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Simeón: Fe y Esperanza en Lucas 2

El documento reflexiona sobre la figura de Simeón en el Evangelio de Lucas, quien, a pesar de ser un hombre común, recibió el privilegio de ver y sostener al Salvador, simbolizando la esperanza y la redención para Israel y las naciones. Se contrasta su carácter justo y piadoso con el tirano Herodes, destacando la importancia de vivir con un propósito que glorifique a Dios. La conclusión invita a los lectores a evaluar sus propios anhelos y a vivir por y para Cristo, reconociendo la gracia y el perdón que se encuentran en Él.

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Simeón: Fe y Esperanza en Lucas 2

El documento reflexiona sobre la figura de Simeón en el Evangelio de Lucas, quien, a pesar de ser un hombre común, recibió el privilegio de ver y sostener al Salvador, simbolizando la esperanza y la redención para Israel y las naciones. Se contrasta su carácter justo y piadoso con el tirano Herodes, destacando la importancia de vivir con un propósito que glorifique a Dios. La conclusión invita a los lectores a evaluar sus propios anhelos y a vivir por y para Cristo, reconociendo la gracia y el perdón que se encuentran en Él.

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ANHELANDO AL REY

(Lucas 2:29-32)

[Introducción a la Escritura] Lucas como médico e historiador estuvo en contacto con la realidad de
las personas que le rodeaban, captando la miseria de los pobladores, el mal trato, los abusos de
gobiernos tiránicos, los conflictos religiosos, las persecuciones y destierros, etc. En medio de esto
escribe centrándose en la Gracia y Misericordia del Señor sobre las personas sencillas, humildes y
trabajadoras, a quienes se les daría de primera mano el mensaje de las Buenas Noticias, el tiempo
de la consolación de Israel y la luz de esperanza para todos los pueblos de la tierra.

El Cántico de Simeón conocido como el Nunc Dimittis hace parte de los salmos de la navidad en el
Evangelio de Lucas, siendo la expresión profunda y conmovedora de la fe de un hombre del que
conocemos muy poco pero que expresó un cántico de alabanza por experimentar la Salvación de Su
Señor, que sería la Gloria de Israel y la Luz a las naciones. Su mayor anhelo fue dado por gracia,
Simeón gozó de sostener en sus brazos a Su Salvador, mirarlo y adorar al Señor.

[Lectura del texto] Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han
visto mis ojos tu salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para
revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel. Lucas 2:29-32. [Oración por sabiduría]

[Introducción] Estamos concluyendo el año, ya pasó la celebración de la navidad y muy propio de


nuestra cultura es celebrar la fiesta del año nuevo. Este tiempo da lugar a que las personas evalúen
como les ha ido en sus vidas, cuales planes y proyectos desean realizar el año que viene. Todos
anhelamos hacer de nuestras vidas actos que tengan significado, que pesen y perduren, pero esto
depende básicamente de por quién y para que hacemos lo que realizamos.

En tiempos de Simeón gobernaba como rey Herodes, conocido por sus proyectos constructivos
colosales, entre los que están la expansión del Segundo Templo de Jerusalén (el Templo de
Herodes), la construcción del puerto de Cesarea Marítima y las fortalezas de Masada y Herodión.
Este hombre decidió la ampliación del Templo con propósitos políticos, ganarse el favor del pueblo
sobre el cuál había sido puesto como gobernante pues él era un Idumeo. Su lema para la
construcción fue: "tener una capital digna de su dignidad y grandeza".

El templo no se completaría hasta pasados 20 años después de su muerte y posteriormente en el


año 70 D.C sería destruido. Sin embargo Herodes es más recordado por su rechazo al Cristo,
ordenando la masacre de los niños en Judá. Todo lo que hizo lo inmortalizó como un gran
constructor pero también como un tirano. A diferencia de este hombre, el Señor le daría a un
hombre del común, un laico cuyo carácter demuestra que su vida fue edificada por el Señor, el
privilegio de sostener en su mano al creador y redentor del mundo.

UN BUEN SIERVO: [Ilustración] Las personas en nuestro tiempo medimos el éxito de las personas
por razones equivocadas. John Davison Rockefeller fue un magnate empresarial estadounidense.
Formó parte del grupo de empresarios conocido como «barones ladrones» de la Edad Dorada de la
industria en los Estados Unidos. El término de barones ladrones se les dio por utilizar métodos faltos
de escrúpulos para enriquecerse. Muchos hoy día dirán que el fin justifica los medios, sin embargo
este hombre valoraba algo que él no tenía y lo expreso en una cita: Pagaré más por la habilidad
para tratar a la gente, que por cualquier otro producto bajo el sol.
Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba
la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu
Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al
templo. Lucas 2:25-27

Simeón era un laico, no pertenecía al sacerdocio de Israel, pero el pasaje lo describe como alguien
sobre el cual estaba el Espíritu Santo, alguien a quien el Señor guiaría a la misma presencia del niño
recién nacido y profetizaría sobre su misión, hablando de Él como el Salvador, la Gloria de Israel y
Luz de los gentiles, es decir, de las naciones del mundo.

Si bien no sabemos qué oficios realizaba, si era casado o no, tampoco sabemos si tenía, es descrito
como: Un hombre justo y piadoso. Es probable que al ser descrito como justo, este refiriéndose a la
manera en que trataba a las personas, así mismo se dice que era piadoso, un hombre cuya vida
estaba consagrada al Señor.

Este era una pequeña luz en medio de una sociedad en penumbras. Herodes era un tirano, los
sacerdotes habían hecho del templo una cueva de ladrones, había un relajamiento espiritual e
incredulidad así como el legalismo de aquellos que imponían normas sobre normas siendo un
obstáculo para la fe. Simeón era un hombre de fe que esperaba ver al Ungido de Dios.

Fue sobre este hombre insignificante a los demás que se le dio un privilegio enorme, una bendición
que todos los profetas y reyes de Israel habrían querido tener, y no la tuvieron: ver al Cristo de Dios
cara a cara, es más lo sostuvo en sus manos. Dios honro el carácter justo y piadoso de este siervo,
un hombre que vivió para honrar al Señor con su vida.

Aplicación: Por quien y para quien haces lo que haces va a determinar la manera en que vives. Si
comprendes quien te llamó y a que te llamó tratarás a tu prójimo de una manera justa porque buscas
darle Gloria a Dios y no andas buscando tus propios intereses egoístas. Solamente podemos darle
Gloria a DIOS en las actividades que desarrollamos por más insignificantes que parezcan, el trato a
las personas es una muestra de nuestra relación con el Señor. Y como queréis que hagan los hombres
con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito
tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen
bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Lucas 6:31-33.

UNA BENDICIÓN SIN IGUAL: ¿Cuál es el anhelo por el cual trazas las decisiones de tu vida?
Recordemos que nuestra voluntad sigue los deseos más fuertes. Simeón tuvo un anhelo durante su
vida el cual fue reflejado en la manera en que vivió: esperaba la consolación de Israel. Su anhelo era
ver al Redentor de Israel. Su vida no fue desperdiciada según lo que muchos habrían pensado, él
mantuvo la confianza en la promesa, más aún el Señor lo hizo el recipiente especial para ser su
portavoz, un profeta que anunciaba al Ungido de DIOS.

Simeón conocía el anunció profético del Antiguo Testamento, él estaba esperando el cumplimiento
del tiempo del Señor en que serían visitados y disfrutarían del perdón y la redención de DIOS: Yo
sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos. Yo seré a Israel como
rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será
su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano. Volverán y se sentarán bajo su sombra;
serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid; su olor será como de vino del Líbano. Oseas
14:4-7.
Guiado por el Espíritu Santo fue al templo y vio a José, a María y al niño Jesús. Su mayor anhelo fue
cumplido, el Señor por pura Gracia le concedió los deseos de su corazón. Simeón tomo al niño en
sus manos, sus ojos veían la consolación de Israel, un pecador tan cerca del Santo de Dios, Simeón
sostenía a Aquel que sostiene al mundo, asombro y gozo, nada más grandioso en la vida de un
hombre, el anhelo de los primeros padres Adán y Eva, el hijo de la promesa, la bendición de las
naciones prometida a Abraham. De la abundancia de su corazón Simeón habló:

Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu
salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles,
Y gloria de tu pueblo Israel.

Simeón estaba listo para morir. No solo vivió por fe, murió en fe. Su vida estaba en manos de Su
Señor, no dejo de verse como un siervo que disfrutaba de la paz de Dios, de la reconciliación eterna.
Como dice el Salmo 146: Alaba, oh alma mía, a Jehová. Alabaré a Jehová en mi vida; Cantaré salmos
a mi Dios mientras viva. ¿Simeón sostenía al Señor? En verdad era Simeón quien era sostenido por
Él. Que hermosa imagen nos narra la vida, un pecador salvo por la gracia del Señor, ahora puede
partir en paz, la ira de Dios no está sobre él. Como dijo Oseas: Yo sanaré su rebelión, los amaré de
pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos.

Simeón no piensa solo en él y la salvación que ha recibido, sino que piensa en su propio pueblo
oprimido y en todas las naciones de la tierra, el remedio a su fatídica condición, el Salvador. La
respuesta a un mundo en tinieblas es la luz de Cristo, Él es la Gloria que se manifestó a Israel.

Simeón sabía que la respuesta a su vida no era la confianza en lo que los hombres ofrecían: No
confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento, y
vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos. Salmo 146:3-4. Él sabía a quién podía
confiar su propia vida: Jehová liberta a los cautivos; Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta
a los caídos; Jehová ama a los justos. Jehová guarda a los extranjeros; Al huérfano y a la viuda
sostiene. Salmo 146:8-9.

Aplicación: Si supieras que hoy es tu último día en la vida, ¿qué harías? Recuerda que nuestra
voluntad sigue el anhelo más fuerte. La muerte no es el descanso al sufrimiento de los hombres, es
el paso a la presencia del Todopoderoso, quien recibe a Aquellos que están unidos a Cristo por fe y
que juzga con justicia a los que se le oponen. ¿Experimentas hoy su gozo y su perdón? Si es así tu
boca se llenará de adoración como le ocurrió a Simeón.

CONCLUSIÓN: La manera en que vives determina lo que realmente crees. El anhelo más fuerte es
el que ha de seguir tu voluntad, ¿es tu Anhelo vivir por y para Cristo? Si el Señor es tu mayor deseo
y dedicas tu vida por insignificante que te parezca para darle gloria trayendo el bien al prójimo y
gozándote en la presencia del Señor durante tu vida, estás preparado para morir porque has
conocido a tu Salvador. En caso de que no lo conozcas, confiesa tu pecado, arrepiéntete y deposita
tu confianza en la vida y la obra de Jesucristo quien vivió, murió y resucitó para dar perdón a Su
pueblo. Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos.

Mientras tanto la Iglesia del Señor ha de manifestar su anhelo al Rey viviendo por fe de manera justa
y piadosa, confiando con esperanza en su retorno: El que da testimonio de estas cosas dice:
Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea
con todos vosotros. Amén. Apocalipsis 22:20-21

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