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Los Tikuna

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LOS TIKUNA

Los tikuna conforman el pueblo indígena más numeroso del Amazonas brasileño. Con una
historia marcada por la violenta entrada de los siringueros, pescadores y madereros en la
región del río Solimões, recién en los años 1990 lograron el reconocimiento oficial de la
mayoría de sus tierras. En la actualidad enfrentan el desafío de garantizar su sustentabilidad
económica y ambiental, así como corresponder las relaciones con la sociedad circundante
manteniendo viva su riquísima cultura. No es casual la repercusión internacional que las
máscaras, los diseños y las pinturas de este pueblo han obtenido.

UBICACION

“De acuerdo con sus mitos, los ticuna son originarios del riacho Eware, ubicado en las
nacientes del riacho São Jerônimo (Tonatü), tributario de la margen izquierda del río
Solimões, en el trecho entre Tabatinga y São Paulo de Olivença. Aún hoy es esta el área de
mayor concentración de ticuna, y donde están localizadas 42 de las 59 aldeas existentes”
(Oliveira, 2002:280).

Este pueblo vivía en los tramos superiores de los riachos, afluentes de la margen izquierda
del río Solimões, en el trecho en el que este entre en territorio brasileño y hasta el río
Içá/Putumayo. Luego, se produjo un intenso proceso de traslado en dirección al río
Solimões.

En un comienzo, mantuvieron distribución espacial tradicional expresada a través de las


malocas clánicas y, en la década de 1970, se presentaban más de cien aldeas. Actualmente,
esa distribución de las aldeas ticuna se modificó sustancialmente. También se sabe que
algunos indios se trasladaron hasta Tefé y hacia otros municipios del Solimões medio.
Otros se afincaron en el municipio de Beruri, en el curso bajo del Solimões, bastante
cercanos a la ciudad de Manaus. En el Solimões superior, los ticuna pueden ser hallados en
los seis municipio de la región, a saber: Tabatinga, Benjamim Constant, São Paulo de
Olivença, Amaturá, Santo Antônio do Içá e Tonantins.

Según los datos del Instituto Socioambiental, los ticuna están distribuidos en 28 Tierras
Indígenas, siendo la mayoría de ellas ya demarcadas y/u homologadas, y algunas otras aún
en proceso de reconocimiento por la Funai - Fundação Nacional do Índio (Fundación
Nacional del Indio).

HISTORIA

La expansión de los omaguas (Cocamas) pueblo tupí-guaraní, ligada al tráfico de esclavos


para los colonizadores portugueses y holandeses, obligó a los ticuna a replegarse al interior
de la selva, pero con la decadencia de los omaguas, quienes quedaron asentados en
pequeños enclaves, los Ticuna regresaron a las riberas de los grandes ríos. Episodios como
la fiebre del caucho o el comercio de la coca han causado repliegues temporales, pero
actualmente los ticuna vuelven a ocupar su territorio tradicional,

LAS ARTESANIA

La variedad y la riqueza de la producción artística ticuna expresan una innegable capacidad


de resistencia y afirmación de su identidad. Son las máscaras ceremoniales, los bastones de
danza esculpidos, la pintura en cortezas de árboles, las estatuitas zoomorfas, la cestería, la
cerámica, los tejidos, los collares con pequeñas figuras esculpidas en tucumã (madera de
palmera: astrocaryum aculeatum), además de la música y las tantas historias que componen
su acervo literario.

Un aspecto que merece atención es el acervo de tinturas y colorantes. Cerca de quince


especies de plantas que tiñen son empleadas para darles color a lo hilos para tejer bolsos o
redes o pintar cortezas, esculturas, cestos, cernidores, instrumentos musicales, remos,
recipientes y el cuerpo de los sujetos. También se emplean pigmentos de origen mineral,
que se utilizan para decorar la cerámica y la “cabeza” de determinadas máscaras
ceremoniales.

A lo largo de los casi cuatrocientos años de contacto con la sociedad nacional, los ticuna
mantienen un arte que los torna singulares étnicamente, y las transformaciones constatadas
en algunos ítems de su producción material en contadas ocasiones se manifiestan en
detrimento de la calidad estética o técnica de las piezas. En ciertos casos, al contrario, las
innovaciones beneficiaron la apariencia de los artefactos –especialmente aquellos
destinados al comercio artesanal- volviéndolos más vistosos e con una mejor terminación.
Para los ticuna, la raíz matü designa todo tipo de decoración o “arreglo” aplicado a la
superficie de los objetos o del cuerpo, así como las manchas, rayas o dibujos encontrados
en la piel o en el cuero de ciertos animales. También es adoptado para nominar los motivos
que resultan de la intercalación de los hilos en las tablas de hilar o en los dibujos pintados
sobre las cortezas, papel y otros soportes; ese término es también utilizado para designar la
escritura introducida con la escolarización. Como soporte de decoración se presentan, en el
campo del trenzado, los cestos con tapa, los cernidores y los tipitis, cuya manufactura les
cabe a las mujeres. Otro conjunto de motivos se encuentra en las redes, tanto en los
ejemplares fabricados para la venta como en los de uso doméstico. Son motivos que
resultan de una técnica compleja que exige un gran conocimiento por parte de la tejedora,
así como experiencia y atención, características que son adquiridas luego de un largo
período de aprendizaje.

El tejido está íntimamente ligado a la mujer. La fabricación de hilos es una de las primeras
tareas desarrolladas por las niñas e en la adolescencia la importancia de esta actividad gana
una expresión ritual. Durante el período de reclusión la niña ya señorita, worecü, se dedica
a realizar trabajos en tucum (tipo de palme o palmera), especialmente a la torsión de hilos,
que son enrollados en forma de “flor”, de modo diferente en relación a los ovillos circulares
observados comúnmente.

La confección de la cerámica es una tarea preferentemente femenina, aunque los hombres


también acostumbran ejercerla. Otro soporte que posibilita el placer de dibujar y colorear
son los paneles hechos de corteza de ciertas especies de ficus o tururi, como es denominado
regionalmente. El tururi, nombre dado a ese tipo de panel, es una reciente invención y
surgió del reciclaje de técnicas y materias primas empleadas tradicionalmente en la
manufactura de máscaras, Los tururis se pintan exclusivamente para fines comerciales. Los
hombres son los especialistas reconocidos en el arte de pintar el tururi, en su mayoría
jóvenes o de mediana edad.

POBLACION

La lengua ticuna está ampliamente difundida en un área extensa por una gran cantidad de
hablantes (más de 30.000) cuyas comunidades se distribuyen en tres países: Brasil, Perú y
Colombia. Del lado brasileño, el número de comunidades asciende a un número elevado de
aldeas (cerca de cien) agrupadas en diversas áreas localizados en diversos municipios del
estado de Amazonas (entre los cuales podemos mencionar los de Benjamim Constant,
Tabatinga, São Paulo de Olivença, Amaturá, Santo Antonio do Içá, Jutaí, Fonte Boa,
Tonantins, Beruri). La mayor parte de las aldeas se ubica a lo largo del río Solimões o en
sus proximidades.

En las aldeas ubicadas del lado brasileño, la utilización intensiva de la lengua tikuna no está
amenazada por la proximidad de las ciudades (si es que fuera el cas) o inclusive por la
convivencia con hablantes de otras lenguas en el interior del área tikuna: en las aldeas, esos
hablantes de otras lenguas son minoritarios y terminan sometiéndose a la realidad ticuna,
razón por la cual, quizá, no representen una amenaza desde el punto de vista lingüístico.
Esa situación se puede ejemplificar con los kaixana (o caixana), los kokama (o cocama) y
los kanamari; los dos primeros presentes en varias aldeas tikuna y los últimos con presencia
relevada –en una pequeña cantidad- en esas aldeas. Los kaixana son luso hablantes. Los
kokama, que en el lado brasileño viven entre los tikuna, no ostentan el kokama como
lengua materna, rol desempeñado mayoritariamente por el portugués. Algunos –aunque
pocos- kokama recuerdan palabras, secuencias o frases en lengua kokama, y en ese sentido,
la mayoría tiene como meta readquirirla de alguna forma, lo que viene siendo intentado en
el ámbito de la educación escolar indígena. En relación a los kanamari que residen entre los
tikuna en el Brasil, no se tiene registros de que hayan dejado de hablar su propia lengua –el
kanamari pertenece a la familia katukina-, ni que esa lengua se superponga a la realidad
lingüística ticuna en el interior de la propia aldea ticuna.

DIETA ALIMENTICIA

La dieta alimenticia está compuesta básicamente de pescado acompañado por harina de


mandioca. La preparación del pescado, casi diariamente, es realizada de dos maneras. Los
diferentes tipos de pescado son cocidos siendo su caldo muy apreciado por todos. Luego de
comer el pescado cocido con una gran cantidad de harina de mandioca, los ticuna
acostumbran beber varios platos de caldo, como si fuese una sopa. También es muy común
preparar el pescado asado (moqueado) y comerlo acompañado por un pequeño plato de sal
colocado al lado en donde todos mojan el dedo. La harina de mandioca es consumida
tostada y muchas veces mezclada a lo que ellos llaman vino de acai, un jugo hecho de esa
fruta. Otro componente importante de la alimentación ticuna es la banana. La papilla de
banana es bebida con su jugo, que es muy graso. La banana asada en las brasas es muy
utilizada, así como consumida frita. Debido a la exigua presencia de los productos de caza
en la comida de este pueblo, no se encuentran descripciones de cómo preparar todas las
carnes.

La carne de jabalí, así como la de tapir o pecarí, se consume cocida. La carne de yacaré,
también apetitosa, acostumbra ser preparada de la misma manera que la del pescado.
Existen aún dos formas diferentes de preparar los pescados, no tan comunes en relación a
las descriptas. Ellas son la pupeca (una especie de paquete realizado con las hojas del
banano en donde se cocina el pescado) y la mujica o massamoura (una masa de banana
pisada y condimentada con trozos de pescado deshilados). Las artesanías son, en general,
responsabilidad de la esposa en la familia ticuna. Casi la totalidad de las mujeres sabe
elaborar el tipiti (instrumento utilizado para exprimir la masa de la mandioca), el pacará
(cesta con tapa), el aturá (cesta de carga), el cernidor, las hamacas, los collares y algún otro
tipo de artesanía. La mayoría de esos artefactos no son realizados para ser vendidos sino
para uso doméstico. Las familias que venden algún tipo de artesanía negocian con los
vendedores ambulantes o las venden en las ciudades más cercanas, aunque lo mencionado
no ocurre con mucha frecuencia. En forma semejante a lo que ocurre con la venta de frutas
en las aldeas ubicadas más cerca de las ciudades, también se intensifica la venta de
artesanías.

Las familias con más recursos hacen sus compras en las ciudades más cercanas. Algunas
compran en grandes cantidades para revender los productos, más tarde, en la aldea
estableciendo de esta manera casas “armarinhos” (pequeños armarios), con productos como
pilas o líneas de costura.

ACTIVIDADES PRODUCTIVAS

Los ticuna practicaban el cultivo de especie nativas como la mandioca, el cará (una especie
de caña de azúcar) y otros tubérculos. Antiguamente, con una alimentación basada en carne
de caza, la pesca presentaba una importancia mínima y era practicada con una tecnología de
cercas y envenenamiento de peces para los cual se disponía del jugo del timbó (Oliveira,
1988). Esa situación, sin embargo, se invirtió a partir de la ocupación de las várzeas del
Solimões. Actualmente la pesca es una de las actividades productivas más importantes para
los ticuna.

Cada familia ticuna posee su campo que considera de su propiedad. Pero no se trata de la
propiedad de la tierra, ni siquiera de la propiedad colectiva. En los campos de la familia
trabajan, en general, el padre, la esposa y los hijos mayores que no contrajeron matrimonio.
Asimismo, los hijos varones, mayores y solteros, pueden tener un campo propio cuando
contraen matrimonio. Las personas ancianas también tienen campos independientes de sus
hijos y yernos, inclusive si viven en la misma casa. Cuando reside más de una familia en un
solo hogar, las mismas acostumbran trabajar separadamente, cada una en su campo
respectivo.

Los instrumentos agrícola utilizados por los ticuna son, básicamente, el machete, el hacha,
la azada y el horno de tostar harina. Los instrumentos de trabajo utilizados cotidianamente
son comprados por medio de vendedores ambulantes o en las ciudades vecinas,
principalmente en Letícia, Colombia. Alguna hachas y hornos de harina fueron otorgados
por la Funai. Los pequeños comercios, instalados en la propia aldea por habitantes con más
recursos, y que tenían la posibilidad de viajas en varias oportunidades a la ciudad, también
proveían los instrumentos necesarios para la producción, principalmente el facón, que
comportaba una gran demanda.

Las técnicas agrícolas de los ticuna no difieren de aquellas utilizadas en todo el valle
amazónico; incluyen la tala seguida de quema y el cultivo intercalado de varias especies.
Los campos de tierra firme están en el centro, como ellos acostumbran decir. Aquellos de la
várzea son, generalmente, cultivados en las islas y bosques inundables, principalmente los
del río Solimões.

Los productos más sembrados, en orden decreciente de importancia son: la macaxeira y la


mandioca, la banana, el ananá o piña, la caña y el cará (tubérculo cultivable), además del
maíz y de la sandía, es en el período de la seca (verano), cuando estos campos que son de
várzea son trabajados. Algunos de estos productos presentan excedente y este es
comercializado. Además de los mencionados podemos agregar algunas frutas como el acai,
la pupuña, el mapati o uva del Amazonas, el abiu y el copoazú que se plantan raramente.
Estas frutas se localizan comúnmente en los antiguos campos de cultivo dejados en reposo
y en la selva secundaria o capoeiras.

La pesca es un trabajo de hombres. La pesca conjunta es rara, inclusive entre los habitantes
de la misma casa. La gran mayoría de los ticuna acostumbra pescar con caña y flechas, y
los mejores lugares para la pesca son, generalmente, los numerosos lagos se asoman a las
márgenes del río Solimões.

La caza no es practicada por muchos sujetos, a pesar de estar tradicionalmente ligada a los
ticuna. Utilizaban una cerbatana que lanzaba proyectiles envenenados, aunque hoy se valen
de escopetas, Las presas buscadas con más frecuencia son: el mono guariba, el mono prego,
el agutí o agouti, el venado, el jabalí, el pecarí, el tapir, el mutum (galliforme), el guan, la
arara, el mono parauacu, el mono barrigudo, el perezoso real, el mono caiarara y el piñuri.

La cría de animales entre los ticuna no acostumbra ser muy extensa. La mayoría de las
familias posee pocas gallinas, siendo criadas en libertad y apenas para ser vendidas a los
vendedores ambulantes y en las ciudades, al no ser consumidas, así como sus
subproductos . Además de gallinas, se crían, aunque en muy pequeña escala, algunos
cerdos, patos y carneros.

La recolección de frutas es realizada por todos los miembros de la familia. Las frutas más
comunes en las aldeas ticuna son: el acai (waira), el copoazú (cupu), la castaña (nhoí), el
mapati (tchinhã) o uva del amazonas, la pupuña (itu), el abiu (tao), el sapote (otere), el inga
(pama) y el umarí o guacure (te’tchi). La selva secundaria o capoeiras son los lugares a
donde los indios van a recolectar frutas y están generalmente localizadas en sus antiguos
campos, que dejaron en reposo, preservando los árboles frutales.

VESTIMENTA

Los Ticunas antiguamente andaban semidesnudos, usaban orejeras de madera con plumas o
elaboradas con placas metálicas. Los rasgos de dichos implementos distinguían los distintos
clanes y los jefes principalmente llevaban adornos como brazaletes de dientes de animales,
plumas y semillas.

Para celebrar sus rituales utilizan trajes de yanchama (corteza de árbol) decorados con
tintes vegetales. Estos trajes no tienen mangas y están rematados con grandes flecos de
palma, o de la misma hoja del árbol hecha tiras, que llegan casi hasta el suelo. Completan el
atuendo con máscaras de madera elaboradas con una madera llamada topa, además de
collares y coronas adornadas con semillas y plumas. Este traje lo usan los hombres, mujeres
y niños indistintamente.

SABERES ANCESTRALES

Los Ticuna conciben el mundo natural como un todo, donde el hombre hace parte de las
plantas, de los árboles, de los animales de monte y de los "seres del agua". El orden de lo
humano se clasifica bajo la denominación Kiá, como concepto de gente, que guarda
relación directa con un totemismo. Esa relación entre naturaleza y cultura sustenta la base
social Ticuna, donde los Kiá son el eje fundamental.

De esta forma se constituyen unidades patrilineales de carácter exogámico. "Los Kiá


designan una clasificación nominal de carácter totémico, articulada a las series aire - tierra -
agua, de acuerdo con el medio, del cual se toma la nominación relacionada con aves,
plantas o animales de tierra y/o agua" (Fajardo y Torres, 1987).

El matrimonio está permitido entre primos cruzados tanto patri como matrilineales y es de
carácter exogámico. Es un acuerdo con un sistema de alianza entre unidades de filiación
patrilineal (Kiá), siendo el ego masculino del Kiá X, el que adquiere a una mujer Kiá Y,
donando una mujer, generalmente su hija, al Kiá Y. Ello permite configurar una
organización social diferenciada en dos mitades, es decir, cada aldea está dividida en dos
mitades exogámicas diferenciadas que se relacionan por alianzas.

Dentro de la organización familiar existe la figura del Curaca, quien cohesiona y coordina
la vida social de la aldea. Este cargo es ocupado por un hombre adulto, elegido por toda la
comunidad mediante votación para un período de dos años, que tiene como función ser el
vocero de su comunidad ante las instituciones. El debe saber leer y escribir, poseer el
conocimiento básico de su cultura y la capacidad para comunicarse con los "blancos". En el
pasado el Curaca era simultáneamente el jefe guerrero o el chamán.

RITUALES

El ritual de la pelazón

Los ticunas celebran el ritual de la pelazón, o de paso de niña a adulta, al momento de la


menarquia. Antiguamente este ritual duraba varios meses, durante los cuales la iniciada
permanecía aislada en una plataforma bajo el techo de la casa, al cuidado e instrucción de
las mujeres y fuera de la vista de los hombres. Con este encierro se simboliza la formación
de una crisálida que espera su tiempo para convertirse en un nuevo ser. Para la gran fiesta
de varios días que da fin al aislamiento, la niña es pintada con huito, se le adhieren plumas
de garza y se le cubre su cuerpo con distintos adornos.

En la pelazón, el tío paterno dirige a las mujeres que elaboran los brazaletes y las coronas
del traje de la iniciada. Antes de sacarla de su encierro, los familiares más cercanos
recubren el cuerpo de la niña con este ropaje de plumas. La niña deja su reclusión ataviada
de pies a cabeza y rodeada de su gente, quien la rodea y protege en su primera presentación
como adulta ante la sociedad.

En el transcurso de la celebración aparecen los hombres enmascarados en representación de


los padres de los animales y otros espíritus, portando escudos decorados con distintos
colores. Con ellos se comparten el masato y la carne preparados para la ocasión.

Al final del ritual de la pelazón, la niña baila con las mujeres mientras éstas le recuerdan
sus responsabilidades futuras y le arrancan el pelo poco a poco hasta dejarla totalmente
calva.

ORGANIZACIÓN SOCIAL

La sociedad ticuna está dividida en mitades exogámicas (sólo se pueden casar con un
miembro de la otra mitad) no nominadas, cada una compuesta por clanes. Estos grupos
clánicos patrilineales (esto implica que la pertenencia al clan es transmitida de padre a hijo)
son reconocidos por un nombre genérico para todos: kï´a. En portugués, los indios lo
traducen como nación.

El conjunto de clanes o naciones identificadas por nombres de aves forma una mitad,
mientras que las demás, identificadas por nombres de plantas, forman la otra. Inclusive los
clanes Onza y Hormiga (ver cuadro a continuación), un mamífero y un insecto, están
asociados a la mitad “planta” por razones descriptas en la mitología ticuna.

La condición de miembro de un clan le confiere a un individuo una posición social, sin la


cual no sería reconocido como ticuna. Cada clan ticuna está constituido por otras unidades,
o subclanes. En este sistema social, cada individuo pertenece simultánea y necesariamente a
varias unidades sociales (mitad exogámica, clan y subclan), toda vez que ellas están
constituidas las unas con las otras.

Es destacable que las designaciones en ticuna se refieren a los subclanes, reservando para
los clanes denominaciones regionales (algunos neologismos). Como fuera mencionado, las
mitades exogámicas no son nominadas, aunque en el cuadro presentado fueron indicadas
por los términos “plantas” y “aves”, haciendo alusión a una forma de clasificar los clanes a
partir de las clases botánicas y zoológicas.

Dentro de este sistema existe un mecanismo de nominación por medio del cual es posible
identificar la pertenencia social de cada individuo. El nombre de un sujeto, kvai´tats´inï(n)-
kï que significa “arara agitando las alas sentada”, por ejemplo, y que se refiere a una de las
cualidades de las araras (que denomina el clan) –más específicamente el clan de la arara
roja que nomina al subclan-, es parte de un repertorio de nombres propios que cada grupo
clánico dispone para sus miembros. De esta forma, la simple enunciación de un nombre
permite clasificar a su poseedor como miembro de un cierto clan y subclan y de una de las
mitades.

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