Introducción al pensamiento político de Aristóteles (384 a.C. – 322 a C.
Dolores Marcos
Para abordar el pensamiento político de Aristóteles debemos tomar en cuenta las características
generales de la cosmovisión antigua respecto de la vida política, que hemos visto tanto en el texto
de Habermas como en el de Bobbio.
Aristóteles nace en Estagira, antigua colonia jónica, a los 17 años es enviado a estudiar a Atenas
a la escuela de Platón, donde permanecerá por 20 años. Sea por causa de la muerte del maestro o
por un sentimiento antimacedónico que crecía en Atenas por esos años, Aristóteles deja la ciudad
hacia 348 aproximadamente y se refugia en Asia Menor. En 343 es convocado por Filipo de
macedonia para ejercer como tutor de Alejandro, cargo que ejerció durante tres años. Hacia 338
funda el Liceo en Atenas donde despliega una amplia actividad intelectual. Muere en 322 en
Calcis.
Como se puede ver, nuestro pensador fue testigo de numerosos cambios y mutaciones en la
política de su tiempo, siendo el principal el progresivo declive de las ciudades-estado griegas
como organizaciones políticas y su reemplazo por formas imperiales, protagonizadas, sobre todo,
por la supremacía macedónica sobre estas ciudades.
Sin embargo, Aristóteles entiende que la polis es la formación política por excelencia, el modo de
organización capaz de garantizar las condiciones óptimas para el despliegue de lo mejor que hay
en los hombres. De algún modo, se podría afirmar que escribe la Política, a contrapelo de los
acontecimientos que se iban desarrollando a su alrededor, como si le interesara salvar un orden
que indefectiblemente se iba apagando. Quizás justamente por este carácter anacrónico, su
pensamiento refleja de manera ejemplar el vínculo del ciudadano de la antigüedad con el espacio
público, indispensable para desarrollar una vida plena.
Si bien podemos afirmar que, al igual que Platón, Aristóteles piensa a la política desde la
naturaleza (antes que desde la convención), también es necesario decir que lo hace
dinámicamente, esto es, buscando reconciliar aquello que por naturaleza es mejor para la vida
común de los hombres, con las condiciones contingentes en las cuales éstos deben organizar sus
comunidades. Si lo pensamos en términos contemporáneos, Aristóteles está preocupado por la
gobernabilidad, esto es, por las condiciones que permiten cierta estabilidad de los regímenes
políticos. Es por eso que, si bien le interesa pensar el régimen ideal, su principal preocupación es
la búsqueda del mejor régimen posible. En esta línea, como se verá en la lectura de los textos,
incluso llega a afirmar que cada ciudad encontrará el mejor régimen que se adapte a sus
condiciones y a sus ciudadanos.
La ciudad es una construcción humana, pero proviene de un impulso natural de sociabilidad y
puede tomar distintas formas de organización. En ese sentido debe entenderse que si bien la
familia es la comunidad que precede cronológicamente a la ciudad, ésta tiene primacía desde el
punto de vista ontológico. Esto es así por dos razones: en primer lugar, porque todo ser tiende
según su naturaleza hacia su perfección y la polis es el ámbito en el cual el hombre podrá
desarrollar de manera acabada su propio ser, su virtud y su felicidad. En segundo lugar, en la
cosmovisión aristotélica (y del hombre griego en general) hay una primacía del todo sobre las
partes, una mirada holística que privilegia la totalidad (la ciudad) por sobre las partes (las familias,
los ciudadanos). La polis es el telos que permite desarrollar plenamente la naturaleza humana,
pero no es un destino necesario, hacen falta determinadas condiciones para que se alcance ese
modo perfecto de organización política. Para Aristóteles esas condiciones están dadas sólo en
Grecia; el resto del mundo, los bárbaros, son inferiores en cuanto al desarrollo de sus facultades,
es por eso que no se organizan en polis sino en reinos. Aquí aparece también otra característica
del pensamiento político antiguo, que no se había mencionado antes, y es que no se piensa en
términos universales, no se piensa la ciudad ideal o el mejor régimen para toda la humanidad, sino
para esos pueblos en particular.
Como se viene observando, la política en la antigüedad tiene una estrecha relación con la ética,
ambos ámbitos están íntimamente relacionados. Aristóteles afirma que la ética es una parte de la
política, el nexo que une estas dos esferas es la preocupación por la felicidad.
Aristóteles tiene una mirada teleológica sobre el mundo (esto es, entre las causas con las que se
explica el cambio, tiene primacía la causa final). Todas las cosas tienden naturalmente a la
realización del bien que les es propio. En el caso del ser humano, ese bien que se busca alcanzar
es la felicidad, es decir, la vida buena es la vida feliz. No debe entenderse como una actividad o
un momento en particular sino como un modo de vida, y este modo de vida debe orientarse de
acuerdo a la virtud. Dicho de otra manera, el bien del hombre consiste en un modo de vida cuyas
acciones se conforman a la virtud. Aristóteles define la virtud como el justo medio entre dos
extremos (por ejemplo, la valentía es una virtud porque es la acción que se encuentra en el medio
entre la cobardía y la temeridad). Por otra parte, distingue entre dos tipos de virtudes: las
dianoéticas (referidas al conocimiento, a la esfera intelectual) y las éticas (referidas a la acción, a
las costumbres).
El hombre se diferencia de los demás seres por tener un alma racional, por lo cual la vida buena
deberá orientarse de acuerdo con esta característica particular y específica. Entre las virtudes
dianoéticas se destacan dos: la sabiduría, propia de quien se dedica a la vida contemplativa, y la
prudencia, que es la capacidad de considerar lo que es bueno o conveniente en determinadas
circunstancias, siempre contingentes. Esta es la virtud propia del político, la virtud suprema de la
vida en común y sólo es posible su realización en el marco de la comunidad política. Al respecto
es necesario aclarar que la política no es una ciencia en sentido estricto justamente porque trata
de cuestiones que están sujetas a la contingencia, que son variables y dependen de una serie de
circunstancias cambiantes. 1
Para adquirir hábitos virtuosos es indispensable la vida en común, es por eso que no es posible
alcanzar la vida buena por fuera de la comunidad política, sólo allí es posible ejercer las facultades
racionales. El fin de la vida humana, su perfección, se realiza en la polis, y visto desde el otro
lado, la finalidad de la política es hacer mejores a los hombres como personas morales y como
ciudadanos. Es en ese sentido que las leyes de la ciudad tienen como meta procurar a sus
ciudadanos una buena vida, una vida feliz. Aquí es importante destacar que para Aristóteles no se
trata solo de que la comunidad política provee a sus miembros las condiciones materiales para
sostener sus vidas biológicas, sino que debe procurarles la mejor vida, aquella en la que sean
capaces de realizar todas sus capacidades, una vida plenamente humana.
Para avanzar sobre la concepción aristotélica de la política es preciso analizar también esas
especificidades del ser humano presentes en las dos grandes definiciones del Estagirita: el hombre
como animal con logos y el hombre como animal político, y buscar el vínculo íntimo que hay
entre ambas caracterizaciones. Aristóteles distingue el carácter gregario que el ser humano
comparte con otros seres (abejas, lobos) con el carácter político exclusivo de él. Y la diferencia
está justamente en el logos, que es pensamiento y palabra, una palabra que, a diferencia de la voz
(phoné) de los animales, que solo puede expresar placer o dolor, es capaz de distinguir lo justo de
lo injusto, lo bueno de lo malo. Ese logos solo puede encontrar un campo para su expresión y
realización en el espacio público de la comunidad política. Esto se vincula también con lo que se
ha dicho anteriormente respecto de que la ciudad no sólo provee la supervivencia sino la vida
buena. Una vez más encontramos que el telos, el fin de la vida humana, de este ser dotado de
logos, es la vida en común, la vida política que hace posible el despliegue de su capacidad moral.
Otra distinción importante es la que hace el autor sobre diferentes tipos de comunidad y, en
consecuencia, diferentes tipos de poder. Un tipo de agrupación es el oikos, la casa, que es el
ámbito doméstico en el cual se da la sociedad entre el hombre y la mujer con vistas a la
reproducción y también las relaciones amo-esclavo con vistas a garantizar la conservación y
realizar las tareas necesarias para la supervivencia. Estas formaciones suponen relaciones
jerárquicas naturales, ya que habría una superioridad natural del varón libre que lo hace capaz de
gobernar el ámbito doméstico (si bien es preciso distinguir el poder sobre la familia del poder
1
Para profundizar sobre las nociones éticas de Aristóteles que se vinculan con la política consultar del
autor Ética a Nicómaco, especialmente Libro I, cap 1 a 5; Libro II; Libro V, cap 1 a 6.
http://www.posgrado.unam.mx/filosofia/pdfs/Aristoteles__Etica-a-Nicomaco-Etica-Eudemia-
Gredos.pdf
sobre los esclavos, ya que se trata de vínculos diferentes). Para Aristóteles los pueblos que no han
alcanzado autonomía y cuyos miembros se encuentran en un nivel primitivo de desarrollo se
organizan bajo reinados porque no logran superar las lógicas de dominación jerárquica del ámbito
doméstico. De hecho, una de las principales críticas que dirige contra Platón es justamente haber
pensado la ciudad en términos de familia, en términos paternales. Este tipo de comunidad se
distingue no solo cuantitativa sino también cualitativamente de la comunidad política, de la polis.
En ella se establecen relaciones entre seres que se consideran entre sí libres e iguales y que
alternan sus roles de gobernantes y gobernados a lo largo de su vida. La libertad para los antiguos
no consiste en la ausencia de impedimentos para perseguir el deseo individual (esta es la
concepción moderna y liberal), sino que la libertad es el estatuto propio del ciudadano (reservado
a pocos miembros de una ciudad), que lo habilita a ser parte del gobierno, que le permite participar
de las decisiones sobre lo público, que comparte con otros ciudadanos la responsabilidad de llevar
los destinos de la comunidad. La polis, entonces, es el ámbito en el que el hombre realiza su razón,
su moralidad y su libertad. Uno de los criterios que Aristóteles sostiene para distinguir libres de
siervos y civilizados de bárbaros es la autonomía, la capacidad de gobernarse a sí mismo que es
propio del hombre libre y de la comunidad política bien ordenada.
Podríamos decir que mientras Platón enfrenta el conflicto propio de la vida en común
eliminándolo de su ciudad ideal, Aristóteles lo considera una condición que es necesario
mediatizar. Si bien tratará acerca del estado ideal en algunos libros de la Política, encontramos
que ese tratamiento considera de manera muy atenta las disparidades de deseos, intereses y
capacidades que se encuentran en toda ciudad y que todo orden está sujeto a los vaivenes propios
del dinamismo de la vida en comunidad. Por otra parte, sostiene que, a pesar de poder pensarse
un orden perfecto, la constitución apropiada para cada ciudad dependerá de sus condiciones
particulares y de los ciudadanos con los que cuente. A propósito, una observación interesante a
tener en cuenta es que la ciudad no es principalmente el territorio sino los ciudadanos, quienes
tienen potestad de gobernar y ser gobernados y constituyen un régimen político.
Respecto de la Política, como obra que reúne el pensamiento de Aristóteles sobre la vida en
comunidad, es preciso señalar algunas particularidades. Según los estudiosos, no se trata de una
obra escrita como una unidad para su divulgación. Por el contrario, es posible que hayan sido
apuntes que Aristóteles iba confeccionando para la enseñanza y reflejan distintos momentos de la
vida del autor, por lo cual no constituye una unidad armónica como otros textos aristotélicos. Al
respecto Jaeger indica que pueden distinguirse dos momentos que responden a intereses diversos:
1) Los libros II, III, VII y VII, que responden a un talante filosófico político, que pretende
delinear un estado ideal, donde es fuerte la impronta ética heredada de Platón. En ellos es
posible encontrar la idea conductora de una comunidad cuyo fin es producir la mejora
moral de los ciudadanos. Dentro de ellos, hay coincidencia en considerar al libro III como
el que contiene los principios fundamentales del pensamiento político de Aristóteles.
2) Los libros IV, V y VI (que algunos autores consideran el pensamiento maduro y más
sistematizado del autor) en el cual se pueden encontrar antecedentes de lo que hoy
llamaríamos ciencia política, se ocupan de analizar las formas de gobierno reales, con sus
fortalezas y debilidades, sus problemas de gobernabilidad y los conflictos que las
caracterizan
El libro I se entiende como una introducción, escrita con posterioridad al resto de la obra, si bien
todavía hay discusiones respecto a estos ordenamientos. Podemos afirmar que esta obra contiene
una parte prescriptiva, que trata acerca de cómo debería ser el mejor ordenamiento de las ciudades,
y una parte descriptiva que da cuenta de la diversidad de modos de organización política que se
conocían en época de Aristóteles.
Bibliografía
Aristóteles, Política, Estudio preliminar de Gabriel Livov, Prometeo/Universidad Nacional de
Quilmes, Bs. AS. 2015
Aristóteles, Ética Nicomaquea, Gredos, Madrid, 1985
Berti, Enrico, El pensamiento político de Aristóteles, Gredos, Madrid, 2012
Rossi, Miguel Angel, Lecciones sobre la Política de Aristóteles. Libros I, III y IV, Miño y Dávila
Editores, 2018
Rossi, Miguel Ángel y Amadeo, Javier: “Platón y Aristóteles: dos miradas sugestivas en torno a
la política”, en Boron, Atilio: Teoría y filosofía política, Clacso, 2002
Vallespín, Fernando (ed). Historia de la teoría política 1. Madrid: Alianza Editorial, 2010.
Vigo, Alejandro, Aristóteles. Una introducción, Instituto de Estudios de la Sociedad, Santiago de
Chile, 2007