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LITURGIA · TEOLOGÍA · PASTORAL · ESPIRITUALIDAD
phase Sacramentos:
¿cuestión de validez?
año 64 (2024) núm. 372
Centre de Pastoral Litúrgica núm. 372
+ Diputació 231. 08007 Barcelona abril / junio | año 64 (2024)
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Fundador
Pere Tena †
Director
José Antonio Goñi
Equipo de redacción
LITURGIA · TEOLOGÍA · PASTORAL · ESPIRITUALIDAD
Elisenda Almirall
Lino Emilio Díez, sss
Quiteria Guirao
Gonzalo Guzmán
Gaspar Muñiz
Giovanni Zaccaria
Consejo
Francesc X. Aróztegui
Antonio Astigarraga
Joan Baburés
Paula Depalma
Jordi Font
Mons. Aurelio García
Jaume González-Padrós
Jordi Latorre, sdb
Eduardo Pire
Juan Rego
Juan Javier Flores, osb (Asoc. Española de Profs. de Liturgia)
Jaume Fontbona (Centre de Pastoral Litúrgica)
Alejandro Pérez (Secretariado Nacional de Liturgia)
Jordi-Agustí Piqué, osb (Abadía de Montserrat)
Gabriel Seguí, msscc (Instituto de Liturgia ad instar Facultatis)
Publicado por
Centre de Pastoral Litúrgica Precio de suscripción para el 2024 (4 números: 371-374)
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año 64
abril – mayo – junio 2024
núm. 372
Sacramentos: ¿cuestión de validez?
Editorial
El encuentro sacramental con Dios (José Antonio Goñi
Beásoain de Paulorena.................................................... 143
Artículos
Jaume González Padrós
«Gestis verbisque», su contexto......................................... 147
Joan Torra Bitlloch
Reflexiones acerca de la Nota «Gestis verbisque»........... 155
Angelo Lameri
La Nota «Gestis verbisque» y el horizonte salvífico-
histórico. Contribución a una hermenéutica del docu-
mento..................................................................................... 165
Juan Javier Flores Arcas
«Per ritus et preces… atque mysterium».......................... 175
Israel Flores Olmos
Palabra y sacramento como elementos identitarios de
las Iglesias de la Reforma Protestante............................... 189
Phyllis Zagano
Las mujeres, el diaconado y el Sínodo. ¿Y después? ....... 201
Puntos de vista
Aspectos canónicos sobre la validez y licitud en la cele-
bración de los sacramentos (José San José Prisco)......... 215
La Iglesia en los principios sacramentales de la Nota
«Gestis verbisque» (Adolfo Ivorra Robla)..................... 226
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142 Sumario
Las «sinceras motivaciones pastorales» que subyacen en
la aplicación de la Nota «Gestis Verbisque» (Giuseppe
Midili).................................................................................. 231
Entrevista con Mons. Maurizio Barba sobre la reciente
Nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, «Gestis
verbisque»............................................................................. 240
El canon tridentino y la incomprensión de los
sacramentos. Carta abierta al Card. Fernández sobre el
«trabajo de curia» en torno a los sacramentos (Andrea
Grillo).................................................................................. 247
«Gestis verbisque»: la perspectiva de las liturgias
orientales (Sebastià Janeras Vilaró)............................... 253
Vocabulario
Oblata; Ordo; ofertorio; orante (Adolfo Lucas
Maqueda)................................................................................ 259
Libros
Bibliografía reciente en italiano (Giovanni Zaccaria)... 263
Ángel García Ibáñez, Conversión y Reconciliación. Tra-
tado histórico-teológico sobre la penitencia postbautismal,
Pamplona: EUNSA 2024, 575 pp. (Juan Javier Flores
Arcas)................................................................................. 271
In memoriam
Dr. Miquel dels Sants Gros Pujol (1933-2024) (Jordi Font
Plana)................................................................................. 273
Flash litúrgico
¿Misa para grupos en domingo? (Jaume González
Padrós)...................................................................................... 275
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Editorial
El encuentro sacramental con Dios
José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena
Ante la amenaza divina de destrucción de Sodoma (cf. Gen 18,
20-31), Abrahán intercede ante Dios con el deseo de salvar la ciudad
del fuego exterminador. Y en su negociación consigue que si se
encuentran 50 inocentes en la ciudad, en atención a esos 50 no será
destruida. Se inicia entonces un diálogo de «regateo» entre Dios
y Abrahán bajando el número a 45, 40, 30, 20 y finalmente 10. De
modo que si se encontraban 10 inocentes en la ciudad, se salvaría
en atención a esos 10.
Este «regateo» con la divinidad recogido en el Antiguo Testamento
nos sirve de trasfondo, salvando las distancias, para el proceso
que en la historia se dio con los sacramentos, con el encuentro
sacramental con Dios.
Los sacramentos son definidos en el Catecismo de la Iglesia Católica
como «signos eficaces de la gracia» (núm. 1131). Esto es, Dios actúa
por medio de los signos sacramentales. El propio san Agustín dirá
sobre el bautismo: «Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum»
(se une la palabra a la materia y se hace el sacramento) (In Iohannis
evangelium tractatus 80, 3). De tal manera que materia y palabras
han sido dos conceptos clave en la teología sacramentaria. Todo
esto se enmarca en una celebración litúrgica. Pero, a partir de la
escolástica, comenzaron a cuestionarse cuál era el mínimo que
debía darse para que actuara la gracia divina. Y podríamos decir
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144 Editorial
que entonces comenzó el «regateo» sacramental hasta dejar lo que
se consideraba esencial, la materia y forma que no podían faltar y
que no podían modificarse.
Por ejemplo, el bautismo comienza con una acogida y sigue con la
liturgia de la Palabra, unos ritos preparatorios, la efusión del agua
con las palabras «yo te bautizo en el nombre del Padre…», los ritos
explicativos, etc. ¿Qué no puede faltar de todo eso?, empezaron a
preguntarse en la escolástica. El agua y las palabras «yo te bautizo
en el nombre del Padre…», fue la respuesta. Entonces, ¿el resto no
es necesario? Sí, pero en algunas circunstancias puede omitirse,
como el peligro de muerte por ejemplo.
A partir de ahí comenzó una casuística para intentar salvar los
cientos de interrogantes que surgen. Y concretamente para la
misa, se redactó una relación de problemas que podrían ocurrir
durante la celebración y cómo solucionarlos para que el sacramento
fuera válido, que figuran en la sección «De defectibus in celebratione
missae occurentius», del Misal de san Pío V. Y, a este respecto, eran
esenciales las palabras de la consagración unidas a la materia
eucarística, esto es, el pan y el vino. Pero, ¿si un sacerdote entra en
una panadería y dice las palabras de la consagración, se convierte
todo ese pan en cuerpo de Cristo? Claro que no, es evidente que no
las podemos extraer, cual fórmula mágica, del contexto litúrgico
celebrativo.
Así, el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre la sagrada
liturgia Sacrosanctum Concilium prefirió hablar de ritus et preces
(núm. 48), retomando un lenguaje patrístico que nos introduce en
los sacramentos de modo mistagógico. Sin embargo, la reciente
Nota Gestis verbisque, publicada el pasado 2 de febrero de 2024 por
el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ha querido precisar la vali-
dez de los sacramentos retomando el lenguaje de materia y forma.
De todos modos, el lenguaje simbólico no nos debe lanzar a los
mínimos de la validez, sino a los máximos del encuentro gratuito
con Dios que acontece en los sacramentos.
Nos ha parecido interesante reflexionar sobre este tema desde
diferentes perspectivas. Así, el liturgista Jaume González nos
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Editorial 145
contextualiza el documento, el patrólogo Joan Torra nos comen-
tará el texto, el teólogo liturgista Angelo Lameri nos adentrará en
la visión teológica de la Nota y el liturgista Juan Javier Flores nos
introducirá en el lenguaje de per ritus et preces en los rituales. No
falta la visión canónica, ofrecida por el canonista José San José
Prisco la eclesiológica, del liturgista Adolfo Ivorra o la pastoral,
del liturgista Giuseppe Midili. Hemos querido también completar
la visión católica con el planteamiento de las Iglesias orientales,
presentado por el experto en liturgias orientales Sebastià Janeras;
y de las Iglesias de la Reforma Protestante, expuesto por el pastor
de la Iglesia Evangélica Española Israel Flores Olmos. Recogemos
también una entrevista a Maurizio Barba, oficial del Dicasterio para
la Doctrina de la Fe, y la carta abierta que el teólogo de sacramen-
taria Andrea Grillo envió al cardenal Víctor Manuel Fernández,
prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Además, el lector encontrará la colaboración que nos acercan a la
ordenación diaconal de las mujeres, preparado por Phyllis Zagano.
Esperamos que una vez más, este número de la revista Phase sea
del agrado del lector.
José Antonio Goñi
Director de la revista «Phase»
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Núm. 372 – abril / mayo – Phase 64 (2024) 147-154
«Gestis verbisque», su contexto
Jaume González Padrós
Abstract: Gestis verbisque sets for Resumen: Gestis verbisque pone
us the fundamental question of delante de nosotros la cuestión
the validity of the sacraments, fundamental de la validez de
which means their Christologi- los sacramentos, que es tanto
cal foundation and the eccle- como decir su fundamentación
siological context in which they cristológica y el contexto ecle-
find their full meaning. It also siológico en el que encuentran
forces us to reconsider the clas- su pleno sentido. Así mismo,
sical categories of sacramental nos obliga a volver a pensar
en las categorías clásicas de la
theology, and the necessary dis-
teología sacramentaria, y en la
tinction between efficacy, which
necesaria distinción entre la efi-
depends on the action of Christ,
cacia, que depende de la acción
and fruitfulness in the life of
de Cristo, y la fructuosidad en la
the faithful, which can only be vida del fiel, que solo se puede
given through fidelity to the will dar desde la fidelidad a la volun-
of the Church who celebrates the tad de la Iglesia que celebra los
sacraments and the consequent sacramentos y la consecuente
openness to grace. From this apertura a la gracia. A partir de
point, it is easy to understand aquí, se comprende la gravedad
the severity of abuses resulting que representan los abusos fruto
from disobedience to the litur- de la desobediencia a los libros
gical books of a particular rite. litúrgicos del propio rito.
Keywords: ars celebrandi, prayer, Palabras clave: ars celebrandi, ora-
rubric, sacrament. ción, rúbrica, sacramento.
Jaume González Padrós es presbítero de la diócesis de Barcelona
y párroco. Doctor en Teología por el Pontificio Ateneo San
Anselmo de Roma, profesor de la Facultad de Teología de Cata-
lunya y del Instituto de Liturgia ad instar facultatis del Ateneo
Universitario Sant Pacià
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148 Jaume González Padrós
A lgunos se han sorprendido de que, en nuestro tiempo, el Dicas-
terio para la Doctrina de la Fe haya publicado un documento
sobre la validez de los sacramentos, como si tratar este tema fuese
cosa del pasado. En absoluto. Además, la motivación no radica en
la idea de alguien en particular, sino que, como se indica al inicio
de la presentación, sus raíces están en la Asamblea plenaria del
dicasterio, en enero del 2022, donde los miembros allí reunidos,
cardenales y obispos, expresaron su preocupación «por la multi-
plicación de situaciones en las que se veían obligados a constatar
la invalidez de los sacramentos celebrados». Notemos que el texto
habla de «multiplicación de situaciones», es decir, que no estamos
hablando de un problema puntual, sino que va en aumento.
Pero aquí no pretendemos comentar la nota, aprobada por el Papa
el 31 de enero de este 2024, sino acercarnos lo más que podamos a
aquello que ha provocado su publicación, lo que llamamos en el
título «su contexto», y que reside, por una parte, en la experiencia
formativa y, por otra, en la praxis ministerial a causa de una inter-
pretación rupturista de la reforma litúrgica.
1. Asegurar la validez a través de la rúbrica
No sabríamos decir con exactitud cuándo empezó a forjarse, en
la mente de los ministros ordenados, una conciencia sacramental
débil por lo que respecta a la fe. Sí sabemos que ello se manifestó
con toda su fuerza en los años posteriores al Vaticano II. Es posible
que fuese la reacción a una mentalidad rigorista con respecto a las
rúbricas y su cumplimiento. También aquí quizás sería de ayuda
la aportación de la ciencia psicológica para comprender mejor el
momento histórico.
Los ministros sagrados, durante siglos, tuviesen la formación
que tuviesen, mayor o menor, se tratase de clérigos con altas res-
ponsabilidades eclesiales o bien sencillos párrocos o coadjutores
de pequeñas iglesias, todos habían recibido en sus seminarios un
mensaje con fuerza. Los profesores de moral y de derecho canónico
se aplicaban a inculcar a los futuros sacerdotes que, si por desidia,
pereza, falta de fervor apostólico o espiritual, etc., omitían una
rúbrica en la administración (esa era la palabra del momento más
usada) de los sacramentos, pecaban sub gravi, es decir, quedaban
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«Gestis verbisque», su contexto 149
bajo pecado grave. La teología escolástica, en su momento, ayudó
no poco a solidificar esta convicción.
También la costumbre monástica advertía que equivocarse por
negligencia en el oratorio exigía un gesto de humildad ante todos
por parte de quien había fallado (cf. Regla de san Benito, cap. XLV).
La seriedad en lo que respecta a la oración litúrgica era algo creído
y exigido desde antiguo.
Así, pues, aunque solo fuese por el comprensible escrúpulo de
conciencia, los celebrantes procuraban no caer en esta situación,
y la observancia ritual se mantuvo firme durante siglos. Esto no
significa que estemos hablando de celebraciones litúrgicas bri-
llantes. Ciertamente las había, pero también abundaban las que
eran oficiadas por sacerdotes con pocos recursos, y por los que
estaban más pendientes de hacer todo lo que exigía la validez que
de celebrar con una vivencia espiritual auténtica y edificante. Los
que hoy idealizan la forma celebrativa del pasado deberían tener
una imagen más completa del cuadro en cuestión.
No obstante, fuera como fuese la realización concreta de lo ritual
en los sacramentos, existía una conciencia de que, en ellos, se
decidía de forma definitiva la fe objetiva de los bautizados o se
perdía casi irremediablemente. Es cierto que se estaba muy pen-
diente de la validez de los actos sacramentales, pero no seamos
injustos pensando que se negligía en absoluto la necesidad de
su fructuosidad, de tal manera que la primera era conditio sine
qua non de la segunda.
2. En los seminarios
Muchos de los que estudiaron en los seminarios y en las casas
de formación de los institutos de vida consagrada entre los años
sesenta a los noventa tuvieron una experiencia litúrgica que, en
muchos casos, podríamos calificar más bien como deficiente. No
podemos silenciar, tampoco, para ser justos, aquellas diócesis en
las que se aplicaron adecuadamente las instrucciones emanadas
del Concilio, y se potenciaba el estudio de una sólida teología litúr-
gica; estas Iglesias pasaron a ser una especie de faro en medio de la
niebla espesa y, por ello, no faltaron vocaciones en ellas, mientras
en el plano general ya iban disminuyendo.
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150 Jaume González Padrós
Con este marco temporal que hemos señalado más arriba no quere-
mos decir que, antes o después, no existiesen ni existan todavía esos
mismos defectos en algunos seminarios, aunque quizás el hecho
ya no sea tan sistémico como entonces. Ahora las dificultades para
la perfecta formación litúrgica tienen su origen en otros ámbitos.
En aquel momento no era nada extraño que los seminaristas o novi-
cios celebrasen la eucaristía en espacios poco adecuados para ello.
Se abandonó, en muchos casos, las clásicas capillas, y se agenció
algún espacio más reducido y con los elementos esenciales, aunque
no con todos. Capillas –por llamarlas de algún modo– en las que
se había colocado simplemente una mesa como altar, alrededor
de la cual fueron dispuestas unas cuantas sillas para los presentes.
No estaban –ni se les esperaban– la sede y el ambón. En algunos
lugares este espacio era, sencillamente, el comedor habitual de la
residencia o apartamento que funcionaba como seminario.
El superior de la casa que presidía la misa, evidentemente no
revestía todos los ornamentos, sino solo un alba y una estola, acom-
pañado de unos concelebrantes –si era el caso– que, sin ornamento
alguno, cumplían su rol como tales. Innecesario afirmar que el rito
–prescrito– del lavabo, en la misa, se omitía sistemáticamente (con
la excepción de cuando estaba presente el obispo. También en ese
momento aparecía, como por arte de magia, una casulla para él).
Es evidente que, en este contexto físico y con las claras deficien-
cias por lo que respecta a los espacios, las celebraciones se veían
privadas de su pedagogía más propia al no subrayar las diferen-
cias entre una misa ferial y festiva o dominical, y entre memoria,
fiesta y solemnidad. Todo era de una monotonía aplastante. En
este marco, ni la música –aparte de alguna guitarra en manos de
un músico diletante– ni el canto solemne, ni el incienso, etc., no
hacían nunca acto de presencia. Y, si alguna cosa podía romper la
citada monotonía, era cuando el «grupo de liturgia» de turno se
inventaba algún «signo» que añadía a la celebración, sin el más
mínimo escrúpulo de estar violentando nada sagrado. Así, pues,
para quienes se estaban formando, la pedagogía brillaba por su
ausencia. Y cuando el fin de semana salían del seminario para ir a
la parroquia, la cosa no mejoraba sustancialmente. Entre otras cosas
porque las parroquias elegidas para que los seminaristas hiciesen
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«Gestis verbisque», su contexto 151
sus pinitos pastorales eran debidamente elegidas en sintonía con
la mens de los superiores y formadores del seminario. Huelga decir
que los obispos, incomprensiblemente, aprobaban estas praxis en
sus diócesis. No es necesario explicar con qué capacidades salían los
nuevos sacerdotes para ser los celebrantes que el Vaticano II espe-
raba. Nulas en cuanto a la práctica y, en cuanto a la teoría, con una
mentalidad claramente relativista, aunque a menudo esta palabra
se cubría con otra de efectos mágicos indiscutibles: pastoralista.
En Roma no estaban al margen de lo que sucedía en las diócesis
al respecto. La información llegaba. Acogiendo la preocupación
por la deriva de tantos seminarios en el ámbito litúrgico, y viendo
los frutos que se estaban presentando en las Iglesias locales, se
publicó en el 1979 la Instrucción In ecclesiasticam futurorum sobre la
formación litúrgica en los seminarios. Un texto de lo más completo
y que dibuja un marco espléndido para una formación litúrgica
integral de los seminaristas. La recepción de esta Instrucción en los
centros de formación de los futuros sacerdotes fue más bien escasa
y, en algunas diócesis, simplemente ignorada. Silencio absoluto.
Evidentemente, no pretendemos decir que lo expuesto más arriba,
fuese exacto en todas las diócesis y en todos los seminarios; sería
ridículo siquiera pensarlo. No obstante, quienes frecuentaron la
formación durante aquellas décadas sabrán que el croquis que aquí
hemos esbozado se corresponde, en mayor o menor medida, con
la realidad vivida. Y que era habitual la falta de armonía entre lo
que oían de labios del profesor en la clase de liturgia y lo que se
practicaba en la vida del seminario y de la parroquia.
3. «Por razones pastorales»
El adjetivo «pastoral» entró con fuerza en el vocabulario eclesiás-
tico desde mediados del siglo pasado; nos referimos a la palabra,
no a la realidad que, por supuesto, ha existido desde siempre en
la santa Iglesia.
A partir de un cierto momento, proliferaron las actividades «pas-
torales», los agentes «pastorales», fuesen estos pastores –es decir,
ministros ordenados– o no. A los seminaristas se les mandaba el
fin de semana a «hacer pastoral». Y no pocos laicos, más o menos
activos en ocupaciones eclesiales, estaban convencidos de que la
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152 Jaume González Padrós
suya era una tarea «pastoral». Este calificativo se convirtió en una
especie de contraseña para abrir las más variadas puertas, y para
poner el sello de autenticidad de las más insólitas actividades
presuntamente católicas. Si alguien podía justificar que su hacer
tenía como objetivo «la pastoral» nadie se atrevía a censurar nada.
Sin pretenderlo, abonaron esta mentalidad –digámoslo todo–
incluso los mismos libros litúrgicos del Vaticano II. Su calidad es
indudable, pero no su perfección. Habló de ello muy críticamente
y con no menos lucidez el entonces cardenal Ratzinger. No vamos
a repetir aquí sus sólidos argumentos.
Nos referimos, en concreto, a las rúbricas donde se indica que, «por
razones pastorales», se puede modificar un gesto o unos formula-
rios señalados en el ritual concreto. Esta coletilla de: «por razones
pastorales puede…», que en principio indica una flexibilidad muy
sana del rito, en la práctica fue miel sobre hojuelas en la mentalidad
apenas descrita. Así, pues, si «por razones pastorales» el mismo
libro litúrgico me permitía variar del rito esto o aquello, ofrecién-
dome alternativas, ¿por qué yo no podía añadir otra posibilidad
a las que me proponía el texto litúrgico?
Quien escribe estas líneas conoció a un sacerdote, miembro de
un instituto religioso, que, un buen día, en la habitual reunión
arciprestal, ofreció a los compañeros párrocos del territorio, sus
rituales; libros para celebrar los sacramentos confeccionados por
él mismo y que –según afirmaba– eran más… pastorales.
Quien fue durante muchos años maestro de las celebraciones litúr-
gicas de san Juan Pablo II y en los primeros años de Benedicto XVI,
Mons. Piero Marini, comentaba un cierto día a un pequeño grupo
de liturgistas que, a raíz de su experiencia, llegó a comprender que
las «razones pastorales» eran como las «razones de seguridad» que
defendían los responsables de la misma en los viajes papales: una
manera de imponer la propia decisión sin que pudiese ser discutida.
A todo ello se añadió la explosión de la tan venerada actualmente
«inculturación», sin hacer distinción entre ella y las adaptaciones
legítimas y las variantes locales. Así mismo, yendo mucho más allá
de lo que expresa Sacrosanctum Concilium al hablar del progreso
legítimo (cf. núm. 23), de la simpatía con que mira y estudia las
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«Gestis verbisque», su contexto 153
costumbres de los pueblos que no contienen errores contrarios a la
fe, y de las variaciones y adaptaciones legítimas (cf. núms. 37-40),
muchos se han convertido en autoridades supremas en materia
litúrgica y han introducido, variado o suprimido lo que han con-
siderado oportuno, ignorando que, en buena línea eclesiológica,
esto lo prohíbe explícitamente el Vaticano II para todo católico,
«aunque sea sacerdote» (cf. SC 2 § 3).
4. El contexto de una nota
Podríamos seguir describiendo situaciones y actuaciones de las
décadas inmediatamente pasadas hasta llegar a nuestros días, pero
no es necesario alargar indebidamente este escrito, ya que damos
por supuesta la comprensión de lo que queremos comunicar. Se
trata de comprender el porqué de las cosas, describir el itinerario
que nos ha llevado hasta aquí y hacernos las preguntas pertinen-
tes. Especialmente, ahora estos interrogantes se los formulan las
jóvenes generaciones de católicos, clérigos o laicos. Ellos, que ya
no conocieron los años a los que nos referimos, se encuentran a
menudo con una realidad eclesial más bien decepcionante y, movi-
dos por un dolor del alma, miran a los mayores y nos preguntan
exactamente: ¿cómo habéis permitido que esto sucediese?
Pero tampoco ellos están libres de virus en cuanto a la liturgia. El
emotivismo y la sensualidad invaden los encuentros con jóvenes
católicos, especialmente alrededor de la adoración eucarística.
También por la puerta de los cantos, las celebraciones eucarísticas
con gente joven muestran una clara propensión a lo subjetivo, a lo
meramente estético, al ambiente de semioscuridad, a los altares
convertidos en elementos de un decorado piadoso, etc. Y todo ello
generando grandes dosis de endorfinas en algunos pastores al
contemplar sus templos llenos de jóvenes católicos. No es malo que
entren en las iglesias, todo lo contrario. Pero, evidentemente, hay
que educar y ayudar a crecer en la fe, no abonar una adolescencia
permanente. Nada más propio de un sacerdote que llevar a los
bautizados a la vivencia del rationabile obsequium del que hablaba
san Pablo (cf. Rom 12,1).
Lanzarse a un terreno en pendiente todos sabemos que es algo
peligroso. Remontar puede resultar difícil y, en ocasiones, impo-
sible. La velocidad nos arrastra hacia abajo.
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154 Jaume González Padrós
No obstante, durante estas décadas no han sido pocas las adver-
tencias, en distintos formatos, que llegaban a las Iglesias locales de
parte de la máxima autoridad eclesial. Los magisterios litúrgicos
de san Pablo VI, de san Juan Pablo II y de Benedicto XVI son de
una incontestable solvencia y rectitud de doctrina. Pero ¿fueron
recibidos? Sin duda, irregularmente.
También en nuestros días ha llegado un intento de respuesta de
parte romana con la Carta apostólica Desiderio desideravi (2022)
del papa, y la nota que comentamos, Gestis verbisque (2024), esta
última del Dicasterio para la Doctrina de la fe. Dos textos con gran
fundamento teológico y espiritual en cuanto a la sacramentalidad.
Al empezar nuestra reflexión, hemos señalado que algunos se pre-
guntan cómo es posible que, en este último documento, se recuerde
lo más clásico de la doctrina sobre los sacramentos. Es evidente
que el contexto de desorientación y la gravedad de los resulta-
dos, a causa de décadas de mala formación y de peores praxis, ha
desembocado en lo que los miembros del citado dicasterio mani-
festaron con preocupación: la invalidez de muchos sacramentos.
Esta consecuencia era de lo más esperable. Si la sagrada liturgia ya
no es tan sagrada, a pesar de lo que afirmó con fuerza el Vaticano
II, y de toda una tradición que lo testifica, ¿por qué no podemos
hacer nuestro traje litúrgico a medida y para satisfacción religiosa
de nuestra psicología?
No obstante, seamos sinceros. Como tantos otros documentos
magisteriales anteriores, también Desiderio desideravi y Gestis
verbisque quedarán en nada si no hay una seria receptio de ellos en
las Iglesias locales, con el compromiso decidido de los pastores
diocesanos y de sus inmediatos colaboradores en el sacramento
del Orden. Sería una lástima que no se diese este compromiso,
porque, así como los sacramentos vividos con fe e inteligencia
son una gran fuente de gracia para los bautizados, su celebración
inválida bloquea esta corriente del río de agua viva (cf. Ap 22,1)
y los convierte en un terreno agostado, sin agua, del que solo se
puede esperar que en él la vida se vaya agotando hasta la extinción
final. Al ver cómo disminuye actualmente la comunidad cristiana
en tantas Iglesias, ¿no será que es precisamente esto lo que ocurre?
Un buen diagnóstico es el primer paso para la curación.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 147-154
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Núm. 372 – abril / mayo – Phase 64 (2024) 155-164
Reflexiones acerca
de la Nota «Gestis verbisque»
Joan Torra Bitlloch
Abstract: The article reflects on Resumen: El artículo reflexiona
the Note of the Dicastery for acerca de la Nota del Dicasterio
the Doctrine of the Faith, Gestis para la Doctrina de la Fe Gestis
verbisque, on the validity of the verbisque, sobre la validez de
sacraments, since the termi- los sacramentos, puesto que en
nology «matter» and «form» is ella la terminología «materia»
used again to refer to sacramen- y «forma» se usa de nuevo para
tology instead of the more mys- referirse a la sacramentología en
tagogical language of modern lugar del lenguaje más mistagó-
times. A careful analysis of the gico actual. El análisis detallado
presentation reveals the use of de la presentación revela el uso
this juridical language in order de este lenguaje de carácter
to pronounce judgements in jurídico para poder sentenciar
relation to practices that invali- en relación con prácticas que
dated sacramental action to the invalidaban la acción sacramen-
grave detriment of the faith- tal con grave perjuicio para los
ful. The textual analysis of the fieles. El análisis del texto de la
Note reveals the use of language Nota revela el uso del lenguaje
derived from the Second Vatican derivado del Concilio Vaticano II
Council and Pope Francis' Apos- y de la Carta apostólica Desiderio
tolic Letter Desiderio desideravi. desideravi del papa Francisco.
Keywords: sacrament, matter, form, Palabras clave: Sacramento, mate-
validity, minister. ria, forma, validez, ministro.
Joan Torra Bitlloch es presbítero de la diócesis de Vic. Doctor en
Teología por la Facultad de Teología de Catalunya y diplomado
en Teología y Ciencias Patrísticas por el Instituto Patrístico
Augustinianum del Roma. Actualmente es el rector del Ateneo
Universitario Sant Pacià de Barcelona para el trienio 2023-2026.
phase 372 [Link] 155 07/06/2024 [Link]
156 Joan Torra Bitlloch
1. Una cierta sorpresa
D ebo confesarlo. Cuando leí la Nota Gestis verbisque publicada
el día 2 de febrero del presente 2024 por el Dicasterio para la
Doctrina de la Fe, en el encabezamiento de la cual se especifica que
trata Sobre la validez de los sacramentos, me llevé una sorpresa, acom-
pañada de unos cuantos interrogantes, a la par que –por qué no
decirlo– me invadió de una cierta incomodidad. Al cabo de pocos
días, la revista Phase me pidió un breve artículo de comentario sobre
esta Nota, sobre la terminología que se usa en ella para referirse
a la sacramentología, en particular, aquella que usa «materia» y
«forma» en lugar del lenguaje más sapiencial o patrístico. Segu-
ramente, la petición se debía a que en ocasiones anteriores había
reflexionado sobre la presentación de la sacramentología en los
Padres, teniendo en cuenta el método que ellos usan,1 método que
ha sido ampliamente recibido en los documentos del Concilio Vati-
cano II y en general en los tratados actuales de sacramentología.2
2. La presentación de la Nota
Comprendí que tenía que haber algunas cuestiones realmente
graves que justificaran esta elección terminológica. Por ello, leí y
releí de manera particular la presentación del documento, cons-
ciente de que ahí es donde se deben dar los motivos que lo justifi-
caran. Y efectivamente, parece que es así. Merece un comentario
el contenido de esta presentación.
1 «El método de los Padres (en la presentación de la sacramentología)»,
Phase 56 (2016) 537-546. Precisamente, en la obra, La sacramentalidad de la
Pascua en las cartas 54 y 55 de san Agustín (Biblioteca Litúrgica 65), Barcelona:
CPL 2022, había dedicado un amplio estudio a la definición de sacramento
que acuña Agustín en estos textos y que fundamenta las definiciones que
vendrán a continuación en la historia.
2 Ya en aquel artículo citaba como ejemplo las obras de R. Arnau, Tratado
general de los Sacramentos («Sapientia Fidei», Serie de Manuales de Teología
4), Madrid: BAC 32001, con su abundante bibliografía; D. Borobio, Historia y
teología comparada de los sacramentos. El principio de la analogía sacramental, Sala-
manca: Sígueme 2012; V. Botella Cubells, Sacramento. Una noción cristiana
fundamental (Colección Trazos 11), Salamanca: Editorial San Esteban 2007.
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phase 372 [Link] 156 07/06/2024 [Link]
Reflexiones acerca de la Nota «Gestis verbisque» 157
Empieza diciendo:
Con motivo de la Asamblea Plenaria del Dicasterio de enero de
2022, los cardenales y obispos miembros ya habían expresado su
preocupación por la multiplicación de situaciones en las que se veían
obligados a constatar la invalidez de los sacramentos celebrados. Las
graves modificaciones introducidas en la materia o en la forma de los
Sacramentos, que hacían nula la celebración, habían llevado después
a la necesidad de localizar a las personas implicadas para repetir el
rito del bautismo o de la confirmación, y un número significativo de
fieles han expresado justamente su malestar. Por ejemplo, en lugar
de utilizar la fórmula establecida para el Bautismo, se han utilizado
fórmulas como las siguientes: «Te bautizo en nombre del Creador…»
y «En nombre de papá y de mamá… nosotros te bautizamos». En esta
situación tan grave se han encontrado también algunos sacerdotes.
Estos últimos, habiendo sido bautizados con fórmulas de este tipo,
han descubierto dolorosamente la invalidez de su ordenación y de
los sacramentos celebrados hasta ese momento.
Queda claro que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha recibido
denuncias sobre prácticas sacramentales gravemente incorrectas,
que pueden ser calificadas de inválidas con el grave perjuicio que
ello conlleva para aquellos fieles de buena fe que descubren con
sorpresa que los sacramentos que les han administrado, sobre
todo el bautismo, es nulo, no ha causado el efecto debido y deben
recibirlo de nuevo. La gravedad se multiplica si cabe mucho
más cuando algunos de estos son sacerdotes y, en consecuencia,
«han descubierto dolorosamente la invalidez de su ordenación y
de los sacramentos celebrados hasta ese momento», con lo cual
se debe «localizar a las personas implicadas para repetir el rito
del bautismo o de la confirmación». Con toda lógica afirma que
«un número significativo de fieles han expresado justamente su
malestar».
Estamos ante un grave problema pastoral. De este problema no
se nos dice (no tiene por qué hacerlo) ni la localización, es decir,
dónde se ha producido, en qué iglesias, o si ha sido una práctica
muy extendida, ni la amplitud, es decir, a qué número de personas
ha afectado (aunque tampoco tiene por qué decirlo).
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 155-164
phase 372 [Link] 157 07/06/2024 [Link]
158 Joan Torra Bitlloch
El Dicasterio tiene que actuar como tribunal que debe juzgar y sen-
tenciar la validez o no de estas prácticas que han sido denunciadas,
con lo cual su sentencia tiene que ser jurídica, con los fundamentos
y las justificaciones jurídicas que en derecho son necesarias para
que no pueda ser tachada de arbitraria. Algo de esto debe haber en
lo que dice: «Las graves modificaciones introducidas en la materia
o en la forma de los sacramentos, que hacían nula la celebración…».
Para poder sentenciar debidamente es necesario delimitar con
precisión la materia y la forma de los hechos y dejar bien asen-
tado que estos dos elementos son los que dirimen la validez o no
del sacramento celebrado. Pero, al fin y al cabo, esto es lo que se
requiere para poder emitir cualquier sentencia y dilucidar respon-
sabilidades en la gran mayoría de juicios, sean del tipo que sean
y no solo los que afectan al ámbito sacramental. Faltaría quizás
solo la intención del que es protagonista de la acción, cosa que
el texto analizará más adelante,3 no en este momento en el que
por nuestra parte solo hemos analizado el primer párrafo de la
presentación inicial.
El principio lo expresa en el párrafo siguiente:
Modificar la forma de un sacramento o su materia es siempre un
acto gravemente ilícito y merece una pena ejemplar, precisamente
porque tales gestos arbitrarios son capaces de producir un grave
daño al Pueblo fiel de Dios.
Salta a la vista que estamos ante un asunto plenamente jurídico
que requiere un lenguaje con precisión jurídica. El texto lo pone
de relieve.
Pero sigamos todavía en esta presentación. La lógica del discurso
lleva a hablar del ministro que administra el sacramento puesto que
al final es a él a quien se está juzgando. Los que han incurrido en la
grave utilización de fórmulas que no son las establecidas para el
bautismo han confundido el «amplio espacio para la creatividad»
en «una “voluntad manipuladora” que no puede ser invocada».
Seguimos estando en un ámbito jurídico que desautoriza los
3 Cf. Gestis verbisque 12.18-20.
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Reflexiones acerca de la Nota «Gestis verbisque» 159
razonamientos defensivos que con toda lógica se deben haber
aportado. El sacerdote que actúa como ministro en el sacramento
no es, ni puede ser, ni debe ser, el propietario del sacramento; es
solo su administrador, el que lo preside en nombre de la Iglesia.
Los fieles tienen el derecho a recibir con el sacramento toda la san-
tificación que conlleva para su salvación. Lo dice en otro párrafo
memorable, digno de ser citado literalmente, en el cual quien está
actuando como «juez» se sitúa en el mismo plano ministerial de
aquel a quien «se está juzgando» por su acción en el sacramento;
ambos son sacerdotes de la Iglesia.
A nosotros ministros se nos pide, por lo tanto, la fuerza para supe-
rar la tentación de sentirnos propietarios de la Iglesia. Debemos,
por el contrario, volvernos muy receptivos al don que nos precede:
no son el don de la vida o de la gracia, sino también los tesoros de
los Sacramentos que nos han sido confiados por la Madre Iglesia.
¡No son nuestros! Y los fieles tienen derecho, a su vez, a recibirlos
tal como la Iglesia dispone: es de esta manera como su celebración
corresponde a la intención de Jesús y hace actual y eficaz el aconte-
cimiento de la Pascua.
Se deben resaltar los elementos finales que se mencionan: los fieles
deben «recibir» el sacramento de la Iglesia y para ello la celebración
debe guardar semejanza, o sea, debe corresponder a la intención
de Jesús (y esta debe ser la intención del ministro) para hacer eficaz
el acontecimiento de la Pascua salvadora del Señor Jesús que,
definitivamente, es el que carga de sacramentalidad la acción de
la Iglesia. Estos son los elementos que, en los albores del siglo v
dejó establecidos Agustín de Hipona en su definición del concepto
sacramento, cuando decía:
Hay sacramento en una celebración cuando la conmemoración de
lo acaecido se hace de modo que se sobrentienda al mismo tiempo
que hay un oculto significado y que ese significado debe recibirse
santamente (Ep. 55,1,2).4
La presentación que estamos analizando reclama para los ministros
el «religioso respeto» hacia lo que la Iglesia ha establecido, porque
4 Además de la obra citada antes, véase: San Agustín. Respuesta a las cues-
tiones presentadas por Jenaro (Cuadernos Phase 267), Barcelona: CPL 2022.
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160 Joan Torra Bitlloch
de esta forma «manifestamos ante la comunidad la verdad de que
“la Cabeza de la Iglesia, y por tanto el verdadero presidente de la
celebración, es solo Cristo”», momento en el cual la presentación
cita ya anticipadamente el mismo documento que presenta (Gestis
verbisque 24). Lo que la Iglesia ha establecido –sentencia– es «la
materia y la forma de cada sacramento».
Evidentemente, en este paso está concentrada en una sola expre-
sión casi toda la historia de la definición del concepto sacramento.
Encontrábamos los inicios en la fórmula agustiniana del siglo v
que mistagógicamente invitaba a la conmemoración de la acción
del Salvador conocida por su Palabra; con un deseo de búsqueda
constante del significado oculto que ello conlleva y que nunca se
agota, motivo por el cual invita a recibirlo santamente, progresando
así en el camino salvador. Jesús mismo con su tránsito pascual de
la cruz a la resurrección, de la muerte a la vida, ha abierto para el
hombre fiel el camino de su tránsito pascual ya en esta vida por
medio del bautismo. Lo recibe agradecidamente de la Iglesia, que
es depositaria de la gracia de esta Pascua salvadora para que el fiel
pueda transitar a nueva vida; para esto existe la Iglesia; este es el
sentido del ministerio en ella.
Y la historia de la reflexión sacramental llega al Concilio de Trento,
del cual la Nota afirma:
Los siete gestos vitales, que el Concilio de Trento declaró solemne-
mente de institución divina, constituyen así un lugar privilegiado
del encuentro con Cristo Señor que otorga su gracia y que, mediante
las palabras y los actos rituales de la Iglesia, nutre y fortalece la fe
[Sacrosanctum concilium 59]. Es en la Eucaristía y en todos los demás
Sacramentos donde «se nos garantiza la posibilidad de encontrarnos
con el Señor Jesús y de ser alcanzados por el poder de su Pascua»
[Dd11].
Consciente de ello, la Iglesia, desde sus orígenes, ha cuidado de modo
especial las fuentes de las que toma la savia vital para su existencia
y su testimonio: la Palabra de Dios, atestiguada por las sagradas
Escrituras y la Tradición, y los sacramentos, celebrados en la liturgia,
a través de los cuales es remitida continuamente al misterio de la
Pascua de Cristo [DV 9].
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Reflexiones acerca de la Nota «Gestis verbisque» 161
Las intervenciones del Magisterio en materia sacramental han estado
siempre motivadas por la preocupación fundamental de fidelidad
al misterio celebrado. En efecto, la Iglesia tiene el deber de asegurar
la prioridad de la acción de Dios y de salvaguardar la unidad del
Cuerpo de Cristo en aquellas acciones que no tienen igual, porque
son sagradas «por excelencia», con una eficacia garantizada por
la acción sacerdotal de Cristo [Sacrosanctum concilium 5,7] (Gestis
verbisque 9-10).
La presentación a la Nota precisa casi al final algo que también creo
que tiene gran importancia para comprender luego todo el texto
en su correcto contexto. Afirma que no se trata de una cuestión
meramente técnica o incluso «rigorista» –dice– sino que,
al publicarla, el Dicasterio pretende principalmente expresar
luminosamente la prioridad de la acción de Dios y salvaguardar
humildemente la unidad del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia en
sus gestos más sagrados.
Se han visto constreñidos a emitir sentencia casi contra su volun-
tad, parece que están diciendo. Lo han tenido que hacer con un
lenguaje y con unas categorías que dan a entender que no son
las que hubieran deseado. Pero no les ha quedado más remedio.
La sentencia debe quedar clara. Hablar de materia y forma, más
la intención, lo va a facilitar. Vienen a decir que el deseo de los
redactores de la Nota sería proporcionar reflexión teológica que
ilumine la cuestión que ha suscitado el grave problema acaecido;
pero se han visto constreñidos a hacerlo.
Las notas a pie de página –un total de 61– que contiene el texto rela-
tivamente breve –29 apartados numerados– de la Nota5 muestran
el deseo de poder volver a aquello que se había podido recuperar
en el movimiento litúrgico previo y en la reforma litúrgica promo-
vida por el Concilio Vaticano II. Allí se había rescatado la liturgia
del cierto encasillamiento en que se hallaba debido a la necesidad
histórica de definir exactamente la materia y la forma para que la
5 La proporción es exactamente inversa a la de la Carta apostólica del papa
Francisco Desiderio desideravi sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios:
24 notas a pie de página para 65 numerales.
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162 Joan Torra Bitlloch
celebración sacramental no volviera a ser nunca más motivo de
división como había ocurrido en la historia.
Por ello se recupera la centralidad de la Pascua salvadora de
Jesús, la mistagogía en la celebración cristiana, la participación
de la asamblea creyente en la acción que la Iglesia realiza como
Cuerpo que es de Cristo Cabeza, una participación que tiene que
ser plena, consciente y activa,6 la belleza de la celebración con un
ars celebrandi digno del misterio en el que estamos inmersos. Y a
ello se dedica el texto de la Nota.
3. El texto de la Nota
Una breve introducción retoma elementos de la presentación
que hemos analizado con algún añadido significativo, de gran
importancia, porque se sitúa totalmente en continuidad con la
insistencia del papa Francisco de la necesaria y urgente formación
litúrgica a la que dedica su Carta apostólica Desiderio desideravi
(=Dd).7 Dice el texto:
En determinadas circunstancias, se puede observar la buena fe de
algunos ministros que, inadvertidamente o empujados por sinceras
motivaciones pastorales, celebran los sacramentos modificando las
fórmulas y los ritos esenciales establecidos por la Iglesia, quizás para
hacerlos, a su parecer, más idóneos y comprensibles […]. De este
modo, se manifiesta también una laguna formativa, especialmente
en lo que se refiere a la conciencia del valor de la acción simbólica,
rasgo esencial del acto litúrgico-sacramental (Gestis verbisque 3).
El primero de los tres apartados de la Nota se titula «La Iglesia se
recibe y se expresa en los sacramentos». Es el momento de analizar
la noción sacramento, pero lo hace constatando cómo el Concilio
Vaticano II «refiere análogamente la noción de sacramento a toda
la Iglesia» (Gestis verbisque 6),8 con lo cual el problema que está
6 Cf. Sacrosanctum concilium 14,21ss
7 En particular, los números 27-47.
8 Véase D. Palau Valero, La Iglesia-sacramento y los sacramentos de la Iglesia
(Col·lectània Sant Pacià núm. 107), Barcelona: Ateneu Universitari Sant Pacià
– Facultat de Teologia de Catalunya 2014.
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Reflexiones acerca de la Nota «Gestis verbisque» 163
tratando es especialmente eclesiológico y deriva de la Pascua
del Señor. El breve recorrido histórico va desde los orígenes a los
textos conciliares, pasando por el Concilio de Trento, que declaró
«los siete gestos vitales» como «lugar privilegiado de encuentro
con Cristo Señor» (Gestis verbisque 9).
El segundo apartado lleva por título «La Iglesia custodia y es cus-
todiada por los sacramentos». Ahí es donde encontramos el uso
de la potestas en relación con los sacramentos, el reconocer que la
Iglesia «no siempre ha señalado inequívocamente los gestos y las
palabras en los que consiste esta sustancia divinitus instituta…»
y cómo «en diálogo con la teología, ha llamado materia y forma,
a los que se añade la intención del ministro» (Gestis verbisque
12). También se reconoce que «tanto la materia como la forma,
resumidas en el Código de Derecho Canónico, están establecidas en
los libros litúrgicos promulgados por la autoridad competente»
(Gestis verbisque 17).
El número siguiente se dedica a «la intención del ministro que
celebra el sacramento», puesto que, mientras materia y forma
son fácilmente identificables, la intención de hacer lo que hace la
Iglesia comporta evidentes dificultades. Dice:
Materia, forma e intención están entre ellas intrínsecamente unidas:
se integran en la acción sacramental de tal modo que la intención
se convierte en el principio unificador de la materia y de la forma,
haciendo de ellas un signo sagrado por el que la gracia se confiere
ex opere operato.
E inmediatamente tiene que hablar de la «actuosa participatio de
los fieles» (Gestis verbisque 20).9
9 Tiene que ser leída la nota 41 del texto porque es en el momento de
hablar de la actuosa participatio cuando se manifiesta el problema que debe
haber generado la Nota y, por lo tanto, el punto teológico que debe ser objeto
de más formación. Dice: «A este propósito, el Concilio Vaticano II exhorta
a los pastores a vigilar “para que en la acción litúrgica no solo se observen
las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los
fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente”»: Sacrosanctum
concilium 11».
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164 Joan Torra Bitlloch
El tercer apartado, «La presidencia litúrgica y el arte de celebrar»,
analiza las fórmulas in persona Christi Capitis - nomine Ecclesiae para
desembocar de nuevo en la Carta Desiderio desideravi y «la pode-
rosa belleza de la liturgia» (Dd 10). Por ello, creo que nos puede
servir de conclusión el mismo texto del último número también
conclusivo de la Nota, porque nos devuelve, como no podía ser
de otro modo, al lenguaje sapiencial, mistagógico, al que invita la
Carta del papa Francisco.
La virtus operante en los sacramentos da forma al rostro de la Igle-
sia, capacitándola para transmitir el don de la salvación que Cristo
muerto y resucitado, en su Espíritu, quiere compartir con todo
hombre. A la Iglesia, de modo particular a sus ministros, se le ha
confiado este gran tesoro, para que, como «servidores solícitos» del
Pueblo de Dios, lo alimenten con la abundancia de la Palabra y lo
santifiquen con la gracia de los sacramentos. A ellos corresponde, en
primer lugar, garantizar que «la belleza de la celebración cristiana»
se mantenga viva y no sea desfigurada «por una comprensión super-
ficial y reductiva de su valor o, peor aún, por su instrumentalización
al servicio de alguna visión ideológica, sea cual sea» [Dd 9]. Solo así
la Iglesia puede, día a día, «crecer en el conocimiento del misterio de
Cristo, sumergiendo […] la vida en el misterio de su Pascua, mientras
esperamos su vuelta» [Dd 12] (Gestis verbisque 29).
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 155-164
phase 372 [Link] 164 07/06/2024 [Link]
Núm. 372 – abril / mayo – Phase 64 (2024) 165-174
La Nota «Gestis verbisque»
y el horizonte salvífico-histórico*
Angelo Lameri
Abstract: The recent Note Gestis Resumen: La reciente Nota Gestis
verbisque of the Dicastery for verbisque del Dicasterio para la
the Doctrine of the Faith has Doctrina de la Fe ha vuelto a pro-
once more raised an issue that poner un tema que no es secun-
is not secondary in theological dario en la reflexión teológica y
reflection and especially in the especialmente en la celebración
celebration of the sacraments: de los sacramentos: ¿cuáles son
which are the limits of creativ- los límites de la creatividad o
ity or adaptation in the liturgy? de la adaptación en la liturgia?
Are the categories of matter and ¿Siguen siendo válidas las cate-
form still valid? The Dicastery gorías de materia y forma? El
for the Doctrine of the Faith has Dicasterio para la Doctrina de la
attempted to offer some solid Fe ha intentado ofrecer algunos
points for discernment. How- puntos firmes para el discerni-
ever, it is incumbent on theol- miento. Sin embargo, corres-
ogy to deepen and reformulate ponde a la teología profundizar y
the reflection in light of the reelaborar la reflexión a la luz del
horizon traced by the Second horizonte trazado por el Concilio
Vatican Council. Vaticano II.
Keywords: creativity, form, inten- Palabras clave: creatividad, forma,
tion, matter, sacraments, intención, materia, sacramen-
validity. tos, validez.
Angelo Lameri es presbítero de la diócesis de Crema. Es profesor
ordinario de liturgia y sacramentaria general en la Pontificia
Universidad Lateranense de Roma, donde también es decano
de la Facultad de Teología. Es consultor de la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y de
la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.
Además, fue miembro de la comisión de estudio para el diaco-
nado femenino instituida por el papa Francisco en 2020.
*
Traducción de Juan de Pablos del texto original italiano preparado por
el autor para Phase.
phase 372 [Link] 165 07/06/2024 [Link]
166 Angelo Lameri
E n los últimos decenios, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe
ha intervenido varias veces, de diversas maneras, para tutelar
los sacramentos y su correcta celebración, con el fin de recordar
la necesaria fidelidad a lo que la Iglesia establece para su válida
administración y salvaguardar el derecho de los fieles a recibir el
don de la gracia de Cristo, tal como la Iglesia, por su mandato, lo
transmite.
En la compleja historia de la comunidad cristiana –incluso en
tiempos no recientes– no han faltado intentos de manipular el
gesto sacramental, a veces incluso de buena fe, con la motivación
de hacer la celebración de los sacramentos más comprensible, o
más adherida a una determinada teología, o más atenta a las nece-
sidades pastorales. Sin embargo, cuando estas intervenciones han
llegado a tocar la sustancia de los sacramentos, la Iglesia siempre
ha intervenido para salvaguardar lo que ella misma ha recibido. A
modo de ejemplo, podemos citar el caso más reciente del responsum
ad dubium (6 de agosto de 2020),1 en el que se planteó la cuestión de
si la modificación de la fórmula bautismal por parte del ministro
podía afectar a la validez del bautismo. La Nota doctrinal2 que
acompañaba a la respuesta cita íntegramente la fórmula cuya
validez se negaba: «Nosotros, el padre y la madre, el padrino y la
madrina, los abuelos, los familiares, los amigos, la comunidad, te
bautizamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
El cambio estaría motivado por el deseo de expresar mejor el valor
comunitario del bautismo y la participación de la familia y de los
presentes, y de desterrar la idea de un poder sacral depositado en
las únicas manos del sacerdote. La distorsión es aquí evidente:
los presentes y toda la comunidad ya no son los que participan
activamente en la acción de Cristo, sino que aparecen como los
principales protagonistas de lo que se realiza, que precisamente
1 «“Responsum” della Congregazione per la Dottrina della Fede ad un
dubbio sulla validità del Battesimo conferito con la formula “Noi ti bat-
tezziamo nel nome del Padre e del Figlio e dello Spirito Santo”» [en línea],
Santa Sede <[Link]
pubblico/2020/08/06/0406/[Link]> [Consulta: febrero 2024].
2 Íd.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 165-174
phase 372 [Link] 166 07/06/2024 [Link]
La Nota «Gestis verbisque» y el horizonte salvífico-histórico... 167
tiene lugar en su nombre. En realidad, cuando la Iglesia bautiza,
nunca lo hace en nombre propio, porque es consciente de que en
su acción está la acción de Cristo: «Cuando alguien bautiza es
Cristo mismo quien bautiza» (SC 7). Con razón, la Nota, citando
a R. Guardini,3 advierte contra una deriva subjetivista, que lleva
a privilegiar el propio sentimiento o lo que parece deseable en un
momento dado.
1. Nota sobre la validez de los sacramentos
Con referencia a estos casos, mucho más numerosos que los que
han sido objeto de una respuesta pública, la asamblea plenaria
del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, celebrada en enero de
2022, promovió la puesta en marcha de un estudio con el fin de
llegar a un documento que pudiera ofrecer algunos criterios fun-
damentales para discernir las situaciones en las que la excesiva
creatividad litúrgica pone en duda la intención del ministro de
estar verdaderamente en comunión con la Iglesia y, por tanto, de
tener la intención mínima requerida para poder afirmar que el rito
sacramental, así celebrado, es verdaderamente un acto de Cristo
y de la Iglesia. El proceso previsto por el modus operandi del Dicas-
terio desembocó en la Nota Gestis verbisque sobre la validez de los
sacramentos,4 publicada con la aprobación del papa Francisco el
2 de febrero de 2024.
3 Ya en el siglo pasado, de hecho, el teólogo germano-italiano recordaba
que si en la oración personal el creyente puede seguir el impulso del corazón,
en la acción litúrgica «debe abrirse a otro impulso, de origen más poderoso y
profundo, procedente del corazón de la Iglesia que late a través de los siglos.
Lo que personalmente le agrada o le parece deseable en ese momento no
cuenta aquí…» (R. Guardini, Introduzione alla preghiera, Brescia: Morcelliana
2009, 196).
4 Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Nota sobre la validez de los
sacramentos Gestis verbisque [en línea], Santa Sede <[Link]
va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20240202_
gestis-verbisque_sp.html> [Consulta: febrero 2024].
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 165-174
phase 372 [Link] 167 07/06/2024 [Link]
168 Angelo Lameri
Por una parte, el documento5 se sitúa en el horizonte trazado por
la Constitución litúrgica conciliar Sacrosanctum Concilium; por
otra, parece privilegiar la terminología escolástica clásica que
hace uso de las categorías de materia y forma. A este respecto,
es necesario recurrir, en primer lugar, a las nociones elementales
de la teología fundamental que pueden ayudarnos a delimitar
nuestras expectativas ante este pronunciamiento magisterial.
Una Nota de un Dicasterio nunca pretende ser un tratado o un
manual de teología. Por lo tanto, no se le puede pedir que ofrezca
una exposición orgánica de un tema determinado, sino que debe
leerse correctamente en relación con el problema o las cuestiones
a las que pretende responder. En cambio, la tarea del magisterio
consiste en ofrecer los puntos de referencia vinculantes para la
reflexión teológica, de modo que esta se sitúe en continuidad con
el Evangelio y se garantice el desarrollo orgánico de la reflexión
creyente, que se desenvuelve en armonía con la tradición de la que
el Papa y los obispos son los primeros custodios. La presentación
del cardenal Fernández, prefecto del Dicasterio, y los primeros
párrafos dan una idea de la naturaleza del documento y de los
objetivos que se propone: ofrecer a los obispos «algunos elementos
de carácter doctrinal en orden al discernimiento sobre la validez
de la celebración de los sacramentos, prestando atención también
a algunos aspectos disciplinares y pastorales» (núm. 4). En pocas
palabras esenciales, se ofrecen los criterios para una correcta
hermenéutica del texto: se dirige a los obispos, no a los teólogos,
que conservan toda su autonomía de reflexión; pretende ofrecer
algunos elementos –no todos– de carácter doctrinal, por lo que no
pretende agotar definitivamente la cuestión; los elementos doc-
trinales tratados deben ponerse en relación con sus implicaciones
disciplinares y pastorales, por lo que no se trata de un tratamiento
sistemático de los fundamentos sacramentales.
5 Para una presentación más amplia del documento, cf. A. Lameri, Ques-
tioni sulla validità dei Sacramenti alla luce di Gestis verbisque. Materia e forma hanno
ancora senso?, Cinisello Balsamo: San Paolo 2024.
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La Nota «Gestis verbisque» y el horizonte salvífico-histórico... 169
2. El horizonte histórico-salvífico
Intentemos ahora destacar tanto los elementos mencionados como
el horizonte dentro del cual deben ser comprendidos. En la Nota
se introduce el tema de la validez de los sacramentos, situando la
acción sacramental de la Iglesia en el horizonte de la historia de
la salvación y de la sacramentalidad de la revelación, en sintonía
con la reflexión conciliar y el magisterio reciente. El título, Gestis
verbisque, remite a la Constitución dogmática del Concilio Vaticano
II sobre la divina revelación Dei Verbum, donde encontramos la
expresión en el párrafo 2 que se refiere a la economía de la revela-
ción que tiene lugar «con hechos y palabras (gestis verbisque, en el
original) intrínsecamente conexos entre sí». Una anticipación de
esta perspectiva se encuentra en Sacrosanctum Concilium, donde
en el primer capítulo se considera la acción salvífica de Dios y
la revelación de la verdad en su unidad inseparable (SC 5). En
consecuencia, el anuncio de la salvación (palabras) y su puesta
en práctica (obras) se asocian entonces a la misión de la Iglesia.
En efecto, los apóstoles son enviados no solo a anunciar que el
Hijo de Dios, en el misterio de su Pascua, nos ha liberado del
poder de Satanás y de la muerte, «sino también a realizar la obra
de salvación que proclamaban, mediante el sacrificio y los sacra-
mentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica» (SC 6). Se
perfila así el horizonte sacramental común de la revelación y de la
celebración, que sitúa la acción de la Iglesia en el horizonte de la
historia de la salvación. Los sacramentos son así considerados en
su naturaleza de acontecimientos que los sitúan en continuidad
con los acontecimientos salvíficos de Dios en la historia. Las cate-
gorías utilizadas para indicar los sacramentos de la Iglesia, junto
a la tradicional de signo que no se abandona, remiten al contexto
destacado anteriormente: encuentro, acción, gesto vital, aconteci-
miento, obra maestra. La noción de encuentro parece decisiva. En
efecto, la celebración de los sacramentos se convierte en «un lugar
privilegiado del encuentro con Cristo Señor que otorga su gracia»
(núm. 9).6 Los demás términos –gestos vitales, acontecimientos,
6 Todo ello en la estela de la Carta apostólica Desiderio desideravi del papa
Francisco, donde la categoría del encuentro aparece decisiva para considerar
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170 Angelo Lameri
acción, obras maestras– confirman una concepción dinámica de
los sacramentos, plasmada en el acto de su celebración. En efecto,
son acciones humanas (ritos) en las que actúa la virtus divina y,
precisamente por eso, en el acto de la celebración debe aparecer
claramente la prioridad de la acción de Dios sobre la acción del
hombre. De hecho, la Nota afirma:
Materia, forma e intención se insertan siempre en el contexto de la
celebración litúrgica, que no constituye un ornatus ceremonial de los
sacramentos, ni siquiera una introducción didáctica a la realidad que
se cumple, sino que es en su conjunto el acontecimiento en el que
continúa realizándose el encuentro personal y comunitario entre
Dios y nosotros, en Cristo y en el Espíritu Santo, encuentro en el
que, por mediación de los signos sensibles, «Dios es perfectamente
glorificado y los hombres santificados» (núm. 20).
Es en este contexto, pues, en el que deben entenderse las categorías
clásicas de lo sacramental, que la Nota utiliza para poner de relieve
cuáles son los elementos esenciales para poder afirmar que en esa
determinada celebración sacramental se da la acción de Cristo y,
por tanto, utilizando una terminología más jurídica que litúrgica,
el sacramento se administra válidamente.
3. La «materia»: el sacramento hunde sus raíces en la
creación
La materia del sacramento se describe de manera que se comprenda
en el contexto de la acción litúrgica, por una parte, y en la dinámica
la liturgia y, en particular, los sacramentos, en su dinamismo mistérico: «En
la Eucaristía y en todos los sacramentos se nos garantiza la posibilidad de
encontrarnos con el Señor Jesús y de ser alcanzados por el poder de su Pascua.
El poder salvífico del sacrificio de Jesús, de cada una de sus palabras, de cada
uno de sus gestos, mirada, sentimiento, nos alcanza en la celebración de los
sacramentos. Yo soy Nicodemo y la Samaritana, el endemoniado de Cafarnaún
y el paralítico en casa de Pedro, la pecadora perdonada y la hemorroisa, la hija
de Jairo y el ciego de Jericó, Zaqueo y Lázaro; el ladrón y Pedro, perdonados.
El Señor Jesús que “inmolado, ya no vuelve a morir; y sacrificado, vive para
siempre” (Prefacio III de Pascua), continúa perdonándonos, curándonos y
salvándonos con el poder de los Sacramentos. A través de la encarnación, es
el modo concreto por el que nos ama; es el modo con el que sacia esa sed de
nosotros que ha declarado en la cruz» (Dd 11).
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La Nota «Gestis verbisque» y el horizonte salvífico-histórico... 171
de la creación y la dinámica antropológica de la corporeidad, por
otra:
La materia del sacramento consiste en la acción humana a través de
la cual actúa Cristo. En ella, a veces, está presente un elemento mate-
rial (agua, pan, vino, aceite), otras veces un gesto particularmente
elocuente (señal de la cruz, imposición de las manos, inmersión,
infusión, consentimiento, unción). Tal corporeidad parece indispen-
sable porque enraíza el sacramento no sólo en la historia humana,
sino también, y más fundamentalmente, en el orden simbólico de
la creación y lo remite al misterio de la encarnación del Verbo y de
la redención obrada por él (núm. 13).
La noción decisiva de encuentro antes mencionada se declina
aquí en relación con el cuerpo. El encuentro con Dios se produce
precisamente en el cuerpo y con el cuerpo: el cuerpo asumido
por el Verbo, su cuerpo sacramental, el cuerpo de Cristo que es
la Iglesia, nuestro cuerpo. Lo «último» de lo espiritual –la expe-
riencia del encuentro con Dios– no puede darse sin lo «material».
La referencia a lo material dice que nuestra relación con Dios está
enraizada en la creación:
Los sacramentos son un modo privilegiado de cómo la naturaleza
es asumida por Dios y se convierte en mediación de la vida sobrena-
tural. A través del culto somos invitados a abrazar el mundo en un
nivel distinto. El agua, el aceite, el fuego y los colores son asumidos
con toda su fuerza simbólica y se incorporan en la alabanza. La mano
que bendice es instrumento del amor de Dios y reflejo de la cercanía
de Jesucristo que vino a acompañarnos en el camino de la vida. El
agua que se derrama sobre el cuerpo del niño que se bautiza es signo
de vida nueva. No escapamos del mundo ni negamos la naturaleza
cuando queremos encontrarnos con Dios.7
La materia y las acciones, precisamente por lo anterior, no pueden
abandonarse al arbitrio de las comunidades o de los individuos,
7 Francisco, Carta encíclica Laudato si’ (24 de mayo de 2015), núm. 235:
AAS 107 (2015) 939.
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172 Angelo Lameri
sino que deben enraizarse en la revelación y ser indicadas con
autoridad por la Iglesia, en docilidad a la acción del Espíritu.8
4. La «forma»: el sacramento se celebra en la historia
La noción de forma se relee a la luz de su arraigo en la sagrada
Escritura y en la tradición eclesial. No se trata simplemente de una
fórmula a la que se asigna un valor sagrado o casi mágico, sino
que se subraya su capacidad performativa, que no solo transfigura
el sentido de la acción realizada, sino que también transforma al
sujeto que la ejecuta.
La forma del sacramento está constituida por la palabra, que confiere
un sentido trascendente a la materia, transfigurando el significado
ordinario del elemento material y el sentido puramente humano de
la acción realizada. Esta palabra se inspira siempre, en diverso grado,
en la Sagrada Escritura, hunde sus raíces en la tradición eclesial
viva y ha sido definida con autoridad por el Magisterio de la Iglesia
mediante un cuidado discernimiento (núm. 14).
Si la materia enraíza el sacramento en la creación, la palabra lo
enraíza en la historia:
La relación con Dios no solo tiene su origen en el cosmos y sus sím-
bolos perennes, sino en una historia común, en la que Dios reunió a
los hombres y se hizo camino para ellos. La palabra en el sacramento
expresa el carácter histórico de la fe: no llega al hombre como un yo
aislado, sino que la recibe de la comunidad de los que han creído antes
que él y que le han transmitido a Dios como realidad de su historia
[...]. También hay que decir que la palabra introduce el factor tiempo
en nuestra relación con Dios, del mismo modo que el elemento mate-
rial introduce el espacio cósmico [...]. Así, la materialidad y la his-
toricidad del ministerio sacramental constituyen siempre al mismo
tiempo una «declaración» cristológica: una referencia al Dios que no
8 Cf. Nota, núms. 15-16. Leemos a este respecto en Sacramentum caritatis:
«Es necesario despertar en nosotros la conciencia del papel decisivo que
desempeña el Espíritu Santo en el desarrollo de la forma litúrgica y en la
profundización de los divinos misterios», Benedicto XVI, Exhortación
apostólica postsinodal Sacramentum caritatis (22 de febrero de 2007), núm.
12: AAS 99 (2007) 113.
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La Nota «Gestis verbisque» y el horizonte salvífico-histórico... 173
tuvo miedo de encarnarse y que en la aflicción histórica de una vida
terrena llevó en sí el peso y la esperanza de la historia y del cosmos.9
El sacramento hunde sus raíces en el cosmos y en la historia. En la
creación y en el tiempo, Dios salió a nuestro encuentro, y también
hoy nos ofrece su presencia salvadora. Por último, el encuentro
sacramental tiene otra característica: es siempre un encuentro que
se realiza de manera humana, es decir, consciente y libremente. En
esta perspectiva, hay que captar el tercer elemento para valorar la
validez: la intención. Una intención de hacer lo que hace la Iglesia.10
En efecto, la acción sacramental es siempre un acto auténticamente
eclesial,11 de hecho, «la Iglesia, cuando celebra un sacramento,
actúa como Cuerpo que opera inseparablemente de su cabeza, en
cuanto es Cristo-cabeza el que actúa en el cuerpo eclesial generado
por él en el misterio de la Pascua».12 Precisamente por estas carac-
terísticas, la intención no puede quedarse solo en un sentimiento
interior, sino que debe manifestarse también externamente a través
de la fidelidad al rito establecido por la Iglesia. En efecto, el sujeto
de la acción litúrgico-sacramental no es exclusivamente el ministro
que ha recibido el mandato eclesial de administrar el sacramento,
sino toda la Iglesia, que se expresa en la asamblea reunida sin iden-
tificarse con ella. La intención, en definitiva, especifica y garantiza,
mediante su manifestación externa, la eclesialidad de la acción.
Precisamente por esta razón,
modificar al propio arbitrio la forma celebrativa de un sacramento
no constituye un simple abuso litúrgico, en cuanto transgresión
de una norma positiva, sino también un vulnus infligido tanto a la
comunión eclesial, como a la posibilidad de reconocer en ella la obra
de Cristo, que en los casos más graves hace inválido el sacramento
mismo, porque la naturaleza de la acción ministerial exige transmitir
con fidelidad lo que se ha recibido (núm. 22).
9 J. Ratzinger, «Battesimo, fede e appartenenza alla Chiesa», en Congre-
gazione per la Dottrina della Fede, Sul Battesimo. Testi e commenti, Città
del Vaticano: LEV 2015, 53-55.
10 Cf. DH 1611.
11 Cf. notas 18 y 25.
12 Nota 25.
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174 Angelo Lameri
5. Conclusión
Una lectura atenta de la Nota del Dicasterio para la Doctrina de la
Fe revela una aproximación a los sacramentos que encuentra en la
acción litúrgica el fundamento natural de su comprensión, porque
el sacramento existe en la medida en que se celebra. Al mismo
tiempo, se vuelven a proponer a la atención eclesial categorías
procedentes de la escolástica, no tanto para situar el discurso en
la estela de una tradición teológica ciertamente superada, sino
para situar la celebración-encuentro con Cristo en la historia de
la salvación, hecha de gestos y palabras, de elementos cósmicos
y narrativos, de cuerpo actuante e historia. A veces se compara
la celebración litúrgica con una sinfonía. En toda composición
musical hay elementos que hacen que el estilo y los temas meló-
dicos del compositor sean inmediatamente reconocibles para el
oído experimentado. Así, en la celebración de los sacramentos,
hay ciertos elementos esenciales, inasequibles al celebrante y a la
Iglesia misma, que remiten toda la celebración a la acción salvífica
de Cristo, autor de los sacramentos. Pero, al mismo tiempo, del
mismo modo que el tema melódico por sí solo no es la sinfonía, así
los elementos esenciales por sí solos no pueden agotar la celebra-
ción de los sacramentos, que recibe de ellos su autenticidad, pero
que no puede agotarse en ellos.
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«Per ritus et preces…
atque mysterium»
Juan Javier Flores Arcas, osb
Abstract: Vatican II had the merit Resumen: El Vaticano II ha tenido
of summarising in a lapidary el mérito de condensar en una
Latin expression the whole expresión latina lapidaria el
complex of liturgical action entero complejo de la acción
when it said that the liturgy litúrgica cuando ha dicho que
celebrates per ritus et preces la liturgia celebra per ritus et
(Sacrosanctum Concilium 48); preces (Sacrosanctum Concilium
an expression which becomes 48); una expresión que viene a
today like the key to enter into ser hoy como la llave para entrar
the liturgy and the sacraments en la liturgia y los sacramentos
in their totality. en su totalidad.
Keywords: celebration, rituality, Palabras claves: celebración, rituali-
sacraments, sanctification. dad, sacramentos, santificación.
Juan Javier Flores Arcas, monje benedictino de la abadía de Santo
Domingo de Silos (Burgos), doctor en liturgia, actualmente es el
presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia.
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176 Juan Javier Flores Arcas
E l cardenal Agustín Bea, en su intervención en el Concilio Vati-
cano II, concretamente en la X Congregación general del 30 de
octubre de 1962, ante el «Schema» presentado de la Constitución
de liturgia y comentando el capítulo 2 que se discutía, decía:
Lin. 8, dicitur: «ut ritus et preces atque mysterium, quod per ea exprimitur;
bene intelligant»: non tantum ritus et preces, sed etiam ipsum mysterium;
non tantum res externa.1
La Constitución de liturgia no recogió directamente la emendationes
diciendo que no era oportuno ni tampoco necesario repetir la pala-
bra misterio que ya aparecía previamente y prefirió, sin embargo
la expresión «sed ut illud per ritus et preces bene intellegentes», porque
ciertamente los «gestos y palabras» introducen a una participación
integral en el misterio de la fe (cf. SC 48).2 Con ello, se volvía a una
mistagogía, que es el método para el estudio renovado de la liturgia
sacramental, fundado en la tradición patrística y enormemente
actual, pues aúna experiencia celebrativa, fundamento bíblico y
compromiso existencial.
En este marco, y siempre en el contexto del Concilio Vaticano II,
encontramos expresiones similares que nos pueden ayudar a una
comprensión de los sacramentos vistos en su totalidad, como son
las siguientes, sin ánimo de agotarlas todas:
– Per signa sensibilia (SC 7)
– Per ritus et preces (SC 48)
– Verbis et rebus (SC 59)
– Verbis ac gestis (DV 14)
– Verbis et actibus (OGMR 72.79)
1 Cf. F. Gil Hellin (ed.), Concilii Vaticani II synopsis in ordinem redigens sche-
mata cum relationibus necnon patrum orationes atque animadversiones. Constitutio
de sacra liturgia Sacrosanctum Concilium, Città del Vaticano: LEV 2003, p. 556.
2 Sobre este tema evidentemente se ha escrito muchísimo. Uno de tantos
ejemplos: P. A. Muroni (ed.), Per ritus et preces. Sacramentalità della liturgia,
VIII Congresso internazionale di liturgia di Roma, Pontificio Istituto liturgico,
16-18 maggio 2007 (Studia Anselmiana 150, Analecta liturgica 28), Roma:
Pontificio Ateneo San Anselmo 2010 donde hice una Introduzione, pp. 15-20.
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«Per ritus et preces… atque mysterium» 177
– Factis et verbis (DV 17)
– Textus et ritus (DV 21)
1. Una visión de conjunto
Los estudios sobre la sacramentología general que han seguido
a la reforma litúrgica han ido creciendo progresivamente en una
presentación más bíblica y simbólica de la realidad sacramental
y, por tanto, han ido abandonando los modelos tradicionales que
por siglos han marcado los estudios sobre los sacramentos tanto
en sentido general como en particular.
Porque si hay algo que va adquiriendo relevancia ciertamente,
es que la teología sacramental no se puede separar de la liturgia
del sacramento, si se quiere evitar el riesgo de reducir la liturgia a
ritualismo y ceremonia, y el sacramento a ideología y abstracción.
Dios puede conceder el don de su gracia al margen de la liturgia,
pero los hombres no podemos tener certeza del don y celebrar el
misterio sin liturgia: el sacramento es el misterio en acción litúrgica.3
Nosotros nos adentramos en profundidad en la sacramentalidad
de la liturgia y lo hacemos per ritus et preces (SC 48) y con algunas
otras expresiones que vamos a analizar, que son semejantes o
parecidas a esta.
Ciertamente, el concepto de sacramentalidad evoluciona a lo
largo de los siglos siguiendo diversos desarrollos en los diferentes
ámbitos culturales. Recorriendo este camino se puede comprobar
cómo, en los últimos tiempos, los sacramentos han revalorizado
su dimensión bíblica y patrística y han entrado en un mundo bien
distinto. Hemos visto cómo, en los siglos xx y xxi, se alzan voces que
reclaman con convicción el abandonar la definición hilemórfica
del sacramento y la fragmentación de los tratados.
3 D. Borobio, «De la celebración a la teología. ¿Qué es un sacramento?»,
en D. Borobio (dir.), La celebración en la Iglesia. I. Liturgia y sacramentología
fundamental, Salamanca: Sígueme 1991, p. 363.
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178 Juan Javier Flores Arcas
Entre estas voces, la de Odo Casel expresa el deseo de salir de una
práctica de la fe que concibe la referencia a la acción sacramental
como momento de expresión pública de adhesión al dogma o como
momento de preparación pedagógica de una vida virtuosa. Esto
implicaba dos efectos: el abandono del pensamiento metafísico y
la entrada en un nivel de pensamiento simbólico.
Fue Odo Casel quien ha podido volver a proponer un conjunto de
elementos determinantes para la renovación de la praxis sacramen-
tal, como por ejemplo: la recuperación del primado del sacerdocio
bautismal, al servicio del cual se ordena el sacerdocio ministerial:
la necesidad de una participación fructífera de la asamblea en la
acción litúrgica; la superación de una concepción individualista
de la comunión sacramental; la «relativización» de la adoración
eucarística frente a la centralidad de la celebración de la Eucaris-
tía; la identificación de la misa como matriz de la espiritualidad
cristiana, etc. Algunos de esos elementos fueron acogidos pro-
gresivamente por el magisterio y han pasado a formar parte del
patrimonio común de la Iglesia.4
De todas las propuestas que han acompañado una renovada
sacramentología, a nosotros nos interesa de forma particular la
propuesta de Casel de asumir la celebración como clave de bóveda
para una mayor y mejor comprensión de los sacramentos. Esto
implica un volver a pensar totalmente la materia, partiendo de la
idea de sacramento que incluía (en el caso de la Eucaristía) no solo
la comunión de los fieles, sino toda la acción cultual.
A todo ello se une el redescubrimiento del símbolo como compo-
nente esencial en la comprensión del sacramento y la centralidad
de la acción celebrativa en el ámbito de la sacramentaria, lo que
nos permite llegar a una teología de los sacramentos donde la
comprensión de los mismos viene dada por el análisis de la acción
litúrgica.
4 He tratado ampliamente este tema en mi libro: J. J. Flores, La evolución
del concepto de sacramento a través de los siglos. Una visión litúrgica de la sacra-
mentalidad de la Iglesia (Biblioteca Litúrgica 48), Barcelona: CPL 206.
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«Per ritus et preces… atque mysterium» 179
Los sacramentos deben entenderse como una concentración sim-
bólica de una sacramentalidad plural.5 El septenario sacramental
y los sacramentos de la Iglesia solo se explican si se desarrollan
en modo equilibrado las diversas dimensiones de la teología: la
dimensión histórico-salvífica, la cristológica, la eclesiológica, la
antropológica, etc.
Hoy se puede ya intuir que el pensamiento simbólico, a diferencia
del metafísico, permite crear un orden simbólico cristiano que
se manifiesta en una estructura de la identidad cristiana que se
define a su vez por la relación inescindible entre sagrada Escri-
tura, sacramentos y ética. Hay que hacer notar el trastorno de las
perspectivas y una cierta dislocación en la sacramentalidad, para
la cual es necesario sustituir las opciones filosóficas de la teología
tradicional por opciones filosóficas de nueva concepción, capaces
de dar expresión concreta a la realidad sacramental.
Un conocido teólogo italiano, Giuseppe Colombo, ha lanzado una
auténtica provocación: transferir la cuestión de los sacramentos de
los teólogos sistemáticos a los liturgistas. Esta provocación, dice el
mismo autor, es al mismo tiempo expresión de un desasosiego y
de una esperanza. De un desasosiego por «el estado caótico al que
los teólogos sistemáticos han reducido la teología sacramental»
(dice el propio autor). Partiendo de Karl Rahner y de Odo Casel se
ha encendido una luz en la dogmática que constituye una nueva
perspectiva en la teología sacramental.6
5 D. Borobio, La celebración en la Iglesia. II. Sacramentos, Salamanca:
Sígueme 62006, pp. 385-395.
6 G. Colombo, «Prefazione», en A. Bozzolo, La teología sacramentaria dopo
Rahner (Biblioteca di Scienze Religiose, 151), Roma: LAS 1999, p. 5. Merece la
pena leer sus palabras: «La provocazione suggerisce di trasferire la questione dai
teologi sistematici ai liturgisti. La questione è quella della teología sacramentari. Il
percorso è quello tracciato dalla vicenda storica della ricerca sulla teología sacramenta-
ria, da K. Rahner-grosso modo dagli anni Sessanta-a oggi. La provocazione è insieme
un atto di sconforto e di speranza... O. Casel prima e K. Rahner poi avevano acceso
un faro che ha costituito il nuevo avvio per la teología sacramentaria. Effetivamente
da allora si parte da lì».
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180 Juan Javier Flores Arcas
Por esta misma línea va M. Belli cuando dice que
los estudios más recientes en la teología de los sacramentos van pre-
cisamente por esta dirección: un redescubrimiento del sacramento
inexcusablemente en su perfil de celebración ritual y litúrgica.7
A su vez, el Catecismo de la Iglesia Católica va en esta dirección:
Las palabras y las acciones de Jesús durante su vida oculta y su
ministerio público eran ya salvíficas. Anticipaban la fuerza de su
misterio pascual. Anunciaban y preparaban aquello que Él daría a
la Iglesia cuando todo tuviese su cumplimiento. Los misterios de la
vida de Cristo son los fundamentos de lo que, en adelante, por los
ministros de su Iglesia, Cristo dispensa en los sacramentos, porque
«lo [...] que era visible en nuestro Salvador ha pasado a sus misterios
(San León Magno, Sermo 74, 2)».8
A su vez, el documento de la Comisión Teológica Internacional
señala:
Los símbolos sacramentales y las acciones simbólicas, realizadas a
través del agua, el aceite, el pan, el vino y otros factores visibles y
externos, invitan a cada creyente a abrir el «ojo interior de la fe» y ver
los efectos salvíficos de cada sacramento. Estas acciones simbólicas,
realizadas con estos elementos materiales, están, en realidad, en fun-
ción de realizar una acción de Cristo, el Salvador. Lo que acontece en
la administración de los sacramentos se enraíza en lo que acontecía
en las acciones de Cristo, el Salvador, en su vida terrena, como por
ejemplo en las curaciones. Muchos creyeron en Cristo (Ur-Sakrament)
y así alcanzaron la santificación, como: la samaritana junto al pozo
de Jacob (Jn 4,28-29.39); Zaqueo, cuando recibió a Jesús en su casa
(Lc 19,8-10); la mujer siro-fenicia, que obtuvo la curación para su
hija por una fe inquebrantable (Mc 7,24-30), y así sucesivamente.
Esas acciones simbólicas de Jesús, «sacramentales», realizadas con
elementos materiales, estaban en función de la intensificación de la
fe en los beneficiarios y la santificación, gracias a la fe-visión interna.
7 M. Belli, Caro veritatis cardo. L’interesse della fenomenología francese per la
teología dei sacramenti, Roma-Milano: Glossa 2013, 224. (traducción al caste-
llano es nuestra).
8 CCC 1115.
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«Per ritus et preces… atque mysterium» 181
La fe fortalecida debe traducirse en una confesión creyente a través
del testimonio cristiano de vida en el mundo.9
La misma Ordenación General del Misal Romano (OGMR), refi-
riéndose a la plegaria eucarística, dice:
Narración de la institución y consagración: por las palabras y por
las acciones de Cristo se lleva a cabo el sacrificio que el mismo Cristo
instituyó en la Última Cena, cuando ofreció su Cuerpo y su Sangre
bajo las especies de pan y vino, y los dio a los apóstoles para que
comieran y bebieran, dejándoles el mandato de perpetuar el mismo
misterio. Anamnesis: por la cual la Iglesia, al cumplir el mandato que
recibió de Cristo por medio de los apóstoles, realiza el memorial del
mismo Cristo, renovando principalmente su bienaventurada pasión,
su gloriosa resurrección y su ascensión al cielo.10
El lenguaje utilizado es, concretamente, «palabras y acciones».
El mismo Código de Derecho Canónico, siguiendo las líneas de la
constitución conciliar de liturgia y de los libros litúrgicos renova-
dos a partir de la reforma litúrgica postconciliar, utiliza el mismo
lenguaje abandonando las categorías escolásticas. Todo el libro IV,
«De la función de santificar de la Iglesia», da una descripción de
los distintos sacramentos en consonancia con el mismo lenguaje
simbólico de los libros litúrgicos renovados.
Hoy la teología sacramental se basa sobre todo en los sacramentos
vistos como símbolos:
La sacramentalidad de la economía divina remite a la fe. Mediante
la fe se capta dicha sacramentalidad y se pasa a habitar dentro de
la misma. La percepción mediante la fe de la sacramentalidad está
estrechamente ligada a: la encarnación, mediante la cual el designio
divino se visibiliza de modo histórico y tangible; el Espíritu Santo,
que perpetúa los dones de Cristo transmitiendo la gracia salvífica
mediante los símbolos sacramentales; la Iglesia, institución histórica
9 Comisión Teológica Internacional, La reciprocidad entre fe y sacramentos
en la economía sacramental, núm. 70.
10 OGMR 79.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 175-188
phase 372 [Link] 181 07/06/2024 [Link]
182 Juan Javier Flores Arcas
y visible, que, habiendo recibido los dones sacramentales, los sigue
celebrando para alimentar y robustecer la fe de los fieles.11
Ciertamente, esta nueva visión de la sacramentalidad en sí y de
cada sacramento, está en consonancia con lo que ya dijo el Concilio
Vaticano II en su constitución de liturgia y que los nuevos rituales
reproducen.
La crisis actual de la teología sacramental solo se puede resolver
con principios teológicos que integren siempre principios antropo-
lógicos, pues no hay teología sin antropología. A esto deben unirse
dos principios teológicos irrenunciables: la derivación cristológica
y la referencia eclesiológica. Son esos los principios que sugieren
la transferencia a los liturgistas de la teología sacramental en lugar
de los teólogos sistemáticos. Más apegados a la celebración cris-
tiana que, la reflexión sistemática, los liturgistas parecen menos
expuestos a ser capturados por la cultura hasta perder el misterio
(es decir, el principio cristológico y eclesiológico) y secularizar los
sacramentos. Se trata de una provocación dirigida a nosotros, los
liturgistas: una provocación, un desafío, un deseo, ¿una solución?
Analizamos ahora algunos sintagmas significativos donde pode-
mos rastrear y conocer el modo de concebir los sacramentos con y a
partir de la constitución conciliar de liturgia y demás documentos
magisteriales.12
2. «Per signa sensibilia» (SC 7)
El concepto de «signo» aplicado a los sacramentos es muy antiguo
y podemos decir incluso que es tradicional, pues ya Agustín lo
utiliza.
11 Comisión Teológica Internacional,La reciprocidad entre fe y sacramen-
tos en la economía sacramental, núm. 41.
12 De ahí que no deje de llamar la atención la Nota del Dicasterio de la
Doctrina de la Fe, Gestis verbisque, que utiliza, refiriéndose a los sacramentos,
un lenguaje escolástico que está ausente en todos los documentos y libros
litúrgicos que han seguido a la constitución conciliar de liturgia.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 175-188
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«Per ritus et preces… atque mysterium» 183
Lo recoge Sacrosanctum Concilium:
Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacer-
docio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno
a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo
Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el
culto público íntegro.13
Si el sacerdocio de Jesucristo en el tiempo de la Iglesia se ejerce por
medio de signos sensibles que significan, la pregunta que nos guía
es per signa sensibilia significantur. Quid enim? ¿Cómo significan?
¿Basta decir que un signo sensible significa para que realmente
dicha significación sea generativa de una nueva realidad (perfor-
mativa) eficaz en su efecto santificador?
La primera tentación lógica es recurrir al lenguaje clásico de la
escolástica, materia, forma, transustanciación o a las tradicionales
categorías de sacramentum tantum, res y res et sacramentum. Tales
categorías, excelentes y necesarias, en muchos casos, hoy, dificul-
tan el diálogo con las ciencias humanas. Se debe recordar que son
hijas de un contexto eclesiológico y celebrativo muy preciso en la
historia de la Iglesia.
Hay que ofrecer una vía alternativa al posible reduccionismo
conceptual y celebrativo al cual, en algunos casos, lo llevó a la
comprensión tradicional de la sacramentaria del ex opere operato
a partir de la materia y de la forma. Significa, además, salir del
mínimo para la validez y adentrarse en la riqueza teologal y feno-
menológica del lenguaje simbólico.
Fue necesario el movimiento litúrgico y un concilio ecuménico
para poder sacar la liturgia de la sacramentaria clásica y darle un
estatuto epistemológico propio cuyo punto de partida es siempre
la dimensión celebrativa.14
13 SC 7.
14 G. Guzmán, «Repensar el ex opere operato. Per signa sensibilia signifi-
cantur (SC 7) Quid enim?», Teología y vida 60/4 (2019) 457-474.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 175-188
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184 Juan Javier Flores Arcas
3. «Per ritus et preces» (SC 48)15
No podemos olvidar que este número dirigido hacia la Euca-
ristía se extiende hacia toda la acción litúrgica y viene a ser un
número emblemático y paradigmático de la comprensión de esta
sacramentalidad.
Ya los números 5-8 de dicha constitución de liturgia sitúan la
realidad litúrgico-sacramental en la dinámica de la historia de la
salvación, la cual se centra en el misterio, es decir, en el misterio
pascual, como síntesis de toda la revelación y, por tanto, del plan
salvífico universal.
Todo es acción sagrada por excelencia y esta, a su vez, se realiza
por medio de signos sensibles.
Si la acción litúrgica está inmersa en la historia salutis, esta inmer-
sión conlleva el opus salutis mediado por la acción ritual que actúa
con el lenguaje ritual y más en concreto con el sintagma per ritus
et preces.
No solo palabras, sino acciones, es decir, palabras y acciones
juntas proporcionan la misma celebración y construyen la misma
celebración.
4. «Verbis ac gestis» (DV 14): Palabras y gestos de Jesús
Si analizamos las palabras y los gestos de Jesús en el evangelio,
más en concreto en el ámbito de la Eucaristía, vemos que se mueve
en estos términos: pan y cuerpo, copa y sangre.
Jesús ofrece su pan como cuerpo y su cáliz como sangre, y los que
comen él.16
Jesús ofrece un pan que él mismo ha partido como su cuerpo y,
como su sangre, un vino que debe ser bebido. Se trata de una
15 S. Maggiani, «Per ritus et preces: La mediazione sacramentale», en Per
ritus et preces. Sacramentalità della liturgia,161-180.
16 A. Puig, El sacramento de la Eucaristía. De la última cena de Jesús a la liturgia
cristiana antigua, Salamanca: Sígueme 2021, p. 97.
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«Per ritus et preces… atque mysterium» 185
transformación sacramental, mediante un signo efectivo, perfor-
mativo y recreador.
A los discípulos se les da el pan y el vino, y Jesús, dándoselos, se
da a sí mismo. Son, por tanto, acciones simbólicas y palabras que
las acompañan.17
5. «Verbis et actibus» (OGMR 72.79)
En la OGMR números 72 y 79 encontramos este sintagma: verbis
et actionibus Christi sacrificium peragitur (núm. 79) y verbis et actibus
(núm. 72).
Ciertamente, se ha optado por un lenguaje sacramental del que
están llenos los libros litúrgicos actuales, como podemos ver con
claridad en la introducción al Missale Romanum.
Por eso, la Iglesia ha ordenado toda la celebración de la liturgia euca-
rística con estas partes que responden a las palabras y a las acciones
de Cristo, a saber: 1) En la preparación de los dones se llevan al altar
el pan y el vino con agua, es decir, los mismos elementos que Cristo
tomó en sus manos. 2) En la plegaria eucarística se dan gracias a
Dios por toda la obra de la salvación y las ofrendas se convierten en
el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. 3) Por la fracción del pan y por la
comunión, los fieles, aunque sean muchos, reciben de un único pan
el Cuerpo, y de un único cáliz la Sangre del Señor, del mismo modo
como los apóstoles lo recibieron de las manos del mismo Cristo.18
6. «Factis et verbis» (DV 17)
Lo mismo podemos decir de la liturgia de la Palabra, que es parte
integrante de toda acción litúrgica y sacramental.
La Ordenación General de las Lecturas de la Misa (OGLM) lo
anuncia así:
La Iglesia anuncia el único e idéntico misterio de Cristo cuando, en
la celebración litúrgica, proclama el Antiguo y el Nuevo Testamento.
En efecto, en el Antiguo Testamento está latente el Nuevo, y en el
17 Ibíd, p. 99.
18 OGMR 72.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 175-188
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186 Juan Javier Flores Arcas
Nuevo Testamento se hace patente el Antiguo. Cristo es el centro y
plenitud de toda la Escritura, y también de toda celebración litúrgica;
por esto, han de beber de sus fuentes todos los que buscan la salvación
y la vida. Cuanto más profunda es la comprensión de la celebración
litúrgica, más alta es la estima de la Palabra de Dios, y lo que se afirma
de una se puede afirmar de la otra, ya que una y otra recuerdan el
misterio de Cristo y los perpetúan cada una a su manera.19
En la celebración litúrgica hay palabras y hay acciones concretas.
La constitución sobre la divina revelación lo dice así:
Cristo instauró el Reino de Dios en la tierra, manifestó a su Padre y
a sí mismo con obras y palabras y completó su obra con la muerte,
resurrección y gloriosa ascensión, y con la misión del Espíritu Santo.20
Refiriéndose a la Liturgia de las Horas, lo encontramos en un
modo parecido:
Liturgia Horarum suis legibus ordinatur, peculiari modo componen sea
elementa, quae in ceteris celebrationibus christianis inveniuntur, et ita
instruitur ut Semper habeatur, praemisso hymno, psalmodia, deinde longior
vel brevis lectio sacrarum Scripturarum, denique precationes.21
7. «Textus et ritus» (DV 21)
Finalmente, las palabras y los ritos forman toda acción sacramental.
Porque las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han
«hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo
del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo
semejante a los hombres».22
Nos recuerda siempre la famosa definición agustiniana:
Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum, etiam ipsum tamquam
visibile verbum.23
19 OGLM 5.
20 DV 17.
21 OGLH 33.
22 DV 13.
23 Agustín de Hipona, Tract. Ev. Jo., CCL 36, 529.
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«Per ritus et preces… atque mysterium» 187
Y Hugo de San Victor añade al texto agustiniano:
Accedit verbum santificationis ad elementum et fit sacramentum.24
Y corrige a Agustín, para quien el Verbum es la Palabra de Dios
anunciada al hombre, pero para Hugo es la bendición, es decir la
fórmula ritual con la cual se realiza el sacramento.
En ambos, palabras y hechos o elementos forman la acción litúrgica.
Conclusión
Hoy en los libros actuales, así como en los manuales y libros de
estudio de sacramentología, se percibe un cambio notable, más de
acuerdo con nuestro tiempo postconciliar y con toda la renovación
teológica y litúrgica.
Es un proceso que inició con la teología del novecientos y que ha
llenado todo el ámbito de la sacramentalidad hasta los tiempos
presentes.
Pero si en los inicios del siglo xx la noción de sacramento estaba
pacíficamente aceptada como «signo eficaz de gracia», hoy no es
tan fácil individuar las categorías teológicas y los modelos teóricos
dominantes sobre la misma noción de sacramento.
De la dispersión del debate nace la cuestión y el represamiento
de la cuestión en sí. La modernidad y la postmodernidad en su
complejo sistema han influido también en este campo y los sacra-
mentos son vistos como acciones rituales que han descubierto la
forma litúrgica del sacramento en sí como elemento constitutivo
de su verdad teológica.
Ya estos no son solo como una representación ceremonial, sino que
se va imponiendo a toda la sacramentología un profundo cambio
metodológico que ha inaugurado una nueva época.
24 Hugo de San Victor, SchF, liber 1, pars 9, cap. 2, PL 176, col. 319.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 175-188
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188 Juan Javier Flores Arcas
Ahora se trata de asumir como punto de partida para la inteligencia
del sacramento en sí no la estructura hilemórfica del signo eficaz,
sino la forma práctica del acto litúrgico.25
Y todo va encaminado hacia una comprensión más radical del
misterio de Cristo.
Más que la especulación filosófica interesa hoy la acción litúrgica
concreta, que nos lleva directamente al misterio: per ritus et preces...
atque mysterium.
25 Puede verse mi artículo: J. J. Flores Arcas, «“Aqua baptismalis corpus
tangit et cor abluit” (STh q.62). La materia e/per la liturgia», en S. Geiger osb
(ed.), Tra materia y fine. Attii dei convegni interfacoltà 2019-2020. Pontificio Ateneo
Sant’Anselmo, Roma (Studia Anselmiana 188), Roma: EOS 2022, pp. 241-257.
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Núm. 372 – abril / mayo – Phase 64 (2024) 189-200
Palabra y sacramento como elemen-
tos identitarios de las Iglesias
de la Reforma Protestante
Israel Flores Olmos
Abstract: The sacraments in the Resumen: Los sacramentos en las
Protestant Reformation churches iglesias de la Reforma Protes-
were a point of conflict and in tante fueron punto de discu-
many cases of division among sión y en muchas ocasiones de
the churches among themselves. divisiones entre ellas mismas.
This was especially due to the Esto se daba especialmente por
theological aspects of the sac- los aspectos teológicos de los
raments rather than the way in sacramentos más que con la
which they were performed. It manera de efectuarlos. Serán los
would be ecumenical dialogues diálogos ecuménicos celebra-
in the 20th century that enabled dos en el siglo xx que les per-
them to build bridges of mutual mitirán establecer puentes de
recognition and to establish reconocimiento mutuo y esta-
common principles for their cel- blear principios comunes para
ebration, without falling into a su celebración, sin caer en un
strict rigorism. rigorismo estricto.
Keywords: baptism, Calvin, Eucha- Palabras clave: bautismo, Calvino,
rist, Luther. Eucaristía, Lutero.
Israel Flores Olmos, es doctor en filosofía contemporánea por la
Universidad de Granada. Licenciado en teología por el Semi-
nario Teológico Presbiteriano de México. Decano de la Facultad
de Teología SEUT en Madrid. Pastor de la Iglesia evangélica
española.
phase 372 [Link] 189 07/06/2024 [Link]
190 Juan Javier Flores Arcas
P ara las Iglesias de la Reforma, la correcta administración de
los sacramentos es de gran importancia, pues estos son parte
de la identidad de la Iglesia. En la Confesión de Augsburgo, de 1530,
específicamente en su artículo 7, la Iglesia luterana define la Igle-
sia como «La asamblea de todos los creyentes, entre los cuales se
predica íntegramente el Evangelio, y los santos sacramentos se
administran en conformidad con el Evangelio».1 Asimismo, Juan
Calvino, en su Institución de la religión cristiana, subraya que la
administración adecuada de los sacramentos y la predicación de
la Palabra de Dios son señales de la Iglesia:
He aquí cómo conoceremos a la Iglesia visible: dondequiera que
veamos predicar sinceramente la Palabra de Dios y administrar los
sacramentos conforme a la institución de Jesucristo.2
Este principio de identidad de la Iglesia a través de los sacramentos
prevaleció en las Iglesias de la Reforma, más allá de las diferentes
posiciones que tenían tanto con respecto a la Iglesia católica como
entre ellas mismas.
1. Diferenciación entre los aspectos de los sacramentos y
puntos en común entre las Iglesias Reformadas
Las divergencias entre las Iglesias respecto a los sacramentos se
centraron específicamente en la noción de la Eucaristía, aunque
todas enfatizaban la comunión de los cristianos con el Señor
viviente como un elemento fundamental.
Martín Lutero defendió la presencia real de Cristo en la Eucaristía
a través de la «consubstanciación» en la que Cristo coexiste con
el pan y el vino, ya que «es el verdadero cuerpo y la verdadera
sangre de nuestro Señor Jesucristo, bajo el pan y el vino, instituido
por Cristo mismo para ser (comido) y bebido por nosotros, los
1 Confesión de Augsburgo, artículo 7 [en línea], Universidad Pontificia de
Salamanca. SUMMA. Repositorio institucional <[Link]
[Link]?id=0000001690&name=[Link]> [Consulta: abril
2024].
2 J. Calvino, Institución de la Religión Cristiana, IV, I, 9, Nederland: FELIRE
3
1986, p. 812.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 190 07/06/2024 [Link]
«Per ritus et preces… atque mysterium» 191
cristianos».3 Por otro lado, Ulrico Zwinglio veía la Eucaristía como
un acto simbólico y conmemorativo, negando cualquier presencia
real de Cristo.
El verdadero cuerpo de Cristo está presente a la contemplación de
la fe, pero que su cuerpo natural esté real y actualmente presente en
la Cena, o que sea comido por nuestras bocas, nosotros afirmamos
que es un error.4
Juan Calvino propuso que Cristo está presente espiritualmente
en la Eucaristía, permitiendo a los fieles participar de Cristo de
manera espiritual durante la comunión: «Jesucristo desciende
hasta nosotros, tanto por el signo exterior y visible, como por su
Espíritu, para vivificar verdaderamente nuestras almas con la
sustancia de su carne y de su sangre»,5 de este modo, para Calvino,
Cristo está real y esencialmente presente en su entera persona y es
recibido como tal en la Cena del Señor.6
Respecto al bautismo, también existieron diferencias en su com-
prensión entre las Iglesias de la Reforma. Mientras que Lutero
consideraba el bautismo como un sacramento que otorgaba gracia
divina a los bautizados, siendo una obra de Dios en la vida del
individuo que lo incorporaba a la comunidad cristiana y le otor-
gaba la remisión de los pecados; Calvino entendía el bautismo
como una señal del pacto entre Dios y su pueblo. Según Calvino,
el bautismo es un signo y un sello de la pertenencia a la comunidad
de la fe: «El bautismo es una marca de nuestro cristianismo y el
signo por el cual somos recibidos en la sociedad de la Iglesia, para
3 M. Lutero, «Catecismo breve para uso de los párrocos y predicadores en
general (1529)», en T. Egidio (ed.), Martín Lutero obras, Salamanca: Sígueme
5
2016, p. 301.
4 Cf. S. Macauley Jakson (ed.), Ulrich Zwingli (1484-1531). Selected Works,
Philadelphia: University of Pensylvania Press 1972.
5 Ibíd., IV, XVII, 24.
6 Cf. I. Flores, «La cuestión de la Eucaristía en las Iglesias de la Reforma.
De la comunión con Cristo al banquete del reino», en [Link]., Liturgia y reforma
luterana. XLII Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Liturgia. Málaga
28 al 30 de agosto de 2017, Barcelona: CPL 2018, pp. 105-125.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
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192 Juan Javier Flores Arcas
que injertados en Cristo seamos contados entre los hijos de Dios»,7
además, el bautismo atestigua la remisión de los pecados pasados
y futuros, y nuestra unidad con Cristo.
2. Palabra y sacramentos
A pesar de las diferentes posturas entre ambas Iglesias, lutera-
nas y reformadas, los sacramentos y su correcta administración
fueron elementos fundamentales para la vida e identidad de la
Iglesia. Cabe destacar que la administración de los sacramentos
está estrechamente vinculada en las Iglesias de la Reforma a la
predicación de la Palabra de Dios. Lutero sostenía que la eficacia de
los sacramentos provenía de la Palabra de Dios; sin ella, los sacra-
mentos carecerían de poder y significado espiritual. Por ejemplo,
el bautismo no sería más que agua sin la Palabra que lo acompaña.8
Felipe Melanchton, refiriéndose a los sacramentos como «signos»,
dirá al respecto que:
No deberías considerar un signo del favor divino de forma distinta
a si Dios mismo hablara personalmente contigo […]. Es conveniente
que entiendas estos signos así, de modo que creas firmemente que
Dios tiene misericordia de ti cuando recibes el bautismo, cuando
participas en la mesa del Señor. Se trata, pues, de creértelos como si
Dios mismo hablara contigo.9
Finalmente, para Calvino, la relación entre palabra y sacramentos
será vital, pues:
Para Calvino, palabra y sacramento coinciden esencialmente en la
estructura. Solo se diferencian porque la palabra es promesa pronun-
ciada oralmente y el sacramento, en cambio, promesa escenificada,
«palabra visible». Coinciden también en la función («el cometido
del sacramento no es distinto del de la palabra») los sacramentos no
tienen más misión que la de testificarnos y sancionarnos a la obedien-
cia de Dios, la de proponer las promesas de Dios a la contemplación
7 Calvino, Institución de la Religión Cristiana, IV, XV, 1, p. 1028.
8 Cf. Lutero, «Catecismo breve», en Egidio (ed.), Lutero obras, pp. 300-302.
9 F. Melanchton, Loci Communes. Conceptos fundamentales de teología
sistemática, Madrid: Trotta 2022, p. 167.
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«Per ritus et preces… atque mysterium» 193
de nuestros ojos. Son como mensajeros divinos: notifican la promesa
divina, la promesa salvífica, pero no la realizan.10
Es evidente entonces que, a pesar de las diferencias doctrinales
sobre los sacramentos, todos coincidían en que su correcta admi-
nistración es un signo de la Iglesia. Asimismo, ambas destacan la
importancia de que la predicación de la Palabra de Dios acompañe
siempre la administración de los sacramentos. Así, la ministración
de los sacramentos no se concibe sin el acompañamiento de la
predicación de la Palabra.
3. Elementos del bautismo
En lo que respecta al bautismo, ni Lutero ni Calvino hacen un
énfasis especial en las palabras que deben pronunciarse durante
la ceremonia, e intentan escapar de la polémica entre las Iglesias
de rito oriental y occidental. Lutero, relativiza diciendo que:
Con esto se desvanece la inútil contienda acerca de la forma de los
bautismos (o las palabras mismas, como ellos la llaman) los griegos
dicen: «Sea bautizado el siervo de Cristo»; los latinos: «Yo te bautizo»;
otros, con rigurosísimo bizantinismo, condenan la fórmula: «Yo te
bautizo en el nombre de Jesucristo», y pretenden que la única fórmula
válida sea la de «yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del
Espíritu Santo, amén» pero esta es una contienda inútil, no prueba
nada. Lo único que hacen es afirmar ensoñaciones suyas, cualquiera
que sea la forma que sea administre –mientras la haga en el nombre
del Señor, no en el nombre del hombre– el bautismo es Salvador.11
A pesar de todo, Lutero espera que el bautismo se realice en el
nombre del Señor y no en nombre de ninguna otra persona, ins-
titución o creencia.
La divergencia teológica y doctrinal de las diversas Iglesias sur-
gidas de la Reforma conllevó sus múltiples conflictos también,
especialmente en Europa y, por consiguiente, en las regiones en
10 J. Larriba, «Eclesiología y antropología», en Calvino, Madrid: Cristian-
dad 1975, p. 199.
11 Cf. Lutero, «La cautividad babilónica de la Iglesia», en Egidio, Martín
Lutero obras, p. 115.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 193 07/06/2024 [Link]
194 Juan Javier Flores Arcas
que se fueron estableciendo en su expansión misionera. A lo largo
de varios siglos, las Iglesias luteranas y reformadas (calvinistas)
experimentaron así conflictos y divisiones relacionados con temas
sacramentales. No fue hasta 1973 que los esfuerzos de diálogo entre
ambas Iglesias dieron sus frutos. Elaboraron juntos un documento
denominado Concordia de Leuenberg.12 Este documento representa
un acuerdo teológico y tiene una importante dimensión de comu-
nión eclesial entre las Iglesias luteranas, reformadas, metodistas y
valdenses.13 En dicho documento en el punto 14, se dice respecto
a la ministración de los sacramentos:
El bautismo se realiza con agua en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo. En él, Jesucristo acepta irrevocablemente en
su comunión salvífica al hombre entregado al pecado y a la muerte
para que sea una criatura nueva. Él lo llama mediante la fuerza del
Espíritu Santo a su comunidad y a una vida de fe en arrepentimiento
y seguimiento diarios.14
En la práctica, las Iglesias hacen hincapié en la administración
del bautismo: «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo». Siguiendo esta norma, por ejemplo, la Iglesia de Escocia,
de tradición reformada, especifica en su manual de liturgia que «el
12 «El 16 de marzo de 1973, teólogos luteranos, reformados y unidos en
Leuenberg, Suiza, aprobaron por unanimidad un documento destinado a
poner fin a la división de casi cinco siglos entre las denominaciones de la
Reforma. Con este acuerdo, que entró en vigor el 1 de octubre de 1974, los
signatarios se aseguraban mutuamente la plena comunión eclesial: el mutuo
reconocimiento de los sacramentos, de los ministerios y del legítimo anuncio
evangélico. Mientras tanto, más de 90 Iglesias de casi todos los países euro-
peos y algunos de América del Sur han reconocido el acuerdo»: «50 años de la
Concordia de Leuenberg: ¿De qué se trata?» [en línea], Iglesia evangélica del
Río de la Plata <[Link]
de-que-se-trata/> [Consulta: abril 2024].
13 Cf. A. Abad, «El significado de la Concordia de Leuenberg para los pro-
testantes de las Iglesias de la CEPPLE», Diálogo ecuménico 51/159-161 (2016)
231-137.
14 Concordia de Leuenberg. Acuerdo teológico y de comunión eclesiástica entre
Iglesias Evangélicas Luteranas y Reformadas (Calvinistas) [en línea], Iglesia
evangélica Valdense del Río de la Plata <[Link]
content/uploads/2019/09/[Link]> [Consulta: abril
2024].
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 194 07/06/2024 [Link]
«Per ritus et preces… atque mysterium» 195
bautismo se administrará en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, con agua, ya sea por aspersión, vertido o inmer-
sión» y que «el bautismo se administrará a una persona una sola
vez».15 Por lo tanto, rechaza el rebautismo, independientemente
de la Iglesia donde se haya realizado, y más adelante añade que
La Iglesia de Escocia, como parte de la Iglesia universal, afirma la
validez del sacramento del bautismo administrado en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, con agua, de acuerdo con la
disciplina de los demás miembros de la Iglesia universal.16
También la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA) indica
en su libro de liturgia la fórmula para el bautismo: el pastor bautiza
al candidato vertiendo agua sobre su cabeza mientras pronuncia
el nombre del candidato y dice: «Yo te bautizo en el nombre del
Padre», y luego vierte agua sobre la cabeza del candidato por
segunda vez: «y del Hijo». Finalmente, vierte agua sobre la cabeza
del candidato por tercera vez diciendo: «y del Espíritu Santo.
Amén».17
A pesar de los avances ecuménicos en torno al bautismo, persisten
discrepancias en buena parte de las Iglesias evangélicas que no
pertenecen a la tradición reformada. El tema crítico no se centra
tanto en las «formas» del bautismo, sino en el no reconocimiento
del bautismo de otras Iglesias, lo que lleva a la práctica frecuente
del rebautismo. Muchas de estas Iglesias reducen el significado
del bautismo a una «experiencia» personal del adulto, por lo que
rechazan el bautismo infantil y no lo reconocen, realizando el
15 «Sacraments Act (Act V 2000) (as amended by act IX 2003 and act
II 2023)». Edinburgh, 20th May 2000, Session 1 [en línea], The Church of
Scotland <[Link]
file/0003/1839/[Link]> [Consulta:
abril 2024].
16 Íd. La Iglesia de Escocia, junto con la Iglesia católica de Escocia, desde
1977 iniciaron una conjunto de reuniones de diálogo ecuménico acerca del
significado eclesiológico del sacramento del bautismo y elaboraron un texto
como referente como un compromiso ecuménico internacional. El texto es
Baptism. Catholic and Reformed. A Study Document From the Joint Commission on
Doctrine of Church of Scotland and the roman Catholic Church in Scotland, 2007.
17 Cf. Evangelical Lutheran Worship, Minneapolis: Augsburg Fortress 2006.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 195 07/06/2024 [Link]
196 Juan Javier Flores Arcas
bautismo como una forma de incorporación a su denominación,
esta práctica, bien se podría decir con Víctor Hernández, hace del
bautismo un sacramento traicionado.18
Sin embargo, la mayoría de las Iglesias protestantes asumen las
directrices del Consejo Mundial de Iglesias, que en su documento
Bautismo, Eucaristía, Ministerio, insta al reconocimiento y a la buena
práctica del bautismo:
La diferencia entre el bautismo de niños y el bautismo de adultos es
menor si se reconoce que ambas formas de bautismo presuponen la
iniciativa de Dios en Cristo y expresan una respuesta de la fe en el
seno de la comunidad creyente […]. El bautismo es un acto que no
puede ser repetido. Hay que evitar cualquier práctica que pudiera
interpretarse como un re-bautismo.19
El mismo documento, en los puntos 17 y 18, indica la manera de
realizar el bautismo:
El bautismo se celebra con el agua, en nombre del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo. En la celebración del bautismo, el valor simbólico
del agua debería tomarse muy en serio y no ser minimizado. El acto
de inmersión puede expresar de forma concreta el hecho de que,
en el bautismo, el cristiano participa en la muerte, la sepultura y la
resurrección de Cristo.20
18 Cf. V. Hernández, «El bautismo, un sacramento traicionado: Crisis y
promesa de la fe cristiana» [en línea], Lupa protestante <[Link]
[Link]/el-bautismo-un-sacramento-traicionado-crisis-y-promesa-
de-la-fe-cristiana-victor-hernandez/ [Consulta: abril 2024].
En este texto, Hernández realiza un buen análisis teológico crítico de la
práctica del rebautismo en las diferentes iglesias evangélicas, que rompen
la comunión y la unidad de la Iglesia universal y deforman así el testimonio
de Cristo.
19 «Bautismo, Eucaristía, Ministerio». Comisión de Fe y Orden del Consejo
Mundial de Iglesias, Paper no. 111, 1982, p. 8 [en línea], World Council of
Churches <[Link]
FO1982_111_sp.pdf> [Consulta: abril 2024].
20 Ibíd., p. 10.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 196 07/06/2024 [Link]
«Per ritus et preces… atque mysterium» 197
4. Elementos de la Eucaristía
Un aspecto crucial para la administración de Eucaristía en las
Iglesias de la Reforma se refiere a la dación de ambas especies,
el pan y el vino, a todos los comulgantes. Esta práctica fue un
componente fundamental del movimiento de Reforma. Ambos
elementos deben ser entregados a los participantes, acompañados
de las palabras de la institución del Señor presentes en los evan-
gelios o expresadas por san Pablo (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc
22, 14-20; 1Cor 11, 23-26).21 En cuanto al sentido de la Eucaristía, el
documento de la Concordia de Leuenberg lo propone de este modo:
En la Santa Cena Jesucristo resucitado se brinda en su cuerpo y
sangre dados para todos por medio de su palabra prometedora en
pan y vino. Mediante ello, él nos concede el perdón de los pecados
y nos libera para una vida nueva en fe. Él nos deja experimentar de
manera renovada que somos miembros de su cuerpo, y nos fortalece
para el servicio a los hombres.
Cuando celebramos la Santa Cena, anunciamos la muerte de Cristo,
por la cual Dios reconcilió al mundo consigo mismo. Confesamos
la presencia del Señor resucitado entre nosotros. Alegrándonos de
que el Señor haya venido a nosotros, esperamos su futura venida
en gloria.22
También se indica en el mismo documento la forma en que debe
celebrarse la Eucaristía. Los participantes deben consumir ambas
especies: pan y vino, ya que «en la santa cena Jesucristo resucitado
se brinda en su cuerpo y sangre dados para todos por medio de su
palabra con pan y vino».23 Y más enfáticamente dirá:
La comunión con Cristo en su cuerpo y sangre no la podemos sepa-
rar del acto de comer y beber. Un interés particular en la índole de
la presencia de Cristo en la Santa Cena, que prescinda de este acto,
corre peligro de oscurecer el sentido de la Santa Cena.24
21 Cf. Lutero, «La cautividad babilónica de la Iglesia», pp. 90-94.
22 «Concordia de Leuenberg», art. 3.
23 Ibíd., art. 4.
24 Íb.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 197 07/06/2024 [Link]
198 Juan Javier Flores Arcas
Así, la Iglesia presbiteriana de Estados Unidos, en su libro de
liturgia, ofrece directrices sobre la celebración de la Eucaristía y
su regularidad. Reconoce que en este sacramento, el pan y el vino,
junto con las palabras y acciones, hacen visibles y concretas las
promesas de Dios. La Palabra proclamada en las Escrituras y en
el sermón está confirmada, ya que todo lo que significa la vida,
muerte y resurrección de Cristo se centra en el sacramento. Por lo
tanto, es apropiado que la Eucaristía se celebre cada día del Señor.
También señala que en la Eucaristía, la Iglesia bendice a Dios por
todo lo que Dios ha hecho, está haciendo y promete hacer, y se
ofrece en servicio obediente al reino de Dios. Además, señala que la
Cena del Señor es más que un recordatorio de la muerte sacrificial
y la resurrección de Cristo. Es un medio, otorgado por Cristo, a
través del cual el Señor resucitado está verdaderamente presente
como poder y realidad continua, hasta el día de su venida. Aunque
el significado de la muerte sacrificial de Cristo es central en este
sacramento, es un Cristo vivo y resucitado a quien encontramos
a través del pan y el vino.25 Así el libro indica la manera adecuada
para la celebración de la Eucaristía:
El ministro invita al pueblo a la mesa del Señor usando palabras
apropiadas de las Escrituras. Si las palabras de institución (1Cor. 11,
23-26, o relatos de los evangelios: Mateo 26, 26-30; Marcos 14, 22-26;
Lucas 22, 14-20) no se pronunciaran al partir el pan o incluidos en la
gran acción de gracias, se dicen como parte de la invitación.
El pan y el vino de la mesa se sirven al pueblo de manera adecuada
a la ocasión [...]. El vino se puede servir en una copa común. O bien,
se pueden ofrecer y compartir varias copas. O bien, se pueden pre-
parar vasos individuales para su distribución. En lugar de beber de
una copa común, los comulgantes pueden mojar el pan partido en
la copa.26
Por otro lado, la Iglesia evangélica de Alemania (luterana) también
ofrece directrices claras sobre cómo se debe administrar la Euca-
ristía. Así como el mandato del Nuevo Testamento de bautizar (Mt
25 Cf. PCUSA, Book of Common Worship, Kentucky: Westiminster/John
Knox press 1993, pp. 41-42.
26 Ibíd, p. 44.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 198 07/06/2024 [Link]
«Per ritus et preces… atque mysterium» 199
28,19-20) es parte constitutiva del sacramento del bautismo, las
palabras de institución han sido parte constitutiva de la celebración
de la Eucaristía desde el cristianismo primitivo. Su declaración
teológica concentrada deja claro en cada celebración que Cristo cru-
cificado y resucitado está corporalmente presente y comunicado en
la Cena del Señor.27 Además, subraya los elementos indispensables
para la celebración de la eucarística del siguiente modo:
Las palabras de institución, el padrenuestro, la distribución de los
elementos en la congregación reunida y la acción de gracias a Dios (a
Cristo) son indispensables. […] De la posición central de las palabras
de institución se sigue que de ellas se debe desarrollar lo que no debe
faltar en la Cena del Señor y lo que es desechable. Es esencial que
Cristo anfitrión se dé a sí mismo, según las palabras de la institución,
«mediante su palabra de promesa con el pan y el vino».28
Se indica, luego las especies con que se ha de celebrar el sacramento:
No todo alimento es adecuado para hacer presente el cuerpo y la
sangre de Cristo. La cuestión de si el pan blanco o las hostias y el
vino tinto o blanco se usan para este propósito no debe exagerarse
como una cuestión teológica de principio. Como regla, sin embargo,
el vino debe usarse en la Cena del Señor debido a la conexión con la
situación de la institución y el jugo de uva debe seguir siendo una
excepción. Las congregaciones que ofrecen jugo de uva además del
vino en ciertos domingos, para que ningún adicto al alcohol esté
en peligro o expuesto, pueden referirse al mandamiento del amor
del Nuevo Testamento y al hecho de que el jugo de uva es también
«planta de la vid» (Mt 26,29). La oportunidad de que los niños par-
ticipen de la Cena del Señor podría proporcionar otro argumento
para usar jugo de uva ocasionalmente.29
Como podemos ver, existe cierta flexibilidad en la administración
de la Eucaristía en las Iglesias de la Reforma, siempre que se men-
cionen las palabras de la institución, se ore por los elementos y se
27 Cf. EKD, Das Abendmahl. Eine Orientierungshilfe zu Verständnis und Praxis
des Abendmahls in der evangelischen Kirche, Munchen: Gütersloher Verlagshaus
2008, pp. 44-46.
28 Ibíd., p. 50.
29 Íb.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 199 07/06/2024 [Link]
200 Juan Javier Flores Arcas
ofrezcan ambas especies a todos los comulgantes. Aquí cabe una
nota importante del Consejo Mundial de Iglesias que es relevante
para el tema, pues matiza un poco el tema de los elementos con
que se celebra la Eucaristía:
Desde la época del Nuevo Testamento, la Iglesia concede gran
importancia al uso continuado de los elementos del pan y el vino
que Jesús utilizó en la Última Cena. En ciertas regiones del mundo
en las que el pan y el vino no pueden obtenerse fácilmente, se cree
a veces que el alimento y bebida locales son más apropiados para
enraizar la Eucaristía en la vida cotidiana. Es necesario estudiar más
la cuestión de saber qué aspectos de la Última Cena son intocables
en razón de la institución de Jesús y qué aspectos pueden depender
de la competencia y decisión de la Iglesia.30
Vale la pena señalar también que, en la mayoría de las Iglesias refor-
madas, se practica una mesa abierta a todas las personas, incluidos
los niños, en los manuales de liturgia se dan sugerencias para una
activa participación de ellos en la celebración de la mesa del Señor.
Para finalizar, diremos que, celebración eucarística, como declara
el Consejo Mundial de las Iglesias, es «acción de gracias al Padre»,
«memorial de Cristo», «invocación al Espíritu Santo», «comunión
de los fieles» y «convite del Reino»;31 en ella
Cristo reúne, enseña y alimenta a la Iglesia. Es Jesucristo quien invita
a la comida y la preside. Él es el Pastor que guía al Pueblo de Dios,
el Profeta que anuncia la Palabra de Dios, el Sacerdote que celebra
el misterio de Dios.32
30 «Bautismo, Eucaristía, Ministerio», p. 18.
31 Cf. Ibíd, pp. 13-17.
32 Ibíd, p. 18.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 189-200
phase 372 [Link] 200 07/06/2024 [Link]
Núm. 372 – abril / mayo – Phase 64 (2024) 201-214
Las mujeres, el diaconado y el Sínodo.
¿Y después?*
Phyllis Zagano
Abstract: Synod on Synodality Resumen: Los participantes en
participants at every stage of el Sínodo sobre la Sinodalidad
the process expressed concern expresaron en todas las etapas
about women’s roles in the del proceso su preocupación por
Church. This article focuses on el papel de la mujer en la Igle-
the discussion about restoring sia. Este artículo se centra en
el debate sobre el restableci-
women to the ordained diaco-
miento de las mujeres en el dia-
nate, especially considering the conado ordenado, especialmente
Synod relator’s emphasis on the teniendo en cuenta el énfasis del
Baptismal equality of women relator del Sínodo en la igualdad
and men. It reviews the docu- bautismal de mujeres y hombres.
mented research supporting the Revisa la investigación documen-
reinstatement of women to the tada que apoya la reincorpora-
ordained diaconate and des- ción de las mujeres al diaconado
cribes the current state of the ordenado y describe el estado
conversation. Finally, it presents actual de la conversación. Por
the Synod’s findings –that mem- último, presenta las conclusiones
del Sínodo –que los miembros no
bers disagree about the history
están de acuerdo sobre la historia
of and future possibility for y las posibilidades futuras de las
ordained women deacons– and mujeres diáconos ordenados– y su
its request for more study before petición de más estudios antes de
the next Synod assembly. la próxima asamblea del Sínodo.
Keywords: diaconate, synod women Palabras clave: diaconado, mujeres
deacons. diáconos, sínodo.
*
Este artículo es un extracto del discurso pronunciado en la conferencia
Mujeres y diaconía: El ministerio de las mujeres y la ordenación diaconal en la Iglesia
católica, organizado por el Instituto de Teología Margaret Beaufort, Federación
Teológica de Cambridge en la Facultad de Divinidad de la Universidad de
Cambridge en los días 24 y 25 de noviembre de 2023, que ha sido publicado en
inglés en Conversations 1/2 marzo-abril (2024) 9-19 y traducido al castellano
por Juan de Pablos Martín.
phase 372 [Link] 201 07/06/2024 [Link]
202 Phyllis Zagano
Phyllis Zagano es profesora adjunta de religión en la Universidad
de Hofstra (Nueva York). Ha escrito recientemente Just Church:
Catholic Social Teaching, Synodality and Women, Mahwah (NJ):
Paulist Press 2023.
E l encuentro del pasado mes de octubre del Sínodo sobre la
Sinodalidad celebrado en Roma fue la culminación de un
proceso que había comenzado en las parroquias, antes de pasar a
los ámbitos diocesano, nacional y continental. En todas las etapas,
las personas consultadas expresaron su gran preocupación por el
lugar de la mujer en la Iglesia.
A medida que avanzaba el Sínodo de octubre, el lugar de la mujer
fue cobrando cada vez más importancia. Al presentar la sección B2
del Instrumentum laboris, titulada «Corresponsables en la misión»,
el relator general del Sínodo, el cardenal Jean-Claude Hollerich,
subrayó que las mujeres son iguales a los ojos de Dios:
El bautismo de las mujeres no es inferior al de los hombres. ¿Cómo
hacer para que las mujeres se sientan parte integrante de esta Iglesia
misionera? ¿Percibimos nosotros, los hombres, la diversidad y la
riqueza de los carismas que el Espíritu Santo ha dado a las mujeres?
¿O que nuestra manera de actuar depende a menudo de nuestra
educación pasada, de nuestra educación y experiencia familiar, o
de los prejuicios y estereotipos de nuestra cultura? ¿Nos sentimos
enriquecidos o amenazados cuando compartimos nuestra misión
común y cuando las mujeres son corresponsables de la misión de la
Iglesia, en base a la gracia de nuestro bautismo común?1
Teniendo en mente el hecho absoluto de que el bautismo es igual
para ambos sexos, los miembros pasaron a la sección B3, sobre
Participación, responsabilidad y autoridad. Al introducir este último
módulo de trabajo, el cardenal Hollerich, señalando que la mayo-
ría de los miembros del Sínodo eran clérigos, hizo hincapié en los
peligros del clericalismo:
1 J.-C. Card. Hollerich, General Congregation 8, 13 October 2023,
«Introduction to Module 3» [en línea], Santa Sede <[Link]
va/content/salastampa/en/info/2023/10/13/[Link]> [Consulta:
febrero 2024].
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 202 07/06/2024 [Link]
Las mujeres, el diaconado y el Sínodo. ¿Y después? 203
Donde reina el clericalismo, hay una Iglesia que no se mueve, una
Iglesia sin misión. El clericalismo puede afectar al clero y también a
los laicos, cuando pretenden mandar siempre. Los clericalistas solo
quieren mantener el statu quo, porque solo el statu quo consolida su
poder.2
Un problema señalado por los comentaristas durante la propia reu-
nión del Sínodo, así como por la Confederación Latinoamericana
de Religiosos (CLAR), es que la cuestión de las mujeres diáconos
estaba en el módulo dedicado a la misión, y no en el módulo dedi-
cado a la participación, responsabilidad y autoridad. Eso podría
significar plantear la posibilidad de que el diaconado ejercido por
mujeres sea un «nuevo ministerio» y, por lo tanto, por definición,
un ministerio laical instituido.3
En general, a pesar del reconocimiento de la igualdad bautismal y
de las exigencias del clericalismo, en el Sínodo continuó la inquie-
tud sobre la restauración de las mujeres en el diaconado ordenado.
La asamblea pidió más información para considerarlo.
Hay hechos reales que considerar.
1. Mujeres diáconos: ¿Qué sabemos?
Sabemos que, en diversas épocas y lugares de nuestras Iglesias, las
mujeres que se llamaban «diácono» o «diaconisa» desempeñaban
ministerios diaconales.
El Nuevo Testamento atestigua la participación de las mujeres en la
misión evangélica de la Iglesia. Pablo, en Romanos 16,1-2, presenta
2 J.-C. Card. Hollerich General Congregation 12, 18 October 2023,
«Introduction to Module B3» [en línea], Santa Sede <[Link]
va/content/salastampa/en/info/2023/10/18/[Link]> [Consulta:
febrero 2024].
3 CLAR – ETAP, Diaconado para la mujer: un ministerio posible y necesario.
Aportes para el Sínodo 2023 [en línea] <[Link]
net/file/3814ba00-35b6-4e98-aa98-1bcb73309193/CLAR%20-%20Subsi-
dio%20ETAP%20No%[Link]> [Consulta: febrer 2024].
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 203 07/06/2024 [Link]
204 Phyllis Zagano
a Febe como diácono (diakonos) y, cuando habla de diáconos en 1
Timoteo 3,11, probablemente está incluyendo a las mujeres.4
Las mujeres diáconos son conocidas en la Iglesia hasta el siglo xii.
A lo largo de la historia, algunos sínodos locales prohibieron su
ordenación y al menos un papa (Gelasio I) se quejó de su servicio
en el altar. Algunos documentos se quejan de la «impureza» de las
mujeres, y muchos restringían su presencia en el santuario.
En repetidos estudios sobre las mujeres diáconos (a diferencia de
las viudas y las vírgenes) se han analizado fuentes tanto de Oriente
como de Occidente. Aun así, es imposible definir con precisión
cómo ejercían su ministerio las mujeres diáconos, o certificar la
naturaleza de sus ordenaciones, porque (como ocurre con toda la
historia) no se dispone de fuentes completas. Lo que sí sabemos
es que en distintas épocas y lugares se consideraba que las muje-
res diáconos estaban cualificadas para ejercer el ministerio de la
liturgia, de la palabra y de la caridad al servicio de la comunidad.
Aunque no podemos afirmar con certeza que todas las mujeres
diáconos conocidas en la historia fueran ordenadas sacramen-
talmente, sí sabemos que los obispos conferían el diaconado a
las mujeres durante una ceremonia litúrgica celebrada en el altar
mediante la imposición de manos con epíclesis, que les colocaban
una estola alrededor del cuello y las nombraban «diáconos» o
«diaconisas», según la lengua y el rito. A menudo, autocomulga-
ban del cáliz.5
4 En una nota a pie de página de 1Tim 3,11, la Conferencia de Obispos
Católicos de [Link]. prefiere que se hable de mujeres diáconos: «Mujeres:
parece referirse a las mujeres diáconos, aunque posiblemente se refiera a las
esposas de los diáconos. Se prefiere la primera opción porque la palabra se
usa de forma absoluta; si se tratara de las esposas de los diáconos, se esperaría
con un posesivo «sus». Además, también se las introduce con la palabra «asi-
mismo», como en 1Tim 3,8; este paralelismo sugiere que ellas también ejercían
funciones eclesiásticas (<[Link] (EE.
UU. utiliza la New American Bible; el Reino Unido utiliza la Revised Standard
Version y está considerando la England Standard Version: Edición Católica).
5 Los Hechos siríacos de Judas Tomás presentan documentación sobre
mujeres que servían el bautismo en la Iglesia antigua. Cf. B. Varghese,
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 204 07/06/2024 [Link]
Las mujeres, el diaconado y el Sínodo. ¿Y después? 205
Muchos estudiosos aceptan la ordenación de mujeres como diáco-
nos como un acto sacramental solemne, y en la Biblioteca Vaticana
se conservan varios manuscritos de los ritos utilizados. Cuestionar
el valor sacramental de los ritos, al menos uno de estos se utilizaba
tanto para hombres como para mujeres, es cuestionar la intención
de los obispos al ordenar.
El diaconado como ministerio permanente para los hombres
prácticamente desapareció en Occidente, ya que la ordenación
diaconal se convirtió en una etapa dentro del cursus honorum en el
camino hacia el sacerdocio (Decreto de Graciano, 1140-1150). Las
mujeres permanecieron en el diaconado durante algunos años más
en algunos lugares, y el diaconado popularizado en hombres se
convirtió principalmente en un cargo administrativo y ceremonial.
Durante los siglos siguientes, las obras de caridad diaconales
fueron asumidas cada vez más por mujeres, ya fuera como miem-
bros de terceras órdenes o, con el tiempo, en institutos apostólicos.
Las Iglesias orientales, sin embargo, conservaron un diaconado
distintivo. La Iglesia maronita, por ejemplo, presenta una historia
interesante. Es la única Iglesia oriental que nunca se unió a la orto-
doxia.6 En 1736, su Sínodo Nacional de Monte Líbano formalizó la
latinización de la Iglesia maronita y dispuso la codificación de su
derecho particular, que conservó muchas de sus prácticas propias.
En 1741, sus leyes canónicas fueron aprobadas in forma specifica
por el papa Benedicto XIV. Estas leyes permiten la ordenación de
mujeres como diáconos y no han sido modificadas.7
Los eruditos ortodoxos nos han proporcionado pruebas más
recientes de la ordenación de mujeres como diáconos. En varias
Ordination of Women in the Syriac Tradition, Kerala: Ephrem Ecumenical
Research Institute 2021, que también presenta un rito de ordenación completo.
6 La Iglesia Maronita de Chipre fue forzada a la ortodoxia hasta 1840,
cuando volvieron al patriarca maronita del Líbano. G. A. Hill, A History of
Cyprus, Cambridge: Cambridge University 1972, 4:382.
7 P. Zagano, «Women Deacons in the Maronite Church», TS 77/3 (2016)
593-602.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 205 07/06/2024 [Link]
206 Phyllis Zagano
consultas de la Iglesia ortodoxa se ha hablado de las mujeres orde-
nadas, a las que prefieren llamar diaconisas.8
La tradición bizantina mantuvo su tradición de diaconisas, creadas
por ordenación (cheirotonía) y no por simple bendición (cheirothe-
sia), al menos hasta el siglo xi, pero quizá hasta el siglo xv.
En la tradición siríaca, incluida la Iglesia oriental siria o Iglesia
asiria de Oriente, se conocen mujeres diáconos desde finales del
siglo vii hasta mediados del xviii.9
La Iglesia armenia ha incluido mujeres diaconisas hasta tiempos
modernos, y el rito de ordenación es el mismo que para un diácono
varón, salvo las partes relativas al futuro sacerdocio. Las diaconisas
armenias realizaban el servicio del altar.10
Los miembros de cada una de estas Iglesias, aunque no están en
plena comunión con Roma, disfrutan de la hospitalidad eucarística
en las liturgias católicas.11 Sus sacramentos y órdenes se consideran
válidos, de modo que los católicos pueden recibir los sacramentos
de los sacerdotes de estas Iglesias.12 ¿Afecta esto a la interpretación
católica de la validez de las ordenaciones de sus diaconisas?
8 En 1976 (en Agapia, Rumanía), en 1988 (en Rodas), en 1996 (en Damasco,
Siria), en 1997 (en Estambul, Turquía) y en 1998 (en Nairobi, Kenia).
9 Cf. S.A. Harvey, «Women’s Service in Ancient Syriac Christianity», en
E. Synek (ed.), Mother, Nun, Deaconess: Images of Women according to Eastern
Canon Law (Kanon 16), Egling: Kovar 2000, 226-241 y «Women in Syriac
Christian Tradition», Journal of the Canadian Society for Syriac Studies 3 (2003)
45-57. C. Chaillot, «Female diaconate in the Oriental Churches in the past
and today», Theologia 91/ 2 (2020) 33-63.
10 Chaillot, «Female diaconate in the Oriental Churches».
11 Canon 844 § 3: «Los ministros católicos administran lícitamente los sacra-
mentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos a los miembros
de Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia católica, si
los piden espontáneamente y están bien dispuestos; y esta norma vale también
respecto a los miembros de otras Iglesias, que, a juicio de la Sede Apostólica,
se encuentran en igual condición que las citadas Iglesias orientales, por lo
que se refiere a los sacramentos».
12 Canon 844 § 2: «En caso de necesidad, o cuando lo aconseje una ver-
dadera utilidad espiritual, y con tal de que se evite el peligro de error o de
indiferentismo, está permitido a los fieles a quienes resulte física o moralmente
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 206 07/06/2024 [Link]
Las mujeres, el diaconado y el Sínodo. ¿Y después? 207
2. ¿Qué se ha hecho?
Cuando el Concilio Vaticano II restauró el diaconado como oficio
permanente para los hombres, se entiende generalmente que el
papa Pablo VI preguntó sobre la restauración de las mujeres al
diaconado. Durante más de 50 años desde entonces, varios estu-
dios vaticanos se han unido a múltiples trabajos académicos que
examinan la cuestión.
No está claro si el papa Pablo VI se lo pidió directamente al litur-
gista oriental, el benedictino camaldulense Cipriano Vagaggini
(1909-1999), o si la petición se dirigió a toda la Comisión Teológica
Internacional, pero el resultado fue el extenso artículo de Vagaggini
sobre la historia de las diaconisas bizantinas publicado en 1974
en la revista romana Orientalia christiana periodica, editada por el
erudito oriental, el jesuita Robert Taft. En opinión de Vagaggini,
las diaconisas eran ordenadas a órdenes mayores y pertenecían
al mismo orden diaconal que los diáconos. En 1987, se pidió a
Vagaggini que interviniera en el Sínodo de los Obispos sobre los
Laicos, donde de nuevo amplió su investigación y demostró la
naturaleza sacramental de las ordenaciones de mujeres como diá-
conos. Su opinión era que las mujeres diáconos podían ejercer el
ministerio de la misma manera que los hombres diáconos, incluido
el servicio del altar.13
El debate continuó durante los años setenta y ochenta, con la
preponderancia de trabajos serios que apoyaban los hechos de la
ordenación de mujeres diáconos en las Iglesias primitivas, incluso
medievales. Una serie de artículos y luego un libro del belga Roger
Gryson (1938-)14 provocaron un libro reactivo del liturgista francés
imposible acudir a un ministro católico, recibir los sacramentos de la peniten-
cia, Eucaristía y unción de los enfermos de aquellos ministros no católicos,
en cuya Iglesia son válidos esos sacramentos».
13 C. Vagaggini, «L’Ordinazione delle diaconesse nella tradizione greca
e bizantina», Orientalia Christiana Periodica 40 (1974) 145-189; C. Vagaggini,
«Le diaconesse nella tradizione bizantina», Il Regno 32 (1987) 672-673.
14 R. Gryson, Le ministère des femmes dans l’Église ancienne, Gembloux:
Duculot 1972.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 207 07/06/2024 [Link]
208 Phyllis Zagano
Aimé-Georges Martimort (1911-2000).15 Pero incluso Martimort
está de acuerdo en que la historia por sí sola no puede decidir la
cuestión.16
¿Cómo es posible? No conocemos las circunstancias exactas, las
liturgias exactas, la intención exacta de cada obispo que ordenó
–o bendijo– a cada mujer diácono a lo largo de los mil o más años
en que se sabe que las mujeres han sido llamadas diáconos o
diaconisas.
Sabemos que la principal razón aducida en el Concilio Vaticano
II para restaurar el diaconado como vocación permanente fue la
siguiente: en primer lugar, ya había hombres ejerciendo el minis-
terio diaconal y, en segundo lugar, su ministerio se beneficiaría del
carisma de las órdenes.
Hoy, muchas mujeres asumen las tareas y deberes del diaconado.
Su dignidad bautismal debe llevarnos a comprender que las muje-
res pueden reincorporarse al diaconado y recibir la gracia de la
ordenación. Las palabras exactas del Decreto del Concilio Vaticano
II Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, pueden apli-
carse a las mujeres. De hecho, estas palabras tuvieron eco en 2016,
cuando la Unión Internacional de Superiores Generales (UISG)
pidió una comisión para estudiar la restauración de las mujeres al
diaconado ordenado. He aquí el párrafo pertinente de Ad gentes:
Parece bien que aquellos hombres que desempeñan un ministerio
verdaderamente diaconal, o que predican la palabra divina como
catequistas, o que dirigen en nombre del párroco o del obispo comu-
nidades cristianas distantes, o que practican la caridad en obras
sociales y caritativas sean fortalecidos y unidos más estrechamente
al servicio del altar por la imposición de las manos, transmitida ya
15 A. G. Martimort, «A propos des ministères feminins dans l’Eglise», BLE
74 (1973) 103-108; A.G. Martimort, Les diaconesses. Essai historique (Bibliotheca
«Ephemerides Liturgicae». Subsidia 24), Roma: Centro Liturgico Vincenziano
1982.
16 Ibíd., p. 249.
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phase 372 [Link] 208 07/06/2024 [Link]
Las mujeres, el diaconado y el Sínodo. ¿Y después? 209
desde los apóstoles, para que cumplan más eficazmente su ministerio
por la gracia sacramental del diaconado.17
En 2016, la Unión Internacional de Superiores Generales señaló que
las mujeres desempeñan los mismos ministerios que los diáconos
y se preguntó por qué no pueden ser ordenadas.18
3. ¿Qué pasa después?
Creo que es importante centrarse un momento más en Ad gentes,
aunque solo sea para señalar que el subtítulo del Decreto es sobre
la actividad misionera de la Iglesia.
Todos sabemos que ha habido un Sínodo. Todos sabemos que
el proceso está en curso todavía y que los principales puntos de
debate son la comunión, la misión y la participación. Entonces,
las preguntas son: ¿la ordenación de mujeres como diáconos man-
tendría la comunión? ¿La ordenación de mujeres como diáconos
promoverá la misión de la Iglesia? ¿La ordenación de mujeres como
diáconos restablecería su participación en la misión?
Recordemos que, en 2019, el Sínodo sobre la Amazonia reconoció
que «es urgente que se promuevan y se confieran ministerios para
hombres y mujeres de forma equitativa» (Documento del Sínodo
Amazónico 95) y pidió la inclusión de las mujeres en los ministerios
de lector y acólito (cf. Documento del Sínodo Amazónico, núm. 102).
Tras el Sínodo Amazónico, el papa Francisco modificó el canon 230
del Código de Derecho Canónico, suprimiendo el término «varones»,
17 Concilio Vaticano II, Decreto sobre la actividad misionera de la
Iglesia Ad gentes (7 de diciembre de 1965), núm. 16 [en línea] <https://
[Link]/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/
vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html> [Consulta: abril 2024].
18 «En la Iglesia existe la función del diaconado permanente, pero está
abierto solo a los hombres, casados y no. ¿Qué impide a la Iglesia incluir
a las mujeres entre los diáconos permanentes, precisamente como sucedía
en la Iglesia primitiva?», Francisco, «Discurso a la Unión Internacional
de Superiores Generales (UISG)» (12 de mayo de 2016) [en línea] <https://
[Link]/content/francesco/es/speeches/2016/may/documents/
papa-francesco_20160512_uisg.html> [Consulta: abril 2024].
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 209 07/06/2024 [Link]
210 Phyllis Zagano
y donde decía «varones laicos» ahora dice solo «laicos» para
designar a aquellos que pueden ser instituidos formalmente en
los ministerios de lector y de acólito.19 Las mujeres han servido
en estos ministerios durante más de 30 años. (El siguiente párrafo
de ese mismo canon del Código de 1983 permite a cualquier laico
desempeñar estos ministerios temporalmente, pero no se clari-
ficó que aquí se incluían a las mujeres hasta 1992. El derecho de
los obispos a no permitir que las mujeres sirvan como acólitos o
lectores fue afirmado en 2001).20
Y, a pesar de la carta del Dicasterio para el Culto Divino, que afirma
que las conferencias episcopales pueden utilizar los ritos que ya
utilizan para instituir a mujeres como lectoras y acólitas, simple-
mente modificando consecuentemente la gramática y el género,
la mayoría de las conferencias episcopales de todo el mundo están
impidiendo la aplicación.21
Y esto a pesar de que se ha pedido insistentemente que «es necesa-
rio ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva
en la Iglesia». Francisco lo ha repetido varias veces, y Benedicto
XVI lo expuso una vez en respuesta a la cuestión de las mujeres
en el ministerio.
19 Francisco, Carta apostólica en forma de Motu proprio sobre la modi-
ficación del can. 230 § 1 del Código de Derecho Canónico acerca del acceso de
las personas de sexo femenino al ministerio instituido del lectorado y del
acolitado Spiritus Domini (10 de enero de 2021) [en línea] <[Link]
[Link]/content/francesco/es/motu_proprio/documents/papa-fran-
cesco-motu-proprio-20210110_spiritus-[Link]> [Consulta: abril 2024].
20 El disgusto subyacente hacia las mujeres en el altar se reflejó en la Nota
de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
del 27 de julio de 2001: «sería importante explicar claramente a los fieles la
naturaleza de esta innovación, para que no se introduzca confusión y obsta-
culice así el desarrollo de las vocaciones sacerdotales» (Not 37 [2001] 397-399).
21 A. Roche, Carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales relativa a
algunas aclaraciones sobre el rito de institución de lectores, acólitos, catequistas (24
de mayo de 2022) [en línea], Santa Sede <[Link]
curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20211203_let-
tera-rito-istituzione-catechisti_sp.html> [Consulta: abril 2024].
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 210 07/06/2024 [Link]
Las mujeres, el diaconado y el Sínodo. ¿Y después? 211
4. ¿Hasta dónde hemos llegado?
¿Qué ha dicho el Sínodo?
En general, el Informe de Síntesis del Sínodo22 parece positivo hacia
una mayor participación de las personas no ordenadas –incluidas y
especialmente las mujeres– en la gestión y la toma de decisiones de
la Iglesia. ¿Avanza esto la cuestión de las mujeres en el ministerio?
Las dos secciones sobre las mujeres en el diaconado recibieron el
mayor número de votos negativos, pero aun así fueron aprobadas.
Es posible que para algunos de los que dieron su voto negativo,
los apartados fueran inaceptables porque no apoyaban de todo
corazón a las mujeres diáconos. No existía la posibilidad de abs-
tenerse, y también es posible que algunos votantes se abstuvieran
porque no estaban de acuerdo totalmente. Pero lo más probable
es que los apartados reflejaran la conversación general en el aula.
El primer párrafo reafirma los fundamentos del debate. Las perso-
nas que aceptan a las mujeres diáconos ven la medida como una
restauración de la tradición y una aceptación del reconocimiento
de la dignidad de la mujer. Las personas que no aceptan las muje-
res diáconos ven la medida como una ruptura con la tradición y
lo que ellos llaman «una expresión de una peligrosa confusión
antropológica».
La propuesta del Sínodo, por lo tanto, es revisar los estudios
anteriores y continuar la investigación sobre el tema. Dado que ha
habido al menos cuatro, posiblemente cinco estudios vaticanos en
los tiempos modernos, incluyendo uno con resultados positivos
en 1997 que no fue promulgado, el Pueblo de Dios puede estar
cansándose de lo que parece ser otro aplazamiento.
Pero puede que no se trate tanto de un aplazamiento como de un
intento de obtener consenso.
Parece una tarea insuperable alcanzar un acuerdo general sobre los
hechos de la historia, la antropología y la teología de esta cuestión
22 Los extractos del Informe de Síntesis del Sínodo de octubre de 2023 se
encuentran en su «Apédice».
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 211 07/06/2024 [Link]
212 Phyllis Zagano
para que el Sínodo –y toda la Iglesia– pida la restauración de las
mujeres al diaconado ordenado. Sin embargo, dado que el tema se
ha debatido tan ampliamente, en el Sínodo y en todo el mundo, si
hay pruebas de que las mujeres no pueden ser restauradas al dia-
conado ordenado, esa respuesta negativa debe darse claramente
y sin demora.
Hemos escuchado las peticiones de las asambleas continentales y
las conferencias episcopales sobre la inclusión de las mujeres en
el diaconado. Teniendo en cuenta que la historia por sí sola no es
determinante, reconocemos que, durante muchos siglos, las muje-
res, tanto en Oriente como en Occidente, ejercieron el ministerio
diaconal, a menudo ordenadas por sus obispos para este servicio.
Hoy, en todo el mundo, muchas mujeres asumen las tareas y debe-
res del diaconado. ¿Por qué no ordenarlas?
El sacerdocio y el diaconado son órdenes distintas. Un simple
motu proprio revisando el Código de Derecho Canónico reflejaría
los hechos de la historia, la antropología y la teología. Incluir a
las mujeres en el diaconado es un reconocimiento de la dignidad
bautismal de todas las mujeres. Ya es hora.
Anexo: Extractos del «Informe de Síntesis del Sínodo de
octubre de 2023»
9. Las mujeres en la vida y en la misión de la Iglesia
Cuestiones a afrontar
i) Las Iglesias de todo el mundo han formulado claramente la
petición de un mayor reconocimiento y valoración a la aporta-
ción de las mujeres y de un aumento de las responsabilidades
pastorales que se les confían en todas las áreas de la vida y de
la misión de la Iglesia. Para dar una mejor expresión a los caris-
mas de todos y responder mejor a las necesidades pastorales,
¿cómo puede la Iglesia poner a más mujeres en los roles y en
los ministerios existentes? Se necesitan nuevos ministerios, ¿a
quién corresponde el discernimiento? ¿a qué nivel y con qué
modalidades?
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 212 07/06/2024 [Link]
Las mujeres, el diaconado y el Sínodo. ¿Y después? 213
j) Han sido diversas las posturas con relación al acceso de las
mujeres al ministerio diaconal. Algunos consideran que este
paso sería inaceptable, porque está en discontinuidad con la
Tradición. Otros, sin embargo, consideran que conceder el
diaconado a las mujeres retomaría una práctica de la Iglesia de
los orígenes. Otros ven en este paso una propuesta necesaria
y apropiada a los signos de los tiempos, fiel a la Tradición y
capaz de encontrar eco en el corazón de muchos que buscan
una renovada vitalidad y energía en la Iglesia. Otros expresan
su temor de que esta petición denotaría una peligrosa confu-
sión antropológica, acogiéndola, la Iglesia se alinearía con el
espíritu del tiempo.
k) El debate al respecto está en conexión con la más amplia
reflexión sobre la teología del diaconado (cfr. Infra cap. 11, h-i).
Propuestas
n) Que siga adelante la investigación teológica y pastoral sobre
el acceso de las mujeres al diaconado, ayudándose de los
resultados de las comisiones instituidas a este propósito por
el santo Padre, y de las investigaciones teológicas, históricas y
exegéticas ya efectuadas. Si es posible, los resultados deberían
presentarse en la próxima sesión de la Asamblea.
11. Diáconos y presbíteros en una Iglesia sinodal
Propuestas
g) En las Iglesias latinas, el diaconado permanente se ha introdu-
cido de manera diversa según los distintos contextos eclesia-
les. De hecho, algunas Iglesias locales no lo han introducido;
en otra, se teme que los diáconos sean percibidos como una
especie de remedio a la escasez de sacerdotes. A veces, su
ministerialidad se expresa en la liturgia más bien que en el
servicio a los pobres de la comunidad. Se recomienda, por
tanto, evaluar la experiencia del ministerio diaconal después
del Vaticano II.
h) Desde el aspecto teológico, surge la exigencia de comprender
el diaconado, ante todo, en sí mismo, y no solo como una etapa
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 213 07/06/2024 [Link]
214 Phyllis Zagano
de acceso al presbiterado. El mismo uso lingüístico de llamar
«permanente» a la forma primaria del diaconado, para distin-
guirla de la «transitoria» es la luz indicadora de un cambio de
perspectiva que no se ha realizado aún de manera adecuada.
i) Las incertidumbres que rodean a la teología del ministerio
diaconal son debidas también al hecho de que, en la Iglesia
latina, se retomó como grado propio y permanente de la
jerarquía solo a partir del Concilio Vaticano II. Una reflexión
más profunda a este respecto permitirá también iluminar la
cuestión del acceso de las mujeres al diaconado.
Núm. 372 – Phase 64 (2024) 201-214
phase 372 [Link] 214 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista
Aspectos canónicos
sobre la validez y licitud
en la celebración de los sacramentos
José San José Prisco
Gestis verbisque es una nota de carácter doctrinal, publicada el
pasado 2 de febrero de 2024 por el Dicasterio de la Doctrina de la
Fe, para responder de una forma general a las numerosas dudas
sobre la validez de algunas celebraciones sacramentales, fruto
del creciente número de consultas dirigidas al Dicasterio sobre
este tema, muchas de las cuales han debido ser respondidas
constatando la invalidez de la celebración de algún sacramento
en concreto, especialmente del bautismo. Una nota doctrinal que
tiene también perfiles canónicos que parece necesario recordar
para reforzar las afirmaciones del documento.
Cuando el derecho habla de la validez, se está refiriendo a las
condiciones necesarias para que exista un acto jurídico, es decir,
los requisitos esenciales impuestos por la ley o alguna solemnidad
expresamente exigida para la validez, y sin los cuales no produciría
efecto, no existiría realmente:1
José San José Prisco es catedrático de Derecho del Pueblo de Dios y de la
Función Santificadora Universidad Pontificia de Salamanca.
1 Can. 10: «Irritantes aut inhabilitantes eae tantum leges habendae sunt, quibus
actum esse nullum aut inhabilem esse personam expresse statuitur».
phase 372 [Link] 215 07/06/2024 [Link]
216 Puntos de vista
– La causa puede residir en los elementos constitutivos del acto
(por ejemplo, no usar la materia o la forma prescritas en el caso
de los sacramentos) o en las formalidades del acto requeridas
por el derecho (por ejemplo, celebrar un matrimonio sin tes-
tigos). Estas condiciones para la validez se contienen en las
denominadas leyes invalidantes.
– En las leyes inhabilitantes, sin embargo, la causa de la invalidez
es la incapacidad de la persona para el acto en cuestión (por
ejemplo, un presbítero no es ministro válido de la ordenación
sagrada), o cuando la persona no reúne alguna condición
necesaria establecida por el derecho (por ejemplo, no tener la
edad mínima para contraer matrimonio).
En el caso de los sacramentos, según la terminología clásica esco-
lástica que recoge el documento, los elementos sustanciales que
afectan a la validez de la celebración serían: el ministro (ordina-
riamente un sacerdote), el sujeto que lo recibe (en diversidad de
condiciones), la materia y la forma (elementos objetivos sensibles),
la intención de quien lo celebra y la voluntad de recibirlo si se trata
de un adulto (elementos subjetivos internos). Nos detenemos en
la relevancia canónica de cada uno de ellos.
– La materia del sacramento consiste en la acción humana a través
de la cual actúa Cristo. En ella, a veces hay un elemento mate-
rial, otras veces un gesto particularmente elocuente (núm. 13).
– La forma del sacramento está constituida por la palabra (la fór-
mula sacramental), que confiere un significado trascendental
a la materia, transfigurando su sentido (núm. 14). La palabra
en el sacramento tiene un verdadero carácter performativo.
La Iglesia no ha determinado ambos elementos por puro capricho
o arbitrariedad, sino para salvaguardar la sustancia de los sacra-
mentos, señalándolos con autoridad, enraizada en la Tradición y
en docilidad a la acción del Espíritu Santo para expresar mejor la
gracia conferida (núms. 12-16). Por esto, materia y forma «nunca
han dependido ni pueden depender de la voluntad del individuo
o de la comunidad individual» (núm. 15) y «no se pueden cambiar,
pues siempre se ha exigido la observancia de la materia y de la
phase 372 [Link] 216 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 217
forma para la validez de la celebración» (núm. 17). De modo que
lo que está escrito en los libros litúrgicos promulgados debe ser
fielmente observado sin «añadir, quitar o cambiar nada», porque
si se cambian las palabras o la materia, el sacramento no existe.2
Se subraya también la intrínseca unidad entre la materia y la forma
y la intención del ministro. Estos tres elementos
se integran en la acción sacramental de tal manera que la intención se
convierte en principio unificador de la materia y la forma, haciendo
de ellas un signo sagrado por el que se confiere la gracia ex opere
operato (núm. 18).
La intención del ministro –junto con la disposición del destinatario–
representa su elemento interior y subjetivo. Esta, sin embargo, tiende
por su naturaleza a manifestarse también externamente a través de
la observancia del rito establecido por la Iglesia, de modo que la alte-
ración grave de los elementos esenciales introduce también la duda
sobre la verdadera intención del ministro, anulando así la validez
del sacramento celebrado. En principio, de hecho, la intención de
hacer lo que la Iglesia hace se expresa en el uso de la materia y de la
forma que la Iglesia ha establecido (núm. 19).
De este modo, queda de manifiesto que la intención es «hacer lo
que la Iglesia hace».
Finalmente, la disposición de quien recibe el sacramento es fun-
damental para su validez cuando se trata de un adulto, pues no
se puede administrar un sacramento contra la voluntad del que
lo recibe porque, además de violentar el derecho a la libertad de
conciencia,3 haría nulo el sacramento.
El Código de Derecho Canónico lo detalla específicamente para cada
uno de los sacramentos, determinando los elementos constitutivos,
el ministro válido y las condiciones del sujeto que lo recibe. Al
2 Can. 846 § 1: «In sacramentis celebrandis fideliter serventur libri liturgici a
competenti auctoritate probati; quapropter nemo in iisdem quidpiam proprio marte
addat, demat aut mutet».
3 Can. 748 § 2: «Homines ad amplectendam fidem catholicam contra ipsorum
conscientiam per coactionem adducere nemini umquam fas est».
phase 372 [Link] 217 07/06/2024 [Link]
218 Puntos de vista
margen de ellos, todas las demás condiciones son para la licitud.
A saber:
– Para el bautismo: la materia necesaria para la validez es el agua
verdadera no corrompida4 y la forma es la fórmula trinitaria,5
al tiempo que se realiza la ablución, por infusión o inmersión.6
El ministro ordinario es el sacerdote o el diácono, pero puede
ser cualquier persona en caso de necesidad, con tal que tenga
la intención de hacer lo que hace la Iglesia.7 El sujeto capaz de
recibirlo es cualquier persona humana no bautizada, pues el
sacramento imprime carácter;8 pero si es un adulto (a partir
de la edad de la discreción de juicio, unos siete años) debe
manifestar externamente la voluntad de recibirlo.9
– Para la confirmación: la materia necesaria para la validez es la
unción en la frente con el crisma consagrado por el obispo; y la
forma son las palabras prescritas en el ritual.10 La condición de
que la unción «se hace con imposición de la mano» no parece
ser para la validez.11 El ministro ordinario es el obispo y el
4 Can. 849: «Valide confertur tantummodo per lavacrum aquae verae cum debita
verborum forma».
5 «N., yo te bautizo en el nombre del Padre, (primera inmersión o infusión
de agua) y del Hijo, (segunda inmersión o infusión de agua) y del Espíritu
Santo (tercera inmersión o infusión de agua)» (RBN 128).
6 Can. 854: «Baptismus conferatur sive per immersionem sive per infusionem,
servatis Episcoporum conferentiae praescriptis».
7 Can 861 § 2: «Absente aut impedito ministro ordinario, licite baptismus
confert catechista aliusve ad hoc munus ab Ordinario loci deputatus, immo, in casu
necessitatis, quilibet homo debita intentione motus».
8 Can. 864: «Baptismi capax est omnis et solus homo nondum baptizatus».
9 Can. 865 § 1: «Ut adultus baptizari possit, oportet voluntatem baptismum
recipiendi manifestaverit...». § 2. «... quovis modo intentionem suam bapti-
smum recipiendi manifestaverit».
10 Can. 880 § 1: «Sacramentum confirmationis confertur per unctionem chrisma-
tis in fronte, quae fit manus impositione atque per verba in probatis liturgicis libris
praescripta». § 2. «Chrisma in sacramento confirmationis adhibendum debet esse ab
Episcopo consecratum, etiamsi sacramentum a presbytero ministretur». La forma
prescrita: «N., recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo» (RC 9).
11 No se requiere para la validez que se imponga sobre la cabeza del
confirmando la mano extendida al realizar el rito de la crismación, sino
phase 372 [Link] 218 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 219
extraordinario cualquier presbítero dotado de la facultad,12
dentro de los límites del derecho, que en los presbíteros facul-
tados establece unas condiciones para la validez: siempre se
realizará la confirmación dentro del territorio, salvo peligro de
muerte.13 El sujeto, cualquier bautizado aún no confirmado,
porque es un sacramento que imprime carácter.14
– Para la Eucaristía: la materia es el pan, exclusivamente de
trigo, y el vino natural, del fruto de la vid, y no corrompido;
la forma las palabras de la Institución.15 Las otras condiciones
establecidas por el derecho, que «el pan ha de ser hecho recien-
temente», que el vino «se ha de mezclar un poco de agua», o
que el «pan sea ácimo»,16 son solamente para la licitud. El pan
bajo en gluten y el mosto de vino son materia válida, pero ilícita
si no se siguen las prescripciones del derecho.17 El ministro
válido es cualquier sacerdote, se encuentre en la situación
que basta la crismación misma hecha con el dedo pulgar (Respuesta de la
Comisión para la interpretación de los Decretos del Concilio Vaticano II,
9-6-1972: AAS 64 [1972] 526), aunque es conveniente destacar la relación
entre la crismación y el gesto de la imposición de manos por los apóstoles
(cf. Comm. 15 [1983] 186, ad 836). Tampoco afecta a la validez el uso de un
instrumento (un tampón o guantes) en casos graves (CCDS, Carta Nel corso,
1-10-2020: Prot. N. 470/20).
12 Can. 882: «Confirmationis minister ordinarius est Episcopus; valide hoc sacra-
mentum confert presbyter quoque hac facultate vi iuris universalis aut peculiaris
concessionis competentis auctoritatis instructus».
13 Can. 887: «llud vero in alieno territorio nemini valide confert, salvo praescripto
c. 883, n. 3».
14 Can. 889 § 1: «Confirmationis recipiendae capax est omnis et solus baptizatus,
non confirmatus».
15 Can. 924 § 1: «Sacrosanctum eucharisticum Sacrificium offerri debet ex pane et
vino, cui modica aqua miscenda est». § 2. «Panis debet esse mere triticeus et recenter
confectus, ita ut nullum sit periculum corruptionis. § 3. Vinum debet esse naturale
de genimine vitis et non corruptum».
16 Can. 926: «In eucharistica celebratione secundum antiquam Ecclesiae latinae
traditionem sacerdos adhibeat panem azymum ubicumque litat».
17 CDF, «Carta acerca del uso del pan con poco gluten y del mosto como
materia para la consagración eucarística, 18-5-1995», Not 31 (1995) 608-610;
CCDDS, Carta circular a los Obispos sobre el pan y el vino en la Eucaristía, 15-6-
2017, Prot. N. 320/17.
phase 372 [Link] 219 07/06/2024 [Link]
220 Puntos de vista
que se encuentre.18 Y el sujeto, cualquier bautizado a quien el
derecho no se lo prohíba, aunque esta segunda condición es
solo para la licitud.19
– Para la penitencia: la confesión de los pecados hecha por el
penitente, con verdadero arrepentimiento y propósito de
la enmienda,20 y la absolución dada por el ministro con la
imposición de manos y la señal de la cruz, son la materia del
sacramento, junto con la fórmula establecida, que es la forma.21
Cuando se trata de la absolución sacramental general, para
que un fiel la reciba válidamente se requiere no solo que esté
debidamente dispuesto, sino que se proponga a la vez hacer
en su debido tiempo confesión individual de todos los pecados
graves (can. 962 § 1). El ministro válido es cualquier sacerdote22
provisto de las debidas facultades,23 salvo la absolución del
cómplice que invalida la confesión.24 En peligro de muerte no
hay limitaciones con respecto a las facultades, porque siempre
18 Can. 900 § 1: «Minister, qui in persona Christi sacramentum Eucharistiae
conficere valet, est solus sacerdos valide ordinatus».
19 Can. 912: «Quilibet baptizatus, qui iure non prohibeatur, admitti potest et
debet ad sacram communionem».
20 Can. 959: «In sacramento paenitentiae fideles peccata legitimo ministro
confitentes, de iisdem contriti atque propositum sese emendandi habentes, per abso-
lutionem ab eodem ministro impertitam, veniam peccatorum quae post baptismum
commiserint a Deo obtinent, simulque reconciliantur cum Ecclesia, quam peccando
vulneraverunt».
21 «El sacerdote, después que el penitente ha terminado su oración, exten-
diendo sus dos manos, al menos la derecha, sobre la cabeza del penitente,
dice la absolución, cuya parte esencial son las palabras: “Yo te absuelvo de
tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. El
sacerdote, mientras dice estas últimas palabras, hace la señal de la cruz sobre
el penitente» (RP 19).
22 Can. 965: «Minister sacramenti paenitentiae est solus sacerdos».
23 Can. 966 § 1: «Ad validam peccatorum absolutionem requiritur ut minister,
praeterquam potestate ordinis, facultate gaudeat eandem in fideles, quibus absolu-
tionem impertitur, exercendi».
24 Can. 977: «Absolutio complicis in peccato contra sextum Decalogi praeceptum
invalida est, praeterquam in periculo mortis».
phase 372 [Link] 220 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 221
prima la salvación de las almas.25 El sujeto, cualquier fiel adulto
que tenga conciencia de pecado y esté arrepentido, pues si no
hay arrepentimiento, no hay sacramento.26 Y tampoco sería
válida una confesión incompleta o que solicitara el perdón
solo para una parte de los pecados, dejando de lado otros.27
– Para la unción: se administra por la unción con óleo bendecido
por el obispo o, en caso de necesidad, por el propio presbítero
como materia (can. 999), y diciendo las palabras prescritas en
los libros litúrgicos, que constituyen la forma.28 Se puede usar
para la unción un instrumento cuando hay peligro para el
enfermo o el ministro (can. 1000). El ministro es todo sacerdote
y solo él.29 El sujeto, el fiel que haya llegado al uso de razón.30
25 Can. 976: «Quilibet sacerdos, licet ad confessiones excipiendas facultate careat,
quoslibet paenitentes in periculo mortis versantes valide et licite absolvit a quibusvis
censuris et peccatis, etiamsi praesens sit sacerdos approbatus».
26 Can. 987: «Christifidelis, ut sacramenti paenitentiae remedium percipiat saluti-
ferum, ita dispositus sit oportet ut, peccata quae commiserit repudians et propositum
sese emendandi habens, ad Deum convertatur».
27 Can. 988 § 1: «Christifidelis obligatione tenetur in specie et numero confitendi
omnia peccata gravia post baptismum perpetrata et nondum per claves Ecclesiae
directe remissa neque in confessione individuali accusata, quorum post diligentem
sui discussionem conscientiam habeat».
28 Can. 998: «Unctio infirmorum, qua Ecclesia fideles periculose aegrotantes
Domino patienti et glorificato, ut eos allevet et salvet, commendat, confertur eos
liniendo oleo atque verba proferendo in liturgicis libris praescripta».
Esta es la fórmula por la que en el rito latino se confiere la unción los enfermos:
«Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor
con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la
salvación y te conforte en tu enfermedad» (RE 25).
29 Can. 1003 § 1: «Unctionem infirmorum valide administrat omnis et solus
sacerdos».
30 Can. 1004 § 1: «Unctio infirmorum ministrari potest fideli qui, adepto rationis
usu, ob infirmitatem vel senium in periculo incipit versari».
phase 372 [Link] 221 07/06/2024 [Link]
222 Puntos de vista
– Para el orden sagrado: la materia de los tres órdenes (episco-
pado, presbiterado y diaconado) es la imposición de las manos,
tocando físicamente la cabeza del ordenando,31 y la forma, la
oración consecratoria que los libros litúrgicos prescriben para
cada grado.32 La entrega de los instrumentos es un rito comple-
mentario no esencial que afecta solo a la licitud. El ministro es
solo el obispo ordenado.33 El sujeto, solo el varón bautizado.34
– Para el matrimonio: la materia es el consentimiento, acto de
voluntad interna que se manifiesta externamente en las diver-
sas fórmulas rituales que serían la forma.35 El asistente es el
sacerdote o diácono (salvo que una de las partes sea oriental)
con la debida jurisdicción.36 El sujeto, cualquier persona capaz
de emitir un consentimiento válido, de acuerdo con las normas
del derecho, pero exclusivamente en una pareja heterosexual.37
Además, hay que contar con las prohibiciones de derecho
llamadas impedimentos, que, si no pueden ser dispensados,
hacen nulo el matrimonio porque inhabilitan a la persona para
31 Pablo VI, Constitución apostólica Pontificalis Romani, 18-5-1968: AAS
60 (1968) 369-373.
32 Can. 1009 § 1: «Ordines sunt episcopatus, presbyteratus et diaconatus.§ 2.
Conferuntur manuum impositione et precatione consecratoria, quam pro singulis
gradibus libri liturgici praescribunt».
33 Can. 1012: «Sacrae ordinationis minister est Episcopus consecratus».
34 Can. 1024: «Sacram ordinationem valide recipit solus vir baptizatus».
35 Can. 1057 § 1: «Matrimonium facit partium consensus inter personas iure
habiles legitime manifestatus, qui nulla humana potestate suppleri valet». § 2. Con-
sensus matrimonialis est actus voluntatis, quo vir et mulier foedere irrevocabili sese
mutuo tradunt et accipiunt ad constituendum».
36 Can. 1108 § 1: «Ea tantum matrimonia valida sunt, quae contrahuntur coram
loci Ordinario aut parocho aut sacerdote vel diacono ab alterutro delegato qui assistant,
necnon coram duobus testibus, secundum tamen regulas expressas in canonibus qui
sequuntur, et salvis exceptionibus de quibus in cc. 144, 1112 § 1, 1116 et 1127 §§ 1-2
[...]». § 3. Solus sacerdos valide assistit matrimonio inter partes orientales vel inter
partem latinam et partem orientalem sive catholicam sive non catholicam».
37 Can. 1055 § 1: «Matrimoniale foedus, quo vir et mulier inter se totius vitae
consortium constituunt...
phase 372 [Link] 222 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 223
contraerlo,38 así como los vicios del consentimiento que hacen
incapaz a la persona,39 o la debida forma canónica que, si no se
dispensa (según los supuestos contemplados en el derecho) y
no se sigue, también haría nulo el matrimonio.40
Los casos en los que se puede aplicar el principio «suplet
Ecclesia»
El legislador universal prevé, en el canon 144,41 la aplicación del
principio de la suplencia de la Iglesia en el caso de algunas facul-
tades relacionadas con los sacramentos y de las que depende
su validez. Son casos singulares en los que la comunidad (error
común) cree que el ministro tiene la facultad necesaria, o el propio
ministro duda (de forma positiva y probable, de hecho, o de dere-
cho) si la ha recibido o si la tiene actualmente. No trata este canon
de la convalidación de un acto puesto inválidamente, sino de la
suplencia recibida en el momento mismo de poner el acto.
No está de más recordar que la Iglesia no puede suplir nunca un
defecto en la materia o en la forma del sacramento (por ejemplo,
bautizar con leche, o inventar las palabras de la fórmula de la
unción de los enfermos), como tampoco puede suplir el orden
sacerdotal exigido (por ejemplo, no suple el hecho de que un diá-
cono o un laico se ponga a confesar a los fieles).
38 Can. 1073: «Impedimentum dirimens personam inhabilem reddit ad matrimo-
nium valide contrahendum».
39 Can. 1095: «Sunt incapaces matrimonii contrahendi...».
40 Can. 1117: «Statuta superius forma servanda est, si saltem alterutra pars
matrimonium contrahentium in Ecclesia catholica baptizata vel in eandem recepta
sit, salvis praescriptis c. 1127 § 2».
41 Can. 144 § 1 «In errore communi de facto aut de iure, itemque in dubio positivo
et probabili sive iuris sive facti, supplet Ecclesia, pro foro tam externo quam interno,
potestatem regiminis exsecutivam». § 2. «Eadem norma applicatur facultatibus de
quibus in cc. 882, 883, 966, et 1111 § 1».
phase 372 [Link] 223 07/06/2024 [Link]
224 Puntos de vista
Afecta a tres sacramentos exclusivamente:
– Confirmación: cáns. 882-883: sobre el ministro de la confirma-
ción por derecho o por concesión. El obispo siempre confirma
válidamente, pero si es un presbítero a quien el obispo ha
facultado para esa función y que puede asociarse a otros en
el momento de la celebración, puede surgir la duda o el error
común. Entonces la falta de facultad es suplida por la Iglesia.
Sucedería en el caso, por ejemplo, de que un sacerdote adminis-
trara la confirmación sin haber recibido la delegación expresa
del obispo, en una situación donde él y los confirmandos
creen de buena fe que tiene la autoridad para hacerlo. Esto es
especialmente relevante en situaciones de necesidad pastoral,
donde el acceso al obispo es limitado o imposible.
– Penitencia (can. 966): el sacerdote que confiesa sin licencias a
sabiendas incurre en la sanción del c. 1379 § 1, 2, pues hay que
ejercer el ministerio sin poner en peligro la validez. Si lo hace
por error común o duda positiva, suplet ecclesia. Si lo hace con
un fiel conocedor de que no tiene licencias, no hay suplencia,
salvo peligro de muerte. Aunque el mandato del Código es
que las facultades sean dadas por escrito, no es una condición
para la validez (can. 973).
– Matrimonio: el canon 1008 establece expresamente la posibi-
lidad de una suplencia de la facultad de asistir al matrimonio,
estableciendo en el can. 1111 §1 las condiciones para la delega-
ción. Ante la duda de si existe o no esa delegación, se procederá
al matrimonio, porque la Iglesia suple. Es claro que en el caso
de que una de las partes sea oriental, no habría suplencia de
potestad si es delegado un diácono, porque es sujeto inhábil
(can. 1008 §3).
Finalmente, se podría considerar válida la administración del
sacramento cuando, por ejemplo, un sacerdote comete un pequeño
error verbal al celebrarlo por inadvertencia («este es mi cuerpo»,
en lugar de «esto es mi cuerpo»), pero sin alterar sustancialmente
el rito esencial. Que no afecte a la validez no significa que se pueda
modificar o suprimir. El rito en su integridad lo pide. La nota 31
phase 372 [Link] 224 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 225
del documento hace una distinción significativa entre licitud y
validez, explicando que «cualquier modificación a la fórmula de
un sacramento es siempre un acto gravemente ilícito», aunque se
trate de algo mínimo que no altere su significado original y no lo
invalide.
Cambiar por propia iniciativa la forma celebrativa de un sacramento
no constituye un simple abuso litúrgico, como transgresión de
una norma positiva, sino una lesión infligida al mismo tiempo a la
comunión eclesial y al reconocimiento de la acción de Cristo, que en
los casos más graves hace inválido el sacramento mismo, porque la
naturaleza de la acción ministerial exige que se transmita fielmente
lo que se ha recibido (cf. 1Co 15,3) (núm. 22).
Por esto mismo, «el ministro debe comprender que la auténtica
ars celebrandi es la que respeta y exalta la primacía de Cristo y la
actuosa participatio de toda la asamblea litúrgica, también mediante
la humilde obediencia a las normas litúrgicas» (núm. 26), para que
la belleza de la celebración cristiana se mantenga viva y no sea
«desfigurada por una comprensión superficial y reductiva de su
valor o, peor aún, por su instrumentalización al servicio de alguna
visión ideológica, sea cual sea» (núm. 29).
phase 372 [Link] 225 07/06/2024 [Link]
226 Puntos de vista
La Iglesia en los principios sacramentales
de la Nota «Gestis verbisque»
Adolfo Ivorra Robla
Con la Nota Gestis verbisque, sobre la validez de los sacramentos,
la Congregación para la Doctrina de la Fe nos introduce en los
principios sacramentales y su implicación para el ser y existir de
la Iglesia, hoy y siempre. La Nota comienza con el sintagma gestis
verbisque, que nos remite a Dei Verbum 2, que se refiere a la reve-
lación divina y cómo esta se ha realizado en la historia por medio
de acontecimientos1 y palabras.
De este modo, en continuidad con los Padres de la Iglesia, se con-
templa la sacramentalidad eclesial como continuación de la historia
salutis.2 De este modo, se comprenden los sacramentos como
acciones que actualizan, por medio de signos sensibles, la experiencia
viva del misterio de la salvación, haciendo posible la participación
de los seres humanos en la vida divina.3
Adolfo Ivorra Robla es presbítero de la diócesis de León, doctor en teología
litúrgica, es profesor de liturgia en el Centro Superior de Estudios
Teológicos de su diócesis.
1 «Este vocablo no indica solo hechos ni tan solo actos, sino que connota
además que esos actos producen su efecto, que esas operaciones se traducen
en obras (en seguida reaparecerá la palabra “opera”, que se usa también en
otros lugares del texto, como hemos indicado). Se trata de “acontecimientos”,
en la medida en que son el resultado de actos producidos por un agente per-
sonal»: J. Prades, «La fórmula gestis verbisque intrinsece inter se connexis y su
recepción a los 40 años de la Dei Verbum», en RET 66 (2006) 498.
2 «La Iglesia nace de la encarnación y de los sacramentos, nace del costado
abierto de Cristo del que mana sangre y agua. Cristo la funda cuando esta-
blece la nueva y definitiva alianza en la cena. Lo que tiene lugar en el Antiguo
Testamento es una preparación de la Iglesia. Y este es justamente el término
que utiliza LG 2: Iglesia preparada admirablemente en el pueblo de Israel»: J.
A. Sayés, La Iglesia de Cristo. Curso de eclesiología, Madrid: Palabra 2003, p. 69.
3 Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Gestis verbisque, núm. 1.
phase 372 [Link] 226 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 227
1. La Iglesia se expresa en los sacramentos
La Iglesia se recibe y se expresa en los sacramentos. Nos fijamos
en la segunda parte. De Cristo dormido brotaron los sacramentos,
siguiendo a san Agustín. La Iglesia es como un sacramento de
Cristo. Para expresar esto, la Nota recurre a Lumen gentium, núm.
1 y a la Exhortación pastoral Sacramentum caritatis, núm. 16, de
Benedicto XVI. Allí se intentaba mostrar la relación de todos los
sacramentos con el misterio eucarístico, a sabiendas de que los
sacramentos son expresión de la Iglesia. Por la fuerza del Espí-
ritu, los siete sacramentos se convierten en las piedras del edificio
espiritual del que participamos como pueblo sacerdotal.4 El texto
continúa citando a Trento, que declaró solemnemente la institución
de los sacramentos por Cristo: ellos son el ámbito de encuentro con
él. De hecho, en ellos «se nos garantiza la posibilidad de encon-
trarnos con el Señor Jesús y de ser alcanzados por el poder de su
Pascua», como decía el papa Francisco.5
Por ello, la Iglesia ha cuidado las fuentes de las que toma la «savia
vital», esto es, la sagrada Escritura y la Tradición. Con ello se
igualan las fuentes de la Revelación y las de santificación. En esto
se comprende mejor el fundamento cristológico de la afirmación:
La verdad sobre, Cristo no se agota en lo que muestran los sentidos,
sino que todo en Él es acontecimiento de Revelación y de Salvación.6
Lo mismo pasa en la Iglesia: todo acontecimiento que en ella se da
tiene un contenido de educación y/o transmisión de la fe, además
de la celebración de la misma. Por todo ello, tienen razón de ser las
intervenciones del Magisterio en materia sacramental, en las que
se busca garantizar la fidelidad al misterio celebrado.
4 «El Espíritu edifica las piedras; no a la inversa. El Espíritu no puede
ser sustituido ni con dinero ni con historia. Donde no construye el Espíritu,
las piedras enmudecen. Donde el Espíritu no está vivo, ni actúa ni reina, las
catedrales se convierten en museos, en monumentos del pasado cuya belleza
entristece, porque está muerta»: J. Ratzinger, Obras completas, XI, Madrid:
BAC 2012, 340.
5 Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi, núm. 11.
6 J. Rico Pavés, Cristología y soteriología, Madrid 2016, 7.
phase 372 [Link] 227 07/06/2024 [Link]
228 Puntos de vista
2. La Iglesia custodia los sacramentos
La Iglesia custodia y es custodiada por los sacramentos. Subra-
yamos el primer aspecto. El apartado comienza afirmando que la
Iglesia es ministra y no dueña de los sacramentos. La potestad que
tiene sobre ellos es la misma que tiene sobre la sagrada Escritura,
es decir, la reconoce inspirada por el Espíritu Santo, se somete
ella, la custodia y la expone, determinando, además, los elemen-
tos esenciales de los sacramentos. La potestad con respecto a los
sacramentos se detiene en cuanto a la sustancia, tal como lo afirmó
el Concilio de Trento. Vemos así, nuevamente, la misma relación
entre las fuentes de la Revelación y los sacramentos, subrayando
el hecho de que la Iglesia es depositaria del tesoro de la gracia
sacramental. La Nota continúa siendo consciente de que a lo largo
de la historia la Iglesia «no siempre ha señalado inequívocamente
los gestos y las palabras en los que consiste esta sustancia divinitus
instituta».7 El proceso de reconocimiento de esa sustancia lo ha
hecho el Magisterio escuchando el sensus fidei del Pueblo de Dios,
determinando así la materia y la forma, además de la intención
del ministro.
Se pasa a continuación a determinar qué es la materia y la forma
de los sacramentos. La materia es «la acción humana a través de
la cual actúa Cristo».8 Esta definición es novedosa, pues el acento
recae no en un elemento material, sino en la acción humana con el
elemento material.9 La acción humana está acompañada, ya sea de
un elemento material o de un gesto, que establecen el vínculo nece-
sario con la historia humana y el orden simbólico de la creación.
La forma, en cambio, está constituida por la palabra y está inspirada
en la sagrada Escritura, en continuidad con la Tradición y está defi-
nida por el Magisterio después de un cuidadoso discernimiento.
7 Nota Gestis verbisque, núm. 12.
8 Nota Gestis verbisque, núm. 13.
9 «Los sacramentos, por ser acciones humanas, más que cosas o elemen-
tos materiales, es decir, por ser gestos y uso de elementos materiales -agua,
pan, vino, aceite- acompañados de palabras, aparecen a menudo como ritos
sagrados»: A. Miralles, Los sacramentos cristianos, Madrid: Palabra 2000, 187.
phase 372 [Link] 228 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 229
La Nota continúa insistiendo en el cuidadoso discernimiento que
el magisterio ha hecho para determinar ciertos ritos como el núcleo
central de cada sacramento. Por lo tanto, se exhorta a no «añadir,
quitar o cambiar cosa alguna».10 Junto a esto, está la intención del
ministro: «intención de hacer al menos lo que hace la Iglesia».11 De
este modo, «la intención de hacer lo que la Iglesia hace se expresa
en el uso de la materia y de la forma que la Iglesia ha establecido».12
Las adaptaciones previstas por los libros litúrgicos no van en contra
de este principio fundamental.13
3. La Iglesia que celebra los sacramentos
La última parte de la Nota trata sobre la presidencia litúrgica y
el arte de celebrar. Obispos y presbíteros de la Iglesia presiden in
persona Christi e in nomine Ecclesiae. La primera fórmula se refiere
a que el sacerdote representa a Cristo en el acontecimiento de la
celebración litúrgica. «La potestas del ministro es una diakonía,
como Cristo mismo enseña a los discípulos en el contexto de la
Última Cena».14 El ministro se convierte en pastor de la comunidad,
a imagen de Jesucristo Buen Pastor.
La imagen pastoral cede ante la imagen esponsal a la hora de
hablar de la actuación del ministro in nomine Ecclesiae: este actúa
siempre en servicio suyo. Sacerdocio ministerial y sacerdocio bau-
tismal se encuentran así compenetrados. «Las acciones litúrgicas
no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia»:15 este
es el resultado necesario de la acción ministerial. De este modo,
10 SC 22.
11 Concilio de Trento, Decretum de Sacramentis, can. 11.
12 Nota Gestis verbisque, núm. 19.
13 «La adaptación ha de tener en cuenta el hecho de que en la liturgia –y
particularmente en la sacramental– hay una parte inmutable, por ser de insti-
tución divina, de la cual es guardiana la Iglesia, y hay otras partes susceptibles
de cambios, para lo cual la Iglesia tiene el poder y, a veces, incluso el deber
de adaptar a las culturas de los pueblos evangelizados recientemente»: Juan
Pablo II, Carta Vicesimus quintus annus (4/XII/1988), núm. 16.
14 Nota Gestis verbisque, núm. 24.
15 SC 26.
phase 372 [Link] 229 07/06/2024 [Link]
230 Puntos de vista
«la auténtica ars celebrandi es la que respeta y exalta el primado
de Cristo y la actuosa participatio de toda la asamblea litúrgica».
La participación activa se convierte así en el buen resultado de
una ars celebrandi bien entendida: «La finalidad primordial del ars
celebrandi es facilitar la plena participación de la asamblea litúrgica
en el misterio de Cristo celebrado, meta de la reforma litúrgica».16
Con todo esto, se apela al sentido de la disciplina formado por R.
Guardini:
No se trata de tener que seguir un protocolo litúrgico: se trata más
bien de una «disciplina» que, si se observa con autenticidad, nos
forma: son gestos y palabras que ponen orden en nuestro mundo
interior, haciéndonos experimentar sentimientos, actitudes, compor-
tamientos. No son el enunciado de un ideal en el que inspirarnos,
sino una acción que implica al cuerpo en su totalidad, es decir, ser
unidad de alma y cuerpo.17
No hay que olvidar que el ars celebrandi tiene una dimensión inte-
rior precedente que configura la acción litúrgica, como recordaba
el cardenal Kasper:
El ars celebrandi del presbítero y la actuosa participatio de los creyentes
no se refieren primordialmente a actividades y gestos exteriores, a la
música popular, etc., sino que incluyen formas interiores de partici-
pación, actitudes de oración y meditación, momentos de silencio, etc.18
16 L. F. Álvarez González, «Fundamento teológico de la participación
litúrgica», en Phase 50 (2010) 397.
17 Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi, núm. 51. «La visión
de Guardini del ars celebrandi como “disciplina” o, mejor, “disciplina de la
inspiración” nos da garantías frente al riesgo de reducir el arte de celebrar
tanto a un esteticismo creativo fantasioso, arbitrario por subjetivo, como a una
observancia formal de normas que regulan el culto. Además, tal idea de «dis-
ciplina» está especificada, respecto a los ministros ordenados, por el propio
munus presidencial complejo papel de dirección que exige el conocimiento
de múltiples códigos de la gramática celebrativa»: M. Barba, «Ars celebrandi
y presidencia litúrgica», Phase 56 (2016) 249.
18 W. Kasper, La unidad en Jesucristo, Santander: Sal Terrae 2016, 714.
phase 372 [Link] 230 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 231
Las «sinceras motivaciones pastorales» que
subyacen en la aplicación
de la Nota «Gestis Verbisque»*
Giuseppe Midili
En su discurso de apertura del Concilio Vaticano II, Juan XXIII
esbozó un nuevo modo de considerar la pastoral, que «deja de
ser el indicativo de una praxis distinta de la comprensión de la
doctrina misma, para expresar la hermenéutica de la doctrina
como discurso dirigido al hombre en la historia».2 En la visión
del papa Roncalli, la connotación pastoral se inserta en el interior,
como exigencia intrínseca de la doctrina, de modo que su sustancia
está siempre presente en el tiempo; de este modo, la pastoral es
la hermenéutica histórica de la verdad cristiana. Toda la obra del
magisterio a lo largo de los siglos, de hecho, está siempre fuerte-
mente caracterizada por su naturaleza pastoral, a ella se dirige
y se manifiesta como fuerza motriz que determina su estilo, sus
modalidades y sus tiempos.
Los obispos del Vaticano II aceptaron el modo de concebir y vivir
la realidad eclesial propuesto de nuevo por el papa Roncalli y el
Concilio marcó un profundo cambio de rumbo; se consolidó la
conciencia de que todo acto que realiza la Iglesia es doctrinal y
pastoral y ambas dimensiones nunca están separadas.
Giuseppe Midili es sacerdote carmelita, doctor en liturgia, es profesor
del Pontificio Ateneo San Anselmo de Roma, director de la Oficina
de Liturgia de la diócesis de Roma y consultor de la Oficina de las
Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.
*
Traducción al castellano de Juan de Pablos Martín del texto original
italiano preparado por el autor para la revista Phase.
2 G. Ruggieri, «En los orígenes del Vaticano II. La intuición profética de
Juan XXIII», 84-85 [en línea], Associazione Italiana dei Professori di Storia della
Chiesa < [Link]
[Link]> [Consulta: abril 2024].
phase 372 [Link] 231 07/06/2024 [Link]
232 Puntos de vista
Se trata de una modalidad caracterizadora que parte de la voluntad
fundacional de Jesús: anunciar, acompañar, guiar, conducir son
todas formas que expresan la intención de caminar con la comu-
nidad, instruyéndola con un lenguaje, un estilo y unas formas
plenamente inteligibles. Incluso la metáfora del pastor –de la que
toma su origen la pastoral– es una de las más bellas del lenguaje
parabólico de Jesús. La Constitución Gaudium et spes –que es una
Constitución pastoral– es el texto que mejor encarna estos principios
teológicos en la experiencia eclesial, convirtiéndolos en un pro-
grama del camino eclesial; esta visión, profundamente arraigada
en la naturaleza y el estilo de la Iglesia desde el mandato de Jesús
a los apóstoles, ha caracterizado y realizado el postconcilio.
Una síntesis que reelabora esta reflexión sesenta años después y la
traslada al tercer milenio se encuentra, por ejemplo, en el discurso
del papa Francisco a la Pontificia Universidad Católica Argentina:
La teología que desarrollan ha de estar basada en la revelación, en
la tradición, pero también debe acompañar los procesos culturales
y sociales, especialmente las transiciones difíciles. […] No se confor-
men con una teología de despacho. Que el lugar de sus reflexiones
sean las fronteras. Y no caigan en la tentación de pintarlas, perfu-
marlas, acomodarlas un poco y domesticarlas. También los buenos
teólogos, como los buenos pastores, huelen a pueblo y a calle y, con
su reflexión, derraman ungüento y vino en las heridas de los hom-
bres. Que la teología sea expresión de una Iglesia que es «hospital de
campo», que vive su misión de salvación y curación en el mundo.3
El papa Francisco vuelve a proponer con diferentes categorías el
pensamiento de Juan XXIII, pero reitera que lo teológico o doctri-
nal y lo pastoral forman parte de un único camino de elaboración
teológica y de praxis de la acción eclesial.
En este contexto de búsqueda y puesta en práctica de «sinceras
motivaciones pastorales» (Gestis verbisque 3), debe leerse toda la
3 Francisco, «Carta al Gran Canciller de la Pontificia Universidad Cató-
lica Argentina en el centenario de la Facultad de Teología (3 de marzo de
2015)» [en línea], Santa Sede <[Link]
es/letters/2015/documents/papa-francesco_20150303_lettera-universita-
cattolica> [Consulta: abril 2024].
phase 372 [Link] 232 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 233
reflexión postconciliar del magisterio y, por tanto, también la Nota
Gestis verbisque sobre la validez de los sacramentos, emitida por el
Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En la carta de presentación,
firmada por el cardenal prefecto V. M. Fernández, se afirma que
la nota no «trata de una cuestión meramente técnica o incluso
rigorista», sino que es una llamada a «un «cuidado especial» en la
administración [de los sacramentos]». En otras palabras, el tema
puede situarse en el ámbito de la celebración, es decir, de la teolo-
gía y la pastoral, que son los pilares de toda la reforma litúrgica. Y
continúa el camino del cuidado del arte de celebrar, que impulsó
a los Padres conciliares a iniciar una reflexión sobre la teología
litúrgica y la pastoral.
1. Comprender el misterio de la fe a través de rituales y
oraciones
La Constitución litúrgica conciliar subyace en todo el texto de la
Nota y, citada en algunos pasajes, con sus principios e indicaciones
constituye la columna vertebral teológica que sostiene la estructura
del nuevo documento. En el número 1 de Gestis verbisque se dice
que «los sacramentos son acciones que actualizan, por medio de
signos sensibles, la experiencia viva del misterio de la salvación,
haciendo posible la participación de los seres humanos en la vida
divina». El texto del que se hace eco es Sacrosanctum Concilium 48,
donde, hablando de la Eucaristía, se dice que el misterio de la fe
se comprende mediante ritos y oraciones (las traducciones a veces
tergiversan el sentido del texto latino: «Itaque Ecclesia sollicitas curas
eo intendit ne christifideles huic fidei mysterio tamquam extranei vel
muti spectatores intersint, sed per ritus et preces id bene intellegentes»).
Además, la misma Constitución sobre la liturgia, en el número 59,
explica que todos los sacramentos santifican a la comunidad, edifi-
can el cuerpo de Cristo, rinden culto a Dios y, como signos, tienen
la función de instruir. Toda celebración sacramental, con su acción
simbólica y ritual, anuncia lo que la Iglesia cree: cambiar uno de los
signos, cambiar una de las palabras condiciona y compromete la
acción de la Iglesia, que está llamada a hacer visible en la liturgia
lo que ha recibido y cree por la fe. La acción simbólica, por ser «el
phase 372 [Link] 233 07/06/2024 [Link]
234 Puntos de vista
rasgo esencial del acto litúrgico-sacramental» (Gestis verbisque 3),
no puede estar sometida a ninguna presunta motivación pastoral
(cf. Gestis verbisque 3), la cual –a la luz de la reflexión del magis-
terio antes referida– no existiría ni podría existir divorciada de la
dimensión doctrinal de la acción eclesial. Es evidente, por tanto,
que los signos y las palabras sacramentales no son elementos
intercambiables con otros, modificables, sustituibles, porque la
Iglesia reconoce en los gestos sacramentales los mismos gestos
salvíficos que Jesús le confió y que está llamada a custodiar (cf.
Gestis verbisque 11). En efecto, la praxis celebrativa expresa lo que
la Iglesia ha recibido y cree, es más, precisamente a través de esa
praxis proclama per ritus et preces lo que cree.4 En efecto, legame
credendi lex statuat supplicandi y la lex celebrativa custodia id quod
ecclesia credit, lo anuncia y lo transmite. Los sacramentos no solo
suplican la fe, sino que con palabras y actos rituales la alimentan,
la fortalecen, la expresan (SC 59). Lex credendi y lex orandi son, por
tanto, inseparables e interdependientes, y los ritos, las palabras
sacramentales y los gestos son parte integrante de la lex orandi,
es decir, de todo lo que la Iglesia hace para poner en práctica en
el memorial eucarístico y en todos los sacramentos el misterio
pascual de Cristo. En efecto, «la fuerza santificadora del Espíritu
Santo actúa en los fieles mediante los signos sacramentales» (Gestis
verbisque 8).
2. La teología litúrgica es pastoral
A la luz de lo dicho hasta ahora, las supuestas motivaciones pas-
torales tras las que a veces se escudan algunos para modificar las
fórmulas y ritos esenciales de los sacramentos, no pueden consi-
derarse realmente como tales, porque –retomando el pensamiento
del papa Juan XXIII y del Concilio– no hay pastoral divorciada
de la doctrina (cf. Gestis verbisque 3). El nuevo modo de entender
la pastoral adoptado por el Concilio ha arrojado nueva luz sobre
4 Prospero de Aquitania, Praeteritorum Sedis Apostolicae episcoporum auc-
toritates de gratia Dei et libero voluntatis arbitrio VIII: PL 50, 535; 51, 201-20, 209).
Cf. P. De Clerck, «Lex orandi, lex credendi. Sens originel et avatars historiques
d’une adage équivoque», QLi 59 (1978) 193-212.
phase 372 [Link] 234 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 235
la praxis litúrgica y sobre la misma teología, que ya no puede
presentarse como teología sin ser también pastoral. Por tanto, la
pastoral interfiere siempre en el discurso teológico, que solo habla
de Dios en la medida en que Dios habla al hombre.5 Ha obligado a
la teología a prestar una atención renovada a las mediaciones de la
salvación, de las que la liturgia es una epifanía singular.
Reconsiderando el contexto en el que se preparó la reforma y,
por tanto, el movimiento litúrgico en particular, se puede ver
que la dimensión pastoral fue uno de los temas principales. En
el Congreso Internacional de Pastoral Litúrgica de Asís (1956),
J.A. Jungmann pronunció una conferencia titulada La pastoral,
clave de la historia litúrgica6 en la que, analizando el desarrollo de
la liturgia y la multiplicidad de formas, planteaba esta pregunta:
¿Según qué criterios se crearon estas formas? ¿Dónde encontrar
la clave del secreto de tantas palabras, lecturas, cantos, oraciones,
movimientos, ceremonias, cuya variedad y riqueza nos resultan
hoy a menudo un enigma? Sobre todo, ¿por qué esta multiplicidad
de formas? Propuso una aclaración: la respuesta a estas preguntas
se encuentra en la preocupación del ministerio eclesiástico por
la Iglesia, por la totalidad de los fieles, por la plebs sancta, que
bajo la dirección de sus pastores debe ya en este mundo ofrecer
a Dios en la oración y el sacrificio un culto digno, por el que ella
misma se santifica. Esta preocupación fue decisiva en la creación
de las formas de culto. Las formas sacramentales, por tanto, son
fruto de una auténtica y real preocupación pastoral. Todo cambio
introducido en la praxis celebrativa, en lugar de adaptar el rito a
las supuestas necesidades del pueblo, priva a la comunidad de la
riqueza y de la sabiduría teológica contenidas en la eucología y
en la praxis. La reflexión teórico-práctica sobre la relación entre
liturgia y pastoral, iniciada con el movimiento litúrgico, ha sabido
extraer lecciones significativas de la historia más antigua de la
Iglesia, haciendo cada vez más clara la doble convicción de que la
5 R. Tagliaferri, «“Quale modello di pastorale liturgia emerge dal Con-
cilio?”. Riflessione di “ermeneutica» conciliare», Rivista Liturgica 79 (1992) 37.
6 Cf. J. A. Jungmann, «Pastoral e historia de la liturgia», en J.A. Jungmann,
Herencia litúrgica y actualidad pastoral, San Sebastián: Dinor 1961, pp. 450-464.
phase 372 [Link] 235 07/06/2024 [Link]
236 Puntos de vista
liturgia misma debe ser pastoral y de que ella, de algún modo se
adapte a las necesidades de la comunidad, exige siempre un cuidado
pastoral, antes, durante y después de su celebración.7 Este cuidado
no consiste en modificar las formas establecidas por la Iglesia, sino
en potenciar la liturgia como lugar privilegiado del encuentro con
el Señor que otorga su gracia y que, a través de la Iglesia, alimenta
y fortalece la fe (cf. Gestis verbisque 8). Las palabras, los actos, los
gestos son la forma en que se celebra (es decir, se hace accesible)
el misterio pascual en el modo ritual que la Iglesia establece (cf.
Dd 23) y se nos garantiza la posibilidad de encontrar al Señor y ser
alcanzados por la fuerza de su Pascua (cf. Dd 11).
3. La formación de los pastores y de los fieles
Algunos pastores plenamente dedicados al anuncio del Evangelio,
fieles a la misión de la Iglesia, se engañan a veces pensando que es
necesario introducir una serie de cambios arbitrarios en los ritos y
fórmulas de la Iglesia, convencidos de que así se harán más ade-
cuados al sentir de la comunidad y más comprensibles para los
fieles. Aunque se ha reflexionado largamente sobre el tema de la
formación litúrgica de los futuros presbíteros y de las comunidades
eclesiales desde el Concilio hasta nuestros días, hay que admitir
con cierta inquietud que un itinerario que profundice en el sentido
teológico de la celebración está a menudo todavía por implementar
en el currículum teológico. La verdadera causa de los cambios en
las fórmulas proviene de «una laguna formativa, especialmente
en lo que se refiere a la conciencia del valor de la acción simbólica,
rasgo esencial del acto litúrgico-sacramental» (Gestis verbisque 3),
pero también del intento de fomentar una actuosa participatio de
los fieles o de aumentar la comprensión de lo que se celebra. De
hecho, puede suceder que el presbítero perciba una cierta fatiga
por parte de la asamblea litúrgica para participar en la liturgia y
vivir los signos con los que esta es rica, pero sin poder abordar
y resolver esta dificultad por parte de los fieles y arriesgándose
7 D. Sartore, «Concetto di pastorale liturgica. Riflessione epistemologica
a partire dal dibattito contemporaneo», RivL 79 (1992) 10.
phase 372 [Link] 236 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 237
a intentar soluciones que agoten el rito, su fuerza simbólica, su
régimen de signos y gestos, su lenguaje propio.
Los cursos de introducción a la liturgia y los sacramentos –debido
también al limitado número de horas disponibles– ofrecen en
general una buena visión teológica, pero todavía hay que hacer
la transición de la teología a la práctica de la celebración. Aunque
los principios fundamentales están claros para los estudiantes de
teología que se preparan para la ordenación, existe cierta dificultad
para llevar a cabo el ministerio de la presidencia, de modo que los
ritos expresen verdaderamente las realidades santas que significan
y producen (SC 21). Sería deseable enseñar a los futuros pastores
no solo la teología y el desarrollo ritual, sino el arte de presidir (que
también se menciona en Gestis verbisque 26), que no puede reducirse
a una mera ejecución de la rúbrica o a la pronunciación de fórmulas
eucarísticas. Quien preside debe hacer que la asamblea exprese
su fe a través de los signos y las palabras de la liturgia y entre en
comunión con las realidades santas que estos significan y de las
que habla la Constitución litúrgica. Ni una escuela de rúbricas ni
una sólida formación teológica bastan para hacer a un presbítero
capaz de presidir la acción cultual. Lo que se necesita es una toma
de conciencia de las potencialidades y de los riesgos de presidir,
para una auténtica pedagogía de los ritos sagrados (como la definió
Pablo VI al dirigirse al Consilium el 29 de octubre de 1964), que sigue
siendo uno de los objetivos de la aplicación de la reforma litúrgica.
Esto puede hacerse en un aprendizaje durante el cual se puede
simular la presidencia y –bajo la guía de expertos también en las
diversas artes, desde la dicción a la antropología, pasando por la
semiótica, además de profesores del ciclo teológico– aprender el
arte de acompañar al pueblo al encuentro con el Señor Jesús, que
tiene lugar en la liturgia. En efecto, el complejo régimen de signos,
ritos y palabras que caracteriza la vida de oración de la Iglesia
puede verse frustrado por una excesiva superficialidad, rigidez
e incluso dejadez y proximidad: es necesario, por tanto, que la
liturgia se estudie no solo bajo los aspectos teológico, dogmático y
ritual, sino que se aprenda a presidirla como auténtica escuela de
piedad, verdad y fe para el pueblo cristiano, como explicó Pablo
VI al Consilium (29 de octubre de 1964).
phase 372 [Link] 237 07/06/2024 [Link]
238 Puntos de vista
La formación del clero, como bien explica Sacrosanctum Concilium
14, es el requisito previo indispensable para una auténtica forma-
ción y participación de los fieles. En efecto, para responder a sus
necesidades, conviene continuar con una auténtica formación
para la liturgia, minuciosa, metódica, constante, que prepare a
todos a vivir la experiencia celebrativa y proponga un itinerario
mistagógico, que ayude a contemplar lo celebrado. Solo una acción
sinérgica, de presbíteros y pueblo, puede acompañar el camino de
maduración y crecimiento en la fe. Es evidente que los itinerarios
de iniciación cristiana, basados en un método más didáctico que
experiencial, no cumplen eficazmente esta tarea, y las comuni-
dades se alejan de hecho de la experiencia celebrativa, porque la
perciben lejana a su sensibilidad, poco atractiva y en algunos casos
incluso aburrida. En algunos contextos eclesiales han surgido
nuevas formas de preparación a la liturgia, que deberían fomen-
tarse: escuelas parroquiales de formación, semanas de espiritua-
lidad litúrgica, seminarios de profundización, cursos de praxis
celebrativa, abiertos también a quienes ejercen ministerios. Todo
esto debería repetirse a lo largo de los años, de modo sistemático,
en cada parroquia y realidad eclesial, para favorecer un auténtico
camino espiritual que se alimente en la fuente de la liturgia y ayude
a los fieles a familiarizarse cada vez más con la oración de la Iglesia.
Por último, también será oportuno favorecer, allí donde todavía
no exista, el desarrollo de una comisión litúrgica diocesana y de
un equipo litúrgico parroquial, para ayudar a los sacerdotes en la
obra de evangelización a través de la liturgia (cf. EG 24).
4. Cuidado y respeto de toda la celebración
Por último, parece oportuno señalar que los elementos materiales
y los gestos con los que se celebra la liturgia deben ser cuidados
con especial esmero, no solo en referencia a la validez de los sacra-
mentos, sino también para que de ellos emane toda la gracia que
contienen. En efecto, para ser fiel al estatuto de la creación, Dios
llega a la humanidad a través de signos sensibles, que tienen su
propia conmoción natural y su modo ritual de ejecución. Celebrar
el bautismo sin agua corriente, sin pila bautismal, en una pequeña
phase 372 [Link] 238 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 239
jofaina, encender una vela que no sea de cera significa empobrecer
el camino simbólico; del mismo modo, cuando el aceite del crisma
no es visible, sino que se presenta en un recipiente metálico opaco,
el incienso no es natural, el sonido de las campanas es producido
por un disco, como el sonido del órgano, se cuela en la comunidad
una percepción de ficción que aleja la liturgia de lo sensible y la
asimila a lo ficticio. Incluso en la Eucaristía, utilizar hostias muy
finas, no administrar nunca la comunión bajo las dos especies, no
consagrar el pan para los fieles en cada celebración, sino tomarlo
siempre de la reserva del sagrario, no componer las oraciones de los
fieles, sino leerlas a partir de ayudas preconfeccionadas, degrada
el sentido pleno de la celebración, empobrece la experiencia de la
participación y menoscaba su dignidad. La verdad de los signos,
largamente discutida en el postconcilio, debe ser una de las priori-
dades a las que debemos dedicar nuestras energías para una buena
pastoral litúrgica, que acompañe verdaderamente a pastores y
fieles al encuentro con el Señor crucificado y resucitado.
5. Observaciones finales
Aunque el documento haya sido creado para tratar casos de
sacramentos inválidos o de cambios de forma y materia, puede
ser ciertamente una ocasión para exhortar a todos, presbíteros
y comunidades, a vivir la liturgia en un clima de fidelidad a los
nuevos ordines (cf. Spiritus et sponsa 8). De hecho, algunas situa-
ciones se abordarán combinando una sólida formación teológica
con una praxis celebrativa renovada, que vea en la liturgia no la
mera ejecución de un rito y unas rúbricas, sino la respuesta de la
Iglesia a la invitación de Jesús: «Haced esto en memoria mía». Así,
desde el camino de la iniciación cristiana y del proceso formativo
de preparación al presbiterado, se aprenderá que gestos, palabras
y signos han sido indicados por el Maestro y acogidos por la Iglesia
para acompañar a cada persona a responder a la invitación del
Padre, que convoca a sus hijos. Este es el desafío actual de la pas-
toral litúrgica, que toca el estilo celebrativo, pero necesariamente
también el itinerario de la iniciación cristiana.
phase 372 [Link] 239 07/06/2024 [Link]
240 Puntos de vista
Entrevista con Mons. Maurizio Barba
sobre la reciente Nota del Dicasterio para
la Doctrina de la Fe, «Gestis verbisque»*
El sábado 3 de febrero, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe hizo
pública una nota titulada Gestis verbisque sobre la validez de los
sacramentos. Esta Nota pone de relieve que las fórmulas y los
elementos materiales que forman el núcleo de los sacramentos
son inamovibles y que cualquier cambio realizado en nombre de
la creatividad invalida el sacramento, negando su existencia.
Ofrecemos una entrevista a Mons. Maurizio Barba, oficial de
este Dicasterio y secretario adjunto de la Comisión Teológica
Internacional, para adentrarnos en el contenido de esta Nota y
comprenderla mejor.
¿Por qué era necesaria una nota para reiterar la necesidad de no
cambiar la forma de un sacramento?
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe, además de promover la
doctrina de la fe y de las costumbres, tiene la tarea de salvaguardar
la santidad de los sacramentos para preservar el don de la salvación
que Dios ofrece hoy a los hombres en la Iglesia mediante gestos y
palabras. Los sacramentos son el tesoro más precioso que Cristo
ha confiado a su Iglesia en su camino a través de la historia, porque
en el corazón de la vida sacramental están los misterios de la vida
de Cristo, que forman el fundamento de lo que él dispensa en los
sacramentos a través de los ministros de la Iglesia.
En los últimos años, el Dicasterio se ha ocupado de bastantes casos
relacionados con el modo de celebrar los sacramentos, en los que
se ha alterado la fórmula sacramental establecida por la Iglesia,
provocando confusión entre los fieles y perjudicando, sobre todo
* Traducción de José A. Goñi del texto original en italiano [en línea]
<[Link]
barba-i-sacramenti-sono-il-tesoro-piu-prezioso-della-chiesa-ma-dio-non-
lascia-mai-chi-lo-desidera/> [Consulta: febrero de 2024].
phase 372 [Link] 240 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 241
a algunos, que se han visto obligados a repetir el sacramento de
forma absoluta. Se trata, por tanto, de casos concretos en los que
la falta de respeto a la integridad del sacramento ha provocado su
invalidez, por lo que era necesaria una intervención, urgida por los
miembros del Dicasterio, para reafirmar la necesidad de atenerse
a lo establecido por la Iglesia en materia sacramental, con el fin
de sustraer la cuestión a interpretaciones y prácticas desviadas.
La nota, por tanto, al tiempo que por una parte salvaguarda la
santidad de los sacramentos de la arbitrariedad no regulada de
quienes los administran, por otra, ampara a los fieles que tienen
todo el derecho a recibir los sacramentos tal como la Iglesia ha
establecido y prescrito en los libros litúrgicos. Al mismo tiempo
que garantiza las condiciones de validez desde un punto de vista
teológico y jurídico, invita a reflexionar sobre el contexto de fe que
debe subyacer a la exigencia de los sacramentos y a su eficacia
pastoral.
¿Por qué se dan casos en los que un sacramento es modificado
por el celebrante?
El criterio de fidelidad a las fórmulas establecidas por la Iglesia
debe ir acompañado del de responsabilidad por parte de quienes
están llamados a presidir las celebraciones sacramentales. Los
abusos en el campo litúrgico tienen su raíz en un falso concepto
de libertad, en un uso distorsionado de los espacios de adaptación
que la propia liturgia proporciona, en una búsqueda desmesu-
rada de la novedad a toda costa. La nota precisa que en algunos
casos «se puede constatar la buena fe de algunos ministros que,
inadvertidamente o movidos por sinceros motivos pastorales,
celebran los sacramentos modificando las fórmulas y los ritos
esenciales establecidos por la Iglesia, quizá para hacerlos, a
su juicio, más adecuados y comprensibles. Con frecuencia, sin
embargo, el recurso a la motivación pastoral enmascara, incluso
inconscientemente, una deriva subjetivista y una voluntad mani-
puladora» (núm. 3).
La dimensión mistérica de la liturgia, que conecta directamente
la Iglesia y las celebraciones sacramentales con el acontecimiento
phase 372 [Link] 241 07/06/2024 [Link]
242 Puntos de vista
salvífico de Cristo, exige una actitud de fidelidad a lo que en la
celebración sacramental está establecido y, por tanto, no está
sujeto a cambio o mutabilidad, y a lo que en la liturgia es norma
válida, como signo de reconocimiento de una celebración como
«liturgia de la Iglesia» y no como práctica privada de un sacer-
dote particular.
Hoy asistimos a una lenta pero importante crisis de fe, cuyas
implicaciones se reflejan también en la liturgia. ¿Existe alguna
relación?
La transmisión de la fe no es una cuestión de doctrina que hay
que comunicar, sino de un encuentro que hay que favorecer, el
encuentro con Cristo resucitado, que tiene lugar sobre todo en
los sacramentos. La Comisión Teológica Internacional, en su
documento La reciprocidad entre fe y sacramentos en la economía
sacramental, aclaró que: «Puesto que los sacramentos, por la
acción del Espíritu, hacen posible hoy una relación personal
con el Señor muerto y resucitado, carecen de sentido sin esta
relación, que se resume en la palabra “fe”» (núm. 38). Hoy, por
tanto, no solo hay una crisis de fe, sino también un cambio en
la comprensión y la práctica sacramental. Los sacramentos se
entienden a la luz de la Pascua y solo tienen sentido cuando se
reconoce, como hizo san Pedro, que «no hay salvación en ningún
otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre
por el que debamos salvarnos» (Hch 4,12). En la celebración de
los sacramentos estamos, por así decirlo, inmersos en una relación
contemporánea con el acontecimiento pascual de la muerte y
resurrección de Cristo, del que brota el don de la salvación para
el creyente. Lo que Cristo realizó de una vez por todas en su obra
redentora, la liturgia lo manifiesta, actualiza y comunica a través
de los signos sacramentales. En los sacramentos es Cristo quien
se hace presente y en ellos se realiza la experiencia exaltante
del encuentro. De ello era consciente el santo obispo de Milán,
Ambrosio, cuando exclamaba: «No por espejos, ni por enigmas,
sino cara a cara te me has mostrado, oh Cristo, y en tus sacramen-
tos te encuentro». Varias veces el papa Francisco ha reafirmado
el valor de los sacramentos como lugar de encuentro con Cristo,
phase 372 [Link] 242 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 243
exhortándonos a hacer de esta relación divina un don para los
demás, precisamente porque toda relación con Cristo, a través
de la cual se experimenta su íntima cercanía y la eficacia de su
presencia, impulsa siempre a la misión, a salir para comunicar
a los demás la salvación que se ha podido ver, tocar, encontrar y
acoger. En este sentido, los sacramentos son acciones divinas que
hacen del hombre un cristiano y del cristiano un testigo de la fe.
Utilizando una terminología bien conocida, ¿podemos decir
que hoy la «liquidez» y la «fluidez» de los tiempos modernos se
han introducido también en las celebraciones sacramentales de
nuestras comunidades eclesiales?
La disminución del número de fieles que participan en las cele-
braciones dominicales, así como la ausencia de los jóvenes en
particular en las liturgias parroquiales, es un signo de malestar
generalizado, que pone de relieve, entre otras cosas, la aridez de
la experiencia de celebrar, una evidente desafección hacia celebra-
ciones percibidas, a menudo, como anestésicas y anafestivas, y una
sintomática pérdida del sentido teológico, espiritual y pastoral de
las celebraciones, que las ha convertido en algo sin sentido y nada
evangelizador. El papa Francisco ha estigmatizado ciertas derivas
teológicas y pastorales, retornadas del pasado en la cultura actual
bajo otras formas, pero con la misma fuerza destructiva, que se
han colado también en la liturgia, y ha exhortado a salvaguardar
la liturgia de ser instrumentalizada al servicio de alguna visión
ideológica. Se trata de derivas peligrosas que socavan la verdad de
la celebración y la belleza del encuentro transformador con Cristo.
En concreto, esto significa que la liturgia no puede modelarse
según gustos y tendencias subjetivas que llegan a perder de vista
el principio fundamental del bien de los fieles y de la salvación de
las almas. La acción litúrgica no debe construirse sobre el culto a
la emoción personal o sobre el subjetivismo encarnado en el prota-
gonismo de unos pocos que presiden las celebraciones, sino sobre
el diálogo enriquecedor y exaltador entre Dios y su pueblo. El flujo
de la gracia divina no puede ser obstruido por una creatividad
que, a menudo, hace que las celebraciones caigan en excesos de
rubricismo y minimalismo.
phase 372 [Link] 243 07/06/2024 [Link]
244 Puntos de vista
¿Por qué hablamos de materia y forma dentro de un sacramento?
Todo sacramento se caracteriza por una materia y una forma
sacramental esencial, un conjunto de actos y oraciones visibles y
materiales pronunciados por el ministro, que es condición nece-
saria para la validez del sacramento.
San León Magno, en uno de sus sermones sobre la Ascensión,
escribe: «Lo que [...] era visible en nuestro Salvador ha pasado
a sus sacramentos». Esto significa que los sacramentos son la
continuación visible en el tiempo de nuestro Salvador, que con su
ascensión al cielo se hizo invisible a los hombres. Los sacramentos
son, pues, por así decirlo, las acciones visibles del Señor, que sigue
actuando en su Iglesia y en el corazón de los creyentes.
Se hace visible a través de la materia, la forma y el ministro, una
fórmula clásica comúnmente expresada en la teología católica. Si
bien es cierto que la comunicación interpersonal entre los hombres
se realiza normalmente a través de tres elementos, a saber, la persona
presente con su cuerpo; los gestos que hace y las cosas que utiliza
para comunicarse; y las palabras con las que determina el sentido
preciso de sus gestos o el significado de las cosas con las que se
comunica, también es cierto que, en los sacramentos, el ministro es el
que ocupa el lugar de Cristo para realizar sus acciones salvíficas, la
materia son los gestos litúrgicos y las cosas sagradas que se utilizan
para comunicar la gracia divina, la forma son las propias palabras
que definen el significado preciso de los gestos y la materia utiliza-
dos en los sacramentos. Palabra y materia se unen en el sacramento:
la palabra da forma a la materia y la materia concreta la palabra.
¿Cuál es la diferencia entre legalidad y validez?
Entramos aquí en un campo terminológico marcadamente jurídico
y moral. Cuando hablamos de validez de los sacramentos, nos
referimos a una celebración sacramental realizada respetando
fielmente todos sus elementos necesarios y esenciales, es decir, la
materia, la forma y la intención del ministro. Cuando hablamos de
licitud, nos referimos al rito litúrgico celebrado según lo estable-
cido por la Iglesia en los libros litúrgicos. Además, en la cuestión
phase 372 [Link] 244 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 245
de los sacramentos, el magisterio distingue entre modificaciones
sustanciales, que afectan al significado original del sacramento y,
por tanto, lo hacen inválido, y modificaciones accidentales que,
aunque no alteren su significado, pueden hacerlo ilícito.
A este respecto, el documento de la Doctrina de la Fe recuerda, en
la nota 31, «que toda modificación de la fórmula de un sacramento
es siempre un acto gravemente ilícito. Aun cuando se considere
que una pequeña modificación no altera el sentido original de
un sacramento y, en consecuencia, no lo invalida, sigue siendo
siempre ilícita».
¿Insistir en la validez del sacramento no conduce a amortiguar
su eficacia?
La Nota, a la vez que considera los sacramentos dentro de la
celebración litúrgica, en la cual y de la cual derivan su valor y
significado, evalúa también los ámbitos de posibles modificacio-
nes de su forma o materia que, «por su arraigo en la Escritura y
en la tradición, nunca han dependido ni pueden depender de la
voluntad del individuo o de la comunidad individual» (núm. 15).
Es evidente que en la experiencia cristiana no basta con recibir váli-
damente los sacramentos, sino que estos deben estar vinculados
a la vida concreta del creyente para dar fruto. El acontecimiento
sacramental no debe entenderse y comprenderse como un hecho
por encima o al lado de los acontecimientos humanos, sino dentro
de la vida y la historia humanas, siendo portador de una gracia
que trasciende a ambas.
Como escribió Charles Péguy: «De todos los malos usos que se
pueden hacer de la oración y de los sacramentos, de todos los
abusos, de todas las perversiones de la oración y de los sacramen-
tos, no hay ninguno tan detestable como la pereza, que consiste en
no actuar, en no trabajar después, durante y antes de que se hagan».
En otras palabras, la Comisión Teológica Internacional, en su
documento La reciprocidad de la fe y los sacramentos en la economía
sacramental, hizo explícito que: «La recepción de los sacramentos
puede ser válida o inválida, fructuosa o infructuosa. Para una
phase 372 [Link] 245 07/06/2024 [Link]
246 Puntos de vista
disposición adecuada no basta con no contradecir ni exterior ni
interiormente lo que el sacramento significa. En este sentido, una
recepción válida no implica automáticamente una recepción fruc-
tífera del sacramento. Para ello se requiere una intención positiva.
En otras palabras, el destinatario debe creer, tanto en el contenido
(fides quae) como existencialmente (fides qua), aquello que Cristo
le dona sacramentalmente por mediación de la Iglesia» (núm. 68).
¿Qué ocurre si uno ha recibido un sacramento inválido y no es
consciente de ello?
El dicho popular «los caminos del Señor son infinitos» no es solo
un eslogan que invita a no rendirse ante las dificultades de la vida,
sino que dice una verdad importante en el contexto de la economía
sacramental: los caminos de Dios no coinciden en todo con los de
los hombres. Las posibilidades de Dios son, sin duda, mayores
que las de su Iglesia.
Según el Catecismo de la Iglesia Católica, «la Iglesia afirma que para
los creyentes los sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios
para la salvación» (núm. 1129). Sin embargo, esta necesidad nunca
ha significado para la Iglesia que Dios haya vinculado absoluta-
mente el don de su gracia a los sacramentos.
Este principio, común en la teología medieval, remite a la concien-
cia de la Iglesia primitiva de que, junto a la certeza sobre la necesi-
dad del bautismo, existía también la persuasión de que el martirio
o una vida sinceramente animada por la búsqueda del bien podían
constituir una vía de salvación para quienes no habían podido
recibir el bautismo por causas ajenas a su voluntad. Al respecto,
téngase en cuenta el llamado «bautismo de deseo», que se concede
a aquella persona que, habiendo dado expresamente prueba de un
testimonio de fe veraz y auténtico, así como del deseo de recibir
la salvación divina mediante el sacramento del bautismo, muere
antes de poder recibir efectivamente el sacramento. Son ejemplos
tomados de la rica tradición cristiana que llevan a reconocer que,
si bien el modo ordinario por el que nos llega la gracia de la Pascua
es, indudablemente, a través de los sacramentos, sin embargo, Dios
no deja a quienes lo desean sin el don de su presencia salvadora.
phase 372 [Link] 246 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 247
El canon tridentino
y la incomprensión de los sacramentos.
Carta abierta al Card. Fernández
sobre el «trabajo de curia» en torno
a los sacramentos*
Andrea Grillo
Estimado Sr. Cardenal
Eminencia Víctor Manuel Fernández,
Las recientes polémicas en torno a la Nota Gestis verbisque, publi-
cada por el Dicasterio que usted preside, manifiestan un profundo
malestar con un modo de identificar el sacramento y su significado
que podríamos definir como fruto del «canon tridentino». Se trata
de una «regla» de pensamiento y de praxis, que se estableció con
el Concilio de Trento, basada en el pensamiento medieval, y que
permaneció esencialmente incontestada hasta el Concilio Vaticano
II, y que después de la reforma litúrgica se convirtió en una dis-
tracción de la realidad y causó vergüenza a muchos fieles. Quisiera
intentar mostrar cómo se concibe esta forma de «pensar/actuar»
sobre los sacramentos, y qué consecuencias tiene también para
nuestro discurso general sobre la «fórmula de los sacramentos».
El Ritual Romano de 1614 y la gran división
Quiero empezar con un texto que no se cita mucho, pero que
«ordena» muchas de las cosas que seguimos diciendo y haciendo
hoy en torno a los sacramentos y, en particular, en torno al bau-
tismo. El Ritual Romano de 1614, fruto del Concilio de Trento,
introduce en sus primeras páginas una distinción que resultó
decisiva en los siglos siguientes. Al comienzo mismo del texto
*
Traducción de Juan de Pablos Martín del texto original italiano publicado
[en línea] <[Link]
tino-e-la-incomprensione-dei-sacramenti-lettera-aperta-al-card-fernandez-
sul-lavoro-di-curia-intorno-ai-sacramenti/> [Consulta: febrero 2024].
phase 372 [Link] 247 07/06/2024 [Link]
248 Puntos de vista
dedicado al bautismo, el Ritual incorpora y perpetúa una distinción
fundamental, que presenta con estas palabras:
Para administrar este sacramento algunas cosas son de derecho
divino absolutamente necesarias (como la forma, la materia y el
ministro), mientras que otras solo están en función de la solemnidad,
como los ritos y las ceremonias…
Esta distinción, de origen escolástico y tomista, divide la realidad
del bautismo, y de todos los demás sacramentos, en dos partes,
que llegan a ser casi autónomas: por una parte, el «núcleo de con-
tenido necesario» y, por otra, la «articulación ritual y ceremonial».
La mentalidad eclesial, el modo de celebrar, la manera de pensar e
impartir el Catecismo, la formación de los sacerdotes, la forma de
los baptisterios, confesionarios e iglesias dependen en gran medida
de esta «gran división». Incluso el reparto de competencias en la
Curia romana está profundamente influido por esta forma mentis.
Así, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe se ocupa de las «fór-
mulas» de la «materia» y de los «ministros» (de la ley divina, en
definitiva), mientras que los ritos y ceremonias tienen como punto
de referencia el Dicasterio para el Culto Divino (y se consideran
de menor importancia).
La escisión entre necesidad y solemnidad después de «Sacro-
sanctum Concilium»
La distinción escolástica, que se convirtió en el «criterio» del Ritual
de 1614, se convirtió, sin embargo, con el tiempo, en una especie
de «escisión» de la experiencia. Así lo advirtieron los primeros
grandes «liturgistas» del siglo xix: Rosmini en Italia y Guéranger
en Francia habían percibido esta fractura interna de la experiencia
creyente y eclesial. Un siglo más tarde, a principios del siglo xx, R.
Guardini consideró, como un profeta, esta fractura entre «forma» y
«contenido» como lo que el nuevo saber litúrgico debía superar. E
inauguró la gran búsqueda de la teología litúrgica que J. Ratzinger
definió más tarde con una expresión muy eficaz: «La noción de
forma había cambiado». Si tradujéramos esta formulación icástica,
tendríamos que decir que el significado teológico del sacramento
no reside simplemente en la unión de fórmula, materia y ministro.
phase 372 [Link] 248 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 249
Per ritus et preces se convierte en una definición del sacramento,
no simplemente en una descripción ceremonial del mismo. Para
decir «qué es el sacramento» ya no basta la tríada fórmula/mate-
ria/ministro.
El sacramento: todo lo verbal y todo lo no verbal
Esta evolución ha modificado las categorías con las que la Iglesia
actual razona y celebra (pero no la curia romana). Por eso, «aislar»
la fórmula de todo el contexto ritual se convierte en una operación
ciertamente siempre posible, incluso oportuna cuando hay pro-
blemas, abusos o distorsiones, pero que inevitablemente parece
demasiado unilateral e injusta (me atrevería a decir «inmoral»)
cuando uno se permite la hipótesis de que «solo la fórmula» es
capaz de sostener la experiencia que está en juego en el sacramento.
Que «solo Cristo» esté mediado por «solo la fórmula» es una teoría
demasiado débil, tanto teológica como jurídicamente. Pero, quiero
repetirlo, esto se ha convertido en «institucional» en el momento
en que del mismo sacramento un Dicasterio se ocupa solo de los
«contenidos de la fe» y otro solo de «las formas rituales». Esta
división de competencias, que implica una «mirada selectiva» y
una «indiferencia de oficio», va por detrás del dictado del Concilio
y de la experiencia de la Iglesia con la liturgia tras la reforma litúr-
gica. Junto a las «palabras de la fórmula» –en el bautismo como en
cualquier otro sacramento– están todas las demás palabras (de la
Escritura proclamada, de la oración común, de la homilía...) y están
todos los lenguajes no verbales, en los que todo ritual sacramental
es rico. Pensemos en lo diferente que es pensar la «fórmula» en la
celebración de un bautismo de 15 minutos un sábado por la tarde,
o en el corazón de la Vigilia Pascual, después de un catecumenado
de tres años. Aquí, la indiferencia ante el contexto se convierte en
el riesgo de fuertes malentendidos y de hablar en círculos.
¿Todas las palabras precisas y una gota de agua?
Quisiera añadir otra consideración. Respetar la «fórmula tradicio-
nal» será tanto más fácil cuando sepamos contemplar el «fenómeno
del bautismo» de manera más amplia y articulada. Quizá una cierta
phase 372 [Link] 249 07/06/2024 [Link]
250 Puntos de vista
«obstinación» en querer adaptar la fórmula a nuevas circunstancias
o sensibilidades pueda depender precisamente de este punto de
vista nuestro, distorsionado y común. Es decir, en querer concen-
trar todo lo importante solo en las palabras de la fórmula. Pero hay
otras mil maneras de expresar el poder de Dios, su misericordia,
el don de la gracia ante el pecado del hombre y la rehabilitación
de este cuando es tocado por la gracia. Un ejemplo puede sernos
de gran ayuda. Si concentramos todas nuestras energías en
«ceñirnos a la fórmula establecida» –y no hay nada malo en ello–,
corremos el riesgo de que solo nos preocupemos por la fórmula
«exacta» y nos volvamos extremadamente «descuidados» en todo
lo demás. Siempre me llama la atención que, junto al escándalo
por la introducción de «palabras diferentes», no se sienta ningún
escándalo ni por el tono en que se pronuncian esas palabras, ni
por la incoherencia de los demás «elementos rituales». ¿Por qué,
en un bautismo, hay que garantizar siempre la fórmula, mientras
que el agua puede reducirse a una sola gota? La «gran división»
nos ha llevado a tener oídos atentos solo para las «palabras for-
males», pero la música de esas palabras y la cantidad de agua o el
perfume del crisma, la calidad de los silencios o la pertinencia de
los cantos o movimientos no suscitan en nosotros, al menos por
término medio, ninguna reacción consciente.
Detrás de todo esto se esconde un dispositivo teórico –y un montaje
institucional que le corresponde– que he llamado la gran división,
que viene de antiguo, pero que hoy, desde hace al menos 60 años,
ya no funciona. Si uno se mantiene en ella, dice cosas sacrosantas,
completamente fundadas que, sin embargo, se vuelven unilatera-
les en la medida en que uno no se deja pensar en una nueva síntesis,
en la que la cantidad de agua de la pila bautismal en la que pro-
nunció la «fórmula» no es simplemente un «adorno ceremonial»
que puede sustituirse por medio dedo de agua en una palangana
amarilla de plástico. Así pues, no es necesariamente cierto que la
ansiedad por «transformar la fórmula» no pueda ser en sí misma
el efecto de esta división de la experiencia, que pide a gritos ser
leída de otro modo. Y es cierto que uno es el bautismo y muchos son
los ritos, pero también es cierto que al bautismo se accede siempre
por el ritual. El «contenido» del bautismo, si se disuelve por la
phase 372 [Link] 250 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 251
mediación verbal y no verbal que lo acompaña, queda reducido y
casi domesticado. Así, para defender la objetividad de la tradición,
uno se vuelve rígido y formal.
Un nudo teórico e institucional
Este nudo teórico, que tanto condiciona la praxis, me parece
que merece una atención renovada. Y quizás precisamente así
la justa instancia que la reciente Nota quiere afirmar –es decir,
querer sustraer el bautismo a las manipulaciones que la tradición
quisiera imponerle de vez en cuando– podría encontrar su más
amplio campo de eficacia. Centrándose no solo en la «fórmula»,
sino en toda la forma verbal (todas las palabras) y ritual (todo el
lenguaje) del bautismo y de todos los sacramentos. Puesto que el
Señor mediaba no solo con palabras, sino también con acciones, la
percepción de tener que recuperar esta unidad original de dichos
y hechos, de palabra y sacramento, de verbal y no verbal, puede
reconocerse como una tarea que la teología lleva ya más de un siglo
estudiando y elaborando, al servicio del crecimiento común. ¿Por
qué seguir haciéndonos la clásica pregunta: «cuándo es válido un
bautismo»? ¿No deberíamos plantearnos una nueva pregunta,
que cambia también el sentido de la pregunta clásica: «qué sucede
cuando un bautismo solo es válido?». Todo el movimiento litúr-
gico, en el que tan apasionadamente se inspira la reciente Carta
Desiderio desideravi del papa Francisco, y que Sacrosanctum Conci-
lium resumió admirablemente hace 60 años, no ha hecho otra cosa
que recuperar una experiencia del sacramento también y sobre
todo más allá de la validez. ¿Cómo es posible que en 2024 todavía
se piense en abordar las cuestiones relativas a la celebración de los
sacramentos con una división entre «santificación» y «culto» que
parte la realidad en dos? ¿No sería justo también iniciar a nivel
institucional un replanteamiento de las «competencias necesarias»
para producir un discurso significativo sobre los sacramentos?
Creo que solo una unificación nueva y estructural de las competen-
cias sobre «santificación» y «culto» puede devolver al «fenómeno
sacramental» su verdad. No basta con teólogos que lleven un siglo
pensando en esta dirección. Lo que hace falta es que las oficinas de
phase 372 [Link] 251 07/06/2024 [Link]
252 Puntos de vista
la Curia asuman la nueva lectura y se alejen del «canon tridentino»
que hoy produce nostalgia o incomprensión. La distinción oficial
entre el Dicasterio para la Fe y el Dicasterio para el Culto hoy solo
produce distorsiones y polarizaciones. Para que tenga sentido, es
necesario unir fuerzas y fusionar perspectivas en una nueva sín-
tesis. El mismo fenómeno que hoy observamos en la Nota Gestis
verbisque también lo constatamos hace un mes en la Declaración
Fiducia supplicans, donde se evidencia que la noción de «bendición»
asumida por el documento del Dicasterio para la Doctrina de la
Fe carece de toda la experiencia litúrgica y ritual que el Dicasterio
para el Culto podría haber recordado. Que una bendición no tiene
por qué ser ritual o litúrgica es una afirmación que un Dicasterio
puede hacer tranquilamente, pero que otro Dicasterio sabe que es
falsa: una bendición sin forma (sin espacio, tiempo, palabras, tacto)
es un sinsentido. Solo una mediación institucional de entrada, y
sentida por todos como estructural y obligatoria, permitiría no
hacer afirmaciones precipitadas. Pero si se parte la experiencia
en dos y se razona sobre las realidades sacramentales con una
mirada escindida entre «ley divina» (indiferente a las ceremonias
del culto) y «ceremonias» (indiferentes a la sustancia santificadora)
se produce incomprensión, incluso con la mejor de las intenciones.
Los sacramentos (y los sacramentales) deben ser apartados de esta
matanza oficial.
Le saludo cordialmente y le deseo un buen trabajo,
Andrea Grillo
phase 372 [Link] 252 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 253
«Gestis verbisque»:
la perspectiva de las liturgias orientales
Sebastià Janeras Vilaró
En el mundo de las liturgias orientales hay dos elementos impor-
tantes que las definen: a) la tradición, que ha transmitido a lo largo
de los siglos el contenido, la forma y el espíritu de la celebración
litúrgica; b) el sentido epiclético de toda celebración litúrgica.
1. Tradición
Por lo que respecta al primer concepto, los libros litúrgicos con-
servan los textos, riquísimos, para la celebración de la Eucaristía
o Divina Liturgia, que llevan los nombres, para la parte anafórica,
de san Juan Crisóstomo o de san Basilio, o de los Doce apóstoles,
en la tradición siríaca, etc. No cabe la improvisación o la nove-
dad, porque esos textos beben directamente de la tradición que
se remonta a los apóstoles. No es concebible la invención de una
anáfora «moderna» o «actual».
Para la Liturgia de las Horas, los libros contienen composiciones
poéticas de autores de gran renombre en la historia litúrgica y
literaria como Juan Damasceno, Gregorio de Nacianzo, Romano
el Meloda, Efrén, Narsai de Nísibe, Jaime de Sarug, Komitas, y
un largo etcétera. La Liturgia de las Horas contiene, así, una gran
riqueza doctrinal y poética. Todos estos textos llenan diversos
volúmenes, tanto de la parte móvil o ciclo pascual, como de la parte
fija según los meses del año. En la canonización de nuevos santos
se componen nuevos textos, pero siempre según la estructura y
los modelos tradicionales. Pero no cabe otro tipo de creación o
improvisación. Los textos recibidos por la tradición definen exac-
tamente lo que se celebra, el sentido que la tradición, de generación
en generación, ha dado a las diversas fiestas y celebraciones.
Sebastià Janeras Vilaró es doctor en ciencias eclesiásticas orientales y
licenciado en filología clásica.
phase 372 [Link] 253 07/06/2024 [Link]
254 Puntos de vista
2. Sentido epiclético de la celebración
La liturgia sacramental en el Oriente cristiano tiene siempre un sen-
tido epiclético. No es el sacerdote quien «realiza» el acto sagrado,
sino la gracia divina, el Espíritu Santo, que el sacerdote invoca.
Que los sacramentos –dice Nicolás Cabásilas (siglo xv)– operan por
la oración, es la tradición de los Padres, los cuales recibieron esta
doctrina de los apóstoles y de sus sucesores. Todos los sacramentos
y, especialmente, la Eucaristía.
Todos los sacramentos, dice Cabásilas, y en la teología oriental el
término «sacramento» ha tenido siempre un sentido más amplio
que en Occidente.2 Ya en el agua bautismal aparece la acción con-
secratoria del Espíritu Santo. Según Tertuliano (siglos ii-iii),
todas las aguas, por la prerrogativa de su primer origen, dan el
sacramento que santifica, después que se ha hecho sobre ellas la
invocación de Dios. Viene el Espíritu desde el cielo, se posa sobre las
aguas y las santifica con su presencia y las aguas santificadas reciben
el poder de santificar.3
En el rito bizantino, la consagración del agua bautismal tiene lugar
en cada celebración del bautismo, pero también hay una solemne
consagración del agua en la fiesta de la Teofanía/Epifanía. Des-
pués de una larga narración laudatoria, que se asemeja a la parte
prefacional de una anáfora: «Eres grande, Señor, y tus obras son
maravillosas [...], porque por tu voluntad has traído todas las cosas
de la nada a la existencia [...]», dice el texto:
Tú, pues, oh Rey amante de los hombres, ven también ahora por la efu-
sión de tu Santo Espíritu y santifica esta agua y dale la gracia de la redención,
la bendición del Jordán. Haz de ella una fuente de incorrupción, un
don de santificación [...].
2 Cf. S. Janeras, «Espíritu Santo y sacramentos», en Íd., La liturgia celestial
(Cuadernos Phase 85), Barcelona: CPL 1998, 33-51; Visions del cristianisme
oriental, Barcelona: Claret 2018, 131-155: «L’acció de l’Esperit Sant en els
sagraments».
3 De bapt., IV, 4.
phase 372 [Link] 254 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 255
Hay que decir que la antigua bendición del agua bautismal en la
vigilia Pascual del rito romano tenía también este mismo espíritu,
con una clara epíclesis, una invocación explícita del Espíritu Santo:
Descienda, Señor, por tu Hijo, hasta el fondo de esta agua, la virtud del
Espíritu Santo, para que cuantos, por el bautismo, mueran y sean
sepultados con Cristo, resuciten con Él a la vida.
Con ojos de liturgista oriental, es una verdadera lástima que la
liturgia romana haya perdido este riquísimo texto y, por ende, su
riquísima teología.4
Al igual que en el agua bautismal, la consagración del crisma
(μῦρον) es obra del Espíritu Santo. Dice Cirilo de Jerusalén:
Como el pan eucarístico, después de la epíclesis, ya no es un pan ordi-
nario sino el Cuerpo de Cristo, así también este santo myron, después
de la epíclesis, ya no es un óleo ordinario, sino que es la gracia de
Cristo y realiza su divinización por la presencia del Espíritu Santo.5
En Oriente no existe la nomenclatura y la distinción entre materia
y forma en los sacramentos, propia de Occidente. Los sacramentos
se realizan por la oración, como dice Cabásilas, por la imposición
de manos, por la bendición, en su pleno sentido bíblico. Es lo
que recuperó la liturgia latina en la ordenación sacerdotal con la
reforma de Pío XII en 1947, al definir que la esencia del sacramento
consiste en la imposición de manos con su oración, como en Oriente
y en la tradición antigua.
«Todos los sacramentos, y especialmente la Eucaristía», dice
Cabásilas. Y ciertamente en todas las anáforas eucarísticas se pide
explícitamente a Dios que envíe al Espíritu Santo para que con-
vierta el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.
Envía tu Espíritu Santo sobre nosotros y sobre los dones que te
hemos presentado, y haz de este pan el cuerpo precioso de tu Cristo,
transformándolo por el Espíritu Santo.6
4 Debo decir que he presenciado alguna brevísima bendición (que no
consagración) del agua, en la Vigilia Pascual, sin la menor solemnidad.
5 Cat. Myst. III, 3.
6 Anáfora de san Juan Crisóstomo.
phase 372 [Link] 255 07/06/2024 [Link]
256 Puntos de vista
El sacerdote, por lo tanto, en la Eucaristía y en los sacramentos, no
actúa in persona Christi, sino in persona Ecclesiae, como mediador,
en nombre de la comunidad. Ello aparece claramente, por ejem-
plo, en la fórmula impersonal usada en el rito del bautismo: «Es
bautizado el siervo de Dios N...», y no: «Yo te bautizo...». Narsai
de Nísibe (siglo v) describe con claridad esa función del sacerdote
en los sacramentos:
El Espíritu Santo celebra los misterios por medio del sacerdote, y sin
sacerdote no son jamás celebrados. Los misterios de la Iglesia no se
pueden celebrar sin sacerdote, porque el Espíritu Santo no ha permi-
tido a nadie más de celebrarlos. El sacerdote, en efecto, ha recibido
el poder del Espíritu por la imposición de manos y por medio de él
se cumplen todos los sacramentos que existen en la Iglesia.7
«Por medio de él», dice Narsai, pero no es él quien realiza los
sacramentos, sino el Espíritu Santo, invocado por el sacerdote.
La Nota Gestis verbisque habla de materia y forma y también de
intención. Esta nomenclatura indicaría que es el sacerdote quien
realiza los sacramentos, para lo cual se requeriría la intención
de realizarlos. Es sabido que la casuística latina había llevado al
extremo el caso de que el sacerdote, antes de recitar las palabras
de la institución eucarística, mostrase interiormente (a veces en
voz baja) la voluntad concreta de querer consagrar. Una Eucaristía
vista como una epíclesis, como la invocación del Espíritu Santo,
autor de los sacramentos, está lejos de la idea de la intención.
Los textos litúrgicos en la tradición oriental son los recibidos a lo
largo de la tradición. No caben la improvisación o nuevas creacio-
nes a gusto del celebrante o de la comunidad. Hay que reconocer
que los oficios son largos, debido, por una parte, a su misma
composición, consistente, en las horas del Oficio divino, en una
abundancia de textos de una gran riqueza teológica y poética, como
decía, y, por otra parte, a la confluencia de tradiciones diversas,
como es el caso paradigmático de los oficios de Semana Santa, en el
rito bizantino, en los cuales confluyen las tradiciones de Jerusalén
y de Constantinopla. Hay que reconocer que, a veces, la extensión
7 Hom. 17.
phase 372 [Link] 256 07/06/2024 [Link]
Puntos de vista 257
de los oficios –de la mañana o de la tarde– puede verse reducida
con la supresión de algunos textos, pero estos nunca pueden ser
sustituidos por otros textos de nueva creación. La duración de los
oficios puede comportar la no participación a la celebración entera,
pero eso ya es otro tema.
Es verdad que esos mismos oficios han tenido, a lo largo de los
siglos, añadiduras, por ejemplo, al principio y al final de víspe-
ras, de carácter, podríamos decir, más bien privado (de hecho,
sin solemnidad), que no pertenecen propiamente al oficio del
lucernario. Quien, en la celebración de este oficio, suprimiera
estos elementos haría un acto de renovación litúrgica, pero no de
improvisación o de creación propia. Es impensable que alguien
pudiera sustituir el espléndido oficio vespertino por otros elemen-
tos con lenguaje y significado más «actual». La celebración litúrgica
requiere huir tanto del ritualismo como de la monotonía, pero la
riquísima tradición litúrgica recibida no admite una improvisación
o una nueva creación.
El documento habla de la aplicación a las Iglesias orientales cató-
licas de la doctrina expuesta. Hay que decir que dichas Iglesias
mantienen los oficios litúrgicos al igual que las Iglesias ortodoxas
y conservan la misma tradición. Si hay innovaciones, son por
influencia, cuando no imposición, latina, como el Filioque en el sím-
bolo de fe, o la tradición latina –seguida por algunas comunidades
orientales católicas, especialmente en América– de la «primera
comunión», cuando en la tradición oriental se celebran en un solo
acto bautismo, crismación y comunión. Una latinización en la
celebración litúrgica de las comunidades orientales católicas iría,
no solo contra la propia tradición oriental, sino incluso también
contra el espíritu de la Nota Gestis verbisque del Dicasterio para la
Doctrina de la Fe.
phase 372 [Link] 257 07/06/2024 [Link]
Cuadernos Phase
LX aniversario de la
Constitución Sacrosanctum
Concilium
Por Gabriel Seguí (dir.), Daniel Palau Valero,
Ricardo Mejía Fernández, Ignacio Tomás Cá-
novas y Pere Tena Garriga. 140 pág. 14,00€
La Constitución Sacrosanctum Concilium del
Concilio Vaticano II sobre la sagrada liturgia
puede ser objeto de diversas lecturas desde
múltiples perspectivas. En este Cuaderno
Phase se ofrece una lectura desde la historia
y la teología, la filosofía, las fuentes de la
prehistoria de la propia Constitución y desde
una perspectiva contemplativa y jubilosa.
Escatología y liturgia
Por Dionisio Borobio García. 88 pág. 14,00€
En este libro podrán encontrar un resumen
y selección de frases, textos y contenidos de
la «eucología menor» en el nuevo Ritual de
exequias, para reflexionar sobre ello y descu-
brir su riqueza y calado.
Centre de Pastoral Litúrgica
+ Diputació 231. 08007 Barcelona
( 933 022 235 – wa 619 741 047
8 cpl@[Link] – [Link]
phase 372 [Link] 258 07/06/2024 [Link]
Vocabulario
Vocabulario litúrgico (O)
Adolfo Lucas Maqueda
Oblata
La palabra «oblata» se deriva comunidad. Por eso, la oblata
del término oblación, es decir, el nos recuerda que somos parte
«acto de ofrecer» y vendría a sig- de un cuerpo unido en la fe y la
nificar la «ofrenda» o la «dona- comunión. Todo ello nos lleva a
ción». Por tanto, en la liturgia, afirmar que el momento de las
se entiende por «oblata» a la oblatas es algo más profundo
hostia o pan ácimo y al vino que que un elemento ritual (proce-
se presentan y ofrecen durante sión con el pan en la patena y con
la Eucaristía antes de su con- el vino en las vinajeras, canto,
sagración. En efecto, la oblata incensación, oración sobre ellas,
es un acto de ofrecimiento y es decir, oración super oblata o
comunión con Cristo, donde sobre las ofrendas, sin olvidar
al ser presentados en el altar se que dicha oración fue llamada
recuerda el sacrificio de Cristo secreta durante algunos siglos,
en la cruz y, además, su consi- ya que se hacía en silencio). En
guiente presencia real eucarís- realidad, es un símbolo pro-
tica. Es un momento de entrega fundo de nuestra fe, nuestra
y participación activa de los entrega y nuestra unión con
fieles. De ahí que los cristia- Cristo y la comunidad de cre-
nos, en esta parte de la misa, yentes. Por último, de la palabra
se unan al sacrificio de Cristo y «oblata» surge otra, llamada
renueven su alianza con Dios. «oblea», que es uno de los nom-
El sacerdote, como mediador, bres con los que se designa el
toma la oblata y la presenta al pan ázimo redondo, o la hostia,
Padre en nombre de toda la o la especie eucarística del pan.
phase 372 [Link] 259 07/06/2024 [Link]
260 Vocabulario
Ordo
El «ordo» es una palabra latina realidad, es un tesoro que guía
que significa «orden» o «estruc- a la asamblea hacia una celebra-
tura». En la liturgia, el ordo se ción de fe y vida. Por tanto, es
refiere a la regulación u orde- algo más que un manual o un
nación detallada de una cele- tratado de rúbricas, sino que es
bración, es decir, la estructura una invitación a encontrarnos
celebrativa que asegura la reali- con Dios a través de la Palabra y
zación de los ritos de una manera los sacramentos. La estructura
digna y decorosa. Los libros litúr- celebrativa educa a la comuni-
gicos actuales tienen tres partes: dad celebrante y la hace vibrar en
los preanotanda, el ordo y unos
esa cadencia ordenada de oracio-
apéndices. Así, tenemos el Ordo
nes y gestos donde resplandece
Missae, el Ordo Baptismi, el Ordo
Cristo y nos abrimos al diálogo
Poenitentiae, etc, según la estruc-
tura propia de un sacramento o trinitario. Por tanto, se puede
sacramental. A través del ordo, la decir que el ordo guía, orienta y
comunidad cristiana se une en forma la celebración preparando
la oración común, participando la manifestación de Cristo y la
activamente en la liturgia. En actualización de su presencia.
Ofertorio
El ofertorio (del latín offertorium, llevar otras donaciones para
acción de ofrecer), es una parte los pobres o para la Iglesia, pero
de la misa dentro de la liturgia no se habla de símbolos, ni de
eucarística donde el sacerdote flores, ni de objetos que luego
ofrece a Dios los dones recibi- quien las presenta vuelve a reco-
dos del pan y del vino. Des- ger. Cristo solo tomó entre sus
pués de la liturgia de la Palabra, manos el pan y el vino. Dicha
una vez terminada la oración presentación de ofrendas, como
de los fieles, algunos miem- es llamada por el actual Misal,
bros de la asamblea acercan al tiene una serie de ritos y gestos
altar el pan y el vino. Si no hay que dignifican el momento. Así,
nadie que los lleve, se dejan en durante la procesión de ofren-
la credencia, aunque el sacer- das, puede haber cantos, se
dote tenga que desplazarse a inciensan los dones o la oblata,
por ellos. Además, se pueden se recita una oración (la segunda
phase 372 [Link] 260 07/06/2024 [Link]
Vocabulario 261
presidencial) y se tiene el lavato- comunidad reunida se incor-
rio de manos, entre otras cosas. pora al sacrificio de Cristo para
Con todo esto, en definitiva, se convertirse en «ofrenda per-
prepara la mesa del Señor, que manente» y en «víctima viva».
es el centro de la liturgia eucarís- Así, el pueblo sacerdotal, unido
tica. Pero traer el pan y el vino al a Cristo, es el que ofrece y se
altar no es solo un rito funcional, ofrece, estando en sintonía con
sino también espiritual, ya que lo que se va a celebrar, el memo-
con él se quiere expresar que la rial de la entrega de Cristo.
Orante
En el cristianismo primitivo, la interpretado por los estudiosos
figura del orante tenía un pro- como la oración dirigida a un
fundo significado, tanto en el muerto en espera de ser salvado
tema de la oración como en la por Cristo, o incluso, la espera
iconografía religiosa, en con- de la paz divina o la felicidad
creto, en el arte paleocristiano: del cielo. Los textos del Nuevo
sarcófagos, catacumbas y otros Testamento, en especial 1 Timo-
motivos religiosos. El orante teo 2,8, y los Padres apostólicos,
representa a una persona con las subrayan que la actitud del cris-
manos extendidas en gesto de tiano debe ser la de orar alzando
plegaria. Dicha postura, típica las manos y ofreciendo a Dios
de la oración, ya se encontraba su vida, así entre el Salvador
atestiguada en algunos textos y el salvado hay una estrecha
del Antiguo Testamento (cf. Ex relación que hunde sus raíces
17,11; Lam 3,41; Sl 118,48, etc.). en la invocación debida a Dios y
Los primeros cristianos tenían los gestos con los que se realiza
la costumbre de rezar con las la alabanza. Por eso, el orante
manos extendidas imitando la es una figura que representa
figura de Cristo en la cruz. Este la conexión entre la oración
modo simboliza la sumisión, humana y la presencia divina.
la adoración y la comunión del Las manos extendidas para
orante, con Dios. Además, pode- rezar es un recordatorio sobre
mos encontrar otras figuras nuestra relación con Dios y la
representadas en torno al orante necesidad de dialogar con Él.
como es el Buen Pastor, lo cual es
phase 372 [Link] 261 07/06/2024 [Link]
262 Vocabulario
Órgano
El órgano es el instrumento época carolingia, llegando a su
de la liturgia occidental, por esplendor a mediados del siglo
excelencia; así dirá el Concilio xviii, al imitar la sonoridad de
Vaticano II: «Téngase en gran una orquesta con tubos y regis-
estima, en la Iglesia latina, el tros de muy avanzado alcance.
órgano de tubos, como instru- En el año 2006, el papa Bene-
mento musical tradicional, cuyo dicto dijo, con motivo de la inau-
sonido puede aportar esplendor guración de un órgano tubular
notable a las ceremonias ecle- en Ratisbona: «El órgano ha
siásticas y levantar poderosa- sido siempre considerado, y con
mente las almas hacia Dios y justa razón, el rey de los instru-
hacia las realidades celestiales» mentos musicales, porque eleva
(SC 120). En efecto, el órgano todos los sonidos de la crea-
tuvo su origen en Grecia (siglo ción [...] y da resonancia para la
iii aC) gracias a la invención completitud de los sentimientos
de un ingeniero, Ctesibio de humanos, de alegría a tristeza,
Alejandría, cuando ideó un de ruego a lamentación. Al tras-
instrumento llamado Hydrau- cender el mero ámbito humano,
lis, que funcionaba con viento tal como hace toda música de
y agua. Fue muy usado en el calidad, (el órgano) evoca a lo
Imperio Bizantino, accionado divino. Su gran rango tímbrico,
por dos personas que bombean yendo de suave y llegando a un
un fuelle como el de un herrero. atronador fortísimo, hace de él
La palabra órgano se deriva del un instrumento superior a todos
griego όργανον (organon), un los demás. Es capaz de hacerse
término genérico para un ins- eco y de expresar todas las expe-
trumento o una herramienta, riencias de la vida humana.
y del latín organum, un instru- Las múltiples posibilidades
mento similar a un órgano por- del órgano, de alguna manera,
tátil utilizado en los antiguos nos recuerda a la inmensidad y
juegos circenses. Sin embargo, magnificencia de Dios».
en Occidente apareció en la
Adolfo Lucas Maqueda
Doctor en sagrada liturgia.
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Libros
Bibliografía reciente en italiano
Félix Maria Arocena – Alberto Portolés, L’arte di celebrare
l’Eucaristia - Nel giardino della Pasqua (Biblioteca di Formazione
Sacerdotale 10), Roma: EDUSC 2023, 231 pp.
El objetivo de este libro es ayudar a experiencia profunda del sacro de
comprender mejor el rico y sensible la Eucaristía.
alfabeto de signos y símbolos que Es un texto que puede ayudar a
se encuentran en la celebración de los sacerdotes a perfeccionar su ars
la misa; revelar lo que se transmite celebrandi, pero también, como pidió
a través de los diversos códigos de recientemente el papa Francisco en
comunicación que interactúan en la Carta Apostólica Desiderio deside-
el rito eucarístico. Es un lenguaje ravi, a dar a los fieles una formación
que activa los sentidos espiritua- litúrgica que facilite una participa-
les de los fieles y los sitúa en la via ción más consciente, activa y fruc-
pulchritudinis, al servicio de una tuosa del Pueblo de Dios.
Lisa Bergman, Il tesoro della tradizione. La guida completa alla messa
in latino, Verona: Fede & Cultura 2023, 128 pp.
Guía para entender la celebración la misa Vetus Ordo, con la adición
de una forma extraordinaria. Con- de fotografías, gráficos, notas y
tiene una traducción italiana pala- explicaciones.
bra por palabra del texto latino de
Gabriele Bernagozzi, Lo Spirito e la Chiesa. Una lettura pneumato-
logico-ecclesiologica a partire dalle preghiere eucaristiche (Bibliotheca
«Ephemerides Liturgicae». Subsidia 209), Roma: Centro Liturgico
Vincenziano – Edizioni Liturgiche 2023, 359 pp.
El punto de partida que se asume de la Iglesia en la celebración euca-
es la realización del misterio de sal- rística a través de las oraciones
vación que se realiza en beneficio eucarísticas. El texto se estructura
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264 Libros
en tres capítulos: el primero está teológico actual, desde una pers-
dedicado a un análisis pneumato- pectiva pneumatológica.
lógico-eclesiológico a partir de las El objetivo es resaltar, a partir de la
oraciones eucarísticas; el segundo, a liturgia, la acción del Paráclito sobre
los temas eclesiológicos tomados de la Iglesia. De esta manera intenta-
las oraciones eucarísticas en compa- mos identificar, estudiar y reeva-
ración con los Padres y los escritores luar la dimensión pneumatológica
medievales; el tercero, a los temas del ser eclesial en relación con la
eclesiológicos en el pensamiento cristológica.
Centro di Azione Liturgica, Ministeri al servizio di una chiesa
sinodale, Roma: Centro Liturgico Vincenziano – Edizioni Liturgi-
che 2023.
El libro publica las Actas de la la sinodalidad. Constituye una
72ª Semana Litúrgica Nacional respuesta al impulso dado por el
(Salerno, 22-25 de agosto 2022). El papa Francisco con los dos Motu
objetivo es contribuir a la reflexión proprio Spiritus Domini y Antiquum
sobre la ministerialidad pluriforme Ministerium.
para una forma ecclesiae basada en
Giuseppe Costa, Una comunità dal rito - L’Assemblea liturgica nei riti
iniziali della celebrazione eucaristica, Todi: Tau 2023, 348 pp.
El libro está dividido en cuatro poético de los ritos de introducción.
capítulos, que exploran los ritos El tercer capítulo se caracteriza por
iniciales de la celebración eucarís- la pregunta: ¿qué teología de la
tica. Después de un primer capítulo asamblea a partir de la reforma de
dedicado al rito en general (el rito los ritos de entrada?
como locus theologiae y como fuente El libro concluye con un capítulo
de formación a partir de las accio- dedicado a los desafíos que plan-
nes), el autor dedica el segundo tean los ritos de introducción y, en
capítulo al análisis estético y particular, al tema de la orientación.
Francesco Cupello, Indesiderata lettera. In margine alla Lettera Apos-
tolica Desiderio Desideravi, Verona: Fede & Cultura 2023, 112 pp.
Comentario a la carta del papa de preservar la forma extraordinaria
Francisco Desiderio desideravi con el de la celebración.
intento de subrayar la importancia
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Libros 265
Loris Della Pietra – Gianni Cavagnoli, «Voi siete Corpo di Cristo».
L’unità nella varietà dei ministeri liturgici, Ponteranica (BG): Centro
Eucaristico 2023, 124 pp.
«El sujeto que actúa en la liturgia ministerios (el Pueblo de Dios, el
es siempre y solo Cristo-Iglesia, que preside, el diácono, el lector, el
Cuerpo místico de Cristo», escribe acólito, el animador del canto y la
el papa Francisco (Dd 15). música, el sacrista, el comentarista,
En nueve ágiles capítulos, los auto- el ostiario). Una preciosa contribu-
res presentan la verdad y la belleza ción a la «participación de todos
de la celebración cristiana en la los bautizados, cada uno con su
variedad y riqueza de los diferentes vocación específica» (Dd 61).
Giovanni Di Napoli, Solennità di Maria Madre di Dio. Storia e teolo-
gia (Bibliotheca «Ephemerides Liturgicae». Subsidia 211), Roma:
Centro Liturgico Vincenziano – Edizioni Liturgiche 2023, 277 pp.
Se trata de un estudio teológico-li- respecta a la Liturgia de las Horas.
túrgico de la solemnidad de María, La segunda parte está dedicada al
Madre de Dios. En la primera parte, estudio teológico de los formula-
el autor aborda el desarrollo histó- rios actuales, tanto del leccionario
rico de la solemnidad en la liturgia como del Misal, y de la Liturgia de
romana, tanto en lo que respecta a las Horas.
la forma de la misa como en lo que
Carmine Di Sante, La preghiera di Israele. Alle origini della liturgia
cristiana (ET1 - Teologia), Bologna: EDB 2023, 272 pp.
Esta es una nueva edición del ahora oración judía, dentro y más allá de
famoso libro de Di Sante, que ha sido sus estructuras cotidianas y festivas.
traducido al inglés, francés, holan- Convertido ahora en un clásico de
dés, checo y portugués; esta obra los estudios interreligiosos, es un
representó el primer intento católico libro en el que descubrimos la litur-
en Italia de penetrar el espíritu de la gia judía en su frescura original.
Nicolas Egender, I riflessi della Pasqua. Le grandi feste bizantine,
Magnano (BI): Qiqajon 2023, 534 pp.
Nicolas Egender (Mulhouse 1923), Jerusalén de 1966 a 1997, convirtién-
un monje de Chevetogne en Bélgica, dose en abad de la abadía de la Dor-
donde también fue prior, vivió en mición en el Monte Sión. Gracias a
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266 Libros
la experiencia adquirida durante su transmitir, la alegría pascual, actua-
estancia en Jerusalén, acompaña al lizando los misterios celebrados con
lector entre los textos de la liturgia inspiración poética, y recordando
oriental, de manera que permite las múltiples manifestaciones del
apreciar cómo la liturgia es capaz de amor de Dios por la humanidad.
Luigi Girardi (ed.), A servizio della liturgia. 50 anni di APL. Atti della
XLIX Settimana di Studio dell’Associazione Professori di Liturgia (Roma
29 agosto-1 settembre 2022) (Bibliotheca «Ephemerides Liturgicae».
Subsidia 210), Roma: Centro Liturgico Vincenziano – Edizioni
Liturgiche 2023, 248 pp.
El libro recoge las intervencio- de la propia asociación. Contiene
nes que tuvieron lugar durante la contribuciones de: Paolo Toma-
Semana de Estudio de la Asociación tis, Elena Massimi, Luigi Girardi,
Italiana de Profesores de Liturgia Norberto Valli, Roberto Tagliaferri,
en el 50 aniversario de la fundación Loris Della Pietra y Andrea Grillo.
Angelo Lameri, Annibale Bugnini. Liturgia pastorale e riforma litur-
gica (Bibliotheca «Ephemerides Liturgicae». Subsidia 207), Roma:
Centro Liturgico Vincenziano – Edizioni Liturgiche 2023, 275 pp.
Cuarenta años después de su muerte «el pueblo», especialmente hacia
y sesenta años después de la apertura los más humildes; además, mues-
del Concilio Vaticano II, este estudio tran la inteligencia de Bugnini al
pretende ofrecer una contribución utilizar las reflexiones y debates
a un aspecto no siempre conocido que presenció como secretario de
de la personalidad de Mons. Anni- la Comisión Litúrgica Preparatoria
bale Bugnini: su interés por la vida del Concilio, para transmitirlos con
pastoral de la Iglesia, en la que la sabiduría a las nuevas generaciones
liturgia se sitúa como momento de pastores. El volumen pretende
central y clave. Las lecciones sobre también ser una contribución a la
pastoral litúrgica, celebradas en la investigación cada vez más nece-
Pontificia Universidad Lateranense, saria para profundizar en las raíces
además de ser una muestra trans- de la reforma litúrgica, los debates
versal de su pensamiento, ayudan y peticiones que la marcaron y las
a captar su capacidad para trans- dificultades que encontró.
mitir en la enseñanza la pasión por
Luciano Manicardi–Andrea Grillo, Pregare per camminare
insieme. A partire dalle preghiere sinodali «Adsumus» e «Nulla est,
Domine», Magnano: Qiqajon 2023, 190 pp.
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Libros 267
El texto se divide en dos partes: algún modo, el otro nombre de la
la primera, de Manicardi, explora Iglesia, o su sinónimo, es evidente
las oraciones Ad-sumus y Nulla que un sínodo, como momento de
est, Domine en busca del rostro de profunda sinergia en el seno del
una iglesia sinodal; el segundo, de pueblo de los fieles, acompañada
Grillo, está dedicado a las relaciones de sus pastores, se presenta también
entre sínodo, liturgia y episcopado. ante todo como un momento de
«Si es cierto que el sínodo –destaca celebración».
Barsotti en la introducción– es, de
Antonio Miralles, Teologia liturgica dei sacramenti. II. Battesimo e
confermazione, Roma: Edizioni Santa Croce 2023, 384 pp.
El texto se abre con una investiga- en los diferentes elementos celebra-
ción sobre el concepto de iniciación, tivos de la iniciación cristiana, del
para luego ir tomando en considera- rito del catecumenado según los
ción las diferentes celebraciones del distintos grados, hasta llegar al bau-
rito romano a lo largo de la historia. tismo de los niños y a la celebración
La segunda parte del texto se centra de la confirmación.
Martin Mosebach, Eresia dell’informe. La liturgia romana e il suo
nemico (Nueva edición por L. Allodi), Siena: Cantagalli 2023, 368
pp.
A través del lente de la liturgia, El volumen es una versión ampliada
Martin Mosebach ofrece una des- y enriquecida con seis nuevos capí-
cripción de un cambio cultural tulos, de la primera edición de hace
más global que concierne a toda la catorce años, y se publica como el
sociedad occidental, es decir, de un quinto volumen de la serie «Spae-
proceso que va de «lo deformado manniana» e incluye en el apén-
a lo informe» y de «lo informe a lo dice el ensayo de Robert Spaemann
compatible». El análisis crítico de «Observaciones de un laico que ama
Mosebach aborda también el debate la misa antigua».
sobre la «reforma de la reforma».
Maurizio Munzi, Beatitudini e Liturgia. Alla ricerca della fonte e del
culmine della vita cristiana, Napoli: Chirico 2023, 280 pp.
El volumen parte de la pregunta: bíblico? El autor intenta responder
¿Qué sucede cuando en la liturgia a esta pregunta en cuatro capítu-
se leen, cantan y rezan las bien- los: el primero trata de la relación
aventuranzas y, en general, un texto entre Escritura y liturgia; el segundo
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268 Libros
aborda el tema de una hermenéutica los libros litúrgicos; finalmente el
bíblica de las bienaventuranzas; el cuarto reúne la escatología, la litur-
tercero centra su interés en la pre- gia y las bienaventuranzas.
sencia de las bienaventuranzas en
Ezechiele Pasotti, Lo stupore della liturgia cristiana. Dal Concilio di
Trento al Concilio Vaticano II la sfida di una nuova pastorale alla luce della
Lettera Apostolica «Desiderio desideravi» di papa Francesco, Nápoles:
Chirico 22023, 184 pp.
Inspirándose a la carta apostólica litúrgica tras el Concilio Vaticano II
Desiderio desideravi, el autor intenta hasta la relación entre revelación y
resaltar algunos principios esen- liturgia, desde el Cristo total como
ciales de la liturgia con vistas a la sujeto de la celebración hasta la
formación litúrgica. dimensión escatológica de la Euca-
El texto está estructurado en nueve ristía, concluyendo con algunos
capítulos, que van desde el estu- desafíos pastorales que le esperan
dio de los principios de la reforma a la Iglesia.
Enzo Petrolino, La ministerialità del diacono nella liturgia. Eucaristia,
diaconia e sinodalità, Cantalupa (TO): Effatà 2023, 256 pp.
El libro parte de la conciencia de que de ordenación; el tercero está dedi-
la relación entre el diaconado y la cado a la función profética de los
liturgia ilumina e informa todas las diáconos. Luego, el autor toma en
dimensiones de la vida y el minis- consideración las relaciones entre
terio del diácono. la celebración eucarística y el diaco-
El texto se divide en 5 capítulos: el nado, y luego concluye el volumen
primero trata de la diaconía litúr- con un capítulo dedicado al estudio
gica; el segundo está centrado sobre del ministerio del diácono en los
el ministerio diaconal en la liturgia libros litúrgicos.
Salvatore Rubino, Una chiesa, una cattedra, un vescovo. L’inizio del
ministero pastorale del vescovo nella tradizione liturgica, Roma: Centro
Liturgico Vincenziano – Edizioni Liturgiche Vincenziane 2023,
229 pp.
La obra tiene como objetivo presen- dedicada a la historia de los ritos y
tar el rito llamado por el Ceremonial oraciones del inicio del ministerio
de los Obispos «la acogida del obispo episcopal (fuentes antiguas, des-
en su iglesia catedral». El texto se pués del Concilio de Trento, des-
divide en dos partes: la primera está pués del Concilio Vaticano II); la
phase 372 [Link] 268 07/06/2024 [Link]
Libros 269
segunda parte investiga el ritual tal e instituciones. Finalmente, dedica
como se presenta después del Con- un capítulo a la práctica en algunas
cilio Vaticano II en sus elementos diócesis del mundo.
esenciales y con respecto a personas
Manlio Sodi – Daniel Brzeziński, Spes mea unica - Miscellanea offerta
a Sua Ecc. Mons. Andrzej W. Suski primo vescovo della diocesi di Torun
in occasione del Suo 80° genetliaco, Roma: EDUSC 2023, 420 pp.
Colección de 24 aportaciones de de fe, la predicación sobre la vani-
otros tantos autores, organizadas en dad femenina, la comprensión de
torno a siete líneas de investigación: la liturgia a la luz de una correcta
estudios sobre los orígenes de la hermenéutica, la relación entre
Iglesia ambrosiana, la liturgia como evangelización e inculturación y
elemento unificador, la ministeria- finalmente una mirada al horizonte
lidad al servicio de la comunidad de la teología litúrgica.
Roberto Tagliaferri, Il segreto tradito, Roma: Centro Liturgico
Vincenziano – Edizioni Liturgiche 2023, 235 pp.
Hablar de liturgia y secreto puede transparencia de los ritos respecto
suscitar sorpresa y sospecha, espe- del misterio de Dios; por otro, nos
cialmente en un contexto cultural recuerda la inaccesibilidad de la
que, aunque obsesionado con la experiencia ritual excepto a través
privacidad, tiende a colocar todo en de la participación directa. La cues-
el dominio público. Sin embargo, la tión del secreto ritual, vista desde
religión utiliza lenguajes «no comu- diferentes ángulos, también puede
nicativos», en los que el secreto es ser decisiva para la práctica celebra-
una parte decisiva de la dimensión tiva actual.
religiosa. Preserva el espacio de lo El volumen recoge contribuciones
inefable, del otro lado, se expresa de: Angelomaria Alessio, Giorgio
con dispositivos específicos como Bonaccorso, Loris Della Pietra, Luigi
el silencio, los lugares umbral, las Girardi, Andrea Grillo, Roberto
interrupciones en el flujo ordinario Marchisio, Michel-Yves Perrin,
de las cosas. Por un lado, el secreto Roberto Tagliaferri.
impide la presunción de una total
Samuele Tamburini, Il fascino della liturgia tradizionale, Verona:
Fede & Cultura 2023, 80 pp.
Breve pero denso ensayo sobre el una herencia teológica, litúrgica y
encanto religioso y cultural del espiritual.
rito antiguo, como vehículo de
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270 Libros
Ovidio Vezzoli, Bibbia e liturgia. Dall’ascolto delle Scritture nella
liturgia alla celebrazione della Parola nella vita, Reggio Emilia: Edizioni
San Lorenzo 2023, 110 pp.
Esta obra se divide en tres partes las fuentes de la relación Biblia-litur-
bien definidas: la histórica, la teoló- gia». En la segunda parte, dedicada
gico-litúrgica y la litúrgico-pastoral. a la perspectiva teológico-litúrgica,
En la primera parte, a partir de algu- se aborda el tema de la Palabra que
nos pasajes del Antiguo Testamento, genera eucología y la eucología que
se desarrollan las constantes que regenera la Palabra. El camino se
mueven a una comunidad llamada enriquece con el análisis de las ple-
a la escucha de la Palabra que la con- garias eucarísticas de reconciliación
vierte en una «asamblea cultural»; I-II, leídas como ejemplificaciones
el culto en la sinagoga se convierte de la eficacia de la Escritura escu-
en un pasaje obligado para llegar al chada y aceptada en la comunidad
Nuevo Testamento, planteando la cristiana. La tercera y última parte
pregunta: ¿la relación entre la Biblia se abre a una perspectiva litúrgico-
y la liturgia justifica la afirmación pastoral, respondiendo a la pro-
de que la Biblia nació de la liturgia? vocación del papa Francisco en la
Aún en la primera parte, el autor Carta apostólica Desiderio desideravi,
presenta algunos «testimonios de para que la liturgia sea cada vez más
la Iglesia antigua» y, finalmente, conocida, amada y vivida por todo
dedica un capítulo al leccionario, el Pueblo de Dios.
para «comprender históricamente
Giovanni Zaccaria
Ángel García Ibáñez, Conversión y Reconciliación. Tratado histórico-
teológico sobre la penitencia postbautismal, Pamplona: EUNSA 2024,
575 pp.
El presente libro es la traducción al y misterio. Tratado histórico-teológico
castellano de la obra italiana apa- sobre el misterio eucarístico publicada
recida en 2020 y publicada en la en el año 2021.
Facultad de Teología de la Ponti- Esta edición castellana ha sido
ficia Universidad de la Santa Cruz actualizada y mejorada en diversos
de Roma. Su autor ha sido profe- aspectos, lo que le hace ciertamente
sor y catedrático de teología de los una obra de alta calidad científica.
sacramentos en dicha facultad y
tiene diversas obras entre la que Se ha puesto al día la normativa ecle-
merece destacarse La Eucaristía, don siástica referente al sacramento de
phase 372 [Link] 270 07/06/2024 [Link]
Libros 271
la penitencia, teniendo presente los llevado a su plenitud con Cristo.
cambios introducidos en el nuevo Hay, ciertamente, muchos temas del
Libro VI del Código de Derecho Canó- Antiguo Testamento que ayudarán
nico con la constitución Apostólica a un mejor conocimiento de la reve-
Pascite Gregem Dei (1 de junio de lación posterior.
2021). Con esta base bíblica se pasa a una
El volumen se articula en dos partes: breve síntesis de la doctrina y de la
una de ellas, la primera tiene un praxis penitencial de la Iglesia a lo
carácter fundamentalmente histó- largo de la historia.
rico-teológico y se centra en el estu- El capítulo tercero estudia la peni-
dio de la penitencia postbautismal y tencia postbautismal en la época de
su progresiva instalación en la vida los Padres de la Iglesia, mientras que
eclesial; la segunda parte, en cambio el cuarto estudia la Edad Media, el
es un estudio de carácter sistemático quinto el período de la Reforma y
de la penitencia sacramental. el sexto entra en la Edad Moderna
En los dos primeros capítulos se y Contemporánea.
estudia ampliamente el origen de En todo ello, lo que se pretende es
este sacramento y para ello hace un ver en toda esta primera parte los
amplio estudio de todos los textos diversos modos como a través del
bíblicos que tratan del tema. Se parte tiempo ha sido pensado y adminis-
del principio de la absoluta novedad trado el sacramento de la penitencia
de la penitencia cristiana, ponién- y la reconciliación, de modo que
dola en relación con la misma nove- se pueda discernir más allá de los
dad de Cristo y con la revelación que elementos materiales y acciden-
él mismo hace de la misericordia tales, sus principios esenciales y
divina. perennes.
Ciertamente, el capítulo primero Todos estos datos serán muy nece-
parte directamente de la peniten- sarios y útiles para una elaboración
cia y perdón de los pecados en teológica del sacramento, además
la predicación de Jesús. Cristo es de muy útiles para la misma praxis
ciertamente el cumplimiento de pastoral.
la revelación, por lo que hay que La segunda parte del volumen se
detenerse en las palabras, los gestos divide en tres secciones. En la pri-
y en la interpretación que de ellos ha mera de ellas se estudian los ele-
hecho la Iglesia apostólica. Con esta mentos fundamentales de la peni-
perspectiva, no se olvidan los datos tencia postbautismal. Se comienza
importantes que nos presenta el en el capítulo séptimo, analizando
Antiguo Testamento como prefigu- la estructura de la celebración sacra-
ración de todo cuanto en la plenitud mental, deteniéndose en los actores,
de los tiempos ha sido realizado y es decir, el penitente y los actos que
phase 372 [Link] 271 07/06/2024 [Link]
272 Libros
tiene que realizar (8º), así como el gran bibliografía que manifiesta un
ministro de Cristo y de la Iglesia, dominio del tema a muchos niveles.
sobre las condiciones que tiene que Lo que se busca –así lo declara el
realizar y sobre el comportamiento autor– es poner de relieve la dimen-
a tener en el ejercicio de su minis- sión cristocéntrica-trinitaria de la
terio (9º). penitencia sacramental intentando,
Los efectos del sacramento en el por supuesto, no caer en una inter-
penitente y en la vida de la Iglesia pretación reductiva del sacramento.
se estudian en el capítulo décimo, Sea esta amplísima bibliografía que
mientras que el capítulo once ana- la infinidad de notas a pie de página
liza la doctrina y la práctica de las enriquecen la obra y la completan.
indulgencias.
No dudo en absoluto en considerar
A lo largo de este exhaustivo estudio la presente obra una pequeña enci-
se considera la literatura penitencial clopedia sacramental de la peni-
en modo amplio, como se ve en las tencia, por su infinidad de datos de
innumerables notas a pie de página tipo sistemático, canónico y eclesial
que enriquecen la obra en sí, y en y esto es algo de lo que estamos
la misma estructura de los hechos bien necesitados para darle al sacra-
del penitente y sus implicaciones. mento en cuestión, toda la impor-
Su autor se mueve además con una tancia que tiene y que se merece.
Juan Javier Flores Arcas
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In memoriam
Dr. Miquel dels Sants Gros Pujol
(1933-2024)
Jordi Font Plana
El 2 de mayo de 2024 fallecía, a los 91 años, el Dr. Miquel dels Sants
Gros i Pujol (Vic, Osona 1933), profesor emérito de la Facultad de
Teología de Cataluña, sacerdote diocesano y canónigo archivero
de la catedral de Vic. Conservador del Museo Episcopal de Vic.
Como liturgista del grupo fundador del Instituto de Liturgia, más
tarde convertido en Instituto Superior de Liturgia de Barcelona, la
docencia ocupó cuarenta años de su vida. Su nombre está entre los
profesores pioneros de este centro docente: Dr. Pere Tena, Dr. Joan
Bellavista, Dr. Pere Farnés, Dr. Gabriel Bayés y el Dr. José Aldazábal.
Ha sido uno de los más brillantes y sólidos investigadores en el
campo de la liturgia de nuestro país. En 1966 obtuvo el título de
Magister in Sacra Liturgia en el Institut Supérior de Liturgie del Institut
Catholique de Paris, donde estudió tres años y profundizó en los
estudios medievales, en la edición de textos y en la antigua liturgia.
Allí defendió su tesis doctoral, intitulada El ordo catalano- narbonés
para la consagración de iglesias. Gros, Bellavista, Farnés y Bayés,
tenían una sólida formación gala, con profesores como Bernard
Botte, Pierre-Marie Gy, Pierre Jounel, Irenée, H. Dalmais, A.G.
Martimort… entre otros destacados miembros del movimiento
litúrgico y de varios coetus del Consilium para la aplicación de las
disposiciones litúrgicas del Vaticano II.
Nombrado profesor de la Facultad de Teología de Catalunya desde
sus inicios, en 1984 pasó a ser profesor estable de esta facultad.
Desde 1986, impartió clases en el Instituto Superior de Liturgia de
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274 Libros
Barcelona hasta el año 2003, cuando pasó a ser profesor emérito.
Ha sido, entre otros nombres, fundador de la Sociedad Catalana
de Estudios Litúrgicos, filial del Institut d’Estudis Catalans, y miem-
bro de varias sociedades científicas, como la Academia de Buenas
Letras de Barcelona y de la Academia de Bellas Artes de Sant Jordi
de Barcelona. Director de la revista Miscel·lània Litúrgica Catalana.
Fue docente del Seminario Diocesano de Vic, donde ejerció,
además, el cargo de vicerrector. También director del Museo Epis-
copal de Vic (1978-2000) y del Archivo y Biblioteca episcopales de
la citada diócesis desde 1978.
Su investigación se ha centrado en la historia de las liturgias occi-
dentales (norteitalianas, galicanas, norteafricanas, hispánicas) y,
muy particularmente, en el estudio y edición de textos litúrgicos de
la liturgia catalano-narbonesa, el análisis del mobiliario litúrgico
de la Edad Media occidental, y la arqueología de conjuntos litúr-
gicos tardoantiguos y medievales. Recorrió las grandes bibliotecas
extranjeras (Nueva York, Múnich, Montpellier, Londres…), donde
se conservan códices con testimonios litúrgicos catalanes. También
ha investigado y publicado documentación medieval eclesiástica
de Cataluña. Junto con Ramon Ordeig, impulsó la publicación de
una importante serie de catálogos del Museo Episcopal, y dirigió
la edición del Diplomatario de la catedral de Vic, compilado por su
antecesor, Eduard Junyent, y la revista Studia Vicensia.
Su obra de investigador está dedicada al estudio de los códices y a
la edición de textos litúrgicos primitivos catalanes, del siglo vii al
siglo xv. Son notables sus ediciones de textos inéditos del Oracional
visigótico tarraconense de Verona, de los Ordines pontificales de
Narbona del siglo ix pasados en Cataluña y países de influencia,
y también de los troparium y prosarium conservados en Catalunya.
Es autor, entre otros, de los libros Museo Episcopal de Vic. Románico
(1991), Els tropers presers de la catedral de Vic. Estudi i edició (1999),
La Biblioteca Episcopal de Vic. Un patrimonio bibliográfico de once siglos
(2006) y Troparium prosarium ecclesiae Cathedralis Vicensis (2010).
En una reciente entrevista (marzo 2023) se definía como «investi-
gador», publicando hasta el final de sus días estudios científicos
en medios especializados.
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Flash litúrgico
¿Misa para grupos en domingo?
Jaume González Padrós
Es cierto que quedan muy manifestación de la Iglesia. Por
lejos aquellos tiempos en que ello, las Instrucciones Eucharis-
solo había una celebración de ticum Mysterium (1967) y Actio
la Eucaristía presidida por el pastoralis (1969) insistieron en
obispo en la ciudad. Cuando la importancia de reunir a la
la fe cristiana se extendió al comunidad en la parroquia el
mundo rural, los presbíteros, domingo, evitando la disper-
acabada la misa en la que con- sión de la citada asamblea.
celebraban, se dirigían a sus En el primer documento citado,
tituli, a sus iglesias presbitera- leemos: «Para que la unidad de
les, donde reunían aquellas per- la comunidad parroquial crezca
sonas que no podían acercarse en la Eucaristía de los domingos
a la ciudad por motivos varios. y días festivos las misas para
Pero de eso han pasado ya grupos particulares ténganse en
muchos siglos. No obstante, lo posible en los días feriales. Y si
hasta que el Concilio de Trento no pueden trasladarse a los días
abolió la obligación, solo se dentro de la semana, procúrese
cumplía con el precepto domi- que se mantenga la unidad de
nical participando en la misa de la comunidad parroquial inte-
la iglesia parroquial, no en las grando los grupos particulares
otras iglesias. en las celebraciones parroquia-
Por su parte, el Vaticano II les» (núm. 27).
subrayó la importancia sacra- También Actio pastoralis va en la
mental de la asamblea litúrgica misma línea con detalles concre-
dominical, auténtica y principal tos al respecto. En ella, leemos:
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276 Flash litúrgico
«No se considere ninguna misa unidad de la comunidad» (núm.
como acción exclusivamente 10, a).
de un grupo particular, sino Así, pues, y siguiendo unos cri-
como celebración de la Iglesia, terios eclesiológicos tan sólidos,
en la cual el sacerdote, desem- que ni grupitos de jóvenes, ni
peñando su propia función, de matrimonios, ni de excur-
preside toda la acción sagrada sionistas, ni de catecúmenos, ni
como ministro de la misma Igle- de familias, etc., se compongan
sia» (núm. 5 b). Y para evitar su propia misa en domingo.
las celebraciones particulares Acudan a la parroquia, sea la de
en domingos y fiestas de pre- su comunidad o no, y allí serán
cepto, argumenta: «Con ello se siempre bienvenidos y estarán
logrará que la asamblea litúr- en casa. La buena línea es la de
gica parroquial no se vea pri- la integración con todos, no la
vada del ministerio de algunos de la dispersión. Así aparece
sacerdotes ni de la participación claro el signo sacramental de la
de determinados fieles, y se con- comunión.
tribuirá a acrecentar la vida y la
Jaume González Padrós
Profesor de liturgia.
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año 64 (2024) núm. 372
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