ISAAC Y REBECA – DIOS PRESERVA LA SIMIENTE SANTA
(Génesis 24)
Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. 2 Y
dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que
tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios
de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo
habito; sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac. El criado le
respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra
de dónde saliste? Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá. Jehová, Dios de los
cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró,
diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá
mujer para mi hijo. Génesis 24:1-7
Este es uno de los pasajes más largos del Génesis, es un modelo del evangelio de la gracia de DIOS,
donde un Padre hace una elección soberana para tomar una esposa para su Hijo amado. Para la
liberación de la novia elegida era menester pagar un muy alto precio, una redención, donde somos
dejados a dejar atrás nuestra antigua manera de vivir y perseverar mientras somos transformados
en el conocimiento y vida nueva hasta que somos unidos con nuestro amado al celebrar una boda
en un país lejano.
En nuestros días es relevante que meditemos acerca de la obra de Cristo, del poder del Evangelio,
del fortalecimiento de las familias y la sumisión piadosa a su voluntad. Es en ese escenario donde la
soltería, el matrimonio, la crianza de hijos juegan un papel importante. Como padres hemos de orar
y trabajar en el discipulado de nuestros hijos, donde pasar a la siguiente generación el evangelio, el
orar y preparar la siguiente generación para que entablen vidas fundamentadas en las Escrituras ha
de ser una prioridad. Abraham comprendió esta responsabilidad y hoy aprenderemos de él.
UN PADRE BUSCANDO ESPOSA PARA SU HIJO: Uno de los aspectos que nos preocupan es el paso
del tiempo y el final de nuestros días, esto cobra un significado muy especial en el legado que hemos
de dejar y en la vida de nuestros hijos. Es un anhelo de nosotros como padres ver a nuestros hijos y
a sus hijos, sirviendo y viviendo para el Señor. Este era el anhelo que tenía Abraham, que la promesa
hecha por el Señor se sostuviera en la siguiente generación para lo cual era importante que su hijo
que para entonces tendría 40 años, se uniera en matrimonio para la Gloria de Dios. Abraham
comprendía las implicaciones de vivir en una relación Pactual con el Señor, él mismo había sido
llamado a vivir una vida separa de dejando atrás su antigua manera de vivir, su familia, tierra y
arraigo e ir en pos de la promesa echar por DIOS. Abraham era un tipo de Cristo, él sería llamado a
formar una nueva familia, donde su nombre sería recordado, le sería dada una tierra, una
descendencia numerosa como las estrellas y en él serían benditas todas las familias de la tierra.
Este mismo llamado lo tenemos nosotros al ser de la fe de Abraham, el de avanzar el reino de DIOS,
edificando familias que lleven el nombre bendito del Señor, por lo que el matrimonio ha de ser visto
de la manera adecuada. Abraham tenía una preocupación totalmente lógica, garantizar que su hijo,
quien había nacido de manera milagrosa preservara la simiente santa, sin embargo en el relato
leemos que enfrentaría dos peligros el buscar una esposa para su hijo:
Mezclarse con mujeres cananeas: y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra,
que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos. Génesis 24:3. Como descendiente
de Sem, no se emparentaría con mujeres de Canaán, más cuando la gente de este pueblo se había
vuelto idólatra y practicaban todo tipo de inmoralidades. El Señor nos recuerda el peligro de estas
uniones y lo que representan: Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas
mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;
gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán
a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A estas, pues, se
juntó Salomón con amor. 1 Reyes 11:1-2. Esto aplica en nuestras vidas, nuestros hijos han de ser
preservados como dice el Señor pues están en PACTO CON DIOS: No os unáis en yugo desigual con
los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz
con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? 2
Corintios 6:14-15.
Volverse a vivir a harán: El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta
tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de dónde saliste? 6 Y Abraham le dijo: Guárdate que no
vuelvas a mi hijo allá. Génesis 24:5-6. Abraham y la simiente que representaba habían sido llamadas
de Ur y luego de Harán, él debió dejar su antigua manera de vivir para establecerse en la tierra de
la promesa bajo la voluntad del DIOS VERDADERO. Hemos de cuidar nuestras vidas de mirar hacia
atrás y volvernos, esto no es del agrado de DIOS, los que fueron llamados y apartados por el Señor
hemos de poner nuestra mirada en Cristo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el
Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis
hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. 2 Corintios 6:17-18.
La convicción de Abraham era tan importante que llamo a su hombre de confianza para encargarle
la misión de conseguir la esposa a su hijo, pero debía jurar que lo cuidaría de esos dos peligros.
Además fue despedido llamándolo a confiar en la guía y dirección de DIOS para tan grande decisión:
Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me
habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú
traerás de allá mujer para mi hijo. Génesis 24:7. Este mismo celo por ser fieles a DIOS hemos de
tenerlo nosotros con nuestros hijos, así mismo esto ha de ser atendido por aquellos que son
llamados al matrimonio dentro del pueblo de DIOS.
UNA DECISIÓN GUÍADA POR EL SEÑOR: Tras haber jurado, el siervo de Abraham salió a realizar su
tarea confiando la decisión al SEÑOR. A pesar de su experiencia como hombre a cargo de todo un
campamento, quien conocía a las familias dentro de esta comunidad del Pacto, no podía confiar en
su propia prudencia sino que debía someterse a la dirección de DIOS. Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi
señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor
Abraham.
El siervo clamó por misericordia en favor de ABRAHAM, a través de esta unión vendría la simiente
santa por la que serían benditas todas las familias de la tierra. Que gran responsabilidad, esto mismo
nos es confiado como padres, pastores y miembros de una comunidad del Pacto, el cuidado de los
hijos de la promesa. Para ello el siervo elevaría una súplica pidiendo una señal, que pudiera ver a
través de las acciones justas y misericordiosas el corazón de la escogida por el SEÑOR. Al menos
vemos tres características que debía tener esta mujer:
Debía ser una mujer dispuesta a ayudar y servir pues sería la ayuda idónea de su Señor.
Debía ser hospitalaria, algo que es un distintivo en el pueblo de DIOS.
Debía ser una mujer que se hubiese guardado para un solo hombre.
Hemos de imitar al siervo de Abraham en todas nuestras decisiones para que el Espíritu Santo nos
guíe por medio de las Escrituras a tomar decisiones que le glorifiquen, atendiendo la sabiduría divina
y no la nuestra. Aquí no fueron señales extrañas, fueron más bien manifestaciones de un carácter
que marcara la diferencia.
El Señor respondió la oración de su siervo, una oración que no era egoísta sino que buscaba
sujetarse a la voluntad divina, de allí la diferencia en los resultados. En ese lugar y a esa hora estarían
muchas mujeres, sus vestidos, sus modales, sus maneras, hablarían de sus convicciones, además su
belleza como añadidura era especial. Eliezer se fijaría en una doncella en especial y tomaría la
iniciativa en la conversación. Pidió agua para sí, a lo que la mujer accedió, no solo sirviéndole a él
sino a sus diez camellos, los cuales tomarían mucha agua. Esta mujer mostraría ser además muy
trabajadora. Ante la respuesta del Señor el siervo guardó silencio y la observó para actuar de la
manera correcta. Qué bueno es observar antes de dar un siguiente paso.
El siervo le daría un pendiente y dos brazaletes de oro muy pesados en gratitud. La mujer
manifestaría su hospitalidad ofreciendo en casa de su padre alimento y hospedaje para la caravana,
mostrando que no escatimaba en ayudar a los demás. Esta es una buena señal, que agradable es
contar con personas que ofrecen su servicio a otros, que no escatiman en ayudar.
El siervo ahora conocería la familia de la sierva la cual cumplía con ser parientes de Abraham, Rebeca
era su sobrina, el SEÑOR HABÍA PROSPERADO SU CAMINO, POR LO CUAL ORO EN
AGRADECIMIENTO. Era momento de hablar con Betuel y Labán narrando como el Señor había
prosperado a su amo Abraham, les contó los hechos y portentos a su favor, las riquezas que le había
conferido, el hijo que había nacido de manera milagrosa, como habían sido apartados por y para el
Señor. Ahora él había sido llevado para continuar con la línea de la promesa y es allí donde su hija
entraba en juego. Tras todo este relato, los hombres de la casa se rendirían a la voluntad de DIOS:
Ahora, pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no,
declarádmelo; y me iré a la diestra o a la siniestra. Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron:
De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. He ahí Rebeca delante de ti; tómala
y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová. Génesis 24:49-51.
Tal y como era costumbre en oriente se daba un precio, se pagaba una dote por la liberación de la
novia elegida: Y sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también
dio cosas preciosas a su hermano y a su madre. Génesis 24:53. Pagado el precio de la liberación se
celebró un banquete, una celebración.
UNA NOVIA SUMISA A DIOS: El siervo tenía la intención de regresar al otro día, sin embargo su
familia quería que ella se quedara al menos diez días más. El Señor actuaría en el corazón de ellos
quienes decidieron preguntarle a REBECA. Era el momento de demostrar sumisión al llamado que
el DIOS SANTO le hacía de dejar atrás su familia, su arraigo, su tierra, su antigua manera de vivir e ir
en pos del encuentro de un amado a quien sin haberlo conocido era inclinada a unirse, viajando a
una tierra de promesa. Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió:
Sí, iré. Génesis 24:58.
Así como Rebeca, nosotros somos llamados a aceptar vivir y participar gozosamente en el Pueblo
de la Promesa, unidos a la simiente santa de Abraham. Rebeca se estaba sometiendo por fe al Señor
y confiaba su vida a él, esto es a lo que somos llamados, a dejar atrás el pecado y nuestra vida de
tinieblas para ir hacia nuestro Señor y Salvador, el Novio dado por el Padre. Su decisión comenzaría
con una gran bendición, aquellos quienes la amaban la verían partir pero clamarían para que fuera
bendecida. Nosotros somos benditos en Cristo al dejar atrás esa antigua vida: Y bendijeron a Rebeca,
y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes la puerta
de sus enemigos. Génesis 24:60.
EL ENCUENTRO CON EL HIJO AMADO: Todo creyente tras su conversión deberá transitar un largo
viaje, un camino con peligros y dificultades, pero que garantiza por la gracia del SEÑOR el encuentro
eterno con el HIJO AMADO EN QUIEN DIOS EL PADRE TIENE COMPLACENCIA. Rebeca iniciaría este
mismo viaje, ella dejaría atrás su pasado y caminaría poniendo la mirada en una promesa, el
encuentro con quien sería su esposo a quien ella no había visto jamás.
Es muy probable que durante el viaje, el mayordomo de Abraham le contara con lujo de detalles la
vida del Patriarca, como había sido sacado de esa misma tierra de donde ella estaba siendo llevada,
guiada por el Señor a disfrutar en una tierra que no conocía, pero que contaba con el favor de DIOS.
Cada noche sería una oportunidad para contar las maravillas y hazañas del Señor en favor de su amo
y cada estrella le hablaría de la simiente prometida. Que maravilloso debió haber sido el contarle
de cómo el Señor había pedido a su prometido para un sacrificio y regreso vivo porque Dios proveyó
un sustituto. Todo esto alimentaría el amor, las ganas de conocer a Aquel cuyo nacimiento fue
milagroso y del cual había grandes promesas. Ella ahora estaba bajo la promesa, madre de una
descendencia santa, de sus lomos también vendría el Mesías, sería hija adoptiva del Padre Abraham
y coheredera de las promesas con ISAAC el tipo de Cristo, donde REBECA es tipo de la IGLESIA.
Esto ha de ser enseñado una y otra vez al pueblo de DIOS, nosotros hemos sido apartados por el
Señor, somos un real sacerdocio, una nación santa, un pueblo escogido. Nuestros hijos, quienes se
han de casar con ellos, sus hijos, han de estar en nuestras oraciones, este es el Pueblo del Pacto. El
Señor nos recuerda la gran bendición de tener una familia en CRISTO, por lo que hemos de tener en
alta estima su legado, enseñando el gran mensaje del evangelio.
Al fin llegaría el encuentro tras un largo viaje, ella lo vería a lo lejos y él correría a su encuentro. Ella
se cubriría su rostro, no era digna ante su Señor, bajaría y estaría frente a él en actitud de respeto y
sumisión. Ambos se recibirían mutuamente, Isaac sería consolado por la muerte de su mamá y ella
ocuparía su lugar. Este fue un matrimonio monógamo donde fueron unidos para la gloria de DIOS.
CONCLUSIÓN: Dada la obra de redención del Señor en favor nuestro, hemos de desear someternos
a su voluntad en todas las áreas de nuestra vida, procurando ser diligentes en enseñar a nuestros
hijos el Evangelio y sus implicaciones, el que deben batallar contra los deseos egoístas que subyacen
en ellos y en nosotros, que nos alentemos en nuestra peregrinación orando los unos por los otros y
conozcamos cuál es la voluntad del Señor a través de su palabra en las decisiones que tomamos,
para lo cual hemos de movernos con toda humildad y paciencia mientras llega el encuentro con
nuestro Señor.