarte mucho para disfrutar tanto como tú todas
esas actividades que a la hora de la verdad le roban tiempo
a nuestros arrumacos. Ese es un buen síntoma, porque el
verdadero amor se mide en términos de desprendimiento.
91

CARTA LV

Definitivamente somos objetos
hombres y mujeres

Octubre 25


Primoroso Copito:

Que no se diga que no eres un fascinante objeto de deseo.
Lo disfrutas. Lo leo en la picardía que detecto en tu mirada.

Objetos somos tú y yo, sencilla y llanamente. Tú, objeto de
pasión para los hombres, yo, objeto que apasiona a las
mujeres.

¿De dónde, habrás de preguntarte, surge afirmación tan
imprevista? Ocurre amor, que acabo de encontrar a cierta
dama, que feminista se proclama, y se niega a ser objeto
sexual de los varones. ¡Qué fatalidad! Las reglas de la
naturaleza no cambiarán con su disgusto.

Detesto la tonta rivalidad entre los sexos. Cuán diferentes
somos, pero no para actuar como bandos que anhelan
doblegarse; para hacer, por el contrario, de esa diferencia
un motivo exquisito que lleve a la mujer y al hombre a
poseerse. Cambiar la manera de ser de cada sexo es un
intento vano. No hay poder humano que le quite al macho
su lujuria o a la mujer su propensión a los detalles. El re-
92
sentimiento contra el comportamiento natural de cada sexo
es un trastorno serio.

Considerar al otro objeto sexual, no es un insulto. Estoy
seguro: es un halago. Un anhelo íntimo que algunos no
confiesan. Ser deseado vivifica.

La propensión a despertar deseo es característica
primordial de la autoestima de toda persona saludable. ¿No
tendrá la mujer que lo rechaza conflictos con su feminidad y
una sexualidad muy mal resuelta?

La naturaleza impone su mandato: que un género inspire en
el otro la pasión, en juego encantador y delicioso, que
compensa en buena parte los disgustos de la vida.

Afortunados objetos del placer somos nosotros, y no por
ello menos intelectuales, ni menos espirituales, ni menos
afectuosos.
93

CARTA LVI

Lo que esconden las miradas de los
hombres

Octubre 30


Copito:

Lo íntimo y mundano que hay en el instinto femenino
probablemente nunca lo sepa de tu boca, pero como
macho atrevido no siento sonrojo al confesarte las
características volcánicas de la naturaleza masculina.

Hoy he sentido el impulso de contarte lo que esconden las
miradas de los hombres.

Toda mirada lasciva, furtiva, prudente, descarada o tímida,
esconde un mismo antojo. Aunque todos tengamos una
apariencia diferente, por igual nos consumimos de pasión al
ver una mujer que atrae. El deseo es idéntico, siempre
gozamos los hombres lo carnal. La posibilidad de poseer nos
arrebata.

Unos glúteos que atraen, una pelvis que fascina, unos
muslos bien torneados, unos senos hermosos, se llevan tras
de sí nuestra mirada, como arrastra un imán la limadura. El
interés en el resto vendrá luego, llegará el momento en que
nos demos cuenta de la inteligencia, de los sentimientos
nobles y de otras cualidades de la mujer que no lucen con la
94
misma intensidad que los atributos que la hacen
sexualmente apetecible.

Eso somos en la intimidad los machos. Expertos en desnu-
dar a la mujer con la mirada. Pocos congéneres tendrán el
valor de confesarlo: puro temor a poner en riesgo la
conquista; a veces por prudencia o por recato.

Ese comportamiento infame a los ojos de la mujer inexperta
y candorosa, es ni más ni menos que la expresión
irremediable de nuestra naturaleza masculina Y no ha de
ser motivo para que no surjan relaciones hermosas de
pareja que en aras del amor transforman nuestro descaro
en tímidas miradas.

Me gusta la franqueza y ofrecí mostrarme a ti con
trasparencia. Por eso descubro ante ti los secretos de la
especie. Enigmas que para las damnificadas del amor
confirman apenas sus severas conjeturas. Además tiene
para mi no sé que recóndito deleite esta insolencia. Gozo
desenmascarando al mundo, revelando lo que finge,
mostrando lo que oculta, haciendo públicos sus reales
sentimientos: esas debilidades que a todos nos hermanan.
¡Que nadie se proclame de mejor sustancia!

95

CARTA LVII

Feliz cumpleaños

Noviembre 3


Mi amor:

Feliz cumpleaños puedo decir en este día, pero nunca
expresaría con ello la multitud de sentimientos que me
asaltan. Claro que ruego al Cielo por tu felicidad y pido que
lluevan bendiciones, pero también doy gracias a Dios por tu
existencia, por haber tenido la felicidad de conocerte y la
dicha inmensa de hacerme a tus afectos. Esta fecha queda
desde ya impresa en mi memoria, como todos los hitos
memorables de mi vida.

El regocijo de este día es la alegría de un mundo que se
siente feliz con tu existencia. Yo, el que más, quiero
celebrarlo intensamente. A las cuatro paso a recogerte. El
mejor hotel de la ciudad te aguarda. Di que tienes una
práctica nocturna, para que del crepúsculo al amanecer el
amor de cuenta de nosotros. Prometo amarte con ternura
desmedida y cubrir tu cuerpo con mis besos sobre un lecho
de tus flores favoritas. El vestido que te envío es el que
siempre quise regalarte, desde aquella vez que lo viste
exhibido en la vitrina y creíste que por su precio jamás lo
lucirías. El baby doll y esos adminículos íntimos preciosos
son un velado mensaje para una celebración inolvidable.

Copito, feliz cumpleaños. Te amo más que nunca.
96

CARTA LVIII

Un libro a los amantes

Noviembre 4


Enternecedor Copito:

Lo de ayer desborda toda palabra que pretenda describirlo.
Fui feliz y sentí tu felicidad a flor de piel, en íntimo contacto
con la mía. Mi memoria no admite en este instante
evocación distinta a la hermosa celebración de tu
cumpleaños. Y siento un arrebato, un impulso enorme de
perpetuar los maravillosos momentos en tu compañía.

Ya no tengo duda, mi próximo libro, a ti, mujer adorable
habré de dedicarlo. No serán las “Cartas a mi amante”, ni
las “Cartas de un amante”, porque lo que menos quiero es
sonrojarte. Como por esos títulos nunca hubo simpatía, lo
llamaré “Las cartas a mi amada”. Considero que quedas
satisfecha. Variará su título mas no su esencia.

Exaltaré en sus páginas a aquella mujer que reúne las
virtudes con que el hombre sueña. La mujer que ama y que
es amada, la mujer que no necesita un documento legal
para sentirse segura de su hombre. La mujer que hace de la
pasión una aventura, la amante perfecta y la perfecta
amada.

Sin amantes el amor no existe. En ellos aparte del afecto y
la pasión todo es superfluo. Amor y amante, son términos
97
que se confunden en una misma razón, en un mismo sen-
timiento.

Hablaré de ti y de mí, y a través nuestro de todos los aman-
tes. Descubriré sus motivos, mostraré la condición humana
que incita sus acciones, descubriré que en sus actos la
bondad impera, expondré sus derechos, defenderé su
causa.

Por ello, lleva amante mía la frente en alto. Sin aflicción y
sin estigma. Que son otras, las que no aman, las que amar-
gan, se amargan y atormentan, las que deben mirarse con
desprecio.
98

CARTA LIX

Este sentimiento indoblegable

Noviembre 8


Paolita:

No existe cielo mío obstáculo que al amor detenga. Y si lo
dudas, pregunta dónde quedaron mi prudencia y todos mis
temores. Ese caprichoso sentimiento doblega toda voluntad
y de la razón da buena cuenta. Ese es sin remedio el
sentimiento que nos une. Ubicuo, absorbente, insaciable,
inatajable. Discurre como el agua, como el aire, colándose
por el menor resquicio, expresándose sin rubores, burlando
las normas y las conveniencias.

Pero tanto como embriaga, puede ahogar en la tristeza. ¡No
importa! Asumo el precio. ¡Que el destino me cobre lo que
quiera! Estoy dispuesto a disfrutar tu almíbar, a navegar tu
cuerpo, a anclar en tu vientre, y a retozar en el lecho terso
de tu piel tras mi aventura. Que eres la más maravillosa
esencia que satisface mis placeres, lo proclamo. Obvio es el
motivo para quienes tienen la suerte de admirarte.

Como este amor es verdadero, la satisfacción no va a ser
tan sólo disfrutarte. Cuando de amor se trata en el sacrificio
también hay alborozo. El bocado que más nos complace es
justamente aquél que no probamos, aquél que rechazamos
anhelando que lo deguste el ser que amamos.

99
Por efecto del amor los motivos de satisfacción son para-
dójicos. Recorren el camino del dolor al gozo y del gozo al
dolor con ímpetu y agrado. Participaré tanto de tus dichas
como de tus sufrimientos. Me exaltaré en tus alegrías y me
estremeceré en tus aflicciones, sé que éstas también me
depararán un goce: la felicidad de ser contigo
inmensamente tierno y solidario.

100

CARTA LX

Noviembre 12


Paolita:


TUS LÁGRIMAS

Un brillo enternecedor
hay en tus ojos,
un emotivo resplandor
que se deshace
por tus mejillas
en gotas de rocío.

Perlas límpidas,
extracto de nobles sentimientos,
destilación exquisita
de un alma generosa.

Inmaculadas gotas
que delatan un corazón piadoso,
una entraña estremecida
por la afectividad de un verso,
por la ternura,
por el amor,
por el dolor,
por la vida,
por el niño
o el anciano.

101
Llanto auténtico
que embriaga mi existencia,
néctar que con mis besos se confunde...

Es la esencia exquisita de mi amada.
102

CARTA LXI

No pienso renunciar al placer
ni a mis sentidos

Noviembre 16


Copito:

Cuando te abordó aquella mujer extravagante, creí que era
tu amiga. Pocas veces he visto tanta familiaridad en un
extraño. ¡A qué grado de atrevimiento llegan estos
alborotadores! Hay que ver la temeridad con que pretendía
cambiar tus convicciones. Si ella es el ejemplo de un
miembro de su iglesia, suficientes razones tengo para
repudiar su credo.

Evité cruzar palabra porque su discurso era apenas una
retahíla sin sentido. Un remiendo de pensamientos mal
cosidos. Personas como ésta se obsesionan con ideas fijas
que no resisten prueba, en dogma las convierten y niegan
toda razón a quien las interpela.

¡Qué disparate! Dizque exhortaba el amor al prójimo y la
tolerancia, pero su prédica era una condena constante a la
humanidad por todas sus acciones. Que tal llamar a los
sentidos “las malditas ventanas al pecado”.

Por despreciarlas casi se va de bruces cuando el bus frenó
en le paradero. Te cuento que ganas de reír no me faltaron.
103
Pero volviendo al tema, ¿quién no anhela sensaciones
placenteras? ¡Qué absurda interpretación pecaminosa del
placer! ¿Serán honestos quienes la predican? ¿O más bien
esconden tras de estas posturas sus excesos?

Los sentidos son en este aspecto indiferentes, por igual
perciben el dolor y el placer. Su función escapa a cualquier
juicio moral, sencillamente no es en ella en la que el bien o
el mal tienen su asiento. Si los sentidos fuesen malos, Dios y
la naturaleza, no el hombre, serían los encausados. ¡Qué
despropósito!

¿Por qué negar que el Creador le dio al hombre la posibili-
dad de recrear su vista, de degustar sabores y de percibir
olores exquisitos? ¿De deleitarse con el tacto y de extasiar-
se con sonidos bellos? ¿Que a cada sentido le proporcionó
infinidad de estímulos que vivifican? ¿Y que no es renun-
ciando a ellos como habrá el ser humano de ganarse el
Cielo? No con la privación, no con el sacrificio inútil, sin
motivo.

No se renuncia al placer por simple gusto, apenas por
razones poderosas. Sólo cuando mi placer causa a otros un
dolor tangible estoy en la obligación de restringirlo. Porque
no es ético soportar sobre el mal de los demás mi gozo.

Tengo muy claro que el objetivo del hombre es ser feliz, y
que la felicidad es un torrente de satisfacciones y placeres.
104

CARTA LXII

El asunto de los instintos
me entretiene

Noviembre 18

Mi amor:

Aunque la obligada despedida nos cortó el diálogo sobre los
instintos, en mi mente continuó un monólogo en el largo
camino hasta la casa. Al menos así, el tiempo del aburrido
viaje se fue sin darme cuenta.

¿Por qué habría de renunciar el hombre a sus instintos?

¿Debe reducirse a la lucha contra los instintos la
confrontación dialéctica entre el bien y el mal? ¡Qué
tontería!

En ninguna especie cuestionamos el impulso genésico
natural que la preserva, pero en el hombre la existencia de
voluntad y de conciencia terminó por anteponer exigencias
éticas al apareamiento.

Aceptemos que en el hombre existe un escrúpulo natural
que impone límites, que existe un impulso moderador de
las tendencias instintivas, pero también comprendamos que
éstas tienen una razón de ser y ante todo, que son incon-
tenibles. Son fuerzas impetuosas que sobrepasan la volun-
tad, son parcialmente gobernables pero inextinguibles.
105
El grado en que ese impulso innato pueda moderarse es
más consecuencia de una disposición natural, que resultado
de la santidad de una persona. En quien no está exacerbado
un determinado instinto, fácil resulta controlarlo. En lo
moral, pienso que el bien no reside en arrasar con los
instintos y que no tienen tanto que ver éstos con aquélla.
Así no han de creerlo, sin embargo, quienes bajo tendencias
religiosas y moralizadoras extremistas hacen conductas
pecaminosas del sexo, de la gula y de toda inclinación
natural que lleve al goce. Sin embargo lo que antaño
conducía a la hoguera hoy es inocuo... y hasta divertido. Y
quienes en el fuego - fuego de la ridiculez- hoy se
consumen, son los timoratos de todos los pelambres.

La conducta pecaminosa no ha de ser un simple pálpito,
una corazonada. Su calificación debe provenir del
raciocinio. Pero el fanático religioso tiende a descubrir
inexplicablemente en la frustración y en el martirio el
camino al Cielo y trata de convencer sin argumentos. El
instinto será a sus ojos, más impuro cuanto más goce
proporcione. De ahí que el sexo por ellos sea satanizado.
¿Quién los comprende? Qué paradoja que tan sumisos a
Dios como se muestran, se atrevan a cuestionar el designio
que infundió ese instinto. ¿Sin sopesar el libre albedrío, el
origen y la intención de la conducta, las circunstancias que
la atenúan o que la agravan, quién puede emitir un juicio
acertado del comportamiento humano?

Querida mía, después de tantos pensamientos, no hay
poder que me convenza de que el sexo o la gula son
pecado.
106

CARTA LXIII

Tus estudios y mis celos

Noviembre 23


Paolita:

Estaba ayer tan cerca de la escuela, que no dudé que unos
minutos compartiría contigo. Dijiste que no, y tuve que
aceptarlo; pero aún no entiendo porque evitabas que te
recogiera. Aunque insististe en que se haría tarde para mi
compromiso, la verdad es que el tiempo me sobraba.

Resulta inevitable acordarme de aquellos primeros días en
que pasaba por ti, y tu oronda te subías al carro, con ínfulas
de gente adinerada, envidiada por tus compañeras que
debían aguantar el frío en una esquina oscura, hasta que un
bus repleto las llevara. ¿Es que hoy prefieres soportar con
tus amigas la tortura del transporte público?

Está bien que te reúnas con ellas a estudiar, aun hasta altas
horas de la noche, pero me preocupa que con la
inseguridad de esta ciudad llegues tan tarde a casa. Ayer
por ejemplo llamé hasta la media noche y lo más atento
que conseguí fue un perverso comentario. Molesta tu
vecina, con el timbre del teléfono me dijo: ”No es la
primera vez que llega tarde, hay noches que ni viene,
además no se preocupe que siempre vuelve bien
acompañada”

107
No suelo ser hombre celoso, pero no puedo negar que al
escuchar esa respuesta mi corazón dio un vuelco. No
indagué más porque mientras medité si preguntar valía la
pena la señora me tiró el teléfono.

¿Qué tienes tú para contarme?
108

CARTA LXIV

Tu explicación me basta

Noviembre 24


Mi amor:

No te esfuerces en reunir pruebas que no te estoy pidiendo.
Lo justo es confiar en tus palabras. Una noche te quedaste
con Amalia y otra con Eunice. Esa explicación me basta.
También acepto que la buena compañía que mencionó la
inquilina es la patota de compañeras de estudios que viven
en tu barrio.

Conozco el valor de la libertad y le rindo culto como nadie.
No permitiría que me controlen, ni osaría jamás arrebatar
su independencia a alguien. Estarás a mi lado sin presiones,
mientras ese sea tu anhelo, mientras mi compañía recibas
con agrado, mientras sea fuente de placer y de momentos
gratos. Eres libre para volar, para actuar sin permiso, para
soltar a tu voluntad las riendas, a la luz del día, sin
ocultarte, sin disimulos ni mentiras.

Creo haber encontrado en tu corazón el mejor de los
rincones. Allí quiero permanecer por siempre. No pretendo
que tu amor con mi rigor se espante. Ese convencimiento
me distingue de los hombres corrientes que llegan a tu vida.
109

CARTA LV

No demando juramentos ni testigos.
a disfrutar la vida

Noviembre 26


Copito:

No seas tan perspicaz, deja de leer entre las líneas. Yo nun-
ca sugerí en mi carta que tus explicaciones pudieran ser
embuste. Sólo quise enfatizar que mi respeto por la liber-
tad de mi pareja es tal, que nada tiene que hacerse a mis
espaldas. Ni siquiera un desliz, afirmaría, para recalcar
gráficamente mi carácter.

Pero olvidemos ese tema trasnochado, tan rápido avanza
nuestra vida que lo de ayer ya es rancio. En cambio te
propongo que alistes tus mejores galas. He conseguido
entradas para un espectáculo que hasta donde sé no ha
pasado por tu vida. Me refiero al mundo de la zarzuela y de
la ópera, el que por tus penurias te has negado. El que por
tu sensibilidad habrás de disfrutarlo.

Cuando de placer se trata, tiene la música la capacidad de
propiciarme los mejores gozos, no preciso de una gota de
alcohol para exaltarme, apenas unas notas que pongan a
vibrar mi cuerpo. Si de elixir preciso es de amor, y está en
tu compañía. Por eso anhelo reunir en un solo momento
esos dos placeres exquisitos.
110

CARTA LXVI

Después de la zarzuela

Noviembre 30


Copito:

Creo que me equivoque al reservar las sillas en platea: te vi
escrutando con gusto todos los balcones. Pero como ya sé
que el espectáculo te agrada, la próxima vez te invitaré a los
palcos. Me emocioné oyéndote entonar la Mazurca de las
Sombrillas. En ese instante no me quedó duda de que
puedo compartir contigo mis gustos musicales. Tu vestido
estuvo esplendoroso, fue buena decisión que lo alquilaras.
Estuvo a la altura de las circunstancias. Veo que la
solemnidad lejos de mortificarte, la disfrutas.

Temí que la obra fuera para ti pesada, si bien busqué una
pieza vivaz para presentarte un género que me agrada
tanto: unos acordes que jamás saldrán de los equipos de
sonido de los buses de trasporte público. La zarzuela y la
ópera son como tú dices más que los alaridos con que la
gente inculta identifica el género.

Aunque en mi cerebro no dejen de resonar las notas de mi
zarzuela favorita, debo ponerle punto final a esta epístola
so pena de llegar tarde a la junta directiva. Allí, donde las
apariencias reinan, donde las palabras sobran, donde de
todo se habla sin decirse nada. Tú sabes que cuando de
111
recreo se trata me gustan las palabras frívolas, pero me
fastidian y en exceso cuando las circunstancias son formales
y no aparece sustancia en cuanto se discute.
112

CARTA LXVII

Qué curiosos extravíos

Diciembre 4


Copito:

Los efectos del amor son sorprendentes. No he hecho para
muchos nada excepcional. Esperar. Pero para mí no es
cotidiano. Es una tortura para un hombre como yo:
impaciente. Y no te esperé cinco, ni diez, ni veinte minutos.
Fueron sagradamente tres horas, lo aseguro. Parado, cual
centinela, al frente del número acordado. No sabía en que
consistía tu nuevo empleo, ni el lugar exacto de la nueva
empresa. Así que cuanta persona en esa calle salía de su
trabajo me hacía presentir que tus pasos tras de esos pasos
se acercaban. Miraba las ventanas esperando en alguna
descubrirte, imaginé verte en cientos de cabelleras,
espaldas o perfiles, pero bastaba un giro o un leve
movimiento para saber que tú no eras. Tal vez ningún
trabajador quedó en aquella calle, cuando desencantado,
con piernas y pies adoloridos resolví marcharme.

Sin esperanzas ya de verte, desilusionado y sin aliento, he
venido a tu casa a dejar este recado. Como nadie abre, lo
entrego a tu vecina.
113

CARTA LVIII

Vivamos esta navidad sin sobresaltos

Diciembre 5


Copito:

Nos está jugando malas pasadas el destino. ¡Qué caramba!
Lo que importa es que por fin apareciste.

Pero no justifico tu extenuante trabajo. Lo detesto. Tres
días enteros le ha robado a nuestras vidas. Tres días llevo
sin verte. Comenzar a trabajar cuando aún el alba no se
asoma y terminar cuando el sol ya se ha ocultado, sin
percibir la luz del día, me parece una esclavitud
abominable, que no te obliga mientras mi sombra te cobije.

En todo momento y sin la posibilidad de hablarte ni de
verte, recuerdo con rencor las horas en que te aguarde
infructuosamente. Nunca imaginé que aguardaba tan lejos
de la cita. Que pena que tu mamá me hubiera dado el
número de la calle por el de la carrera. Me dijo que me
encontrara contigo en el número trece cuarenta de la calle
veinticuatro. Que coincidencia que también existiera ese
número en la carrera veinticuatro.

No deseo que este mísero trabajo nos aparte en la época en
que más debiéramos estar unidos. Tú dices que la paga es
mala y el enclaustramiento resulta insoportable.

114
¡Si ese trabajo al menos fuera digno! Pero no es más que un
atropello a la condición humana. El auténtico secuestro
laboral con que concibo los trabajos en que el patrón a
cambio de un salario se adueña de la libertad del empleado.
Lo somete a horarios exigentes, a producir sin tregua, le
niega permisos y descansos y se olvida por completo de sus
necesidades, su bienestar, sus emociones y su afecto.

¡Déjalo ya! No hay aprietos que te obliguen a tales
sacrificios No saliste a vacaciones de la escuela para
emprender una actividad más extenuante. Es Navidad, es
tiempo de alegría. ¿Qué te parece, a cambio, salir en las
noches cogidos de la mano a ver la ciudad iluminada, y en el
día sin aglomeraciones, mientras la gente trabaja, irnos de
compras a los centros comerciales?

Dijiste que harías de ésta la mejor Navidad de tu existencia.
No permitiré que tu deseo se frustre.
115

CARTA LXIX

Navidad en un poema

Diciembre 14


Mi amor:

En esta Navidad estos versos te regalo:

POEMA NAVIDEÑO

En Navidad se fueron los recuerdos
que de gris mi ser estremecieron.

En Navidad llegó la dicha
que me hizo ver
más fulgentes los luceros.

En Navidad el niño de María,
oyó mis rogativas,
y mi rebeldía al destino
le ofreció una tregua.

En Navidad más verde brilló
el color de la esperanza.

En Navidad llegó el amor
como un presente
traído de los cielos.

116
En Navidad llegó ese ser
tantas veces
en mis ruegos reclamado.

En Navidad un ángel mis manos atraparon,
y por mi afecto retenido,
no volverá jamás a su morada.

En Navidad una mujer angelical
llegó a mi vida,
entre música celeste,
trompetas y clarines.

Una Navidad eterna, con ella,
viviré por siempre.
117

CARTA LXX

Preparando los regalos

Diciembre 16


Amor:

En esta Navidad tu diario extrañará mis cartas. Se acerca el
veinticuatro y apenas reparo lo poco que te he escrito. Si
alguien rondara de cerca mis esquelas, pensaría que en este
mes nos distanciamos. ¡Qué error cometería! Es todo lo
contrario, tanto nos absorbe el amor que para escribir no
queda tiempo. Nunca nuestra unión fue más estrecha,
nunca absorbí yo más tu tiempo ni fuiste tu más dueña de
mis días. En el Paraíso estoy viviendo. Estoy pletórico.
Siento deseo de participar mi felicidad a todo el mundo.
Quiero ser generoso y demostrar mi dicha a través de los
regalos.

No se quedarán tus sobrinos sin la Navidad que anhelas;
aunque no sé si alcance el presupuesto para tantos juguetes
y vestidos.

Como de costumbre, para ti no pides nada; sin embargo te
quiero de primera en la lista de regalos. Los gustos de mis
hijos los conozco, habrán de gozar con los juguetes que
pidieron. ¿Podrá existir dicha mayor que darle gusto a mis
pequeños dictadores?

118
Para tus niños tengo listo, un poco tarde, el arbolito y el
pesebre. Pienso por la nostalgia con que hablan de él, que
disfrutarán el pesebre tanto como yo lo gocé cuando fui
niño. Hoy lo vestiremos. Le pondremos casitas de la época,
fuentes, muchas palmeras, ríos, puentes, camellos, ovejas y
muchos animales.

Aunque insistas en que no deseas nada, no te creo. ¡Puro
recato! Todos albergamos la esperanza de un presente.
Recibir un aguinaldo es agradable. Sé que mis sentidos
atentos a tus gustos descubrirán pronto algún deseo
escondido.

El veinticuatro espero pasar el día contigo. En lo posible
cenaremos antes de las diez y luego entregaremos los rega-
los. Para evitar las suspicacias de mi esposa, a mi casa lle-
garé temprano. Puedes ir preparando el pavo y la natilla.

Me comprometo a que la Navidad vuelva a ser para ti un
momento inolvidable
119

CARTA LXXI

Nochebuena hermosa, para recordar

Diciembre 25


Mi amor:

En medio de la resaca estoy contento. El maratón inespe-
rado del día terminó en una verdadera noche buena. Nunca
pensé conocer tantos sobrinos y tantos familiares tuyos.
Aún me sorprende que haya alcanzado el día para tantos
ires y venires. La Navidad es de los niños, y esos rostros
llenos de felicidad por sus regalos me afirman en mi certi-
dumbre.

Retumba en mi cerebro su algarabía destrozando envoltu-
ras, haciendo trizas el papel y los adornos, desenvolviendo
con impaciencia todos los regalos. Y luego esa alegría sin
límite, ese gozo enternecedor que hace en los ojos agua.
Momento sublime en que nos damos cuenta cuán fácil se
construye la felicidad de un niño.

Y que decir de la comida. ¡Qué ajiaco más sabroso! Mejor
que el pavo que propuse. Por poco nos quedamos cortos,
no pensaba en tantos comensales.

La segunda Nochebuena, en mi casa, fue una tregua. Sin
reclamos, sin disgustos. Primero, con ella, un saludo seco y
breve. Luego un tropel de pasos infantiles y un estrujón de
120
bracitos amorosos. Besos, abrazos, regalos y juego hasta el
cansancio.

En una cómoda silla y a la tenue luz de una bombilla me
sorprendió la madrugada, con su olor a pólvora y el
inesperado tronar de voladores despistados. Fue una noche
amable que transcurrió velando el sueño de mis hijos y
entre música, whiskies y recuerdos.
121

CARTA LXXII

Te siento tan distante

Enero 2


Paolita:

Tres días sin verte, incluido un 31 de diciembre me
hicieron suponer que sería más expresivo nuestro
encuentro. Ayer estuve a punto de viajar al pueblo, luego
de esperar infructuosamente tu llamada, pero temí que
podía pasar por desconfianza. Ahora sé que no tenías
teléfono a la mano. De todas maneras siento una
corazonada incomprensible que me obliga a confesarte
mi confuso sobresalto.

Encontraste un ser sin ilusiones que construyó sus sueños
con tus sueños, que hizo de tu futuro su futuro, que
volvió a amar y a sonreír, y vio renacer sus esperanzas.

Has sido la mujer ideal, la de mis sueños, la relación
perfecta que satisface mi corazón, mi mente, mi cuerpo y
mis sentidos; el ser delicado y sensible, el espíritu selecto
que con mi ser se compenetra.

Eres juventud atiborrada de anhelos aplazados, la hoja
blanca en que quisiera escribir los sucesos más tiernos y
felices. Pero hoy veo vacilar tu pie para seguirme, hoy
presiento que la senda que sigues se aleja de la mía.
Adivino en la distancia las quimeras que se pierden. Te
122
veo marchando con tus anhelos y deseos, que aunque
tuyos, son también los míos. Son los sueños que con
amor he querido construirte. Con los que quisiera abrirte
las puertas a mi mundo para que por siempre dejes con
ellos de sentir distancia.

Hoy creo que me he vuelto a tropezar con la triste
realidad que fue mi compañera. El destino está alejando
las nubes en que mis ilusiones se remontan.

Demasiado perfecto parecía mi sueño para ser posible.
No nací para el amor, hoy de nuevo triste está mi vida. A
todo el mundo quiero contarle que te extraño y que te
amo.

Me olvidé de vivir sin tu presencia.
123

CARTA LXXIII

Has desvirtuado mis temores

Enero 3


Adorable Copito:

Es tan amorosa la dulce esquela que me enviaste, que borra
toda duda y llena de luz hasta el más recóndito espacio de
mi vida. Ella emana calor y refulgencia cual sol que con sus
rayos me cubriera. Que bien administras el afecto y las
palabras. Si eres capaz de escribir con tanto sentimiento y
de convertir las frases en caricias, has de tener una causa
formidable que te inspira; un hálito que convierte el
ambiente en poesía; una fuerza poderosa y única: el amor.
Ese mismo sentimiento que hace de ti la musa que me
inspira.

Hay en cada doblez de tu carta, que hasta en los pliegues
del papel guarda detalles, una sorpresa, un mensaje tierno,
una promesa, el dibujo de una flor, un corazón flechado, un
monito que simboliza la dulzura, una exaltación de las
cualidades de éste que te ama.

Nada tengo que imaginar, nada que deducir, todo es
patente, existe entre tú y yo la comunión perfecta. Sencilla-
mente me amas. ¡Qué bien estoy correspondido!
124

CARTA LXXIV

Tu bondad

Enero 6


Copito:

Cuando por tu mirada me siento iluminado, no escapo a la
comparación inevitable con aquella otra que siempre me
increpaba.

Me acostumbré a la tortura de un rostro que no tenía otra
marca que el enfado, que se veía cansado y rendido por su
propio enojo. Que guardaba en sus facciones ira contra el
mundo y que atrapaba en sus líneas la amargura. Tu ima-
gen, que mundo tan distinto muestra. Tú que sufres y has
sufrido tanto, sólo tienes dulzura en la mirada.

Debe ser la bondad una cualidad innata, ajena a los
tropiezos de la vida. Quien con ella llega al mundo, sólo
tiene corazón para el olvido, para el perdón, para verter
bendiciones entre sus semejantes. Quien sin ella nace no
tiene más aliento que para causar dolor sin importar el bien
que le prodiguen.

Por tu bondad tu rostro es más joven que tus años, por tu
bondad son tus ojos trasparentes a la mirada que quiera
escudriñarte, por tu bondad tu voz es suave, por tu bondad
es tu instinto maternal y tu piel de terciopelo. Por tu
bondad ha sido cautivada mi alma.
125
Tu espíritu vibra con las cosas tiernas y es el mejor receptor
a las expresiones sensibles de mi alma. Contigo puedo
compartir el éxtasis de la música que llamamos culta, el
colorido de un cuadro, la emoción de una obra de teatro y
la fuerza y el sentimiento de un poema. Tu gesto aprueba
mis sentencias y tus ojos brillan con los mismos motivos
que me exaltan. Eres el alma gemela que al Cielo
reclamaba.

126

CARTA LXXV

Esto es felicidad

Enero 7


Mi copito:

Esta carta es un poema.

SOY FELIZ

Soy feliz porque tus manos se aferran a las mías,
feliz porque tus brazos me rodean.

Feliz soy porque mis labios
de los tuyos degustan la dulzura.

Feliz porque en tu ser mi cuerpo se prolonga.

Feliz porque en mi pensamiento habitas
y consentido soy de tu corazón y de tu mente,

Feliz soy,
por conocerte,.
por amarte
y por sentirme amado.
127

CARTA LXXVI

Del matrimonio estoy hastiado,
al hogar sólo los hijos lo rescatan

Enero 9

Mi amor:

Apenas me estoy quitando los guantes de boxeo para
tomar la pluma. Acabo de terminar otro fuerte
altercado con mi esposa. ¿El motivo? No importa.
Siempre es baladí: una palabra de más, una de menos,
una llamada, un producto olvidado en el mercado, una
marca que no era, la falta de un jabón, un teléfono
ocupado, un ronquido, un estornudo, un ruido, un
movimiento inesperado.

¡El matrimonio hastía! Y no es sólo porque tú y yo
seamos infelices por su causa. No, es que millones de
parejas sepultaron en él sus ilusiones.

Proclamo mi infidelidad, que es tan grande como mi
disgusto. No sé si con otra persona a mi lado hubiese
sido tan infiel como ya he sido, probablemente no;
pero si de algo estoy seguro es de que con una persona
más amable me afligiría el remordimiento que hoy no
siento. Mis aventuras escasamente compensan las
afrentas.

Mas no quiero ser injusto, sobre todo cuando el
arranque de mi ira se va desvaneciendo. En medio del
128
desencanto encuentro en el matrimonio un ingrediente
amable: ¡Qué maravillosos son los hijos! Cuánta alegría
y cuántas ilusiones hay en esos pequeñines. Por ellos
vivir vale la pena, por ellos ningún esfuerzo cuesta.

Sólo por ellos esta doble vida me incomoda. Por ellos
quisiera la familia ideal, un hogar perfecto.... Pero soy
un hombre aplomado, práctico; no sueño en
imposibles.

¿Cómo percibirán los niños mi infidelidad?, me has
preguntado. Al fin estoy dispuesto a contestarte. No
voy a esquivar más esa respuesta odiosa. Comenzaré
por decirte que aceptamos cuando niños la realidad
que los adultos nos presentan, y la interpretamos
durante toda la vida a la luz de nuestras experiencias.
En este caso saben los niños que tienen un padre que
los quiere, que les ofrece afecto y satisface sus
necesidades. Su madre, y eso reconozco, no ha
intentado nunca destruir la buena imagen que de mí
han formado.

Por ahora, su pequeño mundo no sabe de amores, de
parejas y de amantes. Pero si vieran en esta edad
destruido su hogar por la conducta osada de su padre,
se esfumaría probablemente aquél aprecio. Albergaría
seguramente su corazón un gran resentimiento.

Su mente a esta edad es por completo ajena a las
dificultades de la convivencia. Cuando esas personitas
crezcan y sepan de razones habrán de juzgar con
indulgencia Su memoria saturada del encolerizado
trato que me da su madre, habrá de hacerlos
comprender que no ha sido una ligereza mi conducta,
129
sino la forma de compensar la frustración que me
causaron. Y quiera Dios que no vivan en carne propia
mi desdicha, pero si por desgracia a ellos les llegara,
creo que terminarían comprendiendo mi conducta más
que nadie.

Pero tanto como el juicio que hagan de mi proceder,
me preocupa la influencia que él ejerza en su
comportamiento. No deseo que tengan una vida
paralela, tampoco para mí la hubiera deseado. Pero
otra es la fuerza de la realidad; adaptarse a lo que
existe es una actitud inteligente. Soy analítico, critico y
pragmático, todo cuanto afirmo es mi manera de
comprender y de enfrentar el mundo. No soy un
predicador que quiere que sus semejantes actúen bajo
esos lineamientos, tampoco ignoro que en muchos mis
palabras harán eco. Por eso no he encontrado proceder
más acertado que silenciar mis opiniones cuando hay
en mi audiencia personas que se están formando. A
ellas sólo les deseo el mundo ideal con que soñé de
niño. Pienso que quien sueña y es feliz con su mundo
de ilusiones no tiene que ponerle atención a mis
escritos.
130
CARTA LXXVII

Entre lo ideal y lo pragmático

Enero 11

Mi vida:

Los valores del idealista sólo en su corazón perviven. Son la
antítesis de la realidad, del mundo signado por el interés y
los frutos materiales.

Pero soñar con un ideal también es negarse a disfrutar lo
poco que nos da la vida. No se puede vivir solamente en pos
de una utopía. La perfección no existe.

Ideal es la fidelidad, ese valor tan abstracto como ambiguo.
¿Acaso existe? Pienso que no y por eso mi razón no la
considera imprescindible. La desea mi corazón que no
entiende de razones.... pero a la larga por ella será
subordinado. Inevitable es también la muerte, y como la
infidelidad he terminado por aceptarla sin reproches.

Negarse a aceptar la realidad arruina la existencia, porque
la realidad no es por nuestro sufrimiento perturbada. La
realidad es impasible. En lo que a mí concierne no intento
cambiar el mundo más que en aquello en que humana-
mente pueda transformarlo. No pretendo la inmortalidad
porque no hay humano que la haya conseguido. No reclamo
la fidelidad que es una condición tan poco humana, pero
espero el amor como un sueño que pueda realizarse. Y tú
estás en el centro de ese ansiado sueño.
131

CARTA LXXVIII

Me haces feliz cuando me escribes

Enero 14


Copito:

De nuevo tengo una esquela tuya entre mis manos. Son tus
palabras el mejor alimento que puede recibir mi espíritu.
Sedienta mi alma de un afecto sublime, ha encontrado en
tu ser un oasis verdadero. Exquisito y límpido. De dulces y
profundos sentimientos, que en mi haber no parecían
posibles.

Soy dueño de tu amor y no doy crédito a la enorme dicha
que ello significa.

Sólo cuando padecemos la oscuridad anhelamos el fulgor,
sólo cuando sentimos la ausencia comprendemos el valor
del afecto. Yo que soñé tus virtudes aún sin conocerte, y
que por años extrañé las cualidades bellas que tu ser me
proporciona, puedo más que nadie valorar tus atributos.

Ese sentimiento tierno que hoy llena mi vida, no tendría de
mi parte suficiente pago sin el inconmensurable amor que
anima todas las acciones en que él se hace presente.

De tu ternura soy feliz prisionero hasta la muerte.
132

CARTA LXXIX

Una tarde hablando de mujeres

Enero 17


Paolita:

Dicen mis amigos que soy experto en amor y que sé mucho
de mujeres. Creo que de tus congéneres he aprendido
demasiado a fuerza de experiencia: de recibir golpes, de
disfrutar caricias, de analizar gestos y de escrutar miradas,
de poner atención a todas sus rutinas, de contemplar sus
reacciones sin desdeñar ninguna.

Pero si como ayer me preguntaran ¿De qué hablan en
privado las mujeres? Te cuento que no haría más que
imaginarlo, porque de ese picante intimo y sensual que
ponen mis amigos en boca femenina no me consta nada.

Unos dijeron que hablaban de sexo con crudeza, que
describían sin pudor los detalles de todas sus faenas, que
iban mas allá del éxtasis revelando sus íntimas pasiones,
que ideaban el comportamiento amatorio de los hombres,
peor aún, que eran perversas, deshojando la honra de los
machos. Nada opiné. Me deleité pensando que nada es
imposible.

En cambio me enfrasqué en una entretenida discusión
sobre mujeres fáciles. Se dijo por ejemplo que si tan fácil es
133
su vida ¿por qué las damas más dignas no suelen
practicarla? Alguien con doble intención se preguntó ¿qué
es una prostituta? Y dirigió nuestras respuestas hasta
demostrar en su sofisma que otras son las que se
comportan como tales. Te cuento que con nuestras
conclusiones terminaron las señoras en la calle y las
trabajadoras sexuales en el altar de los hogares. Lo
confieso, soy culpable de erigir en verdad tal esperpento.
Dije que identificaba la prostitución como una actividad en
que pesa más que el dinero y el servicio que se transa, la
consumación de un acto -por parte de ellas- sin pasión y sin
afecto. Si de cobrar se trata, dijimos que el médico cobra su
receta, el eticista sus conferencias y consejos, y el cura
hasta las misas. Cobrar, terminamos diciendo no es
problema. Lo que molesta -entristece es la palabra- es tener
que entregarse sin deseo. Fue entonces cuando salieron a
relucir las esposas que hastiadas de prestar “servicios
conyugales” lo siguen haciendo porque el esposo “es el
dueño de su cuerpo”, porque deben cumplir una obligación
que impone el matrimonio o deben cuidar en últimas el
seco y la sopita. “¡Más putas pa´dónde!“, dijo alguien. ¿Y si
las damiselas disfrutan no son putas? Pregunté con ironía.
Claro que no, respondieron todos por consenso. Si lo son,
no lo son tanto, fue la conclusión de todos los presentes.

Como nadie pidió que las opiniones se guardaran con
reserva, diviértete con estas ocurrencias, mas no pienses
que la mujer y el sexo son la única fijación de la mente
masculina.
134

CARTA LXXX

El hogar ideal, una quimera

Enero 21


Mi cielo:

El modelo de familia que adoptamos es un fracaso rotundo.
La pareja se hastía hasta aborrecerse y los hijos cuando no
padecen con la separación, lo hacen con el enfrentamiento
de los padres que deciden convivir en medio del encono.

El tiempo le demuestra al hombre que el amor menos
volcánico, el de los lazos fraternales y filiales, es el que
resiste el tiempo. No aquél que se esfuma más rápido
cuanto más intenso. Por ello vemos a los damnificados de
una relación volver adoloridos o contritos una vez más a los
brazos de los padres.

Es abominable que los hijos vean esfumarse con la
separación el hogar que se merecen, pero también que a
falta de un divorcio sean testigos de la agresividad de dos
seres que un día se prometieron un amor perpetuo. ¿Será
mejor entonces que el hogar nunca se instaure? ¿Que se
acaben los hogares que siempre conocimos? ¿Que los niños
desde el nacimiento vivan alternativamente con cada uno
de sus progenitores? Al fin y al cabo sufrimos por lo que
perdemos, no por aquéllo cuya existencia nunca conocimos.
Si nunca supieron lo que era vivir bajo un mismo techo con
135
sus padres, no llevarán los hijos en su recuerdo el dolor de
la convivencia malograda. Dejaría el hombre de abandonar
a sus padres para formar pareja ilusionado con un hogar y
con una felicidad apenas transitoria.

La pareja humana es pasajera y para vivir en familia en
forma duradera debe comenzar por comprenderse que el
matrimonio no es capaz de mantener la naturaleza
almibarada del noviazgo. No hay que empeñarse en
exprimir los despojos de un amor que no brinda sus jugosos
frutos. El enamoramiento, a nuestro pesar, usualmente se
marchita. El noviazgo existe para recreo de la pareja; todo
en él no tiene otro objeto que el idilio. El matrimonio
cambia el centro de atención e impone obligaciones a
raudales. Desenmascara la personalidad de los amantes
que comienzan a reaccionar tal cual son ante
responsabilidades antipáticas. Deja de ser el amor la pasión
arrolladora y sólo entre los cónyuges de bien subsiste la
convivencia serena como expresión de amor al prójimo. Las
necesidades eróticas o se sosiegan o se satisfacen en la
clandestinidad, libres de las obligaciones que las menguan.
La obligación mata el placer. Obligación y placer no
conviven bajo el mismo cielo.

Así, querida, para que este vigoroso amor nos dure hasta la
muerte, tendremos que hacer de nuestra relación un no-
viazgo interminable, escapando siempre a todo llamado
que lleve a la obligación y el formalismo.
136

CARTA LXXXI

Más que por amor
sobrevive el matrimonio

Enero 25


Copito:

Cuando de pareja se habla, el entendimiento
instintivamente aglutina en torno a ella amor, hogar, sexo y
familia, como un todo único y armónico. ¡Qué percepción
más engañosa! Sólo en apariencia tal unidad existe.

Ese ideal, que expresa una perfección tan añorada, apenas
cabe en la mente de quien desconoce el mundo. Quienes
hacen caso omiso a sueños imposibles, terminan por
olvidarse del romanticismo y la pasión, y lejos de estallar el
hogar en mil pedazos, optan por la coexistencia funcional y
estable, aceptando las imperfecciones de la convivencia.
Sentido práctico y tolerancia son la esencia que los
mantiene unidos.

Hay que aceptar que existen intereses más valiosos que la
fidelidad en la vida conyugal. Bien lo saben las esposas de
los grandes hombres -tan grandes como infieles-, expertas
en lidiar las aventuras de sus cónyuges. Esa especie de
complicidad interesada, ese intencional desconocimiento
de la vida secreta del marido y hasta la justificación de sus
deslices, al estilo de la talentosa esposa de Bill Clinton, ha
137
mantenido hogares, demostrando que la convivencia es
posible cuando la mujer con cordura preserva de la relación
otros valores. Actitud sensata y calculada que tardarán los
hombres en copiar de estas mujeres.

Pero más que crudos intereses, pueden existir motivos
confesables, elevados inclusive, como el bienestar de los
hijos, la seguridad, la estabilidad, la sana compañía. Y
muchos individuos hay dispuestos a prolongar por gratitud,
por solidaridad o por costumbre la saludable convivencia,
mientras no la arruine como en tu caso el maltrato y el
ultraje.

Tal vez tú y yo sin la carga de un hogar, sin una relación
formal, con la puerta de la libertad de par en par abierta,
encontremos la felicidad perpetua que no encuentran los
esposos, y sólo vivamos como espectadores la situación que
como protagonistas ya sorteamos.

Una enorme ventaja ya tenemos: para los amantes prima el
amor, entre esposos otros intereses lo aventajan.
138

CARTA LXXXII

¿Imposiciones sociales al amor?
¡Qué tontería!

Enero 28


Adorable Copito:

Lo que escapa al dominio de la voluntad no puede
legalizarse como compromiso. Y lo escribo pensando en los
afectos.

Desconocemos, como cualquier mortal, el rumbo de
nuestros sentimientos; sabemos que sobre el amor nadie
legisla, porque apenas las leyes de la naturaleza lo
gobiernan. Por una fuerza incomprensible nos amamos. No
somos tú ni yo seres que aceptemos las intransigentes
normas de una sociedad caduca y farisea. No nos
empeñaríamos de por vida en un contrato. Te amo y me
amas y esperamos que ese afecto no se agote nunca, que
sea siempre leal, sincero y transparente, pero amor eterno
no juramos. Nuestros vínculos con seres que no nos
comprendieron nada importan. Son un mísero papel, un
absurdo y simple documento.

Te amo libremente, proyectando mi amor al infinito, más
allá de lo que cualquier atadura social conseguiría. Te ofrez-
co, sin suscribir contrato, más afecto del que pueda implicar
una partida con firmas de jueces y notarios. Te amo así,
139
sencilla y llanamente, con la responsabilidad que dicta mi
conciencia, con la bondad que imponen mis principios, con
la ternura que domina todos mis afectos. No invoco la
libertad para quererte menos, la demando para amarte
más... perenne, intensamente.
140

CARTA LXXXIII

De nuevo te perdiste

Enero 31


Mi amor:

Me quedé esperando tu llamada. Dijiste que una vez te
instalaras en el nuevo apartamento me avisabas. Se acabó
el día y no tengo la menor noticia. ¿Buscarte? ¿Dónde? De
tu dirección no tengo la menor idea. Hasta estas líneas
sobran. ¿En dónde he de dejarlas? Pero escribirlas se volvió
rutina.

Me siento incómodo. ¿Triste? Acaso. No he de afligirme
como la primera vez que te perdiste.

¿Tanto tus cosas te entretienen, que de mí te olvidas por
completo? ¿Será que no son idénticos nuestros
sentimientos? Porque para mí no hay ocupación que te
desplace.

En realidad no disfruto tus intempestivas decisiones. Cuan-
do todo parece reposado y alcanzo a pensar que tengo las
riendas del destino, irrumpe el sobresalto inesperado y mi
mundo se estremece. ¿Por qué tanta urgencia en trasladar-
se? Nunca me comentaste que querías hacerlo.

El tiempo, que cuando estoy contigo se esfuma sin sentirlo,
esta noche resulta interminable. Todo está en silencio, la
141
calma espera ansiosa el repique que no llega. Ese teléfono
mudo es un tormento. Cada segundo en cambio se des-
cuelga del reloj un tictac inexorable, eterno. Los contaré por
miles antes de que llegue la mañana.
142

CARTA LXXXIV

Te invito a refrendar los sentimientos

Febrero 2


Paolita:

Si no es porque en la vía nos encontramos, sería tal vez
éste el momento en que seguiría sin conocer tu paradero.
Dices que estabas a punto de llamarme, estás tan cariñosa
como siempre y sin embargo no sé que sombrío
presentimiento aguijonea mi suspicacia.

¿Por qué trasteaste tan repentinamente si todo contrato
concede un plazo para hacerlo? Así la hija de la dueña de la
casa fuera a ocupar tu apartamento has debido exigirle para
marcharte un tiempo razonable. Conseguir nueva morada y
mudarse con la rapidez con que lo hiciste no es sencillo. Me
alegra que tan fácil lo hayas conseguido.

Olvidemos el pasado. Sigamos construyendo el porvenir con
optimismo. Que mañana en la noche tu mamá cuide los
niños y tu disponte a una cena en que el plato fuerte sea el
amor, a la media luz de unas velas de rojo apasionado. Una
velada que inaugure el nuevo apartamento, que deje
nuestro espíritu en todos los rincones y reafirme la
sinceridad de nuestros sentimientos.

143

CARTA LXXXV

No soy apologista de la infidelidad,
te advierto

Febrero 4


Copito:

Al menos aprendí al argumentar sobre la infidelidad, que te
disgusta que hable del tema a los demás en tu presencia;
como quien dice que nombre la soga en la casa del
ahorcado. ¿Pero cómo he de hacer para ponerle freno a mi
franqueza? Tampoco creo haber hecho apología de la
traición amorosa, ni revelado aspectos de nuestra
intimidad, tan sólo acepté mi condición sin titubeos.

Una vez que tú saliste manifesté mi convencimiento de que
la infidelidad es un instinto que hace pocas excepciones con
los seres humanos, y que no concebía su contradictoria
coexistencia con los celos. O la una o los otros, pero no
ambos simultáneamente. ¿Cómo demandar la fidelidad,
que resta autonomía a la pareja, mientras reclamamos
nuestra libertad y nos sublevamos contra la posesión y el
control desmedido?

Les decía que la flama del enamoramiento indefectible-
mente rebaja su temperatura con el tiempo y que a medida
que se extingue menos tolerables se hacen los defectos de
quien en nuestra ilusión creíamos perfecto, que más pesada
144
se hace la carga de las inhibiciones con que buscamos
complacer al ser amado y que en un comienzo soportamos
sin esfuerzo.

Expliqué que tanto más semejante sean la realidad y
nuestros sueños, más satisfactoria y duradera será la vida
de pareja.

Entonces mi pensamiento más que incitar a la infidelidad, -y
no pienses que es mi intención por la propiedad con que
me expreso- giró en torno a la búsqueda de elementos para
prolongar la convivencia, algo que seguramente hubieras
disfrutado. Dije por ejemplo que únicamente mostrando
nuestra verdadera personalidad, auténtica y sin maquillaje,
y aceptando al otro sin pretensiones de cambiarlo, con
todos sus defectos y todas sus virtudes, podríamos esperar
una relación más duradera. Que hay que ser inmune a los
celos y a la infidelidad, para que la relación monogámica no
termine por ser insoportable.

También afirmé que por siglos ha pregonado el hombre el
valor de la fidelidad sin que en la práctica haya sido capaz
de conseguirla. Y que la monogamia no es seguramente un
mandato natural, al puntos que hay religiones y culturas
que practican la poligamia sin molestia. Evidencia de que el
control de los celos es posible y de que el modelo ideal de
convivencia entre los sexos está por alcanzarse.

En lo personal les conté que más que ser el dueño absoluto
del amor de mi pareja me importaba contar constante-
mente con su afecto. Sin que sea esa una licencia para
145
ponerme cuernos. De paso te cuento que hizo reír el
comentario.

Pero como estos temas no los decide la razón, el plantea-
miento intelectual fácilmente es arrasado por el egoísmo
innato, embudo con el que el individuo toma para sí el
ancho extremo de la libertad y deja a su pareja el estrecho
de las obligaciones.

Como ves, mi intervención hizo referencia a la generalidad,
nunca a nosotros. Si soy o no infiel, pocos lo saben, todos
en cambio se dan cuenta de que nuestro amor es saludable
y tiene larga vida.
146

CARTA LXXXVI

¿El hombre hace perverso al hombre?

Febrero 8


Mi vida:

Una hoja sin mancha es la existencia del recién nacido. Una
página fresca, inerme y pura. Pero a medida que se
transforma su cuerpo diminuto, se transfigura la virtud de
esa criatura inocua. Va anidando la maldad en ese ser
inofensivo. Su conciencia moral, en un principio innecesaria,
ausente, surge para guiarlo a medida que crece, entre la
vorágine de sus tentaciones. Pero de poco sirve si su volun-
tad elige la maldad.

¿Será acaso que en ese ser apenas brotado por la vida, la
semilla del mal está latente? Es posible, pero también es
cierto que la perversidad del hombre esculpe con su mal
ejemplo los peores rasgos de la especie en ese libro en
blanco que todo trazo admite.

La sociedad, en grande o en pequeño, desde la familia hasta
el Estado, es responsable de que aquel libro impecable se
malogre.

Más bueno sería el hombre sin la influencia de sus
semejantes. ¡Un imposible! Sin ellos no nace, tampoco
sobrevive. En otras palabras necesita a quienes lo depravan.

147
Un lobo es el hombre para el hombre. Capaz de causar
daño por el solo placer de ocasionarlo.

Así interpreto la transformación del niño al asesino, así la
formación de aquellas bestias que nos pusieron a pensar
con sus acciones. El horror de las imágenes que mostró la
TV no se borran cambiando la mirada. Esos crímenes son la
cima de la maldad del hombre, el daño más vil,
inexcusable. Aquél que no puede quedarse sin castigo.

Ante esos crímenes horrendos, otras faltas se vuelven
tolerables. Después de lo que vimos estoy por exculpar a los
que ultrajan, a los que roban, a los que mienten y
calumnian, a todo aquél que al menos sienta respeto por la
vida.

¿Será que no cabe un gesto de bondad en el proceder de
esos atroces criminales? No hay nada absoluto en este
mundo. Luego debemos pensar que ha de haber en todo
hombre siquiera un acto bondadoso. No está exenta de
actuar mal la mejor de las criaturas como probablemente
no esté libre de una buena acción el peor de los mortales. Y
entre los extremos, una escala de gris del bien y el mal
construyen con su comportamiento todos los humanos.
148

CARTA LXXXVII

Repartiendo pobreza y sufrimiento

Febrero 11


Copito:

Los chocolates que te ofrecí los quedaré debiendo. Tuvieron
un final inesperado. Otra boca tuvo ya que haberlos
degustado. Estarás preguntando: ¿Cómo es ella? Pues
hermosa y tierna, de cachetes rojos, de pelo negro que llega
hasta los hombros, de manos, no, manitas delicadas,
cargadas de suciedad y de pobreza. Es esa niña extrovertida
y primorosa que el otro día te conmovió con su gracia y con
su media lengua. Hoy la he vuelto a encontrar. Me contó de
las necesidades de sus padres. A sus cuatro o cinco años,
quien lo creyera, es ella la que ayuda a sostenerlos. Me dijo:
“Tengo hambre, ¿me regalas algo?”. No resistí el impulso.
Le di tus chocolates.

Duele la infancia pidiendo limosna por las calles,
deambulando sin rumbo, buscando alimento entre los
desperdicios, añorando sin esperanza el juguete que exhibe
una vitrina. Hijos que no pidieron nunca tantas privaciones.

Simiente maldita la del ser humano, que tanto más pobre
más se multiplica. Paradoja absurda de la reproducción
humana que hace a los necesitados más fecundos. En su
149
legado los pobres reparten más pobreza, entre más
herederos reparten su miseria.

Cada hijo que engendra el pordiosero es un huérfano más
de la felicidad, un retoño más de la violencia, un espíritu
triste y resentido, un campo fértil para el crimen. Vergon-
zosa es la paternidad en tales condiciones.

¿No exageraremos elogios a la maternidad? Con frecuencia
es un crimen verdadero. Un crimen pavoroso, cuando sin
responsabilidad entrega su criatura a la infelicidad y a la
pobreza.
150

CARTA LXXXVIII

Amores, tantos, tan distintos

Febrero 14


Adorable Paolita:

Esa sensación que llamamos amor, tiene expresiones tan
diversas, que resulta a veces imposible saber si nos referi-
mos al mismo sentimiento.

Hay un amor que ni nos ata ni nos esclaviza, tejido de
bondad, buenas acciones y buenas intenciones; cuyo
objetivo es nuestro semejante, el ser que sufre, el niño que
sonríe; amor al prójimo lo llaman.

Otro hay que nos liga hasta la muerte, nos enaltece, nos
colma; es ejemplo de entrega y sacrificio; júbilo, tristeza o
sobresalto en resonancia perfecta con el ánimo de quien
nuestro amor motiva, es el amor filial y fraternal, un lazo
familiar que sobrevive incólume al tiempo y la distancia. Es
el verdadero amor que no reclama un pago.

Otro hay ardiente, que nos quema, nos abrasa; de todos es
el menos racional, el más intenso. Afecto desbordante de
propósitos sublimes, pero en extremo posesivo y egoísta,
temporal y tiránico, que termino por dudar si es un amor
auténtico. Sin embargo lo anhelo y lo disfruto. Suele ser
efímero, como suele ser el destino de todo afecto intenso.
151
Es el que a los enamorados tocó en suerte. No trascienda
fácilmente al verdadero amor, al que perdura.

Se extinguió la pasión de un amor imposible, el de mi
“Dama de las rosas amarillas”, pero hoy es la amistad más
bella y trasparente. Que no lo tenga el Cielo en sus
designios, pero si el día llegara en que nuestro
enamoramiento claudicara, sólo esperaría recibirte entre
mis brazos, pletórico de otro amor quizá más límpido.

152

CARTA LXXXIX

Añorando los encantos de la infancia

Febrero 18


Mi amor:

Reflexionando sobre los errores que los hombres
cometemos, pienso que cuanto más tiempo
permanezcamos en el mundo, más tiempo tendremos para
perder el Cielo. Más para actuar sin amor y con
resentimiento, más para cobrar a quien nos deba, ofensa
por ofensa.

Ida la infancia veo que el corazón comienza a pervertirse. La
razón se hace consciente de la hostilidad del mundo, del
hombre que utiliza al hombre, del ambiente adverso tan
lejano al amor de la familia. Las responsabilidades crecen
en la medida en que las satisfacciones menguan. La
subsistencia otrora asegurada es ahora la lucha más
importante de la vida.

Tarde nos damos cuenta de que la infancia es el mejor
tiempo de la vida. Esos maravillosos años vuelven en el
recuerdo de unos padres amorosos, de una existencia
plácida, de deberes escolares que se esfuman entre
obligaciones lúdicas, entre amigos que viven para la
diversión y el juego.

153
No sé porque hoy revivo aquel tiempo feliz de niño
consentido. Me veo cargando de nuevo mi maleta y mi
lonchera, dejando que el paso de papá me guíe.

Vuelvo a sentir el amoroso despertar, precedido por un
sueño placentero. Disfruto de nuevo el baño plácido con
agua casi hirviente. ¡Ah cuerpo propicio a los placeres! Visto
mi uniforme, listo y cuidado hasta el último detalle. Y el
desayuno... exquisito. Con un ingrediente imponderable:
amor y sacrificio. ¿Cuándo una esposa haría lo mismo? No
son ni pálido reflejo de una madre.

Y nunca faltó en la despedida el beso cariñoso de papá,
frente a todas las miradas escolares. Ayer me sonrojaba,
hoy -también padre- no sólo lo comprendo, lo extraño... lo
agradezco.

154

CARTA XC

La intimidad, un goce estético

Febrero 20


Cautivador Copito:

La vida íntima es un disfrute estético. Para mí es comunión
con lo bello, un equilibrio de la forma. Una exaltación que
no se alcanza con mujeres sin belleza, grotescas, agresivas o
vulgares. La concibo como la armonía suprema de los
cuerpos y las almas. Dejé por ello de compartir el lecho con
aquélla que se dice ante la sociedad mi esposa. Mi espíritu
ultrajado no anhela ser poseído ni poseer a quien lo
agravia. Sin gentileza no existe para mi hermosura ni
anzuelo carnal que me subyugue. Soy hostil a las bellas de
carácter agrio, pero también esquivo, y con
arrepentimiento lo declaro, a la intimidad con las mujeres
que aunque dulces, no albergan en su cuerpo encanto que
sacie mis sentidos ávidos del placer que prodiga la belleza.
Soy esclavo de las formas perfectas de la carne y de las
expresiones más tiernas del espíritu. Mas cuando amo, el
afecto transfigura cuanto del ser querido se revela, a los
ojos enamorados todo es bello, todo es bueno.

Cuando tu ser se une con mi ser en éxtasis sublime, hay
consonancia, equilibrio perfecto, absoluta complacencia,
dicha plena que destierra cualquier remordimiento. ¿Adi-
vinas por qué, querida mía? Porque tu cuerpo es un placer
155
estético grandioso, una obra de arte esplendorosa, un estí-
mulo infinito que aviva mis sentidos. Y tu alma... ¿Pregun-
tas por tu alma? No lo hagas. Bien sabes que más
maravillosa es que tu cuerpo.
156

CARTA XCI

Nuestro pecado

Febrero 24


Copito:

Que nuestra relación es vergonzosa y un pecado acaba de
decirme una insoportable amiga de mi esposa. Que el
problema no es de su incumbencia fue cuanto le dije con
desgano. Es tan tediosa, que ni la confrontación vale la
pena. No por ello evado el tema y en las líneas que vienen
te expongo lo que pienso.

¿Que hace a una conducta pecaminosa sino el deseo de
causar daño?

Más que los preceptos religiosos y las leyes, es la conciencia
la que discierne el carácter de sus propios actos. Permisivas
u opresivas, las normas son tan sólo un marco de
referencia, a veces cuerdo, a veces insensato.

En lo que a nosotros atañe, nuestra relación será siempre,
para la sociedad que vive de la forma una insolencia, una
conducta pecaminosa digna de reproche. No lo es para mí,
que la pregono casi desafiante, con la frente en alto. No
para mí, irredimible explorador de la relación perfecta,
espíritu que libre se proclama y a la luz del día realiza sus
acciones. Espíritu que defiende con su vida profundas con-
vicciones.
157

Qué mundo tan patético éste que estigmatiza los “pecados
de la carne”, mientras ve pasar la maldad sin inmutarse.
Que se muestra en cambio tolerante con el maltrato, el
odio, el robo, la estafa, las torturas y la muerte.
158

CARTA XCII

El amor y los pecados

Febrero 25


Dulce Copito:

Los pecados de amor no los concibo, el amor lleva la bon-
dad implícita en su nombre, solamente la mala intención es
censurable.

No se ama a quien la sociedad dispone, ni siquiera a quien
la razón ordena, simplemente a quien la casualidad impone.
La maldad es la expresión suprema del acto volitivo, de la
decisión libre y conciente. No encuentro entonces culpa en
quien se enamora de alguien diferente a quien ordena un
simple documento. Nunca habrá norma que someta al
amor, ni que legisle sobre el sentimiento.

El enamoramiento es tornadizo, bajo su yugo toma rumbos
inciertos el afecto, entran y salen del corazón amores. Sin
pretenderlo los nuevos desplazan a los que tan sólidos
creímos. No es maldad, apenas un rasgo inevitable de la
naturaleza humana. Ajena a sus deseos, incontrolable.

Así mi amor, comprendo que por causas diferentes a la
hostilidad, como la que tú y yo hemos vivido, puede ter-
minar por amarse a un ser diferente al que “ordena” un
simple documento.

159
Quien ama está expuesto al desamor y a la infidelidad cada
momento. Hay que estar a ellos preparados. Son
irremediables. Aceptar que aparezcan debe ser la primera
cláusula que cumplan los amantes. Sobreponerse a ellos la
siguiente.

160

CARTA XCIII

Entender el amor

Febrero 28


Mi amor:

No sé si soy un insensato cuando me dejo asaltar por estos
pensamientos. Te amo y pienso en ti como la amante éter-
na, pienso que nuestro afecto se burlará del tiempo y la
distancia, porque fenecerá primero lo infinito. Sin embargo
cuando mi razón pone al amor bajo la lupa, tal vez por el
influjo de pasadas experiencias o porque lo reflejan las
parejas que conozco, surgen consideraciones como ésta:

El amor es más lo que soñamos, más que lo que en realidad
depara. Su dominio son los sueños, el mundo de la fantasía.
Inextinguible nace, efímero se extingue.

¿Pero es el amor la respuesta a un ser que nos atrae? ¿O es
la causa que nos hace ver maravilloso un ser corriente? ¿No
será que vivimos enamorados del amor proyectando todas
sus virtudes? ¿Materializando en alguien nuestro
desmedido afecto?

Creo que vivimos fabricando quimeras que aplicamos cual
ropaje a quien nos arrebata. ¿Pero cuántas veces coincide
la realidad con la utopía? ¿Cuántas es idéntico el ser que
amamos y el que anida en nuestra fantasía? Tal vez ningu-
na, de ahí el asombro cuando la cordura nos sorprende y
161
descubrimos la distancia abismal entre el ser real y aquél al
que profesamos todo nuestro afecto.

El amor es una ilusión que buscamos materializar los hom-
bres en todas las mujeres, que se alimenta de la novedad y
que a veces persiste, que ironía, en la medida en que la
seducción es imposible. “Siempre te voy a amar porque
siempre serás inalcanzable” le escribí a un amor que fue
rebelde a mi conquista. Aún hoy mi corazón le pertenece,
convertido en una amistad que se ha de prolongar hasta la
muerte. Otro sería -tal vez cenizas- si a mi amor se hubiese
sometido.

Subsiste el amor mientras hay esperanza en la conquista,
perdura mientras el ser amado es un cautivador misterio. El
amor es un descubrimiento permanente que se alimenta de
la novedad real o figurada. Pasados los momentos más
sublimes del enamoramiento, en que es el corazón a toda
tentación inmune, nadie puede predecir su subsistencia. La
apatía y la infidelidad acechan. Cuando otros seres nos
atraen el amor nos está avisando que declina.

El amor es el imperio de todos los sentidos. Estímulo mayor
no existe. Pero a los sentidos todo cuanto los incita, al final
los satura fatalmente. Somos proclives al estímulo inédito.
Lo nuevo nos doblega. Nos hastía la sensación permanente
y rutinaria.

Consientan el amor, le digo a los amantes, para que no
decline, al menos, para que lentamente se evapore, y al
final, si es que les toca, acepten sin rencores que tras el
néctar fresco, el amor en una nueva flor se pose.

162

CARTA XCIV

Respondo tu reclamo: no he
pretendido sembrar de espinas el camino

Marzo 2


Vida mía:

Tan frecuente como yo no escribes, pero vaya si es impor-
tante lo que dices. Estoy acostumbrado a que tus esquelas
reiteren lo que tus labios ya me han dicho, pero esta vez
hay párrafos que me sorprenden.

Afirmas por ejemplo: “Unas veces te siento tan decidido a
dar la batalla por mi causa, otras siento que te faltan
fuerzas para mostrarme ante el mundo con orgullo. Cuando
te siento con valor me asusto, dudo si daré la talla, cuando
descubro tu pobre resolución, me apeno, pero pienso que
así es más fácil: ser apenas y para siempre tu querida”

“Cuando hablas del amor y de la infidelidad me quedo sin
saber si cuanto afirmas también a nosotros nos concierne, o
si únicamente a terceros te refieres. Sabes que a tus
determinaciones me doblego. Pero me estremezco si me
estas ofreciendo una libertad que no te pido. Me
desconcierta no saber si es producto de tu actitud liberal y
generosa o síntoma de una despreocupación que no
conozco”

Tienen plena justificación tus dudas. Y me siento culpable
de ser tan poco explícito.
163
No debo desconocer los riesgos que a toda hora nos
acechan, y sin embargo no quiero otra cosa que ignorarlos.
No me siento capaz de aplicar a nuestras vidas los riesgos
que atribuyo a la pareja. Tú y yo debemos ser la excepción a
todo cuanto percibe mi pensamiento pesimista.

Piensa amor mío que todo lo bueno que mi análisis descu-
bre nos concierne. ¡Lo negativo sólo a los demás afecta! Al
fin y al cabo si conocemos los riesgos del camino, te asegu-
ro que llegaremos a salvo a nuestro puerto. No dudes, ni
pienses que vacilo. ¡La felicidad la conmino a nuestro lado!

Unidos seguiremos bajo algún modelo, prohibido o lícito,
pero siempre unidos.
164

CARTA XCV

La tierra fue de todos,
la desigualdad la forjó el hombre

Marzo 6


Copito:

Evitaré referirme a la caducidad del amor y a la infidelidad
para no sembrar en tu corazón temores. Así que abordaré
en las cartas por venir otras cuestiones. Me inquietan por
ejemplo la injusticia, la desigualdad, la paternidad, los ni-
ños, el sentido de la vida.

Escritos con borrones por efectos del sueño y del cansancio
he encontrado en mi desorden estos temas. Hoy he
resuelto corregir y terminar éste, que estará mañana entre
tus manos.

La Tierra fue de todos antes de que la ambición de la
humanidad la repartiera. El hombre llegó a un mundo que
no tenía escrituras. Todo o nada perteneció por igual a
todos los humanos. ¿Cómo pueden existir hoy tan hondas
diferencias?

Heredó Dios al hombre toda su creación, sin discriminación
ni privilegios. Y lo hizo libre. Pero la libertad desbordó su
ambición y arruinó su sentido de justicia.

165
La igualdad del hombre, será siempre un ideal inalcanzable.
Siempre la arrasa el poder, la fuerza o la violencia. Las
mismas instituciones que crea el hombre bajo el pretexto
de una razonable convivencia.

No más, mira al Estado, con el débil autoritario y déspota.
Ajeno a sus necesidades. Insensible a su pobreza. Estado
que pierde su razón de ser cuando olvida su función social,
cuando es incapaz de velar por todos los derechos.

O mira el trabajo y sus iniquidades. Desigual por la remu-
neración, las cargas o los privilegios. Una esclavitud a la que
se somete el hombre so pena de vivir en la indigencia.

166

CARTA XCVI

El sexo: lo instintivo,
lo moral y lo fisiológico

Marzo 9


Mi amor:

No sé como pudiste leer esa diatriba que encontraste entre
las cartas que mandan al periódico. Por si acaso, a ese que
escribe le respondo: No es el sexo el instrumento de las
iniquidades del demonio.

Admirable que existan quienes se proclaman al sexo indi-
ferentes. Reprobable que por ello estigmaticen a quienes
expresan con naturalidad todo su instinto.

¿Cómo juzgar bajo la perspectiva del bien y del mal las
manifestaciones fisiológicas? ¿Cómo establecerle marco
moral a las expresiones irracionales instintivas que con el
mundo animal comparte el hombre? ¿Cómo prohibir o
permitir las funciones orgánicas? ¿Cómo llamarlas buenas o
pecaminosas?

Aunque timoratos y seudomoralistas se hagan cruces ante
las expresiones genitales, no han de ser la religión ni la
moral las que entrometan en lo instintivo sus preceptos. Es
la higiene la que con sus luces nos orienta. Y no obliga, sólo
recomienda. Aconseja una dieta balanceada, recomienda el
167
descanso reparador, promueve el uso del condón, sin hacer
mención de los caricaturescos y anacrónicos pecados de la
gula, de la pereza y de la carne. Estos gustos o excesos, si
así quieren llamarse, no comprometen en nada la
conciencia si no causan a terceros daños.

Claro que puede obrarse mal en desarrollo de los actos
instintivos, cuando hay una extralimitación malinten-
cionada, absolutamente razonada y voluntaria. Cuando se
roba la comida de otro, cuando se abusa sexualmente,
cuando con conocimiento se contagia una venérea, cuando
se da la espalda a una paternidad reconocida.

Que los puritanos vivan como quieran, pero que no
entrometan sus narices en estilos de vida lícitos así sean
diferentes.
168

CARTA XCVII

El sentido de la vida

Marzo 13


Copito:

Tanto más profundas son mis disquisiciones en torno a la
existencia, menos evidencias tengo para atribuirle a la vida
trascendencia. Percibo fácil la perfección fisiológica, la
maravillosa estructura de la vida, pero más allá, en lo
metafísico, la encuentro sin sentido. No encuentro un fin,
apenas un vacío que cada cual llena a su antojo. Unas metas
para matar el tiempo, para poder olvidarse de la muerte.
Acaso unos propósitos que los más místicos imponen como
dogma. Pero la finalidad que busco no existe. Posiblemente
es poco comprensible.

Hubiese querido venir a este mundo por mi gusto, a desa-
rrollar un plan por mí preconcebido. No fue así. A nadie se
consulta su voluntad respecto a su existencia. Nadie nace
por su propio agrado y pocos se marchan de este mundo
por su gusto. Por reacción soy rebelde, irreverente. Vacilo al
momento de agradecer la vida. Es cierto, no siento gratitud
por esa dádiva. En compensación guardo gratitud por la
crianza y los desvelos, por toda la devoción con que mis
padres me cuidaron.

A veces me parece la vida un hilván de retazos sin sentido.
Un plan improvisado. Una aventura que fenece en una
169
esquina. Un proyecto contradictorio, siempre a nuestra
voluntad adverso. Que nos cambia la felicidad por dichas
pasajeras, que es generoso en trabajo y sufrimiento y cul-
mina de pronto en el instante fugaz en que nos esfuma-
mos.

Un proyecto sin sentido convierte al hombre en un espíritu
inconforme, que no encuentra en sus conquistas más que
satisfacciones incompletas. Tal vez debamos, si existe, en
otra vida concentrar las esperanzas de una dicha que está
por alcanzarse. Un más allá probablemente mitigaría mis
dudas sobre este mundo que no resuelve nada.
170


CARTA XCVIII

¿Por qué debe sufrir el hombre?

Marzo 16


Amor:

Dices que esta vida ha sido para ti el infierno. Nadie en todo
caso piensa que es el Cielo. Más dicha tienen unos, más
aflicciones otros. Todos en últimas sufrimos. ¿Por qué? Es
poco, nada, lo que comprendemos. El mal está agazapado
en cualquier parte. Nos ocasionan dolor la enfermedad, la
muerte, las fuerzas naturales, todos los desastres, pero ante
todo el hombre, nuestro igual, aquél que como nosotros
conoce en carne propia la aflicción que causa el sufrimiento
y sin embargo es capaz de ocasionarlo.

Impensado y fortuito como el que de la naturaleza viene,
deliberado como el que causa el hombre, ¿qué sentido
tiene el sufrimiento? ¿Le quedarán debiendo a quien pa-
dece? ¿Cómo y donde los daños se reparan? ¿Quién lesiona
adrede, cómo paga? ¿La justicia del hombre, tan precaria,
acaso es suficiente? Ha de existir un sistema de justicia
universal que englobe la creación entera. Que sea infalible y
dé satisfacción a todos. De otro modo no resulta la creación
perfecta. Pero si la equidad no existe en este mundo. ¿Otra
vida, habrá que nos la proporcione?

No debe anteceder a la acción el premio o la condena: una
justicia a priori. Si los padecimientos de hoy son un castigo,
171
entonces la Tierra es un infierno para las culpas de una vida
que nunca recordamos. Pero si libres de culpa llegamos a
este mundo, más vida luego de esta vida es necesaria, que
compense tanto sufrimiento. Una justicia divina demandan
las infamias de los hombres. Entre tanto y más allá del
infierno metafísico, percibo uno palpable, el que se
proporciona a sí mismo, en esta vida, el hombre con la
cosecha de su mala siembra.

172

CARTA XCIX

La formación del niño poco garantiza

Marzo 19


Copito adorable:

Tu amiga Stella vino a visitarme, está desecha con las
penurias de su hijo. Jamás imaginó sus malos pasos. Se
siente frustrada como madre, dice estar convencida de su
culpa, y sin embargo no encuentra el desacierto. Y es que si
uno se atiene a cuanto cuenta ella y al testimonio que dan
sus conocidos, la crianza de Leonardo fue impecable. No fue
Stella una madre descuidada. Ella y su esposo construyeron
lo mejor para sus hijos. De hecho son un dechado de
virtudes los hermanos. Eso le resalté en mi afán por mitigar
su angustia. Le hice un símil entre el recién nacido y la
semilla. Le expliqué que un niño sin los cuidados de los
padres se malogra igual que la semilla que no cuida el
hortelano. Pero aunque el esmero y los cuidados llevan al
pleno desarrollo de la planta, no cambian los frutos del
arbusto. Una semilla de manzana no dará naranjas así le
entregue el cultivador su vida. La dedicación de los padres
no garantiza por desgracia el fruto que darán los hijos. Será
un niño pintor, escritor o músico reconocido -le decía- por
su vocación, por ese don innato, no porque sus padres lo
formen a la fuerza. Y al igual que virtudes -le expliqué- en
ese pequeño ser que asoma al mundo puede estar presente
el germen de la debilidad y de los vicios.
173
Alguna vez creí que los niños, cual plastilina, podían
moldearse al antojo de los padres. Hoy sé que no. Todo ser
humano nace con unos rasgos que a duras penas pueden
encauzarse.

Ahora comprendo que la formación de un ser humano
implica la detección de sus inclinaciones negativas para
crear un ambiente desfavorable a ellas, porque siempre se
mantendrán latentes. Entraña la búsqueda de argumentos y
herramientas que lo alejen y protejan de los peligros que
sus tendencias menos sanas ocasionan y que fortalezcan
todos los atributos que los padres encuentren apreciables.
La formación no cambia lo esencial y lo particular que tiene
cada ser humano.

No pudo Stella controvertir mis argumentos, sé que los
acepta, seguramente así los concebía. Quería tan sólo que
alguien neutral, con objetividad los expusiera para dar
tranquilidad a su conciencia. La vi marcharse más serena,
sin el peso de una culpa que no existe, pero triste,
inmensamente triste. No ser culpable no exime del dolor
que todo padre enfrenta con las desdichas de los hijos.

Llámala si puedes, agradecerá tu apoyo.
174

CARTA C

La paternidad nada tiene de proeza

Marzo 22


Copito de algodón:

¿Te has imaginado cuántos humanos hay en este mundo?
Tantos, ¿verdad? Pero sin su capacidad para multiplicarse,
el hombre sería hoy apenas un vestigio. Hoy somos más de
seis mil millones amenazando la existencia de La Tierra.
Ayer la frágil y minúscula especie hubiera perecido, hoy
pone en riesgo la creación entera. Más valiera que el ritmo
de su proliferación se hubiera detenido. Pero no, la vida del
hombre se propaga fácil, aun en forma accidental e
irresponsable. Transferir la vida conlleva obligaciones
morales con el individuo y con la especie. ¿Pero quien las
recuerda al aparearse?

Un hijo se concibe para darle amor, para estar atento a sus
necesidades, para hacerlo feliz a toda costa, para preser-
varlo del maltrato, para velar su sueño, para edificarlo, para
sembrarle bondad, para hacerlo libre y no cortarle sus alas
cuando crezca. Nunca para hacerlo objeto que mitigue las
limitaciones de los padres, que los sostenga, que les alivie
su soledad o en la vejez les dé socorro. En otras palabras ser
padre es un fin sin otros fines.

Engendrar es fácil, no es nada por lo que el hombre merez-
ca un homenaje. Procrear es un milagro de Dios, no una
175
proeza de los hombres. ¿Con qué descaro celebran enton-
ces hombres y mujeres el día del padre y de la madre?
Trasmitir una vida atiborrada de necesidades es mas bien
un crimen que merece castigarse. Es verdadero padre quien
concibe responsablemente y cría con devoción y esmero.
¿De dónde tanta exaltación de la condición de padre, cuan-
do hay hombres miserables que niegan a sus hijos? ¿Hom-
bres que prefieren satisfacer un vicio antes que dar alimen-
to a sus niños desnutridos? ¿Cuando hay madres -que
dizque simbolizan la ternura- que torturan física o men-
talmente a sus crías? ¿O seres adinerados que creen haber-
les compensado en abundancia, con bienes y dinero, la
presencia y el amor que les negaron?

Ese enaltecimiento no es para cualquiera, se gana día a día
durante toda la existencia, no en un momento fugaz y
apasionado, el de la concepción, que sólo con su
momentáneo placer queda pagado. Aclamados como
padres son los míos, y gracias a su ejemplo es que espero
también serlo. Ese propósito si me quita el sueño. Tan
importante como ser buen padre, es para mi despreciable
ser esposo, y si ostento ésta precaria condición, no es por
mi gusto, es por evitar que se desmorone el hogar que mis
pequeños quieren.

Para ser padre, tengo la certeza, no hay que trasmitir la
vida. Hay que amarla. Amarla por ejemplo en la ternura de
un niño que por arte de una adopción se convierte en el
hijo deseado. El más querido. No el intruso accidental que
por la mala planificación visita los hogares.

El dolor y las limitaciones de tu infancia te han hecho buena
madre, porque procuras evitar a tus hijos los sufrimientos
176
que viviste, porque aún recuerdas tus sueños infantiles y
quieres que se vuelvan realidad para tus niños. En tu
condición otras mujeres estarían multiplicando con sus hijos
la violencia de que fueron víctimas. Por falta de imaginación
unas reproducen el maltrato, otras, buscando un
desagravio, como en un ajuste de cuentas con la vida.

Sigue con tus hijos igual de dedicada, que compensen con
tu amor y con tus sacrificios, el afecto que no recibieron de
su padre. El alma vive de satisfacciones intangibles, y ésta
es de las mejores.
177

CARTA CI

El matrimonio y el arte
de la doble vida

Marzo 25

Mi amor:


Creo que todos fácilmente percibimos que cuando mejor
les va a los cónyuges, es cuando terminan viviendo como
hermanos. Imperceptiblemente el enamoramiento y la
pasión se escapan. Otra cosa pretenden los apologistas de
la fidelidad y el matrimonio. Pero aunque ese amor
termine, el instinto del hombre se mantiene intacto. Nada
atenúa la desmedida inclinación del macho por el placer
que la mujer depara. Cuando un amor se va otro germina.

Se adentra el hombre en la aventura de la doble vida: la de
apariencia que evita la pugna con las normas, y la oculta,
que es la que le proporciona verdadero gozo. Del hombre
apenas la punta del iceberg se conoce. Cuando de amor se
trata es probable que lo ignoremos todo.

La mujer crédula suele ver la paja en el ojo del marido ajeno
e ignora la viga del ojo de su propio esposo. A de ser por
ello que molesta a muchas mi declaración rotunda de que
salvo mutaciones, infieles los hombres somos todos. Digo
mal, más que molestarlas las inquietas. Cuando ellas lo
afirman, y lo hacen con frecuencia, no pasa de ser mera
178
sospecha, cuando un hombre lo confiesa ya es certeza. Que
ironía, estoy compartiendo con ellas su sentencia: “Todos
los hombre son iguales”. Razón tienen, al fin y al cabo
somos todos los hombres miembros de la misma especie.

Nuestra conducta está escrita en nuestros genes, nuestro
comportamiento lo establecen las hormonas, nuestra con-
ciencia es un freno ineficiente. Si querida, bajo el efecto de
las hormonas masculinas también las mujeres son traviesas.
Si su naturaleza las pusiera tanto como al hombre a
disfrutar del sexo, serían sin duda igual o más adúlteras.

Definitivamente nuestro comportamiento instintivo sólo
será otro cuando la ingeniería genética nos cambie. Y no
está lejos, será una conquista del siglo que comienza. ¡Qué
se alegren entonces las mujeres!

P.D: Cuando releo lo que te escribo, pienso si habrás de
estremecerte. Aún tengo en mi memoria el recuerdo de tu
enérgico reclamo. Lo que describo es real y es descarnado.
Pero creo que a nosotros poco nos concierne: somos pro-
ducto de la infidelidad, luego somos el desenlace, no la
causa. Somos el final feliz, no el principio incierto de un
proceso. Encarnamos el amor, nunca el resentimiento. So-
mos amantes, en absoluto esposos.

179

CARTA CII

El juego interesado entre los sexos

Marzo 30


Copito:

Estaba esta noche meditando sobre la relación de hombres
y mujeres, y el tránsito de la ilusión al desengaño.

El ser humano llega al encuentro con el sexo opuesto con
una afectividad fresca, generosa, a la vez desamparada e
inocente. Con ella fabrica sueños increíbles cargados de
esperanza. Pronto el candoroso aprendiz sabrá que el amor
hiere... y muy profundo.

Acaso procure relacionarse con bondad, a pesar de las he-
ridas, pero tal vez aprenda el arte de la seducción y la ha-
bilidad para utilizar al otro sexo en exclusivo beneficio.

Cuando el hombre tima a la mujer y la utiliza apenas como
instrumento de satisfacción carnal, y cuando ésta aprende a
seducirlo en aras de la consecución de un beneficio, lejos de
la construcción de un sentimiento noble, se ha pervertido
por completo la relación entre los sexos.

Mujeres y hombres en el amor curtidos forjan con dificultad
profundas relaciones, porque la experiencia invita a la
mutua desconfianza.

180
Cuando la mujer aprende a ser mantenida por el hombre,
ejerciendo a cambio y con desgano una intolerante activi-
dad doméstica, ha desaparecido todo rezago de romanti-
cismo que pueda mantener un matrimonio.

¿Qué fascinación puede tener la vida de pareja si no es el
amor el verdadero interés que la mantiene unida? Hombre
y mujer, uno al otro, se han explotado siempre. Los matri-
monios, no de hoy, perennemente, se han fraguado en pos
de conveniencias, del estrato social y del dinero. La unión
de quien tiene y un desheredado siempre causa alarma. El
vínculo entre iguales parece más sensato. No basta amar,
deben sopesarse otras virtudes; mejor el acaudalado que el
humilde, mejor el que ambiciona que el ocioso. No termina
siendo el amor el verdadero el motivo por el que los seres
humanos conviven en pareja.

Hombre y mujer no anhelan comprenderse, aquél olvida,
por ejemplo, que ella disfruta las palabras, la ternura y las
caricias. Ésta no acepta que no esté hecho el hombre para
minucias y detalles. Uno y otra proclaman con desprecio:
¡Todos (todas) son iguales!

Salvo la atracción inicial y el enamoramiento pasajero, la de
la pareja es una relación colmada de agravantes. Con
frecuencia más que complementarse, rivalizan.

Por siglos ha mantenido el hombre a la mujer bajo su de-
pendencia. Tantos como ella se ha valido de las debilidades
del hombre para dominarlo. Las mujeres curtidas en el arte
de controlar al macho saben la importancia de administrar
su cuerpo. Una especie de prostitución disimulada. Prefiero
181
la otra, más sincera, en que todos saben lo que quieren,
pactan un precio y no quedan debiendo.

¿Y qué decir de la violencia física? ¿Cómo puede la mujer
entregarse a un hombre que la ultraja? Acrecentando la
repulsión y su resentimiento. Y cuando es ella la que
afrenta... tiene el hombre a mano la infidelidad para
cobrarse. Realmente pienso que el temperamento
indulgente y comprensivo que a los hombres nos fascina, no
es cualidad de la esposa, es atributo de la amante.

Como ves, es pobre el inventario que deja la vida en común
de la pareja. Rivalidad, egoísmo, intereses y maltratos. Poco
amor en cambio. Pienso por tanto que más suerte tenemos
los amantes, cuando sólo los frutos del amor y la pasión son
nuestro norte.
182

CARTA CIII

El inaudito pecado original

Abril 4


Adorable Copito:

Te cuento que me topé con Yamile cuando salía de los
oficios religiosos de Semana Santa. Aprovechó el encuentro
para pedirme que fuéramos padrinos de su niño. Fue muy
querida. Se deshizo en elogios de nosotros y al final de
tanto ensalzamiento se atrevió a exponerme su deseo. En
un mes será el bautizo.

Me hizo un recuento de todas las enfermedades del
pequeño y del temor de que no fuera bautizado a tiempo. Si
muere, me explicaba, su alma no llegará al Cielo. Me llamó
mucho la atención ese pensamiento inverosímil. La
devoción extrema, era un rasgo que no le conocía. Siempre
fue para mí una negociante consumada. Ya ves, jamás se
conoce a las personas. Estoy sorprendido con su misticismo.
Ahora sé que para ella no todo es el dinero. Lo que no
entiendo es como nos escogió como padrinos pasando por
alto nuestra condición de amantes. ¿Será que no la sabe?
¿Será que advierte la bondad que nos anima?

Pienso que ha tomado alguna catequesis, pues me habló
del pecado original como quien recita una lección recién
asimilada. Me dio pesar interrumpirla. Tu sabes cuan crítico
soy de estas ideas, así que cuando terminó le manifesté
183
que no creía que un niño pudiera nacer cargado de peca-
dos. Le dije que tan sólo percibía en la niñez la ingenuidad
y la ternura. No dije más, no hubiese sido amable responder
a su gentileza censurando sus creencias. Disfruto la
controversia, pero aquél no era el momento. Otras oportu-
nidades habrá tal vez para tratar el tema.

A ti te cuento que el pecado original no me convence y que
de original -insólito- apenas encuentro su absurdo fun-
damento. ¿Qué justicia habría en que alguien herede los
pecados del primer hombre que pisó la Tierra? ¿En que
pague por faltas que otros cometieron? Es la parte
mitológica de nuestra religión que no merece carácter de
dogma ni de revelación divina. No existe principio moral
que nos permita desligar el castigo de la culpa. Expía quien
falta: las culpas son de quienes las cometen. Aún si en una
existencia anterior hubiéramos pecado, nada habría por
cobrar en una vida que no tiene recuerdo de existencias ya
pasadas. Porque la imputabilidad y el castigo sólo tienen
fundamento cuando tienen asiento en la conciencia. Quien
ignora lo que ha hecho o no le permiten ejercer su voluntad
frente a sus actos, no creo que merezca pena por su falta.
¿Estás de acuerdo?
184

CARTA CIV

Hablar de Dios sin amor es un
engaño
Abril 6

Mi amor:

Esta época invita siempre a ciertas reflexiones. Desde niño
aprendí a verla con recogimiento, más que con la euforia de
unas vacaciones.

Cuando veo el arrume de cosas que te escribo, pienso cuán
atrevido puede ser su contenido. Pero no creo que a Dios le
disguste mi sentido crítico. Es más un problema de toleran-
cia de los hombres. De ciertos humanos que se creen
intérpretes de un designio divino que probablemente ig-
noran por completo. Porque de Dios el hombre poco sabe,
y del propósito de su obra solamente elabora conjeturas.

A la auténtica palabra de Dios mi espíritu sería sumiso, mas
no a las ciegas imposiciones de los hombres. Y nadie puede
darme la certeza de que en boca de los mortales vengan los
mensajes de los Cielos. En su defecto sigo el discernimiento
moral de mi conciencia, tal vez el mejor vínculo con el Ser
Supremo.

Eterno manipulador, el hombre a su conveniencia afirma,
niega, tergiversa y acomoda. Por eso la historia profana o
sagrada que sale de su mano tiene la transparencia de la
intención con que la escribe. Tanto de humano como de
divino pueden tener las páginas que a Dios atribuimos.
185
Y en materia de pecado dices bien, el carácter reprochable
y prohibido de los actos es invención humana. La moral
religiosa no ha escapado nunca a las maquinaciones de los
hombres, por eso cambia, por eso se avergüenza hoy de sus
errores del pasado. Como auténtico designio de Dios nada
tendría que corregir, sería infalible. A los ojos de Dios, no
tengo duda, muchas faltas no son pecaminosas. Amor y
perdón presiento en su naturaleza. Por eso a Dios lo amo
como un padre. Que tristeza que tantos seres condicionen
su conducta al miedo. No dicen amo a Dios, sino le temo.

¡Ay de los predicadores implacables! Una cosa es hablar de
Dios con amor y con respeto, otra sembrar terror y repartir
maldiciones en su nombre. Esa lambonería sólo entre los
humanos rinde fruto. Las manifestaciones de amor a Dios
no tienen validez en ausencia de bondad y consideración
hacia los semejantes. No imagino a un padre que reciba con
agrado la adulación de un hijo que aflige a sus hermanos.

Planteo que el hombre se ha de salvar o condenar no por la
adopción de un determinado credo, ni por la observancia
de ritos y preceptos sin lógico asidero, sino por la bondad o
maldad que su corazón albergue. Ni siquiera por el daño
que ocasione, porque sin pretenderlo puede provocarlo.

Y es que la bondad es el elemento que a todas las religiones
aglutina, el polo en que convergen, el eje que soporta su
doctrina. La bondad y un ser supremo son elementos
ineludibles de toda creencia religiosa. Los únicos con
carácter de verdad, los hitos que deben aceptarse como
186
ciertos. Las diferencias, aquéllas que hacen a unos
protestantes, a otros católicos, a unos judíos y a otros
musulmanes, son discrepancias que no han de alterar el
resultado. Uno es Dios, el mismo para todos. No han sido
más que la tradición y la cultura las que nos lo presentan
bajo tantas formas.
187

CARTA CV

Un atardecer sombrío y prematuro

Abril 9


Mi vida:

Imperceptiblemente se ha marchitado tu sonrisa y no
parece que tu cuerpo requiera mis caricias. La fatiga física
en que se escuda tu desgano es la expresión de un alma
que no puede estar tranquila. ¿Tu corazón que esconde?
¿Acaso una nueva relación propensa a encender de nuevo
el brillo de tus ojos? ¿De esos luceros que hoy ante mi no
resplandecen?

Aunque digas que nada te trastorna, soy el instrumento
más sensible que mide las variaciones de tu afecto. Una
sonrisa más breve o menos cálida; una palabra más, una
palabra menos; una inflexión en tono diferente; unos ojos
que esquivan la mirada o brillan menos; un gesto
imperceptible, todo, absolutamente todo, mientras te ame,
jamás escapará de mi escrutinio.

Contigo, bajo el cielo azul, bajo la lluvia, en noches frías o
calurosos días, en la alborada, en el crepúsculo o con el sol
en su cenit, todo es igual de amable. Sin embargo esta tarde
las sombras de la noche se anticipan con tu humor sombrío
y siento mi ser sobrecogido. Nada nefasto ocurre, pero
tampoco se advierte la armonía. ¡Ya sé que la
incertidumbre rondará mis sueños¡
188

CARTA CVI

Tus palabras la vida me devuelven

Abril 10


Paolita:

Que hermosas brotaron de tu boca las palabras, alenta-
doras como las frases fabricadas por tu pluma: “La matica
que sembramos juntos ya es un roble poderoso” dices para
darme la certeza que me impida vacilar ante tu afecto. Si
así lo percibes, no temo entonces que siga mi vida a tu
cuidado.

Tantas frases de amor zurcidas con motivos poderosos, me
hacen sentir que vano fue mi insomnio y necia mi conducta.
No hubieras podido responder con más acierto a la
incertidumbre que tu mutismo de ayer me producía.
Respetuoso soy de tus silencios y no indagaré de nuevo por
su causa. ¡Mujer al fin y al cabo! Supondré que tus
hormonas juegan con mi fantasía.

Si grande es tu amor, no es menor el mío, ni menos
perdurable.

189

CARTA CVII

Otro poema
Abril 14


MI PENSAMIENTO

Tengo un pensamiento trashumante,
que recorre el tiempo y la distancia,
que perfecciona el presente,
que idea el futuro,
que vive sin haber vivido,
que vuelve a vivir un ayer que ya no existe.
Que imagina vidas aún sin concebirse
y en dominios de Tánatos dialoga con los muertos.

Tengo un pensamiento sin prisa y sin afanes,
que navega a la eternidad y al infinito,
que traza el mundo como lo ha querido:
a su capricho
-jirones de realidad y fantasía-.

190

CARTA CVIII

Un poema más

Abril 17

LAS SOMBRAS

Muere la tarde
perfilando enormes sombras
en todos los rincones:
bosquejos grises
-inspiración crepuscular y agonizante-
que reptan por el asfalto tibio,
que trepan las paredes,
que se arriman,
se amontonan y se esfuman
al entregarse
a los brazos oscuros de la noche.

También el pincel de la noche
juega con las sombras
avivado por el brillo de la luna,
y plasma siluetas
que descansan hasta el alba
difuminadas en todos los rincones.

191

CARTA CIX

Presiento algo terrible

Abril 24


Copito:

Nadie da razón de tu destino. Dicen que hace tres días
saliste con tus niños, aparentemente tranquila y sin afanes.
No cumpliste sin embargo nuestra cita, y hoy encuentro
extrañamente sin llave la puerta de tu alcoba. Varias veces
he vuelto, cada vez con más incertidumbre y menos espe-
ranza. Me he atrevido a hurgar entre tus cosas, buscando
una explicación que aclare este abandono. He encontrado
números telefónicos, los he marcado, sin saber siquiera a
quien estoy llamando, ni una sola persona sabe de tu suer-
te. Intenté aguardar hasta verte entrar a salvo, pero la
soledad y la angustia -mis aciagas compañeras- en eternas
horas convirtieron los minutos. Tampoco sé qué hacer
cuando parta de estas paredes que me asfixian. Esta nota
será lo primero que al volver encuentres; que una llamada
al menos a quien más te quiere sea lo primero que hagas
tras leerla.
192

CARTA CX

Estoy desconcertado y sin consuelo

Abril 26 1 p.m.


Paola:

Me he quedado sin palabras cuando más quisiera expresar
mis sentimientos. ¡Que estás embarazada! No salgo de mi
asombro. ¡Que Roberto es el padre! Jamás lo hubiera ima-
ginado. ¿Cómo desconfiar de ese amigo perfecto que
dizque no manifestaba por ti interés carnal alguno? Al
menos has tenido el valor de confesarlo. Me has librado de
una paternidad... que con seguridad no hubiera repudiado.

Que ironía tiene la vida, tanto buscarte para que en
desdicha se transmutara la felicidad por el reencuentro
Pensar que apareciste pero para distanciarte para siempre
de mi vida.

Te sigo viendo en la penumbra de la alcoba, aferrada al
silencio. Tus labios inertes, a mis besos no responden; tu
talle se deja ceñir pero no se estremece entre mis manos…
como antes; de tus ojos sólo arranco lágrimas, tu mirada
me esquiva, no me explicas nada. ¿Qué desdicha te ha
paralizado? ¿Alguien murió? ¿Estás enferma? No hay un sí
ni un no que me saque de la angustia.

Nunca tuve un muñeco de trapo entre mis brazos, pero al
abrazarte presiento que la sensación sería la misma. En mi
193
abrazo siento apenas el vacío de un cuerpo inexistente.
“Déjame, quiero estar sola” - Insensata, nunca me iría sin
resolver tamaña incertidumbre - Más silencios, más
angustia, y de pronto la confesión desgarradora: “Estoy
embarazada, no tengo coraje para verte” ¿Cómo? ¿Volviste
con tu esposo? “No es de Alfredo, el papá es Roberto. […]
No quise hacerte daño. Esas cosas pasan. No pidas que te
explique nada”.

¿Sabes cuánta infelicidad me acompaña desde entonces?
Vagué sin rumbo, bajo un sol calcinante y nunca sus rayos
me tocaron: todo en mi alma persiste gélido y oscuro. He
pensado en morir, pero me aterra que el dolor me siga,
que mi pena traspase las fronteras de la muerte. Nada ni
nadie me consuela, solamente tú, la causa a la vez de mi
desdicha.
194

CARTA CXI

Cuando en el rostro no refleja el alma

Abril 26 5 p.m.


Paola:

Estoy dolido, clamo contra ti y le pido cuentas al destino. Ya
no puedo creer en tu mirada. Tu rostro no es espejo de tu
alma. Acabaste con mi ilusión, con tu futuro y con mis
sueños, con la confianza que anhela todo ser humano.

Tanto me entregué a tu vida, tantas satisfacciones di a tus
necesidades, que no sabría hoy decir por cual de ellas es-
tabas a mi lado. ¿Sería acaso por mi amor y mis caricias?
¿Tal vez por mi solidaridad y por mi apoyo? ¿Quizá por mi
comprensión? ¿O sería por los momentos de pasión inten-
sa? Que pena si sólo hubiera sido por el efecto de unos
míseros billetes.
195

CARTA CXII

La miseria del comportamiento humano

Abril 26 11 p.m.


Paola:

¿Qué es el mundo construido por el hombre sino el teatro
de la farsa humana? El escenario en que los verdaderos
intereses se ocultan, los sentimientos se maquillan, por uti-
lidad al poder se rinde pleitesía, se predica el bien sin con-
vicción, por simple conveniencia; por temor los anhelos se
reprimen.

Mundo de las sonrisas postizas, de la amistad traicionada,
del amor fingido, de la pureza que esconde las más bajas
pasiones, de la conducta que rinde culto al demonio en sus
acciones, mientras a Dios bendice en sus palabras. Reino del
desamor, de la doble moral y la mentira.

El ser humano es un enigma. Difícilmente se conocen sus
verdaderas intenciones. Sólo cada cual sabe qué esconde el
fondo de su alma. Sólo cada cual sabe lo que a los demás
oculta. Cada hombre es celoso guardián de sus pecados.

Necesitamos los hombres de los hombres. ¿Pero necesitará
el mundo de la criatura humana? Pienso que no. Si de la faz
de la tierra se eclipsara el hombre nada por lamentar ocu-
rriría. Por el contrario, recuperaría la naturaleza su armonía.
196

CARTA CXIII

¿Quién eres?

Abril 27 4 a.m.


Paola:

Creí que en nombre de Dios venía alguien desarrapado que
buscaba abrigo, alguien sufrido para consolar, alguien
desventurado para hacer feliz.

Creí en tu bondad, baje la guardia y permití que te hicieras
al dominio de mi vida. Temía por ti más que por mí, al verte
tan sensible y delicada.

Te convertiste en mala hora en mi mundo, en el eje de mi
vida y en el centro de mis pensamientos.

Nunca temí de ti una estocada, hoy sé que estaba equivo-
cado. Del bien y del mal es capaz -en todo su espectro- el
ser humano. No debe sorprenderse mi razón con tu com-
portamiento. Pero mi corazón aunque advertido, sufre. En
estas horas de pesar intenso ni mi corazón ni mi razón
pueden evitar un juicio despiadado a tu conducta.

No sé si algún día vuelva a evocarte con dulzura.
197

CARTA CXIV

Más que la infidelidad
me duele el desamor
Abril 27 9 p.m.


Paola:

¡Con cuánto sacrificio se edifica! ¡Con qué facilidad en
cambio, se destruye! Aprecia con tu engaño mi alma de-
rrumbada, como aquéllas moles que se pulverizan con las
técnicas de demolición moderna. Atomizaste todo de mí,
mi devoción, mi amor y hasta mi estima.

Al final no fuiste el sueño hermoso que anhelaba, pero mis
palabras, el afecto y los escritos que por ti brotaron no de-
jan de ser ciertos. Fueron el reconocimiento al ángel que
creí encontrar tras de tu rostro tierno, aquél que con pocas
esperanzas seguiré aguardando.

Tu comportamiento ha sido para mí en exceso doloroso, y
sin embargo, la mejor escuela para entender los intereses y
asechanzas que tras del afecto se agazapan en toda rela-
ción humana.

Me hiciste comprender en carne propia que los hombres se
sirven de los hombres, que las palabras dulces no encierran
siempre un sentimiento tierno, que detrás de un gran
cariño puede mantenerse oculta la mentira. Que el amor es
escaso y el desamor abunda.
198
Ese “no sé”, como el silencio reiterado a mis preguntas que
anhelan saber si me has amado, son para mí la traducción
de un no rotundo que lacera. ¿Cómo sobrevivirán en mi
memoria tus gestos de amor y tus palabras bellas si tengo
también que recordar que nunca fueron ciertas?

Soy un hombre liberal, y no me duele tanto tu infidelidad
como tu farsa. No tanto tu traición como tu falta de con-
fianza, no tanto tu adulterio como tu desamor. Si otro exis-
tía, conmigo no tenías que mantenerlo oculto. Los amantes
sabemos tolerar la presencia de un tercero cuya existencia
no se nos mantenga oculta.

¡Cuántas injusticias se cometen en nombre del amor, cuán-
tas frustraciones se originan por su causa!
199

CARTA CXV

¿Qué crees que pienso del amor ahora?

Abril 28


Paola:

El enamoramiento es un perverso sentimiento, una trampa
de la naturaleza que acerca a los sexos para perpetuar la
especie.

Es poco razonable que dos absolutos extraños desarrollen
afectos tan profundos. Apasionados y abismales, que
distorsionan la realidad de qué manera. Y para colmo efí-
meros, porque fácil se transforma su dulce elixir en amarga
pócima.

Estos amores no tienen la trascendencia del amor filial que
sobrevive al tiempo y la distancia. He aprendido que de-
ben tomarse con cautela, con menos seriedad y más me-
sura.

Inconscientemente proyectamos en los demás algo de
nuestro propio ser, pensamos que los demás actúan como
nosotros. Creí que jamás me causarías dolor porque yo
estaba seguro de nunca ocasionártelo. ¡Qué equivocado!
Era a mí, no a ti, a quien yo debía poner a salvo. ¡Ya es
tarde! Buscando tu mundo, se refundió mi mundo. Hoy ni al
uno ni al otro pertenezco. Sólo siento soledad en mi
profundo abismo.
200
La pareja debería ser fuente recíproca de felicidad, pero
puesta a servir causas diferentes al afecto, degrada el sexo
y el amor, haciéndolos carnada de otros, y a veces mal-
sanos, intereses.

Un amor fraudulento inspiró mis mejores sentimientos,
pero me condenó después a la desesperanza. ¿Cuántos
como yo no han sido en la misma medida traicionados?
Damnificados a raudales deja el amor en su camino.

“Quien ama está expuesto al desamor y a la infidelidad
cada momento. Como son irremediables, hay que estarlos
aguardando. Aceptarlos debe ser la primera cláusula que
cumplan los amantes. Sobreponerse a ellos la siguiente”.
Quien lo creyera, son mis propias palabras en una vieja
esquela que te enviara. Y sin embargo, en esta hora, po-
drían ser el reproche de un extraño. ¿De qué sirvió tanta
erudición? ¿De qué tanta experiencia? Premonitorias y cier-
tas, fueron definitivamente escritas para otros, a su propio
autor no le sirvieron. ¡Qué ironía, sucumbir al mal contra el
que más experto me creía! ¡Qué vergüenza mostrar a otros
un camino que ni yo seguía¡ ¡Qué tristeza padecer el mal
que a otros quise evitar con mi advertencia!

201

CARTA CXVI

Por fin he resuelto tus enigmas

Abril 29


Paola:

Hoy cuando se ha perdido el encanto de un amor que
nunca –de tu parte- fue sincero, encuentro para mi pesar y
ya muy tarde, la explicación de tantas actitudes que en
algún momento me parecieron raras.

Hoy puedo interpretar tus silencios y arrancarles las res-
puestas que siempre evitaste confesarme.

Hoy entiendo esos cambios de humor tan repentinos, de la
dicha a la aflicción sin aparente causa; tu mutismo sin
explicación, tus repentinas pérdidas, tu afán por dar por
terminada una llamada, el tono imperceptible de tu voz por
el temor de estar siendo escuchada, los daños repentinos
del teléfono, tus ausencias de casa, sorpresivas, sin
explicación y sin motivo.
202

CARTA CXVII

Versos de un alma desgarrada

Mayo 1º.


Paola:

Cuanto más duele la herida de un corazón despedazado,
con más ardor se inspira.


TE ENTREGO MIS DESPOJOS

Quiero cerrar prematuramente
el libro de mi vida.
No ansío llenar más página en blanco.
Hubiera querido usufructuar mi cuerpo, agotarlo.
Negarle el suculento despojo a los gusanos,
no alimentarlos con sobras de mi vida.

¡Estoy exhausto!
Una traición tan sólo y se esfumó mi aliento.
No soy más que materia, sin fuerza que la anime.
No hay ánimo que incite mi mordacidad ni mi insolencia.
Las ganas de vivir contigo se marcharon.
Intacto está mi cuerpo, saludable, pero inerte.
Cual cadáver rozagante
que pone en ridículo a la muerte.

203
Imaginé que tu existencia prolongaría mi vida
más allá de las tinieblas de ultratumba.
Me equivoqué,
más generosa fue la parca
que no tuvo apuro en mi partida.
En cambio tú,
me negaste el tiempo
para convertirme en escuálido despojo.

Si fui tuyo,
que mis restos exánimes también te pertenezcan.
Te entrego el desecho que dejas de mi vida.

204

CARTA CXVIII

Después del dolor viene la calma

Mayo 5


Paola:

Hay quienes merecen el Cielo por el dolor que padecen en
la tierra. Otros lo alcanzarán, seguramente, por la bondad
de sus acciones. Una compensación a unos por su destino
miserable, un premio a otros por su humanidad y sus
buenas intenciones.

Creí tu corazón animado exclusivamente por el bien, que
no haya sido así, no importa. Que no sea yo el motivo por
el que se te niegue el paraíso que con tu dolor tienes
ganado.

No esperes de mí resentimiento, tristeza apenas, y abismal,
porque además arrasa la confianza que en el futuro pueda
albergar por otro ser humano.

Pero no hay dolor que no cure con el tiempo. Cuando a
mis reflexiones regrese la racionalidad y la cordura, sabrás
que estoy curado.

205

CARTA CXIX

Como siempre, el amor falló

Mayo 10


Paola:

Tantas esquelas, pienso hoy, cuantas te envié con mis re-
flexiones sobre la fatalidad de la vida de pareja, terminaron
por ser cátedra para que tú, buena alumna, conmigo la
probaras. No fui la excepción, por el contrario, confirmé la
regla tantas veces enunciada: el amor de la pareja es breve,
que languidezca sólo es cuestión de tiempo.

Jamás, sin embargo, escribí pensando que tú o yo fuéramos
parte del mundo que con pena describía. No disculpé la
infidelidad para engañarte, sino para buscar tu vientre, tu
afecto... tus caricias. La disculpé para amarte sin
inhibiciones. No mencione la traición para justificar desliz
alguno, lo hice bajo el temor de no ser tu más devoto
amante. El erudito del amor y las traiciones, para serte fiel,
se estaba llenando de razones.

Como en las enfermedades graves e incurables, en la infi-
delidad lo último que uno espera es padecerla. Nunca sabe
uno quien lo espera a la vuelta de la esquina: tal vez si no
hubieras sido tú, hubiera sido yo quien claudicara. Tenemos
al fin y al cabo la misma sustancia de la especie humana.
Fallaste tú primero para fortuna mía, pues más fácil me
cicatriza el corazón que la conciencia.
206

CARTA CXX

No volveré amar como te quise

Mayo 16


Paola:

Desde que descubrí que la cohabitación estrecha termina
en el desgano, comencé a idear una relación que estuviera
a salvo del hastío. Mi ilusión era que se saturara lentamen-
te, que nunca un motivo pudiera terminarla.

La lápida se la cuelga al amor la convivencia. Es la muerte
natural del sentimiento. Pero el nuestro desapareció con el
engaño, se vio truncado con una muerte prematura, trági-
ca, de todas, la más dolorosa y menos comprendida.

Únicamente en carne propia se aprenden las lecciones.
Aunque siento que la pareja es necesaria, y que es fuente
de felicidad inmensa, el dolor que deja su partida agota
todo aliento. El ser en torno al cual gira la vida, es demasía-
do libre y puede darnos la espalda en un instante. Hoy más
que nunca sé que no hay amor por grande, que nos haga
dueños de aquélla a quien queremos. Así que prometo no
permitir nunca que mujer alguna vuelva a ser el centro de
mi mundo, para que al marcharse lo deje a la deriva. Serán
en el futuro mis amores un evento más en mi existencia.
Prefiero no estar triste y si por causa del amor he de vivir
entristecido, me quedo con mi soledad y mi neurosis, para
seguir en pugna constante con la vida.
207

CARTA CXXI

Tu amante he conocido

Mayo 18


Paola:

No he temido conocer tu amante, y lo he buscado deseoso
de dividir con él tu tiempo, de parcelar tu cuerpo, de re-
partir tus goces y placeres.

He de confesar que no supo ninguno de los dos cual era el
verdadero amante, en fin, ¿acaso importa?

Me encontré con él pretendiendo un acuerdo, para que sin
sobresalto a los dos pertenecieras. Para que con permiso
del uno pudieras brindarle al otro tu amor y tus favores, sin
el horror de verte sorprendida.

¡Que amor más insensato! Nada repartimos. Tú, mujer, a
nadie perteneces. Libre eres de elegir y de cambiar de com-
pañía.

Unidos en la solidaridad de una pena semejante, amiga-
blemente departimos y tejimos los retazos para reconstruir,
sin recriminaciones, el diario de tus inexplicables extravíos.
Y supo cada cual en que brazos te abrigabas cuando deja-
ban los otros de abrazarte. Y al reconocer que te haces
amar y perdonar por tu ternura, de tu infidelidad termina-
mos absolviéndote; libre quedaste de todos los reproches.
208
Que a ti es adicto me confesó Roberto y yo que a las
adicciones no puedo someterme, comprendí, aunque no sin
dolor, que podía de tu desamor recuperarme. Sin revelarle
que reconocía como suyos los laureles, me aleje dejándote
en sus manos.
209

CARTA CXXII

Más sobre mi encuentro con tu amante

Mayo 20


Paola:

No hay como salir de los secretos que nos martirizan para
dejar atrás el desasosiego que ocasionan. Si ayer me repro-
chaste el encuentro con Roberto, hoy debes estar agrade-
cida. Ya no está sobre tus hombros la carga de todo lo fur-
tivo. Tu lastre he vuelto más ligero. El peso de tus andanzas
escondidas ya sólo a nosotros, tus amantes, nos agobia. El
temor por una reacción violenta, ya ves, jamás tuvo
sustento.

Si insistes en calmar tu curiosidad sobre el “diario de tus
inexplicables extravíos”, te contaré que Roberto fue tan
sincero que me confesó que él era “la buena compañía”
que te llevaba a casa.

Me enteré que el día del coctel en que te negaste a que te
recogiera, fue Roberto quien pasó por ti al instituto. Y no
volviste a casa, porque la noche la pasaron juntos. Supe
también que el hostal disimulado que una vez me
mostraste como un descubrimiento fortuito cerca de la
escuela, era en realidad refugio en tus momentos de
pasión... pero con otro amante.

210
Lo dice él y yo lo creo posible, que tu religiosa propensión
a llamarnos en él último descanso, más que el telefonazo de
una enamorada, era la averiguación que confirmaba si él o
yo, según el caso, estábamos lejos y ocupados, para poder
concertar la cita con el otro.

Descubrí también el motivo de aquel trasteo inesperado. Lo
propició la dueña de la casa cuando amenazó con descubrir
el juego con tus dos amores. Conseguiste dos alcobas en
una casa de una hermana de Roberto. Nunca hubo inquilina
por la que debieras mudarte de repente. Bajo ese nuevo
techo, ser sorprendida conmigo comenzó a inquietarte. La
razón tocó tu mente. Hubo temor de continuar la relación.
Por eso no me llamaste esperando que todo concluyera. El
cuanto a mí, él ya lo sospechaba; pero ahora tiene la certe-
za. Sabe a cabalidad quién te envió el ramo de orquídeas el
día de tu cumpleaños, quién te regaló el traje carmelito de
gamuza y como llegó a tus manos el body trasparente.

Si tu curiosidad aún no se sacia, resuelve tus dudas con
Roberto. Tanto como conozco yo conoce él el enigmático
diario de tus extravíos.
211

CARTA CXXIII

Qué difícil es descifrar
los sentimientos, a dos hombres
amabas simultáneamente
Mayo 26


Paola:

Decías estar felizmente comprometida cuando preguntaban
por tu estado. ¿Cuándo lo afirmabas pensabas en Roberto?
Así ha de ser, porque conmigo esa especial condición la has
arruinado.

En momentos de suprema abstracción nadie es capaz de
vivir un romance paralelo. Nuestra pasión fue, al menos de
mi parte, intensa y mi afecto desmedido.

Entre el dolor de mi congoja mi vista de nuevo se detiene
en tus esquelas, cargadas de amor y juramentos. Nadie
que vea esos trazos colmados de dulzura, de promesas in-
mortales y de dibujos tiernos, imaginaría el fin abrupto que
les dio el destino.

Aún hoy dices que eran ciertas, que me amabas... tanto
como a él. Que con la misma dedicación y el mismo afecto
nos escribías las cartas. Dices ahora que cuando estas con él
mi ausencia te entristece. Y cuando estás conmigo, me
consta que lo extrañas.

212
En el esplendor del enamoramiento la fidelidad se da
espontánea y en exceso; es sólo cuando ese sentimiento
mengua o no se alcanza cuando somos sensibles a nuevas
seducciones. La cúspide del amor no lo conoces, su plenitud
no la has vivido. Por eso no puedes ser mujer de un solo
hombre. No más ayer lo eras de dos que no amabas tan
intensamente.
213

CARTA CXXIV

El adiós es necesario

Junio 1º.


Paolita:

Me siento raro al estrechar tus manos, me siento extraño al
degustar tus labios. Me deleitan... pero no son míos. Lo
fueron acaso fugazmente. Tal vez no tiene razón esta
parodia. Más no soy capaz de despedirme. Sé que los días
están contados, que pronto Roberto hará valer sus títulos.
Tengo apenas el tiempo para que mis sentimientos se
sosieguen.

No imaginas cuán negros son mis días y cuán interminables
son mis noches. La semana que dejé de verte ha sido la
peor tortura. Quise de mi memoria exterminarte, pero te
encontré entrelazada a todos mis recuerdos. No encontré
sitio sin tu imagen, no encontré libro, ni verso, ni nota
musical sin tu recuerdo. No encontré ambiente sin tu
aroma, ni visión sin tu presencia. Cuanto más fuerte era tu
huella más lacerante era el suplicio por tu ausencia. Aluciné
y soñé. ¡Horror! Siempre visiones terroríficas. Nunca
experimenté soledad tan inclemente.

A cada instante claudiqué. No debía buscarte, y sin em-
bargo fueron tantas las llamadas. Sí, las mismas que tú con-
testaste a un interlocutor que al oír tu voz ni siquiera respi-
214
raba. Llamé y colgué mil veces. Me contenté apenas con
ese “aló” salido de tus labios: ¡Ah bálsamo maravilloso!
Gracias, sé que no dejaste de contestar al necio que mar-
caba porque sabías que era yo quien te llamaba.

Qué confortante ha sido verte, gracias por tanta compren-
sión y complacencia. Ambos sin decirlo lo sabemos, esta-
mos asistiendo a la agonía de un amor sometido a una
condena inapelable.

Te amo, pero debo decirte adiós porque entiendo que me
has alejado de tu vida. Porque hay un hombre cuyo hijo
llevas en tu entraña. No se justifica que sólo por interés en
tus estudios, mantengas una relación que perdió toda su
esencia: el goce del uno con el otro.

Roberto puede hacer realidad tus sueños en pago a su ven-
tura, pero intuyo que al hacerlo no se sentirá tranquilo. Una
instrucción mayor te dará alas para escapar de todo
compromiso, para volar al encuentro de otros brazos. Así
piensa él, estoy seguro.

Aprecio la compañía que me brindas en horas tan terribles.
Eras el eje de mis pensamientos, de mis sentimientos y
todas mis rutinas. No me siento capaz de sobrevivir a una
separación abrupta. Acepto el trato, nos seguiremos viendo
cuando esté Roberto en su trabajo, y solamente el tiempo
que gaste mi alma para tomar aliento y mi cuerpo para
iniciar la retirada.

Tu ausencia me privará de la experiencia de un hermoso
idilio. ¿Cómo podría afirmar que no te quiero?
215

CARTA CXXV

Tan sólo un pensamiento

Junio 2


Amor:

Hace un año fue nuestra primera cita. Y todo es tan distinto
y tan distante.

Los sentimientos hacen estragos en el hombre. Por su causa
la felicidad es una ilusión. Contigo escasamente la rocé
cuando creí alcanzarla.

La inteligencia poco vale ante el afecto. Que ironía que la
mente humana que se ufana de dominar el mundo, tenga
menos control de sí misma que de la naturaleza ajena. El
hombre, sin poder sobre sus sentimientos, es una brizna en
el antojadizo vendaval de las pasiones, un inepto para
alcanzar la relación armoniosa entre los sexos.
216



CARTA CXXVI

¡Qué bueno es volver a escribirte sin
resentimiento!
Junio 15


Amor:

Aunque aún falta por sanar mi herida, siento mi enojo a
cada instante menos perceptible, extinguiéndose con más
celeridad que mi dolor, al punto que puedo finalmente
escribirte sin sombra de disgusto. Tu falta amiga mía no
cambió la imagen de esa amante ideal que yo soñaba, te
pareciste a ella e inmejorablemente representaste todas
sus virtudes.

La felicidad no consiste solamente en convertir en realidad
nuestros proyectos, sino en saber adaptarse a las circuns-
tancias, particularmente a las incómodas, de las que el
destino suele ser tan generoso. Para ser feliz debe tenerse
un umbral alto al dolor y uno bajo al estímulo agradable y
placentero. Creo que en ese juego con el dolor y el placer
ha de encontrarse el camino recóndito a la felicidad. Quie-
nes son sensibles a su propio dolor y al goce refractarios,
tienen el sufrimiento asegurado. No niego que he sufrido,
pero no soy un hombre derrotado.

Solemos buscar en el ambiente la felicidad cuando real-
mente habita en nuestro fuero interno. Tengo suficientes
217
motivos para ser feliz a pesar de la desdicha. Fui en tu
compañía dueño de momentos exquisitos. Pronto he de
marchar, pero no celebro que la relación se acabe. Siento
gratitud porque aunque breve, hiciste del idilio algo po-
sible.

218

CARTA CXXVII

La despedida

Junio 25


Mi copito:

Estoy impregnado del dolor de la nunca deseada despedida.
Te veo a mí abrazada, con los ojos húmedos, acariciando
mi rostro y dando a mis labios con tus labios el adiós
definitivo.

“Vengo a decirte adiós, nuestra relación ha terminado”.
Una vez más estremecen mi conciencia esas palabras. Sin el
impulso de la razón no hubiese sido capaz de pronunciarlas.
Mi corazón no quería terminar unión tan deliciosa. Cada
paso que he dado desde entonces, poniendo distancia con
tu mundo es un remordimiento nuevo. ¿Acaso mi
despedida te hizo daño? Tan auténtico parecía tu
sentimiento. Tan genuinos tu llanto y tu tristeza.

Hasta en la separación hemos roto paradigmas. Hemos sido
reflexivos y humanos hasta el último momento. Actitud tan
diferente a la carnicería que practican las parejas cuando
rompen. Hago caso omiso al motivo de nuestro
rompimiento y recuerdo que en medio de mi dolor actuaste
con nobleza, prolongaste la relación y el afecto hasta que el
tiempo debilitara el lazo que nos mantuvo unidos.

219
Una vez más te digo adiós, con todo el sentimiento. En un
rincón de mi corazón te llevaré por siempre.

De nada te culpo, luego nada debo perdonarte.

220

CARTA CXXVIII

Dice tu mami

Junio 27


Paolita:

Me sorprendió doña Alexandra con una llamada inespera-
da. Creo que sufre más que tú con nuestra despedida,
percibo dolor, vergüenza y cargos de conciencia. No me
pidió nunca reconsiderar la decisión, tampoco pretendía
que nuestra conversación fuera un secreto, me dijo que tú
sabías de esta llamada. Sentí que manifestarme su
solidaridad era importante, tanto como seguirme contando
como amigo.

Se declaró cómplice de tus juegos amorosos, me confesó
que te encubría cuando salías conmigo o me mentía para
que pudieras reunirte con Roberto. Nunca existió aquél
paseo intempestivo con tus hijos a tierra de tu mami, tan
sólo fue el pretexto para un viaje de placer que organizó
Roberto. En carrera saliste con tus niños para dejarlos al
cuidado de su abuela.

Deplora doña Alexandra que por su pasividad lo nuestro
no hubiera prosperado, nos llegó a imaginar con un hogar
estable. Por él también siente cariño, pero su instinto ma-
ternal le hizo pensar que yo te convenía.

221
Recuerda diciembre como un mes lleno de zozobra y de
contrates. Tu viajando con él y ella inventando un trabajo
inexistente, al que tuvo que colgarle una dirección
imaginaria ante mi desesperación por encontrarte, luego tu
remordimiento compensado con un apego a mí
desconocido, que dejó a Roberto en plena Navidad en el
olvido. Pero un fin de año en su casa y en sus brazos y un
ultimátum que te llenó de angustia. Fueron los días después
de Nochebuena en que te escribí que te sentía distante.
Otra vez en mis brazos, otra vez vacilante, una veces más
amorosa conmigo, otras con Roberto. Hasta que él terminó
por imponerse, por hacerte tomar una decisión que
hubieras postergado eternamente.

No descubras en estas revelaciones un tono de reclamo. Ya
hasta veo con ojos bondadosos estas picardías. Son propias
de los hombres y cualquiera está en disposición de
practicarlas.

Te reitero, fui feliz contigo. Tal vez igual dirá Roberto.
222

CARTA CXXIX

Realidad, ¿o sólo fantasía?

Julio 2


Paolita:

Pueden ser mis sueños pesadillas, pero se han convertido
también en la ocasión que compensa esta realidad tan la-
cerante; en la instancia en que me perteneces sin temores,
sin riesgo de perderte; en la instancia en que resuelvo mis
dudas, en la instancia en que tú me hablas con franqueza,
en la instancia en que conozco de tu comportamiento todas
las verdades.

Una y otra vez repaso las líneas de esta carta. Tanto pienso
y tanto fantaseo que llego a confundir la realidad con el
fruto de mis sueños. Pueden ser ellas verdad o apenas un
delirio, en todo caso, apaciguan el irresistible afán que ten-
go de arrancar a tus labios la confesión de todos tus mo-
tivos.

“Ya sé que tu mente, que todo lo analiza y lo deduce, ha
esclarecido el ovillo de mis sentimientos y conoce tanto mis
razones que sobra cualquier explicación a mi partida. Pero
dame la posibilidad, amor, de que mis palabras certifiquen
lo que con seguridad conoces o rectifiquen lo que
erradamente por tu dolor supones”

223
“Era la novia de Roberto, no su amiga, cuando me asaltó el
deseo de hacerte mío. Suyo era mi amor pero sucumbí al
impulso de atraerte”

“Nunca fue más honda la crisis de mi vida que en aquellos
días en que me conociste. Roberto era un buen hombre,
cargaba en sus espaldas el peso inclemente de mis necesi-
dades. Pero hubo un día en que no pudo por más tiempo
mantenerme. No pudo resistir más las exigencias de su
madre, empeñada en desbaratar la que a sus ojos era una
relación “pecaminosa”. Y como casi todos los males llegan
juntos, también mi empleo entró en peligro. A las puertas
de la calle y sin su protección, se esfumó toda ilusión de
una vida feliz al lado de Roberto”

“Vecino de muchos años, Roberto fue mi primer novio
hasta que en mala hora llegó Alfredo, el hombre que torció
el rumbo de mi vida para siempre. El príncipe azul que se
transformó en monstruoso carcelero. Tenía quince años y
estaba a punto de culminar mi secundaria, pero por Alfredo
abandoné mi casa y el colegio.”

“¡Qué rápido terminó mi sueño, cuán pronto comenzó el
maltrato! De pronto reconocí en mí una persona sometida y
triste, una adolescente envejecida, sin ilusión en el futuro,
fracasada, con dos bebés a cuestas. Furtivamente regresé al
abrigo de Roberto, pero el bárbaro se enteró del adulterio.
Hubo amenazas de muerte. Huí lejos. Me llevé a los niños.
Roberto me mantuvo. Pero dejé de ser para su madre la
niña angelical. Me volví impura, “indigna de un hogar
cristiano”

224
“Perro que ladra no muerde. Y Alfredo no fue la excepción
al aforismo. Sus incesantes desafíos, terminaron, quien lo
creyera, en el olvido. Olvidó a sus hijos y se olvidó de
arrancarme, gracias a Dios, de los brazos de Roberto. Recién
conoció mi paradero, aseguró que iba a matarlo, afirmó que
me quitaría los niños, que me regresaría a la casa por la
fuerza. Por último fue absolutamente indiferente. ¡Qué
rápido me consiguió reemplazo! Lo tenía en realidad desde
antes de que el matrimonio se acabara. A los dos años de
casados le conocí una amante. Fui infiel y nunca lo he
negado, pero no fui yo quien ocasionó la ruina de ese
matrimonio”

“Aunque Roberto y yo vivíamos bajo techos diferentes,
nuestra verdadera relación era de esposos, veía de mí y de
mis hijos a escondidas de su madre, amaba a mis niños y
ellos lo veían como su padre. Se hizo cargo de sus
matrículas, de sus uniformes y sus libros. Cuando quise
terminar mi bachillerato, él asumió los gastos. La vida
parecía tan feliz y tan estable. Realmente muy feliz para ser
cierta. El negocio que Roberto administraba entró en
bancarrota y su madre se entero de que nuestra relación
seguía vigente. Volvieron las necesidades, y tuve a la fuerza
que conseguir trabajo”

“¡Los ojos hablan más que la boca sin haber sido enseñados
a musitar palabra! Y tu mirada delató los deseos con que mi
cuerpo fue sometido al escrutinio de tus ojos. Cuán fácil
adiviné que mi coquetería no era para ti indiferente.
Pensando en un futuro más seguro me acerqué a ti, un
hombre bueno y con dinero. Anhelaba una relación sin
225
exigencias, sin las imposiciones que suelen reclamar los
hombres libres y con las prerrogativas que suelen dar los
hombres casados a su amante”

“Nada en mi vida ha funcionado, todo cuanto parece fun-
cionar termina, siempre se tuerce el rumbo de todo cuanto
anhelo. Ha debido ser por eso que cuando vivía su clímax la
relación contigo, todo comenzó inesperadamente a
solucionarse con Roberto. Doña Rebeca, nos levantó su
excomunión y a regañadientes aceptó nuestra unión sin
formalismos. Más aún, se ofreció a resolver nuestros apuros
y nos dio posada. Mi ex marido admitió la separación y
formalmente me entregó los niños”

“En ese instante me brindaba el destino una oportunidad
no despreciable. Nunca esperé ser para ti más que el pasa-
tiempo en que hombres de tu poder y condición hacen de
las mujeres. Para Roberto en cambio era su igual, ante sus
amigos no pasaba con vergüenza. Todo tu amor, del que
hoy no dudo, no me hubiera brindado sosiego semejante.
No he sido indiferente a tu afecto, no niego tu compren-
sión, no ignoro tu bondad, doy testimonio de tu amor, pero
esta existencia sufrida, acostumbrada a las privaciones y al
dolor, pondera la utilidad, no sólo el sentimiento. ¿Cómo no
hacerlo con un hogar a cuestas? ¿Cómo ignorar las barreras
sociales que de ti me separaban? ¿Cómo sentir seguridad
con tu discurso persistente sobre la infidelidad y el destino
fatal de las parejas? Al final supe que te quería tanto como
tú me amabas. Pero un amor con tantas amenazas no
perdura y no es de personas razonables luchar por
conservarlo”
226
“Llegué a quererlos por igual a ti como a Roberto. Llegué a
extrañarlos, al uno tanto como al otro. Llegué a sentir en
sus brazos la nostalgia de tu ausencia y a sentir en los tuyos
la tristeza de no tenerlo cerca. ¿Quién dice que dos hom-
bres no caben en el corazón de una mujer al mismo tiem-
po? Lo que no cabe en la cabeza del hombre es una mujer
con dos amores”

“El Cielo sabe que te quise. No lo presentí en un comienzo,
acostumbrada al provecho que buscan de la mujer todos
los hombres. Cuando advertí la bondad de tus sentimientos,
reconocí la excepción y no tuve más remedio que quererte.
¿Pero los desvelos de Roberto no merecían un pago
semejante? Deseé al final no perderte y vivir contigo un
romance clandestino, ¿Pero cómo hacerlo bajo la mirada,
ahora desconfiada, de Roberto? La verdad a veces hiere
más que la mentira, y confesarte mi decisión y los motivos
reales para terminar lo nuestro era pagar con dolor
deliberado toda tu nobleza. No mostrarte un motivo
irrefutable hubiera prolongado tu insistencia. Un hijo de
Roberto, era el motivo insalvable que debía distanciarnos
para siempre. ¿Cómo no aprovechar que por tu propia
decisión me habían retirado el implante con que
planificaba?”

“Sufrí al decirte que estaba embarazada y más por la men-
tira de un embarazo inexistente. Hoy que ese hijo está en
camino, menos culpable me hace: resultó cierto el embus-
te. Pero no hagas cuentas, este embarazo durará 10 meses
desde el día en que lo inventé para que pareciera que era el
destino y no yo quien te apartaba”

227
“Tu generosidad, tu bondad, tu disposición inigualable a la
comprensión y al perdón merecen una retribución que yo
no pude darte, pero que ha de ser mejor que si de mi mano
proviniera, pues es a Dios a quien le pido que te
recompense”
228

CARTA CXXX

De nuestro amor quedan las cartas

Julio 10


Paolita:

Nunca voté las cartas que te enviaba. Revueltas están en
una caja que guardo bajo llave. Están frescas; como recién
brotadas de mi pluma. Podrían ser de hoy todas sus líneas.
Mas no es así, es sólo que en ellas permanecen incólumes
los sentimientos. En esas páginas hay un amor profundo, en
ellas te extraño o te hago falta, en ellas te disfruto y me
disfrutas, en ellas hay felicidad, hay esperanza, hay planes...
que no tenían mañana.

¡Qué nostalgia! Una tras otra se enredan en mis manos. El
simple trabajo de ordenarlas se prolonga. Mirar su fecha y
ponerle un número a las páginas bastaba. No es así. Cada
línea incita. La lectura obliga. En cada frase hay un recuer-
do. En cada recuerdo, una parte importante de mi vida. Las
leo al ritmo que mi imaginación impone. Conozco en su
intimidad cada palabra, sé su motivo, el ánimo con que fue
gestada. De nuevo arde la caldera de mis sentimientos.
Termino viviendo dichas condenadas por el porvenir
siniestro. Reviviendo el gozo y la pasión de entonces, en un
agridulce sentimiento que se frustra con el conocimiento de
su ocaso.

229
A pesar de tantas cuanto escribí, muchas faltaron. Están
ausentes, que tristeza, aquéllas que hubieran testificado
los momentos más intensos y felices. Los días en que faltó
una esquela tan plenamente fueron disfrutados que no
existió el instante para dejar registro.

No puedo pedir que me consueles, no puedo reclamarte
una caricia. No debo necesitar de ti, me digo, y me con-
venzo. Leo las últimas cartas, las más duras. Navego en sus
aguas tenebrosas, me entristezco, pero no perezco. Buena
señal, brilla una luz en el final del túnel. Parece que mi
duelo se resuelve. De pronto hay más que afán sentimental
en ellas. Hay un interés intelectual que me obliga a
revisarlas, a condensarlas en un título, a darles un orden
cronológico. Siento imperiosa necesidad de publicarlas. Tal
vez amantes hay que las aguardan.
230

CARTA CXXXI

Dos años después:
A la hora de la verdad nada ha cambiado

Junio 30


Amor:

Acaso te sorprenda esta carta que furtivamente hago llegar
hasta tus manos. Soy un hombre nuevo, sin heridas, sin
dolores, sin rencores. Al que el peso de sus recuerdos no
doblega. Y como parte eres de esa historia, quiero que
sepas que el final sombrío no pesó más que tantas cosas
buenas.

De amor se sufre pero no se muere. Y el dolor de ayer un
día será a mi vista el relato de un extraño. No así todo el
gozo que me diste. Cuanto viví lo sentí auténtico y lo dis-
fruté con la misma plenitud de un sentimiento correspon-
dido y transparente. Mi dolor no fue porque fingieras –si tal
hiciste- un sentimiento, fue porque no hubieras continuado
haciéndolo. Auténtico o fingido, fue tu amor igual de
placentero. Nunca será menos un placer ya disfrutado.

He tenido de ti malas noticias. He sabido que dejaste tus
estudios, que tuviste que someterte a trabajos arduos y mal
pagos, que actualmente no te falta techo ni alimento, pero
te arrebataron la libertad y vives vigilada por obra de los
celos. Que al afecto lo arruinó la convivencia y que Rober-
231
to dejó de ser el hombre que admirabas y evita toda posi-
bilidad de traición manteniéndote encerrada. También me
dicen que a veces añoras mi presencia y en ocasiones mi
recuerdo te atormenta.

Las lecciones que vivimos en carne propia son insuperables,
jamás se borran; las que se reflejan del espejo ajeno nunca
dejan huella tan profunda.

Nuestra experiencia me ha dejado en su legado la apatía.
Ha desaparecido el ánimo alquimista que torne en realidad
todos mis sueños. Y cuando vuelva a encontrarte tras de
otros labios que besen con dulzura, tras de otro rostro
angelical y con mirada triste, tras de ojos soñadores, que se
suponen buenos, no intentaré perturbar la paz de quienes
a mi lado viven persiguiendo una nueva convivencia. Otro
enlace sólo me proporcionaría la misma frustración que
nos llevó a encontrarnos. Hoy mis relaciones son sentimen-
talmente menos ardorosas, más temporales, más fugaces,
menos comprometidas, apenas viven el instante. Me volví
pragmático, dejé de soñar con imposibles.

En cuanto a ti, nunca temas ni mi reproche ni mi enojo.
Creo en tu bondad y pienso que era natural que la sojuz-
garan las necesidades y el instinto. Guardo de ti, no el re-
cuerdo triste de la despedida, sino los momentos más
emotivos de pasión, de gozo y de ternura.

Nuestra relación no pudo cambiar la imagen tan racional
que tenía de la vida de pareja, nuestro fracaso y ahora tu
infortunio, no hacen más que fortalecer mis argumentos.

232
Dulce Copito, traduce las líneas de esta despedida en un
abrazo que te estrecha con toda la fuerza de la solidaridad
y la nostalgia.
233

ÍNDICE
Pág

Prólogo ……………………………………………………………………….. 3
Las primeras impresiones ……………………………………………. 5
Esta nota si me atrevo a enviarla …………………………………. 6
Nuestra primera cita …………………………………………………… 7
¡Ignoras cuánto vales! ………………………………………………... 9
Contra el matrimonio, una diatriba llena de razones ….… 11
Comienzo a creer que encajas en mis sueños ………….…… 14
El libre albedrío en el amor no existe. A mi vida te doy
la bienvenida ………………………………………………………… 16
Más allá de las formas ……………………………………………….. 17
¿Cómo no he de ser infiel? ……………………………………….… 18
Un complicado paradigma …………………………………………. 20
Éste soy, debes conocerme ……………………………………..…. 21
Antes de ser derrotado por Cupido …………………………..… 23
¿Encarnas acaso mi utopía? …………………………………….…. 25
Las promesas de amor. Una pizca de razón antes de
volvernos insensatos …………………………………………..… 26
Me haces soñar despierto. Es hora de que sepas que te
amo …………………………………………………………………..… 28
Que mis palabras no las borre el viento ……………………… 30
¿El enamorado ama? ……………………………………………….… 31
Confío en ti: no imagino daño que de ti provenga …….… 32
Para ti, mi primer poema: He sido ……………………………... 34
Cuenta conmigo en tus apuros ………………………………….. 36
La infidelidad sí es mi tema predilecto ………………………. 37
Que las sombras de la infidelidad no nos perturben ..… 39
Mis motivos ................................................................ 42
De hoy en adelante te llamaré Copito …….................... 44
Otro poema: Mi nívea realidad ……………………………….… 45
234
Nuestra distancia …………………………………………….......... 46
Vuelve a las aulas ……………………………………………………... 48
Indiscutiblemente te amo …………………………………………. 49
Después de nuestro encuentro …………………………..…….. 51
Estoy enamorado …………………………………………………...… 52
Los que otros desean, yo a mis anchas lo disfruto ..…… 53
Tu sentido de justicia ……………………………………………..… 54
Que tu ex marido no te embauque …………………..…….… 56
Las virtudes de la amante …………………………………..…….. 58
Otro poema: Soñar de nuevo ………………………………….... 60
Soy hedonista, pero para mí el placer no es desenfreno. 61
La felicidad no es imposible ……………………………………….. 63
Del amor y los amantes ……………………………………………… 65
No eres la otra, siempre la primera ……………………………. 67
Tu piel ……………………………………………………………………….. 68
Tu voz ………………………………………………………………………... 69
¿Qué tan lejos de Dios nos encontramos? ………………….. 70
Esa forma de ser tan exquisita ………………………………….... 72
Tu ausencia ………………………………………………………………... 74
El poder carece de nobleza ……………………………………….... 75
La infidelidad, esa adversidad que te atormenta …………. 76
Ojalá no existieran infidelidad ni celos ………………………… 78
La libertad …………………………………………………………………… 80
Tu amigo Roberto ……………………………………………………….. 83
Se volvieron mis cartas numerosas ……………………………… 85
¿Dónde te encuentras? ………………………………………………. 86
Una tarde gris …………………………………………………………….. 87
La explicación y tu regreso …………………………………………. 89
La estudiante resultó aplicada ……………………………………. 90
Definitivamente somos objetos hombres y mujeres ..…. 91
Lo que esconden las miradas de los hombres …………..... 93
Feliz cumpleaños ………………………………………………………… 95
235
Un libro a los amantes ………………………………………………... 96
Este sentimiento indoblegable ……………………………………. 98
Tus lágrimas (poema) ……………………………………………….…. 100
No pienso renunciar al placer ni a mis sentidos …………... 102
El asunto de los instintos me entretiene ……………………... 104
Tus estudios y mis celos ……………….……………..……………... 106
Tu explicación me basta ………………………………….………….. 108
No demando juramentos ni testigos. A disfrutar la vida. 109
Después de la zarzuela …………………………………,……………. 110
Qué curiosos extravíos ………………………………………..…….. 112
Vivamos esta navidad sin sobresaltos …………………….….. 113
Navidad en un poema ………………………………………..……... 115
Preparando los regalos …………………………………….….…….. 117
Nochebuena hermosa, para recordar ……………………..…. 119
Te siento tan distante ……………………………………….……….. 121
Has desvirtuado mis temores …………………………………….. 123
Tu bondad ……………………………………………………………….... 124
Esto es felicidad: Soy feliz (poema) …………………………... 126
Del matrimonio estoy hastiado, al hogar sólo los hijos lo
rescatan ……………………………………………………………….. 127
Entre lo ideal y lo pragmático ………………………………..…… 130
Me haces feliz cuando me escribes ………………………..…… 131
Una tarde hablando de mujeres ……………………………...…. 132
El hogar ideal, una quimera ……………………………………...… 134
Más que por amor sobrevive el matrimonio …………….…. 136
¿Imposiciones sociales al amor? ¡Qué tontería! ………….. 138
De nuevo te perdiste ………………………………………….………. 140
Te invito a refrendar los sentimientos ………………………... 142
No soy apologista de la infidelidad, te advierto …………… 143
¿El hombre hace perverso al hombre? …………………..…… 146
Repartiendo pobreza y sufrimiento ………………………….... 148
Amores, tantos, tan distintos …………………………………..…. 150

236
Añorando los encantos de la infancia ……………………….... 152
La intimidad, un goce estético ……………………………………. 154
Nuestro pecado ………………………………………………………….. 156
El amor y los pecados ……………………………………………….… 158
Entender el amor ……………………………………………………….. 160
Respondo tu reclamo: No he pretendido sembrar de
espinas el camino ………………………………………………..… 162
La tierra fue de todos, la desigualdad la forjó el hombre. 164
El sexo: lo instintivo, lo moral y lo fisiológico …………….…. 166
El sentido de la vida ………………………………………………….…. 168
¿Por qué debe sufrir el hombre? …………………………….…… 170
La formación del niño poco garantiza …………………….……. 172
La paternidad nada tiene de proeza …………………….……... 174
El matrimonio y el arte de la doble vida ……………….……… 177
El juego interesado entre los sexos …………………………..… 179
El inaudito pecado original …………………………………….…… 182
Hablar de Dios sin amor es un engaño ……………….……….. 184
Un atardecer sombrío y prematuro ………………….……….… 187
Tus palabras la vida me devuelven ………………….………….. 188
Mi pensamiento (poema) ………………………..…….…………... 189
Las sombras (poema) …………………………………….……………. 190
Presiento algo terrible ………………………….…………………….. 191
Estoy desconcertado y sin consuelo …………..……………….. 192
Cuando en el rostro no refleja el alma ………………………... 194
La miseria del comportamiento humano ………..…………... 195
¿Quién eres? ……………………………………………………..……….. 196
Más que la infidelidad me duele el desamor ……….…….… 197
¿Qué crees que pienso del amor ahora? ………………..….… 199
Por fin he resuelto tus enigmas ……………………………….….. 201
Versos de un alma desgarrada: Te entrego mis despojos. 202
Después del dolor viene la calma ………………….………….…. 204
Como siempre, el amor falló ………………………….……….…... 205
237
No volveré amar como te quise ……………………….………….. 206
Tu amante he conocido ………………………………………..…….. 207
Más sobre mi encuentro con tu amante …………………..…. 209
Qué difícil es descifrar los sentimientos, a dos hombres..
amabas simultáneamente ……………………………………... 211
El adiós es necesario ……………………………………………….…… 213
Tan sólo un pensamiento ……………………………………………. 215
¡Qué bueno es volver a escribirte sin resentimiento! ..… 216
La despedida ………………………………………………………….…… 218
Dice tu mami ……………………………………..………….…………... 220
Realidad, ¿o sólo fantasía? …………………………………………. 222
De nuestro amor quedan las cartas ……………………………. 228
Dos años después: A la hora de la verdad nada ha
cambiado ………………………………………………………………. 230

238
















ISBN: 958-96366-3-2



Primera edición: 2004


© Luis María Murillo Sarmiento
l_murillo@latinmail.com


Diagramación e impresión
EDITORIAL CÓDICE LTDA
Carrera 15 No. 53-86 Int. 1
Tel: 2494992
Bogotá, D.C., 2004

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