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CADA ALCALDE MANDA EN SU PUEBLO Sali gritndole desde la puerta del rancho; tirndole los ltimos trapos que

la pobre con tanto esfuerzo haba comprado. Cuntas lavadas, cunta tortilla haba palmeado para comprar sus ya radas hilachitas y no bastndole el relajo armado le dijo: Andate y no volvs y lavate en la quebrada para que no llevs tierra de aqu. Y ella se fue y nunca ms volvi. Con el paso del irremisible tiempo, borr aquella vida provinciana, rebosante de penurias y de insultos. Y en su nuevo bao, en el que refrescaba su nuevo cuerpo, de repente, al caerle la fina agua de la ducha, se le vino el pasado de golpe y le apareci la figura de aqul mastodonte, de aqul zebro de colosales proporciones: El maistrn, como le apodaban los cheros del cantn... Y ella, de repente, as como se le vino a la mente la susodicha figura, cant la cancioncita que le qued como estribillo, cuando sali corrida y derrotada del cantn... El agua y el jabn, quitan las huellas de cualquier cabrn... Y as, como dijera alguien conocido: Que las cosas se deshacen de la misma manera que se hacen, ella volvi a su nueva vida, antagnica a la anterior. Mujer citadina; mujer de colores brillantes. Aunque siempre haba rescoldos turbulentos en su

conciencia, ella guardaba celosamente aquel vestido color beige poleada, que le sirvi para sellar y jurar amor eterno. Ahora, como decamos, Era una mujer respetada, duea de un floreciente negocio, en el que empleaba a ms de una decena de muchachas bonitas, para atender a rojos, verdes y azules parroquianos; as se miraban por los reflejos de luz que despedan infinidad de focos rojos, verdes y azules. Danilo Vsquez | Edicin 2003

El negocio era famoso; adems tena los respectivos permisos en regla: Balazos, msica estridente, olor ftido de orines, revueltos con todo, en fin. Pero, haba algo que lo distingua, y eran unos cartelitos mal escritos, pegados en las paredes y en los postes con leyendas o tonteras, como las que leern: Para fELiNo Senil, ROEdor lacTAntePOLlitas tieRNas jogoSAS Y Crujientes- Dos poR UnA y Uno Con CHOnga... Pero bueno, cada alcalde manda en su pueblo...

Danilo Vsquez | Edicin 2003