UNIDAD N°1 – INVESTIGACIÓN EDUCATVIVA-
Enfoques teóricos metodológicos en la investigación educativa.
Documento N°4
Existe un acuerdo generalizado en diferenciar tres modelos o paradigmas dentro de la investigación
educativa, aunque las líneas divisorias entre ellos sean difusas y sea prácticamente imposible situar todo
un trabajo en uno de ellos. Ahora bien, saber las características fundamentales de cada uno es de gran
ayuda para comprender los aspectos metodológicos y los alcances y consecuencias de la investigación
que estamos estudiando, pues el investigador, al elegir y situarse en una teoría, toma posición y, al
hacerlo, adopta un determinado tipo de compromiso con la realidad que estudia.
El concepto de paradigma.
En 1962, Thomas Kuhn, físico, publica una investigación que realiza ya no en el ámbito de su
especialidad, sino en el de la historia de la ciencia. En el clásico libro La estructura de las revoluciones
científicas, Kuhn cuestiona tanto la concepción inductivista como falsacionista de la ciencia.
El autor discute la imagen que da la historiografía tradicional de las ciencias, según la cual éstas progresan
en forma acumulativa, lineal. Desde esta perspectiva, la ciencia avanza mediante revoluciones, que hacen
que se abandone una estructura teórico-metodológica y se la reemplace por otra. La imagen se
corresponde aproximadamente con el siguiente esquema abierto:
Pre-ciencia ciencia normal crisis revolución nueva
ciencia normal nueva crisis...
Khun ha usado el término en por lo menos dos sentidos, pero podemos decir que un paradigma es un
conjunto de teorías, métodos, y técnicas que, en un determinado momento histórico, en el campo de una
disciplina particular, los científicos lo consideran legítimo y lo aceptan como base de su práctica
investigativa. Este conjunto de elementos supone además una determinada concepción respecto de cuáles
son las entidades que componen el mundo, y sus características.
Hay detrás, por tanto, toda una forma de pensar acerca de la clase de realidad con la que se trabaja, en la
que influyen también los estados internos y externos al investigador, como el contexto político y los
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aspectos psicológicos. Hay un paradigma y la ciencia que se realiza dentro de él es lo que Kuhn llama
ciencia normal, es decir, cuando la comunidad científica ha llegado a un acuerdo desplazando o
subsumiendo a otras teorías. El paradigma es trasmitido por medio de la producción académica y
científica. Una ciencia madura tiene un único corpus teórico metodológico y, por tanto, consolidado; un
paradigma que rige la práctica científica de quienes deseen realizar investigación científica.
Para concluir, vale aclarar que la investigación educativa y las ciencias humanas en general
carecen de un corpus unificado de teorías y métodos, esto es, carecen de un paradigma único.
El positivismo o paradigma empírico-analítico:
Este modelo se remonta a fines del siglo XIX y tiene en Durkheim (1858-1917) a su principal referente,
quien a su vez ha tenido la influencia de Comte (1798-1857)20. La realidad es concebida como
compuesta por dimensiones o variables, analizables y cuantificables. Su estructura lógica es deductiva y
requiere diseños rígidos y muy sistematizados como el experimento y el cuasi experimento. Se vale de
instrumentos como la estadística y las técnicas de relevamiento de datos (son básicamente las encuestas).
Se basa en la medición de variables y, por ello, se lo considera cuantitativista. El modelo de explicación
que está en su base es el hipotético deductivo. Otros autores, como Klimovsky, lo llaman modelo
naturalista, pues se propone imitar la modelización de las ciencias físico-naturales. Se enmarcan en esta
corriente, por ejemplo, los psicólogos conductistas y todos quienes asocian la madurez de las disciplinas
sociales a los modelos numéricos y matemáticos.
El interés de los investigadores centrados en este paradigma es la búsqueda de regularidades y leyes,
pasando por alto las cuestiones relativas a la subjetividad (motivos, intenciones, significados, etc.). El
investigador se pretende aquí neutral, apolítico y desinteresado.
El enfoque interpretativo o hermenéutico:
De modo similar que en el anterior, encontramos las raíces del modelo en el siglo XIX, en la llamada
disputa metodológica del historicismo alemán, que se desarrolla en Alemania, tradición de la que Weber
será heredero en el siglo XX. Ésta supone un enfrentamiento con la postura durkheimiana en Francia,
relativa a tratar a los hechos sociales como si fueran “cosas”, desestimando aquello que no es del orden
de lo observable como objeto de conocimiento, en clara definición positivista. Podemos decir, en
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términos generales, que para los historicistas existían ciencias nomológicas (ciencias de la naturaleza) y
ciencias idiográficas (ciencias del espíritu) que tenían objetos que requerían metodologías bien
diferenciadas.
Para el investigador situado en estas preocupaciones, la sociedad es lo que los sujetos hacen
voluntariamente, a partir de los significados que atribuyen a las relaciones y prácticas sociales. Por lo
tanto, no se trata de hallar la regularidad de “hechos externos que se imponen a los sujetos”, sino de
comprender el sentido de las prácticas sociales que aquellos desarrollan en función de la significación
que atribuyen al mundo. Esto no implica que no existan regularidades de este orden, pero la conducta
humana adquiere carácter de signo y como tal se la estudia. Es el carácter subjetivo de la acción social lo
que se constituye en objeto de análisis, y las técnicas de obtención de datos van a diferenciarse de las
técnicas estadísticas: se trabaja con textos, con discursos, con narraciones y testimonios obtenidos a
través de las llamadas técnicas cualitativas, como la entrevista y la observación, que requieren también
otras formas de procesamiento de la información. A menudo, este tipo de investigaciones se caracteriza
por cierto grado de ahistoricismo, debido a que se llevan a cabo descripciones e interpretaciones de
hechos actuales, sincrónicos, donde la génesis y desarrollo del proceso cultural de resignificación de tales
hechos queda afuera. También suelen caracterizarse por un posicionamiento pretendidamente
desinteresado del investigador en cuanto al compromiso ideológico de su hacer científico.
El enfoque crítico:
Heredero del pensamiento marxista, en el siglo XX el enfoque crítico encuentra su expresión en el
pensamiento de la escuela de Frankfurt24, especialmente en Habermas y en la escuela marxista francesa,
particularmente en Althusser. En “Conocimiento e Interés”, justamente, Habermas hace un “uso
entusiasta de métodos interpretativos; no cabe duda de que su posición se presenta como alternativa al
naturalismo”.
Al investigador crítico le interrogan problemas vinculados con temáticas tales como la ideología, las
estructuras objetivas y subjetivas del mundo social y el conflicto de clases, una tensión que suele verse
como irreductible hasta tanto cambien las condiciones en que los hombres producen el mundo material
y simbólico. Las formas de dominación económica y simbólica son las cuestiones más presentes en los
marcos teóricos que indagan en lo educativo y social, como es el caso de las teorías reproductivistas
neomarxistas, en el campo de la sociología de la educación, por ejemplo.
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En este enfoque, suelen utilizarse tanto métodos cuantitativos como cualitativos, siendo el elemento
histórico un eje fundamental.
Bibliografía “Documento metodológico para la investigación” pp 55 a 59. Ministerio de Educación de la
Nación, 2009.