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Estrategias para Mejorar la Sedestación Infantil

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INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA

Cuando el niño presenta dificultades en adquirir la sedestación a la edad común en la


que lo hacen los niños con desarrollo típico, el objetivo principal en el abordaje
terapéutico es encontrar una posición sentada que le proporcione estabilidad postural
para dar al niño la oportunidad de controlar el brazo y la mano de una manera óptima en
actividades de alcance, manipulación, juego, comer, comunicarse, etc. (Sahinoğlu,
2018).
Por otro lado, hay que incorporar vías de prevención para evitar que las posturas
inestables o maladaptativas se fijen y promuevan el desarrollo de alteraciones
musculoesqueléticas en raquis y pelvis (Macias, 2002).
Algunos de los objetos del entrenamiento terapéutico serán desarrollar
estrategias terapéuticas para aumentar la estabilidad del cuerpo bajo (pelvis y
extremidades inferiores) y favorecer el movimiento del cuerpo alto (tronco, cintura
escapular y extremidades superiores). La libertad de mover el cuerpo alto debe ser
progresivo, empezando por el control de la sedestación estática hasta con- seguir el
control dinámico; la posibilidad de mover los brazos para alcanzar un objeto hacia
adelante y lateralmente debe asegurar que la masa corporal se mueva alrededor de los
límites de estabilidad. A medida que el niño vaya ganando estabilidad en el cuerpo bajo,
podrá adquirir mayor flexibilidad en el cuerpo superior y podrá ser más hábil para
coordinar los segmentos del cuerpo, sin miedo a perder el equilibrio, mientras usa sus
manos en sedestación.
Muchos niños podrán aprender a desarrollar los ajustes posturales si los
ejercicios favorecen la oportunidad de practicar la actividad muscular hecha en
contextos particulares que proporcionen suficiente motivación y les sea útil para su
actividad lúdica y funcional (Brogren, 2005).
Si el niño no es capaz de mejorar el control de la sedestación y su postura se va
adaptando al acortamiento de los tejidos blandos, mostrando una carga asimétrica en
sedestación, habrá que recurrir a una ayuda postural. La adaptación debe ayudarle a
ganar estabilidad, evitando que las asimetrías posturales se estructuren fijas con el
crecimiento.
Un niño con tendencia a posicionarse asimétricamente con incorrecta alineación
en pelvis y tronco mostrará restricciones para ser más activo con su cuerpo superior. La
mala alineación que provoca la sedestación no controlada tiene unas consecuencias
musculoesqueléticas, las cuales comprometen el equilibrio (Fig. 8-1), En estas
circunstancias, el niño no puede equilibrarse en sedestación y suele apoyarse más sobre
un hemicuerpo o utiliza las manos como soporte. Esta dificultad puede disminuir el
Interés del niño para las actividades de alcance y manipulación. Muchos niños con
lesiones neuromotrices tienen problemas en las actividades manipulativas y la simple
actividad de alcanzar con la mano puede alterar la alineación del cuerpo que, junto a la
existencia de movimientos asociados, aumentarán el desequilibrio en tronco.
A un niño con disfunción motriz no hay que privarle de la oportunidad de
ejercitar las actividades de alcance y manipulación, aun- que no haya desarrollado un
control correcto en cabeza y tronco. Debido a que en la litera- tura se ha hecho hincapié
en que en el desarrollo existe una secuencia próximo-distal, los terapeutas pueden haber
concentrado los esfuerzos para obtener un control de cabeza con soporte de brazos en
prono antes de reforzar las actividades de alcance y manipulación. Los beneficios de
una intervención temprana deben incluir la oportunidad de desarrollar la coordinación
manos-ojos y manos-objeto, con control oculomotor, y ofrecer al niño la posibilidad de
interactuar con el entorno. Y en una sedestación alineada y estable, los niños aprenden a
controlar la dirección y la distancia y a generar una extensión adecuada de tronco que
les ayudará a controlar sus brazos para mejorar las habilidades manipulativas. Para ello,
la visión tiene un papel muy importante en guiar el movimiento de la mano y
proporcionar la información necesaria. El niño también tiene que aprender a incorporar
los ajustes posturales necesarios para alcanzar y manipular en sedestación, ya que en
esta posición la visión proporciona mejor información que en decúbito. Es por ello, que
las ayudas posturales proporcionan una adecua- da estabilidad sin miedo a perder el
equilibrio y permiten a los niños liberar las manos para interaccionar con los objetos.
Los niños con hipotonía moderada o in- tensa como, por ejemplo, los niños con
síndrome de Down presentan un retraso en el desarrollo de los ajustes posturales
anticipados (APA) y adquieren la sedestación autónoma entre los 9 y 12 meses
(Palisano et al., 2001). La introducción de un asiento moldeado a los 6 meses ayuda al
desarrollo de los APA y pue- den adquirir la sedestación autónoma a los 8,5 meses de
media. Con la pelvis estable se permite una mayor interacción con los objetos que puede
influir en el resto de las áreas de su desarrollo (Macias, 2011) (Fig. 8-2).
Estrategias terapéuticas
El fisioterapeuta puede utilizar gran variedad de estrategias terapéuticas para
incrementar la movilidad dinámica de tronco y cabeza, pero estas estrategias pueden
variar según la edad del niño, nivel de habilidad motriz, grado de colaboración e interés
por el entorno, etc. Los ejercicios que incluyan elementos de estabilidad y flexibilidad,
entre el cuerpo alto y/o bajo, entre un hemicuerpo y otro, dan oportunidad al niño para
ser activo y pueden ayudar a desarrollar la habilidad para que pueda mover su tronco
encima de una base estable. Por ejemplo, estando el niño sentado en el suelo, en una
silla o taburete pequeño, según el grado de colaboración y control motor del niño,
animarlo para que coja objetos a su alrededor. De esta forma, se le da oportunidad para
que mueva su cuerpo superior encima de su base de soporte. El fisioterapeuta podrá
valorar cómo la movilidad del cuerpo superior interfiere con la estabilidad del cuerpo
inferior. Al mismo tiempo, el fisioterapeuta puede aplicar con sus manos el grado de
estabilidad necesaria en la base de soporte y asegurar que el niño vaya siendo activo,
dándole la oportunidad de ejercitar ajustes posturales dentro de un contexto específico y
suficientemente motivante. Por ejemplo, lanzar pelotas en posición de sentado se
ejercita el equilibrio proactivo. Si el niño tiene una pelvis estable y ha desarrollado los
ajustes posturales anticipados, sabrá controlar el des- equilibrio que comporta la
actividad de pasar o lanzar la pelota. Sin embargo, un niño que mantenga una pelvis
inestable y los ajustes anticipados sean deficitarios, es probable que la acción de lanzar
la pelota desequilibre su postura. A través de un juego que le invite a mover su tronco
(inclinándolo hacia delante para coger un objeto, jugando a trasladar un objeto de un
lado a otro del cuerpo, jugar con las dos manos), sin que estos movimientos internos
perturben el equilibrio (ya que es capaz de mantener la pelvis estable), irá consiguiendo
la habilidad para controlar la sedestación funcional. Por tanto, es importante observar si
los movimientos activos voluntarios en cabeza y miembros superiores en diferentes
contextos alteran el equilibrio en sedestación. A medida que el niño vaya siendo más
activo con su tronco, se pueden introducir ejercicios que involucren la capacidad de
responder a movimientos impuestos externamente para ejercitar el equilibrio reactivo
(v. capítulo 4. Adquisición del control postural y del equilibrio).
Los juegos adaptados, como la adaptación de yeso a un caballo balancín, son
una opción para que el niño ejercite el equilibrio en sedestación ante el movimiento que
él mismo impone al balancearse (Fig. 8-3). Para confeccionarlo, el niño debe estar
sentado en el ca- ballo, y se van aplicando vendas de yeso tanto al tronco del niño como
a la cola del caballo. Una vez se haya pintado con pintura plástica, se adaptan dos
velcros, uno que abarque el yeso con el tronco del niño y el otro a la cola del caballo.

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