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EL CUERVO Cada alcalde manda en su pueblo...

La frase camina entre las gentes humildes del barrio o del cantón. Es ya un clásico en los anales de la vida pueblerina; aunque los ya famosos alcaldes, coman a lo “Rucho”. ¿Qué quién es Rucho? Pues, vaya usted y averigüe. Pero la cosa o el asunto no es ese, el motivo es que había un cuervo que tenía la costumbre de ir a beber agua en uno de los charcos que se formaban en las calles de..., llamémosle ciudad. El mencionado cuervo llegaba siempre a la misma hora y al mismo lugar a saciar su sed. Un día, el alcalde y digamos también que su concejo, decidieron tapar algunos de los evidentes y típicos hoyos que abundaban en el pueblo. El cuervo llegó a la misma hora y al mismo lugar de siempre, a saciar su sed. Lo bonito del asunto es que, cuando aterrizó, buscaba y miraba hacia todos lados y no encontró nada. Caminó dando brinquitos, como quién anda con tacones altos y no los domina. Alzó vuelo. Voló en redonda y, con su pico hacia abajo, se retiró del pueblo, diciendo y moviendo su pico a la derecha, a la izquierda... Con estos locos quiere ganas, a cada momento me cambian el agua..., (dijo el cuervo.)

Danilo Vásquez | Edición 2003