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Técnicas de Interrogatorio en Juicio Oral

Este documento analiza la introducción de las técnicas de interrogatorio en el juicio oral salvadoreño. Explica los antecedentes de la transición de la escritura a la oralidad en el proceso penal y los fundamentos constitucionales y de derechos humanos para la adopción de estas técnicas. También aborda los nuevos roles de jueces y partes, así como las ventajas y desafíos de implementar un sistema adversativo.

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Técnicas de Interrogatorio en Juicio Oral

Este documento analiza la introducción de las técnicas de interrogatorio en el juicio oral salvadoreño. Explica los antecedentes de la transición de la escritura a la oralidad en el proceso penal y los fundamentos constitucionales y de derechos humanos para la adopción de estas técnicas. También aborda los nuevos roles de jueces y partes, así como las ventajas y desafíos de implementar un sistema adversativo.

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LAS TECNICAS DE INTERROGATORIO EN EL JUICIO ORAL*

Por Juan Antonio Durán Ramírez**

SUMARIO
Introducción. 1. Antecedentes: Transición de la escritura a la oralidad. 2. Fundamentos sobre la
introducción de las técnicas de interrogatorio. 2.1. Fundamentos de la relación procesal penal. 2.2.
Garantías Constitucionales del proceso penal. 2.3. Fundamentos de Derecho Internacional de
Derechos Humanos. 3. El nuevo rol de los intervinientes en el proceso penal. 3.1. Actividad de las
partes. 3.2. Pasividad del juez. 4. Las técnicas de oralidad en el proceso penal. 4.1. El relato y otras
distorsiones al sistema adversativo. 4.2. El interrogatorio en el sistema adversativo. 4.3. Otras
consideraciones técnicas: Las reglas del comportamiento forense. 5. Reflexión final. Bibliografía.

INTRODUCCION
El presente trabajo tiene por objeto presentar en forma descriptiva, evolutiva y reflexiva, la
introducción de las técnicas de oralidad, y específicamente las del interrogatorio, en el juicio oral
salvadoreño.
Se trata de indagar, a partir de la experiencia salvadoreña, si la legislación y la práctica se ordenan a
los fines pretendidos con la reforma del proceso penal, o si, por el contrario, persisten resabios del
anterior sistema inquisitivo. Nuestra hipótesis de trabajo será esta última, es decir, la que sustenta
que la cultura inquisitiva[1] sigue pesando en el actuar diario de nuestros tribunales de justicia,
situación a la que coadyuva la persistencia en el nuevo Código Procesal Penal de algunos principios
del sistema anterior, como es el caso, por ejemplo, del art. 352, sobre la posibilidad del tribunal de
sentencia de acordar prueba de oficio para mejor proveer.
La metodología empleada será en principio, una reflexión sobre los fines de la reforma procesal
penal, a partir de la configuración constitucional del proceso, y la asunción de los nuevos roles que
deberían asumir los intervinientes; y de ahí analizar el contenido, alcances y límites a la reforma del
art. 348 CPP salvadoreño[2], que retoma las técnicas propias del sistema adversativo.
La estructura del trabajo consta de cuatro apartados, el primero de ellos que analiza la transición de
la escrituración a la oralidad en los procedimientos, con especial referencia al juicio oral; el segundo,
dedicado a los fundamentos doctrinarios, constitucionales y del ordenamiento jurídico internacional
de los derechos humanos, sobre la oralidad, y específicamente las técnicas de interrogatorio en el
proceso penal; el tercero, en el que se reflexiona sobre los nuevos roles que deben asumir los
intervinientes: Entiéndase juez y partes. El cuarto, que trata sobre las técnicas de oralidad el proceso,
con especial énfasis en las técnicas de interrogatorio adoptadas en el art. 348 CPP; y finalmente, una
reflexión final sobre el tema tratado.
Vaya encaminado este esfuerzo con la intención de contribuir con la experiencia salvadoreña, en la
adopción de un verdadero sistema adversativo en el juicio oral, que proscriba los vicios del sistema y
cultura inquisitiva.

1. ANTECEDENTES: TRANSICIÓN DE LA ESCRITURA A LA ORALIDAD


La transición del proceso penal salvadoreño ha sido semejante a la de la experiencia costarricense y
de otros países de la región centroamericana y en general, de Iberoamérica, con sus propias
particularidades, virtudes, defectos y problemas.
El hecho que nuestros países hayan nacido a la vida independiente como Estados, dentro del
ordenamiento jurídico penal español propio del sistema inquisitivo, seguido de la influencia del
“Code d’Instruction Criminelle”, de origen Napoleónico de 1808, y posteriormente, la influencia del
Código ROCCO Italiano adoptado especialmente en Sudamérica, ha determinado enormemente
muchas de las prácticas viciadas que se manifiestan en la actualidad, aún después de la reforma que
procuraba la adopción de un sistema con mayores características del sistema acusatorio. En el caso
salvadoreño, con la superación del modelo adoptado con el Código Procesal Penal de 1974.
Con la entrada en vigencia del actual Código Procesal Penal, que tuvo como base al Código Procesal
Modelo para Iberoamérica, se produjo un importante y significativo cambio que repercutió no sólo
en la estructura del proceso penal, sino en los nuevos roles que debían asumir los intervinientes del
proceso, y sobre todo, con la introducción de nuevas formas de procedimiento respecto de los actos
procesales
Una de las novedosas formas introducidas en el proceso penal en El Salvador, fue la introducción de
la oralidad[3], y más específicamente el de las técnicas de interrogatorio propias del modelo
anglosajón, fundamentalmente las del modelo norteamericano (al igual que muchas de sus
novedosas instituciones[4]), en la que se tuvo como base las técnicas de oralidad y del interrogatorio
seguidas en Puerto Rico, con la ventaja de presentar dichas técnicas en castellano.
Se dice novedosas, porque a pesar de que el Código Procesal Penal de 1974 introdujo ya una forma
de oralidad en algunos procedimientos (faltas, tránsito y Tribunal de Jurado), en la práctica, la
influencia de la escrituración[5], el secreto, la delegación y otros vicios propios del sistema
inquisitivo, dieron lugar a la desaplicación de lo previsto por el legislador de 1974. En concreto, en
los juicios de faltas y tránsito, el juicio ‘in voce’ fue prácticamente inexistente; mientras que la Vista
oral del Jurado estaba diseñada para que la prueba en general se introdujera mediante lectura de la
minuta y actas, y aún las deposiciones de peritos y testigos eran incorporadas por su lectura. La
audiencia oral se limitaba a los alegatos de las partes luego de la lectura de la minuta y prueba.
Tales vicios, como muchos otros, repercutieron en una enorme mora judicial, el abuso de la
detención provisional y sus consecuentes reos sin sentencia, el enorme costo del proceso, la
ineficacia de la persecución y sanción de la criminalidad y su contrapartida, el excesivo número de
casos de delitos bagatelarios, que generó entre otras cosas, la desconfianza y desprestigio de la
Administración de Justicia, necesidad que motivó la adopción del nuevo Código Procesal Penal, que
implicó la ruptura de muchos paradigmas en lo que a Administración de la Justicia Penal se refiere,
con la introducción de nuevas instituciones y la redefinición de nuevos roles para los intervinientes
en el proceso.
Una de las instituciones importantes, como se ha señalado, es la introducción de las técnicas de
oralidad, y dentro de éstas, el de las técnicas de interrogatorio.

2. FUNDAMENTOS SOBRE LA INTRODUCCIÓN DE LAS TÉCNICAS DE


INTERROGATORIO
Las razones por las cuales el legislador salvadoreño decidió adoptar las técnicas de interrogatorio en
el proceso penal, partieron principalmente del rol y característica que la Constitución les asigna y
configura, reflejo del proceso penal liberal, a los distintos intervinientes del proceso penal; pero,
además, en adecuación de la legislación secundaria a la normativa internacional de Derechos
Humanos, apoyándose en la doctrina y legislación comparada. Un primer punto importante, es de los
fundamentos de la relación procesal, tal y como los ha manejado la doctrina.
2.1. Fundamentos de la relación procesal penal
Pese a encontrarse devaluadas por las nuevas instituciones del nuevo Código Procesal Penal, se ha
señalado en la doctrina[6] que los Principios fundamentales de la relación procesal penal, están
divididos en tres grandes bloques, los que se refieren al Principio de Oficialidad o de contenido
material de la relación procesal penal[7], el Principio de verdad real o de finalidad inmediata[8] y el
Principio de inviolabilidad de la defensa o de actividad defensiva[9].
De ellos, los que nos interesan para efectos de fundamentar la adopción de las técnicas de oralidad
en el proceso penal, son los que se refieren a la verdad real y a la inviolabilidad de la defensa, y sus
subprincipios.
De igual forma, la doctrina[10] distingue entre garantías primarias y secundarias, siendo las
garantías primarias las que se refieren a la formulación de la imputación, a la carga de la prueba y al
derecho de defensa; y las garantías secundarias o de segundo nivel, las que se refieren a la
publicidad, la oralidad, la legalidad y a la motivación de la decisión.
a) Verdad Real
El principio de verdad real se configura como principio limitativo del ius puniendi, siendo ésta un
producto, no del simple decisionismo voluntarista y arbitrario del Juez, sino de una actividad
dinámica propia de las disciplinas cognoscitivas. Importante, pues como fundamento de la
legitimidad democrática de la función judicial, se afirma que “las sentencias penales son los únicos
actos jurídicos cuya validez depende de su verdad”[11], y sobre todo porque se afirma: el juicio[12].
FERRAJOLI[13] ha señalado la imposibilidad de llegarse a la verdad real como enunciando
epistemológico, pues no puede confirmarse con absoluta certeza ni aún en las ciencias exactas ni en
las ciencias del ser, pues tienen un conocimiento relativo que se destruye a partir de cambio de
paradigma científico. Ya no se diga la “verdad forense” o “verdad procesal”[14], cuya posibilidad de
error judicial es muchísimo mayor en la reconstrucción de un hecho histórico pasado, por lo que no
puede llegarse de manera absoluta a la verdad real, afirmando que la verdad del proceso, lejos de ser
una ‘verdad real‘, es una ‘verdad aproximativa‘ y ‘probabilística‘, máxime que se trata de una
‘verdad normativa‘, es decir, una verdad limitada por una serie de normas jurídicas que condicionan
la validez de esa verdad (como las prohibiciones probatoria: tortura, allanamientos ilegales,
intervenciones telefónicas ilegales, etc.) y que por lo tanto, limitan el conocimiento de esa verdad.
Por lo tanto, una verdad judicial que sea “cierta”, “objetiva” o “absoluta”, “representa siempre la
expresión de un ideal inalcanzable”[15].
Así configurado el proceso penal, el que se llegue a la ‘verdad real’, con las limitaciones antes
señaladas por FERRAJOLI, se garantiza en primer lugar con la inmediación de la prueba, es decir,
ese contacto físico con el Juez con el órgano, medio y elemento de prueba[16] y que tienen como
características la oralidad, la continuidad del acto de prueba y del debate, la identidad y presencia
física del juzgador, así como otras características tales como la publicidad del debate, la libertad y
comunidad de prueba y la libre valoración y convicción.
Por ello, dentro del esquema garantista, es necesario que el proceso sea un proceso de verificación
como parte de la epistemología acusatoria o falsacionista, sujeta a prueba (modus ponens) y a
refutación (modus tollens), es decir, al contradictorio. Para ello es necesario que se respete la defensa
material y técnica del imputado[17].
Y es que en el sistema adversativo[18], por lo general, las partes tienen versiones antagónicas de los
hechos pasados; o tienen diferente interpretación de esos mismos hechos, por lo que pretenden
convencer y persuadir al juez con ‘su verdad’. Convencerle en cuanto a la razón, el intelecto,
respecto del hecho histórico; persuadirle en cuanto a su sentimiento, emoción, pasiones humanas,
despertándole la simpatía por la persona en su caso.
Y no sólo el hecho que no siempre se puede probar ‘lo que realmente sucedió’, por la dificultad e
imposibilidad de hacerlo, sino que una limitante importante es que las recreaciones verbales
provienen de seres humanos cuyos poderes falibles de observación y memoria han sido bien
documentados[19], sino que las descripciones verbales exactas intrínsecamente deforman la realidad,
especialmente cuando no se puede decir todo lo que sucedió, sino que debe limitar su narración a la
información que sea importante desde el punto de vista sustantivo. Incluso las pruebas del tipo de los
documentos y las fotografías no son más que fragmentos de la realidad, y su valor probatorio, a
menudo, depende de las descripciones verbales.[20]
Por la razón, algunos autores sugieren que las técnicas adversativas oscurecen todavía más de la
realidad, pues puede afirmarse que cuando los abogados escogen los hechos a demostrar y preparan
a los testigos, y desarrollan un interrogatorio en determinado sentido, se “engaña al juez” acerca de
lo que realmente sucedió[21].
Pero como la realidad objetiva es indemostrable, la mejor forma de ayudar al juez a comprender lo
que sucedió realmente es el uso de dichas técnicas del sistema adversativo[22], como es que el
abogado de la parte contraria cuestione, controvierta, impugne, polemice, contradiga y refute tanto al
testigo como a su testimonio, a través del contrainterogatorio[23].
Por ello, la “verdad real” en el proceso penal, en términos de FERRAJOLI, es una verdad limitada,
aproximativa, probabilística y normativa[24]
b) Inviolabilidad de la defensa material y técnica
Con el inicio d la persecución penal[25], el ius puniendi ejercido con todo su aparato investigador
(Policía y la Fiscalía) se vuelca sobre la persona humana individualizada, a fin de hacer valer la
pretensión punitiva ante la jurisdicción. Tales aparatos de persecución penal, está investidos de
Poder coercitivo[26] con el fin de obtener y asegurar las fuentes de prueba a través de la
investigación, y que se convertirán durante el proceso en medios de prueba, e incluso, pueden ejercer
atribuciones que lesionan o restringen derechos fundamentales de la persona humana.
Tal ejercicio del poder implica un desequilibrio frente al ciudadano investigado, imputado y
acusado, por lo que el ordenamiento jurídico ha investigado a la persona humana d ciertas garantía
que le aseguren el goce de sus derechos fundamentales[27].
En el proceso penal, s afirma, tal desequilibrio y desigualdad inicial se logran compensar a través de
la inviolabilidad de la defensa, constituyendo una forma de equiparar y de poner en condición de
igualdad al imputado frente al Estado.
Dado que la Constitución configura al proceso e un modelo triádico[28], donde el juez tiene un
calidad d tercero supra partes, las partes deben estar en condición de igualdad, con la finalidad de
discutir sus pretensiones ante el juez. Tal igualdad, como se afirmó, se garantiza a través de la
inviolabilidad de la defensa, que para unos autores, no significa que ponga en condición de igualdad
al imputado frente al Estado., Si no más bien, en una situación de equivalencia frente a la acusación
pública[29], para compensar esa desigualdad inicial que surge desde el inicio d la investigación.
Dentro de las manifestaciones al ejercicio de la defensa, se encuentran el derecho a la intervención
en el proceso y en especial, en la Vista Pública; la contradicción de alegatos y de prueba, el conocer
la imputación del hecho, es decir, el saber qué hecho se le atribuye y por qué se le hace dicha
imputación; a la intimación que debe ser concreta, clara, precisa, circunstanciada, integral y
oportuna; el que se formule oportunamente la ampliación de la acusación respecto a nuevos hechos o
nuevas circunstancias relacionadas con el hecho y la participación; a la correlación entre acusación y
sentencia o principio de congruencia; a conocer y confrontar los alegatos y pruebas respecto de la
reparación civil del daño; así como a la motivación razonada y razonable de la sentencia.
La inviolabilidad de la defensa tiene una doble repercusión: La defensa material y la defensa
técnica[30]. La primera, con la que se garantiza la presencia física del imputado y la segunda, la de
su abogado defensor. Ello, con todas las manifestaciones ante mencionadas.
Sin embargo, como se ha dicho antes, se afirma que tales principios de la relación procesal penal se
encuentra devaluados, sobre todo con la entrada en vigencia del Código Procesal Penal de 1998;
pese a ello, tales principios no dejan de tener valor, aunque sean ahora relativos. Así, se han
adoptado una serie de instituciones que no sólo constituyen excepciones a tales principios, sino que
constituyen incluso reglas generales que los contrarían completamente.
En el caso del Principio de Oficialidad y subprincipios de Estatalidad, oficiosidad, etc., existe mayor
protagonismo de la víctima a través su participación directa o a través del querellante, la
conciliación, o lo que se ha dado en llamar la “tercera vía” del derecho penal, como lo es la
reparación del daño; el Ministerio Público puede prescindir de la persecución penal mediante los
criterios de oportunidad, entre otros.
Tratándose del principio de Verdad Real, con el procedimiento abreviado, la “verdad” ya no depende
de una reconstrucción mediante la prueba, sino que tal verdad queda al consentimiento de las partes
(Fiscalía, Imputado y Defensa) semejante al plea beargining norteamericano[31].
2.2. Garantías constitucionales del proceso penal
A estas alturas es indiscutible el carácter normativo de la Constitución[32], y la vinculatoriedad y la
obligatoriedad de las normas constitucionales para todos los poderes públicos[33]. Se afirma
además que la Constitución tiene una función integradora[34], en tanto que es producto de un
consenso democrático de distintos grupos sociales y de poder, surgido en un momento determinado,
con pretensión de que tal Constitución sea vigente y permanente[35].
De tal forma que las normas constitucionales son producto de un consenso democrático, y dentro del
Constitucionalismo contemporáneo, se parte de la idea de que “Toda sociedad en la cual no esté
asegurada la garantía de los derechos y determinada la separación de poderes, carece la
Constitución”[36]. Pero sobre todo, porque es parte de que el “control” de los poderes públicos,
constituye una idea inseparable al concepto de Constitución[37].
La Constitución, pues, se plantea límites al ejercicio del poder penal; límites materiales, formales y
genérico- valorativos[38], siendo el fundamento de tales límites los derechos fundamentales
derivados de la dignidad humana, y a partir de ahí, se configuran una serie de garantías que la
Constitución plantea respecto al ejercicio del ius puniendi.
Al respecto, BINDER[39] clasifica tales garantías constitucionales, en cuatro grandes bloques, como
son: Las garantías básicas (juicio previo y presunción de inocencia), las que impiden la
manipulación arbitraria del proceso (legalidad del proceso, juez natural, independencia e
imparcialidad, inviolabilidad de la defensa, ne bis in ídem), las que limitan el poder del Estado de
recolectar información (prohibición de la tortuga, derecho a no declarar contra sí mismo,
inviolabilidad del domicilio e inviolabilidad de las comunicaciones) y las que limitan el uso de la
fuerza durante el proceso penal (excepcionalidad de la detención provisional prisión preventiva).
a) Presunción de inocencia
Consagrado en el art. 9 de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano [40], la
presunción de inocencia se ha mantenido y adoptado en la generalidad de ordenamientos jurídicos
tanto en el ámbito jurídico interno[41] como en el internacional[42].
Constituye en principio, una praesumptio iuris tantum, es decir, una presunción que si bien es cierto
está plasmada en la ley, admite prueba en contrato[43].
Para VÉLEZ MARICONDE[44], la presunción de inocencia, tiene al menos, tres consecuencias
importantes:
1. Que una persona se considera y debe ser tratada como inocente mientras no sea declarada
culpable por sentencia firme (Estado de inocencia);
2. Que el obligado a probar es el acusador o Ministerio Público, y no el imputado ( Onus
probandi incumbit actori); y,
3. En caso de duda se resolverá lo favorable al reo (‘in dubio pro reo’, derivado del principio
‘favor rei’).
Tal principio constituye más bien una norma constitucional vinculante para todos los poderes
públicos, que incluye a los jueces al momento del juicio oral y público, en especial, respecto de la
carga de la prueba y al deber de imparcialidad del juez.
b) Carga de la prueba
Se ha dicho que la carga de la prueba corresponde al actor (Onus probandi incumbit actori), como
consecuencia no sólo de la presunción de inocencia, sino del modelo acusatorio adoptado por la
Constitución respecto del proceso penal.
Ello tiene consecuencias para los intervinientes del proceso, pero sobre todo al material probatorio
que se produce en el proceso, o que la doctrina conoce como mínima actividad probatoria de cargo, a
fin de que pueda ser destruida dichas presunción de rango constitucional[45].
En las técnicas de interrogatorio, la carga de la prueba se traduce en que a quien le corresponde
probar o acreditar las afirmaciones de la acusación, es a la Fiscalía, al querellante, al actor civil o la
víctima, pero especialmente a la Fiscalía, quien es el titular de la pretensión punitiva, conforme al
ordenamiento jurídico salvadoreño[46].
Ello a partir de la estructura triádica del proceso[47], que exige del juzgador el deber de
imparcialidad que constituye una garantía para el ciudadano.
c) Imparcialidad del juez
La función jurisdiccional, conforme al art. 172 de la Constitución de la República de El Salvador,
señala que: “(…) Corresponde exclusivamente a este Órgano la potestad de juzgar y hacer ejecutar
lo juzgado (…)”, con lo cual queda claramente delimitada en qué consiste la principal actividad de
este Órgano del Estado[48].
De igual forma, la misma Constitución no sólo ha reconocido el deber de imparcialidad de los
jueces, sino que además, la Constitución le ordena al legislador la especial protección a tal
imparcialidad[49], la que tuvo concreción legislativa en le art. 3 CCP[50].
Reconocida como una garantía orgánica del proceso penal[51], junto a la independencia y
naturalidad del juez, la imparcialidad del juez, que FERRAJOLI denomina ‘terzieta’, está motivada
a la “ajenidad del juez a los intereses de las partes en la causa”[52], supone a nivel institucional, la
separación entre le juez de la acusación[53]. Ello debido a que el juez no es titular de la pretensión
alguna, por lo tanto debe asumir el deber de imparcialidad, aún frente a la tentación de la ‘búsqueda
de la verdad real’ por sus propios medios, a través de la ‘investigación judicial autónoma’, como será
en el juicio oral, que el juez asuma un rol protagónico interrogando al testigo o perito, provocando
en consecuencia la producción de prueba sobre extremos de pretensiones que le son ajenas.
MAIER critica dicha potestad, pues no solo ‘decolora’ la labor que cumple los intervinientes en el
proceso, entiéndase las partes y sus representantes, “sini en general, el sistema del debate entre
intereses contrapuestos como camino de búsqueda de la verdad procesal”.
Además señala que ello “ha contribuido a borrar ciertas características de la tarea del tribunal
judicial, imprescindibles para sostener la imparcialidad (falta de interés en la decisión del caso) y su
arribo a la decisión con la menor cantidad de perjuicios; (…) (y) se vincula con el desprecio absoluto
por el valor material de la voluntad de los protagonistas del caso”[54].
Además de la separación entre le juez y la acusación, FERRAJOLI señala como otras
manifestaciones de dicha imparcialidad, que el juez no tenga ningún interés privado en la causa, ni
interés público o institucional, así como otras garantías como son las relativas a la conducción de la
instrucción, a la publicidad del juicio, a las modalidades de interrogatorio (Aunque no señala cuales
ni cómo son dichas técnicas, las que se proponen en este trabajo), y más en general, a las técnicas de
formación y refutación de pruebas. Así como la separación de los órganos de investigación de un
orden distinto del judicial y la posición de igualdad de las partes.
Sin embargo, la adopción de las técnicas de oralidad, en especial las del interrogatorio, tienen un
fundamento en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, como se verá más adelante.
2.3. Fundamentos de derecho internacional de los derechos humanos
Tanto el art. 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, o “Pacto de San José”, como
el art. 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, prescriben lo que denominan
“garantías judiciales mínimas”, y entre ellas nos interesa destacar las que se refieren al juicio oral y
público, a la intervención del imputado y su defensor en el proceso y el juicio, y sobre todo, a al
posibilidad de ‘interrogar’ o ‘hacer interrogar’ a los testigos de cargo existentes en contra de la
persona.
a) Juicio oral y público, intervención, contradicción y defensa
Tanto el CADH como el PIDCP hacen énfasis en que es derecho de la persona sometida a un
proceso penal, “ser oída”, agregando el PIDCP “públicamente”. Podría hacerse una interpretación
literal en el sentido que el “ser oída” debe necesariamente entenderse a que deba ser ‘oral’ el
proceso. Si embargo, aún hay muchos ordenamientos jurídicos que tienen la modalidad de la
escritura en sus procesos penales, sin que se aduzca que se violenta la normativa internacional. Más
bien, el “ser oída” implica la oportunidad de intervenir, oponerse a os alegatos y pruebas en su
contra, alegar y ofrecer prueba, entendiéndose pues, el “derecho de audiencia y defensa” en su
expresión más amplia.
La Constitución de El Salvador no prescribe que el juicio debe ser oral, más bien el art.11 Cn. Se
refiere a “juicio con
arreglo a las leyes” y el art.12 menciona “juicio público”; no obstante se afirma que dentro de un
sistema penal democrático, la oralidad es digna de elevarse a rango constitucional[55], presentando
una serie de ventajas sobre el procedimiento escrito, y sobre todo, porque el juicio oral es propio del
sistema republicano.
Podríamos afirmar que la publicidad va relacionada estrechamente con la oralidad[56], aunque ésta
última se refiere más directamente a la inmediación de la prueba, difícilmente puede concebirse un
juicio público que sea escrito; es decir que la oralidad viene siendo una consecuencia directa de la
publicidad del juicio, esto es, del debate en el que se garantiza la intervención del imputado, pro
sobre todo, con la posibilidad de “interrogar” o “hacer interrogar” a los testigos de cargo en su
contra.
b) Posibilidad de “interrogar” o “hacer interrogar” a los testigos de cargo.
Como puede advertirse del texto del art. 8.2.f CADH, se establece el “derecho de la defensa de
interrogar a los testigos presentes en el tribunal y de obtener la comparecencia, como testigos o
peritos, de otras personas que pueden arrojar luz sobre los hechos”, restringiéndose el derecho de
interrogar a los testigos de cargo únicamente a la defensa, entendiéndose que quien la ejerce es un
defensor ajeno a la persona acusada.
Por el contrario, el art. 14.2.e PIDCP señala el derecho de la persona “A interrogar o hacer interrogar
a los testigos de cargo y a obtener la comparecencia de los testigos de descargo y que estos sean
interrogados en las mismas condiciones que os testigos de cargo”; en tal sentido, este derecho es más
amplio, pues reconoce el derecho del imputado a interrogar él directamente a los testigos de cargo,
aún cuando no fuere persona letrada o autorizada para ejercer la defensa.
Ello, como derivación de defensa material.
Ambos ordenamientos jurídicos se encuentran vigentes en El Salvador, y conforme al art.144 de la
Constitución[57], constituyen leyes de la República, con prevalencia sobre las leyes en caso de
existir contradicción entre ellas.
Por lo que si bien el legislador, en el art.348 CPP que se refiere al “Interrogatorio de testigos”, no
reguló el interrogatorio directo por parte del imputado, debe reconocerse y respetarse este derecho,
con las advertencias de que en caso de llevar a cabo un interrogatorio personalmente, puede ello
traerle consecuencias inesperadas y que dicho interrogatorio será controlado por el Presidente del
Tribunal o quien presida la audiencia, en caso de que se planteen objeciones a las preguntas,
conforme a las técnicas de interrogatorio establecidas en la ley[58].
Ello puede generar discusión y temor en torno a la seguridad del testigo, pero es un derecho que no
admite excepciones a nivel jurídico internacional, y si lo es a nivel del ordenamiento jurídico
interno, prevalece siempre el tratado.
Tal vez lo que pueda constituir una excepción pueda generar polémica, sería el caso del
interrogatorio por parte del imputado a la víctima o testigos, cuando se trate de menores de edad,
por la “revictimización” y el impacto psicológico en el menor; sin embargo, omitiremos hacer
consideraciones al respecto, pues sello requiere de un mayor análisis que excede los fines de este
trabajo.
3. EL NUEVO ROL DE LOS INTERVINIENTES EN EL PROCESO PENAL
Con la entrada en vigencia de la Constitución de la República, en 1983, el constituyente diseñó o
configuró un proceso penal en que los intervinientes tenían bien claras y delimitadas sus funciones,
tanto en cuanto a la función del juez[59], el del Fiscal General de la República[60], los derechos del
imputado[61], y en especial, a su defensa, sea particular como pública, a través de la Procuraduría
General de la República[62].
De tal suerte, pues, que le constituyente configuró un marco normativo que establecía cómo debía
ser el proceso penal salvadoreño[63] y cuál era un rol de los intervinientes en el proceso penal; sin
embargo, no fue sino hasta 1998 que la Asamblea Legislativa realizó la concreción legislativa con la
entrada en vigencia del Código Procesal Penal, que desarrolla tanto las disposiciones
constitucionales, dando a los intervinientes ‘nuevos roles’ frente a las actuaciones que venía
realizando con el Código Procesal Penal de 1974, ahora derogado.
Así, el Juez, ajeno a la actividad de acreditar los extremos de las pretensiones en conflicto, debe
asumir un rol distinto al de las partes, a quienes les corresponde acreditar tales extremos.
Ciertamente, el Juez debe decidir la ‘verdad’ epistemológica respecto del caso, pero es a las partes
a quienes les corresponde probar los extremos de sus pretensiones, mediante la acreditación,
contradicción, el debate, el ‘modus ponens’ y ‘modus tollens’, para decirlos en términos
Ferrajolianos[64].
3.1. Actividad de las partes
Como se ha dicho, el rol de las partes en el proceso acusatorio es esencialmente dinámico,
caracterizado por la enorme actividad que deben desarrollar para probar y acreditar los extremos de
sus afirmaciones.
Ello es una carga tanto par la acusación por medio de la Fiscalía, con la aportación de los medios
probatorios que acrediten los extremos de su pretensión; como para la defensa, en su derecho de
resistencia a dicha pretensión, con la desacreditación de tales extremos probatorios, la refutación de
los alegatos y la aportación de prueba de descargo, la que también será controvertida por la defensa.
En el juicio oral, pues, debe aportar la prueba mínima de cargo, suficiente para lograr la convicción
del juez respecto de sus pretensiones; y tiene un rol muy activo acreditando tales extremos y
desacreditando los extremos probatorios ofrecidos por la defensa.
Pero frente a esta enorme actividad desplegada por las partes, a contrario sensu, el Juez debe
caracterizarse por su enorme pasividad en el juicio.
3.2. Pasividad de juez
Instituido como un tercero supra partes, cuya caracterización y garantía orgánica más importante es
la imparcialidad frente al litigo, y no siendo titular de pretensión alguna, el juez debe asumir un rol
eminentemente pasivo frente a la actividad probatoria, debiendo l
imitar su actividad a la función decisora de las pretensiones en conflicto y a ser un contralor de
garantías, al momento del debate, a fin de que lleve a cabo un proceso con plena igualdad de armas y
oportunidades, e impidiendo los excesos de uno sobre otro. Su rol se limita a ser simplemente un
‘árbitro’ del juego, evitando y extirpando aquellas actuaciones que se extralimiten de las ‘reglas del
juego’.
Lo anterior, muy por lo contrario al rol que había venido asumiendo en un sistema viciado e influido
por la cultura inquisitiva, en el que tenía un rol protagónico en la búsqueda y acreditación de la
‘verdad real’. En el nuevo proceso penal, el juez debe cumplir una labor pasiva en la actividad
probatoria, pues es ajeno a las pretensiones en disputa; siendo la acreditación de ‘la verdad’, una
actividad que le corresponde estrictamente a las partes.
Excepcionalmente, el juez debe asumir un rol protagónico, pero limitado a controlar la actividad de
las partes, especialmente en cuanto a la forma y contenido de las preguntas hechas al perito y al
testigo, lo que implica la introducción de elementos de prueba con la posible respuesta del testigo,
por lo que el control recae en la admisibilidad o no a la respuesta esperada, a partir de la pregunta
realizada por la parte que interroga, siendo éste el incidente del trámite de objeciones, que puede
suscitarse en cualquier del interrogatorio.
Salvo esa excepcional actividad del juez, en su calidad del árbitro y directo del debate[65], su
función debe limitarse a ser un observador minucioso de los elementos de prueba que se están
produciendo frente a él, para decidir el litigo.
4. LAS TÉCNICAS DE ORALIDAD EN EL PROCESO PENAL
Esa caracterización de los nuevos roles (actividad de las partes y pasividad del juez) tiene su
manifestación en la fase plenaria del proceso, la fase de contradicción o juicio, y que ha sido tomada
por el legislador salvadoreño en su art. 348 CPP.
4.1. El relato y otras distorsiones a sistema adversativo
Es de reconocer, por otra parte, que inicialmente, con la adopción del Código Procesal Penal, el
referido art. 348 CPP contemplaba las técnicas de interrogatorio pero en una forma que distorsionaba
el sistema adversativo, mediante la permisión del relato por parte del testigo y con el posterior
interrogatorio de las partes, e incluso del juez[66]. De tal forma que presentaba distorsiones en
cuanto a la actividad del juez en la acreditación del testigo o perito, el interrogatorio sobre los
hechos, y sobre todo, en cuanto a la prohibición del uso del interrogatorio sugestivo en el
contrainterrogatorio.
a) Acreditación del testigo por parte del juez
La anterior redacción del inciso primero del art. 348 CPP, ahora reformado, decía; “El presidente del
tribunal, después de interrogar al perito o testigo sobre su identidad personal y la circunstancias
generales para valorar su testimonio (…)”. Dicha redacción presentaba la dificultad de que fuese el
juez quien interrogara al testigo sobre las circunstancias para acreditar o no la veracidad o
mendacidad del testigo[67], con lo que violentaba, por un lado, su deber de imparcialidad; y por
otro, despojaba a las partes de dicho rol, pues son ellas quienes a través del contrainterrogatorio y la
rehabilitación, a quienes les corresponde dicha actividad.
Se ve lesionada la imparcialidad del juez, pues como se ha dicho, él no es titular de pretensión
alguna; y por otro, la actividad de producir pruebas y de cuestionar las producidas, le compete a las
partes y no al juez. De ahí que fuera necesario delimitar la actividad del juez en el interrogatorio del
testigo o perito, simplemente a verificar los datos generales sobre su identidad, pero no los aspectos
relativos a su credibilidad[68], pues ello compromete su imparcialidad.
b) El uso del ‘relato’ por parte del testigo o perito
El relato espontáneo tiene el defecto de ser, por una parte, incompleto, y por otra, irregular, pues el
sujeto no se extiende uniformemente en su explicación; y además, ofrece demasiado material
impertinente, pues en múltiples ocasiones elementos interpelados que nada son útiles, antes bien,
sólo sirven para hacer perderse a quien los consulte en detalles sin importancia, siendo esos
impertinentes, irrelevantes e inútiles. Sólo un tanto por ciento muy escaso de testimonios
espontáneos, dicen todo lo que interesa y nada más que lo que interesa, como señala MIRA Y
LÓPEZ [69].
De igual forma, “la creencia en el valor del diálogo” propio del principio democrático consagrado en
la Constitución[70], se proyecta sobre el juicio penal, y en especial en la prueba, que tiene una
naturaleza controversial, lo que implica un combate de posiciones , una confrontación de teorías
sobre la realidad ontológica, ya que el proceso es inter partes, contradictorio, dialéctico; por lo que
es preferible, para efectos de la estrategia del caso planteado por las partes, que la información que
fluye del testigo o perito no sea espontánea, desordenada, impertinente, sino que es preferible que
esa información surja en forma ordenada, y conforme a los hechos y circunstancias que la parte
quiere establecer conforme a su estrategia[71]. Tales estrategias se ven enormemente afectadas, si se
permite el relato espontáneo del testigo o perito.
c) El interrogatorio por parte del juez y del jurado sobre los ‘hechos’
Dada la configuración del juez dentro de la garantía orgánica de imparcialidad, su calidad de sujeto
supra partes, y sobre todo porque el proceso es eminentemente contencioso de partes, la ‘verdad’
sobre los hechos ha de fluir de tal debate, de tal confrontación, mediante el interrogatorio y
contrainterrogatorio al testigo o perito, el juez no debe interrogar sobre los hechos.
El juez, por el contrario, debe asumir un rol pasivo, especialmente al momento del interrogatorio de
los órganos de prueba, pues ello no sólo compromete su imparcialidad sin que puede afectar
enormemente los logros de una de las partes durante su interrogatorio, haciendo innecesaria la
actuación e intervención del otro.
Por ello, tal facultad de interrogar al testigo debe hacerse, como señala la reforma a dicha
disposición al enunciar: “El presidente y los otros miembros del tribunal, podrán interrogar al perito
o testigo, pero con las limitaciones que el deber de imparcialidad les impone” [72].
En tal tema se aconseja que las preguntas
que formule el juez sean únicamente para aclarar puntos sobre información ya suministrada al juicio
por el interrogado, y que resulte confusa u oscura. Y que tales preguntas se refieran a puntos
periféricos y no medulares[73], puntos sobre los cuales el juez debe permitir el interrogatorio, como
se verá más adelante respecto a la pertinencia de las preguntas.
A juicio del que escribe no es aconsejable que el Juez interrogue, pues es labor de las partes
convencerle sobre los hechos a partir de la información que proporcione el testigo; y porque con las
preguntas por muy importantes que sean, pueden destruir lo que una de las partes ha logrado con su
interrogatorio, en detrimento de la otra, sin que ello sea su labor o su rol. Suministrar esos datos
fácticos le compete a las partes con su interrogatorio. Al juez le corresponde percibirlas y valorarlas,
no hacerlas producir. Y si el juez tiene dudas respecto de los hechos o circunstancias, ya el art.5
CPP, le prescribe que: “En caso de duda el juez considerará lo más favorable al imputado”.
De la misma manera, no es aconsejable que el Jurado o los miembros del Tribunal del jurado,
interroguen al testigo, perito o al imputado (art.372 inc.2º CPP), pues no sólo pueden infringir su
deber de imparcialidad al generar los mismos efectos destructivos a la estrategia de las partes, sino
que acarrea un problema para éstas, en tanto que no les convendrá objetar las preguntas que el
Jurado (o el Juez en su caso) hagan, pues en última instancia, son quienes decidirán el litigio[74].
De la misma manera, en el caso de interrogatorio de menores, el art. 349 CPP establece que será
conducido por el presidente del tribunal, si lo considere necesario, con base a las preguntas
presentadas por las partes[75]. Sin embargo, considero aconsejable que sean las partes quienes
interroguen al menor, dada la idea del sistema adversativo y acusatorio que conllevaba el espíritu de
la reforma. Considero que el juez no debe interrogar al menor, pues se coloca en ocasión de producir
prueba; y como se dijo antes, debe limitarse a apreciarla y valorarla; y a dirigir el debate. Para ello,
las partes deben preparar bien al menor y explicarle lo que ahí va a suceder, y eso sí, el juez debe
ejercer u mayor control sobre el interrogatorio de las partes, para evitar que se afecte la deposición
del menor.
d) Prohibición del uso del interrogatorio sugestivo en el contrainterrogatorio.
La redacción anterior del art. 348 CPP, presentaba además un escollo insalvable con la prohibición
de las preguntas sugestivas, que son el principal instrumento del contrainterrogador. Para ello fue
necesario analizar el fin de esa prohibición e interpretando su alcance de acuerdo a los fines del
proceso penal y algunos principios constitucionales[76].
Se entienden por preguntas sugestivas, aquellas que sugieren las respuesta. “Sugerir” tiene dos
acepciones principales: (1) “hacer entrar en el ánimo una idea o cuestión”, (2) “dominar la voluntad
de una persona llevándola a decir o hacer lo que no quiere”. Y por sinonimia, se entiende sugestión
tanto inspirar o insinuar, como dominar la voluntad: por lo que queda prohibida la segunda idea
respecto a las preguntas sugestivas[77].
Procesalmente hablando, la pregunta sugestiva es “la que sugiere la respuesta deseada (…) son
sencillamente afirmaciones, con una frase agregada al principio o al final para convertirlas en
preguntas”.[78] De igual forma, se entiende “aquella que no sólo busca una respuesta única, sino que
incluye la respuesta en la propia pregunta”[79]. En el mismo sentido, JAUCHEN al referirse a tales
preguntas sugestivas, entiende que son “aquellas en que el hecho o circunstancia que se pretende
conocer o esclarecer con la respuesta del testigo, se le indica mediante la pregunta, sugirieron de este
modo la respuesta que debe dar. De esta forma la misma pregunta restringe al testigo la posibilidad
de respuesta”[80].
A partir de tales nociones, la idea de la prohibición a las preguntas sugestivas tiene por objeto
impedir que la información de donde surgirán los elementos de convicción sea ‘inspiración’ de las
parte, lo que vuelve nugatoria la posibilidad de llegar a la reconstrucción conceptual del hecho, pues
sólo se obtendría información parcializada, coherente con la pretensión de la parte que interroga en
el proceso, afectándose el principio de ‘verdad material o real’ cuando estamos en presencia de un
interrogatorio destinado a obtener información primaria o novedosa, que todavía no ha sido extraída
ni incorporada en el juicio[81].
Con dichas ‘insinuaciones’ o ‘sugerencias’ de las partes, sería imposible legar a la certeza como
nivel de convicción capaz de destruir la presunción de inocencia, pues con ello, los elementos
probatorios provienen de la intimidad de las partes y no del órgano de prueba, desvaneciéndose la
‘objetividad’ que exige la prueba para ser tal; pues la noción de ‘subjetividad’ de la prueba no sólo
se refiere al conocimiento privado del juez, sino que además, al conocimiento que tengan las partes
del hecho, a menos que constituyan órganos de prueba.
Pero si tal prohibición se refiere únicamente a la ‘información novedosa’, no tiene sentido que se
siga manteniendo respecto de la información que ya fue incorporada al juicio por el órgano de
prueba que está siendo interrogado, y es que en el sistema adversativo se hace necesario el uso del
interrogatorio sugestivo en el contrainterrogatorio; ello por dos razones: (1) Porque el abogado de la
parte contraria a quien ha ofrecido al testigo o perito como órgano de prueba, por lo general no goza
de su empatía afinidad, no estando identificado con el examinador[82] como sí lo tiene con el
abogado quien lo ha ofrecido como órgano de prueba, con quien se manifiesta colaborador; y (2) El
interrogatorio sugestivo en el contrainterrogatorio permite que la prueba ya incorporada al proceso
sea sometida a parámetros que garanticen su confiabilidad, con lo que contribuye ala convicción de
que sea verdad que se ha alcanzado se fortalezca o se disipe, alcanzando la finalidad normativa y al
primacía de los valores y principios constitucionales[83], especialmente el de contradicción, que
además es un principio de derecho probatorio.
De lo anterior se concluye que la prohibición de interrogatorio sugestivo es razonable respecto del
interrogatorio directo, que es con el que se aporta prueba novedosa; no así respecto del
interrogatorio, en la que la prueba ya producida e introducida se confronta y contradice; y siendo el
testigo por lo general hostil al contrainterrogador, se hace necesario el uso del interrogatorio
sugestivo.
Por ello fue necesario reformar el referido art. 348 CPP, adecuándolo al sistema adversativo, pues tal
redacción distorsionaba el sistema contradictorio y comprometía gravemente la imparcialidad del
juez.

4.2. El interrogatorio en el sistema adversativo


Con tales observaciones, el legislador reformó el art. 348 CPP[84], adecuándolo al sistema
adversativo propiamente dicho, y garantizado la imparcialidad del juez durante el interrogatorio del
testigo o perito.
Sin embargo, las técnicas de oralidad no se limitan al interrogatorio de los órganos de prueba, sino
que también existen técnicas de oralidad que se relacionan con todo el debate[85].De ahí que se
hablan de técnicas respecto a los alegatos iniciales, al interrogatorio propiamente dicho, el cual se
divide en: Interrogatorio directo, el contrainterrogatorio, el interrogatorio redirecto y el
contrainterrogatorio; las objeciones por vicios de forma y de fondo, y el trámite de su resolución, y
finalmente, en cuanto a los alegatos finales.
Si bien es cierto, tales técnicas se relacionan más que todo con la actividad de las partes[86], el juez
debe conocerlas y dominarlas, pues de recordar que cómo árbitro y director del proceso, a él le
corresponde decidir qué elementos de prueba pueden ingresa al juicio y qué no, resolviendo los
incidentes planteados por las partes por medio de las objeciones.
a) Alegato iniciales
Las partes han de llegar ante el tribunal con una historia legal, verosímil y persuasiva[87], deben
preparar lo que se conoce como la teoría del caso, es decir, una especie de cuento o recreación de los
hechos pasados, los cuales tienen una implicación jurídica[88].
Tal teoría se divide en la teoría fáctica y en teoría jurídica.
La teoría fáctica comprende las hipótesis descriptivas (Ejemplo: lugar, fecha, horas, golpiza, etc.) y
explicativas (Ejemplo: Móvil: celos, venganza, ánimo de lucro, etc.), y la teoría jurídica, que es el
conjunto de implicaciones y explicaciones jurídicas, que se desprenden de la teoría fáctica, de la que
es subsidiaria.
Esa evidencia se clasifica en: (1) evidencia afirmativa[89], (2) evidencia de refutación[90], (3)
evidencia de credibilidad[91], (4) evidencia explicativa[92]y (5) evidencia emocional[93].
Tales evidencias, pueden a su vez ser evidencia directa y circunstancial, siendo importante las
generalizaciones en el razonamiento inferencial.
b) El interrogatorio al testigo o perito[94]
Ya se ha aclarado por qué es necesario e conveniente que el testigo o perito no relate su versión
acerca de los hechos, sino que la información que aporte sea producto del interrogatorio realizado
tanto por la parte que lo ha ofrecido, como por la contraparte.
De ahí que tal modelo dialéctico, contradictorio o adversativo, se haya hecho plasmar en la reforma
al art. 348 CPP, que contempla las técnicas de interrogatorio en dicho sistema.
Tal interrogatorio comprende un primer interrogatorio, conocido en la doctrina como interrogatorio
directo, realizado por la parte que ofreció o presentó la prueba; el contrainterrogatorio, que le
corresponde realizarlo a la parte contraria a quien ofreció la prueba. El interrogatorio redirecto, que
es el segundo interrogatorio que realiza la parte que ofreció al testigo y lo interrogó de primero, a fin
de rehabilitar el testigo o el testimonio; y el recontrainterrogatorio, o segundo contrainterrogatorio,
que puede realizar nuevamente la contraparte, luego del segundo interrogatorio por la parte que
ofreció al órgano de prueba. Estas dos últimas intervenciones, se limitan a preguntar sobre materias
nuevas procedentes del interrogatorio inmediatamente anterior; es decir, que no puede interrogar
sobre nuevo material, pretendiendo introducir aspectos que omitieron en el primer interrogatorio o
contrainterrogatorio.
i) Interrogatorio directo
Es la principal oportunidad para introducir los elementos de prueba de los hechos que se pretenden
probar[95].
El interrogatorio tiene como propósitos: (1) Probar las alegaciones que se han hecho, pues las
respuestas del testigo o perito sustentarán y servirán de base para las alegaciones; y (2) convencer al
juzgador sobre la veracidad de las alegaciones, facilitando que el juzgador perciba la historia como
real, viva, persuasiva y por lo tanto, acreedora de peso ante el juzgador.
Dentro de los métodos de interrogatorio se encuentran la estrategia del cronológico y de primacía,
impacto y novedad que las partes pueden utilizar como estrategia durante el interrogatorio directo,
persuadir al juez.
Dentro de la estrategia de presentación de la prueba y de los elementos de prueba que suministre el
testigo, existen al menos dos formas: (1) El cronológico, que pretende recrear los hechos conforme
al orden de cómo sucedieron en el tiempo[96]; y (2) Primacía, impacto y novedad , que aconseja
iniciar con un tema determinado, por lo que se pretende impactar, intelectual y emotivamente al
juzgador, pues parte de la idea que la persona recuerda más lo primero y lo último que escucha, por
lo que en el interrogatorio se seleccionará los datos que más impresionen e impacten al juzgador y
que quiere que recuerden más al momento de decidir el caso[97].
Por otra parte, en cuanto al contenido y forma de las preguntas, se aconseja la sencillez y brevedad;
el uso de las preguntas abiertas[98] para que el testigo narre o explique con sus propias palabras, con
lo que se eleva la credibilidad de su dicho, cuyo alcance en cierto modo está limitado; el uso de
preguntas cerradas[99], para probar aspectos específicos o un hecho particular, no sugiriendo la
respuesta al testigo, pero sí dejando un escaso espacio para describir un hecho con sus propias
palabras; preguntas de transición, con las que el examinador conecta un tema o un asunto con el
próximo, manteniendo o atrayendo la atención del juzgador; las preguntas narrativas[100], que invita
al testigo o perito narre o describa los hechos con sus propias palabras; las preguntas de
seguimiento[101], dirigidas a darles fluidez a la respuesta del testigo en su narración; y se aconseja
sobre todo, mantener un ritmo adecuado, a fin de mantener la atención del juez y que el
interrogatorio no suene monótono.
Por el contrario, son prohibidas por regla general las preguntas sugestivas, pero además no se
recomiendan por los inconvenientes técnicos que pueden producir[102]. Sin embargo, el Presidente
del Tribunal puede autorizar la sugestividad en el interrogatorio dir
ecto, en los siguientes casos: (1) testigo hostil de la parte contraria o al testigo identificado con ésta;
(2) dificultad de expresión por razón de la edad, limitada educación o causa semejante, o por razones
de pudor esté renuente a deponer libremente. En tales casos, excepcionalmente pueden formularse
sugestivas en el interrogatorio directo.
Son prohibidas además, las preguntas capciosas, que son aquellas de doble sentido, que pretenden
confundir al testigo e inducirle a dar una respuesta errónea, mendaz o ambigua; y las preguntas
impertinentes, que son las que no se relacionan con el objeto de prueba[103], no siendo aconsejables,
además, las preguntas repetitivas, que comprenden preguntas sobre hechos que ya se
acreditaron[104]; las preguntas argumentativas, en las que el examinador no hace una pregunta sino
que argumenta o formula una tesis o razonamiento determinado; y las preguntas compuestas, que
contienen dos o más materias a ser contestadas por el testigo. No se aconseja además; el que el
testigo presuma, crea o especule hechos, pues ello puede motivar objeciones.
Sobre el interrogatorio directo existe una extensa gama de consejos prácticos a fin de poder dominar
tal técnica, que excede los objetivos de este trabajo. Entre ellas se menciona la forma de elaboración
de las preguntas, a fin de evitar la sugestividad, como es el hecho que se inicien a partir de las
siguientes preguntas: ¿Qué?, ¿Quién?, ¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Dónde? y ¿Por qué?, y además, a efecto
de identificar una pregunta sugestiva e impedir una posible objeción de la parte contraria, no utilizar
el ‘verbo’ o ‘acción’ realizada por la persona interrogada o de los hechos que narra en su testimonio,
como núcleo o centro de la pregunta: Por ejemplo, será sugestiva la pregunta: ¿ Vio Usted tal cosa?.
Por lo contrario, en el interrogatorio directo, debe formularse en este sentido: ¿Qué vio?, pues con
ello, el interrogador no sugiere la respuesta al testigo, sino que es el interrogado quién aporta el dato
objetivo o elemento de prueba al responder la pregunta, suministrando él los datos, y no el
interrogador.
ii) El Contrainterrogatorio
Es el interrogatorio de un testigo por la parte que no hizo el interrogatorio directo, es decir, por la
contraparte. Es el mecanismo legal más grandioso para el descubrimiento de la verdad, y se presenta
como una ‘lucha entre el abogado y el testigo’, siendo el contrainterrogatorio un ‘juego de presión’.
Hay que recordar que el art. 348 CPP señala que el juez debe procurar que el interrogador no ejerza
presiones indebidas ni ofenda la dignidad del declarante. A contrario sensu, hay ciertas presiones al
testigo que se consideran ‘permitidas’, durante el contrainterrogatorio.
Tal interrogatorio es conocido como el “cross” o interrogatorio cruzado, pues es la contraparte de
quién ofreció al testigo o perito quien lo contrainterroga. De igual forma, se dice que en el
contrainterrogatorio, quien declara es el abogado, pues es éste quien conduce el interrogatorio hacia
los hechos que él quiere para refutar o desacreditar el testimonio rendido en el directo.
El parámetro del contrainterrogatorio es (1) que debe limitarse al objeto del examen directo, y (2) a
cuestiones que afecten la credibilidad del testigo.
La aplicación del contrainterrogatorio va a depender de la naturaleza de la prueba, la duración del
proceso, etc.[105]; y debe planificarse, es decir, determinar si se realiza o no se debe
contrainterrogatorio, y para ello se aconseja que no se debe contrainterrogar por el simple hecho de
hacerlo; no se debe hacer uso del ‘azar’, pues puede ser contraproducente para sus fines, por lo que
una planificación cuidadosa y metodológica ayuda a minimizar los riesgos, pues ni los puede evitar
en su totalidad, y en base a ello, el litigante debe decidir si contrainterroga o no.
Los propósitos del interrogatorio pueden se defensivos u ofensivos.
Son propósitos defensivos los que buscan desacreditar el testimonio del testigo adverso[106],
desacreditar al testigo atacando su parcialidad, por parentesco o afinidad con alguno de los
involucrados en el hecho, o por interés en la decisión del caso en una u otra forma. Dentro de ellas
puede ser el hecho que el declarante se le haya aplicado algún criterio de oportunidad para declarar
en contra del imputado, punto que puede ser explotado por la contraparte para cuestionar su
credibilidad.
De igual forma, el carácter del testigo puede ser cuestionado o la convicción y recuerdo minucioso
de detalles, e incluso las exageraciones, pueden ser empleadas para destruir su credibilidad.
Los propósitos ofensivos del contrainterrogatorio, son: Hacer que la declaración del testigo
contribuya favorablemente al caso del examinador; sentar las bases para la admisibilidad de hechos
que se pretende acreditar con otra prueba; o apoyar con las respuestas del testigo, la argumentación
final.
Como consideraciones metodológicas, se aconseja respecto a la forma de las preguntas, la brevedad
y sencillez; el empleo de preguntas sugestivas, a fin de corroborar la veracidad de sus afirmaciones;
se aconseja que se hagan preguntas con un solo hecho, evitando las preguntas compuestas; evitar
escribir las preguntas, para lo que se aconseja el uso del bosquejo respecto del hecho acreditado por
el testigo y lo que debe desvirtuar y atacar, pero sobre todo, escuchar las respuestas del testigo. De
igual forma, solicitar el auxilio del tribunal para que prevenga al testigo para que conteste con
verdad sobre los puntos que es interrogado, la naturalidad en el interrogatorio, y además, alterar el
orden del examen directo –orden lógico o cronológico–, lo que se conoce como ‘saltar, brincar y
correr’; explorar los detalles y además, procurar llevarlo a exagerar, para luego destruir su
credibilidad.
Dentro de las técnicas aplicadas a las preguntas, hay que distinguir las preguntas de máxima
seguridad[107], las preguntas de mediana seguridad[108] y las de mínima seguridad o de
pesca[109], debiendo poner atención el interrogador a la necesidad o no de formular la pregunta,
pues puede ser contraproducente y generar mayor convicción al testimonio de la contraparte.
En éste último tipo de interrogatorio, de las preguntas de mínima seguridad, se aconseja como
técnicas:
1. La explotación de detalles: Dado que se parte de un testigo sincero y sagaz, debe tratar de
explotar los detalles con la esperanza que la historia es inverosímil por dos razones: O bien
el testigo no puede suministrar detalles suficientes o el testigo pretende suministrar tantos
detalles que la historia llega a ser irreal, al exagerar en ellos, y que el juzgador llegue a
inferir que la versión es verosímil depende en parte de la fuerza de los detalles[110].
2. Saltar, brincar y cor
rer: Se refiere a movimientos de ida y vuelta que el interrogador hace sobre los hechos
aportados por el testigo, a efecto de explorarlos internacionalmente, en forma no secuencial
o cronológica para verificar su veracidad como para confundir al testigo. Tal confusión
puede provocar conflictos en el testigo y en su declaración, aunque también las puede
provocar en el juzgador, aunque el juez puede considerar que los rápidos cambios temáticos
tienen carácter polémico[111].
3. “Si lo que Usted dice es cierto…”: Con ésta técnica, el interrogador también puede pescar
mientras esquiva un ataque frontal, examinado el relato del testigo en concordancia con la
experiencia común. Con ello, uno puede identificar una serie de hechos que sobre la base de
la experiencia cotidiana, la coherencia lógica o el sentido común, concordarían con los
hechos descritos por un testigo. Si en las repreguntas un testigo no pueden declarar en vista
de estos hechos adicionales, el juzgador puede inferir que tal vez los hechos no sucedieron
tal como los describió el testigo[112].
Existe una serie de técnicas a efecto de tratar con los testigos hostiles lo mismo que para proteger a
los testigos propios de los ataques del contrainterrogatorio de la otra parte, que examina con
detenimiento BERGMAN[113].
Una vez destruida o cuestionada la credibilidad del testimonio o del testigo, la parte que la ofreció
puede rehabilitarlo mediante un nuevo interrogatorio que se conoce como interrogatorio redirecto.
iii) El Interrogatorio Redirecto
El inciso primero del art. 348 CPP, regula este tipo de interrogatorio al plasmar “(…) La parte lo que
sometió al primer interrogatorio, podrá interrogatorio, podrá interrogarlo nuevamente, después del
contrainterrogatorio;(…)”.
El objeto del interrogatorio redirecto es contrarestar el efecto jurídico y fáctico de la impugnación
del testigo lograda a través del contrainterrogatorio, siendo una oportunidad que provee el sistema
adversativo, de aportar prueba de apoyo para rescatar o fortalecer la credibilidad del testigo. En el
interrogatorio redirecto se busca pues, rehabilitar el dicho del testigo y su credibilidad, buscando
prueba orientada a restarle eficacia a aquellos aspectos impugnatorios que surgieron en el examen
del contrainterrogatorio. La respuesta en el redirecto puede tomar la forma de explicación o
calificación de los hechos, o aspectos sustantivos solicitados en el contrainterrogatorio.
Se recuerda que este interrogatorio redirecto, como señala la parte final de art. 348 CPP, debe
limitarse a preguntar sobre materias nuevas procedentes del interrogatorio inmediatamente anterior.
Como medios de rehabilitación tanto del testimonio como del testigo, tenemos:
1. Corroborar el testimonio impugnado mediante prueba independiente, tal como otro testigo
presencial que haya sido ofrecido con anterioridad;
2. Refrescar la memoria del testigo mediante una nota o escrito; así, el inciso cuarto del citado
art. 348 CPP, señala “El presidente del tribunal podrá autorizar al perito o testigo que
consulte documentos, notas escritas o publicaciones, cuando por la naturaleza de la pregunta
tal fuere necesaria, sin que por este solo hecho, tales documentos puedan incorporarse como
prueba a la vista pública.”; Obviamente, tal consulta operará por ofrecimiento de tal
documento al testigo o perito, y como se señala, debe ser autorizada por el tribunal.
3. Refutar la prueba impugnatoria de la parte contraria, es decir, que los hechos y
circunstancias establecidos en el contrainterrogatorio pueden también ser cuestionados, con
lo que tal refutación descansa en la sana discreción judicial.
4. Ofrecer evidencia sobre el carácter veraz del testigo impugnado, cuando se haya impugnado
la veracidad del testigo, entendida tal impugnación de veracidad, por inconsistencia del
testimonio o por omisión de algún hecho o circunstancia no interrogado.
iv) El Recontrainterrogatorio
Finalmente, el recontrainterrogatorio, también comprendido en el inciso primero del art. 348 CPP,
cuando regula: “(…) la parte contraria podrá someterlo a nuevo contrainterrogatorio, a continuación
del precedente. (…)”, se limita únicamente a preguntar y examinar materias nuevas procedentes del
interrogatorio inmediatamente anterior, es decir, que queda limitado únicamente a impugnar o
refutar la prueba de rehabilitación producida en el interrogatorio redirecto, con el objeto de destruir
la veracidad o credibilidad de tal prueba de rehabilitación, e insistir en al refutación de la
credibilidad del testimonio o de la persona del testigo o perito.
c) La objeción[114]:
La objeción y su trámite están también reguladas en el art. 348 CPP, al prescribir en su inciso quinto:
“Las partes podrán interponer revocatoria de las decisiones del presidente del tribunal que limiten
sus interrogatorios u objetar las preguntas que se formulen en los mismos”.
i) Noción Conceptual
La objeción es el “medio por el cual se plantean y resuelven disputas evidenciarias” o “el mecanismo
para discutir incidentes dentro de las Audiencias”.
La objeción y tienen por objetivo: (1) Prevenir que se admita o se considere información
inadmisible; y (2) Preservar en el récord, ya sea grabación o acta, para fines de impugnar la decisión,
que comprenda la protesta de recurrir en casación, cuando tal protesta se hace necesaria para la
admisibilidad del recurso; ello implica, que se haya solicitado el sanamiento de tal vicio invocado en
su oportunidad, y se haya dejado constancia de tal protesta.
Al interponer una objeción a la prueba, se puede concluir que la prueba en cuanto a su ofrecimiento
y oposición es función de los adversarios; y la adjudicación o resolución en cuanto a la admisibilidad
sobre ésta, le corresponde al tribunal.
ii) Características
Como características de la objeción tenemos que es un medio de defensa para impedir la admisión de
cierto elemento de prueba que sea lesivo a las garantías del imputado o que pretenda ingresar en
forma viciada. Es un motivo de controversia, y es una técnica propia del juicio oral en el sistema
adversativo.
iii) Requisitos
La objeción tiene dos requisitos fundamentales para efectos que sea admitida para su resolución:
1. Oportuna: Es decir, que debe objetarse una pregunta tan pronto se ha formulado ésta por el
examinador y antes de la respuesta del testigo, pues en tal caso no tendría sentido por ser
extemporánea, al suministrarse la información que se pretendía no se suministrara con la
objeción. Pero puede plantearse la objeción después de la respuesta del testigo, cuando el
testigo se niegue a responder, evada la respuesta o no responda lo que se le pregunta, en
cuyo caso la contraparte puede solicitar que el testigo se limite a suministrar la información
que se le está solicitando por el interrogador en ese momento.
2. Pertinente, es decir que la objeción se debe relacionar directamente sobre la pregunta que se
formula o sobre el elemento de prueba que se pretende introducir con la respuesta del
testigo.
3. Fundamentada, es decir que la objeción debe basarse correctamente, señalándose con
precisión el vicio o causa de la inadmisibilidad de la pregunta; sólo así se coloca
debidamente al juzgador, en posición de poder resolver o adjudicar en forma justa el
señalamiento
iv) Consideraciones tácticas
Dentro de las consideraciones técnicas aconsejables a las partes, se encuentran:
1. Planificación: Se debe prever la objeción con anticipación, tanto a partir de la información
que se espera del testigo como de la forma de interrogatorio del examinador; no se debe
esperar que surja el incidente para preparar la estrategia;
2. Asegurarse que el tribunal emita una resolución específica: En vista de que algunas
ocasiones el tribunal no adjudica en forma clara y específica una objeción, se debe hacer
una firme pero respetuoso al solicitar su resolución o aclaración;
3. Esperar la resolución del tribunal: Tanto para efecto de continuar el interrogatorio o plantear
recursos, se debe esperar la decisión del tribunal; si éste no resuelve, se debe solicitar al
tribunal que resuelva, cayendo la iniciativa en la parte que objeta;
4. Realizar ciertas objeciones fuera del alcance del jurado: En nuestro sistema constitucional se
prevé el tribunal del jurado[115] n los casos que la ley designe (tal como lo regula el Código
Procesal Penal)[116], por lo que hay casos en que por razones de estrategia, o porque las
argumentaciones son extensas o prolongadas, de carácter técnico jurídico, por razones éticas
o de carácter legal o constitucional, es preferible plantear la objeción únicamente al juez,
solicitando al tribunal se autorice acercarse junto a la contraparte, planteando y resolviendo
la objeción sin que el jurado se entere de tales puntos, debiendo explicar el Presidente del
Tribunal, sucintamente lo ocurrido;
5. Decisión de objetar: No es aconsejable objetar en toda ocasión posible, sino que se aconseja
que se objete únicamente cuando exista una buena razón[117]para ello, dadas circunstancias
de índole práctico o procesal;
6. Propósitos extrajudiciales: No toda objeción persigue propósitos legítimos; en ocasiones se
plantearán objeciones por razones tácticas o estratégicas, con el fin de interrumpir la línea
del interrogatorio de la contraparte o instruir de algún aspecto al jurado.
v) Clasificación
Las causas o motivos de la objeción son de dos tipos: Las que se refieren a aspectos de forma y las
que se refieren a aspectos sustantivos o de fondo[118].
1) Objeción por motivos de FORMA.
Las objeciones por vicios de forma, se refieren al modo o manera de elaborar y formular la pregunta
al testigo o perito; estas son:
1. Preguntas sugestivas en el interrogatorio directo, que como se indicó antes, son las que
incluyen la respuesta en la propia pregunta o sugieren la respuesta dentro de la misma
pregunta;
2. Preguntas argumentativas, que son las que el examinador no hace una prgunta sino que
argumenta o formula una tesis determinada;
3. Preguntas compuestas, que contienen dos o más materias a ser contestadas por el testigo;
4. Preguntas repetitivas, que comprenden preguntas sobre hechos que ya se acreditaron;
5. Preguntas que asumen hechos no probados, que implican una especie de capciosidad, pues
parten de hechos que aún no se han probado, a fin de que el testigo, con su respuesta, dé por
sentada la existencia de ese hecho que aún no se ha acreditado;
6. Pregunta especulativa, que invitan al testigo a que presuma, imagine, especule, suponga o
emita su creencia acerca de hechos que no le constan y sobre los cuáles no puede declarar
con certeza;
7. Pregunta capciosas, que son de doble sentido, tratan de confundir al testigo o inducirle a una
respuesta que no interesa a los fines del proceso;
8. Interrogatorio no responsivo, que se refieren más bien a las respuestas que proporciona el
testigo o perito interrogado ( órgano de prueba), que no le han sido solicitadas o cuando
relata el hecho fuera del interrogatorio a que está siendo sometido o que es permitido por la
ley. E igual forma, cuando el testigo no responde, ya sea que se niegue a responder o evada
la pregunta con otra respuesta. En tal caso, la parte puede pedir al juez que le prevenga al
testigo de la obligación que tiene de decir la verdad sobre lo que le fuere preguntado.
2) Objeción por motivos de FONDO.
Como aspectos sustantivos o de fondo de los vicios que fundamentan la objeción del testigo son:
1. Falta de pertinencia de la pregunta con relación al objeto del debate[119];
2. Prueba de referencia, es decir, cuando el testigo suministrará una información que no le
consta sino que la supo por referencia de otro u otros;
3. Materia privilegiada, cuando se solicita que declare sobre aspectos que comprenden un
secreto profesional o estatal;
4. Falta de capacidad testifical, cuando s le pregunta al testigo que declare sobre los hechos
que no le pudieron hab
er constado y no es competente para ello;
5. Cuando no se han sentado las bases, esto es siempre impertinencia, pues se solicita declare
sobre los hechos que aparentemente no tienen que ver con el asunto, por no haber sentado
las bases el interrogador sobre la importancia de dichas respuestas;
6. Falta de capacidad personal, cuando se solicita al testigo que declare sobre los hechos que
no son propios de su profesión, oficio o condición, y que no está capacitado para suministrar
dicha información;
7. Perito no cualificado, cuando al perito se le solicita aporte datos técnicos o científicos sobre
una materia que no le es propia;
8. Falta de escrito original o de autenticación, cuando se pretende refrescar la memoria del
testigo mediante documentos o textos cuyo origen se desconoce o no se ha establecido la
existencia del documento original o la copia no es auténtica.
vi) Trámite de resolución de objeciones y revocatorias
El art. 348 inciso quinto CPP, como ya se planteó, señala: “Las partes podrán interponer revocatoria
de las decisiones del presidente del tribunal que limiten sus interrogatorios u objetar las preguntas
que se formulen en los mismos.” Aunque el citado artículo no hace referencia al trámite de objeción
y la revocatoria, puede darse el caso que el Presidente la decida en forma inmediata y sin que la parte
fundamente la objeción, dada la evidencia del vicio; o que solicite que la objeción sea fundamentada
resolviendo luego; o que antes de resolver, dé audiencia de la parte contraria. Pueda ser también que
dada la complejidad de la pregunta, el vicio y su objeción, no resuelva únicamente el Presidente,
sino el tribunal en pleno o en forma colegiada, en los mismos supuestos antes indicados.
La revocatoria procede en caso de que se resuelva la objeción –sea por el Presidente, sea por el
tribunal colegiado– sin sustanciación (art. 415 CPP), es decir, sin oír a la parte contraria, es decir,
aquella que formula la pregunta objetada; por lo que puede recurrir en revocatoria, y una vez oídas
ambas partes, el tribunal la decide en pleno o colegiada[120].
d) Alegatos de cierre y réplica[121].
El alegatos de cierre tienen por objeto convencer al juez que las proposiciones fácticas planteadas
son exactas y justas conforme a la evidencia presentada[122]; y son la guía para toda la investigación
y preparación del juicio.
Como técnicas se exige del orador, capacidad persuasiva, siendo importante ‘lo que se dice’ pero
también ‘cómo se dice’: Es decir, importa tanto convencer como persuadir. Es aconsejable el
contacto visual con el juez o jurado, variar el tono de la voz, el uso de las palabras comunes y
oraciones sencillas, el uso de temas y preguntas retóricas y de analogías y anécdotas, evitar el
histrionismo, explicar brevemente los términos complejos, exige mucha confianza en sí mismo, por
lo que debe utilizarse los aspectos más convincentes de la estrategia fijada.
Para ello se aconseja el repaso uno a uno de las evidencias, con una estructura lógica, agruparlas por
el tema o contenido probado, y el análisis de los preceptos legales pertinentes. Pero sobre todo,
formular la petición de la decisión del juez o jurado, en una forma clara y directa.
La réplica, por el contrario, es la refutación hecha a la argumentación oral, hecha por el adversario,
destacando las debilidades del caso y sacando inferencias favorables de las pruebas, respondiendo a
los argumentos y fortalezas de la parte acusadora.
e) La “última palabra”: víctima o imputado
Finalmente, el inciso último del art. 353 CPP, señala: “Por último, si está presente la víctima y desea
declarar, se le concederá la palabra. Finalmente, el Presidente del tribunal preguntará al imputado si
tiene algo más que manifestar. Inmediatamente después declarará cerrado el debate.” Ello es lo que
se conoce doctrinariamente como ‘derecho a la última palabra’.
En ella, tanto la víctima como el imputado tienen el derecho a la última intervención, siendo el
imputado a quien le corresponde intervenir por último.
4.3. Otras consideraciones técnicas: Las reglas del comportamiento forense
Otro aspecto importante, es el relativo a las reglas de comportamiento forense, dentro de las que
destacan, la reverencia al juez, el control del lenguaje no verbalizado (demeanor) y la conversación
triangular por las partes, de dirigir el debate hacia el juez; y sobre ello, habrá que ver si ellas son
simplemente un rito o si tienen una importancia práctica en el juicio oral.
a) Reverencia al Juez
No sólo porque el Juez está investido de jurisdicción y todas las potestades que de ella dimanan,
porque constituye un sujeto supra partes, pues al final es quien decide sobre la pretensiones en
disputa, y porque le corresponde la dirección de la audiencia, las partes deben mostrar cierta
reverencia y respeto hacia el Juez, pues además, legítima su función frente al los ojos de los
justiciables y el público.
Ello no se traduce en que el juez pueda irrespetar a las partes, representantes y demás intervinientes:
Por el contrario, debe haber un respeto mutuo y recíproco, dada la solemnidad, formalidad e
importancia que el acto del juicio representa para los justiciables.
b) El lenguaje no verbalizado (demeanor) y su control
GOLDBERG compara al juicio con una pieza teatral[123], en el que el abogado litigante es el
Director de “su” libreto; y de igual forma, su contraparte también es Director del “su” libreto. Siendo
los testigos, peritos, imputado y víctima, en incluso ellos mismos y el juez, los “actores”. Tal
libreto o pieza teatral es presentada a un auditorio que está compuesto no sólo por el público, sino en
especial por el Jurado, el Tribunal colegiado o el Juez unipersonal, quienes son los que valorarán la
credibilidad de su obra[124]. Pero estos “Directores” del Libreto, no son “libres” en la presentación
de su obra, sino que están sujetos a las regulaciones, prohibiciones y restricciones del “dueño del
teatro”, quien es un última instancia quien decide qué se puede presentar en su teatro y qué no;
siendo quien desempeña ese rol el Juez, quien decide qué pruebas, elementos de prueba al proceso,
son permisibles; y decide qué y cómo no pueden introducirse tales elementos de prueba al proceso,
mediante las objeciones o disputas evidenciarias.
Al compararlo con un “teatro”, se exige de los intervinientes, que “actúen” de acuerdo al rol que
tengan, a efecto de lograr la credibilidad en su actuación.
Así, no basta que el testigo diga la “verdad”, sino que debe “parecer” que está diciendo la verdad;
requiriendo para ello una preparación previa para el testigo, no sólo en cuanto a los hechos que
depondrá, sino someterlo y prevenirle también del posible interrogatorio al que será sometido por la
contraparte.
De igual forma, el litigante debe “parecer” que cree en su caso: Debe ser el primer convencido de su
pieza teatral, pues si él no está convencido o no parece que lo está, difícilmente podrá transmitir tal
convencimiento a su auditorio.
Por su parte, el Juez no sólo debe “ser” imparcial. Sino además “parecerlo”. Y ello lo logrará
únicamente con su comportamiento, público y privado, con las partes, imputado, víctima, testigos y
peritos: Por ello, si toma un rol protagónico interrogando, difícilmente mantendrá una ‘imagen’ de
imparcialidad, debiendo tener absoluto control sobre sus emociones, pues como ser humano, es
normal que las pasiones florezcan, por lo que debe disimularlas pues comprometería su
imparcialidad. De ahí que se diga que “una imagen habla más que mil palabras”. O que se afirme
que la mujer del César, no sólo debe reunir los requisitos para ser la mujer del César, sino además,
parecerlo y comportarse como tal.
Esa “apariencia” que tienen las partes, es lo que se conoce en el proceso anglosajón como
“demeanor”: Un elemento importante también, dentro de las técnicas de oralidad, a efecto de la
transparencia y credibilidad del juicio; sobre todos para los justificables -imputado y
víctima- y frente al público que asiste a la Vista, siendo el control popular, otra forma de control
sobre la Administración de Justicia.
Por ello el Juez debe ejercer un control a las partes, para evitar que a través del lenguaje no
verbalizado (miradas, gestos, ademanes) las partes y representantes se comuniquen entre sí, y aún
más, se impida cualquier tipo de amenaza o coacción a testigos, peritos o jurados; pero sobre todo, el
juez debe ejercer un auto control, para dar además, apariencia de imparcialidad, como ha sido
expuesto antes.
c) La comunicación triangular.
Finalmente, en esa comunicación durante el desarrollo del juicio, el juez debe ejercer el control
porque las partes efectúen una comunicación triangular, es decir que la producción de prueba, las
disputas evidenciarias y los alegatos, y toda petición, se dirija directamente al juez, sin que se
permita la comunicación entre las partes en los puntos relativos al litigio, salvo autorización expresa
del juez.
Ello, no sólo por cuestión de orden y de dirección de la audiencia, sino porque las partes en litigio
no están ventilando la solución del conflicto, ni a través de la autotutela ni la autocomposición, sino
que su litigio está sometido a la jurisdicción; y por lo tanto, las comunicaciones deben estar dirigidas
hacia el juez, y no a las partes entre sí.

5. REFLEXIÓN FINAL
1. La introducción de la oralidad supuso una ruptura al paradigma de la escritura en el proceso
penal salvadoreño, a partir de la adopción de un modelo con mayores características del
sistema acusatorio.. Sin embargo, la práctica y la redacción de algunas de sus disposiciones,
acentuaron muchos vicios propios del sistema inquisitivo entre los que se destacaba la
enorme actividad del juez en la búsqueda de la verdad real, manifestada en el interrogatorio
formulado por el juez durante el juicio, a los testigos y peritos.
2. Ello motivó un estudio y reflexión sobre la configuración constitucional del proceso y los
nuevos roles que debían asumir los intervinientes, entre los que destacaban la enorme
actividad de las partes y la pasividad del juez, durante el proceso, pero en especial durante la
audiencia oral.
3. Tal estudio y reflexión motivó la reforma legislativa al art. 348 CPP, que retomó las
técnicas de oralidad como parte del sistema adversativo, en la producción de prueba durante
el interrogatorio de testigos y peritos.
4. Tales técnicas de interrogatorio conllevan una dinámica propia del sistema adversativo,
donde la ‘verdad real’ surge del debate y la contradicción al testigo por la partes,
limitándose el juez a ser un ‘árbitro’ en dicho debate, al restringir su actividad a la
resolución de los incidentes planteados por las partes, con lo que se garantiza la
imparcialidad que como tercero supra partes debe tener, respecto a las pretensiones en
disputa.
5. El sistema adversativo propio del modelo acusatorio, exige un nuevo rol a los intervinientes
en el proceso penal, que se caracteriza por la actividad de las partes y por la pasividad del
juez.
6. La acreditación del testigo por parte del Juez, el uso del ‘relato’ por parte del testigo o
perito, el interrogatorio por parte del juez sobre los ‘hechos’, la prohibición del uso del
interrogatorio sugestivo en el contrainterrogatorio, son parte de las distorsiones al sistema
adversativo que aún perviven en la legislación y prácticas procesales, que deben ser
desechadas con la adopción de las técnicas de oralidad y de interrogatorio, propias del
sistema adversativo y acusatorio.
7. Que el interrogatorio directo, el contrainterrogatorio, el interrogatorio redirecto y el
recontrainterrogatorio, así como las objeciones tanto por motivos de forma y fondo, si bien
le corresponden realizarlos a las partes dada su enorme actividad en el sistema adversativo,
el juez debe conocerlas, manejarlas y dominarlas a la perfección, pues es él quien dirige y
debe resolver tales objeciones, impidiendo que elementos de prueba ingresen al juicio en
infracción a tales reglas, que ahora han sido plasmadas en ela ley salvadoreña.
8. De igual forma, se hace necesario destacar la importancia de las reglas de comportamiento
forense, como son la reverencia al juez, el control del lenguaje no verbalizado (demeanor) y
la conversación trinagular por las partes, pues ello legitima y se le da credibilidad tanto a la
función judicial como al sistema Administración de Justicia.
9. Todo ello exige pues, un mayor estudio y reflexión sobre el tema y puntos aquí expuestos, a
efecto de que el proceso y el procedimiento se adecuan a la forma en que fue configurado
por el constituyente.
10. Finalmente, vaya encaminado este esfuerzo con la sana intención de contribuir con la
experiencia salvadoreña, en la adopción de un verdadero sistema adversativo en el juicio
oral, que prescriba los vicios del inquisitivo que a juicio del autor, y con mucho respeto, aún
perviven en la mayoría de las legislaciones y prácticas en Latinoamérica.

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