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EN EL PAS DE LA SONRISA La prescripcin mdica era clara, breve y concisa: Al paciente Juan sin nombre, se le prohbe terminantemente rer.

Sali del consultorio como tonto en almacn burgus, pensando y hablando en voz baja Qu tonteras las de hoy! Ah, medicuchos de cartn! imagnense- prohibido rer y yo que he pasado la vida llorando y hoy que comienzo a disfrutarla me sale ste, con el prohibido rer Ah, adelantos de la ciencia!. Meditabundo iba por la calle, cuando en eso, un bus le pit la vieja y el motorista de ribete le gritaba a galillo abierto: Apartate viejoemierda! Y el futuro cenobita, condenado al silencio, miraba de soslayo la ida endemoniada del bruto de seis ruedas, expresando indiferente palabras en voces mortecinas que, fortuitamente una tenue brisa se encargaba de esfumarlas. Sigui su triste camino; mientras tanto, el sol le verguiaba su arrugada frente. De todos modos! Continu mascullando, la patria en que me toc nacer, es toda ella prohibiciones, que ms da el silencio de otra enfermedad, aunada a otras y otras... A la mente de Juan sin nombre, asistieron como a feria de pueblo, innumerables imgenes; entre ellas las de sus hijos: Mis hijos! balbuceaba- y bailaban sonrientes los dos negritos en la pantalla de su cerebro... Mam, pobre vieja, pensar que pariste a un ser condenado al silencio. Desaparecer del mapa, no era idea halagea para un individuo que recientemente haba encontrado el ptimo camino de la risa. Aquel Juan sin nombre que gozaba de los peridicos viendo las noticias necrolgicas, se iba irremisiblemente de este mundo, de esta patria. Muerte por inanicin Ja,ja! Muerte, muerte; pero se Danilo Vsquez | Edicin 1988

cree que hubo mano criminal en el asunto... Las autoridades investigan el caso ja,ja! Muerte, muerte... Haba aprendido a divertirse de las desgracias y en las desgracias; en hospitales y en entierros, en todo lugar concurrido, su risa resonaba y asordaba a medio mundo. Peste andando, terremoto, cncer, sida; eran los motes adjudicados al Juan sin nombre, condenado al silencio perpetuo. Sigui, porque tena que seguir la vereda de la vida; por gracia de quin A saber? El caso era, que no poda emitir un tan slo Ja! En el pas de la sonrisa.

Danilo Vsquez | Edicin 1988