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NAY

Le dieron la orden de hacerse los exámenes de café. Lo más sorprendente fue, cuando el laboratorista le dio los resultados: Tiene usted, algunas partículas de sangre en el café... Hemos de explicar, que él, era un empedernido bebedor de café, y los resultados le provocaron un estiramiento de la boca y un beso de los dientes de arriba con los de abajo, seguido de la interjección ¡Vaya! .Ella, para consolarlo, le puso el brazo derecho, sobre su hombro derecho y, le dijo en el instante que caminaban, qué hermoso se ve usted, vestido así, de pantalón negro, zapatos negros, y su elegante camisa celeste. El, le contestó, que era la única, que lo veía hermoso y, que se lo decía; pero de todos modos, que el señor y la virgen, le paguen sus halagos. Después de la consabida y necesaria visita al médico, para el recital de sus resultados clínicos, él, se autoconvenció, que su fin era inminente. Decidido a esperarlo, cogió su hamaca y desde ahí, le disparaba a la vida, su venenosa, pero tranquilizante filosofía; y en mirando fijamente a su pobre, abnegada y ubicada mujer, dijo: ¿porqué es realmente mala la mentira? Qué es en sí, lo perjudicial? Sin tantas babosadas llamadas elucubraciones, ella, contestó: La desgracia nunca llega sola, y como bien sabés, es una frase que carga el peso de los viejos, ¡papá! Esperá el toque ida y vuelta con todo y la tortuga. El, desde su roída hamaca, que se hacía para allá, para acá, jalándose con una pita que había amarrado en un tronco, seguía interminable su allá, su para acá... Y en el espacio de la ventana de su casa el “Cerro de la Cruz”, era como un puntal que sostenía al cielo; y en uno de sus costados, cuatro árboles parecían peregrinos que subían a la gloria. Danilo Vásquez | Edición 1996

el loquito trabajador del pueblo. Por la calle.. el precioso cantito de los pájaros.. y desalió su dedo de la oreja de la taza de café. verdad. ¡Ahí va Nay! Perseverando en el trabajo. Y le hizo la seña con el puño. con su dedo índice liado en la oreja de la taza de café. Danilo Vásquez | Edición 1996 .. a quién solícitamente nombraban ¡Nay!. subiendo y bajando la piedra.. ppiiiiii. como Sísifo. mamá! Pero ya sabés. pppiiiiii. camina una cipota cargando una mochila sobre su espalda. él. recibí los saludables rayos del sol. la fresca brisa de la mañana. a fuerza de regaños y dulces gritos: “Levantate haragán. Y siguió la camándula filosófica en silencio.! Pitaba y empujaba neoliberalmente su carreta. denotando fuerza y negrura en la bebida apetecida. Hoy. ¡piiiiiiii.¡Traeme una tacita de café. amanece recordando los días en que su abuela lo levantaba temprano. el nuevo día regala una fresca brisa. “Nay” (así le llaman al loquito trabajador del pueblo) pasa con su carreta una y otra vez. -¡Oí!Le dijo la mujer.

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