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CONCEPCIONES FILOSÓFICAS DEL SER HUMANO

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CONCEPCIONES FILOSÓFICAS DEL SER HUMANO

CONCEPCIONES FILOSÓFICAS DEL SER HUMANO

EL IDEALISMO: Origen e importancia de la concepción idealista

Una de las formas que más ha influido e influye en el comportamiento de los seres humanos es la concepción idealista de la realidad y del ser humano. Popularmente denominamos idealistas a aquellas personas que toman decisiones y se comportan de acuerdo a unos ideales. Este sería el idealista ético o político que considera que la realidad puede y tiene que mejorarse de acuerdo a unas ideas que

cambiarían el mundo, arreglarían los problemas y solucionarían los

conflictos. Al idealismo se opondría el pragmatismo, que considera que las necesidades “mundo y obligaciones siempre del

real”

acaban

imponiéndose y que tratar de transformar el mundo es propio de los jóvenes sin experiencia y de personas ingenuas. Cualquier intento de mejorar o transformar la realidad está condenado al fracaso porque los ideales son solo un invento, una ficción de la imaginación. Ahora bien, ¿tienen razón los pragmáticos? ¿Es infantil, ingenuo, o inútil tratar de mejorar el mundo que nos rodea porque, como afirman los cínicos “cada vez que alguien intenta cambiar el mundo, el mundo acaba cambiándole a él”? Para da respuesta a

esta pregunta tendremos que analizar la concepción idealista de la realidad y del ser humano.

Concepción idealista de la realidad: El idealismo es una concepción filosófica que parte de la constatación de que la realidad es compleja. Pensar que la realidad es simple y evidente como piensan los pragmáticos sería engañarnos a nosotros mismos: solo si nos quedamos en la superficie o en las apariencia de la cosas podemos creer que sabemos como son. A simple vista solo se capta lo exterior, lo aparente mientras que la verdadera realidad no se puede captar a simple vista sino que es necesario aplicar la inteligencia. Cuando un pragmático nos dice que hay que adaptarse a la realidad se le podría preguntar ¿qué es la realidad? Mediante la inteligencia generamos ideas que nos permiten distinguir entre lo que es aparente de lo que es superficial. Las ideas tienen esa capacidad porque nos obligan a ser racionales, es decir, a ser coherentes y consecuentes con lo que pensamos. Por ejemplo, cuando tenemos una idea de lo que es la amistad podemos distinguir cuando las personas que nos rodean se comportan como verdaderos amigos o sólo son simples conocidos ya que el verdadero amigo se comportará de acuerdo a la idea que tenemos de amistad. En términos filosóficos las ideas nos permiten acceder a la esencia

de las cosas, es decir, a aquello que es fundamental de las cosas. Por tanto, gracias a la idea descubriremos que resulta superficial o accidental en esa cosa ya que todo lo que no resulta esencial es algo de lo que podemos prescindir. En ejemplo anterior, la idea que tenemos de amistad nos permite saber quiénes son nuestros amigos y quienes son simples conocidos porque de estos últimos podemos prescindir sin que se alteren fundamentalmente nuestras relaciones. Por su parte, lo esencial, es aquello que si no existe esa realidad sería radicalmente diferente. En términos filosóficos la esencia es su definición fundamental. Por ejemplo, el oro es un metal maleable con una masa atómica de 196,9665 (uma), es su definición esencial, el que se presente con el color amarillo, en forma de pepita, como pulsera, moneda o sea considerado el símbolo de la riqueza es algo accidental o superficial.

Para el idealismo, por tanto, la esencia no es algo superficial, no se capta a simple vista sino que es necesario indagar, analizar y estudiar la realidad para poder captar la naturaleza profunda de la realidad. ¿Por qué esto es así? Algunos idealistas piensan que la información que nos proporcionan los sentidos es insuficiente y que la inteligencia nos puede proporcionar una visión más acertada de cómo es y cómo funciona la realidad. Es lo que se conoce como idealismo subjetivo: la verdad es posible si el sujeto hace el esfuerzo de descubrirla. Esta forma de idealismo se encuentra con un problema fundamental: ¿Cómo podemos estar seguros de que hemos alcanzado la verdad? Un problema teórico que tendría su correspondencia en la práctica cuando nos planteáramos si los idealistas realmente quieren

mejorar la realidad o solo imponer su manera de ver las cosas a los demás. De ahí que la forma más común de idealismo sea el que se conoce como idealismo objetivo o idealismo absoluto: captamos la realidad con la inteligencia porque la realidad es esencialmente inteligente, es decir, espiritual. La auténtica esencia de la realidad es el ideal. Esta manera de concebir la realidad se ha mantenido con mayor o menor éxito a lo largo de la historia de la humanidad (el romanticismo, las épocas revolucionarias, en el impulso colonizador de América, etc.) pero si queremos entenderlo correctamente tenemos que ir su génesis, a su formulación filosófica original; el idealismo de Platón.

La realidad de las Ideas: Platón Para Platón las Ideas son la auténtica realidad. Cuando están en nuestra inteligencia las llamamos ideas pero en la realidad son las formas. Una idea es una forma, la estructura, la organización de algo. Por ejemplo, la idea de la mesa es la forma cómo han de ensamblarse los distintos elementos (patas, tornillos, tapa, etc.) para que la mesa sea realmente una mesa y no cualquier otra cosa. Para Platón la Idea o la Forma es la esencia de la realidad. Todo lo demás, todo lo que no sea ideal o formal es secundario o directamente inexistente. Así lo importante de la mesa es que exista un proyecto un diseño que nos permita hacerla, todo lo demás, si es de plástico o madera, si es más o menos pesada o de un color u otro deja de tener importancia. Por tanto la realidad auténtica, la realidad real es la realidad que nos muestra la inteligencia (realidad inteligible) mientras que la realidad que nos muestran los sentidos, (la realidad sensible) es solo aparentemente real. Esta concepción platónica de que existe la realidad real, que es la que se capta por la inteligencia es decir, es espiritual y la realidad sensible, que es solo

aparente y superficial es común a todos los idealismos. De hecho el idealismo, tanto el platónico como sus derivados, ha defendiendo el dualismo, es decir, la teoría según la cual la realidad verdadera la espiritual es radicalmente diferente de la material. Esto se explica porque la auténtica realidad es esencialmente espiritual. Esto significa que no está sometida a las circunstancias corrientes: el tiempo, el espacio, la materia. Por ejemplo, desde el punto de vista de los idealistas, la humanidad es igual en todos los tiempos lugares y sociedades por eso los derechos humanos tienen que ser universales independientemente de las sociedades en la que se estén aplicando. La ideas, como las de humanidad, derecho, justicia o belleza no son materiales sino que trascienden la materia. Son

trascendentes. Al trascender las ideas están por encima de tiempo y espacio por eso son universales y eternas. En consecuencia, para el idealismo platónico existe una realidad aparente y una realidad real. Esta realidad real está formada por las esencias ideales de las cosas que han existido y existirán para siempre en todo lugar puesto que se hallan por encima, trascendiendo por encima de todo lo material. Si la verdadera realidad es trascendente y los seres humanos podemos ser capaces de captar la realidad la consecuencia que los seres humanos podemos elevarnos por encima de las circunstancias concretas para captar la auténtica realidad. El ser humano como la realidad también está dividido en una existencia dual. Para el idealismo somos un compuesto de materia y espíritu, de cuerpo y alma que conviven en continuo conflicto. El cuerpo pertenece al mundo de lo sensible, está hecho de materia por lo que su condición es el cambio: nace, se transforma, perece. La auténtica realidad de una persona, su esencia, es el alma. El alma es inmaterial y, por tanto, no está sometida a la cambio: es eterna y siempre igual aunque todo le que le rodea esté cambiando. El alma inmaterial se haya prisionera del cuerpo que tiene sus propias necesidades y

deseos. Por eso el ser humano se encuentra dividido, escindido entre las necesidades del cuerpo y los proyectos y aspiraciones del alma. En ocasiones el alma se deja llevar por los impulsos del cuerpo, en otros momentos somos capaces de sobreponernos a las necesidades corporales y se deja guiar por la inteligencia del alma. Cuando el ser humano sigue su inteligencia y supera el mentiroso mundo superficial entonces nos ponemos en contacto con nuestra auténtica personalidad. Sin embargo superar las exigencias del cuerpo no es fácil y requiere disciplina, esfuerzo y, sobre todo, educación. La educación es un proceso de autosuperación en el que mejoramos nuestra inteligencia para ser capaces de descubrir la verdadera esencia de la realidad. Pero como estamos divididos o influidos por las pasiones del cuerpo la educación requiere de la ayuda de los demás. La sociedad entera ha de colaborar para que las personas puedan alcanzar todas sus potencialidades. Las leyes, el Estado ha de organizarse con un objetivo prioritariamente educativo. Por eso han de ser los sabios, los filósofos quienes han de dirigir los asuntos del estado para que las personas puedan alcanzar la felicidad.

EL PENSAMIENTO RELIGIOSO: La concepción religiosa de la realidad
La concepción religiosa del mundo ha ejercido y aún ejerce una enorme influencia en la sociedad actual. De hecho existen una enorme cantidad de religiones en el mundo aunque son tres de ellas las que mantienen una enorme ascendiente sobre el pensamiento occidental. Estas religiones son el cristianismo, el islamismo y el judaísmo. Las tres concepciones religiosas mencionadas tienen una forma de entender la realidad y al ser humano de una forma similar. De hecho el elemento en común es una

concepción idealista similar a la que elabora Platón. Coinciden con el idealismo

platónico al establecer que la autentica realidad es la

realidad espiritual mientras que la realidad material no solo es superficial sino también

perjudicial para el alma humana. La diferencia con el platonismo es que estas religiones entienden que la realidad real, es decir, la esencia espiritual de la realidad no solo es trascendente como proponía Platón sino sobrenatural. Esto es debido a que entienden que el origen y el sustento del mundo se halla en la acción de un ser supremo (Dios, Iahvé, Allah) que ha creado al mundo en un determinado momento de la Historia. Esta idea de ser creador tiene unas consecuencias que modifican la concepción idealista original En primer lugar al entender que la realidad no existe desde siempre sino que ha sido creada proporciona al pensamiento religioso una ventaja sobre el

idealismo Platónico. Para el idealismo la realidad es de una manera determinada sin más explicación. En cambio para el pensamiento religioso, Dios ha creado el Universo con un sentido, con un propósito aunque tal propósito se nos escape a nuestra limitada inteligencia. Aunque los seres humanos no podamos soportar el mal, el dolor o la muerte sabemos que estas desgracias forman parte de un plan divino que hace que la vida tenga esperanza. La esperanza de que Dios, finalmente, nos revele el sentido de la creación. En segundo lugar, si el mundo ha sido creado por Dios, todo lo que existe depende absolutamente de su voluntad. La realidad no solo ha sido creada sino que depende para seguir existiendo de la voluntad (la gracia) divina. Todo lo que ocurre, ha ocurrido y ocurrirá es debido a la intervención directa de Dios en el mundo. En consecuencia, todas las criaturas dependemos de Dios para seguir existiendo. Nuestra dependencia de Dios es tan grande que se entiende que todo lo que existe incluido nuestra propia vida está en manos de Dios y sólo él es imprescindible. Finalmente, si el origen de todo es sobrenatural, la explicación de la realidad sobrepasa nuestras capacidades. Solamente mediante la fe podemos llegar a acercarnos a la auténtica verdad del mundo. La fe ha de estar siempre por encima de cualquier intento de racionalización Las religiones que desarrollan esta concepción de la realidad (hay un propósito divino; dependemos de la voluntad de Dios; la voluntad no se racionaliza porque depende de la fe) surgieron en momentos de la Historia de grandes incertidumbres y peligros. Pretendían ofrecer una seguridad sobre la existencia humana antes que una explicación racional sobre cómo funciona el universo. Por eso, antes que la concepción de la realidad (que puede ser más o menos discutible) es más importante en las religiones la concepción que ofrecen sobre el origen, la naturaleza y el sentido de la existencia humana.

Para empezar Dios ha creado a todos los seres humanos. En consecuencia, todos los seres humanos tenemos que comportarnos como hijos de un mismo padre, es decir, como hermanos. Esto supone, por un lado, que todos los seres humanos, a los ojos de Dios, somos, esencialmente, iguales. Por otra parte, los creyentes de esa religión crean una hermandad o fraternidad que convierte a sus miembros en una familia o comunidad (“Ekklesía” en griego, “Umma” en árabe) También, lo mismo que ocurría con el idealismo platónico, los pensadores religiosos entienden que el ser humano tiene una naturaleza dual. Por un lado han sido creados con un cuerpo pero Dios ha dotado a ese cuerpo con un alma que se encuentra oculta, escondida en el interior del cuerpo. Con el pensamiento religioso se produce una búsqueda de la verdad interior. Al mirar en nuestro interior nos encontraremos con

verdades y principios morales que resultan tan evidentes y universales, tan perfectos que solo podemos pensar que ha sido el propio Dios quien los ha colocado ahí. Por ejemplo, hay muchas ocasiones en las que tenemos que tomar una decisión que no tenemos muy clara. Si queremos resolverla tendremos que echar mano a aquellos principios que dirigen nuestra conducta o, en otras palabras, a descubrir qué estaríamos dispuestos a hacer o no hacer aunque la ganancia material fuera inmensa. Así descubriríamos que el matar, robar o mentir son acciones que no estaríamos dispuestos a cometer. Por eso, al tratar de conocernos a nosotros mismos descubriríamos nuestros límites y los principios morales universales. Ahora bien, aunque Dios ha puesto en nuestro interior las

verdades y los principios morales no todo el mundo está dispuesto a reconocerlos y, mucho menos, a seguirlos. Aunque somos capaces de conocer y actuar de acuerdo al Bien, Dios ha creado al ser humano con la capacidad de elegir libremente. Es decir, puede elegir el mal y, por tanto, puede pecar. El pecado es la elección consciente y libre del mal por parte del ser humano, nos descubre como unas criaturas que han caído en desgracia. Mientras que el resto de la creación vive en armonía con la naturaleza, los seres humanos nos estamos en un continuo conflicto con nuestros semejantes y con lo que nos rodea. Esto es debido a que tenemos que entendernos como seres caídos, como criaturas que se han alejado de Dios y que solo mediante la intervención divina, podemos alcanzar el perdón y la salvación. Precisamente la intervención de Dios para salvar al ser humano introduce en la concepción del ser humano un elemento radicalmente nuevo: la intervención de salvadora de Dios, nuestra especie no sea una más dentro de los seres naturales. No formamos parte de la naturaleza porque la intervención de Dios nos da un origen y un destino sobrenatural. Destino que queda confirmado por la intervención de un ser salvador enviado por Dios (el Mesías judío, el Jesús del cristianismo, el profeta Mahoma.)

EL MECANICISMO: Concepción mecanicista de la realidad
El pensamiento religioso imperante en la Europa medieval había establecido muy claramente que los seres humanos tienen un origen y un destino sobrenatural. Por tanto tratar de comprender el alma humana o los designios divinos quedaban fuera del alcance de la razón y eran objeto de la fe o de la teología. Sin embargo la razón humana puede tratar de entender una realidad que sí está a su alcance, la realidad natural, la naturaleza.

Ahora bien, si intentamos comprender la naturaleza nos encontramos con el problema señalado por el idealismo: al tratar de conocer la realidad solo por los sentidos solo podemos tener acceso a un conocimiento parcial o superficial de la realidad. Los científicos del Renacimiento aceptaban este inconveniente pero también pensaban que aunque fuera superficial o incompleto siempre será mejor tener algún conocimiento de la

naturaleza que no tener ninguno. Esto es lo que se conoce como naturalismo, es decir, la idea de que la realidad natural o material tiene aunque no sea tan importante como la realidad espiritual merece la pena ser tomada en cuenta e investigada. Ahora bien, la investigación de la naturaleza no puede hacerse de cualquier forma. La única garantía de que nuestro

conocimiento puede ser valioso es si intentamos que sea lo más exacto y preciso posible. La nueva ciencia que empieza a desarrollarse en Europa tendrá como característica principal el que para garantizar la validez de los resultados todos debían someterse a demostraciones matemáticas. En palabras de Galileo “la naturaleza es un gran libro escrito en lenguaje matemático” corresponde a los científicos traducir ese libro para desvelar sus secretos. Ahora bien, para aplicar las matemáticas a la naturaleza tenemos que cambiar completamente nuestra concepción del mundo natural.

Esta nueva concepción es como mecanicismo y tendría las siguientes características principales. Reduccionismo. Para empezar la naturaleza es una realidad compleja en el que existen animales, piedras, seres humanos, vientos o enfermedades. Si queremos investigarla mediante la aplicación de métodos matemáticos no nos queda más remedio que simplificar esa complejidad y eliminar de nuestras investigaciones todo aquello que no se pueda convertir en matemático. No es que los sentimientos, los colores o las demás cualidades del mundo no existan es, simplemente, que solo pueden convertirse en objeto de estudio científico si se pueden medir o se pueden cuantificar de alguna manera. Por tanto, la nueva ciencia exige la reducción de lo natural a lo cuantitativo. Determinismo. Si la naturaleza es reducida a número, todo lo que sucede puede averiguarse con un cálculo matemático. Por ejemplo, podríamos saber cuando se produce un eclipse de sol a partir del cálculo del recorrido de la tierra. En consecuencia, nada se produce por casualidad sino que todo está determinado o establecido de acuerdo con los resultados matemáticos. Si algo no ocurre según lo previsto será debido a un fallo en los datos o en la capacidad del científico. Mecanicismo. La idea que da nombre a esta concepción es la consecuencia de la aplicación de estas dos características anteriores. Si el mundo se puede explicar en términos puramente cuantitativos con total certeza o determinación esto significa que podemos imaginar que la naturaleza es una enorme máquina en la que todo funciona a base de cuerpos que empujan, golpean o tiran de otros cuerpos. De acuerdo con esta visión mecanicista se impone una imagen del mundo en el que cada cuerpo es como una pieza de una gran maquinaria que se mueve como consecuencia el movimiento de otros cuerpos, movimiento que no tiene ningún tipo de propósito intención o sentido (o, al menos, si existe lo desconocemos). Los científicos de la época se dedicaban fundamentalmente a resolver problemas concretos sin plantearse los

importantes cambios que sobre la concepción de la naturaleza produciría estos nuevos descubrimientos. No sería hasta que René Descartes (“Cartesio” en latín, la lengua culta de la época) elabora su famoso “Discurso del Método” que la aplicación del cálculo matemático a la naturaleza se mostraría en sus auténticas consecuencias. Según Descartes la única certeza que se puede tener con total seguridad es la de mi propio pensamiento (“pienso, luego existo”). Todo lo demás, es decir, el mundo e incluso Dios sólo puede ser verdadero si se puede demostrar de manera racional, lógica o matemática su existencia. Con los seres humanos pasaría exactamente humano igual. una El cuerpo realidad

sería

matemática como cualquier otro mecanismo máquina huesos, del mundo. en la Una que etc.

compleja nervios,

músculos

Funcionan como palancas, cuerdas engranajes, etc. Dentro del

cuerpo residiría el alma cuya existencia consiste en pensar y tomar decisiones (entendimiento y voluntad) capacidades ambas que no pueden explicarse en términos mecánicos. En realidad cuerpo y alma son dos realidades completamente diferentes. El cuerpo es un mecanismo que está sometido a leyes perfectamente determinadas. El alma es espiritual y tiene la capacidad de pensar espontáneamente y de tomar decisiones libres. Esta radical diferencia plantea dos problemas fundamentales que surgirán en el pensamiento moderno de manera constante En primer lugar el de la comunicación de cuerpo y alma. Si el cuerpo y el alma son dos realidades completamente diferentes ¿cómo puede ser que el alma puede dirigir al

cuerpo? ¿No sería mejor pensar que tal esencia espiritual no existe, que es solo una hipótesis que no se puede comprobar? La polémica sobre la existencia o no de una realidad espiritual sería permanente siempre que se producía un avance biológico o médico (por ejemplo, si la evolución se producía por un mecanismo de selección natural ¿en qué momento de la evolución de los primates se generaría el alma humana sobrenatural?) El segundo problema tiene que ver con el pensamiento. Si cada ser humano es un espíritu encerrado dentro del mecanismo del cuerpo. Podemos saber de la existencia de otros cuerpos similares al nuestro y, por tanto, imaginar que nuestros semejantes son como nosotros pero ¿lo son realmente? ¿Cuáles pueden ser los sentimientos, las emociones la personalidad de las almas encerradas dentro de los cuerpos? No podemos saberlo: estamos condenados a existir de manera independiente unos de otros sin saber lo que hay en las profundidades de las almas humanas. El misterio, la indeterminación, la incomunicación sería la característica de los seres humanos y también el punto de partida del movimiento romántico.

LA CONCEPCIÓN MATERIALISTA. Concepción materialista de la realidad
El materialismo es la concepción filosófica que entiende que la esencia de la realidad es la materia. Por materia se entiende el material, es decir, aquello que compone a una cosa, Por tanto el materialismo afirma que la esencia de todo lo que existe se establece a partir de la materia o componentes de los objetos. La forma, la organización o el diseño de los objetos resulta ser algo secundario. Ahora bien, la materia sin organización es un caos sin sentido (serian como las piezas de un puzle desmontado) y si observamos la realidad

vemos que esto no ocurre: la naturaleza muestra la realidad muestra que sigue un orden unas leyes que la ciencia se encarga de descubrir. Sin embargo para el materialismo, el que exista orden en el mundo no implica que exista una inteligencia ordenadora de la materia: el orden de la materia no existe antes que la propia materia sino que el orden, la regulación es un resultado de la acción de la materia por autorregularse. A diferencia del idealismo y el pensamiento religioso, el materialismo no cree necesario la existencia de un orden eterno o ideal. Tampoco una inteligencia creadora que ordenase la materia de acuerdo a un propósito. Para el materialismo, la realidad es materia y la

organización una consecuencia de la acción de la materia. La materia, por definición, está en continuo cambio, en evolución. Estos cambios generan distintas posibilidades concretarían en que aquellas se que

proporcionaran estabilidad y la

mayor estabilidad

genera orden. Por ejemplo, desde la concepción materialista, la aparición de la vida es una probabilidad de la evolución de la materia y la aparición de vida inteligente no estaba a en absoluto prevista sino que era una posibilidad entre otras muchas. Por tanto el que apareciese vida en la tierra no es el obedece al plan de una inteligencia y mucho menos que adoptara la forma de ser humano. Ahora bien, aunque la vida y el ser humano no estuviera previsto en un plan divino sino que era el resultado de la evolución de la materia, una vez que han aparecido, se han mostrado como formas de organizar la materia especialmente estables y duraderas. Aunque a lo largo de la historia

hubo numerosos intentos de desarrollar una filosofía materialista, no será hasta el siglo XIX en que esta concepción pueda construirse de manera completa. Previamente el idealismo y espiritualismo imperante en la sociedad censuraban e incluso perseguían cualquier intento de explorar la concepción materialista por lo que los intentos de desarrollar una filosofía materialista sólo quedaban en proyectos bastante confusos. Con el desarrollo de las investigaciones científicas, el materialismo pudo tener el suficiente apoyo intelectual y social para que se desarrollaran de manera integral. Una de estas concepciones alcanzaría gran importancia tanto por lo elaborado de su construcción como por la influencia social y política que tuvo

posteriormente: es el Materialismo Histórico de Carlos Marx.

Concepción marxista del ser humano La filosofía marxista pretende ser, ante todo como un humanismo. El principal interés de Marx es averiguar cuál es la explicación de la injusticia y la pobreza en las sociedades humanas y hacerlo sin recurrir a causas sobrenaturales o conceptos como los de pecado y castigo divino. Desde el punto de vista de Marx, si la realidad es, ante todo, material, el ser humano se ha de entender en términos

materiales. Esto significa que los seres humanos somos realidades corporales, materiales, no una conciencia, un alma inmortal o una máquina. Ser una realidad corporal significa que los seres humanos han de entenderse a partir de lo que

hacen y no desde una posible personalidad o realidad interior que establece lo que hacemos y cómo lo hacemos. En otras palabras las personas nos realizamos a partir de las relaciones que establecemos con el medio y las personas que nos rodean. La conciencia, la personalidad por tanto, no es una esencia previa y permanente sino un resultado de la acción humana de tres formas distintas: el trabajo, la sociedad y la historia Trabajo. Las actividades que realizamos en relación con el medio le denominamos trabajo. A través del trabajo se modifica el medio adaptándolo a las necesidades corporales. En este proceso de modificación del medio mediante el trabajo el ser humano se modifica a sí mismo, es decir, se construye como persona. Esta concepción del trabajo como forma de realización rompe con la visión tradicional que lo consideraba una actividad inferior, una esclavitud (mundo grecorromano) o un castigo impuesto por Dios como resultado de nuestros pecados (tradición judeocristiana). Sociedad. El ser humano no se relaciona solo con la naturaleza sino se encuentra con otros seres humanos. Estos otros seres humanos se pueden convertir en competidores (puesto que buscan los mismos recursos que nosotros) o en colaboradores (nos ayudamos mutuamente en el trabajo). Tanto en uno como otro caso se está formando la sociedad de la cual nosotros somos tanto el resultado como los productores. Historia. El trabajo y la sociedad no se producen de manera abstracta y en condiciones ideales. Ambas realidades son también materiales y concretas. Esto quiere decir que no existe un modelo de actividad o de sociedad ideal sino que tanto una como la otra cambian con el tiempo. Ni el ser humano ni las sociedades permanecen estables a lo largo del tiempo sino que se transforman de acuerdo a fuerzas y leyes sociales similares a las que se pueden observar en la naturaleza.

Los cambios históricos A partir de estos conceptos, Marx plantea un cambio radical en la forma como se estaba entendiendo los cambios históricos de la Humanidad. Habitualmente las transformaciones históricas se explican por la

intervención de políticos, reformadores religiosos, artistas o pensadores. Sin embargo, Marx piensa que la política, la religión, la cultura o los estados solo serían la parte superficial de una sociedad, la superestructura. El origen de los cambios habría que encontrarlos en la infraestructura económica y social. Por infraestructura entiende

Marx la base material de una sociedad. Esta base material está formada producción por y las las fuerzas de

relaciones

económicas que se producen en una sociedad. Fuerzas de

producción es todo aquello que permite generar productos que permiten la subsistencia material de las personas: las materias primas, las herramientas, el trabajo… Estas fuerzas de producción generan, a su vez, relaciones de producción (compra/ venta de productos, relaciones laborales, clases sociales…) en la que los individuos entran en contacto social (competencia o colaboración). En estas relaciones de producción existen determinados individuos que parten con ventaja ya que han sido capaces de dominar alguno de las fuerzas productivas (las materias, primas, las herramientas, etc.) Se constituyen así en clases dominantes y para mantener su situación de privilegio generan una

superestructura que favorezca a sus intereses: dirigen la política, las leyes e incluso el pensamiento mediante el control de la cultura que la sociedad va generando. Los cambios históricos se producen por un cambio en las fuerzas productivas (agotamiento de materias primas, descubrimiento de nuevas tecnologías, nuevas fuentes de energía) que modifican las relaciones de producción. Al cambiar las fuerzas productivas, las relaciones económicas tienen que cambiar. Quienes hasta entonces controlaban la economía, las clases dominantes, luchan por mantener su situación de privilegio aunque inevitablemente caerán para ser sustituidas por otras. Por ejemplo, durante el Renacimiento los nuevos sistemas de navegación y orientación hacen el comercio más seguro por lo que el poder económico depende cada vez menos de la posesión de la tierra y más del control del comercio. La consecuencia será la pérdida del poder por parte de los señores feudales y su sustitución por los burgueses. El cambio de la clase dominante trae como consecuencia un cambio en la superestructura política y cultural. Así el triunfo de la burguesía sobre la nobleza lleva aparejado la eliminación de los privilegios de los nobles, la aparición del arte Renacentista, el cristianismo protestante etc.

La injusticia social: la alienación del ser humano. La existencia de clases dominantes se produce porque determinadas personas tienen ventaja en las relaciones de producción. Ahora bien, si todos somos materialmente semejantes ¿por qué existen dominantes y dominados? Marx explica que la mayoría de las personas vivimos en un régimen social injusto por en el que estamos siendo esclavizados desarrollarnos

económicamente

otras

personas

impidiéndonos

libremente como personas. A esta situación la denomina Marx alienación. Por alienación debemos entender un estado en el que los seres humanos no podemos tomar nuestras propias decisiones porque no podemos decidir sobre nuestra propia vida. La alienación consiste, por tanto, en la “enajenación” (del latín “alienum” ajeno) o robo de la propia existencia. En la sociedad moderna, la sociedad capitalista el trabajador es víctima de dos tipos de alienación: la económica y la social que genera la alienación ideológica. Alienación económica: se produce porque las personas tenemos que vender nuestra fuerza de trabajo a aquellos que controlan los medios de producción. Puesto que el trabajador no es dueño de los materiales ni las herramientas con las que producir, no le queda más remedio que ponerse al servicio de aquellos que se han apropiado de los medios de producción. De esta manera nuestro tiempo, nuestro esfuerzo e inteligencia, nuestra propia vida incluso, no nos

pertenece porque los hemos vendido. El trabajador vive una existencia social. los alienada Quienes de

Alienación dominan

medios

producción no solo están en una situación privilegiada

sino que pretenden seguir estándolo. Para ello

organizan la sociedad según reglas que les favorecen, es decir, las leyes, el sistema jurídico que las elabora y el

sistema político que las hace cumplir benefician a los que poseen propiedad de los medios. Las leyes y la política son solo herramientas en manos de los poderosos. Esta alienación social llega hasta tal punto que el trabajador no solamente vive en un sistema social le es extraño y desfavorable sino que la sumisión es tal que incluso cree que esto debe ser así, que este es el orden natural de las cosas. Es la forma más sutil de alienación, la alienación ideológica por la que el pensamiento y el arte convencen a los trabajadores no solo que las cosas tienen que ser así sino que intentar rebelarse contra la injusticia sería ir en contra del orden natural de las cosas. La forma máxima de alienación ideológica sería la religión que fomenta el conformismo de las clases dominadas bajo la promesa de una vida futura que solo está al alcance de aquellos que sean buenos y se aguanten con la vida que les ha tocado soportar. La alienación es causa y consecuencia de la existencia de la propiedad privada de los medios de producción. Ahora bien, según Marx la alienación capitalista lleva dentro de sí las semillas de su propia destrucción y, por tanto, la eliminación de la injusticia. Efectivamente, la lógica capitalista obliga a la búsqueda del beneficio y la búsqueda de beneficio implica la eliminación de la competencia. Cada vez menos manos serán dueñas de una mayor cantidad de producción. La concentración será tan grande que llegará un momento en que los dueños del capital llegarán a ser prescindibles. La revolución ocurrirá cuando los trabajadores tomen el control de los medios de producción y en consecuencia, desaparezca la alienación y las injusticias. La superación de la alienación le permitirá al trabajador recuperar su humanidad puesto que ya no serán definidos como miembros de una clase social (clase dominante o clase dominada) sino solo por el trabajo libre y consciente que realicen durante su vida.

CONCEPCIÓN EMERGENTISTA
Uno de los elementos comunes de la reflexión sobre el ser humano es el de la explicación de la existencia de la mente, inteligencia o espíritu humano. Como hemos visto, la mayoría de las filosofías hacen un planteamiento dualista. Son aquellas quieren presentar el espíritu humano como una realidad distinta a la del resto de la naturaleza, incluso, con un origen sobrenatural. El materialismo, por su parte pretende que la personalidad humana es un elemento más dentro de una naturaleza estrictamente material. El dualismo tiene a su favor el que ha sido la concepción dominante del pensamiento sobre el ser humano durante siglos ello es debido a que permite establecer la diferencia evidente que existe entre los seres humanos y el resto de los seres naturales. Pero los descubrimientos e investigaciones llevados a cabo durante los siglos XIX y XX tales como la teoría de la evolución, los avances en psiquiatría y neurología, los avances en inteligencia artificial, etc. parecen volver insostenible la tesis de una mente independiente del cerebro y, en general toda forma de dualismo. Esto ha sido empleado por el materialismo para establecer que los seres humanos somos realidad exclusivamente materiales. En esta polémica se empieza a plantear una nueva vía de explicación del fenómeno humano. El

emergentismo parte del materialismo porque sostiene que es el sistema nervioso central el origen de las capacidades humanas. Por decirlo en una fórmula conocida según esta concepción “el alma está en el cerebro”. Sin embargo, el cerebro humano no es una máquina sino un sistema complejo que no se puede reducir a la actividad bioeléctrica de un conjunto de neuronas. De la misma forma que al hidrógeno y el oxígeno son la condición de que exista el agua pero no son, por sí solos, el agua, el emergentismo considera

que la actividad neuronal es condición imprescindible de la aparición de la mente humana pero no es la mente humana. Si la complejidad de la mente humana no se puede reducir a sus reacciones físico-químicas, habrá que entenderla entonces como un sistema en el que la totalidad no equivale a la suma de sus partes). La suma de los elementos que componen al ser humano conforma una estructura compleja cuyo

comportamiento no se puede explicar por la acción de un solo órgano aislado. La aparición de capacidades

nuevas que no estaban previstas en la unión de las partes. Así, los contactos sinápticos son la base del funcionamiento cerebral,

pero este funcionamiento y los procesos mentales que produce no se pueden reducir a tales contactos. El cerebro humano no es una simple es máquina mucho o más

computadora,

complejo. De esta manera el emergentismo se sitúa más allá del simple materialismo aunque sin caer en la idea dualista que afirma que somos un espíritu que controla el cuerpo. Por el contrario, el emergentismo ha de entenderse como un monismo (de “mono”, uno o único) El monismo emergentista es monista por reducirlo todo a la materia pero viene a sostener que la compleja evolución de la materia ha hecho posible la emergencia de estratos de realidad como la mente humana que no podemos explicar, ni reducir a los niveles o estratos inferiores. En el proceso

evolutivo de la materia se han producido distintos noveles de emergencias naturales. El nivel fisicoquímico primario es superado por la emergencia de lo biológico, con sus propias características, y éste por la emergencia de lo psíquico, con sus nuevas características. En cada nivel superior emergen o surgen nuevas características.

Lo psíquico supone la emergencia final de los estratos o niveles anteriores. En ningún caso se trata de una realidad sobrenatural sino de la emergencia de un mayor nivel de complejidad. Los pasos de esta evolución serían: la materia inerte de carácter fisicoquímico, lo biológico (seres vivos), el sistema nervioso y su coronación cerebral que da paso a lo mental.

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