Autobiografía de Osvaldo Baigorria
Autobiografía de Osvaldo Baigorria
SEGÚN
AUTOBIBLIOGRAFÍA
UNA
OSVALDO BAIGORRIA
ISBN 978-987-8272-07-8
SEGÚN
NUMANCM
A LA CAZA DE CITAS
Ser sólo un lector a veces no es suficiente. No lo fue para alguien que, habiendo pasado
gran parte de su vida entre libros y deseando escribir, esperó a que le llegara la hora. Que
pareció haberle llegado después de mudarse a una vivienda donde estaría completamente
a solas, con muchísimo tiempo por delante y en compañía de una notable selección de
los libros que había leído o al menos, adquirido. Hacía años que no los tenía
concentrados en un solo hogar. Por lo menos, desde que se había ido de casa de sus
padres, donde había dejado unos cuantos en la habitación de arriba; luego hubo otros que
fue acumulando en un par de departamentos alquilados, varios perdidos a manos de la
policía en tiempos represivos durante un allanamiento en el que por suerte no estaba en
casa y aquellos que quedaron atrás cuando partió hacia el exilio; algunos que tuvo por un
tiempo y abandonó en distintas ciudades del continente americano; muchos que
quedaron en una cabaña nórdica tras una dolorosa separación, otros que viajaron por
barco y avión en su primer regreso al Sur y otros que volvieron a viajar en dirección al
Este en un segundo exilio a Europa luego del cual habría
más libros que cruzaron el océano de vuelta hacia el Oeste cuan», o cidió
reinstalarse en su tierra natal; también aquellos que se repatrie entre la casa que
adquirió con su nueva pareja y un estud > < finalmente la totalidad que pudo reunir
en ese departamento en e que recaló después de vender la vivienda que compartió
con su pareja u rante más de dos décadas, esa que se fue de esta vida al mismo
tiempo en que a ambos les llegaba la jubilación.
La jubilación, esa hora del retiro, que es también la hora de un supuesto júbilo,
coincidió con una flamante y penosa cond c i viudez. Se encontró con un duelo por delante
y una soledad que sintió que era como un llamado a escribir. No es que no hubiera escrito
nada antes, pero sus textos habían sido circunscriptos a la modalidad, el lenguaje y los
protocolos de la academia en la que estuvo enseñando durante los últimos años de su
existencia laboral: escritos prácticamente por obligación, para mantenerse al día con sus
colegas más prolífi- cos, aumentar su currículum y fundamentar los subsidios y honorarios
8 extra que complementaban su salario. No encontraba placer alguno en esa escritura, por
lo cual en ese campo su estilo, si se lo puede llamar así, era más bien árido y reiterativo.
Con la jubilación obtuvo por primera vez el tiempo llamado “libre” y decidió emprender
algún provecto más serio o al menos placentero. Imaginó que ese proyecto podía ubicarse
en aquella esfera que por convención se llama literatura, distinguible de toda otra escritura
como la de manuales técnicos, documentos legales, notas periodísticas, investigaciones,
tesis y monografías. Y con todo el espacio mental que le dejaba haberse librado de la
obligación de ganarse la vida, puso manos a la obra.
Es un decir. Mejor sería indicar que puso todos sus esfuerzos intelectuales,
fantasías, sueños y pensamientos a la obra, pero no sus manos, al menos no al
principio. Pensó que escribir de manera regular, día a día, organizaría su vida para
ayudarlo a superar el duelo y evitar la melancolía. Pero tropezó con todas las
dificultades conocidas, desde la famosa página en blanco del cuaderno de notas hasta
el cursor titilante en la pantalla vacía de la computadora, atravesando noches
de insomnio y días de tedio, sin ningún resultado visible. Los temas y eventos que podían
ocurrírsele no llegaban a cuajar en ningún texto: no lograba arrancar. Ni siquiera se había
decidido por el género. Cuando era adolescente había leído a poetas estimulantes pero quizá
no en el mejor sentido (Rimbaud o Bretón parecían más bien una incitación a dejarlo todo y
partir por los caminos, y supuso que “todo” debía incluir a la pretensión de escribir poesía);
igual había escrito un puñado de poemas que no se sostenían del todo en el papel. De cual-
quier manera, ¿qué? ¿A la vejez, viruela? Ya no se sentía con la edad ni con la memoria
suficiente para ponerse a escribir un librito de poemas. Creía que una de las cualidades más
importantes de una o un poeta es la memoria -de esta tenía poca y no mejoraba con los
años- y que se necesita esa cualidad para disponer de un buen vocabulario en el momento
en que llegara la inspiración. También aspiraba a encontrar a la poesía dispersa, diluida en
prosas, pero cuanto más la buscaba, menos la encontraba; esa cosa “alada, liviana y
sagrada” que habría en el poema, al final se le escapaba. 9
Ante la ficción se sentía aún peor. Temía no tener la suficiente imaginación para urdir
un cuento o una novela o, si la tenía, no era capaz de poner a trabajar lo que imaginaba en
un relato (el teatro estaba hiera de juego, le parecía demasiado técnico, con su construcción
de escenas y diálogos entre personajes). Por otra parte, estimaba que su vida había sido
demasiado monótona como para ponerse a contar algo a partir de su propia experiencia. Si
bien tuvo sus aventuras, viajes y amores, al lado de gente que estuvo presa en Guantánamo,
o que caminó por toda Europa para huir de la guerra en Medio Oriente o que había cruzado
el Mediterráneo desde África en una balsa ilegal, por ejemplo, sus peripecias personales le
resultaban poco interesantes; consideraba que narrarlas era un acto de vanidad. Investigar y
escribir sobre vidas ajenas tampoco lo estimulaba, le parecía un trabajo indiscreto, entro-
metido y cercano al periodismo, oficio que le resultaba agotador quizá por haberlo
practicado en exceso. Al análisis o comentario de otras obras también lo desechaba, porque
se acercaba al tipo de escritura en
• ante el ensayo sentía lenguaje
R Y
académico que ahora prefería evita . aparente libertad algo así como mareos, porque a pesar
o a causa <- consideraba que que ofrecía, el género estaba colmado de opimone y (CXto
¡ráptelas ideas propias que se le ocurriesen no merecían eg c s) habían
Según Agamben, los escritores se distinguen por su inscripción en una de estas dos
grandes clases: la parodia y la ficción. Pero también son posibles soluciones
intermedias: parodiar la ficción o ficcionalizar la parodia.
Según Aíra, cambiar de tema es una de las artes más difíciles de do-
minar y la clave de todas las demás. Para que haya arte, debe haber un
desvío, una perversión, si se quiere, del interés, y el modo más económico de lograr
ese desvío sería casarlo abruptamente con otro interés. Inocua como parece, la
operación es radicalmente subversiva porque el interés se define por su aislamiento
obsesiona!, por ser único y no admitir competencia.
Según Ana Ajmátova, qué nos importa al fin y al cabo que todo se convierta en
ceniza.
Según Akutagawa, el biombo del infierno fue una consumada obra de arte, en
cuyo centro la figura de la agonizante dama de la corte en el carruaje de bueyes
devorado por las llamas sería la representación más espantosa de las mil y una
torturas del llameante infierno.
Según Apollinaire, un culo debe oler como un culo y no como esencia de colonia.
Según Reynaldo Arenas, cuando se vive en el campo se está en contacto directo con la
naturaleza y, por lo tanto, con el mundo erótico: uno ve que las gallinas se pasan el día
entero cubiertas por el gallo y las yeguas por el caballo, las moscas fornican sobre la mesa
en la que se come, las perras al ser ensartadas arman una algarabía capaz de excitar a las
monjas más pías, las gatas en celo aúllan por las noches con tal vehemencia que despiertan
los deseos más recónditos. Además, en el campo son pocos los hombres que no han tenido
relaciones con otros hombres, pasando por encima de todos los prejuicios machistas que los
padres se encargan de inculcar a los niños. Un ejemplo de esto habría sido Rigoberto,
hombre casado y muy serio y el mayor de los tíos de Reynaldo, quien a los ocho años iba al
pueblo a caballo sentado con su tío en la misma montura; inmediatamente que montaban, el
enorme sexo de Rigoberto empezaba a crecer. Reynaldo se acomodaba de la mejor manera,
ponía sus nalgas encima de ese sexo y, al trote del caballo durante un viaje que duraba más
de una hora, iba saltando y viajando como si fuese transportado por dos animales a la vez.
Finalmente, Rigoberto eyaculaba.
Según Roberto Arlt, la angustia es algo que puede arraigarse en los huesos como la sífilis.
Por caso, su personaje Erdosain contó flue una vez que estaba en una estación de campo,
esperando un
tren que se demoraba, vino a sentarse a su lado una n*ha nueve años, con delantal
blanco, y él, sin poderse contener, es conversación hacia un tema obsceno, con
prudencia, son ean o terreno. Desde la garita de los guardagujas dos cambistas lo
mira an con atención. Erdosain contó que allí le reveló a la niña el misterio sexual”.
Según John Ashbery, algún desvío de la norma ocurrirá a medida que el tiempo se
hace más abierto.
Según W.H. Anden, el secreto al fin se revelará como siempre ocurre al terminar la
rica historia madura ya estará para ser contada a la más íntima amistad.
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20 Según el Baghavad-Gita, así como alguien deja sus viejos vestidos y toma otros nuevos, así
el ser encarnado, dejando sus viejos cuerpos, entra en otros nuevos: a ese espíritu las
armas no lo cortan, el fuego no lo quema, las aguas no lo mojan, el viento no lo seca.
Según Bashó,
de cuando en cuando
las nubes acuerdan una pausa para quienes contemplan la luna.
Según Bataille, en cada humano hay un animal encerrado en una cárcel, como un preso, y hay
también una puerta, y si entreabrimos la puerta, el animal se abalanza hacia afuera como el
preso que encuentra la salida; entonces, provisoriamente, el humano cae muerto y el animal se
comporta como animal, sin preocupación alguna por suscitar la admiración poética del muerto.
Según Emma Barrandeguy, dentro de cincuenta años todos serán calvos (esa constante
evocación de la muerte le parecía lo más anti burgués que podía pedirse, una recordación diaria
de que a ningún bien vale la pena aferrarse; era la frase disolvente que siempre tenía en los
labios ante cualquier situación de menosprecio, autoridad, avidez o tedio). Conocí a Emma
durante la presentación de su novela Habitaciones en el Centro Cultural Rojas, Buenos Aires,
2002. La novela fue escrita a fines de la década del cincuenta y en esto tenía razón: en esas
cinco décadas mucha gente se quedó calva, envejeció mal o murió aferrada a cosas e ideas que
no valían la pena. Golpes para el ego.
Según Basho, de cuando en cuando las nubes acuerdan una pausa para quienes contemplan la
luna.
Según Bataille, en cada humano hay un animal encerrado en una cárcel, como un preso, y hay
también una puerta, y si entreabrimos la puerta, el animal se abalanza hacia afuera como el
preso que encuentra la salida; entonces, provisoriamente, el humano cae muerto y el animal se
comporta como animal, sin preocupación alguna por suscitar la admiración poética del muerto.
Según Raudelaire, la risa es satánica y, por lo tanto. Pr^U fOp¡a su_ humana. Como el
individuo encuentra en sí la ide a < s ■
.. ’T es a la vez un signo perioridad, la risa
es esencialmente contradictori.■ |tar^a jgj choque de grandeza absoluta y de miseria
infinita. La r*sa rcsu perpetuo entre esos dos infinitos.
Según Simone de Beauvoir, la gente simpatiza más a gusto con la desgracia que con la
felicidad.
Según Max Beerbohm, el fracaso, cuando es tota , llano y sin barniz, tiene algo de
dignidad. Tal habría sido el caso del melancólico autor hnoch Soames, quien vendió su alma
al diablo para poder via,ar al fii- turo a comprobar si en cien años sería recordado como
poeta y descu- brió que solo sería recordado como personaje de ficción en un cuento de
Beerbohm. Agregará que a la fecha poco se dice en Wikipedia sobre Beerbohm. caricaturista
22 británico que fue conocido en castellano por la traducción que hicieron Borges,
Silvina Ocampo y Bioy Casares de “Enoch Soames”, cuento incluido en la Antología
de la Literatura Fantástica y en el que me basé para armar la síntesis que encabeza este
párrafo. Parece queThomas Wolfe dijo de él en una carta: “Es un vago y se esfuerza por no
hacer nada”.
Según Diana Bellessi, la pródiga vuelve a casa sin haber atesorado prodigio alguno.
Según Walter Benjamín, el aura es la irrepetible aparición de unJ lejanía por más cercana
que esta pueda estar.
Según Bifo Berardi, la humanidad ha ingresado oficialmente en la era de la demencia: la
vida real hoy quiere decir bosques en llamas, hielos derritiéndose, contaminación del aire,
pandemias. Por eso la vida real es reemplazada por las redes digitales, y la conjunción de los
cuerpos por la conexión de las máquinas; luego, el cerebro del autómata digital se separa del
cuerpo viviente y la especie humana se va convirtiendo en un ejército de sonámbulos, como si
hubiera mucha gente sufriendo de Alzheimer, tomando pastillas, enfrentando la realidad con
una sonrisa boba, diciendo “sí, sí, sí”. Y entonces, como decía Pris en Blade Runner,
moriremos porque somos estúpidos.
Según Lord Bemers, Antonia y el camello desaparecieron en la lejanía y nadie los vio partir.
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Según Ambrose Bierce, un cínico es un canalla cuya visión defectuosa hace que vea las
cosas como son, no como deberían ser.
Según Juana Bignozzi, nadie puede no tener miserias después de más de setenta años de
vida y más de cuarenta de matrimonio.
Según Bioy Casares, cheto es una persona que se muestra en los lugares adecuados, que se
viste y habla como corresponde. Puede llegar en motocicleta: “Me encontré con los chetos, en
La Veredita”.
Según Blake, del agua estancada no puedes esperar más que veneno.
Según Blanchot, el ser no busca ser reconocido sino impugnado; para existir, va hacia
lo otro que lo impugna y que a veces lo mega, con el fin de comenzar a ser en esa
privación que lo vuelve consciente de la imposibilidad de ser él mismo como individuo
separado.
Según Mariano Blatt, habría que escribir una historia del mundo, desde el principio
hasta el final.
Según Murray Bookchin, alguna vez quizá podamos encontrar una manera de pensar y
sentir que incluya la re-espiritualización de los fenómenos animados e inanimados sin
abandonar la agudeza provista por la ciencia y el razonamiento analítico. Ojalá.
24 Según Borges, no hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil; en principio, una
doctrina filosófica puede ser una descripción verosímil del universo, pero giran los años
y se vuelve un mero capítulo, un párrafo, un nombre en la historia de la filosofía. En la
literatura, esa caducidad final es aún más notoria.
Según Joe Brainard, es más divertido mear con alguien que a solas. Y dice que eso lo
aprendió de niño, si mal no recuerda.
Según Andre Bretón, es necesario no confundir los libros que se leen en viaje con los
que nos hacen viajar.
Según Margarete Buber-Neumann, el personaje de Gregorio Samsa en La metamorfosis
estuvo inspirado en Milena Jesenská. Fue Milena quien le contó un día, mientras paseaban
entre los barracones del campo de concentración de Ravensbruk, que ella era ese viajante de
comercio incomprendido y sin capacidad de resolución que se transforma en el gigantesco
escarabajo al que su familia oculta por vergüenza. Margarete fue una comunista
antiestalinista que estuvo encerrada en un campo de concentración soviético y luego canjeada
a la Gestapo por otros prisioneros en 1940 para terminar en el campo nazi de Ravensbruk,
donde se hizo amiga íntima de Milena, la traductora, periodista y escritora de la que se había
enamorado Franz Kafka. Milena murió en ese mismo campo de concentración en 1944.
Según Buda, si uno ve una gran felicidad que proviene del abandono de una felicidad
pequeña, debe uno, sensato, abandonar la pequeña felicidad apenas ve la gran felicidad.
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Según Calderón,
sea esto verdad o sueño, obrar bien es lo que importa;
si fuese verdad, por serlo;
si no, por ganar amigos para cuando despertemos.
Según Amaldo Calveyra, la modernidad de escritura es ese rincón de la fábula donde se
esconde una travesura para siempre, esas obras mandándose señas por encima del drama y la
alegría y que la denominación de clásicas no agota, esas obras como recién salidas del horno si
no es que verdaderamente recién salieron del horno.
Según Joseph Campbell, el campo de batalla es simbólico del campo de la vida, donde cada
criatura vive de la muerte de otra. Y darse cuenta de la inevitable culpa de vivir puede
enfermar al corazón de tal modo que, como Hamlet o Arjuna, uno puede rehusarse a seguir.
Pero uno siempre puede inventarse una falsa e injustificada imagen de sí mismo como
fenómeno excepcional en el mundo.
Según Haroldo de Campos, cuando se vive bajo la especie del viaje lo que importa no es el
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viaje sino el comienzo.
Según Camus, la ironía es un arma contra los poderosos no solo porque permite rechazar lo
que es falso sino porque también permite decir la verdad. No hemos visto a Hitler, por tomar
un ejemplo entre otros, utilizar la ironía socrática.
Según Vir/gmia Cano, la angustia es pura luz que enceguece nuestros sentidos y nos priva
de los matices, nos invade con su nada cegadora y nos deslumbra con la ausencia de un
sentido último, final, definitivo. A la angustia sólo se le puede oponer la potencia de lo
contingente y la ligereza de lo pequeño, la alquimia de lo que puede estar y no estar, el filo
de lo que podemos y no podemos transformar, el siempre esquivo “tal vez” y el peligroso
quizá , ese que arriesga un mundo que puede ser de muchas maneras pero sólo es capaz de
encarnar algunas.
Según Alejo Carpentier, a veces es necesario poner un mar de por medio para ver las
cosas de cerca. Me ocurrió; pude ver más de cerca a la Argentina cuando viví en Europa.
Según Céline, un continente sin guerra se aburre. Es lo que le pasó a 29 toda Europa, de
uniforme y turgente: en cuanto suenan los clarines, ¡la fiesta! Vacaciones generales y
sangrientas, viajes de nunca acabar, ejércitos que no cesan de moverse, furgones blindados
llenos de cañones y prisioneros y personas hambrientas alrededor de cocinas ambulantes...
Las buenas costumbres se pierden, todo se pierde, reemplazado por nada.
Según Cioran, hay algo de charlatán en todo aquel que triunfa, sea en la materia que sea.
Según David Cooper, hacer el amor es algo bueno en sí mismo, y tanto mejor
cuantas más veces ocurra, de toda manera posible y concebible y con la mayor
cantidad de gente posible. Estas palabras, tomadas de un fragmento del libro La
muerte de la familia que leí en el suple- 30 mentó cultural del diario La Opinión a
principios de los años setenta fueron pintadas en rojo sobre el blanco respaldo de
madera de la cama doble que compartimos con mi primera pareja abierta en esos
mismos años. Alguna que otra vez las pusimos a prueba sobre esa misma cama. No
siempre salió bien.
Según Carlos Correas, todos los silencios son huecos que se abren entre las
palabras: está el silencio de la idiotez o de la ignorancia, el de la carencia de
recursos verbales; está el silencio de la prudencia, de quien no habla por la
inconveniencia de hablar; está el silencio (¿eterno?) del torturado; está el
silencio del padre que se siente superior y no desciende a discutir con su
mujer o sus hijos.
Según Kdolfo el concóo de un artista es mcontúhdiNc, v u»n cu cuaíkUd se nace,
siendo <vu kha la rcdúaeton dc’k<emv U a\vr taca de sus obras. Cewre ÚK primero
un rcwmxnlo pmrni en < hile \ luego se dedicó caed exclusivamente A escribir,
llegando A publiv ai orne novelas. además de poemas v ensayos M4MX arte. I\ toda su
ohia jólo be leído Tres wevws perú <vn eso me alvaiwó |vara lemu tpie c *v coraren le
Una en d pecho.
32 Según Rene Char, a juzgar por el subsuelo de la hierba donde cantaba aquella noche
una pareja de grillos, la vida prenatal debió ser muy dulce. Char escribió esto en
su diario de los años de guerrilla Hojas de Hipnos, e imagino que debe haber
escuchado ese canto en algún escondite o emboscada de la resistencia francesa
contra la ocupación nazi, cuando actuaba como partisano bajo el seudónimo de
Capitán Alexandre.
Según Sergio Chejfec, lo curioso de las noticias de la escritura es que parecen más o
menos atemporales. En la medida en que pertenecen al territorio de lo escrito (que nos
rodea en todo momento y de diferentes modos), siempre hay una sustancia que se
reanima ante nuestro contacto, aun cuando sea solamente visual, y despierta el
recuerdo o hábito de alguna práctica aledaña, o implícita, que es obstinadamente
familiar a otra antigua.
Según Luis Chitarroni, el tiempo respira encapsulado en los relojes y nadie sabe qué
carajo está pensando.
Según Noam Chomsky, si a menudo no podemos ver lo que ocurre ante nuestros
propios ojos, no es de extrañar que aquello que ya está a mayor distancia nos resulte
del todo invisible.
Según Chuang Tse, todo el mundo corre en tropel a lo que cree que es la
felicidad, pero la felicidad suprema es la carencia de felicidad, así como la
mayor gloria es no tener gloria.
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Según Dante, no hay mayor dolor que recordar una época feliz en la miseria, 35
y eso cu doctor bien lo sabe.
Según Oscar del Barco, más allá de todo, incluso hasta de un posible s, estae o
matarás. Frente a una sociedad que asesina a millón® s umanos mediante guerras,
genocidios, hambrunas, enferme' ues y toda clase de suplicios, en el fondo se oye
débil o imperioso un
;
No mataras un mandato que no puede fundarse o explicarse, y 4* fuerza ™
3qU1
’ C°m° Presencia sin presencia, como fuerza si"
r
tuerza, como ser sin ser.
Según Deleuze y Guattari, no hay enunciado individual, todo enunciado es siempre
producto de un agenciamiento maquínico, de agentes colectivos de enunciación. El
nombre propio sería la aprehensión instantánea de una multiplicidad. No designa a un
individuo. Al contrario, un individuo solo podría adquirir su verdadero nombre
propio cuando se abra a las multiplicidades que lo atraviesan, tras el más severo
ejercicio de despersonalización.
Según T. Deshimaru, quien cree que hay que practicar zazen para alcanzar el satori
o la iluminación como quien va todos los días a la iglesia para ganarse el paraíso, se
equivoca. La práctica de zazen, aquí y ahora, es satori. Pero quien lo practica no sabe
que tiene el satori. Simplemente, practica. Si piensa “tengo el satori ” o “estoy
iluminado , no lo tiene ni lo está.
Según Jorge di Paola, en cada hoja no había más que dos o tres palabras, en el
centro, y a veces, una sola. ¿Anda escribiendo un diccionario?, le preguntaron al
Pueta. ¿Y dónde están las explicaciones? El Pue- ta se rio un rato largo antes de
responder: Hace falta silencio, m’hijo. La puesía es un corte de manga a la
madeja del barullo general. Lea mi ultimo puema, no habrá más (y el último
poema solo decía: Minga!).
Según Diane di Prima, hay tantos tipos de besos como personas en el mundo y
tantos como permutaciones y combinaciones de personas. Nadte besa como los
demás y nadie fornica igual, pero en cierto modo un beso es algo todavta más
personal e individual que un polvo
Según Dostoievski, sobre la historia del mundo se puede decir todo tipo de cosas y
cualquiera de las cosas que se le pueda ocurrir a la imaginación más mórbida, menos
una: imposible decir que la historia es razonable, la palabra se le queda a uno
atragantada.
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86 Según Leopoldo María Panero, un loco tocado de la maldición del cielo canta
humillado en una esquina sus canciones hablan de ángeles y cosas que cuestan la vida
al ojo humano la vida se pudre a sus pies como una rosa y ya cerca de la tumba, pasa
junto a él una Princesa.
Según Giovanni Papini, hay poetas que han dicho que la vida es la sombra
de un sueño pero nunca resolvieron el enigma de quién es el que sueña; los
personajes de los sueños disfrutan de una libertad bastante amplia pero no son
nunca libres de concluir el sueño por decisión propia.
Según Vikram Paralkar, la Aphasia floriloquens es difícil de ubicar entre los
desequilibrios lingüísticos más conocidos porque es la única afasia caracterizada por
un exceso de discurso, no de ausencia. Quien la padece puede llegar a ser explotado
por un público curioso ante el torrente de palabras inspiradas por la enfermedad y que
lo escuchará atentamente con la esperanza de extraer algunas yuxtaposiciones bri-
llantes en la red de tangentes secretas del discurso, mientras los pensamientos y
lamentos propios del enfermo pasarán sin ser oídos.
Según Pasolini, hay una ilusión cultural cuyo aspecto más inmediato es la confianza
en el valor absoluto de la cita, como un trauma lingüístico fundado en la posibilidad de
reflejos condicionados de parte del lector. Aclaro que esto Pasolini lo formula en el
contexto de una carta crítica dirigida al escritor Alberto Arbasino, luego de la lectura
de uno de sus borradores, acusándolo de yuxtaponer las citas sin asimilarlas y sin
esfuerzo lingüístico, “mientras es claro” continúa diciéndole “que la 87 palabra
requiere siempre ser modificada, con terrible dolor, ya se trate de cita, término técnico,
o sustantivo comunísimo como ‘rosa’ o violeta. Usted no puede contar con el esfuerzo
hecho ya por otro”. Y pongo entre comillas estas últimas frases para resaltar que
pertenecen a una cita textual, en reconocimiento de que ellas me han dado más coraje y
determinación para intervenir unas cuantas citas en este mismo libro.
Según Cesare Pavese, si la calle es de todos, habría que gozarla sin hacer otra cosa,
mirando alrededor, a la sombra o al sol en el fresco ligero.
Según Viktor Pelevin, las moscas viven mejor que las hormigas pero hasta
cierto punto, porque su vida es demasiado superficial y, lo que es peor, no tienen
ninguna seguridad en el futuro.
Según Federico Manuel Peralta Ramos, arte es hacer reír y pensar a la gente.
Al mismo tiempo, claro.
Según Néstor Perlongher, hay experimentos que muestran que al- 88 gunos
fumadores de marihuana precisarían de una intervención del entorno para percibir su
propio estado. O sea: el trance tendría dos componentes, uno psicofisiológico y otro
cultural. A causa del primero, sería universal, porque corresponde a una disposición
psicofisioló- gica innata de la naturaleza humana. Ahora, para tornarse efectivo, el
trance supone una intervención de la sociedad y la cultura; no es un proceso
automático. La capacidad o potencialidad está, pero para que ella se realice debe haber
una intervención cultural: un ritual.
Según Josef Pieper, el ocio no tiene nada que ver con la pereza, que es de donde
proviene el desasosiego y la actividad incansable de trabajar por el trabajo mismo. El
ocio no se debe a hechos externos como pausa en el trabajo, tiempo libre, fin de
semana, permisos, vacaciones. El ocio es un estado del alma. No es la actitud del que
interviene, sino la del que se relaja; no la del que aferra, sino la del que suelta, se suelta
y abandona, casi como en la actitud abandonada del que duerme: solo el que se
abandona está en disposición de dormir.
Según Ricardo Piglia, no hay consuelo más hábil que pensar que hemos elegido
nuestras desdichas.
Según Virgilio Piñera, la carne mueve al mundo, y si de pronto nos negáramos
a inmolar nuestra carne, la vida humana se detendría y el mundo se convertiría en
un osario.
Según Roberto Piva, hay que abandonar todo y conocer playas. Amores nuevos.
Poesía en cascadas floridas con arañas azuladas en los heléchos. Todo trabajador es un
esclavo. Toda autoridad es cómica... A esto lo subrayé de una antología artesanal,
bilingüe y pirata de Eloísa Cartonera pero a Piva lo leí por primera vez gracias a Néstor
Perlongher, quien incluyó un poema de este beatnik y surrealista brasileño en su ensayo
“Poética urbana”; lo había conocido en San Pablo, donde nació Piva en 1937 (murió en
esa misma ciudad en 2010). Unos años más tarde, Daniela Andújar me regaló una
edición post mortem, y también bilingüe, del primer libro de Piva, Paranoia. De allí
pueden extraerse más y mejores citas pero me quedé con el primer 90 subrayado por
respeto al orden de descubrimiento. De todas maneras, quisiera citar o parafrasear algo
del poema incluido en el ensayo de Perlongher, que también está en ese último libro. El
poema era “Visión de San Pablo a la noche. Poema antropófago bajo el efecto de narcó-
ticos”. Entre otras cosas allí dice: “la luna no se apoya en nada/ yo no me apoyo en
nada”.
Según Jacques Prevel, habría que escribir con el sentimiento de que escribir es un acto
mágico y divino. Y hacerlo con toda la paciencia de la exaltación. La primera frase la
anotó a las 3 de la madrugada de un sábado de marzo de 1946, excitado e insomne tras
haber enviado su primer libro de poemas a Antonin Artaud, internado en el asilo de
Rodez; la segunda, dos madrugadas después. Prevel pudo encontrarse en mayo con
Artaud cuando este salió de una internación que había durado nueve años, y lo
acompañó fielmente -escuchándolo, siguiendo al pie de la letra sus recomendaciones,
comprándole láudano cada vez que se lo pedía— hasta el momento de su muerte, en
marzo de 91 1948. En esos escasos dos años de relación, Prevel construyó un relato de
sus encuentros con su admirado poeta y dramaturgo en libretas u hojas sueltas. El diario
fue publicado post mortem como En compañía de Antonin Artaud, y allí declaraba que
Artaud fue el único hombre que había amado, seguido y adorado en toda su vida. Esta
fue bastante corta: Jaques Prevel murió a los 35 de tuberculosis, el 27 de mayo de 1951,
el mismo día de la fecha de su primer encuentro, cinco años antes, con Artaud.
Según Proust, los vivos somos solo muertos que no han entrado en funciones.
Según Manuel Puig, en el invierno de 1978 en Nueva York se dio a conocer un brote
epidémico, aparentemente nuevo, que logró abrirse
camino hasta la primera plana de los diarios. Al menos se había aislado el virus, y
se suponía que sólo haría falta inventar la vacuna. El virus no tenía nombre hasta
ese momento, pero el efecto era el desinterés por, olvido de, rechazo a, repugnancia
de, desconcierto ante y terror de... la vida sexual.
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124 Según Xi Chuan,
un hombre envejece entre miradas y conversaciones entre pepinos y hojas de
té
como una anécdota de los viejos tiempos como un papel de reparto en una
vieja ópera.
Cuando los jóvenes toman distancia, un hombre envejece su mirada sigue el
vuelo de un pájaro un joven vive dentro suyo lo que dice pertenece a su alma.
En el techo de una casa, en el agujero de un árbol escondió papeles llenos de
amor y sufrimiento si quiere cosechar, ya es demasiado tarde si quiere
escapar, ya es demasiado tarde.
Un hombre envejece, vuelve a la infancia después igual que un animal se
muere. Su esqueleto ya está bastante duro, puede soportar la historia dejemos
que otros graben sobre su tumba palabras que no le pertenecen.
Estos fragmentos del poema Un hombre envejece” fueron subrayados del libro
Un pctis mental., una compilación de cien poemas chinos contemporáneos
seleccionados y traducidos por Miguel Ángel Petrecca. Según este traductor, Xi
Chuan, nacido en 1963, no perteneció a ninguno de los dos grandes grupos de
poetas en tensión en ese país durante la década del noventa: “populares” e
“intelectuales”, si bien estuvo más cercano al último grupo. La poesía de Xi habría
dado un giro total a partir de la muerte de dos de sus amigos poetas en 1989, año
en el que tuvo lugar la masacre de la plaza Tiananmen, cuando el Estado chino
aplastó las protestas estudiantiles antiautoritarias con tanques y tropas de
infantería, causando un número indeterminado de muertes -trescientas en cifras
oficiales y alrededor de tres mil en extraoficiales-, además de una cantidad
imprecisa de personas heridas, detenidas y desaparecidas. 1989 también fue el año
en el que cayó el Muro de Berlín, otro evento-bisagra entre dos tiempos.
12
5
126 Según W.B. Yeats,
el vino entra por la boca y el amor entra por los ojos eso es todo lo que en
verdad sabemos antes de envejecer y morir llevo la copa a mis labios te miro,
y suspiro.
12
7
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Esta edición
se terminó de imprimir y encuadernar
en julio de 2023 en Elias Poner y Cía.,
Ciudad de Buenos Aires,
Argentina
NUMANCM
LAS POSESAS
ESTHER DÍAZ Y ALBERTINA GARRI
OBJETO SATIE
MARÍA NEGRONI
ARGENTINA BEAT
DERIVAS LITERARIAS DE LOS GRUPOS OPIUM Y
SUNDA N. SÁNCHEZ, R. RODRÍGUEZ, M. FOX
LOS SUEÑOS
GINO GERMANI
MARIENBAD ELÉCTRICO
ENRIQUE VILA-MATAS
MALA NOCHE
WALT CURTIS
VIAJERO SOLITARIO
JACKKEROUAC
LA REVOLUCIÓN ELECTRÓNICA
WILLIAM S. BURROUGHS
[Link]
Las bibliotecas privadas de los escritores siempre generan intriga. Qué
fragmentos subrayaron, qué caprichos atesoran, qué anotaron en los márgenes
forma parte de un fuera de campo que no solemos conocer de primera mano. Ahí
radica uno de los magnetismos de Según, un experimento atípico en el que el
autor no solo nos permite acceder a sus lecturas, sino que son ellas las que le
permiten a él acceder al acto mismo de la escritura. El narrador protagonista de
este relato polifónico, si es que podemos llamarlo así, es alguien que, habiendo
pasado gran parte de su vida entre libros que sobrevivieron a requisas policiales,
exilios, préstamos y mudanzas, decide hacer que las marcas de su lectura
acumulada, como "huellas del tiempo que pasó", hablen por él. ¿Qué sentido
tiene agregar una palabra más? Mejor dejar que la apropiación y el azar tomen el
lugar de la invención y la planificación.
Luego de Llévatela, amigo, por el bien de los tres y de las memorias de sus
viajes por la Costa Oeste reunidas en Postales de la contraculfura, Osvaldo
Baigorria vuelve a jugar en Caja Negra con los límites de la autoficción para
enhebrar una escritura coral que es a la vez un repaso posible por su biografía
intelectual, un intento de novela fragmentaria y una conversación involuntaria
entre autores que a priori no pondríamos en relación. Entre citas breves y versos
o párrafos más extensos, en riguroso orden alfabético, aquí se entremezclan
poetas, ensayistas y narradores de diversas épocas y tradiciones, que van desde
figuras de la literatura argentina como Borges, Saer, Aira y María Negroni, hasta
escritores como Bataille, Vonneguty Ballard, artistas como Gumier Maier y
Jacoby, poetas como Perlongher y Kamenszain, y cineastas como Pasolini. En
este diálogo de citas cruzadas hay espacio para la reflexión poética y filosófica
sobre el amor, la muerte, el placer, el arte, la historia, y exploraciones espirituales
como las enseñanzas del Tao, las premisas del budismo, las mitologías
amerindias o el misticismo.
Porque en gran medida somos lo que leemos, este ejercicio aufobiblio- gráfico es
una forma lúdica de descubrir las constelaciones de autores que orbitan en torno
a una vida en constante desplazamiento.