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Autobiografía de Osvaldo Baigorria

Fragmento inicial y final

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Osvaldo Baigorria

SEGÚN
AUTOBIBLIOGRAFÍA
UNA
OSVALDO BAIGORRIA

Nació en Buenos Aires en 1948. Es escritor, periodista y


docente. Entre 1974 y 1993 vivió en Perú, Costa Rica,
México, Estados Unidos, España, Italia y Canadá.
Recibió becas para desarrollar proyectos de
investigación sobre narrativas aborígenes, minorías y
medios de comunicación. Colaboró en diversos medios,
entre ellos Crisis, Cerdos & Peces, El Porteño, Mutantia,
Página/12, Revista Ñ y Perfil. Fue también titular de
cátedra en la carrera de Comunicación de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Entre sus libros están Llévatela, amigo, por el bien de
los tres (1989; Caja Negra, 2015), En Pampa y la vía
(1998), Correrías de un infiel (2005, 2020), Un barroco
de trinchera. Cartas a Baigorria de Néstor Perlongher
(2006, 2022), Sobre Sánchez (2012), Cerdos & Porteños
(2014), Poesía estatal (2017), Indiada (2018), Postales
de la contracultura (Caja Negra, 2018), Estrés de pez
(2019), Didáctica de la orgía (2020), El ladrido del tigre
(2021) y Pide tres deseos y tendrás un título (2021).
SEGÚN
Baigorria, Osvaldo
Según
la ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Caja Negra, 2023
152 p.; 20 x 14 cm. - (Numancia)

ISBN 978-987-8272-07-8

1. Libros. 2. Memoria Autobiográfica. I. I ítulo.


CDD 808.8035

© Osvaldo Baigorria, 2023


© Caja Negra, 2023

Caja Negra Editora


Buenos Aires / Argentina
info@[Link]
[Link]

Dirección editorial: Diego Esteras / Ezequiel A. Fanego


Producción: Malena Rey
Coordinación: Sofía Stel
Diseño de tapa: Consuelo Parga
Maquetación: Cecilia Espósito
Corrección: Elisa Palacio
Osvaldo Baigorria

SEGÚN

NUMANCM
A LA CAZA DE CITAS

Ser sólo un lector a veces no es suficiente. No lo fue para alguien que, habiendo pasado
gran parte de su vida entre libros y deseando escribir, esperó a que le llegara la hora. Que
pareció haberle llegado después de mudarse a una vivienda donde estaría completamente
a solas, con muchísimo tiempo por delante y en compañía de una notable selección de
los libros que había leído o al menos, adquirido. Hacía años que no los tenía
concentrados en un solo hogar. Por lo menos, desde que se había ido de casa de sus
padres, donde había dejado unos cuantos en la habitación de arriba; luego hubo otros que
fue acumulando en un par de departamentos alquilados, varios perdidos a manos de la
policía en tiempos represivos durante un allanamiento en el que por suerte no estaba en
casa y aquellos que quedaron atrás cuando partió hacia el exilio; algunos que tuvo por un
tiempo y abandonó en distintas ciudades del continente americano; muchos que
quedaron en una cabaña nórdica tras una dolorosa separación, otros que viajaron por
barco y avión en su primer regreso al Sur y otros que volvieron a viajar en dirección al
Este en un segundo exilio a Europa luego del cual habría
más libros que cruzaron el océano de vuelta hacia el Oeste cuan», o cidió
reinstalarse en su tierra natal; también aquellos que se repatrie entre la casa que
adquirió con su nueva pareja y un estud > < finalmente la totalidad que pudo reunir
en ese departamento en e que recaló después de vender la vivienda que compartió
con su pareja u rante más de dos décadas, esa que se fue de esta vida al mismo
tiempo en que a ambos les llegaba la jubilación.
La jubilación, esa hora del retiro, que es también la hora de un supuesto júbilo,
coincidió con una flamante y penosa cond c i viudez. Se encontró con un duelo por delante
y una soledad que sintió que era como un llamado a escribir. No es que no hubiera escrito
nada antes, pero sus textos habían sido circunscriptos a la modalidad, el lenguaje y los
protocolos de la academia en la que estuvo enseñando durante los últimos años de su
existencia laboral: escritos prácticamente por obligación, para mantenerse al día con sus
colegas más prolífi- cos, aumentar su currículum y fundamentar los subsidios y honorarios
8 extra que complementaban su salario. No encontraba placer alguno en esa escritura, por
lo cual en ese campo su estilo, si se lo puede llamar así, era más bien árido y reiterativo.
Con la jubilación obtuvo por primera vez el tiempo llamado “libre” y decidió emprender
algún provecto más serio o al menos placentero. Imaginó que ese proyecto podía ubicarse
en aquella esfera que por convención se llama literatura, distinguible de toda otra escritura
como la de manuales técnicos, documentos legales, notas periodísticas, investigaciones,
tesis y monografías. Y con todo el espacio mental que le dejaba haberse librado de la
obligación de ganarse la vida, puso manos a la obra.
Es un decir. Mejor sería indicar que puso todos sus esfuerzos intelectuales,
fantasías, sueños y pensamientos a la obra, pero no sus manos, al menos no al
principio. Pensó que escribir de manera regular, día a día, organizaría su vida para
ayudarlo a superar el duelo y evitar la melancolía. Pero tropezó con todas las
dificultades conocidas, desde la famosa página en blanco del cuaderno de notas hasta
el cursor titilante en la pantalla vacía de la computadora, atravesando noches
de insomnio y días de tedio, sin ningún resultado visible. Los temas y eventos que podían
ocurrírsele no llegaban a cuajar en ningún texto: no lograba arrancar. Ni siquiera se había
decidido por el género. Cuando era adolescente había leído a poetas estimulantes pero quizá
no en el mejor sentido (Rimbaud o Bretón parecían más bien una incitación a dejarlo todo y
partir por los caminos, y supuso que “todo” debía incluir a la pretensión de escribir poesía);
igual había escrito un puñado de poemas que no se sostenían del todo en el papel. De cual-
quier manera, ¿qué? ¿A la vejez, viruela? Ya no se sentía con la edad ni con la memoria
suficiente para ponerse a escribir un librito de poemas. Creía que una de las cualidades más
importantes de una o un poeta es la memoria -de esta tenía poca y no mejoraba con los
años- y que se necesita esa cualidad para disponer de un buen vocabulario en el momento
en que llegara la inspiración. También aspiraba a encontrar a la poesía dispersa, diluida en
prosas, pero cuanto más la buscaba, menos la encontraba; esa cosa “alada, liviana y
sagrada” que habría en el poema, al final se le escapaba. 9
Ante la ficción se sentía aún peor. Temía no tener la suficiente imaginación para urdir
un cuento o una novela o, si la tenía, no era capaz de poner a trabajar lo que imaginaba en
un relato (el teatro estaba hiera de juego, le parecía demasiado técnico, con su construcción
de escenas y diálogos entre personajes). Por otra parte, estimaba que su vida había sido
demasiado monótona como para ponerse a contar algo a partir de su propia experiencia. Si
bien tuvo sus aventuras, viajes y amores, al lado de gente que estuvo presa en Guantánamo,
o que caminó por toda Europa para huir de la guerra en Medio Oriente o que había cruzado
el Mediterráneo desde África en una balsa ilegal, por ejemplo, sus peripecias personales le
resultaban poco interesantes; consideraba que narrarlas era un acto de vanidad. Investigar y
escribir sobre vidas ajenas tampoco lo estimulaba, le parecía un trabajo indiscreto, entro-
metido y cercano al periodismo, oficio que le resultaba agotador quizá por haberlo
practicado en exceso. Al análisis o comentario de otras obras también lo desechaba, porque
se acercaba al tipo de escritura en
• ante el ensayo sentía lenguaje
R Y

académico que ahora prefería evita . aparente libertad algo así como mareos, porque a pesar
o a causa <- consideraba que que ofrecía, el género estaba colmado de opimone y (CXto
¡ráptelas ideas propias que se le ocurriesen no merecían eg c s) habían

so, dado que por lo general provenían de otras pers


tenido algo relevante que decir en sus libros. ¡nsegu-
Seguramente se subestimaba. Debía tener un pro e
ridad, de falta de carácter. En realidad, a lo largo de as .
había vivido y leído, aunque no todo lo que hubiese ese tiempo no corría a su favor para
ponerse al día ni con lo antiguo lo nuevo. Además, había leído más bien con un método
fragmentario y caótico, por afinidades transitorias, muchas veces sin terminar a gún libro
que al principio le había interesado o pasando las hojas a cierta velocidad para llegar rápido
al final. Quería escribir, pero, en resumen, le parecía que ya todo había sido escrito. Y muy
bien escrito. Para qué añadir un libro más al mundo.
10 Alguien diría que sufría de bloqueo o parálisis por el peso de los libros leídos hasta el
momento y que debía liberarse de esa carga. Pero fue al revés. Ese peso se le reveló física y
espiritualmente durante su última mudanza, cuando por razones de economía decidió
vender la casa que había habitado con su difunta pareja y reducirse a un departamento más
pequeño. Si bien lo más pesado estuvo a cargo de los trabajadores de la empresa mudadora,
en algún momento había que sacar los libros de sus cajas y acomodarlos de nuevo en los
estantes de la biblioteca, subiendo y bajando escalones de una pequeña escalera que portaba
al efecto. Tenía la costumbre de ordenarlos por secciones: narrativa argentina,
latinoamericana, norteamericana, resto del mundo (por no llamarla “universal”), poesía,
crítica, ensayo, pensamiento filosófico, biografías, arte, historia e inclasificables, y en cada
una, los volúmenes por orden alfabético de autor/a. Al ponerlos en los estantes de la nueva
casa, decidió ordenar ya no por temas o países sino solamente por orden alfabético, pero se
distrajo con ciertas -muchas- marcas en forma de orejas en las esquinas de algunas páginas
y subrayados que
había hecho años atrás. Y le dio curiosidad por releer lo que indicaban esas marcas.
Como huellas del tiempo que pasó, las “citas de autoridad” o simplemente las
frases que captaron su atención en distintos momentos de la vida habían quedado al
alcance de su mano o mejor, de su ojo. Los subrayados eran verticales u horizontales
(estos últimos para resaltar algunas palabras dentro de una oración) y constaban de
dos tipos de líneas: las líneas rectas al margen, a veces acompañadas de algún signo
de admiración, y las líneas onduladas, que sugerían duda, ambivalencia o desacuerdo
con el enunciado. Podían encontrarse a derecha o izquierda, dependiendo de si la
página era par o impar. Cada tanto, alguna frase quedaba enmarcada por cuatro líneas
unidas, a derecha e izquierda, en la parte superior y en la inferior, como en recuadro
destacado.
Por supuesto que en su biblioteca tenía libros que nunca había leído y otros que sí
pero no subrayó, por razones que ignoraba, quizá por desinterés o pereza. Si
descontamos las marcas que hacía en los textos 11 de su época de estudiante, los
subrayados no eran muchos, ya que en su vida adulta se consideraba a salvo del hábito
de esa gente con libros tan marcados e intervenidos que cuando uno los hojea
despiertan el deseo de leer las partes no subrayadas a ver si ahí se encuentra lo que
realmente importa. Ante sus propias marcas, se sorprendió de lo heterogéneo de sus
intereses en distintas etapas. Se le ocurrió transcribir esas frases y párrafos como si de
esa manera pudiera retener, memo- rizar lo leído y que -salvo escasas excepciones-
había olvidado por completo. La pérdida de la memoria era una de sus angustias -
tantas lecturas, tantos olvidos— y, además, se sentía tan lejos de aquel lector con
mayúsculas al que habría aludido Borges cuando dijo “ante todo me considero un
lector” que solo podía aspirar a convertirse en una caricatura del que aparece en las
novelas que no terminan de ser novelas de David Markson, ese escritor que armó su
narrativa mediante fragmentos de biografías y obras de otros; fue precisamente una
frase de Markson en La soledad, del lector la que motivó, a quien llamaré
Lectorx, a iniciar su trabajo bajo el working title “Tengo un relato, pero tendrás que
esforzarte por encontrarlo”.
Ahora bien: “trabajo” y “esfuerzo” son palabras mayores. ¿Por qué habría que
fatigarse en encontrar un relato? Mejor dejar que los fragmentos hablaran por sí solos y se
acomodaran sobre la marcha, como dice el refrán campestre sobre los melones y el carro.
Ahí surgiría un sentido. Para conseguir ese efecto, Lectorx prefirió la apropiación a la
invención, y el azar a la planificación. En caso de que alguien lo acusara de tergiversar
palabras ajenas, tomó nota obsesivamente del título, editorial, año de publicación, lugar y
número de página donde había encontrado cada frase; todo eso podría luego incluirse junto
a la cita, como Walter Benjamín con su Libro de los pasajes, o dejarse para el final, o no
incluirse en absoluto. Una duda lo acompañó desde el principio: en el entusiasmo de la
revelación, había pasado por alto el título y número de página del libro del cual extrajo una
de sus primeras citas, la de César Aira; supuso que en algún momento podía 12 encontrarla
de nuevo y siguió adelante. También apuntó el nombre de los o las traductoras de citas en
otros idiomas; allí donde hubiere una edición bilingüe, se preocupó por cotejar ambos
textos cuando se trataba de una lengua que conocía, como el inglés; si la versión en
castellano no lo convencía, traduciría o dejaría la cita en su idioma original. Era consciente
de que copiar sin más los subrayados de todos los libros que poseía hubiese sido una tarea
titánica e inútil, un trabajo de presidiarios o internos de un asilo de alienados. En algún
momento dudó de si estaría perdiendo el juicio; quizá ya se había vuelto loco y, como no
hablaba de su proyecto con nadie, no podía darse cuenta. Pero no encontraba nada mejor
que hacer, y eso le pareció razón suficiente. De todas maneras, consideró que lo más
sensato era ponerse a sí mismo un límite.
Así llegó a una auto restricción fundamental: extraer sólo una frase o a lo
sumo un párrafo de cada libro, y un solo libro por autor/a. Ya partir de allí tomó
velocidad. Al comienzo no se animaba a intervenir las citas encontradas. La
paráfrasis le abría demasiadas posibilidades,
no sabía cuánto modificar en cada oración, si era suficiente con
cambiar un signo de puntuación o si podía cambiar por completo la sin-
taxis, de acuerdo con lo que le pareciera mejor para retener la idea,
sea lo que esta fuese. Ante cada subrayado siempre habría algo para
modificar, desde un punto o una coma para alterar el ritmo hasta el
recorte en aras de la síntesis, sin excluir la tentación de dar vuelta una
frase del derecho y del revés. Al límite autoimpuesto de tomar una sola
frase por cada autor/a lo percibió como un intento de igualitarismo
radical, y quizá injusto, pero fundamentado en criterios de eficacia.
La elección de esa sola frase no le resultó tan difícil como se puede creer: se dejó
llevar por ese azar o condicionamiento que hace que, al abrir un viejo libro, los
pulgares tiendan a deslizarse naturalmente sobre las páginas ya abiertas en otras
ocasiones y vuelvan a abrir mecánicamente las mismas; los libros suelen abrirse por
presión de los pulgares. Y un libro abierto más de una vez en cierta página indicaba que
allí residía algún interés. Si a eso se agregaba la guía de las orejas en las esquinas
superiores de las hojas, a izquierda y derecha (no tenía 13
costumbre de hacerlas en los ángulos inferiores), el método de revisión se facilitaba
aún más. Sería siempre una frase por autor o autora: no la mejor, no la más completa
o representativa de tal o cual libro, sino aquella que por una serie de indicios (oreja en
la esquina, sencilla apertura de las hojas por reiteración, subrayado) merecería ser
transcripta, registrada, memorizada.
Un ataque de obsesión le susurró un día que su registro carecería de apellidos que
consideraba esenciales, sea porque no había revisado o leído todos los libros que
poseía, sea porque eran auténticos fallantes en su biblioteca. De modo que al principio
se exigió releer todo lo que tenía a su alcance e incluso adquirir nuevos títulos. La
ilusión de ex- haustividad, si bien estaba derrotada de antemano, le incitó a redoblar
sus esfuerzos, que pronto se revelarían vanos y rayanos en la estupidez. Dado que
organizó su trabajo por orden alfabético, algunas letras tendrían más nombres propios
que otras, quizá por algún defecto del alfabeto latino, que no parecía distribuir en
forma pareja la letra inicial
de los apellidos, o tal vez por alguna inclinación inconsciente hacia ciertas
iniciales. Por ejemplo, en la C, en la P o en la S tema muchos más apellidos que en
otras letras y en la I o la Q tenia muy pocos. En la X sólo había uno. ¿Debería
buscar por internet algún otro apellido chino o griego? Estuvo a punto de hacerlo,
de perder el tiempo buscando “autores de relleno’ para que ocuparan espacio en
letras con pocas entradas, pero esto le pareció, si no ridículo, una especie de trampa
o auto traición a lo que había planeado. Se contentó, finalmente, con ceñirse al
procedimiento original, que consistía en tomar nota de las citas ya subrayadas en
sus propios libros ordenados alfabéticamente en los estantes, sea cual fuese el
resultado. Si quedaban letras con espacios vacíos o semi desiertos y otras
sobrepobladas, no sería culpa suya.
Lentamente su inseguridad cedió al encanto de intervenir la frase ajena. Incluso
se atrevió a comentarla, en algunos casos; a opinar, a contar alguna anécdota relacionada al
libro donde la había hallado. Pero solo unas pocas ocasiones. Y siempre antepuso la
preposi- 14 ción “según” a cada paráfrasis o cita textual. Este “según”, originario del latín
secundum, que se utiliza en el sentido de “en conformidad con”, “desde el punto de vista
de” o “de acuerdo a", no significaba que Lectorx acordara con todos y cada uno de los
enunciados, muchos de las cuales serían rescatados sólo por el atractivo de su sonoridad. Al
contrario: por mera relación de contigüidad, en el libro se verían obligados a coexistir
pensamientos, epigramas, aforismos, fragmentos de narraciones, de ensayos y de poemas
que, por cercanía alfabética de los apellidos, a veces dialogarían entre sí y en otras entrarían
en flagrante conflicto. Así se armaría un relato que, en cierto sentida; tendría un principio,
un medio y un final pero que podía permitirse la absoluta dispersión temática y genérica
porque no pretendía [Link] ni negar nada en particular, excepto registrar un recorrido de
lecturas a lo largo de l is décadas. Podría haber continuado ad infinitum, a medida qtlC
llegaban nuevos libros a manos de Lectorx.
Pero la vida es corta.
Según Martín Adán, el mundo está demasiado feo y no hay manera de 1
embellecerlo. 5

Según Adorno, las mujeres de singular belleza están condenadas a la infelicidad; se


supone que los hombres también, aunque no tueron incluidos en esa sentencia.

Según Agamben, los escritores se distinguen por su inscripción en una de estas dos
grandes clases: la parodia y la ficción. Pero también son posibles soluciones
intermedias: parodiar la ficción o ficcionalizar la parodia.

Según Aíra, cambiar de tema es una de las artes más difíciles de do-
minar y la clave de todas las demás. Para que haya arte, debe haber un
desvío, una perversión, si se quiere, del interés, y el modo más económico de lograr
ese desvío sería casarlo abruptamente con otro interés. Inocua como parece, la
operación es radicalmente subversiva porque el interés se define por su aislamiento
obsesiona!, por ser único y no admitir competencia.

Según Ana Ajmátova, qué nos importa al fin y al cabo que todo se convierta en
ceniza.

Según Akutagawa, el biombo del infierno fue una consumada obra de arte, en
cuyo centro la figura de la agonizante dama de la corte en el carruaje de bueyes
devorado por las llamas sería la representación más espantosa de las mil y una
torturas del llameante infierno.

Según Al Alvarez, cuando un/a artista pone un espejo frente a la naturaleza,


descubre quién es y qué es, pero a veces el conocimiento lo cambia tan
irremisiblemente que tal vez se convierta en esa imagen. Y esto Sylvia Plath quizá
lo percibía: cuanto más escribía sobre la muerte, a fuerza de manejar el tema en su
obra bien pudo encontrarse viviéndolo. Al final habrá querido acabar con el tema
para siempre.

Según Mario de Andrade, fue en lo profundo de la selva virgen donde nació


Macunaíma, héroe de nuestra gente. Era negro retinto, hijo del miedo de la noche...
Este inicio de novela me parece uno de los más cautivantes que he leído. Vi primero
la película, premiada en el Festival de Cine de Mar del Plata en 1970; recién en
2022 tuve en mis manos el libro en traducción al castellano. Su autor declaró que lo
escribió acostado en una hamaca paraguaya, entre mangos, ananás, cigarros y
cigarras; justamente las primeras palabras de su personaje fueron: “Qué pereza .
Según Oswald de Andrade, hay una sabia pereza solar, una energía silenciosa y cierta
hospitalidad allí donde reine la floresta, la danza, la oración, la cocina, el mineral y la
vegetación sobre bárbaros, pintorescos y crédulos.

Según Apollinaire, un culo debe oler como un culo y no como esencia de colonia.

Según Reynaldo Arenas, cuando se vive en el campo se está en contacto directo con la
naturaleza y, por lo tanto, con el mundo erótico: uno ve que las gallinas se pasan el día
entero cubiertas por el gallo y las yeguas por el caballo, las moscas fornican sobre la mesa
en la que se come, las perras al ser ensartadas arman una algarabía capaz de excitar a las
monjas más pías, las gatas en celo aúllan por las noches con tal vehemencia que despiertan
los deseos más recónditos. Además, en el campo son pocos los hombres que no han tenido
relaciones con otros hombres, pasando por encima de todos los prejuicios machistas que los
padres se encargan de inculcar a los niños. Un ejemplo de esto habría sido Rigoberto,
hombre casado y muy serio y el mayor de los tíos de Reynaldo, quien a los ocho años iba al
pueblo a caballo sentado con su tío en la misma montura; inmediatamente que montaban, el
enorme sexo de Rigoberto empezaba a crecer. Reynaldo se acomodaba de la mejor manera,
ponía sus nalgas encima de ese sexo y, al trote del caballo durante un viaje que duraba más
de una hora, iba saltando y viajando como si fuese transportado por dos animales a la vez.
Finalmente, Rigoberto eyaculaba.

Según Roberto Arlt, la angustia es algo que puede arraigarse en los huesos como la sífilis.
Por caso, su personaje Erdosain contó flue una vez que estaba en una estación de campo,
esperando un
tren que se demoraba, vino a sentarse a su lado una n*ha nueve años, con delantal
blanco, y él, sin poderse contener, es conversación hacia un tema obsceno, con
prudencia, son ean o terreno. Desde la garita de los guardagujas dos cambistas lo
mira an con atención. Erdosain contó que allí le reveló a la niña el misterio sexual”.

Según Armand, las personas que han experimentado mucho en el dominio de la


sensualidad sexual están más calificadas para iniciar a las más jóvenes porque,
generalmente, proceden con una delicadeza y una suavidad que ignora la fogosidad de la
adolescencia. Doy fe: mi iniciación sexual fue con una mujer que tenía doce años más que
yo. Dicho sea de paso, Émile Armand fue el seudónimo de Ernest Lucien-Juin, un teórico
del individualismo anárquico y un militante del amor libre. Vivió entre 1872 y 1963, y
publicó en París entre las 18 décadas de 1900 y 1930 sus textos más conocidos sobre la
revolución sexual, la camaradería amorosa y el amor plural. Un adelantado para su época (o
tal vez pasa que nuestra época está cada vez más atrasada).

Según Artaud, un encantamiento es una maniobra no psíquica sino física, que


alerta y a veces pone en marcha a poblaciones enteras, con hileras numéricas de
mujeres y de hombres confundidos, frente a las cuales las multitudes de las
procesiones de Lourdes no son más que hormigueros en pequeña escala.

Según John Ashbery, algún desvío de la norma ocurrirá a medida que el tiempo se
hace más abierto.
Según W.H. Anden, el secreto al fin se revelará como siempre ocurre al terminar la
rica historia madura ya estará para ser contada a la más íntima amistad.

1
9
20 Según el Baghavad-Gita, así como alguien deja sus viejos vestidos y toma otros nuevos, así
el ser encarnado, dejando sus viejos cuerpos, entra en otros nuevos: a ese espíritu las
armas no lo cortan, el fuego no lo quema, las aguas no lo mojan, el viento no lo seca.

Según Ballard, la fantasía especulativa es un potente método que consiste en usar la


propia imaginación para construir un universo paradójico en el cual sueño y realidad se
fusionan, cada uno de ellos preservando su propia cualidad distintiva y asumiendo al
mismo tiempo la función opuesta, de manera que por una lógica irrebatible lo negro se
vuelve blanco y viceversa.

Según Julián Barnes, Flaubert no creía en el progreso, especialmente en el progreso


moral, que es el único que importa. La época en la que vivió era estúpida; la nueva época
sería aún más estúpida.
Según Eninia Barrandeguv, dentro de cincuenta años todos serán ulvos (esa constante
evocación de la muerte le parecía lo más anti burgués que podía pedirse, una recordación diaria
de que a ningún bien vale la pena .llenarse; era la liase disolvente que siempre tenía en los labios
ante cualquier situación de menosprecio, autoridad, avidez o tedio). Conocí a Emma durante la
presentación de su novela Hiibitaciones en el Centro Cultural Rojas, Buenos Aires, 2002. La
novela fue escrita a fines de la década del cincuenta y en esto tenía razón: en esas cinco décadas
mucha gente se quedó calva, envejeció mal o murió alertada a cosas e ideas que no valían la
pena. Golpes para el ego.

Según Roland Barthes, la arrogancia es el nombre de todos los gestos v discursos de


intimidación, sujeción, dominación, aserción, soberbia, que se ubican bajo la autoridad, la
garantía de una verdad dogmática o de una demanda que no piensa ni concibe el deseo del otro;
la arro- 21 gancia agrede con su fe, su certeza, su voluntad de asir y de dominar, aunque más no
sea por una demanda insistente.

Según Bashó,
de cuando en cuando
las nubes acuerdan una pausa para quienes contemplan la luna.

Según Bataille, en cada humano hay un animal encerrado en una cárcel, como un preso, y hay
también una puerta, y si entreabrimos la puerta, el animal se abalanza hacia afuera como el
preso que encuentra la salida; entonces, provisoriamente, el humano cae muerto y el animal se
comporta como animal, sin preocupación alguna por suscitar la admiración poética del muerto.
Según Emma Barrandeguy, dentro de cincuenta años todos serán calvos (esa constante
evocación de la muerte le parecía lo más anti burgués que podía pedirse, una recordación diaria
de que a ningún bien vale la pena aferrarse; era la frase disolvente que siempre tenía en los
labios ante cualquier situación de menosprecio, autoridad, avidez o tedio). Conocí a Emma
durante la presentación de su novela Habitaciones en el Centro Cultural Rojas, Buenos Aires,
2002. La novela fue escrita a fines de la década del cincuenta y en esto tenía razón: en esas
cinco décadas mucha gente se quedó calva, envejeció mal o murió aferrada a cosas e ideas que
no valían la pena. Golpes para el ego.

Según Roland Barthes, la arrogancia es el nombre de todos los gestos y discursos de


intimidación, sujeción, dominación, aserción, soberbia, que se ubican bajo la autoridad, la
garantía de una verdad dogmática o de una demanda que no piensa ni concibe el deseo del
otro; la arro- 21 gancia agrede con su fe, su certeza, su voluntad de asir y de dominar, aunque
más no sea por una demanda insistente.

Según Basho, de cuando en cuando las nubes acuerdan una pausa para quienes contemplan la
luna.

Según Bataille, en cada humano hay un animal encerrado en una cárcel, como un preso, y hay
también una puerta, y si entreabrimos la puerta, el animal se abalanza hacia afuera como el
preso que encuentra la salida; entonces, provisoriamente, el humano cae muerto y el animal se
comporta como animal, sin preocupación alguna por suscitar la admiración poética del muerto.
Según Raudelaire, la risa es satánica y, por lo tanto. Pr^U fOp¡a su_ humana. Como el
individuo encuentra en sí la ide a < s ■
.. ’T es a la vez un signo perioridad, la risa
es esencialmente contradictori.■ |tar^a jgj choque de grandeza absoluta y de miseria
infinita. La r*sa rcsu perpetuo entre esos dos infinitos.

Según Simone de Beauvoir, la gente simpatiza más a gusto con la desgracia que con la
felicidad.

Según Max Beerbohm, el fracaso, cuando es tota , llano y sin barniz, tiene algo de
dignidad. Tal habría sido el caso del melancólico autor hnoch Soames, quien vendió su alma
al diablo para poder via,ar al fii- turo a comprobar si en cien años sería recordado como
poeta y descu- brió que solo sería recordado como personaje de ficción en un cuento de
Beerbohm. Agregará que a la fecha poco se dice en Wikipedia sobre Beerbohm. caricaturista
22 británico que fue conocido en castellano por la traducción que hicieron Borges,
Silvina Ocampo y Bioy Casares de “Enoch Soames”, cuento incluido en la Antología
de la Literatura Fantástica y en el que me basé para armar la síntesis que encabeza este
párrafo. Parece queThomas Wolfe dijo de él en una carta: “Es un vago y se esfuerza por no
hacer nada”.

Según Diana Bellessi, la pródiga vuelve a casa sin haber atesorado prodigio alguno.

Según Walter Benjamín, el aura es la irrepetible aparición de unJ lejanía por más cercana
que esta pueda estar.
Según Bifo Berardi, la humanidad ha ingresado oficialmente en la era de la demencia: la
vida real hoy quiere decir bosques en llamas, hielos derritiéndose, contaminación del aire,
pandemias. Por eso la vida real es reemplazada por las redes digitales, y la conjunción de los
cuerpos por la conexión de las máquinas; luego, el cerebro del autómata digital se separa del
cuerpo viviente y la especie humana se va convirtiendo en un ejército de sonámbulos, como si
hubiera mucha gente sufriendo de Alzheimer, tomando pastillas, enfrentando la realidad con
una sonrisa boba, diciendo “sí, sí, sí”. Y entonces, como decía Pris en Blade Runner,
moriremos porque somos estúpidos.

Según Lord Bemers, Antonia y el camello desaparecieron en la lejanía y nadie los vio partir.

23
Según Ambrose Bierce, un cínico es un canalla cuya visión defectuosa hace que vea las
cosas como son, no como deberían ser.

Según Juana Bignozzi, nadie puede no tener miserias después de más de setenta años de
vida y más de cuarenta de matrimonio.

Según Bioy Casares, cheto es una persona que se muestra en los lugares adecuados, que se
viste y habla como corresponde. Puede llegar en motocicleta: “Me encontré con los chetos, en
La Veredita”.

Según Blake, del agua estancada no puedes esperar más que veneno.
Según Blanchot, el ser no busca ser reconocido sino impugnado; para existir, va hacia
lo otro que lo impugna y que a veces lo mega, con el fin de comenzar a ser en esa
privación que lo vuelve consciente de la imposibilidad de ser él mismo como individuo
separado.

Según Mariano Blatt, habría que escribir una historia del mundo, desde el principio
hasta el final.

Según Murray Bookchin, alguna vez quizá podamos encontrar una manera de pensar y
sentir que incluya la re-espiritualización de los fenómenos animados e inanimados sin
abandonar la agudeza provista por la ciencia y el razonamiento analítico. Ojalá.

24 Según Borges, no hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil; en principio, una
doctrina filosófica puede ser una descripción verosímil del universo, pero giran los años
y se vuelve un mero capítulo, un párrafo, un nombre en la historia de la filosofía. En la
literatura, esa caducidad final es aún más notoria.

Según Joe Brainard, es más divertido mear con alguien que a solas. Y dice que eso lo
aprendió de niño, si mal no recuerda.

Según Andre Bretón, es necesario no confundir los libros que se leen en viaje con los
que nos hacen viajar.
Según Margarete Buber-Neumann, el personaje de Gregorio Samsa en La metamorfosis
estuvo inspirado en Milena Jesenská. Fue Milena quien le contó un día, mientras paseaban
entre los barracones del campo de concentración de Ravensbruk, que ella era ese viajante de
comercio incomprendido y sin capacidad de resolución que se transforma en el gigantesco
escarabajo al que su familia oculta por vergüenza. Margarete fue una comunista
antiestalinista que estuvo encerrada en un campo de concentración soviético y luego canjeada
a la Gestapo por otros prisioneros en 1940 para terminar en el campo nazi de Ravensbruk,
donde se hizo amiga íntima de Milena, la traductora, periodista y escritora de la que se había
enamorado Franz Kafka. Milena murió en ese mismo campo de concentración en 1944.

Según Buda, si uno ve una gran felicidad que proviene del abandono de una felicidad
pequeña, debe uno, sensato, abandonar la pequeña felicidad apenas ve la gran felicidad.
25

Según William S. Burroughs, es posible codificarse a sí mismo: chistes malos, pedos,


ruidos al masticar, ruidos de tripas y estornudos. Si el truco no funciona, mejor salir
corriendo. Según.
Según John Cage, si algo es auum^ — -r-----------------
26 que intentarlo por cuatro. Si todavía es aburrido, intentarlo por ocho, dieciséis,
treinta y dos, y así sucesivamente. Uno al final descubre que no es para nada
aburrido sino muy interesante.

Según Roger Caillois, es destino de las maravillas destruidas inmortalizar hasta a


sus verdugos: los pesados pasos de los vencedores habrar sepultado en el suelo
natal los restos de los templos con los cadáveres de los arquitectos y de los obreros
que los construyeron, pero la belleza sobrevive en cada trozo.

Según Calderón,
sea esto verdad o sueño, obrar bien es lo que importa;
si fuese verdad, por serlo;
si no, por ganar amigos para cuando despertemos.
Según Amaldo Calveyra, la modernidad de escritura es ese rincón de la fábula donde se
esconde una travesura para siempre, esas obras mandándose señas por encima del drama y la
alegría y que la denominación de clásicas no agota, esas obras como recién salidas del horno si
no es que verdaderamente recién salieron del horno.

Según Joseph Campbell, el campo de batalla es simbólico del campo de la vida, donde cada
criatura vive de la muerte de otra. Y darse cuenta de la inevitable culpa de vivir puede
enfermar al corazón de tal modo que, como Hamlet o Arjuna, uno puede rehusarse a seguir.
Pero uno siempre puede inventarse una falsa e injustificada imagen de sí mismo como
fenómeno excepcional en el mundo.

Según Haroldo de Campos, cuando se vive bajo la especie del viaje lo que importa no es el
27
viaje sino el comienzo.

Según Camus, la ironía es un arma contra los poderosos no solo porque permite rechazar lo
que es falso sino porque también permite decir la verdad. No hemos visto a Hitler, por tomar
un ejemplo entre otros, utilizar la ironía socrática.

Según Vir/gmia Cano, la angustia es pura luz que enceguece nuestros sentidos y nos priva
de los matices, nos invade con su nada cegadora y nos deslumbra con la ausencia de un
sentido último, final, definitivo. A la angustia sólo se le puede oponer la potencia de lo
contingente y la ligereza de lo pequeño, la alquimia de lo que puede estar y no estar, el filo
de lo que podemos y no podemos transformar, el siempre esquivo “tal vez” y el peligroso
quizá , ese que arriesga un mundo que puede ser de muchas maneras pero sólo es capaz de
encarnar algunas.
Según Alejo Carpentier, a veces es necesario poner un mar de por medio para ver las
cosas de cerca. Me ocurrió; pude ver más de cerca a la Argentina cuando viví en Europa.

Según Arturo Carrera,


no descartes la rima,
no descartes los juegos de palabras;
tampoco la pequeña plegaria entre sístole y diástole;
tampoco esa repetición sonora que finge medir el tiempo de las sensaciones.

Según Carlos Castañeda, hay cuatro enemigos en todo proceso de conocimiento: el


miedo, la claridad, el poder y la vejez (que también puede ser llamada cansancio o hastío de
vivir). El miedo es el primer 28 enemigo, aquel que cada vez que surge, frena el aprendizaje.
Una vez vencido, aparece la claridad que dispersa el miedo pero también ciega, no deja ver los
errores ni las ilusiones. Una vez vencidos el miedo y la claridad que enceguece, aparece el
poder, que es cuando uno se siente invencible y cree que ha conquistado un poder que en verdad
nunca será suyo. Vencidos esos tres enemigos, aparece el último, el enemigo que no se puede
vencer por completo: el deseo de retirarse, acostarse y olvidar. Sólo si sacude este cansancio y
vive su destino hasta el final, aumentando su conocimiento mientras ahuyenta, aunque sea por
momentos, a ese enemigo invencible, uno podrá ser llamado “hombre de conocimiento”... Esto
es lo que le habría trasmitido el chaman don Juan a Castañeda en el desierto de Sonora. Luego,
Deleuze y Guattari adaptaron esas enseñanzas cha- mánicas al devenir de las líneas de fuga: los
cuatro enemigos de roda línea de luga serían el miedo, la claridad, el poder y el hastío ítam- bién
llamado pasión de abolición). Cuando entramos en una linca de fuga, el primer freno es el
miedo, que nos deja en la prisión di
la que queríamos salir; vencido el miedo, aparece la claridad por la que creemos haberlo
comprendido todo y actuamos como insectos atraídos por la luz fatal de una lamparita;
vencida la claridad, aparece el poder que nos endurece, nos sobrecodifica, nos hace creer que
tenemos todo bajo control; vencido este enemigo, cuando la línea de fuga atraviesa todas las
paredes del miedo, la claridad y el poder, surge el cuarto y último enemigo, que es la
destrucción pura y simple, como ocurre con el fascismo. Este se construye como una línea de
fuga intensa que cae en la pura abolición, el éxtasis y la muerte generalizada, como un
nihilismo y un suicidio de masas. En ese sentido, el fascismo se relaciona con el cansancio de
vivir. Quizá sólo puede ser ahuyentado por momentos, pero gracias a esos momentos es que
las líneas de fuga pueden conectarse entre sí y aumentar su valencia y su potencia.

Según Céline, un continente sin guerra se aburre. Es lo que le pasó a 29 toda Europa, de
uniforme y turgente: en cuanto suenan los clarines, ¡la fiesta! Vacaciones generales y
sangrientas, viajes de nunca acabar, ejércitos que no cesan de moverse, furgones blindados
llenos de cañones y prisioneros y personas hambrientas alrededor de cocinas ambulantes...
Las buenas costumbres se pierden, todo se pierde, reemplazado por nada.

Según Cioran, hay algo de charlatán en todo aquel que triunfa, sea en la materia que sea.

Según Marcelo Cohén, lo más difícil de practicar y lo más urgente de aprender es la


paridad: frente al otro, uno casi siempre se coloca por arriba o por debajo. Poseídos por la
pauta de la carrera, en raros instantes nos volvemos reales.
Según Cyril Cononlly, de todos los enemigo de la literatura, el éxito es el más
insidioso: eleva el nivel de vida, pero conduce al exceso de producción,
disminuye el rigor crítico y fomenta el germen de su contrario, el frac aso.

Según Contad, toda idealización empobrece la vida. ¿Para qué entretenerse


con fantasías proféticas? I.X) más que estas pueden hacer es explicar qué
hay en la mente del profeta, sin ningún otro valor objetivo.

Según David Cooper, hacer el amor es algo bueno en sí mismo, y tanto mejor
cuantas más veces ocurra, de toda manera posible y concebible y con la mayor
cantidad de gente posible. Estas palabras, tomadas de un fragmento del libro La
muerte de la familia que leí en el suple- 30 mentó cultural del diario La Opinión a
principios de los años setenta fueron pintadas en rojo sobre el blanco respaldo de
madera de la cama doble que compartimos con mi primera pareja abierta en esos
mismos años. Alguna que otra vez las pusimos a prueba sobre esa misma cama. No
siempre salió bien.

Según Copi, en vista de la sociedad terráquea, es preciso tener mucho valor


para dejarse dar por el culo.

Según Carlos Correas, todos los silencios son huecos que se abren entre las
palabras: está el silencio de la idiotez o de la ignorancia, el de la carencia de
recursos verbales; está el silencio de la prudencia, de quien no habla por la
inconveniencia de hablar; está el silencio (¿eterno?) del torturado; está el
silencio del padre que se siente superior y no desciende a discutir con su
mujer o sus hijos.
Según Kdolfo el concóo de un artista es mcontúhdiNc, v u»n cu cuaíkUd se nace,
siendo <vu kha la rcdúaeton dc’k<emv U a\vr taca de sus obras. Cewre ÚK primero
un rcwmxnlo pmrni en < hile \ luego se dedicó caed exclusivamente A escribir,
llegando A publiv ai orne novelas. además de poemas v ensayos M4MX arte. I\ toda su
ohia jólo be leído Tres wevws perú <vn eso me alvaiwó |vara lemu tpie c *v coraren le
Una en d pecho.

Según Edgardo Corarindtv Margutrite Duras estuvo dispuesta a recortar su novela


Lrw ¿ .^-..-(r twinr ¡t ."Ü. • -r. de casi cuatnsícmas
páginas, a ochenta, pan llevarla de nuevo al cinc. \ i habla sulo ad-ap rada por Dino
de Laurcnus para Culumbia Picturcs pero t\> aimvki le propuso a la autora hacer
una nueva adaptación, lilla respuidh' “Consiga un productor seno, es decit. un
ptuductx't tapar tic pagaimc un adelanto interesante, y yo le recscribo la novela l'aia
mi seta un libro mas y piara usted, derechos libres por compiaC, M
Según Adolfo Couve, el corazón de un artista es inconfundible, y con esa cualidad se
nace, siendo secundaria la realización deficiente o acertada de sus obras. Couve fue
primero un reconocido pintor en Chile y luego se dedicó casi exclusivamente a
escribir, llegando a publicar once novelas, además de poemas y ensayos sobre arte. De
toda su obra sólo he leído Tres novelas breves pero con eso me alcanzó para sentir que
ese corazón le latía en el pecho.

Según Edgardo Cozarinsky, Marguerite Duras estuvo dispuesta a recortar su novela


Un barrage contre le Pacifique, de casi cuatrocientas páginas, a ochenta, para llevarla
de nuevo al cine. Ya había sido adaptada por Dino de Laurentis para Columbia
Pictures pero Cozarinsky le propuso a la autora hacer una nueva adaptación. Ella
respondió: “Consiga un productor serio, es decir, un productor capaz de pagarme un
adelanto interesante, y yo le reescribo la novela. Para mí será un libro más y para
usted, derechos libres por comprar”.
CH

32 Según Rene Char, a juzgar por el subsuelo de la hierba donde cantaba aquella noche
una pareja de grillos, la vida prenatal debió ser muy dulce. Char escribió esto en
su diario de los años de guerrilla Hojas de Hipnos, e imagino que debe haber
escuchado ese canto en algún escondite o emboscada de la resistencia francesa
contra la ocupación nazi, cuando actuaba como partisano bajo el seudónimo de
Capitán Alexandre.

Según el Che Guevara, el 7 de octubre de 1967 se habían cumplido once meses


de la inauguración guerrillera en Bolivia sin complicaciones, bucólicamente. Así
lo consigna el Che en la última entrada de su diario en esa fecha; al día siguiente
sería rodeado y capturado por el ejército boliviano y un día después, ejecutado en
la escue la de La Higuera. Compré la primera edición de El diario del Che en La
Habana a mediados de la década del 90; es increíble cómo aún se sostienen esas
viejas páginas amarillentas pero legibles
que ninguna se resquebraje ni despegue de un libro impecablemente encuadernado en
1968.

Según Sergio Chejfec, lo curioso de las noticias de la escritura es que parecen más o
menos atemporales. En la medida en que pertenecen al territorio de lo escrito (que nos
rodea en todo momento y de diferentes modos), siempre hay una sustancia que se
reanima ante nuestro contacto, aun cuando sea solamente visual, y despierta el
recuerdo o hábito de alguna práctica aledaña, o implícita, que es obstinadamente
familiar a otra antigua.

Según Chesterton, la Segunda Orden Franciscana debió su existencia a la bella


amistad entre Francisco de Asís y Clara, una muchacha de 17 años que pertenecía a
una familia noble de Asís y a quien Francisco ayudó a escapar de su casa para asumir
la vida conventual. O sea que 33 la ayudó a fugarse al convento desafiando a su padre
tal como había hecho Francisco con el suyo. Se trató de algo así como una fuga ro-
mántica, ya que la muchacha escapó por una abertura practicada en la pared, corriendo
a través del bosque, y fue recibida a medianoche con antorchas.

Según Luis Chitarroni, el tiempo respira encapsulado en los relojes y nadie sabe qué
carajo está pensando.

Según Noam Chomsky, si a menudo no podemos ver lo que ocurre ante nuestros
propios ojos, no es de extrañar que aquello que ya está a mayor distancia nos resulte
del todo invisible.
Según Chuang Tse, todo el mundo corre en tropel a lo que cree que es la
felicidad, pero la felicidad suprema es la carencia de felicidad, así como la
mayor gloria es no tener gloria.

3
4
Según Dante, no hay mayor dolor que recordar una época feliz en la miseria, 35
y eso cu doctor bien lo sabe.

Según Alexandra David-Néel, la obediencia es la muerte: cada instante en que una se


somete a una voluntad extraña es un instante arrancado a su propia vida. Alexandra
escribió esto en su primer libro, A la vida, en 1898. Más tarde supo obedecer a maestros
budistas en I íbet, luego de haber viajado durante décadas por el continente asiático
sobre rutas desconocidas para Occidente, llegando a la inaccesible ciudad de Lhasa
cuando estaba estrictamente prohibido el ingreso de exuanjeros. Nacida en París, criada
en Bélgica desde los cuatro años, residente en [Link] en su juventud, cantante de
ópera en Indochina, amiga de círculos libertarios, cxistcncialistas, teosóficos y
feministas, tuvo la suerte de encontrar un marido como Philip David-Neel, un ingeniero
de ferrocarril que no solo aceptó que su mujer partiera sola hacia la India sino que
financió parte de sus periplos terrestres a través
de regiones habitadas por bandidos, tigres, lobos, leopardos y refugia, dos del
hambre y de la peste. Se separaron definitivamente siete años después de casarse pero
mantuvieron una buena relación y copiosa correspondencia a través de los años, hasta
que Alexandra pudo llegar en 1924 a Lhasa disfrazada de campesino. En esa ciudad
prohibida vivió casi siempre de incógnito, con su condición de mujer blanca disimulada
bajo los ropajes del peregrino, en las calles, en tiendas de campaña, en hogares donde
lograba refugiarse. Descubierta por algunos lamas, su conocimiento del idioma y las
creencias locales le permitieron ser tolerada por un tiempo. Tras volver a Paris, escribió
los libros que la hicieron célebre como la mayor experta europea en budismo tibetano de
su época. A fines de la década del sesenta era ya una leyenda viviente a la que acudían
orientalistas y hippies en viaje a India o Tibet, a los que aconsejaba y advertía: “Ir con
poco dinero a esos países es una falta de respeto para los mendigos nativos”. Se en-
contraba trabajando en una biografía de Mao cuando largó su último 36 aliento, a los
101 años.

Según Debord, la desviación es lo contrario de la cita, de la autoridad teórica


siempre falsificada por haberse convertido en cita, en fragmento arrancado a su
contexto, a su movimiento y a su época como referencia global.

Según Oscar del Barco, más allá de todo, incluso hasta de un posible s, estae o
matarás. Frente a una sociedad que asesina a millón® s umanos mediante guerras,
genocidios, hambrunas, enferme' ues y toda clase de suplicios, en el fondo se oye
débil o imperioso un
;
No mataras un mandato que no puede fundarse o explicarse, y 4* fuerza ™
3qU1
’ C°m° Presencia sin presencia, como fuerza si"
r
tuerza, como ser sin ser.
Según Deleuze y Guattari, no hay enunciado individual, todo enunciado es siempre
producto de un agenciamiento maquínico, de agentes colectivos de enunciación. El
nombre propio sería la aprehensión instantánea de una multiplicidad. No designa a un
individuo. Al contrario, un individuo solo podría adquirir su verdadero nombre
propio cuando se abra a las multiplicidades que lo atraviesan, tras el más severo
ejercicio de despersonalización.

Según Derrida, aprender a vivir debería significar aprender a morir. A aceptar la


mortalidad absoluta, sin salvación ni resurrección ni redención, ni para sí ni para el
otro. Una vieja exhortación filosófica, desde los tiempos de Platón: filosofar es
aprender a morir. Y habría que creer en esa verdad, aunque uno no la admita o la
admita cada vez menos y jamás aprenda a aceptarla.

Según T. Deshimaru, quien cree que hay que practicar zazen para alcanzar el satori
o la iluminación como quien va todos los días a la iglesia para ganarse el paraíso, se
equivoca. La práctica de zazen, aquí y ahora, es satori. Pero quien lo practica no sabe
que tiene el satori. Simplemente, practica. Si piensa “tengo el satori ” o “estoy
iluminado , no lo tiene ni lo está.

Según Devara Dassimayya, el fuego quema pero no se mueve el viento se mueve


pero no quema mientras el fuego no se una al viento no puede dar ni un paso lo
mismo ocurre con el saber y el hacer.
Según Antonio Di Benedetto, un día las horas de la mañana se entregaron al
pasado sin mejorar las [Link] del futuro.

Según Philip Dick, la precognición es una facultad desdeñable: se puede ver lo


que va a suceder, pero no se puede hacer nada por cambiarlo.

Según Marosa di Giorgio, el que gobernaba los bosques era feroz y


multisexual, reunía en sí muchísimos sexos y uno mas. Casi todas sus bodas se
cumplían en él mismo. Iba desnudo, luciendo todos sus sexos, o vestido de agua y
turquesa, con estrellas pardas sobre la cola y la sien. Era bellísimo. Gobernaba los
bosques moviéndose como una llamarada, pero dejaba a todos rígidos igual que
serpientes; administraba el bosque como si fuera una bombonera o un nidal. Violó a
las niñas casi 38 inmediatamente antes de nacer, mas sin causarles desconcierto.

Según Jorge di Paola, en cada hoja no había más que dos o tres palabras, en el
centro, y a veces, una sola. ¿Anda escribiendo un diccionario?, le preguntaron al
Pueta. ¿Y dónde están las explicaciones? El Pue- ta se rio un rato largo antes de
responder: Hace falta silencio, m’hijo. La puesía es un corte de manga a la
madeja del barullo general. Lea mi ultimo puema, no habrá más (y el último
poema solo decía: Minga!).

Según Diane di Prima, hay tantos tipos de besos como personas en el mundo y
tantos como permutaciones y combinaciones de personas. Nadte besa como los
demás y nadie fornica igual, pero en cierto modo un beso es algo todavta más
personal e individual que un polvo
Según Dostoievski, sobre la historia del mundo se puede decir todo tipo de cosas y
cualquiera de las cosas que se le pueda ocurrir a la imaginación más mórbida, menos
una: imposible decir que la historia es razonable, la palabra se le queda a uno
atragantada.

Según Carmen Dragonetti, la no violencia o, más propiamente, el no hacer daño,


constituye una de las normas esenciales del budismo. La ausencia de agresividad, de
odio, de ira y la actitud amistosa o de benevolencia son, para la conducta budista,
normas de carácter negativo más que positivo: no se trata de amar al prójimo, sino
simplemente de no aborrecerlo. Y Carmen sabía de lo que hablaba: fue traductora
directa del pali al castellano en primeras ediciones de las obras centrales de la doctrina
de Buda, como el Dhammapada, texto del que fue extraído este comentario sobre la
no violencia. Conocí a Carmen junto a su marido Fernando Tola, el orientalista,
filólogo y políglota -dominaba cerca de catorce lenguas- de quien ella aprendió el pali,
el 39 sánscrito y el hindi, y con quien estudió indoiogía y budismo a lo largo de seis
décadas. Los visité en su departamento del barrio de Belgrano amoblado por libros de
todas las lenguas imaginables de Oriente y Occidente, del griego al antiguo persa, del
alemán al riberano. Me hicieron un diminuto lugar para que pudiera apoyar mi
cuaderno y grabador en una esquina de la mesa donde se apilaban decenas de libros
para realizar una entrevista —en mis tiempos de periodista free lance— que fue toda
una audacia porque no creo haber estado a la altura: me encontraba ante dos de los
mayores traductores y más respetados especialistas en filosofía y cultura de la India
dentro del mundo de habla hispana y también en el de habla inglesa, con sus más de
cuarenta libros publicados en Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, Japón, Italia,
México, España e incluso en la mismísima India, donde vivieron en los legendarios
años sesenta. Carmen desencarnó en 2018, un año después de la partida de Fernando,
su maestro, compañero de vida y probable alma gemela.
Según Marguerite Duras, siempre esperamos el momento en que los dos
hablaríamos, en que cada uno diría que nos amábamos, que nos gustábamos;
tan solo ahora hubiera podido decírselo, ahora que está muerto y que poder
decirlo no sirve para nada.

Según Lawrence Durrell, el amor es un absoluto que lo toma o lo pierde


todo: los sentimientos restantes, compasión, ternura, solo existen en la
periferia y pertenecen a las estructuras de la sociedad y la costumbre. Pero la
austera e implacable Afrodita es pagana. No se apodera de la mente o los
instintos, sino del tuétano de los huesos.

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0
86 Según Leopoldo María Panero, un loco tocado de la maldición del cielo canta
humillado en una esquina sus canciones hablan de ángeles y cosas que cuestan la vida
al ojo humano la vida se pudre a sus pies como una rosa y ya cerca de la tumba, pasa
junto a él una Princesa.

Según Giovanni Papini, hay poetas que han dicho que la vida es la sombra
de un sueño pero nunca resolvieron el enigma de quién es el que sueña; los
personajes de los sueños disfrutan de una libertad bastante amplia pero no son
nunca libres de concluir el sueño por decisión propia.
Según Vikram Paralkar, la Aphasia floriloquens es difícil de ubicar entre los
desequilibrios lingüísticos más conocidos porque es la única afasia caracterizada por
un exceso de discurso, no de ausencia. Quien la padece puede llegar a ser explotado
por un público curioso ante el torrente de palabras inspiradas por la enfermedad y que
lo escuchará atentamente con la esperanza de extraer algunas yuxtaposiciones bri-
llantes en la red de tangentes secretas del discurso, mientras los pensamientos y
lamentos propios del enfermo pasarán sin ser oídos.

Según Pasolini, hay una ilusión cultural cuyo aspecto más inmediato es la confianza
en el valor absoluto de la cita, como un trauma lingüístico fundado en la posibilidad de
reflejos condicionados de parte del lector. Aclaro que esto Pasolini lo formula en el
contexto de una carta crítica dirigida al escritor Alberto Arbasino, luego de la lectura
de uno de sus borradores, acusándolo de yuxtaponer las citas sin asimilarlas y sin
esfuerzo lingüístico, “mientras es claro” continúa diciéndole “que la 87 palabra
requiere siempre ser modificada, con terrible dolor, ya se trate de cita, término técnico,
o sustantivo comunísimo como ‘rosa’ o violeta. Usted no puede contar con el esfuerzo
hecho ya por otro”. Y pongo entre comillas estas últimas frases para resaltar que
pertenecen a una cita textual, en reconocimiento de que ellas me han dado más coraje y
determinación para intervenir unas cuantas citas en este mismo libro.

Según Cesare Pavese, si la calle es de todos, habría que gozarla sin hacer otra cosa,
mirando alrededor, a la sombra o al sol en el fresco ligero.

Según Octavio Paz, la analogía es la expresión de una correspondencia entre el mundo


celeste y el terrestre: aunque la realidad de este último sea subsidiaria y reflejo del
primero, también es realidad. La ironía opera en dirección inversa: subraya que hay un
abismo entre
lo real y lo imaginario. No contenta con descubrir la escisión entre la palabra y
lo real, la ironía siembra la duda en el ánimo: no sabemos qué es realmente lo
real, si lo que ven nuestros ojos o lo que proyecta nuestra imaginación.

Según Viktor Pelevin, las moscas viven mejor que las hormigas pero hasta
cierto punto, porque su vida es demasiado superficial y, lo que es peor, no tienen
ninguna seguridad en el futuro.

Según Federico Manuel Peralta Ramos, arte es hacer reír y pensar a la gente.
Al mismo tiempo, claro.

Según Néstor Perlongher, hay experimentos que muestran que al- 88 gunos
fumadores de marihuana precisarían de una intervención del entorno para percibir su
propio estado. O sea: el trance tendría dos componentes, uno psicofisiológico y otro
cultural. A causa del primero, sería universal, porque corresponde a una disposición
psicofisioló- gica innata de la naturaleza humana. Ahora, para tornarse efectivo, el
trance supone una intervención de la sociedad y la cultura; no es un proceso
automático. La capacidad o potencialidad está, pero para que ella se realice debe haber
una intervención cultural: un ritual.

Según Saint-John Perse, la vejez mentía: es camino de brasas y no de


cenizas. Con el rostro ardiente y el alma alta, ¿hacia qué excesos seguimos
corriendo ahora? El tiempo que mide el año no es la medida de nuestros días.
No tenemos comercio con lo menor ni con lo peor. Para nosotros, la
turbulencia divina en su último remolino.
Según Pessoa, el poeta es un fingidor. Finge tan completamente que hasta finge que es
dolor el dolor que en verdad siente.

Según Nicolás Peycere, la redundancia es remedio aun siendo veneno, brebaje, y no


puede hacer solo beneficio: apremia, enmascara. Pero cobija como anáfora.

Según Enrique Pezzoni, el mundo construido por la literatura es siempre una


conquista y a la vez una denuncia contra esa presunta noción de realidad que no es más
que convención o conformismo ante lo que un grupo cultural o económicamente
dominante obliga a aceptar como real.

Según Josef Pieper, el ocio no tiene nada que ver con la pereza, que es de donde
proviene el desasosiego y la actividad incansable de trabajar por el trabajo mismo. El
ocio no se debe a hechos externos como pausa en el trabajo, tiempo libre, fin de
semana, permisos, vacaciones. El ocio es un estado del alma. No es la actitud del que
interviene, sino la del que se relaja; no la del que aferra, sino la del que suelta, se suelta
y abandona, casi como en la actitud abandonada del que duerme: solo el que se
abandona está en disposición de dormir.

Según Ricardo Piglia, no hay consuelo más hábil que pensar que hemos elegido
nuestras desdichas.
Según Virgilio Piñera, la carne mueve al mundo, y si de pronto nos negáramos
a inmolar nuestra carne, la vida humana se detendría y el mundo se convertiría en
un osario.

Según Roberto Piva, hay que abandonar todo y conocer playas. Amores nuevos.
Poesía en cascadas floridas con arañas azuladas en los heléchos. Todo trabajador es un
esclavo. Toda autoridad es cómica... A esto lo subrayé de una antología artesanal,
bilingüe y pirata de Eloísa Cartonera pero a Piva lo leí por primera vez gracias a Néstor
Perlongher, quien incluyó un poema de este beatnik y surrealista brasileño en su ensayo
“Poética urbana”; lo había conocido en San Pablo, donde nació Piva en 1937 (murió en
esa misma ciudad en 2010). Unos años más tarde, Daniela Andújar me regaló una
edición post mortem, y también bilingüe, del primer libro de Piva, Paranoia. De allí
pueden extraerse más y mejores citas pero me quedé con el primer 90 subrayado por
respeto al orden de descubrimiento. De todas maneras, quisiera citar o parafrasear algo
del poema incluido en el ensayo de Perlongher, que también está en ese último libro. El
poema era “Visión de San Pablo a la noche. Poema antropófago bajo el efecto de narcó-
ticos”. Entre otras cosas allí dice: “la luna no se apoya en nada/ yo no me apoyo en
nada”.

Según Alejandra Pizarnik, un color invariable rige al melancólico, un color de


luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte
es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Pero hay remedios fugitivos: los
placeres sexuales, por ejemplo, pueden borrar por un breve tiempo la silenciosa
galería de ecos y espejos que es el alma melancólica.

Según Sylvia Plath, morir es un arte, como todo lo demás.


Según Francis Ponge, si se trata de salvar algunos jóvenes del suicidio y a algunos
otros de entrar en la policía o los bomberos, es el momento en que es útil enseñar el arte
de resistir a las palabras, el arte de violentarlas y someterlas (las palabras vienen ya
listas y se expresan: no es a mí a quien expresan).

Según Jacques Prevel, habría que escribir con el sentimiento de que escribir es un acto
mágico y divino. Y hacerlo con toda la paciencia de la exaltación. La primera frase la
anotó a las 3 de la madrugada de un sábado de marzo de 1946, excitado e insomne tras
haber enviado su primer libro de poemas a Antonin Artaud, internado en el asilo de
Rodez; la segunda, dos madrugadas después. Prevel pudo encontrarse en mayo con
Artaud cuando este salió de una internación que había durado nueve años, y lo
acompañó fielmente -escuchándolo, siguiendo al pie de la letra sus recomendaciones,
comprándole láudano cada vez que se lo pedía— hasta el momento de su muerte, en
marzo de 91 1948. En esos escasos dos años de relación, Prevel construyó un relato de
sus encuentros con su admirado poeta y dramaturgo en libretas u hojas sueltas. El diario
fue publicado post mortem como En compañía de Antonin Artaud, y allí declaraba que
Artaud fue el único hombre que había amado, seguido y adorado en toda su vida. Esta
fue bastante corta: Jaques Prevel murió a los 35 de tuberculosis, el 27 de mayo de 1951,
el mismo día de la fecha de su primer encuentro, cinco años antes, con Artaud.

Según Proust, los vivos somos solo muertos que no han entrado en funciones.

Según Manuel Puig, en el invierno de 1978 en Nueva York se dio a conocer un brote
epidémico, aparentemente nuevo, que logró abrirse
camino hasta la primera plana de los diarios. Al menos se había aislado el virus, y
se suponía que sólo haría falta inventar la vacuna. El virus no tenía nombre hasta
ese momento, pero el efecto era el desinterés por, olvido de, rechazo a, repugnancia
de, desconcierto ante y terror de... la vida sexual.

92
124 Según Xi Chuan,
un hombre envejece entre miradas y conversaciones entre pepinos y hojas de

como una anécdota de los viejos tiempos como un papel de reparto en una
vieja ópera.
Cuando los jóvenes toman distancia, un hombre envejece su mirada sigue el
vuelo de un pájaro un joven vive dentro suyo lo que dice pertenece a su alma.
En el techo de una casa, en el agujero de un árbol escondió papeles llenos de
amor y sufrimiento si quiere cosechar, ya es demasiado tarde si quiere
escapar, ya es demasiado tarde.
Un hombre envejece, vuelve a la infancia después igual que un animal se
muere. Su esqueleto ya está bastante duro, puede soportar la historia dejemos
que otros graben sobre su tumba palabras que no le pertenecen.
Estos fragmentos del poema Un hombre envejece” fueron subrayados del libro
Un pctis mental., una compilación de cien poemas chinos contemporáneos
seleccionados y traducidos por Miguel Ángel Petrecca. Según este traductor, Xi
Chuan, nacido en 1963, no perteneció a ninguno de los dos grandes grupos de
poetas en tensión en ese país durante la década del noventa: “populares” e
“intelectuales”, si bien estuvo más cercano al último grupo. La poesía de Xi habría
dado un giro total a partir de la muerte de dos de sus amigos poetas en 1989, año
en el que tuvo lugar la masacre de la plaza Tiananmen, cuando el Estado chino
aplastó las protestas estudiantiles antiautoritarias con tanques y tropas de
infantería, causando un número indeterminado de muertes -trescientas en cifras
oficiales y alrededor de tres mil en extraoficiales-, además de una cantidad
imprecisa de personas heridas, detenidas y desaparecidas. 1989 también fue el año
en el que cayó el Muro de Berlín, otro evento-bisagra entre dos tiempos.

12
5
126 Según W.B. Yeats,
el vino entra por la boca y el amor entra por los ojos eso es todo lo que en
verdad sabemos antes de envejecer y morir llevo la copa a mis labios te miro,
y suspiro.

Según Marguerite Yourcenar, hay dos clases de seres humanos: aquellos


que apartan la muerte de su pensamiento para vivir mejor y más libres, y
aquellos que, al contrario, se sienten vivir con más fuerza e inteligencia
cuando la acechan en cada una de las señales que ella les hace a través de las
sensaciones del cuerpo y de los azares del mundo exterior. Los que unos
llaman manía morbosa, es para otros una heroica disciplina.
Según Marina Yuszczuk, no importa qué hagamos o cuánto luchemos, esto
termina en el cementerio.

12
7
PROTAGONISTA)
(EN ORDEN DE APARICIÓN)

Adán, Martín, La casa de cartón, Buenos Aires, Mansalva, 2011. 131


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PROTAGONISTA!
(EN ORDEN DE APARICIÓN)

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7
Esta edición
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en julio de 2023 en Elias Poner y Cía.,
Ciudad de Buenos Aires,
Argentina
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COSTA OESTE (1974-1984)
OSVALDO BAIGORRIA

LLÉVATELA, AMIGO, POR EL BIEN DE LOS TRES


OSVALDO BAIGORRIA

LAS POSESAS
ESTHER DÍAZ Y ALBERTINA GARRI

PEQUEÑO MUNDO ILUSTRADO


MARÍA NEGRONI

OBJETO SATIE
MARÍA NEGRONI

ARGENTINA BEAT
DERIVAS LITERARIAS DE LOS GRUPOS OPIUM Y
SUNDA N. SÁNCHEZ, R. RODRÍGUEZ, M. FOX
LOS SUEÑOS
GINO GERMANI

MARIENBAD ELÉCTRICO
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MALA NOCHE
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VIAJERO SOLITARIO
JACKKEROUAC

LA FILOSOFÍA DE LA GENERACIÓN BEAT


Y OTROS ESCRITOS
JACK KEROUAC

LA REVOLUCIÓN ELECTRÓNICA
WILLIAM S. BURROUGHS

PARA UNA AUTOPSIA DE LA VIDA COTIDIANA J.G.


hALLARD

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Las bibliotecas privadas de los escritores siempre generan intriga. Qué
fragmentos subrayaron, qué caprichos atesoran, qué anotaron en los márgenes
forma parte de un fuera de campo que no solemos conocer de primera mano. Ahí
radica uno de los magnetismos de Según, un experimento atípico en el que el
autor no solo nos permite acceder a sus lecturas, sino que son ellas las que le
permiten a él acceder al acto mismo de la escritura. El narrador protagonista de
este relato polifónico, si es que podemos llamarlo así, es alguien que, habiendo
pasado gran parte de su vida entre libros que sobrevivieron a requisas policiales,
exilios, préstamos y mudanzas, decide hacer que las marcas de su lectura
acumulada, como "huellas del tiempo que pasó", hablen por él. ¿Qué sentido
tiene agregar una palabra más? Mejor dejar que la apropiación y el azar tomen el
lugar de la invención y la planificación.

Luego de Llévatela, amigo, por el bien de los tres y de las memorias de sus
viajes por la Costa Oeste reunidas en Postales de la contraculfura, Osvaldo
Baigorria vuelve a jugar en Caja Negra con los límites de la autoficción para
enhebrar una escritura coral que es a la vez un repaso posible por su biografía
intelectual, un intento de novela fragmentaria y una conversación involuntaria
entre autores que a priori no pondríamos en relación. Entre citas breves y versos
o párrafos más extensos, en riguroso orden alfabético, aquí se entremezclan
poetas, ensayistas y narradores de diversas épocas y tradiciones, que van desde
figuras de la literatura argentina como Borges, Saer, Aira y María Negroni, hasta
escritores como Bataille, Vonneguty Ballard, artistas como Gumier Maier y
Jacoby, poetas como Perlongher y Kamenszain, y cineastas como Pasolini. En
este diálogo de citas cruzadas hay espacio para la reflexión poética y filosófica
sobre el amor, la muerte, el placer, el arte, la historia, y exploraciones espirituales
como las enseñanzas del Tao, las premisas del budismo, las mitologías
amerindias o el misticismo.

Porque en gran medida somos lo que leemos, este ejercicio aufobiblio- gráfico es
una forma lúdica de descubrir las constelaciones de autores que orbitan en torno
a una vida en constante desplazamiento.

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